Crame, Cermeño y la reforma del Morro de Santiago de Cuba (1766-1767)
Abstract
Este artículo revisa la intervención de los ingenieros militares Agustín Crame y Juan Martín Cermeño en los proyectos de reforma y reconstrucción del castillo de San Pedro de la Roca de Santiago de Cuba que siguieron a la ruina parcial de la fortificación tras el terremoto del 11 de junio de 1766. Mediante el análisis de documentación inédita será posible conocer los pormenores de los proyectos y así aclarar el grado de intervención de los ingenieros en el resultado final de los trabajos.
Full text
IgnACIo j. lópEz hERnÁndEz ARQUITECTURA, AISLAMIENTO, TRADICIÓN Y MODERNIzACIÓN EN VENEzUELA, 1936-1956 88 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 88-101 · ISSN 2254-7037 Resumen Este artículo revisa la intervención de los ingenieros militares Agustín Crame y Juan Martín Cermeño en los proyectos de reforma y reconstrucción del castillo de San Pedro de la Roca de Santiago de Cuba que siguieron a la ruina parcial de la fortificación tras el terremoto del 11 de junio de 1766. Mediante el análisis de documentación inédita será posible conocer los pormenores de los proyectos y así aclarar el grado de intervención de los ingenieros en el resultado final de los trabajos. Palabras clave Cermeño, Crame, Fortificación, Ingenieros Militares, Santiago de Cuba. Ignacio J. López Hernández Universidad de Almería, España. Profesor de la Universidad de Almería y Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla, es Licenciado en Historia del Arte y Máster en Patrimonio Artístico Andaluz y su proyección Iberoamericana. Ha realizado estancias de investigación en Lincoln, La Habana, Madrid y Turín. Ha publicado diferentes trabajos sobre historia de la arquitectura e ingeniería en Cuba y la América antillana entre los que se encuentra la monografía Ingeniería e Ingenieros en Matanzas (Athenaica, 2019). CRAME, CERMEÑO Y LA REFORMA DEL MORRO DE SANTIAGO DE CUBA (1766-1767) CRAME, CERMEÑO AND THE MORRO CASTLE IN SANTIAGO DE CUBA (1766-1767) Fecha de recepción: 13/III/2020 Fecha de revisión: 09/VI/2020 Fecha de aceptación: 26/VI/2020 Fecha de publicación: 30/VI/2021 Abstract This article reviews the contribution of the military engineers Agustín Crame and Juan Martín Cermeño to the reconstruction of San Pedro de la Roca castle in Santiago de Cuba after the earthquake that devastated the city and part of the fort on June 11, 1766. Through the analysis of unpublished documents, it will be possible to know about the details of the projects and to clarify the responsibilities of theses engineers in the definitive work. Key words Cermeño, Crame, Fortification, Military Engineers, Santiago de Cuba. ISSN 2254-7037 DOI: http://dx.doi.org/10.30827/quiroga.v0i19.0008
IgnACIo j. lópEz hERnÁndEz 89 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 88-101 · ISSN 2254-7037 CRAME, CERMEÑO Y LA REFORMA DEL MORRO DE SANTIAGO DE CUBA (1766-1767) 1. INTRODUCCIÓN1 En 1942 Diego Angulo inauguraba, con su discurso de ingreso a la Academia de la Historia, una de las líneas de investigación y estudio más ricas de la historia del arte hispanoamericano2. Su trabajo sobre Bautista Antonelli no se redujo a documentar una de las principales figuras de la ingeniería militar española, sino que contribuyó al fomento de los estudios sobre el desconocido patrimonio fortificado americano que poco más tarde encabezaron autores como Marco Dorta, Calderón Quijano o Zapatero3. Este importante legado sustenta hoy numerosas líneas de investigación que siguen indagando sobre los