"Epigrammatum libellus" de Lucio Flaminio Sículo
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1 Epigrammatum libellus de Lucio Flaminio Sículo Nazaret Rodríguez Fernández Universidad de Sevilla [email protected] Introducción El trabajo que presentamos a continuación ofrece una edición del texto latino seleccionado, una traducción de los mismos y un comentario filológico de algunos de los epigramas que componen el Epigrammatum libellus de Lucio Flaminio Sículo; a lo cual hemos añadido un primer anexo denominado comentario histórico, en el que incluimos datos sobre los personajes a los que dirige sus poemas laudatorios, y un segundo anexo con una copia de la edición antigua del texto latino original. El motivo de esta elección radica en poder trabajar con textos que imitan la lengua clásica, pero con estilos propios del llamado neolatín o latín humanístico. Se consigue con ello seguir estudiando el desarrollo del latín de la mano de un autor renacentista como es Flaminio, además de poder descubrir la relevancia de los humanistas italianos en la España del siglo XV y en los dos primeros decenios del siglo XVI. Además, un trabajo como este, nos aporta una posible línea de investigación que no se ha desarrollado antes, pues los datos relativos a este autor se reúnen a partir de la vida y los escritos de sus amigos eruditos, sin existir aún un único estudio sobre él mismo. El único estudio en el que encontramos un resumen de la información es el artículo de Solís de los Santos sobre el humanista Diego López de Cortegana 1 . Las estancias de estos humanistas en España se desarrollaron con mayor profusión durante el reinado de los Reyes Católicos; el halo de poder y riqueza que rodeó el país provocó una profunda atracción de estos estudiosos, a lo que hay que añadir la dificultad que muchos italianos tenían para encontrar empleo en su propia tierra como profesores de aquellas materias que conformarán nuestras humanidades, obligándolos a emigrar a España, cuyas aulas estaban faltas de tales profesionales. Entre otros nombres de importancia, encontramos a Lucio Marineo Sículo, Pedro Mártir de Anglería, Mateo de Pisa, Arias Barbosa y nuestro autor, Lucio Flaminio Sículo. Biografía Desconocemos la fecha de su nacimiento y poco se sabe de sus años de juventud. Se cree que inició en su Sicilia natal los estudios de los clásicos, sin embargo, 1 Solís 2012, pp. 13-59.
2 los datos fiables sobre su vida comienzan a partir de su entrada en la Academia de Pomponio Leto en Roma, según declara él mismo en la carta dedicatoria a Alfonso de Castilla de su comentario a Plinio: “aunque me hace atrevido la autoridad del egregio profesor Pomponio, bajo cuyas filas milité durante muchos años” 2 . Después de su formación, vino a España en 1486, estableciéndose en Sevilla, donde llegó a impartir hasta diez lecciones diarias. Nada sabemos sobre estas clases, tan solo que allí ya comenzó su fama como buen orador y latinista. Es en estos años de labor docente en la capital hispalense cuando el poeta Pedro Núñez Delgado se convierte en su alumno y profundo admirador, como refleja la cantidad de calcos que realizó de Flaminio en sus poemas 3 y el encomio que le dedica en el mismo libro. Con respecto a su llegada a España, se ha supuesto que vino junto con Marineo a expensas del almirante Fadrique Henríquez 4 ; sin embargo, su compatriota siciliano llegó a nuestro país en 1484 con la promesa de ser el profesor de los futuros hijos del almirante, hecho que no pudo cumplirse 5 ; mientras que Flaminio llegó dos años más tarde, como recogen otros estudios, por lo que no cabe consideración a esta posibilidad. De su estancia como profesor en Sevilla, pasó a Salamanca como candidato para ocupar la plaza dejada vacante por Nebrija. Se cree que llegó patrocinado por su gran amigo y paisano Lucio Marineo Sículo, quien le ayudó a dejar las clases que impartía en la ciudad hispalense para optar a una mejor situación en la Universidad. También parece ser que el doctor Angulo, a quien dedicó uno de los epigramas que vamos a comentar, ayudó a Flaminio a conseguir una cátedra, o al menos así nos lo indica Marineo en una de sus cartas dirigidas a este personaje 6 . Con respecto al año de su llegada a la ciudad, los estudiosos no encuentran una fecha fija: para Lynn 7 , Lucio Flaminio llegó a comienzos del año 1503 para continuar con su trabajo, esperando establecerse en la universidad, a la que se incorporó a comienzos del 1504; para Olmedo 8 y Asensio 9 , llegó a Salamanca en octubre de 1503 y se presentó a la plaza de gramática el 17 de diciembre; aunque no la obtuvo, sí consiguió una cátedra cursatoria o trienal para explicar la obra de Plinio el Viejo. En los registros conservados de los claustros de esa universidad, encontramos la información relativa a la creación de su cátedra: “dixeron 2 Etsi Pomponii praestantis uiri auctoritas sub cuius Marte multos annos militauimus nos reddit audaces. 3 Vera 2002, p. 62. 4 Matteis 1976, pp. 281-282. 5 Jiménez 2001, pp. 34-35. 6 L. Marineo, Ep. IV, 16, pp. 32-36 Jiménez. 7 Lynn 1937, pp. 104-135, cit. por Jiménez 2001, p. 386. 8 Olmedo 1944, pp. 45-48. 9 Asensio 1980, pp. 64-66.
3 en concordia los señores del claustro que el bachiller lucio flamíneo era muy singular onbre en lengua latina e en pohesia o oratoria e otras sciencias, el qual convenía que estuviese en este estudio porque hera mucha utilidad del dicho estudio e le diesen una lectura, e se crease una cátedra en su facultad” 10 . Los comisionados determinaron que Flaminio en sus clases explicaría la obra de Plinio el Viejo, Naturalis Historia 11 . La admiración por su destreza también la refleja Maldonado (c. 1485-1554) en su Paraenesis ad litteras, el cual trató a Flamino con bastante familiaridad en Salamanca. Nos transmite que en sus clases había tal afluencia de doctores y escolares que apenas cabían en las aulas; la causa para él era su agilidad en improvisar y su elegancia, con lo que era admirado por todos 12 . Su opinión de los estudios de latín en España era la misma que la de los restantes italianos afincados en nuestro país. Clamaba que nuestro sistema de enseñanza, basado en el estudio de complicadas gramáticas llenas de reglas y excepciones, no daba la oportunidad al alumno de disfrutar a los clásicos. Fue quizá esta opinión la que provocó tensiones entre nuestro autor y algunos doctores de la universidad, o simplemente, como él mismo propone, fue la envidia por su gran labor en las clases de Plinio. En una de las cartas que le dirige a Marineo 13 da cuenta de ello y expone los problemas que encontró al llegar a Salamanca. Ellos aseguraban que un joven como él nunca podría aclarar los secretos de Plinio pero finalmente se han visto vencidos, pues con su labor ha conseguido unir a su alrededor un gran número de eruditos deseosos de escucharle, aunque se queja por la dificultad de trato con estas personas. Sin embargo, no todo fueron malas relaciones con los profesionales salmantinos, también encontró buenos amigos y grandes modelos poéticos como fueron Pedro Mártir, Marineo o Arias Barbosa. Su admiración por tales poetas quedó reflejada en su Epigrammatum libellus, al dedicarles un epigrama a cada uno, así como a otros personajes distinguidos de la época. También estos eruditos mostraron admiración por nuestro autor al escucharle hablar en el discurso encargado por la Universidad con motivo de la llegada a Salamanca del superior de los dominicos, para lo cual, las autoridades académicas y de 10 Olmedo 1944, pp. 45-46. 11 Asensio 1980, p. 66, nos dice que también explicaba las siguientes obras de Cicerón: el discurso Pro lege Manilia y los escritos filosóficos: De natura deorum y De finibus bonorum et malorum. 12 Maldonado, Paraenesis, 26: “et quidem ea linguae uolubilitate uir ille loquebatur latine, merito ut tum posses mirari. Erat eius oratio ardens ac concitata moreque fluminis uno ductu fluebat”. Edición de Alcina 1980, p. 117. 13 L. Marineo, Ep. VI, 8, pp. 388-392 Jiménez.
