Memorias académicas de la Real Sociedad de Medicina, y demás Ciencias de Sevilla : extracto de las obras presentadas en ella en el año de 1792
Full text
fetTEU-fCISTW
i*
PireE
■
5
aOJT\"
>í<
MEMORIAS
ACADEMICAS
DE
LA
REAL
SOCIEDAD
DE
MEDICINA,
Y
DEMAS
CIENCIAS
DE
SEVILLA.
EXTRACTO
DE
LAS
OBRAS
presentadas
en
ella
en
el
año
de
1792.
FORMADO
POR
EL
Br.
D.
AMBROSIO
MARIA
líxW&lic-A
de
Lorite
y
^n^uita,
del
GfCtniOj
y
Claustro
de
Medicina
de
esta
Universi¬
dad)
Maestro
en
Artes
,
y
Catedrático
en
ella
,
Socio
Profesor
de
la
Real
Sociedad
Patriótica,
é
Intimo
de
la
Real
Academia
Médico-Práctica
de
Barcelona,
Mé¬
dico
de
los
Reales
Exercitos,
y
Socio
de
Número»
TOMO
DECIMO.
DEDICADO
„
,
A
EL
REY
NUESTRO
SEÑOR.^'
En
Sevilla
poe
D.
Félix
be
la
Puerta,'
(
Con
Jas
Juicencias
necesarias,
1}
-n
i..‘
C:".
liíLIUA'.A
tjyy/iyi
>
:
■
-v'H.
X
.AJJ':
•
.
'íu
^tm^i
:a;
oAjf
--'XH
í‘j
:i3
j^tís
f
j
•íJ:)jiil<i5?.'^Tr['
.rc?r:
-.[
■
mííí
C
CA^A^'
(}'•!
-
.-vv..;.
•,
-
K^.
X',
:r.íS
Señor
T-Í.JP
;,0\
-:'i
JLjA
Sociedad
Real
de
Medicinay
y
demas
Ciencias
de
Sevilla^
protegida
con
las
libe-
ra*
bilítado
del
Regimiénto
de
Milicias
de
esta
Ciudad,
á
conseqüencia
de
una
orden
del
Excmo.
Sr.
D.
Juan
Joseph
Vertiz
5
Inspector
General
de
Milicias,
si
era
posible
el
acelerado
aumento
de
estatu¬
ra
de
un
mozo
que
se
tra¬
taba
sortear
en
dicho
Regi¬
miento?
A
lo
qual
se
res¬
pondió
que
no
era
imposible.
3.
En
4
de
Octubre
con¬
sultó
á
la
Sociedad
el
Sr.
D.
Juan
Melendez
de
Valdés,
Te¬
niente
segundo
de
Asistente,
sobre
la
calidad
de
unos
pol¬
vos
denunciados
en
su
Juz¬
gado
gado.
En
asunto
tan
grave
se
tomaron
las
medidas
mas
acertadas
para
no
equivocarse
en
la
respuesta.
Se
hicieron
varios
ensayos,
y
presentaron
ios
dos
Socios
á
quienes
se
comisionó
el
examen,
un
es¬
crito
con
los
resultados
de
sus
experimentos
,
de
los
quales
se
vino
á
inferir,
que
dichos
polvos
eran
análogos
al
oro-
pimente,
y
que
solo
podrían
ser
nocivos
en
cantidad
ex¬
cesiva.
4.
En
25-
del
mismo
fue
consultada
la
Sociedad
por
el
Sr.
D.
Joseph
Olmeda
y
JLéon,
Oidor
de
esta.
Real
Audiencia
,
y
Juez
Subdele¬
gado
del
Real
Protomedicato,
sobre
la
utilidad
de
ciertos
bragueros
elásticos
fabricados
por
Luis
Perier,
residente
en
esta
Ciudad.
Examinado
el
asunto
con
prolixidad,
se
re¬
solvió
que
eran
útiles.
5.
El
Sr.
Marques
de
Ri-
vas
consultó
á
la
Sociedad
sobre
la
instrucción
medica
con
que
se
debían
manejar
en
la
curación
de
los
enfery
mos
delHospital'comunmente
llamado
de
las
Bubas.
Se
cor
misionó
ün
Socio
Médico
para
indagar
quanto
pareció
con--
ducente
al
desempeño
de
tan
Util
encargo:
hizo
en
efecto
las
diligencias
oportunas,
y
presentó
un
escrito
en
que
daba
noticia
de
todo
lo
practi¬
cado,
y
exponía
su.
dictamen:
con
el
qual
se
conformó
la
Sociedad
,
y
dispuso
que
se
compendiara,
y
sirviese
de
respuesta,
como
en
efecto
se
practicó.
d.
En
15
de
Marzo
se
presentó
Gertrudis
García,
consultando
á
la
Sociedad
som¬
bre
la
curación
de
una
ulcera
carcinomatosa
de
bastante
ex-
•
tea-
tensioñ
en
el
pecho
izquierdo.
Se
la
dispusieron
los
polvos
de
Hartman,
con
los
quales
consiguió
notable
alivio
y
de
que
informó
la
misma
en
de
Mayo.
7.
En
2
2
del
mismo
mes
se
presentó
á
la
Sociedad
An¬
tonio
Ruiz
con
Antonia
Ho-
rihuela
su
madre,
la
que
pre¬
guntó
9
.
si
la
fatuidad
de
su
hijo
lo
dispensaba
del
servicio
de
las'Armas
?
Se
hicieron,
las
pésquizas
convenientes,
y
re¬
sultando
ser
cierto
aquel
de¬
fecto,
se
respondió
que
estaba
dispensado.
:
.
8.
En
24
de
Mayo
se
recibió
una
consulta
por
ma¬
no
de
D.
Joseph
de
los
Ríos,
Veintiquatro
de
esta
Ciudad,
sobre
un
raro,
pertipáz,
y
an¬
tiguo
afecto
hipocondriaco^
se
comisionó
la
respuesta
un
Socio
para
resolver
des^
pues
la
Sociedad.
5).
En
2
del
mismo
mes
se
presentó
Gertrudis
de
Amo¬
res
con
una
rara
y
violenta
convulsión
del
diafragma;
y
con
los
auxilios
dispuestos
por
el
Socio
á
quien
se
cometió
su
asistencia
,
tuvo
alivio.
JO.
En
5
de
Noviembre
se
se
presentó
á
la
Sociedad
un
escrito
sobre
lasxleclaraciones
legales
de
las
heridas
pelU
grosas,
por
un
Socio
Cirujano
de
Tovarra,
su
Autor,
para
su
examen
,
y
aprobación
^
y
se
respondió,
que
podía
impri¬
mirse.
11.
En
6*
de
Diciembre
se
consultó
á
la
Sociedad
so¬
bre
remediar
la
repetición,
y
íacilidad
de
parir,
molas
una
Señora
de
conveniencias;
y
se
encargó
á
los
Socios:
.el
examen
de
este
particular.
.
j
12.
'^
En
13
del
mismo
mes
consultó
á
la”
Sociedad
D.
J},
Marcos
Bartolomé
ROdr?*
gue»,
:MédÍGO
de‘
Jaén,
%él>Tíé
las
seáale-s
del
'vénénio
diri^ó^
ó
nativoy
-con
motiyo
de^iííii
muerte
HaC'aecida
en
aquella
Ciudad
3
c
óii-dndíeios
de
''^lía^
ber
sidorcíausada
<f
6
t
veneno*
Se
cometió
primeramente
el
asunto
al
Sr.
Revisor
de
la
Sociedad
para
proceder
des¬
pués
á
las
demas-:-investiga¬
ciones
5
y
satisfacer
á
la
pre-
gunta.
\
13.
EnV
2Q,
mismo
mes
se
consultó
á
la
Sociedad
sobre
una
enfermedad
con¬
vulsiva
en
una
Religiosa
del
B
Or-
Oíden
de
S.
Gerónimo,
her-<
.mana
de
dicho
Sr.
Revisor:
y
oido
el
informe
de
uno
de
los
;
Socios,
que
la
habia
asis¬
tido,
y
el
dictamen
de
todos,
se
respondió
dando
el
méto-^
do
mas
rectamente
indicado.
ENERO.
Jueves
26.
DISERTACION
MEDICA.
DE
VARIAS
CONSIDERACIONES
prácticas
relativas
á
la
hemotisisj
con
la
descripción
de
un
nuevo
respirador.
TOR
EL
Dr.
D.
GABRIEL
Ro¬
dríguez
de
VerU)
del
Gremio
y
Claus¬
tro
de
Medicina
de
esta
Universidad^
Maestro
en
ArteSy
Catedrático
substi¬
tuto
de
Prima
de
Medicina^
Socio
Pro¬
fesor
de
la
Real
Sociedad
Patriótica]^
y
Socio
Médico
de
Número,
uándo
el
dictamen
general
de
los
lyiédicos
mas
instruidos
y
exercitados
no
acreditara
la
utilidad
de
laob-
CO
la
sangre,
ha
expuesto
á
mil
inco-
rnodidadés
y
riesgo
la
vida^
de
sus
enfermos.
¡Quántos
han
sido
vícti¬
mas
de
un
Médico
poco
atento
6
ig¬
norante
que
hace
sangrar
sin
lími¬
tes
á
uno
porque
hecjia
sangre
por
la
boca,
quandó-
una
saguíjuela
pegada
en
lo
interior
de
esta
se
ha
visto
después
ser
el
origen
de
aquella
evacuación,
á
veces
diuturha!
En
tales
lances
se
debe
recurrir
álas-señales
que
distinguen
las
dos
evacuaciones;
se
han
de
registrar
prolixamente
los
vasos
de
lo
inte-,
rior
-
de
boca
,
y
narices;
la
con¬
sistencia
,
color
>
y,
modo
de
salir
la*
sangré
no
dan
poco
indicio
para
distinguir
los
vasos
de
donde:
sale.'
No
nos.
precipitemos,
tomemos
tiempo
para
pensar
en
caso
de
duda:
de
este
modo
se
errará
me**
nos,.y
no
se
sangrará
tanto
en
unos
casos
que
remedia
un
polvo
de
tabaco
5
un
buche
de
agua
ti¬
bia
y
y
tal
vez
escapaii
sin
la
me¬
nor
diligencia.
Es
necesario
distinguir
también
quando
viene
la
sangre
del
estó¬
mago
lí
otras
partes,
para
no
con¬
fundir
las
curaciones.
De
estas
di¬
ferencias
tratan
abundantemente
los
Autores
de
Medicina,
y
es
de
ad¬
mirar
que
algunos
Médicos
se
equi¬
voquen
con
tanta
freqüencia
en
el
discernimiento
de
unas
enfermeda¬
des
tan
comunes
y
conocidas
en
detrimento
de
los
enfermos.
Clasifica
el
A.
la
hemotisis
con¬
formándose
enteramente
con
Cullen
en
el
gen.
35.
ord.
4.
el.
i.;
refiere
después
su
historia
según
la
pro¬
pone
este
mismo
y
con
arreglo
á
lo
que
sobre
ella
escribió
Boerhaave,
y
le
ha
dictado
su
propia
obser¬
vación,
en
los
términos
siguientes.
Quando
se
anuncia
el
mal
hay
en-
fio)
encendimiento
en
las
mexillas^
sen¬
sación
de
incomodidad
y
peso,
do¬
lor,
calor,
angustia,
lí
opresión,
en
el
pecho
,
dispnea,
titilación
en
las
fauces
,
tos
?
y
con
ella
yie-,
ne
la
sangre
en
diferentes
cantida¬
des
,
se
percibe
ruido
en
la
cavidad
del
pecho,
principalmente
quando
está
próxima
á
salir,
el
pulso
se
pone
mole,
parvo,
y
undoso;
ha¬
biendo
precedido
á
todo
esto
un
gusto
salado,
á
que
acompaña
tal
vez
calentura.
Asi
se
van
sucedien¬
do
uuos
síntomas
á
otros
,
de
cu¬
yo
tamaño
,
conjunto
,
y
causas
deberá
concluir
el
Médico
el
tér¬
mino
probable
de
la
enfermedad,
teniendo
siempre
en
consideración
que
el
fundamento
de
su
dictámen
es
una
conjetura
con
mas,
6
menos
grados
de
probabilidad.
Tratando
después
de
la
causa-
de
la
hemotisis,
supone
el
A.
el
co-
Trí5
,
conocimiento
de
los
vasos
sanguí¬
neos
de
los
pulmones,
su
número,
y
situación
en
un
texido
celular
flojo
,
su
poca
capacidad,
su
débil
estructura,
y
la
poca
energía
que
por
lo
mismo
éxercen,
y
pasa
á
explicarla.
5,
Quando
á
proporciona
dice,
del
3,
aumento
que
experimentan
las
par-
tes
del
cuerpo
,
se
mantiene
rCl
3,
equilibrio
en
todo
el
sistema,
-
la
53
sangre
movida
por
los
vasos;
no
í,3
produce
hemórragías;
pero*
si
por
33qualquier
motivo
se
interrumpe
‘33
esta
igualdad
•
en
ciertas'
p^ítesj
33
fácilmente
se
forman
congestiones.
•33
Quando
las
arterias,
aorta,
y
pul-
33
monal
mantienen
el
conveniente
:3’3
equilibrio
en
el
movimiento
de
la
53
sangre
por
los
vasos
de
su'
xes-
53
pectivo
sistemaj
no
experimentan
53
los
pulmones
este
accidenté;
y
*33
aunque
parecería
que
el
-
n
úmero
-
y'
02
)
'
y
poca
capacidad
de
los
vasos
puP
monales
no
podrían
conservar
esta
saludable
reciprocidad
y
es
muy
probable
que
semejantes
defectos
yy
los
compensa
la
naturaleza
por
la
yy
mayor
velocidad
de
la
sangre
que
se
mueve
por
los
pulmones.
Asi
pues>
qualquiera
irregularidad
en
yy
esta
velocidad
natural
que
interr
yy
rumpe
la
compensación
precisa,
,,
turba
el
equilibrio,
y
se
sienten
,,
en
los
pulmones
los
efectos
de
la
yy
plétora
por
la
falta
de
resistencia:
yy
en
cuyo
caso,:
.6
bien
rompiendo
yy
los
vasos
,
6::bien
cediendo
sus
orificios
dilatándose
irregularmen-
te,
6
por
erosión
se
forma
la
,,
hemotisis.
A
vista
de:
una
teoría
fundada
yy
en
buenos
conocimientos,
y
bien
,,
autorizada,
es
fácil
comprehender
yy
el.
origen
dedos;
fenómenos
que
se
<
9^
observan
en
esta
enfermedad
j
pu-
/
díen-»
diendo
decifse>
que
ía
mayor
de-
terminación
de
la
sangre
á
los
vasos
de
los
pulmones,
seguida
á
3,
una
interrupción.
y
desarreglo
en
la
velocidad
,de
la
que
circula
por
ellos,,
se.
puede
reputa
r
por
causa
próxima
de
la
hemotisís.
;>,
Con
ella
se
explican
cómodamente
los
efectos;
de
esta,
y
entre
ellos
P,
se
evidencia,
que
quando
el
sisr-
.,,;t€raa
de
la
aorta
se
hace
mas
resistente
con^
qualquiera
L;pletora
.es
freqüente
la
hemotisis.-^
según
advierte
desde
:
losoíj8
^hasta
35
y
en-
ciiyD
mtervalb
de.
tiempo;-es
,
conocida'ja(
mayor
propension^
'á
.este
maF-.,
'
03!-
.causas
•
dispositivas-,
ly.
oca-
,sionales
:producen
;la
,
que.-^se
.acaba
de
,
exponer,
5
b
.
y
.:
se
;
reducen
á
la
,confi§ui’3CÍon
del
c,pecho
,
la,
edad
.insmuada
del^
patente,
la.
plétora,
la;
acrimpnia
)qs.-
h
umores-»
la
_od
de-
^ébilidad
de
los
palmones
,
rares-
facción
de
la
sangre
y
exercicios
inmoderados
5
diminución
repemirta
del.
peso
de
la
atmosfera
,
las
com¬
presiones
externas,
heridas,
supre¬
sión
de
menstruación
,
almorranas,
ú
otra
evaqüacion
de
sangre
acos-
tumbráda,
especialmente
por
las
narices,
cuyo
mecanismo
no
es
difícil
comprehendery
si
se
atiende
á
quanto
se
ha
dicho
en
orden
á
la
causa
próxima;
y
su
por
me¬
nor
omite
el
A.
referir
hecho
cai>
go
de
Jo
que
tiene
expuesto,
pa¬
sando
á
hacer
la
aplicación
de
quanto
lleva
dicho
á
SU
caso.
El
enfermo
de
la
observación
•tenía
18
años,
su
temperamento
era
acre,
la
compresión
del
pecho
por
aquel
desmedido
abrazo
le
causó
úna
fuerte
'
y
violenta
con¬
tracción
,
el
tiempo;
era
del
mayor
calor
en
Sevilla-,
Ks
caminatas
íi
horas
incomodas
repetidas
y
vio¬
lentas.
2
Que
se
podría
esperar
del
conjunto
de
tantas
y
tan
podero¬
sas
causas
?
La
importuna
hemo-
tisis
que
le
sobrevino..^
ciiya
dura-,
clon
y
cantidades
de
'sangre
arroja¬
da,
resistencia
á
los
comunes
auxi¬
lios,
tesón
en'
el
dolor',
tos;
y
calentura
manifiestan
la
gran
estre-;
chez
en-las
partes-del.
pecho
.,
y
de
aqui
la
pérdida
de
equilibrio,
entre
los
^sistemas
insinuados
de
Jas.;
arterias
,
aorta
,
.
y
pulmonal,
á
que
contribuyeron
-aquellos
baños-
impremeditados
é:
intempestivos,
como
■
acredito'
el
aumento
•
'
'{
del
dolor.
j
(ISJ
2
/
SOBRE
LA
CURACION
DE
LA
betnotisis,
I
labiendo
procedido
el
A.
en
la
anterior
reflexión
con
el
orden
que
exige
la
naturaleza
de
esta
Memo¬
ria
^
se
hace
cargo
en
ella
de
quanto
pueda
concernir
á
dar
las
mayores
luces
para
la
mas
arregla¬
da
curación
de
esta
enfermedad:
examina
los
métodos
mas
celebra¬
dos
y
y
pareciendole
lo
mejor
for¬
mar
aquellas
divisiones
y
varieda¬
des
que
cornprehendan
con
distin¬
ción
el
mayor
número
de
casos,
se
conforma
con
proponer
las
que
dispuso
David
Macbride,
consultan¬
do
en
esta
jparte
también
la
sen¬
cillez.
-
/
En
En
cónseqüencia
de
esto
indica
los
remedios
según
la.
división
si-?
guíente.
Quatro
son
las
variedades
que
establece:
>
1.
Hemolisis
accidental
la
qual
depende
del
exceso
en
los
alimen¬
tos
,
exercicio
inmoderado
en
los
pictóricos.
2.
Hemolisis
habitual
y
originada
de
la
acritud
de
los
humoresó
de
la
debilidad
de
los
pulmones,
ó
uno
y
otro;
bien
sea
nativa,
6
adquirida;
y
á
esta
precede
6
acompaña
calentura,
y
suele
ter¬
minar
en
tisis.
3.
Hemolisis
periódica
,
seguida
á
la
supresión
de
las
evacuaciones
de
sangre
acostumbradas,
como
Ja
hemorroidal
ó
menstrual.
4.
Hemolisis
traumática
,
sobre¬
venida
á
heridas
y
compresiones
extraordinarias,
especialmente
en
las
partes
del
pecho,
las
quales
(u)
del
vapor
que
proporcionó
aqiíel
respirador.
Si
se
coteja
la
virtud
laxante
de
este
vapor
con
el
ge¬
nio
de
la
causa
5
y
sobre
todo
con
los
beneficios
conseguidos
por
su
influxo
^
no
queda
duda
de
las
ventajas
que
en
casos
de
esta
na¬
turaleza
se
deben
esperar
del
uso
de
este
remedio
:
el
hecho
mismo
dá
motivo
á
esta
confianza
^
aun
quando
la
razón
no
se
declarara
lan
favorable.
No
siendo
un
ca¬
mino
muy
trillado
por
el
que
se
ha
conducido
el
A.
en
este
caso>
tiene
la
satisfacción
de
presentarlo
á
un
Cuerpo
de
facultativos
de
la
primera
nota
para
que
juzgue
de
su
mérito,
y
haga
las
aplicaciones
oportunas
en
sus
respectivos
casos.
“7
50BRE
CATELAS.
lua
hemotisis
no
es
solamente
temible
por
su
presencia^
sino
tam¬
bién
por
la
facilidad
con
que
re¬
caen
los
enfermos
^
y
las
conse-
qüencias
de
estas
recaídas.
Para
evitarlas
es
menester
que
el
Médi¬
co
haga
que
el
enfermo
entable
tin
régimen
capaz
de
destruir
aque¬
lla
propensión.
Ojalá
y
los
pacien¬
tes
se
prestasen
siempre
á
hacer
en
esta
parte
quanto
les
dictáse
un
profesor
instruido
y
exercitado!
JL,a
lastima
es
y
que
apenas
sienten
algún
alivio
se
manejan
por
sí
con
independencia
del
Médico^
incurren
^
los
defectos
antiguos
^
y
vienen
por
(26)
por
lo
común
á
experimentar
las
desgracias
conseqüentes
de
su
falta
de
cuidado
é
insubordinación.
El
esputo
de
sangre
repite
pre¬
cediendo
ciertas
‘señales
y
que
no
son
las
mismas
en
todos:
unos
per¬
ciben
cierta
presión
en
el
pecho,
otros
calor
en
él
con
una
ligera
tos
seca,
muchos
sienten
en
el
hi¬
pocondrio
derecho,
ó
izquierdo
cierta
desacostumbrada
pulsación.
Con
estas
señales
que
expresa
Van-Swieten
,
suele
repetir
la
he-
motisis
á
no
precaverse
en
tiem¬
po
con
el
competente
número
de
sangrías.
El
cansancio
y
molestia
en
los
movimientos,
aceleración
en
la
respiración,
la
costumbre
del
enfermo,
la
dureza
y
llenura
de
su
pulso,
son
otros
tantos
indicios
de
la
hemotisis
inminente.
Por
lo
mismo
de
ser
tan
te-»
mibie
la
recaida,
es’
menester
evU
tar
lar
aquellas
causas
^
especialmente
que
la
motivaron
,
y
además
qual-
quiera
otra
que
tenga
influxo
di¬
recto
en
producir
el
mismo
efecto.
En
pocas
palabras,
se
atenderá
al
carácter
de
la
causa
primitiva,
no
solo
para
borrar
sus
impresiones,
sino
para
procurar
que
no
se
re¬
nueve
su
acción
por
todos
aque¬
llos
medios
que
hagan
conservar
el
equilibrio
insinuado.
.
Para
aplicar
estas
doctrinas
se¬
gún
los
casos
que
ocurran,
con¬
vendrá
distinguir,
estos
según
el
orden
establecidoi-en
la
curación.
En
la
primera.
■
:variedad,
las
eva¬
cuaciones
de‘::sangre
repetidas
en
ciertos-
tiempos-
según
la
necesidad
podrán
precaver
la
recaída.
•
En
la
"segunda
,
las
leches
,
di-
luentes,
y
obtundentes:,
continuados
todo
el
tiempo
necesario
llenarán»
los
deseos
para'precaver
la
repe-)
ti-
(
2
%
)
ticion.
A
estos
medios
podrá
ana-í
dirse
la
quina
en
sustancia
ó
co¬
cimiento
quando
se
considere
de¬
bilidad
en
los
pulmonesy
dispo¬
sición
á
la
putrefacción
Las
fuen¬
tes
especialmente
en
los
brazos,
con
los
quales
conservan
gran
co-
municacion
las
partes
del
pecho,
podrán
ser
de
bastante
utilidad.
En
los
lances
de
supresión
de
evacuaciones
de
sangre,
que
es
la
tercera
variedad,
conviene
conti¬
nuar
con
tesón
los
remedios
que
las
promuevan,
sin
omitir
el
com¬
petente
número
de
sangrías
en
los
tiempos
convenientes.
En
la
quarta,
será
necesario
evitar
qualquiera
exceso
en
las
co¬
sas
,
que
llaman
no
naturales
,
y
en
una
palabra,
quanto
pueda
au¬
mentar,
y
determinar
el
movimiento
de
la
sangre
á
los
<
pulmones.
To¬
do
este
cuidado
se
necesita
en
el
nía-
manejo
de
estos
enfermos;
pues
volviéndose
á
renovar
las
causas
se
renuevan
también
los
efectos,
con
la
desgracia
de
que
producien¬
do
con
la
repetición
mayores
y
mas
peligrosas
impresiones
vienen
por
ultimo
á
ser
víctimas
comun¬
mente
de
su
mal
proceder.
Así
se
acreditó
en
el
enfermo
de
la
ob¬
servación
^
que
repitiendo
las
cau¬
sas
que
motivaron
sus
primeros
in¬
sultos^
experimentó
los
desgraciados
efectos
de
una
recaída,
aunque
correspondientes
á
su
descuido
y
abandono
viniendo
á
morir
por
ul¬
timo;
sin
que
las
ventajas
conse¬
guidas
por
medio
de
aquel
respira¬
dor
se
puedan
jamás
obscurecer
con
el
;velo
de
un
fin
inesperado
,
que
jio
daba
á
entender
la
buena
dis¬
posición
del
paciente
^
y
que
tal
vez
no
se
habría
verificado
entonces
habiendo
seguido
otra
conducta.
(
3
0
)
'
F
E
B
R
E
R
O.
Miércoles
i.
DISERTACION
CHIRURGICA.
DEL
PARALELO
ENTRE
LA
curación
radical,
y
paliativa
de
.
las
Ulceras
contumaces.
.
pon
D.
FRANCISCO
VICTORI-^
no
Gómez
y
Socio
Cirujano
de
_
Número,
3En
algunas
enfermedades
se
ha¬
cen
depósitos
de
humores
en
el
texido
celular,
que
quando
per¬
manecen
es
grande
,
la
obstrucción,
y
la
espesura
considerable,
se
irri¬
tan
los
sólidos,
hay
tensión,
rubor,
dolor,
y
pulsación
con
aumento
de
calor
5
indicios
todos
de
una
par-
particular
alternación
en
los
humo¬
res
3
á
que
se
sigue
la
presencia
de
un
licor
dulce
5
fluido
^
blanco,
y
homogéneo,
que
llaman
pus;
para
cuya
formación
parecen
indis-
pensables;
la
estancación,
y
un
cierto
grado
de
inflamación.
Ya
formado
corroe
una
parte
del
te-
xido
celular
y
demas
tegumentos,
aparece
al
exterior,
y
se
advierte
una
solución
de
continuidad
que
llaman
úlcera
ó
llaga.
Muchos
han
pensado
que
la
formación
del
pus
viene
á
ser
una
mutación
producida
por
cierto
gra¬
do
de
fermentación
,
y
sus
carac¬
teres
,
que
conoció
Hipócrates,
lo
distinguen
de
las
comunes
putre¬
facciones
de
qualquier
parte
animal,
en
las
quales
además
del
mal
olor,
se
halla
una
acritud
singular.
PringlCy
Gaver
,
y
Hevjson
han
hecho
pro¬
bable
por
repetidas
observaciones
D
la
Ja
opinión
de
que
el
suero
es
lat
única
parte
de
la
sangre
de
que
se
forma
el
pus
:
de
cuyo
dictáraen,
que
parece
hasta
ahora
el
mas
fun¬
dado
por
la
naturaleza
de
sus
prue¬
bas
se
infiere
la
falsedad
de
to¬
das
aquellas
opiniones
que
se
ha¬
blan
esparcido
sobre
la
formación
de
este
humor.
Se
infiere
también^
que
siendo
capaz
de
varias
mutaciones
el
sue¬
ro
que
causa
el
fluxo
natural
de
las
llagas
y
se
deberán
observar
ciertas
variedades
en
estas
que
ne¬
cesitan
determinadas
modificaciones
para
su
corrección.
No
hay
duda^
que
la
organización
de
la
úlcera
puede
también
influir
en
ella
cier¬
tas
mutaciones.
Todo
lo
qual
con
otras
varias
consideraciones
habrá
de
tener
presente
el
buen
profesor
que
desea
ser
útil
en
su
exercicio.
El
A.
se
hace
cargo
de
Jos
per-
Í33)
Juicios
que
causan
algunas
prácticas^
nacidos
de
faltas
de
atención,
y
de
no
tener
presente
el
Cirujano
aquel
número
de
ideas
y
preven¬
ciones
que
subministra
el
estudio
de
los
buenos
principios
de
su
ar¬
te,
y
una
práctica
prescindida
de
preocupaciones
y
sistéinás
volun¬
tarios.
Hace
ver
después
diferentes
de¬
nominaciones
y
colocaciones
de
úl¬
ceras
según
los
vicios
insinuados
que
se
hallan
adoptados
por
auto¬
res
de
mérito.
Las
callosas
y
fis¬
tulosas
las
consideran
originadas
de
ía
ofensa
de
los
sólidos,
las
ico-
rosas
y
sórdidas
de
la
naturaleza
del
humor
que
produce
la
úlcera,
las
escorbúticas,
escrofulosas,
y
venéreas
de
la
disposición
humoral
del
enfermo.
Los
dolores,
infiama-
ciones
,
y
otros
síntomas
que
las
acompañan,
y
piden
pronto
socor¬
ro.
(40)
!|uíeran
tratar
después
con
curación
metódica
sea
necesario
echar
mano
de
los
remedios
mas
poderosos^
de
los
quales
á
veces
suelen
bur¬
larse
unas
indisposiciones
ó
muy
mal
cuidadas^
ó
muy
mal
atendidas.
I^s
recursos
en
estos
casos
son
fáciles
de
comprehender
y
de
apli¬
car
:
el
uso
de
las
medicinas
con¬
venientes
dispuestas
por
facultativo
instruida
^
y
la
dieta
á
disposición
del
profesor
remedian
la
diuturni-
dad
de
estas
llagas.
Se
advierte
también
en
estos
casos,
que
de¬
seando
los
enfermos
sanar
por
mo¬
mentos
mudan
freqüentemente
de
mano;
culpan
injustamente
la
igno¬
rancia
del
Cirujano;,
.y
perjudican
su
reputación
5
siendo
las
mas
ve¬
ces
el
enfermo
el
origen
de
aque¬
lla
diuturnidad.
Diuturnidad
por
la
ignorancia
ó
preocupación
del
Cirujano,
La
falta
de
de
conocimientos
y
do
experiencia
en
este
contribuye
no
pocas
veces
á
prolongar
la
curación
de
las
lla¬
gas
5
ó
porque
no
conoce
el
ca¬
rácter
especial
de
ellas
^
la
consti¬
tución
del
enfermo
y
la
naturaleza
y
conexión
de
las
partes
afectas,
ó
porque
tiene
poca
comprehension
de
aquella
materia
médica
que
se
debe
usar
en
sus
respectivas
lílce-
ras.
Asi
pues
quando
una
llaga
provenida
de
vicio
en
los
humores
se
intenta
tratar
con
remedio
pu¬
ramente
local,
se
dilata
la
cura¬
ción
,
y
la
enfermedad
se
hace
contumacísima
j
por
el
contrario
quando
el
vicio
es
externo
y
el
defecto
está
en
la
parte
por
indis¬
posición
de
ella
solamente
,
si
se
usan
medicamentos
internos
des¬
cuidando
la
ulcera,
no
se
adelanta
nada,
y
dura
mas
de
lo
que
debía.
[I
Entre
los
errores
y
preocupa¬
ciones
(
4
^)
dones
del
Cirujano
se
deberá
coiv
tar
el
dictámen
de
muchos
sobre
la
dificultad
y
perjuicios
que
notan
en
la
curación
de
ciertas
llagas.
Confunden
lo
dificil
con
lo
impo-
¿ble,
y
quando
los
auxilios
de
que
se
valen
no
producen
el
electo
que
apetecen
y
deciden
la
imposi¬
bilidad
de
la
curación
radical.
Los
cancros
ulcerados
se
han
tratado
generalmente
con
remedios
paliati¬
vos
^
y
solo
se
curaban
radicalmente
echando
mano
del
hierro
para
se=-
pararlos,
quando
las
circunstancias
lo
permitían;
pero
en
otra
Memo¬
ria
de
las
de
este
año
se
proponen
los
medios
de
conseguir
en
varios
cancros
externos
una
segura
y
com¬
pleta
curación.
Las
ulceras,
de
lo?
leprosos
se
han
tratado,
y
se
tra¬
ían
paliativamente
en
la
creencia
de
ser
imposible
y
aun
perjudi¬
cial
su
curación
radical.
Mas
sin
em-
C43)
embargo
de
una
opinión
tan
en-
vegecida
y
que
se
ha
extendido
entre
los
mas
de
los
profesores
aun
los
del
mayor
crédito
^
el
caso
siguiente
evidencia
lo
contrario
al>
solutamente
al
dictámen
adoptado.
En
el
Lazareto
extrainuros
de
Sevilla
hubo
una
Elefamiaca
con
llagas
de
pésima
calidad
j
que
se
trataban
paliativamente.
Salióla
un
tumor
del
tamaño
casi
de
de
un
puño
en
el
sobacoque
se
supurój,
y
arrojó
por
él
grandes
cantidades
de
podre
^
con
la
particularidad,
de
que
todas
las
llagas
que
en
su
cuerpo
tenía
se
iban
corrigiendo
al
mismo
tiempo,
hasta
cicatrizar¬
se
perfectamente.
Verificado
este
término
se
cerró
’
la
del
sobaco,
quedando
libre
de
las
ozenas,
se
despejó
el
cutis,
recobró
su
anti¬
gua
agilidad
,
y
sus
funciones
eran
regulares,
se
nutrió,
y
sus
carnes
se
(445
se
notaban
tan
de
buen
color^
que
á
no
haber
conservado
un
poco
achatada
la
nariz,
(síntoma
fre-
qüente
en
esta
enfermedad)
y
una
escasa
carnosidad
en
el
ojo
izquier¬
do
y
ninguno
se
persuadiría
que
aquella
muger
habia
padecido
tan¬
ta
deformidad
;
y
salió
del
hospi¬
tal
para
volver
á
su
casa
y
como
estaba
antes
de
haber
enfermado.
Este
y
otros
casos
semejantes
son
unos
repetidos
desengaños
de
nuestra
ignorancia
y
atrevimiento
en
el
pronosticar;
nos
hacen
mas
circumpectos
y
reflexivos
para
no
determinarnos
á
decidir
sobre
lo
que
no
tenemos
bastantes
ideas^
y
el
número
conveniente
de
datos.
Asi
quando
hayamos
de
tratar
es¬
tas
indisposiciones
y
examinaremos
con
la
debida
atención
las
causas
y
alteraciones
que
hayan
influido
para
hacerlas
largas^
ó
rebeldes;
X
y-llevados
de
un
dictamen
funda¬
do
nos
resolveremos
á
practicar
lo
que
mas
convenga
para
la
perfecta
y
radical
curación
de
varias
úlce¬
ras
envejecidas.
Para
acreditar
el
A.
la
utilidad
de
esta
doctrina
proppaé
la
siguiente
OBSERVACION.
N
•
de
edad
de
40
años^
tempe-,
ramento
sanguíneo
’
bilioso
y
padecía
20
años
habia
una
llaga
en
la
pierna
izquierda
de
muy
mala
calidad.
