El papel de la Compañía de Jesús en el episodio de los alumbrados de Extremadura (1566-1582)
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EL PAPEL DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS EN EL EPISODIO DE LOS ALUMBRADOS DE EXTREMADURA (1566-1582)1 THE ROLE OF SOCIETY OF JESUS IN THE EPISODE OF THE ALUMBRADOS OF EXTREMADURA Antonio González Polvillo Departamento de Historia Moderna Facultad de Geografía e Historia Universidad de Sevilla María de Padilla, s/n 41004 SEVILLA [email protected] RESUMEN: Se estudia la implicación de la Compañía de Jesús en los hechos alumbradistas denunciados por el dominico fray Alonso de la Fuente que tuvieron lugar en la comarca del distrito del Santo Oficio de la Inquisición de Llerena entre los años 1570-1582. Para ello se analiza la raíz de la implantación en la zona de una espiritualidad de carácter intimista y personal por parte de los misioneros jesuitas bajo los obispados de Cristóbal de Sandoval y Rojas (1556- 1562) y Juan de Ribera (1562-1568), a través de la documentación original, concretamente de las cartas annuas de la provincia de Andalucía. A partir de la detección de los alumbrados y su erradicación por los autos de fe llerenenses, se estudia igualmente la reintroducción de la Compañía en la comarca adscrita ya a una nueva ideología más pietista y vinculada a la Contrarreforma y al proceso de confesionalización que desarrolla la Monarquía. Para ello, se aportan datos procedentes de las epístolas del general enviadas desde Roma, sobre la intervención epilogal de la Compañía en la Baja Extremadura con la erección de los Colegios de Fregenal, Villafranca y Llerena. ABSTRACT: We will study the implication of Society of Jesus in the alumbradistas events reported by the Dominican Friar Alonso de la Fuente and which took place in the area within the district of Santo Oficio of the Inquisition of Llerena between the years 1570-1582. Thus we analyse the root of the settlement by Jesuit missionaries of a kind of spirituality filled with an intimist and personal nature, under the bishoprics of Cristobal de Sandoval y Rojas (1556- 1562) and Juan de Ribera (1562-1568), using the original documents, gathered in the annuas letters of the province of Andalusia. Starting from the detection of the alumbrados and their annihilation by the autos de fe of Llerena, we also study the reinsertion of the Society in the area, now joined to a new ideology, more pietist, and attached to the Contrarreforma and the process of indoctrination developed by the Monarchy. New data are provided, belonging to the letters of
the general sent from Rome, about the latest intervention of the Society in Lower Extremadura with the foundations of the Schools of Fregenal, Villafranca and Llerena.
I. LOS HECHOS ALUMBRADISTAS A través de este trabajo nos proponemos analizar el controvertido papel jugado por los jesuitas en el apasionante asunto del alumbradismo extremeño que tuvo lugar en una zona muy concreta, en torno al territorio sujeto a la jurisdicción del tribunal de la Inquisición con sede en Llerena, alrededor del tercer cuarto del siglo XVI. Sabido es que entre los años 1570-1579 en las tierras comarcanas de Llerena se dieron unos hechos relevantes en torno a un tipo singular de práctica religiosa conocida como de alumbrados porque, al decir del famoso especialista en confesiones de almas espirituales, entre ellas la de Teresa de Ávila, Jerónimo Gracián de la Madre de Dios «dezían que les alumbrava Dios desde el Cielo y dava luz en sus particulares espíritus, de lo que avían de hazer: y que no avian de hazer obras, dexandose del todo en las manos de Dios, y por eso los llamavan, Dexados, y también porque se dexavan caer, diziendo que tenían extasis y raptos»2. El descubridor de este grupo de alumbrados, de esta manifestación de espiritualidad tan especial que pronto se desparramó por un buen número de pueblos extremeños, fue el dominico, natural de la Fuente del Maestre, fray Alonso de la Fuente, quien, como conclusión a sus pesquisas en el propio 1570, extendía la proliferación de estos grupos a prácticamente toda la diócesis y así aseguraba que «entendí que en Badajoz había grande daño y que todo el obispado estaba tocado de esta pestilencia»3. El asunto de los alumbrados se reduce a lo siguiente. Fray Alonso detecta que un grupo de clérigos a los que indistintamente denomina