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El III duque de Alcalá y sus intereses epigráficos. Notas sobre su colección lapidaria en Sevilla (siglo XVII)

Beltrán Fortes, José

Abstract

En los primeros decenios del siglo XVII Fernando Enríquez de Ribera (1583-1637), III duque de Alcalá de los Gazules, reformó la Casa de Pilatos, con la construcción de la biblioteca y armería, así como de una gran sala (Camarín Grande). En ella realizaba las sesiones de una de las tertulias o academias más importantes de Sevilla, a la que asistían pintores, poetas y anticuarios; entre ellos destacan Francisco Pacheco, Juan de Arguijo o el erudito Rodrigo Caro. La colección es conocida por diversos inventarios, realizados entre 1637 y 1642. El duque tuvo asimismo sus intereses eruditos y fue coleccionista de antigüedades. Se analiza en este trabajo su lapidario o colección epigráfica; en concreto, tres copias modernas de inscripciones romanas de Tarragona, elaboradas en pizarra, el pedestal isíaco de Acci (Guadix), así como dos pedestales honoríficos de Siarum(Utrera) y de Hispalis (Sevilla). Fernando Enríquez asimismo realizó un estudio sobre la inscripción y relieves del citado pedestal de Guadix, que le había regalado el III marqués de Estepa, Adán Centurión, otro noble andaluz interesado por las antigüedades y su estudio.

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SPAL 29.2 (2020): 259-279 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 https://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.26 EL III DUQUE DE ALCALÁ Y SUS INTERESES EPIGRÁFICOS. NOTAS SOBRE SU COLECCIÓN LAPIDARIA EN SEVILLA (SIGLO XVII) THE 3RD DUKE OF ALCALÁ AND HIS EPIGRAPHIC INTERESTS. NOTES ON HIS LAPIDARY COLLECTION IN SEVILLE (XVII CENTURY) JOSÉ BELTRÁN FORTES Departamento de Prehistoria y Arqueología. Facultad de Geografía e Historia c/ María de Padilla. Universidad de Sevilla, 1, E-41004, Sevilla Catedrático de Arqueología Correo-e: jbeltr[email protected] https://orcid.org. 0000-0001-5841-4140 ResearchID: https://publons.com/researcher/AAA-1575-2020 Resumen: En los primeros decenios del siglo XVII Fernando Enríquez de Ribera (1583-1637), III duque de Alcalá de los Gazules, reformó la Casa de Pilatos, con la construcción de la biblioteca y armería, así como de una gran sala (Camarín Grande). En ella realizaba las sesiones de una de las tertulias o academias más importantes de Sevilla, a la que asistían pintores, poetas y anticuarios; entre ellos destacan Francisco Pacheco, Juan de Arguijo o el erudito Rodrigo Caro. La colección es conocida por diversos inventarios, realizados entre 1637 y 1642. El duque tuvo asimismo sus intereses eruditos y fue coleccionista de antigüedades. Se analiza en este trabajo su lapidario o colección epigráfica; en concreto, tres copias modernas de inscripciones romanas de Tarragona, elaboradas en pizarra, el pedestal isíaco de Acci (Guadix), así como dos pedestales honoríficos de Siarum (Utrera) y de Hispalis (Sevilla). Fernando Enríquez asimismo realizó un estudio sobre la inscripción y relieves del citado pedestal de Guadix, que le había regalado el III marqués de Estepa, Adán Centurión, otro noble andaluz interesado por las antigüedades y su estudio. Abstract: In the first decades of the 17th century Fernando Enríquez de Ribera (1583-1637), 3rd Duke of Alcalá de los Gazules, reformed the Casa de Pilatos, constructing a library and an armory, as well as a large chamber (Camarín Grande). Sessions were periodically held here, creating one of the most important literary and academic gatherings in Seville, attended by painters, poets and art collectors; among them, Francisco Pacheco, Juan de Arguijo and the antiquarian Rodrigo Caro. The Duke also had his antiquarian interests and was an important antique collector. Inventories of his collection were made between 1637 and 1642. This work analyses the lapidary or epigraphic pieces; in particular three modern copies carved in slate of Roman inscriptions from Tarragona, the Isis pedestal from Acci (Guadix), as well as two honorary pedestals from Siarum (Utrera) and Hispalis (Seville). Fernando Enríquez also produced a study on the inscription and reliefs of the pedestal from Guadix, which was given to him by the 3rd Marquis of Estepa, Adán Centurión, another Andalusian nobleman interested in antiquities and their study. Palabras clave: Historiografía; siglo XVII; epigrafía hispanorromana; Hispalis; Tarraco; Isis. Keywords: Historiography; XVII century; Spanish-Roman Epigraphy; Hispalis; Tarraco; Isis. Recepción: 18 de julio de 2018. Aceptación:22 de maro de 2019 Beltrán Fortes, J., (2020): “El III Duque de Alcalá y sus intereses epigráficos. Notas sobre su colección lapidaria en Sevilla (Siglo XVII)”, Spal 29.2: 259-279. DOI: https://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.26 260 SPAL 29.2 (2020): 259-279 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 https://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.26 JOSÉ BELTRÁN FORTES 1. INTRODUCCIÓN El reciente estudio que hemos llevado a cabo sobre dos estatuas modernas, elaboradas hacia mediados del siglo XVI en Italia por encargo del I duque de Alcalá de los Gazules, Per Afán de Ribera III (1509-1571), que decoraron sendos ninfeos en el jardín del palacio de los Enríquez de Ribera, en la localidad de Bornos (Cádiz) (Beltrán y Loza en prensa, 2020: 317-321, nos 255-256), me ha llevado a revisar esa importante colección arqueológica. El aristócrata sevillano adquirió las esculturas de la colección en Italia y las instaló tanto en Sevilla, en la llamada Casa de Pilatos (Lleó 1998, 2018), como en Bornos, en el referido palacio. La serie de estatuas antiguas –de procedencia italiana, como se ha dicho– fue una de las colecciones nobiliarias más importantes de la España del Renacimiento (Trunk 2002). Así lo reconocía a fines de aquel mismo siglo XVI Diego de Villalta en su Tratado de las antiguedades de la memorable Peña de Martos (1590), al destacar las tres colecciones más importantes a su juicio de escultura antigua en España, con piezas romanas traídas desde Italia: la de Diego Hurtado de Mendoza, la del marqués de Mirabel, Luis de Ávila y Zúñiga, y la de nuestro I duque de Alcalá (vid. por ejemplo Morán 2010: 17, Di Dio y Coppel 2013: 121-122 [Mirabel], 122-123 [Alcalá] y 125-132 [Mendoza]). Son sobresalientes los estudios sobre las esculturas antiguas de la Casa de Pilatos realizados por Markus Trunk (2001, 2002, 2013, en prensa), a los que se añaden los trabajos más generales de Vicente Lleó, incluyendo extensas referencias