Don Leonardo, ¡magister!
Abstract
1. Años de formación de don Leonardo. 2. Director de Estudios de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra. 3. Polo y su filosofía en los 70 y 80. 4. Maestro y consejero. 5. Personalidad. Cualidades y puntos ciegos. 6. Huérfano de don Leonardo.
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– 343 – THÉMATA. Revista de Filosofía Nº50, julio-diciembre (2014) pp.: 343-357 ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X DON LEONARDO, ¡MAGISTER! Jacinto Choza Universidad de Sevilla (España) Resumen: 1. Años de formación de don Leonardo. 2. Director de Estudios de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra. 3. Polo y su filosofía en los 70 y 80. 4. Maestro y consejero. 5. Personalidad. Cualidades y puntos ciegos. 6. Huérfano de don Leonardo. Abstract: 1. Formative Years of Don Leonardo. 2. Director of Studies of the Faculty of Arts of the University of Navarra. 3. Polo and his philosophy in the 70s and 80s. 4. Teacher and counselor. 5. Personality. attributes and blind spots. 6. Orphan of Don Leonardo. 1. Años de formación de don Leonardo Lo que yo sé y cuento de don Leonardo Polo es el resultado de mi convivencia con él. Del trato directo y de lo que él me ha contado de sí mismo, porque como desde el primer momento le tomé un gran afecto y tuve hacia él una admiración profunda, le pregunté muchas cosas sobre su pensamiento y sobre su vida. Hay una semblanza biográfica de don Leonardo en Wikipedia (http:// es.wikipedia.org/wiki/Leonardo_Polo), pero está hecha desde el punto de vista de la unidad y continuidad de su carrera filosófica. Creo que las fechas y los datos de esa web son fiables. Me contó que su padre era republicano y que tuvo que exilarse tras la guerra civil española, pues había trabajado como colaborador muy directo de un destacado político republicano. No me acuerdo bien quién, si era Indalecio Prieto o Negrin o quién. Se había exilado a América, a Nicaragua, de donde había pasado a Chile, y allí había iniciado los trámites para acogerse a una amnistía de Franco y volver a España. Mientras realizaba esos trámites en la embajada de España en Chile, murió. Don Leonardo vivió parte de su infancia y su juventud sin padre, y sin recursos económicos, lo que no era infrecuente en la España de la posguerra. Pudo realizar la carrera de derecho como ayudante-lazarillo de un estudiante ciego de una acomodada familia madrileña. Tomaba apuntes para él, leía
Jacinto Choza THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº50 julio-diciembre (2014) pp.: 343-357 – 344 – los apuntes, manuales y bibliografía para él, y de ese modo pudo acabar la carrera con un buen expediente. Lo suficientemente bueno como para conseguir una beca para el Colegio Español en Roma, donde marchó a ampliar sus estudios en 1952. Antes de marchar a Roma, en Madrid, conoció el Opus Dei, y pasó a formar parte de la institución, en la que permaneció hasta su muerte en 2013. En ese ambiente del Opus Dei madrileño de los años 40 conoció a Raymon Panikkar, que se había integrado en la institución a comienzo de los años 40 y se había ordenado ya como sacerdote. El contacto con Raymon Panikkar fue decisivo en la vida de Polo. Panikkar le descubrió la filosofía y le inició en ella, y también en la teología, y don Leonardo nunca olvido a su maestro. Nunca dejó de admirarle ni de quererle, aunque cuando en 1966 el presidente del Opus Dei, Escrivá de Balaguer lo expulsó de la institución, la escasa relación que maestro y discípulo tenían se redujo casi a cero. Para mí fue una profunda satisfacción ponerles en relación otra vez y darles noticias a cada uno del otro, a partir de mi encuentro con Panikkar en 1988. Mientras estaba en el Colegio Español, el Opus Dei promovió la creación de la Universidad de Navarra en el norte de España, empezando por la facultad de Derecho, y en una de las visitas de don Leonardo a la sede central del Opus Dei en Roma, Escrivá le pidió que se incorporara a la universidad de Navarra para explicar Derecho Natural y Filosofía del Derecho allí. - Me dijo que