Cuatrocientos años de la lengua del Quijote. Estudios de historiografía e historia de la lengua española : Actas del V Congreso Nacional de la Asociación de Jóvenes Investigadores de Historiografía e Historia de la Lengua Española
Full text
CUATROCIENTOS
~OS
DE LA
LENGUA DEL
QUIJOTE
Estudios de historiografia e histaria
de la lengua espaiiola
Actas
de
V
Congeso Nacional
de
la
Asoaaci~n
de
J6venes
Inve8tigadotes
de
Historiografia
e
Hlstona
de
la
(Sevilla,
31
de
marzo,
1
y
2
de
abnl
Marta Fernhdez Alcaide
Araceli Lbpez Serena
(eds.)
CUATROCIENTOS
MOS
DE LA
LENGUA
DEL
QUIJOTE
Estudios de historiografia e historia
de la lengua espafiola
Sevilla,
2006
Colecci6n Actas
Num:
64
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Elena Leal Abad (Universidad de Sevilla)
Araceli L6pez Serena (Universidad de Sevilla)
Daniel
M.
Saez Rivera (Universidad Complutense de Madrid)
~lvaro S, Octavio de Toledo
y
Huerta (Universidad Complutense de Madrid) Alfonso
Zamorano Aguilar (Universidad de Chrdoba)
CONFERENCIAS
RAFAEL
CANO AGUILAR
La
sintilwls del dialog0 en
El
Quijote
(1605)
..................................................
15
MANUEL ARIZA VTGUERA
Lengna
y
Literatura en Cervantes
....................................................................
35
MESAS REDONDAS
ARACELI LOPEZ SERENA
(Coordinadora)
Las Tradiciones discursivas en la historiografia lingiiistica
y
en la historia de la lengua espafiola
49
MARGARITA BORREGUERO ZULOAGA
Las tipologias textuales en la lingiiistica contemporanea: qui se ha
hecho
y
qui queda por hacer ............................................................................ 55
LOLA PONS RODR~GUEZ
Ret6rica
y
tradiciones discursivas
67
MARTHA
GUZ&
RIVERON
Tradiciones discursivas e historia de la lengua espaiiola en America
............
79
DANIEL
M.
Shz RIVERA
Tradiciones discursivas, historiografia lingiiistica e historia de la lengua
......
89
SARA
GOMEZ SEIBANE
(Coordinadora)
Dialectologia historica: Nuevos enfoques
y
perspectivas
................................
1
13
MARiA
~TA
LARA
Dialectologia historica. Nuevos enfoques
y
perspectivas: el estudio del
romance navarro 15
H~CTOR GARCiA
Gu.
La dialectologia historica en el irea asturiano-leonesa. Presente
y
perspectivas
121
SARA
GOMEZ SEIBANE
Estado actual
y
perspectivas fnturas de la
investigation
lingiiistica en el
Pais Vasco
.....................................................................................................
129
Ma
CARMEN
MORAL
DEL
HOYO
Las hablas montaiiesas: dudas
y
posibilidades
de
la dialectologia hist6rica ..
139
VICENTE
~VAREZ
VIVES
Algunas consideraciones sobre la periodizacion del judeoespaEo1
..................
153
JULIO ARENAS OLLETA
Menkndez Pidal, editor de textos
...................
..
..........................................
169
MARIA
ARETA
LARA
Oralidad
y
escritura en el tipo de texto Declaraci6n (siglos
XVI
y
XVII)
......
180
GRUPO
DE
SOCIOLWGU~STICA HISTORICA
Contradicciones historicas en 10s anglicisrnos latinos espafioles
....................
195
MARIA TERESA ENCWAS
MANTEROLA
1870: iUn Epitome nuevo o solo reformado?
...........................................
207
MARTA FERNANDEZ ALCAIDE
..........
Textos privados
y
el rastreo de camhios grarnaticales en el siglo
XVI
219
MARIA INMACULADA FERNANDEZ BARIOLA
((El
plural aquesos es poco usado)): la pragrnatica en la tradicion gramatical
espafiola
...........................................................................................................
233
ANA BELEN GONZALEZ PEREZ
El
uso ironic0 de 10s adverbios en -mente 47
ELISA GONZALEZ
RAMOS
Rentabilidad funcional de la construcci6n pronominal con verbos intransitivos
de movimiento en Circel de Amor
.................................................................
257
MIGUEL GUTIE~Z MATE
La
duplication
por medio de cliticos en docurnentos de Indias
(Colombia, s.
XVII
267
TERESA MARIA GRUBER
................
El diilogo de la lengua
y
la comunicaci6n en el reino de Napoles 279
EDUARDO JOSE JACINTO GARCiA
Sobre toponimia espaiiola de origen prerromano: algunos ejemplos
de etimologia popular en el sur de la Peninsula 291
ANA KUZMANOVI~
Algunos fenomenos fonol6gicos del espafiol a la luz de la teoria de 10s
universales lingiiisticos
....................................................................................
303
ELENA LEAL ABAD
La influencia de la ret6rica en la estilizacion de 10s diAlogos literanos 311
323
335
VICENTE JOSE
MARCET
RODRIGUEZ
El lenguaje de 10s documentos notariales leoneses 347
CARLOS
MELENDEZ
QUERO
Rentabilidad funcional de la constmccion pronominal en 10s seis
primeros autos de La Celestina 359
Jost LUIS MONTIEL DOM~NG~Z
La prosificacion del Cantar del Destierro en la Primera Cronica General
......
37 1
M"
CARMEN MORAL
DEL
HOYO
Relaciones en la construccion sintictica
y
discursiva de textos notariales
romances
y
latinos de los siglos XI1 -XI11 381
MARL&
JESOS MORENO SOL~S
Estudio diacronico de 10s indefinidos: concepto, paradigma
y
clasificacion
..
399
PILAR MORENTE LOZANO
Introduccion a1 anilisis lingiiistico de textos no literarios medievales.
la colecci6n diplomatica de Quesada 413
~VARO
S. OCTAVIO
DE
TOLEDO
Y
HUERT
Un rasgo sintactico del primer espafiol modemo (ca. 1675-1825):
las relaciones interoracionales con interin
jque)
..............................................
421
GLORIA
ORTEGA RODR~GUEZ
Revision historica de la concordancia en espafi 443
LUIS
PABLO Nmz
Un ejemplo curioso de la lexicografia bilingiie hispano-fiancesa de 10s
siglos XVI
y
XVII: el vocabvlario para facilmente
y
brieuemente
deprender a ler, escrebir,
y
hablar la lengua castellana (1661)
de Franqois Huillery 449
GUSTAVO
DE
PABLo SEGOVIA
iErratas o errores?: cuanto espa6ol sabia Owen a la luz de su gramatica
......
463
ANA ISABEL PEREZ CRUZ
El orden de 10s pronombres atonos en 10s Iibros de bautisino (1663-1684)
y
obituarios (1596.1598) pertenecientes a la iglesia de Santa Maria
Magdalena de Granada 473
NURIA POLO CANO
Libro del arte de cozina, Domingo Hemindez de Maceras (1607):
aproximacion lingiiistica
............................
..
.............................................
485
DAVID PIUETO GARCIA-SECO
..........
Consiliario, una acepcion fantasma en el Diccionano de la Academia 499
CARMEN
QUIJADA VAN
DEN
BERGHE
..............
Rashos de teoria ortografica en la gramitica de Charpentier (1596) 509
JOSE LUIS RkhlIREZ LUENGO
Tradition
y
dialectalismo en la creacion del tipo comico:
el
caso del
Fray Gerundio de Campazas del Padre lsla
......................................................
523
Ma JESUS REDONDO RODRIGUEZ
El qvinque
/
lingvarum, latinae,
/
teutbonicae, gallicae, hispanicae,
italicae,
1
dilucidissimns dictionarius
[...I
De j. Steelsins, heredero del introit0
....
e porta de
A.
Rottweil
y
base de 10s anbnimos plurilingiies del siglo XVI 533
MARLA
DEL
Rocio RIVERA GONZALEZ
Los avatares de la etimologia en la microestructura de 10s diccionarios
acadimicos: el caso de 10s arahismos 47
SERGIO RUIZ ALARTE
Fraseologia
y
pensamiento: fundamentos semanticos de las unidades
fraseologicas en 10s siglos XVII
y
XVIII 6
1
RADANA
STRBAKOVA
Los nombres de 'hombre afectado en el uso de las modas' en el siglo
XIX
.. 571
ANA
STULIC-ETCHEVERS
El desarrollo del pronombre
interrogative
lake en judeoespafiol
....................
585
MAKTA
TORRES
MART~NEZ
A
prophsito
de
las palabras prefijadas documentadas en
El
Qujjote .............. 599
IVANA
VU~INA
El
(judeo) espafiol como lengua de Cemantes
...............................................
61 1
LA
SINTAXIS
DEL
DIALOGO
EN
EL
QUZJOTE
(1605)
queniamos saber)) exige un complemento nominal, que es (<Dulcinea)), objeto de
la intervencion anterior; y la siguiente, ((No es de ...
))
supone un sujeto, que no es
otro sino la misma ((Dulcinea)): primer caso en que la conexibn se hace entre
intervenciones no inmediatas).
La misma situaci6n se repite en 10s otros dialogos analizados, aunque en algu-
nos casos veremos variaciones interesantes. En el dialog0 sucedido entre don
Quijote y Sancho tras el apaleamiento de 10s yangiieses (Cap.
XV),
de
23
inter-
venciones
14
estan conectadas formalmente. Los procedimientos son 10s ya vis-
tos, con la aportaci6n del pues reactivo al comienzo de intervenci6n, habitual en
10s dialogos castellanos escritos desde 10s primeros textos (se halla ya en Berceo),
y que en Cervantes solo se halla precisa~nente en el entomo dialogal, siendo, por
tanto, este pues un rasgo claramente distintivo de tal tipo de situaci6n discursiva.
Pues supone una reaccion de rechazo a la intervencion anterior, por su falta de
adecuaci6n a la realidad (((Querria
[...I
me diese dos tragos de aquella bebida ...
-Pues a tenerla yo aqui, desgraciado yo, jqut. nos faltaba?))); o porno aplicarse
debidamente (((...no hay
[...I
dolor que muerte no le consuma. Pues jqut. mayor
desdicha puede ser
...
?n);
o porque no encaja con una informaci6n previa (((...antes
que la noche venga y nos saltee en este despoblado. -Pues yo he oido decir a
vuestra merced
[...I
que es muy de caballeros andantes el donnir en 10s pira-
mas...))).
Y tambien sirve para derivar una nueva cuestion a partir de lo dicho
antes, cuestion que en el fondo implica
un
reproche
(cc
...q ue antes que pasen dos
dias
[...I
la tengo de tener en mi poder
...
-Pues jen cuintos le parece a vuestra
merced que podremos mover 10s pies?))). Tambikn 10s ((sabrosos razonamientosn
habidos entre sefior y escudero en 10s Caps.
XXX-XXXI
muestran una elevada
trabazon:
31
intervenciones de 38, con 10s mecanismos habituales, entre 10s que
destacan las cadenas anaforicas lanzadas por pronombres cliticos respecto de las
intervenciones anteriores
(p.
ej.: ((...tan linda carta como aquella. -Y jtienesla
todavia en la memoria...?)),
cc
... digna de tal carta, o qut. hizo. Cuando yo se la iba
a dar
...
))),
y las repeticiones lt.xicas, en las que un elemento de la intervencion
anterior se convierte en el 'tema' de la primera frase de la siguiente intervencion
(((...tan alta sefiora como Dulcinea del Toboso. -Tan alta es ...
n,
qHaste medido
hi
con ella? -Medime en esta manera...)), ((QUA hizo cuando ley6 la carta? -La
carta
[...I
no la ley6 ...
n);
puede ocurrir finalmente que el contenido de toda una
intervencion anterior se nominalice en la siguiente: ((Mira, Sancho
[...I
si el con-
sejo que me das de que me case...)).
Las repeticiones entre intervenciones son constantes en 10s diilogos entre 10s
protagonistas de la novela. Aparte de 10s valores ya vistos, pueden servir para que
el hablante intente cornprobar la veracidad de lo dicho por su interlocutor: ctY las
alfojas que boy me faltan ... -jQue te faltan las alfo jas, Sancho?
[...I
Si que me
faltan
...
))
(Cap. XVIII)5.
Y
una respuesta puede emprender su curso (comico, por
inesperado) a partir del marco sintactico proporcionado por la pregunta, y tema-
Obs6rvese la presencia de ese que ante enunciado formalmente independiente, pero que
constituye
un
'discurso reproducido' del discurso del otro, del interlocutor anterior.
tizando, como se ha visto, 10s elementos de esta:
cc
...
jen que lo echa de ver vues-
tra merced ahora mas que nunca?
[...I
-En que ahora inas que nunca hueles,
y
no
a ambar...)> (Cap.
XX).
Ahora hien, no son tan hahituales cuando el dialogo es de
otra naturaleza. En 10s entahlados entre el cura y el canonigo, con la posterior
intervencion de don Quijote, mas cercanos a la naturaleza y contenidos de 10s dia-
logos humanisticos (Caps.
XLVII-XLVIII),
de
15
intervenciones hallamos cone-
xi6n formal en a1 menos
7,
lo que no deja de estar en la linea general de 10s dii-
logos de la novela. Pero en ellos no hallamos ningun caso de repeticibn ILxica (si
hay conexibn con as< pues
reactive,
anafbricos como todo o
eso),
si hien ocurre
en varios casos que una intervencibn es nominalizada o parafraseada en la
siguiente, o resumida, de mod0 que se convierte en argument0 de una argumen-
taci6n que sigue en sentido distinto a aquel que parecia haber iniciado la interven-
cion primera. Sigue la misma linea argumentativa el primer caso que hallamos,
en el que el cura retoma el contenido de lo dicho por el canonigo (((En materia ha
tocado vuestra merced
...
n).
Pero cuando don Quijote va a responder a las argn-
mentaciones del canbnigo, sus dos primeras intervenciones (punteadas por otras
del canbnigo que van asintiendo a sus palabras, a las que se conecta con todo o
as12 consisten en parafrasis resumidoras de lo dicho por aquel (((ParAceme, seiior
hidalgo, que la platica de vuestra merced se ha encaminado...)>, ctAiiadio tamhien
vuestra merced diciendo ... n6): no hay conexibn formal, per0 la unidad de conte-
nido se mantiene por medio de referencias explicitas y conscientemente elabora-
das a lo anterior. Algo asi ocurre cuando responde el canonigo: ((No puedo yo
negar
[...I
que no sea verdad algo de lo que vuestra merced ha dicho
...
n.
Se trata
de procedirnientos propios de un lenguaje mb formalizado,
y
que en este caso
adopta 10s procedimientos prefijados de la disputa dialkctica enseiiados en las
escuelas y facultades, lejanos, pues, de un mecanismo mas proximo a la 'inme-
diatez comunicativa' como las repeticiones vistas hasta ahora.
Curiosamente, en el diilogo paralelo a1 del cura y el canonigo, mantenido
entre el hidalgo y su escudero, entre 10s procedimientos conectores de las inter-
venciones tampoco hacen acto de presencia las repeticiones, sino a propbsito de
un referente impropio de un relato elevado (cc
...g
ana y voluntad de hacer aguas
mayores o menores, como suele decirse.
-No
entiendo eso de hacer aguas,
Sancho
... iEs posible que no entiende vuestra merced de hacer aguas menores o
mayores?)i). Pero es que ese dialogo, a su modo, tamhikn es una excelente mues-
tra de dialkctica y argnmentacion, para lo que se toman 10s procedimientos que
se estan utilizando en el otro diilogo; asi, la aceptacibn de don Quijote de lo que
Sancho supone con sus preguntas lleva a este a creerse seiior del debate y dueiio
de la argumentacibn (cccogido le tengo))), y a don Quijote a etiquetar como cier-
to lo dicho por su escudero (ctVerdad dices, Sancho))). La puesta en paralelo de
ambos diilogos, ambos versando sobre el mismo contenido, la verdad o no de las
novelas de caballenas y su aplicabilidad a la situacibn presente descrita en el rela-
Tras tales concesiones dialecticas, don Quijote inicia
su
propia argumentacihn, de senti-
do contrario, con
una
forma reactiva bien conocida: aPues yo
[..]
hallo por
mi
cuenta
...
s.
LA
SINTAXIS
DEL
D~ALOGO
EN
EL
QUI~OTE
(1605)
2
1
to, contrapone la argumentacion puramente intelectual con la que aduce razones
profundamente fisiologicas, impensables en una discusion 'seria': la maestria de
Cervantes en crear mmiltiples espejos para su relato y en proyectar luces variadas
para todo aquello de lo que puede hablarse alcanza aqui una cota dificil de igualar.
3. La trabazon formal, o cohesion, entre intervenciones no es sino una mues-
tra mas de la conexion entre 10s distintos periodos de 10s discursos directos cer-
vantinos. Esta se manifiesta de forma desigual en 10s fragmentos analizados, pero
no creemos que tal variedad sea aleatoria. El minimo de conexion se da en el
diC
logo entre don Quijote, Haldudo y Andres (Cap. IV), dialogo vivo, ripido, en el
que dominan, segun veremos, 10s periodos cortos en extension (el porcentaje
encontrado es el 15,79%). El otro extremo lo ofrece el dialogo del cura y el cano-
nigo (Caps. XLVII-XLVIII), donde hallamos conexion en el 60,76% de 10s peri-
odos; se trata, como hemos visto ya, de un dialogo de claras resonancias dialec-
ticas y de argumentacion plena de reflexion y consciencia. Muy semejante a este,
el dialogo mantenido por Vivaldo y don Quijote (Cap. XIII), ofrece tambien un
elevado porcentaje de conexion: el 47,06%. En cambio, 10s dialogos entre don
Quijote y Sancho contemplan una clara reduccion de la cohesion formal entre
periodos: 39,53% en el diilogo sobre la supuesta visita de Sancho a Dulcinea
(Caps. XXX-XXXI), y 36,49% en el que Sancho intenta convencer a su seiior de
que no va encantado (Caps. XLVIII-XLM). No obstante, uno de esos dialogos,
el ocumdo (Cap. XV) tras el encuentro con 10s yangiieses, muestra un porcenta-
je muy elevado de conexion: 54,38%, que en principio podria achacarse a las
extensas y didacticas intemenciones de don Quijote, con las que trata de inculcar
conocimientos y
attitudes
en su reacio escudero.
Sill embargo, no creemos que el parimetro que determina la mayor o menor
presencia de la conexion formal entre periodos (o "supraoracional") sea exclusi-
vamente la naturaleza de 10s participantes en el dialogo. Mas bien parece radicar
en la naturaleza de este. En efecto, el dialogo del Cap. IV radica fundamental-
mente en amenazas, ordenes, promesas de cumplimiento, entreveradas de expli-
caciones y justificaciones; 10s parrafos son ademis, segmin se ha dicho, cortos,
bastantes monooracionales, y aun algunos simples exclamaciones sin verbo: no
es, pues, el entomo
discursive
mas apropiado para la cohesion explicita y forma-
lizada.
Y
ello ocurre tanto en el discurso del hidalgo (cci"Miente" delante de
mi ...
?
[...I
Por el sol que nos alumbra, que
[...I
Pagadle luego
[...I
Desatadlo
luegon) como en el del gauadero (((El daiio esta
[...I
vengase Andres ...
)))
como en
el del muchacho ((q,Irme yo con el?
[...I
Mas jmal aiio! No, sefior, ni por pien-
so...))). En cambio, en el discurso del canonigo, o en el del cura, domina la
secuencia trabada de sus eleinentos, que se constmyen como sub-argumentos de
una argumentacidn general: asi, en la intemencion del canonigo hay cinco perio-
dos claramente conectados de un total de
12,
pero en la del cura que viene a con-
tinuacion son 17 de 20 10s casos de conexion; mientras en la interveneion del
canbnigo hay diversos pasajes narrativos (recuerdos,
insertion
de discursos direc-
tos, etc.), en la del cura domina absolutamente la acumulacibn de razones contra
10s libros de caballerias: discurso, pues, claramente proclive a la marcacihn de las
relaciones significativas entre sus partes componentes. En cuanto a1 diilogo para-
lelo de don Quijote y Sancho, es cierto que el porcentaje de conexion parece
menor, per0 en ello influyen ademas dos variables: las frecuentes intervenciones
que constan de un solo periodo, algunas de caracter puramente instrumental (((Yo
le flo de la fuga)) (Cap. XLIX), y las exclamaciones con que am0 y criado salpi-
can sus intervenciones (cciSicame de este peligro ...
!))
(Cap. XLVIII),
cci
... cogido
le tengo!
[...I
Venga aci, seiior ...
))
(Cap. XLIX)); ahora bien, cuando Sancho
imposta el discurso de argumentador de escuela, 10s enlaces se intensifican, y
son, coma veremos, 10s mismos que pueden darse en discursos de otro nivel
(((Presupuesta, pues, esta verdad ...
)),
((Para prueha de lo cual ...
)),
ctDe donde se
viene a sacar
...
))),
es decir, la argumentaci6n que avanza apoyandose en sucesi-
vos escalones. Por su parte, el diilogo entre don Quijote y Sancho en 10s Caps.
XXX-XXXI, referido a la falsa visita de este a Dulcinea, abunda tambikn en
intervenciones de un solo periodo (es, de nuevo, un diilogo ripido, vivaz), per0
ademas incluye numerosas intervenciones de don Quijote en que este acumula las
preguntas a su escudero, en un afan compulsivo de conocer todos 10s detalles de
lo que Cree tl una visita real (((~Quk hacia? iQut le dijiste? ~Que te respondio?
~Que rostro hizo
[...I?
~Quikn te la traslado? ...
n,
ccj,hesola? j,Pusosela sobre la
caheza? ~Hizo alguna ceremonia ...
?n):
ahi la habitual trahazon formal de 10s peri-
odos, incluso cony, no encajaria en ahsoluto con el efecto discursivo pretendido.
El elenco de estos conectores de discurso es variado, mis variado que en tpo-
cas anteriores del idioma, annque 10s elementos de mayor presencia siguen siendo
muy pocos, y, como tamhikn ha sido habitual en la historia, coinciden en buena
parte con las conjunciones coordinantes prototipicas. Asi, para la adicibn de conte-
nidos es
y
el mis usado; de hecho, es el mas usado de todos 10s conectores: 53 apa-
riciones, mientras que el siguiente, pero, se limita a
15.
Son, pues, las relaciones de
adicion las mas hahituales, pues a 10s casos de
y,
hay que aiiadir las variantes que
refuerzan el valor del argument0 o el data que se aiiade
(y
aun
(2),
y mas que (I))
o inciden en el matiz de consecuencia
(y
de esta manera (1), y
asi(3));
sin la coujun-
cibn, introduce un nuevo data a1 que se otorga mas valor cuanto mis que (3). Sirven
para concluir una secuencia: en
resolution
(I), en fin (2), finalmente (1). Que lo que
viene a continuacion es consecuencia, o se desprende (mb o menos vagamente), de
lo anterior viene manifestado por asi'que
(9),
de donde (3), y el polivalente pues (12);
tamhitnpor lo cual (Z)7.
En
cambia, si el periodo que sigue puede entenderse como
la
motivation
de lo anterior (de su enunciacibn o del enunciado como tal) se usa por-
que(l4). La contraposici6n, finalmente, se establece conpero (l5), reforzado en una
ocasion por con todo esto,
y
algunos restos de mas
(4:
un caso, curiosamente, en
hoca de Andres, el muchacho cuidador de ganado del Cap. IV8).
Hay
otros dos casos de lo cual en el Cap.
XLVIII,
uno, en boca del cura, que refiere al
objetivo de una respuesta
(((A
lo cual responderia
yo...))),
y
otro, en boca de Sancho, con mero
valor anafbrico (((Para prueba de lo cnal
...
n).
Los otros casos, tanto como conector cuanto como conjuncibn, se dan en don Quijote, el
can6nigo
y
Sancho
(2):
no parece haber, pues,
un
reparto condicionado por razones sociocul-
turales, de arcaismo, ruralismo, etc.
LA
SINTAXIS
OEL
DIALOGO
EN
EL
QULJOTE
(1605)
Hay, ademas, aspectos en el uso de algunos de estos marcadores que pueden
tener relevancia para el analisis del discurso del Qui~ote. En principio, no pare-
cen darse motivaciones 'sociolectales' en el uso de unos u otros conectores:
incluso algunos propios mis bien de un discurso argumentador 'elevado', esco-
lar, como de donde, pueden hallarse, segun se ha seiialado, tanto en el retorico
discurso de don Quijote en defensa de 10s libros de caballenas (cc De donde se
infiere...)) (Cap. XIX)) como en Sancho, cuando adopta el mismo tono argu-
mentativo (xDe donde se viene a sacar
...
))
(ibid.)). Cualquier conector puede
hallarse en boca de cualquier personaje: no parece que en
El
Quijote se les utili-
ce como indices de caracterizacion de estos ultimos. Pero en el uso de uno tan
extendido como
y
si hallamos hechos dignos de mencihn, que vienen a poner en
cuesti6n la opinion
comb
que se tiene de
&I
como marcador
"primitive",
mas
bien "oral" y propio del hahla "relajada" ylo "popular". Entre 10s fragmentos ana-
lizados, la mitad de 10s casos de
y
conector 'supraoracional' se da en la discusion
y debate hnmanisticos, de fuerte estructuracion retorica y contenido 'elevado',
mantenidos entre el cura, el can6nigo y don Qnijote (Cap. XLVIII); en particular,
es notable el abundante uso que hace de ella el cura
(9
apariciones), con la que
acumula sus argumentos, expuestos en forma bien asertiva bien interrogativa ((cY
iqut- mayor que pintamos un viejo
...
?
[...I Y si es que la imitaci6n
[...I
y fundan-
dose la comedia [...I
Y
es lo malo que
[...I
Y aun en las hnmanas se atreven
[...I
Y
no seria bastante...)): no se trata de periodos sucesivos, per0 si bastante proxi-
mos en muchas ocasiones). Con valores semejantes (afiadir argnmentos, nuevos
aspectos de una realidad, etc.) se halla en variados discursos, de don Quijote (ccY
en lo que dices que [...I y tamhiCn lo habran hecho para [...I Y en lo que toea a
...
))
(Cap. XLVIII)), el canonigo (uiY c6mo es posible
...
?
[...I
Y aun tienen tanto
atrevimiento [...I Y si todavia
[...I))
(ibid.)), o Sancho, donde, como conjunci6n o
como conector, acnmula, por ejemplo, 10s consejos e indicaciones que da a su
amo (ccy tenga vergiienza
[...I,
y tome mi consejo, y perdoneme, y casese luego
[...I;
y si no, ahi esti nuestro licenciado
[...I
Y
advierta que
...
))
(Cap. XXXI)).
Parece tambien digno de seiialar el uso de que entre secuencias que parecen
formar parte de distintos periodos (la pausa seria congruente; hay autonomia
semintica en las partes
...).
No es de 10s mas frecuentes, pero tampoco es ocasio-
nal (5 apariciones). Cumple las mismas funciones que dentro del periodo, apor-
tar una justiticacion aposteriori; y tampoco parece marcado socialmente, pues se
halla en discursos 'elevados', por el personaje y el contenido (don Qnijote, el
canonigo), o mas 'vulgares' (Sancho). En general, la justificacion introducida por
que viene a dar motivo a1 haber dicho algo, tratese de una asercion (cc
...
dig0 que
este tal te debi6 de ayudar a caminar [...I que hay sabio de estos que coge a un
caballero andante...)) (Cap.
XXXl))
o de una pregunta deliberativa (c(iQue te
parece a ti que deb0 yo de hacer ahora
...
?
Que, aunque yo veo que [...I, veome
tambien imposibilitado
...
))
(ibid.)), o de una orden cortes (a
...
vayase a matar a1
gigante, y conclnyamos este negocio; qne por Dios que se me asienta que ha de
ser de mucha honra
...
))
(ibid.)), u orden a secas (cc
...
avisote que no digas nada a
nadie [...I que pues Dulcinea es tan recatada
[...I
no sera bien que
...
))
(ibid.)). Pero
puede ocunir que con este que se introduzca un penodo analizable como el moti-
vo de lo anterior, pero tambien como una posihle consecuencia derivada de ello,
o un resumen valorativo de todo ello: como en tantos otros casos, que se limita a
marcar la conexion (~iQu6 de milagros falsos fingen en ellas ...
!
Y
aun en las
humanas se atreven a hacer milagros
[...I
para que gente ignorante se admire y
venga a la comedia. Que todo esto es en perjuicio de la verdad
...
)>
(Cap.
XLVIII)).
4.
Como ya enseiiaba la vieja Retorica, la configuracibn de las relaciones inte-
roracionales dentro de 10s periodos (la conformaci6n de estos como "oraciones
complejas") es uno de 10s parhetros fundamentales para definir 10s estilos lin-
giiisticos, o, desde otra perspectiva, los tipos sinticticos de discurso, que habran
de correlacionarse con generos y tradiciones textualcs y discursivas, y con las
actuaciones discursivas en cada caso.
Tres son, basicamente, 10s aspectos que merecen consideraci6n dentro de este
imbito: 10s tipos de relaciones interoracionales usados, su frecuencia respectiva
y sus posibles parametros de preferencia; la mayor o menor extension de 10s peri-
odos, en funcibn del niunero de unidades oracionales que 10s integran; las posi-
bles "profundidades" de la interrelacion oracional, es decir, 10s grados de inser-
cion o incmstaci6n de unas oraciones en otras.
A
tales aspectos dedicaremos el
resto de nuestro trabajo.
4.1.
En la lengua cervantina, como en general en la prosa castellana desde sus
inicios, la union asindetica de las unidades oracionales integrantes de un penodo,
es en general irrelevante. La 'yuxtaposici6n'
traditional
no llega a superar el
3%
del total de tipos de relaci6n utilizados, y en algunos casos, muestra porcentajes
minimos. Tal situacibn es normal en cualquiera de 10s modos prosisticos de
Cervantes, y se repite claramente en sus dialogos, sean del tipo que sean: asi, en
el dialogo de don Quijote, Haldudo y Andres solo hay un caso (de
114
unidades
oracionales:
0,88%),
yen el mucho mas rebuscado y elaborado segun 10s moldes
retbricos del dialogo humanistic0 del desarrollado entre el hidalgo, el cura y el
can6nigo no se hallan sino
3
(con
485
unidades oracionales: 0,62%).
A
este res-
pecto no parece relevante que en las intervenciones, menos extensas, de Sancho
Panza se incrementen 10s casos de yuxtaposici6n, ya que cada caso obedece a
motivaciones particulares, y no a una
organization
mb global del enunciadog.
Solo en el dialogo entre el hidalgo y el escudero, a prop6sito de la falsa visi-
ta de este a Dulcinea (Caps.
XXX-XXXI),
hallamos una presencia algo mas ele-
vada, si bien el porcentaje apenas llega a superar el
3%.
Ese aumento no es
lnserci6n de una secuencia bimembre disyuntiva, nocionalrnente concesiva (iquibranme
bien o quibranme ma1
[...I,
el caso de ello es...)) (Cap. XLVII); acumulaci6n de rasgos descrip-
tivos, con alternancia de yuxtaposicihn
y
coordinacion (n61 tiene
su
entero juicio, 61 come
y
bebe y hace sus necesidades
...
))
(ibid));
insercihn de una exclamacihn invocatona (i(digame,
asi Dios le saque
...n
(Cap. XLVIII); pregunta tras frase apelativa (aVenga aca, seiior: ipodria
negar
...
?n
(Cap. XLIX)).
LA
SWTAXLS
DEL
D~ALOGO
EN
EL
QUIIOTE
(1605)
casual, sino que obedece a situaciones enunciativas muy concretas. Asi, se acn-
mulan en la intervencion con que don Quijote lanza vehementes apremios para
que Sancho responda (((Acaba, cu&ntamelo todo, no se te quede en el tintero una
minima))). El resto de casos de yuxtaposicion en este dialogo (a1 igual que ocu-
rre, disperso, por el resto de la obra) se da preferentemente en una
situation
muy
caracteristica: una pregunta, advertencia
...,
precedidas de una expresion apelati-
va en imperativo (mira, digame, dime), o equivalente (((...no me negaris, Sancho,
una cosa: cuando ilegaste
...
))).
Otros casos vieneu constituidos por autocorreccio-
nes con digo, expresiones contrapuestas con antes (que algunos gramaticos inclu-
yen entre las coordinadas adversativas), o distribuciones por medio de conecto-
res como por
una
parte ...p
or
otra. Tales empleos de la yuxtaposici6n (dificilmen-
te sustituibles, por otra parte, por configuraciones sintacticas supuestamente mas
'elaboradas') no se circunscriben a determinados tipos socioculturales en 10s per-
sonajes (son, en este caso, mas habituales en don Quijote que en Sancho), sino
que su presencia obedece, en 10s casos mas prototipicos, a intenciones ennnciati-
vas muy concretas
y
bien determinadas'o.
La coordinaci611, por su parte, muestra unos porcentajes de aparicion bastan-
te constantes a lo largo de 10s diilogos analizados, pero, por su modestia cuanti-
tativa (oscilan entre el 13,16% del dialogo entre el hidalgo, Haldudo y Andris,
y
el
8,66%
del habido entre hidalgo, cura y canhigo), y por constituirse a base de
apariciones aisladas en unas u otras intervenciones, no parece que le podamos
atribuir una relevancia especial, significativa o discursiva, surgida espontanea-
mente o pretendida por el constructor de 10s diilogos. Solo en determinados
momentos, la acumulacion de coordinadas en una intervencion parece orientar-
nos hacia sentidos de este tipo. Tales situaciones, sin embargo, no son muy fre-
cuentes, y mas que marcar socioestilisticamente a 10s hablantes, se dan en fun-
cion del tipo de discurso. Asi, se usa para engarzar las partes con que Vivaldo
(Cap.
X111)
construye la escena prototipica (((que muchas veces
he
leidon) del
encuentro entre dos caballeros andantes iuna esoecie de "relato internuoral?:
,
,
funcion semejante, amque ahora de relato mas bien 'imaginado', cumple la rela-
tiva acumulacion de coordinadas en la narracion de acciones que don Quijote
piensa realizar para cumplir con Dorotea y volver pronto con su dama
(c(
...
cami-
nar apriesa y llegar presto
[...I
y en llegando le cortare la cabeza y pondre
[...I
y
a1 pnnto dark la
welts...))
(Cap. XXXI)). Pero la acumulacion intensiva, con repe-
lo
La
yuxtaposici6n dc clementos nominales, dispuestos en forma paralelistica (con varia-
ci6n, a inediados de la secuencia, del orden),
es
un procedimiento retorico cervantino propio
de enunciados elaborados, con deseos de exhaustividad @or medio de la reiteracion): asi, en
uno de 10s parlamentos del canonigo (Cap.
XLVII),
donde se da, ademas, otro de 10s casos de
combinaci6n de yuxtaposicion
y
coordinacion conclusiva de unidades oracionales (((...adrniren,
suspendan, alboroccn
y
entretengan
...
n),
hallamos nn largo phrafo dispuesto de esa manera
(((...en las hazaiias, increibles; en los amores, lascivos; en las cortesias, malmirados; largos en
las batallas, necios en las rarones..n), qne se cierra tambien con una coordinada reforzada por
un conector
(a
...y,
finalmente, ajenos
...
))).
ticion del esquema coordinado, se usa tambit-n para 10s consejos que un exaspe-
rado Sancho da a su sefior cuando, por 10s proyectos de este, ve peligrar su sofia-
da insula (aunque en realidad solo hay un consejo, el de casarse, las demas coor-
dinadas son mecanismos de prevencibn
y
cortesia: ccCalle
[...I
y
tenga vergiienza
[...I
y
tome mi consejo, y perdoneme,
y
ckese luego
...
))
(Cap.
XXXI)).
