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La explotación de los recursos líticos en la isla de Gran Canaria: hacia la reconstrucción de las relaciones sociales de producción en época preeuropea y colonial

Rodríguez Rodríguez, Amelia,Martín Rodríguez,Ernesto Manuel,Mangas, José,González Marrero, María del Cristo,Buxeda Garrigós, Jaume

Abstract

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LA EXPLOTACIÓN DE LOS RECURSOS ÚTICOS EN LA ISLA DE GRAN CANARIA. HACIA LA RE C ONSTRUCCÓN DE LAS RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCIÓN EN ÉPOCA PREEUROPEA Y COLONIAt.1 A~iol C. ROOIÚGIJEZ ROORÍGUU•, Ernesto MARTI N 11.00fÚQJEZ u , José MANGAS VIRUELA .. , M1 del Cristo GO N ZÁLEZ MAAAERO •, J6ume llUXEOA 1 GARRIGOS •" • Grupo da lnvestlgac:ldn Tarha , Depa rt;imento de Oenctas H istóricas ULPGC •• Oep;t rtamet'lto da F/s/a. ULPGC • •·• Equl p de R ecerca A rqueomCtr/ClJ oc 111 UB INTRODUCCIÓN La íSla de Gtan Qlnan¡i se carac:tenza por lllbergar un neo patnmorwo ar· queoldg¡co, tes!#noroo del de-W hlstóna> de las formaoones sooa1es aulóctONS que la habolaton y que le dieron el nombre: los anbguOls canams. Aunque la lnvesdgadón arqueológica tiene una larga tradla6n en este terri· torio, todavía existen muchas incógnitas por desvelar sobre la f!YOkldón del poblamiento Insular. Esta situación se debe a una serle de causas estructurales que construyeron un modelo interpretativo estático, que en la actualidad se está Inte ntando superar. El uso, y a veces abuso, de los relatos etnohistó· ricos medieva l es y r enace ntistas; la i mp lantación ele las teorías radológi cas en los est ud ios antro pol ógi cos y l as difi cu lt ad es para reali zar Inte rven cion es arqueol 6glcas en el marco de p roye ctos ele Inv es ti gación, han m arca do gr an parte de l os trabajos de la pasada cen tur ia, con la ex cepc ión de las d os últlmas décadas . El proyeao que aquí presentamos puede ser un ejemplo de los Intentos de superar las contJCldlcdones generadas dlnnte ese largo periodo. En él se ptetende rec:um.r principalmente a las bases materiales del registJO arqueológico pa,. constniir primero y aintrastat ~ nuestras hipótesis, intentando doQ r de temporalidad a los fe l6menos obMrvldos. Pensamos que el estudio de los Sistemas de adquisiOÓo '· transfonnaoón , intereamboo y uso de las ll\ltetlas primas libcas, para a:invertirl.ls en Instrumentos de trabajo, es una Importante herramíenta heurística que permitri contrastar las propuestas de ínLCfJ)fetación que se han Ido desgranando ~ la techa. De este l. fll"o¡t(tO di llweltigldórl llHA2003-039JO de l Ml nl5teno de Oencl• v Teonologlt, ~Nlnoado en P1 • 14 POt fondos FEDER. modo, se parte de la premisa de que el wnocimiento de los aspectos asocia · dos a cada uno de estos sistemas pe rmite llegar a reconstniir las re l aci~nes sociales de producción que definir án al grupo étJlico de los canarios. Este será un proceso arduo y prolongado en et tiempo, pues cada f enóme no ar · queológ ico tendrá que ser insertado en un marco donde el espacio y el tiem· po tengan una verdadera relación. Somos conscientes de la magnitud de la empresa, que está abierta para establecer una dinámica de trabajo en la que puedan integrar se todos aque llos investigadores que persigan objetivos si· mia r es y desarrollen métodos con tr astab l es , que perm itan enriquecer ese corpus de evidencias y, en última instancia, construir una interpretación ra · zonada del pasado de los cana ri os. En este tipo de estucliOS, el material lí ti<:o se encuentra en la base del proceso ele análisis de la formación social. El trabajo se aborda a partir de la carac1eri2<1Ción de las materias primas diSpOnib l es , asi como de los sistemas de explot;'l dón que se habilitan para extr aer1as y transformarlas en artefac· uis y útiles de trabajo. Queremos establecer patrones que permitan diScern ir qué clase de diviSlón socia l del trabajo se de tecta en cada una de las etapas de la puesta en circulación de estos elementos en et espacio económico y soeial y cuá l es son los va lores ele uso y de camt»o que ostentan en cada momen to. Todos estos fenómenos deben rastrear se siguiendo una secuencia lógica, desde la casuístiea de los centros emiSOres hasta la variabilidad de los centros recepto r es . 8 an~ l lsls se abofda considerando al artefacto lít ico desde una doble ve. · üente. Por una parte como una materia geológica cuyas cardcteri stlc<is oñgl· nales no se ven afectadas por la talla que lo conr.gura como Instrumento, o por su posterior empleo. Pot otra como un objeto cul t ura l, que responde a un sistema de explotación, de Intercambio y de uso deflnldo por patrones culturales proplos de la formación socta l. Desde el punto de vista de la materta geológica, el análisis de las E!llldenclas lítlcas recuperadas en tocio tipo de yacimientos permite caractC?rtzarlas des· de l!l punto dl! vista petrológlco, media nt e la microscopia ópti ca de lámi na delgada (OM) y sobre todo el estudio de su composici ón qu l mlca , que en general pennlte una mejor discrimi nac ión entre las dlVersas fuelles. Los teSU l tados d ependen en gran medida de las caraderistlcas geológicas lntrin· secas del material bajo análisis, existiendo ciertas llmltaclones en su aplica· dón ~ los de tipo stliceo, tales como el cuarzo , la calcedoni a, el ópalo, el sílex o el chert (Cackler et al . 