Corporalidad y poder en la Scienza Nuova de 1744
Abstract
Este trabajo se propone analizar las formas de pensar la relación entre las instituciones sociales y la corporalidad en la última edición del libro central de G. B. Vico, teniendo como eje vertebrador del artículo el tema viquiano de la gigantología.
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65©Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) Sevilla (España). ISSN 1130-7498 © Gabriel Livov CORPORALIDAD Y PODER EN LA SCIENZA NUOVA DE 1744 Gabriel Livov “Mi mejor amigo, mi cuerpo, es mi mayor enemigo; me liga y me retiene, por buena que sea su voluntad. Yo lo odio y lo amo a la vez: y cuando llegue el adiós, entonces me alejaré de él con pena y alegría” (Angelus Silesius, Peregrino querubínico) Este trabajo se propone analizar las formas de pensar la relación entre las instituciones sociales y la corporalidad en la última edición del libro central de G. B. Vico, teniendo como eje vertebrador del artículo el tema viquiano de la gigantología. This paper proposes to analyze the ways of thinking about the relationship between social institutions and corporality in the last edition of the pivotal book by G. B. Vico. The article’s basis is in Vico’s theme of giantology. i) INTRODUCCIÓN Más allá de la disciplina discreta que pesaba sobre los sómata de la ciudad antigua, que auspiciaba el gobierno de instintos, pasiones y deseos a través del cuidado autónomo del sí mismo1, y lejos también de la concepción sobrenatural de la carne medieval como lugar de elección del ángel del mal, poseído por potencias demoníacas prestas a ser exorcizadas2, la modernidad instaura una nueva relación entre la corporalidad y el poder. Ya no se busca meramente apuntalar el dominio de sí, ni se proyecta una posesión omnímoda de la corporalidad, ni tampoco se sanciona una condena de lo corporal como pecaminoso. Conjurada el aura de misterio que envolvía a las siluetas medievales, cuerpo y política devienen soportes mutuos. Los procesos históricos que tejen la trama de lo moderno no se colocan respecto a la corporalidad en una relación de exterioridad, como una mancha que hay que purificar o como un objeto poseído que hay que exorcizar, sino que desde un principio suponen al cuerpo como superficie de inscripción3. La corporalidad emerge como objeto de configuración y amoldamiento, y en tal sentido se conceptualiza como sustancia lábil, de una plasticidad altamente manipulable, una vez conjurada el aura de secreto que envolvía las siluetas medievales. *Agradezco los comentarios de Alberto Damiani. Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 65
Si en la Baja Edad Media y el Renacimiento la corporalidad excedía y se contagiaba con el entorno circundante, por lo cual resultaba que los fenómenos naturales eran incluidos en la serie del cuerpo, la modernidad naciente impone un nuevo canon de lo corporal, consecuencia de un proceso general de individualización y laicización: por medio de la medicina, la pedagogía y la economía se transforma la corporalidad en asunto de Estado; a través de la consolidación de la forma-familia aparece un cuerpo al que hay que cuidar, proteger, cultivar y preservar de peligros y contactos; a raíz de las exigencias del naciente capitalismo se hace necesario configurar en el nivel del cuerpo la productividad de una nueva fuerza de trabajo; en relación con el nacimiento del Estado moderno, se produce una monopolización libidinal de la violencia que obliga a una nueva economía de las pasiones; desde el afianzamiento de nuevas modalidades de higiene personal y social se va dando una privatización cada vez más intensa y más completa de las funciones corporales; a partir de los numerosos textos y manuales de buenas maneras y de urbanidad se va superponiendo, desde el siglo XVI en adelante, el crecimiento progresivo de las prescripciones y normativas sobre lo corporal, frente a la relativa soltura y naturalidad con que la sociedad cortesano-aristo- crática medieval concebía y regulaba sus conductas corporales y sus modales en los variados espacios de su vida cotidiana4. Los procesos apenas mencionados pasan a conformar un entramado en curso de consolidación en torno a la circulación social de los cuerpos. En consonancia con estos códigos y prácticas, se disponen ciertos campos de visibilidad en cuyos sectores centrales operan como filtros ciertos temas privilegiados. Dentro del campo de visibilidad de la filosofía política moderna, la corporalidad pasa a ocupar un emplazamiento central, vertebrador, y dicha centralidad se expresa principalmente en al menos tres ejes temáticos preminentes. En primer lugar puede señalarse la preponderancia del análisis de las pasiones. Si bien frecuentemente situada en torno a la tematización de la razón, la filosofía moderna se constituye también como un exhaustivo programa de investigación acerca de las pasiones. En la autopercepción de la nueva época, se trata tanto de dar una profundización sistemática a un tema que en los antiguos se hallaba apenas esbozado como de ampliar el espectro de sus implicaciones políticas: en este último sentido, la analítica moderna de las pasiones no se ciñe al estudio de un problema sólo interior, subjetivo, psicológico, sino que se despliega al campo abierto de los emplazamientos colectivos, hacia una verdadera política de las pasiones. Nuevas y complejas aproximaciones buscan conformar un saber auténticamente científico alrededor de los afectos humanos, a la luz de nuevas distinciones y en estrecha conexión no sólo con el antiguo afán del propio conocimiento para la consecución del dominio de sí, sino antes desde la necesidad de perfeccionar las formas de dominio, manipulación y gobernabilidad de las tonalidades afectivas que oscilan en los cuerpos de los hombres5. Podemos mencionar en segunda instancia la revitalización de la metáfora del cuerpo político. La totalidad política es inteligida desde la metáfora del cuerpo social, tópico que se generaliza ampliamente en la literatura política del período. El cuerpo, más aún que en la tratadística antigua y medieval, funciona como clave de lectura de los procesos políticos. Desde la lógica de esta metáfora, el Estado es un conglomerado de fuerzas que resulta de la unión de los cuerpos singulares de los ciudadanos en una unidad corporal mayor que los abarca y potencia. La conformación del cuerpo político es entendida de modo organicista, pero se trata de un organicismo nuevo, que no es por naturaleza sino que proviene artifi- Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)66 Gabriel Livov Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 66
cialmente de una decisión. El artefacto del cuerpo político conoce en su punto de emergencia una contraposición fundante respecto de la mera acumulación de cuerpos sin cohesión, que recibe el nombre de “multitud”6. En tercer lugar puede situarse la extensión del ámbito de autoridad legítima del poder político al campo de la vida y del cuerpo. Mientras que para Aristóteles la pólis toma a su cargo la tutela de la buena vida (eû zên), dejando fuera de la esfera propiamente política la dimensión del mero vivir (zên)7, el alcance político de la dominación moderna ensancha sus márgenes de operatividad, el poder llega a ser poder sobre la vida inmediata, biológica. A diferencia de Platón, para quien la política es una práctica que encuentra su asidero en el espacio de las almas8, la gobernabilidad moderna descansa privilegiadamente sobre la corporalidad de los ciudadanos9. Apoyándonos sobre estas coordenadas como condiciones históricas y teóricas de posibilidad, en el presente trabajo nos proponemos analizar las formas de pensar la relación entre las instituciones sociales y la corporalidad en la última edición del libro central de G. B. Vico: la Scienza Nuova de 1744. El eje articulador será el tema de la gigantología viquiana, que intentaremos ceñir desde varios puntos de vista: la relación entre el cuerpo normal y el cuerpo gigantesco, los modos de producción del cuerpo de correctas proporciones, los modos de habitar del cuerpo en el espacio, la conexión con el problema de la barbarie, las formas que Vico busca para acercarse al mundo de los gigantes e insertarlos en una secuencia narrativa. Concretamos el análisis de la Scienza Nuova de un modo cronológico en el cuerpo del trabajo y de un modo problemático en las conclusiones. Cronológicamente, seguimos el desarrollo del cuerpo múltiple de la Ciencia Nueva en su normalidad originaria [ii.a) cuerpo hebreo], en su devenir gigantesco [ii.b) cuerpo mutante] y en su relación con las instituciones básicas de la civilización [iii.a) cuerpo religioso; iii.b) cuerpo púdico-matrimonial; iii.c) cuerpo higiénico; iv.d) cuerpo comunicado]. También cronológicamente analizamos iv) los modos de acondicionamiento del territorio, desde el espacio liso e indómito del nómade hasta la domesticación producto de la sedentariedad, condición que genera una frontera y de allí un conflicto que se resuelve, sucesivamente, v) en la ciudad y en la república. El abordaje problemático de vi) las consideraciones finales hace foco, en primera instancia, en dos cuestiones centrales: vi.a) la barbarie y vi.b) el descenso metodológico, y luego concluye con el problema final del trabajo, (vi.c) desde qué concepción de la politicidad del cuerpo resulta posible legitimar metodológicamente la escritura de la barbarie. ii) STORIA SACRA YSTORIA PROFANA: CUERPO NORMAL Y CUERPO GIGANTESCO Entre 1728 y 1730, Vico escribe una reseña crítica a propósito de un comentario a la Divina Comedia, titulada “Descubrimiento del verdadero Dante o nuevos principios de crítica dantesca”. Revela allí que el primer motivo por el cual vale la pena leer a Dante radica en que el poeta florentino fue “el primero o entre los primeros” de los historiadores propiamente italianos, tan importante como Homero para lo griegos o como Ennio para los romanos, considerado como un “grande ingegno” en tiempos en que Italia estaba aún sumida en la barbarie de los siglos IX a XII10. Parámetro de sabiduría poética, la Divina Comedia constituye una inmejorable vía de acceso a los tiempos primordiales de la barbarie primera, la era de los gigantes, que es de donde debe comenzar nuestro tránsito por la Scienza Nuova. Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 67 Corporalidad y poder en la Scienza Nuova de 1744 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 67
