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El nexo transfronterizo. Identidad atlántica en las letras canarias

Díaz Hernández, Ramón,Domínguez Mujica, Josefina

Abstract

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XIII. EL NEXO TRANSFRONTERIZO: IDENTIDAD ATLÁNTICA EN LAS LETRAS CANARIAS Ramón Oíaz Hernández y Josefina Domínguez Mujica (Universidad de Las Palmas de Gran Canaria) Por su posición geográfica a Canarias le correspondió desempeñar un especial protagonismo en la conquista de América e igualmente en el posterior desarrollo del tráfico comercial y el poblamiento de las tierras indianas. Como señaló Morales Padrón, a las Islas Canarias se les ha atribuido un papel destacado en la conquista americana, ya que estas supusieron, en realidad, el primer experimento ultramarino que Europa necesitó realizar antes de emprender su expansión definitiva. 1 Por lo tanto el Archipiélago fue, desde su integración a las monarquías ibéricas de finales del siglo XV, una plataforma geoestratégica a través de la cual se gestionó toda una compleja red de aspectos militares, económicos, administrativos, sociales, evangélicos, lingüísticos y culturales. 2 Desde entonces, la relación cultural entre Canarias y América ha sido de «ida y vuelta», es decir, ha seguido una orientación bidireccional. Es lo que Manuel Alvar describe como doble proceso de «adopción» y de «adaptación». 3 Así, el habla canaria está emparentada con los distintos dialectos del español en América Latina, tanto en lo que respecta a la pronunciación como al léxico. A su vez, en el terreno literario es notorio el número de trabajos que ha visto la luz en ambas orillas atlánticas; investigaciones en las que l. Morales Padrón, 1956. 2. PérezVidal, 1955. 3. Manuel Alvar, 1990. 363 bien de forma directa o bien a través de fuentes indirectas, o de manera referencial, Canarias está presente en América y América lo está en las Islas. Ambas realidades geográficas han formado parte de un mismo devenir histórico en un proceso continuo de mutuas e intensas interrelaciones. Además, la cultura canaria ha tenido un especial protagonismo en la construcción de determinadas identidades nacionales, como la cubana, puertorriqueña, venezolana, o la uruguaya, siendo isleños los fundadores de ciudades como Montevideo (Uruguay) o San Antonio de Texas (EE UU). Pero no menos importante es lo que ha recibido de aquellas tierras pues ha heredado de Latinoamérica una gran cantidad de manifestaciones y gustos culturales, principalmente a través del fuerte vínculo migratorio. Nos referimos a todo aquel bagaje que en su retorno, o errsus infinitos contactos, el emigrado va introduciendo en las Islas. 4 El continuo trasiego de barcos y gentes entre los puertos americanos e isleños trajo consigo la adopción de todo aquello que era considerado de interés no solo en el terreno económico, sino también en el musical, gastronómico o artístico; en las costumbres, en la arquitectura o en las influencias literarias y lingüísticas. Lo mismo ha sucedido con el comercio que trajo papas, boniatos o batatas, tomates, maíz (millo) y tabaco, además de nopales o tuneras, pimenteros peruanos, cueros o cacao. También se incorporaron nuevas frutas como las papayas, mangas, chirimoyas, aguacates, piña tropical o guayabas, consideradas como «frutas tropicales» fuera de las Islas pero que, sin embargo, pierden ese carácter exótico, porque se adaptan perfectamente, debido a las peculiares condiciones climáticas de Canarias.' Estado de la cuestión La literatura puede llegar a expresar la experiencia de un lugar, a crearlo, a reproducirlo, a representarlo, y todavía más, a hacerlo surgir de las profundidades del imaginario colectivo. 6 Hay en ese 4. Macias, 1994, 1995 y 2003. 5. Bernal y Macías, 1988. 6. Llarena, 2007. 364 sentido una estrecha relación entre narración y descripción en la obra literaria. Por ello, los textos literarios con referencias espaciales constituyen una interesante vía de conocimiento geográfico,7 una valiosa fuente de información, una forma de entender las relaciones entre los hombres y sus paisajes en la que prevalece la dimensión empática de las emociones y los sentimientos. 