Presencia Iberoamericana en Canarias en los años 80 (la década perdida de Latinoamérica)
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PRESENCIA IBEROAMERICANA EN CANARIAS EN LOS AÑOS 80. (LA DÉCADA PERDIDA DE LATINOAMÉRICA) RAMÓN DÍAZ HERNÁNDEZ
1. INTRODUCCIÓN Se puede afirmar con rotundidad que la presencia de ciudadanos extranjeros en el Archipiélago ha sido una constante a lo largo de su historia. Su importancia numérica ha sido discreta si bien su influencia económica y social ha sido en algunas etapas muy relevante. En los primeros años de la década de los ochenta la población extranjera residente en Canarias era bastante modesta puesto que no alcanzaba siquiera el 2 por ciento1sobre el conjunto de los canarios censados en 1981. Pero su crecimiento se empieza a hacer notar a partir de entonces toda vez que pasa en pocos años (19821984) de 22.571 a 27.358 personas, con lo que representaba el 12,08% de los extranjeros que residían en España. Por continentes de procedencia, los aportes foráneos de recursos humanos llegaban en orden de mayor a menor desde Europa, América, Asia y África. Por entonces, los procedentes de Europa eran ya mayoría puesto que representaban el 69,06% del total extranjero asentado en Canarias y el 12,49% de los europeos censados en España. Los americanos constituían el segundo grupo más importante, mientras que los asiáticos se erigían en el tercero puesto que suponían el 13,22% sobre el conjunto extranjero residente en las islas y el 20,44% de todos los acogidos en España. En tanto que la presencia en Canarias de los asiáticos era entonces relevante en términos comparativos con las demás comunidades españolas. A su vez los africanos tenían una escuálida presencia, mientras que la lejana Oceanía y clasificados como apátridas (o «sin especificar») ofrecían sus casilleros prácticamente deshabitados. Los resultados del censo pusieron finalmente las cosas en su sitio. El número de extranjeros reglamentariamente inscrito en Canarias como población de derecho pasó a ser de 31.678 personas de acuerdo con el censo 269 1En 1982: 1,56%; 1983: 1,72%; y en 1984: 1,89%.
oficial de 1.9912, un 15,8% más en relación con las cifras de 1984. Esa cantidad revela una relación de 2,12 extranjeros por cada cien isleños. Ahora bien, si observamos el peso poblacional que tiene el colectivo de referencia en cada isla con respecto al total que representa este contingente foráneo en el Archipiélago, veremos en primer lugar que reside en Tenerife el 52 por ciento y en Gran Canaria el 31 por ciento, distribuyéndose el resto (17%) entre las restantes cinco islas periféricas3. Sin embargo, la proporción de población extranjera sobre el total de efectivos de derecho de cada isla varía muy poco, pudiendo ir desde un máximo de 3,5 por ciento en El Hierro hasta un mínimo de 1,5 por ciento en Gran Canaria. Dentro de cada isla, la distribución por municipios de los extranjeros residentes varía también muchísimo según se trate de espacios municipales hiperterciarizados por las actividades turísticas (como sucede en San Bartolomé de Tirajana, Mogán, Tías, Puerto de La Cruz, Adeje, Santiago del Teide, La 270 2INSTITUTO CANARIO DE ESTADÍSTICA: Censos de población y viviendas. Canarias 1991. Las Palmas de Gran Canaria, mayo de 1995, 49 pp. –Censos de población y viviendas. Canarias 1991. La población. Características principales. Las Palmas de Gran Canaria, 1993, 232 pp. 3La tendencia hacia un mayor equilibrio interprovincial en la distribución de este contingente se aprecia en que las islas occidentales absorbían en 1982 al 55,6% de la colonia extranjera establecida en Canarias, cifra que se reduce en 1984 a 52,1% y continúa haciéndolo en los siguientes años. Lugar de Nacimiento En cifras absolutas En % Europa 18.678 59,8 América: 7.126 22,4 a) Norte 303 b) Centro 751 c) Sur 6.072 Asia 3.269 10,4 África 2.295 7,3 Oceanía 29 0,1 Cuadro 1 Población extranjera según el lugar de nacimiento (1991) Fuente: Censos de población y viviendas. Canarias 1991. Población extranjera. Instituto Canario de Estadística. Mayo de 1995. Elaboración propia.
