Introducción: dossier propaganda, represión y censura
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11 Podría resultar un lugar común el enunciar que la segunda mitad del siglo XX español se encuentra profundamente influida por la prolongada duración del régimen franquista (1939-1975). Pero la afirmación encierra significados no tan evidentes a primera vista. En términos de pregunta directa: ¿la dictadura del general Franco terminó por completo en 1975 o, por el contrario, dejó sentir sus consecuencias más allá de aquel año? Dependiendo de la respuesta, cabría acotar el franquismo a modo de paréntesis histórico, trazando implícitamente vínculos entre la Segunda Repú - blica y la recuperación de las libertades bajo el sistema democrático. Aceptar, en cambio, su influencia posterior requiere esclarecer qué herencias (y no sólo políticas) hemos recibido de los lustros del franquismo, cuáles se han adaptado hasta lo deliberadamente irreconocible y cuáles han desaparecido en la medida en que ha ido consolidándose nuestra actual democracia. La distancia entre estas respuestas mide la diferencia entre dos concepciones de nuestra historia contemporánea. La proposición inicial también nos sugiere entender la etapa franquista como un período que no fue, ni mucho menos, monolítico. Hubo tensiones dentro del régimen, disputas ideológicas, luchas entre “familias”, conflictos entre el poder cen tral y los poderes locales, resistencias internas, cambios sociales, transformaciones económicas, mutación de discursos y, por supuesto, condicionantes exteriores. Desde esta óptica, no parece admisible la simpleza de esas piruetas que, revisando la guerra civil y la posguerra, saltan audazmente hacia una relectura crítica de la transición, hecha a medida del paracaidista de turno que pretende ahormar el franquismo a un molde interpretativo previo en el que la dictadura aparece como una prolongada y homogénea noche de los tiempos. Si el régimen dictatorial se caracterizó por una intensa represión que atemperaron el tiempo y las circunstancias internacionales, es preciso señalar que no fue sólo eso. El franquismo fue también un ensayo casi permanente en pos de la supervivencia política del general Franco y de todos sus tinglados adyacentes; fue la confirmación de que el fin supremo del mantenimiento del régimen justificaba todas las adaptaciones; fueron los fracasos autárquicos y la necesidad imperiosa de abrirse al exterior; fue el reemplazo de la “Cruzada” por los 25 años de “paz”; fue la búsqueda desesperada de una legitimidad de la que carecía; fue el “Estado de obras” que describiera Gonzalo Fernández de la Mora; fue, en suma, la subsistencia pragmática de todo un sistema que a fuerza de perdurar se convirtió en un anacronismo en la Europa de mediados de los setenta. Y todo ello aparte de la política descolonizadora en África, el contencioso de Gibraltar o los mitos de la amistad con los países árabes, entre otros asuntos. Los principios ideológicos de partido –tan queridos en la guerra y la posguerra– escaso papel podrían jugar en la reconstrucción material del país y en la lenta (y nunca completa) homologación internacional de España. Hasta se acometió un cambio de vías táctico para que la Falange terminara en una olvidada estación muy alejada del destino soñado por su fundador. Casi todo resultaba válido si sostenía al régimen, incluso la alianza con la democracia “inorgánica” más poderosa del mundo. El diplomático Nuño Aguirre de Cárcer ha referido la anécdota del comentario que Franco hizo a sus ministros tras la firma de los pactos bilaterales: “Nos hemos casado con la más rica”. La alianza podía no RHA, Vol. 8, Núm. 8 (2010), 11-13 ISSN 1697-3305 © 2010 Revista de Historia Actual INTRODUCCIÓN Julio Ponce Alberca Recibido: 9 Septiembre 2010 / Revisado: 15 Octubre 2010 / Aceptado: 20 Octubre 2010
RHA, Vol. 8, Núm. 8 (2010), 11-13 Julio Ponce Alberca resultar atractiva, pero era vital. España fue liberalizándose para mayor gloria y estabilidad del dictador, que no cambió un ápice la sustancia de aquel sistema político tan autoritario como personal. El respaldo estadounidense y las consiguientes reformas económicas fueron suficientes para calmar las protestas por un tiempo, ampliando los apoyos sociales. Los discursos oficiales dejaron atrás los ribetes imperiales y nacionalsindicalistas para lanzar guiños a la reconciliación y a la superación de los viejos fantasmas familiares de la guerra, bajo el denominador común de ser “españoles todos”. Curiosamente, los que protagonizaron la guerra estaban decididos a olvidarla, situándose entre las