8 La literatura de la memoria, tanto de los espacios naturales como de los transformados por la acción humana, ha inmortalizado escenarios en donde los territorios aparecen como lugares vividos y sentidos. Es en definitiva lo que denominamos paisajes de la imaginación y de la memoria, de la literatura y de la vida. 9 La literatura canaria de los siglos XVI al XX es una preclara atalaya desde la que se puede entender, además del propio entorno insular, el nuevo mundo atlántico y americano, al constituirse en ~l eslabón fundamental que asegura la continuidad en la búsqueda mcesante de paisajes, personajes, hechos, símbolos y mitos. En un contexto inicialmente dominado por el espíritu renacentista, hasta muy avanzado el siglo XVI, y después, con la nueva mentalidad de la ilustración, se abre una larga etapa histórica en donde se afianza el poder colonial y la burguesía comercial. Es también el momento en que se inician las pugnas entre liberales y conservadores, entre absolutistas y reformadores. 10 Este cruce de influencias cuenta como rransfondo con el espejo de una América que, además de las. controversias referidas, se debate entre revolución e independencia en el momento de auge del sentimiento nacionalista. Con todos estos ingredientes se produce en los creadores canarios un variado caldo de cultivo en el terreno estético, temático e ideológico, que les lleva a ofrecer creaciones escritas bajo el influjo de dispares tendencias, en las que se desdibujan e hibridan los cánones postclasicistas, prerrománticos y románticos, modernistas y regionalistas. En medio de todo ello pervive un afán secular por conocer lo que sucede en el exterior. Así, cuando se implanta la imprenta a fines del siglo XVIII y se produce la expansión del género periodístico, reconocemos en 7. Frolova y Bertrand, 2006. 8. Besse, 2010; Bédard y Lahaie, 2012. 9. Ortega Cantero, 1987, 1999 y 2007. 10. García Ramos, 1993. 365 E/Atlante (1837-1839) y La Aurora (1847-1848) buenos ejemplos de la prensa de signo combativo, propia de la tendencia romántica, mientras que La revista de Canarias (1878-1882) y La Ilustración de Canarias (1882-1884) destacan por su carácter positivista. Todas ellas se proponían una ambiciosa labor de divulgación cultural, acogiendo colaboraciones extranjeras de clara vocación americanista. 11 En sentido complementario, en la literatura popular canaria se reconoce un gran número de cantos importados de tierras americanas, 12 haciendo cierto el dicho popular de «Canarias tiene su cabeza en Europa, sus pies en África y su corazón en América». Objetivos del presente trabajo En la producción literaria de los autores canarios hemos encontrado abundantes referencias al paisaje y al paisanaje americanos tan interesantes y precisas que es posible conocer, a través de ellas, los postulados estéticos y éticos que se compartieron a uno y otro lado del Atlántico. Pero, además, hemos encontrado una manera de percibir el paisaje que excluye toda idea de percepción directa. Diríase en propiedad que lo que aparece en estas obras, más que una visión temporal del paisaje, es una «memoria del paisaje» como testimonio de un momento concreto, 13 una entremezcla de sensaciones y ensueños que alimentaron recuerdos de una gran fuerza descriptiva, tal como lo expresa Armas Marcelo: «Un escritor no puede estar despaisajado ni abstemio. Tiene que sentir esa euforia química que le haga definir lo que está viendo». 14 El intercambio de pareceres atlánticos rompió los tópicos que lastraron la comprensión de cuanto sucedía en América Latina, un territorio que se veía como un objeto exótico; como espacio de actuaciones de colonizadores brutales; de misioneros, etnógrafos y mercaderes, y de toda clase de organizaciones caritativas de ambiciones contrapuestas y no siempre confesables. La mirada de Hispanoamérica en esta orilla oriental del Océano fue una imagen 11. Armas Ayala, 1984; Artiles, 1975. 12. Pérez Vida!, 1944. 13. Broseau y Cambron, 2003. 14. Armas Marcelo, 1998. 366 más real, moderna y seductora, aunque no exenta de una calculada carga de subjetividad. Dicha imagen, de la que nos valemos en este artículo, añade aliento geográfico y (re)humanizador a la investigación y la docencia de nuestra disciplina. Fuentes y metodología de análisis En la línea de la interpretación subjetiva del paisaje y de la sociedad americanos, se procede a realizar un acercamiento a las obras literarias más significativas de los autores canarios, tanto en lírica, como en la prosa y los ensayos, enfatizando los posibles hechos objetivos en los que se inspiraron. En dicha bibliografía se seleccionaron y analizaron aquellos pasajes que aludían a elementos geográficos americanos. Se estableció, en primer lugar, una clasificación de dichos textos, por temáticas (descripción