Algunas consideraciones sobre las unidades de análisis cultural
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Esteva Fabregat, Claudio 1969 La etnología española y sus problemas, en I Congreso nacional de artes y costumbres populares. Zaragoza. 1971 Para una teoría de la aculturación en el Alto Axagón. Ethnica, núm. 2, 9-75. Barcelona. El concepto de etnia y su aplicación en etnología. Revista de la Universidad de Madrid (en prensa). Frigolé Reixach, Juan 1975 Algunas consideraciones sobre las unidades de análisis cultural, en Primera Reunión de Antropólogos Españoles. Sevilla. Hammel, Ernest 1968 Altemative Social Structures and Ritual Relations in the Balkans. Prentice-Hall, Inc. Englewood Cliffs, N.J. Levi-Strauss, Claude 1958 Anthropologie Structurale. Paris. lisón Tolosana, Carmelo 1971 a Contrapuntos ecológicos-culturales, en Antropología social en España, 173-226. Siglo XXI de España Editores, S. A. Madrid. 1971 b Límites simbólicos (Apuntes sobre la parroquia rural en Gali cia), en Antropología social en España, 247-301. Siglo XXI de España Editores, S. A. Madrid. 1971 c Estructuralismo y antropología, en Antropología social en Es paña, 315-327. Siglo XXI de España Editores, S. Au Madrid. Moreno Navarro, Isidoro 1972 a Propiedad, clases sociales y hermandades en la Baja Andalucía. Siglo XXI de España Editores, S. A. Madrid. 1972 b El trabajo etnológico en España y el problema de la elección de comunidad, en Ethnica núm. 3, 168-180. Barcelona. Pérez Díaz, Víctor 1972 Estructura social del campo y éxodo rural. Ed. Tecnos. Colección de Ciencias Sociales. Madrid. Redfíeld, Robert 1956 Peasant Society and Culture. Chicago University Press. Chicago. 176 — ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LAS UNIDADES DE ANALISIS CULTURAL Juan Frigolé Reixach Universidad de Barcelona Nuestra principal preocupación está centrada en la correcta deñmción y elección de las unidades de análisis y estudio antropológico dentro del marco de la Península Ibérica. Creemos que éste es un tema de gran interés e importancia para la Antropología en general y para la Antropología española en particu lar. En Antropología existe un número de conceptos que se reñeren a unidades globales o generales de análisis y estudio tales como pueblos y culturas primitivas y sociedades y culturas complejas, o, por decirlo con mayor precisión, pueblos y culturas de cazadores y recolectores, de horticultores, de pastores, de campesinos y sociedades industriales si tomamos como criterio de clasificación el estadio o nivel tecnológico con que se correlacionan una organización social y cultural que están destinadas fundamentalmente a hacer operativo, viable y funcional cada nivel tecnológico. Es evidente que podemos tomar otros criterios de cla sificación y, por ejemplo, dentro de un mismo estadio o nivel tecnoló gico pueden surgir subdivisiones según se tomen como criterios de cla sificación la organización social o la política y teniendo en cuenta su grado de complejidad. Pero no vamos a profundizar en ello ya que sólo nos interesa como ejemplo. Es conocido también que en el desarrollo de la Antropología, desde aproximadamente la década de los anos cincuenta, se ha incrementado el estudio de pueblos y culturas campesinos de diversas partes del mun do. Las culturas campesinas representan una adaptación más perfeccio nada que otras culturas y otros niveles tecnológicos, como el pastoreo o la horticultura. Este nivel tecnológico aparece asociado a otros niveles superiores, como el de la industrialización, contribuyendo a su naci miento y recibiendo, asimismo, estímulos de él una vez impuesto como adaptación de orden superior. Los grupos campesinos no están situados de una manera directa e inmediata en un habitat natural como es el caso de otros grupos rela- — 177
clonados con niveles tecnológicos más simples, sino que se articulan con otros grupos sociales, y el total de relaciones económicas, sociales y politicas constituyen el medio social y cultural en que están situados, des envuelven su actividad, organizan sus peculiares formas de vida. En las sociedades en que encontramos campesinos, no simples cul tivadores, encontramos un nivel tecnológico con el que se correlaciona „Tia división social del trabajo en la que, según la posición que ocupan en ella se constituyen grupos de campesinos (los productores de alimen tos los que trabajan la tierra) y de no campesinos (los que viven de los excedentes). Sobre esta base se opera una gran diferenciación social, una gran complejidad en cuanto a la organización social y política, lo cual repercute sobre el nivel tecnológico, con lo cual se inicia una red de relaciones de interacciones mutuas que tendríamos que estudiar histó ricamente para ver cómo han ido sucediéndose en el tiempo hasta llegar a nuestra sociedad actual. El grupo de los campesinos, la sociedad campesina, descansa, sur ge en una división social del trabajo, en una organización del trabajo correspondiente a un nivel tecnológico representado por un conjunto de elementos por el uso de irnos instrumentos tales como arados, el uso de animales en el trabajo, el aprovechamiento y canalización del agua, el acondicionamiento del terreno, etc. Es decir, que siempre que hay agricultura tenemos un sistema social complejo, compuesto como mínimo por dos grupos socialmente diferenciados y que desarrollan formas de vida distintas. El sistema social es el medio en que los agricultores desarrollan sus características socioculturales. Este sistema social está formado por un conjunto de relaciones, interacciones, de los grupos campesinos y no campesinos entre sí y de ambos sobre el nivel