¿Ganará alguna vez algún número, por ejemplo, el ocho, el Premio Pinocho?
Full text
LIBRO MÁGICO ¿GANARÁ ALGUNA VEZ ALGÚN NÚMERO, POR EJEMPLO, EL OCHO, EL PREMIO PINOCHO? Querido lector: éste es un libro mágico. ¿Qué por qué es mágico? Ahora te lo responderé. Verás: para empezar, está escrito para que pueda ser leído por cualquier persona que tenga entre seis y cien años, aunque imagino que no muchas de las primeras, ni mucho menos de las últimas vayan a hacerlo. ¿Qué este argumento no te parece suficiente? Pues sí, tienes razón, pero espera, que aún no he terminado. Otra de las razones por las que este libro es mágico es que tú mismo puedes leerlo de muchas maneras distintas, de muchísimas maneras, incluso podríamos decir, exagerando un poquito, que de infinitas maneras diferentes, y que en cada una de ellas la conclusión a la que llegues será distinta de las anteriores. Mira, hay unos señores y señoras en este mundo que disfrutan como pocos haciendo su trabajo y que se dedican a jugar con los que van a ser protagonistas de este cuento, que por cierto, aún no te he presentado, como los niños pequeños juegan con sus juguetes. Esas personas, a las que el pueblo llama “sesudos matemáticos” y a las que suele considerar como serias y aburridas, han calculado que si tú dedicases el tiempo de un día a leer tranquilamente este cuento, oye, a ratos, ¡eh!, no te asustes, que no tienes que leerlo del tirón si no quieres, tendrías que emplear exactamente 3.628.800 días de tu vida para poder leerlo de todas las maneras posibles. ¿Sabes cuánto tiempo representa esa cantidad? ¿Mucho, verdad? Pues seguro que ni te lo imaginas. Mira, suponiendo que un año tuviese sólo 360 días para facilitar los cálculos, esa cantidad equivaldría a unos 10.000 años, más o menos, así que fíjate, necesitarías tener unas cien vidas de unos cien años cada una de ellas para poder leer este libro de todas las maneras posibles. ¿A que ya te va pareciendo este libro un poquito más mágico? Me preguntas ahora que cómo han calculado esa cantidad esos matemáticos. Pues mira, empleando unas técnicas muy raras, que ellos llaman Combinatoria, que no te voy a describir aquí porque seguro que cuando te llegue la edad ellos mismos te las enseñarán, si es que no lo han hecho ya, y seguro, seguro además, que a ti también te apasionarán.
¿Que quieres saber también cuáles son todas esas maneras distintas de leer el libro? Pues verás, es muy sencillo. Cuando termine esta presentación, encontrarás diez capítulos más en el libro, numerados consecutivamente desde el cero hasta el nueve, y luego sigue un epílogo, que deberás leer necesariamente al final del todo. Pues bien, esos diez capítulos puedes leerlos en el orden que más te apetezca. Así, por ejemplo, puedes leerlos siguiendo el orden 5-8-0-1-2-3-7-4-6-9, o bien en el orden 2-4-6-8-0-1-3- 5-7-9, o en cualquier otro que se te ocurra. Ya sabes, como más te apetezca. ¿Qué, te va interesando el libro cada vez más? Pues bien, paso a contarte ya una pequeña historia que te introduzca totalmente en el libro y que te haga partícipe directo de su conclusión, puesto que vas a ser tú, amable lector, el que determines a quién le va a corresponder el premio del que se habla en el mismo, aunque, por otra parte, casi seguro que ese premio no va a tener un ganador, ya que la probabilidad de que sí lo tuviese (probabilidad, otro término inventado por esos matemáticos de los que te hablé antes, que no paran), es muy pequeña. Tan pequeña, que ni siquiera te la calculo. La historia es entonces la siguiente: nos encontramos en Numerolandia, curiosísimo país de nuestro Universo habitado únicamente por números. Pues bien, en este país se concede un premio muy apetecido, el Premio PINOCHO al “número más popular del País”. Este Premio, que consiste en un suculento bizcocho relleno de gazpacho, cabracho, pistacho y calimocho, fue instituido hace ya algún tiempo por todos los niños del mundo a los que les crecía la nariz cuando decían alguna mentirijilla, por insignificante que ésta fuese, y se concederá al número del cero al nueve, ambos comprendidos, que hubiese tenido más importancia y trascendencia a lo largo del último medio millar de millones de años. O sea, que ésta iba a ser la primera vez que este premio se iba a dilucidar. Sin embargo, el Jurado, presidido por el genial Gepeto, notable constructor de figuras de números de madera, tuvo muchísimas dificultades en sus primeras deliberaciones, ya que oídos todos los méritos presentados por cada uno de los diez aspirantes al premio, la verdad es que no encontraba razones objetivas para poder decantarse por alguno de ellos y proclamar un vencedor, dado que todos ellos reunían suficientes méritos y por otra parte, no podía decirse que ninguno destacase de forma abrumadora sobre los demás.
