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Rousseau y la génesis del paisaje

López Lloret, Jorge

Abstract

Este artículo analiza el papel jugado por el paisaje (natural y artificial) en la obra de Rousseau. Sigue una lógica genética que parte del bosque y llega al “paisaje total”, pasando a través de la visión del paisaje natural y del jardín. Se examinan los elementos antropológicos y personales de cada caso, centrándose especialmente en su importancia estética, ética y política, al servicio de un proyecto que no fue regresivo sino progresivo.

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ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 ROUSSEAU Y LA GÉNESIS DEL PAISAJE 539 Rousseau y la génesis del paisaje JORGE LÓPEZ LLORET Universidad de Sevilla Facultad de Filosofía Departamento de Estética e Historia de la Filosofía 41011 Sevilla (España) [email protected] Abstract: This article analyses the role played by the landscape (natural and artifi cial) in Rousseau’s work. It is studied by genetic logic, from the forest to the “total landscape”, through the observed natural landscape and garden. It studies the anthropological and personal fundaments of each case, focusing on their aesthetic, ethical and political importance, to the service of a project that wasn’t regressive but progressive. Keywords: Rousseau, landscape, sublime, liberty. Resumen: Este artículo analiza el papel jugado por el paisaje (natural y artifi cial) en la obra de Rousseau. Sigue una lógica genética que parte del bosque y llega al “paisaje total”, pasando a través de la visión del paisaje natural y del jardín. Se examinan los elementos antropológicos y personales de cada caso, centrándose especialmente en su importancia estética, ética y política, al servicio de un proyecto que no fue regresivo sino progresivo. Palabras clave: Rousseau, paisaje, sublime, libertad. RECIBIDO: AGOSTO DE 2014 / ACEPTADO: ENERO DE 2015 Rousseau and the genesis of landscape ISSN: 0066-5215 DOI: 10.15581/009.49.3.539-564 JORGE LÓPEZ LLORET 540 ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 1. INTRODUCCIÓN L a progresiva desaparición de la Filosofía en nuestros planes de estudio se basa en la idea preconcebida de su inutilidad, en el sentido de su desvinculación de la vida cotidiana. Por ello, el estudio de la radicación cotidiana del pensamiento fi losófi co es importante en la actualidad. La refl exión fi losófi ca no sólo no se evade de nuestra vida común y diaria sino que tiene su sentido en ella. Hay autores en los que esto es más evidente, como sucede con Jean-Jacques Rousseau, un caso notable por varios motivos. Primero, por la naturaleza irreductible del componente personal de su fi losofía, que parte de su existencia y entorno inmediatos. Eso se muestra en la presencia de temas tan contemporáneos y aparentemente poco fi losófi cos en su obra como el vestido y el diseño (que en otras ocasiones hemos analizado1) , así como en la presentación de refl exiones fi losófi cas encarnadas, con nombres concretos y en entornos reales, como sucede en el caso más notable, Julia, o la nueva Eloísa. Cuando Rousseau habla del bosque primigenio, por ejemplo, habla de su propia experiencia de las grandes ciudades, como París; cuando habla del paisaje refi ere los que él vivió y le emocionaron; los jardines de los que habla son espacios que el sujeto concreto puede vivir, llevan ideas fi losófi cas al paseo concreto de cada persona. Esto explica, en segundo lugar, que el pensamiento de Rousseau haya tenido en ocasiones tanto impacto en seres anónimos que formalizaron su vida según sus criterios, no sólo ricos que crearon jardines siguiendo su modelo (como René de Girardin en Ermenonville), sino personas más modestas que pudieron comprender que en la ropa que vestimos o en el tipo de cubiertos que usamos para comer refl ejamos nuestra manera de afrontar el mundo y lo que pensamos de él. Si la refl exión fi losófi ca desaparece de la escena pública (y no nos referimos a la política, sino a la existencia normal y corriente) nuestra vida corre el riesgo de carecer de signifi cado 1. J. LÓPEZ LLORET, Perversa Segunda Piel. Ética, Estética y Política en el Vestido según Jean-Jacques Rousseau, “Cuadernos Dieciochistas” 11 (2010) 235-270; y Jean-Jacques Rousseau y la Cultura del Diseño, “Ágora, Papeles de Filosofía” 33/2 (2014) 87-108. ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 ROUSSEAU Y LA GÉNESIS DEL PAISAJE 541 para cada uno de nosotros. De esto Rousseau fue consciente y por ello escribió gran parte de su obra desde sí mismo. Entre otras cosas eso marcó la manera en la que afrontó el paisaje como algo personal. Por eso nos sirve como ejemplo no tanto lo que él pensó, sino cómo lo hizo y desde dónde (personalmente y desde su vida cotidiana). Un buen modelo para nosotros, amantes de la fi losofía a comienzos del siglo XXI. A comienzos del siglo XVIII los británicos rechazaron el jardín geométrico y crearon el jardín de paisaje, basado en el respeto aparente a lo específi co de cada lugar. Componían con vistas singulares para dar placer a cada individuo que se desplazaba por el entorno2. También descubrieron la naturaleza salvaje (el bosque y la montaña) como algo digno de delectación estética3. Al mismo tiempo, la belleza formal daba paso al desafío sublime, sólo experimentable individualmente4, mientras que la visión de la naturaleza cambiaba de mecánica a dinámica, importando la fuerza y sus transformaciones5. Además, coherentemente con todo ello, interesó crecientemente la dimensión emocional del ser humano6. Cuando estas tendencias concordaron entre sí Rousseau se insertó en el paradigma que defi nieron, radicalizándolo. Consiguió que no se tratara sólo de una moda literaria o pictórica, sino de algo más, algo que expresaba ideas profundas sobre la vida del ser humano, su propia auto-concepción y su relación con los demás seres humanos y con el entorno. Rousseau dirigió las tendencias del siglo XVIII a una propuesta que no era un retorno a la naturaleza primigenia sino una conquista cultural. A veces se lo ha leído como un totalitario y a veces como un individualista extremo7. En realidad, aspiraba a una 2. Ch. QUEST-RITSON, The English Garden (Viking, Londres, 2001) 63-115. 