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El valor de la técnica

Marín Casanova, José Antonio

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El valor de la técnica JOSÉ A. MARÍN-CASANOVA Universidad de Sevilla RESUMEN. Se propone una reflexión sobre técnica yvalores, particularmente sobre el valor de la técnica. Primero, en el sentido de la técnica como valor, un valor superlativo, puesto que permite lo más valioso para nuestra especie, su supervivencia. El proceso de realización de este valor produce, a su vez, el artefacto en que consiste la naturaleza humana. Ahora bien, el precio de ese valor técnico es asimismo superlativo, puesto que el vaciamiento técnico de la naturaleza comporta que la especie carezca de valor natural: no hay valores naturales. Los valores hay que crearlos. He aquí el valor de la técnica en el sentido ahora del valor como técnica: valorar es asimismo una operación técnica. Los propios valores aparecen como técnicas, en cuanto tales contingentes y plurales, que no obedecen aningún fundamento natural, sino ala decisión «insuficientemente» racional de emplearlas. Sin embargo, tal intrínseca artificialidad hace alos valores aún más valiosos. Hubo un tiempo en que había realidad: el mundo era sólido, estaba lleno de objetos opresencias reales ante un sujeto también real. Pero de ese mundo casi nada queda. La técnica se ha encargado de su vaciamiento. Ya no hay quedar, la vieja permanencia sustantiva ha cedido el lugar auna fugaz eventualidad. Ya es corriente el fuego de Heráclito, la corriente eléctrica que todo fluidifica: la energía es el acto puro 18EGORíAl29 (2003) pp. 139·157 ABSTRACT. This paper intends areflection about technique and values, particularly about the value of the technique. First, the technique is considered as a value, asuperlative value, since it allows the most valuable thing for our species, its own survival. Simultaneously it gives us our nature. The human nature revels itself as an artifact. Now then, the price of that technical value is also superlative, since the technical emptying of the natme makes that the species lacks natural value: there are not natural values. The values must be created. Second, the value is considered as atechnique: to value is also a technical operation. The very values appe- ar as techniques, something contingent and plural like every technical thing, and «groundless» because they don't obey to any natural reason, but to the «insufficiently» rational decision of using them. However, such an intrinsic artificiality of the values makes them to be even worthier. que ha liquidado la resistencia natural. He ahí la paradoja: cuando triunfa, merced a la técnica, el principio de realidad, la reali" dad queda debilitada y su recuperación ya sólo puede ser virtual. Ciertamente, cuando la realidad es virtual el principio que la exponga ya no puede ser otro que un principio de artificialidad o de fabulación, un principio fabuloso, porque no es ningún principio. Yéste es el valor de la técnica: 139 NOTAS YDISCUSIONES habemos dejado un mundo sin fondo, desfondado, sin fundamento. Ante este desmayo de lo real cabe, en primer lugar, una actitud de nostalgia, de restauración de la realidad perdida, un sentimiento, omejor sea decir, un resentimiento de pérdida. Las mentalidades tecnófobas arraigan ahí, la derrota de la naturaleza amanos de la téc" nica les parece el mayor de los disvalores, un oprobio que reclama venganza: la revuelta de la naturaleza. En cambio, esa situación de desplome técnico del fundamento natural puede ser entendida en términos de oportunidad gozosa, como un valor, un valor que exige mucho valor, el de sustituir lo sólido por lo solidario, el principio de razón suficiente por el de «razón insuficiente», reconociendo que la naturaleza no nos proporciona ninguna coartada para nuestro obrar yque, por consiguiente, el aval de nuestra conducta habrá que construirlo, que hacerlo corriente. El valor de la técnica estriba entonces no ya sólo en la técnica como valor, un valor neutro en tanto que la razÓn técnica, en su dimensión primaria de respuesta al estímulo en aras de la supervivencia, la compartimos, aunque obviamente en dis" tinta medida, con los extremÓfilos ylos primos primates, un valor neutro afuer de necesario oautomático, sino en el valor como técnica, una técnica en cuya razón están presentes los demás, cuyo valor no es la supervivencia orgánica, la vida, sino la supervivencia de una formalización determinada de la vida humana (la adaptación al otro «medio» ambiente, al medio cultural), la buena vida, un valor interesado afuer de libre osintomático. Los valores, en efecto, no pueden ser descubiertos, no son naturales, sino que, en tanto que ficciones, han de ser inventados. Los valores, ficticios todos ellos, siendo principales no son principiales, sino fácticos: hay que creerlos yparpari crearlos. Por eso se requiere tanto valor, porque se trata de una técnica que como tal es contingente, sin fundamento que la soporte más allá de la 140 voluntad «insuficientemente» racional de emplearla, yque además, como toda herra" mienta, se puede utilizar mejor opeor. Razonar lo hasta aquí expuesto tan apretada como dogmáticamente es lo que en adelante se hará y de la manera siguiente. Primero, se mostrará esa convulsión de la metafísica propiciada por el desarrollo de la técnica consistente en la paradoja de que haya sido la aplicación del principio de realidad lo que ha liquidado la «realidad». Segundo, se argumentará la convicción de que el principio de realidad no era «real» (natural), que era un constructo, algo artificial, justo el .artificio que ha permitido el dominio de la naturaleza, yse asimilará como deriva de tal convicción la noción de «fin de la historia». Tercero, se defenderá que la cuestión de los valores ha de plantearse, por tanto, como algo artificial yque eso, el que no sean naturales, el que no podamos afirmar su existencia «objetiva», sino sólo su «razón insuficiente», lejos de desvalorizarlos los hace, si cabe, más valiosos, acosta -eso sí~ de un incremento exigente hasta cotas aveces casi insufribles de nuestra propia responsabilidad l. 1 Cuando había realidad había resistencia. El mecanismo de superación de la objeción