Con»
tiimaba
Qon
ella
hasta
que
visto
por
el
Sr.
Gómez
pudo
por
su
medio
conseguirla
curación
radical:.de
la
úlcera
,
á
la
qual
precedió
un
exam¬
ínen
prolixo
de
quanto
podía.condu¬
cir
para
el
tratamiento
mas
arregla¬
do;
y
hepho
cargo,
.de,
que
el
vicio
venereo
era
el
origen
de
aquella
.re-»
beldia^
le
administró
las
unciones
del
mer-»;
(46j
Ttiércurió:,
y
aplicó
la
parte
el
tin-
guelto
de
cinabrio
lavado
con
el
co-*
Ciitiiento
de
la
escabiosa
^
y
la
cata¬
plasma
de
hariiíascon
lo
quaí-'á^
lo§
70
diaS
se
vi5‘
libre
de
su
enferme-
dad.’:''
■
li-"-’.
i
Enquanto
á
los
perjuicios
qué
resultan
de
curar
muchas
llagas
en¬
vejecidas
¿é
ha
dicho
muclíó
por
los
que
se
oponen
á
la
curación
radical
tíe
clláS.
Sé
evacúan
por
estos,
iifiar
fiianfóles
cantidades
considerables
da
materia
que
forman
Un
fluxo
contí-
ríUoj
al
qual
se
habitúa
la
naturale¬
za'^
cuya
supresión
podrá
causar
liria'
abundancia
•
exceslvei
dé
'Suero
cbaguláblé
eñ
la
masa
comüm
que
ofenda
las
fimdonés
del
paciente.
Todo
lo
qual
COfifirma
por
■
las
maiás'
resultas
observadas
i'á
-eonse-
qüencia
de
.
la
jdesecacion
idé^
^ciertas
ulceras,
y
porirétríedio
de
^stas-in-
disposíciones
y
-
qué-ha
sido
Ub'rirlas
dé
nuevo.
Esta
és
la
mayor
objedon>
qlie
■
se
forma
contra
la
curación
radical
'de
las
úlceras
antiguas.
El
A.
hecho
cargo
de
ella
advierte
lo
primero,
que
no
es
lo
mismo
secarse
las
llagas
a
un
enfermo
,
que
se
acerca
á
la
muerte,
que
seguirse
esta
dé
la
re¬
secación
de
aquellas
;
pues
es
bastan¬
temente
probable,
que
la
misma
causa,
que
impide
el
exercicio
de
las
funciones
necesarias
á
la
conserva¬
ción
de
la
vida
influya
en
la
falta
del
fiuxo,
que
mantéiiia
las
úlceras:
por
lo
qual
cree
el
A.
que
se
-equi¬
vocan
en
muchas
ocasiones
las
cau¬
sas
;
y
en:
otras
se
ponderan
dema¬
siado
las
conseqüencias
funestas
de
estas
desecaciones.
Podrá
suceder
alguna
vez
,
que
el
tratamiento
in¬
considerado
de
una,
ó
muchas
úlce¬
ras
produzca
los
efectos,
que
quedan
expresados.
Por
esta
causa
se
debe¬
rán
intentar
estas
curaciones
quando
se
quieren
perfeccionar
de
raíz
baxo
£
cier-
C48
)
ciertas
cautelas^
y
prevenciones;
pa-i
ra
salvar
los
inconvenientes
que
po¬
drán
esperarse
y
que
se
han
expues¬
to
anteriormente.
-
Para
obviar
la
abundancia
exce¬
siva
de
suero
que
podría
resultar
á
la
masa
común
en
conseqüencia
de
ia
curación
radical
y
se
substituirán
ciertos
desaguaderos
por
donde
se
evacúen
las
serosidades
superfluas:
tales
son
el
de
una
y
6
mas
fuentes
por
el
tiempo
conveniente.
Los
cau¬
terios
y
sedales
han
gozado
de
re¬
putaciones
y
sin
duda
podrán
tener
lugar
én
algunos
casos.
La
mutación
del
suelo
contribuye
en
ocasiones
para
la
curación
seguida
de
várias
llagas.
Los
baños
generales
de
agua
dulce,
ó
de
otra
naturaleza,
según
lo
pida
el
caso,
producen
una
mutación
ventajosa
en
las
ulceras.
Las
san¬
grías
y
purgantes
podrán
también
contribuir
al
feliz
éxito
de
estas
cura¬
ciones.
Estas
prevenciones
y
pié-
(+95
dios
no
son
siempre
necesarios
^
pues
en
las
mas
de
las
llagas
por
vicio
en
la
masa
común
el
tratamiento
prin¬
cipal
debe
ser
interno
sin
temor
de
malas
resultas
^
como
lo
acredita
el
caso
propuesto
en
la
observación
de
aquel
preso.
Serán
muy
pocas
las
llagas
en
que
la
disposición
del
enfermo
^
y
el
conjunto
de
circunstancias
no
per«
mita
la
curación
radical
:
las
con¬
sideraciones
hechas
sobre
la
vána
diuturnidad
de
las
úlceras
^
división
que
nos
ha
parecido
oportuna
para
!a
decisión:,
son
la
mayor
prueba
de
esta
verdad
:
por
lo
qual:,
y
para
ma¬
nifestación
de
su
dictamen
en
el
pa¬
ralelo
5
que
se
propone
^
inteligen¬
cia;,
y
discernimiento
en
estos
casos
concluye
el
A.
con
las
siguientes
jProposiciones.
I.
En
las
úlceras
envejecidas
^5
por
vicio
en
los
humores,
ó
sim-
,/paticaS;
se
ha
de
intentar
la
cura-
cion
radical.
(
56
)
y,
aplicaron
dos
vegigatorios
á
loS
muslos
y
continuó
sin
otra
nove*
^y
dad*
yy
Al
dia
3
seguía
lo
mismO;,
y
en
la
tarde
se
hizo
una
sangría
de
4
yy
onzas
y
se
actuaron
bien
los
ve-
gigatorios.
El
dia
4
por
la
manana
apare¬
ja
ció
una
diarrea
biliosa
abundante^
yy
ningunos
lochios
y
menos
estertor,
continuando
dicha
evacuación
mas
yy
abundante
en
la
noche
y
purgan-
do
muy
bien
las
ulceras.
,,
El
dia
s
tenia
la
vista
natural,
yy
y
lo
mismo
las
acciones
volunta-*
yy
rias
;
pero
la
calentura
era
alta,
,,
perdió
el
habla
con
mucha
inquie-
tud,
las
evacuaciones
de
diarrea,
,,
y
llagas
abundantes,
y
ningunos
yy
lochios:
púsose
á
dieta
incrasante,
„
y
al
cocimiento
blanco
aromatiza-
„
do
con
el
agua
de
canela,
y
jarabe
i),
de
balsamo,
mezclado
á
cada
li-
bra
del
cocimiento
grano,
y
medio
(
57
)
,
,
,,
de
opio
puro
;
de
lo
qual
tomaba
algunas
porciones:
en
la
noche
hubo
algunos
lochios,
menos
diar¬
ia
rea
,
y
las
fatigas
casi
calmadas.
En
la
mañana
del
dia
ó.
hubo
muy
pocos
cursos
^
mas
loemos,
,,
continuaba
la
aphonia,
conocía,
se
explicaba
por
señas,
y
siguió
aquel
dia
sin
otra
novedad.
„
Al
7.
cesó
enteramente
la
diar-
3,
rea,
seguia
la
aphonia,
y
era
exce-
siva
la
purgación
de
los
vegigato-'
rios
‘
volvió
á
la
dieta
tenue,
con*’
«tinuó
sin
especial
novedad
hasta
„
el
11
en
que
huvo
alguna
evacua-
„
cion
biliosa,
aminoró
la
fluxión
de
las
llagas,
los
lochios
continua-
,,
ban
,
y
íaltó
la
calentura.
^
^
El
13
por
la
mañana
empezó
a
hablar,
se
cerró
un
vegigatorio,
y
,,
el
otro
continuó
hasta
el
15,
des¬
de
este
dia
no
experimentó
nove-
dad
especial
siguiendo
con
el
tra-
tamiento
regular
de
una
panda.
53
Al
.33
CS8)
Al
29
se
levantó
enteramente
sana,
y
ha
continuado
buena,
ha-
liándose
preñada
de
8
meses
á
la
fecha
de
esta
disertacion.^f
Este
caso
ofrece
várias
reflexio¬
nes
que
desde
luego
pondrían
de
vulto
muchos
errores
en
que
han
in¬
currido
algunos
Médicos
,
los
quales
han
procurado
extender,
aunque
con
los
perjuicios
que
se
dexan
infe¬
rir
de
semejantes
opiniones
:
hay
quienes
aprecian
mas
una
Opinión
envegecida,
aunque
infundada,
ó
una
fatal
preocupación,
que
quantos
desengaños
y
verdades
les
manifies¬
ta
la
experiencia;
y
mientras
que
es¬
tos
prociedan
con
la
razón
cautiva,
y
sin
livertad
en
el
juicio
,
ni
pueden
saber,
ni
ser
útiles
á
nadie;
por
el
contrario
son
sus
determinaciones
perjudiciales
á
quantos
se
someten
á
sus
dictámenes.
Muy
distante
el
A.
de
este
modo
de
pensar
se
propone
manifestar
sus
ideas
Ideas
según
los
efectos
observados
en
el
caso
anterior
;
pero
omite
re¬
ferirlas
con
alguna
extensión,
hasta
manifestar
otro
caso
casi
idéntico
en
esta:
OBSERVACION
2
.
-
En
el
barrio
de
San
Roque
es-
perimentó
una
muger
el
mismo
5^
aparato
que
la
anterior
en
el
mes
de
marzo
del
año
de
88
al-
nove-
55
no
mes
de'su
preñado
:
se
ignora-
55
ba
la
causa
y
se
evacuó
el
pri-
'55
mer
dia5
repeíida
la
segunda
san-
•55
gría
en
la
noche
5
y
siguiendo
el
55
régimen
de
la
anterior.
55
Al
segundó
dia
de
^
madrugada
55
parió
un
feto
muerto
i'
hizela
apli-
'55
car
dos
vegigatórios,
y'tercera
san-
^55
gría:
continuó
todo
hasta
el
quarto
‘55
en
la
noche
y
qüe
se
alivió
del
es-
55
tertor,
y
de
lOs
movimientos
con-
vul-
(6o)
Viilsivos
5
correspondían
bien
los
■
í
?
vegigatorios
hubo
diarrea
co-
piosa
hasta
el
octavo
en
el
qual
parecieron
los
lochios
y
y
desapa-
reciendo
los
demas
síntomas^,
que-
yy
do
sin
habla
hasta
el
17;
y
al
22
sin
yy
haberse
aun
repuesto
se
levantó^
yy
habiendo
seguido
después
sin
es-
yy
pecial
novedad
atendiendo
á
sus
yy
que
haceres
Aquí
nota
el
Á.
que
la
infehz
situación
de
esta
inuger
no
permi¬
tían
que
se
hiciesen
las
medicinas
con
tanta
oportunidad
como
en
la
anterior^
sin
embargo
de
que
en
las
sangrías
y
cáusticos
no
hubo
dila¬
ción
;
advierte
también
^
que
omite
alguna
pequeña
diferencia
de
muy
poca
consideración
producida
pro-
babilísimamente
por
la
escasez
de
las
proporciones
de
la
enferma^
y
que
no
hace
substancialmente
diferente
este
caso
del
anterior
:
por
lo
qual
pasa
á
proponer
las
reflejdones
que
(61^
fiabía
ofrecido
y
cuya
utilidad
puede
producir
las
mejores
conseqüencias
para
bien
de
las
enfermas
de
esta
na¬
turaleza.
Para
desempeñarlas
como
cor¬
responde
á
el
objeto
de
que
se
trata,
se
hace
cargo
el
A.
del
estado
del
puerperio^
de
la
acción
de
los
vegi-
gatorios
en
estos
casos
,
y
hace
ver,
atendidos
los
fenómenos
y
que
en
ellos
se
observaron
,
su
utilidad
y
é
inocencia
5
que
es
lo
que
forma
el
asunto
de
la
presente
Memoria.
En
dos
estados
diferentes
se
de¬
ben
considerar
estas
enfermas:
en
el
primero^
quandose
insultaron,
se
ha¬
llaban
embarazadas,
el
accidente
fue
apoplético
,
hubo
empeño
en
la
res¬
piración
,
desigualdad
en
el;
movi¬
miento
,
plétora
bien
conocida,
y
una
cargazón
humoral
que
se
mani¬
festó
muy
biea
por
los
síntomas,
que
se
han
dicho
.
y-
que
se
procuraron
socorrer
coa
jas
ey^cuaciones
de
sm-
gre
oportunamente
hechas;
el
úteíO
se
hallaba
en
un
estado
de
exten¬
sión
considerable
,
y
con
qualquier
estímulo
ó
turbación
interior
dis¬
puesto
á
arrojar
lo
que
en
sí
contenía.
No
es
de
estrañar
que
en
tal
si¬
tuación
influyese
esta
entrañaco¬
mo
se
observa
freqüentemente
en
féste
sexó,
y
que
de
allí
viniese
gran
miímero
de
los
accidentes
que
suce-
dieron^yque
parecían
anunciar
el
-término'fatal
de
la
muerte.
Nadie
dudará
de
este
dictamen,
cuya
^ver¬
dad
“Be
halla
afianzada
por
los'
Mé¬
dicos
mas
sabios
empezando
desdé
Hipócrates.
Este
insigne
observador
ha
dicho
en
várias
partes
de
sus
■
o
bras
quanto
es
el
influxo
y'
comér¬
melo
del
Utero
en
las
acciones
de
las
mugeres
^
haciéndolo
el
*
origen
do
todas
las
enfermedades
dé
que
éstas
adolecen.
Sería
infinito
loque
aquí
se
podría
aglomerarpara
probar
es¬
to
mismo,
bastando
por
ahora
decir,
que
que
es
tanta
su
intimidad
con.
las
jnas
de
las
entrañas
del
cuerpo,
que
apenas
hay
acción
y
que
no
piieda
depravarse
por
su
causa.
Vinieron
á
parir
áí
2
dia
del
acd^
dente,
y
aunque
antes
algo
aliviadas
del
sueño,
recaen
¿on
el
mismo
apa¬
rato
que
empezaron-
y
ademas
al^
guna
calentura
y
una
total
supre¬
sión
d^
lochios.
En
este
estado
debe
considerarse
el
útero
•
en
diferente
disposición
:
el
cuello
de
la
matriz
se
vé
péndulo
en
la
parte
superior
de
la
Vagina
,
los
vasos
con
sus
ori¬
ficios
abiertos,
franqueando
la
san-^
gre
que
■
por
ellos
•
pase
y'
y
da
la
principal
materia
para
la-evacuación
que
entonces
se
expérimenta;
y:
es
laudable-
quando
continúa
en
las
convenientes
cantidades
Jos
días
que
son
necesarios
para
facilitaríla
pur¬
gación
por
la
que
se
deponen
las
superfluidades,
cuy
a,
retención
sería
motivo
de
nuevos
achaques.
El
úte,.
F
ro;
ró,:conformándonos»
con
el
sentit
de
Simson
y
enceste
tiempo,
del
puer¬
perio
se
halla,
mas
irritable;
y
de
aquí
QSj
quexo»
qualquier
leve
estí-
«lulo,
pasión
de
ánimo^
.ó
bien,
tur¬
bación
del
cerebro
se
contraiga
y
estreche^
de
modO;,
que
se
supriman
los
lochios,
y
se
siga
la
caterva
de
males
que
.
en.
efecto
se
vieron
en
estás
enfermas^
y
es
muy
propio
del
consentimiento
ya
expresado^
.é
influ-
xo
con
las
partes
todas
del
cuerpo.
'
,,¿Qué
se
debería
hacer,
en
{tanta
consternación,
quando
evacuadas
las
principales
indicaciones
se
repetía
la
misma
enfermedad
que
se
habla
in¬
tentado,
socOrrér
,en
los
principios?
Era
necesario
hacerse
cargo
.de
to¬
do
:
de
la
disposición
vária
de
la
en¬
traña,
que
.se
ha
expresado
en
el
es¬
tado
del
embarazo,
y
después
en
,el
puerperio,
de
ja
turbación
que
de
su
comunicación
puede,
seguirse:
á
las
accione*,
y
la
que
de
estas
puedQ
,
I
^
taíH'
también
propagarse
á-
el
mismonttií^'
ro.
El
Organo
'
y
corapresioii
inte¬
rior'inadda
probablemente
de
porí-
ciohesí
^humorales
que
no
halkbáa
5alida';^
ni:
permitían
de
que
acudiesen
al
lítero
las
cantidades
precisas\que
formasen
<
la
evacuación^
lochial
'y
-
dos
movimientos
sin
arreglo
,
y
las'fun¬
ciones
pervertidas.
'
Ya
no
era
la'
cai>
tídad
d^
sangre
la
que
motivaba
aquel
.
desorden
y
y
era
necesario
ncúdiñá
íinos
remedios
que
pacifí^
candO'
interiormente:
tanta
turbación
proporcionase
Ja
evacuación
de
unas
cantidades
que
por-su
exceso
y
iidad
séguíaii
turbando
la
economía
natural'de
las
acciones.
La
calentura
se
pudo
reputar
como
un
aviso
dé
la
naturaleza
5-
para
que
-se
íomaseiicl
partido
que;
antes
se^abrazó.'
.'
[b
i
L
os
vegigatorlos
^
que
según
las
expresiones
de
Fouryt^y
y
son
uno
dé
;
"Ibs,
remedios-'
mas'
poderoso^
y
nías'
'útiles
que
la,
jlediciaa
posee.
(
7
^)
lo
para
conservar
la
sanidad^
sino
pa-^
ra
hacer
de
ellos
la
aplicación
conve^
niente
en
las
enfermedades
,
que
ne¬
cesiten
del
movimiento
general
ó
particular.
Se
ha
dudado
desde
tiempos
muy
antiguos
)
si
podrán
exercerse
en
al-
giin
sentido
los
enfermos
y
ya
para
aliviar
las
molestias
de
las
enferme¬
dades
5
como*
para
recuperar
la
sa¬
nidad
y
Te'cibiendo
estos
el
prove¬
cho,
que
los
cuerpos
sanos
y
va¬
letudinarios
reciben
por
medio
del
exercicio
para
aumentar
y
conser¬
var
sil
robustez.
No
ha
faltado-quien
conociendo
los
inconvenientes
de
ciertos
movimientos
impetuosos
,
y
violentos
en
algunas
enfermedadesi
se
haya
opuesto
á
ellos;
pero
los
mas
que
han^
tratado
debidamen¬
te
esta
materia
han
procedido
con
el
correspondiente
dicernimiento
para
no
indu:ir
perjuicios.
Decir
,
que
el
cxercicio,
óc
movimiento
corporal,
sin
sin
-
determinar
especie
^
és
útil
en
algunas
enfermedades
,
es
aventu¬
rar
una
proposición
,
que
por
su
universalidad
no
puede
tener
uso;
pues
es
claro
^
que
habrá
^
como
en
efecto
hay
enfermedades
^
en
las
quales'
convendrá
un
cierto
niovi^
miento
^
y
peijudicará
otro
que
no
sea
de
su
especie
;
tantas
son
las
diferencias
que
hay
en
este
-genero;
•
'
El
A.:
de.
la'presente
.
.memoria
hecho
cargo
dé
estos
antecedeiites>
se
propone
responder
á
la
anterior
proposición'
x.
contrayéndose
á
una
sola,
enfermedad
5
en
la
qual
^
ha
ex--
perimentadci:
pon
.Vanas
ocasiones
la
portentosa
eficacia
de
las
friegas
en
ia
parte
dolorida
:o
y
hace
ver
en
los
casos
que
ha
presenciado
en
su
laiv
ga
y
reflexiva
práctica
(Jos
quales
han
sido
muchos
)
que
en
el
reuma¬
tismo
de'
que
habla
^
las.
frotacio¬
nes
en
la
parte,
enferma/y
en
el
mo¬
vimiento^
que
se
hace
andando^
quan-
?
74
.)
quaiídó
el
estado
del
enfermo
lo
peí*»
jnite
5
han-sido
de
la
mayor
utili¬
dad
,
y
han
curado
con
singular
prontitudseguridad,
y
comodidad,
con
sencillez
,
y
ningiin
dispendio.
Por
esta
causa
,
y
porque
ha
nota¬
do
el
poco
aprecio
,
que
hacen
mu¬
chos
de
unos
,
auxilios
tan
eficazesji
como
seguros,
y
de
las
mejores
ca¬
lidades
,
presenta
este
trabajo
en
el
que
su
mayor
mérito
consiste
eii
los
écos
con
que
recuerda,
una
práctica
bien
antigua
,
fundado
en
las
obser¬
vaciones
que
expone
,
y
:alegandq
algunas
consideraciones
con
las
con¬
clusiones
mas
interesantes
,
que
da
todo
deduce.
El
reumatismo,
según
el
origen'
de
la
voz
,
pertenece
á
aquellas
en¬
fermedades
que
los
Antiguos
lla¬
maban
fluxiones,
en
las
qualés
sé
impelía
el
material
á
determinadas
partes
con
dolor
grande
,
aunque
en
ellas
no
apareciese
antes
vicio
sen-
Í
7
á
5
sihíe
9
como
estable
^
como
escribe
J^answieten
:
y
aunque
entre
los
mis¬
mos
ocurre
muy
rara
vez
esta
voz,
es
y
porque
nombraban
con
las
expre-*
siones
de
Artritis
,
6
Podagra
todos
los
dolores
en
qualesquiera
articula¬
ción
5
ó
parte
exterior
del
(^cuerpo;
los
sabios
médicos
franceses
parece
haber
sido
los.
que
introduxeron
mas
esta
voz
del
reumatismo
en
el
siglo
próximo
pasado
,
poniendo
los
ver¬
daderos
limites
entre
éste
j
y
la
ar¬
tritis
y
-
sin
embargo
de
que
muchos
profesores
de
la
primera
nota
^
ale¬
manes
^
franceses
yi
é
ingleses
du¬
daron
sobre
los
signos
diagnósticos,
que
distingan
las.
dos
enfermedades;
como
se
colige
de
lo
que
escribió
Tralies
,
y
repite
Macbride.
No
tiene
duda
,
que
todas
las
partes
de
nuestro
cuerpo
están
ex¬
puestas
á
padecer
dolores
,
lo
mis¬
mo
las
internas
,
que
las
externas:
aquellas
por
razón
de
sus
diferentes
si-
sífüacíonés
?
fabrica
:;
y
lisos
dáfí
origen
á
los
varios
nombres
con
que
se
distingue
una
misma
enfer¬
medad
;
siendo
evidente
^
que
el
reumatismo
sin
otra
cosa
según
sus
impresiones
en
las
entrañas
del
vien¬
tre
5
ó
pecho,
y
lo
mismo
en
la
in¬
terior
de.
la
cabeza
,
ha
obtenido
varias
denominaciones.
Situase
el
material
reumático
que
Be
presenta
exteriormente
en
los
músculos,
en
sus
membranas
y
ten¬
dones
>
y
la
acrimonia
atritiea
.en
los
liganxentos
que
unen
las
articüla-
ciones
según
dictamen
del
expresa¬
do
Machride»
El
A'.
3
que
intenta
.ex.-^
tendér
el
uso
del
enunciado
movi,^
miento
general
y
■
particular
á
ios
dolores
artríticos,
ó
reumáticos,
de
gota
,
y
semejantes
>
que
exerceh
su
dominio
en
las
partes
externas
y
no
se
detiene
en
señalar,
los
caracteres
distintivos,
que
los
superan,
tenien¬
do
en
consideración
que
en
estas
erb,
ferrae-
'(.
7
7
)
fermedades
reside
una
causa
común
y
un
vicio
j
en
que
convienen,
cuyo
remedio
principal
en
ciertos
casos
es
el
movimiento.
Para
determinar
con
exactitud
los
lances
y
ocasiones
en
que
con¬
viene
exercitar
á
los
que
adolecen
de
tales
achaques,
ó
bien
usar
en
ellos
de
las
íriegas^
distingue
dos
especies
de
reumatismo
^
el
uno
agu>»
do
}
y
él
otro
^crónico.
En
el
agudo
es
importuno
,
y
nocivo
qualquier
mo¬
vimiento
que
se
le
haga
practicar
al
enfermo
y
y
solamente
.
convendrá
usar
de
friegas
secas
al
fin
de
la
cura¬
ción
5
como
advierte
el
sábio
Boer-
baave
,
conviene
a
saber
:
quando
el
dolor
ha
remitido
tanto
,
que
los
en^
fermos
puedan
sufrir;
la
íricion.
Y
añade
Vanswieten
al
:
paságe'
.men^
clonado
de
síi
maestro
que
algunas
yeces
quedan;
len-las
articülaeiones
después
del
reumatismo
í
.
tumor
y
y
diftcultai
en
lo^
moyiniiettto.s^.
JoquQ
pa
(
78
^
podrá
corregirse
en
gran
parte
poi
medio
de
las
fricciones.
En
el
reumatismo
crónico
rara
vez,
ó
nunca
hay
calentura
,
y
quan*
do
la
hay
no
viene
acompañada
de
los
síntomas
inflamatorios
,
que
el
agudo
;
no
hay
rubor
en
las
partes
doloridas
,
ni
ocupa
freqüenternen-
te
tantos
lugares
como
el
agudo,
las
partes
se
ponen
frias
,
y
tiesas
,
y
si
dura
mucho
el
dolor,
después
de
crueles
tormentos
aparece
en
las
ar¬
ticulaciones
un
tumor
duro
,
que
las
priva
de
movimiento,
que
llaman
Anchilosh,
Unas
veces
están
solo
ata¬
cadas
las
articulaciones
,
otras
las
partes
iiiuscnlosas,
y
algunas
unas,
y
otras.
El
dolor
pasa
de
unas
coyun¬
turas
,
y
aumenta
su
intensidad,
quando
se
mueven
las
partes
enfer¬
mas.
Los
limites
entre
las
dos
especies
de
reumatismo
señaladas
no
son
siempre
muy
sensibles
,
dice
CuUém
y.
y
’en
efecto
el
crónico
-güele
veñlíl!
en
conseqüencia
del’
agudo
qüátído.
mitigados
ó
cesando'der
todo
lá'oa-‘
lentura
aguda
y
el
süftiO
calor
y
et
rubor
5•
y
tensión
iriflamátoria
deiaP
parte,
síntomas
propios
de
este'
íeu^
ñiatismcr'^ag'udo
^
quedan
los
accideft^
tes
del
ci
ónk'o;
pardos
quales
podrá»
determinar
sú
juicio
el
profé^Or^ara
atinar
Corr
ías
indicaciones
,
que
^
han
de'
satisfacer
entonces.'
SOri
en
extremo
diferentes
-y
aun
corttra-r
rías
;
pues
siendo
distintas
las
dispO-*
-
sicioiies
y
aparato
én
las
espécies*
menciónadas
^
quando
en
la
una
con*
viene
áfloxaí
3
y
disminuir
el
movi¬
miento
y
en
la
otra'
se
necéáita
au¬
mentarlo
‘y
inducir
'ííías
calor
y
dóf‘
tensión
y
-resistencia
a
los
sólidos;;
'
-
Se
han
expuesto
lOs
motiVos»
’de'
hacer
ésta
distincÍGn.’
No
equivoqúe*?
juos
los
cdsostengamos
sierñ'píe^
presente
y
dice
oportunamente
el
-A,--
que
en
las
calenturas
Viertes,
doío-^
G
res
res
tnuy
intensos
por
temor
de
iiiá4
yor*encendimiento
,
inflamación
y
y
teasi<)n
perjudiciales
nos
debemos
abstener
del.
movimiento
hasta
que
reducidos
los
síntomas
á
cierto
estado
de.
moderación
por
sus
,
respectivos
medicamentos
,
se
puedan
practicar
1^:
friegas
3
il
otros
movimientos.
ij3.jpór
lo
común
los
que
hacen
po-
CQ
ejcercicio,
cómen
con
exceso^
tie¬
nen
alguna
acrimonia
en
sus
humo¬
res
contraída
o
.heredada
y
experi¬
mentan
suprimida
alguna
evaquacion
acostumbrada,
y
sus
jugos
son
.espe-,
sos,
padecen.con
mas
freqüencia
que
atros
reumatismo
crónico
,
cuya
dui
ración
y
repeticiones
no
tienen
una
ley
.
constante^‘.aunque
por
lo
general
aquella
es
mayor,
y
éstas
mas
nu¬
merosas
quanto
mayor
es
la
debili-
dad.
de
ias:
partes
enfermáis
y
disposi¬
ciones
ya
mencionadas.
Se
observa
está
especie
de
reumatismo
las
mas
veces
infebriidespués.
de
.alguuas
2
.
enfer-'
Enfermedades
agudas
>
que
suele
de»
saparecer
sin
otra
medicina
que
las
fuerzas
que
yá
adquiriendo
el
con¬
valeciente
cada
dia
:
y
en
estos
ca¬
sos
podrán
ser
muy
nocivas
las
ofi¬
ciosidades
del
médico
multiplicando
remedios
á
la
parte.
De
todo
lo
qual
resulta
como
muy
probable
,
que
en
el
reumatis¬
mo
crónico
hay
un
cierto
grado
de
atonía
en
las
partes
que
padecen,
fah
ta
de
proporción
en
los
líquidos^
de¬
tenidos
para
continuar
sus
movir
mientes,
y
mayor
espesura
,
6
pro¬
pensión
á
ella
en
los
humores
que
sn
acumulan
con
cierta
acritud
de
un
carácter^ital
vez
específico.
Este
dic¬
tamen
se
funda
en
la
autoridad
de
varios
escritores
recomendables:,
en
la
naturaleza
de
las
causas
disposi
ti-
vas
y.ocasionales
de
los
síntomas
que
entonces
se
observan,
y
de
los
medi¬
camentos
que
suelen
producir
el
mejor
efecto
en
estos
casos.
qüencla.
Las
friegas
hechas
en
seme¬
jantes
casos
con
las
cautelas
y
pru¬
dencia
,
que
exige
la
delicadeza
de
las
partes
que
padecen
y
son
uno
de
los
mejores
recursos
entre
otros
que
se
acostumbran
disponer;
dan
vi¬
gor
y
y
pueden
concurrir
á
disolver
los
humores
estancados
>
y
darles
movimiento
desalojándolos
de
las
partes
que
ocupan.
Es
de
advertir
y
que
quando
el
reumatismo
es
originado
de
una
cau¬
sa
cuyo
remedio
está
conocido,
las
friegas
solas
no
son
bastante,
aunque
ayuden
para
perfeccionar
la
curación:
por
lo
qual
será
necesario
recurrir
en
estos
lances
á
los
medica¬
mentos
específicos,
que
se
deberán
disponer
según
las
circunstancias
de
los
casos.
Concluye
el
A,
en
los
términos
siguientes:
,,
No
parece
creíble,
yy
que
el
remedio
de
las
friegas
,
del
,,
qual
hicieron
el
mayor
uso
lo«
p,
anti-
antiguos
y
recomendaron
cor»
elogio
3
huviese
estado
^
olvidado
33
tanto
tiempo
entre
los
modernos,
33
hasta
que
Boerbaave
restableció
sii
uso
con
los
mejores
efectos.
33
Apenas
se
encontrará
práctico
de
33
alguna
nota
desde
Hipócrates
3
que
33
no
las
haya
celebrado
cómo
me-
33
recen
:
extendamos
pues
su
apli-
33
cacion
3
6
para
precaver
y
per-
33
feccionar
,
ó
para
curar
:
y
deci-
33
damos
fundados
en
autoridad
y
ra-
^3
zon
y
experiencia
,
que
el
mo-
5,
vimiento
general
y
particular
es
33
de
singular
eficacia
en
el
reu*
33
matismo/f
JUEVES
23
.
O
iíij
■
•'
'f;
DISERTACION
FISICO-MEDICA..
CONSIDERACIONES
RELATI-
vas
a
las
dos
memorias
presenté;,
das
sobre
el
clima
y
vientos
de
Sevilla.
‘POR
D.
FRANCISCO
SANCHO
-Buendia
^
Dr.
en
sagrada
Teología)
í
y-Maestro
en
Artes
por
la
Uñi^
~
versidad
de
Gandía,
Socio
Médico
Supernumera-
_
rio
Coadjutor,
Eli
que
haya
leido
las
obras
de
Hipócrates
habrá
conocido
muy
bien
la
necesidad^
que
tienen
los
que
exercen
la
medicina
de
comprehen-
der
la
situación
de
los
pueblos
que
habitan
^
y
también
los
vientos
que
¿n
dios
reynan.
Este
insigne
obser¬
vador
no
conténte
con
decifrar
ía;
precisión
de
observar
la
variedad
de
las
regiones
^
nos
ha
dado
el
me¬
jor
exemplo
para
que
le
sigamos,
describiendo
los
influxos
deia
suce¬
sión
de
estaciones
>
las
calidades
de
los
vientos
que
notó
>
los
efectos
de
estos
y
de
la
repentina
mutación
de
los
tiempos
con
1^
enfermedades,
que
de
todas
estas
causas
se
podían
esperar.
Admiran
el
cuidado
,
saga¬
cidad
y
esmero
con
que
este
hom¬
bre
verdaderamente
sábio
seguía
los
pasos
de
la
naturaleza
,
estudiando-
la
siempre
y
pintándola
como
ella
se
mostraba
con
la
mayor
sencillez,
claridad
y
exactitud.
El
A#
de
la
presente
memoria
dado
á
la
medi¬
tación
de
las
obras
de
tan
buen
maestro
,
manifestó'á
la
Sociedad
el
fruto
de
su
lectura
en
dos
diserta¬
ciones
que
presentó
los
años
de
90
y
91
sobre
el
clima
de
Sevilla
con-
fiiderada
sú
situación
astronortíicz»
cnente^
y
los
vientos
que
la
comba^
ten:
y
ahora
siguiendo
las
mismas
ideas
propone
algunas
consideracio¬
nes
relativas
á
las
dos
memorias
pre¬
sentadas.
Todos
conocen
la
división
del
mundo
en
cinco
zonas
,
que
son
unos
espacios
mucho
mas
largos,
que
anchos
;
cuyas
calidades
se
to¬
man
por
el
temperamento
respecti¬
vo
al
curso
del
sol.
Por
ésta
ra-
2on
se
han
llamado
frígidas
las
dos
poláres
que
están
lo
mas
distante
•del
sol
'y
tórrida
de
la
que
no
sale
el
sol,
y
templadas
las
que
no
k)
■
tienen
tan
cerca
como
esta
y
ni
tan
distante
como
las
frígidas.
La
an¬
chura
de
cada
una
de
las
cinco
es
considerable,
y
en
ella
no
convie-
.'nen
todas
:
la
tórrida
solo
tiene
47°
doble
ndmero
de
los
que
tiene
cada
frígida
:
de
las
templadas
tiene
cada
•
una
43®
Pero
una
división
tan
neral
fitfral
no
podía
fixar
nuestra
com-i
prehensión
para
determinar
con
ma-<
yor
exactitud
la
diferencia
de
impre»
siones
5
que
reciben
del
sol
los
pue-*
blos
situados
en
distintos
parages
de
la
tierra.
Esta
consideración
moti-
vó
la
subdivisión
del
ámbito
de
las
zonas
dividiéndolas
por
climas.
