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Density: Guión y desarrollo de la demo de un videojuego

Díaz Pire, Miguel Ángel

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EPISODIO 2: Coincidencias Miguel Ángel Díaz Pire NOTA: Esta versión de guion incluye: - Todos los tutoriales extradiegéticos del episodio - Tablas que representan las posibles elecciones - Diálogos alternativos para cada elección - Consecuencias de las posibles elecciones señaladas (subidas / bajadas de confianza / autoestima) - Mecánicas señaladas (preparación / selección de bebidas) - Acotaciones en cursiva (excepto las pausas breves) 20:30 h. 2 de julio de 2061. Meredith abre la puerta del local, y tan pronto como entra, se apresura a cerrarla con ímpetu, haciendo caso omiso del mecanismo automático. Las gélidas temperaturas son cada vez más despiadadas, y el trayecto de media hora que atraviesa la joven de su casa al trabajo es suficiente para que el frío la cale hasta los huesos. Por fortuna, Density ofrece un contraste inmediato a la desagradable sensación térmica de la calle. El interior se conserva siempre cálido sin necesidad de calefacción, en parte gracias al formidable aislamiento de lana mineral que hay en techos y paredes. Es algo que agradecen todos los clientes. Una vez encendidas las luces, se quita la ropa de abrigo y se dirige a colgarla en el discreto perchero que hay en la pared, detrás de la barra. Cuando se asoma, lo ve: el estropicio del día anterior, tal y como lo dejó. Ya se había olvidado de ello. Se acerca, y de paso repara en el fregadero: los vasos están sin lavar. La noche anterior, antes de irse a casa… hay muchos detalles que no es capaz de recordar. Sin embargo, esa mujer… a ella sí la recuerda a la perfección: una licenciada en Neocomunicación en su primera noche, ni más ni menos. No le gustaría que semejante casualidad se quedase en anécdota, así que desea tener la oportunidad de volver a cruzarse con ella. Por lo pronto, parece que tiene trabajo durante la próxima media hora. Si se da prisa, terminará justo a tiempo para la apertura. Agarra la escoba y el recogedor y se dispone a barrer la amalgama de cristales. Conforme remueve los pedazos de vidrio, sus ojos se cruzan con la parte inferior de la barra, donde descansa el recetario que llegó en aquel misterioso paquete. La noche anterior estaba tan somnolienta que no le dio demasiada importancia, pero en el fondo, le resulta muy incómodo desconocer la identidad del remitente. Se agacha y lo examina de nuevo, comprobando que no hay ningún dato que haya podido pasar por alto. Lo lógico es pensar que solo puede tratarse de alguien al tanto de la reapertura de Density . Alguien que supiese que ella se encontraría allí esa noche… y eso reduce mucho las posibilidades. Su vorágine de elucubraciones es interrumpida por el súbito tintineo de la campana, a cuyo sonido ya se ha acostumbrado. Consciente de que todavía no es la hora, se incorpora, temiéndose lo peor. MEREDITH: (Mira hacia la entrada) ¿Otra vez usted? JARED: Así es. ¿Algún problema? El viejo cascarrabias luce exactamente igual que ayer: mismo jersey añejo, misma bufanda deshilachada, misma boina vetusta. Los pantalones, sin embargo, parecen distintos; más nuevos y consistentes. Su fondo de armario no debe ser muy versátil. Sin quitarle el ojo de encima, Meredith señala el reloj de la pared con el dedo índice. 1 MEREDITH: ¿Usted qué cree? Además, ¿no ha visto el cartel? Todavía no está abierto. JARED: Sí, sí que lo he visto. (Avanza hacia el mostrador) Hasta que sea la hora, tú haz como si no estuviera. ( Se sienta y se asoma por encima de la barra) Vaya, pues sí que la has liado pronto hoy… Meredith no soporta el descaro de Jared, pero no le queda otra que adaptarse y seguirle el rollo. MEREDITH: Es de ayer, sabihondo. JARED: Peor me lo pones. ¿Dejas esto aquí y te vas? ¿Así, sin más? (comprueba el fregadero) ¿Y qué hay de los vasos? ¿Tampoco los has lavado? MEREDITH: Oiga, puedo soportar que llegue antes de hora, pero no que me dé lecciones. Yo tampoco estoy orgullosa de lo que sucedió anoche, ¿sabe? Jared se acomoda en la silla, alza la barbilla y se atusa el bigote, denotando un repentino interés. JARED: ¿Qué sucedió anoche? Meredith desvía la mirada hacia el suelo y retoma la limpieza de los cristales. Lo cierto es que no tiene ganas de compartir el desafortunado episodio con Jared, ni mucho menos de sacar a relucir su problema de ansiedad con alguien tan crítico y resabido como él. MEREDITH: No importa. Déjeme terminar con esto, ¿quiere? JARED: Claro. (Saca su teléfono móvil del bolsillo) Lo dicho, como si no estuviera. Qué remedio. La joven bartender se pone manos a la obra y deja todo listo en un santiamén, a escasos minutos de las 21:00. Gira el cartel de la puerta y se posiciona tras la barra, donde Jared permanece apoyado, con la vista todavía puesta en la pantalla de su teléfono. Lo mira de manera desinteresada, así que no debe estar haciendo nada importante. Meredith decide romper el hielo. MEREDITH: A ver, entonces… ¿Tiene pensado venir todas las noches? JARED: (Levanta la mirada y bloquea el teléfono) Supongo que sí. De vuelta a las costumbres. No tengo nada mejor que hacer a estas horas, para tu desgracia. 2 MEREDITH: No me malinterprete. Yo encantada. Así me ahorro el esfuerzo de tener que ganarme su fidelidad. JARED: Ah, ¿es así como esperas aprender? ¿Con todo el trabajo ya hecho de antes? MEREDITH: Para nada. El resto de clientes son un desafío, pero usted no. El hombre agacha la cabeza de inmediato, escondiendo una sonrisa involuntaria. JARED: De acuerdo, pero eso no significa que conmigo debas dar todo por sentado. Todavía tienes mucho camino por delante. MEREDITH: Lo sé, créame… Lo sé. (Mira de reojo el recetario) Esto… ¿Le pongo algo? JARED: ¡Pensé que no me lo ibas a preguntar nunca! (Breve pausa) Lo dejo a tu elección. Sorpréndeme. Ah, y deja la cortesía a un lado. Conmigo, al menos. MEREDITH: (Asiente) Está bien. Sorprenderle, ¿eh? Esta es su oportunidad. Con otros clientes podría resultar arriesgado, pero Jared es el conejillo de indias perfecto. Conocía a Héctor mejor que nadie, así que puede que sea capaz de apreciar una de las bebidas del recetario. Eso si Meredith la prepara como es debido, claro. Se acerca a la repisa y se pone en cuclillas para examinar el cuaderno. Pasa las páginas cuidadosamente en busca de la fórmula ideal, y al cabo de unos segundos, una muy concreta llama su atención. Está rodeada con rotulador, y la descripción reza lo siguiente: ESENCIA DE BALZACK Café molido con leche de avena, polvo de cacao, crema de suflé… y el ingrediente estrella. Si el barrio tuviese un sabor, definitivamente sería este. La favorita de Jay Jay. “Jay Jay” subrayado a lápiz. ¿Será…? Sí, solo puede ser él. A menos que su abuelo tuviese otro amigo muy cercano a quién pudiese referirse mediante un apodo como ese… pero Jared ya le dejó claro que él y Héctor eran uña y carne, así que descarta tal posibilidad. Además, ese seudónimo le encaja a la perfección. Es el momento de jugárselo todo a una carta. Se incorpora y recorre la estantería con la mirada, en busca de los ingredientes. La leche y el cacao están a la vista, pero no encuentra la crema de suflé por ningún lado. Tiene sentido; no es algo común y requiere una preparación previa. Al fin y al cabo, han traído existencias de lo más básico. Y para más inri, desconoce cuál es el “ingrediente estrella”. Quizás ha tomado la decisión muy pronto… pero tampoco puede pasarse toda la noche pensándolo. Ya se encargará en otro momento de revisar cada 3 ingrediente del recetario para tenerlo a su disposición. Ahora debe encontrar la forma de preparar algo que, como mínimo, tenga un ligero regusto a la Esencia original. [PREPARACIÓN BEBIDA] INGREDIENTES: -GRANO DE CAFÉ x1 -LECHE DE AVENA x1 -POLVO DE CACAO x1 -??? (INGREDIENTE ALEATORIO OBLIGATORIO) -??? (INGREDIENTE ALEATORIO OPCIONAL) Delibera consigo misma durante un buen rato hasta que por fin se decanta por un ingrediente complementario acorde al resto. La preparación no le resulta fácil y la maniobra se desarrolla con torpeza, ya que no está segura de qué cantidades son las adecuadas para obtener una mezcla satisfactoria. Sin embargo, tiene fe en que el propio sabor hará todo el trabajo. Una vez terminada su versión de la Esencia, se la sirve a Jared en una tacita. MEREDITH: Espero que te guste. Jared la mira con incredulidad, y a continuación se lleva la taza a los labios sin apenas mirar el contenido. Antes de sorber, procura soplar un poco para no quemarse. Cuando la temperatura parece estar a su gusto, se lanza a catarla. MEREDITH: (Expectante) ¿Y bien? Silencio. Jared la prueba de nuevo mientras busca las palabras adecuadas para calificarla. Es imposible saber qué pasa por su cabeza, pero por la pinta, parece que le está gustando. Tras un pequeño inciso, bebe por tercera vez; es después de este trago cuando por fin se pronuncia. JARED: (Impresionado) Esto es… (Breve pausa) ¿Cómo has sabido…? A Meredith se le iluminan los ojos. ¿Ha resultado exitosa su mezcla? Prefiere no interrumpirle y dejar que termine la frase, pero entonces Jared cambia el rumbo de sus palabras. JARED: Da igual. Veo que has estado investigando… (Posa la taza sobre la barra) Para serte sincero, no está nada mal, pero le faltan cosas. MEREDITH: Lo sé, es mejorable. JARED: Has acertado con las cantidades de lo que has puesto. ¿Cómo lo has hecho? 4 Meredith se sorprende; esperaba que a Jared le llamasen la atención los ingredientes, no las cantidades. MEREDITH: Eh… pues, si te digo la verdad… intuición. JARED: Ya veo. Pues buena intuición, entonces. La bartender agradece el halago, pero sigue con la mosca detrás de la oreja. Si Jared no le habla de los ingredientes, será ella quién le saque el tema. MEREDITH: ¿Cómo puedo mejorarla? Es decir, ¿hay algo que deba añadir para mejorar el sabor? JARED: (Sorbe de nuevo) Eso debes descubrirlo por ti misma. La poética respuesta de Jared la deja pensativa. Lógicamente, el siguiente paso para mejorar la mezcla sería conseguir crema de suflé y averiguar cuál es el “ingrediente estrella”, pero, ¿acaso no debería esforzarse por disimular mejor? Ayer no tenía ni idea de cómo preparar bebidas de la casa, y hoy, por arte de magia, ya ha acertado con la mitad de los ingredientes de la supuesta bebida favorita de Jared. ¿No resulta sospechoso desde fuera? Seguro que sí, aunque por algún motivo, a Jared no parece haberle extrañado. Es como si supiese que, de algún modo u otro, se acabaría haciendo con las fórmulas… o quizás es que ha depositado toda su confianza en la nieta de su difunto amigo, y nada más. JARED: Eso sí, te diré algo: no es tanto una cuestión de sabor, sino de textura. No olvides el nombre de este sitio. Density … Sí, a veces se olvida de la particularidad del local. En efecto, la crema de suflé le añadiría una densidad mucho mayor que la espuma, y al mezclarlos en su justa medida, el sabor del cacao y la leche quedarían intactos. Ahora bien, ese otro ingrediente… debe descubrir de qué se trata si quiere preparar la auténtica Esencia de Balzack. Solo así será capaz de adquirir la suficiente destreza como para sorprender a la clientela. Con el recetario en su poder, Meredith puede desbloquear, preparar y servir las denominadas bebidas especiales. Por cada bebida especial servida en el momento oportuno, Meredith puede aumentar su DESTREZA. Conforme vaya subiendo este parámetro, Meredith irá agenciándose nuevos y exóticos ingredientes, con los que no solo tendrá la oportunidad de imitar las icónicas recetas de su abuelo, sino también de bautizar nuevas y embriagadoras mezclas, experimentando con todos y cada uno de ellos. Esfuérzate por desplegar todo el arsenal de ingredientes a tu disposición para realizar deliciosas bebidas y ayudar a Meredith a convertirse en una bartender profesional. 