scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Lexicografía, Metalexicografía y Traducción: estudio del Dictionnaire culturel de la mythologie gréco-romaine

Trujillo González, Verónica Cristina

Abstract

Programa de doctorado: Traducción, Comunicación y Cultura

Full text

DEPARTAMEN TO DE FILOLOGÍ A MODERNA Programa de Doctora do: Traducción, Comunicaci ón y Cultura Lexicogr afía, Metalexic ografía y Traducción: estudi o del Dictionnaire culturel de la mythologie gréco-r omaine TESIS DOCTORAL Realizada por Dña. Verónica Cristina Trujillo González VºBº VºBº Dr. D. Arturo Delgado Cabrera Dr. D. Gregorio Rodr íguez Herrera Las Palmas de Gran Canaria 2011 1  AGRADECIMIENTOS Dicen que escribir una tesis es un tr abajo duro, pero sobr e todo solitario. Sin embargo, yo he tenido la fort una de encontrarme siempre arropada durante este peregrinaje, a veces, ví a crucis, que es la realización d e una tesis doctoral. Este momento es fruto de una intens a dedicación y de un crecimiento personal constante que no hubier a sido posible sin el apoy o incondicional de varias personas. Los pilares fundamentales de esta investigación son sus dos directores, el Dr. Gregorio Rodríguez Herrera y el Dr. Arturo Delgado Cabrera. Así pues, deseo agradecer la confianza que depositaron en mí, su paciencia, su disponibilidad y sus siempre ac ertados y sabios consejos. La elaboración de una tesis exige una dedicación a tiempo completo; se trata de un tiempo que debes restarle a la familia y a los amigos . Sólo aquellos que te aprecian pueden compr ender tu ausencia y prestarte su apoyo. A todos ellos, gracias. Asimismo, quiero dejar constancia de mi agradecimiento por el apoyo institucional que he recibido de los equi pos directivos de la Facultad de Filología, de la Facu ltad de Traducción e Interpretación y del Departamento de Filología Moderna de la Universi da d de Las Palmas de Gran Canaria. También quiero manifest ar mi gratitud al personal de la Biblioteca Universitaria de esta universidad. 3  ÍNDICE 0. Introducción 15 1. Lexicografía y sociedad: un panorama histórico 2 5 1.1 Primeros trazos lexicográficos en las sociedades de la A ntigüedad 27 1.1.1. Los inicios de la le xicografía: Mesopotamia, Siria y Egipto 29 1.1.2. Las tablillas de Ebla 34 1.1.3. La lexicografía en Egipto 38 1.2. La lexicografía en la Antigüedad Clásica: Grecia y Roma 39 1.2.1. La actividad lexicográfica en Grecia 41 1.2.2. La actividad lexicográfica en Roma 45 1.2.3. Dos provincias del Imperio Romano: Hispania y Galia 50 1.2.3.1. Hispania 51 1.2.3.2. Galia 54 1.3. La lexicografía en Europa durante la Edad Media 57 1.3.1. La lexicografía en la Edad Media en España 58 1.3.2. La lexicografía en la Edad Media en Francia 66 1.4. La lexicografía en el siglo XV 69 1.4.1. El siglo XV en España 69 1.4.2. El siglo XV en Francia 74 1.5. Siglo XVI en Europa 76 1.5.1. El siglo XVI en España 80 1.5.1.1. La Lexicografía español-latín y viceversa 82 1.5.1.2. Lexicografía español-italiano y viceversa 84 1.5.1.3. La lexicografía español-inglés y viceversa 86 1.5.1.4. Lexicografía español-neerlandés y viceversa 89 1.5.1.5. Lexicografía español-alemán y viceversa 90 1.5.1.6. Lexicografía español-portugués y viceversa 90 1.5.1.7. La lexicografía español-francés y viceversa 91 1.5.2. Siglo XVI en Francia 94 1.5.2.1. La lexicografía latín-francés y viceversa 97 1.5.2.2. La lexicografía monolingüe del francés 102 1.5.2.3. La lexicografía plurilingüe del francés 102 1.5.2.4. La lexicografía francés-italiano y viceversa 105 5 1.5.2.5. La lexicografía francés-inglés y viceversa 106 1.5.2.6. La lexicografía francés-neerlandés y viceversa 108 1.5.2.7. La lexicografía francés-alemán y viceversa 109 1.6. La lexicografía en el siglo XVII 110 1.6.1. Siglo XVII en España 110 1.6.1.1. La lexicografía español-latín y viceversa 111 1.6.1.2. La lexicografía monolingüe del español 113 1.6.1.3. La lexicografía plurilingüe del español 121 1.6.1.4. La lexicografía español-italiano y viceversa 125 1.6.1.5. La lexicografía español-inglés y viceversa 126 1.6.1.6. La lexicografía español-neerlandés y viceversa 126 1.6.1.7. La lexicografía español-alemán y viceversa 127 1.6.1.8. La lexicografía español-francés y viceversa 128 1.6.2. Siglo XVII en Francia 132 1.6.2.1. La lexicografía francés-latín y viceversa 134 1.6.2.2. La lexicografía monolingüe del francés 136 1.6.2.2.1. L’Académie française y el primer diccionario académico 141 1.6.2.3. La lexicografía plurilingüe del francés 144 1.6.2.4. La lexicografía francés-italiano y viceversa 146 1.6.2.5. La lexicografía francés-inglés y viceversa 146 1.7. La lexicografía en el siglo XVIII 148 1.7.1. El siglo XVIII en España 148 1.7.1.1. La Real Academia Española y el primer diccionario académico 150 1.7.1.1.1. Principales características del Diccionario de Autoridades (1726-1739) 156 1.7.1.1.2. Los otros diccionarios de la Academia 159 1.7.1.2. La lexicografía no académica: el Diccionario castellano de Terreros 162 1.7.1.3. Otros repertorios extra-académicos 164 1.7.2. El siglo XVIII en Francia 165 1.7.2.1. Los diccionarios monolingües 166 1.7.2.2. Los repertorios enciclopédicos: la encyclopédie 171 1.8. La lexicografía en el siglo XIX 174 1.8.1. El siglo XIX en España 174 1.8.1.1. La lexicografía monolingüe del español 175 6 1.8.2. El siglo XIX en Francia 183 1.8.2.1. Lexicografía monolingüe del francés 186 1.8.2.2. Émile Littré 190 1.8.2.3. Pierre Larousse 193 1.9. La lexicografía en los siglos XX y XXI 196 1.9.1. La lexicografía monolingüe del español 198 1.9.1.1. El Diccionario de uso del español (1966-1967) de María Moliner 206 1.9.1.2. La Real Academia Española de la Lengua durante el siglo XX 209 1.9.2. La lexicografía monolingüe del francés 210 1.9.2.1. Paul Robert y sus diccionarios 214 1.10. Conclusión 218 2. Diccionarios y tipología: el diccionario cultural 223 2.1. Introducción: definiciones y tipología general 223 2.2. Los diccionarios generales monolingües 228 2.3. Los diccionarios con dos o más lenguas 228 2.4. La enciclopedia 229 2.5. Los diccionarios enciclopédicos 230 2.6. El diccionario cultural 231 2.7. El Dictionnaire de la mythologie gréco-romaine en el contexto de los diccionarios culturales 239 2.8. Conclusión 243 3. Metalexicografía y traducción: compañeros de viaje 247 3.1. Lexicografía teórica, metalexicografía, diccionarística y lexicografía práctica 250 3.2. Breve panorama de los Estudios de Traducción 258 3.3. Adaptaciones y funciones: una propuesta de método de análisis de la traducción de diccionarios 263 3.3.1. Metalexicografía: evaluación de diccionarios 263 3.3.2. Metodología para la evaluación de la traducción de diccionarios: la importancia de los elementos paratextuales y culturales 271 3.3.3. La traducción de los elementos culturale s. El signo lingüístico cultural 273 7 3.3.4. La traducción de los elementos paratextuales 275 3.3.5. La traducción de los elementos culturale s 280 3.3.6. La adaptación como técnica de traducción 282 3.3.7. Funciones de la adaptación como técnica de traducción 286 3.3.8. Inadaptaciones 289 3.3.9 Adiciones 290 3.4. Conclusión 290 4. Análisis metalexicográfico 295 4.1. Análisis metalexicográfico del texto original: Dictionnaire culturel de la mythologie gréco-romaine 295 4.1.1. Datos bibliográficos 296 4.1.1.1. Título 296 4.1.1.2. Formato 296 4.1.1.3. Número de páginas 297 4.1.1.4. Número de entradas 297 4.1.1.5. Precio 300 4.1.2. Caracterización tipológica 301 4.1.2.1. Tipología 301 4.1.2.2. Fuentes 301 4.1.2.3. Autores 301 4.1.2.4. Selección del vocabulario 303 4.1.2.5. Clasificación del material léxico 303 4.1.3. Evaluación formal cuantitativa y cualitativa del diccionario 304 4.1.3.1. Descripción de la macroestructura del diccionario 304 4.1.3.1.1. Prefacio 304 4.1.3.1.2. Instrucciones sobre cómo consultar el diccionario 305 4.1.3.1.3. Corpus del diccionario: el inventario léxico 307 4.1.4. Análisis de la microestructura del dicciona rio 314 4.1.4.1. Indicaciones sobre el uso de las unidades léxicas y elementos paradigmáticos 315 4.1.4.2. Análisis del empleo de las indicacione s 8 sobre el uso de las unidades léxicas 326 4.1.4.2.1 Indicaciones so bre una especialidad 326 4.1.4.2.2. Fraseología 327 4.1.4.2.3. Análisis del uso de los elementos Paradigmáticos 329 4.1.5. Evaluación del contenido 330 4.1.5.1. Análisis de la selección de la s entradas léxicas 330 4.1.5.2. Análisis de la explicación de las unidades léxicas 331 4.1.5.3. Tipografía 331 4.1.6. Comparación de las distintas reimpresiones del TO 333 4.2. Análisis comparativo del texto original con el texto meta 341 4.2.1. Datos bibliográficos 341 4.2.1.1. Título 341 4.2.1.2. Formato 343 4.2.1.3. Precio 343 4.2.1.4. Número de páginas 343 4.2.1.5. Número de entradas 346 4.2.2. Caracterización tipológica 351 4.2.2.1. Tipología 351 4.2.2.2. Fuentes 351 4.2.2.3. Autores 352 4.2.2.4. Selección del vocabulario 353 4.2.2.5. Clasificación del material léxico 353 4.2.3. Evaluación formal cuantitativa y cualitativa del diccionario 354 4.2.3.1. Descripción de la macroestructura del diccionario 354 4.2.3.2. Corpus del diccionario 354 4.2.4. Análisis de la microestructura del dicciona rio 364 4.2.5. Evaluación del contenido 364 4.2.5.1. Análisis de las imágenes empleadas en ambos diccionarios 364 4.3. Conclusión 373 9 Quemada (1968), Les dictionnaires du français moderne 1539-1863 , toma como punto de partida el año 1539, pues éste es el año en el que se publica el primer diccionario francés-latín, Le Dictionnaire françois-latin de Robert Estienne, y termina con el diccionario de Littré, Dictionnaire de la langue française (1863-1872) quien, según Quem ada, rea liza una obra que recoge y sintetiza las aportaciones ant eriores. Otro trabajo fundamental sobre la historia de la lexicografía en Francia es el realizado por Georges Matoré (1968), Histoire des dictionnaires français. En este caso, Matoré realiza un estudio más sucinto que el de Quemada, aunque de recorrido más amplio, pues comienza con una breve apro ximación a la lexicogr afía de las primeras civilizaciones y finaliza a mediados del siglo XX. No obst ante, al igual que Quemada, Matoré orienta su trabajo a la le xicografía monolingüe franc esa y sólo alude a algunas obras fundamentales de la lexicografía bilingüe de l fr ancés con otras lenguas vernáculas como la de Cotgrave, A Dictionarie of the French and English Tongues (1611) u otras obras fundamentales en la historia de la lexicografía en Europa como la de San Isidoro de Sevilla, Etymologiae (570-636). En general, los trabajos sobre lo s repertorios lexicográficos pueden presentar distintos intereses; así, unos se centran en la lexic ografía histórica y realizan catalogacion es y filiaciones entre los diccionarios de un periodo determinado, mientras que otros estudi an diccionarios concretos o realizan estudios comparativos para intentar averiguar si un di ccionario es el resultado de un plagio o de un a filiación determinada . Asimismo, en los últimos años se están desarrollando novedosos trabajos sobr e la lexicografía didáctica, la lexicografía informática o sobre los componentes culturales de los diccionarios. Justificación del trabajo Esta investigación tiene su origen en el interés que despertó en nosotros la pervivencia de expresiones y términos mitológicos en la lengua cotidiana y posteriormente la comparación entre el fr ancés y el español para averiguar si la pervivencia del mito se había reflej ado de la misma manera en ambas lenguas. Llevados por este interés, llegó hasta nuestras manos el Diccionario Espasa de la mitología griega y romana (1996). Desde un principio, este diccionario llamó nuestra atención y, por ello, averiguamos que se trataba de una traducción de un dicc ionario francés, el 16 Dictionnaire culturel de la mythologie gréco-romaine (1992). Al estudiar ambos textos nos percatamos de que la edición española present aba notables diferencias con el diccionario francés. Además, nos pareció que ciertas partes de la traducción daban muestras de irr egularidades traductológicas que teñían el texto de un alto grado de arreferencia lidad. Otra cuestión que atrajo nuestra atención fue la modificación del título en la edición española del diccionario y, en particular, la elim inación del adjetivo cultural . Est a omisión hizo que nos planteásemos si dicho término tenía realmente una carga significativa importante o, por el cont rario, no era más que una es trategia comercial de la editorial francesa. Asimismo, una vez comenzada la recop ilación de material bibliográfico, no descubrimos estudios, ni en el campo de la metalexicografía ni en el de la traducción, que abordasen el análisis, crítica y comparación de los diccionarios traducidos. Así pues, ante esta laguna deci dimos acometer el estudio de la traducción del diccionario francés al es pañol. Para ceñirnos a una extens ión razonable en este trabajo, que al mism o tiempo, diera como resultado un estudio suficientemente significativo, ac otamos nuestro análisis a los elementos metalexicográficos con especial atenci ón a las imágenes y a las subentradas de lengua, pues fue el uso en la lengua, como ya hemos explicado, lo que nos acercó a esta obra. Dado que este ti po de estudio no se había realizado has ta el momento, nos vimos también en la obl igación de presentar una metodología que se adaptase a las caracterís ticas del texto estudiado. Objetivos y estructura de la tesis Los objetivos que nos marcamos al co mienzo de este trabajo de investigación pueden resumirse en los siguientes puntos: 1. Averiguar si los diccionarios cult urales son un nuevo tipo de repertorio lexicográfico, nacidos como co nsecuenc ia de una evoluc ión de la disciplina. Para poder establecer si nos encontramos ante un nuevo tipo de diccionario, decidimos estudiar el origen y evolución de l a lexicografía, además de realizar una tipología de los di ccionarios. De esta manera, el capítulo 1, “Lex icografía y sociedad: un panorama histórico” , está dedicado a estudiar la le xicografía desde sus orígenes 17 hasta la actualidad. A pesar de que el diccionario objeto de nuestro estudio es un diccionario contem poráneo, decidimos comenzar nuestr o estado de la cuestión remontándonos a la s primeras civiliz aciones. Esta decisión tiene varias justificaciones; así, la razón primera que nos llevó hasta tan atrás fue la constatación de que la mayor parte de los trabajos diacrónicos de lexicografía tenían su punto inic ial, como muy temprano, en la Edad Media 2 . Lo mismo ocurre con los trabajos sincrónicos, ya que normalmente, suelen centrarse en obras del Renacimiento o en posteriores. Asimismo, según nos consta, aquellos trabajos que se ocupan de las primeras manifestaciones lexicográficas no están escritos en lengua española 3 , por lo que pensamos que ofrecer esta información en español era importante. También nos pareció interesante abordar el tipo de lexicografía que se había des arrollado en la Antigüedad Clásica, pues los trabajos consagrados a este periodo también son escasos 4 . A partir de la Edad Media, dada la amplit ud del tema y en consonancia con la investigación que estábamos desarrollando, decidimos limitar nuestro estudio a la evolución de la lexicografía en Francia y en España. Este estudio preliminar se ha estructurado de manera diacrónica, es decir, por siglos y separando la lexicografía fr ancesa de la es pañola, aunque ello no ha sido óbice para establec er re ferencias cruzadas cuando ha sido necesario. Asimismo, consideram os, al igual que Quemada (1968) o Dubois (1979), que los diccionarios son obj etos culturales que reflejan la sociedad en la que se fraguan; por el lo, creemos importante incluir al comienzo de cada siglo, tanto para Francia como para España, una 2 Pablo Núñez (2010) señala: (…) sobre la lexicografía impre sa anterior al siglo XV no existen, o no con ocemos, estudios de conjunto. Fuera de los glosarios exi sten estudios particulare s sobre obras concretas de finales del siglo XV en los que se muestran sus apo rtaciones a las correspondientes lexi cografías na cionales (…), pero no hay estudios que of rezcan un panorama de las ramas entonces exist entes y las interrelaci onen, como la lexicografía bilingüe grecolatina im presa en el último tercio de siglo, o los repertorios con equivalentes en lengua s vulgares que comenzaban e ntonces a apare cer. 3 Cf. Boisson, C., Kirtchuk, P. y Béjoin t, H. (1991): « Aux origines de la lexicog raphie: les premiers dicti onnaires mo nolingues et bilingues », International Journal of Lexicog raphy 4 (4); Boulanger, J. C. (2003 ): Les inventeurs des dictionn aires. De l’ eduba des scribes mésopotamie ns au scriptorium des moines médié vaux, coll. « Regards sur la Traduction », Les Presses de l’Université d’Ottawa, Ottawa. 4 Cf. Ramos Guerreira (1 977) y Serrano Aybar (1977). 18 introducción histórica que situase el cont exto en el que se crearon las principales obras lexicográficas. Asimismo, una vez que se consolidó la lexicografía monolingüe en ambos países y dado que nuestro objetivo no era el de realizar un catálogo de todas las obras lexicogr áficas, sino averiguar si el diccionario cultural es un nuevo ti po de diccionario, dec idimos limitar nuestro estudio a las prin cipales obras monolingües de cada país. Por la misma razón, tampoco nos hemos ocupado en este trabajo de la lexicografía del espa ñol con las lenguas am erindias o las lenguas asiáticas 5 , ni tampoco hemos podido dedicarle atención a la lexicografía del español con las otras lenguas peninsul ares, ni a la le xicografía árabe desarrollada dentro de nuestras front eras, ya que nuestro objetivo era estudiar a grandes rasgos la evolució n de la lexicografía del español. 2. Describir las características general es de un diccionario cultural. A este objetivo responde el cap ítulo 2 de nuestro tr abajo, “Diccionarios y tipología textual: el diccionario cultur al”, en el que hemos establecido qué es un diccionario cu ltural a través de la comparación de sus principales características con las de otros repertorios lexicográficos. De esa manera, pretendemos averiguar si las diferencias halladas constituyen un motivo suficiente para calificar estos diccionarios como un nuevo tipo de diccionario. Además, hemos aplicado estas características al Dictionnaire culturel de la mythologie gréco-roma ine para poder establecer si este reperto rio es un diccionario cultural. 3. Proponer una metodología capaz de evaluar los dicc ionarios traducidos. Este fue el principal objetivo que nos marcamos al elaborar el tercer capítulo de esta investigación, “Metalexicografía y traducción: compañeros de viaje”. Dado el carácter ecléctico de esta investigación (metalexicografía y tra ducción), la metodología debía responder a este carácter y además, como no contábam os con ningún estudio similar 5 Cf. Trujillo González, V. C. (2011): “Las lenguas de Extremo Oriente y el español: los diccionarios y gramáticas como primeros instrumentos para l a comunicación en Filipinas y China”, Philologica Ca nariensia (en pr ensa) . 19 anterior, teníamos que proponer una metodología que pud iera utilizarse también para estudiar la traducción de otros tipos de diccionarios. Así pues, proponemos un método interdisci plinar formado por dos tipos de análisis: el primero, me talexicográfico, basado, principalmente, en la propuesta de Haensch (1997) y adaptado al tipo de diccionario que estudiamos y el segundo, traductológi co, establec ido a partir de la propuesta de Pascua Febles (1998) y ampliado con un sistema de funciones textuales de la adaptación. Asimismo, introdujimos como novedad 6 en nuestra metodología, el es tudio en el uso de las imágenes en ambos diccionarios. 4. Estudiar el texto original, es decir, el diccionario francés y su traducción al español. Este fue el objetivo per seguido durante la elaboración del cuarto capítulo de esta investigac ión, “Anális is metalexicográfico”. Siguiendo la metodología propuesta en el capí tulo precedente, procedimos a evaluar, desde una conc epción metalexicográfica, el Dictionnaire culturel de la mythologie gréco-romaine . Esta primera parte de nuestro análisis nos sirvió de base para proceder a la evaluación del Diccionario Espasa de la mi tología gri ega y romana . Así pues, en esta segunda parte, estudiamos las prin cipales diferencias entre el diccionario francés y su traducción al español. 5. Estudiar y evaluar la traducci ón de las subentradas de lengua. El capítulo cinco de esta investigaci ón, “Anális is traductológico de las subentradas de lengua”, pretende cumplir con es te objetivo. Como dijimos anteriormente, el origen de nuestra investigación se encuentra en el estudio de los vocablos y expr esiones mitológicas presentes en l a lengua francesa y en la española; por ello, nuestro análisis traductológico se centró en estudiar las subentradas de lengua del diccionario objeto de esta invest igación. Así pues, nos propusimos averiguar qué tipo de estrategias traductológicas había empleado la 6 Pruvost (2003b) afirma que son muy pocos lo s trabajos consagra dos al estudio d e la iconografía lexicográfica. Asimismo, Yuste F ría s (2008) alude a la necesidad de tra ducir las imágenes. 20 traductora y con qué función textual. Para ello partimos de la hipótesis, dada las características del texto traducido, de que la técnica de traducción predominante sería la adaptac ión. Por tanto, estudiamos los distintos tipos de adaptaciones llevadas a cabo y las funciones que de ellas derivaban. Asimismo, en aquello s casos en los que detectamos errores o cuestiones mejorables, hemos realizado nuestras propuestas de traducción y de adaptación, aun a riesgo de saber que podíamos incurrir en errores similares a los que criticábamos en este trabajo. 6. Presentar los resultados de esta investigación. Para presentar los resultados de esta investigación hemos incluido al final de cada c apítulo una serie de conclusiones que posteri ormente han sido rescritas y enumeradas en el capítulo final de este trabajo, denominado “Conclusiones generales”. Estructura de la tesis El esquema organizat ivo de esta investigación es el siguiente: 1. Una sección previa de carácter general que incluye los agradecimientos, el índice de contenido, el list ado de abreviaturas empleadas y la introducción de este trabajo. 2. Seis capítulos que constituyen el grueso y fundamento de este trabajo y que se desglosan de la m anera que sigue. “Lexicogr afía y sociedad: un panorama histórico”, “Diccionarios y tipología textual: el diccionario cultural”, “Metalexicografía y tradu cción: compañeros de viaje”, “Anális is metalexicográfico”, “Análisis tr aductológico de las subentradas de lengua” y “Conclusiones generales”. 3. Bibliografía e Índice de figuras. La bibliografía se divide en “Fuentes”, es decir, los diccionarios y bases de datos consultadas y, en “Bibliografía citada”, esto es, todos los trabaj os científicos citados en esta investigación. En el índice de figuras se e numeran todas las imágenes reproducidas en este trabajo con su correspondiente referencia. 4. Por último, dos anexos. En el “Anexo I” se recogen todas las subentradas de lengua de ambos dicci onarios. Por medio de este anexo hemos realizado una comparación entre el texto original y el texto 21 traducido, pues ambos han sido alinea dos en paralelo y, a través del subrayado, se señalan las am pliaciones y modificaciones llevadas a cabo en el texto meta. En el “Anexo II” se recoge una serie de tablas en las que, a modo de recapitulación, se ofrecen los resultados porcentuales de las distintas adapt aciones e inadaptaciones encontradas en el texto meta. 22 1 Lexicografía y sociedad: un panorama histórico 23  1. Lexicografía y socied ad: un panorama histórico Con el objetivo de conocer cuáles han si do los antecedentes sobre los que se ha cimentado la lexicografía actual, hem os realizado un recorrido histórico por la evolución de la lexicografía, desde su s primeras manifestaciones en las sociedades de la Antigüedad hasta la actua lidad. Si b ien es cierto que en este trazado histórico los antecedentes má s antiguos no resultan fundamentales para el análisis de una obra contemporánea, sí los consideramos pertinentes porque en esta investigación estudi amos un tipo de obr a lexicográfica particular: el diccionario cultural y, más concretamente, de raigambre grecolatina. Como veremos a lo largo de la primera parte de este capítulo, la lexicografía y su evoluc ión están, entre otras, estrechamente vinculadas a razones de orden sociopolítico y económ ico. En el br eve apartado que se refiere a las civilizaciones de la antigua Mesopotamia y Egipto, se pondrá de manifiesto cómo a pesar de tratarse de civilizaciones de la Antig üedad 7 en las que la escritura era una herramienta bast ante rudimentaria y en las que s ólo unos pocos, los escribas, tenían la formación necesaria para su uso, la lexicografía nacía fruto de una necesidad social que t odavía hoy pervive: la comprensión de los textos. En nuestro recorrido histórico tampoco podíamos obviar las civilizaciones que han sido la cuna de la cultura occidental: Grecia 8 y Roma. A través del breve acercamiento que harem os a la lexicografía en la Antigüedad Clásica, podremos apreciar cómo ésta evoluciona bifurcándose en dos caminos que, hasta bien entrada la E dad Media, se mantuvieron: a) De un lado, estudiaremos có mo en esta época se empezaron a realizar los primeros vocabularios referidos a obras literarias, pues 7 Existen muy pocos trabaj os sobre este periodo. La f alta de material y las dificultades propias para su interpreta ción son algunos de l os motivos q ue justifican el vacio en contrado. De he cho, nosotros no hemos te nido acceso a ningún e studio sobre la lexico grafía de este peri odo escrito en español, solamente tenemos constancias de algunos auto res que lo mencionan sin profundizar en ello. No obstante, aunque no se trata de un trabajo centrado en la lexicografía de la Antigüedad, Archi (1998) ha ce referencia a ese perio do y al material escrito que se conserva, por lo que podemos extra er datos válidos para nuest ro estudio. 8 Cf. Rodríguez Ad rados, F. (197 7) donde los autor es justifica n la necesida d de la obra d ado que no tienen co nstancia de un trabajo simila r al respecto. No sotros hemos, en cierta medida, confirmado este extremo, pue s los datos que hay sobre este periodo, sal vo los que se presentan en esta obra, aparecen de manera fragmentada en diversos estudios en lo s que, además, las alusione s que se hace n sobre la lexicografía de e ste periodo son ca si anecdóticas. 25 Respecto al funcionamiento de es tas escuelas, Kramer (1986:36) nos explica que los prof esores sumerios inv entaron un sistema de enseñanza que, sobre todo, consistía en el establecimient o de reper torios; es decir, que los sumerios clasificaban las palabras de su lengua en grupos de vocablos y expresiones, relacionadas la s unas con las otras a trav és del s entido y luego, hacían que sus alumnos se las aprend ieran de memoria, copiándolas de manera repetitiva hasta que fueran capaces de reproducirlas con facilidad. Así pues, los primeros diccionarios eran, en realidad, ejercicios escolares. Cavigneaux (1980-19 83) ha establec ido distinto s tipos de listas léxicas; de este modo, podemos encontrar listas de signos y listas de palabras que pueden, a su vez, subdividirse depend iendo de lo que ordenen. De esta manera, podemos hablar de una ordenación temática o de una ordenación que sigue otros principios, semánticos o gráficos y, en consecuencia, podemos referirnos a silabarios que proporcionan la pronuncia ción de una palabra, a vocabularios que nos dan el significado de las palabras y a otros documentos que son a la vez, silabarios y vocabularios. Por su parte, Boulanger (1986) y Boisson, Kirtchuk y Béjoint (1991) afirman que, de entre las diferentes listas léxicas, las monolingües son las primeras, datadas en torno al 3300 a. C .; se trata, en realidad, de listas temáticas de substantivos: profesi ones, animales, vegetales… Asimismo, datadas en fechas posteriores, encontramo s listas léxicas “interdialectales” con notas en silabogramas en el dialecto su merio eme-sal y su equivalente en el dialecto eme-gir 20 . Así pues, el tipo de escrituras que enc ontramos en dichas tablillas era de tipo ideográfico y evolucionó hacia el 2500 a. C., hacia un tipo de escritura fonética de trazo triangular, conoci da como escritura cuneiforme. 20 Boisson, Kirtchuk y Béjoint (1991) nos explican al respecto de estos dialectos que, tradicionalme nte se había co nsierado que el eme-gir e ra el diale cto de los ho mbres y que el eme-sal era el de las muj eres. Sin embargo, re cien temente, esta conce pción ha sid o criticada y hay quienes consideran que se trata de variedades regionale s. No obstante, como ellos mismos afirman, e stas dos tesis no so n necesa riamente inco mpatibles, com o lo demuest ran otras lenguas en las qu e los sociol ectos recubren las variedades sociales/re gionales/ diacrón icas. 32 Figura 2: Reproducción de un vocabulario sumerio con signos cuneiformes Estas tablillas versaban sobre diferentes asuntos de orden político, comercial o administrativo. También se han descubierto documentos de tipo literario; este es el caso, por ejemplo, del Poema de Gilgam esh . Figura 3: Poema de Gilgamesh 33 1.1.2. Las tablillas de Ebla Tras la destrucción del Palacio Real de Ebla, en Siria, y del incendio de su archivo central, hemos heredado un legado de más de diecisiete m il documentos 21 cuya datación puede fijarse en to rno al dos mil cuatrocientos o dos mil trescientos cincuenta antes de Cristo (Archi 1998). Se trata, por tanto, de uno de los mayores ar chivos de la Antigüedad 22 , conservado en el museo de Idlib en Siria. En él podemos encontrar, según los dat os ofrecidos por Archi, decenas de listas léxicas sumerias; un vo cabulario formado por una lista de mil quinientas palabras sumerias con su equi valente en eblaita; ri tuales; un texto literario sumerio; y dos escritos en se mítico procedentes de Babilonia. Sin embargo, la mayoría del material conserva do se refiere a la administración de la organización palatina. Así pues, según Archi (1998), los te xtos lexicales monolingües o bilingües aparecen bien caracteriz ados; las listas de origen sum erio reproducen, generalmente, antiguos originales por lo que presentan una escritura caligráfica con signos de gran tamaño. En cambio, aquellas listas que siguen los principios establec idos por la escuela escrib al eblaita, presentan una escritura diminuta. En c uanto a los grandes manuscritos de las listas bilingües, según los datos ofrecidos por este autor , son cuatro, algunos de ellos están incompletos, como es el caso del manuscrito C de las listas bilingües que debería contener unos mil quinientos lexemas. De esta manera, los antepasados de nuestros diccionarios bilingües s e encuentran en estas tablillas sumerio-eblai tas cuyo origen es posterior en, al menos, un milenio a las listas monolin gües. Según Boulanger (1986:19), en Ebla también existen listas monolingües en sumerio y en eblaita, y además tenemos constancia de listas en tres columnas: el logograma sumerio, su pronunciación anotada en sibalogr amas y, finalmente, su equivalente en eblaita ofrecido, no siempre, de manera sistemática. Para poder descifrar los caracteres cuneifor mes debemos remitirnos a una inscripción trilingüe (neo-sumerio, ac adio, y persa) del s. VII a. C. encontrada en Persépolis. Tenemos, igualmente, constancia de documentos 21 Por supuesto, no estamos hablando de documento s en el sentido e n que se entiende de manera generalizada e ste término, sino de materi al completo o fragmentado. 22 Este mismo autor señala que hay archi vos más a ntiguos como los Uru k y Suruppak, pe ro sus documentos son más po bres y más ininteligibles. 34 mucho más antiguos, como las tablas le xicográficas sumerias desenterradas en Nippur, cerca de Babilonia, y que están datadas con una antigüedad próxima a los cuarenta y cinco siglos 23 . En lo concerniente a la cultura acadia y sumeria, no podemos obviar que, al igual que Egipto, estamos ante unas culturas milenarias . La lengua sumeria, en efecto, fue una lengua viva desde el IV milenio antes de nuestra era hasta el II, con trazos de escritura fechados en el 3400 a. C. Además, no debemos olvidar que la lengua sumeria continuó viva c omo lengua sagrada de los acadios, lo que propició que los escrib as acadios la estudias en. De hecho, según Mounin (1985: 53), el estudio asiduo de la lengua sumeria originó un verdadero estudio pal eográfico y filológico del sume rio y dio lugar al nac imiento de una lexicografía, pues como consecuen cia de esta enseñanza de la lect ura, la escritura y la gramática sumeria, su rgía la necesidad de elaborar silabarios y glosarios, en los que se confrontaban las dos len guas y de los que hoy tenemos constancia. Además, como señalábamos anteriormente, existen documentos con signos que funciona n, parcialmente, como léxicos monolingües; en ellos se enumeran lo s signos c uneiformes con diferentes sentidos; de este modo, un dibujo significa: boca, palabra, hablar… Estas colecciones de signos es lo que se c onoce como “la ciencia de las listas” sumerio-acadias, que son lo que podr ía clasificarse como el núcleo o el estado primigenio de lo que más tarde se ría una clasificaci ón semántica; se trata de clasificaciones de listas de nombres de dioses , de oficios o de ganado. Estos signos están clasificados según su número de trazos y la posición de los rasgos: horizontal, vertical, oblicua; se trata de un tipo de organización que cabría calificar como el antepas ado de la formulación alfabética que ahora le damos a este tipo de documento lexicográf ico. Parece ser que también tiene un cierto tipo de relación con el sistem a de las list as de diccionarios chinos antiguos, basados igualmente en clasificac iones parcialmente semánticas (las 214 claves o “determinativos de clase ”) y parcialmente gráficas según el número de rasgos. Como dijimos con ant erioridad, también existen glosarios bilingües sumerio-acadio; algunos de ellos nos proporcionan el ideogram a sumerio, su transcripción fonética en acadi o y su traducción al acadio; incluso, 23 Cf. Jean, C. F. (1933): “ Lexicologie sum éri enne. Tablettes scolaires de Nippur du 3e millénaire av. J.-C.”, Babylonia, XIII, I, 126. 35 como señala Mounin (1985:54), adem ás de esta traducción figura una explicación a través de un sinónimo o una def inic ión; es más, en Ugarit, en la biblioteca de Rapanou, se ha encontrado un léxico políglota en cuatro lenguas: sumerio, acadio, hurrita y ugarítico. Respecto a la organización ideográf ica de estos primeros vocabularios, Casares (1941:26-27;91-93) propone refo rmular el concepto actual de diccionario ya que, uno de los rasgos má s característicos de este tipo de obra es la ordenación alfabética. Para Casa res, la formulación de las voces debe seguir una ordenación ideológica, en cier ta medida una vuelta a los orígenes, es decir, a la organización de los primer os documentos lexicográficos. De es te modo Casares formula la reflexión que sigue: Claro es que, mientras las lenguas estuvieron atenidas a la escritura preferentemente figurativa e ideográfica, todo conato de repertorio o catalogación de voces había de ser necesariamente ideológico. La s imágenes esquemáticas de las cosas, meros diseños simplificado s, sin ningún elemento común, gráfico ni fonético, no podían ofrecer por sí mismas diferencias o afinidades en que basar u n criterio de ordenación; sólo cabía considerar los signos como reproducción o copia de lo significado y agruparlos entonces suponiendo entre ellos las mismas relaciones que la inteligencia (…). Ahora bien; ¿existió realmente tal diccionario? De los aca dios, sumerios y demás pueblos cultivadores de la primitiva escritura cu neiforme nada nos consta a este respecto 24 . Tampoco se tiene noticia de que los egipcios intentasen in ventariar sus caracteres. En cuanto a los chinos, cuentan con un antiquísimo diccionario por materias, el Eul-Ya […], lo cual vendría a probar que, al proponer yo ahora la ordenación ideológica de l vocabulario, os presento una novedad de hace más de tres mil años (…). Entre los más antig uos intentos conocidos de clasificación de palabras por materias hay que incluir, a juzgar por la parte que ha llegado hast a nosotros (…), el Attikai Lexeis del famoso gramático griego Aristófanes de Bizancio (…). Viene después el Onomasticón del sofista griego, natural de Naucratis (Egipto), Julio Pollux, que ocupó en Atenas una cátedra de retórica por nombramiento del emperador Có modo (…). Próximamente a la misma época (siglo II después de J.C.) corresponde el diccionario chino Shu Wen (…). La antigüedad del célebre diccionario sánscr ito Am ara Kosha no está aún claramente determinada (…). De todos modos, y aun ateniéndonos a la fecha más tardía de las qu e se han propuesto, la distribución de materias en el Amara Kosha es indudablemente obra de una inteligencia privilegiada (…). También debemos mencionar aquí el diccionario clasif icado siriaco y árabe de Elías bar Shinaya, que nació 24 Julio Casares parece desconocer los trabajos lexicográficos de la s civilizaciones de l a Antigüedad de los que venimos hablan do; no obstante, tal vez Casares no desco nociera las tablillas aquí reseñada s, sino que com o ha ocur rido habitualm ente en casi todos lo s trabajos historiográficos so bre lexicografía, la co ncepción que tiene Casares de diccio nario se a demasiado restrictiva y, en cons ecuencia, estas tablillas léxicas no constituyan tan siquiera, un estado primig enio de los futuros di ccionarios. 