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¿Es Chile un país sustentable?

Maturana, Humberto

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339 ¿ES CHILE UN pAÍS SUSTENTABLE? Humberto Maturana Mi respuesta es que sí. Definitivamente no tengo ninguna duda de que todo mi país es sustentable, depende de lo que hagamos. Depende de lo que entendamos por sustentabilidad. Para saber si somos un país sustentable o no, es que, el curso de la historia no es el curso de los recursos naturales. La historia no ha seguido jamás el curso de los recursos naturales, sobre las posibilidades o las oportunidades. La historia sigue el curso de los deseos, de lo que se quiere. Porque lo que se desea define lo que se hace, a través de definir lo que se quiere conservar. Los adultos creemos hacer la historia, pero en realidad los adultos hacemos el presente, los niños hacen la historia. Los niños no son nuestro futuro, son su propio futuro. Nosotros no tenemos más que el presente. La “Edad Legislada” comienza con el patriarcado. Hará unos diez mil años atrás y se extiende hasta el presente. Está centrada en la desconfianza, en el control, en la competencia, la protección, la discriminación, en la guerra y en la agresión; en fin, eso es lo que vivimos todavía. Yo pienso que la tecnología no cambia la historia, son las emociones las que cambian la historia. Podemos hacer toda clase de cambios tecnológicos, pero mientras no cambie nuestra emocionalidad, nuestra cultura no va a cambiar. Vamos a seguir siendo iguales, cambiando las cosas que hacemos pero de la misma manera, con las mismas sensaciones, los mismos propósitos, los mismos deseos, exactamente lo mismo. Mi madre, por circunstancias de la vida, se crío como una niña quechua durante un par de años o más. Fue una niña exquisita, de ojos azules, melena oscura, boliviana; pero debido a una serie de sucesos su padre fue asesinado y ella fue rescatada por una nana india que tenía quien se la llevó y después de dos años la encontraron y volvió a Chile. Yo le pregunté hace poco “Mamá, ¿qué es lo que, retrospectivamente, aprendiste siendo una niña india? Y me dijo: “a compartir y a colaborar”. [340]_Cultura Verde. Ecología, Cultura y Comunicación. 340 Esa es la primera etapa del compartir y el colaborar. Se colabora solamente si se respeta al otro y se vive con el otro en su dignidad y se comparte con el otro en esas circunstancias. Pero para compartir y colaborar se requiere de una emoción fundamental: la confianza, confianza en la coherencia del mundo natural al cual se pertenece. Esa confianza se rompe con el origen del patriarcado, se acaba la confianza en el mundo natural, aparece el control, con el control aparece la apropiación, la discriminación, etc., todo lo que tenemos ahora. Y lo que nos está pasando ahora, es que de alguna manera estamos teniendo un cambio de conciencia. O por lo menos se abre la posibilidad de un cambio de conciencia, que aparece en la expresión “sustentable”, con relación a la mirada ambiental. Porque lo que muestra la mirada ambiental, es que pertenecemos a un mundo cíclico, dinámico, sistémico, no lineal, en el cual todos los procesos son cíclicos. Esta nueva preocupación actual hacia lo ambiental nos muestra el carácter cíclico del mundo natural, nos muestra que somos lo que los mapuches, los pehuenches nos indican: somos con la tierra, porque somos de la tierra. Vivimos todavía en la cultura patriarcal, centrada en la desconfianza, en el control, en la agresión, en la guerra, en al discriminación, en la apropiación y la deshonestidad, y si miramos bien, y no tengo para que decirlo, la vivimos validando o enfatizando las decepciones. Lo que primero nos preocupa es la imagen, qué imagen estamos mostrando, y cada vez que nos preocupa la imagen, en el fondo, nos está preocupando lo que no es. Creo que podemos salir de la “Edad Legislada” a la otra, que llamo “Edad de la honestidad y la colaboración”, con un acto intencional. Tenemos que escoger con honestidad mirar en todas las dimensiones del vivir. Un acto deseado de modo que nuestros hijos y nosotros podamos vivir la honestidad de tal manera que la honestidad sea un fenómeno natural en el fondo. De tal forma que nuestros hijos puedan hacer su futuro desde haber vivido un espacio de respeto y de honestidad, en el cual, desde allí, todos los conocimientos, toda la psicología, todo lo que sabemos