1999; Con . slgn y y Wa lter 1997), pero olXenléndose unos resultados extraordinari os en obsidianas debido a su alta homogenel· dad qulmlca. Estas facilidades en la obsidiana ya fueron tempranamente reconocldas duran te los años 1960 (Rentrew et al. 1966; Gordus et al . 1968) y han generaclo un gran volumen de trabajos en diversas áreas del mundo, especialmente en el Med iterráneo y centro de Eu ropa, asi como norte y sur SOCIEDADES PREHISTÓRICAS, RECURSOS ABIÓTICOS Y TERIUlORIO 1 369 de Amé rica (Klllkoglou et al. 1996; l'f k ot 1997; Cauvin et al. 1998; Sha ckley 1998; Glascock et al. 1999). Los anális is se realizan normalmente por activa - ción neutrónica ( NAA), que perm ite la determinación de un elevado núme ro de el ementos traza, pero en la actualidad se está empezando Igualmente a apl icar la espectrometría de masas de plasma acop l ado Inductivamente (ICP · MS), especialmente combinada con la espectrome tria de em isión óptica de plasma acop l ado inductivamente (ICP-OES) (como por ejemplo, Kilikoglou et al. 1997). En este marco, la s obsid i anas de Cana ri as no han recibido prácti· camente atención desde el punto de vista de su caracterización arqueo métri· ca, si exceptuamos los trabajos realizados por Rodrlguez-Badlola (1991; 199293) por fluorescencia de Rayos X ( FRX ), cuyos result ados fina l es también se pr ese ntan en este mismo congreso y los q ue nuestro equipo ha Inici ado. Po r lo que respecta a la s tobas o cenizas vo l cánicas, no tenemos constancia de que h ayan sido objeto de estudios arqueométricos similares a l os de los vidrios vol cánicos, por lo que este aspecto del proyecto reviste un carácter experimental. Somos consc i entes de que las tobas son un agregado de ma - teriales, lo que im plicará una mayor va ria bilidad petrográfica en cada uno de los afloramien tos. Pero tambi én pensamos que los p rocesos de diferencia· ción magmá tica pudier on posibilitar la creac ión de grandes masas relativa· mente h omogéneas de estas cenizas en un lapso ele tiempo realmente res· tr fn gfdo, con lo que debería ser posi ble establecer un os patrones geoquímicos y petrológi cos uniformes para cada yacimiento que permitan discriminar en tr e f as distintas canteras. Pa ra a bo rdar la vertiente cultural que permita reconocer la s pautas que llevaron a se leccionar cada materia prima en los diversos contextos, son lm· prescindibles los análisis morfotécnicos y funciona les de l as piezas líti cas. Para ello se ha trabajado en pr imer lugar sobre l os aspectos metodológ icos liga dos al estudio de rocas de natural eza eruptiva. Estas fueron exp l otadas ' con sistemas técni cos peculia r es, que se adaptaban a las características Intrínsecas de cada ma teria prima y que se derivaba n además de unas trad l· ciones t ecnolÓgicas que corr esponde n a momentos cronol 6g i cos ubicados a partir de una pl ena Edad del Hierro. De esta manera, los primeros poblado · res de las isl as provenían de un contexto cultural donde l as tradicion es de trabajo de la piedra debían de tener ya un esta t us secundario, pe ro se esta - blecieron en un territorio donde no existían minerales meta llzab l es po r lo que volvieron a adqu irir una relevanc ia que exigía el rec uperarlas e incl uso el desarrollar estrategias totalm ente nuevas, pa ra adaptarse a la s peculiarida· des de l as r ocas disponibl es en el territorio colonizado. Pa ra el aná l isis mo rf otécnlco estamos aplicando estrategias espec ia lmente diseñadas para la realidad litológica y cultural de l Archipiélago Canario (Gal - ván et al. 1987; Galván et al. 1991; Rodríguez 1993a), los cua l es derivan evidentemente de prop ues tas metodo lógicas el aboradas para otros contextos (Lap l ace 1974; Carbo n ell et al. 1983; 1984) . La metodo logía que se aplí- l7ol co --""'°'---•'·"--"-<..