Antes de llegar al noveno y último círculo del Infierno, donde se sumergen las almas gélidas de los traidores, Dante atraviesa un paisaje teñido de luz crepuscular, cuando un sonido elevadísimo lo obliga a dirigir sus ojos hacia lo que, ante él, se presenta como una serie de torres de gran altura11. Virgilio, como a lo largo de todo el viaje por los infiernos, se encarga de orientar la percepción de Dante12, despejando las brumas y señalándole el pozo del que sobresalen, del ombligo para arriba, los enormes cuerpos de “li orribili giganti, cui minaccia Giove del cielo ancora quando tuona”13. Dante y Virgilio se encuentran con tres gigantes que yacen en el mismo pozo, distanciados entre sí: Nemrod14, cuerpo gigantesco aislado en un lenguaje privado, su “fiera bocca” grita palabras incomprensibles15; Efialtes16, más grande que Nemrod, inmovilizado por una gruesa cadena que da cinco vueltas alrededor de su cuerpo, no puede ya mover los brazos que antaño supo elevar contra Zeus17; Anteo18, culpable de soberbia, veleidad y megalomanía, cualidades que Virgilio no tarda en excitar para lograr que el gigante les sirva de puente hacia el lago congelado del último círculo del infierno. La escena de este canto XXXI se desarrolla lentamente, en medio de un clima enrarecido y un silencio interrumpido violentamente por voces monstruosas19 o temblores sísmicos, frente a estas tres figuras gigantescas, aisladas y solitarias, con las cuales no es posible entablar un diálogo; sólo se expresan por medio de reacciones físicas, tan desproporcionadas como sus cuerpos, castigados por haber dirigido su soberbia contra lo divino. La poesía bárbara de Dante realza el contraste que expresa el Viejo Testamento entre la figura humana proporcionada y la desmesura de las corporalidades gigantescas (Números 13:34: “También allí vimos gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes; y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos”), el mismo contraste que Vico tematiza en profundidad en su Ciencia Nueva. Exploramos a continuación los dos polos de esta antinomia. ii.a) Primer polo: cuerpos hebreos Proporción/desmesura y normalidad/anomalía son dos pares conceptuales que ordenan la caracterización viquiana de los orígenes de la humanidad, definiendo dos modos distintos de regímenes corporales: el pueblo hebreo (“uomini di giusta corporatura”20, “giusta statura”21) y los gigantes (“gigantesca statura”, “vigorosamente robusti”, “d’una sformata grandezza”22). El mismo Vico nos sitúa ante este dualismo fundante, presentándonos a “la totalidad del género humano dividido en dos especies: una, la de los gigantes, y la otra, la de los hombres de estatura normal; aquélla, la de los gentiles, y ésta, la de los hebreos”23. Antinomia fuerte que habla de dos orígenes distintos, y de la voluntad de Vico, en la última edición de la Scienza Nuova, de mantener separadas “storia sacra” y “storia profana”24. El canon de corrección corporal, que demarca la línea divisoria entre lo normal y la desviación, es trazado directamente por Dios, en primera instancia al crear a Adán, y luego al desplegar su dominio sobre el pueblo hebreo. Respecto de la creación del primer hombre, Vico afirma que Jehová generó a Adán, “principe di tutto l’uman genere”25, “de acuerdo con la idea perfecta: Su obra se adecúa perfectamente con Su idea26, con lo cual la imperfección humana es imputable sólo al hombre27. Habiendo sido éste creado a imagen y semejanza “nell’ idea ottima”, el filósofo napolitano Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)68 Gabriel Livov Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 68
deja en claro que el patrón ideal de normalidad corporal es proporcionado por Dios, de acuerdo con Su proyecto providencial, al hablar de la “giusta statura nella qual Iddio aveva criato Adamo”28. Los hebreos, por su parte, “fueron desde siempre de justas proporciones físicas [di giusta corporatura]”29, siendo los únicos de entre los pueblos de la Antigüedad en mantener una continuidad originaria respecto del cuerpo-correcto de Adán30. La perseverancia en la proporción corporal, sin embargo, no es automática, como por una suerte de transitividad inmediata, sino que encuentra su razón de ser en la tutela directa ejercida por la Providencia sobre los cuerpos del pueblo elegido. Una lectura de ciertos pasajes del Viejo Testamento sirven de testimonio de los “auxilios extraordinarios del verdadero Dios”31, proporcionados al pueblo judío. J. Kristeva examina los textos bíblicos referentes a la neutralización divina de las impurezas evidenciando una estrategia identitaria subyacente que se caracteriza fundamentalmente por “la preocupación de separar, de constituir identidades estrictas, sin mezcla”32. El mantenimiento de una corporeidad elevada, espiritualizada, sublimada, depende de seguir la estricta prescriptiva dictada por Jehová a Moisés en el Levítico, “para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio”33. En primer lugar, se establece una rígida dieta34. Si bien recién después del diluvio llega la autorización de comer todo lo que vive y se mueve, el sistema de prescripciones para el campo de los alimentos se establece más tarde, con las recomendaciones de Yahvé a Moisés. La dietética divina es muy precisa en lo que se puede probar, comer, tocar, disponiendo toda una serie de condiciones de pureza y limpieza “para hacer diferencia entre inmundo y limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer”35. Las condiciones de pureza de los cuerpos abarcan también el cuerpo de la madre parturienta (que debe ser lavado de la sangre que lo mancha)36, el cuerpo leproso37, el cuerpo fértil de la mujer (mancha de la menstruación y del flujo) y del varón (mancha del semen salido de la carne sin funciones reproductivas)38, el cuerpo defectuoso o deforme39, el cuerpo del trabajo y del ocio40, el cuerpo de luto41, las uniones sexuales de los cuerpos42, el cuerpo muerto43. Incluso respecto de los excrementos se establece una clara disposición44. En suma, “el cuerpo no debe conservar huella alguna de su deuda con la naturaleza”45, y la obediencia rigurosa a estos cánones de gobierno divino de lo corporal determinan la santidad y la pureza que hace de Israel el pueblo apartado y propio del mismo Jehová46. Como los textos bíblicos recalcan en sucesivas oportunidades, la purificación no se cumple sólo con plegarias, sino que hace falta practicar la higiene de los cuerpos, de los miembros, de los animales y hasta de los objetos manchados. Limpiar el cuerpo con agua es la base del régimen corporal al que es sometido el pueblo de Jehová, y Vico lo subraya oportunamente al mencionar la “pulita educazione” y las “tantas leyes ceremoniales referentes a la limpieza de sus cuerpos”47 como causas que contribuyen a que los hebreos conserven su “giusta corporatura”, en oposición a la deformación de que son presa los cuerpos de los gentiles. La conservación de la normalidad corporal se debe a que los judíos fueron un pueblo “con particolaritá assistito dal vero Dio”48, en tanto su religión fue fundada por el auténtico Jehová49, quien en persona los inició en la cognición de las divinas verdades50. Por otra parte, y en contraste con los orígenes de los pueblos gentiles, el pueblo hebreo se mantuvo en la condición humana a fuerza de permanecer sedentario en el continente asiá- Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 69 Corporalidad y poder en la Scienza Nuova de 1744 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 69
tico51. “Illuminati dal vero Dio”52, el sedentarismo determina la estabilidad de la memoria colectiva. Los trazos de las verdades divinas no se desdibujan de los cuerpos elegidos y tutelados por Jehová53, gracias a la subsistencia del temor (hacia Dios y hacia los padres54), que los mantiene a salvo de sufrir las mutaciones horribles propias de cuerpos paganos. ii.b) Segundo polo: nómadas gentiles La “giusta statura”, en torno a la cual se articula el signo distintivo del pueblo hebreo, único de entre todos los de la tierra en perseverar en el régimen divino (correcto, normal) de corporalidad, encuentra su línea de fractura en la corporalidad mutante de los gigantes gentiles. En efecto, la propuesta de la gigantología viquiana consiste en dar cuenta de las razones de la desviación de los cuerpos normales desde su imagen y semejanza con Dios hacia la forma de esos gigantes toscos y fieros55, “stupidi, insensati ed orribili bestioni”56, que constituyen el estado de naturaleza de todas las naciones gentiles57, sus barbáricos orígenes. La explicación de la mutación, como aclara Vico, imbrica causas “físicas” y “morales”58, y se remonta a los lejanos tiempos posdiluvianos. En los momentos en que la tierra era una gran selva, las tres razas correspondientes a los tres hijos de Noé (Cam, Jafet y Sem59) reniegan de la religión verdadera de su padre, religión que los ataba, mediante el temor a Dios y la celebración de santos matrimonios, a una sociedad de familias60. Da inicio a continuación el nomadismo originario de todas las naciones gentiles61, cuya duración Vico fija alrededor de los doscientos años62. Abandonada la religión, y por lo tanto, a los ojos de Vico, toda posibilidad de lazo social, el “divagamento ferino” sigue su lógica propia, intensificándose la desviación del ser humano correcto en virtud de tres factores. En primer lugar, la huida frente a la