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Edición y estudio de una selección de inscripciones latinas conservadas en la parroquia de Santa María de Écija

Carrión Durán, Elvira

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Trabajo Fin de Grado Facultad de Filología Doble Grado en Filología Clásica y Filología Hispánica Curso 2023/2024 Título: Edición y estudio de una selección de inscripciones latinas conservadas en la parroquia de Santa María de Écija Autor: Elvira Carrión Durán Tutor: Dra. Concepción Fernández Martínez ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN ................................................................................................................ 1 1.1. BREVE REPASO POR LA HISTORIA DE LA EPIGRAFÍA EN LA BÉTICA ....................... 1 2. METODOLOGÍA ................................................................................................................ 2 3. OBJETIVOS ........................................................................................................................ 4 4. ANÁLISIS DE LAS INSCRIPCIONES ................................................................................. 4 4.1. CILA 428 (=CIL II2/5 1193). Inscripción funeraria ................................................................. 4 4.2. CILA 725 (= CIL II2/5 1186). Inscripción funeraria .............................................................. 11 4.3. CILA 743 (= CIL II2/5 1218). Inscripción funeraria .............................................................. 16 4.4. CILA II-III 731 (=CIL II2/5 1207, CIL II 5457). Inscripción funeraria ................................... 22 5. REFERENCIAS ................................................................................................................. 29 1 1. INTRODUCCIÓN Escogí este ámbito de estudio, porque desde el primer momento en el que mantuve el contacto con la Epigrafía supe que quería saber más, no me bastaba con cuatro meses. Además, es la única vertiente de la Filología Clásica que me permite entrar directamente con el material que voy a trabajar y que te obliga a cambiar tu lugar de estudio por el patio de una iglesia o la sala de un museo. No quería hacer un trabajo de investigación al uso, más bien lo contrario, me apetecía pasar una mañana en Écija, leer en las bibliotecas y aunar todas aquellas materias que a lo largo de cinco años me han proporcionado conocimiento, entre las que sobresalen Fonética y Morfología latinas, los cuatro años de Textos latinos y la optativa de Pensamiento romano. Esta última ha sido fundamental para el comentario filológico, pues gracias a ella he comprendido las tradiciones y la cultura de una Urbe que ha dejado un vivo legado en nosotros, porque, como bien dice la profesora María Limón, que ha impartido la asignatura de Pensamiento romano: “no hemos cambiado nada”. 1.1.BREVE REPASO POR LA HISTORIA DE LA EPIGRAFÍA EN LA BÉTICA La epigrafía funeraria se inicia en época de Augusto, alrededor del último cuarto del siglo I a. C. y el I d. C. Así, los talleres epigráficos se extienden por la Bética, hecho que da lugar a una eclosión epigráfica (Stylow 2002: 356), caracterizada por la rápida evolución en todos los aspectos, pero sobre todo en el de los soportes. La inscripción más antigua de la Hispania Ulterior está datada en el 49 a. C. y presenta un estilo parcialmente perfecto. Se ha planteado la idea de que el nacimiento de la epigrafía funeraria se diera por la extensión de la ciudadanía romana y latina, quienes, al ser los únicos con la capacidad de hacer un testamento válido según el derecho romano (Stylow 2002:355), querían dejar constancia de su alto estatus. Esto se corrobora con que sea en las zonas privilegiadas de la Bética donde aparecen la mayor parte de las inscripciones. Sin embargo, esta hipótesis es poco convincente, ya que eran numerosas las vías por las que se podía manifestar la ciudadanía romana, con lo que la epigrafía no era la única forma, por ejemplo, la indicación de la tribu. El verdadero desencadenante fue el hecho de que Augusto potenciara la epigrafía como medio de autorrepresentación y propaganda que, en un comienzo, comenzó en la élite, pero poco a poco se fue extendiendo hasta llegar a todas las capas de la población. (Stylow 2002:355). 