explicara Derecho natural con el manual de NN (no re cuerdo si Sancho Izquierdo u otro conocido jurista español). - Padre, ese libro es muy malo. - Ese libro es muy bueno - Sí, padre. Entonces me vine (1954) y expliqué derecho natural con ese libro. En 1963 empezó la facultad de Filosofía y Letras con la sección de Filosofía incluida, Don Leonardo empezó a dar clases de Filosofía, y tuvo entre sus alumnos a Rafael Alvira y a Eugenio Trías, miembros por entonces del Opus Dei. La vocación intelectual de don Leonardo se había decantado completamente hacia la filosofía, y se había encauzado hacia la carrera académica. Por eso realizó una tesis doctoral en filosofía, en la Universidad Complutense de Madrid (1961), que luego publicó en Ediciones Universidad de Navarra con el título de Evidencia y realidad en Descartes, en 1963. En 1967 obtuvo la cátedra de Filosofía de la Universidad de Granada, en unas oposiciones en cuyo tribunal actuaba Antonio Millán Puelles, que no le
Don Leonardo, ¡Magister! – 345 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº50 julio-diciembre (2014) pp.: 343-357 votó, a pesar de haber sido su director de tesis doctoral en la complutense. Don Leonardo siempre tuvo eso como un punto dolorido en su corazón, y don Antonio Millán siempre justificó su actuación diciendo que si él, siendo catedrático, no entendía la filosofía de don Leonardo, cómo iban a poder entenderla los alumnos. Sin embargo, eso no empañó nunca la amistad y el aprecio personal que sentían el uno por el otro, en aquellos ambientes fraternos del Opus Dei, aunque yo no recuerdo haberle oído a ninguno de los dos frases de aprecio por el pensamiento filosófico del otro. 2. Director de Estudios de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra Don Leonardo volvió a Navarra, como Profesor Ordinario de Filosofía a comienzos del curso 196970, y entonces empezó mi relación con él. Yo había iniciado los estudios de Filosofía en la Universidad de Sevilla en el curso 196162, bajo el magisterio de Jesús Arellano, miembro también del Opus Dei. En el curso 196263 me incorporé a la institución, en 196364 y 196465 hice los cursos tercero y cuarto de la especialidad en la Universidad Complutense de Madrid, marché a Roma para estudiar Pedagogía y Teología allí en centros dependientes de la Universidad de Navarra los cursos 196566 y 196667, y en octubre de 1967 llegué a la Universidad de Navarra. Durante los cursos 196768 y 196869 terminé el quinto curso de la licenciatura en Filosofía, hice los estudios de licenciatura en Derecho Canónico e inicié estudios de Teología. Aquellos fueron los años de la revolución estudiantil en todo el mundo. En todo occidente fueron los años de la revolución sexual. En los ambientes católicos, fueron los años de la revolución del Concilio Vaticano II. Y en España fueron los años del renacimiento del nacionalismo vasco y el nacimiento del terrorismo de ETA. Todo eso afectaba a la Universidad de Navarra, que por entonces tenía la estructura de una empresa familiar y el funcionamiento confiado de un Colegio Mayor. Por esas circunstancias yo había ido centrando mi actividad cada vez más en la facultad de Filosofía y Letras y había empezado a desempeñar funciones de Director de Estudios, con una proyección amplia sobre otros ámbitos de competencias. Cuando llegó don Leonardo de Granada, fue nombrado Director de Estudios de la Facultad de Filosofía y Letras, teniéndome a mí como ayudante adjunto. También colaboraba con nosotros a veces Miguel d’Ors, recién licenciado en Filología Románica, con el que desde entonces mantuve una profunda amistad. Una de las manifestaciones del aprecio mutuo entre Miguel y yo fue que, como él es gallego y lo que más aprecia en el mundo es lo gallego,
