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M el incomunicado en Al final de la calle de Óscar Malca

Frau-Ardon, Michèle

Abstract

Valiéndonos de las herramientas sociocríticas de Edmond Cros, nos proponemos analizar los discursos del protagonista principal, M, en sus relaciones consigo mismo y con los otros, dentro de una dialéctica identidades versus alteridades enfocada desde el sesgo de la marginación generada por un clima social que apunta a múltiples formas de violencia en la Lima de los años 80 y 90, violencia que tuviera su justificación en el contexto terrorista de Sendero Luminoso. En efecto, M va desplazándose por un universo hostil y en pleno deterioro, el de una Lima marginada, convocada a través de la experiencia personal del autor, con el barrio de clase media baja de Magdalena del Mar. Este clima ambiental – pérdida de referentes tanto familiares como sociales –imposibilita los intercambios personales de todos los miembros de la pandilla que dinamiza el relato a la par que les inmoviliza en el espacio: « jóvenes que se paran en la esquina a matar el tiempo y a hablar de cualquier cosa, sobre todo del vacilón» (Pérez Aldave). Ahora bien, su única respuesta será en las estrategias de supervivencia: uso y tráfico de drogas y de alcohol, robos, música underground así como el recurso a cualquier tipo de violencia, entre otras un intento de violación colectiva. Ahora bien, llegamos al cuestionamiento siguiente: ¿cómo puede uno ubicarse, adaptarse al medio sin ser ‘contaminado?, ¿cómo logra uno construirse como conciencia propia? Notamos que la asimilación de M al grupo- a la otredad- presenta zonas de distanciamiento en que se perfila cierta forma de aislamiento existencial, lo que produce sentido: «Todos sus amigos eran graciosos […] Tenían la vida regalada, se la llevaban fácil: o el infortunio estaba muy lejos de sus alrededores o no se daban cuenta de nada, pero […] ¿acaso él era como ellos?»(Malca). Es efectivamente en este intersticio entre el yo y los otros que remite a la alteridad bajtiniana donde M configura su autoconciencia.

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CAPÍTULO III M EL INCOMUNICADO EN AL FINAL DE LA CALLE DE ÓSCAR MALCA Dr.ª Michèle Frau-Ardon15 Université Paul Valéry- Montpellier III Resumen Valiéndonos de las herramientas sociocríticas de Edmond Cros, nos proponemos analizar los discursos del protagonista principal, M, en sus relaciones consigo mismo y con los otros, dentro de una dialéctica identidades versus alteridades enfocada desde el sesgo de la marginación generada por un clima social que apunta a múltiples formas de violencia en la Lima de los años 80 y 90, violencia que tuviera su justificación en el contexto terrorista de Sendero Luminoso. En efecto, M va desplazándose por un universo hostil y en pleno deterioro, el de una Lima marginada, convocada a través de la experiencia personal del autor, con el barrio de clase media baja de Magdalena del Mar. Este clima ambiental – pérdida de referentes tanto familiares como sociales –imposibilita los intercambios personales de todos los miembros de la pandilla que dinamiza el relato a la par que les inmoviliza en el espacio: « jóvenes que se paran en la esquina a matar el tiempo y a hablar de cualquier cosa, sobre todo del vacilón» (Pérez Aldave). Ahora bien, su única respuesta será en las estrategias de supervivencia: uso y tráfico de drogas y de alcohol, robos, música underground así como el recurso a cualquier tipo de violencia, entre otras un intento de violación colectiva. Ahora bien, llegamos al cuestionamiento siguiente: ¿cómo puede uno ubicarse, adaptarse al medio sin ser ‘contaminado?, ¿cómo logra uno construirse como conciencia propia? Notamos que la asimilación de M al grupo- a la otredadpresenta zonas de distanciamiento en que se perfila cierta forma de aislamiento existencial, lo que produce sentido: «Todos sus amigos eran graciosos […] Tenían la vida regalada, se la llevaban fácil: o el infortunio estaba muy lejos de sus alrededores o no se daban cuenta de nada, pero […] ¿acaso él era como ellos?»