4 la ciudad eligieron a Arias Barbosa, con el que nuestro autor compartía la cátedra de gramática que dejó vacante Nebrija 14 , y a Lucio Flaminio. Tras esto, poco más se puede añadir de la vida de este insigne defensor de los textos clásicos. Se recoge en el cartulario de la universidad que el 27 de abril de 1509 se le concedió a Flaminio la cátedra de Retórica 15 , con la condición de que abandonara la de Poesía que ostentaba desde 1507, a la cual accedió tras la muerte de Alfonso Álvarez. Sin embargo, poco pudo enseñar en ella, pues le llegó la muerte en julio de 1509. Marineo en una carta al Rector de la Universidad 16 muestra su dolor por la muerte de este, al que quería, según sus palabras, como un hijo y al que prodigaba una profunda admiración y un afecto sincero, doliéndose también por la gran pérdida que dejaría el profesor en la Universidad, a la que dedicó los mejores años de su vida y su profundo conocimiento de la lengua latina inculcado en el alma de sus discípulos y admiradores. El impreso de Lucio Flaminio Sículo Tomando como referencia el ejemplar conservado en la Biblioteca General de la Universidad de Salamanca, signatura topográfica I/197, podemos dividir la obra de Flaminio en tres secciones, tal y como él apuntaba en la carta a Marineo 17 . La primera de ellas se compone de dos orationes, de las que Gil 18 nos da constancia como parte de los discursos inaugurales de curso que pudo pronunciar nuestro autor. Delante de ellas y como inicio de la obra tenemos un proemio en el que dedica su libro a Francisco de Bobadilla 19 , el que fuera obispo de Salamanca entre 1510 y 1529. Tras esta dedicatoria encontramos primero la Oratio de summo bono 20 , seguida de un escrito, en el que encomienda la obra al rector, Francisco de Sosa 21 . Después tenemos la Oratio de laudibus eloquentiae 22 , con una dedicatoria a Don Alfonso de Castilla 23 . 14 Recogido en la carta que Marineo escribe al rector por la muerte de Flaminio, Marineo, Ep. X, 16, pp. 521-522 Jiménez 15 Beltrán de Heredia 1971, p. 549. 16 L. Marineo, Ep. op. cit. 17 L. Marineo, Ep. VI, 8, p. 392 Jiménez. 18 Gil 2005, p. 60. 19 Fol. 1b, titulada Lutius Flaminius Siculi Don Francisco de Bouadilla antistiti dignissimo salutem dicit aeternam. 20 Fol. 2b, el título completo es el siguiente: Lutii Flaminii Siculi Oratio de summo bono in genere deliberatiuo constituta in florentissima Salmanticae academia magna cum doctorum uirorum attentione habita foeliciter incipit. 21 El título de esta dedicatoria dice así: Lutius Flaminius Siculus nobili uiro Francisco de Sosa Salmanticensis academiae rectori dignissimo at que utriusque iuris peritissimo suo salutem. 22 Fol. 20b, el título completo es el siguiente: Lucii Flaminii Siculi Oratio de laudibus eloquentiae eiusque studio capescendo foeliciter íncipit. 23 Dedicada bajo el título Lutius Flaminius Siculus Don Alfonso de Castella salutem aeternam, fol. 33a.
5 La segunda sección del libro se compone del comentario a la obra de Plinio titulado Commentariolus in Plinii prohemium 24 , en el que encontramos, según las palabras de nuestro autor, puntos oscuros desentrañados por él mismo que no habían sido solucionados antes por otros eruditos. La última parte del impreso alberga el libro de poemas, titulado Lucii Flaminii Siculi epigrammatum libellus 25 , del cual se ha realizado la selección para este trabajo. Esta sección tiene una foliación independiente, distinta a la que veíamos en las orationes y en el comentario a Plinio. Tras él, encontramos un compendio de abreviaturas epigráficas 26 y una última parte en la que Flaminio se encomienda al lector 27 . El libro de epigramas compuesto por Flaminio consta a su vez de 58 composiciones redactadas en latín, con un soneto en italiano. Encontramos pocos cambios con respecto a las formas latinas conocidas, los cuales hemos reflejado en un pequeño aparato crítico bajo el texto. Los más comunes se producen en las grafías fonéticas: e en lugar de ae, unas veces con cedilla y otras sin ella (sęua por saeua, cęlum por caelum; hec por haec), también algunos casos de e en lugar de oe (pęnam por poenam); otro hecho muy recurrente es la reducción de consonantes geminadas, algunas señaladas por un guión superior (cōmisa por commisa; comendo por commendo). En cuanto a las grafías no fonéticas, es muy frecuente encontrar oe en lugar de ē (foelicibus por felicibus), así como variaciones entre i/y (sydereo por sidereo). Todos los epigramas son de corta o mediana extensión, oscilando entre 4 y 25 versos, a excepción de dos de ellos: el poema consagrado a la Cruz con 60 versos y el dedicado al Duque de Alba, de 83. La métrica es muy clara y sencilla, aunque no por ello menos cuidada y meticulosa. Todos los poemas están compuestos en dísticos elegíacos, exceptuando el último mencionado, en el que encontramos solo hexámetros. Con respecto a la temática, podemos dividirlos en dos grupos: religiosos y encomiásticos. En el primer tipo tenemos piezas poéticas dedicadas a Jesucristo, a la Cruz o a María 28 , son las menos abundantes y en su mayoría están dispuestas al comienzo del Libellus. En cuanto al segundo grupo, son los más numerosos y están dirigidos a personajes distinguidos, como personalidades eclesiásticas, los mayores exponentes de la vida académica, y algunos doctores en distintas artes. De todos ellos, 24 Fol. 34a. 25 Fol. a rº. 26 Con el encabezado De priscis notis sigillatim significantibus ex antiquis marmoribus et ex opusculo Valerii probi exceptis. 27 Bajo el nombre de Lutius Flaminius lectori bene agere. 28 Fol. a rº; fol. a ii rº, fol. a ii vº respectivamente.
6 hemos realizado una selección que refleja el estilo de Flaminio. Entre ellos, puede verse el dedicado al haz de flechas utilizado como emblema por la reina Isabel, además de los dirigidos a sus amigos de la Universidad, Nebrija, Arias Barbosa y Lucio Marineo Sículo; de las personalidades eclesiásticas también hemos escogido alguno como el dedicado al obispo de Málaga; y para finalizar, entre los doctores tenemos al doctor Angulo y al doctor de Olmilla. Por último hay una serie de poemas sin destinatario, recogidos como ad amicum, otro a las musas y una facecia arqueológica 29 . En cuanto a la traducción ofrecida, se ha intentado mantener el tono original, reproduciendo, en la medida de lo posible, el estilo del autor. En lo referente a la puntuación, han sido muchos los cambios realizados, y por lo tanto ofrecemos en los poemas seleccionados una visión personal de la misma. La fuente impresa consultada ha sido una copia del ejemplar I/197 de la Universidad de Salamanca que se encuentra publicada en su repositorio documental 30 , además de otra copia en la que solo aparece el libro de epigramas en la biblioteca digital Gallica 31 . Ejemplares Con respecto a los ejemplares conservados, Norton 32 da noticia de dos copias en la Universidad de Salamanca: “I/2962 and another”, de los cuales Martín Abad 33 considera inexistente el segundo ejemplar; añadiendo además la existencia de un nuevo ejemplar en la Biblioteca Colombina de Sevilla con la signatura 12-3-24(2) 34 . Paolini 35 nos aclara que existen las dos copias citadas por Norton, con las signaturas I/296 (2) y I/197, como puede comprobarse en su catálogo bibliotecario. Ruiz Fidalgo 36 tampoco recoge la existencia del segundo ejemplar, siguiendo lo dicho por Martín Abad. Estos mismos estudiosos ofrecen fechas distintas para la publicación de la obra de Flaminio. Norton basándose en la carta de nuestro autor a Marineo 37 con fecha de 25 de marzo de 1503, data en este año la edición, la cual también acepta Ruiz Fidalgo. Sin 29 Fol. a iii vº y recogido por Gómez Moreno 1994, p. 277-278. 30 http://gredos.usal.es/jspui/handle/10366/82442 31 http://visualiseur.bnf.fr/CadresFenetre?O=NUMM-70225&M=notice 32 Norton 1978, núm. 542, p. 200. 33 Martín Abad 2001, núm. 696, p. 267. 34 Martín Abad 2007. Puede comprobarse en http://213.97.164.119/ABSYS/abwebp.cgi/X5102/ID10856/G0?ACC=DCT2 35 Paolini 2010, p. 362. 36 Ruiz Fidalgo 1994, núm. 30, pp. 186-187. 37 L. Marineo, Ep. VI, 8, pp. 388-392 Jiménez.
7 embargo, Martín Abad opta por retrasar un año la fecha de publicación siguiendo lo defendido por Jiménez Calvente 38 . Esta estudiosa de las cartas de Marineo explica que las cartas entre estos dos autores están falsamente datadas, son de 1504 y no de 1503, algo que ya apuntaba Asensio 39 en la obra de Maldonado. La carta que esclarece el problema es la que cierra la serie del libro VI, pues en ella Marineo da constancia de la muerte de la reina Isabel la Católica, fechándola el 7 de abril de 1503, algo que resultaría del todo imposible al tener en cuenta que la reina falleció el 26 de noviembre de 1504. Jiménez Calvente, debido a estos datos incorrectos, se plantea la posibilidad bastante acertada de que todas las cartas anteriores a la misma lleven una fecha errónea, proponiendo como causa que al preparar Marineo su epistolario de cara a la publicación, reordenó las cartas relativas a Flaminio añadiendo el año que supuso más correcto. No podemos olvidar los libros de claustro de la Universidad de Salamanca, en los que encontramos el nombre de Flaminio a partir del 12 de enero de 1504, por lo que es imposible que la ep. VI, 8, en la que Flaminio cuenta que ya había salido la edición de Plinio, se feche en marzo de 1503; por lo que debemos suponer que su fecha correcta es la de 25 de marzo de 1504, año también de la obra de Flaminio. En lo que sí encontramos unanimidad es en el nombre del impresor de la obra, Juan Gysser 40 . De treinta y siete libros que se saben impresos por él, un tercio de su producción son textos latinos para uso académico. Los más importantes son una edición de 1501 del Bachiller Quirós de la Comedia Philodoxeos de Leone Battista Alberti, un discurso de Nebrija sin firmar y la miscelánea sin firmar de nuestro autor 41 . Lucii Flaminii Siculi epigrammatum libellus (selección) I. De insignibus reginae Si plures nexas retinet regina sagittas, effectus uarios maxima quaeque tenet: prima rebellantes confecit cuspide Mauros; altera in occeanum compulit ire Tagum; 5 quo petat inuentum securus nauita mundum, tertia longinquo est peruia duxque mari; subdola gens Mosis simulans pia dogmata Christi 38 Jiménez 1999, pp. 257-260. 39 Asensio 1980, p. 90. 40 Cuesta 1960, pp. 18-20. 41 Norton 1997, p. 63.
