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Cuatrocientos años de la lengua del Quijote. Estudios de historiografía e historia de la lengua española : Actas del V Congreso Nacional de la Asociación de Jóvenes Investigadores de Historiografía e Historia de la Lengua Española

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CUATROCIENTOS ~OS DE LA LENGUA DEL QUIJOTE Estudios de historiografia e histaria de la lengua espaiiola Actas de V Congeso Nacional de la Asoaaci~n de J6venes Inve8tigadotes de Historiografia e Hlstona de la (Sevilla, 31 de marzo, 1 y 2 de abnl Marta Fernhdez Alcaide Araceli Lbpez Serena (eds.) CUATROCIENTOS MOS DE LA LENGUA DEL QUIJOTE Estudios de historiografia e historia de la lengua espafiola Sevilla, 2006 Colecci6n Actas Num: 64 Rcservados todos 10s derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro pueden reproducirse o transmitirse par ningin procedimiento electrb nico o mec&ninica, lllcluycndo fotocopia, grabaci6n magnftica o cualquier almacenamiento informitico y sistema de recuparaci6n, sin permiso escrito del secretuio de Publicaciones de la Uluversidad de Sevilla. O UNIVERSIDAD DE SEVTLLA SECRETARIADO DE PUBLICACIONES. 2007 Porvenir, 27 - Tlf 95 448 74 46 / 51 . Fax 95 448 74 43 Co~~eo Electrbnico: [email protected] http://www.puhlius.us.es O MARTA FERNANDEZ ALCAIDE, ARACELI LOPEZ SERENA, COORDINADORAS. 2007 I.S.B.N.: 978-84-472-1085-5 DEPOSITO LEGAL: SE-6572-07 IMPRIME: DISERO SUR, S.C.A. Ctra. Sevilla-Cadiz, Km. 555 Tel: 95 567 9181 .Fax: 95 567 9151 [email protected] ASOCIACION DE JOVENES INVESTlGADORES DE HISTORIOGRAFIA E HISTORIA DE LA LENGUA ESPANOLA. SOCIOS DE HONOR: Dr. D. Josh Jesus de Bustos Torres Dr. D. Feliciano Delgado Lean Dr. D. Jose Antonio Pascual Redriguez COMITE EDITORIAL Margarita Borregnero Zuloaga (Universidad Complutense de Madrid) Marta Femandez Alcaide (Universidad de Sevilla) Mara Fuertes Gutibrrez (Universidad de Valladolid) Elena Leal Abad (Universidad de Sevilla) Araceli L6pez Serena (Universidad de Sevilla) Daniel M. Saez Rivera (Universidad Complutense de Madrid) ~lvaro S, Octavio de Toledo y Huerta (Universidad Complutense de Madrid) Alfonso Zamorano Aguilar (Universidad de Chrdoba) CONFERENCIAS RAFAEL CANO AGUILAR La sintilwls del dialog0 en El Quijote (1605) .................................................. 15 MANUEL ARIZA VTGUERA Lengna y Literatura en Cervantes .................................................................... 35 MESAS REDONDAS ARACELI LOPEZ SERENA (Coordinadora) Las Tradiciones discursivas en la historiografia lingiiistica y en la historia de la lengua espafiola 49 MARGARITA BORREGUERO ZULOAGA Las tipologias textuales en la lingiiistica contemporanea: qui se ha hecho y qui queda por hacer ............................................................................ 55 LOLA PONS RODR~GUEZ Ret6rica y tradiciones discursivas 67 MARTHA GUZ& RIVERON Tradiciones discursivas e historia de la lengua espaiiola en America ............ 79 DANIEL M. Shz RIVERA Tradiciones discursivas, historiografia lingiiistica e historia de la lengua ...... 89 SARA GOMEZ SEIBANE (Coordinadora) Dialectologia historica: Nuevos enfoques y perspectivas ................................ 1 13 MARiA ~TA LARA Dialectologia historica. Nuevos enfoques y perspectivas: el estudio del romance navarro 15 H~CTOR GARCiA Gu. La dialectologia historica en el irea asturiano-leonesa. Presente y perspectivas 121 SARA GOMEZ SEIBANE Estado actual y perspectivas fnturas de la investigation lingiiistica en el Pais Vasco ..................................................................................................... 129 Ma CARMEN MORAL DEL HOYO Las hablas montaiiesas: dudas y posibilidades de la dialectologia hist6rica .. 139 VICENTE ~VAREZ VIVES Algunas consideraciones sobre la periodizacion del judeoespaEo1 .................. 153 JULIO ARENAS OLLETA Menkndez Pidal, editor de textos ................... .. .......................................... 169 MARIA ARETA LARA Oralidad y escritura en el tipo de texto Declaraci6n (siglos XVI y XVII) ...... 180 GRUPO DE SOCIOLWGU~STICA HISTORICA Contradicciones historicas en 10s anglicisrnos latinos espafioles .................... 195 MARIA TERESA ENCWAS MANTEROLA 1870: iUn Epitome nuevo o solo reformado? ........................................... 207 MARTA FERNANDEZ ALCAIDE .......... Textos privados y el rastreo de camhios grarnaticales en el siglo XVI 219 MARIA INMACULADA FERNANDEZ BARIOLA ((El plural aquesos es poco usado)): la pragrnatica en la tradicion gramatical espafiola ........................................................................................................... 233 ANA BELEN GONZALEZ PEREZ El uso ironic0 de 10s adverbios en -mente 47 ELISA GONZALEZ RAMOS Rentabilidad funcional de la construcci6n pronominal con verbos intransitivos de movimiento en Circel de Amor ................................................................. 257 MIGUEL GUTIE~Z MATE La duplication por medio de cliticos en docurnentos de Indias (Colombia, s. XVII 267 TERESA MARIA GRUBER ................ El diilogo de la lengua y la comunicaci6n en el reino de Napoles 279 EDUARDO JOSE JACINTO GARCiA Sobre toponimia espaiiola de origen prerromano: algunos ejemplos de etimologia popular en el sur de la Peninsula 291 ANA KUZMANOVI~ Algunos fenomenos fonol6gicos del espafiol a la luz de la teoria de 10s universales lingiiisticos .................................................................................... 303 ELENA LEAL ABAD La influencia de la ret6rica en la estilizacion de 10s diAlogos literanos 311 323 335 VICENTE JOSE MARCET RODRIGUEZ El lenguaje de 10s documentos notariales leoneses 347 CARLOS MELENDEZ QUERO Rentabilidad funcional de la constmccion pronominal en 10s seis primeros autos de La Celestina 359 Jost LUIS MONTIEL DOM~NG~Z La prosificacion del Cantar del Destierro en la Primera Cronica General ...... 37 1 M" CARMEN MORAL DEL HOYO Relaciones en la construccion sintictica y discursiva de textos notariales romances y latinos de los siglos XI1 -XI11 381 MARL& JESOS MORENO SOL~S Estudio diacronico de 10s indefinidos: concepto, paradigma y clasificacion .. 399 PILAR MORENTE LOZANO Introduccion a1 anilisis lingiiistico de textos no literarios medievales. la colecci6n diplomatica de Quesada 413 ~VARO S. OCTAVIO DE TOLEDO Y HUERT Un rasgo sintactico del primer espafiol modemo (ca. 1675-1825): las relaciones interoracionales con interin jque) .............................................. 421 GLORIA ORTEGA RODR~GUEZ Revision historica de la concordancia en espafi 443 LUIS PABLO Nmz Un ejemplo curioso de la lexicografia bilingiie hispano-fiancesa de 10s siglos XVI y XVII: el vocabvlario para facilmente y brieuemente deprender a ler, escrebir, y hablar la lengua castellana (1661) de Franqois Huillery 449 GUSTAVO DE PABLo SEGOVIA iErratas o errores?: cuanto espa6ol sabia Owen a la luz de su gramatica ...... 463 ANA ISABEL PEREZ CRUZ El orden de 10s pronombres atonos en 10s Iibros de bautisino (1663-1684) y obituarios (1596.1598) pertenecientes a la iglesia de Santa Maria Magdalena de Granada 473 NURIA POLO CANO Libro del arte de cozina, Domingo Hemindez de Maceras (1607): aproximacion lingiiistica ............................ .. ............................................. 485 DAVID PIUETO GARCIA-SECO .......... Consiliario, una acepcion fantasma en el Diccionano de la Academia 499 CARMEN QUIJADA VAN DEN BERGHE .............. Rashos de teoria ortografica en la gramitica de Charpentier (1596) 509 JOSE LUIS RkhlIREZ LUENGO Tradition y dialectalismo en la creacion del tipo comico: el caso del Fray Gerundio de Campazas del Padre lsla ...................................................... 523 Ma JESUS REDONDO RODRIGUEZ El qvinque / lingvarum, latinae, / teutbonicae, gallicae, hispanicae, italicae, 1 dilucidissimns dictionarius [...I De j. Steelsins, heredero del introit0 .... e porta de A. Rottweil y base de 10s anbnimos plurilingiies del siglo XVI 533 MARLA DEL Rocio RIVERA GONZALEZ Los avatares de la etimologia en la microestructura de 10s diccionarios acadimicos: el caso de 10s arahismos 47 SERGIO RUIZ ALARTE Fraseologia y pensamiento: fundamentos semanticos de las unidades fraseologicas en 10s siglos XVII y XVIII 6 1 RADANA STRBAKOVA Los nombres de 'hombre afectado en el uso de las modas' en el siglo XIX .. 571 ANA STULIC-ETCHEVERS El desarrollo del pronombre interrogative lake en judeoespafiol .................... 585 MAKTA TORRES MART~NEZ A prophsito de las palabras prefijadas documentadas en El Qujjote .............. 599 IVANA VU~INA El (judeo) espafiol como lengua de Cemantes ............................................... 61 1 LA SINTAXIS DEL DIALOGO EN EL QUZJOTE (1605) queniamos saber)) exige un complemento nominal, que es (<Dulcinea)), objeto de la intervencion anterior; y la siguiente, ((No es de ... )) supone un sujeto, que no es otro sino la misma ((Dulcinea)): primer caso en que la conexibn se hace entre intervenciones no inmediatas). La misma situaci6n se repite en 10s otros dialogos analizados, aunque en algu- nos casos veremos variaciones interesantes. En el dialog0 sucedido entre don Quijote y Sancho tras el apaleamiento de 10s yangiieses (Cap. XV), de 23 inter- venciones 14 estan conectadas formalmente. Los procedimientos son 10s ya vis- tos, con la aportaci6n del pues reactivo al comienzo de intervenci6n, habitual en 10s dialogos castellanos escritos desde 10s primeros textos (se halla ya en Berceo), y que en Cervantes solo se halla precisa~nente en el entomo dialogal, siendo, por tanto, este pues un rasgo claramente distintivo de tal tipo de situaci6n discursiva. Pues supone una reaccion de rechazo a la intervencion anterior, por su falta de adecuaci6n a la realidad (((Querria [...I me diese dos tragos de aquella bebida ... -Pues a tenerla yo aqui, desgraciado yo, jqut. nos faltaba?))); o porno aplicarse debidamente (((...no hay [...I dolor que muerte no le consuma. Pues jqut. mayor desdicha puede ser ... ?n); o porque no encaja con una informaci6n previa (((...antes que la noche venga y nos saltee en este despoblado. -Pues yo he oido decir a vuestra merced [...I que es muy de caballeros andantes el donnir en 10s pira- mas...))). Y tambien sirve para derivar una nueva cuestion a partir de lo dicho antes, cuestion que en el fondo implica un reproche (cc ...q ue antes que pasen dos dias [...I la tengo de tener en mi poder ... -Pues jen cuintos le parece a vuestra merced que podremos mover 10s pies?))). Tambikn 10s ((sabrosos razonamientosn habidos entre sefior y escudero en 10s Caps. XXX-XXXI muestran una elevada trabazon: 31 intervenciones de 38, con 10s mecanismos habituales, entre 10s que destacan las cadenas anaforicas lanzadas por pronombres cliticos respecto de las intervenciones anteriores (p. ej.: ((...tan linda carta como aquella. -Y jtienesla todavia en la memoria...?)), cc ... digna de tal carta, o qut. hizo. Cuando yo se la iba a dar ... ))), y las repeticiones lt.xicas, en las que un elemento de la intervencion anterior se convierte en el 'tema' de la primera frase de la siguiente intervencion (((...tan alta sefiora como Dulcinea del Toboso. -Tan alta es ... n, qHaste medido hi con ella? -Medime en esta manera...)), ((QUA hizo cuando ley6 la carta? -La carta [...I no la ley6 ... n); puede ocurrir finalmente que el contenido de toda una intervencion anterior se nominalice en la siguiente: ((Mira, Sancho [...I si el con- sejo que me das de que me case...)). Las repeticiones entre intervenciones son constantes en 10s diilogos entre 10s protagonistas de la novela. Aparte de 10s valores ya vistos, pueden servir para que el hablante intente cornprobar la veracidad de lo dicho por su interlocutor: ctY las alfojas que boy me faltan ... -jQue te faltan las alfo jas, Sancho? [...I Si que me faltan ... )) (Cap. XVIII)5. Y una respuesta puede emprender su curso (comico, por inesperado) a partir del marco sintactico proporcionado por la pregunta, y tema- Obs6rvese la presencia de ese que ante enunciado formalmente independiente, pero que constituye un 'discurso reproducido' del discurso del otro, del interlocutor anterior. tizando, como se ha visto, 10s elementos de esta: cc ... jen que lo echa de ver vues- tra merced ahora mas que nunca? [...I -En que ahora inas que nunca hueles, y no a ambar...)> (Cap. XX). Ahora hien, no son tan hahituales cuando el dialogo es de otra naturaleza. En 10s entahlados entre el cura y el canonigo, con la posterior intervencion de don Quijote, mas cercanos a la naturaleza y contenidos de 10s dia- logos humanisticos (Caps. XLVII-XLVIII), de 15 intervenciones hallamos cone- xi6n formal en a1 menos 7, lo que no deja de estar en la linea general de 10s dii- logos de la novela. Pero en ellos no hallamos ningun caso de repeticibn ILxica (si hay conexibn con as< pues reactive, anafbricos como todo o eso), si hien ocurre en varios casos que una intervencibn es nominalizada o parafraseada en la siguiente, o resumida, de mod0 que se convierte en argument0 de una argumen- taci6n que sigue en sentido distinto a aquel que parecia haber iniciado la interven- cion primera. Sigue la misma linea argumentativa el primer caso que hallamos, en el que el cura retoma el contenido de lo dicho por el canonigo (((En materia ha tocado vuestra merced ... n). Pero cuando don Quijote va a responder a las argn- mentaciones del canbnigo, sus dos primeras intervenciones (punteadas por otras del canbnigo que van asintiendo a sus palabras, a las que se conecta con todo o as12 consisten en parafrasis resumidoras de lo dicho por aquel (((ParAceme, seiior hidalgo, que la platica de vuestra merced se ha encaminado...)>, ctAiiadio tamhien vuestra merced diciendo ... n6): no hay conexibn formal, per0 la unidad de conte- nido se mantiene por medio de referencias explicitas y conscientemente elabora- das a lo anterior. Algo asi ocurre cuando responde el canonigo: ((No puedo yo negar [...I que no sea verdad algo de lo que vuestra merced ha dicho ... n. Se trata de procedirnientos propios de un lenguaje mb formalizado, y que en este caso adopta 10s procedimientos prefijados de la disputa dialkctica enseiiados en las escuelas y facultades, lejanos, pues, de un mecanismo mas proximo a la 'inme- diatez comunicativa' como las repeticiones vistas hasta ahora. Curiosamente, en el diilogo paralelo a1 del cura y el canonigo, mantenido entre el hidalgo y su escudero, entre 10s procedimientos conectores de las inter- venciones tampoco hacen acto de presencia las repeticiones, sino a propbsito de un referente impropio de un relato elevado (cc ...g ana y voluntad de hacer aguas mayores o menores, como suele decirse. -No entiendo eso de hacer aguas, Sancho ... iEs posible que no entiende vuestra merced de hacer aguas menores o mayores?)i). Pero es que ese dialogo, a su modo, tamhikn es una excelente mues- tra de dialkctica y argnmentacion, para lo que se toman 10s procedimientos que se estan utilizando en el otro diilogo; asi, la aceptacibn de don Quijote de lo que Sancho supone con sus preguntas lleva a este a creerse seiior del debate y dueiio de la argumentacibn (cccogido le tengo))), y a don Quijote a etiquetar como cier- to lo dicho por su escudero (ctVerdad dices, Sancho))). La puesta en paralelo de ambos diilogos, ambos versando sobre el mismo contenido, la verdad o no de las novelas de caballenas y su aplicabilidad a la situacibn presente descrita en el rela- Tras tales concesiones dialecticas, don Quijote inicia su propia argumentacihn, de senti- do contrario, con una forma reactiva bien conocida: aPues yo [..] hallo por mi cuenta ... s. LA SINTAXIS DEL D~ALOGO EN EL QUI~OTE (1605) 2 1 to, contrapone la argumentacion puramente intelectual con la que aduce razones profundamente fisiologicas, impensables en una discusion 'seria': la maestria de Cervantes en crear mmiltiples espejos para su relato y en proyectar luces variadas para todo aquello de lo que puede hablarse alcanza aqui una cota dificil de igualar. 3. La trabazon formal, o cohesion, entre intervenciones no es sino una mues- tra mas de la conexion entre 10s distintos periodos de 10s discursos directos cer- vantinos. Esta se manifiesta de forma desigual en 10s fragmentos analizados, pero no creemos que tal variedad sea aleatoria. El minimo de conexion se da en el diC logo entre don Quijote, Haldudo y Andres (Cap. IV), dialogo vivo, ripido, en el que dominan, segun veremos, 10s periodos cortos en extension (el porcentaje encontrado es el 15,79%). El otro extremo lo ofrece el dialogo del cura y el cano- nigo (Caps. XLVII-XLVIII), donde hallamos conexion en el 60,76% de 10s peri- odos; se trata, como hemos visto ya, de un dialogo de claras resonancias dialec- ticas y de argumentacion plena de reflexion y consciencia. Muy semejante a este, el dialogo mantenido por Vivaldo y don Quijote (Cap. XIII), ofrece tambien un elevado porcentaje de conexion: el 47,06%. En cambio, 10s dialogos entre don Quijote y Sancho contemplan una clara reduccion de la cohesion formal entre periodos: 39,53% en el diilogo sobre la supuesta visita de Sancho a Dulcinea (Caps. XXX-XXXI), y 36,49% en el que Sancho intenta convencer a su seiior de que no va encantado (Caps. XLVIII-XLM). No obstante, uno de esos dialogos, el ocumdo (Cap. XV) tras el encuentro con 10s yangiieses, muestra un porcenta- je muy elevado de conexion: 54,38%, que en principio podria achacarse a las extensas y didacticas intemenciones de don Quijote, con las que trata de inculcar conocimientos y attitudes en su reacio escudero. Sill embargo, no creemos que el parimetro que determina la mayor o menor presencia de la conexion formal entre periodos (o "supraoracional") sea exclusi- vamente la naturaleza de 10s participantes en el dialogo. Mas bien parece radicar en la naturaleza de este. En efecto, el dialogo del Cap. IV radica fundamental- mente en amenazas, ordenes, promesas de cumplimiento, entreveradas de expli- caciones y justificaciones; 10s parrafos son ademis, segmin se ha dicho, cortos, bastantes monooracionales, y aun algunos simples exclamaciones sin verbo: no es, pues, el entomo discursive mas apropiado para la cohesion explicita y forma- lizada. Y ello ocurre tanto en el discurso del hidalgo (cci"Miente" delante de mi ... ? [...I Por el sol que nos alumbra, que [...I Pagadle luego [...I Desatadlo luegon) como en el del gauadero (((El daiio esta [...I vengase Andres ... ))) como en el del muchacho ((q,Irme yo con el? [...I Mas jmal aiio! No, sefior, ni por pien- so...))). En cambio, en el discurso del canonigo, o en el del cura, domina la secuencia trabada de sus eleinentos, que se constmyen como sub-argumentos de una argumentacidn general: asi, en la intemencion del canonigo hay cinco perio- dos claramente conectados de un total de 12, pero en la del cura que viene a con- tinuacion son 17 de 20 10s casos de conexion; mientras en la interveneion del canbnigo hay diversos pasajes narrativos (recuerdos, insertion de discursos direc- tos, etc.), en la del cura domina absolutamente la acumulacibn de razones contra 10s libros de caballerias: discurso, pues, claramente proclive a la marcacihn de las relaciones significativas entre sus partes componentes. En cuanto a1 diilogo para- lelo de don Quijote y Sancho, es cierto que el porcentaje de conexion parece menor, per0 en ello influyen ademas dos variables: las frecuentes intervenciones que constan de un solo periodo, algunas de caracter puramente instrumental (((Yo le flo de la fuga)) (Cap. XLIX), y las exclamaciones con que am0 y criado salpi- can sus intervenciones (cciSicame de este peligro ... !)) (Cap. XLVIII), cci ... cogido le tengo! [...I Venga aci, seiior ... )) (Cap. XLIX)); ahora bien, cuando Sancho imposta el discurso de argumentador de escuela, 10s enlaces se intensifican, y son, coma veremos, 10s mismos que pueden darse en discursos de otro nivel (((Presupuesta, pues, esta verdad ... )), ((Para prueha de lo cual ... )), ctDe donde se viene a sacar ... ))), es decir, la argumentaci6n que avanza apoyandose en sucesi- vos escalones. Por su parte, el diilogo entre don Quijote y Sancho en 10s Caps. XXX-XXXI, referido a la falsa visita de este a Dulcinea, abunda tambikn en intervenciones de un solo periodo (es, de nuevo, un diilogo ripido, vivaz), per0 ademas incluye numerosas intervenciones de don Quijote en que este acumula las preguntas a su escudero, en un afan compulsivo de conocer todos 10s detalles de lo que Cree tl una visita real (((~Quk hacia? iQut le dijiste? ~Que te respondio? ~Que rostro hizo [...I? ~Quikn te la traslado? ... n, ccj,hesola? j,Pusosela sobre la caheza? ~Hizo alguna ceremonia ... ?n): ahi la habitual trahazon formal de 10s peri- odos, incluso cony, no encajaria en ahsoluto con el efecto discursivo pretendido. El elenco de estos conectores de discurso es variado, mis variado que en tpo- cas anteriores del idioma, annque 10s elementos de mayor presencia siguen siendo muy pocos, y, como tamhikn ha sido habitual en la historia, coinciden en buena parte con las conjunciones coordinantes prototipicas. Asi, para la adicibn de conte- nidos es y el mis usado; de hecho, es el mas usado de todos 10s conectores: 53 apa- riciones, mientras que el siguiente, pero, se limita a 15. Son, pues, las relaciones de adicion las mas hahituales, pues a 10s casos de y, hay que aiiadir las variantes que refuerzan el valor del argument0 o el data que se aiiade (y aun (2), y mas que (I)) o inciden en el matiz de consecuencia (y de esta manera (1), y asi(3)); sin la coujun- cibn, introduce un nuevo data a1 que se otorga mas valor cuanto mis que (3). Sirven para concluir una secuencia: en resolution (I), en fin (2), finalmente (1). Que lo que viene a continuacion es consecuencia, o se desprende (mb o menos vagamente), de lo anterior viene manifestado por asi'que (9), de donde (3), y el polivalente pues (12); tamhitnpor lo cual (Z)7. En cambia, si el periodo que sigue puede entenderse como la motivation de lo anterior (de su enunciacibn o del enunciado como tal) se usa por- que(l4). La contraposici6n, finalmente, se establece conpero (l5), reforzado en una ocasion por con todo esto, y algunos restos de mas (4: un caso, curiosamente, en hoca de Andres, el muchacho cuidador de ganado del Cap. IV8). Hay otros dos casos de lo cual en el Cap. XLVIII, uno, en boca del cura, que refiere al objetivo de una respuesta (((A lo cual responderia yo...))), y otro, en boca de Sancho, con mero valor anafbrico (((Para prueba de lo cnal ... n). Los otros casos, tanto como conector cuanto como conjuncibn, se dan en don Quijote, el can6nigo y Sancho (2): no parece haber, pues, un reparto condicionado por razones sociocul- turales, de arcaismo, ruralismo, etc. LA SINTAXIS OEL DIALOGO EN EL QULJOTE (1605) Hay, ademas, aspectos en el uso de algunos de estos marcadores que pueden tener relevancia para el analisis del discurso del Qui~ote. En principio, no pare- cen darse motivaciones 'sociolectales' en el uso de unos u otros conectores: incluso algunos propios mis bien de un discurso argumentador 'elevado', esco- lar, como de donde, pueden hallarse, segun se ha seiialado, tanto en el retorico discurso de don Quijote en defensa de 10s libros de caballenas (cc De donde se infiere...)) (Cap. XIX)) como en Sancho, cuando adopta el mismo tono argu- mentativo (xDe donde se viene a sacar ... )) (ibid.)). Cualquier conector puede hallarse en boca de cualquier personaje: no parece que en El Quijote se les utili- ce como indices de caracterizacion de estos ultimos. Pero en el uso de uno tan extendido como y si hallamos hechos dignos de mencihn, que vienen a poner en cuesti6n la opinion comb que se tiene de &I como marcador "primitive", mas bien "oral" y propio del hahla "relajada" ylo "popular". Entre 10s fragmentos ana- lizados, la mitad de 10s casos de y conector 'supraoracional' se da en la discusion y debate hnmanisticos, de fuerte estructuracion retorica y contenido 'elevado', mantenidos entre el cura, el can6nigo y don Qnijote (Cap. XLVIII); en particular, es notable el abundante uso que hace de ella el cura (9 apariciones), con la que acumula sus argumentos, expuestos en forma bien asertiva bien interrogativa ((cY iqut- mayor que pintamos un viejo ... ? [...I Y si es que la imitaci6n [...I y fundan- dose la comedia [...I Y es lo malo que [...I Y aun en las hnmanas se atreven [...I Y no seria bastante...)): no se trata de periodos sucesivos, per0 si bastante proxi- mos en muchas ocasiones). Con valores semejantes (afiadir argnmentos, nuevos aspectos de una realidad, etc.) se halla en variados discursos, de don Quijote (ccY en lo que dices que [...I y tamhiCn lo habran hecho para [...I Y en lo que toea a ... )) (Cap. XLVIII)), el canonigo (uiY c6mo es posible ... ? [...I Y aun tienen tanto atrevimiento [...I Y si todavia [...I)) (ibid.)), o Sancho, donde, como conjunci6n o como conector, acnmula, por ejemplo, 10s consejos e indicaciones que da a su amo (ccy tenga vergiienza [...I, y tome mi consejo, y perdoneme, y casese luego [...I; y si no, ahi esti nuestro licenciado [...I Y advierta que ... )) (Cap. XXXI)). Parece tambien digno de seiialar el uso de que entre secuencias que parecen formar parte de distintos periodos (la pausa seria congruente; hay autonomia semintica en las partes ...). No es de 10s mas frecuentes, pero tampoco es ocasio- nal (5 apariciones). Cumple las mismas funciones que dentro del periodo, apor- tar una justiticacion aposteriori; y tampoco parece marcado socialmente, pues se halla en discursos 'elevados', por el personaje y el contenido (don Qnijote, el canonigo), o mas 'vulgares' (Sancho). En general, la justificacion introducida por que viene a dar motivo a1 haber dicho algo, tratese de una asercion (cc ... dig0 que este tal te debi6 de ayudar a caminar [...I que hay sabio de estos que coge a un caballero andante...)) (Cap. XXXl)) o de una pregunta deliberativa (c(iQue te parece a ti que deb0 yo de hacer ahora ... ? Que, aunque yo veo que [...I, veome tambien imposibilitado ... )) (ibid.)), o de una orden cortes (a ... vayase a matar a1 gigante, y conclnyamos este negocio; qne por Dios que se me asienta que ha de ser de mucha honra ... )) (ibid.)), u orden a secas (cc ... avisote que no digas nada a nadie [...I que pues Dulcinea es tan recatada [...I no sera bien que ... )) (ibid.)). Pero puede ocunir que con este que se introduzca un penodo analizable como el moti- vo de lo anterior, pero tambien como una posihle consecuencia derivada de ello, o un resumen valorativo de todo ello: como en tantos otros casos, que se limita a marcar la conexion (~iQu6 de milagros falsos fingen en ellas ... ! Y aun en las humanas se atreven a hacer milagros [...I para que gente ignorante se admire y venga a la comedia. Que todo esto es en perjuicio de la verdad ... )> (Cap. XLVIII)). 4. Como ya enseiiaba la vieja Retorica, la configuracibn de las relaciones inte- roracionales dentro de 10s periodos (la conformaci6n de estos como "oraciones complejas") es uno de 10s parhetros fundamentales para definir 10s estilos lin- giiisticos, o, desde otra perspectiva, los tipos sinticticos de discurso, que habran de correlacionarse con generos y tradiciones textualcs y discursivas, y con las actuaciones discursivas en cada caso. Tres son, basicamente, 10s aspectos que merecen consideraci6n dentro de este imbito: 10s tipos de relaciones interoracionales usados, su frecuencia respectiva y sus posibles parametros de preferencia; la mayor o menor extension de 10s peri- odos, en funcibn del niunero de unidades oracionales que 10s integran; las posi- bles "profundidades" de la interrelacion oracional, es decir, 10s grados de inser- cion o incmstaci6n de unas oraciones en otras. A tales aspectos dedicaremos el resto de nuestro trabajo. 4.1. En la lengua cervantina, como en general en la prosa castellana desde sus inicios, la union asindetica de las unidades oracionales integrantes de un penodo, es en general irrelevante. La 'yuxtaposici6n' traditional no llega a superar el 3% del total de tipos de relaci6n utilizados, y en algunos casos, muestra porcentajes minimos. Tal situacibn es normal en cualquiera de 10s modos prosisticos de Cervantes, y se repite claramente en sus dialogos, sean del tipo que sean: asi, en el dialogo de don Quijote, Haldudo y Andres solo hay un caso (de 114 unidades oracionales: 0,88%), yen el mucho mas rebuscado y elaborado segun 10s moldes retbricos del dialogo humanistic0 del desarrollado entre el hidalgo, el cura y el can6nigo no se hallan sino 3 (con 485 unidades oracionales: 0,62%). A este res- pecto no parece relevante que en las intervenciones, menos extensas, de Sancho Panza se incrementen 10s casos de yuxtaposici6n, ya que cada caso obedece a motivaciones particulares, y no a una organization mb global del enunciadog. Solo en el dialogo entre el hidalgo y el escudero, a prop6sito de la falsa visi- ta de este a Dulcinea (Caps. XXX-XXXI), hallamos una presencia algo mas ele- vada, si bien el porcentaje apenas llega a superar el 3%. Ese aumento no es lnserci6n de una secuencia bimembre disyuntiva, nocionalrnente concesiva (iquibranme bien o quibranme ma1 [...I, el caso de ello es...)) (Cap. XLVII); acumulaci6n de rasgos descrip- tivos, con alternancia de yuxtaposicihn y coordinacion (n61 tiene su entero juicio, 61 come y bebe y hace sus necesidades ... )) (ibid)); insercihn de una exclamacihn invocatona (i(digame, asi Dios le saque ...n (Cap. XLVIII); pregunta tras frase apelativa (aVenga aca, seiior: ipodria negar ... ?n (Cap. XLIX)). LA SWTAXLS DEL D~ALOGO EN EL QUIIOTE (1605) casual, sino que obedece a situaciones enunciativas muy concretas. Asi, se acn- mulan en la intervencion con que don Quijote lanza vehementes apremios para que Sancho responda (((Acaba, cu&ntamelo todo, no se te quede en el tintero una minima))). El resto de casos de yuxtaposicion en este dialogo (a1 igual que ocu- rre, disperso, por el resto de la obra) se da preferentemente en una situation muy caracteristica: una pregunta, advertencia ..., precedidas de una expresion apelati- va en imperativo (mira, digame, dime), o equivalente (((...no me negaris, Sancho, una cosa: cuando ilegaste ... ))). Otros casos vieneu constituidos por autocorreccio- nes con digo, expresiones contrapuestas con antes (que algunos gramaticos inclu- yen entre las coordinadas adversativas), o distribuciones por medio de conecto- res como por una parte ...p or otra. Tales empleos de la yuxtaposici6n (dificilmen- te sustituibles, por otra parte, por configuraciones sintacticas supuestamente mas 'elaboradas') no se circunscriben a determinados tipos socioculturales en 10s per- sonajes (son, en este caso, mas habituales en don Quijote que en Sancho), sino que su presencia obedece, en 10s casos mas prototipicos, a intenciones ennnciati- vas muy concretas y bien determinadas'o. La coordinaci611, por su parte, muestra unos porcentajes de aparicion bastan- te constantes a lo largo de 10s diilogos analizados, pero, por su modestia cuanti- tativa (oscilan entre el 13,16% del dialogo entre el hidalgo, Haldudo y Andris, y el 8,66% del habido entre hidalgo, cura y canhigo), y por constituirse a base de apariciones aisladas en unas u otras intervenciones, no parece que le podamos atribuir una relevancia especial, significativa o discursiva, surgida espontanea- mente o pretendida por el constructor de 10s diilogos. Solo en determinados momentos, la acumulacion de coordinadas en una intervencion parece orientar- nos hacia sentidos de este tipo. Tales situaciones, sin embargo, no son muy fre- cuentes, y mas que marcar socioestilisticamente a 10s hablantes, se dan en fun- cion del tipo de discurso. Asi, se usa para engarzar las partes con que Vivaldo (Cap. X111) construye la escena prototipica (((que muchas veces he leidon) del encuentro entre dos caballeros andantes iuna esoecie de "relato internuoral?: , , funcion semejante, amque ahora de relato mas bien 'imaginado', cumple la rela- tiva acumulacion de coordinadas en la narracion de acciones que don Quijote piensa realizar para cumplir con Dorotea y volver pronto con su dama (c( ... cami- nar apriesa y llegar presto [...I y en llegando le cortare la cabeza y pondre [...I y a1 pnnto dark la welts...)) (Cap. XXXI)). Pero la acumulacion intensiva, con repe- lo La yuxtaposici6n dc clementos nominales, dispuestos en forma paralelistica (con varia- ci6n, a inediados de la secuencia, del orden), es un procedimiento retorico cervantino propio de enunciados elaborados, con deseos de exhaustividad @or medio de la reiteracion): asi, en uno de 10s parlamentos del canonigo (Cap. XLVII), donde se da, ademas, otro de 10s casos de combinaci6n de yuxtaposicion y coordinacion conclusiva de unidades oracionales (((...adrniren, suspendan, alboroccn y entretengan ... n), hallamos nn largo phrafo dispuesto de esa manera (((...en las hazaiias, increibles; en los amores, lascivos; en las cortesias, malmirados; largos en las batallas, necios en las rarones..n), qne se cierra tambien con una coordinada reforzada por un conector (a ...y, finalmente, ajenos ... ))). ticion del esquema coordinado, se usa tambit-n para 10s consejos que un exaspe- rado Sancho da a su sefior cuando, por 10s proyectos de este, ve peligrar su sofia- da insula (aunque en realidad solo hay un consejo, el de casarse, las demas coor- dinadas son mecanismos de prevencibn y cortesia: ccCalle [...I y tenga vergiienza [...I y tome mi consejo, y perdoneme, y ckese luego ... )) (Cap. XXXI)). 