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El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la Península Ibérica): análisis historiográfico y arqueológico de un proceso histórico de transición

Mateos Orozco, Ana

Abstract

El periodo inicial de al Andalus, es decir los dos primeros siglos tras la conquista en el 711, se ha entendido como un momento de mera transición sin tener en cuenta sus propias características y cuestiones definitorias. La formación de la posterior sociedad andalusí deriva de estos primeros momentos, de manera que este periodo se configura no solo como un momento de gran interés para los estudios andalusíes, sino también como una herramienta clave en el análisis de estos procesos. No obstante, en el área peninsular que nos ocupa, el suroeste andaluz, estos estudios no han gozado de suficiente popularidad quedando infrarrepresentados en los trabajos arqueológicos. Así, al no conocerse con exactitud su realidad, su identificación se ha complejizado llegando a considerarse un momento histórico esquivo o incluso invisible a través de la arqueología. Esta no es la situación en otros puntos del panorama peninsular donde sí que se han desarrollado estos trabajos permitiendo una completa y buena caracterización del periodo llamado paleoandalusí o emiral. De esta manera, en esta tesis doctoral nuestro objetivo principal es analizar el proceso tras la conquista islámica de al Andalus, la islamización, en dos ciudades que consideramos clave atendiendo a los relatos en las fuentes escritas, Algeciras como primer puerto de llegada y establecimiento de guarniciones militares, y Sevilla como primera capital. Así mismo, se contrastan estas dos con Ceuta, a la otra orilla del Estrecho de Gibraltar, entendida como el lugar de partida desde el norte de África. Realizamos en estos lugares una revisión bibliográfica de publicaciones e intervenciones arqueológicas a lo largo de las últimas décadas y se completa con el estudio de materiales cerámicos, con el propósito de mostrar los elementos característicos en cada una de estas ciudades para este periodo. A modo de avance de las conclusiones, observamos una marcada regionalización en cada uno de estos lugares, aunque con la evidencia de nuevos registros, muestra de la presencia de las nuevas poblaciones islamizadas y de su influencia tanto cultural como social. Una realidad poliédrica con elementos comunes que solo es capaz de vislumbrarse analizando los contextos en su totalidad.

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TESIS DOCTORAL Doctorado en Historia El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). Análisis historiográfico y arqueológico de un proceso histórico de transición. Ana Mateos Orozco Directores: Fernando Amores Carredano José Beltrán Fortes El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 3 Tesis Doctorado en Historia Universidad de Sevilla Ana Mateos Orozco Directores: Fernando Amors Carredano José Beltrán Fortes ÍNDICE 0. AGRADECIMIENTOS ............................................................................. 10 1. INTRODUCCIÓN ................................................................................. 14 1.1. El periodo emiral: problemática y justificación del estudio (Español). ... 14 1.1. The Amiral Period. Why study this? (English) ......................................... 20 1.2. Obejtivos (Español) ................................................................................. 25 1.2. Objectives (English) ................................................................................. 28 2. METODOLOGÍA .................................................................................... 32 2.1. Una perspectiva general del estudio....................................................... 32 2.2. La cerámica como objeto de estudio. ..................................................... 38 2.2.1. Entendiendo la producción. ............................................................. 42 2.2.2. El proceso alfarero. .......................................................................... 46 2.2.3. Uso y funcionalidad de los objetos .................................................. 53 2.3. Sobre nuestro proceso de trabajo .......................................................... 57 2.3.1. Definición de los grupos de estudio .................................................64 2.4. Consideraciones finales ........................................................................... 78 3. HISTORIOGRAFÍA Y ESTADO DE LA CUESTIÓN ................................. 80 3.1. La Arqueología Islámica. Del pre-romanticismo al Arabismo y a la disciplina científica. ............................................................................................................ 80 3.1.1. Fase embrionaria (siglos XVI-XIX) .................................................... 81 3.1.2. Fase de desarrollo y consolidación: el siglo XX. ............................... 97 Ana Mateos Orozco 4 3.2. El estudio de la conquista islámica de Hispania. Concurrencias y desavenencias. .................................................................................................103 4. SOBRE LA ISLAMIZACIÓN. ALGUNOS CONCEPTOS Y UNA DECLARACIÓN DE INTENCIONES. ........................................................................................... 120 4.1. (S)elección de términos. ........................................................................120 4.2. Conceptualizando la islamización. ........................................................123 4.3. El proceso de la Islamización .................................................................126 4.4. Otras cuestiones para tener en cuenta: la migración ...........................128 5. CONTEXTUALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y TEMPORAL……………………………………132 5.1. Introducción ..........................................................................................132 5.2. El surgimiento del Islam ........................................................................135 5.1.1. Evidencias arqueológicas de la expansión....................................141 5.3. La llegada a al Andalus ...........................................................................146 5.3.1. La formación de al Andalus .................................................................153 5.3.2. Evidencias arqueológicas de la conquista de al Andalus. Un breve resumen. .......................................................................................................................160 6. EL FRETUM GADITANUM. ALGECIRAS Y CEUTA, CIUDADES CLAVES PARA AL ANDALUS.................................................................................................. 168 6.1. Introducción ..........................................................................................168 6.2. Algeciras ................................................................................................170 6.2.1. Iulia Traducta vs. Al Yazirat Al Hadra. Dos ciudades distintas. ......177 6.2.2. El 711. La fundación de al Yazirat al Hadra. ...................................180 6.3. Ceuta .....................................................................................................191 El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 5 6.3.1. Septem Frates – Sebta. Justiniano, Julián y Medyekés, las fuentes escritas vs. la arqueología. ............................................................................191 7. EL BAJO GUADALQUIVIR. ISBILYA, PRIMERA CAPITAL DE AL ANDALUS……………………………………………………………………………………………… 200 7.1. El territorio. El Bajo Guadalquivir, la cora de Isbilya y territorios colindantes………………………………………………………………………………………………….200 7.2. De Ispali a Isbilya. De la ciudad tardorromana a la madina islámica. ...205 7.2.1. La ciudad tardía y paleoandalusí. Sus límites y espacios de interés………………………………………………………………………………………………………209 7.2.2. La ciudad postconquista. Las escasas evidencias. .........................226 8. LA CERÁMICA DE AL-YAZIRAT AL-HADRA ...................................... 246 8.1. Introducción. ............................................................................................246 8.2. Descripción y grupos de pastas de algeciras .........................................248 8.3. La intervención arqueológica en la calle Juan Morrison 4-6 ................252 8.3.1. La cerámica de las UUEE 111 y 112 de la Calle Juan Morrison 4- 6……………………………………………………………………………………………………………255 8.3.2. La cerámica la UE 102 de la Calle Juan Morrison 4-6. ...................263 8.3.3. La cerámica de la UE 101 de la Calle Juan Morrison 4-6. ..............271 8.3.4. Valoración cronológica y morfológica del conjunto ......................278 8.4. La intervención arqueológica en la calle rocha 3 ..................................279 8.4.1. La cerámica de la UE 114 de la Calle Rocha 3. ...............................280 8.4.2. La cerámica de la UE 115 de la Calle Rocha 3. ...............................289 8.4.3. Valoración cronológica y morfológica del conjunto ......................298 8.5. La intervención arqueológica en el Campus de I+D+i ............................300 8.5.1. La cerámica de la UE 108 en el Campus de I+D+i ..........................303 Ana Mateos Orozco 6 8.5.2. La cerámica de la UE 235 en el Campus de I+D+i .........................309 8.5.3. La cerámica de la UE 243 en el Campus de I+D+i ..........................314 8.5.4. Valoración cronológica y morfológica del conjunto ......................320 8.6. Conclusiones ..........................................................................................321 9. LA CERÁMICA DE SEBTA .................................................................. 325 9.1. Contextualización. La intervención arqueológica en la calle Fructoso Miaja. ...............................................................................................................325 9.2. Cuestiones preliminares al estudio .......................................................328 9.2.1. Pastas cerámicas identificadas en Ceuta .......................................330 9.3. El repertorio cerámico de la Calle Fructuoso Miaja ..............................332 9.3.1. Grupo 1: Cocina ..............................................................................335 9.3.2. Grupo 2: Mesa................................................................................339 9.3.3. Grupo 3: Almacenaje .....................................................................331 9.3.4. Grupo 5: iluminación......................................................................342 9.4. Conclusiones ..........................................................................................345 10. LA CERÁMICA EMIRAL DE ISBILYA ...................................................... 350 10.1. Contextualización ..................................................................................350 10.2. Cuestiones preliminares ........................................................................358 10.2.1. Tipos de pastas de la cerámica emiral de sevilla ...........................359 10.3. El repertorio cerámico de la UE 139 .....................................................363 10.3.1. Cerámica de cocina ........................................................................369 10.3.2. Cerámica de mesa ..........................................................................373 10.3.3. Cerámica de almacenamiento .......................................................376 10.3.4. Cerámica auxiliar ............................................................................377 El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 7 10.4. El repertorio cerámico de las UUEE 142, 143, 145 ...............................380 10.4.1. Cerámica de cocina ........................................................................383 10.4.2. Cerámica de mesa ..........................................................................384 10.4.3. Cerámica de almacenamiento. ......................................................385 10.4.4. Cerámica auxiliar ............................................................................386 10.5. El repertorio cerámico de la UE 106 .....................................................388 10.5.1. Cerámica de cocina ........................................................................394 10.5.2. Cerámica de mesa ..........................................................................396 10.5.3. Cerámica de almacenamiento .......................................................402 10.5.4. Cerámica auxiliar ............................................................................402 10.5.5. Cerámica de iluminación ................................................................405 10.6. Comparación de los contextos y resultados .........................................406 11. DISCUSSION AND CONCLUSIONS. ........................................................ 412 11.1 the 8th century in Garb al Andalus through Algeciras and Sevilla and their comparison with Ceuta. Our interpretation.....................................................412 11.2. Future approaches for unanswered questions. ....................................423 11.2.1. Other approaches towards ceramics. ............................................423 11.2.2. Architecture and living spaces. ......................................................424 11.3. Concluding remarks ...............................................................................426 12. BIBLIOGRAFÍA .................................................................................... 429 12.1. Lista de figuras .........................................................................................464 Ana Mateos Orozco 14 1. INTRODUCCIÓN 1.1. El periodo emiral: problemática y justificación del estudio (Español). En el 711 llegan los musulmanes a la península ibérica, la Spania bizantina y tardoantigua, que pasará a denominarse al Andalus, para establecerse en este territorio durante más de siete siglos. La expansión islámica, iniciada a mediados del siglo VII en la península arábiga, supondrá la instauración de nuevos poderes en todo el Mediterráneo y con ello toda una nueva configuración territorial, política, económica y cultural en este espacio. Minimizar la influencia del Islam en el devenir histórico de todo este territorio es por supuesto un error, así como no entender su surgimiento y desarrollo. A pesar de ello, el periodo emiral y paleoandalusí, es decir, los momentos de configuración y consolidación de al Andalus, no han gozado de la misma popularidad en toda el área peninsular hispano, predominando otras etapas de este periodo como la Córdoba Califal Omeya, la Sevilla Almohade o la Granada Nazarí. Consideramos que el periodo paleoandalusí o emiral es un momento de crucial interés en los estudios sobre al Andalus, puesto que es necesario entender la formación de esta nueva sociedad islámica en la península ibérica para comprender cuestiones básicas en su desarrollo posterior. No solo es solo un periodo de enorme interés en la historia peninsular, sino también en el ámbito mediterráneo y europeo. Añadiendo complejidad al asunto, debemos señalar que los estudios sobre la conquista islámica, y en general el periodo andalusí, se encuentran en muchas ocasiones influenciados por connotaciones políticas y sociales. Esto ha generado interpretaciones y estudios desde diferentes enfoques ideológicos que no han ayudado al desarrollo de la materia, generando opiniones y posiciones muy polarizadas ideológicamente. Por otro lado, las fuentes escritas coetáneas al momento son escasas y, atendiendo a la naturaleza de las narraciones de la época, sus relatos están cargados de informaciones de carácter mítico o legendario, por lo que los estudios críticos, además de traducciones, son de extrema necesidad en este caso. La historia tradicional, derivada de la interpretación de las fuentes, nos presenta datos de gran relevancia para El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 15 conocer aspectos de carácter político principalmente, tales como el propio proceso de la conquista, la sucesión de gobernadores, algunos pactos con la población local o el asentamiento de diferentes tribus en el territorio peninsular. Sin embargo, el relato completo no puede formalizarse sin tener en cuenta el aporte de la arqueología, que nos puede suministrar datos como evidencias en patrones de asentamiento, o bien consumo de alimentos o prácticas funerarias (entre otros asuntos), ligados de manera directa al desarrollo socio cultural de las poblaciones. A pesar del enorme interés que suscita, intentar rastrear las evidencias materiales de la conquista islámica parece ser una tarea complicada, y en ocasiones incluso imposible. Se ha entendido hasta la fecha como un proceso difícil de visualizar, de escasas evidencias materiales más allá de monedas y ciertos tipos cerámicos novedosos. ¿Significaría esto una conquista poco fructífera o sin éxito? Lo cierto es que no, la conquista es palpable materialmente a partir del siglo VIII, observándose aspectos que nos indican la presencia de nuevos pobladores y las influencias de nuevos aspectos culturales. En el siglo IX estos cambios parecen acelerarse y tomar intensidad, pudiéndose considerar culminado el proceso en el siglo X. De esta manera, ¿supone la conquista una adopción paulatina de los modos de vida islámicos? Pensamos que no del todo. Debemos tener en cuenta que a partir del siglo IX los repertorios de cultura material cambian drásticamente, algo que, en nuestra opinión, no responde por completo a esta idea de cambio gradual. En este sentido, no deberíamos hablar de un cambio gradual y paulatino generalizadamente, sino de procesos de adopción cultural muy diferentes dependiendo de las diferentes regiones geográficas y las condiciones socio culturales de cada ciudad o asentamiento. El siglo VIII supondría la asimilación de nuevos modelos que por supuesto coexistirán con otros tantos ya existentes como que se desarrollarán posteriormente. Como dijimos, el estudio arqueológico de este periodo en la península ibérica se presenta de manera dispar, aunque con una popularidad creciente en todos los territorios. La tradición investigadora sobre esta etapa en áreas como el sureste y en yacimientos muy concretos supone que contemos con grandes volúmenes de información para el periodo emiral en estos lugares de la península. Sin embargo, la Ana Mateos Orozco 16 escasez de estudios en otras áreas, entre las que destaca sin duda el suroeste andalusí, o Garb al Andalus, es papable y evidente y ha generado un círculo vicioso en la investigación, especialmente para ciertos registros cerámicos que precisan de paralelos como la cerámica. Al no existir estudios suficientes y paralelos materiales para la identificación arqueológica de este periodo, es por tanto imposible reconocerlo a través de sus evidencias materiales. A la complejidad del registro cerámico debemos sumarle dos cuestiones fundamentales: una marcada regionalización en los conjuntos cerámicos de los siglos VI y VII (y probablemente VIII) y un generalizado desconocimiento de los mismos. Además, hay que unir el hecho de que el conocimiento de los contextos tardoantiguos hayan dependido en casi la totalidad de ocasiones para su análisis de elementos de importación, obviando aquellos elementos de carácter local y común aparecidos de manera mayoritaria. Principalmente se han tenido en cuenta para las dataciones de estos conjuntos las cerámicas bizantinas, ánforas y vajilla de mesa (Late Roman Red Slip Ware). Muchas de las dataciones de estos conjuntos se basaron en asunciones que se han modificado en las últimas décadas, como el hecho de la no existencia de comercio mediterráneo en los siglos VII y VIII. Consideramos que para conocer el siglo VIII y poderlo distinguir de manera precisa de los contextos precedentes es por supuesto fundamental conocer estos. En lugares como Sevilla, con una ocupación continuada durante toda su historia, el siglo VII se escapa hasta el momento del registro arqueológico. No pensamos que haya sido una cuestión de azar en las intervenciones arqueológicas, sino una identificación errónea de ciertos conjuntos tardíos cuya cronología posiblemente pueda llevarse al menos media o una centuria adelante, así como repertorios tempranos islámicos hacia atrás. No culpamos de ello por supuesto a los investigadores, ya que consideramos que sin los precedentes materiales con los que contamos en la actualidad, aunque no sean numerosos, es prácticamente imposible identificar estos elementos. Sumado a los problemas en la identificación del registro, debemos señalar que otras técnicas frecuentes de datación, las cuales suelen ser de gran confianza para establecer cronologías en otros periodos, parecen fallar en estos momentos. Es el caso concreto El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 17 del radiocarbono, el cual otorga dataciones confusas debido a una posible inusual radiación solar entre los siglos VII y VIII. Esto se ha podido comprobar en yacimientos del centro peninsular en los que las fechas ofrecidas por radiocarbono no casan con las dataciones obtenidas a partir del registro arqueológico y relaciones estratigráficas (Vigil-Escalera Guirado, 2009). Teniendo todo esto en cuenta, en el área que nos ocupa, el suroeste andalusí, solo en aquellos lugares donde se ha realizado un verdadero esfuerzo por afinar las secuencias estratigráficas se han podido documentar niveles con ocupaciones entre los siglos VII y IX, sin precisar la cronología entre estos dos siglos. No es esta la tónica general para las intervenciones urbanas y de carácter de urgencia, que son las que se dan mayoritariamente en las ciudades de nuestro estudio. Así mismo son escasos los proyectos arqueológicos de investigación centrados en esta temática o que la incluyan. Son estos proyectos los que normalmente permiten el análisis pormenorizado de los datos sobre la materia, puesto que no están condicionados por presiones externas como sí ocurre en la arqueología urbana de carácter preventivo. La documentación obtenida mediante intervenciones urbanas de urgencia o preventivas no puede compararse con la resultante de proyectos de investigación sistemáticos, donde los tiempos suelen ser más amplios y los objetivos van ligados a resultados científicos. Un muy buen ejemplo de resultados enmarcados en proyectos de investigación, son los obtenidos de las intervenciones en el Tolmo de Minateda (Hellín, Albacete), que aportan un volumen ingente de datos interpretados conforme el avance de la investigación has En el caso de otros yacimientos con ocupación emiral cuyas intervenciones estuvieron supeditadas al carácter de la urgencia por cuestiones urbanísticas, la necesidad de rapidez en las intervenciones genera una cantidad de información no trabajada en el momento y que en ocasiones queda en un segundo plano, depositada en museos o depósitos, sin llegar a ser estudiada finalmente. Muestra de ello puede ser la Plaza de la Encarnación en Sevilla. El lugar fue excavado entre 2003 y 2008 y, pese a existir numerosas publicaciones sobre el mismo, son aún muchos los puntos que no han podido abordarse de manera profunda y destacamos Ana Mateos Orozco 18 por supuesto entre ellos el periodo emiral 1 . Similar en sus inicios, pero con desarrollo diferente son los estudios sobre el Arrabal de Saqunda en Córdoba, aunque de menor amplitud cronológica. Las intervenciones se realizaron en 2001-2005 y las publicaciones y estudios derivados del yacimiento y sus materiales, siguen sucediéndose hasta la fecha (Casal et al., 2005; Casal, 2018; Casal 2020). Si bien, es cierto que este yacimiento es prácticamente monofásico y el volumen de materiales, así como la amplitud cronológica, no son comparables a lugares como la ya mencionada Plaza de la Encarnación en Sevilla. Como vemos la naturaleza de las intervenciones determina los resultados. Ejemplo de ello son trabajos recogidos en la bibliografía como Casal y otros en 2006, o Casal 2020, entre otros. A pesar de que como hemos señalado el área de estudio que abordamos en este trabajo apenas ha sido trabajada para el periodo emiral, si seguimos los relatos de las fuentes podemos considerarla esencial para entender la llegada de los musulmanes a la península ibérica. Ceuta es el puerto norteafricano de conexión con la península, Algeciras se configurará como el primer puerto de acceso en al Andalus, en conexión con Ceuta y el Norte de África, y Sevilla, aunque de manera breve, será elegida como el lugar para emplazar la primera capital. Aunque entendemos que la arqueología no nos permite analizar hechos concretos y momentos precisos tras la conquista, sí que vemos de gran importancia conocer la evolución de estos núcleos durante el siglo VIII y valorar la influencia del Islam en lugares que las fuentes enfatizan por una u otra cuestión. Es por ello un área especial para este periodo y que creemos que puede arrojar datos de mucho interés no solo a nivel local y regional. Finalmente, el estudio de este periodo nos permite analizar procesos de enorme relevancia, aplicables a problemáticas actuales, como las migraciones, los procesos de aculturación, momentos de resistencia, cohabitación y coexistencia de religiones, y por supuesto la imposición de un nuevo régimen político cuya base cultural era profundamente distinta a la precedente. 1 Se acentúa en este caso la problemática al haber estado cerrado el Museo Arqueológico de Sevilla sin acceso a la investigación. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 19 Figura 1: localización de principales ciudades emirales del suroeste andalusí y nuestros casos de estudio. Ana Mateos Orozco 20 1.1. The Amiral Period. Why study this? (English) In 711, the Muslims arrived at the Iberian Peninsula, formerly Hispania (in Roman times), Spania (Late Roman and Byzantine), to settle in a territory which they called al Andalus for more than seven centuries. The Muslim expansion initiated in the Arabian Peninsula by the mid-6th century would mean the creation of a whole new political, territorial, economic, and cultural configuration in the Mediterranean. It is not possible to exclude or minimize the agency of Islam in the development of this historic process as well as its origin and evolution. Despite this, the early Islamic period in al Andalus, which is the moment of configuration of this new society, has been underrepresented in the Iberian research. Scholars often focus on other periods such as the Caliphal Umayyad Cordoba, the Almohad Seville or the Nasrid Granada. From our point of view, the Amiral, or paleoandalusi period is crucial for studying and understanding al Andalus, since it would allow us to have a broader insight into this society and its further historical and cultural development. Thus, this period is not only valuable to have a better comprehension of Iberia but also of the Mediterranean region and Europe. The complexity of this topic is increased by different social and political nuances related to the period under scrutiny and to Islamic archaeology in general. Politically and ideologically based approaches to this topic fostered highly polarised views which will be thoroughly examined and criticised in Chapter 3 (on historiography), in order to provide new research avenues for this topic. Moreover, coetaneous written sources are scarce and, given the nature of the narratives of the time, their stories are laden with information of a mythical or legendary nature, so good quality translations, as well as critical studies, are extremely necessary in this case. Traditional history directly derives from these sources and, of course, we can find some relevant information, especially for political issues, such as the conquest process and expansion, the first governors' succession, some pacts with local populations as well and the settlement of new inhabitants and tribes, etc. However, the whole narration cannot be made without archaeology, which provides information about settlement patterns, culinary aspects, or funerary practices, among El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 21 many other characteristics that are intrinsically linked to the socio-cultural development of populations. Although the Islamic conquest and the period that followed are of great interest, the material evidence of the Muslim expansion is virtually undetectable. Due to this, the period has been understood as a process that lacks material evidence beyond coins and new types of pottery. Would that mean, as some scholars argue, a non-successful conquest? Certainly not. As this thesis will show, the conquest and the Muslim expansion are tangible from the start, and some aspects that indicate the presence of new populations and the influence of new cultural features can be observed. Notwithstanding, changes become more evident and intense in the 9th century, paving the way to a process that culminated in the 10th century. It is widely assumed that the process of adoption of new lifeways was slow and gradual. We think this is not quite the case. Ceramic assemblages are clearly different from the 9th century onwards, so this idea of gradual change is unlikely. It seems likely that there are different responses to the same process, that is, cultural adoption differs between regions, cities, settlements, and social groups. Consequently, the first stage in the 8th century could be characterized by the assimilation of new models that obviously coexisted with others that already existed and would develop later. As mentioned above, the studies about this period are unevenly presented, but with growing popularity in all territories. The scholarly tradition in areas like the Southeast and the East of the Iberian Peninsula has provided a considerable amount of information about these places and their sites. In contrast, the scarcity of studies in other regions, among which the Southwest of Andalusia stands out negatively, generates a vicious circle in data production. Since there are not enough studies and material parallels for the archaeological identification of the period, in many cases the archaeological identification is almost impossible. The ceramic record complexity is increased by two major issues: a marked regionalization in the 6th, 7th, and probably 8th century pottery assemblages, and a general lack of knowledge about these. Additionally, the late antique pottery assemblage’s knowledge has mainly depended on imported elements, ignoring in most Ana Mateos Orozco 22 cases the Late Roman common wares (with a recently growing popularity) which are the most frequent elements. The best-known items are the Late Roman Red Slip Ware, from the east Mediterranean and the North of Africa, and have been used for creating the chronologies in most sites from the period. Many of the datings of these assemblages were based on assumptions that have been modified in recent decades, such as the fact that there was no Mediterranean trade in the 7th and 8th centuries. We believe that in order to understand the 8th century and to be able to distinguish it precisely from the preceding contexts, it is essential to know the latter. In places like Seville, with a continuous occupation throughout its history, the 7th century has so far escaped the archaeological record. We do not think that this was a matter of chance in the archaeological interventions, but rather a misidentification of certain late assemblages whose chronology can possibly be moved at least half a century or a century forward, as well as early Islamic repertoires backward. We do not blame the precedent researchers for this, of course, as we believe that without the material precedents and parallels that we have today, even if they are not numerous, it is practically impossible to identify these elements. Together with the above-mentioned issues related to the material record identification, there are some other problems when establishing chronologies for the period. A good example is carbon-14 dating, which gives confusing dates due to possible unusual solar radiation between the 7th and 8th centuries. This has been verified at sites in central Spain where the dates provided by radiocarbon dating do not match the dates obtained from the archaeological record and stratigraphic relationships (Vigil-Escalera Guirado, 2009). Taking all of this into consideration, for the region of our study, South-western of al Andalus, only in those places where a real effort in detecting the stratigraphical layers and chronologies has been made, these from the 7th to the 9th have been detected century. Sadly, this is not the most common situation since most interventions in the cities of our study are carried out under commercial and preventive archaeology. Moreover, the archaeological research projects focused on this topic, or at least that touch on it, are scarce. These types of projects are the ones that usually allow a deeper analysis of this topic, mostly because they are not conditioned by external pressures El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 23 (especially time and money) as is the case in commercial archaeology. In this regard, the documentation obtained in commercial archaeology cannot be compared to the results obtained from systematic research projects, where the time frame is usually longer, and the objectives are linked to scientific results. A very good example is the case of Tolmo de Minateda (Hellín, Albacete), where the research has generated a huge amount of data over the years the research project has been in development (Amorós Ruiz y Gutiérrez Lloret, 2018). For other archaeological sites with Amiral layers whose interventions were conducted through commercial archaeology, the need for a fast proceeding generates a huge amount of information that is not correctly processed in most cases, with the material remains being deposited in museums without being fully studied for years. That is the case of Plaza de la Encarnación (Sevilla). The site was excavated from the year 2003 to the year 2008 and, even though there are several publications about the place, there are many phases and aspects that have not been addressed, one of them the Amiral period 2 . With a similar origin, we can find the case of the Rabad of Saqunda in Cordoba. The archaeological excavation was carried out between 2001 and 2005 and the production of scientific papers about the site and its material record continue to date (Casal et al., 2005; Casal, 2018; Casal 2020). Although it is also true that this site is practically monophasic and the volume of materials, as well as the chronological extent, are not comparable to places such as the aforementioned Plaza de la Encarnación in Seville. As we can see, the nature of the interventions determines the results. Examples of this are works included in the bibliography such as Casal et al. in 2006, or Casal 2020, among others. Even though, as have been already mentioned, archaeological studies of the Amiral period in this region have rarely been carried out, according to written sources this area is crucial for understanding the Muslims’ arrival to Iberia. Ceuta is the port in North Africa where the ships landed, they arrived at Algeciras (the first harbour in al Andalus in connection to Ceuta and the North of Africa) and Sevilla, which was the first capital of this new territory, albeit briefly. We are well aware of the limitations of archaeology in detecting and identifying the exact moment after the conquest. However, we 2 This problematic, for this case, has been increased since the Archaeological Museum of Seville was closed in 2020 for renovations. Ana Mateos Orozco 30 At the same time, we will contextualize the sites we study, all of them cities which were old Visigoth and Byzantine urbes and developed into mudun, as well as the territory surrounding them. In this respect, we aspire to be able to outline a territorial and landscape interpretation of this period, without forgetting key agents at play such as alquerias and any other type of agricultural exploitation, although the first are (apparently) a later phenomenon. We understand the process in a multi-faceted way but with common patterns that can be traced throughout the Islamic world, and therefore on a peninsular level. Bearing all this in mind, the following objective is to outline a general description of the process of conquest and subsequent Islamisation in the geographical area on which we are working. Although we will focus for practical reasons on Ceuta, Algeciras, and Seville, i.e., the territory of the Strait of Gibraltar and the Lower Guadalquivir, we will compare all the results obtained with the data already produced for the same period and process in other areas of the peninsula and, of course, North Africa. In this way, we will be able to evaluate the impact of the new societies on the peninsular substratum and at the same time the reticence towards them. Another element of interest, although we know it to be complex from the beginning, would be to try to estimate the number of new settlers, something fundamental in the shaping of this new society. Our aim is to highlight and emphasize the impact and importance of the migratory factor in the formative years of al Andalus. In conclusion, our main objective is to shed light on the process of cultural change from the late-antique Christian society, which was itself heterogeneous, towards a new Islamic society. We also seek to provide new data that will allow us to complete our current knowledge of the 8th and 9th centuries in al Andalus, specifically in the southwest. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 31 Ana Mateos Orozco 32 2. METODOLOGÍA 2.1. Una perspectiva general del estudio. En este apartado desarrollamos la metodología seguida en este trabajo. En primer lugar, discutiremos la metodología general, atendiendo a cuestiones generales planteadas en nuestro objeto de estudio. En un segundo apartado abordaremos la metodología del estudio cerámico de manera más específica. Este segundo apartado se desarrolla más ampliamente puesto que consideramos necesario explicar y justificar el porqué de nuestro enfoque y la potencialidad del mismo. La arqueología islámica o medieval, englobada dentro de las distintas arqueologías históricas, supone la constante creación y el aporte de nuevos métodos, conceptos e ideas, ya que permite (y favorece) la combinación de aproximaciones etic (información arqueológica) y emic (información documental) de manera simultánea (Deagan, 1982: 65). Pese al enorme potencial que tienen las fuentes escritas, nos proporcionan una imagen parcial de los procesos histórico, dejando a un lado cuestiones que consideramos básicas en la actualidad y que encuentran en la mayoría de los casos la respuesta en la investigación desde la arqueología. Nos referimos, por ejemplo, al estudio de dinámicas sociales, patrones culturales, procesos de cambio, continuidades y discontinuidades. En aquellos casos en los que la información de ambas naturalezas sea confrontable, consideramos que se debería hacer, puesto que los resultados siempre serán más completos. Como resultado de la revisión y consulta bibliográfica realizada en el capítulo 3, somos conscientes de la necesidad de comparar lo contenido en las fuentes escritas tradicionales (recogidas en el Anexo 1) con los resultados de las investigaciones arqueológicas para momentos análogos. No obstante, somos conscientes de las limitaciones que esta aproximación acarrea. Diferentes aproximaciones experimentales desde la Arqueología Histórica, como los estudios del “Proyecto Basura” de Tucson (Rathje y McCarthy 1977 en Deagan, 1982: 78-79) pudieron mostrar que, pese a que la arqueología permite alcanzar cuestiones El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 33 de gran interés en cuanto al estudio de diferencias étnicas y económicas, se daban ciertas variables socioeconómicas que no eran identificables únicamente con el registro material, como el tamaño de las familias o los ingresos entre otros. De la misma manera, ha estado en constante debate el hecho de aplicar o no métodos y aproximaciones usados frecuentemente en otros periodos para la Arqueología Histórica; si bien algunos tienen un amplio alcance y potencial, otros no se adaptan a las necesidades de esta disciplina, que por supuesto son muy variables dependiendo del ámbito cronológico y geográfico (Deagan, 1982: 66-80). Por otro lado, aunque englobada en las Arqueologías Históricas, la Arqueología Islámica, como se expone en el Capítulo 3, presenta un desarrollo, personalidad y necesidades propias. Ontológicamente, debemos tener en cuenta que al estudiar periodos como al-Andalus, partimos de bases y condicionantes religiosos y culturales muy diferentes. No podemos aplicar desde el mundo occidental, y desde un modelo de pensamiento de base judeocristiana, nuestras formas de pensamiento y preceptos clave a la hora de entender el mundo, las sociedades e incluso la historia, puesto que generamos una homogeneización no siempre correcta a la hora de interpretar los datos (Anderson, 2015: 803; Haber, 2013: 88 en Jervis, 2019: 5). Así, en este sentido es de extremo interés acudir a bibliografía especializada alejada o fuera de estos condicionantes culturales, que nos permita si no la asimilación, la adquisición de conceptos clave y necesarios para entender nuestros conjuntos de estudio. Tomaremos como base a la hora de realizar estas aproximaciones el trabajo de Carvajal López Islamization and Archaeology (2023) y What is Islam? The importance of being islamic de Shahab Ahmed (2017), así como diferentes títulos complementarios sobre la materia. Desarrollamos un capítulo específico, el capítulo 4, en el que trataremos conceptos básicos en nuestro análisis. De esta manera, el primer paso en nuestro trabajo ha sido la búsqueda y sistematización, para posterior lectura, de fuentes escritas por autores árabes, así como sus traducciones y en el caso que fuera posible, estudios críticos. Partimos en este apartado de una desventaja notable al no conocer el árabe y depender de traducciones. Las traducciones no siempre son actuales y en ocasiones pueden llevar a errores interpretativos. Por ello, intentamos seleccionar aquellas obras con Ana Mateos Orozco 34 traducciones o revisiones críticas más recientes, aunque no obviemos las más antiguas de nuestra lectura. En este mismo sentido, realizamos también una amplia lectura de los trabajos históricos derivados directamente de la lectura e interpretación de las mismas (mencionados en el capítulo 3). Con estos relatos estableceremos las bases históricas y contextuales de nuestro estudio, para ser posteriormente completado, matizado o contrastado con los resultados arqueológicos. En una fase paralela a esta realizamos la lectura de estudios arqueológicos sobre el periodo de la conquista y el periodo emiral. Estos cuentan con una amplitud de alcance muy variada, siendo en la mayoría de los casos trabajos enfocados a cuestiones regionales determinados por la naturaleza del registro arqueológico. Aunque partamos en nuestro caso también de un contexto regional y acotado geográficamente, intentaremos para la relación de conclusiones ampliar el espectro geográfico de nuestro análisis al Norte de África el Mediterráneo y la Península Arábiga. Realizamos esto siendo conscientes de la influencia de estos territorios en el devenir histórico de al-Andalus y en especial de sus nuevos pobladores. Así, abordando cuestiones muy concretas y comparándolas entre sí, podemos generar información general sobre el proceso y completar la imagen sobre este periodo histórico, situando además todos estos espacios en un mapa que no solo funciona como una potente herramienta gráfica, sino que se configura también como una herramienta de gran interés para la gestión y el procesado de la información. Para ello utilizamos el software Quantum Gis, en el que mediante tablas contemplamos información como el lugar geográfico, los datos generales obtenidos del estudio, si aparecen o no estudios arqueológicos, destacando la cerámica, sus cronologías, etc. Estas tablas nos permiten crear diferentes variables generando mapas sobre cuestiones muy diversas que ayudan a ilustrar y en algunos casos incluso a entender procesos concretos. Diferenciamos en la elaboración de estos mapas y tablas los mapas generales. Es decir, por un lado, encontraremos los mapas y tablas que contengan información de principales yacimientos de interés en contexto mediterráneo o peninsular, aquellos lugares mencionados en el texto, los yacimientos con trabajos cerámicos a tener en cuenta en nuestro estudio. Por otro, dispondremos del análisis pormenorizado de nuestros lugares de estudio: Ceuta, Algeciras y Sevilla, donde El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 35 nuevamente estos mapas, planos en esta ocasión, nos ayudarán a observar no solo la disposición de los hallazgos en la ciudad actual, sino a poder vislumbrar posibles dinámicas urbanas y de evolución histórica de estos núcleos poblacionales. Se recogen en el anexo 3 y 4 las distintas tablas de trabajo, así como su posterior plasmación gráfica. La elaboración de todas estas tablas nos permite la sistematización de la información en tablas en formato .csv que puede ser fácilmente trabajable y modificable en programas de gestión de bases de datos, como Excel, Access o File Maker. Nos decantamos por Excel para el procesado unido a Quantum Gis, además de Access para el estudio de materiales y la creación del catálogo. Figura 2: muestra de la base de datos en QuantumGis. Otra cuestión fundamental fue seleccionar los lugares para el estudio de materiales, encontrar elementos de interés y decidir cuáles podían ser potencialmente interesantes para obtener información. En el caso de los materiales del periodo paleoandalusí o emiral, esto es bastante complejo ya que en muchas ocasiones no se han clasificado como elementos de tal cronología, algo que puede notarse en cualquier búsqueda en las distintas bases de datos e informes de actividades arqueológicas. Entendíamos que la selección de lugares ya intervenidos cuyos materiales se encontraban depositados en museos arqueológicos no solo facilitaría el trabajo y acceso a los mismos, sino que además supondría de una manera eficiente y sostenible Ana Mateos Orozco 36 trabajar con un volumen de información de gran potencial al que no se había accedido previamente. Otro problema al realizar la búsqueda sistemática fue la variabilidad terminológica con la que nos topamos. Mientras los trabajos más recientes utilizan principalmente los términos paleoandalusí, emiral o early islamic, en publicaciones más antiguas encontramos precalifal, prealmohade, directamente generalizado como árabe, hispano-árabe o árabe-bizantino, entre otros. Las publicaciones fuera del ámbito nacional, escritas en su mayoría en inglés, usan el mencionado término early islamic, el cual consideramos mucho más amplio y efectivo. No obstante, debemos usar este término con precaución, ya que en algunas esferas académicas que se dedican a estudios orientales, la cronología del Islam Temprano es mucho más amplia que la que nosotros consideramos a nivel peninsular. Ante esta tesitura decidimos poner a prueba la búsqueda a partir del marcador cronológico, es decir, incluyendo “siglo VIII d.C.”, “VIII” o “8th”, con resultados tremendamente amplios, en los que en numerosas publicaciones hacía alusión al siglo VIII en el titulo o el resumen a modo de suposición de la presencia islámica inmediatamente tras la conquista pese a que dicho trabajo no tratase el periodo propiamente dicho ni nada relativo a el mismo. Finalmente decidimos acotar la búsqueda a ciertos términos que habíamos considerado con mayor éxito o mejores resultados en las búsquedas preliminares: emiral, paleoandalusí, precalifal, siglo VIII, post-conquista. Realizamos una primera búsqueda en la bibliografía existente de las intervenciones arqueológicas en nuestra área de interés, centrándonos especialmente en la documentación publicada en los Anuarios Arqueológicos de Andalucía y a través de la plataforma online TABULA (Repositorio de Investigación y de Divulgación del Patrimonio Histórico de Andalucía). También se utilizaron recursos online para la búsqueda bibliográfica como Dialnet, Google Scholar o Academia.Edu, Fama (Biblioteca Universidad de Sevilla), estos dos últimos funcionaron como filtrado una vez conocíamos los nombres de autores relevantes o lugares de especial potencial. El área de estudio de interés es el territorio que comprende la actual Andalucía Occidental, considerado en época andalusí el Garb al Andalus, que correspondería a las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz. Diferentes contextos de las provincias de Málaga El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 37 y Córdoba han sido objeto de diferentes estudios en las últimas décadas, por lo que, aunque no serán objeto de este estudio, sí que se han usado como paralelos debido a las similitudes con los contextos con los que contamos. El lugar que nos arrojó una mayor cantidad de resultados fue la ciudad de Sevilla. Para ello asistimos al Museo Arqueológico Provincial de Sevilla (MASE) y al Centro Logístico de Depósito (San José de la Rinconada, Sevilla), donde se encontraban depositados los materiales arqueológicos resultantes de intervenciones de arqueología urbana, a realizar una primera valoración e inventario. Sin embargo, a pesar de la cantidad de materiales identificados, el cierre del MASE y con ello el cese de la actividad investigadora en él y en el Centro Logístico, frenó el estudio de estos materiales ocasionando que tuviéramos que plantear nuevas perspectivas. A finales de 2019, tras el cierre del MASE, surgió la oportunidad de participar en una intervención arqueológica en la Iglesia del Divino Salvador 3 (Sevilla), un lugar que considerábamos de gran interés puesto que en este solar se erigió la mezquita de Ibn Adabbas en el 829. Esta información se desarrolla con más detalle en el capítulo 10. Para los otros núcleos de estudio, además de la búsqueda bibliográfica decidimos seleccionar ciudades que consideramos con potencial para nuestro estudio y enfoque de trabajo: lugares con una supuesta continuidad ocupacional, o al menos pre y post conquista islámica y que tuvieran cierta presencia en las fuentes escritas sobre la misma. Así, contactamos con los diferentes museos locales para conocer si existían en sus fondos materiales de interés. De esta segunda fase, resultaron los estudios de la ciudad de Algeciras y de Ceuta. Algeciras, se presenta probablemente como uno de los lugares con mayor potencial de nuestro trabajo para entender la conquista islámica. Los materiales emirales han sido identificados ya en varios puntos de la ciudad, mostrando una presencia islámica realmente temprana en la ciudad y patrones ocupacionales diferentes a los de las comunidades locales. En el caso de Ceuta conocíamos dos intervenciones de gran interés con materiales adscribibles al periodo emiral y que, pese a su reducido número, se presentaban como una buena oportunidad 3 Agradecemos a Álvaro Jiménez Sancho, director de la intervención, que nos permitiera colaborar con él y el libre acceso a los materiales resultantes de la misma. Ana Mateos Orozco 38 por las características históricas del enclave. Finalmente, debido a cuestiones ajenas a nuestro trabajo, solo se pudo realizar el estudio de materiales de una de estas dos intervenciones, la Calle Fructuoso Miaja. Ceuta se elige a pesar de situarse en el norte africano por la operatividad y disposición de los materiales de estudio, así como por su relación con Algeciras según las fuentes escritas. En todos los casos los materiales seleccionados cuentan con estratigrafías arqueológicas claras y bien conocidas, que nos permiten adscribir los materiales a cronologías relativamente concretas entre los siglos VIII y IX. Con el estudio que realizamos en este trabajo buscamos no solo arrojar luz sobre los materiales de este periodo en Andalucía Occidental, a través de los yacimientos de Sevilla y Algeciras y su contrastación con Ceuta, sino poner a prueba una metodología que ayude a mejorar y precisar dichas cronologías. Con esto pretendemos detectar rasgos comunes, tipológicos, morfológicos y tecnológicos, que nos permitan poder identificar en el futuro estos materiales de forma más eficiente y certera. 2.2. La cerámica como objeto de estudio. Shepard, Van der Leew y Orton, entre otros (Orton et al., 1997: 15-17), señalaron acertadamente que los estudios cerámicos han vivido tres fases vitales en el desarrollo de la investigación. La primera fase, histórico-artística, entendía las cerámicas como objetos culturales; la segunda fase, tipológica, entendía estos fragmentos como elementos de uso, y se analizaban con el objetivo principal de crear dataciones; y finalmente, la fase final, contextual, se centraba en la tecnología tras los mismos. La fase final, la contextual permite la convergencia no solo de las dos primeras, sino la de diferentes enfoques desde disciplinas complementarias como la etnoarqueología, los estudios tecnológicos o las ciencias arqueológicas o la arqueometría. La cerámica es posiblemente el elemento más abundante en el registro arqueológico. Es un elemento común usado por las sociedades para actividades básicas de la vida diaria como el almacenaje, procesado de alimentos, consumo, actividades de carácter El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 39 ritual, etc. Además, no se desintegra, por lo que, aunque solemos encontrarla en un estado de fragmentación bastante alto, nunca desaparece por completo. Lleva siendo objeto de estudio desde los inicios de la disciplina arqueológica, pero el enfoque usado ha sido muy diferente a lo largo de los años. Los primeros trabajos sobre cerámica estuvieron determinados por preceptos artísticos, de manera que los objetos protagonistas fueron cerámicas decoradas, quedando obviadas, incluso hasta en nuestros días en algunos casos, aquellas producciones comunes cuyo valor “artístico” era supuestamente menor. Gran parte de las cerámicas decoradas, objetos de lujo, formaron parte de intercambios comerciales, por lo que su análisis derivaba directamente a estas cuestiones. No obstante, la cerámica común no exime de este tipo de trabajos. En periodos históricos como el mundo romano, en los que la larga tradición de la investigación ha facilitado el desarrollo de los estudios y con ello el conocimiento sobre cerámica común, se han expuesto dinámicas comerciales de gran interés para elementos a simple vista domésticos, como es el caso de las cerámicas de cocina tardorromanas, Late Roman Cooking Wares, con una amplia dispersión mediterránea (Hayes 1976, Fulford y Peacock 1884; Cau 2007 en Fantuzzi et al, 2021: 80-84). En el caso de la cerámica islámica esta problemática se acentúa especialmente para aquella cerámica de los momentos más tempranos, cuyos repertorios son prácticamente desconocidos debido a varios factores: en primer lugar, la repetición de formas comunes con dificultad para establecer precisiones cronológicas; en segundo lugar, la no presencia de elementos vidriados, que han sido los elementos fundamentales para construir las dataciones atendiendo a criterios estilísticos. El desarrollo y crecimiento generalizado en los estudios cerámicos tuvo lugar a partir de 1970. Previamente, otros investigadores habían asentado las bases para estos avances, entre los que destaca sin duda Shepard desde 1936. Las nuevas aproximaciones buscaban alejarse los trabajos de raíz histórico-artística, centrándose en el estudio de la tecnología. El debate entre tecnología, funcionalidad y estilo se presentó como uno de los elementos clave para entender las derivas en la investigación durante estos momentos. En este sentido fueron dos corrientes las predominantes, Ana Mateos Orozco 46 La reconstrucción del proceso alfarero supone la secuenciación de una serie de operaciones esenciales o primarias que definan la tradición tecnológica. Si estas cambian nos sitúan ante una nueva tradición alfarera. Identificar y tener cuenta qué acciones son realmente esenciales nos va a permitir focalizar el estudio en aquellos elementos técnicos más importantes. Podemos considerar esencial en esta aproximación (Fernández Navarro, 2008: 41-45; Van der Leeuw, 1993: 246-247): 1. Localización y extracción de las materias primas y transporte al lugar de fabricación. 2. Preparación de la arcilla. 3. Fabricación de las piezas: modelado, torneado, retorneado, acabado superficial y decoración. 4. Secado y cocción, incluyendo elección del combustible y método de control de la temperatura. 5. Distribución para el uso. 6. Uso y funcionalidad. Consideramos necesario señalar que algunos autores entienden los acabados superficiales, decoraciones o pequeñas modificaciones formales acciones no esenciales (Fernández Navarro, 2008: 41-45). En nuestro caso, consideramos que deben incluirse en la clasificación esencial, puesto que gran parte de los acabados superficiales responden a cuestiones funcionales y ciertos motivos decorativos se asocian directamente. Atenderemos en un primer momento a todo el proceso alfarero, que supondría los cuatro primeros puntos, y posteriormente de manera individualizada a los dos últimos: distribución de los objetos y finalmente su uso. 2.2.2. EL PROCESO ALFARERO. 2.2.2.1. Localización, obtención y transporte de las materias primas. La investigación y comparación etnográfica permite conocer cuestiones básicas sobre la alfarería. Gran parte de los procesos que se observan en el registro arqueológico no El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 47 podrían haber sido interpretados sin conocer la base etnográfica. La obtención de materias primas es el primero de los pasos. Por lo general la arcilla no se almacena en gran cantidad, sino que se acude de manera recurrente a la fuente. Normalmente no se poseen los medios necesarios para almacenar la arcilla en buenas condiciones de calidad. Las distancias recorridas para la obtención de materias primas varían mucho, llegando incluso a los 50 km en el caso de las arcillas e incluso más de 800 km para ciertos engobes o pinturas. Aun así, conocemos que en líneas generales el radio medio en el que se encuentran las materias primas suele ser entre 5 y 7 km, ya que normalmente los centros productores suelen localizarse cercanos a las fuentes (Rice, 2005: 115-124). Los sistemas de explotación del entorno para la obtención de materias primas son muy diversos. Dependiendo del sitio y de las relaciones sociales entre los alfareros, se pueden conocer las zonas de extracción y ser por tanto de dominio público, o pueden ser un secreto, especialmente en el caso de producciones más especializadas. En ocasiones se darán factores culturales condicionantes de muy diverso carácter, por ejemplo, en Papúa Nueva Guinea solo las mujeres casadas sin hijos pueden recolectar la arcilla. Estos tabúes determinan diferentes esferas en el desarrollo socio-económico de las sociedades y no debemos obviarlos (ibidem). 2.2.2.2. Preparación de las pastas. Las arcillas se trasladarán y se procesarán en los lugares de trabajo. La arcilla es un material natural compuesto fundamentalmente por minerales de granulometría finas. Las arcillas pueden ser primarias, formadas en sus lugares de uso y poco corrientes en la fabricación cerámica, o secundarias cuando se encuentran desplazadas (Fernández Navarro, 2009: 92-94). En la mayoría de los casos, para la cerámica, las arcillas no se dejan en bruto. Este proceso de decantado, en mayor o menor medida, busca garantizar el éxito en las fases posteriores. Comúnmente la arcilla se deja secar al sol durante varios días para eliminar gran parte de los componentes orgánicos que pueda tener. Puede o no decantarse, y se le añadirán inclusiones. Este proceso de Ana Mateos Orozco 48 sedimentación y purificación de las arcillas puede durar incluso meses (Van der Leeuw, 1976: 88). En las pastas se encontrarán elementos plásticos y no plásticos que como indican su nombre facilitaran la plasticidad y elasticidad de la masa. Determinarán la cantidad de agua que necesite y con ello el estrés durante el secado. Por supuesto, influirá también en la resistencia durante la cocción y en momentos post-cocción, una cuestión relevante en la cerámica de cocina que se expondrá al fuego continuamente (Shepard, 1968 en Van der Leew, 1976: 81). Las inclusiones, no siempre intencionales, garantizan entre otras cosas la estabilidad de la pieza en el proceso de cocción, permitiendo resistencia ante el shock térmico o cierta elasticidad ante los cambios de volumen que experimentan los objetos. También pueden aportar características funcionales a las vasijas, como resistencia térmica postcocción. La selección de las inclusiones dependerá del conocimiento artesanal del alfarero y de las materias primas disponibles en su entorno. Por lo general estas materias primas se machacan o trituran para integrarlas mejor con la arcilla. En aquellas ocasiones en las que apenas se observa una depuración intencional en la masa, tendemos a pensar que algunas de las inclusiones podían estar de manera natural en la arcilla. Diferenciar qué inclusiones se encuentran añadidas intencionalmente y cuales no es realmente complejo, y en muchas ocasiones precisa de la localización de los lugares de obtención de las materias primas y la caracterización y comparación de las arcillas a partir de métodos arqueométricos. Así mismo, establecer las inclusiones observadas en las pastas nos puede permitir proponer grupos de pastas comunes que podrán adecuarse a lo que se denominan “recetas alfareras”. Entre las inclusiones más comunes podemos encontrar: materias primas de origen mineral como micas, esquistos, cuarzos, en muchos casos provenientes de arenas finas; elementos de origen orgánico, que en muchas ocasiones únicamente dejan la huella, resultando en ocasiones en cerámicas con poros; chamota, para la cual se usan cerámicas desechadas machacadas; conchas marinas, hueso, etc. Como vemos la variabilidad es realmente amplia. Identificar estos elementos de manera clara precisará de estudios más complejos no recogidos en este trabajo como puede ser el estudio petrográfico por microscopia óptica sobre lámina delgada o análisis como la Difracción de Rayos X o la Fluorescencia de Rayos X. No obstante, El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 49 podemos realizar interesantes aproximaciones con la descripción macroscópica de las mismas, como se presenta más adelante. 2.2.2.3. Modelado de las piezas. La construcción y el modelado de la pieza supone conocer y dominar la técnica empleada, cada una de ellas, las técnicas a mano (enrollado, golpeado, molde, vaciado, planchas, etc.), así como las a torno, poseen su propia secuencia de acciones (Van der Leeuw, 1976: 88). Generalmente se han relacionado las producciones a mano con sistemas menos desarrollados tecnológicamente y con producciones de carácter doméstico normalmente realizados dentro de la esfera doméstica o familiar, en la que las mujeres suelen fabricar estos elementos atendiendo a sus propias necesidades. Aun así, la tecnología asociada a las producciones a mano no es un tema baladí y requiere de una especialización concreta y compleja, que, aunque precise de menos infraestructura no es necesariamente simple. La observación antropológica de los procesos de manufactura actuales nos permite corroborar y al mismo tiempo añadir observaciones de gran interés a la hora de observar la cerámica arqueológica. Las primeras cerámicas realizadas a torno aparecen aproximadamente hace 5 milenios, extendiéndose su uso durante la Edad del Bronce (2500 a.C.) en el Mediterráneo y algo más tarde (1000 a.C.) en China. Algunos autores plantean la existencia de un torno lento o torneta, un concepto que plantea controversias. Si tenemos en cuenta que los tornos en la Antigüedad son principalmente torno de patada o pie y otro de palanca, suponemos que la rapidez alcanzada con el mismo dependerá de cómo se consiga impulsar el torno, suponiendo a veces incluso la ayuda de alguien externo que propulse el giro para que alfarero pueda continuar sin problema con el torneado (Rice, 2005: 124-147). Diferentes investigadores en el ámbito de los procesos tecnológicos refieren que no existe el denominado torno lento o torneta, que en estos casos estaríamos hablando de producciones a mano con acabados en una superficie que puede girar más o menos lenta, pero que no produce los resultados del torno (paredes más o menos Ana Mateos Orozco 50 finas con una tendencia en el grosor de la pasta bastante regular, así como marcas o huellas del torneado, pastas más compactas). Hemos realizado observación directa del trabajo tanto a torno como manual de alfareros y consideramos necesario recalcar que los resultados del modelado a mano pueden ser sorprendentes. La torneta existe como herramienta auxiliar, especialmente para los acabados, pero consideramos este modo como modelado manual. Así los resultados en la cerámica a mano pueden ser muy variados. Una de las técnicas más comunes en el norte de África, creemos muy similar tecnológicamente a ciertas producciones emirales, son las vasijas realizadas a mano, normalmente con la denominada técnica de churros utilizándose como ayuda una esterilla o superficie plana que permite girar la pieza y rematarla tanto interior como exteriormente con algún tipo de espátula, peine, etc. Es este segundo paso el que supone que la superficie se confunda con producciones a torno y por eso se englobe en la categoría de la torneta. También encontramos evidencias de cerámica a mano realizada con la técnica del vaciado. Estas dos técnicas resultan en objetos que quizá a simple vista pueden ser muy similares, pero que presentan diferencias. Por ejemplo, a la hora de la rotura, es frecuente que las vasijas realizadas con la técnica de “churros” se quiebren en las uniones de estos, resultando roturas bastante claras y rectas. Debemos observar los objetos detenidamente para poder observar evidencias de este proceso. Por ejemplo, aunque la superficie exterior parezca presentar huellas de torno, estas pueden ser irregulares y no presentarse en el interior, lo que nos estaría indicando la fabricación a mano y posterior acabado en una superficie “giratoria”, no necesariamente un torno (Fig.3). Así mismo, podemos ver marcas de estas superficies, en muchos casos esterillas de algún material vegetal, que dejan una impronta muy evidente en la base de la cerámica. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 51 Figura 3: fotografía de trabajo tradicional en el norte de África (imagen tomada del Proyecto Fajjara. Tanto las cerámicas a mano como las realizadas a torno precisan en ocasiones de un segundo proceso para el acabado de la superficie, no siempre identificable. Algunos de estos acabados se pueden modificar la forma de la pieza como el golpeado, el raspado y el recorte, algunos de ellos pueden realizarse en el proceso del retorneado y otros modifican la apariencia superficial y con ello pueden otorgar características a la pieza como cierta impermeabilización: espatulados, alisados, peinados, bruñidos, etc. 2.2.2.4. Secado de la pieza y cocción. Antes de entrar al horno las piezas deben estar lo suficientemente secas para no fracturarse durante la cocción. Este proceso varía en función de las condiciones climatológicas (mayor o menor humedad, la temperatura ambiental) y del lugar donde se coloquen las piezas (al aire libre o en el interior). Atendiendo a eso, es comprensible que en aquellos sistemas productivos en los que no se cuenta con las infraestructuras necesarias la producción cerámica se circunscriba a aquellos momentos del año en los Ana Mateos Orozco 52 que las condiciones climáticas son favorables. La cocción al aire libre, sin horno, como ya mencionamos, supondrá en muchas ocasiones que la cerámica esté directamente en contacto con el combustible y aparecerán manchas, cocciones irregulares, etc. Esto no indica sin embargo que estas cocciones no puedan tener mucha calidad. Pese a sus dificultades es más satisfactoria económicamente hablando que los hornos, especialmente para la cerámica de cocina y almacenamiento, ya que los hornos consumen una cantidad de combustible más elevada, algo que requiere que los productores tengan mayor control también del territorio para conseguir más cantidad de combustible (Rice, 2005: 152-164). Esta circunstancia volvería a justificarnos la existencia de un doble sistema que permita la convivencia de producciones domésticas con talleres domésticos. Dónde se localizarían estos centros de producción es una cuestión compleja ya que, pese a que tienda a pensarse que estos talleres deberían encontrarse cercanos a los lugares de extracción de materias primas, la etnografía muestra un panorama con una variabilidad muy amplia en las que se dan muchos otros factores: obtención de arcillas de mejor calidad, pigmentos, acceso a combustibles, cercanía a los mercados o relación con los núcleos de población más relevantes (Rice, 2005: 177-178). 2.2.2.5. Distribución de los objetos Así, el contexto en el que se pueden dar estas relaciones de intercambio es muy variado. Las diferentes opciones no son excluyentes entre sí, por lo que pueden convivir e incluso converger (Rice, 2005: 191-195). - El consumidor se desplaza al lugar donde se encuentra el productor. - El productor es el que se desplaza a donde se encuentren los consumidores. - Ambos, consumidor y productor, convergen en un tercer punto afín que suele ser un mercado, una feria, etc. Este es el sistema que se ha probado para el norte de África y que probablemente se esté dando en los entornos rurales de al-Andalus. En torno a ciudades y poblaciones se crean un hinterland en el que de manera periódica (semanal, mensual, etc.) los productores se reúnen en El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 53 mercados itinerantes, como se ha contrastado en lugares como el norte de África donde se ha observado la presencia de estos mercados en el hinterland de al-Basra. Este sistema favorece la presencia de objetos con procedencias distintas, aunque no muy lejanas, al alcance del consumidor (Benco et al., 2009: 682-683). - El productor entrega sus bienes a una tercera persona que es la encargada de interactuar con los consumidores. Este sistema se ha observado en lugares en los que las comunicaciones no son especialmente sencillas, puesto que facilita el transporte de los bienes. También se da en lugares en los que las poblaciones nómadas son las encargadas de mover los productos entre zonas sin conexión directa, como se ha visto en el caso de los Yughbi en Qatar (Carvajal López et al., 2021: 53-69). - Similar a este, pero con una diferencia notable, es el sistema en el que los productores entregan sus bienes a un sistema centralizado que se encarga de la posterior redistribución, algo que normalmente supone la existencia de un control estatal. 