El proceso de objetivación del tiempo fenomenológico
Abstract
Partiendo desde una perspectiva fenomenológica, se investiga aquí el denominado tiempo objetivo desde el punto de vista de las operaciones que lo constituyen en la inmanencia de la conciencia. La investigación husserliana analiza el proceso de objetivació
Full text
Thémata. Revista de Filosofía Nº47 (2013) pp.: 165-183. – 165 – EL PROCESO DE OBJETIVACIÓN DEL TIEMPO FENOMENOLÓGICO. UN ESTUDIO ACERCA DE LA CONSTITUCIÓN DEL TIEMPO OBJETIVO EN TÉRMINOS HUSSERLIANOS Verónica Kretschel UBA-CONICET-CEF (Argentina) Recibido: 12-11-11 Aceptado: 18-07-12 Resumen: Partiendo desde una perspectiva fenomenológica, se investiga aquí el denominado tiempo objetivo desde el punto de vista de las operaciones que lo constituyen en la inmanencia de la conciencia. La investigación husserliana analiza el proceso de objetivación del tiempo inmanente sobre la base de una conciencia subjetiva individual. Este abordaje, que podríamos considerar solipsista, intenta ser complementado con un estudio del tiempo del mundo como tiempo intersubjetivo. Palabras-clave: Fenomenología; Husserl; Temporalidad; Objetivación; Intersubjetividad. Abstract: From a phenomenological point of view, the objective time is explained as a result of the operations of the constitutive process of the inmanent timeconsciousness. Husserlian research analyses the inmanent time objectivation process focusing on an individual subjective consciousness. Our intention is to try to complete this approach, that we can call solipsistic, by a study of the time of the world as an intersubjective time. Key-words: Phenomenology; Husserl; Temporality; Objectivation; Intersubjectivity.
Verónica Kretschel Thémata. Revista de Filosofía Nº47 (2013) pp.: 165-183. – 166 – “Nuestro próposito es un análisis fenomenológico de la conciencia del tiempo. Como cualquier análisis de esta índole, ello implica la completa exclusión de cualesquiera asunciones, estipulaciones y convicciones a propósito del tiempo objetivo (…) De igual modo que la cosa real efectiva y el mundo real efectivo no son dato fenomenológico ninguno, tampoco lo es el tiempo del mundo, el tiempo real, el tiempo de la naturaleza en el sentido de la ciencia natural y también de la psicología como ciencia natural de lo anímico”1. En este párrafo realiza Husserl una de las primeras aproximaciones al principio metódico que años después explicitará y que recorrerá luego toda su obra. La exclusión de todo supuesto en relación con el tiempo objetivo es considerada una versión “inmadura” de la reducción fenomenológica2 y tiene un carácter, en principio, meramente negativo; se determina aquello que no se tendrá en cuenta como comienzo de una “fenomenología de la conciencia del tiempo”, i. e. : el tiempo objetivo, como toda otra instancia trascendente, no es dato fenómenologico. El punto de partida se encuentra en la inmanencia de la conciencia. En este sentido, lo único que se asumirá en el análisis son las vivencias, sean de carácter intencional (como los actos) o no-intencional (como el contenido hylético); ellas representan el dato fenomenológico. Ahora bien, esta exclusión del tiempo objetivo no implica que este no sea tema de la fenomenología. Al igual que los objetos trascendentes son reconducidos a sus operaciones constitutivas en la inmanencia, el tiempo objetivo será explicitado a partir de las vivencias que lo constituyen. Ahora bien, la problemática del tiempo ha sido tratada por Husserl a lo largo de toda su producción filosófica. En su obra se distinguen tres grupos de textos relativos al tema. El primero, conformado a partir de las Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo y otros textos complementarios entre 1893 y 1917, presenta la versión canónica de la interpretación del tiempo en Husserl y extrajimos de allí la cita con la que comienza este artículo. El segundo grupo recoge los así llamados Manuscritos [1] Edmund Husserl, Zur Phänomenologie des inneren Zeitbewusstseins (1893-1919), Husserliana X, Den Haag, 1966, p. 4. Se recoge la traducción castellana de Serrano de Haro: E. Husserl, Fenomenología de la conciencia interna del tiempo, Madrid, Trotta, 2002, p. 26. En adelante consignaremos la página de Husserliana (Hua X) y entre parentesis la de la traducción. [2] J. Brough, “Translator´s introduction”, en On the phenomenology of the consciousness of internal time (1893-1917), Dordrecht-Boston-Londres, Kluwer, 1991, p. xxi. En este texto Brough plantea cuatro etapas en el desarrollo de la noción de reducción fenomenológica. El período de las Lecciones pertenece a la tercera etapa (1904-1905) donde Husserl distingue claramente el operar de la fenomenología del de la psicología y comienza a plantearse cuestiones en torno al método, aún sin estar consolidado como en textos posteriores. Recién alrededor de 1909 la reducción es formulada de modo consistente. D. Lohmar sostiene que la reducción en las Lecciones tiene un carácter irreflexivo. Esto es, Husserl emplea el método de la reducción sin estar plenamente conciente de sus características e implicancias. Los primeros estudios explícitos de este principio metodológico deben buscarse en los textos acerca de la constitución de la cosa y el espacio del verano de 1906. Cf. en D. Lohmar, “On the constitution of the time of the world” en D. Lohmar-I. Yamaguchi (Eds.), On time-New contributions to the Husserlian phenomenology of time, Phaenomenologica 197, Dordrecht-Heidelberg-Londres-New York, Springer, 2010, p. 116-117.
