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Divergencias conductuales en términos de condicionamiento

Gómez Martínez, Clara

Abstract

El objetivo del presente trabajo ha sido el análisis de las diferentes posturas acerca del comportamiento humano a través de los diversos tipos de condicionamiento, centrando el punto de mira en el condicionamiento operante o condicionamiento radical. A través del análisis de dicha técnica conductual, se analiza su trascendencia, grosso modo, a un nivel social y cómo la presencia de estímulos, bien reforzadores, bien aversivos, puede dar lugar a una perpetuación de tal conducta o, por el contrario, a la erradicación de un comportamiento por medio de la técnica de castigo

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Divergencias conductuales en términos de condicionamiento TRABAJO DE FIN DE GRADO GRADO EN FILOSOFÍA ALUMNA: CLARA GÓMEZ MARTÍNEZ TUTORIZADO POR: FERNANDO SOLER TOSCANO 2 3 Resumen El objetivo del presente trabajo ha sido el análisis de las diferentes posturas acerca del comportamiento humano a través de los diversos tipos de condicionamiento, centrando el punto de mira en el condicionamiento operante o condicionamiento radical. A través del análisis de dicha técnica conductual, se analiza su trascendencia, grosso modo, a un nivel social y cómo la presencia de estímulos, bien reforzadores, bien aversivos, puede dar lugar a una perpetuación de tal conducta o, por el contrario, a la erradicación de un comportamiento por medio de la técnica de castigo. Palabras clave: Condicionamiento, reforzamiento, estímulo, castigo. Abstract The aim of this work has been to analyse different stances about human behaviour through several types of conditioning, focusing on operant conditioning or radical conditioning. Through the analysis of such behavioural technique, its significance is analysed, grosso modo, at a social level and how the presence of stimulus, either positive reinforcements or negative reinforcements, may cause a perpetuation of such behaviour or, on the contrary, an elimination of a behaviour through punishment technique. Keywords: Conditioning, reinforcement, stimulus, punishment. 4 Contenido 1. El comportamiento del ser humano ____________________________________ 5 1.1 La función de las emociones en la conducta humana __________________ 15 2. El condicionamiento como análisis conductual ____________________________ 20 3. La autoridad de la cultura en el comportamiento humano: sobre la influencia del medio ambiente social _______________________________________________________ 32 4. El castigo como técnica ______________________________________________ 44 Conclusión __________________________________________________________ 51 Referencias __________________________________________________________ 53 5 1. El comportamiento del ser humano «La conducta requerida para la comprensión de la propia conducta debe ser algo que esté fuera de la conducta a comprender» (Skinner, 1953, pág. 36). Poseer conducta no es sino un equivalente de ser vivo, es decir, sólo los organismos vivos tienen conducta en tanto en cuanto están expuestos a las influencias de diversas variables que la van conformando, aunque nunca de manera estática por el carácter procesual y dinámico del comportamiento. Además, estudiar la conducta es cuanto menos arduo debido a los múltiples factores que intervienen en ella, a saber, pues, tanto externas, es decir, independientes al organismo, como variables internas son las que tercian en el estudio y análisis conductual. En su exposición al medio ambiente, el ser humano, bajo su influencia, adquiere la capacidad de adaptabilidad por medio del aprendizaje, aumentando o disminuyendo determinadas respuestas ante determinados sucesos. En el caso del hombre, la dotación genética e instintiva no es suficiente para permitirle cumplir su ciclo vital, mientras que su capacidad de aprendizaje es en cambio ilimitada. Gracias a esa capacidad de aprendizaje puede adaptarse a todos los medios, y puede adaptar los medios a sí mismo, lo cual significa que las modalidades del cumplimiento de su ciclo vital son también ilimitadas. (Choza, 2013, pág. 24) El aprendizaje es duradero, es decir, éste se adquiere y perdura en el individuo por medio de la práctica. Aunque no debemos olvidarnos de los factores fisiológicos y evolutivos que interceden en el comportamiento. Además, el ser humano organiza su conducta frente a la masiva llegada de estímulos, de tal manera que va conformando su personalidad e individualidad frente al medio ambiente. Según el modelo humanista, la cristalización de la personalidad se identifica con la persona en cuestión, dando lugar a una conciencia de su propia individualidad (Ayestaran, 1979). Por ello, el contacto del individuo con el ambiente que le circunda es condición suficiente para evidenciar el control que ejerce este sobre aquel. La inevitable estimulación externa provocará 6 determinadas reacciones y respuestas en los individuos en dependencia de ciertas variables en consonancia con el aprendizaje, el entorno y el sí mismo. De esta manera, diferentes serán los ámbitos de influencia en el sistema conductual humano dentro del medio ambiente y del entorno social como alternos serán, también, los factores de actuación. Además del medio ambiente, veremos la conducta dentro de la óptica de la relación causal entre el agente externo que provoca el estímulo, y la respuesta refleja ejecutada ante dicha estimulación, así pues, se desarrolla la precisión de predicción, pues tanto más se sepa de las causas que han llevado a determinada conducta, será más susceptible de manipulación y dominio. De esta manera, analizaremos el comportamiento humano desde la visión descriptiva y operante, la cual aúna todos los datos que intervienen en la respuesta reforzada de un organismo, en concreto en este caso, en un ser humano y cómo interviene en el entorno. Para ello, debemos retrotraernos para llegar al comienzo del análisis conductual, pues no siempre la conducta ha estado en el punto de mira de la ciencia. Por el contrario, será la mente la que haya adquirido el protagonismo, siendo materia de estudio en el campo de la psicología. El método introspectivo practicado a finales del siglo XIX asumía la independencia de la conciencia con respecto a la conducta, centrándose exclusivamente en la resolución mental pero no en su causa. Así pues, cualquier estimulación quedaba excluida de ser -posible- explicación del comportamiento, y el sujeto de observación se convertía a su vez en dato observado. A principios del siglo XX, la psicología no era sino una ciencia de la experiencia de la conciencia donde la conducta no tenía cabida sino como reflejo del proceso mental. No obstante, el inconformismo ante la mirada de la psicología como ciencia de la conciencia llevó a John Broadus Watson (1878 – 1958) , influido por el psicólogo Knight Dunlap también defensor del conductismo y por la corriente funcionalista que no casaba con el criterio introspectivo, a defender radicalmente a la psicología como parte integrante de las ciencias empiristas, para ello definió el conductismo como el método experimental y observable de la psicología en el llamado “manifiesto conductista” en 1913. Su intención era eliminar el método introspectivo y construir un modelo riguroso de explicación conductual de estímulo – respuesta, cuyo objeto de estudio era la conducta a partir de la objetiva técnica del reflejo condicionado usado en los experimentos de Ivan Pavlov y la concepción de interrelación entre el estímulo y la respuesta de Edward L. Thorndike. 7 Los reflejos condicionados están basados en los reflejos incondicionados. Según la afirmación del filósofo René Descartes, el reflejo es «la unidad más pequeña de conducta incondicionada [...]» (Domjan, 2002, pág. 21). Entendido en términos evolutivos y de supervivencia, el reflejo es la respuesta innata, inconsciente y de naturaleza involuntaria ante cierto estímulo, por ejemplo, parpadear rápida y reiteradamente si se introduce polvo en el ojo. A dichas respuestas se las denomina respuestas o conductas elicitadas. Por tanto, ante determinados estímulos, respuestas concretas. Pero si hablamos de reflejos condicionados esto no es sino la sustitución de estímulos para provocar nuevas relaciones entre estímulos y respuestas. A través del refuerzo de estímulos se provocan diversas respuestas y, por tanto, su inducción es condicionada. Una buena medida del alcance del reflejo condicionado es su uso en el control práctico de la conducta. […] es posible que llegue el momento en que estemos interesados en que alguien se ruborice, ría o llore, y entonces recurrimos a los estímulos condicionados e incondicionados. […]. Utilizamos también este proceso para preparar el control futuro de la conducta. Por ejemplo, en la educación patriótica y religiosa las respuestas emocionales a banderas, insignias, símbolos y ceremonias están condicionadas de forma que estos estímulos sean eficaces en posteriores ocasiones. Una “cura” comúnmente propuesta para el vicio de beber o fumar consiste en añadir al licor o tabaco sustancias que produzcan náuseas, dolores de cabeza, etc. (Skinner, 1953, págs. 85-86) En la psicología conductista de Watson, el reflejo asentaba las bases de la conducta y, acogiendo los principios del funcionalismo, la organización y explicación de