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LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN COMO AGENTES DE EDUCACIÓN SOCIAL Ediciones Egregius www.egregius.es Diseño de cubierta y maquetación: Francisco Anaya Benítez © de los textos: los autores © de la presente edición: Ediciones Egregius N.º 78 de la colección Comunicación y Pensamiento 1ª edición, 2020 ISBN 978-84-18167-52-2 NOTA EDITORIAL: Las opiniones y contenidos publicados en esta obra son de responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión de Ediciones Egregius ni de los editores o coordinadores de la publicación; asimismo, los autores se responsabilizarán de obtener el permiso correspondiente para incluir material publicado en otro lugar.
— 183 — CAPÍTULO IX UN ARTE DE EQUILIBRISTAS DIGITALES: LA SOSTENIBILIDAD DE LOS MEDIOS DEL TERCER SECTOR EN ESPAÑA DR. ALEJANDRO BARRANQUERO Universidad Carlos III de Madrid, España DR. JOSÉ CANDÓN MENA Universidad de Sevilla, España RESUMEN El presente artículo reflexiona acerca de la sostenibilidad del Tercer Sector de la Comunicación en España, que comprende distintos tipos de medios, entre otros: medios comunitarios, libres, cooperativos, educativos y otras prácticas de comunicación popular. Estas iniciativas se sitúan al margen del sector público y privado-comercial, se orientan por ideales de justicia ecosocial y están gestionadas directamente por los trabajadores, los movimientos sociales y la sociedad civil organizada. En base a la revisión de la literatura de referencia, se detectan los principales debates en torno a la sostenibilidad y se apuesta por el diseño de modelos multidimensionales de análisis que contemplen no solo variables económicas sino también factores relacionados con aspectos legales, organizacionales, ecosociales y tecnológicos-comunicacionales. PALABRAS CLAVE Sostenibilidad, Medios comunitarios, Tercer sector de la comunicación, Políticas de comunicación, ONG.
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— 185 — 1. EL TERCER SECTOR DE LA COMUNICACIÓN EN ESPAÑA El propósito de este artículo es reflexionar acerca de las estrategias que contribuyen al fortalecimiento y consolidación de los medios del Tercer Sector de la Comunicación en España (en adelante, TSC), teniendo en cuenta que estas iniciativas conforman un ecosistema mediático mucho más amplio y diverso que el de los medios convencionales. En trabajos anteriores hemos identificado que el TSC se compone de, al menos, cinco tipos de medios: medios comunitarios, libres, educativos, cooperativos, y otras organizaciones y prácticas de comunicación popular como colectivos de vídeo comunitario y participativo y plataformas de información alternativa en el entorno digital (Barranquero, 2015)21. Estos proyectos se definen por un conjunto de rasgos compartidos, entre otros: 1. Un régimen de propiedad ciudadana; es decir, son medios creados y gestionados directamente por trabajadores, movimientos sociales y sociedad civil organizada (ONG, asociaciones juveniles, colectivos vecinales, etc.), que no persiguen objetivos lucrativos sino beneficios sociales. En este sentido, cualquier excedente de beneficios se destina íntegramente a mejorar la sostenibilidad del proyecto, por ejemplo, mediante el alquiler de locales, la adquisición de equipos, o la retribución del personal. 2. Su gestión se caracteriza por facilitar la participación directa de la ciudadanía organizada o de las distintas comunidades geográficas, etnolingüísticas o de intereses con las que estos medios se relacionan. Además, buena parte de este sector se orienta a facilitar vías de expresión a personas y colectivos marginalizados que no siempre cuentan con una representación equilibrada en el sistema de los medios convencionales: grupos vulnerables por razones de edad, género, orientación sexual, procedencia étnica y geográfica, estatus socioeconómico y clase, disfuncionalidad y salud mental, poblaciones reclusas, etc. 21 Este trabajo forma parte de las líneas de investigación de la Red de Investigación en Comunicación Comunitaria, Alternativa y Participativa RICCAP (www.riccap.org) a la que pertenecen los autores del artículo.
