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Cortijos, haciendas y lagares : arquitectura de las grandes explotaciones agrarias de Andalucía: Provincia de Cádiz

Astillero Ramos, José Manuel; Vélez Cortines, Enrique; Aladro Prieto, José Manuel; Ledo Márquez, Pedro; Orúe Vázquez, Jesús

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L A ARQUITECTURA AGRARIA EN A NDALUCÍA Fe r nando Olmedo Granados 13 L A ARQUITECTURA AGRARIA EN LA PROVINCIA DE C ÁDIZ 21 Intr oducción 23 Apr oximación a la geografía de la pr ovincia 29 El mar co agrario. Historia y paisaje 33 La ar quitectura agraria 43 La casa de viña 56 Los edificios del olivar 68 El cortijo de secano 81 Los cortijos ganader os 98 Las explotaciones for estales 111 Panorama actual 115 I NVENT ARIO DE EDIFICIOS 124 Jer ez y costa nor oeste 126 Del Guadalete medio a la sierra 288 La Janda y el Campo de Gibraltar 390 R EGISTRO DE EDIFICIOS 451 B IBLIOGRAFÍA 507 Í NDICE DE EDIFICIOS Y MUNICIPIOS 517 Índice INTRODUCCION Cortijos, haciendas y lagar es Ar quitectura de las grandes explotaciones agrarias de Andalucía Pr ovincia de Cádiz Cor tijos, haciendas y lagar es Arquitectura de las grandes explotaciones agrarias de Andalucía Pr ovincia de Cádiz Consejería de Obras Públicas y T ransportes Dir ección General de Arquitectura y V ivienda. 2002 C ONSEJERA DE O BRAS P ÚBLICAS Y T RANSPOR TES Concepción Gutiérr ez del Castillo VICECONSEJERO DE OBRAS PÚBLICAS Y TRANSPOR TES Luis Gar cía Garrido SECRET ARIO GENERAL DE PLANIFICACIÓN Damián Álvar ez Sala D IRECTOR G ENERAL DE A RQUITECTURA Y V IVIENDA Juan Morillo T orr es C OORDINADOR A DJUNTO DE A RQUITECTURA Y V IVIENDA Luis González T amarit J EF A DEL S ER VICIO DE A RQUITECTURA María Dolor es Gil Pérez AUTORES DE ESTUDIO EN LA PROVINCIA DE CÁDIZ José Manuel Astiller o Ramos y Enrique Vélez Cortines (municipios de Ar cos de la Frontera, Bornos, Espera, Prado del Rey , Puerto Serrano y V illamartín) José Manuel Aladr o Prieto, Pedro Ledo Már quez y Jesús Orúe Vázquez (r esto de la provincia) D IRECCIÓN DEL E STUDIO Y DE LA EDICIÓN POR LA D IRECCIÓN G ENERAL DE A RQUITECTURA Y V IVIENDA Servicio de Arquitectura C OORDINADOR DEL E STUDIO P ARA A NDALUCÍA Fernando Olmedo Granados C OORDINADORA DEL E STUDIO Y DE LA EDICIÓN POR EL S ER VICIO DE A RQUITECTURA Magdalena T orr es Hidalgo Con la colaboración de Nicolás Ramír ez Moreno E QUIPOS REDACTORES EN A NDALUCÍA Almería: Salvador Cruz Enciso, Domingo Ortiz Soler . Córdoba: Juan Cantizani Oliva, Gr egorio Córdoba Estepa. Granada: Nicolás T orices Abar ca, Eduardo Zurita Povedano. Huelva: José Carlos Fernández Reyes, Águeda V illa Díaz. Jaén: Jacobo Ber gés T orr es, Juan V icente Cór coles de la V ega. Málaga: Ignacio Molina González, Juan María Montijano Gar cía, Pablo Mor eno Aragón, Juan Soriano Bueno. Sevilla: Francisco Javier Herr era Gar cía, Guillermo Pavón T orrejón, Fernando Quiles Gar cía, Álvar o Recio Mir , José Carlos Sánchez Romero, Javier T ejido Jiménez. F OMENTO DE LA A RQUITECTURA Santiago Copado Gar cía, María José Domínguez Castellano, Heriberto Duver ger Salfrán, Salomé Gómez Millán, Francisco Sánchez Comas, Nicolás Ramír ez Moreno, José Luis T orr es Gar cía, Magdalena T orres Hidalgo, Ana V alle Coronado EDICIÓN F OTOGRAFÍA Javier Andrada, Atin A ya, José Morón y autores del inventario P LANIMETRÍA Ar quitectos de cada sector , excepto los de la Cacería de Alcalá del V alle, r ealizados por Pedro Enrique Santos Buendía y los de la Alcaría de Jer ez de la Fr ontera, realizados por Ángel Baleato Rebollar D ELINEACIÓN Antonio Or ellana Encinas, Javier Perdigones Gómez, Alejandr o V ozmediano To r r e s G EORREFERENCIACIÓN Y ELABORACIÓN DE MAP AS SEEDA C AR TOGRAFÍA Instituto de Cartografía de Andalucía C OLABORACIÓN Inmaculada Natera Marín, Ana V alle Coronado, Marisa de Alba Muñoz I MAGEN Y DISEÑO Manuel Ortiz M AQUET ACIÓN V icky R. Gallardo F OTOMECÁNICA Lucam I MPRESIÓN Brizzolis Agradecimientos: Eduar do Ar güeso, Julio Cobañas, Víctor Corral, Joaquín Cortes, Emilio Gar cía, Genar o Gil, Ramón Guerr er o, Alejandr o Lacave, Antonio León Manjón, familia López de Carrizosa, Antonio Luis López Martínez, Luis Modet, Miguel Montaño, Mer cedes Mor enés, José Manuel Pér ez Cabo, familia Pérez Luna, Pablo Pomar , Kiko Sánchez, Pedr o Enrique Santos Buendía y a todos aquéllos –encar gados, capataces, pr opietarios y trabajadores del campo en general– que con su amabilidad han facilitado la r ealización de este estudio Coor dina la edición: Secretaría General de Planificación. Servicio de Polí- tica Comunitaria, Pr ogramas y Publicaciones © Junta de Andalucía. Consejería de Obras Públicas y T ransportes Nº Registr o: JAOP/A V -25-02 ISBN: 84-8095-307-1 Depósito Legal: M-31932-2002 C on esta volumen corr espondiente a la pr ovincia de Cádiz, se continúa la publicación de los r esultados del Estudio Inventario de Cortijos, Haciendas y Lagar es de Andalucía. Se va completando así el proyecto de investigación iniciado años atrás con el objetivo de desentrañar y dar a conocer uno de los aspectos más destacados y significativos del patrimonio ar qui- tectónico andaluz, el que atañe a las construcciones de implantación rural r elacionadas con la pr oducción agrícola. Este pr oyec to se ins- cribe en el mar co de los estudios e inventarios que la Dir ección General de Ar quitectura y V ivienda desarr olla sobr e la ar quite ctura civil de Andalucía como parte de sus cometidos específicos, por vocación pr opia y en cumplimiento de las atribuciones y obligaciones que le fuer on conferidas desde el traspaso de competencias. En el caso de la pr ovincia de Cádiz cabe afirmar que el trabajo r ealizado colma con cr eces y aún supera las expectativas inicia les. La notable variedad y riqueza agrícola, geográfica e histórica de su territorio tienen fiel corr elato en la ar quitectura agraria. Grandes corti- jos de secano que encarnan a la perfección el modelo ideal de la construcción rústica de la r egión, haciendas y molinos que ens anchan el panorama de la ar quitectura olivar era del conjunto de la Comunidad, casas de viña que configuran un grupo tipológico de mar cada personalidad sobr e el que descansa la r enombrada pr oducción vinatera gaditana, instalaciones ganaderas dedicadas a la cría del toro de lidia, del caballo de pura raza, del bovino r etinto autóctono, entr e otr os, hacen de esta pr ovincia uno de los exponente más co mpletos y valiosos que puedan encontrarse. Su estado de conservación, además, resulta envidiable en unas construcciones sometidas a un pr oceso de transformación, deterior o, y muchas veces abandono, bastante generalizado en otras comar cas de nuestra geografía. Si bien el estudio es una herramienta práctica que ha de servir tanto a investigadores como a los distintos or ganismos afectados, la difusión mediante publicaciones, exposiciones, confer encias, for os y otras iniciativas constituye un pr opósito básico, ya que la sociedad en general es su destinataria última y principal beneficiaria. Pr etendemos fomentar que los agentes sociales asuman la conserva ción y sal- vaguar da de este patrimonio como algo pr opio, pues la administración, aunque deba ser la principal impulsora, difícilmente podrá por sí sola hacer fr ente a un pr oceso que sobr epasa sus posibilidades y r ecursos y que exige el concurso de todos. Concepción Gutiér r ez del Castillo Consejera de Obras Públicas y T ransportes Nota editorial E n el año 1990 la Dir ección General de Ar quitectura y V ivienda inició la pr eparación del que sería uno de sus inventarios de ar quitectura civil andaluza más complejo. El estudio tenía como objetivo principal la localización, la selección y el análisis de los edificios de mayor interés asociados, ante todo, a la actividad agraria del olivar , el cer eal, la viña y la ganadería en nu estro territorio, y su finalidad era r escatar del olvido un patrimonio edificado de muy alto valor per o hasta ese momento sólo conocido, de forma puntual, por unos pocos, escasos, especialistas. Junto al trazado del perfil básico de la ar quitectura agraria en toda Andalucía, por encima de tópicos, localismos y confusione s topo- nímicas, se planteaba de forma pr efer ente determinar su situación actual en cuanto a estado de conservación, cambios de uso, po sibili- dades de futur o etc. Como mar co general, el conocimiento de esta ar quitectura, además de suponer una importante apor tación al c ampo de la investigación, debía facilitar la r eflexión sobr e los cambios rápidos y pr ofundos a que se está viendo sometida en las úl timas déca- das, fomentar su valoración y servir de apoyo para la elaboración de propuestas y pr ogramas de inter vención orientados a su apr ovecha- miento, conservación y recuperación. Las primeras cifras que sur gieron en la fase de pr eparación del estudio, -número de edificios a visitar , kilómetros que habría que r eco- rr er , cantidad de personas necesarias para abor dar el trabajo, plazo de tiempo, etc.- eran abrumadoras. Ello obligó a llevar a cabo una pla- nificación minuciosa y exhaustiva del estudio a fin de aquilatar al máximo el rigor científico, los plazos y el pr esupuesto tot al. La difi- cultad principal se planteaba en la r ealización del trabajo de campo ya que había que visitar miles de edificios dispersos a lo lar go y ancho de nuestra geografía, con graves pr oblemas de acceso en muchos casos, y de los que no existía casi ningúna información pr evia. Por ello, la definición de la metodología a emplear y de los instrumentos más adecuados para desarr ollar este trabajo de campo se convirtió en nuestra principal pr eocupación. Objeto de meses de análisis, una vez planteada fue ampliamente debatida y contrastada tanto den tr o como fuera de la pr opia Dir ección General. Como primer paso, los historiador es Elvira Or dóñez y Fernando Olmedo llevar on a cabo una búsqueda bibliográfica y documental para determinar en qué grado se encontraba r ecogida esta ar quitectura y a fin de establecer las primeras r efer encias de edificios concre- tos. A partir de aquí se planteó una metodología de trabajo que se puso a prueba en dos estudios piloto: uno abor daba el sector sur de la pr ovincia de Cór doba y otr o las comar cas gaditanas de Ar cos de la Fr ontera y V illamartín. Compr obada la validez del planteamiento gene- ral, y tras leves r ectificaciones, se inició la contratación por fases de las difer entes zonas de estudio, para cuya definición se utilizó el sis- tema convencional de división por pr ovincias. Esta división no se corr esponde con la r ealidad geográfica del r eparto de las dis tintas variantes ar quitectónicas del campo andaluz, per o se consideró la opción más operativa de las varias que se analizar on. A junio de 2002, el trabajo de campo se encuentra prácticamente finalizado en toda Andalucía y veinticinco técnicos de distintas disciplinas, ar quitectos, historiador es, geógrafos… han participado en su r ealización. Respecto a la publicación de los datos, la serie de volúmenes pr ovinciales se inició con Málaga, ahora le corr esponde el turno a Cádiz y en un futur o próximo irá apar eciendo el r esto de las pr ovincias. Dentr o de este pr oceso de difusión, una exposición itinerant e muestra en la actualidad un avance del estudio en aquellos municipios de nuestra Comunidad que poseen una mayor riqueza en el campo de la ar quitectura agraria. De forma paralela se han establecido contactos con or ganismos de distintas administraciones cuyas competencias inciden en este patrimonio, como pueden ser los r esponsables de Or denación del T erritorio y Urbanismo, Cultura, Medio Ambiente, Agricultura, T urismo, etc. a fin de trasvasarles los datos para aquellas facetas de su actividad que lo requieran. En este sent ido, se ha pr o- mulgado una or den conjunta de las Dir ecciones Generales de Or denación del T erritorio y Urbanismo y Ar quitectura y V ivienda que obli- ga a incorporar la ar quitectura agraria r ecogida en el inventario en la r edacción del planeamiento urbanístico general. Por último, se está analizando la viabilidad de intervención directa, dentr o de los programas de Intervención en el Patrimonio Público de Interés Ar quitectónico, en algunos edificios de titularidad pública que por su singularidad e interés son dignos de ser r ecu perados del estado de abandono en que se encuentran. Respecto a la pr esentación de los contenidos de esta publicación, se inicia con una intr oducción al contexto geográfico, histórico y ar quitectónico de la pr ovincia, sigue con una selección de los edificios de mayor interés y concluye con un r egistr o de todos los visita- dos, incluyendo algunos inventariados en el curso del trabajo. La selección y el interés de los edificios han sido fijados por los equipos r edactor es en función de la configuración actual de las construcciones. El interés ar quitectónico que pr esentan al día de hoy es pues, el primer criterio de valoración. Si bien el númer o total de edificios inventariados en la pr ovincia ha sido de 338, se ha optado en la publicación por r educir é ste a 186. Se han agrupado en tr es apartados que corr esponden a sectores de la pr ovincia delimitados en virtud de una r elativa coher encia geo- gráfica y constructiva dentr o del ámbito rural, tratando de salvar , y asumir en algunos casos, las limitaciones que impone una división meramente administrativa. Cada sector se desarr olla en sucesión alfabética de municipios, or denándose también alfabéticamente los edi- ficios según su corr espondiente topónimo. En Cádiz, como en otras zonas de Andalucía, se encuentran algunas grandes explotaciones mixtas que disponen de varios edificios dispersos, especializados según los distintos apr ovechamientos que se dan en ellas. A veces, esta forma de or ganizar la producc ión es fruto de una planificación pr evia en los orígenes de la explotación, per o en otr os casos deriva de una agrupación posterior de fincas, en principio independientes, en manos de un solo pr opietario, bien por compra o bien por her encia. Cuando se ha considerado que, i nde- pendientemente de su origen, existe una unidad derivada de una forma concr eta de or ganizar la producción, los edificios que se encuen- tran dentr o de una misma explotación se han agrupado en una sola entrada, bien bajo una denominación común –caso de T orr e Breva o la Almoraima- o bien manteniendo los distintos topónimos – Cortijos de las Quinientas y Roalabota, Cor tijos de la Mariscala y los Establos-. Sin embar go, lo más frecuente es que los distintos edificios de una misma pr opiedad funcionen como unidades independien- tes e inconexas. T ratar de diferenciar qué conjuntos forman una unidad de explotación y cuáles no ha r esultado a veces complejo, pero, a pesar de ello, se ha optado por pr esentarlos agrupados. Ésta es una forma de r esolver la multifuncionalidad de una gran explo tación poco conocida, inter esante y difer ente a aquellos casos, como las haciendas, en que las dependencias ligadas a los distintos ap rovecha- mientos se concentran en una construcción única. Sobr e cada edificación se ofr ece una r eseña monográfica encabezada por su denominación en cartografía junto a otras detectadas en el trabajo de campo o fuentes documentales, un epígrafe r elativo a los usos que haya podido soportar , un plano de situación basado en la cartografía a escala 1:10.000 y a continuación un texto en el que se describe y documenta cada unidad, junto a las per tinen tes refe- r encias fotográficas y planimétricas. A pesar de que en la intr oducción se han establecido categorías basadas en los cultivos o explotaciones tradicionales, en la pr esenta- ción de los edificios se ha r enunciado intencionadamente a establecer una clasificación tipológica cerrada para cada uno de ellos desde un punto de vista funcional o espacial en razón de la diversidad de variantes y complejidad que se han podido compr obar al analizar la evo- lución y fisonomía actual que pr esentan las construcciones. Adscribir cada uno de estos edificios a un grupo de estricta definición, más allá de la toponimia, r esultaría en exceso r educcionista. Más bien se ha pr etendido ofr ecer una base abierta a difer entes inter pretaciones. La ar quitectura agraria en Andalucía Fernando Olmedo Granados La ar quitectura agraria en la pr ovincia de Cádiz E l Estudio Inventario de Cortijos, Haciendas y Lagar es en la pr ovincia de Cádiz se llevó a cabo entr e los años 1993 a 1998. La meto- dología de trabajo utilizada fue la establecida por la Dir ección General de Ar quitectura y V ivienda, y es la misma que se ha aplicado a la totalidad del territorio de la Comunidad Autónoma. El trabajo de campo ha sido el ver dader o punto de partida y principal base para su r ealización. Se partió de un listado inicial elaborado fundamentalmente a partir de la car tografía existente sobr e la zona, apoya- da en el Inventario de T oponimia Andaluza y en el pr o- pio conocimiento de la comar ca de los miembr os de los equipos. Paralelamente se consultó una numer osa bibliografía que pr opor cionó datos r elevantes en cuan- to a información general de las comar cas estudiadas. El mapa topográfico de Andalucía a escala 1:10.000 elaborado por el Instituto de Cartografía de Andalucía ha sido el principal instrumento en la localización de las piezas y en la elaboración del primer listado de ele- mentos a visitar . La escala de esta cartografía permite su utilización para r ecabar una primera información acer ca de la forma de la planta y tamaño apr oximado de las edificaciones. Esto permite r ealizar una primera selección de piezas en función de sus dimensiones, perfectamente per ceptibles en los mapas. Igualmente ha pr opor cionado datos iniciales, aunque necesaria- mente r evisables, sobr e los usos del suelo, cultivos dominantes, topografía, etc. Ha sido igualmente im- pr escindible para la pr eparación de los viajes, permi- tiendo establecer itinerarios y rutas de campo. En las pr oximidades de las poblaciones la cartografía veía limitada su utilidad a causa del mayor índice de cam- bios al que están sometidas estas zonas, y a las pr opor- ciones que en la periferia de algunas ciudades ha alcan- zado el fenómeno del hábitat disperso e incontr olado. Fenómeno éste especialmente r elevante en Chiclana, El Puerto de Santa María y Jer ez de la Frontera. En estos casos la localización de las piezas ha exigido una mayor labor de rastr eo sobr e el terr eno. En general es una documentación de bastante fiabilidad en cuanto a la información pr opiamente cartográfica y en lo r elati- vo a topónimos y usos del suelo. Sin embar go, y a con- secuencia de los continuos cambios que experimenta el mundo rural, tampoco están ausentes impr ecisiones en las denominaciones, edificaciones que han desapa- r ecido, caminos cortados o abandonados, etc. El mapa militar de España escala 1:50.000 del Servicio Geográfico del Ejér cito de 1970, por la ampli- tud de su escala, no ha sido un instrumento especial- mente r elevante en la elaboración del primer listado r ealizado, pues su nivel de detalle pr opio no permite la caracterización de los elementos construidos. Sí ha sido, sin embar go, un instrumento válido para deter- minar los itinerarios generales y establecer rutas y via- jes antes de pasar a concr etarlos definitivamente sobr e la anterior cartografía, lógicamente más exhaustiva y minuciosa en la definición de ver edas y caminos rura- les. El gran valor de esta cartografía radica igualmente en que permite mantener una imagen global del con- junto del territorio y de las piezas estudiadas, imagen que ha sido fundamental durante la r ealización del tra- 23 La arquitectura agraria en la provincia Intr oducción bajo y especialmente tras la finalización de éste para conocer la situación territorial de las difer entes tipolo- gías, tanto en r efer encia a su distribución por munici- pios como a su localización en el interior de los mis- mos: r elaciones de pr oximidad entr e las distintas pie- zas, distancia a las poblaciones, etc. En cuanto a la bibliografía consultada, hay que r eseñar que no es muy amplia la existente sobr e ar qui- tectura rural, y son casi inexistentes los estudios espe- cializados r ealizados sobr e la misma en esta pr ovincia. A este r especto ha sido de gran importancia el trabajo Hábitat rural y gran explotación en la depr esión del Guadalquivir de Gema Florido T rujillo. En esta obra se r ecoge un estudio exhaustivo de las diversas explota- ciones agrícolas y prácticamente por vez primera se analiza la tipología edificatoria del viñedo jer ezano. Este estudio ha pr opor cionado un inestimable punto de partida para afr ontar nuestros análisis de los datos r ecopilados, pr opor cionando un documento con el que confr ontar nuestras pr opias conclusiones. Además de este estudio, se ha manejado bibliografía encaminada a la obtención de datos generales sobr e la geografía, his- toria, agricultura y ganadería de la pr ovincia de Cádiz, bibliografía general sobr e temas agrícolas y rurales de carácter genérico que facilita el conocimiento del mun- do del hábitat rural, censos y estudios sobr e datos esta- dísticos r elacionados con la pr oducción agr opecuaria de la zona, y , por último, los trabajos conocidos sobr e temas dir ectamente r elacionados con la ar quitectura y las tipologías rurales, ya sea en la pr ovincia o en el r esto de Andalucía. En las visitas r ealizadas a los distintos elementos, la r ecogida de información se ha basado en tr es pilar es fundamentales: inspección visual y documentación fotográfica, levantamiento de cr oquis y consultas ora- les. En la inspección visual se atendió tanto a la anota- ción de características generales de la edificación, estructura or ganizativa, uso original y tipología, siste- mas constructivos, localización de elementos y depen- dencias características, númer o de plantas, dimensio- nes apr oximadas, estilos ar quitectónicos, etc., como a la anotación de cir cunstancias particular es concurren- tes en las distintas dependencias visitadas: elementos estructurales y constructivos particular es, elementos ornamentales, disposiciones singular es, etc. La amplia documentación gráfica r ecogida ha sido un inestima- ble complemento para la elaboración posterior de las fichas de cada uno de los elementos, y supone un importante anexo a la documentación escrita, especial- mente r elevante para dar una visión de conjunto de la r ealidad edificada del campo gaditano, y no sólo de sus mejor es piezas. En aquellos elementos de mayor inte- rés se ha ampliado la serie fotográfica, incluyendo tanto visiones de conjunto como detalles par ciales externos e internos. Se han levantado cr oquis de todos los elementos considerados de r elevancia, y que cons- tituyen casi la totalidad de los que posteriormente han sido incluidos en el inventario. Los cr oquis elaborados atienden generalmente a distribuciones en planta. En aquellos casos de superior interés se han r ealizado también cr oquis de elementos o secciones r elevantes e, incluso, de detalles par ciales de la edificación que exi- gían un estudio más pormenorizado o una mayor esca- la de r epr esentación. Paralelamente a la inspección de la edificación, la conversación con los habitantes o trabajador es de la finca ha pr opor cionado una valiosa información acer ca de la misma: datos r efer entes a las dimensiones y cultivos de la finca, historia del edificio, fecha de construcción, des- tino original, transformaciones y ampliaciones r ealiza- das, uso actual y primitivo de las difer entes dependen- cias, etc. La importancia de esta información oral debe ser valorada en su justo término, por lo que siempr e que fue posible se intentó contrastarla con otras fuentes y con la pr opia r ealidad. Conjuntamente a la información sobr e la construcción, el contacto con los habitantes de la misma ha sido fundamental para incorporar a nuestr o trabajo el léxico habitual de estas comar cas y para apr en- der y entender el ciclo y necesidades de las faenas agrí- colas, actuales y desapar ecidas, que tanto tienen que ver con la utilidad de las distintas dependencias y con la motivación funcional de su formalización. De gran utili- dad ha sido también la información que podían pr opor- cionar sobr e los accesos y rutas hasta la siguiente finca, uso agrícola de la misma, interés r elativo, etc. Esta metodología expuesta, basada fundamental- mente en el conocimiento in situ de la realidad física existente, ha r esultado ser la más adecuada para r eali- zar un examen r eal y rigur oso del estado actual de nuestra ar quitectura rural y avanzar en el estudio y conocimiento de la misma. La r ealización del trabajo de campo ha exigido un esfuerzo temporal y humano que ha r esultado muy superior a lo que se pudo pr ever ini- cialmente. El trabajo que ha supuesto localizar muchas de las piezas y la pr oblemática que entraña cir cular por los caminos rurales ha dificultado más de lo pr evisto la r ealización de esta fase del trabajo, que, por otr o, lado se veía continuamente supeditado a las inclemencias atmosféricas, lluvia, viento, etc. El importante númer o de elementos visitados e inventariados ha pr opor ciona- 24 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz do una ingente cantidad de información. Desentrañar , or denar y pr ocesar tal volumen de datos ha sido pr oba- blemente la mayor traba que encontramos a la hora de elaborar la memoria, para que, de la forma más sintéti- ca y estructurada posible, pudiera quedar r ecogida toda esta información. 25 La arquitectura agraria en la provincia T otal pr ovincia de Cádiz Alcalá de los Gazules Alcalá del V alle Algar Algodonales Ar cos de la Fr ontera Barbate Los Barrios Benalup-Casas V iejas Benaocaz Bornos El Bosque Castellar de la Fr ontera Chiclana de la Fr ontera Chipiona Conil de la Fr ontera Espera El Gastor Grazalema Jer ez de la Fr ontera Jimena de la Fr ontera Medina Sidonia Olvera Paterna de Rivera Prado del Rey Puerto Real El Puerto de Santa María Puerto Serrano Rota San José del V alle San Roque Sanlúcar de Barrameda Setenil de las Bodegas T arifa T rebujena V ejer de la Frontera V illaluenga de Rosario V illamartín Zahara 186 5 2 0 5 17 1 5 0 0 1 1 1 2 0 0 2 1 0 71 4 10 5 0 0 3 3 1 2 8 0 6 4 7 1 4 0 14 0 338 12 2 1 6 66 2 6 0 1 4 1 1 3 0 0 14 1 0 91 6 21 7 0 1 6 4 3 2 10 0 7 5 11 1 7 0 36 0 Publicación Inventariados 857 52 7 5 16 125 11 20 3 3 5 4 4 6 1 5 30 2 7 176 30 53 20 2 10 15 27 15 2 16 11 15 20 22 3 19 1 90 4 Registrados Municipios y resultados 26 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Mapa de georreferenciación de los edificios que se incluyen en la publicación. Sin numerar y en distinto color aparece el resto de los que han sido inventariados. 27 La arquitectura agraria en la provincia 74. Cortijo de Guerra (Puerto Real) 75. Cortijo Huerta de San José o Hacienda de San José (Puerto Real) 76. Cortijo de Villanueva (Puerto Real) 77. Casa Nuestra Señora del Carmen (Puerto de Santa María) 78. Casa de la T orre de San Cristóbal (Puerto de Santa María) 79. Cortijo las Beatillas (Puerto de Santa María) 80. Rancho el Administrador (Rota) 81. T orre Breva (Rota) 82.Caserío Miraflores Alta (Sanlúcar de Barrameda) 83. Cortijo de Cabeza Alcaide (Sanlúcar de Barrameda) 84. Cortijo de la Cañada (Sanlúcar de Barrameda) 85. Cortijo de Évora (Sanlúcar de Barrameda) 86. Cortijo y Molino de Monteagudo (Sanlúcar de Barrameda) 87. Viña y Casa Maestre (Sanlúcar de Barrameda) 88. Cortijo Alventus (T rebujena) D EL G UADALETE M EDIO A LA S IERRA 89. La Cacería o Casa de T omillos (Alcalá del V alle) 90. Cortijo del Baldío (Alcalá del V alle) 91. Cortijo de Cerillar (Algodonales) 92. Cortijo Molino Nuevo (Algodonales) 93 Cortijo de la Nava de San Juan (Algodonales) 94. Cortijo de Santiago (Algodonales) 95. Molino del Dornajo (Algodonales) 96. Cortijo de Albardén (Arcos de la Frontera) 97. Cortijo Casa Blanquilla (Arcos de la Frontera) 98. Cortijo Casablanca (Arcos de la Frontera) 99. Cortijo Faín (Arcos de la Frontera) 100. Cortijo de Fuensanta (Arcos de la Frontera) 101. Cortijo o Hacienda el Peral (Arcos de la Frontera) 102. Cortijo de Jadublón o de Jaulón (Arcos de la Frontera) 103. Cortijo Nuevo o el Guijo (Arcos de la Frontera) 104. Cortijo de las Posadas (Arcos de la Frontera) 105. Cortijo del Rey (Arcos de la Frontera) 106. Cortijo San Rafael (Arcos de la Frontera) 107. Cortijo Soto del Almirante (Arcos de la Frontera) 108. Hacienda de San Andrés Nuevo (Arcos de la Frontera) 109. Hacienda el Santiscal (Arcos de la Frontera) 1 10. Hacienda el Vicario o la Vicaría (Arcos de la Frontera) 1 1 1. Molino del Bachiller Viejo (Arcos de la Frontera) 1 12. Molino Nuestra Señora de la Luz o Barrancos (Arcos de la Frontera) 1 13. Molino de Salvatierra (Bornos) 1 14. Casa Hortales (El Bosque) 1 15. Cortijo de San Antón (Espera) 1 16. Molino la Carrasca (Espera) 1 17. Molino Palomino (El Gastor) 1 18. Cortijo Chirivanas (Olvera) 1 19. Cortijo Corbones (Olvera) 120. Cortijo de Lora (Olvera) 121. Cortijo de la Mota (Olvera) 122. Cortijo Orihuela (Olvera) 123. Cortijo el Parroso (Puerto Serrano) 124. Cortijo de Chorreadero Viejo (San José del V alle) 125. Cortijo el Molino (San José del V alle) 126. Cortijo Pajarete Alto (San José del V alle) 127. Cortijo Parralejo Bajo o Villa Antonia (San José del V alle) 128. Cortijo Parrilla Alta (San José del V alle) 129. Cortijo el Pícaro o El Picao (San José del V alle) 130. Cortijo Sotillo Nuevo (San José del V alle) 131. La Gigonza (San José del V alle) 132. Cortijo de Aguilera Alta (Setenil de las Bodegas) 133. Cortijo de Excalanta Baja o Escalante (Setenil de las Bodegas) 134. Cortijo la Preciada (Setenil de las Bodegas) 135. Cortijo T ejarejo (Setenil de las Bodegas) 136. Cortijo la Ahumada (Villamartín) 137. Cortijo Alberite (Villamartín) 138. Cortijo la Chirigota (Villamartín) 139. Cortijo la Higuerilla (Villamartín) 140. Cortijo las Rosas de Santa Ana (Villamartín) 141. Cortijo T ierras Nuevas del Cuartel (Villamartín) 142. Cortijo la V entolera (Villamartín) 143. Hacienda la Buena Suerte o la Máquina (Villamartín) 144. Hacienda la Granja (Villamartín) 145. Hacienda los Huertos (Villamartín) 146. Hacienda el Rosalejo (Villamartín) 147. Hacienda de San Rafael (Villamartín) 148. Hacienda el Serrecín (Villamartín) 149. Molino de las Montañas (Villamartín) L A J ANDA Y EL C AMPO DE G IBRAL T AR 150. Cortijo las Cobatillas (Alcalá de los Gazules) 151. Cortijo y Ermita de los Santos (Alcalá de los Gazules) 152. Cortijo Isla V erde (Alcalá de los Gazules) 153. Cortijo la Palmosa (Alcalá de los Gazules) 154. Cortijo el Pradillo (Alcalá de los Gazules) 155. Cortijo y Ermita de la Porquera (Barbate) 156. Cortijo de las Albutreras (Los Barrios) 157. Cortijo de Almoguer o la Almoguera (Los Barrios) 158. Cortijo Grande de Guadarranque (Los Barrios) 159. Cortijo Viña el Patrón (Los Barrios) 160. Dehesa María del Campo o Casas del Castaño (Los Barrios) 161. La Almoraima (Castellar de la Frontera) 162. Cortijo Barría (Jimena de la Frontera) 163. Cortijo de Buenas Noches u Hoyos del Guadarranque (Jimena de la Frontera) 164. Cortijo Fábrica la Bomba (Jimena de la Frontera) 165. Cortijo Sambana (Jimena de la Frontera) 166. Cortijo los Alburejos (Medina Sidonia) 167. Cortijo Charco Dulce Alto (Medina Sidonia) 168. Cortijo Corbaina o Escorbaina (Medina Sidonia) 169. Cortijo el Lobo (Medina Sidonia) 170. Cortijo Pocasangre (Medina Sidonia) 171. Cortijo la Quinta Alta y Baja (Medina Sidonia) 172. Cortijo Rendón (Medina Sidonia) 173. Cortijo de V alcargado (Medina Sidonia) 174. Cortijo del Y eso (Medina Sidonia) 175. Cortijo la Zorrera (Medina Sidonia) 176 Cortijo del Acebuchal (T arifa) 177. Cortijo de Azicar (T arifa) 178. Cortijo de la Cuesta del Carpintero (T arifa) 179. Cortijo de Iruelas (T arifa) 180 .Cortijo de Palmosilla (T arifa) 181. Cortijo del Pedregoso (T arifa) 182. Cortijo de la Zarzuela (T arifa) 183. Cortijo la Pastora (V ejer de la Frontera) 184. Cortijo Sierra Graná o el T orero (V ejer de la Frontera) 185. Jandilla (V ejer de la Frontera) 186.Molino San Cayetano (V ejer de la Frontera) J EREZ Y C OST A N OROESTE 1. Cortijo las Bóvedas o Inglés Alto (Chiclana de la Frontera) 2. Cortijo Casa de la Guardia (Chiclana de la Frontera) 3. Casa Alta (Jerez de la Frontera) 4. Casa del Barco (Jerez de la Frontera) 5. Casa de las Carreñas (Jerez de la Frontera) 6. Casa de la Compañía (Jerez de la Frontera) 7. Casa de la Esperanza (Jerez de la Frontera) 8. Casa de las Gallegas o Viña Sabel (Jerez de la Frontera) 9. Casa o Hacienda la Rabia (Jerez de la Frontera) 10. Casa de las Monteras o Viña Ponce (Jerez de la Frontera) 1 1. Casa la Pescadera (Jerez de la Frontera) 12. Casa San Cayetano (Jerez de la Frontera) 13. Casa de Santa Bárbara (Jerez de la Frontera) 14. Casa de la T orre (Jerez de la Frontera) 15. Casablanca (Jerez de la Frontera) 16. Cortijada la Blanquita (Jerez de la Frontera) 17. Cortijo de la Alcaría (Jerez de la Frontera) 18. Cortijo Alijar (Jerez de la Frontera) 19. Cortijo los Arquillos (Jerez de la Frontera) 20. Cortijo Berlanga (Jerez de la Frontera) 21. Cortijo de las Cabezas Viejas (Jerez de la Frontera) 22. Cortijo de Cápita o de Arana (Jerez de la Frontera) 23. Cortijo de la Cartuja de Alcántara (Jerez de la Frontera) 24. Cortijo Casarejo (Jerez de la Frontera) 25. Cortijo de Ducha (Jerez de la Frontera) 26. Cortijo de Espartinas (Jerez de la Frontera) 27. Cortijo del Herrador (Jerez de la Frontera) 28. Cortijo los Isletes Altos (Jerez de la Frontera) 29. Cortijo los Isletes Bajos (Jerez de la Frontera) 30. Cortijo de la Jara (Jerez de la Frontera) 31. Cortijo de Marrufo (Jerez de la Frontera) 32. Cortijo Matamoro (Jerez de la Frontera) 33. Cortijo de las Mesas de Santiago (Jerez de la Frontera) 34. Cortijo de la Peñuela (Jerez de la Frontera) 35. Cortijo de Pérez Lio o Lila (Jerez de la Frontera) 36 Cortijo de la Plata (Jerez de la Frontera) 37. Cortijo de Pozuela Alta (Jerez de la Frontera) 38. Cortijo de Romanina Alta (Jerez de la Frontera) 39. Cortijo Salto al Cielo (Jerez de la Frontera) 40. Cortijo San José de Prunes (Jerez de la Frontera) 41. Cortijo Santo Domingo (Jerez de la Frontera) 42. Cortijo de la Sierra (Jerez de la Frontera) 43. Cortijo del Sotillo Viejo (Jerez de la Frontera) 44. Cortijo T oril de las Pitas (Jerez de la Frontera) 45. Cortijo de la T orre (Jerez de la Frontera) 46. Cortijo de T orrecera (Jerez de la Frontera) 47. Cortijo de la Zangarrina (Jerez de la Frontera) 48. Cortijos de Campanera y Fuente del Rey (Jerez de la Frontera) 49. Cortijos de Frías y Bolaños (Jerez de la Frontera) 50. Cortijos de la Mariscala y de los Establos (Jerez de la Frontera) 51. Cortijos de Monte Corto Alto y Monte Corto Bajo (Jerez de la Frontera) 52. Cortijos del Olivillo y la V entosilla (Jerez de la Frontera) 53. Cortijos las Quinientas y Roalabota (Jerez de la Frontera) 54. Cortijos el Rizo y del Duende (Jerez de la Frontera) 55. Cortijos de Vicos y Garrapilo (Jerez de la Frontera) 56. Macharnudo o Cortijo de Majuelo (Jerez de la Frontera) 57. T orre de Santa T eresa (Jerez de la Frontera) 58. Viña Amorosa (Jerez de la Frontera) 59. Viña Aranda o los Arcos (Jerez de la Frontera) 60. Viña de Arriba o la Riva (Jerez de la Frontera) 61. Viña el Caballo (Jerez de la Frontera) 62. Viña el Calderín del Obispo (Jerez de la Frontera) 63. Viña la Canariera (Jerez de la Frontera) 64. Viña las Cañas (Jerez de la Frontera) 65. Viña Caribe (Jerez de la Frontera) 66. Viña Cerro Nuevo (Jerez de la Frontera) 67. Viña Cerro V iejo (Jerez de la Frontera) 68. Viña el Corregidor (Jerez de la Frontera) 69. Viña el Cuadrado o del Cuadrado Nueva (Jerez de la Frontera) 70. Viña de Estévez (Jerez de la Frontera) 71. Viña Picón (Jerez de la Frontera) 72. Viña la Soledad (Jerez de la Frontera) 73. Viña V erango (Jerez de la Frontera) 29 La arquitectura agraria en la provincia Apr oximación a la geografía de la pr ovincia L a pr ovincia gaditana constituye un territorio complejo difícilmente fraccionable en uni- dades claramente delimitadas. En su térmi- no se superponen y solapan distintos sistemas natura- les cuya delimitación es aún más compleja en tanto en cuanto que la división administrativa, pr ovincial y municipal, como es habitual, no se corr esponde con unidades naturales. T ambién entr e municipios las di- fer encias son destacables en cuanto a superficie y población. Desde los grandes municipios de la franja central de la pr ovincia, con Jer ez a la cabeza, con 1.187 km 2 , a los pequeños términos coster os y serra- nos, siendo Cádiz el menor con 11 km 2 . Y en cuanto a densidad de población, desde Cádiz con más de 13.000 hab/km 2 , hasta V illaluenga, con 13 hab/km 2 . La distribución de la población por el territorio pr ovin- cial tampoco es homogénea. El hábitat en la pr ovincia es básicamente concentrado; Cádiz es una pr ovincia de ciudades y pueblos grandes. Existe un esquema de doble concentración. Por un lado, un alto por centaje de la población r eside en las ár eas litorales, en detri- mento del territorio interior , mucho menos poblado. Por otr o, esta población se agrupa fundamentalmente en los núcleos cabecera de los términos municipales. El ár ea más densamente poblada la constituye el sec- tor nor oeste y , en concr eto, la bahía de Cádiz. En el extr emo opuesto, el interior del Campo de Gibraltar es la zona de más débil demografía. El principal elemento discriminador dentr o de la pr ovincia es la pr opia or ografía. El r elieve se convierte en el elemento definidor y delimitador de ár eas y comar cas. Existe una pr ofunda dicotomía entr e la mi- tad occidental y la oriental. En el paisaje pr ovincial se distinguen las grandes llanuras occidentales que se convierten de forma brusca en abruptas serranías de fuertes pendientes. Esta difer enciación orográfica ha influido determinantemente en el paisaje vegetal y agrícola. El sector occidental, llano, de génesis pr efe- r entemente sedimentaria y de r elleno postor ogénico, pr esenta un paisaje eminentemente agrario. En la mitad oriental, montañosa, de génesis tectónica y mor- fológica pr efer entemente estructural, pr edomina el ar- bolado, con poblaciones de encinas, algarr obos, queji- gos en las sierras del nor este y bosque de alcornoques desde Ubrique hasta el sur de la pr ovincia. Aceptando el r elieve como elemento difer enciador es posible establecer cuatr o grandes unidades natura- les r econocibles en el ámbito pr ovincial. Este esquema, aunque simplificador , se ve avalado una vez analizados los hechos climáticos pr ovinciales. Podemos por tanto difer enciar: la campiña, en el sector central de la mitad norte de la pr ovincia, el litoral occidental, comprendi- do entr e las desembocaduras de los ríos Barbate y Guadalquivir , las ar eniscas del Campo de Gibraltar y la sierra nor deste, de r elieve claramente alpino. Estas cuatr o unidades medioambientales no pueden consi- derarse a su vez como ár eas homogéneas de similar es r ecursos naturales, ni su ámbito está claramente defi- nido. Por el contrario, cada una de ellas engloba a su vez ár eas o comar cas cuyas características peculiar es o devenir histórico han condicionado la explotación de sus r ecursos naturales o el uso de la tierra. La campiña central es la zona geográfica delimitada por los cursos medios de los ríos Guadalete y Barbate, con amplios valles para la agricultura y escasa altitud. Su apr ovechamiento natural es básicamente agrario en grandes explotaciones de secano. Está formada por terr enos casi llanos, salpicados por pequeñas colinas ter- ciarias, con abundantes depósitos eocenos, depósitos oligocenos formados por sedimentos marinos –las cono- cidas tierras albarizas– y depósitos miocenos en una franja coincidente con el valle del Guadalete, y una r epr esentación de terr enos más modernos, pliocenos y cuaternarios, formados por sedimentos ar enosos, limo- sos y fluviales. Con un clima de tipo mediterráneo de matiz oceánico, la cer canía al mar y su baja topografía hacen que la r egión se vea sometida a la influencia marí- tima y a los vientos de poniente, más fr escos y húmedos, que amortiguan las altas temperaturas del verano y des- pejan las posibilidades de heladas. La temperatura media anual es de 18º c y la pluviosidad es elevada. Entr e los agentes atmosféricos es necesario desta- car el viento de levante, cuya sola influencia divide en dos zonas la campiña gaditana: al sur de la línea que uniría San Fernando y Paterna, donde el levante con- diciona la práctica agrícola generalizada, y al norte de esta línea, donde su importancia es menos decisiva. Los suelos más r epr esentativos de la campiña son los bujeos y albarizas. Los bujeos son los suelos típicos de las campiñas gaditanas y la tierra característica de los cortijos andaluces. Son suelos ar cillosos, pr ofun- dos, con un alto poder r etentivo de la humedad y una alta capacidad de abonado. Conforman un paisaje de pequeños llanos y suaves lomas que se extiende al este de Sanlúcar , norte del Puer to y oeste de Jer ez, en las campiñas de las Mesas entr e Jer ez y Ar cos, y en Medina, Benalup, Alcalá y V ejer . Son suelos muy pr o- ductivos en secano, excelentes para el cultivo cer ealis- ta, que ha sido su dedicación principal y que hoy con- vive con el algodón y sobr e todo con la r emolacha. Hacia el este, en el contacto campiña-sierra, apar ecen también los olivar es. La zona sur , la conocida como comar ca de La Janda, compr ende las campiñas ganade- ras de Medina y T arifa. Formada por colinas de suelos 30 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Mapa físico de la provincia de Cádiz de bujeos y suelos pr ocedentes de la laguna de la Janda, bujeos muy ar cillosos. En la actualidad se dedi- can principalmente a cultivos de secano r esistentes al levante y a pastos en las dehesas ganaderas. Las albarizas son los suelos típicos del Mar co de Jer ez, triángulo de suaves cerr os y lomas compr endido entr e el Guadalete y el Guadalquivir , dedicados funda- mentalmente al cultivo de la vid. Son suelos con un alto contenido calizo que alimenta escasamente a la planta, lo cual le confier e longevidad a la misma y cali- dad al fruto. Existen en los términos de Jer ez, sobr e todo al oeste, en Sanlúcar , al este del término del Puerto de Santa María, en T r ebujena y en pequeños r etazos en otr os lugar es. La cuenca del Guadalete es una de las ár eas de mayor apr ovechamiento agrícola y de r egadío de la pr ovincia. En esta zona destacan las grandes explota- ciones, con abundantes r egadíos pr ocedentes de los embalses del Guadalete que abastecen a los términos de Jer ez, Puerto de Santa María y Puer to Real. En las zonas de marismas y su periferia se cultivan, entr e otr os cultivos, arr oz y algodón. El litoral oeste gaditano es el ár ea costera compr en- dida entr e las desembocaduras de los ríos Barbate y Guadalquivir , aunque la delimitación entr e litoral y campiña no es demasiado terminante. Región baja de marismas y bahías y de origen cuaternario, el pr oceso de r elleno ha sido lento por lo que aún permanece una amplia zona donde no existen sedimentos aluviales del río, sino ar cillas salitr osas, fangos marismeños y dunas. La masa oceánica pr opor ciona una mayor r egulari- dad térmica y un más elevado índice de humedad atmosférica, lo que permite el cultivo al air e libr e de plantas que necesitan poca agua de riego –zanahorias, tomates, melones, sandías, etc.