la conducta se daba gracias al conjunto de respuestas reflejas de un organismo. Por tanto, a partir del método del reflejo condicionado, el conductismo de Watson consolidó su forma. Numerosas fueron, pues, sus investigaciones y experimentos en las especies animales y los humanos que, desde una perspectiva evolucionista, no hacían distinción entre estos y aquellos, siendo su pretensión ratificar la relación entre las respuestas ante determinados estímulos a partir del condicionamiento clásico del ya mencionado Ivan Pavlov. El famoso y controvertido experimento realizado a un bebé de tan sólo once meses será el que dé un vuelco en el conductismo watsoniano. «Albert tenía pocos miedos y 8 reaccionaba con amigable curiosidad al ver una rata, un perro, un conejo, un chimpancé e incluso ante el fuego. Sin embargo, mostraba una intensa reacción de miedo cuando se golpeaba una barra de metal atrás de su cabeza» (Hothersall, 1997, pág. 460). La intención en el experimento de Watson era condicionar un miedo en el bebé ante aquellas cosas a las que no mostraba miedo. Su fuerte inquietud con el ruido de la barra de metal fue el determinante del condicionamiento. Así pues, cada vez que aparecía una rata blanca, rata que en un primer momento Albert no temía, sonaba el fuerte ruido de la barra, por lo que, en cada aparición del animal, se asociaba el sonido. Pero ante la reiteración de la asociación, Albert terminó por repeler la mayor parte de las cosas aparentemente similares. El miedo condicionado se había generalizado a una variedad de objetos blancos, peludos, que tenían alguna similitud con la rata. Cinco días más tarde Albert mostró una reacción tan ligera a la rata que Watson y Rayner decidieron “refrescar la reacción” presentándola con el ruido fuerte una vez más. Además, el conejo y el perro fueron apareados con el ruido. Treinta y un día más tarde, Albert fue evaluado por última vez y se encontró que mostraba temor a la máscara de Santa Claus, al abrigo de piel de foca, a la rata, al conejo y al perro. (Hothersall, 1997, pág. 461) El sistema conductual clásico watsoniano fue clave para el posterior desarrollo de nuevos sistemas conductistas. Hacia los años 30, el sistema watsoniano empezó a ser insuficiente para las nuevas mentes y supuso una renovación del método descriptivo conductista de Watson. Partiendo de éste, pretendían ir más allá del método inductivo watsoniano que se limitaba a generalizar sobre las observaciones experimentales en términos de Estímulo – Respuesta, por lo que se comprometieron a establecer un nuevo sistema más teórico cuyo eje central residía en el aprendizaje del ser vivo a analizar. Estos sistemas neoconductistas, en busca de un sistema más metodológico, se respaldaron en el recién formado Círculo de Viena. En la década de los 20, un grupo de científicos y filósofos se aunaron dando lugar al denominado Círculo de Viena o positivismo lógico. Dicho colectivo encaminó la dirección de su análisis a los hechos, a la superficialidad, rechazando todo constructo metafísico posible que interfiriese en sus explicaciones científicas. Hacia la búsqueda de 9 la claridad de la experiencia rechazaban los pseudoproblemas de la metafísica, debidos, en parte, al mal empleo del lenguaje, siguiendo los preceptos de su concepción científica del mundo analizando descriptivamente los hechos. (Lorenzano, 2002) De esa manera, «el intento de la psicología conductista de aprehender todo lo psíquico por medio de la conducta de los cuerpos, en lo que se encuentra así a un nivel accesible a la percepción es, en su actitud fundamental, cercana a la concepción científica del mundo» (Lorenzano, 2002, pág. 121). Por ello, el neoconductismo no sólo pretendía erradicar el método introspectivo tal como se concebía en la psicología de finales del XIX, sino que su intención era introducir en la relación funcional de estímulo – respuesta otra variable intermedia como mediadora de los actos conductuales en interacción con el medio, a saber: el organismo, sin ser ello un impedimento en su intención de explicación empírica (Lafuente Niño, Loredo Narciandi, Castro Tejerina, & Pizarroso López, 2017). Previamente, ya en el campo del funcionalismo, el psicólogo Woodworth fue quien introdujo el organismo como variable mediadora entre la estimulación y la consecuente respuesta, cuestionando cómo determinada acción puede dar lugar a un efecto concreto, en términos motivacionales. En defensa de la introducción de dicha variable ejemplificó que «jalar un gatillo hace que la pistola dispare, pero la velocidad de la bala está determinada por las características de la pistola y de la bala, no por la fuerza con que se jaló el gatillo» (Hothersall, 1997, pág. 382). Uno de los autores de referencia de esta nueva esfera conductista es Edward Chace Tolman (1886 – 1859). En Una nueva fórmula para el conductismo propone el estudio general del comportamiento para entender las causas de actuación poniendo en el punto de mira el aprendizaje. Experimentó con ratas introduciéndolas en laberintos para analizar sus actos conductuales concluyendo que éstas actúan intencionadamente en tanto en cuanto han aprendido de manera general el patrón o estructura del laberinto en cuestión. Bifurca, pues, el comportamiento en dos causas, a saber: el propósito o intención que lleva a determinado comportamiento en vistas a alcanzar alguna meta o recompensa; y la cognición, entendida como la figuración que el individuo se hace del medio. Aun a sabiendas de que podrían caer en confusión dichos términos tras la crítica al método introspectivo que el conductismo pretendía disolver, «Tolman insistió en el carácter rigurosamente objetivo con que él se refería siempre a ellos, que lejos de ser el 16 Al describir el hecho de que la crítica de su trabajo “pone furioso a un empleado”, por ejemplo, podemos decir: 1) que enrojece, que le sudan las palmas de las manos y, si resulta evidente, que “se le corta la digestión”; 2) que su cara adopta una “expresión” característica de furia; y 3) que tiende a cerrar las puertas de golpe, a dar puntapiés al gato, a hablar lacónicamente a sus compañeros de trabajo, a tomar parte activa en una pelea y, observar con especial interés una lucha callejera o un combate de boxeo. (Skinner, 1953, pág. 195) De esta manera, el sujeto tenderá a determinado comportamiento en función de la emoción que se torne protagonista en la circunstancia, por consiguiente, si un sujeto se encuentra en una situación aversiva tal como un robo, el comportamiento propio del miedo de dicha circunstancia será el de la huida, en tanto se verá reforzado por evitar dicha situación viéndose fortalecido al no sufrir el daño del robo; mientras que, por otro lado, ante una situación reforzante como la visita de un ser querido, por ejemplo, la alegría propia de la situación no es sino tendente a la cercanía hacia esa persona. Es decir, en ambos casos, la situación da lugar a un modo de actuación u otro: mientras que con el robo el refuerzo se da en la huida, esto no es sino la supresión del estímulo aversivo, en la visita del ser querido, la presencia de este da lugar a una consecuencia agradable y, por ende, reforzante. Por tanto, en dependencia de la circunstancia presente o pasada, la emoción en cuestión dará lugar a un comportamiento automatizado en términos adaptativos, es decir, el ser humano se adapta al medio como mecanismo de supervivencia y su comportamiento se verá pautado y determinado por una serie de consecuencias fisiológicas que le llevarán a un modo de actuación u otro. Las expresiones emocionales vistas como respuestas fisiológicas no actuarán sino por consecuencias biológicas de adaptación, por lo tanto, el llanto propio de la tristeza o la aceleración cardíaca provocada por el miedo pautarán el comportamiento que ha de llevar a cabo el sujeto en cuestión. Sin embargo, en situaciones en las que los estímulos aversivos se dan de manera extremada, por ejemplo, una fobia, puede interferir en la conducta del individuo ocasionándole lo que se denomina ansiedad y, a diferencia de la actuación del sujeto ante el robo mediante la huida, lo característico de la ansiedad es la paralización puesto que inhibe dicha conducta. Consecuentemente, en la tendencia a actuar de determinada manera según la emoción que se presente adecuada en la circunstancia, el individuo puede verse 17 provocado y manipulado a una afectividad concreta por la presencia de estímulos externos que deriven en una emoción instigada, se puede ver afectado por mentiras o por hechos provocados e inducidos para dar lugar a una conducta concreta. Ello se puede observar, por ejemplo, en la publicidad de las ONGs que, mediante técnicas económicas y sociales de marketing, sobre todo con métodos visuales como fotografías o vídeos, apelan a las emociones y sentimientos condicionando al público a ser caritativo, siendo este acto reforzante para el individuo debido a la naturaleza persuasoria de dicha publicidad que provoca pena o culpabilidad. Además, a partir de la educación emocional del individuo, se puede controlar determinada tendencia conductual provocada por determinada emoción. El factor social y cultural intervienen en el tipo de educación, por lo que la estructura interna emocional del individuo se verá planificada y organizada por la sociedad en cuestión (Retana, 2012). En la reiteración de los acontecimientos