5 MEREDITH: Lo tendré en cuenta. Gracias. Jared le dedica un cordial gesto de afirmación y se termina la taza. Justo entonces, la campana emite su característico sonido y alguien entra por la puerta. Se trata de un tipo de unos treinta y tantos años, altura media y cabello marrón claro castaño, cómicamente alborotado. Aunque lo más cómico es su atuendo: una camisa hawaiana azul, con florituras multicolor, cuyo bordado se asemeja más a una réplica de un cuadro de Pollock que al típico motivo autóctono tropical; unas bermudas vaqueras con un par de rotos a la altura del muslo izquierdo; unas desfasadas chanclas de playa; y, por si no quedase definido su estilo con todo lo demás, unas extravagantes gafas de sol con una montura de lo más hortera. Lo que se dice un cosplay en toda regla. MEREDITH: Eh… ¿Buenas noches? TIPO PINTORESCO: ¡Buenas noches! (Se abraza a sí mismo) Vaya, aquí hace bastante más calor que ahí fuera. Jared, tan temperamental como siempre, le interpela desde el asiento. JARED: ¡Por el amor de Dios! ¿Cómo se le ocurre ir por ahí así vestido? Se va a congelar. La agradable temperatura del local había hecho olvidar a Meredith el salvaje frío que asola el exterior, pero la tiritera del tipo deja entrever que ahí fuera todo sigue igual. TIPO PINTORESCO: ¡No se preocupe! No es para tanto. JARED: (Arquea una ceja) Pero si está temblando. El tipo se acerca a la barra y se deja caer en un taburete, justo al lado de Jared. TIPO PINTORESCO: Ah, ¿sí? Bueno, debe ser un acto reflejo. En cualquier caso, ahora entraré en calor, no se preocupe. (Inclina la cabeza y le mira por encima de las gafas de sol) Soy actor, ¿sabe? He grabado en el Ártico. En ocasiones, mi trabajo me pide soportar temperaturas extremas. JARED: ¿Y está actuando ahora? 6 TIPO PINTORESCO: No exactamente. Estoy ensayando. De hecho, estoy buscando un interlocutor para que me ayude con mi papel. JARED: Pensaba que los actores no necesitaban interlocutores para reproducir conversaciones. TIPO PINTORESCO: Ya, bueno… es que esta conversación depende mucho de las réplicas gestuales. Necesito verlas para ser capaz de ofrecer una respuesta acorde, ¿comprende? JARED: No, no comprendo. TIPO PINTORESCO: De acuerdo. Será más fácil si se lo enseño. Pero antes, necesito una bebida que me despierte. (Se gira hacia Meredith) ¿Me pones un café, por favor? MEREDITH: Claro. ¿Espresso? TIPO PINTORESCO: Sí, gracias. Me vendrá de perlas. Meredith se pone manos a la obra. [PREPARACIÓN BEBIDA] INGREDIENTES: -GRANO DE CAFÉ (> o = que 3) TIPO PINTORESCO: Muchas gracias. Mientras Jared se quita su característico jersey granate y se lo ofrece al autoproclamado actor. JARED: Tome. Le ayudará a atemperarse. TIPO PINTORESCO: Oh, no. De verdad, es usted muy amable, pero no es necesario. JARED: Le ruego que lo acepte. Cuando se tome el café, me lo puede devolver. El tipo se lo piensa varias veces, pero acaba cediendo ante la insistencia de Jared. TIPO PINTORESCO: De acuerdo. (Toma el jersey y se lo pone) Se lo agradezco mucho, señor… JARED: Dawson. Jared Dawson, encantado. (Le tiende la mano) ¿Y usted es…? 7 TIPO PINTORESCO: “Sunglasses” Rochester (Acepta el apretón) Jack, para los amigos. Encantado de conocerle, señor Dawson. ¿Sabe qué? Me reafirmo en la idea de que me dará usted la réplica perfecta. Permítame que le enseñe… Jack mete la mano en uno de los bolsillos de las bermudas y extrae varios folios doblados. Jared frunce el ceño. JARED: Espere, eche el freno. Yo no he dicho que… JACK: (Mientras desdobla los folios) Mire, aquí lo tengo. El guion en el que estoy trabajando. Es un drama de los grandes. Jared empieza a arrepentirse de haberle dado el jersey. El tipo, extrovertido a más no poder, no ha dudado en aprovecharse de su hospitalidad. Sin embargo, decide darle una oportunidad y seguirle el rollo. Jack le pasa parte de los folios, y acto seguido él saca de su bolsillo unas gafas para leer. JARED: Eh… bien, ¿cuál es su personaje? JACK: Harry, el que tiene más líneas. El suyo, en este caso, sería Dahlia. Ella provoca el detonante del arco dramático de Harry. JARED: Un momento, ¿una mujer? (Mira a Meredith) Creo que deberías hacerlo tú, hija. Meredith, que no tiene intención alguna de participar en la situación más que de testigo, rechaza con cortesía la espontánea propuesta. MEREDITH: Qué va. Soy muy mala actuando. JARED: ¿Y qué te hace pensar que yo soy bueno? JACK: Venga, señor Dawson. ¡Se le nota en la cara! Además, el sexo del personaje es irrelevante. Lo importante es lo que dice. ¡Lo que transmite! Jared resopla y continúa leyendo con detenimiento los diálogos. Al cabo de un rato, empieza a revisar el reverso de los folios con cierto frenesí. JACK: (Sorbe su café) ¿Va todo bien? JARED: Sí, descuide… (Sin despegar la vista del papel) Oiga, ¿puedo hacerle una pregunta? JACK: Claro, diga. 8 JACK: (Se encara con Jared) No se atreva a juzgarme más de lo que ya lo ha hecho. Usted no me conoce, ¿de acuerdo? Guárdese sus prejuicios para el resto. (Se quita el jersey) Y tome su maldito jersey. JARED: (Le arrebata la prenda de las manos) Márchese cuanto antes y no vuelva a pasarse por aquí. La situación empieza a sobrepasar a Meredith; tiene que poner orden antes de que sea demasiado tarde. MEREDITH: Por favor, haya paz. JACK: El único aquí con ganas de gresca es el abuelo. JARED: (Apretando los dientes) Meredith, será mejor que lo eches ya. Se encuentra entre la espada y la pared. Por un lado, Jared tiene razón: el tipo es un impresentable y ha abusado de su solidaridad, así que lo suyo sería pedirle que se vaya. Pero por otro, si es cierto que hay algo de verdad tras sus palabras… por mucho que les haya vacilado con el tema, preferiría no ignorarlo así sin más. En cualquier caso, hoy ya se siente más preparada que ayer para afrontar una decisión de este calibre. Es el momento de tomar medidas. De manera frecuente durante su jornada de trabajo, Meredith se verá obligada a tomar ciertas decisiones en multitud de situaciones diferentes: para mediar en un conflicto, para expresar alguna idea relevante, para conocer mejor a la clientela… incluso para conocerse mejor a sí misma. Por tanto, dichas decisiones afectan [tanto a ella] como a sus clientes: ¿Por qué a sus clientes? Dependiendo de las acciones realizadas y de las decisiones tomadas por Meredith en cada momento, la CONFIANZA con cada persona involucrada en la situación se verá afectada. Es decir, si Meredith toma una decisión que beneficia a un cliente, o si dice algo con lo que dicho cliente está de acuerdo, es muy probable que su vínculo de CONFIANZA suba. De igual manera, en algunas circunstancias, una decisión en detrimento de un cliente puede ocasionar que el nivel de CONFIANZA baje. Pero, ¿cómo es posible saber qué respuesta es la ideal en cada momento? Bueno, esa es la gracia. Es algo que decide el jugador. No es posible contentar a todo el mundo, así que Meredith debe elegir siempre lo que considere mejor en cada momento. Pero, ¿significa eso que cada elección a la que se enfrente Meredith supondrá ganar confianza con un cliente y perderla con otro? No, no necesariamente. Hay una gran variedad de posibilidades durante todo el juego. Es bastante común que, ante una doble elección, exista simple y llanamente la oportunidad de ganar confianza con un cliente (es decir, que una opción otorgue CONFIANZA +1 con alguien, y la otra no suponga ningún cambio con nadie). O, por ejemplo, que ambas opciones tengan consecuencias negativas (a veces, uno se encuentra entre la espada y la pared). Además, ¡algunas elecciones no tendrán ningún tipo de consecuencia con los clientes! No todo iba a ser tan emocionante… 15 Ah, y quién sabe, puede que en algún momento haya más de dos posibles respuestas… El caso es que existen muchas posibilidades distintas, y para conocer el resultado de todas ellas, habrá que llevar a Meredith por caminos opuestos cada vez que se juegue. Así que ya sabes… Ah, y un último consejo: no te preocupes por mantener alta la CONFIANZA de todos tus clientes en tu primera partida. Ten presente que no se puede contentar a todo el mundo a la vez. ELECCIÓN OPCIÓN A B ACCIÓN Pedirle amablemente a Jack que se vaya Dejar que Jack se quede CONSECUENCIA Ninguna +1 de CONFIANZA con Jack DIÁLOGO OPCIÓN A: MEREDITH: Esto… Quizás… (Carraspea) Le sugiero que se vaya, señor Rochester. Las palabras de Meredith pillan a Jack por sorpresa. JACK: ¿Qué? Tienes que estar de broma. MEREDITH: En absoluto. A diferencia de usted, no me gusta bromear con asuntos serios. Le aconsejo que se marche y que recapacite sobre esa actitud suya tan beligerante. El actor aprieta los dientes y mira a Jared. JARED: Ya la ha oído. JACK: ¡No sabía que erais tan blanditos por aquí! Una pequeña bromita y ya se activan todas las alarmas… Je. Quizás no seáis blandos, sino todo lo contrario. Tal vez seáis tan duros como los demás. (A Meredith) ¿Te das cuenta? Acabas de probar mi punto. Te he puesto a prueba, no te ha gustado el resultado y ahora quieres hacerme sentir culpable. ¡Le has dado la vuelta a la tortilla y ahora tú eres la víctima! Manipulación emocional en todo su esplendor. MEREDITH: ¿Has acabado? 