(Malca). Es efectivamente en este intersticio entre el yo y los otros que remite a la alteridad bajtiniana donde M configura su autoconciencia. Palabras clave Lima, literatura latinoamericana, historia latinoamericana, comunicación interpersonal, identidades y alteridades 15 Profesora del Lycée Jean Monnet (Francia). Doctorado por la Université Paul Valéry-Mont- pellier III. Miembro asociado del Institut de Recherche Intersite Études Culturelles (IRIEC) EA 740 de la Université Paul Valéry-Montpellier III y miembro del Institut International de Sociocritique (IIS). Investigadora del Grupo de Investigación HUM- 363: Teoría de la Literatura y sus Aplicaciones de la Universidad de Granada. Su investigación se centra en la teoría sociocrítica, que integra la episteme del materialismo dialéctico y una perspectiva psicoanalítica. - 55 - 1. Consideraciones preliminares La novela Al final de la calle (1993) llevó inicialmente el título de la película, Ciudad de M, (2000) dirigida por Felipe Degregori .Ambos textos se nos ofrecen una visión dramática de la sociedad limeña marcada por el fenómeno terrorista de Sendero Luminoso. Además de analizar cómo M intenta construirse en tanto que sujeto, daremos cuenta de cóm la violencia política de los años 80 y 90 pasó a convertirse en violencia social, generando diferentes formas de transgresión y de marginación cuyas manifestaciones más exacerbadas -rechazo de los serranos andinos, delitos, narcotráfico, abusos de alcohol, prácticas sadomasoquistas, intento de violación colectivase dan en el distrito limeño de Magdalena del Mar. A la vez dentro del grupo de los ‘esquineros’, los que se pasan la vida en la esquina, para simplemente pasar el tiempo, un tiempo muerto, según Romeo Grompone y al margen del mismo, privilegiaremos el análisis semiótico de M, el personaje central, quien camina sin rumbo, entre malestar y cinismo, atrapado por el ambiente opresivo en el que viven muchos jóvenes limeños de una ya extinta clase media. M, como lo viene subrayando esta sencilla inicial, apunta a la problemática identitaria: en efecto, él se presenta exclusivamente con este apelativo, en su presente, por lo cual no se puede reconstruir su pasado y ni siquiera existe una tenue proyección hacia su futuro. Sale de la nada, vive en el caos, en una ciudad de mierda, Lima, y tal contexto sólo puede desembocar en la autodestrucción. Respecto a la estructura, la novela está compuesta por 19 capítulos discontinuos –salvo un caso- y tres viñetas de ambiente denominadas «Rutas de Magdalena». De modo general, la novela tiene, sobre todo, una impronta nacional en la colección de relatos de Oswaldo Reynoso, en especial Los inocentes (1961). «Con los modelos norteamericanos comparte la rebeldía individual, la desazón ante la disolvencia de los ideales sociales y una especie de parálisis emocional/afectiva que se impregna en un discurso distante (López Degregori ,2017). El narrador M se da a leer como un personaje inasible: sobre él se deslizan las emociones y los sentimientos, nada lo abruma, nada lo angustia. M es un muchacho de los años 80: gusta algo de cine, consume drogas, se embriaga, recibe golpes, y busca trabajo. Las condiciones de animalidad de su propio entorno generan su reflexión. En efecto, él no deja de carburar, o sea cuestionarse sobre las andanzas y el destino de un joven en una ciudad en pleno deterioro, una ciudad de M, actitud que contrasta con la de sus amigos: Coyote, el Gordo, Rubén, Ato, Caníbal, Pacho, Patillo, Bigote, todos apodos, y Silvana, la enamorada de M y de los otros:« Todos sus amigos eran graciosos...Tenían la vida regalada: se la llevaban fácil: o el infortunio estaba muy lejos de sus alrededores o no se daban cuenta de nada, pero, se preguntó, ¿acaso él era como ellos?» (Malca, 1993:113), suspense que encuentra su respuesta en el extracto Violetas. - 57 - El texto ficcional presenta a modo de prólogo un testimonio autobiográfico titulado Ciudad de M: En febrero de 1984, durante una pelea callejera en el Rímac, me partieron la pierna en dos. Estuve enyesado cerca de ocho meses (pude estarlo menos tiempo, pero una noche de borrachera me volví a golpear) y a los 25 años eso significaba no solo exasperante postración […] sino el hecho insoslayable de haber quedado indefenso ante cualquier posible agresión que pudiera venir de las calles limeñas (Malca, 2000, p. 9). Así que el prólogo no solo nos ofrece una fuerte carga emocional, sino que también nos traslada a los finales de los años 80 y principios de los 90 en que el Perú sufrió la violencia de Sendero luminoso. Dentro de una dialéctica civilización versus barbarie, su fantasma recorre las páginas, acrecentando la violencia de la marginalidad juvenil: trompeaduras, arreglos de cuenta, robos, consumo de drogas baratas, ataques de los pirañitas, intento de violación, todo ello con música caleta de fondo, el rock undergroud. Los escenarios que presenta la novela no están limitados a Magdalena y distritos aledaños, pero sí que en todos predomina una carga extrema de violencia urbana. 