Mala noche: el cuerpo, la política y la irracionalidad en el siglo xviii
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Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28217003011 Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal Sistema de Información Científica Inmaculada Murcia Serrano Reseña de "Mala noche. El cuerpo, la política y la irracionalidad en el siglo XVIII" de Cinta Canterla Araucaria, vol. 13, núm. 25, 2011, pp. 194-196, Universidad de Sevilla España ¿Cómo citar? Fascículo completo Más información del artículo Página de la revista Araucaria, ISSN (Versión impresa): 1575-6823 [email protected] Universidad de Sevilla España www.redalyc.org Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto
Reseñas y Debates Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades. Año 13, nº 25. Primer semestre de 2011. Pp. 177–179. Cinta Canterla: Mala noche. El cuerpo, la política y la irracionalidad en el siglo xviii1 Inmaculada Murcia Serrano Universidad de Sevilla (España) Mala noche es, sin duda, un título idóneo para el libro que Cinta Canterla ha dedicado a la Ilustración. La propia portada, en la que se reproduce el Capricho nº 36 de Goya, de homónimo título, preludia un universo oscuro que a los conocedores super¿ciales de la época tal vez les sorprenda. Y es que las luces ilustradas ocultaban, como Eugenio Trías dijera de la belleza, su lado siniestro, justamente el que en esta obra sale a la luz. Sin duda, Goya, muchos antes que Adorno y Horkheimer, ya lo pensó. Su famoso Capricho nº 43, que bien podría haberse incorporado igualmente a la portada, mostraba, en su fascinante ambigüedad, la dialéctica dieciochesca de las luces y de las sombras, de la razón y sus monstruos. Lo mejor de este libro, como ocurre con el capricho del pintor aragonés, es, precisamente, esa honesta dialéctica que se traduce, en el caso que nos ocupa, en la negativa a sucumbir al maniqueísmo que todo juego real o metafórico de claridad y oscuridad puede llevar consigo. Y es que Mala noche está escrito desde un espíritu liberal heredero de lo mejor de la Ilustración. Canterla no se conforma con las deslegitimaciones posmodernas y relativistas de los grandes relatos, sino que formula la crítica desde la propia racionalidad ilustrada, convencida, como dice en el epílogo, de que volver la mirada a las Luces constituye, todavía hoy, una «Bildung ineludible» (p. 267). Se trata, por tanto, de regresar a la Ilustración, pero para iniciar desde ella una crítica interna. Prueba de esa honestidad es el empeño, perseguido desde el principio, de hacer justicia a todos esos ilustrados ―Paine y Condorcet, por ejemplo― que supieron sobreponerse a los malabarismos teóricos de aquellos otros que deslucieron el proyecto de su siglo. De esta manera, se proyecta en Mala noche una imagen de la Ilustración calibrada y justa, que impide que se disipe aquello que todavía resulta de ella reivindicable: «La razón ilustrada, es, en sí ―dice a este respecto Cinta Canterla―, la del liberalismo capitalista, la del sujeto solipsista, la del positivismo, el colonialismo, la biopolítica, la tecnocracia, la ciencia deshumaniza- 1 Sevilla:Fundación José Manuel Lara, 2009.