Thémata. Revista de Filosofía Nº47 (2013) pp.: 165-183. El proceso de objetivación del tiempo fenomenológico – 167 – de Bernau3, textos redactados en dos periodos durante 1917 y 1918. El tercero y último son los escritos conocidos como Manuscritos del Grupo C4 y está editado a partir de apuntes redactados en los años ‘30. La publicación relativamente reciente de estos dos últimos grupos de textos, por una parte, reavivó el interés por consolidar una interpretación consistente respecto al tema del tiempo en Husserl. Por otra, hizo evidente que algunos problemas que parecían dejados de lado en el primer período habían sido nuevamente abordados en años posteriores. Es este el caso de la cuestión que nos concierne. La constitución del tiempo objetivo es tratada por Husserl en las Lecciones relacionado, generalmente, con el problema de la individuación de un objeto. Si bien sus análisis no son, en este caso, concluyentes, indican algunas pautas que se mantienen en la obra posterior. Es así como es posible encontrar un mayor despliegue de la temática en los Manuscritos de Bernau, tomando como guía la cuestión de la individuación. Con esta tarea comenzaremos este trabajo: reconstruiremos los estudios de las Lecciones y luego los de Bernau, con el fin de observar si es posible encontrar en los escritos husserlianos una descripción que dé cuenta de manera acabada del problema que buscamos resolver. A su vez, confrontaremos los resultados obtenidos con las posiciones de Pedro Alves y Dieter Lohmar. El primer autor considera que, en los análisis de la constitución del tiempo objetivo, se pierde de vista el carácter centrado en el sujeto propio de la fenomenología, adoptando, en consecuencia, tesis metafísicas. El segundo sostiene que el pasaje del tiempo objetivo a un tiempo común (o del mundo) debe darse a través de la comunicación. Esta última posición nos permitirá ahondar acerca del carácter del tiempo del mundo y plantear una interpretación complementaria a la de Lohmar, que permita pasar del tiempo objetivo al tiempo del mundo a través de la empatía. 1. Tiempo objetivo solipsista. El primer paso en el análisis de la objetivación del tiempo fenomenológico lo encontramos en los parágrafos 30-33 de las Lecciones. Se parte allí de la pregunta: “…¿cómo frente al fenómeno del cambio constante de la conciencia del tiempo se abre entonces paso la conciencia del tiempo objetivo, y en primer término la conciencia de los lugares idénticos de tiempo?”5 [3] E. Husserl, Die Bernauer Manuskripte über das Zeitbewusstsein (1917/18), Husserliana XXXIII, Springer, Dordrecht/Boston/London, 2001 (Hua XXXIII). En adelante citamos el volumen de Husserliana y la página correspondiente [4] E. Husserl, Späte Texte über Zeitkonstitution (1929-1934). Die C-Manuskripte, Dordrecht, 2006 [5] Hua X, 64 (84)
Verónica Kretschel Thémata. Revista de Filosofía Nº47 (2013) pp.: 165-183. – 168 – La experiencia primera, aquella que constituye, decíamos, el dato fenomenológico, es la de un fluir de vivencias. Frente a esta, existe otra experiencia, opuesta, que es aquella del tiempo objetivo, que consiste en una estructura rígida con lugares temporales fijos. Allí se ordenan los fenómenos que se dan en el fluir. La pregunta husserliana apunta al modo de relación entre estas dos experiencias. 1.1. La objetivación del flujo inmanente. Inmediatamente después de planteado el problema de la relación entre el fenoméno del flujo y el de la rigidez del tiempo, Husserl afirma que la respuesta se encuentra en relación con la cuestión de la individuación. Esto supone que el darse de objetos temporales es condición de posibilidad del tiempo objetivo o, dicho en otros términos, que no hay un tiempo objetivo independiente de la constitución de los objetos. Esta afirmación que puede sonar trivial (se podría decir que es evidente que el tiempo de los objetos supone los objetos) no es en primera instancia la más intuitiva. Resulta natural pensar que el tiempo de los objetos pasa independientemente de lo que de acuerdo a su medida pase. En este sentido, es importante la reconducción