2 La epigrafía funeraria pasa por un periodo histórico dividido en tres etapas: una primera donde se encuentran inscripciones más rudimentarias, de incisión profunda y escritura tosca, en la que las letras forman renglones rectangulares (Stylow 2002:363). Una segunda en época imperial, en la que se asiste a una especie de regularización de estas, mediante una adaptación de las grafías al campo epigráfico y una mayor diferenciación de trazos finos y gruesos, que da pie a las primeras formas de la famosa scriptura libraria (no actuaria), con tendencia a redondear los trazos, intentado imitar la escritura utilizada en las tablillas de cera. En las inscripciones aquí trabajadas se pueden observar tanto rasgos de libraria como de quadrata. Finalmente, una tercera, que destaca por la disminución de demandas y, como consecuencia, el cierre de talleres. Esto conlleva un descuido por parte del lapicida en la realización de las inscripciones y la individualización de estas, pues ya no se atienen tanto a moldes formulares, sino que buscan más rasgos únicos, con una ejecución de menor nivel. A partir de este hecho comienza el proceso de transición a la epigrafía cristiana. Es destacable la utilización de diversos soportes, que se clasifican en tres grandes grupos: contenedores de cenizas, soportes no marcados, sobre todo elementos arquitectónicos, y estelas. Del primer grupo se destacan las urnas funerarias, que ya aparecen en época prerromana y nos ayudan a entender cómo vivían los romanos, pues representan la forma de las casas del momento, ovaladas. Luego, al hablar de “soportes no marcados” nos referimos a aquellos cuya finalidad no era portar una inscripción. Destaca, por otro lado, la casi inexistencia de retratos humanos en los monumentos funerarios de la Bética. El uso de estelas no es muy común en la zona, a excepción de Astigi, de donde proceden todas las inscripciones tratadas en este trabajo. En Astigi y, en parte, en Tucci son el soporte mayoritario, aunque en la Colonia Patricia escaseaban y eran las placas de mármol lo más usado (cf. Inscripción 4.1. y 4.2.). 2. METODOLOGÍA Para la realización de este escrito se han seguido los pasos del conocido “trabajo de campo”, fundamental para los filólogos, en general, y para el epigrafista, en particular, puesto que no se estudia a través de manuscritos, como ocurre en el legado de Plauto o Virgilio. Así, de esta forma se pueden apreciar los detalles con mayor precisión, haciendo uso de un equipamiento adecuado, el cual está conformado por una linterna, diversos papeles (de acetato, carbón y seda), un rotulador permanente, un metro y un papel milimetrado. 3 Una vez preparada, acudí a la Parroquia de Santa María en Écija, donde pude poner en práctica lo aprendido, aunque exclusivamente en la primera de las inscripciones trabajadas. El inicio de la jornada fue rellenar la ficha del epigrafista, anotando medidas, tipo de soporte y peculiaridades que se podían ver a simple vista. Luego, con más precisión y ayudada de la luz de la linterna, me centré en los detalles de cada letra y en el estado de conservación de la inscripción. Esta ficha me ayudaría a refrescar la información posteriormente y confrontarla con la de diversos editores. A continuación, fotografié desde todas las perspectivas posibles la piedra y realicé el calco de seda, que es el más fiable, ya que recoge con exactitud todos los pormenores, mientras que el dibujo a escala o el ejecutado a mano alzada pueden contener un mayor número de errores. Para las inscripciones 2, 3 y 4 no pude aplicar este método, por lo que me serví de unas fotografías de calidad que me proporcionó la Doctora Concepción Fernández Martínez y las propias fuentes bibliográficas. Tras esto, comienza el trabajo en casa, la segunda parte de la investigación, que se aplica al cómputo global del texto, compuesto por la elaboración del aparato crítico, la bibliografía abreviada, el comentario filológico y la bibliografía desglosada. Para el desarrollo de esta parte, me he servido tanto del material básico como de aquellos a los que estos me remitían y a las recomendaciones anotadas en mis apuntes de clase del curso pasado. El aspecto más complejo es la realización del aparato crítico, pues consiste en la exposición de las diversas ediciones, contrastando similitudes y discordancias, en latín. Le suman complejidad las meticulosas pautas a seguir: la tipografía y el propio espíritu crítico del realizador, que debe descartar aquellas lecturas que se consideren obsoletas y reforzar las que destaquen entre las demás. Para facilitar el entendimiento de