a la Casa y a las colecciones pictóricas; asimismo, ha analizado la figura del III duque de Alcalá, Fernando Enríquez de Ribera y Téllez-Girón (1583-1637) (Lleó 1987, 1998, 2017), otro importante coleccionista, sobre el que trataremos en esta ocasión. El afán colector de este III duque derivó a lo largo de su vida desde las antigüedades hacia el ámbito de la pintura, algo habitual en la nobleza española del XVII (Morán y Checa 1985: 179-212), conformando una importante colección de cuadros en el palacio sevillano de la Casa de Pilatos, que posteriormente se dispersó en gran parte (Brown y Kagan 1987). No obstante, sus intereses eruditos y anticuarios también lo hacen sobresalir dentro de la alta nobleza española. Así, el anticuario utrerano Rodrigo Caro apuntaba que: «Entre las quales casas es insigne la de los Excelentissimos Duques de Alcala: porque demas de su raro edificio, en ella han juntado sus dueños muchas efigies de marmol de Principes, y varones insignes antiguos, y dos grandes Colosos de la diosa Palas, y otra multitud de estatuas, y despojos de la antiguedad: y el Excelentissimo Duque don Fernando Enriquez Afan de Ribera, que oy possee esta casa, ha juntado una gran Librería, y en ella tantos volumenes de todas ciencias, y letras humanas manuscritos, y medallas antiguas, que compite con las mas insignes del mundo» (Caro 1634: 63v). 2. EL III DUQUE DE ALCALÁ. POLÍTICA Y ERUDICIÓN EN LOS PRIMEROS DECENIOS DEL SIGLO XVII 2.1. Apuntes biográficos y de formación Al estudio biográfico, ya clásico, que Joaquín González (1969) dedicó al III duque de Alcalá, se unen recientemente los interesantes trabajos de David Mallén, dentro de una valoración general de los aspectos coleccionistas y eruditos del personaje, en el marco de su tesis doctoral (Mallén 2016, 2017, 2018a, 2018b). Hay que destacar, sobre todo, la documentación de archivo referida a los bienes del duque; en primer lugar, el inventario realizado sobre piezas localizadas en la Casa de Pilatos a poco de la muerte del duque, en 1637, con indicación de los lugares en los que estaban, que es el más completo, y que ya fue dado a conocer por J. Brown y R. Kagan (1987). En segundo lugar, los nuevos documentos recuperados por D. Mallén (2017) que incluyen el inventario de piezas ante el embargo de las propiedades del III duque a su muerte, asimismo realizado en 1637; la relación manuscrita de piezas que rescataba el VII duque de Medinaceli en 1639, cuando tras la muerte de la hija del III duque, María –casada con el príncipe de Paternò–, su esposa se convirtió en la nueva heredera, la V duquesa de Alcalá; así como la enumeración de las almonedas de los años 1640 y 1642; y, finalmente, varios informes de envíos, robos y pérdidas de piezas, realizados en 1641. La biografía del duque es propia de la alta nobleza española de la época de los Austrias a caballo entre los siglos XVI y XVII, cuando España dominaba el mundo y su aristocracia era altiva, rica, culta y erudita; también de Andalucía procedían nobles de ese talante, como, por ejemplo, el duque de Medina Sidonia, el marqués de Zahara, el conde de Gelves, el marqués de Mondéjar o el duque de Arcos (Morejón 2009: 229), a los que habría que sumar el marqués de Estepa (Ballesteros 2002), a quien nos referiremos más adelante. Es bien conocida la tradición coleccionista y erudita de los Alcalá, sobre todo, del I duque, el ya citado Per Afán de Ribera, y del padre del III duque, el IV 261EL III DUQUE DE ALCALÁ Y SUS INTERESES EPIGRÁFICOS… SPAL 29.2 (2020): 259-279 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 https://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.26 marqués de Tarifa (1565-1590), quien murió a los 25 años, sin acceder al ducado; este segundo protagonizó una importante tertulia sevillana en la finca suburbana de Huerta del Rey (Rodríguez Marín 1903). Francisco Pacheco cuenta la anécdota de que su preceptor, Francisco de Medina (1544-1615), discípulo a su vez de Juan de Mal Lara y que estuvo un tiempo en Italia, entre 1564 y 1570, se retiró de la vida pública desilusionado por la temprana muerte de su pupilo; relata que: «Esta muerte del Marques de Tarifa fue al prudente varón causa de retirarse, dexando la catedra de San Miguel i la pompa de palacio, en lo mas apartado de los arrabales desta ciudad a vida quieta, donde dispuso un riquíssimo museo de rara librería y cosas nunca vistas de la antigüedad i de nuestros tiempos» (Pacheco 1985: 140; vid., López Rodríguez 2010: 46-47), aunque posteriormente fue secretario del arzobispo de Sevilla, Rodrigo de Castro. A la muerte del IV marqués de Tarifa su hijo Fernando solo tenía siete años y su madre y tutora Ana Girón de Guzmán, hija del duque de Osuna, se trasladó con la familia al palacio de Bornos. Allí estuvo cuatro años, hasta 1594, en que se aposentaron en Sevilla, ocupando la Casa de Pilatos. En 1597, con solo 14 años, participó junto al duque de Alba en la defensa de Cádiz contra la armada inglesa, y ese mismo año se casó con Beatriz de Moura, hija del I marqués de Castel-Rodrigo. 2.2. La tertulia de la Casa de Pilatos Con la llegada del nuevo siglo XVII Fernando Enríquez accedió al mayorazgo ducal, en pleito con su madre, y comenzó a reformar la Casa de Pilatos, en unas obras que ejecutará Juan de Oviedo, arquitecto y maestro mayor de Sevilla. Destaca la construcción de la estancia para la tertulia o academia, denominada como Camarín Grande, con dos “retretes” o estancias menores a cada lado (Lleó 2017: 137-148, 162-163, 167, Mallén 2018b: 392-395); el techo lo pintó Francisco Pacheco en 1603, con el asesoramiento del ya citado F. de Medina y del racionero cordobés Pablo de Céspedes (Rubio 1993), discípulo de Ambrosio de Morales y asiduo de Sevilla y Roma (Pacheco 1985: 99-104). La pintura representaba la “Apoteosis de Hércules” y seguía la que dos años antes había ordenado pintar Juan de Arguijo en la estancia de su casa donde asimismo celebraba su correspondiente tertulia (López Torrijos 1999, Peñalver y Loza 2017). La estancia es el actual “Salón Pacheco” de la Casa de Pilatos. Ambas tertulias, la de Alcalá y la de Arguijo, junto a la del propio Francisco Pacheco, serán las más destacadas de la ciudad de Sevilla, considerada como una “Nueva Roma” (Lleó 1979), en unos momentos en que triunfaba el estudio, colección y veneración de la antigüedad clásica y de las antigüedades (Méndez Rodríguez 2005: 201ss.). Sobresalieron, entre los siglos XVI y XVII, «las siguientes Academias sevillanas… la del conde de Gelves, la de Juan de Mal Lara, la de Juan de Arguijo, la de Francisco