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Hacia una sistematización del marco político y socio-económico de Gadir durante la etapa púnica (siglos VI-V A. N. E.)

Muñoz Vicente, Ángel; Frutos Reyes, Gregorio de

Abstract

Este trabajo tiene por objetivo marcar unas pautas generales para la reconstrucción de los modos de organización política, económica y social de la polis gadeirita. Para ello nos basamos en la conjugación de las aportaciones de los recientes sondeos geo-arqueológicos con los restos arqueológicos y los datos suministrados por los textos.

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ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 HACIA UNA SISTEMATIZACIÓN DEL MARCO POLÍTICO Y SOCIO-ECONÓMICO DE GADIR DURANTE DURANTE LA ETAPA PÚNICA (SIGLOS VI-V A. N. E.) TOWARDS A SYSTEMATISATION OF THE POLITICAL AND SOCIO-ECONOMICAL ORGANIZATION OF GADIR DURING THE PUNIC PERIOD (VI-V B.C.) por ÁNGEL MUÑOZ VICENTE GREGORIO DE FRUTOS REYES RESUMEN Este trabajo tiene por objetivo marcar unas pautas generales para la reconstrucción de los modos de organización política, económica y social de la polis gadeirita. Para ello nos basamos en la conjugación de las aportaciones de los recientes sondeos geo-arqueológicos con los restos arqueológicos y los datos suministrados por los textos. ABSTRACT The ain of this work is to assign general standards in order to reconstruct the ways of political, economic and social organization of “la polis gadeirita”. For this reason, we have based on the union of the contributions in the recent geo-archaeological soundings, the archaeological rests and the information provided by the written texts. Palabras claves Gadir, Cartago, Circunscripción Púnica Gaditana, Círculo Púnico Centro Mediterráneo, Puertos de Comercio, Industrias de salazones y salsas de pescado gaditanas. Key words Gadir, Carthage, Punic Circumscription Gaditana, Punic Cicle Mediterraneam Center, Ports of trade, Industry of SALT metas and sauces of Gaditana fish. 1. INTRODUCCIÓN La práctica arqueológica en las últimas décadas en la Bahía de Cádiz, se ha caracterizado en líneas generales por su desarrollo paralelo a la dinámica urbanística, atendiendo casi con exclusividad a documentar y proteger los elementos conformadores de nuestro pasado puestos en peligro por cualquier tipo SPAL 14 (2005): 123-144 SPAL 14 (2005) 124 ÁNGEL MUÑOZ VICENTE / GREGORIO DE FRUTOS REYES ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 de actividad con afección al subsuelo. Muy escasos han sido los proyectos realizados desde planteamientos sistemáticos de investigación y siempre para la protohistoria, circunscritos al estudio de yacimientos concretos, sin tener en cuenta su contexto territorial y paleotopográfico. En estas circunstancias resulta evidente que las numerosas investigaciones de carácter aislado que se realizan bajo la dinámica de urgencia o prevención en nuestras ciudades vienen aportando datos del mayor interés, aunque con un tratamiento dispar en métodos y sistemas de registro y que sólo trascienden al mundo científico de una manera muy parcial o sectorizada. Esta problemática sólo puede ser abordada desde estudios de conjunto que agrupen la amplia documentación generada por estas intervenciones, mediante su canalización a través de proyectos generales de investigación integrados por equipos interdiciplinares. En este panorama intentamos hace algunos años esbozar un primer acercamiento al estudio de la ciudad de Cádiz durante la protohistoria desde un análisis territorial y cuya pretensión no fue otra que ofrecer un esquema secuencial del poblamiento, basado en esa información dispersa fruto de las numerosas excavaciones practicadas (Muñoz Vicente 1995-96: 77-105). Con posterioridad, el proyecto geoarqueológico realizado en el casco antiguo de Cádiz en el año 2001 bajo la dirección de los profesores Arteaga y Schulz, que supuso la continuación de los trabajos desarrollados en el saco interior de la Bahía bajo la denominación de proyecto Antípolis (Arteaga et alii 2001), ofrecieron las primeras bases científicas desde donde abordar la revisión de todos estos datos al mismo tiempo que establecer una nueva lectura de los textos de los autores antiguos. El presente artículo se enmarca en esta nueva línea de investigación surgida a raíz de los mencionados estudios y cuyo primer debate y puesta en común se llevó a cabo en los XIX Encuentros de Historia y Arqueología de San Fernando, celebrados en el mes de noviembre de 2003. Desde entonces venimos desarrollando determinados aspectos sobre estas cuestiones, ampliando la documentación presentada y acotándola en periodos más cortos, pero siempre dentro de esa línea general de investigación. En esta ocasión abordaremos el estudio de Gadir y su territorio a partir de las circunstancias y avatares históricos que tuvieron lugar desde la segunda mitad del siglo VI a.n.e. 2. LOS REGISTROS ARQUEOLÓGICOS Desde época fenicia arcaica en las islas de Cádiz se