gran cantidad de fieras salvajes que acechaban su errabundo paso; en segunda instancia, la persecución de las mujeres, que habían devenido reacias, salvajes y esquivas a dejarse poseer por los hombres; finalmente, la búsqueda de agua y comida63. De este modo, el temor ante la amenaza de las fieras, el deseo sexual alimentado por lo huidizo de las mujeres salvajes y el apetito por la necesidad de provisiones vitales, tres instintos corporales básicos librados a su propia dinámica disgregatoria, agudizan la dispersión de las antiguas sociedades familiares por toda la superficie de la selva terrestre (a excepción, como se dijo, del pueblo hebreo) y llevan a los hombres a un estado de bestialidad absoluta, de pérdida total de la condición humana, “errantes y solos [...] desprovistos de toda costumbre humana y privados de toda humana lengua, y por tanto en un estado de bestias brutas”64. Vico habla de “aquellos gigantes que habían ocupado las primeras tierras vacías del mundo”65 en términos de “hombres de gigantesca estatura, más fuertes”66, “gigantes de enormes cuerpos”67, “de fuerza y estatura desmesuradas”68: los cuerpos proporcionados según el equilibrio pautado por la Providencia divina se abandonan a un desarrollo desmesurado y excesivo, perdiendo todo rastro de aquella armonía primaria. La disolución de las costumbres los difiere de la senda de la civilización. La explicación que Vico ofrece de la dinámica expansiva de las corporalidades gigantescas señala como definitoria una educación “ferina”69 (“bestial”, “propia de bestias”), que deja a los cuerpos en manos de la exuberancia de los elementos y las fuerzas desbordantes de la naturaleza: Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)70 Gabriel Livov Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 70
“Abandonando las madres a sus hijos, éstos debieron poco a poco crecer sin oír voz humana ni aprender humanas costumbres, lo que les condujo a un estado de hecho bestial y salvaje. En el que las madres, como bestias, solamente debieron amamantar a sus hijos y dejarlos desnudos revolcarse entre sus propias heces, y apenas destetados abandonarlos para siempre y éstos –teniendo que revolcarse en sus heces que maravillosamente abonan los campos gracias a sus sales nítricas; teniendo que penetrar la gran selva, que debía ser espesísima debido al diluvio, y por cuyos esfuerzos debían desarrollar unos músculos para poner otros en tensión, por lo que las sales nítricas aparecerían en sus cuerpos en mayor medida; y viviendo sin temor alguno a los dioses, a los padres, a los maestros, el cual modera lo más lujurioso de la infancia– debieron desarrollar desmesuradamente sus carnes y huesos, y crecer vigorosamente robustos y así llegar a ser gigantes”70. Los niños abandonados a la mano invisible de la naturaleza, sucios con sus propios excrementos, absorbían en sus cuerpos las sales nítricas, a las que se atribuían, en la alquimia, poderes expansivos71. El estado de naturaleza poblado de seres gigantescos y radicalmente asociales, dice Vico, fue representado por los poetas de las antiguas naciones gentiles como el caos originario y la confusión de las semillas humanas. Se trataba de la era de una “infame comunidad de mujeres”, dentro de la cual “los hombres [...] no tenían forma propia de hombre, y eran absorbidos por la nada dado que en la incertidumbre de la prole nada dejaban como suyo”72. Vico alude así a “la disolución de los matrimonios y la dispersión de las familias con concúbitos inciertos”73, un estado de total oscuridad genealógica, caracterizada por la ausencia de “luz civil”74. La falta de contornos identitarios fijos, en virtud de la cual los cuerpos en estado de naturaleza no soportan marcas subjetivas y escapan a cualquier codificación individualizante, equivale a un índice de la carencia de singularización que Vico ya había puesto de relie- ve en algunas obras anteriores a la Ciencia Nueva. Pensando según una matriz cristiana clásica, el cuerpo existía en la sexta de las Oraciones Inaugurales como lo otro de la condición humana, como aquello que compartía con los animales y no lo diferenciaba de lo meramente natural, de la “abundancia de cuerpos” indistintos que terminaban resultando calabozos del ánimo75. El principio de individuación no cae dentro de los dominios de lo corporal, las formas idiosincráticas de cada ser humano son aportadas por la esfera espiritual. En el Liber Metaphysicus, lo corpóreo coincide con lo opaco, con aquello que no deja traslucir la claridad de la verdad y que obliga a la mente a permanecer en una relación de exterioridad con las cosas76. La corporalidad se caracteriza aquí por la inestabilidad, por un continuo fluir por fuera de cauces delimitantes fijos, factores todos que hacen imposible hallar una individualización estable77: los cuerpos se mueven heterónomamente, a causa de interacciones externas meramente naturales78. Los procesos de mutación de los “monstruos errantes”79 referidos en este apartado ponen en evidencia la maleabilidad que ante los ojos del filósofo de Nápoles ostenta el cuerpo humano. Frente al poder productivo de las costumbres, el cuerpo aparece como objeto de configuración y amoldamiento, y en tal sentido como sustancia lábil, de una plasticidad alta- Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 71 Corporalidad y poder en la Scienza Nuova de 1744 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 71
mente manipulable. Es sobre dicha silueta corporal moldeable que se establecerá la ortopédica civilizatoria de las tres instituciones fundamentales de todo orden social posible. iii) SENSUS COMUNIS: TEMOR DEL CIELO, MATRIMONIO Y DISCIPLINA DE LOS CUERPOS Si los hebreos “han conservado con todo detalle sus memorias desde el principio del mundo”80, el devenir gigante supone un olvido inicial. Los cuerpos se ensanchan al borrarse de su superficie las inscripciones que Jehová había tatuado en ellos, y se torna por ello necesario, para poner en movimiento el proceso de recivilización, sentar las condiciones para reactivar aquellas huellas, para hacer posible una memoria. En el presente apartado desplegamos la tematización viquiana de estas condiciones, que marcan el paso de la selva a la barbarie, el comienzo propiamente dicho de la historia de la humanitas. iii.a) Júpiter De la nada política del estado de naturaleza, de una situación en que la tiranía de pasiones violentísimas sometía a los cuerpos desmesurados de los gigantes a un errar solitario y bárbaro, la Providencia se encarga de imprimir un giro drástico a los acontecimientos, apareciéndose con toda su majestuosidad ante los gigantes errabundos y obligándolos a juntarse a través de una sobreexcitación particular de su sentido del miedo: “En el estado sin ley [stato eslege] la Providencia divina puso el principio para que los fieros y violentos se condujeran hacia la humanidad e instauraran las naciones despertando en ellos una idea confusa de la divinidad, que por su ignorancia atribuyeron a algo que no se correspondía; y, de esta manera, por el miedo a dicha imaginaria divinidad, comenzaron a comportarse con algún orden”81. En términos físicos, explica Vico, el “error bestiale” duró doscientos años porque fue de tal duración el período de tiempo que le llevó a la tierra inundada por el diluvio universal transformarse en tierra seca, condición de posibilidad para que “enviase exhalaciones secas, o sea, materia ígnea, al aire para originar rayos”82. El cielo, entonces, una vez transcurrido el tiempo en que los hombres vivieron sin Dios ni religión, comenzó a emitir rayos y truenos de singular fiereza83, y los gigantes, “espantados y atónitos ante tan impresionante fenómeno, del que ignoraban la causa, alzaron los ojos y descubrieron el cielo”84. No se trata, sin embargo, de la totalidad de los gigantes, sino sólo de aquellos pocos que, por su particular robustez, habían podido refugiarse en torno a las cimas de los montes, llegando a estar singularmente próximos al impacto de los cielos. El miedo de estos gigantes píos frente a los rayos y truenos que se desplomaban desde cielos negros no se limita ya a temer las acechanzas de las fieras (miedo durante el “divagamento ferino”), sino que deviene pánico a partir de la idea de que el cielo mismo estaba a punto de caer sobre sus propias cabezas. La imaginación propia de las “mentes sepultadas en los cuerpos”85, que contemplan el cielo con los ojos del cuerpo86, da así origen a las religiones. Las primeras formas de la creencia religiosa entre las primeras naciones gentiles se definieron a partir de la idolatría, la crueldad y la adivinación. Los gigantes reverencian el Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)72 Gabriel Livov Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 72