-..J cará a los análisis fundonales parte de los pnnaplos lnodales i111lculados p¡n estil diSCiphna (K.eeley 1980; Semenov 1981), pero también allende a las espeafiodlldes que enuai'ia el estudio de materias primas voldnlcas (Hurcombe 1986; 1992 ; Rodríguez 1993b; 1998a; 1998b). Por lo que respec· ta a tos aspectos experimentales y etnoarqueológlcos, también nemas afrontado este reto, en la medida de nuestras posibilidades, aprovediando la peNivenda en el Arehiplé!ago de determinadas tradiciones artes11nales (Rodriguez y Francisco 1991; Rodrlguez 1999; RDdriguez et al . en prensa) . ~a no es la primera vez que Intentamos poner a prueba esta esuategla de trabajo, ya que existe el precedente del proyecto que dirlgl6 Bertlla Galván, orientado al estudio de estas premisas en la Isla de Tenerffe, que se enfocó prlndpalmente a la explotadón de los recursos obsidiánlcos y que ha revela· do, más que ningún otro elemento del registro material analizado hasta el momento, que estos vidrios volcánkos eran objeto de complejos~ de captación y distribución que alcanzaban todas las demar~lones territoriales deftnklas por la geogra(.a y por los datos etnohtstóricos (Galván y Hernández 1996 ; Hernández y Galv.ln 1997 ; Velasco f!t al . 1999) . ANTECEDENTES Partiendo pues de las premisas anteriores y con la experiencia adquirida en diversos trabajos preV10S en otras Islas del Archlp~tago y en el propio contexto de Gran Canaria, decidimos comenzar con este proyecto desde el convencimiento de que obtendrlamos unos resultados muy slgnlflcattvos, ya que en esta última Isla l os recursos minerales ti enen una variabilidad litológ ica superior a la de Tenerife . Entre todos los Upos de rocas presen · tes, hemos eleQldo tres que pueclen ser caracterl:iadas petrográflca y geoquimlcamente, con distintos grados de precisión : la obsidiana, la toba volcánica y otras rocas eruptivas vítreas de tipo slliceo, aunque por el momento estamos cent111ndo nuestros esfuenos en las dos primeras categorlas. Todas ellas ~ localizarse en posod6n pnmaria y se ha comprobado que l'uen>n objeto de una explotaaón SIStemátlca en cantms a delo abierto o mediante la habilitaoón de gaterias subterráneas. El eslVdlo y caractemaclón de estos yaomientos y de los rnatenales desechados que han quedado en ctlos nos permrtirá conocer esas estrategias de explotación en los cen · tros emlsore5. Pero será la contrastación de esos resultados con los obtenl· dos del estudio de los productas líticos que encontramos en los centros receptores, lo que permitirá delimitar con clañdad las redes de distribución y los cnterlos de selecdón de cada uno de ellos. Estos datos contribuirán a definir m6s claramente los territorios de explotación de cada asentamiento y los lazos que los interrelacionan, por lo que podremos obtener una l rnage11 más níti da de la organlzitdón territorial de la Isla, complementaria de SOCIED AD ES PREHISTÓRICAS, RECURSOS ABIÓTICOS Y TERRITORIO 1371 la que sugieren los textos et nohistórlcos y con una vocación de mayor profundidad diacrónica. Pa ra poder cumplir estos obje ti vos disfrutamos de un proyecto de In vestigación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, desde en ero de 2004. Sin emba rgo este trabajo comenzó cin co años antes. Así, la primera int erve nci ón se llevó a cabo gracias a un proyecto financiado por la Fundación FERCO y di rigido pe r Ernesto Martín. En él se procedió a evaluar la Importan cia de la principal fuente conocida de recu r sos obsidiánicos en la isl a: la Montaña de Hogarzales, situada en el municipio de San Nico l ás de To lentino. Los estud ios han revelado la existencia de 53 ga l erias excavadas en la toba, que con forman una comp leja r ed de túneles que horadan la montaña para captar el vidri o. Todo ello es muestra de la existencia de unas lntensas actividades producti vas, para l as que por el momento di sponemos de • una única fec ha radiocarbónica, que las sitúa en el siglo XI de nuestra era (Martín Rodríguez et al. 2001; 2003; 2004). El citado proyecto co n templaba la prospecció n con tom a de muestras pa ra análisis de materias primas del entorno de la montaRa. los aná li sis, por ICP-OES y lCP - MS, están en pr oceso de realización, aunque ya se han presentado los primeros res ul tados (Buxeda et al. en prensa; Martín Rodríguez et al. 2004). De forma paralela comeruamos a tener constancia de la existencia de canteras de molinos de toba por el trabajo de Va lentín Barroso, con el que Iniciamos una colaboración en la cantera de La Calera (La Suerte - Agaete) (Ro - dríguez y Barroso 2001) (mapa 1). La in tervención que se llevó a cabo reveló la complejidad de las acti vidades extractivas y de configuración de estos el ementos de moltu ración, i mprescindibles en una sociedad ag r ícola, aunque la exigüídad de la subvención que se tenia apenas si permitió l ocalizar e inventariar los más de cinco centenares de I mprontas que h an quedado como huella visible de la exp lotación de la cantera, sin que se realizase ninguna excavación arqueo l ógica propiamente dicha . Posteriormente, ya en el marco de l proyecto financ iado por el Ministerio , hemos realizado una intervención arqueológica en otra cantera de molinos, si tu ada en Montaña Quemada o Colorada (La Isleta • J_as Pa l mas de Gran Canaria). los trabajos, que