configura un esquema de poblamiento que prácticamente no va a sufrir transformación durante la protohistoria. Los distintos registros arqueológicos que ha deparado la ciudad de Cádiz nos informan de una estructuración de la población en torno al puerto interior de la actual plaza de la Catedral, puesto de manifiesto en los recientes sondeos geoarqueológicos mencionados (Arteaga et alii 2001). En un principio se ocuparían las zonas inmediatas al altozano de la Torre Tavira (niveles inferiores de la calle San Miguel, Ancha y Cánovas del Castillo, éstas dos últimas monofásicas de finales del siglo IX-principios del siglo VIII a.n.e.), para en fases sucesivas ir ampliando la superficie habitada hacia el exterior, ocupando incluso lugares de la isla de enfrente (la mayor o Cotinusa), pero siempre en las cercanías de esa zona portuaria (calles Concepción Arenal y Paraguay). A partir de finales del siglo VII/principios del siglo VI a.n.e., se observa un paulatino abandono de los sectores de la calle San Miguel y Concepción Arenal, no volviéndose a ocupar hasta momentos coincidentes con la presencia romana en Gadir (finales del siglo III a.n.e.) y sobre todo hasta la estructuración sufrida en el siglo I a.n.e. con el nuevo planteamiento urbanístico de la familia de los Balbo. Estos hiatos de uso no son de extrañar en áreas urbanas tan amplias, pues por ejemplo en el Castillo de Doña Blanca, el denominado por su excavadores “barrio fenicio” se abandona a finales SPAL 14 (2005) 125HACIA UNA SISTEMATIZACIÓN DEL MARCO POLÍTICO Y SOCIO-ECONÓMICO DE GADIR ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 del siglo VIII a.n.e., convirtiéndose en una zona de basurero hasta los siglos V-III a.n.e., cuando se construyen nuevas murallas (Ruiz y Pérez 1995: 62). Si en el siglo VI a.n.e. el sector del barrio de Santa María de Cádiz presenta una escasa o casi nula presencia fenicia, la excavación de la calle Paraguay, en el barrio de la Viña, sí aporta datos suficientes al respecto. Así las formas cerámicas más características son las ánforas A1 de nuestra tipología (Muñoz Vicente 1987: 472), encuadrables en el tipo 10.1.2.1 de J. Ramón (1995: 230-231). Las lucernas de dos picos continúan, documentándose algunas con engobe blanco sobre el que se extiende una capa de pintura rojo brillante. A principios de este siglo aparecen los cuencos semiesféricos con bordes engrosados al interior, recubiertos por dentro con engobe rojo poco consistente. La misma forma de cuenco se documenta en la variedad de “cerámica gris”, con tonalidades superficiales de color gris claro uniforme sobre pasta gris-verdosa. Igualmente están presentes los cuencos con carenas y bordes salientes sin decoración alguna, y los platos de engobe rojo de borde ancho (Muñoz Vicente 1995-96: 82). Del área de la necrópolis gaditana conocemos una estructura de pozo de forma cilíndrica inédita excavada por nosotros en 1983 en la playa de Santa María del Mar, en la zona de Extramuros. Dicho pozo, al que denominamos SMM/83/P1, presentó ocho niveles de depósito que oscilaban entre los 0,11 mts del nivel 2 y los 2,13 mts del nivel 7, teniendo una potencia total de 7,10 mts. y un diámetro medio de 1,30 mts. Por el material recogido y disposición de los niveles podemos afirmar que la estructura localizada perteneció a un enterramiento del segundo cuarto del siglo VI a.n.e., siendo violentado a finales del mismo siglo y pasando desde entonces a convertirse en vertedero. En este sentido el enterramiento se situaría en los niveles 7 y 8 y se trataría de una incineración en urna tipo Cruz del Negro evolucionada. Entre los materiales de estos niveles del enterramiento se localizaron varios fragmentos de ánforas A1b (=T.10.1.2.1.), uno de una A3 (=T.11.2.1.1), un fragmento de lucerna de dos picos, algunos fragmentos de platos de engobe rojo con bordes anchos, cuencos carenados y dos fragmentos de trípodes (Muñoz 1995-96, 81). De los niveles superiores, cuando el pozo se convierte en vertedero, conocemos una boca de un ánfora A4a (=T.11.2.1.3), así como otros fragmentos de tipos ibéricos. En esta misma zona de Santa María del Mar, durante 1991, se realizaron una serie de obras de acondicionamiento del talud de la playa, que permitió excavar una serie de pozos, uno de los cuales, el denominado nº 3, suministró un importante depósito de materiales muy homogéneos que nos sitúan en los momentos finales del siglo V/principios del siglo IV a.n.e. Junto a bases de skyphoi de barniz negro áticas de la forma Lamboglia 43, cuencos áticos, fragmentos de lucernas de dos picos y platos con engobe rojo, encontramos varios fragmentos de ánforas corintias B, varios bordes de ánforas ibéricas originarias de la costa catalana y siete fragmentos de borde y parte de los cuerpos y asas de ánforas ebusitanas del tipo 8.1.1.1. de J. Ramon, fechado entre el 400/390 y el 300 a.n.e. (Ramon 1995, 221-222). Igualmente de este sector de la playa de Santa María del Mar conocemos una serie de materiales