de este tiempo a la constitución de los objetos temporales. Un objeto temporal idéntico es justamente aquel que mantiene las determinaciones que conforman su identidad a través del fluir de las vivencias. Es necesario distinguir6 en este objeto las determinaciones extratemporales, su “consistencia específica”, de aquellas propiamente temporales7. Con todo, ambas se mantienen con el paso del tiempo. Ahora bien, la conservación de las determinaciones temporales da lugar a la noción de “lugar de tiempo” (Zeitstelle)8. No resulta de esto una posición de tiempo “independiente” del objeto que es intencionado en cada lugar de tiempo, sino que, en cada nuevo ahora en que [6] Hua X, 63 (83) [7] Esto no quiere decir que haya datos temporales distintos del dato hylético. En los primeros parágrafos de de las Lecciones Husserl sugiere que podría haber “contenidos de aprehensión que acaso fueran específicamente temporales” y, más adelante, se refiere a que “se mienten datos «objetivamente temporales»” (Hua X, 6 (27) y 10 (31) respectivamente, el destacado es del autor). Ninguna de estas dos citas implica que existan de modo independiente contenidos temporales, si no que el dato hylético posee un aspecto temporal y cuando se refiere a determinaciones temporales está considerándose el mismo dato en este aspecto. En este sentido se expresa también Husserl en el Apéndice X donde indaga la objetivación del tiempo fenomenológico y concluye que la posibilidad de que el tiempo fenomenológico sea objetivado depende de los contenidos que hacen presente un fenómeno, no refiriéndose aquí tampoco a datos específicamente temporales. [8] Es importante introducir aquí una aclaración que realiza Serrano de Haro en su traducción al castellano del texto de las Lecciones. Él señala la necesidad de no asociar inmediatamente la noción de Zeitstelle con algo que ocurre en el tiempo. Lo que Husserl está explicando aquí es el modo en que se constituye un tiempo uno. Por tanto, en este nivel del análisis no se está hablando aún de fenómenos en el tiempo. Cf. E. Husserl, Lecciones... , op. cit., p. 86, nota.
Thémata. Revista de Filosofía Nº47 (2013) pp.: 165-183. El proceso de objetivación del tiempo fenomenológico – 169 – se gesta un objeto nuevo, se gesta paralelamente, un nuevo punto de tiempo.9 En este sentido, el lugar de tiempo es absolutamente dependiente del proceso perceptivo que comienza en el ahora. Por esto, es posible hablar de una función individuadora del ahora o, en otros términos, pensar la continuidad del ahora (a través del hundirse hacia el pasado) como un momento continuo de individuación que da origen al lugar de tiempo. En este proceso se pueden distinguir varios momentos, pero antes hay que aceptar que la identidad de contenido no basta para poder identificar un objeto temporal; es un hecho que existen objetos con las mismas determinaciones. El lugar de tiempo es necesario para distinguir un objeto temporal de otro. Así lo explica Husserl: “La misma sensación ahora y en otro ahora entraña una diferencia, y es una diferencia fenomenológica que corresponde al lugar absoluto de tiempo. Tal diferencia es la fuente primigenia de la individualidad del ‘éste’ y con ello la fuente primigenia del lugar absoluto de tiempo”10. Cada ahora presenta de modo impresional un contenido sensible y, junto con él, un lugar de tiempo. Si se puede reconocer el material sensible que da una sensación como una mismidad, en la medida que el lugar de tiempo es condición de posibilidad de esta identificación, es posible reconocer también el lugar de tiempo. Con esto tenemos un primer paso en la objetivación del tiempo: la objetivación de las determinaciones temporales que se producen en cada ahora y que se encadenan de modo continuo desde un ahora actual hacia el pasado. Se descubre, entonces, una legalidad del fluir que se ordena a sí mismo linealmente. Con todo, este fluir ordenado y pasivo no tiene aún las características del tiempo objetivo. Estamos tratando aquí sólo con el orden que impera en la percepción de un objeto percibido y un tiempo objetivo es