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Memorias académicas de la Real Sociedad de Medicina, y demás Ciencias de Sevilla : extracto de las obras presentadas en ella en el año de 1792

Real Sociedad de Medicina de Sevilla

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fetTEU-fCISTW i* PireE ■ 5 aOJT\" >í< MEMORIAS ACADEMICAS DE LA REAL SOCIEDAD DE MEDICINA, Y DEMAS CIENCIAS DE SEVILLA. EXTRACTO DE LAS OBRAS presentadas en ella en el año de 1792. FORMADO POR EL Br. D. AMBROSIO MARIA líxW&lic-A de Lorite y ^n^uita, del GfCtniOj y Claustro de Medicina de esta Universi¬ dad) Maestro en Artes , y Catedrático en ella , Socio Profesor de la Real Sociedad Patriótica, é Intimo de la Real Academia Médico-Práctica de Barcelona, Mé¬ dico de los Reales Exercitos, y Socio de Número» TOMO DECIMO. DEDICADO „ , A EL REY NUESTRO SEÑOR.^' En Sevilla poe D. Félix be la Puerta,' ( Con Jas Juicencias necesarias, 1} -n i..‘ C:". liíLIUA'.A tjyy/iyi > : ■ -v'H. X .AJJ': • . 'íu ^tm^i :a; oAjf --'XH í‘j :i3 j^tís f j •íJ:)jiil<i5?.'^Tr[' .rc?r: -.[ ■ mííí C CA^A^' (}'•! - .-vv..;. •, - K^. X', :r.íS Señor T-Í.JP ;,0\ -:'i JLjA Sociedad Real de Medicinay y demas Ciencias de Sevilla^ protegida con las libe- ra* bilítado del Regimiénto de Milicias de esta Ciudad, á conseqüencia de una orden del Excmo. Sr. D. Juan Joseph Vertiz 5 Inspector General de Milicias, si era posible el acelerado aumento de estatu¬ ra de un mozo que se tra¬ taba sortear en dicho Regi¬ miento? A lo qual se res¬ pondió que no era imposible. 3. En 4 de Octubre con¬ sultó á la Sociedad el Sr. D. Juan Melendez de Valdés, Te¬ niente segundo de Asistente, sobre la calidad de unos pol¬ vos denunciados en su Juz¬ gado gado. En asunto tan grave se tomaron las medidas mas acertadas para no equivocarse en la respuesta. Se hicieron varios ensayos, y presentaron ios dos Socios á quienes se comisionó el examen, un es¬ crito con los resultados de sus experimentos , de los quales se vino á inferir, que dichos polvos eran análogos al oro- pimente, y que solo podrían ser nocivos en cantidad ex¬ cesiva. 4. En 25- del mismo fue consultada la Sociedad por el Sr. D. Joseph Olmeda y JLéon, Oidor de esta. Real Audiencia , y Juez Subdele¬ gado del Real Protomedicato, sobre la utilidad de ciertos bragueros elásticos fabricados por Luis Perier, residente en esta Ciudad. Examinado el asunto con prolixidad, se re¬ solvió que eran útiles. 5. El Sr. Marques de Ri- vas consultó á la Sociedad sobre la instrucción medica con que se debían manejar en la curación de los enfery mos delHospital'comunmente llamado de las Bubas. Se cor misionó ün Socio Médico para indagar quanto pareció con-- ducente al desempeño de tan Util encargo: hizo en efecto las diligencias oportunas, y presentó un escrito en que daba noticia de todo lo practi¬ cado, y exponía su. dictamen: con el qual se conformó la Sociedad , y dispuso que se compendiara, y sirviese de respuesta, como en efecto se practicó. d. En 15 de Marzo se presentó Gertrudis García, consultando á la Sociedad som¬ bre la curación de una ulcera carcinomatosa de bastante ex- • tea- tensioñ en el pecho izquierdo. Se la dispusieron los polvos de Hartman, con los quales consiguió notable alivio y de que informó la misma en de Mayo. 7. En 2 2 del mismo mes se presentó á la Sociedad An¬ tonio Ruiz con Antonia Ho- rihuela su madre, la que pre¬ guntó 9 . si la fatuidad de su hijo lo dispensaba del servicio de las'Armas ? Se hicieron, las pésquizas convenientes, y re¬ sultando ser cierto aquel de¬ fecto, se respondió que estaba dispensado. : . 8. En 24 de Mayo se recibió una consulta por ma¬ no de D. Joseph de los Ríos, Veintiquatro de esta Ciudad, sobre un raro, pertipáz, y an¬ tiguo afecto hipocondriaco^ se comisionó la respuesta un Socio para resolver des^ pues la Sociedad. 5). En 2 del mismo mes se presentó Gertrudis de Amo¬ res con una rara y violenta convulsión del diafragma; y con los auxilios dispuestos por el Socio á quien se cometió su asistencia , tuvo alivio. JO. En 5 de Noviembre se se presentó á la Sociedad un escrito sobre lasxleclaraciones legales de las heridas pelU grosas, por un Socio Cirujano de Tovarra, su Autor, para su examen , y aprobación ^ y se respondió, que podía impri¬ mirse. 11. En 6* de Diciembre se consultó á la Sociedad so¬ bre remediar la repetición, y íacilidad de parir, molas una Señora de conveniencias; y se encargó á los Socios: .el examen de este particular. . j 12. '^ En 13 del mismo mes consultó á la” Sociedad D. J}, Marcos Bartolomé ROdr?* gue», :MédÍGO de‘ Jaén, %él>Tíé las seáale-s del 'vénénio diri^ó^ ó nativoy -con motiyo de^iííii muerte HaC'aecida en aquella Ciudad 3 c óii-dndíeios de ''^lía^ ber sidorcíausada <f 6 t veneno* Se cometió primeramente el asunto al Sr. Revisor de la Sociedad para proceder des¬ pués á las demas-:-investiga¬ ciones 5 y satisfacer á la pre- gunta. \ 13. EnV 2Q, mismo mes se consultó á la Sociedad sobre una enfermedad con¬ vulsiva en una Religiosa del B Or- Oíden de S. Gerónimo, her-< .mana de dicho Sr. Revisor: y oido el informe de uno de los ; Socios, que la habia asis¬ tido, y el dictamen de todos, se respondió dando el méto-^ do mas rectamente indicado. ENERO. Jueves 26. DISERTACION MEDICA. DE VARIAS CONSIDERACIONES prácticas relativas á la hemotisisj con la descripción de un nuevo respirador. TOR EL Dr. D. GABRIEL Ro¬ dríguez de VerU) del Gremio y Claus¬ tro de Medicina de esta Universidad^ Maestro en ArteSy Catedrático substi¬ tuto de Prima de Medicina^ Socio Pro¬ fesor de la Real Sociedad Patriótica]^ y Socio Médico de Número, uándo el dictamen general de los lyiédicos mas instruidos y exercitados no acreditara la utilidad de laob- CO la sangre, ha expuesto á mil inco- rnodidadés y riesgo la vida^ de sus enfermos. ¡Quántos han sido vícti¬ mas de un Médico poco atento 6 ig¬ norante que hace sangrar sin lími¬ tes á uno porque hecjia sangre por la boca, quandó- una saguíjuela pegada en lo interior de esta se ha visto después ser el origen de aquella evacuación, á veces diuturha! En tales lances se debe recurrir álas-señales que distinguen las dos evacuaciones; se han de registrar prolixamente los vasos de lo inte-, rior - de boca , y narices; la con¬ sistencia , color > y, modo de salir la* sangré no dan poco indicio para distinguir los vasos de donde: sale.' No nos. precipitemos, tomemos tiempo para pensar en caso de duda: de este modo se errará me** nos,.y no se sangrará tanto en unos casos que remedia un polvo de tabaco 5 un buche de agua ti¬ bia y y tal vez escapaii sin la me¬ nor diligencia. Es necesario distinguir también quando viene la sangre del estó¬ mago lí otras partes, para no con¬ fundir las curaciones. De estas di¬ ferencias tratan abundantemente los Autores de Medicina, y es de ad¬ mirar que algunos Médicos se equi¬ voquen con tanta freqüencia en el discernimiento de unas enfermeda¬ des tan comunes y conocidas en detrimento de los enfermos. Clasifica el A. la hemotisis con¬ formándose enteramente con Cullen en el gen. 35. ord. 4. el. i.; refiere después su historia según la pro¬ pone este mismo y con arreglo á lo que sobre ella escribió Boerhaave, y le ha dictado su propia obser¬ vación, en los términos siguientes. Quando se anuncia el mal hay en- fio) encendimiento en las mexillas^ sen¬ sación de incomodidad y peso, do¬ lor, calor, angustia, lí opresión, en el pecho , dispnea, titilación en las fauces , tos ? y con ella yie-, ne la sangre en diferentes cantida¬ des , se percibe ruido en la cavidad del pecho, principalmente quando está próxima á salir, el pulso se pone mole, parvo, y undoso; ha¬ biendo precedido á todo esto un gusto salado, á que acompaña tal vez calentura. Asi se van sucedien¬ do uuos síntomas á otros , de cu¬ yo tamaño , conjunto , y causas deberá concluir el Médico el tér¬ mino probable de la enfermedad, teniendo siempre en consideración que el fundamento de su dictámen es una conjetura con mas, 6 menos grados de probabilidad. Tratando después de la causa- de la hemotisis, supone el A. el co- Trí5 , conocimiento de los vasos sanguí¬ neos de los pulmones, su número, y situación en un texido celular flojo , su poca capacidad, su débil estructura, y la poca energía que por lo mismo éxercen, y pasa á explicarla. 5, Quando á proporciona dice, del 3, aumento que experimentan las par- tes del cuerpo , se mantiene rCl 3, equilibrio en todo el sistema, - la 53 sangre movida por los vasos; no í,3 produce hemórragías; pero* si por 33qualquier motivo se interrumpe ‘33 esta igualdad • en ciertas' p^ítesj 33 fácilmente se forman congestiones. •33 Quando las arterias, aorta, y pul- 33 monal mantienen el conveniente :3’3 equilibrio en el movimiento de la 53 sangre por los vasos de su' xes- 53 pectivo sistemaj no experimentan 53 los pulmones este accidenté; y *33 aunque parecería que el - n úmero - y' 02 ) ' y poca capacidad de los vasos puP monales no podrían conservar esta saludable reciprocidad y es muy probable que semejantes defectos yy los compensa la naturaleza por la yy mayor velocidad de la sangre que se mueve por los pulmones. Asi pues> qualquiera irregularidad en yy esta velocidad natural que interr yy rumpe la compensación precisa, ,, turba el equilibrio, y se sienten ,, en los pulmones los efectos de la yy plétora por la falta de resistencia: yy en cuyo caso,: .6 bien rompiendo yy los vasos , 6::bien cediendo sus orificios dilatándose irregularmen- te, 6 por erosión se forma la ,, hemotisis. A vista de: una teoría fundada yy en buenos conocimientos, y bien ,, autorizada, es fácil comprehender yy el. origen dedos; fenómenos que se < 9^ observan en esta enfermedad j pu- / díen-» diendo decifse> que ía mayor de- terminación de la sangre á los vasos de los pulmones, seguida á 3, una interrupción. y desarreglo en la velocidad ,de la que circula por ellos,, se. puede reputa r por causa próxima de la hemotisís. ;>, Con ella se explican cómodamente los efectos; de esta, y entre ellos P, se evidencia, que quando el sisr- .,,;t€raa de la aorta se hace mas resistente con^ qualquiera L;pletora .es freqüente la hemotisis.-^ según advierte desde : losoíj8 ^hasta 35 y en- ciiyD mtervalb de. tiempo;-es , conocida'ja( mayor propension^ 'á .este maF-., ' 03!- .causas • dispositivas-, ly. oca- ,sionales :producen ;la , que.-^se .acaba de , exponer, 5 b . y .: se ; reducen á la ,confi§ui’3CÍon del c,pecho , la, edad .insmuada del^ patente, la. plétora, la; acrimpnia )qs.- h umores-» la _od de- ^ébilidad de los palmones , rares- facción de la sangre y exercicios inmoderados 5 diminución repemirta del. peso de la atmosfera , las com¬ presiones externas, heridas, supre¬ sión de menstruación , almorranas, ú otra evaqüacion de sangre acos- tumbráda, especialmente por las narices, cuyo mecanismo no es difícil comprehendery si se atiende á quanto se ha dicho en orden á la causa próxima; y su por me¬ nor omite el A. referir hecho cai> go de Jo que tiene expuesto, pa¬ sando á hacer la aplicación de quanto lleva dicho á SU caso. El enfermo de la observación •tenía 18 años, su temperamento era acre, la compresión del pecho por aquel desmedido abrazo le causó úna fuerte ' y violenta con¬ tracción , el tiempo; era del mayor calor en Sevilla-, Ks caminatas íi horas incomodas repetidas y vio¬ lentas. 2 Que se podría esperar del conjunto de tantas y tan podero¬ sas causas ? La importuna hemo- tisis que le sobrevino..^ ciiya dura-, clon y cantidades de 'sangre arroja¬ da, resistencia á los comunes auxi¬ lios, tesón en' el dolor', tos; y calentura manifiestan la gran estre-; chez en-las partes-del. pecho ., y de aqui la pérdida de equilibrio, entre los ^sistemas insinuados de Jas.; arterias , aorta , . y pulmonal, á que contribuyeron -aquellos baños- impremeditados é: intempestivos, como ■ acredito' el aumento • ' '{ del dolor. j (ISJ 2 / SOBRE LA CURACION DE LA betnotisis, I labiendo procedido el A. en la anterior reflexión con el orden que exige la naturaleza de esta Memo¬ ria ^ se hace cargo en ella de quanto pueda concernir á dar las mayores luces para la mas arregla¬ da curación de esta enfermedad: examina los métodos mas celebra¬ dos y y pareciendole lo mejor for¬ mar aquellas divisiones y varieda¬ des que cornprehendan con distin¬ ción el mayor número de casos, se conforma con proponer las que dispuso David Macbride, consultan¬ do en esta jparte también la sen¬ cillez. - / En En cónseqüencia de esto indica los remedios según la. división si-? guíente. Quatro son las variedades que establece: > 1. Hemolisis accidental la qual depende del exceso en los alimen¬ tos , exercicio inmoderado en los pictóricos. 2. Hemolisis habitual y originada de la acritud de los humoresó de la debilidad de los pulmones, ó uno y otro; bien sea nativa, 6 adquirida; y á esta precede 6 acompaña calentura, y suele ter¬ minar en tisis. 3. Hemolisis periódica , seguida á la supresión de las evacuaciones de sangre acostumbradas, como Ja hemorroidal ó menstrual. 4. Hemolisis traumática , sobre¬ venida á heridas y compresiones extraordinarias, especialmente en las partes del pecho, las quales (u) del vapor que proporcionó aqiíel respirador. Si se coteja la virtud laxante de este vapor con el ge¬ nio de la causa 5 y sobre todo con los beneficios conseguidos por su influxo ^ no queda duda de las ventajas que en casos de esta na¬ turaleza se deben esperar del uso de este remedio : el hecho mismo dá motivo á esta confianza ^ aun quando la razón no se declarara lan favorable. No siendo un ca¬ mino muy trillado por el que se ha conducido el A. en este caso> tiene la satisfacción de presentarlo á un Cuerpo de facultativos de la primera nota para que juzgue de su mérito, y haga las aplicaciones oportunas en sus respectivos casos. “7 50BRE CATELAS. lua hemotisis no es solamente temible por su presencia^ sino tam¬ bién por la facilidad con que re¬ caen los enfermos ^ y las conse- qüencias de estas recaídas. Para evitarlas es menester que el Médi¬ co haga que el enfermo entable tin régimen capaz de destruir aque¬ lla propensión. Ojalá y los pacien¬ tes se prestasen siempre á hacer en esta parte quanto les dictáse un profesor instruido y exercitado! JL,a lastima es y que apenas sienten algún alivio se manejan por sí con independencia del Médico^ incurren ^ los defectos antiguos ^ y vienen por (26) por lo común á experimentar las desgracias conseqüentes de su falta de cuidado é insubordinación. El esputo de sangre repite pre¬ cediendo ciertas ‘señales y que no son las mismas en todos: unos per¬ ciben cierta presión en el pecho, otros calor en él con una ligera tos seca, muchos sienten en el hi¬ pocondrio derecho, ó izquierdo cierta desacostumbrada pulsación. Con estas señales que expresa Van-Swieten , suele repetir la he- motisis á no precaverse en tiem¬ po con el competente número de sangrías. El cansancio y molestia en los movimientos, aceleración en la respiración, la costumbre del enfermo, la dureza y llenura de su pulso, son otros tantos indicios de la hemotisis inminente. Por lo mismo de ser tan te-» mibie la recaida, es’ menester evU tar lar aquellas causas ^ especialmente que la motivaron , y además qual- quiera otra que tenga influxo di¬ recto en producir el mismo efecto. En pocas palabras, se atenderá al carácter de la causa primitiva, no solo para borrar sus impresiones, sino para procurar que no se re¬ nueve su acción por todos aque¬ llos medios que hagan conservar el equilibrio insinuado. . Para aplicar estas doctrinas se¬ gún los casos que ocurran, con¬ vendrá distinguir, estos según el orden establecidoi-en la curación. En la primera. ■ :variedad, las eva¬ cuaciones de‘::sangre repetidas en ciertos- tiempos- según la necesidad podrán precaver la recaída. • En la "segunda , las leches , di- luentes, y obtundentes:, continuados todo el tiempo necesario llenarán» los deseos para'precaver la repe-) ti- ( 2 % ) ticion. A estos medios podrá ana-í dirse la quina en sustancia ó co¬ cimiento quando se considere de¬ bilidad en los pulmonesy dispo¬ sición á la putrefacción Las fuen¬ tes especialmente en los brazos, con los quales conservan gran co- municacion las partes del pecho, podrán ser de bastante utilidad. En los lances de supresión de evacuaciones de sangre, que es la tercera variedad, conviene conti¬ nuar con tesón los remedios que las promuevan, sin omitir el com¬ petente número de sangrías en los tiempos convenientes. En la quarta, será necesario evitar qualquiera exceso en las co¬ sas , que llaman no naturales , y en una palabra, quanto pueda au¬ mentar, y determinar el movimiento de la sangre á los < pulmones. To¬ do este cuidado se necesita en el nía- manejo de estos enfermos; pues volviéndose á renovar las causas se renuevan también los efectos, con la desgracia de que producien¬ do con la repetición mayores y mas peligrosas impresiones vienen por ultimo á ser víctimas comun¬ mente de su mal proceder. Así se acreditó en el enfermo de la ob¬ servación ^ que repitiendo las cau¬ sas que motivaron sus primeros in¬ sultos^ experimentó los desgraciados efectos de una recaída, aunque correspondientes á su descuido y abandono viniendo á morir por ul¬ timo; sin que las ventajas conse¬ guidas por medio de aquel respira¬ dor se puedan jamás obscurecer con el ;velo de un fin inesperado , que jio daba á entender la buena dis¬ posición del paciente ^ y que tal vez no se habría verificado entonces habiendo seguido otra conducta. ( 3 0 ) ' F E B R E R O. Miércoles i. DISERTACION CHIRURGICA. DEL PARALELO ENTRE LA curación radical, y paliativa de . las Ulceras contumaces. . pon D. FRANCISCO VICTORI-^ no Gómez y Socio Cirujano de _ Número, 3En algunas enfermedades se ha¬ cen depósitos de humores en el texido celular, que quando per¬ manecen es grande , la obstrucción, y la espesura considerable, se irri¬ tan los sólidos, hay tensión, rubor, dolor, y pulsación con aumento de calor 5 indicios todos de una par- particular alternación en los humo¬ res 3 á que se sigue la presencia de un licor dulce 5 fluido ^ blanco, y homogéneo, que llaman pus; para cuya formación parecen indis- pensables; la estancación, y un cierto grado de inflamación. Ya formado corroe una parte del te- xido celular y demas tegumentos, aparece al exterior, y se advierte una solución de continuidad que llaman úlcera ó llaga. Muchos han pensado que la formación del pus viene á ser una mutación producida por cierto gra¬ do de fermentación , y sus carac¬ teres , que conoció Hipócrates, lo distinguen de las comunes putre¬ facciones de qualquier parte animal, en las quales además del mal olor, se halla una acritud singular. PringlCy Gaver , y Hevjson han hecho pro¬ bable por repetidas observaciones D la Ja opinión de que el suero es lat única parte de la sangre de que se forma el pus : de cuyo dictáraen, que parece hasta ahora el mas fun¬ dado por la naturaleza de sus prue¬ bas se infiere la falsedad de to¬ das aquellas opiniones que se ha¬ blan esparcido sobre la formación de este humor. Se infiere también^ que siendo capaz de varias mutaciones el sue¬ ro que causa el fluxo natural de las llagas y se deberán observar ciertas variedades en estas que ne¬ cesitan determinadas modificaciones para su corrección. No hay duda^ que la organización de la úlcera puede también influir en ella cier¬ tas mutaciones. Todo lo qual con otras varias consideraciones habrá de tener presente el buen profesor que desea ser útil en su exercicio. El A. se hace cargo de Jos per- Í33) Juicios que causan algunas prácticas^ nacidos de faltas de atención, y de no tener presente el Cirujano aquel número de ideas y preven¬ ciones que subministra el estudio de los buenos principios de su ar¬ te, y una práctica prescindida de preocupaciones y sistéinás volun¬ tarios. Hace ver después diferentes de¬ nominaciones y colocaciones de úl¬ ceras según los vicios insinuados que se hallan adoptados por auto¬ res de mérito. Las callosas y fis¬ tulosas las consideran originadas de ía ofensa de los sólidos, las ico- rosas y sórdidas de la naturaleza del humor que produce la úlcera, las escorbúticas, escrofulosas, y venéreas de la disposición humoral del enfermo. Los dolores, infiama- ciones , y otros síntomas que las acompañan, y piden pronto socor¬ ro. (40) !|uíeran tratar después con curación metódica sea necesario echar mano de los remedios mas poderosos^ de los quales á veces suelen bur¬ larse unas indisposiciones ó muy mal cuidadas^ ó muy mal atendidas. I^s recursos en estos casos son fáciles de comprehender y de apli¬ car : el uso de las medicinas con¬ venientes dispuestas por facultativo instruida ^ y la dieta á disposición del profesor remedian la diuturni- dad de estas llagas. Se advierte también en estos casos, que de¬ seando los enfermos sanar por mo¬ mentos mudan freqüentemente de mano; culpan injustamente la igno¬ rancia del Cirujano;, .y perjudican su reputación 5 siendo las mas ve¬ ces el enfermo el origen de aque¬ lla diuturnidad. Diuturnidad por la ignorancia ó preocupación del Cirujano, La falta de de conocimientos y do experiencia en este contribuye no pocas veces á prolongar la curación de las lla¬ gas 5 ó porque no conoce el ca¬ rácter especial de ellas ^ la consti¬ tución del enfermo y la naturaleza y conexión de las partes afectas, ó porque tiene poca comprehension de aquella materia médica que se debe usar en sus respectivas lílce- ras. Asi pues quando una llaga provenida de vicio en los humores se intenta tratar con remedio pu¬ ramente local, se dilata la cura¬ ción , y la enfermedad se hace contumacísima j por el contrario quando el vicio es externo y el defecto está en la parte por indis¬ posición de ella solamente , si se usan medicamentos internos des¬ cuidando la ulcera, no se adelanta nada, y dura mas de lo que debía. [I Entre los errores y preocupa¬ ciones ( 4 ^) dones del Cirujano se deberá coiv tar el dictámen de muchos sobre la dificultad y perjuicios que notan en la curación de ciertas llagas. Confunden lo dificil con lo impo- ¿ble, y quando los auxilios de que se valen no producen el electo que apetecen y deciden la imposi¬ bilidad de la curación radical. Los cancros ulcerados se han tratado generalmente con remedios paliati¬ vos ^ y solo se curaban radicalmente echando mano del hierro para se=- pararlos, quando las circunstancias lo permitían; pero en otra Memo¬ ria de las de este año se proponen los medios de conseguir en varios cancros externos una segura y com¬ pleta curación. Las ulceras, de lo? leprosos se han tratado, y se tra¬ ían paliativamente en la creencia de ser imposible y aun perjudi¬ cial su curación radical. Mas sin em- C43) embargo de una opinión tan en- vegecida y que se ha extendido entre los mas de los profesores aun los del mayor crédito ^ el caso siguiente evidencia lo contrario al> solutamente al dictámen adoptado. En el Lazareto extrainuros de Sevilla hubo una Elefamiaca con llagas de pésima calidad j que se trataban paliativamente. Salióla un tumor del tamaño casi de de un puño en el sobacoque se supurój, y arrojó por él grandes cantidades de podre ^ con la particularidad, de que todas las llagas que en su cuerpo tenía se iban corrigiendo al mismo tiempo, hasta cicatrizar¬ se perfectamente. Verificado este término se cerró ’ la del sobaco, quedando libre de las ozenas, se despejó el cutis, recobró su anti¬ gua agilidad , y sus funciones eran regulares, se nutrió, y sus carnes se (445 se notaban tan de buen color^ que á no haber conservado un poco achatada la nariz, (síntoma fre- qüente en esta enfermedad) y una escasa carnosidad en el ojo izquier¬ do y ninguno se persuadiría que aquella muger habia padecido tan¬ ta deformidad ; y salió del hospi¬ tal para volver á su casa y como estaba antes de haber enfermado. Este y otros casos semejantes son unos repetidos desengaños de nuestra ignorancia y atrevimiento en el pronosticar; nos hacen mas circumpectos y reflexivos para no determinarnos á decidir sobre lo que no tenemos bastantes ideas^ y el número conveniente de datos. Asi quando hayamos de tratar es¬ tas indisposiciones y examinaremos con la debida atención las causas y alteraciones que hayan influido para hacerlas largas^ ó rebeldes; X y-llevados