–. La incidencia del Levante es muy acusada y decisiva al sur del Puerto de Santa María. La costa nor oeste constituye por sí sola una peque- ña comar ca agrícola con características pr opias. El suelo es ar enoso, muy manejable, formado por dunas continentales de ar enas y barr os r ojizos. En esta zona se concentra gran parte del r egadío intensivo de horta- lizas de la pr ovincia –Chipiona, Rota, parte de Sanlúcar y del Puerto–. Hasta hace poco estos terr enos eran parte de los cultivos de secano, aunque siempr e existier on varios tipos de semirr egadíos en huertos y en los característicos navazos. Los huertos, a pesar de la escasa agua de pozo, pr osperaban por la elevada humedad ambiental. Los navazos son cultivos de semi- rr egadíos en ar enas, obtenidos r ebajando el terr eno hasta situarlo a una vara por encima del manto fr eáti- co, con lo que la planta se nutr e de agua por sus raíces, obteniendo extraor dinarias calidades, altos r endimien- tos y sobr e todo, pr ecocidad de fruto. Al sur del Puerto de Santa María, donde el Levante es más combativo, se r epr oduce la situación agrícola de la vecina campiña. En la zona del litoral entr e Chiclana y Conil se encuentra de nuevo el esquema viñedo-huerta, característico de la zona entr e Sanlúcar y Chipiona, per o sin llegar a tener la importancia pr o- ductiva de éste. Paisajes típicos del litoral gaditano son las maris- mas y salinas. Suelos de r elleno fluvial, muy salitr osos y ar cillosos y difícilmente cultivables, por lo que siem- pr e se usar on como pastizales ganader os de baja cali- dad o para la extracción de sal. El ár ea del Estr echo o Campo de Gibraltar compr en- de todo el ár ea geológica del macizo de Aljibe y sus pr o- longaciones hacia el sur , hasta Gibraltar y T arifa. Son sierras de escasa altitud formadas por r ocas ar eniscas oligocénicas de carácter silíceo, muy blandas, que con- forman un paisaje de r elieve de lomas y sierras no muy altas, en el que destacan lar gos estratos rocosos aislados y paralelos que se pr olongan hasta el Estr echo. Climatológicamente de características templadas, esta ár ea se encuentra muy afectada por el influjo marino que le pr opor ciona una mayor r egularidad tér- mica. La acción de los vientos es notable, principal- mente la del Levante, que se hace más acusada al apr o- ximarse al Estr echo. Constituye la principal zona de arbolado de la pr o- vincia. Las r ocas ar eniscas han favor ecido el desarr ollo de potentes bosques de alcornocales, encinas y acebu- ches que han generado importantes apr ovechamientos for estales encaminados fundamentalmente a la obten- ción de cor cho. Esta actividad la convierte en la pri- mera zona cor chera de España. Abundan en esta comar ca los terr enos adehesados. La ganadería se dedi- ca principalmente al ganado bovino en explotaciones extensivas y , anteriormente, hasta la llegada de la peste, también al por cino. El sector meridional de la comar ca, focalizado en Algeciras, pr esenta una mayor variedad de cultivos. Existen arr ozales en la zona del T esorillo y r egadíos en torno a las cuencas de los ríos Guadiar o y Palmones que concentran la mayor parte de la pr oducción de cítricos de la pr ovincia. La sierra compr ende las ár eas del macizo de Grazalema y de las estribaciones meridionales de las serranías Subbéticas, lindando ya con la pr ovincia de 31 La arquitectura agraria en la provincia var es disminuyer on en más de 4.000 aranzadas a lo lar go del siglo, mientras que la vid crecía algo más de 5.000 en el mismo período. Los pr ocesos desamortizador es que a lo lar go del siglo consolidarán la gran pr opiedad afectarán negati- vamente a la ganadería. La disminución de tierras del común, que eran apr ovechadas para el pequeño pasto- r eo o para beneficio de los grandes ganader os, la r otu- ración de pastizales y la desaparición del enorme patri- monio ganader o de las órr denes r eligiosas harán que en la segunda mitad del XIX la cabaña ganadera sufrie- ra un importante descenso. La desaparición de pastiza- les afectó especialmente al númer o de ganado caprino y ovino. El ganado de labor sin embar go se incremen- tó –caballo, asno y sobr e todo mulos– ante las nuevas necesidades de r oturación. El ganado vacuno, que sufrió un fortísimo r etroceso, se estabilizó en el último cuarto de siglo. Su destino seguía siendo principal- mente las labor es del campo. Por su parte la ganadería de lidia experimenta un pr oceso expansivo, como r en- table complemento de grandes pr opiedades de secano con manchones de pasto y monte. T ras la desamortiza- ción, la mayor parte de esta ganadería está en manos de particular es, y se extiende a veces por la campiña sus- tituyendo en algunos casos al ganado lanar . El mante- nimiento del sistema tradicional de cultivo al ter cio pr opiciará que los nuevos ganader os sean en muchas ocasiones los mismos grandes pr opietarios de tierras, que de esta forman se aseguran el apr ovechamiento de la hoja de descanso y el abonado natural de las tierras. Siglo XX El siglo XX es sin duda el de las grandes transfor- maciones para el sistema agrario y la sociedad rural, que pondrá contra las cuer das el modo tradicional de pr oducción. El viñedo de la pr ovincia, que a finales del siglo XIX estaba r epr esentado ampliamente en casi todos los términos municipales, sufrió tal crisis con la filoxera que desapar eció prácticamente en menos de tr es años. La mayoría del viñedo no volvió a r eplantarse sino que fue sustituido por olivar . T an sólo fue replantado en el Mar co de Jer ez y en Chiclana, r educiéndose las nume- r osas y antiguas variedades de uva antes empleadas a la palomino casi exclusivamente, que es la que se ha con- vertido en la uva típica de Jer ez. Aquí los que replan- tar on lo hicier on inmediatamente, y en 1906 se habían r eplantado ya 5.312 ha. en el contexto de las 8.464 que existían antes de la epidemia. El enorme volumen de vino que acumulaban las bodegas en esta época salvó las exportaciones, el negocio y , en definitiva, al cultivo de la vid de su desaparición. La crisis culmina en 1923, y a partir de esta fecha comienza un ciclo alcista que se verá quebrado por la Segunda Guerra Mundial. En 1950 la situación volvió a la normalidad y en la segun- da mitad de la década las exportaciones aumentar on sin parar hasta alcanzar un máximo histórico de 725.000 botas en 1972. El éxito llevaría a sobr edimen- sionar el negocio, duplicándose casi la superficie culti- vada entr e 1970 y 1982. La crisis internacional de los setenta supuso un fuerte r etroceso en las expor tacio- nes, que encontrar on un negocio hiper dimensionado e iniciar on un período de ajuste que se pr olonga hasta hoy día. Para fr enar la crisis debido al exceso de pr o- ducción se arrancar on, en 1983, 2.300 ha. de las 21.700 existentes. A principios de los noventa, con un nuevo plan de r egulación, se arrancar on 4.000 ha. más, superficie que en su mayoría se dedicó a plantas indus- triales: girasol, r emolacha, etc. En este pr oceso, las viñas situadas fuera de la zona considerada «Jer ez superior» han r etr ocedido más rápidamente. Así ha ocurrido en las tierras ar enosas de Chipiona donde han desapar ecido prácticamente y en su lugar se siem- bran tomates u otr os cultivos de primor . En cuanto al olivar , a pesar del cr ecimiento que experimentó a principios de siglo, su superficie se ha ido r educiendo poco a poco. Hasta 1965 fue desapar e- ciendo lentamente, y de esta fecha hasta hoy de modo casi fulminante en algunos municipios. Actualmente se r educe a las zonas más alejadas de la costa: Olvera, Algodonales, Setenil, Puerto Serrano, Ar cos, etc. Las causas fundamentales de esta disminución son tr es: el clima marítimo, que no es el adecuado para el olivo por las muchas plagas que sufr e, el alto costo de la r ecolec- ción y , por último, el estar asentado sobr e suelos que son más r entables utilizados para otr os cultivos. En la actualidad, en el montante total de la pr oducción pr o- vincial car ece de la importancia de otr os cultivos. La ver dadera expansión agrícola, en términos abso- lutos, se pr oduce en las grandes superficies de secano, más por el cambio en los sistemas de pr oducción que por el incr emento de las tierras de cultivo. Dos hechos fuer on fundamentales: la incorporación del abono y la aparición de los primer os tractor es americanos, la mecanización. Hasta estas fechas el cultivo clásico de las buenas tierras de secano se hacía por el sistema de cultivo al ter cio, por que no había la suficiente capaci- dad técnica para mantener una pr oductividad sostenida en todas las tierras, con el abono necesario para su r ecuperación tras la siembra. La aparición del guano del Perú, en 1860, y del nitrato de Chile, en 1902, supuso 38 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz un incr emento de la pr oducción de trigo y la siembra de la hoja de barbecho, per o no supuso un cambio del sistema. T ras la Guerra Civil y el Plan de Estabilización, los tractor es y las cosechadoras comienzan a sustituir al ganado de labor y a las primeras máquinas de trillar , de manera que en los sesenta es ya testimonial el trabajo con bestias. La mecanización supuso un cambio funda- mental en el modo e intensidad de cultivar la tierra. Se adoptó el sistema de año y vez, empleándose toda la su- perficie de las explotaciones, desapar eciendo poco a poco la hoja de pastos y cultivándose en toda su ampli- tud la hoja de barbecho semillado con plantas indus- triales como el algodón, la r emolacha, el girasol, etc.,... altamente pr oductivas. La aparición de la máquina de cosechar autopr opulsada en 1952 mar có un nuevo hito al permitir la r ecolección con rapidez, lo cual hacía muy r entable el cultivo del trigo. La otra gran r evolución agrícola del siglo es sin duda el aumento de los sistemas de riego. La superficie de r egadío existente hoy en la pr ovincia, en torno a 52.000 ha., ha sido puesta en su mayoría a partir de 1942, cuando comenzó su actuación el Instituto Nacional de Colonización. Antes sólo existían en la zona r egable del pantano de Guadalcacín, El Portal, El T esorillo, y los riegos de navazos en Sanlúcar . En esta pr ovincia la puesta en riego de cultivos no fue nunca apr emiante por el alto índice pluviométrico que parte de ella soporta y por que nunca existió una tradición secular del r egadío. La propiedad de la tierra El conocimiento del par celario agrícola, su origen y evolución es determinante para el entendimiento de la ar quitectura tradicional del mundo rural. Durante la dominación r omana la estructura de la pr opiedad se basaba en pequeñas explotaciones familiar es y gran- des fincas agrícola-ganaderas. En estas explotaciones del Bajo Imperio, cuyos r estos se encuentran disemi- nados por toda la Bética, se ha querido ver el origen de los cortijos, per o no existen datos capaces de asen- tar esta teoría con absoluta seguridad. La etapa islá- mica es mal conocida en lo que se r efier e a estructuras de pr opiedad y explotación, limitándose el conoci- 39 La arquitectura agraria en la provincia Mapa impreso de la delimitación del sector oriental del término de Jerez, hacia 1729. Archivo Catedralicio, Cádiz. miento compr obado de su influencia a la puesta en r egadío de r educidas superficies en las pr oximidades de las poblaciones. El origen del latifundio andaluz se encuentra en la casi total señorialización del territorio que se pr oduce a partir de la r edistribución de tierras tras la recon- quista cristiana. En una primera época, tras la con- quista, la r epoblación se or ganizó en torno al repar to de las tierras entr e los poblador es y los conquistador es, mediante her edamientos y donadíos. Hay tierras para todos, conquistador es y r epoblador es, pr opiedades más o menos extensas sin apenas pr oletariado rural. En una segunda fase, casi inmediata, el desinterés de algunos beneficiados venidos de fuera y la venta masi- va de los pequeños pr opietarios puso en mar cha un pr oceso que culminaría con la concentración de gran- des patrimonios territoriales en manos de la Iglesia y de las casas señoriales. La costumbr e del mayorazgo que empezó a implantarse durante la Reconquista pr o- tegía a estas grandes pr opiedades nobiliarias de su fragmentación. Así, el siglo XVI se inicia con la pr ovincia pr ofun- damente señorializada. El dominio nobiliario era espe- cialmente intenso en la zona costera del sur y al norte de la pr ovincia, mientras en la franja central era mayo- ritaria la pr opiedad comunal y la sierra norte constituía una zona intermedia entr e la nobleza, vecinos secula- r es y pr opiedad comunal. Durante todo el Seiscientos se pr odujer on cambios importantes en la pr opiedad de las tierras y grandes capitales urbanos pr ocedentes del comer cio se invirtier on en el agro. Los pr opietarios, en general, intentar on una consolidación de sus posesio- nes adaptando para ello las explotaciones, la pr oduc- ción y los beneficios a la nueva r ealidad. Se observa una pr eocupación cada vez más acr ecentada por los cer camientos de fincas y dehesas a costa de los terr e- nos baldíos y comunales. Señor es y vecinos poder osos cer can fincas del común, pr eviamente arr endadas, y con el paso del tiempo se adueñan de las mismas. Las fincas aumentar on su extensión y con ello vino la pr o- letarización del campesinado. Los caseríos y cortijos se afianzan como elementos peculiar es del agr o andaluz r esultantes de estos esquemas de pr opiedad. Durante el XVIII se pr oduce la consolidación del moderno latifundio y la conversión de gran parte de la población activa dedicada a las labor es del campo en trabajador es a jornal. Es importante destacar que gran parte de las pr opiedades de la alta nobleza, y la mayo- ría de las eclesiásticas, estaba cedida en arr endamien- to. De ello se beneficiaban poder osos labrador es, muchos de los cuales no poseían ninguna en pr opie- dad, a pesar de lo cual constituirían con el tiempo ver- daderas oligar quías locales. Este fenómeno explicará en gran medida el cambio de pr opietarios experimen- 40 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Viña de Macharnudo, en término de Jerez de la Frontera, en una litografía de mediados del siglo XIX. tado en el siguiente siglo y determinadas característi- cas pr esentes en las construcciones rurales, como por ejemplo la ausencia casi generalizada de señorío en los cortijos de secano. El siglo XIX verá r eafirmarse la gran pr opiedad, el latifundio andaluz, a la vez que contempla como cam- bia de titular es. La pr ovincia de Cádiz, junto a Sevilla y Ciudad Real, son los máximos exponentes naciona- les de la concentración de grandes extensiones de tie- rra en pocas manos. Más del 50% de las fincas supera las 250 ha. y en algunas comar cas estos por centajes se agrandan: Jer ez cuenta con un 73% de fincas mayor es de 250 ha. y Castellar alcanza casi el 100%. Las razo- nes últimas de este fenómeno hay que buscarlas en tr es pr ocesos acontecidos a lo lar go del siglo: la subasta de pr opiedades pr ovenientes de las desamortizaciones eclesiástica y civil, las desvinculaciones y ventas de las tierras nobiliarias, y los pr ocesos de compraventa que afectan a las tierras dadas en r epartos a finales del XVIII y principio del XIX. Las desamortizaciones eclesiásticas de Mendizabal y las civiles de Madoz pusier on en cir culación enormes cantidades de tierra pr ocedentes del estamento ecle- siástico e instituciones civiles. La der ogación de la figu- ra del mayorazgo aceleró la disolución de los patrimo- nios nobiliarios, sujetos a las leyes generales de her en- cia y , por tanto, sometidos a divisiones y a la posibili- dad de venta por parte de cualquiera de los sucesivos her eder os. Las pequeñas par celas pr ovenientes de los r epartos de tierras entr e colonos acaban siendo vendi- das en pocos años y quedando las fincas en manos de los grandes y medianos arr endatarios y pr opietarios. Estos pr ocesos, lejos de modificar la estructura latifun- dista, contribuyer on a r eforzarla, al tiempo que facilita- r on el acceso a la pr opiedad de buena parte de la anti- gua bur guesía de negocios. Muchas de las propiedades salier on a la venta sin subdividirse, para no r estarles valor , de manera que sólo pudier on acceder a ellas aquéllos que ya contaban con una solvente posición económica. En general los nuevos pr opietarios pertene- cían a la bur guesía, comer ciantes y ricos labradores arr endatarios habituales de las tierras que ahora salían a la venta, o a la tradicional oligar quía terrateniente no titulada, que con ello acr ecentó sus bienes. En menos de un siglo se había pasado de una gran pr opiedad unida a los estamentos nobiliario y eclesiás- tico y a las corporaciones e instituciones civiles, a otra individual y concr eta per o igualmente minoritaria. La gran concentración de la pr opiedad se dio sobr e todo en las fincas de cer eales y en las dehesas, mientras que en las tierras dedicadas a viñedos la extensión media casi nunca llegaba a superar las 100 ha., abundando más en cambio, la pequeña y mediana pr opiedad. La gran cantidad de capital invertido por los nuevos terra- tenientes en la compra de fincas limitó las posibilida- des de r ealizar auténticas inversiones dirigidas a modernizar los cultivos e incr ementar los r endimien- tos, por lo que no pudo pr oducirse una ver dadera modernización de la agricultura. En 1930 un 2,7% de los pr opietarios contr olaba el 68% de las tierras cultivables de la pr ovincia, mientras que el r esto quedaba divido entr e unos 20.000 peque- ños y medianos pr opietarios. Las fincas mayor es de 250 ha. r epr esentaban el 60% del total, mientras que las menor es de 10 ha., poco más del 10%. Durante la II República se intentó poner r emedio a esta situación mediante una r eforma agraria de carácter r evoluciona- rio, cuyos efectos desapar ecier on tras la contienda civil. Durante el régimen de Franco la política de coloniza- ción fue el intento más importante de actuación sobr e la r ealidad agraria. No obstante, la estructura de distri- bución de pr opiedad de tierras se mantuvo casi intacta. En el año 1984 la r ecién cr eada Junta de Andalucía intentó un nuevo pr oceso de r eforma poniendo en mar cha la Ley de Reforma Agraria, que nace como r es- puesta global a las necesidades de transformación, modernización y desarr ollo de las estructuras agrarias, estableciéndose la posibilidad de expr opiación de las fincas manifiestamente mejorables. Los r esultados r ea- les de este nuevo intento están aún por llegar . La evo- lución de la pr opiedad en los últimos años sigue un pr oceso de r eor ganización a nivel de municipios ten- dente a la polarización, acentuándose el carácter mini- fundista de los pequeños municipios y , al contrario, desapar eciendo poco a poco la pequeña pr opiedad de los municipios de latifundio. 41 La arquitectura agraria en la provincia La ar quitectura de las construcciones rurales está íntimamente ligada formal y compositivamente a los sistemas de pr oducción. Esto no significa que la evolu- ción general de la ar quitectura y de los estilos artísticos no haya dejado huella en las construcciones rurales; esta impr onta existe y es claramente per ceptible en las grandes unidades edificadas, especialmente cuando se sitúan en las pr oximidades de las poblaciones. A medi- da que desciende la importancia de la edificación, o nos alejamos de las principales poblaciones, las influencias estilística se diluyen en favor de una ar quitectura fun- cional, entr oncada con el pr opio lugar y casi atemporal. Las villas r omanas y las instalaciones agrícolas islá- micas han sido interpr etadas habitualmente por la tra- tadística tradicional como antecedentes e incluso ger- men dir ecto de las grandes edificaciones actuales. Di- cha hipótesis se ha visto r efr endada en otras comar cas con la aparición de r estos de ambas culturas en las pr o- ximidades de explotaciones actuales, e incluso con ins- talaciones islámicas r eutilizadas. Sin embar go, en las comar cas objeto de este estudio, la existencia de r estos de estas características o de yacimientos ar queológicos que hagan pr esuponer la pr eexistencia de instalaciones agrícolas de esta época en las edificaciones actuales es quizás más episódica o minoritaria, aunque no estén por completo ausentes, según se apr ecia en el caso de varios cortijos de Jer ez, por ejemplo, ligados a vestigios de antiguas alquerías. Sí se han encontrado insertos con mayor claridad en conjuntos edificatorios poste- rior es r estos de construcciones defensivas islámicas, torr es y fortalezas, de las cuales se han r eaprovechado algunos espacios interior es y , principalmente, mur os y estructuras como apoyo de nuevas construcciones. En los siglos XVI y XVII, con la pacificación defini- tiva de Andalucía y la expansión de la agricultura, se dan las condiciones socio económicas necesarias para generar una nueva ar quitectura rural. Per o no será hasta bien entrado el XVII cuando se pr oduzca el gran fenómeno ar quitectónico que dará a luz a una ar quitec- tura rural andaluza de características pr opias. Este acontecimiento no es más que la aparición de lo que se ha venido a llamar barr oco sevillano, que manifestará la más adecuada expr esión de la sociedad estamental, r eli- giosa hasta el fanatismo, y agrícola de la Andalucía de los siglos XVII y XVIII. Será en este contexto histórico artístico cuando germinen las dos tipologías de mayor extensión en el campo andaluz, el cortijo de secano y la «hacienda olivar era». A los primer os momentos de esta trayectoria pertenece la Cacería, en Alcalá del V alle, todo un pr ecedente del pr oceso por venir , y quizás el ejemplo más antiguo de los inventariados. El cortijo y la hacienda, tal como hoy los entendemos, son her ede- r os de la nueva concepción espacial y formal que nace con el Barr oco. Per didos los valor es r enacentistas basa- dos en el or den y en la concepción unitaria de la obra, los fragmentos adquier en valor por sí mismos y no necesariamente por su pertenencia a un conjunto com- positivo. No existe un or den a priori ni una posición pr edeterminada para cada elemento, y éstos se combi- nan de manera difer ente en cada edificación. El fenómeno ar quitectónico de las portadas constitu- ye el ejemplo mas patente de esta nueva concepción de la ar quitectura, fuertemente influida por los efectos esce- nográficos y por la tradición r etablística, tan importante 43 La arquitectura agraria en la provincia La ar quitectura agraria Cortijo de la Cañada, Sanlúcar de Barrameda. en el Barr oco. Las portadas se diseñan como elementos autónomos que se superponen al fondo murario, enten- dido éste como mer o soporte. Por otr o lado, la estilística barr oca está fuertemente influenciada por el fenómeno r eligioso, a cuyo servicio estará volcada gran parte de la pr oducción ar quitectónica del momento. La ar quitectura rural no podrá abstraerse de este pr oceso y elementos claramente originarios de conventos y templos se incor- porarán al mundo rural: portadas, espadañas, torr es, etc. Es en el XVIII cuando la ar quitectura rústica alcanza su plenitud en la Baja Andalucía. A este período pertene- ce la mayoría de las piezas más antiguas que han podido ser inventariadas en las comar cas de estudio. Durante el siglo XVIII los air es r enovador es que auspician la subida al tr ono de los Borbones y sus ideas ilustradas llegan al campo a través de las actuaciones colonizadoras. Per o la influencia barr oca en la ar quitectura rural se pr olongará durante todo el siglo e incluso se adentrará en el XIX. Las estructuras agrarias aún se mantienen en manos de los estamentos más r eacios a las nuevas ideas y la ar quitec- tura por ellos pr omovida permanecerá próxima a los pr e- supuestos barr ocos, aunque adoptará de la etapa borbó- nica un mayor sentido del lujo y la ostentación, que tras- ladarán a sus viviendas rurales. Resultado de esta corriente son algunas suntuosas haciendas y casas con molino de aceite de la comar ca de Ar cos. 44 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz El cambio de titularidad de las tierras que se pr o- duce durante el siglo XIX sitúa al fr ente de las mismas a una bur guesía culta y adinerada que acoge con entu- siasmo las nuevas ideas ilustradas y los nuevos estilos artísticos y ar quitectónicos. En esta zona de estudio el ejemplo más sintomático de la nueva situación se en- cuentra en las construcciones del viñedo del Mar co del Jer ez. Durante el siglo XIX se pr oduce el gran des- pegue del negocio vitivinícola y se construye la mayor parte de las casas de viña inventariadas. Fruto de este pr oceso y de las nuevas concepciones ar quitectónicas nace la casa de viña tal como hoy la conocemos. La estética neoclásica y su r ecuperación clasicista de los elementos ornamentales, el pragmatismo y la funcio- nalidad pr opia de la mentalidad ilustrada y el rigor compositivo de la nueva ar quitectura están pr esentes en estas construcciones. Fachadas y plantas r espon- den en general a una nueva concepción de conjunto y ya no son fr ecuentes elementos característicos de la etapa anterior , como torr es y portadas. T ambién en otras tipologías se manifestará este cambio de menta- lidad. En las explotaciones olivar eras, al cambio de titularidad se suma, en la segunda mitad del siglo, la aparición de las nuevas tecnologías industriales. Las almazaras que se construyan a partir de este momen- to lo harán acor de con los nuevos pr eceptos ar quitec- 45 La arquitectura agraria en la provincia Viña Cerro Nuevo, Jerez de la Frontera. tónicos. En los cortijos pasarán mucho más desaper ci- bidos los nuevos air es estilísticos. Por otra parte, la inestabilidad política y social que aqueja a buena parte de la centuria decimonónica r edunda en la concep- ción hermética y la incorporación de algunos elemen- tos defensivos, como garitas de vigilancia, en numer o- sas edificaciones de ár eas donde la inseguridad se hace endémica durante décadas, como la sierra y las cam- piñas altas colindantes. Conjuntamente a las innovaciones estilísticas, du- rante el siglo XIX se pr oducirá la irrupción de las tec- nologías derivadas de la r evolución industrial y que 46 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz De arriba abajo y de izquierda a derecha, La Cacería, Alcalá del V alle; Hacienda el Rosalejo, Villamartín; Cortijo de la Cañada, Sanlúcar de Barrameda; y Hacienda de San Andrés Nuevo, Arcos de la Frontera. afectarán definitivamente a la ar quitectura rural en sus aspectos constructivos y pr oductivos. La incorporación de la ar quitectura del hierr o, y la difusión de las cer- chas, primer o de madera y tirantes metálicos y comple- tamente metálicas posteriormente, posibilitará cubrir mayor es luces sin necesidad de apoyos intermedios y con menor es espesor es en los mur os de apoyo. La intr o- ducción de la máquina hidráulica inaugurará un pr oce- so que culminará con la aparición de la electricidad y las grandes maquinarias y con la desaparición de unas tipologías ar quitectónicas formalmente ligadas a deter- minados pr ocesos pr oductivos ya obsoletos. Entr e los casos más patentes se encuentran la almazara de viga y , a la lar ga, la estancia de ganado. En los primer os años del siglo XX se pr oduce el fenómeno de la ar quitectura r egionalista amparada en la Exposición Iber oamericana de Sevilla de 1929. Entr e la ar quitectura rural y los movimientos r egionalistas se establecerá un pr oceso de r etr oalimentación. En los primer os momentos esta nueva ar quitectura volverá sus ojos hacia los grandes ejemplos rurales, y en espe- cial a las haciendas sevillanas. Posteriormente será la ar quitectura rural la que importe estilemas y ornamen- tos pr opios del decorativismo r egionalista: r ecer cados de huecos, azulejerías, elementos islámicos y mudéja- r es, mirador es y ar querías, etc. Durante este siglo se acelerará también el pr oceso de desaparición de la téc- nica de construcción tradicional y la incorporación definitiva al campo de la construcción actual, sobr e todo en su versión industrial. Apuntes para una clasificación tipológica Al hablar de una clasificación funcional de la ar qui- tectura rural es necesario hacer r efer encia a la denomi- nación popular que r ecibe en estas comar cas, puesto que originalmente la pr opia terminología suponía una clasificación y difer enciación funcional. Las voces más habituales se r efier en a las construcciones rurales co- mo cortijos, dehesas o casas. Durante la r ealización del trabajo, se ha podido compr obar que la terminología tradicional, al menos en la zona de estudio, ha per dido gran parte de su significado, confundiéndose los con- ceptos y denominándose con el mismo término r eali- dades difer entes. Como norma común se ha constata- do que el término cortijo se emplea para designar tanto a la pr opia finca como a cualquier construcción rural de cierta entidad, independientemente de su origen y funcionalidad. Dentr o de esta confusión terminológica cabe destacar como excepción a las edificaciones aso- ciadas al viñedo. Estas construcciones rara vez r eciben la denominación de cortijo, designándose como casas de viña o más corrientemente sólo viña y , en casos muy contados de la comar ca de Ar cos, como hacienda. Ante dicha situación, la utilización única de ésta terminolo- gía en el sistema clasificatorio induciría a un mayor grado de confusión. Definir una tipología supone establecer una serie de características comunes a un conjunto de elementos ar quitectónicos, características que, además, deben ser capaces de singularizar y definir dichos elementos. Estas cir cunstancias comunes a los miembr os de una clasifica- ción tipológica, estos invariantes, se encuentran en la estructura pr ofunda de la forma, están en el origen mismo de esta ar quitectura que en ellos encuentra explicación. T ipo y forma no son elementos identificables, y no es posible a priori asociar a una tipología una única r espuesta formal. Para obtener una clasificación tipo- lógica de la amplia variedad constructiva del mundo rural partir emos de la premisa, que aunque necesaria- mente r educcionista no es por ello menos cierta, de que la ar quitectura rural es ante todo la r espuesta ar quitectónica a una serie de necesidades funcionales r elacionadas con los pr ocesos y faenas agrícolas. Desde este punto de vista es posible establecer la difer encia- ción de las edificaciones rústicas y clasificarlas con r elación a la función para la cual fuer on generadas: el cultivo de la tierra calma, el olivar y la pr oducción de aceite, el ganado bravo, la explotación for estal, el labo- r eo del viñedo y la elaboración de la uva, etc. Esta cla- sificación supone aceptar como invariantes de una clase tipológica aquellas dependencias que r esponden a las funciones básicas de la tipología. Lógicamente 47 La arquitectura agraria en la provincia Hacienda de San Andrés Nuevo, Arcos de la Frontera. dichas dependencias no constituyen hechos aislados sino elementos interr elacionados entr e sí. Por lo tanto, estas r elaciones y mutuas interfer encias son así mismo invariantes del tipo ar quitectónico. Sin embar go, no todo en la arquitectura rural en- cuentra explicación en la mera funcionalidad de su misión agrícola. Existen otras cir cunstancias dignas de ser tenidas en cuenta, y que r esponden a otra serie de 48 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz M AP A DE RELACIÓN ENTRE AL TITUD Y FUNCIÓN DE LOS EDIFICIOS La mayoría de los edificios inventariados en la provincia de Cádiz se concentra en cuatro espacios geográficos claramente definidos: la cuenca meridional del río Guadalete, la campiña central comprendida entre los cursos medios de los ríos Guadalete y Barbate, el sector más oriental de la comarca del Campo de Gibraltar -entre los ríos Palmones y Guadiaro-, y la franja nordeste de la provincia, en las estribaciones de las sierras Subbéticas. En los tres primeros casos aparecen amplias zonas llanas en las que apenas se alcanzan los 400 m de altitud mientras que en el último el relieve es más accidentado y con altitudes mayores que, puntualmente, superan los 800 m. El 70% de la superficie total de la provincia se sitúa entre los 0 y 200 m de altitud, el 17% entre los 200 y 400 m, el 7% entre los 400 y 600 m y el 6% restante en altitudes superiores a los 600 m. El 81% de las unidades inventariadas se encuentra en altitudes comprendidas entre los 0 y 200 m (de las cuales el 55% se sitúa entre los 0 y 100 m y el 26% entre los 100 y 200 m), el 15% entre los 200 y 400 m y tan sólo el 4% supera los 400 m. En un análisis más detallado de la altitud que ocupan los edificios según las distintas tipologías funcionales existentes, no se observan diferencias significativas que permitan establecer correlaciones claras entre ambos factores. De los edificios cerealistas, el 83% se sitúa entre los 0 y 200 m de altitud, el 13% entre los 200 y 400 m, el 2% entre los 400 y 600 m y sólo el 3% supera los 600 m. El 43% de los edificios de olivar se encuentra entre los 0 y 200 m de altitud, el 52% entre los 200 y 400 m, mientras que el 4% restante ocupa altitudes comprendidas entre los 600 y 800 m. El 100% de las construcciones ligadas al viñedo se sitúa entre los 0 y 200 m de altitud y en el caso de la ganadería, prácticamente el 94% se localiza ente los 0 y 200 m de altitud, mientras que el 6% restante se reparte equitativamente entre los 200-400 m y los 400-600 m. En cuanto a las unidades mixtas, el 77% se sitúa entre los 0 y 200 m de altitud, el 17% entre los 200 y 400 m, el 2% entre los 400 y 600 m y el 4% restante supera los 600 m de altitud. 