2.2.3. USO Y FUNCIONALIDAD DE LOS OBJETOS Determinar la función para la que se fabricaron las vasijas o su funcionalidad final no siempre es sencillo. Generalmente cada objeto cerámico se crea, se elabora, atendiendo a la finalidad concreta que se presupone para él (Rice, 2005: 210-211). La funcionalidad que pensamos que puede tener la cerámica o incluso la funcionalidad para la que se ha fabricado algo no tiene por qué ser la funcionalidad final del objeto. Por otro lado, es común encontrar objetos (especialmente en la cerámica de cocina) que tienden a ser plurifuncionales. Además, una vez la cerámica pierde su uso primario puede ser reutilizada en múltiples formas (Arthur, 2006: 102-120; Deal, 1985, 1998; Longacre, 1985 en Skibo, 2013: 4-5), en concreto para la cerámica de cocina que tiene una vida de uso relativamente corta, es posible que gran parte de su vida de uso la pasen atendiendo a un uso secundario más que primario. Por otro lado, la cerámica de cocina o común también puede usarse en contextos rituales (Walker, 1995, 2021 en Ana Mateos Orozco 54 Skibo, 2013: 4-5). De manera que el contexto de aparición del objeto es también relevante para poder conocer la funcionalidad de este (Skibo, 2013: 4-5). A pesar de ello, ciertos aspectos técnicos y morfológicos nos pueden indicar al menos para qué se pensó el objeto. Las vasijas pueden usarse en un contexto culinario y doméstico, que suele ser el predominante, pero también pueden aparecer en contextos rituales o funerarios, entre otros. Así mismo hay que tener en cuenta diferentes variables a partir de la comparación etnológica, la información contenida en fuentes escritas o la posible presencia en representaciones gráficas, así como ciertas cuestiones tecnológicas ligadas al uso (Rice, 2005: 210-211). La relación entre forma y función es mucho más compleja de lo que podría parecer en primera instancia. En primer lugar, la forma y el uso de las vasijas no son independientes a los recursos cerámicos y forma y uso están culturalmente prescritos. Así mismo, las decisiones de los alfareros en cuanto al uso de los recursos o las formas no son decisiones completamente libres. Algunas funciones, como el almacenamiento, pueden ser llevadas a cabo por cerámicas con morfologías muy variadas y usadas para otros aspectos, siendo así objetos plurifuncionales, como es el caso de las jarritas en época emiral, ollas que pueden usarse como orzas, etc. De esta manera, al igual que algunas vasijas pueden tener funciones múltiples, otras pueden ser usadas para algo que no era su función en origen. También podemos encontrar cerámicas con la misma forma y tamaños diferentes que estarán desarrollando funcionalidades distintas. Finalmente, cuestiones como el tamaño y el volumen, están además vinculadas con cuestiones básicas como necesitar mayor capacidad de almacenamiento o cocinados para más personas. Ambos asuntos pueden resolverse tanto usando vasijas de mayor tamaño como usando un mayor número de las mismas. Esto se podrá ver reflejado en el registro arqueológico, de manera que unidades domésticas mayores en número de personas, podrán tener o vasijas de mayor tamaño o mayor número de ellas (Carvajal y Day, 2013: 299). Skibo y Schiffer (2008 en Skibo, 2013: 7-9) plantean en su aproximación teórica del “enfoque del ciclo vital basado en el rendimiento” que el diseño de los objetos se basa en cuatro componentes básicos: El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 55 - Cadena de comportamiento/historia de vida: todos los objetos tienen una historia de vida en la que este es contextualizado y puede ser recontextualizado. Hay que diferenciar entre cadena operatoria (chaine operatoire) y cadena de comportamiento, mientras que la primera hace referencia al proceso de manufactura (Lemonnier, 1986), la segunda se refiere al objeto, cómo se comporta, cómo se usa e interacciona, etc. - Actividades e interacciones: los enlaces en la cadena de comportamiento son diferentes actividades, estas a su vez se componen por interacciones específicas de distinta naturaleza entre personas, artefactos o personas y artefactos. - Elecciones tecnológicas y compromisos: las elecciones tecnológicas del alfarero van a determinar las propiedades formales de la cerámica (tamaño, forma, características de la pasta). Debido a que esta elección determina cómo será la cerámica y por tanto cómo se usará, el alfarero debe tener en cuenta el diseño, aunque este no siempre resulte cómo se planteaba. - Características de rendimiento: con esto nos referimos a la capacidad que tiene la cerámica para adecuarse a su funcionalidad. En este caso hay conceptos relevantes que se podrían tener en cuenta como por ejemplo la resistencia térmica, resistencia al impacto, la efectividad calorífica (capacidad para el calentamiento). Por otro lado, Rice (2005: 207-210) señala que todos los objetos cerámicos tienen tres objetivos en términos tecno-funcionales: el almacenamiento, el procesado y el transporte. El diseño de la cerámica, atendiendo de manera conjunta a forma y receta, es específico para suplir estas necesidades. Sobre uso y forma se han establecido unas bases a partir de estudios etnográficos del suroeste de los EEUU (Smith, 1985: 205 en Skibo, 2013: 28): el tamaño del orificio es proporcional a la cantidad de contenidos que se introducen; el servicio de líquidos o sólidos se correlaciona con bordes que no se curvan hacia el interior; el tamaño del orificio es inversamente proporcional a la duración del tiempo de almacenamiento; las vasijas que requieren acceso al contenido durante su uso tendrán un orificio lo suficientemente grande para permitir el acceso de la mano; las vasijas usadas para transportar líquidos tienen un orificio con diámetro menor. Ana Mateos Orozco 62 posible paralelo que podamos observar. No desechamos un contexto geográfico más amplio comprendiendo la conquista islámica como un proceso de largo alcance, de manera que intentaremos poner también en relieve los materiales conocidos del mediterráneo oriental, así como el norte de África. Para el estudio tecnológico, macroscópico en nuestro caso, seguimos las bases propuestas para los estudios de cerámica de Orton y otros (1997). Para la observación de las pastas utilizamos una lupa electrónica (aumento 50-1000X). De todos los elementos a analizar tomamos una fotografía (se incluyen en el anexo 5 y 6), con la cual se ha trabajado para la posterior descripción pormenorizada. Esto permite agilizar el estudio de materiales in situ (Depósito de Arqueología Municipal de Algeciras o Museo Municipal de Ceuta). Las variables estipuladas a continuación se codifican con el objetivo de obtener un código lo más aséptico posible sobre la observación de las pastas. Entendemos por supuesto la intrínseca subjetividad en la observación y descripción desde el ojo humano y consideramos esta herramienta práctica, pero no infalible. Para la elaboración del código se recogen las siguientes variables: - Color de la pasta: 1 crema, 2 anaranjada-rojiza, 3 marrón, 4 negra. - Cocción: oxidante 1, reductora 2, alterna 3, sándwich 4. - Fábrica: indeterminado 0, fina 1, media 2, gruesa 3. - Textura: indeterminado 0, suave 1, tizosa 2, rugosa 3. - Depurada: si 1, no 2. - Frecuencia/densidad de inclusiones (rango de porcentajes): escaso 1, moderado 2, común 3, abundante 4. - Uniformidad de tamaño: muy uniforme 1, medio 2, nada uniforme 3. - Tamaño medio: <0.5mm 1, medio 2, >=0.5 3. - Morfología de inclusiones: aristas 1, alargada 2, redondeada 3, variado 4. - Tipo de inclusión: comentario en caso de que sea muy evidente. Por otro lado, tenemos en cuenta variables de gran interés como la distinción en el modelado de la cerámica: a mano o torno, atendiendo a la problemática mencionada en el apartado anterior. Es común encontrar el término torneta o torno lento en la bibliografía sobre las producciones cerámicas emirales. Aunque se mencione en ocasiones, atendiendo a lo recogido en la bibliografía sobre otros conjuntos, en nuestro El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 63 estudio desechamos dicha posibilidad, limitándonos a las opciones a torno y a mano, e indicando en cada una de ellas el acabado o tratamiento exterior que pudieran presentar, en el caso que proceda. También añadiremos variables cuantitativas como la medida del diámetro de la pieza (borde, mayor o base), el EVE, EVREP y CI. El EVE (equivalente de vasija estimado) nos permite conocer el porcentaje de la circunferencia del borde o de la base de la que disponemos, es decir qué porcentaje se ha conservado, podemos obtenerlo de diferentes maneras: con el cálculo matemático usando el software AutoCad o mediante el uso in situ de una diana, combinamos ambas técnicas en función a las necesidades de cada fragmento. El EVREP (estimación de vasijas representadas) hace referencia al número mínimo de individuos, no es el número total de fragmentos o de registros (N), sino el total de individuos buscando identificar aquellos elementos que pertenezcan a una misma pieza. Finalmente contamos con el CI (índice de completitud), cuyo resultado se obtiene de la relación entre EVREP y EVE (EVE/EVREP*100), y nos permite conocer el grado de fragmentación del contexto en su totalidad. Cuando el número obtenido es bajo indica un grado de fragmentación muy elevado, y cuando es muy alto, buen grado de conservación (Jiménez Puertas, 2012: 305-315). Orton y otros (1992) lo consideran uno de los mejores indicadores para conocer los procesos de formación del yacimiento, aunque entienden la complejidad en su aplicación al ser en numerosas ocasiones extremadamente complicado o imposible formular el EVREP. Todos estos valores presentan complicaciones, por ejemplo, se ha observado que por motivos postdeposicionales y tafonómicos, pese a que normalmente los bordes se presenten en mayor número, el EVE de las bases suelen ser mayor (Orton y Tyers, 1992: 48-49 en Jiménez Puertas, 2012: 313). Los elementos de análisis se deben tratar de manera independiente, aunque como hemos visto se interrelacionan. Debemos tener en cuenta las siguientes cuestiones (Fernández Navarro, 2008: 45): a. Características formales; tipológicas y decorativas. Observación y repetición de fenómenos físicos, características de las arcillas (color, componentes), porosidad, características tipológicas. Ana Mateos Orozco 64 b. Técnicas de fabricación. Operaciones tecnológicas que establecen las características formales. No siempre son observables arqueológicamente, se pueden reconstruir ciertos procesos a partir de la caracterización de las herramientas y elementos usados durante el proceso de fabricación siempre que dejen una impronta característica y visible. c. Proceso de elaboración. Sucesión de técnicas para producir la cerámica, si se observan diferencias significativas entre procesos de elaboración supone evolución o interrupción de un nuevo proceso tecnológico. d. Tradición tecnológica. Alta correlación entre los procesos de elaboración. No es sinónimo de tradición tipológica, se pueden alcanzar formas similares con procesos de fabricación diferentes y viceversa. El concepto de tradición tecnológica supone la transmisión de una serie de ideas en un territorio a través de las generaciones. Este estudio puede relevar a su vez la combinación de materiales y métodos para que los elementos cerámicos puedan cumplir una función concreta. La tradición tecnológica responde no solo a un contexto cultural y cronológico, sino también a la adaptación a los medios disponibles en el entorno. 2.3.1. DEFINICIÓN DE LOS GRUPOS DE ESTUDIO A continuación, definimos cada uno de los grupos estudiados atendiendo a su morfología y cuestiones tecnológicas fundamentales, estableciendo una correlación entre ellas condicionada por la funcionalidad del objeto. Tomamos como referencia las clasificaciones y estudios morfo-tecnológicos elaborados por Rice (2005) y reelaborados y adaptados por Esteban Fernández Navarro para la cerámica nazarí (2008). Se corresponden además a los grupos tipológicos establecidos para Saqunda (Casal et al., 2005) y que tal y como mencionamos, usamos como base para el análisis tipológico, y las terminologías establecidas y generalizadas para el estudio de la cerámica andalusí de Roselló Bordoy (1978). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 65 2.3.1.1. Cerámica de cocina: Serie olla o marmita: Elemento cerámico de uso culinario, con cuerpo generalmente ovoide y cerrado, siendo la boca siempre de menor diámetro que el diámetro mayor del cuerpo. Estas características formales le permitirán la cocción concreta de determinados alimentos, así como mejores condiciones en cuanto a la resistencia térmica. Permitirán la cocción lenta de los alimentos, de varias horas. Generan vapor y jugos que permitirán la transformación de alimentos considerados “duros”, en definitiva, son el elemento esencial para cocinar guisos. Para la condensación del vapor y no perder todo el líquido, precisan de tapaderas (Fernández Navarro, 2008: 78-79). Las tipologías son muy variadas, aunque siempre respondiendo a lo expuesto previamente, dependiendo del contexto geográfico, cronologías, etc., así como las pastas utilizadas. En el periodo emiral las pastas de la cerámica de cocina suelen presentar gran cantidad de inclusiones de tamaño medio o grande, son de apariencia grosera y poco decantada, aunque cuidadas tecnológicamente. Estas pastas parecen responder perfectamente a la relación de esta cerámica con el modelo de la industria doméstica. Pueden presentar coberturas vidriadas, aunque esto no es frecuente en el periodo emiral debido a la escasa estandarización de los vidriados. Hacia el exterior pueden encontrarse asas o mamelones que faciliten su uso y su colocación al fuego sobre soportes. La base puede ser plana o cóncava, también muy relacionado con el lugar disponible para la colocación de las mismas. 1.1.1. Ollas de borde exvasado. Presentan perfil en S vuelta, es decir, borde exvasado y cuerpo ligeramente globular. Pueden estar realizadas a mano o torno, aunque son más frecuentes estas segundas. El diámetro que presentan es muy amplio, apareciendo ollas de menos de 10 cm a algunas de más de 30 cm. Generalmente presentan base plana. Las podemos subdividir atendiendo a la forma o sección del labio: - 1.1.1.a: redondeado - 1.1.1.b: cuadrado Ana Mateos Orozco 66 - 1.1.1.c: engrosado - 1.1.1.d: biselado - 1.1.1.e: indicado. 1.1.2. Ollas de borde recto. Presentan un perfil con el borde recto, el cuerpo suele ser igualmente globular, como las anteriores y frecuentemente base plana. Al igual que el grupo precedente se realizan tanto a mano como a torno. - 1.1.2.a: labio redondeado. 1.1.3. Ollas de borde moldurado y engrosado. Estas ollas presentan perfil exvasado con el borde moldurado y engrosado. Pueden presentar diferentes secciones, aunque siempre bien diferenciado del cuerpo que es globular. Mayoritariamente están realizadas a torno. Presentan diámetros muy dispares entre aproximadamente 9 y 35 cm. - 1.1.3.a: labio triangular - 1.1.3.b: labio alargado* - 1.1.3.c: labio redondeado - 1.1.3.d: labio cuadrado 1.1.4 Ollas de borde vuelto. En este caso presentan el borde vuelto e indicado, con un marcado perfil con la sección geométrica. Están realizadas a torno y no son abundantes al menos en los contextos que trabajamos. No conocemos bien las bases que presentan. 1.1.5. Ollas de perfil en S e indicado al interior. Este tipo de olla presenta perfil en S e indicado al interior, posiblemente para facilitar la colocación de una tapadera. Están realizadas a torno y pueden presentar el labio con El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 67 secciones ligeramente diferentes. Han sido consideradas en la Vega de Granada como un indicador claro de los primeros indicios de islamización de los conjuntos cerámicos (Carvajal López, 2023: 104). - 1.1.5.a: borde simple - 1.1.5.b: borde engrosado Marmita 1.2.1 Presenta cuerpo cilíndrico y base plana, con bordes generalmente rectos. Están realizadas por lo general a mano y en ocasiones presentan elementos aplicados tales como cordones o mamelones. Marmita 1.2.2 Son marmitas de cuerpo troncocónico, es decir con el borde entrante, quedando la boca de menor tamaño que la base, que suele ser plana. Al igual que las anteriores suelen estar realizadas a mano y pueden presentar elementos aplicados como cordones o mamelones. Serie cazuela: Recipiente abierto de boca amplia, paredes curvadas o rectas no muy altas y base plana o cóncava. Frecuentemente presenta asas u otros elementos de suspensión o agarre tales como mamelones (Roselló Bordoy, 1978, 45-47). Su uso es principalmente culinario, presenta características tanto tecnológicas como formales que indican su buen funcionamiento al fuego para la cocción de ciertos alimentos que precisan de menor cocinado y menor líquido de aquellos cocinados en las ollas. En cuanto a decoración y acabado varían enormemente no solo por su cronología, sino por su contexto. Si bien en los momentos más tempranos de al Andalus encontramos cazuelas de factura aparentemente tosca, podrán aparecer también elementos vidriados y con acabados muy refinados. Ana Mateos Orozco 68 - Cazuela 1.3.1 de borde exvasado. Las encontramos tanto a torno como a mano, suelen contar con labios simples y si presentan algún tipo de tratamiento o decoración exterior, suele ser alisado. - Cazuela 1.3.2 de borde recto, este tipo aparece tanto a mano como a torno, siendo especialmente frecuente a mano y presentando elementos añadidos como cordones digitados a modo de asas o mamelones. - Cazuela 1.3.3 con carena en el cuerpo y modelada a torno. En ocasiones, normalmente en cronologías posteriores, presentan asas desde el borde a la base. Algunos investigadores han visto en este elemento un claro elemento de unión con los cuencos carenados de época visigoda (Castaño Aguilar, 2023). Serie tabaq o plato para pan: Elemento cerámico de base plana y paredes rectas de escasa altura (en ocasiones directamente sin paredes, únicamente la base a modo de disco). Presentan gran grosor en la base. Son herederos de los platos de pan del periodo tardorromano y altomedieval. Su uso se condiciona por el tipo de horno y con ello el tipo de pan resultante. En este sentido debemos señalar que algunos de estos platos no pueden entenderse sin una segunda pieza a modo de cuenco que se coloca en su parte superior, creando una especie de honro portátil que permite la cocción del pan en su interior (Gutiérrez Lloret: 1991: 169-171). Es frecuente que los tabaq de disco se usen al mismo tiempo como tapaderas. Se pueden diferenciar siempre y cuando aquellos que han sido usados para la cocción del pan presenten huellas de hollín en la base. - 1.4.1.1: paredes medias. - 1.4.1.2: fondo plano. - 1.4.1.3: fondo ligeramente cóncavo. Serie anafe: Fogón portátil, se conforma por un cuerpo cilíndrico o globular con una base normalmente con repie en que se realiza la combustión. Para que esta sea eficiente El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 69 suele contar con orificios para facilitar la salida de aire e incluso la entrada de más cantidad de combustible. El orificio de la boca suele ser amplio y con bífido para permitir que en esta se apoye el recipiente que se vaya a poner al fuego. Su tamaño suele ser menor al del tannur. Aunque se suelen considerar elementos de gran similitud tienen usos diferenciados, en primer lugar, el anafe es portátil y en él se colocan cazuelas y ollas. El Tannur suele usarse para la cocción de pan, bien pegado a las propias paredes del horno o mediante el uso de discos-tabaq. Serie tannur: Hornillo realizado en cerámica, se colocan directamente sobre el suelo creando una especie de cámara de forma cónica. Suelen englobarse en la misma categoría que los anafes, pero estos no son portátiles, ya que se construyen donde son necesarios. Sí que podríamos considerarlos efímeros. Son elementos que nos muestran claramente el cambio cultural a una sociedad oriental, sin embargo, no aparecen con la asiduidad que podría parecer. El hecho de que se realicen directamente sobre el firme o en un hoyo en el terreno puede generar dificultades en su identificación. Aparecen en las sociedades orientales desde la protohistoria, no obstante, no son frecuentes en la península desde la romanización. 2.3.1.2. Cerámica de mesa: Serie jarro/jarrito, Jarra/jarrita: Jarra/jarrita Son muy variadas en forma y tipología, con numerosos tipos de bordes y bases (planas, convexas) incluso en el periodo emiral. Su función principal es el almacenamiento de líquidos, pero también pueden usarse para calentarlos, como vasos propiamente, etc. A diferencia del jarro (que solo cuenta con un asa), las jarras y jarritas cuentan con al menos dos asas, apareciendo incluso más. Son vasijas globulares, el cuello se diferencia Ana Mateos Orozco 70 del cuerpo presentando mayor o menor extensión y la base suele ser de menor diámetro que el propio cuerpo. La jarra común del periodo emiral es una jarrita de boca redonda y ancha, con cuello de desarrollo medio y cuerpo globular, presentando en ocasiones carenas. Pueden presentar decoración pintada o engobes, comúnmente trazos horizontales o verticales realizados con los dedos, simulando la denominada Mano de Fátima. La diferencia entre jarra y jarrita es el tamaño, y con ello el volumen, siendo las segundas más pequeñas y usadas de manera mucho más frecuente para el consumo de líquidos. A veces las jarras presentan una especie de filtro realizado en cerámica, usado para la decantación del agua o incluso la preparación de infusiones (Rosselló Bordoy, 1978: 29-31). A nivel tecnológico presentan pastas generalmente claras, finas, porosas y frecuentemente decantadas. Este tipo de pasta responde perfectamente a la necesidad del almacenaje de líquidos. - Jarra 2.1.1.1: Con el borde exvasado. El cuello es medio o largo y pueden presentar asas, aunque no suelen conservarse. Generalmente se observan bases planas. Pueden tener labios con diferente forma y sección. o a. con borde redondeado. o b. con borde almendrado. - Jarra 2.1.1.2. Jarra trípode. Esta tipología no aparece de momento en nuestros conjuntos. Las jarritas de boca ancha, cuello cilíndrico y cuerpo globular, son elementos muy comunes en los repertorios emirales y aparecen desde momentos muy tempranos, aunque no está precisado cuándo aparecen, numerosos investigadores relacionan los contextos en los que aparecen con mediados del siglo VIII. Parecen tener origen en modelos orientales de raigambre bizantina (Amorós Ruiz, 2020: 17). - 2.1.3.1. Jarritas con borde exvasado o a: redondeado o b: cuadrado o c: engrosado o d: biselado o e: indicado El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 71 o f: moldurado - 2.1.3.2. Jarritas con borde recto o ligeramente entrante o a: redondeado o b: cuadrado o c: engrosado Serie jarro/jarrito: Son muy similares a las jarras y presentan cuestiones tecnológicas prácticamente idénticas. Su función parece estar más vinculada con el servicio y el escancie de líquidos, por lo que generalmente presentan únicamente una sola asa. Presentan características formales asociadas a esto como un único asa y frecuentemente piquera vertedora en el cuello (a veces bocas trilobuladas con piquera). Los hay igualmente de diferente tamaño y servirían para el trasvase de los líquidos de un recipiente mayor (por ejemplo, la tinaja) a recipientes en la mesa. A nivel morfológico presentan una gran variabilidad, siendo frecuentemente el cuerpo mayor a la base y al cuello. Los cuellos suelen ser altos o medios con bocas rectas cilíndricas o trilobuladas o ligeramente exvasadas. Pueden presentar motivos decorativos pintados o engobes, al igual que el grupo tratado anteriormente, Como mencionamos, tecnológicamente se parecen a las jarras puesto que su funcionalidad es similar, presentando pastas claras, finas, porosas y bien decantadas. - 2.1.2.1: Jarros de borde exvasado. o a: redondeado o b: cuadrado o c: engrosado o d: biselado o e: indicado - 2.1.2.2: Jarros de borde recto o entrante. o a: redondeado Ana Mateos Orozco 78 2.4. Consideraciones finales Como se mencionaba en la introducción, la cerámica es un elemento a partir del cual podemos inferir diferentes datos sobre las dinámicas socio-culturales de las sociedades que la consumieron, fabricaron, usaron, etc. En nuestro caso, un periodo considerado de transición entre la Tardoantigüedad y la Edad Media Islámica, la cerámica, intrínsecamente ligada a las sociedades, nos puede aportar datos muy relevantes sobre las poblaciones. El estudio de la misma nos permite plantearnos una serie de cuestiones que buscan arrojar luz sobre el proceso de islamización en Andalucía Occidental tras la conquista. Con él, pretendemos responder a las siguientes cuestiones: - ¿Cambian los repertorios cerámicos con la llegada de nuevos pobladores? - ¿Cómo de intensa es la influencia de estos nuevos pobladores en las poblaciones autóctonas? - ¿Se adaptan las nuevas poblaciones a los sistemas productivos existentes o aportan los suyos propios? - ¿Coexisten diferentes modos de producción y con ello diferentes tecnologías? - ¿Podemos definir estos modos y medios productivos y aportar información sobre las sociedades que los condicionan? Combinando el análisis de estos factores podemos analizar diferentes cuestiones tales como la posibilidad de tradiciones alfareras comunes, mostrando pastas muy similares o incluso iguales en cuanto a su composición (receta alfarera). Por otro lado, esto nos puede indicar la existencia o no de talleres especializados y de diferentes modos de producción, normalmente asociados a la existencia de rutas comerciales, pero muy ligados a los procesos alfareros. Estudiar en conjunto la composición del grupo cerámico atendiendo a cronologías estimadas, rango de conservación de las vasijas y tipo de objetos, señalándonos a su vez la funcionalidad del contexto, y situarnos en un contexto primario (doméstico-comercial), o secundario (vertidos). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 79 Ana Mateos Orozco 80 3. HISTORIOGRAFÍA Y ESTADO DE LA CUESTIÓN 3.1. La Arqueología Islámica. Del pre-romanticismo al Arabismo y a la disciplina científica. En este capítulo se han delimitado dos grandes apartados. En primer lugar, analizaremos el desarrollo de la Arqueología Islámica, con sus antecedentes desde los tímidos comienzos en el siglo XVII, hasta su consolidación en la década de los 70 y 80 del siglo XX. El segundo apartado se dedicará al estudio de la conquista islámica y del periodo Emiral. Para ello se analizarán las aproximaciones a esta temática desde diferentes disciplinas afines, en ocasiones enfrentadas, y enfatizaremos la labor de la arqueología para dilucidar la problemática de este momento histórico cuyo estudio está en ascenso en la investigación en la actualidad. La Arqueología Islámica es una disciplina joven si queremos entenderla desde la óptica de la arqueología moderna. Sin embargo, el interés de los investigadores por este periodo es bastante temprano, pudiendo encontrar unas primeras y tímidas aportaciones en los siglos XVI y XVII. En el siglo XVIII, Las Academias, tanto la Real Academia de la Historia como la Bellas Artes, diferentes excavaciones y las constantes relaciones con el Norte de África facilitaron un ambiente propicio para el inicio los estudios árabes en la península ibérica. No obstante, los estudios sobre arqueología islámica cobrarán un sentido internacional hasta el siglo XIX, impulsados en gran parte por el orientalismo, el colonialismo y con ellos los viajeros románticos. En este periodo, la península ibérica se verá sumida en los trabajos de diferentes investigadores europeos, algo que incluso podríamos tildar de cierto matiz “imperialista”. En España se recibirán investigadores de las diferentes escuelas europeas, destacando principalmente Francia y Alemania. Así mismo, desarrollará de manera paralela una tendencia propia en el estudio de este periodo, influenciada por las tendencias europeas pero favorecida por su carácter autóctono. Desde finales del siglo XIX las nuevas ideas positivistas y el desarrollo de la Arqueología como disciplina diferenciada El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 81 en las universidades permitirá que la Arqueología Islámica se establezca como una materia propia. Por otro lado, el surgimiento de la Arqueología Medieval en Europa a finales del XIX durante los procesos formativos de las naciones europeas actuales, generará una diferencia clara entre Arqueología Medieval Cristiana y Arqueología Medieval Islámica. Los objetivos y aproximaciones establecidos durante el surgimiento de cada una de ellas supondrán que ambas, pese a su afinidad cronológica, hayan tenido un desarrollo muy dispar. El desarrollo de la Arqueología Islámica desde el Orientalismo ha determinado además que la disciplina haya estado estrechamente vinculada desde sus inicios con la Historia del Arte y la Arquitectura. De esta forma muchos de los estudios hasta la década de 1970 estuvieron marcados por conceptos meramente artísticos, dejando de lado aspectos muy estudiados en otros periodos, como el de la cerámica común. Durante el primer tercio del siglo XX se observará cierto desarrollo, aun así, los estudios sobre el periodo andalusí se estancarán y no será hasta la década de los 70 cuando comiencen a establecerse las bases de la disciplina científica tal y como la entendemos en la actualidad. Podríamos por tanto hablar de una periodización tripartita en el desarrollo de la Arqueología Islámica: - Una primera fase embrionaria, larga y muy variada, cuyos orígenes pueden remontarse el siglo XVI y que llegaría hasta finales del siglo XIX. - Una segunda fase desarrollo desde finales del siglo XIX y principios del XX hasta la década de los 70 del siglo XX. - Finalmente, la fase de consolidación, en continua reformulación hasta la actualidad, desde la década de los 70 hasta nuestros días. 3.1.1. FASE EMBRIONARIA (SIGLOS XVI-XIX) 3.1.1.1. Los inicios (siglo XVI-XVII) El concepto de Arqueología que entendemos en nuestros días no es extrapolable a los siglos de la Edad Moderna. Hasta aproximadamente el primer tercio del siglo XIX la Ana Mateos Orozco 82 arqueología se enmarcará y se entenderá, primero dentro el trabajo del anticuarista y, posteriormente bajo disciplinas como la Arquitectura o la Historia del Arte. Aun así, no debemos olvidar que estos precedentes sentarán las bases y determinarán a la disciplina hasta incluso finales del siglo XX. En el siglo XVI el Renacimiento y el Humanismo Italianos, y con ello la intensa relación entre España e Italia, serán cruciales para entender que las primeras aproximaciones e intereses por el pasado se centren en el periodo clásico. Esta tendencia será determinante en prácticamente toda Europa. En concreto en España se realizará entre los años 1525 y 1526 la primera gran recopilación de inscripciones y monumentos romanos por Mariangelo Accursio. Son varios los nombres que destacan entre los intelectuales e investigadores en estos momentos, comenzando por Antonio Nebrija (1444-1522). Se generarán dos grandes círculos de trabajo, uno en torno a Aragón con Jerónimo Zurita, Antonio Agustín y Martín de Gurrea y otro en Andalucía con personalidades como Ambrosio de Morales -si bien este tiene una mayor promoción, como catedrático en la Universidad de Alcalá de Henares y cronista de Felipe II-, Juan Fernández Franco y Rodrigo Caro, aunque este último desarrolla principalmente su trabajo desde el siglo XVII (Mora, 2004: 17-20). En el caso concreto de Andalucía, se pueden observar numerosas referencias que ilustran la percepción de lo “arqueológico” por parte de los eruditos. La arqueología estará normalmente vinculada a restos muy visibles y monumentales que aparecían en las intervenciones urbanas, como podrían ser las columnas de Calle Mármoles en Sevilla, o restos de naturaleza similar en otras ciudades. Aun así, se dan casos curiosos e interesantes como las descripciones de Tejada y Páez en 1587 de los Dólmenes de Menga y Viera (aunque este se “descubre” a comienzos del siglo XX, parece que a él se refiere este autor) en Antequera, identificados como cuevas (Gozalbes Cravioto, 2011: 59). En el siglo XVII debemos destacar para Andalucía occidental la obra clave de Rodrigo Caro Antigüedades y Principado… (ed.1634), fundamental para configurar el interés arqueológico por la ciudad de Sevilla en los investigadores del siglo XVII (Domínguez Berenjeno, 2015: 106). Esta idea entrará en conflicto con las ideas de Martín de la Roa, que reclamaba para Córdoba la capitalidad de la Bética. También debemos mencionar El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 83 al III Marqués de Estepa 4 (Gozalbes Cravioto, 2011: 61) quien también estuvo vinculado con la traducción y defensa de la autenticidad de los plomos del Sacromonte de Granada (Ballesteros Sánchez, 2002; Álvarez de Morales Ruiz Matas, 2003: 737). El desarrollo del arabismo en España está profundamente determinado por la falsificación del pergamino de la Torre Turpiana y de los libros Plúmbeos del Sacromonte 5 . La autenticidad de los plomos no tardó en entrar en debate, siendo los primeros en encabezar esta oposición Juan Bautista Pérez (obispo de Segorbe), Pedro de Valencia, discípulo de Arias Montano, e Ignacio de las Casas, jesuita granadino de origen morisco. El arzobispo Pedro de Castro, de Granada, fue uno de los más fervientes en aceptar la veracidad de los plomos. En su círculo de traductores se encontraban Rodrigo Caro (cuyas traducciones luego resultaron falsas puesto que además no dominaba el árabe) y el ya mencionado Marqués de Estepa, Adán Centurión (Álvarez de Morales Ruiz Matas, 2003: 734-737). Esta polémica supuso la necesidad de contar con eruditos versados en el árabe para solucionar el dilema. Entre los nombres implicados para trabajar con los manuscritos se destacan a los moriscos Alonso del Castillo y Miguel de Luna, ambos médicos e intérpretes de árabe, y que a pesar de ser de los primeros expertos convocados en la traducción también fueron señalados como autores de la falsificación. Alonso del Castillo fue intérprete durante la Guerra de las Alpujarras, colaboró en la traducción de las inscripciones de la Alhambra y en la catalogación de los manuscritos árabes del Escorial. Por su parte, Miguel de Luna es el autor de la Historia verdadera del Rey Don Rodrigo (ed. 1646), con escasa veracidad. Se ha debatido mucho el origen de estas falsificaciones, pero sea como fuera dejaron una clara impronta en la ciudad de Granada, suponiendo incluso el cambio toponímico en el monte Sacromonte, hasta entonces llamado Valaparaíso. Quizá una de las figuras más interesantes en relación con los plomos es Diego de Urrea, de origen calabrés y cautivo desde niño por corsarios musulmanes. Se educó en el norte de África y llegó a ser ulema en Tremecén hasta su 4 Gozalbes indica la creación del museo por el III Marqués de Estepa aunque realmente fue un hijo natural de este mismo, Juan de Córdoba, el que lo forma en Lora de Estepa. Puede consultarse en el libro de López, 2010: 79-83. 5 quien más y mejor ha tratado este tema, con algún libro editado en 2021, es Manuel Barrios Aguilera; sus libros se pueden ver en Dialnet. Ana Mateos Orozco 84 vuelta, ya mayor, a Sicilia cuando se reconcilió con la Inquisición, trabajando siempre en actividades relacionadas con su conocimiento en las lenguas orientales. En España no solo participó en la traducción de los plomos, también desde 1598 realizó un Catálogo Bilingüe de los manuscritos árabes del Escorial, y fue autor de una crónica de la historia de España tras la conquista, relatada a partir de fuentes árabes. Llegó a ser catedrático de árabe en la Universidad de Alcalá de Henares (Rodríguez Mediano y García-Arenal, 2002 en Rodríguez Mediano, 2006: 243-276). La acción de las casas reales es crucial en estos momentos, destacando Felipe II quien con el objetivo de crear una Historia General de España fomentará el desarrollo y la creación de diversas empresas y proyectos, destacando entre ellos los dibujos encargados a Anton van de Wyngaerde que incluyen vistas de ciudades, monumentos, inscripciones… y la obra del ya mencionado Ambrosio de Morales, cronista del reino en el período de Felipe II, Relaciones Topográficas de los Pueblos de España (1575-1578) que será la base de su posterior obra Crónica General de España, si bien el libro principal para la anticuaria española fue Las antigüedades de las ciudades de España (Alcalá de Henares, 1575), del mismo A. de Morales. Se realizan importantes esfuerzos para convertir a la Biblioteca del Escorial en un foco de recepción de investigadores, pero la Contrarreforma supondrá un momento de relativo aislamiento y la Biblioteca no podrá competir con otros centros de mayor tradición como las Bibliotecas Vaticana en Roma, la Laurentina o Laurenziana en Florencia, y la Ambrosiana en Milán (Mora, 2004: 17- 20). De esta manera Italia acabará centralizando los grandes estudios sobre el mundo antiguo, basados en la antigüedad romana, y monopolizando el intercambio no solo de investigadores e información, sino de también de libros y manuscritos. Atendiendo a todo esto, pese a sus tímidos comienzos y en la mayoría de las ocasiones, intervenciones casi de carácter secundario, la cuestión árabe está presente en España, pudiéndose considerar un tema autóctono, poco exótico o lejano como ocurre en otras regiones europeas. La cuestión morisca, aún vigente en el siglo XVI o las constantes relaciones con Marruecos y el Imperio Otomano, permitieron la dilatada convivencia con el árabe y la presencia, o continuidad, de conocedores de esta lengua (Rodríguez Mediano, 2006: 243-276). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 85 Esta fascinación por el patrimonio de origen árabe estuvo presente en la península desde la Edad Media pero los diferentes procesos políticos, sociales y culturales entre los siglos XV y XVI (la (re)Conquista, el desarrollo de las ideas del Renacimiento, la imposición de Contrarreforma Católica y la Expulsión de los Moriscos) frenarán su desarrollo de manera abrupta. Aun así, el contexto geográfico y social de la península ibérica, la cercanía con el norte de África y las constantes relaciones diplomáticas y la instalación en la península de comunidades maronitas, facilitó la existencia de personas conocedoras de la lengua árabe y la pronta traducción de muchas de las obras árabes sobre al Andalus (Almagro Gorbea, 2015: 13-14; Rodríguez Mediano, 2006: 245-246). No obstante, los eruditos de este siglo siguieron prefiriendo otras cuestiones como el coleccionismo de antigüedades, principalmente de origen clásico, o la búsqueda de vestigios relacionables con la presencia de Santos (Gozalbes Cravioto, 2013: 59-61). Estos diferentes episodios muestran una realidad entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII en la que los textos árabes se consideraban fundamentales para confeccionar la historia de España. A mediados y finales del siglo XVII podemos destacar la labor de Martín Vázquez Siruela y José Pellicer de Ossau y Tovar, aunque casi todos sus proyectos se quedaron inconclusos. A pesar de que podemos ver que la producción sobre arabismo en España en estos siglos no es especialmente abundante, esto no es sinónimo de que no existieran eruditos en la materia. La mayor producción quedó manuscrita, en desarrollo y reflejada en la comunicación epistolar entre eruditos (ibídem). La investigación de la cuestión árabe en el siglo XVII parece frenarse tanto a nivel europeo como nacional, a excepción de las aportaciones mencionadas y alguna otra. No será hasta el siglo XVIII cuando se retomen estos estudios con mayor vigor. 