0 para la descripcion que hace el canonigo de los argumentos favorables a la 'comedia nueva' (Cap. XLVII: cc ... el vulgo las oye con gusto, y las tiene y las aprneba por buenas [...I y 10s autores [...I y 10s actores [...I dicen que asi han de ser [...I y que las que llevan traza y siguen la fibula [...I no sirvcn [...I y todos 10s demis se que- dan ayunos [...I y que a ellos les esti mejor ... n"). La acumulacion de coordina- das se da tamhien en parodias del lenguaje leguleyo, con su prevision de todo tipo de posibilidades sobre una misma base (con lo que suele repetirse, por ejemplo, un verbo en 10s distintos tiempos bbicos: (( ... cuantos agravios me ha1 hecho y han de hacer, ora me los haya hecho o haga o haya de hacer ... n12 (Cap. XV), (( ... cuanta yo he alcanzado, alcanzo y alcanzart- por las armas...)) (Cap. XXXT)), parodias que, como se ha visto, salen tanto de la boca de Sancho coma de la de su amo. Finalmente, es muy interesante el discurso de Sancbo (Cap. XLVII) en el que este se defiende de la acusacion emitida por el barbero de estar tan loco como su amo y de, por tanto, haber creido en sus promesas (en lo que hay una velada critica a su codicia): la respuesta de Sancho esta constrnida mediante la disposicibn de las secuencias de forma recurrente (y paralelistica), de mod0 que cada argument0 se conecta a 10s delnas con y, y dentro de cada uno de ellos una coordinada cony concluye cada uno de esos mecanismos argumentativos parcia- les (x ...y no deb0 nada a nadie; [...I y cada uno es wo de sus obras; [...I y mb pudiendo ganar tantas mi sefior [...I y algo va de Pedro a Pedro. [...I y a mi no se me ha de echar dado false...)), para cerrar el conjunto con un rotundo cc ...y quede- se aqui, porque es peor ineneallo))). La diversidad de argumentos utilizados y su union mediante ese simple procedimiento sintactico (y conector o conjunci6n) podria hacer pensar en una cierta mimesis de la oralidad; la disposicibn perfecta- mente cuidada de esos miembros, por el contrano, apunta a un calc~~lado y elabo- rado esfuerzo retorico. La subordinacion es, pues, el mecanismo de relacion interoracional mas amplia- mente representado en 10s dialogos cervantinos, y siempre alcanza mb de la mitad de 10s casos: oscila entre el 53,51% de 10s dialogos del Cap. IV y el 74,84% de 10s Caps. XLVII-XLIX, en la parte ocupada por 10s coloquios entre hidalgo, cura y canonigo; en 10s demb fragmentos se sihia en torno a1 60%. Parece relevante que la menor proporcibn se dt- en uno de 10s dialogos iniciales, vivo, lleno de interven- ciones compuestas por un solo periodo, y de poca complejidad intema; por el con- trario, es el dialog0 mas prbximo a 10s elaborados diilogos humanistas, mucho mas l1 Obsirvsse, ademb, como altema la presencia y ausencia de queen 10s ultimos enun- ciados, que constituyen el discurso refendo de autores y actores (udicen que ... n). 12 La coordinacihn sigue en secuencias no oracionales: ((...hays de hacer persona alta o baja, nco o pobre, hidalgo o pechero ..o. LA SINTAXIS DEL DIALOGO EN EL QU~JOTE (1605) extenso y complejo, el que ostenta la mayor presencia de hipotaxis; no obstante, hay que I-ecordar que el dialago paralelo entre hidalgo y escudero, de caricter tan distinto, muestra un porcentaje de subordinadas no muy alejado (65,59%). En todos 10s diilogos analizados, el dominio dentro de 10s tipos de subordina- cibn viene ejercido par relativas (en la mayor parte de 10s casos) y completivas, sin que las oscilaciones en 10s respectivos porcentajes parezcan vincularse a condicio- nes de organization semantics o discursiva relevantes. No obstante, en este punto llama la atencion nuevamente el Cap. IV, con la mas baja proparcion de completi- vas de todos 10s diilogos analizados (13,11%: en 10s demas fragmentos supera siempre ampliamente el 2056, y en varios el 30%): quizb tambien par su naturale- za es el menos propicio a referir lo dicho por otros, a desarrollar contenidos afirma- dos, creidos, suplicados (bien directa o indirectamente), a 'pareceres' o a explica- ciones (((es que ... ))), 10s principales elementos regentes de las completivas halladas. En cuanto a 10s demb tipos, si hien es cierto, coma sefialaha Lope Blanch (1995-1997), qne en El Quijote pueden hallarse practicamente todos, tambien lo es qne muy pocos alcanzan porcentajes relevantes, y estos suelen ser 10s mismos en todos 10s diilogos. Asi, muchos no llegan en ningtin caso a1 5% (finales, inte- rrogativas indirectas, modales hipotkticas con coma si, locativas, comparativas, concesivas), otros lo hacen ocasionalmente (modales (en general con coma) en el Cap. IV: 8,20%; temporales en el XV: 6,76%; consecutivas en el XLVII-XLIX, en 10s dialogos cura-can6nigo-don Quijote: 6,34%), y otros con mayor habitualidad, aunque no siempre: las condicionales solo en el ultimo dialogo citado bajan del 5%, y las causales no llegan a tal numero en ninguna de las dos lineas de diilogo de dichos capitulos. Hay que recordar que estos pocos tipos alga mas hahituales tampoco alcanzan proporciones notables: ninguno logra superar el 10%. Por otro lado, su dispersion a lo largo de 10s periodos (no suelen hallarse sino uno o dos casos por periodo) hace nuevamente dificil encontrar razones particulares de orden discursivo para su utilization. Asi, en las causales solo se da una cierta acumnla- cion en dos intervenciones, ambas con fuerte componente reflexivo: la primera (Cap. XXXI), en la que don Quijote intenta explicar, y explicarse, c6mo Sancho ha podido ir y volver tan pronto en su embajada al Toboso, lo cual pretende justi- ficar mediante la existencia de encantadores, cuya virtualidad para el caballero manchego ha de justificarse a su vez; la segunda (Cap. XLVIII), el largo parlamen- to del cura critic0 con el vigente modelo de comedias (y de libros de cahallerias): no es casual que las justificaciones conpues y conporque a las afmaciones y jui- cios del clerigo integren el conjunto de causales, sin que encontremos aqui causas estrictas de algin hecho enunciado. Tampoco las condicionales permiten aventu- rar inferencias interesantes de este tipo: dispersas igualmente en &do tip0 de inter- venciones, no parecen caracterizarpersonajes ni tipos de disc~rso'~; si parece inte- l3 A este respecto, es curioso serialar que se dan con mayor frecucncia en cl diilogo vivo entre don Quijote y Sancho de 10s Caps. XLVII-XLIX (8,97%) que en el mis literario y hurna- uistico del hidalgo, el cura y el canonigo (4,68%). - resante destacar qne mh qne para idear hip6tesis de consecuencias mas o menos dudosas, sirven mas bien para enunciados de cortesia, como 10s proferidos por Sancho tras el apaleamiento sufrido a manos de 10s yangiieses (ademas, a1 prin- cipio y final de sn peticion: ccQuerria, si fuese posible [...I, si es que la tiene vues- tra merced ... )) (Cap. XV)), o para matizar la actitnd enunciativa (c c... si va a decir verdad ... )) (Cap. XIII), ccy si he de confesar la verdad ... )) (Cap. XLVIII)), o, muy especialmente, para, dando por presupuesto y sentado lo enunciado con si, hallar- le algim tipo de justificacion por medio de la 'principal' (ccy si algunos snbieron a ser emperadores [...I a fe que les cost6 ... )) (Cap. XIII), ccSi estas [...I son cono- cidos disparates [...I y [...I el vulgo las oye con gusto, y las tiene y las apruebapor buenas [...I y 10s autores [...I y 10s actores [...I dicen que asi han de ser [...I de este modo vendri a ser mi libro ... )) (Cap. XLVIII)), o, finalmente, para vinculaciones de caracter general (ccsi el zapatero da a otro con la horma [...I no por eso se dira que queda apaleado ... )) (Cap. XV)). En cambio, si parece significativa la algo mas elevada proporcihn de estructuras consecutivas en el diilogo, tantas veces carac- terizado como 'artificioso', de hidalgo, cura y can6nigo: con ellas se establece el mecanismo logico de consecuencias que se desprenden y se buscan a partir de acciones previas (c(escribi6ndose de suerte qne [...I admiren, suspendan, alboro- cen, y entretengan, de modo que anden...)) (Cap. XLVII), cc ...q ue haga un cuerpo de fibula entero con todos sus miembros, de manera que el medio conesponda a1 principio ... )) (ibid.)); o se pondera una situation o estado, de Val forma que se entiendan las consecuencias que se extraen de ellos (que el enunciador, en su jui- cio, extrae de ellos): la ponderacion se intensifica, bien multiplicando las conse- cuencias ((clas cuales fueron tales que admiraron, alegraron y suspendieron.. .n (Cap. XLVIII)), o 10s antecedentes ponderados (((...con tanta gala, con tanto donaire [...I y, finalmente, tan llenas de elocution y alteza de estilo, que tiene lleno el mundo de su fama) (ibid.)), procedimientos ambos muy propios de la retorica cervantina. Igualmente parece muy significativa la distribncibn de 10s que 'subordinantes' en relaciones de difuso espectro semantico: no parece casual que sus porcentajes mas elevados se hallen en el temprano dialog0 del hidalgo, Haldudo y Andres (18,03%: 11 casos de 61) (Cap. IV), yen el que sostienen don Quijote y Sancho en 10s Caps. XLVII-XLIX (9,42%: 21 casos de 223), dos de 10s diilogos mas vivos y agiles de entre 10s constn~idos por Cervantes (sin embargo, en otro muy parecido, el que mantienen amo y criado en XXX-XXXI, solo se llega a1 2,8%: 6 casos de 209); parece, pues, que uno de 10s recursos en esa peculiar 'mimesis' de cierta oralidad es el increment0 en el empleo de que como mecanismo conec- tor generico. Son varios 10s contextos tipicos de dicho que: aparte de 10s casos en que introduce una oracion en principio no subordinada (muy habitualmente tras juramento o imprecacion: ccpor la pasion de Dios, que no lo hare otra vez)) (Cap. W)), vincula, con un matiz vagamente causal, 6rdenes o consejos con attitudes animicas o argumentos justificativos (cctomad vuestra lama [...I que yo os hare conocer ... )), ccquedense 10s zapatos [...I que si 61 rompi6 el cuero de 10s zapatos [...I vos le habeis rompido el de su cuerpo ... )) (ibid.)), o justifica juicios emitidos LENGUA Y LITERATURA EN CERVANTES MANUEL ARIZA VIGUERA Universidad de Sevilla Todo el mundo sabe que es muy dificil decir algo nuevo sobre Cervantes, por n de mi muchas novedades, sino solo una pequeiia aproxi- colector de mundos literarios y vividos. Necesito empezar hablando de la literatura del siglo XVI. Podriamos decir uyen y que a veces se encuentran: el eje culto y el popu- resentado por la literatura que podriamos llamar rena- amentalmente por el romancero y 10s cantarcillos tra- centista no solo crea o toma- unos temas detemi- lo mas o menos estereotipado abuso de la adjetiva- re todo, del epiteto constans, colocaci6n del verbo a1 final, luso impregna varios generos o subgeneros que en eso no me iAn el romancero tenia sus propios clises tematicos, metricos caso con el uso de formas arcaizantes como herencia de su De la Edad Media arranca el genero de las novelas de caballerias y cotno es sabido- de la lengua del Amadis procede el empleo de un lenguaje 'medieval' en las otras novelas del gt-nero. Renacentista es, por el contrano, la novela pastoril, y, como tal, sus usos lingiiisticos. Solo hay un gknero que recorre 10s Siglos de Oro y que no se puede decir que tenga un estilo propio. Me explico. Si hay elementos comunes -narration en pri- mera persona, etc.-, peso no una uniformidad lingiiistica; asi el Lazarillo es cla- ramente una obra renacentista y El Buscon una obra barroca. No hay mb que comparar el comienzo de ambas obras. iY El Gunnan?': Un sermonano bajo el disfraz de novela picaresca. En cuanto a1 teatro, en su primera mitad vemos la apancibn del sayagues como lenguaje teatral, que se continuara, con variantes, en el siglo XVII. Como es sabido, este lenguaje tenia colno base el leones, y se convirti6 en un topico lin- giiistico literano. No emplea Cervantes el sayagues, aunque lo menciona como ejemplo de lenguaje nistico: mi, que vilgame Dios, no ay para que obligar a1 sayagues que hable como el toledano)) (Qul~ote, 11, III)2. ' Libra aburridisimo del que nunca be comprendido como pudo tener tanta fama. Para el habla de Toledo cnno modelo lingiiistico vbanse 10s trabajos de F. Gonrilcz 0118. En cuanto a la lengua, no me voy a detener en las evoluciones foneticas acae- cidas en la epoca, ni en la aparicibn del andaluz y su propagacidn por Canarias y Ant-rica. El conocido testi~nonio de Juan de Valdt-s me exime de hablar de 10s cambios de todo tipo que se heron generalizando a lo largo del siglo XVI. No menos importantes que 10s foneticos y morfosintacticos heron 10s lexicos: cul- tismos, italianismos, etc, entran a tropel, como puso de manitiesto Lapesa. Y no solo, tambien se desechan algunos arabismos, aunque algunos de ellos pervivie- ron en el andaluz. En el Siglo de Oro existian comunidades sociales que poseian una caracteri- zacion lingiiistica. Eran siempre minorias con determinados grados de margina- cion. Por un lado, estaban 10s moriscos3, par otro, 10s gitanos; junto a ello,s el hampa. Ademas -aunque sin formar grupo social-, 10s negros. Ademas de ciuda- danos de otros paises, de 10s que formaban gmpos importantes 10s italianos y, en menor medida, 10s franceses. Como era de esperar, todos estos grupos tuvieron, en mayor o menor medida, un reflejo en la literatura inrea. Por otra pate, no se puede dejar de lado lo que podriamos llamar las "ideas linguisticas" del siglo XVI, sobre lo que tambit-n Cervantes hace importantes pre- cisiones, de lo que no voy a hablar por sobrado conocido4. Empecemos por la literatura, punto este tratado con gran maestria por muchos criticos, especialmente pol- Lazaro Carreter. Puede parecer que insult0 su intsli- gencia si les digo que El Quijote es inicial y superficialmente -aunque son adver- hias mas que discutihles una critica a los libros de caballerias. Para lo que nos interesa ahora, 10s elemcntos linguisticos caballeriles son diversos: la invencibn de 10s nombres, el recurso a1 artificio del falso autor y, evidentemente, la imitacion del lenguaje caballeresco, tanto por el uso de arcaismos foneticos y lexicos, como por la retorica ampulosa. Se ha sefialado que este ultimo recurso se mitiga grande- mente en la segunda pate. No creo que merezca la pena detenemos mas en ello. Otro de 10s generos de gran nivel de popularidad en la t-poca era la novela pas- toril. Esta representa el polo opuesto de las novelas de caballerias tanto en su estructtua como en su lenguaje. Efectivamente, frente a la acci6n caballeril esti el estatismo pastoril, frente a la vida aventurera, la contemplativa, y, especialmente, frente a1 lenguaje de corte medieval, el lenguaje renacentista. Bien es cierto que algunas conco~nitancias existian entre ambos generos: ambos describian un mundo artificial, en amhos ese alejarniento se producia, entre otros aspectos, por una deno- minacibn artificiosa. A esta moda se snma Celvantes con La Galatea, pero tambien hay muchos otros elementos pastoriles en otras obras. Como dice LAzaro Carreter, a1 mundo pastoril ((lo amaba Cervantes y, a la vez, le movia a burla; porque tam- bien producia enajenados)). No creo que sea exactamente por ello. Los judios habian sido ya expulsados, y, poi otra parte, no parcce que tuvieran un deter- lninado modo de hablar particular. 4 Especialmente en el conocido Lrabajo de J.L. Gir6n Alconchel. "A y LITERATURA EN CGKVANTES na de las concomitancias de ambos gineros estaba en el sistema denomina- ecordemos el camhio de nombre que se propone cuando deciden hacerse es. Coma en otras ocasiones, Sancho ha oido campanas y por ello una vez e equivoca cuando elige el nombre pastoril para Teresa Panza. o, claro, la novela pastoril no es mas que una de las plasmaciones del nacentista, del que tan imhuido estaba Cervantes y a1 que admira y, dcl smo tiempo, se rie. Sirvan como ejemplo los conocidos pasajes cervan- n tomo a la belleza ideal de la epoca. priinero esti en la pnmera parte, en el capitulo 16. Don Quijote llega a la Le va a atender una moza asturiana: ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del im ojo tucucrta y dcl otro no muy sana. Verdad es que la gallardia del cuerpo suplia las demas faltas: no tenia siete palmos de 10s pies a la cabeza, y las espaldas, que algh tanto le cargaban, la haci- an mirar al suelo mAs de lo que ella quisiera. ero no me interesa tanto la fealdad de la moza como su transformaci6n qui- ca. Oigamos a Cervantes: Tentole luego la camisa, y, aunque ella era de arpillera, a CI le parecio scr de finisi- mo y delgado ccndal. Traia en las mu7ecas mas cuentas de vidrio, pero a el le die- ron vislumbres de preciosas perlas orientales Los cabellos, que en alguna manera tiraban a crines, 6110s march por hebras de lucidisimo oro de Arabia, cuyo resplan- dor a1 mismo sol escurecia; y el aliento, que sin dnda alguna olia a ensalada fiam- hre y trasnochada, a 61 le parecib que anojaba un olor suave y a-omatico; y, final- mente, 61 la pinto en su imaginacion, de la misma traza y modo, lo que hahia leido en sus lihros ... repite Cervantes la fealdad, sino que abunda en la descripcion de lo nega- la moza, y, todo ello, se convertira en la esencia de la belleza de ese mara- oso personaje que no ve mas realidad que la que su iinaginacion le dicta. Pero quizi el texto mas significative sea el que vemos en el capitulo XI de la parte cnando Sancho hace creer que una aldeana era la simpar Dulcinea. Jote se lamenta del encantamiento que no le ha permitido verla, sino que le ha parecido una aldeana "haja y fea" y "con un olor a ajos crudos". A lo - iOh canalla! - gnto a esta sazon Sancho -. iOh encantadores aciagos y malinten- cionados, y quien os viera a todos ensartados pot las agallas, como sardinas en ler- cha! Mucho sab&is, mucho podeis y mucho Inis hackis. Bastaros debiera, bellacos, haber mudado las perlas de 10s ojos de mi seiiora en agallas alcomoqueiias, y sus cabellos de oro purisimo en cerdas de cola de buey bemejo, y, finalmenre, todas sus faccio~~es de buenas en malas, sin que le tocirades en el olor, que por el siquie- ra sacliramos lo que estaba encubierto debajo de aquella fea corteza; annquc, para decir verdad, nunca yo vi su fealdad, sino su hennosura, a la cual subia de punto y quilates un lunar que tenia sohre el labio derecho, a manera de bigote, con siete o ocho cabellos mhios como hehras de oro y largos mas de nn palmo. A ese Iunardijo don Quijote-, segh la correspondencia que tienen entre si 10s del rostro con 10s del cuerpo, ha de tener otro Dulcinea en la tabla del muslo que corresponde a1 lado dondc tiene el del rostro; per0 muy luengos para lunares son pelos de la grandera que has significado. - Pues yo st! decir a westra merced -1espondi6 Sancho- que le parecian alli como nacidos. Mis adelante, en el capitnlo XI, don Quijote y Sancho comentan el episodio anterior y dice don Quijote: Mas, con todo esto, he caido, Sancho, en una cosa, y es que me pintaste ma1 su her- mosura: porque, si ma1 no me acuerdo, dijiste que tenia 10s ojos de perlas, y 10s ojos que parcccn de perlas antes son de besugo que dc ha; y, a lo que yo creo, 10s de Dulcinea dehen ser de verdes esmeraldas, rasgados, con dos celestiales arcos que le sirven de dejas; y esas perlas quitalas de 10s ojos y pasalas a 10s dientes, que sin duda te trocaste, Sancho, tomando 10s ojos por 10s dientes. -Todo puede ser - respondib Sancho, porque tambibn me turbo a mi su hermosura como a mesa merced su fealdad. El "traidor" de Sancho, que ya a esas alturas conoce bien a su seiior, no tiene empacho ninguno en engaiiarle haciendole creer que el no ha visto la belleza de Dulcinea por culpa de 10s malos encantadores. El pobre Sancho conoce de oidas el ideal de belleza renacentista: la belleza mbia con ojos verdes, el encanto del lunar, 10s dientes como perlas, etc., pero el pobre no lo tiene asimilado y se equi- voca, por lo que su description, que quiere ser la de la belleza maxima, se con- vierte en un espanto, de lo que se da cuenta nuestro hidalgo y le corrige. Sancho es astuto, por ello justifica sus equivocaciones: la de 10s pelos alegando que le venian que ni pintiparados, la de 10s ojos como perlas alegando que a el tambiin le deslumbro la belleza de la supuesta Dulcinea. Pero ademis, a Sancho se le escapa un desliz: hablar de la fealdad de la aldeana: sus ojos eran "agallas alcor- noqueiias" y sus cabellos "cerdas de cola de buey bermejo", pero rapidamente corrige su desliz alegando que 61 no vio la fealdad sino la belleza. Se ha dicho que existen elementos de la picaresca en Cervantes, y se nombra El coloquio de 10s perros, Rinconete y el episodio de 10s galeotes del Quijote. Si por picaresca entendemos el genero, en absoluto, si lo consideramos como el pro- totipo social, sf. Como se recordara, Ginis de Pasamonte esta escribiendo una autobiografia que oscureceraen su opiilion- a1 Lazarillo, en este sentido si hay un recuerdo claro del g&nero5. En vida dc Cervantes ya habia comenzado la d~sputa entre culteranos y con- ceptistas. Parece que Cervantes se mantiene al margen de la polemica, y de becho alaba tanto a C6ngora como a Quevedo; su estilo es esencialmente renacentista Independieutemente de que la verdadera autobiografia de Pasamonte solo tenga de pica- ro la narration. NCUA Y LITERATURA EN CERVANTES oderado, que algunos denominan manierista, sin embargo, a1 final de su vida, n ese 'afan' por merecer consideracidn entre 10s escritores de su epoca, eleva estilo para parecer "culto", como es el caso del Persiles y, en cierta medida, de segunda parte del Quijote. En otra obra suya de este periodo final, en el Viaje 1 Parnaso, encontramos ejemplos de hipirbaton abrupto, de tipo gongorino, en "cuando par la, aunque azul, liquida plata", "que es oro y sirgo de su el hilo", o el terceto En cuyo traje y ademin severo vi de Mercurio a1 vivo la figura de 10s fingidos dioses mensajero. No son ejemplos significativos de un culteranismo cervantino, sino de una ntaminacion o licencia que empezaba a estar de moda en su kpoca. En cuanto a la literatura popular, y para cefiimos en primer lugar a1 Quijote, y en la magna novela bastantes citas de romances, si no he contado mal, de 10s e solo cuatro aparecen en la primera parte, dos de ellos tradicionales: el de zarote (I", 11) y el del MarquAs de Mantua (1" V); y dos cervantinos: el del ero (la IX) y otro en el capitulo XLIII. No hay mas en la primera parte. En la gunda encontramos dos tradicionales en el capitulo IX, uno de ellos 4 de nos- lo canta un labrador, y el otro el de Calainos y la infanta Sevilla- lo da don Quijote; en el XII, uno de la serie del rey Muza, otro tradicional, en 111 en donde combina dos de Montesino , otro en el XXXIII el de la itencia de Don Rodrigo , y otro en el LXXIV, el del cerco de Granada6. Junto s, cuatro nuevos, dos cervantinos: el romance de Altisidora capitulo y el de don Quijote capitulo XLVI-, otro de un autor contemporaneo -el Gaiferos y Melisenda, capitulo XXVI- y otro, en el LXX7. No son 10s unicos. Aparte del empleo del romancero en el Cervantes versifi- dorK, el uso del romance como motivo literano es muy frecuente en sus obras. n embargo, frente a lo que sucedia en El Quijote, 10s romances son todos nue- vos y no presentan, por lo tanto, las caracteristicas lingiiisticas arcaizantes del romancero tradicional. Aparecen en diversas obras, como en La gran sultana, cn La entretenida, en Pedro de Urdemalasg, y generalmente son cantados por musi- cos o con acompaiiamiento de musicos. En tres ocasiones habla de ((romance correntio)): en La gran sultana -((per0 tengo un romance correntiolque le pienso cantar a la loquesca)) -, en La Gitanilla -((Repic6 Preciosa sus sonajas y a1 tono correntio y loquesco canto el siguiente romance))-. En ambos casos se trata de romances "narratives", que debia ser el valor que le daba Cervantes, pues en otra Romance a1 que tambien se hace referencia en el capitulo XXII. ' Ademas de referencias indirectas de otros en 10s capitulos I, XIX, 11, I y 11, XXVI. Muchas de las presuntas referencias a romances qne ofrece Rico son mas que dudosas. Mas de cien confiesa haber escrito. En este caso exasilibico. ocas~on habla de 'verso correntio', en El rufiin d~choso, queI0 esta en aquelmdo. Asi pues "correntio" parece ser narratlvo, como decia En dos ocasiones hemos visto que aparece 'loquesco'; hay otra mas: en El celoso extl-emeEo ctse daba prisa a cantar romances de lnoros y moras a la loquesca con tanta gracia que)). No he encontrado ning6n otro testimonio de esta palabra. El Diccionario de Autoridades cita esta frase y dice que ((es voz inven- tada)); da el significado de "modo de locos", que no parece cunvenir con 10s siy- nificados cervantinos. En El rufian dichoso se habla de un ((romance jacaro)) del que dice Lagartija: que le iguaio y ie comparo al mejor que se ha compuesto; hecha de la hampa y el resto en estilo xaco y raro. Tiene vocahlos modemos de tal manera que encantan: unos bravos y otros tiernos; ya a los cielos se ievantan ya bajan a 10s infiemos. Lo curioso es que nada de esto es verdad: ni esta en jicara, ni tiene vocablos modernos, ni nada de nada, por mas que se trate de la muerte de un jaque. Junto a ella existian 10s cantares llamados 'populares' o 'tradicionales"', de 10s que Cervantes da sobradas muestras en muchas de sus obras, por poner algu- nos ejemplos: Niiia, la que esperas en reja o balcbn, advierte que vicne hi polido amor. (Pedro de Urdemalas) Madre, la mi madre, guardas me poneis, que si yo no me guardo No me guardarkis. (El celoso extcmcZo y La cntretenida) Pisare el polvico atan mcnudico, pisare el polv6 atan menudo. (La eleccion de los alcaldes) In Cita Tolnas Navarro Tomas a nuesiro autor hablando del perque, mencionando 10s ver- sos de El ruiiiin, pero curiosamente dice que empiera en una redondilla, lo que no cs cierto, sino que cornienra y acaba con un verso libre, como era tan~bien el uso de Lope de Vega. LENGUA Y LITERATURA EN CERVANTES Ando enamorado no dire de quikn, alla miran ojos donde quieren hicn. (Los bafios de Argel) A la guerra me llevd mi necesidad, si tuviera dincros, no fuera en verdad. (Quijote, II, XXVj No es de extraiiar, no solo porque es un recurso muy fiecuente en 10s autores e 10s Siglos de Oro -y aun antes-, sino porque, a partir de la irmpcion de lo opular en la vida cortesana, a partir de fines del siglo XV, estos cantarcillos abian adquirido una notacihn modelica, hasta el punto de que son citados como autoridad" por Covarrubias, como, por ejemplo, Voces dan en aquella sierra; lefiadores son que hacen lefiall. Hala gala del zagal, y de su madre donzelia, hala gala del y della12. Assomaos a esse huraco, cara de prata, corrert. yo el mi cavallo, la trapala trjpalai3. 0 10s sinfines que recoge Correas en sus libros. Claro es que algo similar habia ocurrido con 10s refranes, que ya en el siglo XV habian adquirido una cier- ta 'dignificacibn' literaiia - recordemos a1 rnarqnt-s de Sai~tillana -, y que en el siglo XVI habian tomado un mayor prestigio por influjo de Erasmo. Es evidente que no voy a poner ejemplos cervailtinos de 10s muchos refranes que recolren sus obras y que, como en el caso anterior, estan puestos de ejemplos en Valdes, en Covambias y, evidentemente, en Correas. En cuanto a las variables geogrificas y sociales, ya habl6 de ello en otra oca- sion, por lo que poco puedo afiadir a lo ya dicho. Solo hart. alyulas puntualiza- " S.v. IeEo: edirc el cantarcillo antigum, '* S.v, halagala ~~cantarcillo antiguon l3 Sv. tr$ala: ((Dire un cantaicico sayaguisn - No existia oficialmente una comunidad judia en epoca cervantina. Los con- versos, 10s cristianos nuevos, aparentemente se habian integrado en la comunidad general y procuraban, por la cuenta que les tenia, ocultar su origen. Por ello Cervantes solo hahla de la existencia de juderias en paises africanos en Los ban"os de A~gel y en La gran sultana. A 10s judios 10s cita cn varias ocasiones. Como nombre propio aparece un maleante denominado el Judo en Rinconete y Cortadillo, pero es sobre todo en las obras ambientadas en Africa donde aparecen como tales: asi ocurre en las dos obras citadas anteriormente. Curiosamente ambos personajes, que hablan en perfecto castellano lo qne no indica nada, pues tambien 10s musulmanes lo hablan14-, dicen Dio, como efectivamente decian y dicen los jndios espafioles'5. Creo que esta forma solo pudo conocerla Cervantes por el conocimiento directo de 10s judfos en Africa o en Italia. Totalmente distinta es la consideracion del mundo irabe cervantino, tanto y tan bien estudiado. En este colectivo se ahan el real y el mundo literario: el morisco como ser y como elemento literario. Es claro que sus afios de cautividad estin plasmados en diversas obras y episodios, tan conocidos. Es evidente tam- bien que 10s romances moriscos y las novelas moriscas estaban de modal6. Tambien el tema de la expulsion de 10s moriscos -que, no lo olvidernos, ocurri6 entre la primera y la segunda parte del Qnl~ote- afect6 de lleno a la sociedad de la epoca. De ahi el episodio de Rinconete, como es sabido. Seguramente Cervantes lleg6 a hahlar Qrabe en sus aiios de cautividad. De ahi su abundante empleo de arabismos, muchos de ellos glosados, lo qne indica que eran descono- cidos para la sociedad espaiiola. En otra ocasi6n hable de los arabismos del Qu+te, ahora me detendri en los de otras ohras. En Los bafios de Argel un guardiin dice que deben trabajar todos, ((ya pQpaz, ya caballero)). Esta voz, derivada o deformada de "papa", tenia el significado de 'sacerdote cristiano' en el norte de Africa. La recoge el Diccionario de Autoridadesl7 sin poner autoridad ninguna. En el CORDE solo tengo los siguien- tes testimonios: los cervantinos, varios de Alonso de Contreras18 y uno, tardio de 1701- de Juan de Villagutierre, que en su cronica de lndias dice itllevinoles el papaz o gran sacerdoten. La otra cita cervantina ocurre en la misma comedia: l4 Con las matizaciones que despds hark. l5 Coma exclamacihn +<par el Diow aparece en El casamienfo engalioso en boca de un alfirer. De todas formas, paece un dicho judeoespafiol: -Ninguna pena me dio esa falta -respondi6 el alferez- pues tambien podre decir: "Peushse don Simueque que me engafiaba con su hija la tuerta, y, por el Dio, contra- hecho soy de un lado. l6 De ahi que se insertcn episodios moriscos en novelas pastoriles -La Diana- o picares- cas El Gumin, Marcos de Obreg6n-. l7 "Nombre que dan en las Costas del Africa a 10s sacerdotes Christianos..~. Por cierto hasta la edicion de 1989 no se cambia el tiempo del vcrbo daral imperfecto. Quc, en una ocasion, lo glosa: <(el papar, que es el curan N~UA Y LITERATURA EN CERVANTPS Baja: ~Este es papaz? Sacristan: No soy Papa Sino un pobre sacristan Que apenas tuvo una capa. a glosa de Alonso de Contreras y cl no entender la palabra del sacristin pare- 'ndicar que no era voz conocida en la Peninsula'g. Sin embargo resulta sor- dente que el Diccionario de Autoridades la conozca cuando - que sepamos - e registra en vocabularies anteriores y no existe una documentacibn abundan- aro es que su aparicion en 1701 y en un imhito muy distinto del esperado Otros arabismos en la misma comedia son burche 'torre', voz qne solo regis- en el CORDE en 1581 en el memorial de Fr. Juan Gilzo y qne se conserva en toponimia de distintas zonas Boja, Morche (Malaga), etc.-, fende, "sefior", labra turca como formula de tratamiento de la que no hay mb testimonios21, chi 'sargento mayor de 10s jenizaros argelino~'~~, alguno glosado, como decia: i es cabo de escuadra/o alfirez)). Tambien hay arabismos, como era de r, en La gran sultana: <cy es el dia del xuma,/ que asi al viemes llama el ore)), o ccRustAn: A buscar un tarasilespafiol. Madrigal: iNo es sastre? Rustin: Tambit-n en otra obra ambientada en ~frica, en El amante liberal, aparecen abismos, muchos de ellos glosados: ccel cadi de esta ciudad, que es lo mismo e ser su obispon, ccpor baja, como 10s turcos llaman a sus virreyesn, ccentrb el auz que es como alguacil)), voz turca que nunca ha sido castellana como bien cen Corominas-PascualZ3-pese a que figure en el diccionario academic0 desde 884; cccarcajes, que asi se llanan las manillas en arabigon, arabismo de unica umentaciou; ccera chilibi, que quiere decir caballero)), tambien turquismo de ca documentacibn; cmn bajel de moros, que ellos llaman caramuzales)), o ccmosoliman, que quiere decir turcon24. Hay un arabismo, galinla 'botin', que aparece en tres ocasiones en Cervantes: en El trato de Argel, en Rinconete y en La espaiiola inglesa. En esta ultima es glo- sado: ccque con este no~nbre llaman ellos a 10s despojos que de 10s cristianos toman)). La linica docu~nentacion del CORDE es de Alonso de Contreras (1630-33) en obra tambiin relacionada con lo musulmAn. La ausencia de glosa l9 Sin descontar que pueda tratarse dc un mero juego de palabras. 20 Se hata de un cautivo preso en el burche dc Tortosa. 2' Efendi es mis tardia. 