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En defensa del helenismo polinésico: a propósito de un enfoque teórico reciente

San Bernardino Coronil, Jesús

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En defensa del helenismopolinésico. A propósito de un enfoque teórico reciente * Jesús SAN BERNARDINO Universidad de Sevilla «Surge para la Historia Antigua tanto hoy como ayer y como mañana, una necesidad de autorreflexión, y aúnmás de justificación científica (...) No solamente representantes de otras disciplina~ reprochan en ocasiones a sus colegas de HistoriaAntigua una capacidad raquíticapara la reflexión, pobreza teórica, carencia de modelos e insuficiencias de método; incluso representantes de la Historia Antigua, y en especial de la generación más joven de historiadores, se va apoderando la sensación de que esta especiali - dad sigue cada vez menos el paso de las restantesciencias históricas, sino que incluso se ha quedado muy por detrás de todasellas» ~. Así se expresa - ba hace poco más de una década el profesor Géza Alfóldy en una revista nacional de Historia Antigua que empezaba por aquel entonces su andadu - ra y había decidido incluir en su n.0 1 uno de esos artículos de reflexión «teórico-metodológica» que normalmente no se prodigan salvo en los n? 1 de las jóvenes revistas, cargadas de bienintencionados proyectos. Véase sino el nY 1 de otra joven revista queincluíaotro articulo de mar - cado sesgo teórico en el que C. González Wagner lamentaba el anquilo - samientode una HistoriaAntigua que con «su veterana aprensión a la elaboración de modelos teóricos ha permanecido largamente aislada y des - conocedora por tanto de los progresos que en otras ciencias sociales se venían realizando»; y ello, a pesar de que«en aquellascontadas ocasiones en que se ha producido un acercamiento entrehistoriadores y cualquier otra * O. CHIC GARCÍA, Pensamientos universitarios. Editorial Gráficas Sol. Écija, 1995,99 Pp. ¡ 0. AtyÓLnv, «La Historia Antigua y la investigación del fenómeno histórico», Gerión 1 (l984), 39-61 (esp. 41). Gerión. nY 14. 1996. Servicio de Publicaciones. Universidad Complutense. Madrid. 402 Jesús San Bernardino clase de científicos sociales, ello ha redundado finalmente en beneficio de una mejor comprensión de los problemasplanteados, especialmente cuan - do el contacto se ha producido con las investigaciones y modelos desarro - 2 lIados por los antropólogos» Algún tiempo después, las palabras tanto del profesor de Heidelberg como del profesor de la Complutense parecen aún plenamente vigentes ~. Por ello, no pueden sino agradecerse las noventa y nueve páginas de una colección de artículosrecogidosbajo el lema «Pensamientos universita - rios», firmados por el profesor Genaro Chic García. Si se exceptúan, unos cuatro o cinco títulos, la inmensa mayoría de estos diecisiete trabajos apa - recidos previamente en publicaciones diarias (anual en un caso) inciden sobre aspectos teórico-metodológicos que vienen, en gran parte, a desarro - llar la visión de conjunto expuesta por el autor en una obra anterior pro - gramáticamente titulada Principios teóricos en la Historia ‘t A nuestro jui - cio, estas dos publicaciones podrían conformar una «trilogía» si se le añadiese un estudio perteneciente a la misma «escuela» y rubricado por A. Padilla Monge ~. En efecto, tanto las dos obras del maestro como la del discipulo presentan, desde su propia y personalconcepción de la Historia, un singular cuadro teórico,metodológico y terminológico que se aclara y se perfila, en la medida en que se alternan las lecturas de unos escritos que se solapan y se enriquecen mutuamente. Ante todo, se aprecia en este conjunto el acendrado espíritu de reflexión que anima la construcción de un amplio marco teórico cuya aplicación pre - tende repercutir, de una manera fecunda, en el estudio y conocimiento de la AntigUedad. El resultado final es, en buena medida, el producto de uno de esos escasos aunque fructíferos encuentros entre Historia y Antropología, 2 C. GONZÁLEZ WAGNER, «La Historia Antigua y la Antropología: el caso de Tartessos», Kolaios 1(199 1), 1-37 (esp. 1-2); de hecho el propio