8 ne inficiat populos, quam bene quarta fugat; caelitus in terris feriente, et uindice quinta 10 exulat a regnis gens recutita suis; lilia comprenssit magno cum robore sexta; Parthenopaea dedit septima regna sibi. Orbibus at uariis retinent quae uincula nexus: Arsacidas uincent Sauromatasque truces. 15 Vincula Pannoniis, calidis sunt cognita Persis. Sensit Arabs nexus, Chaonicaeque manus. Vincla timet Getulus, sedes quoque proxima soli, unde uenit Titan, quo moriturus abit. I. fol. a iii rº s Ti. De insignibus reginę 3 rebellātes 15 fol. a iii vº s I. Sobre las insignias de la reina. Si la reina guarda muchas flechas anudadas, cada una a cual mejor tiene diversas virtudes: la primera con su punta ha terminado con los rebeldes moros; la segunda empujó al Tajo a ir hasta el océano; (5) para que el navegante pueda dirigirse seguro al mundo descubierto, la tercera es en el lejano mar camino y guía; para que no infeste a los pueblos la astuta raza de Moisés mientras simula las piadosas enseñanzas de Cristo, bien la ahuyenta la cuarta; con la protección de la quinta que golpea en las tierras desde el cielo (10) la raza circuncisa parte para el exilio; la sexta con gran esfuerzo detuvo a la flor de lis; la séptima se concedió los reinos partenopeos. Pero en varias vueltas retienen estas ataduras sus nudos. Vencerán a los arsácidas, y a los feroces sármatas. (15) Las ataduras son conocidas por los panonios, por los impetuosos persas. El árabe sintió las ataduras y las huestes de Caonia. El gétulo teme las ataduras, también su morada vecina del sol, de donde viene Titán, hasta donde para morir se aleja. Comentario filológico: El primer epigrama seleccionado está dedicado a la insignia que utilizó la reina Isabel la Católica como emblema de su reinado: un haz de flechas 42 . Flaminio ensalza la figura de la reina con un bello poema en el que podemos ver una enumeración de sus hazañas mediante distintas alusiones a sus empresas. Nuestro autor ha construido el poema en tres partes bien diferenciadas: en primer lugar tendríamos varios versos 42 En el anexo I puede leerse un pequeño comentario sobre el significado de este emblema y su problemática en el número de flechas elegido para cada representación.
15 cui dedit ingenium de uertice nata Tonantis, 10 Mercurius linguae munera laeta suae. Quicquid et historici, quicquid scripsere poetae, solus habet memori pectore cuncta suo. III. fol. a (5) vº s Ti. Ad doctorem Angulum regis Con. Di. 2 Maronęo 5 aenigmata scripsi : enygmata 6 Cumaeis scripsi : Cumeis 8 fol. a (6) rº s III. Al doctor Angulo consejero de la Chancillería Real. Hermanas, lanzad, por favor, ahora los elocuentes plectros de vuestra lira y rociad vuestros cuerpos con el canto de Marón. ¡Ea! Conviene elogiar al padre de las leyes con el plectro de hojas doradas, el único que está presente en nuestro tiempo. (5) Que desvela los complicados misterios de las leyes sagradas, y más ciertas son sus palabras que las de Cumas, conoce también la historia universal, toda la literatura le es conocida, así como el origen del mundo. Le dio su talento la que nació de la cabeza del Tonante, (10) y Mercurio los fecundos dones de su lengua. Todo lo que escribieron los historiadores y poetas, solo él lo tiene todo junto en su pecho memorioso. Comentario filológico: Este epigrama, más corto que los anteriores y de métrica igualmente sencilla, es en su totalidad una alabanza al doctor Angulo 60 de tono elevado con referencias clásicas típicas de la literatura de la época. En un primer momento basa sus alabanzas en temas generales como el favor de las Musas, nombradas como sorores (v. 1), y el uso del plectro de la lira. El plectro normalmente se fabricaba en marfil, madera o metal, sin embargo en este epigrama aparece un plectro de hojas doradas, algo muy usual en la poesía clásica y renacentista 61 . Estos tópicos son muy recurrentes en los epigramas de Flaminio, así como las alusiones a Virgilio, sin mencionar su nombre de manera directa 62 , sino con referencias a su cognomen o su lugar de procedencia, como ocurre en este poema, Maroneo (v. 2). Ya de manera más específica, pasa a alabar las virtudes del personaje a partir de los siguientes versos. Con una expresión que recuerda a los grandes eclesiásticos como San Agustín o San Jerónimo, padres de la Iglesia, denomina a Angulo padre de las leyes (v. 3: legum parentem), equiparando su conocimiento y aportación en asuntos jurídicos 60 Una pequeña biografía puede leerse en el anexo I. 61 Hor. Carm. 2, 13, 26-27; Petrarca, Bucolicum carmen 10, 201 entre otros. 62 Este fenómeno también es muy común, como puede verse en los epigramas dedicados al doctor de Cubilla o al portugués Arias.
16 a los grandes oradores romanos. Sin embargo, este halago no puede compararse con el que le profesa al comparar su capacidad de conocer la verdad con la famosa providencia de la Sibila de Cumas (v. 6: Cumaeis). Se decía de él que “después que el Rey le dio el cargo, imitando á quien le dio el poder, no solo ha sostenido la justicia en la cumbre que debe estar, haciendo iguales á los grandes y á los pequeños, y á los pobres y muy ricos, y á las desamparadas viudas con los favorecidos soberbios” 63 . Su profundo conocimiento en todo tipo de temas viene representado por una especie de poliptoton con el verbo nosco que muestra la amplitud de su inteligencia: historias, fabula, rerum causa, entendidas como historia, literatura y filosofía (v. 7-8). Su competencia, al parecer, era muy reconocida, pues se puede atestiguar en todos las biografías que existen sobre este personaje. Tras esto, tenemos otro tema típico de la época al señalar que las capacidades intelectuales del personaje fueron dadas por gracia de algún dios; en este caso Minerva, diosa de la sabiduría, nombrada aquí con la fórmula nata Tonantis (v. 9), le concede la inspiración; por su parte, Mercurio, también hijo de Júpiter, le concede una tarea agradable, munera laeta (v. 10). Para finalizar el epigrama, cierra con la repetición de quicquid (v. 11) para dar intensidad al contenido de la oración, volviendo a las alabanzas por la grandeza de tan ilustre obispo y por su magna inteligencia. IV. Ad Arium Lusitanum Quis negat, en, Ario citharam tribuisse canoram Phoebum? Qua melius uix deus ipse canit. Hic superat cunctos nostro quoque tempore uates, siue uelis prosa, carmine siue uelis. 5 Quid loquar? Orator cessit sibi diuus Apollo, hic est cui Phoebus laurea serta dedit. Iam sua facundum conturbant scripta Maronem, crinibus existit prima corona suis. Hic est qui sacros solitus gustare liquores, 10 cui dedit auratam pulcher Apollo chelin. Plurima tu debes mihi carmina docte poeta: mitte modo fidei sint monumenta tuae. 63 Según palabras de Cristóbal de Santisteban en Biografía Eclesiástica Completa, pp. 299-300.