El
clima
6
espacio
de
tierra
en¬
tre
determinados
círculos
paralelos
se
puede
muy
bien
averiguar
íixan-
do
el
número
á
que
corresponde
;
sa¬
bidas
quantas
horas
tiene
el
dia
ma¬
yor
del
pueblo
en.
que
se
habita^
se
sabe
el
clima,
y
al
contrario
entendi¬
do
el
clima
se
puede
determinar
el
dia.
mayor
del
año.
Los
antiguos
no
distinguían
mas
que
siete
climas,
pero
los
modernos
con
los
vários
descubri¬
mientos
que
han
hecho
penetrando
á
tierras
antes
desconocidas
han
multi¬
plicado
el
número
de
climas,
y
cuen¬
tan
hasta
24
de
media
hora
empe¬
zando
por
el
eqüador.
Se
puede
cono-
(HT
conocer
la
extencioii
de
cada
uiíode
estos
5
y
aunque
van
midiendo
au¬
mentos
según
una
progresión
uni¬
forme
y
no
por
eso
se
ha
de
imagi¬
nar,
que
la
anchura
de
todos
es
la
misma.
De
esta
diferencia
ha
trata¬
do
ya
el
A.
y
añade
ahora,
que
además
de
ser
fácil'resolver
el
pro¬
blema
sobre
determinar
dicha
ex¬
tensión,'
hay
tablas'
en
que
se
pro--
ponen
cada
clima,
su
dia
mayor
y
latitud
respectiva.
Así
pues
si
sé'
quiere
saber
el
clima
donde
se
sitúa-
un
pueblo,
por
exemplo
Madrid,se.
busca
el
número
d
-
grados
de
su
la¬
titud,
sé
que
son
40®'
25'
y
cOmO'
el
sexto
clima
empieza
a
los
360
29'
y
acaba
á
los'
41
?
2,'infiero,
que
dentro
de
este
clima
se
debe
con-'
tar
á
Madrid
y
todos
los
lugares,:
que
tengan
su
colocación
entre
lo?
grados
de
latitud
correspondientes
al
sexto
y
séptima
clima.
FOr
iguales
razones
y
pQf
su
di^i
ma-
,
(
95
)
fuayor
colocó
el
A.
a
Sevilla
en
nes
del
quinto
clima,
principios
del
sexto
pues
está
á
los
37°
20
de
latí*
tud
3
su
día
mayor
es
de
14
i
horas.
Vivimos
pues
en
la
zona
templada
boreal
j
e
infiere
el
A.
por
lo
que
acaba
de
exponer
y
por
lo
que
ha
dicho
en
sus
dos
anteriores
Memo¬
rias
y
en
las
que
ha
cotejado
las
la¬
titudes
de
las
ciudades
mas
famo¬
sas
de
Europa
con
la
septentrional
de
ésta
ciudad
dentro
>
y
fuera
de
SU
clima
5
que
Sevilla
es
uno
de
los
pueblos
que
mejor
situación
disfru¬
tan
y
con
especialidad
si
se
hace
la
comparación
con
los
que
pasan
de
40o
de
latitud
por
sU
temperamento
mas
templado
y
proporcionado
por
lo
mismo
á
que
se
viVa
en
él
con
mayor
tranquilidad:.
La
razón
de
és¬
ta
coñseqüencía
fundada
en
los
co-
iiocimientós
expuestos
es
muy
fácil
de
concebir
y
pues
sí
consideramos
los
pueblos
situados
en
su
mismo
^
H
di-
clima
5
se
empezará
á
notar
la
difef
rencia
de
temples
en
las
estaciones
extremosas
de
invierno,
ó
verano,
como
sucede
en
Madrid,
Nápoles,
Cuenca
y
todos
aquellos,
que
llegan
a
pasar
de
los
40=.
Si
nos.
extende¬
mos
á
formar
el
cotejo
con
los
que
es¬
tán
distantes.de
nuestro
clima
,
se
hará
mucho-
mas
visible
la
situación
ventajosa
de
Sevilla
,
pues
la
menor
desigualdad
en:los
influxos
del
sol
hacen
meiios:
ingrata
su
habitación:
y
en
este
concepto,
dice
el
A.,
-el
clima
de
esta
ciudad
considerar-
do
astronómicamente
es
mejor
,
qué
el.
de
París,
Yiena,
y
Lóndresj
pues
nunque
en
estas
y
semejantes
pobla¬
ciones
se
detenga
mas
tiempo
el
sol
en
sus
respectivos
orizontes.
los
me¬
ses
de
Junio
y
Julio
j
en
los
de
Di¬
ciembre,y
Enero
está
mas
detenido
en
el
orizonte
de
Sevilla,
que
es
quando
se
necesita
mas
Su
presen¬
cia
para
templar
los
fríos
de
la
es¬
tación.
Por
í'or
otra
í)arte
se
infiere
i
tambie®
que
está
menos
expuesta
que
ios
de*
más
lugares
cercanos
á-
la
linea
a
experimentar
los
violentos
rigores
del
sol:
pues
se
vé
claramente
que
ios
países
mas
próximos
al
equador
son
por:
razón
natural
mucho
mas
combatidos
de
él
y
que
Sevilla,
Los
meses
de
Junio
y
Julio
dice
el
A.
y
serán
de
un
fuego
impondera-
^ble
en
los
parages,
distantes;.
10.^
déla
linea.
No
se
creería
y
que
una
porción
de
zona
tórrida
era
ha-
..bitada
y
sino
se
hubieran
extendido
nuestros
conocimientos
en
esta
par¬
te
por,
relaciones
fidedignas
:
pero
-considerada
5
dice
el
A.
y
astronó¬
micamente
ninguna
de
aquellas
sif-
tuaciones
puede
disputar
á
Sevilla
la
suya
por
sus
ventajas
y
como¬
didad.
Queda
pues
evidenciado^,
que
Ja
situación
de
esta
ciudad
es
de
las
mejores
y
mas
templadas
y
ó
ibien
se
considere
con
respecto
á
los
(
1
0
4
)'
las
quales
ha
manifestado
la
expe^'
rienda
diaria
que
de
ellos
tienen
sus
habitadores
,
y.
que
se
conven¬
cen
también
por
las
impresiones
que
causan
en
los
cuerpos.
El
aire
boreal
de
Sevilla
,
dice
el
A.
3
.
no
es
como
el
norte
,
que
Mipócratés.
describe
de
Larisa
^
ni
tampoco
tiene
las
propiedades
;
que.
el
de
París-
y
Londres
:
el
aire
nor¬
te
de
Sevilla
es
mas
frió
que
hümei-.
do
5
y
el
de
Londres
todavía
mas:
frió
y-hiímedo,
yiomismocon
cor»
ta
diferencia
el
de:
París.
El
NE
de
Sevilla
es
el
mismo
qije
Hipócrates
llama*
Aquilón
p
porque
sus
propie¬
dades
sondas
mismas
que
las
del
que
.describió'este
sábio
■
médico'
en
sus
aforismos:
‘él
es
frió
y
seco
y
pare¬
ce
que
'
S
O
p
ia
del::órlente
equincH'
cial,
.expone
á
padecer,
toses,
^áspe-
ridades
en'
la.s
fandes
-y
'•
dificultades^
en
ía
orina
astricciones
de
vientre,.-
dolores^,
en
las
partes
déi
pecho,
.&c,’
Coatí'
Contimia
el
A.
sus
cotejos:
el
Bur^
dice,
hablando
con
propiedad
no
tiene
aquellas
mismas
qualidades
del
austro
que
describe
Hipócrates
de
sus
pueblos,
y
por
consiguiente
no
será
estrano,
que
dexe
de
produ-'
cir
los
efectos
que
escribió
en
el
libro
3°
de
sus
aforismos:
pero
hay
una
gran
conveniencia
entre
nuestro
SO.
y
el
S.
de
Hipócra^^
tes.
Así
lo
manifiestan
la
semejanza
y
proporción
que
observan
expues¬
tos
ppr
este
insigrie
médico
enquan-
tó
á
las
enfermedades
que
en
aquellas
regiones
y
en
la
nuestra
aparecen.
Gon
el'iniiuxo
de
estos
vientos.
El
S.
de
Hipócrates
produce
tardanza
y
pereza
en
las
acciones
,;
carga¬
zón
de
cabeza
y
semejantes:
lo
qual
suele
ser
íreqüente
entre
'nosotros
quando
reyna
el
SO.
que
sopla
del
poniente
de
invierno
,
y
goza
de
las
qualidades
que
aquel
otro,
l;
.
V
Las
mismas-comparaciones
po-
■
driaji
(
1
0
6
)
driaii
hacerse
con
Ids
aires
de
otras
provincias
y
pueblos
si
estuviesen
bien
descritas
sus
principales
pro¬
piedades
y
efectos-
Entonces
se
po-
dria
conocer
el
origen
de
muchas
en¬
fermedades
^
y
tal
vez
el
recurso
pa¬
ra
curarlas
ó
precaverlas,
cense-
qüencias
todas
en
que
debe
estar
instruido
qualquier
médico
para
ha¬
cerse
menos
responsable
en
el
trata¬
miento
de
los
enfermos.
El
A.
que
comprehende
á
fondo
no
solamente
las
dificultades
indica¬
das
en
quanto
al
conocimiento
de
las
varias,
qualidades
de
los
vientos
y
sua
mutaciones
,
sino
que
residen
en
ellos
muchos
cuerpos
que
exer-
cen
su
acción
en
losmuestros
y
y
que
considera
la
multitud
de
materias
que
se
hallan
en
toda
la
atmosfera
que
nos
rodea
,
concluye
con
que
no
nos
debemos
contentar
con
las
qualidades
comunes
conocidas
en
los
vientos
de
frió
V
calido
p
humedoa
seco^
,
(\^
7
)
seco^
pesado^
y
elástico^
movido
con
mas
ó
menos
impulso
>
sino
que
he¬
mos
de
indagar
las
qualidades
de
nuestras
respectivas
atmoféras
por
los
medios
posibles
para
conocer
las
causas
de
muchas
eníerraedades.
Mu¬
cho
ha
contribuido
la
física
en
nues¬
tros
dias
para
hacer
estas
averigua¬
ciones
:
ya
se
ha
obtenido
médio
pa¬
ra
medir
la
salubridad
del
aire
que
respiramos
y
pero
aun
carecemos
to¬
davía
de
recursos
para
distinguir
por
SUS
propios
caractéres,
el,cúmulo
de
materias
aeriformes
en
que
estamos
continuamente
nadando.
Esto
pide
nuevos
trabajos
á
que
debe
proce¬
der
la
descripción
exacta
del
terreno
en
que
se
habita
sin
omitir
ningu¬
na
de
sus
producciones
naturales,
y
sería
asunto
de
otra
Memoria.
MAR^
MARZO.
JUEVES
I.
DISERTACION
CHIRURGICAí
DE
LA
INEFICACIA
DE
LA
Cí-
cuta
en
los
cancros
y
utilidad
de-*
cidida
pór
observaciones
própias
y
agenas
de
los
pülvos;
benedictos
r'
de
Hartmmi
en
la
curación
de
Jos
externoSk
POR
D.
MANUEL
JOSEF
XU
menez
,
Cirujano
de
la
Real
riña
,
Br.
en
Filosofiay
y
Socio
de
Número.
^SJ^ntre
las
enfermedades
que
aflP
gen
al
hombre
ninguna
hay
que
le
atormente
y
haga
padecer
mas
qu^
el
cancro,
JEs
terrible
por
Jos
conti¬
nuos
niios
y
crueles
dolores
que
le
atortt¿
pañan
,
por
la
putrefacción
intolera?-
-ble
con
que
se
presenta,
por
la
ex¬
tensión
y
profundidad
que
con
su
malicia
adquiere
^
por
la
singular
é
incomparable
resistencia
á
toda
me¬
dicina
5
siendo
un
vicio
^
para
cuyo
remedio.
es
indispensable
separar
la
parte,
viciada.
Su
rebeldía
ha
sido
la
admira¬
ción
de
los
profesores
desde
ios
tiem-^
,pos.
mas
remotos
:
y
buscando
to¬
dos
su
origencada
qual
adoptaba
una
causa
según
el
sistema
que
^se^
.guia;
tales
son
las
escenas
déla
san¬
gre
la
bilis
férvida^
1^
atrabdis^
la
melancolía
adusta
^
el
fermento
re-
jalgarino
,
la
sai
alcalina
corrosiva,
y
várias
otras
de
que
hasta
ahora
no
se
ha
sacado
la
menor
utilidad.
Así
j:]0
es
extraño
que
la
naturaleza
de
un
nial
tan
pertinaz
sea
todavía
tan
desconocida,
como
temidas
sus
fa¬
tales
resultas.
Sauvages
llamo
al
cancro
tumor
duro,
tuberoso,
lacinante,
y
pertina¬
císimo,
Cullen
dixo
que
era
un
tu¬
mor
cirroso
coa
dolor
que
degene¬
raba
en
úlcera
de
mala
índole.
Estas
definiciones
explican
la
presencia
de
la
enfermedad
,
aunque
con
una
ge¬
neralidad
tan
transcendental
que
es
menester
mayor
especificación
para
cOmprehender
los
váríos
estados
que
experimenta
por
lo
común.
Por
lo
mismo
se
divide
el
cáncer
en
oculto.^
6
nq
ulcerado
y
en
manifiesto
,
ú
ul^
cerado.
Eh
el
oculto
que
es
el
que
secón-
tiene
dentro
de
sus
tegumentos
,
hay
lós
síntomas
antes
insinuados,
y
se
conoce
con
suma
facilidad
pór
el
prurito
,
calor,
rubor,
dolor
pun¬
gente
(a)
color
purpureo,
ó
lívido,
por
la
mucha
dureza
del
tumor
y
su
aumento
,
i
que
acompañan
las
vá¬
rices
i
a)
Suelen
estar
sin
él
bastante
tiempo*
,
,
O”)
.
jcices
ae
ios
vasos
sanguíneos
proüít»»
mos
al
tumor;
cuyo
tamaño
y
sitio
varían
según
las
circunstancias
de
los
casos.
Algunos
han
querido
defender,
que
el
cancro
oculto
era
el
que
se
formaba
en
las
partes
interiores;
aun*
que
no
parece
haber
sido
de
este
dic»
tamen
Hipócrates
según
lo
que
dixo
de
ésta
dolencia
tratando
de
las
en¬
fermedades
de
las
mugeres.
Para
ma¬
yor
distinción
y
claridad
convendría
hacer
la
división
de
cancros
en
nos
y
externos
;
entendiendo
por
aquellos
los
que
no
se
manifiestan
á
nuestra
vista
porque
se
forman
en
lo
interior
del
cuerpo
,
como
en
úte¬
ro
,
intestinos
y
otras
partes
interiü-
res
;
y
por
externos
los
que
sé
pre»
•sentan
en
lo
exterior
capaces
de
los
auxilios
de
la
círujía.
De
este
modo
siguiendo
la
opinión
común
con
H/-
pócrates
sabremos
que
los
unos
se
distinguen
por
su.
situación,
y
los
I
otros
otros
por
el
modo
y
accidentes
con
que
se
observan
5
siendo
todos
uno
mismo
en
quanto
á
la
naturaleza
y
síntomas
específicos.
'
En
el
cancro
manifiesto
hay
ya
una
verdadera
úlcera
,
y
ha
precedi¬
do
el
oculto.
Los
bordes
de
la
llaga
son
duros^
dolorosos,
desiguales
,
y
redoblados
;
la
materia
que
arroja
es
tenue
fétida
á
veces
intolerable
á
cierta
distancia,
y
tan
acre
que
^xúlcéra
y
destruye
las
partes
veci¬
nas.
A
proporción
que
el
mal
se
au¬
menta
siente
el
enfermo
un
calor
grande
en
la
úlcera
,
se
propaga
la
podre,
y
con
su
acritud
corroe
los
vasos
sanguíneos
,
vienen
las
hemor¬
ragias
,
se
aumenta
la
debilidad,
apa¬
recen
las
convulsiones,
los
dolores
se
hacen
insufribles
,
no
falta
la
fie¬
bre
lenta
,
y
las
lipotimias
ponen
fin
á
tanto
padecer
con
la
muerte.
Con¬
venía
,
dice
el
A.
hacer
las
adver¬
tencias
para
comprehender
la
enfer-
tnBdad
y
estado
de
ella,
en
que
sé
deberá
fecer
uso
de
^ios;
polvos
de
ílartman.'
Dos
cosgs
se.
deben
establecer
en
ésta
Méfnofia
t'
primeíá>
el
poco
ó
ningún
efecto
que
entre
nosotros
ha
producido
la
cicuta
en
benefició^de
los
enfermos
i
segunda
que
los
pol¬
vos
de
'ñartmañ
xienm
toda
la
efica¬
cia
que
se
puede
aperecer
en'los
más
de
Jos
■
cancros
externos.
Como
hl
asunto
es;
de
hecho§
^
ninguna
prue-.
fea
es
mas
oportuna'
nú
perSuasitá^
que
la
que
se
deducé
de
las'
observá-
.ciones
Tepetidas.
Dé
lo
quál
penetra-
•dOT
bien
él
-A.
se
propone
'satisfacerlo
todo
sin
;dar.-lugar
áUr^mks
léve
ób-
jecion
en
dos
partes
distintas
^
qUe
íorman'
la
división
de
su
discurso
se¬
gún
el.
orden
de
las
dos
cosas
pró-
|
3
uestas
anteriormente
en
él.
-
-
•.
I-'.
•
■
.
-
:
('
f
.
.
,
,u
"
■
■
-
;:j!i
PAR-!
(I20)
PARTE
II
Utilidad
de
los
polvos
de
Hart-^
man
en
los
Cancros,
.^Lntes
de
exponer
los
casos
que
demuestran
la
eficacia
de
estos
pol¬
vos
es
indispensable
decir
lo
que
son.
Se
reduce
su
composición
á
lo
siguiente.
yy
Se
toma
una
onza
de
arsénico
;,y
blancose
pulveriza
muy
bien
,
se
yy
pone
en
vasija
vidriada
y
se
echa
en
ella
la
cantidad
de
espíritu
de
vi-
yy
no
que
baste
á
cubrir
el
arsénico;
’yy
sé'
deja
en
lugar
caliente,
menean-
„
doló'
tóio
con
espátula
de
madera
-yy
cada'-
cuatro
boras
:
pasados
tres
diás
se
decanta
el
licor
;
y
echan-
„
do
otro
en
la
misma
forma
se
cón-
tiaua-laióperacion
por
is
dias
,
re-
.'-'no-
novando
cada
trés
el
espíritu
como
^
vá
insinuado:
hecho
esto
y
se
sa-
can
los
polvos
y
se
enjugan
á
la
py
sombra:
se
le
agregan
tres
onzas
yy
de
polvos
de
la
raiz
de
dragón-
j,tea
(
Dracmculus
major)
cogida
en
yy
ios
meses
de
Junio,
Julio?
ó
Agosto
partida
en
laminas
y
puesta
se-
yy
car
en
lugar
ventilado
?
se
añaden
yy
tres'
dragmas
de
hollín
de
chime-
neay
que
ni
sea
antiguo
ni
arenoso.
yy
Mezclados
estos
tres
simples
y
bien-pulverizada
la
mezcla
se
guar>
da
enlugar
cerrado
?
en
donde
no
5,
tomen
humedad,
con
la
adverten-
yy
cky
que
mientras
mas
antiguos
,,
mas
recomendables
son,
y
no
se
deben
usar;hasta
pasado
un
año.^^
•
Para
aplicarlo
se
necesita
prepa¬
rar
el-
enfermo
evacuándolo
de
san¬
gre
,
en
Caso
de'
llenura
conocida,
u
otro
indicanteiv
-y
lo
mismo
se
de¬
berá
entender
eii
quanto
á.
los
pur¬
gantes.
Debe
también
humedecerse
nmu-
(
1
2
2
)-
inucho
durante
el
tiempo
de
la-cu-,
ración
j
y
dulcificar
los
jugos
para
hacer
menos
sensibles
las
impresio¬
nes
del
remedio
y
preparar
los
hu¬
mores.
Si
el
cancro
es
ulcerado
se
h^r^
brá
de
limpiar
antes
la
llaga
quantq,
sea
posible:
se
humedecerá
después
con
hilas,
ó
algodón
empapados
eq
agua
ó
saliva,
se
rociarán
los
polvos,
en
toda
.la
úlcera
poniendo
encima
para
cubrirla
toda
hilas
secas.
Se
de¬
xa
sin
tocar
dos
^
ó
tres
dias
,
al
ca¬
bo
de
los
quales
se
quitan
las
hilaS;^
y
se
unta
con
aceyte
rosado
la
cir-.
cunferencia
de
la
escara
que
se
ha¬
brá
formado
^
continuando
hasta
qne
por
sí
se-
caiga.
Si
deSpues
de
sepa-*
rada
la
escara
quedaren
algunos
pum
ios
cancrososj
se
repetirá
en
cellos
la
misma
operación.
La
llaga
que
después
queda
habrájde
curarse;
coi-
mo'se
acostumbran
las
mas
simples:
según
las.
jndica.cÍQnies
que,
compre-
henden
bien
los
cirujanos.
(*
2
3
)
'
Quando
el
cancro
no
ésta
ulce¬
rado
se
deberá
manifestar
ó
ulce¬
rar
por
medio
de
las
incisiones
ó
de
la
aplicación
del
caustico
:
y
reduci¬
do
ya
al
estado
anterior
se
seguirá
■
el
método
propuesto
sin
la
mas
leve
alteración*
En
los
principios
diximos
y
que
era
vária
la
situación
de
los
cancros,
y
no
hay
duda;
pues
aunque
se
for¬
man
muchas
veces
en
las
partes
don¬
de
ha
precedido
el
cirro
,
otras
ve-
*<ies
se
notan
sin
preexistencia
de
es¬
te*
Nuestras
observaciones
y
las
de
Otros
vários
manifiestan
,
que
en
al¬
gunas
partes
del
cuerpo
se
presentan
tumores
con
los
caractéres
de
ver¬
daderos
cancros
sin
haber
notado
anteriormente
en
ellas
cirro
alguno.
Así
pues
no
será
de
extrañar
,
que
la
aplicación
de
estos
polvos
se
haga
distintos
sitios,
quando
algún
Otro
obstáculo
no
se
oponga
á
ella.
Hay
motivos
que
imposibilitan
el
(1245
el
üsd
de
este
remedio
en
los
can¬
cros
externos:
la
mucha
cercanía
de
estos
á
vasos
grandes
ó
partes
de
las
mas
principales
^
su
adherencia
á
ellas
quando
se
hace
muy
temible,
y
arriesga
la
vida
del
paciente
de
efectuar
la
extracción
del
tumor;
son
los
principales
inconvenientes
que
retardarán
ó
nos
harán
abandonar
la
aplicación
de
los
polvos.
Si
por
otra
parte
atendemos
á
los
encarecimientos
que.
de
ellos
hizo
su
autor
Juan
Hartman
y
lo
que
es
mas
^
á
las
innumerables
observa¬
ciones
que
persuaden
su
utilidad,
no
queda
recurso
para
retardarlos
con
indiferencia.
Podrán
decir
tal,
vez
algunos
genios
reformadores
(que
parecen
haber
nacido
para
oponerse
á
todo
)
que
se
pueden
componer
otros
muchos
remedios
de
la
natura¬
leza
del
nuestro
y
que
aun
supues¬
ta.
su
virtud
con.
exclusión
de
otro,
siempre
se
han
mirado
con
poco
apre-
cío
y
aun
con
expresa
detestación
los
medicamentos
del
arsénico
en
el
tra¬
tamiento
de
los
cancros.
Pero
los
he¬
chos
que
presentarémos
,
evidencia¬
rán
el
poco
valor
de
estas
objeccio-
nes
y
quanto
perjudica
una
falsa
teo¬
ría
ó
preocupación
para
curar
mu¬
chas
enfermedades.
Lo
cierto
es
que
hay
muchos
años
5
que
en
varios
pueblos
de
ésta
provincia
se
han
aplicado
estos
pol-<
vos
por
un
cirujano
que
adquirió
la
mayor
reputación
por
las
felicidades
que
con
ellos
conseguía.
Sus
dos
hi¬
jos
que
siguieron
el
mismo
destino
han
experimentado
los
mismos
efec¬
tos,;
siendo
este
un
remedio
cuya
composición
ignorábamos
^
y
de
él
solo
sabíamos
sus
maravillosas
virtu¬
des.
Y
para
que
de
estas
püeda
qual-
quiera
formar
el
juicio
que
corres¬
ponde
)
en
cumplimiento
de
nues¬
tro
encargo
se
proponen
las
siguien¬
tes
OBSERVACIONES.
.
I'
D
oña
María
del
Rosario
Alda-
na
5
mugerde
D.
Francisco
Cabello
Rubio
en
la
calle
de
la
Cerrajería
co¬
llación
del
Salvador,
de
6o.
años
de
edad
j
temperamento
linfático
pa¬
decía
15.
años
antes
de
su
curación
un
tumor
cancroso
del
tamaño
de
una
nuez
grande
sóbrela
comisura
sagital
en
su
parte
media:
el
qual
se
ulceró
por
medio
del
caustico:
ro-
ciaronsele
los
polvos
^
y
se
formó
una
escara
profunda,
que
tratada
como
se
dixo,
se
separó
á
los
12.
dias
;
se
limpió
la
úlcera
,
y
recono^
ciendo
después
algunos
puntos
du-
Tos,
se
desvarataron
por
el
mismo
orden,
concluyendo
la
curación
á
los
30.
dias
que
duró
todo.
Ha
que¬
dado
robusta
sin
haber
experimen¬
tado
en
4.
años
que
han
pasado
des**
pues
de
la
curación
,
la
menor
no¬
vedad.
II.
Alonso
Diaz
Quiuteroy^ol^í^
xg^
del
exwicio
del
rio
y
natural.dS
Iriana^
temperamento
Scmguineo^'íie’
edad
de
3Ó.
años
padeció
el
dempo'
de
8.
año?
una
úlcera
cancrosa
píj
la
cerviz
del
tamaño
y
figura
dejla
palma
de
la
mano^^que
le
estory^
í)a
notablemente.
Se
le
hicieroa
tres
sangrías
regulares
y
púsose
á
ún^
dieta
dernúlcente^
y
Jiabiendole,
apli‘
cado
los
polvps
ppr
quatro
distinta?
ocasiones^
se
curó
en.6'6.
dias:
quedó
sano
y.
hay
.tres
años,
que
sigue
sia
novedad.
.
;
.
ü:
’i-.
III.
(a)
El
P.
Difinidor
Garrido,
Religioso
Tercero
y
de
ys
.
años
de
.edad,
tenía
un
cancro
en
eblagrimB
del
ojo
izquierdo
29.
arios
había,
q4e
desde
la.cej^
bajaba
por
la
nariz
ex¬
tendiéndose
por
todo
el
pómulo:
fter
'
'
■
E.
,
.
gaba-
(
a
')
'Está-y
las'
demás
qtie
<
s
i^úeh
:-hiáH
^ido
conuúiicadas
por
D.
Eráncisco
del
Vk^
H&
,,:Cirujano
eu
esta
Ciudad.
gaba
á
interesar
el
parpado
ínferioi?,
y
primeras
túnicas
del
ojo
,
el
que
perdió.
Ha
7.
años
que
se
curó
eii
75.
dias
y
al
presente
permanece
bueno.
IV.
Gertrudis
Sánchez
de
36.
años
de
edad>
temperamento
bilio-*
éO)
en
la
calle
de
las
Lumbreras,
pa¬
decía
un
cancro
ulcerado
7.
años
ha¬
bía,
que
se
extendía
por
todo
el
car¬
rillo
derecho,
y
otro
no
ulcerado
por
cima
de
la
puente
zigomatica
d&
aquel
lado,
su
tamaño
de
un
real
de
plata.
Curóse
el
primero
el
aña
de
85.
en
el
espacio
de
70.
dias,
y
lo
mismo
el
segundo,
sin
haberle
aplicado
á
este
medicina
,
y
al
pre¬
sente
continua
buena.
V.
Juan
Carrera
en
el
barrio
de
la
IWagdalena,
temperamento
sanguí¬
neo
>
y
de
40.
años
de
edad,
pade¬
cía
7.
años
había
una
úlcera
cancro-
sa
del
tamaño
de
un
peso
fuerte
en
el
carrillo
izquierdo.
Se
curó
en
50.
dias^;
í
después
dé
s.
anos
que
hall-
pasado
no
ha
sentido
la
menor
mo-
lestiawG
:
.
..
y
Obi:;
-;V.Ii;;;:Dona
Francisca
Delgado^
criada,
antigua
del
Sr.
Bucareli,
tem¬
peramento
sanguíneo
bilioso,
.54.
años
de
edad,
tenía
una
úlcera
can*.
crosa'22i.años
había
^spbre
el
hueso,
temporal;
,:,é
interesaba
el;
músculo
crotaíites;
se
extendía
P^rie-»
tal^
y.-porJa
puente
zigomatica
.cor-r
ría
hasta
el
ángulo
menor
del
ojo
in-.-
teresaúdo
cierta
porción
de
los^dps
parpados^
.
Se
curó
en
.60.
dias
3
después
de,
7.
años^
que
han
pasa^
do
3.peruiánece
buena..
.
.oion
'A
n;;Vn:,.-.
Feliciana
de
Huertas
en
la
calle
de
Sra.
Sta,
;Ana
collación
do
S.
Lorenzo,
38.
años.de
edad,
tem¬
peramento
linfático^;y,
con
yicíQ:
es¬
crofulosa,
padecía
una
lücera
cancrói
sa
situada
desde
la
raediaciondél
par*
pado
¡superior,
interesando
las
apo-,
neuroses.de
los
rnúsculos
frontales.
bíiualmente^
su
restauración
no
se
dé
be
reputar
con
facilidad
por
milagro.
Vi
y
dice
Zaccbiasy
(q)
á
un
hombre
que
cada
tres
meses
era
acometido
de
un
accidente
á
el
que
no
faltaba
sínto¬
ma
mortal
alguno:
quantos
faculta¬
tivos
lo
vian^,
le
echaban
el
fallo
fa¬
tal
,
y
su
naturaleza
se
burlaba
de
estas
sentencias.
La
costumbre
pasa
á
naturaleza,
y
una
naturaleza
amis¬
tada
con
la
enfermedad
es
un
fenó¬
meno
fuera
de
las
reglas
comunes.
Se
debe
atender
también
al
sexó.
La
experiencia
diaria
nos
hace
ver
á
las
mugeres
salir
triunfantes
de
acci-'
dentes
y
achaques,
que
en
los
hom¬
bres
serían
mortales.
'
El
temperamento
y
la
edad
han
de
entrar
igualmente
en
considera¬
ción.
Üii
anciano,
u
otra
persona
d
ebil
no
podrá
escapar
sin
milagro
de
{q)
Lib.
4.
Qliasst.
medid.
Leg.
tit*
X»
q.
3.
n.
í7-
••
t
de
una
enfermedad
de
que
stiele
burlarse
una
florida
juventud
j
ó
una
extraordinaria
robustez
No
es
necesario
en
ñn
se
exami¬
ne
si
el
enfermo
ha
sentido
á
el
tiem¬
po
de
restituirse
algún
dolor,
u
otro
síntoma
particular.
Hay
AA.
que
pretenden
no
interviene
milagro
en
este
caso
,
mas
por
esta
regla
de¬
beríamos
descartar
del
número
de
ellos
algunos
que
el
Evangelio
reco*
noce
por
tales.
'
Estas
son
las
reglas
que
tanto
los
médicos
>
corno
los
teologos
han
dado
sobre
la
materia^
en
cuya
expo¬
sición
ha
atendido
el
A.
según
expre-
saj
áconciliar
la
claridad
poruña
par¬
te
>
y
por
la
otra
la
brevedad
harto
difícil
en
tanta
abundancia
de
no¬
ticias
como
franquean'
los
sabios.
Gicrtamente
el
asunto
es
digno
de
dividirse
y
de
que
cada
uno
de
los
puntos
dé
argumento
á
varias
diser¬
taciones,
An-
(m)
Antes
de
concluir
la
suya
61-5^..
Rodríguez
hecho
cargo
de
la
multi-:
tud
de
reglas
señaladas
por
los
AA»,
y
viéndolas
muy
multiplicadas
redu¬
ce
á
dos
solas
todas
las
expuestas..
¿
Se
duda
sobre
si
una
curación
ha
sido
milagrosa
?
Examínese
su
prin¬
cipio
:
busquese
SU
fin
:
y
nunca
se
califique
de
milagro
como
ella
no
tenga
á
Dios
por
fin
^
y
por
princi¬
pio.
Así
como
en
la
naturaleza
todas
las
cosas
proceden
de
Dios
como
de
primer
principio
5
y
se
encaminan
á
él
como
á
último
fin;
así
también
en
las.
operaciones
milagrosas
,
Dios
obrando
fuera
de
las
causas
natura¬
les
debe
ser
su
principio:
Dios
,
a
u¬
tor
derla
santidad
y
de
la
fe
debe
ser
su
‘fin.
Si
proceden
de
otro-
ori¬
gen
si
se
dirigen
á
otro
objeto
,
;
en
Wno;
se,
buscará
en
ellas
la,
v-erdad-
del
milagro.
t
-i
/;-
En
el
médico
concurren
dos
per¬
sonalidades:
la
de
católico
que
le
e«
co-
¿óniun
con
los
demás
hijos
de
la
Igle*
sia,
y
la
de
investigador
de
la
na¬
turaleza,
que
le
es
propia
y
pecu-*
liar.
Acuérdese
tomo
católico
de
qué
es
imposible
haya
verdadero
mi¬
lagro
que
no
tenga
por
fin
lá
gloria
de
Dios;
y
de
ésta
manera
lio
se
def
xará
seducir
de
lá
falsedad
y
él
pres¬
tigio.
Acuérdese
como
investigador
de
lá
naturaleza
del
absoluto
impe¬
rio
que
sobre
ella
exerce
su
Sobera¬
no
Autor:
así
no
se
disipará
én
va¬
nas
cavilacioriés,
quando
un
efecto
mayor
que
süs
fuerzas
y
leyes
íé
es¬
tá
mostrando-la
mano
del
Omnipo-
tente.
Acuerdase
que
este
Señor
guarda
en
confirmar
su
doctrina
el
mismo
orden
qtie
tubo
en
revelarla»
Nó
se
contentó'Tcon
que
su
revela-'
éion
nos
enseñase
lOs
misterios
que
están
mas
allá
de
nuestros
alcances
y
los
Sacramentos
cuya
virtud
dima¬
na
de
sola
•
sii
voluntad
y
omnipo-i
tenciaj
quiso
también
que
nos
ins^
(^
3
6
)
truyera
sobre
aquellas
verdades
a
que
alcanzan
las
luces
de
nuestro
conocimiento
;
pero
que
nuestra
de-
sidiao
ó,
corrupción
pudiera,
ó
no
entenderVó
entender
mal
De
la
mis¬
ma
manera
los
milagros.
Algunos
por
su
substancia
exceden
toda
la
acr
tividad
de
la
naturaleza
O
tros
sien¬
do
por
su
sér
un
efecto
posible
á
sus
alcances
j
la
sobrepujan
en
su
modo.
