Instituto Riva-Agüero PUCP
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES Material didáctico sobre el centro histórico de Lima para estudiantes de Secundaria Emilio José luquE AzconA y liliAnA PérEz miguEl (EditorEs) Sevilla 2022 eus Editorial Universidad de Sevilla
Colección Manuales Universitarios Núm.: 104 Motivo de cubierta: Composición a partir de fotografías del centro histórico y pinturas de Pancho Fierro, Guaman Poma de Ayala, www.slaveryimages.org y Angelino Medoro (Wiki media Commons). Autor de la composición: Enrique Chávez Lanao. Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación, sin permiso escrito del Instituto Riva-Agüero PUCP y la Editorial Universidad de Sevilla. Colabora: La Oficina de Cooperación al Desarrollo, Universidad de Sevilla, convocatoria de actividades y proyectos de cooperación al desarrollo 2019/2020. Grupo de Investigación HUM1042: Dinámicas sociales e identitarias en la Historia de América Latina y el Caribe. © Instituto Riva-Agüero, Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), 2022 Jirón Camaná 459, Cercado de Lima 15001, Perú Correo electrónico:
[email protected] Web: <https://ira.pucp.edu.pe> © Editorial Universidad de Sevilla 2022 C/ Porvenir, 27 - 41013 Sevilla. Tlfs.: 954 487 447; 954 487 451; Fax: 954 487 443 Correo electrónico: [email protected] Web: <https://editorial.us.es> © Emilio José Luque Azcona y Liliana Pérez Miguel, editores, 2022 © De los textos, los autores 2022 ISBN 978-84-472-2299-5 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/9788447222995 Maquetación y edición digital: Dosgraphic s.l. ([email protected]) comité EditoriAl: Araceli López Serena (Directora de la Editorial Universidad de Sevilla) Elena Leal Abad (Subdirectora) Concepción Barrero Rodríguez Rafael Fernández Chacón María Gracia García Martín Ana Ilundáin Larrañeta María del Pópulo Pablo-Romero Gil-Delgado Manuel Padilla Cruz Marta Palenque Sánchez María Eugenia Petit-Breuilh Sepúlveda José-Leonardo Ruiz Sánchez Antonio Tejedor Cabrera Edición digital de la primera edición impresa de 2022
ÍndicE INTRODUCCIÓN ........................................................................................................... 9 UNIDADES DIDÁCTICAS I. LOS RASTROS DEL PASADO PREHISPÁNICO BAJO UNA CIUDAD COLONIAL ....................................................................................................................... 17 Rocío Delibes Mateos (Universidad de Sevilla) II. HISTORIA DEL VIRREINATO PERUANO. VIRREYES Y REDES DE PODER EN LOS SIGLOS XVI-XVII .................................................................. 31 Luis Miguel Costa Vigo (Pontificia Universidad Católica del Perú) III. LA POBLACIÓN INDÍGENA EN LA LIMA VIRREINAL........................... 47 Teresa Carolina Vergara Ormeño (Pontificia Universidad Católica del Perú) IV. LA POBLACIÓN ESCLAVIZADA EN LIMA. DESDE LOS PRIMEROS TIEMPOS COLONIALES A LA ABOLICIÓN DE LA ÉPOCA REPUBLICANA ............................................................................................... 65 José Luis Belmonte Postigo (Universidad de Sevilla) V. HISTORIA DE LAS MUJERES EN LA LIMA VIRREINAL ......................... 79 Liliana Pérez Miguel (Pontificia Universidad Católica del Perú) VI. EVOLUCIÓN Y TRANSFORMACIÓN DEL ESPACIO URBANO COLONIAL Y REPUBLICANO EN LIMA ............................................................. 103 Emilio José Luque Azcona (Universidad de Sevilla)
VII. LA ARQUITECTURA TRADICIONAL DEL CENTRO HISTÓRICO DE LIMA ............................................................................................................................ 119 Adriana Scaletti Cárdenas (Pontificia Universidad Católica del Perú) VIII. DE EUROPA A LIMA: PATRIMONIO ARTÍSTICO VIRREINAL (1545-1675) ........................................................................................................................ 133 Francisco Montes González (Universidad de Sevilla) IX. LA SEMANA SANTA DE LIMA Y SUS COFRADÍAS: UNA FIESTA HACIA LOS CINCO SIGLOS ..................................................................................... 147 Ismael Jiménez Jiménez (Universidad de Sevilla) X. TERREMOTOS Y TSUNAMIS EN LA HISTORIA DE LIMA: LAS RESPUESTAS A LOS DESASTRES ................................................................ 163 María Eugenia Petit-Breuilh Sepúlveda (Universidad de Sevilla) XI. NORMATIVA Y VALORACIÓN DEL PATRIMONIO HISTÓRICO DE LA CIUDAD DE LIMA ........................................................................................... 175 Juan Manuel Parra (PROLIMA) LISTADO DE FIGURAS ............................................................................................... 185
9 En el año 2015, la ONU aprobó la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible, en la que se incluyeron 17 objetivos «para transformar nuestro mundo». De ellos, el número 4, sobre Educación de Calidad, estableció una serie de parámetros para alcanzar «una educación inclusiva y equitativa como base para la mejora de las condiciones de vida de población vulnerable y el desarrollo sostenible»1. Gracias al apoyo y financiación de la Oficina de Cooperación de la Universidad de Sevilla en la convocatoria de Actividades y Proyectos de Cooperación al Desarrollo 2019/20, hemos podido unirnos a los esfuerzos por cumplir este objetivo al diseñar un proyecto educativo con un equipo multidisciplinar conformado por historiadores, historiadores del Arte y arquitectos de la Universidad de Sevilla (US) y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), en el que ha colaborado también PROLIMA (Programa para la Recuperación del Centro Histórico de Lima). El resultado ha sido este libro dirigido a alumnos y alumnas de educación Secundaria de Perú, en el que se integran diferentes unidades didácticas relativas al Centro Histórico de Lima. Uno de los principales objetivos de esta iniciativa ha sido ofrecer a los docentes de ese nivel formativo estos materiales, con los que pretendemos colaborar con su imprescindible labor en la formación de los futuros ciudadanos y ciudadanas. También, que diversos centros educativos del país tengan acceso a ellos, para que sus estudiantes puedan conocer y valorar diferentes aspectos del pasado de la capital peruana, particularmente de lo que en la actualidad conforma su Centro Histórico, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por UNESCO en 1991, tomando en cuenta criterios de excepcionalidad, integridad y autenticidad2. Así, este libro ha querido contribuir a la puesta en valor de la evolución del paisaje urbano y arquitectónico de la ciudad de Lima en el pasado, a partir del análisis de diversos aspectos tales como sus similitudes con otros centros urbanos de América Latina y España o la destrucción y desaparición de elementos significativos e identificativos de ese paisaje, tanto por la acción humana como de la naturaleza, viendo en qué momento y los motivos que llevaron a la adopción de una serie de medidas por parte de las autoridades para su puesta en valor y protección. Otro aspecto fundamental a la hora de diseñar las unidades didácticas ha sido nuestro interés por destacar la contribución que los diferentes 1. Al respecto, consultar la página web de la ONU, Objetivos de Desarrollo Sostenible, en el siguiente enlace: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/ (12/09/2020). 2. La visión de UNESCO para el Centro Histórico de Lima: https://es.unesco.org/news/ vision-unesco-centro-historico-lima (27/03/2021). IntroduccIón
17 Los rastros deL pasado prehIspánIco bajo una cIudad coLonIaL APROXIMACIÓN GEOGRÁFICA AL VALLE DEL RÍMAC Y SU ENTORNO La ciudad de Lima fue fundada en la árida costa central de la región andina en el siglo XVI. El lugar elegido para ello no fue, sin embargo, una elección al azar. La región, en general, y su emplazamiento, en particular, presentaban una serie de ventajas ambientales y culturales que tuvieron muy presentes Francisco Pizarro y sus hombres a la hora de elegir donde trazar sus primeras calles. Se trataba, en primer lugar, de ubicar un sitio que permitiera una rápida comunicación por barco con Panamá y la Península Ibérica. Por tanto, la presencia de un puerto natural cercano como el Callao sería determinante, así como también la elección de un lugar idóneo para abastecer a la que fuera la futura capital del Virreinato del Perú. OBJETIVOS ► Conocer cuáles eran las principales ventajas geográficas que ofrecía la costa central y el valle del Rímac para su habitabilidad. ► Reconocer a los antiguos habitantes del valle de Rímac antes del sigloXVI. ► Aproximarnos a la fundación de la ciudad de Lima y a las huellas prehispánicas indígenas que quedaron integradas en la nueva traza urbana.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 18 Río Rímac Se trata de un río irregular y torrentoso de la costa central junto al cual se fundará la ciudad de Lima. Su nombre en quechua significa «el que habla» (hablador, elocuente), según algunos autores por su sonoridad al arrastrar grandes piedras en su cauce y, según otros, por la existencia junto a él de un oráculo. Limo Mezcla de agua y tierra que arrastra el río en sus avenidas y que queda depositado en las partes bajas de sus cauces y valles. Gracias a este limo sus orillas se convierten en un terreno muy fértil para la agricultura. Acequia Término de origen árabe, introducido en el Perú en época colonial, y que hace referencia a los canales que conducen agua para regar y otros usos. Lomas Microambientes o ecosistemas endémicos de las costas peruana y chilena de carácter estacional. Durante los meses de invierno, las colinas costeras se convierten en oasis producto de la neblina que viene del mar, desarrollando una vegetación y fauna propias. Lima fue fundada en los márgenes del río Rímac, que dará nombre a la ciudad en un malentendido de su pronunciación a oídos de los españoles (fig.1). Se trata de un río torrentoso que se origina en las punas andinas y que desciende de forma abrupta recibiendo agua de distintas quebradas y riachuelos. Conforme desciende de las alturas serranas y el terreno comienza a ser más llano, el cauce se amplia y ralentiza, abriéndose el delta del río en forma de triángulo o abanico fluvial, conformando un extenso valle. Este valle, en su parte baja se vincula a los valles vecinos de los ríos Chillón y Lurín, conformando juntos una unidad geográfica definida. Sus aguas desembocan en el Océano Pacífico, que limita la región por el oeste. Por el este, este territorio costero limita con la cordillera andina, cuyas estribaciones ocasionalmente avanzan en forma de colinas sobre la planicie y llanura costera en su avance hacia el mar. Las aguas y el limo que transportan estos ríos en sus avenidas serían las responsables de haber convertido en un fértil oasis el desierto, permitiendo el desarrollo de culturas profundamente interrelacionadas que poblaron la región desde milenios atrás. Cuando el religioso español Bernabé Cobo describía la historia de la fundación de la capital virreinal señalaba con sorpresa la existencia de esta fina capa superficial de tierra tremendamente fértil que cubría las arenas del desierto, sin duda producto de este limo transportado por los ríos desde la cordillera: «esta poca tierra superficial que tiene todo este valle, es tan fértil que lleva todo género de semillas, frutas y legumbres». A lo largo del tiempo, en este fértil oasis numerosas poblaciones y ricas culturas aprendieron a aprovechar de una forma aún más eficiente el agua de estos ríos, a través de la creación de una gran obra de ingeniería hidráulica de canales y acequias que les permitió obtener una gran producción agrícola. El árido desierto costero se tornó así en un fértil territorio que ofrecía numerosas ventajas para sus pobladores. A las magníficas acequias que se extendían llevando el agua a zonas antes desérticas, había que sumarle un clima muy favorable, sin temperaturas extremas, con un verano cálido y soleado y un invierno suave, donde no llueve ni truena, pero durante el cual la región recibe la humedad procedente del mar en forma de neblina o garúa. Esta humedad ambiental será la responsable de que las colinas cercanas a la costa se tiñan de verde en invierno, desarrollando un microambiente propio de gran diversidad, las lomas, donde se pueden encontrar una gran variedad de plantas, arbustos y fauna. María Rostworowski señaló que estas lomas habrían sido una magnífica fuente de recursos para las sociedades que poblaron los valles costeros en el pasado y así seguiría siendo tras la fundación de la ciudad. Afirmaba también el cronista Bernabé Cobo que «con aquel rocío que les cae del invierno se visten de yerbas y flores, y se ponen tan verdes y hermosas que es una de las deleitosas salidas que tiene Lima en aquel tiempo». Además de la comunicación por barco y la fertilidad de la región gracias al aprovechamiento del agua de los ríos, la cercanía del mar ofrecía también
LOS RASTROS DEL PASADO PREHISPÁNICO BAJO UNA CIUDAD COLONIAL 19 otras ventajas para los habitantes de la costa central. La corriente de aguas frías que baña la costa peruana es tremendamente rica en recurso marinos. El aprovechamiento de estos recursos, gran cantidad de peces, así como aves, guano, moluscos o leones marinos, estuvo presente desde sociedades muy tempranas en la región. Sus pobladores pescaban en casi todo el litoral del valle, en playas extensas, como las de Ventanilla y Lurín; y en pequeñas playas rocosas como las de La Punta, La Perla, La Herradura, Magdalena, San Miguel y Miraflores. El cronista español Fernández de Oviedo se admiraría de la cantidad y calidad de los pescados limeños en el siglo XVI: «… estos pescados de acá son más sanos que los de España los hay muy buenos… é de cada cosa o género de los que he dicho, muchos y en grande cantidad». Cerca de la costa también señalaría Fernández de Oviedo el aprovechamiento de las ciénagas y lagunas que servirían para la construcción de viviendas y embarcaciones y para alimentar a los nuevos animales traídos de Europa: «son bien provechosas así para los ganados como porque crían juncales y carrizales de los que se hacen esteras con que se cubren las casas humildes y los indios pescadores hacen sus balsas y embarcaciones». Por todas estas características ambientales y geográficas la región fue la elegida para fundar la nueva capital que pusiera en comunicación al Perú con el resto del mundo y desde la que se gobernaría el amplísimo territorio que Figura 1. Río Rímac en época de lluvias.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 20 Lítico Hecho de piedra. Se conoce como periodo o etapa lítica a aquella en que los seres humanos destacaron por la fabricación de puntas de proyectil para la caza y otros instrumentos tallados en piedra. Sedentarización Proceso por el cual los grupos humanos se asientan en un lugar de forma permanente y abandonan la forma de vida nómada o itinerante. integraría el nuevo Virreinato. Pero a estas razones ambientales habría que sumarle otra no menos importante, la existencia de una abundante y organizada población que habitaba el valle en el siglo XVI y que era heredera de milenios de desarrollo cultural, como veremos a continuación. LIMA ANTES DE LIMA: OCUPACIONES PREVIAS DEL VALLE Como afirma la arquitecta Andrea Gavazzi, la actual ciudad de Lima no tiene una forma casual. La forma de su extensión metropolitana es el resultado de una planificación y un desarrollo de más de cinco mil años, en un entorno geográfico regional que reúne tres ríos, cuatro pisos ecológicos y 3.000 km2. La llegada de los españoles a la región y su establecimiento junto al río Rímac tan solo fue un evento más que se venía a sumar a los siglos previos de ocupación humana y desarrollo cultural que han dejado una importante impronta bajo la actual Lima metropolitana. La costa central atrajo, desde épocas muy tempranas, a grupos de seres humanos que comenzaron a establecerse en la zona y que aprendieron a aprovechar los ricos recursos naturales de la región con cada vez mayor eficiencia. Los primeros de ellos serían grupos nómadas, con una economía basada en la caza y la recolección de plantas. En la cuenca del río Chillón, por ejemplo, se tiene constancia de la presencia de grupos de cazadores-recolec- tores hace 14.000 años en el sitio arqueológico de Chivateros, donde se han encontrado una gran cantidad de restos líticos, asociados a una cantera de donde extraían material para el tallado de puntas de proyectil y otros instrumentos utilizados en la caza y procesado de alimentos. Poco a poco, la implementación de nuevas técnicas e instrumentos, como la utilización de redes de pesca, el uso de abonos para los cultivos o la domesticación de un mayor número de plantas, permitió aumentar la producción de alimentos y por tanto sostener a un mayor número de habitantes que se hicieron sedentarios. Las aldeas se hicieron permanentes, se multiplicaron y crecieron en población, y comenzaron a aparecer los edificios públicos y religiosos: túmulos, montículos y plataformas ceremoniales. Las jerarquías sociales se acentuaron y surgieron cada vez mayores desigualdades entre sus habitantes. Esas pequeñas aldeas con templos crecieron y se convirtieron en grandes centros ceremoniales. En el valle de Chillón hace más de 4.000 años apareció un nuevo centro ceremonial: El Paraíso, que denotaba ya, sin duda, la existencia de un poder o autoridad supracomunal con liderazgo para convocar a la población y dirigir y organizar trabajos de interés colectivo. A El Paraíso le seguirían otros templos monumentales, que siguiendo su modelo presentaban la característica forma en U que sería propia de los templos costeños de este periodo: con cuerpo central en forma de pirámide cuadrangular o rectangular y dos brazos laterales paralelos entre sí. La gran plaza o espacio central tendría
LOS RASTROS DEL PASADO PREHISPÁNICO BAJO UNA CIUDAD COLONIAL 21 Teocrático Forma de gobierno cuya autoridad política se considera emanada directamente de uno o varios dioses. Dicha autoridad es ejercida generalmente por un poder religioso o casta sacerdotal. seguramente un uso agrícola, dadas sus enormes proporciones. Estos templos, de tamaño colosal, están ubicados generalmente cerca de los cauces de los ríos o de otras fuentes de agua que permitieran el desarrollo agrícola. Ejemplo de estos templos serían La Florida, Las Salinas y Garagay (figs. 2 y 3) en el valle del Rímac, Mina Perdida y Cardal en Lurín, y Huacoy y Chocas en el valle de Chillón. Pero sería al iniciarse el primer milenio de nuestra era cuando la región fue escenario de importantes cambios políticos, económicos y demográficos. El área donde se ubica la actual ciudad de Lima comenzaría a conformarse entonces como una entidad propia, con el desarrollo de la denominada Cultura Lima. Durante varios siglos los tres valles de la costa central, Chillón, Rímac y Lurín, se integraron bajo una entidad política de carácter teocrático, que llegaría a extenderse a otros valles cercanos. La base económica que sustentó a sus habitantes fue fundamentalmente agrícola, aunque complementada como siempre por el aprovechamiento de los ricos recursos marítimos. Si durante los siglos previos se había comenzado a manejar con mayor eficiencia el agua de los ríos construyendo las primeras acequias, sería durante este periodo cuando se realizarían mayores avances. Los Lima consiguieron conquistar terreno al desierto Figura 2. Vista aérea de la Huaca Garagay, en el actual distrito de San Martín de Porres.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 22 construyendo una gran red de canales de irrigación, de tal forma que pudieron así producir la cantidad de excedente necesario para sustentar a una población cada vez más numerosa y mantener un sistema político social complejo (fig. 3). Maranga, muy cerca de la actual ciudad de Lima, en el curso bajo del Rímac, sería durante parte importante de su desarrollo, el principal centro administrativo, una suerte de capital que centralizaba el poder de la región durante la época Lima. Estaba compuesta por pirámides truncas escalonadas, palacios, depósitos, amplias plazas públicas y zonas residenciales de viviendas (fig. 4). Además de Maranga existieron una serie de centros administrativos menores distribuidos por la región (Copacabana Playa Grande, Culebras y La Uva, en el Chillón; Pucllana (fig. 5), Melgarejo, Santa Felicia, Vista Alegre y Cajamarquilla en el valle del Rímac, y Pachacamac en Lurín). El resto de la población vivía en pequeñas aldeas dispersas por los valles, distribuidas alrededor de estos centros administrativos y junto a los canales de irrigación. Pero en torno al año 700, desde la región serrana de Ayacucho, los Wari comenzaron a expandir su poder e influencia por una buena parte de los Andes Centrales, durante el periodo que se ha denominado Horizonte Medio. Hoy en día se discute en qué grado la presencia Wari se hizo notar en la costa central. Es probable que los habitantes de esta región mantuvieran su propia cultura y cierta independencia política, aunque pudieran haberse integrado en el ámbito Wari a través de una importante red comercial. Sin embargo, Figura 3. Valle del Rímac y sus canales de irrigación durante el periodo Lima.