cielo y lo ven como un “gran cuerpo animado [...] que mediante el silbido de los rayos y el fragor de los truenos quisiera decirles alguna cosa”87, por lo que, sin ser asistidos directamente por la verdad del auténtico Jehová (como sí lo fue el pueblo hebreo), deben acudir a las artes de la adivinación, intentando llegar por fuentes indirectas a interpretar los designios de la divinidad88, en aras de la cual se realizaban sangrientos sacrificios, incluso de víctimas humanas89. La instauración de un plano de verticalidad dentro de la inmanencia viciosa del estado de naturaleza es el paso que funda el acceso a la civilización, entendido como la venida de la gracia que inaugura la redención: “El hombre, caído en la desesperación respecto a todos los auxilios de la naturaleza, desea una cosa superior que lo salve. Pero la cosa superior a la naturaleza es Dios, y ésta es la luz que Dios ha esparcido sobre todos los hombres”90. Vico realiza una serie de interesantes razonamientos etimológicos y mitológicos para justificar los efectos de sociabilidad que acarrea la creación de las religiones. En el § 503 enlaza el verbo latino “religo” con la fábula de las cadenas con que Prometeo, un gigante, había sido atado a la cumbre de un monte con un águila que le devoraba periódicamente las vísceras: el encadenamiento se interpreta como el establecimiento del sedentarismo y el águila se convierte en símbolo de la cruel religión pagana de los auspicios. De hecho, en el § 387 de la Scienza Nuova se explicita el efecto social de la creencia en Júpiter al tratar el tema de la autoridad divina: “La autoridad comenzó por ser divina, pues con ella la divinidad se apropió de los pocos gigantes a los que nos hemos referido al empujarlos hacia abajo y hacer que se escondieran en las grutas de las laderas de los montes; lo que constituye las anillas de hierro con que los gigantes por temor al cielo y a Júpiter quedaron encadenados a la tierra en que se encontraban dispersos por encima de los montes”91. La causa del apelativo latino “stator” que los antiguos poetas adjudicaban a Júpiter, radicaba en que “detuvo a aquellos pocos gigantes de su vagar salvaje, los cuales devendrían después los príncipes de los pueblos”92. En la misma clave, Vico asocia dos significados del verbo “aterrar” en torno a este momento de sumisión de los gigantes a Júpiter: “atterrare” como miedo, terror ante las amenazas del cielo, y como “ligar a la tierra”, enviar bajo tierra en las grutas de los montes93. Todas estas etimologías conceptualizan el cambio que se da en el modo de ocupación del espacio, un espacio que ya no es liso e indiferente sino que llega a ser fijo, cualificado, que por su condición de estabilidad se convierte en territorio, sujeto al dominio: “y al aterrarlos [Júpiter] les había proporcionado la buena fortuna de devenir señores de las tierras donde se establecieron al esconderse”94. El surgimiento de la moral y del “conato” se halla estrechamente ligado a esta nueva relación entre cuerpo, espacio y poder: Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 73 Corporalidad y poder en la Scienza Nuova de 1744 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 73
tes, receptáculo de poblamientos nómadas y asentamientos en fuga, abierto e indefinido en sus posibilidades de tránsito y ocupación, una topología difusa que no llega a conformar un territorio ya que las marcas impuestas sobre él no reciben determinaciones estables sino que se subordinan a los itinerarios de sus pobladores; por el otro lado, nos encontramos con un espacio estriado según huellas de habitantes sedentarios (muros, caminos, fronteras, umbrales), dentro de un montaje segmentario fuerte, geométrico y cuadriculado, que impone formas trascendentes respecto de los trayectos individuales y que jerarquiza estratos y centros de referencia constantes. v) CIUDAD Y REPÚBLICA: SUBORDINACIÓN METAFÍSICA DEL CUERPO El punto de aparición de las ciudades dentro del proceso histórico providencial tal como se dio entre las naciones gentiles no hace sino subsumir esta oposición dentro de una nueva forma. La emergencia del horizonte urbano se sitúa en correspondencia con una triplicación de figuras de lo salvaje, que pasa a suplantar al par constituido por el gigante pío y casto, cuyo cuerpo había ya comenzado a sufrir los efectos benéficos de la sociabilidad, y por el gigante nómade que persistía en sus devenires asociales. La escalada de violencia dentro del mundo de la barbarie opera una disociación fundamental en el conjunto de gigantes que había permanecido intocado respecto del temor del cielo; las luchas originadas a partir de las dinámicas de saqueo, ocupación y apropiación típicas de la anomia total del comunismo nómade de cosas y mujeres (“infame comunione delle cose e delle donne”, resultante de la inexistencia de una propiedad privada sancionada y reconocida) generan una polarización entre algunos caracteres, más fuertes y violentos, y otros más débiles que, al ser expropiados y amenazados constantemente, buscan refugio entre las sociedades de familias instauradas por los gigantes píos. Los gigantes débiles huyen de los cuerpos intimidantes de los salvajes violentos abandonando la selva y cruzando más acá del margen de la esfera social pacificada en busca de refugio y sosiego: “En la huida de sus propios males, vividos en las reyertas que producía esa comunidad salvaje, para su salvación y seguridad se refugiaron en las tierras cultivadas por los píos, castos, fuertes y potentes, que ya estaban unidos en sociedades de familias”138. Progresiva subsunción de la selva. El cruce de la frontera trae consigo un contrato clientelar que ensancha el dominio de los incipientes reinos familiares: “Débiles, nómadas y solitarios, perseguidos a muerte por violentos y robustos, debido a las reyertas originadas por tal infame comunión, corrieron a buscar refugio en los asilos de los padres: y éstos, al acogerles bajo su protección, acabaron ampliando mediante las clientelas los reinos familiares con dichos fámulos”139. El vínculo (nexus)140 de señorío enmarcado dentro de la relación clientelar padre (gigante pío sedentario) / fámulo (gigante nómada débil y perseguido) se constituye frente a Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)80 Gabriel Livov Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 80
un enemigo común, el gigante violento, con cuya sangre se sella el pacto tácito de sumisión a cambio de asilo y protección: “Al recurrir a estos altares los impíos-vagabundos-débiles, perseguidos a muerte por los más robustos, los píos-fuertes mataron a los violentos y tomaron bajo su protección a los débiles, que, debido a que no portaban otra cosa que la vida, recibirían la condición de fámulos, suministrándoles los medios para conservar su vida”141. El choque entre el cuerpo forte modelado por el trabajo, ejercitado y organizado por el proceso de civilización (incentivado además por el sentido moral de la defensa de una unidad comunitaria compartida y armado presumiblemente con algunos rudimentos técnicos en materia bélica)142 y el cuerpo enorme pero natural de los gigantes violentos se decide, como no podía ser de otra manera, a favor de los primeros. Vico recrea el conflicto escenificando anteriores teorías del estado de naturaleza: “Los simples de Grocio, los desamparados de Pufendorf, para salvarse de los violentos de Hobbes (al igual que las fieras afectadas de un extremado frío buscando salvarse dentro de los lugares habitados), recurrieron al altar de los fuertes; y éstos, muy feroces porque ya estaban unidos en sociedades de familias, mataban a los violentos que habían violado sus tierras y recibían en protección a los miserables como refugiados”143. La pacificación de la amenaza externa sobreviene con la muerte del enemigo violen- to que continuamente acechaba la tranquilidad de los cuerpos sujetos por la sociedad. En este punto, como Vico mismo subraya, propiamente hallan su origen la guerra y la paz144, dado que la guerra deja de ser condición natural de la humanidad, deja de permear el conjunto de la vida cotidiana de los primeros hombres, que sobre esta base inician su tarea de progreso guiados por la mano providencial. Una reordenación del escenario del conflicto permite el surgimiento de la primera totalidad política autosubsistente dentro del hilo narrativo de la Scienza Nuova: la muerte del gigante violento (de Hobbes) disuelve una exterioridad que se mantenía irreductible en su posición amenazante y consagra de facto la superioridad que sobre los gigantes débiles (de Grocio, de Pufendorf) exhibían los salvajes píos (de Vico). El fin de los gigantes violentos no implica el fin de todo conflicto; por el contrario, la lucha es introyectada dentro del vínculo clientelar. La resistencia tiene una localización literalmente axiomática dentro del sistema de Vico145, y es así que en busca de igualación social se sublevan los cuerpos sometidos frente al poder de los padri: “Los fámulos, no teniendo parte, como se ha dicho, en la posesión de las tierras, pertenecientes todas a los nobles, hartos de tener que servir siempre a los señores, tras una larga época de intentarlo, se amotinaron y sublevaron contra los héroes en contiendas agrarias, que son mucho más antiguas y de mayor diversidad de cuantas se leen sobre la historia romana última”146. Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 81 Corporalidad y poder en la Scienza Nuova de 1744 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 81
La guerra que imperaba en el estado puramente corpóreo de la selva no desaparece en esta primera barbarie, como podría haberse creído, sino que asume una nueva forma dentro del módulo social de las clientelas. Deviene guerra social, y sobre esta base explica Vico la conformación de las antiguas sociedades de clase: “Por esta potente necesidad los héroes se vieron naturalmente empujados a unirse en órdenes para resistir a la multitud de los fámulos sublevados”147. La oposición entre patricios y plebeyos se articula desde un interés de clase que un estamento dominante enfrenta a otro subalterno: “Habían unido los intereses privados de cada uno al interés común, el cual se llamó patria, que, sobrentendiendo res, quiere decir ‘interés de los padres’; de ahí que los nobles se dijeran patricii”148. La sublevación de los famuli se lleva a cabo por la fuerza corporal-disruptora del deseo: “Todo este grande e importante trozo de la historia poética está contenido en la siguiente fábula: Saturno quiere devorar a Júpiter de niño y los sacerdotes de Cibeles lo esconden y no le permiten escuchar sus gemidos mediante el rumor de las armas. Por tanto, Saturno debe ser símbolo de los fámulos que cuidan los campos de los padres señores como jornaleros y, en un ardiente arreba- to del deseo, exigen de los padres campos para sustentarse”149. Este conflicto de clase y su resolución (a partir de una serie progresiva de concesiones cuyo símbolo encuentra Vico en las distintas leyes agrarias) dan lugar a la creación de una nueva totalidad, la república como “potestad civil soberana”150, proceso sugestivamente analizado por Vico en clave etimológica como una conexión entre los términos griegos pólis y pólemos151. Esta nueva unidad política se da en virtud de una consolidación del polo inferior del anterior módulo social clientelar: los que antes eran gigantes débiles, definidos meramente por una carencia, necesitados de protección en los asilos de las nacientes ciudades, se transforman, en virtud del trabajo y de la dinámica de expansión y efervescencia propia de lo corporal, en plebeyos fuertes amotinados, en una posición de poder tal que obliga a la conformación de un nuevo equilibrio: “Los senados reinantes, para calmar a las catervas de fámulos sublevados y reducirlos a obediencia, les concedieron una ley agraria que así resulta haber sido la primera de todas las leyes civiles nacidas en el mundo; y así, de forma natural, controlados los fámulos con tales leyes, dieron lugar a las primeras plebes de la ciudad”152. Las sucesivas transformaciones dentro de las formas de gobierno, que no analizaremos aquí, son ulteriores modalizaciones de esta antítesis básica entre plebeyos y patricios, Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)82 Gabriel Livov Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 82