24 La primera documentacihn no es la cervantina, sino de Luis de Mirrnol Carvajal 24 Efectiva~nenle es forma de origen turco, pues la voz 'musulmin' es de inlroduccibn culta y tardia, vid Corominas-Pascual. cn tres de 10s cuatro ejemplos podria md~car que era arablsmo conocido de muchos espafioles que por unas causar o por otras habian estado o cstaban en contacto con cl mundo musulman. Muy intercsante es que en Los bafios de Argel salgan unos "muchachos mori- 110s" que hablan con infinitive: iRapaz cristiano non rccatar, non fugir; don Juan no venir; aca morir, perro, aci morir! Que es la unica ocasion en que algun moro no habla en 'correct0 espafiol'. Hace ya afios, Gehman (1982)*5 estudio presuntos arabismos sinticticos en el enlpleo de 10s pronombres relativos en Cervantes; a mi mado de ver sus ejemplos pertenecen al uso nonnal del espaiiol, coino, por ejemplo, en la frase (cuna insula que hasta agora la esperoi) (Q. I1,II) En otra ocasion hablt- de 10s italianismos y del habla de negros. Quisiera ahora hacer unas precisiones sobre ello. En El laberinto de arnorunos ccestudiantes capi- gorristas)), intentan quedarse con la gente bien hablando de forma ccmuy culta))26, bien cn un italiano maca~~bnico: Signori, me recornando y a la corona me llamo. Y a revederci altra volta, dove tinitemo el resto, or non piu, visogna presto fugire de qui si alcolta. Sabido es que muchos de los italianismos que entraron cn 10s Siglos de Oro se debieron a 10s soldados que lucharon cn las guerl-as de Italia. Nos lo recuerda Cervantes: Sonibale bien aquel ecco li buom' palostri, picioni, presuto et salcicie con otros nombres de este jaez, de quien 10s soldados se acuerdan cuando de aquellas panes vienen a estas (La firerza dc la sangrcj27. 25 H.S. Gelrman: "Arabic Svntax of the raltive uronoun in Poerna dc Mio Cid and uljote", HR, L, 1982, 53-60. "26 <(Diganus, aentilhombrc/ asi la diosa verecundiaireciuroaue su nombrei v el blanco - - . . pccho de tremante enjundial soborne el confornino:/ ja d6nde va, si sabe, esle camino?~. 27 ltalianismo de la epoca es, sin duda, 'salchicha'. LAS TRADICIONES DISCURSIVAS EN LA HTSTORIOGRAFIA LWGUISTICA ... ricos -que formaban parte, a su vez, de tradiciones discursivas determinadas-, cuya incidencia en la prictica de la escritura analiza. Asi, ademas de evocar las clasificaciones tripartitas de tipos de discurso que Gorgias de Leontino y Anaximenes de Lampsaco habian estahlecido con anterioridad a la taxonomia aristotilica, fundamentada no solo en el discurso, sino tamhien en las condicio- nes de enunciacion y, par tanto, pragmitica avant la leftre, recuerda de que modo se repartian la dialictica, la retbrica y la gramatica el dominio de la reflexion lin- giiistica, para recalar, finalmente, en la abundante informacion que la ars rhetori- ca medieval y siglodoresca -enriquecida durante la Edad Media por la ars dicta- minis y la ars praedicandi- proporciona en relacion con el tema de nuestra mesa redonda -distincion de 10s genera causis (forense, deliberative y epideictico); diferenciacion, en el capitulo de la elocutio, de 10s tres estilos grave, medio y h~unilde, cuya elecci6n estaba motivada par el contenido del discurso; periodos oracionales que convienen a los distintos generos discursivos- y concluir ofre- ciendo un ejemplo practice, hasado en un anilisis comparativo entre el tratado Vi~tuosas e Claras mugeres, de don ~lvaro de Luna y las fuentes que le sirven de modelo, de como el cambio de genero discursivo podia determinar la caracteriza- cion sintactica de un texto medieval. El tercer trabajo, de Martha Guzmin Riveron, trata de mostrar en que medida el concepto de tradiciones discursivas (TD) resulta imprescindihle para enfrentar- se a1 estudio de la historia del espafiol en Amirica, llamando la atenciou sobre las consecuencias negativas de una mala tipologizacion de 10s documentos que se manejan como fuentes para este estudio. En opinion de esta autora, en 10s esiu- dios diacr6nicos, el acercamiento a traves de las TD ((permite situar a1 texto, en tanto que context0 de 10s fenomenos que analizamos, dentro de una tradition tex- tual, lo que posibilita apreciar con mayor claridad tanto la repetition de elemen- tos lingiiisticos de epocas anteriores como las innovaciones, y por consiguiente, poder calibrar las apariciones y apreciar mejor 10s camhios)). Para la profesora Guzmin, el reconocimiento de la importancia del caracter suprarregional de las TD, en el sentido de que ((no tienen por que, y de hecho no suelen, estar circuns- critas a una comunidad lingiiistica)), resulta crucial a la hora de relativizar, tanto temporal como espacialmente, la representatividad lingiiistica de 10s documentos americanos coma fuentes de datos para el esiudio del espafiol, no en Amhica, sino de America; temporalmente, en primer lugar, porque 10s <(textos no solo estan relacionados con tradiciones muy anteriores a1 momento en el que fueron concebidos, sino que ademis se caracterizan por un alto grado de conservaduris- mo e inflexihilidad textual, por lo que su production viene muchas veces formal- mente pautada de antemano por individuos o instituciones)); espacialmente, por el hecho de que las TD no estin circunscritas a una determinada region. La rele- vancia de estas obscrvaciones para cualquier esiudio lingiiistico historic0 -no solo para la historia del espafiol americano, sobre cuyas TD caracteristicas Guzman proporciona toda suerte de utilisimos datos- salta a la vista. La cuarta y ultima contribucion a esta mesa redonda, firmada por Daniel Saez Rivera, comienza con una aproximacion al concepto de tradici611 discursiva, en la que rastrea las diferentes definiciones y forn~ulaciones que ofrecen distintos 54 ARACELI LOPEZ SERENA (coord) autores adscritos, en mayor o menor medida, a la que hemos denominado lingiiis- tica de las variedades alemana, y que vienen a complementar la definition del concept0 que ya proposcionaba Martha Guzman en su intervencibn. Aunque tarn- hien se vislumhra la posihilidad de estudiar ~los mismos textos historiogr;ificos como tradiciones discursivam, el objetivo principal de este trabajo es, sin emhar- go, la explotacion de ((textos historiogrificos (gramaticas, diccionarios y otros muchos gkneros de reflexion lingiiistica) como fuente para el estudio de las tra- diciones discursivas de la historia de la lengua de espafiola),, sobre todo en lo que concieme a1 ((reflejo y comentario explicit0 en textos historiogrificos de caracte- risticas de las tradiciones discursivas del espaiiol)), par ejemplo mediante la asig- nacibn, en textos lexicogrificos, a determinadas palahras de ((marcas diasistemi- ticas mas o menos formalizadas y normalizadas que consignan eel arnhito discur- sivo o de lenguaje de especialidad)) en que se emplean. De forma seminal, el pro- pio Saez analiza, en este sentido, textos de la Real Academia, del Arte de la len- gua espafiola (1651) del padre Villar, de la gramatica que John Stevens adjunto a su diccionario de 1706 y de la Nouvelle Grammaire Espagnole (1714) de I'Ahh6 Jean de Vayrac, capellin de Felipe V. Se trata, en definitiva, de cuatro trahajos realizados desde enfoques muy divessos -aunque apoyados en una bihliografia parcialmente coincidente, par lo que esta se ofrece de forma unificada a1 final de las cuatro contribuciones-, con cuya conjuncibn se pretendja poner a pnleha la rentahilidad de 10s conceptos de tipologias textuales y tradiciones discursivas para 10s esttidios historicos e histo- riogrificos del espafiol, con el aliciente de abordar las cuestiones que planteaba- mas al principio desde perspectivas tan dispares coma la moderna lingiiistica tex- tual formalists, la retorica clasica, medieval y siglodoresca, la historia del espa- fiol medieval y clbico, la historia del espafiol en Amhica y la historiografia lin- giiistica secentista y setecentista. Aunque la letra impresa tiene el inconveniente de velar a1 lector la fmctifera confrontaci6n de ideas que surgio de esta mesa redonda, confiamos en que de su propio contraste de las cuatro contrihuciones a las que damos ya paso afloren las rnismas preguntas que nos hicimos nosotros en su momento. LAS TIPOLOG~AS TEXTUALES EN LA LWGU~STICA CONTEMPOR~LNEA: QUE SE HA HECHO Y QUE QUEDA POR HACER MARGARITA BORREGUERO ZULOACA Universidad Complutense de Madrid Parece ser que la necesidad de establecer tipologias y clasificaciones es inhe- ente a la forma que tiene el pensamiento humano de acercarse a la realidad, omo bien han demostrado las teorias cognitivas (Calsamiglia y Tuson 1999: 51; cf. Kleiber 1988 y Cuenca y Hilferty 2000: 31-65, para una vision de con- unto del problema de la categorizacibn en imbito cognitivo). En este acerca- iento, necesitamos analizar lo que se nos presenta como un continuo en unida- es, fragmentando el continuo, clasificando dichas unidades y adjudicandoles na etiqueta que permita su mas facil categorization cognitiva. Sin embargo, las tipologias son un arma de doble filo, porque si, por una parte, ermiten una mejor comprension de la realidad, por otra, pueden ofrecer una ision excesivamente simplista o deformada de la misma. Esto ocurre con espe- ial frecuencia cuando se hata de imponer un esquema taxonomico importado de tro campo de experiencia a un conjunto de entidades. Uno de 10s problemas que se plantean a la hora de establecer una tipologia es 1 de decidir si sus tipos tienen validez universal o si estan circunscritos a deter- inadas situaciones socioculturales. En el caso de la tipologia textual, 6sta debe- tener entre sus objetivos la identification de aquellas formas de comunicacibn 'versales que se corresponden con las necesidades que tienen todos 10s seres umanos de explicar el mundo, de transmitir valores y creencias, de interactuar on sus semejantes; es decir, la tipologia textual debe identificar las tendencias egulares en 10s comportamientos discursivos, atendiendo precisamente a aquello ue tienen de comun y universal. En este trabajo ofrecemos un ripido recorrido por las distintas aproximacio- nes realizadas desde el hbito de la lingiiistica textual contemporhea a1 proble- ma de la tipologia discursiva, sin ninguna pretension de ser exhaustivos, ni siquiera de comentar 10s trabajos mas relevantes en este campo. El objetivo fun- damental es proporcionar a la discusion que nos ocupa un marco tebrico, esboza- do a grandes rasgos, que constituya un punto de referencia, que permita tener una vision global de 10s avances de la lingiiistica textual en esta espinosa cuestion. Nos ban interesado fundamentalmente las propuestas de amplio alcance, cuyo objetivo es establecer una base de tipologizacion para el conjunto global de 10s textos, mas que analizar las peculiaridades lingiiisticas de un tip0 de texto con- creto. Esto explica que en la bibliografia no se encuentren referencias a estudios conocidos e influyentes, pero limitados a analizar exclusivamente las caracteris- ticas de 10s textos narrativos, descriptivos o argumentativos. Sin embargo, este recorrido debe servir simplemente como punto de partida para una reflexion mas amplia acerca de la necesidad y la utilidad' para 10s estu- dios lingiiisticos, tanto en sincronia como en diacronia, de contar con una tipolo- gia textual. Una observacibn siquiera superficial permite advertir que la investi- gaci6n histhco-lingiiistica demanda una clasificacion que atienda a parametros bien diversos de 10s que requieren 10s estudios analitico-discursivos, especial- mente 10s que tienen objetivos didacticos mas claros (Aznar, Cros y Quintana 1995; Bustos Gisbert 1996; Alvarez Angulo 2001). De ahi que no resulte facil proponer una tipologia textual util y vilida para cualquier tip0 de aproximacion lingiiistica, teniendo en cuenta ademas que cualquier propuesta tipologica presu- pone un determinado concepto de texto, concepto sobre el que tampoco se ha alcanzado un consenso suficiente hasta abora (Bertinetto 1979; Dimter 1981). Ante la variedad de planteamientos y la consiguiente complejidad del panora- ma actual, necesitamos una vez mas comenzar con algunas aclaraciones termino- logicas, que nos servirin a la vez de pretext0 para presentar sucintamente 10s antecedentes del problema tipologico en periodos muy anteriores a1 nacimiento de la lingiiistica textual en sentido estricto y de guia a las primeras propuestas esbozadas par 10s fundadores de esta ultima disciplina. 1. Aclaraciones terminoldgicas: generos discursivos, clases de textos y tipos de textos I. 1. Generos discursivos El tennino gknero, y el concepto de genera discursivo que designa, es, sin duda, el mb antiguo, ya que se remonta a la clasificacihn que Aristoteles hace en su Retdrica de 10s discursos de la oratoria publica: forenses o juridicos, delibera- tivos o politicos y epedeicticos o de ocasion. Sabemos que tal clasificacion se fundamenta en una sene de criterios pragmaticos: a quien iban destinados 10s dis- cursos, sobre que trataban, cuil era su finalidad, y si versaban sobre el pasado, el futuro o el presente. Por tanto, la clasificacion se hace atendiendo de modo parti- cular a la situacibn comunicativa y a su funcion en la vida publica. Los argumentos que se aducen con mas frecuencia para defender la utilidad de la tipo- logias textuales hacen referencia a1 papel que pueden jugar en el analisis de textos concretos en la validacihn de modelos analiticos tehricos y en la cuestihn de la intertextualidad (Isenberg 1987[1983]: 891). LAS TIPOLOG~AS TEXTUALES EN LA LTNGUISTICA CONTEMPOR~LNEA 57 Como es bien sabido, tras el periodo de auge de la Retorica en la Antigiiedad griega y romana, durante la Edad Media, con la desaparicion de un sistema socio- politico que favorecia la libre expresion publica, la ret6rica qued6 reducida prk- ticamente a su parte elocutiva y era aplicada exclusivamente a! texto escrito y a1 discurso religioso. Se produce, pnes, un desplazamiento de toda la amazon teb- rica de la ciencia retbrica hacia la practica literaria. En este nuevo context0 de produccihn discursiva se afiaden a la lista de gineros el sermon, la carta y el texto literario, cuya construcci6n queda reglamentada en las arfespraedicandi, dictami- nis y poeticae, respectivamente. A pesar de las evidentes diferencias en la funcion y en la consideracibn social del arte retorica en la Antiguedad y en la Edad Media, la clasificacion tip6logica tiene en ambos periodos una finalidad fundamentalmente prescriptiva. ~Los generos se entienden como tipos ideales y ejemplares: funcionan como modelos o pautas del buen decirn (Loureda 2004: 785). La proyeccion de la clasificacibn en generos, desde la epoca medieval, a 10s textos literarios ha sido un factor detenninante para su posterior anilisis; de ahi que el termino genero haya mantenido su primacia en el ambito literario y teori- co-literario. En palabras de Garcia Bessio y Huerta Calvo (1992: 11): ((el esque- ma de 10s gheros como paradigma de las clases de textos o de las modalidades del discurso literario fue fundacional en la cultura literaria)). En efecto, se esta- blecieron tres gineros literarios principales: el lirico, el epico-nairativo y el dra- matic~, a1 que se aiiadira a partir del s. XVII el ensayistico. Por supuesto, cada uno de estos generos se divide a su vez en una multitud de subgineros (cf. Garcia Berrio y Huerta Calvo 1992). Algunos estudiosos, como Bajtin, han propuesto la ampliacion de esta taxo- nomia basica para abarcar otros gineros discursivos. Para Bajtin 10s generos dis- cursivos estan detenninados por las esferas de la actividad hnmana en la que se ubican y par la fimcion que desempefian en dicha esfera, y 10s subgineros no son sino diferentes estilos lin@isticos dentro de cada genero. En sus palabras, 10s generos son ((tipos tematicos, composicionales y estilisticos de enunciados deter- minados y relativamente estables)) (Bajtin 1979 [1982: 2521). Desde esta perspectiva, el genero primario es la conversaci6n y todas las pro- ducciones discursivas que requieren una elaboraci6n diversa, artificial en palabras de Bajtin, son consideradas generos secundarios. Sin embargo, este estudioso, siguiendo la tradici6u aristotilica, mantiene que en todos 10s casos la fimcion y la situaci6n comunicativa constituyen los factores detenninantes para la adoption de un genero discursivo concreto. Otra reflexion interesante del pensador luso con- cieme a1 proceso de aprendizaje lingiiistico, que no se lilnita a la adquisicion de elementos gramaticales, sino a reconocer y a usar 10s gineros discursivos en rela- cion con cada esfera de actividad. Cuanto mayor sea nuestro dominio de las tecni- cas de composicion y funcionamiento de 10s diversos gt-neros discursivos, tanto mayor sera la destreza con que expresaremos nuestra intencibn comunicativa. El termino gbnero ha tenido asimismo especial &xito en el campo de la etno- grafia, la antropologia y 10s estudios sohre el folklore, y desde aqui ha ampliado su aplicacion a las manifestaciones musicales, cinematograficas, radiofonicas y televisivas, de mod0 que hoy hahlamos de generos musicales o decimos que el cine negro es un gt-nero. En estos nuevos imbitos disciplinares 10s criterios pri- mordiales para estahlecer 10s diversos generos han seguido siendo 10s temas tra- tados y las funciones sociales realizadas, per0 complementados por consideracio- nes sobre la organizacion estmctural. Una de las contribuciones mas importante de 10s estudios etnograficos ha sido la inclusion como genero discursivo de las manifestaciones orales, de origen popular y no institucionalizadas. Ha sido en este campo donde se ha conseguido una definition mas exhaustiva de ginero, concebido como la comhinacibn com- pleja de una sene de factores pragmiticos, temiticos y fonnales: situacion, parti- cipantes, finalidades o funciones, organizaci6n estructural, participacion de ele- mentos no verhales, normas de interaceion, etc. En palabras de Duranti (1992: 64): ccpor genero, se entiende un tip0 de unidad de discurso con particulares caractensticas formales y de contenidon. A Maingueneau debemos la definicibn mis amplia de genero discursivo en tanto que dispositivo de comunicacion socio-histbricamente definido, actividades ritualizadas que se conforman a una serie de reglas y restricciones, como el esta- tus de 10s enunciadores, las circunstancias temporales y locales de la enunciacibn, el soporte y mod0 de difusion, 10s temas que tratan, el mod0 de organizacibn, etc. (Maingueneau 1996: 44) Otras definiciones interesantes son las de I-Ianlcs (1987), por una parte, y Giinther y Knoblauch, por otra. El estudioso americano ha definido 10s gineros discursivos como ((marcos orientativos, procedimientos interpretativos y conjnn- to de expectativas que no fonnan parte de la estmctura discursiva, per0 que for- man parte de las maneras en que 10s actores se relacionan con las lenguas y la usan)). Para Giinther y Knoblauch (1995: 8) son usoluciones complejas, historica y cdturalmente estahlecidas y premodeladas para problemas comunicativos recu- rrentesx (ambos citados en Calsamiglia y Tuson 1999). Desde una perspectiva etnografica, estos autores distinguen tres niveles que configuran el patron comu- nicativo generico: -el nivel de la estmctura intema, es decir, 10s tipos de rasgos verbales y para- verhales que caracterizan 10s textos pertenecientes a un genero discursivo; el nivel de la situacion comunicativa o contexto interactivo (formulas ritua- les, organizacion interactiva, factores de la situacion comunicativa); - el nivel de la estructura extema, que engloha 10s tipos de imhitos comuni- cativos, el tip0 de actores y 10s requisitos que deben cumplir, la adecua- cion a1 contexto institutional. Conocer 10s generos en que se estructura la vida de una comunidad orienta a 10s receptores en su actividad interpretativa, limitando las posibilidades y ayu- dandoles a conformar expectativas y a extraer inferencias. LAS TIPOLOG~S TEXTUALES EN LA LING~~~STICA CONTEMPOR~EA 5 Por ultimo, el tkrmino de genel-o discursive ha vuelto a aparecer en relacion con las producciones discursivas que han surgido del empleo de las nuevas tipo- logias (Lopez Alonso y Sere 2003) 1.2. Cla..re.r de textos De 10s tres terminos que analizamos en este trabajo, el tkrmino clase de texto o clase textual es sin duda el que menor reconocimiento tiene como designacion teorica en la bibliografia especializada. Sin embargo, fue el termino empleado en 10s primeros trabajos realizados en el ambito de la lingiiistica textual. Asi, el pio- nero articulo de Peter Hartmann, que puede considerarse con toda justicia el padre de la Textlingujstik alemana, a pesar del olvido en que hoy ban caido sus trabajos, tenia por titulo ((Text, Texte, Klassen von Texten)) (Hartmann 1964). No es este el lugar para analizar detalladamente las contribuciones de 10s nume- rosos estudiosos que formaron parte de la llamada Textlinguistik alemana (para una panoramica, cf. Borreguero 2006), pero si queremos reconocer a Hartmann el meri- to de haber sido el primer0 en este context0 en sefialar la centralidad del texto como unidad del analisis linguistico. Su interes por dotar a la teoria de la literatura de una base empirica le conduce inevitablemente a considerar el texto como 6nico objeto de estudio empiricamente accesible. En este marco se inclnye la refomulaciirn de las tradicionales clasificaciones genkricas de 10s textos literarios en una tipologia sistematica de clases textuales. Los textos, en su enorme variedad formal, son con- cebidos colno variantes que se generan en el proceso de textualizacion a partir de un reducido nivnero de bases textuales o constantes tipologicas. Pero, mas alla de la variedad formal, la diversidad textual respoude a las posi- bilidades de organization de 10s constituyentes textuales, es decir, a 10s recursos de textualizacion con 10s que cuenta una lengua. En efecto, el medio, la intencion comunicativa y el tip0 de information transmitida determinan la configuraci6n de la clase textual. En este punto se hace inevitable la consideration de que una tipo- logia discursiva no puede llevarse a cabo desde una perspectiva exclusivamente lin- guistica, sino que necesita de la colaboracibn interdisciplinar. Con esta reflexion, Harhnann se sitka como un autkntico pionero de 10s estudios de semiotics lingiiis- tica, adelantandose en varias decadas a las propuestas tipologicas mas recientes. La desvalorizacion del termino clase textual hay que atribuirsela a Horst Isenberg, estudioso de la Deutsche Akademie der Wissenschafien de Berlin en la antigua RDA, quien se ha ocupado de forma especial de 10s problemas que plan- tea una tipologia textual en el marco de 10s estudios lingiiistico-textuales desarro- llados durante la decada de 10s ochenta. Segh Isenberg (1983), la clase de texto es una designacion vaga e intuitiva para un conjunto de producciones linguisticas cuyas caracteristicas pueden fijarse par la descripcion de determinadas propieda- des que no tienen necesariamente estatus teorico (p. ej. un telegrams es una clase de texto con abundancia de signos de puntuacion y elementos nominales). No todas las clases de texto aportan distinciones relevantes lingiiisticamente. Por tanto, las tipologias textuales deben formar parte de una teoria textual y deben desarrollarse con independencia de las clases de textos (heterogeneas y parciales), ya que existen tipos textuales que no tienen un tirmino que 10s desig- ne de forma intuitiva. A partir de este momento, la mayoria de 10s estudiosos en ambito lingiiistico otorgari preferencia al tbrmino de tip0 de texto. 1.3. [email protected] de Textus El termino de tip0 de texto es mucho mas reciente y, como hemos adelanta- do, se consolida en el ambito de la nueva disciplina que se perfila, desde 10s aiios sesenta, en diversos centros universitarios y de investigation en Alemania e Inglaterra, pronto conocida como lingiiistica textual (Textlingaistik o Text Linguistics). A pesar de la cantidad y la calidad de 10s trabajos elaborados en este ambito, que plasman interesantisimas reflexiones sobre la constitution intema de 10s tex- tos, su funcion social y 10s procesos de su generacion e interpretation, la cuestion de la tipologia discursiva ha sido para estos estudiosos una cuestion secundaria y algo marginal. De hecho, si exceptuamos algunas publicaciones aisladas, como las actas del congreso sobre Textsorten que Giilich y Raible organizaron en la Universidad de Bielefeld (Gulich y Raible 1972) y 10s trabajos de Isenberg, no encontramos mnchas mas publicaciones dedicadas a este tema. Ha sido en ambito anglosajon y en estrecha vinculacion con 10s problemas que planteaba la distincion entre discurso oral y discurso escrito y todas sus posibles variantes intermedias donde 10s estudios sobre tipologia textual han conocido un mayor desarrollo (de Beaugrande y Dressler 1979; Smith 1985; Biber 1988, 1989, 1994), propagando 10s terminos text type y type of discourse, que poste- riormente tomaron 10s franceses para hablar de types de discours (Petitjean 1989) o types de textes (Adam 1989, 1992, entre otros). Por tanto, el tbrmino tipo de texto es el que ha alcanzado mayor difusion y consenso en las ultimas dbcadas y el que utilizaremos de ahora en adelante en este trabajo. Con tipo de texto se designa desde un punto de vista teorico una catego- ria, una forma especifica de texto que se enmarca dentro de un sistema coheren- te. Todos 10s tipos de texto son clases de texto, pero no a la inversa. 2. Requisitos para una tipologia textual: jmonotipia o secuencia prototipica? Todos 10s autores estan de acnerdo en que hablar de una tipologia lingiiistica del texto, satisfactoria desde una perspectiva teorica, sigue siendo un desideratum (Isenberg 1987[1983]: 95]), pero a la vez sefialan que se trata de una de las tare- as mb importantes y necesarias de la lingiiistica textual. AS TPOLOG~AS TEXTUALES EN LA LINGu~STICA CONTEMPORANEA Parece claro que la estructnra de 10s discursos no es alga que el individuo ela- ore en cada acto de produccih, sino que es un esquema que le viene impuesto que rellena de contenido semintico plasmado en 10s enunciados ajnstados a1 exto (~lvarez Angulo 2001: 975). Todos 10s estudiosos concuerdan en que 10s de textos no son universales, sino historicos o culturales, por tanto, especi- ficos de una determinada cultura, responden a tradiciones particulares de las comunidades de habla. Siguiendo a Isenberg (1983), podemos seiialar como principales defectos de las tipologias propuestas 10s siguientes: 1) Las tipologias se conciben como yuxtaposicion de tipos de textos, no se concihen como una estmctura interna articulada. 2) La mayoria de 10s estudios tipologico-discursivos se limitan a plantear una propuesta de clasificacion seleccionado un conjunto de criterios como parimetros que guian la tipologia propuesta. 3) Los criterios han sido muy variados: - cnterios funcionales (Grosse 1976; Longacre y Levinsohn 1978) - criterios enunciativos (Si~nonin-Gmmbach 1975; Bronckart 1985) - criterios cognitivos (Werlich 1975; Corier 1999) - criterios estmcturales (van Dijk 1972, 1977) - criterios linguisticos (Biber 1988, 1989) - criterios de praxis interactiva (Gulich 1986) - criterios de progresion tematica (articulacion informativa) (Danes 1974; Bustos Gisbert 1996, 2001) 4) Se han seguido fundamentalmente dos procedimientos: )) a partir de las clases de textos establecidas de forma intuitiva, se propo- ne un inventario de rasgos para cada una de las clases (Sandig 1972); )> a partir de conjuntos de caracteristicas jerirquicamente organizadas pero de indole diversa (forma, temlitica, medio de plasmacion del producto tex- tual), se distinguen tipos textuales atendiendo a las posibles combinacio- nes de estas caracteristicas y a la actualizaci6n de dichas comhinaciones en un discurso concreto; una version simplificada de este ultimo procedi- miento es la que parte de las caracteristicas aisladas, sin una orgauizacion jerarquica previa, y determina 10s tipos textuales por simple combinacion de las mismas (Levinsohn y Longacre 1978). En este interesante trabajo, Isenberg define con claridad 10s presupuestos metodol6gicos para la constmccion de las tipologias textuales. Seg6n este estu- dioso, las tipologias deben tener una estructura Iogica cuyos principales compo- nentes son: 1) un campo de aplicacion determinado; 2) una base de tipologizacihn o critesio para diferenciar 10s tipos; 3) una especificacion o description de todas las regularidades textuales especificas de un tip0 y solo de ese tipo; 4) un conjun- to limitado de tipos textuales y 5) unos principios de aplicacion que permitan relacionar 10s tipos con 10s textos concretos. Una tipologia construida logicamente debe satisfacer ademis una serie de requisitos, que sirven a1 mismo tiempo de criterios de valoracion: I) homogeneidad o base de tipologizacion unitana sobre la que definir todos 10s tipos de texto. No pueden emplearse varios criterios para distinguir tipos de una misma tipologia; 2) no ambigiiedad: un mismo texto no debe poder clasificarse en diversos tipos segh la propiedad a la que se atienda; 3) exhaustividad: abarcar todos 10s textos del campo de aplicacion; 4 ) monotipia: un texto solo puede ser clasificado dentro de un tip0 de texto. Ha sido, sin duda, este ultimo requisito el que ha protagonizado la polCmica que surgi6 en 10s afios noventa acerca la concepcion del texto como una entidad monolitica o como una composicion de unidades inferiores alas que se podia atri- buir propiedades tipologicas. En este punto fue pionera la contribucion de Werlich (1975, 1976). Este autor combina 10s modos cognitivos de abordar la realidad con 10s modos lingiiisticos de representar la realidad y afirma que 10s tipos textuales no so10 se correlacionan con 10s objetos y sucesos del mundo extemo mediatizado por el lenguaje, sino tambikn con 10s procesos innatos de categorization del conocimiento humano o del pensar humano. El concepto central de su propuesta es la base textual, conjunto de palabras u oraciones desplegadas a lo largo del texto en forma de secuencias. Las bases tex- tuales se reducen a cinco modelos: base narrativa, base descriptiva, base expositi- va, base argumentativa y base directiva. Como veremos, estas bases textuales que se organizan en secuencias fueron posteriormente recogidas por el lingiiista suizo Jean-Michel Adam, actualmente el mejor exponente del modelo secuencial. Para dar una solucion que respetase el requisito de la monotipia, Werlich formula el concepto de focus contextual, segun el cual todo texto se caracteriza por una orga- nizacion temitica focal. Esto no impide que un texto pueda contener secuencias tipolbgicamente diferentes, pero kstas deben estar organizadas jerirquicamente Sin embargo, esta propuesta no estaba exenta de problemas, ya que plantea el llamado 'dilema tipologico', que tiene lugar cuando encontramos textos con diversas funciones predominantes. Considerar las funciones de cada secuencia en condiciones de equipotencia supone renunciar a la monotipia, per0 organizarlas jerarquicameilte implica la violaci6n de otro de 10s requisitos: a cada jerarquia de funciones le corresponde un tipo de texto, con lo cual estamos admitiendo la exis- tencia de un conjunto ilimitado, potencialmente infinito, de tipos textuales. Jean Michel Adam (1987a, 1987b, 1992), inspirandose en la propuesta de Werlich, per0 refutando sus escnipulos monotipicos, concibe el texto como un conjunto de secuencias heterogheas y, por tanto, considera una simplificacibn clasificar el texto en un unico tipo. Sin embargo, tampoco le parece Gtil atribuir 2. Las aproximaciones a la tipologia textual en /de la diacronia son realmente deficitarias: si Vilamovo& Shchez (1992: 16-21) sefialaban 10s ocho puntos de carencias caracteristicas propuestas hasta ahora en la tipologia textual sincronica, Mariinon (2005: 1022) afiadia una mas: ((la casi total ausencia de estudios histo- ricos en la investigacion sobre tipos de textosn; ni hay categorizaciones actuales que se hayan probado en diacronia (excepcion hecha de la clasificaci6n de mues- tras de escrituralizacion o passage a II'crit en lenguas romanicas de Koch 1993), ni hay apenas acercamientos a c6mo se dividian 10s textos en otras sincronias dis- tintas de la actual. Si es, sin embargo, bastante comun (casi un t6pico) que 10s trabajos sobre tipologizacihn textual mencionen la triparticion de genera causis aristotelicos como precedente necesario, muestra pasada del paradigmatico inter& histdrico por este asunto. Pues bien, hay que matizar notablemente la trascendencia y la capacidad explicativa dc ese precedente de la tradicion griega. Ya en Roma el propio discuiso jul-idico admite el debate de cuestiones de tipo general, y en la Edad Media rominica, la Retorica de 10s tratados y las escuelas sigue ensefiando que hay, en efecto, tres generos de causa, pero la division esti absolutamente des- fasada. La inodalidad de discurso epideictico o panegirico se mantiene e influye notablemente en la poesia medieval; la configuration del discurso politico ali- mentari mQ bien la creaci0n de discursos, textos o partes de textos argumentati- vos o suasorios, en tanto que la modalidad de discurso forense queda en general olvido4. Parece diluida, por tanto, la efectividad de la vieja division aristotklica; y no solo diluida, tambien distorsionada: por encima del agostamiento de esa tri- particion tradicional, tiene lugar una modificacihn en 10s propios cimientos del Ars rhetorics, que de ser una doctrina concebida para alimentar discursos medial- lnente orales da en ser un sistema desde el que generar escritos, un mktodo para la composici6n de discursos. Otras artes surgidas durante la Edad Media y des- conocidas en la Antigiiedad emiquecen la &adici6n retorica: ars dictaminis y ars praedicandi (esta recuperando el medio oral en la prictica discursiva) configuran nuevos ambitos de actuation para la Retbrica, y, por consiguiente, nuevos mol- des de creacion textual y codificaci6n preceptiva. 