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Sevilla en el Finisterre Novohispano: memorias y nostalgias

Romero de Solís, José Miguel

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155 Excmos. Señoras y Señores Académicos, Señoras y Señores, Amigos todos: Cuando recibí a fines de noviembre pasado de 2011, la gratísima noticia de mi designación como miembro correspondiente de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, envié un mensaje de agradecimiento a la Excma. Sra. Doña Enriqueta Vila Vilar, nuestra Directora; le escribía: “De pronto, a pesar de vivir tan lejos, tan distante, tan ajeno al quehacer sevillano de cada día, recibo esta noticia, esta honrosa distinción que, sin duda, me afirma en mis raíces y talante sevillanos.”1 Ahora, al estar aquí con vosotros, ante todo, expreso mi gratitud a la generosidad de los excelentísimos académicos que apoyaron mi candidatura a este nombramiento, a saber, la propia directora, don Jacobo Cortines Torres y los grandes americanistas y amplios conocedores de la historia virreinal de México don Alfredo Jiménez Núñez y don Ramón María Serrera. El Dr. Serrera, experto y cercano estudioso del occidente de México, 1. Mensaje a la Excma. Sra. Doña Enriqueta Vila Vilar, Directora de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras (Colima, 29 de noviembre, 2011). SEVILLA EN EL FINISTERRE NOVOHISPANO: MEMORIAS Y NOSTALGIAS Por JOSÉ MIGUEL ROMERO DE SOLÍS 156 además, me ha honrado con tan elogiosa presentación a la que espero no demeritar con mi discurso. En éste pretendo enlazar mi historia personal —la de un sevillano que salió de su tierra y de España en 1963, hace casi 50 años—, con las de otros coterráneos que vivieron en México a raíz de la conquista que hiciera Hernán Cortés y que dieron sentido e identidad a comarcas del occidente de México, en especial Colima, fundada en 1523. De este modo, quizá, adquiera un mayor valor simbólico la recepción que vosotros me hacéis en esta Real Academia, atreviéndome a ver en ello no un homenaje a mi persona y trayectoria sino un reconocimiento cálido y honroso para nuestros paisanos de todos los tiempos —la Sevilla de la diáspora— quienes dejaron en alto el nombre entrañable de Sevilla. * * * Llegué a Colima (México) el 4 de febrero de 1968. En 1968, el trayecto en autobús entre México y Guadalajara duraba unas doce horas, y de Guadalajara a Colima cinco horas más. En 1593, por el contrario, los tiempos eran más dilatados. Así, el vecino de Colima Pedro Ruiz de Padilla aseguraba: “las mulas que van desta Villa cargadas a la Ciudad de México […], van en diez y ocho días”.2 Mantengo viva la sensación de que cada pueblo que atravesaba según me alejaba de Guadalajara, metrópoli del occidente mexicano, cada población —digo— se mostraba más pobre y deprimente. Sentí por dentro una agobiante tristeza y temor. El sevillano Jerónimo López, conquistador y fundador de Colima, lastimado por los tiempos, pronto se cansó y buscó su solaz en la ciudad de México. En 1531 escribía acerca de estos caminos: 2. Demanda que hace Pedro Ruiz de Padilla al bachiller Juan Rodríguez Santiago por el alquiler de unas bestias mulares y un macho (26 de julio, 1593), en: José Miguel Romero de Solís, Archivo de la Villa de Colima de la Nueva España. Siglo XVI. Colima, 1995-2004, regº 495 [en adelante, AHMC]. Para facilitar la lectura, modernizo la trascripción de los textos. JoSé miGuel RomeRo de SolíS156 157 “Este testigo ha andado por muchas partes desta tierra e que […] está de paz hasta la Villa de Colima […], pero desde el camino arriba […] está todo de guerra […y] a este testigo le faltó un criado que le mataron en el dicho camino”.3 Con los años, mis sensaciones cambiaron: ahora, al viajar, según se acerca Colima, el gozo revive y, al vislumbrar la ciudad, la serenidad y el gusto de la llegada me alcanzan. Es la querencia. En cambio, cada vez que salgo de Sevilla rumbo a México, la partida duele, siempre me duele. La entrada a la ciudad de Colima fue a las tres de la tarde, bajo un sol de plomo y un pegajoso calor debido a la mucha humedad del ambiente. La ciudad se revelaba apenas porque tenía muchísimos árboles y la mayoría de las casas eran de una sola planta. Era un paisaje urbano en el que dominaba el verde. Aquella belleza, empero, se abría a un interrogante: ¿por qué los buitres —zopilotes, les decimos— planeaban sobre la ciudad? Aquella imagen siempre la tengo presente. El corazón se me encogió y me pregunté en aquel momento, cuánto tiempo resistiría en Colima y en México.4 Cuando ese día 4 de febrero concluyó y, por fin, me encontré sólo en mi habitación, se me saltaron las lágrimas y lloré por algunos minutos muy conmovido. Me sentí en el fin del mundo, lejos de los míos, lejos de Sevilla, perdido en la enorme geografía de México con sus dos millones de kilómetros cuadrados, sin conocer a nadie. Tremenda soledad, como la del vecino de Colima Juan de Iniesta, al que la Relación de Ameca de 1579 señala por su “primer conquistador y descubridor”, quien “bajó por unas serranías altas” y llegó al pueblo “a pie y 3. Información hecha por el licenciado Juan de Salmerón, oidor de la Audiencia de México, para averiguar las provincias y pueblos que estaban de guerra en Nueva España o que no estaban reducidos al real servicio, y si sería provechoso que se pacificasen (México, 27 febrero, 1531), en: Francisco del Paso y Troncoso, Epistolario de la Nueva España (1505-1818). México, 1939-1943, II, 19. 