Modelo productivo y ciudad
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37 ModeLo Productivo y ciudad caroLina MÁrquez guerrero Departamento de Economía Aplicada II Universidad de Sevilla El objeto de este panel es destacar el peso de lo económico en el hecho urbano actual. Como se señala en la introducción de este Seminario: “los procesos metropolitanos constituyen el referente básico para evaluar las condiciones, perspectivas y problemas que las caracterizan en dimensiones tan importantes como la de la eficiencia económica, la sostenibilidad ambiental, la ordenación territorial o la de la gobernabilidad”; y esto es así porque, como señalara Mumford en su libro La cultura de las ciudades (1957): “Las ciudades son, después del lenguaje, la obra de arte más grande del hombre; la más clara expresión de la civilización y, por tanto, la obra que mejor refleja la mente del hombre, su relación con la naturaleza, su forma de entender el mundo y de entenderse con los demás”. Como suele decirse, las ciudades constituyen un reflejo fidedigno de lo mejor y de lo peor que hemos llegado a ser. Es la realidad que mejor refleja, dado su ELEVADO CONTENIDO SIMBÓLICO (por ser esencialmente el espacio del poder) el orden económico, político y social actual. Es la cara “buena” del mundo; la cara del éxito. Si tuviéramos que definir a muy grandes rasgos el funcionamiento económico y social actual de las ciudades en el mundo desarrollado, podríamos destacar algunos aspectos que nos permitirían además matizar un poco más eso del “éxito”. Estos aspectos son: • Eficiencia económica ciega y parcial. • La dinámica económica actual tiende a concentrar actividades y dispersar población. Como señalara Mumford (1957) “Los hombres como ciudadanos se disocian y se separan durante el proceso mismo de unirse para imponer organizaciones económicas”. El individuo cada vez está más subordinado a la producción y al beneficio, y el “modo de vida urbano” es un buen reflejo de esto. En este mismo sentido Borja y Castells (1997) señalan que asistimos a una separación de una proporción creciente de la población (sobre todo norteamericana) de cualquier experiencia urbana en su cotidianeidad; los nuevos sistemas de comunicación, añaden, tienden a concentrar actividades y a dispersar población. Las ciudades existen y existirán, pero cada vez con menos habitantes. • Las ciudades, como espacio del poder, y siguiendo un estricto orden jerárquico, se reservan las actividades menos penosas, más lucrativas y mejor valoradas económica y socialmente. Aparecen así las llamadas “ciudades globales”, que en el proceso de creciente división y fragmentación del trabajo se han reservado las tareas de gestión de la economía global, apropiándose de este modo de la mayor parte del “valor”. • Concentración de la capacidad de compra (riqueza monetaria) y del consumo.
38 LOS PROCESOS METROPOLITANOS: MATERIALES PARA UNA APROXIMACIÓN INICIAL • Reproducción en su seno del Cuarto Mundo y una acentuación extrema de la exclusión social y espacial (“la ciudad dual”). • Insostenibilidad medioambiental, “vampirización” y huella ecológica. A un nivel más concreto, la globalización (última fase del modelo de desarrollo del capitalismo industrial), ha traído consigo una acentuación de los rasgos estructurales básicos que se derivan del modo de funcionamiento de este sistema económico y que se traducen en: 1. La acentuación de algunos rasgos ya existentes desde la primera Revolución Industrial, pero sobre todo desde los años 50-60 (período en el que se configuran las primeras áreas metropolitanas). 2. La aparición de algunos rasgos novedosos. Veámoslo a continuación. Remetropolización, expandida o derramada Asistimos a un proceso de concentración cada vez mayor de la población, la renta y la riqueza en las ciudades mayores. Pero es una remetropolización expandida o derramada, dando lugar a la aparición de un nuevo fenómeno urbano denominado “Región-urbana” o “Ciudad-región”. A diferencia de la ciudad fordista, que avanzaba en forma de mancha de aceite configurando un espacio metropolitano relativamente compacto, este nuevo modelo urbano se desparrama por el territorio, es extremadamente difuso y no tiene conciencia de los límites. La zonificación se ha llevado a sus últimas consecuencias, apareciendo así en la periferia más externa de la ciudad (la que se configura a partir de los años 80), islas de actividad económica rodeadas de un mar de casas adosadas y chalets individuales. Es el modelo norteamericano