3.1.1.1. Siglo XVIII Desde la nueva monarquía Borbónica en España a partir del siglo XVIII se manifestará de manera evidente el gusto francés también en el campo de las antigüedades, algo que se trasmitirá además por toda Europa, de la mano del Enciclopedismo y las Academias. Las monarquías europeas comenzarán también a competir por poseer las Ana Mateos Orozco 86 mejores colecciones de arte, especialmente de escultura, lo que llevará en el caso español a la compra de la colección de escultura que había formado en Roma Cristina de Suecia por parte del rey Felipe V y, posteriormente, a fomentar los viajes arqueológicos con Felipe VI, Carlos III y Carlos IV, siendo el primero de ellos el Viage de España hecho de Orden del Rey (ed. 1756) del malagueño Luis José Velázquez, Marqués de Valdeflores. Como sabemos, en las primeras décadas de esta centuria comenzarán las excavaciones en Herculano, Pompeya y Estabia, en Italia, un éxito que recorrió toda Europa. También en España se impulsan las excavaciones arqueológicas, como ocurre, por ejemplo, en Mérida o en Itálica (Mora, 2004: 17-20). El siglo XVIII es fundamental para entender el desarrollo de la Arqueología Medieval. La necesidad de los países europeos por crear sus historias nacionales fomentará el estudio de la Edad Media, buscando en este periodo, sobre todo las monarquías absolutas, la verificación de momentos históricos concretos y la creación de una propaganda basada en el pasado nacional (Salvatierra Cuenca, 2013: 184-185). Las monarquías se convierten en motores para la promoción de la investigación histórica y arqueológica, serán mecenas en muchas de las intervenciones principales y financiarán las nuevas instituciones para el patrimonio histórico y artístico, en concreto, las ya citadas Real Academia de la Historia y la Real Academia de Tres Nobles Artes (luego llamada de Bellas Artes de San Fernando) (Mora y Ayarzagüena Sanz, 2004: 14-16), creadas en 1738 y 1752, respectivamente. Algo que explica la promoción de los estudios árabes en España es el hecho de que la Corona se desplazara a Sevilla en 1728, instalándose la corte de Felipe V en Andalucía durante cinco años, alojado en el Real Alcázar de Sevilla. Este contacto constante con los monumentos de origen árabe propiciará una gran fascinación por los estudios “islámicos”, con gran interés en las intervenciones llevadas a cabo en la Alhambra (Almagro Gorbea, 2015: 15). El atractivo de la herencia musulmana de Andalucía y el “redescubrimiento” de la Alhambra, supondrá todo un movimiento denominado Alhambrismo (Galán y Cuéllar, 1985: 87-91 en Domínguez Berenjeno, 2015: 104). El Alhambrismo será en la práctica un término aplicable a todos los estudios arquitectónicos de herencia y apariencia árabe. Estos conceptos calan tanto que en el El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 87 siglo XIX no se entenderá la imagen de la España musulmana, y en concreto Andalucía, sin este concepto (Domínguez Berenjeno, 2015: 104-106). Amparada por la Corona desde 1748, la Academia de la Historia promueve los “viajes literarios” para la documentación de monumentos nacionales y el estudio de diferentes objetos, destacando entre ellos las inscripciones árabes encargadas en su mayoría a Pedro Rodríguez de Campomanes. Será un momento de efervescencia para los estudios árabes en España bajo el abrigo de Academia, y se publicarán diversas obras y estudios que sentarán las bases para momentos posteriores. Las personalidades más destacadas en el estudio de este periodo serán, aparte del citado Campomanes, Ignacio de Hermosilla, Miguel Casiri. En 1748, Miguel Casiri obtiene el título de traductor oficial de la Biblioteca Real y posteriormente del Escorial, algo que le facilitará la elaboración temprana del catálogo de manuscritos árabes (Almagro Gorbea, 2015: 14-17). Ignacio de Hermosilla publica una temprana y pionera disertación sobre la Cronología de la entrada de los árabes en España en 1752. Desde entonces serán numerosas las inscripciones de todas partes de la península que empezarán a llegar a la Academia como objetos de estudio. Ante esta tesitura la Academia establecerá tres líneas de trabajo fundamentales: Estudio de las monedas árabes e inscripciones cúficas entre 1769-1771; la copia de las inscripciones del Real Alcázar de Sevilla entre 1769-1770 por José Joaquín Cevallos; y la ordenación, clasificación y colación de monedas árabes desde 1784, de la que se hará cargo Miguel Casiri (Almagro Gorbea y Maier Allende, 2012: 230-233; Martín Escudero, 2010: 145-180). No debemos olvidar las publicaciones de Casiri Historia de los árabes del Arzobispo D. Rodrigo, en 1765, y Diccionario de voces arábigas usadas en España, reducidas a su origen y verdadero significado, sacadas del diccionario de lengua castellana, en 1773, puesto que supondrán un punto de inflexión en el estudio del mundo andalusí. La Alhambra, como mencionamos, es la gran protagonista en estos momentos. Ignacio de Hermosilla será el promotor de los estudios llevados a cabo por la Real Academia de Bellas artes de San Fernando con el objetivo de dibujar la Alhambra y documentar todos aquellos pertinentes de estudio. Él mismo propondrá la creación de un Catálogo Arquitectónico de los Monumentos de España en 1770, que finalmente no llegará a Ana Mateos Orozco 94 aunque de un modo muy modesto, se fundó la Sociedad Histórica y Filológica de Amigos del Oriente (López García, 2016: 109-114). Hasta finales del siglo XIX en España la arqueología seguirá dominada por preceptos basados en el Romanticismo, la monarquía y la búsqueda del carácter nacionalista, mientras que el resto de Europa empieza a conformar desde mediados de siglo una arqueología eminentemente científica. Desde finales del XVIII en Inglaterra y Francia se comenzarán a desarrollar estudios sobre el megalitismo, principalmente en relación con ritos y cultos prerromanos. Este movimiento denominado “panceltismo”, no tuvo gran acogida en España, de manera que las academias nacionales continuaron prefiriendo los estudios sobre Hispania romana y prerromana basados en criterios filológicos (Ayarzagüena Sanz, 2004: 75-78). En el último tercio del siglo XIX llegan a España diferentes investigadores europeos, algunos aun siguiendo la corriente del romanticismo, pero ya en contacto con las nuevas tendencias positivistas. Aunque muchos de ellos no fueran expertos en arqueología o patrimonio en general, realizarán importantes aportaciones. Podemos destacar a Hübner, Schulten, los hermanos Siret, Engel, Paris, Albertini y Jorge Bonsor (Mora y Ayarzagüena, 2004: 14-16). La labor de Jorge Bonsor es sin duda conocida para otros periodos históricos en Andalucía, destacando su aportación para los periodos romano y prerromano (Maier Allende, 1999: 15-18). No tan conocida es su faceta como medievalista pese a que él mismo manifestó en numerosas ocasiones que el periodo medieval era tan interesante y digno de interés como cualquier otro (Amores y Lacomba, 1994). Entre sus múltiples trabajos en Andalucía, especialmente en la provincia de Sevilla, encontramos diferentes intervenciones arqueológicas en edificios del periodo medieval como el Alcázar de Carmona o el Castillo de Luna en Mairena del Alcor (que posteriormente adecuó como su residencia y museo). Estas no fueron las únicas investigaciones que llevó a cabo, entre los años 1919 y 1920 realizó una recopilación de todos sus apuntes sobre la presencia árabe en España titulado Les itinéraires de l’invasion musulmaine en Andalousie. Fouilles et tresoires. Esta obra, aunque no fue publicada finalmente, es una síntesis que une el recorrido propuesto por el Ajbar Machmua con los yacimientos con posible ocupación islámica desde el Estrecho de Gibraltar hasta Toledo (Mateos Orozco, 2018). Finalmente, para la Exposición Iberoamericana de 1929 propuso una El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 95 exposición arqueológica de piezas del periodo andalusí y creó un recorrido por los Castillos de los Alcores (Gómez Díaz, 2011: 369-371; Gómez Díaz, 2019: 131-149). Figura 8: fotografía a piezas de cerámica islámica de la colección Bonsor. Desde las Ciencias Naturales y la Minería comienza un lento pero determinante desarrollo de los estudios prehistóricos. Las Ciencias Naturales se imponen al Anticuarismo y supondrán un punto de inflexión en el camino de la determinación de la disciplina arqueológica (Ayarzagüena Sanz, 2004: 75-78). Aunque existen desde mediados del XIX varias cátedras de árabe en el ámbito nacional (Pascual Gayangos en la Universidad de Madrid desde 1843, José Moreno Nieto en la Universidad de Granada desde 1846 y Julián Rivera en la Universidad de Zaragoza desde 1887) (Salvatierra Ana Mateos Orozco 96 Cuenca, 2013: 188), la arqueología Islámica seguirá estando ligada al análisis de los edificios monumentales y objetos ornamentados (García Porras, 2018: 98). Los estudios sobre el mundo árabe estarán determinados por el ámbito filológico, a excepción de los grandes conjuntos monumentales y las piezas de eminente interés artístico. Como respuesta a este creciente arabismo surge una corriente nacional centrada en negar el componente árabe en el territorio nacional. Siendo sus máximos exponentes F. Simonet y Lafuente Alcántara, a pesar de que este último fue el traductor del Ajbar Machmua. En sus posicionamientos buscan ensalzar la historia mozárabe con el objetivo de hacerla notoria frente la historia de al-Andalus. Este debate constante entre lo nacional y lo árabe termina resultando en un término especialmente discutido en la actualidad, lo “hispano musulmán”. Con este concepto se pretende hallar en la arquitectura y el arte árabes de la Península Ibérica unos rasgos únicos y diferenciadores al resto del mundo islámico, destacando el componente hispano en la ecuación. Pedro de Madrazo y Joaquín Guichot son dos de los principales seguidores de este concepto (Salvatierra Cuenca, 2013: 188). En 1844 se crean las Comisiones Provinciales de Monumentos Históricos y Artísticos, junto a una Comisión Central de Monumentos Histórico-Artísticos, con José Amador de los Ríos como secretario, con la misión de coordinar las actividades de aquellas. Su desarrollo no será muy dilatado y acabará desintegrada y su labor la asumirán las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando. Las comisiones provinciales tuvieron una capacidad de actuación muy limitada y aun así recopilan gran cantidad de materiales. Algunos intelectuales, como Jorge Loring, en Málaga, apostarán por las excavaciones de manera privada y con la inclusión de estos bienes a colecciones privadas, como demuestra el llamado “Museo Loringiano” (Rodríguez de Berlanga, 1903). La Comisión de Antigüedades de la Academia de la Historia rechaza estas medidas y preferirá la formación del Patrimonio Nacional. Pese a la existencia de las Comisiones Provinciales, la investigación arqueológica estaba centralizada en Madrid, lo que determinará el desarrollo de ciertas ciudades y yacimientos clásicos y paradigmáticos. Uno de los únicos yacimientos andalusíes dentro de esta dinámica es Madinat al-Zahra, donde se realizaron unas breves primeras intervenciones arqueológicas en 1854 por Pedro Madrazo y Pascual Gayangos (Salvatierra Cuenca, El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 97 2013: 193) y, aunque posteriores, las labores arqueológicas en Medina Elvira por Manuel Gómez Moreno. Este último llevó a cabo una amplia labor en gestión patrimonial, investigación y docencia, creando una importante escuela de la que saldrían los grandes arqueólogos del siglo XX (García Porras, 2018: 97-100). Todas estas intervenciones en conjuntos de gran relevancia y simbolismo ayudan a la progresiva profesionalización de la arqueología islámica, culminando con la proclamación de la cátedra de Arqueología Árabe en 1913 en Madrid para Manuel Gómez-Moreno (García- Contreras Ruiz y Tejerizo García, 2021: 6). 3.1.2. FASE DE DESARROLLO Y CONSOLIDACIÓN: EL SIGLO XX. Desde finales del siglo anterior la labor de distintos investigadores, destacando por supuesto los investigadores europeos de las últimas décadas, comenzará a mostrar cierto carácter más científico, sentando las bases de lo que será la Arqueología medieval del primer tercio del siglo XX. A principios del siglo XX surgen nuevas instituciones de investigación: en 1907 la importante Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, que será continuada por el CSIC tras la guerra civil de 1936-1939, y en 1910, en el seno de aquella, el Centro de Estudios Históricos, en Madrid, con una sección de Arqueología que estaba dirigida por el granadino Manuel Gómez-Moreno Martínez. El mismo año de 1910 se crea, en Roma, la Escuela Española de Historia y Arqueología, siendo hasta el presente el único centro de carácter arqueológico fuera de España. La promulgación de la Ley de Excavaciones Arqueológicas en 1911 y de su reglamento, con la constitución de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, en 1912 suponen que la actividad finalmente pudiera quedar bajo control estatal, o al menos parte de ella. Se impulsa en el mismo momento la creación del Centro de Estudios Árabes, aunque este no configurará hasta 1932 (Salvatierra Cuenca, 2013: 200-203). Estos centros son esenciales para la formación de una de las primeras generaciones de arqueólogos científicos españoles, en varios casos impulsados desde la Cátedra de Arqueología Árabe en Madrid con Gómez-Moreno Martínez (García Porras, 2018: 100). Entre estos investigadores destacan Emilio Camps Cazorla o Cayetano de Mergelina, Ana Mateos Orozco 98 Félix Hernández y Leopoldo Torres Balbás, quien además será alentador de la sección “Crónica de la España Musulmana” en la revista al Andalus (1933). La Numismática se desarrolla enormemente con personalidades como Antonio Vives y Escudero y Antonio Prieto y Vives, este último publica en 1928 Los Reyes de Taifas. Estudio histórico-numismático de los musulmanes españoles en el siglo V de la Hégira (XI de J.C.). La llegada de las ideas positivistas y difusionistas mascará el inicio de una Arqueología que comienza a definir sus principios metodológicos. En ámbitos como el estudio de la arquitectura, Arqueología e Historia del Arte se separan completamente y muchos arquitectos como José Amador de los Ríos o Manuel Assas considerarán fundamental la excavación para conocer la historia de los edificios. Desde finales del siglo XIX y sobre todo principios del XX se están llevando a cabo las grandes restauraciones de los edificios medievales (Salvatierra Cuenca, 2013: 202-205) coincidiendo con el momento de efervescencia de las grandes teorías de la restauración. Comienzan las grandes intervenciones, incluyendo excavación y restauración, en Madinat al Zahra y la Alhambra. Esta última estará constantemente sometida a las derivas entre arquitectos conservadores, como el caso de Manuel Goméz-Moreno González o restauradores, como Leopoldo Torres Balbás, quien supondrá para el conjunto uno de sus momentos más fructíferos y de mayor desarrollo. En Madinat al Zahra la intervención llevada a cabo por Ricardo Velázquez Bosco tenía como principal objetivo identificar las particularidades de la arquitectura omeya para su posterior aplicación en la restauración de la Mezquita de Córdoba. Velázquez Bosco interviene también en Santa María de la Rábida. En Sevilla también se intervienen los grandes monumentos, aunque en menor medida, José Gestoso interviene de forma puntual en la Catedral y Benigno Vega Inclán en la Iglesia del Salvador (mezquita de Ibn Adabbas). Todas estas intervenciones son coetáneas a las de Ernst Herzfeld en Samarra entre 1911-1913 (Salvatierra Cuenca, 2013: 204-205). Como vemos las intervenciones arqueológicas en los grandes yacimientos islámicos se dieron de manera casi coetánea. Posiblemente el edificio donde más intervenciones se realizan en Sevilla sean los Reales Alcázares, desde las intervenciones del Marqués de la Vega Inclán, siguiendo los postulados de Tubino y Giner de los Ríos (Blasco López et al., 2019: 201-209) a Joaquín El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 99 Romero Murube, una figura esencial y que llevará a cabo la excavación de lar arcadas laterales del Palacio de Pedro I (Chávez González, 2004: 179-180). Todas estas intervenciones, a pesar de su carácter patrimonialista, estaban mucho más centradas en la arquitectura y la Historia del Arte. Aun así, son de gran interés para entender la evolución en los conceptos sobre restauración y con ella la comprensión de los monumentos en Europa. Así mismo se llevan a cabo proyectos en yacimientos de cronologías visigodas o mozárabes, muchos de ellos fuertemente marcados por las teorías de Simonet previamente mencionadas. Destaca entre ellos la figura de Emilio Camps Cazorla con un amplio perfil como historiador del arte, arqueólogo y medievalista, y que excavó en el Palacio de Madinat al Zahra. En 1924 Cayetano de Mergelina excava en las Mesas de Villaverde (Ardales) con el objetivo de encontrar Bobastro. Siguiendo la idea de buscar aquellas zonas relacionadas con los “mártires” se intervienen los monasterios de Córdoba por Rafael Castejón, la necrópolis de Toledo por Amador de los Ríos y se analizan diversos objetos de origen visigodo y cristiano en general. Algunas intervenciones ocurrieron de forma casual como las de José Ramón Mélida en Medinaceli donde identificó los niveles omeyas de ocupación o la de Juan Cabré e Ignacio Calvo en el Collado de los Jardines (Jaén) donde identificaron un poblado ibérico que ha resultado ser un asentamiento del siglo IX (Rueda et al., 2003 en Salvatierra Cuenca, 2013: 205-208). Los castillos, que hasta ahora habían estado en cierto modo olvidados debido a la influencia de la Historia del Arte, empiezan a ser restaurados, acompañando estos trabados por excavaciones en algunas ocasiones (Salvatierra Cuenca, 2013: 206). Aunque se habían realizado algunas intervenciones en castillos desde finales del XIX estas eran iniciativas casi privadas, llevadas a cabo por intelectuales o familias con buenas condiciones económicas. Algunos ejemplos de estas primeras intervenciones son la compra y restauración del Castillo de Mairena del Alcor por Jorge Bonsor (ya mencionado) o actividades similares en el Castillo de Niebla por Elena Wishaw o en el Castillo de los Duques de Osuna en Arcos de la Frontera por Violeta Buck de Ridell (Mateos Orozco, 2018: 64). Desde finales del primer tercio del siglo XX los trabajos arqueológicos se frenan por la Guerra Civil. La epigrafia estará dominada por E. Levi Provençal y Leopoldo Balbás Ana Mateos Orozco 100 continua con su actividad investigadora con magistrales aportaciones en la revista al Andalus, aunque no llegó a publicar su trabajo sobre la Alhambra puesto que perdió la dirección de esta tras la Guerra Civil. Siguió publicando obras generalistas y de síntesis como Archivo Español de Arte y Arqueología (1923-1936) y Crónica de la España Musulmana (Revista al-Andalus 1934-1960). Hasta finales de los años 60 no vemos avance en el panorama de la Arqueología Islámica nacional, se realizarán algunas intervenciones, pero de carácter casual y esporádico, como los trabajos con materiales de Camp Cazorla, los estudios de cerámica de Palma de Mallorca por Mullet o la “salvaguarda” de los niveles árabes de Mesas de Asta por Esteve Guerrero (Salvatierra Cuenca, 2013: 205-208). Los estudios arqueológicos sobre al Andalus resurgen de manera paralela en España y Europa, mientras en España desde finales de los 60 y comienzos de los 70 se abordará la arqueología de al Andalus, diferentes países europeos llevarán a cabo estudios sobre Arqueología e Historia del Arte árabe en diferentes lugares del mundo, incluida España. Investigadores como Creswell o Grabar, que dedican su labor al mundo islámico central, buscarán elementos de interés en la Alhambra. Muchos de estos estudios centrados desde el Instituto Arqueológico Alemán serán abordados como comentamos previamente desde la perspectiva de la Historia del Arte. C. Ewert realiza diferentes estudios en la Alcazaba de Balaguer, la Aljafería de Zaragoza, Medina Zahra, la Mezquita de Córdoba o Toledo y otros estudios en el Mahgreb (Marrakech, Kairuán o Tinmal). Otros estudios por destacar son los de Dorothea Duda en los años 70 sobre los materiales cerámicos de la Alcazaba de Almería o la decoración de la mezquita de Córdoba. La Casa Velázquez acoge también a investigadores franceses que interesados por la arqueología andalusí aportan sus nuevas perspectivas donde el estudio de la cultura material es fundamental para el análisis del poblamiento o los cambios en las estructuras económicas y sociales. Estos investigadores internacionales acercan ciertos temas de estudio al panorama nacional, como es el estudio de los despoblados, que ya tenía cierto recorrido en Reino Unido y Francia. Esta escuela permitirá el estudio de pequeños núcleos rurales, castillos y diversos yacimientos a los cuales no se les había prestado atención previamente. Pierre Guichard comenzará a colaborar primero con Juan Zozaya y posteriormente con Andre Bazzana. Sientan las bases de los estudios El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 101 sobre la organización estructural del poblamiento. Años más tarde colaboran con Patrice Cressier. Todos estos estudios se centrarán en el estudio del levante peninsular y Andalucía Oriental (García Porras, 2018: 102-106). Estos primeros trabajos los que van a determinar las líneas de investigación generales que seguirán los estudios de arqueología medieval e islámica nacionales durante las décadas posteriores, como se verá a continuación. Las perspectivas marxistas supusieron una reevaluación histórica de al Andalus. Hasta entonces se lo había considerado una sociedad feudal más no muy diferente al resto de las formaciones coetáneas. La concepción de Samir Amin del modo de producción tributario, desarrollado posteriormente por Miquel Barceló, fue fundamental para comenzar a entender al Andalus en sus propios términos. Posteriormente el enfoque etnográfico desarrollado por Guichard permitía diferenciar a la sociedad andalusí de las sociedades cristianas, enfatizando el componente tribal de las sociedades árabes y bereberes (Carvajal López, 2014: 322). Entre la década de los 70 y 80 e influenciados tanto por los nuevos paradigmas desde la escuela francesa y el auge del Materialismo Histórico de Karl Marx, se asientan y se desarrollan los estudios espaciales y de materiales en la península ibérica. Desde las publicaciones de André Bazzana, Guillermo Roselló Bordoy y Juan Zozaya se asientan las bases de esta nueva arqueología que irá conformándose en los próximos años, desgajándose en diferentes ámbitos geográficos y en diferentes fuentes para el estudio. Aparecerán nuevas aproximaciones a la arqueología como la bioarqueología, la antropología o la arqueometría (ibídem). Guillermo Roselló Bordoy publica en 1978 Ensayo de sistematización de la cerámica islámica de Mallorca, una obra que determinará la nomenclatura de la cerámica islámica, creando un vocabulario propio y ajeno al de la cerámica de otros periodos. También en 1978 se realiza el Primer Encuentro de Cerámica Medieval del Mediterráneo Occidental, que recoge los estudios de autores europeos con formaciones y puntos de vista muy diferentes. Zozaya se centra en las cronologías y tipologías con “Evolución de la cerámica en relación al marco histórico político de al- Ana Mateos Orozco 102 Andalus” y Bazzana atiende a los aspectos tecnológicos con “La cerámica del Sharq al- Andalus en el este de España” (Carvajal y Puertas, 2011: 415-417). En 1982 se funda la Asociación Española de Arqueología Medieval que organizará congresos de manera sistemática hasta finales de los años 90 (Huesca 1985, Madrid 1987, Oviedo 1989, Alicante 1993 y Valladolid 1999) y que no retomará nuevamente hasta la realización del último congreso en 2019 en Alicante. Uno de los grandes logros de la Asociación Española de Arqueología Medieval fue la edición del Boletín de Arqueología Medieval, aunque desde los años 90 perdió su periodicidad (García Porras, 2018: 105). Desde entonces se realizan numerosos encuentros y congresos entre los que podemos destacar Arqueomediterranea en Badalona en 1997 o las Jornadas de Cerámica Medieval y Posmedieval de Tondela (Portugal) en 2001. Estas jornadas buscaban desarrollar estudios colaborativos sobre el mundo andalusí entre Portugal y España. Surgen otras revistas especializadas en el periodo andalusí como Arqueología Medieval en 1992 (Campo Arqueológico de Mértola) y Arqueología y Territorio Medieval en 1993 (Universidad de Jaén) (Alba Calzado y Gutiérrez Lloret, 2008: 597- 598) y se amplía el campo de otras como Al-Qantara desde 1980 (previamente revista Al-Andalus desde 1933) o Medievalismo (Universidad de Murcia) desde 1992, más centrada tradicionalmente en Historia Medieval. Podríamos decir que la Arqueología Medieval, y con ello la Arqueología Islámica, eclosiona desde la década de los años 70, suponiendo un crecimiento exponencial de los trabajos y estudios sobre el periodo y una mayor especialización en temas, enfoques y áreas geográficas. Del mismo modo, la década de los 80 supone la consolidación e institucionalización como disciplina científica. Las líneas de trabajo desarrolladas han sido y son muy diversas abarcando el estudio del poblamiento, los sistemas de hidráulica y regadío, las alquerías y modos de habitación, el ámbito urbano, la producción cerámica, o periodos concretos como la Conquista, el Califato Omeya, las dinastías norteafricanas, etc. (García Porras, 2018: 106-112). La variabilidad propia de la disciplina ha supuesto que se haya propuesto el término “Arqueologías Medievales”, debido a que encontramos en ella a la Arqueología Islámica, a la Arqueología Visigoda, la Arqueología Bajomedieval, etc., entendiendo además la propia variabilidad interna en cada una de estas. No existe suficiente cohesión entre las mismas, generando una El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 103 gran problemática a la hora de poder institucionalizar la disciplina y dotarla de suficiente coherencia e identidad académica (Quirós Castillo, 2017: 114). Veremos a continuación con mayor detalle su relación con el periodo de estudio abordado en este trabajo, la Conquista Islámica y la Islamización, comparando además el aporte de otras disciplinas como la filología o la historia que han desarrollado mucho el estudio de este periodo. 3.2. El estudio de la conquista islámica de Hispania. Concurrencias y desavenencias. La Conquista Islámica es una cuestión que ha presentado mucho interés desde diferentes ángulos y perspectivas de estudio. No exento de polémica, el periodo temporal que abarca esta cuestión ha tenido mucha más fuerza en el marco de la historia tradicional que en el de la Arqueología. Esto se ha debido fundamentalmente a dos cuestiones fundamentales. En primer lugar, el tardío desarrollo de la disciplina de la Arqueología Islámica como disciplina científica y la generalización de los estudios cerámicos, antropológicos, etc. ha dificultado la creación de buenos conjuntos que permitan la identificación de materiales de estos momentos en nuevas intervenciones. En segundo lugar, y en nuestra opinión mucho más relevante en este caso, la arqueología no siempre permite el estudio y análisis de momentos concretos, sino de procesos de un mayor alcance, a una escala mucho más amplia. De esta manera la Arqueología puede abordar el proceso de islamización, pero difícilmente podrá en la mayoría de los casos, centrar su objetivo en fechas exactas. El relato tradicional sobre la conquista de al Andalus se basa en las diferentes narraciones recogidas en las fuentes escritas. En algunos casos, las traducciones son realmente tempranas, incluso realizadas en la Edad Media, como es el caso de la famosa Crónica del Moro Rasis. Su primera traducción se realiza en Portugal entre finales del siglo XIII y principios del XIV, avalada y encargada por el rey D. Dinis. En el siglo XV aparece la versión castellana con el nombre que señalamos. Son al menos una Ana Mateos Orozco 110 a Pierre Guichard con diversas publicaciones desde la década de los 70 y con obras generales sobre la historia de al-Andalus con un buen desarrollo de esta primera etapa: Al-Andalus: estructura antropológica de una sociedad islámica en Occidente (1975), La España musulmana: Al-Andalus omeya (siglos VIII-XI) (1995) o De la expansión árabe a la Reconquista: esplendor y fragilidad de Al-Andalus (2002) entre otros títulos. Otro autor de relevancia es Pedro Chalmeta Gendrón, cuyas publicaciones son mucho más específicas sobre la conquista y en concreto la economía del periodo emiral desde la década de los 80 a la actualidad y el monográfico Invasión e islamización: La sumisión de Hispania y la formación de al-Andalus (1994, reeditado en 2003). Luis Molina, por otro lado, ha colaborado con varios artículos sobre los itinerarios conocidos de la conquista y revisiones de textos básicos como el Ajbar Machmua (1998, 1999) o en 2020 junto a Maribel Fierro. Esta autora cuenta a su vez con aportaciones como “Los que vinieron a al-Andalus” (2011, en la obra colectiva 711, arqueología e historia entre dos mundos) y con publicaciones mucho más generales sobre el Islam y el establecimiento del mismo en al-Andalus. Luis A. García Moreno, con un perfil más relacionado en el estudio de las fuentes tardorromanas cristianas y visigodas, ha publicado recientemente un libro titulado España 702-719. La conquista musulmana (2020). En las últimas décadas destaca la labor de Alejandro García Sanjuán cuya producción ha estado específicamente centrada en el análisis historiográfico de la influencia de los diferentes movimientos políticos en la creación de la historia de al- Andalus destacando su obra La conquista islámica de la península ibérica y la tergiversación del pasado: Del catastrofismo al negacionismo (2013) o más recientemente Las sociedades islámicas clásicas (siglos VII-XV) (2021). Así mismo se han producido diversas publicaciones colectivas que recogen aportaciones interesantes. Entre los más notorios A 1300 años de la Conquista de al-Andalus (711-2011): Historia, Cultura y legado del Islam en la Península Ibérica, editado en 2011 coincidiendo con la efeméride de la conquista al igual que otro volumen fundamental para estos estudios: 711, arqueología e historia entre dos mundos. Este último es además interesante porque combina estudios de índole arqueológica e histórica, aportando hasta la fecha una de las compilaciones más completas para este periodo. El análisis arqueológico para este periodo es estrictamente necesario, ya que las fuentes escritas (al igual que El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 111 ocurriría con un relato escrito exclusivamente con el aporte de la arqueología) solo nos permite ver una parte del relato. Los estudios de cerámica han jugado un papel fundamental en el entendimiento de la historia de al-Andalus. La cerámica de los siglos VII al IX presenta bastantes problemas, puesto que no se han podido establecer tipologías claras para este periodo probablemente debido a una gran variabilidad tanto regional como cronológica. Tal y como mencionamos en el apartado anterior, las publicaciones de Roselló, Bazzana y Zozaya marcaron un punto de inflexión en las metodologías de estudio. Al-Andalus se entendió hasta los años 70 como parte de las sociedades feudales pero diferenciada de las cristianas. P. Guichard (1976) basándose en las fuentes escritas señaló que la sociedad andalusí no respondía a los modelos feudales, sino a los modelos de las sociedades islámicas en Asia y África, basándose en elementos tribales que habrían llegado a la península con las migraciones de árabes y bereberes. Así, desde la publicación de su obra a mediados de los 80, Acién (1995) centra su labor en intentar identificar en las producciones cerámicas rasgos atribuibles a las diferentes tribus llegadas a al-Andalus y posteriormente publica su libro Between Feudalism and Islam. Esta obra seguía las ideas Wickham adaptadas para al-Andalus y aunque tuvo críticas, fue bastante aceptada por la comunidad académica, especialmente por S. Gutiérrez quien comenzó su investigación desde estas perspectivas. Por otro lado, los intensos estudios desarrollados para la cerámica tenían como objetivo establecer tipologías comunes, entendiendo al-Andalus como un bloque único, como un territorio homogéneo. Aunque estas aproximaciones fueron muy criticadas por Roselló y H. Kirchner a finales de los 90, los estudios sobre ensayos tipológicos con esta idea siguieron desarrollándose. Por otro lado, aparecieron aproximaciones que se alejaban de este intento de relacionar la cerámica y los cambios políticos en al Andalus y que prestaron especial atención a las variantes regionales, cada vez más numerosas (Jiménez Puertas y Carvajal López, 2011: 416-421). En las últimas décadas se ha desarrollado desde la arqueología una intensa línea de trabajo sobre este periodo. Hay que destacar sin duda la labor de Sonia Gutiérrez Lloret al ser prácticamente pionera para estos estudios. Sus trabajos se han centrado en el suroeste peninsular, destacando el proceso de islamización en la llamada Cora de Ana Mateos Orozco 112 Tudmir (1996). Su trabajo junto a otros investigadores ha dado lugar al denominado paradigma Transicionista para explicar el proceso de islamización en al-Andalus. Ha sido hasta la fecha el más aceptado y el más trabajado en los diferentes yacimientos que se mencionan a continuación. Sin embargo, recientemente se ha esbozado un nuevo modelo para explicar el proceso, el Formacionista (Carvajal, 2019). Estos dos paradigmas no son completamente contrarios, sino que el segundo entiende en el proceso de islamización, enfocado desde diferentes escalas, una serie de factores que pueden generar procesos desiguales en las distintas zonas de la península ibérica, así como en el resto del mundo islámico. Atendiendo al creciente interés tras los primeros pasos en los años 90, se desarrollarán diversos congresos específicos sobre el periodo que revitalizarán el panorama investigador, destacando Visigodos y Omeyas coordinado desde el CSIC en 2001 por Caballero Zoreda y Mateos Cruz, y posteriormente en 2004 Cerámicas Tardorromanas y Altomedievales, también desde el CSIC con los mismos coordinadores además de Retuerce Velasco. En 2007 se realiza en Granada el congreso Estudios de Cerámicas Tardoantiguas y Altomedievales coordinado por Malpica y Carvajal (Alba Calzado y Gutiérrez Lloret, 2008; Mateos Orozco, 2018: 40). Entre las publicaciones generales más recientes encontramos el ya mencionado libro de 2011, 711: Arqueología e Historia entre dos mundos y en 2018, La Conquista Islámica de la península ibérica. Una perspectiva arqueológica por Julián M. Ortega Ortega. Así mismo se han elaborado varios estados de la cuestión en artículos científicos breves pero muy completos: Alba Calzado y Gutiérrez Lloret en 2008, Carvajal López y Jiménez Puertas en 2011, Mateos Orozco en 2018 y Amorós Ruiz en 2020. La arqueología urbana ha sido determinante para el desarrollo de muchos de estos estudios. Esta alcanzó su mayor número de intervenciones previamente a la crisis de 2008 y si tenemos en cuenta cuándo se realizan la mayoría de las publicaciones relacionadas con este periodo, observamos una clara coincidencia (Mateos Orozco, 2018: 102). Entre los años 90 y la primera década de los 2000, determinados por construcciones urbanas y obras de gran envergadura, se intervienen varios de los grandes yacimientos para el periodo emiral como Cercadilla y Saqunda en Córdoba o Marroquíes Bajos en Jaén, entre otros. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 113 Uno de los yacimientos con mayor tradición y mayor desarrollo investigador ha sido el Tolmo de Minateda (Hellín, Albacete) cuyas intervenciones comenzaron a finales de los años 80 y continúan en la actualidad. El Tolmo de Minateda se ha convertido en un yacimiento de referencia puesto que ha permitido documentar en extensión las fases de transición entre el mundo visigodo y el andalusí. Las publicaciones relacionadas con este yacimiento son numerosas, por lo que mencionaremos las más recientes: Amorós Ruiz y Gutiérrez Lloret en 2018, Amorós Ruiz en 2018. En el entorno del centro peninsular y con una situación similar encontramos Recópolis, con un proyecto también dilatado en las últimas décadas y donde se han documentado interesantes niveles de ocupación emirales además de los ya conocidos para época visigoda (Olmo Enciso et al., 2020). Aunque hay varias publicaciones e intervenciones en el entorno de Madrid y Castilla la Mancha, recientemente se publicó lo que podríamos describir como compilación o estado de la cuestión sobre la cerámica emiral de Madrid, Toledo y Guadalajara (Serrano et al., 2016) que consideramos suficiente para al menos consultar los materiales más relevantes y poder acceder a otra información de interés. Otra zona que ha desarrollado bastante esta temática de estudio es Mérida, desde las producciones cerámicas (Feijoo Martínez y Alba Calzado, 2004), la arquitectura doméstica (Alba Calzado, 2009) y la arquitectura defensiva (Feijoo Martínez y Alba Calzado, 2002). Para la zona este de la península, como ya mencionamos al comenzar este apartado, son numerosas las publicaciones de Sonia Gutiérrez Lloret para el sur de Alicante y Murcia (la denominada Cora de Tudmir), y también más recientemente para Valencia (Gutiérrez Lloret, 2018) y Castellón (Miguélez González y Llorens, 2017). En Cataluña por otro lado también se han realizado interesantes aportaciones contando con un estado de la cuestión de 2005 (Folch Iglesias) y algunos estudios sobre la ciudad de Barcelona (Beltrán de Heredia, 2005) y Tortosa (Negre Pérez, 2015). También para la ciudad de Tarragona se han desarrollado varias tesis que han abordado la evolución del urbanismo entre la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media (Lasheras González, 2018) y desde el estudio de la cerámica (Rodríguez Martorell, 2020). En el sector norte de la península, teniendo en cuenta las limitaciones territoriales y una presencia islámica mucho menor en algunas zonas, se han dado varios estudios de Ana Mateos Orozco 114 relevancia como la necrópolis de Pamplona (De Miguel Ibáñez, 2016), la necrópolis de Tauste (aún sin publicar por su reciente descubrimiento). En la ciudad de León en 2009 (Gutiérrez González y Miguel Hernández) fueron publicados unos contextos de gran interés al contar con un buen número de cerámicas de tradición islámica en cronologías muy tempranas. Para Andalucía, y en concreto para nuestra área de estudio, el caso de Córdoba es paradigmático en esta cuestión, contando con dos grandes yacimientos urbanos: Cercadilla (identificado durante la construcción de la estación del ferrocarril en la década de 1990) y el arrabal de Saqunda (en el sector oeste de la ciudad e identificado durante obras para la construcción de viviendas en esta área). Los materiales de Cercadilla muestran una secuencia de ocupación continuada desde la Tardoantigüedad al periodo califal y se han realizado diversas publicaciones centradas en el estudio de la cerámica (; Fuertes Santos y González Virseda, 1994; Fuertes Santos, 2000). En publicaciones recientes se han abordado otros materiales arqueológicos desde la perspectiva de la arqueozoología (García García et al., 2021). El caso de Saqunda es ligeramente diferente, puesto que se trata de un barrio fundado ex novo a mediados del siglo VIII y cuyo abandono está documentado según las fuentes escritas a finales del siglo IX. Los materiales se publicaron en 2005 (Casal et al.), y recientemente se están trabajando otras cuestiones de interés como el urbanismo (Casal García, 2020) o el estudio de los restos arqueozoológicos (Sánchez Martínez, 2017). Similar a este caso es el de Marroquíes Bajos en Jaén donde se documentó un periodo de ocupación emiral (Castillo Armenteros, 1997) y se han publicado los resultados del estudio de las necrópolis (Peña y Castillo Armenteros, 2000; Herrera, 2012; Navarro Pérez, 2018) y la cerámica (Pérez Alvarado et al., 2003; Pérez Alvarado, 2003). En la provincia de Jaén también se publicaron los resultados de un estudio de materiales en Sierra Mágina en 1996 (Quesada Quesada et al.). Así mismo en la Vega de Granada se han realizado varios estudios sobre el poblamiento altomedieval, contando con los estudios de Jiménez Puertas (1999) y Jose C. Carvajal López, quien ha desarrollado una línea de estudio sobre la cerámica altomedieval con un enfoque mucho más amplio, atendiendo a factores como la tecnología para El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 115 diferenciar tradiciones culturales (Carvajal, 2013; Carvajal y Day, 2015; Carvajal y Román Punzón, 2018; Carvajal, 2019). Otros trabajos con un carácter más aislado, pero de igual interés puesto que han sido pioneros en esta temática, son los realizados en la provincia de Málaga: Salado Escaño y otros abordaron comparativamente los contextos de Málaga, Ronda y Morón (provincia de Sevilla) en 2004, Castaño Aguilar en Ronda (2006), Melero García en Cártama (2009), y de forma muy breve, pero con potenciales resultados en el futuro las intervenciones en la Cueva de las Palomas en Teba (Becerra Martín et al., 2018). En el caso de la provincia de Cádiz debemos destacar los trabajos realizados en Algeciras, no solo por la relevancia del enclave para el periodo sino también por la calidad de la publicación (Suárez Padilla et al., 2006). En el ámbito del Estrecho de Gibraltar encontramos una interesante publicación que, aunque no aborde la cuestión de la cerámica, pone en relieve la realidad espacial de este territorio entre época tardoantigua y andalusí (Jiménez Vialas, 2018). A excepción del círculo del Estrecho solo encontramos un estudio desarrollado en la Sierra de Cádiz, en el yacimiento de Torrevieja en Villamartín (Gutiérrez López et al., 2015), una intervención de urgencia en Medina Sidonia que identificó materiales emirales (Rambla Torralbo y Tomassetti Guerra, 2000) y en Vejer de la Frontera en el yacimiento del Esparragal (García Fernández, 2017). La provincia de Sevilla no cuenta con muchos estudios para este periodo a excepción de la aportación de Domínguez Berenjeno en 2006 y Mateos Orozco en 2020. En diversas intervenciones urbanas en la ciudad se han identificado elementos del periodo emiral. Algunos de estos contextos se consideraron en un primer momento para formar parte de este trabajo. No obstante, el cierre del Museo Arqueológico de Sevilla nos obligó a prescindir del estudio de estos materiales. La maqbara de la ciudad de Écija es de gran interés al haberse documentado un uso continuado del espacio desde la Tardoantigüedad al periodo andalusí. Diferentes cuestiones osteoarqueológicas de la misma han sido estudiadas por Zakrewski (2017), aunque sin precisiones cronológicas. Aun así, su aportación al conocimiento de las poblaciones islámicas en la Écija andalusí es crucial. Cercano a la ciudad de Sevilla se encuentra el yacimiento del Campo de Silos Ana Mateos Orozco 116 de la Puebla del Río cuyos materiales, entre los que se observan varios contextos con elementos adscribibles al periodo emiral, formaron parte de una tesina inédita en 2011 (Beca Belmonte). Huelva por su parte presenta también estudios de carácter escaso pero interesantes. En 1981 Lauro Olmo presenta un conjunto cerámico de la ciudad de Niebla que identifica como muy temprano. Recientemente encontramos un completo estudio de las necrópolis y el material cerámico asociado a estas en el yacimiento de la Orden Seminario en la propia ciudad de Huelva (Martín Batanero y Beltrán Pinzón, 2019). Finalmente, para el caso andaluz, la provincia de Almería es probablemente la que cuenta con menor número de estudios para este periodo. Esto puede deberse a que el yacimiento de Pechina (finales del siglo IX – X) ha sido enormemente trabajado, pudiendo suponer que otros periodos hayan quedado infrarrepresentados. Finalmente, Ceuta y Melilla también han sido protagonistas de estos estudios. Aunque geográficamente se encuentren en el norte de África la situación portuaria de ambas y la relación entre este territorio y el sur de Andalucía es notable durante toda la historia. En Ceuta podríamos destacar la publicación de Hita Ruiz et allí donde se realiza una síntesis de la evolución de la ciudad desde la Conquista Árabe (2008) y que además se completa en esta tesis con el estudio de materiales de la Calle Fructuoso Miaja. En Melilla observamos una publicación para la cerámica altomedieval a torno (Escaño et al., 2005) y otra para la cerámica a mano (Escaño et al., 2004). Otros elementos materiales que han sido objeto de análisis en las últimas décadas han sido los precintos de plomo, estos son muestra en muchos casos de pactos de paz o capitulación en algunas ciudades. Son, sin embargo, unos documentos en cierto modo problemáticos al encontrarse en todos los casos descontextualizados y formar parte de colecciones privadas como otros objetos de expolio comunes, las monedas. Tawfiq Ibrahim ha analizado gran cantidad de los precintos conocidos hasta la fecha y en 2017 junto a Philippe Senac han sido publicados en un compendio. A raíz de estos trabajos se están realizando otros de mayor actualidad como el de Tawfiq y Pliego en 2021 o Delgado Blasco en 2020. Esperemos que el próximo paso en cuanto a estos objetos permita el estudio de estos en sus contextos originales. Las monedas han corrido El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 117 prácticamente la misma suerte, especialmente aquellas realizadas en metales de valor como el oro o la plata. Ya hemos mencionados algunos estudios locales sobre monedas, aun así, debemos mencionar algunos títulos que han abordado el tema con un carácter más general como las publicaciones de Fátima Martín Escudero en 2012 o Pliego y Tawfiq en 2018. Figura 9: principales yacimientos mencionados en el texto (1 Huelva; 2 Pechina; 3 Sevilla; 4 Mesas de Asta (Jerez de la Frontera); 5 Torrevieja (Villamartín); 6 Algeciras; 7 Ceuta; 8 Melilla; 9 Cártama; 10 Córdoba; 11 Guardamar del Segura; 12 Mérida; 13 Valencia; 14 Tolmo de Minateda; 15 Granada y Vega de Granada; 16 Marroquíes Bajos (Jaén); 17 Zaragoza; 18 Tarragona; 19 Barcelona; 20 Toledo y entorno; 21 Alicante; 22 Madrid y entorno; 23 León; 24 Pamplona; 25 Estepona; 26 Ronda y entorno; 27 Teba). Ana Mateos Orozco 118 El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 119 Ana Mateos Orozco 126 condiciona todas las expresiones sociales y culturales, se trate o no de población musulmana, puesto que también recoge las interacciones entre creyentes y no creyentes, creemos que el término es equivoco y que por tanto, islam e islamización siguen siendo los conceptos más idóneos, más prácticos y con una significación mucho más amplia para los trabajos sobre Arqueología Islámica y en nuestro caso sobre al Andalus. 