autor se ha caracterizado por la aplicación de modelos y esquemas antropológicos en cuestiones tan problemáticas como las de Tartessos o la colonización fenicia. Pueden recordarse también las palabras de M. FINLEy en Use y ahuso de la historia, Barcelona, 1977, 182-182: «No existe razón alguna para que este enfoque <el autor se refiere a la formulación de conceptos y modelos, al hábito de formular proposiciones,...) no haya sido ¡le - vado a término en los campos de la historia o la crítica literaria tanto como en el de la antropo - logía, pero el hecho histórico es que la antropología moderna ha desarrollado prácticas de investigación elaboradas y satisfactorias, mientras que los estudios clásicos no lo han logrado hacer». O. CHIC GARCÍA, Principios teóricos en la Historia, Écija, 1990; con posterioridad apa - recería el artículo «Principios teóricos en la Historia (II)», Espacio y tiempo 5-6 (1991-92), 137-147. A. PADILLA MONGE, Introducción a la Historia Antigua, Sevilla, 1993. Sin perjuicio de su independencia y originalidad, el propio autor recoge passim asertos procedentes de las publica - ciones teóricas de O. Chic. En defensa del helenismo polinésico. A propósito de un enfo que... 403 como los que señalaba más arriba C. González Wagner. Esfuerzos de tales características, aunque cada vez más frecuentes 6, parecen todavía inusua - les en el panorama español, quizá por la indiferencia, el frío escepticismo o la sonriente condescendencia que, a menudo, despiertan en ambientes poco sensibles a las cuestiones teóricas y metodológicas en Historia, sobre todo ahora, en un fin de siglo presidido por el «fin de de las ideologías» cuando no de la misma Historia. «Sólo hay un limitado número de maneras por las que los seres huma - nos pueden adaptarse al entorno; cuando las condiciones externas son parecidas, los hombres de todas las naciones y de todas las épocas han reaccionado frente a dichas condiciones estrictamente de forma similar». Así reza la cita de R. Clausing incluida por A. Padilla en la portada de su libro ~. Este principio fundamental que defiende la identidad básica del ser humano en todas las ramas de nuestraespecie 8 constituye, en buena medi - da, el punto de partida de todo el entramado teórico posteriordesarrollado por ambos autores. Curiosamente este axioma es precisamente uno de esos temas capitales que hicieron posible la aparición de una proto-antropo - logia tras el descubrimiento del «otro» en el mundo americano. Así lo enunciaba ya, en el siglo XVIII, el historiadorescocés William Robertson, saludado hoy como una figura clave en el surgimiento de la antropología cultural ~. «Si se suponen dos pueblos situados en las dos extremidades de la Tierra en un estado de sociedad igualmente avanzado hacia la civili - zación y la industria, sentirán las mismas necesidades, y harán los mismos esfuerzos por satisfacerlas: atraídos por idénticos objetivos y animados de pasiones semejantes, tendrán las mismas ideas y senti - mientos. En circunstancias iguales el espíritu humano sigue en todas panes con poca diferencia el mismo camino en sus progresos, y llega casi a los mismos resultados» lO No pueden olvidarse, en este sentido, los estudios de J. Bermejo Barrera, Psicoanálisis del conocimiento histórico, Madrid, 1983. R. CLAU5ING, The Roman Colonate. TIte Theories of its Origins, Roma, 1965. O. Cu¡C GARCÍA, Principios teóricos..., 13. 9 Véase M. HARRIS, El desarrollo de la teoría antropológica. Una historia de las teorías de la cultura, Madrid, 199310, 29-30. ~ W. ROBERT5ON, TIte Hisrory ofAinerica, Edimburgo, 1777 (= Barcelona, 1839-1840) II, libro IV, 23 y 182; citas extraídas del. BE5TARD y 1. CONTRERAS, Bárbaros, paganos, salvajes y primitivos, Barcelona, 1987, l8t y 185. 