3. M. ANDREWS, Landscape and Western Art (Oxford University Press, Oxford, 1999) 129-149 y S. H. MONK, The Sublime (University of Michigan Press, Ann Arbor, Michigan, 1962) 203-232. 4. J. KIRWAN, Sublimity (Routledge, Nueva York, 2005) 37-52. 5. R. G. COLLINGWOOD, Idea de la naturaleza (FCE, México, 2006) 25-47. 6. W. M. REDDY, The Navigation of Feeling (Cambridge University Press, Cambridge, 2001) 141-171. 7. R. SPAEMANN, Rousseau: ciudadano sin patria (Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2013) 9-13. JORGE LÓPEZ LLORET 542 ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 socialización que respetase la subjetividad. Esto lo podemos ver en la génesis del paisaje que se detecta en su obra, donde la dualidad entre una naturaleza no culturizada y un mundo técnico alienado se solventó con un proyecto vital que los articulaba, que él deseó para sí y que, visto en estos términos, podemos pensar adecuado aún para nosotros. 2. EL BOSQUE De una manera muy actual, Rousseau estudió la alienación del sujeto en el consumo en la época rococó tardía y en los inicios de la Revolución Industrial. Puesto que pensaba que a través del consumo la sociedad nos mediatizaba y nos impedía ser nosotros mismos, propuso la separación de la imagen del sujeto con respecto al mismo, creando hipótesis de seres humanos que se hallaran en el grado cero del consumo y preguntándose por su entorno vital. Su cuestión fundamental fue: ¿cómo seríamos, nosotros y nuestro entorno, si no dependiéramos tanto de un consumo depredador del medio y enajenador del sujeto? Su respuesta fue la hipótesis del primitivo, nuestro opuesto en la escala del consumo. El primitivo vivía en un mundo de árboles y agua, oscura opacidad y transparencia fl uyente que le daba cobijo, comida y bebida esenciales, sin necesidad inducida que generase complejidad social8. Por lo básico de sus necesidades el primitivo no sentía la necesidad de ser agresivo con el bosque, siendo el humano civilizado el que agredió a los árboles con hachas para talarlos y escaleras para saquearlos9. La civilización avanzó desertizando al mundo en nombre de las necesidades humanas, que a la vez que deforestaban el suelo alienaban al sujeto en el consumo10. La civilización desertiza y aliena porque se basa en la propiedad privada, cuyo germen es la apertura 8. J.-J. ROUSSEAU, Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommes, en J.-J. ROUSSEAU, Oeuvres complètes, III (Gallimard, París, 1964) 134-135. Traducción castellana en J.-J. ROUSSEAU, Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres y otros escritos (Tecnos, Madrid, 1989) 122-123. 9. J.-J. ROUSSEAU, Discours sur l’origine cit., 135 (traducción cit., 124). 10. J.-J. ROUSSEAU, Discours sur l’origine cit., 198 (traducción cit., 208-209). ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 ROUSSEAU Y LA GÉNESIS DEL PAISAJE 543 de un claro en el bosque que se reclama. Esta apropiación acota, acosa y agota al bosque, pero también genera los males de la vida social11, pues acaba con la época en la que el ser humano vagaba y se dispersaba sin norma, instituciones ni mediaciones. El bosque no era para Rousseau sólo algo tipifi cado vagamente como extenso, profundo, oscuro y a la vez benigno y simple, sino también una situación biológica, perceptiva y emocional. Biológica porque exige a los cuerpos que lo habitan movimiento y esfuerzo, proporcionándoles salud y fuerza12. Perceptiva porque sin horizonte, espacio ni tiempo articulados el bosque carece de los vínculos que generan saber acumulado, desvaneciéndose de inmediato toda percepción e imposibilitándose los sistemas conceptuales y lingüísticos13. La socialización, pues, era imposible porque los encuentros humanos eran igualmente pasajeros, por lo cual no había progreso14. Emocional porque el hombre primitivo era la subjetividad del bosque y el bosque la objetivación del primitivo. Como el bosque, el primitivo carecía de espacio, tiempo, perspectiva y estructura, era puro presente, el aquí y ahora de la plenitud natural. El bosque, a su vez, era al entorno natural lo que el primitivo al ser humano, a saber, la condición primigenia que se obtenía al despojarlos de las mediaciones históricas que los desfi guraron. Poco se podía decir de ellos, pues su conceptuación dependía de la mediación cultural, de manera que sólo se podían defi nir negativamente: el bosque era lo que el entorno natural ya no era y el primitivo lo que el ser humano dejó de ser15. Poco antes de la Revolución Industrial, pues, Rousseau nos advertía de que la serie de mediaciones a las que el sujeto (y su entorno natural) se iba sometiendo era cada vez mayor. La espontaneidad desaparecía incluso de nuestra propia imagen, lo que sin duda suponía una merma de nuestra libertad. Se trataba de una de las primeras 11. J.-J. ROUSSEAU, Discours sur l’origine cit., 164 (traducción cit., 161-162). 12. J.-J. ROUSSEAU, Discours sur l’origine cit., 139 (traducción cit., 129). 13. Para Rousseau el lenguaje es hijo del desierto, el claro radical. J.