Análisis del léxico tradicional de La Campana: estudio de su vitalidad desde una perspectiva sociolingüística actual
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FACULTAD DE FILOLOGÍA GRADO EN FILOLOGÍA HISPÁNICA TRABAJO FIN DE GRADO CURSO 2024-2025 ANÁLISIS DEL LÉXICO TRADICIONAL DE LA CAMPANA: ESTUDIO DE SU VITALIDAD DESDE UNA PERSPECTIVA SOCIOLINGÜÍSTICA ACTUAL. Andrea Jiménez Buiza Tutorizado por Juan Manuel García Platero Junio 2025
ÍNDICE 1. Introducción. 4 2. Marco teórico. 4 2.1. El léxico andaluz y su importancia. 5 2.2. Estudio sociológico de La Campana. 8 3. Objetivos, metodología y descripción del corpus. 19 4. Interpretación de los datos. 22 5. Conclusiones. 50 Referencias bibliográficas. 52 1
“A todas las personas que lucháis día a día con vuestra propia mente. Siempre vale la pena volver a empezar mil veces mientras uno esté vivo.” 2
Agradecimientos. A mis padres, Antonio y Reyes porque son las personas más importantes de mi vida junto a mi hermana, y han sido los responsables de que haya llegado hasta aquí. Gracias por sostenerme cuando creía que no podía más, sois mis pilares fundamentales. Espero que os sintáis tan afortunados de ser mis padres como yo me siento de ser vuestra hija. A mi hermana Cristina. Tenerte a mi lado es lo más bonito que me ha pasado. Ya no sé caminar si no es de tu mano, gracias por no soltarla nunca. Y a Asun, que es como si lo fuera. Me habéis aplaudido tan fuerte cada uno de mis logros que nunca pude ver quien no lo hacía. A mis compañeros de carrera, que son mis amigos ya y mi suerte. Estoy convencida de que no podría haber llegado a ningún lado si cada vez que dije que no podía más no hubierais estado ahí para decirme lo contrario. Este camino hubiera sido imposible sin ustedes. A mis amigos, que han estado siempre alegrándose por mis logros como si fueran suyos. Ustedes ya me dijisteis que lo conseguiría, pero no sabíais que sin vuestra ayuda nunca hubiera sido posible. Especialmente a mis 7, a Francisco Javier y a Álvaro. A mi familia que me ha acompañado en cada paso que he dado. De manera especial a mi prima María Jesús que nunca olvidó darme suerte para un examen. A Eva, mi compañera de vida. Gracias por haber andado conmigo este camino y todos los demás. “Siempre en mi equipo”. A las luces de mi vida, Jimena y Vega. Sois mi guía y mi fuerza. A mi tutor, Juan Manuel García Platero. Gracias por haber contestado cada una de mis inquietudes y por haber tenido tanta paciencia. Sin tu ánimo no podría haber terminado este proyecto. A mi pueblo, La Campana que no dudó un segundo en ayudarme cuando necesité de ellos. Y al Ayuntamiento que me facilitó todo aquello que pedí. Eternamente agradecida y orgullosa de ser campanera. Por último, a la persona más importante de mi vida. A mi abuelo Silverio, que no le hizo falta quedarse aquí para ver como lo conseguía, porque él ya lo sabía. Esto y todo lo que he hecho hasta hoy es tuyo, por y para ti. Allá donde me estés viendo, que sé que es de cerca. 3
1. Introducción. El Tesoro léxico de las hablas andaluzas1 es el repertorio que me ha inspirado para realizar este trabajo de fin de grado. Es una catalogación acumulativa en el que se encuentran recogidas un número considerables voces utilizadas en Andalucía, al margen de su vigencia, pues esta información no está necesariamente presente en una obra de estas características. El problema de esto es que hay localidades menos conocidas no están presentes los vocabularios dialectales. Lo interesante del TLHA es que las voces incluyen no figuran en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, a excepción de las diatópicamente marcadas. Nací en La Campana, pueblo marcado en el ALEA con el código Se400 y que, lamentablemente, no muy presente en las compilaciones lexicográficas. Por este motivo he recopilado un vocabulario que va desde lo más general hasta lo más específico. Esto sirve como herramienta dirigida a investigadores y docentes. En la medida, en que se incluye información antropológica puede ser también de interés para lectores muy diversos. La finalidad de este trabajo es contribuir a la mejora de una obra que comprenda toda Andalucía y sirva para el estudio léxico y cultural, a pesar de la evidente heterogeneidad de esta línea de investigación. La imagen que habitualmente se divulga de lo andaluz “se encuentra empañada por falsos tópicos y estereotipos, con frecuencia históricamente infundados”. (Narbona Jiménez, 2009: 9). Por ello “todo comportamiento lingüístico es símbolo sintomático, consciente o inconsciente, de las creencias que laten en el seno de la comunidad de hablantes. Y en lo referente al habla andaluza, existen ciertos mitos, cuyo grado de impregnación social no es fácil discernir”. (Carbonero Cano, 2003: 123). En ese sentido, resulta necesaria la elaboración de trabajos que reflejen la riqueza de las hablas andaluzas, desechando prejuicios, críticas y mitos. 2. Marco teórico. Comenzaremos de lo general a lo particular: en primer lugar, hablaremos sobre el léxico andaluz y su importancia en el ámbito de la filología actual, para terminar abarcando el vocabulario propio de La Campana. 1 En adelante, TLHA 4
La situación socioeconómica, histórica y cultural influyen, qué duda cabe, en el léxico que se usa en una determinada localidad. Es la parte más social de la lengua, que tiene la capacidad de reflejar su modo de vida, la evolución y el entorno. A lo largo del tiempo las palabras van surgiendo, cambiando y desapareciendo según de ellas hacen los hablantes. Todos los factores que vamos a analizar aportan significado y explican por qué un pueblo utiliza, crea o transforma esas unidades. Cada palabra que hay en el léxico propio de un pueblo es testigo del trabajo de los habitantes, de su historia, de sus vínculos y de las costumbres que conservan. Gracias a esto podemos explicar por qué hablamos como hablamos y qué es verdaderamente nuestro. 2.1. El léxico andaluz y su importancia. Decía Alvar (2007: 5-6): El problema lingüístico de Andalucía es muy complejo: se trata de una región de reconquista que, en principio, debería ordenarse de norte a sur: influencia occidental, influencia castellana, influencia catalano-aragonesa a través de Murcia. Sin embargo, este esquema simplista se ha enmarañado. Desde que los soldados de Castilla pisan el norte de Córdoba, hasta que Fernando el Católico recibe las llaves de Granada van más de trescientos años. De los moriscos sumisos de Sevilla a los levantiscos de la Alpujarra hay un enorme abismo social, político y espiritual. De las marismas de la Andalucía atlántica a la Mancha de Jaén hay todo un curso de geografía física. Un mundo de fitogeografía va desde las nieves perpetuas de Sierra Nevada, hasta el cultivo tropical de Motril (caña de azúcar, chirimoyo, caqui): y en línea recta apenas si se recorren 40 kms. Estos datos me parecen suficientemente elocuentes para que, desde la lingüística, emprendamos nuestra teoría de Andalucía. Todo ello provoca que el vocabulario sea muy rico y variado dentro de la misma comunidad autónoma: “Andalucía posee una extraordinaria riqueza lingüística, sobre todo en usos léxicos, que es necesario conocer, estudiar, respetar y divulgar, ya que constituyen una parcela importante de nuestro patrimonio cultural. Estos usos lingüísticos contribuyen, además, a forjar nuestra propia identidad.” (Ropero Núñez, 1989: 7). La primera cuestión que debemos abordar en este trabajo es aclarar si el andaluz es considerado una lengua o no. La respuesta es negativa: “Porque le falta el grado más leve de igualación, uniformación o nivelación. Es un caos en efervescencia, que no ha logrado la reordenación del sistema roto.” (Alvar, 1961: 59). Desde una perspectiva sincrónica, el andaluz en el momento actual es una variedad, una modalidad lingüística del español. Para llegar a esto hay que hablar del español como un sistema abstracto y colectivo, que pertenece a todos los hispanohablantes y no a unos hablantes o a una región concreta. En ese sentido, el andaluz es una modalidad o variedad del español, como también lo es el español hablado en Extremadura, en Castilla o en Canarias. 5
