Las discontinuidades entre la memoria colectiva y la historia: una crítica a partir de la experiencia del Holocausto
Abstract
El sociólogo francés Maurice Halbwachs fue el pionero en la justificación y desarrollo de la categoría “memoria colectiva”, como mecanismo a través del cual los grupos humanos interactúan con su pasado. No sólo ofreció una descripción de este concepto, sino que también expuso su relación con el discurso histórico. Construyó un modelo en el que ambos se caracterizaban por sus diferencias y discontinuidades. En las siguientes páginas expongo las líneas de este marco teórico y cuestiono sus presupuestos en base a tres argumentos que giran en torno a los desafíos que suscita la recepción del Holocausto a la representación histórica.
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THÉMATA. Revista de Filosofía Nº 56, julio-diciembre (2017) pp.: 41-60. ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X doi: 10.12795/themata.2017.i56.2 LAS DISCONTINUIDADES ENTRE LA MEMORIA COLECTIVA Y LA HISTORIA: UNA CRÍTICA A PARTIR DE LA EXPERIENCIA DEL HOLOCAUSTO THE DISCONTINUITIES BETWEEN COLLECTIVE MEMORY AND HISTORY: A CRITIQUE BASED ON THE HOLOCAUST EXPERIENCE Rafael Pérez Baquero1 Universidad de Murcia Recibido: 20/06/2016 Aprobado: 03/02/2017 Resumen: El sociólogo francés Maurice Halbwachs fue el pionero en la justificación y desarrollo de la categoría “memoria colectiva”, como mecanismo a través del cual los grupos humanos interactúan con su pasado. No sólo ofreció una descripción de este concepto, sino que también expuso su relación con el discurso histórico. Construyó un modelo en el que ambos se caracterizaban por sus diferencias y discontinuidades. En las siguientes páginas expongo las líneas de este marco teórico y cuestiono sus presupuestos en base a tres argumentos que giran en torno a los desafíos que suscita la recepción del Holocausto a la representación histórica. Palabras clave: Memoria colectiva; historia; Holocausto; testimonio; escritura. Abstract: The French sociologist Maurice Halbwachs was the first one who justified and developed the notion of “collective memory”, understood as a tool though which human groups interact with their past. He also described the relation between collective memory and historical discourse. He defended some theses that emphasize their discontinuities and differences. In the following pages I will present the features of his theses and I will critique his assumptions. My critique will be based on arguments that revolve around the challenges that came from the historical reception of the Holocaust. Key-words: Collective memory; history; Holocaust; testimony; writing. 1. ([email protected]) A partir del curso 2014/2015 realizó un doctorado en el Programa de doctorado de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia. El título de la tesis es “De la memoria histórica al deber de la memoria”. Es dirigida por Antonio Campillo Meseguer y Jorge Novella Suárez. Anteriormente ha disfrutado de las siguientes becas y ayudas de investigación.Beca de colaboración Universidad de Murcia. Departamento de Filosofía. Financiada por el MECD. Ayuda de iniciación a la investigación Universidad de Murcia, Murcia (España) Proyecto a desarrollar: “La proyección de la filosofía de la historia en Walter Benjamin (la filosofía de la historia en W. Benjamin y su recepción en el pensamiento español)”
Rafael Pérez Baquero Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 41-60. 42 1. Introducción. La historia frente “al pasado que no pasa” Desde que en 1924, Maurice Halbwachs desarrolló sus estudios en torno al concepto de la memoria colectiva, este objeto ha sido ampliamente analizado en el campo de la sociología y de la teoría cultural. Al fin y al cabo, constituía un recurso para dar cuenta de los mecanismos a través de los cuales los grupos humanos interiorizaban e interpretaban su pasado, como prisma para articular y dar sentido a sus prácticas y experiencias presentes. La memoria, al funcionar como el eje de una continuidad narrativa de recuerdos compartidos, sirve como principio de identidad colectiva. Ahora bien, algunos acontecimientos ocurridos en el pasado siglo han atraído la atención respecto a la potencial aplicación de este concepto al campo de la teoría de la historiografía, al ámbito de los problemas relativos a los procesos de escritura de la historia, a finales del siglo XX. El binomio historia-memoria, como estudio de los límites y la permeabilidad de la frontera entre ambas formas de relación con el pasado, se popularizó