3. Menos anclada en la repeticibn inamovible de la doctrina clasica heredada es la infosmaci6n que aparece en las retoricas sobre 10s tres estilos de 10s discur- sos. Esta teoria de 10s tres estilos se hansmitio desde la Antigiiedad en la cklebre iinagen de la rota Virgilii: el estilo grave se vincula a1 noble y a la Eneida, el esti- lo medio a1 agricultor y a las Georgicas y el estilo humilde al pastor, las Bucolicas. San Agustin la adapt0 acomodandola a 10s tres objetivos del predica- dor, en consonancia con su caracter de Cicerdn cristiano: el estilo bajo (submis- Aunque, como afirman Hernandez Guerrero&Garcia Tejera (1994: 83): i<[L]a herencia ret6rica varia en cada pais (...) en Italia -donde cl estudio del Derecho iba unido a los de Grarnatica y Retorica -no ileg6 a perderse el 'estilo forense', mientras que las poeticas france- sas apenas se hicieron eco de Ci durante 10s siglos XI1 y XIIID. BTORICA Y TRADICIONES OISCURSIVAS se dicere) se aconsejaba para enscfiar; el estilo mediocre (temperate dicere), para alabanza, y el estilo sublime (granditer dicere), para reprender y exhortar a1 bien. La separacibn de estos tres estilos es fundamentalmente contenidista: el conteni- do del discurso motivaria la eleccion de su estilo (de ahi la profunda critica a Gongora, que rompe en sus Soledades la adscripcion estilistica esperable), par lo que se conciben tipos textuales habitualmente ligados a un estilo sublime, medio o humilde. En De imitatione, el sevillano Sebastian Fox Morcillo (1554) mencio- na 10s estilos propios de la historia, la filosofia, la comedia ... y lo hace a1 repasar la aplicabilidad de 10s tres estilos: Haec igitur est, uti ego quidcm iudico, communis imitandi ratio: ut cum hiplex dicendi sit genus, ah entditis viris invenkun et excultum, unum humile quale est illud cpistolarum et comoediae; alterum mehocre, quale historiae et disputationurn philosophica~um; tertium sublime, quale orationum et declamationum; ita siquis alterius stylum aple imitai velit, imprimis naturam suhiectae I-ei debeat ohservare. Tum ad eam dicendi formam ipsam adhibere, hoc est, moderatis quidem rebus, quae nec vulgariter nec concitate tractandae sint, mediocrem acconlmodare oratio- nem; vulgarihus ut epistolis familiaribus, aut colloquiis humilem; gravibus vehe- mentem. [Entonces, Cste es, ami entender, el procedimiento comun para imitar: igual que hay tres generos de decir trazados y cultivados por 10s eruditos, uno humilde (el de las cartas y las comedias), oho medio (el de la historia y la tilosofia) y otro sublime (el de 10s discursos y declamaciones), si se quiere imitar correctanentc el estilo ajeno, se debera obselvar ante todo la naturaleza del asunto propuesto y a ella se aplicara esa misma forma de decir. Es decir, a las cosas moderadas, que no sc han de hatar ni con vulgaridad ni con violencia, sc acomoda el estilo medio; a las vulgares, como cartas familiares y coloquios, el humilde; alas elevadas, el vehementel5. NOS encontramos con muchas caracterizaciones de este tipo, de notable inte- ris para la descripcibn bistorica de 10s tipos de texto en espaiiol. Las fuentes de information serh sobre todo textos adaptados a1 ambito escolar, retbricas comentadas o manuales de retorica especifica (predication, escritura de cartas). No faltan sorpresas: un texto como el Epitome de la elocuencia espafiola (1692) de Francisco de Artiga, denostado por Menendez Pelayo y arrinconado por la cri- tics posterior, nos brinda, en un momento de retorica restringida (Genette 1970) dentro del apartado de la elocutio, (<la descripcion de los tipos posibles de discur- sos (en una evidente ampliacion de la retorica tradicional) y de las partes del mismo,) (Garcia Rodriguez 2000: 127). Segun Artigas: ctA este ajuntamiel?to lla- man ioracion, tan por extenso, Ique comprehende la embaxada, /la carta, el dis- curso, el verso. !La historia, sermon, propuesta, Iplatica, recado, cuento, Icon todo Cito por la edici6n contenida en el CD-ROM Retciricas espafiolas del siglo XVI escritas en latin, de donde extraigo tambiCn la traduccihn. Vid. a1 respecta de este CD la reseiia de Pons&Kabatek (2007). quanto se habla Icon algun rato de tiempo)). En ese parrafo se incluyen el senndn y la carta, que no estaban en la retorica traditional, y otros tipos de texto. No se puede perder la perspectiva: los comentarios sobre clases de texto no son el objetivo, sin0 que surgirin a1 hilo de la descripcion del concepto de estilo, concepto clave de la teoria de la elocutio, que da incluso en identificaciones metonimicas del estilo y la elocutio6. De ahi lo complicado de separar para algu- nas epocas concretas la historia estilistica de la historia retorica (Enkvist 198511987: 132). El analista encuentra a veces en la diacronia dificultades de visibilidad en el limite entre la tradition discursiva y la caracterizacion estilisti- ca. Las dificultades parten de la propia semasia de la voz estilo que admite varias interpretaciones: la lingiiistica del texto ha considerado lo estilistico como una preferencia particular, idiosincrbica o determinada situacionalmente, cans variante del lenguaje condicionada por la situacion)) (Enlwist 198511 987: 136); el condicionamiento puede estar pluridetenninado por juicios estiticos vigentes, etc., es la idea del estilo como un interfaz que media entre la lengua y el contcx- to en su sentido de situacion y cultura (asimilable a gra~ldes rasgos con el concep- to de estilo funcional de Bajtin). La lingiiistica del texto, en ese sentido, se ha acercado y tiene que seguir aproximindose, inevitablemente, a 10s patrones reto- ricos. Pero hay otras equivalencias de estilo: lo estilistico como tirmino preteori- co para nominar en el campo exclusive de lo literario a rasgos de preferencia compositiva debidos a uua deter~ninada corriente estetica o a rasgos de inspira- ci6n particular. Ambos sentidos, tanto el abarcador como el restringido a lo lite- rario, parecen derivados de la propia historia de la retorica. En efecto, buena parte del descredito que tuvo durante afios la Retorica vino del hecho de que se hubiera convertido en un catalogo verbalista y estiril de tro- pos y figu~as y de omato del estilo. La prevalencia de la elocutio es consecuen- cia de un largo proceso acentuadisimo ya en el siglo XVI, por el que se tendi6 a concentrar la retorica en elocutio y a incluir inventio y dispositio dentro de la dia- lictica. Tal fue la idea del humanista holandes Rodolfo Agricola en el siglo XV y de Juan Luis Vives en el XVI (Albaladejo 2000), y fue reforzada por la influen- cia de Jorge de Trebisonda que ya habia hecho prevalecer el plano elocutivo en De artificio Ciceronianae orationis (1435) y por el peso posterior de Pehus Ramus, eslabon definitive en una fractura con consecuencias determinantes para la historia de la disciplina'. Ademas, la retorica grecorromana se sentia vincula- da a una valoracion gnoseologica, se pintaba a la rethrica coma un conjunto de formulas que ayudaban a burlar la relacion entre opinion y verdad. Por eso (Gonzalez Bedoya 1988) en 10s siglos XVlll y X1X el racionalismo y el empiris- La dificultad esti tambien en la supcrposici6n de 10s terminos de retorica clisica con sus varias traducciones vemiculas, y justamente la elocucion se traduce tambibn como estiIo (Douay-Soublin 1989: 468). 7 Aunque con diferencias por ranas: Guthne (1946) ha explicado c6mo en America la visi6n ramista he en el siglo XVlll completindose nuevamente con la teoria de la dispositio. lno redujeron la retorica a una dialectics, y a un manual de estilo, o sea, al Libro 111 de Aristoteles. Esta reduccion de la ret6rica hacia el hecho literario explica la historia y el bloqueo referencial del termino ginero literario, hoy utilizado en Teoria de la Literatnra pero inhabilitado para los estudios de Lingiiistica de la comunicacion. 4. En tercer lugar, considerare la infomacion sobre sintaxis qne ofrecen las retoricas como modo de caracterizaci6n de tipos de textos. Hemos de partir de un hecho basilar: las indicaciones sobre sintaxis de 10s tratados retoricos son bien distintas de las que aportan las gramaticas. sta as en la Edad Media hablaban de sintaxis en teminos de analisis logico de las clases de palabras y a exposicion de las declinaciones. Las retbricas, en carnbio, miraban bacia aspectos que hoy podrialnos denominar "de tipo discursive", puesto que observaban la constmc- cion general del discurso, la clase de relaciones sintacticas que debia predominar, coma adaptar la sintaxis al auditorio ... es decir, atendian sin reparos a lo suprao- racional. De la organizacion de la kase se ocupaba la retorica, de su naturaleza y funcion, la gramatica. La teoria de la compositio terminaba, pues, regulando uno de 10s rasgos de estilo mas caracteristicos de un texto. Por eso, tambien en esta paae de la retorica, se pueden distinguir escuelas, conientes, autores, con una vision diferente de 10s tipos de sintaxis que correspondian a cada genera discur- sivo. A esta divergencia se suma la propia separation terrninologica entre la reto- rica griega, latina y medieval (Scaglione 1972), que da lugar a que el panorama de denominaciones pueda resultar algo complejo en una primera mirada. Poca atencion se ha dedicado a la teoria de la compositio en la retorica actual. Sin embargo, esta cuestion me parece fundamental: en las variaciones de nn esti- lo literario, en la sustitucion de un estilo por otro o en la confomaci6n de 10s ras- gos constitutivos del estilo de una detenninada escuela, podemos estar mas que ante cambios venidos de influencias individuales o externas a la propia lengua, ante un cambio de modelo retorico. A ese cambio se podrin sumar entonces fac- tores externos, culturales o de influencia individual. En general, las retoricas (menos las de tradici6n griega, como la de Herm6genes) separan periodus y oratio, y, dentro de esta, oratio soluta (6iah~hupivq hiE~k) y oratio perpetua (ELPO~Y~ hi&. Estilo periodic0 y estilo suelto (aqni sin distingos entre o. soluta y perpetua) corresponden a1 nso fiecuente de nna u otra manera de organizacion sintactica, pero la division tripartita no coin- cide (ni debe hacerse coincidir) con los tres tipos de estilo. El periodo implica ora- ciones extensas, con fiecuentes suboraciones y fuerte trabazon intema. Distinguen las retoricas dos tipos: circular y periodo de miembros. El circular se sostiene sobre relaciones de protasis-ap6dosis y antitesis: lo segundo cierra lo introducido por lo primero, y puede baber amplificaciones que extiendan los elementos adyacentes. El penodo de miembros tiene rnenos subordmacion que el circular, hay en el mas coor- dinacion y yuxtaposicion y abundan 10s incisos. Otros rasgos corresponden a1 esti- lo suelto: menor extension de las oraciones, relaciones lnenos trabadas entre sus partes ... La diferencia entre oratlo soluta y oratio perpetua es tenue, y parece estar LOLA PONS RODR~CUE en el tipo discursivo donde aparecc y en el grado de planificacion. La oratio perpe- lua construye un razonalniento rectilineo (por ejemplo, a base de concatenation paratactica), la oratio soluta es mb espontinea, propia de cartas informales qu necesitan ser breves o buscan recrear un estilo mas alejado de lo literario. El peso de 10s principios de la compositio ret6rica en la detenninacion de 10s rasgos sintacticos (y estilisticos, en consecuencia) de una coniente estetica ha sido puesto de manifiesto de forma magistral por la piafesora Lopez Grigera (1994). El bizantinismo de la retorica espaiiola del XVI explica la construction oracional elnpleada por muchos antores de la kpoca. No hark aqui parafrasis de 10s postulados de Lopez Grigera, que sin duda debe conocer todo lector minima- mente interesado en ret6rica siglodoresca; prefiero detenerme a exponer otro ejemplo practico, medieval, extraido del estudio ponnenorizado dcl tratado de don ~lvaro de Luna Virtuosas e Claras mugeres (1446). En dicho textc~, se hace un alegato contra la literaha misogina de la t-poca, presentando mas de cien ejemplos de vidas felneninas virtuosas de las procedencias mas diversas, tras- plantadas al texto con una aparente conservaci6n de 10s rasgos de las fuentes ori- ginales (Boccaccio, santorales, San Jeronimo, Valerio Maximo) y expuestas en una sucesion en cadena sin apenas transicion. El tercer libro de Virtuosas e claras mtrgeres esta dedicado alas mujeres san- tas. La fuente de las veinticinco vidas all: incluidas es la llamada Legenda Aurea (c. 1264) del dominico Jacobo de la Vorigine, un flos sanctonlln en el que se pre- sentan 182 episodios de vidas de santos ordenados conforme a1 a50 lihirgico. El exito de la Leyenda Dorada he enorme y pronto comenzaron las traducciones a las distintas lenguas vernaculas. Es obvio que don ~lvaro manejb una traduccion vemacula de la Legenda, narra siempre vidas colltadas en la Legenda de forma muy proxima a lo que aparece en el original latino. Posiblemente fuera una ver- sion muy cercana alas primeras traduccioncs del Flos sanctorum de Jacobo de la Vorigine, puesto que so10 asi se explicaria la exclusicin del santoral femenino his- pinico (santa Leocadia, santa Justa, santa Eulalia). Los manuscritos derivados de la Legenda Aurea cuentan unos mismos hechos, con un estilo muy similar; aun- que no sean copias literales unos de otros, se repiten basicamente las estructuras y el It-xico, el orden de palabras y 10s modos de relacion. En cambio, la obra de don ~lvaro revela una constante reelaboracion de esas hentes, que hace que, sin dejar de notarse la relacion de Virfuosas e Claras mugeres con 10s manuscritos hagiograficos, se perciha tanlbien la intervencion regular del autor. Por lo que he podido observar en esos fragmentos, la intervencion se manifiesta en distintos planos8, pero el aspect0 que mas me interesa aqui es el que se refiere a las altera- ciones en 10s modos de conexion interoracional. Asi, son habituales estas operaciones: inclnsi6n de indicios atributivos de la enunciacihn, introduccihn + intensificacihn en su caso- dc la dimensihn argumentativa de 10s ejemplos, apaicihn de injerencias aciaralorias, omisiones y abreviaciones, alteraciones en el orden de palabras, difcrencias y variaciones en la selccci6n ICxica Soslayo gran parte de los detalles sxplicativos, para no repctir lo que ya esta cxpuesto con detenimicnto en la edicihn que del texto de don Alvaro he preparado para la editorial Institute Castellano y Leon& de la Lcngua. C,A, Y TRADlClONES DISCURSIVAS situaci6n en este punto es muy interesante: en las vidas de santos origina- 'uncion e es el elemento que con mas frecuencia asume la funcihn de r el discurso. Pero en Viltuosas e claras mugeres no es asi: veamos un manifiesto. Este es el testimonio que de la vida de santa Marta ofrece K-11-12, uno de 10s manuscritos de la Legenda Aurea (que basicamente la misma lectura que el resto de los manuscritos de santorales): Santa Marta huespeda de Jesucristo a su padre dixieron Siron e a su madre Eucaria e fue de linaje de rreyes e su padre fue prinqipe e seiior de Siria e de Mateua e de ohas gentes. E ovo otros castillos Madalo e Betamja e a <ilegihle> E Marta e su hermana Madalena oujeron Madalo e Beta~lja de parte de su madre. Et nunca falla- mos quc fue casada mas que sienpre seruja a Jesu Cristo e era su huespeda muy noble. Et quema que su hermana quc scmjese con ella ca le semejaua que ella non podria conplir el <ilegihle>a tan grant hucsped njn avn todo el mundo. Et despues que Jesucristo subio a 10s yielos e 10s judios persegujendolos ella e su hermana e con santa Maria Madalena e con sant Maxamjano que la haptizaua a qujen las aco- mendara eel Spiritu Santo. Et otros muchos syn rremos e syn velas e syn gonjer- nos por mandado de 10s judios c enccrraronlos en vna naue e gujandolos Dios ven- jeron a Marsella e desende fucronse para Aty. Et conuenqieron el pueblo de aquel logar a la fe. Et santa Marta era muy bien raronada e de muy huen donayre. Et en aquel tienpo era sobre leon del Ruedano vn monte entre Arles. E avjno que era vn dragon e el medio era bestia e el medio era pez E era mas yeso que buey e mas luengo que cauallo e avia 110s dientes agudos como espada e avia 10s dientes cue- luos de amas las partes escondiase en vn rio e mataua los que por y pasauan (132v, En 61 hay treinta y tres oraciones (sumando subordinadas e independientes), adas en once ocasiones mediante coordinacihn copulativa con e. Es un caso resentativo (tambien, extremo) de las tendencias en construccibn del periodo priman en las vidas de santos. Junto con el predominio de coordinacihn, tam- len dominan en 10s santorales medievales otros organizadores como 10s adver- bios entonqes y despues ... En general, 10s periodos frasticos son cortos, hay mas completivas, relativas, locativas y temporales que concesivas o condicionales. Pues bien, en el tratado de don ~lvaro este es el principio de la vida de santa Marta, con solo cuatro de las oraciones ligadas por parataxis copulativa con e: Muy puhlico cs que Martha su huespeda de Jesucristo fue nasqida de muy nobles parientes e que floreqio por perpetua virginjdad, ca paresye que nunca conosqio varon. E pcnsando comigo su muy santa vida, apenas crey que podia caber en onbre de poder contar sus alahanqas. Es qierto que semja con grand mligenqia a Jesucristo, lo qual non es poca presunqion de su santidad, e despues de la asqension dcl Scfior fuc a Marzella con su hermano Lazaro e Magdalena e otros muchos. En aquel tienpo auja sohre Rrodano en el monte vn dragon que de suso era anjmal c de yuso peqe mas glueso que huey e mas luengo que cauallo, e tenja 10s dientes agu- dos e 10s cuerpos anchos. El qual comja a los onbl-es que pasauan ~Como interpretar 10s cambios que hay en este plan07 La coordinacion cons- tante proviene directamente de las ticticas estilisticas empleadas en el propio ori- ginal latino de la Legenda Aurea. En la sintaxis del original, abundaba la coordi- nation (tanto como conector interfrastico como transfrhtico), la subordinaci6n temporal y la causal. El estilo del original era recio, seco, con poco adomo ver- bal. De hecho, en el siglo XVI, Vives cnticaba duramente 10s modos de Voragine, y consideraba su prosa digna de un hombre plumbei cordis, oris ferrei. Hay que detenerse a examinar 10s dictados que las retoricas daban sobre sintaxis, en sus apartados de compositio, para evaluar convenientemente la razon ultima de esa coordinaci6n continua que utilizo Jacobo de la Voragine, ya que, aunque las censuras a su estilo puedan tener su justeza, no deben hacemos pensar que Voragine escribia desde la libertad y seleccionaba un estilo aborrecido por 10s humanistas. Como cualquier otro autor medieval, Voragine operaba con 10s condiciona- mientos impuestos por la rethrica, una ret6rica que habia afiadido desde la Edad Media a 10s ires tradicionales generos retoricos clisicos, las tres artes nuevas (ars praedicandi, ars dictaminis y ars poetnae). Para el ars praedicandi, las retoricas gestadas desde el Cristianismo habian consagrado como estilo caracteristico de su prosa, el llamado senno humilis, es decir, el estilo poco sobrecargado, senci- 110, sin periodos extensos. En la Legenda Aurea, el sermo humilis postulado por la Iglesia se configura en la sintaxis mediante el uso de abundante coordinacion y de 10s tipos basicos de subordinacion (completivas, temporales, locativas, cau- sales, aunque no falten ejemplos, por supuesto, de ninguna de las demb). Para la eleccion de ese modelo, no debio pesar so10 el repertono de imperatives que sobre el ars praedicandi circulaba en su tiempo, tambien la propia retorica clasi- ca autorizaba el empleo de coordinaci6n constante para la prosa narrativa. La ora- tio perpetua representa el estilo paratactico: una sucesibn de frases coordinadas, con ocasional hipotaxis -relativas sobre todo, segh las retoricas-, sin un nucleo central, con una articulation en frases sucesivas (la sintaxis lineal frente a la cir- cular, como hoy diriamos). La descripci6n de que es oratiopezpetua y a que tip0 de discurso se aplicaba coincide demasiado con el estilo que hemos visto en el fragment0 de santa Marta como para ser casual. Los exempla, basicamente prosa narrativa que se cuenta como si fuera realmente cronica, son escntos por Vorigine con el estilo propio de la prosa historica, la oratio peqnetua, un estilo que, ademas, se ajustaba a1 imperativo de selmo humilis con el que se lograba acceder a1 pueblo. Por supuesto, no era senno humilis, sino complicado estilo periodic0 el que se empleaba cuando la materia religiosa no se utilizaba en prb dicas a1 pueblo, sino en discursos escolasticos que debatian cuestiones de la teo- logia mb rancia'. Don ~lvaro se ocupa del estilo en oratioperpetua del original ' No pennaneci6 inamovible este estilo: hnbo un importante carnbio en las altes de predi- cation del siglo XV al XVI, consecuencia del carnbio en 10s paradigmas retbricos y la exigen- cia de adaotal- la sermonistica a 10s nuevos ti~os de devoci6n. El Renacimiento rescat6 en el siglo XVI la ret6rica clisica, y el semlon como genus demostrativum abandon6 La disquisici6n teolo~ica v busco conmover al weblo. Ello conllevo, cmiosamente, el abandono de la hagio- -. - grafia como procedimiento para hacerlo y provoc6 el recurso a la figura de la evidenfia, el RETORICA Y TRADICTONES DISCUKSIVAS 77 y trata de convertirlo en estilo periodico, porque el estilo periodic0 es tipico de la sintaxis de 10s tratados. Esa intervention se plasma mediante la insercion de su- bordinantes temporales, la introducci6n de nexos relativos, el enlace de enuncia- dos con adverbios temporales y la inclusion de conectores con funcion propia- mente ordenadora. Esta conversion de oratioperpehla en estilo periddico era un ejercicio de esti- lo frecuente en las escuelas de la ipoca. Esos cambios 10s ocasiona la distinta tra- dicion discursiva a la que pertenecen ambos textos. Es decir, la fuente y el texto meta comparten contenido y forma linguistica, pero no comparten la forma tex- tual. Y el trasvase desde una coleccion de exempla (la hagiografia) a un tratado (Virtuosas e claras mugeres) implicaba tambien la adaptacion de la sintaxis al tipo textual meta. Esta clase de cambios nos muestra que la interdiscursividad de inuchos tratados medievales no consiste en un mero trasvase de fi~entes anterio- res, sino en un manejo decidido, consciente y meditado, que obedece no solo a una planificacion previa sobre la finalidad que se daba a esos materiales (en el caso de Alvaro de Luna, una finalidad argumentativa), sino tambiin a una opera- cion de alteration y adaptacion estilistica donde 10s rasgos seleccionados nos dejan ver que usos linguisticos se consideraban prestigiados y propios de una epoca y de un tipo discursivo. Un dato mas para apoyar lo dicho hasta aqui. Otro cuatrocentista, Clemente Sinchez de Vercial, en su Libro de 10s exenlplospor ABC, utiliza alyunas vidas de santos. A1 incluirlas en su texto, no practica las intervenciones sinticticas que si efectua don ~lvaro, y asi el relato de, por ejemplo, santa Teodora en Vercial tiene la misma frecuencia de nexos copulativos como conectores que cualquier santoral: Dizen que santa Theodora fue de noble linaje e muy fermosa. E nno que llamavan Libio de la cibdat donde ella era, encediosse en su amor della que la syguia fuerte- mente e nunca pudo con ella que consentiesse. Eel inbiole una alcahueta que la aquexava mucho. E ella rrespondio que en ninguna manera non queria ofender nin desplazer a Dios, nin queria pecar ante sus ojos. E dixole la alcahueta: -Engaiiada estays, que Dios non vee las cossas que se fazen de noche, nin da pena por ellas. E ella creyendo que hera verdat conssentio en el pecado. E despues que fuera ~ierta que pecara, stovo por espacio de luengo tiempo en el desierto e torno habito de monja e fizo muy extrecha <sic> pe~iiten5ia10. ~Por que? Ya no hay cambio de genero discursivo: tanto la Legenda Aluea como el Libro de Sanchez de Vercial comparten genero discursivo. No habia necesidad de modificar la sintaxis. ponerante 10s ojos. Esto es preceptuado en obras de Erasmo, explica la crilica de Vives y puede ser un factor mas que justifique el hundimiento de la Legenda Aurea en 10s siglos, precisamen- te, aureos. Cito por la edici6n de John Esten Keller, Madrid: CSIC, 1961, pag. 100, cuento 108. 5. Como se ve, la infonnacion sobre clasificaciones textuales esta dispersa en diversos apartados de 10s tratados retoricos, y es exigible la comparacion cons- tante de lo preceptuado en 10s libros con lo puesto en prictica en 10s discursos. Es necesario -y seria muy rentable para la historia de la lengua espaiiola- hacer una revision historiografica sisternatizada y exhaustiva de toda esa informaci6n que esta esparcida en textos retoricos. Conviene avisar: la informacion sobre divi- sion textual no figura bajo un epigrafe que se llame nada parecido a modelos tex- tuales, esta en la elocutio, en la descripcion de muchas figuras retoneas, cuando se avisa que una figura determinada no es aconsejable, por ejemplo, para el esti- lo sublime; esti en la compositio, posiblemente el apartado de la retbrica que (junto con el propio orden intemo del tratado y la informacion elocutiva inclui- da) mas refleje lo cambiante de 10s paradigmas ret6ricos y la variabilidad de sus dictados esteticos; esta en productos retoricos que no obedecen a1 esquema clisi- co de tratado de ars retorica, asi, 10s progymnasmata recogen riquisima informa- cion a1 respecto (hay una presentation introductoria en Marim6n 2005), aunque estt-n mediatizados constantemente por el prestigio de Aftonio; o 10s tratados de predicacion, que ordenan, cierto es, la escritura de un unico tipo de texto, pero que explican en su evolution dentro del decurso historico el paso de 10s sermo- nes temiticos a la divisio extra bajomedieval y de la divisio extra a1 poner ante los ojos y la evidentia renacentista (O'Malley 1979; Murphy 1986). De nada sirve una clasificacion historica de 10s textos espaiioles que 10s des- componga en categorias hermeticas o discretas; tampoco nos valen concepciones de 10s discursos como constructos monotipicos. Si queremos dar cuenta de la relacion de la textualidad medieval con el c6digo que le da cuerpo, tenemos que buscar una teoria de la clasificaci6n textual que considere 10s rasgos lingiiisticos y su relacion con las condiciones de enunciation, que contemple 10s discursos como acontecimientos, como objetos sociohistoricos, que considere la relacion entre cambios en la historia social y cambios en 10s tipos de discursos. Esa es la vision que esta en la base de la teoria de las TD, que exige la puesta en marcha de mecanismos de relacion con otros componentes del discurso debidos tambien al modelo textual elegido y determinados por la realidad social o institucional, y, en consecuencia, susceptibles de ser inodificados o alterados por cnalquier cam- bio en esos parimetros. TRADICIONES DISCURSIVAS E HISTORIA DE LA LENGUA ESPA~~OLA EN AMERICA MARTHA GUZMAN RIVERON Ludwig-Maximilians-Universitat, Munich (Alenlania) lntroducci6n El objetivo de este trabajo es intentar ilustrar en un amhito concreto, el de la historia de la lengua espafiola en America, en quk medida el trabajo con el con- cepto de tradiciones discursivas y las formas de analisis a el asociadas resultan no ya utiles, sino indispensables. Para dilucidar la relacion entre los aspectos discur- sivo-tradicionales y el estudio de la lengua espafiola en America partiremos de un acercamiento a las fuentes e intentaremos responder a las siguientes preguntas: icon quk fuentes contamos? iQu6 caracteristicas desde el punto de vista de las tradiciones discursivas son apreciables en ellas? iQue relevancia pueden tener dichas caracteristicas para el analisis lingiiistico? Y, par ultimo, ique consecuen- cias negativas puede tener para dichos estudios el no reconocimiento de las tra- diciones discursivas en las fuentes de las que se nutren? El reconocimiento de las tradiciones discursivas por el que abogamos aqui tiene dos niveles. En primer lugar, se trata de asumir el hecho de que las fuentes con las que trahajamos, mas alla de su caracter material +zscritas en Ambica en cierto momento historic*, son tamhien, de una manera mas o menos marcada, representativas de detennina- das tradiciones discursivas. Un segundo paso exigiria el reconocimiento, en cada caso concreto, de la tradition discursiva en la que se inscribe o con la que se rela- ciona la fuente. Es cierto que la necesidad y utilidad de reconocer y trahajar con el concepto de tradiciones discursivas y sus herramientas no se limita a1 caso concreto que aqui nos ocupa. Tampoco ha sido exclusiva de los estudios diacronicos del espa- fiol de America la identification de las caracteristicas encontradas en las fuentes con las que se cuenta, y a las que estamos limitados, con la lengua de un lugar en un momento determinado. Ahora bien, debido a la especificidad de la situation lingiiistica dc la America colonial, a las caracteristicas de las fuentes americanas (que comentaremos a continuacion) y a 10s ohjetivos que suelen primar en nues- tros estudios, la atencion a este aspecto adquiere aqui una dimension especial. Antes de continuar, conviene aclarar un elemento del titulo que puede resul- tar chocante o prestarse a confusion. Cuando hablamos de la lengua espafiola 'en' -y no 'de' Amkrica, no pretendemos negar la existencia de las variedades ame- ricanas ni supeditar las mismas al espafiol peninsular, ni mucho menos restar misma de escribir. En 10s estudios sobre el tema se ha utilizado para caracterizar a estos autores el termino sejnicultos6. La incidencia de la politica espaiiola en la produccion de textos en America puede apreciarse en algunos periodos de gobiemo, por ejemplo el de Carlos V, especialmente propensos a exigir documentaci6n sobre 10s mas variados asuntos coloniales e incluso a dictar pautas para la fijacion formal de la documentation americana. En este caso debemos tener en cuenta que la evolucion en la politica espaiiola coincide, debido a la incorporacion de 10s territorios mexicanos, con una enorme ampliacion territorial del espacio colonial. La apreciacion de estas variaciones, que suele ser mAs complicada que la apre- ciacion de relaciones, tampoco puede perderse de vista. En este punto debemos mencionar que metodol6gicamente resulta peligroso llevar a cabo la caracteriza- cion de 10s textos tomando como Gnica base la diplomacia. Los diferentes etique- tamientos de 10s textos, la conservation de ciertos elementos discursivos o de la estmctura textual general, o la produccion del texto en el marco de una detemi- nada institucion no deben llevamos a una contextualizacion falsa de 10s mismos, ni a identificaciones y agrupamientos que, ya que nuestro fin no es la taxonomia, en nada nos ayudan. Las falsas identificaciones no solo no ayudan, sino que pue- den hacemos perder de vista las verdaderas condiciones de produccion y recep- ci6n del texto, asi como su orientacion pragmitica. Luego, ha de prestarse espe- cial atencion a la orientacion pragmitica de 10s textos, tanto a nivel institutional, como a nivel individual. La relevancia para el anilisis lingiiistico de la orienta- cion pragmitica y de las condiciones de produccion y reception de cada texto y 10s errores a 10s que puede llevamos su desatencion no necesita ser sefialada. 