AMOR ROMÁNTICO Y SALUD EN MUJERES ESPAÑOLAS García Jiménez, María RESUMEN En este trabajo se explora la relación del amor romántico en la salud percibida en una muestra de mujeres españolas y en su atribución del empeoramiento de la salud a una gran dedicación familiar-doméstica. Se esperaba encontrar que, a mayor aceptación de los mitos románticos, peor sería la salud percibida y mayor la atribución del empeoramiento de la salud a la sobrecarga familiar. Para la recogida de datos se utilizó un cuestionario de salud y otro que medía la aceptación de los mitos sobre el amor romántico. Los resultados no mostraron relación entre los mitos y la salud, lo que podría indicar la posibilidad del efecto de otras variables. Tampoco se encontró relación entre los mitos y la atribución de una peor salud a una sobrecarga familiar, lo que podría indicar que la aceptación del amor romántico dificulta la toma de conciencia de las consecuencias asociadas a él. PALABRAS CLAVE Salud, mujeres, sobrecarga familiar, mitos de amor romántico, roles de género. ABSTRACT This paper explores the influence of myths acceptance about romantic love in Spanish women's perceived health and their attribution of deterioration of health due to a high family dedication. We expected that the more women accept the myths, the less health would be perceived by them. We also expected that the more women accept the myths, the more would be the attribution of worse health due to family dedication. Two scales have been used. The first scale assessed women's perceived health, the second one assessed the myths about romantic love. Findings did not show a relation between the myths acceptance and perceived health. This could be explained by the effects of other factors. Neither findings show relation between myths acceptance and a worse health attribution due to a great family dedication. This might show how the myths acceptance makes it difficult to become aware of associated consequences. KEYWORDS Health, women, family dedication, romantic love, gender roles. INTRODUCCIÓN Hoy en día, atribuir las diferencias de género en cuestiones de salud meramente a aspectos biológicos queda ya descartado, pues en los procesos de salud están involucrados multitud de factores socio-culturales que rodean a las personas y que van a modular sus estilos de vida (Martínez, 2003; Matud et al., 2010). La salud ha sido, por excelencia, uno de los puntos de mira de la investigación. Sin embargo, el androcentrismo ha marcado siempre los estudios realizados (Castaño, Bolívar, Ruíz y Plazaola, 2006). Parece que en los últimos años se ha producido un incremento de estudios relacionados Universidad de Sevilla,
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con la salud y el género, aunque ello no garantiza que la perspectiva de género esté presente en dichas investigaciones. Y es que, siguiendo a Mari Luz Esteban (2003), en este tipo de investigaciones debe quedar claro el concepto de género como un concepto relacional, de manera que son las relaciones entre hombres y mujeres y la evolución de dichas relaciones lo que deberían ser objeto de análisis. Así, los resultados del trabajo de las autoras más arriba citadas (Castaño et al., 2006) muestran un auge de los temas de estudio en salud sexual y reproductiva que, en su mayoría, no incorpora el enfoque de género. No debe obviarse que de la investigación en la salud de las mujeres dependerá la prevención y adecuado tratamiento a determinadas enfermedades, mejorando nuestro bienestar y calidad de vida. Poco a poco, la asistencia y atención sanitaria a mujeres va avanzando, un cambio que ha sido mucho más notable en los últimos años, al reconocer que mujeres y hombres tienen necesidades distintas y que su salud tiene factores de influencia diferentes para unas y para otros, lo que ha permitido grandes avances también en investigación (Ogburn, Voss y Espey, 2009). Pero, ¿cuáles son los factores que modulan de manera diferencial la salud de hombres y mujeres? Siguiendo a María Pilar Matud et al. (2010), aunque las diferencias entre sexos no sean muy extremas en términos cuantitativos, sí