de vida y urbanización. ¿Cómo se explica este proceso de concentración cada vez mayor de la población (sobre todo en los países del Tercer Mundo), y de la renta y la riqueza en las ciudades mayores? • Se comentó anteriormente cómo, desde que existe el capitalismo industrial, se ha producido un fenómeno de creciente división funcional, territorial y social del trabajo, una creciente integración (de forma desigual y asimétrica) de los distintos territorios y una creciente “periferalización” de las actividades económicas peor remuneradas y más penosas. Esto se ha traducido en que, en la globalización, las ciudades mayores son esencialmente centros de consumo1, habiendo desplazado a las distintas periferias territoriales (véase la conversión de los polígonos industriales de los años 60 y 70 en polígonos de “servicios”) la actividad manufacturera. Aparecen en este contexto lo que autores como Ciccollella o De Mattos, definen como los “Nuevos Objetos Urbanos” o “Artefactos de la Globalización”, que son grandes superficies comerciales y de grandes equipamientos de consumo, ocio, espectáculo y turismo que marcan cada vez en mayor medida la lógica económica, social 1 Evidentemente, también de producción, pero de “producción terciaria y cuaternaria”.
39 LAS ÁREAS METROPOLITANAS Y SU PAPEL EN UNA ECONOMÍA GLOBALIzADA y territorial de las áreas metropolitanas2. Las ciudades siguen siendo, por otro lado, los centros del poder y donde se concentra la capacidad de compra. Este hecho, retroalimenta los patrones de localización de los NOU, marcando así una espiral ya bien conocida de “crecimiento virtuoso de la aglomeración”. • Por otro lado, las ciudades son los espacios físicos donde se centraliza y se “revaloriza” el capital financiero y bancario, que a pesar de las nuevas tecnologías presenta un patrón territorial tremendamente sesgado hacia las ciudades mayores. Este hecho es central en una economía cada día más financiarizada. • La inestabilidad del sistema (sobre todo en su rama financiera) ha convertido más recientemente al sector inmobiliario en el “principal objeto de deseo” del capital tanto “productivo” (promotoras/constructoras) como especulativo; tanto del capital grande y global (fondos de inversión y de pensión) como pequeño y local (“des-ahorro familiar). Todos estos procesos revalorizan enormemente el papel “económico” de la ciudad. • Por último, las ciudades (sobre todo de los niveles más altos de la jerarquía) se dedican cada vez más a “gestionar” la producción y a “dar valor” al hecho material de producir que se lleva a cabo en las áreas “más atrasadas”. Los factores que llevan a la concentración son, por tanto, bien conocidos: antiguos procesos con caras nuevas; la jerarquía de territorios ganadores/perdedores, sin embargo, no parece haberse modificado tanto. Los que eran ganadores, ahora son más ganadores. ¿Por qué esta concentración de la población y de la producción (tomada en sentido más o menos estricto) se da de forma tan despilfarradora, sin ninguna preocupación por los límites? 1. Aumento de las economías de escala de las actividades de servicios (NOU) y ubicación de los mismos en la periferia más externa de la ciudad. 2. Copia del modelo urbano norteamericano: dispersión de la población y dependencia del automóvil para todo3. 2 Como señala Ciccolella (1999): La evidencia física y material y a la vez simbólica de estas tendencias globalizantes] está representada por la aparición y difusión de NOU. Estos NOU, impulsarían a su vez, el ingreso y la utilización de nuevos materiales y tecnologías constructivas así como nuevos patrones estéticos en el diseño, la arquitectura y el urbanismo, constituyéndose en los principales agentes de la configuración de nuevos paisajes y morfologías urbanas. Estos fenómenos significan una creciente extranjerización del proceso de producción, gestión y organización del territorio metropolitano. Más allá del origen del capital y del control global de la nueva economía metropolitana, el diseño y acondicionamiento del espacio metropolitano se vuelve cada vez más externo a la ciudad misma y al país en que ésta se asienta. En otros términos, las lógicas, mecanismos, factores y actores que operan sobre el crecimiento y/o la transformación de la RMBA (Región Metropolitana de Buenos Aires), pertenecen cada vez más a la esfera de las decisiones y estrategias globales del capital. 