Reseña de "The efficacy of the architecture" de Tahl Kaminer
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proyecto moderno: memoria del futuro issn 2393-770X Publicación del trabajo doctoral
Universidad de la República Lic. Rodrigo Arim Rector Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo Arq. Marcelo Danza Decano Consejo de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo Orden estudiantil Florencia Petrone Maximiliano Di Benedetto Belén Acuña Orden docente Mag. Arq. Diego Capandeguy Arq. Laura Cesio Arq. Juan Carlos Apolo Mag. Arq. Fernando Tomeo Arq. Cristina Bausero Orden de egresados Arq. Patricia Petit Arq. Teresa Buroni Arq. Alfredo Moreira Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo Universidad de la República Br. Artigas 1031 C.P. 11.200 Montevideo, Uruguay Tel. (+598) 2 400 1106 www.fadu.edu.uy [email protected] Montevideo, Uruguay, noviembre de 2019
thema 3 Dirección Editorial Roberto Fernández Coordinación editorial Gustavo Hiriart Diagramación y producción Sofía Ganduglia Diseño de maqueta original Lucía Stagnaro Corrección Natalia Chiesa Web www.fadu.edu.uy/doctorado-arquitectura/ thema Contacto [email protected] ISSN. 2393-770X Esta publicación se terminó de imprimir en mes y año en nombre de imprenta Comisión del Papel Edición amparada por el Decreto 218/96 Montevideo, Uruguay D. L. Todos los contenidos que se publican son originales y realizados por designación o convocatoria abierta, exclusivos para integrarse a este número de Thema. Thema autoriza la reproducción parcial o total de los textos y originales gráficos siempre que se cite la procedencia. Los criterios expuestos en los contenidos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión de la revista o la institución.
proyecto moderno: memoria del futuro
8 t h e m a 3 10 presentación 13 proyecto moderno: memoria del futuro Roberto Fernández 23 El peso de la(s) cosa(s) Eduardo Grüner 33 Crisis de la imaginación Javier Corvalán 45 Encoger©: Radicantizar Federico Soriano y Dolores Palacios 55 Proyectar sobre lo construido Reflexiones (abstractas) acerca del hacer en el espacio arquitectónico, a partir de experiencias proyectuales (concretas) en el edificio de la Facultad de Ingeniería de Julio Vilamajó Gustavo Scheps APORTES PRESENTACIÓN
9 í n d i c e 69 Lugares comunes Arquitectos modernos y filósofos neoempiristas (1924-1931) Laura Alemán 79 ¿Qué pasó con el enfoque de sistemas? Orígenes y difusión internacional de la arquitectura escolar de sistemas (1945-1973) Pedro Barrán Casas 89 Criaturas y topografías liminares Retórica del exceso en el Nuevo Mundo. Notas de aproximación a una disertación doctoral Martín Cobas 99 La Red Mendoza Fundamentos de un proceso proyectual Martín Fernández Eiriz 113 El sitio como razón de proyecto Sustentabilidad integrada a los procesos creativos en la obra de Glenn Murcutt Matías Beccar Varela 125 La construcción del paisaje en los conflictos urbanos Córdoba, Argentina (2002-2015) Miguel Martiarena 137 La ciudad socialista Política, urbanismo y arquitectura en Mar del Plata de los sesenta Ana Zagorodny 151 Arquitectura y emancipación Carlos Tapia AVANCES ARGUMENTOS
1 Carlos Tapia es doctor arquitecto, miembro del Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas de la ets Arquitectura de Sevilla, España. Participó como profesor visitante del doctorado fadu-Udelar, segunda cohorte.