este apartado, se añade al inicio una lista bibliográfica abreviada de los materiales utilizados, con las respectivas fechas de publicación de cada edición. Así, antes de comenzar con el comentario filológico, hay que recolectar una bibliografía previa, entre los que destacan los trabajos de Stylow, Tantimonaco o Collantes de Terán. Realmente, se trata de un escrito en el que se trabajan todos los aspectos resaltables de la inscripción y se aportan hipótesis personales acerca de aquello que suscite interés. A modo de cierre, aparecerá un texto editado con puntuación diacrítica, con el fin de que cualquier lector, epigrafista o no, pueda llegar a comprenderlo. 4 3. OBJETIVOS Con este trabajo se pretende aportar diversos estudios filológicos completos, con planteamientos propios que ayuden a completar el corpus astigitano, que comprenden personas de distinta clase social y edad, desde dos libertas de 47 y 33 años hasta hombres libres, cuyas edades oscilan entre 5 y 35. Las inscripciones se sitúan cronológicamente en un periodo del siglo II-III a. C., con una excepción, la inscripción número 4.3., de finales del siglo I o principios del II. 4. ANÁLISIS DE LAS INSCRIPCIONES 4.1.CILA 428 (=CIL II2/5 1193). Inscripción funeraria Placa rectangular de mármol blanco con manchas rojizas, causadas, seguramente, por la oxidación (cf. Im. 3). De esta solo se puede ver la cara frontal, ya que está enmarcada, lo cual impide una lectura clara de la parte superior (cf. Im. 1). Por este motivo, no se puede saber si los laterales están pulidos, solamente se puede afirmar que la cara frontal sí lo está. No parece estar rota, a excepción de un pequeño rasguño en suis, que no impide la lectura (cf. Im. 4 et 5). En general, el estado de conservación es muy bueno. Mide 19,5 x 29 x 3 1 . En el alto, todos los editores ofrecen una medida de 20, en contraste con la nuestra. Las letras en cada una de las cinco líneas existentes miden entre 2,5-3. La grafía es capital libraria, lo que difiere con la visión de González, que, en el CILA, la describe como capital cuadrada. Algunas de estas presentan características reseñables. En la línea cuatro, concretamente en suis, se encuentra una posible I longa (cf. Im. 4 et 5). Luego, la A de Aninia, presenta el trazo izquierdo alargado hacia abajo (cf. Im. 7). Otra A característica es la que no tiene travesaño en la misma línea, en Patricia (cf. Im. 2) y en Annorum. La T, en toda la inscripción, es destacable por su trazo curvado. La H, en la última línea, presenta el trazo izquierdo con una largura mayor que el derecho. La P de Patricia en la segunda línea se caracteriza por no cerrar completamente el óculo (cf. Im. 2). La grafía N contiene unos trazos curvados en toda la inscripción, a excepción de la que se encuadra en la fórmula pia in suis. Por otro lado, la S formularia de DMS denota un mayor esfuerzo en su realización, mientras que en el resto de grafías sibilantes se aprecia menor esmero por parte del lapicida a la hora de realizar el trazado. Se puede pensar que esto ocurre debido a la falta de espacio con la que se encuentra a medida que avanza en la elaboración de la inscripción. La R, tal y como atestigua González en el 1 Todas las medidas están dadas en cm. 5 CILA, está completamente cerrada. Finalmente, la M aparece una sola vez en la primera línea, pero es resaltable por la curvatura del trazo izquierdo. Los signos de interpunción son triangulares con el pico hacia abajo y no siguen un patrón de colocación (cf. Im. 8). En la primera línea solo se ven entre las siglas y al final, pero no delante de la primera letra. En la segunda línea solo aparecen entre Aninia y Patricia. En la tercera entre ann(orum) y el número. En la cuarta, antes de pia no, pero entre las letras restantes y al final sí. Finalmente, en la quinta aparece entre cada sigla, incluyendo el final, aunque no el principio. En general, el texto está bien ajustado. Hay un intento de centrar las líneas en el campo epigráfico. Se ve claramente cómo ha comenzado dejando un gran espacio, pero, luego, ha ido reduciéndolo y, en consecuencia, acercando y ajustando más las letras, lo cual provoca que haya más espacio al final. La incisión del texto es bastante profunda y destaca, sobre todo, en las fórmulas, donde es mucho más notable a diferencia del resto. Fue hallada en la Huerta del Tejero (Sevilla), a un lado de la carretera de Córdoba, poco más allá de la salida del puente sobre el Genil (CILA II 428). Actualmente forma parte de la colección epigráfica de la Iglesia parroquial de Santa María de Écija, donde la hemos visto, medido, fotografiado y calcado en 2023. Imagen 1. Foto de E. Carrión 6 Imagen 3. Foto de O. Lérida Imagen 2. Foto de O. Lérida 7 Imagen 6: Foto de O. Lérida Imagen 7: Foto de E. Carrión Imagen 8: Foto de M. Limón D(is) • M(anibus) • S(acrum) • Aninia • Patricia ann(orum) • XXXXVII pia • in • suìs • H(ic) • S(ita) • E(st) • S(it) • T(ibi) • T(erra) • L(evis) • Imagen 4. Foto de O. Lérida Imagen 5. Foto de E. Carrión 14 Imagen 1. Foto J. González Imagen 2. Foto J. González Se vuelve a tener un modelo que cumple con las características principales de un epitafio latino, pues comienza por la fórmula DMS, seguida de pius in suis, ambas estudiadas ya en la inscripción nº1 (cf. Inscripción 4.1.) que suelen aparecer a partir del siglo II juntamente con otras dos fórmulas que cierran el texto: hic situs est y sit tibi terra levis. Imagen 3. Foto J. González Imagen 4. Foto J. González Imagen 5. Foto J. González 15 Respecto a la primera, hic situs est, ya se había hablado en la inscripción nº1 (cf. 4.1.), con la diferencia de que ahora reaparece en su forma más antigua, la desarrollada, que estuvo en desuso hasta el siglo II, cuando resurge. Este mismo hecho se repite en la segunda fórmula (cf. 4.1.). El difunto es un hombre de 35 años, llamado Lucio Calpurnio Gauliniano, procedente de Nascania. En este caso, la edad está expresada en su forma de desarrollada en genitivo plural: annorum, en oposición a lo que se ha visto en el resto de inscripciones, donde aparecían otras variantes como ann. En lo que respecta a la onomástica, el fallecido presenta tres nombres (tria nomina). El praenomen, Lucio, ya se ha estudiado en la inscripción 4.3. El nomen, Calpurnio, se relaciona con el personaje Calpurnius Seneca, quien, según J. González, fue primus pilus en la Dacia con la legio I adiutrix y, posteriormente, ocupó el puesto de procurator en Lusitania y Vettonia por mando de Adriano. Se conoce que su origen natal era la Bética, donde los Calpurnii son numerosos. Sobresalen en concreto en la zona de la sierra de Málaga y el sureste de Sevilla, aunque hay algunos en Arcos de la Frontera, Corduba, Obulco y Celti. Se conocen abundantes Calpurnii que ocuparon cargos públicos, como L. Calpurnius Silvinus o L. Calpurnius Pannonius. (CILA II 22) Abascal recoge la variante femenina, Calpurnia, en dos inscripciones, una en Isona y otra en Itálica: CIL II 1150, aunque Kajanto atestigua su procedencia en Tarraco. Junto a ella también añade Calpurnianus, abundante en La Parra y Denia. Según Kajanto, este nombre era tomado de la familia de Calpurnius Piso Frugi y se expandió en mayor número entre hombres que en mujeres, donde solo se recoge en dos inscripciones. (Kajanto 1982:143). Y del cognomen, Gauliniano, Berlanga hipotetizó que era un étnico derivado del nombre de la ciudad conservado en Los Llanos de Caulina, cerca de Nabrissa y no lejos de Écija, pero, Hübner recoge que el hecho de que el difunto fuera de Nescania descarta por completo la teoría. Por tanto, sería un cognomen de origen indígena. (CILA II 725). Kajanto y Abascal coinciden en que procede de la Bética, asimismo con testimonios en Osuna. Aparecen otras variantes como: Gallonianus, Gargilianus o Gavilianus/Gavinianus. (Kajanto 1982:147) El epitafio indica el lugar de procedencia, Nescania (Nascaniensis) que tenía su emplazamiento en el cortijo de Escaña, el cual aún conserva su antiguo nombre en el Valle de Abdalajís (Málaga). Así queda indicado en CIL II2/5 838: Genio municipi Nescaniensis. 16 D(is) m(anibus) s(acrum). L(ucius) Calpurnius, Caulinianus nascaniensis, annorum XXXV. Pius in suis, hic situs est, s(it) t(ibi) t(erra) l(evis). Por la combinación de fórmulas (DMS, PIS, HSE, STTL), aparición de la abreviación ann. y la presencia de pius in suis, la utilización del mármol como material para el soporte y el tipo de letra utilizada (scriptura libraria) datamos la inscripción a finales del siglo II d. C. - principios del III d. C., coincidiendo con González, mientras que Hübner la atribuye al siglo III. (CIL II2/5 1186; CILA 725). 