La población esclava de Las Palmas durante el siglo XVII
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LA POBUCIóN ESCLAVA DE LAS PALMAS DURANTE EL SIGLO XVII " A don Antonio de Bethencourt, maestro T/ amigo. POR MANUEL LOBO CABREECA Y RAMON DPAZ HERNANDEZ Los estudios de demografía histórica son cada vez más abundantes en España, tal como lo demuestra la copiosa bibliografía publicada sobre el tema l. Estos trabajas se han centrado generalmente en ejemplos urbanos, a este respecta son ilustrativas los existentes para el siglo XVI de Vafiladolid, Cáceres, Cór- * Queremos expresar nuestro agradecimiento al Archivo Diocesano de Las Palmas sin cuya colaboración este trabajo nunca podría haberse realizado. Así también, hacer nuestro reconocimiento al espléndido esfuerzo del dibujante don Miguel Rodríguez Santana, que lo ha hecho absolutamente desinteresado. l A. DOMÍNGUEZ ORTIZ: La dna de la aldea castellana, ((Revista Internacional de Sociología», 1948, pp. 98-124; La sociedad española en el siglo XVII, 1, Madrid, 1963; La sociedad española en el siglo XVIII, Madrid, 1955. J. NADAL OLLFR y E. GIRALT RAVENT~S: Ensayo metodológico para el estudio de la poblacidn catalana de 1553 a 1717, ((Estudios de Historia Moderna)), 111, 1953, pp. 239-284. J. NADAL: La población española (stglos XVI a XX). Barcelona. 1966; Traveaux recents sur 17histoire de In po-mialion espagnole (XVP-XIXe), ((Annales de Emographie Historiquew, 1965, pp. 241248. En este trabajo Nada1 recoge la bibliograffa sobre el tema en los años anteriores. Para comprobar y conocer los estudios recientes nos remitimos al artículo de M. MART~N GALÁN: Fuentes y métodos pura el estuüio de Ea demografiu histórica castellana durante la Edad Moderna, ((Hispania)), 148, pp. 231-325. Núm. 30 (1984) 157
doba y Murcia 2. Asimismo, las aportaciones sobre aspectos configuradores de la sociedad españo:.a han sido realizadas con esclarecedores resultados gracias a las investigaciones y síntesis de autores como M. Fernández y Antonio Domínguez 0rti.z '. Para el siglo xv11 también contamos con interesantes monografía~ que hacen referencia a diferentes aspectos demográficos, ampliados a partir del siglo xv~; sin embargo, son pocos o muy raros los estudios elaborados en base a la población esclava en la expresada centuria. Obedece quizá a la creencia bastante generalizada de que la trata tuvo escaso relieve en la Península Ibérica. En este sentido, algunos tratadistas estiman exigua la presencia de población cau;iva, lo que explica su caa rácter residual hasta su completa enadicación ya entrado el N siglo XIX. O Es más, muchos historiadores al analizar la sociedad del Ann - - m tiguo Régimen prestan muy poca atención, por no decir ninguO E na, a este sector marginal de la poblxión, pese al hecho consE 2 tatado de representar un digno porcentaje en relacidn al total E - de la población de la época. La historia de los cautivos, de he- = cho, pasa así completamente desapercibida para los estudiosos - - 0 de la modernidad que prefieren ocuparse y prestarle mayor m E atención al período de la trata con destino al Nuevo Mundo. O En este sentido coincidimos con las acertadas apreciaciones n que a este respecto hace Vicenta Cortés a los historiadores ". - E Son contados los trabajos sobre el cautiverio en el siglo XVII, a 2 pues el xv~ se ha ido completando con sólidas e interesantes n n n monografías, y se deben principalmente a la mano de los ex3 O B. BENNASSAR: Valladolid au Siecle d'Or. Une ville de Castille et sa campagne au XVP, París-La Haya, 1967. A. RODRÍGUEZ SÁNCHEZ: Cáceres: población y comportamientos demográficos en el siglo XVI, Cáceres, 1977. J. 1. FORTEA PÉREZ: Cdrdoba en el siglo XVI. Las bases demográficas y económicas de una expansión urbana, Córdoba, 1981. F. CHAOÓN Jrmkmz: Mur& en h Centuria del Quinientos, Murcia, 1979. S A. DOM~GUEZ ORTIZ: Ops. cits. M. FERNÁNDEZ ALVAREZ: La sociedad espuñoh del Renacimiento, Salamanca, 1977; EspaÍ3.a y los españoles en Zos tiempos mderms, Salamacan, 1979. V. CORTES ALONSO: Algunas ideas sobre Ea esclavitud y su investigad6n, ({Buiietin de L'Institus Historique Belge de Rome. Miscelanea Charles Verlinden)), XLIV, 1974, p. 130. 158 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 3 tranjeros, más pre~cupados por este sector sumiso que los investigadores nacionales. A nivel de la Península Ibérica contamos con los trabajos de Ndamba y Larquie5, referidos a Córdoba y Madrid, respectivamente. El primero abarca el período 1600-1621, y el segundo se limita a estudiar varias parroquias madrileñas. Si este es el panorama a nivel nacional, más pobre resulta aún el panorama de las investigaciones insulares. En efecto, en Canarias no contamos con estudios sobre esclavos para el siglo xvn, salvo noticias sueltas y deshilvanadas, y algún que otro comentario acerca de la labor pastoral de los obispos6. En el campo de la demografía histórica sucede algo similar, a excepción de alque otro trabajo de extraordinario mérito '. Nosotros, siguiendo la lhea trazada en nuestras investigaciones históricas y demográficas, nos hemos propuesto analizar y estudiar la población esclava en el siglo XVII en un centro urbano como es Las Palmas. Las razones que nos conduje ron a ello son obvias. En su día quedó demostrado para el siglo XVI cómo Gran Canaria y su capital se habían convertido en centros esclavistas de primer orden en el Atlántico, aquí intentamos comprobar si tal papel lo siguió ocupando todavía en el siglo XVII, basándonos para ello en el estudio de la población general. Otros de los objetivos propuestos fue estudiar si la institución era causa única y exclusiva de la industria azucarera, tal como se ha repetido tantas veces, o por el contrario los esclavos eran un elemento de trabajo útil en cualquier sector económico, en especial, en tareas serviles. A. ND.WA RABONGO: Les esclaves a Cordove au debut du XVIIr Siecle (1600-1621). Provenance et comiition sociale (Tesis doctoral inédita, 1975). CL. LARQUIE: Les esialaves a Madrid c? Z'epoque de Ea décadence (lfl-?OO), <cRev!e Fistnriqm!?, 1Q?O, pp. 41-?o. ti S. PADRÓN ACOSTA: La trata de negros en Tenerife en el siglo XVII y el obispo Bartolomé Garcia Jiménex, en «La Tarde)), 26-XI-1943. J. F. MARTÍN RUIZ: EE N. W. de Gran Canaria: Un estudio de demografiu histdrica (1485-1860), Las Palmas, 1978. M. LOBO CABRERA: La esclavitud en las Canarias Orientales en el siglo XVI (negros, moros y mariscos), Las Palmas, 1982.
4 NANUEL LOBO CBRER.4 Y RAMÓN DÍAZ HERN~DEZ El hecho de estudiar un centro urbano se fundaxnenta en el intento de romper el binomio anterior, esclavo-ingenio azucarero, desde el momento que el cautivo se convierte en una pieza importante en la sociedad del XVII, pero más como un signo de opulencia y distinción que de mano de obra útil en la producción. Además, se apoya esta cuestión en el hecho de que la capital de la isla era ya un centro administrativo, religioso y militar consistente desde una perspectiva económica y demográfica. Buena parte de los habitantes de entonces estaban obligados a mantener intensas relaciones con el Gobierno de Gran Canaria y con los tribunales de la Audiencia y de la Inquisición, a N y por supuesto con todo lo concerniente a la actividad religioE sa, en torno a los conventos y la cat.edra1. O n - - Pero, además de lo expuesto, la ciudad de Las Palmas era E también un centro activo de comercio gracias a sus buenos E muelles hacia los cuales acudían :mercaderes extranjeros de E casi toda Europa. Por otra parte, fue una urbe privilegiada en 3 la ruta hacia las Indias Orientales y Occidentales, y sus puer- - tos lógicamente estuvieron muy transitados por todo género B E de navíos. Asimismo esta ciudad fue un lugar con abundante población estante -lo que hoy denominamos población flotante o transeúnte-, tanto de mercaderes como de vecinos de otras - islas que acudían a ella a tramar sils litigios. a 2 Frecuentemente los esclavos participaban de todo este mon n n vimiento, a la vez que eran el vehículo encargado de exhibir la riqueza y prestancia de sus dueños. Estos se movían con eiios O por las calles y plazas de la ciudad, mostrando un escenario multicolor probablemente similar a.1 ambiente sevillano en estos mismos aiiw '. La documentación que eonsulta~mos nos pareció en todo momento enormemente sugerente y completa para determinar todos los aspectos de esta poblaciCn. Su estudio nos permitía dar las cifras totales de nacidos, bautizados, confirmados y ca- "M. moLa-r;AbjI ja ó-m Coii&-&rfi ez la EspGFfi &pJ, s.iglU Je Barcelona, 1983, pp. 82-83. 160 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
LA POBLACIÓN ESCLAVA DE LAS PALMAS 5 sados, pudiendo estimar con todo rigor los porcentajes de relación entre la población esclava y la libre, el número de los llegados y los indims de aumento o de decrecimiento. Los estudios de demografía histórica se apoyan en tres tipos de fuentes principales: cexsos y recuentos generales, padrones municipales o listas de vecinos y registros parroquiales. De estas fuentes dos nos permitieron medir y establecer el volumen de la población, y una ayuda para conocer los acon- ,.--:-2---L-- il^-^^--Ze:^^- uiiL~:C;~IILL~XM~ UISLLIU~L~UIWS YUC se pmLiüeeii ea los grcipou himanos1*. Estos acontecimientos son los que en defintiva pretendemos captar en el presente estudio. No obstante, para poder profundizar en el análisis y destacar en el plano estimativo la relevancia de un ,mpo humano tuvimos que recurrir al otro bloque para poder realizar un trabajo más exhaustivo acerca de la verdadera dimensión de la población esclava y su relación con la libre durante todo el siglo XVII. En Canarias, y más concretamente en Gran Canaria, contamos con algunos pocos recuentos poblacionales para el &ecisiete, estimativos o aproximados, pero en definitiva recuentos de indudable intergs. Las noticias aportadas por Torriani, Fructuoso y el tío del licenciado Valcárcel han permitido establecer unos hitos poblacionales en la centuria del Quinientosll. Ahí habría que incluir también el valioso censo del obispo don Fernando Suárez de Figueroa, terminado en 1587, enviado a la administración central; este censo hace un inventario del nfimero de parroquias, pilas y vecindario, y es vital para conocer 10 Para ello nos han sido de utilidad los recuentos y censos poblacionales realizados por obispos, inqiaisidores, viajeros e historiadores. l1 L. TORRIANI: DescripCi6n e historiu del reino de las Islas Canarias, Santa Cruz de Tenerife, 1959. G. FRUCTUOSO: Las Islas Cana?-ias (De «Saudades tia terran), La Laguna, 1964. E. MARCO DORTA: Descripción de las Ts7n.~ Cnnnrins mr 1Mrf?1r7 do7 mnmdnfn AD Cqr IlKnioefnr7 mv 11.n fin do7 ----- --,"-."-- r-. --. --- -"" .. .-.v...--- ."u u.-, .i-wr""vww y", u<* uuv u"" cenciado Valcárcel, ({Revista de H,istoria», 63, La Laguna, 1943, pp. 197-204.
6 MANUEL LOBO CABRERA Y RAM~N DÍAZ HERNÁNDEZ la situación de la población a fines del siglo XVI 12. El mencionado obispo hizo, en efecto, un recuento de todas las parroquias del Archipiélago, con estimaciones que casi siempre terminan en cero o en doble cero, según los casos, lo que hace un poco sospechosas las cifras. Pero el redo:ndeamiento de los resultados -producto de la ausencia de meticulosidad en los recuentosno sólo no elimina las sospechas, sino que las aumenta cuando no coinciden con las anotaciones de los p6rrocos de Telde en los libros sacramentales 13. Este censo ostenta no obstante el privilegio de ser el primer inventario de la poblacidn realizado a nivel estatal en el que :;e incluyen a las Islas Canarias. En el siglo XVII contamos con dos tipos de recuentos. El primero elaborado por el tribunal de la Inquisición, parroquia por parroquia y pueblo por pueblo, para indicar el número de vecinos con que cuentan y con sus respectivos familiares 14. El Obispo Murga en sus sinodales de 1629 hace también un estudio de las distintas parroquias del Archipiélago, pero los datos de población que ofrece son inc:ompIetos, pues no contempla a la totalidad de pueblos y villas; entre los ausentes se encuentra la población de Las Palmas "'. Por último existe un recuento pormenorizado del siglo XVII, custodiado en el Archivo Parroquia1 de la iglesia de la Concepción de La Laguna, publicado por i3án~hez Herrero, quien lo * L. FERNÁNDEz MARTÍK: Aspectos económicos, a;dministrativos y humanos de la diócesis de Canarias en la segun& mitad del siglo XVI, «Anuario de Estudios Atlánticos>), 21, Madrid-Las Palmas, 1975, p. 113. T nr -,,,,, u ,iornaA+-.. A7" nw,.nni-n~~rr ~~7~~i~;~fi~~ .,, n~l+riniod. miuxknfifi LICI~~U. ZLO~OI~VO WC. LW V, YUIWLU>C~~VIC. v~irvu-uu*uu y uuirrrivru tran&n de ia didcesis de Canarias a finales del siglo XVI (1575-l585), ((Revista de Historia)), 170, La Laguna, 1973-:.976, pp. 74 y 81. M. DE SANTIAGO: Compendio anónimo de Historia de Canarias compuesto en e1 pimer cuarto del siglo XVIIZ, «El Museo Canario)), 8, Las Palmas, 1936, p. 98. T. Go~zhz: Censo de la población de las Prowincias y Partidos de la Umwz Wd Ccstak e% el si$= YW, XUIIIU, 1822, =p. 228 y SS. l3 M. LOBO CABRERA: La población esclava de Telde en el siglo XVI, wHispania», 150, 1982, pp. 47-89. l4 Archivo Acialcázar. Legajo Epidemias. Las Paimas. l5 Constituciones Sinodales del Obispu,ado de la Gran Cunar h... pr el doctor don Cristdbal de la Camara y Murga ..., Madrid, 1634. 162 ANUAi3IO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
POBLACION DE LAS PALMAS DURANTE EL SIGLO XVII Población total Fuentes: Estimacidn que hace el Inquisidor en m informe a la Suprema (Archivo Acialcázar, Legajo Epidemia, Las Palmas). Para el año 1686 se cuenta también, además del Documento Base, que suministra todas las demás anualidades, con la cifra de 7.225 habitantes, que da PEDRO AGUSTÍN DEL CASTILLO: Descripción Histórica y geogrdfica de las Islas Canarias (Ed. y notas de Miguel de Santiago), Madrid, 1950. Varios autores, entre ellos Juan Francisco Martín Ruiz, consideran poco fiable este recuento. El recuento poblacional de 1689 se lo debemos a J. NÚÑEz DE LA PENA: Noticia de la Pobiizci6n de Eas siete idas Canarias de los años 1689, Legajo 90, núm. 1, 30 folios, Archivo Osuna (La Laguna). denomina ((Documento Basen. Es éste uno de los recuentos m& importantes de los que se realizaron sobre la población canaria del último cuarto de siglo. Su empleo en este trabajo nos ha permitido extraer concIusiones de inestimable valor1% En este orden no podemos excluir de ningún modo el interesante recuento que hace Nwlez de la Peña para el año 1689 en el que junto con la población del municipio de Las Palmas aparecen los demás términos del Archipiélago 17. l6 J. SANCHEZ HERRERO: La población de las Islas Canarias en Za segunda mitad del siglo XVII (1676-1688), «Anuario de Estudios Atlánticos~, 21, Madrid:Las Palmas, 1973, pp. 237-417. l7 J. NÚÑEz DE LA PENA: Op. cit.
8 MANUEL LOBO CABRERA Y RAiuÓiv DIAZ HERN~TIEZ Para nuestro trabajo, las fuentes básicas han sido los registros parroq~~iales de bautismos y matrimonios, además de los libros-lista de confirrnaci~nes l8 ". Pese a nuestro interés por analizar la duración media de la vida de los cautivos en comparación con la de la población libre -lo que pondría de relieve todo aquello que hiciera referencia al trato concedido a los cautivos y la dureza del trabajo realizado por éstosno nos fue posible consultar el libro de difuntos que existe en el Archivo Diocesano de Las Palmas, lugar en donde se custodian los registros de la Iglesia del Sagrario, que abarca el último tercio del siglo XVII y el primer cuarto del XVIII, dado el mal estado en que se encuentra. ms irDrus sacrariierLt&les hacs;i S-, wa~~~~~~ ea CzEafias c=rL bastante precocidad; mucho antes de las disposiciones emanadas del Concilio de Trento, iniciadas en 1563. Desde fines del siglo xv existen en Gran Canaria libros de bautismos, ateni&- dose los párrocos a las disposiciones del obispo don Diego de Muros, incluidas en sus constituciones sinodales l8 b. Estas normas están en relación con la reforma emprendida por la Iglesia castellana a iniciativa del cardenal Cisneros. Las tres parroquias principales de Gran Canaria fueron la del Sagrario de Las Palmas, San Juan de Telde y Apóstol Santiago de Gáldar. Todas ellas cuentas con sus correspondientes libros bautismales, por lo menos desde 1499. la" Los libros sacramentales pertenecientes a la antigua parroquia del Sagrario, se custodian hoy en el Archivo Diocesano de Las Palmas. Los consultados por nosotros para el siguiente estudio son los de: E2autismos: Libro VI, 1-1-1588 a 19-IX-1612. Libro VII, 1-X-1612 a 2O-VII1625. Libro VIII, 20-VIII-1625 a 12-X-1643. Libro IX, 18-11-1643 a 19-IV-16%. Libro X, 20-IV-1654 a 12-1-1664 Libro XI, 15-1-1664 a 16-VI-1674. Libro XII, 16-VI-1674 a 27-XII-1682. Libro XIII, 27-XII-1682 a 11-IX-1689. Libro XIV, 13-IX-1689 a 961-1693. Libro XV, 1-XII-1693 a 2-V-1695. Libro XVI, 3-V-1695 n 8-X-1703. Libro XVII, 10-X-1703 a 6-XI-1716. Libro XVIII. 18-XI-1716 a 16-1-1724. Matrimonios: Libro 11, 18-X-1599 a 8-V-1638. Libro 111, 2-V-1638 a 3x11664. Libro IV, 3-XI-1664 a 16-XI-1692. Libro V, 3-X-1692 a 23-111-1703. Confirmaciones: Libro I (sic), 5-VII-1674 a 5-Iii-1683. Libro 11, s.d.- s.mm.-1624 a 29.VI-1674. Libro 111, 14-XI-1683 a 4VIII-1718. IBb 2. M. ZVPEXBVAR F~.B-NcI.&: Compey?&o de !o Historja fle Canurk-, Madrid, 1816, pp. 70-71. 164 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
bautizado no era hijo legítimo se debía consignar el nombre del padre o madre según constara ser hijo. En este ultimo capítulo entraban de lleno los descendientes de esclavos al ser en su mayoría hijos naturales o ilegítimos. El bautizo no se podía dilatar más allá del octavo día después de la concepción, salvo en el supuesto caso de necesidad. Los adultos eran eximidos de esta regla y se cristianizaban fuera del plazo estipulado. Con respecto a los bautizados en las islas no existía diferencia en relación con los libres, exigiéndoles el mismo plazo. A los esclavos nacidos de relaciones extramatrimoniales, se les añade el epíteto «sin padre», «sin padre o madre conocidos» o de ((ignoto padre)). Los esclavos adultos se bautizaban muchas veces desde que llegaban a puerto, y pasaban a través del mercado a poder de sus futuros dueños. Estos últimos estaban obligados a presentarlos en la Iglesia a recibir el agua del bautismo y así parece que lo hacían. Los «señores de esclavos)) no siempre cumplían estos preceptos y de ahí las recomendaciones y Sínodos amonestándoles por desobedecerlas. Pero no siempre el esclavo era totalmente catecúmeno, sino que con anterioridad había entrado a formar parte de la comunidad cristiana mediante unos bautizos colectivos, siendo aun c.tbozales», sin saber con exactitud lo que se les otorgaba por los capellanes de los barcos negreros o por los curas estantes en las factorías de las costas africanas. Esto era práctica muy corriente en los puertos africanos y a bordo de los navíos por los portugueses, fundamentalmente, ya que franceses, ingleses y holandeses estimaban a los cautivos como herramientas, carentes de toda espiritualidad. Por ello es frecuente encontrar en las partidas alusiones cmm éstas: !!-i!e csit~quiea~o por haber recibido el agua del bautismo en Cabo Verde; recibió bendiciones y crismas por ser bautizado ep su tierra.)) En casos como éstos también se consigna la edad de estos adultos que, a veces, no lo eran tanto. Por ejemplo, en 1652 se bautiza una niña de seis años, otra de siete y otra de tres que se denominan adultas cuando en reali-
16 M.WL LOBO CABRERA Y RAMÓN DÍAZ HERN~EZ dad son párvulas. De al,guno ya mayor se dice que fue a la pila por su propio pie, con veinte años. cuando llegaban a los puertos locales, cargamentos con esclavos en mal estado, los vecinos acudían rápidamente a comprarlos, al descender sus precios por esta razón; luego los llevaban a sus casas en donde eran bautzados por alguno de los miembros de la familia que los adquirió. Con posterioridad eran llevados a la Iglesia para recibir el óleo y crisma. Otras veces justificaban el sacramento el capitán o el maestre del navío o algún vecino que había ido a Africa a por la mercancía. También se dieron casos en los cuales los cautivos vuelven a ser bautizados por existir dudas acerca de la forma D y fondo de la administración colectiva del expresado sacramento. Era frecuente que cuando corrían peligro ias vidas de estos infelices a bordo de los detestables navíos en los que, i de un modo hacinados, hacían la travesía hasta estas islas -las epidemias mortíferas a veces diezmaban a la mitad del cargamento humanose les bautizaba apresuradamente a bordo. - bnire otros ejemplos cüribar~iios Güii t.1 de íiegra qüe füe g presentada por su dueño en el Sagrario allá por el año 1667 de % la que se dice en la partida que recibió el agria consagrada en ; el barco que la trajo de Africa. O Las edades de estos cautivos oscilaban entre un año y cuarenta, aun cuando su mayor número se concentra en aquellos % comprendidos entre los quince y los treinta años, es decir, los más rentables económica y laboralmente. Esto es lógico si se g tiene en cuenta la demanda de mercancía humana útil en edad E 3 de trabajar. Aunque no siempre fue así, era más barato mmo Epi-ar esciav-os cricllloU. FGT eso Talilias s3~pzr~- naban ambas cosas: la cría y la compra para reponer las pérdidas. De ahí que para criar contaban con su propio «ganado», obtenido a través de las cautivas. Los más viejos eran poco solicitados al haber sobrepasado la edad productiva, por ello sólo hemos eiimntrado la preseiicia de ü1i nzgro rz1atPv'mie~te viejo, con cincuenta y cinco años, que fue bautizado en 1695. Los casos de expósitos apenas existen entre los esclavos, pues los dueños se cuidaban de controlar las crías que heredaban la condición de sus madres. No obstante, hemos trope172 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 17 zado con al@ caso esporádico de abandono de esclavitos. Asi reza este curioso ejemplo de un niño echado en la cuna en 1698, del que se dice literalmente que «el pelo que trajo es de negro)). De aquí se pueden desprender algunas apreciaciones hipotéticas como: pudiera ser que dicho niño fue arrojado a la cuna de exp6sitos por una cautiva que no quería que su hijo si-hera su misma condición; no es descartable tampoco la posibilidad de que el niño en cuestión fuera el resultado de la relación adulterina entre un negro y una mujer libre que ante el temor a ser descubierta y estigmatizada por una sociedad intolerante prefirió abandonarlo en el torno. 4. LOS BAUTIZOS DE LAS PALMAS ENTRE 1600 Y 1725 4.1. Consideraciones preliminares y metodologh Si en toda referencia sociodemográfica el estudio de la natalidad como agente primordial en la dinámica interna de las poblaciones se convierte en premisa de obligatoria consignación, en el presente trabajo sobre el cautiverio de la jurisdicción de Las Palmas el examen de los nacimientos adquiere una singular importancia toda vez que nos permite averiguar sus lógicos avatares. Pero, aun mucho más, nos da a conocer la distinción existente entre natalicios libres y esclavos, con diferenciación de sexos y valumen exacto que representan ambos grupos, desde donde se puede inferir la importancia del subsector de los cautivos respecto a los libres, así como seguir anualidad por anualidad cual fue la contribución de aquellos a los bautizos totales, recorriendo m intervalo de 125 años. El estado actual de la ciencia demográfica nos revela la existencia de constantes conscientes o inconscientes que actúan en la conducta individual y colectiva de toda comunidad como factores que pueden de hecho estimular o desincentivar el ritmo del proceso reproductivo. Pues bien, si estos aspectos funcionan sobre el conjunto de los efectivos humanos de una sociedad determinada, mucho más tendrán que repercutir sobre la población del período histórico enunciado desde el mismo mo-