Oliva, Pájara, etc.), o de municipios con economía tradicional (Llanos de Aridane, Frontera, El Paso o La Aldea de San Nicolás). Las capitales insulares, especialmente las de las dos islas centrales, por sus propias condiciones socio-económicas constituyen también un foco de atracción relevante. Como se señaló anteriormente, por continentes de procedencia (cuadro n.º 1), sobresalen en primer lugar los extranjeros originarios de Europa que ahora suman unas 18.959 personas (al tiempo que un elevado porcentaje del 59,8 % sobre el conjunto de los inmigrados)4, con un crecimiento de 1,8% respecto de 19845. La amplia representación del «Viejo Continente» se explica, en buena parte, por las lógicas relaciones económicas y sociales establecidas durante las últimas décadas de historia compartida en donde la libertad de movimientos de personas, valores y mercancías han cobrado un notable protagonismo. Este contingente mayoritariamente comunitario tiene, además, la peculiaridad de distribuirse desigualmente entre las siete islas, concentrándose en las dos capitalinas (Tenerife y Gran Canaria) que absorben porcentajes del orden de 60,5 y 39,5 por ciento respectivamente. Como nación de partida destaca llamativamente Alemania puesto que el número de ciudadanos de esta procedencia registrado en el censo de 1991, en calidad de residentes en el Archipiélago, supera con creces al de las restantes nacionalidades europeas. A bastante distancia, con sólo un 22,4 por ciento del total de extranjeros, le sigue el subgrupo inmigratorio procedente de América que, desagregados en el referido censo en tres regiones, agrupa a los llegados desde el Norte, Centro y Sur respectivamente. Sumados los centroamericanos y sudamericanos constituyen amplia mayoría puesto que suponen nada menos que un 95,74 por ciento, que en cifras absolutas vienen a ser 6.823 de un total de 7.126 americanos. Por las diversas vicisitudes históricas compartidas, Latinoamérica significa mucho para Canarias. Siempre hemos escuchado aquel dicho de que Canarias tiene su cabeza en Europa, su corazón en América y sus pies en África. Es por esta última razón por la que a los originarios de las repúblicas iberoamericanas, residentes en estas islas a las que llegaron entre 1981 y 1991, dedicaremos por entero el presente trabajo como primera entrega de un estudio más amplio que pretende analizar su evolución hasta el 2005. 271 4Este subgrupo estaba formado en 1984 por 18.621 personas que suponían el 68,06% de los extranjeros en Canarias y el 12,49% de los europeos en España. 5Los acontecimientos de finales de los años 70 y gran parte de la década de los 80 se pueden documentar en fuentes del INE: «Migraciones: resultados por CC.AA». Años 19821984. Estadísticas Básicas de Canarias. 1980-1985. CEDOC, tomo I.º.