LOS RASTROS DEL PASADO PREHISPÁNICO BAJO UNA CIUDAD COLONIAL 23 Figura 4. Huaca del complejo arqueológico de Maranga, situado en el actual Parque de las Leyendas, en San Miguel. Figura 5. Huaca Pucllana (Miraflores). Se puede observar el uso en su construcción de «adobitos» propios de la Cultura Lima.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 24 Curacazgo Palabra de origen quechua que hacía referencia a un señorío, reino o nación indígena. A la cabeza del Curacazgo se situaba el curaca. Los españoles introdujeron el término cacique, de origen taino, una lengua del Caribe, que utilizaron para hacer referencia a los jefes de los distintos curacazgos. la influencia Wari se dejó sentir significativamente en la vida cotidiana de la gente de la costa. Las grandes pirámides truncas y escalonadas gobernadas por sacerdotes propias del periodo anterior fueron paulatinamente abandonadas para dar paso a un uso más civil de los espacios. El comercio e intercambio de productos de la costa con la sierra y otras regiones tuvo un gran desarrollo, que se vio plasmado en la creación de centros de almacenaje, una extensa red de caminos y el fortalecimiento de una clase social de señores y artesanos especialistas (tejedores, tintoreros, ceramistas y orfebres). Finalizado el periodo Wari, en torno al año 1200, y desaparecida su extensa influencia, comenzaron a surgir nuevas culturas o entes políticos regionales. En la costa central surgieron nuevos grupos que convivieron en la región hasta que se produjo la conquista inca de la misma. En la comarca de Lima encontramos los señoríos o curacazgos de Ychma y Colli. El primero de ellos ocupaba las cuencas de los ríos Lurín y Lima y el segundo la cuenca del río Chillón. El señorío Ychma, estaba a su vez organizado en varios pequeños curacazgos: Sulco, Guatca, Lima, Maranga y Callao. Según la etnohistoriadora María Rostworowski, sus territorios se ubicaban de acuerdo al sistema de canalizaciones existente, siguiendo el curso del canal o acequia encomendado al cuidado de cada uno de ellos (fig. 6). Por ejemplo, el curacazgo de Sulco se extendería a lo largo de la canalización del río o canal de Surco, pasando por los actuales distritos de El Agustino, San Luis, Surco, Surquillo, Miraflores, Barranco y Chorrillos o el de Guatca tomaba su nombre de la acequia Huatica. El curacazgo de Lima extendería su territorio en torno a la acequia que después sería llamada de la Magdalena, que tenía su bocatoma detrás de lo que hoy es el Palacio de Gobierno, lugar de la residencia del curaca o cacique de Lima y donde se establecería la futura Plaza de Armas de la nueva ciudad. Durante este periodo, Pachacamac se convertiría en el principal centro de poder de la cultura Ychma. A su gran importancia religiosa, como afamado oráculo y centro de peregrinación desde lejanos lugares de los Andes, se le sumaría ahora un importante papel administrativo que perdurará tras la conquista inca de la región, en torno a 1470. La conquista inca de la costa central fue llevada a cabo por Tupac Yupanqui. Conocedores de la importancia del más afamado oráculo de la costa, al que acudieron en veneración, los incas convirtieron a Pachacamac en la capital provincial. Mantuvieron el culto al oráculo costeño pero construyeron a su vez un templo dedicado al culto al Sol. Aunque durante la ocupación inca de la costa central se impuso el culto al sol, el quechua como lengua oficial, se construyeron y remodelaron algunos centros administrativos y caminos y se reorganizó política y administrativamente el territorio, los incas permitieron conservar una gran parte de la organización política y social de la costa. Bernabé Cobo describía estos cambios administrativos implementados por los incas de la siguiente forma: «… dividíase este valle, conforme al gobierno
LOS RASTROS DEL PASADO PREHISPÁNICO BAJO UNA CIUDAD COLONIAL 25 de los reyes incas, en tres hunos, o gobernaciones de á diez mil familias cada una; el pueblo de Caraguayllo era la cabeza de la primera, el de Maranga, que cae en medio del valle, de la segunda, y la tercera el de Surco…». El Señorío de Ychma podría haber tenido, por tanto, una población de 150.000 habitantes, si tenemos en cuenta que había al menos 30.000 familias. Carabayllo estaba situado en el valle del río Chillón. Surco, situado en las faldas del cerro solar, era el centro urbano de mayor relevancia de la región, con «una muy suntuosa guaca o templo y otros muchos edificios», y la antigua ciudad de Maranga, en el actual distrito de San Miguel como ya vimos, se convertiría en el centro más importante de la tercera de las divisiones incas. A no mucha distancia de Maranga, y dependiendo de ella, se encontraba el pueblo de Lima, junto al río Rímac. Las huellas de la presencia inca en la costa central, plasmadas en edificios administrativos, tierras repartidas al Inca y al sol, caminos que unían el valle del Rímac con el resto del Tawantinsuyo, etc., venían a sumarse así a años de ocupaciones y evidencias dejadas por pueblos anteriores. FUNDACIÓN DE LA CIUDAD SOBRE EL SITIO Y ASIENTO DE LIMA Cuando los españoles pisaron por vez primera el valle del Rímac no encontraron una ciudad compacta, que concentrara a sus habitantes en un solo lugar sino una metrópoli difusa, donde la población vivía en diferentes Figura 6. Valle del Rímac y sus canales de irrigación en el siglo XVI. Huno Unidad administrativa inca que hace referencia a un conjunto de diez mil tributarios o unidades familias.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 32 Capitulación Real Contrato firmado por la Corona española y un conquistador, estipulando las condiciones de la empresa de conquista y la pertenencia de los nuevos territorios a la monarquía hispánica. Encomienda Llamada también repartimiento de indios, era la merced dada por la corona como recompensa a un particular a cambio de un servicio militar destacado o de otro tipo. Mediante dicha merced el beneficiario o encomendero recibía a un grupo de indígenas, denominados encomendados, a los cuales debía defender y adoctrinar a cambio de recibir de ellos determinado tributo y usufructo. sociedad y de las exploraciones, Almagro como organizador y proveedor de los temas logísticos y Luque como representante político y financiero que facilitaría licencias y dinero para la empresa. Una vez consumada la ocupación y control de los Andes, hubo varios factores que condicionaron el proceso de construcción, adaptación, acomodo e implementación de un modelo político, administrativo, económico y social que tendría como centro político a Lima y en la autoridad virreinal su eje de funcionamiento. Algunos de dichos factores eran las particularidades geográficas, demográficas y culturales del territorio; la existencia del estado Inca y su compleja sociedad y cultura milenaria; los intereses, rivalidades e interacciones del grupo conquistador hispano con las elites locales; y el accionar de la monarquía hispánica en la búsqueda de imponer su autoridad y poder político en la administración de los territorios, población y recursos recién descubiertos. Es interesante el hecho de que la primera gran delimitación territorial, política y administrativa hecha por la corona española con relación al territorio andino se llevara a cabo previa a una ocupación efectiva de la región, y aún en una etapa de exploraciones iniciales. La primera expedición de conquista tuvo un éxito muy limitado, y se dio entre noviembre de 1524 y julio de 1525, liderada por Pizarro. Partió de Panamá con dirección al sur, y logró llegar hasta la región de Chochama, en la actual frontera costera entre Panamá y Colombia. Es, sin embargo, la segunda expedición, entre 1526 y 1527, liderada nuevamente por Pizarro, la que dio resultados muy prometedores a la empresa de conquista. Más allá de las disputas y percances políticos en torno a los cambios de autoridad en la Gobernación de Tierra Firme, los cuestionamientos a las licencias obtenidas para navegar al sur y los episodios en torno a lo que hoy se conoce como los sucesos de los trece de la Isla del Gallo, este segundo viaje permitió, por primera vez, tomar contacto con la sociedad andina, a través del encuentro en alta mar con una balsa de nativos tumbesinos, cargada de productos; y el posterior desembarco de dos españoles y un esclavo africano en las costas de Tumbes. Basada en gran parte en las informaciones obtenidas en este segundo viaje, Pizarro firmaría con la corona en 1529 la Capitulación de Toledo (suscrita el 26 de julio y firmada el 17 de agosto), acuerdo a través del cual, entre otros aspectos, los territorios a conquistar y colonizar formarían parte de la Gobernación de Nueva Castilla, definidos geográficamente desde Tumbes y doscientas leguas al sur, hasta Chincha, en una región en ese momento no conocida pero que una vez consolidada la conquista se ubicaría en torno a la ciudad del Cusco (fig. 1). Pizarro asumió oficialmente el liderazgo político al ser nombrado gobernador, capitán general, adelantado y alguacil mayor, con facultad de fundar ciudades y repartir encomiendas, con lo cual se confirmaba su protagonismo como autoridad máxima e indiscutible de la conquista del Perú, en perjuicio de Hernando de Luque y en especial de Diego de Almagro. Este acuerdo marca el origen político institucional de lo que en las décadas siguientes se convertiría en el Virreinato del Perú.
HISTORIA DEL VIRREINATO PERUANO. VIRREYES Y REDES DE PODER EN LOS SIGLOS XVI-XVII 33 Huestes Grupo de personas con experiencia en actividades militares, organizadas en cuerpos de infantería y caballería, y reunidas de forma temporal con el fin de llevar a cabo una campaña de guerra u ocupación territorial. Cabildo Llamado también municipio, era la institución compuesta por autoridades elegidas por los vecinos, encargada del gobierno y administración de los aspectos económicos y de administración de justicia de la ciudad. En el año de 1532, con el desembarco en Tumbes de las huestes pizarristas que formaban parte del tercer viaje de Francisco Pizarro (entre febrero y marzo), la organización política y efectiva de la gobernación de Nueva Castilla empezó a tomar forma. La fundación de la primera ciudad española en San Miguel de Tangarará (Piura, 15 de julio) y la posterior toma de Cajamarca y prisión del inca Atahualpa (16 de noviembre) dieron inicio a la ocupación territorial española en los Andes, en donde el orden institucional y nombramiento de autoridades giró en torno al establecimiento de ciudades, formación de cabildos y reparto de encomiendas. A la fundación de Tangarará seguirían Jauja (octubre de 1533, completada el 25 de abril de 1534), Cusco (23de marzo de 1534), Ciudad de los Reyes (Lima, 18 de enero de 1535), y muchas ciudades más establecidas en los años y décadas siguientes (fig.2). Se lograba constituir así una población europea permanente, una elite urbana, instituciones y autoridades políticas representadas en las figuras de alcaldes y regidores, y una presencia institucional a través de las encomiendas y encomenderos de indígenas. Lima, inicialmente pensada como una ciudad estratégica en temas logísticos (su cercanía al mar), se convertiría muy pronto, a la luz de los hechos en las décadas siguientes, en la capital del poder político español en la región. Con un marco jurídico basado en su existencia como gobernación, y un orden político práctico en torno a la fundación de ciudades y reparto de Figura 1. «Capitulación del rey con Francisco Pizarro», en Juan Bautista Verdussen, 1728, Colección de la John Carter Brown Library.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 34 Tawantinsuyu Territorio que abarcaba el imperio Inca. El nombre Tahuantinsuyo proviene de dos palabras quechuas: tawa, que significa cuatro, y suyo, que quiere decir región. El territorio inca estaba dividido en cuatro regiones: el collasuyo, al sureste; el chinchaysuyo, al noroeste; el antisuyo, al noreste y el continsuyo, al oeste. encomiendas, el gobierno del territorio peruano se manejó en relación al accionar del grupo conquistador, sus negociaciones con la elite incaica y los diversos grupos étnicos que formaban parte del Tawantinsuyu, y la formación de grupos de poder local que giraban alrededor del liderazgo de la figura fundamental de la conquista: Francisco Pizarro (en Lima), secundado por sus hermanos Juan, Hernando y Gonzalo (en el Cuzco). La fundación de Lima en enero de 1535 y la residencia permanente en ella de Francisco Pizarro, la perfilaron como un espacio político fundamental de la recién creada gobernación, en donde alianzas, negociaciones y equilibrios de poder tomaron forma alrededor de la figura del gobernador, el cabildo de la ciudad y los encomenderos. Parte del territorio del señorío Ichma durante el periodo inmediatamente anterior a la llegada de los españoles, la zona precisa en donde se fundó la ciudad española de Lima formaba parte del curacazgo de Taulichusco, un espacio demográfico y políticamente subordinado a Pachacamac, sede política y administrativa Ychma (consultar unidad didáctica I). De las 274 encomiendas de indígenas otorgadas en todo el territorio andino en la década de 1540, Lima junto con Trujillo, con 45 encomiendas cada una, representarán las ciudades con el segundo número de encomenderos, superada solo por las 86 encomiendas dadas en la zona del Cuzco. Este hecho refleja sin duda la gran importancia del Cuzco como Figura 2. Fundación de la Ciudad de los Reyes del Perú (Lima). Archivo Histórico Riva-Agüero.
HISTORIA DEL VIRREINATO PERUANO. VIRREYES Y REDES DE PODER EN LOS SIGLOS XVI-XVII 35 Panaca Son aquellas familias de la realeza Inca con poder y prestigio político, social y religioso. Estaba formaba por los descendientes de los incas fallecidos y del Inca gobernante, pero excluyendo a dicho Inca en ejercicio del poder. espacio político y económico en los primeros años de la conquista del territorio, situación que se mantendrá en las décadas y siglos siguientes. Al mismo tiempo, permite observar el papel central de Lima, como espacio de encomiendas y principalmente como centro desde el cual las autoridades de la gobernación, y posteriormente del virreinato, gobernarán los territorios extendidos hacia el centro, norte y sur de los Andes. EL ENFRENTAMIENTO ENTRE FRANCISCO PIZARRO Y DIEGO DE ALMAGRO Y LA CRISIS DE GOBIERNO Como ya se ha señalado, la rivalidad entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro databa de la Capitulación de Toledo de 1529, que otorgaba derechos exclusivos a Pizarro para otorgar encomiendas y mercedes a quienes él considerara, en premio por su participación en la conquista y pacificación de los nuevos territorios. La incorporación al proyecto de conquista, a partir del tercer viaje, de Hernando, Juan, Gonzalo Pizarro, y Martín de Alcántara, hermanos paternos y materno de Francisco Pizarro, respectivamente, así como de un número grande de parientes, vecinos y amigos suyos de la ciudad de Trujillo en España, generó suspicacia y recelo, particularmente en Almagro, surgiendo la percepción de la existencia de dos bandos de conquistadores con intereses enfrentados, pizarristas y almagristas, siendo los primeros los más favorecidos y los segundos los desplazados. Luego de la toma de Cajamarca en noviembre de 1532, en la que Diego de Almagro no participó y por lo tanto no se benefició del rescate dado por el Inca, con el establecimiento de las primeras ciudades y los repartos de encomiendas, Almagro buscará establecer su propio espacio de influencia y poder en la conquista de los Andes. En 1534 la corona española firma tres capitulaciones, que buscan dar mayor precisión a la firmada con Francisco Pizarro en 1529. En el caso particular de Almagro, se le otorga la gobernación de Nueva Toledo, una jurisdicción ubicada al sur de la gobernación de Nueva Castilla, perteneciente a Pizarro, y cuya frontera no quedó definida de forma precisa. Almagro partiría inmediatamente a la conquista de su gobernación, en calidad de adelantado, pero el fracaso militar de su empresa y la poca riqueza encontrada en Chile motivó su regreso al Cusco en 1537. A su llegada al Cusco, Almagro encontró una ciudad en plena recuperación debido al caos generado por la rebelión de Manco Inca, miembro de la panaca cuzqueña que inicialmente había sido proclamado inca y entre 1533 y 1535 había colaborado con estos en la pacificación del territorio, pero que entre 1536 y 1537 había organizado una revuelta que sitió la ciudad del Cusco, y en cuya defensa murió Juan, uno de los hermanos Pizarro. Si bien Gonzalo y Hernando Pizarro, que estaban al frente de la defensa y manejo del Cusco, terminaron por develar la amenaza de Manco Inca, en 1537 su posición era débil. Esto fue aprovechado por Almagro, quien tomó la ciudad y
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 36 la proclamó capital de la Gobernación de Nueva Toledo bajo su jurisdicción, dando inicio a la primera etapa de las guerras civiles entre los conquistadores. Entre 1537 y 1542, pizarristas y almagristas se enfrentaron de forma constante, obteniendo victorias parciales. Como resultado, Diego de Almagro fue derrotado y tomado prisionero en 1538 en la batalla de Salinas y ejecutado poco tiempo después, en julio de ese año, por orden de Hernando Pizarro. Posteriormente, luego de algunos años de preeminencia pizarrista, un grupo de almagristas liderados por Juan de Rada y Diego de Almagro el Mozo, hijo del conquistador Almagro, organizaron una revuelta y tomaron el palacio de la gobernación en la ciudad de Lima, dando muerte al gobernador Francisco Pizarro en junio de 1541, y junto con él a su hermano Martín de Alcántara (fig. 3). La inestabilidad política generada por las disputas entre los conquistadores entre 1537 y 1541, con el consiguiente despliegue militar, tuvo un terrible impacto social, demográfico, económico y político, y acabó con la vida de figuras claves del gobierno español en el Perú. El frágil equilibrio político alcanzado en torno a la figura del gobernador hizo que el funcionamiento de un gobierno sustentado en las elites locales representadas en los cabildos y encomiendas fuese puesto en cuestionamiento por parte de la Corona. Es por eso que, ante las noticias de la guerra civil entre los conquistadores del Perú, la corona decidió en 1540 nombrar al licenciado Cristóbal Vaca de Castro, como segundo gobernador del Perú, en reemplazo de Francisco Pizarro. Cuando se encontraba camino al Perú tuvo noticias del asesinato de Pizarro, por lo que a su entrada a Lima en junio de 1542 asumió el poder y emprendió la lucha contra los almagristas, a quienes derrotó en la región de Ayacucho, en la batalla de Chupas, en septiembre de 1542. Vaca de Castro no solo asumió con éxito el restablecimiento de la autoridad monárquica en el territorio, dando captura y ejecutando a Diego de Almagro el Mozo en el Cusco, en noviembre de 1542, sino que procedió a revisar el funcionamiento de los cabildos de las ciudades fundadas hasta la fecha y las características e idoneidad de las encomiendas otorgadas, preparando el camino para la aplicación de las reformas y nuevas medidas políticas que serían aprobadas por la corona española entre los años 1542 y 1543. Lima aparecía en dicho plan como la ciudad desde la cual la autoridad monárquica proyectaba su gobierno, pacificaba el territorio y construía una interacción en torno al ejercicio de un poder, en el que autoridades, oficiales reales, elites locales y población general participaban y negociaban espacios dentro del modelo político. CREACIÓN DEL VIRREINATO DEL PERÚ: INSTITUCIONALIDAD POLÍTICA, FUNCIONAMIENTO LOCAL Y CONFLICTO Como parte de una política general de la corona española de abolir la perpetuidad de las encomiendas y replantear el manejo político y económico en
HISTORIA DEL VIRREINATO PERUANO. VIRREYES Y REDES DE PODER EN LOS SIGLOS XVI-XVII 37 Virrey Autoridad política, militar y administrativa, representante del rey en el territorio de su nombramiento. Presidía la Audiencia Real de su jurisdicción, aunque sus funciones principales giraban en torno al manejo fiscal y defensa del territorio. Audiencia Corte superior de justicia, encargada de casos civiles y criminales. A sus responsabilidades judiciales se sumaban funciones legislativas, de gobierno y consultivas. Era la máxima instancia de justicia en su jurisdicción, y estaba integrada por un presidente, un número variable de oidores, alcaldes del crimen, alguacil mayor, entre otros miembros. Corregimiento Llamado corregimiento de indios o gobernación, fue una jurisdicción administrativa y territorial a cargo de un corregidor, quien se encargaba del gobierno y administración de justicia en su provincia, así como del manejo de las reducciones indígenas, cobro de tributo y mita y temas de defensa. Oidor Juez miembro de la Audiencia, encargado de administrar justicia en los territorios bajo su jurisdicción. Desempeñaban también funciones políticas y administrativas, así como de gobierno, a excepción del caso de las audiencias ubicadas en las capitales del virreinato, Lima y México, en donde esa función de gobierno la ejercía el virrey. sus territorios en América, la promulgación de las Leyes Nuevas el 20 de noviembre de 1542 por el monarca Carlos I significó el nacimiento del Virreinato del Perú, y en torno a él sus instituciones políticas más importantes: virrey, audiencia y corregimiento. A partir ese momento, y en las décadas siguientes, la corona española determinó que las gobernaciones de Nueva Castilla, Tierra Firme, Nueva Toledo, Popayán, Quito, Río de la Plata y Chile, entre otras, quedaran comprendidas bajo el nuevo virreinato creado, en un territorio que abarcaba desde Panamá hasta Tierra del Fuego (Chile). La Ciudad de los Reyes (Lima) quedaba constituida como su centro, y en ella debía residir un virrey y una audiencia real, que para esa etapa inicial quedaba conformada por cuatro oidores letrados y presidida por el virrey, quien asumía así el gobierno político, administrativo, económico y militar, mientras que la audiencia debía resolver las causas criminales y civiles y administrar justicia. Además de la audiencia de Lima, existía ya en el territorio del virreinato una audiencia previamente establecida en Panamá (fundada en 1538), a la que en las décadas siguientes se sumarían las de Santafé de Bogotá (1548), Charcas (1559), Quito (1563), Concepción (1565) y Santiago (1609) (fig. 4). Así, a lo largo del siglo XVI el virreinato peruano quedó dividido en distritos judiciales y de gobierno, en los que, a excepción de la Audiencia de Lima, en donde el virrey era el presidente y además asumía el gobierno directo del territorio comprendido en ella, cada audiencia cumplía funciones de justicia y de gobierno, constituyéndose en actores políticos fundamentales. Si bien la figura política del virrey aparecía como poderosa y con gran capacidad de acción, en su calidad de representante del rey en los territorios Figura 3. «Pizarro Assassinated in his palace», grabado impreso de 1789. Colección de la John Carter Brown Library.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 38 Consulado Gremio de poderosos mercaderes que participaban de forma exclusiva del monopolio comercial entre la corona española y sus territorios americanos, a través del manejo de las rutas marítimas. Además, representaba los intereses e inversiones de ricos comerciantes y administraba justicia en casos comerciales. americanos, en la práctica su injerencia real se circunscribía a los límites de la Audiencia de Lima, donde residía y de la cual era presidente. En el resto de audiencias, el gobierno político y administración de justicia recaía en la propia audiencia y sus oidores, quienes ejercían su autoridad y poder en el territorio. Allí la figura y autoridad del virrey era simbólica. El nombramiento de Blasco Núñez de Vela como primer virrey del Perú y su entrada a la ciudad de Lima en mayo de 1544 marcaron el inicio de un protocolo de asunción del poder político, en donde las formas y alegorías simbólicas en torno al recibimiento representaban dinámicas de poder, posibles alianzas y futuros enfrentamientos. Las máximas autoridades de la ciudad, empezando por el saliente gobernador de Nueva Castilla, Cristóbal Vaca de Castro, el entonces obispo de Lima, Gerónimo de Loayza, los oidores de la Real Audiencia de Lima, y el alcalde y regidores del cabildo de la ciudad estuvieron presentes en los agasajos y honores públicos al primer virrey del Perú, al igual que la población de la ciudad. Pese a ello, los primeros años del orden virreinal peruano estarían marcados por enfrentamientos abiertos entre los funcionarios monárquicos que buscaban asumir el gobierno y poder político en el territorio, y los conquistadores y sus descendientes, los llamados beneméritos, quienes se habían convertido en la elite política local que ostentaba puestos como alcaldes y regidores en los cabildos de las ciudades, así como mercedes, encomiendas, negocios y preeminencias que buscaban mantener y defender. El poder de la monarquía, a partir de la promulgación de las Leyes Nuevas de 1542 y el establecimiento de una institucionalidad política en torno a la figura del virrey, las audiencias y los corregimientos, entró en interacción con diversas instituciones políticas y religiosas locales, entre ellas las autoridades detrás de los numerosos obispados (Cuzco en 1538; Lima en 1541; Arequipa, Huamanga y La Paz en 1609, Trujillo en 1616, entre otros) y dos arzobispados establecidos en el virreinato (Lima en 1548 y La Plata o Charcas en 1611), el Tribunal de la Inquisición (1568), y el poderoso Consulado de Lima (1613). La primera década del funcionamiento del virreinato peruano, sin embargo, estuvo enmarcada por luchas políticas y militares que sumergieron a las regiones en una guerra civil en la que el grupo encomendero cuestionó la validez de las medidas de gobierno y reformas políticas planteadas por el monarca. Entre 1544, año de la llegada del primer virrey Blasco Núñez de Vela y 1554, año de la derrota, apresamiento y posterior ejecución de Francisco Hernández Girón en la plaza de armas de Lima, se sucedieron hechos dramáticos como la movilización política y militar de encomenderos y miembros de los cabildos de las ciudades en oposición a las medidas del monarca, la presión sobre la Real Audiencia de Lima que reconoció como gobernador del Perú a Gonzalo Pizarro (1544), la derrota militar y muerte de Núñez de Vela a manos del ejército de Gonzalo Pizarro (1546), el nombramiento por
HISTORIA DEL VIRREINATO PERUANO. VIRREYES Y REDES DE PODER EN LOS SIGLOS XVI-XVII 39 Figura 4. Virreinato del Perú ca. 1650, indicando las jurisdicciones territoriales de sus audiencias reales.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 40 parte de la corona del religioso Pedro de la Gasca como gobernador del Perú y presidente de la Audiencia de Lima y su llegada al territorio (1547), y la campaña de negociación y pacificación de la Gasca frente a los encomenderos, que tuvo como resultado la derrota y ejecución de Gonzalo Pizarro en 1548 (figs. 5 y 6). El rol de Lima, sede de la Real Audiencia, había sido fundamental en estos años de crisis. El bando rebelde encabezado por Gonzalo Pizarro buscó legitimar su posición y forzó su reconocimiento como gobernador de Nueva Castilla por parte de los oidores afincados en la urbe, controlando la ciudad y a sus vecinos con la fuerza del temor y las armas. Pedro de la Gasca, por su parte, en su calidad de gobernador y enviado por Carlos I para restablecer el orden, entendió que Lima era clave como espacio de apoyo y lugar desde dónde llevar a cabo su estrategia de negociación e imposición de la autoridad monárquica. Desde antes de su ingreso a la ciudad, en su calidad de presidente de la Audiencia, dirigió cartas a los oidores y vecinos más notables ofreciéndoles perdones, licencias y mercedes para asegurar su participación en el bando realista. Con el paso de las décadas, y en pleno funcionamiento del orden virreinal y las negociaciones políticas propias de un modelo político equilibrado, Lima se convirtió en corte de poder y escenario visible de la autoridad de la monarquía española proyectada a sus territorios en Sudamérica. Figura 5. «Prisión del Virrey Blasco Núñez de Vela», en Juan Bautista Verdussen, 1728, Colección de la John Carter Brown Library. Figura 6. «Gonzalo Pizarro beheaded at Cuzco», 1785, Colección de la John Carter Brown Library.