Por eso, el ocho, de común acuerdo con los otros nueve dígitos (modernismo que los antes citados matemáticos del Universo, ya sabes, esos señores y señoras que parecen tan serios y aburridos, que enseñan cosas muy raras en sus clases y que los utilizan continuamente a ellos, los números, sin pedirles ni siquiera permiso para hacerlo, estaban tratando de implantar para evitar, según ellos, que apareciese cualquier tipo de confusión al referirse a lo que siempre se habían llamado números, fíjate tú), propuso, y fue aceptado por aclamación, que fueses tú, amable lector, el que tuvieses el privilegio de otorgarle el premio a uno de ellos. Para ello, bastaría con que primero de todo eligieses un orden para leer los capítulos que siguen de este libro, el orden que tú quisieses, y después considerases ganador de ese premio al número del capítulo que tú hayas elegido para leer en primer lugar, siempre que este número coincida con el resto de la división entera entre diez del día del mes en el que hayas empezado a leer este libro (es decir, con el día del mes módulo diez, según de nuevo esos sesudos matemáticos). No creas que esto es muy complicado. Te pongo un ejemplo sencillo para que lo entiendas. Si has elegido el orden de capítulos 8-5-9-6-1-2-3-0-4-7 para leer este libro, entonces el único ganador posible del premio sería el número ocho, y lo conseguiría finalmente siempre que el día del mes en el que hubieses empezado a leer este libro fuese el propio día 8, o el 18 o bien el 28. En otro caso, el premio quedaría desierto. ¿Qué te parece, amigo lector? ¿Te atreves a seguir con la historia y ver si al final, alguno de estos números es el ganador del premio? Como estoy seguro de que sí, ya puedes comenzar a leer los capítulos en el orden que más te apetezca, y no te olvides de leer también al final del último que consideres, el epílogo con el que finaliza este libro mágico. Sólo una última aclaración: no podrás entender bien lo que se quiere decir en los siguientes capítulos cuando se hable del número de la vida hasta que hayas leído el epílogo final de este libro. Nada más, entonces. ¡Ah!, y de parte de los aspirantes al premio, muchísimas gracias por tu colaboración.