teatinos, jesuitas o alumbrados ejercen una especie de autoridad espiritual, por lo que a veces son también denominados maestros, sobre grupos de fieles devotos con los que conectan a través fundamentalmente de la confesión sacramental, y que están formados en su gran mayoría por mujeres a las que fray Alonso denomina beatas, alumbradas o teatinas4. Nos situamos en la década de los setenta del siglo XVI. El Concilio de Trento, las bases de la Contrarreforma se están llevando a cabo con su implementación en toda la península. Las veleidades espirituales del erasmismo, de la devotio moderna, las predicaciones y publicaciones dirigidas a la enseñanza de una práctica de oración interior que desarrollase el espíritu y al mismo tiempo el proceso de individualización que nace con el Renacimiento, y que había florecido en la primera mitad del siglo,
deben quedar cortadas de raíz. Se impone a la masa la norma moral católica y su control periódico a través de la confesión auricular, se trata del proceso de confesionalización del estado que apoya Felipe II para evitar así movimientos reformadores que pudieran afectar a la deseada homogeneización ideológica que todo Estado Moderno debía tener y mantener. Las formas espirituales de expresión de los primeros jesuitas, con sus famosos Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola a la cabeza, estaban muy cercanas a esas prácticas que ahora se intentan erradicar, muchos de esos jesuitas, con sus obras impresas, estaban en el ojo del huracán de la Inquisición valdesiana, aunque algunos como Borja5 serán luego santos. La Compañía tendría que dar un giro copernicano a su función en la sociedad contrarreformista, debía dejarse de veleidades espirituales y agregarse a la patriótica, y católica, empresa de la coerción para lograr ese mejor control de la masa social que es también, o sobre todo, la Contrarreforma. ¡Y vaya que sí giraría, y de qué manera! Pero ahora, en la década de los setenta de la decimoquinta centuria, quizás nos encontremos en el punto de inflexión donde la totalidad de los soldados de Cristo no habían asumido aún su papel de defensores de la ortodoxia. En realidad, y al hilo de lo dicho, no todos los maestros alumbrados extremeños fueron miembros de la Compañía de Jesús, hubo componentes de otras órdenes religiosas y clérigos seculares implicados; sin embargo, fray Alonso de la Fuente incide en que el germen del mal herético procedía de los teatinos, vocablo en el que insiste machaconamente para transmitirnos que los jesuitas eran también de esa manera conocidos. De cualquier forma, en una sociedad tan sacralizada en la que se creía profundamente en la cosmovisión impuesta, el demonio conjugaba una acción de razón última en los procesos inexplicables que transgredían ese imperativo imaginario cosmovisional, de ahí que fray Alonso atribuyera a éste la categoría de raíz del mal absorbida por esos maestros jesuitas que no habían dudado en pactar con el mismo diablo: «Los autores de esta herejía son magos y hechiceros y tienen manifiesto pacto con el demonio […] todos los que hacen la dicha contemplación, dando crédito entero a lo que dicen estos maestros, son visitados sensiblemente del demonio con operaciones subtilísimas y tan dificultosas de entender que es menester estudio de muchos años para entender esta armonía; y, después que se ha entendido, resulta un debuxo del Anticristo, el más notable que jamás se ha visto en la Iglesia de Dios; el cual debuxo de doctrina está callado en nuestra España y escondido en los corazones de los Alumbrados y Alumbradas, teatinos y teatinas de todo el Reino, ayudando a este secreto el mismo demonio»6 Denunciado queda el fenómeno, la herejía; su impulsor, el demonio y sus malvados transmisores, los jesuitas. Sin embargo, el dominico que analiza el mal hasta en sus últimas consecuencias para elaborar esos informes exhaustivos donde diseccionaba la esencia de estos grupos y que denominamos Memoriales, también tacha, en un camino intermedio en la labor de aislamiento del virus, de peligrosos y de origen, cuando menos del lenguaje descriptor de las posiciones ideológicas de los alumbrados, a los autores espirituales al identificar sus afirmaciones con las que hacen los grupos sectarios y entre los que se encuentran: los dominicos Johannes Tauler y Luís de Granada, el beato Juan de Ávila y la carmelita Teresa de Jesús.
