Territorio, participación ciudadana y nivel de confianza en las instituciones oficiales
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Menú principal Índice de Scripta Nova Scripta Nova REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES Universidad de Barcelona. ISSN: 1138-9788. Depósito Legal: B. 21.741-98 Vol. XII, núm. 270 (116), 1 de agosto de 2008 [Nueva serie de Geo Crítica. Cuadernos Críticos de Geografía Humana] TERRITORIO, PARTICIPACION CIUDADANA Y NIVEL DE CONFIANZA EN LAS INSTITUCIONES OFICIALES Ramón Díaz Hernández [email protected] Juan M. Parreño Castellano [email protected] Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Territorio, participación ciudadana y nivel de confianza en las instituciones oficiales (Resumen) Canarias es una de las regiones españolas que registra mayores niveles de abstención en las diferentes consultas electorales. Este comportamiento puede explicarse por razones de diverso tipo, pero sin duda, la falta de confianza en los cargos públicos electos y en las instituciones es uno de los factores de mayor peso. Con este fin, en la presente comunicación se expone resumidamente una reciente experiencia realizada en Canarias por el Grupo de Investigación en Geografía Social y Económica de la ULPGC consistente en situar las diferentes respuestas que dio una muestra de ciudadanos residentes en las Islas a una encuesta de opinión confeccionada al efecto sobre el grado de confianza que le inspiran las instituciones oficiales. A su vez, los opinantes fueron desagregados por islas, comarcas y municipios, poniéndose en evidencia la enorme pluralidad y complejidad que es capaz de albergar una sociedad moderna como la canaria. Palabras clave: participación ciudadana, democracia, confianza en las instituciones. Territory, civil participation and confidence in public institutions (Abstract) The Canary Islands is one of the Spanish regions that register major levels of abstention in the different elections. This behavior can be explained because of different reasons, but undoubtedly, the lack of confidence in the elected politicians and in the public institutions is one of the factors with major weight. In this work, a recent experiment carried out in the islands by the Group of Research in Social and Economic Geography (GEYS) of the University of Las Palmas de Gran Canaria is exposed briefly. Different answers given in a poll by a sample of resident citizens in the islands, about the confidence degree that the
public institutions inspire, is evaluated. The results were analyzed by islands, regions and municipalities, proving the enormous plurality and complexity of the modern canary society. Key words: civil participation, democracy, confidence in public institutions. En el debate actual sobre los sistemas y regímenes políticos modernos, la pregunta por la calidad de la democracia ha dejado de ser una interrogante retórica para pasar a convertirse en un componente de interés estratégico. Desde mediados de la década de los noventa ha aparecido gran cantidad de literatura que presenta orientaciones útiles para avanzar en la tarea de obtención de medidas e indicadores que aporten pistas acerca del funcionamiento real de los sistemas políticos, de las condiciones de estabilidad de los mismos, de cómo son percibidos y aceptados por los ciudadanos. En sintonía con lo anterior y siguiendo una línea de investigación inspirada en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (gobernabilidad democrática y ciudadanía), abordamos las interrogantes sobre la calidad de la democracia en nuestra región en relación con el desarrollo humano y desde una perspectiva territorial. Por una parte, el presente trabajo ofrece una reflexión desde la teoría democrática, y por otra, se hace un esfuerzo por avanzar apoyándose en métodos cualitativos y herramientas prácticas para poder observar y decir algo respecto de lo que ocurre en el seno de nuestra democracia. Necesitamos explorar en las motivaciones que conducen a los sujetos a comportarse de tal o cual modo utilizando metodologías cualitativas, de carácter no directivo[1]. Como ha dicho Julián Marías (Soler Plana, 1973): "La democracia significa la intervención de las personas como tales en la vida colectiva. Por eso es incompatible con toda forma de totalitarismo, y la demagogia es su profanación y desvirtuación, porque elimina el carácter