de un dictamen funda¬ do nos resolveremos á practicar lo que mas convenga para la perfecta y radical curación de varias úlce¬ ras envejecidas. Para acreditar el A. la utilidad de esta doctrina proppaé la siguiente OBSERVACION. N • de edad de 40 años^ tempe-, ramento sanguíneo ’ bilioso y padecía 20 años habia una llaga en la pierna izquierda de muy mala calidad. Con» tiimaba Qon ella hasta que visto por el Sr. Gómez pudo por su medio conseguirla curación radical:.de la úlcera , á la qual precedió un exam¬ ínen prolixo de quanto podía.condu¬ cir para el tratamiento mas arregla¬ do; y hepho cargo, .de, que el vicio venereo era el origen de aquella .re-» beldia^ le administró las unciones del mer-»; (46j Ttiércurió:, y aplicó la parte el tin- guelto de cinabrio lavado con el co-* Ciitiiento de la escabiosa ^ y la cata¬ plasma de hariiíascon lo quaí-'á^ lo§ 70 diaS se vi5‘ libre de su enferme- dad.’:'' ■ li-"-’. i Enquanto á los perjuicios qué resultan de curar muchas llagas en¬ vejecidas ¿é ha dicho muclíó por los que se oponen á la curación radical tíe clláS. Sé evacúan por estos, iifiar fiianfóles cantidades considerables da materia que forman Un fluxo contí- ríUoj al qual se habitúa la naturale¬ za'^ cuya supresión podrá causar liria' abundancia • exceslvei dé 'Suero cbaguláblé eñ la masa comüm que ofenda las fimdonés del paciente. Todo lo qual COfifirma por ■ las maiás' resultas observadas i'á -eonse- qüencia de . la jdesecacion idé^ ^ciertas ulceras, y porirétríedio de ^stas-in- disposíciones y - qué-ha sido Ub'rirlas dé nuevo. Esta és la mayor objedon> qlie ■ se forma contra la curación radical 'de las úlceras antiguas. El A. hecho cargo de ella advierte lo primero, que no es lo mismo secarse las llagas a un enfermo , que se acerca á la muerte, que seguirse esta dé la re¬ secación de aquellas ; pues es bastan¬ temente probable, que la misma causa, que impide el exercicio de las funciones necesarias á la conserva¬ ción de la vida influya en la falta del fiuxo, que mantéiiia las úlceras: por lo qual cree el A. que se -equi¬ vocan en muchas ocasiones las cau¬ sas ; y en: otras se ponderan dema¬ siado las conseqüencias funestas de estas desecaciones. Podrá suceder alguna vez , que el tratamiento in¬ considerado de una, ó muchas úlce¬ ras produzca los efectos, que quedan expresados. Por esta causa se debe¬ rán intentar estas curaciones quando se quieren perfeccionar de raíz baxo £ cier- C48 ) ciertas cautelas^ y prevenciones; pa-i ra salvar los inconvenientes que po¬ drán esperarse y que se han expues¬ to anteriormente. - Para obviar la abundancia exce¬ siva de suero que podría resultar á la masa común en conseqüencia de ia curación radical y se substituirán ciertos desaguaderos por donde se evacúen las serosidades superfluas: tales son el de una y 6 mas fuentes por el tiempo conveniente. Los cau¬ terios y sedales han gozado de re¬ putaciones y sin duda podrán tener lugar én algunos casos. La mutación del suelo contribuye en ocasiones para la curación seguida de várias llagas. Los baños generales de agua dulce, ó de otra naturaleza, según lo pida el caso, producen una mutación ventajosa en las ulceras. Las san¬ grías y purgantes podrán también contribuir al feliz éxito de estas cura¬ ciones. Estas prevenciones y pié- (+95 dios no son siempre necesarios ^ pues en las mas de las llagas por vicio en la masa común el tratamiento prin¬ cipal debe ser interno sin temor de malas resultas ^ como lo acredita el caso propuesto en la observación de aquel preso. Serán muy pocas las llagas en que la disposición del enfermo ^ y el conjunto de circunstancias no per« mita la curación radical : las con¬ sideraciones hechas sobre la vána diuturnidad de las úlceras ^ división que nos ha parecido oportuna para !a decisión:, son la mayor prueba de esta verdad : por lo qual:, y para ma¬ nifestación de su dictamen en el pa¬ ralelo 5 que se propone ^ inteligen¬ cia;, y discernimiento en estos casos concluye el A. con las siguientes jProposiciones. I. En las úlceras envejecidas ^5 por vicio en los humores, ó sim- ,/paticaS; se ha de intentar la cura- cion radical. ( 56 ) y, aplicaron dos vegigatorios á loS muslos y continuó sin otra nove* ^y dad* yy Al dia 3 seguía lo mismO;, y en la tarde se hizo una sangría de 4 yy onzas y se actuaron bien los ve- gigatorios. El dia 4 por la manana apare¬ ja ció una diarrea biliosa abundante^ yy ningunos lochios y menos estertor, continuando dicha evacuación mas yy abundante en la noche y purgan- do muy bien las ulceras. ,, El dia s tenia la vista natural, yy y lo mismo las acciones volunta-* yy rias ; pero la calentura era alta, ,, perdió el habla con mucha inquie- tud, las evacuaciones de diarrea, ,, y llagas abundantes, y ningunos yy lochios: púsose á dieta incrasante, „ y al cocimiento blanco aromatiza- „ do con el agua de canela, y jarabe i), de balsamo, mezclado á cada li- bra del cocimiento grano, y medio ( 57 ) , , ,, de opio puro ; de lo qual tomaba algunas porciones: en la noche hubo algunos lochios, menos diar¬ ia rea , y las fatigas casi calmadas. En la mañana del dia ó. hubo muy pocos cursos ^ mas loemos, ,, continuaba la aphonia, conocía, se explicaba por señas, y siguió aquel dia sin otra novedad. „ Al 7. cesó enteramente la diar- 3, rea, seguia la aphonia, y era exce- siva la purgación de los vegigato-' rios ‘ volvió á la dieta tenue, con*’ «tinuó sin especial novedad hasta „ el 11 en que huvo alguna evacua- „ cion biliosa, aminoró la fluxión de las llagas, los lochios continua- ,, ban , y íaltó la calentura. ^ ^ El 13 por la mañana empezó a hablar, se cerró un vegigatorio, y ,, el otro continuó hasta el 15, des¬ de este dia no experimentó nove- dad especial siguiendo con el tra- tamiento regular de una panda. 53 Al .33 CS8) Al 29 se levantó enteramente sana, y ha continuado buena, ha- liándose preñada de 8 meses á la fecha de esta disertacion.^f Este caso ofrece várias reflexio¬ nes que desde luego pondrían de vulto muchos errores en que han in¬ currido algunos Médicos , los quales han procurado extender, aunque con los perjuicios que se dexan infe¬ rir de semejantes opiniones : hay quienes aprecian mas una Opinión envegecida, aunque infundada, ó una fatal preocupación, que quantos desengaños y verdades les manifies¬ ta la experiencia; y mientras que es¬ tos prociedan con la razón cautiva, y sin livertad en el juicio , ni pueden saber, ni ser útiles á nadie; por el contrario son sus determinaciones perjudiciales á quantos se someten á sus dictámenes. Muy distante el A. de este modo de pensar se propone manifestar sus ideas Ideas según los efectos observados en el caso anterior ; pero omite re¬ ferirlas con alguna extensión, hasta manifestar otro caso casi idéntico en esta: OBSERVACION 2 . - En el barrio de San Roque es- perimentó una muger el mismo 5^ aparato que la anterior en el mes de marzo del año de 88 al- nove- 55 no mes de'su preñado : se ignora- 55 ba la causa y se evacuó el pri- '55 mer dia5 repeíida la segunda san- •55 gría en la noche 5 y siguiendo el 55 régimen de la anterior. 55 Al segundó dia de ^ madrugada 55 parió un feto muerto i' hizela apli- '55 car dos vegigatórios, y'tercera san- ^55 gría: continuó todo hasta el quarto ‘55 en la noche y qüe se alivió del es- 55 tertor, y de lOs movimientos con- vul- (6o) Viilsivos 5 correspondían bien los ■ í ? vegigatorios hubo diarrea co- piosa hasta el octavo en el qual parecieron los lochios y y desapa- reciendo los demas síntomas^, que- yy do sin habla hasta el 17; y al 22 sin yy haberse aun repuesto se levantó^ yy habiendo seguido después sin es- yy pecial novedad atendiendo á sus yy que haceres Aquí nota el Á. que la infehz situación de esta inuger no permi¬ tían que se hiciesen las medicinas con tanta oportunidad como en la anterior^ sin embargo de que en las sangrías y cáusticos no hubo dila¬ ción ; advierte también ^ que omite alguna pequeña diferencia de muy poca consideración producida pro- babilísimamente por la escasez de las proporciones de la enferma^ y que no hace substancialmente diferente este caso del anterior : por lo qual pasa á proponer las reflejdones que (61^ fiabía ofrecido y cuya utilidad puede producir las mejores conseqüencias para bien de las enfermas de esta na¬ turaleza. Para desempeñarlas como cor¬ responde á el objeto de que se trata, se hace cargo el A. del estado del puerperio^ de la acción de los vegi- gatorios en estos casos , y hace ver, atendidos los fenómenos y que en ellos se observaron , su utilidad y é inocencia 5 que es lo que forma el asunto de la presente Memoria. En dos estados diferentes se de¬ ben considerar estas enfermas: en el primero^ quandose insultaron, se ha¬ llaban embarazadas, el accidente fue apoplético , hubo empeño en la res¬ piración , desigualdad en el; movi¬ miento , plétora bien conocida, y una cargazón humoral que se mani¬ festó muy biea por los síntomas, que se han dicho . y- que se procuraron socorrer coa jas ey^cuaciones de sm- gre oportunamente hechas; el úteíO se hallaba en un estado de exten¬ sión considerable , y con qualquier estímulo ó turbación interior dis¬ puesto á arrojar lo que en sí contenía. No es de estrañar que en tal si¬ tuación influyese esta entrañaco¬ mo se observa freqüentemente en féste sexó, y que de allí viniese gran miímero de los accidentes que suce- dieron^yque parecían anunciar el -término'fatal de la muerte. Nadie dudará de este dictamen, cuya ^ver¬ dad “Be halla afianzada por los' Mé¬ dicos mas sabios empezando desdé Hipócrates. Este insigne observador ha dicho en várias partes de sus ■ o bras quanto es el influxo y' comér¬ melo del Utero en las acciones de las mugeres ^ haciéndolo el * origen do todas las enfermedades dé que éstas adolecen. Sería infinito loque aquí se podría aglomerarpara probar es¬ to mismo, bastando por ahora decir, que que es tanta su intimidad con. las jnas de las entrañas del cuerpo, que apenas hay acción y que no piieda depravarse por su causa. Vinieron á parir áí 2 dia del acd^ dente, y aunque antes algo aliviadas del sueño, recaen ¿on el mismo apa¬ rato que empezaron- y ademas al^ guna calentura y una total supre¬ sión d^ lochios. En este estado debe considerarse el útero • en diferente disposición : el cuello de la matriz se vé péndulo en la parte superior de la Vagina , los vasos con sus ori¬ ficios abiertos, franqueando la san-^ gre que ■ por ellos • pase y' y da la principal materia para la-evacuación que entonces se expérimenta; y: es laudable- quando continúa en las convenientes cantidades Jos días que son necesarios para facilitaríla pur¬ gación por la que se deponen las superfluidades, cuy a, retención sería motivo de nuevos achaques. El úte,. F ro; ró,:conformándonos» con el sentit de Simson y enceste tiempo, del puer¬ perio se halla, mas irritable; y de aquí QSj quexo» qualquier leve estí- «lulo, pasión de ánimo^ .ó bien, tur¬ bación del cerebro se contraiga y estreche^ de modO;, que se supriman los lochios, y se siga la caterva de males que . en. efecto se vieron en estás enfermas^ y es muy propio del consentimiento ya expresado^ .é influ- xo con las partes todas del cuerpo. ' ,,¿Qué se debería hacer, en {tanta consternación, quando evacuadas las principales indicaciones se repetía la misma enfermedad que se habla in¬ tentado, socOrrér ,en los principios? Era necesario hacerse cargo .de to¬ do : de la disposición vária de la en¬ traña, que .se ha expresado en el es¬ tado del embarazo, y después en ,el puerperio, de ja turbación que de su comunicación puede, seguirse: á las accione*, y la que de estas puedQ , I ^ taíH' también propagarse á- el mismonttií^' ro. El Organo ' y corapresioii inte¬ rior'inadda probablemente de porí- ciohesí ^humorales que no halkbáa 5alida';^ ni: permitían de que acudiesen al lítero las cantidades precisas\que formasen < la evacuación^ lochial 'y - dos movimientos sin arreglo , y las'fun¬ ciones pervertidas. ' Ya no era la' cai> tídad d^ sangre la que motivaba aquel . desorden y y era necesario ncúdiñá íinos remedios que pacifí^ candO' interiormente: tanta turbación proporcionase Ja evacuación de unas cantidades que por-su exceso y iidad séguíaii turbando la economía natural'de las acciones. La calentura se pudo reputar como un aviso dé la naturaleza 5- para que -se íomaseiicl partido que; antes se^abrazó.' .' [b i L os vegigatorlos ^ que según las expresiones de Fouryt^y y son uno dé ; "Ibs, remedios-' mas' poderoso^ y nías' 'útiles que la, jlediciaa posee. ( 7 ^) lo para conservar la sanidad^ sino pa-^ ra hacer de ellos la aplicación conve^ niente en las enfermedades , que ne¬ cesiten del movimiento general ó particular. Se ha dudado desde tiempos muy antiguos ) si podrán exercerse en al- giin sentido los enfermos y ya para aliviar las molestias de las enferme¬ dades 5 como* para recuperar la sa¬ nidad y Te'cibiendo estos el prove¬ cho, que los cuerpos sanos y va¬ letudinarios reciben por medio del exercicio para aumentar y conser¬ var sil robustez. No ha faltado-quien conociendo los inconvenientes de ciertos movimientos impetuosos , y violentos en algunas enfermedadesi se haya opuesto á ellos; pero los mas que han^ tratado debidamen¬ te esta materia han procedido con el correspondiente dicernimiento para no indu:ir perjuicios. Decir , que el cxercicio, óc movimiento corporal, sin sin - determinar especie ^ és útil en algunas enfermedades , es aventu¬ rar una proposición , que por su universalidad no puede tener uso; pues es claro ^ que habrá ^ como en efecto hay enfermedades ^ en las quales' convendrá un cierto niovi^ miento ^ y peijudicará otro que no sea de su especie ; tantas son las diferencias que hay en este -genero; • ' El A.: de. la'presente . .memoria hecho cargo dé estos antecedeiites> se propone responder á la anterior proposición' x. contrayéndose á una sola, enfermedad 5 en la qual ^ ha ex-- perimentadci: pon .Vanas ocasiones la portentosa eficacia de las friegas en ia parte dolorida :o y hace ver en los casos que ha presenciado en su laiv ga y reflexiva práctica (Jos quales han sido muchos ) que en el reuma¬ tismo de' que habla ^ las. frotacio¬ nes en la parte, enferma/y en el mo¬ vimiento^ que se hace andando^ quan- ? 74 .) quaiídó el estado del enfermo lo peí*» jnite 5 han-sido de la mayor utili¬ dad , y han curado con singular prontitudseguridad, y comodidad, con sencillez , y ningiin dispendio. Por esta causa , y porque ha nota¬ do el poco aprecio , que hacen mu¬ chos de unos , auxilios tan eficazesji como seguros, y de las mejores ca¬ lidades , presenta este trabajo en el que su mayor mérito consiste eii los écos con que recuerda, una práctica bien antigua , fundado en las obser¬ vaciones que expone , y :alegandq algunas consideraciones con las con¬ clusiones mas interesantes , que da todo deduce. El reumatismo, según el origen' de la voz , pertenece á aquellas en¬ fermedades que los Antiguos lla¬ maban fluxiones, en las qualés sé impelía el material á determinadas partes con dolor grande , aunque en ellas no apareciese antes vicio sen- Í 7 á 5 sihíe 9 como estable ^ como escribe J^answieten : y aunque entre los mis¬ mos ocurre muy rara vez esta voz, es y porque nombraban con las expre-* siones de Artritis , 6 Podagra todos los dolores en qualesquiera articula¬ ción 5 ó parte exterior del (^cuerpo; los sabios médicos franceses parece haber sido los. que introduxeron mas esta voz del reumatismo en el siglo próximo pasado , poniendo los ver¬ daderos limites entre éste j y la ar¬ tritis y - sin embargo de que muchos profesores de la primera nota ^ ale¬ manes ^ franceses yi é ingleses du¬ daron sobre los signos diagnósticos, que distingan las. dos enfermedades; como se colige de lo que escribió Tralies , y repite Macbride. No tiene duda , que todas las partes de nuestro cuerpo están ex¬ puestas á padecer dolores , lo mis¬ mo las internas , que las externas: aquellas por razón de sus diferentes si- sífüacíonés ? fabrica :; y lisos dáfí origen á los varios nombres con que se distingue una misma enfer¬ medad ; siendo evidente ^ que el reumatismo sin otra cosa según sus impresiones en las entrañas del vien¬ tre 5 ó pecho, y lo mismo en la in¬ terior de. la cabeza , ha obtenido varias denominaciones. Situase el material reumático que Be presenta exteriormente en los músculos, en sus membranas y ten¬ dones > y la acrimonia atritiea .en los liganxentos que unen las articüla- ciones según dictamen del expresa¬ do Machride» El A'. 3 que intenta .ex.-^ tendér el uso del enunciado movi,^ miento general y ■ particular á ios dolores artríticos, ó reumáticos, de gota , y semejantes > que exerceh su dominio en las partes externas y no se detiene en señalar, los caracteres distintivos, que los superan, tenien¬ do en consideración que en estas erb, ferrae- '(. 7 7 ) fermedades reside una causa común y un vicio j en que convienen, cuyo remedio principal en ciertos casos es el movimiento. Para determinar con exactitud los lances y ocasiones en que con¬ viene exercitar á los que adolecen de tales achaques, ó bien usar en ellos de las íriegas^ distingue dos especies de reumatismo ^ el uno agu>» do } y él otro ^crónico. En el agudo es importuno , y nocivo qualquier mo¬ vimiento que se le haga practicar al enfermo y y solamente . convendrá usar de friegas secas al fin de la cura¬ ción 5 como advierte el sábio Boer- baave , conviene a saber : quando el dolor ha remitido tanto , que los en^ fermos puedan sufrir; la íricion. Y añade Vanswieten al : paságe' .men^ clonado de síi maestro que algunas yeces quedan; len-las articülaeiones después del reumatismo í . tumor y y diftcultai en lo^ moyiniiettto.s^. JoquQ pa ( 78 ^ podrá corregirse en gran parte poi medio de las fricciones. En el reumatismo crónico rara vez, ó nunca hay calentura , y quan* do la hay no viene acompañada de los síntomas inflamatorios , que el agudo ; no hay rubor en las partes doloridas , ni ocupa freqüenternen- te tantos lugares como el agudo, las partes se ponen frias , y tiesas , y si dura mucho el dolor, después de crueles tormentos aparece en las ar¬ ticulaciones un tumor duro , que las priva de movimiento, que llaman Anchilosh, Unas veces están solo ata¬ cadas las articulaciones , otras las partes iiiuscnlosas, y algunas unas, y otras. El dolor pasa de unas coyun¬ turas , y aumenta su intensidad, quando se mueven las partes enfer¬ mas. Los limites entre las dos especies de reumatismo señaladas no son siempre muy sensibles , dice CuUém y. y ’en efecto el crónico -güele veñlíl! en conseqüencia del’ agudo qüátído. mitigados ó cesando'der todo lá'oa-‘ lentura aguda y el süftiO calor y et rubor 5• y tensión iriflamátoria deiaP parte, síntomas propios de este' íeu^ ñiatismcr'^ag'udo ^ quedan los accideft^ tes del ci ónk'o; pardos quales podrá» determinar sú juicio el profé^Or^ara atinar Corr ías indicaciones , que ^ han de' satisfacer entonces.' SOri en extremo diferentes -y aun corttra-r rías ; pues siendo distintas las dispO-* - sicioiies y aparato én las espécies* menciónadas ^ quando en la una con* viene áfloxaí 3 y disminuir el movi¬ miento y en la otra' se necéáita au¬ mentarlo ‘y inducir 'ííías calor y dóf‘ tensión y -resistencia a los sólidos;; ' - Se han expuesto lOs motiVos» ’de' hacer ésta distincÍGn.’ No equivoqúe*? juos los cdsostengamos sierñ'píe^ presente y dice oportunamente el -A,-- que en las calenturas Viertes, doío-^ G res res tnuy intensos por temor de iiiá4 yor*encendimiento , inflamación y y teasi<)n perjudiciales nos debemos abstener del. movimiento hasta que reducidos los síntomas á cierto estado de. moderación por sus , respectivos medicamentos , se puedan practicar 1^: friegas 3 il otros movimientos. ij3.jpór lo común los que hacen po- CQ ejcercicio, cómen con exceso^ tie¬ nen alguna acrimonia en sus humo¬ res contraída o .heredada y experi¬ mentan suprimida alguna evaquacion acostumbrada, y sus jugos son .espe-, sos, padecen.con mas freqüencia que atros reumatismo crónico , cuya dui ración y repeticiones no tienen una ley . constante^‘.aunque por lo general aquella es mayor, y éstas mas nu¬ merosas quanto mayor es la debili- dad. de ias: partes enfermáis y disposi¬ ciones ya mencionadas. Se observa está especie de reumatismo las mas veces infebriidespués. de .alguuas 2 . enfer-' Enfermedades agudas > que suele de» saparecer sin otra medicina que las fuerzas que yá adquiriendo el con¬ valeciente cada dia : y en estos ca¬ sos podrán ser muy nocivas las ofi¬ ciosidades del médico multiplicando remedios á la parte. De todo lo qual resulta como muy probable , que en el reumatis¬ mo crónico hay un cierto grado de atonía en las partes que padecen, fah ta de proporción en los líquidos^ de¬ tenidos para continuar sus movir mientes, y mayor espesura , 6 pro¬ pensión á ella en los humores que sn acumulan con cierta acritud de un carácter^ital vez específico. Este dic¬ tamen se funda en la autoridad de varios escritores recomendables:, en la naturaleza de las causas disposi ti- vas y.ocasionales de los síntomas que entonces se observan, y de los medi¬ camentos que suelen producir el mejor efecto en estos casos. qüencla. Las friegas hechas en seme¬ jantes casos con las cautelas y pru¬ dencia , que exige la delicadeza de las partes que padecen y son uno de los mejores recursos entre otros que se acostumbran disponer; dan vi¬ gor y y pueden concurrir á disolver los humores estancados > y darles movimiento desalojándolos de las partes que ocupan. Es de advertir y que quando el reumatismo es originado de una cau¬ sa cuyo remedio está conocido, las friegas solas no son bastante, aunque ayuden para perfeccionar la curación: por lo qual será necesario recurrir en estos lances á los medica¬ mentos específicos, que se deberán disponer según las circunstancias de los casos. Concluye el A, en los términos siguientes: ,, No parece creíble, yy que el remedio de las friegas , del ,, qual hicieron el mayor uso lo« p, anti- antiguos y recomendaron cor» elogio 3 huviese estado ^ olvidado 33 tanto tiempo entre los modernos, 33 hasta que Boerbaave restableció sii uso con los mejores efectos. 33 Apenas se encontrará práctico de 33 alguna nota desde Hipócrates 3 que 33 no las haya celebrado cómo me- 33 recen : extendamos pues su apli- 33 cacion 3 6 para precaver y per- 33 feccionar , ó para curar : y deci- 33 damos fundados en autoridad y ra- ^3 zon y experiencia , que el mo- 5, vimiento general y particular es 33 de singular eficacia en el reu* 33 matismo/f JUEVES 23 . O iíij ■ •' 'f; DISERTACION FISICO-MEDICA.. CONSIDERACIONES RELATI- vas a las dos memorias presenté;, das sobre el clima y vientos de Sevilla. ‘POR D. FRANCISCO SANCHO -Buendia ^ Dr. en sagrada Teología) í y-Maestro en Artes por la Uñi^ ~ versidad de Gandía, Socio Médico Supernumera- _ rio Coadjutor, Eli que haya leido las obras de Hipócrates habrá conocido muy bien la necesidad^ que tienen los que exercen la medicina de comprehen- der la situación de los pueblos que habitan ^ y también los vientos que ¿n dios reynan. Este insigne obser¬ vador no conténte con decifrar ía; precisión de observar la variedad de las regiones ^ nos ha dado el me¬ jor exemplo para que le sigamos, describiendo los influxos deia suce¬ sión de estaciones > las calidades de los vientos que notó > los efectos de estos y de la repentina mutación de los tiempos con 1^ enfermedades, que de todas estas causas se podían esperar. Admiran el cuidado , saga¬ cidad y esmero con que este hom¬ bre verdaderamente sábio seguía los pasos de la naturaleza , estudiando- la siempre y pintándola como ella se mostraba con la mayor sencillez, claridad y exactitud. El A# de la presente memoria dado á la medi¬ tación de las obras de tan buen maestro , manifestó'á la Sociedad el fruto de su lectura en dos diserta¬ ciones que presentó los años de 90 y 91 sobre el clima de Sevilla con- fiiderada sú situación astronortíicz» cnente^ y los vientos que la comba^ ten: y ahora siguiendo las mismas ideas propone algunas consideracio¬ nes relativas á las dos memorias pre¬ sentadas. Todos conocen la división del mundo en cinco zonas , que son unos espacios mucho mas largos, que anchos ; cuyas calidades se to¬ man por el temperamento respecti¬ vo al curso del sol. Por ésta ra- 2on se han llamado frígidas las dos poláres que están lo mas distante •del sol 'y tórrida de la que no sale el sol, y templadas las que no k) ■ tienen tan cerca como esta y ni tan distante como las frígidas. La an¬ chura de cada una de las cinco es considerable, y en ella no convie- .'nen todas : la tórrida solo tiene 47° doble ndmero de los que tiene cada frígida : de las templadas tiene cada • una 43® Pero una división tan neral fitfral no podía fixar nuestra com-i prehensión para determinar con ma-< yor exactitud la diferencia de impre» siones 5 que reciben del sol los pue-* blos situados en distintos parages de la tierra. Esta consideración moti- vó la subdivisión del ámbito de las zonas dividiéndolas por climas. El clima 6 espacio de tierra en¬ tre determinados círculos paralelos se puede muy bien averiguar íixan- do el número á que corresponde ; sa¬ bidas quantas horas tiene el dia ma¬ yor del pueblo en. que se habita^ se sabe el clima, y al contrario entendi¬ do el clima se puede determinar el dia. mayor del año. Los antiguos no distinguían mas que siete climas, pero los modernos con los vários descubri¬ mientos que han hecho penetrando á tierras antes desconocidas han multi¬ plicado el número de climas, y cuen¬ tan hasta 24 de media hora empe¬ zando por el eqüador. Se puede cono- (HT conocer la extencioii de cada uiíode estos 5 y aunque van midiendo au¬ mentos según una progresión uni¬ forme y no por eso se ha de imagi¬ nar, que la anchura de todos es la misma. De esta diferencia ha trata¬ do ya el A. y añade ahora, que además de ser fácil'resolver el pro¬ blema sobre determinar dicha ex¬ tensión,' hay tablas' en que se pro-- ponen cada clima, su dia mayor y latitud respectiva. Así pues si sé' quiere saber el clima donde se sitúa- un pueblo, por exemplo Madrid,se. busca el número d - grados de su la¬ titud, sé que son 40®' 25' y cOmO' el sexto clima empieza a los 360 29' y acaba á los' 41 ? 