Jacinto Choza THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº50 julio-diciembre (2014) pp.: 343-357 – 346 – decidió que yo tenía que ser también gallego, y que mi apellido en realidad no era Choza, sino Chouzas, y así me llamaba con frecuencia. Don Leonardo adoptó también la terminología, y desde entonces en adelante siempre me llamó “ Óptimo Chouzas”. Una de las funciones de la Dirección de Estudios era gestionar el orden y la disciplina académica, y por tanto, el trato y la negociación con la revolución estudiantil. Como don Leonardo tenía una especial dificultad para abordar las cuestiones desde un punto de vista que no fuera el intelectual, incluso el teórico-es- peculativo, enfocaba así también las reivindicaciones de los estudiantes y las respuestas que había que darles. Y así lo hacía. En una de esas ocasiones, nos reunimos Don Leonardo, Miguel y yo para estudiar un escrito reivindicativo de los estudiantes y darles una respuesta. Don Leonardo y yo empezamos a redactar un documento que empezaba aludiendo a una asamblea, unos acuerdos y una manifestación de días anteriores, con las palabras: “El pasado día …” Entonces Ignacio Falgueras, que había terminado la licenciatura en Filosofía a la vez que Miguel y yo, y que se había venido de Granada a Pamplona siguiendo a don Leonardo para hacer la tesis con él, recogió el documento y lo llamó la Transacto die, según la costumbre de denominar a los documentos pontificios con el incipit, con las primeras palabras del texto. Creo que entre las obras completas de Don Leonardo no figura la Transacto die, y temo que se haya perdido, mucho más cuando en la voz “Leonardo Polo” de Wikipedia, se dice que fue un político y abogado español, además de filósofo, profesor y escritor. Durante mucho tiempo yo creí que el enorme estruendo político y social de aquellos años, y sobre todo el modo en que retumbaba en la Dirección de Estudios de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, le había producido a don Leonardo una depresión profunda que le mantuvo alejado de las tareas académicas durante dos años. Él me dijo más tarde que no. Que no había sido una depresión, y que no había sido provocada por ese estruendo, sino que había sido inducida por una medicación de psicofármacos que le administraron. En medio de aquellos problemas, mientras la universidad se estructuraba jurídicamente y académicamente, el Opus Dei tomaba posiciones dentro de la Iglesia católica y se replegaba sobre enfoques tradicionales en la línea de Pio XII y sobre todo de Pio X, en guardia ante las posiciones del Pablo VI y el Vaticano II. La Universidad de Navarra fue prescindiendo de unos profesores e incorporando a otros según estuvieran en mayor o menor sintonía con la ortodoxia a proteger, pero don Leonardo estuvo siempre al margen de eso. Bien porque estuvo en Granada desde el 67 al 69, bien porque a su vuelta estuvo de baja unos dos años, o bien por su especial dificultad para las tareas de gestión práctica.
Don Leonardo, ¡Magister! – 347 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº50 julio-diciembre (2014) pp.: 343-357 En cambio, se vio más afectado por otra medida de protección de la ortodoxia que emanó directamente de Escrivá, el presidente General del Opus Dei y Gran Canciller de la Universidad de Navarra. Hacia 1969 o 1970, los profesores de filosofía pertenecientes al Opus Dei fuimos convocados a una sesión en la que se nos comunicó que al suprimir Pablo VI el Índice de Libros Prohibidos, Escrivá lo había vuelto a imponer, y además ampliado, para proteger a la Iglesia y la fe de los creyentes, y que la Universidad de Navarra tenía que ser ejemplar en eso. En cierto modo, se generó la tendencia a interpretar que la responsabilidad sobre la fe de la Iglesia recaía principalmente sobre el Opus Dei y la Universidad de Navarra, una vez que la Iglesia parecía remisa a asumirla. En consecuencia, no se podrían leer, ni recomendar en la Universidad los libros incluidos en el antiguo Índice, ni los que se iban agregando al nuevo. Los profesores podían pedir permisos para leerlos y se les concedería muy restrictivamente y con causa muy grave. A su vez, los profesores y académicos del Opus Dei asumirían la tarea de reseñar todos los libros de esos índices, exponer las doctrinas perniciosas y exponer junto a ellas el antídoto pertinente. Estos comunicados y estas medidas sí afectaron realmente a don Leonardo. En