podemos, atendiendo a otros trabajos, afirmar que existen a nivel cualitativo (e. g. Courtenay, 2000, Hegelson, 1994; cit. en Matud et al, 2010), pues una variable importante que explica las diferencias es, precisamente, la asignación de roles en función del género, muy comúnmente debido a la asignación a las mujeres del rol de amas de casa y cuidadoras de la familia y del hogar (Anson, Levenson & Bonneh, 1990). Concretamente, y sin obviar el papel de los factores biológicos, la salud de las mujeres se ve intercedida por la conceptualización del género en base a la socialización de unos roles y normas desiguales para mujeres y hombres que conlleva una normalización de la estructura patriarcal generando, por ejemplo, la violencia machista (Rohlfs, Valls y Pérez, 2005). No son pocos los trabajos dedicados a analizar la influencia de los roles de género, y más en concreto el rol de ama de casa y cuidadora, en la salud de las mujeres. Un trabajo particularmente interesante es el realizado por las autoras Ofra Anson et al. (1990), quienes estudiaron las comunidades Kibutz. Partiendo de la idea de que en éstas existe una ideología de igualdad de género y son facilitadoras de la emancipación de las mujeres, hipotetizaron que la salud entre mujeres y hombres sería similar en la medida en que el reparto de roles de género también lo es. Esto fue precisamente lo que mostraron los resultados, concluyendo que la ideología de emancipación de las mujeres y su participación en lo público, así como el hecho de que el cuidado de niños/as y personas dependientes pertenece a toda la comunidad, explicaría el buen estado de salud de las mujeres. Otros trabajos muestran, en el mismo sentido, peor salud en las mujeres dedicadas al trabajo doméstico (Ferrer, Bosch y Gili, 1998; Artazcoz, Escribá-Agüir y Cortés, 2004) y que en muchas ocasiones empeora cuando se suma el trabajo laboral que realizan fuera de casa (Feldman, Vivas, Lugli, Zaragoza y Gómez, 2008). Además, según el Informe sobre Salud y Mujer en la Comunidad de Madrid (1994, cit. en Piqué, 2003), existe una relación entre el rol de ama de casa y los problemas de salud, pues aparece más sintomatología depresiva, acentuándose el estrés cuando, como decíamos antes, además trabajan fuera de casa, pues la inexistencia de corresponsabilidad en la familia y dificultad de conciliación para las mujeres se hace patente. En 2010, Matud et al. estudiaron las posibles conexiones entre los roles de género y la salud entre mujeres y hombres, encontrando que las dimensiones de masculinidad y feminidad 312
parecían ser poco relevantes en la salud física, pero sí lo eran en lo que a salud mental se refería. En concreto, cuando las personas participantes, mostraban características de personalidad más cercanas a lo socialmente definido como masculinas, la salud mental era mejor, ocurriendo lo contrario cuando las características se ajustaban a lo socialmente considerado como femenino. Esta relación más negativa relativo a lo femenino frente a lo masculino confirma la relevancia del género y las características tradicionalmente asociadas a cada sexo en, al menos, la salud psicológica de las personas. Susana Covas, Javier Maravall y Luis Bonino (2009) reflejan en uno de sus trabajos con hombres que los malestares que éstos padecen tienen en mayor medida su origen en el ámbito laboral y las tareas del espacio público, mientras que los propios participantes consideraron que los malestares de las mujeres se asocian con frecuencia al ámbito privado, el trabajo doméstico, que a su vez es difícil compaginar con el ámbito laboral. Transmitieron, además, que los problemas o síntomas psicológicos de sus esposas suelen tener su origen en el hecho de ser las cuidadoras principales, ya sea porque están sobrecargadas o por la dificultad de conciliación, siendo conscientes, por tanto, del impacto que esto tiene en la salud de las mujeres. El problema es que, como muestra la investigación, estos hombres no se veían como parte de una posible solución, sino que se trataría de un problema individual y que han de resolver ellas mismas, sin considerar que