17 Nescio quid nunc ipse tibi dulcissime scribam. Sum rudis, atque manus non satis apta lyrae. 15 Vt modo dicendi tandem iam sine quiscam docte uale semper, sed memor ante mei. Corrige si quidquam falsi quod turpe legenti forte sit, aut nulla carmen ab arte uenit. IV. fol. a (6) rº 1 cytharam 12 fidei correxi : fedei uitio preli s 15 quiscam s : pro quiescam 17 legenti correxi : lengenti s IV. Al portugués Arias. ¿Quién dice que Febo no otorgó la melodiosa cítara de Febo a Ario, miradle? Con la cual el mismo dios a duras penas canta mejor. Él supera también a todos los poetas de nuestro tiempo, bien sea en prosa o si lo prefieres en verso. (5) ¿Qué puedo decir? Como orador el divino Apolo cedió ante él, este es a quien Febo dio la corona de laurel. Ya sus textos perturban al elocuente Marón, la principal corona se yergue sobre sus cabellos. Este es quien acostumbra a gustar los licores, (10) a quien el bello Apolo dio la lira de oro. Tú, docto poeta, me debes muchísimos poemas; deja al menos que sean monumentos de tu probidad. No sé qué te escribiré ahora a ti, queridísimo amigo, soy un ignorante y mi mano no es lo bastante hábil con la lira. (15) Que descanse de este modo de hablar, permítemelo ya al fin: sabio que siguas bien siempre, sabio amigo, pero antes acuérdate de mí. Corrígelo, si acaso cualquier error fuera algo indecente para el que lo lea, pues ningún poema se produce sin arte. Comentario filológico: El epigrama que comentaremos está dedicado al conocido humanista portugués Arias Barbosa 64 , amigo de Flaminio y compañero suyo en Salamanca. Los treinta años en los que ocupó sus dos cátedras de griego y retórica a finales del siglo XV y comienzos del XVI, fueron un refuerzo que, sumado a la labor de Nebrija y otros, consolidó el estudio de las lenguas clásicas en Salamanca 65 . La profunda admiración que le profesa nuestro autor queda plenamente reflejada en una de las cartas que recoge Marineo en su Epistolarum familiarum libri XVIII. En ella, Marineo se dirige a Barbosa para consolarle por la pérdida de las oposiciones a la cátedra vacante tras la marcha de Nebrija en 1503. Para justificar este escrito después de años de silencio, Marineo le cuenta que Flaminio le había expresado lo mucho que admiraba la elocuencia y la 64 Consultar el anexo I para leer su biografía. 65 Beltrán de Heredia 1971, pp. 215.
18 erudición del portugués, al que oyó hablar en público en varias ocasiones 66 . Con esto se justifica que nuestro autor decidiera incluir un epigrama de alabanza a Barbosa. El poema sigue los modelos habituales que pueden verse en los versos compuestos a otros personajes destacados de la época, con una métrica sencilla pero cuidada y con un sinfín de alabanzas acompañadas de pinceladas de falsa modestia. Es una composición larga en comparación con las restantes, consta de dieciocho versos compuestos en dísticos elegíacos, de los que se destila la profunda admiración citada con anterioridad. El epigrama comienza con una oración interrogativa (v. 1) que termina con un encabalgamiento en el verso siguiente. En estos dos primeros versos encontramos la primera alabanza, directa y sencilla: Barbosa puede compararse con el dios Febo y este le concede la cítara melodiosa. Este dios seguirá estando presente a lo largo del epigrama y Flaminio lo designará con el nombre latino y con el griego latinizado: Phoebus y Apollo (v. 2 y 5 respectivamente). Este hecho era muy común ya en la Antigüedad clásica y podemos verlo en autores tan dispares como Aristófanes, Homero o Virgilio 67 . Sorprende, además, que en un epigrama de alabanza como este no recoja mención a las Musas o alguna de ellas, como sí ocurre en el resto de poemas que hemos comentado y elegido. A partir del verso tercero podemos discernir la estructura compositiva del epigrama desarrollada en los cambios de persona de las formas verbales. Hasta el verso diez encontramos el uso de la tercera persona del singular, excepto por la oración interrogativa, quid loquar? (v. 5), como apóstrofe a las alabanzas que dedica. Esta primera parte podríamos dividirla a su vez en tres apartados introducidos todos ellos por el estilema, muy utilizado por nuestro autor 68 , hic est qui, que leemos en los versos tercero (en esta ocasión debemos suponer est qui, que se encuentra elidido), sexto (aquí la fórmula hic est cui) y noveno, todos ellos a comienzo de su oración a la manera de una anáfora. Cada sección expresa un compendio de alabanzas a las que se añaden los atributos que el dios Febo Apolo le concede a Barbosa. En primer lugar, eleva al humanista a la categoría de mejor escritor, tanto en verso como en prosa (v. 4); continúa con la concesión por parte del dios ante su capacidad de orador (v. 5), el regalo del mismo de la corona de laurel (v. 6) y de la lira de oro (v. 10). Encontramos una mención 66 L. Marineo, Ep. XI, 1, pp. 549-552 Jiménez. 67 Ar. Au. 716; Hom. Il. 1, 43; Verg. Aen. 3, 79-80. 68 Al doctor de Cubilla, 5; Al doctor de Carvajal, 8-9.
19 a Virgilio según su cognomen, Maronem (v. 7), otro caso de lo que explicamos en el epigrama anterior. A continuación podemos ver el siguiente cambio de persona en los verbos, escogiendo en primer lugar el imperativo mitte (v. 12) con alabanzas directas a Barbosa mediante el uso de vocativos como docte poeta (v. 11). Tras este cambio, encontramos otro más en los siguientes versos (v. 13: nescio), con verbos en primera persona del singular, con lo que Flaminio nos habla de manera personal e introduciendo aquí la falsa modestia característica de los poemas de alabanzas con la construcción sum rudis (v. 14) frente a la elocuencia y capacidad artística de Barbosa. Para finalizar el poema, escoge un último cambio verbal, esta vez en el modo, pues encontramos dos imperativos en los tres últimos versos del epigrama: uale (v. 16) y corrige (v. 17). La primera oración es la habitual, en la que le desea lo mejor a su amigo, sin embargo, los dos versos finales destacan por su contenido: pide que corrija los posibles errores que pueda haber cometido en la composición (v. 17-18), algo que no vemos con ninguno de los poemas de este Libellus, ni siquiera con aquellos humanistas de gran renombre como fueron Nebrija o Marineo, y que demuestra de nuevo la profunda admiración que le profesaba a su compañero de cátedra. V. Ad Reuerendum Dominum episcopum Malacensem salutem Ter Clio conata tuas conscribere laudes, ter gelido cessit nostra timore manus. Non ausim teneris quicquam committere chartis, cognita uix puero grammata prima mihi 5 non me Thespiades nec pulcher nouit Apollo. Nostra timent summos scripta uidere uiros. Cum primum incipiam sanctas cognoscere Musas molliter et Phoebi tangere plectra manu. Scribere tunc ausim, uenient epigrammata lauro, 10 multa meo ignoscas nunc precor ingenio. Sit uoluisse satis, faciet tua maxima uirtus, pluris et hanc mentem, pluris et hanc animam. Tunc Malacaeas complectar cum carmine laudes, cum dederit Phoebus plectra canora lyrae. V. fol. a (6) rº s Ti. Ad R. Do. episcopū malacēsem S. 3 fol. a (6) vº s; quicquā, cōmittere 7 primū
20 V. Saludo al reverendo señor obispo de Málaga. Tres veces Clío estuvo dispuesta a componer tus alabanzas, tres veces nuestra mano cedió por un frío temor. No me atreví a emprender nada con mis humildes escritos; pues, como las primeras palabras aprendidas por un niño, (5) ni las Musas tespíades ni el bello Apolo me conocen. Mis escritos temen contemplar a los hombres egregios. Tan pronto como empiece a conocer a las sagradas Musas y a tocar suavemente la lira de Febo con la mano, entonces osaré escribir, vendrán epigramas de alabanza, (10) y te ruego que ahora disculpes muchas cosas por mi ingenio. Sea suficiente con haberlo querido, pues tu gran valía estimará en mucho esta intención y este espíritu. Entonces expresaré las alabanzas malacitanas con un poema, cuando Febo me haya concedido los melodiosos plectros de la lira. Comentario filológico: Para este quinto epigrama de la selección, Flaminio recupera el tópico de la humildad del poeta, la captatio beneuolentiae que veíamos en el poema dedicado a Nebrija, estando aquí destinado a ensalzar la agudeza y bondad de Diego Ramírez de Villaescusa 69 , obispo de Málaga en la época en la que se editó el libro de nuestro autor. El poema se construye sobre la base del tópico de la falsa modestia del poeta. Flaminio en todo momento se infravalora a sí mismo y a su trabajo en beneficio de la personalidad de Diego Ramírez. Comienza con ello desde la primera línea del poema, citando a Clío (v. 1), la musa de la historia, designado esta humildad como gelido timore (v. 2). Sigue a continuación con los tópicos más recurrentes de la época y de los clásicos, como es la recusatio, al no atreverse a escribir (v. 3). Y con un curioso símil a las primeras palabras pronunciadas y aprendidas por los niños, queriendo mostrar que no se considera digno de ser contado entre los favorecidos por los padrinos de las Artes (v. 4), añade el segundo tópico del poema, la invocación a las divinidades para conseguir su inspiración y protección. Como ya es habitual en Flaminio, las Musas y Apolo forman la base de sus invocaciones, llamándolas aquí Thespiades (v. 5), por encontrarse el monte Helicón cerca de la antigua ciudad de Tespias 70 ; y a Apolo, en el mismo verso, le atribuye el epíteto que más se ve en los clásicos 71 , pulcher, y que refleja no solo la belleza exterior 69 Consultar el anexo I para leer su biografía. 70 Ov. Met. 5, 310. 71 Calp. Ecl. 4, 57; Verg. Aen. 3, 119.