tecno lógico a partir del que se han originado y sobre el medio físico o natural. El contexto histórico nos indicará la dirección de estas interrelaciones. Lo importante es darse cuenta de que los grupos campesinos forman parte, porque así lo posibilita el nivel tecnológico que les da origen, de un sistema social del que también forman parte otros grupos y de que este sistema social es también o puede considerarse como un medio social a través del cual el grupo de los campesinos se enfrenta a un medio físico. Sus posibilidades de subsistir en él, de conseguir un determinado standard de vida, depende fundamentalmente del sis tema social del que los campesinos forman parte y de las características que históricamente asuma este sistema social. En cuanto que podemos formular unas leyes o reglas de carácter histórico que explican la compleja red de relaciones e interacciones den tro de un sistema social y las de éste en relación al medio físico, nos hallamos con el concepto de código cultural, o sea, con aquel conjunto de reglas que explican la conducta y las variaciones en la misma de los distintos grupos sociales. El nivel que ocupan los conceptos de sistema social, medio social y código cultural, es un nivel o dominio ajeno a la observación directa, un nivel diferente del de la conducta observable, es el nivel a que 178 tenemos que remontarnos para explicar la conducta observada empíri camente. Existe un paralelismo evidente entre los conceptos de lengua (langue)/habla (parole) y sistema social, meido social, código cultural/ comportamiento. Los diferentes sistemas sociales que se originan sobre el nivel tec nológico correspondiente a la agricultura por encima de otros niveles tecnológicos, son a la vez medios sociales en los que los campesinos, a través de un conjunto de interacciones y relaciones reciben su fi sono mía social y cultural y a través de las cuales se enfrentan al medio físico. Las anteriores consideraciones son de orden puramente teórico; pero, a mi entender, antes de emprender cualquier investigación hay que tener en cuenta, además de las teorías o hipótesis concretas que se persigue demostrar, la existencia de estos tres tipos de conceptos analíticos. Estos aparecen como punto de partida o como objetivo. Una inves tigación que tenga como objeto, por ejemplo, a los campesinos ha de brindarnos el conocimiento del sistema social global en que éstos viven, la influencia de este sistema social global como medio social en cuanto que favorece o bien obstaculiza sus intercambios, su interacción con los diferentes medios ecológicos y el conjunto de relaciones reciprocas entre los diversos elementos o instituciones sociales y culturales y de éstas sobre el medio físico. Este proceso de relaciones en cuanto que se da en un contexto histórico determinado que nos indica de una manera precisa la orientación, la dirección de la influencia de instituciones sobre otras —es decir, la dirección del proceso de interrelaciones y el énfasis de unos elementos sobre los otros en este proceso— pueden traducir todo esto a normas, reglas construidas que expliquen la conducta social y cultural de los actores con quienes hablamos, a quienes observamos. Los campesinos, en cuanto que forman parte de sistemas sociales globales, no actúan directamente sobre el medio físico, sino dentro de un medio social que, globalmente, incide sobre el medio físico. En relación con todo la anterior, debemos considerar la importancia del estado y de la historia, o de una cierta concepción de la historia. El estado es una unidad social en que, si prescindimos de su composición social y atendemos a sus funciones, veremos que de una manera general destacan funciones de control, de dirección, que se refleren a la toma de decisiones explícitas e implícitas de gran importancia en cuanto que condicionan hechos de tipo tan diverso como, por ejemplo, la adquisi ción por parte de una cultura y una sociedad determinada de nuevos elementos procedentes del exterior, como pueden ser nuevas técnicas, nuevas ideas, instituciones, etc. El estado está compuesto por gentes procedentes de un determinado grupo social que ponen un especial énfasis en el desarrollo de ciertas cosas, cuyas directrices afectan posi tiva y negativamente a una realidad, unas instituciones y grupos sociales. Todo ello origina una dinámica especial y peculiar dentro de cada sociedad, hace que varias sociedades y culturas que partan de un idén- — 179
T' tico nivel tecnológico inicial, una determinada simbiosis de dos estadios de adaptación —agricultura e industrialización—, se hallan no obstante en fases de desarrollo distintas. El estado es uno de los elementos más destacados dentro de los conceptos de sistema social, de medio social, de código cultural. Si no es correcto estudiar pueblos aislados, tampoco lo sería el estu dio de grupos sociales aislados. ¿Cómo entenderíamos su desarrollo tec nológico, su standard de vida, sus instituciones sociales, económicas y políticas si las estudiásemos prescindiendo de sus relaciones con otros grupos, si no tuviésemos en cuenta los condicionamientos que suponen las restantes partes del sistema social sobre el grupo concreto estudiado y sobre sus instituciones propias y específicas? Los campesinos están en relación con otros grupos sociales que exhi ben formas de vida distintivas y bajo un estado que ellos no han creado ni controlan ellos, sino otros grupos sociales. Podrán estar al margen de una cultura oficial, de una cultura escrita, pero no al margen del estado. Estarán apartados o aislados de los medios de comunicación, estarán atrasados o viviendo en un mundo arcaico, pero ello