0
para la
descripcion que hace el canonigo de los argumentos favorables a la 'comedia
nueva' (Cap. XLVII:
cc
... el vulgo las oye con gusto, y las tiene y las aprneba por
buenas
[...I
y 10s autores
[...I
y 10s actores
[...I
dicen que asi han de ser
[...I
y
que
las que llevan traza y siguen la fibula
[...I
no sirvcn
[...I
y
todos 10s demis se que-
dan ayunos
[...I
y que a ellos les esti mejor ... n"). La acumulacion de coordina-
das se da tamhien en parodias del lenguaje leguleyo, con su prevision de todo tipo
de posibilidades sobre una misma base (con lo que suele repetirse, por ejemplo,
un verbo en 10s distintos tiempos bbicos:
((
...
cuantos agravios me ha1 hecho y
han de hacer, ora me los haya hecho o haga o haya de hacer
...
n12
(Cap. XV),
((
... cuanta yo he alcanzado, alcanzo
y
alcanzart- por las armas...)) (Cap. XXXT)),
parodias que, como se ha visto, salen tanto de la boca de Sancho coma de la de
su amo. Finalmente, es muy interesante el discurso de Sancbo (Cap. XLVII) en
el que este se defiende de la acusacion emitida por el barbero de estar tan loco
como su amo
y
de, por tanto, haber creido en sus promesas (en lo que hay una
velada critica a su codicia): la respuesta de Sancho esta constrnida mediante la
disposicibn de las secuencias de forma recurrente (y paralelistica), de mod0 que
cada argument0 se conecta a 10s delnas con y, y dentro de cada uno de ellos una
coordinada cony concluye cada uno de esos mecanismos argumentativos parcia-
les
(x
...y no deb0 nada a nadie;
[...I
y cada uno es wo de sus obras;
[...I
y mb
pudiendo ganar tantas mi sefior
[...I
y
algo va de Pedro a Pedro.
[...I
y
a mi no se
me ha de echar dado
false...)),
para cerrar el conjunto con un rotundo
cc
...y
quede-
se aqui, porque es peor ineneallo))). La diversidad de argumentos utilizados y su
union mediante ese simple procedimiento sintactico (y conector o conjunci6n)
podria hacer pensar en una cierta mimesis de la oralidad; la disposicibn perfecta-
mente cuidada de esos miembros, por el contrano, apunta a un calc~~lado y elabo-
rado esfuerzo retorico.
La subordinacion es, pues, el mecanismo de relacion interoracional mas amplia-
mente representado en 10s dialogos cervantinos, y siempre alcanza mb de la mitad
de 10s casos: oscila entre el
53,51%
de 10s dialogos del Cap. IV
y
el
74,84%
de 10s
Caps. XLVII-XLIX, en la parte ocupada por 10s coloquios entre hidalgo, cura y
canonigo; en 10s demb fragmentos se sihia en torno a1
60%.
Parece relevante que
la menor proporcibn se dt- en uno de 10s dialogos iniciales, vivo, lleno de interven-
ciones compuestas por un solo periodo, y de poca complejidad intema; por el con-
trario, es el dialog0 mas prbximo a 10s elaborados diilogos humanistas, mucho mas
l1
Obsirvsse, ademb, como altema la presencia
y
ausencia de queen 10s ultimos
enun-
ciados, que constituyen
el
discurso refendo de autores
y
actores (udicen que
...
n).
12
La coordinacihn sigue en secuencias no oracionales:
((...hays
de hacer persona alta o
baja, nco o pobre, hidalgo o pechero
..o.
LA
SINTAXIS
DEL
DIALOGO
EN
EL
QU~JOTE
(1605)
extenso y complejo, el que ostenta la mayor presencia de hipotaxis; no obstante,
hay que I-ecordar que el dialago paralelo entre hidalgo y escudero, de caricter tan
distinto, muestra un porcentaje de subordinadas no muy alejado (65,59%).
En todos 10s diilogos analizados, el dominio dentro de 10s tipos de subordina-
cibn viene ejercido par relativas (en la mayor parte de 10s casos) y completivas, sin
que las oscilaciones en 10s respectivos porcentajes parezcan vincularse a condicio-
nes de
organization
semantics
o discursiva relevantes. No obstante, en este punto
llama la atencion nuevamente el Cap. IV, con la mas baja proparcion de completi-
vas de todos 10s diilogos analizados (13,11%: en 10s demas fragmentos supera
siempre ampliamente el
2056,
y en varios el 30%): quizb tambien par su naturale-
za es el menos propicio a referir lo dicho por otros, a desarrollar contenidos afirma-
dos, creidos, suplicados (bien directa o indirectamente), a 'pareceres' o a explica-
ciones (((es que
...
))),
10s principales elementos regentes de las completivas halladas.
En cuanto a 10s demb tipos, si hien es cierto, coma sefialaha Lope Blanch
(1995-1997), qne en
El
Quijote pueden hallarse practicamente todos, tambien lo
es qne muy pocos alcanzan porcentajes relevantes, y estos suelen ser 10s mismos
en todos 10s diilogos. Asi, muchos no llegan en ningtin caso a1 5% (finales, inte-
rrogativas indirectas, modales hipotkticas con coma
si,
locativas, comparativas,
concesivas), otros lo hacen ocasionalmente (modales (en general con coma) en el
Cap. IV:
8,20%;
temporales en el
XV:
6,76%; consecutivas en el XLVII-XLIX, en
10s dialogos cura-can6nigo-don Quijote:
6,34%),
y otros con mayor habitualidad,
aunque no siempre: las condicionales solo en el ultimo dialogo citado bajan del
5%, y las causales no llegan a tal numero en ninguna de las dos lineas de diilogo
de dichos capitulos. Hay que recordar que estos pocos tipos alga mas hahituales
tampoco alcanzan proporciones notables: ninguno logra superar el 10%. Por otro
lado, su dispersion a lo largo de 10s periodos (no suelen hallarse sino uno o dos
casos por periodo) hace nuevamente dificil encontrar razones particulares de orden
discursivo para su
utilization.
Asi, en las causales solo se da una cierta acumnla-
cion en dos intervenciones, ambas con fuerte componente reflexivo: la primera
(Cap. XXXI), en la que don Quijote intenta explicar, y explicarse, c6mo Sancho
ha podido ir
y
volver tan pronto en su embajada al Toboso, lo cual pretende justi-
ficar mediante la existencia de encantadores, cuya virtualidad para el caballero
manchego ha de justificarse a su vez; la segunda (Cap. XLVIII), el largo parlamen-
to del cura critic0 con el vigente modelo de comedias (y de libros de cahallerias):
no es casual que las justificaciones conpues
y
conporque a las afmaciones y jui-
cios del clerigo integren el conjunto de causales, sin que encontremos aqui causas
estrictas de algin hecho enunciado. Tampoco las condicionales permiten aventu-
rar inferencias interesantes de este tipo: dispersas igualmente en &do tip0 de inter-
venciones, no parecen caracterizarpersonajes ni tipos de disc~rso'~; si parece inte-
l3
A este respecto, es curioso serialar que se dan con mayor frecucncia en
cl
diilogo vivo
entre
don Quijote
y
Sancho
de
10s Caps. XLVII-XLIX
(8,97%)
que
en
el mis literario
y
hurna-
uistico del hidalgo, el cura
y
el canonigo
(4,68%).
-
resante destacar qne mh qne para idear hip6tesis de consecuencias mas o menos
dudosas, sirven mas bien para enunciados de cortesia, como 10s proferidos por
Sancho tras el apaleamiento sufrido a manos de 10s yangiieses (ademas, a1 prin-
cipio y final de sn peticion: ccQuerria, si fuese posible
[...I,
si es que la tiene vues-
tra merced
...
))
(Cap. XV)), o para matizar la actitnd enunciativa (c c... si va a decir
verdad
...
))
(Cap. XIII), ccy si he de confesar la verdad
...
))
(Cap. XLVIII)), o, muy
especialmente, para, dando por presupuesto y sentado lo enunciado con
si,
hallar-
le algim tipo de justificacion por medio de la 'principal' (ccy si algunos snbieron
a ser emperadores
[...I
a fe que les cost6
...
))
(Cap. XIII), ccSi estas
[...I
son cono-
cidos disparates
[...I
y
[...I
el vulgo las oye con gusto, y las tiene y las apruebapor
buenas
[...I
y
10s autores
[...I
y
10s actores
[...I
dicen que asi han de ser
[...I
de este
modo vendri a ser mi libro
...
))
(Cap. XLVIII)), o, finalmente, para vinculaciones
de caracter general (ccsi el zapatero da a otro con la horma
[...I
no por eso se dira
que queda apaleado
...
))
(Cap. XV)). En cambio, si parece significativa la algo mas
elevada proporcihn de estructuras consecutivas en el diilogo, tantas veces carac-
terizado como 'artificioso', de hidalgo, cura y can6nigo: con ellas se establece el
mecanismo logico de consecuencias que se desprenden y se buscan a partir de
acciones previas (c(escribi6ndose de suerte qne
[...I
admiren, suspendan, alboro-
cen, y entretengan, de modo que anden...)) (Cap. XLVII),
cc
...q ue haga un cuerpo
de fibula entero con todos sus miembros, de manera que el medio conesponda a1
principio
...
))
(ibid.)); o se pondera una
situation
o estado, de Val forma que se
entiendan las consecuencias que se extraen de ellos (que el enunciador, en su jui-
cio, extrae de ellos): la ponderacion se intensifica, bien multiplicando las conse-
cuencias ((clas cuales fueron tales que admiraron, alegraron y suspendieron..
.n
(Cap. XLVIII)), o 10s antecedentes ponderados (((...con tanta gala, con tanto
donaire
[...I
y, finalmente, tan llenas de
elocution
y
alteza de estilo, que tiene
lleno el mundo de su fama) (ibid.)), procedimientos ambos muy propios de la
retorica cervantina.
Igualmente parece muy significativa la distribncibn de 10s que 'subordinantes'
en relaciones de difuso espectro semantico: no parece casual que sus porcentajes
mas elevados se hallen en el temprano dialog0 del hidalgo, Haldudo y Andres
(18,03%: 11 casos de
61)
(Cap. IV), yen el que sostienen don Quijote y Sancho
en 10s Caps. XLVII-XLIX (9,42%: 21 casos de 223), dos de 10s diilogos mas
vivos
y
agiles de entre 10s constn~idos por Cervantes (sin embargo, en otro muy
parecido, el que mantienen amo y criado en XXX-XXXI, solo se llega a1 2,8%:
6
casos de 209); parece, pues, que uno de 10s recursos en esa peculiar 'mimesis'
de cierta oralidad es el increment0 en el empleo de que como mecanismo conec-
tor generico. Son varios 10s contextos tipicos de dicho que: aparte de 10s casos en
que introduce una oracion en principio no subordinada (muy habitualmente tras
juramento o imprecacion: ccpor la pasion de Dios, que no lo hare otra vez)) (Cap.
W)),
vincula, con un matiz vagamente causal, 6rdenes o consejos con
attitudes
animicas o argumentos justificativos (cctomad vuestra lama
[...I
que yo os hare
conocer
...
)),
ccquedense 10s zapatos
[...I
que si 61 rompi6 el cuero de 10s zapatos
[...I
vos le habeis rompido el de su cuerpo
...
))
(ibid.)), o justifica juicios emitidos
LENGUA
Y
LITERATURA
EN
CERVANTES
MANUEL
ARIZA
VIGUERA
Universidad de Sevilla
Todo el mundo sabe que es muy dificil decir algo nuevo sobre Cervantes, por
n de mi muchas novedades, sino solo una pequeiia aproxi-
colector de mundos literarios y vividos.
Necesito empezar hablando de la literatura del siglo
XVI.
Podriamos decir
uyen y que a veces se encuentran: el eje culto
y
el popu-
resentado por la literatura que podriamos llamar rena-
amentalmente por el romancero y 10s cantarcillos tra-
centista no solo crea o toma- unos temas detemi-
lo mas
o
menos estereotipado abuso de la adjetiva-
re todo, del epiteto constans, colocaci6n del verbo a1 final,
luso impregna varios generos o subgeneros que en eso no me
iAn el romancero tenia sus propios clises tematicos, metricos
caso con el uso de formas arcaizantes como herencia de su
De la Edad Media arranca el genero de las novelas de caballerias
y
cotno es
sabido- de la lengua del Amadis procede el empleo de un lenguaje 'medieval' en
las otras novelas del gt-nero. Renacentista es, por el contrano, la novela pastoril,
y, como tal, sus usos lingiiisticos.
Solo hay un gknero que recorre 10s Siglos de Oro y que no se puede decir que
tenga un estilo propio. Me explico. Si hay elementos comunes
-narration
en pri-
mera persona, etc.-, peso no una uniformidad lingiiistica; asi el Lazarillo es cla-
ramente una obra renacentista y El Buscon una obra barroca. No hay
mb
que
comparar el comienzo de ambas obras.
iY
El Gunnan?': Un sermonano bajo el
disfraz de novela picaresca.
En cuanto a1 teatro, en su primera mitad vemos la apancibn del sayagues
como lenguaje teatral, que se continuara, con variantes, en el siglo
XVII.
Como
es sabido, este lenguaje tenia colno base el leones, y se convirti6 en un topico lin-
giiistico literano. No emplea Cervantes el sayagues, aunque lo menciona como
ejemplo de lenguaje nistico: mi, que vilgame Dios, no ay para que obligar a1
sayagues que hable como el toledano)) (Qul~ote, 11, III)2.
'
Libra aburridisimo del
que
nunca be comprendido como pudo tener tanta fama.
Para
el
habla de Toledo cnno modelo lingiiistico vbanse 10s trabajos de
F.
Gonrilcz
0118.
En cuanto a la lengua, no me voy a detener en las evoluciones foneticas acae-
cidas en la epoca, ni en la aparicibn del andaluz y su propagacidn por Canarias y
Ant-rica. El conocido testi~nonio de Juan de Valdt-s me exime de hablar de 10s
cambios de todo tipo que se heron generalizando a lo largo del siglo XVI. No
menos importantes que 10s foneticos y morfosintacticos heron 10s lexicos: cul-
tismos, italianismos, etc, entran a tropel, como puso de manitiesto Lapesa.
Y
no
solo, tambien se desechan algunos arabismos, aunque algunos de ellos pervivie-
ron en el andaluz.
En el Siglo de Oro existian comunidades sociales que poseian una caracteri-
zacion lingiiistica. Eran siempre minorias con determinados grados de margina-
cion. Por un lado, estaban 10s moriscos3, par otro, 10s gitanos; junto a ello,s el
hampa. Ademas -aunque sin formar grupo social-, 10s negros. Ademas de ciuda-
danos de otros paises, de 10s que formaban gmpos importantes 10s italianos y, en
menor medida, 10s franceses. Como era de esperar, todos estos grupos tuvieron,
en mayor o menor medida, un reflejo en la literatura inrea.
Por otra pate, no se puede dejar de lado lo que podriamos llamar las "ideas
linguisticas" del siglo XVI, sobre lo que tambit-n Cervantes hace importantes pre-
cisiones, de lo que no voy a hablar por sobrado conocido4.
Empecemos por la literatura, punto este tratado con gran maestria por muchos
criticos, especialmente pol- Lazaro Carreter. Puede parecer que insult0 su intsli-
gencia si les digo que
El
Quijote es inicial y superficialmente -aunque son adver-
hias mas que discutihles una critica a los libros de caballerias. Para lo que nos
interesa ahora, 10s elemcntos linguisticos caballeriles son diversos: la invencibn de
10s nombres, el recurso a1 artificio del falso autor y, evidentemente, la imitacion
del lenguaje caballeresco, tanto por el uso de arcaismos foneticos
y
lexicos, como
por la retorica ampulosa. Se ha sefialado que este ultimo recurso se mitiga grande-
mente en la segunda pate. No creo que merezca la pena detenemos mas en ello.
Otro de 10s generos de gran nivel de popularidad en la t-poca era la novela pas-
toril. Esta representa el polo opuesto de las novelas de caballerias tanto en su
estructtua como en su lenguaje. Efectivamente, frente a la acci6n caballeril esti el
estatismo pastoril, frente a la vida aventurera, la contemplativa, y, especialmente,
frente a1 lenguaje de corte medieval, el lenguaje renacentista. Bien es cierto que
algunas conco~nitancias existian entre ambos generos: ambos describian un mundo
artificial, en amhos ese alejarniento se producia, entre otros aspectos, por una deno-
minacibn artificiosa. A esta moda se snma Celvantes con La Galatea, pero tambien
hay muchos otros elementos pastoriles en otras obras. Como dice LAzaro Carreter,
a1 mundo pastoril ((lo amaba Cervantes y, a la vez, le movia a burla; porque tam-
bien producia enajenados)). No creo que sea exactamente por ello.
Los judios habian sido
ya
expulsados,
y,
poi otra parte, no parcce que tuvieran
un
deter-
lninado modo de hablar particular.
4
Especialmente en el conocido Lrabajo de J.L. Gir6n Alconchel.
"A
y
LITERATURA
EN
CGKVANTES
na de las concomitancias de ambos gineros estaba en el sistema denomina-
ecordemos el camhio de nombre que se propone cuando deciden hacerse
es. Coma en otras ocasiones, Sancho ha oido campanas y por ello una vez
e equivoca cuando elige el nombre pastoril para Teresa Panza.
o, claro, la novela pastoril no es mas que una de las plasmaciones del
nacentista, del que tan imhuido estaba Cervantes
y
a1 que admira
y,
dcl
smo tiempo, se rie. Sirvan como ejemplo los conocidos pasajes cervan-
n tomo a la belleza ideal de la epoca.
priinero esti en la pnmera parte, en el capitulo 16. Don Quijote llega a la
Le va a atender una moza asturiana:
ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del im ojo tucucrta y dcl otro no muy
sana. Verdad es que la gallardia del cuerpo suplia las demas faltas: no tenia siete
palmos de 10s pies a la cabeza, y las espaldas, que algh tanto le cargaban, la haci-
an
mirar al suelo mAs de lo que ella quisiera.
ero no me interesa tanto la fealdad de la moza como su transformaci6n qui-
ca. Oigamos a Cervantes:
Tentole luego la camisa,
y,
aunque ella era de arpillera, a
CI
le parecio scr de finisi-
mo y delgado ccndal. Traia en las mu7ecas mas cuentas de vidrio, pero a
el
le die-
ron vislumbres de preciosas perlas orientales Los cabellos, que en alguna manera
tiraban a crines, 6110s march por hebras de lucidisimo oro de Arabia, cuyo resplan-
dor a1 mismo sol escurecia; y el aliento, que sin dnda alguna olia a ensalada fiam-
hre y trasnochada, a 61 le parecib que anojaba un olor suave y a-omatico; y, final-
mente, 61 la pinto en su imaginacion, de la misma traza y modo, lo que hahia leido
en sus lihros
...
repite Cervantes la fealdad, sino que abunda en la descripcion de lo nega-
la moza,
y,
todo ello, se convertira en la esencia de la belleza de ese mara-
oso personaje que no ve mas realidad que la que su iinaginacion le dicta.
Pero quizi el texto mas
significative
sea el que vemos en el capitulo
XI
de la
parte cnando Sancho hace creer que una aldeana era la simpar Dulcinea.
Jote se lamenta del encantamiento que no le ha permitido verla, sino que
le ha parecido una aldeana "haja y fea" y "con un olor a ajos crudos".
A
lo
-
iOh canalla!
-
gnto a esta sazon Sancho
-.
iOh encantadores aciagos
y
malinten-
cionados, y quien os viera a todos ensartados pot las agallas, como sardinas en ler-
cha! Mucho sab&is, mucho podeis y mucho Inis hackis. Bastaros debiera, bellacos,
haber mudado las perlas de 10s ojos de mi seiiora en agallas alcomoqueiias, y sus
cabellos de oro purisimo en cerdas de cola de buey bemejo, y, finalmenre, todas
sus faccio~~es de buenas en malas, sin que le tocirades en el olor, que por el siquie-
ra sacliramos lo que estaba encubierto debajo de aquella fea corteza; annquc, para
decir verdad, nunca yo vi su fealdad, sino su hennosura, a la cual subia de punto y
quilates
un
lunar que tenia sohre el labio derecho, a manera de bigote, con siete o
ocho cabellos mhios como hehras de oro y largos mas de nn palmo.
A
ese Iunardijo don Quijote-, segh la correspondencia que tienen entre si 10s
del rostro con 10s del cuerpo, ha de tener otro Dulcinea en la tabla del muslo que
corresponde a1 lado dondc tiene el del rostro; per0 muy luengos para lunares son
pelos de la grandera que has significado.
-
Pues yo st! decir a westra merced -1espondi6 Sancho- que le parecian alli como
nacidos.
Mis adelante, en el capitnlo
XI,
don Quijote y Sancho comentan el episodio
anterior
y
dice don Quijote:
Mas, con todo esto, he caido, Sancho, en una cosa,
y
es que me pintaste ma1 su her-
mosura: porque, si ma1 no me acuerdo, dijiste que tenia 10s ojos de perlas, y 10s ojos
que parcccn de perlas antes son de besugo que dc ha;
y,
a lo que yo creo, 10s de
Dulcinea dehen ser de verdes esmeraldas, rasgados, con dos celestiales arcos que le
sirven de dejas;
y
esas perlas quitalas de 10s ojos
y
pasalas a 10s dientes, que sin
duda te trocaste, Sancho, tomando 10s ojos por 10s dientes.
-Todo puede ser
-
respondib Sancho, porque tambibn me turbo a mi su hermosura
como
a
mesa merced su fealdad.
El "traidor" de Sancho, que ya a esas alturas conoce bien a su seiior, no tiene
empacho ninguno en engaiiarle haciendole creer que el no ha visto la belleza de
Dulcinea por culpa de 10s malos encantadores. El pobre Sancho conoce de oidas
el ideal de belleza renacentista: la belleza mbia con ojos verdes, el encanto del
lunar, 10s dientes como perlas, etc., pero el pobre no lo tiene asimilado
y
se equi-
voca, por lo que su
description,
que quiere ser la de la belleza maxima, se con-
vierte en un espanto, de lo que se da cuenta nuestro hidalgo
y
le corrige. Sancho
es astuto, por ello justifica sus equivocaciones: la de 10s pelos alegando que le
venian que ni pintiparados, la de 10s ojos como perlas alegando que a el tambiin
le deslumbro la belleza de la supuesta Dulcinea. Pero ademis, a Sancho se le
escapa un desliz: hablar de la fealdad de la aldeana: sus ojos eran "agallas alcor-
noqueiias"
y
sus cabellos "cerdas de cola de buey bermejo", pero rapidamente
corrige su desliz alegando que 61 no vio la fealdad sino la belleza.
Se ha dicho que existen elementos de la picaresca en Cervantes, y se nombra
El coloquio de 10s perros, Rinconete
y el episodio de 10s galeotes
del
Quijote.
Si
por picaresca entendemos el genero, en absoluto, si lo consideramos como el pro-
totipo social, sf. Como se recordara, Ginis de Pasamonte esta escribiendo una
autobiografia que oscureceraen su opiilion- a1 Lazarillo, en este sentido si hay
un recuerdo claro del g&nero5.
En vida dc Cervantes ya habia comenzado la d~sputa entre culteranos
y
con-
ceptistas. Parece que Cervantes se mantiene al margen de la polemica, y de becho
alaba tanto a C6ngora como a Quevedo; su estilo es esencialmente renacentista
Independieutemente de que
la
verdadera autobiografia de Pasamonte solo tenga de pica-
ro la
narration.
NCUA
Y
LITERATURA
EN
CERVANTES
oderado, que algunos denominan manierista, sin embargo, a1 final de su vida,
n ese 'afan' por merecer consideracidn entre 10s escritores de su epoca, eleva
estilo para parecer "culto", como es el caso del Persiles y, en cierta medida,
de
segunda parte del Quijote. En otra obra suya de este periodo final, en el Viaje
1
Parnaso, encontramos ejemplos de hipirbaton abrupto, de tipo gongorino,
en "cuando par la, aunque azul, liquida plata", "que es oro
y
sirgo de su
el hilo", o el terceto
En cuyo traje y ademin severo
vi
de Mercurio
a1
vivo la figura
de 10s fingidos dioses mensajero.
No son ejemplos significativos de un culteranismo cervantino, sino
de
una
ntaminacion o licencia que empezaba a estar de moda en su kpoca.
En cuanto a la literatura popular, y para cefiimos en primer lugar a1 Quijote,
y
en la magna novela bastantes citas de romances, si no he contado mal, de 10s
e solo cuatro aparecen en la primera parte, dos de ellos tradicionales: el de
zarote (I", 11) y el del MarquAs de Mantua (1" V); y dos cervantinos: el del
ero
(la
IX) y otro en el capitulo XLIII. No hay mas en la primera parte. En la
gunda encontramos dos tradicionales en el capitulo
IX,
uno de ellos
4
de
nos- lo canta un labrador, y el otro el de Calainos y la infanta Sevilla- lo
da don Quijote; en el XII, uno de la serie del rey Muza, otro tradicional,
en
111 en donde combina dos de Montesino
,
otro en el XXXIII el de la
itencia de Don Rodrigo
,
y otro en el LXXIV, el del cerco de Granada6. Junto
s, cuatro nuevos, dos cervantinos: el romance de Altisidora capitulo
y el de don Quijote capitulo XLVI-, otro de un autor contemporaneo -el
Gaiferos y Melisenda, capitulo XXVI- y otro, en el LXX7.
No son 10s unicos. Aparte del empleo del romancero en el Cervantes versifi-
dorK, el uso del romance como motivo literano es muy frecuente en sus obras.
n embargo, frente a lo que sucedia en
El
Quijote, 10s romances son todos nue-
vos y no presentan, por lo tanto, las caracteristicas lingiiisticas arcaizantes del
romancero tradicional. Aparecen en diversas obras, como en La gran sultana, cn
La entretenida, en Pedro de Urdemalasg,
y
generalmente son cantados por musi-
cos o con acompaiiamiento de musicos. En tres ocasiones habla de ((romance
correntio)): en La
gran
sultana -((per0 tengo un romance correntiolque le pienso
cantar a la loquesca))
-,
en La Gitanilla -((Repic6 Preciosa sus sonajas
y
a1 tono
correntio y loquesco canto el siguiente romance))-. En ambos casos se trata de
romances
"narratives",
que debia ser el valor que le daba Cervantes, pues en otra
Romance a1 que tambien se
hace
referencia
en
el
capitulo
XXII.
'
Ademas de referencias indirectas de otros en
10s
capitulos
I,
XIX,
11,
I
y
11,
XXVI.
Muchas de las presuntas referencias
a
romances
qne
ofrece Rico
son mas
que
dudosas.
Mas de cien confiesa
haber
escrito.
En
este caso exasilibico.
ocas~on habla de 'verso correntio', en
El
rufiin d~choso, queI0 esta en aquelmdo.
Asi pues "correntio" parece ser narratlvo, como decia
En dos ocasiones hemos visto que aparece 'loquesco'; hay otra mas: en
El
celoso
extl-emeEo ctse daba prisa
a
cantar romances de lnoros y moras a la
loquesca con tanta gracia que)). No he encontrado ning6n otro testimonio de esta
palabra. El Diccionario de Autoridades cita esta frase
y
dice que ((es voz inven-
tada)); da el significado de "modo de locos", que no parece cunvenir con 10s siy-
nificados cervantinos.
En
El
rufian dichoso se habla de
un
((romance jacaro)) del que dice Lagartija:
que le iguaio y ie comparo
al mejor que se ha compuesto;
hecha de la hampa
y
el resto
en estilo xaco
y
raro.
Tiene vocahlos modemos
de tal manera que encantan:
unos bravos y otros tiernos;
ya a los cielos se ievantan
ya bajan a 10s infiemos.
Lo curioso es que nada de esto es verdad: ni esta en jicara, ni tiene vocablos
modernos, ni nada de nada, por mas que se trate de la muerte de
un
jaque.
Junto a ella existian 10s cantares llamados 'populares' o 'tradicionales"', de
10s que Cervantes da sobradas muestras en muchas de sus obras, por poner algu-
nos ejemplos:
Niiia, la que esperas
en reja o balcbn,
advierte que vicne
hi
polido amor.
(Pedro de Urdemalas)
Madre, la mi madre,
guardas me poneis,
que si yo no me guardo
No me guardarkis.
(El
celoso extcmcZo
y
La
cntretenida)
Pisare el polvico
atan mcnudico,
pisare el polv6
atan menudo.
(La
eleccion de los alcaldes)
In
Cita Tolnas Navarro Tomas
a
nuesiro autor hablando del perque, mencionando 10s ver-
sos
de
El
ruiiiin,
pero curiosamente dice que empiera en una redondilla,
lo
que no cs cierto,
sino
que
cornienra
y acaba con un verso libre, como era tan~bien el uso
de
Lope
de
Vega.
LENGUA
Y
LITERATURA
EN
CERVANTES
Ando enamorado
no dire de quikn,
alla miran ojos
donde quieren hicn.
(Los
bafios
de
Argel)
A
la guerra me llevd
mi necesidad,
si tuviera dincros,
no fuera en verdad.
(Quijote,
II,
XXVj
No es de extraiiar, no solo porque es un recurso muy fiecuente en 10s autores
e 10s Siglos de Oro -y aun antes-, sino porque, a partir de la irmpcion de lo
opular en la vida cortesana, a partir de fines del siglo
XV,
estos cantarcillos
abian adquirido una notacihn modelica, hasta el punto de que son citados como
autoridad" por Covarrubias, como, por ejemplo,
Voces dan en aquella sierra;
lefiadores son que hacen lefiall.
Hala gala del zagal,
y de su madre donzelia,
hala gala del
y
della12.
Assomaos a esse huraco,
cara de prata,
corrert. yo el
mi
cavallo,
la trapala trjpalai3.
0
10s sinfines que recoge Correas en sus libros. Claro es que algo similar
habia ocurrido con 10s refranes, que ya en el siglo
XV
habian adquirido una cier-
ta 'dignificacibn' literaiia
-
recordemos a1 rnarqnt-s de Sai~tillana
-,
y que en el
siglo
XVI
habian tomado un mayor prestigio por influjo de Erasmo. Es evidente
que no voy a poner ejemplos cervailtinos de 10s muchos refranes que recolren sus
obras y que, como en el caso anterior, estan puestos de ejemplos en Valdes, en
Covambias y, evidentemente, en Correas.
En cuanto a las variables geogrificas y sociales, ya habl6 de ello en otra oca-
sion, por lo que poco puedo afiadir a lo ya dicho. Solo hart. alyulas puntualiza-
"
S.v.
IeEo: edirc
el
cantarcillo antigum,
'*
S.v,
halagala ~~cantarcillo antiguon
l3
Sv.
tr$ala:
((Dire
un cantaicico sayaguisn
-
No existia oficialmente una comunidad judia en epoca cervantina. Los con-
versos, 10s cristianos nuevos, aparentemente se habian integrado en la comunidad
general y procuraban, por la cuenta que les tenia, ocultar su origen. Por ello
Cervantes solo hahla de la existencia de juderias en paises africanos en Los ban"os
de A~gel
y
en La
gran
sultana.
A
10s judios 10s cita cn varias ocasiones. Como
nombre propio aparece un maleante denominado el
Judo
en Rinconete
y
Cortadillo, pero es sobre todo en las obras ambientadas en Africa donde aparecen
como tales: asi ocurre en las dos obras citadas anteriormente. Curiosamente
ambos personajes, que hablan en perfecto castellano lo qne no indica nada, pues
tambien 10s musulmanes lo hablan14-, dicen Dio, como efectivamente decian y
dicen los jndios espafioles'5. Creo que esta forma solo pudo conocerla Cervantes
por el conocimiento directo de 10s judfos en Africa o en Italia.
Totalmente distinta es la consideracion del mundo irabe cervantino, tanto y
tan bien estudiado. En este colectivo se ahan el real
y
el mundo literario: el
morisco como ser
y
como elemento literario. Es claro que sus afios de cautividad
estin plasmados en diversas obras y episodios, tan conocidos. Es evidente tam-
bien que 10s romances moriscos y las novelas moriscas estaban de modal6.
Tambien el tema de la expulsion de 10s moriscos -que, no lo olvidernos, ocurri6
entre la primera y la segunda parte del Qnl~ote- afect6 de lleno a la sociedad de
la epoca. De ahi el episodio de Rinconete, como es sabido. Seguramente
Cervantes lleg6 a hahlar Qrabe en sus aiios de cautividad. De ahi su abundante
empleo de arabismos, muchos de ellos glosados, lo qne indica que eran descono-
cidos para la sociedad espaiiola. En otra ocasi6n hable de los arabismos del
Qu+te, ahora me detendri en los de otras ohras.
En Los bafios
de
Argel un guardiin dice que deben trabajar todos, ((ya pQpaz,
ya caballero)). Esta voz, derivada o deformada de "papa", tenia el significado de
'sacerdote cristiano' en el norte de Africa. La recoge el Diccionario de
Autoridadesl7 sin poner autoridad ninguna. En el CORDE solo tengo los siguien-
tes testimonios: los cervantinos, varios de Alonso de Contreras18 y uno, tardio
de
1701-
de Juan de Villagutierre, que en su cronica de lndias dice itllevinoles
el papaz o
gran
sacerdoten. La otra cita cervantina ocurre en la misma comedia:
l4
Con las matizaciones que despds hark.
l5
Coma exclamacihn +<par el Diow aparece
en
El
casamienfo engalioso en boca
de
un
alfirer. De todas formas, paece
un
dicho judeoespafiol:
-Ninguna pena me dio esa falta -respondi6 el alferez- pues tambien podre decir:
"Peushse don Simueque
que
me engafiaba con su hija la tuerta, y, por el Dio, contra-
hecho soy de
un
lado.
l6
De
ahi que se insertcn episodios moriscos
en
novelas pastoriles -La Diana- o picares-
cas
El
Gumin, Marcos
de
Obreg6n-.
l7
"Nombre que dan en las Costas del Africa a 10s sacerdotes Christianos..~. Por cierto
hasta la edicion de
1989
no
se cambia
el
tiempo del vcrbo daral imperfecto.
Quc,
en
una
ocasion, lo glosa: <(el papar, que es el curan
N~UA
Y
LITERATURA
EN
CERVANTPS
Baja: ~Este es papaz?
Sacristan: No soy Papa
Sino
un
pobre sacristan
Que apenas tuvo una capa.
a glosa de Alonso de Contreras y cl no entender la palabra del sacristin pare-
'ndicar que no era voz conocida en la Peninsula'g. Sin embargo resulta sor-
dente que el Diccionario de Autoridades la conozca cuando
-
que sepamos
-
e registra en
vocabularies
anteriores
y
no existe una documentacibn abundan-
aro es que su aparicion en
1701
y en un imhito muy distinto del esperado
Otros arabismos en la misma comedia son burche 'torre', voz qne solo regis-
en el CORDE en 1581 en el memorial de Fr. Juan Gilzo y qne se conserva en
toponimia de distintas zonas Boja, Morche (Malaga), etc.-, fende, "sefior",
labra turca como formula de tratamiento de la que no hay mb testimonios21,
chi 'sargento mayor de 10s jenizaros argelino~'~~, alguno glosado, como decia:
i
es cabo de escuadra/o alfirez)). Tambien hay arabismos, como era de
r, en La
gran
sultana: <cy es el dia del xuma,/ que asi al viemes llama el
ore)),
o ccRustAn: A buscar un tarasilespafiol. Madrigal: iNo es sastre? Rustin:
Tambit-n en otra obra ambientada en ~frica, en El amante liberal, aparecen
abismos, muchos de ellos glosados: ccel cadi de esta ciudad, que es lo mismo
e ser su obispon, ccpor baja, como 10s turcos llaman a sus virreyesn, ccentrb el
auz que es como alguacil)), voz turca que nunca ha sido castellana como bien
cen
Corominas-PascualZ3-pese
a que figure en el diccionario academic0 desde
884; cccarcajes, que asi se llanan las manillas en arabigon, arabismo de unica
umentaciou; ccera chilibi, que quiere decir caballero)), tambien turquismo de
ca documentacibn; cmn bajel de moros, que ellos llaman caramuzales)), o
ccmosoliman, que quiere decir turcon24.
Hay un arabismo, galinla 'botin', que aparece en tres ocasiones en Cervantes:
en El trato de Argel, en Rinconete y en La espaiiola inglesa. En esta ultima es glo-
sado: ccque con este no~nbre llaman ellos a 10s despojos que de 10s cristianos
toman)). La linica docu~nentacion del CORDE es de Alonso de Contreras
(1630-33) en obra tambiin relacionada con lo musulmAn. La ausencia de glosa
l9
Sin
descontar
que
pueda tratarse
dc
un
mero
juego de palabras.
