scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Análisis del conocimiento del paciente hipertenso sobre la enfermedad desde una oficina de farmacia de Badajoz

Ruiz González, Patricia

Abstract

Actualmente las enfermedades cardiovasculares presentan una alta tasa de mortalidad, siendo la hipertensión una de las enfermedades crónicas más frecuente entre la población, asociada a comportamientos y estilos de vida determinantes para su aparición. Estos son los llamados factores de riegos, donde se encuentran aquellos sobre los que se pueden modificar, aportando beneficios a la enfermedad y en los factores de riesgos que no son modificables. La edad, el sexo y los antecedentes familiares de hipertensión son factores no modificables, pero muy importantes a la hora de la prevención y el diagnóstico de esta enfermedad. La alimentación con sal, la obesidad, el consumo de alcohol, el hábito tabáquico, el sedentarismo, el estrés, las drogas o el consumo de café, son factores de riesgos modificables, determinantes en el tratamiento no farmacológico de la hipertensión, evitando la aparición de posibles complicaciones. Por lo tanto para el tratamiento de la hipertensión es necesaria una forma de vida determinada o un cambio en el estilo de vida por parte del paciente, además de complementar con un tratamiento farmacológico individualizado. Los grupos de fármacos de primera línea son los diuréticos, los IECA, los ARA II, los betabloqueantes y los antagonistas del calcio, con posibles combinaciones de más de dos de ellos si fuera necesario. Es fundamental que el paciente hipertenso tenga toda la información necesaria sobre la enfermedad. Por lo tanto una buena intervención sanitaria y educativa por parte de los profesionales, mejora los conocimientos de todos los pacientes afectados, proporcionando beneficios para un mejor control y manejo de la hipertensión. Con estas medidas se facilita el cumplimiento terapéutico y se aumenta la adherencia de los tratamientos antihipertensivos, evitando la aparición de complicaciones que derivan de ella y por lo tanto disminuye la alta mortalidad derivada de la enfermedad. En definitiva, la hipertensión es un claro factor de riesgo de las enfermedades cardiovasculares, siendo una patología muy prevalente en la población, debido al mal control por parte de los pacientes de sus valores de presión arterial. Por lo tanto, con este estudio realizado se pretende investigar el grado de conocimiento que tiene la población hipertensa sobre la enfermedad, en relación a los factores de riesgos, medidas de prevención, tratamiento antihipertensivo y posibles complicaciones que puedan aparecer.

Full text

“ANÁLISIS DEL CONOCIMIENTO DEL PACIENTE HIPERTENSO SOBRE LA ENFERMEDAD DESDE UNA OFICINA DE FARMACIA DE BADAJOZ” Patricia Ruiz González Facultad de Farmacia, Universidad de Sevilla Junio, 2019 2 TRABAJO FIN DE GRADO Grado en Farmacia, Facultad de Farmacia, Universidad de Sevilla “ANÁLISIS DEL CONOCIMIENTO DEL PACIENTE HIPERTENSO SOBRE LA ENFERMEDAD DESDE UNA OFICINA DE FARMACIA DE BADAJOZ” Patricia Ruiz González Sevilla, Junio de 2019 Departamento de Farmacia y Tecnología Farmacéutica Tutora: María del Carmen Monedero Perales Tipología: EXPERIMENTAL 3 Resumen Actualmente las enfermedades cardiovasculares presentan una alta tasa de mortalidad, siendo la hipertensión una de las enfermedades crónicas más frecuente entre la población, asociada a comportamientos y estilos de vida determinantes para su aparición. Estos son los llamados factores de riegos, donde se encuentran aquellos sobre los que se pueden modificar, aportando beneficios a la enfermedad y en los factores de riesgos que no son modificables. La edad, el sexo y los antecedentes familiares de hipertensión son factores no modificables, pero muy importantes a la hora de la prevención y el diagnóstico de esta enfermedad. La alimentación con sal, la obesidad, el consumo de alcohol, el hábito tabáquico, el sedentarismo, el estrés, las drogas o el consumo de café, son factores de riesgos modificables, determinantes en el tratamiento no farmacológico de la hipertensión, evitando la aparición de posibles complicaciones. Por lo tanto para el tratamiento de la hipertensión es necesaria una forma de vida determinada o un cambio en el estilo de vida por parte del paciente, además de complementar con un tratamiento farmacológico individualizado. Los grupos de fármacos de primera línea son los diuréticos, los IECA, los ARA II, los betabloqueantes y los antagonistas del calcio, con posibles combinaciones de más de dos de ellos si fuera necesario. Es fundamental que el paciente hipertenso tenga toda la información necesaria sobre la enfermedad. Por lo tanto una buena intervención sanitaria y educativa por parte de los profesionales, mejora los conocimientos de todos los pacientes afectados, proporcionando beneficios para un mejor control y manejo de la hipertensión. Con estas medidas se facilita el cumplimiento terapéutico y se aumenta la adherencia de los tratamientos antihipertensivos, evitando la aparición de complicaciones que