no constituye una forma peculiar de su desarrollo, sino que guarda relación con el estado y con los demás grupos sociales que controlan el estado en cuanto que órgano decisorio, que condiciona este nivel de desarrollo o de atraso. No podemos hablar de cultura campesina como de una cultura autó noma, como si de sus propias instituciones y del habitat en que se loca liza dependiese el éxito de su adaptación, el standard de vida conseguido, el éxito o fracaso en la explotación de las fuentes de energía, de su medio. La concepción dinámica de la interacción de grupos, instituciones, dentro de un sistema o medio social y de éste sobre el medio físico, exige tener en cuenta la historia. ¿Qué historia? Una historia o una concepción de la historia que nos explique todas estas interrelaciones, la dirección del proceso y el énfasis sobre un determinado elemento de este circuito de mutuas interrelaciones. La Historia no es una mera disciplina académica, ni una super estructura ajena a la realidad, ni se reduce a las dimensiones diacronía/ sincronía, sino que está vinculada, es inherente y consustancial a la misma manera de explicar la realidad, no como un proceso de causa y efecto, sino como una compleja red de interrelaciones entre los grupos, instituciones, medio, etc. Queremos referirnos, ya de una manera más concreta y precisa, a las ventajas que la aplicación de este esquema teórico que hemos pre sentado tendría para el estudio de la Península Ibérica. Se da prioridad a la búsqueda de las macrounidades de análisis representadas por los sistemas sociales que descansan sobre la existen cia de un determinado nivel tecnológico al cual corresponde una deter minada división social del trabajo y unos grupos sociales con distintivas formas de vida. Dentro de un mismo estado, dentro de un mismo terri torio, pueden coexistir diversos sistemas sociales. En el caso de la Pen180 — ínsula Ibérion ^ ^ j una tecnol ' Poblemos distinguir como mínimo dos, representados por tencia dí^ y una división social del trabajo que da lugar a la exisnaleros/ ^^^^j^^ores del monte (jornaleros, esparteros), braceros jorburffup (aparceros, medieros, arrendatarios)/aristocracia y exDlot frente a estos grupos, obreros del campo dentro de indu agrícolas o ganaderas altamente industrializadas/obreros s na 6s/aristocracia y burguesía industrial, empresarios agrícolas, no ^^sideración de este esquema, de este modelo teórico que aún estando totalmente claro a priori orienta la investigación y se ve, a su vez, clarificado por los resultados de ésta, permite estudiar los grupos s cíales considerándolos como unidades específicas de análisis y teniendo en cuenta sus conexiones, viendo cómo el sistema global es el medio social en que se desarrollan, que les condiciona, dentro del cual y con el cual se enfrentan a los diferentes medios físicos. consideración de conceptos tales como el de sistema social, de medio social, de estado hacen más compleja la investigación empírica. Constataciones Después de estas referencias teóricas veamos cuáles son las orienconcretas que hasta el momento privan en el estudio antropo lógico dentro de la Península Ibérica. Las unidades de análisis elegidas son, fundamentalmente, pueblos, comunidades y regiones o zonas amplias, o más bien quizás las formas úe vida rurales y tradicionales y los cambios operados en estas formas úe vida. Estos son los temas dominantes en la producción antropológica referida a España. Las formas de vida rurales y tradicionales no son una unidad de í^nálisis y estudio, no constituyen un objeto claro y observable. Son un tipo de abstracción correspondiente o semejante al de formas de vida i^bana. Es decir, se trata de una construcción a posteHori. Los. sistemas sociales, aunque sirven de guía a la investigación como marcos en que se sitúan los conocimientos adquiridos, tampoco constituyen unidades de estudio observables, pero sí lo son en cambio los grupos campesinos que surgen de acuerdo con una determinada tecnología y dentro de una división y organización del trabajo basada en la misma; es decir, dentro de un sistema social. En general, al estudiar pueblos se opera una cor^sión entre el }ugar de la investigación, de las comprobaciones, .£2íL^l.o21to de estu- ^io. En la clasificación de los pueblos, de las comunidades, intervienen muchos criterios extra-antropológicos, como los referidos a su tamaño s las actividades predominantes, criterios administrativos, etc. ' En cuanto intervienen en estos estudios muchas variables y no existe acuerdo acerca de cuáles utilizar para la clasificación de estos pueblos por parte de las distintas disciplinas y en cuanto que falta, sobre todo — 181
una crítica, por parte de la Antropología, de los criterios clasificatorios utilizados y la elaboración de un criterio propio, nos hallamos en la mayor confusión con respecto al objeto de estudio y a su contenido. En tanto que se considera que hay que pasar del estudio de pueblos más pequeños al de pueblos mayores, al de ciudades pequeñas, media nas, grandes, y metrópolis, y en tanto que no sabemos qué es lo que cada una de ellas introduce de diferencia en los contenidos, en las for mas de vida de la gente, etc. Es evidente que nos movemos en un terreno muy confuso si en lugar de adoptar como punto de partida un modelo e intentar determinar empíricamente sus partes o elementos, pretendemos que la investigación se guie por el estudio de los diversos pueblos o tipos de pueblos que podemos clasificar, catalogar y tipiñcar de muy distintas maneras. Si tomamos cualquier pueblo veremos que la población no es homo génea ni desde el punto de vista social ni cultural. Habrá