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ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 14, enero-diciembre 2017, e064 Madrid / Vitoria ISSN-L: 1695-2731 doi: http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2017.021 VARIA Sobre Arqueología y Arquitectura en Medina Azahara. Entrevista a Rafael Manzano Martos On Archeology and Architecture in Medina Azahara. Interview with Rafael Manzano Martos Julia Manzano Pérez de Guzmán1, Pedro Barrero Ortega2, Antonio Gámiz Gordo3 Universidad de Sevilla RESUMEN Rafael Manzano Martos, arquitecto y catedrático, dirigió Medina Azahara entre 1975 y 1985. La entrevista, ilustrada con fotos inéditas de su archivo privado, empieza recordando sus inicios en la arqueología y sus maestros Torres Balbás, Chueca Goitia, Gómez Moreno e Íñiguez Almech, con quienes se formó como restaurador de monumentos e historiador. Se comentan los criterios y el lenguaje de su importante intervención en el Salón Rico, tras hablar de su antecesor Félix Hernández y su contexto profesional. Se citan también sus intervenciones en el palacio de Yaafar, en la Dar al-Mulk, y en la Dar al-Yund. Se recuerdan sus inquietudes sobre la urbanística del conjunto, su jardinería, la traída de agua y electricidad, y la escasez de medios económicos o personales. Finalmente se comentan algunas singularidades de Medina Azahara, donde confluye su visión como arquitecto con la historia y la arqueología. Palabras clave: Córdoba califal; Rafael Manzano; intervenciones; siglo XX. ABSTRACT Professor Rafael Manzano Martos, architect, was the director of the Madinat al-Zahra archeological site 1975- 1985. The interview, ilustrated with unpublished photos from his private archives, starts by recalling his beginnings in archeology and his masters Torres Balbás, Chueca Goitia, Gómez Moreno and Íñiguez Almech, with whom he trained as restorer of monuments and historian. The criteria and language of his important intervention in the “Salón Rico” are discussed after talking about his predecessor Félix Hernández and his professional context. His interventions in the “palacio de Yaafar”, in “Dar al-Mulk”, and in “Dar al-Yund” are also mentioned. His concerns about urban planning, gardening, water and electricity, and the scarcity of economic resources and understaffing are recalled. Finally, some singularities of Madinat al-Zahra are discussed, where his vision as an architect converges with history and archeology. Key words: Cordoba Caliphate; Rafael Manzano; interventions; 20th century. Recibido: 16-06-2017. Aceptado: 20-07-2017. Publicado online: 19-12-2017 Cómo citar este artículo / Citation Manzano Pérez de Guzmán, J., Barrero Ortega, P. y Gámiz Gordo, A., 2017: “Sobre Arqueología y Arquitectura en Medina Azahara. Entrevista a Rafael Manzano Martos”, Arqueología de la Arquitectura, 14: e064, doi: http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2017.021. Copyright © 2017 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de una licencia de uso y distribución Creative Commons Attribution (CC-by) España 3.0. 1 [email protected] / ORCID iD: http://orcid.org/0000-0002-1656-0323 2 [email protected] / ORCID iD: http://orcid.org/0000-0002-0751-8713 3 [email protected] / ORCID iD: http://orcid.org/0000-0001-6188-3167