descontextualizada por Vico para hacerla coincidir con principios metafísicos vertebradores del devenir histórico, significativos a su vez dentro de la oposición fundamental mente/cuerpo. Con el surgimiento de la “persona civil soberana”153, el curso del orden político se civiliza, vuelve a los cauces racionales pautados por la Providencia, y la legitimidad del dominio alcanza en la agrupación republicana la plenificación (histórica) de su concep- to (metafísico): “Y tal diseño de las repúblicas está basado sobre los dos principios eternos de este mundo de naciones, que son la mente y el cuerpo de los hombres que las componen. Por lo tanto, al constar los hombres de estas dos partes, de las cuales una es noble y, como tal, debería mandar, y la otra vil, que, como tal, debería servir; y por la corrompida naturaleza humana, que sin la ayuda de la filosofía (la cual no puede socorrer más que a poquísimos) no permite que la generalidad de los hombres actúe de tal manera que la mente de cada uno mande, en lugar de servir, al propio cuerpo, la divina Providencia ordenó las cosas humanas con este orden eterno: que en las repúblicas, quienes usan la mente manden y quienes usan el cuerpo obedezcan”154. Ambos principios operan siempre en tensión movilizando fuerzas antagónicas y a la vez complementarias. Mientras la mente se encarga de conservar y orientar la materia de lo social, el cuerpo aporta el impulso disruptivo, disolutorio, caótico, que desestructura obligando a una nueva estructuración: “De esta manera las primeras ciudades fueron fundadas sobre la base de los órdenes de nobles y de las catervas de plebeyos, según sus dos propiedades eternas y contrarias, las cuales surgen de la misma naturaleza de las cosas humanas civiles que hemos explicado: por parte de los plebeyos, la de constantemente querer cambiar los Estados, de modo que constantemente los cambian; por parte de los nobles, la de siempre querer conservarlos”155. En términos de la metafísica aristotélica: “La naturaleza del mundo civil, que es el mundo que ha sido hecho por los hombres, tiene la misma naturaleza y la misma forma que los hombres mismos, de ahí que cada uno de los dos principios que la componen sea de la misma naturaleza y tenga las mismas propiedades que tienen el cuerpo y el alma racional, de cuyas dos partes la primera es la materia y la segunda es la forma del hombre”156. Teniendo en cuenta la función arquitectónica y directiva que en la relación metafísica de estas dos categorías ostenta la forma: “Cuando el cuerpo sirva y la mente mande, ellas [las naciones] estarán salvas, florecerán y serán felices”157. Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 83 Corporalidad y poder en la Scienza Nuova de 1744 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 83
Cuerpo y mente funcionan entre sí encauzándose recíprocamente según el esquema insituido/instituyente, delimitándose según modalidades de expresión y armonización, pero también de desborde, y consecuente normalización. Si Apolo, “dios de la luz civil”, representa con su lira la armonía de la que es portavoz la nobleza de las repúblicas158, el cuerpo encarna por contraste la oscuridad dionisíaca, desequilibrante, deviniendo portador de la amenaza omnipresente de la guerra difusa que se libra en los subsuelos de lo social159. La república llega a conformarse jerárquicamente según una dicotomía mente-cuerpo por la cual lo espiritual manda y lo corporal obedece, pero no se cumple aquí, sin embargo, una supremacía definitiva, sino una hegemonía siempre parcial. La historia no es en Vico una sustancia cuya combustión alcanza un punto de consumición final, sino un proceso que avanza oscilando a través de enfrentamientos y oposiciones entre dos principios cuya transhistoricidad asegura la imposibilidad del fin de la historia160. Siempre que haya luminosos dictámenes de la mente latirán subterráneos los sabotajes de la corporalidad. vi) CONSIDERACIONES FINALES Finalizada la exposición cronológica del despliegue histórico del cuerpo en la lógica interna de la Scienza Nuova, abordamos a continuación las consideraciones finales, planteando dos problemas, vi.a) barbarie y vi.b) descenso metodológico, que nos ayudarán a precisar las últimas reflexiones de vi.c). vi.a) Persistencias / Resistencias de la barbarie “Esta cosa tan mía y, sin embargo, tan misteriosamente, y a veces, y finalmente siempre, nuestra más temible antagonista, es la más instantánea, la más constante y la más variable que pueda existir: pues toda constancia y toda variación le pertenecen” (Paul Valéry, Reflexiones simples sobre el cuerpo) Vico halla el denominador común de la civilización en el distanciamiento del cuerpo: la libertad es tanto más feroz cuanto más pegados están los bienes a los propios cuerpos161; las armas, cuanto más se ciñen al cuerpo más propias son de las bestias162. La mente bárbara, “immersa e seppellita nel corpo”, no logra conjurar la proximidad de lo corporal por no hallarse “espiritualizada por práctica alguna del cálculo y de la razón, ni hecha abstracta por acción de tantos vocablos abstractos en los que ahora abundan las lenguas”, llega a reducir su autoimagen anímica a tres partes corporales: cabeza, pecho y corazón163. La idea de “belleza civil” debió haber surgido por contraste, remarca Vico, cuando los primeros refugiados, “feas bestias por sus costumbres”164 llegaron a las tierras de los gigantes píos. La “bellezza civile” coincide con el embellecimiento civilizado del cuerpo, respecto del cual “los campesinos y los hombres de la tosca plebe nada o casi nada entienden”165, simbolizados por el “feo Tersites” de la Ilíada166. Conflicto óptico: la luminosidad de la “vita civile”167 se define por contraposición a la impenetrable oscuridad de las naciones bárbaras168, y la irradiación civilizatoria atribuida a la ley, que alumbra la razón natural de los hombres169, está llamada a domesticar a los pueblos bárbaros170, a tornarlos traslúcidos a la luz civil. El proceso de civilización, de despliegue de la racionalidad, se puede entender como un pasaje operado por la mente humana de la heteronomía a la autonomía171: al principio Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)84 Gabriel Livov Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 84
todo es heterónimo, el cuerpo es el reino de la exterioridad, y luego se va dando un pasaje de lo externo a lo interno, principalmente en virtud de procesos de interiorización de creencias. La marcha civilizatoria parece avanzar así en función del aumento del grado de independencia y autonomía de la mente respecto del cuerpo172, y cabría quizás esperar en algún momento la consecución de la supremacía absoluta, el momento final en el que los hombres se plenifican como seres estrictamente racionales, dejando atrás la pesada carga de la corporalidad. Sin embargo, esta instancia no es en Vico más que un concepto límite regulativo, que ilustra a lo sumo la direccionalidad del proceso. El concepto de civiltá adquiere en la Scienza Nuova una marcada tonalidad diacrónica, una intelección en clave procesual, y no un tratamiento estático. Dentro de la tabla de equivalencias correlativa a la distinción mente/cuerpo, en la que incluimos ya los pares antagónicos patricios/plebeyos, luz/oscuridad, conservación/destrucción, orden/caos, podría insertarse también la dicotomía entre lo civilizado y lo bárbaro, siempre y cuando se entiendan dentro de un proceso que conoce su punto cero en la selva (instancia pre-social, estado de naturaleza), que comienza en sentido propio con los órdenes bárbaros que proceden del temor a Zeus y que llega a su punto de máximo despliegue en el momento paradigmáticamente civilizado, es decir racional, de la república popular. El estado de la civilización como hecho actual, observable en ciertas sociedades europeas (“la Europa cristiana resplandece por doquier de tanta humanidad, de modo que hay abundancia de todos los bienes que pueden hacer la vida humana más dichosa, no sólo para el bienestar del cuerpo sino también para los placeres tanto de la mente como del espíritu”173), nos reenvía al movimiento por el cual se ha salido de la oscura selva de los orígenes. En tal sentido, las virtudes civilizadas (piedad, conato, pudor, prudencia, justicia, temperancia174) ofrecen un fuerte contraste con las formas de la vida de los gigantes de los tiempos primordiales, y Vico, lejos de quedarse en la constatación de este contraste, se esfuerza por historizarlo y dinamizarlo, yendo a indagar en torno al modo en que dichas virtudes han surgido y operado para que se llegara al estado actual de la Europa civil. Es en este punto donde falla la comprensión de N. Bobbio175, que busca asimilar a Vico al modelo dicotómico hobbesiano, especialmente en cuanto a la fuerte contraposición entre la barbarie del estado de naturaleza y la civilización que sobreviene con la creación del Estado. Más allá del problema de si la ruptura entre Estado y estado de naturaleza es tan fuerte en Hobbes como Bobbio dice, es cierto que Hobbes lleva todas las dicotomías hacia el mismo punto de ruptura, construyendo una línea de fractura simple y definida: o se está en la civilización (protección, prosperidad, seguridad, felicidad) o se está en la barbarie (guerra total, muerte, paranoia, dolor). La teorización de Vico no es tan fácilmente reducible a una comprensión dual: en primer lugar, porque el estado de naturaleza, en cuanto no lugar de la política, parece coincidir en Vico con la selva, por lo que el tránsito a la etapa civilizada debe conocer la mediación de la barbarie; también en cuanto que tampoco se da una correspondencia entre civilización y Estado político (la república aristocrática es una civitas bárbara); en tercer lugar, porque no estamos ante instancias mutuamente excluyentes. La arqueología viquiana transita detalladamente las diversas formas de este equilibrio entre selva, barbarie y civilización176, incluso desde los momentos en que lo extremo de la bestialización no parecía dejar margen al surgimiento de la chispa civilizatoria de la razón. Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 85 Corporalidad y poder en la Scienza Nuova de 1744 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 85
Aun centrando la atención exclusivamente en el momento en que se afianzan los tres sentidos comunes que devuelven la proporción a la desmesura de los gigantes, las tres instituciones fundamentales de la sociedad conforman un patrón triádico de normalidad y civilización respecto del cual se disponen anormalidades y diversas otras formas de la selva y de la barbarie177. En este sentido, la intención de Vico no es sólo definir límites móviles a la civilización, dando a entender que el alejamiento de la triple norma de civiltá implica un rinfierirsi (y por lo tanto, dejando abierta siempre la posibilidad del retorno de la selva178), sino recrear una grilla para encuadrar las formas modernas de la barbarie. Es aquí que la histórica de la civilización deviene topografía de la barbarie, y emergen figuras que ocupan, dentro de la trama contemporánea, la posición periférica del cuerpo: el niño, el joven, la mujer, el campesino, el extranjero179. Entonces, quien analiza la cuestión más atinadamente es E. Paci, que asimila la selva siempre latente con el inconsciente de Freud, donde es siempre posible “una explosión de la barbarie apenas disminuya el control sobre los instintos libidinales y sobre el mismo instin- to de agresión y de muerte”180. La selva se presenta como un enemigo interior, que yace en las profundidades mismas de las sociedades civilizadas y que puede irrumpir abrupta y destructivamente en cualquier momento. La inminencia de la recurrencia bárbara traduce un sentimiento de fragilidad de lo social que trae consigo la necesidad de una custodia permanente. En términos de Vico, “de estas tres cosas nació la humanidad en todas las naciones, y por ello todas deben custodiarlas santísimamente para que el mundo no recupere su ferocidad y no vuelva a la selva de nuevo [non s’infierisca e si rinselvi di nuovo]”181. En este punto se corre el acento desde la filosofía de la historia a la filosofía política y, dentro de la necesidad de las leyes de los “corsi e ricorsi”, cobra una valencia autónoma la apelación a la acción humana como forma de evitar la recaída en la barbarie. El cuerpo llega a ser entonces la condición de posibilidad de la política, lo otro sin lo cual se pierde la tensión constitutiva de una civilización vital, productiva, en movimiento. Sin el principio-cuerpo que aporte vigor y arraigo a los sentimientos colectivos de pertenencia, sin esa instancia que traiga pasionalmente al primer plano de la vida de cada uno el significado de los valores compartidos, de las creencias comunes marcadas sobre los cuerpos, sobreviene la supremacía de lo intelectual abstracto. En este sentido, la “barbarie de la reflexión”, que resulta de la inteligencia como un reflejo sobre sí que da lugar no sólo a la razón sino también a la posibilidad de la mentira y del egoísmo, juega un papel importante para denotar la condición en que la tensión que anima la vida política se disuelve hacia el predominio del cálculo182. Lejos de ser un estado necesario, querido por la Providencia, esta peculiar barbarie que peca por exceso de civilización parece constituir una idea negativa que Vico proyecta como una distopía luego de extraerla tanto de la historia como de las teorías antiguas acerca de la decadencia y corrupción de la democracia, y habla por contraste de lo que para el filósofo napolitano debe ser el estado vital de una sociedad: cercano a una “teoría romana de la cultura” en la cual se da un “heroísmo” cotidiano, un conflicto siempre renovado por persistir en lo humano (contra el estereotipo de la cultura helénica, abstracta, fría, contemplativa)183, una “paz activa” donde cada hombre es un sujeto autónomo en una lucha de afirmación constante que anima de energía al conjunto de lo social184. De este modo, contra la barbarie de la reflexión, el Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)86 Gabriel Livov Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 86
cuerpo parecería exceder así la simetría metafísica que lo condiciona como correlativo eterno del principio-mente, y emerger como sitio desde el que es posible regenerar el curso de la historia. vi.b) Descender a las profundidades del cuerpo “El cuerpo nos une directamente con las cosas. Él y nadie más que él puede llevarnos a las cosas mismas.” (Maurice Merleau-Ponty, Lo visible y lo invisible) Describir la historia del cuerpo en Vico es entonces escribir la historia de la barbarie, pero, y en este punto Vico se distancia metodológicamente del racionalismo, no desde la panorámica de la historia ideal eterna, sitio divino de visión ubicua, sino desde un lugar de enunciación subalterno al cual se accede, según el filósofo napolitano, a través de un descenso. En polémica con los pensadores iusnaturalistas que construyen estados de naturaleza profundamente anacrónicos185, no comprendiendo la auténtica ruptura que existe entre los hombres salvajes de los orígenes y nuestras actuales naturalezas reedificadas por la civilización (al ignorar el poder de reconfiguración que las instituciones ejercen sobre cuerpos y almas), Vico sostiene: “Para encontrar la manera en que surgió ese primer pensamiento humano en el mundo de los gentiles nos encontramos con ásperas dificultades que supusieron veinte años de investigación, y [debimos] descender desde estas naturalezas civilizadas [ingentilite] nuestras hacia aquéllas indudablemente feroces y crueles, las cuales nos es negado imaginar y a las que solamente con gran esfuerzo nos es permitido entender”186. Si en virtud del principio verum ipsum factum los hombres pueden conocer las instituciones sociales porque ellos las han hecho, Vico comprende el abismo que separa al autor del mundo civil y al científico que pretende conocerlo, y es por ello por lo que quien desee llegar a alguna certeza en el campo de la ciencia práctica deberá desandar por su cuenta los derroteros de la civilización, sumergiéndose en las profundidades del cuerpo: “Ahora está naturalmente negado poder entrar en la vasta imaginativa de aquellos primeros hombres, cuyas mentes en absoluto eran abstractas ni sutiles ni espiritualizadas porque estaban enteramente inmersas en los sentidos, rendidas a las pasiones, enterradas en los cuerpos: de ahí que dijéramos más arriba que apenas se puede entender y no se puede imaginar cómo pensaban aquellos primeros hombres que fundaron la humanidad gentilicia”187. Narrar la historia de la barbarie implica lograr un descenso que reactive vivencias sedimentadas en antiguas capas superpuestas, actualizando estratos dejados atrás hace largo tiempo188. Pero, como subraya A. Damiani, el descenso no es una mera empatía intuitiva, sólo una introspección189, sino que depende de un ejercicio racional, y pretende articularse como una ciencia. Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 87 Corporalidad y poder en la Scienza Nuova de 1744 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 87