36 en el año 975. La obra se titu la Kitab ut Tarjiman fi Taále m Loghat es Suriam (Libro llamado el Intérprete para enseñar la lengua de los Sirios), y presenta el material léxico distribuido por conceptos en 30 capítulos, cada uno de los cuales se divide en varias seccio nes. Aunque la mayoría de los estudi osos niegan que estos pueblos hayan llegado a desarrollar un análisis reflexivo lingüístico, una gramática, sí se les reconoce una incipiente filología (M ounin: 1985: 62). Sin embargo, en la introducción realizada por Th. Jacobsen a los textos gramaticales sumerios publicados en el tomo IV de Materialem zu m sumerischen Lexikon (1956) se reivindica el carácter gramatical de estos textos y la gran importancia que estos poseen como fuente primaria. De esta manera, en estos textos puede apreciarse cómo a partir del estudio y clasificación del léxico y de su traducción, se llega al est ablecimiento de ciertos paradigmas, reglas sintáctic as e incluso a una terminología gr amatical pr opia; de hech o, hay constancia de estudios puramente lé xicos (Gangutia 1977: 7). Finalmente, queremos reseñar lo dic ho por Boisson, Ki rtchuk y Béjoint (1991) sobre las listas monolingües. Pa ra estos autores, las listas sumerias monolingües no constituyen simples recopilaciones de palabr as brutas, sin definición. Bien al contrario, se trat a, seguramente, del primer estadio del diccionario, ya que están estructuradas en campos semánticos. De esta forma, en la zona de Mesopotamia han aparecido los primeros prototipos de casi todas las subcategorías principales del género “diccionario”: los primeros diccionarios monolingües conceptuales (temáticos), los primeros diccionarios bilingües interlingüísticos e interdialect ales, así como los primeros diccionarios de pronunciación y los primeros diccio narios de homófonos. Así pues, el único tipo de diccionario que faltaría serí a el monolingüe con definiciones sistemáticas. Como señala Wahl (1998: 30), el proceso de la actividad lexicográfica de un pueblo corre paralelo con sus neces idades intelectuales o meramente prácticas. Este tipo de obras lexicogr áficas de la Antig üedad demuestran cómo, a medida que la escritura se iba desarrollando y por tanto, los pueblos iban evolucionando, la lexicografía comenzaba a cubrir ciertas parcelas relacionadas con la lengua, pero tambi én con la comprensi ón entre distintas culturas. A este respecto Wahl opina lo siguiente: 37 (…) ello demuestra que la convivencia de culturas distintas exigía elementos lexicales comunes para el mutuo entendimiento y el hecho de haberse hallado tales epigrafías en algun a edduba o escuela de escribas hace suponer que ya era de rigor su uso en la temprana enseñanza escolar. Figura 4: Tablilla de Ebla 1.1.3. La lexicografía en Egipto La lexicografía egipcia en la Anti güedad también responde a necesidades de tipo social como la enseñanza o la co municación con otros pueblos. De hec ho, el contacto con otros pueblos debió motivar la traducción de algunos documentos importantes como los ju rídicos. Así, uno de los casos más representativos de Oriente Pr óximo es el de la Pied ra Rosetta, descubierta en Egipto en 1822 durante la oc upación francesa; gracia s a este descubrimiento Champollion obtuvo las claves para descifrar los jero glíficos, puesto que la Piedra Rosetta contenía inscripciones en griego, demótico y en leng uaje jeroglífico. Sin embargo, el material le xicográfico del antiguo Egipto es mucho más pobre que el de la zona de Sume ria, seguramente, como subrayan Boisson, Kirchuk y Béjoint (1991:267), debi do, entre otras causas, a la menor capacidad de conservación del papiro frente a las tabl illas. De todas maneras, en Egipto también existió la tradición de elaborar listas léxicas, conocidas por los egiptólogos como onomástica , y cuya palabra en egipcio quiere decir “enseñanza, instrucción, ciencia”; así pues , si bien el término egipcio ha s ido traducido como onomástica por tratarse, esencia lmente, de listas de 38 sustantivos, si nos atenemos a la tr aducción literal del vocablo vemos su estrecha vinculación con la enseñanza. Por tanto, una de las principales finalidades de la elaboración de las listas léxicas en Egipto, al igual qu e en Mesopotamia, era didáctic a. Igualmente, las listas seguían una ordenac ión temática: plantas, partes del cuerpo, animales, profesiones, t opónimos y onomásticas. Según Boulanger (2003), la lista más antigua conservada data de principios de la mitad del tercer milenio. De entre las listas denominadas onomástica , las dos más conocidas son: el Onomasticon de Ramesseum y el Onomasticon de Amenote . Según los datos ofrecidos por Boulanger, la prim era de las dos está fechada en un periodo intermedio entre 1785/1778 y 1 580/1555 a. C., mientras que la segunda data de alrededor el 1100 a. C. El Onomasticon de Ramesseum es un fragmento de una clasificación metódica de trescientos veintiún elementos. Las líneas están numeradas y c ada una de ellas recoge sólo una pa labra; se trata de nombres de ciudades, producto s de panadería, nombres de pájaros, mamíferos, peces... En cuanto al Onom asticon de Amenote , es una selección mucho más copiosa que la de Ramesseum ; de esta manera, encontramos una introducción programática que da título al manuscrito, seguida de seiscientos diez elementos ordenados por materias (Boulanger: 2003). 1.2. La lexicografía en la An tigüedad Clásica: Grecia y Roma En la tradición occidental, fueron los filó sofos griegos los primeros que vieron en la palabra - logos - el instrumento para la ex presión de las ideas. De este modo, la palabra se convir tió en el princ ipal objeto de estudio de la lengua, y así queda reflejado en las palabras de Erotiano 25 : Así, la naturaleza nos ha dado la palabra para ofrece r en caracteres a los demás las imágenes que su rgen en nuestra mente. De entre los rasgos principales de una lengua, fue la etimología, es decir, el origen primigenio de la fo rma lingüística, uno de los aspectos 25 Erotiano, Proem , traducción de Dol ores Lara (1997). 39 especialmente estudiados; este interés etimológico se prolongó durante varios siglos (en realidad, hasta ca si finalizada la Edad Media 26 ). Sin embargo, como señala Matoré (1962: 39 - 44), las civilizac iones de la Antigüedad no han poseído dicci onarios en el sentido en que hoy entendemos este término, pues no se dab an las condiciones necesarias para acometer este tipo de trabaj o. De hecho, el término diccionario ni siquiera existía en aquel momento; los repertori os lexicográficos de entonces, bien distintos de los de ahora, eran denominados como lexicon, glosario y vocabulario 27 y aunque todavía hoy estos térm inos puedan llevarnos a pensar que estamos hablando de palabras sinónimas, lo cierto es que ya en la Antigüedad, cada uno de ellos tenía una func ión que lo diferenciaba del rest o. Así, el lexicon reunía expresiones y locuciones, el glosario interpretaba voces antiguas y oscuras, mientras que el vocabulario se refería a unos pocos vocablos referidos para ejemplificar alguna materia en particular. 28 Matoré (1962) indica igualmente causas de or den socio-cultural como la falta de necesidad de divulgar las obras entre la población pues sólo eran unos pocos los letrados. Pero, a diferencia de otras culturas, ni en la cultura griega ni en la romana se desarrolló una actividad lexi c ográfica bilingüe; la actividad lexicográfica que lleva ron a cabo estos pueblos fue de tipo glos ográfica, ya que para comunicarse con otras civilizaciones , tanto los griegos como los romanos contaban con intérpretes. Los viajes merc antiles de los griegos no motivaron la creación de ningún tipo de documento le xicográfico bilingüe, dado que como vemos en el Agamemnon de Esquilo , se ha ce uso de un intérprete para llevar a buen puerto la comunicación. Incluso se puede apreciar esta falta de interés por la lengua de otros pueblos al ver có mo los oráculos respondían en griego a los visitantes venidos desde cualquier lugar . No obstante, Hesiquio, en el siglo V, realizó un léxico de términos extranjeros. 26 La obra má s representativa es Etymologiae (613-63 6) de San Isidoro de Sevilla, puesto qu e se trata de una ob ra de referencia q ue sigue con la tradi ción clási ca y represen ta la concepción lexicográfica medieval. Cf pp. 62-63. 27 Para cono cer mejor la evolució n de los prime ros glosario s hasta los dicciona rios C.f. Marinoni A. (1968): “Du glossaire au vocabulaire”, en Quadri vium , 9, pp. 127-141. 28 Definiciones tomadas p or Haensch (1982 b:105), a partir de las de J. Grimm (1890) en Kleinere Schriften , Berlín, Gütersloh. 40 Uno de los hitos más importante de este periodo fue la consolidación del alfabeto, pues si bien lo s propios griegos le atribuyeron a los fenicios su invención, fueron los griegos quienes lo des arrollaron. Igualmente, otro aspecto fundamental de esta época es el cambio q ue se produce en torno a la reflexión sobre la lengua. Como s eñala Mounin (1985: 88), encontramos en los griegos un interés exclusivo hacia la lengua, es decir, que además de los numerosos textos producidos, frente a la esca sez de épocas anteriores , los griegos escriben textos consagrados al lenguaje. 1.2.1. La actividad le xicográfica en Grecia En Grecia, donde hasta el siglo IV a. C. no se dis ponía de una koiné sino de un mosaico de dialectos, encontramos al gunos libros de glosas que explican palabras técnicas, dialectales o, incl uso, palabras de si gnificado opac o de algún escritor. De hecho, el más antiguo de estos libros data del siglo V a. C. y se refiere a un léxico de Homero. Si tenemos en cuenta que los poemas homéricos fueron los textos escolares ut ilizados durante siglos, vo lvemos a ver cómo los primeros trabajos lexicográf icos están estrechamente vinculados c on la enseñanza. También fue en este siglo cuando surgieron las primeras especulaciones científicas en torno a la lengua, dando lugar a problemas de lingüística general como el del origen de la lengua (Se rrano Aybar: 1977:61) 29 . Sin embargo, el carácter de estas primer as especulaciones sobre la lengua no es específicamente gramatical, sino que como indica Ramos Guerreira (1997:763), estas indagaciones sobre el le nguaje se encuentran insertas dentro de escritos considerados filosóficos o retó ricos. No obstante, es en la escuela de Alejandría, dentro del marco de los co mentarios que se hacen a los textos antiguos, donde surge la primera obra escr ita de carácter gramatical y que será considerada como el acta fundacional de la gramática en Oc cidente: Arte Gramatical 30 , obra escri ta por Dionisio Tracio, posiblemente en la segunda mitad del siglo II a. C. Pero, para Ramo s Guerreira, ésta no es más que la primera muestra escrita que conserva mos de algo que había sido ya con 29 Uno de lo s documentos más re presentativos es e l Cratilo de Platón, dond e Hermógenes, Cratilo y Sócrates discute n acerca de la natu raleza y origen de la lengua. Para una mayor profundizació n sobre este tema, C.f. el tomo correspondiente a Platón de Zeller Mond olfo (1932): La filosofia dei Gre ci nel suo svilupo storico , Florencia. 30 Algunos autores se refie ren a esta obra como la gramática de Dionisio Tracio, nosotros hemos preferido tradu cir la designación griega: Tékhne G rammatik é . 41 diferentes campos del s aber de contenido romano. De esta manera, por las distintas referencias de que disponemos , Catón trata en este manual asuntos relacionados con la medicina, la agric ultura y la retórica. Además, según Ramos Guerreira (1997: 760), con toda probabilidad, la doctrina militar y el derecho también formaban parte de esta obra. Una obra de carácter completamente lexicográfico es la de Verrio Flacco, De verborum significatu, de principios del siglo I d. C. Igualmente, también se conserva la obra de un retor gr iego (s. II d. C.) Julio Pólux, titulada Onomasticon ; se trata de un listado de palabras , clasificadas por temas y que está dedicada al em perador Cómodo. De l gramático Timeo nos queda un glosario 37 sobre la obra de Platón, al igual que de esta misma época, todavía existen léxicos de hi storia y geografía. En el siglo IV, encontramos la obra de Nonio Marcelo; en ella, en más de veinte libros, se recoge un léxico del latín de la República. Su ordenación difiere de unos libros a otros: mient ras que en los doce primeros libros, dedicados a la recopilación de datos gramaticales y lexic ográficos, se estructuran según palabras o formas; los restantes, dedicados a recopilar noticias sobre la cultura antigua, se ordenan por temas. Los artículos se componen de breves definiciones que se apoyan en citas de autores de la época 38 . En cuanto a los glosarios latín-g riego y griego-latín, en Roma se desarrollan bastante tarde. Se trata de obras que co ntienen términos sobr e autores latinos como Horacio o Cicerón. También debemos citar a Placidus quien vivía en África en el s. VI y cuya s glosas fueron más tarde utiliza das por Isidoro de Sevilla. Igualmente, tenem os en el mismo siglo las glosas de Fulgencio tituladas Expositio sermonum antiquorum donde se explica el sentido de algunos arcaísmos. Siglos más tarde, concretamente, en el siglo X, 37 Matoré (196 9:43) cita a este respe cto un trabajo de Collart en l es Mélange s Ernout , en el que se realiza un estudio sobre un glosario latín-gri ego en papiro, in édito, y en que no sólo se da la traducción de las palabras latinas sino en el que se recogen sinón imos, homónimos y una guía para las de clinaciones, la sintaxis y la acent uación. Como podemos ver, este gl osario se aproxima bastante a lo que hoy entendemos como di ccionario de lengu as extranjeras. 38 Hasta 1986, cuando Nied erehe presen ta sus investi gaciones, se creía que la obra de Noni o Marcelo había sido u na de las fuentes, aunque no directa, de la obra d e Palencia, el Universal Vocabulario . Sin embargo, como veremos má s adelante, y siguiendo lo expuesto por Niederehe, la obra de Nonio Marcelo d ebió influir en la obra de Pa pias, Doctrinae rudimentum , fuente directa, según e ste autor, de la de Alonso de Palencia. 48 encontramos una obra titulada Léxico , atribuida erróneamente a un tal Suidas que nunca existió. En ella encontramos el léxico dispuesto, en su mayoría, siguiendo el orden alfabético y, además de tratar términos generales, también constan nombres de personas y fragment os de obras de autores griegos. De los autores nombrados por S uetonio, del que conservamos una mayor y más rica variedad de fragmentos, es de Elio Estilón (154-74 a.C.). Este autor, aunque también se dedicaba a escr ibir discursos para que fuer an pronunciados por otros, debe su fama a su actividad gramatical. Según Ramos Guerreira (1997:764), probab lemente fue en R odas donde Estilón recibió las enseñanzas de Dionisio Tracio j unto con las de Molón y Apolonio y que, más tarde, pondría en práctica a su llegada a Roma. Cicerón destaca el valor de la actividad de Estilón a través del elogio que le dedica en Brutus 56, en el que lo sitúa como el primer gran experto en letr as griegas y latinas y como maestro de Varrón. El desarrollo más importante de su actividad lo realiza dentro del campo de la glosografía aplicada a los textos latinos antiguos como el Carmen Saliare o las Leyes de las Doce Tablas . Igualmente, llevó a cabo trabajos en el terreno de las etimologías, del léxico, de la corre cción gramatical y de las grafías; pero, además, también realizó trabajos sobre la historia de la literatura y fue el primero en intentar un index de las obras de Plauto. Ramos Guerreira subraya de él que fue el prim er filólogo romano en el pleno sentido de la palabra. No podemos acabar este epígrafe de nuestro trabajo sin nombrar al que se considera el filólogo latino más importante, Marco Terenc io Varrón (116 a. C.-27 a.C.) 39 Una muestra representativa del reconocimiento con el que contaba Varrón entre sus coetáneos es el elogio que le dedica Cicerón: A nosotros, extranjeros en nuestra propia ciudad y perdidos como visitantes, tus libros no s devolvieron, por así decirlo, a ca sa, para que pudiéramos saber de una vez quiénes éramos y dónde estábamos. Nos descubriste la edad de la patria, la visión de sus épocas, las leyes sagradas, la ciencia de los sacerdotes, de la paz y de la guerra, los nombres de las comarcas y de los lugares, de todas las co sas divinas y humanas, las familias, los deberes, las caus as; tú iluminaste como nadie a nuestros poetas y sobre todo a la lengua y a la literatura latinas. ( Cuestione s académicas 1,3,9). 39 Aunque cronológi camente debe ríamos haber no mbrado a Varrón con a nterioridad, nos parece adecu ado dejarlo para esta última parte en la que ya tenemos un a visión general de la lexicografía de la Antigüedad Clá sica. 49 La producc ión de Varrón resulta, todavía hoy, algo espect acular; escribió más de cincuenta obras de tem ática variada, que suman un total aproximado de seiscientos libros. Parece ser que el primer maestro que tuvo Varrón fue Acio, quien mantenía una polémica con Lucilio relacio nada con cuestiones ortográficas y, especialmente, con la reforma del alfa beto latino. Influido y preocupado por este aspecto, Varrón escribió De antiquitate litterarum en el que, frente a la postura tradicional del or igen fenicio del alfabet o, propone un origen caldeo que, más tarde, desarrollaría el grupo latino-etrusco-romano. Varrón es un autor prolífico de conoc imiento enciclopédi co que no sólo produjo obras de carácter hi stórico, sino también obras de derecho, aritmética, agricultura, filosofía y geometría. De su extensísima obra, de la que hoy conservamos sólo una parte y que ha sido el pilar fundamental sobre el que se ha asentado la importancia que hoy le atribuimos a Varrón destacamos, sin duda, De lingua Latina , publicada en torno al 45-44 a. C. De esta obra que contaba con veinticinco libros, sólo se cons ervan seis, los que van del V al X, aunque a través de referencias indirectas tenemos conocimientos sobre algunos fragmentos de otras partes de la obra. El primero de los libros es una introducción general, los restantes vein tic uatro libros fueron organizados por Varrón en héxadas y triadas. En esta obra Varrón abarca desde la morfología 40 hasta la sintaxis. Los libro s II-VII están dedicados al es tudio de la etimología en el sentido amplio de la palabra, esto es, un estudio de la creación del vocabulario tanto desde la perspectiva del significante como del significado. 1.2.3. Dos provincias del Impe rio Romano: Hispania y Galia Sin pretender ahondar en este periodo, nos parece importante señalar algunas cuestiones que de manera directa o indirecta incidirán en el desarrollo poster ior de la lexicografía tanto de España como de Francia. No podem os, por tanto, pasar por alto la manera en que se fo rjó la cultura de es tos pueblos, dado que como hemos dicho en otras ocasiones, la lexicografía y, en particular, su 40 Ramos Guerreira (1 997:769) explica que el s egun do grupo de libro s estudia el fenómeno de la declinatio y los expli ca desde una perspe ctiva más mode rna al decir q ue se trata del mecanismo de la m orfología entendi do como si stema de multiplica ción gramatical de los elementos léxicos tanto en la vertiente derivacion al como en la flexional. 50 producto, el diccionario, son fruto de la sociedad en la que nacen y de la herencia cultural de ésta. La romanización de las provincias del Imperio Romano se realizó de manera progresiva y het erogénea y, a diferencia de otros pueblos invasores , el romano se caracterizó por la aculturación de los pueblos indígenas, mediante el establecimiento de sus colonias y la implantación en todo el territorio conquistado de su lengua, costumbres y leyes. 1.2.3.1. Hispania En lo que concierne a España, c abe destacar que dur ante el periodo de dominio romano, la denomi nación de Hispania, provincia de Roma, se refiere a toda la Península Ibérica y a las Islas Baleares. Exceptuando las islas de Córcega, Cerdeña y Sicilia q ue fueron conquistada en el s. III a. C., la primera conquista romana de la Europa Occidental fue la de Hispania 41 en el 218 a. C. 42 , durante la Segunda Guerra Púnica ( 218- 201 a. C.) entre Roma y Cartago. Corral (2008:114) subraya que el fenómeno de romanización no consistió únicamente en la im posición de modelos culturales y patrones de vida; Roma introdujo su propia organización social y su modo de concebir la sociedad de los pueblos conquistados 43 . Con ello, a pesar de que Roma no tenía gr an experiencia en la coloniza ción pues, como ya dijimos anteriormente, Hispania fue el primer territorio conquistado fuer a de la Península Itálica y de las islas 41 Antes de la con quista romana, la Pe nínsula Ibérica esta ba poblada por diferentes tribu s: celtíberos, tartesios, vascones, layetan os, cose tanos, cántabros, etc. Com o nos indica Cano Aguilar (1988:16) no debemos confundi r dos aspect os de este peri odo: por un lado l os ámbitos étnicos y culturales que, tampo co tienen por qué coi ncidir, y por otro, las zonas lingüísti cas. A grandes ra sgos, se pueden di stinguir dos grande s zona s en la P enínsula cuando ll egaron los romanos: por un lad o toda la franja S ureste (desde Andalucía Oriental hasta Cataluña con extensión al otro lado d e la cordillera pirenai ca) y otra que se extendía p or el centro y el (Nor)Oeste. La primera constituía la zona ib érica, de cultura elevada como muestra n las numerosas inscrip ciones y referencias de lo s historiadores antig uos. Y la segunda, la de tipo indoeuropeo. 42 La guerra que mante nía Roma con Cartago motivó que e n esta fecha desemb arcara en Ampurias el prime r contingente rom ano. El pr oceso de in corporación de la provincia de Hispania a Roma no se logró de m anera inmedi ata; tanto el Levante como el Su r fueron incorporados rápidamente, mientra s que la incor poraci ón del resto de zonas se hizo de ma nera progresiva, culminando e n la guerra contra lo s cánt abros, asture s y galaicos, en tre el 29 y 19 a. C. tras las que se considera ría a Hispania una provincia p acata (pacificada) (Cano Aguilar 1988: 28). 43 A diferencia de otros pu eblos conqui stadores, los romano s no se asentaro n sólo en la s ciudades co steras con fines comerci ales. Ellos extendieron su dominio haci a el interior y mediante grandes obras d e ingeniera civil como las cal zadas o los acueducto s, comunicaro n todo su imperio y lo do taron de infraestructuras desco nocidas hasta el m omento y que incidieron de manera notable en el desarrollo de esa s poblaciones. 51 citadas, se logró que los pueblos conqui stados perdieran de manera paulatina sus raíces e, incluso, sus lenguas 44 . De hecho, puede afirmarse que la latinización de Hispania fue, en líneas generales, completa, pues, como destaca Cano Aguilar (1988: 33 ), no sólo existe una rica muestra de autores latinos procedentes de Hispania: Séneca, Marcial, Columela, Luciano, entre otros, y la existencia de grandes foco s de latinidad como Hispalis, Corduba, Emerita Augusta, Tarraco, etc., sino, sobre todo, porque el latín estaba presente no sólo en los e scritos literarios sino hast a en los más humildes; por tanto, nos encontramos ante una lengua, el latín, que era la única lengua empleada en todo tipo de escritos. De es e latín de todos, “familiar” o “vulgar”, frente al literario, más ar tificial, es de donde nacen las lenguas romances y , entre ellas, el castellano. No en vano el latín supuso, como señala Marías (1998: 67), la posibilidad de que los hispan os llegasen a hablar no sólo con los romanos, sino también entre ellos y esto es extensible al resto de comunidades que conformaban el Imperio Romano. Esta mos ante la primera lengua franca común a muy diversos países, hablada po r la mayoría de ellos y, como nos indica Marías, el latín no sólo era una le ngua sino el hilo conductor, el vehículo, de otras culturas asimiladas e incorpor adas por los romanos de entre las que destacaba, sin lugar a dudas, la helénica. El fin de Hispania como provincia romana se fraguó durante el s. V, coincidiendo con la caída del Imperio Romano de Occidente 45 . Las invasiones de los pueblos bárbaros tuvieron como consecuencia la transformación política, cultural y lingüística de la Europa occidental. El fi n del Imperio Romano de Occidente supuso una nueva organización feudal y nacional que se extendió durante toda la Edad Media y con el pa so del tiempo, todo ello motivó el nacimiento de las nuevas realidades nac ionales. El desmoronamiento del Imperio Romano de Occidente se debió a diversos factores que, a lo largo de los años, de los siglos, motivaron que Ro ma claudicara ante la presión de los pueblos venidos del Norte del Rin. De este modo, vándalos, suevos, eslavos y 44 Sólo existe una ex cepción notabl e dentro d e es te proceso de romanizaci ón, la superviven cia de la lengua vasca. No obstante, exist en trazos léxicos, fonético s o sintácticos aislados de estas lenguas primitiva s y profundas huellas de ésta s en la toponimia. Cf . Lapesa, R. (1 980). 45 En el 476, el jefe d e la tribu germana de los hérulo s, depuso al último emperador de Occidente, Rómulo August o. Hispania hacía ya varia s décadas qu e, de hecho, había d ejado de formar parte del Imperio Romano (Co rral 2008: 134) . Sin embargo, debi eron d e pasar ca si mil años para que en 145 3 cayera el Imperio Romano de Oriente en manos de lo s turcos. 52 visigodos van penetrando en el territorio peninsular 46 desde los primeros años del siglo V. El panorama que s e encontra ron estos pueblos venidos del Norte es, como señala Marías (1998:74), el de una población hispanorromana formada jurídica y culturalmente por Roma y que, por encima de su complejidad étnica, tenían como l engua común el latín, además de un cristianismo muy arraigado y extendido. Hasta mediados de siglo n o se aseguró el predominio visigodo que se ex tendía desde amplias zonas del Sur de Francia. Sin embargo, la presión de los galos pro dujo el retroceso de los visigodos limitando, de este modo, su dominio de manera exclusiva o casi exclusiva a la Península Ibérica. A diferencia de lo que ocurriría c on otros pueblos invasores en lugares distintos de Europa, los visigodos lle vaban largo tiempo conviviendo con los romanos dentro del Imperio; por ello , este pueblo se encontraba, en gran medida, impregnado de la cultura romana y dominaba en parte la lengua latina. Este hecho que, en aparienc ia puede no tener mayor relevancia, significó que fuera un número mínimo de voces germ anas las que más tarde pasaran a formar parte de los distintos romances peninsulares. Pero, del mismo modo que la larga c onvivencia de los visigodos con los romanos motivó que fuera un número mínimo de voces germanas las que formaran parte de los romances peni nsulares, hubo otro hecho f undamental que marcó la diferencia entre España y el resto de Europa O ccidental. Nos referimos a las invasiones musulmanas 47 que supusieron que, en gran medida , se rompiera con la herencia y evolución de la cultura romana dentro de la Península Ibérica. Se trat a ésta de una nueva etapa en la historia peninsular y como nos señala Cano Agüilar ( 1988:43), no nos encontramos ante un paréntesis que tras la expulsión de los árabes permitió que se continuara con la evolución de lo anterior, ni tampoco ante una situación de s uperestructura de 46 En el 406, germanos, suev os, vándalos y alano s traspasan las frontera s del Rin, atraviesan la Galia y pe netran finalmente, en el 409, en Hisp ania. Los visig odos, instalados, al igual que otros pueblos germ anos, desd e hacía alguno s años en el interior del Imperio, colaboraron con los romanos para expulsar de Hispania a los vándalo s y a los alanos . 47 La invasión, conqui sta y ocupación de l a Península Ibérica se llevó a cabo con una inusitada rapidez (711-722), ba staron sólo once año s par a lograrlo. Como señala Corral (2008:175) los musulmanes tras conqui star el Imperio Persa y la mitad sur del Imperio Bizantino, avanzaron hasta el Norte de África y en apenas ochent a años, habían conqu istado dos imperio s y habían creado uno n uevo que se extendía a lo largo de vario s millones de kilómetros cuadrado s desde el extremo oriental de las tierras conocidas en Asi a , es decir, de sde el rí o Indo, hasta la s costas atlánticas del Norte de África. 53 poder como había ocurrido con los vi sigodos. Estamos ante un cambio profundo fruto de una situación concreta que marcará de manera decisiva el desarrollo de la sociedad p eninsular. Y, como no podí a ser de otra manera, la lengua, también sufrió la influencia de ese cambio profundo; de hecho, algunos estudiosos como Tovar (1968:75), opinan que de no haberse producido dicha invasión el romance hispánico result ante habría sido más semejante a las lenguas italianas, con las que tantos lazos existían. No obstante, la sociedad peninsular no perdió por completo el latín, y de hecho, se t rataba de una sociedad bilingüe árabo-románi ca, al menos hasta el si glo XI o XII. Esa lengua románica continuaba con el latín de Em erita, Hispalis, etc. Sin embargo, se trataba de una lengua coloqu ial que, en consecuencia, carecía de cualquier tipo de normalización y se encontraba fragment ada de distintas maneras. Por ello, al comenzar el s. XIII había desapareci do; sin embargo, lo que sí se mantuvo fue el habla de algunas zonas peninsular es. Cano Aguilar (1988:44), a este respecto, indica lo siguiente: Por el contrario, lo que se perpetuó fue el habla de los distintos enclaves de resistencia, desde la cordillera astur hasta los Pirineos, donde a sus rudos habitantes, siempre rebeldes, se habían unido miembros de la aristocracia hispanogoda o simple s cristianos que, frente a la actitu d mayoritaria, rechazaron integrarse en el Al-Andalus (con o sin conversión al islamismo). Allí surgieron nuevos centros (Oviedo, León, Burgos, Pamplona, Barcelona, etc.) en lo s que se fraguaron los nuevos modos lingüísticos sobre un fondo de latín vulgar lleno de elementos de sustrato: esas lengua s se esparcirían sobre el resto de la Península a tenor del desarrollo de la Reconquista. El mapa lingüístico de la España moderna nació de ese proceso. 1.2.3.2. Galia Antes de que los romanos llegasen a lo que más tarde sería la Galia, su territorio estaba ocupado por diferent es pueblos: iberos, germanos, ligures, griegos, celtas, entre otros. Los galos, un pueblo celta, aparecieron sobre dicho territorio entre el siglo IX y VIII a. C. en la zona que hoy conocemos como la Champagne y rápidamente se expandieron. Durante la conquis ta romana, los galos ocupaban el Norte y el Suroeste de la Galia y tenían una presencia inferior en el Sur, ya que éste se encontraba ocupado por los romanos. La conquista romana de la Galia comienzó en el 120 a. C. y entre el año 58 y 51 Julio César, entonces procónsul, inicia la conquista de la Galia del 54 Norte, hazaña que reflejará años más tarde, en su obra La Guerra de las Galias . Finalmente, la Galia se consider a plenamente conquistada hacia el año 51 a. C. Cuando los romanos conquistaron la Galia se encontraron con numerosos pueblos de distintas etnias y lenguas diferentes; no obstante, exist e la idea generalizada, y así los expres an los lingüistas, de que todos estos pueblos hablaban una misma lengua: el galo. Sin emba rgo, no se trataba de una lengua uniforme, dado que existían vari antes locales importantes en el espacio y en el tiempo (Leclerc: 200 7:10). En cambio, César en sus Comentarios sobre la guerra de las Galias ( Commentari de Bello Gallico) , describe al pueblo galo afirmando que estaba compuesto de “naciones” diferentes que hablaban lenguas distintas. Los galos, por su parte, no dis poní an de una escritura pr opia y por tanto, no disponían de un alfabeto co mún para todos ellos. Una de las razones más importantes que justifican esta ausenc ia de escritura es que los druidas siempre se opusieron a que la s tradiciones religiosas se enseñaran por escrito. A pesar de lo dicho, los galos recurrían a alfabetos extranjeros sin adaptarlos y, especialmente, al alfabeto griego. Una vez conquistada la Galia, la c onvivencia entre las culturas oriundas y la romana dará lugar al nacimiento de una cultura galo-romana que disfrutará de tres siglos de estabilidad y paz relativa. A pesar de que la Galia no fue un lugar de alta inmigración romana y de que la romanizaci ón lingüística nunc a se impuso, el latín fue adopt ado de manera progresiva po r los habitantes de ese territorio. Perret (2008:27) señala que la adopción del latín se llevó a cabo por diversas razones, entre las que desta ca la comunicac ión con el pueblo dominante que, además, eran poseedores de una mayor cultura y, en consecuencia, disponían de un grado de desarrollo políti co superior. Sin embargo, a pesar de la latini zación de los habitantes de la Galia, existen trazos del substrato galo en la l engua, especialmente en alg unos campos del léxico francés y en los topónimos. Al igual que ocurriría en otras prov incias del Imperio Romano, el latí n que se hablaba en la Galia era un latín más tardío que el latín clásico y no se trataba de una lengua literar ia, sino de una herramienta de comunicación co n formas simplificadas, familiares e incluso argóticas. 55 El fin de la civilización galo-romana comienza a principio del siglo III con las incursiones germanas. Durante este periodo debemos destacar dos fechas por su importancia: la primera de ellas es el año 212 cuando se promulga el Edicto de Caracalla que otor ga la ciudadanía a todo s los hombres libres del Imperio; y la segunda, el año 313 cuando Constantino reconoce el cristianis mo como religión oficial del Imperio. Para Perret (2008:29), este último hecho tuvo unas consecuencias lingüísticas considerables pues tras la caída del Imperio Romano de Occidente, la cohesión cultural se mantuvo a través de la religión. De este modo, la lengua of icial de est a religión era el latín que continuó progresando a la vez que continuaba la ev angelización de las zonas rurales y la cristianización de las antiguas tradi ciones paganas, fiestas, lugares de culto y folclore. Desde el siglo III al VI se suc edieron sobre suelo galo diferentes invasiones de pueblos de distintos orígenes : visigodos, sajones, etc. hasta la llegada de los francos quienes dividirí an el país en dos. Clodoveo, rey de los francos, ocupó el reino galo-romano en el año 486 y reunificó distintas zonas del territorio bajo su mando. De este modo, Clodoveo se convirtió al cristianismo en el año 496 e incluso, reci bió el título de cónsul por parte de un embajador venido del Imperio Romano de Oriente. Estos hechos explican que, en parte, se produjera una asimilación de la tradición anterior y que s e continuara con la cultur a heredada. Así s e entiend e que, como nos explica Perret (2008:30), el invasor adoptara, en cierto grado, la lengua del pueblo dominado y tras siglos de bilingüismo, terminara por abandonar su propia lengua, el francique . Otra de las razones que motiva ron el abandono de esta lengua y la adopción del latín fue de orden cultural pu esto que, a pesar de que la civilización latina había caído con el Imperio, se trataba de una cult ura superior a la del pueblo dom inante. De hecho, una vez adoptadas tanto la cultura como la religión romana, los francos calcaron su organización administrativa y sus leyes que f ueron incluso redactadas en latín. No obstante, a pesar de la adopción del latín como lengua g eneral, los francos tuvieron una notable influencia en la evolución del latín. Podemos, por tanto, contar alrededor de 400 palabras en el francés cuyo origen es el francique. Igualmente, la coexist encia de dos aristocracias, una galo-romana y 56 otra franca, explica el carácter bilingüe de la terminología referente a la guerra y a la administración 48 . Sin embargo, a lo lar go de la Edad Media, el predo minio del latí n y de la cultura latina no f ue hegemónico; de hecho, durante los siglos VI y VII, es decir, durante el periodo merovi ngio, conocido como un periodo de oscuridad y tinieblas, consecuencia del fraccionamient o territorial y de la ausencia de un poder centralizador, nacieron numerosos dialectos 49 . 1.3. La lexicografía en Europa durante la Edad Media La lexicografía medieval en Europa se caracteriza por el predominio absoluto del latín en los textos y por continuar con las estr ucturas y modelos heredados de la Antigüedad. La finalidad, principalment e didáctica, con la que nacían este tipo de obras no había variado, pues tratan de dar respuestas a vocablos oscuros, voces arcaicas o, incluso, in tentan resolver inquiet udes etimológicas. Díaz y Díaz (1994:389) señala lo siguiente: En el fondo, siempre se parte del caudal lexicográfico antiguo, que arranca de los viejos tratadistas (Varrón, Festo, Verrio, Fulgencio), y de comentaristas o estudiosos diversos, paganos y cristia nos (Servio, Donato, Jerónimo, Euquerio), cuyas series rematan en Isidoro que fija a la vez las nuevas formas del género de las diferencias verbales, y sobr e todo el de los conocimientos y métodos etimológicos. Sobre la lexicografía de este ex tenso periodo en Europa, Buridant (1986:9-46), nos ofrece una am plia tipología, basada en algunas clasificaciones anteriores, en la que int enta englobar las distintas manifestaciones que se dieron durante esta etapa: - Componente glosográfico: glosas interlineadas o marginales; reagrupamiento continuado de glosas = glosarios. 48 Para amp liar informac ión sobr e este peri odo Cf. Wartburg, W. (1946): Évolution et structu re de la langue française, Franke, Berna, y Herma n, J. (1965): Le latin vulgaire , colecci ón “Que sais-je?”, PUF, Paris y Brunot, F. (1926 -1943). 