55 La arquitectura agraria en la provincia LA CASA DE VIÑA La ar quitectura del viñedo del Mar co del Jer ez con- forma como grupo el tipo más peculiar del campo gaditano. T radicionalmente conocidas por «casas de viña», o simplemente «viñas», constituyen un conjun- to ar quitectónico de gran singularidad y particular es características. T erritorialmente se concentran en un ámbito muy determinado, cerrado y de r educido tama- ño, constituido por el triángulo nor occidental de la pr ovincia compr endido entr e los términos municipales de Jer ez de la Fr ontera, Sanlúcar de Barrameda, Puerto de Santa María, Chipiona y T rebujena. La ar quitectura de estas casas no es homogénea en todo el Mar co de Jer ez. Los mejor es ejemplos y por tanto la mayor parte de los elementos inventariados se sitúan al oeste del término de Jer ez y al este del Puerto de Santa María, donde se concentran las explotaciones de las principa- les firmas exportadoras y las mejor es tierras albarizas, suelo tradicional del viñedo. En el r esto de los munici- pios las explotaciones han sido tradicionalmente de menor tamaño y la pisa se r ealizaba habitualmente en las poblaciones, facilitado esto último por una mayor pr oximidad a las mismas. En consecuencia las cons- trucciones, salvo determinadas excepciones, se desti- nan principalmente a alber gar utensilios de la vendi- mia o dar cobijo a los trabajador es. En general son de menor r elevancia y pequeño tamaño, es inusual la pr e- sencia del lagar y en su mayoría han quedado fuera de este inventario. Las casas de viñas son construcciones destinadas fundamentalmente a la obtención del mosto o zumo de las uvas en la pr opia viña, evitando tener que transpor- tar el fruto hasta las ciudades. Son por tanto complejos agr oindustriales caracterizados por la pr esencia del lagar como la pieza definitoria de su función. Gran parte de los elementos inventariados se edificó durante el siglo XIX siguiendo unos patr ones determinados que aten- dían tanto a su estructura funcional como a su formali- zación. Las r ealizaciones posterior es han mantenido una forma de construir que ya estaba suficientemente acep- tada e integrada en el contexto del viñedo gaditano. Para compr ender en su totalidad la ar quitectura del viñedo jer ezano es necesario atender a determinadas cir cunstancias históricas. Durante los siglos XVIII y XIX las firmas exportadoras de vino, despr ovistas de terr enos, r ealizar on compras masivas de tierras trans- formando la estructura minifundista del viñedo. Las grandes familias acaparar on la pr oducción, transfor- mación, almacenamiento y exportación y adquirier on un enorme pr estigio y posición social, conformando una clase social elitista de aspiraciones aristocráticas. En las nuevas pr opiedades quedar on englobadas las primitivas casas de viña que, en general, mantendrían sus funciones al car go de sus tierras. Las explotaciones de gran tamaño disponían de varias casas r epartidas por el territorio, algunas de las cuales compatibilizaban sus tar eas tradicionales con dependencias extra agrícolas para dar servicio a la comunidad de trabajador es: escuelas para los niños o capillas para los servicios dominicales. Mediante pequeñas piezas distribuidas por toda la finca se ejer- cía el contr ol de la explotación a la vez que se evitaba que los trabajador es tuvieran que per der demasiado tiempo en desplazarse, mejoraba la vigilancia, etc. Algunas de estas pequeñas piezas dispersas car ecen de lagar , per o mantienen las características ar quitectóni- cas del conjunto y por lo tanto pueden englobarse y estudiarse en el mismo grupo. Generalmente mantie- nen el mismo esquema de planta, per o la casa de la gente sustituye al lagar en su posición de centralidad (Casa de la Panameña o V iña Romano). El r esto de las edificaciones menor es suele ser de modesta entidad y rudimentaria construcción, y se destina a alber gar los utensilios de la vendimia y pr opor cionar abrigo a los jornaler os. En general su interés es escaso. A consecuencia de la concentración de la pr opiedad sur gió la necesidad de construir casas que ejer cieran de cabecera de la explotación. Estas edificaciones mantu- vier on el carácter agrícola per o nacier on como símbolos del poderío económico y social de sus dueños. En su construcción se pr estó mayor interés a las soluciones ar quitectónicas y a la imagen y pr esencia del edificio, y se incluyer on amplios y ornamentados señoríos que rara 56 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz M AP A DE UNIDADES VITÍVINÍCOLAS Un total de 57 edificios cuenta con instalaciones para la explotación de la vid. De ellos, 42 tienen una dedicación exclusiva y 15 la combinan con otros usos, lo que representa un 74% y un 26% del total respectivamente. vez se ocupaban fuera de la época de vendimia. Estas casas constituyen algunas de las piezas más r elevantes de la ar quitectura del Mar co, per o en modo alguno pue- den considerarse como elementos r epr esentativos ni definitorios del conjunto de las casas de viñas. Hoy en día, cuando muchos negocios familiar es han dado lugar a sociedades anónimas, estos edificios mantienen su carácter r epr esentativo convertidos en símbolo y buque insignia de las grandes firmas exportadoras. Al mar gen de lo que se entiende como Mar co del Jer ez se encuentra el viñedo del término de Chiclana, que aunque su vino no se inscribe en dicha denomina- ción, sus tierras entran en la clasificación de zona pr o- ductora de Jer ez. A pesar de que la superficie plantada de vides alcanzó gran importancia durante los años setenta, la pr oximidad a la capital y las r educidísimas dimensiones de las explotaciones favor eció que las uvas habitualmente se trasladaran al pueblo para ser pisadas, por lo que las necesidades de las casas rurales se r edujer on a las pr opiamente r esidenciales del guar- da o capataz y a las de almacenaje de los aper os de labranza. Esto ha pr ovocado que desde el punto de vista de la ar quitectura rural el viñedo chiclaner o car ezca de elementos r elevantes en comparación con el pr opio Jer ez y los demás municipios del Mar co. Caso aparte, a su vez, es el viñedo de otras ár eas de la pr ovincia, como la sierra y la comar ca de Ar cos, de pequeña extensión y en acentuada r ecesión desde la pri- mera mitad del siglo XIX. En Ar cos y la campiña del curso medio y alto del Guadalete la pr oducción vitiviní- 57 La arquitectura agraria en la provincia Macharnudo, Jerez de la Frontera. cola solía apar ecer integrada en grandes haciendas con múltiples funciones (Hacienda el Rosalejo), siendo muy contados los ejemplos de edificios especializados en el viñedo que, en todo caso, se r emiten tipológicamente a las estructuras tradicionales de haciendas y casas moli- no de olivar , gracias a los paralelismos de sus cir cuitos pr oductivos (Hacienda la V icaría o el V icario). En la sie- rra, mientras tanto, pr edominaba el labor eo y elabora- ción de la uva a partir de los pueblos e instalaciones ur- banas, detectándose, sin embar go, algunas pequeñas edificaciones rurales con el nombr e de lagar que han de r elacionarse con el lagar de montaña malagueño y las variantes del lagar tradicional de las pr ovincias interio- r es de Andalucía, cuyo principal condicionante morfo- lógico estriba en su adaptación al uso de pr ensas de viga, por completo ausentes del ár ea jer ezana. Implantación en el territorio Una característica de las plantaciones de viña es su pr opio paisaje, determinado por la implantación de las casas sobr e las suaves lomas de la campiña jer ezana. Innumerables volúmenes blancos y limpios que desta- can sobr e el ver de vivo de las cepas, definiendo un pai- saje que por sí solo constituye un valor cultural. T radicionalmente las casas de viña se han asentado sobr e las lomas más altas de las fincas. Desde su posi- ción privilegiada se podía ver y ser visto. V er , para po- der ejer cer el contr ol y la vigilancia de la finca, y ser visto para mostrarse ante los demás, haciendo mani- festación expr esa de su pr esencia en el territorio. Esto último es especialmente evidente cuando la edificación quería apar ecer como símbolo de la posición económi- co social de su pr opietario. La localización en alto r espondía también a una necesidad funcional. T anto el asoleamiento de la uva en el almijar como los pr ocesos de fermentación y crianza del vino necesitan para su buen desarr ollo de 58 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Viñas en el Marco de Jerez. Arriba, a la derecha de la imagen, Viña Cerro Nuevo Viña los Arcos, Jerez de la Frontera. la libr e exposición a las corrientes de air e. En especial a los vientos de la costa, más húmedos y fr escos. Por los mismos motivos las edificaciones se orientaban pr efer entemente de manera que las bodegas y lagar es quedaran al nor oeste, donde es menor el nivel de inso- lación, y el sol del mediodía pudiera incidir sobr e el almijar sin que el pr opio edificio le hiciera sombra. En el conjunto de la finca la casa se coloca de mane- ra que desde ella se visualiza la entrada a la pr opiedad y es posible contr olar el r ecorrido a través del camino de acceso. La entrada se formaliza mediante dos pilones de cantería que sostienen una cancela de fundición. Desde ella se inicia un r ecorrido ascendente hacia la plataforma horizontal sobr e la que se asientan casa y almijar . Éste constituye un primer elemento de transi- ción entr e el territorio y la edificación. El portal supo- ne el segundo tamiz que da paso definitivo al interior . Se compone de esta manera un r ecorrido casi pr ocesio- nal que desde la entrada en la pr opiedad va intr odu- ciendo gradualmente desde la carr etera hasta el lagar . Dependencias La casa de viña es un complejo destinado a r esolver las necesidades funcionales y espaciales derivadas de las labor es pr opiamente agrícolas (cuadras, pajar es, sotillones...) y de los pr ocesos iniciales de obtención y transformación del zumo de la uva (lagar es, almijar es, etc.). La casa es, además, una edificación r esidencial: en ella habita el caser o o capataz de la finca y los tra- bajador es tempor er os que necesitan habitaciones para el descanso y cobijo nocturno. De labor El almijar constituye una amplia explanada a cielo abierto situada habitualmente delante de la casa y en comunicación dir ecta con el lagar . Imprescindible en las casas de viña, aunque no constituya parte pr opia- mente de la edificación, es determinante en la implan- tación de los edificios, en la definición de la estructura general de la explotación y en general en la r elación que establece la casa con el pr opio territorio. Su for- 59 La arquitectura agraria en la provincia El almijar de Casa de la Esperanza, Jerez de la Frontera. malización no pasa habitualmente de ser una superfi- cie terr osa, limpia y apisonada, que cuando la or ogra- fía lo exige queda delimitada por un mur ete que hace las veces de mur o de contención y permite la nivela- ción del terr eno. En el almijar se r ealizaba el soleo de las uvas, primer escalón del pr oceso pr oductivo del mosto. El tiempo de exposición de las uvas al sol varia- ba en función de la calidad de la cosecha, las condicio- nes meteor ológicas y del tipo de vino a que estuvieran destinadas. El pr oceso r educía la humedad del fruto y aumentaba su graduación alcohólica. Conforme a la función esencialmente pr oductiva de las casas de viña, el lagar constituye la pieza esencial del conjunto, pues es aquí donde se r ealizan las operacio- nes necesarias para extraer el mosto. En el Mar co de Jer ez la extracción del zumo de los frutos se ha r ealiza- do tradicionalmente mediante la pisa dir ecta de los mis- mos. No hay constancia de que en algún momento his- tórico se utilizaran otr os pr ocedimientos de extracción, tipo pr ensas de viga u otr os artilugios que sí existen en comar cas r elativamente próximas, como la pr opia sie- rra gaditana. La pisa y pr ensado de la uva se r ealizaba en grandes cajones de madera denominados también lagar es, de ahí que en algunos sitios, aunque no es muy corriente en Jer ez, a la habitación que los contiene se le conociera comúnmente como casa de lagar es. Estos 60 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Asoleamiento en el almijar , pisado y prensado de la uva en Macharnudo, Jerez de la Frontera, a principios del siglo XX. Lagares y prensa sanluqueña en Viña los Arcos, Jerez de la Frontera. cajones, normalmente de pino de Flandes, tenían unas dimensiones en torno a los 3,5 m, se levantaban del suelo sobr e apoyos de unos 80 cm de altura, conocidos como caballetes, y en el centr o tenían un husillo con una gran tuer ca de madera (marrana o cochina). Hasta la aparición de las pr ensas mecánicas en los lagar es se r ealizaba la pisa y el posterior pr ensado de la masa de uva. La uva era triturada por los pisador es pr ovistos de calzados de cuer o y suelas con clavos. T erminada la pisa, la masa r esultante se agrupaba y apr etaba con tiras de esparto (empleita, pleita) en torno al husillo, en el cual, mediante un apar ejo de madera, se exprimía para obtener el caldo r esultante. A partir del siglo XIX el último pr ensado se r ealizaba en pr ensas independientes que primer o fuer on manuales, accionadas mediante volantes y que r ecibier on el nombr e de sanluqueñas, y posteriormente hidráulicas. Estos nuevos aparatos se colocaban en las mismas naves de pisa, pues su peque- ño tamaño no r equería otr os espacios. La mecanización comenzó a finales del XIX con la intr oducción de las primeras pr ensas mecánicas. Éstas ocupaban inicial- mente menos espacio que los lagar es, por lo que se ubi- car on en la misma nave. Con la gran expansión del sec- tor vinater o a mediados del siglo XX los principales exportador es construyeron enormes plantas de pr oduc- ción en los cascos urbanos, por lo que este pr oceso dejó de r ealizarse en gran parte de las viñas. En algunos casos la función del lagar se mantuvo incorporándose las más modernas maquinarias y en otr os las necesida- des espaciales de los grandes tr enes de pr ensado exigie- r on la construcción de nuevos lagar es, que ya se cons- truyer on con la tecnología pr opia del sector industrial (El Calderín del Obispo). La dependencia del lagar es fr ecuentemente la pieza más r elevante de la casa de viña. Ar quitectónicamente no exige una formalización determinada, bastaba con que el espacio fuera amplio y de suficiente altura para permitir la colocación en batería de varios lagar es. Son pr efer entemente alar gados y habitualmente de dos na- ves separadas por los pórticos que sopor tan la cubier- ta, normalmente a dos aguas. Para facilitar el trasiego de los trabajador es entr e los lagar es, estos pórticos se r esuelven mediante grandes ar cadas o con esbeltos soportes que pr opor cionan total diafanidad entre las crujías. Al exterior se manifiestan por sus grandes paños de teja y mayor altura, o bien desapar ecen em- butidos en el conjunto edificatorio. En contra de lo que pudiera par ecer común, las bodegas no son elementos habituales en las casas de viña. La costumbr e de almacenar los mostos en el campo hasta ener o o febr er o desapar eció a mediados del XIX, fecha en la que se construye gran parte de estas casas, por lo cual los pr ocesos de crianza tradi- cionalmente se han r ealizado en los complejos bode- guer os de las poblaciones. En las pequeñas explotacio- 61 La arquitectura agraria en la provincia Prensas horizontales en Casa del Cuadrado Nueva, Jerez de la Frontera La nave de lagares de Viña el Corregidor , Jerez de la Frontera. nes se utilizaría como bodega de mostos la misma nave del lagar , cuya espaciosidad pr opor cionaría el volumen de air e y las condiciones ambientales necesarias para el pr oceso de la fermentación. En algunos casos existen naves anexas a los lagar es y de semejantes característi- cas a éstos, lo que hace pensar que quizá pudier on es- tar destinadas a este fin (V iña Caribe). Los ejemplos de bodegas de mosto que encontramos hoy día son en su mayoría de nueva construcción y corr esponden princi- palmente a explotaciones que tienen en funcionamien- to modernos tr enes de pr ensado (V iña las Cañas, La Pescadera...). Las bodegas de crianza nunca existier on como tales en las viñas. A pesar de ello se pueden encontrar dependencias destinadas a este fin, general- mente de pequeño tamaño, destinadas al consumo interno en viñas familiar es o bien con carácter r epr e- sentativo en los centr os de las grandes firmas exporta- doras. En estos casos se construyen naves paralelas a los lagar es y comunicadas con éstos (Macharnudo). Algunas casas han incorporado más r ecientemente nuevos espacios para bodegas de crianza, o han r euti- lizado para tal fin otras dependencias, como el lagar o la casa de la gente. (Cerr o V iejo y V iña Las Cañas r es- pectivamente). Además de las instalaciones r eseñadas, las casas r epiten una serie de elementos menor es per o impr es- cindibles para el buen funcionamiento del complejo y , por tanto, definitorios del mismo. Uno de los más característicos es el portal. Abier to en la fachada prin- cipal, es paso intermedio y espacio de comunicación entr e el almijar y los lagar es. Como espacio cubierto era utilizado por los trabajador es en la hora del des- canso para pr otegerse del inclemente sol de la vendi- mia, y aquéllos de mayor es dimensiones podían utili- zarse para r esguar dar las uvas, que estaban asoleándo- se, de un exceso de humedad nocturna. El aljibe per- mitía disponer de agua para el consumo doméstico y animal, especialmente en los meses de verano durante los cuales se r ealizan las principales tar eas agrícolas en las viñas. Son subterráneos y habitualmente están loca- lizados bajo el almijar . Exteriormente se manifiestan 62 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz A la izquierda, bodega de Viña las Cañas, Jerez de la Frontera. A la derecha, patio de una bodega de Jerez en torno a 1920 El portal de Viña los Arcos, Jerez de la Frontera. en los típicos br ocales de cantería y en los elementos de captación y conducción del agua (canalones y bajantes de plomo), pr esentes en fachadas y cubiertas. La cuadra suele ser de escasas dimensiones, desti- nada a los animales de tir o impr escindibles para las faenas agrícolas, normalmente yuntas de mulos, y a alguna que otra montura necesaria para desplazarse por las viñas. Generalmente se sitúan en la fachada principal con acceso desde el exterior a través del por- tal. La cuadra suele contar con un pequeño almacén para la paja, denominado tr oja, situado sobr e la misma cuadra y en ocasiones en una habitación anexa. Otr os elementos menor es de pr esencia habitual en las viñas son los sotillones o soberaos. La gran altura de las naves de lagar se desdoblaba en dependencias meno- r es, utilizando este espacio superior a modo de alma- cén o traster o donde guar dar los utensilios de labranza y vendimia de una temporada a otra. El acceso se r ea- liza desde el pr opio lagar mediante escaleras de mano. De habitación Es habitual que las casas de viña dispongan de vivienda para el encar gado o capataz, que reside habi- tualmente en la viña y se encar ga del mantenimiento de la edificación, y de dependencias para los trabaja- dor es (fogarín, casa de la gente y cocina). Sin embar- go no es fr ecuente que dispongan de señorío. La vivienda del capataz o encar gado es, por lo gene- ral, de pequeño tamaño y carácter modesto. Están constituidas por las estancias r esidenciales básicas y comunicadas dir ectamente con el lagar . El acceso habi- tual es desde el portal y en ocasiones exclusivamente desde el pr opio lagar . Constructivamente se integran en el conjunto de la edificación, car eciendo de ele- mentos difer enciador es, a excepción, lógicamente, de unos mayor es huecos de ventilación. Como casa de la gente se conoce la dependencia que en los cortijos de secano se denomina gañanía, es decir , la r eservada para uso del personal. Normalmente son habitaciones alar gadas, comunicadas directamente con los lagar es, que se usaban tanto de comedor como de dormitorio, sin más mobiliario que grandes mesas y banquetas corridas. El fogarín es fundamentalmente un hogar de grandes dimensiones constituido por la campana de humos y el fogón, en el cual los trabaja- dor es se pr eparaban la comida y se r eunían durante el tiempo libr e. Podía constituir una habitación indepen- diente, anexa a la casa de la gente o estar integrado en ésta, en un extr emo de la misma. En aquellos conjun- tos más r educidos, el pr opio fogarín se utilizaba a modo de dormitorio y más corrientemente como coci- na de los trabajador es. Habitualmente se manifiesta al exterior a través de una chimenea más o menos gran- de. En algunos ejemplos la cocina es una habitación independiente del fogarín. La ausencia casi generalizada de señorío está justi- ficada por la pr oximidad de los viñedos a las poblacio- nes, lo que permitía r esidir más cómodamente en las ciudades y desplazarse al campo cuanto fuera necesa- rio. En algunos ejemplos las casas disponen de vivien- da para el pr opietario. Señorío en cuanto que vivienda del señor de la explotación per o car ente de formaliza- ción expr esa y en ningún modo piezas de especial capacidad. En general no se difer encia de la del encar- gado; su situación y tamaño es semejante y car ece de pr etensiones r epr esentativas y formales. Sólo en algu- nos casos muy puntuales la vivienda adquier e ver da- 63 La arquitectura agraria en la provincia Interior de la casa de la gente. Viña el Corregidor , Jerez de la Frontera. deras condiciones de señorío. Este hecho se pr oduce en aquellas edificaciones que junto a su función agrí- cola asumían el papel de sello de imagen y r epr esenta- ción social de la familia pr opietaria. Estas viviendas, a su vez, se convertían en una segunda r esidencia que sólo se usaba habitualmente durante la vendimia. La vivienda adquier e entonces una ver dadera r elevancia en la edificación, convirtiéndose en uno de sus ele- mentos vertebrador es y estructurantes. El tamaño y númer o de las dependencias es mayor y se pone espe- cial énfasis en su decoración y formalización, tanto exterior como interior . Aparecen por ches, terrazas y jar dines e incluso en los casos más destacados, capilla. (Macharnudo y Cerr o Nuevo). Sistemas constructivos y elementos formales Como en el r esto de la ar quitectura rural, la cons- trucción está dir ectamente influenciada por los mate- riales habituales en la zona y la posibilidad de disponer de ellos. No existen grandes variaciones r especto a otras modalidades de edificación rural. Las características generales de esta ar quitectura son mur os exterior es de car ga, soportes interior es en los grandes espacios, forjados leñosos y cubiertas de teja. Como característica particular se observa una mayor pr esencia de la piedra en elementos decorativos y estructurales que en otr os conjuntos rurales debido a la cer canía de las canteras de la sierra de San Cristóbal, tradicional suministradora de piedra ar enis- ca. Esta piedra es fácilmente trabajable y extraor dina- riamente útil en lagar es y bodegas por su capacidad para r etener la humedad. Los mur os pueden ser de tapial o mampostería de cantos sin desbastar , cal y tie- rra. La cantería rara vez se utiliza en paramentos com- pletos, r eservándose habitualmente para refuerzo de los mur os en las esquinas de la edificación o en dinte- les y jambas de puertas y ventanas. Para lograr una mayor amplitud y diafanidad en las naves mayor es, lagar es sobr e todo, se sustituyen los mur os por pilar es, que pueden ser de ladrillo o sillar ejos, y que soportan ar querías o dir ectamente la viguería de cubierta. Los ar cos pueden trazarse mediante ladrillos y r elleno de mampuesto. Las cubiertas y forjados se construyen mediante viguería de madera, habitualmente de pino Flandes. Es tradicional en esta comar ca el empleo de par es, contrapar es y ladrillos por tabla, solución ésta muy común también en las r esidencias urbanas. En las cubiertas a dos aguas, cuando existen pór ticos interior es, los par es apoyan dir ectamente en éstos y en los mur os de cerramiento. Cuando no hay posibilidad de apoyo intermedio, las soluciones habituales, par e hilera o par y nudillo, pueden llegar a ser más com- plejas, formando ver daderas cer chas de madera que en algunos de los casos más sobr esalientes salvan toda la luz de la edificación. Para la pavimentación habitual- mente se usa alber o compactado en lagar es y bodegas, enlosándose las dependencias vivideras fr ecuente- mente con losas de T arifa. Formalmente, las casas r eflejan con fidelidad los sistemas constructivos. Al exterior se manifiestan en volúmenes simples que se yuxtaponen, y las más sen- cillas como un único volumen bajo cubierta a dos aguas. Los huecos de lagar es y bodegas, pequeños y altos para captar las brisas, le dan un aspecto sólido y ensimismado, sólo r oto por los huecos mayor es de las viviendas y los portales de la fachada principal. El elemento externo más definitorio es sin duda el por- tal o galería de portales en la fachada principal. Adintelado, con soportes y dintel de madera, o en 64 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz La vivienda principal de Viña Cerro Nuevo, Jerez de la Frontera. tes de Sevilla, Morón y otr os pueblos». Con la mejora de las r edes de transporte, se impone una pr ogresiva espe- cialización agrícola que en Cádiz se traduce en el aumento del viñedo y en la r egr esión del olivar en sus espacios históricos para desplazarse a otr os nuevos. Por que, a pesar de todo, la superficie del olivar gaditano experimenta un sustancial cr ecimiento entr e los siglos XIX y XX: de 10.442 ha. en 1858, pasa a ocupar 26.140 en 1935. Sin embar go, en cifras absolutas el olivar gadi- tano sigue siendo poco significativo en el conjunto andaluz –el olivar de Jaén compr ende 320.000 ha. en 1935–, y su ritmo de expansión, inferior . Los nuevos oli- var es de Cádiz se tienden en antiguas tierras adehesadas y manchones de monte y pasto salidos al mer cado en el curso de las desamortizaciones, sobr e todo la de bienes comunales, es decir , sobr e terr enos de cierta pendiente de las comar cas de Ar cos, Olvera y el r ebor de oriental del término de Jer ez. La colonización olivar era muestra tímidos, per o incesantes pr ogr esos en la segunda mitad del XIX, para dispararse con el cambio de siglo: entr e 1898 y 1900 la superficie del olivar pasa de 13.163 a 18.865 ha., fenómeno que se materializa en la construc- ción de numer osos molinos y almazaras de tecnología hidráulica en el primer ter cio del siglo XX. Con el avan- ce de la centuria, y la agudización de la especialización de cultivos a escala r egional y nacional, el olivar gadita- no vuelve, en definitiva, a per der terr eno. T ras la crisis iniciada en la década de 1960 –después del paréntesis ruralista y autár quico de la posguerra– el olivar de Ar cos, V illamartín y Jer ez se sumer ge en una crisis ter- minal que lo minimiza hasta su desaparición casi total. Sólo habrá de per durar hasta el pr esente, con cierta importancia, en puntos aislados de Ar cos y V illamar tín, y en Olvera y otr os términos serranos del nor deste –Algodonales, Setenil, Zahara…–. Dentr o de los distintos modelos estudiados en esta pr ovincia, en la explotación olivar era concurr e la doble cir cunstancia de ser un grupo poco numer oso y de ser sin duda el que peor ha mantenido las características ar quitectónicas y agr oindustriales originales. La pér di- da de sus características originales viene determinada por dos factor es principales: la r ecesión casi total del cultivo del olivar en muchos de estos municipios, como se ha visto, y la pér dida de funcionalidad de unas estructuras ar quitectónicas fuertemente ligadas a deter- minadas tecnologías agr oindustriales. Entr e los moli- nos inventariados sólo ejemplos aislados –Santa Antonia, en Olvera, o el Callejón, en V illamartín– man- tienen la pr oducción aceitera, y lo hacen evidentemen- te con maquinaria hidráulica. Entr e las diversas causas que originar on la caída de la pr oducción olivar era qui- zás la más trascendental, por la imposibilidad de su so- lución, es la pr opia climatología de las comar cas más próximas al mar , que favor ece la aparición de todo tipo de plagas entr e los olivos. Además, en aquellos munici- pios en los que se conserva el cultivo, la extracción del aceite se r ealiza por r egla general en grandes cooperati- vas situadas en las ciudades, como Algodonales o Olve- ra, por lo que estas instalaciones están desapar eciendo del campo, allí donde las hubo. Por otr o lado, las primitivas explotaciones olivar e- ras, de pr ensa de viga, son pr obablemente las cons- trucciones más mediatizadas por una tecnología en concr eto. La desaparición de esa tecnología a finales del siglo XIX supuso la pér dida de sentido de estas construcciones que, difícilmente r eutilizables, queda- r on abocadas en muchos casos al abandono y posterior desaparición, o a su total transformación. El cultivo del olivar ha convivido en esta pr ovincia desde siempr e en grandes pr opiedades con otr os culti- vos compatibles, generalmente de tierra calma y con explotaciones ganaderas, especialmente de ganado por cino que se alimentaba de las aceitunas que se des- pr endían de los árboles. La explotación del olivar estu- vo ligada en el Antiguo Régimen a los estamentos favo- r ecidos, a la alta aristocracia, grandes mer cader es y al cler o r egular , debido a los altos beneficios que estas explotaciones pr oducían. De esta cir cunstancia se deri- va que en las construcciones olivar eras encontr emos el conjunto pr obablemente más rico ar quitectónicamen- te hablando, especialmente en lo que se r efier e al grado de formalización e intención ornamental de sus ele- mentos constructivos. Esta mayor riqueza se encuentra 71 La arquitectura agraria en la provincia M AP A DE UNIDADES DE OLIV AR SEGÚN LA TECNOLOGÍA DE SU ALMAZARA De un total de 62 unidades que incluyen instalaciones para la explotación de olivar , el 48% cuenta con almazara de tipo industrial, en el 44% es de tipo tradicional y un 8% carece de instalaciones específicas para la obtención de aceite. lógicamente en las edificaciones mayor es, puesto que las construcciones menor es, los simples molinos, son ante todo instalaciones funcionales y normalmente car ecen de intenciones formales. En cuanto a su denominación, en la cultura popu- lar de la zona han desapar ecido, si existier on, términos expr esos para definir las explotaciones olivar eras y sus caseríos. La terminología actual más empleada se r efie- r e a ellas como cortijos de olivar , haciendas, molinos o casas molino, con un alto grado de impr ecisión. La pri- mera de estas denominaciones –cortijo– par ece referir- se a las grandes explotaciones que tradicionalmente disponían también de otr os cultivos de secano. Como molino se suele entender aquellas pequeñas construc- ciones dedicadas en exclusiva a la extracción agr oin- dustrial del aceite. Las haciendas y casas molino, por su parte, se vinculan a las fincas olivar eras de mayor enver gadura, que también podían comprender otr os apr ovechamientos, como la viña o el cer eal, si bien el cultivo del olivo y la elaboración de aceite constituían el principal rasgo distintivo de la explotación. Per o tampoco la separación entr e estos términos r esulta muy clara, habida cuenta de que se r efier en a cons- trucciones que en su mayoría han cambiado de fun- ción desde hace décadas. Implantación en el territorio Las explotaciones olivar eras no r equier en espacios al air e libr e para actividades laborales, como la era o el almijar , por lo que su r elación con el territorio que la soporta es de una mayor independencia. Como es lógi- co en aquellas explotaciones mixtas sí apar ecerán los elementos que le son pr opios a los r espectivos apr ove- chamientos que puedan incorporar . El agua es un elemento básico en la elección del asentamiento, puesto que es impr escindible en el pr o- ceso pr oductivo del aceite. La pr oximidad a cauces, 72 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Hacienda los Huertos, Villamartín. Los cambios de cultivos producen imágenes como ésta: una tradicional construcción olivarera emerge entre el cereal. arr oyos o pozos es quizás el único condicionante externo del emplazamiento del caserío de olivar . Por lo general a la hora de ubicarse en el territorio se sitúan en puntos elevados, apar eciendo con una mayor asi- duidad que en otras explotaciones el uso del arbolado de gran porte como mar ca o r eferencia en el paisaje, necesaria para destacar por encima de la masa del oli- var . Las construcciones se orientan de manera que las dependencias olivar eras queden en la medida de lo posible a r esguar do del sol, importante agente oxidan- te del aceite. Por lo demás la portada principal se orienta y expone hacia el camino de acceso. Dependencias Las dependencias que caracterizan tipológicamente a las construcciones olivar eras son básicamente aque- llas que forman la almazara, es decir las que constitu- yen el núcleo funcional del complejo agr oindustrial: la torr e de contrapeso, la nave de molino y pr ensa, el tru- jal, los tr ojes y el almacén de tinajas. Paralelamente a éstas, las dependencias r esidenciales van apar eciendo a medida que se complica la pr opia explotación. Lógi- camente las piezas anteriormente descritas se corr es- ponden con la almazara tradicional, la de pr ensa de viga. Con la pr ogr esiva industrialización del sector , la especificidad funcional de estos espacios fue desapar e- ciendo, en clara tendencia hacia ocupar espacios cuyas principales características debían ser la amplitud y dia- fanidad, junto con la flexibilidad funcional. En los casos de explotaciones de carácter mixto, que compatibilizaban el cer eal con la pr oducción oli- var era, r eapar ecen las dependencias pr opias de los cor- tijos de secano: graner os, estancias, cuadras, etc. De manera general r epiten las características básicas ex- pr esadas para dichos cortijos, si acaso con un mayor grado de formalización ar quitectónica acor de con las explotaciones olivar eras. De labor El molino o la almazara es la fábrica de aceite, es decir el conjunto de dependencias en las cuales se desa- rr olla el pr oceso de extracción y el almacenaje tanto del fruto, la aceituna, como del pr oducto, el aceite. En las comar cas de estudio el pr ensado de las acei- tunas se ha r ealizado tradicionalmente mediante pr en- sas de viga. Esta almazara tradicional se compone bási- camente de los tr ojes o depósitos para la aceituna cose- chada, el trujal o dependencia con el empiedr o o moli- no pr opiamente dicho con las piedras, la pr ensa de viga para la faena de pr ensado que facilita la extracción del aceite y las bodegas de aceite para almacenar el pr o- ducto elaborado. La nave de viga es el elemento defini- dor de esta tecnología. El sistema de la pr ensa de viga se basa en el principio de la palanca. Consiste en un gran mader o de unos diez a dieciocho metr os con uno de sus extr emos fijado a una torr e maciza que actúa de contrapeso limitando el desplazamiento de la viga durante la faena de pr ensado. La viga se encastra en la torr e entr e unos mader os denominados «vír genes» si- tuados en el interior de una hornacina o «capilla» de la torr e. En el extr emo opuesto de la viga penden grandes piedras –quintales o pesillo– unidas a un tornillo sinfín, el husillo, que permite alzarlas o situarlas en posición de descanso para aplicar el efecto de palanca sobr e el car go de capachos con aceituna molida sobre los que se descar ga la presión r esultante de la viga. La nave de la viga es quizás la pieza cuya formaliza- ción ar quitectónica está más íntimamente ligada a su pr opia función. Son naves estr echas y lar gas, general- mente a dos aguas, con escasos huecos de ventilación y r ematadas por la torr e contrapeso. En el mismo espacio de la viga se disponían otr os elementos auxiliar es en el pr oceso del pr ensado: la caldera y la bomba. La caldera era un fogón con una gran chimenea en la que se calen- taba el agua para r ociar la masa molida antes de pasar al pr ensado, y se hervían los capachos usados o nuevos. La bomba o pozuelo es un pozo que r ecoge el pr oducto del pr ensado, y en el cual, por decantación, se separa el aceite del alpechín, agua con r esiduos, que se deposita 73 La arquitectura agraria en la provincia Molino San Cayetano, V ejer de la Frontera. En la imagen del patio se aprecia, al fondo, la torre de contrapeso. en el fondo y se elimina al exterior . Originalmente estos pozos se r ecubrían de barr o, posteriormente de hojalata o hierr o. T ras este primer descuelgue se traspasa el acei- te a las tinajas de decantación. El trujal es el espacio donde se situaba el molino. Con la molienda se r ompe la aceituna, pr eparándola para la pr ensa, y se obtienen los primer os jugos. En las explotaciones menor es el molino se situaba en la pr o- pia nave de la viga; más habitualmente ocupaba un pequeño espacio generalmente a la cabecera de la viga, en comunicación dir ecta con ésta. El molino tradicio- nal era accionado «a sangr e», generalmente movido por caballerías. El modelo más corriente consta de una o varias piedras tr oncocónicas, rulos, que por la acción del animal se deslizan girando alr ededor de un eje sobr e otra piedra de granito cir cular denominada sole- ra. En los tr ojes se almacenaban las aceitunas hasta su pr ensado. Habitualmente la nave de almacén estaba subdividida mediante particiones de ladrillo o mam- postería que nunca alcanzaban la altura de la nave, y en las cuales se separaban las aceitunas distinguiendo pr ocedencia, momento de r ecolección, tipo, etc. Estas subdivisiones son la que r eciben concr etamente el nombr e de tr oje. Al igual que el molino, éstos podían ocupar espacios r esiduales en la nave de la viga o bien constituir espacios independientes. En la bodega de tinajas se guar daba el aceite. Éste se almacenaba tradi- cionalmente en grandes tinajas de cerámica semiente- rradas para poder mantener una temperatura unifor- me. Estas tinajas se disponían en naves destinadas a tal fin o en patios interior es, siempr e en comunicación dir ecta con la nave de la pr ensa, o incluso compartien- do espacio con la misma. Las bodegas son ámbitos generalmente de escasa altura y poca iluminación, para evitar en la medida de lo posible la entrada de la luz, importante oxidante del aceite. 