anfóricos entregados en el Museo de Cádiz a principios de los años ochenta, entre los que hemos podido identificar un borde de A1b (=T.10.1.2.1), uno del A4a (=T. 11.2.1.3) y un fragmento del borde, cuerpo y asa de un ánfora A6, con decoración pintada a bandas horizontales y verticales y trazos en zig-zag en tonalidades rojizas y negras similares a los fragmentos pintados localizados en el alfar del sector III de Camposoto. Posteriormente, en unas excavaciones de urgencia en un solar de la calle Tolosa Latour, se ha excavado un enterramiento en fosa en una urna de la misma tipología, quizás de cronología algo más antigua de principios del siglo VI a.n.e. (Muñoz Vicente 1998: 145). De la primera mitad de este siglo conocemos además un buen número de sepulturas que se circunscriben a un sector de Extramuros (Perdigones, Muñoz y Pisano 1990: 11-31; Muñoz Vicente 1998: SPAL 14 (2005) 126 ÁNGEL MUÑOZ VICENTE / GREGORIO DE FRUTOS REYES ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 138-149), y cuyos límites, en el actual estado de la investigación lo constituyen por el sur los enterramientos de la plaza de Asdrúbal (excavaciones de 1983-84), por el norte las proximidades de la Puertas de Tierra (excavaciones en la c/ Juan R. Jiménez), por el este los ejemplos de la calle Tolosa Latour (excavaciones de 1987/88) y por el oeste los enterramientos de la Avda. de Andalucía 32-42 (excavaciones de 1990) y los de la Avda. Fernández Ladreda (excavaciones de 1989). No obstante en estos últimos años se han localizado enterramientos similares en los terrenos de la Segunda Aguada, ubicada muy al sur de la plaza de Asdrúbal en el sector interior de la bahía. La tipología responde a incineraciones “in situ” en fosas dobles similares a las localizadas en Ibiza y denominadas fosas con canal (Lámina 3) o simples, excavadas en la arcilla rojiza o roca ostionera. Los ajuares lo constituyen objetos de adorno personal (pendientes, anillos, collares, medallones etc) (Lámina 2) y cerámicas tales como platos con engobe rojo con bordes entre 5,1 y 6,7 cms. de anchura, lucernas de dos picos con engobe rojo, cuencos carenados, ampollas y ollas de cerámica tosca (Lámina 1). Además conocemos dos fragmentos de copas griegas arcaicas localizadas en la tumba nº 53 de la excavación de la plaza de Asdrúbal de 1984. Directamente relacionado con estos enterramientos es el fragmento de ánfora de Quíos localizado en la misma excavación en un nivel de la 1ª mitad del siglo VI a.n.e., y que corresponde a parte del borde, cuello y asa. El fragmento pertenece al tipo de ánfora con pasta marrón con desgrasante de tipo arenoso con inclusiones de mica y engobe blanco muy consistente sobre el que se aplica una decoración basada en pintura de color rojizo que ocupa la totalidad del borde, una línea en el cuello y restos en el asa (Muñoz Vicente: 1987: 477; Id. 1995-96: fig. 16, nº 1) (Lámina 11 nº 1). Sin embargo a partir del siglo V a.n.e. son escasas las huellas materiales documentadas en las posibles zonas urbanas comentadas para los siglos anteriores. Sólo se conocen algunos fragmentos de ánforas del tipo A4a (=T.11.2.1.3), del siglo V a.n.e. y derivadas A4c/d (=T.12.1.1.1) y A4e (=T.12.1.2.1) de los siglos IV-III a.n.e. Además están presentes por lo que se refiere a la calle Paraguay los cuencos de cerámica gris con bordes engrosados al interior, los platos carenados con borde estrecho horizontal con engobe blanco sobre la parte interior que se cubre con pintura roja fechados en el siglo V a.n.e. y los platos pequeños con borde saliente horizontal recubierto con engobe rojo, de finales del siglo V / principios del siglo IV a.n.e. (Muñoz Vicente 1995-96: 83) Paradójicamente, las escasas o nulas noticias sobre restos urbanos, se corresponden sin embargo con unos momentos muy bien conocidos tanto a nivel de necrópolis como de industrias, principalmente de salazones. Los niveles de estas factorías, adquieren desde principios del siglo V a.n.e. gran importancia. De ellas conocemos dos grandes áreas: una excavada entre 1983-84 en la plaza de Asdrúbal y otra excavada en 1986 en la Avda. de Andalucía e/a c/ Ciudad de Santander (Muñoz, Frutos y Berriatúa 1988: 489-490). No obstante la revisión de los materiales de los primeros trabajos realizados en 1984 en la primera mencionada, ha proporcionado datos del mayor interés al documentarse en el nivel de base de la factoría (Estrato IIIA) fragmentos de ánforas A4a (=T.11.2.1.3.) con bordes de una de las variantes del sector 3 de Campososto, que permiten establecer el inicio de las actividades al menos en el último cuarto del siglo VI a.C. (Muñoz y Frutos 2004: 135). De los primeros momentos de su actividad no conocemos estructuras pero sí escombreras o fosas con materiales de desecho (Lámina 10). En ellas se han localizado asociadas con restos de atunes ánforas de tipo A4a (=T.11.2.1.3), los mismos materiales que encontramos en el otro extremo del Mediterráneo en Corinto, en el denominado “edifico de las