20
Se
hata
de
un cautivo preso
en
el
burche
dc
Tortosa.
2'
Efendi
es
mis
tardia.
24
La
primera
documentacihn
no
es
la
cervantina, sino de
Luis
de
Mirrnol
Carvajal
24
Efectiva~nenle es
forma
de
origen
turco, pues
la
voz 'musulmin' es de inlroduccibn
culta
y
tardia,
vid
Corominas-Pascual.
cn tres de 10s cuatro ejemplos podria md~car que era arablsmo conocido de
muchos espafioles que por unas causar o por otras habian estado o cstaban en
contacto con cl mundo musulman.
Muy intercsante es que en Los bafios de Argel salgan unos "muchachos mori-
110s" que hablan con
infinitive:
iRapaz cristiano
non rccatar, non fugir;
don Juan no venir;
aca morir,
perro, aci morir!
Que es la unica ocasion en que algun moro no habla en 'correct0 espafiol'.
Hace ya afios, Gehman
(1982)*5
estudio presuntos arabismos sinticticos en el
enlpleo de 10s pronombres relativos en Cervantes; a mi mado de ver sus ejemplos
pertenecen al uso nonnal del espaiiol, coino, por ejemplo, en la frase (cuna insula
que hasta agora la esperoi) (Q.
I1,II)
En otra ocasion hablt- de 10s italianismos y del habla de negros. Quisiera ahora
hacer unas precisiones sobre ello. En
El
laberinto de arnorunos ccestudiantes capi-
gorristas)), intentan quedarse con la gente bien hablando de forma ccmuy culta))26,
bien cn un italiano maca~~bnico:
Signori, me recornando
y
a la corona me llamo.
Y
a revederci altra volta,
dove tinitemo el resto,
or non piu, visogna presto
fugire de qui si alcolta.
Sabido es que muchos de los italianismos que entraron cn 10s Siglos de Oro
se debieron a 10s soldados que lucharon cn las guerl-as de Italia. Nos lo recuerda
Cervantes:
Sonibale bien aquel ecco li buom' palostri, picioni, presuto et salcicie con otros
nombres de este jaez, de quien 10s soldados se acuerdan cuando de aquellas panes
vienen a estas (La firerza
dc
la sangrcj27.
25
H.S.
Gelrman: "Arabic Svntax of the raltive uronoun
in
Poerna dc Mio Cid and
uljote",
HR,
L,
1982,
53-60.
"26
<(Diganus, aentilhombrc/ asi la diosa verecundiaireciuroaue su nombrei v el blanco
- -
. .
pccho de tremante enjundial soborne
el
confornino:/ ja d6nde va, si sabe, esle camino?~.
27
ltalianismo de la epoca es, sin duda, 'salchicha'.
LAS
TRADICIONES
DISCURSIVAS
EN
LA
HTSTORIOGRAFIA
LWGUISTICA
...
ricos -que formaban parte, a su vez, de tradiciones discursivas determinadas-,
cuya incidencia en la prictica de la escritura analiza. Asi, ademas de evocar las
clasificaciones tripartitas de tipos de discurso que Gorgias de Leontino y
Anaximenes de Lampsaco habian estahlecido con anterioridad a la taxonomia
aristotilica, fundamentada no solo en el discurso, sino tamhien en las condicio-
nes de enunciacion y, par tanto, pragmitica avant
la
leftre, recuerda de que modo
se repartian la dialictica, la retbrica
y
la gramatica el dominio de la reflexion lin-
giiistica, para recalar, finalmente, en la abundante informacion que la ars rhetori-
ca medieval
y
siglodoresca -enriquecida durante la Edad Media por la ars dicta-
minis y la ars praedicandi- proporciona en relacion con el tema de nuestra mesa
redonda -distincion de 10s genera causis (forense,
deliberative
y epideictico);
diferenciacion, en el capitulo de la elocutio, de 10s tres estilos grave, medio
y
h~unilde, cuya elecci6n estaba motivada par el contenido del discurso; periodos
oracionales que convienen a los distintos generos discursivos-
y
concluir ofre-
ciendo un ejemplo
practice,
hasado en un anilisis comparativo entre el tratado
Vi~tuosas e Claras mugeres, de don ~lvaro de Luna y las fuentes que le sirven de
modelo, de como el cambio de genero discursivo podia determinar la caracteriza-
cion sintactica de un texto medieval.
El tercer trabajo, de Martha Guzmin Riveron, trata de mostrar en que medida
el concepto de tradiciones discursivas (TD) resulta imprescindihle para enfrentar-
se a1 estudio de la historia del espafiol en Amirica, llamando la atenciou sobre las
consecuencias negativas de una mala tipologizacion de 10s documentos que se
manejan como fuentes para este estudio. En opinion de esta autora, en 10s esiu-
dios diacr6nicos, el acercamiento a traves de las TD ((permite situar a1 texto, en
tanto que context0 de 10s fenomenos que analizamos, dentro de una
tradition
tex-
tual, lo que posibilita apreciar con mayor claridad tanto la
repetition
de elemen-
tos lingiiisticos de epocas anteriores como las innovaciones,
y
por consiguiente,
poder calibrar las apariciones
y
apreciar mejor 10s camhios)). Para la profesora
Guzmin, el reconocimiento de la importancia del caracter suprarregional de las
TD, en el sentido de que ((no tienen por que, y de hecho no suelen, estar circuns-
critas a una comunidad lingiiistica)), resulta crucial a la hora de relativizar, tanto
temporal como espacialmente, la representatividad lingiiistica de 10s documentos
americanos coma fuentes de datos para el esiudio del espafiol, no en Amhica,
sino de America; temporalmente, en primer lugar, porque 10s <(textos no solo
estan relacionados con tradiciones muy anteriores a1 momento en el que fueron
concebidos, sino que ademis se caracterizan por un alto grado de conservaduris-
mo e inflexihilidad textual, por lo que su
production
viene muchas veces formal-
mente pautada de antemano por individuos o instituciones)); espacialmente, por
el hecho de que las
TD
no estin circunscritas a una determinada region. La rele-
vancia de estas obscrvaciones para cualquier esiudio lingiiistico historic0 -no
solo para la historia del espafiol americano, sobre cuyas
TD
caracteristicas
Guzman proporciona toda suerte de utilisimos datos- salta a la vista.
La cuarta
y
ultima contribucion a esta mesa redonda, firmada por Daniel Saez
Rivera, comienza con una aproximacion al concepto de tradici611 discursiva, en
la que rastrea las diferentes definiciones y forn~ulaciones que ofrecen distintos
54
ARACELI
LOPEZ
SERENA (coord)
autores adscritos, en mayor o menor medida, a la que hemos denominado lingiiis-
tica de las variedades alemana,
y
que vienen a complementar la
definition
del
concept0 que ya proposcionaba Martha Guzman en su intervencibn. Aunque tarn-
hien se vislumhra la posihilidad de estudiar ~los mismos textos historiogr;ificos
como tradiciones discursivam, el objetivo principal de este trabajo es, sin emhar-
go, la explotacion de ((textos historiogrificos (gramaticas, diccionarios y otros
muchos gkneros de reflexion lingiiistica) como fuente para el estudio de las tra-
diciones discursivas de la historia de la lengua de espafiola),, sobre todo en lo que
concieme a1 ((reflejo
y
comentario explicit0 en textos historiogrificos de caracte-
risticas de las tradiciones discursivas del espaiiol)), par ejemplo mediante la asig-
nacibn, en textos lexicogrificos, a determinadas palahras de ((marcas diasistemi-
ticas mas o menos formalizadas y normalizadas que consignan eel arnhito discur-
sivo o de lenguaje de especialidad)) en que se emplean. De forma seminal, el pro-
pio Saez analiza, en este sentido, textos de la Real Academia, del
Arte
de la len-
gua espafiola (1651) del padre Villar, de la gramatica que John Stevens adjunto a
su diccionario de 1706 y de la Nouvelle Grammaire Espagnole (1714) de I'Ahh6
Jean de Vayrac, capellin de Felipe
V.
Se trata, en definitiva, de cuatro trahajos realizados desde enfoques muy
divessos -aunque apoyados en una bihliografia parcialmente coincidente, par lo
que esta se ofrece de forma unificada a1 final de las cuatro contribuciones-, con
cuya conjuncibn se pretendja poner a pnleha la rentahilidad de 10s conceptos de
tipologias textuales
y
tradiciones discursivas para 10s esttidios historicos e histo-
riogrificos del espafiol, con el aliciente de abordar las cuestiones que planteaba-
mas al principio desde perspectivas tan dispares coma la moderna lingiiistica tex-
tual
formalists,
la retorica clasica, medieval y siglodoresca, la historia del espa-
fiol medieval
y
clbico, la historia del espafiol en Amhica y la historiografia lin-
giiistica secentista
y
setecentista. Aunque la letra impresa tiene el inconveniente
de velar a1 lector la fmctifera confrontaci6n de ideas que surgio de esta mesa
redonda, confiamos en que de su propio contraste de las cuatro contrihuciones a
las que damos ya paso afloren las rnismas preguntas que nos hicimos nosotros en
su
momento.
LAS
TIPOLOG~AS
TEXTUALES EN LA
LWGU~STICA
CONTEMPOR~LNEA:
QUE
SE
HA
HECHO
Y
QUE
QUEDA POR HACER
MARGARITA BORREGUERO ZULOACA
Universidad Complutense de
Madrid
Parece ser que la necesidad de establecer tipologias
y
clasificaciones es inhe-
ente a la forma que tiene el pensamiento humano de acercarse a la realidad,
omo bien han demostrado las teorias cognitivas (Calsamiglia y Tuson 1999:
51;
cf. Kleiber 1988
y
Cuenca y Hilferty
2000:
31-65, para una vision de con-
unto del problema de la categorizacibn en imbito cognitivo). En este acerca-
iento, necesitamos analizar lo que se nos presenta como un continuo en unida-
es, fragmentando el continuo, clasificando dichas unidades
y
adjudicandoles
na etiqueta que permita su mas facil
categorization
cognitiva.
Sin embargo, las tipologias son un arma de doble filo, porque si, por una parte,
ermiten una mejor comprension de la realidad, por otra, pueden ofrecer una
ision excesivamente simplista o deformada de la misma. Esto ocurre con espe-
ial frecuencia cuando se hata de imponer un esquema taxonomico importado de
tro campo de experiencia a
un
conjunto de entidades.
Uno de 10s problemas que se plantean a la hora de establecer una tipologia es
1
de decidir si sus tipos tienen validez universal o si estan circunscritos a deter-
inadas situaciones socioculturales. En el caso de la tipologia textual, 6sta debe-
tener entre sus objetivos la
identification
de aquellas formas de comunicacibn
'versales que se corresponden con las necesidades que tienen todos 10s seres
umanos de explicar el mundo, de transmitir valores
y
creencias, de interactuar
on sus semejantes; es decir, la tipologia textual debe identificar las tendencias
egulares en 10s comportamientos discursivos, atendiendo precisamente a aquello
ue tienen de comun y universal.
En este trabajo ofrecemos un ripido recorrido por las distintas aproximacio-
nes realizadas desde el hbito de la lingiiistica textual contemporhea a1 proble-
ma de la tipologia discursiva, sin ninguna pretension de ser exhaustivos, ni
siquiera de comentar 10s trabajos mas relevantes en este campo. El objetivo fun-
damental es proporcionar a la discusion que nos ocupa un marco tebrico, esboza-
do a grandes rasgos, que constituya un punto de referencia, que permita tener una
vision global de 10s avances de la lingiiistica textual en esta espinosa cuestion.
Nos ban interesado fundamentalmente las propuestas de amplio alcance, cuyo
objetivo es establecer una base de tipologizacion para el conjunto global de 10s
textos, mas que analizar las peculiaridades lingiiisticas de un tip0 de texto con-
creto. Esto explica que en la bibliografia no se encuentren referencias a estudios
conocidos e influyentes, pero limitados a analizar exclusivamente las caracteris-
ticas de 10s textos narrativos, descriptivos o argumentativos.
Sin embargo, este recorrido debe servir simplemente como punto de partida
para una reflexion mas amplia acerca de la necesidad y la utilidad' para 10s estu-
dios lingiiisticos, tanto en sincronia como en diacronia, de contar con una tipolo-
gia textual. Una observacibn siquiera superficial permite advertir que la investi-
gaci6n histhco-lingiiistica demanda una clasificacion que atienda a parametros
bien diversos de 10s que requieren 10s estudios analitico-discursivos, especial-
mente 10s que tienen objetivos didacticos mas claros (Aznar, Cros y Quintana
1995; Bustos Gisbert 1996; Alvarez Angulo 2001). De ahi que no resulte facil
proponer una tipologia textual util y vilida para cualquier tip0 de aproximacion
lingiiistica, teniendo en cuenta ademas que cualquier propuesta tipologica presu-
pone un determinado concepto de texto, concepto sobre el que tampoco se ha
alcanzado un consenso suficiente hasta abora (Bertinetto 1979; Dimter 1981).
Ante la variedad de planteamientos y la consiguiente complejidad del panora-
ma actual, necesitamos una vez mas comenzar con algunas aclaraciones termino-
logicas, que nos servirin a la vez de pretext0 para presentar sucintamente 10s
antecedentes del problema tipologico en periodos muy anteriores a1 nacimiento
de la lingiiistica textual en sentido estricto y de guia a las primeras propuestas
esbozadas par 10s fundadores de esta ultima disciplina.
1.
Aclaraciones terminoldgicas: generos discursivos, clases de textos
y
tipos de textos
I.
1.
Generos discursivos
El tennino gknero, y el concepto de genera discursivo que designa, es, sin
duda, el mb antiguo, ya que se remonta a la clasificacihn que Aristoteles hace en
su Retdrica de 10s discursos de la oratoria publica: forenses o juridicos, delibera-
tivos o politicos y epedeicticos o de ocasion. Sabemos que tal clasificacion se
fundamenta en una sene de criterios pragmaticos: a quien iban destinados 10s dis-
cursos, sobre que trataban, cuil era su finalidad, y si versaban sobre el pasado, el
futuro o el presente. Por tanto, la clasificacion se hace atendiendo de modo parti-
cular a la situacibn comunicativa y a su funcion en la vida publica.
Los argumentos que se aducen con mas frecuencia para defender la utilidad de la tipo-
logias textuales hacen referencia a1 papel que pueden jugar en
el
analisis de textos concretos
en la validacihn de modelos analiticos tehricos
y
en la cuestihn de la intertextualidad (Isenberg
1987[1983]:
891).
LAS
TIPOLOG~AS
TEXTUALES
EN
LA
LTNGUISTICA
CONTEMPOR~LNEA
57
Como es bien sabido, tras el periodo de auge de la Retorica en la Antigiiedad
griega y romana, durante la Edad Media, con la desaparicion de un sistema socio-
politico que favorecia la libre expresion publica, la ret6rica qued6 reducida prk-
ticamente a su parte elocutiva y era aplicada exclusivamente a! texto escrito y a1
discurso religioso. Se produce, pnes, un desplazamiento de toda la amazon teb-
rica de la ciencia retbrica hacia la practica literaria. En este nuevo context0 de
produccihn discursiva se afiaden a la lista de gineros el sermon, la carta y el texto
literario, cuya construcci6n queda reglamentada en las arfespraedicandi, dictami-
nis
y
poeticae, respectivamente.
A pesar de las evidentes diferencias en la funcion y en la consideracibn social
del arte retorica en la Antiguedad y en la Edad Media, la clasificacion tip6logica
tiene en ambos periodos una finalidad fundamentalmente prescriptiva. ~Los
generos se entienden como tipos ideales y ejemplares: funcionan como modelos
o pautas del buen decirn (Loureda 2004: 785).
La proyeccion de la clasificacibn en generos, desde la epoca medieval, a 10s
textos literarios ha sido un factor detenninante para su posterior anilisis; de ahi
que el termino genero haya mantenido su primacia en el ambito literario
y
teori-
co-literario. En palabras de Garcia Bessio y Huerta Calvo (1992: 11): ((el esque-
ma de 10s gheros como paradigma de las clases de textos o de las modalidades
del discurso literario fue fundacional en la cultura literaria)). En efecto, se esta-
blecieron tres gineros literarios principales: el lirico, el epico-nairativo y el dra-
matic~,
a1 que se aiiadira a partir del s.
XVII
el ensayistico. Por supuesto, cada
uno de estos generos se divide a su vez en una multitud de subgineros (cf. Garcia
Berrio y Huerta Calvo 1992).
Algunos estudiosos, como Bajtin, han propuesto la ampliacion de esta taxo-
nomia basica para abarcar otros gineros discursivos. Para Bajtin 10s generos dis-
cursivos estan detenninados por las esferas de la actividad hnmana en la que se
ubican
y
par la fimcion que desempefian en dicha esfera, y 10s subgineros no son
sino diferentes estilos lin@isticos dentro de cada genero. En sus palabras, 10s
generos son ((tipos tematicos, composicionales y estilisticos de enunciados deter-
minados y relativamente estables)) (Bajtin 1979 [1982: 2521).
Desde esta perspectiva, el genero primario es la conversaci6n y todas las pro-
ducciones discursivas que requieren una elaboraci6n diversa, artificial en palabras
de Bajtin, son consideradas generos secundarios. Sin embargo, este estudioso,
siguiendo la tradici6u aristotilica, mantiene que en todos 10s casos la fimcion y la
situaci6n comunicativa constituyen los factores detenninantes para la
adoption
de
un genero discursivo concreto. Otra reflexion interesante del pensador luso con-
cieme a1 proceso de aprendizaje lingiiistico, que no se lilnita a la adquisicion de
elementos gramaticales, sino a reconocer y a usar 10s gineros discursivos en rela-
cion con cada esfera de actividad. Cuanto mayor sea nuestro dominio de las tecni-
cas de composicion y funcionamiento de 10s diversos gt-neros discursivos, tanto
mayor sera la destreza con que expresaremos nuestra intencibn comunicativa.
El termino gbnero ha tenido asimismo especial &xito en el campo de la etno-
grafia, la antropologia
y
10s estudios sohre el folklore,
y
desde aqui ha ampliado
su aplicacion a las manifestaciones musicales, cinematograficas, radiofonicas y
televisivas, de mod0 que hoy hahlamos de generos musicales o decimos que el
cine negro es un gt-nero. En estos nuevos imbitos disciplinares 10s criterios pri-
mordiales para estahlecer 10s diversos generos han seguido siendo 10s temas tra-
tados
y
las funciones sociales realizadas, per0 complementados por consideracio-
nes sobre la organizacion estmctural.
Una de las contribuciones mas importante de 10s estudios etnograficos ha sido
la inclusion como genero discursivo de las manifestaciones orales, de origen
popular
y
no institucionalizadas. Ha sido en este campo donde se ha conseguido
una
definition
mas exhaustiva de ginero, concebido como la comhinacibn com-
pleja de una sene de factores pragmiticos, temiticos
y
fonnales: situacion, parti-
cipantes, finalidades o funciones, organizaci6n estructural, participacion de ele-
mentos no verhales, normas de interaceion, etc. En palabras de Duranti (1992:
64): ccpor genero, se entiende un tip0 de unidad de discurso con particulares
caractensticas formales
y
de contenidon.
A
Maingueneau debemos la definicibn mis amplia de genero discursivo en
tanto que dispositivo de comunicacion socio-histbricamente definido, actividades
ritualizadas que se conforman a una serie de reglas
y
restricciones, como el esta-
tus de 10s enunciadores, las circunstancias temporales
y
locales de la enunciacibn,
el soporte
y
mod0 de difusion, 10s temas que tratan, el mod0 de organizacibn, etc.
(Maingueneau 1996: 44)
Otras definiciones interesantes son las de I-Ianlcs (1987), por una parte,
y
Giinther
y
Knoblauch, por otra. El estudioso americano ha definido 10s gineros
discursivos como ((marcos orientativos, procedimientos interpretativos y conjnn-
to de expectativas que no fonnan parte de la estmctura discursiva, per0 que for-
man parte de las maneras en que 10s actores se relacionan con las lenguas
y
la
usan)). Para Giinther
y
Knoblauch (1995: 8) son usoluciones complejas, historica
y
cdturalmente estahlecidas
y
premodeladas para problemas comunicativos recu-
rrentesx (ambos citados en Calsamiglia
y
Tuson 1999). Desde una perspectiva
etnografica, estos autores distinguen tres niveles que configuran el patron comu-
nicativo generico:
-el nivel de la estmctura intema, es decir, 10s tipos de rasgos verbales
y
para-
verhales que caracterizan 10s textos pertenecientes a un genero discursivo;
el nivel de la situacion comunicativa o contexto interactivo (formulas ritua-
les, organizacion interactiva, factores de la situacion comunicativa);
-
el nivel de la estructura extema, que engloha 10s tipos de imhitos comuni-
cativos, el tip0 de actores
y
10s requisitos que deben cumplir, la adecua-
cion a1 contexto
institutional.
Conocer 10s generos en que se estructura la vida de una comunidad orienta a
10s receptores en su actividad interpretativa, limitando las posibilidades y ayu-
dandoles a conformar expectativas y a extraer inferencias.
LAS TIPOLOG~S
TEXTUALES
EN
LA
LING~~~STICA CONTEMPOR~EA
5
Por ultimo, el tkrmino de genel-o
discursive
ha vuelto a aparecer en relacion
con las producciones discursivas que han surgido del empleo de las nuevas tipo-
logias (Lopez Alonso y Sere 2003)
1.2.
Cla..re.r de textos
De 10s tres terminos que analizamos en este trabajo, el tkrmino clase de texto
o clase textual es sin duda el que menor reconocimiento tiene como designacion
teorica en la bibliografia especializada. Sin embargo, fue el termino empleado en
10s primeros trabajos realizados en el ambito de la lingiiistica textual. Asi, el pio-
nero articulo de Peter Hartmann, que puede considerarse con toda justicia el
padre de la Textlingujstik alemana, a pesar del olvido en que hoy ban caido sus
trabajos, tenia por titulo ((Text, Texte, Klassen von Texten)) (Hartmann 1964).
No es este el lugar para analizar detalladamente las contribuciones de 10s nume-
rosos estudiosos que formaron parte de la llamada Textlinguistik alemana (para una
panoramica, cf. Borreguero 2006), pero si queremos reconocer a Hartmann el meri-
to de haber sido el primer0 en este context0 en sefialar la centralidad del texto como
unidad del analisis linguistico. Su interes por dotar a la teoria de la literatura de una
base empirica le conduce inevitablemente a considerar el texto como 6nico objeto
de estudio empiricamente accesible. En este marco se inclnye la refomulaciirn de
las tradicionales clasificaciones genkricas de 10s textos literarios en una tipologia
sistematica de clases textuales. Los textos, en su enorme variedad formal, son con-
cebidos colno variantes que se generan en el proceso de textualizacion a partir de
un reducido nivnero de bases textuales o constantes tipologicas.
Pero, mas alla de la variedad formal, la diversidad textual respoude a las posi-
bilidades de
organization
de 10s constituyentes textuales, es decir, a 10s recursos de
textualizacion con 10s que cuenta una lengua. En efecto, el medio, la intencion
comunicativa y el tip0 de
information
transmitida determinan la configuraci6n de
la clase textual. En este punto se hace inevitable la
consideration
de que una tipo-
logia discursiva no puede llevarse a cabo desde
una
perspectiva exclusivamente lin-
guistica, sino que necesita de la colaboracibn interdisciplinar. Con esta reflexion,
Harhnann se sitka como un autkntico pionero de 10s estudios de
semiotics
lingiiis-
tica, adelantandose en varias decadas a las propuestas tipologicas mas recientes.
La desvalorizacion del termino clase textual hay que atribuirsela a Horst
Isenberg, estudioso de la Deutsche Akademie der Wissenschafien de Berlin en la
antigua RDA, quien se ha ocupado de forma especial de 10s problemas que plan-
tea una tipologia textual en el marco de 10s estudios lingiiistico-textuales desarro-
llados durante la decada de 10s ochenta. Segh Isenberg (1983), la clase de texto
es una designacion vaga e intuitiva para un conjunto de producciones linguisticas
cuyas caracteristicas pueden fijarse par la descripcion de determinadas propieda-
des que no tienen necesariamente estatus teorico (p. ej. un
telegrams
es una clase
de texto con abundancia de signos de puntuacion y elementos nominales). No
todas las clases de texto aportan distinciones relevantes lingiiisticamente.
Por tanto, las tipologias textuales deben formar parte de una teoria textual y
deben desarrollarse con independencia de las clases de textos (heterogeneas y
parciales), ya que existen tipos textuales que no tienen un tirmino que 10s desig-
ne de forma intuitiva.
A
partir de este momento, la mayoria de 10s estudiosos en ambito lingiiistico
otorgari preferencia al tbrmino de tip0 de texto.
1.3.
[email protected]
de
Textus
El termino de tip0 de texto es mucho mas reciente y, como hemos adelanta-
do, se consolida en el ambito de la nueva disciplina que se perfila, desde 10s aiios
sesenta, en diversos centros universitarios y de
investigation
en Alemania e
Inglaterra, pronto conocida como lingiiistica textual (Textlingaistik o Text
Linguistics).
A
pesar de la cantidad y la calidad de 10s trabajos elaborados en este ambito,
que plasman interesantisimas reflexiones sobre la
constitution
intema de 10s tex-
tos, su funcion social y 10s procesos de su generacion e
interpretation,
la cuestion
de la tipologia discursiva ha sido para estos estudiosos una cuestion secundaria y
algo marginal. De hecho, si exceptuamos algunas publicaciones aisladas, como
las actas del congreso sobre Textsorten que Giilich y Raible organizaron en la
Universidad de Bielefeld (Gulich y Raible 1972) y 10s trabajos de Isenberg, no
encontramos mnchas mas publicaciones dedicadas a este tema.
Ha sido en ambito anglosajon y en estrecha vinculacion con 10s problemas que
planteaba la distincion entre discurso oral y discurso escrito y todas sus posibles
variantes intermedias donde 10s estudios sobre tipologia textual han conocido un
mayor desarrollo (de Beaugrande y Dressler 1979; Smith 1985; Biber 1988,
1989, 1994), propagando 10s terminos text type
y
type of discourse, que poste-
riormente tomaron 10s franceses para hablar de types de discours (Petitjean 1989)
o types de textes (Adam 1989, 1992, entre otros).
Por tanto, el tbrmino tipo de texto es el que ha alcanzado mayor difusion y
consenso en las ultimas dbcadas y el que utilizaremos de ahora en adelante en este
trabajo. Con tipo de texto se designa desde
un
punto de vista teorico una catego-
ria, una forma especifica de texto que se enmarca dentro de un sistema coheren-
te. Todos 10s tipos de texto son clases de texto, pero no a la inversa.
2.
Requisitos para una tipologia textual: jmonotipia o secuencia
prototipica?
Todos 10s autores estan de acnerdo en que hablar de una tipologia lingiiistica
del texto, satisfactoria desde una perspectiva teorica, sigue siendo un desideratum
(Isenberg 1987[1983]:
95]),
pero a la vez sefialan que se trata de una de las tare-
as mb importantes y necesarias de la lingiiistica textual.
AS
TPOLOG~AS TEXTUALES
EN
LA LINGu~STICA
CONTEMPORANEA
Parece claro que la estructnra de 10s discursos no es alga que el individuo ela-
ore en cada acto de produccih, sino que es un esquema que le viene impuesto
que rellena de contenido semintico plasmado en 10s enunciados ajnstados a1
exto (~lvarez Angulo 2001: 975). Todos 10s estudiosos concuerdan en que 10s
de textos no son universales, sino historicos o culturales, por tanto, especi-
ficos de una determinada cultura, responden a tradiciones particulares de las
comunidades de habla.
Siguiendo a Isenberg (1983), podemos seiialar como principales defectos de
las tipologias propuestas 10s siguientes:
1) Las tipologias se conciben como yuxtaposicion de tipos de textos, no se
concihen como una estmctura interna articulada.
2)
La mayoria de 10s estudios tipologico-discursivos se limitan a plantear una
propuesta de clasificacion seleccionado un conjunto de criterios como
parimetros que guian la tipologia propuesta.
3)
Los criterios han sido muy variados:
-
cnterios funcionales (Grosse 1976; Longacre
y
Levinsohn 1978)
-
criterios enunciativos (Si~nonin-Gmmbach 1975; Bronckart 1985)
-
criterios cognitivos (Werlich 1975; Corier 1999)
-
criterios estmcturales (van Dijk 1972, 1977)
-
criterios linguisticos (Biber 1988, 1989)
-
criterios de praxis interactiva (Gulich 1986)
-
criterios de progresion tematica (articulacion informativa) (Danes 1974;
Bustos Gisbert 1996, 2001)
4) Se han seguido fundamentalmente dos procedimientos:
))
a partir de las clases de textos establecidas de forma intuitiva, se propo-
ne
un
inventario de rasgos para cada una de las clases (Sandig 1972);
)>
a partir de conjuntos de caracteristicas jerirquicamente organizadas pero
de indole diversa (forma, temlitica, medio de plasmacion del producto tex-
tual), se distinguen tipos textuales atendiendo a las posibles combinacio-
nes de estas caracteristicas y a la actualizaci6n de dichas comhinaciones en
un discurso concreto; una version simplificada de este ultimo procedi-
miento es
la
que parte de las caracteristicas aisladas, sin una orgauizacion
jerarquica previa,
y
determina 10s tipos textuales por simple combinacion
de las mismas (Levinsohn y Longacre 1978).
En este interesante trabajo, Isenberg define con claridad 10s presupuestos
metodol6gicos para la constmccion de las tipologias textuales. Seg6n este estu-
dioso, las tipologias deben tener una estructura Iogica cuyos principales compo-
nentes son: 1) un campo de aplicacion determinado;
2)
una base de tipologizacihn
o critesio para diferenciar 10s tipos; 3) una especificacion o
description
de todas
las regularidades textuales especificas de un tip0 y solo de ese tipo; 4) un conjun-
to limitado de tipos textuales
y
5)
unos principios de aplicacion que permitan
relacionar 10s tipos con 10s textos concretos.
Una tipologia construida logicamente debe satisfacer ademis una serie de
requisitos, que sirven a1 mismo tiempo de criterios de valoracion:
I)
homogeneidad o base de tipologizacion unitana sobre la que definir todos
10s tipos de texto. No pueden emplearse varios criterios para distinguir
tipos de una misma tipologia;
2) no ambigiiedad: un mismo texto no debe poder clasificarse en diversos
tipos segh la propiedad a la que se atienda;
3) exhaustividad: abarcar todos 10s textos del campo de aplicacion;
4
)
monotipia: un texto solo puede ser clasificado dentro de un tip0 de texto.
Ha sido, sin duda, este ultimo requisito el que ha protagonizado la polCmica
que surgi6 en 10s afios noventa acerca la concepcion del texto como una entidad
monolitica o como una composicion de unidades inferiores alas que se podia atri-
buir propiedades tipologicas. En este punto fue pionera la contribucion de
Werlich (1975, 1976). Este autor combina 10s modos cognitivos de abordar la
realidad con 10s modos lingiiisticos de representar la realidad
y
afirma que 10s
tipos textuales no so10 se correlacionan con 10s objetos
y
sucesos del mundo
extemo mediatizado por el lenguaje, sino tambikn con 10s procesos innatos de
categorization
del conocimiento humano o del pensar humano.
El concepto central de su propuesta es la base textual, conjunto de palabras u
oraciones desplegadas a lo largo del texto en forma de secuencias. Las bases tex-
tuales se reducen a cinco modelos: base narrativa, base descriptiva, base expositi-
va, base argumentativa
y
base directiva. Como veremos, estas bases textuales que
se organizan en secuencias fueron posteriormente recogidas por el lingiiista suizo
Jean-Michel Adam, actualmente el mejor exponente del modelo secuencial. Para
dar una solucion que respetase el requisito de la monotipia, Werlich formula el
concepto de focus contextual, segun el cual todo texto se caracteriza por una orga-
nizacion temitica focal. Esto no impide que
un
texto pueda contener secuencias
tipolbgicamente diferentes, pero kstas deben estar organizadas jerirquicamente
Sin embargo, esta propuesta no estaba exenta de problemas, ya que plantea el
llamado 'dilema tipologico', que tiene lugar cuando encontramos textos con
diversas funciones predominantes. Considerar las funciones de cada secuencia en
condiciones de equipotencia supone renunciar a la monotipia, per0 organizarlas
jerarquicameilte implica la violaci6n de otro de 10s requisitos: a cada jerarquia de
funciones le corresponde
un
tipo de texto, con lo cual estamos admitiendo la exis-
tencia de un conjunto ilimitado, potencialmente infinito, de tipos textuales.
Jean Michel Adam (1987a, 1987b, 1992), inspirandose en la propuesta de
Werlich, per0 refutando sus escnipulos monotipicos, concibe el texto como un
conjunto de secuencias heterogheas
y,
por tanto, considera una simplificacibn
clasificar el texto en un unico tipo. Sin embargo, tampoco le parece Gtil atribuir
2. Las aproximaciones a la tipologia textual en /de la diacronia son realmente
deficitarias: si Vilamovo& Shchez (1992: 16-21) sefialaban 10s ocho puntos de
carencias caracteristicas propuestas hasta ahora en la tipologia textual sincronica,
Mariinon (2005: 1022) afiadia una mas: ((la casi total ausencia de estudios histo-
ricos en la investigacion sobre tipos de textosn; ni hay categorizaciones actuales
que se hayan probado en diacronia (excepcion hecha de la clasificaci6n de mues-
tras de escrituralizacion o passage
a
II'crit en lenguas romanicas de Koch 1993),
ni hay apenas acercamientos a c6mo se dividian 10s textos en otras sincronias dis-
tintas de la actual.
Si
es, sin embargo, bastante comun (casi un t6pico) que 10s trabajos sobre
tipologizacihn textual mencionen la triparticion de genera causis aristotelicos
como precedente necesario, muestra pasada del paradigmatico inter& histdrico
por este asunto. Pues bien, hay que matizar notablemente la trascendencia y la
capacidad explicativa dc ese precedente de la tradicion griega. Ya en Roma el
propio discuiso jul-idico admite el debate de cuestiones de tipo general, y en la
Edad Media rominica, la Retorica de 10s tratados
y
las escuelas sigue ensefiando
que hay, en efecto, tres generos de causa, pero la division esti absolutamente des-
fasada. La inodalidad de discurso epideictico o panegirico se mantiene e influye
notablemente en la poesia medieval; la
configuration
del discurso politico ali-
mentari
mQ
bien la creaci0n de discursos, textos o partes de textos argumentati-
vos o suasorios, en tanto que la modalidad de discurso forense queda en general
olvido4. Parece diluida, por tanto, la efectividad de la vieja division aristotklica;
y no solo diluida, tambien distorsionada: por encima del agostamiento de esa
tri-
particion tradicional, tiene lugar una modificacihn en 10s propios cimientos del
Ars
rhetorics,
que de ser una doctrina concebida para alimentar discursos medial-
lnente orales da en ser un sistema desde el que generar escritos, un mktodo para
la composici6n de discursos. Otras artes surgidas durante la Edad Media y des-
conocidas en la Antigiiedad emiquecen la &adici6n retorica: ars dictaminis y ars
praedicandi (esta recuperando el medio oral en la prictica discursiva) configuran
nuevos ambitos de
actuation
para la Retbrica, y, por consiguiente, nuevos mol-
des de creacion textual y codificaci6n preceptiva.
3.