se encuentra la habituación de la respuesta, siendo ésta automatizada con el devenir del tiempo. Así pues, el ser humano tras experimentar la quemadura causada por el fuego o las altas temperaturas, ese estímulo que ha terminado siendo perjudicial será evitado en futuras ocasiones. De esa manera, en clave homeostática, el individuo aprenderá qué estados corporales son perjudiciales y cuáles son agradables y, por tanto, implícitamente, sabrá cuál debe proseguir y cuál evitar. Las emociones surgidas de determinada situación impulsarán tendencialmente la conducta tras haber detectado estímulos en su exposición que fomentarán la elección. Como sostuvo el neurobiólogo Antonio Damasio en El error de Descartes, a través de la experiencia se adquiere el conocimiento de aquellas acciones que favorecen o perjudican al ser humano, un saber y aprendizaje continuo que sólo cesa en el culmen vital. A este proceso lo denominó Hipótesis del marcador somático (Damasio, 2010), puesto que, procesualmente, se marca en la mente del individuo el resultado de dicha circunstancia, que le lleva a seguir o evitar, mejorando futuras decisiones y componiendo predicciones. Damasio afirma que «la interacción entre un sistema de preferencia interno y series de circunstancias externas extiende el repertorio de estímulos que se marcarán de manera automática» (Damasio, 2010, pág. 212). Es decir, tras la evaluación, ante un estímulo dado el cuerpo reaccionará de tal manera que tendrá lugar la automatización de la respuesta ante posibles futuras repeticiones. De esa manera, la supervivencia prima, pues no es sino propio de los seres vivos la búsqueda del bienestar a través de la adaptación al medio, mediada, a su vez, por el 18 instinto. Por tanto, hablamos de una conducta de adaptación automatizada en términos de estímulo – respuesta. Sin embargo, el ser humano es un ser cultural, y en la interrelación de los miembros de una sociedad cultural, se establecen pautas de comportamiento ya no automatizadas, sino normativizadas bajo determinados preceptos. Es la cultura la que, en general, nos pone ante situaciones nuevas que requieren comportamientos diferentes de los del instinto y, para ello, surge el hábito, para regular el comportamiento en forma de un conjunto de acciones que se interiorizan y que ordenan de forma diferente el sistema de los instintos. En este contexto se ve que es exagerado decir que la cultura «reprime» el instinto y quiebra la subjetividad. Lo que ciertamente hace es establecer pautas nuevas de comportamiento ante estímulos nuevos, no considerados por el instinto, con la finalidad de garantizar una existencia más plena a los sujetos. (Valls, 2015, pág. 40) Pertenecer a una cultura es también adaptarse a dicha cultura. Por lo que se conformará el comportamiento del individuo por medio del aprendizaje, siendo una de las características primarias de la conducta (Domjan, 2002, pág. 8), reforzado a través de la práctica. Todo ello da lugar a que algunas expresiones propias de determinadas emociones como la risa en la alegría, el llanto en la tristeza o resoplar en el enfado tengan significados diversos según la cultura en la que nos encontremos como síntoma de diversidad cultural. A su vez, en una cultura concreta, los individuos van aprendiendo la intencionalidad y la limitación de las expresiones emocionales, de esa manera, «viendo sonreír a los otros, el niño aprende de qué se puede y de qué no se puede sonreír» (Valls, 2015, pág. 162), por lo que como se afirma en El sujeto emocional, los individuos de una sociedad adquieren una conducta homeostática cultural (Valls, 2015, pág. 41). Desde este punto de vista, podríamos cuestionarnos hasta qué punto intercede la cultura en el sentir de las emociones, puesto que, además de no poder escapar de nuestro tiempo, las emociones, a su vez, se ven moldeadas por la sociedad y los preceptos culturales de ésta. Las emociones cumplen su función en la praxis, son determinantes en la toma de decisiones y nos permiten actuar en la diversidad vivencial. Aunque en muchas ocasiones, como vimos con la ansiedad, dificultan la actuación humana, pero qué hay más propio de los seres vivos sino la irrupción de las pasiones. No obstante, cada emoción tiene su cargo, 19 y como sostiene el psicólogo Paul Ekman, hay determinadas emociones neutrales que escapan al moldeamiento cultural, a saber, pues: la alegría, la sorpresa, el asco, la ira, la tristeza y el miedo. Aunque hemos podido observar la función de las emociones en la vida humana, éstas a menudo han sido rechazadas e identificadas con lo irracional, han sido puestas en tela de juicio a lo largo de toda la historia, siendo su represión contraproducente para con el ser humano. Se han controlado y limitado bajo preceptos morales y, en muchas ocasiones, se han sometido a una exhausta deliberación sobre cuál se reprime y cuál se permite. Hoy día vivimos en la época de la dictadura de la felicidad, donde la tristeza se ha expulsado completamente, donde el melancólico se sitúa en la marginalidad y la exposición en las redes sociales de una gran y expectante vida es primordial en la sociedad del consumo y la hipercomunicación. Las distancias se han acortado y, por ende, la felicidad ha aumentado. En apariencia. La conducta del mostrar, pero no demostrar, se ha convertido en fuente de actuación cuyo refuerzo es dado a través del “like. (Han, 2014a) 20 2. El condicionamiento como análisis conductual Condicionar la conducta es controlarla. El condicionamiento es el método de control conductual que permite modificar y moldear el comportamiento en vistas a un fin determinado por el experimentador. A lo largo del apartado observaremos el transcurso y desarrollo de este método y procedimiento por medio de diversos tipos de reforzamiento y a través del castigo como técnica de moldeamiento a partir de la estimulación aversiva del individuo. Ya en el siglo XVII, Lope de Vega en El capellán de la Virgen describió cómo un monje en penitencia logró ahuyentar a los gatos que acechaban cada vez que éste conseguía comida, a partir del sonido de su tos y la posterior paliza que les propinaba, los gatos asociaron dicho sonido con los golpes, por lo que, tras su reiteración, al escuchar la tos huían. De esa manera, el penitente logró que los gatos no se acercaran a su comida (Hothersall, 1997, pág. 484). Por ello, observamos que el condicionamiento, de una manera u otra, se ha ido elaborando o desarrollando en diferentes etapas. Así pues, diversos serán los autores que hablen sobre ello a lo largo del siglo XIX, previo al desarrollo del condicionamiento clásico, ya se había observado la secreción de saliva asociada al recuerdo de la comida. A principios de dicho siglo, C. Dumas sostuvo que el hábito y rutina horaria de la comida adquirida provocaba la secreción de saliva al acercarse la hora a la que solemos ingerir alimento (Hothersall, 1997, pág. 484). No obstante, las bases del condicionamiento se consolidaron bajo las investigaciones y estudios de Pavlov entre el término del siglo XIX y mediados del siglo XX, aunque estos estudios se centraron en animales. No obstante, Edwin Twitmyer descubrió espontáneamente el poder del condicionamiento en seres humanos en su clínica al investigar sobre el reflejo rotular en los individuos. [...] Planeó estudiar los efectos de la tensión muscular en la magnitud del reflejo rotular (patelar) en los humanos. Utilizó una campana como señal para prevenir a sus sujetos de que los martillos paterales estaban a punto de caer en sus tendones. Un día, mientras ajustaba su aparato, Twitmyer accidentalmente hizo sonar su campana sin soltar los martillos patelares. Para su muy grande sorpresa el sujeto sacudió sus rodillas [...] Cuando fue interrogado, el sujeto señaló que estaba consciente del movimiento de las rodillas pero 21 que había sido involuntario y subjetivamente idéntico a las respuestas provocadas por los martillos. (Hothersall, 1997, pág. 485) Aunque investigó la misma situación en diferentes personas y dio lugar a la misma conclusión de asociación estimular, los resultados de su espontáneo descubrimiento no fueron más allá de lo descrito y su caso fue archivado, probablemente por la nula investigación posterior y por ser una figura poco relevante del momento, a diferencia del ya conocido Pavlov. Nos trasladamos a Rusia para estudiar los experimentos del condicionamiento clásico llevados a cabo por Ivan Petrovich Pavlov (1849 – 1936). Como hemos visto, la figura de Pavlov es relevante e implícita en el conductismo que hemos analizado en el apartado 1. En sus primeras investigaciones, Pavlov enfoca la mirada en el sistema fisiológico de los organismos: quiere estudiar en profundidad los mecanismos de los animales, por ello, somete a cirugía a sus sujetos experimentales, en este caso, los conocidos perros de Pavlov, a los que observa minuciosamente. Interesado en la formación de jugos gástricos tras la ingesta de comida, crea lo que se conoce como la “bolsa de Pavlov”, siendo esto unas bolsas abdominales que permitían observar de manera externa el sistema digestivo de los perros. Posteriormente, investigó la formación de los jugos gástricos sin que hubiese alimento, y la secreción salival. A partir de este momento, Pavlov desarrollará lo que se conoce como aprendizaje asociativo (Domjan, 2002, pág. 46), dándose a conocer como el fundamento de su teoría del condicionamiento. El aprendizaje asociativo es el aprendizaje por asociación, como su propio nombre indica. Esto refiere a la combinación estimular, a la asociación de cierta respuesta como determinado estímulo. Entusiasmado con su investigación, aisló doblemente el habitáculo de estudio donde evitaba que los sujetos experimentales fueran distraídos por estímulos externos a los estímulos con los que pretendía condicionar. Será, pues, en 1927 cuando comience con sus experimentos de asociación en su conocida “torre del silencio”. Sus sujetos experimentales estarán sometidos a un arnés inmovilizados y conectados a una máquina que permite conocer cuánto salivaban. Consecuentemente, la aparición del alimento iba en consonancia con el sonido de una campana 1 , es decir, de un 1 El sonido de la campana como estímulo condicionado es independiente respecto al descubrimiento antes visto de Twitmyer. No hay relación entre ambos en el uso de la campana. 