16 JACK: ¡No! No pienso moverme de aquí. Estoy harto de salir siempre escaldado cuando no me lo merezco. No toleraré más injusticias contra mi persona. ¡Defenderé mi posición, cueste lo que cueste! (Mira a Jared) Y si no queréis entenderlo, es vuestro problema. Meredith permanece inmóvil, a la espera de que Jared intervenga. JARED: Muy bien. Si no se va usted, me iré yo. MEREDITH: Jared, no. No tienes por qué hacer esto. JARED: Descuida, debo irme de todos modos. (Echa un vistazo al reloj y se pone el jersey) Se está haciendo tarde y tengo cosas que hacer. Meredith sabe que eso no es cierto: él mismo le dejó claro al principio de la jornada que rara vez tenía algo mejor que hacer por las noches. No obstante, se replantea que lo mejor es no alargar la discusión más de lo necesario; Jared ya parece haber tomado una decisión. JARED: Además, no te veo muy convencida… y estoy seguro de que no me sentiría bien conmigo mismo si le llegas a echar solo porque yo te lo he dicho. JACK: Conque remordimientos, ¿eh? Ya veo. Empezaba a pensar que era usted un androide. Jared fulmina a Jack con la mirada. JARED: Tiene suerte de que la chica tenga tanto aguante. Si fuera por mí, le hubiese sacado del local por las orejas y a rastras. JACK: Lo que usted diga, psicópata. JARED: (Deposita un amasijo de monedas sobre la barra) Gracias por la bebida. Espero con ganas la próxima. Que vaya bien la noche. MEREDITH: Lo mismo digo. Buenas noches, Jared. Sin mediar más palabra y sin volver a reparar en Jack, Jared se retira. Al abrir la puerta, una corriente de aire gélido se cuela desde el exterior. Entonces, el actor se pronuncia. JACK: ¿Por qué has hecho eso? 17 MEREDITH: ¿Hacer el qué? JACK: ¿Por qué no has evitado que se vaya? Está claro por qué se ha ido. MEREDITH: Ya lo ha visto. Tenía prisa. JACK: Sabes mejor que yo que eso no es verdad. ¿Por qué has dejado que el intruso se quede y que el cliente fiel se vaya? Si quieres mi opinión, no parece un buen negocio. MEREDITH: Bueno, usted mismo lo ha dicho. “Cliente fiel”. Sé que volverá. Ahora, en cuanto a usted… por mucho que me cueste, mi misión es que también lo haga. JACK: En primer lugar, tutéame. Me haces sentir viejo. Y en segundo lugar, ¿por qué querrías que me pasase más veces por aquí? Si hace un segundo estabas a punto de echarme… De verdad que no lo entiendo. MEREDITH: En primer lugar, de acuerdo. Te tutearé de ahora en adelante. Y en segundo lugar, admito que me he dejado llevar. No es mi intención discriminar a nadie. Todo lo contrario, de hecho. Puede que no me haya gustado tu tomadura de pelo, pero eso no significa que te vaya a odiar de por vida. Además, tampoco creo que restringirte la entrada al local sea la solución más adecuada. Está bien: uno de mis comentarios no ha sido acertado y me has puesto en mi sitio. Lo asumo, sin rencores. Pero ahora te toca a ti: sé sincero de una vez. Jack le dedica una mirada analítica, como si estuviese tratando de discernir algún tipo de intención oculta en sus palabras. Al no tener éxito, termina cediendo. DIÁLOGO OPCIÓN B: MEREDITH: Lo admito. JACK: ¿Qué? MEREDITH: Admito que me he equivocado con usted. Me ha engañado de lo lindo, así que debe ser un gran actor. ¿Contento? Jack pone los ojos en blanco. MEREDITH: Bien. Le daré una segunda oportunidad. Pero quiero que esta vez sea completamente sincero. JARED: (Visiblemente irritado) Chiquilla, ¿has perdido el juicio? 18 MEREDITH: No puedo echarle así sin más, Jared. JARED: ¿Por qué? ¿Es que no te ha dado motivos suficientes? MEREDITH: Desde luego. Pero si lo hiciese, eso me convertiría en una mentirosa. Todo lo que he dicho sobre Density es cierto, y quiero demostrárselo al señor Rochester. Ahora, el resto depende de él. Jared la escucha, pero es incapaz de compartir su postura. Fulmina al actor con la mirada y, tras un incómodo momento de silencio, decide mover ficha. JARED: Está bien, respeto tu posición. Es algo muy noble por tu parte. Pero yo no tengo tanto aguante. (Se mete la mano en el bolsillo y saca su cartera) Me marcho. MEREDITH: ¡Espera! No quiero tener que elegir quién se queda y quién se va. JARED: Tranquila, no es eso. Debo irme de todos modos. (Echa un vistazo al reloj y se pone el jersey) Se está haciendo tarde y tengo cosas que hacer. Meredith sabe que eso no es cierto: él mismo le dejó claro al principio de la jornada que rara vez tenía algo mejor que hacer por las noches. No obstante, se replantea que lo mejor es no alargar la discusión más de lo necesario; Jared ya parece haber tomado una decisión. JARED: (Deposita un amasijo de monedas sobre la barra) Gracias por la bebida. Espero con ganas la próxima. Que vaya bien la noche. MEREDITH: Buenas noches, Jared. Sin mediar más palabra y sin siquiera mirar a Jack, Jared se retira. Al abrir la puerta, una corriente de aire gélido se cuela desde el exterior. Entonces, el actor se pronuncia. JACK: ¿Por qué has hecho eso? MEREDITH: ¿Hacer el qué? JACK: ¿Por qué no has evitado que se vaya? Está claro por qué se ha ido. MEREDITH: Ya lo ha visto. Tenía prisa. JACK: Sabes mejor que yo que eso no es verdad. ¿Por qué has dejado que el intruso se quede y que el cliente fiel se vaya? Si quieres mi opinión, no parece un buen negocio. 19 MEREDITH: Bueno, usted mismo lo ha dicho. “Cliente fiel”. Sé que volverá. Ahora, en cuanto a usted… mi misión es que también lo haga. JACK: En primer lugar, tutéame. Me haces sentir viejo. Y en segundo lugar, ¿por qué querrías que me pasase más veces por aquí? De verdad que no lo entiendo. MEREDITH: En primer lugar, de acuerdo. Te tutearé de ahora en adelante. Y en segundo lugar, te lo repetiré las veces que haga falta. Aquí no se discrimina a nadie. Todo lo contrario, de hecho. Está bien: uno de mis comentarios no ha sido acertado y me has puesto en mi sitio. Lo asumo, sin rencores. Pero ahora te toca a ti: sé sincero de una vez. Jack le dedica una mirada analítica, como si estuviese tratando de discernir algún tipo de intención oculta en sus palabras. Al no tener éxito, termina cediendo. -> JACK: CONFIANZA +1 JACK: No sé qué más quieres que te diga. Mi situación es la que es, y ya está. De nada sirve lamentarse, por eso me lo tomo a broma. MEREDITH: O sea que, ¿lo aceptas? Así, ¿sin más? JACK: ¿Qué otra cosa puedo hacer? (Recupera sus papeles, esparcidos por la barra) Lo intento todos los días. Este guion podría empezar a adaptarse hoy mismo. MEREDITH: ¿No tienes un mánager que te consiga los roles? JACK: Sí, y le pago con migajas de pan, si te parece… No, no tengo un mánager. Soy pobre y estoy desempleado. (Levanta su taza) Apenas me puedo permitir este café. MEREDITH: Vaya… lamento oír eso. ¿Has pensado en algún trabajo de transición, para salir del paso? JACK: Me temo que sí. Aunque, por ahora, lo único que he visto son vacantes de mecánico en Phantom, y no tengo experiencia en ese ámbito. Phantom… la megacorporación endemoniada. Meredith recuerda el duro testimonio de Kieran. Con lo famosa que es la empresa, cualquiera diría que el empleo se cotiza alto, pero nada más lejos de la realidad. Al parecer, la precariedad es de libre acceso para todo el mundo. 20 MEREDITH: Tampoco te lo recomiendo. (Reflexiona brevemente) ¿Alguna alternativa? JACK: Pues no sé, tengo que pensarlo. A corto plazo, me interesa perfilar este guion y conseguir que algún productor lo lea. Luego, el tema de los castings ya es otra cosa… MEREDITH: ¿Crees que tu presentación ayuda? JACK: ¿Mi presentación? ¿Te refieres a mi aspecto? ¿O a mi forma de expresarme? MEREDITH: A las dos. Vas muy ligero para el frío que hace, y te proyectas en público de un modo muy efusivo. JACK: Ya, pero necesito destacar. ¿A quién crees que mirarán primero esa panda de superficiales? ¿A un tipo normal y corriente, que no se haga notar entre los demás, o a uno que les llame la atención por su rimbombante look y excéntrica personalidad? MEREDITH: No lo sé. Puede que sea contraproducente. JACK: (Sacude la cabeza) Tal vez. Pero es de vital importancia que mi guion llegue a sus manos. MEREDITH: (Extiende la mano) Déjame leerlo. Quizás pueda ayudarte. JACK: ¿Me darás la réplica? MEREDITH: Si eso te ayuda, sí, sin problema. JACK: ¿Incluso después de haberte tomado el pelo? MEREDITH: Eso ya está olvidado. ¿O es que me estás tomando el pelo ahora? JACK: (Suspira) Ojalá. (Le ofrece la mitad de los papeles) Gracias, esto… MEREDITH: Meredith. (Ojea el guion) Bueno, a partir de ahora, Dahlia, supongo. Jack sonríe, satisfecho. Antes de darle indicaciones sobre el personaje, solicita otra bebida. JACK: Espera. ¿Me pones algo antes, porfa? MEREDITH: Pensaba que no tenías dinero. JACK: Y no lo tengo. Pero ya que estoy… de perdidos al río. 21 Meredith menea la cabeza en señal de desaprobación. MEREDITH: De eso nada. Invita la casa. JACK: ¿Qué? Nah, entonces paso. MEREDITH: Descuida. (Hace un gesto con la cabeza, señalando el asiento donde estaba Jared) Alguien ha dejado el cambio. JACK: Dudo que fuese para pagarme otro café. MEREDITH: Bueno, eso lo decido yo, ¿no crees? Jack levanta las manos, dejándose vencer. Entonces, Meredith vuelve a reparar en el recetario, que sigue en el mismo sitio de antes. MEREDITH: ¿Tienes alguna preferencia? La carta es amplia. JACK: Debo volver a entrar en calor, así que cualquier bebida caliente servirá. Decide tú por mí. MEREDITH: Perfecto. Dame un par de minutos. Esta es su segunda oportunidad de la noche para lucirse. Tiene la certeza de que Jack será menos exigente que Jared, pero eso no evitará que ponga toda la carne en el asador. O mejor dicho, todo el grano en la cafetera. 22 22:00 h. 2 de julio de 2061. MEREDITH: (Para sus adentros ) A ver qué tenemos por aquí… Además de aumentar la DESTREZA de Meredith, servir una bebida especial tiene más consecuencias ideales si se hace en el momento oportuno. En ocasiones, los clientes no pedirán una bebida en concreto, sino que expresarán qué tipo de bebida quieren a través de comentarios más o menos crípticos. En dichos casos, es responsabilidad de Meredith deducir qué bebida es la más apropiada en ese momento, en base a la poca información que recibe. ¡Así es como se curte un verdadero bartender! Cuando se le sirve a un cliente la bebida especial adecuada, aumenta su vínculo de FIDELIDAD. De este modo, su arraigo a Density será mayor. Eso sí, si se sirve una bebida especial distinta a la que el cliente desea, la FIDELIDAD puede bajar. ¡Presta atención y dale al coco para averiguar qué mezcla servir en cada momento y aumentar la FIDELIDAD de tus clientes! SI SE PULSA CUALQUIER RECETA DISPONIBLE EN EL RECETARIO: (Descripción de la bebida en cuestión) MEREDITH: No, creo que esto no es lo que estoy buscando. SI SE PULSA LA RECETA ADECUADA EN EL RECETARIO: BLUES ESTIVAL Café molido con semillas de cardamomo, aceite de coco y un poco de canela. De sabor amargo y dulce a la vez. Ideal para entrar en calor en una noche helada. MEREDITH: ¡Ajá! Esto podría servir. Eso es justo lo que Meredith estaba buscando, y tras un pequeño vistazo al recetario, lo ha encontrado. Ese cuaderno está repleto de decenas de fórmulas con descripciones de lo más variadas, así que es realmente difícil no hallar algo adecuado para cada momento. El único problema es que le está costando determinar las cantidades de cada 23 ingrediente; le llevará un tiempo familiarizarse con las mezclas, pero sabe que el esfuerzo valdrá la pena. (PREPARACIÓN BEBIDA) INGREDIENTES: -GRANO DE CAFÉ (x1 o x2) -SEMILLAS DE CARDAMOMO x1 -ACEITE DE COCO x1 -CANELA x1 -> SI SE PREPARA UNA BEBIDA ESPECIAL (SEA LA QUE SEA): DESTREZA +1 Mientras trabaja, analiza el perfil de su cliente. Jack es un tipo peculiar. En primera instancia, se trata de un hombre simpático y divertido, habituado al sarcasmo, pero al mismo tiempo no deja de ser otra víctima más del voraz sistema que preside la degradada industria cinematográfica. Su espontaneidad y su espíritu libre no parecen haberle brindado nada bueno en el ámbito profesional, a pesar de que su estrategia de márketing pueda parecer infalible. Por ello, su actitud al ser cuestionado es comprensible, aunque demasiado beligerante para el gusto de Meredith. Con todo, ella está orgullosa de sí misma por no haber tirado la toalla con él a la primera de cambio. Se podría decir que ya le está pillando el tranquillo a eso de actuar rápido y de manera justa ante una situación adversa. En su primera noche, se quedó bloqueada ante la desesperación de Kieran, si bien Jared estuvo atento para solventar el problema. De darse el mismo caso ahora, su reacción sería muy distinta. En apenas 24 horas, ha adquirido la experiencia necesaria para enfrentarse a todo tipo de contratiempos… o eso es lo que ella cree. Mientras se pierde en sus pensamientos, su cliente comienza a impacientarse. JACK: Ya ha pasado un buen rato, ¿no crees? Meredith vuelve a concentrarse en la elaboración de la bebida. En efecto, ha pasado un buen rato. Realizar algunas mezclas in situ lleva demasiado tiempo, así que tal vez debería considerar la alternativa de dejarlas preparadas con antelación, en caso de que se conserven bien. Así solo tendría que calentarlas y añadir un par de cosas en el momento. A partir de este momento, es su deber investigarlo y valorarlo sobre la marcha. En cuanto a Jack, aprovechando su pregunta, intenta ganar algo de tiempo. MEREDITH: No pensé que tuvieras prisa. JACK: Y no la tengo. Es solo que has dicho un par de minutos, y necesito entrar en calor cuanto antes. 