derivan de ella y por lo tanto disminuye la alta mortalidad derivada de la enfermedad. En definitiva, la hipertensión es un claro factor de riesgo de las enfermedades cardiovasculares, siendo una patología muy prevalente en la población, debido al mal control por parte de los pacientes de sus valores de presión arterial. Por lo tanto, con este estudio realizado se pretende investigar el grado de conocimiento que tiene la población hipertensa sobre la enfermedad, en relación a los factores de riesgos, medidas de prevención, tratamiento antihipertensivo y posibles complicaciones que puedan aparecer. Palabras claves: presión arterial, hipertensión arterial, factores de riesgo, tratamiento antihipertensivo, antecedentes familiares 4 Índice 1. Introducción.......................................................................................................5 2. Material y métodos...........................................................................................10 3. Resultados y discusión...................................................................................... 11 3.1. Factores de riesgo..................................................................................... 12 3.2. Tratamiento antihipertensivo.................................................................... 18 3.3. Control rutinario de la presión arterial...................................................... 21 3.4. Conocimiento por parte del paciente de la enfermedad.......................... 22 3.5. Complicaciones derivadas de la hipertensión arterial............................... 23 4. Conclusiones..................................................................................................... 26 5. Bibliografía........................................................................................................ 27 ANEXO I. “Estudio sobre la hipertensión arterial en oficina de farmacia”............. 30 5 1. Introducción La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias cuando circula por ellas, dividiéndose en presión arterial sistólica, la ejercida cuando se produce la contracción del corazón, y presión arterial diastólica, en este caso la que se ejerce sobre las arterias cuando se produce la relajación del corazón. Por lo tanto, se define la hipertensión arterial como una elevación crónica de la presión arterial sistólica y/o diastólica que constituye con toda probabilidad la enfermedad crónica más frecuente de las muchas que azotan a la población (Camejo Lluch, 2016). Los valores máximos aceptables de presión arterial son 140 mmHg para la presión sistólica y 90 mmHg para la presión diastólica, por lo cual una persona es hipertensa cuando presenta una elevación de estas cifras. Para la detección y clasificación del tipo de hipertensión del paciente se recomienda realizar tres tomas de la presión en un periodo de varias semanas en mismas condiciones, ya que la presión arterial puede variar según el momento y las circunstancias de la medición (Díaz de León et al., 2010). La hipertensión arterial se puede clasificar según los valores de presión arterial del paciente a través de la Guía Europea de manejo de la HTA (Tabla 1), o bien atendiendo a su etiología, que implica una compleja interacción de factores ambientales y fisiopatológicos que afectan a múltiples sistemas, así como a la predisposición genética. Por lo tanto podemos encontrar la hipertensión primaria, también llamada esencial y la hipertensión secundaria. La mayoría de los pacientes cursan una hipertensión esencial, de etiología multifactorial como consecuencia principalmente de factores ambientales y genéticos. Si la hipertensión es causada por otra afección (por ejemplo, enfermedad renal, trastornos de glándulas, como feocromocitoma, o por otras causas, como preeclampsia), se denomina hipertensión secundaria (Oparil et al., 2018). Como ya se ha comentado, esta enfermedad hipertensiva es una condición clínica multifactorial caracterizada por elevados niveles de presión arterial que va asociada, frecuentemente, a alteraciones funcionales y/o estructurales de los órganos como el corazón, encéfalo, riñones y vasos sanguíneos y las alteraciones metabólicas, (Weschenfelder, Gue Martini, 2012), por lo tanto hay varios aspectos del comportamiento y del estilo de vida personal que se asocian con una mayor probabilidad de hipertensión arterial, son los llamados factores de riesgo. Se clasifican en aquellos que no son modificables y los factores de riesgos modificables, sobre los que se puede influir de manera positiva para la mejora de la Categoría Sistólica [mmHg] Diastólica [mmHg] Optima < 120 < 80 Normal 120-129 80-84 Normal alta 130-139 85-89 Hipertensión Grado 1 (ligera) 140-159 90-99 Grado 2 (moderada) 160-179 100-109 Grado 3 (severa) > 180 Tabla 1. Guía Europea de manejo de la HTA elaborada por las Sociedades Europeas de Hipertensión y Cardiología 6 enfermedad hipertensiva. Es probable que ninguno de estos factores, de forma aislada, pueda producir hipertensión, sino que es necesario que actúen de forma conjunta unos con otros (Ochoa