2,'infiero, que dentro de este clima se debe con-' tar á Madrid y todos los lugares,: que tengan su colocación entre lo? grados de latitud correspondientes al sexto y séptima clima. FOr iguales razones y pQf su di^i ma- , ( 95 ) fuayor colocó el A. a Sevilla en nes del quinto clima, principios del sexto pues está á los 37° 20 de latí* tud 3 su día mayor es de 14 i horas. Vivimos pues en la zona templada boreal j e infiere el A. por lo que acaba de exponer y por lo que ha dicho en sus dos anteriores Memo¬ rias y en las que ha cotejado las la¬ titudes de las ciudades mas famo¬ sas de Europa con la septentrional de ésta ciudad dentro > y fuera de SU clima 5 que Sevilla es uno de los pueblos que mejor situación disfru¬ tan y con especialidad si se hace la comparación con los que pasan de 40o de latitud por sU temperamento mas templado y proporcionado por lo mismo á que se viVa en él con mayor tranquilidad:. La razón de és¬ ta coñseqüencía fundada en los co- iiocimientós expuestos es muy fácil de concebir y pues sí consideramos los pueblos situados en su mismo ^ H di- clima 5 se empezará á notar la difef rencia de temples en las estaciones extremosas de invierno, ó verano, como sucede en Madrid, Nápoles, Cuenca y todos aquellos, que llegan a pasar de los 40=. Si nos. extende¬ mos á formar el cotejo con los que es¬ tán distantes.de nuestro clima , se hará mucho- mas visible la situación ventajosa de Sevilla , pues la menor desigualdad en:los influxos del sol hacen meiios: ingrata su habitación: y en este concepto, dice el A., -el clima de esta ciudad considerar- do astronómicamente es mejor , qué el. de París, Yiena, y Lóndresj pues nunque en estas y semejantes pobla¬ ciones se detenga mas tiempo el sol en sus respectivos orizontes. los me¬ ses de Junio y Julio j en los de Di¬ ciembre,y Enero está mas detenido en el orizonte de Sevilla, que es quando se necesita mas Su presen¬ cia para templar los fríos de la es¬ tación. Por í'or otra í)arte se infiere i tambie® que está menos expuesta que ios de* más lugares cercanos á- la linea a experimentar los violentos rigores del sol: pues se vé claramente que ios países mas próximos al equador son por: razón natural mucho mas combatidos de él y que Sevilla, Los meses de Junio y Julio dice el A. y serán de un fuego impondera- ^ble en los parages, distantes;. 10.^ déla linea. No se creería y que una porción de zona tórrida era ha- ..bitada y sino se hubieran extendido nuestros conocimientos en esta par¬ te por, relaciones fidedignas : pero -considerada 5 dice el A. y astronó¬ micamente ninguna de aquellas sif- tuaciones puede disputar á Sevilla la suya por sus ventajas y como¬ didad. Queda pues evidenciado^, que Ja situación de esta ciudad es de las mejores y mas templadas y ó ibien se considere con respecto á los ( 1 0 4 )' las quales ha manifestado la expe^' rienda diaria que de ellos tienen sus habitadores , y. que se conven¬ cen también por las impresiones que causan en los cuerpos. El aire boreal de Sevilla , dice el A. 3 . no es como el norte , que Mipócratés. describe de Larisa ^ ni tampoco tiene las propiedades ; que. el de París- y Londres : el aire nor¬ te de Sevilla es mas frió que hümei-. do 5 y el de Londres todavía mas: frió y-hiímedo, yiomismocon cor» ta diferencia el de: París. El NE de Sevilla es el mismo qije Hipócrates llama* Aquilón p porque sus propie¬ dades sondas mismas que las del que .describió'este sábio ■ médico' en sus aforismos: ‘él es frió y seco y pare¬ ce que ' S O p ia del::órlente equincH' cial, .expone á padecer, toses, ^áspe- ridades en' la.s fandes -y '• dificultades^ en ía orina astricciones de vientre,.- dolores^, en las partes déi pecho, .&c,’ Coatí' Contimia el A. sus cotejos: el Bur^ dice, hablando con propiedad no tiene aquellas mismas qualidades del austro que describe Hipócrates de sus pueblos, y por consiguiente no será estrano, que dexe de produ-' cir los efectos que escribió en el libro 3° de sus aforismos: pero hay una gran conveniencia entre nuestro SO. y el S. de Hipócra^^ tes. Así lo manifiestan la semejanza y proporción que observan expues¬ tos ppr este insigrie médico enquan- tó á las enfermedades que en aquellas regiones y en la nuestra aparecen. Gon el'iniiuxo de estos vientos. El S. de Hipócrates produce tardanza y pereza en las acciones ,; carga¬ zón de cabeza y semejantes: lo qual suele ser íreqüente entre 'nosotros quando reyna el SO. que sopla del poniente de invierno , y goza de las qualidades que aquel otro, l; . V Las mismas-comparaciones po- ■ driaji ( 1 0 6 ) driaii hacerse con Ids aires de otras provincias y pueblos si estuviesen bien descritas sus principales pro¬ piedades y efectos- Entonces se po- dria conocer el origen de muchas en¬ fermedades ^ y tal vez el recurso pa¬ ra curarlas ó precaverlas, cense- qüencias todas en que debe estar instruido qualquier médico para ha¬ cerse menos responsable en el trata¬ miento de los enfermos. El A. que comprehende á fondo no solamente las dificultades indica¬ das en quanto al conocimiento de las varias, qualidades de los vientos y sua mutaciones , sino que residen en ellos muchos cuerpos que exer- cen su acción en losmuestros y y que considera la multitud de materias que se hallan en toda la atmosfera que nos rodea , concluye con que no nos debemos contentar con las qualidades comunes conocidas en los vientos de frió V calido p humedoa seco^ , (\^ 7 ) seco^ pesado^ y elástico^ movido con mas ó menos impulso > sino que he¬ mos de indagar las qualidades de nuestras respectivas atmoféras por los medios posibles para conocer las causas de muchas eníerraedades. Mu¬ cho ha contribuido la física en nues¬ tros dias para hacer estas averigua¬ ciones : ya se ha obtenido médio pa¬ ra medir la salubridad del aire que respiramos y pero aun carecemos to¬ davía de recursos para distinguir por SUS propios caractéres, el,cúmulo de materias aeriformes en que estamos continuamente nadando. Esto pide nuevos trabajos á que debe proce¬ der la descripción exacta del terreno en que se habita sin omitir ningu¬ na de sus producciones naturales, y sería asunto de otra Memoria. MAR^ MARZO. JUEVES I. DISERTACION CHIRURGICAí DE LA INEFICACIA DE LA Cí- cuta en los cancros y utilidad de-* cidida pór observaciones própias y agenas de los pülvos; benedictos r' de Hartmmi en la curación de Jos externoSk POR D. MANUEL JOSEF XU menez , Cirujano de la Real riña , Br. en Filosofiay y Socio de Número. ^SJ^ntre las enfermedades que aflP gen al hombre ninguna hay que le atormente y haga padecer mas qu^ el cancro, JEs terrible por Jos conti¬ nuos niios y crueles dolores que le atortt¿ pañan , por la putrefacción intolera?- -ble con que se presenta, por la ex¬ tensión y profundidad que con su malicia adquiere ^ por la singular é incomparable resistencia á toda me¬ dicina 5 siendo un vicio ^ para cuyo remedio. es indispensable separar la parte, viciada. Su rebeldía ha sido la admira¬ ción de los profesores desde ios tiem-^ ,pos. mas remotos : y buscando to¬ dos su origencada qual adoptaba una causa según el sistema que ^se^ .guia; tales son las escenas déla san¬ gre la bilis férvida^ 1^ atrabdis^ la melancolía adusta ^ el fermento re- jalgarino , la sai alcalina corrosiva, y várias otras de que hasta ahora no se ha sacado la menor utilidad. Así j:]0 es extraño que la naturaleza de un nial tan pertinaz sea todavía tan desconocida, como temidas sus fa¬ tales resultas. Sauvages llamo al cancro tumor duro, tuberoso, lacinante, y pertina¬ císimo, Cullen dixo que era un tu¬ mor cirroso coa dolor que degene¬ raba en úlcera de mala índole. Estas definiciones explican la presencia de la enfermedad , aunque con una ge¬ neralidad tan transcendental que es menester mayor especificación para cOmprehender los váríos estados que experimenta por lo común. Por lo mismo se divide el cáncer en oculto.^ 6 nq ulcerado y en manifiesto , ú ul^ cerado. Eh el oculto que es el que secón- tiene dentro de sus tegumentos , hay lós síntomas antes insinuados, y se conoce con suma facilidad pór el prurito , calor, rubor, dolor pun¬ gente (a) color purpureo, ó lívido, por la mucha dureza del tumor y su aumento , i que acompañan las vᬠrices i a) Suelen estar sin él bastante tiempo* , , O”) . jcices ae ios vasos sanguíneos proüít»» mos al tumor; cuyo tamaño y sitio varían según las circunstancias de los casos. Algunos han querido defender, que el cancro oculto era el que se formaba en las partes interiores; aun* que no parece haber sido de este dic» tamen Hipócrates según lo que dixo de ésta dolencia tratando de las en¬ fermedades de las mugeres. Para ma¬ yor distinción y claridad convendría hacer la división de cancros en nos y externos ; entendiendo por aquellos los que no se manifiestan á nuestra vista porque se forman en lo interior del cuerpo , como en úte¬ ro , intestinos y otras partes interiü- res ; y por externos los que sé pre» •sentan en lo exterior capaces de los auxilios de la círujía. De este modo siguiendo la opinión común con H/- pócrates sabremos que los unos se distinguen por su. situación, y los I otros otros por el modo y accidentes con que se observan 5 siendo todos uno mismo en quanto á la naturaleza y síntomas específicos. ' En el cancro manifiesto hay ya una verdadera úlcera , y ha precedi¬ do el oculto. Los bordes de la llaga son duros^ dolorosos, desiguales , y redoblados ; la materia que arroja es tenue fétida á veces intolerable á cierta distancia, y tan acre que ^xúlcéra y destruye las partes veci¬ nas. A proporción que el mal se au¬ menta siente el enfermo un calor grande en la úlcera , se propaga la podre, y con su acritud corroe los vasos sanguíneos , vienen las hemor¬ ragias , se aumenta la debilidad, apa¬ recen las convulsiones, los dolores se hacen insufribles , no falta la fie¬ bre lenta , y las lipotimias ponen fin á tanto padecer con la muerte. Con¬ venía , dice el A. hacer las adver¬ tencias para comprehender la enfer- tnBdad y estado de ella, en que sé deberá fecer uso de ^ios; polvos de ílartman.' Dos cosgs se. deben establecer en ésta Méfnofia t' primeíá> el poco ó ningún efecto que entre nosotros ha producido la cicuta en benefició^de los enfermos i segunda que los pol¬ vos de 'ñartmañ xienm toda la efica¬ cia que se puede aperecer en'los más de Jos ■ cancros externos. Como hl asunto es; de hecho§ ^ ninguna prue-. fea es mas oportuna' nú perSuasitá^ que la que se deducé de las' observá- .ciones Tepetidas. Dé lo quál penetra- •dOT bien él -A. se propone 'satisfacerlo todo sin ;dar.-lugar áUr^mks léve ób- jecion en dos partes distintas ^ qUe íorman' la división de su discurso se¬ gún el. orden de las dos cosas pró- | 3 uestas anteriormente en él. - - •. I-'. • ■ . - : (' f . . , ,u " ■ ■ - ;:j!i PAR-! (I20) PARTE II Utilidad de los polvos de Hart-^ man en los Cancros, .^Lntes de exponer los casos que demuestran la eficacia de estos pol¬ vos es indispensable decir lo que son. Se reduce su composición á lo siguiente. yy Se toma una onza de arsénico ;,y blancose pulveriza muy bien , se yy pone en vasija vidriada y se echa en ella la cantidad de espíritu de vi- yy no que baste á cubrir el arsénico; ’yy sé' deja en lugar caliente, menean- „ doló' tóio con espátula de madera -yy cada'- cuatro boras : pasados tres diás se decanta el licor ; y echan- „ do otro en la misma forma se cón- tiaua-laióperacion por is dias , re- .'-'no- novando cada trés el espíritu como ^ vá insinuado: hecho esto y se sa- can los polvos y se enjugan á la py sombra: se le agregan tres onzas yy de polvos de la raiz de dragón- j,tea ( Dracmculus major) cogida en yy ios meses de Junio, Julio? ó Agosto partida en laminas y puesta se- yy car en lugar ventilado ? se añaden yy tres' dragmas de hollín de chime- neay que ni sea antiguo ni arenoso. yy Mezclados estos tres simples y bien-pulverizada la mezcla se guar> da enlugar cerrado ? en donde no 5, tomen humedad, con la adverten- yy cky que mientras mas antiguos ,, mas recomendables son, y no se deben usar;hasta pasado un año.^^ • Para aplicarlo se necesita prepa¬ rar el- enfermo evacuándolo de san¬ gre , en Caso de' llenura conocida, u otro indicanteiv -y lo mismo se de¬ berá entender eii quanto á. los pur¬ gantes. Debe también humedecerse nmu- ( 1 2 2 )- inucho durante el tiempo de la-cu-, ración j y dulcificar los jugos para hacer menos sensibles las impresio¬ nes del remedio y preparar los hu¬ mores. Si el cancro es ulcerado se h^r^ brá de limpiar antes la llaga quantq, sea posible: se humedecerá después con hilas, ó algodón empapados eq agua ó saliva, se rociarán los polvos, en toda .la úlcera poniendo encima para cubrirla toda hilas secas. Se de¬ xa sin tocar dos ^ ó tres dias , al ca¬ bo de los quales se quitan las hilaS;^ y se unta con aceyte rosado la cir-. cunferencia de la escara que se ha¬ brá formado ^ continuando hasta qne por sí se- caiga. Si deSpues de sepa-* rada la escara quedaren algunos pum ios cancrososj se repetirá en cellos la misma operación. La llaga que después queda habrájde curarse; coi- mo'se acostumbran las mas simples: según las. jndica.cÍQnies que, compre- henden bien los cirujanos. (* 2 3 ) ' Quando el cancro no ésta ulce¬ rado se deberá manifestar ó ulce¬ rar por medio de las incisiones ó de la aplicación del caustico : y reduci¬ do ya al estado anterior se seguirá ■ el método propuesto sin la mas leve alteración* En los principios diximos y que era vária la situación de los cancros, y no hay duda; pues aunque se for¬ man muchas veces en las partes don¬ de ha precedido el cirro , otras ve- *<ies se notan sin preexistencia de es¬ te* Nuestras observaciones y las de Otros vários manifiestan , que en al¬ gunas partes del cuerpo se presentan tumores con los caractéres de ver¬ daderos cancros sin haber notado anteriormente en ellas cirro alguno. Así pues no será de extrañar , que la aplicación de estos polvos se haga distintos sitios, quando algún Otro obstáculo no se oponga á ella. Hay motivos que imposibilitan el (1245 el üsd de este remedio en los can¬ cros externos: la mucha cercanía de estos á vasos grandes ó partes de las mas principales ^ su adherencia á ellas quando se hace muy temible, y arriesga la vida del paciente de efectuar la extracción del tumor; son los principales inconvenientes que retardarán ó nos harán abandonar la aplicación de los polvos. Si por otra parte atendemos á los encarecimientos que. de ellos hizo su autor Juan Hartman y lo que es mas ^ á las innumerables observa¬ ciones que persuaden su utilidad, no queda recurso para retardarlos con indiferencia. Podrán decir tal, vez algunos genios reformadores (que parecen haber nacido para oponerse á todo ) que se pueden componer otros muchos remedios de la natura¬ leza del nuestro y que aun supues¬ ta. su virtud con. exclusión de otro, siempre se han mirado con poco apre- cío y aun con expresa detestación los medicamentos del arsénico en el tra¬ tamiento de los cancros. Pero los he¬ chos que presentarémos , evidencia¬ rán el poco valor de estas objeccio- nes y quanto perjudica una falsa teo¬ ría ó preocupación para curar mu¬ chas enfermedades. Lo cierto es que hay muchos años 5 que en varios pueblos de ésta provincia se han aplicado estos pol-< vos por un cirujano que adquirió la mayor reputación por las felicidades que con ellos conseguía. Sus dos hi¬ jos que siguieron el mismo destino han experimentado los mismos efec¬ tos,; siendo este un remedio cuya composición ignorábamos ^ y de él solo sabíamos sus maravillosas virtu¬ des. Y para que de estas püeda qual- quiera formar el juicio que corres¬ ponde ) en cumplimiento de nues¬ tro encargo se proponen las siguien¬ tes OBSERVACIONES. . I' D oña María del Rosario Alda- na 5 mugerde D. Francisco Cabello Rubio en la calle de la Cerrajería co¬ llación del Salvador, de 6o. años de edad j temperamento linfático pa¬ decía 15. años antes de su curación un tumor cancroso del tamaño de una nuez grande sóbrela comisura sagital en su parte media: el qual se ulceró por medio del caustico: ro- ciaronsele los polvos ^ y se formó una escara profunda, que tratada como se dixo, se separó á los 12. dias ; se limpió la úlcera , y recono^ ciendo después algunos puntos du- Tos, se desvarataron por el mismo orden, concluyendo la curación á los 30. dias que duró todo. Ha que¬ dado robusta sin haber experimen¬ tado en 4. años que han pasado des** pues de la curación , la menor no¬ vedad. II. Alonso Diaz Quiuteroy^ol^í^ xg^ del exwicio del rio y natural.dS Iriana^ temperamento Scmguineo^'íie’ edad de 3Ó. años padeció el dempo' de 8. año? una úlcera cancrosa píj la cerviz del tamaño y figura dejla palma de la mano^^que le estory^ í)a notablemente. Se le hicieroa tres sangrías regulares y púsose á ún^ dieta dernúlcente^ y Jiabiendole, apli‘ cado los polvps ppr quatro distinta? ocasiones^ se curó en.6'6. dias: quedó sano y. hay .tres años, que sigue sia novedad. . ; . ü: ’i-. III. (a) El P. Difinidor Garrido, Religioso Tercero y de ys . años de .edad, tenía un cancro en eblagrimB del ojo izquierdo 29. arios había, q4e desde la.cej^ bajaba por la nariz ex¬ tendiéndose por todo el pómulo: fter ' ' ■ E. , . gaba- ( a ') 'Está-y las' demás qtie < s i^úeh :-hiáH ^ido conuúiicadas por D. Eráncisco del Vk^ H& ,,:Cirujano eu esta Ciudad. gaba á interesar el parpado ínferioi?, y primeras túnicas del ojo , el que perdió. Ha 7. años que se curó eii 75. dias y al presente permanece bueno. IV. Gertrudis Sánchez de 36. años de edad> temperamento bilio-* éO) en la calle de las Lumbreras, pa¬ decía un cancro ulcerado 7. años ha¬ bía, que se extendía por todo el car¬ rillo derecho, y otro no ulcerado por cima de la puente zigomatica d& aquel lado, su tamaño de un real de plata. Curóse el primero el aña de 85. en el espacio de 70. dias, y lo mismo el segundo, sin haberle aplicado á este medicina , y al pre¬ sente continua buena. V. Juan Carrera en el barrio de la IWagdalena, temperamento sanguí¬ neo > y de 40. años de edad, pade¬ cía 7. años había una úlcera cancro- sa del tamaño de un peso fuerte en el carrillo izquierdo. Se curó en 50. dias^; í después dé s. anos que hall- pasado no ha sentido la menor mo- lestiawG : . .. y Obi:; -;V.Ii;;;:Dona Francisca Delgado^ criada, antigua del Sr. Bucareli, tem¬ peramento sanguíneo bilioso, .54. años de edad, tenía una úlcera can*. crosa'22i.años había ^spbre el hueso, temporal; ,:,é interesaba el; músculo crotaíites; se extendía P^rie-» tal^ y.-porJa puente zigomatica .cor-r ría hasta el ángulo menor del ojo in-.- teresaúdo cierta porción de los^dps parpados^ . Se curó en .60. dias 3 después de, 7. años^ que han pasa^ do 3.peruiánece buena.. . .oion 'A n;;Vn:,.