Menos anclada en la repeticibn inamovible de la doctrina clasica heredada
es la infosmaci6n que aparece en las retoricas sobre 10s tres estilos de 10s discur-
sos. Esta teoria de 10s tres estilos se hansmitio desde la Antigiiedad en la cklebre
iinagen de la rota Virgilii: el estilo grave se vincula a1 noble y a la Eneida, el esti-
lo medio a1 agricultor
y
a las Georgicas y el estilo humilde al pastor, las
Bucolicas. San Agustin la adapt0 acomodandola a 10s tres objetivos del predica-
dor, en consonancia con su caracter de Cicerdn cristiano:
el
estilo bajo (submis-
Aunque, como afirman Hernandez Guerrero&Garcia Tejera (1994:
83):
i<[L]a herencia
ret6rica varia en cada pais
(...)
en Italia -donde cl estudio del Derecho iba unido a los de
Grarnatica
y
Retorica -no ileg6 a perderse el 'estilo forense', mientras que las poeticas france-
sas apenas se hicieron eco de
Ci
durante 10s siglos XI1
y
XIIID.
BTORICA
Y
TRADICIONES
OISCURSIVAS
se dicere) se aconsejaba para enscfiar; el estilo mediocre (temperate dicere), para
alabanza, y el estilo sublime (granditer dicere), para reprender y exhortar a1 bien.
La separacibn de estos tres estilos es fundamentalmente contenidista: el conteni-
do del discurso motivaria la eleccion de su estilo (de ahi la profunda critica a
Gongora, que rompe en sus Soledades la adscripcion estilistica esperable), par lo
que se conciben tipos textuales habitualmente ligados a un estilo sublime, medio
o humilde. En De imitatione, el sevillano Sebastian Fox Morcillo
(1554)
mencio-
na 10s estilos propios de la historia, la filosofia, la comedia
...
y
lo hace a1 repasar
la aplicabilidad de 10s tres estilos:
Haec igitur est, uti ego quidcm iudico, communis imitandi ratio: ut cum hiplex
dicendi sit genus, ah entditis viris invenkun et excultum, unum humile quale est
illud cpistolarum et comoediae; alterum mehocre, quale historiae et disputationurn
philosophica~um; tertium sublime, quale orationum et declamationum; ita siquis
alterius stylum aple imitai velit, imprimis naturam suhiectae I-ei debeat ohservare.
Tum ad eam dicendi formam ipsam adhibere, hoc est, moderatis quidem rebus,
quae nec vulgariter nec concitate tractandae sint, mediocrem acconlmodare oratio-
nem; vulgarihus ut epistolis familiaribus, aut colloquiis humilem; gravibus vehe-
mentem.
[Entonces, Cste es, ami entender, el procedimiento comun para imitar: igual que hay
tres generos de decir trazados
y
cultivados por 10s eruditos, uno humilde (el de las
cartas
y
las comedias), oho medio (el de la historia
y
la tilosofia)
y
otro sublime (el
de 10s discursos
y
declamaciones), si se quiere imitar correctanentc el estilo ajeno,
se debera obselvar ante todo la naturaleza del asunto propuesto
y
a ella se aplicara
esa misma forma de decir. Es decir, a las cosas moderadas, que no sc han de hatar
ni con vulgaridad
ni
con violencia, sc acomoda el estilo medio; a las vulgares, como
cartas familiares
y
coloquios, el humilde; alas elevadas, el vehementel5.
NOS encontramos con muchas caracterizaciones de este tipo, de notable inte-
ris para la descripcibn bistorica de 10s tipos de texto en espaiiol. Las fuentes de
information
serh sobre todo textos adaptados a1 ambito escolar, retbricas
comentadas o manuales de retorica especifica
(predication,
escritura de cartas).
No faltan sorpresas: un texto como el Epitome de la elocuencia espafiola (1692)
de Francisco de Artiga, denostado por Menendez Pelayo
y
arrinconado por la cri-
tics
posterior, nos brinda, en un momento de retorica restringida (Genette 1970)
dentro del apartado de la elocutio, (<la descripcion de los tipos posibles
de
discur-
sos (en
una
evidente ampliacion de la retorica tradicional)
y
de las partes del
mismo,) (Garcia Rodriguez 2000:
127).
Segun Artigas: ctA este ajuntamiel?to lla-
man ioracion, tan por extenso, Ique comprehende la embaxada, /la carta, el
dis-
curso, el verso. !La historia, sermon, propuesta, Iplatica, recado, cuento, Icon todo
Cito por la edici6n contenida en el CD-ROM Retciricas espafiolas del siglo XVI escritas
en
latin, de donde extraigo tambiCn la traduccihn. Vid. a1 respecta de este
CD
la
reseiia de
Pons&Kabatek (2007).
quanto se habla Icon algun rato de tiempo)). En ese parrafo se incluyen el senndn
y
la carta, que no estaban en la retorica
traditional,
y
otros tipos de texto.
No se puede perder la perspectiva: los comentarios sobre clases de texto no
son el objetivo, sin0 que surgirin a1 hilo de la descripcion del concepto de estilo,
concepto clave de la teoria de la elocutio, que da incluso en identificaciones
metonimicas del estilo
y
la elocutio6. De ahi lo complicado de separar para algu-
nas epocas concretas la historia estilistica de la historia retorica (Enkvist
198511987: 132). El analista encuentra
a
veces en la diacronia dificultades de
visibilidad en el limite entre la
tradition
discursiva
y
la caracterizacion estilisti-
ca. Las dificultades parten de la propia semasia de la voz estilo que admite varias
interpretaciones: la lingiiistica del texto ha considerado lo estilistico como una
preferencia particular, idiosincrbica o determinada situacionalmente,
cans
variante del lenguaje condicionada por la situacion)) (Enlwist 198511 987:
136);
el
condicionamiento puede estar pluridetenninado por juicios estiticos vigentes,
etc., es la idea del estilo como un interfaz que media entre la lengua y el contcx-
to en su sentido de situacion y cultura (asimilable a gra~ldes rasgos con el concep-
to de estilo funcional de Bajtin). La lingiiistica del texto, en ese sentido, se ha
acercado y tiene que seguir aproximindose, inevitablemente, a 10s patrones reto-
ricos. Pero hay otras equivalencias de estilo: lo estilistico como tirmino preteori-
co para nominar en el campo
exclusive
de lo literario a rasgos de preferencia
compositiva debidos a uua deter~ninada corriente estetica o a rasgos de inspira-
ci6n particular. Ambos sentidos, tanto el abarcador como el restringido a lo lite-
rario, parecen derivados de la propia historia de la retorica.
En efecto, buena parte del descredito que tuvo durante afios la Retorica vino
del hecho de que se hubiera convertido en un catalogo verbalista
y
estiril de tro-
pos y figu~as y de omato del estilo. La prevalencia de la elocutio es consecuen-
cia de un largo proceso acentuadisimo ya en el siglo XVI, por el que se tendi6 a
concentrar la retorica en elocutio y a incluir inventio
y
dispositio dentro de la dia-
lictica. Tal fue la idea del humanista holandes Rodolfo Agricola en el siglo XV
y
de Juan Luis Vives en el XVI (Albaladejo 2000),
y
fue reforzada por la influen-
cia de Jorge de Trebisonda que ya habia hecho prevalecer el plano elocutivo en
De artificio Ciceronianae orationis (1435)
y
por el peso posterior de Pehus
Ramus, eslabon
definitive
en una fractura con consecuencias determinantes para
la historia de la disciplina'. Ademas, la retorica grecorromana se sentia vincula-
da a una valoracion gnoseologica, se pintaba a la rethrica coma un conjunto de
formulas que ayudaban a burlar la relacion entre opinion y verdad. Por eso
(Gonzalez Bedoya 1988) en 10s siglos
XVlll
y X1X el racionalismo y el empiris-
La dificultad esti tambien en la supcrposici6n de 10s terminos de retorica clisica con sus
varias traducciones vemiculas,
y
justamente la elocucion se traduce tambibn como estiIo
(Douay-Soublin
1989:
468).
7
Aunque con diferencias por ranas: Guthne (1946)
ha
explicado
c6mo
en America la
visi6n ramista he en el siglo XVlll completindose nuevamente con la teoria de la dispositio.
lno redujeron la retorica a una
dialectics,
y a un manual de estilo, o sea, al Libro
111
de Aristoteles. Esta reduccion de la ret6rica hacia el hecho literario explica la
historia y el bloqueo referencial del termino ginero literario, hoy utilizado en
Teoria de la Literatnra pero inhabilitado para los estudios de Lingiiistica de la
comunicacion.
4.
En tercer lugar, considerare la infomacion sobre sintaxis qne ofrecen las
retoricas como modo de caracterizaci6n de tipos de textos. Hemos de partir de
un
hecho basilar: las indicaciones sobre sintaxis de 10s tratados retoricos son bien
distintas de las que aportan las gramaticas.
sta as
en la Edad Media hablaban de
sintaxis en teminos de analisis logico de las clases de palabras y a exposicion de
las declinaciones. Las retbricas, en carnbio, miraban bacia aspectos que hoy
podrialnos denominar "de tipo
discursive",
puesto que observaban la constmc-
cion general del discurso, la clase de relaciones sintacticas que debia predominar,
coma adaptar la sintaxis al auditorio
...
es decir, atendian sin reparos a lo suprao-
racional. De la organizacion de la kase se ocupaba la retorica, de su naturaleza y
funcion, la gramatica. La teoria de la compositio terminaba, pues, regulando uno
de 10s rasgos de estilo mas caracteristicos de un texto. Por eso, tambien en esta
paae de la retorica, se pueden distinguir escuelas, conientes, autores, con una
vision diferente de 10s tipos de sintaxis que correspondian a cada genera discur-
sivo.
A
esta divergencia se suma la propia
separation
terrninologica entre la reto-
rica griega, latina
y
medieval (Scaglione 1972), que da lugar a que el panorama
de denominaciones pueda resultar algo complejo en una primera mirada.
Poca atencion se ha dedicado a la teoria de la compositio en la retorica actual.
Sin embargo, esta cuestion me parece fundamental: en las variaciones de nn esti-
lo literario, en la sustitucion de un estilo por otro o en la confomaci6n de 10s ras-
gos constitutivos del estilo de una detenninada escuela, podemos estar mas que
ante cambios venidos de influencias individuales o externas a la propia lengua,
ante un cambio de modelo retorico.
A
ese cambio se podrin sumar entonces fac-
tores externos, culturales o de influencia individual.
En general, las retoricas (menos las de tradici6n griega, como la de
Herm6genes) separan periodus y oratio, y, dentro de esta, oratio soluta
(6iah~hupivq hiE~k)
y
oratio perpetua (ELPO~Y~ hi&. Estilo periodic0
y
estilo
suelto (aqni sin distingos entre o. soluta
y
perpetua) corresponden a1 nso fiecuente
de nna u otra manera de organizacion sintactica, pero la division tripartita no coin-
cide (ni debe hacerse coincidir) con los tres tipos de estilo. El periodo implica ora-
ciones extensas, con fiecuentes suboraciones y fuerte trabazon intema. Distinguen
las retoricas dos tipos: circular y periodo de miembros. El circular se sostiene sobre
relaciones de protasis-ap6dosis y antitesis: lo segundo cierra lo introducido por lo
primero, y puede baber amplificaciones que extiendan los elementos adyacentes. El
penodo de miembros tiene rnenos subordmacion que el circular, hay en el mas coor-
dinacion y yuxtaposicion y abundan 10s incisos. Otros rasgos corresponden a1 esti-
lo suelto: menor extension de las oraciones, relaciones lnenos trabadas entre sus
partes
...
La diferencia entre oratlo soluta
y
oratio perpetua es tenue, y parece estar
LOLA PONS
RODR~CUE
en el tipo discursivo donde aparecc y en el grado de planificacion. La oratio perpe-
lua construye un razonalniento rectilineo (por ejemplo, a base de
concatenation
paratactica), la oratio soluta es mb espontinea, propia de cartas informales qu
necesitan ser breves o buscan recrear
un
estilo mas alejado de lo literario.
El peso de 10s principios de la compositio ret6rica en la detenninacion de 10s
rasgos sintacticos
(y
estilisticos, en consecuencia) de una coniente estetica ha
sido puesto de manifiesto de forma magistral por
la
piafesora Lopez Grigera
(1994). El bizantinismo de la retorica espaiiola del XVI explica la
construction
oracional elnpleada por muchos antores de la kpoca. No hark aqui parafrasis de
10s postulados de Lopez Grigera, que sin duda debe conocer todo lector minima-
mente interesado en ret6rica siglodoresca; prefiero detenerme a exponer otro
ejemplo practico, medieval, extraido del estudio ponnenorizado dcl tratado de
don ~lvaro de Luna Virtuosas e Claras mugeres (1446). En dicho textc~, se hace
un
alegato contra la literaha misogina de la t-poca, presentando mas de cien
ejemplos de vidas felneninas virtuosas de las procedencias mas diversas, tras-
plantadas al texto con una aparente conservaci6n de 10s rasgos de las fuentes ori-
ginales (Boccaccio, santorales, San Jeronimo, Valerio Maximo)
y
expuestas en
una sucesion en cadena sin apenas transicion.
El tercer libro de Virtuosas e claras mtrgeres esta dedicado alas mujeres san-
tas. La fuente de las veinticinco vidas all: incluidas es la llamada Legenda Aurea
(c.
1264)
del dominico Jacobo de la Vorigine, un flos sanctonlln en el que se pre-
sentan
182
episodios de vidas de santos ordenados conforme a1 a50 lihirgico. El
exito de
la
Leyenda Dorada he enorme
y
pronto comenzaron las traducciones a
las distintas lenguas vernaculas. Es obvio que don ~lvaro manejb una traduccion
vemacula de la Legenda, narra siempre vidas colltadas en la Legenda de forma
muy proxima a lo que aparece en el original latino. Posiblemente fuera una ver-
sion muy cercana alas primeras traduccioncs del Flos sanctorum de Jacobo de la
Vorigine, puesto que so10 asi se explicaria la exclusicin del santoral femenino his-
pinico (santa Leocadia, santa Justa, santa Eulalia). Los manuscritos derivados de
la Legenda Aurea cuentan unos mismos hechos, con un estilo muy similar; aun-
que no sean copias literales unos de otros, se repiten basicamente las estructuras
y
el It-xico, el orden de palabras y 10s modos de relacion. En cambio, la obra de
don ~lvaro revela una constante reelaboracion de esas hentes, que hace que, sin
dejar de notarse la relacion de Virfuosas
e
Claras mugeres con 10s manuscritos
hagiograficos, se perciha tanlbien la intervencion regular del autor. Por lo que he
podido observar en esos fragmentos, la intervencion se manifiesta en distintos
planos8, pero el aspect0 que mas me interesa aqui es el que se refiere a las altera-
ciones en 10s modos de conexion interoracional.
Asi,
son habituales estas operaciones: inclnsi6n de indicios atributivos de la enunciacihn,
introduccihn
+
intensificacihn en su caso- dc la dimensihn argumentativa de 10s ejemplos,
apaicihn de injerencias aciaralorias, omisiones y abreviaciones, alteraciones en el orden de
palabras, difcrencias
y
variaciones en la selccci6n ICxica Soslayo gran parte de los detalles
sxplicativos, para no repctir lo que ya esta cxpuesto con detenimicnto en la edicihn que del
texto de don Alvaro he preparado para la editorial
Institute
Castellano y Leon& de la Lcngua.
C,A,
Y
TRADlClONES
DISCURSIVAS
situaci6n en este punto es muy interesante: en las vidas de santos origina-
'uncion e es el elemento que con mas frecuencia asume la funcihn de
r el discurso. Pero en Viltuosas e claras mugeres no es asi: veamos un
manifiesto. Este es el testimonio que de la vida de santa Marta ofrece
K-11-12, uno de 10s manuscritos de la Legenda Aurea (que basicamente
la misma lectura que el resto de los manuscritos de santorales):
Santa Marta huespeda de Jesucristo a su padre dixieron Siron e a su madre Eucaria
e fue de linaje de rreyes e su padre fue prinqipe e seiior de Siria e de Mateua e de
ohas gentes.
E
ovo otros castillos Madalo e Betamja e a <ilegihle>
E
Marta e su
hermana Madalena oujeron Madalo e Beta~lja de parte de su madre. Et nunca falla-
mos quc fue casada mas que sienpre seruja a Jesu Cristo e era su huespeda muy
noble. Et quema que su hermana quc scmjese con ella ca le semejaua que ella non
podria conplir el <ilegihle>a tan grant hucsped njn avn todo el mundo. Et despues
que Jesucristo subio a 10s yielos e 10s judios persegujendolos ella e su hermana e
con santa Maria Madalena e con sant Maxamjano que la haptizaua a qujen las aco-
mendara eel Spiritu Santo. Et otros muchos syn rremos e syn velas e syn gonjer-
nos por mandado de 10s judios
c
enccrraronlos en vna naue e gujandolos Dios ven-
jeron a Marsella e desende fucronse para Aty. Et conuenqieron el pueblo de aquel
logar a la fe. Et santa Marta era muy bien raronada e de muy huen donayre. Et en
aquel tienpo era sobre leon del Ruedano vn monte entre Arles.
E
avjno que era
vn
dragon e el medio era bestia
e
el medio era pez
E
era mas yeso que buey e mas
luengo que cauallo e avia 110s dientes agudos como espada e avia 10s dientes cue-
luos de amas las partes escondiase en vn rio e mataua los que por
y
pasauan (132v,
En 61 hay treinta
y
tres oraciones (sumando subordinadas e independientes),
adas en once ocasiones mediante coordinacihn copulativa con
e.
Es un caso
resentativo (tambien, extremo) de las tendencias en construccibn del periodo
priman en las vidas de santos. Junto con el predominio de coordinacihn, tam-
len dominan en 10s santorales medievales otros organizadores como 10s adver-
bios entonqes y despues
...
En general, 10s periodos frasticos son cortos, hay mas
completivas, relativas, locativas y temporales que concesivas o condicionales.
Pues bien, en el tratado de don ~lvaro este es el principio de la vida de santa
Marta, con solo cuatro de las oraciones ligadas por parataxis copulativa con e:
Muy puhlico cs que Martha su huespeda de Jesucristo fue nasqida de muy nobles
parientes e que floreqio por perpetua virginjdad, ca paresye que nunca conosqio
varon.
E
pcnsando comigo su muy santa vida, apenas crey que podia caber en onbre
de poder contar sus alahanqas. Es qierto que semja con grand mligenqia a
Jesucristo, lo qual non es poca presunqion de su santidad, e despues de la asqension
dcl Scfior fuc a Marzella con su hermano Lazaro e Magdalena e otros muchos. En
aquel tienpo auja sohre Rrodano en el monte vn dragon que de suso era anjmal
c
de
yuso peqe mas glueso que huey e mas luengo que cauallo, e tenja 10s dientes agu-
dos
e
10s cuerpos anchos. El qual comja a los onbl-es que pasauan
~Como interpretar 10s cambios que hay en este plan07 La coordinacion cons-
tante proviene directamente de las ticticas estilisticas empleadas en el propio ori-
ginal latino de la Legenda Aurea. En la sintaxis del original, abundaba la coordi-
nation
(tanto como conector interfrastico como transfrhtico), la subordinaci6n
temporal y la causal. El estilo del original era recio, seco, con poco adomo ver-
bal. De hecho, en el siglo XVI, Vives cnticaba duramente 10s modos de
Voragine, y consideraba su prosa digna de un hombre plumbei cordis, oris ferrei.
Hay que detenerse a examinar 10s dictados que las retoricas daban sobre sintaxis,
en sus apartados de compositio, para evaluar convenientemente la razon ultima
de esa coordinaci6n continua que utilizo Jacobo de la Voragine, ya que, aunque
las censuras a su estilo puedan tener su justeza, no deben hacemos pensar que
Voragine escribia desde la libertad y seleccionaba
un
estilo aborrecido por 10s
humanistas.
Como cualquier otro autor medieval, Voragine operaba con 10s condiciona-
mientos impuestos por la rethrica, una ret6rica que habia afiadido desde la Edad
Media a 10s ires tradicionales generos retoricos clisicos, las tres artes nuevas (ars
praedicandi, ars dictaminis y ars poetnae). Para el ars praedicandi, las retoricas
gestadas desde el Cristianismo habian consagrado como estilo caracteristico de
su prosa, el llamado senno humilis, es decir, el estilo poco sobrecargado, senci-
110, sin periodos extensos. En la Legenda Aurea, el sermo humilis postulado por
la Iglesia se configura en la sintaxis mediante el uso de abundante coordinacion
y
de 10s tipos basicos de subordinacion (completivas, temporales, locativas, cau-
sales, aunque no falten ejemplos, por supuesto, de ninguna de las demb). Para la
eleccion de ese modelo, no debio pesar so10 el repertono de
imperatives
que
sobre el
ars
praedicandi circulaba en su tiempo, tambien la propia retorica clasi-
ca autorizaba el empleo de coordinaci6n constante para la prosa narrativa. La ora-
tio perpetua representa el estilo paratactico: una sucesibn de frases coordinadas,
con ocasional hipotaxis -relativas sobre todo, segh las retoricas-, sin
un
nucleo
central, con una
articulation
en frases sucesivas (la sintaxis lineal frente a la cir-
cular, como hoy diriamos). La descripci6n de que es oratiopezpetua y a que tip0
de discurso se aplicaba coincide demasiado con el estilo que hemos visto en el
fragment0 de santa Marta como para ser casual. Los exempla, basicamente prosa
narrativa que se cuenta como si fuera realmente cronica, son escntos por
Vorigine con el estilo propio de la prosa historica, la oratio peqnetua, un estilo
que, ademas, se ajustaba a1 imperativo de selmo humilis con el que se lograba
acceder a1 pueblo. Por supuesto, no era senno humilis, sino complicado estilo
periodic0 el que se empleaba cuando la materia religiosa no se utilizaba en prb
dicas a1 pueblo, sino en discursos escolasticos que debatian cuestiones de la teo-
logia mb rancia'. Don ~lvaro se ocupa del estilo en oratioperpetua del original
'
No pennaneci6 inamovible este estilo: hnbo un importante carnbio en las altes de predi-
cation
del siglo
XV
al XVI, consecuencia del carnbio en 10s paradigmas retbricos
y
la exigen-
cia de adaotal- la sermonistica a 10s nuevos ti~os de devoci6n. El Renacimiento rescat6 en el
siglo XVI la ret6rica clisica,
y
el semlon como
genus
demostrativum abandon6 La disquisici6n
teolo~ica
v
busco conmover al weblo. Ello conllevo, cmiosamente, el abandono de la hagio-
-.
-
grafia como procedimiento
para
hacerlo
y
provoc6 el recurso a la figura de la evidenfia, el
RETORICA
Y
TRADICTONES
DISCUKSIVAS
77
y
trata de convertirlo en estilo periodico, porque el estilo periodic0 es tipico de la
sintaxis de 10s tratados. Esa
intervention
se plasma mediante la insercion de su-
bordinantes temporales, la introducci6n de nexos relativos, el enlace de enuncia-
dos con adverbios temporales y la inclusion de conectores con funcion propia-
mente ordenadora.
Esta conversion de oratioperpehla en estilo periddico era un ejercicio de esti-
lo frecuente en las escuelas de la ipoca. Esos cambios 10s ocasiona la distinta tra-
dicion discursiva a la que pertenecen ambos textos. Es decir, la fuente
y
el texto
meta comparten contenido y forma linguistica, pero no comparten la forma tex-
tual.
Y
el trasvase desde una coleccion de exempla (la hagiografia) a un tratado
(Virtuosas
e
claras mugeres) implicaba tambien la adaptacion de la sintaxis al
tipo textual meta. Esta clase de cambios nos muestra que la interdiscursividad de
inuchos tratados medievales no consiste en un mero trasvase de fi~entes anterio-
res, sino en un manejo decidido, consciente y meditado, que obedece no solo a
una planificacion previa sobre la finalidad que se daba a esos materiales (en el
caso de Alvaro de Luna, una finalidad argumentativa), sino tambiin a una opera-
cion de
alteration
y
adaptacion estilistica donde 10s rasgos seleccionados nos
dejan ver que usos linguisticos se consideraban prestigiados
y
propios de una
epoca
y
de un tipo discursivo.
Un dato mas para apoyar lo dicho hasta aqui. Otro cuatrocentista, Clemente
Sinchez de Vercial, en su Libro de 10s exenlplospor ABC, utiliza alyunas vidas
de santos. A1 incluirlas en su texto, no practica las intervenciones sinticticas que
si efectua don ~lvaro,
y
asi el relato de, por ejemplo, santa Teodora en Vercial
tiene la misma frecuencia de nexos copulativos como conectores que cualquier
santoral:
Dizen que santa Theodora fue de noble linaje
e
muy fermosa.
E
nno que llamavan
Libio de la cibdat donde ella era, encediosse en su amor della que la syguia fuerte-
mente e nunca pudo con ella que consentiesse. Eel inbiole una alcahueta que la
aquexava mucho.
E
ella rrespondio que en ninguna manera non queria ofender nin
desplazer a Dios, nin queria pecar ante sus ojos.
E
dixole la alcahueta: -Engaiiada
estays, que Dios non vee las cossas que se fazen de noche,
nin
da pena por ellas.
E
ella creyendo que hera verdat conssentio en el pecado.
E
despues que fuera ~ierta
que pecara, stovo por espacio de luengo tiempo en el desierto e torno habito de
monja e fizo muy extrecha <sic> pe~iiten5ia10.
~Por que? Ya no hay cambio de genero discursivo: tanto la Legenda Aluea
como el Libro de Sanchez de Vercial comparten genero discursivo. No habia
necesidad de modificar la sintaxis.
ponerante 10s ojos. Esto es preceptuado
en
obras de Erasmo, explica
la
crilica de Vives
y
puede
ser
un
factor mas que justifique el hundimiento de
la
Legenda Aurea en 10s siglos, precisamen-
te, aureos.
Cito por
la
edici6n de
John
Esten Keller, Madrid: CSIC, 1961, pag.
100,
cuento
108.
5.
Como se ve, la infonnacion sobre clasificaciones textuales esta dispersa en
diversos apartados de 10s tratados retoricos, y es exigible la comparacion cons-
tante de lo preceptuado en 10s libros con lo puesto en prictica en 10s discursos.
Es necesario -y seria muy rentable para la historia de la lengua espaiiola- hacer
una revision historiografica sisternatizada
y
exhaustiva de toda esa informaci6n
que esta esparcida en textos retoricos. Conviene avisar: la informacion sobre divi-
sion textual no figura bajo un epigrafe que se llame nada parecido a modelos tex-
tuales, esta en la elocutio, en la descripcion de muchas figuras retoneas, cuando
se avisa que una figura determinada no es aconsejable, por ejemplo, para
el
esti-
lo sublime; esti en la compositio, posiblemente el apartado de la retbrica que
(junto con el propio orden intemo del tratado y la informacion elocutiva inclui-
da) mas refleje lo cambiante de 10s paradigmas ret6ricos y la variabilidad de sus
dictados esteticos; esta en productos retoricos que no obedecen a1 esquema clisi-
co de tratado de ars retorica, asi, 10s progymnasmata recogen riquisima informa-
cion a1 respecto (hay una
presentation
introductoria en Marim6n
2005),
aunque
estt-n mediatizados constantemente por el prestigio de Aftonio; o 10s tratados de
predicacion, que ordenan, cierto es, la escritura de un unico tipo de texto, pero
que explican en su
evolution
dentro del decurso historico el paso de 10s sermo-
nes temiticos a la divisio extra bajomedieval y de la divisio extra a1 poner ante
los ojos
y
la evidentia renacentista (O'Malley
1979;
Murphy 1986).
De nada sirve una clasificacion historica de 10s textos espaiioles que 10s des-
componga en categorias hermeticas o discretas; tampoco nos valen concepciones
de 10s discursos como constructos monotipicos. Si queremos dar cuenta de la
relacion de la textualidad medieval con el c6digo que le da cuerpo, tenemos que
buscar una teoria de la clasificaci6n textual que considere 10s rasgos lingiiisticos
y su relacion con las condiciones de
enunciation,
que contemple 10s discursos
como acontecimientos, como objetos sociohistoricos, que considere la relacion
entre cambios en la historia social y cambios en 10s tipos de discursos. Esa es la
vision que esta en la base de la teoria de las
TD,
que exige la puesta en marcha
de mecanismos de relacion con otros componentes del discurso debidos tambien
al modelo textual elegido y determinados por la realidad social o institucional, y,
en consecuencia, susceptibles de ser inodificados o alterados por cnalquier cam-
bio en esos parimetros.
TRADICIONES
DISCURSIVAS
E
HISTORIA
DE
LA
LENGUA ESPA~~OLA
EN
AMERICA
MARTHA
GUZMAN
RIVERON
Ludwig-Maximilians-Universitat,
Munich (Alenlania)
lntroducci6n
El objetivo de este trabajo es intentar ilustrar en un amhito concreto, el de la
historia de la lengua espafiola en America, en quk medida el trabajo con el con-
cepto de tradiciones discursivas
y
las formas de analisis a
el
asociadas resultan no
ya utiles, sino indispensables. Para dilucidar la relacion entre los aspectos discur-
sivo-tradicionales
y
el estudio de la lengua espafiola en America partiremos de un
acercamiento a las fuentes e intentaremos responder a las siguientes preguntas:
icon quk fuentes contamos? iQu6 caracteristicas desde el punto de vista de las
tradiciones discursivas son apreciables en ellas? iQue relevancia pueden tener
dichas caracteristicas para el analisis lingiiistico?
Y,
par ultimo, ique consecuen-
cias negativas puede tener para dichos estudios el no reconocimiento de las tra-
diciones discursivas en las fuentes de las que se nutren? El reconocimiento de las
tradiciones discursivas por el que abogamos aqui tiene dos niveles. En primer
lugar, se trata de asumir el hecho de que las fuentes con las que trahajamos, mas
alla de su caracter material +zscritas en Ambica en cierto momento historic*,
son tamhien, de una manera mas o menos marcada, representativas de detennina-
das tradiciones discursivas. Un segundo paso exigiria el reconocimiento, en cada
caso concreto, de la
tradition
discursiva en la que se inscribe o con la que se rela-
ciona la fuente.
Es cierto que la necesidad y utilidad de reconocer y trahajar con el concepto
de tradiciones discursivas
y
sus herramientas no se limita a1 caso concreto que
aqui nos ocupa. Tampoco ha sido exclusiva de los estudios diacronicos del espa-
fiol de America la
identification
de las caracteristicas encontradas en las fuentes
con las que se cuenta, y a las que estamos limitados, con la lengua de un lugar en
un momento determinado. Ahora bien, debido a la especificidad de la
situation
lingiiistica dc la America colonial, a las caracteristicas de las fuentes americanas
(que comentaremos a continuacion) y a 10s ohjetivos que suelen primar en nues-
tros estudios, la atencion a este aspecto adquiere aqui una dimension especial.
Antes de continuar, conviene aclarar un elemento del titulo que puede resul-
tar chocante o prestarse a confusion. Cuando hablamos de la lengua espafiola 'en'
-y
no 'de' Amkrica, no pretendemos negar la existencia de las variedades ame-
ricanas ni supeditar las mismas al espafiol peninsular, ni mucho menos restar
misma de escribir. En 10s estudios sobre el tema se ha utilizado para caracterizar
a estos autores el termino sejnicultos6.
La incidencia de la politica espaiiola en la produccion de textos en America
puede apreciarse en algunos periodos de gobiemo, por ejemplo el de Carlos
V,
especialmente propensos a exigir documentaci6n sobre 10s mas variados asuntos
coloniales e incluso a dictar pautas para la fijacion formal de la
documentation
americana. En este caso debemos tener en cuenta que la evolucion en la politica
espaiiola coincide, debido a la incorporacion de 10s territorios mexicanos, con una
enorme ampliacion territorial del espacio colonial.
La apreciacion de estas variaciones, que suele ser mAs complicada que la apre-
ciacion de relaciones, tampoco puede perderse de vista. En este punto debemos
mencionar que metodol6gicamente resulta peligroso llevar a cabo la caracteriza-
cion de 10s textos tomando como Gnica base la diplomacia. Los diferentes etique-
tamientos de 10s textos, la
conservation
de ciertos elementos discursivos o de la
estmctura textual general, o la produccion del texto en el marco de una detemi-
nada institucion no deben llevamos a una contextualizacion falsa de 10s mismos,
ni a identificaciones y agrupamientos que, ya que nuestro fin no es la taxonomia,
en nada nos ayudan. Las falsas identificaciones no solo no ayudan, sino que pue-
den hacemos perder de vista las verdaderas condiciones de produccion
y
recep-
ci6n del texto, asi como su orientacion pragmitica. Luego, ha de prestarse espe-
cial atencion a la orientacion pragmitica de 10s textos, tanto a nivel
institutional,
como a nivel individual. La relevancia para el anilisis lingiiistico de la orienta-
cion pragmitica y de las condiciones de produccion y
reception
de cada texto y
10s errores a 10s que puede llevamos su desatencion no necesita ser sefialada.
3.
Conclusiones
Este breve acercamiento a algunas caracteristicas de las fuentes americanas
desde el punto de vista de las tradiciones discursivas ha intentado mostrar que la
relacion entre tradiciones discurs~vas
y
estudio diacronico de la lengua espaiiola
en America no resulta ni una moda ni un aspecto prescindible. Si bien no ha lugar
para
un
comentario detallado de la medida en que esta relacion se ha dado o mis
bien ha dejado de darse o se ha de dar en 10s estudios sobre la lengua espaiiola
en America, si podemos apuntar algunas reflexiones a1 respecto.
Hoy en dia no parece necesario seiialar la infactibilidad de ofrecer las carac-
tensticas que aparecen en determinados textos como caracteristicas de la lengua
espaiiola en America, o incluso como caracteristicas del espaiiol de Amkrica o de
una region determinada en el momento en el que 10s documentos esth datados y
hablar, par ejemplo, dentro de un estudio de provisiones y acuerdos en documen-
Vease
Stoll
1996, 1997, 1998
y
Oesterre~cher
1994
TRADICIONES
DISCURSNAS
E
HISTORIA
DE
LA
LENGUA
tSPAAOLA
EN AMERICA
tos
juridico-administrativos,
dado el profuso uso hasta finales del
XVIl
de las for-
mas de futuro de subjuntivo del tipo
y
si alguna persona comprare, del caricter
arcaico de alguna zona. No ohstante, no escasean ejemplos de estudios nada
recientes en 10s que, sin hacer mencion desde luego a la expresion tradiciones dis-
cuirsivas, sf se tienen en cuenta istas. Tampoco faltan trabajos recientes que, aun-
que mencionan e incluso dicen prestar especial atencion a las tradiciones discur-
sivas, no pasan de su mera mencion, se basan en adscripciones apresuradas, se
concentran en el estudio de elementos de dichas tradiciones cuya relevancia es,
cuanto menos, oscura, o comparan textos de diferentes tradiciones como si de
estructuras monoliticas se tratara. Resulta claro que con ello, lejos de aportar ele-
mentos de inter& en torno a1 objeto de estudio, se crean encasillamientos inutiles
y entorpecedores.
Se podria continuar con un estado de la cuestion quiza mas
optimists,
que
diera cuenta de lo mucho positivo que se ha hecho en 10s ultimos afios en este sen-
tido. Creo que resulta mas util terminar con una llamada de atenci6n a la excep-
cional riqueza con la que contamos: nuestras fuentes. Este potencial, en gran
parte sin explorar, puede contrihuir en gran medida a la historia de la lengua espa-
aola en Amirica. Queda, pues, nuestro trabajo futuro con estas fuentes. Un traba-
jo en el que hemos de tomar en cuenta de una manera enriquecedora las peculia-
ridades de las tradiciones discursivas sefialadas y, sobre todo, ser capaces de des-
cubrir otras tantas que apoaen 10s matices oportunos o pertinentes a nuestra
investigacion.
TRADICIONES
DISCURSIVAS,
HISTORIOGRAF~A
LWGU~STICA
E
HISTORIA DE LA LENGUA
DANIEL
M.
SAEZ
RIVERA
CES
Felipe
11.
Universidad Complutense de Madrid
El objetivo de este trabajo consiste en proporcionar herramientas metodologi-
cas de anilisis, con una leve ejemplificaci6n, para el estudio de la interrelacion
entre las tradiciones discursivas, la historiografia lingiiistica y la historia de la
lengua espaiiola.
A
este respecto nos enfrentamos con un problema ya planteado por mis com-
paiieras, el de que nos encontramos ante conceptos borrosos y fronterizos, como
son tip0 textual, gknero o clase textual, tradicion textual y tradicion discursiva.