Pacheco, la de Argote de Molina y, sobre todas ellas, la del Duque de Alcalá» (Lleó 1979: 68). Según describe Rodrigo Caro en su manuscrito sobre Varones insignes en letras naturales de la ilustrisima ciudad de Sevilla, a propósito de la celebrada en la Casa de Pilatos: Era un Palacio frequentado siempre de los más doctos hombres que havia en Sevilla… y las conversaciones que en el se trataban solo eran disputas, y argumentos de Letras. Siempre que salía de su Casa [el III duque] … yendo à recrearse llevaba consigo en su coche sus libros y hombres doctos con quien conversar, y mas parecia su Casa Academia que Palacio de gran Señor (Caro sin fecha: 145v; también lo reproduce Montoto 1915). Conformaban reuniones de poetas, pintores –ut pictura poesis– y eruditos, todos estudiosos de la Antigüedad y de sus restos, junto a los nobles mecenas, que compartían las mismas aficiones. El propio III duque de Alcalá escribió, en 1619, una disertación bajo el nombre Del título de la Cruz, donde analizaba la inscripción grabada en la cruz de Cristo, así como defendió que fue sujeto con cuatro clavos y no con tres (Brown y Kagan 1987: 234). Lo cita el cronista sevillano Diego Ortiz de Zúñiga (1636-1680): Don Fernando Afan de Ribera, Duque de Alcalá, hasta en las letras y erudicion grande, escribio un erudito trabajo del título de la Cruz, y otro sobre la opinion de haber sido Christo Señor nuestro crucificado con quatro clavos, é hizo dar á la imprenta el Viage de Jerusalen, que escribió é hizo el Marques primero de Tarifa Don Fadrique… (Ortiz de Zúñiga 1796: IV, 174). Ello ocasionó cierta polémica, en especial con el racionero de la Catedral de Sevilla Francisco de Rioja, que posteriormente fue secretario del conde-duque de Olivares (Mallén 2018b: 399). A la tertulia de la Casa de Pilatos asistían los ya citados F. de Medina – de nuevo vinculado a los Alcalá–, J. de Arguijo, F. de Pacheco, el poeta Juan de Jáuregui, así como, en sus estancias sevillanas, el cordobés Pablo de Céspedes – quien tenía casa en la ciudad hispalense (López Rodríguez 2010: 49)– o el impresor flamenco Francisco 262 SPAL 29.2 (2020): 259-279 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 https://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.26 JOSÉ BELTRÁN FORTES Heylan (Mallén 2018b: 400ss., con bibliografía anterior). De manera esporádica formaría parte ya de esa tertulia el joven Rodrigo Caro, que se convertirá en el erudito más importante del círculo sevillano en la primera mitad del siglo XVII e incorporaba su experiencia en el campo anticuario. No era el único aficionado a la Antigüedad en la tertulia; además del ya indicado interés de Francisco de Medina por las antigüedades, también Juan de Arguijo (1567-1623) conformó una biblioteca y colección escultórica en su casa sevillana de la calle Compañía, seguramente imitando a la de los Alcalá en la Casa de Pilatos, aunque en un tono mucho menor. Así, tuvo una galería de viri antiqui, con bustos de emperadores romanos, y dos estatuas de mármol de Carrara elaboradas en talleres genoveses, que representaban a Meleagro y a Venus con Cupido. Alababa estas estatuas Lope de Vega en un soneto dedicado a J. de Arguijo, su amigo y protector: «Quien dice que fue Adonis convertido / en flor de lirio, y Venus en estrella, no vio, señor don Juan, la imagen bella que a España habéis de Génova traído» (López Torrijos 1999: 187, soneto CXX). La referencia a Adonis se justifica porque se pensaba entonces erróneamente que una de las estatuas genovesas de Arguijo lo representaba, cuando en realidad era a Meleagro. Como hemos argumentado en otras ocasiones, es posible que en su colección estuvieran al menos dos inscripciones romanas: el pedestal dedicado a Vesta Augusta (CIL II 1166), traído desde Cantillana, donde se sitúa la ciudad romana de Naeva, y el pedestal dedicado a L. Horatius Victor (CIL II 1166), de la propia Hispalis (Sevilla) (Beltrán 2017a: 141-145, 2017b: 70-72). Personaje destacado de la tertulia será el citado anticuario Rodrigo Caro (1573-1647), quien se licenció en la Universidad de Sevilla en el año 1596. Una vez ordenado sacerdote, residió en su ciudad natal de Utrera, aunque siempre mantuvo relación con Sevilla, en la que ocupó una capellanía en 1615; completó su carrera eclesiástica como censor de libros (1619) y letrado de cámara (1621), así como –ese mismo año, o incluso el año anterior– visitador general de parroquias y conventos de monjas fuera de Sevilla, bajo el mandato del arzobispo Pedro Vaca de Castro; desarrolló hasta su muerte otros cargos eclesiásticos en el arzobispado y el Santo Oficio (Beltrán 2009). Desde 1627 vivió en Sevilla de manera más estable, trasladando parte de la colección arqueológica que había formado en Utrera. Aquí su colección estaba en una finca rural, llamada “la Maya”, donde quizás tuvo un jardín arqueológico; la colección se componía de inscripciones, esculturas, pequeños objetos (ladrillos, lucernas, lacrimatorios, urnas o vidrios, hallados en tumbas romanas) (Montoto 1915: 125-126, Morales 2006: 235-256) y monedas, aunque destacaban una estatua y cuatro cabezas romanas, así como más de una docena de inscripciones latinas. No obstante, solo son conocidas por las referencias que sobre ellas recoge el mismo Caro en sus escritos (Montoto 1915: 109-155, Morales 2006: 241-253, López Rodríguez 2010: 75-78). Se trata de una típica colección de erudito de la época, con predominio de monedas e inscripciones, que sirven para los propios estudios sobre la antigüedad romana. Las primeras visitas a Itálica le incitaron a escribir el famoso poema Canción a las Ruinas de Italica, que comenzó en 1595 y, tras diversas versiones, terminó en 1614. Entre sus obras más eruditas de contenido arqueológico y epigráfico, que fueron impresas en vida o quedaron inéditas, hay que referir el Memorial de la Villa de Utrera (1604), las Inscripciones y Antigüedad de Utrera (1622), las Inscripciones antiguas del arzobispado de Sevilla vistas en los años 1621-1625 y las Antiguedades de Sevilla (Caro, 1634), con sus Adiciones, inéditas. Sus primeros trabajos sobre las inscripciones y antigüedades de Utrera demuestran que ya conocía de primera mano la colección de la Casa de Pilatos (Brown 1995: 49). 