2. Las representaciones de la realidad Abordaremos nuestro análisis desde una doble perspectiva de un estudio literario tradicional que combinaremos con los aportes de la sociocrítica. En el campo teórico de la sociocrítica de las producciones culturales, el objetivo principal es examinar los fenómenos de producción de formas y de sentidos a partir de las profundas relaciones que unen a las sociedades con su historia y sus culturas respectivas. En efecto, la sociocrítica Pretende descubrir las relaciones que el texto mantiene con la sociedad de la que emerge. De hecho, la sociocrítica no se interesa por lo que el texto significa sino por lo que transcribe, es decir, por sus modalidades de incorporación de la historia, además no al nivel de los contenidos, sino al nivel de las formas (Cros, 2009, p. 98). La realidad y sus representaciones impactan desde el principio de la ficción a través de lo que definimos en estudios sociocríticos en tanto que texto semiótico fuera versus dentro, siendo Lima el espacio exterior y la casa de M , el espacio privado. Juzgamos útil precisar que los textos semióticos se presentan bajo la forma de opósitos que estructuran un texto según un valor social, un valor moral o una noción abstracta, siendo su objeto principal organizar el campo morfogenético. El íncipit abre sobre el espectáculo de la Plaza San Martín, en Lima, a las seis y media de la tarde o sea un momento que propicia el dinamismo exacerbado de la capital limeña El texto semiótico dentro versus fuera articula - 58 - la ficción para dar cuenta del vagabundeo solitario de M por un espacio bullicioso que le es extraño, primer signo de desfase que le conduce a salir mentalmente del escenario para refugiarse dentro de sí mismo, al crear una frontera simbólica que le aísla y le permite ver sin ser visto: Caminaba sin rumbo por LA COLMENA, mirando los escaparates y los carteles chillones que emergían de los muros en medio del desorden y de la bulla de la avenida. Caminaba entre cláxones que estallaban uno tras otro, revistas usadas y navajas de afeitar que se esparcían en el suelo al lado de charcos malolientes y mutilados que pedían limosna casi amenazando a los transeúntes. La gente se cruzaba chocándose los hombros, gesticulando y hablando a gritos. M miraba la calle como si en realidad estuviese en algún lugar muy dentro de su cuerpo, encapsulado, oculto tras una delgadísima tela que, sin embargo, no lo libraba del vaho miserable del entorno (p. 17). Avenida céntrica donde se cruzan centenares de individuos, la COLMENA se da a leer a un nivel metafórico a través de la imagen de un panal donde la muchedumbre camina sin rumbo, pero dentro de una estructura social bien determinada, con una jerarquía implícita que implica procesos de exclusión e inclusión. He aquí donde se vislumbra la primera señal de la alteridad, a través de un sujeto que sólo está mirando, y no actuando dentro de la asimilación de un grupo. El modo como M se refugia dentro de su propio cuerpo para protegerse de su entorno- a la vez gente y lugarapunta a una evidente forma de agresión tan física – chocando, gesticulandocomo oralcláxones que estallaban, a gritos-. Esta representación de Lima refuerza la visión que el propio autor ya presentaba en su testimonio autobiográfico en la revista Debate (1989) en un número especial dedicado a Lima y a los limeños: «Porque es eso lo que la ciudad […] ha representado para mí. Un lugar en el que todo el tiempo había que estar preparado para enfrentar relaciones de fuerzaque no de poder, categoría demasiado abstracta, insuficiente y refinada para la sociedad limeña». Claro es que el desorden y la bulla de la avenida dan la prueba de una visión caótica del espacio urbano, el cual genera una suerte de autodefensa de M «encapsulado muy dentro de su cuerpo’’. Esta barrera invisible que separa a M del mundo exterior nos permite avanzar la hipótesis de que M sufre del síndrome de despersonalización. En efecto, M no participa de la experiencia del sujeto colectivo y de su experiencia y su extrañeza se nota a diferentes niveles del discurso. El discurso sobre M nos permite relacionar dos signos: el de la metáfora ‘encapsulado’ y el uso del ‘como si’ que enfatiza lo inadecuado de la descripción utilizada, en pocas palabras, la incapacidad de capturar la experiencia de lo vivido. Si tomamos en consideración los últimos estudios sobre las experiencias corporales anómalas que alimentan la despersonalización, el sesgo del que se vale el discurso seria, con la interferencia de la ‘cápsula’, la sensación de descorporización: - 59 - Generalmente se trata de una sensación no específica de no estar en el cuerpo o de no estar realmente presente[…]Esta experiencia se asocia con una autoobservación incrementada , en la cual la persona tiene la sensación de ser un observador ajeno y desvinculado de su propia conducta (Sierra –Siegert, 2008, p. 44) Luego del discurso preliminar sobre el espacio externo, Malca utiliza la misma estrategia de escritura, a saber una enumeración de sustantivos que enfocan en un ambiente caótico para mostrar cómo lo externo logra invadir y contaminar al espacio de privacidad que es la casa de M: «sonido de máquinas, rebotes de pelota, discusiones a gritos, chillidos infantiles, insultos y portazos poblaban sus noches de insomnio» (p. 19) No obstante, si bien se repite aparentemente el mismo proceso, notamos lo ambiguo de la personalidad de M quien , en el caso de la noche, antes bien se nutre de la contaminación oral externa para huir , en definitiva, de la excitación que le provoca el consumo abusivo de drogas: «terminó aficionándose al punto de obsesionarse por descifrar los ruidos más leves. Era una suerte de ejercicio de relajación». (p. 19) Ahora bien, ¿cómo puede uno construirse como sujeto en un entorno tan hostil? Recordemos que: El sujeto, individual o colectivo, no se construye en y para sí; se hace, casi literalmente, en relación con otros sujetos, pero también por y en su relación con el mundo. En este sentido, la mimesis no se enclaustra en su función representativa de la realidad del mundo […] más bien, en cuanto construcción de lo real, en la mimesis el sujeto se define en la misma medida en que propone como mundo objetivo un orden de cosas que evoca en términos de realidad independiente del sujeto y que, sin embargo, no existe más que como el sujeto la dice […] la construye[…]En otros términos, no hay mimesis sin sujeto, pero no hay sujeto que se constituya al margen de la mimesis del mundo (2003, p. 91). Así que es necesario estudiar las representaciones que M se hace de su entorno. Magdalena del Mar: un distrito repelente configurado a través de imágenes que expresan el deterioro en una mezcla indiferenciada de residuos y animales o sea un proceso de deshumanización: «La oscuridad ocultaba los desechos, los cuerpos resecos de pájaros y gatos muertos se confundían con el polvo y el hollín acumulados». (p. 52) Más adelante en el texto, el discurso sobre Magdalena del Mar enfatiza en el borrado total de su estructura interna, y la carencia de la misma conduce obligatoriamente a la imposibilidad de identificarse con un lugar específico. Esta pérdida de la identidad espacial remite simbológicamente a la pérdida de las raíces, debido al desplazamiento de los serranos mientras el impacto de Sendero Luminoso: - 60 - Todo lo que se veía en el horizonte era una sucesión de formas geométricas…Azoteas con muebles desfondados, abigarradas y cables de alta tensión: aislada del contexto, la imagen parecía provenir de otro mundo. La tosca armonía de esas vetustas estructuras llevaba a pensar en una concertada secuencia de destrucción, como la de una manada de paquidermos avanzando lenta y marcialmente hacia su propia ruina (p. 53). Las últimas imágenes que nos proporciona el texto completan de modo irrevocable el proceso de descomposición: « […] «y en Magdalena todo es silencio y apatía […] hoy no quedan sino residuos, huellas perdidas entre la mugre y el detritus; en fin, un abandono sordo, minucioso como una demorada intervención quirúrgica» (p. 64) Para resumir este apartado, diremos que el desencuentro define a M, desencuentro con su propio entorno, desencuentro consigo mismo y con los otros de su grupo. Él acude a la experiencia de una realidad que no puede asumir. 