-. Feliciana de Huertas en la calle de Sra. Sta, ;Ana collación do S. Lorenzo, 38. años.de edad, tem¬ peramento linfático^;y, con yicíQ: es¬ crofulosa, padecía una lücera cancrói sa situada desde la raediaciondél par* pado ¡superior, interesando las apo-, neuroses.de los rnúsculos frontales. bíiualmente^ su restauración no se dé be reputar con facilidad por milagro. Vi y dice Zaccbiasy (q) á un hombre que cada tres meses era acometido de un accidente á el que no faltaba sínto¬ ma mortal alguno: quantos faculta¬ tivos lo vian^, le echaban el fallo fa¬ tal , y su naturaleza se burlaba de estas sentencias. La costumbre pasa á naturaleza, y una naturaleza amis¬ tada con la enfermedad es un fenó¬ meno fuera de las reglas comunes. Se debe atender también al sexó. La experiencia diaria nos hace ver á las mugeres salir triunfantes de acci-' dentes y achaques, que en los hom¬ bres serían mortales. ' El temperamento y la edad han de entrar igualmente en considera¬ ción. Üii anciano, u otra persona d ebil no podrá escapar sin milagro de {q) Lib. 4. Qliasst. medid. Leg. tit* X» q. 3. n. í7- •• t de una enfermedad de que stiele burlarse una florida juventud j ó una extraordinaria robustez No es necesario en ñn se exami¬ ne si el enfermo ha sentido á el tiem¬ po de restituirse algún dolor, u otro síntoma particular. Hay AA. que pretenden no interviene milagro en este caso , mas por esta regla de¬ beríamos descartar del número de ellos algunos que el Evangelio reco* noce por tales. ' Estas son las reglas que tanto los médicos > corno los teologos han dado sobre la materia^ en cuya expo¬ sición ha atendido el A. según expre- saj áconciliar la claridad poruña par¬ te > y por la otra la brevedad harto difícil en tanta abundancia de no¬ ticias como franquean' los sabios. Gicrtamente el asunto es digno de dividirse y de que cada uno de los puntos dé argumento á varias diser¬ taciones, An- (m) Antes de concluir la suya 61-5^.. Rodríguez hecho cargo de la multi-: tud de reglas señaladas por los AA», y viéndolas muy multiplicadas redu¬ ce á dos solas todas las expuestas.. ¿ Se duda sobre si una curación ha sido milagrosa ? Examínese su prin¬ cipio : busquese SU fin : y nunca se califique de milagro como ella no tenga á Dios por fin ^ y por princi¬ pio. Así como en la naturaleza todas las cosas proceden de Dios como de primer principio 5 y se encaminan á él como á último fin; así también en las. operaciones milagrosas , Dios obrando fuera de las causas natura¬ les debe ser su principio: Dios , a u¬ tor derla santidad y de la fe debe ser su ‘fin. Si proceden de otro- ori¬ gen si se dirigen á otro objeto , ; en Wno; se, buscará en ellas la, v-erdad- del milagro. t -i /;- En el médico concurren dos per¬ sonalidades: la de católico que le e« co- ¿óniun con los demás hijos de la Igle* sia, y la de investigador de la na¬ turaleza, que le es propia y pecu-* liar. Acuérdese tomo católico de qué es imposible haya verdadero mi¬ lagro que no tenga por fin lá gloria de Dios; y de ésta manera lio se def xará seducir de lá falsedad y él pres¬ tigio. Acuérdese como investigador de lá naturaleza del absoluto impe¬ rio que sobre ella exerce su Sobera¬ no Autor: así no se disipará én va¬ nas cavilacioriés, quando un efecto mayor que süs fuerzas y leyes íé es¬ tá mostrando-la mano del Omnipo- tente. Acuerdase que este Señor guarda en confirmar su doctrina el mismo orden qtie tubo en revelarla» Nó se contentó'Tcon que su revela-' éion nos enseñase lOs misterios que están mas allá de nuestros alcances y los Sacramentos cuya virtud dima¬ na de sola • sii voluntad y omnipo-i tenciaj quiso también que nos ins^ (^ 3 6 ) truyera sobre aquellas verdades a que alcanzan las luces de nuestro conocimiento ; pero que nuestra de- sidiao ó, corrupción pudiera, ó no entenderVó entender mal De la mis¬ ma manera los milagros. Algunos por su substancia exceden toda la acr tividad de la naturaleza O tros sien¬ do por su sér un efecto posible á sus alcances j la sobrepujan en su modo. El médico, debe estar prevenido con . e stas,doctrinas para rechazar la^ cavilaciones de los impios. g Qué importa que esta curación pueda, ser obra.de la.naturaleza por la enferme^ dad que. ha excluido superable a sus alcances.3 si el modo.de excluirla lá excede con muchas ventajas ? g Qué importa que los magos de Faraón hayan hecho cosas af parecer sobre toda la actividad natural ^ si luego se hace constar que todo aquello fue mero engaño ^ ilusión y prestigio ? „ . . f*375 Que importa que en la naturaleza invisible haya fuerzas para producir muchos efectos á que no alcanza el poder de la visible, si sabemos que el Autor de las cosas visibles é invi¬ sibles no ha de consentir á sus minis¬ tros que trastornen á su antojo la na¬ turaleza : non enim Angelis subjecit Deus orbem terree : (^) y si es impo¬ sible que el Dios de la verdad con¬ sienta al padre de; la mentira, abuse de sú poder para engañarnos ? ¿ Qué importa en fin que un efecto pueda> absolutamente hablando, producirse por la naturaleza; si en este ; casoj con este sugeto,y en estas circunstam cias ha cesado la posibilidad? Sea verdad , si acaso lo es, que el ojo de la golondrina puede reproducir el humor cristalino que le faltó por al¬ gún acaso; nunca lo será que otro tanto pueda verificarse en el hombre. Si Ai) Epist. ad Hsbr,c. 2. v. 5. Si éste buelve á ver, es un milagro, y si aquella, no lo será; á no ser que viviendo un hombre, dividido en dos trozos su cuerpo , quisiése¬ mos también que no se reputara por milagro, porque sin este viven de aquel modo muchos insectos. Los impios no han dexado piedra por mover para destruir la fé de los milagros ; pero no han conseguido otra Gosai que manifestar su perfidia^ No quieren escuchar el testimonio de un mundo entero que los testifica, y escuchan á un autor obscuro que soñó haber descubierto una cosa se*? mejante remotamente á los milagros. Les parece un absurdo que el Cria¬ dor de la naturaleza dispense en las leyes que él mismo estableció, y no tienen dificultad en creer el gran ab¬ surdo de que las leyes de esta natu¬ raleza particular puedan regir en otra enteramente distinta, y aun con» traria» De estas inconseqüencias num ca ( 239 ) ca ha habido mas exemp^os quc ahora, dice el A. 3 porque nunca tanto como ahora ha estado eri moda la impiedad con el nombre de filosofía. Mas sin mucha filoso¬ fía se conoce muy bien el crédito que merecen unos hombres 3 cuyo designio no es otro que insultar á Dios 3 confundir la verdad 3 y cor-» romper á sus próximos. No por esto 3 previene el Sr, Jiodríguez 3 se debe declinar en mar teria tan delicada al extremo de una credulidad imprudente. Ni Dios, ni su Iglesia necesitan de nuestros en¬ gaños. Aun quando no volviese á ha¬ ber otro milagro en el mundo, to¬ davía sería invencible prueba de la religión los que en su testimonio se han obrado : y aun quando estos nunca hubiesen sido , todavía sería un milagro mayor que todos los mi¬ lagros, que sin ellos hubiera el mun¬ do abrazado una doctrina, que tan R cons- constantemente lo impugna ^ lo re-í priieba y lo condena. Debe pues el médico guardar un justo medio en¬ tre las insulsas dudas y malignas con¬ tradicciones del impío ^ y entre la ignorante credulidad y piedad falsa del supersticioso. Por tanto correspondiendo á la confianza que merece á la Iglesia en punto tan interesante j habrá de di¬ rigirse moderadamente por las lu¬ ces que le franquean los conocimien¬ tos' de que debe estar adornado^ como son ciencia profunda en la ana¬ tomía j, lección vasta de historias mé¬ dicas , conocimiento en física y chi- inica hasta los últimos descubrimien- tos:) é instrucción exacta de íodás las partes de la medicina. Supuestas todas estas noticias j y haciendo uso de un juicio recto desprendido del amor propio y otros vicios tales íidquiridos con la educación^ ó el trato j empezará el profesor el exá- men (2415 hien de la curadon y ya registrando; todos ^ los;. procedimientos., papeles- ó documentos que haya-.sobíre el: hecho, ya .oyendo á.f los que lo hayan presenciado á oido, ya exá-, minando al sugeto en quien se veri-: ficó, y ya valiéndose de quanto pueda contribuir á el perfecto cono-' cimiento del ■ suceso. ; í ;.Si meditado todo con la mayor; atención y reñexíoii formase juicio cierto:;: habrá de manifestarlo con-, cebido:-en;::pócos términos, claroS' y sin condiciones, como v. g. La radon, ha . sido milagros^a, c . Aun qüando el caso fuere tan raro y estupendo que sorprehenda á muchos ; si el profesor juzga que está dentro de la actividad de la naturaleza , deberá explicar su dic¬ tamen diciendo: No intervino mila- gro. Si á pesar de las mayores y mas prolixas investigaciones y del rec¬ to entre sí 5 aunqtie en ocasiones seguri ciertas circunstancias podrán confun¬ dirse. En el aneurisma verdadero se han de distinguir dos tiempos; quan- do es reciente, y quando es antiguo; distinción bien interesante para pro¬ ceder con menos equivocación. Em¬ pieza por un tumor pequeño , que vá creciendo con lentitud, indolen¬ te , sin mutación de color en el cu¬ tis, con latido al tacto correspondien¬ te al del pulso , casi elástico; pues cede á la compresión, y cesando es¬ ta se restituye á su anterior estado, circunscrito y ovalado ; la sangre se conserva fluida y siendo la basa estrecha , suena con mormullo si se comprime. El iumor en el aneurisma, falso se •forma súbitamente, y se aumeiijta según la .jcantidad y velocidad con que, empuja la sangre por la abertura hecha; es dqro porque la sangre es- tá coagulada y pone el cutis amora¬ tado, su figura es - irregular y en vez dé' desvanecerse con la compresión, • 6 é extiende mas , la pulsadon es pe- 'queña y á veces insensible, y lo mis- • ano el mormullo. •• * Ya se ven por lo expuestodas se¬ ñales que caracterizan y distinguen estas dos diferencias; pero se-debe advertir y que quando el aneurisma verdadero es antiguo y ha tomado considerable ; t amaño sucede, ooraiin- inente que la sangre se vá acumulan- -rio en él, pierde;'allí su fluidez , se forman concreciones poliposas que se aplican álo.Jnterior del tumor ,-y í forman un cuerpo; de aquí provie- • ne ■ por la misnia razdn y que en el ^félsb que falte la elasticidad y otros va* rios'caractéres haciéndose casi, ó en¬ teramente insensible el latido, y equi- 'yocañdosecorrtumores de otra natu¬ raleza^, se cae en, error, como fnani- ' f iesta el caso. - p ropuesto por nuestro (ISO) D.Ftanclsco Villaverde (fl) >> He vi 3 i< tado á un alemah, dice ^ que pade- cia un tumor antiguo sobre la popli- tea con dolor pungitivo ^ circunfe- rencia dura , obscura fluctuación 5, en el centro, y sin pulsación. Se de- terminó en junta la apercion del tu- ,, mor, que executé con la punta de „ una lanceta > por la desconfianza yj con que iba sobre la anomalía del 55 tumor, pero muy en breve vi paten- 5, te el desengaño, porque el conteni- 5, do era sangre arterial. Me sorpren- 5, dió quanto se dexa imaginar; pe- 5, ro con todo disimulo la curé con 5, tal eficacia que logré la cicatriza- „ cion de la diminuta abertura del 5, tumor. « Es freqüente esta equi¬ vocación y de ella se leen repetidos tes- (a,) .Operaciones de; cirujía seguim 1 * mas selecta doctrina &c. porD. Fránc^cd Villaverde tom. 2 . cap. 15* pag- » 3 4 * drid 1788. testimonios en AA.de la primera nota, Quando en el aneurisma que no es verdadero falta la infiltración, las señales se presentan equívocas; pues las mas que se notan, anuncian un verdadero aneurisma; y en estos ca^ sos es menester recurrir á otros me¬ dios para proceder con claridad, y no errar las indicaciones: el cono¬ cimiento de la causa y la confesión del paciente quando declara que sangrándolo han herido la arteria^ ó que desde entonces ha experi¬ mentado los accidentes que se ob¬ servan , son los mejores recursos para desvanecer qualquiera equivo¬ cación. No tiene duda: en las sangrías ordinarias sucede algunas veces , ó que se hiera al mismo tiempo la ar¬ teria por su inmediación , ó que equivocadamente se tome un vaso por otro, y se haga la sangría en la arteria. Lo primero es mas común quan- (2.S2)’ quando: se sangra én la vena basilíca^ porque la arteria braquial se halla en el do blez del brazo muy cercana á . es-.- ta vena , y aun las mas veces debaxo- de ella. Podrá también suceder igual puntura quando se abre la cefálica por hallarse en unos ; un ramo de los colaterales de la braquial y en Otros, de la cubital ^ que es cutáneo , y, se advierte en el sitio de dicha cefálica - como ha observado el A. quien ma-. nifiesta;las rúalas conseqüencias de tales punturas con pruebas de auto-, ridad muy respetable. Esta .puntura se . . hace ^ ó en al¬ guna de las túnicas de-la arteria y llamarémos parcial ^ ó eii todas dan«» do salida á la sangre y se, : dirá mal: en ambos casos sobreviene el aneu¬ risma que en<el primero será mix¬ to ^ y en el otro^-falso^ Los prác-, ticos han comprehendido muy bien los : resultados diferentes que han distinguido por las señales expresa- tías. Ván-Swkten{b)á\cti que qUan- do se abre una vena sucede algunas veces 5 que el ramo inmediato de la arteria se hiera al mismo tiempo con la punta de la lanceta y sobrevinien¬ do después á-pocos dias un tumor, que eleva el cutis con pulsación ma¬ nifiesta , el qual va aumentando ca¬ da dia sino se acude por medio de la compresión. A los caracíéres que nota el sa¬ bio comentador áe Boerbaavey se pueden añadir los que se apuntaron para conocer el aneurisma verdade¬ ro ; pues formándose el mixto del mismo modo que este y por la mis¬ ma razón, son los fenómenos casi, ó del todo comunes á entrambos con la diferencia solamente , que siendo el tumor que se forma en el mixto provenido de la herida externa he> cha en alguna, túnica, su figura se¬ rá C ) Cowent. iu Boerh. aphor. 176. ÍÍS45 rá siempre respectiva I la que per¬ mite la puntura sin guardar á veces lo circunscrito y ovalado de los aneu¬ rismas verdaderos con especialidad en los principios. Quando la puntura ..de la arteria estotaU ó bien sale la sangre con libertada ó sin la violencia que le es propia. Se conoce el primer caso en el movimiento rápido y la salida á saltos y via recta: en el color vivo, espumas de color cetrino y y en sU consistencia tenue. Sin embargo po¬ drán suceder, advierte el citado Vi-- llaverde , los misnios efectos en „ un „ joven bilioso, iracundo, muy torico , ó arrebatado de una ca- lentura aguda; como asi mismo sí ,, sale de una vena próxima á una ,, arteria, Podrá verificarse el se¬ gundo caso, como nota el mismo, ó por no estar paralela la abertura de la arteria con la del cutis, ó por ha¬ llarse esta tan comprimida con la 1n gadu- Á gadüra y que se impida ;Ia .aflue;itia de la sangre á la parte inferior déla compresión. Por todo lo qiial y siendo pre¬ ciso proceder con la mayor claridad en estos lances para no perder el tiempo en aplicar los remedios- con^ venientes y es necesario añadir á los signos que se acaban de proponer por no ser- decisivos, otros que de? terminen el juicio del profesor^ y :lo§ advierte el enunciado Villaverdey Jes son : i. La suspensión deiflu-» yyxo luego qué ^0 . comprime con yy fuerza la parte superior á la císut ra^ ó su mayor aumento qiiando yy solo se comprime la parte inferior: yy por el contrario y comprimida la ,5 parte que está debaxo de lá cisura yy en la vena ^ se detiene la sangre. yy 2. La dificultad en cohibir el fluxo y, sin un vendaje muy apretado, ó la yy facilidad con que á pesar de este « medio se aporisma la cisura quan« ^ S p; do ^, doiib está jJaralela ni propOfcióllá^ yy da. al calibre del vaso , y quando y y el tumor es acompañado de pul- '^‘5'‘sacion desde el principio. 3- Elin- tenso dolor en el sitio picado, y ¿3 la'extravasación déla-sangre á la ,3; parte inferior y superior del miem^ ,5,bro con infiltración en el texido yy adiposo y' ■ intumescencia edema- yy tosa y aun inflamatoria de aquellas partes: en cuyas circunstancias el 33lumor se .vá aumentando por ins- yy tantes , toma un tamaño grande^ 3,'se pone duro , doloroso y acar-> 3, denalado-. Con estas señales , y no perdienr»; do jamás de vista la relación del pa«< ciente y el origen de la enfermedad^ se obtienen los caractéres esencia¬ les para conocer con toda claridad y distinción la puntura parcial y ó tQ>^ tal de úna arteria en las sangrías or¬ dinarias , sin que quede recurso al facultativo para alegar ignorancia in- culpable": vpues aunque .es verdad^ como i queda insinuado, que han ocurrido casos en que se han equ^^ vocado profesores del mayor mérK to , pero eatos han sido de aneuris; más por lo común (Verdaderos y. sin causa manifiesta : no sucede así,.en los de que se trata al presente que son, mixtos , ó falsos distinguidos muy bien por, sus.respectivos signos, y que. provienen de causa tan.,pa-!« tente; : cómo en la puntura exterior causada por la lanceta, en la sangría jde la vena, según los informes del paciente. . En.una.enfermedad: arriesgada y cuyo peligro crecerá proporción del descuido del facultativo en Jla opor¬ tuna aplicación de dos remedios'con¬ venientes , es necesario no perder momento de tiernpo.';p.ara no expo¬ ner la vida; del enfermo. En los aneur .rismas'pequeños.y mecientes causa¬ dos comunmente 'en ias sangrías del bra-i' ( 264 ^ ra y no bastando ni el agárico , ni la compresión para cohibir el fluxo de sangre , se echará mano de la li¬ gadura propuesta por el autor citado. Se examinará con freqüencia el brazo para saber el estado en que se halla. El calor y el movimiento del pulso nos hacen esperar un felix éxi-, to y aunque no habiendo señales de mortificación no se deberá desespe¬ ranzar de la curación por no percibir el pulso en algún tiempo. El primer aposito dura tres , ó quatro días; y al levantarle se debe antes apretar el tortor y cuidando de que no falte el punto de apoyo so¬ bre la herida, á cuyo fin deberá comprimirse con el dedo y separan¬ do todo lo que no esté pegado y y lo restante se dexará para que la su-« puracion lo despegue. Ultimamente quando la llaga se. halle en estado de cicatrización se harán los movimi en¬ tos de flexión y .extensión y para (^«55 . . la falta de acción no inhabilite la co- yuntura para sus movimientos. Resta el ultimo arbitrio quando con los anteriores no se pueda con¬ servar la circulación en la parte , el miembro se ponga frió , se llene de fiictehas ^ é insensiblemente se gan- grene; y es la mutilación del miem¬ bro antes que la debilidad del enfer¬ mo no la permita : y á estos tres re¬ cursos está reducido el tratamiento de estos aneurismasque se leen en el mencionado y otros autores. • Sería de desear que se propusiese un medio capaz de contenerlas hemo¬ rragias y otros accidentes propios de esta enfermedad sin las malas resultas que traen las fuertes compresiones, privando algunas partes del movi¬ miento y comunicación que deben mantener. E 15 r. le Conté (c) lleva¬ do ( r ) Histoíre cte la Societc Royale de INÍedicine. Au. 177^. pag. 306. y siguientes. '(p.66) do de los mismos deseos á Vistgí de estos inconvenientes ideó valerse, d^ un cañón de pluma i cortándolo por los dos extremos y :segün su diáme-» tro y longitudinalmente por un la¬ do; lo adaptaba á .la-arteria heri-r da disecándola antes > é impedía la efusión de sangre sin estorvar la co¬ municación del movimiento ni el pa-? so de esta por toda, la: extensión de^ baxo de la abertura. Hizo algunas experiencias en brutos ^ y otros re¬ pitió el Sr. Mertrud con buen sucé-^ so, perfeccionó su remedio y y' dió parte de todo á la Sociedad de me¬ dicina de París. Este cuerpo facul¬ tativo comisionó varios individuos^ para que examinasen el particular. El Sr. Vicq Azir hizo algunos ex¬ perimentos en perros y- ^mo habien¬ do obtenido igual felicidad que, los anteriores , se vino á deducir que las heridas de las atrerias pueden cicatrizarse pero que el suceso dé ésta Operación es difícil de conse-í guir. Sin en:il?ai:go los Académicos juzgaron por ingeniosa la idea, y puede ser de mucífa utilidad si te¬ nemos la fortuna de que se perfec¬ cione.- Tiene ventajas en cierto sen¬ tido según se ha dicho; pero como hasta ahora no s^ ha practicado en el hombre ^ nada podemos concluir «obre ella. Por esta razón dexa el Sr. Ramos en libertad á qualquier profete para que medite sobre este recurso según las observaciones de su autor y los resultados de las experiencias hech^ por los ■ Acadé¬ micos; y desea qué cada qual traba¬ jando por su parte í ’ó mejore esta idea, ó la confírme con sus observa¬ ciones , ó la repruebe por inefícaz y i^^pugnánte á una sana práctica; quedando por ahora sin determinar* ■ se á resolver hasta que" nuevos he¬ chos lo pongan en términos de de cidir. DISERTAGIQN MEDICA: DE LA LATITUD QUE ADMIi ten el régimen; y dieta del . . puerperio* : POR EL Dr. D. ANTONIO SAl^ •taella y del Gremio y Claustro, do, Medicina ' de esta Universidad^ . Individuo de la Real Sociedad Patriótica y de la Real AcU'- - ^^demia de Buenas Letras y , Socio, Médico super^ .. numerario» ,r 1^0 se trata. en 'esta Memoria de las muchas íy graves- enfermedades que experimentan'jalgnnas paridas á conseqUencia de :.un parto difícil, d de otras causas que las ponen en es- ífadó dé peligro. Ya han escrito coií prodigalidad sobre esta materia mé¬ dicos muy sábios sin habernos de- xado nada que adelantar hasta aho¬ ra ; y por lo mismo no considera hoy el A. á la parida en estado de enfermedad ^ sino en el que presen¬ ta un parto natural con las resultas -regulares que le son propias. En estas circunstancias hay al¬ gunas cosas todavía que reformar, y otras que añadir ; las-quales se corhprehenden en el régimen y die« ta de la parida. . Llamamos, régimen ^1 modo con'que se debe tratar, y «n la dieta se incluye quanto corres, .ponde á su alimento , ó medios de sustentarla; Para proceder' con cla¬ ridad y^ orden considera el 5 r. 5an- iaélla el tiempo que llaman del puer¬ perio, ;6 purgación uterina en tres périodos; el, primero empieza des¬ de el fin del parto y dura hasta .^principios de . la fiebre láctea : el se- gundó compreheride todo ertíem-í po dé esta y y el tercero se cuenta desde que termina la fiebre hasta concluírse la purgación. PRIMER periodo. Después de una considerable ex.» tensión-que ha producido en el üte*' •ro el feto allí detenido todo el tiem- 'po del embarazo y sale por líltimo dexando libre aqiiel espacio que an¬ tes ocupaba con su tamaño y liber¬ tando las partes vecinas de la pre¬ cisa compresión que debían experi¬ mentar por su presencia. Muchos vasos venosos embian con demasiado ímpetu la sangre hácía el corazón^ algunas arterias libres ya de la pré- sion admiten con mayor facilidád la sangre que impele esta entraña ; los músculos del abdomen con tan lar¬ ga extensión han perdido su fuerza, y los tegumentos floxos por la mis- nía causa ho conservan sü reststeil*^ cia. ¡ A quantos males no expí^ínÉ semejante; situación í; Por lo rínsmo se habrá de.acudirijeíltonces coa-ej oportuno tratamiento. •; * Las faxas son el medio general? mente conocido y ^ adoptado para dar sujeción, á las entrañas sosteni^ das antes por el feto ? y despuei péndulas y sin apoyo por su auseiif cia ; para moderar también el dema? síado impulso en los vasos anterrói> mente comprimidos , y dar' á los miísculos y tegumentos, la fuerza dá que están. destituidos. Cuidado con el grado de'compresión que por su medio se bduce j algunos las aptie.^ tan demasiado > y según .ef estado de las partes que se com,primen, ■ .y los efectos de tan fuerte compresión se podrán: seguir conseqüencias muy perjudiciales > como acreditan alga? lias observáciones ; por cuyo motivo se deberá, proceder en esta parte con T cier- ^ '(17^5 fcierta moderación sin venir por esto á dar en d extremo opuesto. ■ ‘ Se separa del útero la placenta á poco tiempo de haberse celebrado el parto y y esta separación viene á completar aquella grande obra de la naturaleza. Entonces los vasos que se rompen y quedan abiertos arro¬ jan cantidades de sangre proporcio¬ nales al número de vasos compre- hendidos , y estos al tamaño de la placenta según las observaciones de Maurkeau 'y las de otros varios y lás nuestras. Pero en breve se dis¬ minuye esta efusión, porque el úte« ro se vá estrechando cada vez mas^ y los vasos contrayendo 5 á no ser qúe algún cuerpo extraño detenido en esta entraña impida tan loable acción y y cause un fluxo copioso de sangre que durará mientras no se desaloje aquel cuerpo. Mucho Gon- tribuye á esta retención la debilidad de la parturiente que deberá tener en córisideracion el facultativo su manejo. A conseqüencia de la salida del feto el orificio del útero se va con4 trayendo, la sangre se detiene en este ) forma coágulos para’ cuya ex* pulsión y salida por aquel conduc* to hay conatos y dolores muy mo-» lestos á que concurre , é influye lio poco la irritabilidad del mismO orificio } al qual si se adhiere el coa¬ gulo y el útero aumenta sus contrae^ cionés la irritación se hace mucho mas sensible y el dolor continúa. Muchas veces sucede que saliendo Ja sangre bien fluida Se perciba la misma molestia á causa de lá dispo¬ sición irritable que en aquel tiempo conserva el orificio uterino. La compresión insinuada por 'dio délas faxas podrá entonces impe¬ dir que se formen tantos coágulos , y Jiacer que disminuya la intensidad de Jos dolores, por razones que se com- pie.