4.3.CILA 743 (= CIL II2/5 1218). Inscripción funeraria Estela de piedra caliza de color amarillento en forma de medio punto, tal y como atestigua González en el CILA y CIL (cf. Im. 1). Presenta una fractura en la parte superior central desplazada ligeramente a la izquierda, que no impide la lectura del texto, aunque sí afecta a la primera V de Fulvius y S de Rufus (cf. Im. 2). Es más gruesa en la parte superior y se va difuminando a medida que llega a la zona inferior del campo epigráfico. En cuanto a la parte enterrada, propia de este tipo de formato, no se puede resaltar nada, ya que no aparece en la imagen. Sin embargo, González hipotetiza que estaría sin trabajar, pues la finalidad era clavarla en el suelo. El CIL informa de que esta parte se ha perdido, al igual que un fragmento en el margen derecho (CILA II 743). A partir de la imagen (cf. Im. 1), se puede deducir que la cara frontal contiene marcas de erosión, ocasionadas seguramente por el paso del tiempo. En lo que respecta a los laterales, solo se puede hipotetizar sobre la opción de que estén pulidos, pues no han sido vistos previamente. El estado general de la estela es bastante bueno. El campo epigráfico presenta una forma rectangular, rematada en un semicírculo, así lo atestigua la imagen y sus editores en el CIL y CILA. Las medidas del soporte son según el CIL y la base de datos Heidelberg (65) x 40x 17, que difieren del CILA y AE (LʹAnnée Épigraphique): (56) x 40 x 17 6 . Las medidas de la hornacina se recogen exclusivamente en el CILA: 19x29. El CIL no ofrece medidas del campo epigráfico 7 . 6 Todas las medidas están en cm. 7 El firmante de CIL y CILA es J. González, pero este da medidas dispares según el Corpus. Ante el planteamiento de cuál es la medida correcta preferimos optar por las del CILA, ya que se publicaron antes que las del CIL. El propio González pudo invertir el orden de las cifras a la hora de trasladar la información al CIL (65-56). La explicación a la similitud del CIL con Heidelberg puede darse en que esta base de datos tomara la edición del CIL, colección de referencia internacional. 17 La letra es capital cuadrada, toscas y desiguales (CILA II 743), que son de tamaño de igual proporción, concretamente de 3, pues ninguna sobresale respecto a otra. Así lo refuerza González (CILA II 743), quien la vio y fotografió por primera vez en 1981. Esta unidad puede tener su causa en las líneas de guía, que se mantienen visibles en la inscripción (cf. Im. 3). Los signos de interpunción son trazos ligeros que, al menos en lo que puede verse en la fotografía, no tienen una forma concreta (cf. Im. 4), interpretación que difiere de los expertos, pues estos hablan de una forma triangular (CIL II2/5 01218; CILA II 743). Estos sí siguen un patrón de colocación, concretamente detrás de cada palabra o letra: M, Fulvius, L, annorum, F, est, V, en estos últimos tres casos, cerrando la línea. La mayoría de ellos están casi borrados por el tiempo, tanto que no se aprecian a la perfección en la imagen, pero se hipotetiza su existencia por analogía con el resto del texto. Algunos rasgos paleográficos notables son el nexo en annorûm, donde V y M comparten trazo (cf. Im. 5), el travesaño de A annorum y H centrados (CILA II 743), los trazos horizontales y rectos en E, F, A. Concretamente, el travesaño de la H está prácticamente borrado. En Fulvius, la F funde su parte superior con la línea de guía y, debajo de ella, un rasguño vertical hace parecer que sea un P y no una F, algo que difiere de la siguiente F en Rufus, donde se sigue confundiendo el trazo superior con la línea de guía, pero esto no lleva a confusión. La base de la L está más elevada, sin seguir la línea de guía. Mientras González en el CILA considera que las R tienen el óculo cerrado, observando la imagen se puede interpretar que no termina de cerrar. Se percibe un mayor esfuerzo en los inicios de cada línea, que va relajándose a medida que avanza la elaboración del texto. Así, se ve que la primera M presenta una incisión más marcada que la última V tras annorum, al igual que la R de Rufus o la A de annorum. En general, la compaginación del texto es bastante buena, sobre todo en el margen izquierdo, donde las letras se mantienen a la misma altura. Sin embargo, se percibe que, mientras la primera y tercera líneas tienen la misma extensión, coincidiendo, incluso, en los signos finales de interpunción, la segunda se extiende hacia la derecha con una palabra más: est, llegando al límite del campo epigráfico. Ninguna de las líneas está sangrada. Fue hallada en los alrededores de Écija y se ignoran los detalles de sus circunstancias de hallazgo (CILA II 743). Actualmente, forma parte de la colección arqueológica de la