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La inmigración judía a Cuba y el impacto del antisemitismo europeo. El caso del St. Louis

Hernández Gómez de Molina, Adriana

Abstract

A pesar de la actitud tolerante de la sociedad cubana hacia los inmigrantes, el impacto de las campañas antisemitas orquestadas desde Europa se hizo sentir en la prensa cubana que reaccionó en contra de la inmigración judía. Esto influyó en la promulgación de restricciones migratorias que, en determinadas ocasiones, llevaron a negar la entrada de refugiados. El caso más representativo fue el del vapor St. Louis, que hubo de abandonar el puerto de la Habana en 1939 con 917 judíos a bordo.

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   50 LA INMIGRACIÓN JUDÍA A CUBA Y EL IMPACTO DEL ANTISEMITISMO EUROPEO. EL CASO DEL ST. LOUIS. JEWISH INMIGRATION TO CUBA AND THE IMPACT OF EUROPEAN ANTISEMITISM. THE CASE OF ST. LOUIS. MSc. Adriana Hernández Gómez de Molina. Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana. Resumen: A pesar de la actitud tolerante de la sociedad cubana hacia los inmigrantes, el impacto de las campañas antisemitas orquestadas desde Europa se hizo sentir en la prensa cubana que reaccionó en contra de la inmigración judía. Esto influyó en la promulgación de restricciones migratorias que, en determinadas ocasiones, llevaron a negar la entrada de refugiados. El caso más representativo fue el del vapor St. Louis, que hubo de abandonar el puerto de la Habana en 1939 con 917 judíos a bordo. Palabras claves: judíos, antisemitismo, inmigración. Abstract: Despite the tolerant attitude of Cuban society towards immigrants, the impact of anti-Semitic campaigns orchestrated from Europe was felt through the Cuban press, who responded against Jewish immigration. This influenced the enactment of immigration restrictions that repeatedly led to deny landing permission to Jewish refugees. The most representative case was the St. Louis vapor that had to leave the port of Havana in 1939 with 917 Jews on board. Key words: Jewish, anti-Semitism, immigration. Recibido: 02/10/2012 Evaluado: 08/04/2013    51 Introducción No es hasta el siglo XX que se puede hablar de una colonia judía sólidamente establecida en Cuba, cuando a partir de las dos primeras décadas del milenio el grueso de sus efectivos provino de la inmigración sefardí1 proveniente de África del Norte y la cuenca mediterránea, y posteriormente de los askenazis2, generalmente procedentes de Polonia, Lituania y Rusia, después de la Primera Guerra Mundial. Antecedentes de la presencia judía en Cuba La evolución de la comunidad judía cubana en el siglo XX, puede ser observada en diferentes “capas” a través del surgimiento de sus instituciones. Teniendo como antecedente el United Hebrew Congregation, fundado en 1906 por judíos norteamericanos residentes en la Isla, los sefarditas fundaron en 1916 la sociedad Chevet Ajim, en su mayoría de judíos orientales; en 1921, se estableció el Jewish Committe of Cuba, sociedad de protección a inmigrantes que en solo cinco años gastó cerca de medio millón de dólares en socorro3, y en 1924 el Centro Hebreo en Egido No 2, organización de carácter más bien social que religioso, germen del Centro Israelita de Cuba de los años 30 con sede en el elitista barrio habanero del Vedado. En octubre de 1924 se fundó también la Organización Sionista de Cuba, con un amplio programa cultural. Un factor importante para el aumento de los efectivos de la colonia judía cubana fue la ola de refugiados alemanes y austriacos, que sobre todo a partir de 1938, aportó alrededor de tres mil quinientas almas a la comunidad4.  1 Sefarditas: judíos orientales, provenientes del Medio Oriente, cuyo origen fundamental fue el núcleo judío de la península Ibérica. Los judíos españoles se consideraban descendientes de la flor y nata del judaísmo antiguo – la casa de Judádesterrados por Nabucodonosor en el siglo V a.n.e a la tierra del Seford (España). La expulsión de 1492 provocó una suerte de “segunda diáspora” por todo el Mediterráneo Oriental. (N.A.) 2 Askenazis: judíos europeos al norte del Mediterráneo, que hablan el yiddish, dialecto germanohebreo formado en la Edad Media; Alemania: Ashk´naz. Sánchez Porro, Reinaldo: “Tradición y Modernidad: los judíos en La Habana”. Cuadernos de Historia Contemporánea, no 18 (Universidad Compútense, Madrid, 1996). Pp. 4. 