de Molina, 1993). La edad, el sexo y los factores genéticos son aquellos factores de riesgo que el paciente no puede modificar y que adquieren una importancia significativa a la hora del diagnóstico y la prevención de esta patología, especialmente el conocimiento de los antecedentes familiares del paciente. Se estima que la hipertensión esencial tiene una alta heredabilidad genética, aunque en la mayoría de los casos, resulte de una interacción compleja de factores genéticos y ambientales. Por ello, se podría decir que la hipertensión arterial es 100% ambiental y 100% genética, ya que todos los componentes son biológicamente igual de importantes, aunque hoy por hoy, sean más manipulables los componentes ambientales (Banegas, Gijón-Conde, 2017). Con respecto a la edad, se confirma que con el aumento de la edad, hay una mayor probabilidad de sufrir hipertensión. Se ha demostrado que en grupos de personas mayores a 45 años de edad, el 90% de los casos desarrolla una hipertensión primaria (asociada a factores medioambientales y genéticos) y menos del 10% desarrolla hipertensión secundaria. Por tal razón es importante conocer los factores de riesgo tradicionales modificables y no modificables que van a influir en el desarrollo de esta enfermedad (Huerta Robles, 2001). Los factores de riesgo modificables son elemento clave para la prevención y el tratamiento no farmacológico de la hipertensión. La intervención sobre estos factores lleva a cambios en el estilo de vida tanto en el paciente individualmente como en la población general, evitando la aparición de posibles complicaciones derivadas. Los factores de riesgo más importantes que podemos modificar son tales como la alimentación con sal, la obesidad, el consumo de alcohol, el hábito tabáquico, el sedentarismo y el estrés, pero también son muy importantes el consumo de drogas y de bebidas como el café (Gijón-Conde et al., 2017). La alimentación con sal es hoy día un hábito muy normal en la sociedad, probablemente debido al desarrollo de la agricultura y ganadería y a la necesidad de conservar los alimentos. La sal común aporta el 90% del sodio de la dieta, aunque entre individuos hay grandes diferencias de ingesta, oscilando entre 2-20 g de sal al día, siendo 10g la ingesta promedio por día. Aproximadamente el 10% de la sal proviene de forma natural de los alimentos, el 15% proviene de lo añadido en la elaboración y el 75% restante proviene de lo que añaden las industrias alimentarias en el procesado de los alimentos, por este motivo es muy importante que el paciente revise el etiquetado de cada alimento procesado industrialmente. El incremento o la no modificación de las cifras de presión arterial al pasar de una dieta pobre en sal a otra rica en sal han llevado a definir conceptos de sensibilidad o resistencia a la sal. Se aconseja a todos los pacientes hipertensos no abusar de la sal en la dieta, sin embargo, se debe realizar una mayor restricción a aquellos pacientes más susceptibles de ser sensibles a la sal como son los pacientes de raza negra, edad avanzada, diabéticos o pacientes con enfermedad renal. El efecto presor que posee la sal es un proceso con una fisiopatología compleja donde intervienen numerosos factores, siendo el transporte renal de sodio el punto principal (Fernández-Llama, Calero, 2018). La obesidad (también llamado sobrepeso) es una enfermedad crónica multifactorial que ha alcanzo niveles globales, representando una compleja condición médica con serias 7 consecuencias en la salud. Viene definido por el índice de masa corporal (IMC) de cada persona y es uno de los factores de riesgo más determinantes en las enfermedades cardiovasculares, entre las que se encuentra la hipertensión (Bryce-Moncloa et al., 2017). De manera general este factor juega un importante papel en la patogénesis de la enfermedad hipertensiva, a través de ciertos mecanismos fisiopatológicos que los induce la propia obesidad como son; resistencia insulínica, hiperinsulinemia, aumento de la actividad adrenérgica y concentraciones de aldosterona, retención de sodio y de agua. Todos estos mecanismos pueden llegar a dar un fallo cardiaco y fallo renal. Son muy importantes las estrategias para abordar este factor de riesgo por ello las intervenciones sobre el paciente obeso deben ser individualizadas, con el objetivo de una suficiente pérdida de peso, teniendo en cuenta que este hecho se asocia con una caída de presión arterial, sobretodo en obesos hipertensos, donde la presión empieza a descender antes de obtener el peso ideal (López de Fez et al., 2004). El consumo de alcohol es otro factor muy presente en la sociedad actual. Un consumo moderado y controlado de éste tiene un efecto beneficioso, sin embargo, la ingestión excesiva de alcohol puede tener efectos negativos para el organismo. Especialmente es perjudicial para la salud cardiovascular, al incrementar los niveles de presión arterial y la posibilidad de muerte por enfermedad cerebrovascular (Calvo Vargas, 2010). Por lo tanto, el consumo elevado de alcohol es un factor de riesgo en la hipertensión