404 Jesús San Bernardino Desde esta premisa, resulta claro que son posibles los enunciados de leyes, reglas o principios generales tanto en Antropología como en Histo - ria Y aquí radicaría precisamente el carácter científico de la Historia como ciencia de lo abstracto másque de lo concreto, como disciplina—de acuerdo con la terminologíaacuñada por O. Chic— que se ocupa de lo «im - portante» (el estudio estructural del pasado humano) por encima de lo «interesante» (nuestra contemporaneidad). Para ello, el autor propone la superación del principio de actualidad en Historia y la profundización en el conocimiento de la «biodiversidadmental» desplegada por el ser humano a lo largo y ancho de su diversidad cultural i2• Desde estas posiciones, el con - cepto de «AntigUedad» se transmuta: deja de ser una simple «época del pasado» (la que antecede a la «Edad Media») para convertirse en una «for - ma de pensamiento» que pervive incluso en la contemporaneidad: la estruc7 tura mentalantigua i3~ Para lograr penetrar los secretos de esta «estructura mental antigua», la alusión a las «comunidades» estudiadas por la Antropologíaparece prácti - camente ineludible. De hecho, tanto el texto como las notas y la bibliografía de estas tres publicaciones aparecen plagados de referencias a los más diversos escritores de esta ciencia, de Lévy-Bruhl a Service, pasando por Marx, Malinowsky, Amin y Chauvin entre otros. De este modo, ambos autores se inscriben en una tradición científica secular que cree en la fecun - didad de un acercamiento a la AntigUedad desde los logros alcanzados por el estudio de los «pueblos salvajes». Así, ya en 1724, tras una estancia de cinco años como misionero en el Canadá, el padre Lafitau (al que algunos atribuyen el descubrimiento del método comparativo 14) se planteaba la posibilidad de «redescubrir» los textos antiguos desde la observación del salvaje americano. «No me he contentado con observar el carácter de los salvajes e informarme de sus costumbres y prácticas; he buscado en tales cos - ¡ 1. MoluiNo, «El problema de la existencia de leyes universales» en su obra Culturas y modos de producción. Una visión de la antropología desde el mate rialismo histórico, Madrid, j9792, 196-197; G. CHtC GARCÍA, Principios teóricos..., 16 y Pensamientos 15; A. PADILLA MONGE, Introducción..,, 11-23. ¡2 0. CHIC GARCÍA, «Lo interesante y lo importante» y «Biodiversidad mental», en Pensa - mientos..., 13-17 y 61-65. 3 A. PADILLA MONGE, «El concepto de AntigUedad», en Introducción.., 29-38; 0. Cinc GARCÍA, «El principio de actualidad en Historia y el concepto de Historia Antigua», en Princi - pios teóricos..., 47-52. ~ Véase la atribución realizada por W. ScHMIDr en M. 1-IARRIs, El desarrollo de la teoría..., 336. En defensa del helenismo polinésico. A propósito de un enfo que... 405 tumbres y prácticas los vestigios de la Antiguedad más remota; he leí - do con cuidado los autores más antiguos que han tratado sobre las cos - tumbres, las leyes y los usos de los pueblos de los que tenía algún conocimiento; he hecho la comparación entre las costumbres y con - fieso que si los autores antiguos me han dado luces para apoyar algu - nas conjeturas relativas a los salvajes, las costumbres de los salvajes me han dado luces para entender más fácilmente y explicar varias cosas que están en los autores antiguos». 15 Por ello, a este jesuita de la Ilustración, el historiador se le antojaba como una persona en actitud de escribir, ocupado en comparar los monumentos de la AntigUedad y de América, que dos genios le acercaban para ayudarle a establecer la comparación y la relación que podíanguardar entre sí 16 En ese mismo siglo de las Luces, Adam Fergusondaría un paso más al ver en los salvajes, nuestros primitivos, auténticos espejos de nuestros ante - pasados. Al igual que los historiadores clásicos habían sabido reconocer en los bárbaros el reflejo de su propia antigUedad, los historiadores del hoy podían visualizar merced a las tribus americanas la existencia de nuestros antepasados. Así lo exponía, en un ensayo (1747) este insigne historiador de Edimburgo: «Tucídides, a pesar del prejuicio dominante en su país contra la denominación de bárbaro, entendió que era en las costumbres de las naciones bárbaras donde tenía que estudiar las más antiguas costum - bres de Grecia. Los romanos podían haber encontrado una imagen de sus propios antepasados, en la representación que hicieron de noso - tros. Si cualquier clan árabe se convirtiera en una nación civilizada, o alguna tribu americana escapara al veneno que les administran nues - tros comerciantes de Europa, podría en el futuro recoger más eficaz - mente las narraciones sobre su origen gracias a los relatos actuales y a las descripciones de los viajeros. Nosotros debemos considerar su condición presente como si miráramos en un espejo los rasgos de nuestros progenitores. Y de allí tenemos que deducir la influencia de las situaciones que creemos afectaban a nuestros antepasados». 