74 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Nave de la prensa de viga del Molino San Cayetano, V ejer de la Frontera. A la derecha, sector de la almazara del Cortijo de Cabeza Alcaide, Sanlúcar de Barrameda. T orres de contrapeso de (izquierda a derecha), Cortijo Casa de la Guardia, Chiclana de la Frontera; Cortijo o Hacienda el Peral, Arcos de la Frontera; Cortijo de la Cañada, Sanlúcar de Barrameda; y Hacienda el Serrecín, Villamartín. A principios del siglo XX había desapar ecido defini- tivamente la almazara tradicional. Las pr ensas de viga se sustituyer on por pr ensas hidráulicas intr oducidas desde el segundo ter cio del siglo XIX, inicialmente manuales, posteriormente a vapor , y más tar de eléctri- cas. Los molinos a sangr e dier on paso a los de tracción mecánica y la torr e contrapeso dejó de tener sentido. Las exigencias espaciales de las nuevas tecnologías eran mucho menor es, y la almazara ya no necesitó una for- malización especial, ubicándose en naves r elativamente espaciosas que podían hasta ocupar los bajos del pr opio señorío. Con la industrialización las tinajas se sustitu- yer on por grandes r ecipientes subterráneos alicatados y , posteriormente, por grandes depósitos metálicos. Las naves originalmente de poca altura tuvier on que trans- formarse en grandes volúmenes para alber gar los nue- vos depósitos. En fechas r ecientes, la generalización del transporte ha acabado con las pequeñas almazaras, y el pr ensado habitualmente se r ealiza en las poblaciones, en grandes centr os de pr oducción. Respecto a las dependencias ganaderas, son fr e- cuentes las zahúr das además de las pr opias del ganado de labor auxiliar , sobr e todo mulos. De estas últimas su importancia es r elativa en las explotaciones olivareras, al ser menor el númer o de faenas agrícolas a r ealizar , pr edominando las cuadras para las faenas del olivar , el transporte por la finca y para tir o en el molino. La for- malización de zahúr das y cuadras en general suele ser irr elevante en el conjunto, y sus características no difier en de las vistas en los cortijos de secano. De habitación Las explotaciones olivar eras exigen una escasa mano de obra permanente per o una gran aportación de tem- por er os en el momento de la r ecolección. Sin embar go, la habitual pr oximidad de estas explotaciones a las poblaciones ha dado lugar a que las dependencias de habitación no sean elementos definitorios del tipo. La vivienda del caser o, guar da o encar gado es el elemento r esidencial que apar ece con mayor fr ecuencia, aunque no en todas. Son viviendas medias, con las dependencias suficientes para pr opor cionar un cierto grado de habita- bilidad y que por lo general apar ecen perfectamente integradas en el conjunto de la edificación sin pr esentar elementos r elevantes. Suelen situarse en las pr oximida- des de la puerta de ingr eso para controlar entradas y sali- das. En las grandes construcciones es fr ecuente que ocu- pen la planta baja de la r esidencia señorial. 75 La arquitectura agraria en la provincia Interior de la vivienda principal de Hacienda los Huertos, Villamartín. Jardín de Hacienda el Rosalejo, Villamartín. El señorío es un elemento característico de las gran- des explotaciones olivar eras, especialmente en aquellas de carácter mixto en las que las construcciones alcanzan un determinado grado de complejidad. Pr evistas inicial- mente para contr olar la época de r ecolección, a menudo se convirtier on en segunda residencia de sus pr opieta- rios. Es necesario r eseñar que, excepto en algunos casos, el señorío que se encuentra en las comar cas gaditanas estudiadas queda bastante lejos del de muchas haciendas sevillanas, consideradas habitualmente como pr ototipo de estas explotaciones. Aún así, podemos considerar que junto a las explotaciones de ganadería de lidia, las oliva- r eras son las que con mayor asiduidad pr esentan carac- ter es de ver dader o señorío en las dependencias de habi- tación de los dueños. Son r esidencias normalmente amplias, dispuestas en general en planta alta y abiertas al exterior en busca de la mejor orientación, o hacia el inte- rior , hacia un patio doméstico de señorío. Como rasgo fundamental sobr esaliente del r esto de la edificación, pr esentan numer osos y amplios vanos, que contrastan con el hermetismo de las dependencias de la almazara. Normalmente se dotan de jar dín exterior , o ajar dinan el patio al cual abr en. Algunos cuentan incluso con capilla, como se observa en varios casos de la comar ca de Ar cos. Aunque la pr esencia del señorío singulariza el exterior de un sector de la edificación, especialmente por el tamaño de los huecos, en líneas generales no destaca de forma r elevante del r esto de la edificación, sino que más bien éste queda afectado en su formalización general por la pr esencia de la r esidencia señorial. Con la gañanía ocurr e algo semejante a lo indicado r especto al señorío. Es pieza habitual en grandes ex- plotaciones de carácter mixto olivar -cer eal, y general- mente está ausente en las pequeñas instalaciones exclusivamente de transformación aceitera. Por lo de- más sus características no difier en básicamente de las especificadas en los cortijos de secano: naves amplias, bancadas perimetrales, hogar y chimeneón. 76 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Interior de la vivienda de trabajadores del Cortijo de Cabeza Alcaide, Sanlúcar de Barrameda. Sistemas constructivos y elementos formales Constructivamente, las edificaciones del olivar no manifiestan grandes difer encias con las r estantes unida- des inventariadas. Los elementos más destacables son aquéllos que pr ovienen dir ectamente de la especificidad de la instalación, es decir , los r elacionados con la nave de la pr ensa de viga. La torr e de contrapeso de la viga es un bloque compacto, construido habitualmente con para- mentos de ladrillo, y con pr esencia esporádica de sillar es, como esquinales de r efuerzo o decorativos, que envuel- ve un r elleno interior de grandes mampuestos trabados. La nave de la viga se r esuelve estructuralmente con mur os de car ga exteriores y forjado de madera, casi siem- pr e a dos aguas y apoyado sobr e los mur os y en algunos casos sobr e un pórtico central, habitualmente de ar que- ría para facilitar el trasiego interior . Las dependencias aceiteras se pavimentaban con elementos que debían ser r esistentes, para soportar el trabajo del animal del moli- no, y fácilmente limpiables para poder eliminar los r es- tos aceitosos. Habitualmente se solaba el andén del moli- no y cuadras con cantos r odados y las naves con losas de piedras, baldosas cerámicas o adoquines. Como medida higiénica era fr ecuente el uso de la cal en los interior es de las dependencias de la almaza- ra, incluidas bombas y tinajas. Desde principios de siglo se comenzó a alicatar primeramente los elemen- tos de almacenamiento, extendiéndose posteriormente al r esto de la nave. Formalmente, como ya ha quedado r eseñado, y junto con las unidades de ganadería de lidia, las explotaciones olivar eras constituyen el conjunto que pr esenta un mayor nivel de intención ornamental y voluntad ar qui- tectónica. Partiendo de esta pr emisa general, hay aclarar que esta afirmación es aplicable a los conjuntos cons- tructivos de mediano y gran tamaño, y a los pertenecien- tes a grandes explotaciones mixtas. En los pequeños molinos, car entes de otras dependencias que las de trans- formación, apenas son r elevantes las cuestiones orna- mentales. T ambién es cierto que esta mayor intención ornamental se concentra casi exclusivamente sobr e ele- mentos concr etos, especialmente la torr e, la portada, el señorío o la capilla, en un intento de dar mayor r ealce al conjunto. Se trata de una ar quitectura de raíz rural orna- mentada mediante elementos extraídos de la ar quitectu- ra culta urbana: molduras, filetes, baquetones, espada- ñas…, según las prácticas extendidas por el barr oco andaluz e interpr etadas con posterioridad mediante la aplicación de otr os lenguajes estilísticos como el acade- micismo de inspiración neoclásica o el eclecticismo. El elemento formal definitorio por excelencia de estas explotaciones es la torr e de contrapeso de la viga, que habitualmente destaca sobr e la edificación. La pieza fun- cional se emplea como elemento ornamental. Para ello se culmina con diversos r emates que van desde la simple cubrición de tejas, al almenado, la construcción de elabo- rados chapiteles piramidales o su terminación en un mira- 77 La arquitectura agraria en la provincia A la izquierda, Molino Nuestra Señora de la Luz o Barrancos, Arcos de la Frontera. A la derecha, Hacienda el Rosalejo, Villamartín. dor . El otro elemento característico es la por tada, que señaliza el hueco de acceso principal de la edificación. Generalmente su colocación viene determinada por la or ganización interna del edificio y , en concreto, por la ubi- cación del patio del señorío y con este mismo, con los que establece r ecorridos visuales y funcionales. La formaliza- ción de la portada habitualmente r ecoge elementos pro- pios del barr oco urbano –fr ontones mixtilíneos, pilastras, hornacinas y espadañas–, y en otr os casos más sencillos se limita al r ecer cado o almenado del hueco de entrada. La portada como tal es un elemento característico de la alma- zara tradicional, cuya fachada principal, a menudo casi ciega, se anima con estos elementos sobr epuestos. La industrialización de las explotaciones también supuso modificaciones en la formalización de las cons- trucciones. Los señoríos se sitúan entonces pr efer ente- mente en la crujía de acceso y la portada como tal desapar ece. La fachada se estudia de manera global, mediante composiciones or denadas de aspecto más urbano. Apar ece un gran númer o de huecos, amplian- 78 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Molino la Carrasca, Espera. Molino San Cayetano, V ejer de la Frontera. do considerablemente la pr opor ción r especto al maci- zo, y en los elementos decorativos se tiende hacia líne- as más clásicas, menos barr oquizantes. En general las edificaciones del olivar en Cádiz son conjuntos que r esponden en mayor medida que otras explotaciones a actuaciones planificadas y que, por tanto, se pr esentan de forma más compacta, menos abierta que los cor tijos de secano, por ejemplo, car e- ciendo por lo r egular de piezas dispersas. Causan una mayor sensación de or den en su volumetría, pr efer ente- mente horizontal, que contrasta con la verticalidad de sus elementos singular es: torr es, espadañas, portadas. Organización espacial La explotación olivar era es quizás el conjunto que pr esenta una mayor variación en su formalización tipológica. Las piezas básicas que definen el tipo de una edificación de olivar son aquellas impr escindibles para su pr opio funcionamiento como complejo agr oin- dustrial, es decir las dependencias que constituyen la almazara: nave de pr ensa, trujal, tr ojes y bodegas. Es- tos elementos se estructuran dentr o de la edificación en virtud de las r elaciones funcionales que se estable- cen entr e ellos. Lógicamente, la pr ensa debe estar en comunicación con las otras tr es dependencias de ela- boración. En la disposición más r epetida, las distintas dependencias constituyen una L en la que la torr e con- trapeso construye el codo de la misma, y a la cabecera de la nave de viga se sitúa el trujal. A las piezas básicas se le han ido añadiendo posteriormente distintas dependencias a medida que las instalaciones y explo- taciones se hacían más complejas. En virtud de la etapa a la que se adscriban en este pr oceso, es posible deter- minar una serie de características comunes que permi- ten clasificar los edificios de olivar en función de ellas. Los «molinos» de aceite son aquéllos compuestos casi exclusivamente por las piezas básicas para la pr o- ducción del aceite y , ocasionalmente, por alguna peque- ña vivienda para un guar da, caser o o moliner o y las dependencias de animales impr escindibles para el fun- cionamiento del molino. De pequeño tamaño y estruc- tura simple, se or ganizan habitualmente de forma com- pacta en L, siguiendo el esquema clásico de la pr opia instalación aceitera. A este grupo corr esponden algunas de las piezas más r elevantes de las inventariadas entr e los edificios de olivar: Molino San Cayetano (V ejer) Molino la Carrasca (Espera) Molino de las Montañas (V illamartín). De los inventariados, algunos son moli- nos de una sola viga, con las r estantes dependencias construyendo el otr o brazo de la L, como San Cayetano. En otr os casos, la misma estructura en L es válida para disponer dos pr ensas paralelas en uno de los brazos, como en el Molino del Dornajo, en Algodonales, o para que las dos naves sean las que dibujen esta forma, como es el caso del Molino de Monteagudo de Sanlúcar de Barrameda. Siguiendo una tendencia natural, común a toda la ar quitectura rural pr ovincial, algunas de estas edificaciones han terminado cerrando con tapias y construcciones menor es el espacio interior de la L, defi- niendo de esta forma un patio de ingr eso más o menos formalizado (Molino del Dornajo). Constituyen la uni- dad funcional mínima del pr oceso pr oductivo, per o car ecen de los elementos necesarios para funcionar como explotación independiente, por lo que cabe deducir que estas piezas pertenecen o per tenecían a conjuntos dispersos de edificaciones que disponían de un caserío mayor que ejer cía de cabecera de la explota- ción y que concentraba las demás dependencias r esi- 79 La arquitectura agraria en la provincia Molino la Carrasca, Espera) y Molino San Cayetano, V ejer de la Frontera. denciales y agrícolas. T ambién podían servir de meras instalaciones de transformación para una diversidad de par celas dispersas, quizás de distintos pr opietarios, jugando un papel similar al de los molinos de harina, por lo r egular no ligados a una explotación en exclusi- va o en ninguna medida. En los «caseríos y casas molino» de olivar a la pieza básica de transformación se han añadido nuevas depen- dencias, principalmente de carácter r esidencial y habi- tualmente para uso del pr opietario de la explotación. Característica fundamental del caserío es la aparición del patio como elemento estructurante de la edifica- ción. Las distintas dependencias abr en pr efer entemente a estos espacios y el acceso se r ealiza desde ellos. Las distintas dependencias de la almazara –nave de pr ensa, tr ojes…–, ocupan gran parte del volumen edificado, convirtiéndose en pr otagonista del patio, ocupando dos de sus lados (Molino Nuevo, Algodonales). Junto a la vivienda apar ecen otras dependencias vinculadas a ésta, siendo las más habituales las cuadras (Cortijo Casa de la Guar dia, Chiclana). Cuando el rango de la explota- ción lo exige, la r esidencia adquier e ver dader o rango de señorío, apar eciendo otras viviendas menor es para el encar gado u otros trabajador es. Se estructura de forma cerrada, en torno a uno o dos patios, siendo lo más habitual un único patio central, de manera más o menos r egular y con tendencia a la forma cuadrada (Cortijo de la V iña de Estévez, Jer ez). Difícil r esulta establecer una delimitación tipológica taxativa entr e las casas molino y las «haciendas» de oli- var , términos que en la toponimia se solapan y confun- den, y también con las unidades que apar ecen bajo la designación de «cortijo», sobr e todo en su área de distri- bución pr efer ente en los términos de Ar cos y V illamartín. En general, puede decirse que las haciendas tienden a vincularse a explotaciones mixtas en las que las depen- dencias olivar eras comparten espacio con las dedicadas al cer eal y al ganado de labor , aunque destaque en espe- cial su dedicación olivar era. En las haciendas se r epiten las tr es unidades funcionales, adoptando un mayor pr o- tagonismo la dedicada pr opiamente al olivar y la r esi- dencial. Se trata de grandes explotaciones olivar eras que 80 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Molino del Bachiller Viejo, Arcos de la Frontera y Hacienda el Rosalejo, Villamartín. Cortijo Casa de la Guardia, Chiclana de la Frontera y Hacienda de San Andrés Nuevo, Arcos de la Frontera. la cantidad necesaria para varias semanas; el r esto per- manecía al exterior formando grandes montículos, denominados almiar es, que formaban parte del paisaje de los cortijos. Además de los almacenes de pr oductos agrícolas existen otras dependencias destinadas a alber gar todos aquellos utensilios y objetos relaciona- dos con las labor es del campo y del ganado: almacenes para aper os, cobertizos, herr erías y guadarnés cuando hay caballos, entr e otr os. De habitación Las gañanías eran las habitaciones r eservadas para el personal jornaler o del cortijo, especialmente nume- r oso durante las épocas de siembra y cosecha. La gaña- nía era la pieza destinada tanto al descanso nocturno como al almuerzo de los trabajadores, por lo que habi- tualmente estaba dotada de un hogar con una gran campana de humos que, además de calentar , permitía cocinar los alimentos. Esta campana r ecibe habitual- mente el nombr e de chimeneón. En algunas ocasiones el chimeneón constituye una habitación independien- te, a modo de cocina anexa a la gañanía, donde se dis- ponen los fogones necesarios para la pr eparación de los alimentos. Las más de las veces se incluye en la misma gañanía, al fondo de ésta, a modo de gran chi- menea, o en medio de la habitación como una simple campana de humos dispuesta sobr e cortos sopor tes con el hogar instalado en el pr opio suelo. Las gañanías son por lo general estancias alar gadas que permitían disponer lar gas mesas y bancadas de mampostería ado- sadas a los mur os. Habitualmente estas bancadas dis- ponen de suficiente anchura como para extender sobr e ellas los jer gones para dormir; en otras ocasiones, éstos se tiraban sobr e el mismo suelo. Originalmente las gañanías no eran dependencias habituales en los cortijos, y los trabajador es se acogían en casetas, cobertizos, pajar es o establos del ganado. Por este motivo, en los cortijos más antiguos muchas de las gañanías que encontramos son construcciones posterio- r es al conjunto principal y se han edificado en naves anexas a las originales o, como es más corriente, en naves independientes, próximas a la edificación princi- pal per o con un cierto grado de aislamiento funcional. Más r ecientemente, en las grandes explotaciones se construyer on gañanías independientes para hombr es y mujer es, e incluso naves con compartimentos para familias completas. Hoy en día la motorización ha anu- lado en su gran mayoría la función de dormitorio de estas dependencias y algunas son usadas como come- dor es y estancias para el día de los trabajador es. Otras 87 La arquitectura agraria en la provincia Antigua tahona del Cortijo Sotillo Nuevo, San José del V alle. Autor: Miguel de Giles López de Carrizosa. Realizada entre 1925- 1935. gañanías se han r eutilizado como almacenes de todo tipo y sólo son r econocibles aquéllas más formalizadas que tenían banquetas de obra o grandes chimeneas. Junto a las dependencias de los jornaler os, en todo cortijo existen viviendas secundarias destinadas al capa- taz o caser o y su familia. Son viviendas de escaso tama- ño, tr es o cuatr o dependencias, situadas habitualmente en fachada principal y car entes de r elevancia en el con- junto de la edificación. A pesar de las r eferidas dimensiones de las pr opie- dades, y también de algunas construcciones, es inter e- sante señalar que buena parte de estas edificaciones car ece de dependencias señoriales. La explicación de esta car encia se encuentra en el pr opio sistema de explotación tradicional de las fincas, el arr endamiento, que determinaba que los pr opietarios no r esidieran en la finca. T ras la desamortización los nuevos pr opietario sí explotan a menudo dir ectamente las fincas, aloján- dose en ellas con más fr ecuencia. Sin embar go, bajo la nueva óptica empr esarial con la que se enfocaba la explotación agrícola se construyer on viviendas de carácter meramente funcional sin pr etensiones ni dis- tinción señorial. Lo más habitual es que haya una serie de dependencias r esidenciales de uso exclusivo del pr opietario que no destacan y apar ecen integradas en el conjunto. Normalmente se sitúan en planta alta, sobr e la vivienda del caser o o encar gado, o en dos plantas. Como norma general, su acceso se r ealiza de manera independiente, per o igualmente desde el patio. Estas dependencias son señoríos en tanto que r esiden- cia del pr opietario de la finca, per o no desde el punto de vista de constituir piezas que asuman papeles pr o- tagonistas en la edificación. En un númer o no muy amplio de los cortijos in- ventariados estas r esidencias se dotar on de mayor es comodidades y alcanzar on una mayor pr esencia en el conjunto, desarr ollando el papel de ver dader o señorío. Se sitúan generalmente en sitios pr eponderantes de la edificación, adoptando las mejor es posiciones de vistas y soleamiento. Y en muchos casos se dotan de jar dines y de algunas características pr opias de la ar quitectura culta y urbana. Entr e los elementos de que se dotaban para dignificar el conjunto están las capillas, escasa- mente r epr esentadas en esta pr ovincia. Normalmente abiertas a espacios comunes para permitir el acceso del personal, se manifiestan a través de portadas más o menos elaboradas y pequeñas espadañas. Habitual- mente portada y espadaña se decoran con los estilemas 88 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz La casa de amasijo de Sotillo Nuevo (San José del V alle) a principios del siglo XX. Autor: Miguel de Giles López de Carrizosa. Realizada entre 1925-1935. pr opios del barr oco popular . En todo caso, en los cor- tijos de secano el señorío rara vez alcanza el grado de formalización que éste tiene en algunos ejemplos de las explotaciones de ganado de lidia u olivar eras, en donde adopta ver daderas posiciones de privilegio sobr e el conjunto. Por otra parte, dentr o de la provincia la pr esencia del señorío en el secano par ece ir por zonas, detectándose en algunos sector es una mayor pr esencia que en otras. Así por ejemplo, en el término de T arifa casi todo los edificios de cer eal inventariados cuentan con importan- tes señoríos. Las razones de ello son difíciles de deter- minar , aunque algunas de ellas se intentan apuntar en el análisis pormenorizado de la comar ca corr espondiente. Por último cabe señalar que en los últimos años algunos pr opietarios han descubierto los beneficios de pasar temporadas en estos lugar es «apartados de la civiliza- ción», y para ello han modernizado antiguas dependen- cias señoriales o incluso han construido o adaptado otras en el caso de que no existieran o fueran escasas. En los últimos años se han incorporado nuevos ele- mentos a la ya lar ga lista de dependencias: casas de máquinas, oficinas, transformador es eléctricos, surti- dor es de gasolina, etc. que habitualmente se han incor- porado al paisaje del cortijo en nuevas construcciones destinadas a tal fin, y en algunos casos han r eutilizado aquéllas que el paso del tiempo ha dejado obsoletas, como estancias o graner os. 89 La arquitectura agraria en la provincia T rabajadores en la casa de amasijo del Cortijo Chorreadero Viejo, San José del V alle. Sistemas constructivos y elementos formales Los sistemas constructivos de los cortijos gaditanos no difier en en gran medida de los métodos tradiciona- les empleados en la ar quitectura popular de la Baja Andalucía. Destaca casi exclusivamente una mayor asi- duidad en el empleo de materiales pétr eos como prin- cipal característica difer enciadora. Aunque no son habituales los paramentos de sillar es, la cer canía de zonas de cantera se per cibe en un mayor uso del mam- puesto de piedra en detrimento del tapial, en los pavi- mentos de cantos r odados, pr esentes en la mayoría de los patios, o de las características losas de T arifa en interior es y en la aparición ocasional de sillar es en soportes y r efuerzos de muros. Los sistemas estructurales son los habituales de mur os de car ga, prefer entemente exteriores, y pór ticos interior es de pilar es o en ar cadas para lograr mayor es luces y diafanidad en las naves de ganado y graner os. Los elementos horizontales y estructuras de cubierta se construyen mediante elementos de madera. Habitual- mente las cubiertas a dos aguas se r esuelven con la tra- dicional estructura de par y nudillo, o, más común- mente, apoyando el caballete de cubierta sobr e los soportes interior es. La madera más utilizada es el pino, per o lo corriente era disponer de la que se encontrara más próxima. En la comar ca de T arifa se han encon- trado cubiertas de quejigos, madera extr emadamente dura incluso para las maquinarias actuales. Como es 90 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz La Cacería, Alcalá del V alle. Cortijo Casablanca, Jerez de la Frontera. habitual en la ar quitectura rural se tiende a utilizar los materiales que abundan en los alr ededor es. Así por ejemplo en los municipios más al sur es corriente emplear como material de construcción la caña. Se construyen tabiques de entramados de cañas unidas por yeso, y también forjados, disponiendo las cañas con yeso sobr e r ollizos de madera. Las soluciones constructivas y estructurales más inter esantes suelen ser las de graner os y estancias, que son las dependencias con mayor es r equerimientos fun- cionales y espaciales. En los graner os de dos plantas es fr ecuente encontrar soluciones abovedadas en el piso bajo, adecuadas a la car ga que debían sostener . Ha- bitualmente se trata de bóvedas de aristas, separadas por ar cos diafragmas que apoyan en gruesos y cortos pilar es. En otr os casos, para acortar la luz de la viga central, se utilizan mader os diagonales que, desde puntos interme- dios de la viga, apoyan en los pilar es a modo de cer cha primitiva. En las estancias las exigencias funcionales son superior es a las de car ga, y por lo mismo las soluciones encontradas r esultan las más ingeniosas. La estructura de doble pilar soluciona positivamente el paso entr e las pesebr eras, per o no el apoyo en cumbr era de la cubier- ta. Este doble pr oblema, en algunos ejemplos de la comar ca de Olvera, se ha solucionado eliminando los dos pilar es a media altura, uniéndolos mediante peque- ños ar cos o dinteles de los que arranca un único apoyo que soporta la viga de cumbr era. Las construcciones del cortijo de secano se mani- fiestan en el paisaje como grandes conjuntos horizon- 91 La arquitectura agraria en la provincia Secciones de estancias y pajares. De izquierda a derecha y de arriba abajo: Cortijo T oril de las Pitas, Jerez de la Frontera; Cortijo la Preciada, Setenil de las Bodegas; Cortijo el Lobatón, Alcalá de los Gazules; Cortijo la Pastora, V ejer de la Frontera; Cortijo de la Zarzuela, T arifa; y Cortijo del Recurso, Chiclana. A la izquierda, Romanina Alta, Jerez de la Frontera. A la derecha, Sotillo Nuevo, San José del V alle. tales en los que pr edominan las piezas de una sola altu- ra. Se componen de volúmenes simples, que unas veces se yuxtaponen conformando grandes bloques y otras apar ecen dispersos en apar ente desor den. En las comar cas serranas se ha detectado una mayor tenden- cia a construir en dos plantas, conformando bloques más compactos, menos espar cidos. Son edificaciones volcadas hacia el interior , abiertas hacia sus amplios espacios internos y que se manifies- tan al exterior a través de mur os ciegos, de escasos huecos. Apar ecen como bloques de pequeños vanos y gran opacidad, sólo r ota por los huecos mayor es de las r esidencias principales y por el portalón de acceso al r ecinto. La entrada, ocasionalmente, se formaliza me- diante sencillas portadas de her encia barroca. Decorativamente la austeridad de estos conjuntos es su característica definitoria. El uso del color , alma- gras o alber os, para r esaltar determinados elementos constructivos, ya sean cornisas de aler os o r ecer cados de huecos, y ocasionalmente la piedra vista en estos mismos elementos o en esquinales, constituyen casi los únicos intentos decorativos de la fachadas. Estas fachadas por r egla general car ecen de criterios compo- sitivos de conjunto, habiéndose r esuelto cada pieza de manera independiente y en r elación con las necesida- des internas y de funcionamiento de cada una de las dependencias que abr en a ella. Algunos cortijos del siglo XIX, especialmente si son de gran tamaño, tienen una mayor unidad volu- métrica y compositiva. Construidos al calor de la ar quitectura más clasicista del XIX, pr esentan sime- trías en las disposiciones de los volúmenes, o fachadas racionalizadas con r eparto r egular de huecos. Incor- poran también un mayor númer o de elementos for- males extraídos de esta misma ar quitectura culta, ven- tanas a modo de cierr os, cornisas y otr os r ecursos. Dentr o de la austeridad habitual, la cerrajería de forja es uno de los pocos elementos que pueden denotar una car ga ornamental. Organización espacial La estructura actual de los cortijos cer ealistas es consecuencia de las sucesivas ampliaciones y adapta- ciones que han sufrido a lo lar go del tiempo. Este pro- ceso al que se ha visto sometida la casi totalidad de las explotaciones ha dado lugar a conjuntos de edificacio- nes dispersas, más o menos próximas, agrupadas en torno al que fuera el núcleo inicial. Las dependencias básicas que definen tipológicamen- te el cortijo de secano son los graner os, estancias, vivien- das del personal permanente y las gañanías. Fundamen- talmente, estas dependencias han tendido a situarse pró- ximas unas de otras, normalmente agrupadas en conjun- tos más o menos compactos y rara vez como naves inde- pendientes en torno a una amplia explanada. Es posible difer enciar dentr o de la tipología del cor- tijo de secano aquéllos que r esponden a la concepción del cortijo como unidad funcional y edificatoria de aquellos otr os que car ecen de esta unidad. Un ter cer grupo lo componen aquellas explotaciones que, r enun- ciando a la pr oximidad física de las instalaciones, dis- tribuyen las dependencias básicas en conjuntos edifi- catorios considerablemente separados. En un último grupo se r ecogen las cortijadas, que pr esentan unas características difer entes r especto a la pr opiedad de la tierra y a su utilidad r esidencial que las distinguen de los otr os grupos. En los cortijos cerrados, las dependencias principa- les constituyen un único conjunto edificatorio, de planta más o menos r ectangular y con patio central. Habitualmente se segr egan diversas piezas, principal- mente la estancia, que por motivos higiénicos y de fun- cionalidad se situaban próximas, per o separadas de las habitaciones vivideras, como en los cortijos Cabezas V iejas, de Jer ez, o T ejar ejo, en Setenil. Básicamente el edificio principal se estructura como un or ganismo cerrado en torno a un único espacio central descubier- to que distribuye las distintas dependencias constru- yendo normalmente sus cuatr o lados mediante edifica- ciones de una sola planta, que generalmente se dupli- ca en la vivienda principal y , en menos ocasiones, en el graner o –Cortijo Casablanca, Jer ez–. El patio se cons- tituye en corazón de la edificación en torno al que se or ganiza funcionalmente la vida en el edificio y desde el cual se accede a las distintas dependencias. En Cádiz es fr ecuente encontrarlo empedrado con grandes chi- nos y rara vez cuentan con galerías o soportales. El acceso se r ealiza a través de un zaguán o portal abier to en la fachada principal. El patio, cerrado de esta mane- ra al exterior , además de ser el distribuidor de la plan- ta se convierte en un espacio útil más. En él se r ealizan las primeras faenas del día antes de partir al campo: se pr eparan los aper os, el capataz da las primeras or denes y se guar da todo tipo de trastos durante la noche. En raras ocasiones la estancia de bueyes se integra en la edificación, compartiendo el patio con graner os y viviendas. En algunos casos el acceso a la misma se r ealiza exclusivamente desde el patio, y en otr os tiene también un acceso exterior dir ecto. En estos ejemplos, en el patio se pueden r ealizar también labor es de ma- nejo del ganado al iniciar y acabar el día, or ganizar las 92 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz yuntas, car gar y descar gar bestias, como se apr ecia en el Cortijo de la Mota, de Olvera. En cuanto a la distribución de las distintas depen- dencias, no existe una r egla fija, de manera que adoptan posiciones diversas en función de condicionantes cons- tructivos, de la explotación, o simplemente por motivos casuales. Únicamente se mantiene de forma casi invaria- ble la posición de las viviendas principales, ya sea para el pr opietario, caser o o encar gado, que habitualmente se disponen en la fachada principal o de acceso, aunque su entrada se r ealice igualmente desde el espacio interior . El graner o principal se sitúa habitualmente en la crujía opuesta a la entrada al patio y sólo a veces ocupa la fachada principal. Estos casos suelen coinci- dir con piezas de excelente factura, de dos plantas, que construyen el zaguán de entrada al patio con uno de los tramos de la ar quería o bóveda de la planta baja –Cortijo Sotillo Nuevo, en San José del V alle, Cortijo Alijar , de Jer ez. Generalmente en origen el cortijo se establece con un único patio central. Son infr ecuentes los plantea- mientos originales de construcciones en torno a dos o más patios, y los ejemplos existentes son construcciones singular es –Cortijo la Por quera, en Barbate, Cortijo de la Cacería, Alcalá del V alle–. La clásica división de doble patio, r esidencial y de labor , tan corriente en algunos edificios de olivar , es inusual en los cortijos de secano. En algunos casos esta dualidad es consecuencia de la evolución de la edificación que, al cr ecer , ha cerrado el espacio que la separaba de la estancia –Casa Alta, de Jer ez, Cortijo Palmosilla, en T arifa–. A medida que las necesidades de la explotación lo exigen, se hace necesa- rio ampliar el cortijo. Las nuevas dependencias adopta- rán dos posiciones difer enciadas: o se adosarán a lo ya construido o emer gerán como piezas aisladas indepen- dientes del núcleo original. A las piezas añadidas al con- junto se accederá desde el exterior o a través de las pri- meras. Fr ecuentemente estas nuevas piezas se or ganiza- 93 La arquitectura agraria en la provincia Planta baja del Cortijo Cabezas Viejas, Jerez de la Frontera, y del Cortijo de la Mota, Olvera. Planta baja de la Cacería, Alcalá del V alle, y Cortijo de la Palmosilla, T arifa. rán en torno a espacios que pueden llegar a constituir nuevos patios y alcanzar el grado de formalización de los originales, e incluso construir complejos conjuntos de tr es o más patios –Cortijo de Guerra, Puer to Real, o Cortijo de la Romanina Alta, Jer ez–. Más frecuentemen- te, estos nuevos patios quedan como espacios secunda- rios, y en la mayoría de los casos, abiertos al exterior o cerrados por tapias. Otras veces, y especialmente en las ampliaciones más r ecientes pr opiciadas por las nuevas tecnologías y las necesidades de espacios para casas de máquinas, silos, etc., las nuevas piezas se colocan inde- pendientemente, distribuyéndose de manera dispersa en torno al conjunto principal, sin mantener una pauta concr eta a la hora de su implantación. En algunos casos se agrupan en pequeños conjuntos que normalmente no se formalizan y que r esponden a un mismo momento constructivo o a necesidades funcionales. En otras oca- siones todas las piezas se or ganizan en torno a una explanada sin formalización alguna que hace las veces de patio de labor , y que originalmente pudiera corr es- ponder con el espacio r eservado a la era –Cortijo de las Mesas de Santiago, Jer ez–. Podemos concluir que la estructura actual de estos cortijos es la suma de un conjunto de piezas dispersas que mantiene una r elación de pr oximidad entr e ellas, y que existe una pieza mayor que adopta una posición de centralidad, que por lo general es la más antigua y el origen del conjunto, y que, a su vez, se estructura como casa patio en torno a un espacio central. Los cortijos abier tos, aunque poco numer osos en la pr ovincia, son aquéllos que han r enunciado a consti- tuir un bloque edificatorio principal, de manera que las distintas dependencias se formalizan individual- mente y se disponen y orientan en r elación con sus pr opias necesidades funcionales y ar quitectónicas. Generalmente entr e las distintas piezas quedan ence- rradas amplias explanadas que juegan el papel del patio central en los conjuntos agrupados, y que fun- cionan como patio de labor de la explotación –Cortijo de Frías y Bolaños, Jer ez–. En ocasiones la disgr ega- ción de piezas es sólo par cial y el cortijo se subdivide en pequeños núcleos edificatorios cerrados o compac- tos que a su vez se estructuran en torno a explanadas o linealmente al bor de del pr opio camino de acceso a los mismos –Cortijo Berlanga, Jer ez–. En general, estos conjuntos car ecen del interés de los anterior es por no construir edificaciones r elevantes, sin menoscabo de que algunas de estas piezas por sí solas puedan consti- tuir ejemplos de interés. Con el nombr e de cortijos dispersos se alude a las explotaciones de secano que han distribuido algunas de sus dependencias por la finca, a distancia. No se trata de aquellas grandes explotaciones que disponen de diversos caseríos, más o menos especializados, per o que funcionan independientemente unos de otr os. Los cortijos dispersos constituyen una única unidad funcional, de forma que cada una de las piezas o conjuntos dispersos no se entendería sin la existen- cia de los otr os –Sotillo V iejo, en Jer ez, o Cortijo de Azicar , en T arifa–. Habitualmente esta dispersión