4. En un bello encuentro con el poeta Jorge Vega, relaté esta llegada y otros momentos de mi vida: Jorge Vega, “El mítico tío de América: entrevista con José Miguel Romero de Solís”, en: Ventana interior (julio-agosto, 2002), 33-36. SEVILLA EN EL FINISTERRE NOVOHISPANO 157 158 descalzo, con sola su espada en la mano”,5 como un espantapájaros ambulante. Según pasó el tiempo, me encariñé con la familia que me había acogido desde el primer día: don Pepe Bazán y doña Lucía Levy, ambos ya fallecidos. A través de ellos creció mi amor y respeto por Colima y por México. * * * Esta experiencia del amor y del encariñamiento aparece con frecuencia en aquellos sevillanos que pisaron Colima en el siglo XVI. Recordemos algunos: Juan de Almesto, hijo de leoneses, viajó a Nueva España poco después de la toma de México–Tenochtitlan. Eran los años recios de las conquistas y muy pronto se involucró en ellas. En 1522 participó en la conquista de Michoacán sobre los tarascos; después, bordeando la costa de la Mar del Sur, ocupó los pueblos de Motín y llegó a Colima como conquistador y fundador de la Villa. Luego, participó en la expedición exploradora de Francisco Cortés y en la gravísima rebelión del Mixtón, en tierras hoy jaliscienses, que se cobró la vida del adelantado Pedro de Alvarado. En esos años se avecindó en la Purificación, villa que con otros vecinos fundara y desde la que reprimió “ciertos pueblos y un cacique alzados […] y los prendió y ahorcó, luego estuvo todo pacífico”.6 Almesto casó con doña Leonor Suárez de Figueroa, hija natural del sevillano Juan Suárez de Figueroa, de noble prosapia, y de la murciana Francisca de Zambrana, quien ya había tenido otra hija en su ciudad natal. Juan Suárez de Figueroa viajó a México junto con fray Juan de Zumárraga, su primer obispo, quien le ordenó sacerdote y proveyó con plaza de canónigo en la incipiente catedral de México. Tras él viajaron la Zambrana y sus dos hijas. Imposibilitada de hacer vida con el canónigo, 5. René Acuña (Ed.), Relaciones geográficas del siglo XVI: Nueva Galicia. México, 1988, 29. 6. Francisco A. Icaza, Diccionario autobiográfico de conquistadores y pobladores de Nueva España, sacado de los textos originales. Guadalajara, 1969 (Biblioteca de Facsímiles Mexicanos), regº 1161. JoSé miGuel RomeRo de SolíS158 159 El académico correspondiente don José Miguel Romero de Solís (en el centro, junto a la directora de la Academia, doña Enriqueta Vila Vilar) rodeado de los miembros de la Corporación que asistieron al acto de la lectura de su disertación. la murciana casó con Alonso Giraldo, quien murió de hambre;7 entonces, la viuda se vino con sus hijas a residir en los Pueblos de Ávalos, muy cerca de Colima. Ahí las conocería Almesto.8 Almesto tuvo por hijos legítimos con doña Leonor a Jerónimo de Almesto y Aldonza de Castro.9 Hija natural suya fue la mestiza Leonor de Almesto —le puso el nombre de su esposa— quien casaría con Bartolomé Sánchez, un segoviano avecindado en Colima.10 7. Icaza (1969), regº 641. 8. Rubén Villaseñor Bordes, Autlán. Guadalajara, 1988, 125-126. 9. Antonio Rodríguez, esposo de Elvira Domínguez, reclama los bienes de su mujer, que estaban bajo la tutela de Juan de Iniesta, difunto (12 de octubre, 1591): AHMC 288; Felipe Sevilla del Río, Provança de la Villa de Colima en su defensa ante un mandamiento de la Real Audiencia de México, que ordenaba la tala total de los palmares colimenses: año de 1612. México, 1977, 128-129. 10. Icaza (1969), regº 345; además, Suma de visitas, regº 379; Jesús Amaya Topete, Bioteca de Occidente. México, 1951, 18. SEVILLA EN EL FINISTERRE NOVOHISPANO 159 160 Sevillanos fueron Rodrigo Alonso,11 Andrés de Écija,12 Diego de Escobedo,13 Benito Gallego14 —cuya viuda volvió a casar con otro vecino de Colima y sevillano, Diego de Velasco, uno de los primeros pobladores de la región que comenzaron a beneficiar cacao,15 cultivo que se convirtió en el más importante de la región durante todo el siglo XVI—. Fueron sevillanos, asimismo, el zapatero Pedro Gómez, originario de Guadalcanal,16 y el Licenciado Angulo quien, al pedir mercedes, argumentó lo siguiente: “que es casado y tiene seis hijos, los tres legítimos y tres naturales, y su mujer preñada, y tres doncellas huérfanas para casar, y que irá por su mujer y la traerá a esta ciudad para residir en ella por que hay falta de médicos”.17 También Cristóbal de Maeda, hombre de armas en Italia, y sus hijos Juan y Telmo:18 los tres embarcaron con Cortés para California, en 1535-1537. Con ellos combatió Martín de la Mezquita,19 soldado de muchas agallas. También varios paisanos apellidados Vargas: Alonso, “hijodalgo notorio, y que 11. José Miguel Romero de Solís, Andariegos y pobladores: Nueva España y Nueva Galicia. Siglo XVI. Zamora, 2001, 37-38, Arts. “Alonso, Rodrigo”. 12. Peter Boyd–Bowman, Índice geobiográfico de más de 56 mil pobladores de la América hispánica: I. 1493-1519. México, 1985, regº 3047; Robert Theron Himmerich y Valencia, The Encomenderos of New Spain, 1521-1555. Austin, 1991, 153. 13. Icaza (1969), regº 843. 14. Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 159, art. “Gallego, Benito”. 15. Icaza (1969), regº 485; Suma de visitas, regº 50; “Relación sumaria de la visita que hizo en Nueva España el Licenciado Lebrón de Quiñones a doscientos pueblos”, en: José Antonio Calderón Quijano (Dir.), Documentos para la Historia del Estado de Colima, siglos XVI-XIX. México, 1979, 49, 50, 63 [hay nueva edición bajo el cuidado de Ernesto Terríquez Sámano: Colima, 2006]; fue regidor, alcalde ordinario y teniente de alcalde mayor: Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 589-590, art. “Velasco, Diego”. 16. Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 173-174, art. “Gómez, Pedro”. 