24 JACK: Bueno, debo confesar que le he perdido un poco la pista. ¿Ahora se dedica al mercado de nicho? Antoine bebe otro trago de cerveza antes de articular su respuesta. ANTOINE: No exactamente. JACK: Ah, ya entiendo. Confidencialidad y todo eso, ¿verdad? De acuerdo. ¿Puedo preguntar si está trabajando en un proyecto actualmente? ANTOINE: (Vuelve a mirar ambos relojes) No. JACK: ¿No? Pero sigue dirigiendo, ¿verdad? ANTOINE: Sí, supongo que sí. Antoine lleva ya encadenadas unas cuantas respuestas a la defensiva, y además sigue consultando la hora con la misma asiduidad. ¿Qué es lo que preocupa tanto? JACK: ¡No sabe cuánto me alegra oír eso! (Agarra sus papeles y se sienta al lado) ¿Me permite enseñarle algo? ANTOINE: Eh… Claro, adelante. Jack le hace entrega de su guion a Antoine y le explica de qué trata mientras lo lee, todo bajo la atenta mirada de Meredith. JACK: La muchacha estaba a punto de ayudarme con la réplica cuando usted ha llegado, pero por aprovechar esta magnífica coincidencia, tal vez usted pueda decirme su opinión antes de lanzarme con la interpretación. ANTOINE: (En tono desinteresado) ¿Lo ha aceptado ya alguna productora? Jack tiene muy clara su respuesta, pero antes de soltarla, percibe la furtiva mirada de Meredith clavada sobre él, rogándole en silencio que sea transparente. Consciente de que es mejor no vender un falso triunfo, frena su impulso y contesta con sinceridad. JACK: No, todavía no. La verdad es que suelen darme plantón. El director hace caso omiso y pasa las hojas con hastío, echando un superficial vistazo a cada una. Jack se da cuenta, pero no dice nada hasta que llega a la última. En apenas un minuto, ya las ha despachado todas y se ha terminado la caña. 31 JACK: ¿Y bien? ANTOINE: (Comprueba los relojes) No está mal. JACK: Um… Bueno, gracias. ¿Hay algo en particular que le haya llamado la atención? Antoine no tiene una respuesta inmediata, así que vuelve a repasar los folios con la misma desgana en busca de alguna peculiaridad que señalar. Meredith, que ha sido testigo de la negligencia, decide cantarle las cuarenta. MEREDITH: No se lo ha leído, ¿verdad? ANTOINE: (Sorprendido) ¿Qué? Claro que sí. MEREDITH: ¿Y por qué le da una respuesta tan vaga? ¿Acaso no es usted un profesional del cine? JACK: Vamos, Meredith, no pasa nada. El señor Passo tiene mejores cosas que hacer. ANTOINE: Yo… lo siento. No es eso. Es solo que… Antoine reitera por enésima vez su rutinario movimiento de muñeca para consultar su reloj de pulsera. A continuación, vuelve a mirar el del local. Pero esta vez hay algo distinto. El director comprueba ambos de manera intermitente, casi obsesiva, hasta que en un momento dado, el delirio se apodera de él. ANTOINE: ¡¿Qué?! (Toca con el índice derecho la superficie de su reloj) No. No, no, no, no. ¡Maldición! Lo sabía. ¡Sabía que ocurriría! JACK: ¡Señor Passo! Tranquilícese, por favor. MEREDITH: ¿Se puede saber qué ocurre? ANTOINE: ¡Este condenado reloj! Sabía que volvería a pararse. Ya lo hizo dos veces, ¿por qué no iba a hacerlo una tercera? Y tenía que ser hoy… ¡Justo hoy! MEREDITH: ¡Cálmese! Ya ha visto que tenemos un reloj aquí mismo, por si le preocupa llegar tarde a algún sitio. ANTOINE: ¡No! Lo que quiero es poner este trasto en hora. Pero, por algún motivo, está configurado de tal manera que solo es posible hacerlo a horas en punto. JACK: Qué raro. ¿Puedo echarle un vistazo? 32 Desesperado, Antoine se desabrocha el reloj. Entretanto, Meredith intenta comprender por qué es tan importante para él. MEREDITH: Entonces, ¿estaba esperando a que diesen las 23:00 para modificar la hora? ANTOINE: Sí, así es. MEREDITH: ¿Sería muy osado preguntar por qué? Antoine resopla, pero asume que no tiene otra opción que desvelar la verdad. ANTOINE: Quiero poner la hora de Francia. JACK: (Mientras examina el reloj) ¡Ajá! La de su París natal, ¿cierto? ANTOINE: (Asiente) He tenido que llevar este reloj a reparar dos veces en la última semana. Tiende a pararse en los momentos más inoportunos. Y como no podía ser de otra manera, ha fallado ahora. Las agujas marcan la hora de Nueva York, y es importante que marquen la hora francesa. En un rato debo volver a casa, y necesito tenerlo arreglado para entonces. MEREDITH: ¿Y si todo depende de su reloj, por qué mira tanto el de la pared? ANTOINE: Tan solo estaba comprobando que marcasen exactamente la misma hora. Tengo la sensación de que uno de los dos lleva algo de retraso. Es decir: lo primero que se le ocurrió. Al final, no era algo tan interesante cómo parecía. Pero, aún así, la situación le resulta un poco extraña: ¿Acaso no tiene un smartphone en el que comprobar la hora? Tal vez no. Puede que sea miembro de una asociación en contra de la tecnología… aunque su condición de erudito en el ámbito audiovisual le hace pensar que ese no es el caso. Llegados a este punto, no pierde nada por preguntarle. MEREDITH: Juraría que este está en hora. (Se acerca a su bolsa y saca el móvil para confirmarlo) En efecto. (Se lo muestra) Oiga, ¿usted no tiene uno de estos? ANTOINE: Eh… (Traga saliva) Sí, pero llevo un tiempo sin usarlo. Suelo dejarlo en casa. Meredith no las tiene todas consigo; ese leve titubeo la incita a creer que oculta algo. 33 JACK: (Levanta el reloj en el aire y lo observa desde abajo) Nunca había visto un reloj tan raro. Los de pulsera ya están muy pasados de moda… Este, sin embargo, parece nuevo. ¿Cuándo lo compró? ANTOINE: Hará escasas dos semanas. JACK: Eso lo explica todo. ¿Ha pensado en que quizás el relojero le haya estafado? ANTOINE: No lo creo. Ha sido capaz de volver a ponerlo en hora neoyorquina las dos veces que se ha parado, y no me ha cobrado por ninguna reparación. Yo no tengo ni idea de relojes, así que soy incapaz de arreglarlo. JACK: ¿Y por qué no le pidió que lo pusiese en hora francesa cuando lo compró? ANTOINE: Bueno, pensé que podría hacerlo yo mismo cuando llegase el momento. JACK: ¿Cuándo llegase el momento? ¿A qué se refiere? Entonces, Antoine deja de responder y el silencio invade el local. Parece haber reparado en que está hablando más de lo que a él le gustaría, y empieza a arrepentirse de haber soltado prenda en primera instancia. Meredith es capaz de notarlo. ¿Debería inmiscuirse? ELECCIÓN OPCIÓN A B ACCIÓN Insistir para que hable Dejarlo pasar CONSECUENCIA Ninguna Ninguna DIÁLOGO OPCIÓN A: Meredith ya se ha mentalizado. El francés no es el primer cliente de la noche en llegar a Density con una máscara puesta. Su discurso funcionó con Jack, así que debe hacer todo lo posible para que funcione también con él. MEREDITH: Señor Passo, déjeme decirle algo… Lo que no sabe es que el actor ha pensado exactamente lo mismo, y que planea tomarle el relevo en esta ocasión. 34 JACK: Yo se lo explicaré, Meredith. (Le pone la mano en el hombro) Señor Passo, no sé si sabe dónde está. Este sitio no es un café ordinario; es un refugio. Para gente como yo, y me atrevo a decir que también para gente como usted. De hecho, ¿no cree que esta coincidencia habla por sí sola? Dos apasionados del cine, en el mismo lugar, a la misma hora, en este mismo instante. Aquí no se juzga a nadie, ¿sabe? Más bien todo lo contrario: puede contarnos lo que quiera. Estamos aquí para escucharle, e incluso para ayudarle con todo aquello que le aqueje. (Mira a Meredith) ¿A que sí, Meredith? MEREDITH: (Maravillada) Me has quitado las palabras de la boca. Jack ha hecho gala de una asombrosa oratoria, inspirada, claro está, en las palabras que ella le dedicó hace cosa de una hora. Sin embargo, Meredith, lejos de sentirse suplantada, se siente orgullosa de haber contagiado tan rápido el espíritu del local a sus clientes. El discurso parece haber hecho algo de mella en Antoine, que tras reflexionar durante un buen rato, por fin se anima a pronunciarse. ANTOINE: Sé que Density es un lugar especial. No es mi primera vez aquí. JACK: Ah, ¿no? ANTOINE: No. Soy un antiguo cliente de Héctor. (Mira a Meredith) Supongo que tú eres su nieta. MEREDITH: (Confusa) ¿Cómo lo sabe? ANTOINE: Bueno… (Breve pausa) Te pareces a él. Conque un antiguo cliente, ¿eh? Eso sí que no se lo esperaba. ANTOINE: Os agradezco mucho el interés, y os prometo que lo tendré en cuenta. Sin embargo, debo irme pronto y es una historia muy larga, así que será mejor que la dejemos para otro día. Jack mira a Meredith con expectación. Ella ya no tiene motivos para desconfiar de Antoine; sus palabras por fin le han sonado sinceras. Concluye que lo mejor es aceptar su decisión y dejar que sea él quién dicte su propio ritmo. MEREDITH: De acuerdo, señor Passo. Cuando se sienta preparado, estaremos encantados de escucharle. ANTOINE: Gracias, de verdad. Ah, y llamadme Antoine. Los dos, por favor. JACK: ¿Está seguro? Me resulta un poco raro tutear a alguien como usted. 35 ANTOINE: Insisto. La cortesía me hace sentir más mayor de lo que ya soy. JACK: Ya… me pasa lo mismo. De acuerdo, Antoine. (Le devuelve el reloj) Espero que puedas arreglar de una vez por todas este cachivache. La férrea voluntad de Antoine ha pillado a Meredith por sorpresa. Insistir ha surtido el mismo efecto que hubiese tenido mantenerse al margen, pero no perdía nada por intentarlo. Buscarle las cosquillas a algunos clientes puede ser tarea fácil, pero siempre habrá otros que ofrezcan más resistencia… y, en ocasiones, haga lo que haga, no podrá influir en ellos con tanta facilidad. Eso es algo que debe tener en mente a la hora de valorar sus decisiones. Cuestión de paciencia y práctica. DIÁLOGO OPCIÓN B: Tal vez lo mejor sea no invadir su privacidad… al menos por el momento. Meredith desvía la mirada hacia Jack, que parece estar realizando una pausa de rigor antes de reanudar su interrogatorio. En vistas de sus intenciones, le llama la atención con un sutil gesto y niega discretamente con la cabeza para indicarle que se detenga. El actor se da por aludido y obedece, permitiendo que el silencio conserve su protagonismo durante unos segundos más. A pesar de todo, la situación no deja de ser cuanto menos incómoda. Antoine, consciente de que la pelota se encuentra en su tejado, decide romper el hielo. ANTOINE: Agradezco el interés, de veras, pero es un asunto complicado. Contarlo me llevaría un buen rato. JACK: Tenemos tiempo… MEREDITH: Pero él no, Jack. Ya lo ha dicho antes. (A Antoine) Señor Passo, no tiene por qué dar más explicaciones de las que usted considere necesarias. Lo que realmente le gustaría decirle es que en Density sus problemas tienen cabida, pero no le gustaría meterse donde no le llaman, y Antoine no parece tener intenciones de revelar nada de todos modos. JACK: Aún así, si quisiera darlas… aquí puede hacerlo. Nosotros le escucharemos. ¿A que sí, Meredith? MEREDITH: Por supuesto. Este es un lugar seguro para todo el mundo. 