paradojas de la política y las ironías de la historia. Expresado lo anterior, se entiende que el franquismo haya suscitado la atención de los especialistas. Y dicho interés no sólo debe centrarse en conocer qué ocurrió durante aquella etapa y qué procesos se desataron entonces que condicionaron –a pesar del propio régimen– la democratización posterior. Cabe considerar también el franquismo una suerte de referente reactivo para muchos de los que soñaban un horizonte de libertades tras la dictadura. Imaginaban el futuro como antítesis completa de todo lo que representaba lo establecido. La soñada democracia pasó a ser objeto de idealizaciones, envuelta en ausencia de represión, en censuras desterradas, en abrazos europeístas y en un progreso ilimitado que sólo el cambio político podía precipitar. Algunos esclarecidos eran conscientes de que la realidad terminaría acotando tan idílicos propósitos. La normalización democrática supuso un valioso logro pero representó, también, el final de los sueños ingenuos sobre la libertad. Entender mejor nuestra segunda mitad del siglo XX requiere tener muy presentes –junto a la historia política– los cambios sociales, económicos y culturales de España entre 1939 y 1975. Y es de alabar la atinada y paciente labor de los historiadores en medio de los acalorados debates públicos sobre los problemas de nuestra memoria social a lo largo de los últimos años. Mientras la memoria (adjetivada como “histórica”) era arrastrada hasta esferas judiciales, los especialistas seguían afanándose por conocer mejor nuestro pasado reciente, dentro de la parsimonia racional propia de la labor historiográfica y de un fructífero contraste de pareceres ajeno a credos excluyentes. Afortunadamente, las turbulencias no han anegado los valiosos trabajos procedentes de colectivos como el GREF (Grupo de In - vestigación sobre la Época Franquista) que forma parte del Centro de Estudios sobre las Épocas Franquista y Democrática (CEFID, Universidad Autónoma de Barcelona). Lo mismo cabe afirmar del Seminario de Estudios de Franquismo y Transición (SEFT) que se ha ocupado de profundizar en el análisis de la dictadura. Otros grupos también se encuentran vinculados a los estudios sobre franquismo, aunque el arco cronológico de sus investigaciones es más amplio. Son los casos de Estudios del Tiempo Presente (Universidad de Almería) o el del Grupo de Estudios de Historia Actual (GEHA), constituido en la Universidad de Cádiz. Gracias a ellos vamos conociendo mejor aspectos tales como las relaciones entre poder central y poderes locales en la dictadura, las formas de resistencia al régimen, los modelos represivos, la historia de la Falange y de la Sección Femenina, el papel y evolución de la mujer en aquellos lustros, la evolución económica del país, las transformaciones sociales, etc. Baste recordar los trabajos de Encarna Nicolás, Francisco Cobo, Carme Molinero, Anto - nio Cazorla, Julián Sanz, Cristian Matías Cerón, Miguel Ángel del Arco u Óscar Rodríguez, por citar tan sólo algunos de los trabajos publicados en el último lustro; y la lista, desde luego, no es completa, ni pretende serlo en esta breve introducción al dossier que presentamos1. Siendo meritorio el camino historiográfico recorrido hasta ahora, siguen publicándose nuevas 12 1Nicolás Marín, María Encarna, La libertad encadenada. España en la dictadura franquista, 1939-1975. Madrid, Alianza, 2005; Cobo Romero, Francisco y Ortega López, Teresa María, Franquismo y posguerra en Andalucía oriental. Represión, castigo a los vencidos y apoyos sociales al régimen franquista, 1936-1950. Granada, Universidad, 2005; Molinero, Carme, La captación de las masas: política social y propaganda en el régimen franquista. Madrid, Cátedra, 2005; Molinero, Carme, La anatomía del franquismo. Barcelona, Crítica, 2008; Cazorla Sánchez, Antonio, Las políticas de la victoria: la consolidación del nuevo estado franquista (1938- 1953), (Madrid, Marcial Pons, 2000); Sanz Hoya, Julián, La construcción de la dictadura franquista: Instituciones, personal político y apoyos sociales (1937-1951). Santander, Universidad de Cantabria, 2008; Cerón Torreblanca, Cristian Matías, “La paz de Franco”. La posguerra en Málaga: desde los oscuros años 40 a los grises años 50. Málaga, Universidad, 2007; Arco Blanco, Miguel Ángel del, El primer franquismo en Andalucía oriental (1936-1951). Poder local, institucionalización y consolidación del régimen franquista. Granada, Universidad, 2005; Rodríguez Barrera, Oscar J., Migas con miedo. Prácticas de resistencia al primer franquismo. Almería, 1939-1953. Almería, Universidad, 2008.