3 El dinero fue donado por organizaciones de beneficencia judías de Estados Unidos. Dato ofrecido por Eduardo Weinfeld, “Los judíos en Cuba (informaciones)”. Revista Bimestre Cubana, vol. XLV (La Habana, 1940), p. 446- 471. 4 Según Eduardo Weinfeld, a partir de 1938 con el Anschluss de Austria aproximadamente 3 500 hebreos llegaron a Cuba. El autor calcula una cifra de aproximadamente 15 000 judíos en Cuba a finales de los años 30, distribuidos en la siguiente proporción: ‐ Colonia askenazi residente en La Habana: 6 500 almas. ‐ Colonia sefardita residente en la Habana: 2000 almas. ‐ Refugiados alemanes y austriacos: 3 500 almas. ‐ Judíos (sefarditas y askenazis) residentes en el interior del país: 3000 almas. Ibídem, p. 446- 471.    52  La época de la llegada masiva: Cuba plataforma hacia EE.UU y radicación de la población La mayoría de los askenazis que arribaron a Cuba en la década del 20, lo hicieron porque encontraron serias dificultades para entrar a los Estados Unidos debido a las restricciones migratorias que en 1921 impuso ese país a la “empobrecida Europa”. Las compañías navieras europeas, a la caza de recursos, comenzaron a difundir la información de que las leyes de inmigración cubanas estaban permitiendo el desembarco y la permanencia en la Isla. Como las leyes norteamericanas no limitaban la inmigración procedente de América Latina, muchos judíos vieron en Cuba la vía más expedita hacia la Goldene Medine5. Hasta 1924, un año de residencia en la Isla bastaba para obtener el permiso de entrada definitiva a los Estados Unidos, por lo que alrededor de siete mil hebreos llegaron a Cuba entre 1921 y 1923 a través de los mecanismos normales de inmigración, cifra que se duplicó en 1924 cuando un total de 24 mil judíos (5 por ciento de la población judía norteamericana de la época), residió en Cuba, la mayoría en espera de una visa de entrada a los Estados Unidos6. Los recién llegados se establecieron generalmente en la Habana vieja, cerca del puerto, con la esperanza de una breve estadía. A pesar de la actitud cubana de “vivir y dejar vivir” mostrada para con los inmigrantes y la no discriminación general en la mezclada sociedad cubana, la experiencia inicial para muchos, ya fueran judíos, españoles o asiáticos fue ardua. Algunos traían solamente “lo puesto” y en varias ocasiones tuvieron que dormir en los bancos del Parque Central, tenían dificultades para encontrar trabajo, en el caso de los judíos, no conocían el idioma. Los que tenían parientes en los Estados Unidos que aportaban alguna ayuda, la pasaban un poco mejor, pero en sentido general soportaron duras privaciones y sufrieron la hostilidad de las autoridades consulares norteamericanas que veían en ellos una amenaza potencial de inmigración ilegal hacia su país, pues los más impacientes trataron de hallar sus propios medios para llegar. Así, en marzo de 1930, un vice cónsul norteamericano se quejó ante las autoridades cubanas de que alrededor de 1400 inmigrantes habían entrado a Estados Unidos a través de Cuba aprovechando las facilidades migratorias entre ambos países durante los años 20, y muchos de ellos, de forma ilegal7.  5 Goldene Medine: “País del oro”. Expresión utilizada por los judíos europeos para referirse a los Estados Unidos. (N.A.) 6Levine, Robert M: Tropical Diaspora. The Jewish experience in Cuba. EUA: University Press of Florida, 1993, pp. 98.  7 Los más desesperados se arriesgaron en viajes en lanchas de pescadores y fueron en muchas ocasiones víctimas de contrabandistas en tráfico humano que frecuentemente los abandonaban en cayos adyacentes o los devolvían a las mismas    53  Pero a partir de 1924, las leyes de inmigración de Estados Unidos lejos de flexibilizarse, se hicieron más estrictas; el Congreso aprobó nuevas restricciones lo cual cerró definitivamente la escapatoria de Cuba, y así muchos judíos que habían arribado con la esperanza de pasar rápidamente hacia los Estados Unidos se vieron obligados a hacer su “América en Cuba”, favorecidos por la bonanza económica de la postguerra (“danza de los millones”) y por el tradicional estigma social sobre el comercio y los negocios heredado de la vieja actitud española, sobre todo en las clases altas cubanas, que tendió a dejar estos esfuerzos en manos de determinados grupos de inmigrantes8. Así, su espíritu emprendedor y laboriosidad, bien pronto los condujeron al