SOBRE ARQUEOLOGÍA Y ARQUITECTURA EN MEDINA AZAHARA. ENTREVISTA A RAFAEL MANZANO MARTOS Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2017.021 ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 14, enero-diciembre 2017, e064 2 Hernández; en la antigua Dar al Yund, o palacio militar de planta basilical, que pretendía cubrir para organizar un pequeño museo; en el Salón Occidental o Dar al- Mulk, que había excavado D. Ricardo Velázquez Bosco; en el palacio de Yaafar, en su inmediato patio y jardín de la Alberquilla; y en los grandes arcos de la al-Muzara o Plaza de Armas. En abril de 2016 Rafael Manzano Martos fue condecorado con la Medalla de Honor de las Academias de Andalucía. ENTREVISTA REALIZADA EL 31 DE MARZO DE 2016 (REVISADA EN 2017) ¿Recuerda cómo se inició su interés por la arqueología? Mis inicios en la arqueología fueron muy tempranos y precoces. Fui muy amigo en Jerez de quien considero mi primer maestro, D. Manuel Esteve Guerrero, un gran arqueólogo e historiador del arte que hizo la primera guía conocida de Jerez, cuando todo el mundo venía a la ciudad tan solo a visitar sus bodegas, y a nadie se le ocurría ver las obras magistrales de arquitectura o su prodigiosa colección de iglesias y conventos. BREVES DATOS BIOGRÁFICOS Rafael Manzano Martos nació en Cádiz, el 6 de noviembre de 1936. Estudió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, donde se tituló en 1961. Fue discípulo escolar y extraescolar de los profesores Gómez Moreno, Torres Balbás, Íñiguez Almech, y Chueca Goitia, en cuyo estudio profesional colaboró durante toda su carrera y completó su formación profesional como arquitecto, restaurador de monumentos, e historiador del arte, de la arquitectura y del urbanismo. En esa etapa fue colaborador de la Escuela de Estudios Árabes (Instituto Asín Palacios del CSIC) donde cultivó su temprano interés por la historia y la arqueología islámica. Al terminar su carrera, en 1961 se incorporó como arquitecto a la Dirección General de Bellas Artes, trabajando en la zona de Andalucía Occidental hasta 1982. También se incorporó al Servicio de Ordenación de Ciudades de Interés Artístico Nacional de la Dirección General de Arquitectura con trabajos en Galicia, Cataluña, Toledo, Toro, Alarcón, Valencia, Morella, y Andalucía, entre 1963 y 1970, cuando pidió excedencia para ocupar la Dirección del Alcázar de Sevilla. Impartió docencia en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, y desde 1966 en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, donde obtuvo por oposición la cátedra de Historia de la Arquitectura y del Urbanismo – Teoría y Técnica de la Restauración de Monumentos. Allí ha impartido su docencia durante cerca de 40 años, siendo sucesivamente Secretario, Subdirector-Jefe de estudios, y finalmente Director-Decano entre 1974 y 1978. Desde 1970 a 1988 fue Director-Conservador-Al- caide de los Reales Alcázares de Sevilla, tras la muerte de Joaquín Romero Murube, bajo cuya dirección ya venía realizando obras de restauración en los mismos. Allí excavó el palacio islámico ubicado en el solar en el que luego se asentaría la Casa de la Contratación de las Indias. También encontró los restos de una basílica paleocristiana en el patio de Banderas del Alcázar, intervino en el mirador medieval del palacio del Rey Don Pedro, y acometió otras diversas restauraciones en los patios del Asistente, de Levíes, del Crucero, del Sol, del Alcaide, del Yeso, de las Doncellas, etc. En el ámbito arqueológico cabe destacar sus trabajos en la ciudad califal de Medina Azahara en Córdoba, de la que fue Director-Conservador entre 1975 y 1985. Intervino en sus más importantes áreas: en el Salón Rico, donde continuó la labor iniciada por D. Félix Fig. 1. D. Rafael Manzano Martos (foto Alberto Carrasco).