mento en que allí se encuentran dos grupos en el que uno de ellos -los engendrados por padres cautivosconstituyen verdaderas herramientas y sobre los cuales rige una regla de oro: pérdidas y ganunczaS. En consecuencia, las leyes de la oferta y de la demanda incidirán marcando ritmos atenuados o acelerados en la evolución de los bautizos en general, pero sobre todo, en los procreados por la población subyugada de acuerdo a cómo la coyuntura económica o los factores derivados del prestigio social que da su posesión aconseje a los ((señores de esclavos». A nadie se le esconde que, aparte del. trabajo gratuito en los cultivos, los esclavos constiuyen un lujo doméstico de las personas ricas & yuierres F-uspaban -por h-Iiitaries, En efecto, cuando el mercado de sumisos se saturaba y sus precios caían en picado, los compradores estimaban hacer mejor negocio adquirirlos en estado adulto y prestos para la producción en vez de invertir en la crianza y mantenimiento de los vástagos de cautivos que podría resultarles más gravoso. Y a la inversa, desde el momento en que la escasez de esta mano de obra supusiera una fuerte inversión inicial se prefería producirlos, mediante el fomento en la formación de nuevas parejas cautivas o incluso con alguno de los dos cónyuges libre, estimulando :la fertilidad y fecundidad de las hembras hasta límites inconcebibles y a través de los más variados incentivos, llegandose en más de una ocasión a emplear métodos infames que merecieron la reprobación de determinados mandatarios eclesiásticos Ea disyuntiva comprar o criar se resolvió de forma ecléctica desde que se impuso la costumbre de que los gastos de crianza de los nuios se incluían en los precios de venta. Como quiera que estas cuestiones no se pueden analizar a través de fuentes directas no tuvimos otra opción que recurrir al empleo de fuentes indirectas, es decir, de documentos que no fueron concebidos originariamente con el fin de constatar Las reprobaciones más explícitas provienen de las sinodales de los obispos don Cristóbal de la Cámara y Murga, don Bartolomé Garcia Jiménez y Cion Peciro ivianuei Dáviia y Caraenas. 174 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 19 'la presencia de los cautivos y su importancia absoluta y relativa en la capital de la Isla. Es por lo que hemos procedido al recuento detallado de todas las partidas bautismales que fueron sentadas con más o menos meticulosidadZ3 por los párrocos que ejercieron su labor sacerdotal en el Sagrario de Las Palmas. Estos libros sacramentales, en su mayoría en buen estado y perfectamente legibles, se encuentran actualmente custodiados en el Archivo Diocesano de Las Palmas. No se nos esconden posibles imperfecciones nada descartaMes por otra parte en este tipo de fuentes ya que nos encontramos de lleno dentro de período preestadístico y, por lo tanto, las series numéricas elaboradas a partir de los recuentos de las partidas pueden quedar sesgadas -o sea, algo alejadas de la realidada causa de probables subregistros; pese a que la Iglesia siempre gozó de una reconocida reputación como buena administradora, máxime aun cuando por medio intervienen aspectos temporales de índole fiscal como era el «canon de pila)), que se aplicaba en todas las parroquias en concepto de servicio sacramental. Cabe suponer que al tratarse de descendientes de un grupo social inferior, concebidos básicamente a partir de relaciones extramatrimoniales 24, se diese un alto número de ocultaciones voluntarias, quizá superior al ya de por sí abultaüísimo subsector libre de la población 25. 23 En el artículo de EMILIA SÁNCHEZ FALCÓN titulado Evolucidn demográfica de Las Palmas, «A.E.A.», 10, Madrid-Las Palmas, 1964, pp. 299-414, puede leerse una interesante mención en la p. 103, tomada a su vez del Ebro IV de Defuncimes, fol. 581, v., en donde el visitador se queja de (L.. la falta de formalidad con que están extendidas sus partidas...)}. Asimismo sobre anomalías registrales son de gran interés las cansideraciones que hace JosÉ SÁNCHEZ HERRERO en su artículo, ya citado con anterioridad por nosotros, en la p. 260. 24 Algunos propietarios mantenían relwlnnes ca.rn-Ies con m cniitivns. De éstas obtuvieron hijos de los cuales pocos se presentaban en el Sagrario consignando al dueño como padre de esclavitos, quizá por prejuicios so5afes o ante la rígida desaprobación por parte de la Iglesia. 25 Don Bartolom6 García Jiménez da a entender de que existieron propietarios de esclavos que se resistfan a bautizar a sus esclavos ya fueran éstos recién nacidos como adultos: c.. . e reconocido el grabe cuidado que Núm. 30 (1984) 175
Zn las omisiones registrales, fenómeno que también afecta a los nacidos en libertad, debe añadirse el hecho de que era frecuente que los esclavitos recibiesen los primeros sacramentos en las mismas casas de sus amos y que éstos no siempre llegaron a ser inscritos por diversas razones: fallecimiento de los recién nacidos (cuestión esta última muy frecuente dado el deplorable estado sanitario y médico de la época); negligencia de los propietarios que evitaban dar cuenta a los párrocos de semejantes eventos por prejuicios ya que a la hora de realizarse el registro se procedía al reconocimiento de los padres y la legitimidad canóniga del matrimonio; y, finalmente, por negarse los padres de estas criaturas a la imposición del sacraa mer?t~ 26. Debemos hc!r*ir eri este dsme ordm !os de~~e~die~= N E tes de cautivos de propietarios extranjeros no adictos al catoO licismo romano, como era el caso de los ingleses, franceses, n - = m " se debe tener para remediar las almas de algunos destos a. aquí me azi2 guran an muerto con los trabajos del mar y sin recibir el Sto. Baptismo que quisá si se les hubiese ocurrido con tiempo ubiera sido posible moberles con ayuda y auxilio divino !as voluntades y aberles dispuesto a rre3birle. Ruego por este encarecidamente y grabemente encargo a todos - 0 m los párrocos del Obispado en especial a los de los puertos de mar donde E se presume que sera tan frec~ente este trato y más con el mucho comerO cio de los Portugueses a bordo o en tierra. ya en poder de terceros dueños S n a quien pasen procuren que en semejantes riesgos de muerte se les amda - E con 12 exortación y remedios necesarios...». Texto tomado de S. PADRÓN a ACOSTA: art. cit. n n 26 La Constitución 11, cap. 10, pp. 84-83, del obispo doctor don Cristóbal de la Cámara y Murga (30-IV-1629), se titula precisamente así: Que no 3 se baatisen niiios hijos de injieles sin voluntad de sus padres, cuyo tenor O literario se expresa en estos términos: «No se pueden bautizar los hijos de los infieles contra la voluntad de sus padres, fuera de la ofensa y agravio que se les haría, y escándalos grandes, y quienes que se podrían se- ,%ir, g porque esto podría suceder con zelo y piedad, y en todo este nuestro Obispado de Canaria, por los muchos puertos de mar que en él ay, y variación de gentes que en ellos están, e por cautiverios, o por sus aventuras, podría acaecer muchas vezes lo dicho, S.S.A. mandamos, que de aquí en adelante ninguna persona, de ,cualquier estado y calidad que sea, se atreva a bautizar hijo de infiel, sin licencia, o consentimiento de sus padres. Y sucediendo algún caso, se dé noticia a nos, o a nuestro provisor, para que ordenemos lo que fuere de mayor servicio a Dios, y provecho de aquella alma.» 176 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 21 judíos y flamentos afincados en nuestra ciudad, que por lo tanto no sintieron excesivo entusiasmo por bautizarlos Puede que se incluyeran también dentro de los libros de bautizos, niños de fuera de la ciudad contabilizados a todos los efectos como si de originarios de Las Palmas se tratara. A todo esto se suma el que en las incursiones efectuadas a las costas africanas para capturar nuevos esclavos, muchos eran bautizados allí mismo antes de ser embarcados para Canarias Tenemos mot.ivos para pensar que los registros de las hembras esclavas en los libros bautismales fueron algo más rigurosos que los correspondientes a varones. ¿Acaso porque la condición de mujer cautiva legitimaba e1 carácter sumiso de su descendencia, aunque sea a través de la unión con hombre libre? Es difícil responder categóricamente en sentido afirmativo, pero al mismo tiempo no resulta tampoco descabellado admitir que algo de esto se debió dar en tanto en cuanto que se nos hace inexplicable el neto predominio de esclavas frente al número de varones cautivos 29. 27 c... para que nos le den de los esclavos y criados que ay en las casas de hombres extrangeros que por razon de su Nación en el foro externo les presumimos hereges y que suelen ser tantm, y frequentes en especial en esta Isla, y principales lugares de ella, por el trato del Norte a los vinos: si estos tales ingleses, olandeses o lo que fuesen dejan de permitir que a ühos. esclabos y criados se les enseñe la doctrina xristiana que los ühos. cumplan con los preceptos de la iglesia y en los ayunos, abstinencia de carne, misa, confesión, comunión, etc., y en fin que no les violenten ni indusqan a sentir contrario de ntra. verdadera fee y esta Religi6n. Si an comprado negros bozales que o los tengan que bautizar, o los ayan ellos baptizado aquí con el rito de su zeta en sus casas, y en fin todo aquello que combiene para que no nos llebe el Demonio sus almas que Dios puso en ntras. manos Vmd ... ». Fragmento del prelado García Jirnc5nez sacado del art. cit. de S. PADRÓN ACOSTA. Acerca de la numerosa presencia de extranjeros en las Islas debe añadirse que se calcula que entre ZEQD y 1730 fUerc,-, i&~ti~cad~s ~~6s 153 camerciastes ~L~t~l~cos, cifra a la que debe agregarse los correspondientes a holandeses, hamburgueses, italianos, franceses y portu,weses, de acuerdo con el artículo de GEORGE F. STECKLEY publicado en la revista ctAquayro», noviembrediciembrc, 1981, núm. 138, Las Palmas. 28 D. P. WIX Y M. COWLF~': Op. cit., pp. 7, 12 y 21. 29 ,-,--*A 7:. :-,--, JLXL mw q~uiitúlnus id. pusiriiuuau que no8 sugieren ivs ciiaCios autores de la obra Historia de la trata de negros, en cuya p. 55 puede leerse Núm. 30 (1984) 177
Por ello tenemos la obligación de asentir de que hubo en general subregistro, pero las omisiones repercutieron bastante más en los nacidos varones que en las féminas. Asimismo, cuando procedimos a elaborm las series pudimos notar anualidades anómalas por defecto o por exceso del volumen registrado que en nada respetaban la evolución normal de los bautizos. En el primer caso y de modo declarado, se incriben sólo los años 1648 y 1654, con totales anuales bajísimos (94 y 98 unidades, incluyendo tanto libres como esclavitos) que no se acomodan ni siquiera con las lógicas irregularidades del período acotado. En el segundo caso, las anualidades correspondientes a 1646, 1655 -esta Última va curiosament'e a N -nnn *a-n dnnn -n~n detrás dei bajón cle E%-, lom, looy, lo-rs, lora, 1010, loau, E 1708 y 1721, reflejan en el gráfico unas puntas preeminentes que O tampoco encajan del todo con el estancamiento general que n - - m preside todo periodo delimitado 30. O E E Es posible que las expresadas anomalías provengan -adeS E más de los factores puramente demográficos-- de los propios - métodos adoptados por los curas al sentar las partidas bautis3 males en los libros 31. Una costumbre, al parecer generalizada, - - 0 consistía en hacer un borrador en el cual se iban anotando los m E sacramentos administrados ,acumulándose sin distinción de O anualidad y que ante el solo anuncio de visitas de inspecciún n pastoral -efectuadas por obispos y vicarios con cierta perio- - a E lo siguiente: R... se les marcaba en el pecho con un hierro candente que les imprimía la señal de las respectivas compañías a que pertenecían, con 3 objeto de que cada naci6n pudiese distinguir a sus esclavos y evitar que w los nativos cambiasen luego los mejores por los peores, como muchas veces lo intentaron hacer. Se ponía cuidado en que las mujeres, por ser más débiles de constituci6n, no resultasen quemadas en exceso)). Pues bien, si la marca era tenue en las hembras o desaparecía en las hijas, la mejm pnreba de su ~nnfici6~ín seria ~nnienb cn gran celo en oyktrsrlas en todas partes como tales cautivas. Disentimos de EMILIA SANGHEZ FALCÓN y de JosÉ SA-YCH~ HERRERO cuando en sus ya citados artículos hablan de sereno crecimiento durante el sigIo XVII, cuando asistimos a una centuria atormentada por una serie de adversidades de todo tipo que imponen un claro estancamiento demogr6ficc. 31 M. MART~N GALÁN: Art. cit., pp. 231-325. 178 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
dicidadobligaba a los párrocos a realizar con toda premura los registros. Como quiera que tenían que cuadrar los bautismos con la recaudación, dado el carácter fiscal de los mismos, podían deslizarse errores ya sea por subinscripción, o ya fuera por una incorrecta distribución de los recien nacidos de acuerdo con los años en que tales eventos se produjeron. Hasta aquí hemos aludido únicamente al sesgo introducido en las series estadísticas por las omisiones cualquiera que sean sus variantes; ahora bien, no podemos, en rigor, sustraernos a un hecho incuestionable: por los muelles de Las Palmas entraban esclavos adquiridos en Africa a las compañías negreras y, por consiguiente, esta ciudad era a la fuerza una atalaya de este oprobioso mercado humano. Aceptado esto, es fácil colegir que aqui mismo fuesen cristianizados muchos de éstos nada más llegar, antes de que fuesen encaminados a su ulterior destino hacia el interior de la Isla, bien continuando la ruta de las Indias Occidentales o también para los mercados de las restantes islas del Archipiélago 32. Lo que viene a significar que las cantidacies aportadas por los bautizoscorrespondientes a los nacidos en cautiverio estén un tanto infladas hasta un límite imposible de precisar. Ahora bien, los problemas expuestos no consiguen en modo alguno cuestionar la validez ni las conclusiones extraídas de la interpretación del basamento estadístico de nuestro estudio, sino al contrario, ya que en el peor de los casos las posibles ocultaciones se contrapesarían con los bautizos de esclavos -adultos o infantilesque vivieron solo esportldicamente en Las Palmas. -Los probiernas más graves vinieron de la mano de los inventario~ poblacionaIes del siglo xvrr, escasos y poco fiables, los cuaIes nos posibilitaron poner en relacic5n el número de bautizos con la población total en torno a 1601, aprovechando la estimación que hace el Inquisidor en un informe dirigido a 3-m ia Duprema, y a partir de E67 hasta 1725, gracias a Ios recuentos de finales de la centuria y principios de la siguiente. Para el intervalo de tiempo que queda en medio no se pudo relaM M. LOBO CABRERA: Op. cit., PP. 206-207.
€VOL UCION DE L0.5 BAUTIZOS TOTAi-ES DE LAS ?ALMAS 11600-172:
Naturalmente esos valores nos conducen a una conclusión contundente: el siglo XVII se abre en la ciudad de Las Palmas en medio de una crisis espantosa que afectó sin duda alguna a toda su población, y de la que parecen menos expuestos los esclavos que allí coexistían a juzgar por su conducta claramente pronatalista. Cierto que esa actitud estaba mediatizada e inducida por los esclavistas, mercaderes mayoristas y a menudeo, que a través de una política de fomento a la fecundidad pretendían abastecer parte de la demanda local, produciéndolos en sus propios viveros. Como, además, los gastos de crianza se incluían luego en el precio de ventra de cada pieza puesta en los mercados por los propietarios, que obtenían cautivos por este procedimiento, hacían también cuantiosos beneficios. Este recurso se solía emplear sobre todo en períodos críticos. El asalto pirático efectuado por eL holandés Van der Doez a esta capital en 1599, con su estela de saqueos, incendios y devastaciones, dejó tan maltrecha a la ciudad que se requirieron en su restablecimiento del esfuerzo mancomunado de una buena BAUTISMOS TOTALES POR PERIODOS DECENALES DE LAS PALMAS ENTRE 1601 Y 1725, CON DISTINCION LIERE/ESCLAVO Hijos de @res libres Hijos de *res cautivos Decenios Total Total En % Total .En % 1601-1610 1.917 1.661 i ncn 86,s 00 C 256 no0 13,4 ?5?l-1520 1.988 A.IW oo,~ IIO 11,s 1621-1630 1.999 1 .y85 89,3 214 10,7 1631-1640 1.999 1.825 91,3 174 1641-1650 2.125 1.966 925 159 8,7 7 5 Fuentes: Libros de Bautismos de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas. Elaboración propia.
parte del siglo XVII 37. Pero en estos años las desgracias no vinieron solas, ya que tanto o mas temibles que los corsarios fueron también los contagios mortíferos de peste bubónica, casi siempre precedidos de intensas hambrunas 38. En suma, incursiones piraticas, hambre y enfermedades inexorables se responsabilizaron por igual del incremento de la mortalidad y, en particular, del sobrecogedor volumen de defunciones infantiles. Pero su reconocimiento no debe inducirnos al ocultamiento de que la sobremortalidad también es responsable de la ruptura de parejas, de la obstrucción en la formación de otras nuevas, del retraso en las nupcias y, en definitiva, de la potenciación del celibatario definitivo, provocando a períodos de desnatalidad que, luego, a partir de cierto espacio N de tiempo, originaría cohortes hcecas o intensamente erosioO nadas de forma recurrente. n - m En el orden económico la situación no podía ser más desoO E E ladora. Si tomamos como argumento aspectos tales como: el S E hundimiento del monocultivo de la caña azucarera a fines del siglo xv~, las interrupciones de ia actividad comercial por razo3 nes de inseguridad en las rutas marítimas y, por último, todo - O lo concerniente a la pérdida de peso político, militar, económico m E y administrativo, veremos por qué Las Palmas siente extinguir O parte de su antiguo esplendor al trasladarse algunas de estas n funciones a las ciudades de Tenerife ". E a Todas estas razones justifican la reducción de la natalidad en su conjunto a pesar de la existencia de alzas coyunturales n n n levemente optimistas, como las de 1606 y 1610, que despuntan 3 entre las anualidades del decenio. Ahora bien, desde el momento O Véase a este respecto las obras de 8. RUMEE DE ARMAS: Piraterias y ataques navales contra las Islas Cammas, Madrid, 1947-1950; E. SÁNCHEZ FALC~N: Art. cit., y A. HERRERA PIQUE: La ciudad de Las Palmas. Noticias hlctdrlcns de su i~rhanizrurión, Las Palmas, 1978. Entre 1601 y 1606 la ciudad de Las Palmas, según una reciente investigación reaiizada por ALBERTO ANAYS HERN~DEZ y AURORA ARROYO DORESTE, se ve asolada por el temible concagio de peste bubónica en medio de una espantosa carestía de los víveres más consumidos por las capas populares. S9 A. RUMEU DE ARMAS: Op. czt., t. 111, primera parte, p. 283. 188 ANUARIO DE ESTUDIOS BTLANTICOS
en que sometemos a examen la estructura de unos bautizos como los citados, compuesta por dos sectores sociales -libres y sumisossaltan a la vista una serie de matices que no pueden soslayarse aquí, sino al revés sobreestimarlos como hechos distintivos fundamentales. Más aún cuando algunos de esos rasgos difieren en parte con los prolegómenos ya detallados. Lo primero que llama la atención es la espléndida proporción de subyugados respecto al conjunto de los bautismos de este mismo decenio. Constituye. en efecto, el volumen más importante de todos los 125 años, con un irrepetible 13,4 por 100, que sólo se ha podido superar en las pretéritas épocas del siglo pasado. Sorprende, pues, que en plena crisis de las condiciones de vida en Las Palmas fuesen llevados a la pila bautismal gran número de cautivos a cristianizar. Lo que demuestra que en los períodos difíciles la demanda de unidades de fuerza de trabajo gratuito se acentúa considerablemente, motivando a los dueños a incentivar la fertilidad y fecundidad de la población sumisa a través de métodos ya tópicos en situaciones de sojuzgamiento. AUMENTO POR DECENIOS DE LOS BAUTISMOS TOTALES DE LAS PALMAS ENTRE 1601 Y 1725, CON DISTINCION LIBRE/ESCLAVO Años Total Hijos de padres libres Hijos de padres cautivos 1581-1600 - 1601-1610 -765 - 804 39 1611-1620 71 99 - 28 1621-162G 11 25 - 14 1631-1640 O 40 - 40 1641-1650 126 141 - 15 11651-1660 161 115 46 1661-1670 181 128 53 1671-1680 365 299 66 Ifi814fiW -258 - 2& - 16 1691-1700 - 71 44 - 115 1701-1710 203 ni - 6% 1711-1720 138 176 - 38 Fuentes: Libros de Bautismo de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas. Elaboración propia.