Más reducido aun es el colectivo de extranjeros naturales de Asia que está representado por unas 3.269 personas que vienen a significar un 10,4 por ciento del colectivo foráneo. Se compone básicamente de hindúes, coreanos, filipinos, japoneses, chinos, palestinos, pakistaníes, sirios y libaneses. Este subgrupo está en retroceso en términos absolutos y relativos como consecuencia de la marcha de las flotas pesqueras de Corea del Sur y especialmente de la de Japón, unido a la crisis del comercio hindú en sus típicos bazares de productos electrónicos y ópticos. Con anterioridad, a mediados de los ochenta, su presencia era mayor puesto que contaba con el 13,22% de los extranjeros residentes en las islas y el 20,44% sobre el conjunto de los asiáticos establecidos en España. Pese a la proximidad geográfica y las lógicas relaciones de vecindad, en los 80 la presencia africana en Canarias era de sólo 672 personas; pero esta cifra suponía nada menos que un 8,76% de los africanos censados en España y sólo un 2,45% de los extranjeros avecindados en nuestras islas. Pues bien, este colectivo experimenta un crecimiento espectacular en pocos años6si bien en orden de importancia numérica se sitúa en 1991 en un alejado cuarto grupo, con tan sólo 2.295 inscripciones que viene a representar un débil 7,3 por ciento sobre el total de extranjeros residentes legalmente en el Archipiélago. Más tarde, en los años noventa del siglo que acaba por concluir, Marruecos absorbe prácticamente gran parte de la representación africana erigiéndose en el tercer país en cuanto aporte extranjero al Archipiélago, lógicamente después de Alemania y Venezuela. 2. LA COLONIA IBEROAMERICANA EN CANARIAS A principios de los ochenta el colectivo foráneo más importante después del europeo fue el americano con un 15,41% de los extranjeros censados en las islas, que a su vez representaban el 8,46% del total de americanos residentes en España. La presencia de estos últimos aumentó rápidamente entre 1982 y 1984 al pasar de 3.667 a 4.258 personas, siendo la provincia occidental la preferida por aquéllos como lugar en donde establecerse. El 85% de los originarios del Nuevo Mundo procedía de las repúblicas iberoamericanas. Tal es así que si comparamos a los iberoamericanos instalados en Canarias con los que entonces estaban establecidos en España arroja un porcentaje de 9,36%. Del conjunto de la colonia iberoa272 6Los africanos residentes en Canarias a principios de los 80 pasaron de 549 a 672 personas.
mericana, la mayoría (exactamente 64,32 de cada cien) estaba compuesta por sudamericanos procedentes de sus diez repúblicas, destacando países de procedencia como Venezuela (910), Argentina (586), Chile (573), Colombia (178), Uruguay (145), Perú (140) y Ecuador (120). El resto se distribuye entre Bolivia, Brasil y Paraguay. De las repúblicas centroamericanas llegaron unas 813 personas (19,1%) casi todas de la isla de Cuba (711) y el resto de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Haití y República Dominicana. Los agregados procedentes de Estados Unidos y Canadá conformaban una colonia de 701 personas (16,46% del subgrupo americano). Como ya se expuso anteriormente, al finalizar la década de los ochenta el panorama era el siguiente: los originarios de Mesoamérica y Sudamérica representaban en 1991 un 21,5 por ciento del contingente extranjero destacado en Canarias (creció más de 6 puntos respecto de 1984), a la vez que suponían el 95,7 por ciento del total continental. Esos datos ponen de manifiesto la debilidad de la presencia norteamericana en nuestras Islas; mientras que, por el contrario, las intensas relaciones canario-latinoamericanas justifican de forma muy clara, una vez más, la supremacía relativa del amplio e influyente grupo iberoamericano. La mayoría de estos latinoamericanos arribaron al Archipiélago canario en fechas muy recientes, como lo demuestra el que haya sido en la última década (es decir, entre 1981 y 1991) cuando se han venido instalando nada menos que el 66,7 por ciento de este subgrupo y que terminó el decenio acumulando un total de 4.456 personas. El ritmo medio de entradas efectuadas en esa década se elevó a unas 414 personas por año, sobresaliendo anualidades excepcionales como las de 1989 y 1990 en que se produjeron nada menos que 838 y 1.238 arribadas respectivamente7. 273 7DOMÍNGUEZ MUJICA, J. (1996): La inmigración extranjera en la provincia de Las Palmas. Cuadernos Canarios de Ciencias Sociales n.º 32, Las Palmas de Gran Canaria, pp. 90, 92 y 216-249.