Iglesia parroquial de Santa María en Écija, donde la fotografió González por primera vez. Debido al estado 18 actual de, patio parroquial, que ha sufrido daños por las fuertes lluvias y ráfagas de viento, no me han permitido verlas en primera persona. Imagen 1. Foto J. González Imagen 2. Foto J. González Imagen 3. Foto J. González Imagen 4. Foto J. González Imagen 5. Foto J. González M(arcus) • Fulvius • L(uci) • f (ilius) • 19 Rufus • hi(c) • s(itus) • est • annorûm • V • In linguam Hispanicam verti: “Marco Fulvio Rufo, hijo de Lucio, de 5 años, aquí está enterrado”. González 1991 qui in linguam Hispanicam vertit et cum im. phot.; González 1998 cum im. phot.; Collantes de Terán et alii 1951. Cagnat 1890; Kajanto 1982; Abascal 1994; Stylow 1995; Stylow 2002; Vaquerizo 2010. 1. m. fulvius.l.f. González 1998, qui fortasse primus lapidem vidit, et sic ego, quae complevi. 2. rufus. hi.s.est. González 1998 edidit et sic ego quae complevi. 3. annorûm.v. González 1998 scripsit et sic nos, sed González 1991, sine puncto post annorum et V. Praeterea González non nexum edidat, sed in comm. descripsit. Es sorprendente cómo esta inscripción no presenta la fórmula inicial DMS usual en la Bética a partir del siglo II a. C. Así, comienza directamente con el nombre del difunto en nominativo. Según Cagnat, era frecuente mencionar los lazos de parentesco o gratitud del fallecido, a excepción de la Bética, donde no se solían mentar a las personas que habían mandado realizar el epitafio y el monumento, como se ha visto en la inscripción nº1 (cf. 4.1.). Generalmente, a los niños recién nacidos se les denominaba pupus o pupa (abreviado en las inscripciones como PVP, “niño demasiado joven”) (Cagnat 1914:46), pues no recibían su nombre, con el que iban a ser conocidos por todos, hasta el octavo día, en el caso de las mujeres, y noveno, en el de los hombres, en una gran ceremonia, por la que se adornaban las casas de los familiares con coronas de laurel. En ella, se les otorgaba a los pequeños una serie de amuletos que los acompañarían a lo largo de su niñez, de los que se tendrían que desprender una vez finalizada la infancia. En los primeros pasos de la Historia de Roma los habitantes solo tenían un nombre y para poder distinguirlos se les sumó el del padre o madre en genitivo (Cagnat 1890:37-59) hasta que en época imperial todos los ciudadanos ya tenían su tria nomina (praenomen, nomen y cognomen), lo cual era un motivo de orgullo y prestigio en la sociedad romana. Muchas veces se utilizaba para diferenciar el orden de nacimiento (Cagnat 1890:37-59). Sin embargo, las niñas no recibían praenomen (cf. CIL II2/5 1193) y los esclavos solo un nombre. 20 No fue habitual hasta el siglo II que apareciera el praenomen de un niño en las inscripciones, pues no se inscribían en el censo romano hasta que no tomaban la toga viril y eran presentados a los 17 años, aproximadamente, en el Foro. Esto puede indicar que la inscripción que se está describiendo pertenezca al siglo II, ya que el difunto es un niño de cinco años. En lo respectivo al praenomen del difunto, Marcus, aparece abreviado delante del nomen, algo usual desde época imperial. Cagnat (1980:40) atestigua que esta abreviatura podría estar seguida de un apóstrofe en obras literarias para facilitar la impresión, pero no en epigrafía, donde lo normal es encontrar, como es el caso, una M. Clauss y Slaby lo recogen en más de mil inscripciones, teniendo el mayor número en la provincia de Archaia, entre Atenas, Olimpia, Andros, Argos y Corinto, fundamentalmente, aunque también se encuentran datos de este en Egipto o en Aemilia, Regio VIII. Su variante femenina, Marcea, está recogida en tan solo dos inscripciones, que se encuentran en Lusitania y Moesia inferior. Esto no sorprende, pues las mujeres dejaron de recibir el praenomen pronto y solo se encontraba, de forma excepcional, en las grandes familias. El nomen, también llamado nomen gentilicium o gentile, en contraposición al praenomen, contiene un valor general, pues hace refencia a todos los miembros de una misma gens (hombres y mujeres). En este caso es Fulvius. Aparece desarrollado en la mayoría de las ocasiones, con pocas excepciones de finales de época republicana (Stylow 1995:222). En Hispania, el uso del nomen presenta menor variación en las zonas donde el componente indígena que en las grandes ciudades o en las costeras, donde la implantación de este corresponde a una tradición familiar. Sin