— 186 — 3. Son medios que no realizan proselitismo ni persiguen directamente la propaganda de partidos políticos o confesiones religiosas. No obstante, estas entidades sí que se orientan por objetivos políticos si entendemos que sus actividades ayudan a articular tejidos ciudadanos, además de expresar demandas y problemáticas ciudadanas. 4. Por último, su objetivo fundamental es incidir en el ejercicio efectivo de los derechos humanos y, en especial, el derecho a la comunicación. Los medios del TSC son un puntal fundamental en la comunicación para el cambio social, que hoy se define por valores como la justicia social, la profundización en la democracia, la protección ecológica, o la ética de los cuidados, la codependencia y la solidaridad. Asimismo, muchos de estos medios tienen un radio de acción local, por lo que establecen relaciones de proximidad con sus comunidades de origen, aunque la mayoría también tiende a asociarse en redes regionales, estatales o internacionales de cara a fortalecerse. Más allá de su vital importancia, el TSC sigue constituyendo un sector marginalizado en el escenario mediático, en especial si lo comparamos con los medios dominantes de tipo público y privado-comercial. De hecho, históricamente, los medios comunitarios y ciudadanos han luchado por garantizar su supervivencia en un contexto caracterizado por la falta de recursos y por marcos normativos no siempre favorables. Ya en tiempos recientes, diversos organismos internacionales (UNESCO, FAO, etc.) han comenzado a reconocer el importante papel estratégico que juega el sector y hoy diversas normativas invitan a los Estados a protegerlo y promocionarlo, incluso a través de ayudas económicas que ayuden a equipararlo con el resto de medios (Consejo de Europa, 2009; Parlamento Europeo, 2008). En 2010, Ley General de la Comunicación Audiovisual incluyó entre sus novedades el reconocimiento del derecho de acceso a los “servicios de comunicación audiovisual comunitarios sin finalidad comercial”. La normativa entiende que estos medios son vitales para fomentar la participación ciudadana y vertebrar el tejido asociativo, al tiempo que garantizan la diversidad cultural atendiendo a las necesidades de grupos sociales específicos. Una década después de la tramitación de la ley, el
— 187 — sector sigue en espera del desarrollo de normativas autonómicas que garanticen los procesos de adquisición de las licencias en radio y televisión. Asimismo, estos medios siguen reclamando una reforma de los aspectos más lesivos de la ley dado que el marco actual les obliga, por ejemplo, al abono de tasas y derechos de autor y limita sus gastos de explotación a 50.000 euros en el caso de las radios y 100.000 para las televisiones (García García, 2013). El TSC acumula una extensa historia de luchas orientadas a resistir los envites legales, la precariedad de medios y, ya en los últimos tiempos, las crisis encadenadas de 2008 y 2020. A raíz del nuevo ciclo de movilizaciones que se origina en torno al 15M (2011), el sector ha asistido al surgimiento de una nueva hornada de medios libres (ej. Ágora Sol, Tomalatele, etc.) y cooperativos (ej. La Marea, El Salto, etc.), además de nuevas dinámicas de asociación, coordinación y trabajo en red (Barranquero y Meda, 2015). Ya en 2020, la pandemia del COVID-19 ha motivado que los medios comunitarios vuelvan a desarrollar coberturas coordinadas mediante el uso de tecnologías de bajo coste, redes sociales y podcasts. Buenos ejemplos de estas dinámicas son el desarrollo de “El otro coronavirus”, un programa de información y debate coordinado desde la Red de Medios Comunitarios (REMC)22, o los denominados “cadenazos” radiales, coberturas internacionales entre emisoras libres y comunitarias de España y distintos países de Latinoamérica23. Los medios comunitarios en España han transitado desde los modelos más reivindicativos de la época de la Transición a estrategias mucho más “inclusivas” y caracterizadas por: (1) La convergencia de distintas finalidades y objetivos: la acción política, pero también la intervención social, cultural y educativa; (2) Una composición ciudadana más heterogénea en relación con los modelos más endógenos y activistas del pasado; (3) Un incremento de la participación y de programas de formación que 22 Más información en: https://medioscomunitarios.net/category/el-otro-coronavirus-remc/ 23 La radio libre Ágora Sol documentando los distintos “cadenazos” emitidios. Una muestra del primero se puede consultar en el siguiente enlace: https://www.agorasolradio.org/podcast/barriocanino/vol-263-1er-cadenazo-iberico-los-medios- libres-en-la-nueva-anormalidad/