natural era la técnica. En un sentido muy lato, todo ser viviente, si aceptamos la vida como un sistema de procesar información con el objetivo de mantenerse, es un ser dotado de razón técnica, del medio para conseguir el fin de la supervivencia 2, El estrato más básico de la razón técnica es el de establecer la respuesta alos estÍ- mulos de un medio ambiente siempre discretamente resistente oadverso para adecuándose aél seguir con vida. Ésa es la primera manifestación de la técnica, la de servir de interfaz entre el ser vivo y su ambiente de modo que el viviente se adap- ISEGORíAl29 (2003) NOTAS YDISCUSIONES te al medio. Mediante la adaptación al medio se va alcanzando la aquílea meta: demorar el final de la vida. En esto los humanos estamos en línea continua con las formas más elementales yprimitivas de vida, disponemos de un mismo ~sin pasar por alto la distinta intensidad de modulación~ logos técnico lanzado ala supervivencia: todos los organismos somos biológicos. Ahora bien, señalada esa continuidad primaria de lo humano con el resto de lo viviente, no cabe duda de que asimismo se puede yse debe señalar una diferencia dirimente entre seres humanos ydemás seres vivos incluidos los simios. Yes que no sólo utilizamos herramientas, como los monos, sino que además las construimos. Es decir, no sólo somos técnicos, sino que también somos tecnológicos. Hemos desarrollado un segundo nivel, continuo y simultáneo con el primero, pero analíticamente discernible, de razón técnica que al parecer es exclusiva de nuestra especie: la tecnología. El objeto de lo tecnológico sigue siendo el que compartimos con la bacteria ycon el cefalópodo: sobrevivir. La supervivencia que directamente nos proporciona la tecnología es un valor biológi" co, el valor tecnológico es el valor biológico humano ~aunqueen tanto que forma hueca, que formalidad humana, sigue siendo un valor éticamente neutro~, un valor que curiosamente surge de un disvalor, de una minusvalía. En efecto, la tecnología no deja de estar al servicio de la biología en tanto en cuanto sin tecnología no habría especie humana: es su condición de existencia. El humano es, como tanto repetía Simmel, un Mangelwesen, un ser manco. Ya Nietzsche se había referido aél como das noch nicht festgestellte Tier, el animal aún no estabilizado. Yésta es la tesis de la técnica como condición de la existencia humana, una tesis que es una prótesis para un ser defectuoso, carente yprecario, que para sobrevivir precisa del gigantesco aparato ISEGORIA/29 (2003) ortopédico de la tecnología como su segunda piel. Ésa es the skin of culture por recordar el best-seller de un afamado mcluhaniano. Pero más allá de la expresión, la idea aquí reivindicada es de cuño orteguiano. Es Ortega quien reconoce que la técnica del humano es una ortopedia supletoria de su invalidez originaria, hasta el punto de que el hombre vendría acarecer de naturaleza por cumplir en él la técnica el papel que cumple en el resto de los vivientes la naturaleza. La técnica es una sobrenaturaleza: la naturaleza humana. Formulado paradójicamente, la naturaleza humana se caracteriza por no tener naturaleza: el hombre no tiene naturaleza, tiene técnica. Esto es situarse en los antípodas del naturalismo de la tradición metafísica, cuya antonomasia podría representar Rousseau. El ciudadano de Ginebra abominaba, así ya en sus célebres discursos a la Academia de Dijon, del artificio. Ona" nista confeso, asociaba el mal atodo lo que hacía la mano frente ala pureza del corazón. No le cabía duda: el artificio era el origen del mal: Tout est bien en sortant des mains de l'Auteur des choses; tout dégénere entre les mains des hommes 3. La tecnofobia incrimina ala técnica en la definición misma del mal. La teodicea leibniciana -esa técnica, no reconocida como tal técnica por ninguno de sus practicantes, de transformación del mal en bien~ era prorrogada yprolongada así por Rousseau venciendo la impugnación de Dios, la imputación al creador por la presencia del mal en el mundo, al hacer recaer toda la responsabilidad no en Dios, definitivamente exonerado, sino en el hombre. Pero no en el hombre que es bueno por naturaleza, en el hombre natural, sino en el hombre civilizado, en el hombre social ehistórico, en una palabra, en el hombre artificial otécnico. De una tacada no sólo Dios era declarado inocente, sino también el propio hombre, claro que el hombre según la naturaleza. Que nuestro 141 NOTAS YDISCUSIONES Dios nos librara de las luces era lo que gritaba desesperadamente el ginebrino al concluir su argumentación en torno al origen vicioso de las artes, cuyo desarrollo no hace sino expandir el vicio original, unas artes que fueron ocasionando formas de sociedad que al llegar un día, merced a la técnica agrícola, aprovocar excedentes en la producción económica hicieron que alguien tuviera la desfachatez de decir «esto es mío», alo que los simples lo creyeron, dando lugar ala propiedad, origen del mal de la desigualdad entre los hom~ bres. La técnica es un dañino ymaligno «suplemento» 4 de la naturaleza, como el sexo manual lo es del «natural». Qué distinta es la actitud de Voltaire al elevar con su espléndida metáfora del jardín la técnica aparadigma de vida humana. Travaillons sans raisonner 5. Frente al razonar metafísico, leibniciano, en Candi" de, nos encontramos con la apología del trabajo que nos aleja de tres grandes males: el aburrimiento, el vicio yla nece~ sidad. La redención, siempre precaria, vendrá dada, así pues, por la técnica, única forma de amortiguar un mal cuya proce~ dencia es tan incierta como cierta es su presencia y su insuperabilidad. Lejos de «desmalificar» el mal, de bonificarlo ytrivializarlo como sucedía en el tándem Leibniz-Rousseau, dotándolo de una razón suficiente otorgadora de transparente legitimidad, tenemos una razón limitada, pragmática, que diríamos hoy día, que en vez de reconciliarnos con una naturaleza amable yamistosa, nos permite hacerle frente como aenemiga hostil. Sólo la técnica con sus luces yartes podrá librarnos, siempre provisionalmente, del mal natural que acaba, siempre triunfante, con nuestra vida. Pues bien, mutatis mutandis, y no eS tanto lo que hay que mudar, la concepción orteguiana de la técnica humana, en lugar de