II. LOS JESUITAS COMO TRANSMISORES DEL MAL Fray Alonso de la Fuente no se cansa en sus múltiples Memoriales de acusar a los jesuitas de ser los causantes de un desarrollo cada vez mayor de prácticas heréticas en la zona; sin embargo, no hay ni un sólo miembro de la Compañía de Jesús condenado por la Inquisición de Llerena. De las acusaciones del dominico reunieron pruebas los jesuitas, ahí estaban sus predicaciones continuas, los memoriales a la Inquisición y la denuncia al cardenal-infante de Portugal. Pero hay un hecho relevante en orden a esta cuestión, su conversación con el que fuera estudiante de la Compañía, Juan de Castañeda, que éste relatará más tarde revelando la acusación clara y directa que el dominico hace de los jesuitas como transmisores del mal del alumbradismo. Todo parece indicar que, pese a que los religiosos que fueron procesados y sacados en el Auto de Fe de Llerena fueron clérigos seculares, los jesuitas que misionaron por la zona afectada de alumbradismo tuvieron una enorme influencia en la cuestión; además, estos clérigos penitenciados son citados en alguna ocasión como «diez clérigos, discípulos de la Compañía», es decir, que tuvieron que haber aprendido de ellos esa oración interior, base iniciática de sus ritos heterodoxos; otra cosa sería, desde luego, que estos sacerdotes, maestros de los alumbrados, versionaran las enseñanzas espirituales recibidas por medio seguramente de los Ejercicios Espirituales de los jesuitas. Fray Alonso de la Fuente denuncia en alguna ocasión la situación del obispado de Badajoz culpando de ello nada menos que al obispo Juan de Ribera7. La actuación del Patriarca en Valencia y su espíritu contrarreformista no nos hacen sospechar flirteos heterodoxos en su persona. Lo que sí parece ocurrir es que Ribera se encuentra en esa situación de apoyo a la Compañía que en los momentos de su obispado pacense está en boga en la Corte, en el denominado «partido Ebolista», de claro impulso de la Compañía de Jesús en los reinos peninsulares8. Hemos estudiado un valioso documento que nos expresa perfectamente la relación tripartita entre Juan de Ribera, los sacerdotes de su obispado y la Compañía de Jesús cinco
años antes de que el famoso dominico detectara a los alumbrados en aquella zona, y que nos explica la enorme influencia que las prácticas jesuíticas tuvieron en aquél territorio y, sobre todo, entre los clérigos seculares. Se trata de la Carta Annua de la Casa Profesa de Sevilla fechada el 8 de enero de 1566, la cual, en la parte que reproducimos, no tiene en absoluto desperdicio: «Otros dos padres fueron embiados a petición del señor obispo de Badajoz y del mismo pueblo a Fregenal que cae en la misma diócesis donde fue grande el amor y benevolencia con que fueron de su señoría y de todos recebidos el qual desocupándose luego de los demás negocios se entró con ellos sólo en un aposento por tres horas donde les declaró bien la afectión que a la Compañía siempre tuvo y tenía mandólos luego aposentar y hazerles todo buen tratamiento y ultra de otros sermones y pláticas a clérigos que les hizo hazer una vez porque avían de passar de camino por un pueblo, embió con ellos un vicario para que en llegando aunque era día de trabaxo hiziese señal para el sermón con la campana de la yglesia y juntamente con esso lo hiziesse pregonar y assí fue que con ser el día que el dicho se llegó grande multitud de gente al sermón que nuestro Señor se sirvió mucho. Despues desta otros dos padres por pedirlo mucho el señor obispo ovieron de hazer otra peregrinación al mesmo pueblo que también con grandes y continuos desseos los esperava fueron de la mesma manera recebidos y ellos cumplieron bien sus ministerios predicando con mucho concurso y affectión del pueblo en las yglesias y plaças confessáronse muchos generalmente en especial los clérigos que entre las demás gente de aquel pueblo nos tienen particular amor, dixeron la doctrina christiana por las calles»9 Es especialmente interesante este párrafo de la Annua sevillana, a cuyo distrito pertenecerá después el Colegio de Fregenal. Nos evidencia una especial devoción de los propios clérigos seculares hacia los jesuitas a los que éstos predican y confiesan, «que entre las demás gente de aquel pueblo nos tienen particular amor». Por otro lado se nos demuestra la implicación del obispo Ribera en estas misiones de los jesuitas que parten de su propia iniciativa, «dos padres fueron embiados a petición del señor obispo de Badajoz», se reúne con ellos por espacio de tres horas, queda muy satisfecho de su actuación y, para colmo, surge de él la intención, y las primeras donaciones para ello, de erigir un Colegio de la Compañía en la villa: «Pero para que de presente aya Collegio su señoría da cinquenta mill mrs de renta por los días del fundador y junto con esto un hospital con su yglesia y aposentos que está en lo mejor del pueblo, haziendo el Concejo también con mucha conformidad la misma donación, ha dado más el señor Obispo una hermita que a él le pertenece con una buena yglesia aunque pequeña y muy buenos aposentos hechos a propósito para recreación de otro obispo antecesor suyo, tiene una huerta y tierra alrededor, una fuente muy hermosa y otras muchas huertas cerca della, […], pero sobre todos estos ofrecimientos serios hizo otro muy maior por su señoría quando nos combidava con la hermita y era que no sólamente aquello pero de muy buena gana con ello nos diera su sangre si fuera necessario para que vea V.P. en quanta obligación nos aya puesto»10