fisiográfica, geobotánica, climática, migraciones, desarrollo urbano, paisaje agrario, actividades económicas, relaciones comerciales, controversia de la emancipación, la era de la poscolonización, etc.). Las agrupaciones temáticas se analizaron cronológicamente, siguiendo diferentes criterios en función de la imporrancia conferida a los hechos narrados por sus propios autores, su impacto social y también según la finalidad que trataban de alcanzar con dichas referencias. En definitiva, la investigación propuesta, desde una perspectiva geográfica (que no literaria), se centra en el análisis del desarrollo de la percepción empática de América y del Atlántico en las obras y autores estudiados. Tanto la dimensión latinoamericana como la atlanticidad suponen un manifiesto interés por lo que acontece en la otra orilla del Océano, al tiempo que manifiestan una seducción por lo exterior y una ruptura con la secular tradición ensimismada y reduccionista de la insularidad. Del análisis y la valoración de los resultados se aprecia cómo las narraciones, descripciones e informaciones nos muestran la utilidad de la literatura como instrumento de conocimiento integral del espacio geográfico. Los autores canarios suelen incluir en sus obras referencias americanas hayan estado o no en aquellas tierras, debido a la fuerte ascendencia que ejercían en la cultura de las Islas los frecuentes intercambios y la intensa relación entre ambas orillas del Océano. Por ejemplo, en El Abuelo (1897), Galdós, aunque nunca estuvo 367 en América, habla de las minas de oro de Hualgayoc y de la ruina familiar y económica de su propietario, como metáfora de los peligros inherentes a la explotación de las riquezas americanas. Otro ejemplo nos lo proporciona Tomás de Itiarte en su comedia moral El señorito mimado o La mala educación (1783). En ella, uno de sus protagonistas, don Cristóbal, que «ha llenado sus talegas en México», nos introduce de lleno en la leyenda del indiano. En cualquier caso, no ha sido fácil realizar una selección de textos literarios que hagan mención al imaginario socio territorial americano, a su geosimbolismo, así como a las vidas y ensoñaciones de la gente común, porque dichas referencias son cuantiosas en las obras de autores isleños. En ellas apreciamos un oído minucioso para captar los nombres de las cosas y de los hechos, del medio natural y urbano, de las plantas y de la avifauna, así como de los matices de los sucesos históricos acaecidos y del habla empleada para narrarlos, en Canarias y América. Este ideario, más allá del refuerzo de la atlanticidad y la americaneidad del Archipiélago, contribuyó a dinamizar la vida cultural, política, económica y social de ambos territorios. 15 Imaginario americano en los autores canarios El perpetuo trasiego del ir y venir convierte a los canarios en América en ciudadanos de fácil adopción y de dicha integración deriva, a la inversa, la facilidad con la que se asimilan patrones culturales americanizados en el Archipiélago. Tal vez por ello, resulte difícil encontrar un autor canario que no haya escrito algo sobre las Américas Hispanas y, de entre esos muchos que pudieran mencionarse, hemos elegido a Silvestre de Balboa, José de Viera y Clavija, Tomás de Iriarte, Graciliano Afonso, Antonio Pereira Pacheco, Benito Pérez Galdós, Aurelio Pérez Zamora, Mercedes Pinto, Luis F. Gómez Wangüemert, Nicolás Estévanez Murphy, Amaranto Martínez de Escobar, Juan Francisco González, los hermanos Luis y Agustín Millares Cubas, Luis Alvarez Cruz, Diego Crasa, Rafael Bento y Travieso, Agustín Millares Cario, Agustín Espinosa García y Pedro Lezcano Montalvo. 16 15. Armas Marcelo, 1987. l 6. Rodríguez Padrón, l 983; Alonso, l 99 l. 368 La obra de alguno de estos autores se conoció tardíamente o de forma parcial en Canarias, tanto por las dificultades de difusión de los textos publicados en América o en la Península, como por el hecho de que la imprenta no se introdujo hasta finales del siglo XVIII en las Islas. A otros se les conoció a partir de ese momento, e incluso más tarde, como a Pereira Pacheco, cuyos manuscritos se publicaron una vez iniciada la segunda mitad del siglo XX. Nicolás Estévanez, a su vez, editó buena parte de su obra en París, mientras que la poesía completa de Silvestre de Balboa se difundió a principios del siglo XX, a través de ediciones cubanas, cuando el autor la había escrito a principios del siglo xvn. 17 En los textos escogidos prima una gran diversidad de estilos e influencias, pues nuestros autores