aquel que reúne a todos los objetos percibidos. Es necesario, por tanto, integrar todos los objetos en un tiempo, uno y homogéneo. Para esto se recurre a la rememoración. En este proceso intervienen dos condiciones. La primera es el carácter de la rememoración de poder repetir un suceso pasado siempre de nuevo. Dice Husserl: “yo siempre puedo llevar a cabo un nuevo recuerdo retrospectivo (rememoración), y puedo siempre producir «otra vez» cualquier fragmento de tiempo con el contenido que lo llena, y así captar, en la sucesión de reproducciones que ahora tengo, lo mismo: la misma duración con el mismo el contenido, el mismo objeto”11. [9] Hua X, 66 (86) [10] Hua X, 66 (86) [11] Hua X, 109 (130)
Verónica Kretschel Thémata. Revista de Filosofía Nº47 (2013) pp.: 165-183. – 170 – La segunda condición es que el recuerdo de un objeto implica el recuerdo de su “horizonte temporal” o “campo de tiempo”12. Dado esto, la integración de las series de lugares de tiempo se daría de la siguiente manera. Al rememorar más de un objeto encontramos congruencias respecto de sus campos temporales. En la reiteración, este proceso produce un solapamiento de los campos, por medio del cual se identifican los puntos temporales de un objeto con los puntos temporales de otro objeto. Si se extiende este proceder a todos los objetos percibidos, se podría establecer para todos ellos un orden fijo único. Evidentemente la extensión de este proceso sería ideal13. Esto es: no sería necesario que efectivamente se recorrieran todos los objetos percibidos, sino que bastaría con que existiera la posibilidad de hacerlo, tal como garantiza la rememoración. Podríamos objetar aquí que esto está pensado sólo para los objetos ya percibidos y no se está considerando la objetivación del futuro. En efecto, Husserl se refiere sólo a “cualquier punto de tiempo realmente vivido”14, mentando con esto sólo la percepción actual y la pasada. Con todo, hay que tener en cuenta que el objeto esperado posee también un horizonte temporal. En la expectativa “se enlazan intenciones indeterminadas de futuro y de pasado, es decir, intenciones que partiendo del comienzo del suceso, conciernen al entorno temporal que termina en el ahora vivo”15. Este entorno, aunque indeterminado16, puede también ser anticipado y, en la anticipación de varios objetos esperados, se produciría el mismo solapamiento que con los objetos del pasado. Salvada esta cuestión, podría entenderse cómo todo tiempo efectivo se somete “a la exigencia de ser un segmento dentro del tiempo objetivo y único”17. Hemos pasado de una primera objetivación de los lugares de tiempo y su orden secuencial a una integración de todos los lugares de tiempo posibles para la percepción de un sujeto. Queda aún por indagar cómo este tiempo único, establecido a partir del operar de una conciencia, puede ser el tiempo que rige para todos los suje- [12] En el §32 (1905) de las Lecciones se usa “campo de tiempo” y en el Apéndice IV (1916) de este mismo libro, donde Husserl amplía este tema, se refiere a este concepto como “horizonte temporal” del objeto. [13] Hua X, 70 (90) [14] Hua X, 70 (91) [15] Hua X, 56 (76). Encontramos en los Manuscritos de Bernau este tema más desarrollado. Husserl se refiere allí a un “horizonte de futuro”. Cf. Hua XXXIII, 147/150. [16] De hecho, Husserl se cuestiona si el carácter indeterminado del entorno de la expectativa es una diferencia esencial respecto de la rememoración. Si bien “la expectativa se caracteriza de antemano por quedar abierta”, esta indeterminación podría ser contingente e, idealiter, existir una “conciencia que quiera pasar por profética” que anticipe perfectamente todo lo por venir. Cf. en Hua X, 56 (77). [17] Hua X, 71 (91). Husserl señala aquí que habría que indagar qué es lo que ocurre con la temporalidad de la fantasía. A nuestro entender debería poder reconducirse su objeto también al tiempo objetivo único, sea a partir de las relaciones que establece con los objetos efectivos, sea considerando la temporalidad del acto de fantasía que está también emplazado en un lugar temporal.