3. Conclusiones Este breve acercamiento a algunas caracteristicas de las fuentes americanas desde el punto de vista de las tradiciones discursivas ha intentado mostrar que la relacion entre tradiciones discurs~vas y estudio diacronico de la lengua espaiiola en America no resulta ni una moda ni un aspecto prescindible. Si bien no ha lugar para un comentario detallado de la medida en que esta relacion se ha dado o mis bien ha dejado de darse o se ha de dar en 10s estudios sobre la lengua espaiiola en America, si podemos apuntar algunas reflexiones a1 respecto. Hoy en dia no parece necesario seiialar la infactibilidad de ofrecer las carac- tensticas que aparecen en determinados textos como caracteristicas de la lengua espaiiola en America, o incluso como caracteristicas del espaiiol de Amkrica o de una region determinada en el momento en el que 10s documentos esth datados y hablar, par ejemplo, dentro de un estudio de provisiones y acuerdos en documen- Vease Stoll 1996, 1997, 1998 y Oesterre~cher 1994 TRADICIONES DISCURSNAS E HISTORIA DE LA LENGUA tSPAAOLA EN AMERICA tos juridico-administrativos, dado el profuso uso hasta finales del XVIl de las for- mas de futuro de subjuntivo del tipo y si alguna persona comprare, del caricter arcaico de alguna zona. No ohstante, no escasean ejemplos de estudios nada recientes en 10s que, sin hacer mencion desde luego a la expresion tradiciones dis- cuirsivas, sf se tienen en cuenta istas. Tampoco faltan trabajos recientes que, aun- que mencionan e incluso dicen prestar especial atencion a las tradiciones discur- sivas, no pasan de su mera mencion, se basan en adscripciones apresuradas, se concentran en el estudio de elementos de dichas tradiciones cuya relevancia es, cuanto menos, oscura, o comparan textos de diferentes tradiciones como si de estructuras monoliticas se tratara. Resulta claro que con ello, lejos de aportar ele- mentos de inter& en torno a1 objeto de estudio, se crean encasillamientos inutiles y entorpecedores. Se podria continuar con un estado de la cuestion quiza mas optimists, que diera cuenta de lo mucho positivo que se ha hecho en 10s ultimos afios en este sen- tido. Creo que resulta mas util terminar con una llamada de atenci6n a la excep- cional riqueza con la que contamos: nuestras fuentes. Este potencial, en gran parte sin explorar, puede contrihuir en gran medida a la historia de la lengua espa- aola en Amirica. Queda, pues, nuestro trabajo futuro con estas fuentes. Un traba- jo en el que hemos de tomar en cuenta de una manera enriquecedora las peculia- ridades de las tradiciones discursivas sefialadas y, sobre todo, ser capaces de des- cubrir otras tantas que apoaen 10s matices oportunos o pertinentes a nuestra investigacion. TRADICIONES DISCURSIVAS, HISTORIOGRAF~A LWGU~STICA E HISTORIA DE LA LENGUA DANIEL M. SAEZ RIVERA CES Felipe 11. Universidad Complutense de Madrid El objetivo de este trabajo consiste en proporcionar herramientas metodologi- cas de anilisis, con una leve ejemplificaci6n, para el estudio de la interrelacion entre las tradiciones discursivas, la historiografia lingiiistica y la historia de la lengua espaiiola. A este respecto nos enfrentamos con un problema ya planteado por mis com- paiieras, el de que nos encontramos ante conceptos borrosos y fronterizos, como son tip0 textual, gknero o clase textual, tradicion textual y tradicion discursiva. Con respecto a la relacion entre historiografia linguistica y tradiciones discur- sivas, una primera aproximaci6n proxima consistiria en trazar una historia de la evolucion del concepto mismo de tradicibn discursiva con respecto a las prime- ras formulaciones de Cosenu (1980) y Schlieben-Lange (1983). Por ejemplo, si nos acercamos a algunas visiones de lo que es tradicibn dis- cursiva en sus mis recientes estudios y reformulaciones, podemos observar una variabilidad sorprendente en la formulacion del concepto que como herramienta de investigation convieue fijar: 1) Kabatek (a veces en asociacion con Jacob): vision englobadora de las tradiciones discursivas. Jacob y Kabatek (2001: VIII): A estos modos de comunicacion, que se miden en categorias de pragmitica uni- versal y que sirven para identificar 10s rasgos universales propios de cada cons- telacion discursiva, corresponden en el plano historic0 las llamadas ti-adciones dscursivas. Se trata de moldes hist6rico-normativos, socialmente establecidos qne se respetan en la production del discurso. A traves de estas categorias, cada discurso, y de ahi cada texto histonco, no so10 forma parte de una lengua deter- minada (o de varias lenguas) sino que se sitha dentro de una filiacion intertex- tual, constituida por una serie de elementos repetitivos, tanto en el plano de 10s "entomos" (constelaciones situacionales, mediales o institucionales) como en el plano de las formas detectables en la superficie del texto mismo (p. ej. pasa- jes textuales concretos, caricter formnlario, constmccion, lengua). A pesar de ser un concepto con una perspectiva pronunciadamente cxtralingual, este concepto de "tradiciones discursivas" puede considerarse como un eslabbn entre la lingiiistica llamada "extema" y la "interna". Nos permite focalizar la len- gua hstorica como unidad y espacio cultural, mediante el concepto de la elabora- cion lingufstica ("Sprachausbau"). Se@n la concepci6n de Kloss [1976], una len- gua historica se constituyc como lengua de cultura por el proceso de generalizacibn como medio de comunicacion en cualqnier situacibn comnnicativa (incluso en la escrita), lo que presupone que sea capaz de producir cualquier gincro textual o tra- dicion discursiva, y, sobre todo, que desarrolle y ponga a disposici6n las tecnicas discursivas y lin.@isticas precisas para cualquiera de estos gdneros y situaciones. Jacob y Kabatek (2001: XITI-XIV): Retrasando el proceso de formacihn de un nuevo genero textual, a saber, 10s regi- mientos depeste, ROLF EBERENZ no solo nos ofrece un panorama exhaustivo de 10s textos que forman este corpus poco conocido, sino que analiza de manera ejem- plar todos 10s aspectos que constituyen una tradici6n discursiva: trasfondo histon- co (grandes epidemias, 'vulgarizacihn' del arte medico), context0 pragmatico (autores y destinatarios, finalidad prLtica de 10s regimientos), condiciones mnedia- les (imprenta), filiaciones intertextuales a nivel del contenido y de la forma (trata- distica mhdica, recetarios), dinamica dc la elaboration liigiustica y textual, vincu- lacion y movimiento del texto dentro del diasistema variational (pasando del latin al romance), estructuras textuales, rasgos formales, estilisticos, tematicos, etc. Kabatek (2001: 98-98, nota 5): El thrmino tradiciones discursivas abarca una amplia gama de fen6menos. Se trata de un termino generalizante para todos 10s elementos histbicos designables y rela- cionables con un texto: textos pariiculares cmnu aclvs urdividuales e irrepetibles, ciertos tipos fundamentales de enunciaci6n (o actos de habla), ciertas formas tex- tuales y dcterminadas constelaciones de actuacion y de entomos. Cf Kabatek (2000a). 2) Stoll: tiende a identificar tradicion discursiva con 10s gkneros discursivos, al igual que Oesterreicher (2000: 160): - Stoll (1994: 77-78): autores se~nicu~jtos transforman 10s gkneros historio- grificos (que son, por tanto, tradiciones discursivas). - Stoll (1996: 432): La primera cuesti6n que se plantea es si un autor sabe ohsemar las normas de las tradiciones discursivas de ma Cpoca determinada y elige el tipo discursive y el esti- lo adecuados. Los semicultos conocen, hasta cierto punto, alynos textos historio- grificos, per0 no siempre saben cumplir con todas las convenciones de las tradicio- nes discursivas. Dentro de la historiogafia indiana, 10s gkneros mb frecuentes son la relaci6n y la historia o crdnica. . St011 (1998: 188): ((-de acuerdo con la investigation modema- entende- mos un genero como un modelo intersuhjetivamente valido que conespon- de a una situaci6n determinadax TRADICIONES DISCURSIVAS, H1SlORIOGRAFIA LING~STICA E HISTORIA DE LA LFNCUA 91 . Stoll (2002: 29): confunde definitivamente ginero y tradici6n discursiva: ((En cuanto al genero o tradici6n discursiva, la Memoria es so10 dificil- mente clasificable~). 3) A Andreas Wesch, partiendo explicitamente del trabajo de Coseriu y Schlieben-Lange, le interesa especialmente la textura lingiiistica de las tra- diciones discursivas y, en general, las tradiciones lingiiisticas. En un pri- mer lugar, distingue entre clase textual y tradiciones lingiiisticas de tal clase de texto: Wesch (1 994: 57): ((a1 redactar un texto se siguen las tradiciones de la res- pectiva clase de texto)); Wesch (1994: 58): ((a la clase textual se le da forma se& las tradiciones)). Wesch (1996: 957): En el centro de atencihn se hallan el proposito de las distintas clases textuales asi como el modo y le grado de su fjacion formal; me interesan, pues, las tradiciones que rigen la estructuracihn lingiiistica del texto y su relacihn con el proposito del mismo, pero en un grado de complejidad mb alto, ya que, a1 igual que 10s actos locutivos elementales, las clases de texto se llevan a cabo segh las tradiciones tex- tuales. En un sentido jerArquico, se puede deck quc las tradiciones de los actos locu- tivos estan suhordinadas alas tradiciones de las clases textuales ya que distintas cla- ses textuales exigen distintas clases de act0 locutivo en distintas constelaciones. - Wesch (1998: 188-189): Las tradiciones discursivas merecen ser analizadas en dos campos: a) En el campo de 10s in&cadores pragmaticos: los verbos de act0 locutivo, las estrategias de referencia al autor y a1 destinatario, las denominaciones de 10s tipos y suhtipos textuales, las indicaciones metatextuales, las indicaciones acerca de la iutencion, las estructuras temporales y modales. [. . .] b) El campo de las tradiciones que rigen la estructuracihn lingiiistica del texto y su relacion con el prop6sito del mismo (las hadiciones discursivas propiamcnte dichas, o sea, en un sentido menos amplio de la expresion) [en nota: Cf. Schlieben- Lange 1983: 146 y Zimmermann 19841: la sintaxis entre agregacion e integration, la progresihn tematica (tema y rema), la cohesi6n textual (referencia intema en el texto, elementos anaforicos y cataforicos), elementos de estructuracihn; y wclveu a aparecer las ya mencionadas estructuras temporales y modales. Al igual que 10s actos ilocutivos elementales, 10s tipos de texto se realizan se@n tradiciones mis o menos fjas. 4) Renwick (1997: 27): como Kabatek, visi6n mis cercana a la primigenia de Coseriu (1980): El nivel histi,rico, que concieme a las caracteristicas de las lenguas histolieas enten- didas como materializaciones diversas de la facultad general del lenguaje. Este nivel comprende, en primer lugar, el aspecto idindtico, en tanto las lenyas parti- culares poseen su propia dinAmica de evolucion y sus propios condicionamientos internos, y en segundo lugar, las tradiciones discursivas, en tanto 10s productos lin- giiisticos se configuran tamhih sohre la base del recurso a distintos modelos dis- cursivos estahlecidos a lo largo del devenir historico, e indepcndientes del aspecto idiomitico. 5) Philipp-Sattel (1998: 203-204): es bastante fie1 al modelo teonco original de Schlieben-Lange al aplicarlo a1 catalan: Per entendre de manera adequada les caracteristiques linguistiques dels primers textos en catali, cal tenir en compte el context sociocultural en el qua1 aquests textos son usats. Els linguistes s'han acostumat a parlar d'histhria intema i d'his- thria externa de la llengua i a suhratllar la seva necessBria complementarietat. Voldriem proposar el concepte de tradicib textual com a concepte que fa d'inter- mediari entre el text concret i les seves caracteristiques lingiiistiques i la realitat extraling6istica. Cada autor es troha dins d'una tradici6 que li proposa uns models i 'selecciona' un model segons els seus ohjectius comunicatius i la situacio comunicativa. Aquests models o tipus de text es presenten, doncs, com a solutions convencio- nals per fer front a deteminats prohlemes comunicatius. La llengua 6s en genc- ral un dels elements constitutius d'un tipus de text; val a dir tamh6 que en gene- ral els autors no seleccionen una llengua, sino que aquesta cls ts 'proposada' juntament amh els models textuals. 2. Propuesta Existen a mi juicio otras formas diversas de enfocar la relacion entre tradicio- nes discursivas, historiografia lingiiistica e historia de la lengua. Asi, en primer lugar, al igual que han hecho para la foneticdfonologia histo- ricas y la morfosintaxis historica, entre otros autores, por ejemplo, Rufino Jose Cuervo (1893, 1895), Amado Alonso (1967, 1988) y Jose Luis Gir6n Alconchel (1996), en diversos trabajos, no todos aqui recogidos, podemos utilizar 10s textos historiograficos (gramaticas, diccionarios y otros muchos gt5neros de reflexion lingiiistica) como fuente para el estudio de las tradiciones discursivas de la histo- ria de la lengua de espafiola. A este respecto, nos interesa elreflejo y comenfario explicito en fexfos historiogrdficos de caracterfsficas de las tradiciones discursi- vas del espafiol. Por otro lado, podemos enfocar el estudio de 10s mismos textos historiogrdfi- cos como tradiciones discursivas. Dadas las limitaciones de tiempo y espacio, sobre todo me extendere, aunque con la pertinente brevedad, acerca de la primera opeion, de la cual ofrecere algu- na ejemplificacion. Tal ejemplificacion la voy a realizar a traves de dos tipos de textos de conte- nido lingiiistico: 10s textos lexicogrificos y 10s textos gramaticales. TKADICIONES DISCURSIVAS, HISTOR~OGRAF~A LMGUISTICA E HISTORIA DE LA LENGUA 93 En cuanto a los textos lexicogrificos, podemos encontrar information cerca- na a lo que son tradiciones discursivas a travks del empleo de marcas1 diasiste- miticas mas o menos formalizadas y normalizadas que consignan el ambito dis- cursive o de lenguaje de especialidad de las palabras catalogadas. Asi, podemos observar la adscripcion de la voz angulo a diferentes sectores de lengua de espe- cialidad, segun vemos el lema documentado en diferentes diccionarios de la his- toria de la lexicografia espafiola en unas calas que hemos realizado en el NTTLE (2001: s.v. dningulo) y en el DRAE(2001: s.v. ingulo): - hgu& m Angk, or kal wrh, being tk ming of iw vine, act1 rdinj: cat ,aI(w1(cr &, ik frme eaia, p~ PI biag ia tk kme erait ~k, k Fo that if -g'd thy p~uM cur onc anorbcr, a& fo &tm an& Alrt)k tb buck d the hlt. Real Academia Espafiola. Diccionario 1706 STEVENS ' ANGULO. T. ru. La inclinacih dc dos lineas To- brcun piano, qucalargndas le carran y forman el An~ulo en clpunro dc lu inr;rCcccidn. ES voz dc la Gca~netr~~. Vicne dcl Lar. A~~IH,, quc Ggnifica eRonliho. 0.:. Hi0.Chil. foL4u4. DC. Real Academia Espafiola. Diccionario 1726 ACADEMlA AUTORIDADES (A-B) ANGULO. r. m. (Matem.) la concuriencia de das lineal en un mismo punto. Angiriul. Real Academia Espafiola. Diccionario 1770 ACADEMIA AUTORIDADES Real Academia Espafiola. Diccionario 1786 TERREROS Y PANDO (A-F) i?ccLO. m. lin~ 12 iswlinrcion dedos ttneuquemnc,,~ ::L=,!'m mirmo winto, rnc,inr;~~- EI mcnor 0 m,u Real Academia Espaiiola. Diccionario 1846 SALVA hgulo. (Del lat, angiilus, del gr. @KVO<, encomado), m. Geom. Figura geomkti-i- ca formada en una superficie por dos lineas que parten de un mismo punto; o tam- bitn la formada en el espacio por dos superficies que parten de una misma linea. [...I Entiendo marca confonnc la define, poi ejemplo, Martinez de Sousa (1995: s.v, marca): ulndicador, generalmente abreviado, situado ante una definicibn para indicar su descripci6n lingiiisticajj. DANIEL M. SAEz RIVERA Real Academia Espafiola. Diccionario 2001. En el NTTLE aparece la voz ingulo con al& tipo de marca por primera vez en el diccionario ingles-espa6ol de Stevens (1706), lnuy deudor de Minsheu (1599), como es bien sabido, pero tambien con numerosas novedades como la que acabamos de presentar. Tanto en Stevens como en el Diccionario de Autoridades, la siguiente documentacion lexicografica con marca de discurso de especialidad, estas marcas son aun poco sistemiticas y no estin abreviadas, sino que se ofrecen en forma de oracion o sintagma: 1. ccAngulo, an Angle, or Geometrical term)) (Stevens 1706: s. v.) 2. ccANGULO [. . .] Es voz de la Geometrian (RAE 1726: s. v.). Es sobradamente conocido que en la historia de la lexicografia se tiende al empleo de marcas breves o abreviadas (Glatigny 1990), tendencia en la que entra la lexicografia academics ya en 1770, como se puede ver en el ejemplo, aunque se adscribe la voz ingulo a un campo mayor a la geometria como es la Matematica, con una marca entre parentesis cc(Matem.))j. En 10s ejemplos presen- tados vemos como la adscripcion de la voz vacila entre la Matemitica y su sub- disciplina la Geometria (ctJeometrian para Terreros, ctMat.n para Salva y ctGeo[metria]jj de nuevo para la Academia en la ultima edici6n del DRAE (2001)) y c6mo tambiin hay excepciones a la tendencia abreviadora, como es el caso de Terreros, que sefiala angulo como cctermino de Jeometria)). Por otra parte, existen marcas que si adscriben a tradiciones discursivas, como puede ser la marca poit. (pot-tico) que se emplea en el DRAE (2001) (v. (2) en el ejemplario), por ejemplo con la voz aquilino: ctaquilino, na. (Del lat. aquilfnus). adj. poet. Dicho del rostro: aquilefio)). Sin embargo, no se reflexiona en el prolo- go metalexicogr~fico acerca de esta marca, quizi incluida dentro de 10s niveles de uso de la lengua (para la Academia ccvu1g.n par 'vulgar', jerg por 'jergal', infant. po 'infantil', acult.jj por 'especialmente culto), 10s registros de habla (del tipo cccoloq.>> por 'coloquial'), la valoracion del hecho lingiiistico (ctmalson.jj por 'malsonante'), cceufem.), por 'eufemismo'), la intention del hablante (ctdespect.)) por 'sentido despectivo', o ccirh.), por 'sentido ironico') o un brumoso ccetc.,) (DRAE 2001: XXXV). Por otra parte, tal marca ya aparece en el primer diccionario acadt-mico (NTLLE 2001: s.v. aquilino): ALQVlLlNO, NA.adj. Vdc Aguilcilo. \rclk.'Gn voz P&tica y punmenre Latina. Aqsi!inw. !?ANT.RoU~. 1. c~*u.l brm la nariz, /II) b~rdwfih d Cy ro, bilnpw asrdfi rrmlb & rfrgPro ma, aquilino.,, . .. Real Academia Espafiola. Diccionario 1726 ACADEMIA AUTORIDADES (A-B) TRADICIONES DISCURSIVAS, HISTORIOGRAFLA LINCUISTICA E HISTORIA DE LA LENCTUA 95 En cuanto a 10s textos gramaticales, tamhikn podemos encontrar algirn tipo de marcaci6n de estructuras morfosintacticas al uso de la que se hace de unidades Iixicas, aunque esa marcacion por lo general sera menos formalizada y normali- zada, conforme propone Schneider-Mizony (2003). Respecto a la cuestion que nos ocupa se puede llegar a sefialar el ernpleo o frecuencia de cie~tas formacio- nes o construcciones en ciertas tradiciones discursivas. La marcacion solo apare- ce en el tipo de gramaticas que describe la 'lengua entera'2 o cuyos autorcs sue- len manejar conceptos retoricos, de conocimiento general, per0 especialmente profundos, en gramaticos que eran a la vez clhigos y dehian estar fonnados en la oratoria homiletics, como es el caso del padre Villar y del abate Vayrac, lo cual entronca con la relaci6n ineludible entre tradiciones discursivas y retorica que acaba de seiialar la Dra. Pons en esta misma mesa redonda. Para ejemplificar c6mo funciona esta 1narcaci6n discursiva en 10s textos gra- maticales consideraremos tres casos como boton de muestra y modelo de analisis. En el primer caso, vemos c6mo en el Alte de la lengua esp&ola (1651) del padre Villar3, kste seiiala que el hipkrbaton desmesurado se ha extendido de la poesia a1 discurso historic0 y homiletico, lo cual resulta censurable, incluso tam- bien en poesia cuando resulta excesivo. Asi, en el ((Cap. Xlll. De las figuras que se cometen en la construcion de distintas diciones?) (p. 94), de su obra, has trata- la eclipsis o elipsis, el zeu<g>ma, la Silepsi[s], la divisio y la Enalage, asi como el arcaismo y el helenismo, dice lo siguiente: [Al margen dcho.: 1651 Pero quanto a el hyperbaton, que es lo mismo que hansgre- sion; o transposition de palabras, sc note que sus especies son la Anastrofe, Tmesi y el Parenthesi. La Anastrofe es orden trocada de dos diciones, coma quando el lati- no dize: mecum, tecum, secum: poniendo [p. 951 la prcposicion despues de su caso. Y aunque enhe estas dos partes, de oracio[n] no la usamos en nuestra lengua, pero entre el sustantivo y adjetivo, relativo y antecede[n]te siempre 2 sido usada en los poetas, pero con tal moderacio[n] que se hallava en clla la virtud y gracia que la locucion siempre por ella % pretendido. Ya en estos ticmpos es tan copioso su uso no solo en la poesia, sino tambien en la oracion y en la historia, y qualquiera cosa que se escribe, q[ue] parece no professan los autores ya oha cosa, q[ue] obscurecel. sus escritos con esta figura. Gonzalo Coneas, Arte de la lengua espaiola castellana. Ed, de Emilio Alarcos Garcia, Madrid, CSIC, 1954; 144: rAse de advertir que una lengua tiene algunas diferendas, fuera de dialectos particulares de provinrias, conforme alas edades, calidades, i estados dc sus natura- Ics, de nusticos, de vulgo, de riudad, de la xente mas granada, i de la corte, dcl istoriador, del anriano, i predicador, i aun de la menor edad, de muxeres i varones: i que todas estas abraza la lengua universal debaxo de su propiedad, niemo i frase: i a cada uno le csta bien su lenguaxe, i a1 cortesano no le esta ma1 escoxer lo que pareze mexor a su proposito camo en el traxe: mas no por eso se a de entender que su estilo particular cs toda la lengua entera, i xeneral sino una oarte. Doruue muchas cosas que 61 desecha, son mui buenas i elegantes para el istoriador, anzia- . .. . no i redicador, i 10s otros)). Valencia: Juan Verengel. Sigo la edici6n facsimilar dc Gdmez Asencio (2001). [Al margcn izq.:166] Haze contra este vicioso cshemo un grave y docto discurso Don Joseph Gonvalez de Zalas en su Poetica de Anst. sccion 5, digno de que todos lo vean. Y aunque algunos amigos perspicuidad y claridad de lo que se escnbe, le an prete[n]dido satisfazer, en ninguna manera lo consiguen, porque solo pruevan, que esta figura da gracia y facilidad principalmente a la poesia, pero entendiendo- lo, qumdo no se excede de el medio, ni viciosamente se passa [p. 961 a los estre- mos. Assi lo hizicron 10s Autores que ellos citan, y por tanto admira que con solo provar, que tales varones usasen de la inversion q[ue] es lo que nadie les niega da[n] por provado ser licita la demasia de estos tiempos, que cs lo que ninguno dehe con- cederles.[p. 971 El tratamiento del hipkrbaton se extiende en un par de epigrafes mas, pero nos bastara con lo que hemos presentado. Dentro de estos epigrafes destaca que el padre Villar utiliza como fuente un tratado poetico, y no gramatical, esto es, la obra de Don Iusepe Antonio Gonqalez de Salas Nueva idea de la tragedia antigua o Ilustracion ultima a1 libro singular De Poetica de Aristoteles Stagiljta, impreso en Madrid por Francisco Martinez en 16334. En tal obra, Gonzalez de Salas pro- pone en las piginas 79-96 un estilo para la Tragedia qne sea a la vez elevado, grave y moderado, asi como perspicuo y claro. Denuncia en las pp. 84-86 el vicio de la oscuridad en los poetas de su tiempo (menos los cbmicos, que no llegail aun a tales extremos), asi como en historiadores y oradores. En general sentencia que ctVimtd es que universalmente comprehende a la Oracion la Claridadn (p. 86) y propone como modelos de elevation y claridad para las distintas tradiciones dis- cursivas a los siguientes autores: Virgilio para la poesia, Ciceron para la oratoria y Quinto Curcio para la historia. La deuda del padre Villar con tal autor resulta clara. Para el segundo ejemplo haremos un viaje inverso que comienza en la grama- tica que John Stevens adjunto a sn diccionario de 1706. En tal gramatica se sefia- la que ciertas fonnas 'on paragoge, del tipo cantare, amare, ya arcaicas (ccbeing out of date))), resultan no obstante tipicas en el siglo XVlII de las ctOld Songs and Ballads)), esto es, del genero romance o de las cancioncillas de la lirica popular. La -e paragogica resulta pues un indice de cierta tradicion discursiva: T*HE Paragoge, or adding of some Letter or Syllable at the end of a Word is scar- ce to he found at present, tho' us'd formerly, as wc may see in Old Songs and Ballads, where they sometimes say Am6re, for Amor, Cantare, for Cant& but those being out of date, it is now only found in the Verbs Voy and S6y, form the Verbs Ir, and Sbr, which should be according to the General Rule of Spanish Verbs Vo, and So, as they were us'd in former Ages, but now have they added for the better Sound. [p. 481 Empleo el cjemplar de la BNE, signatura TI8575 TRADICIONES DISCURSIVAS, HISTOR~OGRAF~A LINGUISTICA E HISTORIA Dl2 LA LENGUA 103 constituye la pieza clave o central de la historiografia lingiiistica de la kpoca entendida como aire de familia. 3. Conclusi6n Mis que de conclusion, habria que hablar de continuacion. Aqui solo se han espigado algunos ejemplos y pautas generales de relacion entre tradiciones dis- cursivas, historiografia lingiiistica e historia de la lengua, per0 queda atin mucho por hacer. Asi, conviene realizar un rastreo minucioso de informacibn acerca de las tradiciones discursivas del espaiiol en todo tipo de textos lingiiisticos anti- guos, no solo gramaticas y diccionarios, sino tamhien retoricas, secretarios, manuales de conversaci6n, etc. Por otro lado, falta por trazar una tipologia rigu- rosa de 10s gkneros y tradiciones discursivas historiogrificos acerca de 10s cuales simplemente se han seiialado algunos rasgos que hay que tener en cuenta. Aux~, Jean Michel, 1985, uQuel types de textcs?;;. Lcfrangais dans lenlonde 192, 39-43. 1987a, ~Tsxtualitb el Sequentialite. L'cxemple de la description)). Langue Franqaise 74, 51-72. 1987b, ~Types de sequences textuelles elementaireso. Pratique.~ 56, 54-79. -1992, Les lextes: Types etprototypes. 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Universidad de Deusto Resulta evidente que un titulo tan ambicioso como ccDialectologia hist6rica: nuevos enfoques y perspectivas), no puede recoger, en el espacio del que dispo- nemos, todas las ireas geograficas, variacibn social, registros y niveles lingiiisti- cos o las multiples situaciones comunicativas en las que se desarrolla la lengua. En congresos anteriores, como 10s de Salamanca y Jaen, se ha atendido a ireas como la americana, o a hablas coma la andaluza o el judeoespaiiol, por lo qtle, en el presente foro, nos ocuparemos de una parte del area norteiia: asi, Maria Areta (Universidad de Navarra) presentari cuestiones relativas a1 romance navarro; Carmen Moral (Universidad de Deusto) se ocupari de las hablas montafiesas; Hector Garcia (Universidad de Leon) centrari su aportacion sobre 10s amhitos asturiano y lean&; y, finalinente, Sara Ghmez (Universidad de Deusto) atenderi a1 area del actual Pais Vasco. Se trata, pues, de presentar, en primer lugar, el estado de la investigacion lin- giiistica en cada una de estas zonas, asi como, en relaci6n con las fuentes docu- mentales, el inventario de colecciones editadas, la valoracion del aprovecbamien- to de las mismas y 10s posibles problemas que pueden originar en 10s estudios dialectales. En segundo lugar, se establecen no solo las tareas pendientes en lo relativo a la reconstrucci6n lingiiistica de 10s niveles de lengua, sino que se pro- pollen nuevas lineas de trabajo para la investigacion histbrica, lineas que tengan en cuenta la importancia de combinar la infomaci6n dialectal contemporanea, la historia extema, la consideracion de la Ret6rica y el Ars Notariae en la redaccion de 10s tipos documentales y las tradiciones discursivas, especialmente en el caso de copora no literario, y que, en la medida de lo posible, atiendan a 10s hechos linguisticos en relacion con factores como 10s diferentes registros de lengua y la variaci6n social. Asi, en ((El estudio del romance navarron, Maria Areta, tras subrayar la abun- dancia de trabajos que caracterizan la lengua en epoca medieval, seiiala que estu- dios sincronicos sobre Ikxico han detectado la presencia de peculiaridades en el habla actual, por lo que considera que son urgentes analisis linguisticos de 10s siglos que median entre la etapa medieval y nuestros dias. De ahi que su aporta- ci6n se centre en el estudio de la lengua de las declaraciones de litigantes en plei- HECTOR GARC~A GIL Universidad de Ledn Introduccion La presente intervencion en esta mesa redonda tiene como ohjeto, denk de la forma mas breve y ordenada posible, la descripcion del estado de la cuestion sobre estudios de dialectologia hist6rica en el dominio rominico asturleones. Para ello, junto a una triple delimitacibn: geogrifica, temporal (del period0 com- prendido entre 10s siglos XI11 y XIV) y de tip0 documental, abordaremos una breve revision de la historia y origenes del estudio de la dialectologia historica asturleonesa, asi como de las lineas actuales de investigacion, para terminar apun- tando cuestiones y lineas de debate e investigacion que en nuestra opinion dehe- rian afrontarse en este tipo de trabajos en un area tan rica y ahundante en docu- mentacion medieval, y a la vez de datos contemporineos: . Presentar algunas de las lineas y tendencias de investigacion de dialecto- logia historica en el area asturleonesa y posibilidades de desarrollo. Notas sobre el ambito lingiiistico medieval asturiano o asturiano-leonks, su delimitacion geografica. La dialectologia bistonca en este espacio lingiiistico: Origenes y desarro- 110. Nuevas lineas de investigacion 1 reformulacihn de las mismas Avances metodol6gicos y tecnologicos: aplicaci6n en el area asturleonesa 1. ~rea geografica: notas sobre limites y evoluci6n historica El area lingiiistica asturiano-leonesa medieval, entendida como tal, compren- de las tierras de la actual Asturias -except0 la parte mas occidental entre 10s rios Navia y Eo, adscrita al dominio lingiiistico galaico-portngues-, y tierras de Le6n, Za~nora y Salamanca, ademas de la zona de Miranda do Douro (Portugal), asi como la Extremadura de reconquista leonesa. Hay que sehlar, tal y como dice Xulio Viejo (2003: 25), que la leonesizacidn lingiiistica de las tierras al sur del Duero, y -afiado- de la zona oliental de la provincia leonesa, a excepcidn de 10s valles de Sajambre y Valdeon y aled&os, puede que no pasara nunca de un nivel superfluo, siendo matizada tempranamente o desplazada por la influencia del cas- tellano. Vemos, pues, que este romance se asocia a la expansion del Asturorum Regnum, o reino asturleones en su movimiento expansive hacia el sur fuera de su solar primigenio del Conventurn Asfurum siguiendo la Ruta de la Plata. Si comparamos su extension medieval con 10s datos y realidades actuales, vemos que este espacio linguistic0 se extiende por la zona asturiana ya mencio- nada, zona norte y oeste de Leon y Zamora, donde limita con el gallego, presen- te en el Bierzo Occidental, y la Tierra de Miranda, en Portugal. Por el oriente esta area limita en Asturias con las hablas montaiiesas y las cas- tellanonorteiias en la zona leonesa. Si bien determinados rasgos considerados como definitorios del asturiano-leones penetran en Cantabria, otros trazos canta- bro-castellanos entran en zona oriental asturiana. Tal y como delimito Francisco Garcia Gonzilez (1982: 173-191) las hablas de 10s concejos asturianos de las Peiiamelleras, Ribadedeva y la parte oriental de Llanes -a partir del rio Pnr6n- formarian parte de las hablas montaiiesas. Vemos, pues, como este domimo rominmco med~eval, s~tuado entrc 10s doml- nlos gallego y castellano redujo su extens1611 terntorla1 en un proceso h~sthnco y contlnuo en el que podemos marcar dos tendenclas. 1) Una temprana castellan1zac16n o rnejor dmcho desleoneslzac~dn de las zonas a1 sur del Duero junto a un proceso s~rn~lar en la zona llana or~ental a1 este de Leon y gran parte de Zamora 2) Un proceso de sustitucion linguistica, castellanizaci6n, en la zona norte del Duero, mas acentuado en las tierras leonesas y mas tardio en Asturias, Ile- vando a la desaparicion de las variedades dialectales de gran parte de Leon y Zamora, donde pervive con precariedad en zonas del norte y oeste, y con cierta vitalidad en el Principado de Asturias. Dentro de este proceso pode- mos destacar tambien la distanciacion de las variedades diatbpicas asturle- onesas por la ausencia de una norma referential, una variedad diatopica que sin embargo no va a aparecer normalmente reflejada en la escritura medieval. 2. Estudios de Dialectologia HistSrica en el irea asturiano-leonesa: 10s origenes El inicio de 10s estudios de esta area coincide en un primer momento, segunda mitad del s. XIX con el inicio de 10s estudios de dialectologia historica: Asi tene- mos para esta zona trabajos como Das Altleonische de Gessner (1867), Estudios sobre la Conjugacidn Leonesa de Federico Hansen (1896), sobre el leones a traves de textos medievales, o el trabajo sobre documentacibn medieval leonesa, en el que Staaff, ~tudes surl'ancien dialecte leonais d'apris des chartes du XI112 siicle (1907) realiza nn reparto dialectologico intemo. Posiblemente este enfoque histo- rico / historicista condicionara el nombre de conjunto empleado por Menendez LA UIALECTOLOGIA HLST~RICA EN EL AREA ASTLRIANO-LEONESA Pidal (1906) en su obra de conjunto: El d~decto leoni$ donde adjunta, junto a datos contemporaneos, cuestiones derivadas de textos medievales. En la zona mirandesa el trabajo de Leite de Vasconcellos (1882) inicia la investigacion sobre esta variedad proseguida posteriormente par Herculano Carvalho (1958). Posteriormente, y referido a1 trabajo sobre documentaci6n medieval, centrjn- dose en el period0 qne va desde la mitad del siglo XI11 a mediados del XIV, des- tacan los estudios en dos campos: 1) Docunental: trabajos sobre el fuero de Avilis (Lapesa 1948), 10s fueros de Oviedo, de Ledesma (Castro & Onis 1916) y otros textos juridicos, asi coma la tesis de Lapesa (1998) sobre el dialect0 asturiano occidental en la documentaci6n medieval, y en la que apunta la tendencia, no triunfante, a la creation de un modelo lingiiistico afincado en la variedad central u ove- tense. 