Debemos precisar además que, aunque se suelen utilizar los términos el andaluz y el habla andaluza para designar los usos lingüísticos de Andalucía, la expresión que refleja más fielmente la realidad lingüística es la de las hablas andaluzas, ya que en Andalucía no existe un habla (ni tampoco existe una norma lingüística común para todos) sino una pluralidad de hablas. Esta diversidad lingüística y esta ausencia de una norma lingüística común puede suponer un problema a la hora de elegir el modelo idiomático de los andaluces. “Pero esta pluralidad de hablas no hay que verla solamente como algo negativo, o como un caos lingüístico; la variedad también es riqueza, posibilidades diferentes de comunicación, que constituyen nuestro patrimonio lingüístico y cultural.” (Ropero Núñez, 1989: 14-15). Se comparte la mayoría de los rasgos con el resto de dialectos del español, por lo que debemos buscar qué es aquello que nos hace únicos, Como indica Alvar: Para algunos tratadistas, el único rasgo que independiza el andaluz de las otras hablas meridionales es el poseer dos variantes del fonema [s] distintas de las castellanas. Ciertamente, este rasgo es válido, pero sólo para la Península. En Canarias, en Hispanoamérica, hay eses como la andaluza, con lo que se neutralizaría, desde el punto de vista de la caracterización dialectal, el rasgo pertinente más acusado del dialecto. Ahora bien, ¿vamos a negar la autonomía dialectal del andaluz porque no sea exclusivamente válido el rasgo que lo venía independizando? Creo que no. En primer lugar, no parece posible aislar un dialecto por un solo rasgo fonético. Y, en segundo, ese único trazo diferencial no conviene del mismo modo a toda la región; es más, aunque conviniera, no tendría validez exclusiva (Alvar, 1961: 58-59). Más adelante añade: Cada uno de estos rasgos y otros que pudiéramos aducir, acercan o apartan el andaluz de las otras hablas meridionales, pero lo que viene a crear su especial fisonomía es la enorme cantidad de rasgos que aquí se han dado cita, el grado extremo a que se han llevado todos los procesos, la altura social que han alcanzado una a una y el conjunto de las manifestaciones lingüísticas”. (Alvar, 1961: 58-59). Llegamos a la conclusión de que los rasgos del andaluz que se consideran propios se observan también en el resto de dialectos, no es exclusivo de este. No solo hay diferencias fonéticas, también las hay léxicas, por lo que se pueden analizar diferentes vocablos dentro de una misma lengua y un mismo dialecto. El andaluz posee muchos elementos castellanos que la lengua oficial ha terminado relegando al olvido, “pero no todo lo peculiar en castellano arcaizante; la realidad es mucho más compleja, mucho más rica. Múltiples elementos caracterizan y definen al andaluz frente a cualquier otra modalidad lingüística.” (Fernández Sevilla, 1975: 12). Por esto en las hablas 6
andaluzas encontramos una gran variedad, algo básico para entender el vocabulario. La riqueza no se limita a la conservación de formas, sino que se manifiesta en una red de innovaciones, influencias y adaptaciones de cada lugar. Por ello el léxico de La Campana constituye un testimonio vivo de la diversidad, en la medida en conviven diferentes factores que lo conforman. Finalmente, para contextualizar este proyecto es necesario mencionar de nuevo el TLHA. Lo más importante de la obra y que más me inspiró para hacer el proyecto fue uno de los aspectos más sobresalientes del repertorio: “la localización geográfica de todas y cada una de las unidades léxicas registradas. En una comunidad hablante como la andaluza, extensa y diversa lingüística y culturalmente, disponer de un inventario exhaustivo de voces históricas y usuales con su correspondiente localización supone, a partir de ahora, caminar con paso mucho más seguro de lo que hacíamos antes” (Ahumada Lara, 2002: 2017). Pero lo que me impulsó a realizar este proyecto y al futuro estudio que quiero seguir realizando fue que, como se señala en el Tesoro “los repertorios generales sobre el léxico andaluz no se asientan sobre unos criterios de reparto geográfico sistemático y proporcional, sino todo lo contrario” (Ahumada Lara, 2002: 2018). Por ello, tras analizar esta obra, he querido recoger distintas palabras propias de La Campana que, o bien no aparecen recogidas o bien se incluyen, pero no alude a su uso en esta localidad. En la historia de este municipio es necesario distinguir dos etapas fundamentales. La primera cuando el sector primario predomina en el municipio y es casi el único sustento. Por ello, el vocabulario que prevalecía era estrictamente rural. Todo giraba en torno a herramientas, cultivos o tareas del campo. Reflejaba, como ocurre actualmente también, la cotidianidad de la sociedad de la época. En esta etapa además los roles sociales estaban marcadamente diferenciados por géneros. Los hombres se dedicaban exclusivamente a las labores del campo y, por ello, su léxico estaba sujeto a esto. Las mujeres, por el contrario, estaban centradas en el ámbito doméstico y mantenían un léxico propio del cuidado del hogar. Este reparto funcional del vocabulario generaba dos líneas que con el tiempo van siendo más difusas hasta llegar a una equidad casi completa. La segunda etapa se caracteriza por la transformación de la estructura socioeconómica, ya que no es el sector primario el más predominante. El nivel académico empieza a aumentar y esto provoca un fácil acceso al empleo en más sectores como el secundario y el terciario. Además, las diferencias de género empiezan a quedarse a un lado. Del léxico de la primera etapa se conservan muy pocas voces, pero las que aún tienen vigencia se han intentado reflejar en este trabajo. 7
2.2. Estudio sociológico de La Campana. El nombre oficial de la localidad que estamos estudiando es La Campana. El gentilicio oficial del pueblo es campanero, -as. Es un municipio español de la provincia de Sevilla dentro de la comunidad autónoma de Andalucía. Se encuentra situado a una altitud de 132 metros en el valle del Guadalquivir, concretamente a 58,1 kilómetros de Sevilla que es la capital de la provincia. Su extensión superficial es de 126,13 km². Es parte de la campiña de Carmona, que es una comarca española de la provincia sevillana, conformada por los municipios de Carmona, El Viso del Alcor, La Campana y Mairena del Alcor. También forma parte de la ruta jacobea, conocida popularmente por el Camino de Santiago que comprende distintas rutas dentro de España. El nombre del municipio surge en los primeros años de la Reconquista, aunque actualmente aún no se ha determinado el origen. Se han propuesto dos hipótesis. Una respondería a la ubicación de la localidad en la campiña y otra de una campana que se tocada para avisar a los vecinos de las incursiones de los árabes. La fauna y la flora del lugar también están relacionadas con la creación del léxico propio del municipio, pues, dependiendo de las necesidades del hablante, se van creando diferentes términos. La zona presenta una fauna típica del ecosistema mediterráneo, existiendo una relación con su distribución vegetal. Se trata de un área explotada, lo cual origina un biotipo uniforme con una gran disparidad de especies. Debido a un hábitat alterado por la acción humana, muchas de las especies propias de encinares dehesas han ido desapareciendo: Actualmente no existen animales de caza mayor, reduciéndose a especies como la perdiz, la tórtola, el conejo o la liebre. Entre los reptiles destacan la serpiente y los lagartos terrestres, entre los anfibios, la rana y el sapo. Respecto a las aves, muchas han disminuido considerablemente su número, sobre todo especies como la perdiz, el mirlo, la tórtola, el zorzal y el estornino. (Ayuntamiento de La Campana. (2021). Memoria de información, análisis y diagnóstico. La vegetación es una de las partes más importantes del municipio, pues sustenta a buena parte del pueblo. La mayor parte del término municipal está ocupado por cultivos. Otros tipos de vegetación se reducen a manchas aisladas que aparecen en áreas de depresión, en áreas terraplenadas y en las márgenes de los arroyos. 8