personal y se convierte en una manipulación de las masas. La democracia tiene que estar inspirada, vivificada, por el liberalismo, que consiste en la apelación a la condición personal del hombre, intrínsecamente libre, proyectivo, y por tanto imaginativo". En consecuencia, la participación política en un contexto liberal no puede entenderse más que como la acción de los ciudadanos destinada a influir en el proceso político de su país y en su resultado. Aunque existen otras muchas, la forma más frecuente de participación política es aquella que se manifiesta en los procesos electorales. Por lo tanto, en nuestra democracia la participación ciudadana en los asuntos políticos se limita a votar o no votar cada cierto tiempo a los candidatos que proponen las diferentes fuerzas partidarias en listas cerradas. Se da por sentado que la mayoría de los ciudadanos acepta las reglas de juego que el sistema democrático ha ido poniendo en práctica con todas sus consecuencias (ley electoral y monopolio de los partidos políticos de acuerdo con la Constitución de 1978). En este contexto la participación se convierte en un claro indicador de la salud del sistema especialmente cuando los niveles de participación son elevados. El problema se plantea cuando los electores por desinterés, por razones técnicas o por rechazo al sistema empiezan a no acudir a las urnas de forma más o menos persistente y los niveles de participación bajan hasta límites críticos. Es entonces cuando se habla de deslegitimación social y de crisis de la democracia. De las tres variables más conocidas[2] que explican la abstención, en el presente trabajo se estudiará sólo las que se apoyan en la confianza o desconfianza en las instituciones
democráticas. La medición de la confianza es imposible sin la colaboración de los propios actores por lo que tuvimos que recurrir a una encuesta para preguntar directamente a los potenciales electores sus opiniones. Hemos seguido a Hernández Bravo de Laguna (2002) cuando afirma que “los estudios electorales identifican tradicionalmente la abstención electoral con la ausencia del ejercicio del derecho de sufragio activo, es decir, con el no acudir a votar en un proceso electoral determinado. Esta abstención electoral puede tener su origen en una discrepancia radical con el régimen político (o, incluso, con la democracia), en los que no se desea participar de ninguna forma, en un desinterés por la política o en un convencimiento de que nada puede cambiar realmente gane quien gane las elecciones, entre los principales motivos que fundamentarían esta actitud”. Tomando estos conceptos de abstención como punto de partida, analizando y comparando la conducta electoral a nivel de España y Canarias, apreciamos como en las Islas este fenómeno se presenta de forma más acusada que en el resto del Estado (figura 1). Pero un resultado así no nos coge de sorpresa porque si nos remontamos a las tres elecciones generales que se celebraron en España durante la 2ª República (1931, donde únicamente votaban los hombres mayores de 23 años, las de 1933, boicoteadas por la FAI-CNT y en la que votaron por primera vez las mujeres, y las de 1936 que condujeron a la victoria del Frente Popular) la abstención en las dos circunscripciones provinciales canarias fue muy elevada. Por ejemplo, en las elecciones de 1936, las que obtuvieron una mayor participación, con sólo un 28 por ciento de abstención de promedio estatal, registró una abstención en las Islas cercana al 50 por ciento. Una vez reinstaurada la democracia, diez son las elecciones generales al Congreso de los Diputados que se han celebrado en España desde 1977 hasta 2008. Para todos los comicios la abstención ha cosechado un promedio del 25,94 por ciento respecto del Censo electoral en el conjunto estatal, en tanto que en Canarias el porcentaje medio de electores que no acude a votar siempre ha sido superior (32,63 por ciento) con lo que se nos presenta un diferencial de 6,69 puntos por encima de los valores medios estatales. Figura 1. Evolución de la abstención al Congreso de los Diputados en España y Canarias (en porcentaje) F uente: Ministerio de Interior A esta situación se ha llegado aun teniendo en cuenta que las decisiones políticas que más influyen sobre el modus vivendi cotidiano y que condicionan el desarrollo de cualquier país tienen origen estatal, y que, por lo tanto, la participación electoral crece