precisamente a partir de la aparición de fenómenos históricos que cuestionaban los límites existentes entre los procesos de escritura de la historia y los factores ético-políticos que subyacen a los mismos. Al fin y al cabo, la memoria constituiría el anclaje de la historia a factores contextuales, por lo que posicionarnos en torno a la interacción o discontinuidad entre estas categorías tiene amplias consecuencias para nuestra comprensión de la conciencia histórica. Varios historiadores, entre los que podemos destacar a Enzo Traverso2, Dominick LaCapra3 o Jay Martin4, han defendido que el estudio acerca de esta relación tiene un enorme potencial para explicar algunos conflictos que subyacen a la labor del historiador en el pasado siglo. Por ejemplo, el debate de los historiadores alemanes en torno a la singularidad del Holocausto, el negacionismo de los crímenes armenios por parte del imperio turco, los conflictos en la interpretación sobre las causas y factores del fascismo… En este ensayo haremos referencia concreta al Holocausto, como eje para aplicar estas categorías, por varias razones. En primera instancia, por haber sido objeto de una construcción retrospectiva que, motivada por factores sociales, políticos y culturales, lo ha convertido en el paradigma de la violencia genocida del siglo XX. Por sus propias características y por las peculiaridades de su recepción historiográfica, se ha transformado en el icono de la memoria de los crímenes del pasado siglo, que constituye 1. Traverso, E.: El pasado, instrucciones de uso: historia, memoria, política, Madrid: Marcel Pons, 2007. 2. LaCapra, D.: Representar el Holocausto, Buenos Aires: Prometeo libros, 2008 3. Winter, J.: Remembering War, New Haven & London: Yale University Press, 2006.
Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 41-60. Las discontinuidades entre la memoria colectiva y la historia: Una crítica a partir de la experiencia del Holocausto 43 la imagen negativa en base a cuyo contraste nuestro orden político y cultural trata de definirse a sí mismo. El historiador Enzo Traverso llega a describir a la memoria del mismo como la religión civil de Occidente5. Por otro lado, el Holocausto explicita las tensiones que subyacen a las metodologías de investigación y escritura de la historia. Tanto en el plano relativo a la función social de estos discursos como mecanismos de cohesión social, como en relación a los problemas de extracción de información a través del diálogo con el testigo. Así, defenderemos a continuación cómo las características de este evento obligan a replantearnos la definición de la memoria colectiva y los presupuestos de su relación con el discurso histórico, tal y como las plantea Halbwachs. 2. Maurice Halbwachs y la memoria colectiva Dada la ambigüedad y el carácter polémico del término, es preciso definir el concepto que tratamos. Maurice Halbwachs ofrece en Los marcos sociales de la memoria6 y en La memoria colectiva7 no sólo una caracterización, sino una justificación epistémica del uso sociológico de esta categoría, cuya idea central consiste en la reivindicación del carácter social de la actividad rememorativa individual. Este concepto puede tener la apariencia de un oxímoron en la medida en que, en sentido estricto, son los individuos y no los colectivos, los sujetos de recuerdo. Presupone, consecuentemente, una abstracción que es preciso legitimar. Así, las bases para su uso derivan del condicionamiento o la influencia de los factores colectivos en el proceso rememorativo de cada individuo. Un condicionamiento que se da en dos niveles diferentes. En un plano narrativo – que afecta a la forma a través de la cual se presentan los recuerdos al sujeto – y en un plano relativo a los propios contenidos de la actividad mnémica. En primer lugar, defiende Halbwachs, la memoria individual no es una memoria fotográfica consistente en la adición continua de imágenes del pasado. Al contrario, los recuerdos se presentan al individuo a través de cadenas con sentido, en torno a fenómenos investidos con un significado, que orientan el desencadenamiento de los mismos. Esa narratividad no depende únicamente de la autobiografía de cada individuo sino que se ve 4. Traverso, E.: “Memoria: la religión civil del Holocausto” en El final de la modernidad judía. Historia de un giro conservador, Valencia: Universidad de Valencia, 2003. 5. Halbwachs, M.: Los marcos sociales de la memoria, Barcelona: Antrhopos, 2008. 6. Halbwachs, M.: La memoria colectiva, Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza, 2008.