4.3. El proceso de la Islamización La islamización, entendida como conversión masiva, se ha tendido a analizar aplicando diferentes modelos explicativos resultantes de los trabajos de Eaton (1993) en el este de Bengal durante la dominación mongola. Presentamos dichos modelos a continuación, tomando como referencia el análisis realizado a los mismos por Carvajal López (2023: 24-26): - Islamización como resultado de la migración: con este modelo se considera que los musulmanes en la región son herederos de los Compañeros del Profeta. Esta explicación es insostenible, también para Eaton, pero se repite en numerosos lugares del mundo islámico generando interesantes genealogías en muchos casos inventadas o modificadas para garantizar el punto de unión con esta primera generación de musulmanes. También ocurre en al Andalus. - La religión de la espada: en este caso las conversiones son forzadas motivadas por un cuerpo armado de invasores. Este modelo también falla puesto que nunca explica los procesos para forzar la conversión o los procesos históricos. Así mismo, deberían coincidir los centros de poder con los lugares con mayor número de musulmanes, y no es así. - Religión de patronazgo social: en este modelo las conversiones tienen lugar con el objetivo de obtener cierto prestigio social o algún beneficio. Fallaría al tratar de explicar las conversiones masivas. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 127 - Religión de liberación social: este sistema fue postulado en el caso concreto de la India en el que el sistema social resultante del Islam es más igualitario que el sistema de castas, siendo por tanto más favorable para la población. Es una explicación altamente plausible, aunque no en toda la geografía islámica, pero también falla, ya que se ha podido comprobar que existe un mayor número de musulmanes en aquellos lugares donde el sistema de castas no está tan fuertemente establecido, siendo por tanto contradictorio. Pese a que son de gran interés, fallan en general al ser explicaciones reduccionistas y generalistas, no reconocen la complejidad implícita en los sistemas de creencias y la flexibilidad que estos pueden presentar ante circunstancias históricas de carácter muy variado, además parecen ignorar la propia iniciativa interna de los individuos (Carvajal López, 2023: 25-26). Aun así, presentan bases analíticas interesantes y sugerentes, aunque se deban matizar y adaptar a los condicionantes históricos, sociales y culturales de cada región. En el caso de la península ibérica podríamos referirnos a diferentes mecanismos por los cuales la población se islamiza en el sentido estrictamente religioso. Los resultados sociales de la islamización podrían describirse como una tensión entre dos tendencias, un alto grado de autonomía económica y política que facilitaba las relaciones fluidas entre diferentes comunidades e identidades, dando como resultado la fusión de sus prácticas sociales (Carvajal López, 2013: 62-63). Algunos autores en el ámbito peninsular han querido ver paralelos en el proceso de aculturación con procesos colonialistas, dejando claro que no se refieren al proceso colonial europeo del siglo XIX sino a diferentes momentos históricos con las características descritas. Así se han establecido cuatro factores que componen cualquier causa colonial (siguiendo a Finley, 1976: 184 en Ortega Ortega, 2018: 43-47): - Inmigración a gran escala de colonos desde la metrópoli. - Apropiación de tierras por la fuerza. - Control colonial de la fuerza de trabajo autóctona. - Control político y económico de los asentamientos coloniales por parte de la metrópoli. Ana Mateos Orozco 128 Aunque analizar la conquista de al Andalus con esta herramienta puede ser interesante, no creemos que aplicarla sea tarea sencilla. En primer lugar, la migración mayoritaria a al Andalus no se realiza desde la metrópoli, sino desde diferentes puntos de Siria, Palestina y en general el norte de África. Por otro lado, ¿qué lugar deberíamos considerar metrópoli? ¿Damasco durante la dinastía omeya? ¿Posteriormente Bagdad? Además, aunque se da cierta apropiación de tierras y reparto de botín entre los llegados, los diferentes pactos permitirán a las oligarquías locales mantener gran parte de sus privilegios. Finalmente, en cuanto al control de los trabajadores y el control político y económico, tampoco consideramos que sea aplicable ya que no hay ningún control de la producción desde oriente. Así mismo, en los centros de gobierno de estos momentos, en este caso Damasco, tomarán decisiones sobre cuestiones políticas y económicas a nivel muy general, dejando la mayor parte del control sobre los emires y posteriormente califas designados en el territorio. Descartamos por tanto la acción colonial en al Andalus en el sentido estricto de la misma, sin olvidar cuestiones de interés como la llegada de nuevas poblaciones a través de migraciones continuas y en ocasiones masivas. 4.4. Otras cuestiones para tener en cuenta: la migración La palabra migración ha resonado en todo este capítulo al igual que lo hace en los estudios sobre al Andalus continuamente. Es un proceso esencial para entender la configuración de la sociedad andalusí como una sociedad islámica en escasamente cien años. Consideramos que debemos tener en cuenta procesos como este, especialmente desde la perspectiva arqueológica, ya que nos permiten rastrear evidencias no antes observadas a través de las fuentes escritas tradicionales. Uno de los procesos de mayor calado en al Andalus, y prácticamente obviado en las lecturas sobre el periodo, es la fuerza de las migraciones. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 129 Tradicionalmente la migración se ha analizado en materia de identidad y con el objetivo de evidenciar a las primeras poblaciones mencionadas en las fuentes escritas. Así, se pretendía no solo localizar, sino también diferenciar, a árabes y bereberes en el territorio andalusí a través de su cultura material, sin mucho éxito. Las atribuciones tradicionales sobre la dispersión de los recién llegados al territorio se basaban en cuestiones toponímicas unidas a las fuentes escritas. La arqueología se presuponía como la herramienta para dar respuesta a estas hipótesis, aunque no ha aportado claridad con respecto al tema hasta la fecha. Se han redefinido aspectos realmente interesantes, y en coherencia con lo expuesto sobre el Islam, que permiten entender la variabilidad presente en los registros materiales, entendiendo que las poblaciones no son tan estáticas y cohesionados como se presuponía (Castaño Aguilar, 2023: 1-3). Ejemplo de ello es la versatilidad de las tribus bereberes, siendo la diversidad la característica principal en estas poblaciones. Así, encontraríamos grupos fuertemente cohesionados y con características comunes, pero diferenciados de otras tribus bereberes con sus propias costumbres y características (Sarr Marroco, 2013: 2019). Queremos aclarar que no pensamos que la cultura material pueda remitirnos directamente a grupos concretos y nos permita con ello identificar de manera sencilla al origen de estos nuevos pobladores. Nuestra aproximación busca identificar tanto patrones comunes como patrones novedosos, observar cambios que junto a otros datos de interés nos permitan crean conjuntos materiales que bajo estas perspectivas nos ayuden a aportar nuevas interpretaciones. Diferentes estudios sobre procesos migratorios nos permiten partir de una base analítica para este proceso. Las migraciones son por lo general procesos a largo plazo y de manera muy irregular; cuando hay migraciones masivas y rápidas es cuando posiblemente estemos ante una situación extraña (Anthony, 1997; Vajda, 1973-73: 8- 15 en Burmeister, 2000: 540). Este es el caso de las migraciones tras la conquista islámica, puesto que suponen un importante aporte poblacional a la península ibérica y un notable impacto social y cultural. Ana Mateos Orozco 130 En al Andalus las migraciones están probadas tras la conquista por las fuentes escritas y por la presencia de poblaciones norteafricanas en cementerios excavados en diferentes lugares como Pamplona 10 . Aun así, el impacto de estas migraciones no se ha tenido en cuenta con especial interés en el estudio del periodo post conquista. Así, no conocemos ni siquiera un número aproximado de los nuevos pobladores que llegaron a la península durante el siglo VIII, aunque queda bastante clara su influencia en el cambio cultural producido y por supuesto en la generalizada tendencia de crecimiento demográfico (Carvajal López, 2019: 329-330). Los primeros migrantes probablemente cuenten con sus propios elementos materiales en un primer momento, aunque una vez asentados posiblemente se adaptan a las condiciones que encuentren. Aun así, se observarán resistencias en ciertas esferas privadas, tanto en el caso de las influencias foráneas a las locales como al contrario. (Burmeister, 2000: 541-542). La migración no es la explicación coyuntural del cambio en la cultura material, pero sí que es un factor determinante para considerar en estos trabajos. De hecho, es mucho más relevante en nuestro caso conocer el impacto y la contribución de estos migrantes en la creación de esta nueva sociedad que otros aspectos como por ejemplo el número de los mismos (Carvajal López, 2019: 330). Las migraciones y el movimiento humanos en general son procesos con muchas capas de análisis. Identificar la migración a través de la arqueología no es sencillo, por ello hay que ir a aquellos elementos que demuestran tener mayor resistencia al cambio: la arquitectura residencial, la cerámica doméstica y diferentes cuestiones de raíz tecnológica (Rapoport; Stark et al 1995 en Burmeister 2000). Las migraciones en al Andalus no fueron ni homogéneas ni monolíticas, por lo que a la hora de sus análisis hay que partir de una base heterogénea que, sumada a la propia variabilidad del islam y de las propias poblaciones, tanto locales como foráneas, da lugar a un fenómeno con una alta diversidad que debe ser entendida como una característica más de este periodo y como una herramienta metodológica más (Carvajal López, 2019: 331). 10 Mayor información sobre estos procesos documentados en la península pueden leerse en el capítulo 5.2.2. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 131 Ana Mateos Orozco 132 5. CONTEXTUALIZACIÓN GEOGRÁFICA Y TEMPORAL 5.1. introducción. El periodo central que aborda este trabajo es, como se ha mostrado, el siglo VIII, comenzando por la llegada de los musulmanes a la península ibérica y continuando con el análisis de la influencia de esta nueva población, o poblaciones, en el territorio, en los locales, en sus modos de vida y expresiones culturales. No obstante, creemos esencial conocer el periodo precedente a la llegada de los musulmanes a la península ibérica. Nos referimos no solo a la situación de la península durante el último siglo visigodo, sino también al desarrollo del islam en los escasos 100 años desde su surgimiento en la península arábiga hasta su expansión por todo el Mediterráneo. Consideramos, por tanto, crucial entender el siglo VII en toda su dimensión geográfica y temporal, puesto que los acontecimientos intrínsecamente relacionados con el inicio del Islam en oriente, determinan y condicionan el desarrollo de los siglos VII y VIII en la península ibérica con sus propias cuestiones y características. Por otro lado, somos conscientes de cómo las distintas explicaciones sobre causas y condicionantes de la conquista islámica de la península ibérica dependen del enfoque con el que se observen estos hechos. Como se puede ver en el capítulo 2, son numerosas las interpretaciones que revisitan estos hechos, otorgando en algunos casos mayor peso a los contingentes militares, en otros tachando a la conquista de mera casualidad, o incluso señalando una posible no-conquista 11 . En nuestra opinión, atendiendo a los datos de los que disponemos, consideramos que queda claro que, pese al establecimiento de pactos y capitulaciones, bajo el gobierno del califa omeya al-Walid I (705-715) se produce uno de los mayores momentos de la expansión islámica. La conquista fue un hecho militar y bien organizado, aunque muchos autores dejen entrever la escasa preparación. La obtención y el incremento de riquezas es una de las constantes de la expansión omeya, observándose como la 11 Sobre las hipótesis negacionistas, tal y como señalamos en el capítulo 3, no realizaremos mayor análisis, ya que consideramos que estas son confusas y obvian la materialidad, y con ellas las lecturas arqueológicas de dicho proceso. Quedan por tanto excluidas en nuestro discurso. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 133 motivación de las conquistas es conseguir botín e ingresos (Chalmeta Gendrón, 2003: 95-115). A pesar de que la comunidad científica avala y acepta esta interpretación de manera generaliza en su mayoría, presenta aun así una problemática específica a la hora de su estudio al encontrarse profundamente politizada y cargada de valoraciones ideológicas. Esto ha condicionado que muchas de las interpretaciones sobre este periodo sean sumamente contradictorias. Las aportaciones peninsulares a la conquista pueden verse desde dos puntos de vista: desde un punto de vista nacionalista y que minimiza la acción árabe y la influencia cultural posterior y otra que enfatiza la importancia de los acontecimientos del 711 como cruciales en el desarrollo de la historia nacional (Martínez Núñez, 2011: 21-35). Chalmeta Gendrón (2003: 71-72) observa diferentes interpretaciones y aproximaciones y las resume de la siguiente manera: - Iudicum Dei: es la imperante en la historiografía y explica la “pérdida de España” como un castigo divino. - Ruina o caída de Hispania o “España” (en la historiografía más tradicional): es la más seguida por la historiografía occidental actual y explica el fin del Reino Visigodo por su propia inconsistencia interna, problemas políticos, militares, sociales, etc. La problemática en esta interpretación es que relega el factor de la expansión islámica a un segundo plano, incluso a una casualidad coincidente en el tiempo y el espacio. - Fath al-Andalus o Conquista de la península ibérica: esta es la versión comenzada a partir de la propia visión de los cronistas árabes. En esta interpretación, la conquista forma parte de todo un proceso mayor de carácter internacional, partiendo de toda una política expansionista comenzada en Damasco. Esta interpretación nos permite entender la conquista como un hecho desde fuera del marco de la península ibérica y el marco tardoantiguo europeo occidental. La historia y la predisposición hispana quedan reducidas aquí a una escasa influencia. Atendiendo a todas las corrientes explicativas propuestas, en el estado actual de la investigación, podemos ser conscientes de diferentes condicionantes y factores a la hora de explicar la conquista islámica y su posterior reflejo en las poblaciones Ana Mateos Orozco 134 peninsulares. Entendemos, a nuestro parecer, como elementos clave a la hora de explicar el fenómeno: - la intencionalidad expansiva de la conquista islámica desde la península arábiga y posteriormente Damasco y Bagdad. Restar relevancia a este hecho, desdibuja y complejiza la comprensión de conceptos clave. Si no entendemos la conquista desde la península arábiga, y vinculada por supuesto al Islam, no podemos explicar la rápida expansión y la amplitud geográfica. - La situación interna social y política de la península ibérica. No es la península el único territorio en crisis interna o desintegración, parece ser un hecho común en diferentes puntos del Mediterráneo que serán finalmente tomados por el Islam. Este hecho por supuesto facilitó la rápida y fácil conquista, pero no minimiza la iniciativa expansiva tomada desde oriente. Es por ello, que en este apartado atenderemos a la expansión del Islam buscando una óptica más amplia que recoja este proceso en el ámbito mediterráneo desde la península arábiga, entendiendo los condicionantes y factores internos y externos que pudieron propiciar, motivar e incluso facilitar la conquista. Asumimos los diferentes hechos históricos con una visión de conjunto, asumiendo la interrelación de los diferentes hechos históricos. Nos referimos con ello a situación política o social, condicionantes climáticos, etc. Finalmente, realizamos un breve repaso sobre las evidencias arqueológicas conocidas de la llegada del Islam en los territorios mencionados. El objetivo de este apartado es en primer lugar mostrar la evidente materialidad, aunque a veces sutil, del Islam en los nuevos lugares anexionados. En segundo lugar, buscamos evidenciar la existencia clara de una expansión y conquista de territorios claramente enmarcadas en un movimiento eminentemente religioso en contra de aquellas posturas negacionistas o que restan importancia al componente islámico. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 135 5.2. El surgimiento del Islam. Se podría situar el nacimiento del Islam en Medina en el 622 (Chalmeta Gendrón, 2003: 76-95). Pese a que existe controversia sobre cuándo surge el Islam, llegando a existir autores que no sitúan este momento hasta al menos el periodo abasí, hay suficientes evidencias, tanto materiales como escritas, que mencionan la figura de Mahoma en el 623. De manera que, pese a que por supuesto, el Islam no se configurase como la religión que conocemos actualmente hasta tiempo después, podemos situar sus orígenes y comienzo a principios del siglo VII. Mahoma aparece mencionado en fuentes coetáneas de autores cristianos, en las fuentes árabes no aparece hasta medio siglo después. Tomás el Presbítero en el siglo VII menciona a Mahoma y la destrucción llevada a cabo por los sarracenos. Otro texto griego, anónimo, también del siglo VII habla del “falso profeta”. Finalmente, el obispo Sebeso, en Armenia, narra una historia muy similar a la que recogerá posteriormente en el Corán (Hoyland, 1997 en García Sanjuán, 2021: 22-28). Como se ha expuesto, en las fuentes árabes no aparecerá Mahoma hasta prácticamente finales del siglo VII. La primera mención es a través de las acuñaciones monetales en Bisapur, Farhs, aproximadamente en el 685-687. En ellas se puede leer la profesión de fe: “en el nombre de Dios, Mahoma es su profeta” (Hoyland, 2017: 122). Su figura sería sometida a revisión y modificaciones a lo largo de los años hasta llegar a ser un modelo con una biografía y comportamiento ejemplar y canónico para la religión, que fuera por tanto el modelo que se transmitiera. Así, la primera biografía canónica es la de Ibn Ishap en el 760, conservándose en la versión de su hijo de principios del siglo IX. También del siglo IX es la obra de Ma’mar ibn Rasid, transmitida a partir de “El libro de las expediciones” en el 827 por ‘Abd al-Razzaq al- San’ani. Estas obras son fundamentales para entender por qué las primeras generaciones atribuyen un valor tan elevado a la actividad bélica del profeta (García Sanjuán, 2021: 26-28). En estas primeras obras se recogen los varios periodos de la predicación de Mahoma, comenzando por una primera etapa sin acción violenta en la que muchos de sus seguidores sufren diferentes castigos. Esta primera predicación suponía la prohibición de venerar a los dioses de la Kaaba, lo que generaría sin duda un choque muy grande Ana Mateos Orozco 142 Figura 11: fresco de los reyes vencidos por el Islam en Qusayr 'Amra (Jordania). Quizá uno de los elementos más llamativos y representativos del Islam temprano y en concreto de los Omeyas en este territorio sean los castillos del desierto, que pueden localizarse en Siria, Palestina y Jordania principalmente. Fortalezas militares situadas como bien indica su terminología en el desierto, con características formales y arquitectónicas muy similares entre sí, predominando las plantas cuadrangulares. Si bien, muchos de ellos parecen datarse ya en el siglo VIII y se relacionan directamente con las aristocracias omeyas (Genequand, 2018). Aunque parecen tener ciertos precedentes en construcciones similares preislámicas, presentan características diferenciadoras, los castillos omeyas suelen situarse en los límites del desierto, sin observarse claramente vinculación alguna con espacios agrarios, y en áreas previamente controladas por tribus árabes (Northedge, 2009: 249-250). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 143 Figura 12: castillos omeyas en Umm al-Walid. En cuanto a la cerámica, son diferentes los trabajos que han abordado este elemento, destacando los trabajos de Walmsey (2007) en Siria y Palestina. Jordania se rinde al ejército musulmán en el 630, aunque no se evidencias cambios notables en la administración ni en ningún otro elemento hasta el siglo VIII, al igual que en los materiales que se observa continuidad (Rattenborg y Blanke, 2017: 312-332). Este autor observa que los cambios acontecidos en el siglo VII son prácticamente invisibles, sin identificarse cambios en el repertorio cerámico hasta al menos tres generaciones (Walmsey, 2007: 48-49). Aun así, algunos autores indican que, en lugares como Ana Mateos Orozco 144 Amman, Dhiban o Siyagha, cerámicas características omeyas hayan sido interpretadas como bizantinas (‘Amr, 1988: 247-254). El comercio mediterráneo, preponderante con el Imperio Bizantino, parece tener su fase final a partir del siglo VI (previo a la expansión islámica) y continuará hasta bien entrado el siglo IX, de manera que los tipos predominantes continuarán siendo las formas de origen bizantino. Aunque como bien mencionamos, los cambios son mínimos, sí que se observan ciertas modificaciones desde el siglo VII, por ejemplo, en las jarras. La cerámica pintada en rojo aparece por primera vez en Jarash a principios del siglo VIII (Walmsey, 2007: 50-56). A partir de mediados-finales del siglo VIII aparecerán nuevos tipos cerámicos, destacando la cerámica de Samarra, conocida como Cream Ware, asociada de manera directa a la nueva Dinastía Abasí, que sí supondrá un cambio total en los repertorios conocidos. Se conocen bien diferentes centros de producción y yacimientos como Jarash y Pella. El terremoto del 749, coincidente con el cambio de dinastía, permite fechar con bastante precisión los repertorios anteriores y posteriores a este suceso (Khalil y Kareem, 2002: 111-150). Figura 13: comparación de la cerámica omeya oriental y la andalusí. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 145 Así, podemos confirmar que el cambio tecnológico en la cerámica mediterránea no tiene lugar de manera determinante hasta al menos el siglo IX. Algunos autores han explicado y relacionado estos cambios a partir de la adopción de los modos de fabricación y tecnologías iraníes, desde la nueva capital, Bagdad. La cerámica que veremos en este territorio continuará siendo la local, pervivencias de las formas tardoantiguas y bizantinas hasta el siglo IX. Desde la aparición de las nuevas formas sí que veremos una mayor preferencia por estas nuevas cerámicas ya consideradas islámicas (Walmsey, 2006: 48-70). Los primeros vidriados no aparecen en el área levantina hasta mediados del siglo VIII e incluso principios del IX, determinados de las conexiones tanto con oriente. Por un lado, llegaran los vidriados de Samarra, con vidriados blancos y barbotinas azules y verdes. Tienen su origen en los prototipos sasánidas del sur de Iraq. Por otro lado, los vidriados coptos egipcios, las llamadas “coptic wares” cuentan con vidriados claros o verdes, con líneas o guirnaldas en negro. La relación entre estos espacios es continua desde mediados del siglo VII en lugares como Aqaba con contacto directo con las producciones vidriadas de Alejandría. Desde el VIII y principios del IX, también se observa interrelación entre Hijazi, Fayyumi y las cerámicas policromas de Samarra (Whitcomb, 1989: 167-182). En el caso norteafricano la arqueología detecta cambios desde el siglo VIII tanto en el medio rural como en el medio urbano, aunque, al igual que ocurre en la península ibérica, desde el siglo IX todos estos procesos se acelerarán siendo mucho más evidentes. En este caso, el siglo IX en el medio rural parece mostrar una continuidad agrícola desde época tardoantigua, pero con cambios notables que muestran la recuperación de una crisis o momento de retroceso. En cuanto al nivel urbano, la situación será muy diferente en las distintas ciudades, puesto que la casuística es muy variada. Por supuesto, no podremos comparar la evolución documentada en lugares como Kayrouan, de nueva fundación, con lugares como Walila, Volubilis, con continuidad, o Cartago, que se abandona. Es interesante observar en algunos de estos núcleos las formas de ocupación de los nuevos pobladores, por ejemplo, en Walila el espacio de habitación de época medieval/islámica se localiza fuera del núcleo tradicional romano, ocupando un área periférica y permitiendo la coexistencia de dos Ana Mateos Orozco 146 poblaciones diferentes en estos momentos de formación y cambio (Fentress et al., 2020: 213-228). Como mencionábamos, desde el siglo VIII se detectan cambios, algunos rastreables hasta el siglo VII en relación con la crisis del comercio mediterráneo unida a la situación en Oriente Medio, que hemos mencionado previamente. Se reduce la producción de ARSW (African Red Slip Ware) aunque se mantendrá en centros como Nabeul, pese a que sus producciones sean ligeramente diferentes especialmente en cuanto a la calidad. Así mismo se observará la introducción de nuevas formas y tipos de cerámica de cocina realizadas a mano y tornera que nos indica la aparición de técnicas de producción locales o domésticas. Otro dato de interés para la cerámica del siglo VIII es una reducción en el volumen y el tamaño de ciertas formas como las ánforas. La cerámica por supuesto estará condicionada no solo a presiones comerciales sino también a presiones socioculturales, desde el siglo IX se observará la estandarización de nuevas formas como las jarritas de una o dos asas muy comunes en el Norte de África, pero también en la península ibérica o Sicilia (Fenwick, 2020). 5.3. La llegada a al Andalus El reino visigodo se encontraba en un proceso de descomposición en el momento de la conquista islámica. En el marco político, los diferentes destronamientos, sublevaciones y rebeliones suponen que, desde el reinado de Wamba, en el 672, hasta la conquista, se dieron al menos 5 sublevaciones con nombramiento de nuevos reyes. Esto ha llevado incluso a especular que el nombramiento de Rodrigo fuera algo similar. Tras la muerte de Witiza, en torno al 710, tiene lugar una división del poder, Rodrigo toma el poder de la península y pasa a la historia tradicional. Por otro lado, las acuñaciones con el nombre de Agila en el área nordeste de la península, indican una posible escisión de este territorio bajo el mando de Agila II (García Sanjuán, 2021: 39-41). La situación interna del Reino Visigodo no dista de las ya presentadas para otros territorios conquistados por el Islam. Una población mermada, con una demografía bastante baja, El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 147 algo que además explicaría la escasez del registro arqueológico en ocasiones, la desmembración de las ciudades y entre otras cosas, la rápida y efectiva migración de musulmanes a la península durante todo el siglo VIII. Se conoce la sucesión de diferentes hambrunas desde finales del siglo VII y principios del VIII, además de una epidemia de peste bubónica en el 693. Las fuentes indican cómo en este periodo posiblemente muriera la mitad de la población. Se observa también una pérdida en valor de la moneda, un cuadro depresivo motivado por la escasa productividad de la mano de obra no-libre sometida al pago de tributos en especie, a una demografía deficiente y a técnicas de cultivo insuficientes. Obviamente, todo ello influye en el plano social dándose una continua fuga de los esclavos, marginación de los grupos más desfavorecidos, se extiende el bandolerismo. Como vemos, estaríamos ante una situación límite a nivel social, habiéndose incluso documentado en las fuentes escritas un alto número de suicidios, siendo este uno de los temas abordados en el Concilio de Toledo de 693 (Chalmeta Gendrón, 2003: 72-76). Parece existir cierta relación entre esta situación crítica a nivel social y diferentes condicionantes climáticos en el ámbito geográfico que tratamos. Se documenta una actividad volcánica inusual y de gran calado durante la segunda mitad del siglo VII y principios del VIII. Que parece influir en un notable cambio en el clima en diferentes regiones de Eurasia, especialmente en el área occidental, suponiendo toda Europa, el Mediterráneo y la Península de Anatolia, al menos. No obstante, los datos son hasta la fecha parciales y esta investigación se ha realizado en toda la amplitud geográfica a la que probablemente afectara. Estos cambios están correlacionados con las diferentes hambrunas, plagas, pestes e inclemencias climáticas que relatan las fuentes escritas, así como agitación social. Todos estos factores están por supuesto interrelacionados, un clima desfavorable no garantizaría la producción agrícola esperada y necesaria para abastecer a la población. Esta situación tendría un reflejo claro en la población, en sus formas de producir y por supuesto en las cantidades, con ello se incrementará la posibilidad de sufrir hambrunas y se reducirá la actividad comercial. Como consecuencia tendrá lugar un prolongado y generalizado malestar social, dando lugar a numerosos conflictos e inestabilidad interna (Kostic y Ludow, 2015: 7-30; Haldon, 2019: 200-206). Ana Mateos Orozco 148 Reconstruyendo el proceso de la conquista a partir de las fuentes más fidedignas sobre la misma, podría situarse el pacto de Tariq con el conde Julián en el 710. Esta fecha significaría sacar de la ecuación el relato de carácter mítico sobre la hija de Julián y el rey Rodrigo (Chalmeta Gendrón, 2003: 116-117). Esta leyenda explicaba cómo tras abusar el rey Rodrigo de la hija de Julián, este para vengarse, contactaba con los árabes, ayudándoles a conquistar la península. Las fuentes escritas otorgan diferentes causas a la conquista, míticas y de carácter fantasioso en muchos casos. Atendiendo a las distintas narraciones sobre la conquista, los sucesos serían los siguientes: en el 710 se toma Ceuta y se pacta con Julián, que aportará naves para facilitar el cruce del Estrecho. En el 711 se producen unas primeras incursiones, entre las que destaca la algara de Tarif en Tarifa y territorios cercanos, más tarde desembarca Tariq en Gibraltar, derrota a Rodrigo y llega hasta Toledo. Finalmente, en el 712 llega el general Musa. La presencia de Musa se enfatizará especialmente en fuentes escritas posteriores que buscarán reclamar el componente árabe frente al bereber, reclamarán un Musa más activo en la toma de decisiones. Esto puede explicar la necesidad de llamar la atención sobre un Musa que cruza el Estrecho para enfrentarse con Tariq por haber cruzado previamente sin su permiso (Chalmeta Gendrón, 2003: 115-120). El cruce del Estrecho se realizó siguiendo la ruta tradicional, usada incluso hasta la actualidad. Es la misma ruta que usaron los vándalos y que usarían posteriormente almorávides, almohades, benimerines, las tropas de Franco y las líneas de ferris actuales. Aun así, el desembarco sufrió cambios de última hora, puesto que las fuentes hablan de una guarnición de cristianos/godos en el lugar de la Bahía de Algeciras donde pretendían desembarcar, viéndose obligados a desembarcar en un lugar más seguro, a las faldas del peñón de Gibraltar. El primer paso es la toma de Carteia y posteriormente Algeciras, seleccionada como lugar central (Chalmeta Gendrón, 2003: 120-135). Teniendo en mente la posibilidad de que esta área del estrecho, y especialmente Algeciras y Ceuta, pudieran haber formado parte de la misma jurisdicción, una especie de provincia bajo el Conde Julián (Bernal Casasola, 2018: 114), no sería extraño entender el fácil asentamiento de las tropas en Algeciras. Desarrollamos este apartado con mayor detenimiento en el capítulo 6, donde trataremos la ciudad de Algeciras. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 149 Sabemos además que la Iulia Traducta visigoda y bizantina no se ocupa, sino que observamos un nuevo asentamiento al sur del río de la Miel. Es interesante que la mayoría de las fuentes mencionan a Carteia en este proceso, y hasta el momento esta ciudad no parece mostrar evidencias ningunas ni de ocupación tras la conquista, ni de posible destrucción o abandono tras la misma. Por supuesto esto, como en todos los casos arqueológicos, puede deberse a un sesgo en la investigación. Opinamos esto principalmente motivados por la información de yacimientos similares como Italica (Sevilla) o Asta Regia (Jerez de la Frontera), lugares en los que revisiones recientes del material han permitido conocer su perduración durante época islámica. En Italica, pese a que el núcleo queda mermado y probablemente continue como alquería o un enclave de carácter agrario, se constata ocupación hasta época almohade (Mateos Orozco et al., 2022: 455-463). En el caso de Asta Regia, sí perdura como ciudad, apareciendo mencionada en las fuentes y documentándose material arqueológico hasta al menos el siglo XII (Borrego Soto, 2018; Mateos Orozco, inédito). Se establece por tanto Algeciras como campamento base de las tropas de Tariq, presuponiendo además que los bereberes (supuestos 12000 soldados según las fuentes) llegarían poco a poco, al no existir embarcaciones tan grandes (Chalmeta Gendrón, 2003: 135). Una vez controlada Algeciras y su entorno tiene lugar el enfrentamiento con los visigodos. Actualmente el lugar más idóneo a imaginar para este encuentro es la Laguna de la Janda, debemos señalar que, pese a la idea generalizada de la Batalla del Guadalete sucediéndose en el homónimo río, a finales del siglo XIX esta no era la interpretación predominante, existiendo ya entonces debate sobre el asunto (Mateos Orozco, 2018: 55). Un sinfín de interpretaciones que han pecado en muchos casos de la necesidad de atribuir a un territorio un hecho histórico concreto. La mención al Wadi-Lakko ha llevado a interpretar este lugar, al encontrarse en el entorno de Medina Sidonia, como el Guadalete. Diferentes interpretaciones a lo largo de los siglos XIX y XX han revisado el tema atribuyendo la batalla al río Guadalete, Barbate, a los diferentes ríos Salados, atendiendo a la mención de unas salinas, a Ana Mateos Orozco 150 diferentes tramos de los diferentes ríos, etc. De todas las propuestas, son tres las que parecen más fiables atendiendo a la fuente originaria de la que proceden: la que indica la batalla en las montañas Transductinas (Crónica Mozárabe de 754), la que la sitúa en el río Umm Hakim (citado por al-Hakam) y finalmente en el Lago, Lakko (la versión del Ajbar Machmua). No obstante, el término Lakko podría hacer alusión a la Bahía de Algeciras, de manera que una solución óptima para las tres interpretaciones sería el Guadarranque, puesto que no se conoce el nombre posterior del río Umm Hakim, el Guadarranque se sitúa en el entorno de Traducta y por tanto en los montes transductinos y finalmente, todo este entorno se encuentra en la Bahía de Algeciras (Beneroso Santos, 2020: 19-25). Sea como fuere, las fuentes parecen situar la batalla en cercana a Iulia Traducta, Algeciras, en el entorno de la Laguna de la Janda y los ríos Barbate y Guadarranque. Este espacio sería favorable para el ejército de Tariq, cerca de sus bases y desde donde estarían preparados para la defensiva (Chalmeta Gendrón, 2019: 23). Coincidimos en localizar este enfrentamiento en el entorno de Algeciras ya que, en primer lugar, este espacio se encuentra mucho más cercano a Algeciras que el Guadalete, en segundo lugar, sus condicionantes físicos lo configurarían como un espacio mucho más propicio y favorable para la batalla para el ejército musulmán. Por otro lado, teniendo en cuenta la narración de la conquista, las ciudades tomadas por Musa, es decir después, destacando Medina Sidonia, se encuentran al norte de este lugar, algo que por supuesto podría explicarse una vez tenido el control de toda la parte sur de la actual provincia de Cádiz. Coincidiría esto a su vez con el supuesto limes bizantino, cuya frontera se ha establecido al sur del Guadalete a la altura de la citada Medina Sidonia. Tras la Batalla del Guadalete, el Barbate o la Janda, Tariq avanza de manera continua tomando diferentes ciudades en su paso hasta llegar a Toledo. Algunas batallas y ciudades serán decisivas, destacando entre ellas la toma de Écija. En el 712, escasos meses después de su llegada, cruza el estrecho el general Musa ibn Nusayr, quien realiza una acción similar hasta encontrarse en Toledo con su subordinado. Los recorridos seguidos por ambos, así como los diferentes acontecimientos sucedidos en este momento han sido recogidos en las fuentes, encontrándose multitud de relatos El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 151 controvertidos y cargados de leyendas y por supuesto, contenido propagandístico. Es por ello que no dedicaremos mucho más a estos sucesos, y solo se atenderá a cuestiones concretas en cada uno de los casos de estudio a tratar. Musa tomará un camino diferente, centrado en tomar el espacio suroccidental, de manera que marcha hacia Sevilla, toma Medina Sidonia en el camino y tras tomar Sevilla, algunos autores lo llevan hacia Beja y otros hacia Mérida. La mención en las fuentes a la segunda toma de Sevilla y la huida de los ciudadanos a Beja podría hablarnos de un segundo recorrido por parte de Musa o sus subordinados, para tomar aquellas ciudades que no lo habían sido antes, por ejemplo, Beja. Esto permitiría que ambos relatos y ambos recorridos fueran veraces (Chalmeta Gendrón, 2003: 170-173). Es interesante comparar estas ciudades mencionadas con los precintos de plomo que han aparecido, casi todos se corresponden con las ciudades tomadas por Musa, coincidentes además como ciudades cabeceras en el territorio. Podría esto suponer que estas ciudades que se toman mediante pactos por capitulación, paz o cualquier otro método de pacificación son las vertebradoras y principales en el territorio. Los pactos supondrían un control más férreo y organizado del territorio, y beneficiarían a ambos bandos, garantizando el mantenimiento de las ciudades y su no destrucción a la vez que su sometimiento. Algunas de las ciudades documentadas con pactos mediante precintos de plomo son: Medina Sidonia, Sevilla o Córdoba (Ibrahim, 2011: 147-160). Es interesante que las fuentes solo inciden en la captura del gobernador cristiano de Córdoba, dejando claro la normal general de pactos, capitulación y en algunos casos, huida (Chalmeta Gendrón, 2019: 26). Ana Mateos Orozco 254 encontramos la mayor concentración de restos antracológicos y faunísticos, todos ellos con evidencias de haber estado expuestos al fuego. Aparece por supuesto cerámica, que presentamos a continuación, y un felús de AE que permite situar la fosa en el periodo emiral. En cuanto a la UE 111 sabemos que es el mismo relleno que la 112 pero en su extremo suroriental. No posee más de 5 o 10 cm de espesor, al igual que indicábamos en la 112 para su extremo este. No existían restos de carbones, aunque sí de cenizas y por supuesto cerámica, que también se presenta a continuación. Figura 28: planta de la intervención en Calle Juan Morrison. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 255 Figura 29: felus encontrado en la internvención en Calle Juan Morrison 8.3.1. LA CERÁMICA DE LAS UUEE 111 Y 112 DE LA CALLE JUAN MORRISON 4-6. Comenzamos por este par de unidades atendiendo a la descripción realizada por los arqueólogos que realizaron la intervención y que las consideraron un mismo conjunto separado por un muro realizado posteriormente. Teniendo ello en cuenta, las unificamos y tratamos como un mismo conjunto, aunque mantendremos la clasificación de los elementos con sus siglas originales para facilitar posibles revisiones en el futuro. Así mismo, tendremos en cuenta a la hora del análisis su realidad como conjuntos separados ya que en algunos casos, como se verá por ejemplo en el cálculo del CI, aportan mejores datos al analizarse de manera individualizada. Así, ambas unidades se conforman por un total de 26 fragmentos analizados, de los cuales 17 son elementos diagnósticos, con forma claramente identificable (8 registros de la unidad 111 y 9 de la unidad 112). Son mayoritarios, y prácticamente iguales en número los elementos de los grupos cocina y mesa, siendo 7 y 6 elementos en cada grupo respectivamente. No encontramos en este caso ningún elemento de los grupos almacenamiento y auxiliar, pero sí un único candil, es decir grupo iluminación. Ana Mateos Orozco 256 Figura 30: gráfico con los registros totales de C/Juan Morrison En el grupo cocina encontramos 6 ollas y una posible cazuela. En el grupo mesa se observa cierta variabilidad en las formas de los objetos, de manera que aparecen jarros, jarras y mayoritariamente jarritas. Figura 31: registros totales por tipo de objeto de la C/Juan Morrison El uso del torno es mayoritario en todos los grupos, únicamente apareciendo formas realizadas a mano en el grupo cocina, encontrando una olla y una cazuela, que 44% 50% 6% Nº REGISTROS TOTALES UUEE 111 Y 112 POR GRUPOS Cocina Mesa Almacenamiento Auxiliar Iluminación 19% 6% 25% 38% 6% 6% Nº REGISTROS Jarro Jarra Jarrita Ollas Cazuelas Candil El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 257 coinciden además en ser de la unidad 111. Aun así, creemos que por lo escaso del registro pueda ser una casualidad. Figura 32: comparación de modelado mano o torno atendiendo al grupo funcional en las UUEE 111 y 112. Encontramos variedad de pastas en los diferentes grupos. De esta manera en el grupo cocina observamos pastas del tipo A2, A3, A4, A6 y A11. En el grupo mesa se dan las pastas de tipo A7, A11, A13 y A14. A pesar de que en este grupo los tipos A7 y A11 solo se dan en la UE 111, la pasta A11 también aparece utilizada en la cerámica de cocina 0 5 10 MODELADOS A MANO TORNO UUEE 111 Y 112 mano torno 0 2 4 6 MODELADOS A MANO Y TORNO UE 111 mano torno 0 5 10 MODELADOS A MANO Y TORNO UE 112 mano torno Ana Mateos Orozco 258 en la UE 12, de nuevo vemos datos cruzados que podrían parecer diferentes de manera aislada pero que nos pueden relacionar los conjuntos y entenderlos como un mismo vertido. Para el único elemento del grupo iluminación no hemos podido determinar el tipo de pasta. En cuanto al tipo de cocción, encontramos una mayoría total de cocciones oxidantes en el grupo mesa y en el único elemento de iluminación, mientras que en el grupo cocina encontramos 2 elementos con cocción oxidante, uno con cocción reductora y 3 con cocción irregular. Figura 33: tipo de cocciones por grupo funcional de la C/Juan Morrison. No observamos tratamientos superficiales evidentes, ni interiores ni exteriores. Generalmente las superficies de las vasijas eran más o menos tocas y en caso de que hubieran tenido algún tipo de tratamiento habría sido alisado o similar sin llegar a ser observable en la actualidad. Finalmente, hemos calculado el EVE, EVREP y CI tanto en conjunto como de manera diferenciada. En este caso debemos señalar que quizá el análisis diferenciado nos puede aportar datos de interés debido a que en la fosa se documenta una zona con mayor concentración de restos antracológicos y faunísticos, relacionados con el hogar, y con una profundidad mayor. Tal y como hemos señalado previamente, esto coincide con la UE 112, donde hemos podido calcular un índice de completitud (CI) mayor, de 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 cocina mesa iluminación COCCIONES POR GRUPOS oxidante reductora irregular El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 259 17,58, mientras que el extremo de la fosa, donde se localiza la UE 111, el CI es de 6,5. Realizando el CI total uniendo ambos conjuntos obtenemos un CI de 13,17. Aunque no consideremos que deba ser un resultado completamente determinante, debido de nuevo al número limitado del conjunto, sí que creemos que es interesante y remarcable señalar este dato, ya que nos puede estar indicando, y coincide en este caso, con el uso de la fosa. De esta manera encontraríamos restos mucho más completos cercanos al hogar, donde han estado directamente en uso los objetos, y restos mucho más fragmentados en los extremos. Coincide así mismo la UE 112 en ser la que presenta no solo elementos más completos, sino una mayor cantidad de registros tanto cerámicos como de diversa naturaleza. A continuación, describimos los grupos de manera pormenorizada. EVE ALJM 112 EVREP CI 1,58 9 17,58 EVE ALJM 111 EVREP CI 0,394 6 6,56666667 EVE 111 Y 112 EVREP CI 1,97 15 13,17 Figura 34: cálculo de EVE y EVREP de las UUEE 111 y 112 de C/Juan Morrison. 8.3.1.1. Grupo cocina Tal y como ya mencionamos el grupo cocina está formado por 8 registros, de los cuales 7 son ollas y un único elemento es una cazuela. Encontramos 2 ollas de borde exvasado, las denominadas ollas con perfil de S invertida, una de ellas, la olla ALJM_4-6_111_3, de tipo 1.1.1.b con el borde simple y labio cuadrado, tiene un diámetro en la boca de 15 cm. Por otro lado, los registros ALJM_4-6_112_4 ALJM_4-6_112_7/8 son ollas de tipo 1.1.1.e con diámetro de 13,5 cm y 20 cm respectivamente, presentan borde exvasado y engrosado al exterior. Podemos encontrar, nuevamente, paralelos en otros Ana Mateos Orozco 260 yacimientos andalusíes. Este tipo podemos observarlo en multitud de yacimientos con cronologías emirales en al-Andalus, como Saqunda o Cercadilla (Casal et al., 2005: fig. 1; Fuertes Santos, 2010: fig. 375) o en los contextos estudiados en este trabajo en Sevilla (capítulo 10). Son llamativas en los contextos de Algeciras las ollas de tipo 1.1.3.b. Estas presentan borde ligeramente exvasado, engrosado y moldurado, con un perfil muy característico. Son este tipo de ollas las ALJM_4-6_112_1, ALJM_4-6_112_5 y ALJM_4-6_112_11. El diámetro difiere entre ellas, teniendo diámetros de 13,3 cm, 16 cm y 25 cm respectivamente. Al menos hasta ahora no observamos paralelos claros a estos modelos en yacimientos andalusíes, aunque sí en el norte de África, especialmente en Volubilis en los niveles asociados a las fases de ocupación de los siglos VIII y principio del IX y en Cercadilla desde el siglo VII y en adelante (Amorós Ruiz y Fili, 2010 :27-32; Fuertes Santos, 2010: fig. 375). La única cazuela del conjunto, la ALJM_4-6_111_4, es de tipo 1.3.1, de borde ligeramente exvasado y con labio simple y redondeado, con un diámetro de 22,6 cm. Encontramos elementos similares en Volubilis en niveles de los siglos VII-VIII (Amorós Ruiz y Fili, 2010: 30, fig. 6). En este contexto, y como veremos que ocurre en el resto, observamos variedad en los tipos de pasta utilizados, A2, A3, A4, A6 y A11. Al intentar relacionarlas de manera interna con los grupos tipológicos identificados vemos que no es operativo. Puede deberse a limitaciones en el registro con el que trabajamos o a multiplicidad funcional de los tipos de pasta. 8.3.1.2. Grupo mesa Uno de los elementos más representativos de los conjuntos emirales es la jarrita de boca ancha y cuerpo globular. Podemos clasificar como estas (2.1.3.1) dos de este conjunto de manera clara y otras dos pese a no conservarse el borde. La jarrita ALJM_4- 6_111_1 es del tipo 2.1.3.1.a, es decir, con borde ligeramente exvasado y borde simple o redondeado, con 19,5 cm de diámetro en su boca. La otra jarrita, la ALJM_4-6_111_2, El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 261 es del tipo 2.1.3.1.f, de nuevo con borde exvasado, pero moldurado en este caso. Así mismo, consideramos que los registros ALJM_4-6_111_7 y ALJM_4-6_111_11 son jarritas igualmente, presentando una carena en el cuerpo la segunda. Todos estos ejemplares son comunes en repertorios emirales bien conocidos, estando especialmente bien representadas en Saqunda (Casal et al., 2005: fig. 6). En cuanto a los jarros, observamos primero el ALJM_4-6_112_2 de tipo 2.1.2.1.a, de borde exvasado y labio redondeado con 6,5 cm de diámetro, vemos jarros similares en Volubilis en las mismas fases mencionadas (Amorós Ruiz y Fili, 2011: fig. 7). Otro registro es el ALJM_4-6_112_9/10, jarro de tipo 2.1.2.1.c de borde exvasado y labio engrosado y 13 cm de diámetro. Podemos encontrar elementos similares en yacimientos como Saqunda nuevamente (Casal et al., 2005: fig. 8). ALJM_4-6_112_12 jarro de tipo 2.1.2.1.e de borde exvasado y labio indicado, con un diámetro de 4,5 cm. Es llamativa su forma y su diámetro reducido, por lo que dudamos sobre si puede tratarse en realidad de un borde de botella o redoma. No encontramos ningún paralelo claro para el mismo. Así mismo, la jarra o jarro ALJM_4-6_111_10 no podemos identificarla más allá de como cerámica de mesa porque es una base simple. En este caso, pese a que encontramos pastas repetidas en todo el grupo mesa, especialmente A7 y A11 de manera predominante, y A13 y A14, no observamos relación entre el uso de estas y las tipologías identificadas. 8.3.1.3. Grupo iluminación Finalmente, en el grupo iluminación nos encontramos un único elemento parte de un candil de cazoleta con chimenea, el ALJM_4-6_112_candil, un ejemplar claramente islamizado y con paralelos en cualquier otro yacimiento con cronología similar como los ya mencionados. No podemos precisar nada más de su tipología debido a que se conserva muy poco de la pieza. Ana Mateos Orozco 262 Figura 35: cerámica de las UUEE 111 y 112 de la C/Juan Morrison 4-6 (elaboración propia con dibujos del equipo del Departamento de Arqueología Municipal de Algeciras). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 263 8.3.2. LA CERÁMICA LA UE 102 DE LA CALLE JUAN MORRISON 4-6. En el caso de la cerámica proveniente de la unidad estratigráfica 102 contamos con 19 registros, de los cuales consideramos diagnóstico los 19, pese a que 4 de ellos son dudosos o difíciles de identificar. Así, en este contexto el grupo mayoritario es el grupo mesa. Todas ellas están realizadas a torno y el grupo se conforma por 6 jarros, 2 jarritas, un cuenco y una fuente. Lo sigue el grupo cocina con 3 ollas realizadas todas ellas a torno, una vasija de uso auxiliar, en este caso un alcadafe, y finalmente, un elemento de iluminación, un candil. Como vemos todos los registros de este conjunto están realizados a torno. Figura 36: modelados a mano o torno de C/Juan Morrison UE 102. 0 2 4 6 8 10 12 cocina mesa almacenamiento auxiliar iluminación MODELADOS MANO O TORNO AL JM 102 mano torno Ana Mateos Orozco 270 Figura 42: cerámica variada II de la UE 102 de la C/Juan Morrison 4-6 (Algeciras). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 271 8.3.3. LA CERÁMICA DE LA UE 101 DE LA CALLE JUAN MORRISON 4- 6. La unidad estratigráfica 101 presenta un conjunto cerámico de 25 fragmentos, siendo analizados los 25. Encontramos por tanto una mayoría general del grupo cocina, siendo 14 elementos, 11 de ellos bordes de olla y los otros 3 registros bases de cerámica de cocina, presuponemos de olla, pero no lo podemos confirmar. En el grupo mesa encontramos 2 jarras y 6 jarros, en el grupo auxiliar 2 alcadafes y finalmente en almacenamiento una tinaja. Figura 43: cálculo de frecuencia por grupos funcionales en C/Juan Morrison UE 101. Figura 44: Cálculo de frecuencia por tipo de objeto en C/Juan Morrison UE 101. 56%32% 4%8% FRECUENCIA POR GRUPOS FUNCIONALES Cocina Mesa Almacenamiento Auxiliar Iluminación 9% 19% 5% 52% 10% 5% FRECUENCIA POR OBJETO Jarras Jarros Redomas Ollas Alcadafe Tinaja Ana Mateos Orozco 272 Todos ellos están realizados a torno a excepción de la tinaja realizada a mano. Creemos que es interesante que no se observen jarritas, aunque sí que se observan en los conjuntos previamente expuestos. Figura 45: comparación de modelado a torno o mano por grupos funcionales en C/Juan Morrison UE 101. Al igual que en los contextos ya expuestos anteriormente, no se observan tratamientos superficiales en ninguno de los elementos analizados. Además, en este caso, debido a que no realizamos nosotros los dibujos, no contamos con los datos de EVE, y por tanto no podemos calcular el CI del conjunto. En las pastas observamos diferentes tipos, de nuevo presentes en los grupos de igual manera, aunque solo contamos con información para los grupos mesa y cocina. En el grupo de cocina observamos los tipos A2, A3, A4, A6, A8 y A13, y en el grupo mesa observamos los tipos A1, A6 y A7. En cuanto a las cocciones observamos una amplia mayoría de cocciones irregulares, siendo esta la única cocción presente en el grupo cocina. En el grupo mesa sí observamos 2 elementos con cocción irregular, 3 con cocción mixta y finalmente otros 3 con cocción oxidante. 0 2 4 6 8 10 12 14 16 cocina mesa almacenamiento auxiliar MODELADO MANO O TORNO mano torno El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 273 Figura 46: tipos de cocción por grupo funcional en C/Juan Morrison UE 101. 8.3.3.1. Cerámica de cocina Ollas tipo 1.1.3, es decir de borde exvasado y moldurado, aunque con labios diferentes. Encontramos los tres tipos que describimos. Los registros AL/JM4-4/04/101-1, AL/JM4- 4/04/101-9 del tipo 1.1.3.a, con borde de sección triangular, el primero tiene 20 cm de diámetro y el segundo no lo hemos podido calcular. Los registros AL/JM4-4/04/101-2, AL/JM4-4/04/101-7 y AL/JM4-4/04/101-8 pertenecen al tipo 1.1.3.b con sección moldurada, y tienen 19,2 cm y 30 cm, el último de nuevo no se pudo calcular. Finalmente, del tipo 1.1.3.c, con sección redondeada, AL/JM4-4/04/101-3 y AL/JM4- 4/04/101-4, con 19,5 cm y 13,4 cm de diámetro respectivamente. Tal y como se presenta en los casos anteriores, encontramos paralelos en Córdoba y Volubilis (Fuertes Santos, 2010: fig. 375; Amorós Ruiz y Fili, 2010 :27-32). Las ollas AL/JM4-4/04/101-6 y AL/JM4-4/04/101-11 pertenecen al tipo 1.1.2.c, son ollas de borde recto en este caso con el labio engrosado. En este caso encontramos paralelos de este tipo de ollas en Saqunda y otros yacimientos del sur peninsular con cronologías similares. Como ya comentamos son formas que parecen tener conexión con modelos tardoantiguos. Similar a estos es el registro AL/JM4-4/04/101-5, de tipo 1.1.2.e, con el labio indicado y 13,7 cm de diámetro. 0 2 4 6 8 10 12 14 16 cocina mesa COCCIONES POR GRUPOS oxidante reductora irregular mixta Ana Mateos Orozco 274 Finalmente encontramos el registro AL/JM4-4/04/101-10, de tipo 1.1.1.c, similar a los grupos mencionados previamente, pero de borde exvasado. Este tipo, así como el anterior, encuentran paralelos en lugares como Saqunda, Córdoba, y otros yacimientos con cronologías similares (Casal et al., 2005: fig. 1). Además de las ya presentadas, podemos observar tres bases de cerámica de cocina, presuponemos de olla, aunque no lo podemos confirmar. Creemos que es llamativo, especialmente para los registros AL/JM4-4/04/101-13 y AL/JM4-4/04/101-14, el hecho de que tengan base convexa, ambas con diámetros muy similares, 12 y 11,5 cm respectivamente). Las bases convexas en la cerámica de cocina se han interpretado como un rasgo nuevo introducido por las poblaciones islamizadas en la península ibérica común desde al menos el siglo IX (Carvajal López, 2023: 105). No encontramos ninguna correlación entre el uso de las pastas y la tipología de los objetos 8.3.3.2. Cerámica de mesa En este contexto no encontramos representadas a las jarritas tan comunes en los repertorios emirales. Predominan en este caso los jarros con borde exvasado y asa adherida al borde, con diferente sección del labio, que describiremos a continuación, y un jarro con borde recto. Los jarros AL/JM4-4/04/101-15 y AL/JM4-4/04/101-18 se encuadran en el tipo 2.1.2.1.c, es decir, jarros de borde exvasado y engrosado con asa adherida al borde, el asa presenta el mismo tipo de digitación que exponemos en el resto de los grupos. El diámetro es muy diferente entre ellos, presentando 21 cm el primer registro y 7,5 el segundo. El registro AL/JM4-4/04/101-16 pertenece al tipo 2.1.2.1.a con borde redondeado y 13 cm de diámetro, mientras que el AL/JM4-4/04/101-17, de tipo 2.1.2.1.e tiene el borde indicado con 11 cm de diámetro. Las pastas de tipo A7 y A11 se dan en los jarros de tipo 2.1.2.1, aunque también en el jarro AL/JM4-4/04/101-19 de tipo 2.1.2.2, que presenta así mismo el asa adherida al borde. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 275 Todos estos registros, pese a ligeras diferencias en el borde, pueden englobarse en jarros comunes muy presentes en los principales yacimientos de las cronologías que estamos tratando, Córdoba, Marroquíes Bajos, Mérida, Volubilis, etc. (Fuertes Santos, 2010: fig. 380; Pérez Alvarado et al., 2004: Fig. 9; Feijoo Martínez y Alba Calzado, 2004: Fig. 10; Amorós Ruiz y Fili, 2011: fig. 7). También identificamos dos redomas con morfología diferente, aunque muy fracturadas, de hecho, no se conserva el borde de ninguna de ellas sino parte del cuerpo que nos permite su clasificación. Son los ejemplares AL/JM4-4/04/101-20 y AL/JM4-4/04/101-21. 8.3.3.3. Cerámica de almacenamiento Encontramos un borde, AL/JM4-4/04/101-23, que creemos que debe pertenecer a una tinaja de tipo 3.1.1.3, con borde cuadrado digitado y 32 cm de diámetro. Había diferentes fragmentos de este registro, dos de ellos casaban entre sí, de manera que se asumieron como del mismo objeto, aunque el tercero presentaba dudas al tener un color diferente. no obstante, pensamos que pueda pertenecer al mismo objeto puesto que la cocción es irregular y al estar realizado a mano no tiene por qué ser exactamente igual en todo su desarrollo. No encontramos paralelos idénticos a este ejemplar, pero las decoraciones digitadas, así como los cordones, etc. son elementos comunes en la cerámica emiral y temprana andalusí. Morfológicamente, sin tener en cuenta la decoración, en Volubilis encontramos elementos muy similares en las primeras fases (ss. VII y VIII) (Amorós Ruiz y Fili, 2011: Fig.4). 8.3.3.4. Cerámica auxiliar Encontramos dos alcadafes con la misma tipología, 4.1.2, es decir, borde exvasado y vuelto. El registro AL/JM4-4/04/101-24 está realizado a mano y tiene 38 cm de diámetro y el AL/JM4-4/04/101-25 con 35 cm de diámetro está realizado a torno. Son similares a la forma 4.2.1. de Saqunda, aunque en este caso sin decoración (Casal et al., 2005: fig. 17). Ana Mateos Orozco 276 Figura 47: cerámica de cocina de la C/Juan Morrison 4-6 (Algeciras) (elaboración propia a partir de dibujos realizados por el Dpto. de Arqueología Municipal de Algeciras). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 277 Figura 48: cerámica variada de la C/Juan Morrison 4-6 (Algeciras) (elaboración propia a partir de dibujos realizados por el Dpto. de Arqueología Municipal de Algeciras). Ana Mateos Orozco 278 8.3.4. VALORACIÓN CRONOLÓGICA Y MORFOLÓGICA DEL CONJUNTO Atendiendo a los elementos analizados y a su comparación tipológica con otros registros conocidos, atribuimos a este conjunto una cronología que abarcaría desde mediados del siglo VIII a principios del siglo IX. Consideramos que, aunque se pueden observar elementos con ciertas “reminiscencias” tardías, es un conjunto completamente islamizado. Al igual que ocurre en Saqunda (Casal et al., 2005: 192), se observa un registro por lo general homogéneo para todo este periodo, dificultando una mayor precisión cronológica. El elemento más llamativo y también más numeroso es la olla de tipo 1.1.3, con sus distintas variables, destacando la de tipo B. Estas ollas se pueden observar en la fase 1.2 de Volubilis (Amorós y Fili, XX), y también en lugares como Cercadilla, Córdoba, en contextos ya considerados del siglo IX. La variabilidad formal de las ollas en estos momentos, como ya se ha comentado, puede responder a una multitud de razones desde la adscripción etnográfica de los grupos poblacionales, a los conocimientos alfareros de estos mismos, como incluso al propio sustrato poblacional previo. También podemos observar algunos ejemplares de las ollas de tipo 1.1.1, aunque en número menor que las anteriores. Son estas las que normalmente se asocian a los conjuntos emirales en la península. Así mismo la presencia de bases con el acabado convexo nos ayuda a situarnos en momento cercanos al siglo IX. Teniendo en cuenta aquellos elementos que se consideran claramente islámicos, buscamos la presencia de jarritas de tipo 2.1.3.1. o 2.1.3.2, que aparecen tanto en las UUEE 111 y 112 como en la UE 102, aunque no en la UE 101. En este caso, y suponiendo que estos contextos cuentan con cronologías similares, asumimos que la no presencia de estas jarritas en dicha unidad es un sesgo no representativo, puesto que podemos observarlas en el resto del contexto. Estas jarritas como bien se ha expuesto aparecen en todos los yacimientos de cronología emiral y se desarrollarán como un elemento básico del menaje doméstico andalusí. En todo caso su cronología debe situarse en el siglo VIII y no antes. Otros elementos de especial interés en este conjunto para permitir afinar la datación propuesta son los dos candiles, uno con cazoleta y chimenea y otro sin la misma. Los El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 279 candiles, ya no lucernas, se consideran un objeto evidente de la islamización, que, sumado a otros elementos como las jarritas, nos indican un cambio morfológico y funcional en los conjuntos a pesar de que en muchas ocasiones compartan espacio con elementos de raigambre tardorromana. El resto de los registros, alcadafes y tinajas, no nos permiten mucha precisión cronológica, especialmente si tenemos además en cuenta la escasa movilidad de estos elementos en los contextos domésticos y su escasa representación. 8.4. La intervención arqueológica en la Calle Rocha 3 En la calle Rocha se han llevado a cabo diferentes intervenciones, calle Rocha 3 (2004), de la que presentamos los materiales, la calle Rocha 16 esquina con calle Sevilla (2003) y calle Rocha 12 (2008). Los resultados emirales en calle Rocha 16 son muy fragmentarios y aunque nos permiten conocer la ocupación de este espacio en este periodo (Iglesias García, 2004), aunque los arqueólogos no confirman la cronología precisa de estos depósitos y tampoco hemos accedido a la consulta de los mismos. En el caso de calle Rocha 12 no se documenta ocupación antrópica previa al siglo XIII (Villa Pedrero, 2008: 1140-1150). En el caso de calle Rocha 3 la primera fase de ocupación antrópica observada se corresponde con una amplia fosa (UE-B117) colmatada por rellenos de mediados del siglo IX, atendiendo a la interpretación dada para el registro (Tomassetti Guerra et al. 2010: 310), la cual consideramos que debemos revisar. Esto permite definir la Fase 1, que se corresponde con el periodo emiral. El relleno de la fosa se define cronológicamente con los materiales obtenidos de la UE-B115, así como de la UE-B116 donde se identifica un felús. La unidad B-115 es el último de los depósitos de la fosa: B116, B118 y B119. Esta unidad se compone por abundantes restos constructivos que se identificaron como un derrumbe. Sobre este descansan otros niveles como las UUEE B107, B108, B109, B113 y B114. Estos depósitos funcionarán como base para la cimentación del posterior edificio califal (Tomassetti et al., 2005). Ana Mateos Orozco 286 A excepción de los registros previamente presentados, AL/RO/04/114-24 y AL/RO/04/114-19, al igual que ocurre en el grupo cocina no observamos relación entre los grupos formales y los tipos de pastas utilizados. Somos conscientes, a pesar de tener en cuenta este dato, de las limitaciones que tiene el conjunto por su reducido número. 8.4.1.3. Grupo auxiliar En este grupo encontramos dos lebrillos de tipo 4.1, no podemos precisar más sobre su tipología puesto que no se conserva el borde. El diámetro de la base es de 24 cm para el registro AL/RO/04/114-1 y de 34 para el AL/RO/04/114-2. Este último presenta tratamiento de alisado interior y exterior. Estos dos elementos presentan un tipo de pasta, pasta de tipo A20, muy llamativa e interesante en la que se pueden observar a simple vista numerosas inclusiones de gran tamaño y brillantes, que aparentemente podrían ser fragmentos de esquisto o alguna roca similar. Así mismo observamos un galbo muy fracturado, el elemento AL/RO/04/114-4, que identificamos como un posible atanor por el perfil conservado. No tenemos el borde y por ello no podemos confirmarlo. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 287 Figura 55: cerámica variada I de la C/Rocha 3, UE 114 (Algeciras). Ana Mateos Orozco 288 Figura 56: cerámica variada II de la C/Rocha 3, UE 114 (Algeciras). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 289 8.4.2. LA CERÁMICA DE LA UE 115 DE LA CALLE ROCHA 3. Este contexto es el más numeroso de los trabajados de la ciudad de Algeciras. Analizamos 48 fragmentos de los cuales son diagnóstico 42. De esta manera este conjunto se conforma por 16 registros del grupo de cerámica de cocina, de los cuales 12 son ollas a torno y 3 a mano (además de un asa) y una cazuela. El grupo mesa, que es el más numeroso, cuenta con 19 registros con formas muy variadas, predominando las jarritas y jarros, seguidas de las jarras (8 registros, 4 y 2 respectivamente). Del grupo almacenamiento podemos observar dos orzas realizadas a torno y otro elemento de almacenaje que nos parece una tinaja. Del grupo iluminación tenemos un fragmento de chimenea de candil realizado a mano. No encontramos elementos asociados al grupo auxiliar. Figura 57: modelado a mano o torno por grupos funcionales en C/Rocha 3, UE 115. 0 2 4 6 8 10 12 14 16 18 20 cocina mesa almacenamiento auxiliar iluminación MODELADO MANO O TORNO UE 115 mano torno Ana Mateos Orozco 290 Al igual que observamos en el grupo anterior, el grupo mayoritario es el grupo mesa, aunque muy igualado al grupo cocina. Analizando los subgrupos formales el elemento con más representación es sin duda la olla. Figura 58: cálculo de frecuencia por grupos funcionales en C/Rocha 3 UE 115. Figura 59: cálculo de frecuencia por tipo de objeto en C/Rocha 3, UE 115. Sobre los tratamientos superficiales observamos que son muy minoritarios, apareciendo de nuevo los alisados interiores y exteriores, siempre ambos en la misma 44% 46% 7% 3% FRECUENCIAS POR GRUPOS FUNCIONALES Cocina Mesa Almacenamiento Auxiliar Iluminación 39% 20% 10% 7% 5% 5% 5% 3% 2% 2% 2% FRECUENCIA POR OBJETOS olla jarrita jarro asa orza redoma jarra candil cazuela cuenco tinaja El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 291 pieza. Solo se dan en 3 registros del total, 1 del grupo cocina y 2 del grupo mesa. Vemos también dos fragmentos con pintura negra, roja o marrón oscura, que consideramos debe ser probablemente un pigmento similar, aunque con distinta exposición al fuego. El EVE calculado de este conjunto es de 2,95, siendo el número 34 de registros mínimos claramente identificados (EVREP). Así, atendiendo a esto podemos calcular un índice de completitud de 8,68, tal y como indicábamos una cifra muy similar a las ya presentadas en el resto de los conjuntos. EVE ALRO 115 EVREP CI 2,9 34 8,79 Figura 60: cálculo EVE, EVREP y CI en C/Rocha 3 UE 115. En el caso de las pastas observamos mucha más variabilidad que en el contexto de la UE 114. En este caso sí que vemos varios tipos de pasta que aparecen indiscriminadamente tanto en los grupos cocina, mesa y almacenamiento. Aun así, en el grupo cocina predomina el tipo de pasta A4 y A17, predominantes ambos también en el grupo mesa. En el grupo cocina encontramos además los tipos A1, A2, A7 y A22. En el grupo mesa, además de los presentados, predominan los tipos A6, A7 y A13, aunque también observamos a los tipos A15 y A19. Finalmente, en el grupo almacenamiento vemos el tipo de pasta A22, que también se observa en las cerámicas de cocina, A4 y A6. El candil está realizado con pasta del tipo A7. La pasta A4 aparece representada en todos los grupos, excepto en el grupo de iluminación, siendo además la mayoritaria en este conjunto, supone casi el 30% de la totalidad de los registros, y proponiéndose como un tipo de pasta plurifuncional y altamente común en la zona, probablemente local por su abundancia. Finalmente, en cuanto a las cocciones de estos grupos volvemos a observar una dinámica similar a la presentada en la UE 114 en la que predominan las cocciones oxidantes. Esto no es extraño si atendemos al hecho de que es la cocción predominante en el grupo mesa y que este a su vez es el más numeroso. Aun así, consideramos Ana Mateos Orozco 292 llamativo el número de registros oxidantes en la cerámica de cocina de este contexto, ya que, en los presentados previamente tanto para Algeciras, como para Sevilla y Ceuta, vemos que para esta cerámica se prefieren las cocciones irregulares. también observamos cocción oxidante en el grupo iluminación. De nuevo, la segunda cocción más representada es la irregular, estando igualmente representada en número tanto en los grupos cocina como mesa, aunque mayoritariamente en cocina. Solo se observa cocción reductora en dos elementos del grupo mesa. La cocción mixta, que es la menos presente en todos los casos, aparece aquí para un elemento de cocina y para dos de los objetos de almacenamiento. Figura 61: cocciones por grupos funcionales en C/Rocha 3, UE 115. 