prosiguen en la actua li dad, han servido para estab l ecer comparaciones entre dos centros de producción muy especia liz ados co n r un ciones semejantes. Una tercera lín ea de actuación que pensamos puede ser de gran ayuda para la localizac i ón y posterior anál i si s de centros emisores de materia prima es el estudio de los documentos etnohlstórioos. Las fuentes histó ricas e historiográficas (Baucells 2004) asi como otros docurnentos adm i nistrativos de diversa in dole, confirman que du rante los primeros momentos de colonizac i ón, l os europeos explotaron algunos de los recursos l íticos existent es, integrándolos en sistemas Mapa 1. Situación de los yadmientos átadOS en d ~ e CANTERAS DE MOIJNOS '--__, • M INAS DE OBSIOIANA productivos similares o diferentes a los preex i stentes (por ejemple, Torriani 1974 ). También hemos detectado que en varias de las ca n teras de molinos de toba, junto a l as evidencias prehistóricas eidsten huellas de su reutilizac i ón histórica, que han enmascarado en parte las actividades previas . Por ello nos hemos planteado que hay que rea l izar un estud io de docume ntos civiles que traten sobre la ed l ftcaclón de I nmueb l es, de la extracd6n de piedras molineras o de otro tipo de explotaciones de áñdos, desde el siglo 'XN al XVII como minlmo, para intentar localizar otras canteras y explorar la poslbllldad de que fueran aprovechadas también por los antiguos canarios . De esta manera, estaríamos en dlsposlc lón de conoce r qué materiales fueron objeto de E!lQllotadón en una formación so - cial que no conoda l os metales oomo la canaria preeuropea y continua r on sién - SOCIEDADES PREHISTÓRJCAS, RECURSOS ABI ÓTICOS Y TERRJTOR!O 1373 dolo posterionnente como instrumentos de corte , molturación o ca n tería en la nueva sociedad colon i al. Rnalmente, quedaría por abordar la basta empresa de estud iar los materiales de l os centros receptores . Hasta la fecha hemos rea l izado pequeños trabajos al respecto , siempre en el marco de intervenciones de tipo patrimonial, con carácter de urgencia (Martín Rodríguez et al. 2004 ; Rodrígue z Rodríguez y Gallndo Rodr í guez 2005) . De esta manera, no se ha podido seleccionar nuestros objetos de anállsls sigu iendo aiterlos rela ti vos a su mayor o menor Interés para resolver los probl emas que querernos abordar, sino que hemos tenido que conformamos con las evidencias dispon ibl es que hubieran sido recuperadas recientemente . Esta última premisa no es ba l adí, ya que durante mudio tie mpo no se so l ía reconocer la totali dad de los reg i stros líticas que integraban los conjuntos arqueo l ógico s y por lo tanto las colecciones que se custod i an en el Museo canario están sesgadas, primándose l os objetos más espectaculares o l os elaborados con materias primas más l lamativas . En esta mi sma línea, la i nformación disponible para muchos de l os trabajos efectuados en el siglo XX no ofrece alguno de los datos que consideramos relevantes para la consecuc i ón de n uestros fines, ta l es como una asociación ciara entre u nid ades arqueológicas, materiales y da - taciones. Por lo tanto, en esta s página s vam os a presen ta r l os resu l tados pr el i minares de nuestro proyecto , que están mucho más avanzados en el estudio de Jos centros emisores que en el de l os receptores. INTERVENCIÓN EN LA MONTAÑA DE HOGARZALES La i mportancia que la Montaña ele Hogarzales ti ene como centro productor de obsidiana comenzó a destacarse en la década de los noventa del slglo XX (Rodríguez Badiola 199 2-9 3; Ave ny y cuenca 1992-94). También se presuponía que debían de e xi stir otros l ugares donde se explotó estos vidrios volcán i cos, pues se h an encontrado elementos detríticos de esta naturaleza, fundamentalmente en la verti ente sur de la i sla, aunque por el momento no se han localizado los afloramientos in sitv. Sin embargo no se había llevado a cabo un estudio integral del espacio, con prospecciones sistemá ti cas para identificar todas las evidencias arqueológicas, y tampoco se habí a realiza do una excavación arqu eol óg i ca y una recogida selectiva de muestras geológ i cas y materi ales antrop i zados. Los pñmeros resultados han rebasado nuestras expectativas, pues se han l oca li zado en la misma zona geográfica de la cuenca de San Nicolás de Tolentino, otras montañas, como la de El Cedro o la de Las vacas, que tamb i én tienen minas o zonas de extracx:ión al aire libre. Nuestro interés inicial estaba ce ntrado en l os procesos pr oductivos que pueden detectarse en la montaña, pero también en la dlfuslón a escala insular del producto obtenido. Para nuestro equipo, este fenómeno reviste una relevancia que supera el umbral de la economía para adqu irir una enorme trascencia de orden socia l y pol ítico. En este sentido, nuestra hipótesis de partida es que se trata de exp lotacio