se corr esponde con grandes pr opiedades que mantenían una importante cabaña ganadera, tanto de labor como de r enta, y que disponían las naves ganaderas alejadas 94 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Planta baja del Cortijo de la Plata y del Cortijo Berlanga, Jerez de la Frontera de las dependencias r esidenciales y de almacenaje de grano, constituyéndose de esta manera dos conjuntos difer enciados y alejados. Con fr ecuencia, la depen- dencia de los tempor er os, la gañanía, se situaba junto a las del ganado –Cortijo del Recurso, de Chiclana–. Por lo general el núcleo r esidencial r esponde a las características básicas del cortijo cerrado de patio central ya expuestas. Las naves ganaderas se disponen formando conjuntos más o menos cerrados, en los que los corrales pueden contribuir a delimitar los espacios entr e ellas –Cortijos de la Mariscala y de los Establos, de Jer ez, Cortijo de Azicar , de T arifa–. Hoy estos conjuntos, en muchos casos, han sido divididos y vendidos a distintos pr opietarios. Se han agr egado nuevas dependencias para suplir las car encias que pr esentaban por separado, y funcionan de manera independiente. Dentr o de los conjuntos de secano, las cortijadas constituyen el grupo menos numer oso de los inventa- riados, con sólo dos ejemplos incluidos. Pudiera par e- cer contradictorio incluir como subgrupo de los corti- jos de secano la denominación de cortijada, puesto que ambos términos se han empleado tradicionalmente para definir entidades constructivas difer entes. Sin embar go, dicha diferenciación nominal no alude a las características funcionales básicas de la edificación, ni, por tanto, a su clasificación tipológica dentr o de las explotaciones de tierra calma. Las cortijadas son edificaciones de gran tamaño en las que r eside habitualmente un grupo más o menos numer oso de distintas familias. Y éste es el elemento caracterizador de las cortijadas. A difer encia de las otras tipologías, aquí convive un determinado númer o de familias de forma más o menos independiente, de tal manera que la construcción r esidencial se convierte en el elemento principal del conjunto ocupando gran par- te del mismo. Sin embar go, la realidad difer enciadora no es que en estos conjuntos habite un mayor númer o de familias. La principal característica que las hace di- fer entes es la estructura funcional que adoptan las edi- ficaciones r esidenciales, y que por tanto define al con- junto completo. En las cortijadas se ha r enunciado par- cialmente a una estructura unitaria que construya espa- cios de comunidad en beneficio de una mayor autono- mía de las distintas unidades r esidenciales. Las cortijadas pueden entenderse como un escalón evolutivo de los cortijos de secano en cualquiera de sus otras clasificaciones. A partir del cor tijo tradicional, con una o dos viviendas familiar es y una nítida estructura de la pr opiedad, se ha llevado a cabo una transformación que, manteniendo los elementos que le son pr opios y sobr e todo el patio, permite absorber un nuevo entendi- 95 La arquitectura agraria en la provincia Planta de cubiertas de Sotillo Nuevo, San José de V alle y del Cortijo de Azicar , T arifa. miento de la pr opiedad y de lo r esidencial dentr o del mismo conjunto. La concepción unitaria y jerár quica del edificio da paso a unidades agr egadas, de lógica pr o- pia, que van configurando una serie de espacios y cons- trucciones cuya estructura or ganizativa puede llegar a alcanzar grados próximos a situaciones pr eurbanas. En la actualidad, consecuencia lógica del despoblamiento rural, algunas de estas viviendas se han convertido en segundas r esidencias para fines de semana y vacaciones, según se apr ecia en la cortijada de Bar ca Mor eno. De cómo se formaliza la estructura general de estos conjuntos, sólo podemos hablar en r efer encia a los dos ejemplos inventariados, y es significativo r eseñar que manifiestan en este aspecto difer entes r esultados. Par e- ce poder deducirse que de acuer do con esa pr oximidad a sistemas pr eurbanos, las distintas cortijadas puedan evolucionar siguiendo modelos casi espontáneos de difer entes conjuntos poblacionales. En el caso de Las Habas se r econoce una mayor deuda con el cortijo de secano cerrado. Es un único y extenso conjunto edifi- cado del que más r ecientemente se han desgajado las grandes estancias de ganado. Las distintas dependen- cias y viviendas, construidas como unidades simples, se asocian y yuxtaponen entr e ellas configurando patios y pasajes interior es que, a modo de calles y plazas, van dando acceso a las distintas dependencias. La Bar ca Mor eno pr esenta una or ganización muy diferente. Generada al bor de de una carr etera, r ecoge característi- cas de las típicas poblaciones lineales nacidas sobr e vías de cir culación. El camino se convierte en el elemento vertebrador del conjunto y el r esponsable de su estruc- turación, de forma que las distintas viviendas se distri- buyen a ambos lados del mismo. El conjunto principal se or ganiza con una pieza longitudinal paralela al cami- no que actúa como cierr e de la edificación y contra la que se van construyendo perpendicularmente las demás edificaciones. Entr e éstas se van configurando distintos patios que quedan abiertos hacia el camino, y que constituyen los accesos a cada sector del conjunto. En lo que r especta a las r estantes dependencias, ganaderas y de almacenaje, nada hay en ellas difer ente a las de las r estantes clasificaciones. Si acaso destacar que en las cortijadas, debido a la fragmentación fun- cional y de la pr opiedad, es mayor el númer o de estas dependencias y , por ende, menor el tamaño de las mis- mas. Lógicamente cada individualidad funcional r equerirá al menos de los espacios agrarios esenciales, aunque estos sean de r educido tamaño. Edificios de secano inventariados Alcalá de los Gazules: Cor tijo las Cobatillas, Corti- jo Lozano, Cortijo la Palmosa. Alcalá del V alle: La Cacería, Cortijo del Baldío. Algodonales: Cortijo de Cerillar , Cortijo de Santiago. Arcos de la Fr ontera: Cortijo Abrajanejo, Cor tijo Albar den, Cortijo Algarabejo, Cor tijo de Alper chite, Cortijo de Buenavista, Cor tijo de Cacina, Cortijo de Canillas Nuevo, Cortijo de Canillas V iejo, Cor tijo de Cantarranas, Cortijo de las Carboneras Altas, Cor tijo Casa Blanquilla, Cortijo Casablanca, Cor tijo del Ce- rrado, Cortijo el Concejo, Cor tijo del Convento V iejo, Cortijo Doñana, Cor tijo el Drago o V illa Luisa, Cortijo de Escuchagrano, Cortijo la Fábrica, Cor tijo de la Fuensanta, Cortijo Guadaper o Alto, Cortijo las Han- deras, Cortijo el Higueral, Cor tijo el Jadublón, Cortijo de Jédula, Cortijo de Jedulilla, Cor tijo de Manflora, Cortijo de Mar charaví, Cor tijo el Matite, Cortijo los Navazos, Cortijo la Norieta, Cor tijo Nuevo o el Guijo, Cortijo el Palomar , Cortijo las Posadas, Cortijo el Postuer o, Cortijo el Regantío Alto, Cor tijo el Regantío Bajo, Cortijo el Regino, Cor tijo del Rey , Cortijo el Robledillo Alto, Cortijo de San Antonio, Cor tijo de San Pedr o, Cortijo de San Rafael, Cor tijo la Saucedilla y Ojuelos, Cortijo la Soledad, Cor tijo Soto del Almiran- te, Cortijo de T ablellina, Cortijo de la T orr e, Cortijo de T orr es, Cortijo o Hacienda la Zorrilla. Barbate: Cortijo y E. la Por quera, Cortijo del Pericón. Los Barrios: Cor tijo de Almoguer , Cortijo Grande de Guadarranque, Cortijo V iña el Patrón. Bor nos: Cortijo de la Laguna, Cor tijo de Puertolla- no, Cortijo de V aldeinfantes. El Bosque: Casa Hor tales. Castellar de la Fr ontera: La V aqueriza, del conjun- to de la Almoraima. Chiclana: Cortijo las Bóvedas, Cor tijo del Recurso. Espera: Cortijo el Amar guillo, Cortijo Carija, Cor tijo el Infierno, Cortijo el Morisco, Cor tijo las Peñas, Cortijo Puertollanillo, Cor tijo S. Antón, Cortijo S. Bernar dino. Jerez de la Fr ontera: Casa Alta, Casa de las Majadi- llas, Casa la Rabia, Cortijo Alijar , Cortijo los Ar quillos, Cortijo Berlanga, Cor tijo el Boyal, Cortijo Casa Blanca, Cortijo de las Cabezas de Santa María, Cor tijo de las Cabezas V iejas, Cortijo de Cápita, Cor tijo Casar ejo, Cortijo de la Ducha, Cor tijos de Frías y Bolaños, Cortijo Fuente del Rey , Cortijo del Herrador , Cortijo de los Isletes Altos, Cortijo de los Isletes Bajos, Cor tijo de la Jara, Cortijos de la Mariscala y de los Establos, Cor tijos de Matanza y Matancilla, Cortijo de las Mesas de San- tiago, Cortijo de Monte Cor to Bajo, Cortijos del Olivillo y de la V entosilla, Cortijo de la Plata, Cortijo de Pozuela 96 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz mente transformadas por la importancia de las instala- ciones ganaderas. El andén, pieza clave, puede apar ecer integrado en el conjunto de la edificación o separado de ésta, como ocurr e con los grandes andenes industriales. Los conjuntos dispersos son el grupo de aquellos cortijos ganader os que han renunciado a concentrar sus instalaciones, distribuyéndolas normalmente de forma amplia por la pr opiedad. Por lo general están constituidos por un núcleo principal, que agrupa determinadas dependencias, y por una serie de naves y construcciones espar cidas por la finca y que, de alguna manera, acer can determinadas instalaciones al ganado. En el núcleo principal suelen agruparse la vivienda del encar gado, las cuadras y un pequeño almacén de gra- nos o paja. En algunos casos se completa con una pequeña estancia, como en el Cortijo Clavijo, de Alcalá de los Gazules. El señorío, cuando existe, forma parte de este conjunto edificatorio, confiriéndole entonces un mayor grado de formalización y de calidad ar qui- tectónica –Cortijo Fr esnillo Bajo, Alcalá de los Gazules–. En cuanto a la estructura or ganizativa de estas dependencias, no se puede determinar un esque- ma único, r esolviéndose en cada caso en función de las distintas piezas con que cuente. Si acaso, es posible intuir una cierta tendencia hacia las estructuras cerra- das, característica ésta, por otr o lado, común a todas las tipologías rurales –Cortijo de la Cuesta del Car- pinter o, T arifa–. La dispersión de las r estantes piezas, las más íntimamente r elacionadas con el ganado –an- denes, estancias, plazas de curas…–, está muy r elacio- nada con la amplitud de algunas de estas pr opiedades. En grandes extensiones par ece lógico situar determi- nadas instalaciones en los sitios próximos a los lugar es de pasto habitual del ganado, y los diversos andenes en las pr oximidades de comeder os o abr evader os. Cortijos ganaderos inventariados Alcalá de los Gazules: Cor tijo de Clavijo, Cortijo Don Álvar o, Cortijo el Duque, Cor tijo Fr esnillo Bajo, Cortijo Isla V er de, Cortijo el Lobatón. Arcos de la Fr ontera: Cortijo Campo de la V er dad, Cortijo el Hornillo. Los Barrios: Cor tijo la Granja. Castellar de la Fr ontera: Casa Cuar tel, del conjun- to de la Almoraima. Espera: Cortijo San Pedr o. Jerez de la Fr ontera: Cortijo Garrapilo, Cor tijo del Duende, Cortijo del Marrufo, Cor tijo de Monte Corto Alto, Cortijo del Palomar , Cortijo de V icos. San José de V alle: Cortijo el Pícar o, la Gigonza. Medina Sidonia: Cor tijo la Canaleja, Cortijo Char- co Dulce Alto, Cortijo Corbaina o Escorbaina, Cor tijo el Jurado, Cortijo el Lobo, Cor tijo las Por queras. T arifa: Cortijo Cerr o del Rey , Cortijo de la Cuesta del Carpinter o. 103 La arquitectura agraria en la provincia Planta baja del Cortijo Cerro del Rey , T arifa, y Charco Dulce Alto, Medina Sidonia. La ganadería brava Las explotaciones dedicadas principalmente a la cría del ganado de lidia poseen una serie de peculiari- dades que las sigularizan r especto al r esto de las explo- taciones agrarias. Dentr o del panorama rural gaditano constituyen el conjunto de edificaciones de menor antigüedad, cir cunstancia que, unida a la particular idiosincrasia de su dedicación, las convierten en la tipología que en mayor medida mantiene su funciona- lidad original. Dos son los factor es que han determina- do la especificidad de este tipo de explotaciones: la peculiaridad de las instalaciones destinadas a este tipo de ganadería y la importancia que adquier en las depen- dencias señoriales. Estas explotaciones normalmente han compatibilizado la cría del ganado de lidia con la explotación agraria de parte de la finca. En general, se trata de pr opiedades de grandes dimensiones que si bien en determinados casos han derivado hacia activi- dades ganaderas a consecuencia del escaso r endimien- to agrícola de la zona, principalmente a causa del Le- vante, no siempr e es así, y aún en esos casos casi siem- pr e es posible obtener cosechas de plantas forrajeras para alimento del ganado. Los caseríos de estas explotaciones son en gran medida her eder os del cortijo de secano, dedicación que en algunos casos era la original de estas construcciones y que, con el paso del tiempo, se adaptar on y ampliar on para la ganadería brava. T ambién, aunque en menor númer o, algunas antiguas explotaciones olivar eras se r econvirtier on para esta función. Es, por tanto, normal que compartan características comunes. En ellas se da la cir cunstancia singular de que su utilización no se ha modificado sustancialmente al cabo del tiempo, como ha sucedido en el r esto de las unidades agr opecuarias, ya que las faenas r elacionadas con el mundo del tor o ape- nas han sufrido alteraciones desde el siglo XIX. Paralelamente al fenómeno anterior , en los cortijos de bravo se han conservado en gran medida las caracterís- ticas formales de las construcciones originales. Esta cir- cunstancia hay que entenderla dentr o del peculiar y complejo mundo sociocultural de lo taurino, inmerso en algunas de las más ancestrales y arraigadas costum- br es de nuestra tierra, y que ha adoptado como seña de identidad ester eotipos formales y ar quitectónicos extra- ídos dir ectamente del mundo rural. Dentr o de este mismo contexto debe entenderse también la importan- cia que adquier en las dependencias r esidenciales como escenario en el que se desarr olla la elaborada paraferna- lia social que envuelve al mundo del tor o. Es importante r eseñar que el ámbito geográfico de esta pr ovincia está considerado como una de las cunas de la ganadería de lidia y , por tanto, solar original de tales explotaciones. En concr eto, es en el término municipal de Jer ez, en pr opiedades de los frailes cartu- jos, donde se tiene noticia en el siglo XVIII de una de las primeras ganaderías dedicadas exclusivamente a este fin, y que bien pudiera ser origen de gran parte de los hierr os actuales. A pesar de lo dicho, las edificacio- nes dedicadas hoy en día a la ganadería de lidia consti- tuyen el conjunto de construcciones de menor antigüe- dad en la pr ovincia. Muchas de ellas son construccio- nes de los últimos cincuenta o sesenta años, nacidas a raíz de la gran expansión que ha experimentado el negocio del tor o de lidia desde mediados del siglo XX. Otras de funciones y origen anterior es fuer on pr ofun- damente r eformadas para adaptarlas al ambiente socio- cultural generado en torno a estas explotaciones. Paralelamente al ganado de lidia, estos establecimientos suelen contar con un importante númer o de cabezas de ganado equino. Ganado por lo general escogido y de estirpe selecta cuya cría y selección en los últimos años está muy ligada a la ganadería brava, en ocasiones r ela- cionada con la práctica del r ejoneo o tor eo a caballo. Respecto a su distribución geográfica, el cortijo de ganadería de lidia apar ece sobr e todo en la campiña de la mitad sur de la pr ovincia, en terr enos de las comar- cas de Medina, Barbate o Algeciras, donde el Levante ha dificultado tradicionalmente las explotaciones de sem- bradura, así como en sector es del término de Jer ez. T ambién se han localizado e inventariado algunos cor- tijos de ganado bravo, aunque en menor númer o, en las comar cas serranas de Olvera y Ubrique y r ebor de nor o- riental de la comar ca de Ar cos, ár eas donde la acciden- tada or ografía llega a coartar la extensión de las zonas ganaderas. El mayor contingente de cortijos de ganado de lidia se contabiliza en el municipio de Medina Sidonia y al sur del término de Jer ez de la Fr ontera, donde la acción eólica más benigna les ha permitido tradicionalmente compatibilizar la ganadería con la pr oducción agrícola. No existen difer encias notables entr e las explotaciones de las difer entes comar cas, apar- te de las que puedan derivarse del ya r eferido mayor carácter mixto de las pr opiedades jer ezanas. Dichas difer encias no exceden de una mayor pr esencia de las dependencias pr opias de las explotaciones de secano. Implantación en el territorio Las explotaciones ganaderas poseen las edificacio- nes más claramente abiertas al territorio y conectadas a él. La edificación se r elaciona con el campo a través de sucesivos corrales que permiten el acer camiento 104 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz gradual de las r eses. Buscan instalarse en lugar es donde sea fácil acceder con el ganado, lógicamente en campo abierto y terr enos más o menos nivelados. En aquellos conjuntos en que la casa principal constituye un núcleo independiente se suelen situar en un altoza- no, sobr e todo si el asiento del cortijo se dedica tam- bién al cer eal y alguna vez tuvo era. La edificación pr o- piamente ganadera se ubica normalmente alejada de la carr etera, mientras que una r ed de caminos particula- r es da acceso a las distintas piezas de la explotación. Al contrario que los campos de secano, y por motivos obvios, las tierras ganaderas están siempr e valladas. Al igual que ocurr e con las casas de viña, la portada de acceso a la finca, generalmente formada por dos pilo- nes y la cancela, se convierte en elemento destacable al bor de de las carr eteras y caminos con el nombr e o hie- rr o de la ganadería. Dependencias Como se r eseñaba anteriormente, los cortijos de ganado bravo están en general al servicio de explota- ciones de carácter mixto que mantienen parte de las tierras para cultivos de secano. Así pues, pueden con- tar con dependencias pr opias de este tipo de explota- ciones –graner os, casas de máquinas, etc.– con sus corr espondientes características. Por otr o lado, las dependencias que singularizan estas explotaciones son aquéllas derivadas dir ecta o indir ectamente de la pr e- sencia del tor o en la finca, bien para su tienta y selec- ción –tentader o, toriles, cajones…–, bien para su cría y mantenimiento –corrales, pajar es…–, o bien para su venta y explotación –señorío, salones… Ganaderas Las dependencias destinadas a cuadras adquier en especial r elevancia por la importancia del caballo como principal medio auxiliar en la briega con el ganado. 105 La arquitectura agraria en la provincia Ganadería brava hacia Algar y Montes de Propios de Jerez. Son instalaciones amplias, normalmente de cierta cali- dad constructiva, sin clar os condicionantes formales. Por norma general se trata de naves diáfanas compar- timentadas en cuadras individuales. En algunos casos se han r eutilizado para este cometido las antiguas es- tancias de bueyes, ya despr ovistas de función. A la valía como animal de trabajo hay que añadir la tradi- cional importancia que tiene la ganadería equina selec- ta en esta zona, y su dir ecta vinculación con el mundo del tor o. Esto ha dado lugar a explotaciones mixtas de tor o bravo y caballo, en cuyo caso las cuadras adquie- r en aún mayor r elevancia en el conjunto y mayor es grados de formalización. Paralelamente a la importan- cia del caballo está la del guadarnés. Fundamental en el mundo de exhibición que r odea a estas explotacio- nes, se convierten en piezas extr emadamente cuidadas en su arr eglo y decoración, como dependencias r epr e- sentativas y casi museísticas de la ganadería. Como espacios no suelen pasar de habitaciones no muy gran- des insertas en el conjunto de la edificación y lógica- mente próximas a las cuadras. Las explotaciones que mantienen también ganado equino suelen contar con un picader o, explanada terriza delimitada habitual- mente con vallas de madera, empleadas para ejer citar y adiestrar a los caballos en la br ega con el animal, para el r ejoneo o la doma de exhibición. Los pajar es son grandes naves de amplias luces que alber gan el pienso del ganado. Habitualmente son naves de r eciente cons- trucción y tecnología industrial, estructura metálica y cerramientos de chapa. La paja también se apila en grandes montones a la intemperie o r esguar dados bajo simples cobertizos. Evidentemente, las dependencias más r elevantes son aquéllas r elacionadas dir ectamente con el tor o. La plaza de tientas es una pequeña plaza de tor os donde se r ealiza la tienta de las r eses para compr obar su bra- vura. El ruedo, normalmente de alber o, se delimita con tapia de fabrica pr ovista de burlader os de madera. La forma de los ruedos habitualmente es cir cular . Sin embar go, es interesante r eseñar varios ejemplos de ten- tader os no cir cular es, poligonales o r ectangular es –Cortijo de Roalabota, de Jer ez, de considerable anti- güedad, el Parr oso, en Puerto Serrano–. El tentader o suele contar con un pequeño palco o tribuna adosada, techada y en alto desde donde se pr esencia la tienta. Junto al tentader o se sitúan los chiquer os o toriles, que son departamentos a modo de pequeños corrales en los cuales se mantiene a los animales que van a participar en la tienta. Los chiquer os se dividen en comparti- mentos conectados entr e sí, sobr e los cuales se dispo- nen pasos elevados desde los que es posible visualizar al ganado y accionar las puertas, habitualmente de gui- llotina, que los comunican. Los encierr os son los dis- tintos corrales en los que se mantiene al ganado sepa- rado según las distintas fases por las que pasa el com- plejo sistema de selección y r epr oducción que exige esta ganadería. Suelen delimitarse con cer cas de esta- cas y alambradas. La manga no es más que otr o corral en forma de embudo abierto en su par te más ancha que facilita la intr oducción de las cabezas de ganado en los chiquer os o en otr os corrales. Existe otra serie de corrales en los que se r ealizan las distintas faenas que exige el cuidado del ganado: destete, pr esentación de corridas, herraje de caballos, entr e otras. 106 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Cortijo Alventus, T rebujena; y Cortijo la Peñuela, Jerez de la Frontera. En los cortijos mayor es algunos de estos corrales se destinan a una función en concr eto; en estos casos r eciben una formalización especializada r elacionada con la faena que en ellos se lleva a cabo. El corral de enlazar es el caso más singular . De forma prefer ente- mente cir cular , interrumpida para que el animal no gir e, disponen de un burlader o en el centr o desde el cual se le enlaza. En la actualidad esta faena se r ealiza de forma más rápida en cajones donde se inmoviliza la r es, por lo que estos corrales están desapar eciendo. Existen otr os elementos de menor es dimensiones y funciones muy específicas pr esentes en las explotacio- nes de mayor importancia. T ales son la manga de curas –pasillo donde se intr oduce al animal para vacunarlo o r ealizarle alguna cura–, el cajón de embar que –para el traslado en camiones–, báscula, tr en de lavado, etc. De habitación El funcionamiento laboral de las explotaciones ganaderas es difer ente a las meramente agrícolas. Los trabajador es temporales son mucho más numer osos en éstas que en aquéllas, que a su vez exigen un mayor númer o de empleados fijos. Esto ha condicionado que en los cortijos ganader os la gañanía sea un elemento prácticamente inexistente y que, por el contrario, exis- ta un mayor númer o de viviendas completas, con alto nivel de habitabilidad, destinadas a los empleados, en buena parte construidas durante las últimas décadas. A este r especto conviene mencionar que son sin duda las explotaciones del hábitat rural gaditano con mayor númer o de inquilinos habituales. Entr e las viviendas destacan algunas de mayor es dimensiones destinadas al mayoral, guar da o caser o. Por lo general, son cons- trucciones de gran dignidad, de mediano tamaño, car entes de elementos r elevantes y próximas formal- mente a la ar quitectura rural tradicional. El señorío alcanza ver dader o rango, convirtiéndose en el elemento fundamental en la imagen y or ganización del edificio. Habitado a veces por los dueños, las depen- dencias privadas son el lugar donde se desarr olla gran 107 La arquitectura agraria en la provincia T entadero de Salto al Cielo, Jerez de la Frontera. parte de la parafernalia social que gira en torno a la fies- ta nacional. Para estas r euniones, el señorío se dota de salones y estancias que se convierten en elementos r epre- sentativos de la categoría y pr estigio social de sus dueños y de la ganadería. Dentr o del pr opio señorío se inscriben muchas veces dependencias destinadas a oficinas de la ganadería, desde las que se llevan tanto los asuntos de contr ol y selección ganadera –ar chivos, etc.–, como los estrictamente comer ciales. En algunos casos, cuando r esidencia y tentader o conforman un único conjunto, existen unos salones anexos a las plazas desde los que se pueden seguir lo que ocurr e en ésta. De alguna forma sustituyen a la tribuna o palco de la plaza por un lugar más cómodo cuando la climatología no es favorable. Normalmente de grandes dimensiones, el señorío se manifiesta al exterior de forma acusada, mediante porta- das, mirador es, capillas y elementos decorativos. Pr ecedido con fr ecuencia por un jar dín, determina la imagen principal del cortijo, adoptando posiciones pr o- tagonistas en el conjunto de la edificación. 108 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Capilla de Salto al Cielo, Jerez de la Frontera. Señorío de la Peñuela, Jerez de la Frontera. Sistemas constructivos y elementos formales En líneas generales no existen difer encias destaca- bles entr e los sistemas constructivos empleados en las explotaciones de ganado de lidia y en los cortijos de secano, por lo que no es necesario incidir de nuevo en aquellos elementos comunes a ambos. No está de más sin embar go, recor dar que al igual que en las demás explotaciones, el uso de la piedra como elemento constructivo y decorativo es mayor en las zonas gana- deras que en otras comar cas. Del carácter señorial de las explotaciones y de la peculiaridad del ganado que aquí se cría derivan las mayor es singularidades cons- tructivas. Las plazas de tienta, toriles y otr os elementos de encierr o necesitan ser suficientemente fuertes para r esistir los embates del ganado. Por tal motivo, tapias y cer cas se construyen habitualmente de mampostería de cantos de piedra y morter os de cal y tierra. En virtud del celo que se pone en el embellecimiento y cuidado de las instalaciones estos mur os suelen estar enfosca- dos y encalados. Por el mismo motivo se pr esta una mayor atención a los pavimentos, interior es y exterio- r es: patios empedrados con cantos r odados en ocasio- nes haciendo dibujos, terrazas y galerías enlosadas con piezas cerámicas… siempr e, desde luego, manteniendo una línea de materiales tradicionales y afectos al ambiente del mundo taurino. En conjunto, las explotaciones ganaderas apar ecen como construcciones muy dilatadas en superficie, con escasas dependencias en segunda planta y acusada horizontalidad. La apertura al exterior de las distintas viviendas, especialmente del señorío con sus terrazas y mirador es, y la jar dinería decorativa contribuyen a ofr ecer una imagen abierta y permeable de la edifica- ción, ajena por completo al hermetismo del cortijo de secano. Existe una clara intención de r ealzar y embe- llecer el caserío con la pr opia ar quitectura, especial- mente mediante las dependencias del señorío. Sin embar go, hay que destacar que este interés ornamental no se nutr e de la ar quitectura «culta» como pudiera ser el caso de determinadas explotaciones olivar eras, sino que, por el contrario, r ecurr e a los elementos más característicos de la ar quitectura popular de la comar- ca. Los mur os encalados, la teja árabe, la cerrajería de fundición y la azulejería se combinan en galerías por- ticadas, portadas y patios. Por este motivo no es casual que la ar quitectura r egionalista tuviera un gran pr edi- camento en estos cortijos, construyéndose o r emozán- dose señoríos y conjuntos enter os según las fórmulas y motivos que le son característicos. Los temas taurinos y faenas del campo, ejemplar es de la pr opia ganadería y tr ofeos obtenidos por la misma son las fuentes de inspiración de la decoración casi monográfica que se emplea pr ofusamente en patios, terrazas y dependen- cias privadas. En las dependencias taurinas, plaza de tientas, etc., la decoración se concentra en la tribuna del tentader o y , en especial, en el guadarnés. En el r esto de las instalaciones se manifiesta un cuidado escrupuloso en el mantenimiento de las construccio- nes, tapias y cer cados, ya sin apenas r ecursos decora- tivos, si acaso la combinación tradicional de los blan- cos, almagras y alber os. Organización espacial Los cortijos r elacionados con la ganadería de lidia configuran un conjunto de gran homogeneidad funda- mentada en la especificidad de las piezas taurinas, que dejan poco mar gen a la variedad, y en el escaso mar gen de tiempo en el que se han construido gran parte de ellos. En el caso de r eutilización de estructuras pr evias, parale- lamente al pr oceso de mutación funcional se pr oduce la transformación tipológica de dichas estructuras. El carácter peculiar que implican las nuevas instalaciones, el vuelco que supone la transformación en señorío de primitivas viviendas rurales o la apertura al territorio y al paisaje de construcciones manifiestamente intr overtidas, implican un cambio tal que transforman la estructura pr ofunda de la tipología anterior , imprimiéndole un nuevo carácter a la instalación. Carácter que se manifies- ta entr e otr os aspectos en una nueva r elación con el terri- torio y en una utilización intencionada de la ar quitectu- ra como elemento simbólico y evocador . Estos cortijos se or ganizan en torno a dos centr os funcionales: el señorío y la plaza de tientas. A su alr e- dedor se sitúan las distintas dependencias auxiliar es constituyendo dos sector es bien difer enciados funcio- nal y formalmente. Anexos a la plaza de tientas se encuentran los chiquer os, cajones de cura y embar que, pajar es y distintos corrales de funciones más o menos pr ecisas. Se or ganizan siguiendo el funcionamiento natural de la briega con el ganado, en un conjunto com- pacto, normalmente anexo a los grandes encierr os de acer camiento de los tor os y pr ecedido por la manga que posibilita el apartado de los mismos. En la casa princi- pal, junto al señorío, se sitúan las demás dependencias r esidenciales, las cuadras, almacenes y los elementos dir ectamente r elacionados con la explotación agrícola, en caso de que la haya –graner os, casa de máquina…–. Las distintas dependencias se or ganizan en estruc- turas semiabiertas más complejas que en los cor tijos cer ealistas. Los patios siguen siendo los elementos estructurantes por excelencia, per o construyendo 109 La arquitectura agraria en la provincia esquemas de menor rigidez. Los grandes conjuntos se or ganizan en varios patios, en torno a los que se distri- buyen las dependencias, or ganizándose por sectores funcionales: el patio del señorío, de las cuadras, vivien- das de los trabajador es, etc., de manera jerar quizada funcional y constructivamente. El señorío se sitúa en lugar pr eponderante, habitualmente en la fachada principal pr ecedido por un jar dín, y aislado de las dependencias más molestas. En aquellos conjuntos que tienen como base un cortijo de cer eal se mantie- nen los esquemas más rígidos y el habitual patio cen- tral. El cortijo ganader o, aunque se or ganice en torno a patios, no vuelca hacia el interior sino que se abr e al territorio que lo cir cunda y mantiene con éste una mayor dependencia, r elación necesaria para que el señorío luzca en su vistosidad y para posibilitar las labor es de manejo del ganado. Dentr o de la tipología del cortijo de ganado bravo es posible r ealizar una clasificación en función del modo en que sus dos sector es fundamentales se r ela- cionan entr e sí y ocupan el territorio. Conjuntos com- pactos son aquéllos en los que los dos sector es articu- lan un único conjunto edificatorio: la plaza de tientas y las dependencias auxiliar es se disponen junto a las habitaciones r esidenciales. Pueden originarse por la anexión de las dependencias taurinas a caseríos pr ee- xistentes, normalmente cortijos de secano, o, con menor fr ecuencia, como r esultado de un plan cons- tructivo pr emeditado –Cortijo de los Albur ejos, Medi- na Sidonia–. En el primer o de los casos se pr oduce la yuxtaposición de los dos sector es funcionales en una clara estructura de agr egación –Cortijo de Iruelas, en T arifa–. En estos conjuntos compactos los espacios libr es pueden jugar un doble papel. Habitualmente sir- ven a las habitaciones r esidenciales y demás depen- dencias pr opias del conjunto señorial, quedando las instalaciones taurinas al mar gen de los patios, con accesos exterior es aunque normalmente conectadas por algún punto con el señorío o salones anexos –Cortijo de la Peñuela, de Jer ez, y Cortijo de los Albur ejos–. Per o en otr os casos, los espacios libr es se disponen entr e ambos núcleos actuando más a modo de patio de labor que con funciones r esidenciales –Cortijo la Zorr era, Medina Sidonia–. En el por centaje más elevado de los casos, los dos sector es funcionales del cortijo de ganadería de lidia se disponen en núcleos independientes, conformando conjuntos edificatorios difer enciados. Estos conjuntos pueden localizarse a corta distancia unos de otr os o a distancias que pueden llegar a ser considerables, como muestra el ejemplo del Cortijo los Granujales, de V ejer de la Fr ontera. En el primer caso, la explanada que queda entr e los dos sector es puede ser ocupada por dependencias menor es y utilizada para las labor es del ganado –Cortijo de Roalabota, de Jer ez– o incluso estar cer cada como último encierr o de la ganadería pr evio a su salida o tienta –Cortijo de las Albutr eras, Los Ba- rrios–. Entr e estos núcleos, especialmente cuando las distancias son muy grandes, se establecen caminos interior es que funcionan a modo de r ed arterial de la explotación. Esta drástica división de las dependencias es a veces consecuencia de la r eutilización de un case- 110 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Planta baja de los Alburejos, Medina Sidonia. río pr evio para las dependencias r esidenciales y la ins- talación posterior del tentader o en un sitio de condi- ciones más apr opiadas. Con esta división apar ece una mayor intención de apr opiación del territorio. Colonización que se ve aumentada por los caminos internos de la finca y por las tapias y cer cas que deli- mitan los encierr os. En algunas explotaciones la divi- sión se ha extr emado al disgr egarse la edificación en varios núcleos de pequeña entidad que se disponen, guar dando cierta pr oximidad, en estructura abierta en torno a una gran explanada –Cortijo Mar telilla del Mar qués, Jer ez. Cortijos de ganado de lidia inventariados Alcalá de los Gazules: Cor tijo el Angarillón, Cor- tijo el Pradillo. Algodonales: Cortijo de las Hermanillas, Cor tijo de la Nava de San Juan. Los Barrios: Cor tijo de las Albutr eras, Dehesa Ma- ría del Campo. El Bosque: Casa Hor tales. Jerez de la Fr ontera: Cortijo de Campanera, Cor- tijo Martelilla del Mar qués, Cortijo Matancilla, Cortijo de la Peñuela, Cortijo Roalabota, Cor tijo Salto al Cielo, Cortijo de la Sierra, Cor tijo de Spínola. Jimena de la Fr ontera: Cor tijo Fábrica la Bomba. Medina Sidonia: Cor tijo los Alburejos, Cortijo la Cantora, Cortijo Montepaz, Cor tijo la Quinta Alta y Baja, Cortijo de V alcar gado, Cortijo el Zapater o, Cor- tijo la Zorr era, Cortijos Coloma y Monr eala. Olvera: Cortijo la Sabina. Puerto Real: Cor tijo San José del Pedr oso. Puerto Serrano: Cor tijo el Parr oso. San José del V alle: Cortijo Fuente Imbr o. T arifa: Cortijo de la China, Cortijo de Iruelas. T rebujena: Cor tijo Alventus. V ejer de la Frontera: Cor tijo los Granujales, Cortijo Libr er os, Cortijo Sierra Graná o el T orer o, Jandilla. LAS EXPLOT ACIONES FOREST ALES Con el nombr e explotaciones for estales y dehesas se clasifica una serie de edificaciones cuya funcionalidad original está r elacionada con la explotación comer cial del bosque. Se excluyen aquí los establecimientos vin- culados a dehesas pr efer entemente ganaderas, ya r evisa- dos en apartados anterior es. Dentro de las posibilidades del apr ovechamiento for estal se engloban la explotación mader era, mediante la r ecogida de pequeño ramaje o tala selectiva de árboles, la extracción del cor cho, o las r elacionadas con la fauna y flora menor , piñas, setas o caza. En la pr ovincia de Cádiz el apr ovechamiento for es- tal de mayor r elevancia económica es la extracción de cor cho, en explotación dir ecta del gran alcornocal que atraviesa buena parte de los municipios gaditanos y que ha convertido a Cádiz en la primera pr ovincia cor chera de España. Paralelamente a ésta, se mantienen otras industrias menor es que extraen del bosque otr os benefi- 111 La arquitectura agraria en la provincia Ordenación general del Cortijo de V alcargado, Medina Sidonia. cios: madera, caza, etc. T ambién ha alcanzado cierta r elevancia la r ecolección de la piña para el consumo de los piñones como fruto seco, siendo Cádiz una de las primeras pr oductoras de España. En r ealidad, es algo aventurado considerar que exista una tipología específicamente for estal y que las edificaciones asociadas a estas explotaciones hayan generado un conjunto ar quitectónico que pueda entenderse como una tipología independiente. De las más de tr escientas explotaciones inventariadas, sólo unas pocas se han considerado claramente como uni- dades for estales, como el Cortijo de Buenas Noches de Jimena de la Fr ontera, datado en 1891, o el Cortijo de la Alcaría en Jer ez de la Fr ontera. La inclusión de este apartado en la clasificación general no intenta deducir invariantes, ni elaborar una teoría sobr e una tipología de difícil concr eción. Sólo pr etende dejar constancia de un uso específico del suelo, el for estal, que supone la explotación