Julia Manzano Pérez de GuzMán, Pedro Barrero orteGa, antonio GáMiz Gordo ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 14, enero-diciembre 2017, e064 Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2017.021 3 de la España Musulmana, en un magnífico artículo en el Boletín de la Real Academia de la Historia. Con Fernando Chueca actué en algunos monumentos medievales cuando era estudiante, y al terminar la carrera me estaban esperando tanto la Dirección General de Bellas Artes como la de Arquitectura para darme trabajo. Hoy lastimosamente las cosas no son así para los jóvenes. Yo era el único arquitecto de la Escuela de Arquitectura que, desde los años anteriores a la guerra, se había venido preparando durante la carrera para la restauración de monumentos. Ninguno de mis compañeros, ni de cursos anteriores al mío, ni de los inmediatamente posteriores, se había ocupado de ello. Yo había trabajado con D. Leopoldo Torres Balbás, después con D. Fernando Chueca Goitia y con D. Manuel Gómez Moreno, y estábamos preparando un libro de la historia de la arquitectura española antigua y medieval. En España, que aún estaba en la postguerra, había mucho que hacer en materia de restauración de monumentos. ¿Cómo fueron sus inicios profesionales en relación con la arqueología? Según he comentado tuve trabajo el mismo día en que terminé la carrera. Me llamaron de la Dirección General de Bellas Artes para que prestase allí mis servicios, y enseguida me confiaron trabajos en los que tuve que hacer evidentemente alguna labor de carácter arqueológico. Siempre que se actúa sobre un monumento se está tocando su arqueología. El historiador o el restaurador de la arquitectura utiliza conocimientos arqueológicos de diversas épocas, prehistórica, romana, visigótica, medieval, e incluso yo diría que hay arqueología de época moderna e industrial. El monumento siempre obliga a estudiar su estado inicial, su pasado y su presente, y eso en el fondo tiene una sistemática afrontada por la arqueología, como forma de documentar y fechar lo que se está restaurando. Por tanto, el historiador del arte y el restaurador de monumentos están siempre con la arqueología en la mano y al servicio de esa arqueología; así como la arqueología está al servicio del arquitecto para documentarlo y capacitarlo, para tocar lo que es muy delicado, pues todo monumento tiene su pasado. Se puede decir que yo nunca he actuado como arqueólogo, he actuado como arquitecto al servicio de la arqueología, que es distinto. Así, en casi todas mis actuaciones en Medina Azahara, lo que hice fue ordenar, recolocar, organizar y reestructurar los restos heredados de excavaciones anteriores. Él excavaba en Jerez un yacimiento antiguo y medieval en el que pensaba que podía estar el solar de la antigua Tartessos. Eran las ruinas de Asta Regia, que se han tenido por origen de Jerez, aunque yo no creo que la ciudad tuviera allí su origen, ni que ésta fuese la capital de Tartessos, pero desde luego fue una ciudad tartésica, cuya cerámica él exploró y delimitó como específica de aquella cultura. Yo le acompañé y le ayudé a levantar planos. Mis primeros conocimientos de la técnica arqueológica se deben a su magisterio. ¿Le hablaron como estudiante sobre las relaciones entre arquitectura y arqueología? No, porque yo estudié en una Escuela de Arquitectura en la que entonces se odiaba la arqueología, la arquitectura del pasado y todo lo que significara historia, como ya la odió la Bauhaus. Todos se sentían muy fieles a la anti-historia, porque como Walter Gropius creía, pensaban que la historia de la arquitectura había hecho mucho daño al arquitecto y lo había ido rezagando por el camino de la copia, de la tradición y del clasicismo, del cual había que huir y renegar profundamente. Esa era en aquel tiempo la actitud en la Escuela de Arquitectura de Madrid y de su hermana la de Barcelona. ¿Con qué maestros