2.3. La biblioteca del duque Fernando Enríquez también mandó construir en la casa de Pilatos, desde 1604, sendas estancias para armería y biblioteca, que situó por encima del que había sido guardarropa de su tío abuelo, el I duque de Alcalá, abierto al Jardín Grande (Lleó 2017: 136ss.); posiblemente se terminó la construcción en 1617. El incremento importante de libros de la biblioteca se produjo en 1606, con la compra de la que había sido la colección de Luciano de Negrón, examinador de libros en la Inquisición y que tenía ejemplares que habían sido propiedad de Ambrosio de Morales; su biblioteca contaba con unos 5000 volúmenes (Lleó 2017: 154-155). Se congratulaba F. Pacheco de que la magnífica colección de libros de Negrón «viniesse a manos de un tan docto i esclarecido príncipe como don Fernando Enríquez de Ribera, tercero Duque de Alcalá» (Pacheco 1985: 135, Méndez Rodríguez 2000, López Rodríguez 2010: 47-48). A la muerte del III duque, en 1637, la biblioteca de la Casa de Pilatos constaba de 6500 volúmenes, algunos de los cuales los había enviado desde Nápoles, donde estuvo como virrey entre 1629 y 1631, y de donde envió asimismo armarios con gavetas para la colección de monedas y medallas 263EL III DUQUE DE ALCALÁ Y SUS INTERESES EPIGRÁFICOS… SPAL 29.2 (2020): 259-279 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 https://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.26 (Brown y Kagan 1987: 248-255, Mallén 2018a: 263- 264). Algunos de esos armarios, junto a otros, se incluyen en los dos inventarios de bienes realizados en 1637, recogidos por J. Brown y R. Kagan (1987) y por D. Mallén (2017). En este último trabajo se transcribe: Un caxón de madera tosco y dentro del un escriptorillo de ébano con dies y seis gavetillas y en cada una de ellas algunas monedas la mayor parte dellas asentadas en guarniçión de ébano y otras sin ella y las dhas monedas son de bronçe y otros metales q[ue] se pudieron reconoçer, solo se reconoçió una el pareçer forma de en medio Jastón de Portugal. –Y en el dho caxón otro escriptorillo aforado en quero arxentado con unos perfiles de oro y en seis gavetillas parece ay otras medallas como las que quedan referidas y diferentes hechuras y metales. –Otro escriptorillo de ébano con perfiles, baçío. –Otro escriptorillo de nogal, bacío… –Otro escriptorillo a manera de escribanía de ébano con otras monedas. –Una caxetilla de madera blanca pequeña con otras monedas como las que quedan dhas arriba (Mallén 2017: 124). A la biblioteca también se refirió José Gestoso (1910 241-244), aunque confunde al abuelo –el II duque de Alcalá–, con el nieto, el III duque. Posteriormente, a comienzos del siglo XVIII, una vez que la Casa Ducal de Alcalá se había integrado en la de Medinaceli, el deán de Alicante Manuel Martí catalogará la biblioteca, contabilizando unos 6000 volúmenes; aprovechó su estancia en Sevilla para documentar piezas destacadas de la colección arqueológica (Beltrán 2003: 48-51). En el inventario post mortem realizado para el embargo de los bienes del III duque se describe la biblioteca de la siguiente manera: …en la cassa librería del dho señor duque, y en ella en los estantes en que ay duçientas y sesenta divisiones para que ubo seis mil y quinientos cuerpos de libros grandes y pequeños, de diferentes xeneros y materias y diferentes enquadernaçiones… Y asi mismo en la dha librería ensima de los estantes della ay algunos basos de diferentes calidades y hechuras y barros y en ellos algunas pinturas y labores (Mallén 2017: 124). No sabemos a qué clase de vasos se referían y si eran cerámicas antiguas, aunque es probable que hubiera alguna. También poseía el III duque una importante colección de pequeños bronces, de tema mitológico, que llegaban casi al centenar. Entre ellos se incluían seis del artista italiano Giambologna, o al menos de su taller: un jabalí, un león, una Venus púdica, un hombre con otra figura a los pies, Hércules y Anteo y un rapto de las Sabinas (Mallén 2016). Los bronces estaban colocados en el Camarín Grande (Brown y Kagan 1987: 253ss.). Como sintetizan M. Morán y F. Checa, siguiendo a V. Lleó (1979: 65), en la biblioteca, aparte de los libros, «aparecían inscripciones, medallas, anillos, cuadros, estatuas, monedas, esferas armilares, reliquias –como la urna con las cenizas de Trajano y la cabeza de barro de don Pedro– y la habitual galería de retratos de hombres ilustres» (Morán y Checa 1985: 155). 2.4. Avatares vitales y políticos El duque desempeñó su primer gran cargo público, el virreinato de Cataluña, entre 1618 y 1622, aunque salió de Sevilla en 1619; con ello se interrumpieron las actividades de la tertulia en esos cuatro años. Posteriormente, en 1625 será nombrado por el rey Felipe IV embajador en Roma ante el Papa Urbano VIII, donde estuvo hasta 1626 (Brown y Kagan 1987: 234-235). Felipe IV había visitado Andalucía en 1624 y Alcalá produjo una buena impresión en el joven rey y en su valido Olivares. Sería en esos años entre 1622 y 1625, residiendo en Sevilla, aunque con alguna estancia en Madrid, cuando se desarrolló su afición a las antigüedades (Mallén 2018b: 401ss.), sobre todo, por influencia posiblemente del ya citado Rodrigo Caro. Este le dedica al duque su obra sobre las Inscripciones y Antiguedad de Utrera (1622), indicando en el prólogo que había sido un encargo del aristócrata: Los días pasados (Excmo. Señor) me mando V.E. le sirviese, trasladando las inscripciones antiguas, que en esta Villa de Utrera ay, diligencia que luego puse en execución, aunque por la ausencia de V.E. no las he embiado. Aora lo hago acompañando con ellas unas breves notas, que de su antigüedad he observado (Caro 1622: 2r). Esa relación entre el duque y Caro queda en evidencia también en su obra Dias Geniales o Ludricos, en la que, en forma de diálogos, tres caballeros discuten sobre los juegos en la Roma antigua, a propósito de una inscripción romana que están analizando (Caro 1978, con el estudio modélico de J.