HISTORIA DEL VIRREINATO PERUANO. VIRREYES Y REDES DE PODER EN LOS SIGLOS XVI-XVII 41 Tribunal de la Inquisición Institución que formaba parte de la monarquía española, encargada de vigilar el cumplimento del dogma católico, el buen comportamiento de la población en torno a las prácticas propias de la iglesia y castigar toda amenaza o práctica contraria a los principios de la fe, como la herejía y el protestantismo. Alcaldes ordinarios Dos autoridades miembros del cabildo, elegidos anualmente por los vecinos de la ciudad, encargados en temas de justicia y administración de la ciudad. Procurador general Persona contratada por el cabildo para estar presente en la corte en Madrid, ante el monarca, y promover y negociar determinadas mercedes y privilegios en beneficio de la ciudad y sus vecinos. Barroco Estilo cultural y artístico de los siglos XVII y XVIII en donde las formas y palabras se expresan de forma exuberante y vistosa, generando un gran impacto en quien las observa o está atento de ellas. LA CIUDAD DE LOS REYES DEL PERÚ, CORTE Y SÍMBOLO DEL PODER MONÁRQUICO Hacia la segunda mitad del siglo XVI Lima se había convertido ya en ciudad y corte del virreinato peruano. Era lugar de la residencia permanente de los virreyes y los numerosos miembros de sus casas, de la Real Audiencia y los altos funcionarios que formaban parte de ella, cabeza de uno de los dos arzobispados de la región (el otro ubicado en Charcas, en el Alto Perú), del Tribunal de la Santa Inquisición, de la Universidad de Lima (1551), y sede provincial de numerosas órdenes religiosas, monasterios y conventos. Sectores ennoblecidos afincados en la ciudad, beneméritos descendientes de los primeros conquistadores, comerciantes de la ruta atlántica, profesionales, artesanos y especialistas en distintos oficios, formaban todos parte de una sociedad local activa política, social y económicamente, que defendía sus espacios de acción y negociación con la corona. La ciudad contaba hacia 1619 con una población de 24.902 habitantes. Una de las instituciones desde donde el poder de los grupos locales se hizo sentir fue el cabildo, al gozar Lima, a diferencia de Ciudad de México y otras urbes hispanoamericanas de la época, del privilegio de no tener corregimiento, es decir, estar libre de la presencia de un funcionario monárquico que tomara decisiones sobre el gobierno local. Por el contrario, las autoridades locales como los alcaldes ordinarios y regidores tenían el poder, capacidad de gestión y voz para resolver y decidir sobre asuntos propios de la ciudad. Una voz que, además, no se limitaba a negociar con los funcionarios locales de la corona, sino que logró una presencia activa a través de los procuradores generales enviados a la Corte Real de Madrid, elegidos y pagados por el cabildo de Lima para promover la obtención de mercedes y privilegios para la ciudad en general y para algunos de sus vecinos en particular. La interacción entre el virrey, los miembros de la audiencia, los funcionarios reales, los miembros del cabildo y diversos sectores de la elite y población local podría ser conflictiva o colaboradora, pero constante y permanente, en espacios públicos y privados de la ciudad de Lima, siguiendo protocolos, ceremoniales y simbologías expresadas al máximo dentro de la cultura del barroco. Uno de los actos más importantes era la entrada del virrey a la ciudad de Lima, símbolo de la relación recíproca a establecerse entre el gobernante y sus súbditos, quienes lo esperaban con mucha expectativa por la posibilidad de obtener mercedes y puestos. Hasta 1581 los virreyes habían navegado por mar de Panamá hasta Paita, y de allí por tierra hasta Lima, entrando por Carabayllo o por el entonces llamado camino de Trujillo. En ese año, Martín Enríquez, sexto virrey del Perú, inauguró la ruta marítima directa de Panamá al Callao. Los preparativos para el ingreso de los virreyes a Lima corrían por cuenta del cabildo de la ciudad, y se inauguraban con la ceremonia del besamanos en el puerto del Callao. Mientras tanto, la ciudad de Lima quedaba
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 48 sobre su gente y sus recursos. En los hechos, Pizarro exigió mucho más de lo esperado. Para empezar, pidió que el curaca le cediese las tierras donde se debía fundar la ciudad. La pérdida de parte de sus mejores tierras de cultivo fue solamente el inicio del drama que los Límac debieron vivir pues pronto fueron desalojados del lugar y los españoles, ahora vecinos de la ciudad, recibieron del cabildo solares urbanos y tierras en su campiña para chacras y heredades. Poco tiempo después, los Límac fueron trasladados a unas tierras denominadas Chuntay, en el límite noroeste de la ciudad. El traslado afectó considerablemente el poder del curaca que en gran medida descansaba en el control de la bocatoma del río que le permitía distribuir el agua, recurso altamente valorado en la costa debido a la escasez de lluvias y que fue una de las razones por las que Pizarro decidió establecer la ciudad en esa zona (consultar unidad didáctica I). Para 1555, Taulichusco y Guachinamo, su sucesor, habían muerto y los había reemplazado don Gonzalo, hijo del primero. La situación de don Gonzalo como curaca gobernador fue asimismo muy difícil debido a la drástica caída demográfica de la población indígena de la costa producto tanto de las enfermedades traídas por los españoles así como del abandono de la región por gran parte de sus indios debido a la obligación de entregar un tributo, que les era cada vez más oneroso por la pérdida de sus tierras y la gran dificultad que tenían para hacer producir las que todavía les quedaban debido a la escasez permanente de agua. Por esa razón, don Gonzalo hizo llegar una carta al rey en la que se quejaba amargamente de que, a pesar de todas las contribuciones que habían hecho y de que buena parte de sus tierras les habían sido tomadas para la fundación de la ciudad, sus indios eran obligados a la entrega del tributo, lo que no estaban en condiciones de poder cumplir debido a la pobreza en la que se hallaban. En 1557, dos años después de que don Gonzalo escribiese la carta, los Límac sufrieron una segunda reubicación. Esta vez, fueron trasladados al valle de la Magdalena a media legua (aproximadamente 3 km) al oeste de la ciudad, junto con la población de los curacazgos de Guatca, Malanca, Amancaes y Guala, también situados en el valle del Rímac. Este proceso de concentración de los indios en un solo espacio dio origen a la primera reducción indígena en el valle, que se llamó Santa María Magdalena de Chacalea (hoy distritos de Pueblo Libre y Magdalena del Mar). Otros curacazgos del valle como Sulco, Lati y Carabayllo atravesaron el mismo proceso, pero a partir de la década siguiente. El traslado de los Límac al pueblo de la Magdalena muestra que las autoridades en lugar de prestar atención a los reclamos del curaca, hicieron que su situación se tornara todavía más insostenible. De esta manera, la balanza se inclinó a favor del proyecto colonial que buscaba hacer de Lima una ciudad de españoles (consultar unidad didáctica II). Paralelamente a este hecho, comenzó a cobrar mayor peso una posición que consideraba que los indios y
LA POBLACIÓN INDÍGENA EN LA LIMA VIRREINAL 49 Mita Significa turno en quechua. Fue un sistema de trabajo obligatorio que debían realizar los varones entre 18 y 50 años en la región andina. Su origen se remonta al periodo incaico, cuando consistía en una fuerza de trabajo rotativa utilizada en el desarrollo de obras públicas estatales tales como la construcción de centros administrativos, templos, acueductos o puentes, entre otros. Durante el periodo colonial, el virrey Toledo la transformó en una de forma de trabajo obligatoria, destinada principalmente a la agricultura, ganadería y minería (Potosí y Huancavelica). los españoles debían vivir separados. Los primeros debían residir en pueblos construidos especialmente para ellos, donde aprendiesen a vivir en orden (policía) y pudiesen ser evangelizados. Por otro lado, a los españoles, como seres políticos, les correspondía residir en las ciudades. LOS INDIOS DE LA CIUDAD: RELACIONES SOCIALES Y ACTIVIDADES ECONÓMICAS Para los tratadistas españoles los indios no eran seres políticos, su patrón de asentamiento disperso, la carencia de leyes escritas y la «tiranía» de sus gobernantes eran indicadores de que desconocían cómo «vivir en policía», es decir en orden. En consecuencia, debían residir fuera de la ciudad, en sus propios pueblos, donde aprendiesen a vivir en orden y doctrina. Los que estaban obligados a trasladarse a la ciudad para cumplir con la mita de plaza debían tener una estancia temporal acorde con el tiempo que durase el servicio a realizar. La idea era que la población indígena de la ciudad fuese una población rotativa. Es decir, que por turnos (mita) llegase a la ciudad, prestase servicio en las casas, huertas, chacras de los españoles y terminado su tiempo de servicio regresase a su pueblo y fuese reemplazada por otro contingente similar. Con las medidas dadas por el virrey Francisco de Toledo (1569-1581) (fig.1) la separación física y legal de españoles e indios quedó establecida formalmente. Cada población en su propio espacio, con su propio cuerpo de leyes y sus autoridades civiles y eclesiásticas. En la práctica el proyecto toledano no prosperó, ya que entre los pobladores de la ciudad hubo indígenas residiendo de manera permanente. Estos indios participaban activamente en la vida religiosa de la ciudad, por lo que estaban registrados en las parroquias de españoles donde recibían los sacramentos. A inicios del siglo XVII, la población indígena de Lima era mayoritariamente inmigrante (95%), joven (30%) y provenía de los pueblos de indios, pues tan solo el 28% venía de una ciudad o pueblo de españoles. Asimismo, estaban dedicados a diversas tareas económicas. Las mujeres jóvenes y solteras estaban dedicadas principalmente al servicio doméstico, mientras que las casadas solían vender productos en las plazas de la ciudad. En cambio, para los varones la oferta de trabajo era mayor, se dedicaban al trabajo en las chacras de los valles circundantes y a las labores artesanales, siendo pocos los varones adultos dedicados al servicio doméstico. Lo interesante es que, en el caso de los niños y jóvenes varones, tanto de aquellos que habían llegado de manera forzada como de los que habían llegado solos o traídos por sus padres, la mayor parte utilizaba el servicio doméstico como puerta de entrada para establecerse en Lima. Luego de unos años, dependiendo de la edad en la que hubiesen llegado, optaban por ingresar a aprender un oficio artesanal.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 50 En el caso de las niñas la posibilidad de cambiar su estatus social era mucho más limitada y, por lo general, sucedía con el matrimonio. Las mujeres indígenas que vendían productos en las plazas de la ciudad, así como las más afortunadas que eran dueñas de chicherías y pulperías contaban con el apoyo económico y laboral de sus parejas (consultar unidad didáctica V). Estos negocios eran en realidad empresas familiares que las mujeres administraban junto con sus maridos. Los migrantes que llegaban a la ciudad siendo adultos solían trabajar en las mismas labores que habían realizado en sus lugares de origen. Debido a la demanda de productos para abastecer a la ciudad, había trabajo principalmente para los agricultores y pescadores. El gran número de chacras de diverso tamaño existentes en los valles que circundaban la ciudad tenían una constante demanda de trabajadores. Lo mismo sucedía en el caso de las empresas dedicadas a la pesca debido a que eran muchos los días en que la Iglesia prohibía el consumo de carnes rojas. Figura 1. Virrey Francisco de Toledo en la obra de Guamán Poma de Ayala. El virrey Toledo fue el encargado de organizar las instituciones que serían las que darían forma al virreinato peruano hasta las Reformas Borbónicas, tales como la mita y las reducciones.
LA POBLACIÓN INDÍGENA EN LA LIMA VIRREINAL 51 Cabildo Llamado también concejo o ayuntamiento, era la institución compuesta por los vecinos, encargada del gobierno y administración de los aspectos económicos y de administración de justicia de la ciudad. Los agricultores trabajaban a jornal en las chacras donde residían la mayor parte de la semana, regresando a la ciudad los fines de semana para ver a sus familias y acudir juntos a la doctrina en la parroquia donde residían. De su lado, los pescadores vivían en la ciudad, pero acudían diariamente a pescar a las playas de Surco (Chorrillos) y el Callao. La gran demanda de pescado hacía de la pesca una actividad bastante rentable. Esta información muestra que los indios tuvieron una activa participación en la economía de la ciudad. Se ocuparon de aquellas actividades económicas que dentro del proyecto colonial debían ser realizadas por los estantes, es decir, por los españoles residentes en la ciudad que no tenían rango de vecinos y que debían encargarse de abastecer de todo tipo de bienes a la ciudad. Los indios no se limitaron al papel de abastecedores de mano de obra, sino que incursionaron en diversas actividades que les permitieron mejorar su economía y hasta adquirir autonomía a través del manejo de sus propios negocios. Una condición que cuestionaba de plano la condición servil y dependiente que les había sido asignada en el proyecto colonial. EL BARRIO DE SAN LÁZARO Y LOS COFRADES DE COPACABANA Al llegar los españoles al valle de Rímac, se encontraron con que en la margen derecha del río vivía un grupo de indios dedicados a la pesca de camarones. Estos indios formaban parte del pequeño curacazgo de los Amancaes que habitaba la parte baja del valle. Cuando los Límac fueron trasladados a Chuntay, treinta indios camaroneros solicitaron permiso al cabildo de la ciudad para poder permanecer en el lugar a cambio de pagar tributo al rey, abastecer de camarones a la ciudad y realizar la limpieza del río. Con estas acciones buscaban impedir ser desalojados y enviados a Chuntay, como se había hecho con los Límac. El cabildo aceptó el ofrecimiento de los indios emitiendo una resolución que los autorizaba a permanecer en el lugar y a pescar libremente en las riberas y ancones de la mar, en el río y en las lagunas. Durante los casi veinte años posteriores al permiso, los camaroneros residieron en el lugar sin mayores contratiempos. El espacio había pasado a ser conocido como San Lázaro debido a la construcción en el lugar de un hospital para leprosos y su iglesia en 1563 (figs. 2 y 3). En esos años, el número de camaroneros se fue incrementando con la llegada de indios migrantes procedentes de regiones en algunos casos tan distantes como Cajamarca, Chachapoyas o Quito. La procedencia norteña de estos indios estaría relacionada con que la zona era la puerta natural de ingreso a la ciudad desde el norte del virreinato. Dos años después de la reducción de los Límac y de los otros curacazgos del valle del Rímac en el pueblo de la Magdalena, se empezó a discutir en el cabildo la necesidad de crear otros dos pueblos de indios. La idea era que en
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 52 un pueblo residiesen los indios que se encontraban viviendo dispersos en los distintos sectores de la ciudad y, en el otro, aquellos que llegaban a cumplir con los turnos de su mita de plaza. De esta manera, un pueblo abastecería con mano de obra a los vecinos y el otro al resto de la población. Los camaroneros, por encontrarse ubicados en los márgenes de la ciudad, contaban con cierta libertad y autonomía, lo que probablemente explica la afluencia de indios migrantes en el área. Sin embargo, esta situación los hacia al mismo tiempo frágiles al no estar sujetos a ninguna autoridad reconocida como legítima por los que gobernaban la ciudad. Asimismo, su condición de indios cristianos era cuestionada por las autoridades y por no pocos vecinos limeños, aun cuando acudían a la catedral a recibir la doctrina. Para demostrar su identidad cristiana, los camaroneros de San Lázaro construyeron una ermita, bautizada como Nuestra Señora del Rosario del Puente, que pasó a ser el centro de su vida religiosa y social de 1555 en adelante. Fue además una estrategia para legitimar y garantizar su permanencia en el lugar ya que, con la construcción de la ermita, cumplían con todas las obligaciones requeridas a los indios por el sistema colonial: pago del tributo, realización de servicios y asistencia a la doctrina, buscando ser reconocidos formalmente como un pueblo de indios. Con ese fin, gestionaron ante la Audiencia de Lima el reconocimiento legal de la existencia del pueblo. Figura 2. Vista de Lima desde las inmediaciones de la plaza de toros. Fernando Brambilla. Archivo del Museo Naval de Madrid.
LA POBLACIÓN INDÍGENA EN LA LIMA VIRREINAL 53 Tajamar Parte de un apoyo o pila de un puente para cortar el agua y disminuir su empuje. A principios de 1573, luego de casi dos décadas de insistencia, la Audiencia de Lima ordenó al cabildo limeño reconocer formalmente la fundación del pueblo de San Pedro de los Camaroneros. Una de las razones principales por las que el cabildo autorizó la fundación del pueblo era porque los camaroneros cumplían una tarea muy importante para la ciudad, se ocupaban de mantener limpia la ribera del río reparando los tajamares, protegiendo de esta manera la ciudad de las inundaciones, tarea que adquiría aún mayor relevancia en los meses de crecida del río. Además, el pueblo no solo proveía a la ciudad de pescados y mariscos, productos importantísimos en la dieta limeña, sino de mano de obra que los pobladores de la ciudad sin derecho a mitayos podían obtener con facilidad en San Pedro, al no estar bajo el rígido control de autoridad civil o eclesiástica alguna como era el caso del Cercado. En febrero de 1573, tan pronto como el cabildo de la ciudad reconoció la existencia del nuevo pueblo, cuatro indios camaroneros se presentaron ante el cabildo limeño solicitando ser nombrados alcaldes y regidores del pueblo. El cabildo aceptó su solicitud, con lo que el pueblo pasó a ser reconocido formalmente como una república (fig. 4). La creación del pueblo de San Pedro de los Camaroneros fue el premio a un esfuerzo sostenido durante mucho tiempo. Sin embargo, la satisfacción de ese logro duró poco pues desde la construcción de la reducción del Cercado en 1572, los jesuitas, encargados de la doctrina de los indios residentes en el pueblo, comenzaron a ejercer presión para que todos los indios residentes en la ciudad fuesen reducidos en el Cercado. La razón que alegaban era que los indios vivían dispersos en la ciudad por lo que no estaban siendo evangelizados. El Cercado, señalaban, con su plaza central, iglesia, Figura 3. Vista del Arrabal de San Lázaro. «Vista de abajo del puente, tomada de la Torre de Santo Domingo». Manuel Atanasio Fuentes.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 54 Arzobispo Toribio de Mogrovejo Fue el segundo arzobispo de Lima y el que se encargó de organizar la Iglesia católica en el Perú. Murió con fama de santo y fue canonizado en 1726. cárcel, viviendas ordenadas y rodeada con una muralla que controlaba el movimiento de sus habitantes, era el lugar más adecuado para que los indios fuesen evangelizados y aprendieran a vivir en policía. La necesidad de mano de obra que tenía la ciudad y los trabajos realizados por los camaroneros en el río protegieron en un primer momento a los indios de San Pedro y de los otros barrios de la ciudad de las presiones de los jesuitas. Sin embargo, los padres de la Compañía no cejaban en su búsqueda de conseguir que los indios de la ciudad fuesen a residir al Cercado. Los indios tampoco se quedaron con los brazos cruzados y continuaron buscando la manera de demostrar que eran indios cristianos y que podían vivir en orden en la ciudad. Con ese fin en 1588, pidieron autorización al arzobispo Toribio de Mogrovejo para fundar una cofradía en ho- nor a la virgen del Reposo, consiguiendo el permiso. Para los camaroneros, fundar la cofradía les proporcionaba también la posibilidad de consolidarse como una comunidad, lo que para ellos era particularmente importante debido a que un buen número eran migrantes, por lo que requerían de una Figura 4. Plano del barrio de San Lázaro y pueblo de San Pedro de los Camaroneros (1573).