36 ANTOINE: Sé que Density es un lugar especial. No es mi primera vez aquí. JACK: Ah, ¿no? ANTOINE: No. Soy un antiguo cliente de Héctor. (Mira a Meredith) Supongo que tú eres su nieta. MEREDITH: (Confusa) ¿Cómo lo sabe? ANTOINE: Bueno… (Breve pausa) Te pareces a él. Conque un antiguo cliente, ¿eh? Eso sí que no se lo esperaba. ANTOINE: Quizás en otra ocasión sea pertinente hablar sobre este tema, pero por ahora me limitaré a pasar el rato aquí. Jack mira a Meredith con expectación. Ella ya no tiene motivos para desconfiar de Antoine; sus palabras por fin le han sonado sinceras. Concluye que lo mejor es aceptar su decisión y dejar que sea él quién dicte su propio ritmo. MEREDITH: De acuerdo, señor Passo. Cuando se sienta preparado, estaremos encantados de escucharle. ANTOINE: Gracias, de verdad. Ah, y llamadme Antoine. Los dos, por favor. JACK: ¿Está seguro? Me resulta un poco raro tutear a alguien como usted. ANTOINE: Insisto. La cortesía me hace sentir más mayor de lo que ya soy. JACK: Ya… me pasa lo mismo. De acuerdo, Antoine. (Le devuelve el reloj) Espero que puedas arreglar de una vez por todas este cachivache. La férrea voluntad de Antoine ha pillado a Meredith por sorpresa. Si hubiese decidido insistir, el resultado no habría sido distinto. Buscarle las cosquillas a algunos clientes puede ser tarea fácil, pero siempre habrá otros que ofrezcan más resistencia… y, en ocasiones, haga lo que haga, no podrá influir en ellos con tanta facilidad. Eso es algo que debe tener en mente a la hora de valorar sus decisiones. Cuestión de paciencia y práctica. ANTOINE: (Recupera su reloj) Yo también lo espero. Si no puede ser hoy, otro día será… Tan solo necesito relajarme, aunque sea por un minuto. (Mira el reloj de la pared) Y 37 hablando de minutos… debo irme en menos de diez, pero antes me gustaría releer tu guion. ¿Qué me dices, Jack? JACK: ¡Claro! (Vuelve a pasarle las hojas) Aquí tienes. Siéntete libre de dar tu opinión… Y gracias por interesarte. ANTOINE: Es lo mínimo que puedo hacer, dada tu hospitalidad. Y lo mismo va para ti, Meredith. Meredith asiente cordialmente, y acto seguido, el francés retoma la lectura de los papeles. Pasan un par de minutos hasta que emite su veredicto. ANTOINE: Vale. A esto le falta un tema. JACK: (Se recoloca en el asiento) ¿Un tema? ANTOINE: Sí, algo en lo que hacer más hincapié. Los personajes están bien definidos y la conversación entre ambos tiene un fuerte componente dramático, pero no se percibe ningún tema eje. Al menos en lo respectivo a este fragmento. JACK: Oh, vaya. Pensé que con escribir la discusión era más que suficiente. Escogeré otro fragmento más ilustrativo, entonces. ANTOINE: ¿Por qué? Este está estupendamente escrito. Creo que será más fácil que le des una vuelta a cuál puede ser el tema aquí. ¿Hay algún aspecto que pese más que el resto en la discusión? JACK: Hmm… ANTOINE: Te echaré una mano. (Le señala algo en una de las hojas) Aquí, Harry alude brevemente a los problemas comunicativos de Dahlia, y ella le pide que no sea tan exigente con ese tema. Él, sin embargo, insiste en buscar una solución que beneficie a ambos. Luego, ella se cierra en banda. ¿No crees que este es el punto álgido de la conversación? JACK: Sí, sin duda. Claro, justo después cambian de tema y empiezan a discutir sobre otra cosa… ANTOINE: Ahí lo tienes. ¿Por qué no lo desarrollas más? JACK: No sé, supongo que pensé que ese tema estaba ya muy visto. Si voy a ampliar esa parte, me gustaría hacer un tratamiento novedoso… 38 Antoine se encoge de hombros y esboza una tímida sonrisa. Esa breve charla con Jack parece haber tenido efectos terapéuticos sobre su persona. Cualquiera diría que alguien como él estaría acostumbrado a ese tipo de conversaciones, pero todo parece indicar lo contrario. O quizás es que Jack tiene un encanto particular. Sea lo que fuere lo que le atormentaba minutos atrás, ha pasado a segundo plano. Y si bien todavía queda mucha leña por cortar, Meredith está contenta cuando sus clientes también lo están. ANTOINE: ¿Alguna idea? JACK: Estoy dándole vueltas. (Se dirige a Meredith) Oye, tú también puedes aportar algo. ¿O es que se te han quitado las ganas de interpretar a Dahlia? MEREDITH: No, mi palabra es sagrada. (Extiende la mano) Déjame seguir leyendo. Jack le devuelve los papeles a Meredith para que los consulte con calma, ya que con la llegada de Antoine se vio obligada a interrumpir la lectura. Despacha el diálogo que le quedaba en cuestión de un minuto, y entonces se para a pensar. Harry y Dahlia no logran entenderse. Él le pide un que ella no puede darle, y ella le ruega una paciencia que él no tiene. A su manera, los dos le recuerdan a ella. No saben comunicarse adecuadamente… pero necesitan aprender a hacerlo. Por su bien y por el del otro, requieren una solución inmediata… y a Meredith solo se le viene una cosa a la cabeza. MEREDITH: Neocomunicación. JACK: ¿Cómo dices? MEREDITH: Buscabas ampliar el tema, ¿no? ¿Y si hablas de la Neocomunicación? JACK: Bueno, yo… no sé nada sobre eso. (Mira a Antoine) ¿Antoine? ANTOINE: Sé poca cosa. Tan solo que es la disciplina de moda, todo gracias a esa nueva carrera universitaria que se ha puesto en marcha. El pulso de Meredith se acelera cada vez que el tema sale a la palestra, pero ya sabe perfectamente cómo llevarlo a su terreno. MEREDITH: (Se agacha para buscar el libro de cuentas) Ese es mi objetivo: formarme en Neocomunicación para aprender todo lo posible sobre el tema. ANTOINE: Ya veo. Entonces, ¿la regencia de Density es solo un trámite para llegar a tu auténtica meta? 39 MEREDITH: (Se levanta, con el libro en la mano) Me gustaría tomármelo como un aprendizaje previo. Es por eso que he decidido apuntar las opiniones de mis clientes sobre el tema en este cuaderno. ¿Os gustaría ayudarme? JACK: A mí me encantaría, pero como te decía, no estoy muy informado. MEREDITH: No importa. En el fondo, nadie lo está, y me incluyo. Cualquier cosa me ayuda. Me sirve con que me digas qué te suscita el término. Jack repara en Antoine, que aguarda sus impresiones tan expectante como Meredith. JACK: Eh… bien, pues suena a que tendrá bastante éxito. Si se trata de una nueva forma de comunicación, como su propio nombre indica, espero que elimine algunas partes del lenguaje que ya están obsoletas. Ya sabes, palabras discriminatorias que siguen dando lugar a debate. Al menos, eso es lo primero que yo haría. ANTOINE: Es decir, aprovecharías la potencial instauración de una nueva norma para zanjar discusiones lingüísticas. Interesante, pero, ¿no crees que la censura resultaría contraproducente? JACK: ¡No lo sé! Sería por una buena causa… pero sí, la gente podría interpretarlo de maneras muy diferentes. Yo solo doy ideas. MEREDITH: Vale… No sé si lo he entendido bien, pero queda anotado. (Mira a Antoine) ¿Qué me dices tú, Antoine? ANTOINE: (Se rasca la calva) Yo tengo mis dudas. Puede que esto de la Neocomunicación tenga éxito, sí, pero… todo este hermetismo en torno al tema no me da buena espina. Sea lo que sea, tengo miedo de que vaya a dejar de lado a la cultura, y de que artes como el cine se vean afectadas por una nueva forma de comunicación indeseable. (Aprieta los dientes) Ojalá poder decirte otra cosa, pero eso es lo que pienso. Por suerte para Meredith, el francés no es el primer cliente en poner en tela de juicio la Neocomunicación. De cualquier modo, a ella le importan todas las opiniones por igual, ya sean positivas o negativas. MEREDITH: (Termina de anotar y cierra el libro) Gracias. A los dos. JACK: ¡No, gracias a ti! Ahora ya tengo definido el tema. Reescribiré este fragmento y modificaré el resto del guion. (La apunta con dos dedos) Tranquila, no perderás tu oportunidad de interpretar a Dahlia. ¡Ah! Y gracias a ti también, Antoine. 40 nipona, que siempre ha sido santo de su devoción. Tras un exhaustivo recorrido mental, no es capaz de localizarla, pero tiene la total certeza de que se ha citado a sí misma. SAOKO: (Termina la bebida y deposita la taza) Lo echaba de menos. MEREDITH: ¿P-perdón? SAOKO: El sake. (Mira el recipiente vacío) Este sake. MEREDITH: ¿No lo tienen en otros lados? SAOKO: Oh, claro que sí, encanto. Es uno de los más populares. Pero aquí sabe distinto. En ocasiones, tu abuelo me preparaba una mezcla con base de sake… maravillosa. MEREDITH: (Mira de soslayo el recetario ) ¿S-sabe qué llevaba? SAOKO: No, él nunca nos revelaba sus fórmulas. Tan solo decía (Imitando su voz) “¿Me permitís deleitaros con una especialidad de la casa?”, y nosotros, a sabiendas de que nos prepararía una delicia exquisita, aceptábamos. Conocía nuestras debilidades. La mía es el sake, y él lo sabía de sobra. Qué tiempos aquellos. Meredith entra en una especie de trance mientras escucha a Saoko, que por fin parece estar interesada en la conversación. Hay algo verdaderamente cautivador en escuchar a alguien a quién tanto admira idolatrar a su mismísimo abuelo. SAOKO: ¿Qué hay de ti? Supongo que alguna vez habrás tenido la suerte de probar sus bebidas. MEREDITH: Yo… (Nerviosa) A-apenas le conocía. SAOKO: Anda. Entonces, ¿cómo es que has acabado aquí? La última vez que Meredith confesó la participación de su madre, no salió bien. Seguramente Saoko no se le vaya a tomar tan personal como Jared, pero por nada del mundo le gustaría que la conversación adoptase un tono desagradable en estos momentos, así que prefiere soltar una mentira piadosa. MEREDITH: Bueno, me parecía apropiado. Cuando me enteré de que iban a demoler el local, decidí que sería buena idea intentar regentarlo. Me he propuesto como meta devolverle la esencia a este lugar… Aunque ya ve que todavía estoy muy verde. SAOKO: Entiendo. Es una ardua tarea, sí, pero ya le irás pillando el truco. Además, supongo que querrás darle tu toque personal, ¿no? 47 MEREDITH: (Confusa) ¿A qué se refiere? SAOKO: La disposición de las cosas, la iluminación, la decoración de las paredes… (Breve pausa) La música. MEREDITH: Bueno, yo… Todavía estoy pensándolo. SAOKO: Puedo ayudarte con alguna sugerencia. Verás: durante años, intenté convencer a Héctor de que pusiese un hilo musical, pero nunca lo conseguí. El resto de clientes creían que solo quería hacer autopromoción, pero eso no es verdad. ¡En aquel momento, estaba en la cima! No necesitaba publicidad de ningún tipo. Ahora, en cambio… no me vendría mal que más gente se acordase de mí. La bartender percibe cierta melancolía in crescendo en el tono de Saoko. MEREDITH: P-pero usted misma ha dicho antes que tiene fans por todo el mundo. SAOKO: Sí, pero… ya no es lo mismo. Desde… (Cierra los ojos y aprieta los labios) Desde el juicio… todo cambió… y ya nada es como antes. Meredith sabe perfectamente a qué se refiere. Fue hace cerca de un año, cuando ya empezaba a perderle un poco la pista a Saoko, aunque acabó enterándose igual, como todo el mundo. La artista fue juzgada por “apropiación cultural” a causa de la nueva ley que se aprobó al respecto, lo cual supuso un punto de inflexión en su carrera, que seguía en pleno esplendor. Pero eso no fue todo. Aprovechando las circunstancias, una compositora japonesa la acusó de haber plagiado una de sus canciones, y así, el juicio se llevó a cabo por partida