-J. ROUSSEAU, Ensayo sobre el origen de las lenguas (Akal, Madrid, 1980) 72-76. 14. J.-J. ROUSSEAU, Discours sur l’origine cit., 159-160 (traducción cit., 157). 15. F. CALDERÓN QUINDÓS, El bosque roussoniano: belleza y dignidad moral. Jean Jacques Rousseau y la dimensión inter-específi ca de los problemas ambientales. Tesis Doctoral (Universidad de Valladolid, Valladolid, 2004) 74-75. JORGE LÓPEZ LLORET 544 ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 y más radicales diagnosis del malestar en la cultura, aunque Rousseau no fue tan pesimista como Freud. El bosque lo llenaba todo. Era un organismo en crecimiento, algo que el siglo XVIII detectó en cada árbol. En el descubrimiento de su nobleza natural Rousseau jugó un papel importante por el simbolismo humano de que los dotó como hilo conductor de Emilio, es decir, del ser humano que crece16. Puesto que el árbol simbolizaba la forma natural que se desarrolla desde sí misma, su deformación (como en la geometría de los jardines barrocos) era insoportable, simbolizando asimismo la imposición de límites que violentaban la especifi cidad de cada persona. El modelo británico, que explotaba estéticamente las peculiaridades de cada árbol, se extendía por el Continente cuando Rousseau escribía Emilio17, lo que muestra la potencia cultural de esta imagen. El ser vivo que crece es un árbol, no una máquina, es decir, una serie de relaciones geométricas siempre idénticas a sí mismas, yertas si no es por un alma racional que las ocupa. Rousseau rechazaba, pues, el modelo cartesiano: los seres vivos, desde los árboles a los humanos, son cuerpos sensibles que crecen18. Era perverso que la cultura negase estas bellas imágenes del crecimiento natural19, oponiéndose al crecimiento y defendiendo la muerte, algo similar a una educación que no considerase las etapas del desarrollo ni la especifi cidad de cada individuo, imponiendo principios abstractos sobre la mente de los niños. Esto tiene para Rousseau simbolismo moral y político: el bosque es el ámbito de la libertad del cuerpo humano en movimiento y el árbol la metáfora de su libertad de crecimiento20. En el bosque todo es divagación corporal, el sentimiento más básico y puro de la libertad21. 16. J.-J. ROUSSEAU, Emile ou de l’education, en J.-J. ROUSSEAU, Oeuvres complètes, IV (Gallimard, París, 1969) 245-246. Traducción castellana en J.-J. ROUSSEAU, Emilio, o de la educación (Alianza, Madrid, 1989) 38. 17. E. KLUCKERT, Grandes jardines de Europa (Könemann, Colonia, 2005) 440-447. 18. En el apartado cuarto de este artículo compararemos más específi camente a Descartes con Rousseau. 19. R. SPAEMANN, Rousseau, op. cit., 53-54. 20. P. BURGELIN, La philosophie de l’existence de J.-J. Rousseau (Slatkine, Ginebra, 1978) 497. 21. A. PINTOR-RAMOS, Rousseau. De la naturaleza hacia la historia (Universidad Pontifi cia de Salamanca, Salamanca, 2007) 150. ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 ROUSSEAU Y LA GÉNESIS DEL PAISAJE 545 Rousseau caracterizó al primitivo corporalmente. Su libertad consistía en vagar llevándose “todo entero siempre con uno mismo”22, con sus habilidades corporales apropiadas para la vida en el bosque. Puesto que el niño también es libre porque su cuerpo se mueve23, comienza a vivir actualizando la condición del primitivo24. No obstante, naciendo en un mundo de claros y estacas no se le deja correr y saltar, comenzando muy pronto el proceso de las mediaciones culturales25. Como la geometría sobre el árbol, la primera institución humana eran los pañales que se le imponían, impidiendo la expansión de sus miembros en el espacio26. Cuando se nace en la cultura se nace a la sujeción corporal, que con el tiempo se prolonga en la mediación social de la subjetividad. Se comprende así el sentido estético, político y moral de la defensa del crecimiento del árbol, pues la educación, basándose en esta metáfora, debería respetar las necesidades del cuerpo como el fundamento de una nueva forma de mediación social, no dogmática sino, como veremos al fi nal, dialógica27. Discutiendo sobre la inexistencia de la servidumbre en el mundo primitivo, Rousseau negó que la ley del más fuerte tuviera sentido vinculante, pues si la vigilancia del que somete se relaja “doy veinte pasos en el bosque, mis cadenas quedan rotas, y no me vuelve a ver en su vida”28. Si en el mundo natural hay mediaciones, estas son provisionales y no llegan a institucionalizarse porque en el bosque nos perdemos y disolvemos toda relación29. Entrar en él es romper las cadenas que se hacen la norma cuando el bosque se aclara y nos 22. J.-J. ROUSSEAU, Discours sur l’origine cit., 136 (traducción cit., 124). 23. O. VOSSLER, Rousseaus Freiheitslehre (Vandenhoeck & Ruprecht, Gotinga, 1963) 165. 24. R. GRIMSLEY, La fi losofía de Rousseau (Alianza, Madrid, 1977) 63; A. PHILONENKO, Jean-Jacques Rousseau et la pensé du malheur. Apotheóse du désespoir (Vrin, París, 1984) 105-106. 25. A. PHILONENKO, Jean-Jacques Rousseau... Apotheóse du désespoir cit., 136-137. 26. J.-J. ROUSSEAU, Emile cit., 253-254 (traducción cit., 47-48). 27. J.-J. Rousseau, Emile cit., 312 (traducción cit., 113). Véase J. MILLER, Rousseau. Dreamer of Democracy (Yale University Press, New Haven, 1984) 173-177. 28. J.-J. ROUSSEAU, Discours sur l’origine cit., 161 (traducción cit., 159). 