17 ~ J. F. LAFrrAU, Moeurs des sauvages américains comparés ata moeurs des premiers temps, Paris, 1724,1,3-4; citado en J. BE5TARD y J. CONTRERAS, Bórba ros, paganos 168. 6 Véase esta «imagen» en la explicación que el propio Lafitau ofrece del frontispicio que ilustraba las primeras páginas de sus Moeurs des sauvages..., en J. BESTARD y 3. CONTRERAS. Bárbaros, paganos..., 176. “ A. FERGUSON. An Essay on the I-Iisrory of Civil Society. Edimburgo. 1747, 80; citado en J. Bestard y J. Contreras, Bárbaros, paganos..., 194. 406 Jesús San Bernardino De este modo, a partir del XVIII, el viaje por el espacio se convertía en viaje por el tiempo. El principio de identidad de la naturaleza humana per - mitía al viajero que se adentraba por tierras lejanas y exóticas vislumbrar el propiopasado europeo, merced a esospueblos, testigos vivientes de la pro - pia Antigúedad. En palabras de Bestard-Contreras, en estos momentos, se operó elpaso de la metáfora del manuscrito a la metáfora del museo: «el salvaje aparece como nuestro primitivo. Es nuestro antepasado, y su fantástico exotismo se transforma en el balbuceo inicial de la naturaleza humana en la historia... Se empieza a hablar de los “mecanismos” que dirigen la historia de las sociedades, y las costumbres singulares aparecen como expresión de lo “general” y lo “universal”». 18 Esta perspectiva evolucionista se consolidaría a lo largo del x~x (sobre todo entre 1860 y 1880) con las obras de autores considerados por los antropólogos como los «grandes clásicos» de su campo. Ancient Law (1861) de Maine, La Cité Antique (1864) de Fustel de Coulanges, Primiti - ve Society (1871) de Tylor y Ancient Society (1877) de Morgan son tan sólo algunas de las más representativas 19• Nos llama la atención la circunstancia de que, en todas estas primeras investigaciones de la Antropología científi - ca, el «hecho antiguo» ocupara un lugar absolutamente primordialhasta el punto de que algunos de estos autores (v.g. Fustel de Coulanges) son asímismo considerados, hoy en día, como «grandes clásicos» por parte de los historiadores de la Antiguedad en su propia disciplina. Sin embargo, esta rica y prometedora «luna de miel» acabaría ex - tinguiéndose sin dejar descendencia y aquellas plácidas relaciones entre Historia Antigua y Antropologíaquedaron suspendidas 20 Ello se debió fundamentalmente a la reacción antievolucionista y, en buenaparte, antihis - toricista que dominó el panorama de los estudios antropológicos desde finales del xix, sobre todo tras la aparición del paradigma funcionalista. En efecto para los integrantes de esta corriente, el estudio antropológico con- ‘~ 1. MORENO, Culturas y modos.., 47. Hablando de estos antropólogos «clásicos» de la segunda mirad del siglo xix, el autor vuelve a insistir precisamente sobre los aspectos que veni - mos señalando: «su defensa de la unidad del psiquismo humano y el planteamiento de que en condiciones similares y con iguales recursos tecnológicos grupos humanos diferentes crearían las mismas o muy parecidas instituciones y desarrollarían tipos análogos de creencias, rabemos que son ideas básicamente ciertas, siempre que no caigamos en estériles mecanicismos... o nos dejemos llevar por la especulación sin base empírica...» (50-Sl). 