cultivan todo tipo de géneros literarios, desde prosa, poesía, ensayo, ciencia y comedia, hasta el periodismo y el intercambio episrolar. Una parte de ellos residió en el Nuevo Mundo durante una temporada; algunos otros vivieron en aquellas tierras la mayor parte de su vida (Silvestre de Balboa, Graciliano Afonso o Luis F. Gómez Wangüemert). Pero hay otros que, como ya hemos mencionado, no estuvieron allí (Viera y Clavija, Tomás de lriarte o el propio Galdós) aunque asumieron e interiorizaron la americaneidad. Naturaleza y sociedad americanas en las letras canarias El primer escritor canario en cuya obra se hacen referencias geográficas a América es Silvestre de Balboa ( 1563-1649), que nació en Las Palmas de Gran Canaria y se radicó en Cuba desde finales del siglo XVI, donde escribió Espejo de Paciencia, la obra por la que se le conoce. Se trata de una composición en octavas reales, escrito en 1608, en donde narra el suceso histórico acaecido en 1604 en el oriente cubano, el secuestro y rescate del obispo de la Isla (fray Juan de las Cabezas A!tamirano) por el corsario francés Gilbert Girón y la gesta de su liberación por los habitantes de Bayamo, al mando del español Gregario Ramos. La composición mencionada presenta claras influencias de los poemas épicos del renacimiento y está considerada la más antigua que se 17. Millares Carla y Hernández Suárez, 1977. 369 escribió en Cuba, 18 si bien, el elemento canario destaca en la misma, no solo porque el propio autor lo manifiesra reiteradas veces («de Canarias [son] Palacios y Medina»), sino también porque es resaltado como tal, en varios de los seis sonetos laudatorios que preceden al relato. Se trata, en efecto, de poesía cortesana cuyo estilo clásico y refinado utiliza para describir una epopeya que, en cierta medida, desvela un trasfondo de las tensiones internacionales del momento. También se refleja cómo el rapto del obispo por el corsario francés, de confesión luterana, no solo tiene que ver con el clima de inseguridad que se había adueñado de las aguas atlánticas por el contrabando y la piratería (una persistente amenaza a la monarquía española), sino que, además, se insertaba en el contexto de la guerra desatada entre 1 uteranos y vaticanistas. En tono artificioso, característico de la poesía épica áurea, el poera nos ofrece una descripción almibarada y subjetiva del paisaje geográfico del oriente de la isla. En ella, un carrusel de personajes mitológicos desfila alegremente, resaltando con ritmo y colorido la feracidad de una tierra paradisiaca y rebosante de insólitos frutos y exaltando, igualmente, la exuberancia de la fauna, la flora y la policromía tropical: semicapros de los montes trayendo guanábanas, gégiras y cainitos; napeas de los prados cargando al hombro pisitacos y bateas de flores olorosas de na vaco, mehí y rabaco, mameyes, piñas, tunas y aguacates, pláranos y mamones y tomates; hamadríades bajando de árboles con frutos de sigüapas y macaguas y muchas pitajayas olorosas; dríadas de los bosques ofreciendo birijí y jaguas; náyades saliendo de los ríos con mucho jaguará, dajao y lisa, camarones, biajacas y guabinas; efedríades brorando de las fuentes con sus sienes coronadas de verbenas; luminíades de los estanques regalando jicoteas deMassabo y hermosas oréadas de las selvas y montañas ofreciendo muchas iguanas, patos y jutías; centauros y silvestres sagitarios llevando diversas alimañas cazadas en las llanuras de la fértil Yara. En el poema aparecen topónimos como Cuba o Fernandina, Puerto Manzanillo, Yara, Puerto Príncipe, Bayamo, Massabo, Managua (lugar del que precisa que es «ameno sitio, rico en labranzas»), Acaya, Haciendas de Parada, Jamaica, La Florida, Sevilla, Barcelona, 18. Chacón y Calvo, 1922. 370 Gran Canaria, la fértil Moya ... Se describe, pues, un territorio en expansión colonizadora en el que personajes reales labran la tierra, establecen cabañas ganaderas y bohíos y se incluye hasta la figura de un tal Gaspar Mejías, que descubrió minas en la sierra. Balboa nos muestra una incipiente sociedad insular que se va amalgamando a través del crisol de una aglomeración variopinta de etnias, donde al componente indígena se le agregan negros, portugueses, españoles, milaneses y «negritos criollos)). Es de destacar el carácter antiesclavista del poeta puesto que no solo desvela sus simpatías por los sumisos, sino que se deshace en elogios hacia el combatiente negro que alcanzó la gloria de abatir al líder de los piratas franceses. Señala Cruz Taura que este poema fue descubierto y editado parcialmente en 1838 por el periódico El Plantel y las Memorias de la Sociedad Patriótica de La Habana, coincidiendo con un contexto en el que emerge el nacionalismo romántico de corte secesionista cubano. 