se formó en el mundo de la arqueología? D. Leopoldo Torres Balbás fue sin duda mi maestro. Fue un magnífico profesor formado en la Institución Libre de Enseñanza, y además el gran restaurador de la Alhambra de Granada. Admirábamos su prestigio y le queríamos porque era un hombre profundamente liberal, y era un pedagogo magnífico. Mantuve con él una amistad y una convivencia fantástica. Recuerdo que le acompañé en un viaje hasta Alcalá la Vieja, aunque en realidad la más vieja fue la antigua Complutum, que primero estuvo en el cerro del Viso, luego se trasladó a la llamada Qalat abd el Salam (Alcalá la vieja), y después volvió a trasladarse al otro lado del río, al solar de la actual Alcalá de Henares. En aquella visita tuvimos que vadear el Henares, porque él pensaba, según unas cartillas de la Sociedad Española de Excursiones, que había una barca para cruzar, pero ya no existía, tan solo quedaba el palo a donde se amarraba en la orilla. De Qalat abd al-Salam levantamos planos, la estudiamos y él la publicó entre las ciudades yermas
SOBRE ARQUEOLOGÍA Y ARQUITECTURA EN MEDINA AZAHARA. ENTREVISTA A RAFAEL MANZANO MARTOS Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2017.021 ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 14, enero-diciembre 2017, e064 4 En mis inicios profesionales mantuve mucho contacto con D. Fernando Chueca, que era más arquitecto que arqueólogo, y aún más historiador de la arquitectura que restaurador de monumentos. Con él acometí intervenciones modestas, dotadas de muy escaso presupuesto. Trabajé como colaborador suyo al servicio de la Dirección General de Bellas Artes en la zona de Aragón, de Navarra, del País Vasco, con actuaciones anuales que consistían en arreglar las partes más en riesgo de ruina de monumentos afectados, nunca se llegaba a una restauración integral. Casi siempre el dinero se acababa antes de terminar el año y había que esperar hasta la Fig. 2. D. Manuel Esteve Guerrero (Archivo privado Rafael Esteve González). Fig. 3. D. Leopoldo Torres Balbás (Archivo privado R. Manzano). Fig. 4. D. Fernando Chueca Goitia (ARM). Fig. 5. D. Manuel Gómez Moreno (ARM). Fig. 6. D. Francisco Íñiguez Almech (ARM). Fig. 7. D. Félix Hernández Giménez (ARM). actuación del año siguiente, que dependía de la dotación que la Dirección General de Bellas Artes pudiese asignar. También trabajé al lado de D. Francisco Íñiguez y seguí sus trabajos en la Aljafería de Zaragoza, donde aprendí de arquitectura islámica, en la que yo estaba muy interesado, y en la cual D. Leopoldo era una autoridad. El propio Chueca también sabía mucho de arquitectura hispanomusulmana aunque no fuera un arqueólogo especializado en ese tema; pero en el Manifiesto de la Alhambra dejó escrita una teoría muy poética de su valor frente a la arquitectura del futuro. Trabajé mucho con
Julia Manzano Pérez de GuzMán, Pedro Barrero orteGa, antonio GáMiz Gordo ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 14, enero-diciembre 2017, e064 Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2017.021 5 todos ellos, sobre todo con D. Manuel Gómez Moreno, que a pesar de su afición y talento para el estudio de la arquitectura, era un arqueólogo puro, hijo de un gran arqueólogo, además de pintor, que estuvo pensionado en Roma, y por ello en su juventud se imbuyó allí de clasicismo y de fervor por la arquitectura y la arqueología. Seguramente su actividad en Medina Azahara ha sido una de las más importantes en su carrera profesional. ¿Cuáles son sus primeros recuerdos de este lugar? Efectivamente una de las actividades que más me han marcado personalmente ha sido mi trabajo en Medina Azahara. Mantengo una importante nostalgia de ello, aunque recientemente he vuelto a trabajar allí, según comentaré después. Visité Medina Azahara muy joven, cuando D. Félix Hernández era director del monumento, allá por los años cincuenta, incluso antes de ser estudiante