17. Icaza (1969), regº 551. Más datos y conjeturas, en: Thomas Hillerkuss, Diccionario biográfico del occidente novohispano: siglo XVI. Zacatecas, 1997-2006, I, 89, art. “Angulo, Maximiliano”. 18. Icaza (1969), regº 265 y 452. 19. Icaza (1969), regº 94. JoSé miGuel RomeRo de SolíS160 161 tiene ejecutoria”,20 su hermano Francisco,21 Pedro,22 y Pablo, originario “de la Villa de Estepa, que es en el Maestrazgo de Santiago”.23 * * * Ha pasado el tiempo —44 años exactos—: llegué a Colima con 26 años y, ahora, cuento con 70. Como quien dice, ¡toda una vida!, y sigo viviendo en Colima, queriendo a esta ciudad y sus gentes —poco menos de 150.000 habitantes según el censo de 2010—, compartiendo el protagonismo de su quehacer cotidiano, los terremotos y los ciclones, siempre bien acompañado y sintiéndome amado. Aunque comienzan a olvidárseme las cosas, no me sucede aún lo que le ocurría al sevillano Juan Fernández “El Viejo”, personaje de gran interés y protagonista de muchos momentos significativos de Colima en el siglo XVI. En 1580, según su primogénito, vivía “en lo último de sus días ya desacordado”.24 a esas fechas, el anciano conquistador había perdido la memoria, no sabía —como sigue sin saberse en Colima— que en el sitio de México–Tenochtitlan, es decir 60 años antes, había realizado la proeza de capturar a Cuauhtémoc, sucesor del emperador Moctezuma, y fue “el primero que le echó mano en una canoa”.25 Cuñado suyo lo fue Juan Ruiz quien, con su esposa Isabel Ruiz “La Vieja”, de larga vida, e hijos —todos de Sevilla— 20. Icaza (1969), regº 644; más datos: Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 572, art. “Vargas, Alonso”. 21. Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 573, art. “Vargas, Francisco”. 22. Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 574-575, art. “Vargas, Pedro“. 23. Icaza (1969), regº 272. 24. Francisca de Saldaña, viuda de Juan Fernández El Viejo, pide se le dé posesión de una esclava mulata que le dejó en herencia su hijo Diego Fernández de Saldaña (4 de julio, 1580): AHMC 842; Juan Fernández de Ocampo pide que sus hermanas y cuñados acepten o repudien la herencia de su padre, Juan Fernández El Viejo (6 de abril, 1580): AHMC 845. 25. Icaza (1969), regº 72; Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 148- 149, art. “Fernández El Viejo, Juan”; además, del mismo autor, “Conquistador, cura y encomendera: tres sevillanos en Colima de la Nueva España”, en: Celina G. Becerra Jiménez y Rafael Diego–Fernández Sotelo (Coords.), Convergencias y divergencias. México y Andalucía: siglos XVI-XIX. Guadalajara, 2007, 169-178. SEVILLA EN EL FINISTERRE NOVOHISPANO 161 162 pasaron a México en 1539.26 Avecindado en Colima aquí creció la familia: hijas suyas fueron Ana, Beatriz, Catalina, Isabel, Leonor y María Ruiz; hijos varones: Juan y Pedro Ruiz de Ribera, el Padre Diego Ruiz, el agustino fray Antonio de Ribera y Martín Ruiz, de quien decía su madre: “al cual especialmente yo he tenido y tengo muncho amor.27 Algunos sevillanos vivieron pronto la frustración y abandonaron esta tierra. Otros, en cambio, echaron en Colima raíces. Entre los vecinos de las primeras décadas se cuenta Diego de la Peña, quien a mediados del siglo XVI, se le declaraba “ido”. 28 Figuró entre los vecinos de Colima que, en 1532, pidieron a la Au diencia de México mercedes por haberse muerto los esclavos con que sacaban oro;29 sin embargo no aparece en el padrón de vecinos levantado cuatro meses más tarde en Colima, el 23 de octubre de ese mismo año.30 El que sí figuraba en este padrón, era Juan Ruiz Martínez, registrado como “persona honrada, es vecino de año y medio [1530-1531] a esta parte en esta villa; no tiene indios”.31 De su corta vecindad en Colima no quedan rastros: al parecer, primero fue vecino de Veracruz y, luego, de Compostela. Hay, sin embargo, una pista en los registros de Colima que nos conduce a la capital hispalense. En efecto, su viuda doña Isabel de Rojas, vecina de Sevilla, de la colación de Santa Catalina, en su nombre y en el de sus hijos, con fecha 3 de mayo de 1566, otorgó poder general a Alonso Flores, sobrino de Juan Ruiz Martínez, para cobrar de la herencia de Jerónimo León y de Diego López de Mon- 26. Icaza (1969), regº 726; Peter Boyd–Bowman, Índice geobiográfico de cuarenta mil pobladores españoles de América en el siglo XVI. II. 1520-1539. México, 1968, regº 10081; más datos: Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 474-475, art. “Ruiz, Juan”. 27. Donación de un pedazo de tierra en el Valle de Caxitlan que hace Isabel Ruiz, viuda de Hernando de Gamboa, en favor de su hijo Martín Ruiz, habido durante su primer matrimonio con Juan Ruiz (10 de noviembre, 1586): AHMC 948. 28. Icaza (1969), regº 625. 29. Copia de extracto de carta que la Justicia y regimiento de la Villa de Colima enviaron a la Audiencia de México (8 de junio, 1532), en: Real Academia de la Historia (Madrid), Colección Muñoz, 9,4841 A–106, f. 158 vta: Armando Mauricio Escobar Olmedo, Catálogo de documentos michoacanos en archivos españoles. Morelia, 1989- 1994, II, n° 1882. 30. José Miguel Romero de Solís, El Padrón de 1532: vecinos y pueblos de Colima. Colima, 2007, 20-21. 