Nervión desde el cielo
Full text
VISTAS AÉREAS HISTÓRICAS DE NERVIÓN Víctor Fernández Salinas 1. Nervión desde el cielo Sevilla tiene una, no sólo interesante, sino también hermosa colección de vistas aéreas desde los primeros decenios del siglo XX. Éstas ayudan a comprender la realidad urbana que se desenvolvía desde el centro histórico hacia una periferia inmediata, incoherente, aislada y de carácter muy variado. Al observar estas imágenes, en la que se mezcla ese toque ideal que otorga la altura con la nostalgia de una etapa fundamental para entender la personalidad de Sevilla (especialmente los tres primeros decenios del siglo pasado), la mirada se vuelve benévola y la añoranza puede a veces más que juicios objetivos de lo que realmente aquella Sevilla significó y sigue significando en la Sevilla presente. El actual distrito de Nervión (figura 1) es una parte importante de aquella primera verdadera expansión de la ciudad más allá de su antiguo recinto intramuros y arrabales históricos. Es cierto que se trató de una ocupación insegura y casi balbuceante de la periferia, en ocasiones anárquica, pero también sería imposible comprender la esencia de buena parte de la ciudad actual sin prestar atención a los procesos que allí se dieron. Hoy, este distrito (que abarca un ámbito muy superior al barrio que es conocido popularmente por el nombre de ´Nervión´) es el corazón geográfico de Sevilla (figura 1). Si hubiese que colocar una venera al estilo de la existente en la calle José Gestoso indicando el centro geográfico de la ciudad intramuros, ésta estaría tendría que situarse en el entorno de la avenida de Andalucía, en la parte oriental de esta zona sevillana. Figura 1. El distrito de Nervión en el municipio de Sevilla Fte.: Ayuntamiento de Sevilla (http://www.sevilla.org/ayuntamiento/distritos) El distrito, tal y como expresa la mayor parte de las fotografías aéreas de prácticamente todo el siglo XX, es un ámbito muy complejo hasta el punto de, sin ser de los mayores distritos de la capital, sí se puede afirmar que es el más variado y el que presenta claves urbanas más dispares. En él aparecen sectores con trama histórica (como San Bernardo o, en menor medida, la parte meridional de La Calzada) y, al mismo tiempo, sectores que aún no han terminado de convertirse en espacios urbanos totalmente conformados, como los alrededores de la antigua estación de Cádiz. No hay un mundo, sino varios
entre la calle Menéndez Pelayo y la ronda del Tamarguillo y de esto trata este trabajo (figura 2). Figura 2. El distrito municipal de Nervión Fte.: ide.Sevilla (http://sig.urbanismosevilla.org/) Para entender el crecimiento urbano y la realidad que nos muestran las fotografías aéreas de Sevilla de la mayor parte del siglo XX habría que acudir a una serie de argumentos que condujeron y recondujeron el crecimiento de la ciudad: a) La preexistencia de arrabales históricos (San Bernardo, La Calzada y la parte oriental de San Roque) y de la propia ronda, que conforman la primera franja de expansión del distrito (si el distrito fuera un rectángulo, se trataría de la franja occidental; ver cuadro 1) b) La expansión urbana durante la preparación de la Exposición Iberoamericana y los decenios siguientes (Nervión, Ciudad Jardín…), que consolidará un espacio urbano 1,5 km al este de la anterior, dejando un espacio vacío intermedio o de baja densidad y escaso valor urbano.
