Aspectos socio-urbanos de la Habana en la primera mitad del siglo XIX
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ASPECTOS SOCIO - URBANOS DE LA HABANA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX por MARIA DOLORES PV_ z MURILLO Comenzamos nuestro estudio dando unas breves pinceladas sobre la evolución urbanística de la ciudad de La Habana y su morfología; para centrarnos, acto seguido, en el análisis de la división social del espacio urbano habanero, distinguiendo esa dicotomía existente entre el intramuros y el extramuros. Al referirnos al Intramuros, presentaremos la proporción étnico -social de sus habitantes y el valor económico de sus viviendas, según los anuncios de la prensa habanera de la época, valor monetario que convierte a este área urbana en el espacio de las clases dirigentes. Al hablar del Extramuros, estableceremos un análisis de los barrios que lo integran, de la infraestructura de los mismos, y de la composición étnica de sus habitantes, no olvidando tampoco el valor de sus inmuebles, sobre todo, desde un punto de vista comparativo al área intramuros. Desde el punto de vista formal, La Habana está constituida por calles rectas y perpendiculares que responden con exactitud al esquema urbanístico hipodámico. La ciudad se encuentra dividida en dos planos perfectamente delimitados: la ciudad antigua o intramuros que, en conjunto, nos ofrece una forma elíptica; y el área extramuros que comienza a surgir en las dos últimas décadas del siglo XVIII llegando a su apogeo en el XIX. La Habana extramuros se nos presenta , pues, como un barrio prometedor sin obstáculos a la expansión. En la década de los 50 del siglo XIX (fecha del plano que adjuntamos a este artículo) poseía una extensión superior al doble del área intramuros. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
56 MARIA DOLORES PÉREZ MURILLO Acerca de la morfología de las calles habaneras contamos con descripciones de este tipo: «Las calles intra y extramuros se cortan generalmente en ángulo recto, corriendo casi todas de N.N.O. a S.S.E. y de E.N.E. a O.S.O., acertada dirección que permite haya sombra en ellas el mayor tiempo posible. Las de intramuros, sin poderse llamar rectas, carecen de recodos y están bastante bien distribuidas para la época en que se trazaron: tienen el defecto de ser algo estrechas, pues su ancho varía de 6 a 12 varas, siendo de 8 en general. Las de la parte moderna de extramuros tienen mayor amplitud y muchas están tiradas a cordel. El piso de unas y otras es malo (...). El continuo tráfico de carruajes destruye en poco tiempo las reparaciones que continuamente se hacen sin que haya medio de evitar el abundante polvo en tiempo de seca, ni los grandes lodazales que produce el menor aguacero.» 1 Alejandro Humboldt en su Ensayo Político sobre la Isla de Cuba describe la pésima infraestructura viaria de la ciudad de La Habana a comienzos del siglo XIX: «Durante mi mansión en la América española, pocas ciudades de ella presentaban un aspecto más asqueroso que La Habana por la falta de una buena policía, porque se andaba en el barro hasta la rodilla y la muchedumbre de calesas o volandas, que son los carruajes característicos de La Habana, los carros cargados de caña de azúcar y los conductores que daban codazos a los transeúntes, hacen enfadosa y humillante la situación de los de a pie. El olor de la carne salada o del tasajo apestaba muchas veces las casas y aún las calles poco ventiladas.» 2 Normalmente las ciudades portuarias, con un volumen de población fija y flotante superior a su capacidad espacial, casi siempre ofrecen graves problemas en cuanto al saneamiento urbano, convirt ié ndose así estas metrópolis en focos sustanciales de brotes epidémicos. No obstante, y pese a las deficiencias infraestructurales, la ciudad de La Habana se nos presenta como un lugar acogedor, colorista 1. GARCIA ARBOLEYA: Manual de la Isla de Cuba. Compendio de su historia, geografía, estadística y administración. 2.° edición, corregida y aumentada. La Habana. Imprenta del Tiempo. 1859. Págs. 365-366. 2. HUMBOLDT, Alejandro de: Ensayo Político sobre la Isla de Cuba Cultural, S. A. Colección de Libros Cubanos. La Habana, 1930. Tomo I. Capítulo I. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA 57 y lleno de vida. Al respecto traemos a colación algunas bellas descripciones de la Condesa de Merlín: «Atravesamos sus muelles poblados de una multitud mezclada de mulatos y negros: los unos están vestidos de pantalón blanco, de cha -queta blanca y cubiertos de grandes sombreros de paja; los otros llevan un calzón corto de lienzo rayado y un pañuelo de color liado en la frente; los más llevan un sombrero de fieltro gris calado hasta los ojos, una faja encarnada y prendida con descuido al costado; todos sudan con el calor, y sin embargo todos se mueven listos y servidores. Se ven infinidad de toneles, de cajas, de fardos, conducidos en carros, tirados por mulas y guiados negligentemente por un negro en camisa. En todas partes hay letreros que dicen: café, azúcar, cacao, vainilla, alcanfor, añil, etc., sin dejarse de oír un momento las canciones y los gritos de aquellos pobres negros que no saben trabajar sino al compás de estrepitosos gritos, marcados con pronunciadas cadencias. Todo el mundo se mueve, todo el mundo se agita, nadie para un momento. La diafanidad de la atmósfera presta a este ruido, así como a la claridad del día, algo de incisivo que penetra los poros y produce una especie de escalofríos. Todo es aquí vida, una vida animada y ardiente como el sol que vibra sus rayos sobre nuestras cabezas.» 3 Esta descripción de la Condesa de Merlín posee un indudable valor etnológico enriquecido por una forma literaria extremadamente plástica que nos hace palpar los sabores, colores y olores del muelle habanero en un día cualquiera. A continuación, la Condesa de Merlín nos ilustra una vez más sobre el vital ambiente callejero de una tarde de paseo (en el paseo Tacón de extramuros) : «Algunas jóvenes sentadas a sus ventanas, contentas y risueñas, dirigían a través de las rejas miradas que brillaban como estrellas y nos saludaban agitando sus blancas manos. Otras, recostadas voluptuosa -mente en sus quitrines, gozaban desdeñosamente de la dulzura del aire y de la hermosura de la naturaleza. Nadie se paseaba a pie; los hombres, en el fondo de sus volantas, fumaban tranquilamente saboreando su dicha; la comercianta, la mujer de clase media, lo mismo que la gran señora, gustaban también en sus quitrines las delicias y la molicie 3. MERLIN, Condesa de: Viaje a La Habana. Madrid. Imprenta de la Sociedad Literaria y Tipográfica. 1844. Pág. 11. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
58 MARÍA DOLORES PÉREZ MURILLO de los ricos. Los primeros ahorros se emplean aquí en la compra de un quitrín o de un piano, y la que no ha podido llegar a este grado de lujo, atraviesa la calle furtivamente para visitar a alguna vecina, siempre vestida de blanco y con los pechos, los brazos y la cabeza descubiertos. Cuando se les ve deslizarse de este modo, parecen palomas que huyen espantadas por el ruido del hacha del leñador. Pero las negras, ¡Oh de ellas solamente es la calle, se las ve en gran número colocadas en los portales, con el cigarro en la boca, casi desnudas, con las espaldas desnudas y lucientes como escudos de cobre, dejándose requebrar por los que pasan. Se ven en fin porción de negrillos por todas partes jugando (a los mates y a los guacalotes) en cueros como sus madres los echaron al mundo.» 4 Descripciones como las que hemos expuesto, podríamos traer a colación a millares. La última cita nos aproxima a estimar sutilmente la clara línea divisoria existente entre las gentes de color y los blancos, separación manifiesta en las más elementales formas de comportamiento cotidiano. La población blanca muy estratificada socialmente tiene como básicos valores de comportamiento externo la apariencia suntuaria y el sentido del decoro, siendo su universo dispar respecto al de las gentes de color. Dadas estas descripciones introductorias sobre la ciudad de La Habana, vamos a centrarnos en el análisis de sus dos clásicas y tradicionales zonas: intramuros y extramuros. EL AREA INTRAMUROS El Intramuros, con una extensión inferior a la mitad de toda La Habana, es la zona de abolengo, pues su perímetro no sólo cobija las viviendas de las más rancias familias, sino que es también centro religioso, político, administrativo y económico de esta populosa ciudad y de toda la isla. Según el censo de 1846, esta zona poseía 37.560 habitantes que representaban poco más del 35% del total poblacional de toda la ciudad. La composición étnica y jurídica de los habitantes intramuros es como sigue: 19.283 blancos, 7.873 libres de color, y 10.404 esclavos. La población esclava significa poco más del 27% respecto a los habitantes del intramuros, cifra digna de tener en 4. Ibídem. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA 59 cuenta, pues denota el elevado número de servidores domésticos que poseían la burguesía y aristocracia habaneras. La zona intramuros albergaba unas 45 calles, sobre el origen de sus nombres remitimos a Hugh Thomas: «Las calles de La Habana Vieja tenían ya los nombres que en la actualidad conservan: Muralla, recuerda el lugar donde estaban los muros de la ciudad; Obispo, en honor del Obispo Morell de Santa Cruz que solía pasear por allí; Amargura, por pasar por ella el Vía - Crucis, en ocasión de las procesiones religiosas; Inquisidor, por haber vivido en ella un inquisidor; Damas, debido a las bellas mujeres que se asomaban a los balcones; Refugio, por haberse refugiado allí, en los años 30, el gobernador Ricafort, en una casa de una hermosa viuda mulata; Empedrado porque fue la primera calle empedrada de La Habana; O'Reilly, en honor del mariscal irlandés; Obrapía, porque en el siglo XVII, Martín Calvo de la Puerta la había obligado a hacerse cargo de cinco huérfanos cada año.» El Intramuros contaba con un total de 3.920 edificios, todos ellos de mampostería y teja, e igualmente esta zona tenía más de 1.000 accesorias que la convierten en el centro comercial por excelencia de la ciudad. EL ESPACIO EXTRAMUROS El sector extramuros presenta una extensión superior al doble de la ciudad antigua; consta de más de 100 calles y de unos 8.400 edificios, siendo los materiales constructivos predominantes: tabla y teja (en más del 40% de sus edificios), mampostería y teja (en más del 33% de sus casas), guano (en el 19% de sus edificios), tabla y tejamí (en un 8% de sus construcciones). El área extramuros, a pesar de tener gran extensión, contaba tan sólo con unas 300 accesorias comerciales y artesanales, que comparadas con las 1.000 del intramuros, lo convierten en una especie de ciudad subsidiaria o dormitorio de La Habana Vieja. Según el censo de 1846, la población de esta zona es de 69.408 habitantes que representan el 65% de la totalidad poblacional de la 5. HUGH, Thomas: Cuba. La Lucha por la Libertad 1762-1970. Barcelona, 1973. Ediciones Grijalbo, S. A. Vol. I. Págs. 194-195. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
60 MARIA DOLORES PÉREZ MURILLO ciudad. La composición étnica y situación jurídica de sus habitantes es como sigue: los blancos ascienden a 37.275 personas que representan el 53,7%; los libres de color son 20.549 que significan el 29,6%; los esclavos se elevan a 11.584 individuos, siendo su valor porcentual del 16,6%. Al igual que en la zona intramuros existe un franco predominio de la población blanca. El sector étnico - jurídico esclavo, constituido esencialmente por servidores domésticos, tiene una representatividad bastante inferior comparado con intramuros, lo que denota cómo en extramuros las clases privilegiadas son cuantitativa y cualitativamente menos numerosas y menos poderosas que las de La Habana Vieja. El ámbito extramuros aparece formado por seis barrios', de cada uno de ellos vamos a dar una breve reseña: — Barrio de San Lázaro, —Se sitúa al N.O. de la ciudad. En cuanto a volumen demográfico es el menos poblado (6.882 habitantes) y es el que posee un mayor porcentaje de población blanca, pues ésta duplica a la de color. San Lázaro era el lugar más saluble del extramuros, pues a ello contribuía la plataforma dura y calcárea de su suelo, y la proximidad al mar con la consecuente saludable influencia de las brisas. — Barrio de Colón. —Se halla ubicado en la zona N.C. y es el que tiene una mayor densidad de población (17.706 habitantes) predominando la raza blanca. En este barrio, que corre paralelo a la muralla, existe una gran alameda denominada calle del Prado o Paseo de Isabel II; igualmente, dentro del mismo se encuentran los dos teatros que hay extramuros (el teatro «Diorama» y el teatro «Tacón »). Estas circunstancias convierten al barrio en la zona de recreo extramuros. — Barrio de Guadalupe.