n es mineras contro l adas por la clase dominan te de este sector de la geografla de Gran Canaria . Ésta u tilizaba la obsidiana como materia prima por su intrínseco va l or de u so, pero sobre todo como objeto de transacción con otros grupos de la Is l a, dellido al enorme va lor de cambio de este producto para el conjunto de relaciones socia l es de prod u cdón. La ob si diana sería en este co n textX> uno de l os cap ita les simbólicos más significativos con los que co n taban sus poseedores. Los trabajos de campo se orientaron en una primera etapa a la prospección de la supertide de ocupación hábi l en la dma, laderas y entorno adyacente a ia Montaña de Hogarza t es •, lo que penmitió eva l uar el uso que rec i bió este espacio por parte de la población aborigen , asi como aproximamos a conocer la fun ción real ele los distintos componentes que Integran este conjunto arqueológico. El posterior an álisis de las evidencias recuperadas está orientado a estab l ecer t os modos de ex plotac i ón de este vidrio volcánico , así como a su caracteñzadón geoq u ímlca. Este úl timo aspecto permitirá observar la distribu ción de este producto a esca la Insular. En la Montaña se han individualizado varios contextos ar queológicos í ntima - mente relacionados con la explotación de la obsidiana. L os más ev i dentes son l os l ugares de cata y extracción de la materia prima, asi como l os vertederos de desechos. Pero también en la cima de este accidente geográñco existe todo un conjunto de est ructur as (drcul os de pi edra, monolitos y construcciones más complejas) cuyo significado no está daro, aunque hemos propuesto que deben reflejar actividades rituales destinadas a asegurar la continuidad e>Ctractiva ( Martín Rodríguez et al. 2001}. SITIOS DE CATA Y EXTRACCIÓN DE MATERIA PRIMA Estos endaves están configurados por canteras al aire libre, galerías y los vertederos asociados, en los que ha quedado el testimonio de l os materiales desed1ados por tos mineros. Las minas son el elemento más llamativo, debido a su sing ula ri da d en el co n ju nto de áreas de exp l otación de todo el Arch i pié l ago. Están excavadas si gu iendo 2. Queremos agrade<:er al Servido Aéreo de Roseo ~ ( SAR), po~edente al Mando Aéreo de C.na· rias, ta cola boración preStada para el tr3Slado del equ i po a la Cima de la montaña y en especial al comandante Mara>$ y los capitan es Vilch es y Aitponja . SOCJEDADES PREHISTÓRICAS, RECURSOS ABIÓ TI COS Y TE RRITORIO 1381 bién d ebía realizarse med iante cincel, podía ca usar la rractura del molino y vo lverlo por ta nt o i nserv i ble. En La calera se erectuaba in sitv para evitar transporta r a otro lugar una pieza q ue lu ego se rompiera cu ando se estuviera terminando de elabora r. De ello dan fe var ios fragmentos de muelas con el orificio sin terminar, que aparecen di seminados en tr e los escom b ros generados por las labores de extracción y postertor labrado de los molinos. Sin embargo en Montaña Quemada no h emos loca l izado ningún fragme nto roto con orificio a medio terminar. Una vez finalizada la perforación, qu edaba por terminar de con fi gurar la morfología definitiva de cada muela, lo que pod ía r ealizarse tam bién ín situ o pospon erse para harerlo en otro ti po de taller es más alejados de los lu gares de extra cc ión. De esta última parte d el trabajo quedan, ev id e nt emen t e, menos vestig ios en los luga r es que estamos tratando, pues ya es muy im pr obable que se prod uzca un accidente que OOligue a su abandono. Pero , volvamos hacia atrás en la secuencia que reconstruye los gestos técnicos de explota ci ón de la cantera, para prestar nuestra atención a los instrumen tos y la Infraestructura pu estos en o bra para ll egar a tal fin, es dec ir, a los medios de traba jo. Por la situación de las improntas de los molinos con respecto a la base de la pared de toba, podemos imaginar a los can t eros trabajando arudlllados, de rodillas o, más cómodamente, de pie. Pero ta mbién exi ste n negativos de mo llnos Situados a una altura considerab l e, que su pe ra en ocasiones los cinco o seis metros con r especto a la base actual de los cantil es. Por lo tanto, se tuvi eron que construir plataformas o andamios artlfldal es para poder acceder a esas cotas. U na de las formas de hacerlo, p udo ha be r sido acu mulando cuidadosa - mente los desechos generados duran te la explotación de la ca ntera al mismo pie < de la pared. Esto es evidente en a lg unas zonas de La Ca lera, donde pueden observarse sucesivas capas de toba, lascas de pi edra y sedimento en perfiles dejados al descubierto po r la erosión. Pero también debió utlllzarse un an damiaje de madera para llega r a las zonas más altas. Los instrumentos de trabajo están configurados preferentemente sobre gra nd es lascas corti ca les con sección de tenderda trtángu la r (gráfico 3). En su lado más agudo se practicaba un retoque u ni o bi facial de delinea ción convexa, la cual creaba una cresta que en sus extremos recibía un retoque nor ma l para terminar de configurar un pica nt e triedro. Estos picos podían tener una o dos zonas activas, opuestas entre sí . De la misma forma que se comentaba para el caso de las m in as de Montaña de H ogarza l es, por et momento no h emos detectado huellas de enmangues, aunque et material está en proceso de es tu dio en estos moment os. Estos Instrumentos de trabajo se tal laban al pie de la misma cantera, por lo que ju nt o a los desechos de tob a son mu y numerosos los restos de ta lla procedentes de las labor es de configuraci ón o del frecuente reav i vado de los fllos 38ll G ___ ..._.......,,¡ .. ,. _,.,._(...,.,,., actlllos. Durante la excavación se pudieron rea6i.ar algunos remontajes que testimonian esas labores. En algún caso se ha localizado un percutor para la talla, pero no l os destinados a golpear l as pleuis que act\Jarán como posibles escopl os. ' r ~ 1 • • • : ~ --. • SOCIEDADES PREHISTÓRICAS, R.ECURSOS AJUÓTICOS V TERRITORIO 1383 ANÁUSIS GEOQUÍMJCO DE LAS MATERIAS PRIMAS Para aibrlr l os objetivos de nuestro proyecto resulta imprescindible caracterizar geoquimicamente los materia l es recuperados en los centros de eKplotación para verlflcar el grado de homogeneidad que posl!en y para control ar en su caSCI la posible variabilidad de cada área-fuente. Se comenió por las mina s de la Montaíla de Hogarzales, reaiperándose vidrios volcánicos del Interior de las galerias, del sondeo de la boca de la mina 38 y de las escombreras. También se prOO!dió a identificar las materias primas del resto de materiales lítlcos , con los resultados e<puesros más arriba. Las técnicas empleadas en el estudio geoqulmico de las muestras son la espectroscopia de masas de plasma acoplado inductivamente (lCP·MS), la espectros. oop(a de emísión óptica de plasma acoplado Inductivament e (lCP-OES) y el análisis de activación neutrónica (NAA). En esta fase Pfel iminar de nuestro estudio se ha establecido lo que denomlnarlamos Grupo de Rererencla Hogarza l es, en el que se fija la composición quím i ca de los materia l es procedentes de este enc l a· ve, destacando la gran homogeneidad de los recuperados en l as minas y el sondeo de la galería 38, así como cierta variabífldad enlre alguno de los mate · r1ales procedentes de la superflcie de las escombreras. Tumbién queríamos empezar a oontrastar la ~ insular de l as obslcfianas procedentes de esta zona de La Aldea de San Nicolás, así como la eidstencia de otra u otras fuentes de sumlni:>1Jo dlsdntasa la estudiada. l'llr ello se seteccionó una muestra preliminar integrada por obsidianas Pfocedentes de dstintos y¡>Ci · mlentos arqueológicos distribuidos por toda la isla. El pr0Cl!$0 de selecdón de estos últimos no ha sido fádl, tal y como se ha expuesto más arriba, pues a pesar de la abundancia de I ntervenciones arqu eológicas que se ha registrado en Gran Canar ia en las úl timas década s, no SQn mu chos los casos en los que ' se di sponga de un estu dio exhaustivo del contexto y de las evidencias r ecuperadas, siendo Igualmente escasas las dataciones. Otro problema radica en que en muchas ocasiones no se ha realizado un análisis profundo de las índustrlas líticas, con lo que se ha tenido que proa!der a eiram tnar de forma somel'a las evidencias recuperadas a fin de localizar los vidrios volcánicos, pero no existe una evakla· dclti de lo que significa su Pfesenda con respecto a la totarodad del conjunto. l'llr ello, las piezas escogidas eran sometidas a un completo estudio morlotécnico y runclonal, con el fin de tntegrar esos datos a tos futuros anállsls de este tipo de Jl(oducdón en cada uno de los y¡>Cimlentos . De este trabajo in icial habria que resaltar la coincidenc ia entre los resultados qulmlcos y las di ferencias observadas a nivel macrocópico en tos Vidrios. Así, por el momento se han discriminado claramente dos fuentes, una de origen traqu ítlco representada por tas muestras de Hogarzales, que está presente en todos tos yacimientos muestreados, y otra de tipo fonolitieo que hasta ahora se localiza 5ÓIO en los yacimientos de Rlsco Ollmirique y La fortalel.a. En el primer grupo existe l.N dn l"ocm¡ge edad entre las muestras que pe nlite S4Ulr su Ol 9'f1 en la Honlalll de ~ 111t11t'as q.ie cm respecto a 11 segunda luentr de sumnstJo IOdM no cortamos cm los datos preclSOS que nos pernotan su loc3lizlld6n y pgr llWllD mnocer lossistenas téalioos IAl!zadc5en11 ex1Jacdcl111 del marerlal vnreo (grítico 4 y gráfial 5). Fl>I" lo que r~ a IM tcOas, todavía no disponenos de los resultados del arnillsls petrográllco y geoqulmla> de las primeras muestras de Monta/la Quemada . Gn!llco 4. DIOQri!IN do olc:o llnm totales · sl l <>o . loo puntos negros