LA POBLACIÓN INDÍGENA EN LA LIMA VIRREINAL 55 institución que les permitiese recrear vínculos, en este caso como devotos de la misma advocación de la virgen, y un sentido de pertenencia cimentado en su identidad como indios cristianos, urbanos y ribereños. Los indios mandaron a tallar la imagen de la virgen que una vez terminada fue colocada en un altar en la iglesia de San Lázaro, donde recibían la doctrina desde la llegada del arzobispo Mogrovejo bajo cuya tutela se encontraban los indios de la ciudad. Ni la creación de la cofradía ni la participación de los indios en las fiestas religiosas de la ciudad fue suficiente para proteger a los indios de ser reducidos en el Cercado luego que el virrey García Hurtado de Mendoza, cuarto Figura 5. Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, Arzobispo de Lima, s. XVII.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 56 marqués de Cañete, asumió el gobierno del territorio. El virrey era muy cercano a los jesuitas, su hermano Hernando era miembro de la orden y había llegado junto con él como parte de su corte, por lo que, en el año de 1590, dispuso que los indios de San Pedro fuesen trasladados al Cercado donde a partir de ese momento deberían residir (fig. 6). LA REDUCCIÓN DE SANTIAGO DEL CERCADO La reducción de Santiago del Cercado se hallaba cerca de un antiguo asentamiento de indígenas, en tierras de la encomienda de Cacaguasi del Licenciado Rodrigo Niño. Para la reducción, además habían adquirido otras fincas de encomenderos contiguas. En 1570 se había finalizado la construcción de la iglesia, la casa de Cabildo, y de las primeras viviendas destinadas a unos 1.000 pobladores. La fundación oficial, sin embargo, no fue hasta el 25 de julio de 1571, con la consagración de su iglesia (fig. 7). El acceso principal a la reducción de Cercado era una puerta ubicada sobre la actual cinco esquinas. Tenía un alto muro que se cerraba por la noche con la finalidad de que ni españoles, ni negros ni mestizos pudieran molestar a los habitantes, pero sobre todo para controlar a los pobladores indígenas. En un comienzo, la población estuvo compuesta exclusivamente por indígenas, aunque desde finales del siglo XVI era posible encontrar a algunos españoles de pocos recursos, o casados con vecinas del Cercado. Posteriormente, se incluyeron a los indígenas desplazados forzosamente del poblado de san Lázaro en el Rímac, y a los de Pachacamac, agrupados hasta entonces, en la zona de Pachacamilla, cerca de la iglesia de san Sebastián. Una de las particularidades de la reducción del Cercado era la carencia de un cacique a la cabeza, por lo que la autoridad recaía directamente en el Corregidor de indios. Uno de sus edificios principales era la Casa e Iglesia de Santiago Apóstol, además de iglesia e instalaciones para los padres Jesuitas. Asimismo, allí funcionaban la «casa de lengua» más reconocida de América, donde los padres y doctrineros españoles podían aprender las lenguas autóctonas. Hacia 1621, el virrey don Francisco de Borja y Aragón, príncipe de Esquilache, ordenó la creación de un colegio real para los hijos de los caciques cuyo funcionamiento estuvo en manos de la Compañía de Jesús, que tenía también a su cargo la doctrina del Cercado. El Colegio de El Príncipe, estaba destinado a educar hijos de caciques y tenía entre sus alumnos a los herederos de los principales linajes del antiguo Perú, a quienes se les educaba en los usos, creencias y costumbres españolas. Otro edificio importante era la Cárcel de Hechiceros, o Casa de la Santa Cruz, diseñada por el célebre extirpador de idolatrías padre Joseph de Arriaga y, en donde se encerraban a los sospechosos de ser hechiceros, brujos y ministros de idolatrías, y cualquier otra práctica contraria al dogma católico. También debemos
LA POBLACIÓN INDÍGENA EN LA LIMA VIRREINAL 57 mencionar la ermita de Nuestra Señora de Copacabana, construida luego de la reducción de los indios del pueblo de San Pedro de los Camaroneros en el Cercado, por orden del arzobispo Mogrovejo para el culto a la virgen, la cual se ubicó sobre la segunda cuadra del actual jirón Conchucos, y fue demolida hacia 1960. A mediados del siglo XVII el Cercado tenía alrededor de 200 casas, y unos 800 ocupantes. Cuando entre 1684 y 1687 se construyeron las murallas de Lima, el Cercado quedó dividido, integrándose una de sus partes a Lima, desapareciendo la que resultó a extramuros de la ciudad. EL LARGO CAMINO DE RETORNO A SAN LÁZARO Tras producirse la ubicación forzosa de los habitantes de San Lázaro y SanPedro de los Camaroneros en 1590, se procedió a destruir las viviendas Figura 6. Plano de San Lázaro, San Pedro y pueblo de Santiago del Cercado.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 64 COELLO, Antonio: Espacios de exclusión, espacios de poder: el Cercado de Lima colonial (1568-1606). Lima: Instituto de Estudios Peruanos/Pontificia Universidad Católica del Perú, 2006. CHARNEY, Paul: «El indio urbano: un análisis económico y social de la población india de Lima en 1613», Histórica, vol. 12:1, 1988. DIAZ, Josep; STRATTON-PRUITT, Suzanne: Painting the divine. Images of Mary in the New Word. FrecoBooks, 2014. FUENTES, Manuel Atanasio: Guía histórico-descriptiva, administrativa, judicial y de domicilio de Lima. Lima: Librería Central, 1861. QUIROZ CHUECA, Francisco: «El indígena urbano: incorporación del poblador indígena a tareas económicas urbanas. Lima colonial (siglo XVI)», en Actas del IVCongreso Internacional de Etnohistoria. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo editorial, 1998, I, pp. 277-308. REINHARD, Agustín: «La reducción de Santiago del Cercado», en Recuperando la memoria de Lima. Publicación de la Municipalidad Metropolitana de Lima, PROLIMA, 2017. ROSTWOROWSKI DE DIEZ CANSECO, María: Señoríos indígenas de Lima y Canta. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1978. ROSTWOROWSKI DE DIEZ CANSECO, María: Costa Peruana Prehispánica. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1989. VERGARA ORMEÑO, Teresa: «Artesanos y sirvientas. El papel de los hombres y las mujeres indígenas en la economía limeña (siglo XVII)», en Narda Enríquez (ed.), El hechizo de las imágenes: estatus social, género y etnicidad en la historia del Perú. Lima: Pontificia Universidad del Perú, Fondo editorial, 2000. VERGARA ORMEÑO, Teresa: «Vivir y crecer en Lima: niños y jóvenes indígenas en Lima en el siglo XVII», en Claudia Rosas (ed.), ‘Nosotros también somos peruanos’: La marginación en el Perú, siglos XVI a XXI. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2011. VERGARA ORMEÑO, Teresa: The Copacabana indigenous elite: formation, identity and negotiations (1590-1767). Ph.D. Dissertation. Storrs: Universidad de Connecticut, 2018. RECURSOS WEB Proyecto Educared. Fundación telefónica. El virreinato: https://educared.fundaciontelefonica.com.pe/sites/virreinato-peru/virreinato.htm. Proyecto Educared. Fundación telefónica. Sociedad colonial: la «República de Indios»: https://educared.fundaciontelefonica.com.pe/sites/virreinato-peru/indios.htm. Museo Iglesia de la Virgen de Copacabana, La Paz, Bolivia: https://ilamdir.org/ recurso/2957/museo-iglesia-de-la-virgen-de-copacabana. Virgen de Copacabana. Proyecto ARCA. Arte colonial: http://52.183.37.55/artworks/ 7906. Revista Recuperando la memoria de Lima. Municipalidad metropolitana de Lima- PROLIMA: https://emilima.com.pe/wp-content/uploads/PROLIMA/Revista-Re- cuperando-La-Memoria-EMILIMA-PROLIMA.pdf. The Royal Danish Library, Guaman Poma, Nueva corónica y buen gobierno: http:// www5.kb.dk/permalink/2006/poma/info/en/frontpage.htm.
65 La pobLacIón escLavIzada en LIma. desde Los prImeros tIempos coLonIaLes a La aboLIcIón de La época repubLIcana LOS ORÍGENES DE LA ESCLAVITUD Y DE LOS ESCLAVIZADOS Y SU INSTAURACIÓN EN LIMA Lima, como capital virreinal, se convirtió, desde bien pronto, en uno de los principales centros urbanos de la América hispana y en uno de los mercados esclavistas más importantes de América del Sur. El auge económico de la ciudad atrajo a múltiples pobladores de origen castellano, que, desde un primer momento, optaron por captar toda la mano de obra que requerían para el desempeño de las distintas funciones. Y para ello, no dudaron en trasladar y desarrollar la institución de la esclavitud. La esclavitud era una institución de carácter jurídico que legitimaba el domino de un ser humano sobre otro durante un periodo de tiempo indeterminado. También existieron otras formas de trabajo coactivo, como la encomienda o OBJETIVOS ► Comprender las rutas por las que entraron los esclavos nacidos en África y cómo estaba conformada la población esclavizada. ► Conocer cómo funcionaba la esclavitud en la ciudad de Lima. ► Observar el proceso de criollización de la población esclavizada. ► Entender las formas de resistencia desarrolladas por la población esclavizada, así como las formas legales de alcanzar la libertad. Encomienda La encomienda o repartimiento de indios, en el virreinato peruano hacía referencia a una merced dada por la corona como recompensa a cambio de un servicio militar destacado o de otro tipo. Mediante dicha merced el beneficiario recibía a un grupo de indígenas, denominados encomendados, a los cuales debía defender y adoctrinar a cambio de recibir de ellos determinado tributo y servicios.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 66 Yanaconaje Palabra de origen quechua que en el virreinato peruano hacía referencia al servicio de trabajo obligatorio e institucionalizado realizado por los yanaconas, el cual se remonta a la época incaica. Con la conquista española la situación y la función de los yanaconas cambió radicalmente, y el término se extendió a cualquier indígena en condición de servidumbre. Esclavitud de tipo atlántico Tipo de esclavitud basada en la utilización mayoritaria de hombres procedentes del África subsahariana. Durante la Edad Media europea tuvo gran desarrollo la denominada esclavitud mediterránea, que no estaba racializada, en la que se esclavizaba a población blanca, eslava, procedente de Europa Oriental. Etnónimo Término que designa a un grupo étnico repartimiento y el yanaconaje, pero éstas se regían y definían por un sistema jurídico distinto, por lo que no hay que confundirlos. La esclavitud de tipo atlántico que se había desarrollado con éxito desde mediados del siglo XV por portugueses y castellanos en las islas atlánticas (Madeira, Azores, Santo Tomé Cabo Verde, Canarias), y en la península ibérica, fue trasladada posteriormente a las Antillas y, desde allí, al resto de territorios americanos ocupados por los castellanos. En un primer momento, los esclavizados llegados a América eran llamados «ladinos», es decir, conocedores de la cultura y lengua castellana por haber pasado buena parte de su vida, o su totalidad, en los dominios castellanos. Sin embargo, en poco tiempo se prohibió que se mandasen este tipo de esclavizados a las Américas, predominando los envíos de esclavos recién capturados en África, conocidos como bozales. La esclavización de indígenas, que fue muy común en los primeros años de la presencia castellana en el marco antillano o mesoamericano, fue prohibida en 1542. Esta prohibición no impidió que algunos grupos indígenas, como los caribes, los chiriguanos y los mapuches fueran perseguidos y esclavizados, legal o ilegalmente, mucho más tarde de esa fecha. Además, encontramos esclavos de origen asiático en Lima, procedentes de la India portuguesa, de China o de Japón (gracias a los contactos comerciales de los comerciantes limeños con el Galeón de Manila), si bien su presencia fue muy residual y acabó diluyéndose con la prohibición de esclavización de asiáticos del año 1672. Para el caso limeño, la mayor parte de los esclavizados que vivieron en la ciudad en los años posteriores a su fundación fueron personas de origen africano. Hasta 1580, la región de origen dominante de los esclavos llevados a América fueron los llamados «Ríos de Guinea», o la Guinea Superior. Así, esclavizados de origen bran, jolofe, mande o Fula, entre muchos otros, comenzaron a poblar el territorio limeño, al igual que otros procedentes de África central, como los malamba, makua o mosanga, que tuvieron más importancia desde la última década del siglo XVI. Un aspecto a tener en cuenta es que los esclavistas europeos y americanos comenzaron a crear grandes categorías, etnónimos, que simplificaban extraordinariamente el origen étnico de los esclavizados, invisibilizándolos. Términos como congo, angola, mozambique, carabalí o mina, entro otros, definían más que a grupos étnicos africanos, a las regiones africanas de las que partieron los esclavizados, aunque en América, estas nuevas categorías llegaron a tener un sentido propio, ya que podían existir elementos culturales comunes entre individuos de diferentes grupos étnicos procedentes de regiones cercanas. En cualquier caso, se produjo un profundo proceso de mestizaje entre los diversos pueblos y culturas africanas que se encontraron en América, donde los patrones culturales de origen africano estuvieron más presentes en función de la llegada más o menos continuada de esclavizados procedentes de África (fig. 1). Señalamos, por tanto, que en Lima se articularon identidades culturales híbridas, donde las diversas culturas africanas presentes
LA POBLACIÓN ESCLAVIZADA EN LIMA. DESDE LOS PRIMEROS TIEMPOS COLONIALES A LA ABOLICIÓN DE LA ÉPOCA REPUBLICANA 67 interactuaron entre sí y con otros elementos culturales americanos, indígenas o de procedencia europea, para conformar, en el largo tiempo, identidades culturales criollas. PRINCIPALES RUTAS PARA LA INTRODUCCIÓN DE ESCLAVIZADOS Las rutas para introducir esclavizados en Lima eran variadas, pero, sobre todo, de una extraordinaria longitud, lo que incidía en un mayor sufrimiento Figura 1. Regiones de salida de los esclavizados durante todo el periodo de la trata.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 68 ¿Sabías qué? Existieron cuatro etapas en la trata esclavista hispánica 1518-1595. Periodo de licencias. 1595-1789. Periodo de asientos. 1789-1820. Liberalización del comercio esclavista. 1821-1866 (aplicable a Cuba y Puerto Rico). Comercio ilegal de esclavizados. Criollo En materia de esclavitud, hace referencia al esclavizado nacido en América. para la población cautiva que era obligada a desplazarse. Cabe recordar que la duración del viaje incidía, decisivamente, en las posibilidades de supervivencia de los esclavizados. Sin tener en cuenta el tiempo transcurrido desde el momento en el que la persona era secuestrada en el interior de África y transportada a alguna de las factorías o puertos costeros donde eran vendidas, el periplo duraba meses (fig. 2). Una de las rutas posibles comunicaría el occidente africano con el Caribe. Y aquí debemos señalar que, hasta 1640, los esclavos introducidos en los dominios españoles de América lo fueron principalmente, por comerciantes portugueses y castellanos. A partir de esa fecha, franceses, holandeses, ingleses e incluso daneses y norteamericanos a fines del XVIII, tuvieron una gran importancia en el comercio atlántico de esclavos. Por ello, muchos de los puertos a los que arribaban por primera vez los africanos que terminarían llegando a Lima eran de territorios no hispanos, como Curaçao, Saint Domingue, Martinica, Guadalupe o, mucho más importante, el dominio inglés de Jamaica (con el puerto de Kingston a la cabeza). Una vez desembarcados, los esclavos debían ser trasladados al istmo de Panamá, a Chagres o Portobelo, bien directamente o bien desde la ciudad de Cartagena de Indias, que era uno de los principales nudos comerciales del imperio español. Una vez el esclavizado era desembarcado en el istmo, era enviado a la ciudad de Panamá, donde era nuevamente trasladado por buena parte de los puertos del Pacífico neogranadino, del Reino de Quito (como Guayaquil), costa norte del Perú (como el puerto de Huanchaco, cerca de Trujillo) y finalmente El Callao, el gran puerto del Lima. Otra de las rutas posibles comunicaba el occidente africano con el Río de la Plata. Esta ruta se consolidó tras la segunda fundación de Buenos Aires (1580) y se fortaleció tras la fundación de Montevideo ya en el siglo XVIII. Las embarcaciones llegadas de la costa africana desembarcaban a los esclavizados en los puertos platenses, desde donde iniciaban un penoso camino, por tierra, que podía demorarse tres meses, y que los llevaría a cruzar los Andes hasta el puerto chileno de Valparaíso. Desde allí, eran nuevamente embarcados hasta el puerto de El Callao. Existió una tercera ruta, mucho más marginal, abierta solo a fines del siglo XVIII y de muy difícil navegación, que salía de los puertos del Río de la Plata y, atravesando el estrecho de Magallanes, se dirigía a El Callao utilizando algunos puertos chilenos como puntos de refresco y refugio. LOS ESCLAVOS EN LIMA, SUS TRABAJOS, SUS ALIVIOS Y PESARES La población esclavizada experimentó un progresivo proceso de criollización, esto es, un aumento del número de esclavos nacidos en el propio Perú. La consideración jurídica de esclavo se transmitía por vía materna, o lo que es lo mismo, el hijo recién nacido heredaba el estatus social y jurídico que
LA POBLACIÓN ESCLAVIZADA EN LIMA. DESDE LOS PRIMEROS TIEMPOS COLONIALES A LA ABOLICIÓN DE LA ÉPOCA REPUBLICANA 69 Mestizaje Proceso de hibridación biológica y cultural de diferentes grupos humanos tuviera la madre en el momento del parto. Esto posibilitó el proceso de criollización de la población esclavizada, que, además, experimentó dinámicas de mestizaje de carácter biológico y cultural desde los primeros momentos de la colonización (fig. 3). A medida que la población de origen africano interactuó con otros grupos sociales, compartiendo espacios de sociabilidad y nichos laborales, se produjo un lento, pero sostenido, proceso de mestizaje, en los que los hijos de estas uniones heredaban, como hemos señalado anteriormente, la consideración jurídica de la madre. Y todo ello pese a medidas legislativas que pretendieron evitar el mestizaje pero que, en la práctica fracasaron. Por tanto, cuando representamos la figura de un esclavizado en la Lima colonial, además de personas de calidad negra, que eran, de hecho, la mayoría, debemos sumar a parte de la población resultante de ese proceso biológico de mestizaje, como la población de origen mulato, zambo, cuarterón, quinterón y un largo etc. Muy diversos grupos humanos fueron sometidos a esclavización, y recorrieron las calles limeñas (fig. 4). Y es que los esclavizados estuvieron presentes en buena parte de las parroquias (barrios) en las que se dividía la ciudad de Lima colonial. Al vivir con sus propietarios, la mayor parte de ellos Figura 2. Barco negrero. Durante la trata atlántica 12,5 millones de personas esclavizadas fueron mandadas en barcos esclavistas a América, de las que apenas llegaron a su destino 10,7 millones de personas.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 70 Pintura de Castas A través de las llamadas pinturas de castas, realizadas principalmente en México y Perú, se ilustraron los diversos entrecruzamientos raciales producidos en la sociedad indiana, a partir de la participación de tres grupos bien determinados: blancos, indios y negros. Se realizaron particularmente en México y Perú. Los nombres de las castas variaban de región a región y cambiaban a través del tiempo. Cofradías Instituciones amparadas por la iglesia católica para reforzar el culto de un santo bajo cuya advocación quedaba la institución. miembros de las principales familias de la ciudad, algunos esclavos vivieron en los barrios más ilustres de la capital, aunque también había esclavizados en barrios más humildes. Del mismo modo la parroquia de San Lorenzo, al otro lado del Río Rímac, concentró a una parte significativa de los libertos, esclavizados que habían alcanzado la libertad. En parroquias periféricas, el patrón de asentamiento de la población libre de color fue significativo, estableciendo en ese entorno, y desde bien pronto, instituciones propias. Entre las instituciones que tenían un claro protagonismo de esclavos y libres de color estaban las cofradías religiosas, como las que nacieron en la parroquia de San Marcelo, la de San Antón y posteriormente, la del Señor de los Milagros. La cofradía era, además, una sociedad de autoayuda entre los hermanos que la componían, ofreciéndoles a sus integrantes auxilio y protección en caso de necesidad. No era extraño que desde las cofradías se prestase dinero a esclavizados para que pudieran adquirir la libertad. La posesión de esclavizados tenía una doble función. De un lado, otorgaba cierto prestigio social al propietario, ya que le confería el dominio sobre una persona esclavizada. La adquisición y mantenimiento de un esclavo representaba una fuerte inversión económica, por lo que su posesión indicaba, dentro de la sociedad o mejor, dentro de cada uno de los grupos sociales en los que se componía la sociedad, un estatus superior. La segunda función que tenía la posesión de un esclavizado era, sin duda, la más importante y respondía a una lógica de tipo económico. El propietario podía acaparar buena parte de la capacidad de trabajo del esclavizado, así como los rendimientos de su trabajo, lo que hacía de la posesión del esclavizado una opción atractiva desde el punto de vista económico. Incluso, el trabajo de los esclavizados también servía para pagar las deudas del propietario, al ceder durante un periodo de tiempo su capacidad de trabajo al acreedor. Figura 3. Pintura de Castas. Negra de Guinea criolla y español producen mulato.