ampliamente reconocido y de alta prevalencia. En individuos con menor riesgo de enfermedad hipertensiva puede considerarse un consumo de alcohol moderado una bebida al día en las mujeres y dos bebidas al día en varones. Sin embargo, es aconsejable limitar el consumo de alcohol en individuos con prehipertensión, ya que un aumento del riesgo de hipertensión puede contrarrestar el posible efecto beneficioso cardiovascular del consumo moderado. Por último en individuos con factores de riesgo para la hipertensión y para otras formas de enfermedad cardiovascular se necesitaría un estudio adicional para evaluar el balance neto de riesgos y peligros para la salud que puede comportar un consumo ligero de alcohol (Djousséa, Mukamal, 2009). Está confirmado el efecto negativo que tiene el tabaquismo sobre la salud cardiovascular, siendo un factor de riesgo muy prevalente en la sociedad actual. No sólo afecta al fumador, si no que toda persona expuesta a este factor tiene el mismo riesgo de sufrir las consecuencias negativas. Los diversos componentes del tabaco y del humo de este actúan a distintos niveles del organismo, originando alteraciones fisiopatológicas que explican las complicaciones derivadas, entre ellas la elevación de la presión arterial (Pardell Alenta et al., 2003). Es fundamental actuar activamente sobre el consumo de tabaco, sobretodo en el paciente hipertenso, combinando y optimizando el uso de todas las herramientas disponibles, incluyendo el tratamiento farmacológico, para controlar este factor de riesgo tan determinante en las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo esto no es tan fácil, ya que es uno de los factores de riesgo más difícil de abordar por su factor psicológico y porque su tratamiento es el más coste-efectivo (Suárez Fernández et al., 2010). En España más del 40% de la población adulta se declara sedentaria, por lo que esta falta de movimiento de la sociedad es preocupante ya que es un claro factor de riesgo dentro de las enfermedades cardiovasculares, y por consiguiente de la hipertensión (Díez Rico, 2017). Una actividad física aeróbica de forma habitual es fundamental para mantener o disminuir el peso 8 corporal; esto es muy importante, ya que mejora la calidad de vida. Las personas con presión arterial normal y con una vida sedentaria, aumentan la probabilidad de padecer de hipertensión de un 20% a un 50%, sin embargo, aquellas personas hipertensas realizando un ejercicio físico hacen que disminuya sus cifras de presión arterial. Se recomiendan ejercicios físicos aerobios de moderada intensidad, de forma habitual, casi todos los días de la semana, durante 30-60 minutos al día. Son ejercicios recomendables correr, montar en bicicleta, andar a paso ligero o nadar. Los pacientes que presentan una hipertensión con complicaciones deben someterse a un examen previo por parte de un facultativo antes de comenzar un programa de ejercicios físicos (Miguel Soca, Sarmiento Teruel, 2009). Por último el estrés es otro factor de riesgo importante en la hipertensión, definiéndose como una respuesta de adaptación del organismo para hacer frente a demandas del medio. Cuando las repuestas ante estas situaciones estresantes son muy intensas, frecuentes o duraderas, el estrés puede traer complicaciones en la salud. El mecanismo de este factor es a través de una sobreactivación del sistema nervioso central, liberando catecolaminas y de glucocorticoides y, por tanto, se provoca un aumento de la presión arterial, entre otras cosas. Si esta activación fisiológica se produce de manera puntual, no genera ningún problema, sin embargo cuando se produce un estrés crónico es posible que se produzcan modificaciones funcionales que dan lugar a la aparición y al mantenimiento de la presión arterial elevada (Espinosa et al., 2012). Por lo tanto se puede afirmar que factores psicológicos como el estrés y las respuestas asociadas a él como la ira, la ansiedad o la depresión desempeñan un papel importante en el desarrollo y mantenimiento de la hipertensión arterial, ya sea por sus efectos directos sobre el sistema cardiovascular o indirectamente por su influencia sobre ciertos factores conductuales como son el exceso de peso, alcohol, etc. (Fortún Sánchez, 2011). La hipertensión corresponde a un gran problema de Salud Pública ya que en muchos casos es una enfermedad crónica que no da síntomas, lo que dificulta su diagnóstico. Se calcula que alrededor de un 40%-50% de los hipertensos desconocen que la padecen, lo que imposibilita su tratamiento precoz (Lira, 2015). El objetivo de tratamiento no debe ser sólo el control de la presión arterial, sino también la protección a los órganos diana y la disminución de la morbilidad y la mortalidad asociada a esta patología (Álvarez Aliaga et al., 2007). La base del tratamiento consiste especialmente en las modificaciones en el estilo de vida del paciente, aunque esto se debe combinar con un tratamiento farmacológico. Es muy importante que el paciente se comprometa y se conciencie a complementar el uso de fármacos con los cambios en el estilo de vida. Fundamentalmente