l'1!f)l'eMnUln los lndlvld\IQS OBSOOI • 08501 2, rec:oQldOI t<1 minas y esco m breras 11 ,. - ~ ., - '11 ¡¡: • - 11 o l;;! Trachlte + o "' .. z; 'º • TAS .. Si02 (Wt%) SOCIEDADES PR EHISTÓRICAS, REC URSOS ABIÓTICOS Y TERRITORIO 1 385 Gráfico S. I zquierda, tendenc:ias de los dos componen t es priocipa1eS; Derecha, gráfico bi\181'\ante del primer canponent< principal (PC 1) Yersus el segundo componente principal ( PC 2). Las 01JCéS grl$e$ ccwresponden a &as muestrcl$ cte las minas • PC2 • • •• ' • ! • • • • + • tt • • • , + 1 • - .. · ~· • • PC I • PCI • • • + • 1' 14• " ....... a. ......... *'. • • •• • DIACRONÍA DE LOS FENÓMENOS OBSERVADOS En la introducción a este trabajo se aludla a la n ecesidad de explorar la evolució n diacrónica de las evidenc i as arqueológicas. Con ello se pretende evitar 'c,ae r en explicaciones ate mpora les, que int erpreten en conjunto registros que piil!- den esta r muy alejados en el tiempo. Sin embargo, esos da t os serán arduos de conseg u ir, sobre todo en esta fase del trabajo donde se int erviene funda me ntal - mente en l as áreas fuente. Como ejemplo proponemos nuestras i ndagaciones sobre la cronología d el uso de las m in as de Hogar2ales . El límite superior está daro, sería el sig lo XV o i nc l uso al gunos años más, si se tiene en cue nta algunas i nforma ciones etnoh i stóricas (Torriani 1978), aunque en este caso la obtención de estas materias primas tendría cond i cio n antes sodoeoo n ómicos distintos. Más prootemátfco de establecer es el in icio de las acti vidades extractivas o de la presenc ia huma na de fonna más o menos con tinua en estos parajes. Por el momento co n tamos con una datación abso lu ta obten i da por C14 a partir de los carbo n es procede nt es del sondeo real i zado en la boca de la mina 38. Los va lores obten idos se sitúan entre el 780 y el 1010 AD (2s 95%). Pero esta fecha sólo nos está i nformando de una etapa en la ex plotación de una úni ca mina, de las 53 ex ístentes. Por ello no cree m os que sucesivas inte rvenciones arqueo l ógicas en el marco de las galenas so lu cionen el problema, a no ser que se excave en todas ellas y se teng a la suerte de en co nt rar sec u encias sedimentarias amplias en alguna. Pensamos que la i dentificación de obsidiana que p rnceda de ese enda· ve, en centros receptores bien contextuali zados, puede aportar datos más significativos para resolver el probl ema del l apso de e xpl otació n de estos vidrios. Los i ni cios de la explotación de obs idi ana en Hogarial es deben ser muy an tiguos co mo lo prueban al guna de las muestras arqueo l ógicas selecc ionadas para este est ud io que proceden de l yacimiento de Los Caserones (2.50 BC-450 AD') o los obte ni dos para Lo mo Granados (11 0-560 AD), dos enclaves si tuados en el municipio de La Aldea de San Nicolás y por lo tanto cercanos a las m ina s. También en Risco Chim ir lque (TeJeda) encontramos obsidiana de H ogarzales o su ento rno desde fechas muy tempranas (600 -680 AD) , mientras que para el resto de yacimien t os con crono l ogla conodda, Inc lu idos en la mu estra, las dataciones para l os estratos correspo n dientes se sitú an a partir del año 1000 AD . Po r lo que se refiere a la distri buc i ón espac i al del vidrio volcánico bajo estudio, ésta abarca prac.ticamente toda la isl a, pues aunque en algunos yacimientos aparecen llidrios fonolíti cos, en todos ellos encontramos obsid iana !raquítica de Hogarz al es. INTERPRETACIÓN PROVISIONAL DE LOS DATOS El estudio de los cen tros ele p rod ucción de material l ítico en la Isla de Gran Canana ha mostrado en primer lugar una asimetría en su ab un dancia y distribución territorial. As í, mientras que los vidr ios vok:ánicos se l ocalizan, por ahora, en un ár ea muy restri ng ida de la ruenca del Barranco de la Aldea de San Nicolás, las canteras de toba se distribu yen por m ás zonas del norte, este y sur de la isl a. En ambos casos se constata la evidencia de un a división social del trabajo, exigida por la espedallzadón q ue impli ca el trabajo extractivo en mi nas y ca nteras . En la cima de la Montaña de Hogarzales, las 43 m inas detecta das son el testimonio de un traba jo muy du ro y prolongado en el tiempo, orientado a obtener unos vidrios volcánicos en cantidades m uy exiguas para el esfuerzo i ng ente que suponlan l as labo r es mineras . Los prod uctos obtenidos era n de pequeño tamaño, difíciles de ta llar por la presen cia de planos de debilidad, varuolas y o tra s impurezas, y además pod í an se r sustituidos desde el punto de vista práctico por otros 3. Ya SI? ha exp l ie'ado que én ocas~ ~sten ptoblemas para caractemar cotrectamente las unidades arqueológias que nos han ptOpOf'don&do las muestras, por lo que no puede asegurarse Sliemp~ que l as obsidianas analizadas tt:ngan esa cronologtt col'ICfetl . En este texto se lnd'an