Con respecto a la relacion entre historiografia linguistica
y
tradiciones discur-
sivas, una primera aproximaci6n proxima consistiria en trazar una historia de la
evolucion del concepto mismo de tradicibn discursiva con respecto a las prime-
ras formulaciones de Cosenu (1980) y Schlieben-Lange (1983).
Por ejemplo, si nos acercamos a algunas visiones de lo que es tradicibn dis-
cursiva en sus mis recientes estudios y reformulaciones, podemos observar una
variabilidad sorprendente en la formulacion del concepto que como herramienta
de
investigation
convieue fijar:
1) Kabatek (a veces en asociacion con Jacob): vision englobadora de las
tradiciones discursivas.
Jacob
y
Kabatek (2001: VIII):
A
estos modos de comunicacion, que se miden en categorias de pragmitica uni-
versal
y
que sirven para identificar 10s rasgos universales propios de cada cons-
telacion discursiva, corresponden en el plano historic0 las llamadas ti-adciones
dscursivas. Se trata de moldes hist6rico-normativos, socialmente establecidos
qne se respetan en la
production
del discurso.
A
traves de estas categorias, cada
discurso,
y
de ahi cada texto histonco, no so10 forma parte de una lengua deter-
minada (o de varias lenguas) sino que se sitha dentro de una filiacion intertex-
tual, constituida por una serie de elementos repetitivos, tanto en el plano de 10s
"entomos" (constelaciones situacionales, mediales o institucionales) como en
el plano de las formas detectables en la superficie del texto mismo
(p.
ej. pasa-
jes textuales concretos, caricter formnlario, constmccion, lengua).
A
pesar de ser un concepto con una perspectiva pronunciadamente cxtralingual,
este concepto de "tradiciones discursivas" puede considerarse como
un
eslabbn
entre la lingiiistica llamada "extema" y la "interna". Nos permite focalizar la len-
gua hstorica como unidad y espacio cultural, mediante el concepto de la elabora-
cion lingufstica ("Sprachausbau"). Se@n la concepci6n de Kloss
[1976],
una len-
gua historica se constituyc como lengua de cultura por el proceso de generalizacibn
como medio de comunicacion en cualqnier situacibn comnnicativa (incluso en la
escrita), lo que presupone que sea capaz de producir cualquier gincro textual o tra-
dicion discursiva, y, sobre todo, que desarrolle y ponga a disposici6n las tecnicas
discursivas y lin.@isticas precisas para cualquiera de estos gdneros y situaciones.
Jacob
y
Kabatek (2001: XITI-XIV):
Retrasando el proceso de formacihn de
un
nuevo genero textual, a saber, 10s regi-
mientos depeste,
ROLF
EBERENZ no solo nos ofrece un panorama exhaustivo de
10s textos que forman este corpus poco conocido, sino que analiza de manera ejem-
plar todos 10s aspectos que constituyen una tradici6n discursiva: trasfondo histon-
co (grandes epidemias, 'vulgarizacihn' del arte medico), context0 pragmatico
(autores y destinatarios, finalidad prLtica de 10s regimientos), condiciones mnedia-
les (imprenta), filiaciones intertextuales a nivel del contenido y de la forma (trata-
distica mhdica, recetarios), dinamica dc la
elaboration
liigiustica y textual, vincu-
lacion y movimiento del texto dentro del diasistema
variational
(pasando del latin
al romance), estructuras textuales, rasgos formales, estilisticos, tematicos, etc.
Kabatek (2001: 98-98, nota
5):
El thrmino tradiciones discursivas abarca una amplia gama de fen6menos. Se trata
de un termino generalizante para todos 10s elementos histbicos designables y rela-
cionables con un texto: textos pariiculares
cmnu
aclvs
urdividuales
e
irrepetibles,
ciertos tipos fundamentales de enunciaci6n (o actos de habla), ciertas formas tex-
tuales y dcterminadas constelaciones de actuacion y de entomos.
Cf
Kabatek
(2000a).
2) Stoll: tiende a identificar tradicion discursiva con 10s gkneros discursivos,
al igual que Oesterreicher (2000: 160):
-
Stoll (1994: 77-78): autores se~nicu~jtos transforman 10s gkneros historio-
grificos (que son, por tanto, tradiciones discursivas).
-
Stoll (1996:
432):
La primera cuesti6n que se plantea es si un autor sabe ohsemar las normas de las
tradiciones discursivas de ma Cpoca determinada y elige el tipo
discursive
y el esti-
lo adecuados. Los semicultos conocen, hasta cierto punto, alynos textos historio-
grificos, per0 no siempre saben cumplir con todas las convenciones de las tradicio-
nes discursivas. Dentro de la historiogafia indiana, 10s gkneros mb frecuentes son
la relaci6n y la historia o crdnica.
.
St011 (1998: 188): ((-de acuerdo con la
investigation
modema- entende-
mos
un
genero como un modelo intersuhjetivamente valido que conespon-
de
a
una situaci6n determinadax
TRADICIONES DISCURSIVAS,
H1SlORIOGRAFIA
LING~STICA
E
HISTORIA
DE
LA
LFNCUA
91
.
Stoll (2002: 29): confunde definitivamente ginero
y
tradici6n discursiva:
((En
cuanto al genero o tradici6n discursiva, la Memoria es so10 dificil-
mente clasificable~).
3)
A Andreas Wesch, partiendo explicitamente del trabajo de Coseriu
y
Schlieben-Lange, le interesa especialmente la textura lingiiistica de las tra-
diciones discursivas
y,
en general, las tradiciones lingiiisticas. En
un
pri-
mer lugar, distingue entre clase textual
y
tradiciones lingiiisticas de tal
clase de texto:
Wesch (1 994: 57): ((a1 redactar un texto se siguen las tradiciones de la res-
pectiva clase de texto)); Wesch (1994: 58): ((a la clase textual se le da
forma se& las tradiciones)).
Wesch (1996: 957):
En el centro de atencihn se hallan el proposito de las distintas clases textuales asi
como el modo y le grado de su fjacion formal; me interesan, pues, las tradiciones
que rigen la estructuracihn lingiiistica del texto y su relacihn con el proposito del
mismo, pero en un grado de complejidad mb alto, ya que, a1 igual que 10s actos
locutivos elementales, las clases de texto se llevan a cabo segh las tradiciones tex-
tuales. En
un
sentido jerArquico, se puede deck quc las tradiciones de los actos locu-
tivos estan suhordinadas alas tradiciones de las clases textuales ya que distintas cla-
ses textuales exigen distintas clases de act0 locutivo en distintas constelaciones.
-
Wesch (1998: 188-189):
Las tradiciones discursivas merecen ser analizadas en dos campos:
a) En el campo de 10s in&cadores pragmaticos: los verbos de act0 locutivo, las
estrategias de referencia al autor y a1 destinatario, las denominaciones de 10s tipos
y
suhtipos textuales, las indicaciones metatextuales, las indicaciones acerca de la
iutencion, las estructuras temporales y modales.
[.
.
.]
b)
El campo de las tradiciones que rigen la estructuracihn lingiiistica del texto
y
su
relacion con el prop6sito del mismo (las hadiciones discursivas propiamcnte
dichas, o sea, en
un
sentido menos amplio de la expresion) [en nota: Cf. Schlieben-
Lange 1983: 146
y
Zimmermann 19841: la sintaxis entre agregacion e
integration,
la progresihn tematica (tema y rema), la cohesi6n textual (referencia intema en el
texto, elementos anaforicos y cataforicos), elementos de estructuracihn; y wclveu
a aparecer las ya mencionadas estructuras temporales y modales. Al igual que 10s
actos ilocutivos elementales, 10s tipos de texto se realizan se@n tradiciones
mis
o
menos fjas.
4) Renwick (1997: 27): como Kabatek, visi6n mis cercana a la primigenia de
Coseriu (1980):
El nivel histi,rico, que concieme a las caracteristicas de las lenguas histolieas enten-
didas como materializaciones diversas de la facultad general del lenguaje. Este
nivel comprende, en primer lugar, el aspecto idindtico, en tanto las lenyas parti-
culares poseen su propia dinAmica de evolucion y sus propios condicionamientos
internos, y en segundo lugar, las tradiciones discursivas, en tanto 10s productos lin-
giiisticos se configuran tamhih sohre la base del recurso
a
distintos modelos dis-
cursivos estahlecidos a
lo
largo del devenir historico, e indepcndientes del aspecto
idiomitico.
5)
Philipp-Sattel (1998: 203-204): es bastante fie1 al modelo teonco original
de Schlieben-Lange al aplicarlo a1 catalan:
Per entendre de manera adequada les caracteristiques linguistiques dels primers
textos en catali, cal tenir en compte el context sociocultural en el qua1 aquests
textos son usats. Els linguistes s'han acostumat a parlar d'histhria intema i d'his-
thria externa de la llengua i
a
suhratllar la seva necessBria complementarietat.
Voldriem proposar el concepte de tradicib textual com a concepte que fa d'inter-
mediari entre el text concret i les seves caracteristiques lingiiistiques i la realitat
extraling6istica.
Cada autor es troha dins d'una tradici6 que li proposa uns models
i
'selecciona'
un model segons els seus ohjectius comunicatius i la situacio comunicativa.
Aquests models o tipus de text es presenten, doncs, com
a
solutions
convencio-
nals per fer front a deteminats prohlemes comunicatius. La llengua 6s en genc-
ral
un
dels elements constitutius d'un tipus de text; val a dir tamh6 que en gene-
ral els autors no seleccionen una llengua, sino que aquesta cls ts 'proposada'
juntament amh els models textuals.
2.
Propuesta
Existen a mi juicio otras formas diversas de enfocar la relacion entre tradicio-
nes discursivas, historiografia lingiiistica e historia de la lengua.
Asi, en primer lugar, al igual que han hecho para la foneticdfonologia histo-
ricas
y
la morfosintaxis historica, entre otros autores, por ejemplo, Rufino Jose
Cuervo (1893, 1895), Amado Alonso (1967, 1988)
y
Jose Luis Gir6n Alconchel
(1996), en diversos trabajos, no todos aqui recogidos, podemos utilizar 10s textos
historiograficos (gramaticas, diccionarios
y
otros muchos gt5neros de reflexion
lingiiistica) como fuente para el estudio de las tradiciones discursivas de la histo-
ria de la lengua de espafiola. A este respecto, nos interesa elreflejo
y
comenfario
explicito en fexfos historiogrdficos de caracterfsficas de las tradiciones discursi-
vas del espafiol.
Por otro lado, podemos enfocar el estudio de 10s mismos textos historiogrdfi-
cos como tradiciones discursivas.
Dadas las limitaciones de tiempo
y
espacio, sobre todo me extendere, aunque
con la pertinente brevedad, acerca de la primera opeion, de la cual ofrecere algu-
na ejemplificacion.
Tal ejemplificacion la voy a realizar a traves de dos tipos de textos de conte-
nido lingiiistico: 10s textos lexicogrificos
y
10s textos gramaticales.
TKADICIONES
DISCURSIVAS,
HISTOR~OGRAF~A
LMGUISTICA
E
HISTORIA
DE
LA
LENGUA
93
En cuanto a los textos lexicogrificos, podemos encontrar
information
cerca-
na a lo que son tradiciones discursivas a travks del empleo de marcas1 diasiste-
miticas mas o menos formalizadas
y
normalizadas que consignan el ambito dis-
cursive
o de lenguaje de especialidad de las palabras catalogadas. Asi, podemos
observar la adscripcion de la voz angulo a diferentes sectores de lengua de espe-
cialidad, segun vemos el lema documentado en diferentes diccionarios de la his-
toria de la lexicografia espafiola en unas calas que hemos realizado en el NTTLE
(2001: s.v. dningulo)
y
en el DRAE(2001: s.v. ingulo):
-
hgu&
m
Angk,
or
kal
wrh,
being
tk
ming of
iw
vine,
act1
rdinj:
cat
,aI(w1(cr
&,
ik
frme
eaia,
p~
PI
biag
ia
tk
kme
erait
~k,
k
Fo
that
if
-g'd
thy
p~uM
cur
onc
anorbcr,
a&
fo
&tm
an&
Alrt)k
tb
buck
d
the
hlt.
Real Academia Espafiola. Diccionario 1706 STEVENS
'
ANGULO.
T.
ru.
La
inclinacih
dc
dos lineas
To-
brcun
piano,
qucalargndas
le
carran
y
forman
el
An~ulo
en
clpunro
dc
lu
inr;rCcccidn.
ES
voz
dc
la
Gca~netr~~.
Vicne
dcl
Lar.
A~~IH,,
quc
Ggnifica
eRonliho.
0.:.
Hi0.Chil.
foL4u4.
DC.
Real Academia Espafiola. Diccionario 1726 ACADEMlA AUTORIDADES (A-B)
ANGULO.
r.
m.
(Matem.)
la
concuriencia
de
das
lineal
en
un
mismo
punto.
Angiriul.
Real Academia Espafiola. Diccionario 1770 ACADEMIA AUTORIDADES
Real Academia Espafiola. Diccionario 1786 TERREROS
Y
PANDO (A-F)
i?ccLO.
m.
lin~
12
iswlinrcion
dedos
ttneuquemnc,,~
::L=,!'m
mirmo
winto,
rnc,inr;~~-
EI
mcnor
0
m,u
Real Academia Espaiiola. Diccionario
1846
SALVA
hgulo. (Del lat, angiilus, del
gr.
@KVO<, encomado),
m.
Geom.
Figura geomkti-i-
ca formada en
una
superficie por dos lineas que parten de
un
mismo punto; o tam-
bitn la formada en el espacio por dos superficies que parten de una misma linea.
[...I
Entiendo marca confonnc
la
define, poi ejemplo, Martinez
de
Sousa
(1995:
s.v, marca):
ulndicador, generalmente abreviado, situado ante
una
definicibn
para
indicar
su
descripci6n
lingiiisticajj.
DANIEL
M.
SAEz
RIVERA
Real Academia Espafiola. Diccionario 2001.
En el NTTLE aparece la voz ingulo con al& tipo de marca por primera vez
en el diccionario ingles-espa6ol de Stevens (1706), lnuy deudor de Minsheu
(1599), como es bien sabido, pero tambien con numerosas novedades como la
que acabamos de presentar. Tanto en Stevens como en el Diccionario de
Autoridades, la siguiente documentacion lexicografica con marca de discurso de
especialidad, estas marcas son aun poco sistemiticas
y
no estin abreviadas, sino
que se ofrecen en forma de oracion o sintagma:
1. ccAngulo, an Angle, or Geometrical term)) (Stevens 1706: s. v.)
2. ccANGULO
[.
.
.]
Es voz de la Geometrian (RAE 1726: s. v.).
Es sobradamente conocido que en la historia de la lexicografia se tiende al
empleo de marcas breves o abreviadas (Glatigny 1990), tendencia en la que entra
la lexicografia
academics
ya en 1770, como se puede ver en el ejemplo, aunque
se adscribe la voz ingulo a un campo mayor a la geometria como es la
Matematica, con una marca entre parentesis cc(Matem.))j. En 10s ejemplos presen-
tados vemos como la adscripcion de la voz vacila entre la Matemitica y su sub-
disciplina la Geometria (ctJeometrian para Terreros, ctMat.n para Salva
y
ctGeo[metria]jj de nuevo para la Academia en la ultima edici6n del
DRAE
(2001)) y c6mo tambiin hay excepciones a la tendencia abreviadora, como es el
caso de Terreros, que sefiala angulo como cctermino de Jeometria)).
Por otra parte, existen marcas que si adscriben a tradiciones discursivas, como
puede ser la marca poit. (pot-tico) que se emplea en el
DRAE
(2001) (v. (2) en el
ejemplario), por ejemplo con la voz aquilino: ctaquilino, na. (Del lat. aquilfnus).
adj. poet. Dicho del rostro:
aquilefio)).
Sin embargo, no se reflexiona en el prolo-
go metalexicogr~fico acerca de esta marca, quizi incluida dentro de 10s niveles
de uso de la lengua (para la Academia ccvu1g.n par 'vulgar', jerg por 'jergal',
infant. po 'infantil', acult.jj por 'especialmente culto), 10s registros de habla (del
tipo cccoloq.>> por 'coloquial'),
la
valoracion del hecho lingiiistico (ctmalson.jj por
'malsonante'), cceufem.), por 'eufemismo'), la
intention
del hablante (ctdespect.))
por 'sentido despectivo', o ccirh.), por 'sentido ironico') o un brumoso ccetc.,)
(DRAE
2001:
XXXV).
Por otra parte, tal marca ya aparece en el primer diccionario acadt-mico
(NTLLE 2001: s.v. aquilino):
ALQVlLlNO,
NA.adj.
Vdc
Aguilcilo.
\rclk.'Gn
voz
P&tica
y
punmenre
Latina.
Aqsi!inw.
!?ANT.RoU~.
1.
c~*u.l
brm
la
nariz,
/II)
b~rdwfih
d
Cy
ro,
bilnpw
asrdfi
rrmlb
&
rfrgPro
ma,
aquilino.,,
.
..
Real Academia Espafiola. Diccionario 1726 ACADEMIA AUTORIDADES
(A-B)
TRADICIONES DISCURSIVAS,
HISTORIOGRAFLA
LINCUISTICA
E
HISTORIA
DE LA
LENCTUA
95
En cuanto a 10s textos gramaticales, tamhikn podemos encontrar algirn tipo de
marcaci6n de estructuras morfosintacticas al uso de la que se hace de unidades
Iixicas, aunque esa marcacion por lo general sera menos formalizada y normali-
zada, conforme propone Schneider-Mizony
(2003).
Respecto a la cuestion que
nos ocupa se puede llegar a sefialar el ernpleo o frecuencia de cie~tas formacio-
nes o construcciones en ciertas tradiciones discursivas. La marcacion solo apare-
ce en el tipo de gramaticas que describe la 'lengua entera'2 o cuyos autorcs sue-
len manejar conceptos retoricos, de conocimiento general, per0 especialmente
profundos, en gramaticos que eran a la vez clhigos
y
dehian estar fonnados en la
oratoria
homiletics,
como es el caso del padre Villar y del abate Vayrac, lo cual
entronca con la relaci6n ineludible entre tradiciones discursivas
y
retorica que
acaba de seiialar
la
Dra. Pons en esta misma mesa redonda.
Para ejemplificar c6mo funciona esta 1narcaci6n discursiva en 10s textos gra-
maticales consideraremos tres casos como boton de muestra y modelo de analisis.
En el primer caso, vemos c6mo en el Alte de la lengua esp&ola (1651) del
padre Villar3, kste seiiala que el hipkrbaton desmesurado se ha extendido de la
poesia a1 discurso historic0 y homiletico, lo cual resulta censurable, incluso tam-
bien en poesia cuando resulta excesivo. Asi, en el ((Cap.
Xlll.
De las figuras que
se
cometen en la construcion de distintas diciones?) (p.
94),
de su obra, has trata-
la eclipsis o elipsis, el zeu<g>ma, la Silepsi[s], la divisio
y
la Enalage, asi como
el arcaismo y el helenismo, dice lo siguiente:
[Al
margen dcho.: 1651 Pero quanto a el hyperbaton, que es lo mismo que hansgre-
sion; o
transposition
de palabras, sc note que sus especies son la Anastrofe, Tmesi
y el Parenthesi. La Anastrofe es orden trocada de dos diciones, coma quando el lati-
no dize: mecum, tecum, secum: poniendo [p. 951 la prcposicion despues de su caso.
Y
aunque enhe estas dos partes, de oracio[n] no la usamos en nuestra lengua, pero
entre el sustantivo y adjetivo, relativo
y
antecede[n]te siempre
2
sido usada en los
poetas, pero con tal moderacio[n] que se hallava en clla la virtud
y
gracia que la
locucion siempre por ella
%
pretendido. Ya en estos ticmpos es tan copioso su uso
no solo en la poesia, sino tambien en la oracion
y
en la historia,
y
qualquiera cosa
que se escribe, q[ue] parece no professan los autores ya oha cosa, q[ue] obscurecel.
sus escritos con esta figura.
Gonzalo Coneas, Arte de
la
lengua espaiola castellana. Ed, de Emilio Alarcos Garcia,
Madrid, CSIC, 1954; 144: rAse de advertir que una lengua tiene algunas diferendas, fuera
de
dialectos particulares de provinrias, conforme alas edades, calidades,
i
estados dc sus natura-
Ics, de nusticos, de vulgo, de riudad, de la xente mas granada,
i
de la corte, dcl istoriador, del
anriano, i predicador,
i
aun
de la menor edad, de muxeres
i
varones: i que todas estas abraza la
lengua universal debaxo de su propiedad, niemo i frase:
i
a
cada uno le csta bien su lenguaxe,
i
a1
cortesano no le esta ma1 escoxer lo que pareze mexor a su proposito camo en el traxe: mas
no por eso se
a
de entender que su estilo particular cs toda la lengua entera, i xeneral sino
una
oarte. Doruue muchas cosas que 61 desecha, son mui buenas i elegantes para el istoriador, anzia-
.
..
.
no
i
redicador, i 10s otros)).
Valencia: Juan Verengel. Sigo la edici6n facsimilar dc Gdmez Asencio (2001).
[Al margcn izq.:166] Haze contra este vicioso cshemo un grave y docto discurso
Don Joseph Gonvalez de Zalas en su Poetica de Anst. sccion
5,
digno de que todos
lo vean.
Y
aunque algunos amigos perspicuidad y claridad de lo que se escnbe, le
an prete[n]dido satisfazer, en ninguna manera lo consiguen, porque solo pruevan,
que esta figura da gracia y facilidad principalmente a la poesia, pero entendiendo-
lo, qumdo no se excede de el medio,
ni
viciosamente se passa [p. 961
a
los estre-
mos. Assi lo hizicron 10s Autores que ellos citan, y por tanto admira que con solo
provar, que tales varones usasen de la inversion q[ue] es lo que nadie les niega da[n]
por provado ser licita la demasia de estos tiempos, que cs lo que ninguno dehe con-
cederles.[p. 971
El tratamiento del hipkrbaton se extiende en
un
par de epigrafes mas, pero nos
bastara con lo que hemos presentado. Dentro de estos epigrafes destaca que el
padre Villar utiliza como fuente un tratado poetico,
y
no gramatical, esto es, la
obra de Don Iusepe Antonio Gonqalez de Salas Nueva idea de la tragedia antigua
o Ilustracion ultima a1 libro singular De Poetica de Aristoteles Stagiljta, impreso
en Madrid por Francisco Martinez en 16334. En tal obra, Gonzalez de Salas pro-
pone en las piginas
79-96
un estilo para la Tragedia qne sea a la vez elevado,
grave
y
moderado, asi como perspicuo
y
claro. Denuncia en las pp. 84-86 el vicio
de la oscuridad en los poetas de su tiempo (menos los cbmicos, que no llegail aun
a tales extremos), asi como en historiadores
y
oradores. En general sentencia que
ctVimtd es que universalmente comprehende a la Oracion la Claridadn (p. 86) y
propone como modelos de
elevation
y claridad para las distintas tradiciones dis-
cursivas a los siguientes autores: Virgilio para la poesia, Ciceron para la oratoria
y
Quinto Curcio para la historia. La deuda del padre Villar con tal autor resulta
clara.
Para el segundo ejemplo haremos un viaje inverso que comienza en la grama-
tica que John Stevens adjunto a sn diccionario de 1706. En tal gramatica se sefia-
la que ciertas fonnas 'on paragoge, del tipo cantare, amare, ya arcaicas (ccbeing
out of date))), resultan no obstante tipicas en el siglo XVlII de las ctOld Songs and
Ballads)), esto es, del genero romance o de las cancioncillas de la lirica popular.
La -e paragogica resulta pues un indice de cierta tradicion discursiva:
T*HE
Paragoge, or adding of some Letter or Syllable at the end of a Word is scar-
ce to he found at present, tho' us'd formerly, as wc may see in Old
Songs
and
Ballads, where they sometimes say Am6re, for
Amor,
Cantare, for Cant& but those
being out of date, it is now only found in the Verbs Voy and S6y, form the Verbs
Ir, and Sbr, which should be according to the General Rule of Spanish Verbs Vo,
and So, as they were us'd in former Ages, but now have they added for the better
Sound. [p.
481
Empleo
el
cjemplar de
la
BNE,
signatura
TI8575
TRADICIONES DISCURSIVAS,
HISTOR~OGRAF~A
LINGUISTICA
E
HISTORIA
Dl2
LA
LENGUA
103
constituye la pieza clave o central de la historiografia lingiiistica de la kpoca
entendida como aire de familia.
3.
Conclusi6n
Mis que de conclusion, habria que hablar de continuacion. Aqui solo se han
espigado algunos ejemplos
y
pautas generales de relacion entre tradiciones dis-
cursivas, historiografia lingiiistica e historia de la lengua, per0 queda atin mucho
por hacer. Asi, conviene realizar un rastreo minucioso de informacibn acerca de
las tradiciones discursivas del espaiiol en todo tipo de textos lingiiisticos anti-
guos, no solo gramaticas y diccionarios, sino tamhien retoricas, secretarios,
manuales de conversaci6n, etc. Por otro lado, falta por trazar una tipologia rigu-
rosa de 10s gkneros y tradiciones discursivas historiogrificos acerca de 10s cuales
simplemente se han seiialado algunos rasgos que hay que tener en cuenta.
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DIALECTOLQG~A
HISTORICA:
NUEVOS ENFOQUES
Y
PERSPECTIVAS
SARA
GOMEZ
SFIBANE
(coord.)
Universidad de Deusto
Resulta evidente que
un
titulo tan ambicioso como ccDialectologia hist6rica:
nuevos enfoques y perspectivas), no puede recoger, en el espacio del que dispo-
nemos, todas las ireas geograficas, variacibn social, registros y niveles lingiiisti-
cos o las multiples situaciones comunicativas en las que se desarrolla la lengua.
En congresos anteriores, como 10s de Salamanca y Jaen, se ha atendido a ireas
como la americana, o a hablas coma la andaluza o el judeoespaiiol, por lo qtle, en
el presente foro, nos ocuparemos de una parte del area norteiia: asi, Maria Areta
(Universidad de Navarra) presentari cuestiones relativas a1 romance navarro;
Carmen Moral (Universidad de Deusto) se ocupari de las hablas montafiesas;
Hector Garcia (Universidad de Leon) centrari su aportacion sobre 10s amhitos
asturiano y lean&; y, finalinente, Sara Ghmez (Universidad de Deusto) atenderi
a1 area del actual Pais Vasco.
Se trata, pues, de presentar, en primer lugar, el estado de la investigacion lin-
giiistica en cada una de estas zonas, asi como, en relaci6n con las fuentes docu-
mentales, el inventario de colecciones editadas, la valoracion del aprovecbamien-
to de las mismas
y
10s posibles problemas que pueden originar en 10s estudios
dialectales. En segundo lugar, se establecen no solo las tareas pendientes en
lo
relativo a la reconstrucci6n lingiiistica de 10s niveles de lengua, sino que se pro-
pollen nuevas lineas de trabajo para la investigacion histbrica, lineas que tengan
en cuenta la importancia de combinar la infomaci6n dialectal contemporanea, la
historia extema, la consideracion de la Ret6rica
y
el
Ars
Notariae en la redaccion
de 10s tipos documentales y las tradiciones discursivas, especialmente en el caso
de copora no literario, y que, en la medida de lo posible, atiendan a 10s hechos
linguisticos en relacion con factores como 10s diferentes registros de lengua y la
variaci6n social.
Asi, en ((El estudio del romance navarron, Maria Areta, tras subrayar la abun-
dancia de trabajos que caracterizan la lengua en epoca medieval, seiiala que estu-
dios sincronicos sobre Ikxico han detectado la presencia de peculiaridades en el
habla actual, por lo que considera que son urgentes analisis linguisticos de 10s
siglos que median entre la etapa medieval y nuestros dias. De ahi que su aporta-
ci6n se centre en el estudio de la lengua de las declaraciones de litigantes en plei-
HECTOR GARC~A GIL
Universidad de Ledn
Introduccion
La presente intervencion en esta mesa redonda tiene como ohjeto, denk de
la forma mas breve y ordenada posible, la descripcion del estado de la cuestion
sobre estudios de dialectologia hist6rica en el dominio rominico asturleones.
Para ello, junto a una triple delimitacibn: geogrifica, temporal (del period0 com-
prendido entre 10s siglos XI11 y XIV)
y
de tip0 documental, abordaremos una
breve revision de la historia
y
origenes del estudio de la dialectologia historica
asturleonesa, asi como de las lineas actuales de investigacion, para terminar apun-
tando cuestiones
y
lineas de debate e investigacion que en nuestra opinion dehe-
rian afrontarse en este tipo de trabajos en un area tan rica y ahundante en docu-
mentacion medieval, y a la vez de datos contemporineos:
.
Presentar algunas de las lineas y tendencias de investigacion de dialecto-
logia historica en el area asturleonesa
y
posibilidades de desarrollo.
Notas sobre el ambito lingiiistico medieval asturiano o asturiano-leonks, su
delimitacion geografica.
La dialectologia bistonca en este espacio lingiiistico: Origenes y desarro-
110.
Nuevas lineas de investigacion
1
reformulacihn de las mismas
Avances metodol6gicos y tecnologicos: aplicaci6n en el area asturleonesa
1.
~rea geografica: notas sobre
limites
y evoluci6n historica
El area lingiiistica asturiano-leonesa medieval, entendida como tal, compren-
de las tierras de la actual Asturias -except0 la parte mas occidental entre 10s rios
Navia
y
Eo, adscrita al dominio lingiiistico galaico-portngues-,
y
tierras de Le6n,
Za~nora
y
Salamanca, ademas de la zona de Miranda do Douro (Portugal), asi
como la Extremadura de reconquista leonesa. Hay que sehlar, tal y como dice
Xulio Viejo
(2003:
25),
que la leonesizacidn lingiiistica de las tierras al sur del
Duero,
y
-afiado- de la zona oliental de la provincia leonesa, a excepcidn de 10s
valles de Sajambre
y
Valdeon y aled&os, puede que no pasara nunca de un nivel
superfluo, siendo matizada tempranamente o desplazada por la influencia del cas-
tellano. Vemos, pues, que este romance se asocia a la expansion del Asturorum
Regnum, o reino asturleones en su movimiento
expansive
hacia el sur fuera de su
solar primigenio del Conventurn Asfurum siguiendo la Ruta de la Plata.
Si comparamos su extension medieval con 10s datos y realidades actuales,
vemos que este espacio linguistic0 se extiende por la zona asturiana ya mencio-
nada, zona norte y oeste de Leon y Zamora, donde limita con el gallego, presen-
te en el Bierzo Occidental,
y
la Tierra de Miranda, en Portugal.
Por el oriente esta area limita en Asturias con las hablas montaiiesas y las cas-
tellanonorteiias en la zona leonesa. Si bien determinados rasgos considerados
como definitorios del asturiano-leones penetran en Cantabria, otros trazos canta-
bro-castellanos entran en zona oriental asturiana. Tal y como delimito Francisco
Garcia Gonzilez (1982: 173-191) las hablas de 10s concejos asturianos de las
Peiiamelleras, Ribadedeva
y
la parte oriental de Llanes -a partir del rio Pnr6n-
formarian parte de las hablas montaiiesas.
Vemos, pues, como este domimo rominmco med~eval, s~tuado entrc 10s doml-
nlos gallego y castellano redujo su extens1611 terntorla1 en un proceso h~sthnco y
contlnuo en el que podemos marcar dos tendenclas.
1) Una temprana castellan1zac16n o rnejor dmcho desleoneslzac~dn de las
zonas a1 sur del Duero junto a un proceso s~rn~lar en la zona llana or~ental
a1 este de Leon y gran parte de Zamora
2) Un proceso de sustitucion linguistica, castellanizaci6n, en la zona norte del
Duero, mas acentuado en las tierras leonesas
y
mas tardio en Asturias, Ile-
vando a la desaparicion de las variedades dialectales de gran parte de Leon
y Zamora, donde pervive con precariedad en zonas del norte y oeste,
y
con
cierta vitalidad en el Principado de Asturias. Dentro de este proceso pode-
mos destacar tambien la distanciacion de las variedades diatbpicas asturle-
onesas por la ausencia de una norma
referential,
una variedad diatopica
que sin embargo no va a aparecer normalmente reflejada en la escritura
medieval.
2.
Estudios de Dialectologia HistSrica en el irea asturiano-leonesa: 10s
origenes
El inicio de 10s estudios de esta area coincide en
un
primer momento, segunda
mitad del s.
XIX
con el inicio de 10s estudios de dialectologia historica: Asi tene-
mos para esta zona trabajos como Das Altleonische de Gessner (1867), Estudios
sobre la Conjugacidn Leonesa de Federico Hansen (1896), sobre el leones a traves
de textos medievales, o el trabajo sobre documentacibn medieval leonesa, en el
que Staaff, ~tudes surl'ancien dialecte leonais d'apris des chartes du
XI112
siicle
(1907) realiza nn reparto dialectologico intemo. Posiblemente este enfoque histo-
rico
/
historicista condicionara el nombre de conjunto empleado por Menendez
LA
UIALECTOLOGIA
HLST~RICA
EN
EL
AREA
ASTLRIANO-LEONESA
Pidal (1906) en su obra de conjunto:
El
d~decto leoni$ donde adjunta, junto a
datos contemporaneos, cuestiones derivadas de textos medievales. En la zona
mirandesa el trabajo de Leite de Vasconcellos (1882) inicia la investigacion sobre
esta variedad proseguida posteriormente par Herculano Carvalho (1958).
Posteriormente,
y
referido a1 trabajo sobre documentaci6n medieval, centrjn-
dose en el period0 qne va desde la mitad del siglo XI11 a mediados del XIV, des-
tacan los estudios en dos campos:
1) Docunental: trabajos sobre el fuero de Avilis (Lapesa 1948), 10s fueros de
Oviedo, de Ledesma (Castro
&
Onis 1916) y otros textos juridicos, asi
coma la tesis de Lapesa (1998) sobre el dialect0 asturiano occidental en la
documentaci6n medieval, y en la que apunta la tendencia, no triunfante, a
la
creation
de un modelo lingiiistico afincado en la variedad central
u
ove-
tense.
2) Literario: La busqueda de Menendez Pidal de leonis, o en mayor medida
de leonesismos en obras literarias del s. XIII, Libro de Alexandre, J'oema
de Elena
y
Maria, etc.
Un segundo campo de estudio, lnenos explotado, y limitado a la zona asturia-
na sena la investigacion de los textos literarios, aparecidos a panir del siglo XVII,
aunque par desgracia, apenas si tenemos manuscritos y lo que llega hasta no-
sotros viene de una recopilacion de mitad del sigh XIX (Caveda 1887), con lo
que podriamos sospechar procesos de
regularization
y actualizaci611, dejando
muy dificil la determinacion del estadio evolutivo del asturiano de 10s siglos
XVll
y
XVIII a traves de 10s pocos manuscritos de esa epoca.
Posteriormeute y a lo largo del siglo ya pasado
y
de estos primeros aEos del
siglo XXI, se produce un estudio constante de esas fuentes documentales, que sir-
ven tanto para entender el area asturleonesa como para completar la visihn del
romance castellano vecino. Junto a la continua edici6n de textos y corpora docu-
mentales, se tiende a trabajar en ireas concretas ante el volurnen y cantidad de la
informacion obtenida:
Grafematica
y
Fonologia: Si bien esta es una parte muy interesante, pre-
senta multitud de problemas
y
mas si se toman 10s textos como si fueran
datos dialectales y no se tiene en cuenta la posibilidad de pautas nomali-
zadoras, tendencias hacia normas de romances vecinos, o la no equivalen-
cia grafema- fonema. jv.g Jos6 Ramon Morala 1993, 1998).
Morfologia y Sintaxis: aqui nos encontramos ante estudios sobre elemen-
tos de la lengua coma posesivos, el articulo, o mas complejos, como el sis-
tema verbal medieval de este romance: Cristina Egido (1996).
Lexico: Es este un aspect0 que, si bien se estudia desde sus inicios, no pre-
senta un estudio completo y exhaustivo, centrandose en aspectos parciales.
Como excepci6n tendriamos 10s estudios lixico-seminticos de
I.