doble. Contra todo pronóstico, fue declarada culpable, y aunque logró evitar la cárcel, su cartera no salió indemne. La admiración de Meredith por ella no se vio afectada por el veredicto del pleito, pero el prestigio de Saoko decayó de forma meteórica. Perdió un inmenso sector de sus fans, especialmente aquellos que la seguían por su estilo e imagen, en lugar de por su personalidad. Durante el proceso judicial, sus polémicas declaraciones y sus comentarios fuera de tono mancharon su reputación y se convirtieron en carne de cañón para los medios, que la tildaron de “aprovechada”, “desvergonzada” y “xenófoba”, entre otras cosas. En su vida privada, Saoko siguió vistiendo como siempre lo había hecho, aunque en el ámbito profesional se vio obligada a cambiar la estética de su personaje. Ahora, ha cometido el error de recordar el evento que supuso su ruina social y económica, y Meredith no sabe qué hacer. Pensaba que ya estaba más que preparada para consolar a sus clientes, pero ella le impone demasiado, y le da miedo interferir con un tema tan delicado… Sin embargo, por suerte para ella, un elemento disruptor entra en escena. La 48 campana suena y la puerta se abre. Meredith le reconoce: es Edgar, el novelista irlandés que acudió la noche anterior. Tan pronto como entra, escucha los sollozos e interpreta la situación. EDGAR: Buenas noches. ¿Mal momento? Meredith busca la aprobación de Saoko, que con un sutil gesto de cabeza le da luz verde. MEREDITH: No, claro que no. Adelante, Edgar, pasa. Edgar obedece y se acerca a la barra. Una vez llega, se quita la chaqueta y se sienta a un taburete de distancia de Saoko, mientras saluda cordialmente a Meredith. Entretanto, la mujer saca un pañuelo del bolsillo y se seca sus lacrimosos ojos, a fin de disimular su estado anímico. El novelista no parece reconocerla en primera instancia. Consciente de la situación, vuelve a expresar su preocupación. EDGAR: No me gustaría interrumpir nada. SAOKO: (Se gira hacia Edgar) No interrumpe nada, joven. La chica y yo tan solo hablábamos sobre música. Al verla de frente, el escritor la reconoce. EDGAR: Un momento… usted es… SAOKO: (Asiente) Saoko Starlight. (Le tiende la mano) Encantada. EDGAR: ¡Lo mismo digo! (Acepta el apretón) Edgar Dunsayn. Es todo un placer. Qué sorpresa verla por aquí. SAOKO: Bueno, siempre he sido una clienta habitual. Se lo estaba contando a la nieta del antiguo dueño. EDGAR: (Mira a Meredith) Sí, nos conocimos ayer. Debo admitir que soy nuevo en este sitio. SAOKO: Bien. (Señala a Meredith con la cabeza) Entonces es su labor hacer que le guste este sitio. EDGAR: Ah, creo que eso ya lo ha conseguido. (Sonríe) Por algo estoy de vuelta. Saoko se ha recompuesto con sorprendente facilidad, si bien es posible percibir todavía cierta agitación en su voz. Edgar, en cambio, parece contento. 49 MEREDITH: (Dirigiéndose a Edgar) Dime, ¿qué te pongo? EDGAR: Mmm… creo que un té rojo me vendría bien ahora mismo. ¡Y gracias por tutearme! MEREDITH: ¡Ah! Bueno… (Sonríe con timidez) Marchando ese té. (PREPARACIÓN BEBIDA) INGREDIENTES: -TÉ ROJO (> o = que 3) De un momento para otro, el nerviosismo de Meredith ha desaparecido, y ella apenas se ha dado cuenta. Ni siquiera se había fijado en que estaba tuteando a Edgar. Está claro que la llegada de un tercero le ha rebajado la tensión. Ahora que ya está más tranquila, le gustaría seguir experimentando con las fórmulas del recetario, pero tampoco quiere abusar tan pronto de sus ventajas, así que por el momento le parece mejor ceñirse a lo que piden los clientes. Mientras prepara el té, Edgar y Saoko continúan conversando. EDGAR: Bueno, ha dicho que estaban hablando sobre música. ¿Nuevo material por su parte? SAOKO: Oh, no. Llevo meses sin sacar nada… no sé si está al tanto. Edgar ata cabos con rapidez y empatiza con ella. EDGAR: Cierto, perdone. No tenemos por qué sacar el tema. SAOKO: Tranquilo, no me molesta. En realidad, ella y yo hablábamos sobre la posibilidad de instaurar un hilo musical. EDGAR: ¿Un hilo musical? ¿Aquí dentro? SAOKO: Así es. ¿Qué opina usted? EDGAR: Bueno, no se me había pasado por la cabeza. De todos modos, mi opinión es irrelevante. (Mira a Meredith) Es decisión de Meredith. MEREDITH: (Mientras le sirve el té) Está bien, me interesa escuchar la opinión de los clientes. EDGAR: Bueno, en ese caso… supongo que depende del tipo de música. 50 SAOKO: ¿Qué tipo de música escucha, querido? Edgar prueba su té rojo mientras cavila la respuesta, aunque la bebida está hirviendo, lo que le impide pensar por mucho tiempo. EDGAR: Cualquiera que me relaje. No tengo canción o artista favorito, si es que se refiere a eso. SAOKO: No, preguntaba más por géneros. EDGAR: Entonces… chill hop , supongo. Instrumentales, sobre todo. Ya sabe, música lofi , de esa que nunca pasa de moda. SAOKO: Mhm. (Mira a otro lado) Bueno, si a ti te gusta… La respuesta de Saoko descoloca a Meredith. ¿Es cosa suya o ha sonado un poco borde? Edgar no parece haberle dado mucha importancia. EDGAR: ¿Y tú, Meredith? ¿Qué música escuchas? Ahí está: la pregunta que toda melómana desea contestar en algún momento. MEREDITH: Bueno, yo… un poco de todo, la verdad. Adoro la música en todas sus formas y géneros. (Repara en Saoko, que parece haberse abstraído) Conozco toda la discografía de Saoko, por ejemplo. Saoko permanece impávida ante la mención de su nombre, pero Edgar sigue mostrando interés en las preferencias de Meredith. EDGAR: Ya veo. Confieso que yo no suelo seguir a los artistas… es por eso que estoy algo desconectado del panorama musical actual. MEREDITH: A decir verdad, yo tampoco seguía a ningún artista, a excepción de Saoko y alguna que otra estrella más del pop moderno. Pero, desde hace un tiempo, he empezado a indagar en la escena independiente y he encontrado diamantes en bruto. EDGAR: ¿En serio? (Sorbe su té) ¿De qué tipo de música estamos hablando? MEREDITH: No es solo un género en concreto, aunque todos tienen algo en común: la recuperación de los sintetizadores electrónicos. ¿Te suena el synthwave ? Saoko chasquea la lengua, indicando desaprobación. No obstante, sigue manteniéndose al margen. ¿Acaso tiene algo en contra del género? Meredith no desea 51 importunarla, pero tampoco quiere censurarse a sí misma; se siente en su salsa hablando de música. EDGAR: Sí, claro que me suena. Pensaba que esa estética llevaba décadas extinta. MEREDITH: La teoría del ciclo. Todo vuelve tarde o temprano, y los géneros musicales no son la excepción. EDGAR: Como era de esperar, no tenía ni idea. Oye, ya sabes que cualquier cosa me resulta de utilidad para despertar la inspiración. (Bebe otro trago y saca su móvil) Dime nombres, que los apunto. MEREDITH: No sé si te gustarán… pero bueno, yo encantada. A ver… Rosie Tender está siendo pionera de este movimiento revival ; One Winged Beauty está ganando cada vez más popularidad con sus peculiares versiones de clásicos… y luego están las bandas, que también han vuelto a coger fuerza. De hecho, hay una muy reciente que poco a poco se ha ido convirtiendo en mi favorita; es un grupo formado por dos chicas y dos chicos, todos más o menos de mi edad. Se llama Oxygen. Al escuchar ese nombre, algo dentro de Saoko se activa como un resorte, y acto seguido fulmina a Meredith con una mirada de lo más inquisitiva. SAOKO: (En tono de desdén) ¿Oxygen? ¿En serio? ¿Esa panda de malcriados? La joven bartender permanece en silencio, desconcertada por el repentino cuestionamiento de sus gustos. Edgar, si bien se queda tan atónito como ella, reacciona con más brío. EDGAR: ¿Qué tienen de malo? SAOKO: Si te digo qué tienen de bueno, termino antes. Pero ya que insistes… Son unos niños consentidos que han fundado una banda de tres al cuarto con el dinero de sus padres, y que se dedican a obstaculizar el orden público organizando conciertos espontáneos en lugares abarrotados de gente, sin avisar a nadie. Son una vergüenza para la industria. EDGAR: Vaya, no tenía constancia de nada de eso. ¿Tú lo sabías, Meredith? Las palabras de Saoko le han sentado como un retortijón en el estómago. Hay algo de verdad en lo que dice, aunque por algún motivo, lo ha tergiversado en exceso. No le gustaría provocar un conflicto con Saoko… pero, al mismo tiempo, sabe que no debe guardarse sus opiniones solo porque contradicen las del prójimo. Además, Edgar podría crearse una imagen equivocada de la realidad… 52 La autoestima de Meredith pende de un hilo en estos momentos… Durante determinadas elecciones de diálogo, la AUTOESTIMA de Meredith está en juego. A veces, se debatirá consigo misma sobre si decir lo que realmente piensa o contentar a sus clientes. Esto significa que algunas respuestas permiten subir la AUTOESTIMA, mientras que otras pueden bajarla. Por supuesto, esto se suma a las consecuencias que tienen las diversas respuestas con los clientes. Es posible que una respuesta suba la AUTOESTIMA de Meredith, pero al mismo tiempo disminuya la CONFIANZA con un cliente, y viceversa. Todo dependerá de como se alinee el pensamiento de la bartender con sus clientes. Como es de esperar, ambas cosas no siempre son compatibles… ELECCIÓN: OPCIÓN A B ACCIÓN Manifestar opinión sobre Oxygen Admitir que Oxygen es un grupo cuestionable CONSECUENCIA +1 de CONFIANZA con Edgar y +1 de AUTOESTIMA para Meredith +1 de CONFIANZA con Saoko DIÁLOGO OPCIÓN A: …y no piensa permitir que eso ocurra. MEREDITH: Yo no lo veo así. Es verdad que han financiado el proyecto con el dinero del padre de uno de los miembros, pero se trata de un músico retirado que ya no lo necesita. También es cierto que su estilo reivindicativo a veces resulta un poco caótico, pero todo lo que hacen es por una buena causa. Su objetivo es concienciar a la gente sobre determinadas cuestiones sociales a través de sus letras. -> AUTOESTIMA +1 Saoko la escucha con educación, aunque mantiene su expresión de rechazo en el rostro. Edgar, por el contrario, busca ahondar en el asunto. -> EDGAR: CONFIANZA +1 53 EDGAR: ¿A qué cuestiones te refieres, Meredith? MEREDITH: Todas las que te puedas imaginar. La precariedad laboral, la insurgencia de los androides, la alienación de la sociedad… Son bastante sutiles, pero el subtexto se entiende. O eso creo yo, al menos. Apenas estoy informada sobre la mayoría de estas cosas; en parte, por mi culpa, porque no investigo lo suficiente, y en parte también por la exagerada censura que hay en los medios. Su música me ayuda a suplir esas carencias, así que solo puedo estarles agradecida. Lo que hace Oxygen me parece muy digno. SAOKO: Lo que hacen es banalizar la música y utilizarla como una herramienta más para lograr sus propósitos personales. No tienen ningún tipo de pasión por el arte. MEREDITH: Son gente de mi edad, preocupada por su futuro. Yo también lo estoy. SAOKO: ¿Preocupada por tu futuro? (Mira a su alrededor) Tienes un futuro prometedor aquí, en el local de tu abuelo. ¿Qué más puedes pedir? Meredith reflexiona para sus adentros. Saoko desconoce, por un lado, el carácter temporal de su estancia en Density , y por otro, sus ambiciosos propósitos académicos. Ella sabe que adentrarse en ese territorio supone arriesgarse a ser prejuzgada por la artista, pero en el fondo es consciente de que no ganaría nada dando rodeos, así que prefiere ser honesta. MEREDITH: (Carraspea) Tengo