situarla en la periferia de la humanidad einculparla de todos nuestros males, le otorga una centralidad volteriana. La natu- 142 raleza no es una amiga esperada, sino una adversaria que siempre espera el naufragio de la vida, Merece la pena, aun siendo sobradamente conocida entre nosotros 6, volver ala meditación de la técnica emprendida por Ortega, pues en él como en nadie es diamantina la idea extendida en el siglo según la cual lo propio del hombre no es la adaptación al medio, sino ~podríamos decir~ su adopción. Ciertamente, Ortega viene aelaborar la siguiente paradoja: la forma humana de adaptarse al medio es adaptar el medio para sí, adoptarlo. El rendimiento de esta paradójica idea es de enorme peralte para el propósito antinaturalista oartificialista que aquí se defiende ~nos va aproporcionar la clave principal~: la técnica no puede concebirse como mero instrumento del hombre al servicio del hombre, porque no hay hombre sin técnica: la técnica es la innatural prolongación natural del humano ola natural prolongación innatural del humano, la técnica humana es una supernaturaleza, algo «sobrenatural». Veámoslo poco apoco. El filósofo madrileño comienza identificando el «don técnico» del hombre con su especificidad, la de crearse una ~~cir cunstancia nueva más favorable» osegregar «una sobrenaturaleza adaptando la naturaleza asus necesidades». y es que «la técnica es lo contrario de la adaptación del sujeto al medio, puesto que es la adap~ tación del medio al sujeto». Lo que le lleva adecir que «eso bastaría para hacernos sospechar que se trata de un movimiento en dirección inversa atodos los biológicos» 7. Pero eso no significa que el filósofo establezca un hiato abisal entre la especie humana yel resto de las vivientes, una suerte de dualismo kantiano, entre el dominio mecanicista de lo natural, dominio determinante onecesario, yel dominio de la libertad, sino que, frente a un chato o ingenuo biologicismo, constata que la bio" logía humana es una biología invertida, lo que en otros lugares denominará una «bio- ISEGORíAl29 (2003) NOTAS YDISCUSIONES grafía», porque la vida humana se construye como «reacción contra el entorno, este no resignarse contentándose con lo que el mundo es, es lo específico del hombre»: «un hombre sin técnica, es decir, sin reacción contra el medio, no es un hombre» 8. Pero esto no es expresión de un asimismo ingenuo humanismo, arbitrario yvoluntarista, sino que al humano no le queda otro remedio. De permanecer pasiva ante el medio, la especie sucumbiría, se extinguiría por necesidad. Luego es la propia biología, una biología deficitaria, la que marca el destino extranatural del humano obligándolo ainteractuar con el medio transformándolo para sí. Es de este modo cómo la propia «naturaleza» humana requiere otorgarse una naturaleza propia, una «sobrenaturaleza». Ahora bien, eso que el humano se da es algo que no se da en la naturaleza, que respecto de ella es superpuesto e innecesa~ rio: superfluo. En efecto, el humano mediante la técnica no satisface directamente las necesidades que la naturaleza le hace sentir, sino que sobrepone sus propias necesidades alas naturales, reforma esa naturaleza o«circunstancia eliminando en lo posible de ella esas necesidades, suprimiendo omenguando el azar yel esfuerzo que exige satisfacerlas» 9. La técnica es un ahorro de la necesidad, del vicio ydel aburrimiento, como enseña el jardín de las delicias volterianas. Nuestra vida -lo sabemos por Ortegaes lujosa ydeportiva. La vida humana además de pretender, como todas, la supervivencia, busca, sobre todo, la confortabilidad, sobre el «estar» el «bienestaD>. Es el «empeño en estar bien»: «sólo esto le parece necesario ytodo lo demás es necesidad sólo en la medida en que haga posible el bienestar. Por lo tanto, para el hombre sólo es necesario lo objetivamente superfluo» 10. La afirmación de Ortega es contundente. El autor de la Apología del lujo sonreiría complacido ante el hombre superfeta- ISEGORíAl29 (2003) rio, aunque el tono de Ortega no es tan mondaín, no está pensando ni única ni principalmente en el lujo como refinamiento exquisito, sino que está apuntando ala «esencia» humana, técnica desde el momento más primitivo de la humanidad, yestá apuntando ala esencia de la técnica: «esto es esencial para entender la técnica. La técnica es la producción de lo superfluo, hoy yen la época paleolítica» 11. Así tenemos la consecuencia más tremenda que podemos extraer apartir del planteamiento orteguiano: frente ala naturaleza tenemos el artificio, frente alo necesario tenemos lo superfluo, frente a lo real tenemos lo virtual. Osi leemos los binomios más allá del enfrentamiento dualista, con gradualidad odiscreción paradójica: la humanidad se caracteriza por que su naturaleza es artificio, por que su necesidad es superflua, por que su realidad es virtual. Obviamente, esto no significa que literal~ mente el hombre no tenga ni naturaleza ni necesidad ni realidad, sino que lo que más caracteriza su naturaleza, su necesidad y su realidad es justa yparadójicamente lo más alejado de la naturaleza, de la necesidad y de la realidad. En este sentido el humano es el ser virtual. Es un opúsculo no tan citado como la «Meditación» el que nos puede hacer comprender mejor nociones orteguianas como que el hombre es el animal fantástico, el novelista de sí mismo, oque la ciencia es poesía. La obrita es «El mito del hombre allende la técnica», una conferencia alemana del Ortega mayor. Ahí se encuentra la justificación de cómo hay que entender la realidad humana como virtual, lo que ciertamente coadyuva ala tesis aquí defendida de que el desarrollo de las nuevas tecnologías pone en cuestión las tradicionales categorías metafísicas de comprension de lo real: En efecto, tesis dislocadoras de la tradicion como que la técnica es el «esfuerzo para ahorrar esfuerzo» 12, un «esforzarse [del humano] en que haya lo que aún no hay; asaber él, él mis~ 143 NOTAS YDISCUSIONES mo» 13, Ocomo «que la vida no es fundamentalmente como tantos siglos han creí" do: contemplación, pensamiento, teoría. No; es producción, fabricación, ysólo porque éstas lo exigen, por lo tanto, después, yno antes, es pensamiento, teoría yciencia» 14, estas tesis que son todo un esfuerzo técnico