en casi todos ellos jornaleros, campesinos, propietarios, tenderos, módico, etc. ¿Son las formas de vida "rural" la expresión cultural de todos estos indivi duos? Parece absurdo que a la expresión cultural de todos ellos poda mos llamarle "formas de vida rural". Posiblemente, algo comparten todos los grupos sociales que pertenecen a un mismo pueblo, pero nunca lo que comparten puede ser tan importante como sus distintos modos de vida en función del lugar que ocupan dentro de la división social del trabajo. Si creemos que es más importante ver lo que comparten todos ellos, debemos preguntarnos por los elementos que comparten y si éstos tienen un origen estrictamente rural. Generalmente, el estudio de pue blos lleva a configurar una construcción cultural a la que se da el nom bre de "cultura rural" por oposición a la llamada "cultura urbana". Generalizando y simplificando algo, podemos decir que del estudio de pueblos, en esta progresión mecánica, se pasará al estudio de regio nes y de éste al de unidades de orden superior. El estudio de pueblos da como fruto el estudio de formas de vida totalmente rurales, menos rurales, algo urbanas, más urbanas, etc., a una multiplicación de estra tificaciones, al estudio del cambio sociocultural en función de lo urbano. Menos claro parece a qué nos llevará el estudio de las regiones, ya que no se ha precisado ni justificado si se trata de regiones ecológicas o bien de regiones delimitadas en función de otros criterios. Se ha ha blado en algunos casos de la "personalidad cultural" de algunas de las regiones en que se ha hecho trabajo de campo, pero no sabemos qué se quiere decir exactamente con esta expresión, aunque otros antropólogos ni tan sólo aluden a este concepto tras su trabajo. Parece que algunas de las regiones o zonas estudiadas sean o se consideren como culturalmente distintas, más claramente diferenciadas que otras como mínimo. En este caso, esta barrera, esta pretendida diferenciación cultural sirve como marco de estudio. Se considera a la región como unidad cul tural distinta y la investigación empírica contribuye a demostrar que efectivamente lo es. En cierto modo, este marco sustituye a las nociones de sistema social, de medio social, que postulamos. El estudio de los 182 — diferentes grupos sociales, o en otros casos de los diferentes pueblos, nos dará la imagen cultural de la región. Hay una gran confusión con respecto a todo ello, ya que no se han planteado explícitamente en qué consiste esta personalidad cultural de la región, en qué consiste esta diversidad cultural, cuál es su origen, qué clase de diversidad es y, por tanto, cómo se puede estudiar. Para poder resolver los problemas hay que definirlos antes explícitamente. Volveremos más adelante sobre el tema. Entretanto, veamos otros aspec tos referidos al estudio de pueblos o comunidades. Generalmente, en el estudio de pueblos, incluso cuando no se hace referencia explícita a la región en el sentido de aludir a su "persona lidad cultural", se intenta conectar al pueblo con otras comunidades, con otros centros superiores; por ejemplo, las ciudades. Se estudian sus relaciones y dependencia administrativas, de mercado, etc., y con ello se crea una pequeña red entre la comimidad y otros pueblos o centros. Con ello y con definir las instituciones políticas a nivel local se da generalmente por satisfactorio el resultado de la investigación, se deja al pueblo conectado con la sociedad global. Sin embargo, esto y ima descripción del habitat físico no contribuye demasiado a la comprensión de este medio social, de este sistema social de que hemos hablado. En general, no se es consciente de que el habitat físico sí es observable, pero que el medio social, el sistema social dentro del que han surgido los grupos y que condiciona sus posibilidades no se reduce a esta esque mática red de dependencia e intercambio con otros pueblos cercanos y a las instituciones y agencias estatales que hay en el pueblo. Tampoco se puede definir este medio social con decir que las direc trices del mercado influyen, o hablar de los estímulos urbanos. Todo ello es sumamente ambiguo y confuso. Con la vista fi ja en el pueblo se pierde este concepto tan importante. Hay que dar contenido al con cepto de medio social, ver sus componentes. Partamos de unas consideraciones concretas. Es cierto que partimos o tenemos en cuenta el comportamiento económico de la gente, pero no nos basta con enunciar esto y dar algunos datos acerca del mismo, sobre algunas producciones, algunos precios, algunas consideraciones acerca de los ingresos, etc. Creo que se trataría mas bien de mostrar a que normas obedece este comportamiento de la gente, en función de que factores locales y extralocales varía. , - . j . Se trataría de saber hasta que punto el desarrollo tecnológico dentro del nivel establecido, hasta qué punto el standard de vida que puede ofrecer el pueblo está en función del habitat natural, de los propios medios del pueblo, o está muy condicionado por el medio social en que éste se halla. . Creo que los estudios de tipo economico a que se acude para expli car este comportamiento deberían tener un marco mucho más amplio del que generalmente se adopta. Los modelos y explicaciones económicas que se suelen dar son en general escasas, deficientes; prácticamente, tienen tan sólo en cuenta lo que el observador ha oído o visto a nivel — 183