otros objetivos en mente. SAOKO: Ah, ¿sí? ¿Cuáles? MEREDITH: Estudiar una carrera. Edgar, que hasta ahora se había mantenido al margen, hace gala de su perspicacia. EDGAR: Neocomunicación, ¿verdad? (Se lleva la mano a la nuca) Perdona, lo intuí en base a la conversación de ayer. DIÁLOGO OPCIÓN B: 54 …aunque, al final, cada quién tiene su opinión. No cree que Oxygen suponga ningún peligro para la sociedad (más bien todo lo contrario), pero no pasa nada por admitir que sus métodos pueden considerarse arriesgados. MEREDITH: Si me permite, Sra. Starlight, “vergüenza para la industria” es una descatalogación bastante injusta… pero es cierto lo que dice: su modus operandi tiene sus pros y sus contras. -> SAOKO: CONFIANZA +1 SAOKO: Más contras que pros, querida. Yo que tú, lo tendría muy en cuenta. (Casi susurrando) Que no pasa nada, oye, todos tenemos nuestros placeres culpables… Sin duda, seguirle el rollo a Saoko ha servido para relajar el ambiente. Eso sí: nota cierta condescendencia en su tono, como si hubiese salido airosa en su misión por aleccionarla, y ahora estuviese regocijándose sutilmente en ello. Saoko es una señora orgullosa y testaruda, y no parece tarea fácil invitarla a rectificar… pero, al mismo tiempo, ha perdido la oportunidad de intentarlo. Tan solo le consuela el pensamiento de que llevarle la contraria hubiese sido contraproducente casi con certeza. Le gustaría decirle que Oxygen no es un “placer culpable”, y que a día de hoy significan tanto para ella como Saoko significó en su día… pero hay algo que la frena. Sabe que todavía no ha reunido la voluntad suficiente como para expresar sus opiniones sin tapujos y evitar la posterior sensación de que habría sido mejor guardárselas para sí misma. A pesar de su progreso, eso es algo que todavía la atormenta. Mientras le da vueltas al asunto, Edgar rescata las palabras de la autora. EDGAR: ¿Cuáles son los suyos? SAOKO: ¿Disculpe? EDGAR: Sus placeres culpables. También los tiene, ¿verdad? SAOKO: Por supuesto. Pero la gracia está en no desvelarlos, ¿no cree? EDGAR: Bueno, Meredith ha hablado de sus gustos. Quizás usted también podría hablar de los suyos. Esas palabras rezumarían un regusto rencoroso en la boca de cualquier otra persona, pero no en la de Edgar. Se nota a leguas que su interés es auténtico y que no encierra maldad alguna. SAOKO: Una nunca se libra de ser el centro de atención, ¿eh? (Mira a Meredith) Seguro que ella tiene cosas más interesantes que contar que yo. ¿Verdad que sí, querida? 55 Por un lado, le halaga que Saoko se interese por ella, pero por otro, sabe que solo lo hace para ocultar su lado más vulnerable. MEREDITH: Bueno… Hay multitud de cosas que me inquietan, supongo. SAOKO: ¿Como por ejemplo…? EDGAR: Neocomunicación, ¿verdad? (Se lleva la mano a la nuca) Perdona, lo intuí en base a la conversación de ayer. MEREDITH: (Sonríe) En efecto. SAOKO: ¿Neocomunicación? ¿La nueva carrera de la que apenas se sabe nada? El acceso debe estar muy restringido. MEREDITH: Lo está, créame… Lo he comprobado de primera mano. Espero tener más suerte el año que viene. EDGAR: Seguro que sí. Mientras tanto, siempre tienes esa libreta, ¿no? A Meredith le hace ilusión que Edgar se acuerde de su estrategia particular. Aprovecha y enseña el libro de cuentas, que todavía tiene a su alcance. MEREDITH: Cierto. Aquí la tengo. EDGAR: ¿Por qué no le preguntas a la señora Starlight? MEREDITH: Cierto. (A Saoko) ¿Me ayudaría? SAOKO: (Con indiferencia) No soy ducha en el tema, pero haré lo que pueda. ¿Qué necesitas saber? MEREDITH: Tan solo su opinión sobre la Neocomunicación. Yo tampoco tengo mucha idea, pero me gusta apuntar lo que opinan los clientes para ayudarme a mí misma a entender el concepto. SAOKO: (Frunce el ceño) Esas opiniones… ¿Se las lees a los demás? MEREDITH: (Niega con la cabeza) Son solo para mi uso personal. 56 00:00 h. 3 de julio de 2061. Un día termina y otro empieza, pero la noche sigue. Las agujas se alinean, consumando su rutinaria y cronometrada danza, y un breve vistazo al reloj es suficiente para recordarle las pastillas a Meredith. ¿Debería tomárselas y arriesgarse a caer rendida de nuevo en cuanto le dé sueño? La desagradable experiencia de la noche anterior le impide valorar dicha opción. Ante la ausencia de malestar, puede permitirse tomarlas al llegar a casa, justo antes de dormir. Total, un par de horas no harán la diferencia. No tiene pinta de que vaya a venir ningún cliente más, así que aprovecha la intimidad de la medianoche para recapitular. En primer lugar, todavía no asimila haber conocido a Saoko Starlight, ni mucho menos haber congeniado con ella tan pronto, si bien han tenido sus diferencias. Le va a costar llamarla por su nombre real, así como si nada, pero estará encantada de hacerlo. Jamás olvidará ese cúmulo de emociones que la invadió tan pronto como la vio entrar por la puerta. Por otro lado, la noticia de Edgar la ha colmado de felicidad. Density es, sin lugar a dudas, el lugar idóneo para escribir una novela, aunque para ella lo más reseñable ha sido el sutil halago de parte del escritor. No sabe cómo lo ha hecho, pero está contenta de haberle inspirado tanto en tan poco tiempo. La joven se regocija en su dicha durante un buen rato, hasta que un abrupto imprevisto quiebra el curso de sus pensamientos: la campana repica en contra de todo vaticinio. ¿Quién será? En cuanto la figura en cuestión atraviesa el umbral y se deja ver, Meredith siente una punzada que le recorre el cuerpo de arriba abajo, y todo su espíritu se desmorona en un santiamén. Muy a su pesar, se trata de la última persona que desea recibir esta noche. MEREDITH: ¿Mamá? ¿Qué haces aquí? GEORGINA: Vengo a ver qué tal le va a mi hija. ¿Es que no puedo? Meredith desconfía de sus intenciones, pero no tiene ganas de desatar ningún conflicto, así que opta por seguirle la corriente. MEREDITH: Sí… claro que puedes. Pero, ¿por qué tan tarde? Pensé que estarías durmiendo a estas horas. GEORGINA: Mañana tengo turno de tarde. Además, me imagino que a esta hora ya no vienen más clientes. MEREDITH: Pues supongo que depende del día. Ayer vino una chica de madrugada. GEORGINA: Ah, ¿sí? ¿Quién? 63 El interrogatorio es tan parecido al de la noche anterior que, por un momento, siente una especie de deja vu . El inusitado interés de su madre le resulta sumamente sospechoso. MEREDITH: (Se apoya con las manos en la barra) ¿Quieres tomar algo? GEORGINA: No cambies de tema. ¿Qué chica? Jugar al despiste puede funcionar con cualquiera, pero no con su madre. Cuanto antes descubra a qué viene todo esto, mejor. MEREDITH: Uf. ¿Por qué te interesa tanto? GEORGINA: (Se sienta en un taburete) ¿Por qué respondes a una pregunta con otra pregunta? MEREDITH: Mamá, estoy muy cansada. Dime qué quieres. GEORGINA: ¡¿Cansada?! ¿Cómo estaremos los demás, entonces? MEREDITH: Por favor, lo digo en serio. Llevo aquí toda la noche. GEORGINA: Yo llevo trabajando todo el día, y no me quejo. (Mira a su alrededor) A todo esto, ¿cuándo vas a pedir mesas y sofás? Si los pones al lado de la ventana, seguro que atraes a más gente. Lo que le faltaba… que viniese a decirle cómo organizar el local. Meredith no tiene problema a la hora de escuchar consejos, pero los comentarios pasivo agresivos de su madre no son precisamente provechosos. De todas formas, lo de poner asientos al lado de las ventanas ya lo ha pensado varias veces. Sin ir más lejos, Edgar se beneficiaría de un sofá y una mesa para escribir su novela con comodidad, ya que tendría más espacio que en la barra. MEREDITH: Ya he pensado en eso. Hay gente que lo agradecería. GEORGINA: Ah, ¿sí? ¿Como quién? La insistencia de Georgina le resulta cada vez más molesta. MEREDITH: ¿Qué más te da, mamá? GEORGINA: Solo quiero saber qué tipo de clientes vienen por aquí, eso es todo. Pero por algún motivo, tú te niegas a contármelo. 64 Nada más lejos de la realidad. No es que esté evitando contárselo, es que la conoce, y sabe que ese desmedido interés viene motivado por algo. No sabe el qué, pero se figura que nada bueno. MEREDITH: ¿Piensas que no viene nadie en toda la noche? ¿Es eso? Porque no es así. Todo lo contrario, más bien. GEORGINA: Yo no he dicho tal cosa, aunque si eso es lo que has interpretado… (Breve pausa) Espera, ¿a qué te refieres con “todo lo contrario”? ¿Tanta gente ha venido? MEREDITH: No es una cuestión de cantidad, sino de calidad. GEORGINA: (Levanta las cejas) Explícate. Al final, está jugando a su juego. Es posible que ya haya hablado más de la cuenta, pero llegados a este punto, no sabe qué es lo mejor: si mantener su postura y no revelar información o disuadirla cuanto antes de lo que sea que esté pensando. ¡Cuidado! A diferencia del resto de clientes, la CONFIANZA con Georgina no parte de 0, sino de 5. Una respuesta inoportuna solo conseguirá que la relación entre Meredith y su madre vaya a peor… ELECCIÓN OPCIÓN A B ACCIÓN Hablar sobre la jornada No revelar información CONSECUENCIA Ninguna -1 de confianza con Georgina DIÁLOGO OPCIÓN A: MEREDITH: Vienen clientes de todo tipo, y todos y cada uno de ellos se llevan una buena impresión del local. Muchos repiten y hasta se animan a varias rondas. Otros, incluso, ya han venido las dos noches seguidas. No dejan de decir que Density tiene un encanto propio, casi magnético, que les atrae hasta aquí. Aunque algunos ya me han hecho saber de manera personal que están más que satisfechos con mi labor, así que me atribuiré el mérito que me corresponde. (Breve pausa) ¿Es eso lo que querías oír? 65 Georgina se toma su tiempo para replicar el monólogo de su hija, que la ha pillado por sorpresa. GEORGINA: No exactamente. Te he preguntado qué tipo de clientes vienen, no qué opinan sobre el local. La capacidad de su madre para infravalorar y desprestigiar cualquier cosa que hace es extraordinaria, pero ya está demasiado acostumbrada a ello como para otorgarle más importancia de la necesaria. MEREDITH: ¿Qué más necesitas? ¿Una descripción exhaustiva de todos ellos? ¿Es eso? Si quieres, les pido su documento de identificación y les exijo que me firmen una hoja de asistencia, para que te quedes tranquila. GEORGINA: (Pone los ojos en blanco) Me vale con que me digas quién ha venido. Meredith sigue sin descifrar las razones de su interés. ¿De qué le sirve saber quién ha venido? Lo más probable es que no conozca a la mayoría… aunque hay dos de los que seguro que ha oído hablar. MEREDITH: De acuerdo. Esta noche han venido un director de cine y una estrella de la música, por ejemplo. GEORGINA: ¿Qué? (Ojiplática) ¿Lo dices en serio? MEREDITH: Y tan en serio. Antoine Passo Jr. y Saoko Starlight. Ni más, ni menos. GEORGINA: Passo Jr., sí… he visto películas suyas, y también de su padre. Y Saoko… ¿Starlight, dices? ¿Es la que salió escaldada de aquel juicio, no? Vaya, vaya. Qué insólita coincidencia. Coincidencia… al escuchar esa palabra, cierta frase resuena en su cabeza. MEREDITH: Las coincidencias no existen. Solo existe lo inevitable. GEORGINA: (Confusa) ¿Qué dices? MEREDITH: Nada… olvídalo. Tras el banal intercambio de palabras, Meredith se desplaza de un lado a otro de la barra hasta el fregadero, a una distancia prudente de Georgina. Desde esa posición, apenas puede establecer contacto visual con ella. Allí, coloca las tazas y copas usadas en la pila, de manera ordenada. Acto seguido, abre el grifo, echa jabón en el estropajo 66 y empieza a lavarlas con cuidado. No tiene mayor interés en prolongar la conversación, pero su madre todavía no ha terminado. GEORGINA: ¿Te han dicho si conocían al abuelo? Ya se imaginaba por donde iban los tiros. Se enfrenta a un dilema: decir la verdad u ocultarle información. No ganaría nada con lo segundo, pero tampoco siendo transparente. Primero, debe averigüar como sea a qué se debe su voraz interés. MEREDITH: (Sin mirarla) ¿Quiénes? GEORGINA: Esos famosos. Passo, Starlight… ¿Le conocían? MEREDITH: Supongo. Ya se habían pasado antes por Density . ¿Por qué? GEORGINA: ¿No lo han mencionado? Meredith pierde su mirada en el desagüe mientras baraja sus opciones. Tras debatirse consigo misma, deduce que su mejor baza es responder de la manera más ambigua posible, a fin de comprobar la reacción de su madre. DIÁLOGO OPCIÓN B: MEREDITH: Paso, mamá. Sabe de sobra que solo está prolongando lo inevitable, pero si puede hacer algo por evitar que su madre se salga con la suya, lo hará. -> GEORGINA: CONFIANZA -1 GEORGINA: (Apretando los dientes) ¿Cómo dices? MEREDITH: Que paso. No tengo ni el tiempo ni las ganas para esto. De hecho, no sé cómo puedes tenerlas tú. GEORGINA: No me supone ningún esfuerzo preguntarte algo tan sencillo. Sin embargo, a ti sí te cuesta responder. Por qué será… MEREDITH: Porque sé que intentas llegar a algún lado con esto. No sé a dónde, pero pareces muy interesada. Quizás sería mejor que probases tú primero a ser honesta conmigo. Puede que entonces yo lo sea contigo. 