En la composición por sexos se aprecia un mayor escoramiento hacia las féminas. En efecto, tanto si se trata del colectivo centroamericano como del sudamericano, las mujeres aventajan a los hombres en diez puntos de diferencia. Más adelante ofreceremos alguna explicación sobre esta asimetría en la distribución de los sexos del referido contingente que tiene mucho que ver con la demanda laboral que se está consolidando en el espacio de acogida. Por procedencias, si desagregamos las áreas geográficas que lo componen, comprobaríamos que la representación centroamericana se establece en sólo unas 751 personas (la mayoría mujeres), que por esa razón obtiene un escuálido porcentaje de 11 por ciento sobre el conjunto iberoamericano. El país que mayor participación obtiene en estos flujos migratorios es la República de Cuba, con el 66,5 por ciento del total centroamericano. Este colectivo, producto del poderoso componente de cruces familiares, fuertemente arraigado a ambas orillas del Atlántico, se concentra preferentemente en las dos islas centrales (Gran Canaria y Tenerife), de forma que un resto irrelevante en cuanto a su número (13,8%) se distribuye entre las demás islas periféricas. La colonia cubana en Canarias se nutre de emigrantes retornados con su descendencia, así como de personas que buscan mejorar sus condiciones de vida y de disidentes del régimen político vigente desde 1959 en aquella isla caribeña (cuadro n.º 2). 274 A. Central Total Lanz. Fuert. G. Can. Tener. E. Hierro L. Gom. L. Palma Cuba 469 16 2 261 57 2 1 30 Otros 282 26 15 93 136 - 1 11 Total 751 42 17 354 293 2 2 41 A. Sur Argentina 1.178 88 39 595 426 11 6 13 Venezuela 3.556 35 22 363 2.622 103 31 372 Otros 1.338 76 35 687 506 1 3 30 Total 6.072 199 96 1.645 3.554 115 48 415 Cuadro 2 Iberoamericanos en Canarias: su distribución por islas (1991) Fuente: Censos de población y viviendas. Canarias 1991. Población extranjera. Instituto Canario de Estadística. Mayo, 1995. Elaboración propia.
Más numeroso es el conjunto sudamericano con 6.072 componentes, en los que de nuevo se repite una mayor presencia femenina, con 7 puntos de ventaja sobre el total de varones. Este último contingente se reparte asimétricamente entre las dos provincias e islas. Solamente la isla de Tenerife absorbe al 58,5% de este colectivo. A su vez, las islas occidentales de La Gomera, El Hierro y La Palma, que configuran la provincia de Santa Cruz de Tenerife, acogen a amplios grupos de sudamericanos, obteniendo por ello una clara supremacía en comparación con las Canarias orientales. Por países de origen, la República de Venezuela es la que mayor número de emigrantes (sin duda, descendientes a su vez de antiguos emigrantes isleños) tiene censados en Canarias respecto del contingente sudamericano, con nada menos que un 58,5 por ciento. A los procedentes de Venezuela se les localiza mayormente en las Canarias occidentales por ser esta parte del Archipiélago la que más estrechamente está ligada a ese país. Los 3.136 canario-venezolanos no constituyen más que una pálida expresión de algo más profundo e indefinible de una vinculación secular, que se resume sencillamente en el sobrenombre de «Octava Isla», afortunada expresión con que aquí se reconoce también a la entrañable república llanera8. Argentina es la cuna de otro grupo relevante de inmigrantes que se distribuye básicamente por las dos capitales canarias, siendo sensiblemente menor su presencia en las islas no capitalinas. La dictadura militar y las crisis económicas sucesivas alientan este flujo en donde no faltan tampoco los reencuentros familiares. En resumen, el conjunto de inmigrantes iberoamericanos se presenta en nuestras islas diferenciándose en dos grupos: americanos del Centro y del Sur de América. El primero es como hemos visto muy reducido, mientras que el segundo es más abultado por la elevada participación de venezolanos y argentinos. Ambos flujos tienen en común el alto porcentaje representado por féminas. Venezuela, Argentina y Cuba son, por ese orden, los países americanos que mayor aportación de recursos humanos hacen a Canarias entre 1981 y 1991 después de Europa. El destino preferente de ese movimiento son las dos islas centrales y, dentro de éstas, son las respectivas capitales provinciales y los municipios dinamizados por los servicios turísticos los que absorben la mayor parte de esta corriente. 275 8ASCANIO SÁNCHEZ, C. (2002): Los canarios en Venezuela. Identidad y diferencia. Santa Cruz de Tenerife. 239 pp.