19 La «americaneidad» es un rasgo distintivo del ilustrado Joseph de Viera y Clavijo (Los Realejos de Tenerife, 1731-Las Palmas de Gran Canaria, 1813). Viera, desde sus primeros pasos, y sin haber estado en las Indias, se sintió fascinado por el mundo americano. Y eso salta a la vista nada menos que en el preámbulo de su obra científica más importante, editada 1776, en donde compara las conquistas de Canarias y América: Por otra parte, nuestra historia civil es más fecunda en grandes sucesos de lo que parece a la primera vista y sus pasajes políticos tienen un no sé qué de más sólido que de brillante. Es verdad que las famosas conquistas de Méjico y del Perú harán siempre más eco en todo el mundo que las de Canaria y Tenerife. Es verdad también que Cortés y Pizarro serán en la opinión de los hombres más héroes que Vera o Fernández de Lugo; pero ¡ah, si fuese licito hacer un paralelo riguroso entre los guanches y los indios, entre las fuerzas de las Canarias y de las Américas, entre el impulso que animaba el brazo a unos y otros conquistadores. 20 19. Cruz Taura, 2009. 20. Viera y Clavija, reed. de 1982. 371 Por otra parte, Viera dedicó gran parte de su actividad científica al reconocimiento e identificación del mundo avifaunístico y geológico del Archipiélago, con el, objeto de as~sorar sobr~ su utilidad a las Reales Sociedades Econom1cas de Amigos del Pats de Canarias. Fruto del material recogido es su Diccionario de Historia Natural de las Islas, o Índice alfabético descriptivo de sus tres reinos: Animal, Vegetal y Mineral con las correspondencias latinas, obr~ que le ocupó el tiempo que va desde 1790 a 1810 y que fue publicada por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas en 1866. En ella aparecen las referencias a 35 ejemplares de flora y fauna procedentes de América que nuestro autor reconoció como ({connaturalizados)) en las Islas Canarias. Un cariz diferente tiene la obra de Antonio Pereira Pacheco y Ruiz (Tegueste, Tenerife, 1790-1858) que brinda una información equiparable a la de cualquier otra crónica de la época en todos sus manuscritos y, especialmente, en Noticias de Arequipa. 21 En sus documentos ofrece tanto daros de interés demográfico, como asuntos FIGURAS 1Y2 PLANO DE UN SUBURBIO DE AREQUIPA Y LETRILLA Fuente: A. Pcreira Pacheco. 21. Millares y Suárez, 1979; Carrión Ordóñez, 1983; González Yánes, 2002; Hernández Gutiérrez, 2008. 372 relacionados con la fundación y trazado de las ciudades (figura 1), con las riquezas minerales, la alimentación, los temblores sísmicos, la vestimenta, la agricultura o la música tradicional indígena (figura 2), de acuerdo con las observaciones tomadas durante los siete años de su estancia en Perú (1809-1816), como prebendado de la corte del obispo de Arequipa, Luis Gonzaga de La Encina, durante el reinado de Carlos IV. En el siguiente texto, Pereira nos manifiesta sus concepciones estéticas y su percepción del urbanismo arequipeño: La arquitectura de esta ciudad ha sido levantada siguiendo las pautas de la tradición constructiva, de la improvisación y la funcionalidad, ya que las viviendas son modestas, de una sola planta queriendo así evitar los fáciles derribos que producirían los muchos terremotos que afectan al sector. Casas levantadas con piedra labrada, encaladas, espaciosas, y decoradas con estucos pintados al óleo, aunque su escultura por lo exterior no ofrece ningún gusto. La influencia isleña en aquella localidad, en donde había sido gobernador el tinerfeño Juan de Mesa y Lugo durante el reinado de Felipe IV, es resaltada por el marqués de Lozoya en los siguientes términos: Hay en la arquitectura civil peruana otro tipo cuyo origen canario me parece aun más fuera de duda, pues no se encuentra en la Península. Se trata de la casa de Arequipa, si ruada al pie del Misti, que es, como el Teide, un volcán casi apagado. La casa arequipeña es un cubo de piedra volcánica, con terraza con alto antepecho y que vierte las aguas por un sistema de gárgolas semejantes a una batería de cañones. En la fuchada se da la particularidad de que puerta y ventanas están comprendidas en un solo bloque rectangular formado con sillares de piedra. Este tipo de casa, que se extiende por el Sur hasta Tucumán, la he encontrado exclusivamente en el barrio de Veguera de Las Palmas. 