CAPÍTULO 0 El número cero también estaba contento. Pensaba, sin ningún género de dudas, que llevaba todas las papeletas para conseguir el ansiado Premio PINOCHO al “número más popular del Universo”. De hecho, ya se estaba relamiendo, pensando en el suculento bizcocho relleno de gazpacho, cabracho, pistacho y calimocho que se iba a tomar a la salud de aquellos niños tan raros, a los que les estaba creciendo continuamente la nariz. Efectivamente, el cero estaba totalmente seguro de ganar ese premio. No en vano, decía, yo represento por una parte, la nada, la inexistencia, pero, por otra, también represento la eternidad. De ahí mi figura: un círculo vacío, pero continuo. Mi propio origen es incluso misterioso: yo fui descubierto en La India, recuerda el cero, donde se me usaba para denotar un lugar vacío y luego llegué a Europa a través de los árabes. Ni siquiera los babilonios, una de las primeras civilizaciones en utilizar los sistemas de numeración, me conocían. Según su notación y forma de escribir los números, ellos eran incapaces de distinguir entre los números actuales 23, 203 ó 2003, aunque esta ambigüedad parecía no preocuparles. Fíjate si soy importante, continuaba dándose bombo el cero, que una de las expresiones más repetidas por todos los niños del mundo actual me tiene a mí como protagonista: “multiplícate por cero”. Pues bien, por todas estas razones, el cero estaba seguro de ganar ese premio y ser brillantemente proclamado “el número más popular del Universo”, aunque, para ser sinceros, el cero, al que se le había permitido acceder a la lectura de este Libro Mágico, reconocía que los otros números también tenían sus propios méritos, y que éstos eran tanto o más convincentes que los suyos, para lograr ese premio. Por eso, el cero aceptó el acuerdo común tomado junto con los otros nueve dígitos y se encuentra actualmente a la espera, con ilusión, de que seas tú, amable lector, el que proclame finalmente al ganador. ¿Qué te parece, amigo lector? ¿Habrá tenido suerte el cero en esta ocasión?
CAPÍTULO 1 El número uno también estaba contento. Pensaba, sin ningún género de dudas, que llevaba todas las papeletas para conseguir el ansiado Premio PINOCHO al “número más popular del Universo”. No en vano, los méritos que presentaba eran únicos, a saber: Yo soy el símbolo de la unidad y represento, por tanto, la individualidad. Ser el número uno es ser el mejor: en todos los concursos, pruebas o campeonatos; el que resulta ser número uno es el campeón. Dios es uno. ¡Qué más se puede decir! Yo soy el número de la invención. Las personas que me tienen como número de la vida suelen ser muy idealistas. Si yo no existiera, seguía autoconvenciéndose el uno, no existirían las Matematicas, en las que siempre se me concede una importancia especial. Por ejemplo, aunque en teoría a mí se me considera un número primo (ya que mis únicos divisores son uno y él mismo, que también es uno), se toma por convenio que no lo soy, ya que si lo fuera, entonces los números naturales, que por cierto encabezo, no tendrían una factorización única (salvo orden), sino que tendrían infinitas (por ejemplo, 6 = 2·3 = 1·2·3 = 1·1·2·3 = 1·1·1·1·2·3 = ...) y entonces las definiciones de muchas propiedades matemáticas se verían afectadas, como por ejemplo la de los números perfectos (números enteros que coinciden con la suma de todos sus divisores menores que él, como por ejemplo el 6 y el 28. Nótese que 28 = 1 + 2 + 4 + 7 + 14). Pues bien, por todas estas razones, el uno estaba seguro de ganar ese premio y ser brillantemente proclamado “el número más popular del Universo”, aunque, para ser sinceros, el uno, al que se le había permitido acceder a la lectura de este Libro Mágico, reconocía que los otros números también tenían sus propios méritos, y que éstos eran tanto o más convincentes que los suyos, para lograr ese premio. Por eso, el uno aceptó el acuerdo común tomado junto con los otros nueve dígitos y se encuentra actualmente a la espera, con ilusión, de que seas tú, amable lector, el que proclame finalmente al ganador. ¿Qué te parece, amigo lector? ¿Habrá tenido suerte el uno en esta ocasión?