pequeño comercio y a la industria, llegando incluso a crearse posiciones económicas bien cimentadas. Hacia finales de los años 20, algunas fortunas hebreas comenzaron a hacerse notar. Así, Elías Entralgo en su sinopsis de las clases adineradas en Cuba incluyó entre los industriales a una mayoría de norteamericanos y “hebreos”, y entre los grandes comerciantes importadores y exportadores a españoles y “hebreos del oriente europeo” 9. Asimismo, otro segmento muy importante de la comunidad se destacó por su formación socialista y claramente marxista (mayormente los recién llegados de Europa del Este) los cuales tuvieron una incidencia significativa en la vida política cubana; en 1925, en el Congreso de Organizaciones Comunistas celebrado en La Habana, figuraba una Asociación Comunista Hebrea. La sociedad receptora: su actitud desde las distintas posiciones Eduardo Weinfeld en su artículo: Los judíos en Cuba, publicado en la Revista Bimestre Cubana, afirma que “el aporte de energías judías a la economía cubana ha sido prodigioso, (…)”10 y hace referencia al informe publicado por la Caja de Maternidad de La Habana en 1938, donde se relacionan las contribuciones de hechas por las empresas judías a esa institución por un monto de 1 773 202 pesos.  costas cubanas, después de cobrarle el precio de la travesía. Robert M Levine, Tropical Diaspora. The Jewish experience in Cuba. EUA: University Press of Florida, 1993, pp. 98. 8 En 1936, el profesor de la Universidad de la Habana Pablo Levin, expresaba: “… existe un divorcio entre la educación en Cuba y las necesidades económicas y sociales del país”. Diario La Discusión, La Habana, jueves 30 de julio de 1936. Año XLVII – no 179, p. 3. Con los negocios más grandes controlados, o al menos fuertemente influidos por corporaciones norteamericanas y las empresas más pequeñas generalmente en manos de grupos de inmigrantes, numerosos cubanos se volvieron hacia las carreras profesionales: medicina y derecho se volvieron las más populares. (N. A). 9 Citado por Reinaldo Sánchez Porro, “Tradición y Modernidad: los judíos en La Habana”. Cuadernos de Historia Contemporánea, no 18 (Universidad Compútense, Madrid, 1996), p. 180. 10 Weinfeld, op. cit., vol. XLV, p. 446- 471.    54  Asimismo, refiere datos estadísticos sobre el capital de ciento treinta y siete empresas judías radicadas en La Habana, recopiladas por la Asociación de Contribuyentes11. “...Como dato de interés – agrega Weinfeld - no hay judíos prácticamente en las siguientes ramas en Cuba: usura, casas de préstamo y cambio de moneda, bancos, cabarets, bares, agencias de billetes de lotería, transportes, farmacias, profesiones, empleados públicos y librerías (…)”- lo cual no deja de ser una peculiaridad de Cuba, sobre todo en lo referido a la banca y el préstamo -, “… puede decirse en cambio – continua el autor - que la fabricación de tejidos, calzado, ropa hecha y otros artículos que actualmente son “judíos”, no habían existido en Cuba antes de la inmigración judía” 12. Otra apreciación de la misma realidad, pero ahora en sentido negativo, nos llega de otra fuente de la época: el diario La Discusión, célebre por sus campañas antisemitas, cuando la actitud encontrada y hasta hostil de algunos hacia la presencia judía en la Isla se hizo claramente visible a partir de la década del 30: … Es cierto que el judío no se convierte en pordiosero, ni la judía en prostituta, pero no lo hacen porque saben mirar donde nosotros no miramos,… saben el valor del ahorro, del sistema de cooperación… ¡y le tememos a eso! (…)” “… y nuestros inmigrantes españoles aún esperan recoger onzas de oro por las calles, ganarse el premio gordo de la lotería, o conseguir una “botella” con algún amigo representante13. Los eventos que comenzaron a sucederse en Europa por el ascenso del fascismo, acelerados por la guerra civil española, colorearon de forma abrupta la forma en que los judíos comenzaron a ser vistos por sus compatriotas cubanos. La propaganda antisemita en contra de la inmigración judía formó parte de un maquiavélico plan llevado a cabo por el Ministerio de Propaganda nazi y su cabecilla el Dr. Goebbels. A la vez que los judíos eran compulsados a abandonar Alemania (hasta 1941), un gigantesco sistema de propaganda anti judía era desplegado en todo el mundo, valiéndose de las colectividades alemanas residentes en los posibles países receptores. Aunque vale la aclaración de Fernando Ortiz, quien expresó que en Cuba jamás hubo manifestaciones de antisemitismo al estilo europeo, el nuevo emblema alemán con su negra swástica, fue ondeado no solo en algunas oficinas y negocios alemanes, sino también por unos pocos simpatizantes cubanos; el propagandista local más importante fue Juan Prohías, fundador del Partido Nazi Cubano, quien a cambio de grandes sumas de dinero difundió ideología nazi por la radio y la prensa. Existieron  11 Ibídem, p. 446- 471. 