2) Literario: La busqueda de Menendez Pidal de leonis, o en mayor medida de leonesismos en obras literarias del s. XIII, Libro de Alexandre, J'oema de Elena y Maria, etc. Un segundo campo de estudio, lnenos explotado, y limitado a la zona asturia- na sena la investigacion de los textos literarios, aparecidos a panir del siglo XVII, aunque par desgracia, apenas si tenemos manuscritos y lo que llega hasta no- sotros viene de una recopilacion de mitad del sigh XIX (Caveda 1887), con lo que podriamos sospechar procesos de regularization y actualizaci611, dejando muy dificil la determinacion del estadio evolutivo del asturiano de 10s siglos XVll y XVIII a traves de 10s pocos manuscritos de esa epoca. Posteriormeute y a lo largo del siglo ya pasado y de estos primeros aEos del siglo XXI, se produce un estudio constante de esas fuentes documentales, que sir- ven tanto para entender el area asturleonesa como para completar la visihn del romance castellano vecino. Junto a la continua edici6n de textos y corpora docu- mentales, se tiende a trabajar en ireas concretas ante el volurnen y cantidad de la informacion obtenida: Grafematica y Fonologia: Si bien esta es una parte muy interesante, pre- senta multitud de problemas y mas si se toman 10s textos como si fueran datos dialectales y no se tiene en cuenta la posibilidad de pautas nomali- zadoras, tendencias hacia normas de romances vecinos, o la no equivalen- cia grafema- fonema. jv.g Jos6 Ramon Morala 1993, 1998). Morfologia y Sintaxis: aqui nos encontramos ante estudios sobre elemen- tos de la lengua coma posesivos, el articulo, o mas complejos, como el sis- tema verbal medieval de este romance: Cristina Egido (1996). Lexico: Es este un aspect0 que, si bien se estudia desde sus inicios, no pre- senta un estudio completo y exhaustivo, centrandose en aspectos parciales. Como excepci6n tendriamos 10s estudios lixico-seminticos de I. Carrasco y P. Carrasco (1997) sobre 10s Fueros de Zamora, Sala~nanca, Ledesma y Alba de Tomes. 3. Los corpus documentales asturiano-ieoneses: aprovecl~amiento y problemas Una de las caracteristicas de esta zona asturiano-leonesa medieval es sn abun- dancia eo fuentes documentales. Los fondos, valgan como ejemplo, de 10s archi- vos de la Catedral de Leon, de la de Oviedo o de monasterios leoneses como 10s de SahagGn, Carrizo, San Pedro de Montes, San Andres de Espinareda o de monasterios asturianos como Belmonte (Lapedo), San Bartolome de Nava, Cornellana o Corias nos ofrecen abundante inforniacion ya desde el siglo X y, para lo que nos interesa en este trabajo, de 10s siglos XI11 y XIV. A esto hay que afiadir otra gran cantidad de documentaci6n procedente de una zona, que, si bien se castellanizara tempranamente, nos aporta informaci6n relevante de esta 6poca: Zamora, Salamanca o Ciudad Rodrigo, entre otros. Junto a esta documentaci6n de diversa naturaleza: eclesiastica, juridica (testa- mentos, sentencias, litigios) o transactional (compra-venta, arrendamientos, donaciones) hay que Cadir la importante fuente que proporcionan 10s heros: Aviles, Oviedo, Zamora y otros, junto alguna de las versiones del Fuero Juzgo, romanceada en territorio asturleones. 3.1. Los corpora documentales En este punto se pretende esbozar una enumeracion, incompleta y no exhaus- tiva, de las diversas fuentes documentales con las que nos podemos encontrar y trabajar en un territorio lingiiistico tan rico como dijimos en doc~unentaci6n medieval. Como trabajo recopilatorio de conjunto tenemos a disposicion el Repertorio Bibliografico de Fuentes Doc~u~nentales del Dominio Lingi'stico Asturiano- Leonis en la Edad Media, obra del equipo PatRom de Oviedo, que junto con otras universidades peninsulares y europeas, bajo la coordinacion del Dr. Dieter Kremer, tiene como objetivo la redaccion de un Dictiomaire Historique de 1 'An throponymie Romane. Este trabajo de repertorio bibliogrifico del dominio lingiiistico asturiano-leo- nis medieval recoge en un volumen la bibliografia de Fuentes basta 1996. Como es 16gico en estos casi diez afios aparecieron nuevo volumenes y fuentes docu- mentales asturiano-leonesas, con lo que seria aconsejahle una actualizaci6n del mismo. En el ambito administrativo leonis es destacable, por su gran volumen de tra- bajo y la calidad y trascripcion de 10s documentos, la colecci6n Fuentes y estu- dios de Historia Leonesa, bajo la direccion de Jose Maria Fernandez Caton. 3.1.1. Corpus asturiano En este espacio lingiiistico podemos encontrarnos con amplia documentaci6n centrada en: LA DIALECTOLOG~A HISTORICA EN EL LA ASTURLANO-LEONESA Archivos de la Catedral de Oviedo. Monasterios ovetenses: San Vicente, La Vega, entre otros. Otros monasterios asturianos: San Bartolome de Nava, Occidente: Lapedo, Cornellana, Corias.. En 10s ultimos afios, en este imb~to, la Academia dc la Llingua Asturlana viene publicando dentro de la colecci6n Fontes de Llingua Asturiana, documen- tacion medieval asturiana, tanto de la Catedral de Oviedo, como de otros monas- terios ya sefialados: Cornellana o Belmonte, Lapedo. 3.1.2. Corpus leonis Como ya hemos seialado con anterioridad, en esta zona la labor de la colec- ci6n Fuentes y estudios de Historia Leonesa, bajo la direccion de Jose Maria Femindez Cat6n para el ambito administrative leonis se viene desarrollando la publication de 10s documentos e index verborurn de archivos como: Archivos de la Catedral de Leon Archivos de monasterios leoneses: Saha@n, Camzo, San Pedro de Montes ... Para completar esta vision de la documentaci6n medieval leonesa tendriamos que mencionar tambiin 10s fondos documentales de la zona zamorana: Archivos de la Catedral de Za~nora, o de 10s monasterios de San Pedro de Castafieda, Moreruela, entre otros o la documentacion de 10s Fueros de la zona de Riba-Coa o de Ciudad Rodrigo. 3.2. Aprovechamiento y problemas de 10s corpora A la hora de aprovechar, de realizar trabajos sobre la base documental copio- sa que proporciona este dominio rominico, hay que tener en cuenta dos aspectos basicos para su desarrollo: Distincion entre copias y originales. Utilization de copias y traslados para ver evoluciones I modificaciones. Los textos medievales (ss. XIII-XIV). Distancia 1 cercania de lo escrito con la realidad oral y la variedad dialectal concreta a la luz de 10s datos diatopicos actuales. 4. Nuevas lineas de investigaci6n I reformulaci6n de las mismas Una vez vistas las lineas de investigacion desarrolladas hasta hoy dia, quere- mas exponer 10s que a nuestro juicio deberian ser los caminos y sendas por 10s que se muevan las investigaciones en este siglo XXI: Consideracion dependencia I independencia de esta area lingiiistica: Dos visiones contrapuestas: caricter autonomo del asturiano-leonis, caracter dependiente frente al castellano. Este aspecto, conflictivo en determinados momentos, tiene que afrontarse desde una perspectiva puramente linguis- tics, dejando a1 margen consideraciones extralinguisticas. Interpretation de grafias a partir de los resultados dialectales actuales. Partiendo de resultados fonicos actuales, aunque en ocasiones minorita- rios, postular evoluciones fonicas que expliquen las divergencias con 10s romances vecinos y la propia existencia de tales resultados. Plantearnientos de sociolinguistica a la hora de explicar carencias tales como la ausencia de literatura asturiano-leonesa y el inicio de concepcion -en tierras asturianas- de un caracter diferenciado de este romance frente a su previsible ausencia (Viejo 2004). Cuestiones pragmatoestilisticas en 10s textos asturiano-leoneses: Elecciones concretas de piezas l6xicas o rasgos grafematicos concretos (Viejo 2004). Desde esta perspectiva la eleccihn de determinadas solucio- nes grificas como la falta de diptongacion o formas arcaizantes deberian entenderse, no como pervivencia real de las mismas, sino como una cues- ti6n pragmatoestilistica y de niveles de habla, considerando las anteriores como mas elevadas o propias del registro culto frente a 10s elementos patrimoniales reservados al nivel oral y popular. Dentro de este proceso, truncado en el siglo XV, la distincion frente a1 castellano se produce justo en el momento en que 6ste empieza a ser una realidad en este territorio. Asi se entenderia la ausencia de determinados rasgos caracterizadores del romance y la no percepcion del romance asturiano-leones como distinto (dentro del tenitorio asturiano estricto) a otras formas romances hasta bien entrado el siglo XVII. Estudio de 10s focos normativizadores medievales: Leon y Oviedo y sus lineas de relacion, direccion de las inflnencias entre ambos nucleos y su aplicaci6n en zonas del dominio romanico leones. Pautas y procesos de castellanizacion de la documentaci6n: periodos y lugares. 5. Avances metodol6gicos y tecnol6gicos: aplicaci6n en el Area asturleonesa Como hemos destacado con anterioridad, nos encontramos ante un territorio lingiiistico de gran riqueza documental para el period0 medieval y en la qne la principal labor viene siendo la trascripcion y publicaciou de ese corpus docurnen- tal. No obstante, echamos a faltar una adecuacion de esa tarea a los nuevos avan- ces metodol6gicos y especialmente a las nuevas tecnologias que nos ofrecen herramientas que facilitan y facilitaran el trabajo investigador: digitalization de fondos, elaboraci6n de ediciones informatizadas y sobre todo la realization del etiquetado de textos para su anilisis. Existen importantes index verborurn, como pueden ser 10s de la catedral de Leon, pero en formato traditional, no se utiliza la informatizacion. Una utilization informatizada de 6stos facilitaria esa tarea de consulta y busqueda. 6. Conclusiones Como se destac6 a lo largo de este trabajo, la importancia de la dialectologia his- torica en este imbito linguistico asturleones es doble. Por un lado, es precisamen- te desde 10s estudios de Dialectologia Historica de la segunda rnitad del siglo XIX donde se descubre este espacio linguistico. Esta primera onentacion se vera supe- rada despuis por la abundancia de estudios de tip0 lingiiistico y dialectal de carac- ter sincronico que se llevarin a cabo en buena parte del siglo XX y hasta nuestros dias. Esto no significa un ahandono del estudio historic0 del romance asturiano- leonis ni de su docurnentacion, labor continuada hasta la actualidad y que por lo que expusimos aun tiene campo y documentacion sobre la que trabajar. Por otra parte, esta abundancia de fuentes y repertorios medievales, junto a la presencia contemporinea de sn continuidad como realidad oral y escrita nos pre- senta un territorio que se presta a la continuacibn de las investigaciones y refor- rnnlaciones de planteamientos necesarios, a 10s que habria que sumar, sin duda ninguna, la aportacion de 10s campos de la infonnatica y las nuevas tecnologias. Elementos estos que deben ser herramientas que faciliten el trabajo y consulta de 10s repertorios y fuentes, y a su vez, herramientas de trabajo de 10s investigado- res sobre 10s mismos. REFERENCIAS BIBLIOGR~ICAS CAN^ GONZAL~Z, Ana, Jose Luis GARCiA ARIAS et al., 1996, Repertorio Bibliogrdtico de Fuentes Documentales del Dominio Lingiiistico Asturiano-leonb en la Edad Media, Oviedo: Servicio de publicaciones del Principado de Asturias. 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Se trata, pnes, de precisar, por un lado, las gradaciones de divergencia respecto a areas como la navarra o leonesa y, por otro lado, de deter- minar su grado de integacion en el castellano de Castilla La Vieja, es decir, en el llamado complejo dialectal castellano (Garcia de Diego 1950), del que, hasta el momento, el ambito lingiiistico del Pais Vasco se encuentra apartado'. No obs- tante, en 10s ultimos aios y especialmente en lo que respecta a la referencia pro- nominal, la variation dialectal del area castellana esti recibiendo la atencion necesaria y anilisis monogrificos como 10s de Femandez-Ord6fiez (1999,2001) ban incluido Vizcaya y lava en dicbo continuum, por el uso de lo con referen- tes de materia masculines y femeninos. Veamos, pues, el estado de la investiga- cion en las tres zonas de la Comunidad Autonoma Vasca. 1 .I. En el caso de Vizcaya, la abundancia de documentos notariales para las etapas bajo y tardomedievales ha permitido a Isasi y a un grupo de investigado- res que ella misma coordina (Seminario Alfonso Irigoien) caracterizar la varie- dad romance utilizada en la documentation, variedad que, en el punto actual de nuestros conocimientos, debe identificarse con el castellano. A continuation, se expondran brevemente algunos de sus rasgos. En conexion con areas occidentales, Isasi (2002a,2006b) ha subrayado la sig- nificativa pesmanencia -hasta el siglo XV2- de la forma de posesivo so emplea- do como masculine y femenino. Asimismo, en coincidencia con el sistema pro- nominal descrito por la dialectologia para la zona occidental, un primer anilisis medieval sobre variation pronominal en un documento bilbaino del siglo XV (G6mez Seibane 2006a) ha destacado la pronorninalizacion con lo de objetos directos continuos femeninos. Como ejemplo, destaca su ausencia en 10s mapas de la latiniracihn peninsular (Echenique 1987). Frente a la cronologia aceptada para la evoiucihn castsllana, seg"n la cual se supone gcneralizado el paradigma moderno desde el siglo XIV. En sintonia con la distribucion de modos verbales caracteristica de Areas orientales, Isasi (2000, 2002a, 2002b) ha sefialado el uso del futuro de indicativo por el de subjuntivo, especialmente en suboraciones de acci6n futura o contingen- te, sustituciones analizadas tambien en profundidad por Ramirez Luengo (2001, 2002a, 2002b, 2004). Otros aspectos de la scripta vizcaina convergentes con el area navarra son el empleo de cada sin el consecuente uno con valor distributivo (Isasi 2002a. 2006bi. la oresencia de zerundios construidos sobre tema de nerfec- ,, - to (Isasi 2002b, 2004) y el recurso a la secuencia oa /uoa, en altemancia con ua, para la representacion grafica de /kwa//gwa/, especialmente en ciertos elementos l&x~cos, como goardco Jegoa (Isasi 1993, 1997, 1998a, 2002b; Romero 2002, 2003; Gancedo 2006). En esta linea comparativa con 10s romances circundantes, se han observado vacilaciones de genero coincidentes en ciertos sustantivos (Ghmez Seibane 2002) y se ha apuntado la posible mocihn de numero del reflexivo si (Isasi 2002a, 2006b), asi como el mantenimiento de ende y sus variantes hasta el siglo XVI, a1 menos en expresiones formularias (Polo 2006). Por otro lado, algunos de 10s rasgos lingiiisticos de estas colecciones pueden entenderse a la luz de la presencia de la lengua vasca. Asi, por ejemplo, cabe des- tacar el seseo, un aspecto grifico-fonitico de interis, ya que constituye una de las caractensticas de 10s hablantes vascos en la modemidad, que, coma es sabido, consiste en la indistincion de 10s resultados de las antiguas predorsales africadas y de las apicoalveolares (Isasi 1997, 1998a, 1999a). Igualmente, para la sustitu- cion de <il> por <ill> en cierto repertorio de voces, varias de las cuales coexis- ten como prestamos en lengua vasca (Isasi 1995b; Romero 2002, 2003), se ha aducido como explication posible la palatalization contextual del euskera en ciertas areas vizcainas3. Finalmente, en relacion directa con la presencia de la len- gua vasca estan 10s vasquismos4, especialmente en campos ligados a actividades especificas de la zona, como pesca o ferreria (Isasi 1995a, 1995c, 199%). No obstante, se registra tamhien un repertorio de terminos de difusion peninsular, en principio limitada (Isasi 1999b), y lexico de interis desde el punto de vista de sus particularidades foniticas (Isasi 2002a). Para todo ello, vease el proyecto de reco- gida de prestamos de la lengua vasca y timinos de origen rominico de difusion geogrifica restringida (Isasi et al. 2005). Existen, ademb, algunos trabajos de cronologia posterior que, de manera general y particulannente en el caso de la historia lingiiistica vasco-romanica, vienen a cubrir el vacio existente para la sincronia historica del siglo XVIII. Asi, se han registrado en documentation notarial inedita y en anotaciones manuscritas No obstante, las limitacioncs del conocimiento diacr6nico de 10s dialectos vascos imoi- den ue esta interpretacion pueda considerarse como causa segura (Isasi 2002a). lsasi entiende por 'vasquismo' la vor identificahle con el euskera, <<sea su oneen eus- - kaldun o romhico, si hien algunas de ellas debian de estar, como pmehan los mismos docu- mentos, incorporadas tamhien a1 lexico castellano de la zonan (2002a: 147, n. 52). ESTADO ACTUAL Y PERSPECTIVAS FUTURAS DE LA INVESI'IGACION LINGU~STICA ... 137 Mondragon),) Res Diachronicae Virtual 4: El Contacto de Lmguas, <htrp:lIm.resdi.coin>, (en preparation). - y Josi L. hMfRiZ LUENOO, 2002, aNotas sobre la lengua de wl guipnzcoano ernigrado a lndias en el sigh XVIII,,. Esmdios de Lingiiistica de la Universidad de Alicante 16, 325-44. 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Bilbao: Gran Enciclopedia Vasca. LAS HABLAS MONTARESAS: DUDAS Y POSIBILIDADES DE LA DIALECTOLOG~A HISTORICA M" CARMEN MORAL DEL HOYO Universidad de Deusto I. Introduccibn: la paradoja de la especializacion sincrbnica En la d&cada de 1950, Garcia de Diego afirma: ttsantander es de todas las zonas dialectales la mas importante y la menos utilizada), (Garcia de Diego 1950: 121). Mas ah, la califica de ctcomplejo dialecto, que no puede agregarse corno adyecticio de ningun grupo, que tiene uaturalmente caracteres comunes con las hablas vecinas, pero con una personalidad inconfundible)) (Garcia de Diego 1951: 7). Se muestra, por tanto, partidario de considerarlo de forina autonoma en el complejo mosaico dialectal del castellano septentrional, con las esperables filia- ciones hacia hablas geogrificamente proximas y propone un doble programa para mitigar la desatencion injustificada, por parte de 10s dialect6logos, sobre este espacio clave: A) Reivindica que la actual Cantabria -calificada de crucial, junto con Logroiio y Burgos por su complejidad historica- contiene, en sus hablas, datos fundamentales para abundar en la historia lingiiistica del castellano. No en vano, si ((Cantabria, origen de Castilla, fue el primer foco irradiador del dialecto)) (Lapesa 1999: 187)' y, segk opinion bastante extendida en la comunidad filologica, cdos dialectos del norte son de tipo arcaizante por- que la justification de sus modalidades es anterior a1 momento en que el castellano se impuso corno lengua national)) (Alvar 1996: lo), indagar las huellas que, de los diferentes rasgos lingiiisticos, puedan quedar hoy en la zona, derivaria Iogicamente en on inejor conocimiento del estado primige- nio de la lengua. B) Exige una metodologia que combine 10s testimonios documentales con tales huellas para trazar, asi, ttlas fronteras interiores de algunos fenome- nos)) (Garcia de Diego 195 1: 5). I Evidenternente, la idea del castellano corno dialecto diferencial tt[ ...I fuerza rebelde y discordante que surge en la Cantabria y regiones circunvecinas)> fue postulada por MenBndez Pidal en Origcnes del EspaEol. En definitiva: que sincronia (dialectologia, sociolinguistics) y diacronia (dia- lecrologia historica) sean objeto de estudio bidireccional en el constmcto del complejo dialectal montaiies. Esta declaration dc intenciones ha recibido esfuerzos mny parciales por parte de la investigacion que, sin embargo, si ha cubierto el devenir de otros comple- jos dialectales septentrionales, hoy considerados antonomos con pleno derecho. Dichos esfuerzos aparecen encaminados a caracterizar, en sincronia, los ras- gos linguisticos que manifiesta el espacio montaiies. Por el contrario, la carencia de estndios linguisticos histbricos -sistematicos sobre las hablas montaiiesas (a traves de 10s mencionados testimonios documentales) es patente. Una situation extremadamente paradojica dado que paliar esta ausencia se revela condicion sine qua non para esbozar, con cierta solidez, la diacronia de su geografia lingiiistica hasta 10s estadios actuales y, sobre todo, para evaluar sus resultados en la histo- r;a de la lengua a la que tales hablas contribuyen. 2. El status quaestionis sobre el rnontaiiks: insuficiencias La caracterizacion dialectol6gica del montafds sufre, pues, una fuerte sincro- nicidad polarizada, hasta 1970, en la obra de Garcia-Lomas (1966) y, en el ulti- mo tercio del siglo XX, en trabajos como 10s de Penny (1970, 1978) o Garcia Gonzalez (1978). Las carencias del primer estadio residen en la metodologia: 1. El gmeso de su material lo componen testimonios de literatos costumbris- tas cuya fidelidad filologica en la recreacion de las hablas es, por diversos motivos, discutible. 2. Se privilegia el nivel lexico ctque [. . .] por una parte, generalizan para toda Cantabria lo que es especifico de la zona [...I; por otra parte, califican como regionalismos voces cuya difusi6n excede el ambito objeto de estu- dion (Fernandez Juncal 1999: 10). Esto es extensible a algunos estudios recientes, que signen este modelo (repertorios de voce~)~. Las carencias del segundo, en la parcialidad diatopica. Se trata de ctinvestiga- ciones especificas con localization muy reducida [...I su objetivo es el occiden- te y centro de la region [. . .] Era esperable [. . .] que, a1 estar la mitad occidental mis cerca de un area marcadamente dialectal, manifestara mb rasgos diferencia- dores que otra zona mas alejada del foco irradiador centroastt~riano)) (Femandez Juncal 1999: 10-12). Se refiere la autora a trabajos como, entre otros, 10s de Sair Barrio (1991) o Lopez Vaque (1994). No obstante, debemos citar por su superaci6n de la atencion diatdptica tradicional, a Sinchez-Llamosas (1982), quien hata dc cornpilar el habla de Castro Urdiales. LAS HABLAS MONTARESAS: DUDAS Y POSlBlLlOADES DE LA DLALECTOLOGIA IIISTOKlCA 141 El Atlas Etnogrifico y Lingiiistico (1995) de M. Alvar es la superacion de estas deficiencias: aunque su encuesta es eminentemente lexica, esta diseiiada para extraer conclusiones fonetico-fonol6gicas y aun morfosintacticas. Ademis, al cartografiar las hablas en todo el territono de la actual Cantabria, la vision de conjunto es insuperablemente rica en el tram de variantes internas. Pero es ma superacion sincr6nica. iC6mo explicar la heterogeneidad nada cadtica3 de sus mapas sin acudir a estt~dios histoncos que perfilen que suerte de continuidad dibujan los rasgos lingiiisticos? 3. La contribucibn de la dialectologia historica Desde todos 10s angulos, se evidencia la necesidad de trabajos de dialectolo- gia hist6rica sobre el acervo documental de la Cantabria pretkrita (desde el alto- medievo). Los expurgos, a todos 10s niveles, pueden reorientar cuestiones funda- mentales en el espacio variational. 3.1. Elproblema de la adscripcidn lingiiistica del montafib Las tesis clbicas sobre el habla montaiiesa han forjado su inscription histon- ca en dominios lingiiisticos superiores, en dos direcciones: a) El montaiies sena leonk. Menbndez Pida1(1962), Zamora Vicente (1967), Garcia de Diego (1951). b) El montar7i.s seria castellano (Lapesa Neira)4. Por su parte, Torreblanca propone, para la etapa medieval, un grupo que aglu- tinaria la mitad septentrional de la provincia de Burgos y las regiones santande- rina y riojana. Este grupo compartiria algunas soluciones leonesas y se distancia- ria, en cierta medida, del romance burgales5. Pues bien, seran 10s analisis historicos 10s que dilucidaran si, efectivamente, hub0 o no una armonia del temtorio en sumarse a la norma leonesa; que grado de seguimiento acreditan los textos, si hay variacion geografica en el mismo; cuando, entonces, se produjo el progresivo abandono y, por ultimo, si este abandono se refleja igual en todas las variedades. Para ello habra que confeccionar corpus de etapas sucesivas y diferentes territorios cantabros y, despues, contrastar 10s resul- tados con estudios lingiiisticos coetineos de 10s sistemas dialectales colindantes. ' Alvar 1995: 13. Lapesa (1999: 478) incluye aqui el tercio este de la actual provincia (desde el ria Miera hasta la frontera con Vircaya). Neira (1989), ante la &ticultad de trazar isoglosas contunden- tes, propone la tesis de un continuum dialectal noiteiio que unificaria ieonis oriental y caste- llano. Toneblanca 1991. 142 Ma CARMEN MORAL DEL HOYO 3.2. La heterogeneidad ordenada del diasistemu montafiis Las adscripciones anteriores parecen no cuestionar la homogeneidad de una provincia que, deciamos, se muestra muy conlpleja cctanto si se refiere a la distri- buci6n geografica de sus pecnliaridades y alas relaciones con otras bablas y dia- lectos, como a la altura social de 10s fenomenos)) (Gimeno Ment-ndea 1990: 93)6. La dialectologia histbrica puede, aqui, aclarar el reparto de 10s fenomenos lin- giiisticos para dibujar-ylo explicar- 10s movimientos que hayan podido sufrir las fronteras interiores a las que aludia Garcia de Diego. Por supuesto, estos estudios deben superar el privilegio de 10s trabajos sincronicos sobre el centrooccidente de la region y atender el oriente, ignorado siempre por supuesta ctatonia lingiiisti- can7, para constatar si la disolucibn de rasgos del prototipo dialectal occidental se produce confonne nos alejamos del foco irradiador (tesis tradicional). ~sta es la empresa de Fernandez Juncal8 en sincronia y de un pionero trabajo de Gbmez Seibane en diacronia, a1 ocuparse de la presencia del neutro de mate- ria en documentacibn tardomedieval de Castro Urdialesg. Con todo, tambit-n -creemos- hay aun una carencia en este planteamiento: jno es posible buscar, en el Oriente de Cantabria, procesos dialectales que miren hacia el Este -mas alla de correspondencias lixicas- y no solo indicios de una continuidad con Occidente? El esfuerzo de algunos historiadores de la lengua1° esta enfocado hacia la caracterizacibn del romance que se desarrollo en irea vasca desde la epoca de origenes y, progresivamente, se estin detectando rasgos mb o menos autonomos. Cantabria vuelve a ser, aqui, piedra de toque a1 mostrar que suerte de vigencia corren, en el Oriente, las soluciones del espacio vascorro- manico. En este sentido -inkdito en diacronia- el trabajo de Moral del Hoyo" consta- to la pervivencia del posesivo so en documentos del siglo XV (anomala ya en cas- tellano) tanto en Liibana, extremo occidental, como en Laredo, extrelno oriental. Una pervivencia que habia detectado Tsasi Martinez'z, para las mismas fechas, en documentacibn vizcaina. i(Su diversidad esti en fimcion de las distintas influencias de su ueculiar situaci6n peo- Fernhder Junca1(1999), coil el neutro de tiateria y la metafonia vocilica. G6inez Seibane 2002. Destaco, para la etapa medieval, el equipo Seminario Alfonso lngoyen, dirigido por Carmen Isasi. Moral del Hoyo 2006a. l2 Isasi Martinez 1994. LAS HABLAS MONTANESAS: DUDAS Y POSMILIDADES DE LA DIALECTOLOG~A HISTORICA 143 3.3. La continuidad de los rasgos caracterizadores del montai?is La description traditional del dialecto13 suele citar como distintivos (pero no exclusivos), ademas de un extenso repertorio lexico: 3.3.1.1. Vocalismo - (*) Tendencia general a1 cierre de las vocales finales (-o>-u i -e>-i). Se atestiguan diferencias de vitalidad y extension), con testimonios de meta- fonia. - (*) Epentesis de ti/ sin justificaci6n etimologica (en interior de palabra o ante t6nica). - Otras: tendencia a deshacer hiatos, cierta inestabilidad en vocales ato- nas.. . 3.3.1.2. Consonantismo - (*) Presencia de la aspirada /h/ por evolution de F- inicial latina: notable en la montafia centroccidental. La aspiraci6n puede afectar a la velar cas- tellana 1x1. - (*) Restos, quiza hoy lexicalizados, de una palatalization de L- (llubina, Llaguno) y, menor, de N-. - (*) Conservaci6n de -MB- (camba, lomba). - (*) Los grupos romances que dejan en implosiva It1 o ki pneden pasar a Ill la primera de las consonantes agmpadas (mayoralgu). - (**) Perdida de la I-ri del infinitivo ante pronombre enclitico. - Las consonantes sonoras intervocalicas pueden perderse, especialmente 1-d-I. - (*) Pirdida de la desinencia vocalica /-el en la 3" persona singular del pre- sente de 10s verbos de la 2a y 3" conjugation, tras n, 1, r, s, z. 3.3.1.3. Morfosintaxis - Localization, mas o menos esporadica en la actualidad, del neutro de materia. - El empleo de 10s pronombres de tercera persona atonos, distingue varios paradigmas'4. - Pervivencia de 10s pronombres nos, vos. l3 Lash Pell6n 1998, NuEo ~lvarer 1996, Menendez Pidal 1962. l4 lu/lello>occidente, leilulla>Pas y habla coloquial, lello/la>habla rural y urbana oral, (le)lo/la>habla urbana escrita y noma culta Garcia GonzAlez (1978). M" CARMEN MORAL OEL HOYO - ("") Casos de posposicion de 10s pronombres personales a1 verbo (dib rontelo) y anteposicion ante infinitivo (me componer). - Procesos de derivation lexica preferentes: diminutivo -in, -uco, prefija- cion -a ante sufijos verbales, sufijos -iego(n), -izo(u). .. - Otras: presencia del conditional en la pr6tasis de las irreales, para el cen- tro y sur, y en la protasis y en la apodosis en el este.. . Esta caracterizacion prototipica surge del anilisis sincronico de testimonios. Hemos marcado con asteriscos 10s rasgos que Menendez Pidal (1962) detec- ta, ya, en textos antiguos asturianos (**) y leoneses (*), entre 10s que incluye un corpus minimo procedente de lo que 61 intitula frontera oriental de Ledn, Li&bana (actual tercio occidental de Cantabria) entre ellos. La raz6n es validar la hip6te- sis seglin la cual, mediante la labor de la dialectologia historica, podria trazarse la diacronia de 10s fenomenos dialectales (tarea que la reiterada falta de monogra- fias sistemiticas sobre estadios preteritos ha impedido desarrollar, si excluimos la presencia del neutro de materia -acreditada por G6mez Seibane en la Baja Edad Media y, ademis, para la zona limitrofe con Vbcaya-). Se trataria de arrojar luz para saber cuales son huellas de procesos arcaicos o cuales surgen por innovaciones mas modernas, qu& vigencia acreditan tales ras- gos en 10s diferentes estadios de 10s textos conservados o si existen movimientos en el reparto diatopico. Pero no debe tratarse de un proceso exclusivamente unidirectional del presen- te hacia la historia. La historia misma podra atestiguar fenbmenos que pudieron ser dialectales en otro tiempo y perderse luego (diptongaciones de /el lo1 ante yod, ciertas direcciones en la palatalizacibn, rasgos de scriptae occidentales oly orien- tales...). 4. Nuevas perspectivas analitisas para la dialectologia hist6rica No podemos olvidar que el instmmento de trabajo para la dialectologia histo- rica son, por necesidad, 10s testimonios escritos de una comunidad: los textos. Desde la Nueva Filologia, cualquier texto ha dejado ya de ser mero acumula- dor de ocurrencias para convertirse en objeto de reflexion, incluso de explication, por si mismo. Pues bien: 10s testimonios docurnentales en 10s que rastrear proce- sos dialectales historicos no dehen, a nuestro juicio, sustraerse de un anilisis filo- 16gico que contemple 10s niveles pragmatic0 y discnrsivo. lncluir la dimensi6n comunicativa y textual propone una casuistica comple- ta para 10s usos de lengua que all: se contemplan: el lingiiista debe decidir si pertenecen a la variation temporal, geografica, social, personal, estilistica o pragmatica. LAS IlABLAS MONTAflESAS: DUDAS Y POSIBILIDADES DE LA DIALECTOLOGIA HISTORICA 145 Un fragnlento como ccconos~uda cosa sea a todos 10s omes qui son e qui seran como io Gutier Petriz maladinu de mi buena voluntad viendo a vos Garci Diaz.. .)95 puede ser analizado desde diferentes -y complementarias- perspecti- vas: - Como marcas dialectales en 10s niveles fonico y morfologico, cabria sefialar la presencia de -u final en a1 adjetivo (maladinu) o el diptongo antietimologico de la primera persona (ado). - Como marcas discursivas, la focalizaci6n de la notificacion, su constmccion absoluta o la presencia de ese como para la ~ompletiva~~. - Como marcas pragmaticas, la estructura performativa del dispositivo docu- mental17 o las implicaciones corteses en el uso de la formula de tratamiento vos'8. Es mas, puede que la variacion dialectal afecte, tambikn, a1 plano discursive al evidenciar particularidades en su composition estructural, en el empleo de estrategias corteses, en la preferencia por una clase de conectores supraoraciona- les.. . Especialmente, en una tipologia coma la notarial, donde el investigador tiene acceso a textos muy homogkneos agrupados en tomo a escritorios diferen- tes. Un analisis contrastive podria arrojar luz sobre usos discursivos divergentes en tomo a areas tambikn distintas. De igual manera, y de mod0 general, tampoco debiera ser gratuita para la dia- lectologia historica la relacion entre el registro de modalidades areales en diacro- nia y el tipo de textos mas permeables a esta aparicion. Con este tipo de estudios podri comprobarse la evoluci6n en la vitalidad de las diferentes hablas coma len- guas de comunicaci6n (escrita) y sus direcciones de introducci6n (de la inmedia- tez a la distancia comunicativa o vice~ersa.. .). 5. La herramienta textual. La edici6n Sin duda, en Cantabria ha sido el ultimo tercio del siglo XX el que mayor impulso experimenta para que distintas fuentes documentales se editen. Asi corniema el Pergalnino n023, 60 1231 dc la Abadia de Santillana del Mar, micro- filmado en el Arcbivo Catedralicio de Santander. Hemos corregido, en el fragmento, algunas decisiones cditoriales de Dier Herrera (1983: 121), pues, siguiendo el original, la historiadora no recoge la -u dsl adjetivo y desarrolla por que una abreviatura que, a nuestro juicio, debe ser qui. l6 Elvira 2004. l7 Moral del Hoyo 2006b. l8 Bravo 1 Briz 2004. 