Thémata. Revista de Filosofía Nº47 (2013) pp.: 165-183. El proceso de objetivación del tiempo fenomenológico – 171 – tos. Pero, antes de comenzar esta tarea, creemos es pertinente señalar algunas objeciones. 1.2 Supuesta asunción de entidades metafísicas Pedro Alves propone una complementación entre la teoría husserliana del tiempo y la física relativista de Albert Einstein. En sus términos, los análisis del tiempo objetivo deben valerse de las tesis de la física para no asumir entidades metafísicas. Sostiene que: “…la cuestión de las Lecciones es, desde el inicio, determinada por la idea de una clarificación de las formaciones de sentido en que el tiempo es dado, o sea, por una clarificación de la experiencia en la que lo temporal objetivo aparece”18. Notemos que esta afirmación coincide con nuestro planteo en la introducción de este trabajo, donde decíamos que “el tiempo objetivo será explicitado a partir de las vivencias que lo constituyen”19. Esto es, toda vez que lo temporal objetivo se manifiesta en la inmanecia de la conciencia, un análisis de su constitución es una explicitación de la experiencia en la que el tiempo objetivo es dado. Las vivencias conforman esa experiencia que es necesario analizar. En este sentido agrega Alves que: “…la cuestión del tiempo estaba, desde el inicio, regida por la investigación acerca de los procesos por los cuales un tiempo objetivo se constituye como correlato global de los actos en que el tiempo se aparece”20. A su modo de ver, este principio rector, que debía operar en los estudios de la temporalidad21 objetiva, fue perdido de vista en la investigación concreta, adquiriendo el tiempo objetivo un carácter independiente de los procesos de la conciencia. La reconstrucción de la constitución del tiempo objetivo que realiza este autor recorre, a grandes rasgos, los mismos pasos que indicamos en el apartado anterior. El punto de inflexión se encuentra en que sostiene la necesidad de encontrar para el tiempo objetivo como serie total un modo subjetivo de donación22. Es decir, debería existir un sujeto capaz de experimentar de modo [18] P. M. S. Alves, “Tiempo objetivo y experiencia del tiempo. La fenomenología husserliana del tiempo ante la teoría de la relatividad restringida de Albert Einstein”, en Id., Fenomenología del tiempo y de la percepción, Madrid, Biblioteca nueva, 2010, p. 20 [19] Cfr. Supra, p. 1 [20] P. M. S. Alves, op. cit., p. 32 [21] Resulta necesario aclarar que no puede establecerse una distinción explícita en Husserl entre el término “tiempo y el término “temporalidad”. Según esto, serán usados, en este artículo, como sinónimos. [22] Idem, p. 40
Verónica Kretschel Thémata. Revista de Filosofía Nº47 (2013) pp.: 165-183. – 172 – completo la totalidad del tiempo objetivo. En este sentido, en la medida en que se puede postular al tiempo objetivo como una totalidad infinita, hay que dar con la conciencia para la cual éste es correlato. Si esto no fuera posible, este estrato de la temporalidad no tendría evidencia. Afirma Alves que “es en este último punto donde encontramos el mayor paso en falso de la doctrina del tiempo de Husserl, su desvío hacia una construcción metafísica”23. El punto de partida para justificar tal afirmación lo encuentra en un texto de 1901 en el cual Husserl sostiene que “la conciencia divina es el correlato ideal del tiempo objetivo, del mundo objetivo y del desarrollo del mundo”24. Alves ve aquí la necesidad de construir a Dios como entidad metafísica, si se pretende sostener la legitimidad del análisis del tiempo objetivo. En consecuencia, su aporte a la fenomenología del tiempo será, justamente, primero indicar los errores que lo llevan a Husserl a una mala reconducción del problema, para luego reformular la cuestión en sus términos. Nos concentraremos en los aspectos críticos, señalando dónde, creemos, radican los problemas de la interpretación de Alves. La argumentación tiene tres pasos. El primero, ya mencionado, de la necesidad de la conciencia divina, es consecuencia de dos supuestos anteriores y, por tanto lo trataremos en último lugar (3). Los otros dos son: el supuesto de “la simultaneidad de la percepción y lo percibido”(1) y el de “la universalidad de cada posición temporal”(2). 