49 Además, durante este periodo, al igu al que dur ante el perio do carolingio, la minoría p olítica dominante, tenían como le ngua materna el germ ano o tudesco, mientras que el habla romance era considerada como u n habla de siervo s y de vencidos. C.f. Balibar, R. (1985 ): Les institutions du français: e ssai sur le colinguism e, des caroligiens à la répu blique , PUF, Paris , 57 raíz, es decir, una palabra básica, act úa como lema y alrededor de ella s e crean pequeñas agrupaciones lexe máticas acompañadas de sus correspondientes explicaciones. Otro de los grandes lexicógrafos mediev ales fue Hugucio de Pisa quien, a finales del siglo XII o co mienzos del XIII, compone su Liber derivationum , también conocido como el Mayores o Magnae d erivaciones . Su método continúa con la derivatio de Papias, pero de maner a ampliada; es decir, ampliando las familias de palabras. Esta manera de estructuración complica la consulta, pues la mayor parte de las palabras utiliz adas figuran englob adas dentro de las familias léxicas que sigu en la ordenación alfabética de sus palabras base. La dificultad en su consul ta motivó que desde la segunda mitad del siglo XIII se elaborasen índices con la finalidad de indicar bajo qué palabra de base se encontraban los distintos vocablos. A este respecto Weijers (1989:143) señala que la obra de Hugu cio de Pisa contenía, además de explicaciones gramaticales y lexicol ógicas, informaciones enciclopédicas procedentes de San Isidoro de Sevilla. Otro de los grandes lexicógrafos de la Edad Media y de gran influencia fue Juan Balbi o Joannes Balbus. Su obra, la Summa gramaticalis quae vocatur Catholicon , más conocida por el Catholicon , se divide en cuatro partes dedicadas a la gramática, además de una quinta añadida, de exclusivo carácter lexicográfico. Según Corbella y Picó (1997:146): El Catholicon incluye en su quinta parte un proto-diccionar io en el que por primera vez se da primacía al orden alfab ético del material léxico. Junto a los más de doscientos man uscritos que se conservan del texto, la impresión de este Catholicon es la edición más antigua de los léxicos alfabéticos conocidos y toda la lexicografía occidental partirá de esa publicación realizada hacia 1460 56 , conociendo más de 20 ediciones antes de 1500. Los lexicógrafos medievales tomarán de él la nomenclatura y las definiciones, como lo hará en 1464 Je an Lagadeuc en su léxico manuscrito bretón-francés-latín. No podemos cerrar este epígrafe de nuestra investigación sin aludir a Alfonso X El Sabio, que si bien no realizó ninguna obr a de estricto carácter lexicográfico, sí le ded icó una especial atención a la terminología empleada, llegando incluso a glosar sus propios textos. 56 Se trata de la primera obra lexicográf ica estampada por el p ropio Gutenberg en 1460 en Maguncia. Cabe señalar, que la invención de la imp renta en torno a 1440, supuso adem ás de una mayor difusión de la s obras, una generali zación del interés por la cultu ra. 64 A pesar de la ingente l abor lingüística de Alfonso X, no debemos olvidar que ya en el siglo XIII, durante el re inado de Fernando III, el castellano fue declarado lengua oficial. No obstante, una cosa era declarar el castellano lengua oficial y otra, que es lo que ocu rrió con Alfonso X, era redactar en dicha lengua obras como Grande e G eneral Estoria, Libros del saber de astronomía, Siete Partidas 57 . Según Rubio Moreno (1991), tan solo en Las Partidas se cuenta con alrededor de mil trescientos términos definidos. La influencia que tuvo Alfonso X el Sabio en la propagación del castel lano y en la introducción de la lengua romance en el ám bito literario y cultural , ha dado lugar a diferentes hipótesis. Abellán (1979) sostiene que fueron los colaboradores hebreos del monarca en la Escuela de Traductores de T oledo quienes por rec hazo hacia el latín, que identificaban con el cristianismo, atrajeron la lengua castellana al ámbito culto; Lapesa (1980:237), por su parte, sostiene que fue el afán culturalista del Rey lo que lo llevó a in cluir al castellano en la literatura. Finalmente, Llopis Ganga y Tornel Sa la (1996:92) opinan lo que sigue: De forma específica, nuestra opinión sobre los motivos originadores del trasvase del romance castellano al ámbito cult ural se justifican por el influjo de la filosofía tomista en la manera de entender el mundo, y cómo esta ideología condicionó la for ma de entender las manifestaciones lingüísticas de las comunidades hablantes implicadas —en es te caso, la sociedad peninsular . Sea por unos motivos u otros, lo cier to es que la labor de Alfonso X en relación con nuestra lengua resulta difíc il de cuestionar; de hecho, la obra alfonsí fascina y ha fascinado a est udiosos de diversos campos: desde historiadores a lingüistas e incl uso a juri stas. Lodares (1996:2) lo refleja d e la siguiente manera: Siempre nos ha sorprendido el afán de los redactores alfonsíes por definir palabras, glosarlas o interp retar sus orígenes. Llama tanto la atención que no sería exagerado decir qué porciones de sus obras parecerían a veces dedicadas a exponer el universo entonces conocido por el simple conocimiento de aclarar las voces que design an objetos y conceptos; como si la esencia de las cosas estuviese verbalizada y desvelar las palabras fuera desvelar las realidades mismas. Y para ello tanto daba el apunte más escueto cuanto los ejemplos más extensos, eruditos y complejos. 57 Parece que no existe testimonio de la redacción de este tipo de obras en lengua vulgar en cualquier otra corte europe a durante el siglo XIII. 65 Aunque no disponemos de un tr abajo de carácter exclusivamente lexicográfico alfonsí, a través del est udio minucioso de su enciclopédica obra, inconclusa, al igual que muchas otras, se puede extraer y desbrozar la ingente labor lexicográfica realizada por el Re y y sus colaboradores. De hecho, en el 2002 y bajo la dirección de Lloyd A. Ka ste y John J. Nitti, se publicó el Diccionario de la prosa castellana del rey Alfonso X . Se trata, como nos señala Ahumada (2008:14), de un viejo proyecto que hunde s us raíces, al igual que la obra de Castro 58 , en el magisterio de Ramón M enéndez Pidal, en el antiguo Centro de Estudios Históricos. Según Ahumada, este diccionario no es más que el primer paso de otro diccionario, el futuro Dictionary of the Old Spanish Language , bajo los auspicios de The Hispanic Society of America. 1.3.2. La lexicografía en la Edad Media en Francia El contexto social de este periodo no favorece el des arrollo de obras de tipo lexicográfico. Como nos indica Matoré (1968:45), durante la Edad Media se dan una serie de factores que hasta el siglo VIII impiden que se desarrolle, en algún grado, este tipo de obras. De entre esos factores cabe destacar: la caída del Imperio Romano y las invasiones bárbar as que tuvieron como consecuencia serias repercusiones demográficas, mora les, económicas e intelectuales. Esta situación propició la decadencia de los estu dios, lo que motivó el deterioro del latín clásico, produciéndose que cada ve z más existiera una mayor diferencia entre el latín de los hablantes, es decir, el latín vulgar (más tarde romance) y el clásico. De todo ello surgirá una situaci ón de dualismo lingüístico que persist irá hasta el siglo XVI. Así, de un lado, estaría el latín, lengua de la Iglesia y de la cultura, y de otro, el ro mance, lengua de la vida cotidiana, considerada inferior 59 . Sin embargo, como nos indica Matoré, en algunos campos, los dialectos le ganan terreno al latín. De este modo, los primero poemas hagiográficos y las primeras canciones de gesta se compusieron antes del año 58 Américo Castro, al edita r en 1936 los t res únicos glosari os latinos-españoles conservad os de la Edad Media, no duda en califi car al rey Alfons o X como nuestro primer lexicóg rafo: “en realidad, Alfonso el Sabio comp uso el primer dicci onario greco-latino -español, solo que lo dispersó a lo largo d e su inmensa producción”. 59 El bilingüismo de la gente cultivada, ad emás de la consideraci ón de la lengua romance com o una lengua inferior, tuvo con secuencias nefastas: por un a parte, impidió que el francés se desarrollara como lengua científica y, por otra, conllevó una cierta imprecisión pues la gente culta dudaba entre las do s lenguas a l a hora de expre sarse, produciéndose, por tanto, un a especie de vaivén entre el francé s y el latín (Matoré: 1968:46). 66 1100 en lengua vulgar. Igualmente, a partir del siglo XIII 60 , los dialectos, entre los que se encuent ra el francique, juegan un papel cada vez mayor, convirtiéndose en lengua de la cancillería real, de los archivos y de los actos tanto públicos como privados. Debemos esperar hasta lo s siglos VIII y IX para encontrar los primeros documentos escritos en lengua vernácula y en protofranc és. De este modo, el primer testimonio escrit o en lengua r omance son los Juramentos de Estrasburgo (842), primer texto oficial escr ito en protofrancés y en germánico. Se trata de un documento en el que se expresa la ayuda mutua entre dos de los nietos de Carlomagno, Carlos el Ca lvo y Luis el Germánico, en el que se establece una alianza para defenderse de su otro hermano Lotario. Estos juramentos fueron redactados y leídos viva voce en protofrancés y en lengua germánica por monarcas y tropa, con la finalidad de que fuese comprendido por todos. Además, como muestra de respeto y de hermanamiento, cada monarca leyó el texto en la lengua del otro , es decir, Carlos el Calvo lo leyó en germánico y Luis el Germánico lo leyó en protofrancés. Se trat a, por tanto, del primer testimonio de lengua romance en Francia, com pletamente distinto del latín, y que se considera como el docum ento que testimonia el nacimiento de la lengua francesa. Figura 6: Extracto de los Juramentos de Estrasburgo 60 Sin embargo , no fue hasta 1539 cuando Francisco I dicta la Ordo nnance de Villers-Cotterêt s , por la que se obliga a que todos los a ctos administrativos del reino se red actasen en lengua romance y no en latín. 67 Otro de los primeros documentos redactados en lengua romance que se conserva es, precisamente, un glosario: Las Glosas de Reichenau (finales del siglo VIII). Este glosario debe su nombre al lugar donde fue hallado, la Abadía de Reichenau, y está compuesto por do s manuscritos: el primero de ellos cuenta con una lista de unos 1.200 térmi nos, mientras que el segundo sólo nos ofrece 84; en él se traduce en lengua vernácula las palabras difíciles de la Vulgata 61 , además de un listad o de palabras variado. Los términos se encuentran alineados en dos columnas: en la de la izquierda, enc ontramos las palabras latinas, mientras que en la der echa, encontramos su equivalente en lengua romance. Sin embar go, este documento no si empre nos ofrece la traducción en lengua romance, sino que co mo nos indica Pruvost (2003a:462), las explicaciones que encontramos, unas veces, se limitan a ofrecer un equivalente en latín más sencillo y, en otras, nos ofrecen una t raducción en lengua romance. Según Pe rret (2008:37) este docu mento resulta de gran interés dado que testimonia la desaparición de bas t antes términos del latín clásico. Asimismo, se emplean distintos métodos definitorios como la sinonimia, la descripción del referent e, la etimología, etc. Además de estas glosas, junto con las de Cassel 62 , encontramos algunos otros glosarios dedicados a exp licar algunos pasajes obscuros de los manuales de gramática. Es te sería el caso del Dictionarius (en torno a 1220) de Jean de Garlande, en donde se recogen vo cablos latinos clasificados po r temas, al igual que la obr a de Guille lmus Brito, la Su mma , o el Doctrinale de Alexandre de Villedieu (1199) cuyas gl osas fueron redactadas hacia 1270. Otros documentos de carácter lexic ogr áfico y con rasgos enciclopédicos son los léxicos metódicos en donde las palabras se agrupan de manera temática; un ejemplo de estos es el manuscrito 369 de Lille donde encontramos léxico referido a las plantas , los animales, el cuerpo humano, etc. Igualmente, otro tipo de material lexicográfico de esta época lo constituyen los léxicos 61 Esta traducción de la Bibli a del hebreo y del griego al latín, realizada a prin cipios del siglo V por Jerónimo de Estridón, San Jerónim o, tení a como objetivo que fuera más fácil de entender y más exacta que sus ante cesoras; por ello, se escri bió en latín vulgar y no clási co. De hecho, a pesar de que ya en el s. VIII presentaba dificu ltades de comprensión, se ha mantenido como e l texto bíblico oficial de la Iglesia católi ca roma na hasta 1979 cuan do se promulgó la Neovul gata. 62 Este glosario, también conocido como Kassel , mucho más breve que el de Reichena u , cuenta con 265 términos , se refiere, en su mayor parte, a léxico corrie nte organizado por cate gorías . La mayor pa rte de es te voca bulario está red actad o en germán ico, sin e mbargo encontramos algun os términos en proto- francés. 68 alfabéticos que nos ofrecen en francés un número limitado de vocablos latinos . Se trata de compilaciones cuyo autor se desconoce, lo que ha motivado que se hayan denominado según la primera palabra que recogen; de este modo, nos encontramos, por ejemplo con los denominados como Abba, Abavus , entre otros. Ya en el siglo XIV aparecen los primeros intentos de léxicos cuya combinación es francés-latín, el más r enombrado de todos es el conocido como la adaptación francesa del Catholicon . 1.4. La lexicografía en el siglo XV 1.4.1. El siglo XV en España Dos factores que influirán de manera determinante en la lexicografía de este periodo son: la invención de la imprenta y el desplaz amiento del latín en las distintas obras publicadas; Haensch (1997:17) lo expl ica de la manera siguiente: Dos hechos importantes revolucionan la lexicografía a comienzos de la Edad Moderna: la suplantación del latín por las lenguas del pueblo en toda clase de publicaciones y la expansión de la imprenta en toda Europa, lo cual ponía los diccionarios, antes copiado s a mano y privilegio de una minoría, al alcance de un público más amplio. Como consecuencia de la caída de Constantinopla en 1453, la emigración a Italia de un número cons iderable de eruditos bizantinos que encontraron ocupación como profesores de griego originó una rápida extensión de esta lengua entre los estudiosos europeos, publicándose la primera gramática griega impresa en 1471. Esto llevó a los humanistas a interesarse también por las lenguas vernáculas, sien do Nebrija, profesor de latín d e la Universidad de Salam anca, el primero en escribir una gramática de una lengua vernácula en Europa. De esta manera, Nebrija publica la Gramática de la Lengua Castellana en 1492 63 ; con ella quedaban plasmadas por escrito y por primera vez las normas de la lengua castellana 64 . El hecho de escribir unas normas sobre el buen uso del castellano tuv o como principal consecuencia que éste dejase de ser una lengua vulgar y s e convirtier a en lengua culta, lugar 63 Sin embargo, el prim er tratado so bre nuest ra le ngua lo enco ntramos en 1433 cu ando D. Enrique de Villena pu blica Arte de Trobar ; su propósi to fue el de redactar una poética medieval y en él se aprecia ya un esbozo de una fonética y una ortografía castellan a. 64 A pesar de l o novedoso de la obra, é sta no consiguió sus fines p edagógicos y no volvió a ser editada. 69 reservado hasta entonces, exclusivamente al latín y al griego. El camino emprendido por el gramático español fue seguido más tarde por otros gramáticos del resto del continente. De este modo, podemos hablar de Trissino, quien publica una gram ática italiana en 1529; de Fernando Oliveira en Portugal en 1536, y de Louis Meigret en 1550 en Francia. Figura 7: Gramática de la Lengua Castellana de Antonio de Nebrija (1492) En cuanto a la lexicografía, durant e este periodo de estabilización de la lengua, encontramos en 1490 el Universal vocabulario en latín y romance de Alfonso de Palencia, publicado en Sevill a por mandato de la reina Isabel. Como señalan Barrajón López y Alvarado Ortega 65 , se trata del primer esfuerzo lexicográfico romance, aunque éste sea un diccionario de latín. A pesar de que nos encontramos ante una obra bilingüe latín-romance, su autor no sólo nos da el equivalente de la voz latina en ro mance sino que enriquece las entradas con más información. En palabras de Barrajón López y Alvarado Ortega: Entronca con la tradición de los glo sarios latino-romances de la Edad Media, pero los supera al tratarse de una obra de carácter enciclopédico que recoge gran parte de la sabiduría almacenada por la tradición humanística. A pesar de ser una obra importante, quedará prácticamente oscurecida por la labor lingüí stica desempeñada por Nebrija. 65 “El siglo XV. La transi ción del español medi eval al clásico”, a rtículo disponible en línea [consulta:24-6-11]: http://www.cervantesvirtual .com/servlet/S irveObras/014820741012 51750780035 /p0000001.htm #I_0_ 70 Alfonso de Palencia ocupa un lugar privilegiado dentro de la historia de la lexicografía del español pues a pesar de que su diccionario es un repertorio bilingüe, se trata del primer diccionar io extenso que co ntiene nuestra lengua 66 . Aunque este diccionario tenga un marcado carácter medieval, por las fuentes utilizadas, la manera en que se disponen los materiales y las definiciones enciclopédicas que recuerdan a los glosario s mediolatinos, siendo heredero de la tradición isidoriana 67 , la intención de Palencia era renacentista. Alvar Ezquerra (1991:4) describe la evolución de Palencia de la siguiente manera: Alfonso de Palencia arrancó desde la tradición medieval, pero con una intención bien humanista, la de desterrar el latín vulgar, con la vista puesta en la antigüedad clásica, intención que también preside la actividad de Nebrija. Palencia había señalado el camino y Nebrija, con su empeño, lo hizo posible. No obstante, parece ser que el pr imer vocabulario de nuestra lengua, del que tenemos conocim iento, se di o el siglo XV; se trata de Vocablo s difíciles del castellano , conservado en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, en 37 hojas de una copia manuscrita de Ga llardo (Alvar Ezquerra 1991:3). De acuerdo con las palabras que aparecen en el “Prólogo” de la obra, el interés que llevó al autor a elaborarlo fue el de des terrar incorrecciones y fijar el recto uso de los términos, nos encontramos, por tanto, ante una obra de c arácter normativo y didáctico. Para Alvar Ezquerra, el interés lexicográfico de e ste vocabulario de centenar y m edio de palabras no es otro que el de ser el primer repertorio de voces de nuestra lengua qu e nos ha llegado, aunque sea en una copia muy posterior. La lexicografía moderna europea se inic ia hacia finales del siglo XV y comienzos del XVI 68 , pues hasta ese momento sólo existían los glosarios y 66 Según Alvar Ezquerra (1991:4) antes había aparecido la obra d e Joan Esteve (1489 ), Liber Elegantiarum , Venecia, P aganinu s de Paganinis; a hora reproducido en facsím il con estudio preliminar de Germán Col ón Doménech (Inculca, Castellón de l a Plana, 1988). El de Palenci a tiene parecidos con e sta obra, debido a sus fuente s. 67 Colón y Sobera nas (1979), en el estudio preliminar d e la edición facsímil del Diccionario (1492) de Nebrija, Puvill, Barcelona, pp. 7-36, señalan a Papias como fuente, a travé s de un ejemplo, con la finalidad de mostrar l a prolijidad de las explicaciones de Pa pias y Palencia, frente a la objetividad ci entífica de Nebrija. Co mo nos indi ca Alvar Ezquerra (1991), las muestras ha n sido ampliadas por Nied erehe, J. (1986:39-54): “Das Universal vocabulario des Alfonso de Palencia (1940) und sei ne Q uelle”, A. Quilis y H. Niederehe (eds.), The History of linguistic in Spain , John-Benjamins, Amsterdam-F iladelfia. Parece que, a partir de estos estudios, puede afirma rse que el U nive rsal vo cabul ario de Palenc ia es una traduc ción de l Elementarium Doctrinae rudimentum de Papias. 68 Cf. Quemada, B. (1990:55-78 ). 71 vocabularios medievales de tradición latina. Esta nueva etapa de la lexicografía en Europa nace en 1492, con el Diccionario latino-es pañol o Lexicon hoc est Dictionarium ex sermone latino in hispaniensem de Elio Antonio de Nebrija 69 . Este diccionario cuenta con veintidós mil entradas, lo que nos da una idea de la ingente labor lexicográfica de Nebrij a; además, en esta obra es donde s e documenta por primera vez la voz diccionario , mientras que en Francia, la referencia más antigua de esta voz la localizamos en 1531 en el diccionario de Robert d’Estienne: Dictionarium seu Lengu a Latina T hesaurus cum gallica fere interpretatione . No obstante, como nos indic an Corbella y Picó (1997:148), aunque Nebrija fue pi onero en el uso de est e térmi no, éste no se generalizó en castellano 70 hasta prácticamente el siglo XV III. Otra de l as características más destacables de este diccionario es la or ientación práctica que le otorga su autor, pues según se desprende de lo que él mis mo afirma, el léxico debe responder a las necesidades de com unicación entre los hablantes. Posteriormente, tres años más tarde, circa 1495, Nebrija publica el Dictionariu m ex hispaniensis in latinum sermonem o Vocabulario español-latín que, como subraya Alvar Ezquerra (1991:5), no se trata de una mera transposición del primero, como afirmaron algunos de sus coetáneos y como todavía hoy algunos siguen afirmando de vez en cua ndo, sino que es el r esultado de un trabajo concienzudo de reflexión y que las coincidencias entre éste y el Diccionario se deben a que ambos son frutos de un mismo árbol. La obra de Nebrija, tant o diccionarios como gram áticas, se debe, en gran medida, al sentimiento de decepci ón que éste mostraba por sus maestros y los métodos empleados. Fernández Sevilla (1974:6) refleja en las siguientes palabras el sentimient o que llevó a Nebrija 71 a realizar su obra: 69 Para una mayor informa ción acerca de la influe ncia de Nebrij a en la lexicografía mode rna europea Cf. Gallina, A. (19 59); Azorín-Fern ández, D. (2004); Alvar Ezquerra, M. (1 991); Guerrero, G. (1992): “La l exicografía bilingüe desde Neb rija a Oudin”, Actas del IV Congreso Internacional de EURA LEX , Bibliograf, Barcelona. 70 En Francia, en cambio , una vez que E stienne publica la palabra dictionnaire , sus predecesores continuaron utilizándolo como denom inado r de sus ob ras, si bie n es cierto q ue no de manera exclusiva. 71 A su vuelta de Italia y tra s estar tres años trabaja ndo con el A rzobispo de Sevilla, Nebrija gana dos cát edras en la Universid ad de Salama nca: una de gramática y otra de poéti ca. En palabras de Nebrija, él es el primero en cobrar dos sueldo s en la Universidad de Salamanca. Para profundizar sob re la vida de Nebrija en Sala manca, Cf. García Blanco, M. (1945): “La casa de Neb rija en Salamanca”, RFE t. XXIX, pp. 17-40. 72 Nebrija siente un profundo desprecio hacia los gramáticos, etimologistas y lexicólogos de su época, entre los que no halla ni uno solo que le merezca confianza: ninguno era capaz de definir y exponer con la debida precisión y claridad. Él se siente en la obligación de intentar poner remedios a esos males y sentar así las bases para unos procedimientos de trabajo serios, científicos y modernos. Según Alv ar Ezquerra (1991:5), el Diccionario de Nebrija marca una renovación en la lexicografía y la pauta que deberán seguir en Occidente los autores de repertorios le xicográficos posteriores 72 . Como nos indica este autor , Nebrija era conocedor de la tradición medieval y por ello, pudo romper con ella, a pesar de que en sus diccionarios todavía existan rastros de ésta. La explicación sobre dicha renovación nos la proporciona Manuel Seco (1980:88): Les quitó cuanto pudieran tener de adorno inútil o de explicaciones prolijas. Pervivieron explicaciones de carácter e nciclopédico pero no por herencia de la acumulación de saberes propias del Medievo, sino porque la separación en los diccionarios de lo enciclopédico y lo estrictamente léxico es más moderna, tanto qu e todavía hoy no se ha producido completamente, y es que acaso sean realmente inseparables. Consiguió que las estructuras de la s entradas fuera uniforme, como la de las abreviaturas y la de la ortografía, unifo rmidad que también se manifiesta en la información gramatical y en lo escueto de las equivalencias, y su modernidad se hace aún más patente si se le compara con el Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias (1611). Como todo texto, en él se pueden encontr ar ecos de sus predecesores, una polifonía textual; sin em bargo, la renovación lexi cográfica que supuso la obra de Nebrija 73 queda patente si, como indica Alvar Ezquerra, echando una mirada a nuestro entorno, nos percata mos de que aún falta medio siglo para que se publique en el país vecino, Francia, un diccionar io en el que figure el francés como lengua de entrada, el fr ancés-latín de Robert Estienne publicado en 1539. Además de servir de modelo para los lexicógrafos posteriores el diccionario de Nebrija tamb ién fue traducido; de esta manera encontramos, por ejemplo, la traducción al siciliano de Cristoforo Scobar (1519-1520). Se trata de 72 Cf. infra pp. 77-88. 73 Nebrija n o sólo publicó l os diccion arios referido s, sino que a demás, pu blicó tres diccionarios de especialidad en latín: Derecho, Me dicina y Sagr adas E scrituras. Como nos indica Ahumada (2008:15), e stos léxicos de dere cho y medicina se constituyen en el acta fundacion al de nacimiento de la lexicogra fía de especialidad del español. 73 encontrarnos con las primeras obras le xicográficas ori entadas hacia una reflexión de carácter metalingüístico. 1.5.1. El siglo XVI en España Al final del epígrafe que se refiere al siglo XV en España, ya apuntamos algunas obras concebidas en el siglo XVI, pues se trataba de diccionarios que tomaron la obra de Nebr ija como base, llegando incluso a plagiarlo y a traducirlo; la razón que nos llevó a incl uir estas obras en un siglo que no les correspondía, no fue otra que la de ofre cer una visión más completa sobre los diccionarios nebrisenses y su repercu sión. Este último extremo queda confirmado, por ejemplo, en el estudio que realizó Gloria Guerrero (1995), en el que se efectúa un recuento de la letr a A del diccionario de Nebrija y del diccionario Vocabulista Arábigo en Letra Castellana (1505) de Fray Pedro de Alcalá. De este recuento resulta que casi el 80% de las entradas del diccionar io de Alcalá correspondientes a la letr a A, ya estaban pr esentes en el Vocabulario español-latino de Nebrija. En consecuencia, G uerrero (1995:126) afirma que en Alcalá se puede hablar no sólo de influencia, sino in cluso de plagio, ya que prácticamente se trata del Nebr ija traducido al árabe. Esta última afirmación, aunque pueda parecernos demasiada rot unda, no deja de estar cargada de verdad puesto que, a pesar de que Alca lá reconoce partir de Nebrija para elaborar su propio diccionario, también nos ofrece información sobre lo que añade y suprime: “algunos nombres y verbos y otras partes de la oración que me ocurrieron. Dejé algunas que care cían de traducción arábiga”, por lo que en opinión de Azorín Fernández (2004:53), con esta información Alcalá da a entender que su contribución fue algo más que la mera copia de l original y que su labor también influyó en la macroestructura del diccionario. Sin embargo, como hemos visto anteriormente, parece que no fue así y, en consecuencia, el hecho de no reconocer que se trat a de una traducción con algunas modificaciones, ha llevado a varios estudiosos a calificar dicha obra de plagio. La circunstancia política del mom ento ejercerá una influencia notable en la lexicografía de este periodo; Acero Dur ántez (2003:178-179) lo refleja de la manera siguiente: Momento, este siglo XVI, en el que se inicia la historia de la enseñanza del español como lengua extranjera. Hecho que tiene lugar como 80 consecuencia del poder hegemónico que alca nza España en Europa con Carlos V. Conocer la lengua del Imperio será una necesidad, tanto en las áreas sometidas al dominio español, como en las que deseaban tener contactos con la administración y el comercio imperial. En Francia, Italia e Inglaterra se imprimirán obras para la enseñanza del español; pero será en los Países Bajos, dada la vinculación con la corona española, donde se den las condiciones más favorables par a acreditar la enseñanza de nuestra lengua. La ciudad de Amberes adquiere, durante varios siglos, notoria importancia como centro de enseñanza de lenguas. Aquí se publicarán un gran número de vocabularios multilingües con los que aprenderán espa ñol viajeros, comerciantes y diplomáticos de toda Europa. Est as obras, por la utilidad práctica inmediata que han adquirido, son de tamaño reducido lo que facilita su transporte y manejo 80 . Desde el punto de vista históric o cabe recordar que no sólo nos encontramos ante el comienzo del florecie nte comercio con América, sino ante unos importantes cambios de orden geopolítico. De esta manera, el nombramiento de Carlos I de España y V de Alemania como señor del Imperio en 1519 supuso para los Países Bajos, a excepc ión del Principado/Obispado de Lieja, la unificación territorial. Además del comercio con América, también debemos destacar la incorporación de la s nuevas rutas portuguesas para el comercio de las especias. Todas estas circunstancias, además de su indu stria textil, hicieron de Amberes la c iudad por tuaria más import ante de Occidente, dado que por su río Escalda y por su puerto marino ent raban o salían todas las mercancías que, más tarde, se repartirí an por el resto del continente. En palabras de Pablo Núñez (2010:59-60): No es de extrañar que fuera en este contexto de comerciantes extranjeros cohabitando en un mismo espacio donde surgirían las primeras obras multilingües del español. El conocimiento de lenguas suponía por todos estos motivos un incentivo o incluso una necesidad para la correcta realización de los negocios. De hecho, vimos que el primer libro en lengua castellana impreso fuera de la penín sula fue un manual de lenguas, manières de langage , el Vocabulario trilingüe de Vosterman de 1520 para aprender el francés, español y flamenco. Del mismo modo veremos que la práctica lingüística será relevante para la aparición de manuales entre lo s comerciantes venecianos con que hacer sus intercambios en las regiones orientales; no nos sorprende rá por tanto la importante relevancia que alcanzaría la imprenta en uno u otro de estos territorios. 80 Podemos, en conse cuencia, afirmar que co n este cambio de orientaci ón en las edicio nes de obras lexicográfica s asistimos, en el si glo XVI, al nacimiento, en cierto mod o, de los repertorios de tamaño reducido, es de cir, a los precursores de los di ccio narios de bolsillio. Sin embargo, la lexicografía inglesa de este momento desta ca por mantener un tipo de repertorio de dimensiones notables. 81 Esta ferviente actividad comercial tuvo además, como resultado que los diccionarios salieran del entorno que, hasta aquel mo mento, había sido su lugar de destino: escuelas catedralicia s y universidades. Este hecho tuvo dos consecuencias de important e consideración: de un lado, su tamaño debió reducirse 81 para facilitar su transporte y manej o, y de otro, la aparición de lo s vocabularios políglotos. Dada la profusión de obras pl urilingües en las que el español tiene cabida, resulta necesario nombrar una se rie de repertorios que, a pesar de no ser españoles o de no haberse editado en Es paña, forman parte de la historia lexicográfica de nuestra l engua. Por ello, como advertíamos en las primeras páginas del presente capítulo, las circ unstancias nos obligan a difuminar las fronteras y a establecer referencia s cruzadas con obras editadas en otros países; y por esta razón, sucederá lo mismo en lo referente a las obras en las que figura la lengua francesa. Sin embar go, en aras de una mayor claridad expositiva, seguiremos con la estruc turación hasta aquí llev ada a cabo y aquellas obras en las que figuren el francés y el español frente a otras lenguas europeas, las situaremos en la historia le xicográfica del país en el que mayor repercusión hayan tenido 82 . 1.5.1.1. La Lexicografía español-latín y viceversa En primer lugar queremos señalar que, a pesar del auge de las obras de carácter plurilingüe con leng uas romances, el latín continúa mantenien do un lugar destacado dentro de la le xicografía de este siglo. Coetáneo de Nebrija y de Palencia, en 1499 83 , Rodrigo Fernández de Santaella publica en Sevilla el Vocabularium ecclesiasticum . Se trata de un diccionario monodirec cional español-latín c oncebido para facilitar les la labor a los clérigos ya que éstos poseían pocos conocimientos de la lengua latina. Santaella se inspira en el Vocabulista ecclesiastico latino-volgare (Venecia, 81 No obstante, en lo s siglos veni deros, con la llegada de los diccionarios monolingües y atenuada la nece sidad de llevarlos co n uno mismo, su tamaño vuelve a aumentar. 82 Por ello y con el afán de no ser redundante, he mos decidido co nsagrar solam ente un epígrafe a la lexicog rafía plurilingüe de este siglo en el que figu ran el francés y el español; así pues, remitimos al e pígrafe. 1.5.2.4. “La lexico grafía plurilingüe del francés” de este trabajo., cf. supra 102-10 5. 83 A pesar de tratarse de un diccionario del siglo XV, hemos decidido inclui rlo en el XVI por la gran difusión que logró en este siglo y por tratarse de una obra fro nteriza entre un siglo y otro. 82 1479) del italiano Giov anni Bernardo da Savona (Medina Guerra 1996 y 2000) y, al igual que Nebrija y Palencia, su obra se basa en los gramáticos y lexicógrafos italianos que le precedieron como Lorenzo Valla (1406-1457 ) o Niccolò Perotti (1429-1480). El diccionario de Sant aella cont iene un número menor de entradas, unas 8.100, frente a las 14.000 del de Palenc ia o las 28.000 del de Nebrija. Sin embargo, para Acero Duránt ez (2003:184) el diccionario de Santaella se diferencia del de Nebr ija en que, mientras que és te último daba sólo las equivalencias y para una palabra tenía tantas entradas como acepciones, Santaella agrupa, generalm ente, en una entrada todas las acepciones de la palabra y señala en qué autor o texto eclesiástico podemos encontrar dicha palabra. Además, Santaella coincide en la estructuraci ón de su obra con la de Alfonso Fernández de Palencia y realiz a agrupaciones lexemáticas, además de introducir explicaciones gram aticales y etim ológicas en el artículo dándole, de este modo, el carácter enciclopédico típico de la lexicogr afía medieval. Asimismo, una característica destacabl e de este repertorio son las citas textuales que emplea; no en vano se trata del primer diccionario de nuest ra lengua que incluye citas textuales y adem ás, aporta las referencias abreviadas del texto de donde han sido extraídas las citas. Así pues, la obra de Santaella, más modesta que la de sus coetáneos y con una clara vocación didáctica, presenta dos aspectos de in nov ación lexicográfica: la agrupación en una sola entrada de las diferentes acepciones de una palabra y la inclusión de cit as, algo que sólo veremos en los diccionarios de siglos posteriores. De esta manera, como nos explica Alvar Ezquerra (2001:157): El Vocabulario de Santaella, pese a no ser tan conocido co mo los otros que se publicaron a finales del siglo X V, merece un lugar destacado dentro de la historia de nuestros diccionarios, pues no se limita a una parcela del léxico pese a lo indicado en su título, y en tan temprana edad contiene muestras de una concepción lexicográfica m uy moderna que la práctica tardará en aplicar a las obras. La obra de Santaella logró una gran difusión, como se desprende de las, al menos, veintiséis ediciones llev adas a cabo antes de 1566, fecha en que aparece la obra de Diego Jiménez Arias Lexicon Ecclesiasticum latinohispanicum que, como nos explica Bajo Pérez (2000:76), nace con la intención de superar y completar al Vocabularium de Santaella. 83 En 1587 en Salamanca, Antonio S ánchez de la Ballesta publica el Diccionario de vocablos castellanos aplicado a la propiedad latina 84 . Esta obra de carácter pedagógico recoge más de 10. 000 entradas además de locuciones, proverbios, refranes y citas. Bartolomé Bravo publica en Zaragoza en el año 1597 85 , el Thesaurus verborum ac phrasium ad orationem ex hispana latinam efficiendam & locupletandum . Se trata de un diccionario español -latín que alcanza bastante éxito, como corroboran las numerosa s ediciones elaboradas en los siglos posteriores. Según Acero Durántez (2003:1 85), las sucesivas ediciones fuer on corregidas y aumentadas, generalmente, por miembros de la Compañía de Jesús, aunque se continuó manteniendo el nombre de Bravo. Sin embargo, a partir de las adiciones del jesuita Pedro de Salas (Valladolid, 1645), el título de la obra fue variando de manera sucesiva 86 . 1.5.1.2. La lexicografía español-italiano y viceversa Empezaremos nuestro recorrido por la lexicografía de es te siglo que incluye el español en sus obras, adentrándonos en la lexicografía hispan o-it aliana. Como ha demostrado Gallina (1959) , la lexicografía hi spano-italiana es una lexicografía bastante temprana. Sus m odestos inicios los hallamos en Venecia en 1520, en la traducción que hizo el onubense Cristóbal Escobar del Vocabulario (1492) de Nebrija, y cuyo título es: Vocabularium ex latino sermone in siciliense et hispaniensem denuo traductum . Debemos igualmente citar la obra de Francesco Alunno (1543), La richezze della lingua volgare que incluye un apéndice titulado: “Voci o vero vo caboli, che vsano i Latini, Greci, Provenzali, Francesi, Spagnuoli, Thedeschi, Englesi, Gothi et altre nazioni”. 84 Para una mayor informa ción sobre esta obra cf. González Gon zález, E. Mª (2002): “Fuent es e influencias del Diccio nario de vocabl os castellanos aplicad os a la propiedad l atina de Alonso Sánchez de la Ballesta”, M. Campos Souto y J. I. Pérez Pascual (eds.), De historia de la lexicograf ía , Noia (A Coruña), Toxo soutos, pp. 119-136, (Col ección lingüística, 4). Median Guerra, A. Mª (19 93): “Fuentes del Di ccionario de Sá nchez de la Ballesta”, e n Revista de Filología Española , LXX III, 3-4, pp. 379-390. Medina Guerra, A. Mª (1 996): “Antonio de la Ba llesta, ¿ seudónimo?”, Alvar Ezque rra, M. (coord.): Estu dios de historias d e la lexicografía del español , Uni versidad de Málaga, Mála ga, pp. 43-47. (Estudios y ensayos/Unive rsidad de Málaga Filología, 6). 