Rafael Pérez Baquero Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 41-60. 44 influenciada por factores colectivos, por las relaciones sociales en las que el individuo se encuentra envuelto. En segundo lugar, Halbwachs plantea que, cuando un sujeto trata de reconstruir las vivencias de su pasado más remoto, llega a retomar contenidos mnémicos que él nunca ha llegado a percibir y que no forman parte de su experiencia personal, sino que son extraídos de los relatos colectivos vigentes. Cuando un individuo se remonta mnémicamente a largo plazo, se difuminan los límites entre sus vivencias y aquellos recuerdos construidos socialmente. Estos dos planos conducen a Halbwachs a negar cualquier validez a la visión de una práctica rememorativa aislada de su contexto social. Veamos cómo lo plantea en una de sus obras: Consideremos ahora la memoria individual. No está totalmente aislada y cerrada. Muchas veces, para evocar su propio pasado, un hombre necesita recurrir a los recuerdos de los demás. Se remite a puntos de referencia que existen fuera de él, fijados por la sociedad. Es más, el funcionamiento de la memoria individual no es posible sin estos instrumentos que son las palabras e ideas, que no ha inventado el individuo, sino que le vienen dados por su entorno. […] nuestra memoria no se confunde con la de los demás. Está limitada de forma bastante rigurosa en el espacio y en el tiempo. La memoria colectiva también lo está: pero sus límites no son los mismos. […] Llevo conmigo un bagaje de recuerdos históricos, que puede aumentar conversando o leyendo. Pero se trata de una memoria que he copiado y no es mía8. Es decir, la memoria, además de una base neural, psíquica… requiere de una base social, que remite a las relaciones comunicativas de un grupo humano en un momento dado. La memoria colectiva sería ese conjunto de presupuestos, condicionantes y moduladores sociales de cada una de las memorias autobiográficas de los individuos. Es una forma de relación con el pasado inmediata, parcial, históricamente situada, condicionada afectivamente… Ahora bien, continúa Halbwachs, esta forma espontánea e impersonal de relación con eventos del pretérito, contrasta con el carácter distanciado e intencional de la escritura de la historia. Ya que esta última cuenta con una mediación posibilitada por la dimensión textual de su labor. Es decir, es precisamente la diferencia entre los soportes para la transmisión de los contenidos de la historia y la memoria colectiva, la que sirve de eje para establecer las diferencias entre ambas formas de interactuar con el pasado. 7. Ibid, p. 54.
Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 41-60. Las discontinuidades entre la memoria colectiva y la historia: Una crítica a partir de la experiencia del Holocausto 45 3. La discontinuidad entre la memoria colectiva y el discurso histórico No es de extrañar que se sitúe el origen de la historia en el nacimiento de la escritura y que se haya definido a las sociedades ágrafas como sociedades regidas por principios de la memoria colectiva. La dimensión textual de la escritura histórica implica tanto un nuevo soporte subjetivo –universalmente accesible y capaz de sobrevivir al paso del tiempo–, como un nuevo tipo de fuente históricael documento. Es la supervivencia diacrónica del texto escrito la que permite la pretensión de independencia del historiador respecto a las narraciones orales. El propio Halbwachs, como metáfora, llega a establecer una contraposición entre dos tipos de memoria: la memoria viva – que no es sino la memoria colectiva que se reproduce dinámicamente a través de las relaciones sociales – y la memoria muerta, es decir, la historia. Desde el punto de vista de Halbwachs, la historia nace en el momento mismo en que la influencia de la tradición se limita, dejando un espacio para reconstruir una visión del pasado independiente del marco colectivo en el que está inmerso el historiador. La historiografía puede desarrollarse, por tanto, a partir de su ruptura con los marcos sociales de la memoria colectiva. Como vemos, Halbwach explota las diferencias en la relación de ambas categorías con el pasado. Si bien las narraciones orales y todo el conjunto de relaciones sociales que dan consistencia y contenido a la memoria social, se agotan, se modifican, son substituidas, con el paso de las generaciones, la estabilidad que ofrece el texto escrito para la historia, da lugar a un desajuste temporal entre ambas categorías. Este desajuste hace posible el desarrollo del discurso histórico y marca sus diferencias. Veamos nuevamente como plantea esta cuestión Halbwachs: Sucede que, en general, la historia comienza en el punto donde termina la tradición, momento en que se apaga o se descompone la memoria social. Mientras un recuerdo sigue vivo, es inútil fijarlo por escrito, ni siquiera fijarlo pura y simplemente. Asimismo, la necesidad de escribir la historia de un periodo, una sociedad, e incluso de una persona, no se despierta hasta que están demasiado alejados en el tiempo como para que podamos encontrar todavía alrededor durante bastante tiempo testigos que conserven algún recuerdo. Cuando la memoria de una serie de acontecimientos ya no se apoye en un grupo […] el único medio de salvarlos es fijarlos por escrito en una narración continuada ya que, mientas que las palabras y los pensamientos mueren, los escritos permanecen9. 8. Ibid, p. 80.