1. La simultaneidad de la percepción y lo percibido estaría fundada en la afirmación según la cual “el «ahora» de la percepción es constituyente de un punto temporal absoluto y universal en un orden temporal mundano único, que pertenece tanto al acto perceptivo como al objeto percibido. Es así que surge la creencia en el significado absoluto de las relaciones de simultaneidad”25. Ahora bien, si, por un lado, es cierto que se sostiene la necesidad de que “todo tiempo efectivo sea parte del tiempo uno y único”26, es erróneo pensar que la ubicación del acto en el tiempo objetivo suprima el carácter fundado de este tiempo. Esto último pareciera sostener Alves. Explica que entre un acontecimiento y la percepción de este hay, en general, un desfasaje en relación con el tiempo que tarda la conciencia en captar el evento. El ejemplo clásico es el del trueno. Dicho desfasaje anularía la simultaneidad y provocaría, a la vez, dificultades para dar con la posición temporal objetiva del acto de percepción. El problema mayor de este argumento es que Husserl sostiene –y lo curioso es que el mismo Alves lo cita– que la simultaneidad de la percepción y lo percibido no se da en la actitud ingenua respecto al tiempo objetivo: “des- [23] Ibidem, p. 40 [24] Hua X, 175 (la traducción es de Alves). Este texto integra la parte B de Husserliana X que recoge escritos complementarios a las Lecciones de 1905. [25] P. M. S. Alves, op. cit.,42 [26] Hua X, 71 (91)
Thémata. Revista de Filosofía Nº47 (2013) pp.: 165-183. El proceso de objetivación del tiempo fenomenológico – 173 – de este punto de vista, deberá incluso decirse que la percepción y lo percibido divergen siempre”27. Hallamos “estricta simultaneidad entre la percepción y lo percibido”28 cuando consideramos el estrato fundamental de la conciencia, el operar de la conciencia absoluta. En este sentido, dado que desde su lectura el acontecimiento se constituye previa e independientemente al operar de la conciencia, la objeción de Alves permanece en la actitud ingenua. Se invierte, así, el orden fundamentación que va de lo constituyente a lo constituido; esto es: el eje rector de la fenomenología. A su vez, la independencia de los objetos daría lugar a un tiempo objetivo también independiente, según el cual el tiempo inmanente debería organizarse. Cuando Husserl se refiere a que el ahora instaura un punto temporal absoluto, no está pensando en la locación del acto respecto del tiempo objetivo, sino en la constitución de este tiempo en la esfera inmanente. El ahora da lugar al orden temporal mundano único, este orden no es previo al darse impresional de un dato a la conciencia. El tiempo objetivo, como ya sostuvimos más arriba, es siempre el tiempo de los objetos. Por tanto, si no hay objetos constituidos, no hay tiempo objetivo. 2. La universalidad de cada posición temporal refiere al carácter absoluto de cada punto temporal que instala cada ahora. Respecto a esto, Alves dice que “esta visión del tiempo que Husserl maneja no es, indudablemente, una «evidencia» fenomenológica, sino una construcción que proviene de la idea newtoniana de un tiempo universal y absoluto”29. Lo que correspondería afirmar, luego, sería que no hay un tiempo, si no tiempos. Esto responde a que cada sujeto instaura un sistema de referencia que determina relaciones entre los acontecimientos por él experienciados. Para hablar, entonces, de un tiempo común a dos sujetos hay que establecer una equivalencia entre dos sistemas de relaciones. Este modo de pensar restauraría el modo subjetivo de orientación propio de la fenomenología30. Ahora bien ¿no es acaso un factum fenomenológico el darse del tiempo objetivo? ¿En qué sentido deja de lado Husserl el carácter constituido del tiempo objetivo? En primer lugar, hay que ratificar el hecho de que el punto de partida del análisis del tiempo objetivo es la constatación de que efectivamente existe un tiempo universal y fijo, en el cual la experiencia fluente se ordena de modo rígido. La especial paradoja según la cual el tiempo es, a la vez, rígido y fluente motiva la investigación de Husserl, lo cual no conduce a la supresión de [27] Hua X, 110 (131). [28] Hua X, 111 (133). Implica esto hablar de percepción en la conciencia absoluta y Husserl lo pone en duda. Este apéndice introduce un tema muy importante para la interpretación de la fenomenología del tiempo de Husserl que es la del carácter intencional de la conciencia absoluta. [29] P. M. S. Alves, op. cit., p. 44. [30] Cfr. en Idem, pp. 45-46.
Verónica Kretschel Thémata. Revista de Filosofía Nº47 (2013) pp.: 165-183. – 180 – de su cuerpo propio y de un mundo en el sentido de naturaleza primordial. Este es el punto de partida de una vía legítima de acceso al otro. Señalamos que una condición fundamental de la empatía es la imposibilidad de experimentar el curso de vivencias del otro: “…si lo esencialmente propio del otro fuera accesible de modo directo, sería entonces mera parte no-independiente de lo propio de mí mismo, y, en fin, él mismo y yo seríamos uno”52. Esta condición que garantiza la independencia y el rol constitutivo de cada sujeto pareciera imponer un obstáculo a la relación con el alter. En la reflexión me descubro a mí mismo como sujeto trascendental. Si (dado que no puedo acceder a su curso de vivencias) esta opción esta vedada con respecto al otro yo, entonces: ¿cómo es posible dar con él como, al igual que yo, constituyente? Esto ocurre a través de un camino indirecto que supone una modificación de la intencionalidad de mi conciencia. La apresentación es una operación que posibilita