3. Yo y los otros A lo largo de toda la novela, M, una sencilla inicial que le define, un modo como para dar prueba de su incompletitud y /o de una carencia en qué? de quién? y retoma el título inicial , Ciudad de M , obedece a un doble impulso : a la vez unimismarse con los muchachos que ha escogido como semejantes , con otros serranos , por razones socio-económicas, pero también, aislarse de ellos, al afirmarse su diferencia, lo cual hace de M un ser escindido, que se desplaza por un mundo ya fragmentado debido a las secuelas de la Historia, así como mentalmente obstruido con la metáfora de una calle que bloquea cualquier posibilidad de escapatoria, de apertura sobre otro universo: Al final de la calle, retomado dentro del tejido ficcional: «la ausencia total de perspectivas en Lima»(p. 161) . Respecto al contexto histórico de los años 80 y 90, recordemos que la violencia predominaba bajo diferentes formas en aquella época. La época del terrorismo en el Perú, conocida por el Estado Peruano como Conflicto Armado Interno del Perú, Guerra contra el terrorismo, o Lucha contra el terrorismo, fue un período ocurrido entre 1980 y 2000 durante la escala armada de grupos subversivos establecidos en el centro y sur del país que buscaba derrocar al entonces gobierno peruano y establecer un gobierno bajo la doctrina comunista. La violencia que generó el terrorismo provenía de la actividad guerrillera de Sendero Luminoso y en menor grado de otro grupo terrorista, el MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru). Según la Comisión de la Verdad y Reconciliación, esta época es considerada la más brutal de la historia peruana por el número de víctimas, así como por las muchas víctimas objeto de persecuciones: minorías étnicas, religiosas y sexuales o personas de acuerdo a su condición social o económica. - 61 - Claro es que la Historia impacta en la vida diaria de los serranos y contribuye a agudizar el proceso de la marginación que se da a leer dentro de una máscara identitaria, en un vaivén constante entre un Yo que quiere integrarse de modo restrictivo no al pueblo limeño « inutilidad de cualquier esfuerzo por escapar de la vida que lo esperaba», «las mujeres también podían irse a la mierda» ,«no necesitaba de nadie» (p. 53) sino a un cierto estrato social, el de los serranos de Magdalena del Mar. Respecto a este proceso, el texto recurre varias veces a los acontecimientos históricos que sacudieron al pueblo peruano, mientras los años 80. Por una parte, los terroristas, identificados en tanto que terrucos (p. 159) perpetran la violencia; por otra parte, entendemos lo duro del exilio forzado de los serranos que estuvieron perseguidos hasta la periferia de Lima: «Creo que vienen de Ayacucho, Apurímac, fugando de terrucos y milicos. Es una mancha que el gobierno prometió reubicar porque venían huyendo de la subversión, ya sabes. Pero la zona que les dieron era recontramisia, sin agua ni nada y en el culo del mundo».(p. 160) La dialéctica integración versus exclusión recorre la trama narrativa y se da a leer en el caso específico de M con más exacerbación pues el discurso apunta a la puesta en abismo de un marginado, M, que se adentra en su propia soledad, que se queda al margen o sea el signo está ‘pluriacentuado’ y su ‘pluriacentuación’ enfatiza en la incomunicación; a nivel discursivo, es la tachadura tanto del emisor como del receptor. Son múltiples las oportunidades en que M pudiera plenamente adherir a las alteridades, en especial cuando se trata de su propia categoría social, la de los serranos, pero siempre da un paso hacia atrás: Descubrió a un muchacho semiechado con una pierna sangrante que se le quedó mirando a los ojos. Por alguna razón pensó que era muy parecido a él. Delgado, con las ropas en desorden y el corte de pelo típicamente serrano: era como mirarse en un espejo deformante […] No, así no era él, se dijo» (p. 111) y […] se fue alejando lentamente, caminando de espaldas, y no volteó hasta que estuvo seguro de haber salido del horizonte visual del herido (p. 112). En este punto, consideramos oportuna la teoría de la alteridad bajtiniana (Bajtin, 2000) aplicable a la comprensión del yo en relación consigo mismo y con el otro, condición de posibilidad del Yo. Los postulados de la tradición metafísica sobre la identidad del sujeto como instancia pensante son relevados por el Yo también soy y dicho postulado, que se vislumbra en el tejido ficcional a través de una figura especular, «da prioridad al Otro que no soy Yo, pero que también soy Yo, de tal manera que los términos de la presunta oposición interactúan dinámicamente» (Santa Fe, 2002, p. 113) Ahora bien, pudiéramos entender este rechazo de ser asimilado a la misma categoría étnico-social , la de los serruchos , en la perspectiva ya enunciada de la despersonalización. Deterioro del paisaje y fragmentación de Magdalena del - 62 - Mar, escisión y/o despersonalización de M deben ser leídas a la luz del contexto socio-histórico de los años 80, desde el sesgo de la(s) violencia(s). 