-P. Etienvre). El marco es un jardín a las afueras de Sevilla: se ha dicho que sería una trasposición de su finca “la Maya”, en Utrera, siendo Caro por tanto el propietario, experto en epigrafía, y que explica temas de Antigüedad a sus dos amigos, don Diego y don Pedro (Domergue y Étienvre 1971). Parece verosímil esa identificación, pero curiosamente el propietario del jardín se llamaba 264 SPAL 29.2 (2020): 259-279 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 https://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.26 JOSÉ BELTRÁN FORTES don Fernando y al III duque está dedicado el libro, por lo que quizás a éste mejor represente el don Fernando de la ficción; no hay que olvidar que también los Alcalá tenían una finca de recreo cerca de la Buhaira –más cercana a Sevilla que “la Maya”, por tanto–, en donde el grupo de tertulianos de la Casa de Pilatos celebraba de tanto en tanto alguna reunión. En aquellos años también asistirá a la renovada tertulia del duque otro coleccionista de antigüedades, el oidor Sancho Hurtado de la Puente, a quien R. Caro había alquilado una casa en Sevilla, en la que instaló parte de su colección, y del que era buen amigo. A él va dirigida la carta que Caro escribe en Utrera el 25 de junio de 1627, explicando detalles de su colección conservada en “la Maya”, «con las inscripciones fijas en la pared», así como del traslado de parte de ella a la casa alquilada en Sevilla (Montoto 1915: 155, López Rodríguez 2010: 77). Tras la muerte del III duque, se les encomendó a los pintores Francisco de Zurbarán y Francisco Herrera el Viejo la tasación de la colección de cuadros y estampas, así como al escultor Juan Martínez Montañés la de las esculturas y, precisamente, a Rodrigo Caro la de monedas y medallas, terminándose esa valoración solo en marzo de 1641 (Mallén 2017: 118). En una carta del III marqués de Estepa al erudito malagueño Martín Vázquez Siruela, fechada el 28 de agosto de 1647, le dice: «…muchas [monedas] solia tener el Duque de Alcala que no se ahora en poder de quien paran» (carta reproducida en Ballesteros 2002: 214). Tras la embajada extraordinaria desempeñada en Roma entre 1625-1626, el duque volvió a Sevilla a la espera de otros cargos. Fue nombrado gobernador de Milán (1627), pero no llegó a trasladarse, pues en 1628 el rey le concedió el importante virreinato de Nápoles. En el desempeño del cargo tuvo enfrentamientos con el anterior virrey, el IV duque de Alba, que era cuñado del conde duque de Olivares, valido del rey. Se conserva de aquella época una medalla conmemorativa en bronce en la que aparece su retrato en el anverso, a la manera clásica –«como en ocasiones acostumbraron los antiguos»–, y en el reverso la representación de la diosa Astrea, diosa de la justicia, que conmemora sus reformas legislativas; fue diseñada en 1630 por el italiano Giulio de Grazia (Mallén 2016: 308, 2018a: 258, nota 54, Fernández Lacomba 2008). Pero aquel mismo año el duque de Alba, de nuevo en Nápoles como acompañante de la infanta María, la hermana del monarca español, en viaje para el matrimonio con el rey de Hungría, le acusó de un agravio a la infanta; Alcalá tuvo que trasladarse a Madrid al año siguiente a rendir cuentas en la corte, dejando el cargo (Ortiz de Zúñiga 1796: tomo IV, 347ss.). Tras diversos avatares, consiguió de nuevo el favor regio y fue nombrado virrey de Sicilia en 1632; además, en 1636, Felipe IV le encomendó su representación en el congreso de Colonia, pero murió en el viaje para ese encargo, en la localidad austríaca de Villach, el 4 de abril de 1637. Tal como se inició su vida, con la muerte de su padre cuando contaba siete años y de su abuelo cuando contaba once, así la muerte también empañó su final, pues, según recuerda Vicente Lleó: Los últimos años de su vida fueron particularmente dramáticos, pues casi todos sus hijos, tanto legítimos como ilegítimos, le precedieron en el camino del sepulcro, con la única excepción de su hija María, casada con el Príncipe de Paternò, quien, sin embargo falleció sólo dos años después que su padre, sin dejar descendencia (Lleó 2017: 129). En efecto, el hijo primogénito, VI marqués de Tarifa, aficionado a las letras como su padre y su abuelo, murió a los 19 años, en 1633, sin descendencia, así como también murieron las hermanas Margarita y Juana. Sobre el joven heredero refirió Diego Ortiz de Zúñiga (1796: IV, 174-175): «…imitando en todo á su padre, mostró gran inclinación á las letras, é imprimió en octavas la Fábula de Mirha. Murió en Palermo con infeliz malogramiento, gobernando su padre Virey el Reyno de Sicilia». Muerta también la hija María sin descendencia, el título ducal recalará en 1639 en una sobrina del III duque, Ana María Luisa Enríquez de Ribera, que en 1623 había casado con el primogénito de la Casa de Medinaceli, Antonio Juan Luis de la Cerda (1607-1671). Así, el hijo de ambos, Juan Francisco de la Cerda Enríquez de Ribera (1637-1691), será, entre otros títulos, VIII duque de Medinaceli, VI duque de Alcalá de los Gazules y IX marqués de Tarifa, con lo que el mayorazgo de los Alcalá se diluyó en esta otra gran casa nobiliaria, asentada en Madrid. Con ello se inició la decadencia de la Casa de Pilatos (Lleó 2017: 191ss.), dando fin a aquellos esclarecidos representantes de una estirpe nobiliaria sevillana especialmente culta, aficionada a las antigüedades en varias generaciones durante el siglo XVI y primeros decenios del XVII. 3. LOS INTERESES EPIGRÁFICOS DEL III DUQUE DE ALCALÁ Con base en el inventario ya referido que de la colección se hizo a su muerte (Brown y Kagan 1987), se ha 265EL III DUQUE DE ALCALÁ Y SUS INTERESES EPIGRÁFICOS… SPAL 29.2 (2020): 259-279 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 https://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.26 hecho un reciente estudio sobre el lapidario del III duque de Alcalá (España-Chamorro, 2019), aunque está solo constreñido a algunas piezas. Así, recogeremos en este apartado otras piezas epigráficas de la colección, que amplían y complementan los afanes coleccionistas y eruditos del duque en el campo de las inscripciones antiguas. Según se apunta en ese último estudio, «en el ámbito arqueológico su interés [del III duque de Alcalá] se centró en algunas vasijas, en una amplia colección de monedas, en un vasto repertorio de escultura antigua y también en un lapidario epigráfico de interés» (España-Chamorro 2019: 73). No obstante, inmerso el III duque en los intereses eruditos propios de esa época manierista, a caballo entre el XVI y el XVII y que abre el siglo del Barroco, no se interesa tanto por las esculturas clásicas, sino por las monedas (o “medallas”, como se las denominaba entonces), pequeños bronces, inscripciones y otros elementos arqueológicos, según hemos mencionado para la colección de R. Caro. De las piezas epigráficas analiza Sergio Espada- Chamorro un decempondium del praefectus Vrbi Q. Iunius Rusticus (CIL II 4962), que procedería de Roma; la inscripción sepulcral de Antonia Lais (CIL II 1211), grabada en una urna de plomo, de Gades (Cádiz); así como otras inscripciones sobre instrumenta domestica: una grabada sobre un vaso cerámico, de la que se concluye que es un texto interpolado o falso, otra segunda sobre un lingote de plomo, que se dice en el inventario que procede de Cartagena, y, finalmente, «cinco losetas de mármol antiguas con inscripciones de Sepulcro» (Espada-Chamorro 2019: 78) sin más precisión. Para estas últimas este investigador propone su identificación con otras