Del total de cristianizados, la mayoría de éstos -un 533 por 100, para ser exactosson esclavitas. Puede que fuesen mayoría por el mayor rigor que existía en registrarlas toda vez que los hijos heredaban la condición de sus madres y aquéllas lo sedan al cabo de un cierto tiempo. Pero la producción de féminas tenía un alto valor pues a su vez el número de paridoras de nueva prole garantizaban el suministro de brazos ante una eventual persistencia de la inseguridad en esta parte del Atlántico que hacían muy onerosas las reposiciones de esclavos mediante importaciones desde Africa. Impresiona el hecho de que los dueños se percataran de qué esclavas eran más proclive~ a concebir hembras que varones, fomentando la fecuna didad de éstas en uno u otro sentido de acuerdo con la demanda. N Esta conclusión se confirma a1 menos a la vista de las proO pias series estadísticas, elaboradas con los recuentos de las n - - m partidas bautismales. Así es, en efecto, ya que mientras las O E hembras eran hegemónicas entre los bautizados de aquel grupo, E 2 E los descendientes de padres libres eran abrumadoramente va- - rones. 3 Quizá, las adquisiciones de los años precedentes e incluso - - 0 m las efectuadas hacía poco -entre 1601 y 1611 se contabiliza la E entrada de unos 122 esclavos4otenían que intervenir como O elementos dinamizadores, favoreciendo los alumbramientos de n E la población cautiva mediante diversas formas: por nuevos en- - a laces, por promover segundas nupcias o incluso potenciando l n aún más si cabe la importante natalidad ilegítima mediante el n n amancebamiento entre éstos. Recuérdese que también la canti3 dad de bautizos se podía incrementar tan pronto llegasen a Las O Palmas navíos cargados de estos infelices y que, una vez vendidos, sus amos los hacían pasar por la iglesia para suministrarles las aguas sacramentales. En los diez años siguientes, es decir, entre 1611 y 1620, se puede apreciar un ligerísimü iiuiT1E.niü de bis Cüricepcioiies iütales inscritas. Se trata a todas luces de una recuperación tenue que con todo no es suficiente para que la curva remonte con 40 E. SÁNCHEZ FALCÓN: Art. cit., p. 349. 190 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LBS PALMAS 35 decisión la otra orilla del valle anterior, debido a la depresión provocada por los aciagos acontecimientos que ya fueron relatados más atrás. Todo lo cual viene a aseverar que es el ritmo lento el que condiciona este sinuoso primer trecho, en el que la línea quebrada se enseñorea dominando toda la evolución de la curva de los bautizos. La atonía en la tendencia da la impresión de que se trata de un fenómeno privativo de la jurisdicción de Las Palmas puesto que en la comarca del noroeste de Gran Canaria asistimos a una recuperación en el número de bautizados, por lo menos entre 1615 y 165041. Sin duda, los motivos que animan la tonica alcista en los nacimientos de aqueiia zona obeuezcan al carácter netamente agrario, en donde el viñedo y los cultivos ordinarios impulsaron la expresada mejoría. En cambio, en la capital de la Isla con una menor dependencia del campo y mayor incidencia del comercio, la artesanía, las actividades portuarias y la administración civil y religiosa, todas ellas todavía inrnersas en una profunda postración, las posibilidades de restablecerse eran aíin inciertas. Eso determina que los 1.988 sacramentos administrados en estos años supongan el primer aumento relativo en lo poco que llevamos de siglo, con un modesto signo positivo. Incremento que se hace más perceptible en el grupo de los libres que en el de los procreados sin libertad, los cuales, por el contrario, ex. perimentaron una evolución negativa con un déficit de 28 bautizados menos en términos absolutos que en el decenio precedente. No se nos esconde el hecho de que las cifras medias siempre ocultan algún que otro altibajo de consideración. Véanse a título de ejemplo las muescas que registra la curva en 1615, 1617 lfi3e, se ~IJ&?E ca!jficar & hrwj!~res. pyr~ 18s acmg. lías se ubican asimismo en los resaltes de la curva que tiene, entre otras de menor entidad, una punta secundaria llamativa en 1616. 41 J. F. NIARTÍN RUIZ: 0p. &t., pp. 60.65. Núm. 30 (2984)
Ya se vio antes como la evolución de los alurnbramientos de pacires cautivos retrocede un poco en estos diez años. Durante este paréntesis se comprueba un suave retroceso de los alurnbramientos del subgrupo sometido que solo contabiliza un lf,5 por 100 en relación con los nacidos libres. Esta cifra, así y todo, es todavía expresiva, máxime si recordamos que en el transcurso del xvr, coincidiendo con el auge de la institución, se calcularon promedios más o menos similares 42. Entre otros aspectos, la caída de los bautismos cautivos tiene algo que ver con la reducción de las entradas a sólo 37 en estos añosG3, con sus secuelas en las nupcias y, por lo tanto, en la desaceleración de la fecundidad de este grupo. Con todo se observa en la curva algunas cimas de consideración como, por citar sólo una representativa, la que registra el fuerte aumento de los procreados en cautiverio en 1616, y que alcanzan nada menos qce un coeficiente de 12,82 por 100 del total. Al revés, el punto más hundido del decenio lo vemos en el gráfico coincidiendo con 1617, con un magro 10 por 100 de los bautizados. Aunque algo más atenuadamente, se ve también en este espacio de tiempo un ligero y casi imperceptible superávit de alumbramientos femeninos que, otra vez, contrasta con los libres en los que el sexo masculino sobresale sobre las hembras con un 533 por 100. De esto se deduce que se continua con la práctica de criar cautivos. Si se reducen las nuevas adquisiciones en los mercados negreros, se requieren madres cautivas que puedan satisfacer la demanda local de brazos completamente gratuitos. El siguiente decenio (1621-1630) se salda con unos resultados que en muy poco van a diferir de los diez años pasados. La natalidad durante estas anualidades, lejos de recuperarse, se mantiene dentro de una opacidad que, por lo demás, parece dominar toda la centuria. Por eso esta media decena1 apenas consigue levantarse algo respecto a los años iniciales del diecisiete -precisamente los más críticos del siglopara equipaM. LOBO CABRERA: Op. cit. 43 E. SÁNCHEZ FAL~~N: Art. cit., p. 349. 192 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
rarse con el siguiente. Por lo tanto, en lo que concierne a los bautismos, la mejoría que siempre suele acompañar a los períodos depresivos hace su presentación en Las Palmas muy tardíamente a causa de la fuerte crisis que la atenaza. La más fiel expresión del estancamiento enumerado lo recogen las cantidades del cuadro número 4 en donde se ve que el aumento de los cristianizados consigui6 llegar a once, participando del mismo y con carácter mayoritario los correspondientes al grupo de los nacidos libres, mientras que los alumbramientos en cautividad evolucionaron con signo negativo. Pero, ciertamente, los resultados globales no pueden impedir que se produzcan ascensos significativos en algunas anualidades que se reflejan en ia curva de vez en cuando como, por ejemplo, la señalada en el gráfico allá por 1624 -la que más despunta de todo el decenio-, o la de 1621, con un total de 210 nacimientos. Como podemos ver, a pesar del tiempo transcurrido, Las Palmas sigue sumida aún en un hondo decaimiento. Los esfuerzos por restablecerse todavía no repercuten en los nacimientos, sobre todo cuando coyunturalmente se agregan nuevas calamidades tales como las sequías de 1620, 1621, 1625, 1627 y 1629; la emigración secular hacia el continente americano y la posible incidencia de la peste «milmesa» que tal vez sobrevino entre 1629 y 1631 44. Todo lo cual, en buena medida, dificulta la natalidad ya sea por el parón a la creación de nuevas parejas a tenor de los evidentes desajustes de la wex ratio)), favorable a la acumulación de «stocks» femeninos a causa de la ernigracih, alto índice de solteros, sobremortalidad masculina y enrolamiento en las milicias, que conducen hacia voluminosas sustracciones de efectivos varones. A su vez, el alejamiento de los hombres afecta también al sistema productivo al contribuir a la desertización de zonas agrarias imprescindibles para sustentar a la población. Por lo que las frecuentes carestías de los artículos de primera nece44 J. F. M~~RT~N RUIZ: Op. Cit., p. 41. Núm. 30 (1984)
sidad y las consiguientes hambrianas no hacen sino abonar el terreno al desencadenamiento de todo género de epidemias y contagios de terruríficos resultados. Lo que explica el ritmo difuminado de los bautizos en general. Pero, ¿cómo entender la caída que se produce también entre los nacidos en cautiverio? Ciertamente, también este segmento de la comunidad palmefia sufre una leve contracción que lo deja reducido a la cantidad de 10,7 por 100 sobre el total de alumbramientos. En los últimos veinte años el número de ((unidades de trabajo)) incorporadas desde Africa ha descendido a 43, lo que significa que los factores desestimuladores de la fecundidad de las esclavas o de aquellas mujeres libres qüe adiiiicSTL por a ca~~t~yGs varcpLec se hi&r=n se"r llamativamente Piénsese, por otra parte, que este mercado humano suponía una elección de tal modo que se ofertaban casi siempre varones jóvenes, fuertes y saludables; por lo que su llegada a la Isla en mayor o menor volumen tendría necesariamente que notarse. De cualquier forma, advertimos en estos años recorridos de hasta cinco puntos de diferencia entre las máximas anualidades y las mínimas, que van desde la prominencia de 1624 -la cresta más sobresaliente del deceniocon un total de 31 nacimientos, que suponen nada (menos que un 14,1 por 100 del total de las concepciones, hasta la punta más baja, coincidiendo con 1622, en que tan solo se llega a 9,3 por 100, muy por debajo de la media. En el grupo de los concebidos en cautiverio apreciamos un rasgo peculiar que contrasta con el decenio precedente, y es que el porcentaje de hembras es ahora sustancialmente menor que el de los varones. Si unimos este hecho con la casi nula entrada de sumisos en estos años se podría inferir un cambio en el fomento de los nacimientos de varones. Cambio que, por otra parte, no parecería descabellado si lo unimos a los intentos de reconstrucción del agro insular con la creación de nuevos 45 E. SÁNCHEZ FALC~N: Art. cit., p. 349. 194 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 39 mayorazgos y a partir de la revalorización de los vinos canarios en los mercados internacionales, así como la necesidad de incrementar Ia fuerza de trabajo masculino. Esta preocupación se advierte sobre todo en el grupo de los libres en que los varones marchan siempre por delante numéricamente. El decenio enmarcado por los años 1631-1640, con el que se cierra este primer tramo, no ofrece ninguna novedad en relación con el anterior. El estancamiento sigue planeando sobre los alumbramientos de este corto intervalo de tiempo en el que el índice de crecimiento es de cero, escapando un poco los descendientes de los libres que aumentan ligeramente, mientras que en los bautismos de vástagos concebidos en cautividad se recoge un saldo neyativo, que no hace sino continuar la tendencia recesiva que ya se apuntó. Las Palmas se mantiene todavía instalada dentro del período recesivo que se agrava, de tiempo en tiempo, con el advenimiento de alguna que otra desgracia. Por estos mismos años se recluta precisamente la primera leva que se lleva de Canarias a un millar largo de isleños en 1639. Los efectos negativos de esta contribución de sangre en la economía y en la natalidad son incontables. Pero en donde la incidencia de los enrolmientos y la emigración transoceánica fueron temibles fue en los sectores de la actividad productiva, puesto que se produjeron protestas como la que dice: ((Siendo inútiles las súplicas que se dirigieron al Rey para evitar, sobre todo, las levas que dejaban desiertos los campos y en la miseria a muchas familias)) 40. Pero la actividad agraria, además, sufrió los efectos de la escasez de lluvias durante los azarosos años de 1631,1632 y 1635. En este último la sequía vino acompañada de un visitante inoportuno: la langosta berberisca. Estas adversidades se pueden seguir a lo largo del gráfico aniial Allí cn arl~rimrton rlnc ~ro~ll~c imnnrtonfec: nl nvimorn cinin- ---U--- --*A* Y" -U. *V.. "VIWVY "--*"U ZL**pV* VWILYVY VI y., ILIIUI V ""A14 cidiendo con el año 1633, a continuación de una sequía bianual; y, el segundo, en 1636 que, en sendos casos reducen las cifras 46 J. FRANCISCO GONZÁLEZ: Extracto de Historia de Canarias, Barcelona, 1911, p. 153. 'Núm. 30 (19841 195
40 MANUEL LOBO CABRERA Y R~L'M~N D~AZ HERNÁNDEZ de bautismos, ante el alza del precio de los alimentos básicos por la pésima cosecha recogida a causa de los daños provocados por la sequía y la plaga de langosta. Mientras tanto las cifras que determinan las crestas más preeminentes no consiguen llegar más que a unos 229 y 228 concepciones totales para 1635 y 1638. Ahora bien, en donde distinguimos una importante novedad es en la distribución porcentual de natalicios libres y cautivos. Aquí se nota una caída de dos puntos en la media decena1 que deja a estos últimos reducidos a solo 8,7 por 100 frente a los nacimientos totales. Es decir, el descenso medio más significativo de este primer trecho, que no hace más que corroborar la ; tendencia a la baja de este grupo desde que se inició el siglo XVII. E Cuestión que, asimismo, el gráfico se encarga de reflejarlo fielmente, determinando el peldaño más ínfimo de los cuatro primeros decenios que engloban esta primera fase. E E 2 Pese a ello la fecundidad de las parejas cautivas todavía m E = conseguía incrementarse en alguna que otra anualidad. Así, por ejemplo, en 1634 se obtenía un porcentaje de 11 por 100, quizás 5 - a costa del bajón de los libres; en 1631 se alcanza una punta - 0 m llamativa en el gráfico gracias a1 elevado número de cristianiE zados de esta condición, con L3,2 por 100 sobre el total de bautismos. n E - Por debajo de Ia media del decenio, y señalando el descenso a 2 más grave, se sitúa el eximo porcentaje de 7,l por 100, obtenido en 1636, coincidiendo con la caída en el grupo de los libres, 0 ante las pésimas cosechas de estos años. 3 O La segunda novedad digna de rnencirín Is encnntramns en Ia distinción por sexos en los alumbramientos de cautivos. Efectivamente, en contraste con los años precedentes, ahora las hembras pasan a ser de nuevo mayoritarias respecto a los varones esclavos, con un promedio que las favorece: 52,2 por 100. Mientras tanto en los nacidos de prosenitores libres Ins varones y Ias hembras consiguen equiparar sus respectivos porcentajes. De todo lo que llevamos descrito hasta aquí podemos concluir indicando que durante estos primeros cuatro decenios del XVII se produjeron un total de 7.903 inscripciones bautis196 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
en cuenta que los propietarios de esclavos de esta parte del siglo XVII no eran tan pudientes económicamente como en su día lo fueron los potentados terratenientes que impulsaron las plantaciones azucareras del siglo xv~, de ahí la apremiante necesidad de procurárselos mediante el fomento de nuevas nacimientos 54. Entre 1661 y 1670, la natalidad de Las Palmas se inscribe dentro de la fase de recuperación iniciada en 1641. Durante estos diez años se constata un aumento decena1 de 181 efectivos más en relación al decenio precedente. Lo que no exime a la sociedad de entonces del advenimiento de azarosas recaidas anuales que, sin embargo, cada vez son más espaciadas y menos graves, registrándose tan solo dos dignos de mención: la de 1661 que se corresponde con un año de escasez de lluvias sin que todavía la economía de base agraria se hubiera restablecido del azote que supuso la cigarra africana en 1659 en las cosechas de la Isla. Superado esta bache, la curva de los bautismos de Las Palmas sufre un nuevo quebranto en 1665, un poco menos adverso pese a todo. Por lo que respecta a las crestas, debe consignarse antes que nada que éstas pugnan por sobresalir por encima de la tendencia general, y se aprecian en esta dirección cimas verdaderamente llamativas, como las pertenecientes a 1669 -la más resaltada de todos estos anosy de 1670, al conseguir adherir cantidades satisfactorias. En estos años se impone a las islas la obligación de embarcar un determinado número de familias por tonelaje de mercancías exportadas hacia el Nuevo Mundo56. E, igualmente, las levas reclutaron en Canarias a varios centenares de soldados que E. SÁNCHEZ FwÓN: A?-¿. cit. A. HERRERA PIQUE: Art. Cit. 5 O. BERGASA y A. GONZÁLEZ VIEITEZ: Desarrollo y subdesarrollo en la economkz canaria, .Madrid, 1969; J. BRAZA DE AYALA: El régimen comer- &E de Canarias con las Indias en los siglos XVI, XVII y XVIII, «Revista de. Historia». núms. 90-9-' abril-septiembre, Universidad de La Laguna. Tenerife, 1950, p. 210.
fueron conducidos a las campañas militares de la época entre 1662 y 1669 57. Estas contrariedades y sus secuelas en el desequilibrio de los sexos, en las nupcias y en la natalidad, tuvieron lógicamente que afectar la evolución demográfica de Las Palmas en estos años deteniendo su expansión. Con todo, se advierte un leve incremento en los bautismos que no deja de ser sorprendente. Como en decenios pasados, el alza en la cantidad de cristianizados se sigue funaamentando en el aumento tanto de los nacimientos de padres libres como en los descendientes de progenitores cautivos, con cifras realmente abultadas de 128 y 53 en cada uno. El porcentaje de alumbramientos libres es de 89,5 por 100, en tanto que los nacidos en sumisión aumentan un punto y medio más en comparación con los dos lustros anteriores al elevarse ahora su participación a un destacado 10,5 por 100 del total. Pero esta media se ve superada nada menos que por cuatro anualidades: 1663, 1664 y 1669, con coeficientes de 10,31; 13,08 y 12,54 por 100, en relación con los libres. Como vemos se trata de valores expresivos que dan idea de la importancia que tuvo la población cautiva en la sociedad de entonces. Pero destaca por encima de todas las anualidades la perteneciente a 1666 que, con un 15,56 por 100, constituye la cima que más logra sobreponerse en la curva de los sojuzgados. Otro hecho relevante es que, salvo la subida de los nacimientos de este grupo en 1669, las demás no se corresponden con las mismas alzas del grupo libre. En sentido opuesto, las caídas más notables las encontramos situadas en 1620 y 1670, con promedios insignificantes respecto al total de nacimientos, tocando fondo 1667, con un ínfimo 6,9 por 100. gmerd, !es hmtisrms de est~ cupu inferior de !u seciedad palmense se recupera en gran medida por los aportes que 57 J. VIERA Y CLAVIJO: Noticia de Historia General de las Islas Canarias, t. 11, p. 329; RUMEU DE ARMAS: 0p. cit., t. 111, segunda parte, p. 685. 204 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLmTZCOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PAf.MAS 49 viene recibiendo ante la liegada a Las Palmas de nuevos esclavos adultos provenientes de las costas africanas, en especial entre 1664 y 1674 53, cuya influencia reproducirá sin duda alguna los aspectos ya relatados anteriormente. En lo concerniente a la distinción por sexos, vuelve a notarse una vez más el mismo contraste que se ha venido reiterando a lo largo del presente estudio: el porcentaje de hembras entre los hijos de esclavos asciende wi. punto y medio más, dejándolo en 56,2 por 100. En cambio, el subgrupo de los libres se inclina por un acrecentamiento del coeficiente de los varones sobre las fémuias. Este contraste, del que sólo se han escapado hasta aquí dos decenios, parece constituir una constante, al menos en los que llevamos estudiado. Sus irnpiicaciones en todos los órdenes son fáciles de suponer y no las vamos a reiterar de nuevo. Por último y cerrando esta segunda parte viene el decenio 1671-1680. En estos postreros anos advertimos la mayor subida de tudo el periodo estudiado con un impresionante aumento de 365 bautismos más, en los que tiene buena parte de ~esponsabilidad los 84 esclavos adultos que fueron cristianizados en estos años Nos encontramos, por lo tanto, ante unas altas tasas de natalidad que se obtienen ahora y que en algunos casos llegan a sobrepasar el límite de la fecundidad fisiológica. Hecho que no nos debe causar la menor extrañeza toda vez que hemos verificado ejemplos de esclavas que parieron hasta dos veces al año. Ante lo cual es natural que los índices se eleven con cantidades del orden de 59,53, 45,87, 40,83 y 53,93 por 1.000 para los años 1676, 1678, 1679 y 1680. Como se ve, estamos ante coeficientes impresionantes. Todo lo mencionado hasta aquí es expresivo de la recuperay s~cisl qde vke Las ,P&~~ss pr~vocad~ pr 12 pujanza de su comercio 60. Más la recuperación, en contraposición a la de dos pasados, parece haber afectado a la Isla entera. 58 E. S~CHEZ FBZCÓN: Art. cit., p. 349, j9 i&m, p. 349. 60 Idem, p. 339.