12 Ibídem, p. 446- 471. 13 Tomás Juliá, “Charla interesante”. Diario La Discusión, La Habana, martes 10 de mayo de 1938. Año XLIX – no 106, p. 1.    55  vínculos entre el Reich hitleriano y agentes cubanos y uno de los principales líderes de la Abwehr (Servicio de Inteligencia Militar Alemán) Walter Wilhelm Canaries, reclutó una red de espías cubanos entre los que se encontraba Enrique Augusto Lunín, hombre de negocios quien proporcionó a Alemania información acerca de los movimientos de la marina mercante cubana bajo la mirada permisiva de los servicios de inteligencia norteamericanos. Paralelamente, y sin precedentes en la historia de Cuba, un asalto de propaganda antisemita fue lanzado por los medios de difusión, dirigido fundamentalmente por los portavoces de los intereses más conservadores de los comerciantes españoles pro falangistas residentes en la Isla, entre quienes los alemanes encontraron el mayor apoyo para su campaña. Estos intereses operaban a través de tres canales fundamentales: las asociaciones de comerciantes cubanoespañoles, los elitistas colegios católicos (fundamentalmente el colegio de Belén), y la prensa dominada por estos sectores. Sus principales actividades estaban encaminadas a publicar propaganda nazi, mantener el contacto con agentes de la Abwehrs y oficiales consulares españoles, tanto en la Habana como en las provincias, y sobre todo, tratar de detener la inmigración judía, a través de connotadas campañas de prensa de “cubanización” con claros visos antisemitas. Aunque algunos refugiados españoles y los republicanos simpatizantes de la Isla trataron de oponerse a esta propaganda logrando crear algunas tensiones dentro de la comunidad española-cubana14, sus esfuerzos sucumbieron ante los recursos y la influencia de los pro falangistas. Asimismo, fracasaron los intentos comunitarios judíos por detener estas manifestaciones cuando al Centro Israelita – que tomó la iniciativa a falta de una organización identitaria con este propósito - le fue negado el apoyo de los prósperos judíos asimilados del United Hebrew Congragation (UHC) que no veía en sus líderes más que a comunistas y sindicalistas venidos Europa del Este15. Así, el periódico Diario de la Marina, propiedad del Dr. José Ignacio Rivero (“Pepinillo”) – de la élite cubano –española católica y conservadora - y otros tres periódicos muy relacionados con él: La Discusión, de Tomás Juliá; Alerta, de Jorge Fernández de Castro; y la publicación Sí, así como algunos programas de radio del mismo corte, centraron sus ataques contra la inmigración judía, a través de una  14 Así, reiterados llamados del Círculo Español Socialista en contra del fascismo español y sus representantes en Cuba, eran emitidos a través de sus boletines en el año 1936. Boletín Círculo Español Socialista, no 1 y 7, Cuba, 1936. Archivo Nacional de Cuba, Fondo Especial, legajo 4, número de orden nuevo 176. 15 Este aspecto es valorado por Eduardo Weinfeld de la siguiente manera: “La vida social y cultural de la colectividad judía está en un nivel bajo, en comparación con otras comunidades de América Latina. Hay sociedades de todo género dentro – sociales, culturales, religiosas, benéficaspero ninguna de ellas es representativa del judaísmo habanero…con marcados antagonismos políticos, sin prestigio y prácticamente sin miembros activos fuera de sus comisiones directivas, la vida social judía en La Habana tiene un aspecto caótico”. Weinfeld, op. cit , vol .XLV, p. 446- 471.    