pasa a ser un instrumento; en este caso una preocupación por un Chile Sustentable. Un acto de esta naturaleza requiere valor, como decía Manfred Lof, una audacia enorme. ¿Por qué una audacia enorme? Porque en el fondo requiere hacerse responsable de sí mismo, del mundo que uno trae en la mano. Ahora, yo pienso que eso no es tan difícil. Basta conque yo lo quiera, es decir, basta con que en el fondo uno sienta que eso es lo que se quiere. Estamos dañando tanto la atmósfera, las aguas, la tierra, las relaciones interpersonales, todo lo que queremos. A lo mejor, estamos en el borde del cambio de conciencia que nos permite decir: Bueno, seamos honestos, en el sentido de ser nosotros mismos y hacer lo que queremos con respecto al país, y dejar de pretender una cosa que no es, no mentir. Un acto de honestidad, es querer un Chile Sustentable. Actuemos para lograrlo; vamos a cometer errores, pero como son errores los podemos corregir. Pero si no aceptamos corregir los errores, no vamos a ceder nunca. Y para corregir los errores debemos aceptar que los podemos cometer y para poder aceptar que podemos cometer errores tenemos que ser honestos. ¿ES CHILE UN pAÍS SUSTENTABLE? _Humberto Maturana_[341] 341 De modo que pienso que estamos en el umbral de esta Era, que yo llamo “Era de la honestidad y la colaboración” y que es parte de nosotros, y que Chile Sustentable está en este borde: ¿es lo que queremos? No sé si hay razones, no busquemos “razones” para hacerlo, son deseos lo que queremos. Y los deseos definen los fundamentos para la racionalidad que nos va a permitir realizar las cosas que implican hacer un Chile Sustentable. LOS EMPRESARIOS CHILENOS: ¿SON EMPRENDEDORES? ¡Si son empresarios sin duda son emprendedores!. Mucho se habla últimamente de capacidad emprendedora como algo muy especial. Yo no pienso así. Todo niño nace emprendedor para ser co-partícipante en la continua creación con otros del mundo que vivirá. La vida que viva desde ese momento en adelante será lo que le guiará sus deseos como miembro de una comunidad, y lo que lo llevará por el camino del respeto por sí mismo y el respeto por los demás que le permitirá ser un ser autónomo en su creatividad con conciencia de pertenencia a la comunidad humana y la biosfera que lo hace posible, o no. Qué queremos de nuestro vivir y convivir en la comunidad que nos sostiene y hace posibles, es lo que en último término decidirá si somos o no emprendedores que serán recordados con respeto y admiración en el país. ¡Amémonos amando nuestro mundo!. pRÓLOgO A MANUAL DE EDUCACIÓN ECOLÓgICA Pertenecemos a una historia cultural que nos separa cada vez más del mundo natural. En la ciudad crecemos sin conocer los nombres de las plantas autóctonas o de los animales silvestres que aún pueden verse en nuestro entorno, a menos que los estudiemos especialmente. Ya no aprendemos como algo natural lo natural de nuestra pertenencia a la biosfera e interdependencia vital con todos los otros seres vivos que la constituyen y con los componentes no vivos de la corteza terrestre. Ya casi no nos reconocemos en nuestro entorno pues éste, en su extrema artificialidad, nos niega y oculta lo que es nuestro fundamento animal y vegetal. Aun así, los niños se conmueven al ver un animal pequeño o se maravillan al encontrar una flor. Aún los niños pueden sentirse amigos de los insectos si los adultos no los enajenamos de su ser animal con nuestros prejuicios, miedos e ignorancia. Aún somos animales amorosos cuando niños y podemos serlo toda la vida si cultivamos nuestra conciencia de seres inmersos en la biosfera como en el reino de Dios. Para nuestros ancestros, cuando aún el vivir era alegre porque el mundo natural les entregaba todo lo que requerían para vivir, y a la vez les mostraba y enseñaba con amorosidad maternal qué debían hacer para obtenerlo, vida y muerte eran aspectos armónicos de una misma dinámica sagrada. Para nuestros ancestros, cuando aún el vivir era alegre, todos los aspectos del vivir en los que los seres vivos coexistimos alimentándonos unos de los otros en un entrelazamiento multidimensional de nutrición y apoyo recíproco, la existencia ocurría en un plano abstracto, espiritual, en lo que ahora quisiéramos evocar con una expresión que en general no sabemos como oír: reino de Dios. Para nuestros ancestros, cuando aún el vivir era alegre porque se vivía en el “reino de Dios”, el mundo que vivían, o lo que nosotros llamamos ahora la biosfera, o aún el cosmos, era como una red de procesos cíclicos entrelazados que [342]_Cultura Verde. Ecología, Cultura y Comunicación. 