Rafael Pérez Baquero Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 41-60. 46 La historia se caracteriza a través de sus relaciones diacrónicas con el pasado mientras la memoria carece de las mismas y sólo posee una dimensión sincrónica. Es meramente una corriente de pensamiento vivo, que se reproduce de forma espontánea a través de la evolución de los grupos humanos, carente de los artificios metodológicos de los que hace uso el historiador, e incapaz de trascender sus condicionamientos más allá de los límites del grupo. En el fondo Halbwachs, con esta definición de la memoria colectiva, la está superponiendo con el campo de la historia oral. Es la memoria que se mantiene viva a través de la comunicación, de las relaciones sociales que se reproducen día a día. Está limitada a un espacio social formado por únicamente tres generaciones: los hijos, los padres y los abuelos. Cualquier contenido mnémico que exceda el límite de coexistencia formado por estas tres generaciones, es identificado inmediatamente con un elemento que forma parte del discurso histórico. En definitiva, parece concluir Maurice Halbwachs, al rememorar nunca salimos de un núcleo temporal delimitado y al escribir la historia estamos obligados a trascenderlo. La rememoración se define espacialmente, en relación a la sociedad en que se sitúa esta actividad, y la historización temporalmente. Aunque la obra de Maurice Halbwachs finalizó con su defunción en la segunda guerra mundial, algunos autores han desarrollado ideas congruentes con este modelo. Es decir, con la caracterización antinómica de la memoria colectiva y el discurso histórico. Vamos a tratar las tesis de dos de estos autores con el objetivo de terminar de conformar este marco teórico. Abordemos las ideas de Pierre Nora, historiador francés de la segunda mitad del siglo XX. Su obra más conocida consiste en una reconstrucción de los emblemas de la memoria10 de la Francia de la época, que contiene una serie de tesis acerca de las relaciones entre las dos categorías con las que tratamos. Desde su óptica, la memoria colectiva y la historia comparten un mismo contenido – el pasado en su relación con el presente – pero se sostienen sobre principios y reglas diferentes. Principios que les conducen a posicionarse en una situación de crítica recíproca. Pierre Nora parte de un hecho empírico constatable en algunas prácticas culturales de nuestro tiempo. Un fenómeno que ha sido categorizado por algunos autores –como Jay Winter11– como el estallido de la memoria. En el contexto de los años posteriores a las dos guerras mun- 9. Nora, P. (1984): Pierre Nora en Les liéux de mémoire, Paris: Trilce, 2008. 10. Winter, Jay. “The generation of memory: Reflections on the “Memory boom” en contemporary historical studies”, Archives & Social Studies: A Journal of Interdisciplinary Research, Vol. 1, no. 0 ,March 2007.
Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 41-60. Las discontinuidades entre la memoria colectiva y la historia: Una crítica a partir de la experiencia del Holocausto 47 diales se reproducen con mayor frecuencias prácticas de creación de objetos materiales con cierta carga rememorativa: museos, monumentos… Objetos investidos de un contenido semántico derivado de su relación con un fenómeno muy significativo para la memoria colectiva de la época. No obstante, esta obsesión por la memoria no constituye para Pierre Nora sino un síntoma de una crisis y agotamiento de la memoria colectiva. Crisis que constituye una condición indispensable para la evolución de la historiografía, que nuevamente será definida en función de su autonomía respecto a los condicionamientos de la memoria colectiva. Desde su punto de vista, si bien es cierto que durante un período de tiempo la memoria y la historia coexistieron en cierto equilibrio, finalmente una serie de sucesos históricos provocaron la ruptura de esa unidad originaria, así como una crisis en las sociedades tradicionales. Desde la óptica de Nora, el proceso de secularización y aceleración de la historia dio lugar a la incapacidad de la memoria colectiva a la hora de influenciar y determinar las prácticas y los comportamientos de los grupos humanos. El surgimiento y autonomía de la historia está ligado a la desaparición de las sociedades arcaicas regidas por el espacio de experiencia12, que permite el establecimiento de una distancia con el pasado. La memoria está tan presente en nuestro contexto cultural porque, en cierto sentido, ya no hay memoria. La presencia del pasado transmitido oralmente y con un potencial normativo queda progresivamente deslegitimada. La abundancia de los lugares de memoria no es más, por tanto, que un síntoma de cierta nostalgia provocada por el trauma de la aceleración de los tiempos modernos, que no hace sino certificar el acta de defunción de la memoria colectiva en las sociedades contemporáneas. Siguiendo esta línea argumentativa, es especialmente significativa la obra del historiador hebreo Yosef Hayim Yerushalmi, que, en Zajor13, llama la atención sobre los cambios en la conciencia cultural del pueblo judío, a través de las ambivalentes relaciones que se fueron articulando entre la memoria y la historiografía. Lo peculiar de este autor es que percibimos cierta consonancia entre su lectura de la crisis de la memoria del pueblo hebreo y las tesis desarrolladas por Pierre Nora. Como si la evolución del pueblo judío fuera un caso radicalizado de ese movimiento. La identidad del judaísmo se ha construido parcialmente en base al esfuerzo tácito por recordar las tribulaciones y sufrimientos de sus ancestros. Ahora bien, analiza Yerushalmi, la evolución de la historiografía 11. Categoría que tiene su origen en Kosselleck, R.: “”Espacio de experiencia” y “Horizonte de expectativa” en Futuro-pasado: Para una semántica de los tiempos históricos, Barcelona: Paidós, 1993, pp, 333-358. 12. Yerushalmi, Y. H. Zajor. La historia judía y la memoria judía, Barcelona: Anthropos, 2002.
Rafael Pérez Baquero Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 41-60. 48 judía ha implicado un doble proceso: La atrofia de la memoria y la hipertrofia de la historia. Los historiadores sólo pueden llevar a cabo su labor a través de su divorcio con los intensos lazos de pertenencia que perpetúa la memoria colectiva judía; lo que inaugura, a su juicio, un proceso de decadencia de aquella y de progresiva desmitificación de las entidades y significados colectivos. Este fenómeno, necesario para la reconstrucción objetiva de la historia de Israel, no deja de ser lamentado en relación a las consecuencias que trae consigo para su cohesión identitaria. Ya que la distancia diacrónica que implica la historiografía es incapaz de suplantar las funciones que ejercía su contraparte. En este sentido, nada puede reemplazar la fe mesiánica del pueblo judío. La secularización de sus formas de acceso al pasado implica el debilitamiento de sus rasgos de identidad. 