cinco inscripciones relacionadas con la Casa de Pilatos, recogidas en CILA Sevilla 25, 113, 114, 125 y 141. Ello es factible solo para tres de ellas, que corresponden a placas sepulcrales referidas por R. Caro: la nº 113, que Hübner vio en Sevilla (CIL II 1221), la nº 114, que había sido trasladada a Madrid, donde la documentó asimismo el epigrafista alemán (CIL II, 4982), y la nº 125, que ya Hübner no llegó a ver personalmente (CIL II 1242); pero no lo es para las otras dos, ya que la nº 25 es un pedestal de estatua, conservado aún en Sevilla, que mencionaremos más adelante, y la nº 141 es un altar sepulcral –de incorporación más reciente a la colección Medinaceli–, y que no se pueden lógicamente identificar como “losetas”. Por el contrario, debe incluirse la inscripción CILA Sevilla 115, que sí corresponde a una placa sepulcral referida por Caro en la Casa de Pilatos y que luego fue trasladada a Toledo, donde ya Hübner tampoco la vio (CIL II 1230). Quizás quedaran solo ya solo cuatro placas funerarias, porque en el inventario del embargo a la muerte del duque, del mismo año 1637, se refieren: «Quatro loças pequeñas de piedra de letreros antiguos» (Mallén 2017: 124). 3.1. Tres copias modernas de inscripciones de Tarraco (Tarragona) Piezas epigráficas singulares en la colección que se conserva actualmente en la Casa de Pilatos son tres inscripciones grabadas sobre placas de pizarra negra y que se exponen al público, junto a otros soportes epigráficos, así como piezas tardoantiguas y modernas, en una galería que abre hacia el llamado Jardín Chico (fig. 1). Su excepcionalidad radica en que se trata de tres copias modernas de inscripciones romanas de Tarraco (Tarragona), que fueron adquiridas por el III duque de Alcalá durante los años en que fue virrey de Cataluña. Aunque fue nombrado oficialmente el 25 de agosto de 1618, partió de Sevilla el 30 de julio de 1619 y retornó el verano de 1622. La situación general de España y particular de Cataluña no era especialmente favorable; hay que recordar que en 1618 había comenzado la que se llamará “Guerra de los 30 Años”, en la que España se vería involucrada, mientras que en 1621 acabó la “Tregua de los 12 años” contra los Países Bajos, acontecimientos que empeoraron la crisis económica, lo que repercutió además en el malestar en Cataluña. Aunque su estancia es anterior a las revueltas catalanas de los años siguientes, la situación era desfavorable para un gobierno virreinal sin enfrentamientos con los poderes locales (Elliot 1963: 127-155). Como bien indica Vicente Lleó: Le tocó a Alcalá gobernar el principado en circunstancias sumamente difíciles y, pese a su evidente buena voluntad, no tardó en enemistarse prácticamente con todos los estamentos catalanes… el único alivio que el Virrey pudo encontrar durante estos años fueron sus excursiones, como erudito y coleccionista, a viejas abadías y yacimientos arqueológicos (Lleó 2017: 155-156). En ese contexto adquirió el virrey para su colección sevillana las tres copias de las inscripciones, aunque no sabemos en qué circunstancias concretas. Ello quedó evidenciado ya en el inventario de 1637, donde se dice que estaban colocadas en el Camarín Grande –es decir, la estancia con el techo pintado por Pacheco donde se reunía la tertulia o academia–: «Tres piçarras con letreros antiguos que trujo el Duque mi sor de Tarragona» (Brown y Kagan 1987: 254, nº 140). Aunque no 266 SPAL 29.2 (2020): 259-279 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 https://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.26 JOSÉ BELTRÁN FORTES se recogen en el segundo inventario de 1637, sí vuelven a aparecer citadas de manera más prolija en otro inventario de 1751, que fue dado a conocer por vez primera por el arqueólogo francés Arthur Engel (1903), pero con una ubicación distinta, en un cuartico que sirve para piedras… está en la galería baja de la librería, haciendo frente a la habitación del jardinero… Tres piezas en tabla de pizarra la una de cuatro palmos y medio de alto y tres de ancho dedicadas á un tal Tempronio (sic), otra del mismo tamaño tambien con su inscripcion dedicada a un tal Valerio Propincuo y la otra de una vara de alto y tres cuartas de ancho con su inscripcion dedicada á Marco Calpurnio (Engel 1903: 267-268; cfr. Gestoso 1910: 263-164). En efecto, las tres inscripciones son copias de las grabadas en otros tantos pedestales romanos de Tarraco: 1) Epígrafe dedicado a Marco Calpurnio Lupo, flamen provincial, cuya copia –de 83,5 x 62 x 2 cm– dice (fig. 2): M · CALPVR · M · F / LVPO · FLAM. / P · H · C · EX CONVEN / CAESAR · ERCAVIC / OMNIBVS · HONORIB / IN · REPVBLICA · SVA / FUNCTO · PRAEFECTO / COHORTIS · PRIMAE · / BITVRIGVM / P · H · C. En este caso las diferencias con respecto a la lectura de E. Hübner (CIL II 4203) son: M · CALPurnio m. f. (l. 1ª), LVpo flam (l. 2ª), CONVENt (l. 3ª), OMNIB (l. 5ª) y BITVRIgVM (l. 9ª), que derivaba de la lectura de Antonio Agustín, con dibujo reproducido en CIL II2/14, 1125. Además, en este lugar se indica: «Exemplum novicium servatur Sevilla in Casa de Pilatos parieti adfixum, quod descripsi a. 1979 et iterum a. 1996», así como «exemplum novicium tacite suppletum (haud dubie inde scheda a Bosch saec. XIX facta, quae in Academia Berolinensi inter Figura 1. Restos arqueológicos y epigráficos en la galería junto al Jardín Chico. Casa de Pilatos, Sevilla. 267EL III DUQUE DE ALCALÁ Y SUS INTERESES EPIGRÁFICOS… SPAL 29.2 (2020): 259-279 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 https://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.26 schedas a L. Wickert collectas asservatur)». Las letras son capitales cuadradas de muy buena ejecución y cuidada ordinatio; puntos triangulares con vértice hacia abajo. Hay nexo de AE en PRIMAE (l. 8ª), y la G de la penúltima línea es grabada de manera incorrecta en la disposición del trazo vertical. Se aprecian perfectamente las líneas guía que se establecieron para la reproducción de la inscripción del original. 2) En la copia –de 95 x 62 x 2 cm– dedicada a Sempronia Placida dice la inscripción (fig. 3): SEMPRONIAE / FVSCI · F · PLACIDAE / POMPAELONENSI / FLAMINICAE · CON / SENSV · CONCILI / P · H · C / C · CORNELIVS · VALENS / MARITVS / S · P · F. En este caso la lectura es similar a CIL II 4246. La conservación del soporte es mala, habiendo saltado en muchos lugares la capa superficial de la pizarra. Está elaborada en letras capitales cuadradas de buena ejecución, realizadas con líneas guía. Hay nexo de AE en PLACIDAE (l. 2ª), de NE en POMPAELONENSI (L. 3ª), así como de EN en VALENS (l. 7ª). Tanto Hübner como Alföldy (CIL II2/14, 1184) hacen referencia a este exemplum novicium. El marido asimismo aparece citado en otra inscripción tarraconense, dedicada hacia el 173 d.C. (CIL II2/14, 1193). 