22 estímulo condicionado. El sonido de la campana abría paso a la comida. Tras un determinado número de ensayos, se observó que el sonido estimular provocaba la salivación del perro amarrado a un arnés, es decir, la salivación sería la respuesta - condicionadaprovocada por el estímulo condicionado. Además, Pavlov también observó que la presencia de estímulos similares al estímulo condicionado un cierto número de veces también inducía la respuesta, es decir, daba lugar a una generalización del estímulo condicionado provocados por la similitud de otros estímulos. Observamos, pues, como ya se mencionó en el primer apartado, que el reflejo condicionado daba lugar a una nueva relación estímulo – respuesta. Al condicionar al sujeto experimental el sonido de la campana será asociado con la subsiguiente aparición de la comida, siendo esto un hecho que por sí sólo no da lugar: el poder de provocar la salivación se da después de condicionar al sujeto con un estímulo condicionado. Tras un número de ensayos, el apareamiento estímulo condicionado – respuesta condicionada se daba incluso sin la presencia de alimento al haber asociado el sonido con la comida. Sin embargo, si se reiteraba un estímulo condicionado sin la aparición del refuerzo, es decir, del alimento, el estímulo se debilitaría, se extinguiría. La extinción es la disminución de la conducta respondiente provocada por la ausencia de recompensa o refuerzo tras la aparición del estímulo condicionado. En otras palabras, tras la dación de alimento, si la reiteración del sonido de la campana daba lugar a secreción salival, la ausencia de alimento tras el estímulo condicionado provoca la disminución de la respuesta condicionada. Podemos apreciar la similitud entre el descubrimiento del reflejo rotular de Twitmyer y el condicionamiento animal de Pavlov. En ambos casos, la respuesta iba seguida aún sin producirse o aparecer el estímulo asociado al estímulo condicionado. Tanto en uno como en otro, de manera inconsciente en el sujeto experimental, hay un aprendizaje asociativo en el que se produce cierta respuesta ante tal o cual estímulo. El reflejo condicionado está presente en ambos de manera independiente, siendo la respuesta elicitada por el estímulo condicionado. En definitiva, la conducta respondiente será la consecuencia propia del condicionamiento clásico, teoría que centrará el punto de vista en el estímulo reforzado. La modificación conductual se verá determinada por dicha asociación quedando el esquema enfocado en E-E y en la asociación EC – RC. 23 A diferencia del esquema pavloviano, el esquema de Skinner enfoca la mirada en la respuesta, en la conducta operante que produce efectos en el mundo que le circunda. Hemos visto que la influencia de Pavlov como padre del condicionamiento está presente en Skinner, además de la figura de E. Thorndike del que acoge ideas con las que posteriormente desarrollará la teoría del condicionamiento operante dentro del conductismo radical. Los ensayos discretos llevados a cabo por Thorndike en el condicionamiento instrumental en el que era el experimentador el que iniciaba el experimento en la caja problema fueron solventados por Skinner a partir del método de operante libre con el cual pretendía adquirir mayor realismo en sus experimentos. En la medida en la que el sujeto experimental asumía la carga del inicio del experimento, podía Skinner estudiar la tasa de respuesta o frecuencia de respuesta ante la presencia de un reforzador en la intencionalidad de manipulación conductual. De esta manera, a partir del “aparato de condicionamiento operante” o caja de Skinner investigó la unidad conductual de los organismos pues, en cuanto era llevada a análisis, se fraccionaba en partes para ser estudiada minuciosamente. A pesar de que la conducta era estudiada en partes, no debía ser olvidada como un continuo. La respuesta de la rata al presionar la palanca no está separada del resto. Al controlar la contingencia por medio del refuerzo, el resultado será el condicionamiento de la conducta deseada, en este caso, que la rata presione la palanca. Sin embargo, previo a la presión de la palanca, la rata ha tenido que superar una serie de etapas para llegar hasta ahí, y para que superase esas etapas habrá sido reforzada aumentando la tasa de respuesta hasta culminar en el presionado de la palanca. Podemos imaginarlo como un compendio lineal en el que el estudio y análisis del todo se ha de fraccionar en partes sin olvidarnos de su totalidad. La conducta es de facto un continuo, pero al ser dividida se imponen límites a menudo inexistentes. «Es decir, cuando reforzamos la respuesta final en una secuencia que contiene muchos elementos precurrentes, podemos fortalecer todas las unidades que contengan los mismos elementos» (Skinner, 1953, pág. 124). De esta manera, observamos que, aunque la conducta se fraccione, no es independiente entre sí y pueden existir elementos en común debido a su naturaleza continua. 24 Es una especie de átomo de conducta que actúa, que quizá no aparezca nunca por sí mismo en un momento determinado, pero que es un componente o ingrediente esencial de todos los ejemplos observados, El reforzamiento de una respuesta incrementa la probabilidad de todas las respuestas que contienen los mismos elementos. (Skinner, 1953, pág. 124) En definitiva, será sólo a partir de la observación y estudio de la conducta operante como se podrá estudiar y analizar el comportamiento como un continuo fraccionado. Por otro lado, como sostuvimos en el primer apartado, conducta operante será todo comportamiento que produzca un efecto en el circunmundo del organismo. Dentro del conductismo radical, será revisada como una relación funcional o causal entre situaciones ambientales (variables externas e independientes) y la conducta del sujeto (variables internas y dependientes). Ya no será vista la conducta desde la óptica del condicionamiento respondiente cuyo centro de atención está fijado en el estímulo, sino que se subrayará la respuesta que tenga una conducta ante cierto estímulo reforzador, es decir, la importancia estará no tanto en el estímulo que refuerza o provoca la conducta sino en la respuesta voluntaria que se ejecuta y provoca un acontecimiento. El estudio de la frecuencia de emisión de una respuesta será el punto de mira en el conductismo radical, asumiendo que reforzar una respuesta fortalece su probabilidad de emisión, y, por tanto, se dirá que una conducta ha sido reforzada en tanto su tasa de respuesta se incrementa. El aumento de la tasa de respuesta conductual de un organismo se entiende como el moldeamiento conductual o control de la conducta a partir del reforzamiento de ciertas respuestas. Cuando uno entrena una paloma para que pique una clave para conseguir alimento, el ave es reforzada primero por mirarse en la pared frontal de la cámara, luego por moverse hacia ella, luego por levantar su cabeza y finalmente por picotear. Gradualmente, la paloma se moldea mediante reforzamiento para producir la respuesta. (Hothersall, 1997, pág. 521) En este fragmento podemos apreciar el fraccionamiento de la conducta para ser analizada. Paulatinamente, la conducta se analiza en función del progreso. Cuando se 25 consigue avanzar en el progreso conductual, se refuerza una respuesta para que la frecuencia de respuesta aumente hasta que se integre en el comportamiento del individuo. Poco a poco, el moldeamiento se va haciendo evidente hasta llegar al culmen. No sólo se percibe el moldeamiento del organismo por parte del experimentador, sino el automoldeamiento del animal una vez se ha emparejado o relacionado el reforzador con determinada conducta (Domjan, 2002, pág. 49). El estímulo discriminativo que permite asociar una respuesta con determinado estímulo reforzador da lugar a la actuación del individuo en aras de su consecución hasta la recompensa, de tal manera que su comportamiento queda conformado bajo un repertorio conductual específico. A menudo, la configuración de la conducta o moldeamiento se define como el reforzamiento de las aproximaciones sucesivas, pues, una vez determinado el propósito en el comportamiento «se debe diseñar una secuencia de pasos de entrenamiento que lleve al participante desde su conducta inicial hasta la respuesta objetivo final. La secuencia de pasos de entrenamiento implica una serie de aproximaciones sucesivas a la respuesta final». (Domjan, 2002, pág. 91). Reforzar la