—Su situación es la parte centro oriental del sector. Desde el punto de vista poblacional, tiene un volumen de 11.542 habitantes en donde las etnias blancas y de color se hallan equiparadas, pese al muy ligero predominio de los blancos. En este barrio se encuentra la plaza del Vapor o Mercado de Tacón. — Barrio de Peñalver.— Situado en el centro-oeste del área nos ofrece un total poblacional de 8.233 almas con un claro predominio 6. Censo de 1846. Biblioteca Nacional de Madrid. «Memorias de la Real Sociedad Patriótica de La Habana» (Cuadernillo Impreso, N.' 15). Año de 1837. Archivo General de Indias, Santo Domingo, 1340. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA 61 de las gentes de color. En este barrio se ubicaba el famosísimo «Paseo Tacón» que era el lugar preferido por los habaneros de la década de los 40 del siglo XIX para pasear en coche, de lo que nos da fe la obra de la Condesa de Merlín: Viaje a La Habana. La ventaja que poseía el barrio de Peñalver era su proximidad al campo. Pasear por el «Paseo Tacón» no sólo permitía gozar de un vivo ambiente urbano, sino también acercarse al bucólico aire campestre. — Barrio de Chávez. —Se sitúa en la parte sur -occidental del sector extramuros. Por la documentación hemos podido comprobar que a esta zona se la denominaba también «barrio de Carraguao». Este lugar era pantanoso e insalubre, pero es, sin embargo, una zona de gran vitalidad económica, puesto que estaba próxima a la «Calzada del Monte», arteria principal de la ciudad, ya que era el único sitio de tránsito de las mercancías procedentes del interior de la isla hasta el interior de La Habana. Esa vitalidad económica trajo aparejado el aumento suburbial e irracional del hábitat, y como consecuencia el hacinamiento. Por ello esta zona era especialmente sensible a la mor -talidad catastrófica. Su población se eleva a más de 9.000 habitantes, siendo la proporción de gentes de color de un 60% (especialmente libres de color). — Barrio de Jesús - María. —Se ubica en el área sur -oriental de extramuros. Estamos ante una zona muy poblada, con unos 12.000 habitantes, lo que la sitúa en el segundo lugar en cuanto al volumen demográfico de extramuros. Numéricamente, las etnias se hallan, más o menos, equiparadas, aunque existe un ligero predominio de las razas de color (esencialmente libres de color). El barrio de Jesús -Ma- ría por su parte norte lindaba con la mencionada «Calzada del Monte». Igualmente que el barrio de Chávez, el de Jesús-María era muy insalubre pues sus suelos estaban constituidos por terrenos de aluvión, formados por detritus de plantas marinas y basura; su carácter pantanoso favorecía el vertiginoso desarrollo de las epidemias. Para finalizar este sucinto esquema, referido a los barrios extramuros de La Habana, podemos apuntar cómo salta a la vista la clara división socio - étnica del espacio urbano; así pues, los mejores barrios, al menos los que presentan condiciones naturales más saluda -bles (como los de San Lázaro y Colón) tienen un predominio de población blanca; el barrio de Chávez, por el contrario, totalmente suburbial, ofrece un mayor porcentaje de gentes de color. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
62 MARIA DOLORES PÉREZ MURILLO APROXIMACIÓN AL PRECIO DE LAS VIVIENDAS EN LA CIUDAD DE LA HABANA El precio de una vivienda se halla en función de tres elementos: su ubicación en el espacio urbano, dimensiones de la misma y materiales constructivos. Es evidente que las clases populares e incluso gran parte de la clase media, con salarios inferiores a 1.000 pesos anuales, difícilmente alcanzaban el poder adquisitivo mínimo para obtener una vivienda, más o menos digna, en propiedad. La clase obrera, condenada a una situación económica casi indigente, muy a duras penas, podría alquilar no una casa, sino un cuarto o «madriguera humana» sin condiciones de habitabilidad, en donde los miembros de una familia viviesen totalmente hacinados. Acerca del encarecimiento de la vida en la ciudad de La Habana contamos con el testimonio de Mercedes Villaurrutia que percibía la exigua pensión de viudedad, para ella y sus tres hijos, de 200 pesos anuales: «...Con esta exigua cantidad le era imposible