Arquitectura y emancipación Carlos Tapia 153 a r g u m e n t o s 2 Sirva el repaso que hace Joan Ockman en E-Flux sobre la disquisición en esta época entre la pertinencia y el oportunismo, con posterior rechazo en la relación teoría/historia de la arquitectura. La barra es importante. ocKman, J. (2017). Slashed. Disponible en <https://www.e-flux.com/ architecture/history-theory/159236/slashed/>. Consultado el 10 de julio de 2019. 3 taPia, C. (2018). «Silencios cartográficos, acciones arquitectónicas», Thema, 2, pp. 19-30. T Para cualquier educador en arquitectura, una escena se repite con cada nuevo curso. La escena muestra reuniones de los equipos docentes preguntándose cómo mejorar la formación en sus disciplinas, cómo renovar los planes de estudio adecuándose a los tiempos que corren, cómo asimilar lo que otras facultades y escuelas están poniendo en práctica. Cabría proponer una escena complementaria, fuera de recintos y reglamentos, donde las verdaderas —por sinceras— preguntas emergen. Se sitúa en los pasillos, los corredores, diríamos mejor, donde las preguntas son más ágiles e, incluso, correspondientemente atléticas. Digo atléticas, asimismo y de la mano de la explicación de ascesis de Sloterdijk, pensando que no caben en la formación de arquitectos distinciones entre la vida activa y la pasiva, entre la praxis y la teoría. Siendo aún un estudiante, a inicios de los años noventa del siglo pasado, escuché una de esas conversaciones de pasillo, escaleras arriba, en las que las desinhibiciones se tornan desvergonzadas y los testigos, como yo, retienen con más fijación lo dicho con voz entrecortada, tal vez no tanto por el cúmulo de escalones descontados, sino porque un cierto descubrimiento para sí mismo emergía con más intensidad que lo logrado en la clase previa por quien hablaba. Quien hablaba era un entonces joven profesor de éxito profesional y admiración estudiantil, que departía con un maestro de profesores, curiosamente sólo algo mayor que él. Por esa razón, porque le hablaba al maestro, su voz conseguía acompasar mejor el esfuerzo de la respiración en la subida de planta, por la gravedad de lo que se decía. Y decía algo aproximado a que la de(s)construcción no podía ser impulso para la arquitectura. Si se trataba de amalgamar una clave de pensamiento para una disciplina ajada por prácticas obsoletas o ensimismadas, ni siquiera autónomas, decía nuestro brillante profesor, bastaba con dejar pasar el tiempo. La de(s)construcción pasaría como formalismo como tantos otros y el propio sistema de consumo de imágenes lo colocaría en el lugar que le corresponde: no los libros de historia de la arquitectura, sino la historia de unos libros que creyeron ingenuamente transmutarse en arquitectura. Para mí, que ansiosamente necesitaba asimilar y comprender lo que se llamaba y aún se llama teoría de la arquitectura, que ansiaba extenderla en un pensamiento crítico cuando la propia crítica ya dictaminó que no había necesidad de «tanta teoría»,2 la acción arquitectónica no podía atreverse a diferir de su fin último: ser un campo de conocimiento. Ya he hablado en algún caso de este asunto, incluso, sin mencionarlo expresamente, en las páginas de la revista thema.3 Pensar la arquitectura ya era hacerla, y por método de pensamiento teníamos la acción proyectual, exhortada con una urgencia de renovación estructural. La de(s)construcción era una forma de praxis y no filosofía de la negación para arquitectos mal preparados para leerla. Si los estudiantes de los últimos cursos necesitábamos una arquitectura que cambiara las cosas, Derrida era quien derribaba ideologías de dominio, quien evitaba el mantra del futuro, quien proveía a la arquitectura de las armas necesarias para ser eficaz en todas las escalas de su desarrollo. Para los estudiantes actuales en arquitectura, estos debates parecen ajenos, superfluos y meramente académicos. No sé si vislumbran la importancia de formularse, ya en época de estudiante, la pregunta que Moneo se hizo buscando el sentido que ha de tener la especificidad de la arquitectura. Moneo escribió, críticamente (en Arquitecturas Bis), en el declive del movimiento moderno en los años setenta, que el fin de la arquitectura, al ser construida, era la invención de la forma, pero desligada de un imperativo Ilustración 1. Tahl Kaminer (2017), The Efficacy of Architecture: Political Contestation and Agency
154 t h e m a 3 4 Ver: ocKman, J. (2009). «One for the sandpile», Journal of Architectural Education, vol. 62, 3, Criticism in Architecture, febrero, pp. 26-27, 99. 5 «Para la arquitectura, que debe seguir funcionando, cobijando y dando forma, esto supone un reto crucial. La arquitectura debería cuestionar la idea de su encarnación previa tanto del significado como de su función social y, por tanto, de sus actuales modos de legitimación. ¿Y qué aspecto tendrán las formas de esta investigación cuando lleven a cabo este desgajamiento? Estas son las cuestiones que afronta una arquitectura que ya no tiene canon, sino tan sólo, como punto de partida, su propia y singular posibilidad de ser: su adquisición de forma» (eisenman, P. 1996. «Formar lo poscrítico: Arquitectura, función y significado», Arquitectura Viva, 50). 6 moneo, R. (1978). «Entrados ya en el último cuarto de siglo…», Arquitecturas Bis, mayo. 7 Si se quiere ampliar, hemos escrito más sobre ello aquí: taPia martín, C., y lóPezmarcos, m. (2014). «Negatives Denken. Contraespacios e impolítica para una revisión (¿crítica?) del estatuto de la arquitectura». I International Conference on Architectural Design and Criticism. 