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Russell Shorto, Los huesos de Descartes. Una aventura histórica que ilustra el eterno debate entre fe y razón [Reseña]

Moreno Romo, Juan Carlos

Abstract

Pese a que la cuarta de forros lo anuncia, autorizándose del New York Times (del que el autor es por cierto colaborador), como “uno de los mejores libros del año”, y aunque desde luego esté lejos de ser imprescindible, vale la pena leerlo, en primer lugar, si se quiere, para tomarle el pulso a la presencia de Descartes, o de su “figura” (y de la filosofía y su figura también), en la opinión y el interés de ese “gran público” medianamente ilustrado al que un libro de actualidad como éste, concebido para volverse un gran éxito de ventas, va dirigido.

Full text

Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 162-165. Russell Shorto, Los huesos de Descartes. Una aventura histórica que ilustra el eterno debate entre fe y razón, traducción de Claudia Conde, Duomo ediciones, Barcelona, 2009, 305 pp. Juan Carlos Moreno Romo Pese a que la cuarta de forros lo anuncia, autorizándose del New York Times (del que el autor es por cierto colaborador), como “uno de los mejores libros del año”, y aunque desde luego esté lejos de ser imprescindible, vale la pena leerlo, en primer lugar, si se quiere, para tomarle el pulso a la presencia de Descartes, o de su “figura” (y de la filosofía y su figura también), en la opinión y el interés de ese “gran público” medianamente ilustrado al que un libro de actualidad como éste, concebido para volverse un gran éxito de ventas, va dirigido. Ya en otros trabajos he llamado la atención del lector español a propósito de esta curiosa y harto visible y explícita campaña de ventas y de difusión, en la que por ejemplo han sido instrumentados varios artículos, en el 2009, del prestigiado diario El país. He señalado brevemente el caso en mi comunicación “La actualidad de Descartes”, presentada el mismo 2009 en la Universidad Pontificia de Salamanca, en el marco de las “VII Jornadas de Diálogo Filosófico”; y también lo he señalado, y hasta lo he discutido con cierto detenimiento, hacia el final del capítulo VI de mi propio libro Vindicación del cartesianismo radical [Anthropos, Barcelona, 2010]. El libro que reseño aquí no trata de Descartes, sino de “los huesos de Descartes” y de sus significativas peripecias hasta nuestros días, que se entrelazan con el paso de la Cristiandad a la Modernidad, y con la historia de los diversos monismos materialistas o “científicos” que han tratado de acabar con el famoso “fantasma en la máquina”, tan característico del dualismo cartesiano. El importante rol que la filosofía de Descartes juega en la resistencia que diversos científicos le han por su parte opuesto a todos esos intentos de naturalización del hombre, o del alma humana, queda entonces también bastante, o al menos relativamente bien destacado. El libro —lo han subrayado las reseñas de El país—, sirve entonces, asimismo, de amena introducción a la historia de las ciencias modernas, o al menos de “aperitivo”. Quien lo compre para llevárselo a la playa, como sugería Félix de Azúa el verano mismo de su bien calculada aparición, o para leerlo en el avión, en el autobús, o en el tren, puede que quede picado de curiosidad, y pase en consecuencia a la lectura de obras un poco más serias o autorizadas. El silencio que Russell Shorto guarda, por cierto, a propósito del estupendo libro que Philippe Comar le dedicó antes al mismo tema (Mémoires de mon crâne. René Des-Cartes, Gallimard, París, 1977) es algo que merece ser señahttp://institucional.us.es/araucaria/ 163 Russell Shorto, Los huesos de Descartes. Una aventura... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 162-165. lado. Aunque el libro aparezca en su bibliografía, y el nombre de Comar en los agradecimientos, en el texto del libro no hay nada, ni una sola palabra, ni una sola referencia a tan importante y tan insoslayable (y de ningún modo superado, como no sea en la cantidad de páginas) antecedente. Trucos no le habrían faltado a Shorto para hacerle justicia a Comar sin perder clientela. “El francés se ocupó del cráneo”, pudo haber subrayado, “es hora ya de darle su importancia a los huesos”. Y aunque en buena medida se trate de un libro que vuelve a tratar más o menos el mismo tema ya brillantemente abordado por Comar (y aunque a ese otro libro sí debamos remitir como a una lectura imprescindible), el de Shorto no es por ello un plagio, hay que decirlo, o una mera repetición. “El orden de las materias”, diría acaso Pascal, “no es [totalmente] el mismo”. Y sobre todo difiere el punto de vista. Russel Shorto no es Philippe Comar, y nada más que por eso, pese a la práctica repetición del “argumento”, estamos ante dos libros. Por otro lado, Russel Shorto tampoco es un colaborador de El País. Se lo haya leído precipitada, o no muy objetivamente, lo cierto es que el filósofo y articulista estadounidense está muy lejos de ser el representante del voltaireanismo