Para efectivizar el descenso, para aproximarse a lo interior de las mentes primitivas asentado en ciertas producciones objetivas, Vico se ocupa de decodificar minuciosamente las expresiones de un lenguaje esencialmente corpóreo, permeado de una robusta fantasía y coloreado por imágenes sensibles transpuestas desde la corporalidad190. Para ello, el pensador napolitano no sólo apela a la retórica como caja de herramientas para acercarse a las operaciones altamente imaginativas de la mentalidad primitiva, sino que pone en práctica una auténtica hermenéutica simbólica que analiza mitos, jeroglíficos, medallas, emblemas, escudos, monedas y palabras, intentando evidenciar en estos artefactos las cristalizaciones ideológicas, el espíritu de sus autores191. También ensaya Vico un acceso al pasado oculto en las tierras de la barbarie acudiendo a otros saberes, como por ejemplo el de la alquimia, cuando utiliza la teoría de los sali nitri: punto particularmente interesante, porque para llegar científicamente a los devenires mutantes de los bárbaros primitivos se apoya en un saber soterrado por el proceso de consolidación de la ciencia moderna. El problema del descenso halla su clave de bóveda en el reconocimiento, por parte de Vico, de que el mundo mítico-mágico de las mentes encerradas en los cuerpos está dotado de una legitimidad inmanente, de una autonomía simbólica irreductible, que lo hace inaccesible a la penetración de las categorías lógico-racionales de los modernos geómetras de lo político. La fecundidad mitopoiética del cuerpo, su extraordinario poder de objetivación mítica, obligan al exégeta que piensa desde el ahora de las instituciones filosóficas a un retroceso metodológico fundamental, sin el cual no resulta posible la fusión de horizontes con las mentes concretas, corporales, míticas de los fundadores del mundo civil192. El docto debe ser capaz de dejar de lado su vanidad, de recuperar su cuerpo como instrumento metodológico primero. A partir de lo que remarcan Boschetto193 y Mazzola194 respecto de la trayectoria intelectual de Vico, el tema del descenso se plantea en su sentido más pleno en las ediciones tardías de la Scienza Nuova, dado que desaparece allí el intento de armonización entre storia sacra y storia profana, que había predominado en anteriores formulaciones de su gigantología: el autor se sumerge de lleno en un estudio desde adentro de las eras bárbaras de los gentiles, en el curso del cual se apoya en una hermenéutica inmanente de símbolos y huellas. De este modo, hallamos en Vico una lectura fisionómica que busca en los rastros de los testimionios verbales e iconográficos la presencia de mentalidades y estados de ánimo adheridos, para luego establecer a partir de allí una secuencia narrativa. Esta modalidad de lectura puede inscribirse dentro de lo que C. Ginzburg ha caracterizado como paradigma de inferencias indiciales. Como sentencia la idea que constituye la médula del paradigma indicial, “si la realidad es impenetrable, existen zonas privilegiadas –pruebas, indicios– que permiten descifrarla”195. Vico echa luz en la impenetrabilidad de la selva de los orígenes a partir de una mirada que busca decodificar internamente los vestigios fragmentarios de la sintaxis corporal de los orígenes, bajo una concepción holística de fondo por la cual cada época es una totalidad expresiva que se manifiesta en la interconexión de cada una de sus articulaciones, de modo tal que los detalles de superficie hunden sus raíces en capas de sentido más profundas196. G. Patella resalta la afinidad del estudio de Vico con el pensamiento icónico, afinidad que comparte con el momento cultural barroco, hasta el punto de incorporar la codificación de los lenguajes no verbales e incluso el recurso a las imágenes, en especial al comienzo de Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)88 Gabriel Livov Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 88
la Scienza Nuova, con la reproducción de la tavola di Cebete197. Este rasgo coincide con los pliegues fundamentales del estilo de Vico, que llega a ser expresión del descenso en cuanto que, para hablar del cuerpo, se entreteje de imágenes fantásticas, paisajes animistas, expresivos colores corpóreos, semblanzas míticas198. El estilo de Vico pone en crisis la distinción entre forma y contenido, principalmente allí donde la sintaxis intrincada y el léxico desbordante de metáforas busca desentrañar el pensar poético de las mentes enterradas en los cuerpos. vii.c) Heterología: escribir la historia del cuerpo “Nunca estamos solos en nuestro propio cuerpo. Éste es una superficie y un espesor de inscripción que sólo toman forma y sentido por las conminaciones culturales que llegan a dibujarse en él.” (David Le Breton, Las pasiones ordinarias) Es posible la política en Vico porque hay cuerpo. A primera vista, como condición negativa dentro de una filosofía de la historia, como amenaza constante de retorno, que requiere de un cuidado en el que se ve implicada una acción colectiva humana. Aquí hallan su lugar todas las consideraciones relativas a la aplicación de la Ciencia Nueva: en efecto, el germen disruptivo de la selva/barbarie, desactivado por las instituciones, no es anulado completamente, y la siempre latente recaída hace necesario aplicar la doctrina esbozada en la obra viquiana. Precisamente en la Aplicación de la Ciencia Nueva (1744), los tres principios básicos que coinciden con las creencias primarias de la civilización son enunciados por Vico en forma de subjuntivos exhortativos: “que se dé una Providencia divina; que se moderen las pasiones humanas; que nuestras almas sean inmortales”199. La humanidad aparece así como imperativo a realizar, como ideal en el proceso de humanización, como orden en proceso de consolidación que debe superponerse a una irrupción caótica exterior que existe para amenazarla. Si esto fuera solamente así, si según una metafísica antropológica típicamente cristiana Vico opusiera cuerpo bárbaro y mente civilizada como dos principios exteriores y eternamente opuestos, cuerpo y escritura se excluirían, y se tornaría una aporía el hecho de escribir la historia del cuerpo. El cuerpo permanecería bajo el estigma de inefabilidad que había lacrado sobre él la Edad Media. Más aun, se trataría de escribir la historia de una barbarie que parecería merecer atención sólo por lo que oculta, situándose desde lo otro del cuerpo para iluminarlo: escribir el caos desde el orden, leer la anormalidad desde la norma. Escribir acerca del cuerpo sería traicionarlo, a menos que se procediera no a través de nuestro lenguaje ni de nuestras condiciones de inteligibilidad, en cuyo caso, ¿desde qué lugar se escribiría?¿a través de qué códigos? ¿desde dónde sobrevendría la legitimación de dichos códigos? El punto es que, en Vico, y en esto radica su modernidad, el cuerpo es condición de posibilidad positiva de la política, en tanto superficie de inscripción. En efecto, las instituciones de la civilización afirman su poder moldeando los cuerpos, oponiéndose a la dinámica exageradora y deformante que la naturaleza librada a su arbitrio opera sobre los contornos de la corporalidad. El correlato de cada nueva creencia social es un modo de disciplinamiento y configuración del cuerpo, y es así que la filosofía política de la Ciencia Nueva discurre al modo de una arqueología de las raíces corporales de lo político200. Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 89 Corporalidad y poder en la Scienza Nuova de 1744 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 89
157. Ibidem. 158. PSN, 1411. 159. Remarca N. Bobbio que la tiranía excede el sistema conceptual de las formas de gobierno, coincidiendo con el estadio disolutorio de la política en violencia, que aparece en el pasaje a la república y en el tránsi- to a la monarquía, y que representa al cuerpo que asoma y deja ver su potencial destructivo, pero también progresivo (La teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político, trad. J. F. Santillán, México, F.C.E., 1985, p. 185). 160. N. Bobbio destaca que para Vico el conflicto no debe considerarse como un factor destructivo, sino, al contrario, debe interpretarse como momento necesario para el avance social (La teoría de las formas de gobierno, cit., p. 120). Dentro de esta “concepción antagonista de la historia”, el conflicto actúa como palanca de la historia, poniendo en movimiento todos los tránsitos hacia nuevas formas (ibid., p. 186). Sobre este punto hace hincapié también Hart (“La teoria vichiana sulla successione delle forme di Stato e le sue implicazioni politiche”, Bollettino del centro di studi vichiani, anni XVII-XVIII, 1987-1988, pp. 153-162: p. 153): la lucha asume dentro de la noción de historia de Vico un significado positivo, como principio dinámico que promueve todo desarrollo social e histórico. 161. SN, 290. 162. SN, 562. 163. SN, 699. 164. SN, 566. 165. SN, 565. 166. SN, 426. 167. SN, 260. 168. SN, 303. 169. SN, 324. 170. SN, 269. 171. MODICA, G., op. cit., p. 107. 172. DAMIANI, A., La ciencia anticartesiana..., cit., p. 119. Toda modificación de la mente es un modo de ser de la mente en relación con el cuerpo. Cf. SN, 218. 173. SN, 1094. 174. MODICA, G., op. cit., p. 131. 175. La teoría de las formas de gobierno..., cit., p. 189. 176. Si bien en Vico, a diferencia de Hobbes, se dan tres instancias básicas dentro del despliegue de la racionalidad política, este módulo triforme no se resuelve, como quieren las lecturas hegelianizantes de Vico, en forma de síntesis, sino que incluso en la civilización más racionalmente desplegada subyace una potencial conflictividad nunca del todo sintetizada. 177. “El proceso que va desde el hombre primitivo al hombre altamente civilizado, a pesar de seguir una norma uniforme, implica diversas ‘naciones’ con distintos ritmos de desarrollo. En otras palabras, las ‘naciones’ que se caracterizan aún por una estructura arcaica coexisten con ‘naciones’ que han llegado ya a su madurez, o incluso a la etapa final de descomposición y disolución. Vico sostiene por tanto la coexistencia de gente civilizada y bárbaros no sólo en el mundo antiguo sino también en nuestra realidad contemporánea internacional” (COSTA, G., “El pensamiento político de Vico”, en TAGLIACOZZO, G., MOONEY, M., VERENE, D. P. comps., Vico y el pensamiento contemporáneo, México, F.C.E., 1987 [1979], p. 212). 178. “Éstos deben ser los confines de la razón humana. Y quien quiera ir fuera de ellos, que cuide de no salirse fuera de toda la humanidad” (SN, 360). 179. Estas figuras funcionan como operadores textuales analógicos para la descripción de los tiempos de la primera barbarie: como en los niños, la memoria y la fantasía de los bárbaros gentiles son poderosísimas (SN, 211); las costumbres de los caracteres homéricos son propias de mujeres “por la fuerza de su fantasía”, de jóvenes “por la exaltada efervescencia de sus cóleras” (SN, 829); los héroes de reciente origen gigantesco son rudos, vigorosamete imaginativos y de violentas pasiones, “tal como podemos observar actualmente en los testarudos campesinos” (SN, 708); las antiguas costumbres de la barbarie pueden aún contemplarse en tártaros y moscovitas (SN, 528), abisinios (SN, 658), en los pueblos de Polonia, Lituania, Suecia, Dinamarca, Noruega (SN, 1079), y, en general, “en los reinos del más frío septentrión, que conservan aún mucho de la barbarie” (SN, 1064). 180. PACI, E., “Barbarie e civiltá in G. B. Vico”, en Atti del convegno internazionale “Campanella e Vico”, Roma, Accademia Nazionale dei Lincei, 1969, pp. 357-362, p. 357. 181. SN, 333. Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)96 Gabriel Livov Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 96