56  campaña de “cubanización”, que pretendía “defender los intereses nativos” ante la “entrada de elementos indeseables”, refiriéndose a los judíos refugiados como “basura humana”16. Aunque el Diario de la Marina difundió propaganda nazi, y en cada una de sus páginas resaltaban sus concepciones pro fascistas17, no se caracterizó por una propaganda antisemita explícita, pero un periódico popular de un centavo, impreso en sus talleres (La Discusión), perseguía exclusivamente este fin. La Discusión, que se adjudicó un cintillo que rezaba: el diario cubano para el pueblo cubano, publicó en la célebre Nota del Día del 28 de enero de 1937- haciendo “honor” a la cubanía de la efemérides18- un artículo en protesta por la apertura de una sucursal de los Ten cents en La Habana, que le valió la acusación de antisemitismo ante el Tribunal Supremo19. Después de lamentar la utilización de la emblemática esquina de Galiano y San Rafael “donde en otros tiempos brilló… la “Casa Grande…” fundada por “aquel españolazo cubanizado don Faustino Aragonés” para el emplazamiento de la “entidad yanquijudía” 20, el artículo expresa: Los judíos se organizan en todas partes con su férrea característica de raza maldita, que devuelve fríamente a la humanidad toda la repulsión que ésta siente por ellos, porque… tiene que vivir bajo su yugo y dejarse explotar… porque los gobiernos no tienen tiempo de dictar medidas contra ese mal básico de todos los pueblos. Y más adelante: “… el comercio judío, con muy buen acierto ha sido desplazado de Alemania, y en todas las naciones que saben cuál es su misión conveniente para su engrandecimiento”21. Resulta interesante el debate que se originó en torno a esta acusación que apareció el 4 de febrero en la primera plana del diario; aunque no sabemos su desenlace final, parece ser que “todo quedó ahí”, a  16 Citado por Levine, op. cit., p. 94. 17 El Diario de la Marina publicaba una crónica del periodista Manuel Aznar a favor del “espacio vital” alemán: “Setenta millones de germanos fuertes y robustos se encuentran como aprisionados en el ámbito de su territorio nacional… necesitando todo lo que la tradicional laboriosidad del pueblo germano es capaz de producir”. Diario de la Marina, La Habana, martes 1ro de febrero de 1938, Primera Plana, Año CVI- no 62, p.1. 18 Se conmemora el natalicio de José Martí, apóstol de Cuba. 19 El 4 de febrero de 1937, apareció el siguiente titular en la primera plana del diario: “Acusan ante el Supremo a La Discusión por su vigorosa campaña de cubanización”. Y se explica más adelante: “Con motivo de la Nota del Día publicada por el periódico La Discusión en su edición del 28 de enero de 1937, el Sr. Secretario de Gobernación ha acusado al periódico de “campañas tendenciosas que perjudican el prestigio y el crédito de Cuba”. En el mencionado artículo, su director Tomás Juliá trata a los judíos de “mercaderes echados del templo”. Diario La Discusión, La Habana, jueves 4 de febrero de 1937, Nota del Día, Año XLVIII- no 28, p. 3. 20 “Los llamados Ten cent y los polacos que han podido arraigarse profundamente en Cuba, han aniquilado el buen comercio cubano – español, que por rigor de los impuestos no podrá subsistir dentro de corto plazo”. Diario La Discusión, La Habana, jueves 28 de enero de 1937, Nota del Día, Año XLVIII- no 21, p. 3. 21Ibídem, p. 3.    57  partir de los elementos que aporta un artículo aparecido en la sección Puntos de Vista del mismo diario, un años más tarde donde Tomás Juliá trató de edulcorar las posiciones anteriores al decir: … respecto a la instalación de familias judías en Cuba… dejamos claro que nos condolemos ante el espectáculo inenarrable de familias arrancados de sus tierras nativas, despojadas de su riqueza y convertidas en parias, por el solo pecado de tener ascendencia judía… “y es que han estimado erróneamente nuestras argumentaciones (…) no hemos desconocido las capacidades del hebreo (…), sino que, ante el anuncio de su establecimiento en Cuba, ¡hemos temido a las incapacidades cubanas! … falta de preparación, carencia de iniciativa, adormecimiento de todas las virtudes… que nos hacen material fácil para ser destruidos por cualquier absorción…,”pero dirigir hacia Cuba la emigración de un millón de hebreos, ¿no significaría el aplastamiento de nuestras características raciales en un lapso de pocos años?22. Otros periódicos de corte más liberal, que en general eran enemigos del nazi fascismo, también se opusieron eventualmente a la entrada de los inmigrantes. El diario El País publicó en 1937 en artículo en contra de la inmigración que fue ampliamente elogiado por Tomás Julia. En su habitual sección Puntos de Vista el director de La Discusión expresó a propósito del mencionado artículo: En un trabajo de sólida argumentación sobre