22 22. Cit. en Pérez Vida!, 1955, p. 163. 373 Menor racionalidad y mayor emotividad reflejan las descripciones de los poemas que escribió el sacerdote aruquense Juan Francisco González (1863-1937), cuando regresó de Cuba (A Cuba en mí despedida en 1897y Carta a mi madre). En ellos relata su vivencia y las percepciones del paisaje cubano. Deja constancia de ello en los términos que emplea: «soberbios palmares; Perla de la Antilla; fértil suelo, acogedor puerto de La Habana; alegres despertares como el cielo; pájaros cantores; dianas y conciertos; guajiras de amores; Rores alegres; paseos y huertos; abundancia de frutales; riqueza de aromas; habanos vegueros y hospitalarias playas». A la dureza del camino, la incertidumbre de la llegada y la alegría de la acogida en aquella añorada «tierra de promisión» dedica el presbítero Francisco González estos versos: Aquí sin lucha, sin tregua/ con el destino,/ la fortuna no rueda/ por mi camino; [ ... ] De mi vida en el sendero,/ por cualquier lugar que vaya,/ guardaré de amor sincero/ recuerdo imperecedero/ de tu hospitalaria playa./ Desde el día en que emigrante/ a rus puertas llamé, triste/ cual mendigo vergonzante,/ y tú con dulce semblante/ en tu seno me acogiste./ Te profeso, Cuba hermosa,/ el mismo tierno cariño/ que a la madre bondadosa,/ que me columpió amorosa/ en la cuna cuando niño. Mucho más rica y menos edulcorada es la información geográfica que reúne en su obra Aurelio Pérez Zamora (Puerto de la Cruz, 1928-Santa Cruz de Tenerife, 1918), probablemente el autor canario más prolífico en relación con la Cuba de finales del siglo XIX. En su novela, Sor Milagros o Secretos de Cuba, se mencionan por su nombre, con la precisión de un funcionario de Correos destinado en La Habana, las plazas, calles, establecimientos públicos y privados, palacios, iglesias y conventos, hospitales, guarniciones militares, fábricas de tabacos puros y salas de fiesta, entidades financieras, aduanas, puertos y diques de atraque así como de las numerosas localidades de la isla importantes por su producción de azúcar, tabaco o café. Incorpora en su relato abundantes datos de tipo político-militar, social, económico y religioso y describe, admirablemente, el submundo en donde se urdían conspiraciones de todo tipo y los cenáculos en donde se debatían las influencias y 374 relaciones con Estados Unidos y España, la seguridad en los mares caribeños, la emigración y reemigración hacia el oeste americano ... En dicha novela, Antonio Gonzalga, protagonista de la misma, nos sintetiza en un solo plano su identidad e ideología profundamente enraizadas en el paisaje cubano: Yo soy cubano -prosiguió--, en mis primeros años fui arrullado y halagado por las brisas bajo las ceibas y los cocoteros; más tarde corrí por las extensas sabanas en briosos caballos, y a menudo volaba por los campos de Cuba en todas direcciones buscando nuevos objetos, y otros aires que respirar. A veces pasaba á nado los ríos; otras, cansado y lleno de aburrimiento, me dormía a la sombra del mamey. Donde menos me gustaba estar era en los cafetales, y sobre todo en los ingenios. La flor del limonero y la esencia de las plantas más aromosas se respiraba a cada paso en el lugar donde nací; pero había una cosa que angustiaba mi corazón y que no podía soportar: la esclavitud. Casi al final de la novela vuelve otra vez el personaje principal a deleitarnos con una bella relación de un paraje matancero del que dice lo siguiente: Un domingo, pues, subieron todos á la altura que ya he indicado y que domina la ciudad de Matanzas. Al llegar los extranjeros allí, y entre ellos el catalán á que me refiero, no pudieron menos los más artistas que doblar la rodilla en tierra e inclinar la frente ante la majestad de tanta grandeza; ante el espectáculo divino que se presentaba a sus ojos. Aquella altura tenía una planicie y de allí se veía serpentear graciosamente el Yumurí al despuntar la aurora, rielando en él los rayos del sol naciente de una manera tan maravillosa que sobrecogía el ánimo. El sol en el agua dibujaba allá, lejos, un arco-iris sobre un espejo de plata que figuraba la superficie interrumpida de trecho en trecho por maniguas y arbustos que marcaban perfectamente pequeños islotes ... Otro autor relevante es Luis Felipe Gómez Wangüemert, nacido en La Palma en 1862 y fallecido en La Habana en 1942. Fue un personaje que sobresalió por sus convicciones republicanas, federalistas 375 y como activo