2.1. RELACIÓN CON LA ACTIVIDAD ECONÓMICA La estructuración de las categorías de esta variable (recogida en el cuadro n.º 3) sigue las actuales directrices sobre medición del empleo establecida por la O.I.T.9y afecta, lógicamente, sólo a los mayores de 16 años. Se trata de características de autoclasificación señaladas en los cuestionarios del Censo de 1991 que fueron respondidas por un total de 4.930 trabajadores iberoamericanos10, es decir, un 81,2% sobre el total. De acuerdo con las cifras que arrojaron se pueden establecer dos grupos bien diferenciados: a) Población iberoamericana económicamente activa. Se trata de un conjunto de 1.426 personas que suministraron mano de obra para la producción de bienes y servicios económicos, o que estaban disponibles y hacían gestiones para incorporarse a la actividad productiva; esto último es lo que realizaban unos 407 trabajadores que estaban en paro forzoso, pero buscaban empleo por primera vez, o el de otros 401 que carecían también de empleo pero contaban con alguna experiencia laboral como asalariados por cuenta propia y ajena. A todos ellos nos referiremos de nuevo en el apartado 2.2. b) Población económicamente inactiva. Se trata de un amplio conjunto de 2.692 personas no autoclasificadas como ocupadas o paradas forzosamente. Comprende a su vez seis subcategorías diferentes que son: Un numeroso grupo de 130 jubilados que percibían una pensión en concepto de jubilación o invalidez. Incluye a personas que anteriormente tuvieron algún tipo de actividad lucrativa por la que cotizaron a la seguridad social y que bien por la edad u otras razones la han tenido que abandonar, siendo hoy en día sus medios de vida las pensiones que perciben. 276 9Organización Internacional del Trabajo. 10 DOMÍNGUEZ MUJICA, J. (1996): La inmigración extranjera… En este trabajo su autora refiere en las páginas 135-136 como a principios de los años 90 solicitaron permiso de trabajo o prórroga del mismo unos 22 mexicanos, 4 guatemaltecos, 4 salvadoreños, 8 nicaragüenses, 1 hondureño, 3 costarricenses, 1 panameño, 167 cubanos, 50 dominicanos, 153 colombianos, 20 ecuatorianos, 102 peruanos, 9 bolivianos, 19 paraguayos, 208 venezolanos, 164 uruguayos y 783 argentinos, que suman 2.092 latinoamericanos. Esta cifra recoge ampliamente la procedencia de los inmigrantes latinoamericanos por países que tramitan licencias laborales en la Delegación Provincial de Trabajo de Las Palmas. Es también un indicador de la tensión creciente por introducirse en el mercado laboral europeo.
ses medias urbanas se vieron seriamente tocadas por la dolarización y la pobreza. 130 millones de latinoamericanos tienen graves dificultades para acceder al suministro de agua potable con lo que significa para la higiene y la salud. El aumento de la inestabilidad política con las protestas ciudadanas y campesinas han favorecido la retirada de empresas, que gestionaban servicios públicos privatizados, y la caída de la inversión exterior. Un caso paradigmático es el de Bolivia que recibió en 1999 una inversión exterior de 760.000 millones de euros que, poco tiempo después, se reduce en el 2004 a menos de 1.000 millones. A mayor desigualdad en el reparto de la riqueza, subida del umbral de la pobreza, presión demográfica, pésimo funcionamiento de los mercados financieros y desestructuración económica y social de las repúblicas, corresponde también un nuevo impulso emigratorio. Por lo tanto afloran en estos años los signos más visibles del subdesarrollo y el deterioro económico y social. Un panorama así de desolación, más o menos generalizado según los diferentes países, es una invitación expresa a escapar como sea de la pobreza, del paro o de la ruina. Desde entonces la consigna se repite en una especie de monotema obsesivo a escala individual, familiar y social. Mientras eso sucede en las zonas de emisión, en las de acogida el panorama se identifica con la siguiente situación: segmentación de los mercados laborales, proliferación y refuerzo de las redes familiares, crecimiento de la economía informal, homogeneización de los sistemas de vida, desarrollo y abaratamiento de los transportes. En efecto, salir como sea hacia países que ofrezcan como mínimo una esperanza de seguridad y dignidad fue, en medio de este