50 MANUEL LOBO CABRERA Y RXXON D~Z HERNÁNDEI. LA POBLACION DE GRAN CANARIA Y DE LA CIUDAD DE LAS PALMAS Años Gran Canaria Las Palmas En O;o 1680 ......... 20.163 5.916 29;34 Fuente: «Documento Base)) sacado del articulo de J. SÁNCHEZ HERRERO titulado Las Islas Canarias en la segunda mitad del siglo XVII, ((A. E. A))., pp. 282-283, Las Palmas-Madrid, 1975. Así lo vio Núñez de la Peña al afirmar: ((Tiene la Isla mucha gente nobiiísima y más de 150 mayorazgos de buena renta; es abundante de ganados, de trigo y de todo género de frutos)> 6'. COMPARACION DE LOS BAUTISMOS DE SANTA CRUZ, TACORONTE Y WS PALhiL4S CON DIFERENCIACION DE LIBRES Y ESCLAVOS, EN TANTOS POR CIENTO Santa Cm Libres Esclavos 87,68 13,32 94.74 5.26 Tacoronte Las Palmas Libres Libres Esclavos Fuentes: Para Las Palmas las actas de bautismo de la Parroquia del Sagrario. Para Santa Cruz de Tenerife y Tacoronte, hemos tomado las cifras del estudio Las Islas Canarias en la segunda mitad del siglo XVII de J. SÁNCHEZ HEERERO, publicado en el {{A. E. A», pp. 273-274, Las Palmas-Madrid, 1975, núm. 21. E? '..?-'-=-- -- ---. . n ..A- --L- ->! ~uuruaz. ur; LA ~GA; LUII.~U~SL¿L g ~LL~~~U~UU~S de iüs Isla cie la Gran Canaria. ... 1676, Libro 1, p. 96. 206 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS
Eso explica la aparición de años verdaderamente beneficiosos en cuanto a la «cosecha» de bebés se refiere. Máximos de 300 bautizos sólo caben en este momento de optimismo coyuntural. Por su parte, las caídas se van haciendo infrecuentes y hasta benévolas. Tanto que cualquier comparación con tiempos anteriores parece carecer de todo sentido. En efecto, el único bajón que merece este nombre es el de 1677 que tal vez se resiente a causa de las sequías de 1673, 1675 y 1677, así como de la plaga de langosta berberisca que azotó a la Isla en 1676 @. Pero ¿en qué medida la mejoría de los bautizos afectó al crecimiento de la población de la capital grancanaria? Si hacemos caso a los recuentos, en muy poco. Al ver las cifras del cuadro número 11 comprobamos saldos vegetativos considerables, incluso hasta desmesurados, como el de 1676 con casi cincuenta por mil. Sin embargo, esas cantidades cuentan muy poco, ya que Las Palmas no consigue empero despegar de un modo firme el número de sus efectivos humanos totales. Al contrario, el estancamiento, no exento de vaivenes anuales, es muy remarcado todavía en los inventaries de la población de fines del XVII. La ausencia de incrementos se debe, sin la menor duda, a las brechas que abren los factores negativos para la población, tales como las levas y el secular torrente migratorio hacia las Indias Occidentales. A esas adversidades debe añadírseles la fuerte mortalidad de estos años y el contratiempo en las cosechas ante la llegada de langostas en 1680 ". La suma de todas estas calamidades se manifestarán como las principales responsables de ralentizar el crecimiento demográfico de nuestra ciudad. De ahí que el magnífico esfuerzo procreador de estos años no ofrezca resultados alentadores, dada el pertinaz estancamiento de la población de la primera urbe insular durante los últimos veinte años del siglo XVII. Mientras tanto, en el sector de los cautivos se percibe en este decenio un incremento sustancial de 1,5 puntos más en comparación con el anterior, arrojando un confortable porcentaje Núm. 30 (1984) 207
52 MANUEL LOBO CABRERA Y RAMÓN DÍAZ HERN~EZ de 11,5 por 100 del total de bautizados, cifra todavía brillante que expresa mejor que cualquier otro argumento el papel de este grupo subyugado incrustado en la sociedad palmeña. La iiamativa media decena1 no es suficientemente expresiva por lo que conviene resaltar aquellas anualidades que despuntan en la gráfica por la parte superior. En particular sobresale la cima de 1674 que, con un índice de 18,55 por 100, se coloca a la cabeza del expresado decenio. Le siguen otras puntas secundarias, como, por ejemplo, la de 1679, con un promedio elevadísimo de 17,59 por 100, resultado de los 20 esclavos adultos que fueron a recibir el sacramento tal vez a poco de llegar a la Isla. 8 También se cuentan con coeficientes extraordinarios en 1678 N y 1689. Corno se distiriguir la ahora tieji& a &bug U jar crestas con puntas de cierta notoriedad que no hacen sino d - confirmar la mejoría experimentada por este gmpo. 8' Es evidente que sin medidas tendentes a estimular la fecun8 I didad de las parejas esclavas por parte de los propietarios, can- - e tidades como las emera&as seriarl h-jrríaginah&. Los precios S 5 Y que habían alcanzado los esclavos robustos y saludables esta- = E n ban por encima de lo que sus eventuales compradores podían 6 pagar. Ante lo cual se imponia como única disyuntiva la crianU E za a toda costaa. E I Eso explica el que las esclavas cristianizadas sean casi siempre superiores a los varones en estado de sumisión, obteniendo hasta tres puntos de diferencia en períodos como el examinado. Por el contrario, entre los alumbramientos de niños libres es i 0 común el neto predominio de los varones. De todo io expuesto se pueae coiegir que este segundo tramo es de signo opuesto al primero porque durante estos años se produjeron aumentos de consideración en el número de bautiEn sus sinodales, el prelado don Cristóbal de la Cámara y Murga señalaba en tono adm~nitorio el empleo de prhticas inmorales para obtener nuevos cautivos por parte de los señores de esclavos: (L.. Grave deIito y digno de exemplar castigo cometen los señores de esclavas, que usando mal del dominio que en ellas tienen, no sdlo las consienten estar amancebadas, pero las exponen a pecar.» 208 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 53 zados. Esto se manifiesta por otra parte en los dos subgmpos, ya que tanto en el libre como en el sojuzgado -con la salvedad de la década 1641-1650 en que este último sufrió un leve decaimientola mejoría en la cantidad de cristianizados escapa a toda duda. Pero todo ello se puede aquilatar mejor a la luz de las siguientes magnitudes: así, de un monto total de 9.710 bautizos (es decir, 1.807 más que en el primer trecho), 8.764 pertenecían a celebraciones de nacidos en libertad y los restantes 941 correspondieron a vástagos de padres esclavos, que arrojan porcentajes de 90,31 y 9,69 por 100, respectivamente. Es de resaltar, por úitimo, que de todos los cautivos que pasaron por la pila bautismal a cristianizarse una buena parte de ellos recibieron el sacramento cuando ya eran mayores de edad. Por consiguiente, y a la vista de estas cifras, apreciamos en primer término un descenso relativo del monto de bautismos correspondientes a catecúmenos cautivos de casi dos puntos menos en comparación con los cuarenta años iniciales del siglo de referencia. Y, en segundo lugar, observamos un Ilamativo aumento del grupo de nacidos libres, con un total de 1.783 unidades más, que le hacen pasar de un 88,34 por 100 para el período 1601-1640 a 90,14 por 100, entre 1641 y 1680. Lo sorprendente es que este aumento en términos absolutos apenas repercute en la expansión poblacional de Las Palmas, dado el hecho de tratarse de un intervalo de tiempo considerable 65. Las tasas brutas de natalidad, que adjetivamos justamente de sorprendentes; son capaces de contrarrestar lo años de fiuei te mortalidad ocasionados por la yuxtaposición de adversidades inexorables, tales como las carestías de los alimentos imprescindibles, las sequías de los años 1661, 1668, 1673, 1675 y 1677; así como las plagas de langosta de 1645, 1646, 1659, 1666 y 1676, tan funestas para la agricultura y cuyas secuelas se hGS En efecto, en los setenta y cinco años que median entre la estimación del inquisidor y las cifras aportadas por e1 «Documento basen, en 1676, la pob:ación de Las Palmas ha subido en 2.224 habitantes más, que suponen un promedio anual exiguo de tar. s610 29,65. Núm. 30 (1984) 209
cen sentir en la población que sufre subalimentación y contagios mortíferos de efectos a veces desvastadores. A las contrariedades señaladas se vienen a sumar las sustracciones periódicas de efectivos humanos que con la denominación de levas supuso una onerosa contribución de hombres para nutrir los ejércitos imperiales en sus campañas militares de Portugal, Flandes g Cataluña. No desdeñamos la sangría humana que supone para esta plaza el aluvión migratorio que en sus dos acepciones: secular y forzosa alejó de la Isla a m buen número de personas, básicamente varones, destacando la aportación de palmenses en esos desplazamientos. Esto es toa0 cuanto pueae decirse de ios bautizos en general. Pero en lo que concierne al grupo en estado de sumisión debe apreciarse ante todo que su iIúmero había aumentado. Ahora bien, al crecer el grupo de los libres es razonable que la cifra media ensombrezca en parte su verdadera significación. Dicho de otra forma: los bautizados con el apelativo de esclavos entre 1601 y 1640 fueron 922, que pasaron a ser 941 entre 1641 y 1680. .Con lo cual queda bien claro que, en términos absolutos, los catecúmenos sumisos elevaron su participación en 21 bautizos de más. Lo que, por otra parte, indica la resaltada contribución que las parejas privadas de libertad hicieron a la demografía local, pese al receso porcentual es achacable tan sólo a la magnificación del divisor. En este segundo trecho se han estimado anualidades con alta participación de los bautizados en cautiverio, coincidiendo a veces con las muescas en la curva de los nacidos en libertad. También se han producido ariualidades en que los ascensos en el gráfico de los libres se dimon cuando las caídas de los ba.utizos cautivos eran más notorias. En suma, hemos visto muchas anualidades en que ambas tendencias coincidían tanto en las subidas como en las caídas. De ahí se infiere la existencia de determinadas épocas en que la presencia de conductas diferenciadas son algo más a% simples hipótesis. Ahí se nota, por ejemplo, los c0nstant.e~ est.Lm-dos m la procreacirin de 1a.s parejas adu1t.a~. No r>lvidemns el valor que los esclavos alcanzaron en la segunda mitad del 210 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS
siglo XVII; tanto que el comercio languidece cada vez más, manifestándose la crianza como el método más eficaz en la reposición de las pérdidas por fallecimiento. No deja de ser sorprendente el que entre los libres se sostenga una natalidad con un grueso componente masculino, mientras que las féminas del grupo cautivo se convierten en el sexo más aventajado, a veces, con bastante diferencia de su oponente masculino. Ya hemos insistido en la necesariedad de las hembras para la producción y perpetuación de esta «subespecie)) humana. No entramos en cómo se llegaba a lograr esta descompensación favorable a las hembras, sólo constatamos la tosudez de las cifras. 4.2.3. Nueva recaída del total de los bautizos, entre 1681 y 1700 Después de un segundo intervalo en general satisfactorio a las concepciones, la evolución global de los bautizos se interrumpe, abriéndose paso 2 continuación una nueva fase de claro signo depresivo que afectará fundamentalmente al decenio 1681-1690 y un poco menos al de 1691-1700. La curva de los cristianizados experimentará entre 1681 y 1690 una contracción general, con un crecimiento negativo de menos de 258 nacimientos en relación con el anterior decenio. Los subgrupos libre y esclavo también se resentirán igualmente. Por consiguiente, en estos dos lustros sólo asistimos a una anualidad de limitado interés que coincide con 1681. Esta modesta punta refleja en la gráfica el resultado de los 293 bautizados totales que se efectuaron en dicho año ,y que destaca no tanto por si misma como por la insignificancia de las restantes anualidades. Es por lo que los años adversos a los bautismos son siempre más grava, como puede apreciarse en í685 o en 1689 en que se recogen cantidades escuálidades. Sin duda, las sequías de 1684 y 1689, así como la plaga de cigarra africana de 1685 66, A. HERRERA PIQUE: Art. cit. Núm. 30 (1981) 21 1
fueron las causantes de las hambrunas que padeció la población ante la ruina de las cosechas, provocando con ello sobremortalidad y caída en 30s alumbramientos. Nos encontramos, pues, en medio de un paréntesis desapacible para la generalidad de la población de Las Palmas. Prueba de ello es que las epidemias y sus correspondientes alzas en los fallecimientos fueron un acontecimiento frecuente en estos años, contribuyendo en el ascenso de las tasas de mortalidad. En efecto, coeficientes como los de 1681, 1685 y 1687 que superan al 20 por 1.000 son verdaderamente llam3icivos al conseguir reducir el crecimiento vegetativo de estos años. LA (&EX RATIO» DE LA POBLACION DE LAS PALMAS ENTRE 1686 Y 1688 A50s Gran Canaria Las Palmas 1686 84,M 52,19 1687 92,38 72,13 1688 94,05 72 -95 Fuente: Documento Base. La fuerte descompensación entre los sexos contribuye por otra parte a frenar la expansión de 10s nacimientos. La honda disimetría entre los sexos ensombrece por fuerza las expectativas desincentivando las nupcias. También se explica el por qué a lo largo de todo el período considerado nos encontramos con un impresionante número de concepciones ilegítimas, o sea, procreados al margen del matrimonio. En estos años la población de esta capital fue pasto de las nefastas secuelas de una coyuntura calamitosa en todos los órcienes. Entre 1681 y i683 concurrieron una serie de fenómenos propios de las crisis cíclicas en las sociedades preindustriales: miseria generalizada, contagios mortíferos y encarecimiento de los artícuIos de prímera necesidad ante las malas cosechas a causa de las sequías. A estas contrariedades se añaden las derivadas de la intensificación de la corriente migratoria en los 212 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
LA POBLACI~X ESCLAVA DE LAS PALMAS 63 por intensificación de los mismos o, en suma, por ambas cosas a la vez. Las nuevas plantas importadas de América (millo y papas) y su implantación en las Islas van a contribuir en la mitigación de las carestías cíclicas. De otra parte, la desaparición de la peste y sus adversas repercursiones en la población explican de algún modo el alivio de este primer cuarto del siglo XVIII en la evolución demográfica. Por consiguiente, las crisis -que las hubo y muy severasactúan con menor rigor y duración, no hostilizando excesivamente los alumbramientos. Esta es la causa del por qué aumentaron ininterrumpidamente la cantidad de bautismos en los veinticinco primeros años del XVIII. Veamos a continuación los detalles del cuarto trecho. Empezaremos con la década de 1701-1711 en que lo primero que contemplamos es una tendencia al aumento del volumen de cristianizados, pese a los obstáculos determinados por sendas crisis de subsistencias que consiguieron reducir en 1704 y 1709 el total de bautizados En el primer caso, las pésimas cosechas a causa de las sequías pertinaces de 1701-1703 y la epidemia de vómito negro que acaecieron en los inicios del XVIII lograron horadar muescas en la curva de estos años. En efecto, en el primer lustro de la centuria la mortalidad producida por la fiebre amarilla T" en 1703 fue realmente espantosa al sobrevenir esta vez precedida de una carestía de los alimentos básicos y miseria generalizada. Los funestos efectos de semejantes contratiempos se prolongaron recogiéndose dos anualidades con saldos vegetativos desmedidamente deficitarios. En las cifras recogidas por el cuadro 8 observamos un descenso momentáneo de la natalidad, perceptible sobre todo en 17 3. R.0-i~: E! hambre en. Ft&?rtet?en.tr~m, Sanf.-! & Tener&, 1968. la A este respecto señalan los autores J. Bosc~ MILLARES y J. BOSCH HERNÁXDEZ en su obra tituiada La Nedicina en la Provincia de Las Palmas, Las Palmas, 1981, p. 33, que en 1701 se padeció una epidemia de fiebre amarill3 que infectó a todas las Islas. Núm. 30 (1984) 219
1704, unido a unas tasas de mortalidad increíblemente altas, sólo explicables a partir de una verdadera invasión de incligentes que llegaron a la capital desde el interior de la Isla, de Fuerteventura y Lamarote a consecuencia de la pérdida de las cosechas 79. TASAS DE NATALIDAD, MORTALIDAD Y SALDO VEGETATIVO DE LAS PALMAS Años Natalidad Mortalidad Saldo Vegetativo 1?&? -5,g- - 21,33 Yge 1704 30,26 77,75 - 47,49 %o Con todo, estas adversidades no tuvieron la trascendencia en el número de bautismos como en los años anteriores. Tampoco consiguieron quebrar un ápice en la marcha ascendente de la población que sigue recuperándose normalmente a un ritmo anual de 13,41 habitantes entre 1706 y 1735. El aumento medio decena1 es de los más sobresalientes, detrás del decenio 1671-1680. Hecho este último que se percibe mejor en el gráfico, ya que se logran allí crestas excelentes como las de 1706 y 1708. Por lo tanto, la natalidad de estos años es alta y se corresponde con la propia de los períodos expansivos. Pese a todo lo cual de vez en cuando la población se verá sorprendida por súbitos sobresaltos. La duración de tales quebrantos no llegará más allá de uno o dos años, retornándose en seguida a la normalidad. A la par que los nacidos de padres libres consiguen incrementar s.,: ca~trib~ciSn 81 tt=tu! de ?xmtiurn~s, cm u 95,i pvr 100, el subgrupo de descendientes de cautivos experimentan, en cambio, un gran bajón que anuncia su declive definitivo. En efecto, el 4,6 por 100 es ya una cifra tan exigua, pues a duras penas llega a la mitad de la alcanzada por éstos en el decenio anterior. - E. S~CHEZ PALCÓN: Op. cit., p. 353. 220 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 65 Los 125 esclavitos que fueron cristianizados en estos años significa que la poiblación esclava adulta pierde importancia numérica a pasos agigantados. No obstante, todavía, alguna que otra anMiclad consi~t? sobreponerse y duplicar las cifras medias, como en 1706 en que se obtuvo un 8,75 por 100, o sea, casi el doble del índice decenal. Se trata de anualidades aisladas puesto que también se calcularon cifras insignificantes, como el 2,05 obtenido en 1710 que no llega tan siquiera a la mitad del promedio de referencia. En los diez afios siguientes (1711-1720) se sostiene el despegue de los nacimientos iniciado con el siglo XVIII. Los bautismos generales obtienen un aumento de 1.806 unidades más en términos absolutos. E1 ritmo anual es ahora de 60,2 frente al 13,41 anterior. Lo que prueba el afianzamiento del ciclo expansivo por cuanto que la natalidad contribuye en el notorio avance demográfico de Las Palmas. Las tasas de natalidad de estos años son superiores al 40 por 1.000, sobresaliendo anualidades como las de 1715, 1718 y 1719, con coeficientes abultadísimos de 43,94, 45,l y 46,14 por 1.000. La amplitud de los excedentes naturales se prodiga cada vez más con lo que la población crece sin parar. Los únicos contratiempos del presente decenio son las crisis que se producen en 1717 y 1720 que reducen las tasas de ambos años por debajo de 40 por 1.000. En lo relativo a la distribución libre-esclavo en el conjunto de los bautismos, se advierte en esta década un aumento de los nacidos libres en perjuicio del porcentaje perteneciente a los procreados por padres cautivos, que sólo alcanzan un 3,42 por 100, o sea, un 1,18 por 100 menos que en la anterior. A pesar de tan ínfimo volumen, la mitad del decenio recoge promedios anuales superiores a la cifra decenal: 1712, 13,14, 15 y 1718 consiguen cifras de 3,6 a 4,7 por 100 del total de bautismos. Así llegamos finalmente al quinquenio 1721-1725 con el que concluimos nuestro análisis de la natalidad de la jurisdicción de Las Palmas. Este lustro sostiene el ritmo ascendente de los bautizos sin apenas sufrir contrariedad reseñable. Tanto es así
que en 1721 los 352 niños que pasan por la pila bautismal hacen elevar la tasa bruta de natalidad a 49,28 por 1.000; cifra increl%le que por lo demás se convierte en la cima más sobresaliente de todo nuestro trabajo. En 1722, un año después de la sequía que afectó a la Isla entera, la natalidad se contrajo gravemente, sin duda por la escasez de granos, enfermedades y sobremortalidad infantil. Salvo esta anualidad adversa, las restantes alcanzan todas cantidades insuperables, con totales superiores a los 300 habitantes. La participación esclava en la totalidad de los cristianizados recoge los porcentajes más ínfimos de todos los examinados hasta aquí: con tan sólo un 2,05 por 100. En los decenios anteriores ya se preludiaba el hundimiento de este grupo. Pues bien, en este postrer lustro se registran 32 bautismos, de los cuales 16 eran varones y los otros 16 hembras, con lo que apreciamos hasta el Último momento la importancia que siempre se le concedió a la procreación de estas últimas. Concluyendo, el análisis de estos veinticinco últimos años ponen de manifiesto el ascenso de la cifra de cristianizados, por cuanto que los 7.131 infantes que pasan por la pila bautismal en esas fechas suponen nada menos que un 23,9 por 100 del conjunto del período delimitado. Esta inequívoca mejoría se sustenta en buena medida en los libres que contabilizaron unas 6.887 inscripciones. Pero esta valoración no adquiere relieve alguno si no se tiene en cuenta de que entre la media de este cuarto intervalo de tiempo y fa media general del período estudiado se extrae una diferencia de 5,18 puntos más, que revelan el alcance de la recuperación. En el examen de las anualidades han quedado suficientemente esclarecidas las razones históricas y socioeconómicas que posibiiitaron ia expansión Üemográfica de Las Palmas. Quizás en ese progreso general con el que se comienza el siglo está implícito el fundamento que determina la práctica pérdida de relevancia de la esclavitud en Gran Canaria. Los 'precios que alcanzaron estas unidades de trabajo hacían su compra materialmente imposible. La creciente demanda me 222 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
Lb POBL&I~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 67 ricana revalorizó la trata de tal forma que se aminoran las nuevas adquisiciones a la par que se revendieron muchos de los que quedaban en la Isla a los negreros que recalaban en los muelles de Las Palmas *'. Sea como fuese, lo cierto es que en este primer cuarto del siglo xvm sólo encontramos 244 partidas bautismales correspondientes a catecúmenos de condición sumisa, que supone un 3,42 por 100 frente al total de niños cristianizados. Se trata a todas luces de una cantidad inferior a la media general del período comprendido entre 1601 a 1725, en que este sector sojuzgado de la sociedad palmense obtiene un porcentaje de 8,6 por 100. 4.2 .s. Conclusiones generales En general, los bautizos totales registrados a lo largo de todo este período en Las Palmas ascendieron a 29.981 81, de los cuales unos 27.258 correspondieron a nacidos de padres libres y los restantes 2.563 a hijos de progenitores esclavos o cautivos adultos. En otros términos, el volumen obtenido por cada uno de los grupos viene a significar porcentajes del orden de 91,4 y 8,6 por 100, respectivamente. Como se puede apreciar las concepciones pertenecientes a los libres predominan en tanto que la cantidad de bautizos de cautivos supone un porcentaje nada desdeñable habida cuenta el carácter forzoso de su incorporación en la sociedad isleña. Pero las cifras medias esconden períodos determinados en que D. P. MANNIX y M. COWLEY: Op. cit., en las pp. 145 y 146 sugieren que los navios cargados de sumisos en Africa recalaban en las Islas Canarias, afirmxmdn !Q ci@ente: «Temiemlu qu? l¿? tri~dkcióz &ser$-, no se atrevió a tratarla mal hasta que no hubo rebasado las Islas Canarias.. . » 81 Apréciese la diferencia entre las cifras aportadas por nosotros con las que da EMILIA SÁNCHEZ FALC~N, qUizá por las razones que ya apuntamos con anterioridad.
se ilegó al 12 por 100 del total de cristianizados. Lo que en cierto modo es indicativo de la notable presencia de esclavos adultos en la sociedad palmense. Una de las obsesiones de los propietarios de esclavos era contar con vientres fecundos capaces de garantizar brazos suficientes e imprescindibles en la agricultura, artesanía, comercio y servicio doméstico. Pero si se terciaba, la producción obtenida mediante la cría era puesta a la venta, incluyéndose los a N gastos de mantenimiento en el precio de la ({mercancía)). E O E DISTRIBUCION DE LAS ESCLAVAS SEGUN HIJOS 2 Unidas Unidas Madres Hijos a esclavos a libres esclavas 3 Número - - dehijos Total En% Total En% Total En% Total En% 0 m _----- E Sin ninguno Con 1 ...... Con 2 ...... Con 3... ... Con 4... ... Con 5 ...... Con 6 ...... Con 7 ...... .Con 8 ...... Con 9 ...... Con 10 ...... Con 11 ...... Total ... Algunos propietarios pensaban que era mejor adquirirlos que criarlos. Sin embargo, la realidad era otra bien distinta: con las compras solamente no se sostenia la pobIacic5n esclava con una esperanza de vida tan reducida. Las subidas de los precios por otra parte hacían inviable sostener semejante actitud. 224 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
Por lo tanto, si no se recurría a la crianza, cada cierto t.iempo debían renovarse las existencias con nuevas importaciones desde Africa. Eso parece que lo entendieron muy pronto los dueños puesto que una buena parte de los esclavos se debía al aumento del número de nacimientos, mayor que el de defunciones por lo menos hasta 1690. Es por lo que una cantidad muy importante de los cautivos que existían en Las Palmas habían nacido en esta Isla. ESCLAVOS VARONES SEGUN HIJOS Unidos a mujer; Padres eschcos Hijos libre Núm. de hijos Total En % Total En % Total En 96 ------ Sin ninguno ... 217 82,2 - - - - Con 1 ......... 34 12.9 34 41.5 32 94.0 Con 2 ......... 5 1 ;8 10 12;2 5 i00',0 Con 3 ......... 2 0.7 6 7.3 2 100.0 Con 4 ......... 3 1;2 12 14;7 3 100,O Con 5 ......... 1 0,4 5 60 1 100,O Con 6 ......... 1 04 6 7,3 1 1C0,O Con 7 ......... - - - - Con 8 ......... - - - - - - Con 9 ......... 1 0,4 9 11,O 1 100,O ------ Total ...... 264 100,O 82 100,O 45 - En efecto, en el cuadro número 9 queda de manifiesto que la procreación de las cautivas estuvo siempre asegurada puesto que de los 2.563 bautizos que se celebraron en Las Palmas durante el siglo XVII, correspondiente a catecúmenos sumisos, suponen la inmensa mayoría, con un porcentaje de 69,3 por 100. Los restantes, hasta completar la cifra de cristianizados, perteu-ririri ..*-l.-.---- A.-l&-- ----L-- I1t;Clcll zi G~LA~VVD ZUUILUS, IIIUULIU~ de elos ¿midos a esta ciudad siendo niños aún, por los factores portugueses que venían de C~bo Verde, Angola o Guinea. Como se ve, con sólo un 30,7 por 100, no son tantos como en principio pudiera pensarse. En consecuencia, buena parte de los esclavos de Las Palmas lo eran de nacimiento sin duda alguna.