85 Este mismo autor realiza otro repertorio lexicográfico bilingüe latín-español, el Com pendium Marii Nizoli sive T hesau rrus Marci Tu lii Cicerones… cuya publicación no se llevó a cabo ha sta 1619, doce años despué s de la muerte de Bravo. 86 Sobre las distintas e diciones d el Thesa urus de Bravo, cf. Medina Guerra, A. Mª (1994): Los diccionarios bilingüe s del latín y el españ ol (1460-1619) , Universidad de Málaga , Málaga. 84 Según nos indica Alvar Ezquerra (1994: 636-651), no se trata de una obra políglota sino de un conjunt o de vocabularios bilin gües y, s egún Gallina (1959:14), la parte en la que se incluy e el español cuenta con un total aproximado de 1.400 voca blos. Otro tipo de obra de índole menor, desde el punto de vista lexicográfic o, pero que, en cambio, da muestras de la demanda social existente en lo que conc ierne a la necesidad de dispon er de este tipo de repertorios bilingües, son los glosario s que realizó el español Alfonso de Ulloa quien tradujo en 1553 La Celestina 87 y para facilita r su lectura incluyó un vocabulario con 886 voces y expresiones del texto consideradas dif íciles. Dentro de la incipiente lexic ografía hispano-italiana debemos, igualmente, señalar el diccionario, no publicado 88 , de Nicolás Landucci; este autor estructuró su obra en tres parte s: español-italiano, español-francés y español-vasco. Según Gallina (1959:12 9), las palabras españolas están tomadas del Vocabulario de Nebrija. Estos antecedentes marcarán el camino hacia el que será, no sólo el primer diccionario italiano- español, sino también, como nos indica Lope Blanch (1990:112), el primer diccionario di gno de este nombre en que la lengua española se ponía en relación co n cualquie r otro idioma románico, a excepción hecha del diccionario plur ilingüe de Ambrosio Ca lepino; se trata del Voca bulario de las dos lenguas T oscana y Castellana 89 (…), de Cristóbal de las Casas, publicado en Sevilla en 1570. Pa ra Azorín Fernández (2004:54), la relev ancia de este diccionario no se limita al hecho de ser el primero en confrontar el castellano con otra lengua vulgar, ta mbién se trata de un diccionario bidireccional. En la parte más amplia, la primera, la lengua de entrada es el italiano; según Gallina ( 1959:164), su nomenclatura está compuesta por 15.500 vocablos, mientras que la segunda se co rresponde con la parte español-latín y recoge unas 10.500 entradas. Según Az orín Fernández (2004:58), no cabe duda de que la fuente principal de De las Casas para la parte español-italiano de su diccionario fue el Vocabulario español-latino de Nebrija. Sin embargo, sobre la or iginalidad de este trabajo existe divergencia de opi niones; mientras que para Gallin a y Lope 87 Cf. Nieto Jiméne z, L. (1991): “Lo s glosarios d e 1553 de A. de Ulloa ”, Revista de Filología Española , LXXI, pp. 253-2 85. 88 Su manuscrito se conserv a en la Biblioteca Nacional de Mad rid. 89 Existe una edición facsímil moderna de este dicci onario: ed. Istmo, 1988, Madrid. 85 Blanch se trata de un trabajo original, pues De las Casas no se limita a copiar y a traducir al italiano la obra de Nebrija, sino qu e realiza un proceso de selección y reorganización del material que contenía la obra de Nebrija, para otros estudiosos como Guerrero (1995) , su autonomía no parece tan evidente. Sea cual sea su grado de originalid ad, nos encontramos ante el primer diccionario bilin güe bidireccional español -it aliano que, además será el único que se publique durante todo el siglo XVI. 1.5.1.3. La lexicograf ía español-inglés y viceversa A diferencia de lo que ocurrió con otras lenguas com o el francés o el italiano, los inicios de la le xicografía hispano-inglesa fueron tardíos. Sin embargo, según ha destacado Alvar Ezquerra (1991:9), la le xicografía bilingüe del castellano con otras lenguas románicas no surge hasta bien entrado el siglo XVI; con todo, parece que con el in glés fue más tardía que con otras lenguas de s u entorno. Es probable que este retraso en la elaboración de obras de este tipo se deba, en gran medida, a la fluctuac ión en las relaciones entre los dos países. Con el matrimonio ent re Felipe II y María Tudor se crea en las cortes de ambos países un clima favorable que se verá reflejado en las relaciones comerciales. Esta fluidez comercial tr aerá consigo que algunos comerciantes ingleses se instalen en España y vicevers a. Igualmente, este clima favorable permitirá que algunos eruditos, co mo Luis Vives o Antonio del Corro 90 , viajen a Inglaterra. Sin embargo, como veremos más adelante, la mayor parte de las obras lexicográficas que contienen ambas lenguas se elaboran en Inglaterra. Esto se debe, seguramente, a que en la s capitulaciones matrimoniales se estableció que el número de servidores españoles en la corte ing lesa fuera limitado; no así en lo referente a los se rvidores ingleses en la corte española. Esto debió de originar la necesidad de disponer de este tipo de material lexicográfico para favorecer la comunica ción dentro de la corte española entre los súbditos ingleses y españoles. 90 Según Martín Gomero, S. (1961:78-79): La en señanza del inglés en España , Gredos, Madrid, del Corro fue un frail e Jerónimo de un convento sevillano que al convertirse al calvinismo de bió huir de España. Fue e studiante y prof esor en Oxford, adem ás de pastor d e los españoles ca lvinistas exiliados y profe sor de español de Enrique IV de Francia pa ra quien escribió Regl as gramaticales pa ra aprender la le ngua española y francesa (1586), Oxford. 86 Así pues, una de las obras precursora s de esta inci piente lexicografía bilingüe fue una nomenclatura anóni ma datada de manera aproximada en 1554 y que constaba de 700 entradas: The boke of Engly sse and Spanische . Del mismo año y también anónimo es el Libro muy provechoso para saber la manera de leer y screvir y hablar angleis, y español, que cuenta con 1.780 voces que no siguen ningún tipo de or denación. Ya en 1 590, encontramos publicado en Londres The Spanish Grammer de Jo hn Thorius que incluye un apéndice que contiene un peq ueño glosario de s iete páginas titulado “The Spanish Dictionaire” que engloba 1.000 té rminos. Según Azorín Fernández (2004:66) ha quedado demostrado por Dáma so Alonso que la gramática de Thorius no es más que la traducción que éste hizo de la obra de Antonio del Corro (1586): Reglas gramaticales para apr ender la lengua española y francesa , a quien conoció en Oxford. Por la misma época, en 1591, se public a en Londres un manual para la enseñanza del español a los ingleses: The Spanish Schoolmaster de W. Stepney. Dicho manual cuenta al final con una nomenclatura de 1.700 vocablos. Como tantos otros manuales de la época, nos encontramos, en opinión de Bourland (1933:283-319) ante una obra no original, inspirad a en algún derivado del Vocabulaire de Berlaimont. La estructura de este manual es similar a la de otros manuales de la ép oca, a saber: modelos de conjugac ión, algunas indicaciones sobre pronunciación castellana, siete diálogos, los nombres de los días de la semana, los me ses y estaciones del año, un listado de proverbios y las plegarias cristianas más comunes. Finalmente, encontramos un vocabulario ordenado temáti camente, acorde con el carácter didáctico de la obra. Ese mismo año, 1591, se publica lo que se ha considerado el primer diccionar io bilingüe español-inglés; se tr ata de la obra escrita por Richard Percyval que se enc uentra integrada dentro de la gramática Biblioteca Hispanica que escribió este mismo autor. De las dos partes de que consta esta obra, la primera se refiere a un resum en de gramática cast ellana dispuesto en veintiuna páginas, mientras que la segunda es la que se corresponde con el diccionario que alberga 13.000 voces reco gidas en ses enta páginas. Como nos indica Acero Durántez (2003:198), se trata de un diccionario unidireccional español-inglés al que, como elemento au xiliador de la comprensión, se le añaden los equivalent es latinos. Por tant o, dado que estas glosas actuaban de 87 ayuda para distinguir acepc i ones, no podemos consider ar esta obra como un diccionario trilingüe sino bilingüe. Al igual que otros muchos dicci onarios de la época, el de Percyval también parte del Vocabulario español-latino de Nebrija, para establecer el inventario de las voces castellanas. De es te modo, del estudio realizado por Guerrero (1995:135) de la letra A de los dos diccionarios, se desprende que de un total de 1.723 entradas c ontadas en la letr a A del diccionario inglés y de las 2.437 de la letra A del de N ebrija, 995 son comunes. Como nos explica Azor ín Fernández (2004:67), esta diferencia numér ica a favor de Nebrija se debe al hecho de que Percyval desecha entr adas que en Nebrija actúan como matizaciones semánticas y que no s on recogidas como entradas, sino que figuran integradas, a modo de sinónimos, en las equivalencia s latinas de la microestructura. Dada la buena acogida que tuvo el diccionario de Percyval, en 1599 John Minsheu lo reedita bajo el título A Dictionarie in Spanis h and English (Londres, 1599) con importantes modifi caciones. Minsheu incluye la parte lexicográfica de Percyval a ex cepc ión de las correspondencias latinas. Añade además, una parte inglés-español, por lo que nos encontramos ante la primer a obra bidireccional de la lexicografía hispano-inglesa, e incorpora nuevos términos a la parte español-inglés con un incremento que llega a más de 27.000 entradas y, en cuanto a la parte inglés-español, recoge más de 18.000 entradas en total. Además del texto de Pe rcyval, para el incremento del número de entradas, Minsheu recurre como f uentes, a las obras de Nebrija y de Cristóbal De las Casas. La obra de Mi nsheu se completa con un listado de palabras árabes, refranes en ambas leng uas y una pequeña gr amática; esta obra se reeditará en 1623 con escasas modificaciones. 1.5.1.4. La lexicografía español-neerlandés y viceversa Los lazos entre España y los Países Bajo s comienz an a forjarse a finales del siglo XII por diversos motivos, pr incipalmente comerciales y religioso s (peregrinaciones a Santiago y cruzadas). De este modo, podríamos decir que tras una larga tradición de relaciones co merciales entre ambos países, éstas culminan, a finales del siglo XV, cuando Flandes y Holanda pas an a formar 88 parte del reino español con Felipe I, el Hermoso, y Carlos V. De esta manera, la historia de España y de los Países Bajos se mantuvo unida durante más de dos siglos. Esta situación política motivó que, al menos, en los ámbitos administrativos se diera una situaci ón de multilingüismo; así pues, conviv ieron el francés (valón) y el holandés (flamenc o) junto con el español. Las lenguas administrativas eran el francés y el español, mientras que el flamenco o neerlandés era la lengua de comunica ción entre las clases populares. Como no podía ser de otra manera, consecuencia de esa convivencia plurilingüe, además del im portante desarrollo comercial internacional de la zona, nace la necesidad de disponer de un tipo de obra prácti ca que auxilie la comunicación. A pesar de ello, no encontramos durante el siglo XVI ninguna obra de carácter bilingüe con el es pañol y el neerla ndés, sin realizar dist inciones con sus variantes principales, el flam enco y el holandés. Sin embargo, ambas lenguas aparecen confront adas en obras de carácter políglota, la mayoría, derivadas de Calepino y Berlaimont. De este modo, tenemos noticias de un repertorio anónimo trilingüe, fechado en 1520, el Vo cabulario para aprender francés, español y flamenco (Amberes). Debemos esperar hasta 1567 para encont rar otra publicación en la que figuren el español y el flamenco: Nomenclator, om nium rerum propria nomina variis linguis explicata indicans de Hadrianus Junius p ublicado, igualmente, en la ciudad de Amberes. Se trata de un vocabulario temático cuya lengua de entrada es el latín y en el que se dan los equivalentes en griego, alemán, flamenco, francés, italiano, español e in glés. En este reper torio temático, de carácter enciclopédico, encontramos térmi nos pertenecientes a campos como la filosofía, las ciencias o la historia con referencias a autoridades. Según Redondo Rodríguez (2008:115), si bien en este vocabulario no siempre se registran las equivalencia s en todas las lenguas, la importancia de la obra reside además, en que, de manera ocasional , incluy e definiciones en algunos de los idiomas registrados. Además de lo expresado por Redondo Rodríguez y de que parece indudable la influencia de Calepino y Nebrija, creemos que su importancia también radica en la inclus ión de autoridades y, tal vez, por ello, también podamos hablar de u na cierta influencia de S antaella pues, como ya 89 los instrumentos que las ciencias y las técnicas del siglo siguiente aprovecharán (Matoré: 1968). Así pues, esta nueva tendencia se expande y alcanza a Henri Estienne o al grupo de la Pléiade cuyos componentes, a pesar de defender el valor y la belleza de las obras escritas en la s lenguas de la Antigüedad Clásica, especialmente, el griego, def ienden la necesidad de cultiv ar e ilustrar el idioma nacional tomando como ejemplo a los clásicos. Igualmente, comienzan a publicarse en lengua franc esa obras de distintos tipos: medicina, farmacia, ciencias naturales, entre otras, lo que resulta una muestra de la incipiente generalización del francés en todos los ámbitos y del inicial declive del latín. Una decisión política, capital para el futuro desarrollo de la lengua francesa, fue la Ordenanza de Villers-Cotterêts, dictada por Francisco I el 15 de agosto de 1539. Con dicha ordenanza se declaraba el francés como lengua oficial del reino y se oblig aba a que todos los actos ju rídicos y administrativos se efectuaran y redactaran en francés. En cuanto a la lexicografía políglota con el francés, al igual que con otras lenguas modernas, surge a partir de diccionarios anteriores, ya sean repertorios latinos o extranjeros. Así pues , muchos lexicógrafos europeos de la época, entre ellos los franceses, toman como punto de partida el Calepino . Sin embargo, la mayor parte de obras plurili ngües en las que figura el francés será elaborada y editada fuera de Francia; una de las razones decis ivas para ello fue de índole religiosa, pues con la Reforma y las Guerras de Religión 98 numerosos estudiosos franceses, convertidos al protestantismo, debieron emigrar. En cuanto al desarrollo de los diccionar ios bilingües durante el siglo XVI, Quemada (1968:48) destaca lo que sigue: La publication des dicti onnaires bilingues du XVI e siècle ne peut être isolée de celle des multilingues auxquels ils sont liés génétiq uement à la manière des monolingues français aux bilingues latins qui les précédent. Seuls les répertoires français-flamand et français-anglais, issus essentiellement de manuels de conversation que justifient des contingences politiques ou économiques, constituent un e réalisation bilingue plus ancienne 99 . 98 1562-1598. 99 La publica ción de los di ccionario s bilingües del siglo XVI no pu ede ser aislada de la de los plurilingües con los que están vinculados ge néticamente, al igual que los m onolingües franceses a los bilingües latinos que los pr eceden. Únicamente, lo s repertorios francés - flamenco y francés-i nglés, nacidos esenci almente de los manuales de co nversación por 96 1.5.2.1. La lexicografía latín-francés y viceversa Según se desprende de varios estudios (Beaulieux 1904; Lindemann 1985; Lépinette 2001), hubo una influencia notable de la obra nebrisense en la lexicografía bilingüe lat ín-francés de este siglo. A pesar de que ni Quemada (1968) 100 ni Matoré (1968) mencionan ninguna de estas obras, ya en 1904 C harles Beaulieux ha bía señalado la existencia en algunas bibliotecas de una serie de vocabularios lat ín-francés en los que se mencionan el nombre de Nebr ija y el de Guillelmus Monachus de Villa Dei. Lindemann (1985:65) , por su parte, destaca el desinterés mostrado por los lexicólogos hacia esta serie de Vocabularius Nebrissensis . No obstante, Colón y Soberanas (1986:45), que examinaron la edición de 1511 (Lyon: S. Vicent), destacaron la ínfima calid ad de estos vocabularios. Sin embargo, Lépinette (2001:32) señala a este respecto que dicha opinión, f undada en el estudio de las primeras páginas del re pertorio, deberá confirmarse en lo que concierne a la parte francesa m ediante un estudio más profundo. Así pues, los distintos vocabulari os de los que aquí hablamos son los siguientes 101 : - Vocabularius Nebrissensis de 1517 (Lyon: Simon Vincent, 3ª edición según Lindemann). - Epithoma Vocabularum s.d. (Caen: Michel Augier, 7ª edición, según Lindemann). Este repertorio que lleva un título diferente al de sus predecesores también pretende, según su editor, haberse basado en fuentes distint as de los Vocabularius Nebrissensis anteriores 102 . - Vocabularius Nebrissensis (1538, París: Jean Sevetier, 11ª edición según Lindemann). Lépinette (2001) en su estudio “La her encia lexicográfica de Nebrija en Francia. Los Vocabularius nebrissensis latín-francés del siglo XVI” intenta cuestiones de orde n político o económi co, constituyen una realización bilingü e más antigüa [la traducción e s nuestra]. 100 No obstante, Quemad a (1968:39) hace referencia de manera muy general, a los glosarios latín-francés de la épo ca, apoyándose en el trabajo de Beaulieux (190 4). 101 Datos tomados de L épinette (2001). 102 Según Lépinette, por esta razón, los Epithoma, publicados todo s en Caen, ap arecen como una rama algo independie nte. Cf. Lépinette (2001:35). 97 demostrar la filiación con Nebrija de dichos vocabularios a través de la adaptación catalana (1507) del Lexicon de Nebrija, como fuente de las diferentes versiones del Vocabularius Nebrissensis editadas entre 1511 y 1541 . Remitimos a dicho estudio y a los de la s fuentes citadas par a la obtención de datos más detallados sobre este cap ítulo de la lexicografía francesa. No podemos seguir desarrollando nues tro trabajo sin detenernos en la figura de un hombre que resultó clave para la lexicografía del país galo: Robert Estienne. Nace en París en 1498 103 y fallece en Ginebra en 1559. En estos sesenta y un años, su vida transcurre entre ambas ci udades dedicada al servicio de las lenguas latina y franc esa. La época que le tocó vivir s e caracterizó por un profundo debate entre la lengua docta y las lenguas vernáculas, así como por cuestiones religiosas como la Reforma. Estienne no es ajeno a los acontecimientos del moment o y a pesar de contar con el favor de Francisco I, quien lo nombr a tipógrafo real para las lenguas latinas, griegas y hebreas, sufre las persecuciones de los teólogos de la Sor bona y debe refugiarse en Ginebra, donde se convierte al protestantismo. Su obra está impregnada de los dife rentes temas que centraron su interés: una producción religiosa con impr esiones de diversos t extos sagrados en distintas lenguas con y sin comentarios; producciones de tipo filológico con la edición de autores latinos y franceses y una producción lingüí stica, entre la que destacamos una gramática francesa: Grammaire française (1557) y por supuesto, la elaboración de un corpus le xicográfico, entre 1531 y 1554, de un total de ocho diccionarios o léxicos que, como subraya Furno (1999-2000:12), estaban destinados, tanto los unos como lo s otros, ya sea a marcar una fecha en la historia de la lexicografía, ya sea a permanecer dur ante largo tiempo como obras útiles y a menudo reimpresas. Según Furno (1999-2000:13) Estienne renu ncia a la elaboración de una edición revisada del Dictionariu m de Calepino y elabora el Thesaurus Linguae 103 Existen divergencias sob re la fecha de nacimi ento de Estienne, Matoré (1968 ), la sitúa en 1503, mientras que otros autore s la fijan en el año 1 498; en lo que parece que hay unanimi dad es en la fecha de defunci ón. Sobre la biografía d e Estienne cf. Brandon, E. (1904/1967): Robert Estienne et le dictionnaire françai s au XVI e siècle , Baltimore 1904, ana statique Ginebra, Slatkine, 1967, pág. 6 y Aquilon, P. (1997): “Estienn e (Robert)”, Centuriae latin ae, Cents figures humanistes de la Re naissance aux Lum ières offertes à Jacque s Chomarat , Colette Nativel (ed.), Droz, Travaux d’humanism e et Renaissance 31 4 , Ginebra, pp. 350-354. 98 Latinae publicado en 1531, la base sobre la que se asientan tod os los demás diccionarios de Estienne. El Thesaurus es un diccionario latino de talla media cuya característica más destacable es que ofrece explicac iones parciales en francés, es decir, algunas de las entradas latinas tienen su explicación en francés, ya que una explicación exclus iv amente latina corría el riesgo de resultar oscura 104 . El Thesaurus fue aumentado y enriquecido en la parte latina en la edición de 1536, en la que la parte francesa fue reducida. No obstante, si bien las explicaciones francesas ocuparon un lugar menor en esta edición, ganaron en el dominio de la expresión. Esta segunda edición aumentada será la antesala del Dictionar ium latino-gallicu m publicado en 1538, uno de los primeros de la lexicografía bilin güe en Francia. Dic ho repertorio toma de un lado, la estructura de los artículos del Thesaurus Linguae Latinae (1536) y de otro, las definiciones en francés del Thesaurus de 1531 q ue aumenta y completa. Para Quemada (1968:52), dentro de la larga serie de diccionarios que precedieron a la aparición de los diccionarios propiamente franceses, se observa que la importancia que se le otorga a cada una de las lenguas res ulta variable. En el caso de las obras francés -latín, la evolución de la presencia del francés sigue el recorrido siguiente: intr oducción del francés en el cuerpo de los artículos, presencia del francés en propor ciones cada vez mayor y substitución plena del latín. Igualmente, resulta conv eniente distinguir entre los bilingües reales en los que la lengua de entr ada no aparece nunca en el cuerpo del artículo, redactado exclusivamente en la lengua de s alida; y los semibilingües en los que la lengua de entrada es, ta mbién, utilizada par a comentarios y ejemplos de mayor o menor extensión. El diccionario que inaugura la lexi c ografía moderna en Francia, según los estudiosos en la materia (Quemada:19 68; Matoré:1968; Purvost:2006) es el Dictionnaire 105 français-latin, autrement dit les Mots français avec les manières d’user d’ iceux, tournée en latin de Robert Estienne (1539), mismo año en que se promulga la Ordenanza de Villers-Cotterêts. Sin embargo, como se ñala 104 El título de la obra hace la mención s iguiente: Cum gallica fere interpretatione . Sin embargo, la obra no es sistemática; de este m odo, al gunas de las ent radas están glo sadas únicam ente en francés (la s más escasas), otra s en latín y algunas en ambas len guas. 105 Según Pruvost (2006:462), Dictionaire fran çoislatin (con una sola n y sin guión). 99 Brandon (1904:69), aunque es ta obra tenga un valor clave para la histor ia de la lexicografía francesa, no debe considerarse como la finalidad del trabajo de Estienne, puesto que el objeto final de su obra, obra humanista mayor, es el del estudio de la lengua latina. Figura 8: Dictionnaire français-lat in, autrement dit le s Mots français avec les manières d’user d’iceux, tournée en latin de Robert Estienne (1539). Se trata del primer di ccionario francés cuya lengua de entrada es, precisamente, la lengua francesa y del pr imero que utiliza en su título la palabra diccionario escrita en lengua vernácula. Estamos ante un di ccionario que cuenta con 10.000 entradas dispuestas según el orden alfabético y cuya finalidad principal es la de facilitarles la lab or a los clérigos. En realidad, en la edición de 1539, nos encontramos ante la inversión de los artículos del diccionario latín-francés (Pruvost: 2006:462;Furno:1999-2000:13 ). Sin embargo, para Matoré (1968:60) se tr ata de la traducción del Thesaurus que Estienne había publicado con anterioridad 106 . Este diccionario no tiene sólo la particularidad de ser el primero que tiene sus entradas en lengua francesa, sino que además, como destaca Bray ( 1991:1793), de manera esporádica, casi 106 Estienne publica igualmente, el Diction ariolum puerorun , nacid o del latino-gallicum y el Mots françois rang ez selon l’ ordre des lettres , además de un diccionario de no mbres propios: Elucidarium poeticum cuya primera versión no es de Estienne. 100 accidental, se incorpora un trabajo de lexic ografía monolingüe. Como nos muestra Wooldridge (1977:70), de la ausen cia de un equivalente latino nace el artículo del diccionario monolingüe en francés: Vermine: toute sorte de petites bestes qui sengendrent de pourriture, comme Pólux, pulces, souris & rats. Il ne se peult dire en ung mot proprement en Latin. No obstant e, Bray (1991:1793) mati za este hecho advirtiéndonos de que se trata de un último recurso pues es la ausencia de un equ ivalente latino lo que obliga al lexicógrafo a em plear la lengua vernácula. La evolución de los diccionarios bilin gües y semibilingües de la que hablábamos con anterio ridad queda ilustrada en las diferentes reorganizaciones llevadas a cabo en el diccionar io de Estienne. Como consecuencia de ello, vemos cómo a medida que se va reeditando, su orientación hacia el conocimiento del francés es cada vez mayor. De esta manera, la edición de 1549 que coinci de, además, con la publicación de Defense et Illustration de la Langue françoise de Du Bellay 107 , imbuida del ideal humanista, le otorgará una ma yor importancia al materi al francés. Así, Estienne completa la nomenclatura francesa añadiendo numerosas entradas francesas en las que en más de una ocasión, no le da su equivalente latino. Según Wooldridge (1977:25), el diccionario de 1549 se propone redescubrir la riqueza de la lengua francesa; se trata de un diccionario francés para los franceses. Finalmente, en el “Prefacio” de la edición de 1573 108 J. Thierry destaca que este nuevo diccionario está orient ado más hacia la lengua moderna. 107 Esta obra resum e la doctrina d el grupo de l a Pléiade : el poe ta debe se rvir a la belleza dándole a la l engua francesa un aire de gran lit eratura, imitando a los A ntigüos. Ademá s, esta obra es una réplica al Art poétique (1548) de Th omas Sébillet q uien pretendía que l a poesía tuviese un papel orname ntal. 108 La edición d e 1549 es la última en la q ue participó Estienne. Las ediciones po steriores serán realizadas po r Jean Thierry y Jacqu es Depuys y finalizarán e n 1606 con la publicaci ón, debida a David Douceur, de la edició n póstuma de Je an Nicot (fallecid o en 1604; cf. Lanusse 18 93), edición esta última at ribuida, a vece s de manera erró nea, a Aimar de Ran connet (Bray 1991:1794). 101 1.5.2.2. La lexicografía monolingüe del francés Una obra que ha pasado casi desapercibi da para los investigadores es los Epithetes de Maurice La Porte (1571). Bray (1991:1795) sostiene que se trata de una obra de erudición típicamente hum anista que, durante mucho tiempo, ha sido eclipsada por la imponente seri e Estienne-Nicot. Este repertorio toma como modelo la segunda edición (1524) de los Epitheta latinos de Tixier de Ravisy. La obra de La Porte es adem ás, una obra lexicográfica de gr an trascendencia y así queda de manifiesto cuando Bierbach (1989:51) la califica como el primer testimonio de la le xicografía monolingüe francesa. De hecho, La Porte fue un avanzado para su época; su obra no se caracteriza por ser un diccionario de l engua que sigue el orden alf abético, sino por tratarse de un diccionario de coloca c iones. Entre las distintas informaciones que ofrece este repertorio, encontramos las de las bases de colocación que funcionan además, como entradas del diccionario. Según Bray (1991:1795) , en los Epithetes de La Porte se observa un trabajo de descripción del léxic o especialmente bien documentado cuyo estudio en profundidad, algo que todavía está por hacer, no dejará de aportar nuevos datos para nuestro conocimiento de la lexicografía del sigl o XVI. No obs tante, ya existen algunos trabajos que dejan entrever la importanc ia de la obra, como los de Bierbach (1987 y 1989) y Hausmann (1982). 1.5.2.3. La lexicografía plurilingüe del francés 109 Como nos indica Bray (1991), los reperto rios plurilingües en los que se recoge la lengua francesa durante el siglo XVI son numerosos; en cambio, el número de este tipo de obras editadas en Francia es mínimo. En realidad, la mayoría de las obras que contienen el francés en su nomenclatura son editadas fu era de Francia. En consecuencia, nosotros res eñaremos aquellos repertorios que, a pesar de contener varias lenguas y de no haberse editado en el país galo, forman parte de la historia de su le xicografía según la literatura 109 En lo que a l a lexicografía bilingüe francoespañola del siglo XVI se refiere, se reduce a lo ya expresado en la parte de nuestro trabajo concerniente al desarro llo de la lexicografía bilingüe española en el siglo XVI, cf. supra pp. 91-94, razón ésta que nos lleva a no elabora r ningún epígrafe de lexicog rafía francoespañola en la p art e referida al desarrollo de la lexicografía francesa durante el siglo X VI. 102 especializada 110 . En este punto, encontramos cierto conflicto cuando hablamos de repertorios que contienen el francés y el español, puesto que existen referencias sobre ellos en los dist intos trabajos que se ocupan de la historiografía lexicográfica en cada país; este sería el caso por ejemplo, de l a obra de Jacques de Liaño o Ledel 111 . Nosotros decidimos incluir su obra dentro de la lexicografía española, ya que el hecho de que se publicara en España f ue fruto de una realidad política y social. Además, el voc abulario de Ledel fue la única obra de estas características que se publicó en España. En 1510 s e publica en Roma la obra Introductio quaedam utilisima, sive vocabularius quattor linguarum latin, italien, allemand, français . Según Bray (1991:1790) , se trata de un repert orio derivado del primer diccionario bilingüe impreso de lenguas moder nas (italiano-alemán), el Introito e porta de Adam von Rottweil (Venecia 1477), del que conserva la clasificación ideológica. El Introductio se reeditará en 1516, 1518 y 1521. En la edición de 15 26, se añade el español, y en las sucesivas ediciones se irá ampliando con diferentes lenguas llegando a siete en 154 0. En la edición de 15 46, pasará a denominarse Dictionnaire des huict langaiges (París: Le Telier), del que conoceremos, como mínimo, nueve ediciones más hasta 1580. En 1514 aparece el Vocabularium Latinis, Gallic is et Theutonicis verbis scriptum de Jehan Thomas. Se trata de un vocabulario modesto que en 1514 cuenta con 34 folios y en la edición de 1587 con 48 folios. Este repertorio en cuatro lenguas cuya ordenación es ideológi ca se editará hasta finales de siglo; Claes (1977) cuenta hasta veinte ediciones entre 1514 y 1590. 110 Aunque no se trata de obras plurilingües sino bilingüe s, queremos destac ar dos obras lexicográficas sobre las que, de acue do con lo s datos de que disponemos, no existe ningún antecedente durante todo este siglo, en lo que a la l exicografía francesa se ref iere. Se trata de un vocabulario d e lenguas ameri ndias elabo rado po r Jacques Cartier (1545 ) y de un vocabulario bilingüe francé s-malí, elaborado por Houtma n en 1598. Dato s tomados de Quemada (1968:48-49). 111 Más que la obra de Ledel que, al fin y al cabo es un vocab ulario bilingüe, nos referimo s, a la obra de Horken s Recueil de dictionn aires Françoys, Espagnol z et Latins de H. Horken s (Bruselas, 1 599) cuyas n omenclaturas fran cesa y latina fue ron tomadas del diccionario de Estienne. Sin embarg o, como ya indicamos en su momento, dicha obra fue editad a en los Países Bajos españoles con motivo de la boda de la hija de Felipe II, razón ésta que nos ha llevado a incluirlo en la parte correspond iente a la historiografía de l a lexicografía española. 103 Quemada (1968:65) 112 , por su parte, menciona sin dar el nombre del auor autor, un Vocabularium latino-gallico-teutonicum publicado en Lyon en 1507 y modificado y reimpreso entre 1514 y 1515. Un diccionario de tamaño reduci do que verá su c ontinuidad en la segunda mitad del siglo XVI como diccionario bilingüe es el Solenissimo Vochabuolista. En un primer momento circuló como manuscrito hasta que en el año 1477 se publica en Venecia con una no menclatura alemán-italiano; en el año 1510 en Roma será traducido al franc és, del que se editarán por lo menos, nueve copias en París y Lyon entre 1542 y 1583, siendo su última edición la del año 1630 (Rossebastiano 1984:41-71). También hay constancia de un repertorio trilingüe latín-italiano-francés, el Vocabulaire des trois langues publicado en París probablemente entre 1531 y 1545. Durante la segunda mitad del siglo XVI, los repertorios con nomenclaturas francesas continúan editándose con pocas modificaciones. En Flandes, en 1534, se publica el Dilucid issimus dictionarius cuya nomenclatura está conformada por cinco lenguas: latín, francés, neerlandés, español e italiano. Jean Desmarez, conocido como Paludanus, imprime en Gante en 1544 un diccionario escolar: Dictionar iolum rerum maxime volgarium in c ommune m puerorum usum , un repertorio trilingüe latín-f rancés-neerlandés. En 1567, se publica el Nomenclator om nium rerum propia nomina variis li nguis explicata indicans de Hadrianus Junius 113 , un repertorio plurilingüe de ordenación ideológica, cuyas entradas están en latín con correspondencias en griego, alemán, neerlandés. Italiano, francés y español. Este diccionario conocerá ocho ediciones hasta finales de siglo. En 1588 Meter Horst publica una edición trilingüe latín-alemán-francés. En 1563, J. St ore publica el Dictionnaire français- allemand-latin et a llemand-français-latin en el que el latín no funciona como lengua de entrada; s egún indica Quemada (1968:56), esta obra es el origen de una serie muy importante de repertorios del mismo tipo que continuará hasta la mitad del XVIII. En la ciudad de Am beres, en 1573 Andriet Madoets, corrector de la imprenta de Plantin, publica el Thesaurus Theutonic ae linguae un repertorio trilingüe flamenco-latín-francés. En 1576, en la misma ciudad, ven la luz los 112 Según Quemada, dato tomado de los i nventarios hechos po r Beaulieux. 113 Cf. infra pp.134. 104 Colloques ou Dialogues avec un Diction aire en six langues: Flamen, Anglois, Alleman, François, Espaignol, et Italien . Como nos indica Bray (1991:1791), se trata de entre los repertorios de su época, los que cuentan con una m ayor difusión; así se desprende de los datos recogidos por Claes (1977), en los que se da testimonio de hasta veintiséis ediciones entre 1576 y 1600. Respecto a los diccionarios plurili ngües en los que figuran el francés y el inglés, podemos destacar la obra de Ve ron (1552) en la que a partir de una nomenclatura latina figura el inglés y a su lado el francés; del mismo modo, en el año 15 72, se publica el diccionario trilingüe inglés-latín-francés de J ohn Higgins. Finalmente, otra obra políglota en la que figuran estas dos lenguas es el diccionario de John Baret 114 (1573-1580) cuya combi nación lingüística es inglés-latín-griego-francés. Este dicci onario de 793 páginas incluye también frases, proverbios e in dicaciones gramaticales Existen otros repertorios, menos conocidos, ya sea porque se trata de vocabularios temáticos, ya sea porque só lo se publicaron una vez; de este modo, podemos citar el Catalogus Plantarum Latine, Graece, Germ anicae, et Gallice de Conrad Gessner, publica do en Zürich en 1542; el Dictionariolum puerorum tribus linguis, Latina, Ga llica, et Germanica conscriptum , de Johanes Frisiu publicado en Züri ch en 1548, que deriva del Dictionariolum puerorum Latinogallicum de Robert Estienne (1542); el Onomasticon (1574), editado por Jobinus en Estrasburgo, un repertori o que recoge términos de medicina, química y filosofía en seis lenguas 115 . 1.5.2.4. La lexicografía francés-italiano y viceversa La evolución de la lexico grafía hace que, salvo raras excepciones, la lexicografía bilin güe con lenguas modernas se desarrolle durante la segunda mitad del siglo XVI. En el caso de la lexicografía bilingüe franco-italiana además, cabe destacar el hecho de que se produjera en zonas de influencia francófona como Lyon y especialment e, Génova. Bingen y Van Passen (1991:3008) señalan a este respecto que los tres primeros lexicógrafos 114 An Alvearie, or Quadruple Dictionarie Containin g Foure Sundrie Tungues: Nam elie, English, Latime, Greeke, and F rench Newlie Enrich ed with Varietie of Wordes, Phrases, Proverbs, and Divers Lightsome Obse rvation of Gramm ar , London. 115 Datos tomados de Claes (1977), en e ste trabajo se recogen más datos referent es a este tipo de lexicografía, nosotro s hemos preferido a puntar sólo alguno s de ellos y re mitimos al lector interesado en ello, a la obra citada. 105 Bartolomé Bravo 132 . El autor falleció en 1607, doce años antes de que su sobrino publicara su dicci onario en Valladolid. Este repertorio latín-español recoge unas 14.000 entradas entre las que encontramos algunos nombres propios y c onstrucciones pluriverbales. En el “Prólogo” su autor insiste en el carácter didáctico de la obra. Se aprecia este hecho además, en la contextualización de la s voces de las entradas a través de los ejemplos y como destaca Medina Gue rra, salvo en rarísimas ocasiones, no se cita de dónde son tomados los ejemplos, pues el model o al igual que en el Thesaurus 133 , es Marco Tulio Cicerón. En el prólogo de la obra, el autor destaca la labor realizada por Estienne, Calepino o Nizzoli; sin em bargo, debido a su tamaño estos repertorios result an incómodos en su manejo por lo que uno de los princ ipales objetivos de Bravo es ofrecer una obra de fácil manejo que englobe lo mejor de la lengua latina. Para ello, según nos indica en el “Pró logo”, toma como punto de partida la obra de Nizzoli 134 . El jesuita Baltasar Henrí quez publica 1679 en Madrid el Thesaurus vtrivsque linguae hispanae et latinae, omnivm correctissimvs . Para Gili Gaya (1960), se trata de una impor tante reelaboración del di ccionario latino-hispano de Nebrija, especialmente por el es mero en la reelaboración de las equivalencias latinas y no tanto por el número de palabr as nuevas que registra. Medina Guerra por su parte, ve ciertas semejanzas entre este repertorio y el Thesaurus de Bravo corregido por Salas; según esta autora, la contribución más importante de Henr íquez respecto de la obra de Br avo es la incorporación sistemática de voces no ciceronianas . 