8.4.2.1. Grupo cocina El grupo cocina en este caso está compuesto de manera casi total por ollas, únicamente se puede observar además de estas formas una cazuela y un asa que presuponemos pertenece a este grupo funcional. La única cazuela, AL/RO/04/115-21, pertenece al tipo 1.3.3. Estas presentan el borde exvasado y redondeado y una carena en el cuerpo. Son comunes en el área malagueña, así como en la Serranía de Ronda. Parecen tener relación con elementos previos, siendo altamente parecidas a los cuencos o cazuelas carenados de herencia visigoda, tal y como se ha interpretado en el caso de Ronda 0 2 4 6 8 10 12 14 16 18 cocina mesa almacenamiento auxiliar iluminación COCCIONES POR GRUPOS UE 115 oxidante reductora irregular mixta El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 293 (Castaño Aguilar, 2023: fig. 5). Tiene un diámetro de 19,3 cm y está realizada con pasta de tipo A1. No presenta ningún tipo de tratamiento superficial. En las ollas observamos una mayoría del tipo 1.1.1. Del tipo 1.1.1.a, con labio redondeado, solo tenemos el registro AL/RO/04/115-17 con 22,6 cm de diámetro. Conserva el arranque y parte del asa colocada en el borde, suponemos por el tipo de objeto que debe tener una segunda asa paralela a esta misma. Del tipo 1.1.1.c, con borde engrosado, tenemos la olla AL/RO/04/115-18, AL/RO/04/115-20, AL/RO/04/115- 25 y AL/RO/04/115-26 con 13,4 cm de diámetro, 19 cm, 23,5 cm y 25,9 cm respectivamente. El segundo de los presenta restos de pintura negra en el exterior de la pieza. Los otros registros no presentan ningún tipo de tratamiento. Las pastas en este caso son de tipo A4, A7 y A19, como vemos, aunque el tipo es el mismo, solo coinciden en la elección de pasta los dos primeros registros sin tener relación aparente esto para el resto de ellos. El grupo 1.1.2, ollas con borde recto entrante, se ve representado por tres registros. En primer lugar, los registros AL/RO/04/115-32 y AL/RO/04/115-34 que pertenecen al subtipo 1.1.2.a, con labio redondeado y con diámetros de 21 cm y 7,44 cm respectivamente, algo que es llamativo puesto que como vemos pese a ser el mismo tiempo no comparten el tamaño. La olla AL/RO/04/115-34 está realizada a mano y es el único elemento diagnóstico de este conjunto a mano. Las pastas utilizadas son las del tipo A4 y A2. Del subgrupo 1.1.2.b, con borde cuadrado, podemos ver a la olla AL/RO/04/115-33 con 10,6 cm de diámetro y realizada con la pasta de tipo A7. Tanto estas últimas como las primeras mencionadas, es decir todo el grupo 1.1.1, encuentra paralelos y aparece en yacimientos del periodo emiral en toda el área andalusí frecuentemente, como ya se ha señalado en los grupos anteriores. Destacamos por la precisión del contexto en sí los paralelos en Saqunda, Córdoba (Casal et al., 2005: fig. 1). El tipo mejor representado es el tipo 1.1.3.b, con el borde moldurado e indicado, así encontramos los elementos AL/RO/04/115-5, de 10,5 cm de diámetro, AL/RO/04/115- 28, con 17 cm de diámetro, AL/RO/04/115-29, con 14 cm de diámetro, y AL/RO/04/115-35, con 15 cm de diámetro. En los registros AL/RO/04/115-28 y Ana Mateos Orozco 294 AL/RO/04/115-29 se detecta alisado exterior e interior. Tal y como ocurre en los subgrupos expuestos previamente, no encontramos relación entre las pastas usadas, que son los tipos A22, A4, A17 y A1. Este tipo de ollas son comunes en el norte de África, tal y como se ha señalado, y en los contextos cordobeses (Amorós Ruiz y Fili, 2011 :27- 32; Fuertes Santos, 2010: fig. 375). 8.4.2.2. Grupo mesa El grupo mesa en este caso presenta mayor variabilidad que el contexto de la UE 114, probablemente debido a que el número de elementos diagnósticos es más elevado. Así podemos identificar jarritas, jarros y jarras, como en el resto de los contextos que conocemos del periodo, dos redomas, y un cuenco. Las jarritas, el grupo predominante, se observan en tres de sus tipos. El primero de ellos el tipo 2.1.3.1.a, con borde exvasado y labio redondeado. Pertenecen a este subgrupo los registros AL/RO/04/115-7, AL/RO/04/115-12 y AL/RO/04/115-24, con diámetros de 11,64 cm, 16,6 cm y 14, 9 cm en cada caso. No observamos ningún tipo de tratamiento superficial. Las pastas utilizadas en estos casos son los tipos A6, A7 y A17. Las jarritas de tipo 2.1.3.2, con borde recto o ligeramente entrante, se muestran con los subtipos 2.1.3.2.a y 2.1.3.2.c, es decir de labio redondeado y labio engrosado. Así, del subgrupo 2.1.3.2.a tenemos a las jarritas AL/RO/04/115-13 y AL/RO/04/115-19 cm 5 y 10 cm de diámetro, como vemos muy diferentes entre sí. Las pastas utilizadas en estos casos son los tipos A13 y A4. Las jarritas de tipo 2.1.3.2.c son los registros AL/RO/04/115-1 y AL/RO/04/115-10 con 7 cm y 16,8 cm en cada caso. Los tipos de pasta utilizados son los A6 y A4. Para todas ellas, los paralelos son frecuentes y comunes en multitud de yacimientos con cronologías similares, como ya hemos mencionado Córdoba, Mérida o Málaga (Casal et al., 2005: fig. 6; Feijoo Martínez y Alba Calzado, 2004: Fig. 11; Acién Almansa et al., 2004: fig. 19). Las jarras no permiten identificación en la mayoría de los casos, el único registro que sí identificamos es el AL/RO/04/115-4, de tipo 2.1.1.1.b, con borde exvasado y engrosado, El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 295 de apariencia almendrada, similar a los ejemplares malagueños y cordobeses (Feijoo Martínez y Alba Calzado, 2004: Fig. 8; Casal et al., 2005: Fig. 7.) Tiene 13,9 cm de diámetro, no presenta tratamientos y la pasta utilizada en este caso es el tipo A4. En los jarros observamos dos tipos, el jarro AL/RO/04/115-3 de tipo 2.1.2.2.c, similar a jarros expuestos previamente como el AL/RO/04/114-21. Tiene 10 cm de diámetro y está realizado con pasta A13, al igual que el jarro AL/RO/04/114-21. Tal y como señalamos es un jarro que podemos observar en yacimientos como Volubilis, Córdoba o el centro peninsular (Madrid y Toledo) (Amorós Ruiz y Fili, 2011: Fig. 7; Fuertes Santos, 2010: fig. 75; Serrano Herrero et al., 2016: Fig. 10-11:17). Por otro lado, el jarro AL/RO/04/115-23, de tipo 2.1.2.3, presenta boca trilobulada, con 7,2 cm de diámetro aproximadamente y realizado con la pasta A17. Es un jarro común y que encontramos en numerosos yacimientos de esta cronología, como Saqunda (Casal et al., 2005: fig. 8). Por su parte las redomas o botellitas muestran en cada caso diferentes perfiles. La AL/RO/04/115-6, tipo 2.2.3, tiene el cuerpo casi recto y borde ligeramente entrante con labio redondeado, tiene diámetro de 4,74 cm y presenta la pasta A13. La redoma AL/RO/04/115-8, de tipo 2.2.2.a, es decir, con borde recto e indicado, tiene 5 cm de diámetro y la pasta de tipo 15. No hemos encontrado paralelos claros para estos registros. Finalmente, el cuenco AL/RO/04/115-11, lo adscribimos al tipo 2.4.6, cuencos de borde recto y labio exvasado al interior, con 8 cm de diámetro y realizado con la pasta A 4. Es similar al tipo 2.4.4 de Saqunda (Casal et al., 2005: fig. 12). 8.4.2.3. Grupo almacenamiento El grupo almacenamiento se ve principalmente representado por una tinaja y una base. La tinaja AL/RO/04/115-9, de tipo 3.1, realizada a torno y con borde recto y biselado al interior. Tiene diámetro de 14,78 cm y el tipo de pasta en este elemento es el tipo A6. Ana Mateos Orozco 302 Figura 66: contexto de reutilización de fosas emirales para la posterior necrópolis meriní (tomada de Lorenzo Martínez, 2013 fig. 31). Estas no son las únicas fosas o depósitos de cronología emiral en el solar, aunque sí son aquellos en los que aparece más cantidad de material cerámico y feluses en algunos casos, permitiendo por tanto una datación más precisa que la horquilla de los siglos VIII-X, extremadamente amplia e imprecisa para este periodo. Este espacio podría relacionarse con una explotación agraria periurbana como las mencionadas en las fuentes para otras ciudades cercanas, como Jerez o Sevilla, o a un espacio para la extracción de áridos. La abundante presencia de fosas, así como la coexistencia de estas con oquedades de mayor y menor tamaño llevó a pensar en la posibilidad de que este espacio fuera un espacio de carácter residencial, siendo estas fosas posibles fondos de cabaña. No descartan que puedan ser en su lugar instalaciones provisionales para ofrecer sombra durante la extracción de áridos. Así mismo, la presencia alta de fauna, en este nivel y también en los niveles califales, podría indicar la utilización de este espacio como lugar de deposición de residuos continuado, un basurero o muladar, o ambos (Lorenzo Martínez et al., 2013: 139-140; Lorenzo Martínez et al., 2020: 12). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 303 8.5.1. LA CERÁMICA DE LA UE 108 EN EL CAMPUS DE I+D+I Este contexto está formado por 26 fragmentos cerámicos, de los cuales consideramos elementos diagnósticos 17 de ellos. El grupo predominante es sin duda el grupo cocina con 13 elementos, de los cuales 12 son ollas y una única cazuela, 6 están realizadas a mano y el resto, 7, a torno. El grupo mesa con 4 elementos identificados como dos jarros y una fuente, están modelados a torno en su totalidad. Figura 67: frecuencia calculada por tipo de objeto en Campus Tecnológico UE 108 Figura 68: modelado a mano o torno por grupo funcional en Campus Tecnológico UE 108 13% 6% 75% 6% FRECUENCIAS POR OBJETOS UE 108 Jarros Fuente Ollas Cazuelas 0 2 4 6 8 10 12 14 cocina mesa MODELADO MANO O TORNO UE 108 mano torno Ana Mateos Orozco 304 No identificamos ningún elemento del resto de grupos cerámicos (almacenamiento, auxiliar o iluminación). Así mismo, tampoco se observa ningún tipo de tratamiento superficial en los fragmentos analizados. A pesar de que esto parece una característica común en los conjuntos expuestos aquí, en este caso debemos además añadir que el estado de conservación superficial de los fragmentos nos indicaba un sustrato con características geológicas algo diferentes al resto de la ciudad, ya que las superficies están muy afectadas y desgastadas. El cálculo del EVE nos genera una cifra de 1,84 y tenemos un EVREP de 17. En este caso tenemos varios registros en los que podemos identificar que forman parte de la misma pieza, como por ejemplo el caso del registro AL-NECRO/108/4-5-6. En estos casos, tal y como se ha hecho en el resto de los conjuntos, decidimos únicamente atenderlos como un único registro. Teniendo esto en cuenta, el índice de completitud que podemos calcular es de 13. EVE AL NECRO 108 EVREP CI 2,21 17 13 Figura 69: cálculo EVE, EVREP y CI en Campus Tecnológico UE 108. Finalmente, en cuanto a las cocciones, observamos una mayoría de cocciones oxidantes tanto en la cerámica de mesa como de cocina, seguida por cocciones irregulares únicamente en el grupo cocina y finalmente un ejemplar en cada grupo con cocción reductora. Llaman la atención las pastas naranjas intensas en ambos grupos y especialmente en las ollas, principalmente pastas de tipo A15. Las pastas identificadas se usan de manera similar en los dos grupos observados en esta unidad estratigráfica. En el grupo mesa se usan los tipos de pasta A3, A4, A5, A13, A15, A16 y A17. Los tres últimos tipos, A15, A16 y A17 se observan también en el grupo mesa. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 305 Figura 70: cocciones por grupos funcionales en Campus Tecnológico UE 108 8.5.1.1. Grupo cocina El grupo cocina es el más numeroso de este conjunto, que como ya vemos, solo cuenta además con cerámica de mesa. Entre los elementos identificables observamos 13 ollas y una cazuela. de las ollas, cuatro son bases por lo que no podemos especificar su tipología al no contar con suficiente desarrollo, aunque están realizadas a mano. El tipo más común es el 1.1.1., de perfil en S vuelta y borde exvasado. De este mismo tipo predominan las de tipo 1.1.1.c, es decir con el borde exvasado y engrosado. Son estos los registros AL/NECRO/13/108-4, con 10 cm de diámetro, AL/NECRO/13/108-8, con 28 cm de diámetro, AL/NECRO/13/108-11, con diámetro de 13,8 cm, AL/NECRO/13/108-12 de 14,5 cm, y AL/NECRO/13/108-15 con 15,5 cm de diámetro. En ningún caso observamos tratamientos superficiales. Aunque los diámetros son diferentes vemos que las mediadas comprendidas entre 13 y 15 cm aproximadamente son las más comunes. Observamos una mayoría de las ollas realizadas con la pasta A15, aunque aparecen otros tipos como A17, A4 y A16. También encontramos un registro del tipo 1.1.1.a, con borde exvasado y labio redondeado, la olla AL/NECRO/13/108-14 con 9 cm de diámetro y sin tratamientos superficiales. Esta olla está realizada a mano y también presenta la pasta A15. La olla 0 2 4 6 8 10 12 14 cocina mesa TIPO DE COCCIÓN POR GRUPOS UE 108 oxidante reductora irregular mixta Ana Mateos Orozco 306 AL/NECRO/13/108-1 es de tipo 1.1.2.c, con borde recto y engrosado y 12 cm de diámetro, en este caso la pasta es también de tipo A15. Al igual que en los grupos que se han presentado antes, los tipos 1.1.1. y 1.1.2, se encuentran bien representados en los yacimientos con cronologías emirales, perdurando en muchas ocasiones en dataciones posteriores. A nivel andalusí los yacimientos cordobeses cuentan con una amplia representación de estos tipos (Casal et al., 2005: fig. 1; Fuertes Santos, 2010: fig. 375). Otro de los tipos aquí presentes es el 1.1.5, en este caso el perfil tiene forma de S y está indicado al interior. El labio puede ser redondeado, como en el registro AL/NECRO/13/108-10, o cuadrado como en el registro AL/NECRO/13/108-11. Presentan 13 cm de diámetros y el segundo no se ha podido calcular. Este tipo de ollas aparecen en contextos muy tempranos del siglo VIII en lugares como la Vega de Granada, siendo el tipo de olla de borde en S (S-Rim) y que se consideran en este área como indicadoras del cambio tras la islamización (Román Punzón y Carvajal López, 2018: fig. 7). También se observan en Saqunda (Casal et al., 2005: fig. 23). Están realizadas a torno y el tipo de pasta empleado en ellas es A15 y A4 respectivamente. Finalmente, la cazuela, AL/NECRO/13/108-18, del subtipo 1.3.2, con borde recto, tiene 33 cm de diámetro y ningún tratamiento evidente. Nos recuerda a las cazuelas norteafricanas a mano, como las de Volubilis (Amorós Ruiz y Fili, 2011: fig. 6). La pasta en este caso es A15 de nuevo, de manera que observamos un patrón común, al menos en este caso, en la cerámica de cocina y este tipo de pasta. 8.5.1.2. Grupo mesa En este caso el grupo mesa es muy reducido, de hecho, solo observamos dos jarros, uno de ellos solo supuesto, y una fuente. En el caso del jarro que dudamos, al ser un fondo no precisamos su tipología. En el caso del jarro AL/NECRO/13/108-2/3 es un jarro con boca trilobulada y 6 cm aproximados de diámetro, lo englobamos en el tipo 2.1.2.3. está realizado con la pasta de tipo A16, mientras que el fondo se realiza con pasta tipo El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 307 A17. Los jarros de boca trilobulada son elementos muy comunes en los registros emirales en lugares como Saqunda (Casal et al., 2005: fig.8), tal y como ya ha expuesto. La fuente o cuenco, AL/NECRO/13/108-7, es de tipo 2.3.4 con 24 cm de diámetro, cuyo borde es ligeramente engrosado y la pared ligeramente curva. Está realizada con pasta A7. Es similar al tipo 2.4.1 de Saqunda (Casal et al., 2005: fig.12). Ana Mateos Orozco 308 Figura 71: cerámica variada del Campus de I+D+i UE 108 (Algeciras). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 309 8.5.2. LA CERÁMICA DE LA UE 235 EN EL CAMPUS DE I+D+I En este caso el conjunto se compone por 21 fragmentos analizados de los cuales 17 son clasificables como elementos diagnósticos. En el grupo cocina encontramos 12 registros, 3 realizados a mano y 9 realizados a torno que son ollas en su totalidad. El grupo mesa, íntegramente realizado a torno, se forma por 4 registros, 2 jarritas, un jarrito y una jarra. Finalmente, el grupo auxiliar cuenta con un alcadafe realizado a torno. Figura 72: modelado a mano o torno porgrupo funcional en Campus Tecnológico UE 235. Figura 73: frecuencia de tipo de objetos en Campus Tecnológico UE 235. A pesar del mal estado de conservación de los fragmentos, parece que se observa el uso de engobe en al menos dos de las ollas. 0 5 10 15 cocina mesa auxiliar MODELADO A MANO O TORNO POR GRUPOS UE 235 mano torno 6% 6% 12% 70% 6% FRECUENCIA POR OBJETOS UE 235 Jarros Jarritos Jarrita Ollas Alcadafes Ana Mateos Orozco 310 Las cocciones mayoritarias vuelven a ser las oxidantes, tanto en el grupo cocina, donde encontramos 8 fragmentos con esta cocción, como en el grupo mesa con 3 registros y el único elemento auxiliar. La cocción reductora aparece representada en un registro en el grupo mesa y otro en el grupo cocina, y la cocción irregular la podemos ver en 3 registros del grupo cocina. Así mismo los grupos de pastas vuelven ser utilizados en los grupos sin observarse ningún tipo de especialización en esto. Encontramos por tanto los tipos de pasta A3, A7, A15, A16, A17 y A19 en el grupo cocina, los tipos A11, A16 y A17 en el grupo mesa, y finalmente el tipo A11 en el grupo auxiliar. Figura 74: cocciones por grupos funcionales en Campus Tecnológico UE 235. El índice de completitud calculado a partir del EVE (2,15) y del EVREP (16) es de 13,44. Es algo mayor a los índices presentado previamente, pero igualmente nos muestra un índice de fragmentación bastante elevado. EVE AL-NECRO 235 EVREP CI 2,15 16 13,44 Figura 75: cálculo de EVE, EVREP y CI de Campus Tecnológico 235. 0 2 4 6 8 10 12 14 cocina mesa auxiliar COCCIONES POR GRUPO FUNCIONAL UE 235 oxidante reductora irregular El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 311 8.5.2.1. Grupo cocina De nuevo en este caso el grupo cocina es el que presenta mayor número de registros. Todos ellos son en este caso ollas, los tres ejemplares realizados a mano son bases sin ninguna característica determinante y por ello no podemos precisar su tipología. Aquellas que han podido ser identificadas están realizadas a torno en su totalidad. Predominan de manera clara las ollas de tipo 1.1.1.c, de borde exvasado y labio engrosado. Pertenecen a este subgrupo las siguientes ollas: la AL/NECRO/13/235-1, con 13 cm de diámetro, AL/NECRO/13/235-2 de 12,5 cm de diámetro, AL/NECRO/13/235-3 con 14 cm en este caso, AL/NECRO/13/235-5, con 18,5 cm de diámetro y AL/NECRO/13/235-6 finalmente con un diámetro algo mayor, de 24 cm y además con engobe al exterior. Como vemos presentan diámetros muy similares y ninguna de ellas, a excepción de la que tiene mayor tamaño y la base AL/NECRO/13/235-16, cuentan con tratamientos superficiales. Estas se realizan con varios tipos de pasta, A19, A16, A3, A15 y A7 correspondientemente, por lo que como vemos no hay relación entre la tipología y la pasta empleada en ellas. Con borde exvasado y labio cuadrado tenemos el registro AL/NECRO/13/235-4, tipo 1.1.1.e. Presenta en este caso 25 cm de diámetro, sin tratamientos y con pasta de tipo A16. Las ollas de tipo 1.1.1, con todas las variedades de labio presentadas, se repiten en los yacimientos andalusíes de cronología temprana, como ya hemos señalado, y especialmente en lugares como Córdoba (Casal et al., 2005: fig. 1; Fuertes Santos, 2010: fig. 375). Finalmente, de tipo 1.1.3.b, es decir, con borde moldurado y exvasado, observamos únicamente la olla AL/NECRO/13/235-9, con 21 cm de diámetro y realizada con la pasta tipo A15. Este tipo de pasta que como vimos también observamos en el grupo anterior (UE 108) aparece representado en la mayoría de las bases de este contexto. Este tipo de olla con paralelos en Volubilis y Córdoba (Amorós Ruiz y Fili, 2011 :27-32; Fuertes Santos, 2010: fig. 375) es mayoritario en el resto de los contextos de Algeciras y sin embargo solo encontramos un registro en este caso. Ana Mateos Orozco 318 8.5.3.4. Grupo auxiliar Finalmente, en este caso observamos un posible mortero, AL/NECRO/13/243-3, tipo 4.5, sin otros elementos similares en el registro estudiado. Tiene un diámetro de 11 cm y pasta de tipo A16. No descartamos que, al igual que la anterior, pueda tratarse de una pieza tardorromana. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 319 Figura 81: cerámica variada del Campus de I+D+i UE 243 (Algeciras). Ana Mateos Orozco 320 8.5.4. VALORACIÓN CRONOLÓGICA Y MORFOLÓGICA DEL CONJUNTO Al igual que hemos visto en los dos conjuntos precedentes, aunque cada unidad estratigráfica presente un contexto bien delimitado y diferenciado, relacionarlos entre sí es sencillo debido a que presentan una alta homogeneidad en sus materiales, suponiendo esto en nuestra opinión cronologías, y en ocasiones, funcionalidades afines. Así, en este contexto observamos una menor variabilidad formal, predominando el grupo cocina, y especialmente las ollas, sobre el resto. En el grupo mesa, aunque aparecen formas variadas, predominan los jarros. Aparecen aun así jarritas, que nos indicarían la adscripción islámica del conjunto. El resto de grupos, almacenamiento y auxiliar en este caso, puesto que no observamos ningún elemento de iluminación, no tienen especial representación en el total de los registros, suponiendo además elementos de adscripción dudosa al aparecer varios objetos que consideramos pueden ser de origen tardorromano, no sabemos si aún en uso o posibles elementos residuales. Atendiendo a todos esto, y añadiendo a esta información la cronología propuesta para los feluses encontrados en el lugar, pensamos que este espacio debe tener una cronología de mediados del siglo VIII. Consideramos que el conjunto es ligeramente distinto a los de la Calle Juan Morrison y Calle Rocha y atendiendo a la morfología de las ollas, a la escasa variabilidad y a la no presencia de ciertos elementos como los candiles, entre otros, nos hace pensar en esta posible cronología. Así mismo, a nivel tecnológico, consideramos interesante resaltar que en este conjunto se observa una preponderancia de la pasta de tipo A15 sobre el resto, en concreto para la cerámica del grupo cocina. Esto nos permite proponer una producción doméstica de estos elementos con arcillas locales de acceso cercano. Sería de especial interés analizar estas pastas y valorar si se trata de arcillas locales y cercanas al yacimiento. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 321 8.6. Conclusiones Tal y como pudo verse con el trabajo de Suárez Padilla y otro en 2005, en Algeciras tiene lugar la creación de una nueva zona de hábitat con la llegada de los musulmanes, quedando ocupada la meseta al norte del Río de la Miel desde el siglo VIII. Situando los lugares con cronologías más tempranas en un plano topográfico y observando las curvas de nivel, se puede constatar que los lugares ocupados en el núcleo urbano coinciden con el lugar más alto de esta especie de meseta norte. Quedaría, además, en este lugar espacio para la situación hipotética de la mezquita aljama y alcázar, no identificados hasta la fecha posiblemente debido a las intensas reformas producidas en la ciudad durante el periodo meriní. Pensamos, atendiendo a los grupos identificados que podemos diferenciar al menos dos fases en la cronología emiral, la que observamos en la Calle Juan Morrison, de mediados del siglo VIII con paralelos más claros en yacimientos como Volubilis, aunque también en yacimientos cordobeses como Saqunda o Cercadilla, mientras que los materiales de Rocha, comparables con los identificados en la calle San Antonio 21 también de Algeciras, situada en el segundo cuarto del siglo IX gracias a datos de origen numismático (Suárez Padilla et al., 2005), podrían situarse a finales de este siglo y principios del IX, siendo muy similares a los repertorios de Saqunda (Córdoba). Aunque en esta segunda, la calle Rocha 3, también observamos elementos que pueden ser precedentes, la alta presencia, en comparación al resto de contextos, de jarritas de boca ancha, parece situarnos en un momento ligeramente más avanzado. Consideramos que la datación realizada para estos materiales en el momento de su estudio los situaba a mediados del siglo IX, que pensamos puede llevarse a principios de siglo, segundo cuarto a lo sumo, mediante la comparación del conjunto con los elementos de Saqunda publicados posteriormente a estudio al que nos referimos. La intervención en el solar del Campus Tecnológico de I+D+i se sitúa a las afueras, en una de las laderas de la meseta. Conocemos la situación periférica de este emplazamiento por varias cuestiones. En primer lugar, el emplazamiento de una de las mayores necrópolis bajomedievales de la ciudad, lo que indicaría su posible situación extramuros. En segundo lugar, el trazado hipotético de la cerca y puertas, que dejaría Ana Mateos Orozco 322 este espacio nuevamente extramuros. Además, la interpretación de este lugar parece relacionarlo con actividades de carácter agrícola o de extracción de áridos, pudiendo suponer esto la existencia de un pequeño núcleo habitacional diferenciado en este lugar periférico a la ciudad. El análisis de sus materiales arqueológicos parece situarnos en un momento cronológico anterior atendiendo a la frecuencia de las formas cerámicas identificadas. Así, aparecen de manera mayoritaria ollas de perfil en S vuelta y numerosos jarros con asa adherida al borde, mostrando una variabilidad formal mucho menor que los contextos anteriores. No obstante, señalamos que, por lo general, y especialmente en el grupo cocina, prácticamente todos los grupos tipológicos identificados en Algeciras de manera mayoritaria se dan en cada uno de los contextos estudiados, en mayor o menor medida. No descartamos que esta diferenciación no se deba únicamente a cuestiones cronológicas sino relacionadas con el sustrato poblacional. Si tenemos en cuenta que, como proponemos, el sistema de producción responde o bien a industria doméstica o a industria de talleres, o ambas (ya que pueden coexistir) (Rice, 2005: 183), ciertos elementos podrían darse de manera mayoritaria en un sitio si se están produciendo ahí. Por ejemplo, las ollas 1.1.1.c en el caso del Campus Tecnológico. De hecho, la coexistencia de estos dos tipos productivos podría generar estas aparentes contradicciones en el registro. Así mismo, observamos una gran relación en los grupos cerámicos con formas norteafricanas. Para esta comparación hemos utilizado el registro de Volubilis al contar con fases bien acotadas y al presentar una situación similar en la creación de un nuevo espacio habitacional separado de la ciudad romana y tardorromana (Amorós Ruiz y Fili, 2011; Fentress et al., 2020). Coinciden las formas cerámicas y con ellas las dataciones propuestas que situarían esta ocupación de la meseta norte a mediados del siglo VIII. Creemos que sería interesante en el caso de Algeciras precisar si existe ocupación en la meseta norte anterior a este momento, y coincidente con la llegada de las primeras guarniciones musulmanas, así como poder valorar la perduración del hábitat en la meseta sur. Finalmente, queremos concluir que esta falta de datos anteriores a mediados del siglo VIII puede deberse a varias cuestiones, que esperamos se solventen en los próximos El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 323 años conforme continúen las intervenciones arqueológicas en la ciudad. La primera de las opciones es la más simple, no se ha identificado aún el espacio de ocupación del campamento militar, pudiendo este estar en otro lugar. La segunda opción, en relación con esto último, supondría la posibilidad de que este primer campamento se encontrara en la isla Verde frente a la ciudad, lugar que ocupa el actual puerto y sin posibilidad de intervenciones arqueológicas puesto que el espacio está completamente arrasado por diferentes intervenciones arquitectónicas e ingenieriles. La última de las opciones sería el margen de error en las dataciones relativas de la cerámica, puesto que existe cierta imprecisión en las tipologías existentes hasta la fecha y por lo general abarcan cronologías muy amplias (ss. VIII y IX en el mejor de los casos). Ana Mateos Orozco 324 El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 325 Ana Mateos Orozco 326 9. LA CERÁMICA DE SEBTA 9.1. Contextualización. La intervención arqueológica en la calle Fructoso Miaja. La intervención tuvo lugar en 2005, identificándose diferentes contextos entre los que destacamos un contexto de carácter funerario fechado ente los siglos XII y XIII y una fosa, interpretada como un vertedero doméstico, que se situó cronológicamente entre los siglos IX y X. Son los materiales de esta fosa los que captan nuestra atención en este trabajo, aunque ya fueron estudiados en un artículo mencionado sobre la ciudad precalifal (Hita et al., 2008: 24). Consideramos de interés señalar el contexto arqueológico de la Calla Fructuoso Miaja, puesto que nos puede señalar aspectos interesantes sobre sus dinámicas ocupacionales. La necrópolis, con 14 inhumaciones (atendiendo al número mínimo de individuos) se compone de fosas simples excavadas directamente sobre el sustrato geológico, lo que nos indica que, al margen de la fosa 002 que nos incumbe, no existe ocupación previa evidente en este espacio. Por otro lado, la existencia de un cementerio parece indicarnos que nos encontremos en una zona posiblemente periférica, que posteriormente quedaría englobada dentro del espacio urbanizado de la ciudad (Villada Paredes, 2005: 5-20). La fosa, también excavada sobre el sustrato geológico y estratigráficamente anterior a la necrópolis, era de forma circular con aproximadamente 1.2 m de diámetro y aproximadamente 20 cm de profundidad. Se encontraba muy afectada por la intervención para la construcción de la zanja para instalación de aguas que propició la actividad arqueológica. Se interpretó como un vertido de carácter doméstico, aunque asociada a la misma no aparecen ningún tipo de estructura (Villada Paredes, 2005: 7- 11). Este panorama de fosas o silos con material de desecho doméstico está documentado en toda la península ibérica y el norte de África en el periodo emiral. En prácticamente ninguno de los casos aparecen estructuras asociadas a las mismas, lo El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 327 que evoca un sistema constructivo y habitacional que al menos hasta el momento se escapa a la investigación. Figura 82: localización de la intervención en Fructuoso Miaja en el callejero ceutí. La interpretación de la fosa como basurero doméstico se sustenta en los materiales del depósito que la rellena, fauna y cerámica, esta segunda se presenta a continuación. Con nuestro estudio buscamos completar lo ya expuesto en 2008 sobre este repertorio, comprobar la cronología aportada acorde a las investigaciones más recientes que han aportado un mayor número de tipologías conocidas, y aportar nuevas interpretaciones y datos al contar con un mayor número de bibliografía especializada. Ana Mateos Orozco 334 y el rango de conservación del borde de cada una de estas (EVE), podemos hacer una estimación del porcentaje de vasijas conservadas (CI). En este caso el CI es de un 6,2%, siendo un rango de un valor muy bajo. El número tan reducido de piezas en este trabajo nos impide poder realizar ninguna hipótesis clara sobre ello. EVE FM UE 015 EVREP Índice de completitud (CI) (%) 1,67 25 6,28 Figura 84: cálculo del EVE, EVREP y CI de la C/Fructuoso Miaja. Las producciones a mano y a torno se presentan en números muy parecidos, encontrándonos el 60% a torno y el 40% a mano. El modelado a mano se presenta en la cerámica de cocina y de almacenaje en un 87,5% y un 75% respectivamente. La cerámica de mesa está realizada en su totalidad a torno. Figura 85: comparación modelado mano o torno según grupos funcionales en C/Fructuoso Miaja. 0 2 4 6 8 10 12 14 cocina mesa almacenaje iluminación MODELADO POR GRUPOS FUNCIONALES mano torno El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 335 Vemos que los elementos más representados en este conjunto son los jarros y jarras, suponiendo el 48% del total, seguidos de cazuelas y ollas. Representan números comunes para contextos del periodo emiral, donde abunda la cerámica de cocina debido a su uso constante y por tanto rotura fácil y los jarros, muy utilizados en las actividades cotidianas (Jiménez Puertas, 2012: 318) y además con una marcada plurifuncionalidad, de manera que suplen a otros objetos. De la misma manera, tinajas y elementos de almacenaje o iluminación presentan usos más prolongados, explicando su escaso número en un contexto de estas características (de desecho) (ibídem). Figura 86: frecuencia de elementos por grupos funcionales en C/Fructuoso Miaja (Ceuta). 9.3.1. GRUPO 1: COCINA Presentamos en este grupo todos los elementos asociados a cocina. Incluimos ollas y marmitas, utilizadas para la elaboración de guisos y cocidos, alimentos con elaboraciones más o menos lentas y con alto contenido en líquido, el diámetro de la boca es menor al diámetro mayor de la pieza y el cuerpo suele ser de tendencia globular. La diferencia entre ollas y marmitas depende de criterios principalmente tipológicos, las marmitas suelen tener mayor volumen y paredes con tendencia más recta, mientras que las ollas de este periodo presentan perfiles curvos, comúnmente cocina 32% mesa 48% almacenaje 16% iluminación 4% FRECUENCIA DE ELEMENTOS POR GRUPOS FUNCIONALES cocina mesa almacenaje iluminación Ana Mateos Orozco 336 en forma de S inversa. Por su parte las cazuelas son recipientes de boca amplia, con paredes rectas o curvas no muy altas y bases variadas, planas, ligeramente convexas, etc. Presentan frecuentemente asideros, mamelones o cualquier otro elemento de suspensión. Son usadas culinariamente para alimentos que precisan menos tiempo de cocinado y menor cantidad de líquido (Fernández Navarro, 2008: 78-87). Aunque no presentes en este conjunto, se consideran elementos de cocina también los platos de pan (tabaq) y los anafes (fogones portátiles) y tannures (hornillos efímeros). Generalmente el grupo presenta una alta homogeneidad tecnológica. Solo 1 de los 8 registros está realizada a torno, la olla FM-05-UE015-3-25. El resto están realizadas a mano, observándose evidencias del proceso de manufactura (marcas de dedos en la masa sin eliminar del resultado final). Las pastas son groseras, sin apenas decantar y con inclusiones de tamaño grande y muy abundantes. Se observan inclusiones redondeadas y de apariencia cristalina. Las diferencias en los colores de las pastas, que oscilan entre el rojo, el marrón y el negro se deben la cocción alterna o irregular en el horno, además de marcadas evidencias de haber estado expuestas al fuego, resultante en pastas muy negras por el hollín. Este tipo de cerámica de cocina se mantendrán en Ceuta hasta momentos muy avanzados, mientras que en la península parecen desaparecer a partir del siglo X. Observamos homogeneidad en la receta y elaboración de las pastas, mostrando pastas de tipo C3, FM-05-UE015-2-24 y FM-05-UE015-1-23, ambas a mano. También la pasta de las cazuelas FM-05-UE015-13, FM-05-UE015-14 y FM-05-UE015-15 y de la marmita FM-05-UE015-15-16 presentan la misma composición. Identificamos dos tipos de ollas, aunque muy similares entre sí a grandes rasgos. Las 3 presentan un perfil en S invers, algo muy común en yacimientos con cronologías análogas de la península ibérica, Madrid (Vigil-Escalera Guirado, 2006: 705-716), Mérida (Feijoo Martínez y Alba Calzado, 2004: 483-504) en cronologías tardoantiguas o visigodas y observándose el cambio tecnológico en el paso al periodo emiral, o a torno en Córdoba (Casal et al., 2006: 189-235) o Sevilla (Mateos Orozco, 2021: 13-24) entre otros. Son muy comunes desde época tardoantigua, aparecen de forma abundante en época emiral, y se mantendrán hasta el siglo X. La olla FM-05/UE015-1/23 realizada a mano pertenece a nuestra tipología 1.1.1.a, olla de borde exvasado y labio redondeado. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 337 Los registros FM-05/UE015-2/24 y FM-05/UE015-3/25 , englobados en la tipología 1.1.1.d., borde exvasado con labio biselado, son muy similares a las producciones emirales de Saqunda, Córdoba (Casal et al., 2006: 209-218), y a las ollas a torno identificadas en Melilla (Suárez Padilla et al., 2011: 67-68). Es interesante que la primera esté realizada a mano y la segunda aparentemente a torno. Esta segunda presenta pastas del tipo C1, es la única que difiere, aunque ambos grupos de pastas son muy similares. Otro elemento es la marmita FM-05/UE015-15-16, tipo 1.2.2.ab, a mano con cuerpo de tendencia globular y mamelón aplicado, presenta un parecido muy claro con las marmitas a mano identificadas en Melilla (Suárez Padilla et al., 2011: 63-83) y en Nakur (Acién Almansa et al., 1999: 65-66). Al igual que estas muestra similitudes con las marmitas del levante peninsular y con elementos tardoantiguos presentes en el norte de África y la península ibérica desde el siglo V (Fantuzzi et al, 2021: 80-84). Aun así, la observación de pastar de estos elementos, al menos la tardoantiguas del Bajo Guadalquivir y las de Ceuta, indican tradiciones tecnológicas muy distintas, presentando las del Bajo Guadalquivir mayor homogeneidad y cocciones mucho más regulares, algo que consideramos de interés para tratar en estudios posteriores. Finalmente consideramos cazuelas, por el diámetro del borde y paralelos, a las piezas FM-05/UE015-13 y FM-05/UE015-14, tipo 1.3.2.ac, con cordones digitados, son muy similares a marmitas identificadas en Melilla y Nakur (Suárez Padilla et al., 2011: 63-83; Acién Almansa et al., 1999: 45-69), por lo que no descartamos que puedan ser marmitas en lugar de cazuelas. Además, como hemos mencionado presentan la misma composición de pastas que la marmita FM-05/UE015-15-16. Prácticamente completa en su desarrollo tenemos la cazuela FM-05/UE015-15, tipo 1.3.2.ab, con claros paralelos en Volubilis (Amoros Ruiz, 2020: fig 5.6). La cazuela FM-05/UE015-8, tipo 1.3.1, cuenta con unas paredes más bajas que el resto, podría tratarse de un tabaq, aunque no prescindimos de ninguna de las dos opciones ya que puede ser plurifuncional. Todas ellas presentan paralelos con las piezas de los lugares mencionados previamente. Presenta en este caso pastas del tipo C1, al igual que la olla FM-05/UE015-3-25. Ana Mateos Orozco 338 Figura 87: cerámica de cocina de C/Fructuoso Miaja (Ceuta). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 339 9.3.2. GRUPO 2: MESA Jarras/jarritas y jarros/jarritos. Los jarros y las jarras se diferencian debido a su funcionalidad, aunque como veremos en el momento emiral la funcionalidad “específica” de estos en estos momentos es cuestionable. El jarro sirve principalmente para escanciar líquidos, por ello suelen contar con una sola asa y comúnmente la boca puede ser trilobulada. La jarra puede tener un asa, dos o ninguna. Sirven para el almacenamiento de líquidos, para su consumo y para su transporte (debido a que son fáciles de mover). Cuando son las específicas de boca ancha (de las que se presupone se bebe directamente) se denominan jarritas (Casal et al., 2006: 197). No obstante, sobre estas últimas especialmente y sobre las jarras en general, se han propuesto en estudios recientes interpretaciones que permiten hablar de una clara plurifuncionalidad en ellas, documentándose cómo fueron usadas, entre otras cosas, para la fermentación y almacenaje de productos lácteos (Lundy et al., 2021), almacenamiento de productos secos, etc. A nivel tecnológico todo el grupo está realizado a torno, aunque se observa que ninguna de las piezas es exactamente igual a otra. Esto se debe a que la fabricación de estas se realice en diferentes talleres locales. Cada proceso alfarero resulta en una enorme diversidad del conjunto, visible, por ejemplo, en la forma del labio o el acabado final de la pasta. Aunque se pueden establecer grandes grupos tipológicos, somos conscientes de que en casa grupo existirá variabilidad interna. En cuanto a las pastas, observamos también gran variabilidad, no solo en el color de las pastas, sino también en la frecuencia y morfología de las inclusiones. Esto nos indica lugares diferentes para la extracción de las arcillas y por supuesto, recetas en la fabricación de la masa propias de cada taller. Las pastas por lo general son más porosas para garantizar la correcta conservación de los líquidos que suelen almacenar. Así encontramos pastas de tipo C1, C2,C5, C6 y C8. El elemento más abundante del conjunto son las jarritas de boca ancha y cuerpo globular. Aparecen desde mediados del siglo VIII y que perdurarán hasta al menos finales del siglo XI. Así, en las jarritas que componen este conjunto, encontramos 1 Ana Mateos Orozco 340 ejemplar claro del tipo 2.1.3.2.a, jarritas de boca ancha con borde recto y redondeado, FM-05/UE015-20. Presumimos que los registros FM-05/UE015-21/4, FM-05/UE015- 21/3 y FM-05/UE015-21/2 presentan una tipología similar, aunque no conserven el borde, atendiendo a elementos conocidos mejor conservados en Melilla (Suárez Padilla et al., 2011: Fig. 13.51) o Saqunda (Casal et al., 2006: Jarras 2.1.1.1 Fig. 6). También sin el borde completo, pero suponemos de borde entrante, encontramos la pieza FM- 05/UE015-21/1, tipo 2.1.3.1.cc, su forma más similar la encontramos en Melilla (Suárez Padilla et al.: 77, 2011: Fig. 13.52). En Medina Zahara aparecen jarritas con la carena muy marcada, en cronologías califales (Vallejo Triano y Escudero Aranda, 1998: 155, fig. 11). Las carenas son un elemento mucho más común a partir del periodo califal omeya, aunque aparecen como decoración de jarros en contextos emirales como Saqunda (Casal et al., 2006: 220, fig. 6.80). Por su parte, la jarra FM-05/UE015-21/6, tipo 2.1.3.2.cc, presenta similitudes con los jarros carenados típicos del suroeste andalusí, la forma 2 de la clasificación de Retuerce y Zozaya (1987 en Aguilar Moya et al., 1998: 164-165) y que se han podido documentar en Niebla (Olmo Enciso, 1987: 137-138, Fig. 2.e) o Jerez de la Frontera (Aguilar Moya at al., 1998: 164-169, Fig. 1) entre otros. La cronología establecida para estos elementos es de finales del siglo X. Por su parte la jarrita FM-05/UE015-20’, tipo 2.1.3.2.c, borde recto y engrosado al interior, encuentra paralelos entre las jarritas identificadas de nuevo en Melilla (Suárez Padilla et al., 2011: Fig. 13.51). La jarrita FM-05/UE015-1-26 es similar a las ya mencionadas, aunque presenta el labio indicado al interior, tipo 2.1.3.2.e, encontrando paralelos en los lugares expuestos. La jarra FM-05/UE015-18, tipo 2.1.2.1., de borde exvasado redondeado y presumimos cuello de longitud media, aunque no conserva el desarrollo, presenta similitudes del perfil con jarros encontrados en Saqunda (Córdoba), tipología 2.1.2.2.a (Casal et al., 2006: 221), suelen contar con pico vertedor en el extremo opuesto al asa. Al no contar con mayor desarrollo de la pieza no podemos establecer un paralelo claro, al no saber si cuenta con el resto de las características. En Algeciras encontramos este tipo de borde y asa, aunque igualmente fragmentado (Suárez Padilla et al., 2005: 50, fig. 5.13- 14). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 341 No aparecen en el conjunto otros elementos normalmente presentes en la cerámica de mesa como son por ejemplo los cuencos. 9.3.3. GRUPO 3: ALMACENAJE La cerámica de almacenamiento, en especial las tinajas, son uno de los elementos más estáticos en el repertorio doméstico. Debido a que apenas se mueven por su funcionalidad, perduran mucho más que el resto de los elementos. Esto explica a su vez dos cuestiones: en primer lugar, que puedan presentar cronologías discordantes con respecto al resto de conjunto debido a que duran más que, por ejemplo, ollas y jarros, y segundo que, por tanto, aparezcan en contextos de desechos en mucha menor medida que los anteriores (Jiménez Puertas, 2012: 298). Creemos por paralelos tipológicos que todos los registros documentados pertenecen a tinajas de morfologías diversas y una única orza. A excepción de la orza FM-05/UE015-2/27, el resto de los elementos, todos ellos tinajas, están realizados a mano. Es la tecnología generalizada para la fabricación de estos elementos que por su gran volumen se realizan a mano. Las pastas difieren mucho entre sí, presentando de nuevo un panorama en el que parece indicarse la presencia de varios artesanos en el entorno, presentándose pastas del tipo C1, C4 y C6. Las tinajas que aparecen en nuestro contexto presentan grandes similitudes con las tinajas documentadas en Saqunda (Casal et al., 2006: 225, Fig. 14) y Melilla (Suárez Padilla et al., 2011: 82, fig. 18.78-77), son tinajas de cuerpo semiesférico o globular (no presentan el desarrollo completo de la pared y no conservan el borde) y con decoración aplicada en cordones, tipo 3.1.2.ac. o 3.1.1.ac., son las piezas FM-05/UE015-11/12 y FM-05/UE015-01. Mientras la primera parece disponer el cordón de manera horizontal, teniendo quizá cierta utilidad sustentante, la segunda parece responder a cuestiones meramente decorativas, los cordones se disponen creando guirnaldas y además el aplique al cuerpo no es especialmente fuerte, habiéndose desprendido parte del mismo. Sí conserva el borde el ejemplar, FM-05/UE015-10, presumimos de tipo Ana Mateos Orozco 342 3.1.1.1., cuerpo globular y borde exvasado y engrosado, con paralelos en los mismos lugares citados previamente. Finalmente, la orza FM-05/UE015-2/27 puede encuadrarse en el tipo 3.2.1., orza de morfología simple y común en el periodo emiral realizada a torno. Nuevamente encontramos sus paralelos más similares en Saqunda (Casal et al., 2006: 225, Fig. 16). 9.3.4. GRUPO 5: ILUMINACIÓN. De este grupo solo nos encontramos en la revisión actual un candil, FM-05-UE015- CANDIL. Es un candil simple, del tipo 5.1.1.2, con chimenea y de piquera larga. Son comunes en época emiral y posteriormente, es una tipología común que aparece de manera extendida en todos los yacimientos con cronologías análogas. La pasta parece similar a la documentada en el resto de cerámica a mano, algo más trabajada y con cocción oxidante, siendo pasta de tipo C5. Por el informe arqueológico, sabemos de la presencia de un segundo candil mejor conservado, que, sin embargo, no se encontraba en el contexto trabajado en el momento del estudio. Atendiendo a las fotografías recogidas en el informe, podemos afirmar que tipológicamente es similar al que describimos y se ajusta a la cronología propuesta. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 343 Figura 88: cerámica de mesa e iluminación de la C/Fructuoso Miaja (Ceuta). Ana Mateos Orozco 350 10. LA CERÁMICA EMIRAL DE ISBILYA 10.1. Contextualización El contexto cerámico que estudiamos a continuación procede de un sondeo llevado a cabo junto al muro de cierre de la Mezquita de Ibn Adabbás (actual Iglesia Colegial del Divino Salvador). Este sondeo se llevó a cabo a comienzos de 2020 en el marco de los trabajos arqueológicos asociados a la adecuación de un acceso inclusivo a la cripta de la iglesia 20 . Como se ha presentado en el contexto histórico arqueológico sobre la ciudad de Sevilla, la mezquita de Ibn Adabbas se erige en el 829 en un área periférica de la ciudad emiral, sin evidencias de urbanización previa, posiblemente cercana a zonas de gran actividad comercial y mercantil, vecina al área portuaria localizada en la actual Plaza Nueva. Esta fecha, 829, nos da una cronológica ante quem realmente valiosa para nuestro estudio. La cata que realizamos se localizaba junto a uno de los muros de cierre de la mezquita identificados en las intervenciones de 2005, los cuales se encontraban en nivel de arrasamiento o nivel de suelo tras las distintas intervenciones arquitectónicas históricas en el edificio. 20 Como mencionamos, agradecemos a Álvaro Jiménez Sancho el habernos dejado colaborar en la intervención y realizar el estudio de materiales. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 351 Figura 90: llocalización de la mezquita de Ibn Adabbas con respecto al cauce del río Guadlaquivir en época tardoantigua/altomedieval. El área alrededor de este muro no fue intervenida en su totalidad, solo un pequeño sondeo de menos de un metro junto al mismo y hacia el interior del edificio medieval. Suponemos que dicho sondeo en 2005 no agotó la secuencia estratigráfica por dos motivos: en primer lugar, el nivel freático sumado a una posible fuga subterránea hacía que el agua emanara en el sondeo a apenas 1.5 metros de profundidad; en segundo lugar, los resultados arqueológicos solo arrojaron numerosas inhumaciones del periodo Bajomedieval y Moderno realizados en el suelo de la aún Iglesia medieval, previa a la remodelación y construcción del templo barroco. De hecho, esta misma situación la vivimos en nuestra intervención, la cual comenzamos a aproximadamente 1 metro de distancia hacia el norte de este primer sondeo. Ana Mateos Orozco 352 Figura 91: planta hipotética de la mezquita de Ibn Adabbas superpuesta al templo barroco (elaboración propia a partir de Núñez Arce). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 353 Debido a estas circunstancias, y principalmente al hecho de únicamente obtener como resultados inhumaciones cristianas, decidimos trasladar el sondeo a la parte trasera del muro de cierre, es decir, la parte que habría dado a la calle en época medieval. Debido a la cota a la que se encontraba este espacio (7,45 m s.n.m.), no sabíamos cuál sería el alcance de la intervención o en qué nivel arqueológico nos encontraríamos. Se presuponía para el interior, debido al nivel de arrasamiento de los muros, que la cota conservada estaría a nivel de suelo o incluso algo por debajo en algunas zonas, siendo la cota conservada para el muro, 7,9 m s.n.m., y 8 m s.n.m. la supuesta para el suelo. Desconocíamos sin embargo la cota de uso exterior debido a la problemática asociada al aterrazamiento del sector que hemos expuesto en el capítulo 7. Por la composición de la capa superficial (muy afectada por elementos contemporáneos) que debió ser intervenida durante las obras en 2005, pero no conocíamos el alcance de dicha afección. No constaba en la memoria de intervención arqueológica ni quedaba claro el grado de intervención, por lo que supusimos que debió tratarse de una afección menor, probablemente relacionada con el trabajo de los obreros durante el proceso de consolidación de la cripta, ya que principalmente identificamos restos de hormigón, algunos clavos y fragmentos de tela de arpillera en la capa superficial. Al retirar esta capa observamos que nos encontrábamos ya ante diferentes estratos arqueológicos de carácter deposicional. La mayoría de ellos asociados a un momento de destrucción del muro, ya que uno de los elementos más abundantes era mortero de cal localizado horizontalmente (UES 103 y 140 que se desarrollarán a continuación). La intervención arqueológica nos permitió fasear la construcción del muro, y por tanto del exterior de la mezquita a principios del siglo IX, de la siguiente manera: Identificamos unas primeras unidades relacionadas con la preparación de la fosa de cimentación de los muros. No se pudo documentar en su totalidad debido a la presencia de los muros actuales de la cripta y la afección de enterramientos cristianos para su perímetro, ni tampoco en profundidad, debido a la aparición de agua en cantidad abundante desde la cota 6.67 m.s.n.m., siendo esta la cota más baja documentada. En esta fosa se documentan varias capas de relleno antrópico para la sujeción y refuerzo del muro: en primer lugar, la UE 152 de aproximadamente 10 cm de espesor, arcillosa y compuesta por restos constructivos de ladrillos y sillares Ana Mateos Orozco 354 romanos de tamaño mediano, dispuestos de manera horizontal sin orden aparente; sobre esta la UE 150, con aproximadamente 14 cm de espesor. Estrato de composición limosa y cal abundante, aparece también material constructivo de tamaño medio, probablemente nivelado con un mortero de cal en su parte más alta; finalmente, sobre ambas, la UE 147, de aproximadamente 10 cm de espesor, estrato arcilloso con gran cantidad de escombro de pequeño tamaño y morfología similar (cubos de aproximadamente 10x8 cm) y cantos rodados. Aparece cerámica tardorromana de manera esporádica. El muro de cierre (UE 111-112) se construye dentro de esta fosa de cimentación a partir de la cota 6,9 m.s.n.m., es decir la UE 147. Está realizado con ladrillo y sillares reutilizados de origen romano o tardoantiguo, con una anchura de aproximadamente 0,9 m. Junto a él se deposita la UE 139, unidad de interés para nuestro estudio cerámico. Pensamos en un primer momento que pudiera tratarse del primer nivel de uso del edificio y la calle, pero la presencia de restos de material constructivo, así como la identificación de mortero de cal en el muro en varias cotas superiores coincidentes, nos llevaron a pensar que podría tratarse de un último depósito de relleno. Este dato y los materiales cerámicos nos presentan una cronología de finales del siglo VIII y principios del IX. Sobre la UE 139 encontramos la UE 106 con abundante material orgánico que ocasionó que todo a su alrededor estuviera teñido de color negruzco. Su espesor era de más de 40 cm por lo que se interpretó como un posible vertido de basura aprovechando el recoveco formado entre el muro y su contrafuerte. Los materiales mostraron una cronología de mediados del siglo IX a principios del X. Aparece gran cantidad de material constructivo, tejas principalmente, cerámica y algunos fragmentos óseos de fauna, entre ellos un yunque de herrero fabricado en hueso. Junto a este nivel aparecen dos pequeñas fosas cuyos rellenos (UE 142, UE 143, UE 145) parecen estar en relación, o haber afectado a la UE 139 atendiendo a sus materiales, por lo que pensamos que, a pesar de haber sido excavadas en un nivel superior, El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 355 afectaron de manera directa a este nivel. Es por ello por lo que estos materiales se tratan de manera conjunta en el estudio de materiales. Los niveles posteriores prueban la realización de numerosas intervenciones y reformas en el muro, como adhesión de contrafuertes, la construcción de un nuevo muro perpendicular, etc. Diferentes modificaciones que permitieron el mantenimiento de la mezquita y su uso hasta época almohade y posteriormente como iglesia tras la conquista cristiana. Pese al interés del resto de la secuencia, no consideramos que sea relevante exponerla en este trabajo. Las relaciones estratigráficas mencionadas configuran al depósito de materiales de la UE 139 como elementos de enorme interés, puesto que ponemos como fecha clave el momento de construcción de la mezquita, el 829 d.C. Por otro lado, la comparación tipológica de los materiales con otros repertorios análogos conocidos, destacando por cuestiones cronológicas Saqunda (cuya cronología sabemos que no va más allá del 818, momento de la destrucción del arrabal), parece confirmar la datación aportada por la estratigrafía. Al tratarse de un relleno para la cimentación, posiblemente proveniente de un vertido de carácter secundario, esto podría explicar la presencia de elementos previos a esta fecha tanto de carácter residual, como elementos en uso durante varias décadas. Ana Mateos Orozco 356 Figura 92: sondeo arqueológico con unidades estratigráficas 139 y 106. Tal y como mencionamos, consideramos coetáneas o inmediatamente posteriores a la UE 139 las UES 145, 143 y 142, todas ellas pequeñas fosas. Las relaciones estratigráficas de las mismas, así como sus límites fueron realmente complicados de establecer ya que se encontraban completamente teñidas de negro, posiblemente contaminadas por la abundante cantidad de elementos orgánicos de la UE 106. Los materiales coinciden en cota, así como en su tipología con los de la UE 139, por lo que no dudamos que estas fosas interfirieran originariamente sobre la primera, y por ello se consideran los materiales análogos. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 357 Figura 93: sondeo arqueológico con unidades estratigráficas 142, 143 y 145. Finalmente, presentaremos los materiales de la UE 106, que pese a ser posterior, muestran de manera clara el cambio en la cerámica, pudiéndose considerar un repertorio claramente islamizado aun en el periodo emiral. Ana Mateos Orozco 358 10.2. Cuestiones preliminares Atendiendo a los datos estratigráficos y descripción de los contextos, tomamos como referencia para el estudio de materiales contextos conocidos y trabajados con cronologías análogas. Elegimos Saqunda (Casal et al., 2005), para poder precisar especialmente los contextos más antiguos (al tener bien conocida su fecha ante quem en el 818), Cercadilla (Fuertes Santos, 2000) con ocupación continuada, o Cártama con diferentes de niveles de ocupación y en concreto de producción cerámica hasta época califal bien conocidos (Melero García, 2009), . Así mismo contaremos con los contextos de lugares donde no se diferencia con precisión entre los siglos VIII y IX como Málaga (Salado Escaño et al., 2004), Ronda (Castaño Aguilar, 2006) o Marroquíes Bajos (Pérez Alvarado et al., 2003), entre otros. Sumando estos datos a aquellos de los lugares donde las fechas son más precisas y al mismo tiempo con nuestros propios elementos, buscamos poder aportar una datación relativa a las unidades 139, 142, 143, 145 y 106 lo más segura posible. Debido a que, pese a los estudios de manera individualizada, nuestro objetivo es entender estos contextos en su conjunto, hemos intentado sistematizar la descripción tipológica y tecnológica de la manera más aséptica posible. Así, hemos observado e identificado, mediante observación macroscópica con lupa digital, diferentes grupos de pastas que se repiten en todos estos contextos. Procedemos a describir la totalidad de las pastas que encontramos, para poder hacer referencia a las mismas durante la descripción pormenorizada de cada uno de los grupos 21 . Adelantamos que debido a la inmensa variabilidad que observamos entre las pastas, nos hemos visto en la obligación de intentar realizar una clasificación más general atendiendo a características comunes repetidas entre los elementos y unificando grupos que compartieran la mayoría de las características descritas. Debido a que apenas observamos pastas decantadas, somos conscientes de cómo encontrar pastas exactamente iguales y estandarizadas es una tarea casi imposible. 21 En el anexo se recogen las láminas en las que se encuentran fotografías individualizadas de todos los tipos descritos, así como el desglose de la codificación. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 359 10.2.1. TIPOS DE PASTAS DE LA CERÁMICA EMIRAL DE SEVILLA 22 Tipo S1: 3.3.3.3.2.4.3.3.1 Pasta de color rojizo marronáceo con cocción reductora o irregular. Factura gruesa y textura rugosa. Apenas se encuentra depurada. Presenta una alta cantidad de inclusiones en una frecuencia muy abundante, aunque su dispersión no es nada uniforme, presentando grandes aglomeraciones en algunas zonas del fragmento y escasas en otras. Las inclusiones son de tamaño medio y grande principalmente, predominando formas con aristas, que pueden ser cuarzos u otro mineral de apariencia cristalina. Es la pasta más común en el grupo de cocina y auxiliar, el cual relacionamos con un modo de producción doméstico, algunas cerámicas realizadas a mano y con facturas más gruesas, especialmente en los grupos más antiguos (cerámica de la UE 139). La homogeneidad de la pasta puede deberse a un mismo lugar para la obtención de las materias primas puesto que además la pasta no está apenas decantada. Tipo S2: 3.3.3.3.2.4.3.3.4 Pasta de color rojizo marronáceo de cocción irregular. Su factura es gruesa y presenta una superficie y textura rugosa. No se encuentra depurada y muestra una abundante frecuencia de inclusiones. Las inclusiones se disponen en la pasta de manera irregular, nada uniforme, presentando diversidad en la morfología, color y tamaño. Predominan las inclusiones de tamaño mediano y grande con morfología muy diversa, en algunos casos casi difusa y mezclada con la pasta, aunque también se observan pequeñas inclusiones de color blanquecino. Tipo S3: 4.2.2.3.2.3.3.3.4 Pasta de color negro o grisáceo y cocción reductora, de factura media y textura rugosa. Pasta sin decantar, con una frecuencia de inclusiones alta, sin uniformidad ni en 22 Para más información sobre las pastas así como fotografía de las mismas, se puede consultar el Anexo 5.3. Ana Mateos Orozco 366 En cuanto a los acabados superficiales, no encontramos decoración en ninguno de los elementos, excepto el fragmento vidriado, que como comentaremos es complejo en su cronología. Aunque sí que aparecen acabados superficiales tales como alisados, espatulados y engobes. Alisados y espatulados son mucho más comunes en el grupo cocina, mientras que los engobes aparecen únicamente en el grupo mesa. Estos tratamientos tienen por supuesto correlación con la funcionalidad de los objetos, jarras y jarros preparados para el almacenamiento de líquidos y principalmente para su consumo, presentarán pastas más porosas, para garantizar la correcta conservación de los líquidos y la temperatura a la que se mantengan. En la cerámica de cocina encontraremos comúnmente superficies alisadas o espatuladas para eliminar precisamente esos poros y evitar la pérdida de líquidos durante el cocinado. 34% 54% 3% 9% PORCENTAJE DE PRESENCIA DE GRUPOS cocina mesa almacenamiento auxiliar Figura 96: gráfico representativo del porcentaje de cada grupo en el contexto de la UE 139. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 367 Figura 97: gráfico representativo de tratamientos superficiales en la cerámica de la UE 139. Finalmente analizamos el equivalente de vasija estimado (EVE), la estimación de vasijas representadas (EVREP) y el índice de completitud (CI). Para el EVE hemos realizado una estimación entre el resultado obtenido del EVE de los bordes y de las bases, siempre y cuando no considerásemos que pudieran ser de la misma pieza (algo que hicimos comparando los resultados de la observación macroscópica de las pastas). Como sabemos, de la relación entre EVE y EVREP obtenemos el CI, en este caso el CI es aproximadamente de un 8,4 %, lo que nos indica un grado de fragmentación del conjunto bastante grande. Esto nos permite confirmar o corroborar la naturaleza de nuestro conjunto como vertido de carácter secundario, algo visible en la marcada fragmentación de las piezas en su carácter individual como en el conjunto completo. UE 139 EVE borde EVE base EVE TOTAL TOTAL 1,275 0,915 2,19 0 2 4 6 8 10 12 espatulado alisado engobe peinado TRATAMIENTOS INTERIORES Y EXTERIORES DEL TOTAL interior exterior Ana Mateos Orozco 368 EVREP 18 8 26 CI 0 0 8,42307692 Figura 98: Cálculo del EVE, EVREP y CI de la cerámcia de la UE 139. Para comprobar la coherencia de la UE 139 con las UES 142, 143 y 145 probamos realizar el mismo cálculo añadiendo estos elementos. Los resultados que obtenemos apenas varían. Tendemos a pensar que esto se puede explicar por la propia coherencia interna del conjunto, demostrando que forman parte de una única unidad. No obstante, no olvidamos que el número de fragmentos analizados es bastante reducido y quizá esto enmascare otros resultados que no podemos ver con la muestra que tenemos actualmente. EVE TOTALES (UE 139, 142, 143, 145) EVE borde EVE base EVE TOTAL TOTAL 1,735 0,915 2,65 EVREP 24 8 33 CI 8,03030303 Figura 99: comparación del cálculo del EVE, EVREP y CI de las UUEE 139, 142, 143 y 145. Posibles elementos residuales e intrusiones. El conjunto cerámico se presenta relativamente homogéneo en su composición y cronología. Aparecen, como hemos mencionado, diferentes elementos adscribibles a cronologías tardoantiguas, aunque algunos de ellos se conocen presentes aún en los típicos repertorios emirales conocidos. Así, únicamente descartamos del estudio 3 fragmentos de terra sigilata muy rodados y prácticamente irreconocibles, lo que nos indica que se encuentran en el depósito de manera residual. Pueden ser también de carácter residual otros dos fragmentos de ánforas bizantinas Keay 62, que pueden El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 369 llegar al siglo VII pero no mucho más adelante. También en Tarragona se encuentran en contextos del VIII consideradas como residuales (Martorell, 2020: 319). Creemos que es interesante dejar constancia de estos elementos, puesto que la comparación con otros contextos con materiales del siglo VIII muestra gran variabilidad y sobre todo una presencia significativa de elementos característicos considerados tardoantiguos. Así mismo, aparece otro elemento de posible intrusión, en este caso de los niveles posteriores. Se trata de un fragmento de ataifor vidriado, muy afectado por los procesos postdeposicionales del yacimiento (mucha cantidad de agua y humedad) y que por tanto no puede identificarse el color del vidriado, al estar en pleno proceso de desvitrificación. Pensamos que se trate de una intrusión de algún nivel superior, ya que los vidriados emirales parecen darse a partir de cronologías algo más elevadas, especialmente desde mediados del siglo IX. Si bien, es también cierto que, durante las últimas décadas se tiene un mejor conocimiento de las producciones vidriadas emirales, probándose una mayor presencia de esta de la que se suponía (Salinas, 2013: 67-69). La similitud en la fábrica de su pasta con otros elementos del repertorio cerámico nos permite dudar de si se podría tratar de un vidriado temprano de la primera mitad del siglo IX. En la UE 106 aparecen varios fragmentos vidriados más fácilmente reconocibles, por lo que puede proceder de esta unidad. 10.3.1. CERÁMICA DE COCINA La cerámica de cocina es el segundo grupo mejor representado, las ollas como objeto individualizado son igualmente el segundo elemento más representado de todo el conjunto, presentándose en casi un 30% de la totalidad. En el conjunto analizado encontramos principalmente ollas (11 de los 12 registros) y un posible tabaq (plato de pan). No aparecen cazuelas o no han sido interpretadas como tal, ya que alguna de las bases identificada como base de olla pudiera ser de cazuela. No obstante, la escasa representatividad de las cazuelas frente a lo numerosa que suelen ser las ollas es un hecho común en los contextos conocidos del suroeste. Ana Mateos Orozco 370 La mayoría de las ollas están realizadas a torno (7) y 4 están realizadas a mano. Tanto las realizadas a mano como las realizadas a torno presentan un tratamiento de superficie característico, espatulado o similar, que supone que diferenciar el modelado sea complejo. Para la diferenciación del modelado nos hemos fijado no solo en las posibles líneas de torno (no visibles en la mayoría de los registros), sino en la consistencia de las pastas y la homogeneidad del grosor de estas. Así mismo, las modeladas a mano presentan huellas en la base que dejan entrever el uso de una superficie giratoria, una torneta o cualquier otro elemento que permita el giro, que facilita un acabado más limpio. En ollas como la S20-139-8, con un acabado exterior bastante pulcro y con líneas que pueden parecer evidencias del torneado (resultado del espatulado en realidad), se observan al interior claras marcas de haber modelado la pieza a mano, habiendo quedado los dedos del alfarero o alfarera marcados en la arcilla. La cocción del grupo cocina es principalmente alterna, encontrando pastas rojizas, marrones y negruzcas mayoritariamente. Una de las ollas (S20-139-10) presenta cocción oxidante con una pasta rojiza-anaranjada. La tecnología de las pastas es bastante similar, siendo pastas sin depurar, de textura rugosa y de fábrica gruesa o media (en el menor de los casos). Solo dos y dos casos presentan pastas de composición aparentemente idéntica (mediante la observación macroscópica), los registros S20- 139-6 Y S20-139-8, y por otro lado S20-139-7 y S0-139-11. El resto, a pesar de sus similitudes, presentan diferencias notables en la preparación y elección de ingredientes en la pasta. Esto nos indicaría un modelo productivo muy variado, con diferentes recetas y distintos modelos de fabricación. En cuanto a sus pastas, predominan las pastas de tipo S1, siendo estas las más groseras, repetidas en la mayoría de las ollas y en el tabaq. Aparecen también pastas de tipo S2 y S3, también groseras, y un único ejemplar realizado con pasta del tipo S6, que como veremos en los siguientes grupos parece usarse para diferentes funcionalidades. Las ollas de menor diámetro son las dos que difieren en el tipo de pasta utilizado. Podemos establecer tres grupos de ollas atendiendo al diámetro de sus bocas: un primer grupo más pequeño, cuyo diámetro se sitúa en torno a los 10 cm, un segundo grupo mediano con diámetros entre 15-17 cm, y finalmente un grupo mayor con El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 371 diámetros que alcanzan los 30 cm y más. No obstante, esta diferenciación de tamaños no coincide con los distintos grupos tipo-morfológicos que hemos establecido atendiendo a la forma y dirección del borde. La diferenciade tamaño se da de manera indiferente sin tener en cuenta la tipología, al menos en este caso, pero sí parece tener correlación con el tipo de pasta utilizado tal y como hemos expuesto. Atendiendo a criterios tipológicos todas las ollas presentan borde exvasado y tendencia a tener un cuerpo globular (1.1.1) (fig. 19). Las diferencias más notables se presentan en labio y borde, puesto que encontramos labios simples y con acabados redondeados (1.1.1.a), siendo estas las ollas S20-139-8, S20-139-10 y S20-139-11, labios engrosados (1.1.1.c) la olla S20-139-13, labios biselados (1.1.1.d), S20-139-6, y labios indicados (1.1.1.e) en las ollas S20-139-7 y S20-139-9. Encontramos paralelos para estas formas en los registros arqueológicos con cronologías y sustratos poblacionales afines, como Saqunda (Córdoba), en concreto con el grupo 1.1.1, en el que se engloban todas las que hemos mencionado (Casal et al., 2005: fig. 1-2). Esta morfología de ollas es común en el suroeste andalusí, algunas tienen precedentes en contextos tardoantiguos, por ejemplo, en Cercadilla (Fuertes Santos y González Virseda, 1994: 191) en los niveles preislámicos se observan las ollas de borde exvasado y labio simple. No se observa estandarización completa en las tipologías, pero sí que se puede observar una tendencia general en la morfología, muy característica del periodo emiral. Perviven algunas morfologías presentes en la península ibérica en época tardoantigua, especialmente en ollas y algunos jarros, aunque consideramos una diferencia notable y a tener en cuenta, el diámetro de las bocas de las ollas. Aquellas diferencias menores entre estos tipos pueden ser resultado mismo del proceso de modelado. Como veremos a continuación, esta diversidad formal nos indica, junto a otras características ya mencionadas, un modo de producción de carácter doméstico muy probablemente. El fragmento S20-139-18 (fig. 21) se presenta difícil de interpretar, presentamos por las características de la pasta (de gran grosor, superficie rugosa y gran presencia de inclusiones) que deba ser un elemento para utilizar de manera directa en el fuego. La disposición de la superficie y el aparenten desarrollo de las paredes (fracturadas casi en la base), podría hacernos pensar que se trata de un tabaq si atendemos a la amplia morfología que presenta este objeto (Gutiérrez Lloret, 1990-1991: 171-173). Aunque Ana Mateos Orozco 372 lo presentemos como este elemento, somos conscientes de la dificultad en su interpretación debido a su estado de fragmentación. Figura 100: cerámica de cocina de la UE 139. El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 373 10.3.2. CERÁMICA DE MESA La cerámica de mesa es el grupo más numeroso, suponiendo más de un 50% del número total de registros. Encontramos jarros, jarras, jarritas, asas y un ataifor. La diferencia entre jarras y jarros ya se estableció en el capítulo 2 (2. Metodología), las asas se engloban en este grupo por la apariencia de sus pastas y morfología y tamaño, más afines a la cerámica de mesa que a otro grupo. No incluimos el ataifor mencionado previamente ya que como hemos dicho hemos considerado que se trate de una intrusión. Todos ellos están realizados a torno. Adelantamos que el estudio tecnológico de las pastas nuevamente nos sitúa ante una amplia variabilidad de recetas alfareras. En este caso, la presencia de un torno (necesario para la elaboración de las piezas), nos induce a pensar en un sistema que pese a estar lejano a la estandarización, sí que cuenta con ciertos recursos tecnológicos, como pueden ser pequeños talleres donde realizar las producciones. Encontramos pastas del tipo S6, S8, S9, S10 y S14, predominando las de tipo S6 y S10 que también se observarán en el resto de grupos posteriores. 10.3.2.1. Jarros Presentan pastas claras con cocciones oxidantes y todos están realizados a torno como mencionamos. Sus pastas son claras, tonos crema o anaranjados, realizadas con cocciones oxidantes, de fábrica y textura media generalmente, no están depuradas y presentan una selección de inclusiones (tamaño, forma, cantidad) muy variada entre sí. Los dos fragmentos que identificamos como jarros se presentan muy fragmentados, e impiden precisar su tipología, son los elementos S20-139-31 y el S20-139-21 (fig. 20). 10.3.2.2. Jarras/jarritas Jarras y jarritas se presentan de manera predominante, presentan diámetros en la boca muy similares, entre 10 y 15 cm como máximo. Generalmente la división entre jarra y jarrita se realiza por el tamaño del objeto, pero en nuestro caso todas parecen muy similares en tamaño, solo la S20-139-33 parece de mayor tamaño que el resto, aunque solo se conserva la base. Atendiendo a que el diámetro mayor de boca representado es 15 cm, en la jarrita S20-139-36, y no es excesivamente grande, consideramos que Ana Mateos Orozco 374 todas ellas, menos la S20-139-33, son jarritas y no jarras. Esto supondría una mayoría de jarritas para todo el conjunto, suponiendo más de un 33% de la totalidad. Como ya hemos mencionado todos los elementos están realizados a torno. Todas ellas presentan pastas claras de color anaranjado o crema, a excepción de dos registros con cocción alterna o mixta, la jarra S20-139-29 y la S20-130-40. No podemos precisar si la cocción es alterna o mixta debido a que los fragmentos son demasiado pequeños para poder saber si esta tendencia que observamos se da de manera regular por toda la pieza. A nivel tecnológico, la receta observada macroscópicamente de las pastas es muy variada, únicamente encontrando patrones repetidos en dos tipos de pasta. De esta manera S20-139-32 y S20-139-42 presentan la misma composición aparente, al igual que S20-139-30 y S20-139-41. Así mismo, también la jarrita S20-139-37 presenta similitudes en su pasta en comparación a la pasta del asa D20-139-38 y la pasta del ataifor vidriado mencionado anteriormente, S20-139-20. El resto de las pastas pese a presentar diferencias en la elección de las inclusiones, presentan como hemos comentado, cierta regularidad en cuanto a su cocción, apenas están depuradas (solo se observa una pasta bien depurada) y las fábricas son medias y gruesas, en un 65% y 35 % respectivamente. Vemos que, pese a que generalmente las pastas usadas para este tipo de elementos de mesa son más cuidadas, en este caso (y al igual que ocurre con los repertorios de Ceuta y Algeciras), no son pastas totalmente depuradas o finas, aunque disten mucho de los aspectos tecnológicos de la cerámica de cocina o almacenamiento. Solo en este grupo, jarritas, observamos la utilización de engobes, normalmente muy suaves y de tonalidades similares a las usadas en la pasta cerámica. En cuanto a la tipología de las jarritas solo dos de ellas presentan el borde, ambas pueden englobarse en el mismo grupo 2.1.3.2.a, jarritas de boca ancha y cuello cilíndrico con cuerpo globular, de borde recto y labio redondeado, encontrando paralelos claros en el tipo de Saqunda 2.1.1.1 (Casal et al., 2005: fig. 6: 98). La S20-139- 37 es algo más pequeña, con un diámetro de la boca máximo de 10 cm, y la S20-139- 36 15 cm. Las bases presentan mucha variabilidad, siendo aparentemente todas planas, a excepción del umbo S20-139-31. (Fig. 20). El siglo VIII en la zona meridional de Garb al Andalus (suroeste de la península ibérica). 375 Es interesante y llamativo que ninguno de los elementos identificados presenta pintura o decoración. Solo un pequeño fragmento (S20-139-42) presenta incisiones paralelas posiblemente realizadas con un peine, que puede o no considerarse un motivo decorativo o un simple acabado superficial. Este motivo nos recuerda a decoraciones realizadas a peine identificadas en contextos bizantinos entre los siglos V y VII (Ramallo et al., 1996). La pintura realizada a trazos con los dedos tan característica de este periodo parece esquiva a nuestro contexto. Aunque somos conscientes que puede ser un sesgo debido al reducido tamaño de la muestra, es una cuestión llamativa. Ana Mateos Orozco 382 el objetivo de aportar una mejor y más fina superficie exterior a los objetos. Aparecen dos elementos con acanaladuras, ambos de servicio de mesa. Figura 105: tratamientos superficiales observados en la cerámica de las UUEE 142, 143 y 145. Figura 106: clasificación de los tratamientos en función a su aplicación interior o exterior en la cerámica de las UUEE 142, 143 y 145. En cuanto a los tipos de pastas identificados en este conjunto tenemos al tipo S1, de nuevo presente en el grupo de cocina, el tipo S3, S6, S10, S14, S15 y S16. Siguen siendo predominantes los tipos S6 y S10. De los 10 fragmentos reconocibles, los cuales se toman en consideración como EVREP, hemos obtenido un EVE medio de 0,69 siendo por tanto el índice de completitud de este conjunto de vasijas de un 6,9. No dista especialmente del CI de la UE 139, pero nos está indicando una menor conservación en este caso y mayor fragmentación del 13% 10% 7% 7% 63% TRATAMIENTOS SUPERFICIALES UUEE 142, 143 Y 145. espatulado engobe acanaladuras alisado sin tratamiento 0 1 2 3 4 5 espatulado alisado engobe peinado/acanalado TRATAMIENTOS O ACABADOS INTERIOR/EXTERIOR Interior Exterior [Document text truncated for crawler view.]