un primer momento declaró que si no se podía estudiar ni enseñar filosofía, que él no la enseñaría. Por otra parte declaraba que afortunadamente él ya había leído todos esos libros que se prohibían. Y finalmente prosiguió con su tarea docente habitual, desarrollando su propio pensamiento en relación con los diversos autores de la historia de la filosofía. Don Leonardo no participó en la tarea de sacar adelante las colecciones de libros en que se editaban versiones indirectas de los textos prohibidos con los correspondientes antídotos de sana doctrina. Esas colecciones mantuvieron su producción desde algunas editoriales gestionadas por miembros del Opus Dei durante una década, o quizá más. 3. Polo y su filosofía en los 70 y 80 Cuando Polo llegó a Pamplona y empecé a trabajar con él en la Dirección de Estudios, empecé también a asistir a sus clases y le pedí que fuera el director de mi tesis doctoral, a la que yo había puesto como tema y título “Presupuestos antropológicos y gnoseológicos de la noción de ‘Dios’”. Lo que me interesaba sobre todo era conocer su filosofía y entenderla, porque ejercía una fascinación inusitada en un profesor sobre su auditorio. Y como tenía muchas ocasiones de estar con él, porque teníamos que estar juntos en muchos momentos, aprovechaba esos tiempos para preguntarle. Por supuesto asistí a su curso monográfico de doctorado sobre la Introducción a Ser y Tiempo de Heidegger, por supuesto que leía El acceso al ser, y El ser I. La existencia extramental, y por supuesto que escuchaba todas sus
Jacinto Choza THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº50 julio-diciembre (2014) pp.: 343-357 – 348 – conferencias y leía sus artículos de divulgación. Pero sobre todo, en esos dos años que estuvo de baja, iba a su casa a verlo con frecuencia, entraba en su habitación, me sentaba en una silla a los pies de su cama, le preguntaba y el empezaba a explicarme. “A es A supone A. Eso es todo. Esa es la clave de todo y ahí está todo”. Creo que pocas veces ha habido un discípulo más deseoso de aprender de su maestro, un maestro más deseoso de comunicar sus descubrimientos a un discípulo, y unos resultados más decepcionantes en relación con esos deseos. Yo leía y releía Evidencia y realidad en Descartes, El acceso al ser y El Ser I. La existencia extramental, y el beneficio de saber, de comprender y de entender, obtenido durante el tiempo en que realizaba ese esfuerzo era nimio. La cosa cambiaba cuando le escuchaba sus Cursos de psicología, sus Cursos de Teoría del conocimiento, sus lecciones sobre Kierkegaard, Nietzsche, Heidegger o Hegel. Entonces la ganancia de saber y de comprensión era tan enorme y tan radiante que compensaba todos los esfuerzos. Mi situación de perplejidad e incomprensión ante el pensamiento de Polo era la más común entre los colegas de la sección de Filosofía. José Luis Fernández, otro ayudante que hacía su tesis doctoral sobre Malebranche con don Jesús García López, catedrático de Filosofía de la Universidad de Murcia que estuvo aquellos años en Navarra como profesor, le preguntaba a su maestro: - Don Jesús, ¿qué piensa usted de Polo? - Que es un genio. - Pero, ¿usted le entiende? - No - Entonces, ¿cómo sabe que es un genio? - Pues porque cuando habla de cualquier filósofo y lo expone, hace una exposición tan profunda y tan clara, que ves que entiende a esos filósofos mejor de lo que ellos se entendieron a sí mismos. Para entender a Polo había que tener, y hay que tener, una sensibilidad especial para la ontología y la teoría del conocimiento, una capacidad especial para entender cualquier tema desde ese punto de vista. Igual que hay que tener una sensibilidad especial para el lenguaje y el sentido para entender bien a Wittgenstein y sintonizar con él. Y además hay que familiarizarse con su terminología. Esa sensibilidad sí la tenía Ignacio Falgueras, que hacía con él sus tesis sobre Spinoza, y la tienen sus discípulos de Málaga, Juan García González, Juan José Padial, algunos de Pamplona, como Juan Fernando Sellés, y algunos de América como Héctor Esquer, que son los que más han estudiado y difundi-