- (2Sa5 con fel sueño; son muy ligeras la^ alteraciones y é incomodidades de la fiebre láctea; por cuya razón se de¬ bería aconsejar á las recien-paridas que con tiempo aplicasen sus hijos á los pechos para llamar con 1^ suc¬ ción la leche; la qual conviene que mamen entonces ; y con este desti¬ no la proporciona tenue y serosa la misma naturaleza : por consiguiente es detestable la costumbre de dar la primera leche á los recien-nacidos otra muger y que no sea su madre; como algún motivo particular no la imposibilite para exercer una acción tan debida. Mas ya se ha tratado de este particular en varios escritos , y sin embargo de haber evidenciado en ellos hs utilidades de estos conse¬ jos y y los gravísimos inconvenientes físicos y aun morales de entregar los infantes á nodrizas extrañas; preva¬ lece la modá que se ha hecho cos¬ tumbre de no criar muchas madres ( 281 ) á SUS propios hijos socolor de escu- Bas ridiculas las mas veces, y á oca¬ siones abominables y vergonzosas. Las astricciones de vientre que tanto incomodan á las paridas , se pueden remediar usando de algunas lavativas de agua dulce tibia ; ó del cocimiento déla escorcionera. En los tíltimos meses del preñado se endu¬ recen los excrementos en los intes¬ tinos gruesos por la presión que experimentan ; y aunque hayan des¬ cendido al recto después de celebra¬ do el parto, su misma dureza les im¬ pide la salida ; por cuyo motivo es útil prestarles la humedad necesaria para facilitar su expulsión, libertan¬ do por este mediodía parida de la inexplicable dificultad y dolores que experimentan en el tiempo de esta evacuación y de otros achaques que han observado los prácticos. Ea limpieza es otra de las cosas que no se deben olvidar en el trata- míen- ^ miento de la parida ; pues á presen- da de una evacuadon continua se si¬ gue la putrefacción como no se cuú de de mudar con freqüeiicia las ro¬ pas. Llega á tanto la corrupción pof el desaseo y descuido en esta reno-, vacion^ que se hace insufrible el he¬ dor que despiden las camas de estas paridas apenas se mueven y ó sacan algún brazo fuera de la ropa; y ade¬ mas de esto se han observado suma¬ mente perjudiciales á las mismas pa- dentes estás inmundicias. El recurso para Obviar tamañas incomodidades y perjuicios es bieniacil. Se dispon¬ drán Ltnás camisas cortas que nó pa¬ sen del vientre, se introducirán lien-; zos á riiéríudo, secós y no fríos prc-i caviendo que no se airee la parida én estas mutaciones > y usando al mismo tiempo de zaleas para mudar¬ las también quando sea menester , y no empapar el colchón que no es tan fácil 3 ni comodo renovar. No - " Nó obstante las insinuaciones chas , admite el A. cierta latitud en estos dos periodos en la suposición de concurrir algunas circunstancias. Las mas de . las mugeres que viven en los arrabales de las grandes po¬ blaciones y en despueblos reducidos^ y aldeas gozan de un temperamento robusto y se mantienen con alimen¬ tos duros. Estas quando y paren si¬ guiendo su antigua costumbre no ob¬ servan el arreglo en el régimen y dieta tan recomendable en los prÍ7 meros dias: por esta razón y por¬ que freqüentísimamente se hallan li¬ bres eri este tiempo de las comunes incomodidadescomo se dixo ante¬ riormente ; se ha prestado el Sr> Sari' taeiia á permitirlas algunos ensan¬ ches en el régimen y dieta ; sin em¬ bargo de conocer que la exactitud de esta en los dos primeros periodos £S siempre preferible á qualquier^ excepción. Jamas ha observado buc:* nos efectos del uso del vino : lo tie^ ne por perjudicial las mas veces, y sck lo lo admite en el caso de urgencia. TERCER PERIODO. Pásadas las molestias que produ- Xo aquella revolución febril suelen continuar algunos entuertos y la eva¬ cuación de loquios; la qual aunque no se pueda determinar en quanto á la cantidad y duración ; regular¬ mente es menos abundante y dura¬ dera en las que crian sus hijos > en Jas laboriosas y de temperamento robusto, que en las débiles > de vi¬ da sedentaria y ociosas ; y en las que no dan de mamar á sus hijos. Esta diferencia influye notablemen¬ te en el tratamiento y dieta de la parida; se la concede comer en es¬ te tiempo pero ¿ con quanta pruden¬ cia no se debe proceder en la can¬ tidad y calidad de los alimentos? La eos- bojtutíibfe y demas condiciones préi venidas contribuyen y aun rigen principalmente en esta determina¬ ción. Ya se la puede permitir mayor extensión en sus apetitos y necesida¬ des ; pues que la irritabilidad ha ce¬ sado del todo j ó es casi insensible, y no hay el temor de las mutaciones y turbación que preceden á la calen¬ tura láctea. En quanto á la estancia en la cama se procederá con la dis¬ tinción que en lo demas anterior¬ mente dicho : las débiles aconseja ■ un sabio profesor, {b) deben per^ manecer en ella hasta pasados 12. dias por temor de un relaxamiento de útero ; las robustas y exercita- das pueden levantarse coa mas an¬ ticipación. No hay precisión de observar en el régimen y dieta aquel rigor demasiado y extrema diligencia coa que 0) terret, V art des accouch. (2S6j qiie procedían en otros tiempos 5 ^ aun todavía adoptan algunos con sus paridas por el espacio- de quarenta dias. y solo la preocupación > . el exemplo de otros ? la poca y ó ningu?* lía retiexion , y la ignorancia acom¬ pañada de un terror pánico pueden influir en mantener ; una costumbre ií'fundada. yy Procedamos con inte- yy ligencia , y distinguiendo lo que yy conviene en cada periodo concluya yy él, A*.y y se comprehenderán las yy latitudes en el régimen y dieta 55 del'puerperio. ; AS MA^ ^ MAYO. MIERCOLES 2, DISERTACION MEDICA. DE UN METODO EL MAS SIM- pie y seguro de curar el cólera- morbo espontaneo. POR D. FRANCISCO SANCHO^ Buendia , Jamas se procede con mas confianza y acierto en la curación de las enfer-- medades;, que quando cáracterizádas' bien 5 manifiestan por sus señales el origen de los síntomas , ó lo que es lo mismo , su verdadera naturaleza. El conoGÍmiento délos remedios con¬ venientes es absolutamente necesario; y después á presencia de lo que se ne¬ cesita con las atenciones debidas al V mal íiial y al medicamento se satisfaceií las indicaciones con manifiesto pro¬ vecho del enfermo. El cólera-morbo espontaneo tra¬ tado del modo que se propone en esta Memoria es un exemplo. bien claró de la utilidad y verdad de las anteriores insinuaciones. Es una en¬ fermedad de las mas conocidas por sus síntomas desde los tiempos mas remotos y aunque no se ha procedi¬ do ^ ni aun procede en su tratamien¬ to con la uniformidad y sencillez que se deben apetecer; por cuyo motivo se ventila de nuevo este asunto por si se puede conseguir, que algunos médicos nimiamente oficiosos se arre¬ glen al método conveniente en la cu» ración que debe ser sencillo , y es también seguro y eficaz. Examinadas las definiciones que han dado del cólera los escritores, se concluye, que todos convienen en la idea del mal. El es una evacuación fre- Ireqüente y violenta por vomites y cursos de materia comunmente biliosa y acre con dolores de vientre. Saú- mges que lo coloca i en la clase 9* ord. 2. gener. 15. distingue-varias es¬ pecies , y entre ellas la primera es la espontanea ^ que sobreviene en uñ tiempo caliente sin causa manifiesta^ y no se ha de confundir con las que provienen de crudezas, y de vene¬ no tomado la qyvdl Bósquillón lla« ma accidental. Del cólera esponta-^ neo han tratado con distinción Hipc^ crates y Aecio, Boerhaave y Haller, Van - Swieten y Cullen , M.acbridey Jlaetí y GortCf y Tissot , Sáuvüges v Sidenbam. . . ^ Algunos suelen equivocar las cau¬ sas, y lo que es efecto de una dis* posición humoral lo atribuyen á lo que se come ,• ó bebe. El origen de estas equivocaciones no es otro que el tiempo mismo en que se observa esta Enfermedad j pues siendo el mas Conocida la enfermedad por loá medios expresados, y constando por consentimiento unánime de los escritores y por la propia experien¬ cia y según lo que freqüentemeníe se observa , que es grande y execw tivo el peligro , no se puede perder tiempo en aplicar los remedios con¬ venientes para destruir el principio del mal, hacer calmar los síntomas^ y tranquilizar el enfermo. En dos diferentes ocasiones po-^ drá acudir el médico al socorro de la enfermedad ; ó bien quando empie¬ za ; ó quando se han propagado las convulsiones, es grande la debili¬ dad y vienen los calambres y está próximo el síncope. En cada caso se presentan sus indicaciones ^ y á ellas debe satisfacer el profesor con dis¬ cernimiento y sin confundirse 5 aun¬ que siempre con método y con sen¬ cillez. Muchos se aturden^ y bien co¬ mienzan por donde debian acabar;, ■ M (^975 6 bien continúan con lo que se pro¬ pusieron en los principios con detri¬ mento conocido; anibos extremos Bon perjudiciales j sin embargo de que se han practicado > y de ellos se leen exemplos en los libros que tra¬ tan de esta materia. Antonio de Haen se lamenta de las disensiones que ob¬ servaba en las consultas sobre casos de esta naturaleza , y refiere el fatal suceso de una enferma sexagenaria acometida del cólera, á quien des¬ pués de haberla dispuesto un pare- gorico y se la continuaron por conse¬ jo, de otro médico mas anciano ios remedios para promover las evacua¬ ciones de vómitos y cursos, con lo qual después de varias convulsiones vino á morir á las doce horas. Para proceder con oportunidad y acierto es necesario comprehender el estado del cólera-morbo , y jsegun •Ja indicación se prescribirá la medi- cma. Los síntomas manifiestan lo que con- conviene practicar, y és doloroso qüe se cometan desaciertos y exce¬ sos por no distinguir bien los tiem-í pos. Considérense atentamente los accidentes y el estado del enfermo^ y habra menos que advertir en es-i taparte.’ ' : No es menos detestáble el fárra-»* go de remedios que han solido dis¬ poner algunos con el loable fin de aliviar sus enfermos; sin advertir que semejante cúmulo es inútil y perjudi¬ cial : lo primero porque se puede y se debe proceder con mayor sehci-í Hez; y lo segundo porque las com¬ posiciones constan de ingredientes que perjudican notoriamente. Las confecciones que se dan para refoci-» lar las fuerzas van por lo común acompañadas de un estímulo capaz de aumentar el mal; lo mismo siícCí de á todo remedio cálido y estimu¬ lante. Los diascordios 5 las triacas y otras mixturas de su naturaleza, ó bien ■ (*4995 ^ ^ , bien hacen muy poco efecto y es 10 menos malo; ó bien empeoran la cau* sa, hora por hacerse importunamen¬ te sil aplicación ^ hora porque con¬ tienen algunas substancias que au¬ mentan la irritación. Es cierto que se leen curaciones muy compuestas del cólera-morbo; pero ademas déla simplicidad con que se ha procedido por médicos de la mayor nota ^ la. experiencia ha de¬ terminado mucho tiempo ha la cura¬ ción que conviene í como dice Cullen. Propongamosnos las ideas de Syden-^ ibíim recomendadas por Sauvages pa¬ ra curar el cólera espontaneo ^ y lo que es mas por la experiencia repeti¬ da y observación de sabios faculta¬ tivos : ellas se fundan en la natura¬ leza de la causa y de los efectos producidos. La cólera, acre por los calores y depositada con abundancia en todo el canal alimentario ^ excita turban cío- cíoaes peligrosas: se debe pues evá4 euar por unos medios suaves que no aumenten los estímulos, y que dis¬ minuyan la suma acritud de la bilis. Los diluentes por la boca y en lava¬ tivas favorecen muy bien estas indi-^ caciones : el agua tibia > ó la de po¬ llo satisfacen perfectamente en este caso; por qualquiera de las dos se| lava, y hace correr la bilis supera¬ bundante á la qiial se mezclan ^ y disminuyen su virtud estimulante. • Después de haber evacuado y mitigado el humor pecante y no se pueden perder de vista los efectos que ha producido una causa de tan¬ to poder , la qual continúa los es¬ tragos que es menester contener. Por esta razón quando el enfermo ha lle¬ gado á un estado de debilidad nota¬ ble se turba la vista y se abate el pul¬ so , y sobre todo quando repiten los calambres; es necesario acudir con el opio dado en forma sólida;, para f30l5 obviar que se vomite en ladisposi^» don irritable y espasmodica en que se halla entonces el estómago, el qual con qualquier licor y ó peso que se le introdusca ^ irritado mucho mas pro¬ mueve de nuevo el vómito, y se pier¬ de la.acción del medicamento: aun dado el opio en la forma dispuesta, se suele arrojar la primera toma que se dá; en cuyas circunstancias con¬ viene repetir la misma dosis, tenien¬ do presentes las cantidades de esté remedio quando es puro, ó bien cora» binado como en el láudano opiado. Aun en esta parte; consulta el Sr, Buendiald. sencillez , y quisiera que se usára del opio mas purificado, que no sería difícil conseguir , si ea las boticas donde se despacha esta subs¬ tancia , se repusiera depurada por qualqüiera de los métodos conoci-. dos. No se debe hacer uso del pare, gorico en los principios por no dexar ^ncerraclo el enemigo en unas .partes suma- sumamente sensibles j y en las tjuá* Jes causaría muy en breve indecibles estragos; es menester aguardar á que se haya evacuado y debilitado su energía y y entonces produce el opio los mejores efectos deshaciendo los espasmos y arreglando los movi¬ mientos y poniendo en orden toda la máquina. El agua fría con nieve y la misma nieve suelen tener un lu¬ gar muy distinguido en estos cóleras. Los antiguos hicieron mención de este remedio pero con ciertas limita¬ ciones y que en este temperamento no Ib harian muchas veces con la eficacia que se necesita. En efecto si se advierte con atención el origen del malse verá que el calor excesivo produce las alteraciones en la bilis que quedan expresadas; parece pues que un refrigerante del poder de la nieve, ó del agua muy fría po¬ dría contener las ulteriores descom¬ posiciones de la cólera^ y calmaren par- parte s ó*del todo la irfitaGion cida. Se ha usado el agua de «n bebida , repitiendo cortas p^n:^ dades > como ,de tres áquatro onzas, y también en lavativas y páñps^ei^ papados sobre el vientre con sum^ felicidad , y remediando de este moj do los .atrasos causados por las eva- cuacionea, conteniendo estas, y prcH curaiKio al enfern^^ ujia perfecta yaaqüilida]d y la completa restitución a su estado^ de sanidad. De estas cu- racione&'Se podrian repetir casos por; teritpsos sucedidos ^ en ésta ciudad'*, por^^hora basta con decir que so¿ inu§h.os;-Es de a4yertir, que se puer jde sostituir-á el uso externo en de- feoiq 4^1 agVia de nieve , ía que se Bace ■ ífe los pozos., -repitiendo 4 aplicación, de los paiios empapado^ quandq^se - c alientan , ó se'secan El tienip<> de la aplicación de estos jeffigerantes deberá ser quando des¬ pués de haber antecedido alguna^ X " evac- f304) evacuaciones y continúan las fatigas., se asoma la debilidad, hay ardores en el vientre , y permanece la in¬ quietud y vómitos: quando algún motivo detuviese el uso de la nieve en bebida y ó su agua , quedan los recursos de las lavativas y paños. ^ 2 Qué cosa mas sencilla que el método y los remedios propuestos para la curación del cólera esponta¬ neo? El agua con ciertas alteraciones, concluye el Á., unas veces tibia, otras fría, y el opio completan todas las indicaciones sin necesidad de echar mano en los mas de los casos de otras medicinas para perfeccionar la curación ; y dexa los íarices par¬ ticulares que no forman regla, y que exigen algunos otros ' arbitrios á la dirección de aquéllos sabios médicos que entiéndeii muy bien hasta donde se debe extender la simplicidad tan deseada en las curaciones y los me¬ dios de conseguirlas con seguridad. : JUEVES JO. -DISERTACION TEOLOGICO-MEDICAi SOBRE I.A EXPOSICION DE •los versos 32. 33* y 34. del cap. • 37* del Eclesiástico^ y templan¬ za eu el comer y beber. rOR BL Dr. D. JOSEF ALON^ SO y Saenzy del Gremio y Claustfo de Teeiogia de esta Universt-> '^ ' dad;, y Socio- Teologo de "• ' - ^ - erudición, ^Th w^l hombre que experimenta cbft- tinuamerite • pérdidas inevitables én 5u nptricioñ originadas de-las accio- nes de su propia vida ^ necesita re¬ parar con los aliméíitos todoS aque¬ llos' defbC'íOs qué -se oponen á su cc^- servadon y aumenío’ corporal. Con estas miraS' hace elección do varias subs- (3M>, Bóerhaave conoQ\(y.m\\y bien és*í tos efectos y los propuso con bastan^ te orden y claridad. Dixo, que el es¬ tómago se extendía demasiado ^ en cuyo "caso se aumenta la resistencia en el piloro, la sangre se mueve con dificultad por los vasos comprimi¬ dos , los nervios que experimen¬ tan presiones extraordinarias apenas obran j y las fibras de los orificios obran con demasiada fuerza, y pa¬ rece que cierran el estómago, cuya acción se debilita; siendo tanto mas funestas las conseqüencias de la de- xencion dé los alimentos en él, quan- To mayor es la extensión que vá ad¬ quirido, y la degeneración morbo¬ sa de las substancias allí detenidas. La dyspnea es consiguiente á la elevación del diafragma, é impedi- mento en su acción. Xas crudezas son precisas, y su. origen lo corh- prehende.el quet^tienelas ideas cqrn^ petantes sóbre la , admirable fundón dé la digestión j para la qual se re¬ quieren varias condiciones si ha de resultar un buen quilo. Desde la bo^ ca empieza esta acción ^ y quando la masticación ha sido imperfecta fal¬ ta la maceracion precisa y división que se requiere para preparar los ali¬ mentos : después cayendo estos eu el estómago con la extensión que le causan ^ permanecen como en una vegiga destituida de acción. Los eructos son un producto del aire encerrado en esta entraña, que llevan consigo los alimentos y cuya detención produce á veces dolores vehementes, aumenta la extensión y hace las^ veces de un estímulo- . Las náuseas y vómitos son otro efecto dé la acritud de los cuerpo^ allí detenidos y también de los ner-- víqs irritados. El vértigo y aun la misma apoplegía, especialmente en sügetos pletorícos ^ son también con. eeqüencia de semejantes excesos; pues ptíé^|)Drtfná pártf oo ‘síiendb pbá^ ble qiae Íb§ palrriones se dilaten na-») turaínénfe, impedido el movimien^ lo libre del dafragma como se ha dicho ; no puede volver con liber4 •tad lá;'Sangre venosa que viene .de la cabezay poT oCravla porcioii do la aorta que está rdebaxo del .estó» inagó''«e halla impedida por la coiti* p'ré^siOíí que;'entonces experimenta^ para embiar'ía'4aiigre-á las partes íiiíetibíféS' 5 jsb tan¬ to la abundancia de este hu^ •mor' á da oabeza porlas:. .cáá totíáás^ y-^vertebrál'és>'í^o será-pues extraño “que se veridque lo que div ce el-rftl3fnO Eclesiástico^ en el:>Vérs; ' 3 4 ; - '-^y Pr'óptér cr^pulam multUbie- • ■ • ' Í ' íi.ii . •' ■ • v '; • perjutcfos; nos expolie •la glOtdíis^'á-yenibriagúez. El que <>bSerW''áhsetqblanfó y • las .accionea d^ld^dteí'idados ár una mesa abun^ dame 9 dispíüe^ide- haber:, lleii^do cT bien ‘fetén süs estQftiagós con m eomida y ■ licores ^ Jio - düíSuácle quaiito: aquí •SB ha cxpufistoqEüos se ponen ^oñOr lientos y jorpej ,; k cara está jntiy «nearnada , y.los ojos qarg3dós:,'eív cendidos y teñidoá ,de sángre;en la •adnátar y algunas, veces enmedío del convite después: de estos .Antecede •te^ y. disposidionxaen apoplecticos; La variedad - ed: los ní^njares. es .por lo común:efecto, de la:abundan¬ cia; y en este .sentido ea .‘también -detestable. Además, deLlOvqi^l debe consultar Cada uno las Juerzas íte su :estómago , ¡y huir de paezidas; .pe^ ¿udiciales tal vesí^por, .siin^tUái'ezaí, .y porque pfued'ertvretardár dos^.pro- ¿resos de:.vina.‘.^ftairdige^ion ^ d¿ Ja ;qual pendie. l|ls.anid^d y oabtindaiír .cnam IpSr.-hunaQres;^ y.JJña^jnu.trício'4 loable,! :;.i -rp -..ivbs -3 Li V - Ocspdes.‘dQiJhaber dispeesto^eji de' por.ta.Pií03i en íá? .^esas.iáí. y r hábiendO( Rré®tiegíQLÍas ^ nía- ( 316 ) malas resultas de la glotonería, ha» ce ver las utilidades de la modera-^ don en estos casos por las expresio¬ nes siguientes con que concluye el capitulo, yyQjui autetH abstinens cst adjiciet vitam.<^<^ ,, La templanza pues en el co- ,5 rner y beber es útilísima para la salud , y recomendable en lo po- ,, lítico y moral, En esta ultima proposición con que concluye el Sr. Saenz su Me- nioriá se vé la necesidad que tienen muchos convidados y glotones de dominar su pasión para evitar los perjuicios expresados. El que se ha¬ ga cargo de los vicios de la gula en toda su extensión , que quedan bien expuestos , no'puede'menos de con« tesar la verdad de esta proposición. Si se advierte lo que se requiere para haqer -iina buena digestión , y si se reflexiona la frugalidad de mu¬ chas gentes, y aun naciones, coa las conseqüencias saludables de este porte > fácilmente se concluirá que la templanza* es ventajosísima y lau¬ dable para conservar la sanidad. En lo político se sabe muy bien su uti¬ lidad : y en lo moral comprehen- den sus ventajas todos aquellos que sienten los efectos de la abstinen¬ cia, y se hacen cargo de lo que los médicos han dicho de ella, y lo mismo varios teologos y la iglesia misma. La sobriedad 3 dice Cornelio á Lapide, „ es madre de la sanidad, 33 de la sabiduría , de la castidad, de 33 la santidad y duración de la vida; 33 la glotonería empero y embria- 33 guez son por el contrario origen 35 de la enfermedad 3 de la torpeza, 33 del apetito sensual, de los vicios y 33 brevedad de la vida.^^^ Entre tan» to, advierte el A. por conclusión, que muchos necesitan cantidades considerables de alimento para sa¬ tisfacer sus necesidades ; como los ira- '^gunos otros que por. tecnperame^to > edad ^ ó- cos-i turríbifíi d&hen gOT^v, de alguna ex-r cepdibu racionaL' , ;;Í l’' ^ t'.-',) oí oí) o;,-..o r . cí X ■ - ' • ■■■ ^-JÍ i: A-ijd X ■ / ^ ■ : - í t. ■ * i o 'Ii 'j '' ' ■ " ■ ■ A ' .z .' . a A-' - .0 ■ ; " ■ • \ I- , ■■ J> X,;. i'.,' p ' rri'’ i ’ ' rl :v' ^:.b’ 'i"r> : ’ Y : ■ ) cí " f3I9) immcoms disertación" MEDICA: DEL METODO Y REMEDIOS mas seguros de curar radical- ' mente las calenturas inter-?,in tb mitentes otoñales* POR BL Dr. D. DIEGO D^: Vera y Limón, ^c. odos saben que las calenturas ac*» cesionáles del otoño son de carácter rebelde 3 aunque variamente trata¬ das y mantiene su causa un tesón inéx« plicable, ocultándose por algún tiem:< po 3 y manifestando con repeticiones su er^rgía 5 su resistencia é impresión durable. Los médicos se han empe¬ ñado endestruir completamente tan¬ ta rebeldía; pero hasta ahora po¬ cas veces lo han conseguido. Por Y esta (3'20j esta razón se ha dedicado el Sr, Vera á desem-peñar tn la parte que le es posible el punto que forma el obje¬ to de su Disertación; en la qual'con- fiesa con ingenuidad , que por qual- qniér medio que se tome, se bur¬ larán muchas veces estas calenturas de los mejores recursos ; aunque con el buen régimen y elección de reme¬ dios que propone , se podrá evitar un gran número de recaidas. Para, determinar el A. su juicio^ hace varias divisiones y manifestan¬ do^ en cada una sus caractéres distin¬ tivos. Las calenturas intermitentes que conocen los médicos por cierto número de paroxismos , entre los quales hay y ó una perfecta apyrec- &ía, ó una remisión notable y se di¬ viden en vernales ^ y en otoñales; contándose las primeras desde el mes de febrero hasta fines de junio , y las segundas desde el mes de julio* ó principio de agosto hasta el de ^ 321 ) éfleró. Esta 'distincióní^iTe prcívieng de la diferencia notable que" ha;^ entre estos tiempos- B oérhaa-^ ve qiíié 'era rfecesariá • por muchos motivos que expresó V 5^ con su di<y tamen han-convenido ios mas célei^ bres médicos y es una verdad apo¬ yada por la Observación. - En efecto' con el calor dulce y moderaido de la primavera se ate-» nuan los humores ^ se .disuelven las viscosidades' ;j la transpiración se au-»' menta-j''y-en-una palabra 3 se disi¬ pan muchas de las impurezas reco^ gidás y como detenidas ert el cuer¬ po por el frió del invierno j y hasta ios vegetables manifiestan una revo» iucion saludable. En el otoño em¬ pero adquieren los humores mayor espesura la bilis se -pone acre ^ las evacuaciones dei cutis experimentan detencicmes pérjuciiciales'-;; y es- muy fácil la putrefacción de algunos ju¬ gos acumulados; porqüe los excesi; vos ciisma. sangre y que producen la diuw turnidad y renovación de la causa primitiva.,El médico que haya de cu¬ rar estas calenturas se deberá hacer cargo de todo. La estación es un enemigo poderoso que retarda la ejecución de sus designios, y por lo mismo es menester que procure mo¬ derar sus influxos; por lo qual s& deberá reducir todo el tratamiento á proponer por una parte el régimen y diera convenientes , y por otra a usar de aquellos recursos que ha¬ gan desaparecer los paroxismos que se presentan , y remedien todas las causas que influyen en la repetición. Generalmente hablando , con¬ viene; tener presentes ciertos consc-, jos para bien de los enfermos > sin cuya observancia son inútiles todos los remedios. Los excesos cometí-) dos emla , comida y y la exposición al ayre. frió influyen en el tesón de estas, .calenturas , siendo este último ^1 d que mas freqüentemente excita las impresiones de la causa, según in- simia Van-Swieten y acredita la ex¬ periencia. En esta suposición es me¬ nester cuidar de no mudar de ropa, especialmente quando el cuerpo es. lá demasiado acalorado; es necesa* rio también calentar las habitacio¬ nes de estos enfermos, encendiendo candelas para imitar el calor de la primavera , que tan útil es para di¬ spar las impresiones del frió de las -estaciones precedentes. No es de menos consideración la moderación en las pasiones de ánimo; pues se sabe .quanto turban estas el sistema Jierviop , y los desordenes que de su acción resultan ^ y en quanto á los alimentos está evidenciado por repetidos hechos el infliixo que tie- nen^ en la duración y recidiva de es- tas intermitentes por su calidad , ó cantidad excesiva. Con estas prevenciones transcen? den- tíentáies a todos los casos propone el A. los remedios por el orden dé las especies y variedades propuestas; En la primera variedad de las ter« cianas freqüeñtísimas en el otoño se¬ gún todas sus diferencias aconseja el Sr. Verá el emético , como una de las medicinas de mayor confian¬ za para conseguir la curación radi¬ cal. Recurre para fundar su dicta¬ men á la observación , á la razón y á la autoridad. Se han visto útiles los vomitivos en muchas constitu¬ ciones epidémicas de estas accesio¬ nales, y con ellos únicamente se han curado muy freqüentemente, ó se han moderado sus síntomas. Por lO común deberá empezar por ellos la curación, y si se desprecian tal vez se harán Rebeldes las tercianas^ La razón misma acredita la oportuni¬ dad dé ellos , como expresó Bocr- baave , quando propone su utilidad no