El
médico,
debe
estar
prevenido
con
.
e
stas,doctrinas
para
rechazar
la^
cavilaciones
de
los
impios.
g
Qué
importa
que
esta
curación
pueda,
ser
obra.de
la.naturaleza
por
la
enferme^
dad
que.
ha
excluido
superable
a
sus
alcances.3
si
el
modo.de
excluirla
lá
excede
con
muchas
ventajas
?
g
Qué
importa
que
los
magos
de
Faraón
hayan
hecho
cosas
af
parecer
sobre
toda
la
actividad
natural
^
si
luego
se
hace
constar
que
todo
aquello
fue
mero
engaño
^
ilusión
y
prestigio
?
„
.
.
f*375
Que
importa
que
en
la
naturaleza
invisible
haya
fuerzas
para
producir
muchos
efectos
á
que
no
alcanza
el
poder
de
la
visible,
si
sabemos
que
el
Autor
de
las
cosas
visibles
é
invi¬
sibles
no
ha
de
consentir
á
sus
minis¬
tros
que
trastornen
á
su
antojo
la
na¬
turaleza
:
non
enim
Angelis
subjecit
Deus
orbem
terree
:
(^)
y
si
es
impo¬
sible
que
el
Dios
de
la
verdad
con¬
sienta
al
padre
de;
la
mentira,
abuse
de
sú
poder
para
engañarnos
?
¿
Qué
importa
en
fin
que
un
efecto
pueda>
absolutamente
hablando,
producirse
por
la
naturaleza;
si
en
este
;
casoj
con
este
sugeto,y
en
estas
circunstam
cias
ha
cesado
la
posibilidad?
Sea
verdad
,
si
acaso
lo
es,
que
el
ojo
de
la
golondrina
puede
reproducir
el
humor
cristalino
que
le
faltó
por
al¬
gún
acaso;
nunca
lo
será
que
otro
tanto
pueda
verificarse
en
el
hombre.
Si
Ai)
Epist.
ad
Hsbr,c.
2.
v.
5.
Si
éste
buelve
á
ver,
es
un
milagro,
y
si
aquella,
no
lo
será;
á
no
ser
que
viviendo
un
hombre,
dividido
en
dos
trozos
su
cuerpo
,
quisiése¬
mos
también
que
no
se
reputara
por
milagro,
porque
sin
este
viven
de
aquel
modo
muchos
insectos.
Los
impios
no
han
dexado
piedra
por
mover
para
destruir
la
fé
de
los
milagros
;
pero
no
han
conseguido
otra
Gosai
que
manifestar
su
perfidia^
No
quieren
escuchar
el
testimonio
de
un
mundo
entero
que
los
testifica,
y
escuchan
á
un
autor
obscuro
que
soñó
haber
descubierto
una
cosa
se*?
mejante
remotamente
á
los
milagros.
Les
parece
un
absurdo
que
el
Cria¬
dor
de
la
naturaleza
dispense
en
las
leyes
que
él
mismo
estableció,
y
no
tienen
dificultad
en
creer
el
gran
ab¬
surdo
de
que
las
leyes
de
esta
natu¬
raleza
particular
puedan
regir
en
otra
enteramente
distinta,
y
aun
con»
traria»
De
estas
inconseqüencias
num
ca
(
239
)
ca
ha
habido
mas
exemp^os
quc
ahora,
dice
el
A.
3
porque
nunca
tanto
como
ahora
ha
estado
eri
moda
la
impiedad
con
el
nombre
de
filosofía.
Mas
sin
mucha
filoso¬
fía
se
conoce
muy
bien
el
crédito
que
merecen
unos
hombres
3
cuyo
designio
no
es
otro
que
insultar
á
Dios
3
confundir
la
verdad
3
y
cor-»
romper
á
sus
próximos.
No
por
esto
3
previene
el
Sr,
Jiodríguez
3
se
debe
declinar
en
mar
teria
tan
delicada
al
extremo
de
una
credulidad
imprudente.
Ni
Dios,
ni
su
Iglesia
necesitan
de
nuestros
en¬
gaños.
Aun
quando
no
volviese
á
ha¬
ber
otro
milagro
en
el
mundo,
to¬
davía
sería
invencible
prueba
de
la
religión
los
que
en
su
testimonio
se
han
obrado
:
y
aun
quando
estos
nunca
hubiesen
sido
,
todavía
sería
un
milagro
mayor
que
todos
los
mi¬
lagros,
que
sin
ellos
hubiera
el
mun¬
do
abrazado
una
doctrina,
que
tan
R
cons-
constantemente
lo
impugna
^
lo
re-í
priieba
y
lo
condena.
Debe
pues
el
médico
guardar
un
justo
medio
en¬
tre
las
insulsas
dudas
y
malignas
con¬
tradicciones
del
impío
^
y
entre
la
ignorante
credulidad
y
piedad
falsa
del
supersticioso.
Por
tanto
correspondiendo
á
la
confianza
que
merece
á
la
Iglesia
en
punto
tan
interesante
j
habrá
de
di¬
rigirse
moderadamente
por
las
lu¬
ces
que
le
franquean
los
conocimien¬
tos'
de
que
debe
estar
adornado^
como
son
ciencia
profunda
en
la
ana¬
tomía
j,
lección
vasta
de
historias
mé¬
dicas
,
conocimiento
en
física
y
chi-
inica
hasta
los
últimos
descubrimien-
tos:)
é
instrucción
exacta
de
íodás
las
partes
de
la
medicina.
Supuestas
todas
estas
noticias
j
y
haciendo
uso
de
un
juicio
recto
desprendido
del
amor
propio
y
otros
vicios
tales
íidquiridos
con
la
educación^
ó
el
trato
j
empezará
el
profesor
el
exá-
men
(2415
hien
de
la
curadon
y
ya
registrando;
todos
^
los;.
procedimientos.,
papeles-
ó
documentos
que
haya-.sobíre
el:
hecho,
ya
.oyendo
á.f
los
que
lo
hayan
presenciado
á
oido,
ya
exá-,
minando
al
sugeto
en
quien
se
veri-:
ficó,
y
ya
valiéndose
de
quanto
pueda
contribuir
á
el
perfecto
cono-'
cimiento
del
■
suceso.
;
í
;.Si
meditado
todo
con
la
mayor;
atención
y
reñexíoii
formase
juicio
cierto:;:
habrá
de
manifestarlo
con-,
cebido:-en;::pócos
términos,
claroS'
y
sin
condiciones,
como
v.
g.
La
radon,
ha
.
sido
milagros^a,
c
.
Aun
qüando
el
caso
fuere
tan
raro
y
estupendo
que
sorprehenda
á
muchos
;
si
el
profesor
juzga
que
está
dentro
de
la
actividad
de
la
naturaleza
,
deberá
explicar
su
dic¬
tamen
diciendo:
No
intervino
mila-
gro.
Si
á
pesar
de
las
mayores
y
mas
prolixas
investigaciones
y
del
rec¬
to
entre
sí
5
aunqtie
en
ocasiones
seguri
ciertas
circunstancias
podrán
confun¬
dirse.
En
el
aneurisma
verdadero
se
han
de
distinguir
dos
tiempos;
quan-
do
es
reciente,
y
quando
es
antiguo;
distinción
bien
interesante
para
pro¬
ceder
con
menos
equivocación.
Em¬
pieza
por
un
tumor
pequeño
,
que
vá
creciendo
con
lentitud,
indolen¬
te
,
sin
mutación
de
color
en
el
cu¬
tis,
con
latido
al
tacto
correspondien¬
te
al
del
pulso
,
casi
elástico;
pues
cede
á
la
compresión,
y
cesando
es¬
ta
se
restituye
á
su
anterior
estado,
circunscrito
y
ovalado
;
la
sangre
se
conserva
fluida
y
siendo
la
basa
estrecha
,
suena
con
mormullo
si
se
comprime.
El
iumor
en
el
aneurisma,
falso
se
•forma
súbitamente,
y
se
aumeiijta
según
la
.jcantidad
y
velocidad
con
que,
empuja
la
sangre
por
la
abertura
hecha;
es
dqro
porque
la
sangre
es-
tá
coagulada
y
pone
el
cutis
amora¬
tado,
su
figura
es
-
irregular
y
en
vez
dé'
desvanecerse
con
la
compresión,
•
6
é
extiende
mas
,
la
pulsadon
es
pe-
'queña
y
á
veces
insensible,
y
lo
mis-
•
ano
el
mormullo.
••
*
Ya
se
ven
por
lo
expuestodas
se¬
ñales
que
caracterizan
y
distinguen
estas
dos
diferencias;
pero
se-debe
advertir
y
que
quando
el
aneurisma
verdadero
es
antiguo
y
ha
tomado
considerable
;
t
amaño
sucede,
ooraiin-
inente
que
la
sangre
se
vá
acumulan-
-rio
en
él,
pierde;'allí
su
fluidez
,
se
forman
concreciones
poliposas
que
se
aplican
álo.Jnterior
del
tumor
,-y
í
forman
un
cuerpo;
de
aquí
provie-
•
ne
■
por
la
misnia
razdn
y
que
en
el
^félsb
que
falte
la
elasticidad
y
otros
va*
rios'caractéres
haciéndose
casi,
ó
en¬
teramente
insensible
el
latido,
y
equi-
'yocañdosecorrtumores
de
otra
natu¬
raleza^,
se
cae
en,
error,
como
fnani-
'
f
iesta
el
caso.
-
p
ropuesto
por
nuestro
(ISO)
D.Ftanclsco
Villaverde
(fl)
>>
He
vi
3
i<
tado
á
un
alemah,
dice
^
que
pade-
cia
un
tumor
antiguo
sobre
la
popli-
tea
con
dolor
pungitivo
^
circunfe-
rencia
dura
,
obscura
fluctuación
5,
en
el
centro,
y
sin
pulsación.
Se
de-
terminó
en
junta
la
apercion
del
tu-
,,
mor,
que
executé
con
la
punta
de
„
una
lanceta
>
por
la
desconfianza
yj
con
que
iba
sobre
la
anomalía
del
55
tumor,
pero
muy
en
breve
vi
paten-
5,
te
el
desengaño,
porque
el
conteni-
5,
do
era
sangre
arterial.
Me
sorpren-
5,
dió
quanto
se
dexa
imaginar;
pe-
5,
ro
con
todo
disimulo
la
curé
con
5,
tal
eficacia
que
logré
la
cicatriza-
„
cion
de
la
diminuta
abertura
del
5,
tumor.
«
Es
freqüente
esta
equi¬
vocación
y
de
ella
se
leen
repetidos
tes-
(a,)
.Operaciones
de;
cirujía
seguim
1
*
mas
selecta
doctrina
&c.
porD.
Fránc^cd
Villaverde
tom.
2
.
cap.
15*
pag-
»
3
4
*
drid
1788.
testimonios
en
AA.de
la
primera
nota,
Quando
en
el
aneurisma
que
no
es
verdadero
falta
la
infiltración,
las
señales
se
presentan
equívocas;
pues
las
mas
que
se
notan,
anuncian
un
verdadero
aneurisma;
y
en
estos
ca^
sos
es
menester
recurrir
á
otros
me¬
dios
para
proceder
con
claridad,
y
no
errar
las
indicaciones:
el
cono¬
cimiento
de
la
causa
y
la
confesión
del
paciente
quando
declara
que
sangrándolo
han
herido
la
arteria^
ó
que
desde
entonces
ha
experi¬
mentado
los
accidentes
que
se
ob¬
servan
,
son
los
mejores
recursos
para
desvanecer
qualquiera
equivo¬
cación.
No
tiene
duda:
en
las
sangrías
ordinarias
sucede
algunas
veces
,
ó
que
se
hiera
al
mismo
tiempo
la
ar¬
teria
por
su
inmediación
,
ó
que
equivocadamente
se
tome
un
vaso
por
otro,
y
se
haga
la
sangría
en
la
arteria.
Lo
primero
es
mas
común
quan-
(2.S2)’
quando:
se
sangra
én
la
vena
basilíca^
porque
la
arteria
braquial
se
halla
en
el
do
blez
del
brazo
muy
cercana
á
.
es-.-
ta
vena
,
y
aun
las
mas
veces
debaxo-
de
ella.
Podrá
también
suceder
igual
puntura
quando
se
abre
la
cefálica
por
hallarse
en
unos
;
un
ramo
de
los
colaterales
de
la
braquial
y
en
Otros,
de
la
cubital
^
que
es
cutáneo
,
y,
se
advierte
en
el
sitio
de
dicha
cefálica
-
como
ha
observado
el
A.
quien
ma-.
nifiesta;las
rúalas
conseqüencias
de
tales
punturas
con
pruebas
de
auto-,
ridad
muy
respetable.
Esta
.puntura
se
.
.
hace
^
ó
en
al¬
guna
de
las
túnicas
de-la
arteria
y
llamarémos
parcial
^
ó
eii
todas
dan«»
do
salida
á
la
sangre
y
se,
:
dirá
mal:
en
ambos
casos
sobreviene
el
aneu¬
risma
que
en<el
primero
será
mix¬
to
^
y
en
el
otro^-falso^
Los
prác-,
ticos
han
comprehendido
muy
bien
los
:
resultados
diferentes
que
han
distinguido
por
las
señales
expresa-
tías.
Ván-Swkten{b)á\cti
que
qUan-
do
se
abre
una
vena
sucede
algunas
veces
5
que
el
ramo
inmediato
de
la
arteria
se
hiera
al
mismo
tiempo
con
la
punta
de
la
lanceta
y
sobrevinien¬
do
después
á-pocos
dias
un
tumor,
que
eleva
el
cutis
con
pulsación
ma¬
nifiesta
,
el
qual
va
aumentando
ca¬
da
dia
sino
se
acude
por
medio
de
la
compresión.
A
los
caracíéres
que
nota
el
sa¬
bio
comentador
áe
Boerbaavey
se
pueden
añadir
los
que
se
apuntaron
para
conocer
el
aneurisma
verdade¬
ro
;
pues
formándose
el
mixto
del
mismo
modo
que
este
y
por
la
mis¬
ma
razón,
son
los
fenómenos
casi,
ó
del
todo
comunes
á
entrambos
con
la
diferencia
solamente
,
que
siendo
el
tumor
que
se
forma
en
el
mixto
provenido
de
la
herida
externa
he>
cha
en
alguna,
túnica,
su
figura
se¬
rá
C
)
Cowent.
iu
Boerh.
aphor.
176.
ÍÍS45
rá
siempre
respectiva
I
la
que
per¬
mite
la
puntura
sin
guardar
á
veces
lo
circunscrito
y
ovalado
de
los
aneu¬
rismas
verdaderos
con
especialidad
en
los
principios.
Quando
la
puntura
..de
la
arteria
estotaU
ó
bien
sale
la
sangre
con
libertada
ó
sin
la
violencia
que
le
es
propia.
Se
conoce
el
primer
caso
en
el
movimiento
rápido
y
la
salida
á
saltos
y
via
recta:
en
el
color
vivo,
espumas
de
color
cetrino
y
y
en
sU
consistencia
tenue.
Sin
embargo
po¬
drán
suceder,
advierte
el
citado
Vi--
llaverde
,
los
misnios
efectos
en
„
un
„
joven
bilioso,
iracundo,
muy
torico
,
ó
arrebatado
de
una
ca-
lentura
aguda;
como
asi
mismo
sí
,,
sale
de
una
vena
próxima
á
una
,,
arteria,
Podrá
verificarse
el
se¬
gundo
caso,
como
nota
el
mismo,
ó
por
no
estar
paralela
la
abertura
de
la
arteria
con
la
del
cutis,
ó
por
ha¬
llarse
esta
tan
comprimida
con
la
1n
gadu-
Á
gadüra
y
que
se
impida
;Ia
.aflue;itia
de
la
sangre
á
la
parte
inferior
déla
compresión.
Por
todo
lo
qiial
y
siendo
pre¬
ciso
proceder
con
la
mayor
claridad
en
estos
lances
para
no
perder
el
tiempo
en
aplicar
los
remedios-
con^
venientes
y
es
necesario
añadir
á
los
signos
que
se
acaban
de
proponer
por
no
ser-
decisivos,
otros
que
de?
terminen
el
juicio
del
profesor^
y
:lo§
advierte
el
enunciado
Villaverdey
Jes
son
:
i.
La
suspensión
deiflu-»
yyxo
luego
qué
^0
.
comprime
con
yy
fuerza
la
parte
superior
á
la
císut
ra^
ó
su
mayor
aumento
qiiando
yy
solo
se
comprime
la
parte
inferior:
yy
por
el
contrario
y
comprimida
la
,5
parte
que
está
debaxo
de
lá
cisura
yy
en
la
vena
^
se
detiene
la
sangre.
yy
2.
La
dificultad
en
cohibir
el
fluxo
y,
sin
un
vendaje
muy
apretado,
ó
la
yy
facilidad
con
que
á
pesar
de
este
«
medio
se
aporisma
la
cisura
quan«
^
S
p;
do
^,
doiib
está
jJaralela
ni
propOfcióllá^
yy
da.
al
calibre
del
vaso
,
y
quando
y
y
el
tumor
es
acompañado
de
pul-
'^‘5'‘sacion
desde
el
principio.
3-
Elin-
tenso
dolor
en
el
sitio
picado,
y
¿3
la'extravasación
déla-sangre
á
la
,3;
parte
inferior
y
superior
del
miem^
,5,bro
con
infiltración
en
el
texido
yy
adiposo
y'
■
intumescencia
edema-
yy
tosa
y
aun
inflamatoria
de
aquellas
partes:
en
cuyas
circunstancias
el
33lumor
se
.vá
aumentando
por
ins-
yy
tantes
,
toma
un
tamaño
grande^
3,'se
pone
duro
,
doloroso
y
acar->
3,
denalado-.
Con
estas
señales
,
y
no
perdienr»;
do
jamás
de
vista
la
relación
del
pa«<
ciente
y
el
origen
de
la
enfermedad^
se
obtienen
los
caractéres
esencia¬
les
para
conocer
con
toda
claridad
y
distinción
la
puntura
parcial
y
ó
tQ>^
tal
de
úna
arteria
en
las
sangrías
or¬
dinarias
,
sin
que
quede
recurso
al
facultativo
para
alegar
ignorancia
in-
culpable":
vpues
aunque
.es
verdad^
como
i
queda
insinuado,
que
han
ocurrido
casos
en
que
se
han
equ^^
vocado
profesores
del
mayor
mérK
to
,
pero
eatos
han
sido
de
aneuris;
más
por
lo
común
(Verdaderos
y.
sin
causa
manifiesta
:
no
sucede
así,.en
los
de
que
se
trata
al
presente
que
son,
mixtos
,
ó
falsos
distinguidos
muy
bien
por,
sus.respectivos
signos,
y
que.
provienen
de
causa
tan.,pa-!«
tente;
:
cómo
en
la
puntura
exterior
causada
por
la
lanceta,
en
la
sangría
jde
la
vena,
según
los
informes
del
paciente.
.
En.una.enfermedad:
arriesgada
y
cuyo
peligro
crecerá
proporción
del
descuido
del
facultativo
en
Jla
opor¬
tuna
aplicación
de
dos
remedios'con¬
venientes
,
es
necesario
no
perder
momento
de
tiernpo.';p.ara
no
expo¬
ner
la
vida;
del
enfermo.
En
los
aneur
.rismas'pequeños.y
mecientes
causa¬
dos
comunmente
'en
ias
sangrías
del
bra-i'
(
264
^
ra
y
no
bastando
ni
el
agárico
,
ni
la
compresión
para
cohibir
el
fluxo
de
sangre
,
se
echará
mano
de
la
li¬
gadura
propuesta
por
el
autor
citado.
Se
examinará
con
freqüencia
el
brazo
para
saber
el
estado
en
que
se
halla.
El
calor
y
el
movimiento
del
pulso
nos
hacen
esperar
un
felix
éxi-,
to
y
aunque
no
habiendo
señales
de
mortificación
no
se
deberá
desespe¬
ranzar
de
la
curación
por
no
percibir
el
pulso
en
algún
tiempo.
El
primer
aposito
dura
tres
,
ó
quatro
días;
y
al
levantarle
se
debe
antes
apretar
el
tortor
y
cuidando
de
que
no
falte
el
punto
de
apoyo
so¬
bre
la
herida,
á
cuyo
fin
deberá
comprimirse
con
el
dedo
y
separan¬
do
todo
lo
que
no
esté
pegado
y
y
lo
restante
se
dexará
para
que
la
su-«
puracion
lo
despegue.
Ultimamente
quando
la
llaga
se.
halle
en
estado
de
cicatrización
se
harán
los
movimi
en¬
tos
de
flexión
y
.extensión
y
para
(^«55
.
.
la
falta
de
acción
no
inhabilite
la
co-
yuntura
para
sus
movimientos.
Resta
el
ultimo
arbitrio
quando
con
los
anteriores
no
se
pueda
con¬
servar
la
circulación
en
la
parte
,
el
miembro
se
ponga
frió
,
se
llene
de
fiictehas
^
é
insensiblemente
se
gan-
grene;
y
es
la
mutilación
del
miem¬
bro
antes
que
la
debilidad
del
enfer¬
mo
no
la
permita
:
y
á
estos
tres
re¬
cursos
está
reducido
el
tratamiento
de
estos
aneurismasque
se
leen
en
el
mencionado
y
otros
autores.
•
Sería
de
desear
que
se
propusiese
un
medio
capaz
de
contenerlas
hemo¬
rragias
y
otros
accidentes
propios
de
esta
enfermedad
sin
las
malas
resultas
que
traen
las
fuertes
compresiones,
privando
algunas
partes
del
movi¬
miento
y
comunicación
que
deben
mantener.
E
15
r.
le
Conté
(c)
lleva¬
do
(
r
)
Histoíre
cte
la
Societc
Royale
de
INÍedicine.
Au.
177^.
pag.
306.
y
siguientes.
'(p.66)
do
de
los
mismos
deseos
á
Vistgí
de
estos
inconvenientes
ideó
valerse,
d^
un
cañón
de
pluma
i
cortándolo
por
los
dos
extremos
y
:segün
su
diáme-»
tro
y
longitudinalmente
por
un
la¬
do;
lo
adaptaba
á
.la-arteria
heri-r
da
disecándola
antes
>
é
impedía
la
efusión
de
sangre
sin
estorvar
la
co¬
municación
del
movimiento
ni
el
pa-?
so
de
esta
por
toda,
la:
extensión
de^
baxo
de
la
abertura.
Hizo
algunas
experiencias
en
brutos
^
y
otros
re¬
pitió
el
Sr.
Mertrud
con
buen
sucé-^
so,
perfeccionó
su
remedio
y
y'
dió
parte
de
todo
á
la
Sociedad
de
me¬
dicina
de
París.
Este
cuerpo
facul¬
tativo
comisionó
varios
individuos^
para
que
examinasen
el
particular.
El
Sr.
Vicq
Azir
hizo
algunos
ex¬
perimentos
en
perros
y-
^mo
habien¬
do
obtenido
igual
felicidad
que,
los
anteriores
,
se
vino
á
deducir
que
las
heridas
de
las
atrerias
pueden
cicatrizarse
pero
que
el
suceso
dé
ésta
Operación
es
difícil
de
conse-í
guir.
Sin
en:il?ai:go
los
Académicos
juzgaron
por
ingeniosa
la
idea,
y
puede
ser
de
mucífa
utilidad
si
te¬
nemos
la
fortuna
de
que
se
perfec¬
cione.-
Tiene
ventajas
en
cierto
sen¬
tido
según
se
ha
dicho;
pero
como
hasta
ahora
no
s^
ha
practicado
en
el
hombre
^
nada
podemos
concluir
«obre
ella.
Por
esta
razón
dexa
el
Sr.
Ramos
en
libertad
á
qualquier
profete
para
que
medite
sobre
este
recurso
según
las
observaciones
de
su
autor
y
los
resultados
de
las
experiencias
hech^
por
los
■
Acadé¬
micos;
y
desea
qué
cada
qual
traba¬
jando
por
su
parte
í
’ó
mejore
esta
idea,
ó
la
confírme
con
sus
observa¬
ciones
,
ó
la
repruebe
por
inefícaz
y
i^^pugnánte
á
una
sana
práctica;
quedando
por
ahora
sin
determinar*
■
se
á
resolver
hasta
que"
nuevos
he¬
chos
lo
pongan
en
términos
de
de
cidir.
DISERTAGIQN
MEDICA:
DE
LA
LATITUD
QUE
ADMIi
ten
el
régimen;
y
dieta
del
.
.
puerperio*
:
POR
EL
Dr.
D.
ANTONIO
SAl^
•taella
y
del
Gremio
y
Claustro,
do,
Medicina
'
de
esta
Universidad^
.
Individuo
de
la
Real
Sociedad
Patriótica
y
de
la
Real
AcU'-
-
^^demia
de
Buenas
Letras
y
,
Socio,
Médico
super^
..
numerario»
,r
1^0
se
trata.
en
'esta
Memoria
de
las
muchas
íy
graves-
enfermedades
que
experimentan'jalgnnas
paridas
á
conseqUencia
de
:.un
parto
difícil,
d
de
otras
causas
que
las
ponen
en
es-
ífadó
dé
peligro.
Ya
han
escrito
coií
prodigalidad
sobre
esta
materia
mé¬
dicos
muy
sábios
sin
habernos
de-
xado
nada
que
adelantar
hasta
aho¬
ra
;
y
por
lo
mismo
no
considera
hoy
el
A.
á
la
parida
en
estado
de
enfermedad
^
sino
en
el
que
presen¬
ta
un
parto
natural
con
las
resultas
-regulares
que
le
son
propias.
En
estas
circunstancias
hay
al¬
gunas
cosas
todavía
que
reformar,
y
otras
que
añadir
;
las-quales
se
corhprehenden
en
el
régimen
y
die«
ta
de
la
parida.
.
Llamamos,
régimen
^1
modo
con'que
se
debe
tratar,
y
«n
la
dieta
se
incluye
quanto
corres,
.ponde
á
su
alimento
,
ó
medios
de
sustentarla;
Para
proceder'
con
cla¬
ridad
y^
orden
considera
el
5
r.
5an-
iaélla
el
tiempo
que
llaman
del
puer¬
perio,
;6
purgación
uterina
en
tres
périodos;
el,
primero
empieza
des¬
de
el
fin
del
parto
y
dura
hasta
.^principios
de
.
la
fiebre
láctea
:
el
se-
gundó
compreheride
todo
ertíem-í
po
dé
esta
y
y
el
tercero
se
cuenta
desde
que
termina
la
fiebre
hasta
concluírse
la
purgación.
PRIMER
periodo.
Después
de
una
considerable
ex.»
tensión-que
ha
producido
en
el
üte*'
•ro
el
feto
allí
detenido
todo
el
tiem-
'po
del
embarazo
y
sale
por
líltimo
dexando
libre
aqiiel
espacio
que
an¬
tes
ocupaba
con
su
tamaño
y
liber¬
tando
las
partes
vecinas
de
la
pre¬
cisa
compresión
que
debían
experi¬
mentar
por
su
presencia.
Muchos
vasos
venosos
embian
con
demasiado
ímpetu
la
sangre
hácía
el
corazón^
algunas
arterias
libres
ya
de
la
pré-
sion
admiten
con
mayor
facilidád
la
sangre
que
impele
esta
entraña
;
los
músculos
del
abdomen
con
tan
lar¬
ga
extensión
han
perdido
su
fuerza,
y
los
tegumentos
floxos
por
la
mis-
nía
causa
ho
conservan
sü
reststeil*^
cia.
¡
A
quantos
males
no
expí^ínÉ
semejante;
situación
í;
Por
lo
rínsmo
se
habrá
de.acudirijeíltonces
coa-ej
oportuno
tratamiento.
•;
*
Las
faxas
son
el
medio
general?
mente
conocido
y
^
adoptado
para
dar
sujeción,
á
las
entrañas
sosteni^
das
antes
por
el
feto
?
y
despuei
péndulas
y
sin
apoyo
por
su
auseiif
cia
;
para
moderar
también
el
dema?
síado
impulso
en
los
vasos
anterrói>
mente
comprimidos
,
y
dar'
á
los
miísculos
y
tegumentos,
la
fuerza
dá
que
están.
destituidos.
Cuidado
con
el
grado
de'compresión
que
por
su
medio
se
bduce
j
algunos
las
aptie.^
tan
demasiado
>
y
según
.ef
estado
de
las
partes
que
se
com,primen,
■
.y
los
efectos
de
tan
fuerte
compresión
se
podrán:
seguir
conseqüencias
muy
perjudiciales
>
como
acreditan
alga?
lias
observáciones
;
por
cuyo
motivo
se
deberá,
proceder
en
esta
parte
con
T
cier-
^
'(17^5
fcierta
moderación
sin
venir
por
esto
á
dar
en
d
extremo
opuesto.
■
‘
Se
separa
del
útero
la
placenta
á
poco
tiempo
de
haberse
celebrado
el
parto
y
y
esta
separación
viene
á
completar
aquella
grande
obra
de
la
naturaleza.
Entonces
los
vasos
que
se
rompen
y
quedan
abiertos
arro¬
jan
cantidades
de
sangre
proporcio¬
nales
al
número
de
vasos
compre-
hendidos
,
y
estos
al
tamaño
de
la
placenta
según
las
observaciones
de
Maurkeau
'y
las
de
otros
varios
y
lás
nuestras.
Pero
en
breve
se
dis¬
minuye
esta
efusión,
porque
el
úte«
ro
se
vá
estrechando
cada
vez
mas^
y
los
vasos
contrayendo
5
á
no
ser
qúe
algún
cuerpo
extraño
detenido
en
esta
entraña
impida
tan
loable
acción
y
y
cause
un
fluxo
copioso
de
sangre
que
durará
mientras
no
se
desaloje
aquel
cuerpo.
Mucho
Gon-
tribuye
á
esta
retención
la
debilidad
de
la
parturiente
que
deberá
tener
en
córisideracion
el
facultativo
su
manejo.
A
conseqüencia
de
la
salida
del
feto
el
orificio
del
útero
se
va
con4
trayendo,
la
sangre
se
detiene
en
este
)
forma
coágulos
para’
cuya
ex*
pulsión
y
salida
por
aquel
conduc*
to
hay
conatos
y
dolores
muy
mo-»
lestos
á
que
concurre
,
é
influye
lio
poco
la
irritabilidad
del
mismO
orificio
}
al
qual
si
se
adhiere
el
coa¬
gulo
y
el
útero
aumenta
sus
contrae^
cionés
la
irritación
se
hace
mucho
mas
sensible
y
el
dolor
continúa.
Muchas
veces
sucede
que
saliendo
Ja
sangre
bien
fluida
Se
perciba
la
misma
molestia
á
causa
de
lá
dispo¬
sición
irritable
que
en
aquel
tiempo
conserva
el
orificio
uterino.
La
compresión
insinuada
por
'dio
délas
faxas
podrá
entonces
impe¬
dir
que
se
formen
tantos
coágulos
,
y
Jiacer
que
disminuya
la
intensidad
de
Jos
dolores,
por
razones
que
se
com-
pie.-
(2Sa5
con
fel
sueño;
son
muy
ligeras
la^
alteraciones
y
é
incomodidades
de
la
fiebre
láctea;
por
cuya
razón
se
de¬
bería
aconsejar
á
las
recien-paridas
que
con
tiempo
aplicasen
sus
hijos
á
los
pechos
para
llamar
con
1^
suc¬
ción
la
leche;
la
qual
conviene
que
mamen
entonces
;
y
con
este
desti¬
no
la
proporciona
tenue
y
serosa
la
misma
naturaleza
:
por
consiguiente
es
detestable
la
costumbre
de
dar
la
primera
leche
á
los
recien-nacidos
otra
muger
y
que
no
sea
su
madre;
como
algún
motivo
particular
no
la
imposibilite
para
exercer
una
acción
tan
debida.
Mas
ya
se
ha
tratado
de
este
particular
en
varios
escritos
,
y
sin
embargo
de
haber
evidenciado
en
ellos
hs
utilidades
de
estos
conse¬
jos
y
y
los
gravísimos
inconvenientes
físicos
y
aun
morales
de
entregar
los
infantes
á
nodrizas
extrañas;
preva¬
lece
la
modá
que
se
ha
hecho
cos¬
tumbre
de
no
criar
muchas
madres
(
281
)
á
SUS
propios
hijos
socolor
de
escu-
Bas
ridiculas
las
mas
veces,
y
á
oca¬
siones
abominables
y
vergonzosas.
Las
astricciones
de
vientre
que
tanto
incomodan
á
las
paridas
,
se
pueden
remediar
usando
de
algunas
lavativas
de
agua
dulce
tibia
;
ó
del
cocimiento
déla
escorcionera.
En
los
tíltimos
meses
del
preñado
se
endu¬
recen
los
excrementos
en
los
intes¬
tinos
gruesos
por
la
presión
que
experimentan
;
y
aunque
hayan
des¬
cendido
al
recto
después
de
celebra¬
do
el
parto,
su
misma
dureza
les
im¬
pide
la
salida
;
por
cuyo
motivo
es
útil
prestarles
la
humedad
necesaria
para
facilitar
su
expulsión,
libertan¬
do
por
este
mediodía
parida
de
la
inexplicable
dificultad
y
dolores
que
experimentan
en
el
tiempo
de
esta
evacuación
y
de
otros
achaques
que
han
observado
los
prácticos.
Ea
limpieza
es
otra
de
las
cosas
que
no
se
deben
olvidar
en
el
trata-
míen-
^
miento
de
la
parida
;
pues
á
presen-
da
de
una
evacuadon
continua
se
si¬
gue
la
putrefacción
como
no
se
cuú
de
de
mudar
con
freqüeiicia
las
ro¬
pas.
Llega
á
tanto
la
corrupción
pof
el
desaseo
y
descuido
en
esta
reno-,
vacion^
que
se
hace
insufrible
el
he¬
dor
que
despiden
las
camas
de
estas
paridas
apenas
se
mueven
y
ó
sacan
algún
brazo
fuera
de
la
ropa;
y
ade¬
mas
de
esto
se
han
observado
suma¬
mente
perjudiciales
á
las
mismas
pa-
dentes
estás
inmundicias.
El
recurso
para
Obviar
tamañas
incomodidades
y
perjuicios
es
bieniacil.
Se
dispon¬
drán
Ltnás
camisas
cortas
que
nó
pa¬
sen
del
vientre,
se
introducirán
lien-;
zos
á
riiéríudo,
secós
y
no
fríos
prc-i
caviendo
que
no
se
airee
la
parida
én
estas
mutaciones
>
y
usando
al
mismo
tiempo
de
zaleas
para
mudar¬
las
también
quando
sea
menester
,
y
no
empapar
el
colchón
que
no
es
tan
fácil
3
ni
comodo
renovar.
No
-
"
Nó
obstante
las
insinuaciones
chas
,
admite
el
A.
cierta
latitud
en
estos
dos
periodos
en
la
suposición
de
concurrir
algunas
circunstancias.
Las
mas
de
.
las
mugeres
que
viven
en
los
arrabales
de
las
grandes
po¬
blaciones
y
en
despueblos
reducidos^
y
aldeas
gozan
de
un
temperamento
robusto
y
se
mantienen
con
alimen¬
tos
duros.
Estas
quando
y
paren
si¬
guiendo
su
antigua
costumbre
no
ob¬
servan
el
arreglo
en
el
régimen
y
dieta
tan
recomendable
en
los
prÍ7
meros
dias:
por
esta
razón
y
por¬
que
freqüentísimamente
se
hallan
li¬
bres
eri
este
tiempo
de
las
comunes
incomodidadescomo
se
dixo
ante¬
riormente
;
se
ha
prestado
el
Sr>
Sari'
taeiia
á
permitirlas
algunos
ensan¬
ches
en
el
régimen
y
dieta
;
sin
em¬
bargo
de
conocer
que
la
exactitud
de
esta
en
los
dos
primeros
periodos
£S
siempre
preferible
á
qualquier^
excepción.