67 Georgina no parece contenta con el hecho de que su hija haya osado tomar las riendas de la conversación. GEORGINA: ¿Quién te crees que eres para decirme cómo debo proceder? MEREDITH: ¿Quién te crees que eres tú para cuestionar cada cosa que hago? GEORGINA: Ya estamos victimizándonos. No te he cuestionado en ningún momento. MEREDITH: Si lo has hecho. Desde que has entrado por la puerta, para ser más exactos. GEORGINA: No te montes películas. Tan solo te he preguntado por la clientela. MEREDITH: Ya te he dicho todo lo que necesitas saber. La noche ha ido de maravilla. GEORGINA: No, en realidad no me has dicho nada… Desconozco el motivo de tu satisfacción. MEREDITH: Pues saca tus propias conclusiones. ¿No has pensado en que quizás es que se me da bien esto? Déjame adivinar: no, ni se te ha pasado por la cabeza. GEORGINA: Teniendo en cuenta que esta es tu segunda noche… MEREDITH: Pues ya le estoy empezando a coger el tranquillo. GEORGINA: ¿Quién lo dice? MEREDITH: (Con retintín) Esos clientes que tanto te interesan. GEORGINA: (Con el mismo retintín) Pues mira tú qué coincidencia. Coincidencia… al escuchar esa palabra, cierta frase resuena en su cabeza. MEREDITH: Las coincidencias no existen… Solo existe lo inevitable. GEORGINA: (Confusa) ¿Qué dices? MEREDITH: Nada… olvídalo. Tras el banal intercambio de palabras, Meredith se desplaza de un lado a otro de la barra hasta el fregadero, a una distancia prudente de Georgina. Desde esa posición, apenas puede establecer contacto visual con ella. Allí, coloca las tazas y copas usadas en la pila, de manera ordenada. Acto seguido, abre el grifo, echa jabón en el estropajo 68 y empieza a lavarlas con cuidado. No tiene mayor interés en prolongar la conversación, pero su madre todavía no ha terminado. GEORGINA: De acuerdo, ya que no me vas a decir quién ha venido, dime al menos si conocían al abuelo. Ahí está. Ya se imaginaba por donde iban los tiros. Ahora es el momento de averigüar, sea como sea, a qué se debe su voraz interés. MEREDITH: Supongo. Ya se habían pasado antes por Density . ¿Por qué? GEORGINA: ¿Pero lo han mencionado? Meredith pierde su mirada en el desagüe mientras baraja sus opciones. Tras debatirse consigo misma, deduce que su mejor baza es responder de la manera más ambigua posible, a fin de comprobar la reacción de su madre. GEORGINA: Eh, contesta. MEREDITH: Si lo han hecho, no ha sido importante. GEORGINA: ¿Qué demonios significa eso? ¿Lo han hecho o no? MEREDITH: No me acuerdo. GEORGINA: Claro que te acuerdas. (Se inclina sobre la barra para verla mejor) Me estás escondiendo algo, ¿verdad? MEREDITH: (Se ríe en voz alta) Ya empezamos. Tú y tus paranoias. GEORGINA: ¿Cómo que paranoias? Te estás quedando conmigo. (Se levanta) Ya está bien. Quiero que me digas qué te han dicho sobre el abuelo. MEREDITH: Mamá, déjalo. No voy a describirte las conversaciones que tengo con mis clientes. GEORGINA: Entonces sí lo han hecho, ¿verdad? Te han hablado de él. La obstinación de Georgina empieza a incomodar en exceso a Meredith; necesita que deje de insistir cuanto antes. MEREDITH: Mamá, he dicho que lo dejes. 69 GEORGINA: No, de eso nada. Dime qué te han dicho, venga. ¿Eran amigos suyos? ¿Se llevaban bien? Meredith deja escapar un resoplido de cansancio, está haciendo su mejor esfuerzo por mantener la calma. GEORGINA: Dímelo. Sé que te han hablado del abuelo, no tienes por qué disimular. MEREDITH: Tú no sabes nada. GEORGINA: Claro que lo sabes. Venga, suelta prenda. Es muy sencillo, solo tienes que decírmelo, y entonces te dejaré tranquila. Sabe que eso no es cierto: en cuanto le diga lo poco que sabe, la acosará con una nueva pregunta, y así sucesivamente. Es un círculo vicioso del que no quiere formar parte. GEORGINA: Vamos, Meredith. ¿Qué es tan importante para que te cueste tanto decirlo? ¿Es confidencial? ¿Es eso? (Breve pausa) Es eso, ¿no? Te han dicho algo que los demás no podemos saber. MEREDITH: Márchate, mamá. GEORGINA: ¿Qué? No. No me voy a ir a ningún lado. No hasta que me digas lo que quiero oír. A Meredith se le agota la paciencia. Su actividad en el fregadero se ve interrumpida por la creciente ansiedad, que empieza a apoderarse de su cuerpo. Aprieta una de las tazas con fuerza, mientras el agua del grifo cae a plomo sobre la pila. Intenta centrarse en el sonido del chorro, pero los gritos de su madre no se lo permiten. En medio del caos, intenta distinguir quién bebió de esa taza. ¿Fue Jared? No, debió ser Jack. ¿O fue Edgar....? Es incapaz de pensar con claridad. MEREDITH: (Entre dientes) Por favor… Me estás empezando a poner muy nerviosa. Tienes que irte. GEORGINA: (Vociferando) ¡Tú sí que me pones nerviosa a mí! ¿No ves lo que estás provocando? ¡Con lo fácil que sería decirlo, y ya está! Meredith deposita el recipiente recién fregado sobre la madera y centra su atención en el siguiente: la peculiar taza de sake. Mientras escucha los pitorreos de su madre, la agarra con más fuerza que la anterior, como si apretase una bola antiestrés. Desearía seguir trabajando en paz, pero no puede. Está a punto de alcanzar su límite. 70 MEREDITH: Vete. GEORGINA: Ya te he dicho que no pienso ir a ningún lado hasta saber qué es lo que me estás ocultando. MEREDITH: (Sube el tono) Vete ya. GEORGINA: Que no. MEREDITH: (Sube más el tono) ¡Que te vayas ya! GEORGINA: (Le responde en el mismo tono) ¡No! ¡Dime lo que quiero saber! Se acabó. MEREDITH: (Grita a pleno pulmón) ¡Te he dicho que te vayas! Como consecuencia del arrebato, golpea el mostrador con ambos puños a la vez, sacudiendo todo lo que hay encima. La cubertería se tambalea y, de manera simultánea, se escucha un ruido seco; algo se ha roto. Georgina, asustada, se apresura a asomarse para ver qué ha pasado, pero la postura corporal de Meredith se lo impide. Acto seguido, hace el ademán de colarse detrás de la barra para acercarse más. GEORGINA: Meredith. MEREDITH: (Temblando y sin mirarla) No. No te atrevas a intentarlo. Ante la negativa de su hija, Georgina se detiene en seco justo antes de acceder a la zona de trabajo. Consternada, se fija en sus manos, que permanecen juntas y cerradas sobre la barra, como si estuviesen custodiando algo. GEORGINA: ¿Qué ha pasado? (Da ligeros pasos) Venga, no seas tonta. Deja que te ayude. MEREDITH: ¿Quieres que te lo repita de nuevo? (La mira) Por enésima vez: márchate. Sé cuidar de mí misma. (Solloza) No te necesito. La preocupación de Georgina se esfuma, abriéndole paso a un profundo enojo. Sin apiadarse más de ella, retrocede, dispuesta a marcharse. GEORGINA: No. No sabes cuidar de ti misma. Y no solo eso; tampoco sabes cuidar de este lugar. Todo lo que hay aquí dentro tiene mucho valor como para que vengas y te 71 lo cargues a la primera de cambio, ¿sabes? (Susurra, casi para sus adentros) Qué vergüenza… encima de mentirosa, violenta. Espero que no trates así a tus clientes. El cerebro de Meredith omite la mitad de esas palabras; en parte, porque a estas alturas no puede siquiera procesarlas del todo, y también porque sabe que son fruto de la enajenación de alguien incapaz de ponerse en la piel de otra persona. No obstante, por muy situacionales que sean, duelen. Duelen mucho, y ahora mismo no puede soportar más daños emocionales. Su madre ya se ha encargado de herirla lo suficiente… y por si fuera poco, las manos le duelen a rabiar. Las extiende para examinar el corte, que sangra con moderación. Comprueba que la loza se ha resquebrajado de manera anárquica, causándole apenas un tajo superficial –aunque molesto– en la palma izquierda. Varios de los pedazos parecen estar a punto de desprenderse, pero se aferran al recipiente, resistiéndose a la caída. Otros, en cambio, se precipitan sobre la madera tan pronto como Meredith separa las manos. La herida le escuece, pero lo que más le importa es haberse cargado la taza. No es una taza cualquiera. Es una de las tazas de sake de la colección especial de su abuelo; la taza de la que, escasas horas antes, ha bebido sake su adorada ídola musical. Y para su desgracia, tampoco es el primer recipiente que rompe. Primero el vaso, y ahora esto. Ambos de manera involuntaria, claro. Ni siquiera se paró a pensar que tenía la taza en la mano cuando golpeó el mostrador, a pesar de que había estado apretándola inconscientemente durante el punto álgido de la discusión. Hizo su mejor esfuerzo por contenerse, pero su madre le ganó la partida, como siempre lo hace. En el fondo no ha conseguido salirse con la suya, pero ahora se marcha con la cabeza bien alta, dejándola a su merced. Desde la entrada, vuelve a dirigirse a ella por última vez en la noche. GEORGINA: ¿Todavía no te has tomado tus pastillas, verdad? (La mira de arriba a abajo) Quizás deberías. Sin mediar más palabra, Georgina abandona el local, y tras el habitual repicar de la campana, el eco de su voz se diluye, dejando tras de sí un sosiego sepulcral. Meredith tira los fragmentos de taza a la basura, muy a su pesar, y espera unos segundos a que su madre se haya alejado lo suficiente para darle la vuelta al cartel. Una vez cerrado, se apoya con un hombro en la puerta y mira el reloj. Es muy tarde para que vengan más clientes, y aunque no le gusta la idea de terminar su jornada así, no le queda más remedio. El corte no la inhabilita, ni mucho menos, pero el dolor le impediría trabajar a gusto… y de todos modos, la discusión la ha dejado sin ánimos para continuar. Necesita irse a casa lo antes posible, tomarse sus pastillas e intentar dormir… aunque antes, no estaría de más curarse la herida. Todavía entre sollozos, se arrastra con torpeza hasta el baño del local. En una de las paredes encuentra un botiquín de primeros auxilios con alcohol para desinfectar el 72