conducta a partir del procedimiento de reforzamiento será esencial desde la óptica del condicionamiento. Presentar una contingencia (estímulo discriminativo) y hacerla dependiente funcionalmente entre una variable externa y una determinada conducta provocando el aumento de su respuesta será la base del condicionamiento de la operante en cuestión (Lafuente Niño, Loredo Narciandi, Castro Tejerina, & Pizarroso López, 2017, págs. 334 - 335). Por lo que se hará necesario controlar la contingencia de aparición del reforzador, si no puede provocar la disminución del efecto que de éste se espera si se presenta reiteradamente en situaciones diferentes. Controlar la conducta no es meramente moldear el comportamiento, sino el mantenimiento de la tasa de respuesta, la cual depende del modo de empleo del reforzamiento a partir de los diferentes programas de reforzamiento que se han ido desarrollando. Esto es importante porque sin reforzamiento se limita el condicionamiento. En la medida en la que el refuerzo desaparece, puede dar lugar a la extinción de la operante condicionada. De esta manera, en 1957 Skinner y Charles Ferster describieron los efectos del reforzamiento en su trabajo Programas de reforzamiento (Hothersall, 1997, pág. 521). El procedimiento de reforzamiento no se sostiene unívocamente, sino que hay diversidad en el modo de distribución de reforzadores para el mantenimiento de 32 3. La autoridad de la cultura en el comportamiento humano: sobre la influencia del medio ambiente social Hemos estado analizando cómo la influencia de las variables externas e independientes afectan a nuestro organismo. La exposición al medio ambiente da lugar a una coimplicación desde el punto de vista del condicionamiento operante, a saber: una influencia en la conducta del sujeto en cuestión y, en consecuencia, una acción de éste que opera e interfiere en el medio. Por lo tanto, el control del ambiente influirá en nuestra conducta, siendo ésta, por tanto, modificada y modelada. De esta manera, afirma Skinner en Más allá de la libertad y la dignidad (1971) que «los cambios en el ambiente en el que se mueve un individuo producen efectos rápidos y dramáticos» (pág. 24), por lo que «deberíamos prestar atención directamente a la relación existente entre la conducta y su ambiente […]» (Skinner, 1971, pág. 20) Por tanto, en este apartado, más allá de centrarnos en el ambiente físico, hecho que hemos analizado grosso modo a lo largo de los apartados anteriores, ahondaremos en el ambiente social y su interferencia para con los individuos dentro de una sociedad. Al sostener que somos individuos integrados en una sociedad se afirma la existencia de una normatividad subyacente y conducente en dicha sociedad. La existencia de determinadas instituciones da lugar al complejo sistemático social y cultural, siendo las más relevantes, a saber: el gobierno, la educación y la religión, entre otros, que podemos aunar bajo la denominación de “Estado”. Fuera de toda concepción primitiva y salvaje, el ser humano se rige por una serie de normas y costumbres propias de una cultura establecida progresivamente en dependencia de determinadas contingencias sociales o variables externas que da lugar a la conformación de la misma. Al igual que hemos establecido una relación de retroalimentación entre el ambiente físico y el individuo, acontece igual desde el punto de vista social y es que «la conducta puede cambiarse cambiando las condiciones de las cuales esa conducta es función» (Skinner, 1971, pág. 140) ,es decir, la conducta del individuo está sujeta bajo la óptica normativa y conductual propia de la cultura a la que pertenece. Las contingencias sociales que culminan en una determinada forma conductual vienen fijadas por las instancias culturales que hemos mencionado, las cuales facilitan la 33 organización social. A saber, en dependencia del tipo de sistema político llevado a cabo en una sociedad, el sistema educativo y las creencias religiosas, además de la estructura económica, el modo de actuación de los sujetos estará sometido a una línea determinada de comportamiento. Las diferentes ramas de la sociedad culminarán en las ideas y costumbres propias del pueblo, siendo los “valores” sociales los reforzadores de dicha cultura (Skinner, 1986b). Es decir, en términos axiológicos, una sociedad se regirá por una ideología determinada, impuesta de manera directa o indirecta por la organización sociocultural de las instituciones de las que se compone. Actúan sobre el individuo de manera simultánea, por lo que desde que éste se encuentra inmerso en la sociedad se ve increpado por normas, pautas, preceptos de cualquiera de los terrenos sociales, los cuales el individuo ha de seguir si tiene la pretensión de adaptarse a dicho sistema. En definitiva, el sistema es el conjunto de todas las instituciones que lo componen encargadas, pues, del control social bajo una misma línea ideológica, a saber: la del sistema mismo. Dicho de otro modo, la organización del sistema es posible gracias a la unilateralidad de las partes que lo componen. Por definición, la condición innata del ser humano es ser un ser social que no sólo necesita de sí mismo para abastecerse, sino que tiende hacia la búsqueda y la necesidad de la presencia de otro, interacción, sin embargo, que necesitará de una intervención ulterior que regule su co-habitación ante cualquier tipo de confrontación. Por tanto, la figura de un órgano social tal como el sistema gubernamental da lugar a la necesidad existencial legislativa que permite la convivencia de todos con todos bajo una determinada reglamentación y regulación, y la existencia de tales organismos ya mencionados para estructurar en estratos la sociedad. Así pues, al existir una serie de entidades dentro de este sistema gubernamental, éstas tenderán hacia el camino pautado por el sistema siendo el comportamiento humano, inexorablemente, encauzado hacia ese determinado fin. Induciendo a las personas a comportarse más eficazmente “en bien de los demás”, las instituciones pertinentes determinan cómo sentirán aquéllas. Una persona no apoya a su gobierno por lealtad, sino porque el gobierno ha creado contingencias adecuadas. Llamamos leal a esa persona, y le enseñamos a considerarse leal, y a que dé cuenta de cualesquiera condiciones especiales que él pueda sentir como “lealtad”. Una persona no 34 se adhiere a una religión porque sea devota; se adhiere a ella por causa de las contingencias puestas en juego por la organización religiosa. (Skinner, 1971, pág. 111) Las entidades del sistema sociocultural inducen a los individuos a determinadas actuaciones y comportamientos, donde subyacen sus deseos, por medio de la presencia de reforzadores y la ausencia de estímulos aversivos. Por el contrario, permiten la evasión de comportamientos sociales a partir de la ausencia de reforzamiento y presencia de estímulos aversivos. Por tanto, el individuo se adapta a la sociedad cultural en términos de normatividad siendo conductualmente determinado al adherirse a dicha reglamentación. No sólo se termina modelando su conducta a partir de la costumbre dada en dicha sociedad, sino que seguirá los preceptos formales dados para evitar cualquier condición aversiva que le lleve al castigo (Skinner, 1953). Por tanto, cabría preguntarse si el individuo se comporta siguiendo los preceptos establecidos por sí mismo o como conducta evasiva de castigo. De esa manera, el individuo se siente responsable de su conducta porque el sistema lo hace responsable de sus actos, siendo, por el contrario, sus actos producto del modo de operar que el sistema ha ejercido hacia el individuo. (Skinner, 1971) Por tanto, el mantenimiento de las costumbres y normas culturales se hace posible a partir de la homogeneización conductual de los miembros de la sociedad, formando una especie de masa cultural exenta de cualquier tipo de divergencia imaginable. Pero ¿Por qué esta conducta que se desvía es aversiva? ¿Por qué el grupo llama “equivocada” una respuesta que no sigue las reglas gramaticales, aunque tal respuesta no sea, en realidad, ambigua? ¿Por qué protesta contra las formas de vestir desacostumbradas o rechaza a una persona porque en la mesa no se comporta de acuerdo con las normas? (Skinner, 1953, págs. 438-439) La masa cultural no es sino la masa de la costumbre donde la totalidad de las individualidades convergen en un todo unitario formando el espectro cultural, perpetuando así la supervivencia de la cultura a la que pertenecen. El sistema conductual de una sociedad será el sistema de la adaptación, en el que los miembros del grupo social 35 habrán de adaptarse a su medio para poder sobrevivir a la cultura que les ha tocado vivir. En definitiva, el sujeto social busca el ser reconocido por el Otro, siendo la Otredad el principio de su reconocimiento dentro del ámbito social, y se adaptará aquel que sea reconocido por los demás, siendo, por el contrario, el inadaptado aquel que no efectúe sus actos en la misma línea de la normatividad conductual. Pero no sólo se busca el reconocimiento del Otro sino, como vemos, su aprobación, de tal manera que en determinadas situaciones, ejemplifica Skinner (1971), que «nos esforzamos por no estornudar o reír en ocasiones solemnes, y después de hacer el ridículo al cometer una equivocación, intentamos actuar como si nada […]» (pág. 51), olvidándose de nuestra naturaleza