soló por lo qué evacúan y' smo - por lo que contribuyen con su esti» mulo para mover y turbar el cuer-^ po, con lo qual se muda aquella con¬ dición que excita.la terciana. Ce/jo, Galeno ) Pablo de Egineta, Aecio, Riverio y otros varios médicos mi¬ ran como útiles los vomitivos en es? tos. males ^ y algunos con preferen¬ cia á qualquiera otro* Pero si á pesar de su recta indi¬ cación continúan las tercianas sin mo¬ derar sus impulsos^ y el enfermo se debilita con la repetición depilas; se deberá acudir á la quina en subs¬ tancia sin esperar á ios extremos que muchos proponen quando su acción es de muy poca energía respectivamente al estado, abanzado del mal. Tres cosas se deben tenCr presentes en su uso , indispensables para que haga el efecto que se ne¬ cesita , y son su cantidad, calidad y , tiempo de administrarla, Sucede que por defecto de alguna de éstas cali- cálídádes la terciana- no se cura, y el médico poco atento , ó el vüígo ignorante desacreditan su virtud i en lo qual encarga el A. el mayor cui« dado para no detener su uso. A tan benéfico vegetal le han atribuido también muchas malas con** Beqüencias y y se le han puesto üilOS límites nacidos los mas de la falta de consideración debida. Creen que las obstrucciones en muchas tercianas son efecto de la quina ; pero mu¬ chas veces se ha visto que en una hidropesía ascitis y en otras debi¬ lidades nacidas del mainel uso de esta corteza lo ha disipado entera¬ mente. Un enfermo que adolecía de la enunciada hidropesía proveni¬ da de repetidas tercianas muy mal tratadas, se ha visto perfectamente curado con el uso de la quina sola* mente y remediada la terciana que era el manantial de todo el daño, habiendo obrado como el diurético mas mas poderoso. La equivocación con que se ha procedido en quanto á el origen de los síntomas de lás tercia¬ nas , ha motivado muchas-veces el descrédito de tan bello especifico; se-^ha dicho que es cálido y que no hace mas que suspender á Oca¬ siones el ímpetu de la -fiebre por al¬ gunos diás: pero el Sr. Vera está seguro que si se. hubiera Usado en tales casos con mas tino y : conoci¬ miento de las calidades prCcisas-pa- ra su recto uso, no se le - habrían atribuido semejantes conseqüencias. Es cosa bien reparable que.quando obra con mas prontitud y eficacia es en los tiempos mas cálidos-del año, y con todo se le atribuya.una:dua¬ lidad irritante». . . En vista dé todo lo qnál j el A establece las toaximasi si^uientesi Oportunas. p ara la curación radical de estas tercianas. Primera, el teifcia- uario deberá usar del emetico>eirÍGs .prin- principios.. Seguiídá, í se deberá adr- rriinistrar la quina :§! este no ha pro4 ducido todo el efecto deseado ba¬ jeo las prevenciones hechascon la particularidad de no esperar para re-f ciirrir á ella, que el enfermo se.de-* bilite notablementeó bien se ha¬ yan originado algunos de los otros efectos producidos por la atonía; porque entonces aunque pueda quina suspender por algún tiempo acción de la causa 5 como los efec¬ tos existentes dispopen á mayor du¬ ración y y no se piieden remediar en tan pocas horas ; queda la pro¬ pensión á la recaída , la qual exige particular atención , si la curación de la terciana ha de ser radical. En estas circunstancias conviene no olvidar el uso de esta corteza aunque en menos cantidades marida¬ da con los atenuantes , ó. aperitivos^ continuando su uso por mas de un mes , ó mas tiempo según la disposi- cíon del enférmo. Entonces son tam* bien oportunas las aguas algo mar* cíales. El movimiento general ó par¬ ticular y esto es 5 de todo’el cuerpo ó de algunas partes por medio de las friegas , es otro recurso apreda- ble para procurar un grado conve* niente de calor 5 vigorizar los sóli¬ dos y disponer los humores al gra^ 'do que necesitan de fluidez > contri- huyendo por último á mantener •aumentar la transpiración. Si la en¬ fermedad continúa rebelde , lo que es mas freqüente en las 'quartartas; ó se conserva la disposición para recaer con facilidad; será un reme¬ dio eficaz la mutación de tierras, se¬ gún ha demostrado repetidamente la experiencia , y lo enseña Hipócrates, En la segunda variedad no se puede omitir el uso pronto de Ja quina quando los ^htomas son tan perniciosos, que no sufren dilación, y el riesgo está á la vísta, pero eti Z es- estas no se puede intentar la cura¬ ción radical en la del paroxismo^ con especialidad siendo de aquellas en que por haber demasiada pérdi¬ da de substancia j como en las co- Jericasj es muy probable la repeti¬ ción , siendo preciso para obviar esta el método poco ha establecido en la variedad antecedente. No se habrá de proceder con Ib gereza en la tercera variedad; para cuyo tratamiento en todas sus dife¬ rencias es menester atender á la na« turaleza de la enfermedad que se complica y para apropiarle su reme¬ dio ; tal vez será conveniente en es* los casos la calentura que podrá ser remedio : pero no es del caso tratar de la curación de una enfermedad que podrá ocurrir en todos tiempos. En el tratamiento de las quarta- nas otoñales se deberá proceder con igual particularidad y discernimien- io: por lo común son mas pesadas^ X . , ^3375 , y teniendo en consideración qtie loá aparatos deviscidéz y debilidad son mas notables 5 se habrá de estable¬ cer la curación radical insistiendo en el uso de los aperitivos, y coiToboí^ rantes mezclados con la quina* Las evacuaciones de vientre son útiles, quando no llegan al punto de debi-5 litar mucho al enfermo. En la segunda y tercera variedad se exámioajrán los síntomas y coni”* plicaciones para apropiar la medi¬ cina : sobre lo qual sobran adoctri¬ nas en los AA.: que tratan de esta materia, prescindiendóse por ahora el A. de exponerlas con extensioní^ por considerarlas fuera de su propó-. sito. En pocas palabras : conocida la intermitente otoííal , se principia* rá por el emético especialmente e« la terciana ^ y por, el purgante v en la quartana baxo las cautelas cqnvé-* mentes. Convendrá después en . la variedad primera de las tercianas, re- * il'344) De las dos proposiciones dichas y sus experimentos se sigue clara¬ mente 5 que el fluido eléctrico au¬ menta el calor animal, que es la quin** ta proposición. La sexta y ultima reducida á precaver los malos efectos que pue¬ de tener la conmoción eléctrica gra¬ duada 3 se hizo ver presentando prácticamente al teatro los distintos modos que hay de electrizar , aun el últimamente inventado ^ aislando la parteL del cuerpo que se quiere, por medio de cartones plateados y cadenas de comunicación entre estos y el conductor; haciéndole después sufrir á un páxaro la conmoción eléc¬ trica de una batería de 8. botellas aun no tan cargadas comó pudieran, que» dó este muerto , y todos convenci¬ dos que la conmoción ha de ser el úl¬ timo recurso que se debeadministraí con todaslas precauciones , que exi¬ ge un remedio de tanta actividad. LOS BAÑOS. disértacion inaugural. leída en la Real Sociedad de medicina de Sevilla,, Dr. D. B0NIFM:I0 !JUAN Ximehez de Lorite, del Gremio y Clausti:í>. de la Real Universidad de esta Ciudadp^ ^ ' actual Vics'Presidente. En 25:-/^ ' de Octubre dé fjgz. JL/os baños; C * )Gnya naturaleza, especies y antigüedad han ocupado taii''dignamente tantas y tan sabias pítimas j y formaron entre los Egip¬ cios i, Persas, Hebreos Griegos, Romanos , Arabe? ^y antiguos E^a- fíoles un Tamo •; considerable de . la polidíaf económica y médica 3 harán dqofojgto de ester' pequeño discursos nafpiara detenerme considerándolo, opr-'-'-i:- ■ . : / ' en ^ ^) 'Sq iñlpríme'’ original como Iá ley4 üílautor» en todos sus aspectos, sino solo á efecto de renovar consideraciones que se han hecho otras veces, pero qué por desgracia no han tenido has* ta ahora su debido cumplimiento. Que los baños no pueden pros¬ cribirse sin ofensa de la razón es una cosa que persuade la misma natu¬ raleza de cuyo seno nace el comuit apetito á la hurnedad, y cuya pri¬ vación destruiría en breve toda la población de Jos vivientes. No sé puede existir sin agU'a> y hasta los paí¬ ses y cuyos moradores usan mas del vinó' yiotros licores, logran á pesar de sus desordenes en el ayre que dos circunda , en las tterras que habí.* tan y en los vinos:que beben la poíl cion' de'hnmedad'.y agua necesadá para conservar la :vida: así los Ves^ mos practicados* en todos los impfeí- dos y naciones desde la primera edad del mundo; y aunque algu nos historiadores atribuyen su principio a (347) la necesidad del aseo por todos los si¬ glos en que no se sabía texcr , ni las gentes usaban ropas interiores de lien¬ zo su misma continuación aun des¬ pués de conocido el beneficio del li¬ no es un argumento positivo ó de su Conocida importancia , ó de que no era la limpieza y purificación de los cuerpo¿la verdadera ó la única cau¬ sa de su introducción. Dos apetitos conocen los Psycologicos en el hom¬ bre > uno que llaman natural, inna¬ to y authomatíco , y otro racional: por el primero se inclina á todo lo que corresponde á su parte animal, y en que conviene con el común de las bestias , sin mas diferencia que la que dictaiblas leyes específicasde su economía-,, y esto es lo que los jurisconsultos llaman (bien- , que ea sentidolatoé impropio) derecho na. tural , y en el mismo puede llamarse basa y fundamento de la medicina. A este y pues j pertenece la indina^ cion cíútt &1 baño> al agua y álahnm^ad^ así vemos quanto la buscan y se créan con ella las aves y quadrüpedos. Una verdad tan inconcusa y prác¬ tica ha ofrecido ^ como otras mu¬ chas ^ á los médicos observaciones encontradas y dándoles que discurrir y trabajar , y motivos bastantes pa¬ ja dividir sus opiniones. Convenía en este caso que los. hombres fuese^ mos menos racionales, ó no -serlo absolutamente y y con esta sola cir¬ cunstancia se dirimían las controvéi' sias. Los brutos hostigados del car lor buscan el agua de ríos y de maVf •de arroyos, estanques, charcos y lagunas ; y sin el menor exámen de si es ó no corriente , limpia ó suciaj dulce ó salada, delgada ó gruesa, se arrojan á ella sin mas dictamen , - ni jrefíexion que el apetito de moderar el calor que los molesta: y la prue¬ ba de su acertada^conducta está, en que ninguno enferma por esta causaj y es que no se bañan por mas re* glas , que las de su apetito natiiraL No llevan cuenta del nümero de ba¬ ños que se han de dar , de la hora en que los han de tomar > de ía pre¬ ferencia de las aguas ^ ni ,de otras mil circunstancias que el arte ha in¬ troducido en los hombres, de cuya exactitud y certeza no estamos bien convenidos: verdad es que entre los animales , de que tenemos conocir miento^ hay muchos que se bañan, y muchos que no^ cuya observación es constante y digna de exáminarsCi debiendo esperar de su considera¬ ción reglas prácticas, que podrían conducirnos mucho mejor que los discursos. Quando el apetito racional influ¬ ye en estas causas fluctúa el hombre y se sumerge en un abismo de dudas y disputas interminables, y aunque se recurra á la experiencia su misma variedad ,y de exactitud dexa sin C350) €Ín resolución los problemas ^ por no, haber cálculo que los defina. Los médicos están dispersos , las gentes governadas por su dirección siguen sistemas opuestos > y lo mas admi¬ rable es y que dentro de esta misma ■ asamblea estamos divididos en dos expuestos partidos relativamente a los baños de tina y- rio y alegando cada uno en su favor innumerables razones y experiencias felices y que siendo fundadas é indubitales dan margen para inferir > que son indi¬ ferentes- y de igual valor* En efecto por lo que vá dicho de los brutos, debemos separarnos de la escrupu¬ losidad y adhesión con que unos pa¬ trocinan los baños del rio > y otros los domésticos* : Dos escritos particulares y reco¬ mendables tenemos en el asunto : el primero es del Dr. D. Pedro de Casm Médico de Cámara de S* M. y Regente de la Cátedra de Prima de ésta Universidad ^ escrito el úñS de 1727. con motivo del edicto pa 9 -¿ toral del Sr. Salcedo prohibiendo loá baños del rio por evitar los desorde;^ nes que resultaban de la coníusibá» de ambos sexós : en cuyá obra es¬ forzó quanto era posible ja prediáioíf é importancia de los baños del nOJ particularmente en esta ciudad ' y la preferencia qué tienen á las térttla^ ó baños de tina; y nó puede^dlf^ darse de la solidez > erudición ' ‘3?» energía con que persuade su intentOf de que Sin duda resultó la susperii' sion del edicto , y mereció la ¿Iptop bacion de los rúas doctos médicos: tjue entonces floreeian ^ aun de esta tnisrilá .Sociedad.' Acaso este sabio escrito atraxo el asenso de muchos- dé sus contemporáneos;, y si' esto- no fue asíá lómenos cscierto'que el Sr. ^Bríoso' nuestro mas antiguo? compañero , y que tendría 21. años quando escribió su disertación el Dn Aa Ojo-- (3515 0íorta Gon un cúniuío gíande de ra¬ zones y experiencias y de que todos feeírips sido testigosha protegido siempre la preferencia de los baños d.el rio. - . Pero el Sr. Buendia en su diser¬ tación sobre el viage de Italia ^ irn- presa en el tom. 2. de nuestras Me- ínorias , hablando de las termas de Koraa pag. 351. hace un paralelo entre los baños del rio y domésti¬ cos:, inclinándose á estos últimos, con doctrinas y reflexiones tales, que pueden someter el asenso de qual- quier ánimo desprevenido é impar- eial; por manera, que siendo las ex¬ periencias , razones y dictámenes de ambas partes igualmente grandes, numerosas y concluyentes, es pre¬ ciso. decidir la qüestion transigiendo el asunto: quiero decir, que los baños del rio, de mar, de termas, csfa.nques , tinas , fuentes, y pozos son respectivamente hablando igual¬ mente útiles y provechosos. En otro tiempo y en otro asieníí to presentamos á la Sociedad una Memoria-^ en que refiriendo las cos¬ tumbres de: las naciones antiguas' y modernas en este particular ^ pro¬ curamos persuadir la necesidad é im¬ portancia de renovar las :-termas ro¬ manas, ó baños pdblicos para be¬ neficio de los habitantes de esta ciu¬ dad. Graves y urgentes motivos lla¬ maban y llaman nuestro asenso , de los quales los mas principales sonr I. Que en ella los hubo hasta él reynado de"D. Pedro el Justiciero^ que es. decir hasta principios deP si¬ glo XIV. cuyos vestigios hemos vis¬ to , y sobre los queden los conti^ guos á la Parroquial de S. Ildefons.o .tiene labradas dos casas el Cabildo eclesiástico ; sobre los de S. Vicente en el sitio que aun conserva el nom¬ bre de los' baños está-fundado el jConventó dé Monjas que llaman de |esus: los de S. Juan de la Palma eq , .. (3605 lan cómodas y lítiles como.se debía esperar. Decía Vitruvioy que los edi¬ ficios debían construirse de modo que fuesen sólidos^ cómodos^ hermo¬ sos y saludables; y aunque las ti¬ nas no son edificios > y se labren só¬ lidas y hermosas, les faltan las qua- lidades de cómodas y saludables: por lo qual y para utilidad del co¬ mún debemos advertir ^ que entre tanto no llega el deseado tiempo de ver las termas publicas y deberán ha¬ cerse de un tamaño capaz de que los cuerpos se muevan de una par¬ te á otra:, con un foramen á un lado del fondo á efecto de desaguarlas, y de que durante el baño se vaya extrayendo el agua , y reponiendo otra de nuevo hasta haber evacua¬ do totalmente la primera , lo que se conseguirá por medio de un epis*' lomid ó llave puesta en la canilla, y un conducto de lata que vacie en Una cloaca ó sumidero. De este mo- ^ Í3«i) , . . y volviendo á evacuar la segun¬ da agua y renovándola diariamente, procurando purificar bien la tina de Jas impuridades que de la transpira¬ ción y orina se depositan en el fom do, y sahumándola á mayor ^abun¬ damiento , tendremos un baño do¬ mestico de que se sigan mayores be¬ neficios de lo que experimentamos. • Sobre el agua de estos baños no está conforme la república médica; unos quieren que sola el agua del rio es la conducente , otros preten¬ den que también pueden servirlas de las fuentes, porque en unas y otras hallan la qualidad de ser corrientes, que es el ídolo que tiene infatuados á muchos , sin reparar que las de pozos lo son también sin mas dife- féñcia y que correr las unas sobre la superficie y las otras por las entra¬ rías de la tierra. Lo dulce y lo sala¬ do 'es otro cargo que se hace á las ó'guas de pozo ; pero en ios puerto^ - ■ i se f362) ge banarí en el marsin C[iíe les- ení< J)araze lo-salado. La naturaleza, rais^ ma nos enseña como se debe pen-f sar en el particular,: nos presenta á' la vista las aguas del mar, de loa ríos 5 de las fuentes y pozos de loa que unos son dulces y" otros salo-, bres 5 y de estos según la mayor Q menor copia de sales varias , y de¬ más principios heterogéneos que la* men en.su nacimiento y curso : -taria-í bien nos ofrece ;el; inesí i ma ble don de las aguas espontáneas ^ acidulas y termales 5 de que tenemos tantas y tan diferentes .especies 3 respecto; 4 los cuerpos que tienen en disolu¬ ción. A vista , pues , de ser el agua la materia de los baños 3 y haber tantas variedades en ella 3 y, supuesto que sean necesarios: para conservar la salud y CLgar muchás enférmeda-- des^^ el médico doéto-conducido por sus pcincípios tomará-la indicación^ y eiegifá.él agua que mas esper^ " ta* favorecer la* necesidad de su dieríte; Sobre las aguas de pozó domina tiertamente una preocupación y que quisieranaos desarraigar. Qualquierá que contemple y que en los lugares dcmde no hay. tíos ^ quando es mé- iiestersé daii baños de tina con ^gua üel pozo 5 con igual bene^cio que ios de rio ó fuente; y por otíá par¬ te sepa que. los 19. años, que^vlyí en el Hospital de la sangre se bañó ^con¬ migo toda mi familia en agua! de la noria, que es de las mas salóbrtes que he probado , sintiendo con ella' los mismos efectos y beneficios V qué eon la del rio y no dexará^de persua¬ dirse del engaño en que srCíOStá sobre la escrupulosa elección deagnas, de que por nuestra cansa veo^tan pre¬ venidos los ánimos déb las cgeotesj Convengo voluntario en qoé'*^áFa el efecto deben preferirse las' de’;rio' áí las de fuente, y estas á las dé pozb'- pero esta- preferencia' solo t^drá gar gar prácticamente quando haya co* modidad y facilidad de aprovechar¬ la ; pero en el caso de imposibilidad ó dificultad moral > las de pozo pue¬ den servir muy bien> y nías si son dulces y de aguas de paso de que hay muchos en esta ciudad. La regla de este punto es la misma que la de los alimentos. El faisan es mejor que la gallina y la gallina mejor que la baca y carnero ^ el carnero y la ba* ca mejores que el macho la cabra y oveja; pero hay muchos pueblos que se mantienen sanos ^ y viven fuertes y robustos con estas tres úl¬ timas carnes y sin echar menos las primeras y y solo recurren á ellas pa¬ ra los enfermos , que son los casos en que con mas prolixidad deben elegirse la dieta y los remedios.;; Acabé Señores este pequeño ras¬ go y que por su mérito y extensión siempre será pequeño: y ved aquí que en un mismo hecho empiezo .y; aca- m) acabo: doy fin á mi tarea y principio á las- que han de seguir la mia; si es¬ ta es de algún valorninguno ha¬ brá que no quiera imitarme 5 y si no lo fuere , todos deben exceder¬ me. Esta noble emulación es la vir¬ tud que espero admirar y celebrar de un cuerpo ^ cuyos individuos tie¬ nen dadas tantas pruebas de su ze* lo y aplicación por el bien pübiicOí El Reycuya soberana beneficen¬ cia nos juntó y mantiene ^ exige de nosotros la correspondiente retribu¬ ción 5 y por mucho que hagamos^, nunca podrémos desempeñar justa¬ mente nuestras graves obligaeiones. \ El reyno nos espía y observa > los sabios nos estimulan con sus elQgios, los progresos que hacen las,Acade¬ mias extrangeras de nuestro: propio instituto nos convidan é infiaman a competirlas ó:excederlas;5 los ade¬ lantamientos de la física ^ quiinipa botánica y parte clínica de la . , ; .di-^ ídicína son otros tantos despertado-? res que nos avisan el verdadero mé* todo de tratar estas ciencias. El borron de no ser los primea¬ ros en abrir caminos tan ilustres y sublimes y que guian al templo de la sabiduría , debe disiparse con em¬ peñarnos en mejorarlos 5 y aunque los inventores de las cosas son siem» pre recomendables y tienen también un mérito sobresaliente los que las añaden y perfeccionan. Nuestro pro¬ pio honor y conciencia no nos per¬ mite dormir ni descansar sobre lo que sabemos y que siempre será po¬ co; y si el que es justo debe justificar¬ se mas, ninguno debe contentarse con lo que sabe, sino aspirar á saber quam to sea compatible con sus fuerzas y circunstancias. Acabémos de una vez de envidiar sabidurías- agenas,’ empe. ñemonosen ser envidiados de todoS;» y de este modo habremos? llenado en lo posible nuestro ministerio delante de Dios, del Rey y del mundo. Dixi. / MIERCOLES 31 . DISERTACION FISICO-MEDICAj DEL MECANISMO CON QUE SE forman y afectan a varias partes del cuerpo los que llaman flatos ó > vapores.en ambos sexós. — • POR EL nr. D^MARQOS HIR AL-^ des de Acosta y del Gremio y Claus^ tró: de- Medicina de esta Universi-^ ■ dád y} .su. Catedrático de Método^ ; ' Socio de número , y Con^ ' siliario primero^ 1 hombre , que ha sido siempre objeto de las especulaciones de los sabios , se compone de dos subs¬ tancias tan íntimamente unidas co¬ mo demuestra la mutua correspon¬ dencia que observan en sus respec¬ tivas funciones, sin- einbargo de la Bb dife- diferencia y oposición entre una na¬ turaleza toda espíritu con.facultad de pensar, y la de otro sér todo ma- t.éjcia. capaz de las afecciones de un cuerpo ñsico. Pero mientras subsis¬ tan 'las leyes de tan inexplicable unión.,, el cuerpo sentirá los afecr tos -del alma , y esta corresponderá á los movimientos de aquel; recipro¬ cidad admirable, que dura todo el tiempo queCpefmanece. la ..vida del hombre. ' ^ . -V Además de este respecto;debe considerarse núes tro cuerpo Lbaxa otros muy diferentes. Si se represen¬ ta como un compuesto de varias pa¬ lancas con fuerzas dimanadas de la estructura de estas •, de las cuerdas que com ellas se advierten ^ y de las acciones que del vario mecanismo dimanan, es ciertamente la máquina mas ingeniosa. Lo mismo habrá de decirse considerado el movimiento de los fluidos por la multitud de va- &0S y canales^ que tan variamente sé hallan dispuestos por todo él. Pero mirémoslo baxo otro aspecto. El es, un compuesto de varias substancias, para cuya renovación se executan en el cuerpo humano Varias operacio¬ nes; hay descomposiciones, altera-- ciones y resultados , que no nos dan arbitrio para dexarlo de considerar como el mas bello laboratorio de chimica., de que se puede formar idea, ( n) ■ : De todo lo qual se infiere lo que dixo elsabio Forster^ que en el cuer-* po humano todas las funciones se exercíaii por una fuerza mecánica, por operación chimica ó por am^^ bas cosas juntas. Para que un médi¬ co pueda entender el origen y me-^ canismo de tan diferentes fenómenos no deberá contentarse con lo que una (a), Sfgaud de la Foiid. Dict. de phy-i siqvárt. Cor^s» las de otros muchos. Es verdad que no tenemos idea bastante de muchas materias aeriformes j que existen en nuestros humores y y lo mismo en nuestros sólidos y pero esta ignoran¬ cia no impide que conoscamos la presencia de un ayre elástico y libre y sin agregación dentro de nuestros cuerpos , y otros combinados con mucha intimidad como parte consti¬ tutiva y verdadero principio. La acción y resistencia á la pre¬ sión que sufre toda la superficie dcl cuerpo y es una prueba que eviden¬ cia la presencia del ayre en nuestros fluidos y órganos. En efecto 5 está demostrado y que el esfuerzo del ay¬ re exterior equilibra al que se halla en lo interior del cuerpo y bien sea en los humores ^ ó en las partes só¬ lidas y vasculosas ; por cuyo moti¬ vo nos causa muy poca impresión eí peso , que exerce continuamente sobre nosotros el ayre exterior. Tam- bfen se sabe (^ue una pequeña masa de ayre puede equilibrar por su re¬ sorte la presión de una columna de ayre de la misma base y de toda la altura de la atmosfera. ¿ Qoé extra¬ ño será y pues (c) y que un hombre de mediana estatura , cuya super¬ ficie es de 14. pies quadrados sos¬ tenga un peso de 31360. libras^ quando la presión de: este fluido es¬ tá en su término medio, como cons¬ ta por un cálculo bien exacto? - Podrá haber alguna diminución en :1a presión atmosférica de donde se siga mayor extensión en el ayre interior y con el qual se equilibra; lo mismo podrá suceder quando un calor excesivo dilata el ayre en nues¬ tros humores ó sólidos; aunque ja¬ mas gozará dentro de nuestros vasos y canales de toda su elasticidad ^ di- ' ( c ) Elem. de Fis. de Sigaud de la Fond, traduc. tora-3. p. 124. y siguientes. ( 37 ^ latandose quanto podría según su ría'* tnraieza ; pues en tal caso se seguiría inmediatamente la muerte;, segun:han demostrado varias experiencias. Van- Swieten refiere^ que habiendo intro> ducido con su soplo una porción de ayre en la vena crural de uii perro por medio de un tubo ^ se siguieron después una respiración anhelosísima, anxíedades.y la muerre:;( d ) Parej¬ ee consiguiente á quanto- hemos di¬ cho hasta aquí, que él ayre atmo^ férico obra en nuestros cuerpos, den¬ tro y fuera de ellos 9 que á su dila¬ tación y elasticidad' principalmente se debe atribuir gran parte de'su influxo , y la explicación de varios fenómenos 9 que es necesario el ex¬ presado equilibrio ' -para conservar los diámetros naturtflcshie los vasos, la ‘fluidez y movimientos en nuestros líquidos 9 que nunca puede manifes- i— - . tar ■ Cá) Coment.m aph.