21 del dios, sino la dignidad del alma reflejada en el cuerpo 72 . En el centro del epigrama, no obstante, se permite la licencia de aparcar un poco esta humildad para dejar claro que escribirá las alabanzas que tan gran personaje (v. 9), y recuperando el tópico, lo hará cuando las Musas y Febo lo acompañen (vv. 7-8) y, al pedir disculpas por sus escritos (v. 10), pasa a alabar directamente al personaje al que dirige el poema al considerar que Diego Ramírez, por su gran bondad, aceptará la intención de su alabanza (vv. 11: sit uoluisse satis), aunque no sea digna de tal persona, con un verso curioso donde repite casi la totalidad de la oración en dos ocasiones, añadiendo como diferencia los sustantivos mentem y animam (v. 12). Para cerrar el epigrama, nombra la ciudad en la que era obispo mediante el gentilicio Malacaeas (v. 13). El uso de este gentilicio sorprende, pues no aparece registrado en ninguna otra obra. No es poco usual construir gentilicios en –as, lo cual vemos por ejemplo en Arpinas, no obstante aquí tenemos la terminación –as como parte del acusativo plural, por lo que debemos considerar Malacaeas como adjetivo de laudes y por tanto como un gentilicio de la primera declinación Malacaea, -ae, algo inusual, pues los más utilizados son –ano- o –ensi- 73 . Estos son los que encontramos atestiguados en distintas obras e inscripciones, todos derivados del nombre que recibía la ciudad de Málaga en la antigüedad, Malaca, en distintos casos: Malacitanus, Malacensis 74 , Malacitanae 75 , Malacitanorum 76 , etc, además de la conocida Lex Flauia Malacitana 77 en la que la ciudad romana de Malaca pasó de ciudad federada a municipio de pleno derecho. Con esto, en una oración de estructura tunc…cum para terminar el poema en estos dos versos finales, recupera lo dicho en el centro del epigrama: escribirá unas alabanzas dignas de Diego Ramírez de Villaescusa cuando Febo lo acompañe en sus cantos. VI.a. Ad doctorem de Olmilla Munera tu crebro doctor dignissime mittis inter munificos connumerande uiros. Non quimus uates tecum certare uicissim 72 Menéndez Pelayo 1994, p. 621. 73 Palmer 1988, p. 239. 74 Mayans 1771, p. 168. 75 CIL 02, 01972. 76 CIL 06, 09677 77 Podremos leer una amplia descripción de la piedra en A. U. Stylow, «La lex Malacitana, descripción y texto», Mainake, 23, Málaga, 2001, pp. 39-50.
22 muneribus, nam nos non nisi uerba damus. 5 Moribus at claro licuit claroque parente id dare quod decuit semper amicitiam. Hac te muneribusque tuis patriamque uetustam moribus, et factis noscet uterque polus. VI.a. fol. A (8) vº Ti. Ad doctorē de Olmilla 6 amicitiam correxi amiciciam uitio preli s 7 patriāq3 VI.a. Al doctor de Olmilla. Tú envías regalos a menudo, el más digno de los doctores, que has de ser contado entre los hombres generosos. No podemos los poetas competir contigo a base de regalos, pues nosotros no ofrecemos más que palabras. (5) Pero estuvo permitido según las costumbres siendo su autor doblemente ilustre, dar aquello que siempre se debió, la amistad. Por esta, por tus costumbres y por tu vida te conocerán ambos polos a ti y a tu antigua patria. VI.b. Ad eundem Fugit ab Hispanis semper deiecta Thalia, nunc Olmilla sibi spesque salusque manet. Nunc Olmilla tenet Musas linguamque latinam, et sua Musarum dicere tecta licet. VI.b. fol. a (8) vº 4 fol. b rº VI.b. Al mismo. La frustrada Talía siempre huyó de España, ahora Olmilla permanece para ella como esperanza y salvación. Ahora Olmilla tiene a las Musas y a la lengua latina, y es posible declarar su propia casa como de las Musas. VI.c. Ad eundem Iupiter altisonans longeui Nestoris annos det tibi Tithoni tempora longa senis. Crescant diuitiae, et tua rumpant horrea fruges, et spument pleno plurima musta lacu. 5 Opiparis hominem mensis te lautius uno aut melius nemo pascere nouit auus. Non opis est nostrae referam pro munere grates, debentur meritis omnia nostra tuis. VI.c. fol. b (1) rº 3 fruges correxi frugens s 4 musta correxi : musca s 5 Opiparis correxi : opiperis uitio preli s
23 VI.c. Al mismo. Que Júpiter, el que retumba desde lo alto, te conceda los años del muy longevo Néstor y los largos años del viejo Titón. Que crezcan las riquezas, y las mieses rompan tus graneros, y que espumeen gran cantidad de mosto en tu repleto lagar. (5) Ningún ancestro supo alimentar al hombre con mesas suntuosas de manera más noble ni mejor que tú. No está en nuestro poder darte las gracias por tu regalo, todas nuestras cosas se deben a tus méritos. Comentario filológico: Los epigramas dedicados al doctor de Olmilla 78 nos ofrecen una disposición única dentro del libro de Flaminio. Este se compone de partes separadas en tres poemas distintos, titulando el primero Ad doctorem de Olmilla y los dos restantes como Ad eundem. Es un hecho que no veremos más en el Libellus de nuestro autor, y es este el motivo por el que aparece en nuestra selección. Además, aunque se presentan como tres epigramas diferenciados, en realidad son un único poema, en el que la separación parece estar hecha según el contenido desarrollado en cada cual. El primer epigrama aúna las alabanzas típicas que dirige Flaminio a una persona importante, con pinceladas de falsa modestia, como es habitual en él, y que vemos expresada con una gran destreza al explicar que el doctor de Olmilla es mejor poeta que los demás (v. 3), los que según sus palabras “no ofrecen más que palabras” (v. 5: nos non nisi uerba damus). No podemos dejar pasar por alto el doble significado de esta construcción uerba dare, que también puede entenderse como “engañar”, elevando así al personaje frente a los poetas de su tiempo. Debemos destacar también que estas alabanzas comienzan con el pronombre tu (v. 1) de manera directa y concisa, sin dejar duda del destinatario del poema. Continúa con una loa a la amistad, digna y sincera, erigida por la virtuosa personalidad de este doctor (vv. 5-6) para terminar esta primera parte dándole las gracias por sus hechos y afirmándole una fama eterna al remitir que todo el orbe conocerá su uetusta patriam (v. 7) gracias a su trabajo. El segundo poema concentra su contenido en la musa Talía, la musa del teatro y la poesía pastoril, a la que sitúa huyendo siempre de España (v. 1). Sin embargo, según Flaminio, tras conocer a este gran doctor, utilizando el nombre de Olmilla (v. 2) como alusión al personaje, Talía se asentará en el país, mientras que este territorio, y por 78 Consultar el anexo I para leer la problemática en cuanto a la identidad de este doctor.
24 extensión el doctor, se erigen como esperanza y salvación (v. 2: spesque salusque) para las musas y para la lengua latina, pues ambas han encontrado su lugar en él (vv. 3-4). Para finalizar, utiliza el último poema para desarrollar el contenido consistente en la despedida. Pidiendo a Júpiter, al que añade el epíteto altisonans al puro estilo homérico (v. 1), que conceda a este poeta tantos años como tuvieron Néstor (v. 1) y Titán (v. 2), ambos conocidos por haber tenido una vida muy larga. Además le desea una vida plena y feliz mediante deseos típicos de la época: riquezas (v. 3), graneros repletos (v. 3) y un lagar lleno (v. 4). Termina el epigrama introduciendo una pequeña alabanza más (vv. 5-6) y dando las gracias por su trabajo, como ya leímos en el poema anterior, al que denomina munera (v. 7). Aun teniendo tres epigramas dedicados a este autor, son pocos los datos que nos ofrece Flaminio sobre su vida, aunque sí podemos entender que se trataba de un gran poeta, pues mereció que nuestro autor le escribiera tales alabanzas. VII. Ad Lucium Marineum Siculum Doctus ab infernis si exiret Tullius umbris, uel tegeret priscos Roma superba uiros, magnanimas caneret coniunctim pagina laudes, sed tua lucenti lumine Musa foret. 5 Te rudis interea caneret mea uocula sertum, laudibus in modicis si foret apta tuis. Nec ualeo celebrare tuum, nec dicere nomen. Cur uolo te chartis inseruisse meis? Quem nec Melpomene, quem nec Polyhymnia posset 10 nec bene cum Phoebo scribere Calliope. VII. fol b ii vº s Ti. A L. M. Siculum 7 fol. b iii rº s 9 Melpomene correxi : Melpemone uitio preli s, quē, Polyhymnia correxi : Pollymnia VII. A Lucio Marineo Sículo. Si el docto Tulio pudiera salir de las sombras infernales, o la soberbia Roma pudiera proteger a sus antiguos héroes, la obra escrita cantaría en conjunto las magnánimas alabanzas, pero la Musa existiría gracias a tu resplandeciente inteligencia. (5) Mientras que mi tosca vocecita te cantaría a ti coronado, si fuera adecuada entre tus modestas alabanzas. Y no tengo fuerzas para celebrar tu nombre, ni para contarlo. ¿Por qué pretendo incluirte en mis escritos? A ti, a quien ni Melpómene, ni Polimnia, (10) ni Calíope acompañadas de Febo te podrían escribir.