70 MANUEL LOBO CABRERA Y RAMÓIS DÍAZ HERN~~EZ La media de hijos contabilizados para las madres esclavas es de 1,48. Por consiguiente, la renovación de la masa de esclavos estaba asegurada en una proporción importante, a partir de los que nacían en la misma ciudad. El mayor porcentaje de reproducción corresponde a aquellas esclavas que sólo contaban con un hijo, que representan exactamente e1 50,3 por 100. Es cierto que, a veces, resulta imposible seguir la pista de muchas cautivas en las partidas bautismales ya que emplean frecuentemente el mismo nombre y sus apellidos variaban al pasar de un dueño a otro. En importancia Ie siguen Iuego las madres que tuvieron dos a o tres hijos y cuyos porcentajes ascienden a 16,3 y 8.70 por 100. N E respectivamente. O Con valores insignificantes se sitúan las madres cautivas que n - - m con un 7,6 por 100 procrearon entre 4 y 11 hijos. O E La impresidn que tenemos es la de que cuanto más estables E 2 E fueron los matrimonios mayor era la descendencia. Y, al revés, - las relaciones esporádicas, el concubinato y el amancebamiento 3 dificultaron en parte la fecundidad legítima de las cautivas al - - O dilatar los periodos intergenésicos, haciendo que el número de m E hijos no fuera tan elevado. O La cdda de la natalidad de los cautivos a fines del siglo XVII n se debió a las liberaciones o {(ahorramienton de los mismos. - a E Pero la incidencia del encarecimiento de estas unidades de tral n bajo en los mercados hizo reducir el número de compras e inn n dujo a la reventa de la ((mercancía)} que quedaba disponible. 3 Con lo cual, las muertes fueron superando a los nacimientos y O el saldo vegetativo se hacía cada vez más deficitario. La imposibilidad de reponer con nuevas adquisiciones la población esclava adulta y el progresivo envejecimiento de la existente rompieron la cadena que durante siglos dio lugar a una presencia importante de cautivos en la sociedad palmense. ANUAR.10 DE ESTUDIOS ATLARTICOS
LA NATALIDAD, MORTALIDAD Y EL SALDO VEGETATIVO DE LAS PALMAS ENTRE 1667 Y 1725 Años Natalidad (en O/OO) Saldo Vegetativo (en Oled Núm. 30 (1984)
Natalidad Años (en Ym) 1715 43,94 1716 41 37 Mortalidad Saldo Vegetativo (en %o) (en Yml 16,645 27,28 Fuentes: Libros de Bautismos v Defunciones de la Parroauia del Sagrario de Las Palmas. Recuentos poblaciona!es realizados p6r el ~ocuñtento base Dara los años 1676, 1678. 1679. 1680. 1681, 1682, 1683, 1684, 1686, 1687 y 1686. Para la decada de 16OU-1610 existe una estimación de! Inquisidor del Santo Oficio en un ({auto proveído en diecisiete de agosto de 1601 para que se haga información ae la enfermedad de pestiiencia, contagio que hay en esta Ysla de Canaria)). Dice así: N... Que por cuanto en esta ciudad con no tener más de 600 vesinos ... » (Archivo Acialcázar, legajo Epidemia, Las Palmas). Para 1689 se tomaron las cifras aportadas por J. NÚÑEz DE LA PENA en su Noticia de la poblaclFón de las siete islas de Camrius de los años de 1689, legajo 90, núm. 1, 30 folios, Archivo Osu. na, La Laguna. 5. LOS PROPIETARIOS DE LOS ESCLAVOS BAUTIZADOS Para conocer la importancia de la esclavitud en una zona urbana como la ciudad de Las Palmas, nada mejor que seguir el rastro a los poseedores de esclavos. Se,a;ún la condición de éstos podemos hablar de un determinado tipo de cautivos: de lujo, doméstico o servil, fuerza de trabajo en los predios y recadero~. Fln lns lihrns parroquia.les, tanto en 10s de bautismo como -- - - - - -- . - - - - en los de matrimonio y confirmación, se asienta al esclavo con el nombre impuesto y el sacramento correspondiente, y a continuacion se reseñan sus padres cuando ambos se conocen y el nombre, apellidos, rango y profesión o actividad de sus dueños. Los curas de l.a iglesia del Sagrario ponían sumo cuidado cuando consignaban a los propietarios. Distinguían a la perfección los que llevaban el tratamiento de «Don» de los restantes; cuando poseían más de un título también lo hacían constar, pues así junto al calificativo de licenciado o doctor añadían el de 228 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
otras tareas anejas; la nueva criatura aseguraba la permanencia del servicio al reponer a su madre por vejm o fallecimiento. También parte del clero, los componentes del tribunal de la Inquisición, los hombres de gobierno y administración, las milicias y algunos escribanos se contentaban con dos, tres y, como mucho, cuatro esclavos. Los porcentajes mínimos aparecen a partir de la posesión de nueve cautivos, no obstante, medidos todos, la relación se invierte desde el momento en que tan sólo 39 individuos acaparan el 16 por 100 de los esclavos. En estos grupos destacan canónigos, racioneros, regidores, algún mercader y maestro de obras, como, por citar a alguno, don Luis Báez Marichal, en cuyo poder se concentraban nada menos que nueve esclavos. Los máximos poseedores, con cifras altísimas de 20 a 23 cautivos, se reducen a dos mercaderes, una dama y un capitán, y un regidor. 5.2, Categorias de los propietarios de bautixados cautivos A los propietarios los hemos aglutinado en 11 grupos. El criterio empleado se ha regido en función de categorías sociales y profesionales. Intentamos hacer las clasificaciones por sectores económicos, pero desechamos ese método persuadidos de que en la sociedad del Antiguo Régimen los habitantes estiíin multícualificados y realizarlo así se hacía imposible. Así, por ejemplo, muchas veces la misma persona es registrada en las partidas con dos y tres actividades profesionales. Un clérigo ocupa a la vez un cargo en el tribunal de la Inquisición, al propio tiempo que desempeñaba la profesión de abogado en la Audiencia. Nos ha parecido más correcto selecci~fiarlec emp!ecnd~ q!!e!!a c&,eg~ria u =ficic q?Je aparece insistentemente en los registros. El número de propietarios estudiados en este apartado no se corresponde con los valores totales dados en el apartado de la relación esclavo-dueño. Del conjunto sólo aparecen con señalización de actividad, cargo u oficio el 50,3 por 100, porcentaje Núm. 30 (2954) 235
80 MANUEL LOBO CABRERA S RAMÓN DÍAZ HERNÁNDEZ que estimamos suficiente y sálido como m~estra representativa para estudiarlos dentro de la totalidad de la población y de la sociedad canaria de la época. Al intentar hacer uíz análisis de la sociedad de Las Palmas, bastante compleja, por cierto, nos pareció pertinente agrupar a los propietarios de esclavos en los siguientes grupos: Nobles. Eclesiásticos. Inquisidores y personal del Santo Oficio. Gobernadores y hombres de gobierno. Audiencia y sus componentes. Milicias. Profesiones 1í'~erales. Comerciantes. Músicos. ivíarinos. Oficiales. Los propietarios nobles a 2 Es este grupo el más escuálido de todos, ta~to a nivel de ; propietarios como de esclavos. De hecho no se habla de abunn dancia de títulos nobiliarios en Canarias al menos hasta el si3 O gln ~III En conjunto; un tercio de éstos tienen la mayor parte de los cautivos frente a los otros dos con una modesta disponibilidad de sumisos. ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
ESTRUCTURA SOCIOPROFESIONAL DE LOS PROPIETARIOS DE CAUTIVOS 1." grupo: Propietarios pertenecientes a la nobleza Núm. de propietarios En % Marquesa .................. 1 Señora .................. 1 Caballero de Santiago ...... 1 TOTAL ............... 3 O$ NUm. de esclavos En % 4 23 2 29 15 2: grupo: Propieta?-ios eclesiásticos Obispos .................. Deán ..................... .................. Arcediano Chantre .................. ... Tesorero de la Catedral Maestrescuelas ............ Priores ..................... .................. Canónigos Racioneros ............... .................. Capellanes Provisor .................. ... Maestro de Ceremonias Presbíteros ............... Clérigos ..................... Curas ..................... Notario Apostólico ......... Tesorero Cruzada ......... Pertigueros ............... Monjas ..................... .................. Sacristán ..................... Beatas 3." grupo: Propietarios inquisidores Inquisidores ............... 9 Fiscales ..................... 2 .................. Secretarios 3 Alguacil ..................... 1 Receptor .................. 1 Portero ..................... 1 TOTAL ............... 17 3,; Núm. .30 (1984) 16
82 MAXUEL LOBO C.4BRERA Y RA~N D~AZ HERNÁNDES Núm . de Núm . de propietarios En % esclavos En % 4P grupo: Propfetarios goó~dores y t20mares de gobierno Corregidores ............... 2 3 Gobernadores ............ 2 8 .................. Teniente 1 1 Regidores .................. 36 188 Isla ........................ 1 2 Juez de Indias ............ 1 1 Juez Visitador ............ 1 1 ..................... Veedor 1 4 Contador .................. 2 4 Alguacil .................. 1 2 Pesador de carne ......... 1 1 TOTAL ............... 49 10. 2 216 11. 3 - 5.. grupo: Pro;zlieta?2os miembros de la Audiencia Presidente ............... 2 5 Regente .................. 3 6 Oidores .................. 17 69 Ej ecutores ............... 2 12 Abogados .................. 12 50 Secretarios ............... 6 37 Procuradores ............... 5 22 Rehtores .................. 1 14 Portero ..................... 1 2 TOTAL ............... 49 10. 2 217 11. 3 . . 6: grupo: Propietarios pertenecientes a las milicias .... Teniente Gral . de Artill 1 U Capitanes .................. 42 175 Alfkreces .................. 19 61 Maestres de Campo ...... 1 7 ... Pagador gente de guerra 1 12 Teniente caballos ......... 1 4 Sargento mayor ............ 7 19 Soldados .................. 2 2 TOTAL ............... 74 15, 2 286 15,O - 7: grupos: Dueños que ejercen en profesiones liberales Licenciados ............... 14 37 Doctores .................. 3 6 Estudiantes ............... 1 2 Escribanos ............... 19 95 Boticarios ............... 1 6 Ingenieros ............... 2 8 Médico-cirujanos ......... 5 20 m-- . A OTAL ............... 45 93 ii4 n . 238 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS
El grupo lo constituyen tres personas, dos de ellas mujeres: una, la marquesa de Lanzarote, doña Marina Ebríquez Manrique de la Vega, casada con don Agustín de Herrera y Rojas, y la segunda era la señora de la casa de Adeje, en Tenerife. La primera fue tutora de su hijo, el marqués de Lanzarote, y administradora en el gobierno de aquella Isla ". Durante su estancia en Gran Canaria, en donde otorgó testamento y murió 88, presentó por dos veces consecutivas esclavos a bautizar. Quizá los trajera expresamente de Lanzarote. Cabe la posibilidad también de que se hubiera proveído de ellos en el mercado de Las Palmas. La otra dama era doña Marina Fonte, mujer del cuarto señor del castillo y casa fuerte de Adejesg. Debió residir en Las Palmas largo tiempo, pues aquí llegó a contar con una auténtica corte de más de 20 esclavos, para ser exactos 23. Estos cautivos le servían en sus casas y posesiones, pero también eran objeto con los cuales satisfacía favores e incluso regalaba. En 1687, por ejemplo, dona un escIavo criollo -es decir, nacido en la tierra como tantos de los suyos, que tenía catorce añosal clérigo de menores órdenes don Juan Sánchez de Riva, por amor y voluntad junto a otras razones que no explica suficientemente 'O. En general, tal como demuestran las partidas, la nobleza sólo representaba dentro de los propietarios de esclavos el 0,6 por 100, y concentraba en su poder el 1,5 por 100 de los cautivos. Esto, por supuesto, en lo que se refiere a la ciudad de Las Palmas, y a la permanencia o paso de esta aristocracia por ella. Imaginamos que en las Islas y lugares de su gobierno dispondrían de mayor número de éstos. J. VIERA Y CLAVIJO: Noticias de la historia general de las Islas Canarias, t. 1, Santa Cm de Tenerife, pp. 748-751. Idem, t. 1, p. 767, nota 2. La marquesa otorgó testamento cerrado en Las Palmas, ei 7 Üe junio Üe 1633, y se abrió por presencia dei escribano Bartolomé Miraba1 Rivero en noviembre del mismo año, cuando ya había fallecido. Idem, t. 1, p. 60. A(rchivo H(ist6rico) P(rovincia1) de L(as) Palmas), Andrés Alvarez de Silva, nm. 1.449, f. 76 r. 240 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTlCOS
LA POBLACX~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 85 Así, por ejemplo, podemos cita.r a doña Jacinta de Ponte y Aguiiar, esposa del marqués de Adeje, Nicoloso de Ponte y Aguilar, la cual al disponer su última voluntad, otorgada en Las Palmas en 1701, declaraba contar con 15 esclavos en su patrimonio. La posesión de cautivos, por parte de estos señores, estaba en función de las tareas desarrolladas por aquéllos en sus posesiones. como en el servicio doméstico de sus mansiones, a la vez que los empleaban como objetos suntuarios para destacar la importancia económica de sus casas y la social de sus personas. La presentación de sus cautivos a bautizar, durante su estancia en Las Palmas, podía estar en relación a que se trataba de vástagos de aquellas esclavas que componían el séquito en sus viajes. 5.2.2. Los prspieta.rios eclesiásticos El clero aglutinaba en su poder el mayor número de cautivos. Todos los eclesiásticos desde las dignidades de la catedral, pasando por los obispos, hasta las propias monjas de las diferentes congregaciones, clérigos e incluso sacristanes disponían de esclavos, en mayor o menor numero, en función de la solvencia económica y de sus prebendas. Este grupo estaba conformado por 135 personas que suponen el mayor porcentaje del total de propietarios, con un 28 por 100. Poseían en total 460 esclavos, que arroja a su vez un 24 por 100 del valor general de éstos. La posesión mayoritaria de esclavos por parte del clero es una situación ampliamente perceptible desde el siglo xvr en Canarias 'l, lo mismo que en otras zonas. En Sevilla los eclesiásticos fueron siempre los máximos adquisidores de esclavos No es de extrañar esta situación si tenemos en cuenta que la esclavitud había sido aceptada por la Iglesia, al ver en el cau- ---- N M. LOBO CABRERA: La esclavitud ..., op. cit., pp. 185189. A. FRANCO SILVA: La esclavitud en Sevilla y su tierra a fines de la Edad Media, Sevilla, 1979, pp. 284-292.
tivo un alma que debía ser convertida y salvada; esta fue la principal preocupación independientemente de si eran libres o esclavos. No obstante, en Canarias algunos obispos intentaron suavizar las rudas costumbres imperantes en la institución, atendiendo siempre a razones espirituales y en defensa de los deberes y derechos religiosos y morales para con los del estado de sumisión. El derecho a casarse y a recibir todos los sacramentos fueron en todo momento preocupaciones fundamentales de los obispos. Incluso, un prelado como don Bartolomé García Jirnénez conminaba en este sentido a los dueños utilizando la parábola aquella de «lo que no quieras para ti no lo quieras para nadie» 93. Las partidas bauiismaies y de cunfirrñaciü~ies riüs hiii permitido observar, a pesar de las disposiciones sinodales y cartas pastorales emanadas de algunos obispos, como los clérigos se interesaban en la trata y nutrían sus casas y haciendas con servidores subyugados. También para éstos los esclavos tenian un vaior terrenal y suntuario. Los empleaban en sus casas como servicio doméstico, aun cuando es posible suponer que su adquisición contaba con otros móviles: aprovecharse de su trabajo gratuito, de sus habilidades tanto en los servicios propios como cediéndolos en régimen de arrendamiento a texceros. Muchos cautivos adquirieron cierta destreza en la cerería cuya aplicación en iglesias y conventos era estimable; a otros los colocaban a soldada y como aprendices en los talleres de los artesanos para que se especializaran como sastres y zapateros. De este modo, en suma, conseguían uetentar en sus propias casas con unos servicios cualificados, capaz de hacerles y reformarles ropas y calzados. A través de los asientos podemos seguirle el rastro a casi todos los componentes del cabildo catedralicio a lo largo del siglo, lo mismo que a los obispos, curas y sacristanes. Los obispos no fueron personajes asiduos en la trata. Quizá les hacían las compras sus criados o pajes, e incluso sus mismos secretarios, pues hemos advertido la presencia de obispos 93 S. PADRÓN AGOSTA: Art. cit. 242 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 87 entre los dueños de esclavos. Tres prelados nada menos presentan sus cautivos, por lo común adultos recién llegados de Africa, en la iglesia del Sagrario para que recibieran el agua bautismal. El primero de ellos es don Francisco Martínez Ceniceros, Ilegado a Canarias en 1596 y trasladado a Cartagena en 1607 @. En su corta estancia en Las Palmas se distinguió en la defensa de la ciudad, en 1599, en contra del invasor holandés, acudiendo con las clases regulares y seculares 95. Realizó asimismo una visita pastoral por e1 Archipiélago, dejando constancia de su labor 06. En este tiempo también se preocup6 de buscar su propio servicio, escogiéndolo entre los sumisos, llegando a contar hasta con seis negros en su palacio. Los otros dos obispos restantes son menos exigentes y más modestos en cuanto a número de servidores sojuzgados, pues se contentan con un negro adulto, comprado en e1 mercado y bautizado en el Sagrario. Uno de ellos es el obispo don Francisco Sánchez de Villanl~eva. m?- prelado de Canarias desde 1-35 a 1651, año en que renunció a su sede y se retiró a Madrid con pensión La predilección tanto de este obispo como de su predecesor por los adultos nos induce a pensar en la necesidad de servicio urgente, y es que la estancia de estos prelados es en general bastante corta, no dejgndoles tiempo suficiente para la cria de nuevos cautivos. Con toda probabilidad muchos de los cautivos adquiridos por estos altos dignatarios de la Iglesia, una vez adoctrinados en la fe, eran manumitidos tan pronto cambiaban o cesaban cmr nminnntnc nrnnic&orimr uuv urrurivrrvvu yr vpauiiclir rvu. El mencionado don Francisco Sánchez le asignó a su cautivo el nombre de Francisco en honor al suyo. Su sucesor, don Rodrigo Gutiérrez de Rosas, nombrado en 1652, hizo lo propio con el suyo al que llamó también Rodrigo. J. VIERA Y CLAVIJO: Op. cit., t. 11, p. 932. "j IIdm, PP. 528-529. Idem, p. 529. R7 Idem, p. 933. Núm. 30 (1984)
El gobierno de este último prelado fue bastante polémico y tuvo multitud de disputas con los ca.nónigos, inquisidores, regidores, frailes y oidores de la Audiencia ". El año mismo de su llegada a Las Palmas fue cuando compró su esclavo. Los deanes de la catedral siguen el ejemplo de sus superiores. Tan sólo dos de éstos llegaron a contar con siete cautivos. Los mayores compradores, clientes asiduos de los mercaderes, y a su vez vendedores a menudeo, fueron los arcedianos, can6nigos y racioneros. Estas tres dignidades formaban un grupo de propietarios que dentro del conjunto del clero representaban el 53,6 por 100, una acumulación de esclavos equivalentes al 6,9 por 100. Los wcedimos de Gran Camria? Temrife y Fuerteventura concentraban en sus manos unos 19 esclavos, lo que representa una media de tres cautivos por cabeza. Por su parte, los canónigos eran, sin embargo, los más numerosos; puede decirse que todos los clérigos distin,ddos con tu! dig-id~d e! sig& ~JII &pdsn & es&^/^^. t&j,!, mos 35 comparecen ante el cura del Sagrario para imponerles a sus esclavos el agua bautismal. Con un acompLLñamiento tan singular fueron bautizados nada menos que 159 sumisos. La mayoría de los ca.nónigos contaban con dos cautivos, e incluso hubo quien llegó a tener nada menos que 17, como dor, Francisco de la Puerta. Nos imaginzrnos a estos clérigos acompañados exóticamente de cautivos en las procesiones por las estrechas calles de Las Palmas o en los oficios públicos, rivalizando entre sí en función del grosor del cortejo de negros. En -..- ----m ---A..-:--L-- le.- --.. t: --e.... A- --Y-.. -....m l.." -A" A:" DW l;aaaa ~L~UULIIIII~U~~I LU~ L~ULLVUD uc GVLUL para raa 1lm.a -3pares tareas domésticas y relacio~adas con el culto. En lo concerniente a los racioneros hay que decir que fueron menos aficionados a la posesión de sumisos, al menos las cifras así lo indican. En consecuencia se comportaban más modestamente en este sentido. ia media, con iociv, se situaba en torno a los tres esclavos por racionero, el que más tenía no pasaba de 11 cautivos. 98 Idem, p. 548. 244 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
El resto de los funcionarios y administradores del Cabildo se contentaban con los necesarios dentro de sus posibilidades, con valores comprendidos entre uno y cuatro cautivos. Los demás oficiales destacados en Gran Canaria, como los visitadores y jueces de Indias, gentes de paso por lo general, no tenían excesivas pretensiones. De ahí que sólo adquiriesen algún que otro esclavo para servirse de él durante su estancia en la Isla. Tal le ocurrió a don Isidro Moreno de Sotomayor, nombrado Juez de Indias por dos veces consecutivas, en 1611 y 1622 112, que sólo dispuso de un sirviente sumiso. No obstante, tal como hemos visto en apartados anteriores, siempre existen excepciones y en éstas se incluye la del licenciado don Gonzalo Pérez de Carvajal, Juez de Indias desde 1638 a 1645, q-ue se e.1 las i5ias Uega puseeis ilasta 13 esciavos. Adviértase que este prohombre no hace constar en el registro su título regio y se inscribe como licenciado solamente. Sus herederos, en particular su viuda, continúan bautizando esclavos, por lo que da la impresión de que toda la familia esta- %- - --:- VuIC;U -. . lada a la trata, y %---A- -..,.A- ,..- r ~:ii ---- Il¿%Slr¿% pUt7UG YUt: lU'SS3l lCGXP)t3UlUVlt% de esclavos a los mercados indianos. El resto de los componentes del Cabildo y gobierno de Gran Canaria rara vez poseyeron más de dos cautivos. Si bien, este grupo constituido por unas 49 personas obtuvieron el quinto lugar con relación a la tenencia de esclavos, con un índice de 11,4 por 100. 5.2.5. Los propietarios miembros de la Audiencia -. -*....-..-..-+..c. 2.. &.&m y rjuiiipuu~~~~cn UG caua Los personajes y funcionarios de la Audiencia formaban un número parecido de poseedores similar al grupo anterior, y contaba en conjunto con el mismo monto de esclavos. rirrn rr\lnn;X1.r n Incr *.fir<-nn+:~~r\n nnnv\:n+nn;rrn :nnl*r;Anri rrrrn+ri VVlL IGL&bLUIA 4i LUO I G3pGbIiLV UD PI UPlGbaL LU3, lLIblUlUUD GIL GaLG grupo, existían diferencias en función de los cargos y de su perF. MORALFS PADR~N: El comercio canario-americano (siglos XVI. XVII y XVIII), Sevilla, 1955, p. 50. Núm. 30 (1984) 251
manencia o no en la principal ciudad de Gran Canaria. Los máximos poseedores eran los oidores, srbogados, secretarios, procuradores y relatores. Entre los que ocuparon el cargo de presidente de Ia Audiencia aparecen a cristianizar a sus ca~rtivos sjlo dos titulares de la misma. Uno de ellos, es el capitán y sargento mayor don Juan de Ribera Zambrana, en qidien recayó a la vez el cargo de capitán general en 1629, en calidad de interinc. Se distinguió durante sd mandato por haber ordenado levantar un fuerte en Santa Catalina y autorizar con síi presencia el Sínodo diocesano celebrado por el obispo Murga, en el cual se incluyeron algunos capítulos referentes a los esclavos l13. A lo largo de su estancia en Las Palmas tuvo a su servicio dos esclavas, de las que tuvo en propiedad los hijos de éstas. Los regentes más modestos se consideraron suficientemente servidos con una media de dos cautivos. Como se sabe la figura de los regentes y los presidentes de la Audiencia tenían atribuciones similares. La función del regerite se define en su aparición allá por 1566 y su vigencia se nzantiene hasta 1594, fecha en que se nombra el primer capitán general y presidente de la Audiencia. En el siglo XVII el título de presidente de la Audiencia fue el que más prevaleció. Los oidores, de larga permanencia en el Archipiélago, con casa montada y casados en Gran Canaria, aun cuando no fueran naturales de ella, de acuerdo con la carta de creación de la Audiencia, fueron asiduos compradores de esclavos desde el siglo XVI '14. Tpcpmec cnnstancia & la p-~s~ficia de &t.~r; aodie_nd~ al mercado humano dura.nte el siglo XVII, ya que sus casas demandaban servidores para atenderlas debidamente. En la iglesia del Sagrario les vemos comparecer al bautizo de la prole de sus cautivas en unas 17 ocasiones. Pero los oidores intervienen tamhig~ e1 comercio de escIaBvos 10 mismo n_'?e 10s regidore-, y canónigos. Por el tráfico negrero y a.nte las ingerencias de és11s J. VIERA Y CLAVIJO: Op. Cit., t. 11, p. 198. ll". LOBO CABRERA: La esclavitud ..., op. cit., pp. 193-197. 252 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS
tos liegaron a establecerse serias disputas entre la Audiencia y la Inquisición. En 1653 aportó a la rada de Las Palmas un navío can 200 negros, vendidos a las pocos días a precios desorbitados. Como los inquisidores de turno no pudieron tomar todos los que deseaban en el mercado, trataron de importunar el tráfico protestando a la Suprema con la argucia de que los cautivos fallecían sin bautizar. Por su parte, la Audiencia no se quedó al margen e hizo al respecta un informe que fue elevado al rey, quejándose del Santo Oficio. Este contesta en su descargo con una carta dirigida al Consejo que comienza diciendo que el Tribunal no impidió el comercio y venta, lo que demuestra el hecho de haberse vendido la totalidad de los negros. Su intervención estuvo fundamentada en que los esclavos en cuestión no venían bautizados, por lo cual solicitaron al capitán y mercader los vendiesen a compradores católicos, y dieron orden a la Aduana, al ver como morían muchos sin cristianizar, para que se detuviese la trata. A la vez se dice allí también que la paralización de la venta no venía motivada para paderlos comprar ellos, pues sólo el inquisidor y el notario del secreta participaron comprando una pieza cada uno, mientras que un oidor, don Alvaro Gil de la Sierpre, adquirió 15, parte de los cuales vendió en Tenerife y en la Península l15. Parte de verdad es expuesta en este pliego de descargo de la Inquisición, puesto que el citado oidor bautizó a siete esclavos. Al mismo tiempo acusan a un criado de un oidor de haber comprado 11 para su señor y compañeros de éste, que luego vendieron en el mercado a elevados precias l16. El interBs de los oidores en este negocia se pone de manifiesto al constatar cómo diez de ellos tenían más de tres esclavos. El comercio les ma útil, lo mismo que los siervos de sus casas. El relator, letrado nombrado por los jueces, cuya misión 1l5 A. MILLARES TORRES: Historiu de la Inquisición ..., op. cit., t. 1, PP. 5143. 116 AM.C., Libro IV de Correspondencia de 10s Inquisidores a la Suprema, 4VII-1653. Núm. 30 (1984) 253
consistía en hacer relación de los pleitos, superaba con creces a los oidores en este trato. Por ejemplo, el relator licenciado don Alejandro de Castro Ilegó a contar hasta con 14 cautivos el solo. Los abogados, procuradores y secretarios de la Audiencia iban a la zaga en cuanto al número de esclavos en su poder, con una media de cuatro a seis por cabeza. 5.2.6. Propietarios de esclavos pertenecientes a las milicias Las milicias forman un grupo que aglutina la posesión del 15,l por 100 de los cautivos. La milicia estaba patrocinada por el Cabildo, quien la disciplinaba y armaba, al estar constituida por los vecinos de la ciudad para responder a la obligación de servir en caso de guerra, si el Concejo lo estimaba necesario "'. No constituía por lo tanto una fuerza permanente, aunque tenían obligación de formar parte de ella todos los vecinos que contasen con casa abierta. En el siglo XVII, Gran Canaria disponía de dos tercios de milicias que agrupaban 28 compañías de infantería que suponen un dispositivo de 2.430 hombres armados, contándose además con una compañía de ~aballería~~~. En las milicias existían unos cargos de nombramiento regio, con asignación de salario, y otros honoríficos nombrados por los capitanes generales, que tenían además la ventaja de estar exentos de ser juzgados por los jueces ordinarios. La mayor parte de los poseedores de esclavos se incluyen en este segundo grupo. Estos últimos se dedicaban a otras actividades, entre las cuales estaba la de mercader. Al propio tiempo, algunos de ellos, como los capitanes, habían llegado a obtener una regiduría en el cabildo isleño. Los capitanes, en líneas generales, eran los que mayor cantidad de esclavos poseían al dedicarse a la vez también, muDiccionario de Historia de Españu, t. 11, Madrid, 1968. "8 A. ~ZUMEU DE ARMAS: Piratemas y ataques navales contra las Isla Canarias, t. 111, 1." parte, Madrid, 1947-1950, p. 157. 254 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 99 chos de éstos, al trato de la mercadería humana y a negocios de transporte marítimo. Poseían una media de cuatro esclavos los 40 capitanes presentados juntos con sus esclavos ante el cura del Sagrario para recibir las aguas sacramentales. El lujo desplegado por estos oficiales se complementaba con el boato reflejado en su vestimenta llg. Como ejemplo de capitán tenemos a don Juan de Matos. Este, lo mismo que toda su familia, era uno de los que mayor número de esclavos tenía. Sus parientes estaban vinculados con la gente de Teror y sus miembros participaron de todos los estratos elevados de la sociedad isleña Izo. Juan de Matos era capitán y regidor, y ilegó a disponer de nueve cautivos. En su codicilo otorgado en 1717 dejaba a su nieto, el capitán de caballos don Juan Manuel de Matos, dos esclavos que tenía en la hacienda de Pino Santo, dos esclavas llamadas Polonia y Catalina -que eran madre e hija-, además del quinto de sus bienes, por haberle asistido en su enfermedad I2l. Los sargentos mayores eran nombrados por el rey y disfrutaban de un sueldo de 3.308 reales 122. Sin embargo, pese a su posición no destacaban, aparentemente, mucho en la trata negrera. Con todo, cotejando la información parroquia1 con la de protocolos notariales comprobamos una tónica diferente; así, por ejemplo, el sargento mayor y regidor don José de Rocha Ferrer sólo hace acto de presencia ante el cura en 1680 para bautizar a la cautiva adulta llamada María. No obstante, el testamento de su mujer nos lo presenta con más abundancia de sus surnL%os. En efecto, cinco esclavos deja a sus herederos, de los que tres de ellos: María, 'Miguel y Juan, eran mulatos, pequeños de edad, hijos de una esclava conocida por Gregoria, a la que había concedido la libertad. María seguiría cautiva duSlVZdern, t. III, 2: parte, p. 697. 120 E. TORRES SANTANA y M. LOBO CABRERA: La esclavitud en Gran Canaria en el primer cuarto del siglo XVIII, «IV Coloquio de Historia Canario-mericana (1980)», Las Palmas, 1982, p. 25. A.H.P.LP., Jos6 Cabrera Betancur, núm. 1.531, f. 118 T. lz? A. RUMEU DE ARMAS: Op. &t., t. 111, 2.' parte, p. 695. Núm. 30 (1984) 255
rante todo el tiempo que vivieran sus hijas do& María de la Encarnación y doña María de la Visitación, ambas monjas, a las que debía asistir en el convento, y si no las servía, arreglado a lo que ellas les mandare, debía venderse, y su valor imponerse de manera segura de modo que sus réditos sirvieran para alimentar a sus hijos. Por su parte, doña Josefa Betancurt y Castillo, que así se llamaba la viuda del sargento mayor Rocha Ferrer, dispone que el esclavo Juan se venda para pagar su funeral y entierro Estas notas nos demuestran como los esclavos seguían siendo meros objetos, útiles hasta después de la muerte de sus amos. Los alféreces fueron algo más modestos en este trato. con cifras no superiores a tres. Estos sumisos servían a sus amos de ayuda y acompañamiento en momentos de y alerta. Dentro del conjunto de las milicias sobresalen algunas individualidades, unas con un nombramiento real y otras con cargos honoríficos. Es de señalar el maestre de campo, don Alejandro Amoreto, de ascendencia genovesa. Su familia se distinguió en el siglo XVI por su participación en los negocios azucareros y por la riqueza de bienes. El solo tenía a su servicio siete cautivos, que los empleaba en sus casas y hacienda. El pagador de la gente de guerra Vicente hlvarez Travieso, con un sueldo que ascendía a 2.400 reales, y cuya misión consistía en abonar la nómina presentada a este fin por el veedor 12', contaba con un número superior, constituido por 12 esclavos. El teniente general de artillería era otro cargo de nombramiento regio, con sueldo de 3.000 reales. Ejercía el mando de la artillería y tenfa a sus órdenes una compañía de soldados del presidio lZ5. Este cargo recayó en don Luis Romero Jaraquemada, el cual adornó su título con nada menos que siete esclavos. 12.3 AX2LJ?., Pedro A. de Medina, núm. 1.510, f. 97 v. y SS. En su testamento confiesa asimismo haber dado a su hijo el teniente coronel don Cristóbal de la Rocha otro esclavo. Y4 A. RUlMEU DE ARMAS: m. Cit., t. 1x1, 2," parte, p. 694. Idem. 256 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLÁNTICOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 101 5.2.7. Propietarios que ejercían profesiones liberales Aquí se agrupan los escribanos, licenciados, boticarios, ingenieros, doctores en leyes y médicos. La característica general del grupo de referencia, además de interesarse vivamente por el comercio de esclavos, es la de disponer de acaudaladas fortunas, prestancia social y acumular otros títulos y distinciones. Algunos ocuparon puestos relevantes en la organización política y religiosa de la ciudad, aun cuando en las partidas s61o aparezcan con la actividad más destacada o con la referencia a su titulo acaddmico. Señalar todos los nombres resultaría reiterativo, por lo cual como en anteriores epígrafes sólo nos vamos a remitir a los m5s destacados y conocidos dentro de la sociedad de la 6poca. Otra singularidad más consiste en la tremenda disparidad existente en el seno de dicho grupo, pues frente a grandes poseedores nos encontramos tambi6n con otros que se conformaban con un par de cautivos para su servicio. Además, dentro de cada subgrupo hallamos algunos matices diferenciladores, ya que mientras unos con la misma ocupación s61o poseen un simple cautivo, comprado en estado adulto en el mercado, y procedente de Africa, otros por el contrario tienen en sus casas verdaderos criaderos de esclavos, con cifras que pueden llegar a los 16 ó 18. Los escribanos son taI vez los más numerosos y los que m& esclavos tienen. No debe olvidarse su relación cotidiana con el tráfico, pues ellos son intermediarios entre los compradores y los vendedores. Cuando un dueño deseaba vender un cautivo acudía al escribano, y en las puertas de su despacho anunciaba el producto en oferta. Los anuncios se exhibían durante mucho tiempo, pues tenemos constancia de uno que estuvo expuesto nada menos que seis meseslZ6. Los escribanos aprovechaban esta coyuntura, y al dilatarse el tiempo y no conseguir el propietario comprador 12"A.H.P.L.P., Juan Blanco Rivero de1 CastiIIo, núm. 1.605, f. 2 r. El capitjn y regidor Esteban Cabrejas y Betancurt había colocado un papel en la puerta del escribano para que si hubiese alguien interesado en la compra del esclavo hablase con él.
exigen por él un precio. reducido, aumentando con ello su {{ganado». Los esclavos les ayudaban en los despachos, en ciertos casos aprendían a escribir y hacían de amanuenses, a la vez que los empleaban a sueldo en otras actividades, o en las suyas propias desarrolladas al margen de la escribanía, como era el comercio o la agricultura. Así, a título de muestra, el escribano don Francisco de la Cruz Alarcón, hermano asimismo del escribano de Telde llamado Hernando de Ia Cruz, llego a aglutinar en torno a sí la abultada cifra de 18 cautivos. Algunos de éstos los presentó él mismo para que se bautizasen siendo ya adultos, mientras que otros ; h&iaa ES~~Q 1' ay&, ~gn~ehjdo~ PC)~ ~S&T/=- Los médicos necesitados d-e cautivos que les acompañasen - en sus visitas diurnas y nocturnas, lo mismo que en sus casas, = m O tenían un promedio de cinco cada uno. Los boticarios con tienE E 2 da abierta de especierías, perfumería y medicinas, contaban con E esclavos en ellas. Les servían en sus casas y su tienda como re- % caderos para llevar las medicinas una vez preparadas a los clien- - tes que las solicitaban. - 0 m Los doctores en leyes eran más inodestos, lo mismo que los estudiantes. De estos sólo tenemos un ejemplo, y lleva a bautizar un solo cautivo. Sus medios económicos no les permitían E tener m& de un paje. - a Los ingenieros, casi todos militares, con sueldo de tres mil d n reales, solían ser gente de paso por las Islas. Venían a ellas con orden real para estudiar las fortificaciones del Archipiélago, algunos de ellos se quedó en Canarias como el mencionado Próspero Casmla. Como es lógico se interesan en la trlvta por las mismas razones que los demás: especular, obtener de ellos servicios gratuitos y expresar externamente su notoriedad social. Así vemos al ingeniero Lope de Nendoza, sucesor del italiano Cassoia, que resiaió en Las Palmas como resiaente habitual "?, acometiendo en ese mismo año en Gran Canaria la construcción de la muralla sur, que reemplazó al débil parapeto edilz7 A. RU~MEU DE ARXAS: Op. cit., t. 111, l." parte, p. 157. 258 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
ficado hacia 1577 Iza. En e1 interin realiza sus compras, entre las que figura una esclava adulta que bautiza en el Sagrario. E1 grupo examinado contaba con el mismo porcentaje tanto de esclavos en su tenencia como propietarios de los mismos: 9,3 por 100. 5.2.8. Comerciantes que bautizaron esclavos de su propiedad Los mercaderes procedentes casi siempre de capas sociales inferiores no tardaban en ingresar en el patriciado urbano alcanzando en algunos casos una consideración social y econ6mica envidiable. Sus negocios y el ejercicio del comercio lo tenían como un medio de enriquecimiento lZ9. De ahí que fuera un grupo dinámico en la trata y en la posesión de esclavos. Estos les eran sumamente útiles como mercancía con capacidad de producir sus buenos réditos, tanto en los mercados isleños como en los indianos. Les empleaban también en sus casas, ayudaban en el transporte de mercancías y, a veces, hacfan de corredores. Los mercaderes, entre los que se cuentan algunos extranjeros y gente del país, tenían en su haber un buen monto de esclavos, aun cuando existían entre ellos contrastes apreciabIes. Destacan sin ir más lejos los 20 cautivos con que contaba el capitán y mercader famoso Juan Ramón. Las mercaderas, o sea, mujeres con tienda abierta en el barrio de Triana, y en algún caso con lonjas y mesones, son tan buenas tratantes como podían serlo los hombres, pese a la parquedad de su número. Diez f6minas se dedicaban a estos menesteres, sobresaliendo una tal María Sánchez del Rosario, que disponía de 18 esclavos, 12 de los cuales fueron concebidos en su casa por sus cautivas Margarita, Beatriz, Domingas y Estebana. Las tenderas, dedicadas más bien a proveer de productos perecederos, fueron más modestas que la ya citada, más no por Idem, pp. 162 y 299. 1" J. VICENS VIVES: Historia social y económica de España y América, t. 11, Barcelana, 1974, pp. 157-158.
ello prescindían de la mano de obra requerida para las tareas de sus negocios. Los comerciantes, de los cuales hemos contabilizado 46, tenían en su poder el 12,8 por 100 del total de cautivos, convirtiéndose en el tercer grupo más importante de los dedicados a la trata. 5.2.9. Los propietarios músicos La capilla de música de la catedral, fundada en el siglo XVI, gozó de inusitado prestigio en toda la Isla, por su labor en los cultos con sus coros de canto llano y canto de órgano 130. Según la disciplina y dedicación de los maestros crecía el número de a al&jreS q-fie follLlá~aii a SU c-ui&do. en& eiios, por su participación en el mercado, el maestro de capilla Martín de O n Silos, compositor de chanzonetas de Navidad y Corpus, que es- = m O E tuvo al frente de ella hasta la llegada del cantor portugués Gas- £ 2 par Juan13'. Este maestro tuvo en su poder hasta un total de E cinco esclavos, algunos de los cuales compró directamente a los navíos negreros que recalaban por el puerto, y, además, pre3 sentó algunos ya adultos a bautizar. - 0 m E Con similar cifra de esclavos tenemos al ministril Luis de Mendoza y al músico Pedro de Palacio. Al gozar la actividad de estos músicos de una gran celebridad en la sociedad del rnon E mento, no dejaban de afianzarla aun más si cabe adquiriendo - a esclavos y sirviéndose de ellos. n n 0 3 O 5.2.10. Los marinos dueños de cautivos El papel de los marinos en la trata es obvio como cabe esperarse en wia actividad tan relacionada con la institución por ser el mar el camino más frecuentado por este oprobioso mercado humano. 130 L. DE TORRE DE TRUJILLO: La capilla de música de .?a catedral de Las Palmas, ({Historia General de las Islas Canarias de A. Millares Torres», t. N, Las Palmas, 1977, pp. 270 y SS. 131 Idm, p. 273. 260 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTZCOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE IAS PALMAS 6. LAS CONFIRMACIONIS DE LIBRES Y ESCLAVOS EN LAS PALMAS DEL XVII 6.1. El sacramento de la Confirmación Este sacramento se debía administrar a todos los fieles sin excepción después del bautismo. Era requisito, según las sinodales del obispo Murga, que los feligreses tuviesen uso de razón, salvo que existiese peligro de muerte. En las listas de confirmados se omite la edad de los afectados, aunque se estima como edad oportuna la de cinco a siete años. o~ispoa a~iiiiiiis.I-a.7Daii in&isib-liaineiite saci-amenio a los libres como a los esclavos, por lo que aparecen mezciados en los registros. En general, los prelados del siglo XVII, en Canarias, sintieron una fuerte preocupación por imponer el sacramento referido a todos sus fieles, durante el período de sus respectivos mandatos. Normalmente la celebración era anual, o bianual como mucho, sin embargo existen excepciones. Por ejemplo, don Juan de Guzmán, don Cristóbal de la Cámara y Murga y don Francisco de Villanueva, entre otros, celebraron hasta unas dos veces al cabo de un mismo año. Pero hubo otro obispo, que fue tal su celo pastoral, que en cinco años: 1674-1678-1679-16821683, realizó 109 actos de imposición del sacramento, alguno gigantesco, con 350 unciones a fieles todavía sin confirmar. Fue este prelado el voluntarioso don Bartolomé García Jiménez que ostentó esta dignidad en Canarias entre 1665 y 1690. La abundancia de esclavos que reciben Ia confirmación puede desnivelar los datos aportados por otros registros, no obstante debe tenerse en cuenta que era práctica general celebrar la ceremonia en localidades grandes hacia donde acudían niños de pueblos y aldeas vecinas, y no siempre se declara en el re. gistro la procedencia de éstos. Con respecto a los cautivos, sus dueños los hacían venir desde sus casas y haciendas rurales, aumentando así las cifras absolutas de Las Palmas que no siempre serán reales para el caso que nos ocupa. En esta ciudad, las ceremonias tenían como escenario vaNúm. 30 (2984) :267
rios lugares, siendo el más notorio el de la catedral. También los obispos confirmaban en la iglesia del Sagrario, en su propio palacio y en el convento bernardo de la Concepción. 6.2. Las confirmaciones de libres y esclavos En el cuadro 14 se han computado todas 12s confirmaciones realizadas en el siglo XVII en esta capital con diferenciación de libres y cautivos. A estos últimos procedimos a distinguirlos por sexos y calculamos el promedio alcanzado por cada una de las anualidades en que los prelados se dignaron a suministrar a dicho sacramento, por ver si existió algún tipo de relación con los bautismos üe este mismo grupo durante ios años anteriores. O Sumando las cifras de los gmpos libres y sumisos obtuvin - = mos los totales anuales y generales, situando en el lado derecho m O E el nombre de los obispos a título de referencia histórica. E 2 De acuerdo con todo esto, entre 1624 y 1699 se confirmaron ; en Las Palmas unos 18.424 niños, de los cuales eran libres 17.090 E 3 (es decir, el 92,76 por 100) y esclavos 1.334, que arrojan un por- - centaje de 7,24 sobre el conjunto de la centuria. Con lo que se B E advierte que la participación de niños cautivos en la generalidad de las confirmaciones no deja de ser suficientemente llamativo, remitiéndonos una vez mas a la incuestionable presencia - de éstos en la población total de Las Palmas. En efecto, un ín- $ dice de este calibre no s61o no desentona con los obtenidos por los bautizos y nupcias, sino que, además, constatan el grado de convivencia entre ambos grupos. 3 O Ahora bien, una cuestión previa nos sale al encuentro: si se confirmaron 1.334 niños sumisos y se bautizaron 2.563 durante todo el siglo XVII, ¿en dónde están los 1.229 restantes? Para responder a esta pregunta aportaremos tres argumentos que nos parecen cabales : e Ya se dijo con anterioridad que algunos dueños traian a sus niños cautivos a confirmar a esta capital desde sus predios del interior de la Isla. Tampoco debemos pasar por alto que también se confirmaban - esclavos adultos, de más de ocho o nueve años. 268 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
EA POBLACIÚN ESCLAVA DE LAS PALMAS 113 o Pudiera ser que los malos tratos y el estado de terror se uniese a los factores de atraso médico-sanitario y subalimentación incrementando la tasa de mortalidad infantil que en términos generales fue en estos años de 26,6 por 100 de los fallecimientos totales. Piénsese que tan sólo en 1677 fallecieron 119 niños de un total de 305 defunciones ante la carestía por la escasez de lluvias de los años 1673, 1675 y 1676. Como quiera que se les confirmaba entre cinco y ocho afios para arriba, quedaba suficiente tiempo como para que el número de bautizados pudiera recortarse por los óbitos acaecidos en ese intervalo. o Es probable que padres de estos cautivos e inclusive ellos mismos rechazasen el sacramento, al menos en la prirnera mitad del XVII en que todavía la aculturación de los recién llegados procedentes de Guinea y Cabo Verde era incipiente. En otro orden de cosas sorprende comprobar que la mayoría de los cautivos confirmados son hembras que en un 55,8 por 100 del total expresan la preeminencia de los nacimientos femeninos. De los treinta y cinco años en que se comprendieron las series, la media es superada por los confirmados cautivos en 19 ocasiones, en 1696 no se confirma a ningún cautivo o al menos no existe constancia registra1 de ello, y por debajo del promedio se ubican quince anualidades. De cualquier forma, son altamente significativos los porcentajes de confirmaciones pertenecientes al grupo de condición sumisa en años tales como 1628, 1660, 1667, 1682 o 1699, con cantidades que van desde 16,3 al 36,l por 100 del total. En el lado opuesto existen también anualidades irrelevantes, entre las que merecen la pena citar la de 1662 con un irrisorio 2,4 por 100 de las confirmaciones generales. Obviamente la relación bautismos-confirmaciones se aprecia en buena parte de la centuria, correspondiendo las cifras más abultadas a aquellos años precedentes en que los bautizos fueron tambidn crecidos.