de una amplia parte del territorio pr ovincial. En cualquier caso tendrá validez como análisis alternativo de unas edificaciones rurales que quedan al mar gen de las grandes tipologías estudiadas. Por otra parte, es nece- sario puntualizar que en muchos casos la explotación for estal supone una vertiente más de la pr oducción de las grandes pr opiedades con terr enos de dehesa y monte. En estos casos, la especificidad de esta explota- ción desapar ece bajo otras variantes de mayor caracte- rización ar quitectónica, como se apr ecia en el Cortijo del Pedr egoso, de T arifa. A esta cir cunstancia ha con- tribuido el característico latifundismo que se manifies- ta aún más acusado cuando se trata de terr enos no dir ectamente explotables para la agricultura, y que ha posibilitado que un pequeño númer o de grandes fincas abar que un importante por centaje de arbolado. La distribución territorial de estas construcciones lógicamente corr e paralela a la extensión de las masas arbór eas por la pr ovincia. Per o no todo el bosque pr o- vincial es igual, ni lo son sus posibilidades de explota- ción. En el bosque gaditano se distinguen dos unidades bien difer enciadas. Una es el macizo de Aljibe, soporte fundamentalmente de la gran masa del alcornocal, y la otra gran mancha ver de es el Par que Natural de la Sierra de Grazalema, poblado principalmente por encinas, quejigos, algarr obos y pinsapos. De las dos, la primera pr esenta una potencialidad económica muy superior , derivada fundamentalmente de la explotación cor chera, y también de otras, como la piñonera. Es esta masa arbór ea la que ha pr oducido alguna edificación r eseña- ble. En las r estantes explotaciones apar ecen simples casas de guar das o pequeñas edificaciones de montaña. El alcornocal se asienta sobr e el sustrato de ar enis- cas que constituyen el macizo del Aljibe, donde convi- ve con pinar es y otras especies. Casi la totalidad de estos bosques queda englobada en el Par que Natural de los Alcornocales, que atraviesa la pr ovincia diago- nalmente desde las estribaciones más al este de Jer ez de la Fr ontera hasta el término de Algeciras, abar can- do gran parte de los municipios de Alcalá de los Gazu- les, Benalup, Medina Sidonia, Jimena, Los Barrios y T arifa, y casi la totalidad del término de Castellar . El alcornocal es más denso entr e los municipios de Cas- tellar , Alcalá y Jimena. Implantación en el territorio La pr esencia de estas edificaciones sólo es posible en el interior o en las pr oximidades del bosque que explotan. Junto a esto y fr ente a las escasas exigencias funcionales, las cir cunstancias de implantación no serán difer entes de las de cualquier hábitat humano: agua, asoleamiento, posibilidad de acceso, etc. El acce- so hasta estos caseríos desde las carr eteras más próxi- mas se r ealiza a través de difíciles vías for estales, de firme pr ecario, y en algunos caso próximas a ser devo- radas por la vegetación. Respecto a elementos de cie- rr e, estas fincas de gran tamaño generalmente han car ecido de delimitaciones físicas claras. En la actuali- dad, el alza del negocio cinegético ha impulsado des- lindes y vallados para evitar la pér dida de piezas debi- do a su desplazamiento natural. Esta cir cunstancia ha multiplicado el númer o de cancelas o angarillas en las vías de comunicación a través de las fincas, que en muchos casos permanecen cerradas con candado fuera de los horarios normales de la jornada laboral. Dependencias Las labor es de explotación del bosque necesitan muy pocas o casi ninguna dependencia específica. No son necesarios los grandes espacios de almacenaje, ni las estancias de ganado de labor , y las principales exi- gencias son las r elacionadas dir ectamente con la r esi- dencia humana. Ganaderas y de almacenaje La pr oducción for estal no exige dependencias espe- cializadas de almacenaje. El cor cho, las piñas o la leña, no necesitan r esguar darse de la intemperie y se acu- mulan dir ectamente a cielo abierto. No existen por tanto más almacenes que los necesarios para guar dar los aper os y utensilios de trabajo, o los pr opios de la 112 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz 119 La arquitectura agraria en la provincia 120 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz 121 La arquitectura agraria en la provincia La oposición que existe dentr o de cada municipio entr e las pequeñas explotaciones, localizadas princi- palmente en las pr oximidades de los núcleos urbanos, y las grandes fincas que abar can la mayoría de las tie- rras, existe también a nivel pr ovincial entr e los distin- tos municipios. A grandes rasgos es posible señalar que en los amplios términos municipales interior es –Jer ez, Medina, Alcalá…– pr edominan las grandes pr opiedades de estructura latifundista, mientras que en los municipios de la costa atlántica el peso de la pequeña pr opiedad es mucho más importante. En los extr emos de esta situación se encuentran municipios como Alcalá de los Gazules y Chipiona. En el primer o de ellos, el númer o de grandes pr opiedades supone casi un ter cio del total, mientras que en Chipiona la pequeña pr opiedad supera el 95% de las explotaciones. A medio camino entr e estas dos situaciones se encuen- tran los municipios de El Puerto de Santa María, V ejer o Setenil, en los cuales el númer o de explotaciones de mediano tamaño (5-50 ha.), alcanza valor es muy pró- ximos a los de la pequeña pr opiedad, o T arifa, donde las fincas de medianas dimensiones suponen más del 50% del total. Dentr o del fenómeno latifundista es necesario destacar el caso de la finca la Almoraima, en el municipio de Castellar , la pr opiedad más extensa de España, que con sus más de 14.000 ha. compr ende la mayoría del término municipal. El sector vitícola r epite la estructura del conjunto de la actividad agraria, per o en ningún caso llega alcanzar valor es extr emos. La concentración de gran parte de las tierras en un pequeño númer o de propie- dades se pr oduce sobr e todo en Jer ez, donde el tama- ño de la explotación media es superior al r esto de la zona, y en El Puerto de Santa María y Puer to Real, en menor medida. Por el contrario, en Sanlúcar , T rebujena, Chipiona, Rota y Chiclana existe una mul- titud de pequeñas pr opiedades y explotaciones que podría caracterizarse como minifundismo vitícola. De la arquitectura rural Los pr ocesos de transformación que han experi- mentado los sistemas constructivos y pr oductivos durante los últimos años han dañado irr emediable- mente la ar quitectura rural. La obsolescencia de las estructuras, el alto coste de mantenimiento y la gene- ral pér dida de funcionalidad han sido las causas prin- cipales del deterior o sufrido. Las dependencias agrícolas, originadas en las nece- sidades formales y funcionales de determinados pr o- cesos pr oductivos ya desapar ecidos –la pr ensa aceite- ra de viga, el lagar jer ezano, las estancias de bue- yes…– han quedado vacías de contenido y funcionali- dad, y se han visto condenadas a desapar ecer . Parale- lamente, las nuevas condiciones socioeconómicas y laborales y la r evolución de los medios de transporte humanos y de mer cancías han contribuido al abando- no de los espacios de r esidencia y almacenaje, car en- tes ya de sentido y funcionalidad: gañanías, antiguos graner os, tr ojes… En los últimos años se ha pr oducido el abandono de algunos de muchos edificios rurales, y , con ello, la pér- dida de parte de nuestr o patrimonio cultural y arqui- tectónico, aunque a este r especto es necesario destacar cómo este pr oceso de abandono del campo y de sus edi- ficaciones ha tenido una menor r eper cusión en la pr o- vincia de Cádiz que en otras. Per o tan importante o más que los edificios desapar ecidos es la pr ofunda transfor- mación que han sufrido muchos de los existentes, con el r esultado de un palpable deterior o de sus caracterís- ticas y valor es originales. Las nuevas tecnologías han transformado radicalmente la imagen de las edificacio- nes, incorporando grandes silos, casas de máquinas, torr etas eléctricas… Las r elaciones tradicionalmente M AP A DE USO ACTUAL DE LOS EDIFICIOS INVENT ARIADOS Actualmente, el 86% de los edificios inventariados mantiene algún tipo de uso agrícola o ganadero; el 4% se destina a otros fines (residencial, hotelero….) y el 9% restante se encuentra sin uso. existentes entr e los distintos elementos se han alterado, pr oduciendo pr ofundas modificaciones en las estructu- ras or ganizativas definitorias de las diversas tipologías, per diéndose en gran medida el sentido or ganizador de los patios. Por otr o lado, el gran volumen construido que suponen en muchos casos estas edificaciones, la habitual solidez constructiva de las mismas, y la r elati- va versatilidad de sus espacios diáfanos han sido la causa principal de que no se haya pr oducido su total desaparición. Las tipologías de menor es dimensiones e inferior calidad constructiva –construcciones ganade- ras, casa de huertas, etc.– son las que más han sufrido. Este pr oceso no ha afectado, con todo, de igual manera a las diversas tipologías estudiadas. El conjunto más afectado es sin duda el del olivar . En el extr emo opuesto se sitúan los cortijos de ganado de lidia y , en gran medida, las casas de viñas jer ezanas. Las explotaciones olivar eras, con el olivo prácticamen- te desapar ecido, es la tipología que pr esenta un mayor grado de transformación. Su r econversión en explota- ciones cer ealistas ha conllevado en muchos casos la pér dida de sus características originales, en algunos ejemplos meramente adivinables, y la desaparición de las piezas características de las almazaras. Los cortijos de secano son el conjunto edificatorio que mayor númer o de piezas conserva en funciona- miento. Por lo general, muchos de estos cortijos conti- núan manteniendo su funcionalidad agraria, en algu- nos casos r econvertidos en grandes explotaciones agr oindustriales, y en otr os como simples conjuntos agrícolas adaptados a los nuevos sistemas de cultivo. Sin embar go, el mantenimiento del uso primitivo no se corr esponde en líneas generales con un buen estado de conservación de la edificación, que a menudo ha sufri- do pr ocesos de adaptación escasamente r espetuosos con la ar quitectura original. Las casas de viña pr esentan un panorama singular . Se ha per dido un númer o importante de ellas y la mayoría car ece de lagar en funcionamiento, siendo usadas como simples almacenes y para cobijo del per- sonal en las vendimias. Per o, sin embar go, se mantiene bien conservada la mayor parte de las mejor es piezas. En general éstas pertenecen a grandes complejos bode- guer os que las pr eservan en buen estado, quizá cons- cientes de su valor patrimonial, como parte impor tan- te de la pr opia imagen de la firma. En los cortijos de ganadería de lidia se pr oduce un fenómeno semejante. Su estado de conservación, por lo general, es bastante aceptable e incluso muy bueno. El motivo radica en que estas explotaciones han adoptado la estética rural tradicional como imagen de las pr opias ganaderías, por lo cual el mantenimiento de la aparien- cia tradicional del cortijo, e incluso su imitación, se con- sidera esencial para la pr opia instalación ganadera. A modo de conclusión exponemos una serie de r eflexiones suscitadas por la r ealización de este traba- jo y extraídas unas del estudio de campo y otras de la documentación consultada y la posterior elaboración del inventario. En contra de lo que en un principio cabría esperar , y de lo compr obado en otras pr ovin- cias, en la de Cádiz se ha detectado un alto índice de ocupación de la ar quitectura rural. El abandono r esi- dencial del campo no es un fenómeno generalizado en todas las comar cas gaditanas. Un alto por centaje de las piezas localizadas se mantiene en uso, y la gran mayoría de éstas permanece habitada. Además, no existen síntomas que permitan pr ever que esta situa- ción vaya a cambiar de forma inminente. Es posible afirmar que de manera general las tipologías rurales estudiadas mantienen un aceptable estado de conser- vación. Evidentemente éste no es óptimo, per o sí suficiente para no temer por la masiva desaparición de este patrimonio ar quitectónico, como ocurr e en otras pr ovincias. 122 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz M AP A DE EST ADO DE CONSERV ACIÓN DE LOS EDIFICIOS INVENT ARIADOS De los 338 edificios inventariados en la provincia de Cádiz, se puede considerar que el 67% se encuentra en un estado de conservación aceptable, el 25% está mal conservado, el 4% se encuentra parcialmente en ruinas y otro 4% está completamente ruinoso. Entr e los distintos factor es causantes de la degrada- ción de las construcciones rurales, la falta de uso se manifiesta como el principal y más mortal enemigo. La llegada al campo de las nuevas tecnologías ha r elegado al abandono determinadas piezas car entes hoy por hoy de funcionalidad. Caso paradigmático de esta situación son los graner os, piezas muchas de ellas de gran inte- rés per o que han sido sustituidas por silos metálicos industriales. La aparición de estos elementos no debe entenderse como una agr esión, sino como la evolución natural de las explotaciones, tal como en su día ocurrió con las almazaras hidráulicas. Sin embar go la aparición de los silos supone el abandono de los graner os tradi- cionales, y esta falta de uso constituye el germen de la posterior desaparición de la construcción. La conservación del patrimonio rural pasa sin duda por el mantenimiento del uso agrícola de las instala- ciones y por la búsqueda de nuevos usos y posibilida- des de r eutilización de las dependencias obsoletas. Las alternativas funcionales ensayadas, principalmente hoteleras, no pasan de ser soluciones de compr omiso válidas para piezas concr etas, per o car entes de posibi- lidades como solución global. 123 La arquitectura agraria en la provincia Inventario de edificios 126 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz De las tr es secciones en que se ha dividido la pr ovincia para pr esentar la selección de edificios inventariados, en las páginas que siguen se r eseñan los corr espondientes a las comar cas y tér- minos del nor oeste del territorio pr ovincial. Se incluyen aquí los municipios en torno a la capital, Jer ez, y los términos coster os entr e la desembocadura del Guadalquivir y la bahía de Cádiz. Junto a algunos de muy escasa o nula significación en lo r efer en- te a la ar quitectura agrícola dispersa, como Cádiz, otr os, como Jer ez, destacan por la cuantía, la variedad y el interés de sus edi- ficaciones. Jer ez y costa nor oeste 127 Jerez y costa noroeste. Inventario El término municipal de Jer ez es el más extenso de la pr ovin- cia y uno de los más amplios de España, con una superficie de 1.186 km 2 que se desarr olla sobr e la campiña del nor oeste gadita- no y una pr olongación hacia el este que alcanza hasta las ár eas serranas colindantes con Ubrique, el límite con Málaga y Alcalá de los Gazules. Esta pr olongación –tránsito de la campiña a la sierra– ha visto muy mermada su extensión y casi truncada su continui- dad como r esultado de la segr egación del municipio de San José del V alle, dotado con un término de 226 km 2 , el último y mayor r ecorte del dilatado alfoz o tierra que r ecibiera la ciudad en la segunda mitad del siglo XIII tras la conquista cristiana. Término agrícola por excelencia, con una superficie dedicada al cultivo pró- xima a las 100.000 ha., la agricultura y la industria de transforma- ción han sido y siguen siendo los motor es de su economía. En la actualidad constituye el primer centr o r emolacher o de Eur opa. Por su amplitud y por la riqueza y variedad de sus suelos, el ámbito comar cal de Jer ez figura como primer pr oductor de la mayoría de las variedades agr opecuarias que se dan en la pr ovincia, tanto en pr oductos agrícolas como ganader os. Es lógico por tanto que el término con mayor númer o de ele- mentos inventariados sea éste, y que Jer ez aventaje considerable- mente a todos los demás municipios en el númer o de piezas loca- lizadas e inventariadas. En consecuencia, todo lo descrito con anterioridad para las distintas variantes edificatorias del campo gaditano es lógicamente aplicable y suele encontrar r eflejo en el ámbito jer ezano. Sobr esale, en primer lugar , la importancia del cultivo de la vid, que en Jer ez supone apr oximadamente el 20% de la pr oducción agrícola total. A su vez, los cortijos de secano y ganader os de esta zona constituyen uno de los conjuntos induda- blemente más notables de la pr ovincia. En cuanto a instalaciones r elacionadas con el olivar , aporta también ejemplos de considera- ción, incluso a pesar de que la segr egación de San José lo haya pri- vado de varias piezas de la franja de terr enos olivar er os que corr en hacia el nor este, desde el nuevo municipio en dir ección a Ar cos, V illamartín y Olvera. De las tipologías estudiadas, en Jer ez r esalta la casa de viña como elemento emblemático y distintivo asociado al negocio vina- ter o. En su término se distribuye la más numer osa y variada r epr e- sentación de la casa de viña, encabezando las cifras pr ovinciales en cuanto a casas localizadas e inventariadas. Entr e las piezas inclui- das en el inventario cabe señalar , por un lado, las casas de San Cayetano, Los Ar cos o V iña Ponce, como pr ototipos de la casa de viña funcional, básica, nacida como mer o complejo agr oindustrial para la transformación de la uva y , por otr o, Macharnudo o Cortijo del Majuelo, Cerr o Nuevo o La Canariera, como ejemplos de una ar quitectura que sumó a la funcionalidad la búsqueda de una ima- gen de pr estigio para la empr esa o la familia. Edificio a edificio, en el r ecorrido por la casa de viña jer ezana se apr ecian de manera detallada sus variantes y su evolución, desde las construcciones más humildes y utilitarias –formando sencillos bloques de enver- gadura limitada–, a las más extensas y elaboradas –a base de varios volúmenes en U o en torno patios, con abundantes r efer encias de estilos urbanos y cultos…–. Las extensas campiñas de magníficos bujeos pr opor cionan una amplia superficie para el cultivo extensivo del cer eal con un alto r endimiento pr oductivo, lo que convierte a la comar ca de Jer ez en la primera pr oductora cer ealista de la pr ovincia. Y es en su térmi- no en el que también se han localizado e inventariado mayor númer o de cortijos de secano. De los cor tijos incluidos en inven- tario en la zona estudiada, 38 pertenecen a Jer ez, contándose entre ellos varias de las mejor es piezas, como el Cortijo de Romanina Alta, el Alijar o el cortijo constituido por Los Establos y la Mariscala. En conjunto, los cortijos de Jer ez son una excelente muestra del ar quetipo clásico del cortijo andaluz, r esultado de las grandes explotaciones y los esquemas de gran pr opiedad sobr e las tierras de calidad de la depr esión del Guadalquivir . Desde un punto de vista constructivo, abar can desde unidades de planta cua- drada o r ectangular en torno a un patio a otras alr ededor de varios patios, con piezas distribuidas en un radio inmediato al núcleo principal, segr egadas en varios núcleos o dispersas por el territo- rio de la finca. En cuanto a la ar quitectura tradicional del olivar , Jer ez cuenta asimismo con un grupo de piezas inventariadas. Aunque en la actualidad el cultivo se ha r educido a mínimos, el olivar mantuvo en el término una pr esencia histórica, en pagos cer canos a la ciu- dad, interpolándose con la viña, y en las ár eas limítr ofes con las comar cas más pr opiamente olivar eras –Ar cos, Olvera–. Entr e las piezas más inter esantes inventariadas se pueden señalar varios cor- tijos de olivar , como el de Pér ez Lila, que r esponde a la disposición de un molino tradicional con pr ensa de viga y torr e de contrapeso almenada. Paralelamente a la importancia de la pr oducción agrícola en Jer ez se ha mantenido una fuerte tradición ganadera que la sitúa como principal tenedora de cabezas de ganado bovino, y sin com- paración con otra en lo r efer ente a la cría caballar y avícola. No es casualidad, por tanto, que en el término municipal de Jer ez se si- túen los dos grandes cortijos-cuar tel de V icos y Garrapilo, ambos pertenecientes a la yeguada militar . Respecto a los cortijos de ganadería de lidia, aunque el númer o de los inventariados no es muy elevado, conviene destacar la anti- güedad de algunas de las piezas que se conservan. No es casual que los historiador es hayan situado en la Cartuja de Jer ez uno de los orígenes de las ganaderías bravas, y que sea en el Cortijo del Salto al Cielo, que perteneció a dicha or den, donde se conser ve la plaza de tientas más antigua localizada hasta el momento, fechada por una inscripción a finales del siglo XVIII. Otra pieza de gran interés es la magnífica edificación del Cortijo de la Peñuela, antigua explo- tación olivar era y de secano adaptada a la cría de r eses bravas. Respecto a los otr os cortijos ganader os, a pesar de la importan- cia del númer o de cabezas existentes en la comar ca, y de acuer do con lo expr esado en la definición del tipo –sencillez, escaso volu- men constructivo, car encia de piezas de r elevancia por las carac- terísticas de la explotación…–, no se han localizado muchas pie- zas de interés. Apenas se han r ecogido algunas, como El Marrufo, partícipe de la ar quitectura ecléctica de fines del XIX y principios del XX que se observa en grandes construcciones de dehesas tanto en Jer ez como en San José del V alle y otr os términos más meri- dionales. De dir ecta inspiración inglesa es, por su parte, el caserío de la dehesa la Alcaría, modelo de las grandes explotaciones for es- tales y cinegéticas, en las que se combinan los apr ovechamientos del cor cho, leña, carboneo en el pasado, ganadería mayor y menor , de lidia incluso, la caza, en la actualidad una fuente de ingr esos esencial. Al oeste de Jer ez quedan los términos municipales del ámbito comar cal de Sanlúcar de Barrameda, delimitado al norte por el cauce del río Guadalquivir en su desembocadura y a poniente por la costa atlántica: Chipiona, Rota, Sanlúcar de Barrameda y T rebujena. Los tr es municipios costeros poseen amplias super ficies ar enosas y una importante tradición hor tícola, constituyendo uno de los principales r efer entes de la pr ovincia en estos cultivos. Estos pr oductos, junto con la flor cortada, suponen más del 90% de la totalidad de la pr oducción agrícola en estos términos. Debido al peso de esta dedicación de los suelos comar cales, a las extensiones de terr enos impr oductivos en el bor de de marisma, a la urbaniza- ción cr eciente, el númer o r elativo de piezas inventariadas es bajo, no habiéndose r egistrado ninguna en el municipio de Chipiona. Por otr o lado, varias de las edificaciones inventariadas en Rota per- tenecían a una única gran pr opiedad, lo que r ecuer da una vez más la importancia que adquirió el latifundio en estas comar cas de la baja Andalucía. El cultivo del cer eal se ha desarr ollado principalmente en las tierras interior es del municipio coster o de Sanlúcar y en el térmi- no de T rebujena, habiéndose inventariado un total de siete cor tijos de secano. El más inter esante de todos los inventariados, el Cortijo de Alventus en T rebujena, constituye un ejemplo paradigmático de cortijo de patio único y estancia ganadera independiente. Cuenta también con una inter esante plaza de tientas poligonal añadida al incorporarse una explotación de ganadería de lidia. La vid, a pesar del r etr oceso que sufr e en los últimos años, tuvo y mantiene una destacada pr esencia en los términos de Sanlúcar y T rebujena. En este último supone casi el 50% de la pr oducción agrícola. Sin embar go, en estos municipios la tipología de la casa de viña no ha alcanzado el desarr ollo que tiene en Jer ez o El Puerto de Santa María. En T rebujena no se ha inventariado ninguna, mientras que en Rota y Sanlúcar una cifra apr eciable de las piezas inventariadas r esponde en cierta medida a condicionantes distin- tos a la pr opia pr oducción agrícola, siendo edificaciones que con- jugan además cometidos r esidenciales como casas de r ecr eo de los pr opietarios. Son ejemplos el Caserío de Miraflor es Alta o el Cortijo de Charruado Par do. T ambién se per cibe una cer canía y superposición de funciones en casas de viña que pudier on r elacio- narse antes o simultanear sus labor es con las del secano. Constituye una muestra singular el Cortijo de T orrebr eva, con una torr e-mirador de seis plantas, única en el agr o gaditano, caserío que apar ece acompañado por otras instalaciones especializadas para la viña, el cer eal y r esidencia de los dueños en el mar co de una dilatada pr opiedad a caballo entr e Rota y Sanlúcar . Mención aparte mer ecen las variantes de la arquitectura del oli- var . Aunque los plantíos de olivar hoy han desaparecido por com- pleto de la comar ca, en el pasado alcanzar on r elevancia y exten- sión en el municipio de Sanlúcar de Barrameda. La climatología marítima y la idoneidad de los suelos para el cer eal favor eció su definitivo cambio de dedicación y transformación en tierras de sembradura. La importancia que alcanzó en Sanlúcar la explota- ción aceitera se r efleja en que los tr es elementos inventariados en este municipio mer ecen el máximo grado de interés entr e los moli- nos y caseríos de olivar de la pr ovincia. El Molino de Monteagudo y el Cortijo de Cabeza Alcaide constituyen dos magníficos ejem- plos de molino de aceite y cortijo de olivar con instalaciones tra- dicionales de pr ensa de viga, el segundo también con una pieza de graner o digna de r eseña. El ter cer elemento inventariado, el Cortijo de la Cañada, aunque muy transformado, conserva algu- nos elementos formales de gran interés, como la portada de acce- so y una de las más atractivas torr es de contrapeso localizadas en la pr ovincia, de fisonomía muy similar a las de las vecinas hacien- das sevillanas. Al sur de la comar ca sanluqueña se halla el ámbito comar cal de Cádiz, con los municipios de la capital, Chiclana de la Fr ontera, El Puerto de Santa María, Puer to Real y San Fernando. Dada la diver- sidad del medio geográfico –marismas, ester os, ar enales, campiñas hacia Jer ez y Medina Sidonia, vastas aglomeraciones urbanas y urbanizaciones…– es la comar ca más heter ogénea en cuanto a la distribución y pr esencia de los cultivos. En el conjunto de la comar ca es posible distinguir una franja costera, dedicada princi- palmente a pr oductos hortofrutícolas, difer enciada de las tierras más interior es en las que ostentan la primacía los cultivos extensi- vos de secano. En general ninguna de las tipologías constructivas estudiadas ha dado lugar a piezas de interés elevado en r elación al total de la pr ovincia. El municipio de Cádiz, totalmente urbanizado, car ece de labo- r es agr opecuarias. En San Fernando, con buena parte de sus terr e- nos inadecuados para la agricultura y destinados a explotaciones salineras, la pr oducción agrícola la absorben casi por completo los pr oductos hortofrutícolas. En ninguno de los dos términos men- cionados se ha inventariado ninguna pieza. La vid mantiene su pr esencia y volumen de pr oducción en el Puerto de Santa María, encontrándose en una acusada r ecesión en Chiclana. A pesar de ser El Puerto el segundo pr oductor de vino, la importancia de su industria vinatera no tiene un r eflejo equiva- lente en el campo. Aunque la cifra de casas de viñas existentes en 128 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz su término es considerable, las muestras más significativas de esta variante tipológica se ubican en el vecino municipio jer ezano. De ahí que sólo se haya seleccionado para el inventario un corto númer o de piezas entr e las visitadas, como el caserío de Campín Alto. En Chiclana las particular es condiciones del desarrollo del viñedo no han pr oducido edificaciones rurales de interés para su selección en el inventario. El cultivo del olivar ha desapar ecido en la actualidad. De moli- nos de olivar se conserva un interesante caserío de olivar en Chiclana, la Casa de la Guar dia, no habiéndose inventariado nin- gún otr o elemento en la comar ca. Pieza de carácter singular y mer ecedora de atención por su or ganización y arquitectura de buena factura, r ecuer da el papel sobr esaliente que tuvo en el pasa- do la pr oducción aceitera de Chiclana ligada al comer cio ultrama- rino, actividad de la que apenas han quedado testimonios, ya que su declive se inició en fechas lejanas, cediendo terr eno desde entonces a la expansión del viñedo. El cultivo del cer eal se ha desarr ollado tradicionalmente en las tierras interior es del término de El Puerto y sobr e todo en los lla- nos puertorr ealeños. En la actualidad en El Puerto de Santa María el cultivo en secano de plantas industriales ha desplazado en gran medida al cer eal tradicional. En Puerto Real, uno de los grandes pr oductor es cer ealistas junto con las comar cas de Jer ez y Medina, el cer eal supone en torno al 50% de la pr oducción total. En Chiclana el peso del cultivo es menor , afectado ya por la acción del viento de levante como sucede en los términos meridionales. El cortijo de secano más inter esante de los inventariados en la comar- ca es el Cortijo de Guerra, en los llanos del mismo nombr e en el término de Puerto Real. Es un ejemplo de transformación de una antigua instalación de cer eal en un moderno complejo agr oindus- trial, dedicado a la exportación de pr oductos hortofrutícolas. Las Beatillas, en el Puerto de Santa María, ofr ece un ejemplo poco fre- cuente por el cuidado tratamiento de su ar quitectura de cantería, con una gran portada, una torr e y dependencias residenciales con galería y jar dín. La escasa incidencia de las explotaciones ganade- ras en la comar ca se r efleja en la escasez de piezas inventariadas que, en r ealidad, se r estringen a una sola muestra, y de menor inte- rés, el cortijo de ganadería de lidia de San José del Pedr oso, en Puerto Real, en las pr oximidades de las tierras ganaderas de Medina Sidonia. 129 Jerez y costa noroeste. Inventario Situada sobr e una loma y con un camino de acceso bor deado de árboles en el pago de Macharnudo, al nor oeste de Jer ez, considerado tradicionalmente uno de los mejor es dis- tritos vitícolas del mar co jer ezano, pertenecía al conjunto de casas diseminadas en la gran pr opiedad de Domecq encabezada por El Majuelo, conjunto que P . Madoz, a mediados del siglo XIX, cifra compuesto por 9 casas entr e grandes y pequeñas diseminadas en difer entes puntos . El tamaño de la Casa de la Compañía es mayor de lo habitual en la mayoría de las casas de viña, or ganizándose mediante una estructura que se cierra en forma de U. Muestra una ar quitectura austera de pequeños huecos exterior es, con portada de acceso al patio y zócalo de color almagra como únicos elementos ornamentales. En la bodega de la firma en la ciudad se conserva montado uno de los lagares de la viña. Casa de la Compañía [6] Jer ez de la Fr ontera 136 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1048/1-3 USOS: casa de viña. Estructura nuclear agrupada pr oducto de la ampliación y r enovación en 1935 de una casa construida en 1840 y muy semejante a Casa San Cayetano. El núcleo original, de planta r ectangular , se desarr olla bajo una única cubierta de grandes faldones a dos aguas de teja árabe. El portal adintelado sobr e pilares a todo lo lar go de la edificación soporta el aler o de la cubierta. La planta sigue la disposición habitual de crujías longitudinales en la que el lagar de pisa ocupa el espacio central desde el que se accede a las demás depen- dencias –vivienda del capataz, cocina, etc–. La distribución original se ha transformado par cialmente para alber gar la vivienda de los propietarios, ocupando par te del lagar y Casa de la Esperanza [7] Jer ez de la Fr ontera ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1047/4-4 USOS: casa de viña. Cepas y tejas construyen el paisaje del viñedo jerezano. Abajo y a la izquierda, la explanada del almijar se prolonga bajo la cubierta del portal, donde se guarecería el fruto de la lluvia y la noche. 137 Jerez y costa noroeste. Inventario dependencias menor es. Al exterior , en el lateral meridional, se ha añadido un pequeño por che acristalado que sirve de entrada a la misma. La estructura de la cubierta se apoya en dos ar querías centrales de pilar es de sillar es de piedra ar enisca, ar cos de ladrillo y r elle- no de mampuesto de piedra y tierra. Hace unos años se r eformar on todas las cubiertas sus- tituyéndose las vigas y alfarjes de madera por similar es elementos de hormigón armado, manteniéndose el ladrillo por tabla y las tejas. El primer edificio se amplió con nuevas naves destinadas a alber gar la bodega y los laga- r es hidráulicos. La disposición y tamaño de las naves desfiguró el conjunto original, aunque exteriormente se trató de mantener cierta unidad en la fachada al almijar , enrasando las nue- vas construcciones a la pr eexistente. La nueva nave del lagar se construyó con cer chas y pila- r es metálicos y cubierta de fibr ocemento y hoy , tras el desmantelamiento de los lagares hidráulicos, alber ga la casa de máquinas. Al introducirse la maquinaria hidráulica, el lagar de pisa pasó a usarse como casa de la gente. Algunos de los lagar es se conservan desmante- lados. En la actualidad es la r esidencia del pr opietario de una explotación a la que también pertenecen la Casa de la Carpintera, colegio de los niños de los trabajador es, y el Calderín del Obispo, donde se situaba la capilla para los oficio r eligiosos. Situada al oeste de la pobla- ción en medio de un ár ea con abundantes casas de viña, desde la explanada del almijar se contempla una vista inmejorable de Jer ez. Pertenece en la actualidad a Bodegas Soto. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 P LANT A BAJA 1 almijar; 2 aljibe; 3 porche; 4 vivienda capataz; 5 vivienda propietario en la actualidad; 6 antiguo lagar de pisa, posteriormente casa de la gente; 7 vivienda; 8 cocina trabajadores; 9 cocina vivienda del propietario; 10 bodega; 1 1 lagares hidráulicos desmantelados, en la actualidad casa de máquinas 51 0 02 0 51 0 02 0 Casa de las Gallegas o V iña Sabel [8] Jer ez de la Fr ontera 138 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1048/1-3 USOS: casa de viña, destinada hoy día fundamentalmente a almacén. Edificación pr obablemente de mediados del siglo XIX compuesta por un volumen principal a dos aguas que alber ga el lagar y una estrecha crujía con la vivienda del encar- gado y la cuadra, ahora cocina. Sobr e la cuadra se sitúa la tr oja, almacén de paja, y sobr e el lagar existe un sotillón para almacenaje. Destaca el fogarín, singular pieza exenta a modo de pequeño pabellón con cubierta a cuatr o aguas de la que sobresale la chimenea. Poco habitual también es el br ocal del aljibe integrado en la fachada principal. La cons- trucción es de gruesos mur os exterior es de tierra apisonada, ar quería central y cubierta de madera. Al exterior pr esenta teja curva, zócalo, recer cado de huecos, esquinales y cornisa r esaltados en alber o. Pertenece a las Bodegas Pedr o Domecq. 1 2 3 4 5 6 1 2 La fachada principal y el singular pabellón del fogarín cierran en L la explanada del almijar . 51 0 02 0 51 0 02 0 P LANT A BAJA 1 almijar; 2 lagar; 3 vivienda encargado; 4 antigua cuadra, ahora cocina; 5 fogarín; 6 aljibe P LANT A AL T A 1 soberao; 2 troja Construcción originaria de 1825, muy r eformada con posterioridad, de cuidada ar qui- tectura. El señorío es de amplias dimensiones, lo que pr obablemente viene determinado por las nuevas necesidades que r equería la explotación olivar era y equina. Goza de una situación privilegiada y acceso independiente, a través del jar dín, mediante una galería P LANT A BAJA 1 patio de labor; 2 porche; 3 antiguo granero, en la actualidad cuadras; 4 zaguán; 5 patio empedrado; 6 aljibe; 7 gañanía; 8 fogarín; 9 antigua cuadra; 10 granero; 1 1 señorío, antiguo granero; 12 planta baja viviendas de trabajadores y encargado, planta alta soberao; 13 jardín del señorio; 14 cercado y establo; 15 picadero Casa o Hacienda la Rabia [9] Jer ez de la Fr ontera 139 Jerez y costa noroeste. Inventario ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1047/4-4 USOS: en origen cortijo de secano en el que se introduce luego la cría de ganado equino, usos que mantiene en la actualidad. En los años cuarenta se plantaron olivos. 1 2 3 4 5 7 8 9 10 11 11 11 12 12 13 14 15 6 51 0 02 0 51 0 02 0 Compositivamente muy cuidada, simétrica y horizontal, se ofrece la fachada principal de la casa hacia el almijar . Arriba, fachada del señorío al jardín, al que se accede mediante una galería elevada. A la derecha, patio relacionado con el señorío. 140 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Casa de las Monteras o V iña Ponce [10] Jer ez de la Fr ontera ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1048/1-3 USOS: casa de viña, que se utilizó como escuela para los niños de las familias que trabajaban en la empresa. elevada. La estructura se compone de un bloque cerrado con patio central pr ecedido por el patio de labor , cer cado posteriormente. Destaca el patio, de cuidada composición, pavi- mento de chinos lavados y pórtico en sus cuatr o lados con galerías de ar cos carpaneles. En él se sitúan señorío, gañanía y graner os. Fruto de la r emodelación de un graner o ante- rior son las cuadras abiertas a través de una amplia ar quería al patio de labor . Pr ototipo de casa de viña, posiblemente de mediados del siglo XIX, con estructura nuclear agrupada. Se trata de un único volumen con portal de acceso desde el almijar , casa del encar gado, cuadra a los lados y lagar como espacio principal. Posteriormente se le aña- dió una estr echa crujía trasera para casa de la gente. La estructura es de mur os exterior es de car ga, con dos pórticos interior es de pilar es, cubierta de viguería de madera, ladrillo por tabla y teja curva. La composición exterior es simétrica, con recer cados, zócalo y cor- nisas en color alber o y algunas singularidades como el númer o de ar cos del portal, cuatr o, y la sección cilíndrica de los pilar es. Pertenece a las Bodegas Pedr o Domecq. En el desocupado lagar se aprecia la doble hilera de pilares que lo construye. 