Wts lechas m6s Mliguas obtellidas en los yacimieotDS señalados, pero no hay que descartar el que deban relacionarse con dataciones más recientes. SOCIEDADES Pll[HISTÓAJCl.5, 11.EOJRSOS AlllÓTIODS Y lt:IUU'TOR.101387 Instrumentos elaborados en materias primas diferentes. Sin embargo , se persis· tía en su extracción y entraban a í0tmar parte de una red de distribución que abarcaba la totalidad del territ0tlo insular. A Hogarza l es se awdia a trabajar en las m inas. No tenemos evidencias de asentamientos pe rmanentes en sus pro xi midades, pues las estructuras de piedra seca que se eno.ientran en su dma no tienen una función clara, pero desde luego no tienen nada que ver con un ent0tn0 doméstia>. En las escombreras, en las minas y en el sondeo, lo únlal que se ha reaiperado son evfdenclas líticas . Sólo se c:leteclaron dos pequeños fragmentos de cerámica en una lOrla ildyocente a una de las zonas de delritus. En el sondeo de la boc3 de la mina 38 se exhumaron pequeños íragmentns de catbón , dis¡ier.;os en distinlas tallas del sedimento oonfonnado por los desechos de la mina, sin que pudieran relacionarse con a lg una estructura de combustl6n. Nuestra lnterpretadón es quepodr ían provenir del uso del fuego para resquebraíar la toba y la traquita y racílita r su disgregac i ón y extracción, siendo menos probable que procedan de restos de hadlones usados para Iluminar las ga l enas. Estos carbones son la unica ev id en· da orgánica l ocalizada en H ogarzales, lo que nos permitió obtener una r eoons - truo:l6n antracológica de la OJbierta vegetal del entorno de la montafla y la datadón absoluta antes romentada. Tenemos pues un trabajo altamenoo especializado, que se realiza quizá en determinadas épocas del año, por una axnunitlad de mineros que acude al U con el únla> objetivo de extraer a la montaña su teson3 de piedras negro-azuladas y brillantes. Por otro lado tenemos unas canteras de mollnos un pooo más dlspersas por la geografía i nsular. Ubicadas en zonas donde la toba reúne unas caracter[sticas óptimas para la elaboración de esos materiales de molturación, que puede<l estar más o menos alejadas de los poblados, pero siempre más acceslbles que la lejanas minas de la ClJenca de San Nicolás. Sin embargo , al menos en Montaña Quemada, wlvemos a encontrar las huellas de uo trabajo exdusiYo en la cantera , Sin evidencias que denoten que se practicaran otras actividades complementarias. También aQ\lÍ nos ha resultado probh!mático el encontrar materia l Otgánlco susceptib4e de sedatado, consistente en este caso en unos escas f slmos restos óseos (una vértebra de pescado y dos esqu f r1as de ovfcaprino ). Los mo li nos eran uno s útiles Imprescind ibles en l as actillidades domésticas cotidianas, para una población OJya alimentación era de base cerealista, co n el gofio como preparado alimentarlo fundamental (Velasco Váiquez 1999; Delgado Darias 2001). Por ello aparecen siempre en los ámbilus domésticos y también en los lugares destinados a ainservar alimentos, como silos y graneros. Esto I mplicaría que su producdón debla de ser constante y el COSll! de su adqu isldón asequible para IOdo el grupo social . l'l!ro los datos de las canteras no nos irdian a pesar que eXIStia oo aoreso cirectD al área fuslte, uio que esa produai5n estaba en manas de obl enJ> espeualizMos, tanco en las laboies extracllVils mno en la f~ de las~ que neoe51111ban para tal fin. los datos que lnoclan en la dispersién de los moln05 por la isla deben pn:ipordonM pistas para detectar las zonas de int'1uenda de cada cantera . Cn!emos que en Gran canaria podremos dei:eaar dos sistemas complementarios de clrculadón de bienes. Uno de ámbito Insular en el que se incluyen los vidrios vofc6nlcos. Otro de ex tensión m ás local que vertebrarla la distribución de los m ate rlales de molturación. Es e vid ente que estas materias ablótl CllS no de· blan de viaja r so las, sino que Integrarían un os sistemas de Intercambio de productos de diversa naturaleza, como por ejemplo los propios recursos al lmenudos (Vdascc V6zquez 1999; Delgado Dañas 2001}, pero estamos convencidos de que el an61lsls de los sistemas de e>eplotadón V uso de estl>S recursos litX:os será la clave para desentrallar1os. BIBLIOGRAFÍA Av eny A.F. y C uenca S.n.bria , J. 1992-94 <kcllaeontronomic.11 lieldwcl1< 111 !he Canary lslandso. El H<Mo ~ XLIX , p6gs. 29-51 BauceUs Mesa, S. 2004 Cldnlats, H~orlln, rel«lones y otros relatos: las fventes natratlviJS del proceso dfJ lnrer1«16n cv/cural enrre aborígenes carntrlos y europeos (siglos XIV al XVII) . Fundlldón Caja Rural de Canarias, Gran Canaria . 8uxed1 1 Garrlg6•, J.¡ Klllk09lou, V.; Martín Rodrlguez, E .; Rodr lg u ez Rodrlguez, A.C.; Madrid Fernández, M. e.p. •Prelimlnary results on Canari an obsldians from Gran e.noria lsland. 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