su malestar se deba a algo que afecta a muchas mujeres, sino como una característica propia de cada una. Algunos hombres lamentan esta situación, pero “no pueden hacer nada para remediarlo ya que es imposible luchar contra la naturaleza de las mujeres, añadido a la percepción de que ellas tampoco se lo permitirán” (p. 47). A raíz de estos trabajos cabe pensar cómo la salud de las mujeres se ve intercedida por el patriarcado, en la medida en que nos impone unos patrones de conducta divididos en función del sexo, inculcados incluso desde antes del nacimiento. Así, nuestra identidad queda definida en base al género, acompañado de normas, valores y creencias que, como Isabel Martínez (2003) expone, van a marcar la manera en que percibimos el mundo y cómo enfrentamos los problemas, pues son determinados valores, creencias y normas socio-culturales las que nos indican cómo actuar, pensar y, en definitiva, cómo ser. En este sentido, las mujeres somos socializadas de manera que lo público nos queda excluido, y aún hoy, el lugar privado, básicamente nos pertenece, pues nosotras seríamos las garantes del bienestar de otras personas y quienes deberíamos cumplir nuestra función de dar amor y servir. Esta autora analiza las asimetrías de género en la salud de las mujeres y afirma que el rol de madre supone una extrema dedicación que no es recíproca con respecto a las mujeres, lo que puede suponer sentimientos de frustración al darse cuenta de que su dedicación supone un detrimento de la atención que dedican a sus propias necesidades y deseos (Martínez y Bonilla, 2000; cit. en Martínez, 2003). En concreto, Pilar Blanco (2004) expone que con frecuencia asisten mujeres a las consultas médicas indicando molestias y dolores físicos que no son fáciles de encajar en un diagnóstico y no son abordados de manera correcta. Ocurre que, al entrevistar a estas mujeres, a menudo se encuentran con problemas en sus vidas, con quejas y preocupaciones por escasez de ocio y tiempo dedicado a ellas mismas o incluso aparece una sensación de fracaso vital, algo de lo que también avisaba el Informe sobre Salud y Mujer en la Comunidad de Madrid (1994, cit. en Piqué., 2003). Se trata de mujeres amas de casa y profesionales que trabajan fuera y dentro del hogar, en quienes con frecuencia recae todo el trabajo doméstico o creen que esas tareas les pertenecen (Blanco, 2004). De nuevo, y en concordancia con la literatura anteriormente revisada, la autora propone una relación entre el rol social de las mujeres y el malestar que éstas padecen, y es que nuestra cultura ha sido, tradicionalmente, tal y como exponía Fina Sanz (1987), y como 313
ya venimos tratando, una cultura en la que hay una jerarquización de carácter patriarcal, pues las mujeres se han visto siempre sometidas a relaciones de sumisión como servidoras de los hombres para muchas tareas (por ejemplo, servirles para, mediante la maternidad, continuar su descendencia). Todo ello caracteriza la forma en que hombres y mujeres piensan, sienten, actúan y ven el mundo, pues siempre estaremos en concordancia con lo que se espera que hagamos. Esto implica que la formación de nuestra identidad está unida a estas creencias y normas tradicionalmente impuestas, asociándose muchas veces a esta identidad una disposición permanente como madre y esposa y dando lugar a un malestar que se convierte en síntomas debido a la falta de recursos personales para lograr salir de la situación en las que se encuentran (Blanco, 2004). Esos roles de los que venimos hablando se desarrollan en muchas ocasiones en el espacio de la relación de pareja, y en los que la influencia del patriarcado es muy sutil, inculcándonos ideas que mantienen las relaciones de poder en la pareja, reflejo de las existentes en la sociedad. ¿Cuál es esa influencia sutil propia del patriarcado? Sin ser ni mucho menos la única, una de estas formas es el amor romántico y, en concreto, los mitos que lo mantienen. Y es que como exponen Victoria Ferrer, Esperanza Bosch y Capilla Navarro (2010a), el amor es uno de los aspectos de interés social en el que se tienen en cuenta no sólo las realidades