proporcionalmente al posible beneficio que el ciudadano espera alcanzar con los resultados. Esta es una constante que, con mayor o menor relevancia, se repite en todos los estados gobernados mediante democracias formales y el Estado español no es una excepción en este sentido. Al comprobar que no estamos ante un hecho aislado sino ante un fenómeno de mayor calado, que hunde sus raíces en el pasado y se repite sistemáticamente en cada proceso electoral (incluidas las convocatorias al Senado, elecciones locales, autonómicas, al Parlamento Europeo y de modo especial en los cuatro referéndums celebrados desde 1976 a 2005), hemos decidido intentar conocer las causas de ese diferencial recurriendo al trabajo de campo[3] para comprobar si existen razones específicas que determinen el por qué los electores insulares desconfían más que los del resto del Estado de la política y de las instituciones públicas. En el presente trabajo pretendemos demostrar que la escasa confianza que tiene una parte significativa de los ciudadanos hacia las instituciones oficiales y hacia la gestión de la cosa pública es una de las causas principales que provocan un generalizado desinterés al tiempo que una destacada desafección a las urnas y a la participación activa en las tareas políticas y partidistas. (Des) interés por la política Para salir de dudas sobre todas las cuestiones planteadas más arriba decidimos preguntar directamente a las personas representadas en la muestra cuál era su grado de interés en los temas de naturaleza política. Sus respuestas carecen de ambigüedad porque se concentraron en un mismo sentido: sólo una cuarta parte de la población residente en Canarias siente algún tipo de interés por la política. De todos ellos, el 18,8 por ciento manifiesta estar bastante interesado y el resto (7 por ciento) muestra un interés todavía mayor por los temas de naturaleza política. Pero frente a esta minoría se alza nada menos que un 74,2 por ciento de los canarios que dice sentirse poco o nada interesado por la política. En otros términos, la mayoría de los canarios es radicalmente escéptica respecto a los asuntos relacionados con el interés general y con las administraciones públicas. Puestos a territorializar (figura 2) este fenómeno, la poca población que está algo o bastante interesada por estos asuntos reside mayoritariamente en las comarcas del centro y norte de Fuerteventura (municipios de Betancuria, Antigua, Puerto del Rosario y La Oliva); en las comarcas de noroeste y norte de Lanzarote (Yaiza, Tinajo, Teguise y Haría) y en el noroeste de La Palma (Barlovento, Garafía, Puntagorda y Tijarafe). La población nada interesada por la política abarca por entero a las dos islas capitalinas (en donde vive la mayor parte de la población canaria), a las islas de La Gomera y El Hierro así como extensas comarcas de Fuerteventura, La Palma y algo de Lanzarote.
Figura 2. Grado de interés por la política de la población encuestada Fuente: Encuesta sobre Participación Social en Canarias 2006 (EPSC-2006). Elaboración: TSA Confianza en las instituciones Iniciaremos este apartado analizando el grado de confianza que siente la población residente en Canarias hacia las instituciones y organismos públicos. Lo primero que se pone de manifiesto es que, salvo las organizaciones no gubernamentales, que obtienen un amplio nivel de fiabilidad entre los ciudadanos canarios (66,7 por ciento), las restantes instituciones y organizaciones (como son la justicia, prensa, Naciones Unidas, parlamentos europeo, español y canario, sindicatos, partidos políticos y políticos), son vistas con bastante desconfianza. En otras palabras, los ciudadanos de Canarias recelan de las organizaciones e instituciones que les representan. Tal es así que los valores que reflejan el grado de poca o nada fiabilidad se imponen en la gráfica a los que reciben una mejor aprobación. Es de resaltar que muchas de estas entidades en donde se toman las grandes decisiones que afectan al mundo actual y a la vida cotidiana de la mayoría de las personas son prácticamente desconocidas para la ciudadanía canaria, como bien se aprecia a través de los porcentajes de “No contesta”. Es el caso, por ejemplo, de las Naciones Unidas, parlamentos español, europeo y canario (entre 16 por ciento y 21,8 por ciento) en donde los ciudadanos o no tienen opinión o no saben qué responder.