CAPÍTULO 2 El número dos también estaba contento. Pensaba, sin ningún género de dudas, que llevaba todas las papeletas para conseguir el ansiado Premio PINOCHO al “número más popular del Universo”. De hecho, ya estaba disfrutando, pensando en el suculento bizcocho relleno de gazpacho, cabracho, pistacho y calimocho que se iba a tomar a la salud de aquellos niños tan raros, a los que les estaba creciendo continuamente la nariz. Sí, efectivamente, el dos estaba totalmente seguro de ganar ese premio. No en vano, los méritos que presentaba eran espectaculares, a saber: Yo, el dos, decía, soy el número de la emoción, del deseo y de la imaginación. Por una parte, estoy relacionado con la producción y el aire, como elementos de la Naturaleza, con la cabeza, como parte del organismo, y con el pensamiento. Los varones que me tienen como número de la vida suelen ser artistas en el amplio sentido de la palabra, mientras que las hembras suelen ser generalmente personas muy volubles y cambiantes. En realidad, yo represento la lucha permanente entre el Bien y el Mal, es decir, represento el principio de la dualidad y por tanto, la oposición de los contrarios: virtud y pecado, luz y oscuridad, el día y la noche, el varón y la hembra, el calor y el frío, el blanco y el negro, la verdad y la mentira, dos fueron los hijos de Adán y Eva, … Pues bien, por todas estas razones, el dos estaba seguro de ganar ese premio y ser brillantemente proclamado “el número más popular del Universo”, aunque, para ser sinceros, el dos, al que se le había permitido acceder a la lectura de este Libro Mágico, reconocía que los otros números también tenían sus propios méritos, y que éstos eran tanto o más convincentes que los suyos, para lograr ese premio. Por eso, el dos aceptó el acuerdo común tomado junto con los otros nueve dígitos y se encuentra actualmente a la espera, con ilusión, de que seas tú, amable lector, el que proclame finalmente al ganador. ¿Qué te parece, amigo lector? ¿Habrá tenido suerte el dos en esta ocasión?
CAPÍTULO 3 El número tres también estaba contento. Pensaba, sin ningún género de dudas, que llevaba todas las papeletas para conseguir el ansiado Premio PINOCHO al “número más popular del Universo”. De hecho, ya se estaba relamiendo, pensando en el suculento bizcocho relleno de gazpacho, cabracho, pistacho y calimocho que se iba a tomar de merienda, a la salud de aquellos niños tan raros, a los que les estaba creciendo continuamente la nariz. Sí, efectivamente, el tres estaba totalmente seguro de ganar ese premio. No en vano, los méritos que presentaba eran apabullantes, a saber: Yo, el tres, decía, soy el número de la felicidad y de la desenvoltura. Estoy relacionado con el sol y el aire, con la cabeza y con el pensamiento. Los varones que me tienen como número de la vida son liberales, gustosos del arte, de las ciencias y de la música, mientras que las hembras son generalmente personas muy felices en su vida. Por otra parte, soy muy importante, continuaba razonando el tres. Tres son los lados del triángulo, tres las Personas de la Santísima Trinidad, tres los cerditos del famoso cuento de Disney, tres los mosqueteros amigos de D’Artagnan, y desde el punto de vista matemático, también soy muy famoso: soy el primer número primo impar, el primer número primo de Fermat, el segundo número triangular (número que puede recomponerse en la forma de un triángulo equilátero, siendo el 1, por convenio, el primero de ellos), el cuarto término de la sucesión de Fibonacci, … Pues bien, por todas estas razones, el tres estaba seguro de ganar ese premio y ser brillantemente proclamado “el número más popular del Universo”, aunque, para ser sinceros, el tres, al que se le había permitido acceder a la lectura de este Libro Mágico, reconocía que los otros números también tenían sus propios méritos, y que éstos eran tanto o más convincentes que los suyos, para lograr ese premio. Por eso, el tres aceptó el acuerdo tomado junto con los otros nueve dígitos y está actualmente a la espera, con ilusión, de que seas tú, amable lector, el que proclame finalmente al ganador. ¿Qué te parece, amigo lector? ¿Habrá tenido suerte el tres en esta ocasión?