c) La colmatación de estos espacios intermedios durante la segunda mitad del siglo XX: primero en torno al eje Luis de Morales-San Francisco Javier, el segundo ligado a la apertura de la avenida de la Buhaira. Cuadro 1. Esquema de ocupación del espacio del actual distrito de Nervión Calle Menéndez Pelayo Fase I: Arrabales y ronda histórica Fase III Entornos de Luis de Morales-San Francisco Javier y Buhaira Fase II Nervión Ronda del Tamarguillo Fte.: Elaboración propia. 2. La colmatación de los espacios cercanos a los arrabales históricos y a la ronda histórica La diversidad de esta zona se explica una trayectoria urbana con episodios también muy distintos durante, sobre todo, el último siglo y medio. En la figura 3, se observan algunas de las claves que están en esta realidad urbana. En ella se aprecia la huella del antiguo ferrocarril a Cádiz que, trazado en la segunda mitad del siglo XIX, fue una especie una nueva muralla de Sevilla en los momentos en los que se estaba derribando la de origen medieval, apenas a unos centenares de metros más al oeste que esta barrera ferroviaria que aisló buena parte del distrito hasta el último decenio del siglo XX. Figura 3 Vista aérea del sector occidental del actual distrito de Nervión (ca. 1925) Fte.: Fototeca Municipal de Sevilla, Colección Ejército del Aire. I
A la derecha de este tendido ferroviario asoma un modelo urbano de bordes poco claros, con formas y funciones contrastadas y que expresa con mucha claridad lo que realmente fue la esa primera expansión urbana de Sevilla hacia la zona oriental. En aquel ámbito sobresalían los citados arrabales de San Bernardo y La Calzada, así como la parte que quedó reestructurada y al lado exterior de la ronda histórica cuando esta se construyó en los años treinta del siglo XIX. El primero, cuyo origen se relaciona con un pequeño barrio tardomedieval, Benialofar, cercano al palacio de la Buhaira (del árabe buhayrat, lago o estanque) que hizo construir sobre una laguna desecada el califa almohade Abu Yacub Yusuf, se consolidó un poco más cercano a la ciudad desde el siglo XVI por la presencia de la fundición de Morel y, posteriormente, y sobre todo tras la ampliación del siglo XVIII, por la conversión de esa actividad en la Real Fábrica de Fundición de Artillería. Sea porque la trama del barrio se relacione con la traza que tuvo el antiguo campamento levantado en este lugar por el rey san Fernando para la toma de Sevilla a mediados del siglo XIII o sea porque la propia organización de la fábrica se prolongó y estructuró el conjunto del barrio, o por ambas cosas, el arrabal mantiene un entramado con cierta dominante ortogonal, sobre todo en su zona central y en esos primeros años del siglo XX ofrece la imagen de un núcleo rural en el que destaca la torre de su iglesia, además de la fábrica. El ferrocarril impone pues una barrera a San Bernardo que condicionará su aislamiento y olvido por parte de los responsables municipales. Si a esto se une el impacto de las inundaciones provocadas por el desbordamiento del Tagarete es fácil colegir la situación de semirruina, combinada con una importante carga residencial proletaria en la que el barrio derivó hacia la mitad de la pasada centuria. El plan general de ordenación urbana de 1963 vino a decretar la desaparición del barrio para su transformación en un sector comercial; afortunadamente, la publicación de la reforma de la Ley del suelo en 1975 y la democratización de los ayuntamientos al final de aquel decenio cambiaron las reglas de juego y se pasó a planteamientos más respetuosos con el patrimonio. Sin embargo, estos planteamientos no pudieron evitar la profunda sustitición de edificios tradicionales durante los últimos años ochenta y primeros noventa. San Bernardo tiene hoy un aspecto agradable y más cuidado; conserva sus calles y, no sin problemas, sus edificios más emblemáticos (fábrica, iglesia, escuela…), pero pocas casas tradicionales y muchos menos vecinos nacidos o crecidos en el barrio. La construcción del puente de San Bernardo supone un punto importante de referencia histórica y de conexiones urbanas, no sólo por su cercanía a la Puerta de la Carne, sino por todo el reperterio de reformas que le fueron aparejadas y que permiten asegurar que el espacio entre el tendido ferroviario y Menéndenz Pelayo se convierte en un espacio en el que se muestra la modernidad en aquellos años veinte. En efecto, durante los años previos a la Exposición Iberoamericana de 1929 se derriba el antiguo matadero (que se desplaza a otro punto de este distrito, ver más adelante) y se construyen casi al mismo tiempo y en las inmediaciones del cuartel de Intendencia: el puente de San Bernardo para superar el ferrocarril, el cuartel de Bomberos (ambos de Juan Talavera y Heredia, 1924) y el mercado de la Puerta de la Carne (Gabriel Lupiáñez Gely1 y Aurelio Gómez Millán, 1927). Llama la atención lo contrastado de las propuestas formales de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 1 Si bien es conocido por arquitectos e interesados en el urbanismo sevillano de la primera mitad del siglo XX, Gabriel Lupiáñez Gely aún no ha tenido el suficiente reconocimiento en la ciudad por sus aportaciones y visión racionales de la arquitectura y el urbanismo. A él se debe, entre otras obras, el proyecto imposible en la Sevilla de la época de la Ciudad Funcional, que preveía, además de prolongar la actual avenida de la Constitución hasta La Barqueta, un gran ensanche en el sector noroccidental de la ciudad que habría llegado hasta Santiponce.