146 Ma CARMEN MORAL DEL HOYO El proyecto DOHISCAN19 reclama un papel principal: dirigido por el catedr& tico de Historia Medieval Jose Angel Garcia de Cortizar, y puesto en marcha por la Fundacibn Marcelino Botin (FMB) ha recorrido 10s principales archivos pro- vinciales y estatales, hibliotecas y fundaciones, para localizar, inventariar y cata- logar 10s documentos medievales referidos a Cantabriazo. El criterio de selection es, fundamentalmente, toponimico y antroponimico: se han expurgado las entradas de documentos que contengan alguno de estos ele- mentos de natnraleza cantabra. Con este inventario, se ha creado una base de datos de consulta exclusiva en la biblioteca de la Fundacion que agiliza enormemente, a1 investigador, la locali- zaci6n de fuentes documentales. Paulatinamente, se esta encargando a distintos historiadores la edicihn de este material en colecciones de diversa naturaleza y amplia n6mina geografica (Oeste: Potes i Centro: Santander I Este: Laredo, Castro Urdiales. ..). Con todo, la tarea no es comparable a ediciones de fuentes medievales que obse~amos en otros tenitorios hist6ricos vecinos. Las publicaciones de la FMB explicitan siempre 10s criterios de edicion adop- tados -fundamentalmente diplomiticos-, pero se impone el cotejo con 10s manus- critos ante soluciones, entre otros muchos motivos, como la de modemizar la ese sigmatica por so z en funci6n de la solucion actual o el desarrollo de abreviaturas. Fuera de este proyecto, la edici6n se mnestra casi anecdotica: se restringe a algunas colecciones patrocinadas desde ayuntamientos o fundaciones y, sobre todo, a documentos transcritos que acompafian a estudios historicos en articulos cientificos o como apendices documentales. Respecto a la tipologia textual de las publicaciones, &stas pertenecen a diver- sos ambitos: - Documentaci6n municipal (actas, ordenanzas, acuerdos.. .). - Documentacion iudicial (nleitos resueltos en la Chancilleria.. .) " - Documentaci6n privada (compras, ventas.. . de linajes nobiliarios). - Documentacion eclesihtica (cartularios, censos.. .). Para la nomina completa de todas las fuentes cintabras, medievales y moder- nas, editadas, remitimos a1 estudio de SolorzanoiGonzalez (1999). l9 Puede ampliarse la information del proyecto en www.loscantabros.comlhemeroteca/ dohiscanhtm 20 www.fundacionmbotin.org. El proyecto inicial establecc como limites cronolhgicos 10s afios 800.1520. Tambikn se ha establecido un equipo en el Archivo del Vaticano que desarro- Ila su trabajo actualmente. ALGWAS CONSII)~RACIONES SOBRE LA PERIODIZACION DEL JUDEOESPAROL 155 Existen dos criterios fundamentales para establecer la periodizacion de una lengua: criterios externos6 y criterios intemos7. Ambos criterios van ligados a 10s de historia lingiiistica y lingiiistica historica, respectivamente. 1.1. Criterios exter-nos Generalmente se realiza una historia de la lengua desde una perspectiva exter- na, es decir, ordenando 10s cambios lingiiisticos en diferentes kpocas desde su ori- gen hasta la actualidad. Para Marcos Marin 10s criterios extemos son 10s no lin- giiisticos. ~stos pueden dividirse en tres gmpos: historicos, historico-literarios e historico-sociales. 1.1.1. El criterio historico establece relaciones paralelas entre las etapas de la lengua y la division cronologica de 10s acontecilnientos hist6ricos del lugar en cuestion. Se contrasta la periodizaci6n de la historia con la de la evoluci6n lin- giiistica de ese tenitorio y se observan las similitudes. 1.1.2. Un segundo criterio extemo es el histdrico-literaria, en el que se esta- blecen las transiciones entre unas kpocas y otras segun las grandes etapas de la creacibn artistica y 10s movimientos literarios (Marcos Marin 1992: 603). 1 .I .3. Tamb~kn hay que observar 10s factores sociales, que pueden influir en la evoluci6n lingiiistica. Asi pues, se genera el c~iterio histonco-social, que se basa en 10s acontecimientos historico-culturales, y no en 10s estrictamente historicos. 1.2. Criterios internos La gramatica historica describe los cambios desde un punto de vista intemo, esto es, ordenando 10s cambios por niveles liuguisticos de analisis: grafemico, fonktico-fonolbgico, morfosintactico y lkxico. Por otra pate, una periodizacion hasada en criterios iiltemos supondria el estableci- miento de una cronologia absoluta de 10s cambios en 10s distintos niveles, es decir, la posihilidad de localizar dctenninadas transfonnaciones en un eje temporal con- creto. Sin embargo, en muchos casos sblo es posible fijar nna cronologiarelativa de 10s fenhmenos, en la que la falta de testimonios procedentes de 10s textos conocidos en un momento detenninado hace qne algunos cambios solo puedan ser situados de ((La historia extema, en cambio, tiene encargada la recogida e interpretation de 10s mate- riales lingiiisticos relatives, directa o indirectarnente, a1 contexto sociocultural en qne se localiza la lcngua. A este mCtado sc adscribe, por supuesto, el estudio del lhxico, especialmente dei voca- bulario teminol6gico. Pero la historia externa debe entenderse en un sentido ab mas extenso, a saber, como analisis de la actuation del hombre frente al lenguaje), (Eberenz 1R91: 96-97). ' ((Vista desde este punto de rnira, la historia intema no es otra cosa que la descripcihn dia- cronica de la lengua en cuanto sistema funcional. A las alteraciones que se descuhran a lo largo de 10s siglos habri que buscarles entonces unas posihles motivaciones internas y las repercu- siones que hayan tenido en otros sectores del sisteman (Eberenz 1991: 96). manera relativa como antenores o posteriores a otros que si han podido ser docu- mentados. No obstante, la aparicion de nuevos testimonios documentados permiti- ria ir completando etapas que, hasta ese momento, eran el resultado de una propues- ta metodologica de caracter reconstructive (EcheniqueIMartinez 2003: 60). Existen tres tipos de criterios internos: 1.2.1. El cnterio documental se sirve de 10s datos obtenidos del analisis de textos o documentos escritos para realizar un atento estudio de grafkmica. 1.2.2. Otro criterio intemo es el fonernitico. ~ste combina aspectos del docu- mental con criterios funcionales*. Estudia la progresiva adecnacion de la grafia al sistema fonologico de cada periodo. 1.2.3. Por ultimo, el criteno de planificacidn lingiiistica roza las fronteras entre criterio interno y extemo, puesto que tiene una vision de la historia de la lengua obtenida del resultado de una serie de refomas linguisticas, creadas a par- tir de una voluntad politica de accion sobre la lenguag. 1.3. Finalidad de una periodizacidn En 10s estudios filol6gicos se realizan periodizaciones para observar 10s acon- tecimientos lingiiisticos en su desmollo histdrico y, a su vez, ver cual es su evolu- cion correspondiente en cada $oca determinada. En muchos casos se conjuga lo lingiiistico con lo literario para ver si coinciden o divergen en sus caractensticas. El desarrollo de las investigaciones filologicas permite ampliar 10s estudios basados en criterios intemos. Hasta ahora son mas abnndantes 10s estudios fun- damentados en criterios externos, obteniendo resultados paralelos entre periodi- zaciones de la historia y de la lingiiistica. Siguiendo criterios internos se favore- ce el estudio apoyado en 10s textos mismos y esto permite establecer la evoluci6n lingiiistica acorde a1 proceso de carnbio lingiiistico sin atender, de manera pri- mordial, a 10s acontecimientos historicos. Pero no debemos olvidarnos de 10s estudios sociol6gicos, que en muchos casos nos sinen para entender los resultados del carnbio linguistico. Por supues- to tienen qne conjugarse aspectos sociolingiiisticos y pragmaticos para permitir nuevas precisiones en diversos campos de estudio. Toda periodizacion es una propuesta que, por una parte, se establece a partir de la observation de los datos; pero, a la vez, introduce un cierto punto de vista sobre 10s testimonios a1 disponerlos siguiendo una ordenaci6n en la que, de hecho, se tienen Se refiere a la tesis de Andre Martinet y al enfoque metodolhgico de Ernilio Alarcos en su Fonologia espaEola (Marcos Marin 1992: 603). Siguiendo este cnterio se divide ((la historia de la lengua espafiola en epocas separadas por cuatro reformas: la alfonsi (h. 1250), la humanistica (segunda rnitad del s. XV), la acadb- mica (1714) y la contemporhea, que se desarrolla sohre todo a partir de 1965)) (Marcos Marin 1992: 603). ALGUNAS CONSIDERACLONES SOBRE LA PERIODIZACI~N DEL JUDEOESPA~~OL 157 en cuenta factores de distinto tipo, desde 10s qne pneden considerarse propiamente lingiiisticos hasta 10s puramente pedag6gicos o de vinculacion con otras disciplinas dentro de lo que se denominan Ciencias humanas o sociales (Echenique/Martinez 2003: 61). 2. Propuesta de periodizaci6n del judeoespafiol Vamos a revisar algunos de 10s diferentes estudios dedicados a1 judeoespafiol en 10s que se describen varias propuestas de periodizacidn. 2.1. El estudio de I. S. Rivah (1965) difiere de lo expuesto por Wagner unos afios antes'o. En esta investigation se pueden observar dos periodizaciones de las hablas judeoespafiolas de 10s Balcanes. En el apartado 3", el autor desarrolla la evolution lingiiistica desde el siglo XVI hasta el siglo XX, sirviendose para ello de la literatura existente. Asi pues, se establecen cuatro periodos: a) de 1547 a 1601. Se cuenta con varias traducciones procedentes de Constantinopla y de Salonica, tanto de textos biblicos como de otros imbitos; b) de 1601 a 1729 no se conoce la impresion de ninguna obra judeoespaiiola en 10s Balcanes; c) de 1729 a 1837 abundan las publicaciones en judeoespaiiol'2; por ultimo d) de 1837 a1 siglo XX, periodo de pnblicaci6n de libros y de periodicos judeoespaiioles en Belgrade, Bucarest, Sofia y Sarajevo, entre otras ciudades. En este mismo trabajo se recoge otra periodizaci6n basada en criterios inter- nos. El apartado 4'3 describe tres etapas destacables en la evoluci6n del judeoes- paiiol, atendiendo a las caractensticas foneticas, morfolbgicas y lexicas de cada kpoca: a) el siglo XVI; b) 10s siglos XVII y XVIII; y c) 10s siglos XIX y XX. lo <<Notre explication de l'histoire et de la geographic des parlers judeo-espagnols des Balkans diffkre sur des points essentieis de celle qui est communkment offerte. En genkral, on a adopth la these de Max-LBopold Wagner, these B la fois linguistique et historique)> (Revah 1965: 1369). Hace alusion a Wagner (1930). l1 <<Les textes qui permettent d'etudier 1'8volution des parlers judt-o-espagnols des Ballcans)). (Revah 1965: 1356-1358). '2 nA partir de 1729, les impressions judeo-espagnoles deviennent tres abondantes dans les Balkans, surtout B Constantinople dans la ptriode 1729.1775, 11 s'agit le plus souvent de gros ouvrages qui fournissent une riche documentation. Ils ne sont pas vocalishs, B l'exception du Pentateuque de 1739, qui reprend celui de 1547 avec les reajustements phonbtico-morpho- logiques rendus necessaires par l'evolution linguistique de deux sihcles. /Pour Salonique, nous avons des plaqnettes de 1753 et 1810 et nn gros livre de 1775, ceuvre d'un rabhin d'ILtip, cen- tre dont le parler ne devait guere diffhrer de celui de Salonique. A partir de 1798, on r8impri- me B Salonique des ouvrages composhs et edit& B Constantinople, en particulier l'enorme collection de commentaires de la Bible intitulee Me'am Lo'ez, qui, constamment reeditl-e au XlXe sikcle, sera lue dans tous les centres judeo-espagnols des Balkansu (Revah 1965: 1357). l3 ~Les grandes etapes de 1'8volution des parlers jndeo-espagnols des Balkanan. (Revah 1965: 1359-1366). 2.2. A proposito de la historia del judeoespafiol, Marius Sala (1976) divide en tres apartados su trayectoria lingiiistica. No se trata de una periodizacion en sen- tido estricto, sino que el autor reune y comenta la bibliografia disponible hasta el momento sobre el tema: a) aparicidn del judeoespaiiol, etapa de constitution del idioma. La mayoria de estudios realizados coincide en que no esta claro que se pueda hablar de un idioma distinto a1 espaiiol antes de la expulsi6n de 1492; b) evolucidn, periodo de desarrollo de las caracteristicas lingiiisticas propias; y c) estado actual deljudeoespaiiol, con referencia a en qu6 clrcunstancias se utiliza y el problema del progresivo abandono de esta variedad lingiiistica14. 2.3. El profesor HaYm Vidal Sephiha (1986) establece cuatro periodos signifi- cativos: a) la situacidn lingiiistica de 10s judios antes de 1492. Tres eran las len- guas presentes en la cotidianeidad de 10s judios sefardies: hebreo o arameo, espa- fiol vemaculo y ladino o judeoespafiol calco15, es decir, una variedad utilizada en las traducciones de textos religiosos en lenguas sagradas a la lengua vernicula; b) interferencias entre ladino y judemol6. Antes de 1620 se producian interferen- cias entre la lengua vernacula (espaiiol) y el ladino. Despu6s de 1620 ya consti- tuido el judezmo, este sustituye a la lengua vernacula en las interferencias; c) el judezmo de 1620 a 180017; y d) eljudezmo de 1800 hasta hoy Is. l4 ((Dam toutes ces etudes on insiste sur le fait que le judeo-espagnol est un idiome en voie de disparition qui a un grand amalgame de formes soumises A de continuelles hesitations et remaniements. Sont presentees les causes de ce processus (causes economiques, politico- sociales et culturelles: cessation des relations avec 1'Espagne; adoption de l'alphahet hebrai'. que; obligativite d'apprendre la langue et d'assimiler la culture du pays habite; influence exer- cee var des lanmes comme le francais ou l'italien: l.. .l. Dans certains ouvrazes. sont oresen- . - -. . . . dans le parler des Sefardim. Les auteurs sugghrent parfois les solutions qui devraient Stre adop- tees pour la defense de cet idiome: les uns soutiennent lantcessite d'auvrendre la lanme esvap- . . - .- nole, donc de moderniser le judto-espagnol, d'autres proposent l'enrichissement du judho- espa 01 par un emploi litteraire)) (Sala 1976: 32-33). <No es el ladino la hica lengua de este tipo, sino que forma parte del grupo de lo que se ha dado en llamar hagiolenguas (es decir, 'lenguas santas') calco, utilizadas para verter tex- tos religiosos en lenguas sagradas a la lengua vernacula. Por otra parte, estas hagiolenguas calco no son exclusivas de 10s judios [...I. En el hbito judio se conocen, ademh del ladino, otras lenguas artificiales del mismo tipo, coma el judeoalemin, el judeoitaliano o el judeogrie- go calcoss (Diaz-Mas 1997: 101). l6 Hacia 1620 se define el judeoespaiiol vemaculo (judezmo en Turquia, haketia en Manuecos) con respecto a1 judeoespafiol calco (ladino), que es anterior a 1492, procede de la liturgia y, en ningtin caso, presenta la variedad hahlada en ninguna epoca de la historia del judeoespaiiol. l7 En este avartado describe algunas caracteristicas lineiiisticas del iudezmo durante este - - periodo. Hace referencia a1 contact0 de lenguas y cita algnnos calcos del turco 2.4. David M. Bunis (1991) presenta una division en tres periodos del desarro- Ilo del $udezmo'g. La historia de la lengua de 10s sefardies empezb en la Espafia meheval y continua hasta la actualidad en 10s territorios que fueron objeto de la diaspora sefardi. En primer lugar, el periodo antlguo, que abarca desde el nacimiento de la len- gua en la Edad Media hasta la expulsion de los judios de Espaiia en 1492. La cre- acion del 4udezmo es la pmeba de las relaciones amistosas e incluso familiares que existieron en la Espaiia medieval entre 10s judios espafioles y sus vecinos no judios (Bunis 1991: 8). La caracteristica lingiiistica mis destacable de este peri- odo es el lexico que ha sido conservado en textos medievales escritos en aljamia- do hebreo. Posterionnente, el periodo medio, que empieza con la llegada de 10s sefardi- es a territorios del antigno Irnperio OtomanoZ0 y del norte de ~frica2'. Y, por ulti- mo, el periodo moderno, que se inicia a principios del siglo XIX y llega hasta hoy. En el afio 1839 se inauguraron unas leyes otomanas, conocidas como Tanzimat, que introdujeron una modemizacion en el Imperio de Oriente. 2.5. La propuesta de Coloma Lleal (1992) seiiala que hasta el momento de la dibpora no existi6 un judeoespafiol diferenciado, porque no existia un romance exclusivo de 10s judios, ni tampoco un esyafiol comun a 10s hablantes peninsula- resZ2 (Lleal 1992: 202). Hay que esperar a la segunda mitad del sigh XVI, momento en el que empiezan a desarrollarse tendencias niveladoras23. Posterionnente la separation geografica impide la difusion de 10s cambios estruc- turales que se produjeron en el espafiol peninsular durante 10s siglos XVT y XVII. l9 ((A traves de los siglos, la lengua de 10s sefardies ha recibido, entre sus propios hablan- tes, varios nonlbres, incluso romance, ladino, franko, y simplemente je)s-/(e)spanyol. Mas recientemente, a1 parecer -desde el siglo XVII o XVIII, quiza-_-- en el Imperio Otomano se le ha llamado tambdn @demo (palabra relacionada con el judaismo espaiiol antiguo, pero de forma mhs popular, que significa entre Ins sefardis otomanos, 'judaismo' y 'lengua judia [de 10s sefar- dies]') y fi-/fidy6, es decir, '[lengua] judia'; estos dos nombres atestiguanuna creencia popular aue existi6 entre 10s sefardies otolnanos hasta hace una o dos eeneraciones. de aue SLL lenzua era , . mas 'jndia' que 'espaiiola'. En Marmecos la lengua iecibio el nombre hakitfa, palabra relacio- nada, al uarccer, con el verbo irabe haka 'contar'. Hov en dia. los aue contintan hablando la . . . . lengua tradicional de 10s sefardies, tienden a llanarla spanyol o con otra forma derivada de esta valabra ivor eiemvlo, suanvolit como se llama en Israel), uero asui usare el nombre tradicional .. . . . . . . .. . de fudezmo - nombre que era, seglin mis investigaciones y las de otros, uno de 10s mL exten- didos enbe 10s sefardies otomanos hasta hace una o dos generaciones)) (Bunis 1991: 8). 20 Lo que hoy constituye Turquia, Crecia, Bulgaria, Rumania, Israel y otros lugares medi- tenheos. 21 Sobre todo Mamecos. 22 La autora no considera apropiado el uso del tkrmino judeoespaiiol aplicado a textos del periodo medieval. 23 ((El predominio de castellanos y la proximidad lingiiistica entre las diversas modalida- des peninsulares, dieron lugar a la progresiva adoption, por parte de todos ellos e indepen- dientemente de su origen geogrifico, de una modalidad castellana con acentuadas influencias de las otras variantes. Rasgos del castellano norteiio o del castellano nuevo, rasgos leoneses, En el habla de 10s sefardies cabe diferenciar tres periodos: a) desde 1492 hasta mediados del siglo XVI, periodo caracterizado por la conservaci6n de la lengua hablada en las zonas de procedencia; h) desde mediados del siglo XVI hasta media,dos del XVII, etapa de constitution de un espaiiol nivelador; y c) a partir de finales del siglo XVII, kpoca de estructuraci6n de una nueva modalidad con rasgos propios24. 2.6. Tracy K. Hams (1994) parte de un criterio extemo de periodizacion y, por tanto, basado en factores historicos, annque tambikn afiade a su investigacion fac- l.ores sociologicos ~~levantes. Su estudio se titula Muerte de un idioma. Historia del judeoespaiiol25 y trata varios aspectos de la lengua de 10s sefardies prestando mayor atencion a factores histinicos, pero, sobre todo, sociol6gicos. Tanto la iden- tidad ktnica como el contact0 de lenguas son temas abordados en este trabajo. Siguiendo una evoluci6n cronol6gica, Harris establece ocho penodos en la his- toria del judeoespaiiol. El capitulo 3 esta dedicado a la historia de 10s jndios y de su lcngua en el Levantez6. La distribution por penodos es la siguiente: a) 10s judios antes de la expulsion de Espaiia; b) 10s sefardies del oriente en el Imperio Otomano; c) el siglo XVI; d) el siglo XVIT, el principio de la decadencia de la vida sefardi; e) el siglo XVIII, la caida del lmperio y sus judios; f) el siglo XIX; y g) finales del siglo XIX y principios del XX, nacionalismo y division del Imperio Otomano. Por ultimo, dedica un capitulo aparte (numero 7)27 al estado actual y caracteristicas del judeoespaiiol en 10s Estados Unidos e Israel hacienda algunas ohservaciones sobre las comunidades sefardies en Nueva York, Israel y Los kngeles. 2.7. Iacob M. Hassan (1995) realiza una vision de conjunto de la historia de 10s judios sefardies utilizar~du la denominaci611 collvenciollal dc Sefarad 1, Sefarad 2 y Sefarad 3. En la Sefarad 1, que corresponde a la Espaiia medieval, el conocimiento activo de la lengua hebrea era limitado, aunque era habitual tener nociones elementales para poder rezar o leer. La Sefarad 2 corresponde a 10s terri- torios a 10s que 10s sefardies acudieron tras su expnlsi6n en 1492: Portugal, Paises aragoneses (con influencias del catalin); o andaluces, se hndieron y neutralizaron reciproca- mente y originaron ma nueva variante lingiiistican (Lleal 1992: 202-203). 24 ,,Carno puede ohservarse, se trata de procesos innovadores que ilevan haata las liltimas consecuencias unas evoluciones que cn el esp~ol peninsular se han manifestado de forma vacilante o que no han llegado a darse. Y son precisamente esas evoluciones propias las que nos penniten hahlar del judeoespaiiol como de una rnodalidad iingiiistica individualizada del espaiiol peninsular)) (Lleal 1992: 204). 25 Titula original: Death of a Language. The History of Judeo-Spanish 26 ~3 History of the Eastern Sephardim: From Pre-Expulsion Spain to World War I1 in the Lcvant. In order to comprehend the evolution of a language, an understanding ofthe historical and sociological factors which have influenced its development is required. The following is a short hislory of thc Sephardic Jews beginning in pre-Expulsion Spain and continuing in tk Ottoman Empire until World War 11)) (Harris 1994: 30). 27 El capitulo 7 lleva poi tituio ((The Sephardic Communities: New Yorlc, Israel and Los Angelesn y esta dentro de la tercera parte del libro, cuyo titulo es: ((Current Status and Characteristics of Judeo-Spanish in the U. S. and Israel: Results of the Research,,. ALGUNAS CONSlDERAClONES SOBRE LA PERIODIZACION DEL NDEOESPAROC 1 Bajos, norte de Africa, y hacia Levante, Italia y, sobre todo, el antiguo Imperio Otomano (Constantinopla, Salbnica, Esmirna ...)28. En estos territories se mantu- vo la lengua sefardi durante varios siglos. Por ultimo, con el desmembramiento del Imperio Otomano, surgen nuevas comentes migratorias hacia otros paises como Israel o en Estados Unidos, ciudades como Nueva York o Los h~geles, que constituyen la Sefarad 3. La integracibn cultural de 10s sefardies en estos territo- rios ha hecho disminuirZg el uso de la lengna sefardi en favor de las lenguas de estos temtorios. Veamos cuales son las propuestas de Iacob M. Hassin. En primer lugar nos ofrece una periodizacion basada en criterios extemos en la que se distinguen 32s signientes etapas: a) el siglo XVI, del cual nos han llegado pocos texios sefardies no biblicos en 10s que se puede apreciar una lengua apenas diferente del espafiol contemporaneo (Hassin 1995: 120); b) del siglo XVII casi no teneinos documen- taci6ni0; c) es en el siglo XVIIl cuando encontramos la lengua en su plenitud en 10s primeros tomos del comentario biblico Me'am lo'ez y en 10s no pocos espezi- menes del genero de las coplas, que seran el mBximo exponente de la literatun sefardi clasicail; d) en el siglo XIX se produce una profunda renovation cultural 28 ((Constantinopla, Sal6nica y luego Esmirna heron 10s mas notables de 10s n~illtiples asentamientos esparcidos por regiones que tras la desmembraci6n del llnpeno otoinano han fonnado 10s estados de Turquia, Grecia, Albania, Bulgaria, Yugoslavia y sur de Ru~uania: Adrian6nolis (Edirne). Yambol. Sliven. Jaskovo. Pleven. Ruschuk (Ruse). Vidin. Belerado , . , (Uskiib, hoy Skoplje), Ragusa (Dubrovnilc), Sarajevo, Espaiato (Split), unian Sdonica Lon Venecia, mientras que Serre, Veria, Castona, Larisa, Volos, Jallcis le abnan el camino hacia Jios, Cos, Rodas y otras islas; y en Asia, Magnesia (Manisa), Casaba (Turgutlu), Pkrgamo (Bergama), Brusa comunicaban Esmima con el interior de Anatolia y con Dardanelos (Canakkalc), Galipolis (Gelibolu), Rodosto (Tekirdag) en el mar de Mirmara; a ellos han dc aiiadirse Damasco y Alepo en Sirio, El Cairo y Alejandsia en Egipto, Safed y Jerusalen en la Palestina otomana, y aun Viena enpleno corazon de Europa. Yen la zona del Estrecho, Tetuin, Thger, Larache; mas a1 este, Orin; mhs a1 sur, Fez...)) (Hassan 1995: 119). 29 ((A1 principio la identidad grupal de 10s inmigrantes se lnantenia asociada a la lengua; per0 ese sentimiento se fue perdiendo en las gencraciones siguientes, de modo que lo nue se da - - en los paises de inmigracion no es ya una comunidad lingiiistica sino, a lo sumo, redes sgcia- les debiles en las que el iudeoes~aiiol ocu~aba el lugar que la lengua de origen ocupa en gene- -. ral entre inrnigranies decididos a integrarse culturalmente~) (~ass>n 1995: i24). . - 30 <(En el siglo XVll 10s sefardies van perdiendo su ventajosa singulaiidad lespeclo a ?us competidores no musulmanes, y cada vez mas 10s griegos y 10s armenios 10s van reilnplazaa- do en las relaciones del Imperio con comcrciantes y politicos europeos. El declive economico acaba con el anterior mecenazgo alas escuelas rabinicas, en las que ya no surgen figuias cqui- parables a 10s afamados rabinos Jose Caro, Levi Ben-Habib, Samuel de Medina o Moisis Mitrani del siglo XVI. En este ambiente de ignorancia y de depresion [...I; y @as la decepcihn de las failidas esperanzas mesihicas, se acentua la decadencia de las escuelas rabinicas !, del conocimiento del hcbreo ... )) (Nassan 1995: 121). 31 ((De la primera mitad del siglo XVIIl son las pnmeras composiciones originales y tra- ducciones del hebreo de Abraham Ad; y en 1732 Jacob Juli inicia cl Mc'am lo'cr, xr ct;m- en la que el mundo sefardi se ahre a la cultura europea en general y a la fiance- sa en particular32; y por ultimo e) el siglo XX, Apoca de emigraciones a nuevos pai- ses como Israel o Estados Unidos y, como consecuencia de la integracion cultural, reduccion del uso del judeoespafiol en pro de las lenguas de estos paises. Por otra parte realiza una scgunda propuesta basada en criterios intemos. Los periodos son 10s siguientes: a) siglos XVI-XVIT, lengua sefardi antigua (traduc- ciones); b) siglos XVII-XIX, lengua sefardi cldsica (edad de oro); y c) siglos XIX-XX, lengua sefardi moderna, con numerosos cambios lingiiisticos respecto a las etapas anteriore~~~. 3. Sobre la periodiiacidn del judeoespaiiol a travks de la literatura sefardi 3.1. Haiin VidaJ Sephiha (1986) dedica la tercera parte de su investigacibn a la literatura judeoespaiiola. Divide en dos periodos la trayectoria de las letras sefardies: a) de 1492 a 1620; y b) de 1620 a nuestros dias. Alrededor del aiio 1620, segirn Sephiha, la koinA de las variedades lingiiisticas de 10s sefardies ere- ara lo que conocemos con el timino de judeoespaiiol. Su estudio parte del trinomio estahlecido por 61 mis~no entre hebreo (Ll), len- gua vemacula (LV) y ladino (L2). En la primera etapa destaca que 10s rabinos escrihieron en hehreo y las traducciones se hicieron tanto en ladino como en len- gua vemacula. En ladino destaca el Pentateuco de Constantinopla (1547) y la Biblia de Feirara (1553); y en lengua vemacula tanto literatura oral, como escri- ta, pero no en ladino. pendio enciclop6dico de comentarios biblicos y tradiciones I-eligiosas compuesto con el afan de educar y llevar enseiianza moral a las inasas no eruditas. Por 10s mismos aiios Abraham Toledo, Jacob Usiel, Hayim Yom Tob Magula y otros autores de coplas consagran el jndeoes- pGol como lengua poetica. Con ello y con ellos se inicia la edad de oro de las letras sefardes. /El desarrollo de la lengua sefardi clasica continuo al menos durante siglo y medion (Hassin 1995: 121). 32 ((En ese judeoespaiiol tardio que Sephiha ha rebautizado cam0 ijudeo-fragnolu la influencia del frances se nota en un doble plano: como lengua de enseiianza y de cultura, supo- ne un retroceso en el uso dc la sefardi; mientras que co~no lengua culta de la mayoria de 10s escritores, ejerce una notable influencia en el judeoespaiiol que escribian, e indirectamente en el de las masas que consumian lo que ellos publicaban en libros y peri6dicosn (Hassan 1995: 123). 33 a...los cambios de la lengua sefardi modema respecto a la antigua y clasica no afectan s61o a1 16xic0, ni el polimorfismo s6lo a la fonetica. Hay tambibn innovaciones fonolhgicas I...]; hay variaci6n lexica I...]; hay reajuste del sistcma de los tie~npos verbales; bay nuevas construcciones sinticticas; hay un profundo cambia en la fraseologia y en el estilo expositivo, que aleja la lengua sefardi modema de 10s siglos XIX-XX de lo que fuera la clhsica de 10s siglos XVIII-XU(. Y hay, sobre todo, desarrollos divergentes y aun contradictorios, como es propio de una lengua en libertad y no sometida a ninguna capitalidad normalizadora,) (Hassan 1995: 127). A partir de 1620 toda la literatura espaiiola de 10s judios en Levante y en Mamecos sera en judeoespafiol vemaculo o en ladin03~. Esta segunda etapa la estructura en cinco apartados: a) literatura popular b) literatura popular escrita36; c) biblias y obras littirgicas; d) etica y Me'am lo'ez, e) poesia, teatro y novela; y por ultimo f) historia y periodismo. 3.2. Elena Romero (1992) realiza una clasificacion de la literatura sefardi en tres grupos: a) Patrimonial, que incluye la mayoria de las obras sefardies anterio- res a1 siglo XIX, momento en que la influencia de los generos importados de Occidente transform6 su tradition literaria anterior. Se trata de obras de conteni- do religiose como el Pentateuco de Constantinopla (1547) y la Biblia de Ferrara (1533). En este mismo apartado se incluye la edad de or037 de las letras sefardi- es (el siglo XVIII). Paralelamente, y en este mismo siglo, destacan las coplas38, el ghero mb representativo de la literatura ~efardi~~; b) Adoptada, que empie- za a mediados del siglo XIX y surge como consecuencia de las transformacio- nes de vida que sufren las comunidades sefardies. Se trata de literatura profana; y c) Oral, cronologicamente paralela al resto de 10s generos. Reline obras de caracter colectivo y anonimo como cuentos y refranes o en lirica, el romancer0 y el cancionero. 4. Conclusiones A la hora de establecer una periodizacion de una lengua hay que considerar varios factores: lingiiisticos, en primer lugar, historicos, sociales y, a poder ser, tambiin literarios. Es una tarea dificil y en la que muchos aspectos se contrapo- nen, ya que en algunos casos no se corresponden las etapas de la evoluci6n lin- giiistica con 10s periodos histbricos establecidos. Asi pues, debemos fijar unos criterios basicos. En principio hay que decidir si se va a hacer una periodizacion 34 l~~cluso apareccrin obras que procederh a la vez de LV y de L2, creando un judeocs- paiiol hfbrido o ladinoide. 35 Proverbios y dichas populares; romances; konsejas y kuentos. 36 Komplas de Purim; Cantos de Pesah; koinplas de Chavuot; Endechas dc Tichabeau; kornplas de las flores. 37 Me'am lo'et es la gran obra de la literatura religiosa sefardi iniciada par el rabino Ya'acob ben Meir Juli. Sureih como consecuencia de la crisis bisthrico. social v reiigiosa del 3 u siglo XVII. 38 Se trata de un eenero oo6tico de noesia esahfica. Eran ooemas comnuestos oara ser ..LIII.I~I. . ! ~.:,:~ii~l>.~~i LI.~II ,l~<ir.l.l.~ i J: ~;li:.,r ~ ., >L, I~.,I.I ,Ic 1.8 .11~~111.~;.~11: 111 1, ..l~l.~;r~-tli,t J. I.: I), :-I 1 *ct.t~.I. .I(.< I. I IL.OI.~O il)ntlr~l..l. cion hasta el siglo XX: de ahi la &vision de acuerdo con su cronologia (aunque tambibn exis- ten diferencias tematicas y formales) entre coplas viejas, las del siglo XVIII; coplas nuevas, las co~npuestas en el sigh XIX, de contenido mas folclorico y mis breves que las anteriores; y coplas novisimas, que datan del siglo XX y presentan como temitica fundamental la afioranza del pasado frente a la vida moderna. intema (estrictamente basada en la evolucion lingiiistica) o extema (teniendo en cuenta los acontecilnlentos nistoricos). Ademas 10s factores sociolingiiisticos son de gran importancia en el panorama general de la historia de una lengua. En el caso del judeoespafiol, por sus caracteristicas individuales, se debe rea- lizar una periodizacion acorde a todos 10s elementos que han influido e influyen en su desarrollo: falta de una norma lingiiistica, la importancia de la oralidad a lo largo de 10s siglos, la existencia del ladino como variedad utilizada s6lo en tra- ducciones, etc. Pero no solo aspectos de caracter lingiiistico, sino tambikn socio- logico: culil es el prestigio de la variedad; en quk ambitos se utiliza la lengua; cuil es el numero de hablantes; el contact0 con otras lenguas. Y, por ultimo, la revi- sion de los estudios dialectologicos y, a ser posible, la elaboracion de una dialec- tologia del judeoespa6ol. ASATORRE, Antonio, 1989, Los 1.001 alios de la lengua espaliola. Mexico: Fondo de Cultura Ecou6mica, 208-2 12. 