1 Anexos Epigrammatum libellus de Lucio Flaminio Sículo Nazaret Rodríguez Fernández Universidad de Sevilla [email protected] Anexo I: Comentario histórico Epigrama 1: El epigrama De insignibus reginae no tiene destinatario directo, como vemos en su título, sino que se presenta como un elogio a las hazañas de la reina Isabel. Como se trata de una persona sobradamente conocida y el poema no está dirigido de manera concreta, no recogeremos aquí asuntos relativos a su vida sino que trataremos el tema del epigrama de Flaminio, la insignia distintiva de la reina: el haz de flechas. Tanto Isabel como Fernando usaron divisas personales para representar su unión y poder en una época tan convulsa como fue su reinado. Las más conocidas fueron el haz de flechas para la reina y el yugo con el lema TANTO MONTA para el rey. La elección de estas divisas parece responder a una costumbre cortesana de la época según la cual el motivo escogido debía representar un objeto cuyo nombre comenzara por la misma letra inicial del nombre del amado o amada 1 . Así, Fernando habría elegido el yugo por el nombre de Isabel, que entonces se escribía Ysabel, e Isabel habría escogido unas flechas por el nombre de Fernando 2 . La intención a la hora de elegir estas divisas ha sido ampliamente estudiada, sobre todo en el caso del yugo de Fernando. La crítica ha interpretado el significado de las principales empresas de los Reyes Católicos de varios modos, aunque coinciden ampliamente en la simbología de la unión dentro del reinado, entendiendo ambas divisas como un todo que muestra la concordia entre ambos cónyuges a la hora de gobernar y la firmeza en sus decisiones 3 . De manera más específica, se entiende el haz de flechas como símbolo de la unión de los reinos españoles. Esta creencia o interpretación, sin embargo, no se ajusta al momento en el que se empezó a usar la divisa, pues no se había conquistado aún Granada, por lo que no podemos dilucidar con claridad la intención de esta elección. Maldonado 4 intenta justificar el sentido de las flechas explicando que alude a la 1 Para un estudio de las fuentes que aportan testimonios sobre este hecho ver el artículo de López 2012, pp. 4-5 2 Suárez 2004, p. 73 3 Narganes 2008, p. 8 4 López 2012, p. 12.
2 fortaleza conseguida mediante la unión de lo disperso y para ello se basa en autores clásicos, como Plutarco, que relata una anécdota relativa al rey de los escitas, Sciluro 5 . Así Maldonado considera que es un símbolo de la unión y fortaleza frente a la desunión y debilidad, una representación de la firmeza de la colectividad unida. Otra opinión sobre este asunto es la que nos ofrece Sagrario López 6 sobre que las flechas atadas transmiten un mensaje de moderación, y las pone en relación con las varas atadas y las segures de las fasces romanas, tal y como explica Plutarco, con respecto al sentido de que vayan atadas, en su obra Cuestiones romanas 7 . Según esto, tendríamos que entender la divisa de la reina unida al yugo de Fernando como un todo, cuya intención era presentar un carácter político fuerte, una especie de advertencia de los reyes a aquellos que se atrevan a rebelarse contra su gobierno, y una muestra de su manera de gobernar a los sometidos, sin soberbias en el triunfo y sabiendo otorgar perdón y clemencia 8 . Hay constancia de un documento que reproduce Menéndez Pidal 9 en el que se recogen las palabras de la reina Isabel sobre su empresa: “las armas del Rey mi señor y mías con mi divisa, que son once flechas atadas por medio”. Resulta curioso que ofrezca un número fijo, el once, el cual aparecerá muy poco en las representaciones iconográficas de esta divisa, tan solo en la Aljafería de Zaragoza 10 . El número de flechas que se ven en las diversas representaciones oscila entre 4, 6, 7, 9, 11, 13 y 14, y resulta muy complicado averiguar el porqué de estas variaciones. Flaminio en su epigrama recoge el número de siete flechas frente a todas las demás opciones. La decisión de optar por este número puede deberse a un sinfín de intenciones o casualidades: debemos considerar que quizá la extensión del poema le impidió elegir un número mayor de flechas, o que su intención fuera reflejar tan solo siete de las grandes hazañas realizadas por la reina. Resulta curioso que justo en la Universidad de Salamanca, en el medallón de la fachada, tengamos una efigie de 5 Plutarco relata que Sciluro, cuando se encontraba a punto de morir, reunió a sus treinta hijos y les entregó un haz de dardos o flechas para que lo rompiesen. Como ninguno pudo partirlo, el rey tomó una a una las flechas y las partió ante sus ojos mientras les explicaba que al igual que ocurría con esas armas, si permanecían unidos, serían invencibles pero si reinaba entre ellos la discordia, serían vulnerables y débiles frente a sus enemigos. Plutarco, Moralia, 17. 6 López 2012, p. 16 7 “¿Por qué las varas de los pretores se llevan atadas en un haz con las segures colgadas? ¿Quizá porque trata simbólicamente poner de manifiesto que la ira del magistrado no debe ser fácil ni irreprimible? ¿O tal vez porque desatar lentamente las varas proporciona una demora y un retraso a la ira, y muchas veces hace que se cambie de opinión sobre la ejecución del castigo? Dado que unas maldades son curables y otras incurables, las varas sanan aquellas que pueden corregirse, mientras que las segures cortan de raíz las incorregibles” Marcos 1992, pp. 81-82. 8 Una intención que recuerda al conocido verso de Virgilio “parcere subiectis et debellare superbos”. 9 Menéndez Pidal 2005, p. 135. 10 López 2012, p. 12
3 Fernando acompañada del yugo y otra de Isabel con el haz compuesto de siete flechas 11 , aunque no podemos considerar que Flaminio pudiera fijarse en esta representación porque la decoración de la fachada se produjo tras la muerte de los Reyes Católicos 12 . Sin embargo, Paulino Ortega apunta en su artículo 13 que en el zaguán oriental de la universidad se encuentran numerosos escudos en el techo que también representan el haz de siete flechas y nos ofrece la idea de que nuestro autor contara las flechas de estos a la hora de componer su epigrama. Aun teniendo representaciones en la universidad en la que fue profesor, no podemos discernir con seguridad los motivos que llevaron a Flaminio a escoger el haz de siete flechas como representativo de las hazañas de la reina, pues la escasez de datos y estudios sobre este autor nos impide hacer un examen más exhaustivo de las razones. Epigrama 2: Elio Antonio Martínez de Cala y Xarana es el nombre completo de tan ilustre escritor al que Flaminio dedica un epigrama de alabanza. Más conocido como Antonio de Nebrija 14 , nace en 1444 y poco más podemos aportar de sus años de juventud, hasta llegar a sus diecinueve años, cuando en 1463 marcha a Italia para estudiar la lengua latina. Dos años más tarde ingresa en Bolonia como becario, lugar en el que, tras cesar como colegial en 1470, permaneció aún varios años más. Es aquí donde desarrolla su pasión por las letras clásicas y donde aprendió lo relativo a la lengua del Lacio. Una vez en España, pasa en Sevilla diversos años enseñando latín en las Escuelas de San Miguel, antes de ser contratado en 1475 por la Universidad de Salamanca como catedrático de Poesía y Oratoria, y al año siguiente como catedrático de Gramática. Es en Salamanca donde residirá doce largos años y donde desarrollará su profundo conocimiento de la lengua latina, hasta su marcha a Alcalá en 1513. De sus preocupaciones metodológicas por reformar la enseñanza del latín en la universidad saldrán impresas en 1481 sus Introductiones Latinae, que tanta fama y tanta polémica a partes iguales suscitó. Entre 1486 y 1504 disfrutó del mecenazgo de don Juan de Zúñiga, lo que le permitió dedicarse a escribir otras de sus grandes obras como son su Lexicon latino-español de 1492 y las Introductiones Latinae cum recognitione de 1495. En estas dos obras Nebrija pretendía destilar todo el saber lingüístico extraído de los mejores autores, y participan de la renovación humanística que defendía. 11 Suárez 2004, p. 298. 12 Flórez 2001, p. 43. 13 Ortega 1951, pp. 111-115 14 F. González Vega, “Nebrija, Elio Antonio de”, DHE, pp. 605-615.