orígenes del sistema defensivo americano. Lejos de haberse estrechado el cerco sobre la realidad de este patrimonio, las aproximaciones multidisciplinares con las que se ha abordado han permitido diversificar sus implicaciones y valores. Así, las fortificaciones americanas han de entenderse hoy como resultado de múltiples condicionantes de carácter técnico, científico, propagandístico, táctico y, sobre todo, geoestratégico. Todo ello otorga al patrimonio fortificado valores que trascienden lo exclusivamente arquitectónico. Así, a modo de ejemplo, se puede advertir fácilmente cómo sus tipologías evolucionan en función de la tecnología y estrategias de la guerra, de la misma forma que sus emplazamientos son resultado de problemas de índole geoestratégica y militar. Esto se desprende de un estudio metódico y comparado de la documentación generada por ingenieros y gobernantes que debatieron sobre el problema de la defensa y control del territorio americano. De la misma forma, esta aproximación permite notar cómo la fortificación en América se configuró con rasgos diferentes al que tuvo la disciplina en el continente europeo4. Por ello mismo, no es raro observar en la documentación cómo esta realidad entraba en conflicto con el control al que se sometían los proyectos de fortificación desde la corte. Estas ocasiones brindan una oportunidad excepcional de evaluar el componente autóctono que tiene la fortificación en América a la par que ofrecen noticias de gran valor para documentar el origen particular de algunos de sus ejemplos. En este sentido, este trabajo pretende analizar este problema en el caso concreto del castillo de San Pedro de la Roca de Santiago de Cuba —conocido como el Morro— a partir de los proyectos
IgnACIo j. lópEz hERnÁndEz CRAME, CERMEÑO Y LA REFORMA DEL MORRO DE SANTIAGO DE CUBA (1766-1767) 90 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 88-101 · ISSN 2254-7037 de reconstrucción que formularon los ingenieros militares Agustín Crame y Juan Martín Cermeño tras el terremoto que asoló la ciudad en 1766. Complementariamente, mediante el estudio de memorias y planos inéditos será posible documentar por primera vez la paternidad de una fase constructiva del castillo no suficientemente conocida y que fue la que acabó dando forma a la obra actual. 2. EL ORIGEN DEL SISTEMA DEFENSIVO SANTIAGUERO El origen de sistema defensivo de Santiago de Cuba se remonta a la elección de su enclave fundacional en 1515, en el interior de una profunda bahía para cuya entrada era necesario salvar un estrecho canal de acceso fácilmente controlable. A pesar de ello, la fortificación de la bahía fue sorprendentemente tardía, viéndose relegada a un plano secundario por el protagonismo que fue ganando La Habana, integrada tempranamente en el circuito de la Carrera de Indias. Así, hasta el segundo cuarto del siglo XVII solo constan como únicas medidas la construcción de precarias obras de tierra y el establecimiento de puestos de vigilancia5. Con la llegada a la gobernación de Pedro de la Roca se promovió la fábrica de un castillo en la entrada de la bahía, para el que el ingeniero Juan Bautista Antonelli propuso un diseño en 1637 que se acabaría concluyendo dos años más tarde, consistente en un fuerte con dos baluartes en su frente de tierra y cerrados por muros que se adaptaban a la colina escarpada por el de mar6. Sin embargo, su carácter de vigía comprometía la capacidad de ataque sobre la misma bocana, motivo por el que hacia 1651 se construyó a los pies de la colina una batería, llamada de la Punta o del