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Chomsky 1999: 244-256 para una explication detallada de la teoria del cotejo; Lujin y Parodi 1996: 33 1-340 para la aplicacion de la teoria al caso de la duplicacihn de objetos en el espagol andino y el espaiiol de Los ~ngeles, donde el fenomeno esta mucho mas extendido). De este rapido repaso por 10s estudios que, en el marco de la teoria generati- vista, han intentado dar cuenta de la duplicacion por medio de cliticos se obser- van una serie de problemas recul-rentes que encierran algunas de )as clavcs for- malizadoras de este proceso gramaticals: se discute el estatus del clitico (si es una categoria lkxica autonoma o si es un morfema, bien dependiente de la raiz verbal, bien de la flexion -Infl-), se estudia su relacion con la preposicihn que introduce el objeto (incluso se llega a pensar en una sola marca del objeto, compuesta de dos piezas: preposition y clitico, la primera de ellas imprescindible, la aparicion de la segunda sometida a variation paramktrica dentro de una lengua) y se anali- za su posible adscripcion como marca de concordancia con el objeto (claro quc el estatus de la Concordancia no siempre ha sido el mismo en 10s ultimos veinte aiios de teoria generativista). Una cuestion pendiente es ver si estas conclusiones a las que llega el genera- tivismo tienen validez para explicar la variedad de leilgua que voy a estudiar: el espaiiol hablado en el Nuevo Reino de Granada durante el siglo XVII. En princi- pio, al no estar tan avanzado como hoy el proceso de gramaticalizacion de la duplicaci6n de objetos, un enfoque como el de P&P (por ejemplo, D'Introno 1987 y 1991) podria resultar vilido, mientras que una perspectiva minimista se ajustaria mejor a una variedad en que el fenomeno de la duplicacihn estuviera extendida a casi todos los tipos de objetos (L~rjb y Parodi 1996). Por otra parte, Para un estrtdio detallado de como se produjo esta evolucihn en la Gramatica Generativa desde finales de 10s afios 80. cf. Egitren y Femandez Soriano (2004) (sobre todo, 63-70). Una sintesis general, mh complcta y probablen~ente mb clara, de muchos de estos enfo- ques puede versc en Zagona (2002: 184-194). resulta lnuy practica la propuesta de Lujan (1999) en que propone estudiar a la par, como dije arriba, el knfasis que aporta la duplicacion del objeto con el de la duplicacion del snjeto. A menudo, como se veri en 10s ejemplos, puede ocurrir que se quiera enfatizar el sujeto y el objeto simultineamente (dire que se hace knfasis sobre 10s participantes de la accion) y otras veces ocurriri que no se enfa- tice ninguno de ellos o incluso que no se quiera hacer referencia a uno o ninguno de 10s participantes de la accion y, para el caso que nos ocupa, no aparezca el objeto (en estos casos lo que se quiere rcalzar es la accion en si misma). Por des- gracia, el fenomeno del objeto nulo no ha sido estudiado desde una perspectiva formal en contraste con el de la duplicacion y no duplicacion objetivas, pese a la evidente relacion entre ellos, y, menos aun, con el de la no aparici6n del sujeto6 -ni l&xico ni morfol6gico-, del mismo mod0 que este fen6meno no se relaciona formalmente con el de la expresion u omision del sujeto con formas verbales con- jugadas. Por todo ello, tomando como base las ideas de la teoria generativista, he de completarlas en adelante con un enfoque mas intuitive y pragmatic0 para observar la relacion entre los distintos fenomenos en 10s que participan 10s pro- nombres personales. 2. Los pronombres personales en el marco del discurso diplomatico indiano. Estructuras sintacticas y valores pragmaticos Las repercusiones pragmaticas del uso de una u otra estructura sintictica se comprenderan mejor fijando las caracteristicas esenciales del discurso diplomiti- co indiano: el caricter de negociacion, en su sentido mas amplio, lo difuso de las fronteras entre categonas como civil/religioso, publicolprivado y, sobre todo, la interrelacion entre lo escrito y lo oral (Carrera de la Red 2005). De todo el cor- pus con el que contamos, estudio en esta ocasion un docimento neogranadino de 16947 que recoge 10s autos criminales contra Francisco de Vera, mulato libre acu- sado de reunir a un grupo de negros y urdir un plan de sublevacion. Buena parte de este extenso documento (consta de 110 folios escritos por el recto y por el vuelto) reune las declaraciones de diversos testigos del caso o invo- lucrados en t-1 (por tanto, su funcibn es la de c(informar))) y otra parte importante del documento consta de 10s ccautos)) propiamente dichos, que tienen la funcion de ordenar o disponer (el acto es ctdirectivon) y se intercalan a menudo entre las declaraciones. Dado que todo apunta a que las distintas declaraciones, salvo 6 Ouid seria interesante estudiar en este sentido estmcturas como las oraciones imperso- nales o las oraciones de infinitivo. 'El documento, aim inCdita, fue encontrado en el Archivo de lndias de Sevilla por la Prof. Canera de la Red y transcrito por mi para el proyecto de investigacihn, dirigido poi esta pro- fesora, titulado Organiracidn del l6xico en un corpus documental para la historia del espaiol de Amd!ica: Santo Domingo y Colombia (Consejeria de Educacidn de la Junta de Castilla y Le6n, VA 021104). excepciones que aparecen bien indicadas en el texto, fueron dictadas directamen- te por 10s declarantes al escribano en presencia de otras autoridades y que la causa por la que jnzgan al mulato, lo que constituye el tema central del texto, consiste en que presuntamente este habia <(hahlado), con un grupo de negros sobre una determinada materia y de una determinada manera que intentan esclarecerse en el proceso, la oralidad ha de estar muy presente en cada pagina del documento, de manera mny especial en la parte declaratoria. Como pruebas del caracter oral de las partes declaratorias de este documento muestro 10s siguientes fragmentos: en el primeso, el cambio de tercera a primera persona (hable? pone de manifiesto el descuido del escribano para sustituir la pri- mera persona del declarante por la tercera persona propia del discurso indirecto; en el segundo, se observa la combinacibn espontanea, casi como si no hubiera oposici6n entre ellos, de estilo indirecto y de estilo directo (que destaco, para mayor claridad, con comillas), mas ligado a la oralidad y que aporta mayor viva- cidad a1 relato: dixo que de horden del ssefior Sarxento mayor fie ayer a1 Conuento de San Agustin alas dos de la tarde para lo qua1 salio de la Junta de la Sala de Cauildo Y hable con el Padre fray Joseph sanchez y le pregunto que que notiqia tenia de la Suleba~ion que yntentauan 10s negros d~xo el dicho Religioso <<a perro Borraqho)) Repihendolo dos o tres Vezes ((agrade- qe a que Soy Relixioso que si no te hiqiera que te pusieran en esa pnblica plaza)) y boluiendo el Religioso muy colerico hacia1 negro encoleriqado le dixo que no tenia la Culpa el sino quien le Consentia a el y a otros perros tantas demasias y estando el negro parado Casi conturbado del Sub~eso lo he~haron entre todos Diciendo ((Vayase nora mala)) y el que declara de mas a mas torno la mano y le dixo al Religioso ((no haga Vuestra Patemidad Casso de este perro que es Vn Ygnorante que no a sanido lo que se a dicho)) Ligado ineludiblemente a este rasgo de oralidad podelnos considerar el carac- ter conversacional presente en buena parte del texto. Consecuencia de ello es qne se trate de indicar en todo momento, por medio de los cliticos de objeto y de la aparicion de 10s pronombres sujeto, quiknes son 10s participantes de la conversa- cion, poniendo en contraste la cosmovisi6u del uuo y del otro, y se marque con claridad el tumo conversacional: ['a dicho pardo'] le Requeri Sobre lo que auia oydo y me Confeso Como era Verdad todo lo que yo deqia pero que el 10s apaqiguaua por que yban a su pareqer Borraqhos pero sin Enbargo a rnipareCer me pareqc que era cosa de tun~ulto entre ellos 10s araraes Es habitual que, por encima de las demis personas del discurso, se haga enfa- sis sobre la primera persona y aparezca explicitamente el pronombre, destacan- dose su valor como participante en la conversacion. Sin embargo, muchas veces esta primera persona esti 'camuflada' bajo la apariencia de una tercera persona, a la que se ha cambiado con el paso del estilo directo a1 estilo indirecto, en lo que LA DUPLICACION POR MEDIO DE CLITICOS EN DOCUMENTOS DE INDIAS 273 interviene, como dijimos, la accion del escribano (en cursiva destaco el clitico cuando se refiere a1 verdadero emisor del texto, el declarante): no le &jo quienes eran 10s negros y diqiendole este que Como no daua quenta le Respondio que como le asegurasen el deqir misa lo haria Y este le Responmo que le aseguraria y que fuese luego a dar quenta a1 sseior Sarxento mayor el que declara percnro persuadirle a que le dixiese quien era el tal mulato aseguran- dole que por la grauedad del Casso lo deuia haqer El caracter oral de las partes declaratorias guarda relacion con el hecho de que en el acto asertivo o infomativo que caracteriza de manera generica este subtipo dentro del texto, 10s participantes de la acci6n tienen mayor prominencia y se tiende a hacer que consten explicitamente, sean intensificados o no posteriormen- te por medio de la duplicaci6n con cliticos u otras estmcturas que pueden caer bajo la rhbrica de ctredundancia pronominal)> (asi, par ejemplo, en el segundo fragmento se hace explicit0 el objeto, con el participio dicho, en un caso en que, a1 igual que el auxiliar, habria sido perfectamente recuperable por el contexto): mando poner su Caleqa y el que declara paso a ver a dicho Don Juan y le hallo en su Cassa y le trato estando Solo con el lo que queda Referido Eutro a1 mismo Cumplimiento el lizenciado don Juan de Castellar [...I y dixo le acauaua de Suqeder qietio Casso espeqial de que estando en el Confesinorio le auia llamado qierto Relixioso y dichole [.] En cambio, en el acto directivo, caracteristico del (<auto)) propiamente dicho, interesa sobre todo la fuerza ilocutiva del propio acto, no tanto 10s participantes de la acci6n (en el ejemplo vemos como se prescinde siempre del objeto salvo en la primera frase- y como, ademas, se utilizan cliusulas impersonales, que impiden la preseilcia del sujeto): lo hiqo desarmar del espada [...I y poner- En la tierra de esquina de la Cassa de 10s herederos del Capitan Don Gregorio Vanqueqel de loaiza [...I ynmediata a1 Cuerpo de guardia con Vna qentinela y hauiendo Sobre ello discurrido con los aqesores asi acordado se - ponga en prision mas Segura y quitado de toda Comunicaqion y en esta Consideraqion mandaua Y mando se _ ponga en Vu qepo con Vn par de gri- 110s en Vno de 10s quartos de esta Cassa Obs6rvese el contraste de este frag~nento con el siguiente, extraido de la cer- tificacion del notario que sigue a1 auto y en que se cuenta lo que efectivamente ocurri6, a modo de pequeiia narration (por tanto, pragmiticamente tiene mucho que ver con la parte declaratoria). La sintaxis es muy parecida a la del ejernplo anterior, peso aqui el equilibrio entre ausencia de sujeto y de objeto se rompe en favor de la expresi6n del objeto, como participante prominente de la acci6n: zertifico y doy fee que En este dia en Cumplimiento del auto de Suso se puso preso [...I la persona de francisco de Vera pardo lihre y se le Gerro la puerta de dicho quar- to v otra enmediata y de la parte de afuera se lepuso Vn sseior ynfante de qentine- Por supuesto, actos directivos y asertivos se entremezclan en el discurso, pero esta distincion basica de actos de habla, que tiene cn gran medida una correspon- dencia con las dos paltes fundamentales de este texto, autos y declaraciones, res- pectivamente, nos ha de servir para ver el fondo general del que posteriormente podremos destacar el fenomeno de la duplicacion con cliticos u otros procedi- mientos de intensificacion pronominal. Si se sigue el procedimiento que he empleado, que seguro es valido para otros tipos de texto, en el que primer0 con- sideramos el fenomeno de la elision del objeto, se podri crmedir)) o ((graduarn el 6nfasis que aporta la duplicacion objetiva con respecto a la no duplicaci6n, por una parte, y con respecto a la elision del objeto, por otra. Dado que 10s fragmen- tos declaratorios estin mas ligados a la oralidad y que es en ellos donde hay mayor presencia de procedimientos enfaticos como la duplicacion, se puede con- cluir, de este primer analisis, que la intensificacion por medio de pronombres per- sonales era un rasgo ligado a la oralidad y camuflado a menudo en la escritura formal del ejercicio diplomatico indiano. 3. Los datos. Primer acercamiento Llegados a este punto se pueden presentar algunos eje~nplos de duplicaci6n y no duplicacion con cliticos en un corpus mayor de documentos neogranadinos que recorren todo el siglo XVII (Carrera de la Red 2000)X. En todo momento parto del estudio pionero de Carrera de la Red (2003: 193-208) que ya traz6 el panorama general de la distribucion de pronombres cliticos en la evolucion del espaiiol neogranadino y profundizo en cuestiones como el orden de palabras y el empleo de cliticos para la personalization del discurso. He hecho una primera sistematizaci6n de los datos (incluyo una muestra representativa dc 10s ejcmplos de que dispongo), que espero sirva para encauar futuras investigaciones sobre este tema, que realizari en el marco de mi Tesis Doctoral9. Por ahora, solo he extraido algunas conclusiones generales a partir dc 10s datos, dejando un estudio mas detallado y formalizado de estas estructuras para futuros trabajos. Entre parentesis indico la fecha del docu~nento del que extraemos cada ejemplo. Mantengo en todos 10s casos la transcnpcion dc la Pro?. Carrcra dc la Red, pero desarrollo las abreviaturas para facilitar la lectura de Ins cjemplos. El documento lh94a corrcsponde a los autos criminales contra Francisco de Vera, del que ya he hablado. En mi Tesis Doctoral, que cuenta para su realizacion con una beca MEC-FPU, estudio la sintaxis y el uso de 10s pronombres personales en la historia del espafiol del Caribe, en con- traste con la evoluci6n de ciertas estmcturas del Portuguhs de Brasil. En 10s siguientes fragmentos presento casos de duplicacion y no duplicaci6n de CD pospuesto. Coino se puede ver, 10s rasgos seminticos de animation y, sohre todo, de definitud, son decisivos, por lo general, para motivar la duplica- cion'o: Vn negro dixo Vna palabra sin acuerdo que movio el animo a qierto Reliioso que yba pasando a correxirlc a dicho negro (1694a); le coxi En mi Conuento a dicho pardo (1694a); [dijo el mulato] si tuviera mnero auia de yr a Roma por tracrlos a todos libres (1694a); y ahiendole oydo a dicho Doctor como a dicho pase a deter- minar la causa (1691). Y haiuan dicho que Como se les diesse liueltad, - lleuarian a dicho Capitan a donde se hallauan todos 10s negros, negras Y chusma (1694); qnien fuc el Suxeto que - aconsexaua a 10s negros para que se apoderasen de 10s Baluartcs (1694a); le oyo de~ir por dos vezes no es tiempo ahora de esso yo - auisare a ustedes (1694a); El sseiior factor Veedor Cappitan Don Antonio de Puertas Dixo que [...I -a Assistido a todas oras a1 sseiior Samento Mayor; lo que - desanima a 10s hombres gelosos del servicio de Dios y de vuestra magestad Para no escnuir Algunas de las cosas que aqui pasan es por que se dize que o se ben [...I o se aqe poco caso dello (1649); lo pnmcro _ acomoda a sus panentes como a su padre que a sido y es corregidor de mariquita (1649). A continnacion mostrari ejemplos de duplicacibn y no duplicacion de CI pos- puesto. Puede notarse coma el fenomeno no estaba tan extendido coma cabia suponer y como la distincion entre dativos con el papel de 'benefactivo' o 'expe- rimentante' y dativos con el papel de 'meta' o 'destinatario' no motiva, a diferen- cia de lo que ocurre en la gramatica del espaiiol actual, la duplicaci6n o no dupli- cation de CI (de hecho, puede verse que muchos verhos -coin0 leer, decir, olr, deber, etc.- unas veces aparecen con C1 duplicado y otras no): se Suspendio esta declaraqion en la qua1 hauiendosele leydo de berho ad berbun a1 dicho fiancisco de Vera dixo que se afrma en lo que tiene dicho (1694a); y 1e dixo a1 Religiose no haga Vuestra Patemidad Casso (1 694a); mxo el que declara que no auia que echarle Culpa a ninguno (1694a); no les oyo a 10s demas Responder (1694a); el dicho padre maestro concluio con que le auia dicho a dicho sacerdote que dcuian yr a dar quenta (1694a); Y si en algunamanera ponen par pretexo a Dios y a Vuesha Magestad es para sacarle la sangre a 10s vesinos (1691); le quedo deuiendo a Don fernando indio de dicho Pueblo vn viaje que hizo a la qiudad del Rio de la hacha (1 691); por cuia rason le daua Y dio las graqias a dicho encomen- dero (1691); por quanta le ha constado a Su merced ocular mente estar derrotadas Y cayendose las casas (1691); se le notifique a1 cappitan Don Diego de Mendoza 10 Sier Rivera (2003) estudia la duplicacion de objetos en la obra de Francisco Sobrino --por tanto, en el misino periodo cronologico que me intercsa aqui- y hace un interesante esta- do de la cuesti6n donde sc ocupa de manera especial de aquellas propilestas de tipo semhtico, funcional y tipol6gico. encomendero de dicho pueblo Y a Don Juan Casique de el hagan recoger todos 10s chinos chinas, indias Y indios que cstuhieren fuera de dichos Pueblos (1691); en lo segnndo conserhandosela [la graqia] a la noblesa con la venignidad que Vuestra Magestad encarga se le atienda (1690); verificandose esto en el destierro que se le impuso a Juan Gar~ia de Vstiaga (1690). Suplico a Vuestra Patemidad Reuerenda se sima de Conqeder- liqen~ia a dicho Relixioso (1694a); le dio quenta de todo lo que _ auia oydo a dicho Pad-e fray Mathias (1694a); usefioria debe gaser- seiialadas mersedes a sus cnados (1694a); - Da cuenta a Su Magestad el Visitador general de parte del obispado de Santa Marta como a prihado del oficio de cura Parroco de la ciudad de 10s reyes del Valle de Vpar a1 Doctor Don francisco Games Ductor (1691); hejaqiones y agrauios que - ha hecho a dichos indios con poco temor de Dios Nuestro SeRor (1691); Y sin dila- $ion ninguna aya de pagar y pague a dicho indio Sehastian el viaje (1691); cons- ta estar deuiendo- dicho encomendero cantidad de viajes a 10s indios deste dicho Pueblo (1691); El cauildo justiqia y Regimiento de esta mui noble y leal Ciudad de Santa Fee de el Nueuo Reino Ynforma a Vuestra Magestadel acertado como des- interesado gouiemo de el Maestre de Campo Don Gil de Cahrera y Danalos (1690); cuias Razones nos mueuen a dezi~ a Vuestra Magestad que este suxeto es digno de premio (1678); sed ynsasiahle de quitar- a todos las haqiendas con mill tramo- yas y artes diabolicas (1649); [la qedula] _la a leido el mismo a muchos (1649). En 10s siguientes ejemplos se puede comprobar que la gramaticalizaci6n de la duplicacion de CD y de CI antepuestos se habia completado: las puertas las Ara luego Albaro Pulido Cerraxero (1694aJ; El porque Dios lo saue (1649) lo que mas siento es lo poco que a 10s ministros de Vuestra Magestadse les da en materia de tanta Ymportan~ia no atendiendo a mas que a sus comhenienqias (1691); a ellos no 10s entenma Vien lo que decian per0 al mulato si (1694a). Por ultimo, quiero dejar constancia de la aparicion de dos fen6menos relacionados con la duplicacion objetiva, que, aunque pnedan darse a veces en el espaiiol clisico peninsular, llaman la atenci6n por ser rasgos caractensticos de la dialectologia caribeiia actual, que ya estan presentes a menudo en estos documen- tos. Me refiero, en primer lugar, a la duplicacion por medio del clitico de un pro- nombre relativo en funci6n de objeto (aunque en algunos ejemplos es aceptable dudar del hecho de que el que sea un relativo) y, en segundo lugar, a la falta de concordancia en numero del clitico con su antecedente (habitual no solo en casos de duplicacion): que fuessen Siguiendo la chusma, que la hauian tenido Retirada (1 694); estas Boqes fueron muqhos ayer que las oy en y en diferentes partes (1694a); aniendole Reqiuido Juramento que lo hiqo por Dios y la c~uz Segun forma de dereqho (1694a); Pedro de Vera mulato con Vnos qiuco o seis negros yrre los estaua yndus- triando el modo de leuantarse (1694a); Don Diego Veltran de Caiqedo de quien se Reqiuio Juramento que lo hiqo por Dios nuestro Sefior (1694a); los puestos de la muralla de que asi mesmo se auian de Sefiorear y coxerlos (1694a); entender que presidente oydores ni gouernadores miran Por ella es engaiio que solo lo asen y LA DUPLICACION POR MEDlO DE CLITICOS EN DOCU.llENT0S DE INDWS 277 trauajan con gan cuydado y continua asistengia 10s ofiqiales Reales (1649) le dixo que no tenia la Culpa el sino quien le Consentia a el y a ohosperros tantas dema- sias (1694a); En quanto a las Voqes de 10s que decan lo Contrario no las puede expresar por no hauerla apre~iado (1694); se lenotifique a1 cappitan Don Diego de Mendoza encomendero de dicho pueblo Y a Don Juan Casique de el hagan recoger todos 10s chinos chinas, inhas Y indios que estubiercn fuera de dichos Pueblos (1691); Y si en alguna manera ponen por pretext0 a Dios y a Vuestra Magestad es para sacarle la sange a 10s vesinos (1691); y diqe a puesto cuydado en tener estas notiqias para darla a westra magestad (1619) REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS CARRERA DF LA RED, Micaela, 2000, ((Reino de Nueva Granada. 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El espacio comunicativo del Reino de Napoles La idea de este trabajo smgio durante un seminario del curso 2003/2004 en la Universidad de Munich, en el que, bajo la tutela del profesor Wulf Oesterreicher, investigamos distintos aspectos relacionados con el espacio comunicativo (Kommunikationsraum)' del Reino de Napoles2. Es decir, nos interesamos por la reconstruction de la situacion lingiiistica y por las lenguas que configuraban este espacio comunicativo en la epoca en la que el sus de 'Italia' form6 paste de la monarquia hispinica (del siglo XVI al XVIII). Hasta ahora no se sabe mucho sobre el capitulo de la historia que tienen las lenguas italiana y espaiiola en comun. Los estudios existentes sobre la Napoli spagnola se concentran mas bien en aspectos historicos de caracter general como la cultura, la administraci611, la lglesia o la sociedad bajo el dominio espaiiol3. La funcion que pndo haber tenido la lengua espaiiola en el espacio comunicativo del reulo es, sin ernbargo, todavia un cctersitorio sin explorar)) como lo denomina Oesterreicher en el articulo ~~Plurilingiiismo en cl Reino de Nipoles)) (2004). El sorprendeilte desinteres de la comunidad cientifica, tanto italiana coma espaiiola, por la situacion lingiiistica en el Reino de Napoles ha sido definido como un rrerdadero c(b1oqueo epist&micou". Del lado espaiiol este hecho se podria explicar ya que la voluminosa production intelectual de 10s Siglos de Oro toda- via reclama la labor de historiadores, historiadores de la lengua y filologos. Es decir, aun quedan cuantiosos textos par analizar, valoras e interpretar. Ahora bien, el cabal conocimiento de la epoca en la cual el espaiiol se convirti6 en una Para la definici6n del concepto de 'espacio comunicativo' veanse Oesterreicher (1998: 38-39; 1990:121). Se emplea tarnbien el nomhre Reino dc las dos Sicilias. Estudios de este tipo son por ejemplo: Bosse/Stoll (2001); Cortese (1924; 1965); Croce (21922; 71967); Rovito (2003). Vi-anse Oesterreicher 1998 y 2004. 1) En Nipoles y su region (Campania) -excluyendo todas las otras regiones del sur de '1talia'- dominan al menos cuatro lenguas (latin, toscano, espa- iiol y napolitano) en las distintas situaciones comunicativas. Su funciona- miento exacto hasta ahora nos es desconocido. 2) El espacio comunicativo del Reino de Napoles debe ponerse en relacion con el resto del Imperio Espaiiol de Carlos V y con la vision del Emperador del espaiiol como lengua universal. 3) A la luz de investigaciones, no parece aventurado suponer la existencia de documentos en espaiiol (sin duda de distintas tradiciones discursivas: car- tas, listas, escritos militares, catequeticos, jundicos, etc.) en 10s archivos (p.e. en la Biblioteca Nazionale di Napoli, el Archivogeneral de Siinancas y el Archivo histonco nacional de Madrid) que podrian delimitar de un modo mis exacto la situacion del espaiiol en el espacio comunicativo de la epoca. Se hace preciso, pues, uu rastreo en busca de dichos documentos, con el posterior estudio y clasificacion, labor que realizare en 10s proximos meses. 3. Mas indicios Para concluir les quisiera presentar brevemente tres textos que mas adelante seran incluidos en mi trabajo. Son textos que pueden dar, de manera parecida a1 Dialogo de la lengua, testimonio sobre la existencia de una comunicacion en espa7ol en 'Italia'. 1) En 153 1 sale a la luz una edicion de la Celestina en Venecia que va prece- dida de una introducci6n de Francisco Delicado, en la cual el autor de la Lozana Andaluza explica por que la obra se debe publicar en espaiiol: El libro presente, agradable a todas las estraiias naciones, fue en esta inclita ciudad de Venecia reimpreso por miscer Juan Bautista Pedrezano, mercader de libros, que tiene por enseiia la Tore (sic, de Menendez y Pelayo): iunto a1 puente de Pddlto, donde esta su tienda o botica de diversas obras y libros, a peticihn y ruego de muy muchos magnificos sefiores desta prudentissima sefioria. Y de otros munchos foras- teros, 10s quales, como el su muy delicado y polido estilo les agrade y munchos mucho la tal comedia amen, mixime en la nuestra lengua Romance Castellma que ellos llaman espaiiola, que cassi pocos la ygnoran : y porque en latin [...I N en len- gua Italiana no tiene ni puede tener aquel impress0 sentido que le d~o su sapientis- simo autor; [...I (Delicado apudMenendez y Pelayo 1947: 179; 10s subrayados son de Ment-ndez y Pelayo). 2) Otro texto que me interesa son las Osservationi della lingua castlgliana de Giovanni Miranda (1566). Se trata de un libro didktico para la enseiiaza del espaiiol para italianos33. El autor escribe en la introduccion: 33 Veansc Carreraq 1 Go~coechea 2002 y Enclnas en prensa EL DIALOGO ~t LA LENGUA Y LA COMLTNICACION EN EL REINO DE NAPOLES 287 M 0 L T E uolte ho confidera- 11 rato, da che io fono ufcito I1 di Spagna, & ho conner- 11 fato in quefta beata ProG- I1 cia, quanto diletto fuolete I1 prendere uoi Italiani della 11 uaghezza, e leggiadria della 11 noftra lingua; & con quanta cura alcu- ni di uoi I1 cerchiate di apprenderla: & appreffo ho fouente I1 mirato, che coloro, che prefumono di faperla 11 efprimere ottimamente, & d'effeme compiuti I1 poffeffori, fono piu lontani che non fi credono 11 dalla intera cognitione di lei. Perche ho defi- dera- 11 to di dame alcuna regola a uoftra fodisfattione; [ ..] (Miranda 1584: A'letton, pigina no numerada). La cita esta tomada de un ejemplar de la edicion veneciana del 1584 que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Mhich. El colofon esta escrito cn espafiol por un tal Juan Jolito, quien destaca la importancia de aprender lenguas extranjeras, sobre todo la lengua espafiola. 3) Por ultimo, quiero aludir a 10s estudios de Nino Cortese, historiador napo- litano que se ocup6 de investigar la historia de la t-poca espafiola de nip ole^^^. En la Biblioteca Nazionale di Napoli he encontrado un articu- lo suyo ((Fonti spagnuole per la storia del reguo di Napoli del Cinque e Seicento)95, en el cual nos da una lista de la correspondencia de la secre- taria del Consejo de Italia (fundado en 1555 por Carlos V). Cortese encon- tro 10s documentos en el Archivo general de Simancas, el Archivo histori- co nacional de Madrid y 10s Archives Nacionales de Paris. Orden6 10s tex- tos por sns tematicas y 10s primeros registros son: (( I. Consultas; 11. Decretos; 111. Memoriales; 1V. Varios o negocios inconexos; V. Visitas; VI. Registros de privilegios; VII. Acuerdos del Consejo o decretos suyos a memoriales de partes [...In. Todavia no si hasta qut- punto dichos docu- mentos son relevantes para mi proyecto, pero es muy probable que a ha- ves de algunos de ellos podamos conocer mejor la situation comunicativa en el espacio del Reino de Napoles. Fuentes pnmarias C~~viwras SAAVTDRA, Miguel de, 1973[1614], Viaje del Pamaso. Poesias comnpletas, I. Madrid: Castalia (Clbicos Castalia 57) [Ed. por Vicente Gaos]. MIRANDA, Giovanni, 1584[1566], Osservationi della lingua castigliana. Venecia: Cioliti. VALOFS, Juan de, 1967, DiAJogo de la lengua. Florencia: D'halIstituto lspanico [Ed. par Cristina Barbolani] -31985, Didlogo de la lengua. Madrid: Castalia (Clisicos Castalia 11) [Ed. por Juan M. Lope Blanch]. ----61998, Didlogo de la lengna. Madrid: Citedra (Letras Hispinicas 153) [Ed. por Cristina Barbolani] 34 Para 10s estudios de Nino Cortese, consultese la Bibliografia. 35 El articulo se public6 en 1940 en Rassegna Storica Napolefana 1, qne es el primer y irnico nlimero de la revista. 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Cuando no se puede recurrir a la semintica de una palabra, solo cabe la posi- bilidad de comparar formalmente las raices, con los riesgos que esto conlleva. Sin embargo, es preferible formular hipbtesis, por amesgadas que estas parezcan, a ignorar aquellos toponimos que hoy nos parecen oscuros. En el presente trabajo vamos a plantear una idea que aun no hemos podido verificar por completo, aunque pensamos que existen bastantes indicios como para que sea tenida en cuenta. Hablamos de algunos topbnimos e hidrbnimos identificados ge~leralnlente con el apelativo tome, que en realidad podrian no pro- ceder del latin turn's, sino de una raiz ~nucho mL antigua, prerromana, que se emple6 pricticamente en toda la Peninsula Ibkrica para designar pequefios rios y fuentes: "turlhirr-. Para llegar a esta conclusi6n hemos tenido en cuenta 10s datos que proporciona la historia, asi como 10s textos medievales que reflejan la forma primitiva del toponimo. En cuanto a nuestra hipotesis, ksta surgio, como veremos, a partir de la lectura de varios trabajos realizados por Francisco Villar (1995% 2000), ampliados mas tarde por Francisco Rodriguez Adrados (2001). Como es bieu sabido, ambos se dedican, entre otros muchos temas, a1 estudio de las len- guas paleohispinicas de origen indoeuropeo. -- 1. Sobre el fenomeno de la asociacion etimologica En la antiguedad, cuando un pueblo se establecia por primera vez en un terri- torio, solia bautizarlo con un nombre que hiciera alusion a una caracteristica espe- cial del terreno. Esto se debia a la naturaleza ndrnada de 10s pueblos primitives, que asi podian recordar 10s diversos lugares en 10s que se habian asentado. En general, todos 10s toponimos tenian en su origen un significado transparente. Solo mas tarde, cuando se producia un cambia de indole cultural, provocado nonnal- mente por la iilvasion de una tribu que hablaha otra lengt~a, el toponiino evolu- cionaha, y lo podia fiacer de ires modos distintos: se conservaba el nombre origi- nal, a pesar de no ser comprendido por 10s nuevos colonos; se sustituia el toponi- mo por otro, bien mediante su tsaduccion, bien por uno compietamente nuevo; o, finalmente, se podia respetar en lo posible la forma del noinbre primitivo, pero asimilaildolo a otro de la uueva Iengua, par lo que su significado cambiaba. A esto Gltimo se le ha llamado cambiopor etllnologia popular o asociacion etimo- Iogica. Debido a la necesidad de encontrarle sentido a aquellas palabras que habi- an dejado de ser inteligibles, 10s moradores de un lugar podian asignar on nuevo significado al toponimo sin necesidad de sustituirlo, gracias al fenomeno de la pasanomasia y a la homonimia. Se pueden enconlrav multitud de ejemplos de etimologia popular, incluso en kpoca antigua. Avieno, en su poema geografico Ora Maritima llama a1 rio Ebro Flumen oleum 'rio oleo', 'rio del aceite' (Avieno, Ora Maritima: 505). Esto no se debio a que existieran muchos olivos cerca de su ribera, sino a un error, a una falsa etimologia. Avieno tomb el hidronimo del griego ~laios, que a su vez tras- cribia el nornbre iberico del rio, que no era otro que Elaisos (Schulten 1963: 26). En el dialecio j6nico-atico que hablaban los comerciantes griegos, la Is1 intervo- calica no se pronunciaba. Estamos, pues, ante una etimologia popular por homo- nimia (coinciden formalmente dos palabras diferentes). Otro ejemplo: Tito Livio cita en el libro XXILI c!e su obra Ab urbe condiia una ciudad bastetana llamada Orongis. ~ste era el nnmbre con que 10s propios habitantes llamaban a su ciudad (Livio, Ab urbe condita: XXXIIT, 3). Los arqueologos han identifieado esta Orongi con el oppidunl ibt-rico existente bajo el suelo dcl Cerro de Santa Catalina, en Jain. Cuando la fortaleza es destruida por los romanos, kstos vuel- ven a fundar una nueva ciudad, y le cambia levemente el nombre: Auringis en lugar de Orongis (Serrano Peiia 2004: 12-14). En las inscripciones de kpoca imperial se habka ya dei m~micipium flaviel~se aurgitanum (Jiminez Cobo 2000: 47). Posiblemente la etimologia popular he tambiin la causante de que la vocal /o/ diptongara de forma insolita en lad, dando asi la raiz auri- que en latin signi- fica 'de oro'. Evidentemente, no habia oro en esta ciudad (10s historiadores hablan en todo caso de yacimientos de plata), pero vivir en una hipot6tica ciudad <tdorada)) pudo soilarmejor a 10s oidos de 10s romanos que se instalaron en el pri- initivo Jaen. La falsa asociacion etimologica no solo se produce cuando la lengua de 10s vencedores se impone a la de 10s ver~cidos. Los toponimos espafioles de origen [Document text truncated for crawler view.]