subversor del orden metafísico las podemos exprimir en toda su enjundia, si ponemos en paralelo de complementariedad dos frases separadas por unos veinte años. La una, de la Meditación: «La historia del pensamiento humano se reduce a la serie de observaciones que el hombre ha hecho para sacar ala luz, para descubrir la posibílidad de máquina que el mundo lleva latente en su materia» 15. La otra, de la lección bávara: «Todo pensar es fantasía y la historia universal es el intento de domar la fantasía sucesivamente, en diversas formas» 16. Y es que si sintetizamos ambos asertos lo que tenemos es ni más ni menos que la historia humana es la fantástica mecanización del mundo: el hombre se crea creando. La historia es poiesis. La conferencia lo deja claro: el extrañamiento del hombre yla naturaleza se resuelve en un entrañamiento, en un descubrimiento de que el mundo ha de fabricárselo fabricándose asímismo apartir de las riquísimas imágenes de su interior, de su infinitaimaginación. Frente al tropismo zoológico hacia el entorno, hacia el exterior, el enfermo animal humano, animal imposible, «entró en sí mismo», se inventó su entorno y de consuno se inventó así mismo: nació el «hijo de la fantasía». Su imposibilidad natural se hizo realidad virtual. El hombre es el primer ser real imposible. ¿Cabe mayor subversión metafísica? El propio Ortega lo mantiene en asombrosa combinación de desnudez ydelicadeza: «Como enfermo, desde la naturaleza es imposible, pero en la medida en que está ahí, vale como ser real, apesar de ser al mismo tiempp antinatural. Tendríamos el maravilloso fenómeno de algo que aun siendo imposible es, independientemente 144 de ello, real, lo cual labora violentamente contra toda la tradición filosófica» 17. Se puede ser más pesado, pero no más neto. Ortega, frente al «naturalismo» propio de la tradición metafísica, celebra «la victoria de la técnica», el valor de la técnica. Un valor que no es neutro por cuanto el humano está obligado ainteractuar mediáticamente en aras del neto interés de la supervivencia, pero sí éticamente, porque no se está hablando aún de una determinada tecnología frente aotras, entre las que elegir, y, por tanto, valorar, no se está hablando de un forma técnica singular, sino de la formalidad técnica general de la especie humana, una sobrenaturaleza que le ha permitido (y sin la que no le habría sido ni es posible) sobrevivir. Éste es el valor indiscutible de la técnica: «crear un mundo nuevo para nosotros, porque el mundo originario no nos va, porque en él hemos enfermado. El nuevo mundo de la técnica es, por tanto, como un gigantesco aparato ortopédico que ustedes, los técnicos, quieren crear, ytoda técnica tiene esta maravillosa y --como todo en el hombre~ dramática tendencia ycualidad de ser una fabulosa ygrande ortopedia» 13. Creo que si pasamos del discurso orteguiano al funcionamiento de hecho de las teletecnologías se nos confirma el valor de la tesis artificialista oprotésica, yel consiguiente tambaleo de la tesis naturalista, el valor de la prótesis «sobrenatural» frente a la tesis natural. No hace falta suscribir teorías mentalistas como las del antes aludido De Kerckhove, que ven el desarrollo telemático del mundo en clave mcluhaniana, de extensión del cerebro, hasta concebir la web como mente global que engloba las mentes particulares en ella conectadas, para reconocer la disolución del mundo metafísico, el desfondamiento de la vieja naturaleza ysus categorías. Y es que si ya había algo de distal en las tecnologías más rudimentarias, las teletecnologías han logrado distanciar máximamente al humano de la naturaleza. La paradoja de la téc- ISEGORfAl29 (2003) NOTAS YDISCUSIONES nica exhibida por Ortega, sacar el mundo exterior desde el interior humano se ha hipertrofiado con las nuevas tecnologías, ya que éstas están provocando ahora que sea nuestra imaginación la que desde fuera nos mire. Es decir, que sea el exterior, el imaginario exterior el que configure ala especie, que la naturalidad humana sea prácticamente el sostén de los aparatos protésicos, que lo orgánico sea poco más que el soporte de lo mecánico, que la biología sea sólo la percha de la tecnología. El cyborg, el humano biónico, el transhumano no es una hipótesis de ciencia-fic- ción, de «fantaciencia», sino cada día más nuestro propio ser. yesto, una vez más, ya lo vino a apuntar Ortega en su meditación, al pronunciarse sobre lo que llamó «la técnica del técnico». Viene areparar ahí nuestro sabio en que si bien las distintas técnicas fueron suplemento de la debilidad constitutiva del ser humano, en principio se usaban sin conciencia de la técnica como capacidad abrogadora del límite natural, mientras que hoy día la conciencia lo es de la ilimitación: «Esta nueva conciencia como tal coloca al hombre, por vez primera, en una situación radicalmente distinta de la que nunca experimentó; en cierto modo, antitética. Porque hasta ella había predominado en la idea que el hombre tenía de su vida la conciencia de lo que no podía hacer, de 10 que era incapaz de hacer; en suma, de su debilidad y de su limitación. Pero la idea que hoy tenemos de la técnica nos coloca en la situación tragicómica de que cuando se nos ocurre la cosa más extravagante nos sorprendemos en azoramiento porque en nuestra sinceridad no nos atrevemos aasegurar que esa extravagancia -el viaje alos astros, porejemplo--es imposible de realizar»19, Que la imagen de máxima extravagancia que se le ocurriera aOrtega fuese la hoy ridícula de la viabilidad de la astronáutica, lejos de invalidar su pronóstico, lo refuerza: que algo delirante ala altura de ISEGORfAf29 (2003) 1933 se llevara acabo poco más de treinta años más tarde confirma lo que sostenía el pensador. Y si esto es así, entonces resulta que la supresión de lo orgánico no es ninguna broma de Sterlarc, que la hipótesis de Houellebecq en su todavía reciente e impactante novela Particules élémentaires donde se fabula como subtexto una tercera revolución metafísica consistente en el reemplazo, salvo eSCasOs residuos tercermundistas, de la especie humana por otra donde se ha logrado la inmortalidad mediante la supresión de la reproducción sexual, aunque hoy nos resulten tan excéntricas como el viaje ala Luna para D. José