LAS CONFIRMACIONES DE LAS PALMAS CON DDIFERENCIACION ENT,RE LIBRES Y ESCLAVOS (.l624-1699) Años Esclavos Lihres Total Obispo -- - 325 D. Juan de Guzmán 234 D. Cristóbal de la Cámara y Murga 298 65 D. Cristóbal de la Cámara y Murga 288 D. Cristóbal de la Cámara y Murga 145 D. Cristóbal de la Cámara y Murga 54 D. Francisco Villanueva y Vega 5 10 168 D. Francisco Villanueva y Vega 531 D. Francisco Villanueva y Vega 267 D. Francisco Villanueva y Vega 363 D. Francisco Villanueva y Vega 345 D. Francisco Villanueva y Vega 527 D. Rodrigo Gutiérrez y Rosas 442 278 D. Rodrigo Gutiérrez y Rosas 318 Fray Juan de Toledo 208 98 Fray Juan de Toledo 261 Fray Juan de Toledo 119 Fray Juan de Toledo 590 D. Barlomé García Jiménez 2.783 3.138 D. Biarlomé García Jiménez 1.093 D. Barlomé García Jimenez 318 D. Barlomé Garcfa Jiménez 1.707 D. Barlomé García Jiménez 289 D. Bernardo de Vicuña y Suazo 277 11 D. Bernardo de Vicuña y Suazo 1.212 D. Bernardo de Vicuña y Suazo 16 D. Bernardo de Vicuña y Suazo 522 D. Bernardo de Vicuña y Suazo 181 D. Bernardo de Vicuña y Suazo 443 D. Bernardo de Vicuña y Suazo
7. LA NUPCIALIDAD DE LAS .PALMAS CON DISTINCI~N DE CONTRAYENTES LIBRES Y ESCLAVOS, ENTRE 1600 Y 1702 7.1. El sacramento del IiIatrimonw Fue a este sacramento al que más importancia le concedieron los obispos, en relación con las nupcias de esclavos. Del Unterés pastoral nos informan las constituciones sinodales redactadas por los obispos que ejercieron su misión diocesana en Canarias durante el siglo XVII, ssí como la correspondencia que éstos mantuvieron con los párrocos. En el primer apartado dedican capítulos enteros para que tanto los {(señores de esclavos)) como los curas correspondientes velasen porque los adultos de condición sumisa no encontrasen obstáculos para contraer matrimonio ante la Iglesia, no sin antes referirse a la enseñanza de la doctrina que los cautivos debían recibir por parte de cl6rigos y frailes lG. En las sinodales se comentan varias veces cómo abundan los esclavos que deseaban casarse y eran estorbados por sus dueños, teniendo que optar por lo tanto por el amancebamiento. Para evitarlo, los prelados conminan a los propietarios a que cesen en semejante actitud y les hacen reflexionar acerca del peligro que esto supone para sus almas, al estar prohibido por el Concilio de Trento la intimidación a los de condición inferior cuando éstos deseasen celebrar esponsorios. Por ello mandan a los amos que cuando sus esclavos deseen casarse no les impongan obstrucción alguna, so pena de excomunión. Para que no existiese duda al respecto, los beneficiados estaban obligados, llegado el caso a su noticia, a amonestar a los esclavos que no hiciesen uso del derecho de amparo otorgado por los dignatarios de la Iglesia aun cuando sus dueños lo contravengan. SLT llegar no_n_cn_ a &fenra de tesir &~li&nis&, nhirpo don Bartolomé García Jiménez fue sin duda el mejor protector de los esclavos durante el siglo XVII, dada la insistencia en sus cartas, edictos y pastorales pronunciándose en este sen- " S. PADR~N AGOSTA: Art. cit.
116 MANUEL LOBO CABRERA Y RAM~N DÍAZ HERNÁNDEZ tido a que se les concediera un buen trato como a cristianos que eran. Así ordena que cuando los cautivos deseasen contraer matrimonio los sacasen de casa de sus renuentes amos y los pusiesen en lugar seguro, hasta que tomaran estado 14'. En el siglo XVIII don Pedro Manuel Dávila y Cárdenas manda y recomienda a sus fieles al objeto de que no impidan a sus esclavos contraer matrimonio conforme a las leyes vigentes del reino y de todas aquellas que hablan en favor de la población en estado sumiso. Cuando dos cautivos se casaban, si éstos eran propiedad de distintos dueños, se recomendaba la compra de uno de los conyuges por el propietario del otro, para que pudiese estabilizarse la pareja al poder convivir juntos. Cuando esto no se hacía, por las razones que fuesen, era la Iglesia quien se encargaba de ello 148. Al parecer esto último debió cumplirse con fuerza en Canarias, ya que muchos de los cautivos unidos en matrimonio pertenecían al mismo dueño. Lo que no sabemos a ciencia cierta es si realmente los propietarios adquirían al otro cónyuge o por el contrario fomentaban la unión entre sus propios cautivos para no verse en la disyuntiva de tener que comprar un nuevo esclavo o vender el suyo. Esta medida llevaba aparejada la posibilidad de que dueños más oportunistas podían aprovecharse de tal recomendación para aumentar el valor de sus cautivos. 7.2. Introducción, generalidades y metodología de la nupcialidad Para tratar este aspecto de la sociedad palmense del siglo VXII, y, en particular, todo lo concerniente a la condición de los esclavos, hemos acudido a la consulta exhaustiva de los libros 2, 3, 4 y 5 de Casamientos de la parroquia del Sagrario de Las Palmas, comenzando por el año 1600 y concluyendo en 145 Idem. Idem. ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
118 M'ANUEL LOBO CABRERA Y R~L-M~N DÍAZ HERNÁNDEZ 1702. Las inscripciones matrimoniales ya se habían elmpezado a sentar desde muy tempranamente, allá por 1565, ei la expresada parroquia por lo que los errores propios de las improvisaciones estaban en lo fundamental ya superados. %Como se indicó al principio, la Iglesia y el propio código castellano procuraban que las uniones se efectuaran de tal forma que evitaran en todo lo posible que se entorpeciese la consecución del sacramento. Con ello se pretendía eliminar la ilegitimidad de los hijos -hecho frecuentísimo en estos años-, así como el amancebamiento. Pero estas medidas moralmente coercitivas debieron tener muy poca incidencia en unos amos acostumbrados a conside- ; rar a 1~s ~ZC~E~~GY CD~G i~n,i&&~ trabsl,i~ e pn~prps &m& E ticos y no como hombres, mujeres o ESOS. En efecto, si la - receptividad hacia las nomas ernxnadas de los máximos dignatarios eclesiásticos se hubiesen obedecido aceptablemente, de E seguro que los prelados no se viesen ta~ forzados a promulgar pastorales, cartas, recomendaciones y constituciones sinodales f abiertamente condenatorias y hasta sancionadoras ante el ge- $ neral incumplimiento de las mismas por sus feligreses 14'. - - 0 m Un aspecto a resaltar es que en los libros sacramentales apaE recen anualidades con algunas interrupciones -tal vez omisiones-, como las pertenecientes a los &os 1603, 1605, 1611, 1641, 1653 y 1690, siendo caracterictica general, aunque en menor grak do que en el XVI, la existencia de subinscripciones, ya que frente a ciertos años donde la nupcialidad llevaba m ritmo normal, nos encontramos con otros en los cuales no se registra ningún 5 O casamiento. A veces los propios párrocos reconocen estos errores y los corrigen, manifestando las camas que los motivaban. Así, por ejemplo, el 12 de enero de 1616 al sentar la partida de casamierito a nombre de Pedro Olivares, esclavo de Alonso de Olivares 2-1 m--&Zll- ---:A-- A1T-1- --- T,---- T A--.- ---:A1:L-e UGL UC~L~LLIU, IG~LUUI UG La sxa, LUIL riua~ra uuyGa, rrrujt;~ ILULG, vecinos todos de esta ciudad, el párroco de turno tuvo la sinceridad de añadir lo siguiente: «. . . y aunque era notorio que esLas amonestaciones en este sentido son inequívocas, pudiéndose comprobar en los escritos de los prelaclos: don Cristóbal da la Cámara 274 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
DISTRIBUCION DE LAS NUPCIAS DE IAS PALMAS C'ON DIFlERENCIACION DE PAREJAS LIBRES, ESCLAVAS, DE UN SOLO WNYUGE EI3CLAVO Y ENTRE LIBERTOS #POR PERIODOS DECENALES (1600 a 1702) Total De un cónyuge Total Decenios general Libres Esclavos libre Libertos es'clavos - - 1600-1609 ... ... 237 213 (89,87 %) 16 (6,75 %) 6 (2,53 %) 2 (0,85 %) 24 (10,13 %) 1610-1619 ... ... 312 280 (89,74 % ) 18 (5,77 % ) 6 (1,92 %) 8 (2,56 %) 32 (10,25 %) 1620-1629 ... . . . 535 485 (90,65 % 1 32 (5,98 % 6 (1,12 %) 12 (2,24 %) 50 ( 9,34 %) 1630-1639 ... . . 594 531 (89,39 %) 33 (5,55 %) 23 (3,W %) 7 (1,18 %) 63 (10,60 %) 1640-1649 . . . . . . 487 450 f92,40 %) 17 (3,49 %) 12 (2,46 %) 8 (1,64 %) 37 ( 7,59 %) 1650-1659 ... . . 526 489 (92,96 %) 18 (3,42 %) 13 (2,47 %) 6 (1,14 %) 37 ( 7,03 %) 1660-1669 .. . . . 486 454 (93,41 5%) 16 {3,29 %) 12 (2,47 %) 4 í0,82 %) 32 ( 6,58 %) 1670-1679 . . . .. . 601 544 (90,5196) 41 (6,82 %) 15 (2,49 %) 1 (0,17 %) 57 t 9,48 %) 1680-1689 ... . .. 567 512 (90,29 %) 36 (6,35 %) 15 (2,65 % ) 4 (0,'iO %) 65 ( 9,7O %) 1690-1699 ... .. . 631 588 (93,18 %) 18 (2,85 %) 23 (3,64 %) 2 (0,32 %) 43 ( 6,81 %) 1700-1702 ... . . 178 172 (96,63 %) 2 (1,12 %) 4 (2,25 %) - 6 ( 3,37 %) - - TOTAL ... ... 5.154 4.718 f91,54 %) 247 (4,80 %'l 135 (2,62 %) 54 (1,04 %) 436 t 8,46 %) - Fuente: Libros de Casamientos de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas. Elaboración propia.
tavan casados antes no paresió estar sentados en este libro, y no fue en mi tiempo selebrado el dicho casamiento)). Pero este caso no es el Único, ni mucho menos, como lo prueba el que casi a fines de siglo encontramos otra corrección aún más pintoresca, cuya partida literal no nos resistimos a relatar. Dice así: «Felipe de Santiago se casó con Mariana Ortiz en este año de setenta y ocho. No se escribió el capítulo por olvido y se hizo información por el Sr. Provisor y se mandó anotar en el libro correspondiente que es el quinto al folio ciento y diez y seis vuelto)) (partida número 734, folio 162, libro VI. Adviértase de que se trata de un matrimonio compuesto por contrayentes libres; pues bien, si entre éstos ocurrían cosas así podemos imaginarnos lo que pasaría en las inscripciones de las nupcias del sector subyugado que nos ocupa. Los fallos registrales no sólo se producían por olvidos, descuidos u omisiones, sino también por ocultaciones más o menos conscientes, ya que a muchos dueños no les convenía casar legalmente a sus esclavos, sino amancebarlos para así poder disolver con facilidad las parejas estables o esporádicas por venta, permuta, donación o por la causa que fuera de uno de los dos miembros. A lo que debe añadirse la ausencia de partidas matrimoniales para todas aquellas parejas constituidas por cautivos que eran propiedad de extranjeros ingleses, flamencos, franceses y hamburgueses no afines al catolicismo romano que no solían comunicar las celebraciones habidas entre sus esclavos. No es raro tampoco el que se inscriban en los libros matrimonios compuestos por contrayentes de fuera de la ciudad que sus dueños los traían para casarlos aquí 14$. Pero, pese a las deficiencias enumeradas, las actas se conservan en buen estado y reflejan la realidad, tanto que nos han permitido analizar series estadísticas casi completas muy valiosas referidas a cada uno de los años que componen el siy Murga don Bartolomé Garcia. Jiménez y don Pedro Manuel Dávila y Cardenas. la Hecho que se ha podido comprobar en varias part,idas de propietarios de Guía, Layraga, Ingenio, Telde, etc. 276 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
U POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 127 vas parejas o en rehacer otras quebradas con anterioridad por defunción, venta, donación o herencia de uno de los cónyuges. En este decenio, como en los demás, los casorios conformados únicamente por miembros sumisos eran hegemónicos, siendo leves los pertenecientes a bodas con esposos libertos o con un solo contrayente esclavo. Pese al decaimiento descrito se dan, empero, anualidades excelentes en cuanto a la contribución de los esclavos y libertos se refiere a los enlaces generales. De ello dan fe años como 1622, 1623 y 1628, con magnitudes tan destacadas de 14,8, 17,l y 13;7 por 100 respecto a los casamientos totales de Las Palmas. Y, a la vez, también nos encontramos con otros ejemplos que citamos por su pobre cuota al conjunto de los matrimonios, zo=o !o deixüsstrm !os C~~GS 1620 y 1625 qxe sS!o !!sga;; a! 4,1 y 3,5 por 100. En líneas generales, la tendencia al aumento tanto en los casamientos de libres como en los de condición sumisa se sostiene si bien ligeramente durante el decenio 1630-1639. Aquí se +n~nl*rn ~ArrrnnC;~ rrno nriacro nirrhiAo an al rrn1,rmnn Cntnl nnn VUK7AVG 2 ,VGAUAA UAA, AAUQVU UUUAUU -AA -1 VVAULALGLL UWMA bULA 59 celebraciones mas de las que 13 de ellas pertenecen a esponsales de esclavos y libertos. Lo cierto es que en 1638 se ubica la cuarta punta m& sobresaliente de la centuria en el gráfico de las nupcias generales, con 84 casamientos que con el valle de 1631 realiza un recorrido de 36 puntos, el mayor de estos años. En consecuencia, la mejoría que comentamos, lejos de erradicar las irregulares quebradas de la línea evolutiva de la nupcialidad, sigue obstinadamente recordándonos la adscripción de este período al régimen &npa=gfico p,riyit?~s* Los enlaces contraídos entre esclavos exclusivamente, entre libres y esclavos o entre libertos, obtienen el porcentaje más amplio de todo el siglo XVII, con 10,6 por 100 sobre las nupcias totales. Entre estos tres subgmpos encontramos anualidades sc,yrenderites, come !m de 165, N?? :7 1639 qge ehfviem~ in dices muy superiores a la media del siglo con 14,7, 16,3 41 doble exactoy 15,7 por 100. El bajón de 1631, con un insignificante 2,l por 100, es común en los dos grupos que coexisten en la sociedad palmense.
128 MANUEL LOBO C.4BRERA Y RAMÚK ~í.42 HERNÁNDES Que estamos ante un intervalo de tiempo en que los propietarios persisten en una clara voluntad pronatalista en sus cautivas, promoviendo, entre otras vías, el cauce de la nupcialidad, nos lo confirma no ya tan sólo el incremento de las bodas entre éstos, sino además en la potenciación de celebraciones en que un solo miembro de la pareja era cautivo y el otro libre. En efecto, esta variable en el seno del sector marginal se multiplica por tres en relación con los años precedentes, en tanto que los enlaces matrimoniaies entre libertos quedan reducidos a la mitad. Lo que, en definitiva, viene a corroborar que desde el principio hasta el final, la trata no fue mas que una negación de toda ética, ya que los hijos obtenidos de estas uniones eran bienes valiosísimos para sus amos que siempre rehusaron dejarlos en libertad. Por esto potenciaron los matrimonios mixtos para apropiarse de la prole y negociar con ella. La descornpensación entre los sexos, casi siempre desfavorable a los varones, posibilitaron la formación de matrimonios mixtos, muchos de los cuales entre mujeres libres o libertas con varones cautivos. Por lo que se puede concluir después de todo lo expuesto que: En estos cuarenta años se asiste a una relación estrecha en el aumento de la natalidad con el alza de la nupcialidad en las parejas de condición sumisa. Como se ha insistido en más de una ocasión, persiste la política de crianza mediante el fomento de nupcias que compromete muchas veces a cónyuges libres a compartir el tálamo con esposos cautivos, con la consiguiente pérdida del derecho de paternidad sobre sus vástagos en el caso de los contrayentes varones libres. Es palpable también que el mayor o menor numero de en- &--A-- n-rrAl'Arrnnhn -1 *i;Cmr\ An Inci rijrnriinc. onalnrómdnlrr nrr ~,iaua;> bvuuibluiiawa GA r~ui~iu uc rus LLU~LAC+D, íí~~rc~~~iuviu cir unas casos y frenándolo en otros. Un factor muy a tener en cuenta es que la crisis de la saciedad, con escasez de brazos, impulsaba a los propietarios a cornprarlos o criarlos para reponer las pérdidas, prevenir un eventual encarecimiento y garantizar a perpetuidad la presencia de 284 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS.
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS i29 la institución. Todo lo cual pasa por facilitar la constitucidn de parejas estables que siempre se revelaron como las más prolíficas. 7.4. Suave retroceso de las uniones de los cautZvos y atasco en las de los libres (164-1670) Al culminar el trecho 1600-1640, favorable a las nupcias de cautivos y libertos, nos adentramos en un nuevo intervalo de tiempo (1641-1690), de unos treinta años de duración, en que lo primero que resalta es el suave retroceso en las uniones de los esclavos cm 1ivi pinto por &baje de 1% media ge~e_M_1 del sigla Mientras, las celebraciones totales de Las Palmas se sostienen en torno a 500 matrimonios por decenio, que arrojan una media de 49,86 por 100. En conjunto contamos para estos tres decenios, que cubren casi toda la banda central del siglo XVII, con 1.449 esponsorios totales, de los cuales 106 exactamente corresponden a enlaces nupciales de parejas esclavas, mixtas o libertas, lo que supone un 7,01 por 100, o lo que es igual, idéntica cantidad al valor medio de la centuria lS1 anterior. A continuación procederemos al examen detallado de las interioridades que acontecen en cada decenio por separado. Así, en primer término, la década 1641-1650 reúne una cantidad menor de casamientos, 107 para ser ajustados, que la anterior, originando una media anual de 48,7. Sin embargo, con todo, los bautizos celebrados a lo largo de estos dos lustros tendieron siempre a elevarse, gracias a la benevolencia de los contagios y a la existencia de una relativo sociego sociomnómico. La arritmia casamientos-bautizos se explica por las enormes r'._trari-d_&&s. qiie dsic.ult.ar~n_ 10empar-jnrnientn- & i-lna sociedad como la de entonces caracterizada por la amplia supremacía de mujeres en su composición por sexos. La secuela ha151 M. LOBO CABRERA: La esclavitud ..., op. cit.