estas modificaciones consisten en la realización de actividad física aeróbica regular, la adecuada alimentación con reducción en la ingesta de sal, la disminución de los niveles de estrés, la moderación en el consumo de alcohol y el abandono de hábito tabáquico (González Rivas et al., 2008). El tratamiento farmacológico siempre debe de ser individualizado, ya que no hay un medicamento ideal para tratar a todos los pacientes hipertensos, incluso muchas veces es necesaria la combinación estratégica de dos o más fármacos antihipertensivos. Los grupos de fármacos considerados de primera línea para tratar esta enfermedad son: diuréticos, betabloqueantes, inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA), antagonistas del calcio, y antagonistas de la angiotensina II (ARA II) (Gutiérrez, 2006). 9 Los diuréticos reducen eficazmente la PA y las complicaciones asociadas a estas. Se consideran una alternativa importante al utilizarse en combinación con los IECA o ARA II, y también con los antagonistas del calcio. Controlan la hipertensión mediante la inhibición de la reabsorción de iones de sodio y cloruro en los túbulos renales. Se pueden diferenciar: diuréticos del ASA (para diuresis mayor y más rápida, pero no como tratamiento de primera línea en la hipertensión), diuréticos ahorradores de potasio (segunda línea, en pacientes que toman otros diuréticos), diuréticos tiazídicos (primera línea en pacientes mayores y son bien tolerados). Los IECA bloquean la conversión de angiotensina-I a angiotensina-II (vasoconstrictor), y como consecuencia disminuye la PA. Los ARA-II bloquean la activación los receptores de angiotensina II y son una alternativa cuando los eventos adversos de los IECA no son tolerables (aplicado específicamente a la tos inducida por los IECA). Este tipo de fármacos suelen ser bien tolerados y eficaces para disminuir la presión arterial. Las personas de edad avanzada con diabetes, hipertensión y nefropatía deben tratarse inicialmente con IECA o ARA-II, ya que los beneficios son evidentes aunque se recomienda la monitorización continua de la función renal y de los electrolitos (Osorio-Bedoya, Amariles, 2018). Los antagonistas del calcio inhiben la contracción de las células musculares arteriales coronarias y periféricas, dilatándose sin poner en peligro el corazón o la contractibilidad del músculo cardiaco. Su uso es frecuente y se puede utilizar en monoterapia o en combinación con otros fármacos antihipertensivos. Por último los betabloqueantes, cuyo mecanismo se basa en la disminución del gasto cardíaco y de la producción de angiotensina II, inhibición de la liberación de renina y el bloqueo de los receptores adrenérgicos presinápticos. Suelen ser recomendados en terapia de combinación junto con otros antihipertensivos, aunque también son prescritos menormente en monoterapia (Sellén Crombet, 2008). En España, entre el 60-65% de los pacientes hipertensos, no tiene un correcto control de su presión arterial. Este hecho se debe principalmente al incumplimiento terapéutico, un factor fundamental en esta enfermedad, ya que una buena adherencia a la medicación antihipertensiva se asocia a menores costes sanitarios y a menor probabilidad de hospitalizaciones (Estrada Reventos et al., 2013). El personal sanitario (papel fundamental del farmacéutico desde la oficina de farmacia) debe proporcionar toda la información adecuada acerca de la enfermedad; efectos secundarios, interacciones medicamentosas, beneficios derivados de los fármacos e importancia del cumplimiento terapéutico, así como los beneficios saludables de un cambio en el estilo de vida y de un buen control de los valores de presión arterial. En definitiva todos estos conocimientos sobre la hipertensión incidirán en una mayor calidad de vida para el paciente (Franco Bonal et al., 2018). La relación entre las tasas de la presión arterial (valor óptimo 120/80 mmHg) y las complicaciones cardiovasculares es directa y continua. Cuanta más alta sea la presión arterial, mayor será la probabilidad de desarrollar un infarto de miocardio, una insuficiencia cardíaca, un accidente cerebrovascular o una insuficiencia renal (Sánchez et al., 2010). El daño cardiovascular se produce a través de las lesiones arteriales, estas arterias y arteriolas sufren las altas presiones, que se traduce clínicamente en accidentes cerebrales vasculares (ictus), miocardiopatias, infartos agudos de miocardio (IAM) o en nefropatías crónicas. También se ven afectados los grandes vasos a través de aneurismas o lesiones que impliquen rigidez o estenosis en arterias más periféricas. Cabe destacar que en la hipertensión, la presencia de diabetes mellitus confiere una elevación importante del riesgo, así como la existencia de 16 Se reafirma que el consumo de sal en la alimentación diaria en uno de los factores de riesgo más prevalente entre los pacientes hipertensos, ya que son 35 los que manifiestan tomar una alimentación con sal habitualmente (Tabla 6). No hay mucha distinción entre hombres y mujeres en este caso, lo más significativo es el alto porcentaje