de pueblo, con lo cual no se puede construir ningún modelo económico coherente, suficientemente explicativo. Hay un conjunto de factores de orden político, cultural, económico, social, que se dan a un nivel superior al del pueblo elegido como unidad de análisis y estudio y que en gran parte están condicionados por el estado y el grupo o grupos que ocupan los puestos de decisión que constituyen una incitación, un estímulo permanente frente al que el pueblo tiene que contestar, defenderse, etc. Si plEinteamos preguntas (de ima manera metafórica) a las que el pueblo tiene forzosamente que contestar —por ejemplo, acerca de su concepción del poder, de la política, de los políticos a todos los niveles, de la ley, de la justicia, etc.—, nos hallaremos con que mucha de la gente que vive en los pueblos tiene una opinión refleja, no espontánea. Sus actitudes y opiniones reflejan lo que han visto. Lo que han visto es una "gran farsa", una "gran comedia" para usar una expresión fami liar a muchos pensadores del siglo xix, y no precisamente divertida, sino cruel, que les ha permitido actuar según una doble orientación: la de lo aparente y la de lo real. Todo ello no puede llegar a saberse dentro del exclusivo marco del pueblo. No puede saberse de un elemento si es propio, surgido espontáneamente dentro del pueblo, o si es adquirido por adaptación a un medio social. El medio social, concepto tan importante, desaparece al enfocar casi exclusivamente un pueblo determinado, y entonces se usa como único concepto el de medio natural. Este es otro de los puntos que determina, a mi entender, lo inadecuado del estudio de pueblos o regiones sin otros planteamientos previos. Ello tiene que ver también con la importancia que se da a la observación participante dentro del estudio de las comu nidades, y que debería ser complementada por otras técnicas. Veamos a continuación otro punto a destacar en el estudio de pue blos o comunidades. Dentro de cada formación económico-social, dentro de cada sistema social global tenemos una formulación de la división social del trabajo, de su organización, en relación con un nivel tecnoló gico determinado. En este sentido, hay una formación económica y social diferente y anterior a la llamada capitalista cuya división social del trabajo origina la existencia de grupos sociales que reciben, según el lugar en que radican, los nombres de jornaleros, peones, braceros, espar teros, etc., diversos tipos de obreros del campo o del monte que se dife rencian de los obreros del campo o de la industria dentro de un sistema capitalista de producción. Sabemos que este grupo ha sido muy nume roso e importante en España y que ha permanecido estable durante mu cho tiempo (mientras el sistema global, dentro del que habían surgido, permaneció estable y no fue sustituido por otro), pasando esta condición de padres a hijos. Este grupo, que recibe distintos nombres en los dis tintos puntos de España y cuyo número e importancia varía también dé un lugar a otro, se sitúa dentro de un continuum de estratificación social por debajo del de los campesinos. El problema que planteamos 184 — no es el del continuum cultural, sino el de la diferenciación cultural de estos grupos diferenciados social e históricamente. Seguramente, el hecho de que no se haya intentado ver las diferen cias culturales, la distintividad cultural, radica en que mentalmente se está condicionado por la definición de "formas de vida rural" como opuestas a "formas de vida urbanas". No se parte de la existencia de grupos originados y diferenciados a partir de una división social del trabajo. Cultural y socialmente, se ha prescindido de las diferencias para enfatizar las similitudes, las coincidencias resultantes de compartir una misma ecología, un ámbito reducido, etc. En última instancia, ello es una consecuencia del énfasis puesto sobre la categoría de pueblo por encima de la de grupo social y cultural. Las divergencias culturales y sociales que notamos entre los diversos grupos sociales como jorna leros, campesinos, tenderos, artesanos, profesiones liberales^ etc., nos parecen por referencia al marco, pequeñas diferencias, pequeñas varian tes de un mismo estilo de vida, y ello porque abordamos estas diferen cias desde el mismo pueblo y no desde el punto de vista de las dife rentes culturas, de los diferentes grupos representados en el pueblo, por más que algunos grupos son cuantitativamente muy poco numerosos. Por lo general, en el momento histórico en que nos hallamos no hay ningún pueblo o lugar que sea lugar de residencia de un solo grupo social y, por lo tanto, de una sola cultura. El hecho de que haya una actividad predominante no significa que haya forzosamente un solo gru po social o una sola cultura. Tengo la impresión de que si se sigue por el camino ya en parte trazado del estudio de pueblos, de comunidades, acumularemos un gran número de estratificaciones sociales en las que aparecerán los diferentes grupos sociales; pero sabremos muy poco acerca de su cultura o de sus distinciones culturales, ya que el énfasis se sitúa a nivel de lo que comparten en cuanto que se hallan dentro de un mismo marco o ámbito. Otras disciplinas están empeñadas en el conocimiento del papel jugado por los campesinos, por los peones y obreros preindustriales, por la aristocracia rural o por la burguesía industrial y por el obrero in dustrial dentro de la historia de la España actual; están intentando defi nir los marcos y sistemas sociales, los niveles tecnológicos en que se ori ginan todos estos grupos y de los que reciben sus características sociales y culturales. Otras disciplinas tienen claro cuál es el objeto de su estu dio: los grupos sociales y culturales. Creo que nosotros no podemos apartarnos de los esfuerzos que desde puntos de vista distintos se están haciendo para conocer la historia so cial y cultural de España. Están comprometidas en este empeño disci plinas como la Historia, la Literatura, etc., y no es licito pensar o iden tificar estas disciplinas y sus posibilidades teóricas y metodológicas con ciertos tipos de estudios que se han hecho en España o con un deterjTiíua^o nivel de desarrollo de las mismas en nuestro país. Si los peones estuviesen concentrados en unos pueblos, los campe- — 185