Introducción DOSSIER 13 aportaciones que permiten añadir interesantes matices a esa etapa de nuestra reciente historia. Por citar dos meros ejemplos, podemos destacar la aportación del Sasha Pack sobre el impacto del turismo titulado La invasión pacífica. Los turistas y la España de Franco (Madrid, Turner, 2009), o la compilación realizada por el profesor Nigel Townson –España en cambio. El segundo franquismo, 1959-1975 (Madrid, Siglo XXI, 2009)–, en la que intervienen diversos autores como Pablo Martín, Elena Martínez, Pamela Radcliff, Charles Powell, Cristina Palomares, Mariano Torcal, etc. No parece aventurado afirmar que el libro de Pack ha abierto para los historiadores del franquismo una línea de investigación relativamente novedosa, aunque existían algunos precedentes2. Pero su mayor atractivo descansa en su contribución al mejor conocimiento de un régimen que no dudó en flexibilizar sus rigores en las zonas turísticas con tal de adquirir divisas y, de paso, difundir una imagen más dulcificada de una España que aún se contemplaba desde el resto de Europa a través del cristal de la guerra civil y la represión dictatorial, todo ello empapado en una recurrente recreación de los seculares estereotipos sobre la negra y decadente historia española, llena de violencia, exilio e intolerancia. No fue casual la denominación del Ministerio de Información y Turismo. Si en las capitales europeas se clamaba contra la ejecución de Julián Grimau, también era incuestionable el desembarco veraniego de cientos de miles de turistas procedentes de esa misma Europa. El turismo fue un gran negocio económico y político. El estudio sobre el segundo franquismo de Townson ha puesto el acento en la significativa evolución socioeconómica, llamando la atención sobre la necesidad de acometer estudios más precisos para entender mejor el tardofranquismo y la textura de los inicios de nuestro tránsito hacia la democracia. En otra propuesta audaz y sugerente, nos conduce hasta los interrogantes sobre la presunta singularidad española en la obra titulada ¿Es España diferente? Una mirada comparativa (siglos XIXXX), (Madrid, Taurus, 2010). Entre sus páginas son de destacar las correspondientes al artículo de Tom Buchanan sobre el alcance de la “diferencia” española con respecto al resto del mundo, reenfocando el segundo franquismo en un marco internacional3. La dictadura de Franco, al fin y al cabo, tampoco era la única de la Europa meridional. La historiografía sobre el franquismo, pues, goza de buena salud y es previsible que en los próximos años sigan apareciendo nuevos análisis sobre aquel singular período de nuestra contemporaneidad. Como simple muestra, baste indicar que en el Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla en el que estamos integrados hay un número apreciable de especialistas trabajando sobre el franquismo desde diversas ópticas: José Antonio Parejo (Falange), Inmaculada Cordero (los exiliados), Ángeles González (el papel de los empresarios) o Alberto Carrillo (las protestas contra el régimen). También están en curso de elaboración tesis doctorales sobre las relaciones de aquella España con organismos internacionales como la ONU (Irene Sánchez) y, por último, coordinamos un proyecto de investigación sobre la implementación del Estado franquista en las provincias durante el primer franquismo a través del análisis de los gobernadores civiles. Puede entenderse, en consecuencia, que el presente dossier, titulado Propaganda, represión y censura durante el franquismo, se inscriba en el marco descrito. Seis son los trabajos que aquí se publican abarcando cinco décadas y diversas temáticas: desde la guerra civil al tardofranquismo, desde aspectos específicos de las relaciones internacionales hasta la censura frente al regionalismo, desde el simbolismo de los lugares de la memoria franquistas (Valle de los Caídos) hasta los vínculos entre movimientos feministas y oposición política. Figuran también una visión comparada de los arquetipos derivados de las dos dictaduras ibéricas y un estudio de percepciones como es el de la recepción de la Guardia de Hierro rumana en los diversos periódicos españoles. Sirva este dossier como una aportación más al panorama historiográfico brevemente descrito. 2Sánchez Sánchez, Esther M., “El auge del turismo europeo en la España de los años sesenta” en Villacorta Baños, Francisco (ed.), “España-Europa en la perspectiva del siglo XX” en Arbor. Ciencia, pensamiento y cultura, 669, septiembre 2001. Para un período anterior al tratado por Pack, vid.: Correyero Ruiz, Beatriz y Cal Martínez, María Rosa, Turismo, la mayor propaganda de Estado: España desde los orígenes hasta 1951, (Madrid, Visión Libros, 2008). 3Buchanan, Tom, “¿Hasta qué punto era ‘diferente’ España?- El segundo franquismo en el contexto internacional” en Townson, Nigel (dir.), ¿Es España diferente? Una mirada comparativa (siglos XIXXX). Madrid, Taurus, 2010, 71-86.