141 Jerez y costa noroeste. Inventario Estructura originalmente en L a la que la adición de una nueva pieza transformó en un conjunto en U que engloba el almijar a modo de patio de acceso y labor y centr o de dis- tribución de la edificación. Esta situación se ha visto favor ecida por la disposición en terraza sobr eelevada del almijar y la r educción del acceso al mismo a un estr echo pasaje entr e las dos edificaciones. En la pieza primitiva se dispone la nave del lagar y la vivienda del capataz, independizada de las habitaciones de los trabajador es –casa de la gente, foga- rín y primitiva cuadra, hoy vivienda– que se disponen en el otr o brazo de la L con acceso a través de un portal en ar cada. Las piezas que cierran el conjunto se destinar on a peque- ñas bodegas de crianza. Más r ecientemente se ha construido una nueva nave para bodega con grandes depósitos de fermentación. Contaba con cinco lagar es de pisa y tr es pr ensas de jaula, de las que se conserva sin uso una del tipo sanluqueño, accionada manualmen- te por ruedas y volantes. Se desmantelar on en 1977 para sustituirse por pr ensas hidráuli- cas eléctricas que se instalar on en el mismo lagar . La estructura es la tradicional de muros Casa la Pescadera [11] Jer ez de la Fr ontera ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1048/1-3 USOS: casa de viña en origen que comparte hoy esta explotación con el cultivo de cereales. 1 2 34 5 6 7 8 P LANT A BAJA 1 almijar; 2 aljibe; 3 porche; 4 posible cuadra, ahora almacén; 5 vivienda del encargado; 6 lagar; 7 vivienda de los trabajadores; 8 antigua escuela 51 0 02 0 51 0 02 0 exterior es de car ga y cubierta de madera, r esuelta mediante cer chas en la casa de lagar es. La cubrición se r ealiza mediante teja curva a dos aguas y azotea en la vivienda principal, mientras que en las naves posterior es la construcción es de tipo industrial. Al exterior pr e- senta una ausencia total de elementos e intenciones ornamentales. A la derecha, elevada sobre una plataforma horizontal, la viña se cierra en torno al almijar . A la izquierda, estructura de grandes cerchas de madera para el lagar . 142 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz 2 3 4 5 6 7 10 10 8 9 P LANT A BAJA 1 aljibe; 2 almijar; 3 vivienda del capataz; 4 lagar hidráulico; 5 casa de la gente; 6 planta baja vivienda, planta alta soberao; 7 almacén; 8 tornillo sinfin; 9 bodega de mosto; 10 bodega de más reciente construcción 1 51 0 02 0 51 0 02 0 Estructura nuclear agrupada muy sencilla, posiblemente de mediados del siglo XIX, constituida por un único volumen r ectangular bajo cubierta de teja árabe a dos aguas. En la fachada principal el faldón de la cubierta se apoya sobr e un pórtico adintelado de pila- r es de fábrica de ladrillo construyendo un portal de gran efecto plástico. La planta pr esenta una disposición habitual en las casas de viña. Desde el zaguán se accede a la vivienda del pr opietario, a la cuadra y al lagar , que da paso a las demás habi- taciones. Parte del lagar ha sido ocupado por la r esidencia del propietario. Posteriormente se ha añadido una pequeña cochera. La decoración se r educe a r ecer cados y zócalos pin- tados en alber o. Conserva sin uso tres lagar es de pisa y una prensa de jaula. P LANT A BAJA 1 almijar; 2 porche; 3 vivienda propietario; 4 cuadra, desmantelada; 5 vivienda del capataz; 6 lagar; 7 escalera de acceso a almacén, soberao; 8 cochera; 9 aljibe Casa San Cayetano [12] Jer ez de la Fr ontera 143 Jerez y costa noroeste. Inventario ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1048/1-3 USOS: casa de viña convertida hoy en venta. 1 9 2 3 4 5 6 8 7 El portal de acceso, magnífico en su simplicidad constructiva y formal, cierra la explanada del almijar y precede al lagar , transformado hoy en el comedor de una venta. 51 0 02 0 51 0 02 0 Edificación de estructura nuclear agrupada que constituye un buen ejemplo de cómo llevar a cabo una ampliación y r eforma siguiendo la pr opia lógica de la construcción. El núcleo original, de pequeño tamaño, r epite el esquema básico de la casa de viña: portal con dependencias laterales, una nave mayor para el lagar y fogarín, todo ello cerrado con cubierta de teja. La ampliación r epitió algunos de estos elementos y trasladó el almijar a la parte posterior a consecuencia de la nueva disposición del lagar . En 1994 se demolió una capilla existente fr ente a la fachada. Destaca el nuevo lagar , a dos aguas sobr e sopor- tes centrales. Se usa de casa de máquinas desde que se instalar on lagar es hidráulicos, tam- bién desmontados, en naves anexas. Se conservan los dos fogarines. La casa del capataz, de dos plantas, se abr e a la fachada lateral con una composición muy urbana de grandes cierr os con r eja de fundición. P LANT A BAJA 1 almijar; 2 aljibe; 3 lagar hidráulico; 4 lagar desmantelado, ahora casa de máquinas; 5 casa de la gente; 6 fogarín; 7 cuadra, en planta alta troja; 8 porche; 9 vivienda del capataz, planta baja y alta; 10 capilla, demolida Casa de Santa Bárbara [13] Jer ez de la Fr ontera 144 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1047/4-3 USOS: casa de viña. 1 2 3 3 4 5 5 6 6 7 8 9 10 Interior del lagar principal, con el chimeneón del fogarín, y vista exterior donde se aprecian el portal de acceso al núcleo primitivo y los cierros residenciales. 51 0 02 0 51 0 02 0 P LANT A BAJA DEL LAGAR HIDRÁULICO 1 púlpitos por decantación; 2 prensadoras; 3 escalera subida a púlpitos; 4 prensa hidráulica; 5 lagareta; 6 bomba moledora Casa de la T orr e [14] Jer ez de la Fr ontera 145 Jerez y costa noroeste. Inventario ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1047/4-4 USOS: primitiva casa de viña asociada en la actualidad a una explotación de secano. Esta casa, al igual que muchas otras, pr esenta una planta en U fruto de un pr oceso de cr ecimiento en el que a un primitivo núcleo en L, iniciado en 1711, se añade una pieza exenta, destinada a lagar hidráulico, que cierra par cialmente el almijar . La casa de la gente, aún en uso, cuenta con dos fogarines, uno de ellos, en habitación independiente, conser- va los antiguos fogones de fábrica. Existen dos aljibes subterráneos, abiertos al almijar , construidos con bóvedas de cañón. Constructivamente utiliza cubiertas de teja curva, mur os de car ga y apoyos interiores en ar quería en la casa de la gente y lagar . Se conservan sin uso y a medio desmantelar varias pr ensas de jaula y el lagar hidráulico eléctrico que se montó en los años cincuenta, así como los pequeños cuartos que se usaban como púlpi- tos para decantación. 1 2 6 5 7 3 4 5 6 4 3 2 1 P LANT A BAJA 1 almijar; 2 aljibe; 3 lagar hidráulico; 4 vivienda del capataz; 5 planta baja casa de la gente, planta alta vivienda del capataz; 6 fogarín; 7 antigua cuadra El antiguo almijar , parcialmente cerrado a modo de patio, e interior de la casa de la gente. 51 0 02 0 51 0 02 0 5 0 En una suave loma al oeste del municipio, junto a lo límites con Sanlúcar y El Puerto, el Alijar se sitúa «donde empieza el término de Jer ez de la Fr ontera», según r eseña P . Madoz a mediados del siglo XIX al destacarlo entr e los cortijos jer ezanos. Además de un excelente modelo de la ar quitectura cer ealista tradicional de la pr ovincia de Cádiz, el cor- tijo r epr esenta una muestra de la evolución y continuidad del hábitat rural. Su asiento se ha r elacionado con una aldea o alquería musulmana de las que pr oliferaban por el agr o jer ezano hacia el siglo XIII. La misma voz «alijar», según el Diccionario de la R. A. E., equivale, además de a «dehesa», a «aduar» –casas– y a «cortijo». T ras la conquista cris- tiana, ya en el siglo XV , la torre del «Elijar» es citada entr e las torres almenaras y de arr e- bato –Melgar ejo, Pedr o Díaz, Santiago, Mesas de Asta– que completaban la r ed de casti- llos, como el de Gigonza, del sistema defensivo jer ezano. La mayor parte de ellas aún se detecta a la vista o, más bien, integradas en los cortijos establecidos a su alr ededor . El conjunto del cortijo está formado por una pieza principal, r ectangular , de gran tamaño y otras dos piezas longitudinales independientes, antiguas estancia y zahúr da. La construcción conserva gran parte de sus características originales gracias a cuidadas ampliaciones y a mantener un uso agrícola y ganader o muy próximo al original. El edifi- Sencillos volúmenes encalados construyen la imponente imagen del cortijo en el paisaje. Cor tijo Alijar [18] Jer ez de la Fr ontera 152 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1047/3-3 USOS: ocupando el emplazamiento de una antigua torre defensiva, se centra desde sus orígenes en el cultivo de secano; posee un importante número de cabezas de ganado equino. cio principal es de una sola altura, excepto en las crujías fr ontales del graner o y señorío. Se or denaba mediante una estructura cerrada en torno a un único patio central, que fue seccionado por una pieza destinada a almacén, pr oduciendo un pequeño patio de servicio y r elegando la entrada a las gañanías al exterior . Posteriormente se adosó en la parte tra- sera una nave para casa de máquinas. Las cubiertas de este sector son en su mayoría a dos aguas y de teja árabe. El cuerpo del graner o constituye una pieza de gran interés. Centrado P LANT A BAJA 1 portada; 2 zaguán; 3 patio empedrado; 4 granero, reutilizado como salón-estar en planta baja, granero en planta alta; 5 almacén; 6 almacén, antes granero; 7 oficina; 8 pajar; 9 cuadras; 10 torre; 1 1 señorío en planta baja y alta; 12 granero, reutilizado como guadarnés, en planta baja/ granero en planta alta; 13 granero, reutilizado como vivienda del encargado, en planta baja/ granero en planta alta; 14 aljibe; 15 fogarín; 16 gañanía de hombres, reutilizada como comedor; 17 gañanía de mujeres, reutilizada como almacén; 18 casa de máquinas; 19 cocherón; 20 almacén; 21 cuadras de mulos; 22 secadero de trigo; 23 estancia de ganado, ahora almacén; 24 zahúrda, reutilizada como granero; 25 cercado; 26 pajar; 27 picadero 153 Jerez y costa noroeste. Inventario 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 25 Austeridad de cal y tejas en el patio primitivo y en las dependencias ganaderas. 51 0 02 0 51 0 02 0 Conjunto de amplias dimensiones y buena orientación, de estructura abierta y una sola planta excepto en el graner o principal, con un núcleo de mayor tamaño y algunas otras piezas dispuestas muy próximas. El sector principal es de planta irr egular como conse- Cor tijo los Ar quillos [19] Jer ez de la Fr ontera 154 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz en la fachada principal, se construye con mur os de car ga exteriores y pór tico central en ar quería que sostiene el forjado intermedio y el caballete de la cubierta, ambos de vigue- ría de madera. La planta inferior está compartimentada para diversos usos. Uno de los ojos de la ar quería constituye el zaguán, construido con tr es imponentes ar cos de medio punto de ladrillo visto que caracterizan la fachada principal como único elemento destacado, junto con un pequeño azulejo devocional. El señorío sobr esale a un lado de la fachada principal, r eapr ovechando los r estos enmascarados de la antigua torr e medieval de sillar es de cantería bien labrados, de origen defensivo r elacionado con la privilegiada situación de la edificación, a cota muy alta r es- pecto al entorno. La r esidencia abr e al exterior con grandes cierr os de forja y sin caracte- rísticas formales significativas que vayan más allá de las pr opias de una casa tradicional de labrador . En ángulo con el señorío, las cuadras de caballos resuelven la cubier ta median- te cer chillas de madera que r efuerzan la viguería preexistente. Las del ganado mular , dis- puestas en un costado, posiblemente un añadido posterior , se construyen con ar quería central y tejado a una sola agua. La estancia, r eutilizada de almacén, pr esenta la estructu- ra típica de doble fila de pilar es con los pesebr es entr e ellos. La viguería es de madera nueva y la cubierta de fibr ocemento. ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1062/4-3 USOS: en origen cereal de secano, explotación con la que sigue relacionado en la actualidad. 155 Jerez y costa noroeste. Inventario cuencia de un pr oceso de cr ecimiento paulatino a partir del núcleo primitivo. Al patio ori- ginal, empedrado, abr en las viviendas, los graner os y las cuadras. Existía un antiguo moli- no de grano a sangr e de tracción animal y una carpintería. Las últimas piezas construidas, para casa de máquinas, taller y vivienda se disponen en un segundo patio de labor . Las pie- zas exterior es dispuestas paralelamente a la edificación construyen un ter cer espacio abier- to, con la estancia, gañanía y casa de máquinas. El graner o principal, única nave de dos plantas, es la pieza más destacable del conjun- to y pr obablemente su germen. Grabado en una piedra a la entrada de la parte alta se con- serva bajo una cruz la inscripción «AÑO DE 1750». La planta baja se cubre con una bóve- da de cañón y se construye con gruesos mur os de car ga. La cubierta es a un agua, con for- jado de madera de alfajías y ladrillo por tabla. A la espalda de la edificación se conserva, r eutilizada como basur er o, una alber ca o muladar que servía para acumular estiér col des- tinado al abono. El conjunto ofr ece una mar cada horizontalidad, con ausencia de ele- mentos ornamentales y mínimos huecos al exterior , algo transformados por las grandes puertas para las máquinas. A fines del siglo XV los Ar quillos se menciona entr e las tierras de apr ovechamiento ganader o de los bienes de pr opios de Jer ez de las que se r eparten par celas para su labran- za por vecinos de la ciudad. A mediados del XIX, es mencionado por Madoz como «des- poblado y cortijo» del término jer ezano. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 12 13 14 15 5 12 P LANT A BAJA 1 acceso principal; 2 patio empedrado; 3 antiguo molino de grano de tracción animal; 4 antiguo granero en dos plantas; 5 vivienda; 6 vivienda en planta baja, en planta alta granero; 7 antiguo granero; 8 antigua cuadra; 9 granero, 10 antigua carpintería; 1 1 jardín; 12 casa de máquinas; 13 estancia; 14 gañanía; 15 casa del boyero Al exterior y en el patio principal sólo el volumen del granero sobresale por encima de la horizontalidad dominante. 51 0 02 0 51 0 02 0 Singular conjunto iniciado en 1908 y formado por tr es grupos edificatorios indepen- dientes y funcionalmente difer enciados. Como es habitual en muchos edificios cer ealistas, car ece de r esidencia de pr opietarios, concentrándose las viviendas de los trabajador es en dos bloques lineales enfr entados que conforman un patio interior cerrado mediante tapias y cancela. En un segundo conjunto se sitúan los graner os, taller es y la primitiva gañanía, r eutilizada como graner o. Originalmente constituía una estructura cerrada en forma de U, formada por dos naves paralelas adosadas perpendicularmente a un cuerpo de dos plan- tas. Posteriormente se construyó una ter cera nave colmatando el espacio del patio. En el ter cer bloque, constituido por una única nave a dos aguas muy alar gada, se encontraban la estancia y el molino y almacén de grano para alimento del ganado. La estancia está actualmente en ruinas. Destaca el graner o de dos plantas, de amplias dimensiones, gran altura y cubierta de pabellón a cuatr o aguas de teja cur va. El acceso a la segunda planta se r ealiza desde la nueva nave de taller . Las distintas naves que constituyen el conjunto se construyen con mur os de car ga y cubiertas de teja curva y estructura leñosa. La estancia y la nave de taller más r eciente se r esuelven con cer chas de madera y fibr ocemento en esta última. En el Cortijo de Berlanguilla, situado en las cer canías, se encontraban las zahúr- das del conjunto del Cortijo de Berlanga. Aunque las edificaciones que hoy se contemplan no r emontan el siglo, las r efer encias r especto a Berlanga, situado al este del término, son muy anterior es. Figura ya hacia 1269 entr e los tr einta donadíos –grandes pr opiedades sobr e todo de tierras de pan cedidas por el r ey a sus allegados tras la conquista– establecidos por Alfonso X para su r eparto en Jer ez. El anterior carácter y la importancia de la finca, que debió conservar cierta unidad, es pues- De izquierda a derecha, entre girasoles, el núcleo residencial, el del granero, cuyo volumen sobresale en el conjunto, y la estancia. Cor tijo Berlanga [20] Jer ez de la Fr ontera 156 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1062/4-1 USOS: vinculado a los cultivos de secano, explotación que se mantiene. ta de r elieve a mediados del XIX por Madoz, quien describe bajo el epígrafe de Berlanga: Dehesa… de Jer ez de la Fr ontera, con una venta llamada el Zumajo, la fuente del Lobo, cuyas aguas dividen esta dehesa de la de Berlanguilla, y el río Guadalete que la baña por el oeste… El ter r eno, pr opio del mar qués de V alhermoso y consortes, es montuoso, con encinas y acebu- ches, y pr oduce pastos, granos y semillas, alimentando algunos ganados; hay caza de conejos y per dices … Se trata así de una típica explotación tradicional en la que se combina la pr o- ducción cer ealista y la ganadería, perteneciente al título que en el siglo XVIII encabezaba la lista de mayor es contribuyentes particular es de Jerez. T ambién es prolija, por último, la información de Madoz acer ca de Berlanguilla: Dehesa… al este de Jer ez de la Fr ontera, con el rico manantial llamado del Lobo que la divide de la de Berlanga. El ter r eno que perteneció a los PP . dominicos de Alcalá de los Gazules, es montuoso, con encinas, alcornoques y álamos blancos; los baña el Guadalete… Pr oduce pasto y bellota de encina y alcornoque, y cría gana- dos… M. Ramos Romer o concr eta estos datos especificando que la dehesa de Berlanguilla, comprada en 1516 por el convento de Santo Domingo, compr endía 2.000 aranzadas «de tierra, de bellotas», arr endada en 1835, justo antes de iniciarse el pr oceso desamortizador , a Domingo V ar ela. A mediados de 1837 fue sacada a subasta y vendida en más de dos millo- nes de r eales. P LANT A BAJA 1 viviendas; 2 cuadra; 3 horno; 4 jardín; 5 almacén; 6 antiguo taller de carpintería, en la actualidad granero; 7 granero; 8 taller; 9 antigua gañanía; 10 planta baja almacén, planta alta granero; 1 1 estancia en ruina; 12 molino de grano para el ganado en planta baja, en planta alta granero 157 Jerez y costa noroeste. Inventario 1 1 1 1 1 2 3 4 5 6 7 8 8 9 10 11 12 Patio del núcleo residencial e interior de una de las dependencias, con gruesos muros, vigas de madera y tejas. 51 0 02 0 51 0 02 0 Estructura tradicional poco transformada, con el edificio principal cerrado en torno a un patio central que acoge las funciones agrícolas y r esidenciales, y la estancia, r eutiliza- da como zahúr da, independiente al otr o lado del acceso. El conjunto es de una gran cali- dad constructiva aunque car ente de ornamentación e incluso de portada destacada. Se cubr e a dos aguas con teja curva y en él destacan el granero y la estancia. El graner o cuen- P LANT A BAJA 1 zaguán; 2 patio; 3 granero en planta baja y alta; 4 gañanía; 5 viviendas en estado ruinoso; 6 casa de máquinas; 7 cuadra; 8 molino de grano; 9 vivienda de encargado; 10 antigua estancia de ganado, reutilizada como zahúrda; 1 1 zahúrda Cor tijo de las Cabezas V iejas [21] Jer ez de la Fr ontera 158 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1048/2-2 USOS: cortijo de secano, con un aprovechamiento complementario en la actualidad de ganadería porcina. 1 2 3 4 5 56 7 7 8 9 10 11 Inserto en el paisaje de la campiña, la horizontalidad predomina en el conjunto. A la derecha de la edificación se distingue la larga nave de la estancia. 51 0 02 0 51 0 02 0 ta con dos plantas con ar quería central en ambas y acceso a la superior desde el patio por una amplia escalera para animales de car ga. Muy alar gada y a dos aguas, la estancia dis- tribuye los comeder os en una doble fila de pilar es centrales. Al exterior , los empujes se contrarr estan con contrafuertes de sección cilíndrica y r emates cónicos. Es singular la dis- posición del hogar dentr o de la gañanía, con la campana en medio de la nave soportada por cortos pilar es. Estructura y funcionalidad asociadas. Dobles pilares y corredor central para la estancia de ganado y poderosa arquería central para el granero. 159 Jerez y costa noroeste. Inventario El cortijo se estructura en dos conjuntos edificatorios con funciones difer enciadas. El núcleo principal se encuentra desvirtuado por las sucesivas ampliaciones y transforma- ciones, or denándose en torno a un patio cerrado por viviendas y graner os y con un segun- do espacio de labor , de construcción posterior , con naves para la manipulación del grano. Cor tijo de Cápita o de Arana [22] Jer ez de la Fr ontera ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1034/1-4 USOS: mantiene su uso original relacionado con el cereal de secano. Vista del núcleo principal desde la explanada de acceso. A la izquierda de la imagen el jardín de la capilla. P LANT A BAJA 1 zaguán; 2 patio; 3 vivienda; 4 cuadras, reutilizadas como vivienda del administrador; 5 capilla; 6 jardín; 7 granero compartimentado; 8 granero; 9 secadora y limpiadora de trigo; 10 almacén; 1 1 molino de trigo eléctrico; 12 pista de tenis; 13 báscula de camiones; 14 patio de labor; 15 surtidores de combustible; 16 casa de máquinas; 17 vivienda de trabajadores; 18 estancia de ganado; 19 gañanía 160 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Las dependencias originales son de bastante interés. Uno de los graner os está comparti- mentado en tr ojes y posee una estructura de cer chas de madera. La vivienda del adminis- trador , con caracter es de señorío, abr e a un jar dín al que se incorpora la capilla existente. El segundo bloque lo componen naves destinadas a servicios más molestos: máquinas, estancia y gañanía, ocupando dos estructuras en L enfr entadas que conforman un patio. Las cubiertas son a dos aguas, de teja curva o chapa, excepto en las viviendas de la crujía de la fachada principal que se ha aterrazado. Situado en los límites septentrionales del término, en 1991 se detectar on en los cerr os de Cápita y Mojón Blanco los r estos de una alquería musulmana que par ece corr esponder a la de Jarana, citada por los cr onistas árabes como una de las aldeas de Jer ez. Más tar de, en la segunda mitad del siglo XIII, el Cortijo de Arana se cuenta entr e los treinta donadíos del alfoz jer ezano concedidos por Alfonso X a diversas instituciones y particular es. 1 2 3 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 16 17 18 19 10 51 0 02 0 51 0 02 0 La finca se r emonta a una de las pr opiedades que poseía la Cartuja de Jer ez en las tie- rras inmediatas al este del monasterio, donde llegó a configurar un vasto latifundio com- puesto por cortijos de sembradura, pr edios de olivar y viña, dehesas y manchas de monte. En este caso concr eto, corr esponde a la viña con 34 aranzadas de superficie y 76 de man- chón enajenadas a raíz de la desamortización de los bienes car tujos durante el T rienio Liberal (1820-1823) y «llamada después de la Cartuja». Se hallaba en el ár ea denominada Mata del Olivar , donde abundaban, inter calándose, los plantíos de olivar y viña, adyacen- te a la principal posesión de los cartujos, el Cor tijo de la Peñuela, y a otra de sus grandes fincas, el donadío o Cortijo de Alcántara, her edad de pan y tierras de palmares de 2.100 aranzadas de superficie, donado en 1467 por Álvar o Obertos de V aleto, pr omotor de la fundación monástica. A mediados del siglo XIX, Madoz r eseña el topónimo de Alcántara como antes aldea, y hoy despoblado y pago de viñas en el término de Jerez. El edificio es obra posterior a la pr esencia de los cartujos, construido en su conjunto hacia 1880, dado que los monjes debier on centrar sus actividades pr oductivas en el veci- no caserío de la Peñuela, de compr obada antigüedad. En el curso de la centuria decimo- nónica, la viña debió ser sustituida por el olivar , según la tendencia observada en el tér- mino, que r edundó en la concentración de la viña en los pagos occidentales de albarizas en perjuicio de antiguas tierras de viña sobr e ar eniscas de las ár eas orientales. La edifica- ción que se conserva, sin apenas trasnformaciones de importancia, es de estructura abier- ta, de una planta. Cuenta con las dependencias de una almazara hidráulica, en la actuali- dad inactiva y totalmente desmantelada. El señorío y la almazara se disponen conforman- do una T . El señorío, de planta cuadrada y patio central, distribuye habitaciones a lo lar go de un pasillo central y conserva la capilla, de altar gótico, integrada en el resto de la depen- dencias. Destaca también el artesonado de madera de algunas habitaciones, los zócalos de azulejos y la chimenea ejecutada en ladrillo de cara vista y azulejos serigrafiados a mano. A la izquierda, la amplia explanada frente a los almacenes. A la derecha, el portal de acceso al señorío recuerda a los de las viñas próximas. Cor tijo de la Cartuja de Alcántara [23] Jer ez de la Fr ontera 161 Jerez y costa noroeste. Inventario ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1048/3-3 USOS: edificio relacionado en origen con el olivar , con una almazara hidráulica. En la actualidad, bien conservado, está al servicio de una explotación de secano. Casa de viña de notable interés, pr obablemente del XIX, aunque transformada y muy ampliada con posterioridad. Resulta una edificación singular por la r esolución de su fachada y por la capilla. Cuenta con un amplio almijar aterrazado, hoy transformado en jar dín, con pozo-aljibe. Compone una unidad de estructura nuclear , formada por la casa original y por varias piezas añadidas, con naves y cuadras en fachada. Las funciones agrícolas se han traslada- do a los nuevos cuerpos, de características industriales. La construcción primitiva está for- mada por dos cuerpos de dos alturas, asimétricos en planta y fachadas, unidos en planta baja por el portal de acceso, de triple ar cada, y la que debió ser nave de lagar . A la izquier- da del portal se sitúa la capilla, con vitrales y espadaña. El cuerpo der echo es de caracte- rísticas r esidenciales, con balcón central y r ejería de forja. La pieza del lagar está compar- timentada y transformada en salón. Se ha añadido un cuerpo terminando la ter cera crujía, añadiéndolo al espacio del lagar como salón y dormitorios. Resalta la atractiva fachada principal, cuya cuidada composición se inspira en los r ecursos de la ar quitectura culta, ateniéndose a las fórmulas del clasicismo decimonónico, que se r efleja en el empleo de fuertes pilastr ones almohadillados, en el trazado de las líneas horizontales mediante cor- nisas y en el diseño de los huecos, de modo que el cuerpo r esidencial r ecuer da a las edifi- caciones urbanas del XIX del Puerto o Jer ez. Los elementos ornamentales destacan en calamocha sobr e el fondo blanco de la casa. 264 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz 14 13 12 15 10 9 8 7 4 6 32 5 11 16 1 10 05 20 10 0 20 P LANT A BAJA 1. Antiguio almijar , jardín actual; 2 portal; 3 capilla; 4 salón, posible antiguo lagar; 5 vivienda; 6 almacén; 7 dormitorio; 8 salón; 9 dormitorio; 10 almacén; 1 1 cuadras; 12 nave; 13 casa de máquinas; 14 taller; 15 pajar; 16 pozo Fachada principal hacia el antiguo almijar . Su singular volumetría resalta poderosamente sobre los alomados viñedos. Cortijo de pequeño tamaño, fechado en 1938, cuyo uso mixto se traduce en la pr e- sencia de bodegas y graner os. Dispone de una estructura cerrada con un único acceso y un patio central que distribuye las distintas dependencias. En planta baja se disponen las instalaciones agrícolas y en la alta la vivienda, abierta a la fachada principal sobr e la por- tada. El aspecto exterior es cerrado, con escasos vanos y cubiertas de teja curva. La porta- da de acceso al patio se formaliza mediante un ar co de sillar es de cantería y un tejar oz. En los hastiales de las naves apar ecen unos singular es huecos elípticos. Destaca la gran altu- ra de la nave de la bodega. P LANT A DE CUBIERT AS 1 acceso a patio; 2 patio; 3 bodega; 4 granero Casa de la T orr e de San Cristóbal [78] Puerto de Santa María 265 Jerez y costa noroeste. Inventario ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1047/3-4 USOS: explotación de carácter mixto de viña y secano, usos que se mantienen en la actualidad. 1 2 3 4 4 Arriba la fachada principal con la portada de acceso. Abajo, la trasera se muestra hermética y compacta. 51 0 02 0 Construcción de pequeño tamaño y gran interés por su antigüedad y calidad cons- tructiva. Se trata de una edificación compacta y cerrada, quizás de origen conventual, fechada en el r eloj de sol existente en la torr e en 1718. Aunque prácticamente abandonado, el cortijo se mantiene estructuralmente en buen estado gracias a la solidez de su fábrica. El conjunto se distribuye en torno a dos espacios abiertos difer enciados: el jardín, en un lateral, ante el señorío o sector r esidencial, limita- do por una tapia baja, y un amplio patio r ectangular de labor delimitado por una L cons- truida donde se sitúan el graner o, la estancia y la gañanía, y cerrado por altas tapias que En el volumen cerrado y compacto del cortijo, la torre es el referente continuo que potencia la horizontalidad del conjunto. Cor tijo las Beatillas [79] Puerto de Santa María 266 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1061/4-1 USOS: cortijo vinculado a la explotación de tierras de labor; hoy día se encuentra sin uso. Interior del patio de labor con el granero al fondo, la pieza de mayor volumen. A la derecha, la portada de acceso de aire conventual y fina labra de cantería. 267 Jerez y costa noroeste. Inventario configuran un patio r ectangular . Una nave de viviendas conectada con el señorío se inter- pone entr e este patio y el espacio ajar dinado. Los mur os del conjunto son de sillería de piedra enfoscada y las cubiertas de teja árabe. Los huecos y esquinas del edificio se tallan en grandes sillar es de la misma piedra dejados a la vista. Destacan las dependencias r esidenciales y la torr e. Las primeras se conforman median- te dos piezas en L abiertas al jar dín. La nave mayor disponía de una galería con apoyos de columnillas de mármol con capiteles y basas labradas en el mismo material, que en la actualidad están embutidas en un nuevo cerramiento. La torr e es de planta cuadrada con tr es cuerpos difer enciados por la moldura de las impostas de los forjados y con cubierta a cuatr o aguas. Dispone de acceso desde el exterior y desde el patio a través de un amplio ar co de sillar es de cantería. El exterior es muy cerrado y hermético, con huecos escasos y de pequeño tamaño, destacando sólo la gran portada de acceso al patio principal. Esta por- tada está tallada en su totalidad en sillar es de cantería y se conserva en bastante buen esta- do. De composición clásica y corte barr oco, se trata de un gran ar co plano flanqueado por pilastras almohadilladas sobr e zócalo, constituyendo una de las portadas de mayor interés de la ar quitectura rural de la pr ovincia. 1 2 3 4 5 6 7 8 8 9 10 P LANT A BAJA 1 acceso; 2 patio; 3 aljibe; 4 granero; 5 gañanía; 6 estancia de ganado; 7 torre; 8 señorío; 9 cocherón; 10 jardín 51 0 02 0 51 0 02 0 El Rancho del Administrador compone una estructura cerrada or ganizada en torno a dos patios de desigual tamaño y función. El núcleo original, r ectangular , se distribuye en torno a un pequeño patio porticado en tr es de sus lados. A ambos lados del patio se situa- ban dos amplios graner os, con soportes centrales y a dos aguas, de los cuales uno se ha arruinado y el otr o se usa como bodega de crianza. Al patio abr en también la gañanía, ya desmantelada, y las dependencias señoriales: una pequeña capilla y la vivienda del pr o- pietario. Esta última, de dos plantas, vuelca al interior y al jar dín construido en el solar del antiguo graner o. Este conjunto está pr ecedido por un amplio patio de labor en forma de U cerrado en su cuarto lateral por una simple tapia. En él se sitúan un lagar industrial, máquinas, cuadras y la vivienda del encar gado. El frente del patio está ocupado por una galería en ar cada a la que se ha desmontado la cubierta donde se situaban primitivamen- te los lagar es. Las cubiertas son de teja plana y se han sustituido en algunas naves por fibr ocemento. Car ece de elementos ornamentales a excepción de la sencilla espadaña que anuncia la pr esencia de la capilla, situada sobr e la fachada del núcleo interior . A la izquierda, el pequeño patio porticado interior . A la derecha, en el patio mayor sólo los arcos permanecen de la antigua galería de lagares. Rancho el Administrador [80] Rota 268 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Costa noroeste SITUACIÓN: 1047/2-3 USOS: caserío asociado en origen a las labores de sembradura, se amplió y transformó con posterioridad para atender a una explotación vitícola. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 P LANT A BAJA 1 almijar; 2 cuadras; 3 lagar hidráulico; 4 galería en la que se ha desmontado la cubierta; 5 casa de máquinas; 6 vivienda del encargado; 7 patio; 8 vivienda del propietario; 9 capilla; 10 patio, granero demolido; 1 1 gañanía, desmantelada; 12 bodega de crianza, posible granero 51 0 02 0 51 0 02 0 La Casa de T orre Br eva constituía la cabecera de una gran explotación, propiedad de los duques de Montpensier , con numer osos edificios espar cidos por el territorio de la finca, que se dilataba a lo lar go de varios términos municipales desde Sanlúcar hacia el sureste. Así, la Casa de la Mer ced era lagar , la Casa del Almirante cortijo de secano, la Casa de San Lor enzo, el caserío del guar da de los cotos de caza, las actuales oficinas del complejo de la Ballena, servían de tentadero de la finca, y Casa Maestr e, en el término de Sanlúcar de Barrameda, cumplía la función de casa de r ecr eo y pabellón de caza. Pr ecisamente en los terr enos de esta posesión, durante una jornada de cacería, fallecería el célebr e aristócrata galo. T orr e Br eva [81] Rota 269 Jerez y costa noroeste. Inventario ÁREA: Costa noroeste SITUACIÓN: 1047/2-3 USOS: gran explotación mixta de secano, viña y ganadería con edificios especializados dispersos por la propiedad. Hoy día, con algunas construcciones abandonadas, se mantiene un uso agrícola. 1 2 3 4 5 5 6 6 7 8 9 10 11 12 12 13 14 10 La Casa de T orre Br eva deriva, al parecer , de una primitiva edificación asociada a la explotación de tierras de labor , aunque, tras su pr esumible r eforma hace ya más de un siglo, su fisonomía r esponde más bien a la de una casa de viña. En la actualidad cuenta con instalaciones de lagar es hidráulicos y bodegas de mosto, aunque no están en funcio- namiento. Las plantaciones de parrales que la r odean en el pr esente se destinan a la pr o- ducción de uva de mesa. P LANT A BAJA 1 acceso; 2 zaguán; 3 patio empedrado; 4 aljibe; 5 viviendas, reutilizadas como oficinas; 6 gañanía, reutilizada como bodega de mosto; 7 torre mirador; 8 acceso a torre; 9 vivienda en planta baja, vivienda del administrador en planta primera, almacén en planta segunda; 10 almacén; 1 1 antigua capilla; 12 viviendas; 13 lagar hidráulico; 14 bodega de mosto; 15 plaza para uncir los bueyes 270 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz 1 2 3 1 3 15 1 3 3 4 5 5 P LANT A BAJA , PRIMERA , SEGUNDA , TERCERA DEL SECTOR DE LA T ORRE 1 acceso a torre; 2 vivienda; 3 almacén; 4 palomar; 5 torre mirador Arriba, en la fachada principal de T orre Breva, la espadaña referencia el acceso al patio. A la derecha, el volumen del señorío con la torre resalta del resto de la edificación. 51 0 02 0 51 0 02 0 T orre Br eva presenta una estructura cerrada de patio central empedrado al cual abr en todas la dependencias: viviendas, bodega, una antigua capilla, la gañanía r eutilizada como bodega de mosto, etc. La edificación sur ge de la ampliación de un núcleo original com- puesto por la torr e y la casa adosada. Este núcleo ofr ece un singular carácter por su altu- ra, de tr es plantas la casa y hasta seis la torr e mirador , mientras que el r esto de la edifica- ción se desarr olla en una única planta. El acceso a la torr e se r ealiza por medio de la esca- lera de la pr opia casa, y posteriormente continúa a través de una escalera de caracol. La casa, dedicada a r esidencia temporal para estancia y descanso de los pr opietarios, con amplios salones, pr esenta la fisonomía de una vivienda en dos plantas, con almacén y palo- mar en la ter cera. La torr e contiene también espacios de almacenaje y un mirador en la parte alta. Este mirador se cubr e a cuatro aguas con tejas curvas vidriadas en blanco y azul. La cubierta se r esuelve con una estructura de madera y tablazón del mismo material. Al exterior , el conjunto car ece de elementos ornamentales, r emitiéndose a un trata- miento sencillo de corte popular . La composición de las fachadas principales de la casa se La torre, quizás el edificio más alto del campo gaditano, compite en el paisaje con las esbeltas palmeras. Desde el mirador de la torre, cubiertas de teja y campos de invernaderos. A pie de página, restos ruinosos de La Julia en los que aún pueden apreciarse su fisonomía neomorisca y la finura de su arquitectura. 