Santísimo Sacramento, con la que poder dar fuego sobre la línea de flotación de las embarcaciones7. Este sistema de baterías escalonadas sería perfeccionado en 1702 al construirse la plataforma intermedia de San Juan Bautista8, que más tarde absorbería el nombre del Santísimo Sacramento con el que se bautizó en origen a la batería baja9. Al margen del recinto del Morro, el sistema defensivo de la bahía fue objeto de un proyecto de mejora según diseño del ingeniero militar Juan de Císcara, quien construyó hacia 1669 la batería de Santa Catalina y el fuerte de la Estrella, dispuestos en el interior del canal10. Estas fortificaciones no defendían directamente la ciudad, ubicada a siete kilómetros al interior, sino que evitaban solo su ataque por su frente marítimo. Sin embargo, existían otras vías de internamiento a la ciudad, sobre todo remontando el río Aguadores, lo que fue aprovechado por el inglés Christopher Myngs para asaltarla en 166211. Así, se estimó necesaria la construcción de una ciudadela que diera servicio a la población, dando origen al castillo de San Francisco que proyectó Císcara junto al convento homónimo, en el centro de la misma trama urbana. El castillo, sin embargo, nunca resultó útil, ya fuera por su precaria construcción o, especialmente, por faltar a todas las reglas básicas de la poliorcética. Estas fortificaciones fueron resultado de una experiencia muy concreta y limitada a los principios de la guerra del Caribe de los siglos XVI y XVII, cuyos peligros lo representaban corsarios y pequeñas escuadras navales. Esto cambiaría a partir del siglo XVIII, cuando se asiste a la paulatina profesionalización de la guerra en el Caribe, lo que dará lugar a despliegues de ejércitos y armadas nacionales nunca vistos en aquellas aguas. Como consecuencia, la fortificación de las diferentes plazas debía adaptarse a sus nuevos estatus geoestratégicos y sobre todo a tácticas y técnicas de ataque que, si bien tenían larga tradición en Europa, nunca fueron implementadas en aquel contexto. Para hacer frente a esta amenaza, sobre todo con motivo de la campaña de Vernon en 1741, el gobernador Francisco
IgnACIo j. lópEz hERnÁndEz CRAME, CERMEÑO Y LA REFORMA DEL MORRO DE SANTIAGO DE CUBA (1766-1767) 91 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 88-101 · ISSN 2254-7037 Cagigal de la Vega y el ingeniero Francisco de Langle, adaptaron las fortificaciones al nuevo peligro: se amplió la plataforma del Sacramento y se construyeron bóvedas de almacenaje; se remodeló la batería de la Estrella; se construyó un campo atrincherado con obras de campaña provisionales con las que adelantar el frente de tierra del castillo del Morro en el que se incluía un gran hornabeque con caballero; y por último se edificaron diferentes baterías y trincheras en las playas de los alrededores de Santiago para evitar una incursión terrestre del enemigo12. 3. HACIA UN CAMBIO DE MODELO DEFENSIVO Pocas variaciones sufrió la estrategia defensiva de Santiago durante la guerra de los Siete Años (1756- 1763). Aun cuando en aquella ocasión no se llegó a poner a prueba, la experiencia en La Habana reveló importantes carencias en el sistema defensivo santiaguero. Por entonces, el ejército británico desarrolló una capacidad adaptativa mucho mayor que la demostrada 20 años antes. Asumieron plenamente que la guerra en el Caribe dependía de plazos muy ajustados, para lo que era necesario Fig. 1. Plano del Castillo del Morro en la Isla Cuba Y de las Obras proyectadas para la Seguridad, Beltrán Beaumont, 1765, CGE, Cartoteca, Ar.j-t.10-c.2-296.