132 Bravo en 15 97 publica el Thesaurus ve rborum a c phrasium ad orationem ex hispana latinam efficiendam & locupl etandum , Cf. supra pág. 84 133 El jesuita Pedro de Salas efectúo valisas adici on es y modificaciones en ambos diccion arios, el Th esau rus y el Compendium , influyendo tanto en la macroestru ctura com o en la microestructura de los dos reperto rios. La primera edición del Thesa urus corregida por Salas parece que fue la impre sa en Valladolid en 1645 y la del Compendium parece q ue se corresponde con la imp resión en Valladolid de 16 71. 134 Según Medi na Guerra (2 008), segura mente, la edición de Nizzoli que utili zaría sería u na edición plurili ngüe inspirada de la obra de Cal epino. Al menos, a partir d e la edición aumen tada y corregida por Ped ro Salas en 1671, se re conoce la importa ncia del Diction arium de Ambrosio Calepino, cuy o nombre ocupa u n lugar importa nte en la portada del dicciona rio; razón ésta que llevó al Compendium a se r conocido pop ularmente como el Cale pino de Salas. 112 1.6.1.2. La lexicografía monolingüe del español Durante gran parte del siglo XVI, dom inaron los repertorios de carácter plurilingüe en toda Eu ropa; de este modo, en la pr imera mitad de siglo fueron las obras políglotas las que prevalecie ron, mientras que en la segunda mitad de siglo fueron los repertorios bilingües los que ocuparon un lugar predominante. Sin embargo, a partir de 1580 135 los diccionarios bili ngües comenzaron a dar paso a un nuevo tipo de repertorio lexicogr áf ico: el diccionario monolingüe. Así pues, el camino hacia el di ccionario de lengua monolingüe se compone de diversas etapas cuya culminación comienza en los últimos años del siglo XVI. A este respecto, Carriazo Ruiz y Mancho Duque (2003:207) indican lo que sigue: Las grandes compilaciones monolingües tardarán en llegar, aunque a partir del siglo X VI se elaboran glosarios 136 de términos marinos, de voces jurídicas o pertenecientes a la medicina. En buena medida, estos repertorios menores son interesantes en cuanto a la técnica lexicográfica subyacente, puesto que señalan el camino que lleva de la gran lexicografía enciclopédica latina bajo-medieval al diccionario monolingüe vulgar, incluídos los es pañoles. La lexicografía de esta época en Es paña comienza con el propio siglo XVII con la obra de Francisco del Rosal, Diccionario etimológico 137 (1601). No obstante, la tradición etimológica de la lengua romance había empezado su andadura aproximadamente, medio siglo antes 138 , cuando con motivo de la corriente renacentista de defensa de las lenguas vulgares surge una corriente histórico-filológica que busca en las raíces de la lengua su dignificación. Azorín Fernández (2004:97-130) destaca a este respecto que dicha corriente de estudios se convertirá en el germen de una nueva modalidad le xicográfica, la de los diccionarios etimológic os 139 , con los que s e inicia el cultivo del 135 En Francia este hecho se adelanta al a ño 1571 con la obra Epithete s de Maurice La Porte (1571) cf. supra pág. 102. 136 Nosotros por ra zones de t iempo y espacio no no s ocuparemos e n este trabajo de e ste tipo de repertorio, no obstante remitimo s al lector intere sado al trabajo de Ca rriazo Ruiz y Mancho Duque (2003 ) quienes realizan u na panorámi ca breve de este tipo de obras. 137 1601 es la fech a de concesión de la licencia para la impresión de Origen y etimología de todos los vo cablos original es de la leng ua castellan a, sin emb argo se trata de una o bra que no llegó a editarse. En 1992, Enrique Góm ez Aguado publicó una ed ición facsímil. 138 En 1565, Alejo Venegas publica Breve declaración o glosa de vocablo s oscuros . 139 Suponemos que cuando Azorín Fern ández (2004:101) se refiere a una n ueva modalidad lexicográfica al aludi r a los diccionario s etimológicos, lo h ace pensando en dicciona rios etimológicos en españ ol, pues sabemos que con el la tín existe una larga tradició n. 113 diccionario monolingü e, hasta entonces, inexistent e. Para Seco ( 1987a:99) con Covarrubias se corona una tradición no mu y larga de etimologist as del español que comenzó en 1565 140 con la obra de Alejo Venegas, Declaración de algunos vocablos , apéndice de Agonía del tránsito de la muerte . No obstante, como subrayan Carriazo Ruiz y Mancho Duque (2003) la finalidad de dichos estudios era demostrar la nobleza de las lenguas vulgares por lo que se pretendía equipararlas con el latín y el griego mediante conexiones más o menos forzadas. El Diccionario etimológico (1601) de Francisco del Rosal se enmarca dentro de la tradición etimológica de que venimos hablando; se trata de una obra de carácter histórico-descriptivo que cuenta con un cor pus que supera las 7.000 voces y que para Góme z Aguado (1992) represent a un híbrido entre un diccionario de palabras y uno de cosas en el que predomina el carácter enciclopédico. Este repertorio está compuesto por cuatro partes y ordenado según el alfabeto. De hecho, cada una de las partes lleva por título “ alfabet o de”, pues como nos indican Carriazo Ru iz y Mancho Duque (2003:217) su autor rechaza el término Tesoro y reivindica el de Alfabeto . Así pues, este diccionario está compuesto por los siguientes alfabetos: Alfabeto primero : Origen y etimología de todos los vocablos originales de la Lengua Castellana ; Alfabeto segundo: Del origen y razón de los nombre s propios de Lugares, Personas y Apellidos de Linages ; Alfabeto tercero : Razón y Declaración de algunos Refranes y Fórmulas Castellanas que dicen Hispanismos ; Alfabeto último : Razón y causa de algunas costumbres y opiniones recibidas, y de otras cosa s. Para Bajo Pérez (2000:85) la obra de Francisco del Rosal, pese a su escasa difusión, no es una obra menor; en la microestructura de sus entradas, además de ofrecer siempre la etimología y la definición, podemos encontrar informaciones acerca del uso de los vocablos. De igual manera, dentro de esta co rriente de estudios etimológicos encontramos el primer diccionario extenso monolingüe de la lengua castellana 141 : El Tesoro de la leng ua castellana o española de Sebastián de 140 Otros repertorio s etimológicos fueron: Recopil ación de algun os nombres a rábigos (1593) d e Diego de Guadix o Vocabulario etim ológico (1600) de Bartolomé Valverde. 141 Para Seco (1987:119) Covarrubia s fue el aut or del primer dicci onario monolingü e extenso, no sólo de España, sino de Europa. 114 Covarrubias (1611) 142 . Para Carriazo Ruiz (2003:443) , la toma de conciencia metalingüística alcanza al romance en la época de Carlos I, pero no será hasta el siglo XVII cuando los efectos de tal pr oceso se empiecen a manifestar en la lexicografía. Dicha manifestación queda plasmada princ ipalmente en el Tesoro de Covarrubias quien compuso el prim er diccionario extenso monolingüe y etimológico consagrado a la explicac ión del vocabulario cast ellano, con la salvedad del de Francisco de Rosal que lo precedió. Figura 9: El Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias (1611). En la imagen puede apreciarse cómo Covarrubias le dedica la obra al rey Felipe III. La obra de Covarrubias se caracteriz a por dirigirse a un público docto que conoce las lenguas clásicas o, como mínimo, el latín. Po r este motivo, las citas de autores clásicos que incl uye no están traducidas. Una de las características principales de este reperto rio es su finalidad, es decir, se trata de un diccionario etimológico por lo que las definiciones que en él encontramos actúan de apoyo a la información etimol ógica o, como subraya Bajo Pérez (2000), como mera info rmación complementaria. El Tesoro de Cov arrubias, según el rec uento que llevó a cabo Manuel Seco (1991), basándose en Martín de Riquer (1943), consta de 16.929 142 Ignacio Arel lano y Rafae l Zafra (2006) han el aborado una nueva edi ción del Tesoro de Covarrubia s. 115 términos, de los que 11.000 forman las en tradas de la nomen clatura (Calvo Pérez 1991:300; Seco 1991), a las que hay que añadir miles de voces más recogidas en la microestructura (Ca rriazo Ruiz y Mancho Duque 2003). No existen datos precisos sobre el tiempo que le llevó a Covarrubias redactar su diccionario; sin embargo, el propio autor deja entrever en numerosas ocasiones, su temor a no ve r finaliz ada su obra, tan laboriosa y extensa. Por esta raz ón, a partir de la letra C , Covarrubias procede a un recorte de la información enciclopédi ca de los artículos. Mart ín de Riquer (1943) estima que Covarrubias redactó su diccionario entre 1606 y 1610. La obra de Covarrubias ha sido es tudiada en profundidad (Seco: 1991; Carriazo Ruiz y Mancho Duque 2003; Azorín Fenández: 2004); de estos estudios podemos extraer algunas de sus principales características: - Defiende el hebreo como lengua madre universal. - Cita más de quinientas fuentes de diversa procedencia: grecolatina, italiana, francesa, por tuguesa y española (Aristófanes, Bocaccio, La Celestina , San Isidoro, Ronsard, entre otros) 143 . - No existe unificación de criterio en c uanto a la ortografía y a la extensión de los artículos; de hec ho, su propio apellido figur a escrito de distintas maneras. - El orden alfabético presenta ciertos errores. - Mezcla la información lingüística y enciclopédica. - Recopila términos especializados, voces regionales y voces antiguas del castellano y no se limita a las voces cultas, sino que intenta abarcar la mayor parte del vocabulario de su lengua. Otra de las características destacables del trabajo de Covarrubias es la presencia de marcas de tipo sociolingüí stico; así, junto a algunos términos encontramos la calificación de rusticos, poéticos o groseros, entre otros. En cuanto a las fuentes que utilizó Covarr ubias para la elaboración de su diccionario, Bajo Pére z (2000:87) destaca el Cale pino , especialmente, para las cinco primeras letras. Sobre el valor de la obra, esta mism a autora subraya: 143 Cf. Seco (1987a) estudi a las fuentes y autoridades citadas en el Tesoro. 116 El hecho de haber adaptado hast a cierto punto un diccionario latino al español no quita mérito alguno a una obra concebida enteramente en torno y a propósito de la lengua española; ni el latín es el protagonista ni estamos ante un diccionario multilingüe. Según Carriazo Ruiz y Mancho D uque (2003:227), Covarrubias utiliza diccionarios y obras que no lo son, pero que están provistas de índices alfabéticos. Así pues, algunas de las fuent es utilizadas en el Tesoro son las siguientes: para los términos latinos, Co varrubias utiliza fundamentalmente a Nebrija, al que cita como autor idad en 243 artículos, además del Calepino . Para el hebreo según Reyre (1997), toma como fuente a Benito Arias Montano y a Fray Pedro de Palencia. En cuanto a los términos de procedencia griega, el propio Covarrubias cita la s obras de Iohanes Montana, Lexicon (Basilea, 1589) y Estienne (1572), entre otros. Como f uente de las voces germánicas, se sirve principalmente de la obra de Goropius Becanus con su obra Origines Antuerpiae (Amberes, 1569); mientras que para los términos franceses utiliz a como fuentes las obras de Estienne (1 543), Thierry (1564), Nicot Dupuy s (1573) y el Dictionar iolum latino graeco gallicum de Horacio Tuscanella (Amberes, 1564), entre otros. Igualmente, Covarrubias preparó otro diccionario: el Suplemento al Tesoro de la lengua castellana o española 144 . Gili y Gaya 145 fecha el comienz o de su redacción en torno a 1612; aunque no llegó a publicarse. El Suplement o se conserva en el manuscrito 6159 146 de la Biblioteca Nacional de Madrid. El manuscrito, que cuenta con 318 folios, contiene términos marcados por un asterisco que se corresponden con vo ces nuevas y voces marcadas con una cruz, que funcionan como amplia ciones de los artículos del Tes oro . En total, recoge 2.179 artículos, la mayoría re ferentes a nombres propios de la historiografía: religiosos, seglares y mitológicos; de las voces recogidas sólo 144 Suplemento al Thesoro de la len gua caste llana de Don Sebastián de Co varrubias compuesto p or el mismo com o lo refiere en la voz Covarrubias y lo repit e en otras , de Sebastián de Covarrubia s. 145 Gil y Gaya incorporó todo el materi al nuevo del Suplemento , a excep ción de los nombres propios, a su Tesoro le xicográfico (1960) . 146 Georgina Dopico y Jacq ues Lerza lo han editado recientemente, en con creto, en 2001; el manuscrito que se con serva en la Biblioteca Nacional llega hasta la letra M . J. Crespo Hidalgo (1991) realizó una edi ción en microfich as que va acompañada de un estu dio, que es su te sis doctoral. 117 429 pertenecen al léxico común, y de éstas, 219 son voces nuev as 147 (Carriazo Ruiz y Mancho Duque 2003). Según Seco (1987a:107-108), el ver dadero reconocimient o de la obra de Covarrubias llegó en el siglo siguiente, cuando los fundadores de la Real Academia Española explotan ampliame nte su caudal y definiciones. Con anterioridad, la primera edición cuenta con mil ejemplares impresos 148 y sesenta y dos años más tarde, aparece una segunda edición con pobres adiciones elaboradas por Noydens 149 . A pesar de que como hemos visto, la obr a de Covarrubias obtuvo su reconocimiento en el siglo pos terior a su publicación, durante el siglo XVII se fraguaron dos repertorios que podrían cons iderarse como continuadores del trabajo de Covarrubias. El primero de todos es el Nuevo Tesoro de la Lengua Castellana compuesto por el religioso Fray Pablo Cenedo en torno a 1668. Son pocas las noticias que hay respecto a es te diccionario; Fray José Rodríguez, al parecer amigo del autor, es quien nos ofrece la descripción más completa del Nuevo Tesoro en su obra Biblioteca Valentina : Con la merced que hazía a Religiosos de mi hábito (…) somos testigos que vimos en su celda algunos libros de sermones y otros asuntos, con disposición de poderse estampar. Especialmente dos tomos en folio, puestos en limpio, escrito de letra suya (…) de la etimología y explicación de infinita vozes inusitadas, incógnitas y obscuras de la Lengua Española, con mucha propiedad y muy más dilación de orígenes y pruebas de los idiomas nacionales y del Antiguo de Castilla, que el Tesoro que gozamos de la misma lengua, compuesto por el ya nombrado arriba D. Sebastián de Covarrubias Orozco (...). Hemos oído decir que quando su muerte, les pidió el Reverendíssimo Padre General que governava aquella Sagrada e ilustrísima Religión, que pararon en su poder, y hasta oy no ay noticia ( sic ). Como nos indica Azorín Fernández (2004:145), parece que tras la muerte de Cenedo en 1673, todos sus papel es, incluido el manuscrito del 147 En este caso, no s referimos a vo ces nuevas re specto al Te soro , no a neologismos; de hecho, destaca la atenció n prestada a los a r caísmos procedentes, en su gran mayoría, de Las Partidas ; pero, también incluye tecni cismos pertenecientes a la artesanía, a la náutica o al arte de la guerra que re sultan la primera docum entación lexicográ fica monolingüe ante rior a Autoridades . 148 Seco se basa en C. Pérez Pastor, Bibliografía madrileña , II, 198. 149 Seco (1987a ) destaca la perspi cacia de alguno s coetáneos extra njeros de Co varrubias que supieron expl otar la riqueza de su obra y pone de ejemplo a Lo renzo Franci osini y su obra Vocabulario español e italia no (162 0). 118 Nuevo Tesoro de la Lengua Castellana , fueron enviados a Madrid por des eo del General de la Orden de la Merced; en la actualidad, se desconoce cuál fue el destino final de la obra de Cenedo y si se conserva en algún archivo. El segundo repertorio al que nos referíamos al hablar de los continuadores de Covarrubias es el Tesoro de la Lengua Castellana de Juan Francisco Ayala Manrique 150 . Se trata de una obra manu scrita que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid 151 . Consta de 254 páginas, algun as en blanco, y abarca hasta la letra C 152 inclusive. Según indi ca Azorín Fernández (2004), este repertorio comenzó a redac tarse en 1693, información que figura en la portada, pero ciertos artículos hacen referencia al Diccionario de Autoridades por lo que se deduce que el autor continuaba trabajando en s u redacción en 1726. De las 1.843 entradas contenidas en este primer tomo, 1.142 forman parte del Tesoro de Covarrubias, ya sea como lemas o como sublemas dentro de los artículos. Sin embargo, de las 700 adiciones de Ayala sólo 182 no han podido ser encontradas en diccionar ios anteriores, pues 467 figuran en el Diccionario de Autoridades y 51 se encuentran recogidas en diccionarios anteriores al académico. Finalmente, no podemos cerrar este c apítulo de la historia de nuestr a lexicografía sin aludir a un fenómeno lingüístico-literario que tuvo una importante repercusión en los repertorios lexicográficos que se editaron a partir de ese momento, incluidos los de la Academia, en los que todavía hoy figuran vocablos 153 procedentes de dicho fenómeno. Nos referimos al léxic o de germanía. La edición actual, en línea, del Diccionario de la Real Academia ofrece la definición siguiente de la voz germanía : (Del lat. germ ā nus, hermano).1. f. Jerga o manera de hablar de ladrones y rufianes, usada por ellos solos y compuesta de voces del idioma español con significación distinta de la verdad era, y de otros muchos vocablos de orígenes muy diversos. 150 Tesoro de la Leng ua Castellana. En que se añaden m uchos Vocablos. Etimologías y Advertencias, sobre el que escrivió el Doctísimo Don Sebastián de Covarrubias . 151 BNM ms. 135. 152 Gili Gaya (1960): “Bibliografía” en Tesoro le xicográf ico , CSIC, Madrid p. XVIII apunta que se conserva sólo el prim er tomo, hasta la letra C de lo que pu ede deducirse q ue existieron otros tomos, pues como destaca Azorín Fernánd ez en el tomo que se conserva figura en la po rtada “tomo primero”. 153 El término salud en la definición q ue nos ofre ce el DRAE (en línea) en la sexta acepción recoge lo que sigue: 6. f. germ. Inmunidad de qui en se acoge a lo sagrad o. 119 Si bien la Academia no ofrece información acerca de la datación del fenómeno, no resulta difícil situar el ori gen de la germanía a mediados de l siglo XV. Así, el relevante investigador sobre la ger manía , César Hernández Alonso 154 (1999:43) destaca lo que sigue: La germanía es un conjunto docu mental imprescindible para conocer la lengua de los estratos más bajos de la sociedad de los siglos XVI y XVII (y parte de finales del X V), con un extraordinario valor documental y testimonial que nos muestr a la intrahistoria de aquella España, la de los grupos marginales. Asimismo, es una de las fuentes más ricas en la renova ción y creación del léxico de nuestra lengua. El momento de esplendor de la germanía podemos localizarlo en la primera mitad del siglo XV II, cuando la vemos reflej ada en la literatura de los Siglos de Oro. En efecto, el m odo de expresión de estos rufianes quedó plasmado en las obras de género picaresco, los entremeses de Cervantes o en la poesía de Quevedo y en las novelas costumbristas (Hesse 1967:11). Los diccionarios, como productos que reflejan la s ociedad en la que se elaboran, no podían permanecer al mar gen del fenómeno de la germanía que impregnó durante estos siglos las obras liter arias; de esta manera, el repertorio lexicográfico insigne de la germanía es el Vocabulario de Germanía de Juan Hidalgo, impreso por vez primera en Barcelona en el año 1609, como complemento de Los romances de Germanía . Según Redondo Rodríguez (2006:577), el repertorio está compues to por 1.272 entradas extraídas del léxico de los romances y organizadas alfabéticamente. La información que nos brinda el Vocabulario es de tipo normativo, es decir, en la mayoría de las entradas se nos ofrece el equivalent e en castellano normativo; no obstante, en algunos de los lemas encontramos expl icaciones que podrían considerar se como auténticas definiciones. En cambio , el repertorio no ofrece información sobre las fuentes empleadas para las voces; tampoco encontramos en él ejemplos, etimologías o fr aseología. No obstante, si por algo destaca este 154 César He rnández Alonso junto con Beatriz S anz Alonso publi caron en 2002 el Dicci onari o de Germanía , donde p odemos encontrar u na relación de todas la s obras, literarias o lingüísticas, en las que figu ran voces de la germanía. Igualmente, otros autores se han ocupado d e la germanía: John Hill pu blica en 1945 Poesías germanesca s y en 1949, Voce s germ anesca s . José Luis Alonso Hernández publica en 1977 su tesis doctoral : El léxico del marginali smo del Siglo de Oro y El lenguaje de los maleantes españoles d e los siglos XV I y XVII: la germanía. 120 diccionario de germanías es por el hecho de que el Diccionario de Autoridades recogió su material léxico y, como señala Bajo Pérez (2000), constituye el primer ejemplo en español de diccionario con marcac ión diastrática y, en concreto, el primer diccionario de argot. Además de figurar este léxic o en el Diccionario de Autoridades , también traspasó fronteras; así, según los datos recogidos por Redondo Rodríguez (2006:578) de las 1.272 entradas del dicci onario de Chaves, 630 figuran en la obra de Covarrubias, hec ho que junto con el Diccionario de Autoridades debió de influir en la lexicografía elaborada en el extranjero con el español. De este modo, en el diccionario de Oudin se detectan 725 entradas y en el de Franciossini 737. No obstante a este re specto, Redondo Rodr íguez destaca lo que sigue: En resumen, sólo aparecen en esos grandes diccionarios de las lenguas romances la mitad de las palabras que publicó Cristóbal de Chaves, o bien, Juan Hidalgo. He repa sado las voces coincidentes y muchas de ellas lo son porque el término es polisémico u homónimo, pero mientras la significación de 1609 es puramente germánica, la del resto únicamente aluden a los significados tradicionales. Señalar, también, que ninguno de estos repertorios incluía marca diast rática en su microestructura. 1.6.1.3. La lexicografía plurilingüe del español El siglo XVII presenta pocas novedades res pecto al siglo anter ior en lo que a repertorios políglotos se refiere. Se suceden ediciones de obras pertenecientes al siglo pasado, algunas con adiciones de nuevas lenguas además de v arios repertorios de nueva creación. En 1627 se reedita el Calepino con once lenguas, en 1634 se edita la obra de Berlai mont con seis lenguas y en 1661 se publica el repertorio de Comenius, Janua linguarun reserata con cinco lenguas; en todos ellos figuran el francés y el español. Así pues, se seguir án publicando los llamados vocabularios que clasifican el léxico por materias, es decir, lo que conocemos con el nombre de nomenclaturas . De este modo, encontramos el Thesaurus linguarum de Juan Ángel Sumarán (Ingolstadt, 1626), un vocabulario pentágloto latín-italiano- español-francés-alemán, ordenado temáticamente. Además de la obra de Sumarán, en 1629 en V enecia s e publica la Nomenclatura Italiana, Francesa e Spagnola de G. A. Noviliers Clavel. Se tr ata de un repertorio estructurado en cincuenta y un capítulos en los que el te xto se distribuye en dos column as y 121 1.6.1.8. La lexicograf ía español-francés y viceversa 171 El interés por nuestra lengua surgió en Francia, en el siglo XVII, principalmente como consecuencia de la política matrimonial. De este modo, podemos identificar dos momentos que se corre sponden con la boda de Luis XIII con Ana de Austria (1614-1615) y con la boda de Luis XIV con Mª Teresa de Austria (1659-1660). Dichas nupcias suscita ron el interés por el español tanto de la aristocracia como de la clas e com erciante y de la burguesía, hecho fundamental para que el es tudio del español se co nsolide en Francia y aparezcan los primeros int entos serios de elaboraci ón de obras didácticas co n tal fin (Acero Durántez 2003). Estas políticas matrimoniales tenían como finalidad la consecución de objetivos políticos, alcanzados en a lgunas ocasiones, y la estab ilización d e ambos países, es decir, la implantación de periodos de paz. Si bien no siempre se lograban los objetivos políticos, estos matrimonios sí propiciaban, según Arr edondo (1984), la expansión de la cultura mediante el intercambio entre las Co rtes de costumbres, modas y obras artísticas. La llegada de Ana de Austria y de su séquito signific ó el comienzo del cambio en el país galo; Arredondo lo explica con las siguientes palabras: (...) lo español se puso de moda entre la nobleza; era de buen tono hablar el castellano, o al menos comprenderlo y el estudio de la lengua se fomentó sin duda, porque la Gramática española de César Oudin publicada en 1597 conoce siete reimpresiones hasta 1619. La colonia española en Francia se había ido incrementando con las sucesivas llegadas de exiliados huidos de la Inquisición, y de personajes que habían salido de España –como Antonio Pérez- por cuestiones políticas durante el reinado de Felipe II. B uena parte de estos españoles se dedicaban a la enseñanza del castellano y algunos de ellos alcanzaron puestos relevantes, como Ambrosio de Salazar, (...). Así pues, mientras en Francia surgía con fuerza el interés por lo español 172 , en España la situación era, prácticamente, la contraria. Durante el siglo XVII se traducen algunas obras de autores franceses y sólo algunos 171 A pesar de que a partir de la publicación de la ob ra de Liaño o Ledel (1565), no vuelve a publicarse en la Península ninguna obra bilingüe francés-españ ol, ni durante la segunda mi tad del siglo XVI ni durante t odo el siglo XVII, hemos decidido, por razones prácticas, aglutinar dentro de este epígrafe t oda la lexicografía bilingü e con el español y el francés qu e se dio durante el siglo XVII. Por tanto, en el apartado que se refiere a la lexicografía del francés durante el siglo XVII, no i ncluiremos ningún epígraf e referido a la lexicogr afía bilingüe con el español. 172 Arredondo, Mª S. (1984: 202-205) ofrece un listad o de las obras española s traducidas al francés dura nte ese periodo, además de referenc ias sobre la s adaptaciones preferidas por lo s franceses. 128 políticos y diplomáticos aprenden la lengua francesa (Cazorla Vivas, 2002). Por consiguiente, debemos fijar nuestra atenc ión en los lexicógrafos galos del momento para completar este capítulo de nuestra lexicografía. La lexicografía hispanofrancesa del siglo XVII comienza en 1604, con la publicación en París, de la obra de Jean Palet, Diccionario muy copioso de la lengua española y francesa . Estamos ante el primer di ccionario bidireccional y que según Azorín Fernández (2000:75), se basa, para la parte española en Cristóbal De las Casas e indirect amente en Nebrija; mientras que para la parte francesa, en Horkerns (Cooper 1962). Sin embargo, la obra que acapar ó todo el siglo XVII fue el Tesoro de las dos lenguas francesa y española de César Oudin (París, 1607); en opinión de numerosos estudiosos (Lépinette 1991; Cooper 1960; Acero Durántez 2003; Azorín Fernández 2004) este es el dicci onario francés-espa ñol por excelencia de todo el Siglo de Oro. Para Matoré (1968:65), la obra de Oudin resulta ser un instrumento valiosísimo por las dat aciones de las palabr as que nos proporciona; de esta maner a, gracias a esta obr a se mencionan por vez primera palabras francesas como: désagrément, déplorable y galimatias , ent re otras. Azorín Fernández (2004:76) descri be con las siguientes palabras la relevancia de la obra de Oudin: La importancia de la labor descriptiva que sobre el español de los Siglos de Oro llevó a cabo César Oudin no sólo se debe a la calidad de sus obras y a sus excelentes dotes de lexicógrafo y gramático, sino también al momento histórico en que éstas aparecieron: el cruce entre los sig los XVI y XVII. César Oudin es c onocido, ante todo, por ser el primero en traducir al francés la primera parte del Quijote (1614). Igualmente, sabemos que era un polígrafo francés en cuya obra co mpleta podemos encontrar trabajos gramaticales, lexicográficos y parem ilógicos, entre otros; además, desempeñó la labor de profesor y fue secretario e intérprete de lenguas extranjeras 173 de los reyes Enrique IV y Luis XIII. Oudin, además de elaborar un diccionario, publicó en 1597 la obra Grammaire Espagnole , de enorme éxito y con numerosas reediciones. 173 En los dato s sobre Ou din que nos o frece el Gra nd dictionnai re historique, ou m élange curieux de l’ Histoire sacrée et profane de Moréri (1697), destaca su labor como secretario e intérprete de lenguas extranje ras. Para una biografía más minuciosa cf. Zuili, M. (2005): “Nuevas apo rtaciones sobre el hispanista francés Cé sar Oudin (1560? -1625)”, Thelème, Revista Com plutense de Estudios Francese s 20 , pp. 203-211. 129 Igualmente, redactó los Diálogos muy apazibles escr itos en lengua española y traduzidos en francés (París, 1608) y unos Refranes o prover bios españoles traducidos en lengua francesa (París, 1605). En los últimos años se han des velado la s distintas fuentes de las que se valió Oudin para elaborar su Tesoro de las dos leng uas francesa y española . De este modo, se sabe que para la pr imera parte se basó principalmente en Horkens, Palet y Nebrija, mientras que para la segunda, utilizó la obra de Horkens. Sin embargo, lo que lo distin gue como un gran le xic ógrafo es la elaboración de las informaciones; Oudin pr escindió de lo que no le parecía apropiado para un diccionario b ilingüe, desarrolló lo que le parecía aconsejable añadiendo lo nuevo a lo ex istente, proporcionó soluci ones e hizo aportaciones (Alvar Ezquerra 1992). Para este autor, la valía como lexicógráfo de César Oudin queda ampliamente demostrada también por el empleo de las numerosas informaciones sobre los ni veles de uso o por las abundantes marcas de empleo, algo habitual en la actualidad, pero no en aquella época. En 1616 aparece la segunda edición del Tesoro con una ampliación de 5.000 artículos a la vez que fueron am pliados y corregidos otros que ya figuraban en la edición anterior. En esta ocasión, Oudin utilizó dos fuentes principales: el Tesoro de la lengua castellana o española de Covarrubias (1611) y el Tesoro de la lengua fr ancesa, italiana y española de Vittori (1609). Según Cooper (1960:37), O udin tomó del trabajo de Vittori la mitad de los materiales, mientras que una quinta parte procede del de Covarrubias. La tercera edición se publ icó todavía en vida de su autor, en París en 1621, mientras que los dos tomos de la cuarta edición se public arían en Bruselas en 1624 y en 1625. A partir de entonces, su hijo, Antoine Oudin, fue quien se encargó de su publicación y en la edic ión de 1645, con el fin de actualizar la obra, añadió nuevos materi ales en la parte francés-español. Tras el fallecimiento de padre e hijo, la obr a continuó public ándos e en lo que restaba de siglo. Durante el siglo siguiente, Francisco Sobrin o, oficial del ejército de Flandes, se apropió de la obr a y la publicó bajo su nombr e. Sobrino modificó el título de la obra que aprecería con el nombre de Diccionario nuevo de las dos lenguas española y francesa , publicado en Bruselas en 1705 174 . 174 Este diccionario cono ció hasta cinco reedici ones más: 1721, 1 734,1744, 1751 y 1760, toda s publicadas en Bruselas. Sobre la autoría de este repertorio cf. Verdonk, A. (1994): “La 130 De acuerdo con los datos aport ados por Niederehe (1987:19), a pesar del monopolio de la obra de Oudin, durante el si glo XVII se elaboraron otros dos diccionarios bilingües con el francés y el español: el Vocabulaire pour apprendre asiément et brievement à lire et parler la langue espagnole… , elaborado por François Huillerey en 1661 y un repertorio anónimo de título Diccionario muy copioso español y francés , publicado en Bruselas en el año 1670. Figura 10: Tesoro de las dos lenguas francesa y española de César Oudin lexicografía española en Fl andes. Confrontación del Diccionario nue vo de Sobrino (Bruselas, 1705) con su fuente principal: el Tesoro de Oudin (Bruselas, 1660 )”, Voz y Letra vol. 1 , pp. 105- 127; Puche, M. S. (1996): El Dicciona rio Nuevo de las Lengu as Española y Fran cesa de Francisco Sobrino: fuente s, contexto y estructura interna , Publicaciones de la Universidad de Alicante, Alicante. 131 1.6.2. Siglo XVII en Francia 175 El siglo XVII en Francia 176 resultó una época convulsa , llena de cambios y de guerras. A pesar de ello, el siglo XV II francés también supone una época de esplendor. Con Luís XIV, el “Rey Sol”, se consolida la monarquía absoluta y siguiendo su modelo, en otros reinos europeos se establece el despotismo ilustrado. La lengua francesa de este siglo ya goza de mayor estabilidad y prestigio; durante el Renac imiento, el léxico francés se había ampliado con la introducción de préstamos del griego y de l latín y con la introduc ción, a través de la literatura, de nume rosos barbarismos procedentes de Italia y de España. Durante este periodo, encontramos dos co rrientes de intereses lingüísticos: una que aspira a la investigación lingüística y otra, de corte normativo, que aspira a una lengua pulida, limpia y clara. Dentro de ésta última hallamos a autores como Malherbe quien defiende la concisión, la precis ión y la limpiez a de la lengua; igualmente Vaugelas con su obra Remarques s ur la langue française (1647), en la que el uso de la alta sociedad se impone como norma y, fi nalmente, la obra del abad Ménage, Observation sur la langue française (1671). El trabajo de estos gramáticos 175 Hemos deci dido no incl uir en esta parte de nue stro trabajo lo s epígrafes relativos a la lexicografía bilingüe del f rancés ni con el alemán ni con el neerlandé s; tal decisió n viene motivada por el hecho de que el tipo de lexicografía bilingüe entre esta s lenguas desa rrollado durante este pe riodo fue, en gran medida, reedici ones de diccionarios de los siglos precedentes; no obstante, en lo concerniente a la lexicografía bilingü e del fran cés con el alemán hemos obteni do datos relativos a dos obras: un repertorio an ónimo publicado en Francfort en 1607, Diction naire français-allemand et allem and-français y la obra de Du Clou x, Vocabulaire François ave c phraséologi e (fr.-all.) , publicada en Estra sburgo. Del mismo modo, tampoco hemos incluído ningún epígrafe referente a los pr imeros repertorios bilingües del francés con l as lenguas eslava s pues, con el sueco sólo se publi có uno dura nte todo el sig lo XVII, el Nouveau dictio nnaire françois-sved ois et svedois-françois (1745) de Levin Mölle r. Para más información sobre este diccion ario cf. Kahlman, A. (1991): “La lexi cographie biling üe suédois-fran çais, français-suédoi s” F. J. Hausmann et allí (eds.), Wörterbü cher, Dictiona ries, Dictionnaire s: Ein internationales Handb uch zur Le xicographie/ An Internation al Encyclopedia of Lexicograph y/ Enciclopédi e internationa le de lexicographie , W. De Gruyter, Berlín/Nueva York, t. III , pp. 3.040-3.043. En cu anto a la lexicografía bilingüe del fran cés con el danés, seg ún Rasmussen (1991) no fu e hasta el siglo XVIII cuando apareci ó el primer diccionario; sin embargo, Quemada (1968: 48-49) re coge que hu bo un diccio nario con esta combina ción lingüística en 162 8, Matras (1628). No o b stante, para un m ayor conocimiento sobr e la lexicografía bilingüe con el francés y el danés cf. Rasmussen, J. (1991): “La lexico graphie bilingüe avec le danois”, pp . 3.051-3.061, misma obra y editorial que Kahlman (1991). 176 Para un est udio más amplio sobre est e periodo de la historia de Francia, Cf. Tavenaus, R. (1965): Jansénisme et politique , Arm and-Colin, París; Ramba ud, A. (1933): Histoire de la civilisatio n française , Armand-Colin, París; Voltaire (1751-1 966): Le siècle de Louis XIV , Garnier-Flamarion, Parí s; Tournad, J. C. (1970): Introducction a l a vie littéraire du XVII e siècle , Bordas, París y Adam, A. (1962) : Histoire de la littérature fran çaise au XVII e siècle , 5 v ol., Éditions Mondiales, París. 132 franceses, de corte purista, se centra en la clasificación de las palabras de buen o mal uso; para Brunot (1909-1913) esta clasificación era, en muchos casos, arbitraria debido al desconocim iento de los orígenes de la lengua francesa. La lexicografía y la gramática de la época se ven impregnadas de la lógica cartesiana, a pesar de que co mo nos advierte Matoré (1968:63), Descartes prácticamente no se interesó por los asuntos lingüísticos ya que para él el lenguaje era un in strumento de la razón. Sin embargo, el método de Descartes influyó, con el paso del tiempo, en la gram ática y en la lexicografía gala. De esta manera, en 1660 ve la luz la Grammaire général e et raisonnée de Antoine Arnauld y Claude Lancelot, conocida como la Gramática de Port-Royal por la orden religiosa a la que pertenec ían sus autores. No se trata de una gramática de la lengu a francesa sino que, a través de ella, sus autores intentan reconstruir una única gramática subyacent e en diferentes lenguas: latín, griego, hebreo y otras lenguas vernáculas. La finali dad de esta gramátic a es captar la forma de pensamiento y de raz onamient o humano y para ello, se establecen dos clases de palabras: los objetos y la manera o forma del pensamiento que remiten a la dicotomía entre nombre y verbos. A diferencia de España, la lexi cografía monolingüe del francés debe esperar hasta los útimos veinte años del siglo XVII para aparecer en escena; por tanto, pasa más de un siglo entre la primera gramát ica de la lengua francesa, la de Louis Megret (1550) 177 y el primer dicci onario monolingüe del francés. No obstante, cabe recordar algu nas exc epciones, como el caso de los Epithethes de Maurice La Porte (1571); de la edi ción de Nicot del diccionario de Estienne (1606) o de las Curiositez françoises de Antoine Oudin (1640) y de la Bibliothèque universelle de Boyer du Petit Puys (1649). Sin embargo, estas obras contienen todavía alguna r eminiscencia latina y etimologist a por lo que, de manera general, se acepta que la lexicografía monolingüe francesa comenzó al final del siglo XVII. Durante los ochenta años precedent es , la lexicografía gala s e caracteriza por continuar con la s obras bilingües, esencialmente reproducciones y reediciones. Así, en los primeros tercios del siglo XVII se 177 Cf.supra pág. 95. 