-BQerh. aph. (3795 tar toda SLiracciGn expansiva en nuestro interior, sin qu& sigan. alte-^ raciones muy perjudiciales: á .la sani«^ dad. y conservación . y finalmente, que su presencia es necesaria en nues¬ tros órganos :por las varias utilida-: des, que de ella resultan. . - .Los humores y sólidos se com¬ ponen desvarías partesen cuya coiistitucion entra el ayre combinán¬ dose y formajLido una de las mas prin¬ cipales y que mas contribuye al pe¬ so: que en los: cuerpos se advierte, y á la producción de ciertas qualida-. des i cuyo origeiino es otro.que el de la uaJtLiralezá .del¡gas. Son• ráuchos- los efectos, qué producen en nuestra constitución material, favorables unas veces á la conservación y pros-' peridad de la:vida , y otras, contra^, rías á nuestra..salud :y comodidad. El' ayre principio está tan admira¬ blemente concretado en los cuerpos, qiíe áp.en^ sería creíble su extensión , .des- _ ■ (3 so) después de desprenderse á no éstaí persuadidos de esta verdad por he¬ chos repetidos, y por autoridad de mucho respeto. El que sepa, que« Una pulgada cúbica de materia to¬ mada indistintamente en los tres rey^ nos de la naturaleza ^ según Halesy dá en su descomposición de 400. á 500. pulgadadas cúbicas de ayre (e) comprehenderá la estrechez con que* se hallaba antes unido, y su natu¬ ral virtud expansiva y elástica. Por lo que respecta á las canti¬ dades de ayre combinadas no se pue¬ de determinar con exactitud , por¬ que además de no haberse obtenido- hasta, ahora un conocimiento claro de las partes que constituyen las va» rías que componen el cuerpo huma-^ nosiempre sería muy ardua una determinación tan exacta aun des¬ pués ( e ) Diction. de Physic. de Sigaudde la Pond. to;u. i. pag. 14^. pues de conocidas. Sabemos > qus gran parte del peso de los mixtos se origina de la porción de ayre que contienen^ como se ha insinuado ; y algunos sostienen (/) que la piedra calcarea algunas veces perdia en la calcinación mas de la mitad de supe- so^ y que esta pérdida dimanaba del gas carbónico que se desprendía coa viloencia. De lo qual se puede infe-" rir por un argumento de analogía, trasladando lo que se observa enmu^ chos cuerpos sobre este particular, á lo que deberá creerse suceda en el nuestro; que si. no se pueden demós-< trar con un rigor matemático las ex¬ presadas cantidades de ayre principia en los cuerpos , se podrá á lo me-; nos concluir que son bien notablesj .Lo: que hasta aquí queda dicho de ios- varios .gases que se combinan en nuestros cuerpos con las partes que' (J*) Elemeutt de chímic. citad, pag. 145^ ( 3 * 1 ) que entran en su composición, ' de-^ berá entenderse de los que se mez« clan con los alimentos^ bebidas y quantb se introduce por la boca que se deposita en el. estómago , en don¬ de experimentan varias mutaciones que es indispensable conocer bien. Las calidades de estos ayres son ya mas fáciles de comprehender por so¬ meterse los cuerpos que les contie¬ nen á nuestra inspección y examen: así pues juzgamos del carácter de ca^ da uno- ^ y sabemos el origen de su acciun ^en algunas partes con ios te*? sultados de su influxo. - : Los alimentos mascados-é im¬ pregnados del jugo salival ván á de¬ positarse en el estómago y do'nde deben recibir una disposición parti¬ cular ^ por la qual 'se separan las par¬ tes alimenticias convirtiéndose en qui* io , y disponiéndole para repararlas pérdidas 3 que nos causa inevitable- exercicio de las .funcione? Í3*3) de nuestra economía, ha digestión^ pues se debe considetar coinQ. un?^ Operación compuesta en parte^ Mí¬ mica , y en parte mecánica. Si atendemos al mecanísmp de esta Operación ^ á el de otras de;su naturaleza executadas en la chirtiH ca, y á la acción de los sólidos que contribuyan á ella^, ¡nq^se dudará;de la gran^probabilidaá de ésta opinión, Hagamos el cotejo 5, y veremos en los resultados quanto -, es necesario para nviestro convencimiento... .io:> Primeramente los cuerpos; que han de?-digerir, se deben colocar en. vaso: apropiado : este ^on en nuestro cuerpo: el; estómago y duodeno,' c.u- ya con^ótucioii deferá corresponder ó la facultad conj.qqes en 'ello$¡ibaii de pbr^r..^;, . , Xo i. La textura de los cuer^ pos deber. ser prQporeipnada , par ra que da; penetren los respectivos menstíuos.. Los alimentps por.sóUi. Ce * dos (3845 idos qae sean 5 se han de-prestafcon docilidad 5 a que los penetren los ju- g^' digestivos que se depositan en el estómago. 'Lo 3. El menstruo ha de obrar sobré la parte digerible, y extraerá las que se habrán de separar. Nues¬ tros jugos digestivos penetran mas ó menos la pasta alimenticia de don¬ de -éXtraén varias substancias**' Lo 4. La. acción del menstruo ádbe estar acompañada del calor conveniente, qué dé’ mayor mobi- lidad á sUS partes, y abra los po¬ tos del cuerpo que se ha de disolver á'fin de que lo penetren los disol- vente^. Én la separación de la pasta Xilíniénticia por medio de la bilis y y demás jugos digestivos hay un cierto grado de calor en el estómago y mo- vimíeiíto dé’ el diafragma que con¬ tribuye á el de ésta entraña.- Lo. 5. Es‘necesario mover de qiíándo.en quando la vasija , para c-.- evir (38s5 Sévítar toda fermentación perjudicial al éxito de la operación. La pasta alimenticia ‘ agitada continuamente presenta varios semblantes 5 que coii' tribuyen notablemente para impreg¬ narla de los jugos que sirven para su preparación, (g) T De todo lo qual se infiere , que el estómago y duodeno oficinas prii> cipales de la digestión > rio deben es¬ tar contraidos, y rígidos con exce¬ so, ni por el contrario extremamente débiles y laxós. También se infieren las siguientes conseqüencias. i. Que ios licores; digestivos deben gozar de sus caracíéres y propiedades esen¬ ciales para penetrar y disolver los alimentos, z. Que siendo < varios los agentes en :esta Operación , ' y varias las causas que pueden turbar la de¬ bida secreción'de los jiígos queha- ■ : ■ cen (i§f) Vtñsé citado Sigaud. art- Digestión, át Physic. dé\ , - t47S) hecesario prescribir un método antU flogisticO > pero conosco al mismo tienjpo ) que hacen muy mal los que viendo el tamaño de estas enferme¬ dades y después de evacuar las' pri¬ meras indicaciones qüando hay que prevenir otros’ auxilios > se conten¬ tan con la aplifcacion de algurt azey- te y ungüento ó mixtura á que le dáii el nombre de nervina^ y muchas ve- cés ignorando el sitio donde se ha de aplicar'; la causa sé burla dé conatos tan débiles , y la débilidad> ^üe vá atirnéhtando cada - vez mas^ no cede despües tan fácilmente á los empeños mas poderósOs. Conviene y pues, que sepa el médico en que variedades será útil el uso. del amoniaco y en que sugéí* tos y quandóy y en qué cantidades gédebe administrar. En todas las apck plexías y paralisés ó hémiplexías ar- tríticaSj ó reumáticas: en todos aque¬ llos enfermos con disposiciones de vis- ■ ( 47¿5 viscosidad en su linfa y ó como dice? Machride , cuya sangra es con ex¬ ceso glutinosa y podrá ser de sumo provecho el alcali volátil fláido con preferencia á otro remediO;, en ateiir eion á su especial virtud para resol¬ ver las congestiones linfáticas. Creo según mi observación eit este país 5 la naturaleza de su tem¬ peramento y costumbres de sus ha^ hitantes y que el mayor niímero de perlesías que mas se obstinan, ó vie¬ nen de un vicio reumático, ó de una alteración en la linfa por su irregukr espesura, y en sugetos con las dis¬ posiciones poco ha expresadas en sú sangre. Estas se aumentan con la fre- qüencia de bebidas espirituosas , cu** yos excesos se extienden á gran par¬ te del pueblo sin perdonar clase ala¬ guna , y producen condensaciones en la linfa , que puede remediar el uso del alcali insinuado. Es necesario determinar el tiem¬ po jjo en que se deba administrar. Unas veces será útil desde el principio co¬ mo se experimentó en aquel enfermo que refiere Sage.{h ) Era un hom- bre de 6o. años grueso , y sangui- yy neoy jardinero del Real Jardín Bo- tánico: cayó apopléctico y casi sin yy sentido. Dieronle á oler el alcali yy volátil y j le hicieron tomar 25. go- yy tas en medio vaso de agua; con yy lo que se le vigoraron los pulsos, „ y abrió los ojos. De allí á 4. minu- ,, tos tomó otra dosis de alcali vola^ yy til y Y rccobró cl habla y el cono- ,, cimiento , desapareciendo la con- ,, tracción de los músculos de la bo- yy ca. Aquella noche se continuó en ,, darle de dos en dos horas 5. á 6. yy gotas de alcali volátil y y al día si- se levantó de la cama; y yy aunque no sentía novedad alguna, yy se le hizo con todo , que tomase „ aquel Experiencias ya citadas. p. ( 478 ) ac^uel dia de 4. ea 4. horas 3. o 4] yy gotas de alcali volátil en un vasO de agua ^ y al 'tercer dia se halló yj en disposición de baxar á trabajar yy ai jardin. ce : . Habra casos en' que convenga sangrar antes á el enfermo y y otros en que sea necesárió empezar desde luego con el uéú del alcali volátil, Esto’ló deberá décidir el médico ins¬ truido’ 5 qué encomendado en la di^ reccion deí casa conosca la natura^ leza de la indicación^ y las faculta¬ des ' del medicamento. Lo misrno se habrá de entender en quanto á las cantidades, qüe sé hayan de usar in¬ terna* y éxternamente -. sobre lo qual no se puede establecer una regla ‘Constante. - Un solo enferma de hernipléxía he tratado felizmente con eV álcali volátil filudo y CÜyá'^ circunstancias manifiesta la sencilla relación del OBSERVACION. XJ* Antonio Martel 5 Presbítero, en la Villa de la Algava, de edad de 58. años 5 de buena estatura ^ afi¬ cionado á la caza y al uso de lico¬ res espirituosos, sano 5 hecho á san* grarse los mas de los años ^ y de muy buenas digestiones; experimentó el año proxfmo pasado por el mes de diciembre una hemiplexia con ente¬ ra privación de movimiento en to¬ do el lado enfermo ^ y lo ínismo en quanto á las sensaciones. Habian pre¬ cedido mareos y estupores, de que hizo muy poco ó ningún caso. Se acudió desde el principio con las sangrías, que se hicieron en el nume¬ ro ¿67., y sacarían de 4. á 5. libras de sangre. Púsose á un régimen an¬ tiflogístico , y se humedecm sin tér¬ mino. Se purgó, y procuraba siem¬ pre tener el vientre bien arreglado, i i Na- Nada se adelantaba ; por lo qual se’ Je aplicó ún caustico á la nuca , que correspondió mucho mejor; pues sé consiguió algún poco de nlovimien^ to en la extremidad superior: duró poco tiempo su acción habiendo de-« xado de purgar. En este estado se recurrió al uso interno y externo del fímomaco.Dabanselede lo.á 15.gotas en un vaso de agua cada dia en una toma por espacio de 15. dias ó poco mas ; y exteriormente se aplicó á las partes enfermas y á lo largo del espi¬ nazo una untura compuesta del azey^ te de almendras dulces con una octa¬ va parte de alcali volátil fluido. Por estos medios continuados con tesón, pudo recuperar la acción de aquellas partes en términos de andar coa mas agilidad cada vez; y aunque le que¬ dó alguna torpeza para levantar el brazo, después se ha puesto capaz de decir Misa, y de asistir á los oficios de su Iglesia. Se ha bañado este ve¬ rano l) íaiíO pasado en su casa f en el río, y se ha sangrado repetidas veces en todo este tiempo , por haberse cargado de nuevo , y entorpecido: continúa , aunque con señales de su anterior torpeza, pero de modo que Be maneja por sí solo, anda con bas¬ tante celeridad, y conoce muy bien el notable alivio que á beneficio de las diligencias entonces practicadas, recibió en sus males. parece probable , que si este en¬ fermo hubiese continuado con ma¬ yor constancia, ó mas anticipación, ó en mayor cantidad el alcali volᬠtil y habría conseguido mejoría mas pronta, y sin las conseqUencias ni tardanzas, que después se observa¬ ron. Pero repitiendo el uso de esta importante medicina en las enferme^ dades de nervios que hemos procu¬ rado expresar, podrá en adelante .procederse en su administración con arre- ( 482 )' arreglo á las circunstancias de lo5 casos. Hemos establecido las virtu¬ des medicinales del amoniaco coa pruebas que atraen nuestro asenso en la aplicación , que de él hemos hecho; y es de esperar , que para mayor cojifirmacioii de las ideas fun¬ dadas en las razones y hechos has-* ta aquí propuestos, se dedicarán los médicos amantes de la humani¬ dad á perfeccionar con sus expe¬ riencias el uso de un remedio, que tanta confianza nos dá en lances del mayor apuro y consternación* ( 483 ) JUEVES 13 . DISERTACION MEDICO-TEO- LOGICO-CANONICO-LEG AL. DE LOS CASOS PRINCIPALES en^ue el médico es reo en el fue¬ ro interno y externo^ canó¬ nico 5 y civil. POR EL JDr. D. JOSEF ALONSO y Saenz y Presbítero y &c, A pesar del honor (a) con que han sido recomendados por los princi¬ pes de: la tierra los profesores de la medicina y no han faltado siempre en el vulgo y aun en personas de ideas mas cultas rumores calumniosos que tiren á infamarlos ^ sátiras y ada¬ gios (a) Esta. Memoria sale original po^ justos motivos que .ha habido. ( 490 ) bacion, en que generalmente se con¬ cede licencia absoluta y sin limites para que puedan curar ^ ¿ qué re* medio queda contra los defectos que puedan ocurrir en su ciencia ? ¿ Qué estímulos contra la pereza en el es¬ tudio y aplicación ? Nada hay pro¬ visto á cerca de este punto según la actual disciplina médica. No dudo, que si á la superioridad constase la ignorancia grave de algún profe¬ sor, sería corregido y suspenso has¬ ta tanto que se juzgase suficiente* ¿ Mas como ha de constar esto fácil¬ mente qüando la ignorancia y errores <le un médico pueiien tener la ex¬ cusa de un juicio equivocado por casualidad inculpable? jAh ! ¿ y qué será posible que siempre queden es> tos delinqiicntes libres del juicio ex¬ terior por un efugio , que les sirve de una excepción tan incontextable ? ¿ El delito de su ignorancia sera siempre encubierto baxp la losa que ocul- (491) oculta los cadáveres desgraciados? Siempre será asi y hasta que se pon¬ ga en práctica lo que ya hace algún tiempo sé que han discurrido algu¬ nos zelosos de la salud pública y es que en cada provincia se establesca una ó mas juntas de examinadores^ adonde ocurran los médicos de cada una de ellas para ser examinados de tiempo en tiempo y según la licencia que les conceda dicha junta. Confieso que es bien conocida la utilidad de esta providencia y y que se observa un rasgo de ella en este ramo y atendidas las visitas bien- nales con que son requeridos los pharmaceúticos y según está dispues¬ to por las leyes de nuestro reyno (d): así yo presumo ^ que habrá medi¬ tado y aun meditará el Govierno gobre este punto tan interesante, has- \(l) Cap. 21. Ley 7. tit. i<í. lib. 3 de la nueva Recopil. í;íi-92'5/ . hasta poner en execiicion una prO'í videncia tan útil como deseada del público. Bien sé que para este esta¬ blecimiento ocurrirán varios incon¬ venientes ^ como son las molestias^ gastos y otro algún perjuicio de los que hayan de ser examinados : mas todos estos daños los puede vencer, ó á lo menos modificar la aconseja¬ da disposición con que sea estable¬ cida esta providencia : y si al fin no se les puede precaver de todo perjui¬ cio j sabrán que mayores son los da->-: ños que padecerá el público por el defecto de ella. Esta reflexión tan clara como con¬ vincente me parece conmoverá vi¬ vamente los ánimos de V. S. para que como tan amante de la salud pú¬ blica inste ^ y clame por la pronta promulgación de esta ley. Entre tam to j que dolor! abandónense impu¬ nemente al ocio los médicos de esos pueblos ; no estudien , no reflexio¬ nen , Un) cen sobre el conocimiento de las en- fermedades y sus remedios: confien el punto interesante de la salud y la vida de los hombres á los principios xnédicos que acaso tienen ya olvida¬ dos., y á la práctica ó hábito expe¬ rimental , que quizá poseen ya vi¬ ciadamente : hagan que los enfermos gasten inútilmente su hacienda en medicamentos y en el honorario de sus visitas: prolonguen sus enfer¬ medades: agraven sus dolencias;, mᬠtenlos por su ignorancia:todo es¬ to lo harán sin responsabilidad en el foro exterior: el remedio de estos desordenes ha estado hasta aquí con* fiado á el juicio de su propia con¬ ciencia. Mas no lo extraño : pues siempre se ha observado (aun en el Govierno mas abundante en leyes) la prudencia de dexar algunas accio¬ nes libres, esto es , sin estar suje¬ tas á ley particular para dar cxerci- cio á Ja hombría de bien y buena con- ( 494 ) conducta de los hombres. Así se lia portado nuestra legislación con los médicos en este punto: y coa ra^ zon y pues los supone generalmente hombres instruidos y buenos; por lo que no era de recelar se descui¬ dasen gravemente en esta obligación: y mas considerando que de su ma-. yor aplicación y estudio resulta no solo el bien del público y si también el honor propio del profesor ^ y la mayor utilidad de sus intereses. ¿ Mas estas reflexiones podrán aquietar el zelo vigilante del Govierno ? ¿ Po¬ drá estar satisfecho de que no habrá descuidos y muy grave ignorancia en muchos profesores y principal- niente en aquellos que retirados 3 un partido (como comunmente se di¬ ce ) son recibidos en los pueblos por sus médicos titulares, asegurando ya los medios necesarios para su sub¬ sistencia y y siendo los únicos mé¬ dicos á quienes pueden ocurrir có¬ moda- modamente todo aquel vecindario ?- Estas circunstancias piden pruebas mas positivas ^ que la de una pre¬ sunción benigna. ¿ Por qué no han lie ser estos residenciados de tiempo en tiempo j y examinados de su ca¬ pacidad y suficiencia para proseguir en el exercício de curar? ¿ Los pár¬ rocos j los confesores, y aun los sime pies sacerdotes han de ser así exá^ minados, como se observa en la ecle-í siástica disciplina para proseguir en sus ministerios espirituales , y para ios médicos corporales no ha de ha-< ber una ley semejante que los zeíe, y estimule al estudio ? ¿Piles qué ! 5 tan poca estimación merece la sa-- lud, y la vida del publico: ó es la conciencia de estos mas eficaz para cumplir sus obligaciones , que la de Aquellos? Mas ¿ para qué es empeñarse en referir exemplos de otra potestad, tú. de otra materia? En nuestras le- Kk yes C4965' yes recopiladas tenemos yá empezá^ da esta disciplina médica que desea-* mos y y confesadas las cansas de ig* inorancia y áescuidoy que no me atre¬ vía á asegurar por mi solo. Dice así la ley ii. al párrafo 20. deltit. 16, li¬ bro 3. yy Porque se ha visto por es- yy periencia que muchos médicos, ci- yy rujanos , y boticarios después de yy examinados se ván cop partidos á yy las villas y lugares de estos núes- yy tros reynos, y se descuidan en estu- diar el tiempo que en ellos asisten, ,, olvidando lo que sabían, y después ,, habiéndolos conocido, los echan yy de los tales lugares y y se vuelven yy á esta nuestra Corte á usar, y exer- yy cer la dicha facultad y artes con yy mucho daño de la gente que no ,, los conoce; mandamos, se pre- ,, senten, y vuelvan á ser examina* yy dos y potquc de esta suerte ten- yy drán cuidado de estudiar, y «ose yy atreverán á volver á ella por su ia- (4975 55 suficiencia, y no habrá tantea hombres ignorantes. Hasta aquí las palabras de la ley. De ellas y de su espíritu se entiende fácilmente la necesidad de ampliar su mandamien-» lo, según llevo propuesto. De este modo se evitaría la indecorosa vio-, lencia con que los médicos ignorantes son echados de sus partidos ^ y se re* mediarían los daños que resultan de £er también tolerados. De este mo^rH do serán juntamente favorecidos coa los vecinos de la Corte todos los deí xeyno^ de quienes es igualmente pa¬ dre y conservador un mismo Rey^ que felizmente reyna sobre nosotros- De este modo en fin^ me parece ten¬ dría el último grado de.perfección nuestra legislación médica ; mas sí estas reflexionesque como indivi¬ duo de esta Academia expongo á la sabia consideración de V. S. no fue¬ ren bastantes para que la Superipri- ,dad se resuelva desde luego á esta- hlQ% (4985 ^ blecer esta providencia 3 vencíendcy ya todos- los estorvos y que puedan ¡irnpedirla y someto ingenuamente mi parecer á sú superior discreción ^ y x:onfbrmandorrie con el estado ac^ tual de stt disciplina y solámente di* Té r 3, Que íos^ médicos que ignoran actualmente la naturaleza y nd^ 3^ mero conocido^ de las enfermeda- des 5 que-casi repentinamente cau- 35 san la muerte 3 y los qué rió pro* ■ 33 curan tener presentes los 'medica* '33 mentos eficaces que suelen curar- 33 las 3 pecan mortalmente 3 y están 33 en este infeliz estado mientras qué 33 no venzaii'3 ó' procuren vencer es- 33 ta ignorancia. Ló -mísiríó podía decirse á . cerca de otras- enfermeda¬ des graves qrié'sean fréqdéntes en el páis donde'vivá el médico í' pero no es de íezelar haya tanto descuido en •estas ; y así sólo diré dé la ignoran¬ cia de las primera'^. * Las enfernáedades repéntinamen* te ( 499 ) te mortales merecen la mas vigilan-^, te atención de los médicos: unos ac¬ cidentes,, que generalmente vernos quitan la y ida en pocas horas j, no pueden disimular el mas leve descui-: do de los profesores : si estos igno« ran por su negligencia la naturaleza? y remedios ,de tales enfermedades^, serán reos del gravísimo crimen de homicidio^, y estarán obligados á sa¬ tisfacer sobre estas muertes en lapar< te que fueron causa de ellas: las pa*« labras con que el Sr. Gre^ono IX. dá una doctrina general sobre este: punto son dignas de adrnirar 5 en. la; Decretal; 9- de injuriis et damno illat-Oi} Dice así : Si culpa tua damnim cíVr daturrij vel injuria irrogata aut hac- imperitia tua ^ sive negligcntia evene-^ runt 5 jure super bis satisfacere te. Opportet : nec ignorantia te. excümh. si scire debuisti y' ex facto tuo inju- riam verisimilitér posse contíngerey vel jacturam. Esta doctrina común y ge* ^ np- :im la de 4. años de descerro al mé¬ dico reíncidente en la orñision de es¬ tas denuncias; mas no obstante creo, que no se han emendado todos los, defectos de ella. Repetidas notifica¬ ciones y apercebimientos se han he-, cho sobre este punto por el zeloso Govierno de esta ciudad , notándose siempre la misma omisión^ comocons-* ta de varios Acuerdos (/) ¿ pues qué sucederá en aquellos otros pueblos donde el Govierno no sea tan sabio y cuidadoso ? En ellos es veros.imij sea mayor la negligencia de los mé¬ dicos en esta parte. ¿ Quantos héti¬ cos y tísicos oimos que mueren en esta ciudad y fuera de ella ? Nunca han sido tan freqüente en nuestro pais esta enfermedad (exclaman nues¬ tros ancianos) como lo es en nues¬ tros dias. 2 Pero quantos hogares ve¬ mos (/*) Cabildos de 19.. de agosto de i 7 5 7 * ! y 3. de octubre de 81.; y otros. mos encender para quemar su ropa y muebles? ¿Quantas alajas y mo¬ nedas del uso del enfermo son puri¬ ficadas al fuego ? ¿ Quantas casas, donde moraron ^ son renovadas es¬ crupulosamente ? Apenas se oye de¬ cir algo de esto 5 y por- eso quizas cunde y y se ha extendido tanto es¬ ta enfermedad á pesar de las opinio¬ nes y sentencias de que no es conta¬ giosa. Pero baste de esto , y hable^ filos de la otra obligación del médi¬ co en quanto al restablecimiento de la salud ó su curación. La