4. Escenificación de la violencia La violencia irradia todo el tejido textual, por lo cual hemos privilegiado presentar una muestra de ciertos casos de violencia, clasificada en función de indicadores textuales, clasificación cuya meta será analizar las varias situaciones de comunicación o aborto súbito o carencia de las mismas. 4.1. Violencia urbana: relaciones interpersonales Estos jóvenes desocupados, hartos de ilusionarse con que el país les ofrezca algo, optan por una salida propia, en la mayoría de los casos, delictiva: robos o ataques de grupos de día, en plena calle o en los alrededores de barrios desfavorecidos, sin ningún respeto ni a los ancianos ni a parejas de enamorados que deambulan tranquilamente. Un grupo de rateros mete las manos en los bolsillos de un anciano, éste se pierde el equilibrio, se cae. M finge frenar al ladrón: «En el instante en que lo tuvo cerca, casi pasando a su lado, se sorprendió a sí mismo estirando el pie». (p. 22)Si bien M socorre al anciano, podemos decir que está ausente de sí mismo, como espectador/actor mi activo, mi pasivo, en frágil equilibrio entre el Bien y el Mal, ya que no finaliza su empeño personal, un modo como para retroceder o por lo menos cortar su primer impulso de generosidad que se da a leer en una forma final de total indiferencia: «En el instante en que lo tuvo cerca , casi pasando a su lado , se sorprendió a si mismo estirando el pie», (p. 22)«el viejo lo reconoció y, tratando de sonreír, quiso acercarse a agradecerle lo que le había hecho. Pero M, caminando sin prisa, no se detuvo» (p. 23). Otra vez notamos que la experiencia consciente de M parece desprovista de ‘colorido emocional’, un signo evidente del proceso de despersonalización dado que lo faltante en la misma «serían los sentimientos que normalmente acompañan la conducta y la experiencia subjetiva». (Sierra-Siegert, 2008, p. 42) 4.2 Violencia social: relaciones de un sujeto colectivo que se articula en torno a la dialéctica orden versus desorden Esta segunda faceta apunta a la problemática de la pobreza , con la situación del paro que se visibiliza a través de una cola interminable de gente pendiente de un buen número para tener un trabajo a la par que surge de este espacio bien delimitado ‘ una mancha de mineros andrajosos’, signo del desbordamiento popular. ¿Qué constatamos? M sigue tranquilo e indiferente, inmóvil, pues «no estaba dispuesto a perder su lugar» (p. 112) - 63 - Referencias bibliográficas Acosta, A. (2013). El Buen Vivir. Sumak Kawsay, una oportunidad para imaginar otros mundos. Barcelona: Icaria editorial, s.a. Bajtin, M. (2000). Yo también soy. México: Taurus. Cornejo Polar, A. (2013). Critica de la razón heterogénea. Textos esenciales (1). Lima: Fondo editorial de la Asamblea de Rectores. Cros, E. [2003] (2009). La sociocrítica. Madrid: Arco Libros. Farah, Y. & Vasapollo, L. (2011). Vivir bien un paradigma no capitalista. La Paz (Bolivia): Plural Editores. Huanacani Mamani, F. (2010). Vivir bien/Buen Vivir. La Paz: Instituto Internacional de Investigación y CAOI. Ledgard, M. Del final de la calle a la Ciudad de M: Conversación con Oscar Malca. Recuperado de http://www.desco.org.pe/recursos/sites/indice/158/675.pdf López Degregori, C y Eslava, J .(2001). La ciudad secuestrada: cuatro autores de la narrativa peruana de los noventa. Lienzo, Nº22: 233 – 280. Recuperado de https://revistas.ulima.edu.pe/index.php/lienzo/article/.../1647 Malca, O. (1993). Al final de la calle. Lima: Libros de Desvío. Matos Mar, J. (2005). Desborde popular y crisis del Estado. Veinte años después. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú. Santa Fe, R. (2002). Sobre la noción de sujeto cultural. La construcción del sujeto cultural colonial en la película La Misión. Sociocriticism, Vol. XVII, 1 y 2, 105 – 116. Sierra-Siegert, M. (2008). La despersonalización: aspectos clínicos y neurobiológicos. Revista Colombiana Psiquiatría, vol. 37, Nº1. Recuperado de Rev.colomb.psiquiat.vol.37/N° 1, 40-55. Tisnado, C. (2012). Al final de la calle: Lima, Ciudad de M. Dissidences, vol. 4, Nº 7. Recuperado de http://digitalcommons.bowdoin.edu/disssidences/vol4:iss7/10 - 70 -