ánforas púnicas” (Williams II 1978: 15-20). Queda pues bastante claro que estas ánforas transportaban productos derivados de la pesca elaborados en el área del Estrecho de Gibraltar. Además de éstas ánforas se localizaron platos con engobe rojo de borde ancho y pequeño diámetro, cuencos y otros vasos de cerámica común de diversa tipología, así como cerámicas griegas de la clase de Saint-Valentín tipo skyphoi con guirnalda de hoja de mirto, lucernas y SPAL 14 (2005) 127HACIA UNA SISTEMATIZACIÓN DEL MARCO POLÍTICO Y SOCIO-ECONÓMICO DE GADIR ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 copas Cástulo y ánforas corintias A’ y B (Lámina 11 nº 2 a 6). Junto a las cerámicas, útiles para la pesca (anzuelos, plomadas, agujas de coser redes etc.), así como abundante material malacológico y vértebras de espinas de atunes (Muñoz Vicente 1995-96: 82-83). Desde los inicios del siglo IV a.n.e. el porcentaje de materiales desciende, lo que debe indicarnos un decaimiento de la actividad, circunstancia que continuó hasta el último tercio del siglo III a.n.e., cuando asistimos a una fuerte reactivación de las actividades. A este periodo corresponden varios suelos de piedras y cerámicas destinados a la limpieza y almacenamiento del pescado. Por lo que se refiere a los materiales, los tipos anfóricos más representados son los A4c/d (=T.12.1.1.1), A4e (=T.12.1.2.1), A4f (=T.12.1.1.2), A5 (=T.8.2.1.1), E2a (=T.9.1.1.1), D2 (=T.5.2.3.1) y E3 (=T.4.2.2.5). En un sector próximo a estas factorías, en la Av. de Portugal, se localizaron los restos de una pileta asociada a un ánfora E1 (=T.8.1.1.2) (Lámina 12). En El Puerto de Santa María conocemos una gran zona industrial dedicada a la elaboración de productos derivados de la pesca, integrada por más de una veintena de pequeños enclaves situados en la franja costera entre los ríos Guadalete y Salado. Los dos únicos excavados hasta hoy día, el de Las Redes en 1980 (Muñoz, Frutos y Berriatúa 1988; Frutos y Muñoz 1996; Muñoz y Frutos 2004) y el de Pinar Hondo (Puerto 19) en 1996 (Gutiérrez 2004: 237-262), nos permiten conocer sus características y su estructuración interna. Se trata de pequeños recintos de planta casi cuadrada o rectangular, de no más de 120 metros cuadrados, con muros con cimientos de mampuestos de piedra sin llegar a constituir un espacio cerrado. Se cubrirían con una estructura vegetal apoyada en postes de los que quedaron testimonios en el nivel de ocupación de la factoría de Pinar Hondo. La distribución interna en el caso de Las Redes (la mejor conservada), constaba de una sala de entrada y cuatro dependencias dedicadas respectivamente a la transformación industrial del pescado, limpieza de los productos pesqueros, almacenamiento de utensilios y área de producción con dos piletas para la maceración del pescado. Al periodo que analizamos corresponden las fases I y II de las Redes y II y III de Pinar Hondo, que centran el auge de la factoría en el siglo V y buena parte del siglo siguiente, documentándose en éste último una reducción de la extensión de las factorías que anuncia su decadencia. Los materiales en líneas generales responden a los tipos de ánforas mencionados para las factorías gaditanas. De este amplio complejo industrial de salazones portuense, conocemos además una serie de fragmentos de ánforas procedentes de una prospección con sondeos estratigráficos llevados a cabo por J. A. Ruiz Gil en 1986 en las denominadas factorías nº 14 y 16. La publicación donde se dan a conocer estos materiales no especifica la localización estratigráfica de los mismos ni su contexto, analizándose únicamente por los paralelos en el Cerro Macareno y La Tiñosa (Ruiz Gil 1987: 104, fig. 1). Entre los fragmentos publicados podemos distinguir en el nº 14 varios bordes de A4a y más concretamente un ejemplo de T. 11.2.1.5, tres de T. 11.2.1.3 y uno de una posible T.11.2.1.1 y otro de una T.11.2.1.6. De la factoría nº 16 los materiales publicados se limitan a varios ejemplares de bordes turdetanos y a un fragmento de una A4a (=T.11.2.1.3) y otro de una A5 (=T.8.2.1.1). Si la investigación arqueológica en la ciudad de Cádiz para los siglos V y IV a.n.e. no ha suministrado prácticamente testimomios urbanos, en el cercano yacimiento de Doña Blanca durante los primeros decenios del siglo V a.n.e presenta una nueva estructuración interna y se fortifica con nuevos sistemas de defensa. Las cerámicas evolucionan hacia formas y tipos turdetanos, aunque manteniendo las tradiciones orientalizantes (Ruiz y Pérez 1995: 72). No obstante las campañas de excavaciones realizadas en este poblado tampoco han ofrecido datos abundantes para esta centuria. Mayor información disponemos para los siglos IV y III a.n.e a través de los trabajos realizados durante 1982-83 en la esquina sudeste del poblado y durante 1991 en el asentamiento de Las Cumbres, ubicado en parte más alta de la Sierra de San Cristóbal (Ruiz y Pérez 1995: 105-106). Para estos momentos la configuración urbana se articulaba en