29. A. PHILONENKO, Jean-Jacques Rousseau et la pensé du malheur. Le traité du mal (Vrin, París, 1984) 182-183. JORGE LÓPEZ LLORET 546 ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 ven. Aquí podemos entrever los inicios de la crítica al sistema panóptico de vida analizado por Foucault30, la sujeción de la persona a través de la visión, algo que en la era de internet ha alcanzado límites insospechables. Si pudiéramos respetar al primitivo en el niño, actualizando las condiciones del bosque en el claro, eso no sería un problema. Según Rousseau, no tenemos derecho a que no nos vean, pero sí a que no nos determinen. Rousseau ilustró esto con una anécdota biográfi ca31. Refugiado en la isla de Saint-Pierre, un día se dejó llevar por las aguas en una pequeña barca32, abandonándose al sentimiento del “precioso far niente”33, actualizando su amor por la deriva y el rechazo de los objetivos con los que la sociedad lo condicionaba34. Era la síntesis de una nueva cultura con la naturaleza porque su cuerpo, a la deriva sobre las aguas del lago, mostraba que el entorno natural le permitía ser él mismo, no apresando sino liberando al alma, que “vaga y planea sobre el universo en alas de la imaginación”35. 3. EL PAISAJE Tras la publicación de Emilio Rousseau se decantó por un subjetivismo cada vez más radical y por la expresión personal como formas de transformación del sistema social. La inviabilidad del bosque ancestral y el humano primitivo dieron lugar a la expresión subjetiva de su relación con el paisaje. Lo fundamental seguía siendo la liber- 30. M. FOUCAULT, Vigilar y castigar (Siglo XXI, Madrid, 1994) 204-205. 31. La fi losofía de Rousseau tiene un “anclaje” psicológico según H. LERMA JASSO, La subjetividad en Jean-Jacques Rousseau (EUNSA, Pamplona, 2003) 28 y 138. 32. J.-J. ROUSSEAU, Les confessions, en J.-J. ROUSSEAU, Oeuvres complètes, I (Gallimard, París, 1959) 643-644. Traducción castellana en J.-J. ROUSSEAU, Las confesiones (Alianza, Madrid, 1997) 865-866. M. CRANSTON, The Solitary Self. Jean-Jacques Rousseau in Exile and Adversity (Viking, Londres, 1997) 133-140. 33. J.-J. ROUSSEAU, Les rêveries du promeneur solitaire, en J.-J. ROUSSEAU, Oeuvres complètes, I (Gallimard, París, 1959) 1042. Traducción castellana en J.-J. ROUSSEAU, Las ensoñaciones del paseante solitario (Alianza, Madrid, 1983) 84. 34. J.-J. ROUSSEAU, Les rêveries cit., 1048 (traducción cit., 91). J. STAROBINSKI, Jean- Jacques Rousseau. La transparencia y el obstáculo (Taurus, Madrid, 1983) 281-287. 35. J.-J. ROUSSEAU, Les rêveries cit., 1062 (traducción cit., 108). ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 ROUSSEAU Y LA GÉNESIS DEL PAISAJE 547 tad del vagar, en este caso de la mirada solitaria y sus emociones36. La experiencia personal del vagar, iniciada en la mirada hacia el paisaje natural (como cuando describía su vida en Saint-Pierre37), no era sólo visual, sino también emocional y expresiva38. El paisaje asumía y simbolizaba la necesidad subjetiva de expresarse más allá de reglas impuestas, la libertad de las emociones y la imaginación frente el imperio de la razón39. Rousseau no se aproximó al paisaje natural, pues, como un cartesiano analizando una máquina sino respondiendo emocionalmente y expresándose en él. Por eso, entre sus paisajes descritos y vividos hay una conexión inmediata, en tanto que el paisaje como biografía, como expresión crítica y como proyección literaria forman una malla compleja. Por ello conviene preguntar qué paisajes describió y amó, algo que en parte surge de la época y su elaboración de los paisajes bucólico-pintoresco y sublime, reelaborados como crítica a las mediaciones que la cultura occidental nos imponía40. En el paisaje bucólico-pintoresco el bosque jugaba un papel importante, aunque acotado por la cultura. Era un lugar donde los urbanitas cansados de su civilización aquietaban sus pasiones41, produciendo en el sujeto, provisionalmente, la misma suspensión temporal que el bosque en el primitivo42. Había además otro lugar irreductible a la cultura, la alta montaña, con la que el sujeto prerromántico, en su alejamiento de las convenciones de la sociedad industrial naciente, se identifi có cada vez más, dado su alejamiento geográfi co de la cultura y el salvajismo de las fuerzas en acción. Rousseau se aproximó a esta poética de lo sublime a través del lago de montaña. En su obra describió varios, siendo el lago de Léman quizás el más importante, eligiéndolo para La nueva Eloísa: 36. B. BACZKO, Rousseau. Solitude et communauté (Mouton, París, 1974) 219-220. 37. J.-J. ROUSSEAU, Les rêveries cit., 1063 (traducción cit., 109-110). 38. J. BRANKEL, Naturgefühl und Landschaftsschilderung bei Jean-Jacques Rousseau (Turia-Kant, Viena, 2004) 67-90. 39. J. MILLER, Rousseau, op. cit., 7-12. Rousseau no era un irracionalista. Véase R. GRIMSLEY, op. cit., 22-27. La razón determinante en Rousseau podríamos denominarla “razón genética”. 40. Ch. HUSSEY, Lo pintoresco (Siglo XXI, Madrid, 2013) 89-125. 41. J. BROWN, The Pursuit of Paradise. A Social History of Gardens and Gardening (Haroer, Londres, 1999) 50-81. 42. H. LERMA JASSO, op. cit., 47; B. BACZKO, op. cit., 46 y 99. JORGE LÓPEZ LLORET 554 ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 su talento sin considerar su valor social, representando ambos la brutalidad del poder que impone irracionalmente la geometría a las formas que crecen68. El cuidado simpático de éstas no les interesaba, sino sólo “la fuerza y el dinero”69. Rousseau se alejó además del jardín británico, pues también hacía evidente al arte. Cuando escribía era muy popular Lancelot Capability Brown y su desarrollo del tema estrella del jardín de paisaje: el punto de vista privilegiado, sobre un sendero curvo, hacia motivos arquitectónicos que no tenían otra justifi cación70. Rousseau anticipó una de las críticas que los jardineros posteriores le hicieron: la artifi cialidad evidente de sus composiciones71. Para abandonar el modelo británico analizó Painshill Park72, donde se llevó la moda pintoresca a su plenitud insertando puentes, templos góticos y ruinas en lugares inesperados de visión privilegiada73. Cuando Elizabeth Montagu visitó los jardines escribió: […] el arte de disimular todo arte llega aquí a tal dulce perfección que Mr. Hamilton se sustrae de toda alabanza, pues das gracias a la naturaleza por lo que ves, pese a que se me informó que todo había sido reformado por el arte74. Para Rousseau, sin embargo, no era sufi cientemente rústico. Su crítica de este parque es importante para lo que veremos a continuación: Es una composición de lugares muy bellos y muy pintorescos cuyos diferentes aspectos se han escogido de diferentes países y que parecen todos naturales excepto la composición total […] El dueño y el creador de esta soberbia soledad ha hecho cons- 68. Ibidem. 69. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 476 (traducción cit., 520). 70. L. MAYER, Capability Brown and the English Landscape Garden (Shire, Oxford, 2011) 32-47. 71. L. MAYER, Capability Brown, op. cit., 48-58. 72. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 484 (traducción cit., 528). 73. M. SYMES, Mr. Hamilton’s Elysium. The Gardens of Painshill (Frances Lincoln, London, 2010) 6-149. 74. En M. SYMES, Mr. Hamilton’s Elysium, op. cit., 8. ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 ROUSSEAU Y LA GÉNESIS DEL PAISAJE 555 truir incluso ruinas, templos antiguos, edifi cios; y así el tiempo y el espacio se juntan con una magnifi cencia más que humana […] me gustaría que el esparcimiento de los hombres tuviese siempre una sensación de facilidad, que no hiciera pensar en sus debilidades y que al admirar esas maravillas, la imaginación no se fatigara pensando en las sumas y en el trabajo que han costado75. Como una síntesis de espacios y tiempos Painshill se muestra evidentemente cultural. La procedencia de las plantas, la variedad arquitectónica y la artifi cialidad de los caminos en función del punto de vista acabaron desagradándole, pues “no resultaba natural”76. Rousseau exigía más rusticidad porque no buscaba un recordatorio de la geografía y la cronología de la cultura en el paisaje, sino el equivalente en miniatura del bosque y la montaña, recurriendo a la fl ora local del lugar y no a los sofi sticados viveros del comercio internacional de plantas77. En la siguiente cita expresa su ideario local: Me puse a recorrer extasiado ese huerto transformado, y no encontré ninguna planta exótica, ni productos de las Indias; encontré las plantas de la región, dispuestas y reunidas de tal manera que producían un efecto más alegre y más agradable. El césped verde, pero corto y tupido, estaba mezclado con serpol, bálsamo, tomillo, mejorana y otras hierbas olorosas78. El uso de “plantas salvajes y robustas que no necesitan sino plantarlas y dejar que crezcan solas”79, buscaba estimular en los entornos 75. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 484 (traducción cit., 528). 76. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 484 (traducción cit., 527). 77. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 481 (traducción cit., 525). En este sentido, se aleja claramente del modelo propuesto por Francis Bacon, que sin duda conocería. Aunque el modelo de Bacon se distancia en parte del concepto estrictamente geométrico del jardín barroco, la variedad que propone desborda los límites de la lógica de la producción local. Véase E. BACON, Ensayos (Orbis, Barcelona, 1985) 153-158. 78. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 472-473 (traducción cit., 517). 79. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 479 (traducción cit., 523). JORGE LÓPEZ LLORET 556 ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 culturizados las vivencias del bosque y la montaña80, pues el Eliseo de Clarens era una reminiscencia del bosque y un sucedáneo cultural de la montaña. Aunque ejercía cierta violencia sobre la naturaleza, usaba las formas y procesos de ésta, no la geometría impuesta por los prejuicios humanos81. Rousseau estaba buscando un modelo rústico de jardín en el que la negligencia se hiciera arte82. Para que fuera posible propuso una pragmática, una sintaxis y una semántica que pusieran en práctica un programa estético nuevo, un cuidadoso esfuerzo por aparentar ausencia de esfuerzo83. A) Con respecto a la pragmática, las intervenciones inevitables debían respetar el genius loci. Los británicos habían movido tierras para crear montículos y lagos. Sus vistas parecían proceder del lugar, pero el costoso esfuerzo indicaba las pretensiones sociales del propietario. Rousseau rechazó esto en nombre de una intervención mínima que evitara la acumulación de agua, lo más costoso, siendo más importante que fl uyese y serpentease por la pendiente natural. El artifi cio debía potenciar su circulación, simulando riachuelos que simbolizaban la vida errante perdida para siempre84. Se trataba de sacar de la naturaleza lo mejor de sí misma, rechazándose completamente la concepción mecánica del jardín. Puede compararse, por ejemplo, el uso que Rousseau propuso del agua con el que aparece en el Tratado del hombre de Descartes o con el aún más notable que describe en numerosas ocasiones Montaigne en el diario de su viaje a Italia85. Descartes ilustró la concepción del cuerpo humano como máquina con la analogía de las fuentes barrocas. Los mecanismos de canalización del agua y el trabajo del ingeniero (no del paisajista), le resultaban fundamentales. Todo el procedimiento mecánico quedaba oculto y el agua sólo afl oraba a la superfi cie en 80. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 479-480 (traducción cit., 523). 81. A. PHILONENKO, Jean-Jacques Rousseau… L’espoir et l’existence cit., 209-210. 