Estos datos demográficos son fundamentales para establecer una correlación entre las variables sociales (edad, nivel académico, movilidad de habitantes…) y la conservación del léxico local. Otra variante que influye en la creación y conservación del vocabulario que vamos a estudiar es la economía del pueblo. Se ha estructurado históricamente en torno al sector primario, pero vamos a analizar cinco actividades económicas que sustentan a la población. Fuente: Ayuntamiento de La Campana. (2021). Memoria de información, análisis y diagnóstico. Representación de la agricultura. La agricultura es el soporte fundamental de la estructura productiva comarcal y local. La mayoría de las actividades industriales y de servicio están íntimamente vinculadas a la producción agraria: La población activa vinculada a este sector se caracteriza por un nivel de renta bajo, así como por lo temporal de su ocupación. La dedicación a la actividad agraria no es de carácter exclusivo, sino que se compatibiliza con otras actividades bien de carácter principal o secundario.” (Ayuntamiento de La Campana. (2021). Memoria de información, análisis y diagnóstico). Este marco económico tradicional genera un léxico específico ligado a las actividades predominantes en el pueblo como la agricultura. La economía gira también en torno a la ganadería: 15
Fuente: Ayuntamiento de La Campana. (2021). Memoria de información, análisis y diagnóstico. Número de explotaciones en 2009. Fuente: Ayuntamiento de La Campana. (2021). Memoria de información, análisis y diagnóstico. La tercera actividad es la industria y el comercio. La gran debilidad industrial de la Comarca de La Campiña se agudiza y enfatiza en La Campana. El bajo nivel tecnológico, la desarticulación estructural y una economía basada en la explotación de los recursos agrarios hace que la industria no haga presencia en la zona, limitándose a abastecer y satisfacer las necesidades propias. “Es una industria poco mecanizada, con escaso valor tecnológico y número de operarios, volúmenes bajos de facturación y de titularidad familiar o sociedades poco capitalizadas.” (Ayuntamiento de La Campana. (2021). Memoria de información, análisis y diagnóstico). 16
Fuente: Ayuntamiento de La Campana. (2021). Memoria de información, análisis y diagnóstico. Número de establecimientos activos económicamente en 2019. La Campana básicamente posee un comercio minorista de satisfacción de las necesidades primarias de la población, dependiendo de núcleos de mayor dinámica comercial para otras necesidades, núcleos como pueden ser Carmona e incluso Sevilla capital. (Ayuntamiento de La Campana. (2021). Memoria de información, análisis y diagnóstico). La cuarta actividad que hay que señalar es el transporte. En La Campana el transporte público se limita a autobuses que conectan el núcleo de población con otras ciudades de mayor atracción potencial. Por lo que respecta a camiones y furgonetas, su incidencia es mayor debido a su utilización por parte de los empresarios autónomos del municipio para su uso particular, la dedicación a transporte por carretera se limita a recorridos cortos. (Ayuntamiento de La Campana. (2021). Memoria de información, análisis y diagnóstico). Fuente: Ayuntamiento de La Campana. (2021). Memoria de información, análisis y diagnóstico. Número de transportes. La última actividad es el turismo. La proximidad a los centros culturales de la categoría de Carmona y Sevilla, junto con la proximidad a la Autovía de Andalucía, permite 17
que el viajante se encuentre próximo al caserío popular del núcleo pudiendo invitar al turista a su visita. La potenciación del turismo de interior juega un papel importante en la protección del medio ambiente y en el desarrollo de productos y culturas locales además de contribuir a la protección del patrimonio arquitectónico, generando actividades complementarias. Fuente: Ayuntamiento de La Campana. (2021). Memoria de información, análisis y diagnóstico. Desarrollo del turismo. Respecto a estas actividades económicas hay que tener en cuenta que en 2023 la tasa de desempleo en la localidad era del 19.9%, habiendo en 2024, 128 mujeres en paro, 99 hombres y 11 extranjeros. La economía local condiciona, obviamente, la riqueza del léxico y su nivel de vitalidad actual. Con la desaparición de oficios más antiguos debido a la evolución tecnológica, hay términos que quedan en desuso al igual que nacen otros nuevos, hay una transformación del repertorio. El auge de internet ha facilitado la entrada de nuevos términos a la localidad en las generaciones jóvenes, lo que motivará una sustitución semántica con el paso del tiempo. Por último, hay que aludir a la media del nivel educativo del municipio. Esto es determinante en los procesos de evolución, sustitución o estandarización del vocabulario. Según el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, la mayoría de los habitantes del pueblo ya sí terminan los estudios obligatorios y hay un gran aumento en los jóvenes que después acceden a ciclos formativos de grado medio o superior o bien a estudios universitarios. Esto también se refleja en la cantidad de emigraciones que hay en los últimos años ya que La Campana solo cuenta con dos centros de Infantil, un centro de primaria y un centro de Enseñanza Secundaria Obligatoria en el curso 2022-2023. También hay dos centros de educación de adultos. Debido a la inexistencia de centros de Bachillerato y centros de Grado tanto Medio como Superior, los estudiantes tienen que ir a otros pueblos colindantes a 18
realizar esto. Este factor también interviene en el léxico que terminamos tomando de las nuevas relaciones sociales que se crean con personas de otros núcleos de población. 