calles e ínsulas y zonas abiertas o plazas. SPAL 14 (2005) 128 ÁNGEL MUÑOZ VICENTE / GREGORIO DE FRUTOS REYES ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 En el yacimiento de Las Cumbres, las estructuras excavadas apuntan a un carácter industrial relacionado con la producción de vino. Se han excavado dos lagares compuestos de dos piletas superiores donde se pisaba la uva, que conectan mediante unos canalillos con otra inferior donde se recogía el zumo. Otro lagar de las mismas características se ha documentado en el sector sudeste de Doña Blanca. Por lo que se refiere a la industria alfarera el territorio de San Fernando para el periodo que analizamos, está proporcionando datos del mayor interés. El complejo industrial de Camposoto, inició sus actividades en el último cuarto del siglo VI a.n.e., aunque ciertos materiales podrían indicarnos su fundación algunas décadas antes (Lámina 8). El complejo alfarero, actualmente en estudio, se configura en dos ámbitos separados, presididos respectivamente por un horno de gran tamaño y una serie de estructuras menores. El primer grupo de hornos comprende un número total de cinco. El horno principal (nº 1) tiene planta circular y conserva parte de la cámara de cocción. El suelo de ésta presenta dieciséis toberas o chimeneas, 11 de ellas dispuestas circularmente siguiendo el perímetro de la parrilla y otras cinco centrales. El corredor de acceso a la cámara de combustión es de forma alargada, del cual sólo se conserva el suelo y parte del arranque de la pared, compuesta por un muro de mampuestos de piedras. Junto a la entrada había una especie de cimentación semicircular de piedras de diferentes tamaños que posiblemente formaron parte del frontal del horno. La cámara inferior tiene planta circular de tipo “omega”, con un pilar central ovalado con un contrafuerte rectangular en la parte posterior, que le confiere un aspecto de muro longitudinal como en los hornos de Motia, Desde la pared al pilar arrancan los arcos que sustentaban la parrilla. Se ha podido constatar que este horno fue recompuesto en su pared interna de la cámara de combustión. También se ha podido ver el sistema constructivo consistente en una fosa excavada en la arcilla donde disponían adobes rectangulares y sobre estos colocaba el horno propiamente dicho. El otro horno de este grupo (el nº 5) se encontraba a cuatro metros del primero. Presenta una parrilla con seis chimeneas. El lugar de la entrada está seccionado por una zanja rellena con material cerámico, defectos de cocción, escoria y restos óseos de animales y malacofauna. Estaba totalmente colmatado en su interior y no tenía entrada ni pilar que sustentase la parrilla. También estaba excavado en el terreno natural. El segundo grupo lo componen los hornos número 2 y 3. El horno número 2 apareció bajo una enorme escombrera de material cerámico púnico. Dicha estructura había sufrido numerosas reconstrucciones y estuvo en producción durante un largo período de tiempo. En su fase más antigua se utilizaron para su construcción placas de adobes rectangulares de unos 47 cm por 30 cm aproximadamente sobre la fosa excavada en la arcilla y reforzada con pequeños ladrillos de adobe. Dicho horno tiene una entrada flanqueada por una fachada a modo de sendas columnas de mampuestos de piedras de diferentes tamaños usadas posiblemente como elemento constructivo para reforzar el horno, disposición muy similar al horno 1 de Motia o al D de Sarepta. En las citadas placas, se puede apreciar un nivel donde se pudo constatar un resto de la parrilla muy diminuto, conservándose parte de la cámara de cocción. El pilar central tiene forma elíptica, al igual que la planta, encuadrable en el tipo “omega”, con un contrafuerte hasta la pared. Posiblemente ese sea el mismo pilar central de la segunda etapa del horno, que fue reconstruido con nuevas paredes al serle inservible la primera pared. Tras estos dos períodos de uso el horno sufre un período de abandono e inactividad en el que se rellena con varios niveles de cerámica que se dejan ver en sus paredes y entre su segunda y tercera reconstrucción a 1,20 metros del suelo más antiguo. SPAL 14 (2005) 129HACIA UNA SISTEMATIZACIÓN DEL MARCO POLÍTICO Y SOCIO-ECONÓMICO DE GADIR ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 Sobre este relleno se vuelve a reconstruir el horno más moderno reduciéndose entonces mucho sus medidas pues llega a tener 4,40 en su lado mayor y 2,10 en el menor. De esta fase también conserva su pilar central de 2,10 x 1 metro de ancho y se rehace la entrada dándole una elevada altura con cuatro escalones que aparecieron quemados. No conserva parrilla ni cámara de cocción. Tras su abandono se colmata con un relleno cerámico y, sobre el mismo, posteriormente se abren una serie de fosas de enterramientos, en concreto tres, que cortan las paredes del horno y que podemos fechar durante el siglo III a.n.e. El horno número 3 conserva la cámara de combustión, con parte del pilar central, parte de