sostenerse por ser La Habana uno de los pueblos más caros que se conocen, y a no ser por los auxilios de algunos generosos habitantes, se habría visto en los mayores apuros..., por el subido valor de sus casas y demás artículos necesarios para la vida. »'. Contamos con varias solicitudes de viudas e individuos sin familia que se acogen a la beneficencia pública, pidiendo se les proporcione un cuarto o habitación donde vivir en los conventos de la ciudad; al respecto podemos testimoniar la petición que hace María Hilaria (Ilaria) Salgado, viuda de un subteniente y con tres hijos, dirigiéndose al Capitán General en 1837 en los siguientes términos: «...que hallándose con 3 niños en estado indigente no le es posible poder pagar un cuarto donde vivir... Por tanto suplica se le dé alguna habitación o celda en aquel convento de San Francisco.» 8 . 7. Carta de Mercedes Villarrutia al Rey, solicitando se conceda a sus dos hijos una asignación de 300 pesos fuertes anuales a cada uno de ellos, p ara poder estudiar en el Seminario de las Escuelas Pías de San Antonio Abad de Madrid. La Habana, 22 de noviembre de 1831. Archivo General de Indias. Santo Domingo, 1999. 8. Carta de María Hilaria Salgado al Capitán General. La Habana, 14 de septiembre de 1837. Archivo General de Indias. Cuba, 2223. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS VII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA 63 Para elaborar este apartado sobre el precio de las viviendas, hemos consultado algunos periódicos de la década de los 30 del siglo XIX, periódicos que se hallan en el Archivo General de Indias, y que nos aportan amplia información sobre el precio y alquiler de las casas en función de los materiales constructivos, dimensiones y ubicación de las mismas. Extractamos algunos anuncios de compra-venta y alquiler hallados en la parte económica (sección de ventas) de algunos diarios, distinguiendo la cotización de las casas habaneras según estén situadas en la zona intramuros, que era el centro históricoartís- tico y administrativo de la capital, en el que vivían las clases sociales más altas y en cuyos edificios predominaban la mampostería y la piedra. La otra zona de la ciudad de La Habana, el extramuros, era más heterogénea desde el punto de vista social y sus casas se hallaban construidas de materiales más pobres (caña, barro, etc.). Acerquémonos, aunque de forma muy incompleta, al valor económico de las viviendas habaneras: A) ZONA INTRAMUROS (PRECIOS DE LAS VIVIENDAS) — En el Diario de La Habana de 30 de noviembre de 1838, podemos leer lo siguiente: «Se vende una casa en el n.° 51 de la calle de los Oficios, cuadra entre la del Sol y la cerrada de Sta. Clara, y consta de 12,3/4 varas de frente y 32 de fondo, tasada en 21.878 pesos y 2 1/2 reales ». Lo que más nos llama la atención es la considerable extensión de la casa (unos 270 metros cuadrados) y al mismo tiempo, su ubicación en una de las calles más importantes por su proximidad al muelle. Estos dos factores, evidentemente, condicionan su elevada cotización, tan sólo asequible a una minoría, económicamente, potentada. — En el periódico «El Noticioso y Lucero de La Habana» de 10 de agosto de 1834, hallamos el siguiente anuncio: «Se vende una casa en esta ciudad, calle de Jesús-María, esquina a la calle de La Habana, con sala, tres cuartos, pozo, cocina y demás servidumbre, sala y aposento alto, en 8.000 pesos». La calle de «Jesús-María» gozaba, igualmente, de bastante renombre; la extensión de la casa, objeto de venta, es holgada para que en ella pudiese vivir una familia con servidores domésticos; pero una vivienda, de este precio y características, tan sólo podría habitarla una familia de clase alta: grandes comerciantes o alto funcionariado. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
70 MARIA DOLORES PÉREZ MURILLO que estudiamos, ofrece atisbos de barrio prometedor a lo que contribuyeron las reformas urbanísticas del Capitán General Miguel Tacón (1834-1838) que sentaron las bases de un «policentrismo» urbano que llegará a ser una realidad patente en la segunda mitad del siglo XIX. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIAUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
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