Don Leonardo, ¡Magister! – 349 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº50 julio-diciembre (2014) pp.: 343-357 do su pensamiento. Mi contribución al conocimiento y difusión de la obra de don Leonardo se inscribe más bien en el orden de la gestión práctica. En los años 70, Polo desarrolló su investigación y magisterio filosófico en la forma de actividad docente, de manera que no distinguía entre investigación y docencia. En general, y como decía Alejandro Llano, que se incorporó a la facultad de Filosofía y Letras de Navarra en 1975, Polo no distinguía los géneros literarios, de manera que siempre hacía lo mismo: pensar en voz alta, ya se tratara de una clase, una conferencia, una tertulia o una conversación de café. No sé si por sugerencia de don Jesús Arellano, que grababa en magnetofón sus clases y que pasó un par de años como profesor en Navarra en aquel quinquenio, o por sugerencia mía, o cómo, el caso es que nos hicimos con un equipo de grabación. Don Leonardo, con esa especial dificultad que, insisto, tenía para todo lo práctico, se sentía desbordado por el cúmulo de ideas y descubrimientos que suscitaba en una amplia y variada docencia, a la que se veía obligado por la escasez y transitoriedad del profesorado y por los cambios de los planes de estudio. Esas clases se transcribían mecanográficamente, y esos textos eran remitidos nuevamente a don Leonardo que los revisaba. Un día que don Leonardo se sentía como fiera enjaulada, y con un ánimo derrotista y depresivo, sobrepasado por la tarea docente que le había sido impuesta (entre otros, por mí mismo, que ya le había sustituido del todo en el cargo de Director de Estudios), le tranquilicé y le dije: no sé preocupe, Magister, verá como lo arreglamos y lo dejamos todo ordenado y manejable. Me fui a la Librería Universitaria, que era uno de nuestros proveedores, compré un montón de carpetas tamaño DIN A-4, una perforadora y un montón de roturadores rojos, azules y negros con punta de diferente grosor. Me lo llevé todo a su despacho. Allí nos pasamos un buen rato perforando folios mecanografiados, metiéndolos en carpetas y escribiendo los títulos en sus lomos. Luego los distribuimos en las estanterías. Y todo quedó en orden: - Aquí las tiene. Las obras completas inéditas del Magister. Don Leonardo se quedó asombrado y su ansiedad se cambió en calma gozosa, mientras me miraba como si yo hubiese separado las aguas del Mar Rojo para que pasará la multitud del pueblo elegido. Cogía una carpeta, la abría, la cerraba y la volvía a dejar en su sitio. Y luego otra, y otra, como un niño con zapatos nuevos. Allí estaban las Lecciones de Psicología, el Curso de Teoría del Conocimiento, la Conferencia sobre la libertad. Todo. Disponible, manejable. Adquirió la costumbre de trabajar sobre esos textos mecanografiados, y así es como surgieron sus publicaciones a partir de los años 70. Cogía un texto mecanografiado, tachaba unos párrafos y añadía otros a mano, con roturador
Jacinto Choza THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº50 julio-diciembre (2014) pp.: 343-357 – 350 – fino. Luego se mecanografiaba otra vez, luego hacía la revisión definitiva, y luego pasaban a maquetación para la imprenta. Durante los años 80 y 90 don Leonardo dio numerosos cursos en la Universidad Panamericana de México, en la Universidad de la Sabana de Colombia, y en la Universidad de Piura en Perú. De esos cursos salieron unas cuantas publicaciones, y creo que el procedimiento de producción de todas ellas fue este de exposición oral, transcripción mecanográfica, corrección, nueva revisión y maquetación para imprenta. Don Leonardo no necesitaba consultar bibliografía, consultar los libros o revisar las revistas más recientes. Nietzsche dice que los pensadores que aportan algo realmente nuevo vienen ya con su aportación dentro y solo tienen tiempo para escribirla, y no para ver lo que dicen otros. Kierkegaard también veía una viva incompatibilidad entre pensar y recoger y ordenar información. Heidegger también y Wittgenstein mucho más. Hegel y Zubiri tenían el gusto de la erudición, y disfrutaban recogiendo datos de revistas de física o de medicina del mismo año en que publicaban sus obras. Pero esa erudición actualizada no era especialmente relevante para su obra. Es posible que los sistemas de evaluación de la investigación y los evaluadores de artículos para revistas científicas, que empiezan a generalizarse ahora, aprendan conforme van madurando, a valorar el pensamiento junto a la erudición actualizada. 