y su auditorio, son cuando menos ideas de innegable efervescencia reflexiva. No obstante, ymientras tal cosa sucede, extraigamos algunas consecuencias de la nueva situación en la que nos ha dejado el triunfo planetario de la civilización tec" nológica, pues creo que la conversión del mundo en máquina (en eso que en latín significa proyecto oplan), en el universo de la disponibilidad es parangonable a lo que no sin encendidas controversias se ha llamado con expresión heideggeriana das Ende der Metaphysik, «el fin de la metafísica» yque ya Nietzsche había descrito como nihilismo. En efecto, Heidegger caracterizando el nihilismo en Nietzsche dice que del ser no nos queda nada, que del ser no hay nada. Eso es el nihilismo y en el nihilismo consiste nuestra historia, la historia de Occidente. Yel instrumento aniquilador del ser ha sido la metafísica, cuyo «brazo ejecutor» es la técnica. No interesa aquí oaquí menos aún que en otros lugares toda la parafernalia conceptual heideggeriana, su descortés mística, pero es mérito del alemán haber descrito la historia como progresivo proceso de pérdida de sustancia, de avance de la nada, de olvido del ser 20. Es asimismo mérito añadido suyo haber descrito la racionalidad de la metafísica como racionalidad técnica: frente al mostrenco enfrentamien- to entre episteme ytechné, entre scientia y 145 NOTAS YDISCUSIONES ars, Heidegger supo hacer ver que desde el inicio, ymás allá de la casualidad onomasiológica, la metafísica consistió en aislar una franja de la realidad, más allá de la naturaleza, metafísica, desde la que controlar toda realidad (ontología) yla realidad toda (teología), de modo que la metafísica como ontoteología vino aoperar con una gigantesca sinécdoque reductora del ser aente. La realidad reducida acosa, el ser hecho objeto, la tierra llevada apresencia, apresencia de un sujeto que se la representa, que se la representa como siempre amano, como absolutamente manipulable, siempre disponible, ésta es la mentalidad intrínsecamente técnica de la metafísica yque triunfa en el mundo moderno con su objetivación tecnocientífica. En nuestros días, esos que Heidegger vio presididos por la cibernética como nueva ciencia fundamental, se logra el cumplimiento del modo operativo de la metafísica, pues en ellos se vive la universal objetivación del ser, el mayor olvido del ser afavor de los entes yel mayor olvido de ese olvido. Propongámonos sustituir en el discurso heideggeriano «ser» por «naturaleza». Si lo hacemos, los dos «méritos» de Heidegger acabados de señalar se vuelven iluminadores de lo que antes comentábamos de Ortega. La historia de Occidente puede leerse como progresiva reducción de la naturaleza, como olvido de la naturaleza, un olvido que se olvida de sí mismo de modo eminente con las nuevas tecnologías. Hoy la naturaleza ha sido abolida 21. Osi no, ha quedado totalmente debilitada o«secularizada», hasta el punto de que casi la sostenemos artificialmente. La naturaleza, paradigma máximo de la realidad, ha dejado de ser fundamento, lo que -como luego se verános impide un pensamiento fundante. El fundamento ha sido lo buscado por toda nuestra tradición metafísica, eindependientemente de que se señalara COmo fundamento este oaquel otro ente, siempre era asociado a lo natu- 146 ral, esto es, alo incondicionando, alo absoluto, alo necesario. Lo incondicionado, lo absoluto, lo necesario, era la natura" leza metafísica, que, coincidente o no con la física, siempre era expresión, en tanto que conspicuo ontos on, de la máxima resistencia, de aquello irresistible por antonomasia. Pues bien, el artificialismo con su progresiva disolución de la resistencia, de la resistencia natural, ha terminado disolviendo la naturaleza misma, la realidad suprema. yello es paradójico, pues es la aplicación del principio de realidad lo que ha acabado con la realidad. La técnica en su empeño objetivador nos ha terminado revelando que el mundo objetivo es nuestro mundo, la objetivación del sujeto tecnológico. La técnica buscando la máxima fidelidad alo real nos devuelve nuestra imagen, nos revela la virtualidad de lo real. Es así wie die wahre Welt endlich zur Fabel wurde, es así, como escribe Nietzsche, cómo por fin el mundo verdadero se hizo fábula. La pérdida del sentido general del ser que constata la tecnociencia, el acabamiento ocumplimiento de la metafísica en la universal objetivación del ente, el fin de la «metafísica de la presencia» en las teletecnologías ha terminado produ" ciendo la fabulación del mundo, que la realidad se haga vaga, que adquiera, como han visto Rosen 22 yVattimo 23, los perfiles de lo fantástico, de lo novelesco, de lo que ya no se ve con la nitidez de lo objetivo ycierto, de lo calculable. La realidad se ha aligerado, ha perdido peso ydensidad, objetividad en el proceso de objetivización del principio de realidad. Ésa es la mentada paradoja: la ejecución del fundamento ha ejecutado al fundamento. Éste es el resultado de la experiencia no-velada de la realidad. Aunque la horadación de la naturaleza, la consunción del ser, no ha sido algo subitáneo, sino que es tan largo como la presencia humana sobre la superficie del planeta, las nuevas tecnologías de matriz ISEGORIN29 (2003) NOTAS YDISCUSIONES cibernética oinformática sí han producido el remate revolucionario del proceso, su corona fantástica. yes que la extensión del cuerpo, de sus órganos ysentidos, en que consistía la tecnología por así decir «tradicional», la tecnología pesada, se correspondía con lo que se le resistía al cuerpo. Lo primero era el anticuerpo hostil, que proporcionaba la conciencia de la invalidez, la fragilidad yla limitación, de ahí el suplemento protésico de la técnica, el cuerpo expandido tecnológicamente. Pero ahora con la disolución de la resistencia, con el debilitamiento del ser oaligeramiento de la naturaleza las tornas han cambiado. yla meditación de Ortega 10 intuye. Sin nombrarlo, viene aprevenir del nihilismo (pasivo), cuando poco después de advertir de la nueva idea que hoy tenemos de la técnica, según la cual nada nos parece imposible de realizar, afirma: «la técnica, al aparecer por un lado como capacidad, en principio ilimitada, hace que al hombre, puesto avivir de fe en la técnica ysólo en ella, se