342 en su diversidad se repetían en distintos planos interdependientes, de modo que se parecía a sí mismo por doquier, y el que sabía mirarlo podía comprenderlo. El que el mundo, la biosfera, o el “reino de Dios”, es así, es aparente en la efectividad del pensar animal inconsciente que en su carácter sistémico espontáneo opera fuera del lenguaje haciendo distinciones de configuraciones analógicas y sistémicas que hacen que su conducta sea adecuada a las circunstancias de su vivir. Este pensar analógico sistémico espontáneo, que sin duda era también al comienzo el pensar humano en el inicio de su ser en el lenguaje, permitió a nuestros ancestros generar un mundo en el lenguajear congruente con el vivir en la biosfera aún sin tener, como nosotros ahora, conciencia de ella. Más aún, les permitió asimismo conservar por mucho tiempo esa congruencia con un mundo cotidiano que surgía en el lenguajear ampliándose continuamente en dimensiones ajenas y extrañas para su operar animal prehumano. Nuestros ancestros, como los animales en general, vivían en un doble pensar. Vivían por una parte en un pensar analógico sistémico que era efectivo en el vivir porque captaba las coherencias propias de la red de procesos interconectados de la biosfera a través de ver semejanzas generales que daban sentido amplio, “cósmico”, a las acciones locales. Tal pensar lo podemos reconocer aún en creencias y mitos cosmogónicos, o en expresiones de sabiduría primitiva que se conservan en tradiciones inmemoriales, y que condensan un sentido sistémico del vivir. Por otra parte, nuestros ancestros, como los animales en general, vivían también simultáneamente en un pensar lineal local que captaba las coherencias del entorno inmediato y las trataba como relaciones causales. Este modo de pensar es el que hace posible en nosotros todo hacer técnico y su efectividad intencional local. En el ámbito de animales que no existen en el lenguajear, estos dos modos de pensar coordinados constituyen el fundamento de su operar inconsciente coherente con la dinámica sistémica del mundo en que viven. En nosotros, animales que existimos en el lenguaje, estos dos modos de pensar y, en último término, estos dos modos de razonar, coordinados constituyen el fundamento de la comprensión sistémica consciente de la biosfera y el cosmos. El pensar y razonar lineal causal es de efectividad local al operar con coherencias propias del entorno donde tiene lugar la acción, y por ello de efectividad en el diseño, pero es ciego a la diná mica sistémica en que está inserta la acción local. Por esto la comprensión del cómo el vivir local participa en el entorno sistémico a que pertenece como parte de la dinámica de la biosfera y el cosmos, requiere del pensar y del razonar analógico sistémico. La armonización cotidiana original de este doble pensar y razonar en el ámbito humano, se vio alterada, y eventualmente desvirtuada, por la extrema expansión del pensar lineal causal local en el intento de controlar el mundo natural desde el diseño de un vivir cultural centrado en la desconfianza al perderse la visión de las coherencias naturales “del reino de Dios”. El resultado ha sido una ceguera ecológica que nos ha llevado al daño ambiental progresivo al intentar resolver todos los problemas del vivir humano desde la tecnología local, y no desde su comprensión sistémica. El resultado ha sido que hemos perdido el paraíso al salir del “reino de Dios” en la continua negación de la dinámica sistémica de la biosfera, para hacer de nuestro mundo un gigantesco conglomerado de cosas inconexas. Ahora vivimos un momento de daño ambiental extremo en la enajenación del pensar lineal causal local en plena ceguera sistémica. Aunque podemos diseñar lo que queramos en la localidad de nuestro hacer con este modo de pensar, no podemos ¿ES CHILE UN pAÍS SUSTENTABLE? _Humberto Maturana_[343] 343 diseñar para nosotros el bienestar ecológico y social porque ese bienestar surge sólo si se vive dentro de las coherencias sistémicas de la biosfera, y hemos perdido la sensibilidad sistémica que hace posible ese vivir como un aspecto espontáneo de nuestro ser cotidiano. Los seres humanos modernos en nuestra enajenación tecnológica creamos