errante, la masa no permite cometer equivocaciones libres de juicio provocando, por parte del individuo, una evitación de estímulos aversivos tales como la vergüenza o la humillación a toda costa. En definitiva, se convierte en un individuo alejado de su propia identidad al disolverse en la - soberbia - masa. Por otro lado, de la misma manera que la masa cultural perpetúa el seguimiento de una costumbre, las organizaciones propias del complejo sistema social se encargan de la perpetuación de dichas conductas a partir del reforzamiento conductual y, en definitiva, del condicionamiento del individuo integrante. Piénsese, por ejemplo, en la institución religiosa que promete la llegada al paraíso una vez culminada la vida si y solo si se siguen los preceptos normativos integrados en su procedimiento moral o bajo la amenaza de cometer pecado por omisión de los preceptos morales establecidos, o, por otro lado, en el terreno del trabajo que, a mayor productividad, mayor probabilidad de un aumento de sueldo. Por el contrario, toda conducta inadaptada dentro del sistema sociocultural será desechada del complejo cultural a través de la exposición, a veces incluso masiva, de estímulos aversivos hasta - el intento de - la eliminación conductual. Dentro del ámbito educativo, la instrucción del individuo tenderá bajo un denominador común propuesto por el sistema al que pertenece, de tal manera que todo aquel comportamiento o información que se desvíe del unitario, en determinadas sociedades, puede ocasionar el castigo, o caer bajo la censura. «El conocimiento capacita al individuo para reaccionar adecuadamente ante el mundo que le rodea justamente porque lo hace con su misma conducta» (Skinner, 1953, pág. 430), en suma, lo que un individuo en sociedad conoce es lo que se le enseña dentro de la misma. El comportamiento del ser humano se rige, como hemos dicho, por las contingencias sociales en las que se ve envuelto, por ende, el paradigma actual en el que 36 se ve involucrado no escapa de la digitalización, hecho que no ha sido olvidado por el sistema adaptándose y adaptando el contexto de lo digital. Desde este punto de vista, la digitalización de la sociedad ha permitido una mayor predicción conductual de los individuos integrantes del sistema a partir de una masiva recogida de datos aportada por las redes sociales y la facilitación de información a través de internet de un modo generalizado. Así pues, el sistema será el regidor de nuestra manera de actuar y, por ende, de nuestra forma de pensar, haciendo posible el “psicopoder” (Han, 2014a, pág. 106), induciendo a la masa a un determinado modo de actuación y de pensamiento desde una perspectiva ingenua por parte del individuo. Ya en el prólogo de En el Enjambre, B. C. Han (2014a) nos advierte de ello: Somos programados de nuevo a través de este medio reciente, sin que captemos por entero el medio digital que, por debajo de la decisión consciente, cambia decisivamente nuestra conducta, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro pensamiento, nuestra convivencia. (pág. 11) Desde esta óptica, el estímulo digital conduce a una respuesta mucho más detallada por parte del individuo, e incluso, abstracta. El individuo se ve reforzado por nuevas sugerencias digitales que facilitan su operar rutinario bajo la creencia de la pura libertad en su actuar sobre el medio. Favorablemente para el sujeto vigilante - el Estado - la operación de dichos individuos en los medios digitales permite el acogimiento de la información esencial que le permite – al sujeto vigilante - involucrarse en los gustos y tendencias de los sujetos de dicha sociedad, fomentando, a partir del método propagandístico, -aparentes- nuevos deseos en consonancia con la perpetuación de las costumbres que favorecen la supervivencia del complejo cultural. Dicho de otro modo, el Estado se convierte en el Demiurgo de nuestros gustos. Así, «la posibilidad de sacar modelos de conducta de las masas a partir de grandes datos marca el comienzo de la psicopolítica digital» (Han, 2014a, pág. 108), encauzando a la masa a su homogeneización conductual. Por tanto, podemos observar que, a partir de la acumulación masiva de datos, ya no personales sino generales, el Estado se convierte en el regidor conductual de los miembros integrantes en su seno cultural, gracias a lo cual, consecuentemente, permite una mayor precisión en la pronosticación del comportamiento 37 de la masa. El cambio de paradigma a lo digital ha convertido lo social en el mayor «entramado de dominación» (Han, 2014b, pág. 26) imaginable hasta el momento. Tal como mencionábamos en el primer apartado que, al igual que un escultor modela su escultura, lo mismo le permite al psicólogo en términos conductuales (Hothersall, 1997), desde este punto de vista, el Estado se convierte en el escultor que modela, generalmente, la conducta de los miembros de su comunidad. La digitalización de la sociedad permite no sólo predecir la conducta de los sujetos, sino mantener su tasa de respuesta a partir de las pertinentes instituciones encargadas para ello. El mantenimiento de las costumbres sociales se traduce, en términos del condicionamiento que hemos estado analizando, como el mantenimiento de la tasa o frecuencia de respuesta, suprimiendo o inmortalizando comportamientos a antojo del Estado. Es el individuo el ejecutor de la operante, pero serán las instancias del sistema las que emitan el reforzamiento gracias al cual se prolongue la actuación de los individuos en vistas a un determinado fin preestablecido por el Estado 3 . En suma, volvemos a un procedimiento de retroalimentación, pero ahora desde el punto de vista social: se asocian estímulos reforzadores subsiguientes – aunque no necesariamente inmediatos - a un determinado comportamiento, el cual será perpetuado si y solo si lleva consigo la continuación del reforzamiento, y ello conduce, inexorablemente, a la ejecución continuada de ese sistema conductual propio del entramado social. Se trata de una dación y donación constante entre individuo – Estado. Entre tanto, los individuos operarán libremente a la manera aparencial, esto es, se verán libres del yugo opresor bajo la creencia de la libre y deliberada actuación individual. De este modo, la consideración de la libertad subsumida en la mentalidad de los sujetos será producto del modus operandi del Estado que, gracias al acogimiento de la digitalización, construye un sistema en el cual controla a sus individuos sin que estos den cuenta de ello. Así pues, el Estado incrementa su poder y «cuanto mayor es el poder, más silenciosamente actúa» (Han, 2014b, pág. 27), accediendo a la contemplación, el análisis y la medición de cada paso que los individuos ejecutan en su ilusión de sujetos libres. 3 Recordemos “el método de la operante libre” o “caja de Skinner”, en el cual se introducían los animales en una caja y estos eran reforzados a partir de la emisión de cierta respuesta ante determinado estímulo. 38 Se dice que el mejor gobierno es el que menos gobierna. […] Bajo un gobierno que controla a través del reforzamiento positivo, el ciudadano se siente libre, aunque no por ello esté menos controlado. Sentirse libre de las injerencias del gobierno equivale a verse libre de consecuencias aversivas. […] Un gobierno que hace el menor uso posible de su poder de castigar es más susceptible de reforzar nuestra conducta de apoyarlo. (Skinner, 1953, págs. 371-372) En este sentido, la libertad no será sino una cuestión de creencia. Así pues, insisto que «el individuo se sentirá libre porque cree que elige lo que quiere, cuando en realidad su propia capacidad de desear fue condicionada según un riguroso esquema de ingeniería cultural que no deja lugar para la resistencia o rebeldía» (Corcasi & García Cernaz, 2013, pág. 8). El sentimiento de libertad le otorgará un mayor grado de satisfacción que asumir la realidad social de su determinación conductual (Skinner, 1971, pág. 43) aunque el saber no genere cambios en su posición social. No obstante, el Estado como supremo escultor y guardia, se mantiene al tanto y siempre presente acogiendo la información necesaria de los individuos gracias a la extrema vigilancia a partir de la adaptación del medio digital al constructo de la realidad cotidiana. Así pues, la edificación de un sistema al gusto del consumidor, esto es, el sujeto social, es posible. En su obra magna 1984, Orwell (1949) escribe, como reflexión del protagonista, Winston, sobre la realidad social de un lejano y dictatorial Londres, que «tenías que vivir -y la costumbre acababa por convertirlo en un instintodando por sentado que escuchaban hasta el último sonido que hacías y que, excepto en la oscuridad, observaban todos tus movimientos» (pág. 11). Sin embargo, cabría dejar de imaginar el distanciamiento para con lo distópico al asumir que incluso ya hasta en la oscuridad somos vigilados gracias a los medios digitales que forman parte de nuestro día a día. Pues, ¿qué cabe pensar de una sociedad en la que incluso el Big brother o hermano mayor es “parodiado” tras la invención de un programa televisivo que imita a la manera orwelliana cómo actuarían los individuos sabiendo que son observados las veinticuatro horas del día a cambio de una nimia y escrupulosa suma de dinero si logras convencer a un desorbitado público de que tu comportamiento es “merecedor” de dicha cuantía? Cabría incluso