4. La historia y la memoria a través del Holocausto Podemos resumir la tesis que legitima el modelo teórico anteriormente desarrollado de la siguiente forma: es el desacoplamiento temporal entre la memoria y la historia, derivado de la diferencia entre el espacio sincrónico en el que habita la primera y el diacrónico en el que se desarrolla la segunda, entre la limitación de la primera a las condiciones espacio-temporales del grupo y la pervivencia en el tiempo que ofrece la escritura para la segunda, el que justifica su caracterización antinómica, es decir, la legitimación de la presencia de un hiato entre ambas. Frente a este planteamiento, propondremos las siguientes críticas a partir del análisis de los desafíos que el Holocausto presenta a la representación histórica. En primer lugar, defenderé que la importancia que adquiere el testigo como fuente de conocimiento del holocausto y las peculiaridades de esta figura, cuestionan las propiedades antinómicas anteriormente atribuidas a historia y memoria. Características que partían del contraste entre la dimensión textual de la primera y el soporte oral de la segunda En segundo lugar, argumentaré que la pervivencia de la herida traumática del Holocausto más allá de los límites de los grupos humanos en el que se produjo la recepción del evento, problematiza la limitación de la memoria colectiva a las condiciones espacio-temporales del grupo. También cuestiona la supuesta autonomía de la historia cuando se abstrae de los marcos sociales de la memoria. Finalmente, frente a la contraposición entre el carácter constatativo de la historia, derivado de la adecuación de las proposiciones de sus textos a los hechos del pasado, y el carácter performativo de la memoria, derivado de su potencial para fortalecer la cohesión social, el caso del Holocausto pone de relieve la relevancia de la escritura del pasado del historiador, en relación a la
Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 41-60. Las discontinuidades entre la memoria colectiva y la historia: Una crítica a partir de la experiencia del Holocausto 49 posibilidad de construir una nueva cohesión social nacional en la postguerra. Las consecuencias prácticas subyacentes a las diferentes posiciones en el debate de los historiadores dan cuenta de estas dificultades. 4.1. El testigo en la encrucijada entre la historia y la memoria Una de las características fundamentales de la historiografía del Holocausto es el recurso al registro de las memorias autobiográficas de los agentes históricos que vivieron aquellos acontecimientos. Varios autores han caracterizado al pasado siglo como la era del testimonio, en relación a la relevancia política, jurídica, epistémica y social de esta figura. Como hemos desarrollado, el modelo que criticamos se sostiene sobre la separación entre la historia y la memoria a partir de la distinción entre sus soportes, escrito y oral, respectivamente. Según este modelo, el testimonio sólo tendría valor histórico a partir de su trama en el medio escrito, a través de la labor de un historiador que purgue su visión del pasado de elementos subjetivos, en la medida de lo posible. En el ámbito del testimonio y de la historia oral, se ponen en juego las relaciones entre las categorías con las que tratamos. Situación que se radicaliza ante un fenómeno como el Holocaus- to, debido a la idiosincrasia del superviviente como fuente de información. Paul Ricoeur defendía en su obra La memoria, la historia, el olvido14, que el testigo se encuentra en el lugar de transición entre la memoria colectiva y el discurso histórico. No obstante, debemos añadir un complemento. Cuando nos referimos a esta figura no designamos a un testigo en el sentido de un tercero que da cuenta de los hechos que ha visto de forma independiente. El testigo del holocausto es un superviviente15, una víctima, y esta condición redefine todas las propiedades de su relectura del pasado y su anclaje entre las categorías que tratamos. En primer lugar, porque su exposición de los hechos será radicalmente parcial. Pero fundamentalmente en la medida en que el contenido semántico que rodea a esta figura reconfigura sus relaciones con el historiador. En este apartado nos vamos a limitar a destacar las dinámicas que subyacen a las relaciones entre el historiador y el testigo, entre el entrevistador y el entrevistado, para cuestionar las pretensiones de independencia 13. Ricoeur, P.: La memoria, la historia, el olvido. Madrid: Trotta, 2003, p. 208. 14. Es muy significativa, en este contexto, la distinción que, en base a la etimología latina, establece Giorgio Agamben entre el testigo como “testis” – aquel que sirve de tercero, de agente externo en un litigio judicial – y como “superstes” – aquel que ha atravesado la totalidad de un acontecimiento y ofrece un testimonio desde la radical parcialidad de su condición de superviviente – en Agamben, G.: Homo saccer III. Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo, Valencia: Pre-textos, 2014, p. 15.