20 M. FINLEY, «Antropología y estudios clásicos», en Uso y abuso de la historia, Barcelona, 1977, ¡62. En defensa del helenismo polinésico. A propósito de un enfo que... 407 sistia ante todo en el estudio de la articulación de los diferentes elementos que integraban una sociedad o institución, la manera en que conformaban un sistema y la funciónque desempeñaba cada uno dentro de éste, prescin - diendo por completo de la historia de aquélla21. Moses 1. Finley alude a la extensa antología de citas que podría componerse a partir de las afirmacio - nes realizadas por «eximios antropólogos de la contemporaneidad unáni - mes a la hora de denigrar el estudio del pretérito», con una referencia expre - sa a Malinowski y a sus seguidores 22~ Por su parte, en el campo de la Historia Antigua surgieron asimismo voces contrarias a la «primitivización» del mundo grecorromano, voces puritanas que pretendían salvaguardar inmaculada la belleza marmórea y apolínea del clasicismo winckelmanniano y se alzaban contra «el helenis - mo antropológico de Sir lames Frazer y el helenismo irracional, semisenti - mental, polinésico, de verso libre y sexo libre que expelen todos esos luju - riosos geysers de “embriagantebasura” sobre el espíritu griego» 23~ Aún en 1950, el profesor de Oxford, E. R. Dodds se vería obligado a redactar una precavida defensa de sus métodos, como parte integrante del prefacio de su obra Los griegos y lo irracional, en previsión de los ataques de que podíaser objeto, por parte de sus colegas, debido al empleo de cier - tos argumentos antropológicos. Merece la pena reproducir este significati - vo y patético fragmento. «A mis compañeros de profesión les debo quizá una defensa del uso que hago en varios lugares de las recientes observaciones y teorías antropológicas y psicológicas. En un mundo de especialistas, lo sé, tales préstamos de disciplinas poco familiares suelen ser recibidos por los eruditos con aprensión, y, en ocasiones, con activo desagrado. Cuento con que se me recuerde, en primer lugar, que “los griegos no eran salvajes”, y, en segundo lugar, queen esos estudios, relativamen - te nuevos, las verdades admitidas de hoy pueden convertirse en los errores desechados de mañana... Pero, en respuesta a la primera bas - tará, quizá citar la opinión de Lévy-Bruhl según la cual “dans tout esprit humain, quel qu’en soit le développement intellectuel, subsiste un fond indéracinable de mentalité primitive”;... ¿Por qué hemos de atribuir a los griegos antiguos una inmunidad para los modos “primi - 21 Véase la definición ofrecida por M. MANDIANES, s.v. «Funcionalismo» en A. AGIYRRE (ed.), Diccionario tenul rico de Antropología, Barcelona, 1988, 388-392. 22 M. FINLEY, «Antropología y estudios clásicos...», 165. 23 Este fragmento de un comentario firmado por Paul Shorey respecto a una obra de Gilbert Murray aparece recogido en M. FINLEY, «Antropología y estudios clásicos...», 157. 408 Jesús San Bernardino tivos” del pensamiento que no encontramos en ninguna sociedad al alcance de nuestra observación directa? En cuanto al segundo punto, ... si queremos tratar de llegar a algu - na comprensión de la mente griega y no queremos contentarnos con describir su conducta externa o con trazar una lista de “creencias” documentadas, hemos de trabajar a la luz de que podemos disponer, y una luz incierta es mejor que ninguna luz. El animismo de Tylor, la magia de la vegetación de Mannhardy, los espíritus-años de Frazer, el maná de Codrington, todos ellos ayudaron en su día a iluminar lugares oscuros de la documentación antigua... Veo en este sentido muchas razones para ser cauto en aplicar a los griegos las generalizaciones fundadas en pmebas no griegas, pero no veo ninguna para que la cm - dición griega se retire a un aislamiento autoimpuesto... Si la verdad está fuera de nuestro alcance, los errores de mañana son todavía pre - feribles a los errores de ayer; porque el error en las ciencias no es sino otro nombre de la aproximación progresiva a la verdad». 24 En aquel mismo año de 1950 y desde el otro campo, un antropólogo de Oxford, E. Evans-Pritchard, formulaba su invitación parareanudar aquellas interrumpidas relaciones, al publicar su apología del dictum de Maitland: «progresivamente la antropología tendrá queescoger entre ser historia o no ser nada» 25 Y lógicamente no le faltaron críticas alimentadas por el pre - juicio anti-histórico aún activo entre sus colegas. Hoy, tras la consolidación del «enfoque procesual» en Antropología26 y la apertura hacia la interdis - ciplinariedad por parte de las ciencias de la AntigUedad 27, los puentes pare - cen definitivamente tendidos. Los autores de la trilogía aquí referida pertenecen precisamente al número de los quehan decidido cruzar esos puentes, reiniciando una vieja y sabia tradición de diálogo 28• De estos contactos surgen propuestas tan sugerentes como «el sistema estructural de horizontes mentales integra - dos»29 o «el marco teórico estructural» 30, tras las que se adivina el esfuer - 24 E. R. DoDDs, Los griegos ylo irracional, Madrid, l986~, 12-13. 