31. Romero de Solís, El Padrón de 1532… (2007), 51, regº VP 50. Otros datos: Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 485, art. “Ruiz Martínez, Juan”. JoSé miGuel RomeRo de SolíS162 163 talbán, tutor y curador, en la Nueva España, 1.200 pesos de oro y plata y otras cosas, que el tal Jerónimo “quedó debiendo al dicho Juan Ruiz Martínez, mi marido e padre”. Según el poder, Ruiz Martínez se obligó en su momento a pagar por Jerónimo León al banco sevillano de Domingo de Lizárraga, 3.000 ducados.32 Fugaz fue el paso por Colima del sevillano Juan de Torquemada, hijo de Luis de Torquemada y Catalina Centuriona. Había pasado a Indias en 1517 y en 1525 se rastrea su presencia como escribano público en Honduras, quizá el mismo que funge con tal oficio en México en 1538.33 Un año después, estaba en Colima de escribano real según información tomada por el alcalde mayor Rodrigo Maldonado contra el vecino Diego Alcalde que contravino “un pregón” del Virrey mandando “que ninguna persona trujese sino ropa negra, por causa de la muerte de la Emperatriz y Reina nuestra señora”, doña Isabel de Portugal. Diego Alcalde, contra el dicho pregón, “traía vestido un capote pardo”, riéndose de la pena contenida en el pregón.34 En la muy extensa historiografía guadalupana se han venido señalando como hitos de la devoción y culto a Nuestra Señora de Guadalupe en México varios testamentos otorgados por vecinos de Colima en las primeras décadas del siglo XVI, entre ellos Antón y Bartolomé López, nacidos en Carmona. Los dos testaron en 1537 y ambos dejaron mandas a la Guadalupana. Antón dispuso: “mando a Nuestra Señora de Guadalupe seis pesos de oro de minas”;35 Bartolomé, por su parte, dispuso celebrar 100 misas “en la casa de Nuestra Señora de Guadalupe”.36 32. Juan Pérez de Zorrobiaga, en nombre de Alonso Flores, se da por bien pagado de una ejecución hecha a Pero López de Herrera (20 de diciembre, 1569): AHMC 560. 33. Boyd–Bowman, Índice geobiográfico de más de 56 mil pobladores de la América hispánica (1985), regº 4049. 34. Don Rodrigo Maldonado, visitador y alcalde mayor, contra Diego Alcalde por haber contravenido un pregón del Virrey (15 de septiembre, 1539): AHMC 9. 35. Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 246-247, arts. “López, Antón” y “López, Bartolomé”; además: Arturo Rocha, Monumenta Guadalupensia Mexicana: colección facsimilar de documentos guadalupanos del siglo XVI custodiados en México y el mundo, acompañados de paleografías, comentarios y notas. México, 2010, 161. 36. Xavier Noguez, Documentos guadalupanos: un estudio sobre las fuentes de información en torno a las mariofanías en el Tepeyac. México, 1993, 87; Edmundo O’Gorman, Destierro de sombras. Luz en el origen de la imagen y culto de Nuestra Señora de Guadalupe del Tepeyac. México, 1991; véase: Rocha, Monumenta Guadalupensia Mexicana (2010), 161. SEVILLA EN EL FINISTERRE NOVOHISPANO 163 170 noces bien la diócesis, y luego te regresas a tus estudios”. Aquel año se convirtió en diez años de trabajos pastorales. Viajes y afanes los tuvo también fray Francisco de Villalba,53 ecijano. En su tierra se crió en labores del campo que, con 12 años, abandonó por Málaga porque quería llegar al Peñón, cosa que no logró; luego, pasó a Granada y, andando perdido, topó con unos franciscanos que lo recogieron. Al cumplir 17 años, en Utrera, tomó el hábito y profesó. Estudió en Lepe y Moguer, puerto en el que embarcó para una travesía por Puerto Rico, Guatemala y Nueva España. En la ciudad de México, el provincial de Xalisco, fray Juan Bautista de Lagunas, le destinó a Guadalajara, Cocula y Xuchipila. Años después fue guardián de Techaluta y del convento de San Francisco de Almoloyan, en Colima. Tenía a la sazón 33 años. Denunciado por solicitante, la Inquisición le procesó y sentenció, suspendiéndole “de todas sus órdenes por tiempo y espacio de ocho años, y privado perpetuamente de la administración del Sacramen- to de la Penitencia y de voto activo y pasivo, y que tenga el último y menor lugar en el coro y refectorio, y que los primeros dos años esté recluso en el dicho Convento de San Francisco de México, y en ellos guarde y cumpla las demás penitencias espirituales de que será advertido.”54 * * * Mi principal actividad fue el Seminario de Colima, como profesor y prefecto de estudios. De modo secundario y siempre en calidad de apoyo, en parroquias y movimientos apostólicos. De 1975 a 1977, durante poco más de dos años, estuve en una misión al pie de los Volcanes de Colima: uno, el de Fuego, con sus permanentes fumarolas; otro, el Nevado, que todos los años entre enero y febrero nos sorprende con la nieve. Esos dos años fueron muy intensos: no había carreteras sino caminos tortuosos 53. José Miguel Romero de Solís, El Convento de Almoloyan: presencia franciscana en Colima de la Nueva España durante el siglo XVI. Colima, 2004, 54-55. 54. Julio Jiménez Rueda (Ed.), Libro primero de votos de la Inquisición de México (1573- 1600). México, 1949, 109; sobre este fraile, además, Villaseñor Bordes, Autlán (1988), 101-102. JoSé miGuel RomeRo de SolíS170 171 que llaman “brechas” y que, para visitar un pueblo cercano a 11 kilómetros, tardábamos en camioneta más de una hora. En Huisichi —ése es su nombre— compartí una extraordinaria historia: dar patrón a ese pueblo fantasma, levantado entre barrancas y rodeado de nopales y órganos.55 Fue entonces cuando tomé la decisión de dar nuevo sentido a mi vida, retirándome del ministerio sacerdotal. El tercer obispo de Colima que me tocó conocer, don Rogelio Sánchez González, con quien me unía un gran cariño y confianza, me propuso continuar mis estudios de historia, suspendidos diez años atrás. Así fue como me trasladé por segunda vez a Roma para una nueva etapa de estudios. En esta ocasión, fui hospedado en el Pontificio Colegio Mexicano. Fue durante esta larga estancia romana que me tocó gozar con mi hermano Diego la experiencia inolvidable de un cónclave en la propia Roma. Allí estábamos en la Plaza de San Pedro cuando se anunció la elección de Juan Pablo II. Fueron tres años memorables en