IgnACIo j. lópEz hERnÁndEz CRAME, CERMEÑO Y LA REFORMA DEL MORRO DE SANTIAGO DE CUBA (1766-1767) 92 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 88-101 · ISSN 2254-7037 incorporar, desde la experiencia europea, técnicas y tácticas de asedio más complejas y dinámicas13. Ello se tradujo en la toma de La Habana en 1762 después de un ataque con mina —el primero en Hispanoamérica— sobre las básicas defensas del siglo XVI del frente de campaña del castillo del Morro14. A ello siguió el bombardeo de la ciudad desde las desprotegidas alturas de La Cabaña que desencadenaría la capitulación final. La respuesta a este desastre tuvo lugar de manera inmediata a la devolución de la ciudad el 6 de julio de 1763. Desde entonces se asistió a un despliegue sin precedentes para la actualización defensiva de la isla a todos los niveles, comisión que recayó en un equipo de oficiales encabezado por el capitán general conde de Ricla. El plan de fortificación implementado en La Habana bajo la coordinación del ingeniero director Silvestre Abarca da cuenta de la evolución a la que fueron sometidas las defensas de la capital, entendidas como partes constitutivas de una red de fuertes destacados con los que se proveyó del control absoluto de enclaves y puntos de dominio de cada uno de los múltiples frentes de la plaza. Con ello se incorporaron principios fundamentales de la poliorcética de la escuela francesa15, con los que ya se experimentaron sin éxito en el contexto geográfico antillano16. De ello da cuenta el diseño de las nuevas fortificaciones, plenamente evolucionadas desde los primarios modelos de los siglos XVI y XVII. En esta novedosa estrategia se advirtió cómo la defensa marítima no fue tan prioritaria como la de los diversos frentes de campaña. Paradigma de todo ello fue el castillo de San Carlos de la Cabaña, concebido como un ejercicio de academia de una prototípica “obra coronada” de Vauban con elementos del todo novedosos en Cuba en los que se incluía un complejo sistema de obras exteriores formado por tenazas, revellines con caballeros, baluarte con cortaduras a modo de bastión destacado, etc.17. Sin embargo, como aprecia Luengo, pese a la novedad que suponía para el contexto americano, este sistema ya daba muestras de su obsolescencia en territorio europeo sobre todo con motivo de los nuevos planteamientos que desarrolló Montalembert, quien llegó a manifestarse sobre el caso habanero18. Aunque a menor escala, el debate sobre la actualización defensiva de la capital también se extendió a otros puertos de la isla como Santiago de Cuba. A ello respondió el viaje de reconocimiento que ejecutó el mariscal Alejandro O’Reilly por toda la geografía insular con el que no solo tuvo oportunidad de organizar sus milicias, labor generalmente reconocida19, sino que asimismo se preocupó de las fortificaciones de los principales enclaves. Consecuencia de su visita a Santiago de Cuba fue un proyecto de fortificación que formuló en compañía del ingeniero Beltrán Beaumont y que recibió aprobación real para su ejecución el 30 de agosto de 176420. El nuevo plan de fortificación se componía de tres pequeños fuertes en las alturas de la Socapa —frente al castillo del Morro— y de la Estrella —sobre la batería homónima—21, siguiendo principios similares a los que guiaban los proyectos de La Habana. Además, para proteger el frente de tierra del Morro, se proyectaba el adelantamiento del perímetro del castillo en más de cien metros con una nueva muralla abaluartada a modo de primera línea de defensa22. Sin embargo, nada de lo decretado fue finalmente siquiera comenzado cuando el terremoto del 11 de junio de 1766 asoló la ciudad dañando sus fortificaciones. Entonces, con O’Reilly fuera de la isla, la iniciativa de la nueva fortificación de Santiago pasó al prestigioso ingeniero Agustín Crame23, si bien en el contexto de la necesaria reconstrucción de las fortificaciones afectadas. 4. LOS PROYECTOS DE CRAME: ENTRE LA RECONSTRUCCIÓN, LA AMPLIACIÓN Y EL ABANDONO La relación que hace Crame de los destrozos ocasionados por el terremoto describe una ciu-