Figura 3. Nivel de confianza generada por instituciones y organizaciones Fuente: Encuesta sobre Participación Social en Canarias 2006 (EPSC-2006). Elaboración: TSA Dicho lo cual, merece la pena hacer un comentario general sobre el gráfico que antecede (figura 3). La crisis de credibilidad de la política está plasmada en el mismo y puede que los resultados alcanzados tan bajos de confianza ayuden a explicar en qué medida influyen sobre el elevado y constante abstencionismo que se viene produciendo en Canarias, prácticamente desde la reinstauración de la democracia en España. En efecto, el mayor descrédito lo obtienen los políticos y las organizaciones partidarias, ya que sólo un 9,65 y 10 por ciento de la población se fía de ellos. Los medios de comunicación están también bastante desprestigiados ante los ciudadanos, tal es así que no llegan a sentirse respaldados más que por debajo del 30 por ciento de los residentes en las Islas. Especialmente llamativo es el caso de la televisión (el medio de comunicación más frecuentemente utilizado como fuente de información de lo que acontece en la actualidad y de temas relacionados con la política) que obtiene un crédito irrisorio: menos del 21 por ciento de la población canaria de 16 y más años confía en la información que ésta suministra. Como podemos apreciar en la figura 4 la confianza en los políticos y los partidos políticos es abrumadoramente poca o ninguna tanto en las Islas como en sus correspondientes comarcas. Dentro de este clima de desconfianza generalizada sobresalen todas las comarcas de Gran Canaria menos la del nordeste en donde se encuentran núcleos urbanos con importante volumen de población como la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, Telde o Arucas en donde la credibilidad en los cargos electos y las estructuras partidarias es muy reducida. Ese sentimiento de total desconfianza se repite en el norte de Tenerife (en donde se localizan destacados núcleos urbanos como La Orotava, Puerto de la Cruz, Los Realejos e Icod de los Vinos), también en la mayor parte de la isla de La Gomera, en el sur de Fuerteventura y en el centro y norte de Lanzarote. Otro aspecto a tener en cuenta es la desconfianza que la mayoría de los residentes en Canarias sienten hacia los medios de comunicación. En efecto, la territorialización de los niveles de (des)confianza en la televisión (20,7 por ciento) y la prensa (29,6 por ciento), que son los principales (cuando no los exclusivos) proveedores de información de
naturaleza política y de la gestión de los asuntos públicos, dibuja una trama homogénea en donde prevalece el poco o ningún crédito de fiabilidad, con la única excepción del noroeste de Gran Canaria en donde se percibe una sensación de bastante respeto hacia la prensa. Por el contrario, en Lanzarote, los habitantes de los municipios de Arrecife, San Bartolomé y Tías son los que menos se fían de la televisión de toda Canarias. Figura 4. Confianza en los políticos y partidos políticos Fuente: Encuesta sobre Participación Social en Canarias 2006 (EPSC-2006). Elaboración: TSA Centrándonos en los tres niveles parlamentarios que los electores deben renovar en sucesivos procesos electorales (parlamentos europeo, español y canario), ninguno de ellos genera suficiente confianza entre la población canaria. La credibilidad de los parlamentos europeo y español es baja (con 22,7 por ciento y 28,2 por ciento, respectivamente), pero es especialmente llamativo el caso del Parlamento canario, que dispone en conjunto de un aval ciudadano sumamente bajo (sólo 20,6 de cada cien canarios confían en su labor). En este sentido, una visión del panorama por Islas y comarcas permite descubrir la existencia de unos niveles de desconfianza hacia las tres cámaras legislativas significativamente elevados que pueden apreciarse mejor en la figura 5. En el Parlamento europeo confían bastante únicamente los residentes en la comarca central de Fuerteventura (municipios de Antigua y Betancuria) y poco o nada se fían de él en el resto del Archipiélago. El Congreso de los Diputados es receptor de bastante confianza únicamente entre los vecinos de las comarcas del noroeste y sureste de La Palma y de los herreños, pero en el resto de las Islas recelan de sus funciones. Por último, el Parlamento de Canarias goza de suficiente aval sólo en el noroeste de La Palma, en toda la isla de El Hierro, en el suroeste de Gran Canaria y poco o nada en el resto. Se trata por tanto de unos resultados descorazonadores ya que sólo tienen un mayor crédito en algunas comarcas de escasos continentes demográficos.