construcciones que se levantan casi al mismo tiempo: mientras el puente y el cuartel de bomberos se revisten del estilo regionalista imperante, el mercado se constituye en uno de los mejores, y pocos, ejemplos de arquitectura racionalista de Sevilla. A éste se unirán otras propuestas racionalistas como la de la estación de autobues del Prado (Rodrigo Medina Benjumea, 1936) o, en otra zona del distrito, la casa Duclós, obra de unos de los arquitectos españoles más prestigiosos del movimiento moderno (Josep Lluis Sert, 1930). Más allá del puente de San Bernardo, el ejército construye toda una serie de dependencias (chalets para mandos, oficinas, talleres…) que completan, ya en la acera de los números impares de Eduardo Dato y calle Jiménez Aranda (en la que además se ubican otras empresas industriales hasta alcanzar la calle Pirineos y la parte meridional del arrabal de La Calzada), las instalaciones de la Función de Artillería y generan un cierto orden urbano al principio de esta calle. Hacia el norte de San Bernardo y siguiendo la ronda histórica en su tramo de la calle Menéndez Pelayo se consolida durante buena parte del siglo XX la función industrial que ya había empezado a asentarse en el siglo anterior. Si bien la figura 3 no lo recoge, o sólo muy parcialmente, el extramuros de la puerta de Carmona es un ámbito en el que se agregan espacios industriales poco ordenados y de viviendas con tipologías de caja de escalera o de renta, como la de la manzana de La Florida (figura 4); edificio que fue de gran valor (construido en 1873 y protegido en su día por Urbanismo) y del que actualmente sólo se conserva, y en mal estado, la fachada. Al norte de la puerta de Carmona, en la margen exterior de la ronda histórica se dispone parte del arrabal de San Roque, aquella con los elementos urbanos más reconocibles (la iglesia y la escuela) y que tiene una forma urbana que en su día estuvo muy condicionada y limitada por el arroyo Tagarete y el prado de Santa Justa. En éste último, una vez canalizado el arroyo y realizados importantes rellenos (que aún son perceptibles, por ejemplo, en las diferencias de nivel entre los interiores de algunas manzanas y las calles adyacentes) se realiza un pequeño ensanche que regularizará la franja urbana entre San Roque y la línea del ferrocarril en los años treinta del siglo pasado.
Figura 4. Imagen antes de la demolición de la manzana de La Florida Fte.: Google Earth El siglo XX y la construcción de la nueva estación de Cádiz supondrá el reforzamiento de la ocupación residencial mediante un pequeño ensanche del sector norte del antiguo Prado de San Sebastián. Este barrio se completará más adelante (por ser terminada durante la autarquía) con la citada estación de autobuses y terminará de colmatarse en su extremo sur ya a principios de los años sesenta con la construcción de los juzgados, que a la altura de mediados del siglo XX habían saturado el edificio que ocupaban en la calle Almirante Apodaca. En la parte derecha de la figura 2 y al fondo de la 3, asoma el vacío que media entre estos espacios y el barrio de Nervión, sólo destacando la potente imagen de la plaza de toros Monumental (José Espiáu y Francisco Urcuola); ya en desuso en el momento de la fotografía por cuanto tuvo un breve recorrido (1918-1921) a causa de problemas con los materiales y estructuras, y también de competencia con la Maestranza. De este edificio aún queda en pie una de sus puertas en el cruce de las calles Eduardo Dato y Diego Angulo Íñiguez.
Figura 3. Bulevar de la calle Eduardo Dato y plaza de toros Monumental (años 20) Fte.: Fototeca Municipal de Sevilla, archivo Sánchez del Pando. Los últimos decenios del siglo XX y primeros años del XXI han continuado un proceso de regeneración de esta primera franja de expansión hacia el este. Además de las transformaciones ya comentadas en torno a San Bernardo, se produce una sustitución acelerada de las antiguas actividades industriales que permanecían, sobre todo, en la parte más próxima a la antigua línea del ferrocarril. Al levantarse ésta y construirse las calles de Juan de Mata Carriazo y José María Moreno Galván, se produjo un fuerte crecimiento residencial, aún sin colmatar completamente en la segunda de las calles en el entorno meridional de la antigua estación. Por lo tanto, aun bien entrado el siglo XXI, no puede afirmarse que esta franja esté totalmente consolidada. 3. La incorporación a la ciudad del antiguo cortijo del Maestrescuela: El barrio de Nervión Al margen de la expansión hacia el sur que supuso el propio emplazamiento de la Exposición Iberoamericana y de algunas operaciones de calado en el antiguo sector intramuros (reformas interiores de la Puerta de Jerez, de la actual avenida de la Constitución, de Mateos Gago, etcétera), la zona de Sevilla que tuvo un mayor protagonismo en la expansión y resignificación de lo urbano fue precisamente el actual distrito de Nervión y, en especial, su sector oriental (figura 4). Este ámbito había sido ya indicado por Luis Lerdo de Tejada en 1900 como una zona idónea por su ubicación y relativa altura para la construcción de un barrio como los que estaban edificándose en el Reino Unido y que empezaban popularizar las tipologías de ciudad jardín. II