masón y librepensador. Se dedicó al periodismo y fue cronista de diferentes periódicos isleños como El Tiempo, Germina, Diario de Tenerife, El Mundo ... Emigró con 20 años a Cuba, cuando se desató en Canarias la crisis de la cochinilla de 1873, y se instaló en Guane (Pinar del Río), en donde buscó empleo como docente, para dedicarse, más tarde, al cultivo del tabaco. Suya es esta descripción del Oeste de la Isla: En 1883 vivíamos en lo alto de la Sierra de los Órganos, en un valle pinareño ... Éramos jóvenes, recién llegados, y anhelábamos ganar dinero para cumplir un deber filial y demostrar quepodíamos ser útiles. Erróneamente se nos dijo que, después de un brevísimo examen hecho por la Junta Municipal de Instrucción Pública, obtendríamos el título de Maestro de Escuela Rural, y que, vacante una en el Valle, podríamos obtenerla. Su implicación social salta a la vista en sus relatos sobre la situación del campo cubano: «Cuadro sombrío, doloroso, terrible el que muestran los campos de Cuba. 'La tierra más hermosa que ojos humanos vieron' ofrece, a poco que se fije la mirada ... un espectáculo indecible, productor de la más intensa pesadumbre» ( ... ) «En las labores agrícolas de las inmensas fincas sembradas de caña, en los ingenios azucareros y en otras tareas a jornal ... un padre de familia, recibe doce centavos como paga de doce horas de trabajo rudo, a pleno sol del Trópico ... Esos doce centavos no se le dan en dinero, se le entregan en forma de vale para la tienda del ingenio o de la colonia, en la que el precio de los víveres reduce a seis centavos el valor del pedazo de papel». Inmediatamente después escribe: «Hasta ahora nada indica mejoría en los negocios azucareros; la suerte de Cuba, en esta materia, depende de los Estados Unidos. Hay la esperanza de que el Gobierno del Norte no permitirá el agotamiento económico de Cuba, porque los suyos, los yanquis, son los propietarios de la tierra, son los grandes latifundios ... que los cubanos se apresuraron a vender 'porque el americano lo pagaba bien'. Todos desoyeron la voz del ilustre Sanguily, cuando decía: ¡No vendan, que la tierra es la Patria!)). De forma aún más explícita se pronuncia en sus escritos periodísticos de 1934: «Este hijo del Norte, capitalista, (Mister Caffery), ya conocido por su conducta en Colombia y otras 376 Repúblicas, contrario a toda liberación obrera, sin duda entiende que haciéndose mucho azúcar a bajo precio, está resuelto todo. Quizás sea su ideal una Cuba factoría, trabajada por negros jamaiquinos y haitianos, de la que desaparezca el actual régimen y, sobre todo los elementos que se atreven a pedir que las horas de tarea sean ocho cada día laborable y que el valor del jornal permita al hombre que lo rinde, comer algo para poder seguir viviendo y que también alcance a su mísera familia)) y, específicamente, en relación con el tabaco, ofrece una visión muy poco optimista: «Fabricantes, almacenistas y cosecheros ponen el grito en el cielo por la merma de sus negocios, pero no se ocupan del vivir mísero del hombre que cultiva la tierra, que siembra el tabaco, que lo cuida, lo corra, lo seca y lo escoge, hasta entregarlo enterciado al comprador que en no pocos casos le hace víctima de sus egoísmos y de algo peor, en contubernio 'con el cosechero' que no cosecha, y si es propietario del terreno, imponiendo rentas tan crecidas, que son como la renta anual de la vega; rentas que constit~yen un tremendo abuso, del que nunca se han preocupado los Gobiernos, quizás porque son políticos de influencia los grandes terratenientes, los mantenedores del latifundio». Mitología del indiano y otras vivencias migratorias El indiano fue la denominación coloquial que se le asignó al emigrante en América que retornaba rico. Es tal la influencia que ha marcado el fenómeno de la emigración en la sociedad y cultura canaria que existen incluso varias fiestas en honor a los indianos retornados en Santa Cruz de La Palma, La Laguna (Tenerife) o Las Laguneras de San Mateo. El indiano es pues una categoría social que desde el siglo XVII se ha quedado fijado como un tópico literario, razón por la cual se ha convertido en uno de los temas del imaginario am.ericano que desarrollan los autores canarios.2 3 La figura del indiano, como recurrente fuente de inspiración, se hace eco de la historia del emigrante enriquecido, de aquel que logra amasar una fortuna a base de buena suerte, sacrificio y trabajo y que al retornar se siente envidiado o se hace casi siempre benefactor de sus parientes y de los 23. Cabrera Déniz, 2003. 