sombrío porvenir de la década de los ochenta, una de las pocas alternativas transitables. Se cuentan por miles los que traspasaron las rígidas fronteras del Río Grande para entrar clandestinamente en Estados Unidos. Las comunidades niponas (nipobrasileñas, nipomexicanas o nipoperuanas, etc.) arraigadas en América latina desde antes de la primera guerra mundial, retornan a la patria del Sol Naciente. España, aunque lejos, se presenta ahora como una oportunidad deseable dado su creciente desarrollo como país miembro de pleno derecho de la Unión Europea. No pocos intentan con diversa fortuna dirigir sus pasos hacia la «madre patria». Es por lo que el progresivo contingente iberoamericano que empieza a llegar a nuestro país responde al siguiente prototipo: • Se trata de personas adultas, de entre 25 y 40 años, de ambos sexos, que vienen a Canarias a establecerse solicitando reiteradas veces el permiso de trabajo y de residencia correspondiente. Por lo general participan más en estos flujos las mujeres que los hombres. Los in283
migrantes vienen solos, pero a menudo arriban formando grupos familiares. Suelen disponer de una cualificación docente equivalente a titulados universitarios medios y superiores. • Por lo general llegan al Archipiélago vía Ámsterdam (Holanda) o Barajas (Madrid, España) en calidad de falsos turistas o con visados consulares obtenidos en virtud de viejos tratados hispanoamericanos en revisión. Las redes de apoyo fuertemente consolidadas, junto con las organizaciones solidarias (Cruz Roja, CEAR, Sindicatos, organizaciones no gubernamentales de la Iglesia Católica y otras profesiones cristianas, etc.) favorecen la integración laboral, educativa, alojativa y social. • Un rasgo bastante compartido por los iberoamericanos es el carácter atlántico y urbano de la mayoría de sus componentes. Cubanos, venezolanos, argentinos, uruguayos y colombianos proceden en buena medida de países y ciudades de la orilla occidental del Océano que compartimos. Los puertos canarios (y recientemente también los aeropuertos) influyen en alguna medida sobre estos flujos gracias al permanente trasiego de enrolamiento, ceses y trasvases de tripulaciones de unas naves a otras. Las actividades turísticas del Archipiélago, con una potente oferta de servicios, oferta de ocio y espectáculos en su más amplia acepción, polariza la atención de centenares y de miles de estos inmigrantes que encuentran acomodo laboral en un mercado sumergido que se estima muy relevante. • Los latinoamericanos del interior o de las costas del Pacífico que vienen a Canarias conocen tan bien como sus homónimos de las riberas atlánticas nuestro territorio, su gente y sus posibilidades, por medio de sus familiares y amigos o mediante la red consular instalada en las islas. Existe, además, una reconocida reciprocidad tanto de trato como de capacidad de integración mutua. • La inmigración de retorno de las familias canario-venezolanas aumenta sin cesar en los últimos años ante el agravamiento de la crisis que asola a aquella república15. Los gobiernos central y autonómico han subscrito hace poco tiempo una especie de convenio a fin de agilizar la concesión de la nacionalidad española a quienes a su vez adquirieron la venezolana y a las familias que han creado antiguos emigrantes en ultramar. Estas corrientes de retorno han afectado par284 15 Durante los años 1983 y 1984 el 85,06% de la inmigración canaria procedente de países extranjeros se componía de españoles, mientras que por el mismo concepto a nivel nacional la cifra se reducía a 71,96%
ticularmente a la provincia occidental, de modo especial a las islas de Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro. • América Latina lleva ya un par de años en fase de despegue macroeconómico. La reciente puesta en marcha de la integración de las economías regionales (MERCOSUR, ALCA, acuerdos multilaterales con la U. E., etc.), empiezan a dar algún que otro resultado esperanzador16. Aún así, algunos países como Haití, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia o Colombia, o la mayoría de los estados de Centroamérica, tendrán que esperar todavía a superar estrangulamientos internos y externos para acompasar su ritmo de crecimiento con las repúblicas que sanean sus estructuras