LA POBLACIÓN ESCLAVIZADA EN LIMA. DESDE LOS PRIMEROS TIEMPOS COLONIALES A LA ABOLICIÓN DE LA ÉPOCA REPUBLICANA 71 Moreno, pardo Aunque es un concepto variable, el término moreno solía designar a una persona negra libre. Por el contrario, el término pardo, también de manera general y simplificada, podía designar a una persona mulata y libre. Debemos reseñar que, de la posesión de esclavizados, participó la práctica totalidad de los grupos sociales, aunque con diferente frecuencia. Españoles y criollos, en su mayoría, y en menor medida pardos, morenos, mestizos e incluso indígenas, a pesar de algunas medidas legales que pretendieron evitarlo, fueron propietarios de esclavos. Y todo ello por las dos cuestiones que antes planteábamos, el beneficio económico que reportaba y la elevación del estatus social del propietario. Pero ¿a qué se dedicaban los esclavos en Lima? En primer lugar, debemos diferenciar entre los esclavizados que se dedicaban, la mayor parte del tiempo, al servicio de las casas, los denominados esclavos domésticos, y aquellos que trabajaban fuera del hogar. Los esclavos domésticos realizaban todas las faenas del hogar, limpieza, aseo, adquisición de víveres, agua, cocina, limpieza de ropas, conducción de calesas, entre otras funciones. Estaban presentes en las casas de las grandes familias nobiliarias, de los grandes y medianos comerciantes, de los funcionarios virreinales, de miembros de la iglesia y en un sinfín de hogares a lo largo y ancho de la ciudad que habían conseguido incorporar esclavos para el trabajo en sus hogares. Figura 4. Esclavo africano en Lima, año 1805.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 72 ¿Sabías qué? Era frecuente que, en determinados oficios, como en el caso de los cargadores, se reunieran esclavizados de una misma región cultural. Si bien estos esclavizados eran tanto hombres como mujeres, existió una mayoría de mujeres dedicadas a estas labores. Muchas de ellas eran compradas por mujeres, en ocasiones viudas, que podían acaparar, además del trabajo que pudieran desempeñar en el hogar, unos ingresos extra por el trabajo que pudieran desempeñar fuera de los hogares. Incluso el trabajo de los esclavizados en muchas ocasiones servía para pagar las deudas del propietario, al ceder durante un periodo de tiempo su capacidad de trabajo al acreedor. Y es que fuera del sector doméstico, el trabajo desempeñado por los esclavizados estuvo presente en buena parte de los rubros económicos de la ciudad, bien a través del alquiler de su fuerza de trabajo, bien fuera desempeñando oficios. Para los propietarios en el mundo urbano, era una opción rentable introducir a sus esclavos en talleres artesanales para que aprendieran un oficio. El propietario firmaba un contrato con el maestro del taller, quien se obligaba a enseñar los rudimentos del oficio al aprendiz, que en este caso era un esclavizado, en un número determinado de años. En este sentido, el propietario realizaba una inversión en la formación de su esclavo quien, una vez aprendiera el oficio, podía reportarle cuantiosos beneficios al desempeñar un oficio altamente especializado. De esta manera, encontramos esclavos entre los talleres textiles, en zapaterías, sastrerías, entre los orfebres, entre los alarifes, etc. En definitiva, los esclavos estaban muy presentes en el tejido productivo urbano. También encontramos esclavizados en oficios que requerían de un gran esfuerzo físico, o que eran vistos con desdén por la sociedad. El trabajo en las panaderías limeñas, con un horario, ritmo de trabajo y condiciones laborales extenuantes, estaba capitalizado por esclavizados. Los borriqueros, empleados en la limpieza de la ciudad y en la recogida de animales muertos, o los cargadores en los muelles del gran puerto de El Callao, que hicieron posible el enorme trasiego comercial del puerto eran, en muchas ocasiones, esclavizados. Pero existieron, además, esclavos que alquilaban su fuerza de trabajo en el entorno urbano. Esto sucedía bien porque el esclavo no tenía una formación laboral especializada o, simplemente, porque alquilaban su capacidad de trabajo en momentos en los que existía una fuerte demanda del mismo. Los acuerdos que culminaban con el alquiler de la fuerza de trabajo del esclavo podían ser llevados directamente por el propietario, quien convenía las condiciones de trabajo y los jornales a percibir con el empleador, o bien, los realizaba directamente el esclavizado. En el entorno limeño estuvo muy extendida la denominada esclavitud de jornal, en los que los esclavos (jornaleros, o esclavos ganadores) trataban de conseguir un salario por el trabajo que desempeñaban. Previamente, habían acordado con sus propietarios el pago de una suma fija y periódica que estaba en relación con los jornales que podía ganar con su trabajo. Si el esclavo alcanzaba una cifra superior a la que había de entregar, podía obtener un numerario que podía dedicar a comprar bienes de su necesidad o ahorrar esa cantidad para tratar de conseguir
LA POBLACIÓN ESCLAVIZADA EN LIMA. DESDE LOS PRIMEROS TIEMPOS COLONIALES A LA ABOLICIÓN DE LA ÉPOCA REPUBLICANA 73 Manumisión Proceso por el cual un esclavizado conseguía la libertad. la libertad a través de la manumisión. Sin embargo, si no entregaba la cantidad pactada, el esclavizado corría el riesgo de ser duramente castigado por el propietario. Un aspecto esencial que explica la existencia de la esclavitud, y de las relaciones esclavistas, es que ambas descansaban en la existencia de una violencia estructural, más o menos visible, que podía y era aplicada contra los esclavizados. En el caso de las mujeres esclavizadas, la violencia sexual fue una constante, perpetrada por lo general, dentro de las casas de sus propietarios. La aplicación de violencia física y psicológica formaba pare de la vida ordinaria del esclavizado, si bien hay que señalar que existían ciertos límites que, en principio, el propietario no debía traspasar, aunque en la práctica sí lo hiciera. FORMAS DE RESISTENCIA, DE LA LEY A LAS ACCIONES INDIVIDUALES Dentro de la esclavitud hispánica, el propietario adquiría una serie de responsabilidades con la compra de un esclavizado, como era el alojamiento y manutención, otorgar un tratamiento alejado de la sevicia (de la crueldad intolerable) y facilitar, en la medida de lo posible, su instrucción católica con el cumplimiento de los principales sacramentos. En caso de que un propietario incumpliese alguna de sus responsabilidades, cabía la posibilidad de que el esclavo pudiera acudir a un tribunal de justicia para demandarlo. Esto es, que el esclavo podría reclamar sus derechos frente a un tribunal de justicia por el incumplimiento de las responsabilidades del propietario. Y aquí hablaríamos de dos esferas distintas, la civil, donde el esclavizado acudiría a los tribunales del Rey, y la esfera canónica, donde el esclavo podía acudir a un tribunal eclesiástico. En el caso de la esfera civil, los tribunales de justicia podían dilucidar entre los problemas que podían generarse en la relación entre amo y esclavizado por la crueldad en el trato, lo que incluía no ofrecer alimento, vestuario, atención médica o la aplicación excesiva de la violencia física. En general, lo que solicitaban los esclavizados en estos pleitos, más que la libertad, era un cambio de dominio, que se le entregase a un «amo justo», que se ciñera a lo que señalaba la ley. En otras ocasiones, los esclavos demandaban a los propietarios para alcanzar la libertad, ya fuera por el incumplimiento de promesas realizadas en torno a esta cuestión, o ya fuera por lograr una nueva tasación que marcara un valor más bajo para poder conseguir la manumisión. En el caso de los tribunales eclesiásticos, los cautivos solían realizar otro tipo de reclamaciones. Los esclavizados debían estar bautizados católicamente, lo que les convertía en hermanos en Cristo con el resto de la comunidad de creyentes. La entrada en la Iglesia Católica les permitía acceder al
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 80 Tahuantinsuyo Territorio que abarcaba el imperio Inca. El nombre Tahuantinsuyo proviene de dos palabras quechuas: tahua, que significa cuatro, y suyo, que quiere decir región. El territorio inca estaba dividido en cuatro regiones: el collasuyo, al sureste; el chinchaysuyo, al noroeste; el antisuyo, al noreste y el continsuyo, al oeste. Curaca o cacica Autoridad indígena femenina. Hubo cacicas en diversas zonas de América del Sur y central, así como en la zona norte, correspondiente con el actual México. En los Andes se las denominaba con el término quechua curaca. Sin embargo, desde la conquista también se las llamó cacicas. PODER Y AGENCIA FEMENINA EN LIMA Mujeres y poder en el período prehispánico Varios especialistas en la etnohistoria andina, como María Rostworowski, señalan que el ejercicio del poder político femenino era una situación usual en el ámbito andino. Y si hablamos de mujeres poderosas, debemos mencionar en primer lugar a la Coya, es decir, la esposa principal del Inca, quien era la mujer con mayor poder del Tahuantinsuyo. De hecho, era tan importante que, con su elección se producía una reorganización de toda la elite cuzqueña. La Coya dirigía el gobierno en ausencia del Inca y asumía otras importantes funciones como el reparto de ayudas a damnificados en caso de catástrofes. El cronista Guamán Poma de Ayala al hablar de la primera Coya Mama Huaco (fig. 1) señala que «Governaba más que su marido Manco Cápac Inca», por que reinaba en el Cuzco y su jurisdicción, y que toda la ciudad del Cuzco la obedecía y respetaba. Asimismo, existían otras mujeres con autoridad política como las jefas de los señoríos, las cuales ejercían de manera directa el mando, lo que corrobora que dicho privilegio no fue exclusivo de los varones. Un ejemplo notable sería el de Contarhuacho, una de las mujeres secundarias de Huayna Cápac, a quien el Inca le dio el título de jefa del señorío de Ananguaylas. Estas mujeres también ostentaban un mando militar lo que se puede observar en el episodio de la sublevación de Manco II en 1536. Cuando, en el contexto de la invasión de los españoles al territorio andino, las tropas de Manco Inca II intentaron tomar la recién fundada Ciudad de los Reyes (Lima), Contarhuacho envió un ejército para ayudar a su hija Quispe Sisa, bautizada posteriormente como doña Inés, quien era compañera de Francisco Pizarro. Gracias a esta intervención, los españoles pudieron defender la ciudad de Lima. También otra esposa secundaria de Huayna Cápac, llamada Mama Vilo, tenía autoridad sobre una de las dos mitades del señorío de Lima y sobre su curaca principal don Gonzalo Taulichusco. Este señorío extendía sus tierras en el actual centro de la capital limeña, en torno del cauce de la acequia llamada posteriormente de La Magdalena, la cual se originaba detrás del actual Palacio de Gobierno. El centro político de este señorío era el pueblo de Lima, ubicado en el sitio que hoy ocupa la Plaza de Armas y sus alrededores (consultar unidad didáctica I y III). Finalmente debemos mencionar las autoridades indígenas femeninas denominadas curacas o cacicas. Durante la época prehispánica, estas mujeres ejercieron un poder con grandes atribuciones. El puesto de cacica se mantuvo en muchas regiones hasta el inicio de la República, con la diferencia de que durante el virreinato el mando efectivo lo desempeñaba el marido. En el norte del Perú, que hoy corresponde al departamento de Piura, las curacas eran conocidas como capullanas, un término derivado de la lengua
HISTORIA DE LAS MUJERES EN LA LIMA VIRREINAL 81 tallán en la que capuc indicaba el género femenino. El cronista Juan López de Velasco, en su Geografía y descripción universal de las Indias, refiriéndose a Tumbes señalaba que «hay entre las naturales de esta comarca una provincia donde las mujeres, que llaman las capullanas, son las señoras y tienen el gobierno de los hombres». Figura 1. Mama Huaco Coya y sus sirvientas en la crónica de Guamán Poma de Ayala.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 82 Encomienda Merced por la cual la Corona encomendaba al beneficiario, o beneficiaria, un grupo de indígenas para que a cambio de cierto tributo y servicios les protegieran e instruyeran en la doctrina católica. La encomienda o repartimiento solía ser una recompensa por una actuación destacada en favor de la Corona. Real Patronato Privilegio dado por el Papa al rey por el cual solo él podía autorizar la construcción de iglesias, catedrales, conventos y hospitales, entre otros. Poder y agencia en el período colonial Durante el periodo colonial, las mujeres indígenas dejaron de tener un poder efectivo como el que habían ejercido antes de la llegada de los españoles. Dado que la ley las consideraba eternamente «menores de edad», perdieron mucha de su autonomía y derechos. Respecto a las mujeres españolas que llegaron a América, aunque también se las consideraba necesitadas de tutela (excepto a las viudas), varias de estas mujeres tuvieron oportunidad de tener gran libertad e incluso poder político, siendo un caso destacado el de doña Ana de Borja, condesa de Lemos esposa de Pedro Fernández de Castro, décimo conde de Lemos, virrey del Perú (1666-1682). Durante su gobierno, el virrey tuvo que atender una insurrección en Puno por lo que, en 1668, marchó con un ejército a la provincia rebelde. Antes de su salida de Lima, encargó a su esposa doña Ana el mando del virreinato, confiando en su capacidad para gobernar adecuadamente. Así, Ana de Borja se convirtió en la primera virreina en funciones del Perú. El asunto más grave que doña Ana tuvo que atender fue el ataque del pirata Henry Morgan a Portobelo en agosto de 1668. Para repelerlo, la virreina envió rápidamente refuerzos y, además, para evitar futuros ataques a otros puertos como el del Callao, colaboró en la organización de una eficaz defensa. En cuanto a otras mujeres con autonomía e influencia, debemos mencionar a las encomenderas, es decir beneficiarias de la merced de la encomienda. Este heterogéneo conjunto de mujeres incluyó a españolas, mestizas, criollas e incas. Las encomenderas jugaron un importante rol en la formación de las incipientes estructuras sociales, económicas, religiosas o culturales del virreinato. En muchos casos, gracias a las ganancias provenientes de sus encomiendas, diversificaron sus actividades e incursionaron en negocios ganaderos, obrajes textiles, o en obras caritativas como los conventos. Pero no solo las mujeres excepcionales tuvieron un rol fundamental en la organización del virreinato. También varias mujeres tras su llegada a los nuevos territorios americanos tuvieron un activo papel como pobladoras y transmisoras del patrimonio cultural y valores de la península dotando a las primeras ciudades de unas mejores condiciones de habitabilidad. Entre ellas podemos destacar a las que estuvieron presentes en la fundación de Lima como Beatriz Salcedo «La Morisca» o Inés Muñoz (ver biografía). MUJERES Y RELIGIOSIDAD Desde las primeras décadas de la llegada de los españoles a América, la Corona a través del Real Patronato concedido por la Santa Sede, incentivó la evangelización del Nuevo Mundo a través de la aparición de centros religiosos, para la «predicación, doctrina, enseñanza y propagación» de la fe católica. En Perú, su capital la Ciudad de los Reyes, se convirtió en la sede del
HISTORIA DE LAS MUJERES EN LA LIMA VIRREINAL 83 Inés Muñoz, bIografía de una pobladora conquIstadora y encoMendera Inés Muñoz fue una de las primeras españolas que llegó al Perú. De hecho, según ella misma afirmaba, era la primera española casada. De origen campesino, nació en la provincia de Sevilla, alrededor de 1510. Se casó con Francisco Martín de Alcántara, hermano materno del conquistador Francisco Pizarro y junto con su esposo se unió a la expedición de Pizarro en 1530 con destino a Panamá, y posteriormente Perú. El 18 de enero de 1535, Inés fue una de las pocas mujeres presentes en la fundación de la Ciudad de los Reyes. Ella y su esposo participaron en el primer reparto de solares y ubicaron su casa en una esquina contigua a la del gobernador Francisco Pizarro (actual Palacio de Gobierno), en la llamada plaza Perú. Desde su llegada a Perú, frente a la ausencia de elementos básicos imprescindibles en la vida cotidiana española como el trigo, el aceite, o los pollos y cerdos, Inés decidió introducir en el país varios de estos elementos. De hecho, el cronista Bernabé Cobo, le atribuye los primeros cultivos de trigo y los primeros olivos, así como gran parte de frutas españolas como higos, melones, naranjas, pepinos o duraznos. Tras la muerte de su esposo, asesinado junto a Pizarro, doña Inés heredó todos sus bienes y en una de sus encomiendas en el valle del Mantaro, estableció el que se cree primer obraje del Perú conocido como «La Sapallanga». Doña Inés se casó por segunda vez con don Antonio de Ribera, miembro del Cabildo, Caballero de la Orden de Santiago y alcalde de la Ciudad de los Reyes en dos ocasiones. Tuvieron un hijo llamado Antonio de Ribera «el Mozo» quien, desafortunadamente falleció joven y sin descendencia. Tras su muerte, doña Inés fundó el Monasterio de Nuestra Señora de la Concepción, con el objetivo de servir a Dios y ayudar a mujeres desamparadas. Ella misma ingresó en él y fue abadesa hasta su muerte. Figura 2. Retrato de Inés Muñoz de Ribera como abadesa del Monasterio de la Concepción de la Ciudad de los Reyes. Mateo de Aleccio. S XVI. AHMCL. Inés Muñoz, es solo una de las numerosas mujeres que, con gran valor, emigraron a un desconocido mundo en busca de una mejor vida. Su aventura le permitió pasar de ser una humilde campesina a una de las personas más privilegiadas y reconocidas de Lima virreinal.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 84 Beaterio Casa en que viven ciertas religiosas en comunidad y siguiendo alguna regla. Casa de Recogimiento Lugar que servía de refugio para mujeres y niñas desamparadas tales como viudas huérfanas o mujeres con problemas económicos. Seglar Mujer creyente pero que no pertenecía a ninguna orden religiosa. Ingresaba al monasterio para apartarse del mundo exterior por diversos motivos, aunque no tenía intención de seguir la carrera religiosa. Dote Cantidad de dinero, o su equivalente pagado por una postulante a un monasterio o convento en el cual desea hacer profesión. Estaba principalmente destinado a su sostenimiento. Novicia Mujeres que, aunque han ingresado al monasterio y han tomado el hábito, todavía no han hecho sus votos ni han profesado ya que todavía se encuentran en un periodo de prueba y formación. establecimiento de las principales instituciones, gran parte de ellas femeninas como los beaterios, las casas de recogimiento o los monasterios, destinados a recoger y educar mujeres. Así, desde el momento de su fundación, los monasterios desarrollaron diversas funciones: Religiosa: Dentro de los monasterios se celebraban cultos religiosos a los que asistían gran parte de los habitantes del virreinato. Asimismo, a pesar de que las mujeres no podían ser evangelizadoras, su vida era de gran ejemplo para la sociedad. Social: Estas instituciones daban refugio a muchas mujeres desamparadas, tanto religiosas como seglares. La moral y costumbres de esta época hacían que estos espacios fueran los más adecuados para las mujeres respetables. Asimismo, ofrecían una opción de vida alternativa para las que deseaban alejarse de la bulliciosa y complicada vida del mundo exterior, llena de violencia, peligros y carencias. Muchas preferían estar en un monasterio que enfrentarse a la pobreza, o a un mal esposo. Además, también eran una alternativa para mujeres que no contaban con dote para su matrimonio. Cultural: En muchos casos las religiosas eran encargadas de la educación de varias jóvenes. Además, varias escribían textos tales como sus memorias espirituales. Económica: Los conventos podían recibir grandes donaciones para su mantenimiento llegando a convertirse en agentes de actividades económicas. Al ingresar a un monasterio las mujeres debían acatar ciertas normas, como la propia Regla de la orden. En todos los casos, la legitimidad, limpieza de sangre y cristiandad eran imprescindibles para poder ser una monja profesa. También debían expresar abiertamente su deseo de vivir en pobreza y en clausura, estando prohibido, según el derecho canónico, que ninguna mujer ingresara contra su voluntad. Las novicias eran informadas de las cosas que deberían respetar y podían probar un tiempo esa vida para que después no se quejasen. Después de un año, si su comportamiento había sido adecuado, podían profesar. La edad mínima era 16 años, aunque, con la aprobación del obispo, esta edad podía descender hasta los 12. La vida al interior de los conventos podía resultar contradictoria, ya que las motivaciones que llevaban a las mujeres al monasterio no siempre estaban unidas a una profunda vocación, sino a circunstancias como la falta de una dote para casarse. En estos casos algunas religiosas no respetaban sus obligaciones como la pobreza o la clausura, lo que ocasionó numerosos conflictos con sus superiores. En la Ciudad de los Reyes, los monasterios utilizaron diversos rangos para dividir a las profesas dependiendo de su categoría social, racial y/o económica: Las monjas velo negro o de coro, conocidas como «doñas», formaban el estrato más alto de la comunidad. Eran generalmente mujeres de procedencia española, aunque desde el siglo XVII fueron mayormente criollas
HISTORIA DE LAS MUJERES EN LA LIMA VIRREINAL 85 Abadesa Mujer que desempeña el cargo de «superiora» en una comunidad religiosa cristiana. Celda Alojamiento de algunas profesas, particularmente de las monjas de velo negro. Permitía a la monja realizar una vida independiente del mundo exterior e incluso del convento. En ella podía realizar actividades como recibir a sus amigas, o leer. pertenecientes a la élite. Podían votar en las elecciones de abadesa y acceder a los cargos de más categoría como priora o vicaria. Poseían amplios recursos económicos que se reflejaban a través de su dote, su alojamiento y la posesión de una o varias esclavas. Aunque dicha dote era bastante elevada, en algunas ocasiones podía ser rebajada, o incluso exonerada, si se consideraba que la monja poseía otros atributos que compensaban el importe, tales como cualidades para el canto o un instrumento, o habilidades medicinales. Las monjas de velo blanco eran generalmente españolas o criollas, aunque en ocasiones se podían encontrar mestizas. Sus familias no formaban parte de la élite colonial y carecían de grandes recursos económicos por lo que su dote era inferior a la de las religiosas de velo negro. No podían elegir ni ser elegidas para los cargos destacados del gobierno del monasterio, aunque sí podían tener criadas. Las donadas trabajaban como siervas religiosas y se dedicaban tanto al servicio de las monjas de velo negro, como de las tareas religiosas que les correspondían como profesas. Muchas eran mujeres negras, indígenas o mestizas. Varias niñas abandonadas y criadas en los conventos y monasterios se convertían en donadas. Las esclavas, podían ser propiedad del monasterio o de las monjas. Las esclavas de las monjas de velo negro vivían en las celdas de sus dueñas, vestían ropas de mejor calidad, y solo estaban dedicadas a las labores ordenadas por sus amas. Algunas esclavas liberadas por su dueña se convertían en donadas profesas. Los monasterios acogieron a un gran número de mujeres, por ejemplo, en el año 1700 el virrey Conde de la Monclova realizó un censo del convento de la Concepción y encontró que dentro vivían mil cuarenta y una mujeres. Esto ocasionó las quejas de las autoridades y varias disposiciones destinadas a reducir la población de los conventos. El alto número de habitantes, así como la relajación de las normas fue motivo de diversos problemas en los monasterios. Las quejas más frecuentes fueron las relativas al lujo excesivo en las celdas y en vestimentas de las profesas donadas y seglares; entretenimientos fuera de las reglas, contactos demasiado amigables con personas externas, falta de observancia de la clausura o un excesivo número de esclavas, más dedicadas a atender a las monjas que sus obligaciones religiosas. En la Ciudad de los Reyes hubo seis llamados «Monasterios Grandes» por su importancia y elevado número de habitantes. El primero fue el de la Encarnación, fundado en 1561 por doña Mencía de Sosa, viuda del encomendero rebelde Francisco Hernández Girón y su madre doña Leonor de Portocarrero. El segundo fue el de la Concepción, fundado por doña Inés Muñoz de Ribera (ver biografía y fig. 2). Ambos eran los más grandes y hermosos de la ciudad y competían por ofrecer las mejores celebraciones religiosas. Los otros cuatro fueron el de la Santísima Trinidad, Santa Clara, Descalzas de San José de la
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 86 Mujeres y relIgIosIdad: santa rosa de lIMa Una de las mujeres más conocidas del Perú es Santa Rosa de Lima, primera Santa de América, patrona del Perú, de América y de las Filipinas, así como de la Policía Nacional, de las enfermeras, de los mineros, de centenares de escuelas, mercados e instituciones, y de un sinnúmero de asentamientos humanos. Santa Rosa, cuyo verdadero nombre es Isabel Flores de Oliva, nació en Lima el 20 de abril de 1586. Su casa familiar se encontraba detrás del hospital del Espíritu Santo, en el barrio de la parroquia de San Sebastián, lugar donde la pequeña fue bautizada el 25 de mayo de ese año. Su madre contaba que cuando Isabel era muy pequeña, la vio tan linda que su rostro se tornó en una rosa. Por esta razón dijo que, mientras viviera, la llamaría Rosa. Cuando tenía once años Rosa tuvo que mudarse con su familia a Quives, un pueblo ubicado en las serranías de Lima. Allí conoció al arzobispo Toribio de Mogrovejo, quien la confirmó con este nombre. Desde pequeña tuvo una esmerada educación, así como una formación espiritual en la que demostró una marcada inclinación religiosa. En una de sus lecturas descubrió a Santa Catalina de Siena, cuya vida le sirvió de modelo. Por ese motivo, cuando cumplió 20 años decidió ingresar a la Orden de Santo Domingo bajo el nombre de «Rosa de Santa María». Rosa desarrolló gran parte de su labor espiritual y religiosa en su domicilio, particularmente en la huerta de su casa donde, con ayuda de uno de sus hermanos, construyó una ermita en la que oraba y se mortificaba para alejarse de las distracciones. Allí, tuvo sus primeras experiencias místicas. Asimismo, dispuso un espacio en su casa para acoger enfermos, de los grupos sociales menos privilegiados. Rosa decía que «cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús». Probablemente debido a la rigurosidad de su vida su salud decayó gravemente, por lo que fue recibida en casa de una familia de piadosos esposos: don Gonzalo de la Maza y doña María de Uzátegui, quienes velaron por ella por casi tres años, hasta el día de su muerte. El Domingo de Ramos de 1617, ocurrió el «desposorio místico». Rosa indicaba que mientras rezaba delante de la Virgen del Rosario, se le apareció el Niño Jesús quien le dijo: «Rosa de mi Corazón, se mi esposa», a lo que ella aceptó. Poco después, el 24 de agosto de 1617, a la edad de 31 años, Rosa fallecía, al parecer de una tuberculosis (Figura 3). Su muerte fue muy sentida por toda la ciudad. Entre los asistentes a sus funerales estuvieron autoridades eclesiásticas y políticas tan destacadas como el mismísimo virrey príncipe de Esquilache. Asimismo, multitud de personas de toda condición social acudieron para rendirle honores. Algunas, incluso, trataron de arrancar un trocito de su hábito y preservarlo como reliquia. Rosa fue sepultada en el claustro del Convento de los Dominicos, pero su cuerpo se trasladó a la capilla Santa Catalina de Siena en la iglesia del Rosario. La casa del contador Gonzalo de la Maza, donde Rosa murió, se convirtió Figura 3. Retrato póstumo de Santa Rosa, del artista italiano Angelino Medoro. Retrato pintado pocas horas después de su fallecimiento, el 24 de agosto de 1617.
HISTORIA DE LAS MUJERES EN LA LIMA VIRREINAL 87 en el monasterio de Santa Rosa de Santa María y el lugar donde se ubicaba la casa de la familia Flores-Oliva pasó a convertirse en el Santuario de Santa Rosa de Lima o Santa Rosa de los Padres, en la avenida Tacna (Figura 4). En 1671 fue declarada santa por el Papa Clemente X y se convirtió en la primera Santa de América. Concepción y Santa Catalina de Siena. También podemos destacar los monasterios de Santa Rosa, del Pardo y del Carmen Alto. Del mismo modo, merece especial mención el Beaterio de Copacabana, fundado en 1678 y destinado a recoger a mujeres indígenas nobles (consultar unidad didáctica III). Finalmente son varias las Casas de Recogimiento que surgieron en los siglos XVI y XVII como San Juan de la Penitencia, Santa María del Socorro, la Casa del Divorcio, el Carmen o los Remedios (consultar unidad didáctica VII, fig. 5). MUJERES, PASEOS Y FIESTAS. VIDA SOCIAL Y VIDA COTIDIANA Espacios de sociabilidad Mujeres de todos los grupos sociales aprovecharon las oportunidades que tenían de interactuar socialmente en diversos espacios como los paseos y alamedas, algunos de los cuales se crearon con este propósito (consultar unidad didáctica VI). Uno de los lugares favoritos de las limeñas era la Alameda de Acho, una hermosa vía bordeada por frondosos árboles que corría al costado del río Rímac. Más destacada era la llamada Alameda Grande, también en San Lázaro, una larga vía con varias hileras de árboles que formaban calles para carruajes y peatones (fig. 5). No lejos de allí estaba el Paseo de Aguas, donde era posible ver a acaudaladas señoras luciendo sus mejores galas, así como a las famosas tapadas (ver texto). Figura 4. Santuario de Santa Rosa de Lima en la primera cuadra de la Avenida Tacna Cada 30 de agosto el Santuario es visitado por miles de fieles que la rememoran.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 88 Picantería Establecimiento o restaurante popular especializado en comidas picantes. Las picanterías provienen de las chicherías, lugares donde se acudía a beber chicha, una bebida elaborada a base de maíz fermentado, que se servía acompañada de comida picante para incentivar la sed, pero poco a poco los platos fueron ganando protagonismo hasta convertirse en las estrellas. Las mujeres limeñas también eran muy aficionadas a asistir a los di versos espectáculos que se podían encontrar en la capital, siendo uno de sus favoritos las corridas de Toros en la plaza de Acho ubicada en el Rímac. Limeños de todas clases sociales ocupaban las diez mil butacas para ver el espectáculo en el cual llegaron a participar mujeres como la célebre capeadora mulata Juanita Breña, quien fue inmortalizada por Pancho Fierro sobre su caballo blanco, luciendo cabello largo y un gran sombrero de paja (fig.6). Después del espectáculo de toros, las parejas y grupos de amigos iban a las picanterías cercanas o paseaban por las anteriormente mencionadas alamedas. Figura 5. Una tarde en la alameda. Acuarela de Pancho Fierro.