Jamas
ha
observado
buc:*
nos
efectos
del
uso
del
vino
:
lo
tie^
ne
por
perjudicial
las
mas
veces,
y
sck
lo
lo
admite
en
el
caso
de
urgencia.
TERCER
PERIODO.
Pásadas
las
molestias
que
produ-
Xo
aquella
revolución
febril
suelen
continuar
algunos
entuertos
y
la
eva¬
cuación
de
loquios;
la
qual
aunque
no
se
pueda
determinar
en
quanto
á
la
cantidad
y
duración
;
regular¬
mente
es
menos
abundante
y
dura¬
dera
en
las
que
crian
sus
hijos
>
en
Jas
laboriosas
y
de
temperamento
robusto,
que
en
las
débiles
>
de
vi¬
da
sedentaria
y
ociosas
;
y
en
las
que
no
dan
de
mamar
á
sus
hijos.
Esta
diferencia
influye
notablemen¬
te
en
el
tratamiento
y
dieta
de
la
parida;
se
la
concede
comer
en
es¬
te
tiempo
pero
¿
con
quanta
pruden¬
cia
no
se
debe
proceder
en
la
can¬
tidad
y
calidad
de
los
alimentos?
La
eos-
bojtutíibfe
y
demas
condiciones
préi
venidas
contribuyen
y
aun
rigen
principalmente
en
esta
determina¬
ción.
Ya
se
la
puede
permitir
mayor
extensión
en
sus
apetitos
y
necesida¬
des
;
pues
que
la
irritabilidad
ha
ce¬
sado
del
todo
j
ó
es
casi
insensible,
y
no
hay
el
temor
de
las
mutaciones
y
turbación
que
preceden
á
la
calen¬
tura
láctea.
En
quanto
á
la
estancia
en
la
cama
se
procederá
con
la
dis¬
tinción
que
en
lo
demas
anterior¬
mente
dicho
:
las
débiles
aconseja
■
un
sabio
profesor,
{b)
deben
per^
manecer
en
ella
hasta
pasados
12.
dias
por
temor
de
un
relaxamiento
de
útero
;
las
robustas
y
exercita-
das
pueden
levantarse
coa
mas
an¬
ticipación.
No
hay
precisión
de
observar
en
el
régimen
y
dieta
aquel
rigor
demasiado
y
extrema
diligencia
coa
que
0)
terret,
V
art
des
accouch.
(2S6j
qiie
procedían
en
otros
tiempos
5
^
aun
todavía
adoptan
algunos
con
sus
paridas
por
el
espacio-
de
quarenta
dias.
y
solo
la
preocupación
>
.
el
exemplo
de
otros
?
la
poca
y
ó
ningu?*
lía
retiexion
,
y
la
ignorancia
acom¬
pañada
de
un
terror
pánico
pueden
influir
en
mantener
;
una
costumbre
ií'fundada.
yy
Procedamos
con
inte-
yy
ligencia
,
y
distinguiendo
lo
que
yy
conviene
en
cada
periodo
concluya
yy
él,
A*.y
y
se
comprehenderán
las
yy
latitudes
en
el
régimen
y
dieta
55
del'puerperio.
;
AS
MA^
^
MAYO.
MIERCOLES
2,
DISERTACION
MEDICA.
DE
UN
METODO
EL
MAS
SIM-
pie
y
seguro
de
curar
el
cólera-
morbo
espontaneo.
POR
D.
FRANCISCO
SANCHO^
Buendia
,
Jamas
se
procede
con
mas
confianza
y
acierto
en
la
curación
de
las
enfer--
medades;,
que
quando
cáracterizádas'
bien
5
manifiestan
por
sus
señales
el
origen
de
los
síntomas
,
ó
lo
que
es
lo
mismo
,
su
verdadera
naturaleza.
El
conoGÍmiento
délos
remedios
con¬
venientes
es
absolutamente
necesario;
y
después
á
presencia
de
lo
que
se
ne¬
cesita
con
las
atenciones
debidas
al
V
mal
íiial
y
al
medicamento
se
satisfaceií
las
indicaciones
con
manifiesto
pro¬
vecho
del
enfermo.
El
cólera-morbo
espontaneo
tra¬
tado
del
modo
que
se
propone
en
esta
Memoria
es
un
exemplo.
bien
claró
de
la
utilidad
y
verdad
de
las
anteriores
insinuaciones.
Es
una
en¬
fermedad
de
las
mas
conocidas
por
sus
síntomas
desde
los
tiempos
mas
remotos
y
aunque
no
se
ha
procedi¬
do
^
ni
aun
procede
en
su
tratamien¬
to
con
la
uniformidad
y
sencillez
que
se
deben
apetecer;
por
cuyo
motivo
se
ventila
de
nuevo
este
asunto
por
si
se
puede
conseguir,
que
algunos
médicos
nimiamente
oficiosos
se
arre¬
glen
al
método
conveniente
en
la
cu»
ración
que
debe
ser
sencillo
,
y
es
también
seguro
y
eficaz.
Examinadas
las
definiciones
que
han
dado
del
cólera
los
escritores,
se
concluye,
que
todos
convienen
en
la
idea
del
mal.
El
es
una
evacuación
fre-
Ireqüente
y
violenta
por
vomites
y
cursos
de
materia
comunmente
biliosa
y
acre
con
dolores
de
vientre.
Saú-
mges
que
lo
coloca
i
en
la
clase
9*
ord.
2.
gener.
15.
distingue-varias
es¬
pecies
,
y
entre
ellas
la
primera
es
la
espontanea
^
que
sobreviene
en
uñ
tiempo
caliente
sin
causa
manifiesta^
y
no
se
ha
de
confundir
con
las
que
provienen
de
crudezas,
y
de
vene¬
no
tomado
la
qyvdl
Bósquillón
lla«
ma
accidental.
Del
cólera
esponta-^
neo
han
tratado
con
distinción
Hipc^
crates
y
Aecio,
Boerhaave
y
Haller,
Van
-
Swieten
y
Cullen
,
M.acbridey
Jlaetí
y
GortCf
y
Tissot
,
Sáuvüges
v
Sidenbam.
.
.
^
Algunos
suelen
equivocar
las
cau¬
sas,
y
lo
que
es
efecto
de
una
dis*
posición
humoral
lo
atribuyen
á
lo
que
se
come
,•
ó
bebe.
El
origen
de
estas
equivocaciones
no
es
otro
que
el
tiempo
mismo
en
que
se
observa
esta
Enfermedad
j
pues
siendo
el
mas
Conocida
la
enfermedad
por
loá
medios
expresados,
y
constando
por
consentimiento
unánime
de
los
escritores
y
por
la
propia
experien¬
cia
y
según
lo
que
freqüentemeníe
se
observa
,
que
es
grande
y
execw
tivo
el
peligro
,
no
se
puede
perder
tiempo
en
aplicar
los
remedios
con¬
venientes
para
destruir
el
principio
del
mal,
hacer
calmar
los
síntomas^
y
tranquilizar
el
enfermo.
En
dos
diferentes
ocasiones
po-^
drá
acudir
el
médico
al
socorro
de
la
enfermedad
;
ó
bien
quando
empie¬
za
;
ó
quando
se
han
propagado
las
convulsiones,
es
grande
la
debili¬
dad
y
vienen
los
calambres
y
está
próximo
el
síncope.
En
cada
caso
se
presentan
sus
indicaciones
^
y
á
ellas
debe
satisfacer
el
profesor
con
dis¬
cernimiento
y
sin
confundirse
5
aun¬
que
siempre
con
método
y
con
sen¬
cillez.
Muchos
se
aturden^
y
bien
co¬
mienzan
por
donde
debian
acabar;,
■
M
(^975
6
bien
continúan
con
lo
que
se
pro¬
pusieron
en
los
principios
con
detri¬
mento
conocido;
anibos
extremos
Bon
perjudiciales
j
sin
embargo
de
que
se
han
practicado
>
y
de
ellos
se
leen
exemplos
en
los
libros
que
tra¬
tan
de
esta
materia.
Antonio
de
Haen
se
lamenta
de
las
disensiones
que
ob¬
servaba
en
las
consultas
sobre
casos
de
esta
naturaleza
,
y
refiere
el
fatal
suceso
de
una
enferma
sexagenaria
acometida
del
cólera,
á
quien
des¬
pués
de
haberla
dispuesto
un
pare-
gorico
y
se
la
continuaron
por
conse¬
jo,
de
otro
médico
mas
anciano
ios
remedios
para
promover
las
evacua¬
ciones
de
vómitos
y
cursos,
con
lo
qual
después
de
varias
convulsiones
vino
á
morir
á
las
doce
horas.
Para
proceder
con
oportunidad
y
acierto
es
necesario
comprehender
el
estado
del
cólera-morbo
,
y
jsegun
•Ja
indicación
se
prescribirá
la
medi-
cma.
Los
síntomas
manifiestan
lo
que
con-
conviene
practicar,
y
és
doloroso
qüe
se
cometan
desaciertos
y
exce¬
sos
por
no
distinguir
bien
los
tiem-í
pos.
Considérense
atentamente
los
accidentes
y
el
estado
del
enfermo^
y
habra
menos
que
advertir
en
es-i
taparte.’
'
:
No
es
menos
detestáble
el
fárra-»*
go
de
remedios
que
han
solido
dis¬
poner
algunos
con
el
loable
fin
de
aliviar
sus
enfermos;
sin
advertir
que
semejante
cúmulo
es
inútil
y
perjudi¬
cial
:
lo
primero
porque
se
puede
y
se
debe
proceder
con
mayor
sehci-í
Hez;
y
lo
segundo
porque
las
com¬
posiciones
constan
de
ingredientes
que
perjudican
notoriamente.
Las
confecciones
que
se
dan
para
refoci-»
lar
las
fuerzas
van
por
lo
común
acompañadas
de
un
estímulo
capaz
de
aumentar
el
mal;
lo
mismo
siícCí
de
á
todo
remedio
cálido
y
estimu¬
lante.
Los
diascordios
5
las
triacas
y
otras
mixturas
de
su
naturaleza,
ó
bien
■
(*4995
^
^
,
bien
hacen
muy
poco
efecto
y
es
10
menos
malo;
ó
bien
empeoran
la
cau*
sa,
hora
por
hacerse
importunamen¬
te
sil
aplicación
^
hora
porque
con¬
tienen
algunas
substancias
que
au¬
mentan
la
irritación.
Es
cierto
que
se
leen
curaciones
muy
compuestas
del
cólera-morbo;
pero
ademas
déla
simplicidad
con
que
se
ha
procedido
por
médicos
de
la
mayor
nota
^
la.
experiencia
ha
de¬
terminado
mucho
tiempo
ha
la
cura¬
ción
que
conviene
í
como
dice
Cullen.
Propongamosnos
las
ideas
de
Syden-^
ibíim
recomendadas
por
Sauvages
pa¬
ra
curar
el
cólera
espontaneo
^
y
lo
que
es
mas
por
la
experiencia
repeti¬
da
y
observación
de
sabios
faculta¬
tivos
:
ellas
se
fundan
en
la
natura¬
leza
de
la
causa
y
de
los
efectos
producidos.
La
cólera,
acre
por
los
calores
y
depositada
con
abundancia
en
todo
el
canal
alimentario
^
excita
turban
cío-
cíoaes
peligrosas:
se
debe
pues
evá4
euar
por
unos
medios
suaves
que
no
aumenten
los
estímulos,
y
que
dis¬
minuyan
la
suma
acritud
de
la
bilis.
Los
diluentes
por
la
boca
y
en
lava¬
tivas
favorecen
muy
bien
estas
indi-^
caciones
:
el
agua
tibia
>
ó
la
de
po¬
llo
satisfacen
perfectamente
en
este
caso;
por
qualquiera
de
las
dos
se|
lava,
y
hace
correr
la
bilis
supera¬
bundante
á
la
qiial
se
mezclan
^
y
disminuyen
su
virtud
estimulante.
•
Después
de
haber
evacuado
y
mitigado
el
humor
pecante
y
no
se
pueden
perder
de
vista
los
efectos
que
ha
producido
una
causa
de
tan¬
to
poder
,
la
qual
continúa
los
es¬
tragos
que
es
menester
contener.
Por
esta
razón
quando
el
enfermo
ha
lle¬
gado
á
un
estado
de
debilidad
nota¬
ble
se
turba
la
vista
y
se
abate
el
pul¬
so
,
y
sobre
todo
quando
repiten
los
calambres;
es
necesario
acudir
con
el
opio
dado
en
forma
sólida;,
para
f30l5
obviar
que
se
vomite
en
ladisposi^»
don
irritable
y
espasmodica
en
que
se
halla
entonces
el
estómago,
el
qual
con
qualquier
licor
y
ó
peso
que
se
le
introdusca
^
irritado
mucho
mas
pro¬
mueve
de
nuevo
el
vómito,
y
se
pier¬
de
la.acción
del
medicamento:
aun
dado
el
opio
en
la
forma
dispuesta,
se
suele
arrojar
la
primera
toma
que
se
dá;
en
cuyas
circunstancias
con¬
viene
repetir
la
misma
dosis,
tenien¬
do
presentes
las
cantidades
de
esté
remedio
quando
es
puro,
ó
bien
cora»
binado
como
en
el
láudano
opiado.
Aun
en
esta
parte;
consulta
el
Sr,
Buendiald.
sencillez
,
y
quisiera
que
se
usára
del
opio
mas
purificado,
que
no
sería
difícil
conseguir
,
si
ea
las
boticas
donde
se
despacha
esta
subs¬
tancia
,
se
repusiera
depurada
por
qualqüiera
de
los
métodos
conoci-.
dos.
No
se
debe
hacer
uso
del
pare,
gorico
en
los
principios
por
no
dexar
^ncerraclo
el
enemigo
en
unas
.partes
suma-
sumamente
sensibles
j
y
en
las
tjuá*
Jes
causaría
muy
en
breve
indecibles
estragos;
es
menester
aguardar
á
que
se
haya
evacuado
y
debilitado
su
energía
y
y
entonces
produce
el
opio
los
mejores
efectos
deshaciendo
los
espasmos
y
arreglando
los
movi¬
mientos
y
poniendo
en
orden
toda
la
máquina.
El
agua
fría
con
nieve
y
la
misma
nieve
suelen
tener
un
lu¬
gar
muy
distinguido
en
estos
cóleras.
Los
antiguos
hicieron
mención
de
este
remedio
pero
con
ciertas
limita¬
ciones
y
que
en
este
temperamento
no
Ib
harian
muchas
veces
con
la
eficacia
que
se
necesita.
En
efecto
si
se
advierte
con
atención
el
origen
del
malse
verá
que
el
calor
excesivo
produce
las
alteraciones
en
la
bilis
que
quedan
expresadas;
parece
pues
que
un
refrigerante
del
poder
de
la
nieve,
ó
del
agua
muy
fría
po¬
dría
contener
las
ulteriores
descom¬
posiciones
de
la
cólera^
y
calmaren
par-
parte
s
ó*del
todo
la
irfitaGion
cida.
Se
ha
usado
el
agua
de
«n
bebida
,
repitiendo
cortas
p^n:^
dades
>
como
,de
tres
áquatro
onzas,
y
también
en
lavativas
y
páñps^ei^
papados
sobre
el
vientre
con
sum^
felicidad
,
y
remediando
de
este
moj
do
los
.atrasos
causados
por
las
eva-
cuacionea,
conteniendo
estas,
y
prcH
curaiKio
al
enfern^^
ujia
perfecta
yaaqüilida]d
y
la
completa
restitución
a
su
estado^
de
sanidad.
De
estas
cu-
racione&'Se
podrian
repetir
casos
por;
teritpsos
sucedidos
^
en
ésta
ciudad'*,
por^^hora
basta
con
decir
que
so¿
inu§h.os;-Es
de
a4yertir,
que
se
puer
jde
sostituir-á
el
uso
externo
en
de-
feoiq
4^1
agVia
de
nieve
,
ía
que
se
Bace
■
ífe
los
pozos.,
-repitiendo
4
aplicación,
de
los
paiios
empapado^
quandq^se
-
c
alientan
,
ó
se'secan
El
tienip<>
de
la
aplicación
de
estos
jeffigerantes
deberá
ser
quando
des¬
pués
de
haber
antecedido
alguna^
X
"
evac-
f304)
evacuaciones
y
continúan
las
fatigas.,
se
asoma
la
debilidad,
hay
ardores
en
el
vientre
,
y
permanece
la
in¬
quietud
y
vómitos:
quando
algún
motivo
detuviese
el
uso
de
la
nieve
en
bebida
y
ó
su
agua
,
quedan
los
recursos
de
las
lavativas
y
paños.
^
2
Qué
cosa
mas
sencilla
que
el
método
y
los
remedios
propuestos
para
la
curación
del
cólera
esponta¬
neo?
El
agua
con
ciertas
alteraciones,
concluye
el
Á.,
unas
veces
tibia,
otras
fría,
y
el
opio
completan
todas
las
indicaciones
sin
necesidad
de
echar
mano
en
los
mas
de
los
casos
de
otras
medicinas
para
perfeccionar
la
curación
;
y
dexa
los
íarices
par¬
ticulares
que
no
forman
regla,
y
que
exigen
algunos
otros
'
arbitrios
á
la
dirección
de
aquéllos
sabios
médicos
que
entiéndeii
muy
bien
hasta
donde
se
debe
extender
la
simplicidad
tan
deseada
en
las
curaciones
y
los
me¬
dios
de
conseguirlas
con
seguridad.
:
JUEVES
JO.
-DISERTACION
TEOLOGICO-MEDICAi
SOBRE
I.A
EXPOSICION
DE
•los
versos
32.
33*
y
34.
del
cap.
•
37*
del
Eclesiástico^
y
templan¬
za
eu
el
comer
y
beber.
rOR
BL
Dr.
D.
JOSEF
ALON^
SO
y
Saenzy
del
Gremio
y
Claustfo
de
Teeiogia
de
esta
Universt->
'^
'
dad;,
y
Socio-
Teologo
de
"•
'
-
^
-
erudición,
^Th
w^l
hombre
que
experimenta
cbft-
tinuamerite
•
pérdidas
inevitables
én
5u
nptricioñ
originadas
de-las
accio-
nes
de
su
propia
vida
^
necesita
re¬
parar
con
los
aliméíitos
todoS
aque¬
llos'
defbC'íOs
qué
-se
oponen
á
su
cc^-
servadon
y
aumenío’
corporal.
Con
estas
miraS'
hace
elección
do
varias
subs-
(3M>,
Bóerhaave
conoQ\(y.m\\y
bien
és*í
tos
efectos
y
los
propuso
con
bastan^
te
orden
y
claridad.
Dixo,
que
el
es¬
tómago
se
extendía
demasiado
^
en
cuyo
"caso
se
aumenta
la
resistencia
en
el
piloro,
la
sangre
se
mueve
con
dificultad
por
los
vasos
comprimi¬
dos
,
los
nervios
que
experimen¬
tan
presiones
extraordinarias
apenas
obran
j
y
las
fibras
de
los
orificios
obran
con
demasiada
fuerza,
y
pa¬
rece
que
cierran
el
estómago,
cuya
acción
se
debilita;
siendo
tanto
mas
funestas
las
conseqüencias
de
la
de-
xencion
dé
los
alimentos
en
él,
quan-
To
mayor
es
la
extensión
que
vá
ad¬
quirido,
y
la
degeneración
morbo¬
sa
de
las
substancias
allí
detenidas.
La
dyspnea
es
consiguiente
á
la
elevación
del
diafragma,
é
impedi-
mento
en
su
acción.
Xas
crudezas
son
precisas,
y
su.
origen
lo
corh-
prehende.el
quet^tienelas
ideas
cqrn^
petantes
sóbre
la
,
admirable
fundón
dé
la
digestión
j
para
la
qual
se
re¬
quieren
varias
condiciones
si
ha
de
resultar
un
buen
quilo.
Desde
la
bo^
ca
empieza
esta
acción
^
y
quando
la
masticación
ha
sido
imperfecta
fal¬
ta
la
maceracion
precisa
y
división
que
se
requiere
para
preparar
los
ali¬
mentos
:
después
cayendo
estos
eu
el
estómago
con
la
extensión
que
le
causan
^
permanecen
como
en
una
vegiga
destituida
de
acción.
Los
eructos
son
un
producto
del
aire
encerrado
en
esta
entraña,
que
llevan
consigo
los
alimentos
y
cuya
detención
produce
á
veces
dolores
vehementes,
aumenta
la
extensión
y
hace
las^
veces
de
un
estímulo-
.
Las
náuseas
y
vómitos
son
otro
efecto
dé
la
acritud
de
los
cuerpo^
allí
detenidos
y
también
de
los
ner--
víqs
irritados.
El
vértigo
y
aun
la
misma
apoplegía,
especialmente
en
sügetos
pletorícos
^
son
también
con.
eeqüencia
de
semejantes
excesos;
pues
ptíé^|)Drtfná
pártf
oo
‘síiendb
pbá^
ble
qiae
Íb§
palrriones
se
dilaten
na-»)
turaínénfe,
impedido
el
movimien^
lo
libre
del
dafragma
como
se
ha
dicho
;
no
puede
volver
con
liber4
•tad
lá;'Sangre
venosa
que
viene
.de
la
cabezay
poT
oCravla
porcioii
do
la
aorta
que
está
rdebaxo
del
.estó»
inagó''«e
halla
impedida
por
la
coiti*
p'ré^siOíí
que;'entonces
experimenta^
para
embiar'ía'4aiigre-á
las
partes
íiiíetibíféS'
5
jsb
tan¬
to
la
abundancia
de
este
hu^
•mor'
á
da
oabeza
porlas:.
.cáá
totíáás^
y-^vertebrál'és>'í^o
será-pues
extraño
“que
se
veridque
lo
que
div
ce
el-rftl3fnO
Eclesiástico^
en
el:>Vérs;
'
3
4
;
-
'-^y
Pr'óptér
cr^pulam
multUbie-
•
■
•
'
Í
'
íi.ii
.
•'
■
•
v
';
•
perjutcfos;
nos
expolie
•la
glOtdíis^'á-yenibriagúez.
El
que
<>bSerW''áhsetqblanfó
y
•
las
.accionea
d^ld^dteí'idados
ár
una
mesa
abun^
dame
9
dispíüe^ide-
haber:,
lleii^do
cT
bien
‘fetén
süs
estQftiagós
con
m
eomida
y
■
licores
^
Jio
-
düíSuácle
quaiito:
aquí
•SB
ha
cxpufistoqEüos
se
ponen
^oñOr
lientos
y
jorpej
,;
k
cara
está
jntiy
«nearnada
,
y.los
ojos
qarg3dós:,'eív
cendidos
y
teñidoá
,de
sángre;en
la
•adnátar
y
algunas,
veces
enmedío
del
convite
después:
de
estos
.Antecede
•te^
y.
disposidionxaen
apoplecticos;
La
variedad
-
ed:
los
ní^njares.
es
.por
lo
común:efecto,
de
la:abundan¬
cia;
y
en
este
.sentido
ea
.‘también
-detestable.
Además,
deLlOvqi^l
debe
consultar
Cada
uno
las
Juerzas
íte
su
:estómago
,
¡y
huir
de
paezidas;
.pe^
¿udiciales
tal
vesí^por,
.siin^tUái'ezaí,
.y
porque
pfued'ertvretardár
dos^.pro-
¿resos
de:.vina.‘.^ftairdige^ion
^
d¿
Ja
;qual
pendie.
l|ls.anid^d
y
oabtindaiír
.cnam
IpSr.-hunaQres;^
y.JJña^jnu.trício'4
loable,!
:;.i
-rp
-..ivbs
-3
Li
V
-
Ocspdes.‘dQiJhaber
dispeesto^eji
de'
por.ta.Pií03i
en
íá?
.^esas.iáí.
y
r
hábiendO(
Rré®tiegíQLÍas
^
nía-
(
316
)
malas
resultas
de
la
glotonería,
ha»
ce
ver
las
utilidades
de
la
modera-^
don
en
estos
casos
por
las
expresio¬
nes
siguientes
con
que
concluye
el
capitulo,
yyQjui
autetH
abstinens
cst
adjiciet
vitam.<^<^
,,
La
templanza
pues
en
el
co-
,5
rner
y
beber
es
útilísima
para
la
salud
,
y
recomendable
en
lo
po-
,,
lítico
y
moral,
En
esta
ultima
proposición
con
que
concluye
el
Sr.
Saenz
su
Me-
nioriá
se
vé
la
necesidad
que
tienen
muchos
convidados
y
glotones
de
dominar
su
pasión
para
evitar
los
perjuicios
expresados.
El
que
se
ha¬
ga
cargo
de
los
vicios
de
la
gula
en
toda
su
extensión
,
que
quedan
bien
expuestos
,
no'puede'menos
de
con«
tesar
la
verdad
de
esta
proposición.
Si
se
advierte
lo
que
se
requiere
para
haqer
-iina
buena
digestión
,
y
si
se
reflexiona
la
frugalidad
de
mu¬
chas
gentes,
y
aun
naciones,
coa
las
conseqüencias
saludables
de
este
porte
>
fácilmente
se
concluirá
que
la
templanza*
es
ventajosísima
y
lau¬
dable
para
conservar
la
sanidad.
En
lo
político
se
sabe
muy
bien
su
uti¬
lidad
:
y
en
lo
moral
comprehen-
den
sus
ventajas
todos
aquellos
que
sienten
los
efectos
de
la
abstinen¬
cia,
y
se
hacen
cargo
de
lo
que
los
médicos
han
dicho
de
ella,
y
lo
mismo
varios
teologos
y
la
iglesia
misma.
La
sobriedad
3
dice
Cornelio
á
Lapide,
„
es
madre
de
la
sanidad,
33
de
la
sabiduría
,
de
la
castidad,
de
33
la
santidad
y
duración
de
la
vida;
33
la
glotonería
empero
y
embria-
33
guez
son
por
el
contrario
origen
35
de
la
enfermedad
3
de
la
torpeza,
33
del
apetito
sensual,
de
los
vicios
y
33
brevedad
de
la
vida.^^^
Entre
tan»
to,
advierte
el
A.
por
conclusión,
que
muchos
necesitan
cantidades
considerables
de
alimento
para
sa¬
tisfacer
sus
necesidades
;
como
los
ira-
'^gunos
otros
que
por.
tecnperame^to
>
edad
^
ó-
cos-i
turríbifíi
d&hen
gOT^v,
de
alguna
ex-r
cepdibu
racionaL'
,
;;Í
l’'
^
t'.-',)
oí
oí)
o;,-..o
r
.
cí
X
■
-
'
•
■■■
^-JÍ
i:
A-ijd
X
■
/
^
■
:
-
í
t.
■
*
i
o
'Ii
'j
''
'
■
"
■
■
A
'
.z
.'
.
a
A-'
-
.0
■
;
"
■
•
\
I-
,
■■
J>
X,;.
i'.,'
p
'
rri'’
i
’
'
rl
:v'
^:.b’
'i"r>
:
’
Y
:
■
)
cí
"
f3I9)
immcoms
disertación"
MEDICA:
DEL
METODO
Y
REMEDIOS
mas
seguros
de
curar
radical-
'
mente
las
calenturas
inter-?,in
tb
mitentes
otoñales*
POR
BL
Dr.
D.
DIEGO
D^:
Vera
y
Limón,
^c.
odos
saben
que
las
calenturas
ac*»
cesionáles
del
otoño
son
de
carácter
rebelde
3
aunque
variamente
trata¬
das
y
mantiene
su
causa
un
tesón
inéx«
plicable,
ocultándose
por
algún
tiem:<
po
3
y
manifestando
con
repeticiones
su
er^rgía
5
su
resistencia
é
impresión
durable.
Los
médicos
se
han
empe¬
ñado
endestruir
completamente
tan¬
ta
rebeldía;
pero
hasta
ahora
po¬
cas
veces
lo
han
conseguido.
Por
Y
esta
(3'20j
esta
razón
se
ha
dedicado
el
Sr,
Vera
á
desem-peñar
tn
la
parte
que
le
es
posible
el
punto
que
forma
el
obje¬
to
de
su
Disertación;
en
la
qual'con-
fiesa
con
ingenuidad
,
que
por
qual-
qniér
medio
que
se
tome,
se
bur¬
larán
muchas
veces
estas
calenturas
de
los
mejores
recursos
;
aunque
con
el
buen
régimen
y
elección
de
reme¬
dios
que
propone
,
se
podrá
evitar
un
gran
número
de
recaidas.
Para,
determinar
el
A.
su
juicio^
hace
varias
divisiones
y
manifestan¬
do^
en
cada
una
sus
caractéres
distin¬
tivos.
Las
calenturas
intermitentes
que
conocen
los
médicos
por
cierto
número
de
paroxismos
,
entre
los
quales
hay
y
ó
una
perfecta
apyrec-
&ía,
ó
una
remisión
notable
y
se
di¬
viden
en
vernales
^
y
en
otoñales;
contándose
las
primeras
desde
el
mes
de
febrero
hasta
fines
de
junio
,
y
las
segundas
desde
el
mes
de
julio*
ó
principio
de
agosto
hasta
el
de
^
321
)
éfleró.
Esta
'distincióní^iTe
prcívieng
de
la
diferencia
notable
que"
ha;^
entre
estos
tiempos-
B
oérhaa-^
ve
qiíié
'era
rfecesariá
•
por
muchos
motivos
que
expresó
V
5^
con
su
di<y
tamen
han-convenido
ios
mas
célei^
bres
médicos
y
es
una
verdad
apo¬
yada
por
la
Observación.
-
En
efecto'
con
el
calor
dulce
y
moderaido
de
la
primavera
se
ate-»
nuan
los
humores
^
se
.disuelven
las
viscosidades'
;j
la
transpiración
se
au-»'
menta-j''y-en-una
palabra
3
se
disi¬
pan
muchas
de
las
impurezas
reco^
gidás
y
como
detenidas
ert
el
cuer¬
po
por
el
frió
del
invierno
j
y
hasta
ios
vegetables
manifiestan
una
revo»
iucion
saludable.
En
el
otoño
em¬
pero
adquieren
los
humores
mayor
espesura
la
bilis
se
-pone
acre
^
las
evacuaciones
dei
cutis
experimentan
detencicmes
pérjuciiciales'-;;
y
es-
muy
fácil
la
putrefacción
de
algunos
ju¬
gos
acumulados;
porqüe
los
excesi;
vos
ciisma.
sangre
y
que
producen
la
diuw
turnidad
y
renovación
de
la
causa
primitiva.,El
médico
que
haya
de
cu¬
rar
estas
calenturas
se
deberá
hacer
cargo
de
todo.
La
estación
es
un
enemigo
poderoso
que
retarda
la
ejecución
de
sus
designios,
y
por
lo
mismo
es
menester
que
procure
mo¬
derar
sus
influxos;
por
lo
qual
s&
deberá
reducir
todo
el
tratamiento
á
proponer
por
una
parte
el
régimen
y
diera
convenientes
,
y
por
otra
a
usar
de
aquellos
recursos
que
ha¬
gan
desaparecer
los
paroxismos
que
se
presentan
,
y
remedien
todas
las
causas
que
influyen
en
la
repetición.
Generalmente
hablando
,
con¬
viene;
tener
presentes
ciertos
consc-,
jos
para
bien
de
los
enfermos
>
sin
cuya
observancia
son
inútiles
todos
los
remedios.
Los
excesos
cometí-)
dos
emla
,
comida
y
y
la
exposición
al
ayre.
frió
influyen
en
el
tesón
de
estas,
.calenturas
,
siendo
este
último
^1
d
que
mas
freqüentemente
excita
las
impresiones
de
la
causa,
según
in-
simia
Van-Swieten
y
acredita
la
ex¬
periencia.
En
esta
suposición
es
me¬
nester
cuidar
de
no
mudar
de
ropa,
especialmente
quando
el
cuerpo
es.
lá
demasiado
acalorado;
es
necesa*
rio
también
calentar
las
habitacio¬
nes
de
estos
enfermos,
encendiendo
candelas
para
imitar
el
calor
de
la
primavera
,
que
tan
útil
es
para
di¬
spar
las
impresiones
del
frió
de
las
-estaciones
precedentes.
No
es
de
menos
consideración
la
moderación
en
las
pasiones
de
ánimo;
pues
se
sabe
.quanto
turban
estas
el
sistema
Jierviop
,
y
los
desordenes
que
de
su
acción
resultan
^
y
en
quanto
á
los
alimentos
está
evidenciado
por
repetidos
hechos
el
infliixo
que
tie-
nen^
en
la
duración
y
recidiva
de
es-
tas
intermitentes
por
su
calidad
,
ó
cantidad
excesiva.
Con
estas
prevenciones
transcen?
den-
tíentáies
a
todos
los
casos
propone
el
A.
los
remedios
por
el
orden
dé
las
especies
y
variedades
propuestas;
En
la
primera
variedad
de
las
ter«
cianas
freqüeñtísimas
en
el
otoño
se¬
gún
todas
sus
diferencias
aconseja
el
Sr.
Verá
el
emético
,
como
una
de
las
medicinas
de
mayor
confian¬
za
para
conseguir
la
curación
radi¬
cal.
Recurre
para
fundar
su
dicta¬
men
á
la
observación
,
á
la
razón
y
á
la
autoridad.
Se
han
visto
útiles
los
vomitivos
en
muchas
constitu¬
ciones
epidémicas
de
estas
accesio¬
nales,
y
con
ellos
únicamente
se
han
curado
muy
freqüentemente,
ó
se
han
moderado
sus
síntomas.
Por
lO
común
deberá
empezar
por
ellos
la
curación,
y
si
se
desprecian
tal
vez
se
harán
Rebeldes
las
tercianas^
La
razón
misma
acredita
la
oportuni¬
dad
dé
ellos
,
como
expresó
Bocr-
baave
,
quando
propone
su
utilidad
no
soló
por
lo
qué
evacúan
y'
smo
-
por
lo
que
contribuyen
con
su
esti»
mulo
para
mover
y
turbar
el
cuer-^
po,
con
lo
qual
se
muda
aquella
con¬
dición
que
excita.la
terciana.
Ce/jo,
Galeno
)
Pablo
de
Egineta,
Aecio,
Riverio
y
otros
varios
médicos
mi¬
ran
como
útiles
los
vomitivos
en
es?
tos.
males
^
y
algunos
con
preferen¬
cia
á
qualquiera
otro*
Pero
si
á
pesar
de
su
recta
indi¬
cación
continúan
las
tercianas
sin
mo¬
derar
sus
impulsos^
y
el
enfermo
se
debilita
con
la
repetición
depilas;
se
deberá
acudir
á
la
quina
en
subs¬
tancia
sin
esperar
á
ios
extremos
que
muchos
proponen
quando
su
acción
es
de
muy
poca
energía
respectivamente
al
estado,
abanzado
del
mal.
Tres
cosas
se
deben
tenCr
presentes
en
su
uso
,
indispensables
para
que
haga
el
efecto
que
se
ne¬
cesita
,
y
son
su
cantidad,
calidad
y
,
tiempo
de
administrarla,
Sucede
que
por
defecto
de
alguna
de
éstas
cali-
cálídádes
la
terciana-
no
se
cura,
y
el
médico
poco
atento
,
ó
el
vüígo
ignorante
desacreditan
su
virtud
i
en
lo
qual
encarga
el
A.
el
mayor
cui«
dado
para
no
detener
su
uso.