sinos en otros, la aristocracia rural en otros, entonces podríamos iden tificar el marco con el objeto o con el contenido. Pero no es así en la realidad. Respecto de un grupo social determinado, el de los jornaleros, peo nes o braceros, los obreros del campo y del monte dentro de un sistema social llamado precapitalista (éste es tan sólo uno de los nombres posi bles) creemos que el postular su distintividad cultural no sólo es una petición de principio, sino que podemos aducir algunos conocimientos empíricos que confirman tal distintividad. En nuestro trabajo de campo, en la provincia de Murcia, hemos observado cómo el "llevarse a la novia" o "irse con el novio", según el sexo desde el que se considere este fenómeno, son expresiones ambas que se refieren a una forma de realización y constitución del matrimonio y de la familia que escapa en su principio al control de las respectivas familias, de la Iglesia y del Estado. Esta forma de realización del ma trimonio reduce la ceremonia matrimonial a un acto privado con ausen cia de ceremonial y, por tanto, de gasto social. Esta es una institución aceptada socialmente y que pertenece tan sólo a la cultura de ciertos grupos; en el caso estudiado, a la cultura de los esparteros, obreros del monte. La información que tengo acerca de la existencia de esta ins titución en otros puntos de la provincia de Murcia, y no sólo en los pueblos, sino también en los barrios periféricos de grandes ciudades, en puntos de Andalucía y en otros puntos del país, parecen indicar o dar la pista de cómo pueden actuar o en qué consiste esta diversidad cultural. Esto constituye por lo menos una hipótesis de trabajo para ver por dónde pasa y cómo se constituye la barrera cultural que dife rencia a los jornaleros, peones o braceros, esparteros, etc., y a los cam pesinos. Esta institución del "llevarse a la novia" está en relación funda mentalmente con una ausencia de fondos de ceremoniales, con la falta de cosechas, de excedentes de alguna clase, y, por tanto, con la depen dencia de salarios eventuales y escasos de los obreros dentro de un sis tema social preindustrial, y puede ser una solución que la cultura de este grupo da a las presiones sociales de gasto y ostentación establecidos sobre la base del matrimonio sancionado por la Iglesia, ya que la fami lia queda libre de su responsabilidad social y los jóvenes pueden casarse, constituir una familia, sin tener que atenerse a las formalidades exigi das, al ceremonial público exigido por el matrimonio religioso, que no podrían costear debido a la precariedad de su nivel de vida, que se sitúa al de pura subsistencia. Por ello empiezan escapando a la vigilancia de la familia y, de hecho, la familia, aunque prevé la escapada, no sabe el día y así puede eludir, excusándose en esta ignorancia, su consenti miento, su participación. El nivel tecnológico y el sistema social en que ha surgido este grupo social no permite o permitía una subsistencia permanente, ni tan sólo ima dieta única, sino que el hambre era una amenaza constante y real. Sobre tal estado de precariedad no pueden surgir unos intercam186 bios generalizados como los que suponen las ceremonias matrimoniales tradicionales. Otros aspectos relacionados con el estudio de pueblos quedan tam bién pobre o deficientemente explicados. El estudio de los sistemas de valores puede constituir una orientación precisa para el conocimiento de los grupos sociales. La mayoría de estudios de pueblos son sincróni cos y cuando se quiere dar una visión histórica se da lo que corriente mente denominamos una perspectiva demográfica o se tiende a ilustrar cronológicamente algún aspecto parcial de la realidad económica u otra. La historicidad no es una dimensión importante, sino secundaria o acce soria de los fenómenos, en el sentido de que han pasado. La concepción de sistema social o de medio social tal como la hemos ido definiendo incluye como dimensión real y fundamental la tempora lidad y exige de una explicación histórica para saber cuál es la dirección y el énfasis; es decir, cuáles son las prioridades en la compleja red de relaciones e interacciones entre las instituciones de una sociedad y una cultura. ^ Más concretamente, constatamos que todos los autores que estudian pueblos y culturas campesinas en España, hablan de las características de la cultura y sociedad campesina, de las instituciones que tienen prio ridad en los procesos que operan en su interior y en relación al medio ecológico, pero no nos hablan, no tienen en cuenta, por ejemplo, la existencia de una guerra revolucionaria en que se dio un enfrentamiento real y profundo entre obreros y empresarios y entre jornaleros, campe sinos y propietarios. En este caso, se dará una imagen falsa siempre que se parta de enfatizar, para explicar la cultura campesina en España, el nivel de la tecnología, y no de la existencia de instituciones políticas y sociales como influyentes y determinantes, impulsadoras de un proceso de interacciones que afecta a todas las restantes instituciones de la cul tura campesina, de donde se deriva una dinámica propia, específica. En cada momento histórico destacan las instituciones que tienen la inicia tiva, que condicionan a las demás. El ignorar el concepto de medio social y querer tener en cuenta lo que ve el observador a nivel de pueblo y en un ámbito reducido en torno del pueblo lleva a hacer afirmaciones sobre la orientación cognitiva, real, de los campesinos, a los sistemas de valores, que han de conside rarse como falsas en el sentido de que están deformadas porque no tienen en cuenta el aspecto adaptativo, su papel de condicionados por las instituciones y de condicionadores, a su vez, de otras instituciones culturales. Algunas caracterizaciones de la orientación cognitiva de los cam pesinos, como la de individualismo versus cooperativismo tienen en cuen ta más'las opiniones de la gente, las racionalizaciones de cierta gente, cuyas características se desconocen a veces; por ejemplo, si se refieren tan sólo a gente de determinadas edades o se incluye a individuos más jóvenes. No se tiene en cuenta, en cambio, la compleja red de relaciones 187