3. Objetivos, metodología y descripción del corpus. El objetivo de este trabajo de investigación es comprobar la existencia de un vocabulario propio del pueblo de La Campana y extraer mediante factores sociolingüísticos (edad, género, nivel académico, ocupación laboral) conclusiones que puedan ser interesantes para el presente estudio. La investigación se inscribe dentro del ámbito de la lexicografía del español, teniendo en cuenta datos sociolingüísticos, para, desde una perspectiva sincrónica y variacionista, definir el vocabulario campanero. Como se ha apuntado más arriba, la publicación del TLHA permite incluir a Andalucía en el reducido grupo de regiones lingüísticas españolas que cuenta con este tipo de diccionarios: El inventario de voces andaluzas que recoge esta obra se apoya en los materiales que proporcionan a su autor un total de 146 trabajos sobre el léxico andaluz, o al menos en los que el léxico andaluz ha sido el objetivo fundamental de la investigación. En una nómina tan extensa como ésta —superada sólo por el Tesoro lexicográfico del español de Canarias— se localizan, como es lógico, obras de la más variada índole: atlas lingüísticos, diccionarios generales, repertorios de regionalismos, tesis dictatoriales y memorias de licenciatura que contienen compilaciones léxicas, glosarios de obras literarias, etc. Es frecuente encontrar en la lexicografía regional repertorios de voces locales y provinciales que siguen un método intuitivo. El autor, a veces un diletante, está sujeto a unos planteamientos metodológicos no estrictamente filológicos, algo que hay que tener muy en cuenta para la elaboración de trabajos relacionados con este tipo de vocabulario. El presente estudio parte de la lectura de diferentes obras escritas por personas del pueblo de La Campana en las que se recogen palabras propias del municipio después de haberlas contrastado con otras fuentes y asegurar su exclusividad o su coincidencia con otros pueblos fijándome así en el TLHA. Tras la investigación de esta gran obra lexicográfica, se recopilan distintos vocablos para que en un futuro se continúe con este estudio y se puedan incorporar más términos del pueblo a la obra siendo así más representativo. Esto se debe a que en gran medida la obra no cubre municipios tan pequeños o lo representa de una manera menos concreta. 19
La razón principal por la que he optado por este trabajo de investigación, a pesar de la escasez de medios con los que cuenta el municipio, es contribuir a la conservación del patrimonio léxico de Andalucía y evitar el desconocimiento de los contextos locales que son los que normalmente tienen más variación por los factores sociolingüísticos. Además, uno de los fenómenos que ahora empieza a caracterizar a esta localidad es el traslado de los jóvenes estudiantes a las grandes ciudades, por lo que se teme una pérdida progresiva de las palabras locales o de los usos particulares. La presión de que haya una estandarización lingüística por la razón indicada o por la influencia de redes sociales y medios de comunicación justifica que elija La Campana, en la medida que posee un léxico variado e interesante que podría ser muy representativo en obras como el TLHA y que convendría preservar. Por lo tanto, lo que se ha intentado con este proyecto es examinar la recopilación de términos utilizados por los hablantes de esta localidad y llevar a cabo un análisis sociolingüístico con el fin de sacar conclusiones que sean de interés para futuros estudios como posibles patrones de cambio lingüístico o, por el contrario, de la conservación de un léxico tradicional. La metodología que se ha llevado a cabo para el alcance de los objetivos parte de un cuestionario, con alrededor de 400 respuestas, distribuido a través de la plataforma Google Forms. El cuestionario que he realizado consta de dieciséis imágenes, ya que he realizado las preguntas con un formato abierto para el fomento de respuestas espontáneas. Con esto se pretende evitar el condicionamiento de las respuestas con opción múltiple, ya que, de esta forma, no se observa con total veracidad quién conoce el léxico tradicional que se busca o, por el contrario, lo ha seleccionado al ver la opción. También se obtienen voces que desconocía y de las que me he podido informar. Las palabras seleccionadas responden a realidades cotidianas. He querido compilar un léxico lo suficientemente variado para que el análisis arroje datos de interés. Además de estas respuestas sobre el vocabulario, que es el cuerpo lingüístico central del proyecto, también se recogen datos que pertenecen al ámbito sociolingüístico. Me centro principalmente en tres. En primer lugar, la edad, para analizar la vitalidad de las palabras y estudiar los problemas generacionales en el uso del léxico andaluz. Es lógico pensar que las voces de nueva creación tengan mayor aceptación entre jóvenes y que la conservación de los términos locales quede reservada a los hablantes mayores, lo que da lugar a una clara tendencia a la obsolescencia léxica. En segundo lugar, se tiene en cuenta la variable sexo, para analizar si hay distinción al usar determinadas voces y por qué puede afectar esta variante a los usos del habla. La perspectiva de género en la selección léxica es cada vez un rasgo más característico y definitorio del vocabulario propio. El tercer factor es el nivel académico que está 20
directamente relacionado con la ocupación laboral. Por un lado, las relaciones que se establecen en la actualidad al estudiar ya que La Campana, como se ha visto más arriba, solo dispone de un Instituto como centro educativo superior. Con esto se infiere que a los dieciséis años para la continuación de la formación académica tienes que salir del pueblo. En la actualidad es un dato de especial relevancia para analizar la influencia de pueblos aledaños o de ciudades en las que hay otro vocabulario. Por otro lado, el nivel de estudios puede condicionar el uso o rechazo de los localismos. Se presupone que, a mayor nivel académico, mayor rechazo al vocabulario propio por la confusión con los coloquialismos. Hay una línea que los separa, pero muchos hablantes no saben establecer deslindes. Mientras que el coloquialismo, según EL DLE, responden a la definición ‘palabra o expresión coloquial’, el localismo, es un ‘vocablo o locución que solo tiene uso en un área restringido’. La ocupación laboral también determina el uso de localismos ya que la actividad profesional es un registro formal, y dependiendo del contexto se dejan de usar las palabras propias de la localidad. Estas variables permiten que el análisis y las conclusiones pueden establecer correlaciones que enriquecen el resultado final. Los datos se recogieron en un Excel y a partir de aquí se agruparon las respuestas, y representaron en gráficas para observar qué es lo más notorio y llegar a conclusiones. Con esta herramienta se realiza un filtrado con los criterios de búsqueda que interesan y favorecen para validarlos posteriormente. El corpus está formado por un total de doce palabras que se han contrastado con una muestra de la población a partir de 393 respuestas válidas. La edad de los participantes ha sido dividida en tres franjas, separando así a los más jóvenes, de las personas de edad adulta y finalmente los de mayor edad. El primer grupo abarca desde los 18 a los 30 años, el segundo grupo de los 31 años a los 55 y finalmente los mayores de 55 años. El primer grupo ha sido el que más respuestas ha proporcionado (176), un 44,7% del total. El segundo grupo ha sido también el segundo con más respuesta (157), el 39,8% de la muestra de la población. El tercer grupo ha sido el que menos respuesta ha proporcionado, debido al recurso telemático, algo que habrá que paliar estudios futuros. En este caso el porcentaje es el 25,5% (62 respuestas). Aunque la muestra no es equitativa sí que se considera muy representativa ya que hay un total de 5165 habitantes en total y la muestra obtenida es de casi 400 respuestas. De todas estas hemos procurado que los hablantes sean nativos del municipio de La Campana y que su edad está comprendida entre los parámetros propuestos. Con la garantía de estos factores la representación de las generaciones ha sido muy rica y variada. 21