A
tan
benéfico
vegetal
le
han
atribuido
también
muchas
malas
con**
Beqüencias
y
y
se
le
han
puesto
üilOS
límites
nacidos
los
mas
de
la
falta
de
consideración
debida.
Creen
que
las
obstrucciones
en
muchas
tercianas
son
efecto
de
la
quina
;
pero
mu¬
chas
veces
se
ha
visto
que
en
una
hidropesía
ascitis
y
en
otras
debi¬
lidades
nacidas
del
mainel
uso
de
esta
corteza
lo
ha
disipado
entera¬
mente.
Un
enfermo
que
adolecía
de
la
enunciada
hidropesía
proveni¬
da
de
repetidas
tercianas
muy
mal
tratadas,
se
ha
visto
perfectamente
curado
con
el
uso
de
la
quina
sola*
mente
y
remediada
la
terciana
que
era
el
manantial
de
todo
el
daño,
habiendo
obrado
como
el
diurético
mas
mas
poderoso.
La
equivocación
con
que
se
ha
procedido
en
quanto
á
el
origen
de
los
síntomas
de
lás
tercia¬
nas
,
ha
motivado
muchas-veces
el
descrédito
de
tan
bello
especifico;
se-^ha
dicho
que
es
cálido
y
que
no
hace
mas
que
suspender
á
Oca¬
siones
el
ímpetu
de
la
-fiebre
por
al¬
gunos
diás:
pero
el
Sr.
Vera
está
seguro
que
si
se.
hubiera
Usado
en
tales
casos
con
mas
tino
y
:
conoci¬
miento
de
las
calidades
prCcisas-pa-
ra
su
recto
uso,
no
se
le
-
habrían
atribuido
semejantes
conseqüencias.
Es
cosa
bien
reparable
que.quando
obra
con
mas
prontitud
y
eficacia
es
en
los
tiempos
mas
cálidos-del
año,
y
con
todo
se
le
atribuya.una:dua¬
lidad
irritante».
.
.
En
vista
dé
todo
lo
qnál
j
el
A
establece
las
toaximasi
si^uientesi
Oportunas.
p
ara
la
curación
radical
de
estas
tercianas.
Primera,
el
teifcia-
uario
deberá
usar
del
emetico>eirÍGs
.prin-
principios..
Seguiídá,
í
se
deberá
adr-
rriinistrar
la
quina
:§!
este
no
ha
pro4
ducido
todo
el
efecto
deseado
ba¬
jeo
las
prevenciones
hechascon
la
particularidad
de
no
esperar
para
re-f
ciirrir
á
ella,
que
el
enfermo
se.de-*
bilite
notablementeó
bien
se
ha¬
yan
originado
algunos
de
los
otros
efectos
producidos
por
la
atonía;
porque
entonces
aunque
pueda
quina
suspender
por
algún
tiempo
acción
de
la
causa
5
como
los
efec¬
tos
existentes
dispopen
á
mayor
du¬
ración
y
y
no
se
piieden
remediar
en
tan
pocas
horas
;
queda
la
pro¬
pensión
á
la
recaída
,
la
qual
exige
particular
atención
,
si
la
curación
de
la
terciana
ha
de
ser
radical.
En
estas
circunstancias
conviene
no
olvidar
el
uso
de
esta
corteza
aunque
en
menos
cantidades
marida¬
da
con
los
atenuantes
,
ó.
aperitivos^
continuando
su
uso
por
mas
de
un
mes
,
ó
mas
tiempo
según
la
disposi-
cíon
del
enférmo.
Entonces
son
tam*
bien
oportunas
las
aguas
algo
mar*
cíales.
El
movimiento
general
ó
par¬
ticular
y
esto
es
5
de
todo’el
cuerpo
ó
de
algunas
partes
por
medio
de
las
friegas
,
es
otro
recurso
apreda-
ble
para
procurar
un
grado
conve*
niente
de
calor
5
vigorizar
los
sóli¬
dos
y
disponer
los
humores
al
gra^
'do
que
necesitan
de
fluidez
>
contri-
huyendo
por
último
á
mantener
•aumentar
la
transpiración.
Si
la
en¬
fermedad
continúa
rebelde
,
lo
que
es
mas
freqüente
en
las
'quartartas;
ó
se
conserva
la
disposición
para
recaer
con
facilidad;
será
un
reme¬
dio
eficaz
la
mutación
de
tierras,
se¬
gún
ha
demostrado
repetidamente
la
experiencia
,
y
lo
enseña
Hipócrates,
En
la
segunda
variedad
no
se
puede
omitir
el
uso
pronto
de
Ja
quina
quando
los
^htomas
son
tan
perniciosos,
que
no
sufren
dilación,
y
el
riesgo
está
á
la
vísta,
pero
eti
Z
es-
estas
no
se
puede
intentar
la
cura¬
ción
radical
en
la
del
paroxismo^
con
especialidad
siendo
de
aquellas
en
que
por
haber
demasiada
pérdi¬
da
de
substancia
j
como
en
las
co-
Jericasj
es
muy
probable
la
repeti¬
ción
,
siendo
preciso
para
obviar
esta
el
método
poco
ha
establecido
en
la
variedad
antecedente.
No
se
habrá
de
proceder
con
Ib
gereza
en
la
tercera
variedad;
para
cuyo
tratamiento
en
todas
sus
dife¬
rencias
es
menester
atender
á
la
na«
turaleza
de
la
enfermedad
que
se
complica
y
para
apropiarle
su
reme¬
dio
;
tal
vez
será
conveniente
en
es*
los
casos
la
calentura
que
podrá
ser
remedio
:
pero
no
es
del
caso
tratar
de
la
curación
de
una
enfermedad
que
podrá
ocurrir
en
todos
tiempos.
En
el
tratamiento
de
las
quarta-
nas
otoñales
se
deberá
proceder
con
igual
particularidad
y
discernimien-
io:
por
lo
común
son
mas
pesadas^
X
.
,
^3375
,
y
teniendo
en
consideración
qtie
loá
aparatos
deviscidéz
y
debilidad
son
mas
notables
5
se
habrá
de
estable¬
cer
la
curación
radical
insistiendo
en
el
uso
de
los
aperitivos,
y
coiToboí^
rantes
mezclados
con
la
quina*
Las
evacuaciones
de
vientre
son
útiles,
quando
no
llegan
al
punto
de
debi-5
litar
mucho
al
enfermo.
En
la
segunda
y
tercera
variedad
se
exámioajrán
los
síntomas
y
coni”*
plicaciones
para
apropiar
la
medi¬
cina
:
sobre
lo
qual
sobran
adoctri¬
nas
en
los
AA.:
que
tratan
de
esta
materia,
prescindiendóse
por
ahora
el
A.
de
exponerlas
con
extensioní^
por
considerarlas
fuera
de
su
propó-.
sito.
En
pocas
palabras
:
conocida
la
intermitente
otoííal
,
se
principia*
rá
por
el
emético
especialmente
e«
la
terciana
^
y
por,
el
purgante
v
en
la
quartana
baxo
las
cautelas
cqnvé-*
mentes.
Convendrá
después
en
.
la
variedad
primera
de
las
tercianas,
re-
*
il'344)
De
las
dos
proposiciones
dichas
y
sus
experimentos
se
sigue
clara¬
mente
5
que
el
fluido
eléctrico
au¬
menta
el
calor
animal,
que
es
la
quin**
ta
proposición.
La
sexta
y
ultima
reducida
á
precaver
los
malos
efectos
que
pue¬
de
tener
la
conmoción
eléctrica
gra¬
duada
3
se
hizo
ver
presentando
prácticamente
al
teatro
los
distintos
modos
que
hay
de
electrizar
,
aun
el
últimamente
inventado
^
aislando
la
parteL
del
cuerpo
que
se
quiere,
por
medio
de
cartones
plateados
y
cadenas
de
comunicación
entre
estos
y
el
conductor;
haciéndole
después
sufrir
á
un
páxaro
la
conmoción
eléc¬
trica
de
una
batería
de
8.
botellas
aun
no
tan
cargadas
comó
pudieran,
que»
dó
este
muerto
,
y
todos
convenci¬
dos
que
la
conmoción
ha
de
ser
el
úl¬
timo
recurso
que
se
debeadministraí
con
todaslas
precauciones
,
que
exi¬
ge
un
remedio
de
tanta
actividad.
LOS
BAÑOS.
disértacion
inaugural.
leída
en
la
Real
Sociedad
de
medicina
de
Sevilla,,
Dr.
D.
B0NIFM:I0
!JUAN
Ximehez
de
Lorite,
del
Gremio
y
Clausti:í>.
de
la
Real
Universidad
de
esta
Ciudadp^
^
'
actual
Vics'Presidente.
En
25:-/^
'
de
Octubre
dé
fjgz.
JL/os
baños;
C
*
)Gnya
naturaleza,
especies
y
antigüedad
han
ocupado
taii''dignamente
tantas
y
tan
sabias
pítimas
j
y
formaron
entre
los
Egip¬
cios
i,
Persas,
Hebreos
Griegos,
Romanos
,
Arabe?
^y
antiguos
E^a-
fíoles
un
Tamo
•;
considerable
de
.
la
polidíaf
económica
y
médica
3
harán
dqofojgto
de
ester'
pequeño
discursos
nafpiara
detenerme
considerándolo,
opr-'-'-i:-
■
.
:
/
'
en
^
^)
'Sq
iñlpríme'’
original
como
Iá
ley4
üílautor»
en
todos
sus
aspectos,
sino
solo
á
efecto
de
renovar
consideraciones
que
se
han
hecho
otras
veces,
pero
qué
por
desgracia
no
han
tenido
has*
ta
ahora
su
debido
cumplimiento.
Que
los
baños
no
pueden
pros¬
cribirse
sin
ofensa
de
la
razón
es
una
cosa
que
persuade
la
misma
natu¬
raleza
de
cuyo
seno
nace
el
comuit
apetito
á
la
hurnedad,
y
cuya
pri¬
vación
destruiría
en
breve
toda
la
población
de
Jos
vivientes.
No
sé
puede
existir
sin
agU'a>
y
hasta
los
paí¬
ses
y
cuyos
moradores
usan
mas
del
vinó'
yiotros
licores,
logran
á
pesar
de
sus
desordenes
en
el
ayre
que
dos
circunda
,
en
las
tterras
que
habí.*
tan
y
en
los
vinos:que
beben
la
poíl
cion'
de'hnmedad'.y
agua
necesadá
para
conservar
la
:vida:
así
los
Ves^
mos
practicados*
en
todos
los
impfeí-
dos
y
naciones
desde
la
primera
edad
del
mundo;
y
aunque
algu
nos
historiadores
atribuyen
su
principio
a
(347)
la
necesidad
del
aseo
por
todos
los
si¬
glos
en
que
no
se
sabía
texcr
,
ni
las
gentes
usaban
ropas
interiores
de
lien¬
zo
su
misma
continuación
aun
des¬
pués
de
conocido
el
beneficio
del
li¬
no
es
un
argumento
positivo
ó
de
su
Conocida
importancia
,
ó
de
que
no
era
la
limpieza
y
purificación
de
los
cuerpo¿la
verdadera
ó
la
única
cau¬
sa
de
su
introducción.
Dos
apetitos
conocen
los
Psycologicos
en
el
hom¬
bre
>
uno
que
llaman
natural,
inna¬
to
y
authomatíco
,
y
otro
racional:
por
el
primero
se
inclina
á
todo
lo
que
corresponde
á
su
parte
animal,
y
en
que
conviene
con
el
común
de
las
bestias
,
sin
mas
diferencia
que
la
que
dictaiblas
leyes
específicasde
su
economía-,,
y
esto
es
lo
que
los
jurisconsultos
llaman
(bien-
,
que
ea
sentidolatoé
impropio)
derecho
na.
tural
,
y
en
el
mismo
puede
llamarse
basa
y
fundamento
de
la
medicina.
A
este
y
pues
j
pertenece
la
indina^
cion
cíútt
&1
baño>
al
agua
y
álahnm^ad^
así
vemos
quanto
la
buscan
y
se
créan
con
ella
las
aves
y
quadrüpedos.
Una
verdad
tan
inconcusa
y
prác¬
tica
ha
ofrecido
^
como
otras
mu¬
chas
^
á
los
médicos
observaciones
encontradas
y
dándoles
que
discurrir
y
trabajar
,
y
motivos
bastantes
pa¬
ja
dividir
sus
opiniones.
Convenía
en
este
caso
que
los.
hombres
fuese^
mos
menos
racionales,
ó
no
-serlo
absolutamente
y
y
con
esta
sola
cir¬
cunstancia
se
dirimían
las
controvéi'
sias.
Los
brutos
hostigados
del
car
lor
buscan
el
agua
de
ríos
y
de
maVf
•de
arroyos,
estanques,
charcos
y
lagunas
;
y
sin
el
menor
exámen
de
si
es
ó
no
corriente
,
limpia
ó
suciaj
dulce
ó
salada,
delgada
ó
gruesa,
se
arrojan
á
ella
sin
mas
dictamen
,
-
ni
jrefíexion
que
el
apetito
de
moderar
el
calor
que
los
molesta:
y
la
prue¬
ba
de
su
acertada^conducta
está,
en
que
ninguno
enferma
por
esta
causaj
y
es
que
no
se
bañan
por
mas
re*
glas
,
que
las
de
su
apetito
natiiraL
No
llevan
cuenta
del
nümero
de
ba¬
ños
que
se
han
de
dar
,
de
la
hora
en
que
los
han
de
tomar
>
de
ía
pre¬
ferencia
de
las
aguas
^
ni
,de
otras
mil
circunstancias
que
el
arte
ha
in¬
troducido
en
los
hombres,
de
cuya
exactitud
y
certeza
no
estamos
bien
convenidos:
verdad
es
que
entre
los
animales
,
de
que
tenemos
conocir
miento^
hay
muchos
que
se
bañan,
y
muchos
que
no^
cuya
observación
es
constante
y
digna
de
exáminarsCi
debiendo
esperar
de
su
considera¬
ción
reglas
prácticas,
que
podrían
conducirnos
mucho
mejor
que
los
discursos.
Quando
el
apetito
racional
influ¬
ye
en
estas
causas
fluctúa
el
hombre
y
se
sumerge
en
un
abismo
de
dudas
y
disputas
interminables,
y
aunque
se
recurra
á
la
experiencia
su
misma
variedad
,y
de
exactitud
dexa
sin
C350)
€Ín
resolución
los
problemas
^
por
no,
haber
cálculo
que
los
defina.
Los
médicos
están
dispersos
,
las
gentes
governadas
por
su
dirección
siguen
sistemas
opuestos
>
y
lo
mas
admi¬
rable
es
y
que
dentro
de
esta
misma
■
asamblea
estamos
divididos
en
dos
expuestos
partidos
relativamente
a
los
baños
de
tina
y-
rio
y
alegando
cada
uno
en
su
favor
innumerables
razones
y
experiencias
felices
y
que
siendo
fundadas
é
indubitales
dan
margen
para
inferir
>
que
son
indi¬
ferentes-
y
de
igual
valor*
En
efecto
por
lo
que
vá
dicho
de
los
brutos,
debemos
separarnos
de
la
escrupu¬
losidad
y
adhesión
con
que
unos
pa¬
trocinan
los
baños
del
rio
>
y
otros
los
domésticos*
:
Dos
escritos
particulares
y
reco¬
mendables
tenemos
en
el
asunto
:
el
primero
es
del
Dr.
D.
Pedro
de
Casm
Médico
de
Cámara
de
S*
M.
y
Regente
de
la
Cátedra
de
Prima
de
ésta
Universidad
^
escrito
el
úñS
de
1727.
con
motivo
del
edicto
pa
9
-¿
toral
del
Sr.
Salcedo
prohibiendo
loá
baños
del
rio
por
evitar
los
desorde;^
nes
que
resultaban
de
la
coníusibá»
de
ambos
sexós
:
en
cuyá
obra
es¬
forzó
quanto
era
posible
ja
prediáioíf
é
importancia
de
los
baños
del
nOJ
particularmente
en
esta
ciudad
'
y
la
preferencia
qué
tienen
á
las
térttla^
ó
baños
de
tina;
y
nó
puede^dlf^
darse
de
la
solidez
>
erudición
'
‘3?»
energía
con
que
persuade
su
intentOf
de
que
Sin
duda
resultó
la
susperii'
sion
del
edicto
,
y
mereció
la
¿Iptop
bacion
de
los
rúas
doctos
médicos:
tjue
entonces
floreeian
^
aun
de
esta
tnisrilá
.Sociedad.'
Acaso
este
sabio
escrito
atraxo
el
asenso
de
muchos-
dé
sus
contemporáneos;,
y
si'
esto-
no
fue
asíá
lómenos
cscierto'que
el
Sr.
^Bríoso'
nuestro
mas
antiguo?
compañero
,
y
que
tendría
21.
años
quando
escribió
su
disertación
el
Dn
Aa
Ojo--
(3515
0íorta
Gon
un
cúniuío
gíande
de
ra¬
zones
y
experiencias
y
de
que
todos
feeírips
sido
testigosha
protegido
siempre
la
preferencia
de
los
baños
d.el
rio.
-
.
Pero
el
Sr.
Buendia
en
su
diser¬
tación
sobre
el
viage
de
Italia
^
irn-
presa
en
el
tom.
2.
de
nuestras
Me-
ínorias
,
hablando
de
las
termas
de
Koraa
pag.
351.
hace
un
paralelo
entre
los
baños
del
rio
y
domésti¬
cos:,
inclinándose
á
estos
últimos,
con
doctrinas
y
reflexiones
tales,
que
pueden
someter
el
asenso
de
qual-
quier
ánimo
desprevenido
é
impar-
eial;
por
manera,
que
siendo
las
ex¬
periencias
,
razones
y
dictámenes
de
ambas
partes
igualmente
grandes,
numerosas
y
concluyentes,
es
pre¬
ciso.
decidir
la
qüestion
transigiendo
el
asunto:
quiero
decir,
que
los
baños
del
rio,
de
mar,
de
termas,
csfa.nques
,
tinas
,
fuentes,
y
pozos
son
respectivamente
hablando
igual¬
mente
útiles
y
provechosos.
En
otro
tiempo
y
en
otro
asieníí
to
presentamos
á
la
Sociedad
una
Memoria-^
en
que
refiriendo
las
cos¬
tumbres
de:
las
naciones
antiguas'
y
modernas
en
este
particular
^
pro¬
curamos
persuadir
la
necesidad
é
im¬
portancia
de
renovar
las
:-termas
ro¬
manas,
ó
baños
pdblicos
para
be¬
neficio
de
los
habitantes
de
esta
ciu¬
dad.
Graves
y
urgentes
motivos
lla¬
maban
y
llaman
nuestro
asenso
,
de
los
quales
los
mas
principales
sonr
I.
Que
en
ella
los
hubo
hasta
él
reynado
de"D.
Pedro
el
Justiciero^
que
es.
decir
hasta
principios
deP
si¬
glo
XIV.
cuyos
vestigios
hemos
vis¬
to
,
y
sobre
los
queden
los
conti^
guos
á
la
Parroquial
de
S.
Ildefons.o
.tiene
labradas
dos
casas
el
Cabildo
eclesiástico
;
sobre
los
de
S.
Vicente
en
el
sitio
que
aun
conserva
el
nom¬
bre
de
los'
baños
está-fundado
el
jConventó
dé
Monjas
que
llaman
de
|esus:
los
de
S.
Juan
de
la
Palma
eq
,
..
(3605
lan
cómodas
y
lítiles
como.se
debía
esperar.
Decía
Vitruvioy
que
los
edi¬
ficios
debían
construirse
de
modo
que
fuesen
sólidos^
cómodos^
hermo¬
sos
y
saludables;
y
aunque
las
ti¬
nas
no
son
edificios
>
y
se
labren
só¬
lidas
y
hermosas,
les
faltan
las
qua-
lidades
de
cómodas
y
saludables:
por
lo
qual
y
para
utilidad
del
co¬
mún
debemos
advertir
^
que
entre
tanto
no
llega
el
deseado
tiempo
de
ver
las
termas
publicas
y
deberán
ha¬
cerse
de
un
tamaño
capaz
de
que
los
cuerpos
se
muevan
de
una
par¬
te
á
otra:,
con
un
foramen
á
un
lado
del
fondo
á
efecto
de
desaguarlas,
y
de
que
durante
el
baño
se
vaya
extrayendo
el
agua
,
y
reponiendo
otra
de
nuevo
hasta
haber
evacua¬
do
totalmente
la
primera
,
lo
que
se
conseguirá
por
medio
de
un
epis*'
lomid
ó
llave
puesta
en
la
canilla,
y
un
conducto
de
lata
que
vacie
en
Una
cloaca
ó
sumidero.
De
este
mo-
^
Í3«i)
,
.
.
y
volviendo
á
evacuar
la
segun¬
da
agua
y
renovándola
diariamente,
procurando
purificar
bien
la
tina
de
Jas
impuridades
que
de
la
transpira¬
ción
y
orina
se
depositan
en
el
fom
do,
y
sahumándola
á
mayor
^abun¬
damiento
,
tendremos
un
baño
do¬
mestico
de
que
se
sigan
mayores
be¬
neficios
de
lo
que
experimentamos.
•
Sobre
el
agua
de
estos
baños
no
está
conforme
la
república
médica;
unos
quieren
que
sola
el
agua
del
rio
es
la
conducente
,
otros
preten¬
den
que
también
pueden
servirlas
de
las
fuentes,
porque
en
unas
y
otras
hallan
la
qualidad
de
ser
corrientes,
que
es
el
ídolo
que
tiene
infatuados
á
muchos
,
sin
reparar
que
las
de
pozos
lo
son
también
sin
mas
dife-
féñcia
y
que
correr
las
unas
sobre
la
superficie
y
las
otras
por
las
entra¬
rías
de
la
tierra.
Lo
dulce
y
lo
sala¬
do
'es
otro
cargo
que
se
hace
á
las
ó'guas
de
pozo
;
pero
en
ios
puerto^
-
■
i
se
f362)
ge
banarí
en
el
marsin
C[iíe
les-
ení<
J)araze
lo-salado.
La
naturaleza,
rais^
ma
nos
enseña
como
se
debe
pen-f
sar
en
el
particular,:
nos
presenta
á'
la
vista
las
aguas
del
mar,
de
loa
ríos
5
de
las
fuentes
y
pozos
de
loa
que
unos
son
dulces
y"
otros
salo-,
bres
5
y
de
estos
según
la
mayor
Q
menor
copia
de
sales
varias
,
y
de¬
más
principios
heterogéneos
que
la*
men
en.su
nacimiento
y
curso
:
-taria-í
bien
nos
ofrece
;el;
inesí
i
ma
ble
don
de
las
aguas
espontáneas
^
acidulas
y
termales
5
de
que
tenemos
tantas
y
tan
diferentes
.especies
3
respecto;
4
los
cuerpos
que
tienen
en
disolu¬
ción.
A
vista
,
pues
,
de
ser
el
agua
la
materia
de
los
baños
3
y
haber
tantas
variedades
en
ella
3
y,
supuesto
que
sean
necesarios:
para
conservar
la
salud
y
CLgar
muchás
enférmeda--
des^^
el
médico
doéto-conducido
por
sus
pcincípios
tomará-la
indicación^
y
eiegifá.él
agua
que
mas
esper^
"
ta*
favorecer
la*
necesidad
de
su
dieríte;
Sobre
las
aguas
de
pozó
domina
tiertamente
una
preocupación
y
que
quisieranaos
desarraigar.
Qualquierá
que
contemple
y
que
en
los
lugares
dcmde
no
hay.
tíos
^
quando
es
mé-
iiestersé
daii
baños
de
tina
con
^gua
üel
pozo
5
con
igual
bene^cio
que
ios
de
rio
ó
fuente;
y
por
otíá
par¬
te
sepa
que.
los
19.
años,
que^vlyí
en
el
Hospital
de
la
sangre
se
bañó
^con¬
migo
toda
mi
familia
en
agua!
de
la
noria,
que
es
de
las
mas
salóbrtes
que
he
probado
,
sintiendo
con
ella'
los
mismos
efectos
y
beneficios
V
qué
eon
la
del
rio
y
no
dexará^de
persua¬
dirse
del
engaño
en
que
srCíOStá
sobre
la
escrupulosa
elección
deagnas,
de
que
por
nuestra
cansa
veo^tan
pre¬
venidos
los
ánimos
déb
las
cgeotesj
Convengo
voluntario
en
qoé'*^áFa
el
efecto
deben
preferirse
las'
de’;rio'
áí
las
de
fuente,
y
estas
á
las
dé
pozb'-
pero
esta-
preferencia'
solo
t^drá
gar
gar
prácticamente
quando
haya
co*
modidad
y
facilidad
de
aprovechar¬
la
;
pero
en
el
caso
de
imposibilidad
ó
dificultad
moral
>
las
de
pozo
pue¬
den
servir
muy
bien>
y
nías
si
son
dulces
y
de
aguas
de
paso
de
que
hay
muchos
en
esta
ciudad.
La
regla
de
este
punto
es
la
misma
que
la
de
los
alimentos.
El
faisan
es
mejor
que
la
gallina
y
la
gallina
mejor
que
la
baca
y
carnero
^
el
carnero
y
la
ba*
ca
mejores
que
el
macho
la
cabra
y
oveja;
pero
hay
muchos
pueblos
que
se
mantienen
sanos
^
y
viven
fuertes
y
robustos
con
estas
tres
úl¬
timas
carnes
y
sin
echar
menos
las
primeras
y
y
solo
recurren
á
ellas
pa¬
ra
los
enfermos
,
que
son
los
casos
en
que
con
mas
prolixidad
deben
elegirse
la
dieta
y
los
remedios.;;
Acabé
Señores
este
pequeño
ras¬
go
y
que
por
su
mérito
y
extensión
siempre
será
pequeño:
y
ved
aquí
que
en
un
mismo
hecho
empiezo
.y;
aca-
m)
acabo:
doy
fin
á
mi
tarea
y
principio
á
las-
que
han
de
seguir
la
mia;
si
es¬
ta
es
de
algún
valorninguno
ha¬
brá
que
no
quiera
imitarme
5
y
si
no
lo
fuere
,
todos
deben
exceder¬
me.
Esta
noble
emulación
es
la
vir¬
tud
que
espero
admirar
y
celebrar
de
un
cuerpo
^
cuyos
individuos
tie¬
nen
dadas
tantas
pruebas
de
su
ze*
lo
y
aplicación
por
el
bien
pübiicOí
El
Reycuya
soberana
beneficen¬
cia
nos
juntó
y
mantiene
^
exige
de
nosotros
la
correspondiente
retribu¬
ción
5
y
por
mucho
que
hagamos^,
nunca
podrémos
desempeñar
justa¬
mente
nuestras
graves
obligaeiones.
\
El
reyno
nos
espía
y
observa
>
los
sabios
nos
estimulan
con
sus
elQgios,
los
progresos
que
hacen
las,Acade¬
mias
extrangeras
de
nuestro:
propio
instituto
nos
convidan
é
infiaman
a
competirlas
ó:excederlas;5
los
ade¬
lantamientos
de
la
física
^
quiinipa
botánica
y
parte
clínica
de
la
.
,
;
.di-^
ídicína
son
otros
tantos
despertado-?
res
que
nos
avisan
el
verdadero
mé*
todo
de
tratar
estas
ciencias.
El
borron
de
no
ser
los
primea¬
ros
en
abrir
caminos
tan
ilustres
y
sublimes
y
que
guian
al
templo
de
la
sabiduría
,
debe
disiparse
con
em¬
peñarnos
en
mejorarlos
5
y
aunque
los
inventores
de
las
cosas
son
siem»
pre
recomendables
y
tienen
también
un
mérito
sobresaliente
los
que
las
añaden
y
perfeccionan.
Nuestro
pro¬
pio
honor
y
conciencia
no
nos
per¬
mite
dormir
ni
descansar
sobre
lo
que
sabemos
y
que
siempre
será
po¬
co;
y
si
el
que
es
justo
debe
justificar¬
se
mas,
ninguno
debe
contentarse
con
lo
que
sabe,
sino
aspirar
á
saber
quam
to
sea
compatible
con
sus
fuerzas
y
circunstancias.
Acabémos
de
una
vez
de
envidiar
sabidurías-
agenas,’
empe.
ñemonosen
ser
envidiados
de
todoS;»
y
de
este
modo
habremos?
llenado
en
lo
posible
nuestro
ministerio
delante
de
Dios,
del
Rey
y
del
mundo.
Dixi.
/
MIERCOLES
31
.
DISERTACION
FISICO-MEDICAj
DEL
MECANISMO
CON
QUE
SE
forman
y
afectan
a
varias
partes
del
cuerpo
los
que
llaman
flatos
ó
>
vapores.en
ambos
sexós.
—
•
POR
EL
nr.
D^MARQOS
HIR
AL-^
des
de
Acosta
y
del
Gremio
y
Claus^
tró:
de-
Medicina
de
esta
Universi-^
■
dád
y}
.su.
Catedrático
de
Método^
;
'
Socio
de
número
,
y
Con^
'
siliario
primero^
1
hombre
,
que
ha
sido
siempre
objeto
de
las
especulaciones
de
los
sabios
,
se
compone
de
dos
subs¬
tancias
tan
íntimamente
unidas
co¬
mo
demuestra
la
mutua
correspon¬
dencia
que
observan
en
sus
respec¬
tivas
funciones,
sin-
einbargo
de
la
Bb
dife-
diferencia
y
oposición
entre
una
na¬
turaleza
toda
espíritu
con.facultad
de
pensar,
y
la
de
otro
sér
todo
ma-
t.éjcia.
capaz
de
las
afecciones
de
un
cuerpo
ñsico.
Pero
mientras
subsis¬
tan
'las
leyes
de
tan
inexplicable
unión.,,
el
cuerpo
sentirá
los
afecr
tos
-del
alma
,
y
esta
corresponderá
á
los
movimientos
de
aquel;
recipro¬
cidad
admirable,
que
dura
todo
el
tiempo
queCpefmanece.
la
..vida
del
hombre.
'
^
.
-V
Además
de
este
respecto;debe
considerarse
núes
tro
cuerpo
Lbaxa
otros
muy
diferentes.
Si
se
represen¬
ta
como
un
compuesto
de
varias
pa¬
lancas
con
fuerzas
dimanadas
de
la
estructura
de
estas
•,
de
las
cuerdas
que
com
ellas
se
advierten
^
y
de
las
acciones
que
del
vario
mecanismo
dimanan,
es
ciertamente
la
máquina
mas
ingeniosa.
Lo
mismo
habrá
de
decirse
considerado
el
movimiento
de
los
fluidos
por
la
multitud
de
va-
&0S
y
canales^
que
tan
variamente
sé
hallan
dispuestos
por
todo
él.
Pero
mirémoslo
baxo
otro
aspecto.
El
es,
un
compuesto
de
varias
substancias,
para
cuya
renovación
se
executan
en
el
cuerpo
humano
Varias
operacio¬
nes;
hay
descomposiciones,
altera--
ciones
y
resultados
,
que
no
nos
dan
arbitrio
para
dexarlo
de
considerar
como
el
mas
bello
laboratorio
de
chimica.,
de
que
se
puede
formar
idea,
(
n)
■
:
De
todo
lo
qual
se
infiere
lo
que
dixo
elsabio
Forster^
que
en
el
cuer-*
po
humano
todas
las
funciones
se
exercíaii
por
una
fuerza
mecánica,
por
operación
chimica
ó
por
am^^
bas
cosas
juntas.
Para
que
un
médi¬
co
pueda
entender
el
origen
y
me-^
canismo
de
tan
diferentes
fenómenos
no
deberá
contentarse
con
lo
que
una
(a),
Sfgaud
de
la
Foiid.
Dict.
de
phy-i
siqvárt.
Cor^s»
las
de
otros
muchos.
Es
verdad
que
no
tenemos
idea
bastante
de
muchas
materias
aeriformes
j
que
existen
en
nuestros
humores
y
y
lo
mismo
en
nuestros
sólidos
y
pero
esta
ignoran¬
cia
no
impide
que
conoscamos
la
presencia
de
un
ayre
elástico
y
libre
y
sin
agregación
dentro
de
nuestros
cuerpos
,
y
otros
combinados
con
mucha
intimidad
como
parte
consti¬
tutiva
y
verdadero
principio.
La
acción
y
resistencia
á
la
pre¬
sión
que
sufre
toda
la
superficie
dcl
cuerpo
y
es
una
prueba
que
eviden¬
cia
la
presencia
del
ayre
en
nuestros
fluidos
y
órganos.
En
efecto
5
está
demostrado
y
que
el
esfuerzo
del
ay¬
re
exterior
equilibra
al
que
se
halla
en
lo
interior
del
cuerpo
y
bien
sea
en
los
humores
^
ó
en
las
partes
só¬
lidas
y
vasculosas
;
por
cuyo
moti¬
vo
nos
causa
muy
poca
impresión
eí
peso
,
que
exerce
continuamente
sobre
nosotros
el
ayre
exterior.
Tam-
bfen
se
sabe
(^ue
una
pequeña
masa
de
ayre
puede
equilibrar
por
su
re¬
sorte
la
presión
de
una
columna
de
ayre
de
la
misma
base
y
de
toda
la
altura
de
la
atmosfera.
¿
Qoé
extra¬
ño
será
y
pues
(c)
y
que
un
hombre
de
mediana
estatura
,
cuya
super¬
ficie
es
de
14.
pies
quadrados
sos¬
tenga
un
peso
de
31360.
libras^
quando
la
presión
de:
este
fluido
es¬
tá
en
su
término
medio,
como
cons¬
ta
por
un
cálculo
bien
exacto?
-
Podrá
haber
alguna
diminución
en
:1a
presión
atmosférica
de
donde
se
siga
mayor
extensión
en
el
ayre
interior
y
con
el
qual
se
equilibra;
lo
mismo
podrá
suceder
quando
un
calor
excesivo
dilata
el
ayre
en
nues¬
tros
humores
ó
sólidos;
aunque
ja¬
mas
gozará
dentro
de
nuestros
vasos
y
canales
de
toda
su
elasticidad
^
di-
'
(
c
)
Elem.
de
Fis.
de
Sigaud
de
la
Fond,
traduc.
tora-3.
p.
124.
y
siguientes.
(
37
^
latandose
quanto
podría
según
su
ría'*
tnraieza
;
pues
en
tal
caso
se
seguiría
inmediatamente
la
muerte;,
segun:han
demostrado
varias
experiencias.
Van-
Swieten
refiere^
que
habiendo
intro>
ducido
con
su
soplo
una
porción
de
ayre
en
la
vena
crural
de
uii
perro
por
medio
de
un
tubo
^
se
siguieron
después
una
respiración
anhelosísima,
anxíedades.y
la
muerre:;(
d
)
Parej¬
ee
consiguiente
á
quanto-
hemos
di¬
cho
hasta
aquí,
que
él
ayre
atmo^
férico
obra
en
nuestros
cuerpos,
den¬
tro
y
fuera
de
ellos
9
que
á
su
dila¬
tación
y
elasticidad'
principalmente
se
debe
atribuir
gran
parte
de'su
influxo
,
y
la
explicación
de
varios
fenómenos
9
que
es
necesario
el
ex¬
presado
equilibrio
'
-para
conservar
los
diámetros
naturtflcshie
los
vasos,
la
‘fluidez
y
movimientos
en
nuestros
líquidos
9
que
nunca
puede
manifes-
i—
-
.
tar
■
Cá)
Coment.m
aph.-BQerh.
aph.