le vacíe la vida. Porque ser técnico ysólo técnico es poder serlo todo yconsecuentemente no ser nada determinado. De puro llena de posibilidades, la técnica es mera forma hueca -como la lógica más formalista-; es incapaz de determinar el contenido de la vida. Por eso estos años en que vivimos, los más intensamente técnicos que ha habido en la historia humana, son de los más vacíos» 24. Se ha perdido la ecuación compensatoria entre la técnica yla natu" ralidad del hombre y«hoy los supuestos técnicos de la vida superan gravemente los naturales, de suerte que materialmente el hombre no puede vivir sin la técnica aque ha llegado. Esto no es una manera de decir, sino que significa una verdad literal» 25. En efecto, que hoy el hardware se haya venido atransformar en software yel software se esté transformando en mindware, el que la digitalización signifique que es posible traducir cualquier conjunto ISEGORíA/29 (2003) de entradas en cualquier conjunto de sali" das, vale decir, como suele apuntar Nicholas Johnson, que cualquier contenido puede almacenarse en cualquier soporte o transmitirse por cualquier medio, el que la materia haya sido transmutada en espíritu por la tecnología -si queremos categorizarlo hegelianamenteolo que es lo mismo, la implosión ocontracción de la tierra en coincidencia con la expansión de la racionalidad tecnológica, todo ello es indicativo de la cuasi supresión de la resistencia, de la pérdida de la compensación entre la realidad yla aplicación tecnológi" ca del principio de realidad. Dicho en hipérbole ycon prosopopeya: el cuerpo de la tierra se ha librado de sí mismo cuando el intelecto hecho naturaleza ha hecho de la naturaleza intelecto. Asistimos ala fantasmagoría de la realidad. Yen el doble sentido del genitivo: objetivo, pues la realidad se ha hecho fantasma, ysubjetivo, pues el fantasma se ha hecho realidad. La técnica pesada era proyección fantástica de nuestros órganos, ahora la ligera es la proyección fantástica de nuestra misma fantasía. Lo que, a su vez, significa que habiéndonos incorporado la naturaleza toda la tierra se ha hecho extensión de nuestro cuerpo yéste, una extensión de la tecnología. II Éste es el mundo en el que la técnica ha suplantado a la historia, el mundo del fin de la historia. Perdido el referente por la tecnología, la tecnología se vuelve referente, aunque esto sea una contradicción en los términos, pues la tecnología siempre ha sido distal yahora como teletecnología amayor abundancia. Ella nos ha prolongado protésicamente, siempre ha actuado como mediación que nos alejaba de la inmediatez del agresivo ambiente, nos ha diferido espaciotemporalmente respecto de la contundencia del referente 147 NOTAS YDISCUSIONES cos esa distinción, de modo que nos ha puesto en condiciones de prescindir de la realidad (por mucho que haya servido para hacerla operativa) yno para hacer ahora de las apariencias la realidad, sino para comprender que suprimida la noción de realidad (naturaleza), también desaparece la de meras apariencias, vale decir, al haber reducido el fundamento anada, nos deja sin fundamento: ahora el fundamento es la nada ala que nos quieren reducir los fundamentalistas. Sin fundamento obvia" mente ya no podemos fundar el bien, pero, yesto es igual de obvio, aunque se olvida pronto, tampoco podemos fundar la violencia, sino que antes bien, podemos desa" rrollar sentimientos de piedad 39 por los demás. Luego se trata de cambiar la pregunta, de dejar de lado la pregunta kantiana por lo que sea el hombre ysustituirla por la de la clase de mundo que podemos prepararles anuestros sucesores, ola de los fines comunitarios que uno pueda perseguir 40. De este modo uno deja de plantearse la cuestión esencialista de si los derechos humanos ylos calabacines tienen distinto estatuto ontológico, para centrarse en la cuestión pragmatista de qué técnica axiológica crear para creer en nosotros. Ahora bien, que los valores no se puedan fundamentar, que no puedan ser cimentados sobre una naturaleza suprimida técnicamente, no comporta que no se puedan argumentar, que no se pueda ofre" cer razones. Eso lo pensaría el racionalista dispuesto a expedir cédulas de irracionalismo aquien no suscriba el suyo, el que tiene como modelo de razón ala razón suficiente, una razón determinante, mathé" tica, demostrativa. Ciertamente no tenemos un cálculo de los valores, un algoritmo axiológico. Pero si no podemos dar pruebas analíticas, sí podemos ofrecer, como quería Perelman 41, pruebas de esas que Aristóteles llamaba dialécticas, que -eso sí~ no tienen la unívoca contundencia de las otras, sino que ofrecen argu- 154 mentos basados en la probabilidad, en la verosimilitud, en la plausibilidad, argumentos plurales. El propio Rorty argumenta afavor de los valores democráticos apelando alas razones del sentimiento moral, ala preferencia por los que son como nosotros yasí repudian el sufrimiento ajeno, ala «lealtad ampliada» 42. En cualquier caso, se trata de reclamar lo que Lipovetsky llama una «razón pragmática y experimental» 43, olo que Blumenberg llamaba el «principio de razón insuficiente» 44, la propuesta interpretativa basada en apreciaciones merecedoras de aceptación, olo que Ortega había llamado la «razón histórica», que «es precisamente aquello que hasta ahora se ha llamado sinrazón» 45, para fabricarnos los valores que nos configuren una vida en lugar de otra (la naturaleza es una, la técnica, múltiple), una buena vida, una vida mejor. y es que la cuestión es que no tenemos criterios fuertes externos, una ortodoxia más allá de la simple doxa, que aplicar a nuestra historia, alas luchas de genes y «memes» para distinguir los buenos de los malos resultados. La evolución no tiene nada que ver con la evaluación. No hay conexión interna entre ambos expedientes, lo cual no nos impide que podamos, estimulados, por ejemplo, por la responsabilidad ~más por su esperanza que por su argumentación~ de lonas, comprometernos ano comprometer las condiciones para la supervivencia indefinida de la humanidad en la tierra. Eso lo supo ver muy lúcidamente Dewey, quien, como Ortega, abandonó la noción de naturaleza humana ahistórica yla sustituyó por la idea de que ciertos mamíferos se han convertido recientemente en capaces de crear