25 Véase M. FINLEY, «Antropología y estudios clásicos...», 164. 26 T.C. Lewellen, «El enfoque procesual», en su Introducción a la Antropología política, Barcelona, 1985, 91-101. 27 ~ GONZÁLEz WAGNER, «La historia antigua y la antropología...», 1-4. 28 Véase la referencia a la Antropología como la ciencia «que tan gran ayuda presta al his - toriador», a pesar de sus propias limitaciones en O. CHIC GARcÍA, Principios teóricos..., 25. 29 0. Cníc GARCÍA, «Una hipótesis de trabajo: el sistema estructural de horizontes menta - les integrados», en Principios téoricos.., 1945. ~ A. PADu.í.A MONGE, «El marco teórico estrutural», en Introducción..., 45-84. En defensa del helenismo polinésico. A propósito de un enfo que... 409 zo por organizar un amplio material conceptual en el seno de una articula - ción teórica coherente y flexible. Sin embargo, en esta ocasión, nos detendremos solamente sobre uno de los núcleos argumentales más importantes de toda esta construcción. Nos referimos a la que constituye —en nuestra opinión— la principal aporta - ción de los Pensamientos universitarios del profesor G. Chic con respecto a sus anteriores Principios teóricos en la historia: la dualidad cultural entre el mundo de la mítica y el mundo de la lógica. La idea ya había aparecido apuntada o levementeesbozada en las obras anteriores de ambos autores ~ Pero es en su última publicación, donde se desarrolla toda una elaboración conceptual al respecto, en un artículo que no sólo es el más extenso sino también el más reciente de toda la colección 32~ En 1942, WilhelmNestle canonizaba en el título de su obra Vom Myt - zum Logos, publicada en Stuttgart, una expresión que hundía sus raíces en la propia Metafisica aristotélica33 y que venía a designar el proceso genético por el que se habíaproducido el surgimiento de la Filosofía a ori - llas del mundojónico, en los albores de la Grecia arcaica. En su uso de los vocablos «mito» y «logos», Genaro Chic trasciende el marco concreto de su aplicación al mundohelénico para elevarlos a la categoría de herramien - tas epistemológicas de validez universal en el estudio de las culturas huma - nas en tanto que términos que remiten a visiones contrapuestas del mundo y a sistemas antagónicos de pensamiento: la lógicafrente a la mítica. Partiendo de los estudios de M. Detienne sobre el sentido de las pala - bras mythos y logos en la lengua griega ~, el autor constata la existencia de dos modalidades de raciocinio que son ambas productos de la mente huma - na ~y por lo tanto interculturales. Se trata de un principio que recuerda la división establecida por Lévy-Bruhl cuando distinguía entre dos tipos de mentalidad posibles en las sociedades humanas: las formas prelógicas y ~‘ Así por ejemplo, O. Cinc alude de pasada a ese «mundo (el griego) en que el razonamiento lógico ha ido desplazando al mito como principio rector de la convivencia», en Princi - pios teóricos..., 30. Por su parte, A. Padilla precisaba que «mito y lógos son dos sistemas de pensamiento distintos, pero, por ser “sistemas de pensamiento”, ambos son racionales. Por ello, es conveniente hablar de “racionalidad mítica” y de “racionalidad lógica”», en su Introduc - ción..., 27. 32 0. CHIc GARCÍA. «Dos formas contrapuestas de pensamiento: el mito y la razón», en Pensamientos..., 19-30; el texto había sido publicado anteriormente, bajo el mismo título, en la revista Espacio y tiempo 9 (1995), 105-112. ~ ARISTÓTELES, Metafísica, 1 .2.928b. ~‘ M. DETIENNE, Los maestros de verdad en la Grecia arcaica, Madrid, 1981 (= Paris, 1967). ~> 0. CHIC GARCÍA, Pensamientos..., 27. 