Ni que decir tiene que la Compañía captó por la zona a muchas personas devotas que no dudaron en llevar a cabo el programa espiritual, y ascético, que preconizaba. En 1568-69 misionaban en Fregenal y Badajoz «el padre Vázquez y el padre Meléndez y un hermano» donde se realizaron sermones y pláticas con grupos de personas muy inteligentemente escogidas: «a clérigos de por sí y al cabildo y a un buen número de estudiantes de grammática que allí ay», con lo cual se conseguían dos objetivos; por un lado, la adscripción devocional a la Compañía de aquellos sectores que ostentaban el poder en la villa: clero y cabildo secular junto con los estudiantes sostén del ambiente cultural; por otro lado, esta adscripción reportaba hacia la masa del vecindario una publicidad de calidad: «y desto se siguió en todo el pueblo gran mudança y en la virtud». El «ataque» a base de coerción simbólica a la elite social recogía sus frutos en la misma y también en la masa; una cosecha que venía dada en forma de asunción de praxis jesuítica: «…muchas confessiones generales así de clérigos como de seglares y los estudiantes con las exhortaciones particulares que les hizieron se movieron quasi todos a confessar generalmente y a tratar de mortificaciones y hazer diciplinas siendo antes estos exercicios tan agenos de aquella tierra que no avía quasi estudiante que se confessase más de la quaresma y en aquel tiempo frequentaron a muchos los sacramentos. Dexaronlos encomendado los padres a ciertos clérigos siervos de Dios que los confesasen y tuviesen cuydado de su virtud y perseverancia en ella, mostraron mucha afición a la Compañía y cobraron ánimo de estudiar con esperança de alcanzarla»11 Como se puede apreciar se recogen unos frutos exquisitos y, desde luego, de amplia significación para una futura implantación de una práctica religiosa que pudiera crear un caldo de cultivo propicio para la fermentación del alumbradismo: un pueblo devoto que se entusiasma con las prácticas de los jesuitas, estudiantes que no confesaban y ahora lo hacen a menudo, con lo que eso significa de adscripción a la Compañía por medio de sus confesores y de control periódico de sus consciencias, gusto por las mortificaciones y las disciplinas carnales «siendo antes estos exercicios tan agenos de aquella tierra»; además, quedaron los estudiantes tan encantados con la Compañía que «cobraron ánimo de estudiar con esperança de alcançarla». Por último, los clérigos seculares servidores de beneficios simples en las parroquias, encargados la mayoría de ellos de la cura de ánimas de los parroquianos, encantados y admirados de aquellos padres enfervorecedores «se movieron muchos para la Compañía», de manera que dos de esos clérigos habían negociado ya su entrada y, lo que era aún más curioso «un escribano conmovido con la doctrina de los padres dexó su escribanía y se recogió a mejor vivir». Esta conmoción generalizada debió incrementarse cuando el pueblo de Fregenal observó incrédulo cómo todo un provisor general del obispado había dejado su importante cargo para entrar en la Compañía y ejercía su ministerio ahora como un misionero jesuita de a pie: «La doctrina se dezia por aquellos pueblos todos los domingos y fiestas por las calles y se edificava grandemente el pueblo de ver el padre Mellendez que días antes avía sido provisor en aquel obispado, y lo avían conocido de otra suerte, llevar la cruz y yrla diziendo y esto movió algunos clérigos de authoridad a llevarla ellos algunas vezes, era tanta la gente que los seguían que no cabían por las calles y yvan a una iglesia donde el uno de los padres les hazía una plática con que quedavan consolados y animados para proseguir en el camino començado de la virtud»