la parrilla y parte de la cámara de cocción. Su planta tiene forma elíptica La cámara de cocción presenta una altura máxima de 1 m en su lado opuesto a la entrada. Dicha cámara estaba totalmente colmatada con un total de cuatro niveles diferenciables según el color de la arena y su contenido. Entre dicho material se hallan muchos restos de asas de ánforas y sobre todo numeroso material pintado, (jarras y grandes platos) y fragmentos de platos de barniz rojo, además de un nivel con cerámicas de imitación de copas áticas de barniz negro, restos de malacofauna y carbones. La parrilla sólo se conserva en parte. La cámara de combustión estaba igualmente rellena de material cerámico del mismo tipo al anteriormente citado: restos de ánforas pintadas, platos de engobe rojo, etc. El pilar central, conservado también en parte, tiene forma elíptica, no presentando prolongación hasta la pared trasera del horno Enfrente a los dos hornos existía un espacio de trabajo donde se documentaron ánforas en doce niveles diferentes, que llegaron a tener una potencia de 3 metros. Las ánforas estaban colocadas de una manera más o menos ordenada, bien tumbadas, bien boca abajo. Todas eran ánforas del tipo A4a, pero con leves variantes en su boca. Estaban completas y se contabilizaron un total de 54 ejemplares. Gran parte de ellas estaban rellenas o formaban parte de un relleno a su alrededor de restos de malacofauna (Lámina 9). Junto a las ánforas también aparecieron numerosos restos de platos de barniz rojo, restos óseos, terracotas y moldes de terracotas. En consecuencia, y a modo de una primera interpretación de los resultados de las excavaciones, podemos establecer el inicio de la producción en el último cuarto del siglo VI a.n.e. continuando hasta al menos la segunda mitad del siglo siguiente. Los recipientes elaborados corresponden masivamente a ánforas A4a (= T.11.2.1.3.), jarros con un asa decorados y algunas cerámicas de pequeño tamaño como tapaderas, platos sin tratamiento de superficie o con engobe rojo y borde ancho, así como quemadores de perfumes y copas que imitan formas griegas de barniz negro Otro complejo alfarero documentado en el territorio de San Fernando es el de Pery Junquera. Estaba situado al oeste de Torre Alta en las proximidades de la antigua línea de costa. Los trabajos realizados bajo la dirección de B. González durante 1997 sacaron a la luz un complejo industrial alfarero y conservero datado entre finales del siglo III a.n.e. y la primera mitad del siglo I a.n.e., si bien se han documentado materiales anfóricos que abarcan los siglos VI y V a.n.e.. A la fase púnica se asignan un total de once estructuras de hornos de diferentes tamaños y cronologías, los restos de una posible factoría de salazones y un edificio del que desconocemos su funcionalidad. Los materiales anfóricos más antiguos responden a la forma A4a (=T.11.2.1.3.). Con cronologías más tardías encontramos los tipos A4f (=T.12.1.1.2.), A5 (=T.8.2.1.1.), E3 (=T.4.2.2.5.), E1 (=T.8.1.1.2.), E2 (=T.9.1.1.1.) y F1 (=T.7.4.3.3.) (González Toraya et alii 2001). Los últimos trabajos realizados en la carretera de Camposoto han permitido identificar un nuevo taller alfarero en la zona conocida como Villa Maruja (Bernal et alii 2003, 50-101). De este yacimiento conocemos varias escombreras de materiales que nos sitúan en líneas generales durante los siglos V y IV a.n.e. A pleno siglo V corresponden ánforas A4a (=T.11.2.1.3) y jonio-masaliotas de imitación. De finales de esta centuria e inicios de la siguiente corresponden los tipos A4a (=T. 11.2.1.4 y 11.2.1.5) y adentrándose en el siglo IV los A4c (=T.21.1.1.1) y A5 (=T.8.2.1.1). SPAL 14 (2005) 130 ÁNGEL MUÑOZ VICENTE / GREGORIO DE FRUTOS REYES ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 Otra actividad industrial desconocida a nivel de publicaciones, presente en la ciudad de Cádiz es la fundición de metales. El ejemplo más antiguo procede de unas excavaciones de urgencia del Museo de Cádiz en 1983 en el pozo de la playa de Santa María del Mar (SMM/83/P1) comentado en el apartado de la necrópolis, donde en niveles de rellenos se localizaron una serie de fragmentos cerámicos de paredes muy gruesas, decorados en el exterior con impresiones digitales, cerámicas muy similares a las localizadas en los niveles inferiores de la Colina de Byrsa en Túnez, que corresponden a campanas de hornos de fundición (Lancel 1982: 249-255). Junto a estas cerámicas se hallaron igualmente algunas escorias y fragmentos de hierro (Lámina 14). Estos hornos constan de una fosa semiesférica excavada en el suelo en la que se coloca un recipiente cerámico de la misma forma, que sobresale del suelo unos centímetros para permitir el acoplamiento del cuerpo e instalación de las toberas. Estos fragmentos proceden del nivel 6, es decir de la primera mitad del siglo V a.n.e., fecha que nos indica su depósito como materiales desechables. Pese a estas evidencias de estructuras funerarias y posterior uso como vertedero, recientemente