82. M. BARIDON, Los Jardines, op. cit., 530-535. 83. F. REINSBERG, Orte des Rückzugs, op. cit., 14-18. 84. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 474 (traducción cit., 518-519). 85. R. DESCARTES, Tratado del hombre (Alianza, Madrid, 1990) 35-36. Con respecto a Montaigne, las referencias son muchas. Entre las más notables véase M. DE MONTAIGNE, Diario del viaje a Italia (Debate/C.S.I.C., Madrid, 1994) 43-44, 75-76, 79, 110, 113-114, 186 o 191. ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 ROUSSEAU Y LA GÉNESIS DEL PAISAJE 557 fuentes labradas con primor, generando efectos espectacularmente artifi ciales. En el caso de Montaigne, contemporáneo de los jardines manieristas del Renacimiento tardío, el amor por la artifi cialidad del agua fue mucho mayor, reparando siempre con admiración en las complejidades mecánicas que están al servicio de un uso artifi cioso del agua. Rousseau interpretaría esto, sin duda, como un resultado de la concepción mecánica del mundo: si los cuerpos son máquinas, cualquier deformación es posible. En sí mismos no tienen tendencias ni su materia extensa sufre. Si pensáramos de otra manera, respetaríamos más a la naturaleza. B) Esta pragmática se complementaba con la sintaxis de la forma irregular. Rousseau llevó el rechazo británico de la geometría a su punto fi nal por dos motivos: primero porque así el arte desaparecía en el paisaje; segundo porque expresaba la irreductibilidad del lugar a la norma, pareciendo el resultado libre del desarrollo de la vida local. Una buena metáfora de lo que se debía al sujeto en las sociedades evolucionadas. C) La semántica apoyaba la pragmática mínima y la irregularidad constructiva. El jardín debía asumir un doble nivel de signifi - cado: un sentido local, clave de lo rústico; y una interpretación del entorno como bosque, lo más próximo que se pudiera a lo carente de límites. Es así por cuestiones morales que vamos a tratar a continuación. El cualquier caso, la función del jardín no sería simplemente halagar nuestros sentidos. Con el simple bienestar sensorial, como propuso Bacon, por ejemplo, en su complejo modelo, no bastaba86, pues entonces nos perdemos a nosotros mismos en el dato perceptivo y lo que pretende Rousseau es, más bien, que nos recuperemos a través de la identifi cación con lo que experimentamos. De la confl uencia de esos recursos surgía el efecto moral del jardín. El espectador, sin saberlo, era llevado a interpretaciones del entorno que lo conducían a sí mismo, olvidando la sociedad hu- 86. El jardín propuesto por Bacon era una genial síntesis de datos sensoriales, algo muy coherente en uno de los primeros empiristas radicales: el olor, el color, incluso el sabor resultan fundamentales. Bacon no pretendía desarrollar el jardín como un símbolo antropológico posible, sino más bien como un sofi sticado prontuario perceptivo (BACON, Ensayos cit., 153-155 y 157). JORGE LÓPEZ LLORET 558 ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 mana87, asumiendo, fuera del mundo, una especie de paraíso terrenal recuperado donde las relaciones sociales se ponían en suspenso88. La cultura proporcionaba un lugar en el que olvidar las miserias sociales89, llenando “el corazón del más dulce sentimiento de la naturaleza”90 o, si se quiere, de lo que las cosas podrían ser si no estuvieran deformadas por el arte evidente del ser humano. Al fi nal el sujeto se siente desorientado en cuanto a los límites del jardín, como el primitivo en el bosque. Este jardín valía porque se vivía sin enseñarse, signo que mostraba un “gusto puro” y un “alma sana”91. Esta estética llevaba a la ética del cuidado de sí, posible en un entorno que era un cuadro encantador de “inocencia y honestidad”92, pudiéndose lograr una paz interior que se sobreponía a las pasiones sociales y favorecía la vida virtuosa, que era privada93. En el Eliseo somos como Robinson Crusoe y eso nos permite superar las pasiones y apreciar la virtud de ser uno consigo mismo. La estética de la negligencia rústica, el arte de hacer el arte ausente, la intervención de la naturaleza para que no pareciera intervenida, manipulaban al sujeto para que tampoco lo pareciera. Schiller defi nió la belleza como “libertad en la apariencia”94. El jardín construido por Julia, resultado del juego con el genio del lugar, producía belleza en este sentido porque parecía un resultado libre. Para Rousseau, mientras más fuera un resultado realmente libre mejor, interviniéndose cuando no podía ser de otra manera, lo que nos pone ante el problema de la educación humana porque su complejo estructural es el mismo, a saber, dirigir al pupilo sin que sea evidente. Julia era explícita cuando afi rmaba que el niño debía 87. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 472 (traducción cit., 516). A. PHILONENKO, Jean-Jacques Rousseau… L’espoir et l’existence cit., 173. 88. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 478 (traducción cit., 522). 89. B. BACZKO, op. cit., 101 y 350. 90. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 477 (traducción cit., 521). 91. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 484 (traducción cit., 527). 92. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 487 (traducción cit., 530). 93. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 487 (traducción cit., 531). 94. F. SCHILLER, Kallias. Cartas sobre la educación estética del hombre (Anthropos, Barcelona, 1990) 21. ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 ROUSSEAU Y LA GÉNESIS DEL PAISAJE 559 crecer desde sí mismo, sin imposición de formas predeterminadas, aclarando con una metáfora el programa del Emilio: […] es lo que sale naturalmente del fondo lo que hay que cultivar. Una palabra fea en su boca es una hierba extraña cuya semilla trajo el viento; si la corto con una reprimenda, enseguida volverá a crecer; en lugar de eso, busco en secreto la raíz y me ocupo de arrancarla. No soy más que la sirvienta del jardinero […] escardo el jardín, quito las malas hierbas, pero es el jardín el que debe cultivar las buenas95. Como la especie, que abandonó los bosques y la simplicidad primitiva a causa de accidentes extrínsecos, el niño aprende el mal como algo ajeno que procede de la vida social. Esto aclara el tipo de proceso que tiene lugar en la educación: no impone violentamente formas convencionales sino que permite que las del educando afl oren, eliminando aquellos elementos que podrían deformarla. En el jardín hay apariencia de libertad porque se trabaja con los materiales y tiempos del lugar, cuidando una génesis única que produce belleza. En el caso humano también debería haber libertad en la esencia, es decir, virtud. Para defi nir un modelo antropológico a partir de los paisajes roussonianos habría que partir de la noción de divagación: el primitivo divagaba corporalmente por el bosque ancestral; el humano moderno con la mirada por el paisaje porque su libertad corporal estaba socialmente mermada; fi nalmente, la liberación provisional de la sociedad en el nuevo jardín rústico permite la suspensión de las pasiones sociales y el cuidado de sí según los propios intereses. Este producto cultural recupera la vida del primitivo en un nivel más alto, incorporando la libertad de la divagación emocional a un cuerpo solitario96. La sociedad al fi n nos da un lugar donde podemos ser nosotros. 95. J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 584 (traducción cit., 625). 96. B. BACZKO, op. cit., 161. JORGE LÓPEZ LLORET 560 ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 5. CONCLUSIÓN: LA SÍNTESIS FINAL. EL PAISAJE TOTAL Y LA RECONCILIACIÓN Creemos más interesante interpretar a Rousseau como progresivo y no regresivo. Utilizando la terminología de Schiller, su meta era lograr una nueva ingenuidad usando medios culturales evolucionados, es decir, sentimentales97. Lo podemos ver en el caso del paisaje, pues se complace en lo que podríamos llamar “paisaje total”, síntesis de lugar salvaje y entorno humano. Uno de sus referentes fundamentales fue el campesino, cuya residencia lo alejaba de la mascarada urbana, permitiéndole vivir una vida más ingenua entre las montañas, los ríos, los lagos y los bosques, que se unen visualmente con la tierra cultivada y las ciudades como ámbitos que se potencian, cautivando al sujeto moderno98. Rousseau produjo la elaboración más completa del “paisaje total” en su descripción de la isla de Saint-Pierre. Los elementos naturales y culturales se sintetizan en una unidad superior, lo sufi cientemente valiosa como para desear vivir en ella el resto de sus días. Los ámbitos enumerados y entrelazados pertenecen a varios niveles, oscilando entre los cultivos útiles, los constructos placenteros y lo salvaje. Quizá lo más interesante sea la inserción de la vivienda humana en medio el lugar, tanto la única casa de la isla como las aldeas “pintorescas” del entorno99. Detrás del paisaje total había motivos sociales y políticos que podemos detectar en su Proyecto de constitución para Córcega100 y su Carta a D’Alembert101, donde describe una montaña en Neuchâtel cubierta de casas, cada una con su terreno de cultivo anejo. Cada vivienda era un mundo autónomo, cuyos inquilinos dominaban todas 97. F. SCHILLER, Sobre la gracia y la dignidad. Sobre poesía ingenua y poesía sentimental (Icaria, Barcelona, 1985) 67-157. 98. Véase una descripción de paisaje total en J.-J. ROUSSEAU, Julie cit., 515 (traducción cit., 558). 99. J.-J. ROUSSEAU, Les confessions cit., 637-639 (traducción cit., 857-859). 100. J.-J. ROUSSEAU, Projet de Constitution pour la Corse, en J.-J. ROUSSEAU, Oeuvres complètes, III (Gallimard, París, 1964) 914-915. Traducción castellana en J.-J. ROUSSEAU, Proyecto de Constitución para Córcega. Consideraciones sobre el gobierno de Polonia y su proyecto de reforma (Tecnos, Madrid, 1988) 18-20. 101 J.-J. ROUSSEAU, Carta a D’Alembert (Tecnos, Madrid, 1994) 75-77. ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 ROUSSEAU Y LA GÉNESIS DEL PAISAJE 561 las artes para vivir felizmente sin superfi cialidades, llevando una vida social ideal102. Esta autosufi ciencia era una nueva versión sofi sticada del mundo primitivo, cuando nadie necesitaba a nadie. La radicación del hogar y el huerto en la montaña permitía una socialización desinteresada, siendo posible unir el más completo amor de sí con una socialización respetuosa. Este modelo colectivo daba sentido a sus descripciones del “paisaje total”103. El ideal de vida personal de Rousseau se ubicaba en este paisaje. No añoró los bosques primordiales sino la casa en el huerto, junto al agua, cerca de bosquetes que condujeran la vista a las montañas. Su asilo soñado mostraría la vida propia como testimonio de una socialización basada en el respeto radical al sujeto. En varias obras aparece este proyecto, brevemente realizado y continuamente añorado. Es tópica la descripción de su estancia en las Charmettes104, donde aparecen el jardín, el paraje cultivado, el bosque, el prado y la montaña, la casa en medio de todo ello y la conciencia de la cercanía de la ciudad105. No evitó el espacio antrópico buscando un salvajismo radical, estableciendo una serie de transiciones armónicas entre la ciudad y la montaña que pivotaban sobre la casa, que posibilitaba la ingenuidad como una conquista de la cultura sentimental, es decir, la conciencia libre de sí mismo como el resultado de las mediaciones sociales. La carencia de libertad en la cultura tal y como la sintió tenía dos niveles: físico y simbólico. El autoritarismo coartaba nuestra libertad de movimientos al disponer de nuestro cuerpo; el consumismo nos alienaba en el mundo de los objetos que vinculábamos a nuestra imagen. Propuso una alternativa radical con la visualización de la vida en el bosque, pues era la defensa de la vida ácrata más convincente que se había presentado hasta entonces. No era una vuelta ingenua y retrógrada a la vida natural, sino la más iconoclasta de las alternativas que el pensamiento occidental había producido: 102. Ibidem. 