un nuevo medio para ellos mismos en vez de simplemente reaccionar aexigencias ambientales. yaunque rechazó que hubiese una conexión intrínseca onecesaria entre la racionalidad técnica ylos valores democráticos, confió en que el desarrollo de las ciencias ylas tecnologías aunaran ISEGORíA!29 (2003) NOTAS YDISCUSIONES eficiencia ytolerancia, pues ahí estaba su utopía social yliberal: que la técnica profundizara en la ruptura democrática con la vieja distinción entre el alto teórico yel bajo artesano, yque así abandonásemos la obsoleta cuestión acerca de la naturaleza humana, para desacralizando, secularizando, desteleologizando la naturaleza, y preocupándonos por rebajar el sufrimien- to «pensar en nosotros mismos como partes de un continuum al que pertenencen igualmente amebas ycalamares, aunque también los más flexibles, libres eimaginativos humanoides que serán nuestros descendientes» 46. NOTAS 1Este trabajo forma parte de la investigación realizada en el seno de la Unidad Asociada al CSIC de la Universidad de Sevilla, «CTS», ysirvió de base ala exposición del autor en el Seminario «Técnica y Valores» que tuvo lugar en la madrileña sede del Instituto de Filosofía en junio de 2000. 2Cfr. R. Rorty, Pragmatismo ypolítica, Barcelona, Paidós, 1998, p. 81. 3Así comienza su Emile Rousseau. 4Es inevitable recordar aquí el estudio que Derrida lleva acabo en su Gramatología del uso rusoniano del «suplemento» para designar siempre la falta de algo «natural» que requiere su suplementación por algo «artificial», como el amor «natural»es suplementado por el «artificial» autoerOtismo. Cfr. J. Derrida, «Du supplément ala source: la théorie de recriture», en De la Grammatologie, Paris, Les Éditions de Minuit, 1967,379-445. 5Esta frase pronunciada por Martin justo después de que Cándido haya dicho su celebérrimo ilJaut cultiver le jardin puede junto con ésta considerarse la mejor lección del cuento volteriano, su moraleja final. Estamos ante la única ley que se permite proponer Voltaire, una ley laica que, frente ala inutilidad del teoreticismo de Pangloss (Leibniz), ensalza la poiesis como medio de liberación ysabiduría. No se trata de una protesta de fe irracionalista, sino de una razón pragmática que, lejos de admitir el escándalo del mal, quiere hacer soportable la vida mediante su mejora. Contra toda moral del desespero Voltaire introduce la perspectiva del hombre hecho por ypara la acción, cuya razón no puede admitir ningún sufrimiento que no sea estricta conseCuencia de nuestra ineludible mortalidad, pues el mal que se explica mediante las leyes naturales, reconociéndolo en su naturaleza objetiva, tendrá una razón suficiente, pero no una razón humana. yes que frente al optimismo de cuño leibni" ciano con el que replica Rousseau en su Lettre sur la Providenceal poema volteriano sobre el desastre de Lisboa, tenemos el «pejorismo», con el que afalta del neologismo «pesimismo» juega epistolarmente Voltaire ala hora de negarse aaceptar la teleologización del mal. El mal no puede ser transparentado ydisuelto ISEGORíA/29 (2003) comO mera privación por la razón, una razón así no sabe nada del cuerpo que se duele ygrita, es una razón racionalista. Contra esta razón se yergue el Voltaire mayor para defender una razón pragmatista, que no pretende tener razón suficiente, que cede la Razón mayúscula alos racionalistas, para reivindicar, con «razón insuficiente», que no pudiendo extirpar el mal sí podemos -manteniéndonos en constante activi" dadhacerle frente para amortiguar yretrasar su fatal efecto. 6Alos ya conocidos trabajos de Mitchan, Dust, Conill yQuintanilla Navarro hay que añadir el reciente estudio de LEcheverría, «Sobrenaturaleza ysociedad de la información», Revista de Occidente, núm. 228, mayo de 2000, pp. 19-32, yel casi simultáneo «Breve excursuso sobre Ortega yla sobrenaturaleza» que incluye en su célebre Los señores del aire: Telépolis yel Tercer Entorno, Barcelona, Destino, 1999, pp. 35AI. 7 J. Ortega yGasset, Meditación de la técnica (1939), Madrid, Santillana, 1997 (en adelante: MT), p.24. 8Ídem. 9Ídem. 10 J. Ortega yGasset, MT, p. 26. 11 J. Ortega yGasset, MT, p. 27. 12 J. Ortega yGasset, MT, p. 31. 13 J. Ortega yGasset, MT, pp. 37-38. 14 J. Ortega yGasset, MT, p. 38. 15 J. Ortega yGasset, MT, p. 38. 16 J. Ortega yGasset, «El mito del hombre allende la técnica» (en adelante: MH), en Obras Completas, vol. 9, Madrid, Alianza Editorial yRevista de Occidente, 1983, pp. 617-624;p. 623. 17 J. Ortega yGasset, MH, p. 620. 18 J. Ortega yGasset, MH, p. 624. 19 J. Ortega yGasset, MT, p. 58. 20 Esto es algo que muchos interpretan en clave restauracionista, denunciando la banalización contemporánea, la «era del vacío», en expresión ytítulo de una obra de Lipovetsky, lo que en Heidegger no está tan claro, pues para él «el ser no es sino que acaece», de modo que lo «malo» no es el olvido, sino en todo caso el olvido del olvido del ser. 155 NOTAS YDISCUSIONES 21 Tal vez se podría redescribir al hombre masa como quien precisamente, lejos de darse cuenta de semejante abolición, toma por fruto natural lo que es fruto técnico yconsiguientemente resultado de un duro esfuerzo civilizatorio. De ahí la convicción orte~ guiana de que <<la fabulosa técnica actual corría peligro» (J. Ortega yGasset, MT, p. 29). 22 «El mundo empírico es en sí mismo una construcción teórica, un artefacto o un poema ... Lo empírico es una creación; una creación necesaria, ya que con el advenimiento de la modernidad la naturaleza ha perdido su sustancialidad ... La modernidad es una sucesión de perturbaciones revolucionarias que llevan areemplazar la naturaleza por las poesías. El plural es aquí necesario; tanto cuando se habla de la physis como cuando se menciona a la naturaleza newtoniana debemos emplear el singular, pero no hay una sola poesía. La insurrección cartesiana contra la filosofía y la ciencia escolástica, que al mismo tiempo es, necesariamente, una insurrección contra la historia, encierra en sí el triunfo de la historia, aunque ahora se lo debe entender como historicidad. La historicidad es la historia de la sustitución de la naturaleza por parte de las poesías», leemos en S. Rosen: «Futuro anterior», en G. Vattimo: La secularización de lafilosofía. Hermenéutica yposl1lOdernidad, Barcelona, Gedisa, 1992, pp. 113-133; p. 117. 