377 lugar~s que le vieron nacer. Por lo general, el perfil sociológico de estos indianos es siempre parecido: añoran la tierra americana y se rodean de símbolos en el vestir, en el habla, en sus costumbres y en las casas de estilo colonial que se hacen construir, cuando regresan como triunfadores a su tierra nativa. 24 En la obra de Tomás de Iriarte (Puerto de la Cruz, Tenerife, 1750-Madrid, 1791) nos encontramos con una versión culta de este mito, concretamente en El señorito mimado o La mala educación. En esta comedia de estilo neoclásico, que sigue la moda francesa de la época, aparece don Cristóbal, hombre recto, franco y activo, además de noble adinerado por l~ fortuna que amasó con el cargo que ejerció en Indias. Dicho personaje provoca la envidia de su ahijado y sobrino («si yo pudiera pillarle los patacones de que ha llenado talegas en Méxic?))). Este señorito mimado, de conducta errática, despotrica de su no y tutor desvelando malévolamente el origen de su fortuna: «Yo, por lo común, no tengo/ un cuarto en la faltriquera,/ y vivo alegre; al revés/ del tío: mucha riqueza, /y siempre de mal humor./ Recogió buena cosecha /en Indias, y habrá robado/ de lo lindo ... ». Al final de sus fechorías el sobrino se arrepiente diciendo: «Tío mío don Cristóbal, así de cada talego/ que trajo de Indias le nazcan/ diez raleguitos pequeños,/ que se olvide lo pasado;/ que me encierre en un convento,/ y no me dé un real de piara/ de aquella herencia que espero,/ si, en casándome con Flora, vuelvo más a ser travieso)). Ahora bien, este imaginario del indiano, que suscita la fascinación del éxito logrado, y del afán que despierta por emularlo, es analizado desde una perspectiva crítica por otros autores, como Diego Crosa y Costa, «Crosita» (Santa Cruz de Tenerife, 1869-1942), cuya obra poética se adscribe a la denominada escuela regionalista. Fuer.on célebres sus Ripios, editados en la prensa tinerfeña, en los que mcluye un poema titulado Didlogo campesino, que describe de forma pi~toresca la relación del lugareño con el indiano y que tan bien refleia, a su vez, el cuadro del pintor palmero Juan B. Fierro, 24. La figura del indiano inspira también a músicos, como Sanriago Tejera Ossavarry (1854-1936), que escribió una zarzuela con el título de El Indiano o al prestigioso escritor surrealista Aguscín Espinosa, que recopiló una serie d~ romances de indianos. 378 titulado Indiano (figura 3). Un extracto de sus versos se reproduce a continuación: En el camino/ de La Esperanza/ se tropezaron/ una mañana/ chó Justo Montes/ y Antonio Casas./ Este un 'indiano' I de pura raza;/ con 'guayabera'/, buen 'jipijapa',/ dijes, sortijas/ y humeante 'yagua'./ El otro un 'mago',/ 'cachorra', manta,/ 'cachimba', yesca,/ calzón, polainas/ y de acebuche/ nudosa vara./ -Felices días,/ compadre Casas./ -Hola, chó Justo,/ ¿cómo lo pasa?/ - Muy malamente;/ con falta di agua,/ y yusté, ¿dónde/ dice que marcha? I -Voy a mi finca/ de La Esperanza./ -Sus buenas onzas/ trujo de 'Bana' ,/ 'pa sien desturbios' I poder mercada./ -Cuba la bella/ no es una ingrata;/ con mi 'guajira'/ logré ganarlas/ en un ingenio/ de Santa Clara./ -¿Y ahora a su nido? I -Con muchas ansias./ -Esto da gusto,/ compadre Casas;/ aquí en habiendo/ semilla y agua,/ nos sobre 'gofio'/ sembramos papas/ y un buen 'ayanto' I nunca nos falta./ -Felices días,/ no más holganzas;/ -Adiós chó Justo;/ 'jasta' mañana ... FIGURA3 LOS INDIANOS DE JUAN BAUTISTA FIERRO VAN DE WALLE (1841-1930) 379 La migración Canarias América. Un proceso histórico sociocultural. Guize, 1995, nº 2, pp. 9-36. Teoría e historia de las migraciones. Un caso isleño a debate. En Sánchez-albornoz, N .; Llordén, M. (comp.). Migraciones iberoamericanas: reflexiones sobre economía, política y sociedad. Oviedo: Fundación Archivo de Indianos, 2003. MILLARES CARLO, A.; HERNÁNDEZ SUAREZ, M. Biobibliografla de Escritores Canarios (Siglos XVI, XVII y XVIII). Las Palmas de Gran Canaria: El Museo Canario. Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas, 1977. MILLARES CARLO, A. El canario de ayer y el de hoy. Revista Aguayro, 1980, nº 120. MORALES PADRÓN, F. Canarias en América y América en Canarias. Revista de Estudios Americanos, 1956, vol. XI, nº 62, pp. 355-366. ORTEGA CANTERO, N. Geografta y cultura. Madrid: Alianza Ed., 1987. Romanticismo, paisaje y geografía. Los relaces de viajes por España en la primera mitad del siglo XIX. 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