se viene insistiendo en el carácter ritual de este pozo, así como en el de otros mucho localizados en la necrópolis gaditana (Niveau 2001). A estos siglos pertenecen igualmente los vestigios de trabajos de cantería documentados en las excavaciones de urgencia de la plaza de San Antonio, llevada a cabo por la Delegación Provincial de Cultura. Esta cantera representa, hasta hoy día, el único ejemplo arqueológicamente documentado de trabajos de ésta índole en época protohistórica en la ciudad de Cádiz. Los datos de las excavaciones nos muestran una fecha de apertura de al menos el siglo V a.n.e. (Lámina 13). De excepcional importancia es el hallazgo de un grupo de bustos de terracotas de gran tamaño localizados en 1990 en las excavaciones de la Delegación Provincial de Cultura en un solar de la calle J. Ramón Jiménez e/a Avda. de Andalucía. Su contexto y disposición espacial, así como sus propias características en las que se aprecian agrietamientos y deficiente cocción, nos indican que nos encontramos ante un vertedero de un taller de terracotas de carácter ritual de los siglos V-IV a.n.e. (Álvarez y Corzo 1993-94: 67-82). Su iconología sugiere representaciones de una deidad femenina, que en el caso de la que porta un ciervo habría que relacionar con el culto a Astarté. El destino de estas terracotas elaboradas en Gadir debió encaminarse al uso votivo en santuarios (Lámina 16) (Ferrer Albelda 1995-96). Por lo que se refiere a la necrópolis, a partir de la segunda mitad del siglo VI a.n.e. y sobre todo en los años finales de esa centuria, se produce un cambio radical en el ritual funerario. Las incineraciones son sustituidas masivamente por las inhumaciones. Esta circunstancia responde a importantes cambios de índole política y económica, ocurridos en el Mediterráneo Occidental tras la desintegración del modelo arcaico colonial fenicio y en el que Cartago debió participar activamente. La necrópolis gaditana a partir de estos momentos no es sino el reflejo de la nueva situación, que se ve plasmada en la adopción generalizada de nuevos rituales y costumbres funerarias. Estos cambios debieron suponer además un aumento de la población, hecho este documentado por la arqueología gracias a los numerosos conjuntos de enterramientos excavados principalmente en el istmo de Puerta de Tierra, superando los límites de la necrópolis fenicia. El tipo de enterramiento por excelencia es el de inhumación en tumbas de sillería depositadas en una gran fosa. Estas tumbas pueden aparecer aisladas o bien formando conjuntos (Láminas 5, 6 y 7). En el primer caso los ejemplos conocidos son escasos, destacando entre ellas la que contenía el sarcófago sidonio femenino hallado en la actual calle Parlamento en 1980 (Lámina 4). En el segundo caso, los ejemplos son más abundantes. Las tumbas aparecen adosadas unas a otras con un lateral que sirve de muro intermedio para cada dos sepulturas y distribuidas en una o varias filas. Éstas pueden aparecer dispuestas horizontalmente en el suelo o superpuestas en varios pisos. Los ajuares lo forman exclusivamente objetos de adorno personal (anillos, amuletos, pendientes, brazaletes etc.) exponentes de un taller gaditano en el que los orfebres dominaban con maestría las técnicas de la filigrana y el granulado (Muñoz Vicente 1983-84; Perdigones, Muñoz y Pisano 1990). SPAL 14 (2005) 131HACIA UNA SISTEMATIZACIÓN DEL MARCO POLÍTICO Y SOCIO-ECONÓMICO DE GADIR ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 A partir de un momento indeterminado del siglo IV a.n.e., las tumbas gaditanas evolucionan hacia tipos más sencillos y de menor complejidad arquitectónica. Continúa el ritual de la inhumación, si bien existen algunos ejemplos del empleo de la incineración, pero en un porcentaje insignificante. Desde aproximadamente finales del siglo III a.n.e. la utilización de sillares se aplica únicamente para las cubiertas de las sepulturas, que adoptan como tipo más común la fosa simple excavada en el subsuelo geológico, a veces con laterales de paramentos de piedras pequeñas o algún que otro sillar escasamente labrado. Estos tipos perduran incluso durante la fase romana republicana y es costumbre acompañar al cadáver con ungüentarios cerámicos, askoi, algún que otro cuenco o platillo de cerámica común y en menor grado joyas de escaso valor, preferentemente anillos realizados a base de una lámina delgada de oro tipo vitola, sin la complejidad artística de los momentos anteriores. 