embargo, la onomástica latina ha ido variando en función de la moda del momento, la cual está por encima de todo (Abascal, 1994: 36). Los Fuluii abundan en la Tarraconense y en tres núcleos de la Bética: uno en el valle del Betis (Itálica, Arua, Ilipa), la costa gaditana y las sierras de Málaga, Barbesula (CILA II: 144-145). En el caso del fallecido es Fulvius, cuya terminación -ius es frecuente en las familias plebeyas del Lacio. Por ello, se encuentran otros acabados en -eius, -aius, -eus por analogía a este (Cagnat, 1914:50). Siguiendo a Abascal (1994:143), Fulvius queda recogido en Portugal (Vila Real de Santo António), Cádiz, Sevilla (Alcolea del Río, Palma del Río), Barcelona, destacando Tarargona, y 21 Cartagena, en las dos variantes, femenina y masculina. Además de estos lugares, en Clauss y Slaby hay datos en unas trescientas inscripciones, entre las que destacan las mismas provincias que en el praenomen: Achaia, Aemilia Regio VIII y, además, Africa proconsularis (Cartago), en la que se recoge una inscripción de un hombre llamado Marcus Fulvius Rufus, quien murió un siglo antes con 24 años. Esto parece indicar que tenían parentesco familiar y que, tal vez, el origen de nuestro fallecido es el mismo. Por último, el cognomen cronológicamente ha sido el último elemento introducido en la nomenclatura latina y, por ello, ocupa el último lugar. Además, es más usual en las inscripciones paganas (Kajanto 1982:115). No empieza a utilizarse hasta finales del siglo II a. C. en las inscripciones y en los documentos oficiales de las familias plebeyas. Sin embargo, en el resto de la población empieza a adoptarse posteriormente, no antes de la época de Augusto. La mayoría de los cognomina son metonímicos y se refieren a las diferentes partes del cuerpo, como Barba, a su personalidad, del estilo de felicitas, veritas, verus. González en el CILA atestigua que el cognomen Rufus, que en la inscripción aparece sin abreviar, se refiere a una cualidad física, al color del pelo o piel, siendo uno de los más frecuentes en la onomástica latina. El CIL lo recoge en más de 1.600 inscripciones (Kajanto 1965:229) y Clauss y Slaby en alrededor de 1.400 inscripciones, que se encuentran repartidas por las mismas zonas que el praenomen y nomen. Junto a estos tres nombres, aparece la filiación (‘hijo de Lucio’) con el nombre del padre en genitivo, seguido de filius. Por otro lado, es habitual que los hijos tomaran el nomen de su padre, pero, en este caso, no es así. Tal vez esto suceda porque no era el primer hijo y ya otro había tomado el nomen del padre. El nombre de Lucio era común entre los romanos y podía verse abreviado, como LV o L. Según los romanos, recibían este nombre los que nacieron con la luz del comienzo del día (Cagnat 1914:46). En lo respectivo al apartado formular es importante resaltar que solamente hay dos fórmulas. Están ausentes DMS, pius in suis y sit tibi terra levis, lo cual es un indicio de que debe ser una inscripción anterior al siglo II. Desde los primeros pasos de la epigrafía la fórmula hic situs est podía presentarse abreviada o desarrollada. Se ha pensado que la fórmula plena podría ser más antigua, pero vuelve a ver la luz 22 ya en el II (Stylow 1995:222). Es singular la manera en la que el lapicida desarrolló la fórmula en esta inscripción: HISE, hecho que puede ser explicado por un descuido del profesional, quien pensaba en un primer momento que podría realizarla desglosada y, luego, percibió que le faltaba espacio. Así, para mantener la ordinatio, se decantó por la opción abreviada, dejando la I de hic. En época augustea se extiende la indicación de la edad en genitivo abreviado como an. Otras abreviaturas, ann., anno. o annor. son habituales a inicios del siglo II. En esta inscripción aparece desglosado con un nexo por el que comparten trazo la V y la M. El hecho de que aparezca antes la fórmula y, posteriormente, la edad es singular, ya que en la epigrafía astigitana es frecuente encontrar un orden inverso. Se puede pensar que tal vez se le olvidó al lapicida y, como le sobraba espacio, aparece desglosada la indicación de la edad. M(arcus) Fulvius L(uci), f(ilius) Rufus, hi(c) s(itus) est, annorum V. Por la paleografía: uso de la capital cuadrada y de una estela como soporte, la profunda incisión y la elaboración ancha de M la inscripción queda datada en el siglo I. Hipótesis que se refuerza con que la fórmula hic situs est no se utiliza en la epigrafía hasta