23 «El desarrollo del mundo científico-técnico, en la forma de mundo de la información generalizada y del consumo de masas, muestra la tendencia de la realidad adisolverse en la vaguedad de lo poético» se afirma en G. Vattimo, «El consumidor consumido», en J. Casado y P. Agudíez (comps.): El sujeto europeo, Madrid, Editorial Pablo Iglesias, 1990, pp. 35-46; p. 42. 24 J. Ortega yGasset, MT, pp. 58-59. 25 J. Ortega yGasset, MT, p. 59. 26 Frente ala identidad de la presencia, lo que tenemos es la différance: el ser diferente significa, por un lado, no ser idéntico, es decir, no hay un ser unitario, presente yoriginal; el ser diferente significa, por otro lado, ser interpuesto, retirado oretrasado, es decir, no hay ser primero oinmediato, sino un ser siempre aplazado oretardado. La différance indica que en el origen no hay identidad, sino espaciamiento ytemporalización. El ser está espacio-temporalmente diferido,no cabe el ser logocéntrico cuyo significado era previo asu expresión, como origen absoluto del sentido en general, expresado luego por arbitrarios significantes; al revés, todo signo es significante de otro significante, el significado ya está siempre en posición de significante. Por eso il n'y apas de horstexte; J. Derrida, La dissémination, Paris, Éditionsdu Seuil, 1972, p. 364. 27 Cfr. [bid., pp. 389-394. 2R La pluralidad de historias también se predica de uno mismo: desaparecido el yo trascendental, la última naturaleza humana, como motor de la historia, 156 también desaparece como motor de la biografía. Es interesante atender aVattimo cuando indica que la conciencia puede ser observada como una pluralidad estructurada en forma de sistema reticular acentrado, con lo que ya no cabe la explicable tecnofobia de los filósofos que pensaron la técnica según el modelo «central» del motor, el cual amenazaba con aplastar la libertad personal, pues ésta se potencia en la red (cfr. G. Vattimo, «Es una red sin centro pero nos da un premio: la libertad», Debats., núm. 69, primaveraverano, 2000,.pp. 18-21. 29 Cfr. O. Marquard, «Universalgeschichte und Multiversalgeschichte», en Apologie des Zufiilligen, Stuttgart, Reclam, 1986, pp. 54-75. 30 «Hoy, que sería posible técnicamente escribir una historia universal, representar "todo" lo que ocurre, precisamente hoy la misma idea de una historia universal resulta impensable... cuanto más posible técnicamente se vuelve informar sobre todo, tanto más imposible se torna hacerlo desde un punto de vis~ ta unitario, hegemónico. Un punto de vista como ése es el que hacía posible, en el pasado, la idea de una historia», se lee en G. Vattimo, «El consumidor...», op. cit., p. 40. 31 De re esa disponibilidad ya se daba desde la prehistoria mas no de facto ni siquiera de dicto: no sólo no había conciencia de ello, sino que, en todo caso, se tenía conciencia de justo lo contrario. Luego la efectiva disponibilidad ilimitada viene asuponer todo un novum. 32 G. Anders, L'uomo eantiquato, vol. n, Sulta distruzione delta vita nelt'epoca delta terza rivoluzione industriale, Torino, Bollati Boringhieri, 1992, p. 258. 33 Cfr. L. Kolakovski, El hombre sin alternativa, Madrid, Alianza Editorial, 1970, p. 282. 34 R. Rorty, Pragmatismo ypolítica, op. cit., p. 81. 35 Vid. la parte primera, Simbologia delta tecnica: la scena del Caucaso de la ciclópea obra de U. Galimberti, Psiche etechne. L'uomo nell'eta della tecnica, Milano, Feltrinelli, 1999, pp. 49-86. 36 Quizá convenga aquí evocar la constante enseñanza de I. Berlin en torno ala pluralidad yno necesaria compatibilidad de los valores. 37 Cfr. Platón, Protágoras, 321 a-322a. J8 G. Lipovetsky, El crepúsculo del deber. La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos, Barcelona, Anagrama, 1994, p.12. 39 Piedad en el sentido compasivo, caritativo y her~ menéutico que va de Sc:hopenhauer aVattimo, pasando por Dewey oDonald Davidson. 40 Cfr. R. Rorty, Verdad yprogreso. Escritos filosóficos 3, Barcelona,Paidós, 2000, pp. 230 Y340; Y Filosofía yfuturo, Barcelona, Gedisa, 2002, p. 16. 41 Cfr. Ch. Perelman yL. Olbrechts-Tyteca, Rhétorique et philosophie: pour une théorie de f'argumentation en philosophie, Paris, PUF, 1952; Ch. Perelman yL. Olbrechts-Tyteca, Tratado de la argumentación. La nueva retórica, Madrid, Gredos, ISEGORiN29 (2003) NOTAS YDISCUSIONES 1989; YCh. Perelman, Rhétoriques, Bruxelles, Editions de I'Université de Bruxelles, 1989. 42 Se trata de la noción de justicia como larger loyality (cfr. R. Rorty, «La justicia como una lealtad más amplia», en El pragmatismo, una versión. Antiautoritarismo en epistemología yética, Barcelona, Paidós, 2000, 225-247, oen otra traducción: «La justicia como lealtad ampliada», en Filosofía yfuturo, op. cit., pp. 79-99. 43 Cfr. G. Lipovetsky, op. cit., p. 20. 44 «La tesis capital de toda retórica es el principio de razón insuficiente (principium rationis insuf{icientis). Es el correlato de la antropología de un ser al que le falta lo esencial. Si el mundo del hombre se correspondiera con el optimismo de la Metafísica de Leibniz, la cual creía poder ofrecer la razón suficiente por la que absolutamente bay algo yno más bien la nada (cur aliquid potius quam nihil), entonces no habría ninguna retórica, pues no se daría ni la necesidad ISEGORíAl29 (2003) (Bedüifnis) ni la posibilidad de ser eficaz (wirken) con ella... Pero el principio de razón insuficiente no hay que confundirlo con un postulado de prescindencia de razones (Gründe), así como "opinión" no designa la conducta infundada (unbegründete), sino fundamentada de modo difuso ysin regulación metódica». Es difícil encontrar mejor apoyo ala tesis arti" ficialista que se defiende aquí sobre la necesaria carencia de valores naturales para un ser aquien le falta <<lo más esencia!», una naturaleza, que estas palabras de H. Blumenberg, Wirklichkeiten in denen wir leben, Stuttgart, Reclam, 1996, pp. 124-125 (Un análisis del rendimiento filosófico de este «principio» que Se despide de todo principio se puede consultar en el artículo del autor, «Una sensibilidad metafórica común: Vico yBlumenberg», Cuadernos sobre Vico, 9/10,1998, pp. 109-133). 45 J. Ortega yGasset, MH, p. 621. 46 R. Rorty, Pragmatismo ypolítica, op. cit., p. 92. 157