Roma, estudiando Archivística, en el Archivo Secreto Vaticano, e Historia de la Iglesia, en la Universidad Gregoriana. Estas dos ramas del conocimiento marcarían con fuerza los años siguientes hasta la actualidad: ahí fui discípulo de un gran historiador, el jesuita Giacomo Martina, fallecido el 6 de febrero pasado. Sin concluir todavía mi licenciatura en historia de la Iglesia, el Excmo. Sr. Don José María Javierre, también miembro de número de esta Real Academia, me invitó a escribir el capítulo Iglesia y Revolución en México (1910-1940), para la Historia de la Iglesia, de Fliche–Martin, cuya versión en español él estaba coordinando.56 Así fue como en 1980, apareció mi primer estudio sobre historia de México, al tiempo que me titulaba como licenciado en historia de la Iglesia.57 55. José Miguel Romero de Solís, “La extraordinaria y siempre inaudita historia de cómo a un pueblo viejo se le dio un santo nuevo: el caso de San Pablo Huisichi”, en: Nelly Sigaut (Ed.), La Iglesia Católica en México. Zamora, 1997, 433-455. En cierta ocasión participé en un homenaje a Juan Rulfo y escribí un texto que, de modo muy breve, relataba algunas experiencias vividas durante mi ministerio pastoral en Copala, Jal., al pie de los volcanes: “El llano páramo”, en: Juan Rulfo, Donde quedó nuestra historia: hipótesis sobre historia regional. Colima, 1986, 18-22. 56. George Jarlot, Guerra Mundial y Estados totalitarios. Valencia, 1980, 465-505. 57. A diferencia de lo que me ocurrió al final de mi carrera en teología, ahora examen final y promedio fueron los mejores. SEVILLA EN EL FINISTERRE NOVOHISPANO 171 172 No puedo menos que hacer un pequeño alto en estas memorias para recordar un suceso que, amén de su significado íntimo para mí, involucró a personas que mucho quiero. A mediados de febrero de 1983, viajé a España, donde estuve cuatro meses. Fue cuando celebré la que considero mi última misa, para la que escogí el mismo evangelio de la primera: la aparición del Resucitado a los discípulos de Emaús. Fue en la Prioral de Carmona, donde muchos años antes, el 31 de julio de 1948, había hecho mi primera comunión. La Iglesia de Santa María es preciosa y majestuosa, con tantos y tan íntimos vínculos con mi familia desde siglos atrás. Me esmeré en la celebración: era despedida, por mi parte, pero también el mejor regalo que podía hacer a mis sobrinos Nina Alarcón de la Lastra Romero y Pedro Sánchez de Ibargüen Moreno: que presidiese la celebración de su matrimonio un hombre que, en esos momentos, vivía tan intensamente el misterio de Dios. ¡Hoy podéis imaginar con cuánto amor y con tan gran patetismo y alegría espiritual celebré aquella mi última misa, en abril de 1983! y cómo, una vez más, rogaba desde mi fe al Señor Jesús: “¡Quédate con nosotros que se hace noche!”. * * * Regresé a Colima el 18 de junio de 1983 y dos meses después, en agosto, comenzaba otra faceta fascinante de mi historia personal al ingresar como investigador en la Universidad de Colima. En ella, he colaborado en la formación de numerosas generaciones. Fui de los fundadores del Centro Universitario de Investigaciones Sociales al que pertenezco hasta la fecha, y estuve al frente del “Programa de historia” que se convirtió en pionero y semillero de la investigación histórica en Colima. En mayo de 1985, fui nombrado director del Archivo Municipal de Colima, cargo que también sigo fungiendo a la fecha. Entre los archiveros antecesores míos supe de uno, sevillano también: Francisco López de Avecilla.58 Fue durante muchos años 58. Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 256-257, art. “López de Avecilla, Francisco”. JoSé miGuel RomeRo de SolíS172 173 escribano público y del Cabildo de la Villa de Colima. Avecilla casó por segunda ocasión con Magdalena de los Reyes, india del pueblo de Tuxpa, quien vendía vino en casa, al parecer, a escondidas de la Ley.59 Mucho la debió querer el archivero porque, al otorgar testamento en 1598, disponía ser sepultado en la Iglesia mayor de Colima en la tumba de su india Magdalena.60 No fue así el caso de otro vecino, el negrero y prestamista Melchor Pérez de la Torre que no era sevillano: éste, al saber que su mujer no le había dejado al morir ni recuerdos, fue al templo donde estaba enterrada y “daba de puñaladas a la sepultura”, gritando a voces que de estar viva, la mataría.61 A poco de ser nombrado director del Archivo, regresé a Sevilla para acompañar a mi padre (q.e.p.d.), a la sazón muy delicado de salud. Algo parecido me había acontecido, años antes, al fallecer mi madre a quien alcancé aún con vida: ella fue la primera persona a quien administré el sacramento de la Extremaunción. De esos días no puedo olvidar las riquísimas vivencias espirituales con las dominicas del Convento de Santa María la Real, de la calle San Vicente, del que fui capellán durante varias semanas. En esos días tuve la fortuna de casar a mi hermana Ángela María con don Carlos Franco Rojas–Marcos (q.e.p.d.), primera boda celebrada en ese bello y austero convento desde su fundación en 1409. También tuve oportunidad de conocer y hablar con el entonces catedrático de la Universidad de Sevilla, Dr. Paulino Castañeda Delgado, para tantear el terreno sobre una posible tesis doctoral sobre Iglesia y Estado en Colima, por cuanto, tiempos atrás, se había desarrollado con mucha intensidad el movimiento guerrillero de los cristeros (1926-1929). El tema, gracias a las gestiones de don Paulino, quedó registrado en la Universidad de Sevilla. Sin embargo, mi nueva condición laboral y, sobre todo, la enorme crisis económica que azotaba México en ese tiempo, hicieron imposible llevar adelante el proyecto. 