(3795
tar
toda
SLiracciGn
expansiva
en
nuestro
interior,
sin
qu&
sigan.
alte-^
raciones
muy
perjudiciales:
á
.la
sani«^
dad.
y
conservación
.
y
finalmente,
que
su
presencia
es
necesaria
en
nues¬
tros
órganos
:por
las
varias
utilida-:
des,
que
de
ella
resultan.
.
-
.Los
humores
y
sólidos
se
com¬
ponen
desvarías
partesen
cuya
coiistitucion
entra
el
ayre
combinán¬
dose
y
formajLido
una
de
las
mas
prin¬
cipales
y
que
mas
contribuye
al
pe¬
so:
que
en
los:
cuerpos
se
advierte,
y
á
la
producción
de
ciertas
qualida-.
des
i
cuyo
origeiino
es
otro.que
el
de
la
uaJtLiralezá
.del¡gas.
Son•
ráuchos-
los
efectos,
qué
producen
en
nuestra
constitución
material,
favorables
unas
veces
á
la
conservación
y
pros-'
peridad
de
la:vida
,
y
otras,
contra^,
rías
á
nuestra..salud
:y
comodidad.
El'
ayre
principio
está
tan
admira¬
blemente
concretado
en
los
cuerpos,
qiíe
áp.en^
sería
creíble
su
extensión
,
.des-
_
■
(3
so)
después
de
desprenderse
á
no
éstaí
persuadidos
de
esta
verdad
por
he¬
chos
repetidos,
y
por
autoridad
de
mucho
respeto.
El
que
sepa,
que«
Una
pulgada
cúbica
de
materia
to¬
mada
indistintamente
en
los
tres
rey^
nos
de
la
naturaleza
^
según
Halesy
dá
en
su
descomposición
de
400.
á
500.
pulgadadas
cúbicas
de
ayre
(e)
comprehenderá
la
estrechez
con
que*
se
hallaba
antes
unido,
y
su
natu¬
ral
virtud
expansiva
y
elástica.
Por
lo
que
respecta
á
las
canti¬
dades
de
ayre
combinadas
no
se
pue¬
de
determinar
con
exactitud
,
por¬
que
además
de
no
haberse
obtenido-
hasta,
ahora
un
conocimiento
claro
de
las
partes
que
constituyen
las
va»
rías
que
componen
el
cuerpo
huma-^
nosiempre
sería
muy
ardua
una
determinación
tan
exacta
aun
des¬
pués
(
e
)
Diction.
de
Physic.
de
Sigaudde
la
Pond.
to;u.
i.
pag.
14^.
pues
de
conocidas.
Sabemos
>
qus
gran
parte
del
peso
de
los
mixtos
se
origina
de
la
porción
de
ayre
que
contienen^
como
se
ha
insinuado
;
y
algunos
sostienen
(/)
que
la
piedra
calcarea
algunas
veces
perdia
en
la
calcinación
mas
de
la
mitad
de
supe-
so^
y
que
esta
pérdida
dimanaba
del
gas
carbónico
que
se
desprendía
coa
viloencia.
De
lo
qual
se
puede
infe-"
rir
por
un
argumento
de
analogía,
trasladando
lo
que
se
observa
enmu^
chos
cuerpos
sobre
este
particular,
á
lo
que
deberá
creerse
suceda
en
el
nuestro;
que
si.
no
se
pueden
demós-<
trar
con
un
rigor
matemático
las
ex¬
presadas
cantidades
de
ayre
principia
en
los
cuerpos
,
se
podrá
á
lo
me-;
nos
concluir
que
son
bien
notablesj
.Lo:
que
hasta
aquí
queda
dicho
de
ios-
varios
.gases
que
se
combinan
en
nuestros
cuerpos
con
las
partes
que'
(J*)
Elemeutt
de
chímic.
citad,
pag.
145^
(
3 *
1
)
que
entran
en
su
composición,
'
de-^
berá
entenderse
de
los
que
se
mez«
clan
con
los
alimentos^
bebidas
y
quantb
se
introduce
por
la
boca
que
se
deposita
en
el.
estómago
,
en
don¬
de
experimentan
varias
mutaciones
que
es
indispensable
conocer
bien.
Las
calidades
de
estos
ayres
son
ya
mas
fáciles
de
comprehender
por
so¬
meterse
los
cuerpos
que
les
contie¬
nen
á
nuestra
inspección
y
examen:
así
pues
juzgamos
del
carácter
de
ca^
da
uno-
^
y
sabemos
el
origen
de
su
acciun
^en
algunas
partes
con
ios
te*?
sultados
de
su
influxo.
-
:
Los
alimentos
mascados-é
im¬
pregnados
del
jugo
salival
ván
á
de¬
positarse
en
el
estómago
y
do'nde
deben
recibir
una
disposición
parti¬
cular
^
por
la
qual
'se
separan
las
par¬
tes
alimenticias
convirtiéndose
en
qui*
io
,
y
disponiéndole
para
repararlas
pérdidas
3
que
nos
causa
inevitable-
exercicio
de
las
.funcione?
Í3*3)
de
nuestra
economía,
ha
digestión^
pues
se
debe
considetar
coinQ.
un?^
Operación
compuesta
en
parte^
Mí¬
mica
,
y
en
parte
mecánica.
Si
atendemos
al
mecanísmp
de
esta
Operación
^
á
el
de
otras
de;su
naturaleza
executadas
en
la
chirtiH
ca,
y
á
la
acción
de
los
sólidos
que
contribuyan
á
ella^,
¡nq^se
dudará;de
la
gran^probabilidaá
de
ésta
opinión,
Hagamos
el
cotejo
5,
y
veremos
en
los
resultados
quanto
-,
es
necesario
para
nviestro
convencimiento...
.io:>
Primeramente
los
cuerpos;
que
han
de?-digerir,
se
deben
colocar
en.
vaso:
apropiado
:
este
^on
en
nuestro
cuerpo:
el;
estómago
y
duodeno,'
c.u-
ya
con^ótucioii
deferá
corresponder
ó
la
facultad
conj.qqes
en
'ello$¡ibaii
de
pbr^r..^;,
.
,
Xo
i.
La
textura
de
los
cuer^
pos
deber.
ser
prQporeipnada
,
par
ra
que
da;
penetren
los
respectivos
menstíuos..
Los
alimentps
por.sóUi.
Ce
*
dos
(3845
idos
qae
sean
5
se
han
de-prestafcon
docilidad
5
a
que
los
penetren
los
ju-
g^'
digestivos
que
se
depositan
en
el
estómago.
'Lo
3.
El
menstruo
ha
de
obrar
sobré
la
parte
digerible,
y
extraerá
las
que
se
habrán
de
separar.
Nues¬
tros
jugos
digestivos
penetran
mas
ó
menos
la
pasta
alimenticia
de
don¬
de
-éXtraén
varias
substancias**'
Lo
4.
La.
acción
del
menstruo
ádbe
estar
acompañada
del
calor
conveniente,
qué
dé’
mayor
mobi-
lidad
á
sUS
partes,
y
abra
los
po¬
tos
del
cuerpo
que
se
ha
de
disolver
á'fin
de
que
lo
penetren
los
disol-
vente^.
Én
la
separación
de
la
pasta
Xilíniénticia
por
medio
de
la
bilis
y
y
demás
jugos
digestivos
hay
un
cierto
grado
de
calor
en
el
estómago
y
mo-
vimíeiíto
dé’
el
diafragma
que
con¬
tribuye
á
el
de
ésta
entraña.-
Lo.
5.
Es‘necesario
mover
de
qiíándo.en
quando
la
vasija
,
para
c-.-
evir
(38s5
Sévítar
toda
fermentación
perjudicial
al
éxito
de
la
operación.
La
pasta
alimenticia
‘
agitada
continuamente
presenta
varios
semblantes
5
que
coii'
tribuyen
notablemente
para
impreg¬
narla
de
los
jugos
que
sirven
para
su
preparación,
(g)
T
De
todo
lo
qual
se
infiere
,
que
el
estómago
y
duodeno
oficinas
prii>
cipales
de
la
digestión
>
rio
deben
es¬
tar
contraidos,
y
rígidos
con
exce¬
so,
ni
por
el
contrario
extremamente
débiles
y
laxós.
También
se
infieren
las
siguientes
conseqüencias.
i.
Que
ios
licores;
digestivos
deben
gozar
de
sus
caracíéres
y
propiedades
esen¬
ciales
para
penetrar
y
disolver
los
alimentos,
z.
Que
siendo
<
varios
los
agentes
en
:esta
Operación
,
'
y
varias
las
causas
que
pueden
turbar
la
de¬
bida
secreción'de
los
jiígos
queha-
■
:
■
cen
(i§f)
Vtñsé
citado
Sigaud.
art-
Digestión,
át
Physic.
dé\
,
-
t47S)
hecesario
prescribir
un
método
antU
flogisticO
>
pero
conosco
al
mismo
tienjpo
)
que
hacen
muy
mal
los
que
viendo
el
tamaño
de
estas
enferme¬
dades
y
después
de
evacuar
las'
pri¬
meras
indicaciones
qüando
hay
que
prevenir
otros’
auxilios
>
se
conten¬
tan
con
la
aplifcacion
de
algurt
azey-
te
y
ungüento
ó
mixtura
á
que
le
dáii
el
nombre
de
nervina^
y
muchas
ve-
cés
ignorando
el
sitio
donde
se
ha
de
aplicar';
la
causa
sé
burla
dé
conatos
tan
débiles
,
y
la
débilidad>
^üe
vá
atirnéhtando
cada
-
vez
mas^
no
cede
despües
tan
fácilmente
á
los
empeños
mas
poderósOs.
Conviene
y
pues,
que
sepa
el
médico
en
que
variedades
será
útil
el
uso.
del
amoniaco
y
en
que
sugéí*
tos
y
quandóy
y
en
qué
cantidades
gédebe
administrar.
En
todas
las
apck
plexías
y
paralisés
ó
hémiplexías
ar-
tríticaSj
ó
reumáticas:
en
todos
aque¬
llos
enfermos
con
disposiciones
de
vis-
■
(
47¿5
viscosidad
en
su
linfa
y
ó
como
dice?
Machride
,
cuya
sangra
es
con
ex¬
ceso
glutinosa
y
podrá
ser
de
sumo
provecho
el
alcali
volátil
fláido
con
preferencia
á
otro
remediO;,
en
ateiir
eion
á
su
especial
virtud
para
resol¬
ver
las
congestiones
linfáticas.
Creo
según
mi
observación
eit
este
país
5
la
naturaleza
de
su
tem¬
peramento
y
costumbres
de
sus
ha^
hitantes
y
que
el
mayor
niímero
de
perlesías
que
mas
se
obstinan,
ó
vie¬
nen
de
un
vicio
reumático,
ó
de
una
alteración
en
la
linfa
por
su
irregukr
espesura,
y
en
sugetos
con
las
dis¬
posiciones
poco
ha
expresadas
en
sú
sangre.
Estas
se
aumentan
con
la
fre-
qüencia
de
bebidas
espirituosas
,
cu**
yos
excesos
se
extienden
á
gran
par¬
te
del
pueblo
sin
perdonar
clase
ala¬
guna
,
y
producen
condensaciones
en
la
linfa
,
que
puede
remediar
el
uso
del
alcali
insinuado.
Es
necesario
determinar
el
tiem¬
po
jjo
en
que
se
deba
administrar.
Unas
veces
será
útil
desde
el
principio
co¬
mo
se
experimentó
en
aquel
enfermo
que
refiere
Sage.{h
)
Era
un
hom-
bre
de
6o.
años
grueso
,
y
sangui-
yy
neoy
jardinero
del
Real
Jardín
Bo-
tánico:
cayó
apopléctico
y
casi
sin
yy
sentido.
Dieronle
á
oler
el
alcali
yy
volátil
y
j
le
hicieron
tomar
25.
go-
yy
tas
en
medio
vaso
de
agua;
con
yy
lo
que
se
le
vigoraron
los
pulsos,
„
y
abrió
los
ojos.
De
allí
á
4.
minu-
,,
tos
tomó
otra
dosis
de
alcali
vola^
yy
til
y
Y
rccobró
cl
habla
y
el
cono-
,,
cimiento
,
desapareciendo
la
con-
,,
tracción
de
los
músculos
de
la
bo-
yy
ca.
Aquella
noche
se
continuó
en
,,
darle
de
dos
en
dos
horas
5.
á
6.
yy
gotas
de
alcali
volátil
y
y
al
día
si-
se
levantó
de
la
cama;
y
yy
aunque
no
sentía
novedad
alguna,
yy
se
le
hizo
con
todo
,
que
tomase
„
aquel
Experiencias
ya
citadas.
p.
(
478
)
ac^uel
dia
de
4.
ea
4.
horas
3.
o
4]
yy
gotas
de
alcali
volátil
en
un
vasO
de
agua
^
y
al
'tercer
dia
se
halló
yj
en
disposición
de
baxar
á
trabajar
yy
ai
jardin.
ce
:
.
Habra
casos
en'
que
convenga
sangrar
antes
á
el
enfermo
y
y
otros
en
que
sea
necesárió
empezar
desde
luego
con
el
uéú
del
alcali
volátil,
Esto’ló
deberá
décidir
el
médico
ins¬
truido’
5
qué
encomendado
en
la
di^
reccion
deí
casa
conosca
la
natura^
leza
de
la
indicación^
y
las
faculta¬
des
'
del
medicamento.
Lo
misrno
se
habrá
de
entender
en
quanto
á
las
cantidades,
qüe
sé
hayan
de
usar
in¬
terna*
y
éxternamente
-.
sobre
lo
qual
no
se
puede
establecer
una
regla
‘Constante.
-
Un
solo
enferma
de
hernipléxía
he
tratado
felizmente
con
eV
álcali
volátil
filudo
y
CÜyá'^
circunstancias
manifiesta
la
sencilla
relación
del
OBSERVACION.
XJ*
Antonio
Martel
5
Presbítero,
en
la
Villa
de
la
Algava,
de
edad
de
58.
años
5
de
buena
estatura
^
afi¬
cionado
á
la
caza
y
al
uso
de
lico¬
res
espirituosos,
sano
5
hecho
á
san*
grarse
los
mas
de
los
años
^
y
de
muy
buenas
digestiones;
experimentó
el
año
proxfmo
pasado
por
el
mes
de
diciembre
una
hemiplexia
con
ente¬
ra
privación
de
movimiento
en
to¬
do
el
lado
enfermo
^
y
lo
ínismo
en
quanto
á
las
sensaciones.
Habian
pre¬
cedido
mareos
y
estupores,
de
que
hizo
muy
poco
ó
ningún
caso.
Se
acudió
desde
el
principio
con
las
sangrías,
que
se
hicieron
en
el
nume¬
ro
¿67.,
y
sacarían
de
4.
á
5.
libras
de
sangre.
Púsose
á
un
régimen
an¬
tiflogístico
,
y
se
humedecm
sin
tér¬
mino.
Se
purgó,
y
procuraba
siem¬
pre
tener
el
vientre
bien
arreglado,
i
i
Na-
Nada
se
adelantaba
;
por
lo
qual
se’
Je
aplicó
ún
caustico
á
la
nuca
,
que
correspondió
mucho
mejor;
pues
sé
consiguió
algún
poco
de
nlovimien^
to
en
la
extremidad
superior:
duró
poco
tiempo
su
acción
habiendo
de-«
xado
de
purgar.
En
este
estado
se
recurrió
al
uso
interno
y
externo
del
fímomaco.Dabanselede
lo.á
15.gotas
en
un
vaso
de
agua
cada
dia
en
una
toma
por
espacio
de
15.
dias
ó
poco
mas
;
y
exteriormente
se
aplicó
á
las
partes
enfermas
y
á
lo
largo
del
espi¬
nazo
una
untura
compuesta
del
azey^
te
de
almendras
dulces
con
una
octa¬
va
parte
de
alcali
volátil
fluido.
Por
estos
medios
continuados
con
tesón,
pudo
recuperar
la
acción
de
aquellas
partes
en
términos
de
andar
coa
mas
agilidad
cada
vez;
y
aunque
le
que¬
dó
alguna
torpeza
para
levantar
el
brazo,
después
se
ha
puesto
capaz
de
decir
Misa,
y
de
asistir
á
los
oficios
de
su
Iglesia.
Se
ha
bañado
este
ve¬
rano
l)
íaiíO
pasado
en
su
casa
f
en
el
río,
y
se
ha
sangrado
repetidas
veces
en
todo
este
tiempo
,
por
haberse
cargado
de
nuevo
,
y
entorpecido:
continúa
,
aunque
con
señales
de
su
anterior
torpeza,
pero
de
modo
que
Be
maneja
por
sí
solo,
anda
con
bas¬
tante
celeridad,
y
conoce
muy
bien
el
notable
alivio
que
á
beneficio
de
las
diligencias
entonces
practicadas,
recibió
en
sus
males.
parece
probable
,
que
si
este
en¬
fermo
hubiese
continuado
con
ma¬
yor
constancia,
ó
mas
anticipación,
ó
en
mayor
cantidad
el
alcali
volá¬
til
y
habría
conseguido
mejoría
mas
pronta,
y
sin
las
conseqUencias
ni
tardanzas,
que
después
se
observa¬
ron.
Pero
repitiendo
el
uso
de
esta
importante
medicina
en
las
enferme^
dades
de
nervios
que
hemos
procu¬
rado
expresar,
podrá
en
adelante
.procederse
en
su
administración
con
arre-
(
482
)'
arreglo
á
las
circunstancias
de
lo5
casos.
Hemos
establecido
las
virtu¬
des
medicinales
del
amoniaco
coa
pruebas
que
atraen
nuestro
asenso
en
la
aplicación
,
que
de
él
hemos
hecho;
y
es
de
esperar
,
que
para
mayor
cojifirmacioii
de
las
ideas
fun¬
dadas
en
las
razones
y
hechos
has-*
ta
aquí
propuestos,
se
dedicarán
los
médicos
amantes
de
la
humani¬
dad
á
perfeccionar
con
sus
expe¬
riencias
el
uso
de
un
remedio,
que
tanta
confianza
nos
dá
en
lances
del
mayor
apuro
y
consternación*
(
483
)
JUEVES
13
.
DISERTACION
MEDICO-TEO-
LOGICO-CANONICO-LEG
AL.
DE
LOS
CASOS
PRINCIPALES
en^ue
el
médico
es
reo
en
el
fue¬
ro
interno
y
externo^
canó¬
nico
5
y
civil.
POR
EL
JDr.
D.
JOSEF
ALONSO
y
Saenz
y
Presbítero
y
&c,
A
pesar
del
honor
(a)
con
que
han
sido
recomendados
por
los
princi¬
pes
de:
la
tierra
los
profesores
de
la
medicina
y
no
han
faltado
siempre
en
el
vulgo
y
aun
en
personas
de
ideas
mas
cultas
rumores
calumniosos
que
tiren
á
infamarlos
^
sátiras
y
ada¬
gios
(a)
Esta.
Memoria
sale
original
po^
justos
motivos
que
.ha
habido.
(
490
)
bacion,
en
que
generalmente
se
con¬
cede
licencia
absoluta
y
sin
limites
para
que
puedan
curar
^
¿
qué
re*
medio
queda
contra
los
defectos
que
puedan
ocurrir
en
su
ciencia
?
¿
Qué
estímulos
contra
la
pereza
en
el
es¬
tudio
y
aplicación
?
Nada
hay
pro¬
visto
á
cerca
de
este
punto
según
la
actual
disciplina
médica.
No
dudo,
que
si
á
la
superioridad
constase
la
ignorancia
grave
de
algún
profe¬
sor,
sería
corregido
y
suspenso
has¬
ta
tanto
que
se
juzgase
suficiente*
¿
Mas
como
ha
de
constar
esto
fácil¬
mente
qüando
la
ignorancia
y
errores
<le
un
médico
pueiien
tener
la
ex¬
cusa
de
un
juicio
equivocado
por
casualidad
inculpable?
jAh
!
¿
y
qué
será
posible
que
siempre
queden
es>
tos
delinqiicntes
libres
del
juicio
ex¬
terior
por
un
efugio
,
que
les
sirve
de
una
excepción
tan
incontextable
?
¿
El
delito
de
su
ignorancia
sera
siempre
encubierto
baxp
la
losa
que
ocul-
(491)
oculta
los
cadáveres
desgraciados?
Siempre
será
asi
y
hasta
que
se
pon¬
ga
en
práctica
lo
que
ya
hace
algún
tiempo
sé
que
han
discurrido
algu¬
nos
zelosos
de
la
salud
pública
y
es
que
en
cada
provincia
se
establesca
una
ó
mas
juntas
de
examinadores^
adonde
ocurran
los
médicos
de
cada
una
de
ellas
para
ser
examinados
de
tiempo
en
tiempo
y
según
la
licencia
que
les
conceda
dicha
junta.
Confieso
que
es
bien
conocida
la
utilidad
de
esta
providencia
y
y
que
se
observa
un
rasgo
de
ella
en
este
ramo
y
atendidas
las
visitas
bien-
nales
con
que
son
requeridos
los
pharmaceúticos
y
según
está
dispues¬
to
por
las
leyes
de
nuestro
reyno
(d):
así
yo
presumo
^
que
habrá
medi¬
tado
y
aun
meditará
el
Govierno
gobre
este
punto
tan
interesante,
has-
\(l)
Cap.
21.
Ley
7.
tit.
i<í.
lib.
3
de
la
nueva
Recopil.
í;íi-92'5/
.
hasta
poner
en
execiicion
una
prO'í
videncia
tan
útil
como
deseada
del
público.
Bien
sé
que
para
este
esta¬
blecimiento
ocurrirán
varios
incon¬
venientes
^
como
son
las
molestias^
gastos
y
otro
algún
perjuicio
de
los
que
hayan
de
ser
examinados
:
mas
todos
estos
daños
los
puede
vencer,
ó
á
lo
menos
modificar
la
aconseja¬
da
disposición
con
que
sea
estable¬
cida
esta
providencia
:
y
si
al
fin
no
se
les
puede
precaver
de
todo
perjui¬
cio
j
sabrán
que
mayores
son
los
da->-:
ños
que
padecerá
el
público
por
el
defecto
de
ella.
Esta
reflexión
tan
clara
como
con¬
vincente
me
parece
conmoverá
vi¬
vamente
los
ánimos
de
V.
S.
para
que
como
tan
amante
de
la
salud
pú¬
blica
inste
^
y
clame
por
la
pronta
promulgación
de
esta
ley.
Entre
tam
to
j
que
dolor!
abandónense
impu¬
nemente
al
ocio
los
médicos
de
esos
pueblos
;
no
estudien
,
no
reflexio¬
nen
,
Un)
cen
sobre
el
conocimiento
de
las
en-
fermedades
y
sus
remedios:
confien
el
punto
interesante
de
la
salud
y
la
vida
de
los
hombres
á
los
principios
xnédicos
que
acaso
tienen
ya
olvida¬
dos.,
y
á
la
práctica
ó
hábito
expe¬
rimental
,
que
quizá
poseen
ya
vi¬
ciadamente
:
hagan
que
los
enfermos
gasten
inútilmente
su
hacienda
en
medicamentos
y
en
el
honorario
de
sus
visitas:
prolonguen
sus
enfer¬
medades:
agraven
sus
dolencias;,
má¬
tenlos
por
su
ignorancia:todo
es¬
to
lo
harán
sin
responsabilidad
en
el
foro
exterior:
el
remedio
de
estos
desordenes
ha
estado
hasta
aquí
con*
fiado
á
el
juicio
de
su
propia
con¬
ciencia.
Mas
no
lo
extraño
:
pues
siempre
se
ha
observado
(aun
en
el
Govierno
mas
abundante
en
leyes)
la
prudencia
de
dexar
algunas
accio¬
nes
libres,
esto
es
,
sin
estar
suje¬
tas
á
ley
particular
para
dar
cxerci-
cio
á
Ja
hombría
de
bien
y
buena
con-
(
494
)
conducta
de
los
hombres.
Así
se
lia
portado
nuestra
legislación
con
los
médicos
en
este
punto:
y
coa
ra^
zon
y
pues
los
supone
generalmente
hombres
instruidos
y
buenos;
por
lo
que
no
era
de
recelar
se
descui¬
dasen
gravemente
en
esta
obligación:
y
mas
considerando
que
de
su
ma-.
yor
aplicación
y
estudio
resulta
no
solo
el
bien
del
público
y
si
también
el
honor
propio
del
profesor
^
y
la
mayor
utilidad
de
sus
intereses.
¿
Mas
estas
reflexiones
podrán
aquietar
el
zelo
vigilante
del
Govierno
?
¿
Po¬
drá
estar
satisfecho
de
que
no
habrá
descuidos
y
muy
grave
ignorancia
en
muchos
profesores
y
principal-
niente
en
aquellos
que
retirados
3
un
partido
(como
comunmente
se
di¬
ce
)
son
recibidos
en
los
pueblos
por
sus
médicos
titulares,
asegurando
ya
los
medios
necesarios
para
su
sub¬
sistencia
y
y
siendo
los
únicos
mé¬
dicos
á
quienes
pueden
ocurrir
có¬
moda-
modamente
todo
aquel
vecindario
?-
Estas
circunstancias
piden
pruebas
mas
positivas
^
que
la
de
una
pre¬
sunción
benigna.
¿
Por
qué
no
han
lie
ser
estos
residenciados
de
tiempo
en
tiempo
j
y
examinados
de
su
ca¬
pacidad
y
suficiencia
para
proseguir
en
el
exercício
de
curar?
¿
Los
pár¬
rocos
j
los
confesores,
y
aun
los
sime
pies
sacerdotes
han
de
ser
así
exá^
minados,
como
se
observa
en
la
ecle-í
siástica
disciplina
para
proseguir
en
sus
ministerios
espirituales
,
y
para
ios
médicos
corporales
no
ha
de
ha-<
ber
una
ley
semejante
que
los
zeíe,
y
estimule
al
estudio
?
¿Piles
qué
!
5
tan
poca
estimación
merece
la
sa--
lud,
y
la
vida
del
publico:
ó
es
la
conciencia
de
estos
mas
eficaz
para
cumplir
sus
obligaciones
,
que
la
de
Aquellos?
Mas
¿
para
qué
es
empeñarse
en
referir
exemplos
de
otra
potestad,
tú.
de
otra
materia?
En
nuestras
le-
Kk
yes
C4965'
yes
recopiladas
tenemos
yá
empezá^
da
esta
disciplina
médica
que
desea-*
mos
y
y
confesadas
las
cansas
de
ig*
inorancia
y
áescuidoy
que
no
me
atre¬
vía
á
asegurar
por
mi
solo.
Dice
así
la
ley
ii.
al
párrafo
20.
deltit.
16,
li¬
bro
3.
yy
Porque
se
ha
visto
por
es-
yy
periencia
que
muchos
médicos,
ci-
yy
rujanos
,
y
boticarios
después
de
yy
examinados
se
ván
cop
partidos
á
yy
las
villas
y
lugares
de
estos
núes-
yy
tros
reynos,
y
se
descuidan
en
estu-
diar
el
tiempo
que
en
ellos
asisten,
,,
olvidando
lo
que
sabían,
y
después
,,
habiéndolos
conocido,
los
echan
yy
de
los
tales
lugares
y
y
se
vuelven
yy
á
esta
nuestra
Corte
á
usar,
y
exer-
yy
cer
la
dicha
facultad
y
artes
con
yy
mucho
daño
de
la
gente
que
no
,,
los
conoce;
mandamos,
se
pre-
,,
senten,
y
vuelvan
á
ser
examina*
yy
dos
y
potquc
de
esta
suerte
ten-
yy
drán
cuidado
de
estudiar,
y
«ose
yy
atreverán
á
volver
á
ella
por
su
ia-
(4975
55
suficiencia,
y
no
habrá
tantea
hombres
ignorantes.
Hasta
aquí
las
palabras
de
la
ley.
De
ellas
y
de
su
espíritu
se
entiende
fácilmente
la
necesidad
de
ampliar
su
mandamien-»
lo,
según
llevo
propuesto.
De
este
modo
se
evitaría
la
indecorosa
vio-,
lencia
con
que
los
médicos
ignorantes
son
echados
de
sus
partidos
^
y
se
re*
mediarían
los
daños
que
resultan
de
£er
también
tolerados.
De
este
mo^rH
do
serán
juntamente
favorecidos
coa
los
vecinos
de
la
Corte
todos
los
deí
xeyno^
de
quienes
es
igualmente
pa¬
dre
y
conservador
un
mismo
Rey^
que
felizmente
reyna
sobre
nosotros-
De
este
modo
en
fin^
me
parece
ten¬
dría
el
último
grado
de.perfección
nuestra
legislación
médica
;
mas
sí
estas
reflexionesque
como
indivi¬
duo
de
esta
Academia
expongo
á
la
sabia
consideración
de
V.
S.
no
fue¬
ren
bastantes
para
que
la
Superipri-
,dad
se
resuelva
desde
luego
á
esta-
hlQ%
(4985
^
blecer
esta
providencia
3
vencíendcy
ya
todos-
los
estorvos
y
que
puedan
¡irnpedirla
y
someto
ingenuamente
mi
parecer
á
sú
superior
discreción
^
y
x:onfbrmandorrie
con
el
estado
ac^
tual
de
stt
disciplina
y
solámente
di*
Té
r
3,
Que
íos^
médicos
que
ignoran
actualmente
la
naturaleza
y
nd^
3^
mero
conocido^
de
las
enfermeda-
des
5
que-casi
repentinamente
cau-
35
san
la
muerte
3
y
los
qué
rió
pro*
■
33
curan
tener
presentes
los
'medica*
'33
mentos
eficaces
que
suelen
curar-
33
las
3
pecan
mortalmente
3
y
están
33
en
este
infeliz
estado
mientras
qué
33
no
venzaii'3
ó'
procuren
vencer
es-
33
ta
ignorancia.
Ló
-mísiríó
podía
decirse
á
.
cerca
de
otras-
enfermeda¬
des
graves
qrié'sean
fréqdéntes
en
el
páis
donde'vivá
el
médico
í'
pero
no
es
de
íezelar
haya
tanto
descuido
en
•estas
;
y
así
sólo
diré
dé
la
ignoran¬
cia
de
las
primera'^.
*
Las
enfernáedades
repéntinamen*
te
(
499
)
te
mortales
merecen
la
mas
vigilan-^,
te
atención
de
los
médicos:
unos
ac¬
cidentes,,
que
generalmente
vernos
quitan
la
y
ida
en
pocas
horas
j,
no
pueden
disimular
el
mas
leve
descui-:
do
de
los
profesores
:
si
estos
igno«
ran
por
su
negligencia
la
naturaleza?
y
remedios
,de
tales
enfermedades^,
serán
reos
del
gravísimo
crimen
de
homicidio^,
y
estarán
obligados
á
sa¬
tisfacer
sobre
estas
muertes
en
lapar<
te
que
fueron
causa
de
ellas:
las
pa*«
labras
con
que
el
Sr.
Gre^ono
IX.
dá
una
doctrina
general
sobre
este:
punto
son
dignas
de
adrnirar
5
en.
la;
Decretal;
9-
de
injuriis
et
damno
illat-Oi}
Dice
así
:
Si
culpa
tua
damnim
cíVr
daturrij
vel
injuria
irrogata
aut
hac-
imperitia
tua
^
sive
negligcntia
evene-^
runt
5
jure
super
bis
satisfacere
te.
Opportet
:
nec
ignorantia
te.
excümh.
si
scire
debuisti
y'
ex
facto
tuo
inju-
riam
verisimilitér
posse
contíngerey
vel
jacturam.
Esta
doctrina
común
y
ge*
^
np-
:im
la
de
4.
años
de
descerro
al
mé¬
dico
reíncidente
en
la
orñision
de
es¬
tas
denuncias;
mas
no
obstante
creo,
que
no
se
han
emendado
todos
los,
defectos
de
ella.
Repetidas
notifica¬
ciones
y
apercebimientos
se
han
he-,
cho
sobre
este
punto
por
el
zeloso
Govierno
de
esta
ciudad
,
notándose
siempre
la
misma
omisión^
comocons-*
ta
de
varios
Acuerdos
(/)
¿
pues
qué
sucederá
en
aquellos
otros
pueblos
donde
el
Govierno
no
sea
tan
sabio
y
cuidadoso
?
En
ellos
es
veros.imij
sea
mayor
la
negligencia
de
los
mé¬
dicos
en
esta
parte.
¿
Quantos
héti¬
cos
y
tísicos
oimos
que
mueren
en
esta
ciudad
y
fuera
de
ella
?
Nunca
han
sido
tan
freqüente
en
nuestro
pais
esta
enfermedad
(exclaman
nues¬
tros
ancianos)
como
lo
es
en
nues¬
tros
dias.
2
Pero
quantos
hogares
ve¬
mos
(/*)
Cabildos
de
19..
de
agosto
de
i
7
5
7
*
!
y
3.
de
octubre
de
81.;
y
otros.
mos
encender
para
quemar
su
ropa
y
muebles?
¿Quantas
alajas
y
mo¬
nedas
del
uso
del
enfermo
son
puri¬
ficadas
al
fuego
?
¿
Quantas
casas,
donde
moraron
^
son
renovadas
es¬
crupulosamente
?
Apenas
se
oye
de¬
cir
algo
de
esto
5
y
por-
eso
quizas
cunde
y
y
se
ha
extendido
tanto
es¬
ta
enfermedad
á
pesar
de
las
opinio¬
nes
y
sentencias
de
que
no
es
conta¬
giosa.
Pero
baste
de
esto
,
y
hable^
filos
de
la
otra
obligación
del
médi¬
co
en
quanto
al
restablecimiento
de
la
salud
ó
su
curación.
La
visita
del
médicó
á
los
enfer¬
mos
debe
ser
correspondiente
á
la
ne*
cesidad
de
estos;
y
así
según
las
circunstancias
'
del
paciente
deberá
SQT
pronta
y
continuada
y
y
no
supér-
jlua.
Estas
tres
propiedades
manifies¬
tan
claramente
los
defectos
y
que
pueden
ocurrir
en
el
cumplimiento
de
ésta
obligación
médica.
Bien
no¬
table
es
hfalta
de
prontitud
en
ocur-
(5085,
rir
el
médico
quando
á
horas
incómo-J
das
es
llamado
por
causa
de
algún
accidente
repentino
:
en
este
caso,
si
el
médico
que
es
negligente
es
ti¬
tular
ó
igualado
,
es
reo
de
infideli-,
dad
á
un
contrato
reciprocamente
interesante
;
mas
si
es
libre,
esto
es:
que
no
es
titular
del
pueblo
,
ni
igua^
lado
anticipadamente
con
el
enfer¬
mo
,
entonces
(
aunque
haya
otro
a
quien
puedan
ocurrir
)
falta
al
quasU
contrato
que
ha
hecho
con
todo
el
publico,
unos
y
otros
serán
reos
pu¬
nibles
,
aunque
de
mayor
gravedad
aquel
que
este.