3. INTERPRETACIÓN HISTÓRICA A partir de la segunda mitad del s. VI a.n.e. se producen una serie de circunstancias y avatares históricos que determinarán un período de crisis y desintegración del Modelo Colonial Arcaico para culminar en un proceso de reconversión que generará nuevas formas de organización (Frutos y Muñoz 1996: 133-165; Chic y Frutos 1984: 201-227). Este proceso de cambio ha sido definido como la emergencia o transformación en poleis por algunos autores (Arteaga 1994: 23- 57; Arteaga 2001: 217-219). Desde estos momentos empezamos a contemplar un modo de organización político-económico de interdependencia entre estas ciudades –que, por lo demás, se originaron a partir de esa política colonial organizada desde Gadir en la etapa anterior– pero con clara tendencia a la centralización en torno a Gadir, que no hacen sino recordar un fenómeno similar a la época arcaica: esto es lo que se podría deducir de las producciones características de esta época como las ánforas o, posteriormente las llamadas cerámicas de kuass y las acuñaciones de monedas. Otros indicios, como las actividades productivas en torno a los recursos derivados de la pesca, que ahora toman un carácter industrial, parecen apuntar hacia estas nuevas directrices. En efecto, las fuentes escritas solo se refieren a Gadir y a los gaditanos como artífices de tales producciones, no haciéndose mención alguna a otros centros de producción hasta épocas posteriores al final de la segunda guerra púnica, a pesar de que los registros arqueológicos nos indican que estas se realizaban en momentos anteriores en lugares como El Majuelo o, recientemente, en Tavira (Frutos y Muñoz 2003: 249-271). Otras manifestaciones cívico-políticas nos podrían corroborar esta interpretación: las necrópolis de las diferentes poleis púnicas nos manifiestan unas costumbres funerarias muy similares entre ellas, utilizándose estructuras y ritos comunes, aunque con ciertas peculiaridades locales (Ferrer Albelda 1998: 48-49). Sin embargo, hay que destacar un mayor índice de riqueza en los ajuares de las tumbas de la polis gaditana (Perdigones, Muñoz y Pisano 1990), hecho este que se correspondería con la posible concentración de elementos de la oligarquía púnica occidental en la ciudad gaditana ya que, probablemente, desde aquí se dirigirían los destinos de la Circunscripción Púnica Occidental (Frutos y Muñoz 2003: 259). Es, precisamente, a partir de los hallazgos funerarios de donde podemos también contemplar la prosperidad resultante de este nuevo orden político-económico: pues nos muestran un paisaje asimétrico bastante acusado observándose agrupaciones de enterramientos en determinadas áreas que parecen responder a unas pautas de división por grupos o linajes que podrían estar en consonancia con la posición privilegiada que ocupaban frente a la mayoría de las tumbas y que nos proyectarían el esquema social en el que se hallaba articulada la organización interna de los habitantes de la polis. Sus ajuares muestran un altísimo poder adquisitivo formado por piezas de oro y objetos de lujo que nos aperciben no sólo de su gran opulencia sino que nos estarían indicando también la amplitud y la variedad de lugares en los que se desarrollaban las relaciones políticas y comerciales de la Circunscripción Púnica Gaditana: SPAL 14 (2005) 138 ÁNGEL MUÑOZ VICENTE / GREGORIO DE FRUTOS REYES ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 Lámina 3. Tumba de incineración del siglo VI a.n.e. C/Ciudad de Santander e/a Av. Andalucía. Cádiz Lámina 4. Sarcófagos sidonios localizados en Cádiz SPAL 14 (2005) 139HACIA UNA SISTEMATIZACIÓN DEL MARCO POLÍTICO Y SOCIO-ECONÓMICO DE GADIR ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 Lámina 5.- Conjunto de tumbas de sillería en fosa de los siglo V-IV a.n.e. C/ Bellavista. Cádiz Lámina 6. Tumbas de sillería en fosa de la calle Tolosa Latour. Cádiz. Siglo V a.n.e. SPAL 14 (2005) 140 ÁNGEL MUÑOZ VICENTE / GREGORIO DE FRUTOS REYES ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 Lámina 7. Tumbas de sillería localizadas en la zona de Astilleros a principios del siglo XX. Cádiz. Lámina 8. Cámara de cocción de un horno del sector 3 de Camposoto. San Fernando SPAL 14 (2005) 141HACIA UNA SISTEMATIZACIÓN DEL MARCO POLÍTICO Y SOCIO-ECONÓMICO DE GADIR ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 Lámina 9. Ánforas de la fosa entre hornos del sector 3 de Camposoto. San Fernando. Lámina 10. Estructuras de combustión de la factoría de salazones de la plaza de Asdrúbal. Cádiz SPAL 14 (2005) 142 ÁNGEL MUÑOZ VICENTE / GREGORIO DE FRUTOS REYES ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 Lámina 11. Cerámicas griegas de la factoría de salazones de la plaza de Asdrúbal. Cádiz Lámina 12. Ánfora del sector de factorías de salazones de la ciudad de Cádiz. SPAL 14 (2005) 143HACIA UNA SISTEMATIZACIÓN DEL MARCO POLÍTICO Y SOCIO-ECONÓMICO DE GADIR ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 Lámina 13. Sector de cantera del siglo V a.n.e. de la plaza de San Antonio. Cádiz. Lámina 14. Horno de la playa Santa María del Mar. Cádiz. SPAL 14 (2005) 144 ÁNGEL MUÑOZ VICENTE / GREGORIO DE FRUTOS REYES ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2005.i14.05 Lámina 15. Conjunto de terracotas del vertedero del solar de la calle Juan Ramón Jiménez de Cádiz Lámina 16. Propuesta de reconstrucción del poblamiento gaditano durante el periodo feniciopúnico en base a los sondeos geoarqueológicos realizados por el Proyecto Antípolis (Arteaga et alii, 2001).