afirmar que la realidad ha superado la ficción cuando esto se ejecuta de manera voluntaria por los 39 individuos. Pero ¿cómo es posible que el individuo se sienta satisfecho de ello? El sujeto no ha de estar sino inducido a actuar arbitrariamente de ese modo. Siguiendo el hilo de la problemática, podemos advertir que el estímulo reforzador que promueve la conducta a la actuación de esta circunstancia que estamos analizando es inexistente de manera contingente, porque se da de un modo ilusorio a partir de la increpación e introducción de numerosas ambiciones y aspiraciones marcadas por la banalidad. El reforzamiento o recompensa se da en términos de expectativa, una expectativa que sólo podrá cumplir uno de los elegidos, el más adaptado al modo de operar de la sociedad. Es decir, sólo aquel que se presente pertinente en la ganancia de dicha suma de dinero será el ganador, mientras, por el contrario, los demás participantes se quedarán en la mera expectativa que le llevó a dicha actuación. Se generan masivamente deseos en la mente de los individuos que son perpetuados por conducta imitativa de aquellos que aspiran a alcanzarlo. Paralelamente, Ray Bradbury (1953) dirá en Fahrenheit 451: No es posible construir una casa sin clavos ni maderas. Si no quieres que se construya una casa, esconde los clavos y la madera. Si no quieres que un hombre sea políticamente desgraciado, no lo preocupes mostrándole dos aspectos de una misma cuestión. Muéstrale uno. Que olvide que existe la guerra. Es preferible que un gobierno sea ineficiente, autoritario y aficionado a los impuestos, a que la gente se preocupe por esas cosas. […]. Que la gente intervenga en concursos donde haya que recordar las palabras de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de los Estados, o cuánto maíz cosechó Iowa el último año. Llénalos de noticias incombustibles. Sentirán que la información los ahoga, pero se creerán inteligentes. Les parecerá que están pensando, tendrán una sensación de movimiento sin moverse. Y serán felices, pues los hechos de esa especie no cambian. No les des materias resbaladizas, como la filosofía o psicología, que engendran -seres humanosmelancólicos. El que pueda instalar en su casa una pared de TV, y hoy está al alcance de cualquiera, es más feliz que aquel que pretende medir el universo, o reducirlo a una ecuación. Las medidas y las ecuaciones, cuando se refieren al universo, dan al -ser humanouna sensación de inferioridad y soledad. (págs. 77-78) 4 4 Cursivas mías 40 Gracias a la digitalización, por el contrario, el acceso a la información ha adquirido un camino más estrecho y liviano. Cualquier duda que se preste a aparecer podrá ser satisfecha en unos segundos tras el mero acceso a internet. Sin embargo, el factible acceso a cualquier información y su posterior acumulación mental en términos memorísticos no implica un mayor conocimiento o comprensión. En definitiva, la información no es conocimiento. Pero el individuo se creerá poseedor de toda verdad en su acceso al medio abstracto, «se creerán inteligentes» dirá Bradbury en boca de uno de los bomberos de su obra encargado de llevar a cabo la quema de libros. El contexto imperante en Fahrenheit 451 cuyo fin es la quema de libros como consecuencia de la prohibición de su lectura para así no generar cualquier duda que lleve a una reflexión ulterior del sistema que rige la sociedad o cuestionamiento sobre su condición natural humana: Fue bastante tonto eso de leer poesía. Acto digno de un condenado esnob. Dale a un hombre unas pocas líneas de poesía, y se creerá dueño de la Creación. Creerá que con los libros podrá caminar por encima del agua. Bueno, el mundo puede marchar muy bien sin ellos […]. (Bradbury, 1953, pág. 137) A diferencia del contexto que muestra Ray Bradbury en su obra, hoy día vivimos una época en la que la quema de libros no es necesaria como método de censura, sino que la falta de interés y la pre-determinación volitiva de los individuos, da lugar a una sociedad exenta de conciencia bajo la creencia de ser un conjunto determinado por la libertad. En el posfacio de su obra, Bradbury (1953) ya se lamenta de ello «porque no hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe» (pág. 203). El medio digital y la consecuente digitalización marcan una época en la que la inmediatez y la ligereza de la información que fluye de manera abstracta culminan en el desarrollo de un individuo cada vez más alienado y sumido en lo inmediato. Así pues, «entretanto, compiten por nuestra atención la radio, el internet, el teléfono móvil, el iPod, el ordenador, los videojuegos y la agenda electrónica de bolsillo, pero la televisión sigue dominando la afluencia de información» (Stiegler., s.f., pág. 135. Citado por Han, 2014b, pág.44). 41 El televisor es real. Es algo inmediato, tiene dimensiones. Le dice a uno lo que debe pensar, y de un modo contundente. Ha de tener razón. Parece tener razón. Lo arrastra a uno con tanta rapidez a sus propias conclusiones que no hay tiempo de protestar o decir: «¡Qué tontería!» (Bradbury, 1953, pág. 101) La inmediatez y la afluencia de la información culmina en un individuo social cada vez más alienado en su realidad digital. Provocando, pues, un sujeto cada vez más ensimismado bajo la creencia de la posesión de la verdad dada por el medio digital. Así pues, como el individuo sabe cada vez más, sin, como hemos dicho, tender a una reflexión de ello sino a partir de un pensamiento ya dado por la inmediatez informativa, el sistema acoge la información que el propio individuo, voluntariamente, ofrece de sí. Es decir, dicho de otro modo, el individuo se cree libre en una sociedad en la que todo es posible, en la que todo está dado pero la limitación no se presenta como una opción, todo lo que el individuo desee será objeto de la posibilidad. Un sistema que presume del conocimiento del sujeto social ofreciendo mejoras en las ambiciones creadas por él mismo en la mente del individuo. Dicho de otro modo, al ser el mismo individuo el que alerta al Estado lo que necesita, el Estado “predice” en un sentido amplio qué novedad será menesterosa en el sujeto social, precisamente porque es el mismo sistema el que introduce esa necesidad en nuestra mente. Como si de una marioneta se tratase, en un sentido amplio, el Estado manejará la sociedad en aras de su perpetuación. Adiós a toda teoría del comportamiento humano, desde la lingüística hasta la sociología. Olvida la taxonomía, la ontología y la psicología. ¿Quién sabe por qué la gente hace lo que hace? La cuestión es que lo hace y que podemos seguirlo y medirlo con una fidelidad sin precedentes. (Wired Magazine, edición 16 de julio de 2008, citado por Han, 2014b, pág. 89) «Debemos dirigir nuestra atención hacia las contingencias que inducen a las personas a actuar» (Skinner, 1971, pág. 147), siendo el sistema el hacedor y compositor de dichas contingencias sociales que le inducen a la actuación. El camino está pautado por las instituciones que culminan en el Estado, y éste, a partir de la red de vigilancia del medio digital, guía al sujeto social sugiriéndole qué camino escoger entre las diversas 48 de cierta conducta. Sin embargo, cuando el castigo se asocia a un estímulo discriminativo hablamos de Castigo discriminativo (Domjan, 2002) y éste puede ser rehuido suprimiendo tal conducta ante dicho estímulo discriminativo, pero prolongándose cuando éste no está presente. Veamos un ejemplo para explicitarlo: Por ejemplo, un niño puede recibir una reprimenda por correr en el salón cuando sus padres se encuentran en casa y no recibirla cuando los abuelos están a cargo. En este caso el castigo estará señalado por las claves asociadas con la presencia de los padres del niño. Los padres serán el estímulo discriminativo para el castigo. (Domjan, 2002, pág. 140) Vemos, pues, que ante la ausencia del estímulo discriminativo que da lugar al castigo el individuo persiste conductualmente, asociando el estímulo aversivo con la actuación que ha dado lugar a su presencia. La evitación del castigo da lugar a un cuestionamiento del castigo como técnica eficaz, aunque se habrá de tener en cuenta la divergencia metódica en lo que a castigo se refiere, pues, aunque no se puede hablar de la singularidad de cada caso, tampoco se puede generalizar que dicho estímulo aversivo o castigo den lugar al mismo efecto en cada individuo. Podríamos pensar, por ejemplo, en el caso de algún individuo expresidiario que, en vistas a su reinserción social, vuelve a cometer un delito. Así pues, al igual que, al caer en la generalización, caeríamos en la falacia de generalización precipitada al de creer que, de manera connatural a todos los presidiarios, volverán a cometer tal acto contrario a la legalidad, no se puede interpretar que la presencia de estímulos aversivos ante una situación vaya a causar el mismo efecto en todos los individuos. Es probable que cuando hablamos de castigo pensemos en un castigo físico a la manera de reprimenda o agresión física, pero además habrá de ser entendido en un sentido coercitivo, es decir, de limitación. Pensemos en la censura o en la limitación parcial o total de la libertad en términos presidiarios. Censurar permanentemente una idea o expresión puede dar lugar a un efecto prolongado y de largo plazo que un castigo en un sentido físico. Pero cabe preguntarse, ¿es posible vivir en una sociedad en la que el castigo no sea considerado como una técnica factible y, por el contrario, sea inexistente? Se sugiere y enfatiza la inevitabilidad del castigo (Domjan, 2002), pues vivir en convivencia y en consonancia con otros implica la existencia de una serie de normas que la regulen, como hemos estado viendo. Sin embargo, ¿justifica ello el castigo?, o, dicho de otro modo, ¿justifica ello la obediencia a una autoridad que limita la volición o crea un sistema en el que unos cuantos se benefician mientras una mayoría se ve perjudicada? 