4 Los años restantes los pasa Nebrija yendo y viniendo de Salamanca, con prolongadas ausencias que enfadan al claustro universitario hasta que le obligan a renunciar a su cátedra en 1503, la cual conseguirá de nuevo en 1505. Sin embargo, tras cuatro meses en los que deja sus obligaciones como profesor, declaran desierta su cátedra, que obtendrá Flaminio. Esto no supuso problema para Nebrija, pues en marzo del mismo año será nombrado cronista regio y en agosto volvió a opositar a la cátedra de Retórica, en la que permanecerá hasta julio de 1513. Es en este año cuando Cisneros lo convoca para ocupar la cátedra con el fin de que participe en la edición de la Biblia Poliglota Complutense. En los últimos años de su vida, pues muere en 1522, publica un gran número de obras como la Apologia o su Artis rhetoricae, dejando tras sí un sinfín de escritos que le llenaron de fama y que consiguieron el respeto y la admiración de sus contemporáneos y de los estudiosos de todas las épocas. Epigrama 3: El tercer epigrama de la selección está dedicado al doctor Martín Fernández de Angulo Saavedra y Luna. Nacido en Córdoba e hijo de Juan de Angulo y María de Saavedra y Luna, desde su juventud mostró predilección por las letras 15 y consiguió graduarse como doctor en ambos derechos por la Universidad de Paris. Tras esto, consiguió ser arcediano de Talavera en la Iglesia de Toledo y Canónigo de la de Sevilla, donde fue nombrado Consejero del rey en las cortes de 1499, por cédula fechada en Alcalá de Henares a 30 de marzo de 1498 como consejero en el Consejo y Justicia de la Casa del príncipe Juan y del Consejo Real 16 . Había sido además elegido para la educación del príncipe, sin embargo, al morir este, parece que perdió su influencia y pasó a formar parte del consejo de la reina, siendo nuevamente alejado tras la muerte de Isabel, como demuestra el hecho de que se encontrara lejos de la corte como obispo de otras grandes ciudades 17 . Accedió al obispado de Cartagena en 1509 y de aquí pasó a Córdoba en 1510. Sin embargo, antes de esto ejerció como presidente de la Real Chancillería, sucediendo a Ruiz de Medina y tras las honras a la muerte de Isabel, durante las cuales se paró la actividad en la institución. Mientras ejerció como presidente fue justo en sus procedimientos, atendía mucho las causas de los pobres y viudas y procuraba componer 15 Jiménez 2001, pp. 231-232, nos dice que durante su estancia en Salamanca, Angulo no solo se sentía atraído por los estudios de Derecho sino también por las artes liberales como la oratoria; y también nos habla de la ayuda proporcionada por este personaje a distintos profesores de la época como nuestro autor. 16 Martínez 2000, p. 46. Rodríguez 1951, p. 126: aquí aparece que participó como letrado en las cortes convocadas por el rey para asegurar el testamento de la reina Isabel. 17 Martínez 2000, p. 54
5 amigablemente a los litigantes. En el gobierno de su obispado se mostraba igualmente diligente, rápido al dar la providencia necesaria y vigilante de las operaciones de aquellos ministros a los que encomendó el cuidado y la atención de los fieles. El 24 de marzo de 1508 accedió al cargo y en marzo de 1515 dejó la presidencia y ocupó presencialmente su obispado en Córdoba 18 . Cuando se sucedió la muerte del rey Fernando en 1516, Martín de Angulo fue uno de los acompañantes de la comitiva que trasladó el cuerpo del rey hasta Granada, donde sería enterrado, llevando consigo a cincuenta y cuatro sobrinos como muestra de respeto al rey y como medida para conmemorar lo mucho que Fernando lo había estimado y favorecido. Tras esto, volvió a Córdoba y en el mismo año, el 21 de junio, murió, dejando a la iglesia su extensa y selecta colección de libros y manuscritos 19 . Epigrama 4: El cuarto epigrama que hemos decidido seleccionar está dirigido a Arias Barbosa 20 , lusitano de Esgueira que compartió salas con Flaminio en Salamanca. Nacido en 1470 fue hijo de Fernando Barbosa y Catalina Figueredo, parte de la mesocracia nobiliaria portuguesa. Se formó primero en Salamanca, donde adquiere una sólida base en Humanidades, Filosofía y Teología. Pasa a Italia en 1488 para perfeccionar su latín y aprender griego, lo que consigue en Florencia, donde se deja influir por el humanista italiano Poliziano y se convierte en maestro en Artes. Es a partir de 1495 cuando podemos contar con su presencia en Salamanca como responsable de la cátedra de Griego y luego de la de Retórica. Allí comenzará su amistad con los grandes humanistas italianos como Marineo o nuestro autor, entre otros eruditos españoles y de todas partes tal que Pedro Mártir de Anglería o su discípulo Diego López de Zúñiga. En 1503 se incorpora al Colegio de Doctores y Maestros en Artes tras ganar su cátedra de Retórica, la que compatibilizó con la de Griego. En 1509 tomó posesión de la cátedra de Gramática, dejando la de Retórica, adquiriendo renombre entre los hombres de letras por su comentario a la Historia Apostólica de Arator. Se jubiló en 1523 tras publicar cuatro relecciones, In uerba, Epometria, De Prosodia y De Orthographia, donde defiende para el latín un modelo fonético concreto y se lamenta de la habitual inexistencia de tipos griegos en las imprentas de la ciudad. 18 Olivares 2003, pp. 51-52 19 Gómez 1778, pp. 403-410 20 V. Moreno, “Barbosa, Arias”, DBE, VI, pp. 795-796.
6 El concepto docente se basaba en unir el estudio de latín al del griego, contra lo que creían sus colegas. Su labor académica fue notable con respecto a la difusión del griego en España y su vinculación con la universidad salmantina fue más allá de lo docente, implicándose en su administración. Tras jubilarse, se ocupó en Portugal de la educación del infante Alfonso, y en 1530 se retiró a su localidad natal, donde su salud se quebrantó, aunque antes pudo redactar su obra Antimoria, que pretende menoscabar las tesis del Elogio de la locura de Erasmo por considerarlas propias solo de lectores muy formados. Murió en Esgueira, la ciudad de Aveiro que le vio nacer, en 1540. Epigrama 5: Este epigrama está dedicado al obispo de Málaga, aunque no aporta el nombre del personaje en cuestión. Sin embargo, resulta sencillo descubrir que el destinatario es Diego Ramírez de Villaescusa 21 , ilustre obispo malagueño, catedrático de retórica, profesor de teología y capellán mayor que nació en Villaescusa de Haro en 1459. Este humanista, hijo de Pedro Ramírez de Orellana y María Fernanda de Tercero, del que no se conservan más que unos pocos escritos a pesar de haber ocupado cargos de gran relevancia, comenzó su formación en la localidad de Garci-Muñoz, hoy llamada Castillo de Garcimuñoz, donde aprendió latín 22 . Desde su localidad natal se traslada a Salamanca 23 y en 1478 asiste a las clases de Nebrija y sustituye de manera ocasional a los profesores de Retórica, Filosofía Moral y Astrología. Antes que esto ya había hecho los tres cursos de Artes y se preparaba para la licenciatura y el doctorado. En octubre de 1479 ganó la sustitución de la Cátedra de Filosofía Natural, un puesto que no llegó a ocupar ya que dos días después de su triunfo murió el profesor de tal materia, dejando vacante la Cátedra e invalidando su nombramiento. A cambio, fue designado consiliario de la universidad. No obstante, en febrero del año siguiente también renunció a esta plaza, con la idea de opositar a la Cátedra de Retórica. Aparte de Villaescusa, participaron en la oposición Nebrija y el humanista Fernando Manzanares, y aunque no hay pruebas concluyentes de que fuera este personaje quien ganara la cátedra, es muy probable que así fuera, pues en 1480 ya aparece como bachiller catedrático. A finales de ese año, se trasladó al Colegio de San Bartolomé para impartir clases de Teología y allí residió ocho años de los que no se conservan muchos datos. Se sabe que en 1486, presidió un acto en defensa de las Artes y la Teología, en el 21 Una amplia y completa biografía puede leerse en Ramírez 2009, pp. 229-272. 22 M. Carrera Garrido, “Ramírez de Villaescusa, Diego”, DBE, XLII, pp. 877-878. 23 Encontramos una gran cantidad de datos sobre su estancia en Salamanca en Ramírez 2009, pp. 56-60.