59. De oficio de la Real Justicia contra el mulato Melchor, porque anduvo por las calles con un cuchillo en la mano haciendo alborotos (12 de junio, 1584): AHMC 884. 60. Testamento de Francisco López Avecilla (29 de julio, 1598), en: Cayetano Reyes García, Inventario de documentos del siglo XVI: Cajas 27-35 (inédito, 1985), regº 161. 61. Francisco Toscano, en nombre de su esposa María Álvarez de la Torre, contra los bienes de Melchor Pérez, su difunto suegro, Diego Mejía y demás herederos (14 de enero, 1582): AHMC 392. Más datos: Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 397- 399, art. “Pérez, Melchor”. SEVILLA EN EL FINISTERRE NOVOHISPANO 173 174 Fue hasta el 2000 que me doctoré en el prestigiado Colegio de Michoacán con un tema muy distinto: Rescoldo de quimeras: “Colima desta Nueva España de las Indias del Mar Océano” (1523-1600). El cambio de épocas lo había motivado mi ensayo titulado Colima, “sin Dios, sin ley ni rey”: una interpretación (1985) con el que, por primera vez, había tomado contacto con el siglo de la conquista en Colima. El ensayo resumía muchas preguntas a las que, necesariamente, debía anticipar sus respuestas. Así se fue armando aquel ensayo a base de hipótesis que dieron pauta a mis numerosos trabajos posteriores. Era la introducción a mi primer libro sobre Colima y el primero que publiqué como director del Archivo.62 En aquellos balbuceos, fue importantísima una obra dirigida en Sevilla por el mexicano Dr. José Antonio Calderón Quijano, en la que colaboró el Dr. Ramón María Serrera Contreras, ambos miembros de esta Real Academia.63 Una vez más, Sevilla y Colima iban de la mano. Con mi tesis doctoral me adentré en los entresijos de una sociedad en formación, una villa de frontera, a los pies del Mar del Sur, rincón de la geografía mexicana que llamé “el finisterre novohispano”.64 Escenario, actores y el drama de éstos interactuando en ese escenario, fue la urdimbre de mi investigación.65 Como es natural, de esta investigación han surgido numerosas ponencias en congresos, artículos y libros y, sobre todo, muchos encuentros humanos, intercambios académicos y una red de colegas y amigos. Viene a mi memoria el momento de conocer a doña Enriqueta Vila Vilar: fue en la ciudad de Guadalajara, México, en un congreso en el que presenté el trabajo Tenientes de alcalde mayor en la Villa y Provincia de Colima (siglo 62. José Miguel Romero de Solís, La alcaldía mayor de Colima: siglo XVI. Colima, 1985. Luego apareció como colaboración especial en la revista Estudios sobre las culturas contemporáneas (CUIS–Universidad de Colima), IV: 13-14 (1992), 223-256. 63. Calderón Quijano (Dir.), Documentos para la Historia del Estado de Colima, siglos XVI-XIX (1979). 64. Al aludir a este paradigma por primera vez, escribí: “De este modo, también la Nueva España —como su homónima de ultramar— tendría su finisterre al pie de los volcanes y al borde de la Mar Océano, el misterioso e ignoto Mar del Sur”: La Alcaldía mayor de Colima: siglo XVI (1985), xxi. 65. Se han publicado tres volúmenes: los citados Andariegos y pobladores: Nueva España y Nueva Galicia, siglo XVI (2001) y Conquistas e instituciones de gobierno en Colima (2007); además: Clérigos, encomenderos, mercaderes y arrieros. Colima, 2008. JoSé miGuel RomeRo de SolíS174 175 XVI), mientras que nuestra directora presentó la ponencia Plata y poder: la élite mercantil sevillana en el siglo XVII.66 Sevilla y Colima, caminando juntas. * * * Dos circunstancias muy dispares entre sí se conjugaron en 1992 para que el intento sevillano bajo la guía de don Paulino Castañeda no quedara en vano. Poco después de mis encuentros con el Dr. Castañeda, apareció mi estudio La Iglesia en México (1900- 1980), capítulo de un libro coordinado por los jesuitas Eduardo Cárdenas y Quintín Aldea, editado por Herder de Barcelona.67 De ese trabajo guardaba numerosas fichas y, además, tenía a la mano todas las que en su día reuní en Roma para mi tesis de licenciatura en Historia de la Iglesia.68 Ganas siempre tenía de retomar el esfuerzo alentado por don Paulino y no encontraba la oportunidad. Ésta llegó de modo muy hogareño, mas ello me obliga a un nuevo paréntesis aunque muy pequeño sobre un acontecimiento importantísimo en mi vida. Hace 26 años, el 2 de agosto de 1986, quien había sido mi tercer obispo en Colima, el mismo que me había impulsado a regresar a Roma, nos casó a mi señora María Elena Abaroa López y a mí, una vez que recibí la dispensa papal. Seis años después, mi mujer y yo nos cambiamos a la casa que hoy vivimos —vuestra casa, como decimos en México—. Todavía sin puertas ni rejas la fuimos a habitar y fue entonces que nos quedamos sin servicio doméstico. Tanto mi esposa como yo trabajábamos, así que debíamos hacer malabarismos con nuestros horarios. Me quedaba en casa con mis libros, mis fichas de trabajo, mi ordenador y mis deseos de terminar un trabajo ya iniciado pero nunca concluido. Así fue como, saltando de casa al trabajo y del trabajo a la casa, en poco tiempo, redacté El agui- 66. Ambas ponencias fueron publicadas por Águeda Jiménez Pelayo (Coord.), Élites y poder: México y España, siglos XVI al XX. Guadalajara, 2003, 41-63 y 125-142, respectivamente. Mi texto también se editó de modo independiente: Tenientes de alcalde mayor en la Villa y Provincia de Colima de la Nueva España (siglo XVI). Colima, 2004. 67. Quintín Aldea y Eduardo Cárdenas (Dirs.), La Iglesia del siglo XX en España, Portugal y América Latina. Barcelona, 1987, 893-922. 