de pacientes que tienen este factor de riesgo presente en su rutina diaria (Gráfica 8). Se demuestra con este estudio, que los pacientes hipertensos no tienen una buena información y conocimiento sobre este factor de riesgo, por lo tanto se debería de hacer más hincapié en él a la hora de intentar controlar la enfermedad. Alimentación con sal en mujeres 17 Alimentación con sal en hombres 18 Alimentación con sal 35 Alimentación sin sal 35 Alimentación sin sal 15 Los resultados obtenidos del sedentarismo frente al ejercicio físico por parte del paciente hipertenso se muestran, de forma general, muy igualados entre el número de pacientes sedentarios con respecto a los que realizan un ejercicio físico de forma habitual (Tabla 7). La diferencia radica una vez que se distingue por sexo, ya que la mujer tiene un porcentaje de sedentarismo mayor que el hombre y por consecuencia éste practica más ejercicio físico que ellas (Gráfica 9). Sedentarismo en mujer 17 Ejercicio físico en mujer 7 Sedentarismo en hombre 10 Ejercicio físico en hombre 16 TOTAL sedentarismo 27 TOTAL ejercicio físico 23 Alimentación con Sal. MUJERES 34% Alimentación con Sal. HOMBRES 36% Alimentación sin Sal 30% Tabla 6. Datos obtenidos de la alimentación con sal en los pacientes hipertensos encuestados. Tabla 7. Datos obtenidos del sedentarismo en los pacientes hipertensos encuestados. Gráfica 8. Influencia del consumo de sal en personas con hipertensión arterial. 17 Por último, otros dos factores de riesgo importantes son las drogas y el consumo de cafeína. Podemos confirmar que todos los pacientes encuestados manifestaron que no consumían drogas, y además el 100% se mostraban concienciados de los efectos y las consecuencias negativas que éstos tienen (Gráfica 10). Por otro lado se visualiza que hay un elevado porcentaje de pacientes, exactamente del 70%, que no consumen café en su rutina diaria (Gráfica 11), mientras que un 30% de ellos sí lo consumen; siendo un 18% mujeres y un 12% hombres. De manera general y a través de todas las gráficas se puede comprobar que, a excepción de las drogas, todos los demás factores de riesgos están muy presentes en la población, en mayor o menor porcentaje. Se puede observar que tanto la mujer como el hombre tienen una clara implicación en todos ellos y que las diferencias entre sexo suelen ser poco significativas, a excepción de algunos factores que hay una clara prevalencia de un sexo u otro. Sedentarismo. MUJER 34% Sedentarismo. HOMBRE 20% Ejercicio Físico MUJER 14% Ejercicio Físico HOMBRE 32% No Drogas 100% Gráfica 9. Influencia del sedentarismo y del ejercicio físico en personas con hipertensión arterial. Gráfica 10. Influencia de la droga en personas con hipertensión arterial. 18 3.2. Tratamiento Antihipertensivo Como ya se ha indicado en la introducción, el tratamiento antihipertensivo se debe complementar con un tratamiento farmacológico, de forma individual o con una combinación estratégica de dos o más fármacos. En este apartado se muestran los resultados de los de la tercera pregunta del estudio: el tratamiento antihipertensivo prescrito al paciente por parte del médico. De forma general (Gráfica 12), se muestran los principales grupos farmacológicos utilizados en el tratamiento antihipertensivo por parte de los 50 pacientes encuestados. Los resultados coinciden con los fármacos considerados de primera línea para tratar esta enfermedad, siendo los antagonistas de la angiotensina II (ARA II) los más prescritos, con un elevado porcentaje (50%) con respecto a los demás. El segundo grupo de fármacos más utilizados para el tratamiento antihipertensivo son los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA), con un porcentaje de un 24% y seguidos por los β-bloqueantes con un 17%. Por último y en menor porcentaje están los diuréticos y los antagonistas del calcio, con un 5% y un 4% respectivamente. Con estos resultados se demuestra que los fármacos ARA II, son una buena alternativa y opción para el tratamiento de las personas hipertensas. Consumen Café. MUJERES 18% Consumen Café. HOMBRES 12% No consumen Café 70% 50% 24% 17% 5% 4% ARA II IECA β-BLOQUEANTES DIURÉTICOS ANTAGONISTAS CALCIO Gráfica 11. Influencia del consumo de cafeína en personas con hipertensión arterial. Gráfica 12. Grupos de fármacos más utilizados por los pacientes encuestados. 19 El grupo farmacológico de los ARA II puede prescribirse de manera individualizada o en combinación con otro tipo de fármaco antihipertensivo. En los resultados del estudio (Grafica 13), se puede observar que de todos los ARA II prescritos, el 56% es de manera individualizada y el 44% restante en forma combinada con hidroclorotiazida (diurético tiazídico). Entre los fármacos que componen este grupo, se destaca el uso del valsartán, cardesartán y telmisartán, siendo estos tres los más prescritos de los ARA II entre las personas hipertensas de este estudio. De la misma forma que ocurre con los ARA II, en el grupo farmacológico de los IECA también es frecuente la combinación con otros fármacos, aunque como bien se puede observar (Gráfica 14), prevale la prescripción de los IECA de manera individualiza a la forma combinada. Sólo un 8% de los fármacos IECA totales se toman en combinación, en este caso también se combinan con la hidroclorotiazida (diurético tiazídico). El IECA por excelencia más utilizado es el enalapril. ARA II 56% ARA II + HCTZ 44% IECA 92% IECA + HCTZ 8% Gráfica 13. Forma de prescripción de los ARA II para los pacientes hipertensos encuestados. Gráfica 14. Forma de prescripción de los IECA para los pacientes hipertensos encuestados. 