de arquitectura. También hice una visita cuando estaba terminando la carrera, en un viaje de una semana por Andalucía dirigido por D. Francisco Íñiguez. Como yo conocía muy bien todos los monumentos, el propio Íñiguez me pidió que los explicase, y tuve la satisfacción de hacerlo a mis compañeros. Lo pasamos muy bien, fue un viaje fantástico y D. Félix nos acompañó a Medina Azahara, donde ofreció primorosas explicaciones conmigo. Era un gran arqueólogo, más arqueólogo que arquitecto. Luego, cuando empecé a dar clase en la Escuela de Arquitectura de Madrid, el primer año vinimos al sur, y también llevé a los alumnos a Medina Azahara. Poco después me llamó el entonces Director General de Bellas Artes, Gratiniano Nieto, y me dijo que debía irme a Andalucía, a Córdoba, donde me darían algún trabajo, y me pidieron que hablase con D. Félix y con el alcalde de Córdoba. Querían que ayudase a D. Félix, que era muy mayor, pues pensaban que, tras su jubilación, haría falta alguien que conociera a fondo el monumento para seguir actuando sobre él. Visité al alcalde de Córdoba y me dijo que tenían un gran problema con muchas casas cordobesas, más o menos monumentales, que querían derribar y que la gran incomprensión entre los arquitectos de la Dirección General de Bellas Artes y los arquitectos cordobeses, lo impedían. Pensaba que estando yo allí, que era joven y moderno, haría de puente entre ambos, pero le dije que yo no venía a tirar casas, sino más bien a todo lo contrario, a intentar conservar el conjunto monumental. Aunque no fue posible, me hubiese encantado trabajar al servicio del ayuntamiento de Córdoba y de la Dirección General de Bellas Artes. En los días siguientes D. Félix me dijo que estaba muy enfadado con el Director General, Gratiniano Nieto, porque sabía que le querían nombrar un sustituto, un sucesor o un auxiliar con derecho a sucesión. Además estaba indignado porque le habían mandado a un arqueólogo como espía y se sentía molesto porque le inspeccionasen su trabajo. Y concluyó, “quiero que usted me ayude, pero desde Sevilla, no en Córdoba donde ya estoy yo”. Nunca quise complicar la vida a una persona a la que admiraba y quería mucho. Acabé en Sevilla por otros motivos, y tuve una gran relación con D. Félix, aquí nos veíamos, comíamos juntos, íbamos a Itálica... Sin embargo él siempre hablaba “in ocultis”, quizás por su compleja dicción, o porque no quería que se conociese lo que pensaba de Medina Azahara. Yo redescubrí Medina Azahara por mi cuenta y razón, después de las largas conversaciones con D. Félix, sin apoyarme en lo que le había oído, ni en lo escrito en su publicación sobre Medina Azahara editada por la Alhambra en sus últimos años, que no es demasiado inteligible. Dicho libro me recuerda a la “Carpintería de lo Blanco” de Diego López de Arenas, que decía que no quería hablar claro, no fuera que los oficiales se convirtiesen en maestros y los aprendices en oficiales, pues pensaba que la formación debía producirse lentamente y no leyendo un libro que supuestamente provocase una rápida conversión en maestro. Así pues, D. Félix no quería que le arrebatasen los secretos del monumento, pero yo le estimaba mucho, era un ser adorable y valiosísimo. Recuerdo que me preguntaba cosas y luego casi siempre hacía lo contrario de lo que le aconsejaba. Pero venía a pedirme consejo, y eso ya era algo en él. ¿En qué obras de Sevilla trabajaba por entonces? Realizaba trabajos de tipo arqueológico en la puerta de Córdoba que estaba restaurando D. Félix y yo terminé, al igual que concluí la restauración de la iglesia de San Hermenegildo, con la nueva fachada lateral hacia la que fue comisaría de policía. También hacía obras en la iglesia de la Merced de Osuna, que se había hundido y reconstruí la cúpula, y en la interesante iglesia góticomudéjar de Santiago de Écija, etc. En Itálica acometía trabajos de pura y estricta consolidación arqueológica, especialmente en el anfiteatro, despejando los barros acumulados de su fachada trasera. Por un problema muy grave hubo que hacer un drenaje perimetral, ya que la colina drenaba en la zona norte del