Rafael Pérez Baquero Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 41-60. 56 contaminada por la transgresión moral derivada de aquellos sucesos? El tratamiento de la Shoah como un acontecimiento extremo e irreductible al análisis histórico, implica la presencia de una discontinuidad fundamental a lo largo de la historia alemana. El siguiente párrafo de Strümer refleja esta preocupación: En un país sin memoria cualquier cosas es posible. Los investigadores avisan de que entre las ciudades industrializadas de la República Federal hay una enorme falta de comunicación entre generaciones, un escaso sentido de auto-confianza entre su gente, y una enorme variación de valores. ¿Cómo verán los alemanes su propio país, Occidente o a ellos mismos, mañana? Uno puede asumir que habrá algún tipo de continuidad en la comprensión alemana de su propio país. Pero no puede estar seguro.24 Consecuentemente, estos historiadores dan inicio a una serie de revisiones históricas de este evento. Situándose en las antípodas del Hier Ist Kein Warum de Claude Lanzmann, tratan de agotar sus causas y factores. Algunas de sus obras fueron especialmente polémicas en relación al lugar en que situaban la responsabilidad del pueblo germano respecto a aquellos acontecimientos. Es decir, a partir de la compleja conexión existente entre explicación histórica en base a causas, y responsabilidad colectiva. Vamos a describir brevemente los rasgos de la historia de la Shoah por parte de Nolte, en la medida en que es aquella que mejor refleja todas estas tensiones y problemas. Desde su punto de vista, el Holocausto, y el surgimiento del régimen nazi, sólo pueden tener lugar a partir de un movimiento de oposición y resistencia nacionalista respecto al proceso de desaparición de las tradiciones y a la consecuente sensación de anomía que sufre el sujeto moderno. El proyecto del nacionalismo alemán sólo tiene sentido como respuesta ante la lucha por la autonomía que está asociada a la modernidad y cuya mayor implementación histórica sería el marxismo soviético. Esta última es la tesis central de Nolte25. Considera que el genocidio judío constituye una respuesta derivada del miedo al gulaj soviético. Ernst Nolte llega a definir al Holocausto como una acción asiática que emula el genocidio soviético y cuya única novedad consiste en la inno- 23. Stürmer, M.: “History in a Land without History” en Knowlton, J. y Cates, T. (eds.): Forever in the Shadow of Hitler?, cit, pp. 18-24, p. 16. 24. Ernst, N.: “Beween Historical Legend and Revisionism? The Third Reich in the Perspective of 1980”en J. y Cates, T. (eds.): Forever in the Shadow of Hitler?, cit, pp.1-16.
Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 41-60. Las discontinuidades entre la memoria colectiva y la historia: Una crítica a partir de la experiencia del Holocausto 57 vación técnica de las cámaras de gas. Esta interpretación se sitúa en las antípodas de la tesis sobre la singularidad del Holocausto. El disenso entre los historiadores explotó debido a los argumentos de Jürgen Habermas26. El filósofo alemán acusó la falta de coherencia y la distorsión del pasado que operaba en las obras de los revisionistas. Interpretó que estaban motivadas por la existencia de ciertas tendencias apologéticas, en las que se trataba de eludir la carga que imprime el genocidio en la memoria de la época, debido a fines prácticos. En concreto, a la tentativa de impulsos conservadores dirigidos a rebajar la relevancia y el peso de aquellos acontecimientos para hacer posible un patriotismo tradicionalista como seña de identidad en la Alemania de la post-guerra. Detrás de unos estudios históricos que se presentan a sí mismos como objetivos, se encuentra el esfuerzo por construir un contramito, un mito positivo sobre la honorable historia nacional a largo plazo que compense la deshonorable historia del III Reich. Frente a este proyecto revisionista, Habermas defiende la singularidad de este evento en base a la necesidad política de integrar a Alemania en el orden internacional. Es decir, sólo si tomamos a la Shoah bajo esta condición, con toda su radicalidad, será posible construir una identidad cultural alemana en la postguerra. Ambos participantes, como es fácil observar, tiene objetivos políticos en liza cuando proponen sus relecturas históricas. Condición que llama la atención respecto a la injerencia de los contenidos mnémicos en los proceso de escritura de la historia. 5. Conclusión. Hacia una interacción entre la memoria colectiva y el discurso histórico Los tres argumentos anteriormente desarrollados tenían como eje la intención de revelar la influencia necesaria de los contenidos de la memoria colectiva en los procesos de escritura de la historia del pasado siglo. El fin era el de defender que estas injerencias no son excepciones limitadas al campo de la historia del presente, sino que son constantes en la evolución temporal de la historiografía. Así, pudimos mostrar las limitaciones de las tesis de Halbwachs, Nora y Yerushalmi en relación al problema que nos atañe. Ahora bien, este proceso requiere de un complemento, consistente en la articulación de un movimiento opuesto: destacar la función del dis- 25. Habermas, J.: “Una gestión de daños. Las tendencias apologéticas en la historiografía alemana” en Habermas, J., Nolte E., y Mann, T.: Hermano Hitler, México: Herder, 2012.