el problema de los antillanos, a quienes muy justamente el gobierno ha ordenado repatriar,…. nuestros colegas de El País, muy justamente también, claman porque de igual modo se ordene la repatriación de polacos, judíos y chinos que llegan a nuestro país con el mismo imperativo de desplazamiento….” Y... - agrega Juliá – estamos de acuerdo con el colega, pero esas medidas deben ser aplicadas con más rapidez a aquellos elementos que son más perjudiciales e indeseables que otros; el antillano, por lo menos curvó su cuerpo cortando caña bajo el sol, pero el “polaco” y sus similares, procuran las ocupaciones sedentarias para hacerse ricos, mientras que las obreras cubanas se tuberculizan en sus talleres 23. El antisemitismo, prácticamente inexistente hasta entonces en la historia de Cuba, comenzaba a ser una parte conspicua de la vida diaria. José Ignacio Rivero, uno de sus máximos promotores, acusó al diario bisemanal judío Havaner Lebn de diseminar material con “puntos de vista anticubanos”. Sender Kaplan, el editor del periódico, fue arrestado en marzo de 1936, bajo los cargos de que en los talleres del diario se había impreso copias de propaganda clandestina con “puntos de vista de la izquierda extranjerizante”24. Realmente, las copias clandestinas habían sido hechas sin el consentimiento de Kaplan, por un aprendiz cubano a quien se le había pagado secretamente para que hiciera el trabajo.  22 Tomás Juliá “Charla interesante”. Diario La Discusión, La Habana, martes 10 de mayo de 1938, Nota del Día, Año XLIX- no 106, p. 1. 23 Tomás Juliá: “Cubanicemos”. Diario La Discusión, La Habana, miércoles 28 de abril de 1937, Puntos de Vista, Año XLVIII- no 98, p. 1. 24 Levine, op. cit., p. 124.    58 de 1936.  Kaplan fue sometido a un severo interrogatorio durante cuatro semanas, hasta ser declarado inocente por un tribunal del Capitolio, en julio El United Hebrew Congregation envió un representante a reunirse privadamente con el coronel Batista - jefe del Ejército y el poder detrás del trono – para detener las manifestaciones antisemitas, pero los ataques lejos de disminuir, continuaron de manera sostenida en la medida que aumentaba la inmigración, provenientes en su mayoría de los miles de simpatizantes del nazifascismo y pro falangistas, de los que el periódico neoyorkino Herald Tribune estimaba que en 1936 habían en Cuba alrededor de cinco mil. 25 Agrupados fundamentalmente en organizaciones como Falange Cubana, fundada en 1936, y el Partido Nazi Cubano y el Nacional Fascista, legalizados el 20 de octubre de 1938, esta suerte de frente nacional pro fascista, aunque minoritario, incrementó su insolente comportamiento en público ese año, cuando hizo un llamado a boicotear negocios judíos e incitó a la opinión pública contra la “amenaza judía", a partir de una serie de misas llevadas a cabo en las afueras de la catedral habanera. El partido Falange Cubana activó su trabajo cerca de los agentes nazis, distribuyendo considerable material antisemita importado de España e influyendo en los grupos de negocios que temían que los recién llegados pudieran desplazar a los trabajadores nativos y contribuir a la depresión económica, mientras que el Diario de la Marina publicaba diariamente en su sección de Rotograbados fotografías de apuestos hombres y elegantes mujeres haciendo el saludo nazi. El responsable de financiar la campaña antisemita era Louis Classing26, director de la compañía naviera Hapag-Hamburg Amerika Linie en La Habana, que obtenía pingües ganancias de su asociación con Manuel Benítez, director General de Inmigración, en la venta de los permisos de entrada a los judíos europeos. La vertiginosa sucesión de los eventos en Europa a partir de 1937 y la necesidad imperiosa de buscar un destino para los refugiados que huían del horror nazi hizo que la mayor organización de ayuda a refugiados judíos, con sede en Nueva York, redoblara sus esfuerzos por tratar de insertar a Cuba en su plan de reasentamiento. A iniciativas del American Jewish Joint Distribution Comittee, ese mismo año se abrió una sede local en la Habana - el Comité Judío de Refugiados (JRC)- cuyo objetivo era atender las  25 Ibídem, p. 198. 26Ver Bejarano, Margalit, “La historia del buque St. Louis; la perspectiva cubana”, enviado por Félix J. Hernández, París (en línea). www.cubaenelmundo.com/Articulos/barcosanluis.htm , consultado 1 de julio de 2012.