Carrasco
y
P.
Carrasco (1997) sobre 10s Fueros de Zamora, Sala~nanca, Ledesma y
Alba de Tomes.
3.
Los corpus documentales asturiano-ieoneses: aprovecl~amiento
y
problemas
Una de las caracteristicas de esta zona asturiano-leonesa medieval es sn abun-
dancia eo fuentes documentales. Los fondos, valgan como ejemplo, de 10s archi-
vos de la Catedral de Leon, de la de Oviedo o de monasterios leoneses como 10s
de SahagGn, Carrizo, San Pedro de Montes, San Andres de Espinareda o de
monasterios asturianos como Belmonte (Lapedo), San Bartolome de Nava,
Cornellana o Corias nos ofrecen abundante inforniacion ya desde el siglo
X
y,
para lo que nos interesa en este trabajo, de 10s siglos
XI11
y
XIV.
A
esto hay que
afiadir otra gran cantidad de documentaci6n procedente de una zona, que, si bien
se castellanizara tempranamente, nos aporta informaci6n relevante de esta 6poca:
Zamora, Salamanca o Ciudad Rodrigo, entre otros.
Junto a esta documentaci6n de diversa naturaleza: eclesiastica, juridica (testa-
mentos, sentencias, litigios) o
transactional
(compra-venta, arrendamientos,
donaciones) hay que Cadir la importante fuente que proporcionan 10s heros:
Aviles, Oviedo, Zamora
y
otros, junto alguna de las versiones del Fuero Juzgo,
romanceada en territorio asturleones.
3.1.
Los corpora documentales
En este punto se pretende esbozar una enumeracion, incompleta y no exhaus-
tiva, de las diversas fuentes documentales con las que nos podemos encontrar y
trabajar en un territorio lingiiistico tan rico como dijimos en doc~unentaci6n
medieval.
Como trabajo recopilatorio de conjunto tenemos a disposicion el Repertorio
Bibliografico de Fuentes Doc~u~nentales del Dominio Lingi'stico Asturiano-
Leonis en la Edad Media, obra del equipo PatRom de Oviedo, que junto con otras
universidades peninsulares
y
europeas, bajo la coordinacion del
Dr.
Dieter
Kremer, tiene como objetivo la redaccion de un Dictiomaire Historique de
1
'An
throponymie Romane.
Este trabajo de repertorio bibliogrifico del dominio lingiiistico asturiano-leo-
nis medieval recoge en
un
volumen la bibliografia de Fuentes basta
1996.
Como
es 16gico en estos casi diez afios aparecieron nuevo volumenes y fuentes docu-
mentales asturiano-leonesas, con lo que seria aconsejahle una actualizaci6n del
mismo.
En el ambito administrativo leonis
es
destacable, por su gran volumen de tra-
bajo
y
la calidad
y
trascripcion de 10s documentos, la colecci6n Fuentes
y
estu-
dios de Historia Leonesa, bajo la direccion de Jose Maria Fernandez Caton.
3.1.1.
Corpus asturiano
En este espacio lingiiistico podemos encontrarnos con amplia documentaci6n
centrada en:
LA
DIALECTOLOG~A
HISTORICA
EN
EL
LA
ASTURLANO-LEONESA
Archivos de la Catedral de Oviedo.
Monasterios ovetenses: San Vicente, La Vega, entre otros.
Otros monasterios asturianos: San Bartolome de Nava, Occidente: Lapedo,
Cornellana, Corias..
En 10s ultimos afios, en este imb~to, la Academia dc la Llingua Asturlana
viene publicando dentro de la colecci6n Fontes de Llingua Asturiana, documen-
tacion medieval asturiana, tanto de la Catedral de Oviedo, como de otros monas-
terios ya sefialados: Cornellana o Belmonte, Lapedo.
3.1.2. Corpus leonis
Como ya hemos seialado con anterioridad, en esta zona la labor de la colec-
ci6n Fuentes
y
estudios de Historia Leonesa, bajo la direccion de Jose Maria
Femindez Cat6n para el ambito
administrative
leonis se viene desarrollando la
publication
de 10s documentos e index verborurn de archivos como:
Archivos de la Catedral de Leon
Archivos de monasterios leoneses: Saha@n, Camzo, San Pedro de
Montes
...
Para completar esta vision de la documentaci6n medieval leonesa tendriamos
que mencionar tambiin 10s fondos documentales de la zona zamorana: Archivos
de la Catedral de Za~nora, o de 10s monasterios de San Pedro de Castafieda,
Moreruela, entre otros o la documentacion de 10s Fueros de la zona de Riba-Coa
o de Ciudad Rodrigo.
3.2.
Aprovechamiento
y
problemas de 10s corpora
A la hora de aprovechar, de realizar trabajos sobre la base documental copio-
sa que proporciona este dominio rominico, hay que tener en cuenta dos aspectos
basicos para su desarrollo:
Distincion entre copias
y
originales.
Utilization
de copias
y
traslados para
ver evoluciones
I
modificaciones.
Los textos medievales (ss.
XIII-XIV).
Distancia
1
cercania de lo escrito
con la realidad oral y la variedad dialectal concreta a la luz de 10s datos
diatopicos actuales.
4.
Nuevas lineas de investigaci6n
I
reformulaci6n de las mismas
Una vez vistas las lineas de investigacion desarrolladas hasta hoy dia, quere-
mas exponer 10s que a nuestro juicio deberian ser los caminos
y
sendas por 10s
que se muevan las investigaciones en este siglo XXI:
Consideracion dependencia
I
independencia de esta area lingiiistica: Dos
visiones contrapuestas: caricter autonomo del asturiano-leonis, caracter
dependiente frente al castellano. Este aspecto, conflictivo en determinados
momentos, tiene que afrontarse desde una perspectiva puramente linguis-
tics,
dejando a1 margen consideraciones extralinguisticas.
Interpretation
de grafias a partir de los resultados dialectales actuales.
Partiendo de resultados fonicos actuales, aunque en ocasiones minorita-
rios, postular evoluciones fonicas que expliquen las divergencias con 10s
romances vecinos
y
la propia existencia de tales resultados.
Plantearnientos de sociolinguistica a la hora de explicar carencias tales
como la ausencia de literatura asturiano-leonesa
y
el inicio de concepcion
-en tierras asturianas- de un caracter diferenciado de este romance frente a
su previsible ausencia (Viejo 2004).
Cuestiones pragmatoestilisticas en 10s textos asturiano-leoneses:
Elecciones concretas de piezas l6xicas o rasgos grafematicos concretos
(Viejo 2004). Desde esta perspectiva la eleccihn de determinadas solucio-
nes grificas como la falta de diptongacion o formas arcaizantes deberian
entenderse, no como pervivencia real de las mismas, sino como una cues-
ti6n pragmatoestilistica
y
de niveles de habla, considerando las anteriores
como mas elevadas o propias del registro culto frente a 10s elementos
patrimoniales reservados al nivel oral
y
popular. Dentro de este proceso,
truncado en el siglo XV, la distincion frente a1 castellano se produce justo
en el momento en que 6ste empieza a ser una realidad en este territorio. Asi
se entenderia la ausencia de determinados rasgos caracterizadores del
romance
y
la no percepcion del romance asturiano-leones como distinto
(dentro del tenitorio asturiano estricto) a otras formas romances hasta bien
entrado el siglo XVII.
Estudio de 10s focos normativizadores medievales: Leon
y
Oviedo
y
sus
lineas de relacion, direccion de las inflnencias entre ambos nucleos
y
su
aplicaci6n en zonas del dominio romanico leones.
Pautas
y
procesos de castellanizacion de la documentaci6n: periodos
y
lugares.
5.
Avances metodol6gicos
y
tecnol6gicos: aplicaci6n en
el
Area asturleonesa
Como hemos destacado con anterioridad, nos encontramos ante un territorio
lingiiistico de gran riqueza documental para el period0 medieval
y
en la qne la
principal labor viene siendo la trascripcion
y
publicaciou de ese corpus docurnen-
tal. No obstante, echamos a faltar una adecuacion de esa tarea a los nuevos avan-
ces metodol6gicos
y
especialmente a las nuevas tecnologias que nos ofrecen
herramientas que facilitan
y
facilitaran el trabajo investigador:
digitalization
de
fondos, elaboraci6n de ediciones informatizadas
y
sobre todo la
realization
del
etiquetado de textos para su anilisis. Existen importantes index verborurn, como
pueden ser 10s de la catedral de Leon, pero en formato
traditional,
no se utiliza la
informatizacion. Una
utilization
informatizada de 6stos facilitaria esa tarea de
consulta
y
busqueda.
6.
Conclusiones
Como se destac6 a lo largo de este trabajo, la importancia de la dialectologia his-
torica en este imbito linguistico asturleones es doble. Por
un
lado, es precisamen-
te desde 10s estudios de Dialectologia Historica de la segunda rnitad del siglo
XIX
donde se descubre este espacio linguistico. Esta primera onentacion se vera supe-
rada despuis por la abundancia de estudios de tip0 lingiiistico
y
dialectal de carac-
ter sincronico que se llevarin a cabo en buena parte del siglo
XX
y
hasta nuestros
dias. Esto no significa un ahandono del estudio historic0 del romance asturiano-
leonis ni de su docurnentacion, labor continuada hasta la actualidad
y
que por lo
que expusimos aun tiene campo
y
documentacion sobre la que trabajar.
Por otra parte, esta abundancia de fuentes
y
repertorios medievales, junto a la
presencia contemporinea de sn continuidad como realidad oral
y
escrita nos pre-
senta
un
territorio que se presta a la continuacibn de las investigaciones
y
refor-
rnnlaciones de planteamientos necesarios, a 10s que habria que sumar, sin duda
ninguna, la aportacion de 10s campos de la infonnatica
y
las nuevas tecnologias.
Elementos estos que deben ser herramientas que faciliten el trabajo
y
consulta de
10s repertorios
y
fuentes,
y
a su vez, herramientas de trabajo de 10s investigado-
res sobre 10s mismos.
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ESTADO
ACTUAL
Y
PERSPECTIVAS FUTURAS
DE
LA
INVESTIGACION LTNGU~STICA
EN EL
PA~S
VASCO
SARA Gomz
SEIBANE
U~iiversidad de Deusto
El objetivo principal de quienes trabajamos con documentos del area vasca es
la caracterizacion del castellano de la zona en el marco del continuum dialectal
norteiio (Penny 2004). Se trata, pnes, de precisar, por un lado, las gradaciones de
divergencia respecto a areas como la navarra o leonesa y, por otro lado, de deter-
minar su grado de integacion en el castellano de Castilla La Vieja, es decir, en
el llamado complejo dialectal castellano (Garcia de Diego 1950), del que, hasta
el momento, el ambito lingiiistico del Pais Vasco se encuentra apartado'. No obs-
tante, en 10s ultimos aios
y
especialmente en lo que respecta a la referencia pro-
nominal, la
variation
dialectal del area castellana esti recibiendo la atencion
necesaria y anilisis monogrificos como 10s de Femandez-Ord6fiez (1999,2001)
ban incluido Vizcaya y
lava
en dicbo continuum, por el uso de lo con referen-
tes de materia
masculines
y femeninos. Veamos, pues, el estado de la investiga-
cion en las tres zonas de la Comunidad Autonoma Vasca.
1
.I.
En el caso de Vizcaya, la abundancia de documentos notariales para las
etapas bajo y tardomedievales ha permitido a Isasi y a un grupo de investigado-
res que ella misma coordina (Seminario Alfonso Irigoien) caracterizar la varie-
dad romance utilizada en la
documentation,
variedad que, en el punto actual de
nuestros conocimientos, debe identificarse con el castellano.
A
continuation,
se
expondran brevemente algunos de sus rasgos.
En conexion con areas occidentales, Isasi (2002a,2006b) ha subrayado la sig-
nificativa pesmanencia -hasta el siglo XV2- de la forma de posesivo so emplea-
do como
masculine
y femenino. Asimismo, en coincidencia con el sistema pro-
nominal descrito por la dialectologia para la zona occidental,
un
primer anilisis
medieval sobre
variation
pronominal en
un
documento bilbaino del siglo XV
(G6mez Seibane 2006a) ha destacado la pronorninalizacion con lo de objetos
directos continuos femeninos.
Como ejemplo, destaca su ausencia en 10s mapas de la latiniracihn peninsular
(Echenique
1987).
Frente a la cronologia aceptada para la evoiucihn castsllana, seg"n
la
cual
se
supone
gcneralizado el paradigma moderno desde el siglo
XIV.
En sintonia con la distribucion de modos verbales caracteristica de Areas
orientales, Isasi (2000, 2002a, 2002b) ha sefialado el uso del futuro de indicativo
por el de subjuntivo, especialmente en suboraciones de acci6n futura o contingen-
te, sustituciones analizadas tambien en profundidad por Ramirez Luengo (2001,
2002a, 2002b, 2004). Otros aspectos de la scripta vizcaina convergentes con el
area navarra son el empleo de cada sin el consecuente uno con valor distributivo
(Isasi 2002a. 2006bi. la oresencia de zerundios construidos sobre tema de nerfec-
,,
-
to (Isasi 2002b, 2004) y el recurso a la secuencia oa /uoa, en altemancia con ua,
para la representacion grafica de
/kwa//gwa/,
especialmente en ciertos elementos
l&x~cos, como goardco Jegoa (Isasi 1993, 1997, 1998a, 2002b; Romero 2002,
2003; Gancedo 2006).
En esta linea comparativa con 10s romances circundantes, se han observado
vacilaciones de genero coincidentes en ciertos sustantivos (Ghmez Seibane 2002)
y
se ha apuntado la posible mocihn de numero del reflexivo
si
(Isasi 2002a,
2006b), asi como el mantenimiento de ende
y
sus variantes hasta el siglo XVI, a1
menos en expresiones formularias (Polo 2006).
Por otro lado, algunos de 10s rasgos lingiiisticos de estas colecciones pueden
entenderse a la luz de la presencia de la lengua vasca. Asi, por ejemplo, cabe des-
tacar el seseo, un aspecto grifico-fonitico de interis, ya que constituye una de las
caractensticas de 10s hablantes vascos en la modemidad, que, coma es sabido,
consiste en la indistincion de 10s resultados de las antiguas predorsales africadas
y de las apicoalveolares (Isasi 1997, 1998a, 1999a). Igualmente, para la sustitu-
cion de <il> por <ill> en cierto repertorio de voces, varias de las cuales coexis-
ten como prestamos en lengua vasca (Isasi 1995b; Romero 2002, 2003), se ha
aducido como
explication
posible la
palatalization
contextual del euskera en
ciertas areas vizcainas3. Finalmente, en relacion directa con la presencia de la len-
gua vasca estan 10s vasquismos4, especialmente en campos ligados a actividades
especificas de la zona, como pesca o ferreria (Isasi 1995a, 1995c, 199%). No
obstante, se registra tamhien un repertorio de terminos de difusion peninsular, en
principio limitada (Isasi 1999b), y lexico de interis desde el punto de vista de sus
particularidades foniticas (Isasi 2002a). Para todo ello, vease el proyecto de reco-
gida de prestamos de la lengua vasca y timinos de origen rominico de difusion
geogrifica restringida (Isasi et al. 2005).
Existen, ademb, algunos trabajos de cronologia posterior que, de manera
general y particulannente en el caso de la historia lingiiistica vasco-romanica,
vienen a cubrir el vacio existente para la sincronia historica del siglo XVIII. Asi,
se han registrado en
documentation
notarial inedita
y
en anotaciones manuscritas
No obstante, las limitacioncs del conocimiento diacr6nico de 10s dialectos vascos imoi-
den
ue
esta interpretacion pueda considerarse como causa segura (Isasi 2002a).
lsasi entiende por 'vasquismo' la
vor
identificahle con el euskera, <<sea su oneen
eus-
-
kaldun
o romhico, si hien algunas de ellas debian de estar, como pmehan los mismos docu-
mentos, incorporadas tamhien
a1
lexico castellano de la zonan (2002a:
147,
n.
52).
ESTADO
ACTUAL
Y
PERSPECTIVAS
FUTURAS
DE
LA
INVESI'IGACION
LINGU~STICA
...
137
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zonas dialectales la mas importante
y
la menos utilizada), (Garcia de Diego 1950:
121). Mas ah, la califica de ctcomplejo dialecto, que no puede agregarse corno
adyecticio de ningun grupo, que tiene uaturalmente caracteres comunes con las
hablas vecinas, pero con una personalidad inconfundible)) (Garcia de Diego
1951: 7).
Se muestra, por tanto, partidario de considerarlo de forina autonoma en el
complejo mosaico dialectal del castellano septentrional, con las esperables filia-
ciones hacia hablas geogrificamente proximas y propone un doble programa para
mitigar la desatencion injustificada, por parte de 10s dialect6logos, sobre este
espacio clave:
A)
Reivindica que la actual Cantabria -calificada de crucial, junto con
Logroiio
y
Burgos por su complejidad historica- contiene, en sus hablas,
datos fundamentales para abundar en la historia lingiiistica del castellano.
No en vano, si ((Cantabria, origen de Castilla, fue el primer foco irradiador
del dialecto)) (Lapesa 1999: 187)'
y,
segk opinion bastante extendida en
la comunidad filologica, cdos dialectos del norte son de tipo arcaizante por-
que la
justification
de sus modalidades es anterior a1 momento en que el
castellano se impuso corno lengua
national))
(Alvar 1996: lo), indagar las
huellas que, de los diferentes rasgos lingiiisticos, puedan quedar hoy en la
zona, derivaria Iogicamente en on inejor conocimiento del estado primige-
nio de la lengua.
B)
Exige una metodologia que combine 10s testimonios documentales con
tales huellas para trazar, asi, ttlas fronteras interiores de algunos fenome-
nos)) (Garcia de Diego 195
1:
5).
I
Evidenternente, la idea del castellano corno dialecto diferencial
tt[
...I
fuerza rebelde
y
discordante que surge en la Cantabria y regiones circunvecinas)>
fue
postulada por MenBndez
Pidal en Origcnes del
EspaEol.
En definitiva: que sincronia (dialectologia,
sociolinguistics)
y diacronia (dia-
lecrologia historica) sean objeto de estudio bidireccional en el constmcto del
complejo dialectal montaiies.
Esta
declaration
dc intenciones ha recibido esfuerzos mny parciales por parte
de la investigacion que, sin embargo, si ha cubierto el devenir de otros comple-
jos dialectales septentrionales, hoy considerados antonomos con pleno derecho.
Dichos esfuerzos aparecen encaminados a caracterizar, en sincronia, los ras-
gos linguisticos que manifiesta el espacio montaiies. Por el contrario, la carencia
de estndios linguisticos histbricos -sistematicos sobre las hablas montaiiesas (a
traves de 10s mencionados testimonios documentales) es patente. Una
situation
extremadamente paradojica dado que paliar esta ausencia se revela condicion sine
qua
non para esbozar, con cierta solidez, la diacronia de su geografia lingiiistica
hasta 10s estadios actuales y, sobre todo, para evaluar sus resultados en la histo-
r;a de la lengua a la que tales hablas contribuyen.
2.
El
status quaestionis sobre
el
rnontaiiks: insuficiencias
La caracterizacion dialectol6gica del montafds sufre, pues, una fuerte sincro-
nicidad polarizada, hasta 1970, en la obra de Garcia-Lomas (1966) y, en el ulti-
mo tercio del siglo
XX,
en trabajos como 10s de Penny (1970, 1978) o Garcia
Gonzalez (1978).
Las carencias del primer estadio residen en la metodologia:
1. El gmeso de su material lo componen testimonios de literatos costumbris-
tas cuya fidelidad filologica en la recreacion de las hablas es, por diversos
motivos, discutible.
2. Se privilegia el nivel lexico ctque
[.
.
.]
por una parte, generalizan para toda
Cantabria lo que es especifico de la zona
[...I;
por otra parte, califican
como regionalismos voces cuya difusi6n excede el ambito objeto de estu-
dion (Fernandez Juncal 1999: 10). Esto es extensible a algunos estudios
recientes, que signen este modelo (repertorios de voce~)~.
Las carencias del segundo, en la parcialidad diatopica. Se trata de ctinvestiga-
ciones especificas con
localization
muy reducida
[...I
su objetivo es el occiden-
te y centro de la region
[.
.
.]
Era esperable
[.
.
.]
que, a1 estar la mitad occidental
mis cerca de
un
area marcadamente dialectal, manifestara mb rasgos diferencia-
dores que otra zona mas alejada del foco irradiador centroastt~riano)) (Femandez
Juncal 1999: 10-12).
Se refiere la autora a trabajos como, entre otros, 10s de Sair Barrio (1991)
o
Lopez Vaque
(1994). No obstante, debemos citar por su superaci6n de la atencion diatdptica tradicional, a
Sinchez-Llamosas
(1982),
quien hata dc cornpilar el habla de Castro Urdiales.
LAS
HABLAS
MONTARESAS: DUDAS
Y
POSlBlLlOADES
DE
LA
DLALECTOLOGIA
IIISTOKlCA
141
El Atlas Etnogrifico
y
Lingiiistico (1995) de
M.
Alvar es la superacion de
estas deficiencias: aunque su encuesta es eminentemente lexica, esta diseiiada
para extraer conclusiones fonetico-fonol6gicas y aun morfosintacticas. Ademis,
al
cartografiar las hablas en todo el territono de la actual Cantabria, la vision de
conjunto es insuperablemente rica en el tram de variantes internas.
Pero es
ma
superacion sincr6nica. iC6mo explicar la heterogeneidad nada
cadtica3 de sus mapas sin acudir a estt~dios histoncos que perfilen que suerte de
continuidad dibujan los rasgos lingiiisticos?
3.
La contribucibn
de
la dialectologia
historica
Desde todos 10s angulos, se evidencia la necesidad de trabajos de dialectolo-
gia hist6rica sobre el acervo documental de la Cantabria pretkrita (desde el alto-
medievo). Los expurgos, a todos 10s niveles, pueden reorientar cuestiones funda-
mentales en el espacio
variational.
3.1. Elproblema de la adscripcidn lingiiistica del montafib
Las tesis clbicas sobre el habla montaiiesa han forjado su
inscription
histon-
ca en dominios lingiiisticos superiores, en dos direcciones:
a)
El
montaiies sena leonk. Menbndez Pida1(1962), Zamora Vicente (1967),
Garcia de Diego (1951).
b)
El montar7i.s seria castellano (Lapesa Neira)4.
Por su parte, Torreblanca propone, para la etapa medieval, un grupo que aglu-
tinaria la mitad septentrional de la provincia de Burgos
y
las regiones santande-
rina
y
riojana. Este grupo compartiria algunas soluciones leonesas y se distancia-
ria, en cierta medida, del romance burgales5.
Pues bien, seran 10s analisis historicos 10s que dilucidaran si, efectivamente,
hub0 o no una armonia del temtorio en sumarse a la norma leonesa; que grado de
seguimiento acreditan los textos, si hay variacion geografica en el mismo; cuando,
entonces, se produjo el progresivo abandono
y,
por ultimo, si este abandono se
refleja igual en todas las variedades. Para ello habra que confeccionar corpus de
etapas sucesivas
y
diferentes territorios cantabros y, despues, contrastar 10s resul-
tados con estudios lingiiisticos coetineos de 10s sistemas dialectales colindantes.
'
Alvar 1995: 13.
Lapesa (1999: 478) incluye aqui el tercio este de la actual provincia (desde el ria Miera
hasta
la
frontera con Vircaya). Neira (1989), ante la &ticultad de trazar isoglosas contunden-
tes, propone la tesis de
un
continuum dialectal noiteiio que unificaria ieonis oriental
y
caste-
llano. Toneblanca 1991.
142
Ma
CARMEN
MORAL
DEL
HOYO
3.2.
La heterogeneidad ordenada del diasistemu montafiis
Las adscripciones anteriores parecen no cuestionar la homogeneidad de una
provincia que, deciamos, se muestra muy conlpleja cctanto si se refiere a la distri-
buci6n geografica de sus pecnliaridades
y
alas relaciones con otras bablas
y
dia-
lectos, como a la altura social de 10s fenomenos)) (Gimeno Ment-ndea 1990: 93)6.
La dialectologia histbrica puede, aqui, aclarar el reparto de 10s fenomenos lin-
giiisticos para dibujar-ylo explicar- 10s movimientos que hayan podido sufrir las
fronteras interiores a las que aludia Garcia de Diego. Por supuesto, estos estudios
deben superar el privilegio de 10s trabajos sincronicos sobre el centrooccidente de
la region
y
atender el oriente, ignorado siempre por supuesta ctatonia lingiiisti-
can7, para constatar si la disolucibn de rasgos del prototipo dialectal occidental se
produce confonne nos alejamos del foco irradiador (tesis tradicional).
~sta es la empresa de Fernandez Juncal8 en sincronia y de un pionero trabajo
de Gbmez Seibane en diacronia, a1 ocuparse de la presencia del neutro de mate-
ria en documentacibn tardomedieval de Castro Urdialesg.
Con todo, tambit-n -creemos- hay aun una carencia en este planteamiento:
jno es posible buscar, en el Oriente de Cantabria, procesos dialectales que miren
hacia el Este -mas alla de correspondencias lixicas-
y
no solo indicios de una
continuidad con Occidente? El esfuerzo de algunos historiadores de la lengua1°
esta enfocado hacia la caracterizacibn del romance que se desarrollo en irea
vasca desde la epoca de origenes
y,
progresivamente, se estin detectando rasgos
mb
o menos autonomos. Cantabria vuelve a ser, aqui, piedra de toque a1 mostrar
que suerte de vigencia corren, en el Oriente, las soluciones del espacio vascorro-
manico.
En este sentido -inkdito en diacronia- el trabajo de Moral del Hoyo" consta-
to la pervivencia del posesivo so en documentos del siglo
XV
(anomala ya en cas-
tellano) tanto en Liibana, extremo occidental, como en Laredo, extrelno oriental.
Una pervivencia que habia detectado Tsasi Martinez'z, para las mismas fechas, en
documentacibn vizcaina.
i(Su
diversidad esti en fimcion de las distintas influencias de su ueculiar situaci6n peo-
Fernhder Junca1(1999), coil el neutro de tiateria y la metafonia vocilica.
G6inez Seibane 2002.
Destaco, para la etapa medieval, el equipo Seminario Alfonso lngoyen, dirigido por
Carmen Isasi.
Moral del Hoyo 2006a.
l2
Isasi Martinez
1994.
LAS
HABLAS
MONTANESAS: DUDAS
Y
POSMILIDADES
DE
LA
DIALECTOLOG~A
HISTORICA
143
3.3. La continuidad de
los
rasgos caracterizadores del montai?is
La
description
traditional
del dialecto13 suele citar como distintivos (pero no
exclusivos), ademas de un extenso repertorio lexico:
3.3.1.1. Vocalismo
-
(*)
Tendencia general a1 cierre de las vocales finales (-o>-u
i
-e>-i). Se
atestiguan diferencias de vitalidad y extension), con testimonios de meta-
fonia.
-
(*)
Epentesis de ti/ sin justificaci6n etimologica (en interior de palabra o
ante t6nica).
-
Otras: tendencia a deshacer hiatos, cierta inestabilidad en vocales ato-
nas.. .
3.3.1.2. Consonantismo
-
(*)
Presencia de la aspirada
/h/
por
evolution
de
F-
inicial latina: notable
en la montafia centroccidental. La aspiraci6n puede afectar a la velar cas-
tellana 1x1.
-
(*)
Restos, quiza hoy lexicalizados, de una
palatalization
de
L-
(llubina,
Llaguno)
y,
menor, de
N-.
-
(*)
Conservaci6n de
-MB-
(camba, lomba).
-
(*)
Los grupos romances que dejan en implosiva It1 o
ki
pneden pasar a
Ill la primera de las consonantes agmpadas (mayoralgu).
-
(**)
Perdida de la I-ri del infinitivo ante pronombre enclitico.
-
Las consonantes sonoras intervocalicas pueden perderse, especialmente
1-d-I.
-
(*)
Pirdida de la desinencia vocalica /-el en la 3" persona singular del pre-
sente de 10s verbos de la
2a
y
3"
conjugation,
tras n,
1,
r,
s, z.
3.3.1.3. Morfosintaxis
-
Localization,
mas o menos esporadica en la actualidad, del neutro de
materia.
-
El empleo de 10s pronombres de tercera persona atonos, distingue varios
paradigmas'4.
-
Pervivencia de 10s pronombres nos, vos.
l3
Lash Pell6n 1998, NuEo ~lvarer 1996, Menendez Pidal
1962.
l4
lu/lello>occidente, leilulla>Pas
y
habla coloquial, lello/la>habla rural
y
urbana oral,
(le)lo/la>habla urbana escrita
y
noma culta Garcia GonzAlez (1978).
M"
CARMEN
MORAL
OEL
HOYO
-
("")
Casos de posposicion de 10s pronombres personales a1 verbo
(dib
rontelo) y anteposicion ante infinitivo (me componer).
-
Procesos de
derivation
lexica preferentes: diminutivo -in, -uco, prefija-
cion -a ante sufijos verbales, sufijos -iego(n), -izo(u).
..
-
Otras: presencia del
conditional
en la pr6tasis de las irreales, para el cen-
tro y sur, y en la protasis y en la apodosis en el este..
.
Esta caracterizacion prototipica surge del anilisis sincronico de testimonios.
Hemos marcado con asteriscos 10s rasgos que Menendez Pidal (1962) detec-
ta,
ya, en textos antiguos asturianos
(**)
y leoneses
(*),
entre 10s que incluye un
corpus minimo procedente de lo que 61 intitula frontera oriental de Ledn, Li&bana
(actual tercio occidental de Cantabria) entre ellos. La raz6n es validar la hip6te-
sis seglin la cual, mediante la labor de la dialectologia historica, podria trazarse
la diacronia de 10s fenomenos dialectales (tarea que la reiterada falta de monogra-
fias sistemiticas sobre estadios preteritos ha impedido desarrollar, si excluimos
la presencia del neutro de materia -acreditada por G6mez Seibane en la Baja
Edad Media y, ademis, para la zona limitrofe con Vbcaya-).
Se trataria de arrojar luz para saber cuales son huellas de procesos arcaicos o
cuales surgen por innovaciones mas modernas, qu& vigencia acreditan tales ras-
gos en 10s diferentes estadios de 10s textos conservados o si existen movimientos
en el reparto diatopico.
Pero no debe tratarse de un proceso exclusivamente
unidirectional
del presen-
te hacia la historia. La historia misma podra atestiguar fenbmenos que pudieron
ser dialectales en otro tiempo y perderse luego (diptongaciones de /el lo1 ante yod,
ciertas direcciones en la palatalizacibn, rasgos de scriptae occidentales oly orien-
tales...).
4.
Nuevas perspectivas analitisas para la dialectologia hist6rica
No podemos olvidar que el instmmento de trabajo para la dialectologia histo-
rica son, por necesidad, 10s testimonios escritos de una comunidad: los textos.
Desde la Nueva Filologia, cualquier texto ha dejado ya de ser mero acumula-
dor de ocurrencias para convertirse en objeto de reflexion, incluso de
explication,
por si mismo. Pues bien: 10s testimonios docurnentales en 10s que rastrear proce-
sos dialectales historicos no dehen, a nuestro juicio, sustraerse de un anilisis filo-
16gico que contemple 10s niveles pragmatic0 y discnrsivo.
lncluir la dimensi6n comunicativa y textual propone una casuistica comple-
ta para 10s usos de lengua que all: se contemplan: el lingiiista debe decidir si
pertenecen a la
variation
temporal, geografica, social, personal, estilistica o
pragmatica.
LAS
IlABLAS
MONTAflESAS: DUDAS
Y
POSIBILIDADES
DE
LA
DIALECTOLOGIA
HISTORICA
145
Un fragnlento como ccconos~uda cosa sea a todos 10s omes qui son e qui
seran como io Gutier Petriz maladinu de mi buena voluntad viendo a vos Garci
Diaz..
.)95
puede ser analizado desde diferentes -y complementarias- perspecti-
vas:
-
Como marcas dialectales en 10s niveles fonico y morfologico, cabria sefialar
la presencia de -u final en a1 adjetivo (maladinu) o el diptongo antietimologico
de la primera persona (ado).
-
Como marcas discursivas, la focalizaci6n de la notificacion, su constmccion
absoluta o la presencia de ese como para la ~ompletiva~~.
-
Como marcas pragmaticas, la estructura performativa del dispositivo docu-
mental17 o las implicaciones corteses en el uso de la formula de tratamiento
vos'8.
Es mas, puede que la variacion dialectal afecte, tambikn, a1 plano
discursive
al evidenciar particularidades en su
composition
estructural, en el empleo de
estrategias corteses, en la preferencia por una clase de conectores supraoraciona-
les.. . Especialmente, en una tipologia coma la notarial, donde el investigador
tiene acceso a textos muy homogkneos agrupados en tomo a escritorios diferen-
tes. Un analisis
contrastive
podria arrojar luz sobre usos discursivos divergentes
en tomo a areas tambikn distintas.
De igual manera, y de mod0 general, tampoco debiera ser gratuita para la dia-
lectologia historica la relacion entre el registro de modalidades areales en diacro-
nia y el tipo de textos mas permeables a esta aparicion. Con este tipo de estudios
podri comprobarse la evoluci6n en la vitalidad de las diferentes hablas coma len-
guas de comunicaci6n (escrita) y sus direcciones de introducci6n (de la inmedia-
tez a la distancia comunicativa o vice~ersa..
.).
5.
La
herramienta textual.
La
edici6n
Sin duda, en Cantabria ha sido el ultimo tercio del siglo
XX
el que mayor
impulso experimenta para que distintas fuentes documentales se editen.
Asi corniema el
Pergalnino
n023,
60
1231 dc la Abadia de Santillana del Mar, micro-
filmado en el Arcbivo Catedralicio de Santander. Hemos corregido, en el fragmento, algunas
decisiones cditoriales de Dier Herrera
(1983:
121), pues, siguiendo el original, la historiadora
no
recoge
la
-u
dsl adjetivo y desarrolla por
que
una abreviatura que, a nuestro juicio, debe ser
qui.
l6
Elvira 2004.
l7
Moral del Hoyo 2006b.
l8
Bravo
1
Briz 2004.
146
Ma
CARMEN
MORAL
DEL
HOYO
El proyecto DOHISCAN19 reclama un papel principal: dirigido por el catedr&
tico de Historia Medieval Jose Angel Garcia de Cortizar,
y
puesto en marcha por
la Fundacibn Marcelino Botin
(FMB)
ha recorrido 10s principales archivos pro-
vinciales y estatales, hibliotecas y fundaciones, para localizar, inventariar
y
cata-
logar 10s documentos medievales referidos a Cantabriazo.
El criterio de
selection
es, fundamentalmente, toponimico y antroponimico:
se han expurgado las entradas de documentos que contengan alguno de estos ele-
mentos de natnraleza cantabra.
Con este inventario, se ha creado una base de datos de consulta exclusiva en
la biblioteca de la Fundacion que agiliza enormemente, a1 investigador, la locali-
zaci6n de fuentes documentales.
Paulatinamente, se esta encargando a distintos historiadores la edicihn de este
material en colecciones de diversa naturaleza y amplia n6mina geografica (Oeste:
Potes
i
Centro: Santander
I
Este: Laredo, Castro Urdiales.
..).
Con todo, la tarea
no es comparable a ediciones de fuentes medievales que obse~amos en otros
tenitorios hist6ricos vecinos.
Las publicaciones de la FMB explicitan siempre 10s criterios de edicion adop-
tados -fundamentalmente diplomiticos-, pero se impone el cotejo con 10s manus-
critos ante soluciones, entre otros muchos motivos, como la de modemizar la ese
sigmatica por so
z
en funci6n de la solucion actual o el desarrollo de abreviaturas.
Fuera de este proyecto, la edici6n se mnestra casi anecdotica: se restringe a
algunas colecciones patrocinadas desde ayuntamientos o fundaciones
y,
sobre
todo, a documentos transcritos que acompafian a estudios historicos en articulos
cientificos o como apendices documentales.
Respecto a la tipologia textual de las publicaciones, &stas pertenecen a diver-
sos ambitos:
-
Documentaci6n municipal (actas, ordenanzas, acuerdos..