8 eisenman, P. (2007). Written into the Para que la arquitectura sea, se encarne (Menschwerdung, alcanzar humanidad), requiere del entorno construido, que es lo que fija el sentido evolutivo de lo social, siempre en opinión del socio principal de la firma Zaha Hadid Architects. Me pregunto cómo descontextualizar el entorno construido de los discursos, de la ideología o de la historia. El personaje Roithamer de la novela Corrección de Thomas Bernhard odiaba las palabras arquitectura y arquitecto, y se regocijaba, en cambio, con los términos constructor o arte de la construcción. Roithamer, 12 un constructor de corte wittgensteiniano, se volvía vehemente al expresar equivalentemente lo que el filósofo pensaba de la arquitectura y los arquitectos: el buen arquitecto es el que se resiste a todas las tentaciones. ¿Qué ha de resistirse a admitir el arquitecto cuando ya no hay nada que haga necesaria la arquitectura? ¿Tenemos hoy los arquitectos un «plan de consistencia», como diría Deleuze, aunque el autor francés, como su compatriota Derrida, ya no se lleve? ¿Somos, al menos, eficaces en algún aspecto que las sociedades contemporáneas tengan en consideración? Me gusta François Jullien. A los sinólogos oficiales, no. Pero siempre me ayuda con mis argumentos. En este caso, sobre la eficacia 13 también. Jullien devuelve el nombre academia al gimnasio de los atletas —griegos— que piensan y actúan. Lo eficaz, a la griega, significa que construyo un modelo, una forma modelo, ideal, a la que le asocio un plan y un objetivo. Tras de ello, de lo que se trata es de cumplir el objetivo. Jullien pone de ejemplo lo dictado en La República de Platón, no para un arquitecto, sino para un general. Un buen general es bueno en tanto sea buen geómetra. Modelización de modelizaciones, la geometría traza la abstracción perfecta. Cabrían más matices en la eficacia griega, como cuando a Ulises lo llaman «astuto». Astuto, dice Jullien, sinónimo de saber surfear, implica saber desarrollar una estrategia de adaptación a lo que está por llegar, para sacar provecho. Si ahora lo llevamos a la arquitectura, sin plan de actuación, el acomodo del arquitecto a lo que está por venir lo hace eficaz, pero no eficiente. Frente al logro de los efectos deseados, que es la eficacia, la eficiencia alcanza lo esperado con el menor empleo de recursos o tiempo. Tal vez, al hablar de arquitectura, de la que se juega su pertenencia a su tiempo, no sea tan importante el ahorro de insumos o correr —por los pasillos— en exceso como tener clara su misión: su eficacia. Si Moneo retiró, en el año 1978, el modelado del movimiento moderno; si los últimos astutos, en nuestros días, se colocaron del lado de la desintegración del Estatuto de moral que traía la función como adalid de los parámetros de proyectación en el seno del movimiento moderno. Después de esa pregunta de Moneo, después de que lo crítico se tornara asimismo autónomo, tras su intento de apropiación y dislocación por lo poscrítico, después de superar el deconstructivismo, después de informalismos que clausuraron un milenio, de la arquitectura del star system, de la madre de todas las crisis y el acto de constricción de los pecados escenificado por los arquitectos en la representación del Juicio Final, con un planeta agonizante, la pregunta se amplía: ¿para qué la arquitectura? Eisenman, que en el texto de Moneo aparece como el liquidador de funcionalidades y resucitador de una arquitectura no humanista y sí plenamente autónoma en su objetualidad, a propósito de la poscrítica, ya constituida como la reafirmación conservadora4 de las acciones arquitectónicas, en los mismos días en que mis profesores no tenían destino en el horizonte indeterminado de su recorrido de pasillo, consideraba que la misión de la arquitectura era la «adquisición de la forma»,5 debiendo aclararse que sin relación con lo dicho por Moneo. 6 Lo crítico, 7 en arquitectura, surge de saberse a contracorriente de la cosmovisión que cada generación tiene de sí, y se deriva de ello que sea llamada revolucionaria, ideológica o vanguardista. Eisenman,8 que acomoda los textos de Robert Somol en su propio discurso, explica que lo crítico es algo reactivo, dialéctico. Al ser de carácter oposicional, necesita incluso negarse a sí mismo. El lugar de la negación de lo crítico se encuentra en lo literal, en las cuestiones de hecho, en la vida tal cual es. Lo crítico provee conciencia, autorreflexión para el hallazgo del significado, como lo hacen los formalismos, o como fija un escrito. Frente a lo crítico, lo literal, lo que no es abstracto o, con un neologismo, lo poscrítico. Si lo crítico proporciona reactividad, es porque hay resistencia, y el fin de la arquitectura es capaz, a través de sus formas, de facilitar alivio a los problemas sociales. ¿Es esto una proposición válida para nuestros días? Si uno se va al pasillo del Institute of Architecture, University of Applied Arts Vienna, 9 que permitió hablar de teoría con tono franco a Patrik Schumacher,10 declarando que el libro en que se basa su opinión, escrito por él mismo,11 era el fulcrum al que recurrir en caso de exceso de doxa, aún encuentra eco, cuya resonancia alcanza, más allá, lugares tanto ajenos como receptivos. En su opinión, la arquitectura necesita los discursos en su parte de formación académica y los resultados son, por primera vez en la historia, generaciones de arquitectos cuyo marco de trabajo no sale del ámbito del dibujo especulativo.