visita del médicó á los enfer¬ mos debe ser correspondiente á la ne* cesidad de estos; y así según las circunstancias ' del paciente deberá SQT pronta y continuada y y no supér- jlua. Estas tres propiedades manifies¬ tan claramente los defectos y que pueden ocurrir en el cumplimiento de ésta obligación médica. Bien no¬ table es hfalta de prontitud en ocur- (5085, rir el médico quando á horas incómo-J das es llamado por causa de algún accidente repentino : en este caso, si el médico que es negligente es ti¬ tular ó igualado , es reo de infideli-, dad á un contrato reciprocamente interesante ; mas si es libre, esto es: que no es titular del pueblo , ni igua^ lado anticipadamente con el enfer¬ mo , entonces ( aunque haya otro a quien puedan ocurrir ) falta al quasU contrato que ha hecho con todo el publico, unos y otros serán reos pu¬ nibles , aunque de mayor gravedad aquel que este. Así como los párro¬ cos , y en defecto de estos qualquie- ra médico espiritual, si son negli¬ gentes y no ocurren prontamente quando son llamados para la salud espiritual de los fieles, principal¬ mente si insta el peligro de muerte, son reconvenidos en' juicio por los Señores Obispos, y se sujetan á las penas de su arbitrio, así también I05 médicos corporales qué incurren ed semejante inacción ó negligencia res¬ pecto de la salud del cuerpo , po¬ drán. ser reconvenidos de esto ^ y, castigados al arbitrio del juez real. No es necesario para que nos per¬ suadamos de esta verdad:, buscar una ley 3 que expresamente condene es¬ ta negligencia del médico : sabido es en todo derecho que la grande negligencia es culpa y ¿mas qué tal será la de que hablamos ? ¿ El daño quizas mortal que experimenta el en¬ fermo por la tardanza voluntaria del médico^ el faltar este á su contrato ó quasi en tan graves y urgentes círcuns- tanciasj no será un crimen que conoz¬ ca la autoridad publica 3 y castigue severamente? No hay duda. Solo la puede haber en el accidente ó enfer¬ medad peligrosísima de la peste > de que el médico recela contagiarse. Bien sé^ que en este caso hay algunos juris¬ prudentes que juzgan no está obli¬ ga- (Sio) . . gado el médico á asistir personal-^ ^ente; mas no sé como podrán exi¬ mirse los titulares 3 ni de los libres á lo menos aquellos que el Govier- no señalare por elección ó suerte. Pero no nos detengamos en disputar de un caso ^ en que siendo muy ra¬ ra en nuestro pais su ocasiou ó mo¬ tivo 3 será mas raro que ocurra es¬ te defecto médico. No ¿solamente la incomodidad de las horas suele hacer negligente al médico^ sí también la pobreza del paciente : entonces suele ser mas fre- qüente su descuido 3 no solo en la prontitud 3 si también en la continua^ don de su asistencia, j Quanto se que- xaii de. esto los infelices, que no tie¬ nen para darle el honorario ü esti¬ pendio por sus visitas! Pues tengan entendido unos y otros, que los po¬ bres tienen un derecho de rigorosa justicia para ser asistidos por el me¬ dico con igual y aun mayor esmero ° aue que los mas poderosos y. K,torales.Pof ía piadosa disposición, y práctica, de nuestro Govierno han sido provistos de médí.CQ .los énfermos; pobres,aun mas abundantemente que los ricos, que pueden dar el honorario mas cre¬ cido. No,-solo por raz:on del oficio ptí# blico que exerce el nlédico,si tambieu por la ley-santa é invioíable deíju- íamento: que hace quando és apro^ bado en las universidades > y ultiman mente en el Protomedicato , resta obligado á asistir al enfermo pobres y. curarle: graciosamente t y ved aquí que el abandono de su ásístencía y curadon; será un delito que pueden y. debe.ser;castigado por la potes¬ tad exterior^ El Emperador Justmíor «0’C'|: )rjUzgó por reos muy culpa¬ bles á ios- médicos que dexan la em¬ pezada' curación de un siervo: ¿ pues qué será' de los que abandonan la dé ; .nrr:-, - . L 1 íoS . ___ ^ Tit. de Leg. Aquilia» fsi25 los pobres á qt^ienes con tan fuertes y ' sagrados vínculos están obligados nuestros médicos? Aquí resta entender^ quien es el pobre de que hablamos. Este es un punto difícil de difinir j, y por tanto el primero donde puede cavilar ex¬ cusas la ignorancia ó codicia del mé¬ dico. Yo no me atrevo á señalar de¬ terminadamente la condición y cir¬ cunstancias de él 5 pero sí diré : que aunque no sea solemnemente tal^ co¬ mo es el mendigo 3 será una omisión impiísima y criminal dexar de asis¬ tirle por falta deí honorario corrien¬ te. El médico que así haga 3 puede ser castigado por la autoridad públi¬ ca 3 y oftigado á proseguir asistién¬ dole hasta el fin3 aunque después ten¬ ga acción de pedir judicialmente ( sí fuere necesario) el correspondiente honoraria3 y cobrarlo si conociendo el juez la condición del eníerni03 juz¬ gare que le es debido. Esta es la con- ílucta de un médico deshonor y dé caridad : pues á la verdad > ¿ qüan- to mas justo es que se 4 e obligue, aperciba , y oprima para que pague el deudor que está escaso de medios, pero, sano ^ que no, quando está fermo , y por tanto afligido y mas necesitado ? Aun.con estas reflexiones tan jus¬ tas y christianas puede ser no se con¬ venzan todos g Para qué hay tantas hospitales ' públicos ‘ dirá acaso al^ gun: médico cansado’ya de asi$tir:á un enfermo ^ que no puede pagarle por su pobreza: no tiene para curarse, en su casa y ocurra á estas^ donde: tendrá alimentomedicina , y médico de valde. Con esta razón pre¬ tende -Pn«/o Zaequias sino excusar^ á lo menos moderar esta obligación del médico con el enfermo pobre; pero en vano á mi parecer. Esta pro¬ porción de hospitales , que por la piedad de nuestros.Reyes, 7 otros ?Si4l buenos eiudaclanos hay en e§ta Cítf-i dad y otros pueblos solo moderan algún tanto; la obligación; íde'limos¬ nas > que para'SU alimento necesiten losienfermos particulares^: así:eFob»^ jeto de aquellos pios institutos;no es el alivio de los «médicos > sino- el de los enfermos necesitados; por : 1 o que ;estos pueden alimentarse ■ en sus casas de su peculio i ó pohi la earir dad de sus bienhechores j de ningún modo están excusados los médicos de asistirles, en. ellas y y visifarles r sin qlie . deban los pobres defraudar de su alimento necesario j,'para: tener con que pagar, la asistencia.del mé¬ dico,, pues el alimentarseres prime-- ra Obligación y. derecho mas fuer¬ te , que la paga del médico. Ni és de vituperar la: repugnanciay que de seogerse á los. hospitales se vé co¬ munmente en los pobres, aunque no tengan mas ;que para mal alimen¬ tarse; el carino coa que les:: asiste su CsiíO Sufamilía^ y la compañía naturalra^n* té amable de los suyos les es de tanr tO; consuelo y alivio en sus enfermei^ dades y ^uanto les aflige y agrava; la aspereza y poca humanidad con: que suelen ser tratados en; algunos hos¬ pitales 5 ¡la triste compañía de Otros enfermos í.que les :ródean, y otros muchos. 1 motivos > que fácilmente puede conocer ^ quien, se acerque 'á examinarlos. : Ijlegamos ya á la tercera propie¬ dad de la visita, y (es'yrque no ,se^ superfiua. No es necesario advéctir á ios médicos esta obligación, ¡quando asisten al pobre deque he hablado^, lí al igualado que annualmente lesdá un detetrainado honorario: en esíó^ casos no pueden ocurrir defectos por superfluidad en las . visitas , pues, pi aquel espera delicadamente sü: con- valecenciay: ni esté aumenta el esti¬ pendio annual por el mayor numeró de así ni ¿en unos ,5 oii en ^ otros ( 5^25 gastos, a y no dén seguridad al enfer» tno^de que quedará sano. . . ■ . Además.de los referidos casos en que la codicia puede" hacer defec¬ tuosos á los médÍGOSj;hay otro muy principal de que habla el Sr. Felipe JIL en su pragmática de 7. de no¬ viembre de 1617.: pór ella: -íe prohíbe á los médicos hacer en sus casas pur¬ gas d medicamentos para vender y-ni £on titulo de ser secreto suyo ; .sino que frectsamente los manden hacer á ■ los boticarios. La causa ó . motivo ■ de es- • ta ley-consta claramente del cap:ci6. de ladey ii. recopilada , tit. i6¿jdel Ubi ^.:c;:aquí después de imponerla pena den bS. maravedís á los médi¬ cos ó'cirujanos quev contravinierenj sé dá ia razón deiesta prohibicioá> diciendo:: porjqu&\íkihace!r¡losieni^ casas resulta -en \fámdé:ydañ^<ás^kic enfermos .^. . xqiie se^ fes hacen pagar^tn/ic, cha rqas de lo que valen. Son las mis¬ mas palabras de^.la^ley 5 y es.tar^o (S*35 tan terminantes ^ lio: hay. cjue discuP rír mas sobre este punto. No obstan- te.>: ae jóye Íreqheníeiiíeníe que algu¬ nos: médicos ó cirujanos tíeneit una t^ceta especial para curar ciertas em fermedádes > ' y que ocultamente ia administran pues; si la publicasen, resultaría en perjuicio de sus intere¬ ses, no ocurriendo á él tantos,por ser ya conocido el medícarñento»’ ¿ Qué diremos , pues > de estos que Tan cautelosamente ocultan- estos.se¬ cretos > prefiriendo su utilidad pro¬ pia á ía salud publica, y á la mayor perfección y enriquecimíénto de es¬ ta ciencia ? Ciertamente que son es^ tos unos individuos poco amantes de la -Sociedad , Ihombres indolente^ de la aflicción dé sus hermanos. iQue exemplo para su- confusión .Ies- da V. S. á semejantes profesores quan^' do (ion tanta liberalidad manifiesta,, y publica los deschbrimienios, que' con esmero se hacen cada año enes^ 1.-.: ta ta sabia-. Academia! Esta conductS liberalísima hace á V- S. muy reco-^ mendable en: e l acatamiento deamesi tro Dios > en la .estimación de nues^ tro Rey magnánimo í y en la grati¬ tud de todos los pueblos 5 al mismo tiempo que aquellos son desestima¬ dos de todos: como .logreros viles- é indolentes , que- hacen impíamente venal la ciencia, que el Señor les ha concedido graciosamente ¡ Que do-, lor ! No hay remedio exterior que los-Gorrijá? Mucho dió que pensar un caso semejante á las piadoras in¬ tenciones del Sr. Carlos III. y su sa¬ bio Consejo , como lo manifiesta la real cédula de 20. de'mayo de 1788. Veáse-en ella loque.disp.uso, para qwú. no perezca el secn'eto dtlos medicamen* tas qtie imente algún particular^y pa^ ra que el inventor na caiga en la descon^ fianza de manifestarlo á los facultaf'^^ vos y que le aprovecben^y usen en perjui¬ cio de ék Diríjase pues, la Supenon- 0ad médica por el espirtu ' de’está pragmática: velen los tribunales so¬ bre la exacta obsevancia de la otra ley 11 . de nuesrta Recopilación:, y así podrán conocerse los descubrimien¬ tos hechos por los tales; médicos, en caso de que ellos no los publiquen por sí mismos viéndose atalayados en su secreto manejo, 6 atraídos del deseo de extender su fama y y pro¬ curar ' su interes de un modo mas decoroso. ^O! ¿ Qué interés es estey Señores, que así pervierte el cora-, zon dei hombre ? Por aumentarlo el médico, dice el citado Zaoqmasy aun no perdona Isf buena fama de sus compañeros y pero de esto hablaré en el , . •* . . PUNTO IIL X ensé omitir este punto quando distinguí generalmente los defectos: prácticos del médico, porque m'e parecía í que los casos en que este pue- ( 52 ^ ) puede ' perjudicar á el público en- el bien de la /ama., no eran tan prin-y cipalei j. 'ni ocasionados: ^ como 1q¿ que me propuse tratar ; pero refle^t xionarído mas, atendiendo á dar una completa división general de los da^^ ños 4ne puede causarnos su defec-^ tuosa práctica, determiné hablar también de esto separadamente aun* que con brevedad: bien es, que sí reU flexionamos con escrupúloisidad quan^ tos y quan perjudíciaiés-pueden só? los defectos^ del médico: .en esta nia^í teria, acaso serán reputados enire los mas principales.: Loqmcídad llama Zacquíus d\ defecto.'del médico que desacredita .á otro, por rnas” acreditar^ se él y utilizarse. ¡Que danoi:.tan grave es esté! No'éff.fadifcomputar- io. Apenas se hallará oficio , artd', j6 píofesion en que *sea tan íntéresanté la buena fama del profesor, como es en el del raédíeo : según ella lo esti¬ man las gentes: según que lo esti-. man man ,1 la llaman en sus éñferínéda^'' des'^ y según que>ló ilanian, gáná'süsi' cstipendiiüs y su subsistencia. 'QUáíi- tos médícosse verán áCasáinjustameñ-- te abandonados en e! olvidó dé las gentesj, y por consígtíienté en úna seria iafnentable, por haber sido désá- credítados' por los mismos prófesb-^ res! Estos les están obligados acofhf. pensar los intereses por su caüo sa perdieron injustamehtej y podrían ser castigados extetidrrnente si' in¬ tentasen en él foro la ^cion de §tíéb relia y que les cofri'-éSpondé. baste de éfsto ,- y ’- habíemos ya :dé’ otra hquácíúad , con ^que el rriéd-icó^ puedó^ser muy deíéctuósó en punto.'oq f);íi in rxM .V. ■ Ésta es la dem’asíaÜa-facilidad' en manifestar • álgünáS ’éníérfriedáyésf Q achaques de sus cHéMéSy por- ías ’quaí¿ les pierdett^estos su buena» repíuao ciou y 'fama en él \órden moral H ' tal¬ les SOíi ' i^S vehéíéá's” adquiridasV' la' Mm pre-^ (5285 preñez 6 parto oculto de las áoltera^ y otras. ¡O ! ¿ Qué será de los mér dicos que así manifiesten el desho¬ nor é infamia de sus clientes? A cer-» (ja de esto resuelvo con distinción: pues ó revelan esto por sola, su.volun* tjad y ó por utilidad grave de algurt tsrcero y 6-porque fueron preguntados por algún jue%. : Si fue del primer mo-» do son reos de un grave pecado, y 4el delito de injuria.,De este caso á lo menos entiende Zacquiás lo que dixo, en estas palabras: Loquacitas, it% médico tune, justis poenis rnalctanda esty cum secreta sibi commissa y ques detecta in damnum y vel injuriatn alU cujas persones emanare possunt ’ytnéy^ dicus detegit. Mas si fue por .utili¬ dad , notable; de alguno , ; v. g. si al¬ guna persona .desease saber -.por el médico la sanidad y conducta de otra para casar con: ella^ entonces;resuel¬ ve ^ el, mismo qu^ podrá el médico declarar rodo lo que sepa á, . cer^ a cerca de ella 5 peró yo cónsiderám do el conflicto de dos obligaciones^ en que se halla el médico en este ca¬ so 3 la una del silencio con que de¬ be tratar al delinqüente.;> favorecien¬ do así la confianza del piíblicó ^ y la otra de la cafidad con que debe mi¬ rar al inocente j que se informa dé él en materia tan interesante 5 di¬ go : que deberá portarSe el médico con mucha cautela 5 y ver con ex¬ quisitas pruebas > si es preguntado con sinceridad y de buena féy si Callará aquel el defecto que él lé revele, pues faltando estas circuns^ tandas 3 convendrá qué- se absten^ ga de declarar : é impútese á sí mis¬ mo el interesado la reserva^ que con él ha tenido el médico ^ ó inda¬ gue la verdad por otra parte. Final¬ mente si fuere preguntado él médico por legítimo juez , por haberse de¬ ducido ya en juicio la causa de que 50 trata, podrá j y deberá decláraf (Sití) ;sin recelo, p :pues es regulafque solo sea. preguntado en esta rtiíateriaipaía yind,icar el grave daño ó agravio de alguno • d, para zelar el bien inte- jeesant^ del .público y quando ya ilaya .grave prqeba deÍ('easQ.i En esr lia.s circunstancias en: que el mismo 4*1^0 est4. obligado á. declarar la ver^ dad á como no podría. 5; y debería .declararla también el médico ? tan racional esta y las demás reso¬ luciones.? • qiie por sí mismas. ¡están man.ifestandojsu justicia, 140 obstani» te yo quisiera detenerme en. su mas .extensa declaraciónpero temo dila¬ tarme demasiado^ porque^réstan aun casQs muy graves en la materia del ULTIMO FUNJO. ro ;wLílegamos ya á tratar de los defec¬ tos con que e} médico puede perju^ dicar el bien. espiritual de los eníer- mos. No intento hablar aqux de la ' . . de- ^530 . . ^ demasiada libertad con que siiéleiV dispensar en las obligaciones de vft' Misa 5 ayunar o y ábsteinérse^ de có'-p fner carnes : sU sentencia fiiridadá quizas-en solo el informe de uli éri^ termo melindroso , suele ser tehidá" por decisiva en esta matériay sin cdiit’ Eultar al médico espiritnaly corrío é^-^: tá mandado^ por ser Uh pürito espirP tual y y porque aunque este no éii-- tienda dskameríte la necesidad de la enfermedad, se juzga mas difícil qué se le engáñe con su iñfórrríe siniés-" tro: en fin el médico por su párte- será responsable á Dios del quebraría tamiento de estos preceptos, sinO- jnzgó én justicia las causas que: príé‘ den excusar de estás oblfgácionés. Leansé con reflexión las observacio¬ nes prácticas • (w) que-hízo un SociO nuestro.' en esta matefiá. Tarrípoco' ' ■ r r, : : , qtlie- ' * (m>-To«ir j.- de las Memor. Aca^émt-'* cas. pág. i6u •’ , • ( 538 ) jy üt idoneó confessori. omnia pecca- ta sua juxta ritum. S. R. E. conti- yy teaiiturñeque tertio die ulteriüs 35 eos visitent 5 nisi longiús tempus 35 infirmo confessory bb alíquam ra^: 35 tionabilem causarn5 super quo ejus 35 conscientiam oneramus y conces- 35 serit 3 et eis per fidem confesso- yy ris in scriptis factam constiterit, 35 quód infirmb ut praemittitur; pee- 35 cata-sua confessi fuerint. fc - Para eomprehender mas clara¬ mente el caso de estas leyes y con¬ sideremos también sus motivos y fi¬ nes porque fueron establecidas. Dos motivos correspondientes á otros tam tos fines 3 son los que se refieren .en los citados decretos; el i. es: la enfermedad corporal proviene algunas veces de pecado, yy Gum. infirm.itas 35 corporalis 5 dice- Innoc'encio.llLt 33inonaumq;úam á . peccatio provc- niiat. El 2. es : porque algunos pos^ trados en el lecho de la enfermedady ( 539 ) qmndo se les persuade pót los médicos que dispongan, de la salud de su álmay caen en el articulo de. desespenacion, por lo que mas fácilmente incurren en el peligro de la rhuerte. „ Quód qui- 5, dam in í^gritudinis lecto jacentes, yy cúm eis á medicis suadetur, üt de 5> animarüin salute disponant, in desperationis' artículum incidunt, >> undé faciliús mortis periculum in- 3, currunt. Con estos motivos se mandó que los médicos procuren, que sus enfermos confiesen al princi¬ pio de su enfermedad. ¿ Y para qué? Ved aqm el fin primero ’correspon- diente á el primer motivo: á saberi para que así se proceda mas saludable* mente a lc{ medicina corporal’' * Ut >i, postquam fuerit infirmó de spiri- 5 , tuali salute provissum ¿ ad corpo- yy ralis medicinas reniedium Salubrius yy procedatur. El otro fin que cor¬ responde á el segundo , es este: no sea que si á los enfermos seles persua^ de (S 4 o 5 ^ 'de que confiesen solo quando están en ta extrema enfermedad y desesperen ya de sanar y con cay a imaginación caen mas fácilmente en. el apeligro de la muertez yy Né Clím eis hóc in extrema aegri- ly tudíne costitutis suadetur, in des- yy perationis articulum incidant. Después de una tan auténtica de¬ claración de las partes de estas de¬ cretales ¿ quien podrá dudar de su natural y terminante sentido? ¿Por qué no ha de entenderse este pre¬ cepto en toda enfermedad grave, que es en la que ordinariamente son llamados los médicos para los enfermos y estos están postrados en cama'^‘ ¿Por qué se ha de aguardar á la enferme¬ dad peligrosa y extrema para el ca- 50 de esta ley , quando expresamen¬ te se vá á precaver por ella esta de¬ mora ? Hagamos alto, Señor y en e^ta reflexión, y veremos que no hay razón alguna para alterar con inter¬ pretaciones cavilosas una ley tan da- fe4i5 ra én su sentido , tan próvidamente establecida y tan estrechamente re¬ comendada, y tan segura en su obser¬ vancia. Si parecen muy rigorosas para los transgresores las penas, con que les amenaza, no merecen sino todo rigor > los que no cumplen uñá Obligación tan útil para los enfermos, como fácil para los médicos á quienes está impuesta. Estos motivos son bas¬ tantes para justificar la prudencia de aquellos Pontifices , en imponer tan rigorosas penas á los médicos 3" que no amonesten ante todas cosas á süs enfermos la confesión sacramental en toda enfermedad grave, ‘ aunque actualmente no sea peligrosa. Yorrie detendría mas en este punto, sino temiese abusar de laatencion de V.S. bolo le confieso ingenuamente' que extraño en gran manera , como hay entendimientos cultos, fieles, y aun timoratos que no estén persuadidos de esta verdad; é imbuidos de unas xé- ^ 54 ?:) refle?fion^. tan justas.> como .pro-* pías de la caridad christiana. Según ellas reflexione y.;.S. sobre ei cum¬ plimiento de esta obligación :: con¬ sidere si la práctica general de man¬ dar confesar al enfermo está arregla¬ da según los fines 5.que se han pro¬ puesto los Papas en .sus decretos, ó si por el contrarío se aguarda á decirlo^ quaiidp ya todos temen dar Ja noticia al enfermo, quando este, se ame¬ drenta y perturba con el avisó.y:y acaso quando ya lío está capaz de hacerlo.. Juzgúelo finalmente' sin preocupación todo entendido,? y co¬ nocerá si hay defectos gravísirUos' en el cumplimientode esta obliga- don rpédica : y baste ya la que so¬ bre este y los demás puntos-tengo dicho».,., . J . . c,; n.wv DELAS DISERTAÜIÓÑES éÓN- í ' íewKÍíW eu éste Temo. ■ x . . ’3 . . .iOí:;,.-: / í.i JL/iseftacion jmédica : De va- .ii rías consideraciones prácticas rela¬ tivas á la hemotisis ¡, con la ^cs- ' cripcion de un nuevo respirador. Por el. Dr^ .D. Gabriel Koúri- . guez: de Vera i .. Página “í. II. Disertación chiriírgica : Del pa- : ralelo entre la curación radical y paliativa de Jas úlceras oontuma- ces. - , ,, Por D. Francisco Victorino Go* . . . . ^.Pág. :3o. III. Disertación- médica: De Ja ino. cencía'y utilidad .de los. vegigato- rios en dos casos de recren pari¬ das. . V Por el Dr. D. Diego de Vera y f í'.[. i^'.fág.si. IV. DiSeríaCiofr rriéaicá r^Dé*la uti-- . rapViimiefito-^ genial •: ■ "particular en éf reumatismo. ' ^ Por B, -^Víihntm ‘Gmzalez y Centeno .. Pág. 70, V. Disertación físico-médioírCon- -r^sidetacionesr^rda tiws ú las íáQSjMdi .EiTinorias presentadas^ sübxc rel' dfana ísrientos. dieT.iSevilla¿l i: asvií .lobuPor el ‘DnjiDi -FrancismSan^ -hkdtd. Buefidík..'^^. .V4'P<ág. 90. .Vlí'.iiDísertaciiM chirúigioa la -n-7¿efícacia;.;déíúa- Cicuta l en'J6§ caÜ- V íctós ^ y utilidad decidida por ob.» •faservadones . propias y.'agenasr de los polvos Benedictos de di»rt-- ^^nan eii’“la otÉracion de.loslexter- .o;;nos. . . ... -oai í^íPor -DÁrMnmeí Jos^i XM- w§!z.. vU b ^ .M'.'^Págn-'i^os. 'VM; ! ■ Disertaban, chinaco-irnédica: De varias combinaciones paca pre- loHc pa- r ^afar: el ■ xabón> ácídoj^ y crítrc~i sobre :sti :üso interno.^,: ' l : Por, el Br, ée&a ,ry . -JMon. . • . . M:Pág. rVJJIsaÉH^ectadon ehirúrgiGa u Be las iiernias poco .vulgares dd«es- .c0rm^,.v5ussefíaleSjrímedios de -:.¿V\jecí<5n; - iioi'ji.i • * ' X :iPi)r^D, JuanrMoütista Mato- m\ . .. .< ;í í*rv' r. Pag.-.ligó. JX.- Disermdoa pojitico-médica: .' De líT necesidad absoluta que hay it deTidar á los ihospiiídes y cáídéK o les de .Sevilla nueva exíensioa y - r planta(,5L: jpara, la Salubridad y pu¬ reza de sus atmósferas. . • Berüar.d'<¿. Bominguez . Rosaiñs.. s . .4 Pág. •j'iys. X. Disertación teologico-canonicO^ médica De las: regias que rigen !•' en d:juicio de jas-curacioneami- i'-lagrosas;, :'‘ Por el Br. B. Francisco de Soles V Boárigú'ezdé la Banclm^.P'dg. 206, '¿- ■ •'I.. XT. Disertación chinírgíéa:' De jos caractéres esenciales que acompa- vñan la puntura parcial ó-total • de una arteria en las sangrías or«. ^ dinaias , y auxilios para preca-* ' ver la muerte; •' • Por D. Josef Ramos. ; Pag. 243. XII. Disertación médica :"De la ia- - titiid que admiten el regimen ^ dieta del puerperio. Por el Dr. D. Antonio San-^ ^ taella. ..PágJ XIII. Disertación médica ;• í De- el método mas simple seguro de curar el cólera-morbo espqn- taneo. ' - ' , Por el Dr. D. Francisco'San-^ .Z cbo Bucndia. .. P ag; XIV. Disertación teológico-médica: ; Sobre la exposición de los vers. ■ 32- 33- y 34- del cap. 37. del Eclesiástico, y templanza en. el r-'eomer j y beber.' • Por el Dr. D.. Josef Alonso y 'Saenz .Pág. 305, XV. Disertación médicas Dei mé-í • todo y remedios mas seguros de ' curar radicalmente las calentu¬ ras intermitentes otoñales. Por el JDr. ID, Diego de Vera y Limón. . . . . . . . . . Pág. 319* XVL Experimentos eléctricos. Por et Dr. D. Gabriéí Rodri* guez de Vera. . ... . Pag. 339 - XVII. Disertación inaugural r Los baños. Portel JDr. D. Bonifacio-Juan Ximenez de-Lorite. . , . Pá^. 345. XVIÍI. Disertación fisico-médicá: Del mecanismo con que se forman y;afecta;íi a varias partes del cuer- ' ' J)ó los que llaman flatos Ó vapo- • • res en ambos sexós. - Por el Dr. D. Marcos HiraU ' des de Acosta. . , . , . Pág. 367. XIX. Disertación chiriírgica : Del c discernimiento con que deberán V curarse las gangrenas ^ para ha¬ cer mas Util la cirugía. Por