271 Jerez y costa noroeste. Inventario r esuelve a base de huecos r egular es pr esididas por un balcón en posición central. El r esto de las construcciones mantiene una sobriedad ornamental similar , con la excepción de la espadaña que pr eside el acceso al patio, con cubiertas de teja curva y forjados de viguería de madera con alfarjías y ladrillo por tabla. Situada en las cer canías de la línea de costa, la Casa de San Lor enzo o La Julia, muy arruinada, es una pequeña casa de ar quitectura neomudéjar con huecos con ar cos de herradura y un atractivo torr eoncillo octogonal, muy similar en sus esquemas compositi- vos al palacio ducal de Sanlúcar , atribuido al ar quitecto «de cámara» de los duques Juan T alavera de la V ega, pionero de la intr oducción del estilo neomorisco. La obra de este pabellón es de fábrica vista de mampostería de cantos de piedra y ladrillo fino, mientras que en el torr eón se apr ecia el uso de fábrica mudéjar de hileras alternativas de ladrillo macizo y sillar ejos de piedra. La Casa de la Mer ced, emplazada en las pr oximidades de T orre Br eva, ser vía como casa de viña en la que se situaban los lagar es de la gran explotación mixta en la que T orre Br eva hacía las veces de cabecera. Configura una estructura cerrada r ectangular de patio central, con los lagar es distribuidos en torno al patio bajo cobertizos. El acceso se enmar ca con una portada con cancela de forja. La Mer ced traza un conjunto hermético, sin apenas vanos al exterior casi ciega, a excepción de los corr espondientes a la casa del encar gado. T ambién en las inmediaciones de T orre Br eva se levanta la Casa del Almirante, que res- ponde a la disposición de un cortijo de secano cerrado, fechado en una inscripción en 1890. La Casa del Almirante es una construcción de forma r ectangular , de dos plantas, ampliada y algo transformada. Se or ganiza alrededor de un patio central pavimentado con bolos y losas de piedra, con galerías porticadas en tr es de sus lados –en el lado frontal con una alta ar quería par cialmente cegada, y en los otr os dos laterales, adinteladas sobr e pilas- tras y puntales metálicos– y forjados a base de viguería de madera. Su ar quitectura es de carácter rural, car ente de ornamentos. La opacidad del conjunto sólo se r ompe en el sec- tor destinado a vivienda, que se distingue por sus grandes vanos y por la pr esencia desta- cada de una terraza mirador . La Casa de la Merced Patio porticado y vista exterior , en la que destacan los grandes cierros de forja del sector residencial, de la Casa del Almirante. 272 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Construcción perteneciente a una pr opiedad de 34 aranzadas fechada en el brocal del pozo en 1888. Es de estructura cerrada con una única planta y patio central empedrado con bolos. El patio se encuentra r odeado en tr es de sus lados por una galería de columni- llas de fundición y viguería de madera. En una esquina del r ecinto se levanta una torr e mirador incorporada a la vivienda. A pesar de la singularidad de su estructura central, las distintas dependencias r esponden a las características básicas de las casas de viña: lagar con soportes centrales, casa de la gente con fogarín, cuadra, etc. Constructivamente dis- pone de mur os de car ga y cubiertas de teja curva a dos aguas. Como es habitual, carece de elementos ornamentales, aunque al exterior sobr esalen la torr e y los grandes contrafuer- tes de la nave del lagar . A la izquierda, la fachada de acceso precedida por la explanada del almijar . A la derecha la torre mirador junto a los grandes contrafuertes del lagar . P LANT A BAJA 1 almijar; 2 zaguán; 3 patio empedrado; 4 cuadra; 5 vivienda, ruina; 6 lagar , ruina; 7 casa de la gente; 8 torre Caserío Miraflor es Alta [82] Sanlúcar de Bar rameda 273 Jerez y costa noroeste. Inventario ÁREA: Costa noroeste SITUACIÓN: 1047/3-3 USOS: casa de viña, abandonada y parcialmente en ruinas. 1 2 3 4 5 6 7 8 51 0 02 0 51 0 02 0 Monteagudo es una explotación mixta con un complejo sistema de edificaciones independientes y especializadas funcionalmente: las labor es aceiteras se centralizaban en el Molino de Monteagudo, en el cortijo lo r elacionado con el cereal, en la Casa de la V iña se situaban los lagar es y en la Casa del Palmar la vivienda del pr opietario. El cortijo es una edificación datada en 1849 y cerrada en torno a un único patio. La portada de acce- so, ligeramente formalizada mediante un fr ontón curvo, constituye el único elemento ornamental del conjunto. Destaca el graner o, de dos plantas de amplias dimensiones, cubierta a dos aguas y apoyos centrales. Las cubier tas han sido r eemplazadas en su mayo- ría por planchas onduladas. Cor tijo y Molino de Monteagudo [86] Sanlúcar de Bar rameda 280 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Costa noroeste SITUACIÓN: 1047/4-1 USOS: en origen explotación mixta de olivar , cereal y viña con edificaciones especializadas dispersas en la propiedad. El molino, de doble prensa de viga, sirve ahora como pajar , ya que actualmente la explotación se dedica en exclusividad al cultivo de tierras de sembradura. En la imagen del cortijo destaca sobre las restantes piezas el volumen del granero, que ve realzado su tamaño por los pequeños huecos. P LANT A BAJA . M OLINO 1 trojes; 2 empiedro; 3 nave de prensa de viga; 4 capilla, torre contrapeso; 5 almacén de tinajas de aceite en estado ruinoso; 6 almacén de construcción más reciente. P LANT A BAJA . C ORTIJO 1 acceso; 2 patio; 3 pozo; 4 graneros; 5 vivienda en planta baja y granero en alta; 6 molino de grano; 7 vivienda del encargado; 8 gallinero; 9 cuadra; 10 pajar; 1 1 cercado; 12 casa de máquinas; 13 cochera; 14 silos 281 Jerez y costa noroeste. Inventario El molino es un edificio de pequeño tamaño, pr obablemente fruto de una r eforma de mediados del XIX sobr e una obra anterior , que contó con dos pr ensas de vigas y que, per- dida su función original, se usa de pajar , encontrándose en pr oceso de ruina. Es de estruc- tura nuclear , de una sola planta y singular disposición. Las dos naves de viga se disponen en L, ocupando el codo de la misma, tras las torr es de contrapeso, la bodega de tinajas, y el interior de la L los tr ojes. Una ar cada actualmente tapiada comunicaba trujal y bodega. Esta última ha per dido la cubierta, conservándose las tinajas cerámicas semienterradas. Posteriormente se añadió una nave para almacén que no ha alterado el conjunto original. La estructura es de mur os de car ga, con grandes contrafuertes piramidales al exterior . La cubierta de las naves se r ealiza mediante una estructura de madera de par , nudillo y tiran- te. Los mur os y las torr es de contrapeso se construyen con sillar ejos de piedra y ladrillos macizos. El conjunto pr esenta volúmenes yuxtapuestos con una cubierta muy movida de teja curva. Los contrapesos sobresalen escasamente por encima del plano de los tejados, cubriéndose igualmente con teja curva a dos aguas. T iene escasos y pequeños huecos, lo que le imprime un aspecto mar cadamente rústico. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 13 4 4 4 14 1 2 3 3 4 5 6 El Molino de Monteagudo en un paisaje agrícola que hoy le es completamente ajeno. 51 0 02 0 51 0 02 0 51 0 02 0 51 0 02 0 Casa Alta, núcleo residencial de Casa Maestre, con las cocheras en primer plano, la vivienda del administrador y , al fondo, el pabellón de caza. V iña y Casa Maestr e [87] Sanlúcar de Bar rameda 282 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Y a en 1283 se r eseña el trueque que lleva a cabo Alonso Pér ez de Guzmán de su villa de Alcalá Sidonia –Alcalá de los Gazules–, dada su peligr osa y expuesta situación fr onte- riza, por los «olivar es de Monteagudo», uno de los pagos olivar er os de mayor raigambr e de la pr ovincia. En documentos posterior es, del siglo XVI, Monteagudo vuelve apar ecer como pago de olivar es y también como uno de los donadíos, grandes posesiones de tierra calma y pastos, que tenían los Guzmán en la jurisdicción de Sanlúcar , junto con los de Évora, Alventus y Almonaster ejos. ÁREA: Costa noroeste SITUACIÓN: 1047/2-3 USOS: conjunto formado por un primitivo cortijo de secano, conocido como Casa Baja, hoy muy transformado para la cría de caballos, y tres edificios de carácter residencial denominados Casa Alta. A la izquierda, trasera de la edificación con los restos ruinosos de la bodega de aceite en primer plano. A la derecha, vista desde el patio de acceso en el que las discretas torres de contrapeso apenas resaltan sobre los restantes volúmenes. 283 Jerez y costa noroeste. Inventario Este conjunto perteneció a los duques de Montpensier y formaba par te de la gran pr o- piedad que, encabezada por la Casa de T orre Br eva en el término de Rota, disponía de un amplio númer o de piezas a caballo entr e los dos términos municipales, cada una de las cuales se destinaba a una función concr eta en el conjunto de la explotación. Casa Maestr e era principalmente el centr o r esidencial y r epr esentativo y , ya en Rota, la Casa de la Mer ced era lagar , la Casa del Almirante el cortijo de secano, con graner os y cuadras, la Casa de San Lor enzo el caserío del guar da y las actuales oficinas del complejo de la Ballena el tentader o de la finca. En Casa Baja se disponían las dependencias de graner os y cuadras. El edificio original, cerrado, de planta r ectangular y patio central, se ha transformado sustancialmente para adaptarlo a la cría de caballos y se le ha adosado una nave de gran tamaño de construc- ción industrial. Casa Alta se compone de tr es edificios independientes. El mayor de los tr es, de dos plantas y pr ovisto de torr e mirador , se usaba como pabellón de caza y casa de r ecr eo, el segundo era la vivienda del administrador , y el ter cer o, almacenes y cocheras. El conjunto se r odea de un vistoso bosquecillo de palmeras. El pabellón principal y la vivien- da se atienen a la línea estilística neomorisca habitual en las construcciones de los Orleans en Sanlúcar y Sevilla, a base de huecos con ar cos de herradura, alfices de cerámica vidria- da, cornisas molduradas y almenados, pinturas a la almagra de algunos elementos, y fal- sos apilastrados. Los mur os de piedra concertada, dejada vista, los r efuerzos de ladrillo en r ecer cados y esquinales, etc. le dan una apariencia externa singular , mientras que el r esto de los edificios r ecibe un tratamiento más sencillo desde el punto de vista ornamental. A la izquierda, el pabellón principal de Casa Alta. Abajo, el otro núcleo de Casa Maestre, Casa Baja. La finca –denominada Alventus y también Alvento o Alventos– se sitúa a caballo entr e la campiña y la marisma cer cana a la desembocadura del Guadalquivir . Corresponde a un enclave de lar ga trayectoria histórica, donde se localizaron la llamada cueva de Alventus, enterramiento de cr onología pr ehistórica, y un yacimiento r omano y árabe medieval r ela- cionado con la navegación. Además, aquí se encontraba a principios del siglo XVI un embar cader o por donde se despachaban car gamentos de vinos de Jerez. Según el documento r elativo a la r epoblación de T rebujena fechado en 1494, los cor ti- jos de Alventus y Almonaster ejo o Monaster ejos figuraban como los donadíos que poseían Cor tijo Alventus [88] T r ebujena 284 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Costa noroeste SITUACIÓN: 1033/4-3 USOS: cortijo de secano al que se añadió la explotación de ganadería de lidia en el primer tercio del siglo XX, dedicado en la actualidad al cultivo de tierras calmas y al ganado bovino de engorde. P LANT A BAJA 1 acceso; 2 zaguán; 3 patio empedrado; 4 vivienda; 5 granero, ocupado parte por viviendas; 6 gañanía; 7 señorío en planta baja y alta; 8 cuadras; 9 almacén; 10 pozo; 1 1 patio; 12 estancia de ganado, transformada como casa de máquinas; 13 pajar; 14 tentadero; 15 toriles; 16 cercado 285 Jerez y costa noroeste. Inventario 1 2 3 4 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 Amplias dimensiones para la explanada de acceso frente a la fachada principal y para el patio. Al fondo de éste se aprecia el frontal de la gañanía y la portada del señorío. 51 0 02 0 51 0 02 0 en el término los duques de Medina Sidonia, señor es del lugar , cuyas tierras arr endaban como pastos a los vecinos del pueblo. Así, según las noticias existentes y dadas las carac- terísticas del terr eno, las tierras de Alventus han servido de pastizales para ganado junto con una por ción cr eciente a lo lar go del tiempo para la sembradura, gracias a la deseca- ción y acondicionamiento de suelos marismeños. Alventus se cuenta entr e las grandes pr opiedades históricas de T rebujena, con una cabida de más de 1.000 hectár eas. El caserío de Alventus pr esenta la estructura habitual de un cortijo cer ealista con el añadido de algunas dependencias pr opias de la ganadería de r eses bravas, r esultado de la intr oducción de dicha explotación pr obablemente en el siglo XIX. Se trata de un cortijo cerrado de disposición característica: edificio principal con un único y gran patio central empedrado y una estancia de ganado independiente, configurándose entr e ambos núcleos un amplio patio de labor poco formalizado. Para la ganadería de lidia se construyó una inter esante plaza de tientas octogonal, r esultando inusual la disposición de la plaza y los toriles adosados junto a la estancia de ganado y otra sucesión longitudinal de toriles. Las viviendas de encar gados, granero, gañanía y señorío delimitan el patio principal. El señorío y las cuadras se habilitar on en la edificación de uno de los antiguos graner os. Las cuadras se abr en al patio a través de una galería de ar cos r ebajados, hoy r epartida entr e cuadras de caballos y garajes. El señorío, de ar quitectura neomedievalista con ventanas moriscas de herradura, está fechado en 1851. Sus rasgos estilísticos y su cr onología apun- tan a su posible r elación con las obras de similar carácter que por entonces se llevaban a cabo en Sanlúcar bajo los auspicios de la familia Orleans. La portada de acceso al patio apar ece almenada y r ealzada por un antiguo azulejo de iconografía mariana bajo un friso decorativo también de azulejería. La estructura general de la obra es de mur os de mampuesto de cantos y sillar ejos de pie- dra, con grandes contrafuertes al exterior . Las cubiertas son de madera y teja curva, a excep- La imagen mariana de la sencilla portada de acceso convive con los aires moriscos del señorío. 286 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ción de la estancia, que se cubr e mediante faldones de fibr ocemento. Fr ente a la fachada principal existe un pozo de gran tamaño, muy elaborado y con un pequeño abr evader o peri- metral. Se conserva una lápida conmemorativa con el siguiente texto: «Su majestad el rey Don Alfonso XIII se dignó de honrar este Cortijo de Alventos el día 3 de marzo de 1908 ejer- citándose por vez primera en el acoso y derribo de r eses de la ganadería de D. Carlos de Otaolaurruchi. Don Álvar o Dávila y Agr eda Mar qués de V illamarta Dávila dueño de dicha posesión dispuso perpetuar en este mármol el r ecuer do de tan grato suceso». 287 Jerez y costa noroeste. Inventario En la plaza de tientas la cubierta de los toriles perimetrales actúa de tribuna al aire libre sobre el ruedo. En esta sección se pr esentan los edificios seleccionados corr es- pondientes al ter cio nor oriental de la pr ovincia, enmar cados, según la delimitación de ámbitos funcionales del Sistema de Ciudades de la Junta de Andalucía, en los ámbitos de Ar cos, Olvera y Ubrique, junto con el término de San José del V alle, un ár ea que abar ca desde las campiñas del curso medio del río Guadalete hasta los parajes más elevados y abruptos de la sierra gaditana. Se r ecogen a continuación, por una parte, las unidades inven- tariadas en la comar ca de Ar cos, integrada por los municipios de Algar , Ar cos de la Fr ontera, Bornos, Espera, Prado del Rey , Puerto Serrano y V illamartín. En este conjunto, Ar cos r epresenta el 50% de la superficie de la zona, con una diversidad de condiciones his- tóricas y geográficas que se traducen de modo significativo en su edificación rural tradicional. Así, los municipios de mayor anti- güedad se hallan vinculados a las tierras más pr oductivas, mientras los de formación más r eciente, como Prado del Rey y Algar , se desarr ollar on más bien sobr e términos de tierras de mediana y baja calidad. En la actualidad, la superficie labrada de la comar ca se acer ca al máximo posible, y , así, en Espera, por ejemplo, alcanza el 288 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz El Guadalete medio y la Sierra 93,4% del término. Como principales unidades ambientales de la zona, se distingue, primer o, la campiña que se dilata desde Ar cos a V illamartín, de terr enos llanos o suavemente ondulados, de sue- los fértiles muy adecuados para los cultivos de secano, distribuida en grandes pr opiedades y extensas explotaciones, con pr edominio de tierras calmas –destinadas tradicionalmente a cultivos cer ealis- tas y , desde fechas más r ecientes, a plantas industriales– per o tam- bién con enclaves de olivar , en r ecesión desde hace décadas. Otra unidad ambiental está formada por el somontano, de r elieve más movido, por los términos de V illamartín y Prado del Rey , área de lomas, cerr os y pequeñas sierras hacia el este de la comar ca, al pie de la serranía, donde pr edominan el monte de encinas y alcorno- ques y par celas aptas para el olivar y la viña. Por último, los rue- dos y vegas irrigadas en las cer canías de las poblaciones constitu- yen una ter cera unidad ambiental de características singular es. En cuanto a los apr ovechamientos en el momento pr esente, cabe señalar el abrumador pr edominio de las labor es de sembradura de secano de cultivos de cer eales y plantas industriales –girasol, r emolacha–, con una escasa pr esencia del olivar , como consecuen- cia del sistemático desmonte de las plantaciones anterior es a 1970, la r educida entidad de la viña, junto con la existencia de pastiza- les, dehesas, monte y algunas formaciones for estales r estringidas a los r eductos de r elieve más quebrado. En consonancia con las cir cunstancias indicadas, el por centaje más elevado de las unidades ar quitectónicas inventariadas en la comar ca de Ar cos corr esponde a los cortijos vinculados a la explo- tación de tierras de sembradura mediante grandes labor es, abun- dando, desde un punto de vista constructivo, los de considerable enver gadura así como los caseríos de un tamaño que podría califi- carse como mediano. Ar cos, el término más extenso y fértil, aca- para la cifra más nutrida de cortijos cer ealistas, con ejemplos tan r elevantes como San Rafael o El Guijo, mientras en los demás municipios también se encuentran otr os dignos de atención, como la Cor dillera, la Ahumada, T ierras Nuevas del Cuar tel o la Higuerilla, de V illamartín. En líneas generales, denotan una estr e- cha r elación tipológica con los cortijos de la campiña jer ezana y con los del conjunto de la depr esión bética, estructurándose en torno a uno o varios patios, con construcciones de poca altura, articulando núcleos en los que prima la horizontalidad, y a menu- do con piezas desgajadas –sobr e todo dependencias ganaderas, estancias o zahúr das– en las inmediaciones o a cierta distancia del asiento principal del cortijo. Las fichas que se pr esentan son demostrativa de la variedad y riqueza de las soluciones ar quitectó- nicas que ofr ecen –graner os en altura con rampas de acceso, dis- posición de las estancias, toriles conectados con éstas como corral descansader o de los bueyes…–, junto con su manifiesta sencillez, en la que viviendas de pr opietarios o elementos de intención pura- mente ornamental, por ejemplo, suelen cobrar escasa r elevancia. De gran interés es el grupo de unidades ar quitectónicas de esta comar ca dedicadas en origen a la explotación del olivar y la elabo- ración de aceite, hasta el punto de configurar el conjunto de cons- trucciones olivar eras más destacado de toda la pr ovincia. Sin embar go, la aguda recesión de este cultivo en las últimas décadas las ha privado de su primitiva dedicación casi en todos los casos, r eutilizándose para otr os cometidos agrícolas o de distinto or den, con las consiguientes transformaciones de los edificios o r elegán- dose, simplemente, al abandono. La importancia del olivar históri- co en términos como Ar cos, Espera o V illamartín se traduce en la existencia de haciendas, casas molino y molinos aceiter os de tec- nología pr eindustrial, con instalaciones de pr ensas de viga, torr es de contrapeso, etc., que oscilan desde complejas unidades ar qui- tectónicas en las que podían llegar a centralizarse diversos apr ove- chamientos, dotadas de considerables sector es r esidenciales –el Rosalejo, en V illamartín, Faín o el Peral, en Ar cos–, a núcleos más especializados –Barrrancos, Bachiller V iejo, en Ar cos, el Serr ecín, en V illamartín– u otr os de casi exclusiva orientación funcional especializados en la pr oducción de aceite, como el Molino la Carrasca de Espera. A estos elementos inventariados de mayor antigüedad se incorpora además otr o importante grupo más moderno, encuadrable entr e mediados del siglo XIX y el primer ter cio del XX, de haciendas y molinos dotados de tecnología industrial, con almazaras hidráulicas, en los que se mantiene un alto grado de calidad ar quitectónica, como San Andrés, de Ar cos, o San Rafael y los Huertos, en V illamar tín. Las edificaciones de la viña, que en época lejana pudier on tener mayor r elevancia en la zona, han dejado escasos testigos, r ecogi- dos en el inventario mediante piezas como la Hacienda la V icaría o el V icario, de Ar cos, y otras unidades menor es, junto con la pr e- sencia de la explotación en el mar co de grandes unidades en las que se han aglutinado diversas explotaciones, como el Rosalejo, de Ar cos. Los cortijos ganader os, de bovino de engorde y de ganadería de lidia, se hallan también pr esentes en el ámbito comar cal de Ar cos, aunque sin el peso que tienen en otras comar cas meridionales. Según la norma dominante en estos grupos tipológicos, los de bovino de engor de suelen r esponder a instalaciones sencillas de escasa complejidad ar quitectónica, mientras los de ganado bravo son r esultado de adaptaciones de establecimientos agr opecuarios anterior es o fruto de construcciones r elativamente modernas. Entr e los inventariados cabe señalar el Cortijo el Parr oso, de Puerto Serrano. San José del V alle, al sur de Ar cos y Algar , fruto de una r ecien- te segr egación a partir del término de Jer ez, presenta condiciones similar es a los municipios colindantes, con excelentes ejemplos de grandes cortijos cer ealistas, como los de Sotillo Nuevo, con una espléndida pieza de cuadras y graner os en el cuerpo de fachada del caserío principal, y Chorr eader o V iejo, con un núcleo de limpia disposición en torno a patio que se r emonta al siglo XVIII, acom- pañado por varias piezas dispersas en las pr oximidades. Este municipio r eúne además instalaciones de olivar , como Parrilla Alta, con almazara hidráulica, cortijos ganader os, como el Pícaro o Picao, y unidades tan singular es como la Gigonza, con una forta- 289 Del Guadalete medio a la sierra. Inventario Edificación de tamaño medio que constituye un ejemplo poco habitual de estructura cerrada al estar integrada la estancia dentr o del cuadrado que conforma la edificación. Un graner o de dos plantas, de gran tamaño, ocupa el lugar pr efer ente. Otr o graner o menor y las viviendas cierran el conjunto. Parte de la planta alta se ha incorporado a la vivienda del caser o. El zaguán primitivo queda r eservado para acceso a la vivienda del propietario y se ha abierto una segunda entrada seccionando la estancia. Las nuevas naves trasdosadas, uti- Imagen exterior con el añadido de las cabrerizas en primer plano. Vista del patio con la estancia al fondo e interior de la misma. Cor tijo del Baldío [90] Alcalá del V alle 296 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Sierra SITUACIÓN: 1037/1-3 USOS: explotación en origen mixta secano ganadera. Dedicada durante años al ganado porcino, hoy día el caprino es la ocupación principal y residualmente el olivar y el cereal. Cor tijo de Cerillar [91] Algodonales 297 Del Guadalete medio a la sierra. Inventario lizadas como cabr erizas, no han desvirtuado la estructura original. La ar quitectura y la construcción son de tipo tradicional, intr overtida y austera, con algunos rasgos ornamen- tales en la vivienda del pr opietario. Conserva los forjados originales de cañas, yeso y vigue- ría de r ollizos de madera y el empedrado del patio. Se han sustituido las cubiertas en las dos zonas r esidenciales. Destacan las soluciones constructivas empleadas en la estancia y el graner o principal, las piezas más r elevantes del conjunto. La estancia, con la típica doble hilera de comeder os, r esuelve la dicotomía de doble pilar y apoyo central de la cer cha con pequeños pórticos de fábrica. El graner o, también de cer chas de rollizos, incorpora made- r os transversales que apuntalan a los pilar es las vigas principales, disminuyendo su luz. 20 10 5 0 6 10 11 13 12 4 5 8 7 1 15 14 9 2 3 13 14 20 10 5 0 ÁREA: Sierra SITUACIÓN: 1035/4-3 USOS: asociado en origen a una explotación de cereal de secano, en la actualidad se dedica a este mismo cultivo y a ganadería bovina. P LANT A BAJA 1 zaguán, entrada original; 2 patio empedrado; 3 señorío; 4 vivienda casero; 5 estancia; 6 entrada actual; 7 almacén, granero; 8 trojes; 9 antiguo granero, cabreriza; 10 antiguo granero, almacén; 1 1 cochera; 12 sala de ordeñar; 13 corral de cochinos; 14 cobertizo; 15 corral de cabras 298 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz Edificación de pequeño tamaño y estructura cerrada con zaguán, patio y estancia incorporada en la edificación. V olumetría variada por la asociación en torno al patio de piezas independientes que r esponden a su pr opia lógica funcional: viviendas, estancias, cuadras, etc. El graner o se sitúa sobr e las cuadras, con acceso exterior . Ha sufrido trans- formaciones y cambios de uso. Conserva el empedrado de la era. Se ha reformado gran parte de las cubier tas tradicionales sustituyéndolas por viguetas y rasillones cerámicos, y fibr ocemento en algunos casos. Car ece de suministr o de agua potable. Construcción y ar quitectura tradicional, desornamentada, car ente de elementos r elevantes. Estancia exte- rior de construcción industrial de bloques y fibr ocemento. P . Madoz se r efier e a la existencia de un manantial de aguas sulfur osas en la «dehesa de Serrillar» o «el Cerrillal», una de las nueve dehesas de Algodonales pr opiedad de los duques de Ar cos y Medinaceli, que contaban en el municipio con extensas posesiones desapr ovechadas para el cultivo en opinión del autor en las fechas en que r edactaba su Diccionario…, a mediados del siglo XIX. 20 10 5 0 3 4 11 24 4 9 7 8 6 6 4 10 5 1 20 10 5 0 A la izquierda la fachada principal precedida por la explanada de la era. A la derecha el acceso al granero desde el patio principal. P LANT A BAJA 1 era; 2 zaguán; 3 patio; 4 viviendas; 5 casa máquinas, antigua estancia; 6 cuadras planta baja, granero planta alta; 7 guadarnés; 8 cochera, almacén; 9 cobertizo, pajar; 10 corral; 1 1 estancia 299 Del Guadalete medio a la sierra. Inventario De privilegiada situación, este edificio constituye un r efer ente paisajístico para un amplio territorio, a lo que contribuyen las palmeras de gran porte. Pr esenta una estructu- ra cerrada, dividida funcionalmente en dos bloques conectados por el zaguán. Lo r esi- dencial, volcado al exterior , conforma la fachada r epr esentativa. El patio traser o es sólo de labor y no estructura funcionalmente la edificación. Contaba con una almazara hidráuli- ca, de molino de rulo y pr ensa de fundición. El patio, porticado en tr es de sus lados, actúa a modo de trujal. Utiliza fórmulas constructivas tradicionales de buena factura, con cui- dada r esolución de las esquinas, buena solución de cubiertas y una ar quitectura desorna- mentada con escasos huecos, potente volumetría y un atractivo patio porticado. Cor tijo Molino Nuevo [92] Algodonales ÁREA: Sierra SITUACIÓN: 1036/2-3 USOS: olivar en origen, con una almazara hidráulica, se mantiene relacionado con este cultivo. 20 10 5 0 3 36 2 3 1 45 6 8 7 20 10 5 0 P LANT A BAJA 1 zaguán; 2 patio; 3 galerías, trojes; 4 almazara hidráulica; 5 estancia; 6 viviendas trabajadores planta baja y propietario en planta alta; 7 horno; 8 almacén y cochera Refer ente paisajístico por su situación y atractivo conjunto volumétrico, la Nava de San Juan es un conjunto disperso constituido por la edificación r esidencial, varias estan- cias próximas y las instalaciones taurinas situadas en el camino de acceso. La construc- ción principal data pr obablemente del siglo XIX y es de amplias dimensiones y varias plan- tas. Apar entemente su función primor dial es alber gar el sector residencial, con la vivien- da de los pr opietarios y el encar gado entre otras. Se trata de una ar quitectura cuidada y de buena factura constructiva, con fachadas de r egulada composición, grandes huecos tipo cierr os, estudiada r esolución de cubiertas, etc. La estancia principal es de gran tamaño, forma cuadrangular y estructura cerrada. Dispone de toriles y plaza de tientas de buena factura constructiva. La dehesa de la Nava, según consigna Madoz al r eferirse al municipio de Algodonales, se contaba a mediados del XIX entr e las pr opiedades de los duques de Ar cos. Como en la del «Serrillar», en sus tierras se encontraba un manantial de aguas sulfur osas. Al escribir sobr e los caminos del término, cita «la dehesa y cortijo de la Nava». Los tres núcleos que constituyen el cortijo: las estancias, el tentadero y la edificación residencial. Cor tijo de la Nava de San Juan [93] Algodonales 300 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Sierra SITUACIÓN: 1036/1-3 USOS: conjunto disperso relacionado desde su origen y en la actualidad con una ganadería brava y cereal de secano. Construcción de mediano tamaño que sigue el modelo de estructura cerrada, patio único y estancia exterior . Está constituido por un bloque principal de dos plantas y cubier- ta de pabellón, y las r estantes dependencias, en una sola planta, conformando el patio. El graner o ocupa la planta alta. La estancia está en ruinas. Ar quitectura tradicional, de buena factura constructiva, atractiva imagen y car ente de elementos ornamentales. Estéticamente se encuentra muy cuidado y arr eglado. La situación or ográfica y la claridad volumétrica de la edificación lo convierten en r eferente paisajístico. Exterior del bloque principal con el granero en planta alta. Patio empedrado e interior de la estancia. Cor tijo de Santiago [94] Algodonales 301 Del Guadalete medio a la sierra. Inventario ÁREA: Sierra SITUACIÓN: 1035/4-3 USOS: en origen la explotación asociada al edificio fue el cereal, uso que mantiene en la actualidad. Pequeño molino de aceite, perteneciente a una de las fincas más antiguas de la zona, que dejó de moler hace unos cincuenta años y se encuentra en la actualidad muy trans- formado. Al describir la r ed de caminos de la pr ovincia hacia 1846, Madoz se r efier e al que va de Algodonales a Puerto Serrano, junto al cual se encuentran los 4 molinos de aceite lla- mados del Dornajo . Hoy dispone de una estructura cerrada formada por dos naves de viga dispuestas en L y unas edificaciones menor es (galliner os), posterior es, que cierran el espa- cio. Las torr es de contrapeso de las vigas construyen la rótula de la L, disponiéndose entr e ambas la nave del molino con soberao. Pr obablemente la nave mayor sea adición poste- rior a la primitiva estructura básica en L. Se conservan las capillas de ambos contrapesos, las madr es de la mayor y los r emates de las misma, de forma cuadrada y con cubiertas de teja a cuatr o aguas. La transformación alteró los espacios interior es al construirse forjados intermedios en ambas naves, subdividiéndose para vivienda del pr opietario y habitaciones de alquiler para los trabajador es de la cantera cer cana. La ar quitectura y la construcción son de tipo tradicional, rural, de gruesos mur os, pies de amigo y cubiertas de r ollizos. Es una arquitectura car ente de elementos ornamentales, transformada en cuanto a huecos y de potente volumetría de masiva y atractiva estética. Molino del Dornajo [95] Algodonales 302 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Sierra SITUACIÓN: 1036/2-3 USOS: olivar con prensa de viga, se utilizó luego para la cría de cerdos y en la actualidad tiene sólo uso residencial. 20 10 05 1 2 3 6 7 7 8 2 5 3 4 1 20 10 05 P LANT A BAJA 1 patio; 2 nave de prensa de viga, dividida en habitaciones; 3 vivienda en zona del empiedro; 4 nave de viga, transformada en cochinera y hoy en gallinero; 5 torres contrapeso; 6 gallinero; 7 corrales, gallineros; 8 cercados P LANT A AL T A 1 habitaciones; 2 soberao, hoy vivienda; 3 soberao Caserío r eedificado en 1932 sobr e otr o pr eexistente a mediados del siglo XIX. Cuenta con un destacado señorío de dos alturas, patio central interior y edificaciones en su entor- no de una planta, todas con cubiertas a dos agua de teja. La fachada principal pr esenta un ambiente de villa r esidencial, evocador de las construcciones efectuadas en Sevilla con motivo de la Exposición de 1929. En la década de 1980 el conjunto fue objeto de modifi- caciones para la habilitación de diversas dependencias para vivienda y cuadras. Según M. Mancheño, el topónimo «morisco» Albar den es indicio de un asentamiento de origen árabe. En 1684 Albar dén apar ece clasificada como «dehesa de baldío», citándo- se en 1729 que el duque de Ar cos don Joaquín her eda de su padr e este cortijo y dehesa. Albar dén es mencionado a mediados del siglo XIX por Madoz como pr opiedad de los seño- r es duques de San Lor enzo; sobr e sus tier ras hay impuesto, con r eal facultad, un cap. de censo de 86.000 rs. que dejó D. Manuel de la Peña, natural de Aldeanueva de Camer os (pr ovincia de Logr oño, part. jud. de T or r ecilla), para dotación de la escuela de primeras letras, r epar o del local, y conservación del ór gano de la Iglesia de dicha villa . El Nomenclator de 1900 recoge Albar dén como cortijo con seis edificios. Fachada principal del cortijo con el área de acceso empedrada. Cor tijo de Albar dén [96] Ar cos de la Fr ontera 303 Del Guadalete medio a la sierra. Inventario ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1048/4-4 USOS: asociado desde su origen a la explotación de dehesa y la labor de sembradura, con un notable componente residencial en su caserío. Conjunto formado por el cortijo y la estancia. El núcleo del cor tijo es de tamaño gran- de con un amplio patio interior , de planta cuadrangular formada por la unión de diversas piezas de difer ente ancho de crujía y altura, pr edominando sobr e las de mayor anchura. Al fondo del patio sobr esale una construcción de doble altura que sirvió de señorío. La obra denota cierta antigüedad y se conserva en su integridad, a excepción del sector orien- tal, de factura r eciente y cubiertas de fibr ocemento. La antigua estancia del ganado de labor , en posición exenta, despierta par ticular interés por sus dimensiones y característi- cas constructivas. «Casablanquilla» se incluye en la r elación de cortijos del término de Ar cos r eseñada por P . Madoz. Cor tijo Casa Blanquilla [97] Ar cos de la Fr ontera 304 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1049/2-1 USOS: explotación de tierras de labor de secano a la que se ha sumado una porción de regadío. Caserío de extensión considerable con un núcleo cerrado en torno patio, con el por- tón bajo un cuerpo que r esalta sobr e la línea de cubiertas, viviendas, antiguas cuadras y otras dependencias de labor . Junto al asiento principal del cortijo destaca una nave a dos aguas de notable longitud, quizás antigua estancia, pajar y después dedicada en exclusiva a graner o, con llamativos contrafuertes cónicos en varios de sus ángulos. En opinión de M. Mancheño, el asentamiento corr esponde a la antigua ciudad de Lacca, mientras Madoz Cor tijo Casablanca [98] Ar cos de la Fr ontera ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1048/4-4 USOS: unidad asociada a la explotación de sembradura de secano que en la actualidad incluye una yeguada. Cor tijo Faín [99] Ar cos de la Fr ontera 305 Del Guadalete medio a la sierra. Inventario lo r eseña a mediados del XIX como «cortijo y baños», por la existencia de un manantial de aguas termales, sulfur osas, a pocos metr os del cortijo, con la pr esencia de restos de construcciones. En 1890 el Cortijo de Casablanca era pr opiedad del sr . Piña Guerra, quien lo labraba. ÁREA: Campiña SITUACIÓN: 1049/2-3 USOS: dedicado primordialmente, en origen, a la explotación del olivar y la elaboración de aceite, aprovechamiento que persiste junto con la sembradura de secano y el uso residencial y turístico. A la izquierda, vista de conjunto con la estancia y pajar y , arriba, gañanía. A la izquierda, portal de acceso y patio empedrado, con los antiguos trojes tapiados. A la derecha, patio de labor trasero desde el acceso posterior . 312 Cortijos, haciendas y lagares. Cádiz jías adosadas hacia el patio empedrado donde se hallaban los tr ojes, en el pr esente cerra- das y dedicadas a vivienda y otr os usos. Cierra el fondo del patio otra crujía con habita- ciones y otras dependencias. En el segundo patio se alternan las construcciones de cierta antigüedad con otras r esul- tado de r emodelaciones r ecientes, de orientación cer ealista y ganadera. Destaca, en primer lugar , una dilatada pieza longitudinal de dos alturas, la inferior –antigua cuadra y establo– articulada mediante bóvedas de arista sobr e pilares y la superior –que fue graner o– con acceso por medio de una rampa. Enfr ente se distinguen otr o edificio apoyado sobr e un grueso mur o que par ece r esto de una vieja muralla y , a continuación, una nave, muy r efor- mada, utilizada como almacén de grano, en el lugar de la estancia del ganado de labor . Completan el perímetr o del extenso patio una pieza de caballerizas y pajar , la vivienda de caser os y la gañanía, situadas a los lados de la entrada trasera, con portal cubier to, que pr o- por ciona acceso dir ecto a este segundo patio. El Peral apar ece clasificada en 1684 como «dehesa de baldío», mencionándose ya en 1767 la existencia de un olivar , parte del cual era pr opiedad del colegio de Santa Catalina de Ar cos, y de un molino de dos piedras, que en 1754 pertenecía a doña Mariana Ponce. En ener o de 1820 sirvió de centro de operaciones al general Riego, quien llegó aquí en la madrugada del día 2 con el batallón de Asturias para r eunirse con otr os batallones y empr ender el asalto de Ar cos. T ras su victoria, los gobernadores de Ar cos, el subinspector Blanco, el brigadier Gavani y los generales Fournás y Sánchez Salvador , fuer on conduci- dos como prisioner os al Cortijo del Peral, conver tido en cár cel impr ovisada. En 1824 Frasquita Larr ea lo visita, siendo pr opiedad del sr . Martel, y más tar de P . Madoz lo inclu- ye entr e las haciendas de olivar con caserío y molinos de aceite del término de Ar cos. El Nomenclator de 1900 hace r efer encia al Peral como «caserío» de cinco edificaciones. [Document text truncated for crawler view.]