.).
-
Documentacion iudicial (nleitos resueltos en la Chancilleria..
.)
"
-
Documentaci6n privada (compras, ventas.. . de linajes nobiliarios).
-
Documentacion eclesihtica (cartularios, censos..
.).
Para la nomina completa de todas las fuentes cintabras, medievales
y
moder-
nas, editadas, remitimos a1 estudio de SolorzanoiGonzalez (1999).
l9
Puede ampliarse la
information
del proyecto en
www.loscantabros.comlhemeroteca/
dohiscanhtm
20
www.fundacionmbotin.org.
El proyecto inicial establecc como limites cronolhgicos 10s
afios
800.1520.
Tambikn se ha establecido un equipo en el Archivo del Vaticano que desarro-
Ila su trabajo actualmente.
ALGWAS
CONSII)~RACIONES
SOBRE
LA
PERIODIZACION
DEL
JUDEOESPAROL
155
Existen dos criterios fundamentales para establecer la periodizacion de una
lengua: criterios externos6 y criterios intemos7. Ambos criterios van ligados a 10s
de historia lingiiistica y lingiiistica historica, respectivamente.
1.1.
Criterios exter-nos
Generalmente se realiza una historia de la lengua desde una perspectiva exter-
na, es decir, ordenando 10s cambios lingiiisticos en diferentes kpocas desde su ori-
gen hasta la actualidad. Para Marcos Marin 10s criterios extemos son 10s no lin-
giiisticos. ~stos pueden dividirse en tres gmpos: historicos, historico-literarios
e
historico-sociales.
1.1.1. El criterio historico establece relaciones paralelas entre las etapas de la
lengua
y
la division cronologica de 10s acontecilnientos hist6ricos del lugar en
cuestion. Se contrasta la periodizaci6n de la historia con la de la evoluci6n lin-
giiistica de ese tenitorio
y
se observan las similitudes.
1.1.2. Un segundo criterio extemo es el histdrico-literaria, en el que se esta-
blecen las transiciones entre unas kpocas y otras segun las grandes etapas de la
creacibn artistica y 10s movimientos literarios (Marcos Marin 1992:
603).
1
.I
.3.
Tamb~kn hay que observar 10s factores sociales, que pueden influir en la
evoluci6n lingiiistica. Asi pues, se genera el c~iterio histonco-social, que se basa en
10s acontecimientos historico-culturales,
y
no en 10s estrictamente historicos.
1.2.
Criterios internos
La gramatica historica describe los cambios desde un punto de vista intemo,
esto es, ordenando 10s cambios por niveles liuguisticos de analisis: grafemico,
fonktico-fonolbgico, morfosintactico y lkxico.
Por otra pate, una periodizacion hasada en criterios iiltemos supondria el estableci-
miento de una cronologia absoluta de 10s cambios en 10s distintos niveles, es decir,
la posihilidad de localizar dctenninadas transfonnaciones en
un
eje temporal con-
creto. Sin embargo, en muchos casos sblo es posible fijar nna
cronologiarelativa
de
10s fenhmenos, en la que la falta de testimonios procedentes de 10s textos conocidos
en un momento detenninado hace qne algunos cambios solo puedan ser situados de
((La historia extema, en cambio, tiene encargada la recogida e
interpretation
de 10s mate-
riales lingiiisticos
relatives,
directa o indirectarnente, a1 contexto sociocultural en qne se localiza
la lcngua.
A
este mCtado sc adscribe, por supuesto, el estudio del lhxico, especialmente
dei
voca-
bulario teminol6gico. Pero la historia externa debe entenderse en
un
sentido ab mas extenso, a
saber, como analisis de la
actuation
del hombre frente al lenguaje), (Eberenz 1R91: 96-97).
'
((Vista desde este punto de rnira,
la
historia intema no es otra cosa que la descripcihn dia-
cronica de la lengua en cuanto sistema funcional.
A
las alteraciones que se descuhran a lo largo
de 10s siglos habri que buscarles entonces unas posihles motivaciones internas
y
las repercu-
siones que hayan tenido en otros sectores del sisteman (Eberenz 1991: 96).
manera relativa como antenores
o
posteriores
a
otros que si han podido ser docu-
mentados. No obstante, la aparicion de nuevos testimonios documentados permiti-
ria ir completando etapas que, hasta ese momento, eran el resultado de una propues-
ta metodologica de caracter
reconstructive
(EcheniqueIMartinez
2003:
60).
Existen tres tipos de criterios internos:
1.2.1.
El cnterio documental se sirve de 10s datos obtenidos del analisis de
textos o documentos escritos para realizar un atento estudio de grafkmica.
1.2.2.
Otro criterio intemo es el fonernitico. ~ste combina aspectos del docu-
mental con criterios funcionales*. Estudia la progresiva adecnacion de la grafia al
sistema fonologico de cada periodo.
1.2.3. Por ultimo, el criteno de planificacidn lingiiistica roza las fronteras
entre criterio interno y extemo, puesto que tiene una vision de la historia de la
lengua obtenida del resultado de una serie de refomas linguisticas, creadas a par-
tir de una voluntad politica de accion sobre la lenguag.
1.3.
Finalidad de una periodizacidn
En 10s estudios filol6gicos se realizan periodizaciones para observar 10s acon-
tecimientos lingiiisticos en su desmollo histdrico y, a su vez, ver cual es su evolu-
cion correspondiente en cada $oca determinada. En muchos casos se conjuga lo
lingiiistico con lo literario para ver si coinciden o divergen en sus caractensticas.
El desarrollo de las investigaciones filologicas permite ampliar 10s estudios
basados en criterios intemos. Hasta ahora son mas abnndantes 10s estudios fun-
damentados en criterios externos, obteniendo resultados paralelos entre periodi-
zaciones de la historia y de la lingiiistica. Siguiendo criterios internos se favore-
ce el estudio apoyado en 10s textos mismos
y
esto permite establecer la evoluci6n
lingiiistica acorde a1 proceso de carnbio lingiiistico sin atender, de manera pri-
mordial, a 10s acontecimientos historicos.
Pero no debemos olvidarnos de 10s estudios sociol6gicos, que en muchos
casos nos sinen para entender los resultados del carnbio linguistico. Por supues-
to tienen qne conjugarse aspectos sociolingiiisticos y pragmaticos para permitir
nuevas precisiones en diversos campos de estudio.
Toda periodizacion es una propuesta que, por una parte, se establece a partir de la
observation
de los datos; pero,
a
la vez, introduce un cierto punto de vista sobre 10s
testimonios a1 disponerlos siguiendo una ordenaci6n en la que, de hecho, se tienen
Se refiere
a
la
tesis de Andre Martinet
y
al
enfoque metodolhgico de Ernilio Alarcos en
su Fonologia espaEola (Marcos Marin 1992: 603).
Siguiendo este cnterio se divide
((la
historia de
la
lengua espafiola
en
epocas separadas
por cuatro reformas:
la
alfonsi (h. 1250),
la
humanistica (segunda rnitad del
s.
XV),
la
acadb-
mica (1714)
y
la
contemporhea, que se desarrolla sohre todo
a
partir
de
1965)) (Marcos Marin
1992:
603).
ALGUNAS
CONSIDERACLONES
SOBRE LA
PERIODIZACI~N
DEL
JUDEOESPA~~OL
157
en cuenta factores de distinto tipo, desde 10s qne pneden considerarse propiamente
lingiiisticos hasta 10s puramente pedag6gicos o de vinculacion con otras disciplinas
dentro de lo que se denominan Ciencias humanas o sociales (Echenique/Martinez
2003: 61).
2.
Propuesta de periodizaci6n del judeoespafiol
Vamos a revisar algunos de 10s diferentes estudios dedicados a1 judeoespafiol
en 10s que se describen varias propuestas de periodizacidn.
2.1.
El estudio de
I.
S. Rivah
(1965)
difiere de lo expuesto por Wagner unos
afios antes'o. En esta
investigation
se pueden observar dos periodizaciones de las
hablas judeoespafiolas de 10s Balcanes. En el apartado
3",
el autor desarrolla la
evolution
lingiiistica desde el siglo
XVI
hasta el siglo
XX,
sirviendose para ello
de la literatura existente.
Asi pues, se establecen cuatro periodos: a) de
1547
a 1601. Se cuenta con
varias traducciones procedentes de Constantinopla
y
de Salonica, tanto de textos
biblicos como de otros imbitos; b) de 1601
a
1729
no se conoce la impresion de
ninguna obra judeoespaiiola en 10s Balcanes; c) de
1729
a
1837
abundan las
publicaciones en judeoespaiiol'2; por ultimo d) de
1837
a1 siglo
XX,
periodo de
pnblicaci6n de libros
y
de periodicos judeoespaiioles en
Belgrade,
Bucarest,
Sofia
y
Sarajevo, entre otras ciudades.
En este mismo trabajo se recoge otra periodizaci6n basada en criterios inter-
nos. El apartado 4'3 describe tres etapas destacables en la evoluci6n del judeoes-
paiiol, atendiendo a las caractensticas foneticas, morfolbgicas
y
lexicas de cada
kpoca: a) el siglo
XVI;
b) 10s siglos
XVII
y
XVIII;
y
c)
10s
siglos
XIX
y
XX.
lo
<<Notre explication de l'histoire et de la
geographic
des parlers judeo-espagnols des
Balkans diffkre sur des points essentieis de celle qui est communkment offerte. En genkral, on
a adopth la these de Max-LBopold Wagner, these
B
la fois linguistique et historique)> (Revah
1965: 1369). Hace alusion a Wagner (1930).
l1
<<Les textes qui permettent d'etudier 1'8volution des parlers judt-o-espagnols des
Ballcans)). (Revah 1965: 1356-1358).
'2
nA
partir de 1729, les impressions judeo-espagnoles deviennent tres abondantes dans
les Balkans, surtout
B
Constantinople dans la ptriode 1729.1775, 11 s'agit le plus souvent de
gros ouvrages qui fournissent une riche documentation. Ils ne sont pas vocalishs,
B
l'exception
du Pentateuque de 1739, qui reprend celui de 1547 avec les reajustements phonbtico-morpho-
logiques rendus necessaires par l'evolution linguistique de deux sihcles. /Pour Salonique, nous
avons des plaqnettes de 1753 et 1810 et nn gros livre de 1775, ceuvre d'un rabhin d'ILtip, cen-
tre dont le parler ne devait guere diffhrer de celui de Salonique.
A
partir de 1798, on r8impri-
me
B
Salonique des ouvrages composhs et edit&
B
Constantinople,
en
particulier l'enorme
collection de commentaires de la Bible intitulee Me'am Lo'ez, qui, constamment reeditl-e au
XlXe sikcle, sera lue dans tous les centres judeo-espagnols des Balkansu (Revah 1965: 1357).
l3
~Les grandes etapes de 1'8volution des parlers jndeo-espagnols des Balkanan. (Revah
1965: 1359-1366).
2.2.
A
proposito de la historia del judeoespafiol, Marius Sala (1976) divide en
tres apartados su trayectoria lingiiistica. No se trata de una periodizacion en sen-
tido estricto, sino que el autor reune y comenta la bibliografia disponible hasta el
momento sobre el tema: a) aparicidn del judeoespaiiol, etapa de
constitution
del
idioma. La mayoria de estudios realizados coincide en que no esta claro que se
pueda hablar de un idioma distinto a1 espaiiol antes de la expulsi6n de 1492; b)
evolucidn, periodo de desarrollo de las caracteristicas lingiiisticas propias; y c)
estado actual deljudeoespaiiol, con referencia a en qu6 clrcunstancias se utiliza y
el problema del progresivo abandono de esta variedad lingiiistica14.
2.3.
El profesor HaYm Vidal Sephiha (1986) establece cuatro periodos signifi-
cativos: a) la situacidn lingiiistica de 10s judios antes de 1492. Tres eran las len-
guas presentes en la cotidianeidad de 10s judios sefardies: hebreo o arameo, espa-
fiol vemaculo y ladino o judeoespafiol calco15, es decir, una variedad utilizada en
las traducciones de textos religiosos en lenguas sagradas a la lengua vernicula; b)
interferencias entre ladino y judemol6. Antes de
1620
se producian interferen-
cias entre la lengua vernacula (espaiiol) y el ladino. Despu6s de 1620 ya consti-
tuido el judezmo, este sustituye a la lengua vernacula en las interferencias; c) el
judezmo de 1620 a 180017;
y
d) eljudezmo de 1800 hasta hoy
Is.
l4
((Dam toutes ces etudes on insiste sur le fait que le judeo-espagnol est un idiome en
voie de disparition qui a un grand amalgame de formes soumises
A
de continuelles hesitations
et remaniements. Sont presentees les causes de ce processus (causes economiques, politico-
sociales et culturelles: cessation des relations avec 1'Espagne; adoption de l'alphahet hebrai'.
que; obligativite d'apprendre la langue et d'assimiler la culture du pays habite; influence exer-
cee var des lanmes comme le francais ou l'italien:
l..
.l.
Dans certains ouvrazes. sont oresen-
.
-
-. .
.
.
dans le parler des Sefardim. Les auteurs sugghrent parfois les solutions qui devraient Stre adop-
tees pour la defense de cet idiome: les uns soutiennent lantcessite d'auvrendre la lanme esvap-
. .
-
.-
nole, donc de moderniser le judto-espagnol, d'autres proposent l'enrichissement du judho-
espa 01 par un emploi litteraire)) (Sala 1976: 32-33).
<No es el ladino la hica lengua de este tipo, sino que forma parte del grupo de lo que
se ha dado en llamar hagiolenguas (es decir, 'lenguas santas') calco, utilizadas para verter tex-
tos religiosos en lenguas sagradas a la lengua vernacula. Por otra parte, estas hagiolenguas
calco no son exclusivas de 10s judios
[...I.
En el hbito judio se conocen, ademh del ladino,
otras lenguas artificiales del mismo tipo, coma el judeoalemin, el judeoitaliano o el judeogrie-
go calcoss (Diaz-Mas 1997: 101).
l6
Hacia 1620 se define el judeoespaiiol vemaculo (judezmo en Turquia, haketia en
Manuecos) con respecto a1 judeoespafiol calco (ladino), que es anterior a 1492, procede de la
liturgia
y,
en ningtin caso, presenta la variedad hahlada en ninguna epoca de la historia del
judeoespaiiol.
l7
En este avartado describe algunas caracteristicas lineiiisticas del iudezmo durante este
- -
periodo.
Hace referencia a1 contact0 de lenguas
y
cita algnnos calcos del turco
2.4. David
M.
Bunis (1991) presenta una division en tres periodos del desarro-
Ilo del $udezmo'g. La historia de la lengua de 10s sefardies empezb en la Espafia
meheval y continua hasta la actualidad en 10s territorios que fueron objeto de la
diaspora sefardi.
En primer lugar, el periodo antlguo, que abarca desde el nacimiento de la len-
gua en la Edad Media hasta la expulsion de los judios de Espaiia en 1492. La cre-
acion del 4udezmo es la pmeba de las relaciones amistosas e incluso familiares
que existieron en la Espaiia medieval entre 10s judios espafioles y sus vecinos no
judios (Bunis 1991: 8). La caracteristica lingiiistica mis destacable de este peri-
odo es el lexico que ha sido conservado en textos medievales escritos en aljamia-
do hebreo.
Posterionnente, el periodo medio, que empieza con la llegada de 10s sefardi-
es a territorios del antigno Irnperio OtomanoZ0 y del norte de ~frica2'.
Y,
por ulti-
mo, el periodo moderno, que se inicia a principios del siglo
XIX
y llega hasta
hoy. En el afio 1839 se inauguraron unas leyes otomanas, conocidas como
Tanzimat, que introdujeron una modemizacion en el Imperio de Oriente.
2.5. La propuesta de Coloma Lleal (1992) seiiala que hasta el momento de la
dibpora no existi6 un judeoespafiol diferenciado, porque no existia un romance
exclusivo de 10s judios, ni tampoco un esyafiol comun a 10s hablantes peninsula-
resZ2 (Lleal 1992: 202). Hay que esperar a la segunda mitad del sigh
XVI,
momento en el que empiezan a desarrollarse tendencias niveladoras23.
Posterionnente la
separation
geografica impide la difusion de 10s cambios estruc-
turales que se produjeron en el espafiol peninsular durante 10s siglos
XVT
y
XVII.
l9
((A
traves de los siglos, la lengua de 10s sefardies ha recibido, entre sus propios hablan-
tes, varios nonlbres, incluso romance, ladino, franko,
y
simplemente je)s-/(e)spanyol. Mas
recientemente, a1 parecer -desde el siglo XVII o XVIII, quiza-_-- en el Imperio Otomano se le ha
llamado tambdn @demo (palabra relacionada con el judaismo espaiiol antiguo, pero de forma
mhs popular, que significa entre Ins sefardis otomanos, 'judaismo' y 'lengua judia [de 10s sefar-
dies]')
y
fi-/fidy6,
es
decir, '[lengua] judia'; estos dos nombres atestiguanuna creencia popular
aue existi6 entre 10s sefardies otolnanos hasta hace una o dos eeneraciones. de aue
SLL
lenzua era
,
.
mas 'jndia' que 'espaiiola'. En Marmecos la lengua iecibio el nombre hakitfa, palabra relacio-
nada, al uarccer, con el verbo irabe haka 'contar'. Hov en dia. los aue contintan hablando la
.
.
.
.
lengua tradicional de 10s sefardies, tienden a llanarla spanyol o con otra forma derivada de esta
valabra ivor eiemvlo, suanvolit como se llama en Israel), uero asui usare el nombre tradicional
..
.
.
.
. .
.
..
.
de fudezmo
-
nombre que era, seglin mis investigaciones y las de otros, uno de 10s mL exten-
didos enbe 10s sefardies otomanos hasta hace una o dos generaciones)) (Bunis
1991:
8).
20
Lo que hoy constituye Turquia, Crecia, Bulgaria, Rumania, Israel
y
otros lugares medi-
tenheos.
21
Sobre todo Mamecos.
22
La autora no considera apropiado
el
uso del tkrmino judeoespaiiol aplicado a textos del
periodo medieval.
23
((El predominio de castellanos
y
la proximidad lingiiistica entre las diversas modalida-
des peninsulares, dieron lugar a la progresiva
adoption,
por parte de todos ellos e indepen-
dientemente de su origen geogrifico, de una modalidad castellana con acentuadas influencias
de las otras variantes. Rasgos del castellano norteiio o del castellano nuevo, rasgos leoneses,
En el habla de 10s sefardies cabe diferenciar tres periodos: a) desde 1492 hasta
mediados del siglo XVI, periodo caracterizado por la conservaci6n de la lengua
hablada en las zonas de procedencia; h) desde mediados del siglo XVI hasta
media,dos del XVII, etapa de
constitution
de un espaiiol nivelador;
y
c) a partir
de finales del siglo XVII, kpoca de estructuraci6n de una nueva modalidad con
rasgos propios24.
2.6.
Tracy
K.
Hams (1994) parte de un criterio extemo de periodizacion
y,
por
tanto, basado en factores historicos, annque tambikn afiade a su investigacion fac-
l.ores sociologicos ~~levantes. Su estudio se titula Muerte de
un
idioma. Historia
del judeoespaiiol25
y
trata varios aspectos de la lengua de 10s sefardies prestando
mayor atencion a factores histinicos, pero, sobre todo, sociol6gicos. Tanto la iden-
tidad ktnica como el contact0 de lenguas son temas abordados en este trabajo.
Siguiendo una evoluci6n cronol6gica, Harris establece ocho penodos en la his-
toria del judeoespaiiol.
El
capitulo
3
esta dedicado a la historia de 10s jndios y de su
lcngua en el Levantez6. La
distribution
por penodos es la siguiente: a) 10s judios
antes de la expulsion de Espaiia; b) 10s sefardies del oriente en el Imperio Otomano;
c)
el siglo XVI; d) el siglo XVIT, el principio de la decadencia de la vida sefardi; e)
el
siglo XVIII, la caida del lmperio y sus judios;
f)
el siglo XIX; y g) finales del
siglo XIX
y
principios del XX, nacionalismo y division del Imperio Otomano. Por
ultimo, dedica un capitulo aparte (numero 7)27 al estado actual y caracteristicas del
judeoespaiiol en 10s Estados Unidos e Israel hacienda algunas ohservaciones sobre
las comunidades sefardies en Nueva York, Israel y Los kngeles.
2.7. Iacob
M.
Hassan (1995) realiza una vision de conjunto de la historia de
10s judios sefardies utilizar~du
la
denominaci611 collvenciollal dc Sefarad 1,
Sefarad 2
y
Sefarad
3.
En la Sefarad
1,
que corresponde a la Espaiia medieval, el
conocimiento activo de la lengua hebrea era limitado, aunque era habitual tener
nociones elementales para poder rezar o leer. La Sefarad 2 corresponde a 10s terri-
torios a 10s que 10s sefardies acudieron tras su expnlsi6n en 1492: Portugal, Paises
aragoneses (con influencias del catalin); o andaluces, se hndieron y neutralizaron reciproca-
mente
y
originaron ma nueva variante lingiiistican (Lleal 1992: 202-203).
24
,,Carno puede ohservarse, se trata de procesos innovadores que ilevan haata las liltimas
consecuencias unas evoluciones que
cn
el esp~ol peninsular se han manifestado de forma
vacilante o que no han llegado a darse.
Y
son
precisamente esas evoluciones propias las que
nos penniten hahlar del judeoespaiiol como de una rnodalidad iingiiistica individualizada del
espaiiol peninsular)) (Lleal 1992: 204).
25
Titula original:
Death
of a
Language.
The
History
of
Judeo-Spanish
26
~3
History of the Eastern Sephardim: From Pre-Expulsion Spain to World War
I1
in the
Lcvant. In order to comprehend the evolution of a language, an understanding ofthe historical
and
sociological factors which have influenced its development is required. The following is a
short hislory of thc Sephardic
Jews
beginning in pre-Expulsion Spain
and
continuing
in
tk
Ottoman Empire until World War 11)) (Harris 1994: 30).
27
El capitulo
7
lleva poi tituio ((The Sephardic Communities: New Yorlc, Israel and Los
Angelesn y esta dentro de la tercera parte del libro, cuyo titulo es: ((Current Status and
Characteristics of Judeo-Spanish in the
U.
S. and Israel: Results of the Research,,.
ALGUNAS
CONSlDERAClONES
SOBRE
LA
PERIODIZACION
DEL
NDEOESPAROC
1
Bajos, norte de Africa,
y
hacia Levante, Italia
y,
sobre todo, el antiguo Imperio
Otomano (Constantinopla, Salbnica, Esmirna
...)28.
En estos
territories
se mantu-
vo la lengua sefardi durante varios siglos. Por ultimo, con el desmembramiento
del Imperio Otomano, surgen nuevas comentes migratorias hacia otros paises
como Israel o en Estados Unidos, ciudades como Nueva York o Los h~geles,
que
constituyen la Sefarad
3.
La integracibn cultural de 10s sefardies en estos territo-
rios ha hecho disminuirZg el uso de la lengna sefardi en favor de las lenguas de
estos temtorios.
Veamos cuales son las propuestas de Iacob
M.
Hassin.
En
primer lugar nos
ofrece una periodizacion basada en criterios extemos en la que se distinguen 32s
signientes etapas: a) el siglo
XVI,
del cual nos han llegado pocos texios sefardies
no biblicos en 10s que se puede apreciar una lengua apenas diferente del espafiol
contemporaneo (Hassin 1995: 120); b) del siglo XVII casi no teneinos documen-
taci6ni0; c) es en el siglo XVIIl cuando encontramos la lengua en su plenitud en
10s primeros tomos del comentario biblico Me'am lo'ez
y
en 10s no pocos espezi-
menes del genero de las coplas, que seran el mBximo exponente de la literatun
sefardi clasicail; d) en el siglo
XIX
se produce una profunda
renovation
cultural
28
((Constantinopla, Sal6nica
y
luego Esmirna heron 10s mas notables de 10s n~illtiples
asentamientos esparcidos por regiones que tras la desmembraci6n del llnpeno otoinano han
fonnado 10s estados de Turquia, Grecia, Albania, Bulgaria, Yugoslavia
y
sur de Ru~uania:
Adrian6nolis (Edirne). Yambol. Sliven. Jaskovo. Pleven. Ruschuk (Ruse). Vidin. Belerado
,
.
,
(Uskiib, hoy Skoplje), Ragusa (Dubrovnilc), Sarajevo, Espaiato (Split), unian Sdonica Lon
Venecia, mientras que Serre, Veria, Castona, Larisa, Volos, Jallcis le abnan el camino hacia
Jios, Cos, Rodas
y
otras islas;
y
en
Asia, Magnesia (Manisa), Casaba (Turgutlu), Pkrgamo
(Bergama), Brusa comunicaban Esmima con el interior de Anatolia
y
con Dardanelos
(Canakkalc), Galipolis (Gelibolu), Rodosto (Tekirdag) en el
mar
de Mirmara; a ellos han dc
aiiadirse Damasco
y
Alepo en Sirio, El Cairo
y
Alejandsia en Egipto, Safed
y
Jerusalen
en
la
Palestina otomana,
y
aun Viena enpleno corazon de Europa. Yen la zona del Estrecho, Tetuin,
Thger, Larache; mas a1 este, Orin; mhs a1 sur, Fez...)) (Hassan 1995: 119).
29
((A1 principio la identidad grupal de 10s inmigrantes se lnantenia asociada a la lengua;
per0 ese sentimiento se fue perdiendo
en
las gencraciones siguientes, de modo que lo nue se da
- -
en los paises de inmigracion no es ya una comunidad lingiiistica sino,
a
lo sumo, redes sgcia-
les debiles en las que el iudeoes~aiiol ocu~aba el lugar que la lengua de origen ocupa
en
gene-
-.
ral entre inrnigranies decididos
a
integrarse culturalmente~) (~ass>n 1995: i24).
.
-
30
<(En el siglo
XVll
10s sefardies van perdiendo su ventajosa singulaiidad lespeclo a
?us
competidores no musulmanes,
y
cada vez mas 10s griegos
y
10s armenios 10s van reilnplazaa-
do en las relaciones del Imperio con comcrciantes
y
politicos europeos. El declive economico
acaba con el anterior mecenazgo alas escuelas rabinicas,
en
las
que
ya
no surgen figuias cqui-
parables a 10s afamados rabinos Jose Caro, Levi Ben-Habib,
Samuel
de Medina
o
Moisis
Mitrani del siglo XVI. En este ambiente de ignorancia
y
de depresion
[...I;
y
@as la decepcihn
de las failidas esperanzas mesihicas, se acentua la decadencia de las escuelas rabinicas
!,
del
conocimiento del hcbreo
...
))
(Nassan 1995: 121).
31
((De la primera mitad del siglo XVIIl son las pnmeras composiciones originales
y
tra-
ducciones del hebreo de Abraham
Ad;
y
en 1732 Jacob Juli inicia cl Mc'am lo'cr,
xr
ct;m-
en la que el mundo sefardi se ahre a la cultura europea en general y a la fiance-
sa en particular32;
y
por ultimo e) el siglo
XX,
Apoca de emigraciones a nuevos pai-
ses como Israel o Estados Unidos y, como consecuencia de la integracion cultural,
reduccion del uso del judeoespafiol en pro de las lenguas de estos paises.
Por otra parte realiza una scgunda propuesta basada en criterios intemos. Los
periodos son 10s siguientes: a) siglos XVI-XVIT, lengua sefardi antigua (traduc-
ciones);
b)
siglos XVII-XIX, lengua sefardi cldsica (edad de oro); y c) siglos
XIX-XX, lengua sefardi moderna, con numerosos cambios lingiiisticos respecto
a las etapas anteriore~~~.
3.
Sobre la periodiiacidn del judeoespaiiol a travks de la literatura sefardi
3.1.
Haiin
VidaJ Sephiha (1986) dedica la tercera parte de su investigacibn a
la literatura judeoespaiiola. Divide en dos periodos la trayectoria de las letras
sefardies: a) de 1492 a 1620;
y
b)
de
1620
a nuestros dias. Alrededor del aiio
1620, segirn Sephiha, la koinA de las variedades lingiiisticas de 10s sefardies ere-
ara lo que conocemos con el timino de judeoespaiiol.
Su estudio parte del trinomio estahlecido por 61 mis~no entre hebreo
(Ll),
len-
gua vemacula
(LV)
y
ladino (L2).
En
la primera etapa destaca que 10s rabinos
escrihieron en hehreo
y
las traducciones se hicieron tanto en ladino como en len-
gua vemacula. En ladino destaca el Pentateuco de Constantinopla (1547)
y
la
Biblia de Feirara (1553);
y
en lengua vemacula tanto literatura oral, como escri-
ta, pero no en ladino.
pendio enciclop6dico de comentarios biblicos y tradiciones I-eligiosas compuesto con el afan
de educar y llevar enseiianza moral a las inasas no eruditas. Por 10s mismos aiios Abraham
Toledo, Jacob Usiel, Hayim Yom Tob Magula y otros autores de coplas consagran el jndeoes-
pGol como lengua poetica. Con ello y con ellos se inicia la edad de oro de las letras sefardes.
/El desarrollo de la lengua sefardi clasica continuo al menos durante siglo y medion (Hassin
1995: 121).
32
((En ese judeoespaiiol tardio que Sephiha ha rebautizado cam0 ijudeo-fragnolu la
influencia del frances
se
nota en un doble plano: como lengua de enseiianza y de cultura, supo-
ne
un
retroceso en el uso dc la sefardi; mientras que co~no lengua culta de la mayoria de 10s
escritores, ejerce una notable influencia en el judeoespaiiol que escribian, e indirectamente en
el de las masas que consumian lo que ellos publicaban en libros y peri6dicosn (Hassan 1995:
123).
33
a...los cambios de la lengua sefardi modema respecto a la antigua y clasica no afectan
s61o a1 16xic0, ni el polimorfismo s6lo a la fonetica. Hay tambibn innovaciones fonolhgicas
I...];
hay variaci6n lexica
I...];
hay reajuste del sistcma de los tie~npos verbales; bay nuevas
construcciones sinticticas;
hay
un
profundo cambia en la fraseologia
y
en el estilo expositivo,
que aleja la lengua sefardi modema de 10s siglos XIX-XX de lo que fuera la clhsica de 10s
siglos XVIII-XU(. Y hay, sobre todo, desarrollos divergentes y aun contradictorios, como es
propio de una lengua en libertad
y
no sometida a ninguna capitalidad normalizadora,) (Hassan
1995:
127).
A
partir de
1620
toda la literatura espaiiola de 10s judios en Levante y en
Mamecos sera en judeoespafiol vemaculo o en ladin03~. Esta segunda etapa la
estructura en cinco apartados: a) literatura popular b) literatura popular
escrita36; c) biblias y obras littirgicas; d) etica y Me'am lo'ez, e) poesia, teatro y
novela; y por ultimo
f)
historia y periodismo.
3.2. Elena Romero (1992) realiza una clasificacion de la literatura sefardi en
tres grupos: a) Patrimonial, que incluye la mayoria de las obras sefardies anterio-
res a1 siglo
XIX,
momento en que la influencia de los generos importados de
Occidente transform6 su
tradition
literaria anterior. Se trata de obras de conteni-
do
religiose
como el Pentateuco de Constantinopla
(1547)
y la Biblia de Ferrara
(1533). En este mismo apartado se incluye la edad de or037 de las letras sefardi-
es (el siglo
XVIII).
Paralelamente, y en este mismo siglo, destacan las coplas38,
el ghero
mb
representativo de la literatura ~efardi~~; b) Adoptada, que empie-
za a mediados del siglo
XIX
y surge como consecuencia de las transformacio-
nes de vida que sufren las comunidades sefardies. Se trata de literatura profana;
y c) Oral, cronologicamente paralela al resto de 10s generos. Reline obras de
caracter colectivo
y
anonimo como cuentos y refranes o en lirica, el romancer0
y
el cancionero.
4.
Conclusiones
A
la hora de establecer una periodizacion de una lengua hay que considerar
varios factores: lingiiisticos, en primer lugar, historicos, sociales y, a poder ser,
tambiin literarios. Es una tarea dificil y en la que muchos aspectos se contrapo-
nen, ya que en algunos casos no se corresponden las etapas de la evoluci6n lin-
giiistica con 10s periodos histbricos establecidos. Asi pues, debemos fijar unos
criterios basicos. En principio hay que decidir si se va a hacer una periodizacion
34
l~~cluso apareccrin obras que procederh a la vez de LV
y
de
L2,
creando un judeocs-
paiiol hfbrido o ladinoide.
35
Proverbios
y
dichas populares; romances; konsejas
y
kuentos.
36
Komplas de Purim; Cantos de Pesah; koinplas de Chavuot; Endechas dc Tichabeau;
kornplas de las flores.
37
Me'am
lo'et es la gran obra de la literatura religiosa sefardi iniciada par el rabino
Ya'acob ben Meir
Juli.
Sureih como consecuencia de la crisis bisthrico. social v reiigiosa del
3
u
siglo XVII.
38
Se trata de
un
eenero oo6tico de noesia esahfica. Eran ooemas comnuestos oara ser
..LIII.I~I.
.
!
~.:,:~ii~l>.~~i
LI.~II
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i
J:
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I.
I
IL.OI.~O il)ntlr~l..l.
cion hasta el siglo XX: de
ahi
la &vision de acuerdo con su cronologia (aunque tambibn exis-
ten diferencias tematicas
y
formales) entre coplas viejas, las del siglo XVIII; coplas nuevas, las
co~npuestas en el sigh XIX, de contenido mas folclorico
y
mis breves que las anteriores;
y
coplas novisimas, que datan del siglo XX
y
presentan como temitica fundamental la afioranza
del pasado frente a la vida moderna.
intema (estrictamente basada en la evolucion lingiiistica) o extema (teniendo en
cuenta los acontecilnlentos nistoricos). Ademas 10s factores sociolingiiisticos son
de gran importancia en el panorama general de la historia de una lengua.
En el caso del judeoespafiol, por sus caracteristicas individuales, se debe rea-
lizar una periodizacion acorde a todos 10s elementos que han influido e influyen
en su desarrollo: falta de una norma lingiiistica, la importancia de la oralidad a lo
largo de 10s siglos, la existencia del
ladino
como variedad utilizada s6lo en tra-
ducciones, etc. Pero no solo aspectos de caracter lingiiistico, sino tambikn socio-
logico: culil es el prestigio de la variedad; en quk ambitos se utiliza la lengua;
cuil
es el numero de hablantes; el contact0 con otras lenguas.
Y,
por ultimo, la revi-
sion de los estudios dialectologicos y, a ser posible, la elaboracion de una dialec-
tologia del judeoespa6ol.
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de argumento como es la del objeto indirect0 y la del elernento indefinido nega-
tivo,,, de modo que el clitiGo es tratado como un lnorfema verbal
y
solo el ele-
mento It-xico tiene el estatus de argumento del verbo, es decir, es vista como un
verdadero complemento.
Otro desarrollo del modelo de P&P dio lugar a1 llamado Programa Minirnista,
con la diferencia de que esta vez el cambio fue propuesto por el propio Chomsky,
que insiste err verlo como una extension del modelo anterior (1999: 9-22), y fue
seguido por la mayoria de autores generativistas4. En el marco del Programa
Minimista la repeticihn del Caso se explica de mod0 anilogo a la Concordancia
y se considera predecible, ya que, segun 10s rasgos fonnales sean fuertes o dkbi-
les, el Caso y la Concordancia de
un
elemento pueden verificarse o cotejarse
independientemente en distintas etapas de una derivacion (cf. Chomsky 1999:
244-256 para una
explication
detallada de la teoria del cotejo; Lujin y Parodi
1996:
33
1-340 para la aplicacion de la teoria al caso de la duplicacihn de objetos
en el espagol andino
y
el espaiiol de Los ~ngeles, donde el fenomeno esta mucho
mas extendido).