4. Maestro y consejero En 1970, después de leer mi tesina de licenciatura sobre el tema “Presupuestos antropológicos y gnoseológicos de la noción de ‘Dios’”, le dije a don Leonardo si quería dirigirme la tesis sobre el mismo tema. Me dijo que sí. Apenas volvimos a hablar sobre el asunto. Cayó enfermo y estuvo unos dos años de baja. La dirección del trabajo la asumió don Antonio Millán Puelles, “para no dejar eso empantanado”, y cuando leí la tesis en 1973 don Leonardo todavía estaba recuperándose. En una de las conversaciones con don Leonardo sobre la tesis me dejó claro algo que nunca he olvidado y que siempre he repetido a quienes han trabajado conmigo: - Óptimo Chouzas, una tesis no se la puede plantear uno como un problema teórico. - ¿Por qué no, Magister? - Porque un problema teórico uno se puede morir sin resolverlo. Y lo más probable es que uno se muera sin resolverlo. Pero una tesis uno no se puede morir sin hacerla. Hay que hacerla, y además en un tiempo determinado.
Don Leonardo, ¡Magister! – 351 – THÉMATA. Revista de Filosofía, Nº50 julio-diciembre (2014) pp.: 343-357 Mientras hacía la tesis estaba enfrascado en las tareas de gobierno y gestión universitaria, y cuando la terminé seguía hipotecado en la misma tarea. Por eso me sentía profundamente insatisfecho de mi tesis, de mi docencia y me sentía incapaz de afrontar con éxito una carrera universitaria. Veía mi futuro como dedicado a la gestión y administración de la universidad, lejos de la aspiración más intensa de toda mi vida que había sido y seguía siendo saber. Y se lo confié a don Leonardo. - Magister, yo no puedo seguir así. Si yo soy profesor de filosofía, pero no sé filosofía, esto es un fraude. Porque yo no sé filosofía. - Y quién sabe filosofía… Yo tampoco sé. - No, no, no, Magister. Usted no sabe como Sócrates no sabía. Lo que yo digo de mí es distinto. Si yo soy profesor de filosofía, en la medida en que lo soy y en la medida en que no sé filosofía, no es que esté cometiendo un fraude y esté mintiendo. Es que yo mismo, en mi sí mismo, soy mentira. Y eso no quiero. No puedo… Bueno, se puede ser profesor de filosofía, y llegar a catedrático, y no saber filosofía… Conozco casos, y usted también… Y lo que no sé es cómo lo soportan… - Bueno Chouzas, es que no se lo plantean así de radicalmente. - Bueno, pues yo, no es que me lo plantee así, es que no soy capaz de verlo de otra manera, y por eso lo mejor es que no me dedique profesionalmente a la filosofía, sino a la gestión y administración universitaria… - Hmmmm, bueno… En 1975 llegó a la Facultad de Filosofía de Navarra Alejandro Llano, que había sacado la cátedra de metafísica de la Universidad de Valencia. Primero se hizo cargo de la Facultad de Filosofía y Letras como decano, y más tarde de la universidad misma como rector. Una de las primeras medidas que tomó fue relevarme del cargo de Director de Estudios de la Facultad de Filosofía y Letras para que pudiera centrarme en el estudio y pudiera iniciar con dedicación una carrera académica. De este modo Alejandro Llano me salvó la vida. Salvó mi vida intelectual, y con ello simple y llanamente, mi vida, porque mi máximo anhelo había sido siempre saber, y no mandar. Y así pude volver a una relación más estrecha con don Leonardo, que compartía esos mismos afanes que yo y en los mismos términos. Entonces me propuse a mí mismo una prueba que le confesé a don Leonardo. Iba a realizar un trabajo que hiciera las veces de tesis doctoral para mí mismo, con todo el rigor de investigación y aparato crítico que a mi modo de ver requería una tesis doctoral. Si lo culminaba de modo que a mí