3 Como señalan Estevan y Sanz, (1994), “se han comparado las consecuencias del automóvil en la ciudad a los de una bomba lenta, una bomba cuya onda expansiva tuviera la virtud de trasladar edificios y actividades, aparentemente intactos, a muchos km. a la redonda, y cuyo principal efecto en el interior fuera el de destruir la propia esencia de las urbes: la convivencia y la comunicación entre los seres humanos. Las vías, carreteras y autopistas se convierten en ejes poderosos que guían la expansión urbana acentuando un crecimiento sin límites y una morfología de expansión de tipo tentacular (De Mattos, C., 1999: 17). Como han señalado algunos autores, la suburbanización no es un fenómeno cuantitativo sino más bien una forma de vida (basada en la movilidad). De hecho la movilidad se multiplica por 3 en estas áreas suburbanas.
40 LOS PROCESOS METROPOLITANOS: MATERIALES PARA UNA APROXIMACIÓN INICIAL 3. Separación extrema de actividades económicas por funciones y de grupos sociales por clases. 4. Crecimiento más que proporcional de las áreas de servidumbre: infraestructuras de transporte, redes de abastecimiento y de desecho, vertederos, etc. Al ser un modelo urbano y social extremadamente despilfarrador en consumos (agua, energía...) y abundante en desechos, las áreas de servidumbre necesariamente tienen que aumentar conforme se acrecientan los flujos de energía, agua, materiales e información. Este crecimiento, por otro lado, es muy superior al crecimiento demográfico. De nuevo aquí se vuelve a reproducir el “círculo vicioso” ya que estas infraestructuras extienden la suburbanización, y esta, a su vez, exige más y más infraestructuras (p. e. de transporte) que acaban fomentando de nuevo la suburbanización, con lo que el proceso se retroalimenta. 5. Expulsión de la población más pobre (desempleados y excluidos que no pueden pagar las rentas de la vivienda) a los «barrios de la miseria» con una tipología urbanística de baja densidad y pésima calidad. Esta suburbanización de la pobreza, como se señalará más adelante, no ha sido siempre “espontánea” sino que a menudo ha sido promovida por el sector público. 6. Barrios de lujo en la periferia más externa: urbanización de muy baja densidad de chalets individuales en grandes parcelas, muy parecidos a los «barrios cerrados» de ciertas ciudades norteamericanas4. 7. Desregulación del uso del suelo y una “planificación” (mejor dicho, ordenamiento) urbanística que favorece y estimula este crecimiento extensivo con el objetivo de «hacer más competitiva la ciudad». La desregulación favorece el crecimiento urbano difuso y el sprawl (la extensión), frente al crecimiento ordenado y compacto, ya que permite al sector inmobiliario construir donde le plazca y especular con los suelos, reteniéndolos hasta que le parezca. La desregulación impide que el sector público “dirija” el crecimiento urbano y ponga un cierto orden y equidad social en el mismo. Para el sector privado es altamente rentable, pero muy costoso para el sector público y muy injusto socialmente, ya que al final los más pobres son los que se quedan sin los servicios públicos (transporte, agua, basuras, etc.)5. Por otro lado, la actuación pública directamente ha favorecido este crecimiento suburbano6 al haberse concen- 4 Algunas encuestas realizadas a los residentes de este tipo de barrios mostraban el rechazo de éstos a que el sector público ofreciera servicios como el transporte, ya que esto atraería a un tipo de persona (esto es, “pobres”) a esa zona. 5 La Agenda Habitat España señala: La producción de ciudad dirigida por el sistema inmobiliario, sin mayor control que los planes de usos del suelo, ha sido un factor determinante de esta situación, que ha estado favorecida por los modelos funcionalistas de ciudad que planteaban los planes de urbanismo de la época […] las tendencias desreguladoras de los usos del suelo agravarán el problema si no se establece un liderazgo público de la construcción del modelo de ciudad […]. 6 Libro Verde sobre el medio ambiente urbano (1990): La planificación urbana frecuentemente tiende a fomentar el desarrollo: nuevas infraestructuras de comunicación, parques industriales y bloques de oficinas que a menudo sustituyen las viviendas