De este rapido repaso por 10s estudios que, en el marco de la teoria generati-
vista, han intentado dar cuenta de la duplicacion por medio de cliticos se obser-
van una serie de problemas recul-rentes que encierran algunas de )as clavcs for-
malizadoras de este proceso gramaticals: se discute el estatus del clitico (si es una
categoria lkxica autonoma o si es un morfema, bien dependiente de la raiz verbal,
bien de la flexion -Infl-), se estudia su relacion con la preposicihn que introduce
el objeto (incluso se llega a pensar en una sola marca del objeto, compuesta de
dos piezas:
preposition
y clitico, la primera de ellas imprescindible, la aparicion
de
la
segunda sometida a
variation
paramktrica dentro de una lengua) y se anali-
za su posible adscripcion como marca de concordancia con el objeto (claro quc
el estatus de la Concordancia no siempre ha sido el mismo en 10s ultimos veinte
aiios de teoria generativista).
Una cuestion pendiente es ver si estas conclusiones a las que llega el genera-
tivismo tienen validez para explicar la variedad de leilgua que voy a estudiar: el
espaiiol hablado en el Nuevo Reino de Granada durante el siglo
XVII.
En princi-
pio, al no estar tan avanzado como hoy el proceso de gramaticalizacion de la
duplicaci6n de objetos, un enfoque como el de P&P (por ejemplo, D'Introno
1987 y 1991) podria resultar vilido, mientras que una perspectiva minimista se
ajustaria mejor a una variedad en que el fenomeno de la duplicacihn estuviera
extendida a casi todos los tipos de objetos (L~rjb
y
Parodi 1996). Por otra parte,
Para un estrtdio detallado de como se produjo esta evolucihn en la Gramatica Generativa
desde finales de 10s afios 80. cf. Egitren
y
Femandez Soriano (2004) (sobre todo,
63-70).
Una sintesis general,
mh
complcta
y
probablen~ente mb clara, de
muchos
de estos enfo-
ques puede versc en Zagona (2002: 184-194).
resulta lnuy practica la propuesta de Lujan (1999) en que propone estudiar a la
par, como dije arriba, el knfasis que aporta la duplicacion del objeto con el de la
duplicacion del snjeto.
A
menudo, como se veri en 10s ejemplos, puede ocurrir
que se quiera enfatizar el sujeto
y
el objeto simultineamente (dire que se hace
knfasis sobre 10s participantes de la accion) y otras veces ocurriri que no se enfa-
tice ninguno de ellos o incluso que no se quiera hacer referencia a uno o ninguno
de 10s participantes de la accion y, para el caso que nos ocupa, no aparezca el
objeto (en estos casos lo que se quiere rcalzar es la accion en si misma). Por des-
gracia, el fenomeno del objeto nulo no ha sido estudiado desde una perspectiva
formal en contraste con el de la duplicacion y no duplicacion objetivas, pese a la
evidente relacion entre ellos, y, menos aun, con el de la no aparici6n del sujeto6
-ni l&xico ni morfol6gico-, del mismo mod0 que este fen6meno no se relaciona
formalmente con el de la expresion u omision del sujeto con formas verbales con-
jugadas. Por todo ello, tomando como base las ideas de la teoria generativista, he
de completarlas en adelante con un enfoque mas
intuitive
y pragmatic0 para
observar la relacion entre los distintos fenomenos en 10s que participan 10s pro-
nombres personales.
2.
Los pronombres personales en el marco del discurso diplomatico
indiano. Estructuras sintacticas y valores pragmaticos
Las repercusiones pragmaticas del uso de una u otra estructura sintictica se
comprenderan mejor fijando las caracteristicas esenciales del discurso diplomiti-
co indiano: el caricter de negociacion, en su sentido mas amplio, lo difuso de las
fronteras entre categonas como civil/religioso, publicolprivado
y,
sobre todo, la
interrelacion entre lo escrito y lo oral (Carrera de la Red 2005). De todo el cor-
pus con el que contamos, estudio en esta ocasion un docimento neogranadino de
16947 que recoge 10s autos criminales contra Francisco de Vera, mulato libre acu-
sado de reunir a
un
grupo de negros y urdir un plan de sublevacion.
Buena parte de este extenso documento (consta de
110
folios escritos por el
recto y por el vuelto) reune las declaraciones de diversos testigos del caso o invo-
lucrados en t-1 (por tanto, su funcibn es la de c(informar)))
y
otra parte importante
del documento consta de 10s ccautos)) propiamente dichos, que tienen la funcion
de ordenar o disponer (el acto es ctdirectivon)
y
se intercalan a menudo entre las
declaraciones. Dado que todo apunta a que las distintas declaraciones, salvo
6
Ouid seria interesante estudiar en este sentido estmcturas como las oraciones imperso-
nales o las oraciones de infinitivo.
'El documento, aim inCdita, fue encontrado
en
el Archivo de lndias de Sevilla por la Prof.
Canera de la Red
y
transcrito por
mi
para el proyecto de investigacihn, dirigido poi esta pro-
fesora, titulado Organiracidn del l6xico
en
un corpus documental para la historia del espaiol
de Amd!ica: Santo Domingo
y
Colombia (Consejeria de Educacidn de
la
Junta de Castilla
y
Le6n,
VA
021104).
excepciones que aparecen bien indicadas en el texto, fueron dictadas directamen-
te por 10s declarantes al escribano en presencia de otras autoridades y que la causa
por la que jnzgan al mulato, lo que constituye el tema central del texto, consiste
en que presuntamente este habia <(hahlado), con un grupo de negros sobre una
determinada materia y de una determinada manera que intentan esclarecerse en el
proceso, la oralidad ha de estar muy presente en cada pagina del documento, de
manera mny especial en la parte declaratoria.
Como pruebas del caracter oral de las partes declaratorias de este documento
muestro 10s siguientes fragmentos: en el primeso, el cambio de tercera a primera
persona (hable? pone de manifiesto el descuido del escribano para sustituir la pri-
mera persona del declarante por la tercera persona propia del discurso indirecto;
en el segundo, se observa la combinacibn espontanea, casi como si no hubiera
oposici6n entre ellos, de estilo indirecto y de estilo directo (que destaco, para
mayor claridad, con comillas), mas ligado a la oralidad y que aporta mayor viva-
cidad a1 relato:
dixo
que de horden del ssefior Sarxento mayor
fie
ayer a1 Conuento de San Agustin
alas dos de la tarde para lo qua1 salio de la Junta de la Sala de Cauildo
Y
hable con
el Padre fray Joseph sanchez
y
le
pregunto
que que notiqia tenia de la Suleba~ion
que yntentauan 10s negros
d~xo el dicho Religioso <<a perro Borraqho)) Repihendolo dos o tres Vezes ((agrade-
qe a que Soy Relixioso que si no te hiqiera que te pusieran en esa pnblica plaza)) y
boluiendo el Religioso
muy
colerico hacia1 negro encoleriqado le dixo que no tenia
la Culpa el sino quien le Consentia a el y a otros perros tantas demasias y estando
el negro parado Casi conturbado del Sub~eso lo he~haron entre todos Diciendo
((Vayase nora mala))
y
el que declara de mas a mas torno la mano y le dixo al
Religioso ((no haga Vuestra Patemidad Casso de este perro que es Vn Ygnorante
que no a sanido lo que se a dicho))
Ligado ineludiblemente a este rasgo de oralidad podelnos considerar el carac-
ter conversacional presente en buena parte del texto. Consecuencia de ello es qne
se trate de indicar en todo momento, por medio de los cliticos de objeto
y
de la
aparicion de 10s pronombres sujeto, quiknes son 10s participantes de la conversa-
cion, poniendo en contraste la cosmovisi6u del uuo y del otro,
y
se marque con
claridad el tumo conversacional:
['a dicho pardo'] le Requeri Sobre lo que auia oydo
y
me Confeso Como era
Verdad todo lo que
yo
deqia pero que el 10s apaqiguaua por que yban
a
su
pareqer
Borraqhos pero sin Enbargo
a
rnipareCer me pareqc que era cosa de tun~ulto entre
ellos 10s araraes
Es habitual que, por encima de las demis personas del discurso, se haga enfa-
sis sobre la primera persona y aparezca explicitamente el pronombre, destacan-
dose su valor como participante en la conversacion. Sin embargo, muchas veces
esta primera persona esti 'camuflada' bajo la apariencia de una tercera persona,
a la que se ha cambiado con el paso del estilo directo a1 estilo indirecto, en lo que
LA
DUPLICACION
POR
MEDIO
DE
CLITICOS
EN
DOCUMENTOS
DE
INDIAS
273
interviene, como dijimos, la accion del escribano (en cursiva destaco el clitico
cuando se refiere a1 verdadero emisor del texto, el declarante):
no le &jo quienes eran 10s negros y diqiendole este que Como no daua quenta le
Respondio que como le asegurasen el deqir misa lo haria
Y
este le Responmo que
le aseguraria y que fuese luego a dar quenta a1 sseior Sarxento mayor
el que declara percnro persuadirle a que le dixiese quien era el tal mulato aseguran-
dole que por la grauedad del Casso lo deuia haqer
El caracter oral de las partes declaratorias guarda relacion con el hecho de que
en el acto asertivo o infomativo que caracteriza de manera generica este subtipo
dentro del texto, 10s participantes de la acci6n tienen mayor prominencia
y
se
tiende a hacer que consten explicitamente, sean intensificados o
no
posteriormen-
te por medio de la duplicaci6n con cliticos u otras estmcturas que pueden caer
bajo la rhbrica de ctredundancia pronominal)> (asi, par ejemplo, en el segundo
fragmento se hace explicit0 el objeto, con el participio
dicho,
en un caso en que,
a1 igual que el auxiliar, habria sido perfectamente recuperable por el contexto):
mando poner su Caleqa y el que declara paso a ver
a
dicho Don Juan y le hallo en
su Cassa
y
le trato estando Solo con el lo que queda Referido
Eutro a1 mismo Cumplimiento el lizenciado don Juan de Castellar
[...I
y dixo le
acauaua de Suqeder qietio Casso espeqial de que estando en el Confesinorio le auia
llamado qierto Relixioso y dichole
[.]
En cambio, en el acto directivo, caracteristico del (<auto)) propiamente dicho,
interesa sobre todo la fuerza ilocutiva del propio acto, no tanto 10s participantes
de la acci6n (en el ejemplo vemos como se prescinde siempre del objeto salvo
en la primera frase-
y
como, ademas, se utilizan cliusulas impersonales, que
impiden la preseilcia del sujeto):
lo hiqo desarmar del espada
[...I
y poner- En la tierra de esquina de la Cassa de 10s
herederos del Capitan Don Gregorio Vanqueqel de loaiza
[...I
ynmediata a1 Cuerpo
de guardia con Vna qentinela y hauiendo Sobre ello discurrido con los aqesores asi
acordado se
-
ponga en prision mas Segura y quitado de toda Comunicaqion y en
esta Consideraqion mandaua
Y
mando se
_
ponga en Vu qepo con Vn par de gri-
110s en Vno de 10s quartos de esta Cassa
Obs6rvese el contraste de este frag~nento con
el
siguiente, extraido de la cer-
tificacion del notario que sigue a1 auto
y
en que se cuenta lo que efectivamente
ocurri6, a modo de pequeiia
narration
(por tanto, pragmiticamente tiene mucho
que ver con la parte declaratoria). La sintaxis es muy parecida a la del ejernplo
anterior, peso aqui el equilibrio entre ausencia de sujeto
y
de objeto se rompe en
favor de la expresi6n del objeto, como participante prominente de la acci6n:
zertifico y doy fee que En este dia en Cumplimiento del auto de Suso se puso preso
[...I
la persona de francisco de Vera pardo lihre y se le Gerro la puerta de dicho quar-
to
v
otra enmediata
y
de la parte de afuera se lepuso Vn sseior ynfante de qentine-
Por supuesto, actos directivos y asertivos se entremezclan en el discurso, pero
esta distincion basica de actos de habla, que tiene cn gran medida una correspon-
dencia con las dos paltes fundamentales de este texto, autos y declaraciones, res-
pectivamente, nos ha de servir para ver el fondo general del que posteriormente
podremos destacar el fenomeno de la duplicacion con cliticos u otros procedi-
mientos de intensificacion pronominal. Si se sigue el procedimiento que he
empleado, que seguro es valido para otros tipos de texto, en el que primer0 con-
sideramos el fenomeno de la elision del objeto, se podri crmedir)) o ((graduarn el
6nfasis que aporta la duplicacion objetiva con respecto a la no duplicaci6n, por
una parte, y con respecto a la elision del objeto, por otra. Dado que 10s fragmen-
tos declaratorios estin mas ligados a la oralidad y que es en ellos donde hay
mayor presencia de procedimientos enfaticos como la duplicacion, se puede con-
cluir, de este primer analisis, que la intensificacion por medio de pronombres per-
sonales era un rasgo ligado a la oralidad y camuflado a menudo en la escritura
formal del ejercicio diplomatico indiano.
3.
Los datos. Primer acercamiento
Llegados a este punto se pueden presentar algunos eje~nplos de duplicaci6n y
no duplicacion con cliticos en un
corpus
mayor de documentos neogranadinos
que recorren todo el siglo
XVII
(Carrera de la Red 2000)X. En todo momento
parto del estudio pionero de Carrera de la Red (2003: 193-208) que ya traz6 el
panorama general de la distribucion de pronombres cliticos en la evolucion del
espaiiol neogranadino y profundizo en cuestiones como el orden de palabras
y
el
empleo de cliticos para la
personalization
del discurso.
He hecho una primera sistematizaci6n de los datos (incluyo una muestra
representativa dc 10s ejcmplos de que dispongo), que espero sirva para encauar
futuras investigaciones sobre este tema, que realizari en el marco de mi Tesis
Doctoral9. Por ahora, solo he extraido algunas conclusiones generales a partir dc
10s datos, dejando un estudio mas detallado y formalizado de estas estructuras
para futuros trabajos.
Entre parentesis indico la fecha del docu~nento del
que
extraemos cada ejemplo.
Mantengo
en
todos 10s casos la transcnpcion dc la Pro?. Carrcra dc la Red, pero desarrollo las
abreviaturas
para
facilitar la lectura de Ins cjemplos. El documento lh94a corrcsponde a los
autos criminales contra Francisco de Vera, del que ya he hablado.
En mi Tesis Doctoral, que cuenta para su realizacion con una beca MEC-FPU, estudio
la sintaxis
y
el uso de 10s pronombres personales en la historia del espafiol del Caribe, en con-
traste
con
la evoluci6n de ciertas estmcturas del Portuguhs de Brasil.
En 10s siguientes fragmentos presento casos de duplicacion
y
no duplicaci6n
de CD pospuesto. Coino se puede ver, 10s rasgos seminticos de
animation
y,
sohre todo, de definitud, son decisivos, por lo general, para motivar la duplica-
cion'o:
Vn negro dixo Vna palabra sin acuerdo que movio el animo a qierto Reliioso que
yba pasando a correxirlc a dicho negro (1694a); le coxi En mi Conuento a dicho
pardo (1694a); [dijo el mulato] si tuviera mnero auia de yr a Roma por tracrlos a
todos libres (1694a);
y
ahiendole oydo a dicho Doctor como a dicho pase a deter-
minar la causa (1691).
Y
haiuan dicho que Como se les diesse liueltad,
-
lleuarian a dicho Capitan a donde
se hallauan todos 10s negros, negras
Y
chusma (1694); qnien fuc el Suxeto que
-
aconsexaua a 10s negros para que se apoderasen de 10s Baluartcs (1694a); le oyo
de~ir por dos vezes no es tiempo ahora de esso yo
-
auisare a ustedes (1694a); El
sseiior factor Veedor Cappitan Don Antonio de Puertas Dixo que
[...I
-a
Assistido
a todas oras a1 sseiior Samento Mayor; lo que
-
desanima a 10s hombres gelosos del
servicio de Dios y de vuestra magestad Para no escnuir Algunas de las cosas que
aqui pasan es por que se dize que o se ben [...I o se aqe poco caso dello (1649); lo
pnmcro
_
acomoda a sus panentes como a su padre que a sido y es corregidor de
mariquita (1649).
A
continnacion mostrari ejemplos de duplicacibn
y
no duplicacion de CI pos-
puesto. Puede notarse coma el fenomeno no estaba tan extendido coma cabia
suponer
y
como la distincion entre dativos con el papel de 'benefactivo' o 'expe-
rimentante' y dativos con el papel de 'meta' o 'destinatario' no motiva, a diferen-
cia de lo que ocurre en la gramatica del espaiiol actual, la duplicaci6n o no dupli-
cation
de CI (de hecho, puede verse que muchos verhos -coin0
leer,
decir, olr,
deber, etc.- unas veces aparecen con C1 duplicado
y
otras no):
se Suspendio esta declaraqion en la qua1 hauiendosele leydo de berho ad berbun
a1
dicho fiancisco de Vera dixo que se afrma en lo que tiene dicho (1694a); y 1e dixo
a1
Religiose
no haga Vuestra Patemidad Casso (1 694a); mxo el que declara que no
auia que echarle Culpa a ninguno (1694a); no les oyo a 10s demas Responder
(1694a); el dicho padre maestro concluio con que le auia dicho a dicho sacerdote
que dcuian yr a dar quenta (1694a);
Y
si en algunamanera ponen par pretexo a Dios
y a Vuesha Magestad es para sacarle la sangre a 10s vesinos (1691); le quedo
deuiendo a Don fernando indio de dicho Pueblo
vn
viaje que hizo a la qiudad del
Rio de la hacha
(1
691); por cuia rason le daua
Y
dio las graqias a dicho encomen-
dero (1691); por quanta le ha constado a Su merced ocular mente estar derrotadas
Y
cayendose las casas (1691); se le notifique a1 cappitan Don Diego de Mendoza
10
Sier Rivera (2003) estudia la duplicacion de objetos en la obra de Francisco Sobrino
--por tanto, en el misino periodo cronologico que me intercsa aqui-
y
hace
un
interesante esta-
do de la cuesti6n donde sc ocupa de manera especial de aquellas propilestas de tipo semhtico,
funcional
y
tipol6gico.
encomendero de dicho pueblo
Y
a Don Juan Casique de el hagan recoger todos 10s
chinos chinas, indias
Y
indios que cstuhieren fuera de dichos Pueblos (1691); en lo
segnndo conserhandosela [la graqia] a la noblesa con la venignidad que Vuestra
Magestad encarga se le atienda (1690); verificandose esto en el destierro que se le
impuso a Juan Gar~ia de Vstiaga (1690).
Suplico a Vuestra Patemidad Reuerenda se sima de Conqeder- liqen~ia
a
dicho
Relixioso (1694a); le dio quenta de todo lo que
_
auia oydo a dicho Pad-e fray
Mathias (1694a); usefioria debe gaser- seiialadas mersedes a sus cnados (1694a);
-
Da cuenta a Su Magestad el Visitador general de parte del obispado de Santa Marta
como a prihado del oficio de cura Parroco de la ciudad de 10s reyes del Valle de
Vpar a1 Doctor Don francisco Games Ductor (1691); hejaqiones y agrauios que
-
ha hecho a dichos indios con poco temor de Dios Nuestro SeRor (1691); Y sin dila-
$ion ninguna aya de pagar
y
pague a dicho indio Sehastian el viaje (1691); cons-
ta estar deuiendo- dicho encomendero cantidad de viajes a 10s indios deste dicho
Pueblo (1691); El cauildo justiqia y Regimiento de esta mui noble y leal Ciudad de
Santa Fee de el Nueuo Reino Ynforma a Vuestra Magestadel acertado como des-
interesado gouiemo de el Maestre de Campo Don Gil de Cahrera y Danalos (1690);
cuias Razones nos mueuen a dezi~ a Vuestra Magestad que este suxeto es digno
de premio (1678); sed ynsasiahle de quitar- a todos las haqiendas con mill tramo-
yas y artes diabolicas (1649); [la qedula] _la a leido el mismo a muchos (1649).
En 10s siguientes ejemplos se puede comprobar que la gramaticalizaci6n de la
duplicacion de
CD
y
de
CI
antepuestos se habia completado:
las puertas las Ara luego Albaro Pulido Cerraxero (1694aJ; El porque Dios lo saue
(1649) lo que mas siento es lo poco que a 10s ministros de Vuestra Magestadse les
da en materia de tanta Ymportan~ia no atendiendo a mas que a sus comhenienqias
(1691); a ellos no 10s entenma Vien lo que decian per0 al mulato si (1694a).
Por ultimo, quiero dejar constancia de la aparicion de dos fen6menos
relacionados con la duplicacion objetiva, que, aunque pnedan darse a veces en el
espaiiol clisico peninsular, llaman la atenci6n por ser rasgos caractensticos de la
dialectologia caribeiia actual, que
ya
estan presentes a menudo en estos documen-
tos. Me refiero, en primer lugar, a la duplicacion por medio del clitico de
un
pro-
nombre relativo en funci6n de objeto (aunque en algunos ejemplos es aceptable
dudar del hecho de que el que sea un relativo)
y,
en segundo lugar, a la falta de
concordancia en numero del clitico con su antecedente (habitual no solo en casos
de duplicacion):
que fuessen Siguiendo la chusma, que la hauian tenido Retirada (1 694); estas Boqes
fueron muqhos ayer que las oy en y en diferentes partes (1694a); aniendole
Reqiuido Juramento que lo hiqo por Dios y la c~uz Segun forma de dereqho
(1694a); Pedro de Vera mulato con Vnos qiuco o seis negros
yrre
los
estaua yndus-
triando el modo de leuantarse (1694a); Don Diego Veltran de Caiqedo de quien se
Reqiuio Juramento que lo hiqo por Dios nuestro Sefior (1694a); los puestos de la
muralla de que asi mesmo se auian de Sefiorear y coxerlos (1694a); entender que
presidente oydores ni gouernadores miran Por ella es engaiio que solo lo asen y
LA
DUPLICACION
POR
MEDlO DE
CLITICOS
EN
DOCU.llENT0S
DE
INDWS
277
trauajan con gan cuydado y continua asistengia 10s ofiqiales Reales (1649) le dixo
que no tenia la Culpa el sino quien le Consentia a el
y
a ohosperros tantas dema-
sias (1694a); En quanto a las Voqes de 10s que decan lo Contrario no las puede
expresar por no hauerla apre~iado (1694); se lenotifique a1 cappitan Don Diego de
Mendoza encomendero de dicho pueblo
Y
a Don Juan Casique de el hagan recoger
todos 10s chinos chinas, inhas
Y
indios que estubiercn fuera de dichos Pueblos
(1691);
Y
si en alguna manera ponen por pretext0 a Dios y a Vuestra Magestad es
para sacarle la sange a 10s vesinos (1691); y diqe a puesto cuydado en tener estas
notiqias para darla a westra magestad (1619)
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EL
DIALOGO
DE
LA
LENGUA
Y
LA
COMUNICACION
EN
EL
REINO
DE
NAPOLES
TERESA
MARIA
GRUBER
Ludwig-Maximilians-Universitat,
Munich (Alemania)
1.
El
espacio comunicativo
del
Reino de Napoles
La idea de este trabajo smgio durante un seminario del curso 2003/2004 en la
Universidad de Munich, en el que, bajo la tutela del profesor Wulf Oesterreicher,
investigamos distintos aspectos relacionados con el espacio comunicativo
(Kommunikationsraum)' del Reino de Napoles2. Es decir, nos interesamos por la
reconstruction
de la situacion lingiiistica y por las lenguas que configuraban este
espacio comunicativo en la epoca en la que el sus de 'Italia' form6 paste de la
monarquia hispinica (del siglo XVI al XVIII). Hasta ahora no se sabe mucho
sobre el capitulo de la historia que tienen las lenguas italiana y espaiiola en
comun. Los estudios existentes sobre la Napoli spagnola se concentran mas bien
en aspectos historicos de caracter general como la cultura, la administraci611, la
lglesia o la sociedad bajo el dominio espaiiol3. La funcion que pndo haber tenido
la lengua espaiiola en el espacio comunicativo del reulo es, sin ernbargo, todavia
un cctersitorio sin explorar)) como lo denomina Oesterreicher en el articulo
~~Plurilingiiismo en cl Reino de Nipoles)) (2004).
El sorprendeilte desinteres de la comunidad cientifica, tanto italiana coma
espaiiola, por la situacion lingiiistica en el Reino de Napoles ha sido definido
como un rrerdadero c(b1oqueo epist&micou".
Del
lado espaiiol este hecho se podria
explicar ya que la voluminosa
production
intelectual de 10s Siglos de Oro toda-
via reclama la labor de historiadores, historiadores de la lengua
y
filologos. Es
decir, aun quedan cuantiosos textos par analizar, valoras e interpretar. Ahora
bien, el cabal conocimiento de la epoca en la cual el espaiiol se convirti6 en una
Para
la definici6n del concepto de 'espacio comunicativo' veanse Oesterreicher (1998:
38-39; 1990:121).
Se emplea tarnbien el nomhre
Reino
dc las dos Sicilias.
Estudios de este tipo son por ejemplo: Bosse/Stoll (2001); Cortese (1924; 1965); Croce
(21922;
71967);
Rovito
(2003).
Vi-anse Oesterreicher 1998
y
2004.
1) En Nipoles y su region (Campania) -excluyendo todas las otras regiones
del sur de '1talia'- dominan al menos cuatro lenguas (latin, toscano, espa-
iiol
y
napolitano) en las distintas situaciones comunicativas. Su funciona-
miento exacto hasta ahora nos es desconocido.
2)
El espacio comunicativo del Reino de Napoles debe ponerse en relacion
con el resto del Imperio Espaiiol de Carlos
V
y con la vision del
Emperador del espaiiol como lengua universal.
3)
A
la luz de investigaciones, no parece aventurado suponer la existencia de
documentos en espaiiol (sin duda de distintas tradiciones discursivas: car-
tas, listas, escritos militares, catequeticos, jundicos, etc.) en 10s archivos
(p.e. en la Biblioteca Nazionale di Napoli, el Archivogeneral de Siinancas
y
el Archivo histonco nacional de Madrid) que podrian delimitar de un
modo mis exacto la situacion del espaiiol en el espacio comunicativo de la
epoca. Se hace preciso, pues, uu rastreo en busca de dichos documentos,
con el posterior estudio
y
clasificacion, labor que realizare en 10s proximos
meses.
3.
Mas
indicios
Para concluir les quisiera presentar brevemente tres textos que mas adelante
seran incluidos en mi trabajo. Son textos que pueden dar, de manera parecida a1
Dialogo de la lengua, testimonio sobre la existencia de una comunicacion en
espa7ol en 'Italia'.
1) En 153
1
sale a la luz una edicion de la Celestina en Venecia que va prece-
dida de una introducci6n de Francisco Delicado, en la cual el autor de la
Lozana Andaluza explica por que la obra se debe publicar en espaiiol:
El libro presente, agradable a todas las estraiias naciones, fue en esta inclita ciudad
de Venecia reimpreso por miscer Juan Bautista Pedrezano, mercader de libros, que
tiene por enseiia la Tore (sic, de Menendez y Pelayo): iunto a1 puente de Pddlto,
donde esta su tienda o botica de diversas obras y libros, a peticihn y ruego de muy
muchos magnificos sefiores desta prudentissima sefioria.
Y
de otros munchos foras-
teros, 10s quales, como el su muy delicado y polido estilo les agrade
y
munchos
mucho la tal comedia amen, mixime en la nuestra lengua Romance Castellma que
ellos llaman espaiiola, que cassi pocos la ygnoran
:
y porque en latin
[...I
N
en len-
gua Italiana no tiene ni puede tener aquel impress0 sentido que le d~o su sapientis-
simo autor;
[...I
(Delicado apudMenendez y Pelayo
1947:
179;
10s subrayados son
de Ment-ndez y Pelayo).
2)
Otro texto que me interesa son las Osservationi della lingua castlgliana de
Giovanni Miranda (1566). Se trata de un libro didktico para la enseiiaza
del espaiiol para italianos33. El autor escribe en la introduccion:
33
Veansc
Carreraq
1
Go~coechea
2002
y Enclnas en prensa
EL
DIALOGO
~t
LA
LENGUA
Y
LA
COMLTNICACION
EN
EL
REINO
DE
NAPOLES
287
M
0
L
T
E
uolte ho confidera-
11
rato, da che io fono ufcito
I1
di Spagna,
&
ho
conner-
11
fato in quefta beata ProG-
I1
cia, quanto diletto fuolete
I1
prendere uoi
Italiani della
11
uaghezza, e leggiadria della
11
noftra lingua;
&
con quanta cura alcu-
ni di uoi
I1
cerchiate
di
apprenderla:
&
appreffo ho fouente
I1
mirato, che coloro, che
prefumono di faperla
11
efprimere ottimamente,
&
d'effeme compiuti
I1
poffeffori,
fono piu lontani che non fi credono
11
dalla intera cognitione di lei. Perche ho defi-
dera-
11
to di dame alcuna regola a uoftra fodisfattione;
[
..]
(Miranda 1584:
A'letton, pigina no numerada).
La cita esta tomada de un ejemplar de la edicion veneciana del
1584
que se
conserva en la Biblioteca de la Universidad de Mhich. El colofon esta escrito cn
espafiol por un tal Juan Jolito, quien destaca la importancia de aprender lenguas
extranjeras, sobre todo la lengua espafiola.
3)
Por ultimo, quiero aludir a 10s estudios de Nino Cortese, historiador napo-
litano que se ocup6 de investigar la historia de la t-poca espafiola de
nip ole^^^.
En
la Biblioteca Nazionale
di
Napoli he encontrado un articu-
lo suyo ((Fonti spagnuole per la storia del reguo di Napoli del Cinque e
Seicento)95, en el cual nos da una lista de la correspondencia de la secre-
taria del Consejo de Italia (fundado en
1555
por Carlos V). Cortese encon-
tro 10s documentos en el Archivo general de Simancas, el Archivo histori-
co nacional de Madrid y 10s Archives Nacionales de Paris. Orden6 10s tex-
tos por sns tematicas y 10s primeros registros son:
((
I.
Consultas;
11.
Decretos;
111.
Memoriales;
1V.
Varios o negocios inconexos; V. Visitas;
VI.
Registros de privilegios;
VII.
Acuerdos del Consejo o decretos suyos
a memoriales de partes
[...In.
Todavia no si hasta qut- punto dichos docu-
mentos son relevantes para mi proyecto, pero es muy probable que a ha-
ves de algunos de ellos podamos conocer mejor la
situation
comunicativa
en el espacio del Reino de Napoles.
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Barbolani]
34
Para 10s estudios de Nino Cortese, consultese la Bibliografia.
35
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1,
qne es el primer
y
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DE
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PRERROMANO
:
ALGUNOS EJEMPLOS DE
ETIMOLOG~A
POPULAR EN EL SUR
DE
LA
PENINSULA
EDUAIWO Josh JACINTO
GARC~A
Universidad de Jain
Introduccion
Descubrir el origen de 10s nombres propios de lugar no es tarea facil, sobre
todo cuando se trata de toponimos de gran antigiiedad. Con bastante frecuencia
este tipo de nombres es objeto de etimologias populares o falsas interpretaciones,
ya que 10s diferentes estratos linguisticos que se han ido sucediendo a lo largo del
tiempo hacen muy dificil la identificacion de la lengua en que se formaron. La
toponomastica se ha considerado por esa razon una disciplina bastante resbaladi-
za. Cuando no se puede recurrir a la semintica de una palabra, solo cabe la posi-
bilidad de comparar formalmente las raices, con los riesgos que esto conlleva. Sin
embargo, es preferible formular hipbtesis, por amesgadas que estas parezcan, a
ignorar aquellos toponimos que hoy nos parecen oscuros.
En el presente trabajo vamos a plantear una idea que aun no hemos podido
verificar por completo, aunque pensamos que existen bastantes indicios como
para que sea tenida en cuenta. Hablamos de algunos topbnimos e hidrbnimos
identificados ge~leralnlente con el apelativo
tome,
que en realidad podrian no pro-
ceder del latin turn's, sino de una raiz ~nucho mL antigua, prerromana, que se
emple6 pricticamente en toda la Peninsula Ibkrica para designar pequefios rios
y
fuentes: "turlhirr-. Para llegar a esta conclusi6n hemos tenido en cuenta 10s datos
que proporciona la historia, asi como 10s textos medievales que reflejan la forma
primitiva del toponimo. En cuanto a nuestra hipotesis, ksta surgio, como veremos,
a
partir de la lectura de varios trabajos realizados por Francisco Villar (1995%
2000),
ampliados mas tarde por Francisco Rodriguez Adrados (2001). Como es
bieu sabido, ambos se dedican, entre otros muchos temas, a1 estudio de las len-
guas paleohispinicas de origen indoeuropeo.
--
1.
Sobre
el
fenomeno
de
la asociacion etimologica
En la antiguedad, cuando un pueblo se establecia por primera vez en
un
terri-
torio, solia bautizarlo con un nombre que hiciera alusion a una caracteristica espe-
cial del terreno. Esto se debia a
la
naturaleza ndrnada de 10s pueblos
primitives,
que asi podian recordar 10s diversos lugares en 10s que se habian asentado. En
general, todos 10s toponimos tenian en su origen un significado transparente. Solo
mas tarde, cuando se producia un cambia de indole cultural, provocado nonnal-
mente por la iilvasion de una tribu que hablaha otra lengt~a, el toponiino evolu-
cionaha,
y
lo podia fiacer
de
ires modos distintos: se conservaba el nombre origi-
nal, a pesar de no ser comprendido por 10s nuevos colonos; se sustituia el toponi-
mo por otro, bien mediante su tsaduccion, bien por uno compietamente nuevo; o,
finalmente, se podia respetar en lo posible la forma del noinbre primitivo, pero
asimilaildolo
a
otro de la uueva Iengua, par lo que su significado cambiaba.
A
esto Gltimo se le ha llamado cambiopor etllnologia
popular
o asociacion etimo-
Iogica. Debido a la necesidad de encontrarle sentido a aquellas palabras que habi-
an dejado de ser inteligibles, 10s moradores de un lugar podian asignar on nuevo
significado al toponimo sin necesidad de sustituirlo, gracias al fenomeno de la
pasanomasia
y
a la homonimia.
Se pueden enconlrav multitud de ejemplos de etimologia popular, incluso en
kpoca antigua. Avieno, en su poema geografico Ora Maritima llama a1
rio
Ebro
Flumen oleum 'rio oleo', 'rio del aceite' (Avieno, Ora Maritima: 505). Esto no se
debio a que existieran muchos olivos cerca de su ribera, sino a un error, a una
falsa etimologia. Avieno tomb el hidronimo del griego ~laios, que a su vez tras-
cribia el nornbre iberico del rio, que no era otro que Elaisos (Schulten 1963: 26).
En el dialecio j6nico-atico que hablaban los comerciantes griegos, la Is1 intervo-
calica no se pronunciaba. Estamos, pues, ante una etimologia popular por homo-
nimia (coinciden formalmente
dos
palabras diferentes). Otro ejemplo: Tito Livio
cita en el libro
XXILI
c!e
su
obra
Ab
urbe condiia una ciudad bastetana llamada
Orongis. ~ste era el nnmbre con que 10s propios habitantes llamaban a su ciudad
(Livio, Ab urbe condita:
XXXIIT,
3).
Los arqueologos han identifieado esta
Orongi con el oppidunl ibt-rico existente bajo el suelo dcl Cerro de Santa
Catalina, en Jain. Cuando la fortaleza es destruida por los romanos, kstos vuel-
ven a fundar una nueva ciudad,
y
le cambia levemente el nombre: Auringis en
lugar de Orongis (Serrano Peiia 2004: 12-14). En las inscripciones de kpoca
imperial se habka ya dei m~micipium flaviel~se aurgitanum (Jiminez Cobo 2000:
47).
Posiblemente la etimologia popular he tambiin la causante de que la vocal
/o/ diptongara de forma insolita en
lad,
dando asi la raiz auri- que en latin signi-
fica 'de oro'. Evidentemente, no habia oro en esta ciudad (10s historiadores
hablan en todo caso de yacimientos de plata), pero vivir en una hipot6tica ciudad
<tdorada)) pudo soilarmejor a 10s oidos de 10s romanos que se instalaron en el pri-
initivo Jaen.
La
falsa
asociacion etimologica no solo se produce cuando la lengua de 10s
vencedores se impone a la de 10s ver~cidos. Los toponimos espafioles de origen
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