científicas, sino también los mitos al respecto. Los mitos sobre el amor romántico son un “conjunto de creencias socialmente compartidas sobre la supuesta verdadera naturaleza del amor” (Yela, 2003, p. 264; cit. en Ferrer et al. 2010a), que suelen ser engañosos, poco racionales e imposibles de cumplir (Yela, 2003; cit. en Ferrer et al., 2010a). Victoria Ferrer et al. (2010a) recogen un conjunto de mitos extendidos sobre el amor, según la revisión realizada por Carlos Yela en multitud de trabajos (e. g. Yela, 2000, 2003; cit. en Ferrer et al. 2010a): el mito de la media naranja, del emparejamiento o de la pareja, de la exclusividad, de la fidelidad, de los celos, de la equivalencia entre el amor y el enamoramiento, de la omnipotencia o de que el amor “todo lo puede”, del libre albedrío, del matrimonio o la convivencia y de la pasión eterna (para una revisión ver Ferrer et al., 2010a). Los trabajos que estudian la presencia de estos mitos en la población española nos han mostrado su alta aceptación. Así, en el estudio de Ana Barrón, David Martínez, Pilar de Paúl y Carlos Yela (1999) se halló que los porcentajes de aceptación de los mitos se situaban en un rango de entre el 45%, el mito menos aceptado, y el 95%, el más aceptado. Observó que dicha aceptación se daba más en las mujeres y que, tanto en ellas como en los hombres, a medida que aumentaba la edad, de forma general los mitos estaban más interiorizados como una realidad, mientras que el nivel de estudios mostró una correlación negativa. Por otro lado, y en esta misma línea, el estudio de Ferrer et al. (2010a) muestra resultados similares en cuanto a la aceptación de los mitos, concluyéndose que la población estudiada continuaba anclada en unos patrones de pensamiento relacionados con el amor que no hacen sino perpetuar las estructuras de poder contra las que venimos luchando desde hace ya muchos años. Todos estos mitos contribuyen a la formación de expectativas irreales y muchas veces imposibles de cumplir en torno al amor, y pueden llevar a la persona a la insatisfacción con su relación, o a una tolerancia de situaciones y actitudes dañinas para la propia persona. Estudiar este tipo de creencias presentes en la población aumenta las posibilidades de intervenir, pues son ideas y pensamientos que tienen sus raíces en una naturaleza del amor que puede ser utilizada como herramienta para el control y sumisión de las mujeres, y que sientan las bases de la violencia al aceptarse mitos como el de los celos (Ferrer et al. 2010a; Ferrer, Bosch, Navarro y 314
Ferreiro, 2010b; Barrón et al., 1999). Aquí radica, precisamente, el enlace que este tipo de ideas tiene con la salud de las mujeres, pues ésta no va a verse sólo reflejada en lo que hoy conocemos como violencia de género, que sería la expresión directa de estos mitos de amor romántico, sino que pueden influir también de un modo más sutil en la vida de las mujeres, pues estas ideas de amor, sumisión y entrega total a la otra persona pueden ser extrapoladas al ámbito familiar, pasando de un amor romántico a un amor maternal, con sus correspondientes consecuencias. En este sentido, Clara Coria (2001) ya definía el amor romántico como un proceso en el que las mujeres quedan a merced de los hombres, configurándose éste de tal modo que la subordinación de ellas parece ineludible si no se aplican nuevos esquemas a este concepto. Así, mujeres y hombres trasformamos aquello que empezó como amor romántico para encaminarlo hacia un estilo de amor bien diferente, el amor maternal, pues como esta autora aclara, la proyección de uno sobre otro es común. Esto influye en gran medida a que las mujeres continúan sin ver los costes que estas relaciones les conllevan, y esa “invisibilización de los costos”, como esta autora la denomina (Coria, 2001, p.33), es lo que dificulta la toma de conciencia de las mujeres de su situación y de las causas de ésta. Aunque apenas hay estudios realizados sobre el vínculo entre las relaciones de amor romántico y la salud de las mujeres, sí es interesante mencionar el estudio de Charlotte y Patrick Markey (2011) en el que hacen un análisis