133 elaboran principalmente obras bilingües francés-latín; cl aro ejemplo del poder y de la intolerancia intelectual francesa de la época es el hecho de que los diccionarios bilingües del francés con las lenguas modernas se publicaran fuera de las fronteras francesas (Bray 1991). No obstante, el paso de los diccionarios bilingües a los monolingües supone, en sí mismo, una innovac ión, pues no debemos olvidar que durante siglos, hubo u na situación de colingüismo entre la lengua vernácula y el latín. Ya no se tr ata de traducir, sino de explicar las palabras y a través de ellas, las cosas; no se persigue exclusiv amente ilustrar los sentidos o las acepciones de las palabras, sino enseñar su uso codificado en la lengua. Estamos pues, ante los pr imeros diccionarios elaborados desde una óptica metalingüística (Quemada 1972). 1.6.2.1. La lexicografía francés-latín y viceversa La lexicografía del francés con el latín durante este siglo se caracteriza por una predominancia del latín en tanto que le ngua de entrada. En 1608, Junius publica en la ciudad de Douai la obra Nomenclator latin-français , mientras que en 1609, Coiffardus publica en Lyon su Dictionar ium latinum-gallicum . Las ediciones revisadas del diccionario de Es tienne rebas an las fronteras del siglo XVI y llegan al XVII. En esta nueva edición del Dictionaire françois-latin de Estienne, llevada a cabo por Nicot, hay un aumento importante de la nomenclatura francesa; según el rec uento que efectuó Wool dridge (1989) este repertorio incluye aproximadam ente 18. 000 términos. Según Bray (1991), Nicot se propuso elaborar un diccionario m onolingüe y por eso modificó su nom bre llamando a esta obra Thresor de la langue franç oyse, tant ancienne que moderne (1606). No estamos, sin embar go, ante el primer diccionario monolingüe del francés, sino ante un “s emibilingüe” siguien do la denominación empleada por Quemada (1968:57- 58); por tanto, no se trata de una obra ni completamente bilingüe ni completam ente monolingüe. No obstante, en la edición de Nicot encontramos artículos mo nolingües en francés y como destaca Bray, con Nicot la lexicografía se convie rte en filológica y li ngüística. Ya no se trabaja el léxico desde una perspectiva et imologista, como er a el caso de las otras ediciones del diccionario del Estienne; ahora se relacionan unos términos con otros e incluso algunos comentarios son de tipo normativo. 134 En el año 1625, Nic ot publica en Lyon el Grand dictionnaire françois-latin que, según reza en su título, contiene las observaciones de muchos hombres doctos. Parece ser que se trata de una edición aumentada del diccionario de Estienne en la que se le presta un especial interés a los términos relacionados con la marina, la montería y la cetrería 178 . En ese mismo año, el Padre jesuita Philibert Monet publica ta mbién en Lyon la obra Invantaire des deus langues françoise et latine, assorti des plus utile s curiosités de l’un et de l’autre idiome. Se trata de una obra cuya nomenclatura tiende a la exhaustividad en la que las citas o las traducciones en latín act úan c omo ejemplos, mientras que en los artículos encontramos verdaderos coment arios lexic ográfic os elaborados en lengua francesa. Por su parte, Comeni us publica en 1642 en París, la obra Janua linguarum reserata 179 , latín-francés. Finalmente, en el año 1657, Delb run publica en Toulouse la obra Grand apparat François, avec le latin y en 1664 se publican dos diccionarios con la combinación francés-latín ; el del Padre Gaudin: Nouveau dictionnaire François et latin y el del Padre Pomey: Dictionnaire royal des la ngues françoyse & lat ine . El Padre Pomey publicará más tarde, en 1667, un diccionario lat ín-francés, el Indiculus universalis y el Petit dictionnaire royal que será ampliado y publicado en 1671 con el título de Dictionnaire royal augmenté (fr.-lat.) ; este último cuenta con 1.006 páginas que se completan c on sesenta más de anexo y con una nomenclatura estimada en 25.000 palabras (Girardin 1995:22). Ese mismo año, Chaulmer publicará en París el Nouveau dictionnaire latin et français. Ya en 1673, el abad D anet publica el Dictionnaire français-latin que conocerá dos reediciones más: 1680 y 1683. El Padr e Pajot publica en Lyon en 16 73, el Nouveau dictionnaire français-latin enrichi y en 1674 Delbrun publica su Dictionnaire pour composer de françois en latin . Ya en 1687, el Padre Tachard 178 El título completo de la obra e s Le grand dictionnaire fran çois-latin: aug menté en cette édition... spécialement des mots de marine, veneri e, et faulconnerie... re cueilli des observations de plusieurs hommes doctes, entre au tres de M. Nicod . La obra , al igual que otras, puede consultarse en línea e n la biblioteca digital de l a Biblioteca Nacional de Fran cia, Gallica [consulta: 3-1-11]: http://gallica.bnf.fr 179 Para una m ayor información so bre Comenius, remitimos a la obra dirigida por Buisson, F. (1911): Nouveau dictionnaire de pédagogie et d’instru ction prim aire ; disponible en versión electrónica [consulta:3-1-1 1]: http://www.inrp.fr/edition-elect ronique/lodel/dictionnaire-fe rdinand- buisson/document.php?i d=2383 135 publica el Dictionarium novum latino-gallicum y el Padre Danet publica en París en 1691 su Magnum dictionarium la tinum et gallicum. Parece que en esta época existió cier ta polémica entre los lexicógrafos y los académicos sobre la inc lusión del latín en los diccionarios; así, mientras Furetière hacía saber de manera taj ante que las palabras latinas s ólo ocuparían un lugar mínimo en su diccionario , otros, como el Padre Danet, se mantuvieron al margen de dicha polémica. 1.6.2.2. La lexicografía monolingüe del francés Asegura Quemada (1972) que el nacimien to de la lexicografía monolingüe francesa sigue con una mayor o menor di stancia, el desarrollo de la lengua nacional y la evolución de los conceptos lingüísticos. Igualmente, no se puede desvincular el desarrollo de los t res grandes repertorios monolingües de este siglo, del de tres disciplinas, a saber, la gramática, la lógica y la retórica. Así pues, los dos enfoques gramaticales que caracterizaron a este s iglo influyeron en la elaboración de los repertorios monol ingües: el enfoque descriptivo del uso (Vauguelas y después Bouhour s) y la búsqueda de los fundam entos lógicos más generales, representados por la Gramática de Port-Royal . Dichos enfoques marcan diferencias notables en tre la obra de Richelet y la de la Academia (1684) 180 : buen uso/uso general y descripción/prescripción; variaciones estilísticas/empleo estándar, etc. Otro dato signi fic ativo que explica el lento desarrollo de esto s repertorios es el cambio constante del vocabulario francés durante este siglo. No obstante, estas no son las únicas influencias que marcaron la evolución de la lexicogra fía monolingüe en Francia; como afirman diferentes estudiosos (Quemada 1972, Pruvost 2006, Bray 1991), dos repertorios extranjeros fueron determi nantes para la lexicografía gala monolingüe: el Vocabolario della Crusca (1612) 181 influye de manera notable en el proyecto de Chapelain para la Academia , ya que se preveía la inclusión sistemática de citas de autores ya desaparecidos, y el Tesoro de la lengua castellana (1611) de Sebastián de Covarrubias cuya parte enciclopédica será 180 Las diferencias ent re el repertorio de Furetiè re y el de la Acade mia son más específicas: principios de orga nización de los artí culos, técnica s lexicográficas, etc. 181 Cf. François, A. (1920): “ Les origines i taliennes du Dictio nnaire de l’Académie française ” , en Mélanges d’histoire littéraire et de philologie offe rts à M. Bernard Bouvier, pp. 149-1 74, Genève. 136 retomada por Antoine Oudin (1675), per o especialmente por Furetière. No obstante, como nos advierte Quemada (1 972:100), hay que ser cautelosos a la hora de afirmar paternidades de manera tajante: (…) remaniés alternativement dans plusieurs pays, certains ouvrages plurilangues à succès connurent des filiations succesives e t complexes qui favorisèrent la const itution progressive d’un capital international de procédés et d’expériences. Pendant plusieurs siècle s, contenus et méthodes demeurèrent aussi indépendants des frontières que des genres établis 182 . La aparición en escena de los prim eros diccionarios monolingües franceses no hace sino constatar el fin de una etapa y el comienzo de una verdadera revolución que lleva a los le xicógrafos de la época a adentrarse en un desafío sin precedentes. Rey-Debove (1982) subraya que la lexicografía del XVII es la construcción y la llegada de l metalenguaje francés en oposición al metalenguaje latino; es decir, que el latín como lengua muerta y, por tanto, estable y fija, constituía un metalenguaj e artificial incapaz de analizar una lengua viva. Además, a la disparidad es tructural propia de las equivalencias bilingües había que añadir la ausencia de palabras latinas para designar las realidades contemporáneas. En consec uencia, el uso del francés como instrumento para las definiciones asegura la penetración en el sistema semántico de la lengua francesa y permite un importante avance e n el análisis del léxico. Por tanto, según Rey-Debov e, los tres diccionarios monolingües sincrónicos del XVII inauguran al mi s mo tiempo la construcción de un metalenguaje léxico y el ún ico análisis teóricamente sa tisfactorio del léxico y de la semántica del francés de la época. Así pues, la trilogía de dicci onarios monolingües del francés 183 de este siglo nace con la aparición en 1680 del Dictionaire François contenant les mots et les choses de Pierre Richelet. 182 (…) remodelados alternativamente en diferent es países, algunas obr as plurilingües de éxito conocerían filiacio nes sucesivas que f avorecerían l a progresiva constitución de un ca pital internacional de procedimientos y ex periencia s. Durante siglos, contenidos y métodos permanecie ron independientes tanto d e las fronteras como de los géneros estableci dos [la traducción e s nuestra]. 183 Para Leclercq (2006 ) el primer monolingüe de Europa e s el diccionario de la Acade mia francesa pues, aunque el Vocabolario della Crusca ofrece las entradas y la s definicione s en italiano, también pro porciona de man era sistem áti ca la traduc ción latina d e las entradas. Igualmente, el dicciona rio de Fureti ère contiene etimologías latinas. 137 1.6.2.3. La lexicografía plurilingüe del francés 193 La lexicografía plurilingüe de est e siglo, como ya advertíamos en el epígrafe correspondiente a la parte española, se caracteriza por la reedición de las obras del siglo anterior a las que, en al gunas ocasiones, se les añadía alguna lengua. No obstante, durante este periodo vio la luz algún repertorio de nueva elaboración; así, en el año 1600, Dec imator publica en Magdebourg el Thesaurus linguarum (lat., grec., heb., chal déen, fr., ital., flam., esp., angl.) ; este mismo autor publica también en es e año en la ciudad de Witterberg, el Sylva vocabularium (IIIème partie: la t., grec., heb., g allic., ital., germ.), y en 1606, publica el repertorio en ocho lenguas , Sylva vocabularium et phrasiu m octo lingua , aparecido en la misma ciudad. En el año 1603, Megiser publica un repertorio polígloto que incluye el francés, el Thesaurus polyglottus ; ese mismo año, Morel publica su Dictionario lum la t. graeco-gallicum . Al año siguiente, en 1604 Cauwdrey publica un repertorio plurilin güe, Table alphabeticall ( ang., héb., grec., lat., fr.) . En Francfort, Hulsius pub lica en 1606 un diccionario polígloto, el Dictionnaire a ll., fr., it., lat . y Nizzoli ese mismo año en Venecia publica el Thesaurus novus calepinus quator idiomatum voces. Igualmente, en 1606 Victor H. publica en Ginebra un dic cionario trilingüe, el Thresor des III langues fr., it., esp. Asimismo, también en 1606, aparece en la ciudad de Lyon una obra poliglota anónima, el Petit dictionnaire fr., it al., grec, vulgaire, turc, arabe, slavon, à la suite des pérégrinations de J. Palerne. En 1612, Voultier publica en Lyon el Grand dictionnaire fr., la t., grec d’après Estienne 194 y en 1614, en Estrasburgo, Bader public a un repertorio trilingüe, el Nomenclator lat., gall., germ. Por su parte, Junius publica en la ciudad de Amberes en 1623 un repertorio trilingüe, el Nomenclator lat., flam., fr., mientras que, en 1625 Nimutanus publica el trilingüe Dictionnaire harmonicum lat., gall., ital. Comenius publicó en Ginebra, en el año 1638, una edición trili ngüe, latín-francés-alemán del Janua linguarum reserata que volvería a editarse en el año 1642 en Amsterdam, con la combinación latín-flame nco-alemán. Al año si guiente y en la 193 Para una informa ción más amplia remitimo s al epígrafe de Lexicografía plurilingüe del español pp. supra 121-124, pues en su gran mayoría , se trata de repe rtorios que in cluyen las dos lenguas, el francés y e l español. 194 Para seguir la génesi s del dicciona rio de Estienne, cf. Wooldridge, T.: Le grand dictionnaire françois-latin, artículo en lí nea [consulta: 15-1-11]: http://www.etudes-francai ses.net/d ossiers/ wooldridge _gdfl/gd_3.htm 144 misma ciudad, Comenius publicaría otra versión del Janua linguarum reserata con la combinación latín-griego-francés. En 1661, en Amsterdam se publicaría de nuevo la obra de Comenius con dos lenguas más: latín-alemán-francés- italiano-español. Finalmente, este prolífico autor publica en 1684 un repertorio trilingüe latín-francés-flamenco, el Novum vestibulum. En 1642, encontramos la obra de Duez Dic tionnaire fr., all ., lat. et all., fr., lat. publicada en la ciudad de Leyden en dos volúmenes; este mismo autor ya había publicado en el año 16 40 una nomenclatura con la misma combinación lingüística. Igualmente, s egún datos recogidos por Azorín Fernández (1992:15), en 1659 Juliani publica en París la obra titulada Nomenclatura (fr., esp., ital.) y una reedición en dos tomos de este trabajo en 1668. Dentro de este epígrafe debemos incl uir además una obra de carácter híbrido entre un diccionario bi lingüe y uno plur ilingüe: el Dictionnaire français- allemand-latin et a llemand-français-latin de J. Stoer (1663) 195 ; en esta obra el latín no figura como lengua de entrada en ninguna de las dos combinaciones; no obstante, se trata del origen de una serie muy impor tante de repertorios de este tipo que se prolongará hasta la mitad del siglo XVIII. Del mismo modo, debemos mencionar la obra anónima Nouveau dictionnaire fr ançois-aleman et aleman-françois qu’accompagne le latin, et enrichi de tous les mots et de toutes les manières de parler que le bel-usage authorise dans les deux langues. Avec un ample vocabulaire latin-françois-al eman en faveur d’autres nations de l’Europe . Como puede desprenderse del títu lo se trata de un diccionario bidireccional que incluye además un voca bulario trilingüe francés-alemán-latín, por lo que el papel que se le otorga al latín de ntro de este repertorio es secundario. Quemada (1968:56) ta mbién hace referencia a otro diccionario del mismo tipo: Dictionnaire Orateur fr.-alle mand-lat. et allemand-fr.-lat. La inclusión del latín en este tipo de obras se justifica en la creencia de que la adición del latín a las obras de lenguas mo dernas favorecería la memorización de las palabras 196 . Para Quemada, este tipo de r epertorio son falsos trilingües ya que el lugar que ocupa una de las tres lenguas es mínimo. 195 Retting (1999) afirm a que esta es la últi ma versión publicada por l os herederos de Stoer, de la versión ampliada con el latín del diccionario de Hul sius. 196 Parece ser que esta teoría proviene de Alambert, cf. Quemada (1968:55). 145 1.6.2.4. La lexicografía francés-italiano y viceversa Durante el siglo XVII el francés y el italiano figuraron conjuntamente en algunos repertorios, de entre los que cabe destacar uno plurilingüe: Le Thésor des trois langues de Vittori 197 publicado en Ginebra en 1609 y en 1616-1617, y otro bilingüe: Recherches Italiennes et Françoises de Antoine Oudin. Este último, constituye una etapa important e de la lexico grafía bilingüe en francés e italiano (Bingen 1991). Oudin publica en 1640 la parte italiano-fr ancés y entre los años 1642 y 1643 publica ambas partes. Adem ás, Antoine Oudin introduce la gramática dentro del diccio nario que incluye una parte sintáctica de algunos lemas. Mientras en Francia y en Italia existe una tendencia normativa, Oudin mantiene una orientación le xicográfica sincrónica de la lengua en uso. Asimismo, existe una tercera edición 198 (1662-1663), en la que se aumenta la presencia gramatical y se incluyen apuntes sobre la conjugación y sobre la fonética. Igualmente, Oudin no excluye ni las palabras argóticas, ni los regionalismos; incluso introduce algunas palabras vulgares que contarán con una marca que las distingue, al igual que los arcaísmos; par a distinguir los latinismos Oudin utilizará un asterisco 199 . 1.6.2.5. La lexicografía francés-inglés y viceversa Como ya dijimos con anter ioridad, la lexicografía francesa con otras lenguas modernas se desarrollará durante este si glo fuera de las fr onteras galas; de esta manera, en los primeros años del siglo XVII verá la luz uno de los diccionarios bilingües (ingl és-francés) mejor estudiad o (Anderson 1978, Naïs 1968, Smith 1980, Rickard 1983, Smalley 1948). Cotgrave publica en 1611, la obra A Dictionarie of the French and English Tongues con la finalidad, según Haussman (1991), de que el públ ico inglés pudiera leer a los grandes escritores franceses del siglo XVI. Como señala Ricka rd (1983:7), el público inglés culto que era el que manejaba este tipo de ob ra, tenía conocimientos suficientes tanto del francés como del latín y acce so a las obras de Es tienne y Nicot; si n embargo, la consulta de este tipo de obra no le permitía acceder de manera 197 Cf. supra 124. 198 Esta edición no se rá la última, ya que este dicci onario conoció un gra n éxito (Van Passen 1981:56-61). 199 Cf. Bacetti Poli, R. (1953) : Saggio d’una bibliogra fia dei gerghi italiano , Padova; Prati, A. (1940): Voci di gega nti, vagabondi e malviventi , Pisa. 146 inmediata al equivalente en lengua inglesa; para ello debía recurrir a los repertorios bilingües publicados el siglo anterior. El objetivo que se marcó Cotgrave se traduciría en un diccionario de gran riqueza léxica con aproxim adamente 48.000 entradas francesas 200 , traducidas o explicadas en inglés y dist ribuidas a lo lar go de 900 páginas sin numerar y divididas en dos columnas (Rickart, 1983). El diccionario de Cotgrave sigue el orden alfabético y cuenta al final con un apéndice que contiene un resumen sobre la gramát ica francesa de aproxim adamente diez folios. Además, Cotgrave señala, en el cuerpo del diccionario , el género de los sustantivos y la forma femenina de lo s adjetivos. Igualment e, Haussman (1991) destaca que algunos de los términos que in cluyó Cotgrave en su diccionario no figuraban en los repertorios franceses de la época. El diccio nario de Cotgrave, cuya primera edición cont aba con 900 páginas y la se gunda (1632) con 1.316, volverá a editarse hasta en cuatro ocasiones, la última en 1672. El suizo Guy Miège publ ica en Inglaterra en 1667 A New Dictionary French and English, with Anot her Englis h and French (…) 201 que, segú n Haussman, es una reelaboración de l diccionario de Cotgrave. Dicha reelaboración se vio impregnada por la corriente francesa en la que se priorizaba la comprensión inmediata y el uso de un vocabulario básico. Est a modificación no gustó al público anglos ajón, habituado a la prosa francesa del 200 Rickard habla de mots-vedettes . Se trata de un término poco usual que nosotro s entendemos como aquellas p alabras que actúa n de entradas del diccionari o y que form an, al mismo tiempo, parte de la defini ción o, más co ncretamente, de térm inos utilizados en las definiciones y que los podemos enco ntrar como e ntradas del diccionario. Rickard ofrece el ejemplo siguiente: “Le fait est que l e Threso r de Nicot c ontient des ce ntaines, peut-être des milliers de m ots qui n’ y figurent pas comme mots-v edettes. Ainsi, rien que l’ article « beste » on relève trois vo cables, « brute », « ch evalin » et « arenes » qui manquent dan s la liste alphabétique des entrées.” [El hecho es que el Threso r de Nicot contie ne cientos, puede que miles de palabra s que no figuran co mo mots-v edettes . Así pues, sólo en el artículo beste encontramos tres voca blos, brute, chevalin y ar enes que no se encuentran recogid os en el listado alfabético de las e ntradas]. Tras consulta r l a traducción de este término con la RAE, hemos decidido tra ducir el término mots-v edettes por entradas , aunque como hemo s visto por la explicación, el recuent o que ha llevado a cabo Ricka rd no se refiere al número total de entradas del diccionario de Cotg rave, sino a aqu ellas que form an parte de las defini ciones y que, a su vez, figuran com o entradas del dicci onario. 201 A New Dictionary F rench and Engli sh, with A nother English and French; According to the Present Use, and Modern Ortho graphy of the French. Inrich’ d with New Words, Choice Phrases, and Apposite Proverbs; Digest ed into a Most Accurate Method; an d Contrived for the Use both of English and Foreiners . Para una mayo r información, remitimos al artículo de Aline Francœur (2010): “Fighting Cotgrave with Father Pomey: Guy Miège’ s Recourse to the Dictionaire Royal Augm enté (1671) in the Preparation of his New Dictionary F rench and Engli sh (1677)”, International Jou rnal of Lexicography , 23,(2) [con sulta:23-2-11]: http://ijl.oxfordjournals.org/ content/23/2/137.full 147 XVI, lo que llevó a Miège a publicar, dos años más tarde, un suplemento de la obra: Dictionary of barbarous French . Finalmente, un diccionar io que marcó un hito en la lexicografía bilingüe del inglés con el francés fue The Royal Dictionary de Abel Boyer (1699). Su éxito se debe en part e a que en aquel entonces no se disponía de un diccionario monolingüe de la lengua inglesa, por lo que el dicci onario de Boyer, a pesar de ser un diccionario bilin güe, se convirtió en la mejor fuente de consulta para la descripción de la lengua. El diccionario de Boy er se reeditará en numerosas ocasiones, tant o en Franc ia como en Inglat erra a lo largo de los siglos que siguen. Algunas de estas r eediciones aparecerán bajo el nombre de aquellos que las realizaron; así por ejemplo, Chambaud pub lica una nueva edición de la parte francés-inglés en 1761 a la que Robinet añadirá una parte inglés-francés en 1776 y así, hasta el diccionario de Flem ing/Tibbins de 1839- 43 en el que encontramos una gran parte del contenido del de Boyer. Según Haussman (1991), el dicci onario de Boyer no conocerá un sucesor hasta poco antes de la Segunda Guerra Mu ndial, cuando se publica el Harrap’s Standard de J. E. Mans ion (1934/39). 1.7. La lexicografía en el siglo XVIII 1.7.1. El siglo XVIII en España La lexicografía bilingü e y plurilingüe del español con el francés y viceversa d e este siglo y los que le siguen ya ha sido estudiada en profundidad 202 ; en consecuencia nosotros nos centraremos a partir de este momento, en los diccionarios monolingües par a continuar trazando el estudio diacrónico que nos llevará hasta la elabor ación de los dicci onarios culturales. Igualmente, a pesar de que el siglo XVII francés se caracteriz a por la aparición de los tres primeros repertorios monolingües, hemos resuel to esperar hasta el siglo XVIII para dedicar nuestro trabajo exclusivamente a este tipo de lexicografía, pues no es hasta ese momento, cuando se desa rrolla plenamente la lexicografía monolingüe en España 203 . Así, el último decenio del siglo XVII en Francia y el siglo XVIII en España conforman momentos cruciales en la evolución de la 202 A modo de ejem plo, cf. Cazorla Vivas, M. C. (2002): Lexicografía bilingüe de los siglo s XVIII y XIX con el español y el francés . Tesis docto ral, Universidad Co mplutense, disponible e n línea [consulta: 15-2-11]: http://eprints.ucm.es/te sis/fll/ucm-t26053.pdf 203 No obstante, en el siglo X VII ya contábamos con la obra d e Covarrubias. 148 lexicografía, pues asistimos, por primera vez, a la elaboración de diccionar ios desde un prisma metalingüístico cuyo objet ivo es explicar el funcionamiento de los vocablos dentro del propio sistema y no of recer una equivalencia interlingüística con la finalidad de socorrer la comunicación. El siglo XVIII español está marcado por la Guerra de Sucesión (1701- 1713) y por el Tratado de Ut rech (1713). La muerte de Ca rlos II trajo consigo el fin de la dinastía de los Habsburgo en Es paña y la instaurac ión de la Casa de Borbón. El ascenso al trono español de Felipe V representó una seria amenaza para el resto de países europeos, que temí an la hegem onía francesa y la unión de España y Francia bajo un mismo trono. Una vez que Carlos de Habsburgo hereda en 1711 el Imperio alemán, su inte rés por la corona de España pasa a un segundo término. Con el Tratado de Utr ech, Felipe V es reconocido por las potencias europeas como rey de España y éste a su vez renuncia a cualquier derecho dinástico sobre la corona frances a. España perdió los Países Bajos, además de Nápoles y Cer deña que pasarían a manos austriacas. Por su parte, Inglaterra obtuvo Gibralta r y Menorca junto con el navío de permiso , un derecho limitado para comerciar con las Indi as españolas. Asimismo, Inglaterra también obtuvo el asiento de negros con el que logró pe rmiso para comerciar con esclavos en las Indias. Sin embargo, a pesar de las pérdidas territoriales y de la crisis monárquica, el siglo XVIII español también se caracteriza por ser un periodo de amplias reformas con la finalidad de hacer un estado más eficaz. De este modo, en los primeros dieciséis años de este siglo, se promulgaron los Decretos de Nueva Planta con los que se abolieron los fueros e instituciones propias de los reinos de la Cor ona de Aragón, salvo los de las provincias vascas y Navarra que se mantuvieron como un privilegio por haber apoyado a Felipe V durante la Guerra de Sucesi ón. Igualmente, se llevó a cabo la implantación de un nuevo mode lo de administración territorial que dividí a el territorio en provincias. Otra de las reformas de este periodo fue la intensificación de la política regalista cu ya intenc ión era la de establecer la supremacía de la Corona y del poder civ il frente a la Iglesia. Esta polític a desembocó en la expulsión, en 1767, de la Compañía de Jesús y en un mayor control sobre la Inquisición. Por últi mo, también se llevaron a cabo reformas 149 como la Ley Agraria de Jovellanos o el Memorial Aj ustado de Campomanes, que contribuyeron a una cierta recuperación económica. Desde el punto de vis ta cultural, España se vio influida por la Ilustración venida de Francia e Italia. Como inst rumento de difusión de las luces se crearon las primeras academias: Real Academia de la Lengua, Medicina, Historia, Bellas Artes de San Fernando, además de la creación del Jardí n Botánico y del Gabinete de Historia Natu ral. Fruto del interés por los asuntos económicos y sociales, nacieron las Reales Sociedades Ec onómicas de Amigos del País. Y el interés por la educación y el progreso científico quedó plasmado a través de la reforma de las un iv ersidades y colegios mayores, y por la creación de nuevas instituciones de enseñanza secundaria. Igualmente, se desarrolló la literatura didáctica y crítica con autores como Jovellanos, Feijoo, Cadalso y Moratín. 1.7.1.1. La Real Academia Español a y el primer diccionario académico 204 A diferencia de Francia, el origen de la Real Ac ademia Española de la Lengua 205 (RAE) es privado; por tanto, no podemos hablar de una iniciativ a monárquica o estatal en pro del cuida do de nuestra lengua. Su fundación se debe a don Juan Manuel Fernández Pachec o, marqués de Villena, quien, fruto de las tertulias informales que mantenía en su casa, en el mes de junio de 1713 funda la Academia. Aproximadamente un año más tarde, en octubre de 1714 se logra la sanción del monarca, lo que motivó que a partir de ese momento pudiera portar en su nombre el apelat ivo de “Real”. Para Lázaro Carreter (1980b:85), uno de los principales motivos que condujeron a su creación fue el deseo patriótico de restablecer el pres tigio exterior del castellano, muy mermado con la decadencia política. De hecho, para este autor, la Academia no nació con una finalidad normativa de carácter purista: No fue así (…) Villena y sus amigos piensan, sobre todo, en el honor del país, y les mueve la vieja idea alejandrina, con huellas tan señaladas en Nebrija, de que los idiomas alcanzan un momento de esplendor, tras el 204 Diccionario de la lengua castellana, en que se ex plica el verdadero sentid o de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los pr overbios o re franes, y otras cosas co nvenientes al uso de la lengua , conocido de manera general com o Diccionario de Autoridades , en adelante nos referirem os a él siguiendo esta de nominación. Para una mayor información sobre el Diccionario d e Autoridades cf. Freixa Alás, M. (200 3). 205 Sobre la hist oria de la Re al Academia Españ ola cf. Alonso Zamora, V. (1 999): Historia de la Real Acade mia Española , Espasa -Calpe, Madrid, Álvare z de Miran da, P. (1995): “La Real Academia Español a”, M. Seco y G. S alvador (coords.), La leng ua española, ho y , Fund ación Juan March, Madri d, pp. 269-279. 150 cual, si no se ha acertado a fijar los, aguarda su ruina y desconcier to. Para ellos el español ha alcan zado su cumbre en el siglo XVII, y no les parecía decente , habiendo tenido la fortuna de hallarlo tan perfecto, dejar de eternizar “en la s prensas su memorias, formando un diccionario al ejemplo de las dos celebradísimas Academias de París y Florencia”. Álvarez de Miranda (2000) advie rte que de manera generalizada suele verse la fundación de la Academia como un mero reflejo miméti co de lo francés derivado de la instauración en España de la dinastía borbónica 206 . Limitarnos a esta interpretación resultaría demasiado simplista, pues la realidad es más compleja y debe ser estudiada considera ndo el contexto. Nos encontramos por tanto en un periodo de renov ación intelectual en el que España se hallaba inmersa desde finales del XVII. Según nos explica Álvarez de Miranda, existía en aquel momento un movimiento de r enovación filosófica, científica e historiográfica cuyos componentes eran conocidos ya entonces, como “novatores” 207 . Azorín Fernández (2004) tampoco cree que la fundación de la Academia se deba a un acto de mimetismo, aunque no descarta que la creación de las academias francesa e italiana 208 tuviera cierta influencia en la fundación de la nuestra. Según Ruhtsta ller (2003:238), los académicos estaban convencidos de la necesidad de fijar o estabiliz ar la lengua con la finalidad de conservarla en su estado de máximo es plendor. Este convencimiento se vio reflejado en el emblema que refrenda la Ac ademia: un crisol puesto al fuego y acompañado del lema limpia, fija y da esplendor . Figura 14: Emblemas de la Corporación de 1777, 1868 y 1771 206 Cf. Álvarez de Miranda, P. (1994 ): “La Real Academia Españ ola et l’Académie fran çaise”, Le dictionnaire de l’ Académie française et la lexicog raphie Institutionnelle Euro péenne. Actes du Colloque International (17,18 et 19 nove mbre 1994), París, pp. 403-41 5. 207 Cf. Álvarez de Miranda, P. (19 93): “Las academia s d e los novatores”, E. Rod ríguez Cuadros (ed.), De las academias a la Enciclopedia: el discurso del sabe r en la modernidad , Edicions Alfons el Magnànim, Valencia, pp. 263-3 00. 208 Sobre la historia de la Acad emia italiana, cf. Grazzini, G. (1962/1991): L’ Accad em ia Della Crusca, Accademia Della Crusca, Firenze; sobre el prime r diccio nario académico italia no, cf. Vitale, M. (1959): “Il Vocabula rio degli Academ ia Della Crusca” , Antonio Viscardi, Mauricio Vitale, Ana Maria Finoli y Carla Cremonesi, Le pref azioniai primi grandi vocabolari d elle lingue europee, I, Le lingue rom anze, Varese, Instituto Editoriale Cisalpino (te sti e documenti di litteratura moderna, 5), Milano, pp. 25-99. 151 La principal empresa que se propusier on los primeros ac adémicos fue la de elaborar un diccionario de la lengua española, extenso y autorizado, el primero de estas características que se redactaba en España. De este modo lo expresaron en el prólogo del Diccionario de Autoridades (1726-1739): El principal fin, que tuvo la Academia Española para su f ormación, fue hacer un Diccionario copioso y exacto, en que se viesse la grandeza y poder de la Lengua, la hermosura y fecundidad de su s voces, y que ninguna otra la excede en elegancia, phrases y pureza. Sin embargo, en sus estatutos no sólo se fij aba el objetiv o de realizar un diccionario, sino otras labor es igualmente vinculadas al cuidado de la lengua y así lo refleja Lapesa (1987): Sus estatutos añaden otros quehaceres atingentes al cuidado del idioma: redacción de una gramática, una retórica, una poética (…) la fijación y modernización de la ortografía. Con la publicación, a finales de 1713, de un folleto de ocho páginas titulado Planta y Método… se les ofrecen a los académicos la s normas que deben observar en su labor lexicográfica c on la finalidad de unif icar criterios. Sin embargo, como destaca Fernández Azorín (2004), lograr la unificación de criterios resultó una tarea ardua, pues en ocasiones, la unidad de criterios se topaba con la idiosincrasia de los académicos. No obst ante, la Academia desde que comenzara su andadura prefir ió el trabajo colectiv o, rasgo que la diferencia de la Academia francesa, ya que ésta decidió encargar la redacción de su diccionario a dos académic os, Vaugelas y Mézeray, mientras que el resto de académicos ejercían un trabajo de fiscaliza ción de la labor desar rollada por los redactores del diccionario. Este hecho ma rcó sin duda el ritmo y la velocidad con la que se elaboraron los pr imeros diccionarios académicos; mientras que Francia tardó unos sesenta años en la re dacción de su diccionario, el trabaj o en equipo de la Academia Es pañola tuvo como consecuencia que la redacc ión de su diccionario se efec tuara en sólo trece años desde que se publicó el primer tomo, de 1726 a 1739, y en veintisé is años desde que se fundó. Para Álvarez de Miranda (2000), la idea del diccionario se hi zo obsesiva y de este modo se explica cómo estos hombres sin la menor experiencia en la técni ca lexicográfica lograron ir paulatinamente descubriendo su s secretos y, en pocos 152 años, compilaron el que, en palabras de este autor, f ue el mejor diccionario de la época en Europa. Sin duda, los académicos español es se encontraban al día de los diferentes repertorios académicos europe os y así queda de manifiesto en la “Historia de la Real Academia Española” 209 donde además, reconocen el “sonrojo” que les produce que, habien do sido nuestro país el primero en elaborar un diccionario como el de Covarrubias, un siglo más tarde se encuentre, en materia lexicográfica, a la cola de sus vecinos europeos. Los académicos españoles conocen el Vocabulario Della Crusca cuya impresión de 1691 les sirvió de modelo. Igualmente, conocen las ediciones de 1694 y 1718 del diccionario de la Academia frances a, al igual que los diccionarios de Richelet (1680) y de Furetière (1690), por lo que, como asevera Álvarez de Miranda, nuestros académicos conocen las tres distintas y complementarias vías lexicográficas con las que se habí a inicia do de manera tan brillante la lexicografía monolingüe fr ancesa. Con todo, para nuestros académicos el mejor diccionario francés del que se podía disponer en aquel entonces era el Dictionnaire de Trévoux en su s egunda impresión, la de 1726. Para Álvarez de Miranda (2000) esta apreciación no debe extrañarnos, dado que, en cierta medida, existía una primacía de los criterios cuantitavistas, algo que se cum plía a la perfección en el Dictionnair e de Trévoux . Por nuestra parte, creemos que los diccionarios de Furetière, Riche let y Trévoux guiaron a nues tros académicos, pues se trata de repertorios que utilizan la cita de a utoridades en su estructura, al igual que el diccionario de la Academia italiana. En concreto, algunos de los rasgos que comparte el dicc ionario académico español con sus antecesores europeos son: la inclusión de fraseología y refr anes, y la exclusión de los nombres propios y del léxico indecente 210 con el Dict ionnaire de l’A cadémie (Ruhstaller 2003:239); la inclusi ón de equivalencias latinas y de aumentativos, diminutivos, super lativos y, en particular, el principio sistemático de documentar el léxico con citas de aut ores representativos del buen uso con la obra de la Academia italiana. 209 Casani, J. (1726): “Historia de la Real Academia Españ ola”, Diccionario de la lengua castellan a I , Madrid, pág. XI. 210 Cf. supra pág. 143 lo que dice al respecto Popelar (1976). 