IgnACIo j. lópEz hERnÁndEz CRAME, CERMEÑO Y LA REFORMA DEL MORRO DE SANTIAGO DE CUBA (1766-1767) 93 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 88-101 · ISSN 2254-7037 dad completamente arruinada24. Pese a ello, y de forma contraria a lo repetido generalmente por la historiografía25, las fortificaciones no presentaron excesivos desperfectos, limitados estos a garitas y alojamientos superiores cuyas techumbres simples —no construidas a prueba de bomba— cedieron con el sismo. De esta forma, no resultaron excesivamente dañadas sus baterías y plataformas exteriores ni aljibes, de lo que da detallada cuenta Crame en un plano fechado el 18 de septiembre de 176626. En este punto, su primer proyecto pasó simplemente por la reconstrucción de los alojamientos arruinados con bóvedas a prueba de bomba, de cuyas obras debía quedar encargado el ingeniero Juan Cotilla27. No obstante, la simple reconstrucción del castillo devolvía una obra que seguía siendo muy limitada en recursos defensivos. Además, el proyecto ignoraba las mejoras que O’Reilly y el ingeniero Beltrán Beaumont presentaron en el plan de defensa aprobado por el rey. Sin embargo, Crame consideró innecesarias y excesivamente costosas todas sus obras, apuntando además que sus diseños se fundamentaban en graves errores en el reconocimiento del terreno28. Así, como medida intermedia, Crame formuló otro proyecto en octubre de 1766 con el que, a su juicio, se cubrían todas las necesidades defensivas tanto del castillo como de la entrada a la bahía29. La idea se limitaría a intervenir en el Morro mediante la ampliación de baterías y dependencias interiores. De esta forma, Crame propuso reordenar las tres crujías que delimitaban la planta triangular de la plaza de armas situada en la parte superior del castillo. Por un lado, en la crujía que cubría la cortina de acceso, Crame proyectó cuatro alojamientos abovedados entre los baluartes de San Sebastián y San Carlos30. Por su parte, la crujía norte fue la que menos daños sufrió en el terremoto, pues era donde se ubicaba el almacén de pólvora, cubierto con la única bóveda a prueba de bomba del castillo. De este modo, solo sería necesario construir una estancia abovedada sobre la antigua sala de armas. Por último, la crujía sur sería Fig. 2. Relación del estado en que se halla el Castillo del Morro de Cuba y sus baterias despues del terremoto del dia 11 de Junio y siguientes del año de 1766, Agustín Crame, 18 de septiembre de 1766, CGE, Cartoteca, Ar.j-t.10-c.2-305.
IgnACIo j. lópEz hERnÁndEz CRAME, CERMEÑO Y LA REFORMA DEL MORRO DE SANTIAGO DE CUBA (1766-1767) 94 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 88-101 · ISSN 2254-7037 la más alterada, eliminándose la disposición de los antiguos almacenes por otros que redoblaban su capacidad a costa de la plaza de armas. De manera similar, el espacio de la antigua capilla sería ampliado para acoger las dependencias del gobernador. El interés de estas reformas no estribaba tanto en la nueva distribución como en la posibilidad de habilitar plataformas sobre las dependencias. Sus bóvedas a prueba de bomba y el ensanche de sus muros permitiría sostener el peso de tres nuevas baterías que darían fuego sobre el canal de acceso a la bahía: una sobre los antiguos almacenes de pólvora, a nivel y comunicada con la gola del baluarte de San Sebastián; otra, escalonada con respecto a la anterior, sobre la nueva sala de armas; y finalmente una de mayor extensión ocupando las bóvedas de toda la crujía sur. Por último, y apoyando al fuego de estas nuevas baterías, se construiría un parapeto en el límite de la llamada plataforma del aljibe, en el extremo occidental del fuerte superior. Por su parte, para minimizar la amenaza que representaba la altura de la Socapa, no sería necesario levantar sobre ella un fuerte, sino que bastaría con la construcción de dos espaldones en la plataforma intermedia del Sacramento para cubrir un poco probable fuego desde aquella ubicación, distante más de 600 metros31. De forma similar, no creyó conveniente construir los dos fuertes propuestos por Fig. 3. Proyecto para aumentar los fuegos del Castillo del Morro de Cuba por la parte de la Bahía, construir edificios a prueba de bomba, Agustín Crame, 20 de octubre de 1766, AGMM, Cartoteca, CUB-145/10.