finales del I, principios del II. Además, la inexistencia de DMS y STTL indica que tiene que ser de la segunda mitad del siglo I. Esta visión la comparte González, aunque en el CILA la datan a finales del II principios del III. 4.4.CILA II-III 731 (=CIL II2/5 1207, CIL II 5457). Inscripción funeraria Estela de piedra caliza de color grisáceo en forma de medio punto, así lo atestigua González en el CIL y CILA (cf. Im.1). Contiene una rotura no uniforme en la parte inferior que la divide en dos e impide la lectura de la última línea y afecta a las últimas letras y cifras de la penúltima (cf. Im. 2). Al igual que ocurría con la anterior inscripción, esta ha perdido la parte que debería ir clavada en el suelo, al igual que el segundo trozo provocado por la rotura (CILA II 440). El texto se encuentra enmarcado en una hornacina rebajada (CILA II 440) con grandes marcas de erosión, seguramente ocasionadas por el paso del tiempo y las condiciones en las que se encuentra conservada. Tal vez sea este el motivo que provocó el surgimiento del agujero entre la tercera y cuarta línea (cf. Im.1). Por lo que se puede deducir viendo la fotografía, los lados no están pulidos y no se puede llegar a conocer el estado de la cara anterior, que seguramente esté en bruto, como es habitual en este tipo de soporte. En general, el estado de conservación no es bueno. 23 Las medidas que aporta González son (75) x 48 x 25 (CILA II 440; CIL II2/5 1207), las cuales coinciden con Heidelberg. Estas difieren de las que da Collantes de Terán 73 x 48 x 27. La letra es capital cuadrada, con tintes de libraria, por algunos trazos ondulados (CIL II2/5 1207; CILA II 440), de un tamaño que oscila entre 4 y 4’2. Su grabado es profundo, sobre todo en la mayoría de los trazos horizontales (CIL II2/5 1207; CILA II 440). Datos que quedan corroborados por todos los especialistas, destacando a González, quien la vio y fotografió en 1983 y Stylow en 1994. A partir de lo que se puede ver en la fotografía, los signos de interpunción no tienen una forma concreta y en muchas ocasiones son poco identificables (cf. Im. 3), aunque los editores coinciden en una forma de triangular (CILA II 440; CIL II2/5 1207). A pesar de ello, siguen un orden en la colocación, apareciendo a partir de la segunda línea tras cada palabra o letra: Ɯ, L, primula, an, XXXIII, H, S, E, S, T, T, L, IN, F, P, XII. González edita la última línea y señala las interpunciones en: IN, A, P, X. Algunos rasgos paleográficos destacables son la W invertida de mulieris (cf. Im. 3) y erosión del travesaño de la A en annorum (cf. Im. 4), que está más desdibujado que el resto, aunque todos aparecen centrados. No hay ni nexos ni letras embutidas. El texto está centrado y parece haber tenido una leve planificación previa, pues el interlineado es similar en cada renglón. Pese a esto, da la sensación de que las primeras letras son mayores al resto y están más espaciadas entre sí, mientras que a partir de la tercera línea no presentan casi separación alguna. Esto se puede deber a que a la hora de la ejecución de la piedra el lapicida percibiera que le faltaba espacio y para solucionarlo juntó más esas letras. Ninguna de las líneas está sangrada. Fue hallada en 1886 en el patio de la iglesia parroquial de Santa Cruz en Écija (CIL II2/5 1207; Collantes de Terán et alii 1951: 247) y actualmente se encuentra entre la colección de la Iglesia Parroquial de Santa María de Écija. Ut supra diximus, no se ha podido fotografiar ni examinar la inscripción personalmente por los daños que ha sufrido el patio de la parroquia a causa de las fuertes lluvias. Además, parece ser que no se puede acceder al patio y no se conoce en qué estado se encuentra la inscripción. 30 Tantimonaco, S. (2018). La fórmula epigráfica pius in suis. Anu.Filol.Antiq.Mediaeualia 8, 839‐ 858. Vaquerizo, D. (2010). Necrópolis urbanas en Baetica. Universidad de Sevilla. Vives, J. (1971-72). Inscripciones latinas de la España romana. Universidad de Barcelona. FUENTES ELECTRÓNICAS Clauss, M., Kolb, A., Slaby W.A., Woitas, B. (1 de mayo de 2024). Epigraphik-Datenbank Clauss/Slaby. https://db.edcs.eu/epigr/hinweise/hinweis-es.html Consultado por última vez el 12 de mayo de 2024. Hispania Epigraphica. (1 de mayo de 2024). https://eda-bea.es/ Consultado por última vez el 11 de mayo de 2024. Epigraphic Database Heidelberg. (1 de mayo de 2024). https://edh.ub.uni-heidelberg.de/ Consultado por última vez el 12 de mayo de 2024.