3) Finalmente, la copia –de 95 x 62 x 2 cm– del pedestal dedicado a Valerio Propinquo dice (fig. 4): M · VALER · M · F / GAL · PROPINQVO / CRATTIO · CEREALI / EDETANO · FLAM · P · H · C / CVI · HONORES · CIVITATIS / SVAE · RES · P · AC [ / ]T · ADLECTO · IN / EQVITE · A · T · IMP · PRAEF / FABR · BIS · PRAEF · COHOR / SECVND · ASTVR · IN / GERM · TRIB · LEG · V · MAC / IN · MOESIA · PRAEF · Figura 2. Copia del siglo XVII de la inscripción tarraconense de M. Calpurnio Lupo (CIL II 4203); pizarra (dimensiones: 83,5 x 62 x 2 cm). Casa de Pilatos, Sevilla. Figura 3. Copia del siglo XVII de la inscripción tarraconense de Sempronia Placida (CIL II 4246); pizarra (dimensiones: 95 x 62 x 2 cm). Casa de Pilatos, Sevilla. 274 SPAL 29.2 (2020): 259-279 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 https://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.26 JOSÉ BELTRÁN FORTES renacentistas (Coppel 1993). Los bronces fueron trasladados en su mayor parte a Madrid, a las colecciones de los Medinaceli, y hoy se conservan algunos en el Museo Arqueológico Nacional; de esta colección Medinaceli reprodujo B. de Montfaucon (1722) siete lucernas de bronce, que dibujó en su monumental obra, de formas caprichosas y grotescas, y que, con excepción de una con el asa decorada con cabeza de grifo, datada entre los siglos IV-VII d.C. (Mora 2020: 103), son obras modernas, dos de ellas «catalogadas como falsificaciones renacentistas de un taller de Padua» (Mora 2020: 110); no sabemos con seguridad si correspondían a las de la colección del III duque de Alcalá, pero se tratan de lucernas apropiadas al gusto manierista de inicios del siglo XVII. Existían asimismo pinturas que hacían referencia a la Antigüedad, como las «dos piedras negras pintadas, una batalla y el rovo de Proçerpina» (Mallén 2017: 125, Brown y Kagan, 1987: 252, nº 42), o los «tres quadros de ruyna medianos de Roma» (Mallén 2017: 123). De carácter más singular es el «142. clavo de la Rotunda de Roma» (Brown y Kagan 1987: 254), que desapareció tras el traslado del duque a Nápoles, según se refiere en el inventario de piezas perdidas, de 1640: «Un clabo de bronce antiguo que abrá sido del techo de la rotunda de Roma que pesaria seis libras» (Mallén 2017: 128). Como indica V. Lleó: «Para realizar su baldaquino de San Pedro, iniciado en 1624, Bernini había arrancado el casetonado de bronce del pórtico del Panteón, lo que hace plausible que se vendieran como souvenirs sus clavos» (Lleó 1996: 825, nota 9); dejando aparte su autenticidad, la justificación de su presencia en la colección se vincularía a su estancia en Roma, cuando fue embajador ante el Vaticano, entre 1625 y 1626. Según ha destacado el propio Lleó (1996), José Maldonado y Saavedra ilustra la tradición, recogida por su sobrino, el ya referido cronista sevillano Diego Ortiz de Zúñiga (1636-1680), de que en la colección sevillana del duque se encontraba la urna que había contenido las cenizas de Trajano en Roma: Esta urna de alabastro con las cenizas del Emperador Trajano recogio un ciudadano de Roma el qual se la presentó a Don Pedro Afan de Ribera, el doctissimo Duque de Alcala en el año de 1630, siendo embaxador de Roma, el qual la enbio a Sevilla con otras antiguedades que enbio a ella a Don Juan de Arroyo, Alcaide de sus palacios, el qual la recibio y puso en la librería que en aquel palacio se conserva. Sucedió al año delante de [1]636, con la muerte del Duque de Alcala, haziendose almoneda de los bienes sueltos que en él havia, que una criada robó la urna y tiró las cenizas al jardín de la Casa de Pilatos, aunque se recuperó la pieza, que «al presente esta en la librería la dicha urna que es de alto de media vara, istriada por de fuera» (Ortiz 1796: III, 297, Lleó 1996: 825, lám. 1). V. Lleó ya indicó los evidentes errores, pues la embajada no correspondió al año 1630, ni el duque murió en 1636, así como si podría identificarse esa urna con «un baço de pórfido con unos grifos de plata por asas» (Mallén 2017: 125) que se encontraba en el Camarín Grande, aunque lo plantea con prudencia (Lleó 1996: 824-825). Por otro lado, opinaba que la descripción y el dibujo de la pieza recuerdan a otros ejemplos de escultura decorativa all’antica en la que se especializaban los talleres romanos… Solo cabe especular que, conocedor algún marchante romano de la procedencia sevillana del Duque de Alcalá, hubiese decidido ‘adornar’ la pieza con una fantástica vinculación con el optimus princeps, para hacerla así más atractiva (Lleó 1996: 825). Era, por tanto, un ejemplo más del coleccionismo manierista y erudito del duque, pues vinculaba a Trajano lógicamente con su lugar de nacimiento, Italica, tan cercana a Sevilla y a la que había cantado Rodrigo Caro en su Canción a las Ruinas de Italica. Finalmente, cabe referir otra pieza singular que asimismo se situaba en el Camarín Grande en la Casa de Pilatos: «91. un lienço grande q vino de rroma con gon grande dorada de un esponsaliçio y una tabla debajo con una iscripcion de lienzo» (Brown y Kagan 1987: 254), que también es descrita como «un lienço de los desposorios de los romanos» (Mallén 2017: 125). Es, por tanto, otra pieza traída desde Roma en el período de la embajada, que conocemos mejor porque a ella dedica F. Pacheco en su obra El arte de la Pintura un largo comentario (Pacheco 1649: 33): …una pintura nuevamente hallada en Roma, que solo bastava por ilustre exemplo de duracion. Cuya descripción me envio el Exelentiss. S. Duque de Alcala, que la hizo copiar cuando fue por Embaxador del Réi Filipo 4. a dar la obediencia a la Santidad de Vrbano otavo, que dize desta manera. [en el lateral derecho se dice: “Discurso del Duque”] La historia es un sponsalicio donde se ven los novios medio desnudos sentados sobre la cama o Toro genial, i sentado en tierra arrimado a ella, asiste el Genio de las bodas, coronado de flores. A la parte izquierda están los que ofrecen el incienso para el Sacrificio de aquella accion, ayudada 275EL III DUQUE DE ALCALÁ Y SUS INTERESES EPIGRÁFICOS… SPAL 29.2 (2020): 259-279 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 https://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.26 de unas Citaristrias. A la parte derecha están calentando el agua lustral para los pies de la esposa. La pintura es de colores al fresco en una pared. Hallosse en Roma siendo Pontifice Clemente VIII