SOBRE ARQUEOLOGÍA Y ARQUITECTURA EN MEDINA AZAHARA. ENTREVISTA A RAFAEL MANZANO MARTOS Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2017.021 ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 14, enero-diciembre 2017, e064 6 allí, que se llamaba Salvador, que en cada paño había actuado un maestro diferente, aunque los conceptos o motivos eran los mismos, generalmente árboles de la vida. Pero los detalles eran distintos, y por ejemplo había unos tallos curvos, otros planos, otros con triangulitos o con rayitas... Yo le pedía que se agrupasen todas las piezas con detalles similares, para después proceder a su reintegración. Se especializó en aquello y resultó realmente impresionante lo bueno que era acoplando fragmentos. La verdad es que al acercar dos piezas que habían sido una, sus bordes se atraían como imanes, y ello nos permitió avanzar muchísimo en la reintegración del Salón Rico. Además, aunque no había una simetría especular, existían unas leyes de lazo, y cuando un tallo se cruzaba con otro, pasaba por debajo o por encima alternativamente, y si tenías un lado, por simetría, se conocía el dibujo completo. anfiteatro, y los sedimentos y arcillas lo habían ido cegando progresivamente. Además hice un estudio para ordenar la manzana de la Casa de la Exedra, que había analizado muy bien García Bellido, y también para consolidar el patio con su impluvium y sus curiosas formas curvilíneas. Todo ello tuvo lugar bajo la vigilancia de un arqueólogo jefe, D. Juan de Mata Carriazo, con el que me entendía muy bien porque me conoció en una tertulia vespertina en casa de D. Manuel Gómez Moreno, muy venerado por él, y por ello gocé de su protección y afec- to en Sevilla. ¿Cómo fue su llegada al conjunto arqueológico de Medina Azahara y cuáles fueron sus más destacadas intervenciones? En los últimos días de vida de D. Félix, cuando estaba muy enfermo me llamó su hija y fui a verle. Recuerdo que me dijo las siguientes palabras: “cuando yo muera le llamaran para que se ocupe de esto, y si se lo piden no tenga usted escrúpulos, acepte, porque es quien mejor puede hacerlo, y procure que nadie olvide que Medina Azahara no es trabajo de arqueólogos, sino de arquitectos”. Tras la muerte de D. Félix, recibí un oficio de la Dirección General de Bellas Artes, del Arquitecto Jefe de Monumentos y Conjuntos, para que me hiciese cargo de la dirección del conjunto arqueológico de Medina Azahara. Planteé un programa de actuaciones que, entre otras cosas, quería agilizar lo que D. Félix venía haciendo. Él era muy lento y dudaba mucho. Recuerdo que en San Hermenegildo hizo una maqueta en escayola de la buhardilla y cada día el escayolista tenía que modificarla, bajarla o subirla unos milímetros, y el tiempo se nos iba en contemplarla hasta llegar a la solución final. Era tremendo, minuciosísimo. Desde el principio tuve que sistematizar mi trabajo, ya que no podía ir todas las semanas a Medina Azahara, por mi dedicación a la cátedra y al Alcázar de Sevilla. Iba incluso sábados y domingos, con mi mujer y mi hija, y en verano pasaba allí semanas. Empezábamos a trabajar con los primeros rayos del sol, hasta las tres de la tarde, cuando el calor ya no se podía soportar. Mi intervención más importante tuvo lugar en el Salón Rico, que es una pieza esencial de Medina Azahara. Inicié una táctica de ordenación del material de ataurique ya excavado. En este lugar no excavé absolutamente nada, pues aquel espacio ya era un campo de restos arqueológicos más o menos excavados por zonas. Le hice ver al ayudante o montador que tenía Fig. 8. Rafael Manzano en pleno montaje de los restos del Salón Rico de Medina Azahara, con un visitante no identificado (ARM).