Finalmente, cabe destacar la relevancia que tiene este estudio ya que la constitución del léxico de un pueblo, que además se caracteriza por la escasez de habitantes y recursos, es un estudio que puede resultar difícil pero que una vez conseguido formará un vocabulario representativo y con una variedad lingüística con la que se pueden realizar estudios, por ejemplo, con pueblos aledaños. Como se observa en el TLHA, establecer un vocabulario donde coexisten tantas variedades solo podría existir con un arduo trabajo de cada pueblo, como señala Ahumada Lara (2002: 2019), “es muy difícil, en definitiva, prever las consecuencias inmediatas de esta importante contribución a nuestra idea sobre el léxico andaluz, pero no me cabe la menor duda de que a partir de ahora los juicios sobre las voces andaluzas serán mucho menos aventurados”. Este trabajo es un pequeño un paso para que las voces andaluzas sean cada vez o más estudiadas y conocidas . 4. Interpretación de los datos. El primer vocablo del que vamos a hablar es sardinel. En este caso sí que contamos con una definición oficial ya que no es un vocablo que solo esté en el municipio de La Campana sino que hay otros muchos en los que también existe. La definición que corresponde con el uso que le damos en el pueblo es la siguiente: ‘Escalón de entrada de una casa o habitación’. Los pueblos que aparecen en la obra junto a La Campana son municipios aledaños por lo que el contacto entre ellos habrá hecho que este término se extienda. De las 393 respuestas que ha obtenido la encuesta, en el caso concreto de la palabra sardinel solo 28 personas han contestado un término diferente y de estas dos han dejado la celda vacía. Entre estos se encuentra principalmente escalón o escalón de entrada. También encontramos rebate, repisa, boquete, poyete, zócalo, zaguán, bordillo y serviguera. Este último vocablo me llama especialmente la atención, ya que es una voz que nunca había escuchado y que no se usa en el pueblo. Solo una persona ha contestado con este término y en el TLHA aparece localizado en Montoro y Cañete de las Torres. La relación de esta persona con alguno de estos dos pueblos puede explicar este dato. El análisis de este vocablo a grandes rasgos es claro: el término tradicional es el preferente en la localidad y su conservación es muy fuerte en la actualidad, pero vamos a distinguir los factores sociolingüísticos. La valoración por sexo es la menos interesante en este caso. Tanto hombres como mujeres usan indistintamente la palabra sardinel o cualquiera de sus variantes (sardiné, 22
zardinel, zardiné, etc.). Cabe destacar que de las 28 respuestas que no han coincidido con el término estudiado, 21 son de mujeres. El análisis etario sí es de interés. Observamos que la franja de edad que más usa el término es la que abarca entre 18 y 30 años. Con esto se demuestra la vitalidad de la palabra y su presencia activa y funcional en el habla del municipio. La palabra no está sujeta a cambios y no presenta una obsolescencia léxica en la actualidad y al menos así seguirá previsiblemente empleándose en las próximas generaciones, pues las tres franjas de edad la conservan, la conocen y la usan habitualmente. El uso mayoritario del término y de sus variantes en todas las edades indica la transmisión intergeneracional, lo que refuerza el arraigo local. Equitativamente el grupo de más de 55 es el que muestra una proporción equilibrada, pues solo tres personas mencionan otro vocablo. La franja entre 18 y 30 años cuenta con solo 13 personas que usan habitualmente otras palabras. Es un porcentaje mínimo porque hay un total de 180 respuestas. Finalmente, el grupo que abarca desde los 31 hasta los 55 años cuenta con 12 personas que usan habitualmente otro vocablo. Este es el grupo que muestra más inestabilidad, ya que proporcionalmente es el que más variedad ofrece. Esto puede deber a los cambios lingüísticos que ha vivido esta franja. 23
El último factor es el nivel educativo y ocupación laboral. Gracias a los resultados obtenidos, de las 27 personas que han indicado que habitualmente no utilizan sardinel para denominar el escalón de la entrada, solo una persona tiene un nivel educativo bajo, ya que los últimos estudios que cursó fueron los de Educación Primaria. El resto posee generalmente la Educación Secundaria Obligatoria, también estudios de módulos y universitarios de grado y máster. Esto indica que el término local no desaparece con un mayor nivel educativo. Las conclusiones generales que extraemos de esta parte del estudio es que el término sardinel, junto a sus variantes, goza de una alta vitalidad en la población de La Campana. De hecho, es la palabra que la gran mayoría de la muestra utiliza en su cotidianidad. Este uso ha trascendido en la edad, género y formación educativa y ninguno de estos factores ha desplazado la palabra. Los datos obtenidos respaldan la continuidad del término y no hay indicios de que esto vaya a cambiar. El segundo término es viajera, que no aparece en el TLHA y tampoco se conoce en los pueblos aledaños. En general el resultado de las encuestas demuestra ya desde un principio que la palabra ha entrado en un proceso de obsolescencia lingüística. A pesar de que hay 62 personas que respondan esta palabra, las 331 restantes generalmente usan autobús o cualquier variante. La primera interpretación que realizaremos atiende al sexo de los informantes. De los hombres, 36 utilizan el término local y mujeres solo 27. Esto quiere decir que al ser el número de encuestados femenino mayor que el masculino, los hombres usan la palabra viajera más que las mujeres. Estadísticamente 1 de cada 5 hombres utilizaría esta palabra y solo 1 de cada 8 mujeres lo haría también. Aunque tanto hombres como mujeres prefieran 24
En conclusión, el término estudiado no ha entrado en obsolescencia léxica ya que en todas las franjas de edad predomina su uso, pero se ve un decrecimiento en los más jóvenes. Esto podría indicar que el término está empezando a perderse y se puede deber al cambio de esta celebración ya que al ser un acto diferente se selecciona un término diferente también. Hay un uso indistinto entre hombres y mujeres. En cuanto al nivel académico, es poco frecuente que predomine el uso en franja central, pero esto puede significar un mayor arraigo en los adultos. El siguiente término es male. De los 393 encuestados, solo 156 usan habitualmente el término que vamos a analizar a continuación. Esta palabra, que no aparece en el TLHA, es un sinónimo de illo, quillo, etc. Es la forma de llamar a alguien en el pueblo. En este caso, quizá la encuesta no ha resultado según mis expectativas, ya que la imagen daba lugar a confusiones y han sido invalidadas 83 respuestas por lo que este análisis se ha llevado a cabo con 310 respuestas, por lo que 156 habitantes que usan el término constituyen el 50,32% de los encuestados. En cuanto al sexo, hay un total de 165 mujeres que han respondido, de ellas 76 usan el término local, por lo que el porcentaje correspondiente es del 46,06% lo que alcanza casi la mitad. En el caso de los hombres han sido encuestados (de forma válida) 117 y 80 de ellos han respondido male, esto es, un 63,38%. Realmente el término estudiado siempre ha sido asociado al género masculino ya que las mujeres tenían tendencia a otras palabras como tía, illa o algún piropo. Realmente su uso se cierne a contextos masculinos y registros de confianza entre hombres, pero debido a la igualdad y equidad entre hombres y mujeres que cada vez es más notoria también se ha extendido de esta manera su uso en mujeres. En esta palabra de la encuesta se han recibido muchas respuestas inválidas que se han agrupado en el grupo “otros” en la gráfica. 31