20 En el caso de los β-bloqueantes, el 100% de los fármacos de este grupo que se han prescrito a los pacientes encuestados, son de manera individual y sin ningún tipo de combinación con otros antihipertensivos. Los dos fármacos que más han predominado dentro de este grupo farmacológico son; el bisoprolol (cardioselectivo β1) y el carvedilol (bloqueadores de acción mixta). Los antagonistas del calcio tienen un porcentaje muy bajo en el estudio, y todo su uso son de forma combinada con la hidroclorotiazida, por lo tanto se verán los resultados más detalladamente al final de este apartado. El último grupo farmacológico que aparece en el estudio, es el de los diuréticos. En este caso dos tipo; los diuréticos ahorradores de potasio y los diuréticos del asa, se toman de manera individualiza, y es poco frecuente su uso. Se utilizan principalmente la espirolactona como ahorrador de potasio y la torasemida como diurético del asa. Únicamente es en el grupo de los diuréticos tiazidicos donde aparecen las formas combinadas con la hidroclotiazida. Como se ha podido comprobar en los grupos de fármacos anteriores, la hidroclorotiazida es un diurético que normalmente no se utiliza sólo, sino que siempre va en asociación con otros antihipertensivos). La asociación más frecuente de la hidroclorotiazida es con fármacos del grupo de los ARA II, siendo mucho menor en el caso de los IECA (Gráfica 15). También aparecen en los resultados los antagonistas del calcio, con un porcentaje del 13%, ya que los pocos pacientes que los toman, lo hacen el 100% de manera combinada con la hiroclorotiazida. Finalmente, la pregunta cuatro del estudio consistía en saber si el paciente se tomaba la medicación prescrita por el médico. A esta pregunta se le dieron 5 opciones: siempre, casi siempre, pocas veces, nunca y cuando se sentía mal el paciente. El 100% aseguró que siempre se toma la medicación según la pauta medica prescrita. Esto quiere decir que todos los pacientes hipertensos están concienciados de la importancia que tiene el cumplimiento terapéutico. HCTZ + ARA II 80% HCTZ + IECA 7% HCTZ + ANT.CALCIO 13% Gráfica 15. Formas de asociación de la hidroclorotiazida con el resto de grupos farmacológicos. 21 3.3. Control rutinario de la presión arterial La pregunta quinta consistía en saber si el paciente hipertenso llevaba un control rutinario de los valores de presión arterial. Esto es fundamental para conocer la evolución de la enfermedad así como para la prevención de complicaciones derivadas de esta patología. Un 70% de los pacientes afirmaron llevar un control rutinario de la tensión arterial, mientras que un 30% negaban realizarlo (Gráfica 16). Con estos resultados se puede ver que un porcentaje bastante elevado de pacientes se preocupan rutinariamente en conocer los valores de presión arterial pero hay un pequeño porcentaje que todavía no está concienciado de la importancia de este hecho y habría que ejercer un control sobre los mismos, para que fuera una actividad rutinaria por parte del paciente que padece de hipertensión. A continuación, se muestran los resultados más detallados de la pregunta sobre el control rutinario de la presión arterial (Gráfica 17). Se puede observar que un 50% de los pacientes hipertensos afirman llevar un control rutinario a través de un tensiómetro en casa y un 20% hacerlo desplazándose hasta la enfermería del centro de salud correspondiente. Un 16% de los pacientes que niegan llevar un control rutinario manifiestan que sólo se interesan por estos valores cuando se encuentran mal, mientras que un 14% asegura no llevar nunca un control rutinario de estos valores. SÍ 70% NO 30% SI. En casa 50% SI. C. salud 20% NO. Nunca 14% NO. Cuando se encuentra mal 16% Gráfica 16. Porcentajes de pacientes con control rutinario de los valores de PA. Gráfica 17. Formas para un control rutinario de la presión arterial por parte del paciente hipertenso. 