153 Metalexicografía Historia de la lexicografía Teoría General de la lexicogr afía Investigación sobre el uso del diccionario Crítica de los diccionarios A) Sección general C) Teoría de la investigación lexicográfic a sobre el lenguaj e B) Teoría de la organizació n D) Teoría de la descripción lexicográfic a del lenguaje Estudios sobre los diccionarios traducidos La Crítica de diccionarios , ámbito en el que se inserta nuestra propuesta, se refiere al estudio crítico de todo ti po de diccionario, es dec ir, de diccionarios monolingües, plurilingües, bilingües, generales y temáticos. En cambio, en toda la bibliografía consultada, no hemos encontrado ni una sola referencia a la traducción de diccionarios ni tampoco ningún estudio que evalúe algún repertorio lexicográfico traducido 321 ; por tanto, creemos que esta aportación supone una nueva vía de invest igación que conecta dos ámbitos de estudio: la metalexicografía y los Estudios de Traducción. Propondremos, en consecuencia, una metodología mixta basada en ambas dis ciplinas y, por tanto, adaptada al obj eto de estudio: un diccionar io. Asimismo, dado que no se trata de un diccionario general de lengu a, sino de un diccionario temático cultural, la metodología que aquí presentamos tendrá en cuenta las especificidades del repertorio lexicográf ico analizado y de la obra traducida. No obstante, pretendemos que, a pesar de dichas es pecific idades, nuestra 321 Hemos tenido a cceso a algunos e studios que tratan la traducci ón en los diccionari os bilingües. En dicho s trabajos se anal iza si el equivalente que se h a dado en la len gua extranjera es el más a propiado. Sin embargo, en e stos casos, n os encontra mos más an te un estudio de v aloración de la pre cisión léxica interli ngüística qu e ante una valoración de los distintos elementos q ue actúan en la comunicaci ón intercultural, es decir, en la tradu cción. Cf. Ascensión Si erra Soriano (199 2) que en su tesis, to davía inédita, Lexicografía bilingüe: estudio contrastivo francés-españ ol, analiza el tipo de equi valencias de los dicciona rios que en ella evalúa. Del mismo mod o, el trabajo de Bratanié, M. (199 4): “La le xicografía bilingüe tradi cional frente al conocimie nto culturalme nte específico”, V oz y Letra V/I, pp. 67-78, se ocupa de la dificultad que supone encontra r equivalencias para cierto s vocablos que so n muy propios de una cultura determinada. 256 metodología de evaluación de diccionario s traducidos sirva de base para la evaluación de otro tipo de obra lexicográfica. Así pues, hemos decidido ir de lo más general a lo más específico con la finalidad de trazar los caminos de ambas disciplinas para encontrar los puntos comunes. Todo ello nos ayudará a elabor ar una metodología concreta para la evaluación de diccionarios traducidos. Po r esta razón, abordaremos los aspectos más relevantes de la meta lexicografía, para continuar con una aproximación a la evolución de los Estudios de Traducción y así poder interrelacionar ambas disciplinas. Final mente, ofreceremos una metodología adaptada que, no obstante, podr á servir de guía para la ev aluación de los diccionarios traducidos. Como puede apreciarse en el esquema anterior, hemos ins ertado nuestra propuesta debajo del nivel de Crítica de los diccionarios , ya que entendemos que los Estudios sobre los diccionarios traducidos deben estar subordinados a un análisis de tipo meta lexicográfico; en concret o, pensamos que el paso previo y, por t anto, lógic o es un estudio crítico de la obra origen, dado que resulta necesario conocer el géne ro lexicográfico antes de realiz ar la evaluación de la obra traducida desde lo s m étodos propios de la tr aductología. De esta manera, al igual que Dubois (1970), consider amos que el diccionario es un texto, un discurso continuo y fini to que el lexicógrafo mantiene sobr e la lengua con la finalidad de orientar al lector en el uso de ésta. A este respecto, Alvar Ezquerra (1983:121) señala que es a partir del momento en que se considera al diccio nario un texto, cuando resulta pos ible examinarlo desde la perspectiva de la lin güística. Por consiguiente, conocer la estructura de estos textos y comprender , como subraya Anglada Arboix (1991), los criterios de disposición y estructu ración de los artículos que encabezan las obras lexicográficas resulta una nec esidad imperiosa para la post erior evaluación de los diccionarios. Así, los di ccionarios o textos lexicográficos se componen de artículos, es decir, de textos breves y originales cuya extensión viene determinada por las propias caracter ísticas del género lexicográfico. Asimismo, conocer el origen didáctico de este tipo de textos es fundamental pues, a pesar del transcurso de los siglos , dicha orientación sigue intacta, sea el diccionario del tipo que sea, y adem ás de una función informativa cumple una función didáctica y eso se traslada a su discurso, a la manera y a las 257 formas en la que se plasman las informaciones de las que nos provee. Anglada Arboix (1991) concluye que los trabajos de Dubois (1 970 y 1971) muestran sin dificultad que el discurso le xicográfico es un discurso específico ceñido, por sus rasgos y funciones inherentes, a los c ánones que la retórica clásica exige al discurso pedagógico. En consecuenc ia, podemos afirmar que sería conveniente, tanto para los traductores de diccionario s como para aquellos que evalúen dichas traducciones, conocer las especificidades de este tipo de texto, en la cultura origen y en la cultur a meta pues, aunque los diccionarios exist en en prácticamente todas las civiliz acio nes y, en un primer momento, pueda parecer que lo único que cambia es la lengua, no debemos olvidar que los diccionarios además de objetos lingüístico también son objetos culturales y, como tales, nacen de la visión del mundo de una comunidad determinada. 3.2. Breve panorama de los Estudios de Traducción En los últimos años, se han realizado vari os trabajos en los que se efectúa un recorrido histórico sobre las distintas teor ías y escuelas de Traductología; así pues, a pesar de la juventud de la di sciplina, el importante auge que ésta ha experimentado justifica trabajos de es te tipo que nos ayuden a comprender mejor cuál ha sido la evolución y los distintos caminos emprendidos dentro d e los Estudios de Traducción. A estos efec tos, el trabajo de Hu rtado Albir (2011), al igual que el de Moya (2004), entre otros, suponen una guía indispensable para comprender la historia de los Est udios de Traducción. Por consiguient e, consideramos que, dado que estos trabajos analizan en profundid ad la historia de la Traductología, result a innecesario que nosotros volvamos a abordarlo. No obstante, pensamos que sí resulta oportuno ofrecer a grandes rasgos una panorámica 322 de esta disciplina para as í poder contextualizar nuestra metodología. 322 Sin embargo, nuestra pa norámica no se adentrará e n las teorías relativas a la Escuela de la Manipulación . Del mismo modo, tampoco creemos que re sulte imprescindib le para nues tro trabajo acercarnos a las teoría s feministas de la t raducción, vinculadas a l a deconstrucción de Derrida, c f. a este respect o Levine, J. (198 3): “Translation a s a (Sub)version: On translati ng Infante’s Inferno ”, Lawrence V enuti (ed.), Rethinking T ranslation. Di scourse, Subjectivity, Ideology , Routledge, Londre s y Nueva Cork, pp. 75-85. Igualmente, el enfoque de nuestro trabajo nos distan cia de las teorías “ca nibalistas” d e la traducción surg idas contra el colonialismo en Brasil, a principio s de los años veinte, y adoptadas p or la traducci ón, alrede dor de los años setenta, con modifica ciones sustan ciales, es deci r, entendiendo e l “canibalismo” como un act o respetable que devora el TO para engendra r uno nuevo, e sto es, la traducción. Este enfoque traductológi co entiende, asimismo , la traducci ón como una práctica no servilista, 258 Al comienzo de este capítulo s eñalábamos que tanto la Lexicografía como los Estudios de Traducción habían recorrido caminos similares; en ambos casos, el interés científico surgió alrededor de la mitad del siglo XX y, a partir de entonces, éste se ha incr ementado de forma exponencial. En concreto, en lo relativo a los Estudios de Traducción, debemos matizar algunas cuestiones. Tradicionalm ente, aunque no se hubiera desarrollado ninguna corriente de estudios sobre la traducción , siempre existió interés por parte de distintos estudiosos acerca de cómo se traducían los text os literarios, las Sagradas Escrituras y los textos clásicos. En cambio, los otros textos, es decir, todos los demás, debieron esperar. Como nos explica Snell- Hornby (2007), en 1966, la publicación del informe ALPAC 323 reconocía que los intentos de conseguir sistemas de traducción automát ica total eran vanos y, de esta manera, se abría el debate sobre la traducción. Durante casi dos déc adas, la traducción se contempló, al igual que la lexicografía, como una rama más de la Lingüística Aplicada. En consecuenc ia, los métodos y análisis realizados se basaban en los preceptos de dicha disciplina; de este modo, la traducción era considerada co mo un ejercicio de transcodificación, como la sustit ución de una cadena de elementos en una lengua origen por otra equivalente en la lengua meta (K oller:1979). Así pues, el análisis se limitaba a la equ ivalencia y el nivel más pr ofundo de análisis era la frase. Según Hurtado Albir (2011) el concepto de equival encia es uno de los más discutidos dentro de los Estudios de Traducción; éste ha sido considerad o como la noción central de la Traducto logía y durante décadas ha sido uno de sino como un a práctica salv aje que interviene en el TO subversiva mente, se apropia de él y lo reconstruye. Toda s estas te orías, al igual qu e otras, exce den los límites d e nuestra investigación, pue s, aunque se ha n realizado ba stantes trabajos relacionados con la ideología implícita de los dicciona rios, se trata, ese nci almente, de est udios sobre dicci onarios gen erales de lengua do nde la explicació n del uso o la definición de un término pued e estar im pregnada de distintas ideologías. A sí, esta parcela de la crítica de lo s diccionario s se fundamen ta, principalment e, en el Anál isis Crítico del Di scurso, Cf. sobre el Análisi s Crítico del Discurso Fairclough , N. (1989/2001 ): Language and Power , Longman, L ondres o, en lo con cerniente a su aplicación en la crítica de di ccionarios, el estudio de Forgas B erdet, E. (2008): La realidad relativa. Evolución id eológica en el trab ajo lexicog ráfico de l a Real Aca demia Española (1726- 2006) , Servizo de Publicación da Universidade de Vigo, Vigo. 323 En 1966, la Secci ón de Cienci as del Comportamient o de la Acad emia Nacional de Ciencias norteamerica na pidió un informe sob re el estado d e la traducción automática y sus pe rspectivas de futuro. Para ello se f ormó el Comité ALPAC (Automatic Language Proce ssing Advisory Committee). El informe e mitido, Informe ALPAC (7), fue tan demole dor que durante l os siguientes años se fueron dene gando todos los fon d os oficiales pa ra investigacione s dedicados a este fin, hasta que en 19 75 quedaron reducid os a cero. 259 los grandes temas de debate. Nida (1959), uno de los primeros teóricos de la traducción, utiliza dicho térmi no para definir el principi o básico de la traducción: conseguir el equivalent e natural más cercano a una situación determinada. Para este autor, la equivalencia tiene un carácter dinámico, por lo que rechaza que la equivalencia tenga un carácter fijo, transcodificable y fuera de contexto. De esta manera, la equivalencia dinámica consiste en darle prioridad al contexto y a la adecuación de las necesidades de los receptores. Mientras unos estudiosos ven en la equivalencia la pi edra angular de la traducción (Catford: 1965; Nida y Taber: 1986; Koller : 1995), otros como Snell- Hornby (1988), la consideran irrelevant e. De todas maneras, el debate acerca de la equivalencia continuó y en la década de los ochenta se introduce en el debate sobre la descripción de la equivalenc ia varios factor es que le dan una mayor importancia al hecho contextual. Se resalta así la importancia de la interacción comunicativa y se incide en los aspectos pragmáticos, funcionales e intratextuales de su anális is; s e habla entonces de equivalencia funcional y comunicativa . De esta manera, como nos exp lica Snell-Hornby (2007), no fue hasta la década de los setenta cuando se produjo un giro pragmático en la traducción. Fue entonces cuando, junt o con la lingüístic a textual y la consideración de los aspectos funcional es, sociales y comunicativos del lenguaje, se favoreció una visión más co mpleta e interdisciplinar de la traducción. Con motivo de este cambio, se consiguió una visión más crítica y productiva del proceso traductor y sus resultados, y, como consecuencia de ello, se impulsó el desarrollo de los Estudios de Traducción como disc iplina autónoma, algo que no se ha dado en la le xicografía. Desde entonces, los estudiosos de la traducción comenzaron a reclamar su independencia de la lingüística aplicada pues, para ellos, los métodos y los fines de la traductología eran distintos de los de la lingüística aplicada y, por tanto, existían bases suficientes para desligarse de dicha disc iplina y constituirse en una disciplina científica independiente, pero a la vez interdisciplinar. Los Estudios de Traducción es un campo fecundo que ha dado nacimiento a distintas escuelas, dist intas maneras de entender el hecho traductor. Esta diversidad ha enriqueci do el debate científico pero, igualmente, ha contribuido a que se cree una polisemia en torno al término traducción que dificulta su definición. Así, Campos Plaza (2009) señala: 260 La disparidad de los distintos enfoques traductológico s y la falta de consenso que ha protagonizado e l desarrollo inicial de la investigación traductológica hace bastante difícil proceder a una definición clara y contundente del término “traducción”. Esto es explicable si tenemos en cuenta la juventud de la disciplina en relación con otras disciplinas cercanas como la lingüística, la psicología o la filología. No obstante, esto mismo ha ocurrido con el término “ciencia” que, de tanta utilización, legítima o ilegítima, presenta una sobresat uración de acepciones conceptuales. No obstant e, la evolución de los Estudios de Traducción no supone que se haya superado todos los puntos que han sido objeto de debate durante miles de años. Según Sne ll-Hornby (2007), todavía hoy, la definición de tipología textual de Reiss (1971), por ej emplo, y el pr edominio de elementos informativos, expresivos y operativos en los text os y la correspondiente adaptación de las estrategias de traducción constituyen ejes fundamentales de la Traductología. En los años ochenta se dio lo que se llamó el “giro cultural” que afectó, principalmente, a la tr aducción literaria, pero también a los otros tipos de traducción. Bassnet y Lefevre (1990 :IX) lo reflejaban de esta manera: The growth of Translation Studies as a separate discipline is a success history of the 1980s. The subject has developed in many parts of the world and is clearly destined to continue developing well into the 21st century. Translation Studies brings together work in a wide variety of fields, including linguistics, liter ary study, history, anthropology, psychology and economics 324 . La década de los noventa vio el desarrollo de tres grandes líneas de investigación: una primera, centrada en el desarrollo de otras áreas ignoradas hasta el momento como la traducción audi ovisual y la interp retación social; una segunda, ocupada del asentamiento de la traducción como disciplina independiente, ampliándose a la idea de inte rdisciplina, y una tercera, centrada en la repercusión de los avances tecnológicos en la traducción. Los Estudios de Traducción han ido madurando a lo largo de estos últimos cincuenta años y, a pesar de la diversidad de escuelas, la gran mayoría 324 El crecimiento de los Estu dios de Traducción co m o disciplina autónoma es la exitosa histo ria de los años ochenta. La materia se ha desarrolla do en mucha s partes del mundo y está claramente predestina da a continuar desarroll ándose corre ctamente durante el siglo XXI. Los Estudios de Trad ucción ofrece n un trabajo conjunto con una gran variedad de disciplina s que incluyen la lingüística, los estudios literari os, la historia, la antro pología, la psicología y las ciencias económica s [la traducción es nuestra]. 261 de ellas reclaman el reconocimiento de la complejidad de la disciplina y una visión holística de ésta. En tiempos recient es, se ha ido creando la conciencia del traductor como mediador cultural y no sólo como un transcodificador lingüístico pues, tras las palabras de un texto, ya sea escrito o hablado, se entreteje todo un sistema cultural inhe rente a la lengua. No obstante, Baker (2007:155) nos advierte respecto al papel de la traducción y de los traductores en la mediación de conflictos que no conv iene sentimentalizar dicho papel y lo explica de la manera siguiente: No resulta ni convincente ni rentable sentimentalizar nuestro papel y elaborar narrativas académicas en las que comparecemos co mo profesionales pacificad ores que hacemos gala de una superioridad moral. Al contrario, debemos reconocer y admitir que estamos inmersos en una serie de narrativas. Ya seamos académicos o traductores profesionales, ni tendemos puentes ni mediamos entre abismos. En realidad, participamos de forma muy decisiva en la promoción y divulgación de narrativas y discursos de todo tipo. En algunos casos, estas narrativas y discursos promueven la paz; en otros, avivan los conflictos, subyugan a poblaciones enteras y se saldan con la muerte de millones de personas. Determinar qué discursos y narrativas están al servicio de qué programas, y si éstos son morales o inmorales, en último extremo depende también de nuestra propia ubicación dentro de las narrativas: depende de las narrativas que suscr ibimos, tanto individual como colectivamente. Nadie es inmune a estos procesos. Nadie puede situarse al margen de las narrativas, y no exist e una visión del mundo que escape a su influjo. La actividad traductora sigue generando, por tanto, un amplio debate; a diferencia de la lexicografía, los Es tudios de Traducción se han emancipado de la Lingüística Aplicada y han reclamado su espacio dentro de las Ciencias Sociales. A pesar de dicha independencia , se reconoce la c omplejidad del hecho traductor y, en consecuencia, su interdisciplinariedad. La Lexicografía, por su parte, ha logrado desarrollarse dent ro de la Lingüística Aplicada con sus propios métodos y objetivos. No obst ante, ambos, tanto los Estudios de Traducción como la Lexicografía compar ten una historia común y los dos se necesitan mutuamente. A demás, tanto en una discipli na c omo en otra, cada vez más, el hecho cultural adquiere un papel fundamental. Así, en la actualidad se analizan los componentes culturales de los diccionarios de lengua extranjera o se crean diccionarios culturales, mient ras que en la traducción se reclama ir más allá de lo puramente li ngüí stico, es decir, interpretar/traducir pensando en las culturas: la del texto/discurso orig inal y la del texto/discurso meta o traducido. 262 3.3. Adaptaciones y funci ones: una propuesta de mé todo de análisis de la traducción de diccionarios Nuestra metodología se articula s obre dos ejes: uno relacionado con la metalexicografía y otro vinculado a la traducción; por t anto, se trata de una metodología mixta que surge del espíri tu multidisciplinar de nuestra investigación. 3.3.1. Metalexicografía: evaluación de diccionarios De esta manera, la primera parte de nues tro análisis es tará dedicado al estudio metalexicográfico de los diccionarios; así, nos situaremos en el primer nivel del esquema propuesto por Wiegand y, dado que ya, en un primer momento, presentamos una perspectiva histórica de la lexic ografía en Francia y en España que nos ha servido para comprender, entre otras, la evolución de dicha disciplina en ambos paíse s y la influencia y trascendencia de algunos repertorios, ahora abordaremos lo que Wiegand ha llamado Crítica de diccionarios . Generalmente, la crítica de di ccionarios se efectúa evaluando un solo diccionario o, en caso contrario, compar ándolo con otros similares para averiguar si ha habido plagi o o la obra en cuestión es realmente original. En cambio, nosotros evaluaremos primero el texto original, es decir, el text o francés y, a continuación, analizaremos el texto meta, esto es, el diccionario español. Para ello, utiliz aremos un mét odo descriptivo-analítico y comparativo que estará fundamentado en la propuesta de análisis de diccionarios realizada por Haensch (1997) 325 y que des cribiremos a conti nuación. No obstante, el método de Haensch no servirá para analizar el texto meta pues se trata de una traducción y, por tanto, lo s parámetros que debemos analizar estarán sujetos a la comparación con el texto original; en consecuencia, para el análisis del texto meta, tomaremos como referencia la par te descriptiva de nuestro estudio sobre el texto original y estableceremos una comparación en la que señalaremos únicamente las diferencias existentes entre el texto original y el texto meta. A su vez, intentaremos averiguar cuáles s on los motivos de dichas diferencias, es 325 El método propuesto por Haensch es similar al propuesto en traducción por Nord (1991); en dicho trabajo Nord se ce ntra en el análi sis del texto original y para ello pro pone un m odelo de análisis textual que atiend e tanto a los factores extratextuales como a los intratextuales, que son interdependiente s y, en consecuencia, están rel acionados ent re sí. 263 decir, si éstas obedecen a convenciones text uales propias de la c ultura meta y, por este motivo, el diccionario traducido se ha adaptado a ellas, si se trata de modificaciones gratuita s, según nuestro ent ender, o si obedecen a razones de otra índole. En cualquier caso, si dichas modificaciones nos parecen desacertadas presentaremos nuestr as propuestas de mejora. De cualquier forma, la propuesta de crítica de diccionarios elaborada por Haensch que utilizaremos se ajustará al tipo de diccionario que analizamos y, por consiguiente, algunos de los parámetros que este aut or sug iere analizar no serán analizados, pues el método de Haen sch está, más bien, orientado a los diccionarios de lengua. Así pues, utilizaremos el método de Hae nsch adaptado al peculiar tipo de obra que analizamos. A continuación pasamos a enumerar las distintas partes del método de H aensch, señalando aquellos puntos que resultan inviables para el estudio de nuest ro diccionari o para, a continuación, explicar el método que em plearemos en la evaluació n de la t raducción del diccionario. De esta manera, Haensch (1988:237-243) propone estudiar los siguientes puntos: a) DAT OS BIBLIOGRÁF ICOS Después de la indicación exacta del título de la obra, con los correspondientes datos bibliográficos , se señalarán el formato, número de páginas y, si cabe, número de entradas del diccionario. La indicación del precio, que aunque para muchos es poco científica, no deja de tener una utilidad práctica. b) CAR ACTERIZACIÓN TI POLÓGICA El paso siguiente será una descripción ti pológica del diccionario. Así, las preguntas que deberemos formularnos para ello serán las siguientes: - ¿Diccionario lingüístico o dicciona rio enciclopédico o, en su caso, carácter mixto de la obra? A esta pregunta nosotros añadimos el diccionario temático o especializado. - Sistema lingüístico en que se basa la obra. ¿Qué fuentes han servido de base para la elaboraci ón del diccionario? ¿ Se trata de una obra de autor o su obra completa , el idiolecto del lexicógrafo, un corpus sacado de fuentes escritas (textos, cuestionarios) u orales (encuestas), o bien di ccionarios monolingües para la elaboración de diccionarios plur ilingües? ¿Se ofrece una 264 - ¿Se indican el nombre del autor o de los autores, del director o coordinador, de los redactores, revisores del diccionario o se trata de una obra anónima? - Selección del vocabulario. - ¿Se trata de una obra general o de un diccionario que ofrece un subconjunto de unidades léxicas con una determinada marcación (geográfica, estilística, cronológica etc.)? Al tratarse de un diccionario que ofrece un vocabul ario parcial ¿a qué tipo s e corresponde? - ¿Se trata de un diccionario con una finalidad específica? - ¿Diccionario normativo o diccionario descriptivo? ¿Refleja el diccionario el ideal prescriptivo (normativo) de la lengua o bien l a realidad del uso? Como puede verse, este punto se orienta a los diccionarios de lengua y, en cons ecuencia, no resulta válido para la evaluación de nuestro diccionario. - Clasificación de los materiales léxicos: ¿dic cionar io semasiológico (“del significante al significado”) u onomasiológico (“del signific ado al significante”)? ¿Otro tipo de cl asificación que se co mbina con el anterior: ordenación alfabética o por materias (sistemática) o diccionario inverso o bien clasificación por situaciones de comunicación (guías de conversación, etc.) o también clasificación por familias de palabras ? En el caso de un diccionario sistemático: ¿Tiene un índice alf abético? En el caso de un diccionario alfabético: ¿S e ha respetado estrictamente el orden alfabético? c) EVALUACIÓN FORMAL ( CUANTITATIVA Y CUALITATIVA ) DEL DICCION ARIO Una vez establecido el tipo de diccio nario que se estudia, se analiza su contenido de acuerdo con lo s siguientes criterios: C .1.) DESCRIPCIÓN DE LA MACROESTRUCTUR A DEL DICCION ARIO - Prefacio 265 mayor fidelidad posible; todo ello sin olvi dar que la fidelidad se ve condicionada por la aceptabilidad del texto en la cultur a de llegada. Además, estos requisitos necesarios en cualquier traducción, implican otra dific ultad: la intelig ibilidad del mensaje, por lo que cualqu ier opción no es válida. Existen algunos casos en que la traducción adolece de cierta ambigüedad u opacidad terminológica; si n embargo, en la gran mayoría de ellos, el traductor cuenta con que el receptor desenmarañe el significado ayudándose del contexto. No obstante, cuando se trata de un diccionario esta estrategia se ve limitadas por varias razones. La primera razón, que normalmente suele pasar des apercibida, es el gran prestigio social con que cuentan las obras lexicográficas. Los diccionarios alcanzan, en muchas ocasiones, el caráct er de autoridad; es decir, el lector busca en ellos la respuesta verdadera, la única y la más autorizada. En realidad, como señala Quemada (1968:14), el diccionario es un hecho tanto social como lingüístico o científico; nos encontramos, en c onsecuencia, ante un objeto de características específicas que refleja una realidad compleja nacida de una civilización, d e una cultura determinada. Con motivo de ello, dicha consideración social de “verdad absol uta”, implica que el traductor debe intentar minimizar los aspectos ambi guos u opacos de su traducción y así conseguir que la obra conserve su s funciones y su prestigio. Precisamente en este punto es donde el traductor se encuentra con otro escollo característico de este tipo de textos. Al tratarse de textos cuyas convenciones textuales están tan marcadas, el traductor tendrá bastantes limitaciones que mermarán su libertad a la hora de traducir . El primer obstáculo con el que éste se tropieza es la defin ición lexicográfica. Todos sabemos que las definiciones lexicográf icas están sujetas a ciertas restricciones com o la limitación de la extensión y la claridad expositiva; de hecho, las c onvenciones lexicográficas impiden que el traductor disponga del recurso de las notas a pie de página y por ello, además de tener un espacio mu y limitado, de no poder contar con un contexto que ay ude al lector a desenmara ñar el sentido implícito del texto, la falta de aclaraciones o mati zaciones, a través de la notas, conlleva un mayor grado de dificultad traductológica . Aunque el princi pio de claridad expositiva no siempre se cumple en los diccionarios, el de la extensión es incuestionable. En consecuencia, el traductor de diccionarios deberá tener en 272 cuenta, desde el comienzo de su labor, que el texto or iginal y el texto meta parten con estas dos importantes restricciones. Otros de los elementos que debemos considerar durante el proceso traductológico es el hecho de que, mi entras que el lexicógrafo está trabajando desde su cultura y para un público pert eneciente a esa misma cultura, el traductor trabaja, normalmente, para tr asladar un mensaje desde una cultura extranjera a la suya y a un púb lico diferente al de la cult ura de origen. Todo ello conlleva que el traductor deba recurrir a una serie de es trategias que le ayuden a cumplir con su cometido. 3.3.3. La traducción de los elemen tos culturales. El signo lingüístico cultural El proceso traductor se complica más si cabe, cuando de bemos traducir un diccionario cultural. Newmark (1992:52) habl ó en su momento de palabras culturales para referirse a aquellos términos muy propios de una cultura y que presentan un alto grado de dificultad trad uctológica; este sería el caso por ejemplo, de las numerosas denominacione s que emplean los esquimales para referirse a los distintos estados de la nieve. Por su parte, Galisson (1991) hace alusión a las palabras con carga cu ltural compartida ( CCP ) para referirse al “valor añadido” al signif icado ordinario de las palabras . Dicho “valor añadido” es conocido por los hablantes nativos de una lengua, pero su descodificac ión resulta casi imposible para un hablante no nativo por carecer de algunas de las referencias culturales que son muy propias de una civ ilización determinada. Así pues, Galisson nos ofrece el ejemplo siguiente: Aujord’hui, c’est vraim ent le tour du poisson En este caso, el término poisson encierra varios significados: de un lado, el significado literal o lingüístico, pez o pesc ado , pero de otro lado, este término posee un significado cultural: la refe rencia a una fiesta típica francesa: le poisson d’avril (1 de abril). La comprensión de este “valor añadido” de la palabra es lo que sirve como marca de pert enencia y de identificación cultural. Nosotros por nuestra parte, añadimos una tercera categoría: el signo lingüístico cultural . Nos referimos a ese tipo de palabras que, en su origen, no designaban una realidad concreta o abstracta, sino que nacían fruto del ingenio 273 del hombre y que con el paso del ti empo, se han consolidado e incluso han sufrido un proceso de resemantización ; como consecuencia de este proceso, estos términos han pasado a formar parte de nuestro caudal léxico. Dicha evolución queda de manifiesto en la figura siguiente: SIGNO LINGÜÍSTI CO CULTURAL SIGNIFICADO ORIGINAL RESEMANTIZACIÓN NUEVO USO Sin extendernos demasiado en este nuevo concepto, ya que dentro de esta categoría se pueden establecer distintas subcategorías, quisiéramos explicarlo a través de algunos térmi nos procedentes de la mitologí a grecorromana. Así por ejemplo, un término culto y concreto puede convertirse en un término más amplio y popular e incluso, en ocasiones, el uso de este vocablo pierde su sentido originario; es decir, una gran parte de los hablantes desconoce qué originó el uso act ual de dicho término. De este modo, utilizamos el término adonis para referirnos a un hombre hermoso, desco nociendo, en muchos casos, el mito del que nace. Otr o ejemplo sería el empleo del vocablo midas : en este caso, mientras en ingl és utilizamos la expresión Midas touch , en español desaparece por completo la alusión a este término. Sin embargo poseemos una frase que nace de él: lo que toca lo convierte en oro . El recorrido de este término procedente de la mitología grecorromana en la cult ura anglosajona y en la española y que, en co nsecuencia, no designa una realidad concreta u abstracta, sino que proc ede del imaginario d e la cultura grecorromana, queda reflejado en la siguiente figura: 274 Midas Midas touch (cultura anglosajona) Lo que toca lo convierte en oro (cultura española) La traducción de este tipo de vocablos encierra una serie de dificultades traductológicas que deben ser consideradas dentro del proceso traductor, ya que en muchos de los casos, el término existe en ambas culturas, lo que varía es su uso. Este hecho es lo que ha motivado, principalment e, que en nuestro análisis traductológico centremos nues tra atención en las su bentradas de lengua que contiene el di ccionario. No obstante, nosotros entendemos que la traducción de la obra afecta a su conjunt o y por ello analizamos también las diferencias en la macroestr uctura del texto meta. 3.3.4. La traducción de lo s elementos paratextuales La consideración de los elementos paratextuales dentro del proceso de traducción es otro de los parámetros que debe ser evaluado. En su momento, Nord (1991) proponía un modelo de análisis textual del TO en el que se integrasen los elementos extratextuales y los intr atextuales que actúan de manera interdependiente en el texto. Entre los di stintos elementos que constituyen los factores intratextuales denominados por Nord, se encuentran la macroestructura del texto y los element os no verbales: ilustraciones, planos, etc. Así pues, todos los elementos que conforman un texto tienen una función que cumplir y, por tanto, se trate tanto de elementos lingüísticos como extralingüísticos o parat extuales, ambos forman un todo que proporciona o completa el sentido del texto. En cuanto a los repertorios lexicográficos, mostramos una postura favorable a la inclusión de imágenes e ilus traciones en los dicc ionarios si éstas 275 completan la información aportada, pues entendemos que los diccionar ios tienen lo que hemos optado en llamar una supraf unción didáctica. En consecuencia, la evaluación de las imágenes de un diccionario no debería resultar una cuestión baladí, sino má s bien al contrario; las imágenes o ilustraciones de los diccionarios, en tanto que elementos paratextuales , deberían ser considerados como una par te importante del discurso del diccionario. Así pues, dado el eminente ca rácter didáctico de cualquier obra lexicográfica y de la f uerza que pueden tener las im ágenes para completar el sentido de los textos, creemos que el análisis de las imágenes no debe quedar limitado exclusivamente al es tudio lexicográfico, sino también al traductológico. Sin embargo, como señalábamos con an terioridad, los límites de nuestr a investigación nos obligan a realizar una selección de imágenes que ilustren si realmente cumplen una función informativa /didáctica dentro del texto o, por el contrario, actúan únicamente como meros elementos decorativos. En los últimos años, dentro de los Estudios de Traducción se viene defendiendo la postura del traductor como mediador cultural o, más concretamente, como lo define Guidere (2000), como un experto en comunicación cultural, especia lmente, en lo relativo a la traducción publicitaria. De esta manera, se espera del traduc tor que no sólo traduzca la parte lingüística del texto, sino que su actividad también se v ea reflejada en aquellos aspectos culturales que intervienen en la comunicación 329 . Se requiere, por tanto, el papel activo del traducto r dentro de todo el proceso y, en consecuencia, sus conocimientos sobre la cultura meta. Así, la labor del traductor, sobre todo, en la traducción public itaria, va más allá del los elementos lingüísticos; en ella, se introducen los elementos paratextuales 330 que coadyuvan a la comprensión del text o y que, por sí mismos, encierran un significado. Nos adentramos, por tant o, en lo que Yuste Frías (2008:143) ha llamado la paratraducción ; este autor explica la re lación entre el texto y los 329 Ya Hewson y Martin (1991) se refería n al traductor como un operador cultural u operador de la traducción con la finalidad de subrayar el pap el activo del traductor dentro del proceso de traducción, ya que, a vece s, el traductor ha sido den ostado o, simplemente, consid erado como un operador asé ptico. Asimismo, Hatim y Mason (1990, 1997) postul an que cualquier acti vidad de interacci ón lingüística, es un acto d e comunicaci ón y, por tanto, no p uede ser conside rada de manera a islada, sino como parte de la vid a social. Así pues, al considera r la traducción como un a cto de comuni cación, la fun ción que dese mpeña el traducto r se con cibe como la de un comunica dor. 330 Cf. Genette, G. (1982): Palimpsestes. La littérature au seco nd degré, Seuil, París. 