41 LAS ÁREAS METROPOLITANAS Y SU PAPEL EN UNA ECONOMÍA GLOBALIzADA trado en el desarrollo del viario (rediseño de las redes de transporte metropolitano), en la creación de infraestructuras de saneamiento, industriales, y de servicios (hospitales), a gran escala; en la creación de centros multimodales de transporte y logística a escala regional (ligado a la competencia global de ciudades); y en la integración del medio rural en el área de influencia de la ciudad7. Las fuerzas centrífugas y la zonificación revalorizan extraordinariamente los espacios centrales La división espacial de usos/funciones y clases sociales (funcionalismo aplicado a la ciudad) y la explosión de las fuerzas centrífugas ha revalorizado extraordinariamente los es- en el interior de la ciudad. Cada ciudad intenta atraer las sedes centrales de las empresas, las instituciones internacionales y la inversión industrial. Todo esto tiene ahora lugar en un contexto de mayor competitividad entre las ciudades. Frecuentemente, el medioambiente y la calidad de vida de los habitantes quedan sólo en segundo lugar. 7 En este sentido es interesante observar cómo adquiere importancia «lo rural» y la «integración urbano-rural» en las políticas de ordenación del territorio más recientes. Estas políticas tenían un marcado sesgo urbano e industrial en las décadas precedentes, al menos en España, pero ahora se habla de la necesaria colaboración entre el medio rural y el medio urbano. Esta colaboración no es en realidad tal sino más bien una vuelta de tuerca en la relación de subordinación y dominio de la ciudad sobre el entorno rural circundante. Este entorno juega un papel fundamental para la ciudad en varios sentidos. En primer lugar, el espacio rural se ha convertido en una reserva ecológica esencial para la ciudad. En segundo lugar, el espacio rural próximo constituye cada vez más un objeto de consumo de la población urbana, hecho que tenderá a agravarse en la medida en que el deterioro ecológico urbano sea mayor y la nostalgia de naturaleza de la población cada vez más acusada. En tercer lugar, la recuperación de «lo rural» en las políticas de Ordenación del Territorio se debe también en parte a la necesidad de mantener a la población en las áreas rurales: no se las puede acoger en la ciudad; por otro lado, los problemas medioambientales que se originarían en las áreas abandonadas serían terribles. En este contexto, resulta clarificador observar cómo desde medios académicos se justifica, e incluso se promueve, esta tendencia a la invasión de los espacios rurales por parte de la ciudad, a pesar de las fuertes distorsiones que provoca (como son la pérdida de biodiversidad y capacidad de autorregeneración y conservación de estos espacios; cosificación de lo natural: lo natural “domesticado”, convertido en un objeto de consumo; eliminación de las reservas ecológicas; etc.). En este sentido, señala zarza Ballugera (1994): “Hay que recuperar como espacios públicos fundamentales las estructuras naturales y ecológicas de nuestro heterogéneo territorio, los ríos, bosques mediterráneos y dehesas, los valles como vegas de regadío, los caminos, las cañadas y poblados rurales… (pg.15). Hay que incorporar a estos [espacios] intervenciones físicas que permitan su disfrute y acceso colectivo (servicios hoteleros, recreativos, aparcamientos (...). Cada vez es más urgente plantear la temática del espacio rural en regresión y su valoración como paisaje y patrimonio público. Su valoración como espacios colectivos no implica perder su condición mayoritaria de suelos parcelados privados. La previsión de su desarrollo como áreas mixtas suburbanas que acojan la variedad de actividades y usos que las economías postindustriales ofrecen y demandan (agrícola, ganadero, residencial, recreo, ocio) significa entender la capacidad de sus estructuras y ordenaciones recuperando la condición de sistemas de las redes públicas (caminos, acequias, ríos y bosques) haciendo posible el disfrute colectivo del conjunto de territorio y adecuando las nuevas infraestructuras.(...). Al considerar estas áreas como zonas suburbanas, entre lo rural y lo urbano y como territorios donde los valores medioambientales, las bajas densidades, los bajos costes de urbanización, son dominantes, se supera la actual dicotomía suelo urbano-suelo no urbano de la legislación existente, que está generando fuertes bloqueos en el desarrollo de las ciudades futuras (...). Espacio suburbano rigurosamente ordenado mediante una cuadrícula de paseos arbolados o vías parque, carreteras rurales convertidas en calles suburbanas, como una colonización agrícola culta, barroca o ilustrada (...). Volver a considerar la larga e importante tradición de las vías parque o parkways como elementos de ordenación metropolitana a través de su visualización desde el automóvil, capacidad distribuidora, revalorización de suelos adyacentes, construcción del paisaje, etc.”