Julia Manzano Pérez de GuzMán, Pedro Barrero orteGa, antonio GáMiz Gordo ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 14, enero-diciembre 2017, e064 Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2017.021 7 diferenciar, lo original y lo nuevo. Hubo un momento en que creí haberlo encontrado y me pareció más bella la solución que la realizada por mi antecesor, distinguiéndose perfectamente lo añadido de lo auténtico. Cuando había garantía se reponía con otro material, yeso en vez de piedra, el elemento que faltaba, en su silueta o dibujo básico, con un relieve mínimo. Por supuesto, los elementos singulares se dejaban en liso, y en algunos se dibujaba la piedra que le servía de base. Incluso en fotografías se percibe perfectamente lo que es auténtico y lo que no lo es. Al tener claros dichos principios se pudo reponer el lado izquierdo del Salón Rico casi en su totalidad. Así, en una década se produjo allí un cambio de apariencia sustancial, entre otras cosas porque coloqué las piezas que inundaban los suelos, todo el material antiguo disponible, evitando que se perdiesen algunas de estas piezas, como antes ocurría. Otra intervención importante tuvo lugar en la cubierta del Salón Rico que protegía las citadas piezas Resultaron muy importantes las muestras que D. Félix ya había hecho para dar un acabado final a las áreas donde no había piezas auténticas. No debe olvidarse que Medina Azahara mantiene su autenticidad material en un porcentaje muy alto, y había paneles en los que faltaban muy pocas piezas, casi todo era auténtico. Yo mismo hice distintas pruebas, que aún se conservan allí y que son un testimonio de mi preocupación por encontrar un lenguaje adecuado para integrar, al par que Fig. 9. Paños de ataurique con fragmentos reintegrados en el Salón Rico (ARM). Fig. 10. Fragmentos ordenados en el Salón Rico (ARM).
SOBRE ARQUEOLOGÍA Y ARQUITECTURA EN MEDINA AZAHARA. ENTREVISTA A RAFAEL MANZANO MARTOS Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2017.021 ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 14, enero-diciembre 2017, e064 8 ¿Qué otras intervenciones acometió o pensaba acometer? Me preocupó todo lo que podía montarse con cierta facilidad, como por ejemplo las portadas de determinados edificios y las galerías de los patios. Consolidé la excavación de la Dar al Visir, el palacio de Yaafar y la casa aneja a este edificio. La única excavación que acometí en Medina Azahara fue en la Dar al Mulk, la casa de los Califas, en la parte más alta. Allí se encontraba, ya semiexcavada, una de las dos torres de escalera que enmarcaban su terraza. Quería comprobar si había otra simétrica, y efectivamente la había. En realidad no entré en estratos inferiores, solo limpié hasta el arranque de los peldaños, felizmente existentes, de la escalera primitiva, que conectaba el plano bajo de la ciudad con la Dar al Mulk. También me ocupé de la decoración excavada en el año 1918 por D. Ricardo Velázquez Bosco, en aquel mismo edificio, que se estaba perdiendo y que pude llegar a ordenar para su montaje, de la que solo tuve tiempo para montar una arquería. Pensaba levantar la fachada de la Dar al Mulk, como importante hito visual que corona Medina Azahara. Era un palacio con tres portadas yuxtapuestas. Hubiera sido fantástico verlas en la parte alta del conjunto. Allí estaban todas las piedras. A Velázquez Bosco le sorprendía que fueran tan reiteradas, pues las tres puertas eran más o menos idénticas. Además me ilusionaba otra importante intervención en la Dar al Yund, la casa del ejército, que era el más grande de los palacios y el único desornamentado por su carácter militar. Yo quise cubrirlo de forma sencilla, con hormigón, y bajo su sobrecubierta organizar un pequeño museo de presentación de Medina Azahara. El museo que en nuestros días se ha construido abajo, con gran acopio de medios, yo pretendía ponerlo allí arriba, justo donde tenía que iniciarse la visita, cuya organización también tenía pensada. Se parecía en algo a lo que se ha hecho ahora, o sea, disponer abajo un sitio para aparcar los autobuses, después de haber dejado arriba al visitante, que iba bajando hasta salir por la puerta meridional, donde volvía a coger el autobús. ¿Qué inquietudes tuvo respecto a la urbanística del conjunto? Me preocupó mucho la urbanística de Medina Azahara. Traté de organizar las circulaciones para evitar paseos excavadas. Ya estaba cubierto, pero de forma muy primaria, pues D. Félix era muy economicista en sus obras y había usado piezas desechadas por una fábrica de viguetas de cemento, algunas muy deformes, que hubo que sustituir por otras de más calidad. Estaban forradas de yeso y con la humedad del propio monumento y las condensaciones de las cubiertas, empezaron a caer los trozos del revestimiento sobre los turistas, y por ello se adoptó una solución más definitiva, más depurada, con falsas vigas de madera. No llegué a cubrir la nave de la derecha y los tableros se quedaron allí sin colocarse, y se han utilizado para mil cosas, incluso para hacer leña, pero no se han colocado. En esa zona permanece el techo de yeso de D. Félix, generando cierta confusión, pues parece que una solución es antigua y la otra moderna. El lenguaje de la restauración debería ser lo más unitario posible para evitar confusiones. Fig. 11. Techo del Salón Rico durante las intervenciones (ARM).