416 Jesús San Bernardino rico que, sin embargo, no se encuentra lastrado por la dispersión o el eclec - ticismo, debido a la unidad y la coherencia que impone sobre todo el con - junto la propia reflexión original. No obstante, esta misma variedad dificul - ta el establecimiento de filiaciones y, en general, la aprehensión de la cadena doxográfica en la que se inserta su producción teórica. A partir de las citas y de la bibliografía se aprecian en su reflexión influencias procedentes de «escuelas», en ocasiones enfrentadas, quevan del evolucionismo sociológi - co de Lévy-Bruhl y Pustel de Coulanges al funcionalismopsicobiológico de Malinowski, del materialismo histórico de 5. Amin, y. Gordon Childe y Plejánov al morfologismo fenomenológico de Mircea Eliade, del estructura - lismo aplicado de M. Detienne a la ecología cultural de E. R. Service. El propio O. Chic parece justificar esta disparidad cuando en uno de sus artículos afirma: «indudablemente, como me decía en cierta ocasión mi maestro el Dr. Presedo, lo que más se parece a un tonto de derechas es un tonto de izquierdas. Y viceversa. Desechemos pues la ubicación y quedé - mosnos con las ideas» ~Ello podría equivaler a algo así como: «qué importa el pelaje del escritor, si su producción científica es buena; por encI - ma de las diferencias ideológjcas, importa la calidad de la investigación efectuada». De este modo, por encima de los prejuicios ideológicos, los autores parecen servirse de cuanto resulte sensato y provechoso en el diseño de su propio edificio teórico-metodológico. Pese al gran peso que ejercen, en todo el conjunto, los planteamientos estructurales y materiales se advierten, sobre todo en los Principios teóricos en la Historia, el eco de posicionamientos «mentalistas» o «ideáticos». Así en el conflicto por la primacía que opone laidea a la materia, laprimera pare - ce ganar finalmente la partida sobre la segunda, a juzgar por enunciados tan rotundos como el siguiente: «Es lafuerza de la mente, la capacidad de sentir queuna cosa es tal, la fe en esa percepción, lo que mueve la actuación de los hombres» 56• Esta afirmación ilumina el sentido de otra igualmente significa - tiva. Refiriéndose a las formas económicas, sociales ypolíticas de una cultu - ra el autor mantiene que no puede hablarse de una determinación clara de unas por otras: «Lo que sí, en cambio, parece determinante, es el nivel u hori - zonte mental en que se inscriban, que exige un desarrollo equilibrado de esas mismas formas» (la cursiva es mía)~. Sin embargo en los Pensamientos uni - versitarios pueden recogerse fórmulas más «ecuánimes» como «necesita - mos creer en algo... de la misma foi-ma que necesitamos comer o atender a “ O. CHIC GARCÍA, Pensamientos 8. 56 0. CHIc GARCÍA, Principios teóricos..., 35. ~ Ibid. 43. En defensa del helenismo polinésico. A propósito de un enfo que... 417 nuestros apetitos sexuales» 58, sentencia en la que se equiparan las necesida - des físicas y materiales conducentes a la producción de alimentos o a la reproducción con las necesidadespsíquicas y espirituales que abren las puer - tas al mundo de las creencias. Por otra parte, el autor pareceotorgar un papel fundamental a un realidad tan material como el medio ambiente y su orden natural en el surgimiento de las primeras formas de pensamiento ~. Sea como sea, en los últimos años, parece que se han ido abandonando las rigideces de los planteamientos idealistas y materialistas más mecani - cistas en favor de posicionamientos más flexibles quehan permitido acor - tar distancias y acercar posturas. Así, por ejemplo, se puede observar el interés creciente que ha ido acaparando el mundo de las ideas, en las escue - las marxistas y filiales quehan puesto a punto fórmulas mucho más articu - ladas: «la autonomía relativa de la superestructura» y «la determinación en última instancia de la economía» propias del materialismo dialéctico 69; «la parte ideal de lo real», «el papel del pensamiento en la producción de las relaciones sociales» y «el predominio de las estructuras no económicas» propias del estructuralismo marxista61; la «retroalimentación positiva y negativa», la «superestructura conductual, etic» y «superestructura mental, emic» propias del materialismocultural 62• En este sentido, las propuestas del