— 188 — facilitan vías de acceso a colectivos y grupos sociales que no tienen una presencia habitual en los medios convencionales; (4) Una mayor inclusión social de colectivos que enfrentan barreras o dificultades para su participación en las comunidades; (5) Una mayor adscripción a redes asociativas del entorno y un aumento de las sinergias con agentes públicos y privados; (6) Y una mayor conciencia de la necesidad de contar con personal remunerado (García García, 2017). Desde este componente inclusivo, los medios del TSC cada vez son más propensos a implementar procesos de educación no formal que no solo se orientan a dotar de destrezas comunicativas a la ciudadanía, sino que también contribuyen a su educación en torno a valores democráticos y de cambio social (Lema-Blanco, Rodríguez-Gómez y Barranquero-Ca- rretero, 2016). Esta vocación pedagógica refuerza los escasos espacios de educación mediática existentes en formación secundaria y universitaria (Ferrés y Masanet, 2016; Medina, Briones y Hernández, 2017), una educomunicación que se concibe para la promoción de una ciudadanía crítica, creativa e informada (Ferrés y García Matilla, 2019). Más allá de que estos medios siguen desconocidos para muchos sectores, en los últimos años se ha multiplicado el interés por analizarlos. En la actualidad, distintos trabajos reconocen su importante función de servicio público en ámbitos tan diversos como la salud mental (Correa Urquiza, 2005; García García y Meda, 2012; Sande y Leal, 2015), las personas sin hogar (Lema-Blanco, 2018), las personas migrantes (Bellardi et al., 2018), las comunidades étnicas o lingüísticas (Lema-Blanco y Meda, 2016) o las poblaciones reclusas (Contreras-Pulido, Martín-Pena y Aguaded, 2015). 2. UN ARTE DE EQUILIBRISTAS: GARANTIZAR LA SUPERVIVENCIA DEL TSC La historia de la comunicación ha tendido a configurar un relato en el que solo parecen existir los medios públicos y privados, de ahí que los medios ciudadanos han sido muchas veces concebidos como manifestaciones periféricas de la Modernidad (Sáez-Baeza, 2009a). Derivado de este relato, los primeros acercamientos académicos tendieron a enfatizar el carácter micro, artesanal y marginal de estas expresiones. No obstante,
— 189 — el imaginario de las 3 P –que califica a estos medios como “pocos, pequeños y pobres”– ha tendido a atenuarse en los últimos años, y cada vez son más evidencias de que el TSC puede variar el tamaño, tiende a agruparse en red para garantizar su supervivencia e incluso varía en su nivel de ingresos y modelos de gestión (Barranquero y Meda, 2015). El deseo de independencia y el carácter alternativo o contrahegemónico de estos proyectos implica la búsqueda de estrategias de sostenibilidad distintas de las que predominan en medios públicos y comerciales (Downing, 2001; Rodríguez, 2001). Estas suelen partir de vías más tradicionales como cuotas de socios/as, alquiler de locales u organización de eventos, y aterrizan en fórmulas más innovadoras como el crowdfunding o las diversas vías de micromecenazgo que hoy facilita el entorno digital. En 2001, el pensador y activista boliviano Alfonso Gumucio Dagron revitalizó las discusiones sobre la sostenibilidad del TSC con un artículo ampliamente citado y que ahora parafraseamos como título de nuestro trabajo: “Arte de equilibristas: la sostenibilidad de los medios de comunicación comunitarios”. Publicado en la revista Punto Cero (Gumucio, 2005), Gumucio distinguía tres ángulos o dimensiones de sostenibilidad y apostaba por conjugarla con ideales como el servicio comunitario y el fortalecimiento de las voces ciudadanas. Por un lado, el boliviano hablaba de la “sostenibilidad social”, o aquella relacionada con la participación de los actores sociales, el respaldo de la audiencia y la apropiación efectiva del derecho a la comunicación. Por otro, señalaba la “sostenibilidad económica”, que se garantiza a partir de cuotas, publicidad o fondos de administraciones públicas y organizaciones de desarrollo, todos ellos ligados a ciertos riegos para la autonomía del medio. Por último, distinguía la “sostenibilidad institucional”, que atañe tanto al marco legal y de políticas públicas como a los procedimientos y relaciones humanas y laborales al interior de cada medio. Transcurridas dos décadas desde la publicación de este artículo, las conclusiones de Gumucio mantienen plena vigencia y han inspirado otras categorizaciones. En el plano internacional, el estudio de la sostenibilidad del TSC ha avanzado paulatinamente, si bien la mayor parte de las
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