Figura 5. Confianza en los Parlamentos europeo, español y autonómico Fuente: Encuesta sobre Participación Social en Canarias 2006 (EPSC-2006). Elaboración: TSA A modo de conclusión podemos cerrar este apartado señalando que salvo las ONGs, la escasa credibilidad que suscita la mayoría de las instituciones fundamentales del sistema democrático pone en evidencia un estado de opinión altamente escéptico y preocupante que contribuye muy poco de cara a la salud del mismo en términos de legitimación social. Con un panorama así no es difícil diagnosticar algunas de las razones (si no la más importante, a nuestro juicio) que determinan el que muchos ciudadanos no deseen participar activamente en las convocatorias electorales y en asuntos de naturaleza política sobre los que recelan. Niveles de confianza en un contexto europeo A estos aspectos vamos a dedicar nuestra atención seguidamente. No obstante, solo trataremos cinco de todas las instituciones que figuran en el gráfico, porque son aquellas de las que disponemos de datos comparativos con la Encuesta Social Europea de 2005[4]. Estas cinco instituciones son: justicia, políticos (es decir, cargos electos), Parlamento autonómico, Parlamento europeo y la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Empezaremos por el poder judicial. Ya hemos visto con anterioridad la opinión nada favorable que tienen los ciudadanos canarios respecto al funcionamiento del sistema judicial. Comparativamente, el porcentaje de isleños que manifiesta tener mucha o bastante confianza en la justicia (43,4 por ciento) es inferior del promedio europeo (59,3 por ciento), pero eso sí, superior al del conjunto español aunque sea por poca diferencia (European Social Survey, 2005). Los países nórdicos y del centro de Europa son los que muestran una confianza en la justicia extendida por toda su población. Con proporciones por encima del 60 por ciento, estos países demuestran la fortaleza y el respeto que se siente por su poder judicial. Piénsese que Dinamarca, por ejemplo, dispone de una confianza ciudadana de tamaño doble de la que se dispone en Canarias. Por su lado, los países menos confiados en su justicia corresponden a la región oriental europea y en su caso al área mediterránea, excepción hecha de Grecia e Italia, que singularmente destacan con niveles de confianza altos. El 64,9 por ciento de los canarios recela de la justicia, en tanto que más de un 40 por ciento manifiesta confiar en ella. Pese a todo y como se puso de manifiesto al principio (figura 2), el sistema judicial canario es la segunda organización mejor valorada por los isleños a bastante distancia detrás de las ONGs. Aunque la desconfianza en la justicia está distribuida socialmente, es decir, está extendida en todo el cuerpo social, sin embargo destaca el estrato social bajo en su desconfianza, a buen seguro por sentirse más afectado por el sistema judicial (sobre el que suele decir que no entiende ni su lenguaje), y por no disponer de suficientes recursos económicos y sociales para afrontar una justicia más propicia a sus intereses. Figura 6. Confianza en los políticos en Europa (2005) y Canarias (2006) Fuente: Encuesta Social Europea (2004-05) y Encuesta sobre Participación Social en Canarias 2006. Respecto a los cargos electos, en toda Europa los políticos (inadecuadamente definidos como clase) están bajando peldaños en cuanto a consideración social se refiere. Cada día que pasa pierden enteros ante sus votantes, estamos ante un valor en declive. Se registra, pues, cómo una ola de escepticismo está sacudiendo al Viejo Continente. Fruto de esa indiferencia es que tan sólo una media de 34 de cada cien ciudadanos europeos sea capaz
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