continuamente máquinas y sistemas abiertos al infinito, y lanzados a transformarlo todo en sus productos a menos que los detengamos. Pero, ¿cómo detenerlos si no tenemos la sensibilidad sistémica que nos permita darnos cuenta de que estamos destruyendo el mundo que nos hace posibles? Si no tenemos sensibilidad sistémica no nos damos cuenta de que somos parte integral y dependiente de las coherencias sistémicas de la biosfera. Sin sensibilidad sistémica no nos damos cuenta de que la armonía ecológica y social no se diseña sino que surge del actuar consciente o inconsciente dentro de las coherencias sistémicas de una biosfera que nos hace posibles si actuamos en coherencia con ella. En fin, sin sensibilidad sistémica no detendremos jamás las maquinarias destruc tivas del mundo que nos hace posibles, aunque seamos nosotros mismos quienes las han generado, simplemente porque no tendremos visión ni entendimiento para hacerlo. Este manual es parte del intento de reeducarnos y de reeducar a nuestros niños y niñas a fin de recuperar la sensibilidad sistémica y el conocimiento del “reino de Dios” perdidos, de modo que tanto la sensibilidad sistémica como la conciencia de ser parte integral de la biosfera y el cosmos, sean nuevamente para ellos y para nosotros aspectos intrínsecos y espontáneos del vivir cotidiano. Para que esto pase, hay que aprender a ver que la integración ecológica no es algo alejado y difícil de reconocer, sino que es aparente en cada lugar y en cada instante del vivir, ya sea en la casa, en la calle, en el colegio, en el campo, en las montañas o en el mar, si uno sabe mirar. Y aprender a ver la integración ecológica no es difícil si se tiene la compañía de quien sabe distinguir las situaciones análogas de los parecidos, y las relaciones sistémicas de las coincidencias, y esa persona guía nuestro mirar llevándonos a ver como él o ella ve. El sistema nervioso opera detectando configuraciones de relaciones senso-efectoras en el organismo en la medida que éste se mueve en su espacio de relaciones e interacciones en el fluir de su vivir. Por esto el ver se aprende en el hacer y en la repetición del hacer porque el sistema nervioso detecta configuraciones en el espacio relacional del organismo aun cuando no se pueda describir del todo lo que hay que ver si se puede apuntar con la acción. La práctica del mirar y del reflexionar constituyen el ver y el entender que construyen el hacer adecuado a los propósitos que se tiene. Así, el niño o niña aprende a pensar, razonar, ver, oír, tocar, oler, hacer y distinguir, conviviendo con el maestro o la maestra al seguirlo o seguirla en su ver, oír, tocar, oler, hacer, distinguir, pensar y razonar; aprende el espacio síquico del maestro o maestra, y si éste vive desde la conciencia ecológica y social, aprende el espacio síquico de la conciencia ecológica y social. Esto es, el sistema nervioso del niño o la niña, se transforma según el curso del vivir y se hace capaz de generar como adulto las mismas configuraciones de distinciones, las mismas clases de sentir, pensar, razonar, el mismo espacio síquico que vivió en los primeros años de su vida. Pero esto pasa no sólo con el niño o la niña. A cualquier edad, si se convive en un vivir cotidiano que implica un pensar y un hacer espontáneos, consciente e inconsciente, que integra y armoniza el pensar lineal causal local con el pensar analógico sistémico, se aprende a vivir así de manera también natural y espontánea, y se sale de la ceguera ecológica y de la enajenación en lo tecnológico que nos obnubila y destruye. La diferencia está en que el niño o niña no está limitado por prejuicios, y en su [344]_Cultura Verde. Ecología, Cultura y Comunicación. 344 honestidad fundamental confía en los adultos con quienes convive y aprende todas las dimensiones conscientes e inconscientes de su vivir. Si queremos un hacer cotidiano con conciencia ecológica y social así como con efectividad local, debemos aprender a integrar el pensar y razonar lineal causal local y el pensar y razonar analógico sistémico en todos los aspectos de nuestro vivir. Sin duda todos hacemos este doble pensar en alguna medida, pero desdeñamos uno, el analógico sistémico, en favor del otro, el lineal causal local. Cuando decimos que dos cosas son iguales, por ejemplo, usamos el pensar analógico sin darnos cuenta de que lo hacemos; cuando destacamos relaciones dinámicas que