En efecto, se trata de Gonzalo Meléndez Valdés, que había sido provisor del obispado en tiempos de Cristóbal de Rojas y Sandoval (1556-1562)12 y al que fray Alonso de la Fuente también acusa en su Memorial enviado a Felipe II de favorecer a los Alumbrados13. III. GIRO COERCITIVO Y REDENCIÓN EN EL TERRITORIO Los años del alumbradismo llerenense coinciden con una etapa convulsa, de readaptación, de la Compañía de Jesús en Castilla14. Ésta realizará un giro copernicano durante estos años, al que se unirán muchos de sus protectores como los obispos pacenses Cristóbal de Rojas y el propio Juan de Ribera quienes finalmente serán claves para la instalación de la nueva ideología tridentina en sus arzobispados de Sevilla y Valencia respectivamente. La Compañía había nacido con Ignacio de Loyola abrazando una espiritualidad cercana a la de los recogidos15, vinculada a una religiosidad interior de vivencias personales y lejana a las tesis conventualistas que, en nuestra historia, tan bien representan de la Fuente o Melchor Cano y que habían propiciado ese éxito ilusionante que vemos reflejado en clérigos seculares y en un pueblo ávido de quijotescas aventuras. A partir de 1572, con el ascenso al solio pontificio de Gregorio XIII y, al año siguiente, de Everardo Mercuriano como general de la Compañía comienza un giro en la política religiosa de la institución en aras de lograr una efectiva implantación de las tesis de Trento y, con ello, llevar a cabo el proceso confesionalista en los territorios de la Monarquía que convertirán a la Compañía en una auténtica máquina de indoctrinamiento al servicio de esta nueva ideología16. Aun debería pasar la Compañía, en este periodo de readaptación a las
necesidades confesionalistas, por una etapa de ataques al cambiar las elites protectoras en torno a Felipe II, así ocurrirá entre 1578 y 1591 que serán unos años duros de disensiones y abandonos17. Por fin, a partir de 1591 comienza una nueva etapa de esplendor de la Compañía en la península, que se verá confirmada en 1592 con el apoyo del nuevo Papa Gregorio XIV y con la reestructuración de los provinciales peninsulares ordenada por Aquaviva todos adictos al general, a Roma, al rey y a la Contrarreforma. Por fin, todo quedó ratificado por la importantísima Congregación General celebrada en Roma en noviembre de 159318. Y será en ese año de la reestructuración provincial, el de 1592, cuando en nuestra vieja zona alumbradista extremeña comiencen nuevas actuaciones misioneras de la Compañía, esta vez como transmisora de signos radicalmente contrarios a los que la llevaron allí justo veinte años antes. Si en aquel momento los misioneros acarrearon a la zona una práctica de la inevitable religión cristiana más personal, subjetiva y relativamente libre, de tal manera que se exacerbó en el alumbradismo inmanente; ahora, como veremos, llevarán unas ideas más pietistas de observación de la redención de Cristo que sólo podrá conseguirse ajustándose a la coerción moral impuesta basada en el miedo terrible a la no trascendencia. Para ambas, la primera y la segunda, la confesión auricular es posiblemente la técnica más efectiva y espectacular de implementación de esos significantes. En este año salían de la Casa Profesa de Sevilla dos misioneros, Pedro de León y Pedro Tercero con la idea de recorrer las «zonas alumbradas» y ganar para la nueva Compañía aquél perdido territorio. Ocurridos ya los sucesos de Llerena, realizados los autos de fe de 1579 y 1582, «la secta había sido dominada, extinguida, aniquilada»19; sin embargo, no ocurrirá lo mismo con la memoria de las gentes que vivieron de primera mano el problema de los alumbrados, sobre todo en los pueblos donde se dieron casos de relevancia en el asunto de las deshonestidades con las mujeres. Uno de esos pueblos debió ser Lobón, «a las riberas del Guadiana de esta parte, cuatro leguas de Mérida y cinco de Badajoz, de la otra parte»20, el cual no aparece en las relaciones de fray Alonso pero, como veremos, también fue afectado de alumbradismo. Estos «nuevos» jesuitas fueron a Lobón a petición del señor de la villa don Alonso Antonio de Cárdenas. La misión por la zona no iba a ser nada agradable, sobre todo al principio, es decir, antes de la aplicación de las impresionantes técnicas coercitivas que dominaban los misioneros, pues la huella de lo sucedido aún surcaba profundamente, con amargura, los entresijos mágicos de la memoria. Lobón no iba a ser desde luego una excepción; así, en este sentido, la relación de la misión nos aporta datos interesantes como la razón del rechazo popular a pesar de haber sido invitados por el señor del lugar: «Adonde, por haber pocos años que había la Santa Inquisición castigado a unos clérigos que parecían de la Compañía por alumbrados, no nos podían ni ver, ni se querían confesar con nosotros, ni oír nuestros sermones y nos miraban como a toros. Y no bastaba lo que los señores de este lugar decían en abono de los de la Compañía, y que aquellos clérigos que había castigado la Santa Inquisición de Llerena y enviado a las galeras (a los cuales yo había confesado en la cárcel de Sevilla, antes que los entregaran a las galeras, y después que estuvieron en ellas algunas veces), ni eran, ni habían sido de la Compañía de Jesús, ni de otra religión alguna»21