abriendo unos cimientos el Cardenal Aldobrandino en un jardin, o viña que tiene cerca del Palacio de Monte Cavallo. I sacando la pared entera, se acomodo en un corredor del mismo jardín donde oi esta, defendido por una puerta de madera. Cuyos colores, cuando se descubrió, estavan vivos como los que se pudieron poner. La copia desta pintura, que tendrá de ancho casi tres varas, i dos de alto, mandò hazer del Duque de Alcala, hallándose en Roma el año 1625. i la truxo a sus casas de Sevilla. No ai razón de cuando se pintó, pero supuesto que no es moderna no puede tener menos que mil, i trezientos años de antigüedad. Antes que las artes descaeciesen con el Imperio: que desde que se passò a Constantinopla, hasta que Micael Angel, i Rafael resucitaron la pintura, no se halla de aquel medio tiempo cosa que no sea abominable de pintura, i scultura. Se trata, pues, de un lienzo que copia la famosa pintura mural romana de Le Nozze Aldobrandini, elaborada al fresco; descubierta en 1601 en Roma, había sido adquirida por el cardenal Pietro Aldobrandini (Palma 2007: 81-82). Fue sacada y colocada en su villa suburbana de Magnanapoli, en el Quirinal, «en un corredor del mismo jardín donde oi esta, defendido por una puerta de madera», según decía el mismo duque de Alcalá en su carta a Pacheco. Restaurada en 1605-1609 por Federico Zuccari, actualmente se conserva en la Bibliotheca Apostolica Vaticana. El estudioso Cassiano dal Pozzo encargó en 1627 un grabado a Pietro da Cortona, como ejemplo de su impacto entre artistas, coleccionistas y anticuarios, pero la copia realizada por Alcalá para Sevilla es anterior, de 1625. Como indica Pacheco el lienzo medía tres varas de anchura y 2 varas de altura, es decir unos 1.6 m de altura x 2.4 m de anchura, acorde con las dimensiones originales de 1.20 x 2.60 m, por lo que sería una copia casi al tamaño natural; la mayor altura puede deberse a que –como se decía en uno de los inventarios– tenía debajo de la pintura una inscripción. Reproduce Pacheco la carta del mismo duque desde Italia, donde le hacía la descripción e interpretación de las escenas, con el tema de una boda. Es muy posible que Fernando Enríquez en su estancia romana, además de la adquisición de cuadros, hubiera dedicado buena parte del tiempo a ver ruinas romanas y colecciones, así como a tratar con anticuarios y estudiosos, lo que le llevó a la adquisición de estas piezas “curiosas”; asimismo, adquirió en Roma seguramente el decenpondium al que ya nos referimos. 4. CONCLUSIONES La deriva coleccionista del III duque de Alcalá va desde los intereses anticuarios al coleccionismo de pinturas, que corresponde a un proceso general para la nobleza española, acorde además con los gustos de la monarquía de los Austrias en España durante el siglo XVII (Morán y Checa 1985). En el caso concreto de Fernando Enríquez hay que vincularlo también a sus estancias en Italia, primero como embajador en Roma y luego como virrey en Nápoles y Sicilia, en lo que ha sido denominado como una distorsión del esquema manierista hacia un proyecto barroco, y en el que «la modernidad de la afición del III duque de Alcalá por la pintura no era una cuestión simplemente cuantitativa, como ocurre, por ejemplo, en el caso de los Medina Sidonia; sino, sobre todo, una inclinación perfectamente delimitada por un gusto estético específico» (Urquízar 2007: 128). Ello queda en evidencia en el repaso de los inventarios conservados, en los que se citan especialmente cuadros (Brown y Kagan 1987, Mallén 2017). Suponía un cambio importante con respecto a los intereses coleccionistas de su antecesor, su tío abuelo, el I duque de Alcalá, Per Afán de Ribera, que se centró en el coleccionismo de estatuas romanas, atesoradas en Italia durante su largo virreinato en Nápoles. Por el contrario, el interés por la Antigüedad y las antigüedades de Fernando Enríquez no se basa en las esculturas clásicas, sino –sobre todo, en un primer momento de su vida– en el cultivo de las artes y las letras, con la puesta en marcha de una importante tertulia o academia, la más importante sevillana de los primeros decenios del siglo XVII. Además, desarrolló un interés por la erudición y la anticuaria, vinculado a la figura de Rodrigo Caro; ello se plasma en su monetario, poco conocido, y en otras colecciones de piezas menores – bronces de pequeño tamaño–, así como en sus piezas epigráficas, su lapidario, corto en piezas, pero singulares muchas de ellas. A las ya tratadas (España-Chamorro 2019), se suman las analizadas ahora, en concreto, las tres copias de epígrafes obtenidas en Tarragona durante su estancia en Cataluña como virrey, así como los tres pedestales procedentes de Guadix, Utrera y Sevilla. Sobresale especialmente el fenómeno de las copias epigráficas, acorde con el espíritu coleccionista del duque, que también ordenó copiar a tamaño natural la pintura de Le Nozze Aldobrandini en Roma, así como el pedestal de 276 SPAL 29.2 (2020): 259-279 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 https://dx.doi.org/10.12795/spal.2020.i29.26 JOSÉ BELTRÁN FORTES Guadix, un regalo del III marqués de Estepa –otro noble andaluz culto y erudito–, por la singularidad que presentaban el epígrafe y los relieves de tema egipcio, al que el propio Fernando Enríquez dedicó un trabajo. Por tanto, a raíz del estudio de su lapidario se enriquece nuestra visión de este personaje en el terreno de la cultura española y andaluza de la primera mitad del siglo XVII, al que tradicionalmente se le recuerda por su gran biblioteca, pero que asimismo incorpora otros valores de erudición dignos de ser tenidos en cuenta. 5. AGRADECIMIENTOS Mi agradecimiento a la Fundación Ducal Medinaceli por las facilidades dadas para la realización del estudio y fotografías que van en este trabajo, y muy especialmente a D. Javier Barbasán, conservador de la colección arqueológica expuesta en la Casa de Pilatos. Este trabajo se hace en el marco de las actividades del Grupo de I+D “Historiografía y Patrimonio Andaluz” (HUM 402), del P.A.I., adscrito al Dpto. de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla 6. BIBLIOGRAFÍA Aguilar y Cano, A. (1897): El marqués del Aula. Los ingenios de las flores de poetas ilustres de España (Estudios bibliográficos). Sevilla, E. Rasco. Alvar Ezquerra, J. (2012): Los cultos egipcios en Hispania. Franche-Comté, Presses Universitaires. Alvar Ezquerra, J. (2016): “Agua fresca para Avita y joyas de inmortalidad para Isis (CIL II 3386)”. Dialogues d’Histoire Ancienne 42, 1: 201-218. Atencia Páez, R. 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