CAPÍTULO 4 El número cuatro también estaba contento. Pensaba, sin ningún género de dudas, que llevaba todas las papeletas para conseguir el ansiado Premio PINOCHO al “número más popular del Universo”. De hecho, ya estaba saltando de gusto, pensando en el suculento bizcocho relleno de gazpacho, cabracho, pistacho y calimocho que se iba a tomar de postre, a la salud de aquellos niños tan raros, a los que les estaba creciendo continuamente la nariz. Sí, efectivamente, el cuatro estaba totalmente seguro de ganar ese premio. No en vano, los méritos que presentaba eran impresionantes, a saber: Yo soy el número de la actividad humana, decía. Estoy relacionado con el suelo y la tierra, como elementos de la Naturaleza, con el estómago, como parte del organismo, y cómo no, con la actividad humana. Los varones que me tienen como número de la vida son conservadores y cautelosos, algunos con tendencia al inmovilismo, aunque al contrario, las hembras suelen ser dominantes y progresistas. Además, no en vano, cuatro son los Evangelios, cuatro los Jinetes del Apocalipsis, cuatro las estaciones, cuatro los puntos cardinales, cuatro los lados de un cuadrado, cuatro son los elementos característicos de nuestro planeta: Tierra, Agua, Fuego y Aire, cuatro los palos de una baraja, cuatro … Pues bien, por todas estas razones, el cuatro estaba seguro de ganar ese premio y ser brillantemente proclamado “el número más popular del Universo”, aunque, para ser sinceros, el cuatro, al que se le había permitido acceder a la lectura de este Libro Mágico, reconocía que los otros números también tenían sus propios méritos, y que éstos eran tanto o más convincentes que los suyos, para lograr ese premio. Por eso, el cuatro aceptó el acuerdo común tomado junto con los otros nueve dígitos y se encuentra actualmente a la espera, con ilusión, de que seas tú, amable lector, el que proclame finalmente al ganador. ¿Qué te parece, amigo lector? ¿Habrá tenido suerte el cuatro en esta ocasión?
CAPÍTULO 5 El número cinco también estaba contento. Pensaba, sin ningún género de dudas, que llevaba todas las papeletas para conseguir el ansiado Premio PINOCHO al “número más popular del Universo”. De hecho, ya se estaba relamiendo, pensando en el suculento bizcocho relleno de gazpacho, cabracho, pistacho y calimocho que se iba a tomar de merienda, a la salud de aquellos niños tan raros, a los que les estaba creciendo continuamente la nariz. Sí, efectivamente, el cinco estaba totalmente seguro de ganar ese premio. No en vano, los méritos que presentaba eran impactantes, a saber: Yo, el cinco, decía, soy el número de la organización. Estoy relacionado con la producción y la tierra, como elementos de la Naturaleza, con el corazón, como parte del organismo, y con la actividad humana. Los varones que me tienen como número de la vida tienen tendencia a ser líderes en sus respectivos trabajos, mientras que las hembras son generalmente muy susceptibles, aunque deseosas de ayudar a los demás. Además, no en vano, cinco son nuestros sentidos, cinco es el número de los dedos de las manos y de los pies, cinco son los lados del pentágono (el pentágono regular tiene algunas propiedades matemáticas muy curiosas, ya conocidas por los antiguos griegos: por ejemplo, la razón entre la longitud de su diagonal y la longitud de su lado es el denominado “número de oro”), cinco son los números impares de una cifra, …. Pues bien, por todas estas razones, el cinco estaba seguro de ganar ese premio y ser brillantemente proclamado “el número más popular del Universo”, aunque, para ser sinceros, el cinco, al que se le había permitido acceder a la lectura de este Libro Mágico, reconocía que los otros números también tenían sus propios méritos, y que éstos eran tanto o más convincentes que los suyos, para lograr ese premio. Por eso, el cinco aceptó el acuerdo común tomado junto con los otros nueve dígitos y se encuentra actualmente a la espera, con ilusión, de que seas tú, amable lector, el que proclame finalmente al ganador. ¿Qué te parece, amigo lector? ¿Habrá tenido suerte el cinco en esta ocasión?