195 Cinta Canterla: Mala noche. El cuerpo, la política y la irracionalidad... da… Pero la razón ilustrada es también la del feminismo, la del abolicionismo, la de los liberales radicales; la de la crítica a los excesos de la revolución, la pacista, la de una razón comunicativa y compleja, la de una naturaleza no fragmentada; o la del sujeto corporeizado e histórico, la de la comunidad como asiento de la civilización, la compasión por el cuerpo inerme; nalmente también la que busca la atención a la diversidad y a las diferencias sin disolver la dignidad humana universal ni los derechos del hombre» (p. 265). Nada más lejos, pues, de esa inclinación posmoderna hacia el relativismo cultural o hacia la crítica radical de la Ilustración, que ha traído consigo la pérdida de profundidad de un pensamiento abocado a estetizarse y la amenaza paralela de caer en la reivindicación, desde su falta de crítica o desde su debilidad, de los elementos más reaccionarios de esa época gloriosa que conocemos como el Siglo de las Luces. El hilo conductor de la obra lo constituye el análisis de las diferentes restricciones que sufre el principio liberal ilustrado, teóricamente, de carácter universal. Como indica la autora, esas restricciones, que son aplicadas a determinados colectivos sociales, se realizan con frecuencia a partir de planteamientos sustancialistas que recuperan la vieja cuestión de la dualidad alma/cuerpo, aunque camuÀándose en un pretendido discurso cientí¿co basado en el estudio de las diferencias somáticas. Inmiscuyéndose en el territorio de la historia natural, de la biología, de la ¿losofía o de la medicina, la autora consigue demostrar cómo el discurso ilustrado termina estableciendo con ello patrones de racionalidad y responsabilidad moral desde los cuales se excluyen colectivos a los que se les niega la autonomía y/o mayoría de edad, y sobre los que se puede ejercer después correcciones que, en ocasiones, usan como instrumento la violencia. Canterla estudia, desde estos parámetros, los infortunios vividos por determinados grupos en razón de las diferencias de género y/o etnia, de discapacidad física o mental, pobreza, delincuencia y prostitución. Sin duda, este último tema se arroga el protagonismo y constituye, desde mi punto de vista, la aportación más valiosa del volumen. Considerada por la medicina ilustrada como una especie de locura o como un desarreglo moral, la prostitución aúna en sí todos los desajustes que experimenta el principio liberal, pudiendo considerarse como el puerto al que arriban las demás restricciones analizadas a lo largo de la obra. Y es que, como indica la autora, a la segregación por género, hay que sumar, en el caso de la prostituta, el racismo, la pobreza y las enfermedades de transmisión sexual ―en términos abstractos, el despliegue de la conÀictiva relación que mantiene el racionalismo con el cuerpo―; todo un catálogo de horrores que convierten a este colectivo en el
196 Inmaculada Murcia Serrano principal objeto de exclusión de las fronteras que la Ilustración interpone entre ella misma y lo irracional. El esclarecimiento de este complicado término ―lo irracional― resulta, por lo demás, insoslayable en un libro que lleva por título Mala noche, y por eso, pese a las di¿cultades que conlleva, es diseccionado a través de un estudio de los múltiples sentidos que adquiere en el siglo xviii; por ejemplo, como ausencia de facultad racional ―característica de los animales―; como ausencia de educación epistémica de la razón; como ausencia de ajuste con la razón ordenadora y con la comprensibilidad humana; como inmoralidad o primacía de los instintos; por último, como inmoralidad o ausencia de educación de esos mismos instintos. Ello no obsta para que, siguiendo esa voluntad de situar la Ilustración en el lugar que le corresponde, se preste también atención a las concesiones a lo no lógico que se atisban en el seno mismo de la racionalidad dieciochesca, especialmente, en la tradición moral empirista. A este respecto la moral del sentimiento, encabezada por el tercer conde de Shaftesbury y su discípulo Francis Hutcheson, es analizada como uno de los agentes más poderosos de la autocrítica ilustrada y del reconocimiento ético de la corporalidad y la sensibilidad, entendida esta, no ya como el mero receptáculo de las impresiones, sino como fuente de las emociones y de los sentimientos. Se legitima así, en un camino que desembocará en el nacimiento de la Estética, la facultad humana de la imaginación, que ya no va a ser considerada como responsable de las desviaciones morales, sino, justamente, como la bisagra que une sentimiento y razón. Mala noche constituye, en de¿nitiva, una moderna aproximación a una de las etapas más importantes del pensamiento, la ciencia, la política o la moral; una etapa que, por mucho que permee las pesadillas de una razón delirante, despierta, una y otra vez, de su sueño dogmático para poner de mani¿esto, como se aprecia en este libro, una inagotable lucidez.