que la campaña del periódico español quiso hacerles creer a sus lectores. Él mismo lo explica muy claramente en su libro: mientras que la Ilustración europea es beligerantemente anti-religiosa, la estadounidense simplemente no lo es. Y en efecto, uno de los aportes u originalidades con los que el lector hispano se puede encontrar (provechosamente, creo yo) en este libro, proviene justamente de su perspectiva no “anti”, sino “extra-católica”. Al tratar de la posteridad de un filósofo católico (y no de uno protestante, como su inspirador y predecesor Richard Watson pretendió, en su relativamente reciente y también muy comercial biografía Descartes, el filósofo de la luz [Ediciones B, Barcelona, 2003]), y del lugar que en el catolicismo, a diferencia de lo que ocurre en la cultura protestante, tienen el cuerpo, y las reliquias de los santos, y la eucaristía, Russel Shorto se ve en la necesidad de informarse un poco, y de informar a sus lectores sobre las concepciones que al respecto se tenían y se tienen en una cultura que, aunque cercana, no es sin embargo idéntica a la suya. Y esa información y esas aclaraciones, esos debidos matices, que Richard Watson había despreciado (o tergiversado), desde luego que no están de más. Russel Shorto se da cuenta, y da cuenta de ello; y en ello anuda, incluso, su hilo conductor: la importancia y la significación de esos huesos cuya historia nos relata y comenta. “Lo que empecé a comprender fue que los integrantes de las generaciones inmediatamente posteriores a la de Descartes trataron sus huesos como símbolos —como reliquias— del nuevo giro que había dado el mundo. Sin embargo, como tenían puntos de vista diferentes respecto a la naturaleza y la importancia http://institucional.us.es/araucaria/ 164 Juan Carlos Moreno Romo Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 162-165. de ese nuevo giro, dieron a los huesos tratamientos diferentes. La historia que llegó a obsesionarme (una historia menor, extraña, sinuosa e insignificante) se entrecruza con algunos de los acontecimientos más grandiosos que puedan imaginarse: el nacimiento de la ciencia, el ascenso de la democracia, el problema filosófico mente-cuerpo y la confusión que aún subsiste acerca de los ámbitos de la ciencia y de la religión.” Leído el libro con cierto cuidado, y con la debida información, detrás del actualísimo filósofo ilustrado que se pretende que sea su autor, se descubre incluso a un hombre cuya verdadera postura, en el fondo, no es la “racionalista” o “cientificista” que más les acomodaría a sus promotores españoles, sino la fideísta. Por ejemplo: cuando a propósito de la famosa polémica entre Descartes y Voetius sugiere, como quien nos descubre una cosa curiosa, que no era el Padre de la Modernidad, que no era el gran filósofo y científico —de indudable y ejemplar tolerancia— quien tenía la razón, sino en última instancia el harto intolerante teólogo calvinista, enemigo de la Modernidad, y del progreso, y de la ciencia (y de todo aquello que El País celebraba al saludar con singular entusiasmo e insistencia la salida de la traducción española de este libro). De lo que sin embargo no peca Russel Shorto, por su parte, es de fundamentalismo o de intolerancia. Nos da incluso algún ejemplo, reseñando alguna de las entrevistas que en ese terreno ha realizado, de la intolerancia y el fanatismo que, desde la cultura occidental y democrática, se puede ejercer y se ejerce en efecto para con las culturas o las tradiciones religiosas. En un plano distinto al de la historia de las ciencias (relatada entonces con motivo de las peripecias de los restos mortales de un “Padre de la Modernidad” cuyas mayúsculas adquieren, por cierto, en este libro, una significación muy aventurada y sorprendente), y aunque no se abunde ni se ahonde en ello, el libro es también algo así como un artículo de fondo sobre nuestro tiempo y las perplejidades que, en torno a la Modernidad en crisis, puede tener un exitoso profesional de la filosofía formado justamente en la tradición estadounidense de esa Ilustración moderada que, a diferencia de la que arraiga en la Revolución Francesa, no tiene un rechazo fundamentalista de todo lo que huela a religión, ni cree tampoco a pie juntillas en esa filosofía de la historia que le garantizaría que, aunque ridículamente transitorio, y minoritario, él sería nada menos que el representante de lo más valioso y avanzado que haya producido nunca la humanidad. *** Del trabajo de la traductora habrá que señalar un par de detalles ligeramente chocantes: su traducción del nombre latino de Voetius, que por buenas razones —¡para no blasfemar y confundirlo con el gran Boecio!— a nadie se http://institucional.us.es/araucaria/ 165 Russell Shorto, Los huesos de Descartes. Una aventura... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, año 14, nº 27. Primer semestre de 2012. Pp. 162-165. le ocurre traducirlo a nuestra lengua por Voecio; y aquello, en fin, de los “aristotelianos”. http://institucional.us.es/araucaria/