7 que su brillante oratoria le proporcionó la protección de fray Hernando de Talavera, confesor de la reina, y el favor de los Reyes Católicos, presentes en la ceremonia, bajo cuya aprobación le fueron concedidos el Arcedianato de Olmedo y la Tesorería de la Iglesia de Burgos. Una vez terminada la Reconquista, Talavera fue nombrado obispo de Granada y nuestro autor se convirtió en el primer deán de esta diócesis. En 1496 los Reyes lo nombraron capellán mayor de la princesa doña Juana y partió hacia Flandes para bendecir su matrimonio con el archiduque Felipe. Como compensación por sus atenciones, la princesa le otorgó el decanato de Sevilla 24 . De vuelta a España, pasó un tiempo en Lovaina, donde obtuvo el grado de Maestro en Teología, y en Colonia, en cuya universidad fue nombrado doctor en Derecho Civil y Canónico. En 1498 regresó a Flandes para asistir al nacimiento de la infanta Leonor y los monarcas le concedieron el obispado de Astorga hasta que, dos años más tarde, pasó al de Málaga, en el que permaneció hasta 1518. Fueron años de máxima actividad, en los que fundó en Salamanca el Colegio Mayor Santiago el Zebedeo, proyectó en Málaga la construcción de la Torre del Río, fundó la Colegiata de Antequera y contribuyó en la edificación del Hospital Santo Thomé. En este tiempo fue comisionado por el rey para llevar a cabo una inspección de la Universidad de Salamanca, en el 1512 25 , nombrado presidente de la Real Chancillería de Valladolid en 1514 y encargado de celebrar el Sínodo Diocesano de Málaga un año después. Finalmente en 1518 fue nombrado obispo de Cuenca, donde terminó sus días plenamente dedicado a su labor y recordado por sus paisanos como El santo por su gran entrega a la tierra malagueña y a esa misma diócesis tras morir en agosto de 1537 26 . Epigrama 6: Con respecto a la personalidad a la que Flaminio se refiere con el nombre doctor de Olmilla existe un problema difícil de solventar. No aparece ningún doctor bajo ese apellido o que descienda de un hipotético lugar llamado de tal forma. Sin embargo, sí encontramos un pequeño señorío bajo el nombre de Olmillos, que podría encajar como derivado de esta palabra. Los datos relativos a este señorío 27 nos dicen que su señor, en los años en los que se publicó la obra de Flaminio, fue Pedro de Cartagena, hijo de Pedro de Cartagena. Sin 24 Ramírez 2009, pp. 61-64. 25 Ramírez 2009, pp. 64-66. 26 Hermosilla 1975.
8 embargo, no podemos considerar a ninguno de estos dos señores de Olmillo debido a que el primero murió, según parece en el año 1532 con 32 años de edad, y el segundo en torno al año 1478 28 . Queda además la duda de si este Pedro de Cartagena es el conocido poeta español del Cancionero General, lo que cuadraría con el poema compuesto por Flaminio, pues lo denomina el mejor poeta de todos, con el que los restantes no pueden competir. El dilema se resuelve fácilmente al comprobar el año de su muerte, en 1486 durante la batalla de Loja, a lo que hay que añadir que en las biografías 29 que se han realizado sobre este poeta, en ningún momento se menciona que heredara un señorío o que formara parte de este lugar. Es cierto que la muerte del personaje no implica que nuestro autor no pueda dirigir un poema en el que se alabe su grandeza o su obra, no obstante, en el epigrama, Flaminio le pide a Júpiter que le conceda una larga vida y esto imposibilita las opciones anteriores. Hemos encontrado también datos relativos a un poeta llamado Pero Díaz de Toledo, al que normalmente se le conocía como doctor Olmedilla. Aunque el nombre difiere un poco del proporcionado por Flaminio, podemos llegar a considerar que fuera una equivocación o una elisión accidental en la imprenta. Este doctor nació en 1410 y murió en 1466, lo que nos lleva al mismo problema que con los anteriores personajes. También era poeta y su familia tuvo muy buenas relaciones con los reyes precedentes a los Católicos, y también con estos mismos, lo que afianza la posible dedicatoria de nuestro autor. En 1430 figura como estudiante en la Universidad de Valladolid y unos diez años más tarde es contratado por la corona como escritor. En 1441 fue nombrado Oidor de la Audiencia y más tarde Referendario, y es mientras ejerce estos cargos cuando traduce distintas obras de Séneca. En 1453 forma parte del consejo de doce doctores que juzgarían el proceso seguido contra Álvaro de Luna y en un documento de 1459 su nombre figura seguido del título de señor de Olmedilla y es citado como un honrado doctor en leyes. Aunque los datos de su vida, al ser un poeta docto, una persona reconocida y apreciada por la realeza y un doctor con el título de señor de esa localidad, encajarían con los pocos datos que Flaminio nos ofrece en su poema, su fecha de fallecimiento nos hace desestimar la posibilidad de que fuera 27 Los datos han sido sacados de la red: http://www.galeon.com/castillosburgos/olmillos.htm. 28 Salazar 1688, p. 153. 29 Cartagena 2000, pp. 13-27.
9 el personaje alabado en el epigrama, como ocurre con los anteriores, quedando este interesante poema sin destinatario conocido. Epigrama 7: Como último epigrama, hemos elegido un poema dedicado a uno de los mejores amigos de Flaminio y su mecenas dentro de la Universidad de Salamanca 30 . Lucio Marineo Sículo 31 fue un humanista de origen italiano nacido en Vizzini en el año 1444. De sus cartas puede entreverse que sus padres no favorecieron las inclinaciones literarias de Marineo, que comenzó a estudiar primero en Catania y luego en Palermo, donde consiguió destacar en sus estudios hasta ser elegido como sucesor de su maestro, Giovanni Naso en 1478. Sin embargo, prefirió continuar con su formación y se desplazó a Roma, donde permaneció un año como discípulo de Pomponio Leto en su Academia, conociendo allí a Pedro Mártir de Anglería y a nuestro autor, con quienes volvería a coincidir en España. También allí cayó en la moda de latinizar su nombre, pasando de Luca di Marinis a Lucius Marineus Siculus. Una vez adquirió fama, se trasladó de nuevo a Palermo, donde desarrolló su actividad docente entre 1479 y 1484. Allí conoció a Fadrique Enríquez, hijo del Almirante de Castilla, que lo convenció para ir con él a España como preceptor de sus hijos, sin embargo, al no tener hijos en su matrimonio cuando llegaron, Marineo acabó en Salamanca, donde se le ofrecieron las cátedras de Poesía y Oratoria, desempeñándolas durante doce años entre 1485 y 1497. Durante este tiempo, también intentó darse a conocer más allá de las aulas e intentó acercarse a la nobleza para conseguir un patrón generoso que le permitiese abandonar la Universidad para dedicarse a sus aficiones literarias. El momento llegó a modo de ofrecimiento por parte de los Reyes para formar parte de la capilla real en 1497. Ya en la corte ocupó el cargo de capellán real, y más tarde recibió el nombramiento de maestro de capellanes y el de cronista regio. Además el rey Fernando le encomendó la redacción de una biografía en latín sobre la vida de su padre el rey Juan II de Aragón. En esta etapa real, Marineo compuso la mayor parte de sus obras: una recopilación de cartas ficticias de romanos ilustres llamada Epistolae illustrium Romanorum; una antología de cartas y poemas denominada Carmina et Epistolae; poemas como la Passio Dominis hexametris uersibus composita, y un tratado gramatical llamado De Grammatices institutionibus libellus. 30 Los datos sobre su relación y la ayuda proporcionada por Marineo pueden leerse en la Introducción. 31 T. Jiménez Calvente, “Marineo Sículo, Lucio”, DHE, pp. 542-546.
10 Al mismo tiempo que componía estas obras, Marineo cultivó el género epistolar, lo que le permitía mantener una tupida red de relaciones con distintos miembros de la nobleza y el clero, funcionarios y servidores de los reyes. Gracias a este empeño entabló amistad con Alfonso de Aragón, arzobispo de Zaragoza, quien le animó a publicar un volumen de carácter misceláneo compuesto por diecisiete libros de cartas en latín, los Epistolarum familiarum libri XVII, en el que se reúnen 418 cartas escritas por él o remitidas a él por amigos, compañeros, prelados, etc. Durante todos estos años, Marineo, además de desempeñar el cargo de cronista, no dejó de utilizar sus influencias en la corte para conseguir algún nombramiento o prebenda eclesiástica con la que mejorar su situación económica; finalmente, el rey nombró al siciliano en 1505 abad de Santa María de Bordonaro en Sicilia; al año siguiente, recibió también el cargo de abad de Santa María Terrana, aunque no pudo realizarse este nombramiento de manera oficial por las desavenencias entre el rey y el papa Julio II. En 1506 Marineo acompañó al rey en su viaje a Nápoles y en 1507 continuó como capellán de la reina Juana, viuda entonces de Felipe el Hermoso. No obstante a Marineo le aguardaban más problemas, pues en 1510 perdió su cargo como abad de Santa María Bordonaro y hubo de acometer nuevos pleitos para recuperar sus derechos. En ese mismo año y parte del siguiente se ocupó de la traducción al castellano de su biografía sobre Juan II, tarea también encomendada por el rey. El año siguiente, en 1512, el siciliano se convirtió en el tutor de los hijos de Juan Velázquez, contador mayor del reino de Castilla, y continuó siendo cronista regio, pues había recibido el cargo de componer una crónica del reinado de los Reyes Católicos. A partir del año 1514 es poco lo que podemos decir sobre su vida y su labor literaria. Conservamos documentos que nos informan de que Marineo recuperó sus derechos sobre la abadía de Santa María Bordonaro en 1517 y de que en 1524 recibió de Carlos V el nombramiento de abbas commendatarius del monasterio de San Juan Eremita y, posiblemente, una canonjía en una iglesia de Palermo. También podemos ratificar que continuó con su cargo de capellán y cronista, ratificados por Carlos V, hasta el final de sus días, muriendo Marineo en Valladolid en el otoño de 1536 32 . 32 Para una biografía detallada y completa conviene consultar la obra de Jiménez 2001, pp. 31-74.