El siguiente factor es el relacionado con la edad. La franja de edad entre 31 y 55 años es la que más usa habitualmente el término. La que menos es la de mayores de 55. Esto se debe a que el uso de male dejó de usarse porque comenzó la influencia de illo en el pueblo y quedó muy arraigada también, pero las nuevas generaciones están volviendo a utilizarlas y eso se demuestra con los resultados obtenidos entre 18 y 30 años que son un total de 62 respuestas. Realmente el término sigue gozando de vitalidad ya que en ninguna de las franjas se ha dejado de usar y más de la mitad de los encuestados usan habitualmente la palabra. Lo que probablemente ha podido ocurrir es una revitalización del vocablo como marca afectiva, anteriormente los mayores lo usaban en contexto de trabajo (principalmente los agricultores) y ahora que el sector primario está desapareciendo, pues la palabra ha tomado un nuevo contexto que es de amistad y afectividad. El último factor es el nivel académico y ocupación laboral. De aquellos que han contestado male y han indicado sus últimos estudios, 41 han cursado primaria y la ESO por lo 32
que tienen un nivel educativo bajo. El número va decreciendo a medida que asciende el nivel, aquellos que cursaron bachillerato o módulo han contestado el término solo 38. Finalmente, solo 24 de los de más alto nivel educativo (oposiciones, estudios universitarios y máster) usan habitualmente el término local. Se observa un uso más frecuente en personas que tienen un nivel educativo más bajo y esto es un indicador de arraigamiento en el uso exclusivo popular o poco formal. En términos generales, el vocativo male es una forma que se usaba y sufrió un cambio en el contexto de uso por lo que ahora es más habitual encontrarlo que antes y eso se ha demostrado por el hábito que tienen en las franjas de edad seleccionadas. También se observa una tendencia a hablantes de nivel educativo bajo, alejándose del término aquellos que estudian. Una de las variables que afecta a esto es el no entendimiento por parte de otros pueblos aledaños. Cuando los jóvenes van a estudiar fuera de esta localidad, sustituyen este término por el más común y generalizado dentro de Andalucía: illo, que también ha sido muy popular en las encuestas con un total de 76 personas. Pero, actualmente el término no está en proceso de obsolescencia porque los jóvenes han vuelto a retomar esto con una connotación amistosa y afectiva. Aunque el uso del término en hombres no queda reflejado con exactitud, vemos la preponderancia de su uso asociada a este género, asociada a su vez a una estigmatización que va desapareciendo en el género femenino, alentando su uso progresivamente. El siguiente localismo es porrón. Este sí que lo encontramos en el TLHA con el valor de ‘botijo’ En este caso, La Campana sí que aparece como pueblo que use este término. De 33
este análisis he sacado dos conclusiones. La de la palabra porrón por un lado y un nuevo término que desconocía y que también he añadido al estudio que es búcaro. Hay un total de 221 personas que usan habitualmente el término porrón. El problema que encontraba en esta voz y por decidí incluirla, fue que el significado real de porrón no es el que se le da en la campana pues llamamos con esta nomenclatura al botijo del que se bebe agua. Una vez que realicé las encuestas me llamó la atención la palabra búcaro que había acaparado en los resultados un total de 45 personas y otras 8 que dicen tanto búcaro como porrón. En el el TLHA se observa que porrón se recoge con este significado, pero que en el caso de búcaro se registra en el mismo sentido, pero no aparece indicada su empleo en La Campana. Llama la atención que se registre el vocablo en Carmona. Cabe pensar que el vocablo podría haber llegado a diferentes hablantes por su relación con la localidad aledaña. En referencia al nivel educativo de quienes habían mencionado búcaro en la encuesta, más del 90% tenían habia cursado estudios superiores, lo que puede suponer que esas personas han estudiado en Carmona que es el pueblo al que está derivada la educación superior a la ESO. Centrándonos en el término estudiado y atendiendo al factor género, hay un total de 78 hombres que indican el término porrón como el vocablo habitual que usan y 143 mujeres en total. Esto supone en los hombres un 58,2% y en las mujeres un 55% del total de la muestra. Generalmente en ambos géneros el uso de porrón es mayoritario en los dos. Además, se hace un uso sin distinciones del vocablo entre hombres y mujeres porque la diferencia entre los porcentajes es mínima. A pesar de que haya más mujeres que lo digan esto se debe a razones de la metodología (hay más respuestas de mujeres en la muestra) pero, proporcionalmente los hombres lo usan un poco más. Esto puede atender a factores económicos ya que es un objeto que usaban antes los trabajadores, fundamentalmente del campo, para beber en verano. 34
Respecto a la variable etaria, empezaremos por la primera franja de edad, los jóvenes de 18 a 30 años. De los encuestados, 53 han respondido que usan habitualmente porrón. Constituyen un 33,8% de los encuestados, lo que supone un porcentaje bajo en su empleo cotidiano. La franja que sigue, entre 31 y 55 años es la que más usa el localismo, pues constituyen un 73,9% del total, 130 personas de los 176 que contestaron. La última franja que abarca la edad superior a 55 años aporta un total de 38 respuestas, con un porcentaje también alto, un 62,3% del total, 61 respuestas, menor que la franja anterior. En este período de edad se observa también la palabra búcaro, la más empleada después de porrón, mencionada anteriormente. Los jóvenes entre 18 y 30 años eligen preferentemente botijo y por ello la cifra de porrón es más reducida. La última variable que integraremos al análisis es la que corresponde al nivel académico de los encuestados. En el nivel más bajo, es decir, aquellas personas que poseen solo estudios de primaria o de educación secundaria obligatoria se emplea más que en el resto de franjas de edad, pues son 89 personas. En la franja de estudios posteriores, que abarcan Bachillerato y los módulos, hay un total de 71 personas que usan en su habla cotidiana porrón. Finalmente, en el nivel académico y formativo alto hay 61 personas. No hay estigmatización estipulada estrictamente porque hay presencia del término en todos los niveles educativos. 35
En conclusión, esta palabra goza de una vitalidad y aceptación en ambos sexos, aunque haya mayoría en el número femenino, debido al número de encuestados, pero la diferencia porcentual entre los dos grupos es casi inexistente. Los resultados demuestran que no es un vocablo marcado por género y que su uso es equilibrado. En cuanto a la edad, puede considerarse la variable más significativa, ya que las tres franjas son diferentes y dan lugar a hipótesis distintas. El grupo de 18 a 30 años es el menos emplea la voz seleccionada, lo que evidencia una tendencia a la obsolescencia léxica. La franja formada por informantes entre 31 y 55 años es la que mayor porcentaje presenta. En el último grupo disminuye el porcentaje al 63%, Se deduce entonces un desplazamiento del vocablo y un proceso de igualación entre los hablantes a favor de porrón. En todo caso, no se puede hablar de una estigmatización de la palabra porque entre el nivel académico alto, medio y bajo solo van descendiendo en una media de 10 personas, lo que supone un desplazamiento leve y sin mucha significación. El siguiente término es soberado. Encontramos en el TLHA el vocablo con la acepción que se usa en La Campana: ‘Planta alta de la casa’, restringida a la provincia de Cádiz. De esta palabra se obtienen conclusiones muy interesantes basadas en entrevistas realizadas a personas de más de 55 años. Lo primero que se observa es que en la acepción 2 de esta voz, que es la que se identifica con el uso que se da en el municipio, no aparece recogida La Campana. Sin embargo, en la acepción 3, ‘Sitio donde se guarda el trigo’ sí se incluye, por más que, según fuentes orales, hace muchos años que se le daba este uso, pero no en la actualidad, debido al cambio de la economía del pueblo. En La Campana el sector primario era el predominante y el trigo, uno de los sustentos principales. La diferencia es que la metodología de trabajo ha evolucionado y el producto ya no se puede guardar en un espacio tan reducido, pues la maquinaria que existe en la actualidad no puede estar en las casas. Por esto ahora no es el lugar donde se guarda el trigo, sino que es la planta alta de la casa donde generalmente se guardan los objetos que no se usan, una especie de almacén de la 36