Figura 4. Vista aérea del barrio de Nervión (1930) Fte.: Fototeca Municipal de Sevilla, archivo Sánchez del Pando. El nombre del barrio, que trae referencias vizcaínas a este nuevo espacio que se incorpora a Sevilla durante los primeros decenios del siglo XX, se debe a que el propietario del antiguo cortijo del Maestrescuela, Francisco Armero y Díaz tenía el título de Marqués de Nervión (heredado de su padre que lo obtuvo en reconocimiento a su actuación militar durante el sitio de Bilbao en la primera Guerra Carlista). El proyecto urbanístico, el más completo para un sector urbano sevillano durante aquellos años, se debe a Aníbal González que en 1911 ya establece la adecuación o construcción de tres grandes arterias que desde la ronda histórica avanzan hacia el este y de las cuales una ya estaba consolidad por ser la entrada tradicional desde Córdoba: la calle Luis Montoto o calle Oriente. Las otras dos serán Eduardo Dato y Ramón y Cajal (o del Matadero). Cinco años después, el mismo arquitecto, sin el que sería imposible entender el siglo XX en Sevilla, diseña el Plan de Urbanización de Nervión. El proyecto prevé una gran plaza central (de ahí el nombre de este nodo viario que constituye el corazón de Nervión, ver figura 5 que organiza un entramado urbano predominantemente ortogonal; esto es, con calles que se cortan en ángulo recto; aunque también se acompañaba de algún viario radiocéntrico. El proyecto aprovecha como límites la construcción de dos grandes dotaciones urbanas, para las que el Marqués de Nervión cedió dos solares en sus extremos, sin duda intentando facilitar la urbanización entre ellos y la zona del antiguo cortijo más próxima al centro urbano: el matadero, que sustituirá al de la Puerta de la Carne y que fue proyecto del arquitecto municipal José Sáez y López (1916); y la cárcel, que a su vez reemplazará las inadecuadas instalaciones del antiguo ex convento del Pópulo, en cuyo solar se construirá tras la guerra el mercado de Entradores.
Figura 5. Vista de la Gran Plaza del Capitán Cortés Fte.: Fototeca Municipal de Sevilla, archivo Cubiles Los problemas entre el arquitecto y los propietarios surgen después de que éstos constituyan la Inmobiliaria Nervión en 1921, ya con el tercer Marqués de Nervión Francisco Armero y Castrillo, y se planteen la edificaciónn de un barrio que altera el proyecto original: la Ciudad Jardín de la Esperanza (conocida popularmente como Ciudad Jardín). En esto tuvo que ver la oportunidad que suponía la construcción de infraestructuras para la entonces en conformación Exposición Iberoamericana, el apoyo del Comité creado para este acontecimiento y las ventajas de la Ley de casas baratas de 1925. Así, surge un barrio con 1.374 viviendas para dar alojamiento a los visitantes del evento (función que nunca llegó a cumplir por el escaso número de turistas) y que desde el punto de vista urbano estaba muy desconectado del emplazamiento de la exposición. Por ello, entre otros factores, el barrio se beneficia de la llegada del tranvía desde 1923. El proyecto fue de Gonzalo Iglesias Sánchez-Solórzano, que también levanta por aquellos años la Ciudad Jardín de Málaga. Los bloques colectivos fueron los últimos que se levantaron. El crecimiento del resto de Nervión es bastante más complejo. La iglesia de la Concepción Inmaculada se inaugura en 1928 y fortalece la idea de barrio en el núcleo de pequeños hoteles que se estaban construyendo alejados del centro. A la primera tipología relacionada con chalets unifamiliares exentos y construidos para familias acomodadas de la ciudad (aunque no tanto como las que se ubicaron en el entorno de la avenida de la Palmera), se le añaden otras con una mayor densidad. Así, en las calles Cardenal Lluch o Goya, por ejemplo, aparecen viviendas adosadas que sólo tienen un pequeño espacio abierto en la fachada y, con el paso de los decenios, la densidad aumentará y empezarán a construirse bloques, sobre todo desde finales de los años cincuenta, de tres a cinco plantas en el interior del barrio y de mucha mayor densidad junto a los tres grandes ejes repetidamente citados. De hecho, la inmobiliaria ya había cedido al ayuntamiento tras la Guerra Civil (en 1941) la parte de la calle Eduardo Dato de la que era propietaria y de avenida de Ciudad Jardín. La colmatación de la primera, de Luis Montoto y de Ramón y Cajal experimenta un fuerte impulso en los años setenta, decenio en el que empieza a ser también frecuente el derribo y sustitución por edificios más voluminosos de algunos de los chalets originales, y que llega también a la Gran Plaza. Sin embargo, el desarrollo del extremo oriental del barrio, el más cercano a la