42 LOS PROCESOS METROPOLITANOS: MATERIALES PARA UNA APROXIMACIÓN INICIAL pacios centrales por ser los espacios más accesibles y los de mayor contenido histórico y simbólico. De nuevo nos encontramos en este caso con un mecanismo que retroalimenta la presión sobre estos espacios, ya que al ser los de “mayor valor” se convierten en el “objeto de deseo” de: • El capital especulativo (derivado de la explosión de la burbuja financiera). • Las actividades de servicios avanzados (sedes de empresas multinacionales, actividades comando, etc.) que pese a su vinculación a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación presentan un patrón locacional extremadamente sesgado hacia las áreas de mayor centralidad y accesibilidad de la ciudad. • Las políticas de city-marketing que a menudo con el objetivo de vender la ciudad o “ponerla en la red de ciudades globales” como se suele decir, convierten a los centros históricos o parte de ellos en nuevos “parques temáticos”, expropiando a la población sus señas de identidad y poniéndolas en venta en el mercado global. • Las operaciones de reestructuración urbana. También con el objetivo de hacer más competitiva la ciudad se han llevado a cabo intensas y costosas operaciones de reestructuración urbana en algunos espacios que, estando muy estratégicamente situados dentro de la ciudad, se encontraban “en declive”. Estas zonas, llamadas también áreas de Nueva Centralidad, se han convertido en el punto de mira de: a) el sector inmobiliario internacional que ha visto en ellas la posibilidad de obtener enormes beneficios con su desarrollo y construcción; b) el sector público, como espacio privilegiado para la construcción de grandes obras donde se concretaran sus políticas de city-marketing y de conversión de la ciudad en “ciudad de la música”, “ciudad de la cultura”, “ciudad del deporte” o “ciudad de la innovación”. Estas áreas de nueva centralidad, son, por tanto, competitivas en calidad con respecto a las áreas centrales preexistentes (aunque mucho más accesibles) lo que permite multiplicar la oferta de espacios de prestigio8. 8 En este sentido, parece significativo que en el año 1999 se organizara en Madrid una Conferencia Internacional (VII Conferencia Global de Superproyectos Globales) de la Federación Mundial para el Desarrollo de especialistas en urbanismo internacional cuyo objetivo era textualmente, “además del interés académico, fomentar oportunidades de negocio”. Y añaden: “Nuestro objetivo es acercar a los sectores público y privado para entender juntos los desafíos y las oportunidades para poder conseguir el status de superciudad”. Como señala el periódico, muchos ayuntamientos europeos y americanos se han acreditado en la conferencia y no han faltado representantes de las grandes constructoras, compañías de inversión y proveedores de servicios en general. Como señala Fernando Roch, arquitecto, “En esta sociedad del espectáculo, para conseguir situar a la ciudad en la red de ciudades globales, nada mejor que una espectacular obra urbanística o arquitectónica”. Y continúa: “En el conjunto de este negocio, la arquitectura es lo de menos, lo importante es el movimiento especulativo de capitales, lo que interesa es construir por construir sin que exista un propósito firme y concreto de uso, sin que la ceremonia tenga objetivos definidos y claros”. “Dada la notoriedad de los acontecimientos, se han desbordado los cauces de lo estrictamente profesional para situarse en la esfera de las modas”. “Los arquitectos famosos son, hoy día, ellos mismos fenómenos globales paralelos a los futbolistas, cantantes, etc., que frecuentan las páginas de las revistas populares y son proyectados al estrellato por los medios de información y propaganda del sistema como superartistas del gran circo internacional que divierte, entretiene y excita al enajenado público de la famosa aldea global”.