traer a la presencia algo que no puede ser dado originalmente. Por ejemplo, un objeto percibido supone la apercepción de sus caras ocultas. En este sentido, para poder tener experiencia de un alter ego, debe haber algo de él que se me dé de modo original. En la primordialidd aparecen cuerpos físicos y algunos son aprehendidos como “cuerpos propios”, como “gobernados” por un yo distinto de mí. La condición de aprehender otro cuerpo propio en la primordialidad es, justamente, una apresentación, en este caso, analogizante. Un proceso a través del cual transfiero a un cuerpo físico el carácter de cuerpo propio. Es importante destacar que esta transferencia analogizante no es una operación intelectual, si no que está fundada en una síntesis pasiva (“parificación”-Paruung-) que, a través de la coincidencia entre mi cuerpo físico y otro, transfiere a este último el sentido cuerpo propio53. Que este cuerpo propio sea apercibido implica que ninguna de sus posibilidades puedan verificarse, dado que no soy yo quien lo gobierna. En este sentido, puede afirmarse que este cuerpo propio no es, aunque esto suene paradójico, mío, si no ajeno. Realizada esta transferencia a nivel de la corporalidad, es posible adjudicarle ahora un yo. Esta instancia requiere que sobre la pasividad que instala la parificación, se lleve a cabo un acto que verifique, de algún modo, el sentido transferido. Ya indicamos que tal verificación no puede darse de modo directo. Por eso, en la vía indirecta de plenificación del alter ego, se recurre a la fantasía. Puedo hacer “como si yo estuviera” en el lugar del otro y anticipar su comportamiento, según lo que yo haría54. En la medida en que mi anticipación se cumple, le atri- [52] Hua I, 138 (171). [53] Hua I, 142-143 (176-177). [54] Sobre el status de la fantasía en la empatía ver la discusión correspondiente en: J. Iribarne,
Thémata. Revista de Filosofía Nº47 (2013) pp.: 165-183. El proceso de objetivación del tiempo fenomenológico – 181 – buyo al cuerpo propio ajeno un yo que lo gobierna. Esta es la modificación de la intencionalidad que mencionábamos, la que me permite realizar la empatía, al modificar mi posición en la imaginación. En un paso ulterior, señala Husserl, se pueden comprender niveles superiores de la vida ajena, sus pensamientos y emociones. Ahora bien, la empatía tal como se describe en las Meditaciones no explica una forma de acceder al otro como sujeto constituyente, sino que establece, meramente, una relación entre dos sujetos empíricos. Un modo de complementar este análisis consiste en recurrir a la ya mencionada “doble reducción”. Si la empatía es una presentificación, entonces el yo puede volverse reflexivamente sobre la vivencia presentificante y descubrir en el yo empatizado, un yo constituyente. De este modo queda fundada la intersubjetividad como subjetividad de orden superior, que tiene como correlato de sus actos el mundo objetivo. En términos de Iribarne: “Estos conceptos [por los pasos que implica la doble reducción] describen cómo se funda la unidad de conciencia intersubjetiva, que vincula las conciencias singulares, de modo que se constituye uno y el mismo mundo para todos…”55 Según esto queda aclarado por qué nos parecía imperativo recurrir a los análisis de la empatía para dar cuenta de la constitución del tiempo intersubjetivo. El tiempo intersubjetivo, como tiempo objetivo común o como tiempo del mundo objetivo, es constituido por la intersubjetividad trascendental, la cual se constituye a través de la empatía. 3. Presente viviente y empatía: consideraciones finales Un paso ulterior respecto a estos análisis conduce a la indagación acerca de las posibilidades de la empatía. Mensch realiza una aproximación al tema a través de textos de los Manuscritos del Grupo C. Su tesis, a grandes rasgos, indica que el análisis de las Meditaciones requiere un nivel de fundamentación inferior (i. e. : es un análisis fundado) y que se puede encontrar esta fundamentación en una empatía primigenia (primal empathy)56 que estaría sugerida en los Manuscritos. El presente viviente es el origen primordial de la temporalización y, en esta instancia, donde el yo no se encuentra aún plenamente constituido, dicha temporalización es compartida. Esto quiere decir que La intersubjetividad en Husserl. Bosquejo de una teoría, Buenos Aires, Carlos Lohlé, 1987, pp. 70-82. [55] J. Iribarne, op. cit, 1988, p. 64. Allí también, en detalle, el proceso de la “doble reducción” en la empatía. [56] J. Mensch, op. cit., p. 200