49 Isaiah Berlin trata y analiza, en un primer momento, lo que serán para él los dos conceptos de libertad, a saber: el positivo y el negativo. No ahondaremos en ellos, pero considero menester mentar el concepto de ''libertad negativa'' o la libertad de, siendo ésta la capacidad de un individuo a la actuación sin impedimento u obstaculización del otro: Normalmente se dice que soy libre en la medida en que ningún hombre ni ningún grupo de hombres interfieren en mi actividad. En este aspecto, la libertad política es, simplemente, el espacio en el que un hombre puede actuar sin ser obstaculizado por otros. […] La coacción implica la interferencia deliberada de otros seres humanos dentro de un espacio en el que si ésta no se diera yo actuaría […]. Cuanto mayor sea el espacio de no interferencia mayor será mi libertad. (Berlin, 1958, págs. 47 - 49) Es evidente que la norma es la imposición reglada en aras del mantenimiento social. Por ende, la búsqueda del bien propio, que no es sino la búsqueda por antonomasia del individuo será coaccionada si va contra los preceptos sociales. Nos preguntamos, pues, ¿justifica ello el castigo o la coacción? El defensor a ultranza de esta libertad individual en busca del bien propio, J. S. Mill lo afirma rotundamente, pues en caso contrario el ser humano se vería inmerso en la masa, en la homogeneidad cultural perpetuada por la implícita imposición de la costumbre y la tradición (Berlin, 1958, pág. 55). Además, dirá que sólo aquel individuo que tiene el dominio de sí mismo será realmente libre (Skinner, 1971, pág. 71) Como ya hemos visto, verse envuelto en la masa cultural da lugar a una perpetuación de las costumbres y, por ende, una continuidad de la cultura. La búsqueda del bien común es la búsqueda impuesta por el sistema de aquello que ha de ser nuestro bien común como ciudadanos. El conjunto de todas las instituciones que conforman el sistema es el que rige la línea que habrán de seguir los individuos si quieren perpetuar dicha condición, a saber, la de ser ciudadanos de dicha cultura. El castigo habrá de estar presente en toda sociedad cultural para prolongar y perpetuar su existencia. Por tanto, el fin del castigo no será otro que la erradicación y disolución de conductas que vayan contra el entramado social. ¿Podría entenderse esto como posible ruptura con lo divergente? Al fin y al cabo, seguir unos preceptos no es sino uniformizar la conducta, y llevado esto al paroxismo más extremo y unido al tema que hemos estado tratado, Hannah Arendt dirá en torno a los totalitarismos: 50 Los que aspiran a la dominación total deben liquidar toda espontaneidad, tal como la simple existencia de la individualidad siempre engendrará, y perseguirla hasta en sus formas más particulares, sin importarle cuán apolíticas e inocuas puedas parecer. El perro de Pavlov, espécimen humano reducido a sus reacciones más elementales, el haz de reacciones que puede ser siempre liquidado y sustituido por otro haz de reacciones que se comporten exactamente de la misma manera, es el ciudadano “modelo” de un Estado totalitario, y semejante ciudadano sólo puede ser producido imperfectamente fuera de los campos. (Arendt, 1951, pág. 589) La conformación de la masa no se da solo en este tipo de sistemas que Arendt menciona. De un modo u otro, en mayor o menor grado, el castigo subyacente en la realidad social combatirá toda contradicción conductual; la masa actuará uniforme y homogéneamente y la perpetuación del sistema será posible gracias a la perseverancia conductual de dicho ciudadano “modélico” desde la óptica del sistema que, en definitiva, fomentará la continuación de dicho sistema conductual en forma de recompensas y motivaciones. 51 Conclusión Dado por finalizado este análisis sobre el condicionamiento de la conducta humana desde el punto de vista social, podemos observar que si queremos escapar de ello sólo será posible a través de una huida hacia lo salvaje, pues vivir en sociedad no es sino convivir bajo unas determinadas normas que habremos de seguir para perpetuar el bien común establecido dentro de dicha sociedad, que lleva, como hemos visto, a un condicionamiento conductual determinado por la sociedad en cuestión en aras de dicha perpetuación. En un primer momento, he analizado el comportamiento humano y la función de las emociones en su modo de operar. Desde una perspectiva histórica, he analizado el trascurrir de la psicología de la conducta, desde Ivan Pavlov, pasando por Watson, Tolman, Hull hasta finalmente Skinner, en quien nos hemos centrado de una manera más pormenorizada. Era menester, pues, su análisis histórico para el posterior conocimiento de cómo Skinner dice lo que dice y, por ende, de cómo el ser humano hace lo que hace desde el punto de vista del condicionamiento operante o radical, del que no podríamos hablar sin antes mencionar el acogimiento del condicionamiento instrumental de Thorndike. Así pues, hemos observado el modo de aprendizaje de los seres vivos desde el punto de vista del condicionamiento, mientras Ivan Pavlov sostiene un aprendizaje asociativo de los individuos en tanto estos asocian un determinado estímulo con una determinada respuesta, el condicionamiento operante de Skinner, por el contrario, observará en qué medida la conducta de los individuos interfieren en el ambiente que les circunda. Por ello, las emociones poseen protagonismo, pues estas poseen intencionalidad. La intencionalidad de las emociones, como dijimos, viene a decir al individuo cómo debe actuar ante determinada situación. No obstante, las emociones se verán moldeadas por la cultura en la que el individuo se vea inmerso. Así pues, la estructura interna del individuo, a saber, las emociones, se verá modificada por la conducta en cuestión. En el segundo apartado, para entender las diferentes vías de condicionamiento, he realizado un análisis más pormenorizado de ello. El condicionamiento clásico de Pavlov a partir del aprendizaje por asociación cuyo enfoque central será el estímulo reforzado y el esquema conductual modificado será, en definitiva, Estímulo Condicionado – Respuesta Condicionada: EC – ER. Ello, recordemos, se observa en los experimentos de 52 los perros de Pavlov, cuyos sujetos experimentales asociaban el sonido de la campana con la aparición de alimento. Pero, por otro lado, la llegada de Skinner a la psicología produjo un cambio en la perspectiva del condicionamiento, enfocando el punto de mira en la respuesta que el individuo ejecuta y en el posterior efecto en el mundo circundante. De ahí, el condicionamiento operante observa el acontecimiento provocado por una respuesta concreta a través de un estímulo reforzador. De esa manera, el reforzamiento se tornará protagonista en la técnica del condicionamiento, permitiendo la aparición o mantenimiento de una determinada respuesta a antojo del experimentador. Ello dio lugar a la aparición de los programas de reforzamiento que permitían estudiar la frecuencia en la que se habrían de distribuir los reforzadores en dependencia del individuo y la situación dada. Serán, pues, los estímulos externos los que hagan que realicemos tal o cual respuesta. Por ello, el medio ambiente juega un papel importante y es lo que se analiza en el tercer y cuarto apartado, en diferentes sentidos. Como sostuve al principio, si se quiere vivir en sociedad, quieras o no, habrás de seguir las normas que rijan la misma. Todo ello bajo el lema de la otorgación de seguridad y estabilidad en la convivencia social que trae consigo, de manera subyacente, unos imperativos que no dan cabida a la posibilidad en lo que a diversidad se refiere, sino a acatar dichos preceptos. Si no los sigues, como estudio en el último apartado, la consecuencia final será el castigo. Así pues, este no es sino otro modo de ver el comportamiento y la convivencia para con el Otro. He intentado acercarme al hecho actual de la digitalización, pues hay que percatarse de la obviedad de la era digital y su influencia para con el medio y cómo ésta ha permitido una mayor amplitud a lo que a vigilancia se refiere y, por ende, a un mayor control y modificación social en aras de la perpetuación normativa que ya hablamos anteriormente. Gracias a la inmediatez de la comunicación e información favorecida por la digitalización, el moldeamiento conductual es posible cada vez más de una manera más sigilosa. 53 Referencias Arendt, H. (1951). Los orígenes del totalitarimo III: Totalitarismo. Madrid: Alianza Editoral. 1982. Ayestaran, S. (1979). El hombre en la Psicología moderna. En J. A. Merino, El hombre. Procedencia y proyecto (págs. 133-151). Madrid: Cisneros. Berlin, I. (1958). El concepto de libertad negativa. En Dos conceptos de libertad y otros escritos (Á. R. Rogríguez, Trad., págs. 47 - 60). Madrid: Alianza Editorial. 2010. Bradbury, R. (1953). 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