HISTORIA DE LAS MUJERES EN LA LIMA VIRREINAL 89 Corral Casa, patio o teatro donde se representaban las comedias. Coliseo Nombre aplicado a los edificios construidos para el teatro, de mayores dotaciones, superficie y capacidad de aforo que los corrales. El coliseo de comedias de Lima era propiedad del Hospital de San Andrés. No nos consta cuál era su ubicación exacta, tan solo sabemos que estaba a la espalda del convento de San Agustín y que se encontraba en lo que hoy es una plazuela rodeada de tiendas comerciales. En la actualidad no queda vestigio alguno del mismo. Junto con las peleas de gallos, las corridas de toros y los paseos, otro de los núcleos de sociabilidad más destacados de la capital limeña durante el virreinato, fueron los lugares donde se representaban obras teatrales, como los corrales y coliseos. En el coliseo se congregaban hombres y mujeres de todas las clases sociales ávidos de diversión y de espectáculo. Las diferencias sociales eran marcadas por la localización dentro del edificio. Así, los más acomodados disfrutaban de los palcos en los pisos superiores, mientras que las clases más humildes se congregaban en la planta inferior, apiñados y mezclados, ocasión que era aprovechada para encuentros amorosos (aunque Figura 6. Juanita Breña capeando un toro en Acho. Acuarela de Pancho Fierro.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 96 Figura 11. Plaza mayor de Lima. Juan Mauricio Rugendas, 1843. Figura 12. Pulpería. Acuarela de Pancho Fierro, 1820.
HISTORIA DE LAS MUJERES EN LA LIMA VIRREINAL 97 Pregoneras Vendedoras en Lima que a voz de grito informaban de las mercancías que comerciaban. Aunque algunas estaban fijas en un puesto, muchas otras, como las tamaleras o las mixtureras seguían un recorrido. También había chicherías en las que trabajaban mujeres, normalmente indígenas nacidas en Lima, quienes también vendían chicha en los mercados de Lima, en ocasiones junto con otros productos como frutas y verduras. Otro negocio con protagonismo femenino eran las picanterías, donde se preparaban una gran variedad de platos conocidos como «picantes» que hoy constituyen la clásica comida criolla. En estos locales se podía encontrar a mujeres afrodescendientes que vendían la carapulcra, a la vez que a mujeres indígenas preparando platos elaborados de carne, pescado, charqui y papas condimentadas con bastante ají. Las picanterías más famosas en Lima estaban en el Cercado de Lima y la mayoría eran administradas por mujeres indígenas pertenecientes a la costa y sierra del país. En la Lima virreinal, había muchas vendedoras de mercancías, y de comidas y bebida, alrededor de las orillas del río Rímac o en la plaza mayor, y sus alrededores. Las mujeres pregoneras eran dueñas de sus negocios, los cuales eran su mayor fuente de ingreso. Algunas no eran ambulantes y se ubicaban en un sitio fijo de la plaza mayor, en el Portal del Escribano, en el actual Jirón de la Unión (fig. 13). Estas vendedoras se relacionaban con la gente de todas las clases sociales e incluso con personajes importantes, como la picaronera Rosalía Hermosillo, quien tenía como cliente a José de San Martín. A continuación, presentamos algunas de las actividades femeninas de venta de comidas y bebidas más destacadas y algunos de sus pregones: Las fresqueras eran mujeres que aprendieron las recetas de dulces transmitidas por generaciones. La más importante fue la mulata Ña Aguedita, quien trabajaba en su puesto ubicado en el portal de Escribanos. Algunos de sus clientes pertenecían a la aristocracia limeña, que la visitaban Figura 13. La que vende el jamón en el portal. Acuarela de Pancho Fierro, 1824.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 98 personalmente o enviaban a sus sirvientes para comprar dulces. Por la mañana su negocio era una fresquería y por la noche vendía champús y mazamorra. Las tisaneras y las chicheras, también eran fresqueras. Se caracterizaban por llevar su canasto u olla de barro con las bebidas sobre la cabeza. La tisana era una infusión hecha con una amplia variedad de hierbas. Por otro lado, la chicha es una bebida hecha a base de maíz morado. Su pregón era «la tisanera se vaaa, tisaanaaa con nieeeve» (fig. 14). Las buñueleras o «picaroneras» vendían este postre de origen español diariamente desde la dos de la tarde, pero había mayor demanda en feriados como la navidad o en fechas especiales de celebración religiosa. Uno de sus pregones decía: ¡Picarones redondos y tostaditos y en su miel bien bañaditos!» La mazamorrera era usualmente una mujer negra o mulata, que se paseaba por las calles desde las 7:00 para vender mazamorra morada, con frutas, canela y clavo de olor, al grito de: «¡Mazamorra dorada, para la niña mimada, mazamorra caliente, para la abuela sin diente! Las anticucheras preparaban los sabrosos anticuchos, que han pervivido hasta la actualidad. Dado que vender anticuchos era muy laborioso y se hacía imposible cocinar y atender a la clientela al mismo tiempo, las tareas se dividían y mientras la «negra» aderezaba la carne el hombre la insertaba en los palitos y atizaba el carbón para avivar el fuego de la parrilla. Las lecheras llegaban muy temprano a Lima (6:00 a.m.) montadas en sus mulas para vender la leche fresca traída de las estancias (fig. 15). Las mistureras vendían mixtura, es decir, varios tipos de flores puestas en una hoja de chirimoyo. Solían ubicarse en los portales de la Plaza Mayor, generalmente en las tardes de los domingos y los feriados cuando la élite limeña, vestida a la última moda, paseaba por esa zona. También podía vender caminando por las calles y todos se percataban cuando la misturera pasaba ya que el aroma de las flores era muy agradable (fig. 16). Las pescadoras transportaban la pesca del día, desde Chorrillos hasta Lima. Cuando llegaban vendían el pescado a los mercados o en la calle. En este rubro trabajaban hombres y mujeres (fig. 17). Las tamaleras solían pasar a las 10:00 a.m. con grandes canastas con tamales criollos, serranitos o especiales (fig. 18). Gozaban de mucha popularidad en la Lima virreinal por lo que tenían muchos pregones promocionando sus tamales: «¡Tamales! ¡Tamales! ¡pa curá todos los males! ¡Ya se van los tamalitos calientitos!». Las fruteras, generalmente, eran mujeres afrodescendientes que vendían en el mercado o por las calles cargando canastas de frutas (fig. 19).
HISTORIA DE LAS MUJERES EN LA LIMA VIRREINAL 99 Figuras 14 a 19. 14, tisanera; 15, lechera; 16; mixturera y zahumadora; 17, pescadora de chorrillos; 18, goyita tamalera; 19, frutera a burro y chino fondero. Acuarelas de Pancho Fierro. 14 15 17 19 16 18
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103 evoLucIón y transformacIón deL espacIo urbano coLonIaL y repubLIcano en LIma EVOLUCIÓN URBANA DE LIMA: DE VILLA A METRÓPOLI La evolución y el crecimiento de la ciudad de Lima obedecieron tanto al esquema de damero trazado por su fundador, Francisco Pizarro, en el año 1535, como a las huellas de los habitantes prehispánicos del valle del Rímac (consultar unidad didáctica I). Para el momento de la fundación de la Ciudad de los Reyes, no existía todavía un patrón específico para el trazado de los núcleos de población establecidos en el contexto del proceso de conquista y ocupación español en América. No obstante, es precisamente con esta fundación cuando se consolida el modelo más generalizado, el de la cuadrícula, utilizado por primera vez en la segunda fundación de Santiago de los Caballeros de Guatemala en el año 1527. En el plano fundacional de la Ciudad de los Reyes aparecen representadas en concreto, un total de 117 manzanas, con 450 pies por lado (125,38 metros), y separadas por calles de 40 pies de ancho (11,15 metros), si bien, la ocupación inicial abarcó aproximadamente 30 manzanas de los alrededores OBJETIVOS ► Conocer algunas de las principales transformaciones experimentadas por las calles y plazas de Lima desde su fundación hasta la década de 1870. ► Analizar cómo fueron percibidos y descritos los espacios públicos de Lima en testimonios y representaciones realizados durante el período colonial y el republicano. Damero Planta de una zona urbanizada constituida por cuadros o rectángulos. Manzana Espacio urbano, edificado o destinado a la edificación, generalmente cuadrangular, delimitado por calles por todos sus lados. Pie castellano Unidad de longitud tradicional, equivalente a 0,278635 metros.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 104 Alameda Paseo con álamos o árboles de cualquier clase. Ilustración Movimiento filosófico y cultural del siglo XVIII que acentúa el predominio de la razón humana y la creencia en el progreso. de la Plaza de Armas. Las calles se diseñaron orientadas al sudeste y noroeste, con el objetivo de que a todas las horas del día hubiese una acera en la sombra y se procurase una adecuada circulación de aire. La plaza, escenario principal para el desarrollo del mercado, ceremonias y reuniones vecinales, no se localizó en el centro, sino vecina al río, como era habitual en las ciudades cercanas a la costa o cauces de agua. A partir de ella se realizó el reparto de solares, adjudicándose los más próximos a los conquistadores más influyentes, a las instituciones de gobierno y a la Iglesia. Cada manzana quedó dividida a su vez en cuatro partes o solares, cada uno con esquina y 63 metros por lado aproximadamente. Como consecuencia del rápido crecimiento demográfico, los límites de la traza urbana inicial fueron sobrepasados por algunas calles y construcciones ya en las últimas décadas del siglo XVI. También aparecieron dos nuevos núcleos urbanos en sus límites inmediatos, el barrio de San Lázaro, del otro lado del río Rímac, que tuvo un desarrollo más rápido que la zona sur del damero. El otro núcleo fue la reducción de Santiago Apóstol del Cercado, un poblado para indígenas construido hacia 1570, origen de Barrios Altos (consultar unidad didáctica III). Junto al Acta de la Fundación de la ciudad, en el Primer Libro de Cabildos hubo un primer plano de Lima que ha sido reconstruido en base a la Historia de la Fundación de Lima del padre Bernabé Cobo, que conoció el documento. Para el siglo XVI no constan referencias de otros planos, salvo la perspectiva realizada por Felipe Guamán Poma de Ayala, en la que aparecen representadas tanto la primitiva Catedral, como el Portal de Escribanos, el Palacio de Gobierno y la torre de Santo Domingo (fig. 1). Durante el siglo XVII, diferentes planos reflejaron el crecimiento y las transformaciones urbanas experimentados por Lima, consolidada ya para entonces como un destacado centro político, religioso, comercial y cultural. Entre ellas se encuentran algunas, como la construcción de la alameda de los Descalzos, a propuesta del virrey marqués de Montesclaros, entre los años 1609 y 1611, con ocho hileras de árboles y cuatro fuentes. También, la expansión del tejido residencial, las murallas, construidas entre 1684 y 1687, la conexión al vecino puerto del Callao o la variación producida en la figura del damero en los arrabales (fig. 2). En cuanto a las murallas, el proyecto original fue presentado por el belga Juan Ramón Coninck en 1673 y su aprobación final se produjo, tras largas discusiones, doce años después. No obstante, a la hora de materializarlo no se obedeció al diseño inicialmente elaborado y la superficie contenida por los muros y los baluartes terminó siendo bastante mayor a lo planeado inicialmente. Así, compuestas por muros de adobe segmentados en 34 baluartes y nueve portadas, formaron un semicírculo de doce kilómetros de longitud y una superficie de 920 hectáreas. En el siglo XVIII apareció una nueva forma de concebir la idea de ciudad en el marco de la Ilustración, que en el caso español debe contextualizarse
EVOLUCIÓN Y TRANSFORMACIÓN DEL ESPACIO URBANO COLONIAL Y REPUBLICANO EN LIMA 105 Policía Junto a su significado como «cuerpo encargado de velar por el mantenimiento del orden público y la seguridad de los ciudadanos, a las órdenes de las autoridades políticas», el diccionario de la Real Academia Española contempla otras definiciones, entre ellas: «el buen orden que se observa y guarda en las ciudades y repúblicas, cumpliéndose las leyes u ordenanzas establecidas para su mejor gobierno»; «limpieza, aseo». en un proyecto de reforma global de la sociedad bajo el reinado de los Borbones, con el que se pretendió el fomento de la riqueza y el establecimiento de un mayor control sobre el espacio y los habitantes de las ciudades por parte de sus instituciones públicas. Como consecuencia de ello, la ciencia de policía, entendida como una concepción global de la ciudad y de su gobierno, Figura 1. Dibujo 362. La Ciudad de los Reyes de Lima, audiencia real y corte, cabeza mayor del reino de las Indias, residencia del virrey y arzobispado de la iglesia.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 112 Cuadra Espacio urbano o frente de calle comprendido en cada manzana entre los respectivos bordes de otros dos frentes sucesivos de calle. hasta inicios del siglo XX, siendo entonces cuando comenzaron a perderse muchos de los nombres tradicionales. PERCEPCIONES Y REPRESENTACIONES DE LOS ESPACIOS URBANOS DE LIMA Lima, como centro político, económico, espiritual y cultural del sur de América durante gran parte del período colonial, fue lugar de paso de numerosas personas de procedencia diversa, que en algunos casos dejaron sus impresiones sobre la ciudad en testimonios escritos. Esto nos permite apreciar los aspectos destacados en sus descripciones, sus apreciaciones y valoraciones, tanto en lo que se refiere al paisaje urbano y arquitectónico, como a los usos que la población hacía de los espacios. En lo que a los aspectos urbanísticos se refiere, uno de los más destacados tiene que ver precisamente con las características del trazado de su planta urbana. Como ejemplos en este sentido, se encuentran testimonios como el de Pedro Cieza de León, que visitó la ciudad entre los años 1548 y 1550, en el que destaca lo ancho y aireado de las calles y plaza, así como la existencia de acequias que en cada solar surtían de agua a las casas, jardines y huertos. Casi un siglo después, en 1630, fray Buenaventura de Salinas y Córdova, mencionaba que la «figura y planta de la ciudad es cuadrada, con tal concierto y orden que todas las calles son parejas, anchas y tan iguales que, estando en la plaza principal, en las más se ven los confines de ella porque como del centro salen las líneas a la circunferencia, así de la plaza hasta los fines de ella corren las calles largas». El padre Bernabé Cobo, destacaría también, para esos momentos, que menos de la mitad del damero se hubiese hecho siguiendo el esquema general, pudiéndose advertir en los extremos de las cuadras que recorrían a lo ancho la ciudad, en el sentido paralelo del río, la presencia de cuadras desiguales, calles torcidas y, en algunos casos, sin salida. También hizo referencia a la existencia de vías y caminos trazados antes de la fundación. Durante el siglo XVIII, a estos testimonios se suman los de viajeros europeos, en los que muestran también su sorpresa por la amplitud de calles y plazas y el trazo a cuadrícula, tan diferente del plano laberíntico característico de las ciudades medievales europeas. Otro aspecto que les llamará la atención será el de la abundancia de jardines y huertas. En este sentido, encontramos testimonios como los de Jorge Juán y Antonio de Ulloa, Le Sieur Bachelier,el Padre Fuilleé, el ingeniero Frezier o el del francés Guillaume Raynal, el del último alabando la forma en la que la ciudad había sido planificada por sus fundadores, con calles «anchas, paralelas y … cruzándose en ángulos rectos». Otro de los aspectos destacados en las descripciones tiene que ver con el estado que presentaban las calles y paseos limeños. En este sentido, con
EVOLUCIÓN Y TRANSFORMACIÓN DEL ESPACIO URBANO COLONIAL Y REPUBLICANO EN LIMA 113 relación a uno de los espacios más emblemáticos, como la alameda de los Descalzos, se produjeron numerosas denuncias durante el siglo XVII por la situación de abandono en la que se encontraba, tanto por la pérdida de árboles como por el deterioro de las fuentes. Durante el siglo XVIII, las descripciones de este lugar se centran, por una parte, en la forma en la que los usuarios interactuaban en la zona, como hizo en 1709 Le Sieur Bachelier, al destacar el hecho de que en ella los «amantes cortejan a sus enamoradas, y tienen a su honra seguirlas a pie, apoyados sobre las portezuelas de sus coches»; o Felipe Mauzá, marino español de la expedición Malaespina, que en 1790 se refirió el uso de carruajes y a la forma de socialización en los paseos públicos de la ciudad, así como a las características que por entonces presentaba la Alameda, a la que consideraba como el más suntuoso y concurrido paseo de Lima (fig. 8). En una descripción dialogada del Perú de fines del siglo, protagonizada por un chapetón y un peruano, se menciona que la misma contaba con «seis espaciosas calles de frondosas arboledas de naranjos, limoneros, álamos, sauces y cipreses en bien dispuesta simetría» que proporcionaban cinco paseos, los tres del medio y colaterales para la ruta de las calesas, coches y carrozas y las dos de los semicentros para la gente de a pie, destacando también los pilones para depositar las aguas «que se invierten en el riego de árboles y paseo, y así mismo cinco fuentes, con bien concertadas distancias…». En cuanto al paseo de Aguas, uno de los aspectos que fue motivo de controversia estuvo relacionado con los problemas derivados del abastecimiento de agua, que se realizaba a través de una antigua acequia que corría a lo largo del extremo norte del barrio de San Lázaro. Al final el proyecto, que contemplaba una caída de agua desde un segundo nivel del arco central hasta la fuente, quedaría inconcluso, por la fuerte oposición que tuvo en Figura 8. La alameda de los Descalzos en la actualidad.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 114 parte del vecindario, por considerar que con ello se afectaba al riego de chacras y huertas. Durante el siglo XIX, algunos de los testimonios relativos a las calles y plazas de Lima, destacan los avances que se iban produciendo a nivel de infraestructuras (empedrado, acequias, alumbrado, …). Así lo hizo, por ejemplo, el marino inglés Henry Lister Maw, arribado a Lima en 1827 como integrante de la tripulación del barco Menai, de la Armada inglesa, al referirse al hecho de que las calles estuvieran pavimentadas y contaran con acequias en el centro (fig. 9). No obstante, también fueron frecuentes las alusiones a la presencia en ellas de mendigos, basura, malos olores y desorden. Es precisamente durante el siglo XIX, cuando la basura pasó a convertirse en un mal endémico en los principales centros urbanos americanos. En Lima, las inmundicias eran producidas y arrojadas a las calles, acequias y al río desde los mercados, mataderos, curtiembres, fondas y pulperías. También por los vecinos y los vendedores ambulantes, lo que llevó a la formación de grandes basurales, sobre todo en las orillas del Rímac y en los alrededores de las murallas. Muchos vecinos depositaban también las basuras en corrales y tejados de sus viviendas, a pesar de la existencia de normas para depositarlas en espacios Figura 9. Vista de la calle de Valladolid de Lima con acequia central. Acuarela de Bartolomé Lauvergne (1845).
EVOLUCIÓN Y TRANSFORMACIÓN DEL ESPACIO URBANO COLONIAL Y REPUBLICANO EN LIMA 115 Muladares Lugar o sitio dónde se echa el estiércol o la basura. concretos a horas determinadas o del establecimiento de un sistema para su recogida. Asimismo, la quema de basuras, una práctica muy extendida en la ciudad, ocasionaba la propagación de enfermedades infecciosas respiratorias y de alergias. Para esos momentos, los barrios menos insalubres eran los que se localizaban alrededor de la portada de Santa Catalina, al contar, según los testimonios de la época, con las calles más limpias, el menor número de muladares y el aire más puro. En el otro extremo estaba la zona que se corresponde con el actual distrito del Rímac, por los basurales que se formaban en las orillas del río, la existencia de muladares y materias fecales, la presencia de aguas estancadas y lo aglomerado de la población. En líneas generales, las condiciones de las viviendas, por la existencia común en ellas de corrales, gallineros, huertas, establos y acequias interiores, facilitaban la infección de enfermedades de animales a los seres humanos. También era usual en las calles de la ciudad, cruzarse con ganado vacuno, caballos y mulas. La situación expuesta pone de relieve que gran parte de las medidas aplicadas por las autoridades no fueron del todo efectivas. También, la falta de una cultura higiénica entre la población dificultaba la solución a estos problemas, relativos a la contaminación urbana. Figura 10. Plaza mayor de Lima, del alemán Mauricio Rugendas (1802-1858).
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 116 Expedición Malaespina Expedición científica y política financiada por la Corona española durante el reinado de Carlos III, que recorrió las costas de América, las Filipinas y Marianas, Vavao, Nueva Zelanda y Australia. Costumbrismo Tendencia artística y literaria que elige las costumbres típicas de un lugar o de un grupo social como tema principal de una obra de creación. Figura 11. Mercado de la Independencia, Lima, de Mauricio Rugendas (1843). Antiguo mercado ubicado en la llamada Plaza de la Inquisición, hoy Plaza Bolívar. Por último, destacar el hecho de que los espacios urbanos de Lima, como la Plaza Mayor o sus paseos, atrajeron el interés de pintores que, con diferentes fines, los plasmaron en sus obras. En este sentido, se encuentran las representaciones realizadas por los dibujantes que acompañaban a las expediciones científicas durante el siglo XVIII, elaboradas con la intención de que en Europa se conociera la magnitud de la geografía americana y las características de sus habitantes. Para el caso de Lima destacan, en este sentido, las acuarelas realizadas por un miembro de la expedición Malaespina, el pintor Fernando Brambilla (fig. 4). Este tipo de obras tuvieron una importante influencia en la generación de pintores que, años más tarde, dentro del movimiento romántico, desarrollaron el costumbrismo. Es este el contexto en el que llegaron a Lima, como a otras ciudades americanas, artistas viajeros procedentes de Europa, con la intención de plasmar lo diferente a sus costumbres de origen, siendo en este sentido uno de los principales ejemplos el alemán Johann Moritz Rugendas (1802-1858), más conocido como Mauricio Rugendas (figs. 10 y 11). De forma paralela, surgieron también artistas locales que, como Pancho Fierro para el caso del Perú, representaban escenas cotidianas con las que se buscaba la afirmación del nacionalismo (fig. 12).