IgnACIo j. lópEz hERnÁndEz CRAME, CERMEÑO Y LA REFORMA DEL MORRO DE SANTIAGO DE CUBA (1766-1767) 95 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 88-101 · ISSN 2254-7037 O’Reilly en el monte de la Estrella, pues, también a otros 600 metros del Morro, bastaría con las nuevas baterías proyectadas en el castillo para flanquear la batería marítima construida por Langle en 174132. Por último, Crame también desechó la obra aprobada por el rey en el frente de campaña, proponiendo como alternativa mucho más económica la ampliación del foso en el que sería eliminado el antiguo revellín para dejar espacio a un gran hornabeque que protegería no solo la cortina de acceso al castillo, sino sus dos baluartes33. De esta manera, el frente se adelantaba más de 60 metros —límite del nuevo camino cubierto—, ensanchándose en más de 120 —distancia entre los vértices de cada semibaluarte del hornabeque—. Como plazo, Crame fijaba en dos años la conclusión de la obra, no excediendo de 70.000 pesos su presupuesto, si bien de él se excluía el gasto de 25 albañiles, 25 canteros y la mano de obra esclava —alrededor de 300 personas—34. El carácter conservador con el que Crame se enfrentaba a estas obras contrasta con la envergadura del proyecto aún vigente aprobado por el rey. De hecho, su misma propuesta de renovación del frente de campaña la consideró opcional, creyendo suficientes las nuevas baterías interiores del castillo. Su actitud igualmente difería de la demostrada por él mismo en el ambicioso plan de defensa de La Habana en el que tomó partido. La explicación a esta aparente contradicción se halla en un cambio de paradigma estratégico y defensivo en el Caribe, que el mismo ingeniero revela —o deja intuir— en la carta que remitió al capitán general Bucareli con una propuesta radical: Fig. 4. Proyecto para aumentar los fuegos del Castillo del Morro de Cuba…, Agustín Crame, 20 de octubre de 1766, AGI, MP-Santo Domingo, 343.
IgnACIo j. lópEz hERnÁndEz CRAME, CERMEÑO Y LA REFORMA DEL MORRO DE SANTIAGO DE CUBA (1766-1767) 96 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 88-101 · ISSN 2254-7037 “He manifestado a V.S. que, aunque proyecto las fortificaciones […] no soy de parecer que esso se execute y […] quisiera que se añadiese la disposicion a bolarlo quando ya no huviesse recurso para defenderlo […] El peligro de que se establezcan los enemigos en Cuva no crece porque no se aumenten fortalezas: estas podrian retardarles la conquista, pero tambien les darian la facilidad de conservarlas”35. De esta forma, y por su misma centralización administrativa, la integridad de la isla ya no dependía de la salvaguarda de todas sus jurisdicciones. En esta consideración subyace, además, un cambio en el valor geoestratégico de las costas del oriente cubano. Así, mientras el control de la navegación por el Canal de los Vientos motivó años antes ataques como los de Vernon o Knowles en Santiago36, la nueva configuración geoestratégica y comercial del Caribe del último tercio de siglo las despojó del interés británico. Esto explica por tanto que Santiago no hubiera estado entre los objetivos de la campaña de 1762. Por tal motivo, y a juicio de Crame, Santiago no merecía el derroche que supondría la construcción de las nuevas fortificaciones, pues aún la ciudad “fuesse rica y se viesse mui poblada y mui floreciente su comercio, nunca quedaria cuvierta con todas las fortalezas proyectadas”37. 5. LAS ENMIENDAS DE JUAN MARTÍN CERMEÑO El proyecto de Crame, acompañado de sus últimas consideraciones, fue enviado a la corte para Fig. 5. Plano de la boca del Puerto de Cuba, acompañado del Proyecto de un nuevo frente en el Castillo del Morro, Agustín Crame 20 de octubre de 1766, CGE, Cartoteca, Ar.j-t.10-c.2-310.