complementario de la literatura previa sobre la relación entre la salud y el bienestar de las personas en función de las relaciones de amor románticas que tienen. Así, aunque los hombres suelen tener mejor salud y bienestar que las mujeres cuando tienen una relación de amor, concluyen que los beneficios de las relaciones de amor podrían extenderse a las mujeres cuando las relaciones son igualitarias. Pero además, las mujeres que mantienen relaciones de igualdad con su pareja suelen ser mujeres con más nivel educativo, buen empleo, más seguridad en sí mismas y con estilos de vida más saludables que las mujeres que mantienen un estado de subordinación en la pareja. Esto indicaría que las experiencias de relaciones amorosas son una extensión de su bienestar personal a las relaciones de pareja. De hecho, la autora y el autor afirman que las mujeres con roles más tradicionales podrían haber entrado en la adultez con menores oportunidades de educación y carrera profesional y puede que el comenzar una relación amorosa les haya otorgado una seguridad más difícil de conseguir por ellas mismas, dándose también una extensión de su bienestar o falta del mismo a su relación de pareja. En este estudio se observa la relación existente entre la educación formal de las mujeres y el desarrollo de relaciones afectivas, que pueden marcar un patrón de salud más o menos saludable en su relación amorosa. Como Matud et al. (2010) afirman, y como exponíamos al inicio de este trabajo, saber cuáles pueden ser los factores y variables que determinan e influyen de forma negativa o positiva en la salud, es importante en la medida en que permitirá diseñar políticas y programas de prevención y promoción de la salud con perspectiva de género. Y como las mujeres de la población general española tienen peor salud percibida que lo hombres según la Encuesta Nacional de Salud 2011-2012 (Instituto Nacional de Estadística, 2013), este trabajo pretende estudiar si la variable aquí propuesta influye en esa percepción. Por tanto, en esta investigación se estudia cómo la aceptación de los mitos del amor romántico en mujeres se relaciona con su salud percibida, pues entendemos, de la literatura revisada, que el amor romántico mantiene relaciones desiguales de poder y éstas van a mermar la salud de las mujeres en la medida en que se suelen extrapolar no sólo a las relaciones de pareja sino a otros muchos aspectos, pasando a convertirse en un amor maternal que se inicia en el romántico, 315
como ya hemos hecho referencia. De forma exploratoria, y como un complemento a las investigaciones previas, se estudiará si la aceptación del amor romántico permite a las mujeres observar sus costes a nivel de salud, esto es, si atribuyen una peor salud a una mayor dedicación familiar-doméstica. Por ello, las hipótesis de partida para este estudio son dos: a) Esperamos encontrar que, a mayor aceptación de los mitos del amor romántico, peor será la salud percibida de las mujeres. b) Esperamos encontrar una relación positiva entre la aceptación del amor romántico y la atribución del empeoramiento de la salud de las mujeres a la sobrecarga familiar y doméstica. MÉTODO Participantes La muestra estuvo compuesta por 30 mujeres de edades comprendidas entre 20 y 83 años (M = 41.43, DT = 14.64). La selección de la muestra se realizó por conveniencia y accesibilidad. Las mujeres pertenecían a distintas provincias españolas: Sevilla, Cádiz, Badajoz, Valencia, Madrid y Valladolid. Todas las mujeres convivían con su pareja, independientemente de que estuvieran o no casadas. Ninguna de las participantes presentaba discapacidad intelectual y todas contaban con un nivel de estudios equivalente, al menos, al graduado escolar. Instrumentos Para este estudio se utilizaron los siguientes instrumentos: -Un cuestionario de datos socio-demográficos para saber si las participantes cumplían los criterios de inclusión (ser mayores de edad, convivir en pareja, nivel de estudios al menos básico) y poder definir la muestra también en base a su lugar de procedencia. -Un cuestionario sobre salud. La primera parte (anexo I) incluye 7 preguntas sobre