68. Iglesia y clero en el Constituyente de Querétaro. Roma, Facultad de Historia Eclesiástica de la Universidad Pontificia Gregoriana, 1980 (tesis inédita). SEVILLA EN EL FINISTERRE NOVOHISPANO 175 176 jón del Espíritu: historia contemporánea de la Iglesia en México (1892-1992),69 una de mis mejores obras y libro entrañable. * * * También en 1992, el estrecho y olvidado Archivo Municipal, tuvo la fortuna de cambiar de aires. Cuando el alcalde de turno me pidió reflexionar sobre su futuro, elaboré un simple proyecto que titulé Nueva imagen del Archivo. Fui el primer sorprendido cuando me comentó: “Este será el proyecto más importante de mi administración”. Cierto, a la vista de los años transcurridos y el ir y venir de la rueda de la fortuna política, resultó profético aquel anuncio. Al hacerme cargo del Archivo, éste ocupaba un espacio en la alcaldía de Colima: apenas 70 metros cuadrados con anaqueles de madera adosados a las paredes y otros, metálicos, que formaban una especie de muro de cajas de cartón y plástico, llenas de expedientes, oficios, circulares, peticiones o multas. Han corrido los años, el Archivo convertido oficialmente en un organismo descentralizado y con patrimonio propio llamado Archivo Histórico del Municipio de Colima,70 cuenta hoy en día con una superficie total de 2.300 metros cuadrados, repartida en tres casas; tres kilómetros y medio lineales de estanterías, y una biblioteca con más de 62.000 libros, folletos y revistas.71 69. Ha conocido dos ediciones: 1992 y 2006. 70. Relevantes son los juicios emitidos por la Fundación Histórica Tavera en 2000 sobre nuestro Archivo; comenta: “Ante las lógicas dificultades jurídicas que representa la independencia jurídica de un archivo de esta clase [municipal], el modelo que propone la ciudad de Colima resulta una posibilidad de especial interés, en la medida en que dota al archivo de un grado notable de autonomía”: Anunciada Colón de Carvajal y Gorosábel, Ignacio González y Casasnovas y Daniel Restrepo Manrique (Coords.), Los Archivos de América Latina: Informe Experto de la Fundación Histórica Tavera sobre su situación actual. Madrid, 2000, 185. 71. Sobre nuestro Archivo: José Miguel Romero de Solís, “Genio y figura del Archivo Histórico de Colima”, en: Barro nuevo (Ayuntamiento de Colima e Instituto Nacional de Antropología e Historia), 15 (1994), 49-52; “El Archivo Municipal de Colima”, en: Patricia Galeana (Coord.), Balance y prospectiva de los archivos históricos de México. México, 1994, 225-231; Julia Preciado Zamora, “El Archivo Histórico del Municipio de Colima”, en: Celina Guadalupe Becerra J. (Comp.), Los occidentes de México (siglos XVI-XIX): El archivo: instrumento y vida de la investigación histórica. Guadalajara, 1997, 119-121; José Miguel Romero de Solís, La Casa del Catrín y otros rincones de la memoria del Archivo (Colima, 2010) y “Los archivos están vivos: la experiencia de Casa del Archivo en Colima, entre la memoria y la invención”, ponencia presentada en el Puerto de Manzanillo durante la XXXIII Reunión nacional de archivos (9 al 11 de noviembre de 2011). Véase además nuestra página: http://www.casadelarchivo.gob.mx con acceso a diversos materiales. JoSé miGuel RomeRo de SolíS176 177 En 2008, el personal del Archivo y amigos de la institución fundamos una asociación civil denominada Archivo de Letras, Artes, Ciencias y Tecnologías (ALACYT), con la que se erigió el Centro Estudios Superiores e Investigación (CESI), en cuyo marco comenzó en 2011 sus actividades el Programa de Doctorado en Estudios Mexicanos. También el Archivo ya cruzó la cota de los 127 libros publicados bajo su sello editorial. En pocas palabras, toda una gran aventura cultural y académica que honra a la ciudad de Colima, que nos ha proporcionado reconocimiento, distinciones y premios.72 * * * Otros sevillanos como yo anduvieron por Colima a lo largo del siglo XVI. Cristóbal de Espíndola, “hijodalgo notorio” que “vino desnudo a esta tierra”.73 Fue alcalde mayor en Colima entre 1547 y 1549. De su gestión quedan al menos dos impresiones: una —mala—, la que expresó el misterioso Juan Fernández Ladrillero. Narra este vecino que, en 1548, enfermó de cámaras de sangre y estuvo a punto de morir. Se curaba en casa de Ginesa López, viuda. Vino a él Diego de Almodóvar, con palabras dulces y amorosas, mostraba tener compasión de él, importunándole para que se fuese a las casas de su morada, dándole garantías de que le tendrían más cuidado. Le creyó. Estando ya en su casa, Almodóvar le importunaba exigiendo la venta de su heredad situada en el valle de Alima y ofreciendo 625 pesos siendo que valía más; de hecho, Almodóvar la vendió luego en 4,800 pesos. Todavía no sanaba, cuando llegó el alcalde mayor Cristóbal de Espíndola, amigo íntimo de Almodóvar. Prendió a Ladrillero porque no quería ir de piloto en un navío para los reinos del Perú, 72. Alguna vez confesé mi gratitud porque, siendo en Colima un extranjero, “un extraño, me han hecho su vecino y me confiaron sus recuerdos, su memoria, su llanto, su risa, la historia de todos los días, de todos los vecinos de Colima, de todos los tiempos”: Romero de Solís, “El Archivo Municipal de Colima”, en: Patricia Galeana (Coord.), Balance y prospectiva de los archivos históricos de México (1994), 231. Entre las distinciones recibidas, el Premio Colima al mérito en Ciencias; la mención nacional al mérito archivístico y el Premio Atanasio G. Saravia, del Fondo Cultural Banamex. 