al dictado de las rígidas recetas de ajuste del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Si esto último llegase por fin a generalizarse y sus efectos se prolongaran de forma recuperadora en el tiempo, tal vez se podría determinar a corto plazo una ligera ralentización de las llegadas a las islas de los flujos migratorios provenientes de la otra orilla atlántica; o cuanto menos, una aminoración en los trasvases demográficos, que quedarían limitados a las regiones más rezagadas, a los refugiados políticos o a las víctimas de siniestros ecológicos. Pero esto último es sólo una remota posibilidad que no se compadece con el espectacular crecimiento de la emigración iberoamericana hacia España en la etapa siguiente (1992-2005). 4. BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA ASCANIO SÁNCHEZ, C. (2002): Los canarios en Venezuela. Identidad y diferencia. Santa Cruz de Tenerife. 239 pp. DÍAZ HERNÁNDEZ, R. (1990): Origen geográfico de la actual población de las Palmas de Gran Canaria. CIES, n.º 17, Las Palmas de Gran Canaria, 469 pp. DOMÍNGUEZ MUJICA, J. (1996): La inmigración extranjera en la provincia de Las Palmas. Cuadernos Canarios de Ciencias Sociales n.º 32, Las Palmas de Gran Canaria, pp. 90, 92 y 216-249. GARCÍA ZARZA, E. (1992-1993): «La población iberoamericana y su problemática actual», Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles. América Latina, (Murcia, AGE), 15-16, pp. 33-54. GARCÍA ZARZA, E. (Coord.) (1992): Las migraciones en Iberoamérica. Segundas Jornadas de Estudios Geográficos Iberoamericanos. Foro de Iberoamérica, Salamanca, 257 pp. 285 16 EL PAÍS (1997): «Latinoamérica creció más del 3% en 1996 y atajó la inflación, aunque no redujo el paro». Lunes 17 de marzo.
181 1. INTRODUCCIÓN Nuestro medio natural se caracteriza por una gran variedad de paisajes y ecosistemas derivados de la especial configuración geomorfológica y orográfica de las islas, de la situación geográfica del Archipiélago y del aislamiento propio de la naturaleza insular que han originado un patrimonio genético, paisajístico y productivo de incalculable valor1. Esta diversidad intrínseca de la naturaleza canaria, unida a la alta fragilidad de los ecosistemas insulares, justifican la existencia de un gran número de espacios naturales protegidos, cuya extensión alcanza el 42 por ciento de la superficie del Archipiélago, el porcentaje más elevado de todas las comunidades españolas. La proliferación de espacios protegidos, así como su localización prioritaria en zonas rurales (llanuras litorales, cuencas hidrográficas, medianías y montañas, casi siempre desfavorecidas), plantea, por una parte, como necesidad apremiante la de coordinar y compatibilizar la ordenación del territorio, la planificación ambiental y el desarrollo rural; y, por otra parte, la búsqueda de soluciones racionales, imaginativas e innovadoras en el terreno de la asignación de usos y gestión de estos espacios entre las diversas administraciones canarias, estatal y europea, cuestión esta última un tanto difícil dado el proverbial déficit de cultura de la cooperación interadministrativa que ha venido prevaleciendo hasta este momento. Desde mediados del siglo XX nuestro espacio rural compite seriamente con la creciente expansión urbana, con la modernización de las infraestructuras y con los espacios naturales protegidos que, en cierta medida, limitan y dificultan su desarrollo integral, acosan y proscriben 1En Canarias son muchos los valores naturales que deben ser resguardados de la creciente presión antrópica que sufren las islas ya que se elevan a 11.600 las especies terrestres catalogadas, de las que 3.700 son endemismos exclusivos; es decir, se originaron aquí y no se conocen viviendo de forma silvestre en ningún otro lugar. El enfoque conservación-desarrollo trata de superar planteamientos preservacionistas a ultranza y busca estrategias socialmente viables para proteger la biodiversidad de nuestro planeta y mantener los procesos ecológicos esenciales para el equilibrio de la biosfera. Se está trabajando para evitar que la conservación se convierta en una especie de museografía ecológica, especialmente en países subdesarrollados. (M. A. Troitiño, 1993)
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