182. “Cuando esta tensión desaparece, cuando la historia parece reposar definitivamente en el seno de la monarquía racional, el cuerpo social y político deviene fláccido, las nociones de individuo y de interés individual se desarrollan en detrimento del ‘sentido común’, del sentido de interés colectivo de la nación, que los hombres de las primeras edades poseían en el máximo grado. El instinto de supervivencia se torna individual, y se transforma en una preocupación exclusivamente interesada por sí mismo que termina amenazando la preservación de la especie” (PONS, A., “Vico and the ‘Barbarism of reflection’”, New Vico Studies, vol. 16, 1998, pp. 1-24, p. 13). 183. MOONEY, M., “La primacía del lenguaje en Vico”, en TAGLIACOZZO, G., MOONEY, M., VERENE, D. P. (comps.), Vico y el pensamiento contemporáneo, .cit., pp. 200-201. 184. PACI, E., “Barbarie e civiltá in G. B. Vico”, cit., p. 358. La barbarie de la reflexión constituye también un desvío de lo humano, teniendo en cuenta que “El yo que Vico pone en el centro del universo no es el yo kantiano, sino el yo que hace la historia, y al hacer la historia no puede ser puro logos, pura sustancia pensante cartesiana, sino que es, al mismo tiempo, sentido y naturaleza, fantasía y razón” (Id., Ingens sylva, cit., p. 240). 185. La vanidad es el pecado por el cual estos “doctos” creen, y quieren, que lo que saben sea tan antiguo como el mundo (SN, 127). 186. SN, 338: traducción y subrayado nuestros. 187. SN, 378. 188. La condición de posibilidad del descenso consiste en que la edad civilizada presupone a las anteriores, y en que las modificaciones de la mente humana son acumulativas: “El científico puede ‘descender’ desde su naturaleza humana civilizada a aquellas naturalezas fieras y crueles porque su naturaleza racional es el resultado de las limitaciones que han sufrido las capacidades de aquellas naturalezas fieras y crueles” (DAMIANI, A., op. cit., p. 122). 189. DAMIANI, A., op. cit., p. 125; 1998: p. 103. 190. SN, 6, 185, 237, 376, 402, 495. 191. En SN, 32 se describen las lenguas de la barbarie a semejanza de las lenguas egipcias, haciendo hincapié en sus rasgos jeroglíficos y simbólicos. 192. Si para el hombre primitivo “son los cuerpos –el propio cuerpo y los otros cuerpos– los que constituyen la realidad, lo que tiene sentido y significado”, el estudioso que quiere acceder a estos actos primordiales (corporales) de donación de sentido debe retrotraerse hacia el pasado para superar el proceso de “abstracción y desacralización” por el cual el lenguaje mítico y poético de los orígenes se secularizó, perdió su carga mágica, animista, para acceder a los dominios del concepto (CANTELLI, G., Mente corpo linguaggio. Saggio sull’interpretazione vichiana del mito, Firenze, Sansoni, 1986, 27. Cf. especialmente el capítulo III, “Astrazione e desacralizzazione”, pp. 135-174). 193. BOSCHETTO, L., “Vico e i ‘figliuoli di Dio’”, cit., pp. 94, 95. 194. MAZZOLA, R., “I giganti in Vico”, cit., p. 68. 195. GINZBURG, C., “Indicios. Raíces de un paradigma de inferencias indiciales”, en Mitos, emblemas, indicios. Morfología e historia, trad. C. Catroppi, Barcelona, Gedisa, 1999 (1986), pp. 138-175, p. 162. 196. Para el caso de los tiempos de los orígenes gentiles, la unión entre lo profundo interior espiritual y la superficie de símbolos que han llegado a nosotros en forma de expresiones culturales, lingüísticas, etc. está garantizada por el hecho de que en los bárbaros, al no existir la reflexión, no se produce una contradicción entre lenguaje y realidad, y los significados de sus palabras y símbolos se enlaza sin mediaciones con el interior de sus almas: “los bárbaros carecen de reflexión, que, mal usada, es madre de la mentira, mientras que los primeros poetas latinos heroicos cantaron historias verídicas” (SN, 817). 197. PATELLA, G., Senso, corpo…, cit., p. 139. 198. M. Fubini pone en evidencia, a este respecto, el estilo poetizante de la descripción viquiana de los saberes poéticos, subrayando “la participación del escritor en la historia de los gigantes”, a través de “períodos cuyos límites no están pautados por razones lógicas sino por las necesarias normas del ritmo, y que tienen una armónica unidad, y por ello se consideran como verdaderas estrofas” (Stile e umanitá di G. B. Vico, citado en PACI, E., Ingens sylva, cit., p. 172). 199. PSN, 1406. 200. “Este excavar hasta las raíces implica ya una radicalización de los temas examinados, dentro de una articulación tan impetuosa en su indagar que pone al descubierto los más recónditos secretos anatómicos de las instituciones” (PIOVANI, P., Introducción al pensamiento de Vico, 1987, p. 77). También E. Nuzzo enfatiza este ensanchamiento y radicalización del campo conceptual de la filosofía política, destacando que, contra la óptica realista y machiavelliana de algunos teóricos políticos modernos, el napolitano analiza “las condiciones de posibilidad de lo político” como costumbres constituyentes en cuyo origen y legitimidad debe el estudioso detenerse (“Vico e l’ ‘Aristotele pratico’: la meditazione sulle forme ‘civili’ nelle ‘pratiche’ della Scienza nuova prima”, Bollettino del Corporalidad y poder en la Scienza Nuova de 1744 Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 97 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 97
Centro di Studi Vichiani, anni XIV-XV, 1984-1985, pp. 63-129, pp. 111-112). 201. M. DE CERTEAU, “Montaigne’s ‘Of cannibals’: the savage ‘I’”, en Heterologies. Discourse on the Other, trad. B. Massumi, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1993, pp. 68-79. 202. MH, p. 465. BIBLIOGRAFÍA DVD VICO, G. B., Discoverta del vero Dante ovvero Nuovi principi di critica dantesca, en Opere, a cura di F. Nicolini, Riccardo Ricciardi, Milano, 1953, pp. 950-954. LM VICO, G.B., Sabiduría primitiva de los italianos, trad. J. Cúccaro, Instituto de Filosofía, Facultad de Filosofía y Letras, UBA, Buenos Aires, 1939. [Existe traducción a cargo de F J.. Navarro Gómez en Cuadernos sobre Vico, 11-12, 1999-2000, pp. 401-436) y en VICO, G., Obras. Oraciones Inaugurales & La antiquísima sabiduría de los italianos, Barcelona, Anthropos, 2002. (N.E.)] MH VICO, G.B., Sobre la mente heroica (1732), trad. F. J. Navarro Gómez, Cuadernos sobre Vico, 7/8, 1997, pp. 461-470. PSN VICO, G.B., Aplicación de la Ciencia Nueva, en VICO, Antología, trad. R. Busom, Barcelona, Península, 1987. [Hay traducción de J.M. Sevilla (“Práctica de la Ciencia Nueva”) en Cuadernos sobre Vico, 5/6, 1995-1996, pp. 451-455. (N.E.)] SDU VICO, G.B., Sinopsis de Derecho Universal (1720), en Antología, citada. [Hay traducción y notas de J.M. Sevilla en Cuadernos sobre Vico, 9-10, 1998, pp. 439-459. (N.E.)] SN VICO, G.B., Principios de Ciencia Nueva en torno a la naturaleza común de las naciones, en esta tercera edición corregida, aclarada y notablemente ampliada por el mismo autor (1744), trad. J. M. Bermudo, Orbis, 1985, 2 vols. [versión electrónica de la edición italiana de P. Rossi bajada de www.liberliber.it]. SN 1725 VICO, G., Principios de una ciencia nueva en torno a la naturaleza común de las naciones, trad. J. Carner, F.C.E., México, 19782(1941). Bibliografía secundaria AGAMBEN, G., Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida I, trad. A. Gimeno, Valencia, Pre-Textos, 1998 (1995). ALIGHIERI, D., La Divina Commedia. Inferno, commento e analisi critica di G. Giacalone, Roma, Angelo Signorelli, 1988 (1968). ARIÈS, P. YDUBY, G. (DIRS.), Histoire de la vie privée. 3. De la Renaissance aux Lumières, volumen a cargo de R. Chartier, Paris, Éditions du Seuil, 1999 (1985). ARIÈS, P. YDUBY, G. (DIRS.), Historia de la vida privada I. Imperio Romano y Antigüedad tardía, volumen a cargo de Brown, P., Thébert, Y., y Veyne, P., trad. F. Pérez Gutiérrez, Madrid, Taurus, 1992 (1985). ARIÉS, PH., “Saint Paul et la chair”, Communications, numéro spécial “Sexualités occidentales”, 35, 1982, pp. 34- 36. BAJTIN, M., La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de François Rabelais, trad. J. Forcat y C. Conroy, Buenos Aires, Alianza, 1994. BOBBIO, N., Estudios de historia de la filosofía. De Hobbes a Gramsci, Madrid, Debate, 1985. BOBBIO, N., La teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento político, trad. J. F. Santillán, México, F.C.E., 1985. BODIN, J., Los seis libros de la República, trad. P. Bravo, Madrid, Tecnos, 1992. BOSCHETTO, L., “Vico e i ‘figliuoli di Dio’. Ricerche sui giganti nel Diritto Universale e nella Scienza nuova prima”, Bollettino del Centro di Studi Vichiani, anni XXIV-XXV, 1994-1995, pp. 79-95. BROWN, P., The body and society: Men, women and sexual renunciation in Early Christianity, New York, Columbia University Press, 1988. BRUNDAGE, J. A., La ley, el sexo y la sociedad cristiana en la Europa medieval, trad. M. Utrilla de Neira, México, F.C.E., 2000 (1987). CANTELLI, G., “Gestualitá e mito: i due caratteri distintivi della lingua originaria secondo Vico”, Bollettino del Centro di Studi Vichiani, anno XX, 1990, pp. 77-116. CANTELLI, G., Mente corpo linguaggio. Saggio sull’interpretazione vichiana del mito, Firenze, Sansoni, 1986. COSTA, G., “’Sali nitri’ de Vico y los orígenes de la civilización pagana: la dimensión alquímica de la Ciencia Nueva”, trad. M. Iglesias, Cuadernos sobre Vico, nº 2, 1992, pp. 11-19. COSTA, G., “El pensamiento político de Vico”, en TAGLIACOZZO, G., MOONEY, M., VERENE, D. P. (COMPS.), Vico y Gabriel Livov Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)98 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 98
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