conectan procesos disjuntos, distinguimos relaciones sistémicas la mayoría de las veces sin saberlo, y creemos que hacemos una relación lógica causal; cuando vemos concatenaciones de procesos en relaciones inmediatas, vemos relaciones causales lineales, muchas veces sin ver las implicaciones sistémicas que tienen. Tal vez uno de los mejores ejemplos del pensar sistémico cotidiano que practicamos pero muchas veces no vemos, es el de la persona que prepara una comida y atiende todo el tiempo en su hacer a muchos procesos que deben ir entrelazados como un todo armónico a pesar de transcurrir con dinámicas temporales diferentes. La dificultad surge cuando fundamos nuestras acciones sólo en argumentos lineales basados en relaciones causales locales porque no hemos aprendido a considerar muchas dimensiones y procesos entrelazados de manera simultánea como debe hacer la persona que cocina. Cuando así pasa, aparece una ceguera sistémica que no podemos evitar porque no aprendimos a mirar así como un aspecto natural y espontáneo de nuestro convivir. No lo vivimos, no lo sabemos, no lo sabemos y somos ciegos a nuestro no saber. La biosfera como el conjunto de los seres vivos terrestres, existe como una red de procesos cíclicos de dinámicas interdepen dientes, y ocurre en el vivir, el morir, y el continuo cambio del modo de vivir, de los seres vivos que la componen, en un presente histórico que fluye en la conservación reproductiva del vivir y de la adaptación recíproca de esos seres vivos en todas sus distintas dimensiones de convivencia. Como tal la biosfera existe como un ente armónico en el que se conserva el vivir a través del cambio de las formas de vivir en una dinámica de transformación histórica continua. En la historia de nuestra biosfera desde el origen de los seres vivos en la tierra hace al menos unos 3.500 a 4.000 millones de años atrás, han surgido y han desaparecido por cambios ecológicos resultantes de los procesos de la biosfera misma y dinámicas independientes de la corteza terrestre, incontables clases de seres vivos. Al mismo tiempo, esas mismas dinámicas y procesos, han hecho posibles las distintas historias de cambios en las formas de vivir que han resultado entre otros seres vivos en nosotros los seres humanos. De modo que podríamos decir que para el devenir de la biosfera los cambios ecológicos son del todo irrelevantes pues ella existe en el fluir del cambio en la conservación del vivir y la coadaptación entre seres vivos. Es a nosotros, los seres humanos, para quienes la conservación de las coherencias ecológicas que hacen posible el vivir humano son esenciales, a quienes puede importar el curso que sigue el cambio sistémico de la biosfera. Es sólo a nosotros, los seres humanos, a quienes puede importarles lo que pasa con el devenir de la biosfera, pero para que nos importe, o al menos para que podamos actuar deteniendo o no las maquinarias destructivas que hemos generado con conciencia y responsabilidad por lo que hacemos, debemos recuperar la sensibilidad sistémica. ¿ES CHILE UN pAÍS SUSTENTABLE? _Humberto Maturana_[345] 345 El maestro y la maestra no son reemplazables nunca, menos por un manual, si se sabe muy poco, pero si se tienen los elementos básicos del mirar y el pensar ecológico, un manual como éste es una gran ayuda. Lo que necesitan los niños y niñas, son maestros y maestras con quienes convivir, y que éstos los inviten a la continua ampliación e integración del pensar lineal causal local con el pensar analógico sistémico, en la búsqueda de la comprensión que lleva a un vivir y convivir consciente y responsable tanto en lo ecológico como en lo social. Este manual ayudará a tales maestros y maestras, y, por lo tanto, a nuestros niños y niñas así como a nosotros mismos en tanto queramos ser conscientes y responsables de nuestro actuar en la biosfera. CURRICULUM VITAE Humberto Maturana regresó en 1947 del Liceo Manuel de Salas, para luego ingresar a la carrera de Medicina en la Universidad de Chile. En 1954 se trasladó al University College London para estudiar anatomía y neurofisiología, gracias a una beca de la Fundación Rockefeller. En 1958 recibió el doctorado en Biología de la Universidad de Harvard. Entre sus obras destacan El árbol del conocimiento (1984), La Realidad ¿Objetiva o Construida? (1996), Objetividad: un argumento para obligar (1997) y Transformación en la Convivencia (1999).