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119 La arquItectura tradIcIonaL deL centro hIstórIco de LIma LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE LOS REYES, 1535 La presencia española en el valle del Rímac comenzó en realidad en 1533, con una expedición de avanzada a cargo de Hernando Pizarro –hermano mayor y capitán de Francisco Pizarro– quien informaba con mucho entusiasmo sobre las bondades del sitio al grueso de los conquistadores que le esperaban. Así, poco después se decidió trasladar aquí a la nueva capital virreinal en vez de la establecida en la sierra en Jauja, con el objetivo de aprovechar los muchos recursos del valle y la cercanía al mar, muy importante para mantener contacto con España y recibir ciertos recursos. La fundación de esta nueva ciudad, dedicada a los Reyes, se realizó el 18 de enero de 1535 (consultar unidades didácticas I y II), en un área fuertemente OBJETIVOS ► Acercar a la historia de la ciudad virreinal de Lima a través de sus construcciones características. ► Entender la continuidad en el tiempo de la arquitectura tradicional limeña, en sus formas y materiales. ► Identificar los principales materiales constructivos empleados para la construcción de edificios en Lima durante el virreinato y el período republicano. ► Aproximar a un entendimiento de la importancia de Lima en el período virreinal como el más complejo y relevante de la región.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 120 Traza La traza es el diseño de una ciudad o pueblo, por ejemplo, para planos que permitan organizarla en calles y manzanas. En las fundaciones españolas en América en muchos casos se dibujaban físicamente en el terreno, como sucedió por ejemplo en Lima, donde la dibujó Francisco Quinteros. Manzana Espacio urbano, edificado o destinado a la edificación, generalmente cuadrangular, delimitado por calles por todos sus lados. marcada por canales y caminos tradicionales, preincas en su mayoría. Aunque no fueron considerados oficialmente en la traza propuesta para Pizarro por Diego de Agüero –resultaron determinantes y muchos pueden «leerse» en los planos modernos de la ciudad. En la traza se planearon además los espacios dedicados a lo que hoy llamaríamos la «infraestructura» básica de la ciudad, incluyéndose todos los edificios y espacios que en la época se consideraban indispensables para la vida urbana. En esta lista se incluyeron por tanto la plaza principal o mayor, la Catedral, el palacio del Gobernador Pizarro, el Cabildo (equivalente a la administración municipal), y la cárcel. Se estableció, asimismo, dentro del espacio de la plaza principal, un elemento de valor simbólico importante: el rollo o picota. Este elemento, físicamente una columna, era donde se ajusticiaba a los delincuentes y donde se colocaban los documentos con ordenanzas o comunicaciones para todo el vecindario. No existía en un primer momento una fuente o pileta, debiéndose proveer la población de agua en el río, sobre el que se colocó un primer puente de madera, que luego –tras inundaciones y crecidas del Rímac– fue reemplazado por otros sucesivos hasta el de piedra que vemos hoy. La traza fue también importante para determinar la forma y el tamaño de las calles y de las manzanas (consultar unidad didáctica VI), así como para delimitar los lotes en que se dividirían estas últimas y por tanto los espacios para casas e iglesias, por ejemplo. En la ciudad de Los Reyes de Lima las manzanas alrededor de la plaza mayor se dividieron en cuatro lotes o solares, que fueron asignados primero a edificios de interés público (el palacio, la Catedral, etc.) y luego a los vecinos más importantes de entre los compañeros de Pizarro. Conforme se alejaban de la plaza, los solares se asignaron originalmente a personajes de menor relevancia. Conforme pasaron los años y se consolidó la ciudad, se configuraron otros sectores destinados a usos y población más o menos diferenciados, como el Cercado de Indios, los Barrios Altos, y San Lázaro «al otro lado del puente» (consultar unidades didácticas II y VI). Se crearon además hospitales –también segregando los usuarios permitidos– a partir del primero, el Real de San Andrés exclusivo para hombres españoles; y en 1551 se fundó la Real Universidad –hoy Universidad Nacional Mayor de San Marcos– primera y más antigua institución de su tipo en continuo funcionamiento en América. CONSTRUYENDO LIMA VIRREINAL ¿Con qué materiales se construyó la Lima del virreinato? En un principio se planeó e intentó construir los edificios más representativos con muros de piedra o ladrillo, con la idea de mantener las maneras y técnicas que se usaban para edificios importantes en España, pero las condiciones del territorio, la geografía y los recurrentes sismos hicieron repensar esa idea.
LA ARQUITECTURA TRADICIONAL DEL CENTRO HISTÓRICO DE LIMA 121 Adobe Un adobe es una unidad de albañilería, típicamente con forma de paralelepípedo –como un ladrillo– de tierra sin cocer, normalmente formado de barro, arena y agua y secado al sol. Su uso se extiende en todo el mundo, en muchas variantes de diverso tamaño. Quincha En el Perú, la quincha es un conjunto relativamente flexible y ligero conformado por barro emparedando pies derechos de madera o caña, con rellenos un poco más pesados –como ladrillo o adobe- en el tercio inferior y entramados de cañas más delgadas o madera partida amarradas con «huasca» – cuero húmedo que al secarse se contrae- en los dos superiores. Mortero El mortero es el material que aún fresco se coloca para unir los elementos o unidades constructivas en muros, y otros. Con ligeras modificaciones en su composición, se usa también para enlucir o terminar las superficies. ¿Sabías qué? La carta en que Ovando relata estos eventos, con otras, se encuentra recopilada en Manuel de Odrizola (1863) Terremotos. Colección de las relaciones de los más notables que ha sufrido esta capital y que la han arruinado. En la ciudad de Los Reyes de Lima el material más usado fue la tierra cruda, en la forma de adobes, edificándose anchos muros de entre 45 y 80 centímetros sobre cimientos de piedra –con algunos muros especiales como los de las fachadas en ladrillo cocido– y la madera, para las cubiertas y entrepisos. Las iglesias y conventos, normalmente de envergadura más importante, utilizaron de manera más difusa el ladrillo y la piedra. Cierto es sin embargo que la tecnología empleada necesitó importantes variaciones en el tiempo –algunas aprendidas de lo indígena, algunas adaptadas, algunas innovadoras– para enfrentarse y resistir a la problemática causada por los sismos, lo que llevó a la proliferación, tras una ordenanza del virrey conde de Superunda tras el terremoto de 1746, de la construcción de los pisos superiores en quincha y de bóvedas, cúpulas y torres para iglesias y conventos en mezclas de caña, madera, barro y yeso, buscando que fueran lo más ligeras y flexibles posible. En un principio la madera se obtenía de los bosques alrededor de la ciudad, pero rápidamente éstos se vieron muy disminuidos, pues además se cortaban árboles para leña. Ante esto, durante la mayor parte del virreinato, la madera para elementos finos –como techos y balcones– se traía a Lima en barco desde Centroamérica, siendo preferido el cedro de Nicaragua. Para obras más modestas –cajas y cajones, por ejemplo– se empleaban maderas locales o traídas de Chile. Entre los adobes, piedras y ladrillos se utilizó un mortero o argamasa que podía ser el mismo material de la tierra cruda o una mezcla más estructural de cal, arena y agua. Ocasionalmente a esto se le agregaba yeso, produciendo una mezcla llamada «diablo fuerte»; en otros casos se experimentó agregando otros elementos como claras o cáscaras de huevo, pero esto no tuvo ninguna consecuencia real en términos de mejoras para las construcciones (fig. 1). EL TERREMOTO DE 1746 Y LA PRIMERA «NORMATIVA SÍSMICA» DEL CONTINENTE A las diez y media de la noche del 28 de octubre se desencadenó un evento que hoy se calcula de una magnitud de aproximadamente 8,6 en la escala de Richter, con una intensidad de X-XI en la escala modificada de Mercalli. Duró «tres credos», esto es, poco más de tres minutos. En un posterior testimonio, el marqués de Ovando señalaba que «no hay hipérbola que pueda expresar tanta tragedia en tan corto tiempo». Existen además testimonios semejantes desde todas las instancias de la sociedad. Por ejemplo, el párroco de la iglesia de San Sebastián, al oeste de la Plaza Mayor, escribió que «Lima quedó hecha un corral sin ninguna casa donde habitar. Dios por su misericordia nos de la gracia y el tiempo para llorar». A este terrible terremoto, devastador más allá de toda previsión, le siguió apenas unos minutos después un no menos aterrador tsunami, con olas
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 128 De profundis Antesala al comedor que se usaba para orar antes de los alimentos. atrios grandes y chicos frente a sus accesos principales que funcionaban como pequeñas plazas y daban nombre a muchos barrios. En ese sentido, fueron también muy importantes los conventos y monasterios. Aunque ambos servían como viviendas para religiosos, son en realidad estructuras muy diferentes: por ejemplo, los conventos eran residencias religiosas donde los sacerdotes permanecían mientras efectuaban su trabajo en y con la comunidad que rodeaba su iglesia, entrando y saliendo; mientras que los monasterios eran lugares cerrados, de clausura, de donde sus habitantes no salían ni siquiera al fallecer, teniendo un «entierro en vida». Las condiciones de las ciudades peruanas, sobre todo en los primeros años de la conquista –además de las ideas de la época sobre género, honor y familia– significaron que los monasterios se volvieran los refugios naturales de la población religiosa casi totalmente femenina, buscando desde la protección/reclusión de una joven hasta la mejora de la dignidad y economía familiar (consultar unidad didáctica V). A los conventos en cambio asistieron los varones de las ricas familias de la ciudad, haciendo carrera «pública». Otra diferencia importante está dada por la arquitectura: los conventos se organizaban alrededor de patios rodeados de galerías cubiertas, llamados claustros (fig. 5). En grandes conventos, como el de San Francisco, se contaban muchos claustros, cada uno dedicado a temas específicos, desde el mayor –conectado por un lado a la iglesia titular y con al centro del patio una gran fuente– hasta el de los novicios o el de la enfermería. Grandes o pequeños, todos los conventos tenían tres espacios que se repetían siempre, normalmente alrededor del claustro principal: la sala capitular, donde se reunía el «capítulo» –esto es, quienes votaban en temas operativos o para elegir al prior o sacerdote principal–; el refectorio, es decir el comedor colectivo –donde se guardaba silencio al comer y se escuchaban lecturas edificantes, por ejemplo, de la biblia–; y la sala de profundis, el velatorio de la comunidad. La vida era en comunidad o en la calle, de modo que los sacerdotes dormían y tenían un poco de privacidad únicamente en sus pequeñas habitaciones, llamadas genéricamente «celdas», con espacio apenas para una cama y tal vez un pequeño escritorio. Por contraste, los monasterios no se organizaban en claustros, si no que eran casi pequeñas ciudades, con calles y callejuelas irregulares y placitas internas. Otra importante diferencia era que los monasterios estaban Figura 5. Claustro principal de Santo Domingo.
LA ARQUITECTURA TRADICIONAL DEL CENTRO HISTÓRICO DE LIMA 129 Celda Alojamiento de algunas profesas, particularmente de las monjas de velo negro. Permitía a la monja realizar una vida independiente del mundo exterior e incluso del convento. En ella podía realizar actividades como recibir a sus amigas, o leer. cercados, rodeados por un alto muro, casi una muralla. Este muro era un elemento de protección, pero también una garantía del efectivo aislamiento y «pureza» de las mujeres allí recluidas –las hijas, sobrinas, hermanas y esposas de la elite virreinal– lo que tenía relevancia en la época. Las monjas en estas clausuras –diferenciadas, como en el mundo exterior, por su clase social y su origen étnico– no tenían casi ninguna relación directa con sus familias y amigos fuera (consultar unidad didáctica V). La excepción a esto era un espacio que no existía en los conventos masculinos: el locutorio. Esta era una habitación dividida por una reja: un lado se conectaba con el monasterio y el otro con la calle. Así, acompañadas siempre por una chaperona o guardiana, las monjas podían ver a sus amigos y conocidos, pero nunca abrazarlos. Un torno, empotrado en la pared, permitía intercambiar pequeños paquetes, como libros, bordados o dulces. Vivían también en los monasterios criadas y esclavas de las monjas, que tenían irónicamente más libertad de movimiento y frecuentemente realizaban recados y traían noticias. Aquí se percibe otra diferencia: mientras que las celdas masculinas eran cuartos pequeños, las celdas de los monasterios eran pequeñas casas, con muchos ambientes y en las más lujosas –las pertenecientes a las monjas de familias más ricas– habían cocinas, hornos, salitas de estar –con instrumentos musicales, aves cantoras en jaulas…– y habitaciones no solo para la monja principal sino también para sus sirvientas e incluso algunos otros miembros de la familia, como sobrinas o primas que también se habían ordenado o estaban siendo educadas por sus parientas enclaustradas. En la categoría de edificios religiosos en el virreinato entraban también conjuntos como los hospitales y los colegios, los cuales en general utilizaban el modelo conventual, es decir, con claustros. El Real Hospital de San Andrés, fundado en 1538, fue el primer centro médico oficial del Virreinato del Perú, dedicado exclusivamente a los españoles: como todo en el virreinato, era segregado, y solo años después aparecen establecimientos para indígenas, como Santa Ana, y para negros, como San Bartolomé. La estructura inicial, cerca a la plaza mayor, fue rápidamente reemplazada por una de arquitectura más nueva, se trasladó «lo suficientemente lejos» del centro de la ciudad a los Barrios Altos –sobre la actual plaza Italia– y, finalmente, se rodeó de otras instituciones caritativas y religiosas. Un hospital virreinal era una institución orientada principalmente a dar a sus pacientes una «buena muerte»: en términos arquitectónicos, esto significaba un programa con necesidades específicas de alojamiento, cuidados diarios, alimentación, entierro y manifestaciones religiosas, inseparable de la experiencia hospitalaria en la época. Para sustentarlos, San Andrés, como otros después, se construyó con pabellones, patios y claustros organizados en cruz, con muchas camas alineadas a lo largo de las paredes en largos ambientes, tratando de aprovechar las posibilidades en cuanto a infraestructura y espacio de la compleja zona de la ciudad en la que se ubicaba.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 130 Las descripciones del primer siglo de conquista también mencionan al Real Hospital de San Andrés como el sitio de la última ubicación conocida de las momias de los Incas Huayna Cápac y Pachacútec –un episodio misterioso y aún confuso de numerosas implicaciones políticas y culturales, y como tal representativo de los aspectos aún desconocidos del sitio. El edificio se encuentra actualmente abandonado y su conservación en peligro, consecuencia de la indiferencia y el descuido de las autoridades locales y los ciudadanos, y su futuro no está claro. APUNTES FINALES Las décadas finales del Virreinato significaron, en términos arquitectónicos, al mismo tiempo una desaceleración en la arquitectura innovadora –un proceso que venía desde las reconstrucciones posteriores al gran terremoto de Figura 6. Propuesta de recorrido: 1. Catedral de Lima (en la Plaza Mayor) 2. Museo Bodega y Cuadra 3. Convento de San Francisco el Grande 4. Plazuela de La Buena Muerte 5. Iglesia y monasterio de Santa Clara 6. Iglesia de Cristo de las Maravillas (aquí estaba una de las puertas de la muralla) 7. Cementerio Presbítero Maestro 8. Plazuela del Cercado 9. Quinta Heeren 10. Iglesia y monasterio de Nuestra Señora del Carmen 11. Casa Torre-Tagle 12. Casa Riva-Agüero 13. Casa Aliaga
LA ARQUITECTURA TRADICIONAL DEL CENTRO HISTÓRICO DE LIMA 131 1746– y la aparición de nuevos de edificios y espacios asociados a las ideas de orden e higiene propias de la Ilustración y el Academicismo. Por ejemplo, aparece en 1802 el primer cementerio dedicado enteramente a este propósito en Lima, intitulado a su principal promotor: el Presbítero Matías Maestro, fuera de la cinta de murallas de la ciudad, para proteger a los vivos de las posibles enfermedades asociadas a la muerte y los entierros. El gran cambio político de la Independencia no lo fue tanto en lo arquitectónico, urbano o constructivo, pero lentamente nueva infraestructura y transporte rompieron y transformaron el tejido la ciudad histórica: como entonces, la antigua ciudad de Los Reyes de Lima es aún un proyecto en curso. REFERENCIAS BASADRE, Jorge: La multitud, la ciudad y el campo en la historia del Perú. Lima: Mosca Azul, 1980. BAYÓN, Damián: Sociedad y Arquitectura Colonial Sudamericana. Barcelona: Gustavo Gilli S.A., 1974. BONILLA, Enrique (dir.): Lima y el Callao: guía de arquitectura y paisaje. Lima-Sevilla: Universidad Ricardo Palma, Junta de Andalucía, AECID, 2009. COGORNO, Gilda: Agua e Hidráulica Urbana de Lima: Espacio y Gobierno, 1535-1596. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, Instituto Riva-Agüero, 2015. CRESPO RODRÍGUEZ, María Dolores: Arquitectura Doméstica de la Ciudad de los Reyes (1535-1750). Sevilla: CSIC-Escuela de Estudios Hispanoamericanos, Universidad de Sevilla, Diputación de Sevilla, 2006. GARCÍA BRYCE, José: Evolución urbana de Lima. En Homenaje al R.P. Dr. Antonio San Cristóbal. Lima y Arequipa: Universidad Nacional de Ingeniería y Universidad Nacional San Agustín, 2000. GUTIÉRREZ, Ramón: Arquitectura y urbanismo en Iberoamérica. Madrid: Cátedra, 2005. HARTH-TERRE, Emilio: «Hospitales mayores, en Lima, en el primer siglo de su fundación», en Separata de Anales nº 16. Buenos Aires: Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, 1963. MATTOS CÁRDENAS, Leonardo: Urbanismo Andino e Hispano Americano. Ideas y Realizaciones (1530-1830). Lima: Fondo Editorial FAUA, 2004. SAN CRISTÓBAL SEBASTIÁN, Antonio: La Catedral de Lima. Lima: Cabildo Metropolitano de Lima, 1992. SCALETTI, Adriana (ed.): Dos Monasterios Limeños del siglo XVII: Las Descalzas de San Joseph (1603) y Santa Clara (1605). Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2016. VARGAS UGARTE, Rubén: Itinerario por las iglesias del Perú. Lima: Milla Batres, 1972. WALKER, Charles: Colonialismo en ruinas. Lima ante el terremoto y tsunami de 1746. Lima: Instituto Francés de Estudios Andinos-Instituto de Estudios Peruanos, 2012. RECURSOS WEB Biblioteca Municipal de Lima. Munilibros: http://www.biblioteca.munlima.gob.pe/ index.php/biblioteca-virtual.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 132 Sucedió en el Perú: Balcones Limeños: https://www.youtube.com/ watch?v=nHq8jEZefK0&t=391s. Andina: La casa Aliaga: https://www.youtube.com/watch?v=hKe_IGUaCjw. Museos Puertas Abiertas: La Catedral de Lima: https://www.youtube.com/watch?v= PAdINvlexrc. Museos Puertas Abiertas: La Catedral de Lima en la ruta de la muerte: https://www. youtube.com/watch?v=QGxs71hPCHM. Museo y catacumbas de San Francisco de Lima: https://www.youtube.com/watch?v= _bYvTZ5HvIw.
133 de europa a LIma: patrImonIo artístIco vIrreInaL (1545-1675) TIEMPO DE CAMBIOS Desde mediados del siglo XVI se produjo una llegada masiva de bienes artísticos procedentes de la metrópoli con destino a las iglesias y los conventos que se habían fundado en la nueva capital del virreinato del Perú. El objetivo principal era satisfacer las necesidades de las órdenes religiosas en su labor evangelizadora, así como poder cumplir con el decoro exigido en cada una de las celebraciones. Conjuntos escultóricos y series pictóricas importadas adornaron capillas y claustros y las sacristías vieron incrementados sus ajuares con piezas textiles y de orfebrería para el desarrollo de la liturgia. Todo ello permitió a los religiosos recrear una atmósfera lo más parecida a sus lugares de origen, sobre todo, al tener en cuenta el carácter efímero de la «arquitectura de subsistencia» hecha con modestos materiales. Imágenes piadosas también arribaron con los primeros viajeros, quienes se encomendaban a ellas para protegerles durante la arriesgada trayectoria OBJETIVOS ► Conocer las obras de arte procedentes del territorio europeo conservadas en diferentes recintos eclesiásticos del centro histórico de Lima. ► Analizar la trayectoria de los artistas europeos que emigraron con destino a la capital del virreinato del Perú entre los siglos XVI y XVII. ► Poner en valor el fenómeno de los intercambios culturales desarrollado entre el virreinato del Perú y otros reinos hispánicos.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 134 Virgen de la Antigua Primera advocación mariana surgida en Sevilla tras la conquista de la ciudad. Desde las expediciones de Colón poseyó fuertes vínculos americanistas. Archivo General de Indias Uno de los centros documentales más importantes del mundo donde se conserva abundante información sobre los virreinatos americanos. Azulejo Pieza geométrica de barro cocido y vidriado que se pinta de varios colores para decorar superficies. Retablo Estructura de madera o piedra con un diseño arquitectónico que está compuesta por un programa escultórico o pictórico de temática religiosa. marítima. Los lazos devocionales con Sevilla quedaron establecidos hacia 1545 con el envío de una «copia auténtica» de la Virgen de la Antigua de la catedral hispalense por el arcediano Juan de Federigui a la primera sede limeña. Este vínculo seguiría activo con el paso tiempo, tal y como lo demuestran las efigies de la patrona local, la Virgen de los Reyes, en el lienzo de Bernabé de Ayala conservado en el Tribunal Constitucional de Lima y en el cobre con donantes de Francisco Varela del Museo Pedro de Osma. Los registros de navíos existentes en el Archivo General de Indias de Sevilla corroboran la alta demanda de materiales, desde los enseres suntuosos hasta los más básicos, por ejemplo, clavos y herrajes. Dado el monopolio comercial a través del puerto de Sevilla, los talleres de la ciudad con sus renombrados maestros a la cabeza participaron en este fenómeno mercantil con la finalidad de cumplimentar las peticiones procedentes del otro lado del Atlántico. Por medio de las cláusulas de los contratos suscritos se pueden reconstruir con todo detalle estas complejas operaciones en las que se establecerían los requisitos por parte de los diferentes agentes implicados. Uno de los casos más llamativos hace referencia al acuerdo del 7 de mayo de 1640 entre el ceramista Hernando de Valladares y fray Francisco Vega, definidor de la Orden de Santo Domingo en la Provincia de San Juan Bautista del Perú, para el envío de miles de azulejos a su convento en la capital limeña (fig. 1). Ante las dificultades que pudieran surgir una vez recibido el cargamento por parte de los artesanos locales, Valladares redactó las instrucciones a seguir cuando se colocaran en los muros claustrales. Un conjunto similar de zócalos se encuentra repartido en el patio central del convento de San Francisco, de ahí que por sus razones estilísticas se atribuyan al mismo taller sevillano. En cuanto al repertorio iconográfico de los paneles destacan las figuras de miembros de la orden seráfica, entre ellos algunos mártires de la evangelización asiática, ubicados en los pilares de las arquerías y, en la entrada del actual complejo museográfico, un frontal de altar con las santas patronas sevillanas Justa y Rufina junto a la torre de la Giralda. Este último se dispone de igual modo que otro ejemplar idéntico conservado en el Museo de Bellas Artes de la capital andaluza. Entre las remesas escultóricas iniciales con destino a la Ciudad de los Reyes sobresalen las dos tallas ejecutadas a mediados del siglo XVI por el escultor de origen flamenco afincado en Sevilla Roque Balduque y que la tradición ha vinculado con sendos obsequios del emperador Carlos V. La primera de ellas es una imagen de la Virgen con el Niño conocida con el nombre de Nuestra Señora de la Evangelización (fig. 2) que se venera en el retablo de la Concepción de la catedral de Lima, erigido por el artista barroco riojano Asensio de Salas entre 1654 y 1656. La protagonista del encargo fue doña Francisca Pizarro, hija del conquistador y fundador de la ciudad, quien debió costear la hechura de la talla para presidir el altar de la capilla mayor del nuevo templo catedralicio donde serían sepultados los restos de su padre. En
DE EUROPA A LIMA: PATRIMONIO ARTÍSTICO VIRREINAL (1545-1675) 135 cuanto a la segunda obra, se trata de la Virgen del Rosario, titular del convento de Santo Domingo, que fue concertada en 1558 entre el maestro y el obispo electo de Chuquisaca fray Domingo de Santo Tomás y transportada un año más tarde en la Flota de Indias junto a cuarenta religiosos y otros enseres con destino al cenobio limeño. Fue colocada en la hornacina principal del desaparecido retablo de la misma cofradía, cuyo proyecto se diseñó en Sevilla por el afamado escultor Juan Bautista Vázquez el Viejo y el pintor Pedro de Villegas. ECOS Y RECLAMOS Desde fechas tempranas, la sociedad limeña puso sus miras en los encargos artísticos procedentes de la prestigiosa escuela sevillana. Así, el 4 de enero de 1607 Francisco Galiano, vecino de la Ciudad de los Reyes del Perú y residente en la localidad andaluza, contrató con el reputado maestro Juan Martínez Montañés la ejecución de un retablo dedicado a san Juan Bautista, a partir de las trazas arquitectónicas de Diego López Bueno, para la iglesia del monasterio de la Concepción de Lima. Durante quince años se iría enviando en diferentes fases el extenso repertorio escultórico formado por un Figura 1. Hernando de Valladares. Zócalos de azulejos, ca. 1640. Convento de Santo Domingo.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 136 Crucificado, doce escenas de medio relieve de la vida del profeta, los cuatro Doctores, los cuatros Evangelistas y un cuerpo entero junto a una cabeza degollada del santo titular (fig. 3). En el siglo pasado, con motivo de la apertura de la Avenida Abancay, la clausura fue desmantelada y se decidió que el Figura 2. Nuestra Señora de la Evangelización, ca. 1555. Roque Balduque. Catedral metropolitana de Lima.