22 3.4. Conocimiento por parte del paciente de la hipertensión El conocimiento por parte del paciente sobre todo lo relacionado con la enfermedad de la hipertensión es fundamental para el diagnóstico, el tratamiento no farmacológico y la prevención de la misma. Una de las informaciones básicas que el paciente debe de conocer son los valores de presión arterial normales, por eso se le pidió al paciente encuestado que apuntara los valores que consideraran normales. En los resultados de dicha pregunta se puede observar que solo 6 pacientes de los 50 totales no sabían responder nada al respecto, mientras que el resto de pacientes sí daba un valor concreto de presión arterial (Gráfica 18). Por lo general se demuestra que los pacientes sí conocen los valores normales de tensión. Entre todas las cifras propuestas, se destacan los valores de 120/80 mmHg, siendo el más frecuente en el estudio, seguido de los valores cercanos a éste, hecho que confirma que los pacientes hipertensos conocen esta información. Conocer la manera para un mayor cuidado y control sobre la enfermedad de la hipertensión fue otra de las preguntas que se formuló en el cuestionario realizado en el estudio. Esto es un elemento esencial, para el tratamiento no farmacológico (modificaciones en el estilo de vida). Como podemos visualizar un 76% de los pacientes afirmaron saber cómo tener un mayor cuidado y control sobre la hipertensión, mientras que un 24% negaron saberlo (Gráfica 19). Ya que hay un porcentaje bastante elevado de pacientes que sí tienen conocimientos sobre el cuidado y la prevención de la enfermedad, se pueden visualizar todas las propuestas y ejemplos que dichos pacientes han realizado sobre esta pregunta (Gráfica 20). Se observa que la mayor importancia se le da a la reducción de la sal (27%) y al ejercicio físico (24%), seguido de una alimentación equilibrada (14%) y no fumar (12%). El resto de las propuestas que se encuentran en menor porcentaje son; no consumir grasas, no estrés, control exhaustivo de la enfermedad, cumplir con el tratamiento prescrito y no consumir alcohol. 0 2 4 6 8 10 12 14 120/60 mmHg 120/70 mmHg 120/80 mmHg 130/80 mmHg 140/70 mmHg 140/80 mmHg 140/90 mmHg No saben Pacientes encuestados Valores de HT Gráfica 18. Conocimiento por parte del paciente de los valores normales de la presión arterial. 23 3.5. Complicaciones derivadas de la hipertensión arterial Las últimas preguntas del estudio realizado tienen relación con las complicaciones derivadas de la hipertensión. Es necesario que el paciente conozca todas las complicaciones que pueden aparecer a raíz de la hipertensión para que se tome conciencia de la importancia de la enfermedad. En los resultados a la pregunta de si el paciente hipertenso conoce las complicaciones que pueden aparecer a raíz de una hipertensión, se puede observar que el 60% de los pacientes encuestados sí tienen constancia de las complicaciones derivadas y un 40% no saben nada de ellas (Gráfica 21). A pesar de que hay más pacientes que sí saben, el porcentaje de los que no tienen conocimiento es alto, por lo tanto se deberían de diseñar estrategias para que todos los pacientes hipertensos tengan esta información. No saben 24% Si saben 76% Alimentacion equilibrada 14% Ejercicio físico 24% Reducción de sal 27% No alcohol 2% Cumplir TTO 3% Control exhaustivo 4% No grasas 9% No tabaco 12% No estrés 5% Gráfica 19. Conocimiento del paciente hipertenso sobre un mayor cuidado y control de la hipertensión. Gráfica 20. Propuestas por parte del paciente para un mayor cuidado y prevención de la hipertensión. 24 Dentro de los que sí saben qué complicaciones pueden aparecer, se observan las propuestas o ejemplos que los pacientes hipertensos han respondido en el estudio, es decir las complicaciones que éstos saben o creen que pueden aparecer derivadas de una hipertensión (Gráfica 22). Las complicaciones principales y que más prevalecen en el estudio es el ictus con un 26% y los problemas cardiovasculares con un 20%, seguido del infarto con un 17% y enfermedades del corazón con un 15%. Estas patologías tienen los porcentajes más altos, por lo tanto son las enfermedades con las que los pacientes están más concienciados y poseen más información. En menor porcentaje, los pacientes creen que también pueden aparecer complicaciones como; problemas renales, derrame cerebral, sangrados nasales, angina de pecho, mareos e incluso la muerte. No saben 40% Si saben 60% Enfermedades del corazón 15% Problemas cardiovasculares 20% Derrame cerebral 4% Ictus 26% Angina de pecho 3% Sangrados nasales 3% Problemas renales 7% Infarto 17% Mareos 3% Muerte 2% Gráfica 21. Respuesta a si el paciente hipertenso tiene conocimiento de las complicaciones derivadas de la enfermedad. Gráfica 22. Propuestas por parte del paciente de las complicaciones que pueden aparecer debido a la hipertensión. 25 Para finalizar, se ha preguntado por las complicaciones que los propios pacientes hipertensos han padecido a causa de la hipertensión. Todas estas complicaciones son derivadas de un mal manejo de la enfermedad hipertensiva y con ellas se demuestra que es fundamental el control y el cuidado de la enfermedad. Al visualizar los resultados de dicha pregunta, se puede comprobar que el malestar general acompañado con mareos y dolor de cabeza (33%), los sangrados nasales y la enfermedad renal son los más acusados, aunque también en menor porcentaje han aparecido complicaciones como arritmias, trombos, angina de pecho e ictus (Gráfica 23). . Trombo en el ojo 7% Amago angina de pecho 7% Malestar (mareo, dolor cabeza) 33% Sangrados nasales 13% Ictus 7% Enfermedad renal 20% Arritmia 13% Gráfica 23. Complicaciones que el paciente hipertenso ha padecido o padece a causa de la hipertensión.