la percepción de la salud general de las mujeres. Puntuaciones más altas indican una mejor salud percibida, a partir de sus respuestas de acuerdo o desacuerdo con las preguntas realizadas. La segunda parte del cuestionario (anexo II) consta de cuatro preguntas para evaluar en qué medida las mujeres asocian una peor salud con una gran entrega personal al hogar y a la familia. A mayor puntuación mayor será dicha atribución. -Un cuestionario de amor (ver anexo III) en el que se incluyeron 10 ítems que hacían referencia a los mitos del amor romántico. En él las mujeres mostrarían su acuerdo o desacuerdo con las frases presentadas mediante una escala tipo Likert, obteniendo 2 puntos si estaban de acuerdo, 0 puntos si estaban en desacuerdo y 1 punto si les era indiferente. Las frases fueron ejemplos redactados de 10 de los 19 mitos presentados en Eva de la Peña, Esther Ramos, José Mª Luzón y Patricia Recio (2011), seleccionados aleatoriamente, pero elaborados siguiendo el trabajo de Ferrer et al. (2010a). Las puntuaciones en esta escala podrían variar entre 0 y 20 puntos, donde puntuaciones más altas indican mayor aceptación de mitos. Procedimiento Tras la elaboración de los materiales se contactó con las mujeres que formarían parte de la muestra. La recogida de datos se realizó tanto de forma presencial como por vía telefónica, siempre de forma individual y en un momento de disponibilidad de las mujeres. Primero se les explicó la implicación de su participación en el estudio, así como se les aseguró el anonimato de 316
sus respuestas y los aspectos de confidencialidad. Se pidió, tras ello, su consentimiento para participar y se procedió a la administración de los instrumentos. En primer lugar, se aplicó el cuestionario de datos sociodemográficos, seguidamente se administró el cuestionario de amor y a continuación el cuestionario de salud. A todas las participantes se les dijo lo siguiente: “El cuestionario es anónimo, por lo que te pedimos que respondas con sinceridad. Queremos estudiar qué piensan las mujeres sobre el amor, por lo que verás unas frases con las que tienes que decir si estás de acuerdo o no. También queremos ver cómo percibimos la salud las mujeres, por eso verás algunas preguntas relacionadas con ello. Te pedimos que contestes con sinceridad ya que los cuestionarios son anónimos. Las preguntas son muy sencillas y no tardarás más de 10 minutos en contestarlas todas. Puedes preguntar cualquier duda”. Por último, se agradeció a las participantes su colaboración y se le facilitaron los datos de la investigadora para preguntar cualquier duda, retirar sus datos del estudio o conocer los resultados del mismo. Éste es un estudio transversal que siguió una metodología correlacional de encuesta. Las dos variables dependientes fueron: salud percibida de las mujeres y atribución de una peor salud a la gran dedicación o sobrecarga familiar-doméstica, medidas ambas de forma cuantitativa (una mayor puntuación indicaría mayor salud percibida y una mayor atribución del empeoramiento de la salud a una gran dedicación al hogar y la familia). Cada una fue estudiada mediante un análisis de regresión lineal simple de forma aislada en relación a una variable independiente, la misma para ambas: aceptación de mitos sobre el amor romántico, también cuantitativa. El tamaño de efecto para este tipo de análisis es de .01, .06, .14 para tamaños de efecto pequeño, mediano y grande, respectivamente. Se trató por tanto de dos diseños univariables y univariados. En algunos casos, y como se explica en el siguiente apartado, las variables fueron categorizadas para conocer datos a nivel descriptivo y para conocer la posibilidad de existencia de otro tipo de diferencias entre grupos de mujeres según los datos cuantitativos obtenidos en cada variable. RESULTADOS Tras la recogida de datos se procedió a su análisis, mediante el paquete estadístico SPSS.20. La media de aceptación de los mitos por parte de las mujeres fue de 10.00 (DT = 4.22). Al dividir a las mujeres en dos grupos según aceptaran o no los mitos, poniendo el punto de corte en 10 puntos, se observa el mismo porcentaje de mujeres que los aceptan y que no (Figura 1). En la figura 2 se observa que el porcentaje de mujeres que se percibe con buena salud al dividir la muestra en dos grupos es inferior (47.7%) al porcentaje de mujeres que se perciben con mala salud (53.3%). Del mismo modo, al dividir la muestra en dos grupos para la variable de atribución de salud, la figura 3 muestra que el porcentaje de mujeres que atribuyen un peor estado de salud a una mayor sobrecarga familiar es menor (43.3%) que el de quienes no hacen dicha atribución (56.7%). 317