43 LAS ÁREAS METROPOLITANAS Y SU PAPEL EN UNA ECONOMÍA GLOBALIzADA • Grupos sociales de un poder adquisitivo medio-alto y alto (también llamados DINKS: “ double income no kids ”, profesionales de alto nivel, sin hijos) que buscan evitar los desplazamientos trabajo-hogar, la falta de accesibilidad de las ciudades dormitorio y la soledad de las mismas. Mientras dura este proceso de gentrificación o sustitución de unas clases sociales por otras, los centros históricos de numerosas ciudades viven una situación paradójica: por un lado, son espacios degradados, donde la decadencia urbanística se une a la social. Por otro lado, son espacios privilegiados de esa nueva clase pudiente, que a pesar de transformar completamente la ciudad (viviendas de lujo, tiendas de lujo a ellos asociadas: boutiques de alimentos, de ropa, etc.) reivindica, aparentemente, la recuperación del concepto tradicional de ciudad. Aparentemente, porque esta recuperación es una recuperación muy parcial ya que se han eliminado todos los usos, funciones, y grupos sociales que “molestaban”, con lo que la mezcla característica de la ciudad histórica y que la hacía compleja e interesante, en gran medida desaparece. Las consecuencias de todo este proceso podrían sintetizarse en: • Expulsión de actividades tradicionales y de los usos menos “lucrativos” y su sustitución por actividades de mayor rentabilidad (servicios avanzados, actividades de comando, etc.). • Expulsión de la población de poco poder adquisitivo y los servicios a ellos asociados, pequeñas tiendas de alimentos y otros bienes. • Incremento en el precio del suelo y de las viviendas, y desajuste oferta-demanda de las mismas. • Expropiación de estos espacios urbanos a la población local. De la ciudad “jerarquizada” (pasando por la ciudad “excluyente”) a la ciudad “dual” La ciudad de la globalización (que no ciudad global) podríamos definirla como el último episodio de la triste historia de la exclusión espacial (y social) urbana. La jerarquización espacial, que no la segregación y exclusión espacial, han existido siempre. Esto es así, porque el poder siempre ha utilizado todos los recursos que tenía a su alcance para mantenerse, perpetuarse y retroalimentarse. Entre estos recursos se encuentran las personas, los bienes naturales y también el espacio. El espacio, por sus condiciones materiales y por su carácter simbólico, ha sido siempre, a lo largo de la historia, objeto de uso y apropiación por parte del poder. Las pirámides del antiguo Egipto eran el símbolo del poder; las catedrales representaban el poder de Dios en la tierra y las Torres Gemelas representan al poder con mayúsculas actual, que es fundamentalmente el poder financiero. Las chabolas, las chozas, las infraviviendas, y los barrios marginales son también el reflejo del poder, sólo que reflejan la otra cara de la moneda.