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SOBRE ARQUEOLOGÍA Y ARQUITECTURA EN MEDINA AZAHARA. ENTREVISTA A RAFAEL MANZANO MARTOS Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2017.021 ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 14, enero-diciembre 2017, e064 16 La Medina Azahara que hoy vemos sigue pareciéndose bastante a la que yo dejé, incluso algunos elementos colocados provisionalmente siguen allí desde hace cuarenta años. Precisamente en estos días he oído algo de que la Unesco quiere declarar Patrimonio de la Humanidad a este conjunto arqueológico. Ahora se están intentando continuar y completar mis intervenciones de la mano de la fundación World Monuments Fund, interesada por Medina Azahara. Fui el arquitecto de los padres de sus principales patronos Fig. 23. Doble página con fotos del Salón Rico en el catálogo “Al Andalus. The Ar of Islamic Spain” editado por el Metropolitan Museum de Nueva York. actuales en un palacio en Córdoba, y en una masía catalana, y ellos han querido que yo estuviese en el equipo de trabajo. Gracias a dicha fundación se ha trabajado durante tres años, aunque ahora se ha parado, al parecer por falta de recursos económicos, algo que no me explico, pues las cifras disponibles las creíamos más que suficientes... ¿Qué consejo daría a futuros conservadores de Medina Azahara como fruto de su experiencia? Quiero subrayar la importancia del diálogo y la necesaria complementariedad entre arquitectos y arqueólogos, pues toda reconstrucción debe hacerse siempre con la mayor fundamentación arqueológica posible y hasta el límite adecuado en cada caso. No todos los espacios de Medina Azahara se pueden llegar a cubrir como el Salón Rico, aunque la experiencia ha demostrado que dicha cubierta ha permitido su salvación. Una ciudad palatina tan compleja necesita reductos de protección en su visita turística. Según he comentado, me hubiese parecido interesante cubrir la Dar al Yund, y haber hecho allí un pequeño museo de muestras de temas geométricos, florales, de ataurique… de todos los motivos decorativos, si bien es verdad que ahora pueden verse en el nuevo edificio construido, que está muy bien, al estar rehundido en el terreno, ser discreto de traza y además no altera el paisaje del conjunto monumental. Fig. 24. Vista panorámica de Medina Azahara (ARM).
Julia Manzano Pérez de GuzMán, Pedro Barrero orteGa, antonio GáMiz Gordo ARQUEOLOGÍA DE LA ARQUITECTURA, 14, enero-diciembre 2017, e064 Madrid/Vitoria. ISSN-L: 1695-2731. http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2017.021 17 Fig. 25. Diseño de medalla para el ganador del premio de Arquitectura Clásica y Restauración de Monumentos Rafael Manzano Martos (Dibujo de Rafael Manzano).