DE EUROPA A LIMA: PATRIMONIO ARTÍSTICO VIRREINAL (1545-1675) 137 Figura 3. Retablo de San Juan Bautista. 1607-1628. Juan Martínez Montañés. Catedral metropolitana de Lima.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 144 Santa Fe de Bogotá se estableció en la Ciudad de los Reyes hacia 1600. Allí recibió diferentes encargos de los mercedarios, los agustinos y los descalzos del Rímac y en su taller se formaron los pintores cuzqueños Pedro Loayza y Luis de Riaño. Una de sus obras emblemáticas fue el retrato post-mor- tem de la terciaria dominica Isabel Flores Oliva, futura santa Rosa de Lima. Del extenso imaginario desplegado a raíz del proceso de elevación a los altares sobresaldrá la deslumbrante escultura barroca labrada en mármol por el maltés Melchiorre Cafà y obsequiada por el papa Clemente XI a la comunidad de dominicos de Lima para conmemorar su beatificación en 1668 (fig. 8). REFERENCIAS BERNALES BALLESTEROS, Jorge: «Una pintura original de Bernabé de Ayala en Lima», Archivo Hispalense, 153. Sevilla: Universidad de Sevilla, 1969, pp. 175-179. BERNALES BALLESTEROS, Jorge: «Juan de Mesa en Lima», Archivo Hispalense, p.168. Sevilla: Universidad de Sevilla, 1972, pp. 77-84. BERNALES BALLESTEROS, Jorge: «Mateo Pérez de Alesio, pintor romano en Sevilla y Lima», Archivo Hispalense, 171-172. Sevilla: Universidad de Sevilla, 1973, pp.221-271. BERNALES BALLESTEROS, Jorge: «Dos Menas en Lima», Anuario de Estudios Americanos, p. 31. Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1974, pp. 79-89. BERNALES BALLESTEROS, Jorge: «Esculturas de Roque de Balduque y su círculo en Andalucía y América», Anuario de Estudios Americanos, 34. Sevilla: 1977, pp.349-371. HALCÓN, Fátima: «El pintor Juan de Uceda: Sus relaciones artísticas con Sevilla y Lima», Laboratorio de Arte, 15. Sevilla: Universidad de Sevilla, 2002, pp. 373-381. HERNÁNDEZ DÍAZ, José: Martínez Montañés en Lima. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1965. MORALES, Alfredo J.: «Notas sobre el comercio artístico entre España y América», en Luis Sazatornil Ruiz, Arte y mecenazgo indiano. Del Cantábrico al Caribe. Gijón: Trea, 2007, pp. 67-88. MUJICA PINILLA, Ramón; WUFFARDEN REVILLA, Luis Eduardo y DEJO BENDEZÚ, Juan (coords.): San Pedro de Lima. Iglesia del Antiguo Colegio Máximo de San Pablo. Lima: Banco de Crédito del Perú, 2019. PAZ SOLDÁN BOZA, Mariano Felipe: «Panorama de la pintura virreinal peruana: Escuela limeña», en VV.AA., Barroco andino. Memoria del I encuentro internacional. Pamplona: Fundación Visión Cultural; Universidad de Navarra, 2011, pp.229-244. RAMOS SOSA, Rafael: «Una pintura de la Virgen de los Reyes de Francisco Varela en Lima», Boletín de las Cofradías de Sevilla, 477. Sevilla: Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla, 1998, pp. 32-33. RAMOS SOSA, Rafael: «Martín Alonso de Mesa, escultor y ensamblador (Sevilla ca. 1573-Lima 1626)», Anales del Museo de América, 8. Madrid: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, 2000, pp. 45-63.
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147 La semana santa de LIma y sus cofradías: una fIesta hacIa Los cInco sIgLos ¿QUÉ ES LA SEMANA SANTA? Si nos atenemos a la definición clásica responderíamos que se trata de la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, que se celebra cada año haciendo coincidir el Domingo de Pascua con la primera Luna llena tras el equinoccio de marzo y que se festeja de formas muy diferentes en el Mundo, al menos desde el Concilio de Nicea (325 a. C.). Con estas premisas, en Europa la Semana Santa fue evolucionando en sus manifestaciones. Desde las celebraciones de los primeros cristianos, austeras, sin regularización hasta la intervención del emperador Constantino y con ritos privados para la comunidad participante, se pasaría durante la Edad Media a configurar unas celebraciones públicas, codificadas y con la asistencia de todo el pueblo. En este tránsito, como en muchas de las transformaciones del cristianismo desde la Plena Edad Media, el papel de la orden de frailes menores y su fundador, San Francisco de Asís, fue decisivo. El fraile italiano estipuló que sus hermanos rezaran el vía crucis para conmemorar la Pasión y Muerte de Jesús y, tras la concesión de la guarda de los OBJETIVOS ► Conocer el pasado de una fiesta existente en la ciudad desde su fundación hasta nuestros días. ► Analizar su evolución y detectar qué ha permanecido de la Semana Santa colonial y republicana en el siglo XXI. Concilio Reunión de obispos y otros clérigos para deliberar sobre cuestiones de Fe, organización o disciplina. Constantino el Grande Emperador romano entre el 306 y el 337 d. C., reunificó el Imperio y promulgó en el año 313 el Edicto de Milán, por el cual liberó el culto y suprimió la persecución de los cristianos. Vía Crucis Rezo originario del siglo XII que conmemora en catorce estaciones la Pasión de Cristo, desde la sentencia a muerte al entierro.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 148 Cofradías Entidades de agrupación civil de origen romano, que durante la Edad Media transformaron sus fines hacia lo religioso. Su nombre deriva del latín co- (en unión, junto a) y frater (hermano). Santos Lugares en Jerusalén a los franciscanos, la práctica se popularizó. De esta manera quedaron fijados los hechos que tuvieron lugar desde la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén hasta su crucifixión y traslado al sepulcro cinco días más tarde. Esta reglamentación temporal de los hechos ocurridos durante la Semana Santa y la crisis económica, social y sanitaria originadas por la gran epidemia de peste negra desatada en 1349, provocaron que la población europea se refugiase en su espiritualidad en busca de consuelo y en sus vecinos para obtener socorro material. Fue así como nacieron las cofradías o hermandades, unas asociaciones de laicos reunidas en torno a una devoción concreta a la que profesar culto y con la finalidad de ofrecer a sus miembros auxilio mutuo y seguridad frente a la muerte, o lo que es lo mismo, un entierro cristiano. Además, estas agrupaciones fueron las encargadas de trasladar a las calles su piedad por medio de procesiones en la Semana de Pasión. Tenemos, por tanto, configurada la Semana Santa en Europa y un modelo de celebraciones que irá fraguando una estética e identidad propia desde las postrimerías del siglo XV. Pero ¿qué ocurrió en América? LAS PRIMERAS CELEBRACIONES DE LA SEMANA SANTA EN AMÉRICA Las primeras celebraciones de la Semana Santa en América datan del segundo viaje de Cristóbal Colón (1493-1496). Durante el primer Descubrimiento colombino no coincidieron las fechas, pero en la segunda expedición sí vivieron la Semana Santa. Este nuevo viaje tuvo un carácter plenamente colonizador y por esa razón entre los hombres y mujeres embarcados fueron varios clérigos. A ellos correspondió la organización y celebración de la primera Semana Santa en América en el año 1494. El 6 de enero de ese año Colón fundó la ciudad de la Isabela al norte de la isla de Santo Domingo y será éste el lugar de la conmemoración pasionista. En esta urbe en construcción los frailes Bernardino de Boyl (orden de los Mínimos) y Ramón Pané (orden de los jerónimos) dispusieron las Eucaristías propias del Domingo de Ramos, Jueves y Viernes Santo y Pascua de Resurrección y el rezo por las calles de un vía crucis presidido por una simple cruz de madera. Lo llevado a cabo en Santo Domingo se extendería por el resto de las ciudades fundadas por los españoles en el mar Caribe y pasaría al continente americano tras la conquista de México por Hernán Cortés (1519-1521). De la misma manera llegaría al Perú tras la conquista por Francisco Pizarro (1532- 1535) y sería a partir de la fundación de la Ciudad de los Reyes en 1535 cuando las celebraciones pasionistas se asentaron definitivamente y hasta nuestros días en suelo peruano. Pero si nos preguntamos por cómo fueron estas primeras celebraciones de la Semana Santa en Lima debemos volver a trasladarnos a Europa.
LA SEMANA SANTA DE LIMA Y SUS COFRADÍAS: UNA FIESTA HACIA LOS CINCO SIGLOS 149 Hacha Vela de cera, grande y gruesa, de forma por lo común de prisma cuadrangular y con cuatro pabilos. Vivae vocis oraculo Es la forma de referirse en Derecho romano y pontificio a una decisión que se toma de forma oral y posteriormente se traslada a papel. En 1468 la cofradía de la Vera Cruz de Toledo realizó su primera procesión en la noche del Jueves al Viernes Santo. Los cofrades toledanos acompañaron a una cruz alzada rezando el vía crucis por las calles de la ciudad y durante todo el recorrido fueron penitenciándose de varias formas: cargando un leño, flagelándose la espalda o portando un hacha para iluminar el camino de esos cofrades de sangre. El modelo ofrecido por la Vera Cruz de Toledo rápidamente se extendió por otras cofradías peninsulares de la misma advocación, entre otras la corporación sevillana que había nacido en 1448. Sin embargo, los cofrades nunca dejaron de preguntarse si esta forma de conmemorar la Pasión y Muerte de Cristo tenía validez espiritual. Para resolver esta duda el papa Paulo III dictó un Vivae vocis oraculo en 1536, dirigido a los cofrades toledanos, confirmando las gracias que con estas penitencias se podían alcanzar. La noticia llegada desde Roma se extendió por toda España y no tardó en llegar a América. Junto a las noticias del Papa, al Perú llegó el modelo cofradiero que se tomaría. Para celebrar la Semana Santa el ejemplo en boga fue el sevillano. En la ciudad hispalense las fiestas pasionistas habían ido en incremento desde el último cuarto del siglo XV y experimentaron un impulso significativo a partir de 1521. Ese año el marqués de Tarifa, don Fadrique Enríquez de Ribera, tras regresar de su peregrinaje a Jerusalén señaló un vía crucis en la ciudad de Sevilla que, desde su palacio conocido a partir de entonces como «la Casa de Pilatos», conmemoraría las estaciones pasionistas hasta el humilladero de la Cruz del Campo, emplazado en las afueras de la ciudad (fig. 1). A partir de este hecho las cofradías de penitencia proliferarían en Sevilla y comenzaron a rendir culto no solo a la cruz, sino también a diversos pasajes de la Pasión Figura 1. La Cruz del Campo, Sevilla. Domínguez Bécquer, 1854.
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 150 Bordón Bastón o palo más alto que la estatura de una persona adulta, con punta de hierro y en el medio de la cabeza unos botones que lo adornan. Solía usarse como símbolo de la autoridad capitular. y Muerte de Cristo, con especial énfasis en la Sangre, la Crucifixión o Jesús con la cruz a cuestas. LA SEMANA SANTA EN LA LIMA DEL SIGLO XVI: NACIMIENTO Y REGULACIÓN Todas estas cofradías sevillanas quedaron organizadas mediante diversos reglamentos aprobados por la autoridad eclesiástica y esta forma de asociacionismo y sus advocaciones fueron las que tomó Francisco Pizarro para fundar la primera cofradía de Lima en 1540: la cofradía de la Vera Cruz, establecida junto al convento de los padres dominicos. Desde este año ya especulamos con una Semana Santa limeña establecida, con su procesión en la noche del Jueves Santo, sus cofrades disciplinantes y de luz y sus andas y pendones. No obstante, para tener referencias ciertas de las celebraciones pasionistas en la Ciudad de los Reyes hemos de esperar hasta 1544. Ese año el Cabildo urbano ya hizo mención de que se respetasen los días de ayuno cuaresmales y que, especialmente, durante los cultos y procesiones de la Semana Santa no se permitiese el abasto de carne. El propio Cabildo de Lima fue la institución que años más tarde ofreció los primeros datos concretos de cómo se celebraba la Semana Santa en la ciudad. Alcaldes y regidores participaban en la procesión de Semana Santa del Jueves Santo, la organizada por la cofradía de la Vera Cruz. En ella, los capitulares formaban parte del cortejo, en sus últimas secciones, portando hachas de luz y los bordones que los distinguían como autoridades urbanas. Además, antes de la procesión los miembros del Cabildo realizarían un paseo por la ciudad escoltando el Pendón Real, el cual también formaría parte del cortejo de la Vera Cruz. Todos los gastos que esta participación generaba –recordemos que las hachas y las velas eran productos de un elevado coste–, así como las palmas que los regidores portaban en la procesión del Cabildo catedralicio el Domingo de Ramos, corrieron siempre a cargo de la institución municipal. La piedad y devoción generada por la cofradía de la Vera Cruz sirvió de ejemplo para que en Lima comenzasen a erigirse otras corporaciones. Así, conocemos que con el apoyo de los comerciantes se fundó en 1559 la cofradía de la Piedad en el convento de la Merced. Los miembros de la Audiencia de Lima también financiarían en una primera etapa la creación de la cofradía de la Soledad en el convento de San Francisco en 1571. Incluso los militares establecidos en la ciudad crearían su propia cofradía bajo la advocación del Santo Cristo de Burgos en 1574 en el convento de San Agustín. Los españoles y criollos blancos avecindados en Lima establecerían sus corporaciones, pero el fenómeno se extendió también entre indígenas –fundaron oficialmente la cofradía de Nuestra Señora de Copacabana en 1596 y otras muchas más–, población afrodescendiente (en su mayoría esclava) –la autoridad
LA SEMANA SANTA DE LIMA Y SUS COFRADÍAS: UNA FIESTA HACIA LOS CINCO SIGLOS 151 Noventa y cinco tesis Lista de proposiciones para un debate académico escrita por Martin Lutero, profesor de Teología de la Universidad de Wittenberg, en 1517, que dio comienzo a la Reforma protestante. Patronato Regio Conjunto de privilegios y facultades especiales que los papas concedieron a los reyes de distintas monarquías europeas del Antiguo Régimen. eclesiástica aceptó la existencia de su cofradía de Nuestra Señora de la Antigua en 1569– y mulatos, originando una constelación de cofradías activas en la ciudad durante la segunda mitad del siglo XVI. Ante esta explosión cofradiera el Cabildo de la ciudad hubo de establecer normas y recorridos para las procesiones a partir de 1576, pues estas medidas eran necesarias y tomadas como una forma de prevención ante conflictos entre cofrades, los cuales en algunos casos acabaron en acciones violentas. Además, desde el Arzobispado de Lima se incluyó a las cofradías dentro de la jurisdicción del Juzgado de Obras Pías, Testamentos y Capellanías, pues eran una realidad palpable de la Iglesia limeña y comenzaban a movilizar un número importante de cofrades y, por qué no decirlo, de pesos. Pero la gran regulación de las cofradías de Lima dependió, nuevamente, de lo que ocurría en Europa. Las turbulencias originadas por la publicación de las Noventa y cinco tesis de Martín Lutero en 1517 desestabilizaron el tablero del cristianismo en Europa y exigieron una respuesta organizada e intelectual por parte de la Iglesia Católica. Todo ello desembocó en la celebración del Concilio de Trento (1545-1563), donde se rebatieron las reformas protestantes y se asentaron las bases del catolicismo en cuestiones tan importantes como el culto eucarístico, la veneración a María y los santos, la regulación de los sacramentos, la erección de seminarios o la autoridad del sumo pontífice. Pero en este Concilio también fue aprobado y regulado el culto a las advocaciones de Cristo, la Virgen o lo santos a través de las imágenes. En este punto fue abordada la cuestión de las cofradías y aceptadas como un medio adecuado para alcanzar el Cielo y satisfacer las penas de los pecados mediante la penitencia. Así, no solo quedaron autorizadas las cofradías existentes, sino que se alentó a la creación de nuevas agrupaciones en todo el mundo hispánico. Los resultados tridentinos alcanzaron a la Iglesia en América a través de las disposiciones que para ello dictó el Consejo de Indias en virtud del Patronato Regio. En el caso peruano, todo ello se tradujo en la convocatoria del III Concilio de Lima entre 1582 y 1583. La convocatoria de esta reunión pastoral correspondió al recién llegado arzobispo Toribio de Mogrovejo (1579-1606), quién tomó a su cargo una Archidiócesis que llevaba vacante seis años. La tarea de Mogrovejo comenzó por poner límite a la intervención que los virreyes hacían en la Iglesia peruana en virtud del Patronato Regio y, seguidamente, con la aplicación de las doctrinas salidas de Trento. De entre todas ellas, por lo que a nosotros interesa aquí, destacaríamos el impulso al culto eucarístico y la veneración de Cristo, la Virgen y los santos a través de representaciones artísticas de cierta unción sacra y valía material. El resultado de la labor de quien posteriormente sería Santo Toribio de Mogrovejo no se hizo esperar. El III Concilio de Lima se tradujo en un crecimiento exponencial del número de cofradías que radicaban en la Ciudad de
HISTORIA, PATRIMONIO E IDENTIDADES 152 Cofradías sacramentales Aquellas que daban culto a la Eucaristía. Cofradías penitenciales Aquellas que tenían como finalidad realizar actos de penitencia durante la Semana Santa. Cofradías letíficas Aquellas que rendían culto a Cristo, la Virgen María o los santos en sus pasajes gloriosos. Corpus Christi Festividad católica en la que se celebra la institución de la Eucaristía sesenta días después del Domingo de Resurrección o Pascua. los Reyes, ya sean de diferente tipo cultual (sacramentales, penitenciales o letíficas) y de naturaleza racial o gremial distinta (de españoles, criollos, indígenas, negros, mestizos, carpinteros, plateros, escribanos, etc.) (fig.2). Pero no solo ello, desde que se publicaron las conclusiones de esta reunión entraron en vigor en la Archidiócesis de Lima una serie de normas específicas para las cofradías que, en buena medida, han llegado hasta nuestros días. Estos cánones estipulaban que todas las cofradías que se creasen debían obtener una aprobación por parte del Arzobispado; que cada corporación debía estar regida por unas reglas o constituciones que estipulasen con el mayor detalle posible la vida anual de la misma, esto es, actividad cultual, órganos de gobierno, gestión económica, ayuda mutua entre sus componentes o, algo importante, obligaciones ante la muerte. Pero también las disposiciones conciliares de 1583 obligaron a las cofradías a participar de cuantas procesiones generales existiesen en la ciudad, con especial relevancia, por el auge del culto sacramental, del Corpus Christi; o a admitir sin protesta posible la tutela y auditoría constante del Juzgado de Obras Pías, Capellanías y Cofradías, dependiente del arzobispo limeño. Figura 2. Resultados del III Concilio de Lima.
LA SEMANA SANTA DE LIMA Y SUS COFRADÍAS: UNA FIESTA HACIA LOS CINCO SIGLOS 153 Triduo Pascual Celebraciones y oficios que se celebran durante la jornada del Jueves Santo, Viernes Santo y Domingo de Resurrección. Barroco Movimiento artístico que se desarrolla en Europa y América durante los siglos XVII y XVIII y que es característico por su riqueza ornamental o la complejidad y dinamismo de sus formas. De esta manera quedó configurada una Semana Santa en la Ciudad de los Reyes cuya forma de organización y procesión quedó casi inalterada hasta el siglo XIX. Pero desde el último tercio del Quinientos lo que experimentó el mundo cofradiero limeño no fue otra cosa que un auge. La explosión de cofradías, de toda naturaleza y etnias, fue tal que requirieron de severas intervenciones de la Iglesia (regulación cultual), el Cabildo de la ciudad (ordenación de los recorridos procesionales) y el virrey (garante del orden público), pues estas asociaciones de laicos habían crecido tanto que se crearon entre ellas auténticas rivalidades. EL ESPLENDOR DE LA SEMANA SANTA LIMEÑA: SIGLO XVII De esta manera llegaríamos al que puede ser considerado uno de los momentos de mayor esplendor de la Semana Santa de Lima: el gobierno del virrey conde de Chinchón entre 1629 y 1639. Durante esa década se asentaron una serie de cofradías y sus procesiones durante el Triduo Pascual que ofrecieron ante la ciudad un espectáculo penitencial que ya caminaba hacia un barroco pleno. Así, el Miércoles Santo desde el convento de Santo Domingo, en una capilla que aún existe a los pies del templo, realizaría su estación de penitencia la cofradía de Jesús Nazareno. El Jueves Santo, al finalizar la conmemoración sacramental In coena Domini («en la cena del Señor»), comenzaban dos de las mayores y más antiguas procesiones de Lima, lo cual fue fuente de conflictos y rivalidades durante el siglo XVII. Nos referimos a la salida de la cofradía de la Vera Cruz desde su capilla anexa, todavía en pie, al convento de Santo Domingo y a la cofradía del Santo Cristo de Burgos, que procesionaba desde el convento de San Agustín. El Viernes Santo volvían a transcurrir por las calles de Lima dos cofradías: la corporación de Nuestra Señora de la Piedad, radicada en el convento de la Merced, y la de la Soledad, asentada en el convento de San Francisco. El Sábado Santo, cumpliendo los preceptos, no se celebraba ninguna procesión ni acto cultual, pues era la señal de respeto hacia la muerte y sepultura de Cristo. Pero todo cambiaba al amanecer del día siguiente, el Domingo de Resurrección. Las fiestas comenzaban al alba con el repicar de todas las campanas de la ciudad y la celebración de la Pascua, en la cual además de una Eucaristía con carácter renovador, se encendía el gran cirio pascual y se cantaba, entre otras composiciones, el «pregón pascual». Acabados estos cultos, desde el convento de San Agustín realizaba su procesión letífica la cofradía de Jesús Resucitado y la jornada continuaba como fiesta para todos los limeños. Esta fue la configuración normal de la Semana Santa de la Ciudad de los Reyes durante el siglo XVII, pero no cada año pudieron hacer estación de penitencia estas cofradías, pues para que ello ocurriera debían disponer de cierta cantidad económica que no siempre tuvieron ni satisfizo algún devoto. En cualquier caso, de los años que sí salieron las cofradías a las calles