estructuralismo de Godelier parecen ser las más cercanas a los posicio - namientos ¿ideáticos? adoptados por el profesor Chic en su «sistema estructural de horizontes mentales integrados» 63 En cualquier caso, desde estas posiciones estructurales, si no estructu - ralistas, el profesor O. Chic aboga por la defensa de una «biodiversidad mental» desde el ejercicio de una ciencia histórica que, libre de prejuicios, se dedique a su estudio M~ Resultacurioso comprobarcómo el autor coinci - de, casi hasta en las palabras, con un estudioso de lateoría de la Historia tan conocido como Josep Fontana: 58 0. CHIC GARCÍA, Pensamientos..., 20. ~ O. CHIC GARCÍA, Pensamientos..., 22. 60 C. E. S. CARDoso y H. PÉnaz BRíoNou, Las métodos de la historia, Barcelona, l979~, 376-381. ~ M. GoDEuER, Lo ideal y lo material.., 153-205. 62 M. HARRIs, El materialismo cultural, Madrid, l987~, 67-70. 75-76, 87-92. 63 Apane de la insistencia de ambos sobre «lo estructural» y sobre lo «ideal o mental», pue - de destacarse la importancia fundamental que tanto M. Godelier como 0. Chic conceden al «modo de producción asiático» como el más extendido o al binomio antiguo «otium-nec otium»: véase M. GODRuER, Sobre el modo de producción asiático, Madrid, 1979 yLo idealylo mate - rial..., 163; dr. 0. CHIC GARCÍA, Pensamientos..., 64; A. PADILLA MONGE, Introducción..., 33. ~ Véase una mención en 0. CHIC GARCÍA, Pensamientos..., 29 y el artículo titulado «Bio - diversidad mental» dentro de la misma obra (61-65). 418 Jesús San Bernardino «Esta historia pluridimensional podrá aspirar a ser legítimamente universal y nos devolverá también la diversidad de la propia cultura europea. Si respecto de los seres vivos se habla del peligro de perder la riqueza de un caudal genético que puede resultar trascendental en el futuro ¿por qué no aplicar un criterio semejante a las culturas?» ~ Como bien señalan los autores, se trata de un rescate de la biodiversidad mental que debe proyectarse no sólo sobre el presente y el futuro sino tam - bién sobre el pasado. Ala detención de los etnocidios culturales que se pro - pagan por el bloque Sur debe unírsele también los casos de «homogenei - zación cultural» propios del bloque Norte. En esa dirección apunta el polémico artículo «Cristo, la ley y el Mediterráneo» que el catedrático de Sevilla no pudo publicar en periódicos diarios por negativa de los mismos: respeto a la biodiversidad mental en el proceso de una construcción euro - pea que no sacrifique, en aras de la integración, la cultura del hombre medi - terráneo y su trágica flexibilidad ante la ley 66~ Por último, en cuanto al pasado, la constitución de una historia verda - deramente científica debe pasar por la reconstrucción de la biodiversidad mental de las sociedadespretéritas. Tal vez sea ya tiempo de salir definiti - vamente, como dice el profesorFontana 67, de esa galería de espejos defor - mantes que han permitido al europeo afirmar su pretendida superioridad sobre el bárbaro, el rústico, el salvaje y el primitivo, desde la base de una historia que explicaba los éxitos de «su» civilización, de «su» progreso y de «su» lógica, en definitiva. De hecho, esta concepción ha conducido al hom - bre europeo a la amputación de su propio pasado, a la mutilación de cuan - to no se ajustaba, por ejemplo, a esa definición apolínea de la Grecia clási - ca como cuna del Espíritu (lógico) de Occidente y paradigma inmaculado de la Racionalidad. Enese sentido, obras tan controvertidas como la Atenea Negra de MartinBernal —otro de los libros citados por el profesor Chic— parecen devolvemos, en la actualidad, una Grecia «menos blanca» y «menos indoeuropea» y, con ello, una parte de nuestro pasado 68 La reconstitución de la «biodiversidadmental» del mundo antiguo constituye, en buena medida, la tarea inaplazable a la que nos invitan estos pensamien - tos universitarios, libres ya del terror decimonónico al «helenismo poli - nésico». 65 1. FONTANA, Europa ante el espejo, Barcelona, 1994, 154. ~ O. CHIC GARCÍA, Pensamientos..., 47-50. 67 J. FONTANA, Europa ante..., 150. 68 M. BERNAL, Atenea Negra. Las raíces afroasiáticas de la civilización clásica, Barcelona, 1993.