Verónica Kretschel Thémata. Revista de Filosofía Nº47 (2013) pp.: 165-183. – 182 – todos los yoes se temporalizan en sincronía y así constituyen el mundo común y su temporalidad intersubjetiva. Dice Mensch: “Tenemos un mundo común, uno con objetos disponibles públicamente como los relojes, por que el proceso pasivo de nuestra temporalización está sincronizado. La base para la conexión de este proceso pasivo es el carácter común del origen de nuestra temporalización”57. Así, el presente viviente provee la instancia de fundamentación que las Meditaciones presuponen. Hacia allí, entendemos, apunta el siguiente texto de Husserl: “El ser-con de los otros es inseparable de mí en mí viviente presentarse a sí mismo, y este co-presente de otros es fundante para el presente mundano, que por su parte es el supuesto para el sentido de toda temporalidad mundana con coexistencia mundana (espacio) y secuencia temporal”58. Aquí también el darse uno-con-otro en el presente viviente aparece como el fundamento de la temporalidad mundana. Como vemos puede encontrarse en estos textos tardíos la pauta para complejizar los análisis, tanto sobre la temporalidad como sobre la intersubjetividad. La cuestión es hasta qué punto es plausible adjuntar sin más un estudio a continuación del otro. En el medio de estas investigaciones tiene lugar el pasaje de la fenomenología estática a la genética. Si bien es discutible que los análisis de la empatía en las Meditaciones sean, como Husserl lo indica, de corte meramente estático59, no hay duda con respecto al carácter genético de los manuscritos sobre el presente viviente. En este sentido, se impone la necesidad de analizar y tomar partido acerca de la relación que pueda establecerse entre estas dos orientaciones de la fenomenología husserliana. Evidentemente esta tarea va más allá de las posibilidades de este trabajo. *** Comenzamos este trabajo preguntándonos acerca de la validez del estudio del tiempo objetivo. Para intentar resolver este problema propusimos una reconstrucción del tema, tal como aparecía en los textos hsserlianos. En este [57] Idem, p. 201 (la traducción es mía). [58] E. Husserl, Zur Phänomenologie der Intersubjketivität. Texte aus dem Nachlass, (Tomo III), La Haya, Martinus Nijhoff, 1973 (Hua XV), p. XLVIII –L. Citado por J. Iribarne, op. cit., 1988, p. 382 (se recoge su traducción). Este texto está incluído en el manuscrito C 3, publicado en E. Husserl, Späte Texte über Zeitkonstitution (1929-1934). Die C-Manuskripte, op. cit. [59] Hua I, 136 (168). Iribarne discute también está cuestión en J. Iribarne, op. cit., 1987, pp. 23-27.
Thémata. Revista de Filosofía Nº47 (2013) pp.: 165-183. El proceso de objetivación del tiempo fenomenológico – 183 – sentido, nos dedicamos primero a la reconstrucción del tema en las Lecciones, primera obra de Husserl dedicada al tiempo. Acto seguido intentamos rebatir algunas objeciones que Pedro Alves le había formulado a la descripción de este período. En particular, respecto a la supuesta necesidad de una conciencia omniabarcadora para poder dar cuenta del tiempo objetivo como serie total, resulta interesante notar cómo la fenomenología trascendental no la vincula con una conciencia divina, sino con el final del proceso teleológico infinito que motiva el despliegue de la intersubjetividad trascendental. Esto anula, por tanto, la necesidad de postular una instancia trascendente a la subjetividad que complete su experiencia. En efecto, que la experiencia completa tenga un carácter ideal va de la mano de la tarea infinita de explicitación, propia de la fenomenología. Este tema nos condujo en una segunda instancia a investigar el carácter del tiempo intersubjetivo. Para esto recurrimos a los textos de Bernau, donde Husserl se refiere a esta cuestión. En este punto, consideramos la lectura de Dieter Lohmar, quien reconstruye y reinterpreta el texto husserliano, llegando a la conclusión que, por la vía de la comunicación, es posible dar cuenta de un tiempo común a varios sujetos. Sin embargo, en la medida en que la comunicación requiere que haya una comunidad constituida, notamos que este análisis presuponía el operar de la empatía. Finalmente al ahondar en esta cuestión dimos con ciertas referencias al presente viviente donde el yo y el alter se constituyen a la vez. Esto es, en el retroceso genético alcanzaríamos una instancia de co-constitución fundante respecto a la empatía. De este modo la temporalización de los yoes estaría “sincronizada”, lo cual daría origen a la constitución de un tiempo objetivo común. Esta última tesis, no obstante, presupondría, por una parte, una investigación más consolidada respecto a la articulación entre la fenomenología estática y la genética y, por otra, un desarrollo más profundo de las consecuencias que la co-constitución de los yoes implicaría. Más allá de esto, creemos que la formación de una comunidad intersubjetiva, explicada por medio de la empatía, permite complementar la lectura según la cual la comunicación permite constituir el tiempo. Con esto, podríamos afirmar que es posible realizar una caracterización completa, en términos husserlianos, de la constitución del tiempo objetivo-intersubjetivo. Verónica Kretschel Caseros 1030 6° C (1152) Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Argentina [email protected]