e interacciones de las instituciones de la cultura, ni el sistema social en que se sitúan. En el caso de España, hay un fuerte estímulo estatal que favorece la creación de cooperativas en el campo. Este estímulo coincide con una serie de transformaciones objetivas; por ejemplo: la emigración masiva, que reduce la disponibilidad de mano de obra; la necesidad de una ma yor mecanización, de una mayor rentabilidad del campo para conseguir im mvel de vida semejante al que produce el sistema capitalista; la necesidad de una adecuada comercialización, de unos adecuados instru mentos de comercialización de los productos. Donde hay más tradición cooperativista es donde los estímulos del sistema industrial capitalista han sido más fuertes sobre el campo, esti mulando la producción de mercado, la intensidad de los cultivos, la mecanización, y eliminando la producción autosuficiente. Como resultado de todo ello una estructura: la cooperativa. La cooperación en gran escala, de forma permanente y en sentido moderno, es algo que se asemeja al funcionamiento de una fábrica y exige como tal una adecuación a los principios generales que rigen en ima empresa económica capitalista. Requiere inversiones y supone bene fi cios a largo plazo (que no son propios de una economía deprimida), visión de futuro, delegación de poderes, capacidad de gestión, compe tencia, confianza en los demás socios, etc. Esta incidencia de un sistema más complejo sobre el nivel tecnológico inferior de otro es posible al eliminar antes las instituciones sociales que mantienen a aquél en su estadio de desarrollo. En cierto modo, por lo tanto, las dos orientaciones (individualismo/ cooperativismo) se refieren o surgen como fruto de dos sistemas sociales diferentes. Una explicación no correcta es la representada por la si guiente esquematización: el cooperativismo no es posible, falla, en fun ción de la existencia de un conjunto de racionalizaciones referentes a una determina concepción de la vida, de las relaciones con la gente, etc., y no explican la realidad objetiva que justifica y posibilita la existencia de tales racionalizaciones. La explicación del fracaso de una orientación o de una institución en función de una ideología determi nada es una explicación a medias y, por tanto, tiende a falsear la rea lidad en cuanto qüe atribuye las causas del fracaso a las características mentales o de carácter de la gente y no a características objetivas. Las causas del fracaso pueden ser múltiples y, por lo tanto, la explicación del mismo no puede consistir en una sola relación de causa a efecto, como en el caso de la esquematización anterior (la actitud cooperativista se estrella y fracasa a causa de una determinada ideología), sino en un proceso de interrelaciones en el que la ideología es uno de los factores que condicionan la adquisición de una nueva orientación pero que a la vez está condicionada por otras realidades tecnológicas, sociales, cultu rales, etc. El estudio de las instituciones políticas dentro del marco de los pueblos es otro de los temas que sufren los efectos de una falta de 188 adecuación conceptual. Frecuentemente, el esquematismo descriptivo es la característica dominante en los capítulos dedicados a estos temas, en el sentido de que se transcribe y parafrasean unas instituciones desde el punto de vista de los códigos jurídicos y de las leyes que dah cuenta de su constitución, de sus elementos, de sus relaciones, etc. Sin poder hacer un análisis exhaustivo o más detallado de estos problemas, queremos hacer notar la importancia que creemos que tiene el estudio del proceso de socialización de los individuos de un determi nado grupo social y ver cómo se transmiten socialmente una experiencia política, unas actitudes políticas, unas ideologías, etc. Este no es tí co enfoque posible del tema, pero creemos que combina con los indivi duos dos contextos fundidos e inseparables: el local y el de la sociedad global. , Cada grupo social tiene una visión de la historia, de lo que podría mos llamar la historia política. No se trata de una visión o síntesis aprendida en la escuela, semejante a la historia elaborada por los his toriadores, sino de una síntesis diferente: más esquemática y simplista seguramente, pero más funcional. Cada grupo social posee una visión coherente y funcional del pasado, de los acontecimientos. Se trata de una tradición coherente, generalizada, colectiva, aunque sea accesible tan sólo a través de individuos concretos. Esta visión guía su acción social y política, es funcional, está relacionada con el sistema social. Creo que al menos éste es uno de los caminos que permiten presen tar el conjunto de significados reales que los diferentes grupos sociales atribuyen a las instituciones políticas. Ello nos permite como mínimo huir de la descripción "neutral" que sólo nos da la superficie, el esque ma, lo aparente, de las instituciones políticas. Volvamos ahora sobre un problema que antes hemos tan solo enun ciado* el de la región como marco de estudio. Hemos intentado hasta ahora mostrar cómo tí enfatizar la categoría ';pueblo" sobre la de "^upo sociocultural" introduce una serie de distorsiones, una sene de difictítades a la hora de estudiar y analizar la realidad sociocultural española, o, más concretamente, la de algunos grupos socioculturales. ¿Es la región un marco de estudio antropológico más adecuado que tí pueblo' No negamos el que metodológicamente se elijan o puedan elegirse pueblos o contextos más amplios para hacer comprobaciones empíricas A lo que fundamentalmente nos referimos es a la ausencia de crítica acerca de tales conceptos, a la validez antropológica de tales conceptos, como, por ejemplo, el de región; el que este concepto sustituya o sea confundido con el lugar o ámbito de un sistema social deter minado, o se la equipare a un medio social, es lo que me parece criti cable. Creo que al buscar otros contextos mas amplios que el de pueblo o al estudiar pueblos para luego contribuir al conocimiento de contextos más amplios se ha ido a remolque de conceptos no definidos de una manera precisa, técnica, elaborados fuera del ámbito de la Antropología. Al adoptar como marco de estudio Galicia, Andalucía u otra unidad — 189
equiparable, según los criterios establecidos por el peculiar desarrollo económico, político, social y cultural del país, el antropólogo debe pre guntares si estas unidades que son o pueden ser correctas, funcionales desde im punto de vista económico, político, etc., son también correctas y funcionales desde un punto de vista antropológico; es decir, si pueden ser definidos o bien como áreas culturales o como grupos étnicos. Según nuestro esquema teórico, las unidades de análisis y de estudio correctas son los sistemas sociales y los sistemas culturales correlacio nados ambos con un peculiar nivel tecnológico y, dentro de los mismos, los grupos diferenciados social y culturalmente, según la peculiar divi sión u organización social establecida. En función de ello, no se refieren al mismo tipo de realidad cul tural y social la cultura de un grupo social determinado y la cultura de la región o contexto en que éste se ubica. Utilizamos en los dos casos el término "cultura" de una manera distinta. Definida estrictamente "cultiu-a" como el conjunto de instituciones que adaptan a un grupo a su medio y al mismo tiempo que modelan su personalidad social y cultural, aplicada luego a otras realidades —por ejemplo, a la región o a la nación—, sufre un desplazamiento importante en su contenido. Un pequeño ejemplo puede ilustrar algo que es bastante obvio. Las palabras "campesino" y "andaluz" son en principio y sin profundizar en sus contenidos, meras palabras clasificatorias, sirven para clasificar a grupos de individuos; pero si consideramos sus contenidos nos damos cuenta en seguida de que a la palabra "campesino" le corresponde un conjunto de instituciones socioculturales específicas, y de que en cuanto que inciden sobre él podemos hablar asimismo de una personalidad cul tural del campesino. A la palabra "andaluz" le corresponden otras dos expresiones: "cultura andaluza" y "carácter andaluz". ¿Tienen la misma entidad, son ambas de la misma naturaleza que "cultura campesina", o burguesa, u obrera? A la palabra "andaluz", por seguir con el mismo ejemplo, le corres ponden unos contenidos culturales; pero, ¿cuáles son éstos, en qué con sisten? Estudiados estos contenidos desde un punto de vista antropoló gico, en cuanto vemos que no son específicos, por ejemplo, de los cam pesinos, debemos preguntarnos qué grupo o grupos sociales los han creado, qué grupos sociales los comparten, cómo se han originado, cómo cambian, etc. Por lo tanto, hay que crear un modelo diferente del apli cado al estudio de los grupos sociales diferenciados, como el de los campesinos. ¿Qué elementos debe incluir este modelo, cuáles debe enfatizar para explicar el tipo de características que permitirían hablar de Andalucía, o de Galicia, etc., como de una unidad precisa de análisis desde el punto de vista antropológico? Esta es una cuestión aún por dilu cidar. No creo que el camino correcto sea el estudiar todos los grupos dife renciados social y culturalmente en función principalmente de que están dentro de uno de estos contextos, o el estudio exhaustivo de los pueblos de cada imo de estos contextos. El estudio de grupos diferenciados social y culturalmente nos lleva al conocimiento de ellos mismos y del sistema social y cultural de que forman parte. Las palabras Andalucía y Galicia (o andaluz y gallego) no se refieren a ningún sistema sociocultural definido en función de un nivel tecnológico, sino que se refieren a un universo cultural, pero de orden diferente y que hay que establecer. El estudio de pueblos tampo co nos da razón de este universo cultural, ya que nos lleva al conoci miento de las formas de vida rurales y urbanas, pero no se plantea explícitamente lo que corresponde culturalmente a la palabra and^uz , ni las distinciones culturales que puede imponer a los grupos social y culturalmente diferenciados dentro de un sistema social y cultural. Pienso que el llegar a determinar qué clase de realidad cultur^ y qué clase de unidad de análisis son lo que llamamos Andalucía, Gar cía, etc., exige un estudio diferente, tanto desde el punto de vista teorice o conceptual como empírico, del que nos lleva a determinar las carac terísticas socioculturales del campesinado, de la burguesía, etc. 190 — 191