44 LOS PROCESOS METROPOLITANOS: MATERIALES PARA UNA APROXIMACIÓN INICIAL La diferencia fundamental (aunque no exclusiva) entre unos y otros tipos de ciudades, entre unos modelos y otros de ordenación territorial radica en el origen, la fuente del poder. Qué mecanismo distribuye y legitima el reparto de cargas y beneficios en la sociedad. En la ciudad actual es el mercado, que desde luego no es “libre” sino que tiene manos muy visibles y conocidas por todos, el que establece las reglas del juego, las reglas de este orden territorial que se presenta de forma tan caótica, anárquica, desordenada e injusta. A menudo se comenta que el modelo urbano actual es un modelo anárquico, desordenado... como si este hecho fuera sorprendente, inexplicable, extraño, cuando en realidad lo extraño sería que de un sistema económico y social regido por la ley de la selva pudiera surgir un modelo territorial social y medioambientalmente sostenible. Desde el nacimiento del capitalismo industrial, el sistema de mercado tiende hacia una creciente exclusión social, que se manifiesta en el espacio, no sólo en la existencia de “modos precarios de habitabilidad”, sino en la aparición de una verdadera ciudad dual/paralela dentro de una misma ciudad. Un hito importantísimo en esta historia de la exclusión social fue la implantación del funcionalismo en el ámbito urbano a partir de los años 50. La globalización ha acentuado esta tendencia por varias razones: 1. La actividad económica se globaliza, y los hilos que conducen la misma cada vez son más especulativos y están más controlados desde fuera; la ciudad se expropia, en gran medida, a sus ciudadanos. 2. El Estado se mercantiliza y la política municipal “se globaliza”. En este sentido, las operaciones de “city-marketing”, convertir a la ciudad en “ciudad de la música”, “ciudad de la cultura”, “ciudad del deporte” o “ciudad de la innovación”, por ejemplo, tienen evidentes costes sociales por varios motivos: a) considera la ciudad como una empresa y por tanto su principal objetivo se convierte en la maximización del beneficio; cualquier otro propósito se considera subsidiario o secundario ante la prioridad del crecimiento económico; b) la ciudad no sólo es una empresa sino también un “objeto de consumo”; esto es, necesita compradores: inversión extranjera, turismo, etc., para lo cual la ciudad tiene que disfrazarse, tiene que desarrollar un “logo”, una imagen que sea atractiva para el exterior. Se supone, que a la larga esto va beneficiar al conjunto de la población, pero esto es dudoso, ya que los recursos públicos son limitados y el desarrollo de una ciudad del espectáculo no suele ser compatible con visiones más sociales, a largo plazo y cuya rentabilidad política inmediata es escasa. En este contexto, la pobreza se convierte no en un problema que hay que resolver sino, sobre todo, en un obstáculo, fundamentalmente visual, que hay que ocultar al visitante de fuera. La ciudad se cosifica, se vuelve artificial; se pone al servicio del visitante exterior. 3. Porque se copian los estilos de vida y los modos de consumo “internacionales” fuertemente clasistas y excluyentes. Los espacios colectivos así como las actividades de
45 LAS ÁREAS METROPOLITANAS Y SU PAPEL EN UNA ECONOMÍA GLOBALIzADA ocio tienden a privatizarse y a mercantilizarse, quedando reducidos dichos espacios colectivos a los llamados “no-lugares” o espacios de tránsito. 4. El deterioro de las condiciones laborales y la presión especulativa sobre la ciudad expulsa a grupos cada vez más amplios de la sociedad de la ciudad “de arriba” de la ciudad del éxito, reproduciéndose en el mismo corazón del sistema el Cuarto Mundo, lo que se manifiesta en términos territoriales en la suburbanización de la pobreza, en el abandono de nuestras “periferias” (barriadas obreras de los años 60-70) y en la expulsión de la población pobre de los centros históricos. La ciudad global se parece mucho a la ciudad de la película Metrópolis, de Fritz Lang, en la que existen dos ciudades paralelas: la ciudad del ocio (la de arriba, de la luz, la del poder y de la opulencia) y la ciudad subterránea del trabajo que alimenta a la de arriba. Nuestras ciudades cada vez se parecen más a esta ciudad. Espacios diferenciados, patrones de movilidad diferenciados, modos de consumo y de vida diferenciados, que sólo comparten parcialmente el espacio de la producción. Mantener la invisibilidad de la ciudad subterránea y de sus habitantes era, y es de hecho, un elemento imprescindible para apuntalar/sostener la frágil y precaria tranquilidad y felicidad de la ciudad de arriba.