130 MANüEL LOBO CABRERA Y RANI~X ~Diz HERNÁNDES bitual ante un déficit de varones es la inmediata aparición de izn saldo sobrecogedor de niños abandonados e ilegítimos, habidos de relaciones al margen del matrimonio canónigo. Las anualidades azarosas a causa de las crisis de subsistencia provocaron sendas caídas en las curvas de natalidad y de nupcialidad, dando la impresión de existir entre ambas una cierta dependencia. A1 menos así se contempla en bajones como el de 1643 y 1648 en los bautizos que coinciden con los retrocesos de las celebraciones en 1642 y 1648, que sólo suman apenas 40 nupcias, cuando la media decena1 hemos dicho que ascendía a 48,7 por año. Ahora bien, el estancamiento de los matrimonios no es óbice para que se aprecien puntas maniiiestameiite esperarmidaras corno las de 1641, 1644, 1646 y 1647, que pugnan por imponerse sobre las muescas todavía perturbadoras e inquietantes. Entre los de condición sumisa, la caída en tres puntos en estos diez años con relación al decenio precedente no hace sino expresar una sintonización mejor con los bautizos de este rnismo grupo que también experimentó un bajón considerable. Lo que es revelador en lo que a dinámica diferenciada se refiere existente entre libres y esclavos. En efecto, si en 1641 no se registró ninmatrimonio y en 1647 se produjo un descenso notorio, lógico es que los natalicios cristianizados en 1642 y 1648 perciban cantidades ínfimas. Y, al revés, anualidades como las de 1645 con un porcentaje de 9,2, y 1646 y 1649, con un 12,5 en ambos casos, tienen su correlato casi perfecto en las subidas de los bautismos de 1646 y 1649. Pero lo que más llama la atención es que habiendo entrado en la Isla 46 nuevos esclavos lS2 por estos mismos años, no se advierta apenas ninguna incidencia en las nupcias como en anteriores años. Es más, lejos de verse incremento alguno se produce un descenso en 16 uniones menos que entre 1630-1639. Lo que sugiere que por estos años persisten las prácticas del conlS2 E. SÁNCHEZ FALCÓN: Art. Cit., p. 51. 286 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLhNTICOS
cubinato, amancebamiento o relaciones maritales esporádicas impuestas por los propietarios. Entre 1651 y 1660, los casorios totales ascendieron tenuemente en unos 39 vínculos más, contribuyendo en cierta medida a la continuidad de la recuperación de la línea evolutiva de los bautizos, iniciada con bastante antelación. En estos dos lustros, al contrario que en los anteriores, la coincidencia entre esponsales y bautizos se manifiestan en 1íneas generales con cierta claridad. Así, por ejemplo, las subidas de estos últimos pertenecientes a 1653, 1655 y 1658 se debieron en parte a los efectos benefactores de los altos valores que alcanzaron las uniones de los años 1652, 1653, 1654 y 1658, con medizs superi~res a 12s del pasado decenio. En lo relativo a las nupcias de contrayentes esclavos, matrimonios mixtos y libertos observamos cómo en estos diez años se obtiene un promedio similar al decenio precedente que, si bien se mantiene dentro de ia tónica rscesiva de esta segunda foca tinnn al rrron m&ritn nnr nl nnntrarin An inniAin nn lo ri,r *U-, "AUAIU UA 5ICUIA AIAUAAV", PVA UI UVAA"I'&AA", U" AAAUALLII bII A'.,, =Ubida de los bautizos correspondientes a este paréntesis. Y con esto llegamos finalmente al postrer decenio de este segundo trecho, comprendido entre 1660 y 1669, en que el total de vínculos desciende otra vez en unas cuarenta unidades menos con respecto a la fase anterior. Quizá la imposición de embarques forzosos a familias enteras por tonelaje de mercancías remitidas hacia América, el secular torrente migratorio, unido a las levas reclutadas entre 1662 y 1669, acentuarían aún más si cabe el desequilibrio de la ccsex ratio» a favor de las hembras. Sin embargo, apréciese que a pesar de este proiongado estancamiento la recuperación de los bautizos no se detiene sino que continúa avivándose. Esto prueba una vez más que en ausencia de crisis la fecundidad ordinaria y la ilegítima tienden a acrecentarse, y que las nupcias sufren los efectos de las ocultaciones y ae ias uniones ai margen dei sacramento. Un dato interesante es que los altibajos son ya menos preocupante~ dada la relativa mejoría de las condiciones generales de vida en la ciudad. De ahí la tendencia de la curva a cabalgar sobre crestas, como en 1661, o la acumulación de nupcias a finales
del decenio de referencia, destacando las 66 celebraciones de 1666, que se responsabilizan de las fuertes puntas de 1669 y 1670 en los natalicios. Cuando la emigración secular y forzosa se acelera, como acontece en estos mismos años, y se imponen cuotas cuantiosas en la sustracción de varones para nutrir las tropas reales, y cuando, en suma, los sexos vuelven a desequilibrarse ostensiblemente, los esclavos se revalorizan a la par que se hacían indispensables ante la falta de fuerza de trabajo para los cultivos y demás tareas serviles. Esa es la razón por la que durante estos años entren nada menos que 84 nuevos cautivos en la Isla que de alguna manera debieron incentivar la natalidad tanto legítima como ilegítima mediante el amancebamiento en las especies de «granjas» para la cría de niños que como se ha dicho heredaban la condición de sus progenitores. Lo que explica el que con un porcentaje aún más débil de esnonsorios -6,58 por 100 exactamentese obtengan promedios * - relativamente altos en los bautizos. Véase si no la correlación bodas-bautizos: en 1660 y 1662 se consiguieron coeficientes de uniones de 16,2 y 8,l por 100 respectivamente que determinan un alza en los bautismos de 1663; en 1664, las bodas de cautivos y libertos llegaron a 13,3 por 100, posibilitando las subidas de ese mismo año y quizá la de 1666 en los natalicios del subgrupo sometido. Por ultimo, el 10 por 100 conseguido en 1667 sea quizá la causa del alza de 1669. Asimismo y por el lado contrario, el desplome de las celebraciones en 1666 con un irrisorio 3 por 100 se responsabiliza de la muesca en los bautismos pertenecientes a 1667. No puede pasarnos desapercibido la irrelevancia de los matrimonios constituidos por ex cautivos que de ahora en adelante rebajarán su participación no llegando siquiera a la unidad. ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
9.5. Nueva recuperación de la nupcialidad general Remontada la fase anterior se inicia un nuevo tramo cuyos rasgos distintivos se centran en un claro aumento de las uniones totales que afecta por igual tanto a los libres como a los cautivos. Entre 1670 y 1689, consignamos 1.168 partidas -a una media de 58,4 bodas por añode las cuales 112 pertenecieron a contrayentes sumisos, libertos o matrimonios mixtos y que en conjunto arroja un coeficiente de 9,59 por 100 sobre el total de estos veinte años, disponiéndose de este modo por encima del promedio estipulado para toda la centuria, con algo más de un .... ...te 2- -ir....+-:- puuw uv vcxreaja. De igual forma que los años setenta del siglo XVII se saldaron con subidas estimables en los bautizos, también en lo relativo a las nupcias del decenio 1670-1 679 apreciamos un fenómeno idéntico al registrar cantidades considerables sólo superadas por el paréntesis 1690-1699, que luego estudiaremos. Sin duda, la mejoría de todo lo concerniente a las bases materiales posibilitaron no sólo una natalidad elevada, sino tambi6n una nupcialidad responsable de su activación, pese a los efectos nocivos de las levas, plagas de langosta y las tristemente célebres sequías de 1673 y 1675, que repercutieron en las crisis agrarias, determinando incrementos en la mortalidad que a su vez retraían las celebraciones. Así y todo, las tasas de nupcialidad en estos años son ciertamente espléndidas por su cuantía, originando inflexiones destacadas en el gráfico, como la de 1673,1674,1678 y 1679, que pueden haber contribuido en la subida del volumen de cristianizados pertenecientes a los años 1675, 1676 y 1680. En el mismo sentido parece haber incidido el aumento general en las celebraciones del sector sumiso, toda vez que al elevar su participación a un 9,48 por 100 provoca también una considerable elevación de los bautizos dentro de estos últimos. En este orden no es descabellado apuntar que gracias a los promedios de 20,9,5,7 y 8,l por 100 en los años 1673,1677 y 1678 en las uniones matrimoniales se obtuvieron alzas también importantes en el numero de esclslvitos cristianizados para 1674,
1678 y 1679. Como vemos, la correlación entre ambas variables no puede ser más perfecta; sin duda, la ausencia; general de brazos para sostener el sistema productivo impuisó a los «señores de esclavos)) a reforzar las medidas tendentes al fomento de la propia producción en sus «viveros». Eso pasa lógicamente por incentivar la formación de parejas estables, ya qvLe la experiencia demostraba que los contactos esporádicos u otras formas de relación marital al margen de: sacramento carecían de efectos duraderos en la natalidad. E1 decenio 1680-1690 se salda con un descenso de 34 enlaces menos con respecto al anterior, au.n cuando la media anual de 56,7 nupcias supera todavía en cinco puntos a la estimada para a 21 gLg!=. C~fi t&=, la. caida. de! 3ú-r~ & U,tis~*i,=s pds y&- N E vante como ya tuvimos ocasión de contemplar antes. Tanto que O sólo encontramos dos anualidades con subidas interesantes pro- - - = m movidas en buena parte por el gran numero de casamientos ceo E lebrados entre 1678 y 1679. E 2 A su vez las caídas de los años 1684, 1688 y 1689 tienen su inE = cidencia en las graves muescas de los natalicios correspondientes 3 a 1685 y 1689. - - 0 Y es que, en general, nos encontramos inmersos en un trecho m E dominado por las epidemias, miseria generalizada ante las crisis O agrarias por sequía entre 1684 y 1689, sobremortalidad aterra- - dora y nuevos reclutamientos a través de las levas séptima y oc- - E a tava que reducen otra vez la proporción de varones a límites l increíbles: en 1686, por cada 100 mujeres sólo habían 52 hom- - - 0 bres '*. Si a esto agregamos la alta proporción de célibes varones 3 -por vocaciones religiosas, encarcelados, mendigos y lisiados, O aparte de la soldadesca que guarnecía la ciu6adcomprenderíamos las enormes dificultades para la recuperación de las nupcias totales. Mientras esto sucede en los libres, el sector subyugado no parece sentirse demasiado afectado por aquellas contrariedades. Antes bien, la participación de las uniones de catltivos mejora un poco de forma tal que de cada cien celebraciones, diez pertenecen al sector marginal. 153 J. SÁ-VCHEZ HERRERO: Art. cit., pp. 274-275. 290 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLhNTICOS
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 135 La mejoría aludida tiene su correlato en la natalidad que, contrariamente a las uniones de l,ibres, consigue en estos diez años nada menos que 308 bautismos, es decir, el segundo porcentaje más sobresaliente de la centuria con un 12 por 109. Esto último nos vuelve a remitir a la cuestión de que en tiempos de crisis los esclavos valen más y, por consiguiente, hay que importarlos, pero también ,hay que producirlos a la fuerza. Lo que explica a la perfección el por qué la fecundidad de las cautivas experimentó un considerable aumento que, aun percibiéndose en términos generales para todo el decenio, se aprecia todavía mejor en anualidades corno 1681, 1682, 1684, 1686, 1687 y 1688 -todas con valores por encima del 10 por 100 de las nupciasrespímuab!es oh l!s mecer &dd¿t de znldidadus tm, riotzbles en los bautismos como las de 1683 y 1685, con 13 y 15,5 por 100. En consecuencia, hemos de admitir que, entre los cautivos, las variables nupcialidad y natalidad caminan por estos años fa-vorab&, ido res'¿o & la suc;sdad süfrs los embates de las crisis cíclicas que obstaculizan su evolución. Es aquí precisamente, donde contemplamos una población cautiva sobrevalorada por su imprescindible necesidad en los servicios, comercio, artesanía y labores agrarias. 7.6. Auge de las celebraciones de los libres, declive de las nup cius entre cautivos, libertos y matrimonios mixtos Entre 1691 y 1702 se inscriben anualidades abiertamente favorables a las nupcias capitalinas, que de esta forma no hacen sino anticipar la gran recuperación demográfica de inicios del siglo XVIII. En efecto, hasta el decenio 1690-1699 no se había alcanzado un valor tan alto como 63,l uniones por ado, a lo sumo se llegó a 60,l veinte años antes. Esto indica que se ha producido un incremento de enlaces respecto al intervalo anterior que lo asciende a 631 bodas, de los cuales unas 43 correspondieron a celebraciones de contrayentes cautivos, libertos o parejas mixtas formadas por varón libre con esclava o vice-
LECTURA. 100 m Cónyuges esc~ov~s. m Solo un cónyuge esclovo 90 C7 L,i>ertos Libres 80 3lSTRí3UCiON UECENAL LE LA5 '/IIPCl+?S DE LAS ?ALMAS CON D;SíINCION Dt tSCLAVOS.LI8ERTOS Y LIBRES
LECTURA: ENE. FEB, MAR. ABR. MAL JUN. JUL. AGO. SER OCb NOK DIC. Gráfico n1.8 . . . . . . . . . . 1600 - 1.629 1630 - 7.659 ---- 1.660 - 1.689 - 1.690 - 1.702 - TOTAL 15 DlSTRlBUClON DE LAS NUPCIAS DE LOS CAUTIVOS DE LAS F'd LMAS ,POR MESES
RITMO MENSUAL DE LOS M.ATRxMIONIOS ESCLAVOS DE LAS PALMAS, ENTRE 1600 Y 1702 -- EF MAMJ JL A S O N .D Total --------- - ------ 1.600-1609 ......... 2 3 3 1 6 3 - 2 1 - 2 1 24 11610-1619 ......... 4 4 1 4 4 2 2 3 1 4 - 3 32 l620-1629 ......... 3 7 7 6 2 2 4 5 3 7 1 3 50 - ---- TOTAL ......... 9 14 11 11 12 7 6 10 5 11 3 7 106 ... - -. - -- - 1!630-1639 ......... 7 5 3 2 11 7 2 6 4 7 6 3 63 lL640-1649 ......... 4 3 2 4 4 4 2 1 3 4 3 3 37 11650-1659 ......... 4 4 3 6 1 - 1 4 3 5 2 4 37 - -- - -- - ---- -- - - - - TOTAL ......... 15 12 8 12 16 11 5 11 10 16 11 10 137 -.... ......... .. -. - :1660-1669 ......... 3 4 1 4 3 3 3 3 1 1 2 4 32 :1670.1679 ......... 3 4 1 14 Y 1 1 8 5 2 5 4 57 1680-1689 ......... 5 7 - 3 9 8 4 5 2 5 2 5 55 ----- - ----- TOTAL ......... 11 15 2 21 21. 12 8 16 8 8 9 13 144 .Fuente: Libros de Casamientos de la Parroquia del Sagrario de Las Palmas. Elaboración propia.
LA POBLACX~X ESCLAVA DE LAS PALMAS 145 Los Corraletes o Los Farrobos. Pero, además, muchos vecinos de esta ciudad eran potentados terratenientes con predios en otras demarcaciones de esta Isla, razón de más para que consideremos que los cautivos, aparte de cumplir los recados y ejecutar tareas domésticas, trabajasen también en la tierra durante los períodos más activos Is5. Lo que hace de Las Palmas una ciudad en la que tanto lo referente a las celebraciones matrimoniales como a casi todos los dem& componentes demográficos, lo que cuenta, por encima de cualquier otra consideración, es la adaptación al ciclo estacional de las cosechas. Y así es, en efecto, ya que al computarse por decenios el total de matrimonios que se celebraban cada mes, y sumados todos ios valores de ios aistintos meses por períouos Üe treinta años, excepto el último de sólo trece anualidades, hemos obtenido unas cifras que nos permiten conocer el ritmo mensual y estacional de las uniones acaecidas entre cautivos, libertos y parejas mixtas a lo largo del siglo XVII. Los productos que por entonces cosechaba ia Isia consistían en papas, millo, trigo y viñedo fundamentalmente. Las papas podían dar dos cosechas anuales: una en invierno y otra en verano. Las papas de invierno se sembraban en septiembre con las primeras lluvias y coincidiendo con la vendimia. Se recogían casi siempre a fines de diciembre, principios de enero o hasta podían retrasarse a febrero, dependiendo de las irregularidades de las precipitaciones -nótese que a lo largo de la centuria estudiada se produjeron 16 sequías y 11 invasiones de langosta L,.-L--:--- 1%- m-.- -a-- ---- 47-: z -72 ---- UGL UGL 13Ga que ~uriiu esc;rlulu viera y Ciavijo: «EL cieio negó muchos años las lluvias.>, Por eso también se plantaban cereales entre diciembre y enero, en régimen de secano. Para la cosecha de papas y cereales, la tierra se empezaba a. preparar durante el mes de marzo y se recogían a finales de j*mliG y, c.,,L..#. +...-aA- :..1:- 3UULG IiUUU, Gll JUILU. 15j En este aspecto seguimos la metodologia empleada por M. CoDEACH FIGUEROA en su libro: Evolución de la población de La Laguna entre 1750-1860, Tenerife-Madrid, 1975, pp. 34-40. A. HERRERA PIQUE: Art. cit.
0 ~Qitmo intenso. Ritmo atenuado. Ritmo débll. QISTRIBUCION MENSUAL DE LAS NUPCIAS DE ESCLAVOS DE LAS PAL,M4S PARA EL PERIODO 1.600 A 1.702
LA POBLACI~N ESCLAVA DE LAS PALMAS 147 Comparados estos datos con el total de ca,sorios celebrados en la centuria apreciamos que a grandes rasgos existe una perfecta sintonía entre las nupcias del sector sojuzgado de la sociedad palmense con el ciclo de las cosechhas. Veamos ahora cómo se concreta: Enero.-Los valores de todos los períodos se inscriben entre 7 y 11, ubicando a esta mensualidad en un llamativo quinto lugar, sin duda por tratarse de un mes con una moderada actividad agraria en la recogida de las papas y siembra de cereales. Febrero.-Se encuentra en un tercer lugar entre los meses más favorecedores de las uniones matrimoniales, a excepción ..- .....m,-. A-1 ..---..A1cnn Ion9 m,,* An"r.:nmAa 10 mwA*:r." nl* LUI pu~u UGI ~CXLUUV J.U¿IU-J. I ULI, ~UG UGPQLGIIUG GIL LQ~ 51a11ba CUGjándose de la cma general y, sobre todo, de la correspondien te a 1600-1629, la cuarta más relevante del gráfico. La profusión de nupcias en este mes puede tener una aceptable explicación en el hecho de ser lluvioso y húmedo 10 que obstaculiza las tareas campesinas e impone un lapsus de mayor descanso. Marzo.-Es el mes más adverso a los enlaces. Tanto que va a la cola en el duodécimo lugar, debido a la intensa actividad agrícola en las tareas derivadas de la siembra de cereales, papas y millo. La movilización general de los cautivos de ambos sexos imposibilitaba cualquier distracción o. sustracción de ninguno de los efectivos dedicados a la labranza. De ahí la fuerte disminución de todos los períodos, algo más pronunciado entre 1660 y 1689, atenuándose un poco entre los años 1600-1629. Abril y mago.-Son meses apacibles en cuanto al trabajo en los cultivos. Es por 10 que se re,&tran las máximas cantidades de casamientos, sobresaliendo los intervalos 1660-1689 y 16901702. Estas cifras, verdaderamente insuperables, se explican por las nupcias que se retrasaron durante febrero y marzo por la Cuaresma y la siembra. A éstas vienen a añadirse las que se adelantaban por la zafra de junio y julio, promoviendo una fuerte concentración de bodas en sendos meses, en especial en mayo. Junio y julio.-Al revés de los expuestos, son meses con una intensa actividad laboral ante la recogida de las papas, miilo y Núm. 30 (1984) 303
cereales que se traduce en una reducción de las uniones coincidiendo casi perfectamente todos los períodos. Julio es el mes menos propicio a los casamientos, obteniendo por ellos valores ínfimos. Agosto.-Mes de sosiego y descanso por lo que aumentan los matrimonios, colocándose en un cuarto lugar por las cifras obtenidas. Septiembre.-La vendimia unida a la siembra de las papas de invierno vuelven de nuevo a ocupar todos los efectivos laborales, reduciéndose el número de esponsorios que sitúan a septiembre en un décimo lugar. Apréciese en la figura correspondiente la concentración de las curvas pertenecientes a los cuatro períodos que sintonizan perfectamente. Octubre.-Vuelve de nuevo la calma en las faenas campesinas lo que facilita las nupcias, convirtiendo al mes de octubre en el sexto por la cantidad. de casorios. Aquí, sin embargo, se observan dos subidas por encima de ia curva general íi600-i629 y 1630-16591, así como los valles correspondientes a la bajada de los años 1660-1689 y 1690-1702. Noviembre.-Caen otra vez las curvas, situándose la media general en el noveno lugar, con cifras bastante escuálidas, sobre todo entre 1600-1689. Los demás períodos casi se identifican con los resultados globales de la centuria. Diciembre.-El último mes de cada año se salda con una leve subida de las uniones que ubican en el séptimo lugar la media mensual de las nupcias dei sigio. Sobresaie por encima de todas la curva correspondiente a 1690-1702, tal vez por el descanso impuesto por la mayor humedad y las lluvias propias de un mes invernal. En resumen, los matrimonios de los cautivos, libertos y mixtos se situaron basicamente en ios equinocios. Así, por ejemplo, en los .meses que componen la primavera se calculó un porcentaje preeminente de 31,8 por 100 del total, al tiempo que los meses del otoño contabilizaron un 23,3 por 100 de los casamientos de toda la centuria. En cambio, los meses que configuran 304 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLANTICOS
DISTRIBUCION PORCENTUAL DE LAS NUPCIAS DE LOS CAUTIVOS DE LAS PALMAS (1600-1702) -- -- - P Periodos E F M A M Jr JL A S O N D Total
150 MANUEL LOBO CABRERA Y RAM~N DÍAZ HERNÁNDEZ el invierno y el verano tienen una significación irrelevante por coincidir en ellos buena parte de las actividades agrarias, indispensables para la nutrición de la población. Por consiguiente, !a celebración de las bodas en sociedades preindustriales como Las Palmas del siglo XVII están en función directa con las tareas de la siembra y la cosecha. Cualquier cambio en los cultivos o en las fechas del ciclo biológico de las plantas sembradas significa a su vez una variación en el calendario de los enlaces matrimoniales. 7.1. Los propietarios de los esclavos casados Analizada la calidad y dedicación de los dueños de los cmtivos bautizados eil la iglesia del Sagrario de Las Palmas, queremos ahora confrontarla con la de los propietarios de los esclavos casados, para comprobar si se corresponden los porcentajes y categorías, o por el contrario si en el tiempo que media entre el bautismo y el matrimonio se han operado cambios sustanciales, toda vez que el sumiso dispuesto a unirse en matrimonio es ya adulto, a diferencia de aquéllos, donde lo que primaban eran infantes y párvulos. Es de consignar ante todo como en los casamientos los curas de la iglesia del Sagrario no reflejaban con tanta fidelidad el nombre de los dueños ni sus profesiones, tan sólo ponen e+%- pefio en resaltar la condición social de todos éstos. Así tenemos que de un total de 436 partidzs, en donde los dos cónyuges o uno de los miembros de las parejas son cautivos, sólo contamos la filiación de los propietarios de unos 349 sumisos. En definitiva, el total de cónyuges se eleva a 872, de los cuales 204 son Iibres, incluidos aquí 52 liberto§. Con todo, estimamos que la muestra hallada es suficientemente representativa, toda vez que el porcentaje de cautivos poseídos por las distintas clases sociales que componían la sociedad palmense se eleva al 52 por 100. Los propietarios de los bautizados los agrupamos en el apartado correspondiente en once grupos diferenciados, que a grandes rasgos se repiten d.e nuevo entre los poseedores de los casados, a excepción de los pertenecientes a la nobleza. Ya comentamos 306 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLhVTICOS
PROFESIONES DECLARADAS EN LAS PARTIDAS DE LOS PROPIETARIOS DE ESCLAVOS Profesiones Número de contragentes de ambos sexos -- ....................................... Racionero Licenciado .................................... Mercader .................................... Fixero ....................................... Regidor .................................... Alférez ....................................... .................................... Sargento Capitán ....................................... vnm al c... n iL VALGIGL V i.ri.i...iii............-.-)........ Escribano .................................... Arcediano .................................... Cerero ....................................... Doctor-doctoral .............................. Lanero ....................................... Cura .......................................... Sorchantre ................................. Procurador ................................. Abogado .................................... Mareante .................................... Tesorero ....................................... ....................................... Barbero Mercanite ....................................... ....................................... Capelián Sastre ........... , .............................. Maestro escuela, de capilla, de Campo. de Gr% ..................... mática, de ceremonias Platero ....................................... Canbnigo ....................................... ....................................... Ministril Secretario .................................... Fundidor .................................... Carnicero Mayor .............................. Oydor ....................................... ....................................... Sol dado .................................... Sacristán Deán .......................................... Relator ....................................... Vicario ....................................... .-. ... -- . - - .. rruvisor .................................... Prebendado ................................. .................................... Contador Veedor ....................................... ....................................... Pedrero Monjes y monjas ........................... .................................... Inquisidor Beneficiado ................................. .................................... Almojarife Num . 30 (1984)
Número de contrayentes Profesiones de ambos sexos - . Prior ....................................... 1 Ayudante de Sargento ....................... 1 Presbítero ................................... 2 TOTAL .......................... 349 -- -- - - -. - . Fuentes: Libros de Casamientos 2, 3, 4 y 5 de la Parroquia del Sagrario. Archivo Diocesano de Las Palmas. Elaboración propia. como esta franja social estaba representada en los propietarios de cautivos bautizados tan sólo por los señores de Lanzarote, F'uerteventura y Adeje. Vimos también cómo su estancia en Las Palmas era más que nada casual y transituria, por lo cual es 16gico colegir que los desposorios de sus esclavos se realizaran en los lugares de residencia habitual. Aquí hemos agrupado a los inquisidores junto con los eclesiásticos, toda vez que aquéllos pertenecían al mismo estamento, y también debido a que la posesión de esclavos por su parte era irrelevante. El esquema entonces varía un poco, aun cuando la representación de los máximos poseedores se mantiene en dos grupos. Sin embargo desaparecen otros, como tales gmpos preeminentes, que pasan de ocupar un lugar destacado en la posesión de los esclavos bautizados, a alcanzar porcentajes mínimos en su presencia en la iglesia al llevar sus cautivos a recibir el sacramento del matrimonio. La razón es obvia: muchos hombres de gobierno y de la Audiencia pasaban fugazmente por esta ciudad. La mayoría de éstos eran en seguida relevados de sus cargos al término de tres o cuatro años, y con respecto al traslado de su hacienda y cautivos, sobre todo, se le presentaban dos alternativas: o vender la mercancía o llevarla en su compañía y servicio cemc !!hr?cie~da y mc~ mnvidm. Los eclesiásticos siguen ocupando un puesto relevant,e en cuanto a la posesión de esclavos se refiere, toda vez que suc dignidades y ascensos se mantenían, en su mayoría, dentro de la propia Isla y ciudad, amén de aquellos que conseguían nombramientos de obispo o cargos inquisitoriales en Indias o España.. 308 ANUARIO DE ESTUDIOS ATLdNTICOS