103. J. MILLER, Rousseau, op. cit., 26-32. 104. M. CRANSTON, Jean-Jacques. The Early Life and Work of Jean-Jacques Rousseau, 1712-1754 (Viking, Nueva York, 1987) 118-140. 105. J.-J. ROUSSEAU, Les confessions cit., 224 (traducción cit., 308). JORGE LÓPEZ LLORET 562 ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 la posesión de su cuerpo como el acceso más directo a una libertad del sujeto que sólo se podía conquistar así. Posteriormente otros autores han aceptado el planteamiento de Rousseau. Uno de los casos más notables fue Thoreau, quien en 1845 vivió solo en un bosque al lado de Walden Pond, dando lugar a uno de los libros más leídos en Estados Unidos. Cuatro años después publicó Desobediencia civil, un panfl eto radicalmente individualista106. Los motivos de Thoreau siguieron la línea abierta por Rousseau y su fi nalidad era la misma, como él mismo preguntaba: “¿Sería posible armonizar la fortaleza de esos salvajes con la intelectualidad del hombre civilizado?”107 Con una vida autosufi ciente de mínimos de consumo, la socialización nos potenciaría, no nos coartaría. Esto dio lugar a toda una línea de diseño especialmente fértil en Estados Unidos y Gran Bretaña, la que se conoce como Arts and Crafts, donde los sofi sticados diseñadores de la era victoriana fi nal aspiraban a imitar los logros de los artesanos anónimos tradicionales. Por otra parte, para Rousseau el humano era un ser arrojado al mundo108, aunque en las ciudades se prendía en una malla rígida de mediaciones en la que quedaba preso, a diferencia del bosque, donde se perdía en un ámbito sin topología, en el que ni siquiera surgía el problema de tener que hacerse. La divagación en el paisaje recuperaba esto, pues en el azar de los trayectos se olvidaban las metas que la sociedad imponía. En realidad para él sólo había una meta en la vida, el logro de la conciencia plena de la existencia propia, que necesariamente se tenía que lograr en el presente de cada persona. Como se puede comprobar, en este sentido es un antecedente del existencialismo, especialmente del de Heidegger. Lo que éste denominó el estado de “yecto”, el arrojamiento en el mundo (geworfenheit) o el tener que hacerse porque al “ser ahí”, en cada caso, “le va su ser”, muestra una clara conexión con Rousseau109. El arrojamiento 106. H. D. THOREAU, Desobediencia civil y otros escritos (Tecnos, Madrid, 1987) 29-57. 107. H. D. THOREAU, Walden o la vida en los bosques (Novaro-México, México, 1959) 17. 108. P. BURGELIN, op. cit., 411. 109. M. HEIDEGGER, El ser y el tiempo (FCE, México, 1989) 195-200 (sobre el estado de “yecto”); asimismo 258-263 (sobre el ser al que en cada caso le va su ser). ANUARIO FILOSÓFICO 49/3 (2016) 539-564 ROUSSEAU Y LA GÉNESIS DEL PAISAJE 563 heideggeriano se da en una trama compleja de objetos y útiles a partir de la cual el ser humano tiene que hacerse110. Rousseau plantea dos formas de arrojamiento: en un mundo totalmente pautado que nos determina desde fuera y ya no nos deja hacernos, o al menos nos lo pone muy difícil, y en un mundo sin estructura donde no se plantea el hacernos. La solución está en un punto medio, en la vivencia de la conformación del entorno y sus relaciones como algo que nos deja hacernos. Heidegger lo detectó en su análisis del habitar cuando habló de su cabaña de la Selva Negra en “Construir, Habitar, pensar”111. El habitar defi ne una trama de relaciones que no determina lo que pensamos y somos, sino que favorece su libre desarrollo; es lo que solemos llamar lugar112. Partiendo del lugar la construcción no se impone, se implanta, y con ello posibilita que nos defi namos a nosotros mismos. Algo así lo podría haber fi rmado Rousseau, pues aunque en su época no existían aún los alienantes “no-lugares”113, su indagación fue una búsqueda constante de un lugar desde el que poder ser uno mismo. El ser humano primitivo en el bosque ancestral se ha estudiado como una hipótesis crítica, pero era además una refl exión sobre cómo sería nuestra vida si nos hubiéramos limitado a vivir. Rousseau era consciente de que, como animales perfectibles, no podíamos existir en dicho estado. Proyectamos futuros, acumulamos pasados, defi nimos ideales y normas que alcanzar y legar. Con ello nos escindimos de nuestra existencia inmediata y nos perdemos en las cosas y conceptos. Siempre estamos abandonando y buscando el bosque en los paisajes, los jardines o los rincones del mundo que sentimos nuestros. Detrás de esto está el proyecto de una socialización que permita al sujeto recuperarse. Para nosotros sigue siendo una buena advertencia, pues nuestra vida cotidiana, con la que iniciábamos este artículo, cada vez nos es más ajena, perdida en un mundo de mediaciones cada vez más com- 110. M. HEIDEGGER, op. cit., 117-119. 111. M. HEIDEGGER, Conferencias y artículos (Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994) 141. 112. Sobre el lugar véase M. HEIDEGGER, op. cit., 135-140. 113. Véase M. AUGÉ, Los “no lugares” (Gedisa, Barcelona, 2008).