73. Icaza (1969), regº 1342; otros datos: Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 142-143, art. “Espíndola, Cristóbal”. SEVILLA EN EL FINISTERRE NOVOHISPANO 177 178 que se enviaba a conocer los términos de la tierra. Teniéndole en prisión, hicieron que confirmara la venta.74 La otra impresión —buena— venía de la orden franciscana que proponía a Espíndola para fiscal, defensor y protector de indios en Nueva Galicia.75 Algo tendría para que los frailes le apoyaran. Juan de Arrúe era vecino de México en 1564 y, en 1566, ya era registrado como “mercader residente en Colima”.76 Arrúe, al parecer, si bien no era de Sevilla, había trabajado de entallador en la catedral hispalense, en 1547, pasando luego a Indias. Durante el tiempo que residió en Colima, procreó de Marta Calzonzi, indígena de los Pueblos de Ávalos, al mestizo Juan de Arrúe o De la Rúa —como en ocasiones es registrado— que con el tiempo se convirtió en importante pintor en la Nueva España.77 Juan de Avellaneda fue juez de residencia del alcalde mayor Diego Núñez de Guzmán, en 1564, y cuatro años después apareció un buen día por las calles de la Villa, ahora, para librar a su cuñado Alonso de Bracamonte quien había sido secuestrado para casarle a la fuerza.78 Alonso de Barahona, mercader que 74. Querella de Juan Fernández Ladrillero contra Diego de Almodóvar por la venta de una huerta de cacao (19 de marzo, 1558): C. Reyes García, Inventario de documentos del siglo XVI: Cajas 27-35 (inédito, 1985), regº 1. 75. Carta de fray Ángel de Valencia, custodio, y otros religiosos de la orden de San Francisco, proponiendo los medios necesarios para adoctrinar los indios del Nuevo Reino de Galicia y de la provincia de Michoacán (Guadalajara, 8 de mayo, 1552), en: Cartas de Indias. Guadalajara, 1970, I, 116-117. 76. Juan de Arrúe reclama pesos de Miguel Rodríguez, difunto (29 de diciembre, 1567): AHMC 789; más: Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 47-48, art. Arrúe, Juan”. 77. Delfina Esmeralda López Sarrelangue, La nobleza indígena de Pátzcuaro en la época virreinal. México, 1965, 201-202; Manuel Toussaint, Pintura colonial en México. México, 1990, 70; también: Juan Carlos Reyes Garza, Juan de Arrúe, maestro pintor (1564-1637). Colima, 2005. 78. Por ejemplo, Proceso criminal contra Tomás Herades y Antonio Pérez, por haber herido con la espada a Juan de Guriezo (8 de abril, 1564): AHMC 90; Juicio de residencia al alcalde mayor de la Villa de Colima y su Provincia, Diego Núñez de Guzmán (27 de abril, 1564): AHMC 776; Juan de Avellaneda, juez de residencia de esta Villa de Colima, toma cuenta a Juan Preciado, receptor que fue de las condenaciones en esta Villa, a Pedro de Vivanco, por gastos de Justicia, y a Alonso Miguel, depositario y mayordomo de la Villa (2 de mayo, 1564): AHMC 777; además, Hillerkuss, Diccionario biográfico del occidente novohispano… (1997-2006), I, 124-125, art. “Avellaneda, Juan”. JoSé miGuel RomeRo de SolíS178 179 vivía en Sevilla, comerciaba con vecinos de Colima y, mediante un agente novohispano, cobraba a sus clientes morosos.79 Pedro de Bobadilla estaba sordo, tullido y enfermo al otorgar testamento en 1582: declaró tener todavía ciertas heredades “en el Aljarafe”.80 Diego de Contreras y Juan Bautista de Quirós, hermanos, lo mismo que el canónigo de Nueva Galicia Gaspar de Contreras, eran naturales de Sevilla.81 Diego de Contreras, mercader tratante, tenía tienda en la Villa y poseía recua con la que iba de arriero.82 Durante algún tiempo tuvo por oficio ser sastre y, por cierto, hasta los tribunales le llevó el cura de Colima porque, a su decir, “Diego de Contreras me hizo este manteo y sotana, que ante V.m. presento, el cual está muy corto y no llega al suelo con mucho, y no está para que yo lo pueda traer sin dar nota y risa de mi persona”.83 Juan Hermoso, en vísperas de morir, declaró que su esposa residía “en la ciudad de Sevilla, en la carpintería de la Feria”.84 Asimismo, casi cruzando el umbral del siglo XVII, el sevillano Rodrigo de Brizuela se avecindó en Colima y casó hacia 1605 79. Pedro de la Puerta y Alonso de Barahona, mercaderes, contra Garci Rodríguez, por cantidad de pesos, piden se haga ejecución en dos negros (4 de mayo, 1565): AHMC 111. 80. Alonso Bote, en nombre del mercader Diego de Monroy, albacea y testamentario de Pedro de Bobadilla, exige el pago de los gastos hechos por el ánima del difunto, y reclama la entrega de todos sus bienes, que están en posesión de Gonzalo López de Ayala, como marido de Juliana de Bobadilla (15 de enero, 1583): AHMC 398. Véase: Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 67-68, art. “Bobadilla, Pedro”. 81. Romero de Solís, Andariegos y pobladores… (2001), 120 y 425, arts. “Contreras, Diego” y “Quirós, Juan Bautista”; además: Hillerkuss Diccionario biográfico del occidente novohispano…(1997-2006), I, 293, art. “Contreras, Gaspar”. 82. Hernando de Solórzano se obliga a pagar al mercader Diego de Contreras cierta cantidad de pesos por finiquito de cuentas (2 de junio, 1572): AHMC 297; Diego de Contreras reclama de Bartolomé de Vilches, difunto, cantidad de pesos por ropa que compró en su tienda (18 de abril, 1574): AHMC 190; Información que se hizo a pedimento de Juan de Iniesta, vecino de esta Villa, por provisión de la Real Audiencia de México (13 de enero, 1577): AHMC 268. 83. Demanda del Padre Rodrigo de Vargas sobre la ropa de Contreras (21 de enero, 1579): AHMC 346; de nuevo fue procesado tiempo después por otro delito: Querella criminal de Alonso de Ovalle contra Francisco López Avecilla, Martín de Segura y Diego de Contreras, porque pusieron mano a las espadas y Segura le hirió alevosamente (29 de julio, 1580): AHMC 851. 84. Testamento de Juan Hermoso (25 de marzo, 1585): AHMC 750. SEVILLA EN EL FINISTERRE NOVOHISPANO 179 186 O’Gorman, Edmundo. 1991 Destierro de sombras. 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