Así
como
los
párro¬
cos
,
y
en
defecto
de
estos
qualquie-
ra
médico
espiritual,
si
son
negli¬
gentes
y
no
ocurren
prontamente
quando
son
llamados
para
la
salud
espiritual
de
los
fieles,
principal¬
mente
si
insta
el
peligro
de
muerte,
son
reconvenidos
en'
juicio
por
los
Señores
Obispos,
y
se
sujetan
á
las
penas
de
su
arbitrio,
así
también
I05
médicos
corporales
qué
incurren
ed
semejante
inacción
ó
negligencia
res¬
pecto
de
la
salud
del
cuerpo
,
po¬
drán.
ser
reconvenidos
de
esto
^
y,
castigados
al
arbitrio
del
juez
real.
No
es
necesario
para
que
nos
per¬
suadamos
de
esta
verdad:,
buscar
una
ley
3
que
expresamente
condene
es¬
ta
negligencia
del
médico
:
sabido
es
en
todo
derecho
que
la
grande
negligencia
es
culpa
y
¿mas
qué
tal
será
la
de
que
hablamos
?
¿
El
daño
quizas
mortal
que
experimenta
el
en¬
fermo
por
la
tardanza
voluntaria
del
médico^
el
faltar
este
á
su
contrato
ó
quasi
en
tan
graves
y
urgentes
círcuns-
tanciasj
no
será
un
crimen
que
conoz¬
ca
la
autoridad
publica
3
y
castigue
severamente?
No
hay
duda.
Solo
la
puede
haber
en
el
accidente
ó
enfer¬
medad
peligrosísima
de
la
peste
>
de
que
el
médico
recela
contagiarse.
Bien
sé^
que
en
este
caso
hay
algunos
juris¬
prudentes
que
juzgan
no
está
obli¬
ga-
(Sio)
.
.
gado
el
médico
á
asistir
personal-^
^ente;
mas
no
sé
como
podrán
exi¬
mirse
los
titulares
3
ni
de
los
libres
á
lo
menos
aquellos
que
el
Govier-
no
señalare
por
elección
ó
suerte.
Pero
no
nos
detengamos
en
disputar
de
un
caso
^
en
que
siendo
muy
ra¬
ra
en
nuestro
pais
su
ocasiou
ó
mo¬
tivo
3
será
mas
raro
que
ocurra
es¬
te
defecto
médico.
No
¿solamente
la
incomodidad
de
las
horas
suele
hacer
negligente
al
médico^
sí
también
la
pobreza
del
paciente
:
entonces
suele
ser
mas
fre-
qüente
su
descuido
3
no
solo
en
la
prontitud
3
si
también
en
la
continua^
don
de
su
asistencia,
j
Quanto
se
que-
xaii
de.
esto
los
infelices,
que
no
tie¬
nen
para
darle
el
honorario
ü
esti¬
pendio
por
sus
visitas!
Pues
tengan
entendido
unos
y
otros,
que
los
po¬
bres
tienen
un
derecho
de
rigorosa
justicia
para
ser
asistidos
por
el
me¬
dico
con
igual
y
aun
mayor
esmero
°
aue
que
los
mas
poderosos
y.
K,torales.Pof
ía
piadosa
disposición,
y
práctica,
de
nuestro
Govierno
han
sido
provistos
de
médí.CQ
.los
énfermos;
pobres,aun
mas
abundantemente
que
los
ricos,
que
pueden
dar
el
honorario
mas
cre¬
cido.
No,-solo
por
raz:on
del
oficio
ptí#
blico
que
exerce
el
nlédico,si
tambieu
por
la
ley-santa
é
invioíable
deíju-
íamento:
que
hace
quando
és
apro^
bado
en
las
universidades
>
y
ultiman
mente
en
el
Protomedicato
,
resta
obligado
á
asistir
al
enfermo
pobres
y.
curarle:
graciosamente
t
y
ved
aquí
que
el
abandono
de
su
ásístencía
y
curadon;
será
un
delito
que
pueden
y.
debe.ser;castigado
por
la
potes¬
tad
exterior^
El
Emperador
Justmíor
«0’C'|:
)rjUzgó
por
reos
muy
culpa¬
bles
á
ios-
médicos
que
dexan
la
em¬
pezada'
curación
de
un
siervo:
¿
pues
qué
será'
de
los
que
abandonan
la
dé
;
.nrr:-,
-
.
L
1
íoS
.
___
^
Tit.
de
Leg.
Aquilia»
fsi25
los
pobres
á
qt^ienes
con
tan
fuertes
y
'
sagrados
vínculos
están
obligados
nuestros
médicos?
Aquí
resta
entender^
quien
es
el
pobre
de
que
hablamos.
Este
es
un
punto
difícil
de
difinir
j,
y
por
tanto
el
primero
donde
puede
cavilar
ex¬
cusas
la
ignorancia
ó
codicia
del
mé¬
dico.
Yo
no
me
atrevo
á
señalar
de¬
terminadamente
la
condición
y
cir¬
cunstancias
de
él
5
pero
sí
diré
:
que
aunque
no
sea
solemnemente
tal^
co¬
mo
es
el
mendigo
3
será
una
omisión
impiísima
y
criminal
dexar
de
asis¬
tirle
por
falta
deí
honorario
corrien¬
te.
El
médico
que
así
haga
3
puede
ser
castigado
por
la
autoridad
públi¬
ca
3
y
oftigado
á
proseguir
asistién¬
dole
hasta
el
fin3
aunque
después
ten¬
ga
acción
de
pedir
judicialmente
(
sí
fuere
necesario)
el
correspondiente
honoraria3
y
cobrarlo
si
conociendo
el
juez
la
condición
del
eníerni03
juz¬
gare
que
le
es
debido.
Esta
es
la
con-
ílucta
de
un
médico
deshonor
y
dé
caridad
:
pues
á
la
verdad
>
¿
qüan-
to
mas
justo
es
que
se
4
e
obligue,
aperciba
,
y
oprima
para
que
pague
el
deudor
que
está
escaso
de
medios,
pero,
sano
^
que
no,
quando
está
fermo
,
y
por
tanto
afligido
y
mas
necesitado
?
Aun.con
estas
reflexiones
tan
jus¬
tas
y
christianas
puede
ser
no
se
con¬
venzan
todos
g
Para
qué
hay
tantas
hospitales
'
públicos
‘
dirá
acaso
al^
gun:
médico
cansado’ya
de
asi$tir:á
un
enfermo
^
que
no
puede
pagarle
por
su
pobreza:
no
tiene
para
curarse,
en
su
casa
y
ocurra
á
estas^
donde:
tendrá
alimentomedicina
,
y
médico
de
valde.
Con
esta
razón
pre¬
tende
-Pn«/o
Zaequias
sino
excusar^
á
lo
menos
moderar
esta
obligación
del
médico
con
el
enfermo
pobre;
pero
en
vano
á
mi
parecer.
Esta
pro¬
porción
de
hospitales
,
que
por
la
piedad
de
nuestros.Reyes,
7
otros
?Si4l
buenos
eiudaclanos
hay
en
e§ta
Cítf-i
dad
y
otros
pueblos
solo
moderan
algún
tanto;
la
obligación;
íde'limos¬
nas
>
que
para'SU
alimento
necesiten
losienfermos
particulares^:
así:eFob»^
jeto
de
aquellos
pios
institutos;no
es
el
alivio
de
los
«médicos
>
sino-
el
de
los
enfermos
necesitados;
por
:
1
o
que
;estos
pueden
alimentarse
■
en
sus
casas
de
su
peculio
i
ó
pohi
la
earir
dad
de
sus
bienhechores
j
de
ningún
modo
están
excusados
los
médicos
de
asistirles,
en.
ellas
y
y
visifarles
r
sin
qlie
.
deban
los
pobres
defraudar
de
su
alimento
necesario
j,'para:
tener
con
que
pagar,
la
asistencia.del
mé¬
dico,,
pues
el
alimentarseres
prime--
ra
Obligación
y.
derecho
mas
fuer¬
te
,
que
la
paga
del
médico.
Ni
és
de
vituperar
la:
repugnanciay
que
de
seogerse
á
los.
hospitales
se
vé
co¬
munmente
en
los
pobres,
aunque
no
tengan
mas
;que
para
mal
alimen¬
tarse;
el
carino
coa
que
les::
asiste
su
CsiíO
Sufamilía^
y
la
compañía
naturalra^n*
té
amable
de
los
suyos
les
es
de
tanr
tO;
consuelo
y
alivio
en
sus
enfermei^
dades
y
^uanto
les
aflige
y
agrava;
la
aspereza
y
poca
humanidad
con:
que
suelen
ser
tratados
en;
algunos
hos¬
pitales
5
¡la
triste
compañía
de
Otros
enfermos
í.que
les
:ródean,
y
otros
muchos.
1
motivos
>
que
fácilmente
puede
conocer
^
quien,
se
acerque
'á
examinarlos.
:
Ijlegamos
ya
á
la
tercera
propie¬
dad
de
la
visita,
y
(es'yrque
no
,se^
superfiua.
No
es
necesario
advéctir
á
ios
médicos
esta
obligación,
¡quando
asisten
al
pobre
deque
he
hablado^,
lí
al
igualado
que
annualmente
lesdá
un
detetrainado
honorario:
en
esíó^
casos
no
pueden
ocurrir
defectos
por
superfluidad
en
las
.
visitas
,
pues,
pi
aquel
espera
delicadamente
sü:
con-
valecenciay:
ni
esté
aumenta
el
esti¬
pendio
annual
por
el
mayor
numeró
de
así
ni
¿en
unos
,5
oii
en
^
otros
(
5^25
gastos,
a
y
no
dén
seguridad
al
enfer»
tno^de
que
quedará
sano.
.
.
■
.
Además.de
los
referidos
casos
en
que
la
codicia
puede"
hacer
defec¬
tuosos
á
los
médÍGOSj;hay
otro
muy
principal
de
que
habla
el
Sr.
Felipe
JIL
en
su
pragmática
de
7.
de
no¬
viembre
de
1617.:
pór
ella:
-íe
prohíbe
á
los
médicos
hacer
en
sus
casas
pur¬
gas
d
medicamentos
para
vender
y-ni
£on
titulo
de
ser
secreto
suyo
;
.sino
que
frectsamente
los
manden
hacer
á
■
los
boticarios.
La
causa
ó
.
motivo
■
de
es-
•
ta
ley-consta
claramente
del
cap:ci6.
de
ladey
ii.
recopilada
,
tit.
i6¿jdel
Ubi
^.:c;:aquí
después
de
imponerla
pena
den
bS.
maravedís
á
los
médi¬
cos
ó'cirujanos
quev
contravinierenj
sé
dá
ia
razón
deiesta
prohibicioá>
diciendo::
porjqu&\íkihace!r¡losieni^
casas
resulta
-en
\fámdé:ydañ^<ás^kic
enfermos
.^.
.
xqiie
se^
fes
hacen
pagar^tn/ic,
cha
rqas
de
lo
que
valen.
Son
las
mis¬
mas
palabras
de^.la^ley
5
y
es.tar^o
(S*35
tan
terminantes
^
lio:
hay.
cjue
discuP
rír
mas
sobre
este
punto.
No
obstan-
te.>:
ae
jóye
Íreqheníeiiíeníe
que
algu¬
nos:
médicos
ó
cirujanos
tíeneit
una
t^ceta
especial
para
curar
ciertas
em
fermedádes
>
'
y
que
ocultamente
ia
administran
pues;
si
la
publicasen,
resultaría
en
perjuicio
de
sus
intere¬
ses,
no
ocurriendo
á
él
tantos,por
ser
ya
conocido
el
medícarñento»’
¿
Qué
diremos
,
pues
>
de
estos
que
Tan
cautelosamente
ocultan-
estos.se¬
cretos
>
prefiriendo
su
utilidad
pro¬
pia
á
ía
salud
publica,
y
á
la
mayor
perfección
y
enriquecimíénto
de
es¬
ta
ciencia
?
Ciertamente
que
son
es^
tos
unos
individuos
poco
amantes
de
la
-Sociedad
,
Ihombres
indolente^
de
la
aflicción
dé
sus
hermanos.
iQue
exemplo
para
su-
confusión
.Ies-
da
V.
S.
á
semejantes
profesores
quan^'
do
(ion
tanta
liberalidad
manifiesta,,
y
publica
los
deschbrimienios,
que'
con
esmero
se
hacen
cada
año
enes^
1.-.:
ta
ta
sabia-.
Academia!
Esta
conductS
liberalísima
hace
á
V-
S.
muy
reco-^
mendable
en:
e
l
acatamiento
deamesi
tro
Dios
>
en
la
.estimación
de
nues^
tro
Rey
magnánimo
í
y
en
la
grati¬
tud
de
todos
los
pueblos
5
al
mismo
tiempo
que
aquellos
son
desestima¬
dos
de
todos:
como
.logreros
viles-
é
indolentes
,
que-
hacen
impíamente
venal
la
ciencia,
que
el
Señor
les
ha
concedido
graciosamente
¡
Que
do-,
lor
!
No
hay
remedio
exterior
que
los-Gorrijá?
Mucho
dió
que
pensar
un
caso
semejante
á
las
piadoras
in¬
tenciones
del
Sr.
Carlos
III.
y
su
sa¬
bio
Consejo
,
como
lo
manifiesta
la
real
cédula
de
20.
de'mayo
de
1788.
Veáse-en
ella
loque.disp.uso,
para
qwú.
no
perezca
el
secn'eto
dtlos
medicamen*
tas
qtie
imente
algún
particular^y
pa^
ra
que
el
inventor
na
caiga
en
la
descon^
fianza
de
manifestarlo
á
los
facultaf'^^
vos
y
que
le
aprovecben^y
usen
en
perjui¬
cio
de
ék
Diríjase
pues,
la
Supenon-
0ad
médica
por
el
espirtu
'
de’está
pragmática:
velen
los
tribunales
so¬
bre
la
exacta
obsevancia
de
la
otra
ley
11
.
de
nuesrta
Recopilación:,
y
así
podrán
conocerse
los
descubrimien¬
tos
hechos
por
los
tales;
médicos,
en
caso
de
que
ellos
no
los
publiquen
por
sí
mismos
viéndose
atalayados
en
su
secreto
manejo,
6
atraídos
del
deseo
de
extender
su
fama
y
y
pro¬
curar
'
su
interes
de
un
modo
mas
decoroso.
^O!
¿
Qué
interés
es
estey
Señores,
que
así
pervierte
el
cora-,
zon
dei
hombre
?
Por
aumentarlo
el
médico,
dice
el
citado
Zaoqmasy
aun
no
perdona
Isf
buena
fama
de
sus
compañeros
y
pero
de
esto
hablaré
en
el
,
.
•*
.
.
PUNTO
IIL
X
ensé
omitir
este
punto
quando
distinguí
generalmente
los
defectos:
prácticos
del
médico,
porque
m'e
parecía
í
que
los
casos
en
que
este
pue-
(
52
^
)
puede
'
perjudicar
á
el
público
en-
el
bien
de
la
/ama.,
no
eran
tan
prin-y
cipalei
j.
'ni
ocasionados:
^
como
1q¿
que
me
propuse
tratar
;
pero
refle^t
xionarído
mas,
atendiendo
á
dar
una
completa
división
general
de
los
da^^
ños
4ne
puede
causarnos
su
defec-^
tuosa
práctica,
determiné
hablar
también
de
esto
separadamente
aun*
que
con
brevedad:
bien
es,
que
sí
reU
flexionamos
con
escrupúloisidad
quan^
tos
y
quan
perjudíciaiés-pueden
só?
los
defectos^
del
médico:
.en
esta
nia^í
teria,
acaso
serán
reputados
enire
los
mas
principales.:
Loqmcídad
llama
Zacquíus
d\
defecto.'del
médico
que
desacredita
.á
otro,
por
rnas”
acreditar^
se
él
y
utilizarse.
¡Que
danoi:.tan
grave
es
esté!
No'éff.fadifcomputar-
io.
Apenas
se
hallará
oficio
,
artd',
j6
píofesion
en
que
*sea
tan
íntéresanté
la
buena
fama
del
profesor,
como
es
en
el
del
raédíeo
:
según
ella
lo
esti¬
man
las
gentes:
según
que
lo
esti-.
man
man
,1
la
llaman
en
sus
éñferínéda^''
des'^
y
según
que>ló
ilanian,
gáná'süsi'
cstipendiiüs
y
su
subsistencia.
'QUáíi-
tos
médícosse
verán
áCasáinjustameñ--
te
abandonados
en
e!
olvidó
dé
las
gentesj,
y
por
consígtíienté
en
úna
seria
iafnentable,
por
haber
sido
désá-
credítados'
por
los
mismos
prófesb-^
res!
Estos
les
están
obligados
acofhf.
pensar
los
intereses
por
su
caüo
sa
perdieron
injustamehtej
y
podrían
ser
castigados
extetidrrnente
si'
in¬
tentasen
en
él
foro
la
^cion
de
§tíéb
relia
y
que
les
cofri'-éSpondé.
baste
de
éfsto
,-
y
’-
habíemos
ya
:dé’
otra
hquácíúad
,
con
^que
el
rriéd-icó^
puedó^ser
muy
deíéctuósó
en
punto.'oq
f);íi
in
rxM
.V.
■
Ésta
es
la
dem’asíaÜa-facilidad'
en
manifestar
•
álgünáS
’éníérfriedáyésf
Q
achaques
de
sus
cHéMéSy
por-
ías
’quaí¿
les
pierdett^estos
su
buena»
repíuao
ciou
y
'fama
en
él
\órden
moral
H
'
tal¬
les
SOíi
'
i^S
vehéíéá's”
adquiridasV'
la'
Mm
pre-^
(5285
preñez
6
parto
oculto
de
las
áoltera^
y
otras.
¡O
!
¿
Qué
será
de
los
mér
dicos
que
así
manifiesten
el
desho¬
nor
é
infamia
de
sus
clientes?
A
cer-»
(ja
de
esto
resuelvo
con
distinción:
pues
ó
revelan
esto
por
sola,
su.volun*
tjad
y
ó
por
utilidad
grave
de
algurt
tsrcero
y
6-porque
fueron
preguntados
por
algún
jue%.
:
Si
fue
del
primer
mo-»
do
son
reos
de
un
grave
pecado,
y
4el
delito
de
injuria.,De
este
caso
á
lo
menos
entiende
Zacquiás
lo
que
dixo,
en
estas
palabras:
Loquacitas,
it%
médico
tune,
justis
poenis
rnalctanda
esty
cum
secreta
sibi
commissa
y
ques
detecta
in
damnum
y
vel
injuriatn
alU
cujas
persones
emanare
possunt
’ytnéy^
dicus
detegit.
Mas
si
fue
por
.utili¬
dad
,
notable;
de
alguno
,
;
v.
g.
si
al¬
guna
persona
.desease
saber
-.por
el
médico
la
sanidad
y
conducta
de
otra
para
casar
con:
ella^
entonces;resuel¬
ve
^
el,
mismo
qu^
podrá
el
médico
declarar
rodo
lo
que
sepa
á,
.
cer^
a
cerca
de
ella
5
peró
yo
cónsiderám
do
el
conflicto
de
dos
obligaciones^
en
que
se
halla
el
médico
en
este
ca¬
so
3
la
una
del
silencio
con
que
de¬
be
tratar
al
delinqüente.;>
favorecien¬
do
así
la
confianza
del
piíblicó
^
y
la
otra
de
la
cafidad
con
que
debe
mi¬
rar
al
inocente
j
que
se
informa
dé
él
en
materia
tan
interesante
5
di¬
go
:
que
deberá
portarSe
el
médico
con
mucha
cautela
5
y
ver
con
ex¬
quisitas
pruebas
>
si
es
preguntado
con
sinceridad
y
de
buena
féy
si
Callará
aquel
el
defecto
que
él
lé
revele,
pues
faltando
estas
circuns^
tandas
3
convendrá
qué-
se
absten^
ga
de
declarar
:
é
impútese
á
sí
mis¬
mo
el
interesado
la
reserva^
que
con
él
ha
tenido
el
médico
^
ó
inda¬
gue
la
verdad
por
otra
parte.
Final¬
mente
si
fuere
preguntado
él
médico
por
legítimo
juez
,
por
haberse
de¬
ducido
ya
en
juicio
la
causa
de
que
50
trata,
podrá
j
y
deberá
decláraf
(Sití)
;sin
recelo,
p
:pues
es
regulafque
solo
sea.
preguntado
en
esta
rtiíateriaipaía
yind,icar
el
grave
daño
ó
agravio
de
alguno
•
d,
para
zelar
el
bien
inte-
jeesant^
del
.público
y
quando
ya
ilaya
.grave
prqeba
deÍ('easQ.i
En
esr
lia.s
circunstancias
en:
que
el
mismo
4*1^0
est4.
obligado
á.
declarar
la
ver^
dad
á
como
no
podría.
5;
y
debería
.declararla
también
el
médico
?
tan
racional
esta
y
las
demás
reso¬
luciones.?
•
qiie
por
sí
mismas.
¡están
man.ifestandojsu
justicia,
140
obstani»
te
yo
quisiera
detenerme
en.
su
mas
.extensa
declaraciónpero
temo
dila¬
tarme
demasiado^
porque^réstan
aun
casQs
muy
graves
en
la
materia
del
ULTIMO
FUNJO.
ro
;wLílegamos
ya
á
tratar
de
los
defec¬
tos
con
que
e}
médico
puede
perju^
dicar
el
bien.
espiritual
de
los
eníer-
mos.
No
intento
hablar
aqux
de
la
'
.
.
de-
^530
.
.
^
demasiada
libertad
con
que
siiéleiV
dispensar
en
las
obligaciones
de
vft'
Misa
5
ayunar
o
y
ábsteinérse^
de
có'-p
fner
carnes
:
sU
sentencia
fiiridadá
quizas-en
solo
el
informe
de
uli
éri^
termo
melindroso
,
suele
ser
tehidá"
por
decisiva
en
esta
matériay
sin
cdiit’
Eultar
al
médico
espiritnaly
corrío
é^-^:
tá
mandado^
por
ser
Uh
pürito
espirP
tual
y
y
porque
aunque
este
no
éii--
tienda
dskameríte
la
necesidad
de
la
enfermedad,
se
juzga
mas
difícil
qué
se
le
engáñe
con
su
iñfórrríe
siniés-"
tro:
en
fin
el
médico
por
su
párte-
será
responsable
á
Dios
del
quebraría
tamiento
de
estos
preceptos,
sinO-
jnzgó
én
justicia
las
causas
que:
príé‘
den
excusar
de
estás
oblfgácionés.
Leansé
con
reflexión
las
observacio¬
nes
prácticas
•
(w)
que-hízo
un
SociO
nuestro.'
en
esta
matefiá.
Tarrípoco'
'
■
r
r,
:
:
,
qtlie-
'
*
(m>-To«ir
j.-
de
las
Memor.
Aca^émt-'*
cas.
pág.
i6u
•’
,
•
(
538
)
jy
üt
idoneó
confessori.
omnia
pecca-
ta
sua
juxta
ritum.
S.
R.
E.
conti-
yy
teaiiturñeque
tertio
die
ulteriüs
35
eos
visitent
5
nisi
longiús
tempus
35
infirmo
confessory
bb
alíquam
ra^:
35
tionabilem
causarn5
super
quo
ejus
35
conscientiam
oneramus
y
conces-
35
serit
3
et
eis
per
fidem
confesso-
yy
ris
in
scriptis
factam
constiterit,
35
quód
infirmb
ut
praemittitur;
pee-
35
cata-sua
confessi
fuerint.
fc
-
Para
eomprehender
mas
clara¬
mente
el
caso
de
estas
leyes
y
con¬
sideremos
también
sus
motivos
y
fi¬
nes
porque
fueron
establecidas.
Dos
motivos
correspondientes
á
otros
tam
tos
fines
3
son
los
que
se
refieren
.en
los
citados
decretos;
el
i.
es:
la
enfermedad
corporal
proviene
algunas
veces
de
pecado,
yy
Gum.
infirm.itas
35
corporalis
5
dice-
Innoc'encio.llLt
33inonaumq;úam
á
.
peccatio
provc-
niiat.
El
2.
es
:
porque
algunos
pos^
trados
en
el
lecho
de
la
enfermedady
(
539
)
qmndo
se
les
persuade
pót
los
médicos
que
dispongan,
de
la
salud
de
su
álmay
caen
en
el
articulo
de.
desespenacion,
por
lo
que
mas
fácilmente
incurren
en
el
peligro
de
la
rhuerte.
„
Quód
qui-
5,
dam
in
í^gritudinis
lecto
jacentes,
yy
cúm
eis
á
medicis
suadetur,
üt
de
5>
animarüin
salute
disponant,
in
desperationis'
artículum
incidunt,
>>
undé
faciliús
mortis
periculum
in-
3,
currunt.
Con
estos
motivos
se
mandó
que
los
médicos
procuren,
que
sus
enfermos
confiesen
al
princi¬
pio
de
su
enfermedad.
¿
Y
para
qué?
Ved
aqm
el
fin
primero
’correspon-
diente
á
el
primer
motivo:
á
saberi
para
que
así
se
proceda
mas
saludable*
mente
a
lc{
medicina
corporal’'
*
Ut
>i,
postquam
fuerit
infirmó
de
spiri-
5
,
tuali
salute
provissum
¿
ad
corpo-
yy
ralis
medicinas
reniedium
Salubrius
yy
procedatur.
El
otro
fin
que
cor¬
responde
á
el
segundo
,
es
este:
no
sea
que
si
á
los
enfermos
seles
persua^
de
(S
4
o
5
^
'de
que
confiesen
solo
quando
están
en
ta
extrema
enfermedad
y
desesperen
ya
de
sanar
y
con
cay
a
imaginación
caen
mas
fácilmente
en.
el
apeligro
de
la
muertez
yy
Né
Clím
eis
hóc
in
extrema
aegri-
ly
tudíne
costitutis
suadetur,
in
des-
yy
perationis
articulum
incidant.
Después
de
una
tan
auténtica
de¬
claración
de
las
partes
de
estas
de¬
cretales
¿
quien
podrá
dudar
de
su
natural
y
terminante
sentido?
¿Por
qué
no
ha
de
entenderse
este
pre¬
cepto
en
toda
enfermedad
grave,
que
es
en
la
que
ordinariamente
son
llamados
los
médicos
para
los
enfermos
y
estos
están
postrados
en
cama'^‘
¿Por
qué
se
ha
de
aguardar
á
la
enferme¬
dad
peligrosa
y
extrema
para
el
ca-
50
de
esta
ley
,
quando
expresamen¬
te
se
vá
á
precaver
por
ella
esta
de¬
mora
?
Hagamos
alto,
Señor
y
en
e^ta
reflexión,
y
veremos
que
no
hay
razón
alguna
para
alterar
con
inter¬
pretaciones
cavilosas
una
ley
tan
da-
fe4i5
ra
én
su
sentido
,
tan
próvidamente
establecida
y
tan
estrechamente
re¬
comendada,
y
tan
segura
en
su
obser¬
vancia.
Si
parecen
muy
rigorosas
para
los
transgresores
las
penas,
con
que
les
amenaza,
no
merecen
sino
todo
rigor
>
los
que
no
cumplen
uñá
Obligación
tan
útil
para
los
enfermos,
como
fácil
para
los
médicos
á
quienes
está
impuesta.
Estos
motivos
son
bas¬
tantes
para
justificar
la
prudencia
de
aquellos
Pontifices
,
en
imponer
tan
rigorosas
penas
á
los
médicos
3"
que
no
amonesten
ante
todas
cosas
á
süs
enfermos
la
confesión
sacramental
en
toda
enfermedad
grave,
‘
aunque
actualmente
no
sea
peligrosa.
Yorrie
detendría
mas
en
este
punto,
sino
temiese
abusar
de
laatencion
de
V.S.
bolo
le
confieso
ingenuamente'
que
extraño
en
gran
manera
,
como
hay
entendimientos
cultos,
fieles,
y
aun
timoratos
que
no
estén
persuadidos
de
esta
verdad;
é
imbuidos
de
unas
xé-
^
54
?:)
refle?fion^.
tan
justas.>
como
.pro-*
pías
de
la
caridad
christiana.
Según
ellas
reflexione
y.;.S.
sobre
ei
cum¬
plimiento
de
esta
obligación
::
con¬
sidere
si
la
práctica
general
de
man¬
dar
confesar
al
enfermo
está
arregla¬
da
según
los
fines
5.que
se
han
pro¬
puesto
los
Papas
en
.sus
decretos,
ó
si
por
el
contrarío
se
aguarda
á
decirlo^
quaiidp
ya
todos
temen
dar
Ja
noticia
al
enfermo,
quando
este,
se
ame¬
drenta
y
perturba
con
el
avisó.y:y
acaso
quando
ya
lío
está
capaz
de
hacerlo..
Juzgúelo
finalmente'
sin
preocupación
todo
entendido,?
y
co¬
nocerá
si
hay
defectos
gravísirUos'
en
el
cumplimientode
esta
obliga-
don
rpédica
:
y
baste
ya
la
que
so¬
bre
este
y
los
demás
puntos-tengo
dicho».,.,
.
J
.
.
c,;
n.wv
DELAS
DISERTAÜIÓÑES
éÓN-
í
'
íewKÍíW
eu
éste
Temo.
■
x
.
.
’3
.
.
.iOí:;,.-:
/
í.i
JL/iseftacion
jmédica
:
De
va-
.ii
rías
consideraciones
prácticas
rela¬
tivas
á
la
hemotisis
¡,
con
la
^cs-
'
cripcion
de
un
nuevo
respirador.
Por
el.
Dr^
.D.
Gabriel
Koúri-
.
guez:
de
Vera
i
..
Página
“í.
II.
Disertación
chiriírgica
:
Del
pa-
:
ralelo
entre
la
curación
radical
y
paliativa
de
Jas
úlceras
oontuma-
ces.
-
,
,,
Por
D.
Francisco
Victorino
Go*
.
.
.
.
^.Pág.
:3o.
III.
Disertación-
médica:
De
Ja
ino.
cencía'y
utilidad
.de
los.
vegigato-
rios
en
dos
casos
de
recren
pari¬
das.
.
V
Por
el
Dr.
D.
Diego
de
Vera
y
f
í'.[.
i^'.fág.si.
IV.
DiSeríaCiofr
rriéaicá
r^Dé*la
uti--
.
rapViimiefito-^
genial
•:
■
"particular
en
éf
reumatismo.
'
^
Por
B,
-^Víihntm
‘Gmzalez
y
Centeno
..
Pág.
70,
V.
Disertación
físico-médioírCon-
-r^sidetacionesr^rda
tiws
ú
las
íáQSjMdi
.EiTinorias
presentadas^
sübxc
rel'
dfana
ísrientos.
dieT.iSevilla¿l
i:
asvií
.lobuPor
el
‘DnjiDi
-FrancismSan^
-hkdtd.
Buefidík..'^^.
.V4'P<ág.
90.
.Vlí'.iiDísertaciiM
chirúigioa
la
-n-7¿efícacia;.;déíúa-
Cicuta
l
en'J6§
caÜ-
V
íctós
^
y
utilidad
decidida
por
ob.»
•faservadones
.
propias
y.'agenasr
de
los
polvos
Benedictos
de
di»rt--
^^nan
eii’“la
otÉracion
de.loslexter-
.o;;nos.
.
.
...
-oai
í^íPor
-DÁrMnmeí
Jos^i
XM-
w§!z..
vU
b
^
.M'.'^Págn-'i^os.
'VM;
!
■
Disertaban,
chinaco-irnédica:
De
varias
combinaciones
paca
pre-
loHc
pa-
r
^afar:
el
■
xabón>
ácídoj^
y
crítrc~i
sobre
:sti
:üso
interno.^,:
'
l
:
Por,
el
Br,
ée&a
,ry
.
-JMon.
.
•
.
.
M:Pág.
rVJJIsaÉH^ectadon
ehirúrgiGa
u
Be
las
iiernias
poco
.vulgares
dd«es-
.c0rm^,.v5ussefíaleSjrímedios
de
-:.¿V\jecí<5n;
-
iioi'ji.i
•
*
'
X
:iPi)r^D,
JuanrMoütista
Mato-
m\
.
..
.<
;í
í*rv'
r.
Pag.-.ligó.
JX.-
Disermdoa
pojitico-médica:
.'
De
líT
necesidad
absoluta
que
hay
it
deTidar
á
los
ihospiiídes
y
cáídéK
o
les
de
.Sevilla
nueva
exíensioa
y
-
r
planta(,5L:
jpara,
la
Salubridad
y
pu¬
reza
de
sus
atmósferas.
.
•
Berüar.d'<¿.
Bominguez
.
Rosaiñs..
s
.
.4
Pág.
•j'iys.
X.
Disertación
teologico-canonicO^
médica
De
las:
regias
que
rigen
!•'
en
d:juicio
de
jas-curacioneami-
i'-lagrosas;,
:'‘
Por
el
Br.
B.
Francisco
de
Soles
V
Boárigú'ezdé
la
Banclm^.P'dg.
206,
'¿-
■
•'I..
XT.
Disertación
chinírgíéa:'
De
jos
caractéres
esenciales
que
acompa-
vñan
la
puntura
parcial
ó-total
•
de
una
arteria
en
las
sangrías
or«.
^
dinaias
,
y
auxilios
para
preca-*
'
ver
la
muerte;
•'
•
Por
D.
Josef
Ramos.
;
Pag.
243.
XII.
Disertación
médica
:"De
la
ia-
-
titiid
que
admiten
el
regimen
^
dieta
del
puerperio.
Por
el
Dr.
D.
Antonio
San-^
^
taella.
..PágJ
XIII.
Disertación
médica
;•
í
De-
el
método
mas
simple
seguro
de
curar
el
cólera-morbo
espqn-
taneo.
'
-
'
,
Por
el
Dr.
D.
Francisco'San-^
.Z
cbo
Bucndia.
..
P
ag;
XIV.
Disertación
teológico-médica:
;
Sobre
la
exposición
de
los
vers.
■
32-
33-
y
34-
del
cap.
37.
del
Eclesiástico,
y
templanza
en.
el
r-'eomer
j
y
beber.'
•
Por
el
Dr.
D..
Josef
Alonso
y
'Saenz
.Pág.
305,
XV.
Disertación
médicas
Dei
mé-í
•
todo
y
remedios
mas
seguros
de
'
curar
radicalmente
las
calentu¬
ras
intermitentes
otoñales.
Por
el
JDr.
ID,
Diego
de
Vera
y
Limón.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Pág.
319*
XVL
Experimentos
eléctricos.
Por
et
Dr.
D.
Gabriéí
Rodri*
guez
de
Vera.
.
...
.
Pag.
339
-
XVII.
Disertación
inaugural
r
Los
baños.
Portel
JDr.
D.
Bonifacio-Juan
Ximenez
de-Lorite.
.
,
.
Pá^.
345.
XVIÍI.
Disertación
fisico-médicá:
Del
mecanismo
con
que
se
forman
y;afecta;íi
a
varias
partes
del
cuer-
'
'
J)ó
los
que
llaman
flatos
Ó
vapo-
•
•
res
en
ambos
sexós.
-
Por
el
Dr.
D.
Marcos
HiraU
'
des
de
Acosta.
.
,
.
,
.
Pág.
367.
XIX.
Disertación
chiriírgica
:
Del
c
discernimiento
con
que
deberán
V
curarse
las
gangrenas
^
para
ha¬
cer
mas
Util
la
cirugía.
Por