276 elementos paratextuales y la necesaria vinculación de todos estos elementos con la traducción de la manera siguiente: Consideramos que la concepción y regulación de sentido en cualquier texto varía en función de sus paratextos, es decir, en fu nción de un determinado conjunto de unidades pluriverbales, icónicas, entidades iconotextuales o diferentes producciones materiales que dentro del espacio material del texto lo envuelven, rodean o acompañan (los peritextos) y, fuera del espacio material del texto, hacen referencia a él en otros espacios externos físicos y so ciales virtualmente ilimitados (los epitextos), (…). La traducción de la pareja texto/imagen en publicidad supone el encuentro del código verbal y del código visual para construir la imagen. “Texto e imagen son como la silla y la mesa: si uno quiere sentarse a comer necesita las dos”. Estas palabr as de Jean-Luc Godard con respecto a la pareja texto/imagen ilustran a la perfección la predisposición que el traductor debe adoptar frente a la complementariedad mestiza de toda entidad iconotextual ya que ponen de manifiesto cómo cada unidad de tradu cción, manteniendo su identidad semiótica, necesita de la otra para funcionar, para ser eficaces en la construcción de sentido. Asimismo, al igual que en el anális is metalexicográf ico, Yuste Frías (2008) defiende la traducción de la ima gen de la letra; es decir, de la ortotipografía. Aunque el enfoque dado por este autor se centra en la importancia en los textos publicitarios del tipo de letra, tamaño, uso o no de las tilde, etc., todo esto es extrapolable a cualquier tipo de text o, pues, en gr an medida, su legibilidad, depende de ello; esto es, de la imagen que percibimos del texto antes de leer el documento. Así pues, en la parte dedicada a la comparación entre el texto original y su traducción al español, estudiaremos la tipografía empleada y si ex isten diferencias que afec tan a la legibilidad del texto. En consecuencia, esta parte de nuestro análisis será tanto metalexicográfico como traductológico , ya que esta cuestión es uno de los puntos que deben ser considerados en uno y otro análisis. La imagen y los color es, a diferenc ia de lo que podría pensarse, no son universales; cada sociedad tiene sus par ticularidades y las imágenes y los colores obedecen a ellas y a la interp retación que en función de éstas se haga. En consecuencia, el binomio imagen/colo r activa la percepción de quien lo visualiza y, según Yuste Frías (2008), la percepción no es simplemente visualizar, sino que supone el esfuerzo de poner en juego el conocimiento, la memoria, la imaginación y el medio cultural. Así, en un mundo rodeado de publicidad y, por ende, de imágenes, parec e evidente que resulta necesario 277 prestarle una mayor atención al uso de las imágenes; más si cabe en nuestro caso, ya que el texto que analizamos es eminentemente didáctico. No obstante, la pregunta que debemos plantearnos es si c ual quier tipo de imagen relacionada con la mitología grecorrom ana cumple con la función de completar el sentido semántico del te xto. De ser así, y si ambos diccionarios incluyen imágenes relacionadas con el t ema tratado, la importancia de su estudio se reduciría. Sin embargo, si creemos que cualquier im agen relacionada con la mitología no es válida, deberemos ju stificar la adecuación o no de dicha imagen. Para ello, antes de nada, tendremos que decidir qué postura adoptamos frente al debat e que se ha generado en t orno a la homogeneidad cultural motivada por la globalizaci ón y, en consecuencia, decidir si somos partidarios de una adaptación de la tradu cción o no. De esta manera, en publicidad, existen dos posturas encont r adas: aquellos que defienden la homogenización global y aquellos que se pos icionan a favor de la adaptac ión local; esta última postura queda reflejada en la conocida frase: Think global, Act local . Así pues, si pensamos de manera gl obal, pero actuamos de manera local, la adaptación result ará una herramienta fundamental. Cada cultura posee s us propias especif icidades que v an más allá de lo literario o de lo artísti co, se trata de la concepción/percepción del mundo que una comunidad/civilización determinada posee. Nord (1997:34) define como culturemas las especificidades pr opias de una cultura: Un culturema es un fenómeno social de una cultura X considerado relevante para los miembros de esta cultura y que, cuando se le compara con un fenómeno social correspondiente en una cultura Y, se descubre que es específico de la cultura X (…) puede que sean diferentes en cuanto a forma pero similares en su función (como en el caso de trenes frente a coches y frente a bicicletas) o viceversa (por ejemplo “tomar café” en Inglaterra por la mañana, frente a “tomar un café” en España después de comer y frente a “tomar café” en Alemania por la tarde). Anteriormente señalábamos que Newmark (1992) denomina este tipo de términos como palabras culturales y que este autor disti ngue, a su vez, entre el lenguaje cultural universal y el personal (el idiolecto); así, palabras como nadar, morir, vivir, estrella, etc. formarían parte de ese lenguaje cultural universal, mientras que palabras como estepa, dacha, chador, monzón serían palabras culturales . Asimismo, Newmark también destaca que cuando una comunidad focaliza la atención en un campo determinado aparece un foco cultural , esto es, 278 una serie de términos especializados re lacionados con ese tema, por ejemplo, en el caso español el léxico relativo a la tauromaquia. Así pues, pensar que lo q ue es válido en una cult ura lo es también por extensión en la otra resulta, cuando menos, cuestionable. Desde luego que existen puntos comunes entre los distintos polisistemas 331 culturales, pero esos puntos comunes no serán siempre sufi cientes como para no valorar las diferencias y tomar una decisión en c onsecuencia. Por consiguiente, la op ción de adaptar o no un texto y su iconogr afía dependerá, en gran medida, del conocimiento que de la cultura meta posea el traductor. El traductor, en tanto que comunicador cultural, necesita no sólo de los conocimiento s, sino de la destreza suficiente para saber si al no optar por una adaptación se está agrediendo en algún s entido la sensibilida d del lector meta. Existe un c laro ejemplo de adaptación cultur al de la imagen en public idad cuando se trata de vender, por ejemplo, un perfume eur opeo en una comunidad musulmana; así, mientras que en Europa se ve la imagen de la modelo con escote, ésta se adapta al mercado musulmán modi ficando la imagen al cubr ir el escote de la modelo. Si bien nuestro trabajo no está directam ente relacionado con la publicidad, el objeto de nuestro estudi o es un producto que se vende, un diccionario; no obstante, dejando a un la do la parte mercantil de toda obra lexicográfica, exist en elementos comunes entre la tr aducción public itaria y la traducción de diccionarios. Concretam ente, hay dos aspectos íntimamente relacionados: las imágenes y la adaptación. Por nuestra parte, de la selección de imágenes que llevaremos a cabo, estudiaremos si se ha respetado en la obra traducida la inclusión de imágenes en color, el lugar que ocupan en el te xto y si se ha optado por la adaptación cultural, es decir, si se han cambi ado las imágenes con la intención de proporcionarle al lector español unas imágenes más cercanas, más propias de su cultura. 331 Cf. Even-Zohar, I. (197 9/1999): "Polysysteme Theo ry", Poetics Today 11/1 , pp. 287-310 y "La posición de la literatur a traducida en el polisiste ma literario", Teoría d e los Poli sistemas, Estudio introductorio, trad ucción, compilació n de textos y bibliografía por M. I glesias Santos, Bibliotheca Philologica, S erie Lecturas, Arco, Madrid, pp. 223 -231. Este autor se refiere a polisistemas l iterarios, nosotros basánd onos en él, hablamo s de polisistemas culturales . 279 3.3.5. La traducción de los elementos culturales La transferencia de una cult ura a otra, de un sistema lin güístico a otro de los elementos culturales, es decir, de los culturemas 332 supone un desafío para el traductor. Diversos autores han estudiad o esta problemática y han efectuado propuestas distintas que dependen de los crit erios y de las técnicas empleadas. Los culturemas no sólo se refieren a un tipo de léxico determinado, sino que también pertenecen a categorías distin tas y por ende, requieren soluciones concretas, por lo que una única soluci ón resulta insuficiente. Margot (1979) 333 propone considerar tr es cuestiones: 1. Cuando las culturas recurren a medios diferentes para alcanz ar objetivos similares. 2. Cuando los mismos objetos o acontecimientos pueden tener sentidos diferentes (los falsos amigos culturales). 3. Cuando algunos objetos o acontecimientos no existen en otras culturas (la inequivalencia). Otros autores como Hewson y M artin (1991) se ocupan de las distintas opciones con que cuenta el traductor dependiendo de la re lación que exista entre las dos culturas, mientras que otros, como Vlakhov y Florin (1970), se interesan por las técnicas que debe adoptar el traductor a la hora de enfrentarse con los elementos cultur ales. Florin (1993) realiza algunas matizaciones a la propuesta de 1970 y se centra en un a serie de factores que influyen en la elección de una técnica u otra: 1. El carácter del texto (en las obras teatrales y en los libros infantiles no pueden ponerse notas). 2. La importancia del el emento cultural en el contexto (el grado de importancia que elemento desarrolle en el texto). 3. La naturaleza del elem ento cultural (el grado de familiaridad par a el lector, su registro, etc.). 332 Asimismo, otros autores tambi én se han centrado e n los elementos culturale s y han acuñado su propia terminología; así, por ejem plo, Vlakhov y Florin (1970), den ominan realia a aquellos elementos textu ales que denotan color histórico o local y los agrup an en cuatro categorías: 1) elemento s geográficos y etnográficos; 2) o bjetos folclórico s y mitológico s; 3) objetos cotidiano s y 4) elementos socio históricos. 333 Esta autora se basa a su vez en Reyburn, W. D. (1970): “Cultural Eq uivalence and Non - Equivalence in Translatio n II”, The Bible Translator 21 , 1, 26-35. 280 4. El par de lenguas en cuestión. 5. Las características del lector. Asimismo, otros investigadores como Hervey y Higgins (1992), centran su atención en el resultado que depen de de las decisiones y técnicas empleadas. Estos autores realizan una gr adación y manejan la noción de filtro cultural . El filtro cultural se refiere a toda trasposición cultural derivada de cualquier solución traductora que no de como resultado una traducción lite ral. Hervey y Higgins (1992) proponen distintos grados de trasposición cultural que van desde el mantenimiento de los rasgos de la cultura de partida a la elección de los de la cultura de llegada: a. Exotismo. b. Préstamo cultural. c. Calco. d. Traducción comunicativa. e. Traslación cultural. Los puntos extremos los encontramos en la s propuestas a y e ; de esta manera, el exotismo consistiría en utilizar un mínimo de adaptacion es y mantener los rasgos lingüísticos y cu lturales de la cultura de partida 334 , mientras que la traslación cultural se efectúa al realiz ar una adaptación total a la cultura de llegada. Como hemos visto, no existe una única s olución a los problemas que plantea la traducción de los elementos cu lturales, y numerosos autores han consagrado diversos trabajos a esta problemática sin lle gar a una solución definitiva. Por tanto, el traductor deberá valorar las distintas opciones de las que dispone y actuar en consecuencia. 334 Cf. Miseria y esplendor de la traducción (1937/1 980) en donde Ortega se plantea si la traducción no es una utopí a y se posici ona a favor de traducir de forma casi literal para que, de manera explícita, qued e constancia de la con dic ión extranjera del texto. Para este autor, la lectura de una traducción debería ser dificultosa, ya que é sta tendría que con servar los rasgos sintácticos y morfológicos del texto original. 281 comunicación y supeditadas a la macrofunción didáctica de nuestr o texto. En el cuadro siguiente que, si ntetiza la metodología que emplearemos en la evaluación de las distintas adaptaciones en la traducción del dicc ionario estudiado, recogemos los diferentes ti pos de adaptaciones, el procedimiento mediante el cual se han llevado a c abo y las funciones con que dichas adaptaciones cuentan. Adaptaciones TIPO PROCEDIMIENTO FUNCIÓN Adaptación Necesaria Ampliación, sustitución u omisión F. referencial F. explicativa F. contrastiva Adaptación Admisible Ampliac ión o sustitución F. explicativa Adaptación Innecesaria Ampliación, sustitución u omisión F. ostentativa F. arreferencial Analizaremos, por tanto, si las adaptaciones cumplen una función referencial, explicativa, contrastiva, ostentativa o arreferencial. De esta manera, existen dos funciones que deb erán jugar un papel pr edominante en el texto: la función referencial y la explicativa , dado que el carácter didáctico del diccionario les obliga a ello y, por t anto, las adaptaciones deberían haber sido realizadas con la idea de “c omunicar” toda la información contenida en el TO y, en consecuencia, a veces, se requerirá de una “explicación” que “informe” al otorgan a la tradu cción un papel perifé rico. A finales de lo s ochenta comien zo de los nove nta, según Genzl er, E. (1993): Contempo rany Translation Theories, Routledge, Lo ndres, se p roduce un alejamiento del polisist ema, considerado demasi ado formalista y restrictivo y se adopta un enfoque más cultural, cen trado en el papel de la s instituciones y del poder dentro de una cultura. Esta nueva post ura queda de manifiesto en la obra de Lefev re y Bassnet (19 90): Translation, History and Culture , Pinter Publi shers, Londres, en la que se sugi ere que los teóricos de la tradu cción deben com enzar a utili zar términos como mecenazgo e ideología para adentrarse en las rela ciones del pode r con la producción cultural, de la que forma parte la traducción. S e incide, por tanto, en el papel de editores, medio s de comunica ción, etc. que promueven o impiden la lectura, escritura o re escritura de l a literatura y que actúan como mecanismos regulado res del papel que ocupa la literatura en la sociedad. Se destaca el papel de la traducci ón como elem ento configurador de la cultura y se pone en cuestión el concepto de universalismo; ademá s, se incide en la idea de la tradu cción como reescritura y en la intervención de los a spectos ideológi cos, cultur ale s y de las relacione s de poder. No obsta nte, a pesar de este enfoque, en el que cue stiones relativas al poder o a la ideología pue den intervenir den tro del proces o traductor, la función a rreferencial de la que nosotros hablamos no está vinculada co n esta postura, pue s una cosa es cambia r/manipular el texto motivado po r una cuestión ideológica y otra, muy distinta, es ro mper la comunicación con el u suario/receptor, 288 lector sobre un aspecto determinado. No obstante, como veremos, esta máxima no siempre se cumple en todos los casos. Igualmente, analizaremos algunas subentradas en las que predomina clar amente la que hemos optado en llamar función ostentativa, pues la traductora hace gala de sus conocimientos sobre la materia sin razón que lo just ifique. Finalmente, hemos incluido un a función arreferencial , puesto que la adaptación de una parte del texto puede incidir negativamente en la información del mensaje. Así, la funci ón arreferencial no sólo estaría relacionada con la omis ión de una parte relevante del discurso, sino también con el exceso de información ya que, en ocasione s, un número elevado de datos influyen en la no rece pción de la información relevante. El hecho de que las adaptaciones nec esarias y admisibles compartan tanto los procedimientos de ampliac ión y sustitución, como la función explicativa, hace qu e en algunas subentradas la front era entre un tipo u otro de adaptación se difumine y que éstas se puedan analizar e interpretar en un sentido o en otro. Sin embargo, aunque esta intersección es posible, en el análisis traductológico hemos optado por pr esentar una única int erpretación de la adaptación. 3.3.8. Inadaptaciones Además, el TM no sólo nos proporciona numerosas adaptaciones; también se pueden producir inadaptaciones , pues, de la misma manera que el traduc tor realiza adaptaciones para que el TM resu ltante se adecue a la cultura meta, también puede traducir entradas sin ninguna adaptación que tengan como resultado un TM arreferencial. La inad aptación, en general, es una traducción literal con función arreferenc ial dentro del texto. Se traduce palabra por palabra y no se tiene en cuenta que el resultado de dicha operación, es decir, el TM, no significa absolutamente nada en la Cultur a Meta, aunque la oración resultante sea, desde un punto de vista sintáctico , intachable. Por ejemplo, en la subentrada de lengua Augias leemos « nettoyer les écuries d’Augias signifie mettre un terme à un état de corruption au prix de difficiles réformes », que es traducido en el TM como “la expresión limpiar los establos de Augias significa poner fin a un estado de corrupción empren diendo par a ello difíciles reformas”. Pues bien la traducción literal de la s ubentrada es arreferenc ial ya que en la 289 Cultura Meta no significa nada y, por t anto, la traductora tendría que haber omitido esta subentrada. En las inadaptaciones, por t anto, el TM cumple con una función arreferencial. 3.3.9 Adiciones También se puede dar en el TM lo que hemos denominado adición , esto es: entradas o subentradas que no exist en en el TO y que son añadidas ex nihilo por el traductor. En estos casos el procedimiento que se emplea es la incorporación. Estas incorporaciones pueden se r admisibles o inneces arias y cumplir con una función explicativa o arreferencial respectivamente. 3.4. Conclusión A la luz de lo expuesto en los apartados anteriores, para analizar la traducción de cualquier obra lexicográfica se debe, en primer lugar, acercarse al TO desde un enfoque metalexicográfico; una vez r ealizado dicho análisis, se debe comparar la macroestructura de ambos diccionarios para ana lizar con juicio crítico las diferencias. Asimismo, dado el carácter tipológico tan convencional de los diccionarios, saber si se han respetado las convenciones textuales resultará fundamental. De hecho, conoc er si las convenciones textuales lexicográficas difieren de una cultura a otra y si el traductor ha adoptado aquellas relativas a la cultura hacia la que traduce será otro de los elementos importantes que deberán se r tenidos en consideración. Este anális is metalexicográfico previo, particularmente el estudio de la tip ografía, el formato y las imágenes, actúan como nexo con el comentario estrictamente traductológico, pues, evidentemente, es te análisis debe concluir con la evaluación de la traducción del diccio nario. Así pues, hemos considerado que el estudio de los diccionarios traducidos debe ser abordado, como paso previo, desde la metalexicografía y, por ello, hemos propuesto incluir el estudio de estos diccionarios en el esquema de Wiegand. Dada la estructura de anális is que proponemos, los diccionarios tr aducidos deben encuadrarse dentro de la crítica a los diccionarios de dicho esquema. En la evaluación de la traducción de un diccionario, independ ientemente del tipo de diccionario de que se trate, el traductor se verá en la obligación de utilizar, en mayor o menor medida, la ad aptación como técnica d e traducción. 290 De esta manera, conocer qué tipo de adaptación se ha llevado a cabo, mediante qué procedimiento y con qué función se rá uno de los elementos fundamentales del análisis tr aductológico. Para estudiar el tipo de adaptac iones hemos seguido la propuesta de Pascua Fe bles (1998) adaptada a este tipo de obras, que hemos ampliado con el concept o de inadaptación y, especialmente, con las funciones de los diferentes ti pos de adaptación, pues consideramos de una importancia esencial conocer qué papel desempeña cada adaptación realizada. Asimismo, partiendo de las se cuencias prototípicas de Adam (1992) hemos propuesto dentro del esquema de las adaptaciones las s ecuencias de adaptación, ya que ambas propuestas tien en una base funcional. Por último, hemos establecido la importancia del signo lingüístico cultural para poder abordar la correcta traducción de textos vincul ados estrechamente a una cultura. Por tanto, creemos que los parámet ros de análisis propuestos permiten emitir un juicio fundament ado sobre la calidad de la obr a, tanto del diccionario que actúa como texto original como de su traducción. En definitiva, la metodología q ue utilizaremo s en nuestro análisis s erá un híbrido entre la evaluación metalexi cográfica centrada en la crítica de diccionarios y la adaptación y sus funciones como técnica de traducción. 291  4 Análisis metalexicográfico 293  4. Análisis metalexic ográfico Este capítulo estará consagrado al análisis metalexicográfico del Dictio nnaire culturel de la myth ologie gréco-rom aine , según el método propuesto por Haensch (1997) que hemos explicado en el capítulo anterior. Para ello, efectuaremos, en un primer mom ento, una descripción del TO y, a continuación, realizaremos una com paración con la obra traducida. Esta segunda parte de nuestro análisis mostrará únicamente las diferencias entre el TO y el TM pues, por lo demás, el conten ido es el mis mo que el del diccionario francés. El uso de imágenes e ilustraciones en los dos diccionarios también será objeto de estudio, tant o desde una perspectiva metalexic ográfica como traductológica. No obstante, debido a las li mitaciones de esta investigación, no analizaremos toda la iconografía presente en las obras, sino que realizaremos una selección representativa que nos aporte datos sufi cientes para llegar a unas conclusiones sobre la materia. 4.1. Análisis metalexicográfico del texto original: Dictionnaire culturel de la mythologie gréco-romaine En esta parte de nuestro trabajo analizaremos, a trav és del método present ado en el capítulo anterior, el texto original obj eto de es te estudio, es decir, el Dictionnaire culturel de la mythologie gréco-romaine . Lo primero que debemos destacar es la fecha de impresión de la ob ra, 1992; tras esta primera impresión, la editorial Nathan la reimprimió en los años 1997, 19 98 y 2007 con algunas modificaciones en la forma y ninguna en el contenido. Nosotros hemos manejado para abordar este análisis las tres últimas, es decir, las de 1997, 1998 y 2007 342 . Aunque en un principio, se tr ata sólo de reimpresiones , creemos que existen algunas modificacio nes que resultan interesantes para nuestro comentario; de esta manera, lle gado el momento, las analizaremos y podremos mostrar cuál ha sido su calado. Del mismo modo, ha resultado igualmente importante poder estudiar estas tres reimpresiones para así valorar 342 Dado que se trata de modificaci ones leves en la pa rte formal, pero no en el co ntenido, para nuestro análi sis utilizaremos la última reimpres ión, es decir, la de 2007. No obstante, las reimpresione s de 1997 y 1998 nos servirán pa ra mostrar dichas m odificaciones. 295 las diferencias con el texto meta, es decir, la traducción. Respecto a esta última, sólo existen una edición y una re impresión que se corresponden con los años 1996 y 2006 343 . 4.1.1. Datos bibliográficos Además del cuerpo del diccionario y de los apéndices e índices, cualqu ier tipo de obra contiene lo que se ha denominado pliego de principios ; la expresió n pliego de principios , según Martínez de Sousa ( 1995:118), se refiere a las páginas iniciales de cualquier obra, sin considerar el número de páginas en relación con la unidad de tirada de la obr a. De este modo, el pliego de principios se compone de un número par de páginas en blanco ( dos o cuatro) llamadas cortesía y una serie de textos que reciben el nombre genérico de principios del diccionario , esto es, el conjunto de textos que preceden al diccionario. Este conjunto puede esta r formado por todas o algunas de las partes siguientes: portadilla, contraportada, por tada, página de derechos, presentación, prólogo, intr oducción, normas de empleo del diccionario, lista de colaboradores y lista de abreviaturas. 4.1.1.1. Título El título de la obra es Dictionnaire culturel de la mythologie gréco-romaine ; el coordinador o director del diccionario es René Martin y la editorial, Nathan. La primera impresión, como advertíamos más arriba, data de 1992 y no se indica la ciudad de impresión, sino el país, Francia. 4.1.1.2. Formato Según Martínez de Sousa (2004 :432-33) para establecer el formato de un libro debe tenerse en cuenta dos aspectos importantes: el contenido y el papel de impresión. Aunque parece que, dada la normalización que existe en el mundo editorial a nivel internac ional, se ha desechado la v i eja nomenclatura de la 343 Nosotros analizam os ambas en este trabajo; deci mos que el diccion ario de 20 06 es una reimpresión, ya que ha sufrido alg unas modificacio nes, pero no las suficient es como para considerarlo una nueva edición. En cu alquier caso, según los datos que figuran en am bos diccionarios, el impreso en 1996 es una seg unda edici ón, mientras que el de 2006 es considerado como la décima edici ón. Asimismo, la publicidad de la obra e n la página Web de la editorial Espasa-Cal pe presenta la publi cación de 2006 como una nueva edición: http://www.planetadelibr os.com/mitologia-griega-y- romana-de-la -a-a-la-z-li bro- 2166.html#ficha_tecni ca 296 bibliología consistente en def inir los tamaños de las ob ras en octavos, cuartos, etc., la realidad es otra, pues las edi toriales imprimen sus libros en otros tamaños diferentes de los normalizados . No obstante, basándonos en los formatos actuales de los libros dados por Martínez de Sousa (2004:435) y que se rigen por la altura de la obra, podemos decir que el repertorio que estudiamos tiene un formato de octavo-mar quilla, pues su altura es de 21 cm.; el octavo-marquilla c omprende todos aquello s libros c uya altura esté entre 17 y 22 cm. La medida exacta del Dictionnaire culturel de la mythologie gréco- romaine es de 21x13’5, por lo que podemos af irmar que no se aj usta a ningún tamaño normalizado de libro. Asimismo, dado que la altura es superior a la anchura, hablamos de un formato alargad o, a la v ez que por tratarse de un formato en octavo, podemos hablar de un formato regular. Asimismo, se trata de una encuadernación rústica con solapas 344 y con un peso de 442 gr 345 . 4.1.1.3. Número de páginas El número total de páginas del Dictionnaire culturel de la mythologie gréc o- romaine es de 294, incluidos los apéndices y la bibliografía. No obstante, los datos ofrecidos por el catálogo de la ed itorial hablan de 304 páginas, ya que en este recuento incluyen el pliego de prin cipios y el suplem ento de imágenes en color. 4.1.1.4. Número de entradas El diccionario sigue la ordenación alfabétic a internacional y, en algunos casos, agrupa dos letras del alfabeto para or denar sus entradas. Asimismo, algunas de las entradas contabilizadas no se desa rrollan, sino que utiliz an el sistema de remisión y nos indican la entrada a la que debemos dirigirnos para encontrar la información requerida. Por supuesto, al tratarse de un diccionario francés, los dígrafos Ch y Ll no forman parte de su nomenclatura 346 y, por tanto, no actúan 344 Analizaremos las sola pas cuando e studiemos el corp us del TM. 345 El dato sobre el peso lo hemos obtenido del catálogo de Nathan; aunque, en un pri mer momento, este dato pueda parecer irrelevante, la realidad es que dado el ca rácter didáctico y divulgativo de la obra, resulta de gran importanci a, pues incide en la manejabili dad de ésta. En cambio, la editorial E spasa no ofrece este dato sobre sus diccionario s, aunque sin hab erlos pesado, ya podemos adel antar que se trata de ob ras de mayor peso qu e la francesa. 346 Como vimos en el capítulo 1, la lexicografía e spañola trataba, hasta la segu nda mitad del siglo XX, los dígrafos Ch y Ll como letras del alfabeto, mient ras que en los demás paí ses, estos dígrafos se integraban d entro de las letras c y l , es decir, se seguía el orden alfabético 297 que dentro de cada pareja, uno de los dos no posee un número suficiente de términos como para tener la entidad nec esaria para ser autónomo; así, sólo existe 1 entrada de la letra Q , 4 de la letra R y 1 de la letra U . 4.1.3. Evaluación formal cuantitati va y cualitativa del diccionario 4.1.3.1. Descripción de la macroestructura del diccionario La macroestructura 357 del diccionario se compone, además del cuerpo del diccionario, de un prefacio, de varios apéndices: unas instrucciones de c ómo consultar el diccionario, una introducción sobre las fuentes de la mitología grecorromana, un conjunto cartográfico de geografía mitológica, una tabla de correspondencia entre los nombres griegos y latinos de los dioses y héroes, un dossier de imágenes en color de obras de arte y, al final de la obra, encontramos como anexos: una aproximaci ón general a la mitología y varios índices. Finalmente, el diccionario proporciona una bib liografía, además de las fuentes fotográficas y el índice general de la obra. 4.1.3.1.1. Prefacio En el prefacio, los autores hacen un breve repaso histórico y diacrónico respecto a la vigencia e impor tancia de la mitología a lo largo de toda la histor ia en Occidente. Asimismo, aprovechan la oc asión para, a través de ejemplos, demostrar la actualidad del tema tratado. Acto seguido, en el prefacio se ex plica el público al que va dirigida la obra: estudiantes de bachill erato, de primer ciclo un iversitario y a cualquier persona interesada en la mitología grecorromana. En la parte final del prefacio, como ya señalábamos con anterioridad, se justifica la selección del léxico. En cuanto al entramado cultural de la obra, los autores, según explican, debieron selecci onar las expresiones u obras más 357 Seguimos la definición de macroe structura dada por Haensch (1997:3 9-41) para q uien la macroe struct ura es la o rdenación del conjunto de lo s materiales léxico s que forman el cuerpo del diccionario (por ejem plo orden alfabético u orden siste mático) conjuntamente con el prólogo o prefacio, a veces una introducción fonética y gramatical, las instrucciones para el usuario y los posibles anexo s (glosari os de nombres geográficos, li stas de abreviaturas y siglas, glosarios de nomb res de pila, etc.). Mientras que el cuerp o del diccionario se divide en artículos o entradas , que son su má s pequeña u nidad autónom a dedicada a cada una de las unidades léxica s registradas. Asimi smo, para este autor, la mi croestru ctura e s la ordenación de todos los elementos q ue componen un artículo. 304 representativas, aunque también incl uyeron algunas que no eran tan representativas, pero que contení an un carácter “pintoresco”. Finalmente, los autores declaran que es peran haber retenido lo esencial, aunque son conscientes de que su selección no propic iará el acuerdo unánime. Finaliza el prólogo remitiendo a los inte resados en conocer más en profundidad la mitología, a la bibliografía esencia l sobre el tema, escrita en lengua francesa, y que se encuentra entre las páginas 292 y 294 del diccionario. 4.1.3.1.2. Instruccion es sobre cómo consultar el diccionario Figura 25: Instruccione s de cómo consultar el diccionario Como puede verse en la figura 25, las instrucciones de cómo consultar el diccionario están dispuestas en una doble página y de una manera muy gráfica; es decir, se r eproduce una de las entradas y a través de flechas se explican todos los elementos y sím bolos que podemos encontrar en una entrada. Así, en la página izquierda, hay una introducción que explica la organización del diccionario. De este modo, aclaran los autores que por razones de comodidad, el orden establecido en el diccionario es el alfabético. 305 La lectura de las entradas, realizada de manera aleatoria, invita a una búsqueda pluridisciplinar y a agrupamientos en torno a un personaje, un lugar o una noción clave. Los juegos de remisiones y de correlatos permiten aligerar el cuerpo del texto y propone pi stas de reagrupación para trabajos temáticos. De igual manera, los autores nos remiten a los índices que figuran al final de la obra para facilitar el manejo del diccionario. Sigue a esta introducción del manejo del diccionario, un ejemplo con una de las entradas del diccionario: PÂRIS , a partir del cual se explican todas las subentradas, además de otro tipo de informa ción. Así, por ejemplo, el asterisco que marca algunas palabras indica q ue se trata de térmi nos que aparecen recogidos en el diccionario y que deben consultarse para aclarar la definición en la que aparecen. Con la intención de que las definiciones sean lo más claras posibles y que aporten la información más pertinente, se explica la etimología del término, entre paréntesis y entre comillada, cuando dicha etimología contribuye a una mejor comprensión del término explicado. Asimismo, señalados con una flecha apar ecen, dentro de las propia s definiciones, algunos términos que nos envían a los correlatos , es decir, se trata de términos que deberemos consultar para completar la presente definición. Hem os comprobado que, efectivamente, a lo largo de todo el diccionario se emplea este sistema de marcas y que la explicación de éstas al comienzo de la obra facilita su manejo. La página de la derecha es una explicación del entramado cult ural del diccionario. La información queda dividida en dos columnas: la primera de ellas nos explica los cinco grandes ejes sobr e los que se desarrolla el aparato cultural, mientras que la segunda colu mna nos indica có mo podemos tene r acceso a esta información a partir de los distintos listados que encontramos al final del diccionario. Así, la composición del entramado cultural es la siguiente: - Palabras y expresiones (Langue) . Las subentradas de lengua nos proporcionarán información sobre los nombres mitológicos o sus derivados utilizados en la actualid ad en lengua estándar, el lenguaje científico, literario, etc. El listado de palabras y expresiones ex traído de la mitología se encuentra en la página 274. 306 - Referencias literarias (Litt.). Estas subentradas nos ofrecen referencias tomadas de toda la literatura occident al, desde la Antigüedad hasta el siglo XX y con un especial interés por la literatura francesa. El índice de autores se encuentra en la página 277. - Referencias iconográficas (Icon.) . Las obras que se presentan en estas subentradas han sido seleccionadas en func ión de dos criterios: su valor estético y la facilidad de acceso a ellas. En estas subentradas encontramos esculturas, mosaicos, pinturas, etc., incluso obras anónimas. La página 284 alberga el lis tado de pinturas y esculturas. - Referencias musicales (Mus.) . Las subentradas de música, al igual que las de literatura y las de iconografía , han sido seleccionadas con la finalidad de mostrar la relación entre la mitologí a y el arte; las referencias proporcionadas van desde la música clásic a a la canción. El índice de compositores citados se localiza en la página 288. - Referencias cinematográficas (Cin.) . Las subentradas de cine nos ofrecen información acerca de películas de temática mitoló gica. El índice de los directores de cine citados se encuentra en la página 290. En esta misma descripción del entra mado cultural del dicc ionario, se informa al lector de los dat os que figuran en los dist intos índices: apellidos y nombre del autor, fecha de nacimient o y defunción, nacionalidad y u na enumeración de las subentradas en las que es citado el autor en cuestión. 4.1.3.1.3. Corpus del diccionario: el inventario léxico Al comienzo del diccionario 358 , tras las instrucciones de uso y el prefacio, encontramos varios apéndices. Así, el pr imero de todos es una síntesis de las fuentes literarias de la literatura grecorromana que va desde la página 8 a la 11. Esta aproximación a las fuentes liter arias de la literatur a grecorromana está dividida en dos partes: fuentes griegas y fuentes romanas. La selección de los autores se articula en función de que, al menos, una de sus obras sea de 358 Aunque para Ha ensch (1997:39-41) el cuerpo d el diccionario se divide en artícul os o entradas , ya vimos e n el capítulo 3 que según el mét odo empleado po r Haensch (1997 ) para la evaluación de los diccio narios, en este punto del análisis debemos evalu ar si hay anexos y suplementos que complet en el cuerpo del di ccionario y, por tan to, no debemos estudiar los artículos o entrada s que constituyen el cuerpo del diccionario , pues se estudiarán en el epígrafe correspondi ente a la evaluación del contenido. 307 inspiración esencialmente mitológica ; asimismo, el orden de aparición es cronológico. De este modo, en la primer a par te encontramos a autores como Homero, Sófocles, o Hesíodo, mientras que en la segunda, se nos ofrece información sobre autores como Ovidio, Sé neca o Virgilio. En la mayoría de los casos, se realiza una introducción biográf ica del escritor, par a luego hacer una breve introducción de sus obras. El segundo apéndice lo constituy e una serie de mapas, páginas 12 a 15, encabezados con el título Geografía mitológica . En total son cuatro mapas que nos muestran la expedición de los griego s hacia Troya, la expedi ción de los Argonautas, el viaje de Ulises y el viaje de Eneas. El tercer apéndice se encuentra en la página 16, y se trata de la correspondencia entre los nombres griego s y latinos de los dios es y héroes. Para establecer dicha correspondencia se ha realizado un cuadro div idido en dos columnas con tres apartados. La columna de la izquierda sigue el orden alfabético griego y, a su vez , está dividida en otras dos columnas: a la izquierda figur an los nombres en griego y a la derecha su equivalente lati no. Esta primera parte se corresponde con el nombre de las divinidades mayo res; la que le sigue nos proporciona el nombre de las divinidades menores con s us equivalentes latinos y, al final, aparece el nombre de los héroes en griego y en latín. La columna de la derecha sigue la mism a estructura, pero al rev és, es decir, en la parte de la izquierda aparecen los nombres en latín y, a su derecha, su correspondiente en griego. La estructura es exactamente igual que la de la columna izquierda: divinidades mayores, menores y héroes. El último apéndice (pp. I-VIII) es un dossier de imágenes comentadas y estructuradas en torno a cinco temas: lo s olí mpicos, Venus/Afrodita, los héroes, el ciclo troyano y los orígenes de Ro ma. Estas imágenes, además, son una muestra representativa de la s distintas expresiones ar tísticas y formatos en los que se han plasmado los relatos mitológicos, pues se reproducen cuadros, frescos, tapices, carteles de cine, escu lturas, cerámicas, etc. A continuación, reproducimos algunas de ellas. 308 Figura 26: Ilustraciones en color del Dictionnaire culturel de la mythologie gréco-romaine (pág. I). Como puede verse en la figura 26, la primera imagen es de un ánfora datada del siglo VI a. C., conservada en la sección Médailles de la Bibliote ca Nacional de París. Tras los datos de la obra se ofrece una explic ación sobre la iconografía pintada en el ánfora. Para lle var a cabo dicha explicación se va identificando a cada una de las figuras por sus atributos, por ejemplo, Zeus es quien ocupa el lugar central y se le id entifica por el tridente. La segunda 309 [Document text truncated for crawler view.]