casa. Este cambio supone en las encuestas una gran variedad de respuestas, ya que el asentamiento de los cambios de significado de generación en generación son procesos lentos. Atendiendo, en primer lugar, al sexo de los informantes, se encuentran resultados bastante similares. En primer lugar, de las mujeres encuestadas, 260, hay 128 que habitualmente emplean la palabra soberado o cualquiera de sus variantes indicadas en la encuesta libre (a través de imágenes). Esto conformaría un 49,23%. En segundo lugar, los hombres encuestados han sido 134 y 77 de ellos usan también recurren habitualmente a la voz local. Esto representa un 57,46% en la muestra. Aunque la diferencia no es significativa, el porcentaje de hombres es más elevado. Como se indica en los Cuadernos del archivo de La Campana, el trigo era una de las mayores potencias de trabajo en el municipio: “el día dos de mayo se acordó: que mediante ha hallarse el trigo a los precios de cincuenta y nueve y sesenta reales, se le bajase al pan bajo de dos libras, dos cuartos y se vendiese a o de desde mañana”. (Hinojosa, Isardo, 2016: 40). Debido a la tradición rural en esos años, 1815-1820, se cree que la conciencia del término más elevada por parte de los hombres se deba a una posible dimensión sociocultural ligada a la tradición rural masculina. Esa preferencia del localismo por los hombres se equilibra con el paso del tiempo. En cuanto a la edad, hay un total de 52 de los 157 jóvenes de entre 18 y 30 años que afirman conocer y usar el localismo habitualmente. El sentido que ellos le dan se corresponde con la segunda acepción del TLHA y no el que poseía en la antigüedad. Esto representa un 33,12% en la muestra, un porcentaje muy bajo que influye negativamente en la vitalidad del vocablo. La siguiente franja abarca informantes entre 31 y 55 años y muestra un ascenso respecto a la anterior con un total de 110 de los 176 encuestados, un porcentaje del 62,5%, una cifra no suficientemente alta, por lo que en comparación con la anterior podemos ver un indicio de comienzo de erosión léxica. Esto no indica que el término no se emplee, pero su 37
transmisión o su acogida por parte de los jóvenes no es suficientemente estable. También se constata una convivencia con otros vocablos. Tiene sentido que este proceso ocurra en los jóvenes debido al cambio significativo de la palabra. Como ya se ha mencionado anteriormente, el soberado se usaba en las casas para guardar el trigo y en la actualidad, muchas de las viviendas ya no poseen este espacio y si lo hacen es con otro uso, para guardar trastos que no se mantienen en la propia casa. Como este significado ya lo cubren otras palabras como desván, altillo o lavadero, los jóvenes prefieren estos otros usos. Por lo que respecta a la franja de mayores de 55 años, es, como se esperaba, la que más usa el vocablo local. Hay un total de 43 informantes que han optado por esta voz, un 70,49% de la muestra. Es un claro indicador de que la palabra ha formado parte del léxico cotidiano que utilizaban cuando se trabajaba con el trigo, ya que la mayoría de casas antes disponían de un soberado. La sustitución del término es escasa en esta franja. Los informantes con un nivel educativo inferior, utilizan con más frecuencia el vocablo, 74 personas. Estos datos muestran que quien tiene menor formación suelen mantener un estrecho contacto con el lugar y el entorno que es donde el léxico local sigue presente. Cuando la formación aumenta los estudiantes tienen que salir del pueblo (solo disponen de servicio educativo hasta la ESO). Por ello la división del nivel educativo es por un lado hasta la ESO y ya de ahí en adelante. Todos los que sean de nivel educativo medio y alto han tenido que mantener contacto con pueblos aledaños; de ahí la influencia y trasvase de léxico. Por ello el nivel medio desciende a 63 personas que usan este localismo. Se reconoce el término, pero se usan otros que se adquieren del entorno social. El nivel educativo alto es el que más sorprende pues vuelve a subir el número de personas que utilizan el localismo a 68 personas. Es un uso relativamente alto que puede explicarse por las 38
diferentes acepciones que tiene la palabra, que, en todo caso, no está estigmatizada dados los resultados, pues a mayor nivel educativo no hay mayor desplazamiento del localismo. La conclusión que se puede extraer de los resultados obtenidos en la encuesta son significativos ya que, es un término con escasa diferencia entre mujeres y hombres, pero se indican los factores que pueden influir en que estos últimos lo prefieran. La vitalidad observada en la edad es cada vez más baja y esto supone un retroceso generacional que hará que la palabra acaba en obsolescencia léxica irremediablemente. La fuerte conservación por los mayores es la estructura que lo sostiene todo, pero, su transmisión no es suficiente. Lo positivo es que no hay estigmatización aparente en cuanto al nivel educativo y no hay desplazamiento del localismo, aunque su uso sea minoritario. La siguiente palabra que se estudia es randa. Esta palabra sí aparece en el TLHA, pero no con el sentido que se usa en La Campana por lo que aparentemente es un vocablo local. El término alude al roto que se produce en una media, lo que en el DLE aparece como carrera, en su acepción 18: ‘Serie de puntos que se sueltan en una media o en otra prenda de tejido análogo’ En el TLHA aparece la expresión hacer randa, restringida a la localidad de Berja en Almería, con el significado de ‘azuzar a un perro’. También se recoge el verbo randar, que aparece con el valor de ‘Echar <la aceituna recolectada> de la criba al rondero’, sin restricción a una localidad concreta de Andalucía. Según fuentes orales, este verbo nunca se ha empleado en La Campana con ese sentido y, por ello, no se percibe una posible relación. Atendiendo a factores sociales, se estudia primero el sexo, que es el más significativo en el análisis de esta palabra. De 260 mujeres encuestadas, 225 han contestado con el término local randa, con un porcentaje del 86,54%., mientras que a los hombres les corresponde un porcentaje menor, un 58,96%, con un total de 79 respuestas a favor del localismo. La diferencia que se observa es claramente por el factor de género ya que hay 39
respuestas de hombres como “no sé cómo se llama”, “no sé, soy tío”, “no sabe/no contesta.”. Esto se debe a es una palabra que es un término ligado a la ropa, la costura, los tejidos, etc. A pesar de eso, el vocablo local está tan arraigado que más de la mitad de los hombres la conoce y la emplea de forma cotidiana. En cuanto a la edad de la muestra recogida, predomina su uso en la tercera franja, lo que es sorprendente ya que no era habitual el conocimiento de muchos aspectos de temas que estaban asociados a roles femeninos. En la muestra se recogen los datos de 46 respuestas del término randa de 61 respuestas totales, el 75,4%. Es un porcentaje muy alto que demuestra el arraigo local del vocablo. Del grupo que abarca de los 31 a los 55 años se recogen 176 encuestados en total y de estos 123 afirman que utilizan el localismo lo que constituye un 69,89%. Hay un descenso de empleo notorio que puede venir influenciado por el factor académico. La franja entre 18 y 30 muestra otro descenso, pero esta vez insignificante pues hay 108 de 157 respuestas, un 68,79%, Se observa un mantenimiento de empleo de adultos a jóvenes. El problema que se encuentra es que la transmisión de la tercera generación a la segunda ha sido poco efectiva, lo que puede erosionar del localismo a la larga. Los datos muestran un mayor asentamiento entre personas de mayor edad y una transmisión generacional que ha descendido, aunque no se puede hablar aún de en un proceso de obsolescencia léxica, dado que de la segunda a la primera generación solo hay un 1% de diferencia. 40