Figura 1. Porcentaje de mujeres que aceptan o no los mitos de amor romántico. Fuente: Elaboración propia. Figura 2. Porcentaje de mujeres que se perciben con buena o mala salud. Fuente: Elaboración propia. Figura 3. Porcentaje de mujeres que atribuyen una peor salud a una mayor dedicación familiar. Fuente: elaboración propia. 318
Los resultados mostraron que la salud percibida por las mujeres no podría ser predicha por la aceptación del amor romántico (b = -.062, SEb = .125), pues no existe entre ambas variables una relación estadísticamente significativa y el tamaño de efecto fue pequeño, F (1,28) = .25, p = .623, R2 = .01. Los resultados tampoco mostraron una relación estadísticamente significativa entre una mayor puntuación en los mitos y una mayor atribución de peor salud a la sobrecarga en el hogar y el tamaño de efecto fue pequeño, F (1,28) = 1.30, p = .265, R2 = .044, sin ser posible predecir, por tanto, dicha atribución a partir de la aceptación del amor romántico, (b = .129, SEb = .112). Debido a la ausencia de significación estadística, se realizó a posteriori un análisis de regresión lineal simple para cada variable dependiente tomando como independiente cada uno de los mitos del cuestionario de amor. Los resultados mostraron la ausencia de relación entre cada mito y las dos variables dependientes. Sin embargo, como muestra la Tabla 1, los mitos 3 y 10 contaron con un tamaño de efecto cercano a grande en relación a la variable que hacía referencia a la atribución de un empeoramiento de la salud a una gran dedicación a la familia y el hogar. Tabla 1. Modelos de regresión lineal simple para los mitos 3 y 10 en relación a la variable que relaciona una peor salud con una mayor dedicación familiar. Predictoras B SEb F gl p R2 Mito 3* .975 .502 3.77 1,28 .062 .11 Mito 10** 1.393 .735 3.60 1,28 .068 .11 * “La mayor expresión del amor es el matrimonio y la formación de una familia”. ** ”El amor supone la entrega hacia la otra persona”. Fuente: Elaboración propia. Además, aun sin diferencias estadísticamente significativas, en otro análisis a posteriori se observó que las mujeres con peor salud percibida atribuían más la sobrecarga familiar al peor estado de salud (M = 4.25, DT = 2.14) que el grupo con una buena salud percibida (M = 2.92, DT = 2.89) y el tamaño de efecto fue medio, F (1,28) = 2.052, p = .163, R2 = .07. DISCUSIÓN El objetivo de este trabajo ha sido estudiar la relación entre la aceptación de los ideales del amor romántico con la percepción de la salud de las mujeres, así como observar si estas ideas mantienen relación con el hecho de que las mujeres piensen que un peor estado de salud se debe a una gran dedicación familiar-doméstica. Así, la primera hipótesis planteaba que la aceptación de los mitos del amor romántico podría relacionarse con un peor estado de salud percibida por las mujeres. Del análisis de los datos no puede concluirse la existencia de dicha relación. Una explicación posible son las características de la muestra. Por ejemplo, la edad podría ser una variable confundida que hiciera que la salud percibida de las mujeres sea peor en unas edades que en otras, pues frecuentemente la salud se asocia a la edad (Abellán, 2003). Además, podría ocurrir que esta salud estuviera realmente afectada por algún tipo de enfermedad o dolencia física o psicológica, variables que en este estudio no han sido contempladas. A su vez, puede que cuestionario de salud empleado (anexo 319
Anexo II Cuestionario de salud (2) Fuente: Elaboración propia. 326
Anexo III Cuestionario de amor Fuente: Elaboración propia. 327 ÍNDICE