Finalmente, en cuanto al estudio del nivel educativo se observa que el nivel que prima es el bajo. Hay 15 encuestados de este que usan habitualmente este vocablo. Del nivel académico medio solo hay 4 personas, un 3,25%. El nivel académico alto cuenta con 6 personas que conocen y usan el término. Aunque el número haya ascendido con el nivel académico no es representativo porque el número de entrevistados del nivel alto es mayor que el de nivel medio, pues hay un total de 143 personas. Con estos resultados se llega a la conclusión de una cierta pervivencia del término local en el nivel educativo bajo que sugiere un arraigo con la economía pues la limpieza de hogares, casas, fábricas, etc., que siempre ha sustentado el pueblo en gran medida. Esto, a su vez, justifica lo dicho sobre el rol femenino asociado a la limpieza. El nivel medio y alto están equilibrados y ya muestran un desplazamiento, por desconocimiento o por rechazo. También puede sugerirse la influencia de pueblos aledaños o ciudades con las que se relacionan los estudiantes al salir del municipio. 47
En definitiva, el análisis sociolingüístico del término ruilla revela un claro proceso de obsolescencia léxica. En un corpus de 294 encuestados, solo 26 emplean habitualmente el vocablo tradicional. El factor más importante es la edad, pues la herencia en los jóvenes es nula y esto hace que su distribución a partir de aquí sea inexistente. Hay una ruptura completa en la transmisión generacional. En cuanto al género y al nivel educativo, en ambos predominan las mujeres y el nivel más bajo debido al estigma social en los pueblos más pequeños y rurales donde la mujer es quien conoce el vocabulario doméstico, al encargarse de estas tareas. En conjunto, estos datos obtenidos en la muestra permiten concluir con una posesión de vitalidad léxica muy débil y limitada por los factores sociolingüísticos. El siguiente término local que se analiza es plantel. No se encuentra en el TLHA, pero en el DLE en la acepción 7 se registra, restringido a El Salvador, México y República Dominicana, con el valor de ‘Escuela’ (establecimiento público de instrucción primaria). En el caso de La Campana se usa para referirse a la guardería. Puede existir, obviamente, una confluencia y un trasvase que sería interesante analizar en trabajos posteriores. Atendiendo al sexo, hay un total de 34 respuestas en la encuesta. Las mujeres que responden con la palabra local representan el 6,54%, pues solo 17 de ellas emplean el término habitualmente. En los hombres se aprecia un aumento de más del doble con un 13,43%, lo que conforma 18 de los 134 encuestados. Esta mayor proporción podría estar relacionada con la transmisión más fuerte por parte de las generaciones masculinas o porque reciben menos influencia de otros términos más estandarizados. En todo caso, que los porcentajes sean tan bajos indica un proceso de obsolescencia léxica muy avanzado. 48
En cuanto a la distribución por edad, empezando por la primera generación entre 18 y 30 años, solo hay dos personas que usan el vocablo, de las 157 que integran la muestra, lo que representa tan solo un 1,27%. Del siguiente grupo, entre 31 y 55 años, el resultado obtenido ha sido de 22 personas, que es un 12,5% del total de la franja etaria. En la última generación, la de mayores de 55 años, el término local tiene mayor representatividad, con un 18,03%, lo que supone 11 hablantes que emplean habitualmente la palabra de 61 personas encuestadas. Este patrón indica que no se está transmitiendo a las generaciones más jóvenes o tienen preferencias por otros términos. Si plantel pierde vigor en la etapa más jóven, posiblemente termine sustituido por otras formas más estandarizadas y ajenas a las locales. El último aspecto sociolingüístico es el nivel académico. La mayor vitalidad se encuentra en nivel educativo más bajo, conformado por los estudios de primaria y ESO. Hay un 14,1% de representatividad del término en este nivel, lo que se corresponde con 18 personas de las 128 de la muestra. Hay un descenso de más de la mitad en el siguiente nivel académico, el medio. De los 123 que representan la muestra solo 8 emplean habitualmente la palabra, un 6,5%. Vuelve a ocurrir lo mismo con el nivel académico alto pues solo hay 2 personas de 143 que conocen y usan el término por el que se pregunta. En este caso no se alcanza ni el 2%. Este claro desplazamiento se debe a un desconocimiento ya procedente de las generaciones anteriores y se suma que a mayor formación hay mayor presión de la norma lingüística o escolar por lo que se empiezan a preferir términos más estandarizados. Los resultados son una muestra de que el vocablo no mantiene prestigio ni en expansión, al quedar relegado a los mayores y a los niveles académicos más bajos. 49
En líneas generales, el término plantel aunque todavía está presente en el municipio, ya está sumido en un proceso de decadencia léxica debido al contacto con normas educativas y estandarizadas de otros centros que no pertenecen a la Campana y por la pérdida de transmisión a los jóvenes. 5. Conclusiones. Este trabajo ha tenido como objetivo principal realizar una búsqueda de términos locales de La Campana partiendo de una perspectiva sociolingüística y sincrónica y teniendo en cuenta la aportación del TLHA. Frente a la escasa presencia encontrada del municipio en la obra mencionada, se ha llevado a cabo una investigación que recoge los vocablos y los analiza para conocer su vitalidad en función a los factores sociológicos. Los resultados obtenidos muestran una realidad lingüística diversa, con patrones que siguen lo habitual y otros que rompen con lo establecido. Se observan términos tradicionales con una alta vitalidad generacional y otros que han entrado en una obsolescencia léxica irreparable. Se han analizado los factores de edad, sexo y género para extraer conclusiones que puedan tener un futuro en líneas de investigación, ya que inciden directamente en el léxico y muestran los efectos del cambio lingüístico. Desde el punto de vista metodológico, se ha partido de una muestra que ha favorecido la espontaneidad y ha permitido, además, detectar términos inesperados que podrían considerarse en futuras investigaciones. Como último apunte, se podría realizar una ampliación del corpus léxico analizado y seguir recopilando términos locales para incluirlos y demostrar la heterogeneidad de las hablas andaluzas. Además de realizar un estudio comparativo con los pueblos aledaños con 50
los que más influencia tiene el municipio, principalmente por el factor académico. También se puede analizar el prestigio de los vocablos y comprobar la existencia de diglosia. En conclusión, este trabajo no solo describe una parte del patrimonio léxico de un municipio, sino que pone de relieve los factores que influyen en su vitalidad y se da visibilidad para preservar y estudiar estos usos locales antes de que desaparezcan por completo junto con sus hablantes. La Campana, como tantos otros, es un pueblo que posee un vocabulario rico y significativo que merece ser reconocido y documentado dentro del contexto. 51
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