Rafael Pérez Baquero Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 41-60. 58 curso histórico como mediador y modulador de los contenidos de la memoria colectiva. Siguiendo las tesis de Jan Assmann y Aleida Assmann, la memoria cultural constituye un enorme almacén cuyos contenidos se remontan a etapas previas de nuestra historia. Ahora bien, la determinación de cuáles de esos contenidos forman parte del archivo y parte del canon, cuáles operan de forma efectiva en los procesos rememorativos individuales y cuáles son olvidados en el almacén, depende de factores mediadores, de mecanismos de transición entre aquella frontera. Entre estos factores tiene un lugar privilegiado el texto histórico, pues constituye la versión oficial de los acontecimientos del pasado que es interiorizada por muchos individuos. De forma que orienta y regula los contenidos de la memoria colectiva y las prácticas asociadas a la misma. La legitimidad social del discurso histórico y la tendencia del historiador a arrogarse el monopolio a la hora de definir y describir el pasado, explican la función mnémica del relato histórico. Al fin y al cabo, el texto histórico constituye una de las formas simbólicas – junto a los rituales y a los monumentos – que posibilita y modula la transmisión diacrónica de los contenidos de la memoria. El potencial del discurso histórico para construir el anclaje identitario en la Alemania de la postguerra, desarrollado en el tercer capítulo, da cuenta de esta condición. La diferencia entre hacer de la Shoah el eje de la reconstrucción de la historia alemana o un evento más en la catastrófica historia del siglo XX, tiene consecuencias en el plano de la conformación de la memoria colectiva de la época. Consecuentemente, estas tesis nos conducen a redefinir las relaciones entre la memoria colectiva y el discurso histórico, pues ambas no se caracterizan por sus discontinuidades o por su oposición recíproca, sino por sus interacciones y dependencias mutuas. La construcción del texto histórico es estructuralmente dependiente de los contenidos de la memoria común del grupo en cuyo seno se encuentra el historiador. Pero ese mismo documento, a su vez, influye, entre otros factores, en la conformación de los contenidos culturales de esa memoria. Las fronteras entre ambas, consecuentemente, se vuelven borrosas y porosas. La historia y la memoria se caracterizan por mantener una relación dialéctica, es decir, de influencia recíproca, en la que los contenidos de una no pueden definirse al margen de los de la otra. Sólo bajo este prisma podemos hacer inteligibles muchos de los conflictos historiográficos del pasado siglo, caracterizados por las
Thémata. Revista de Filosofía Nº56 (2017) pp.: 41-60. Las discontinuidades entre la memoria colectiva y la historia: Una crítica a partir de la experiencia del Holocausto 59 tensiones existentes entre los procesos de reconstrucción del pasado y diferentes factores éticos, culturales y políticos. 6. Bibliografía Assmann, A. “Re-framing memory. Between individual and collective forms of constructing the past” en Tilmans, K., Van Vree, F. y Winter, J. (eds): Performing the Past, Amsterdam: Amsterdam University Press, 2010, pp. 35-50. Assmann, A.: Introduction to cultural studies: Topics, concepts, issues, Berlin: Erich Schmidt Verlag, 2012. Assmann, J.: “Collective memory and cultural identity” en New German Critique No. 65, Cultural History/Cultural Studies (Spring - Summer, 1995), pp. 125-133. Assmann, J.: Religión y memoria cultural, Buenos Aires: Lilmod, 2008. Habermas, J.: “Una gestión de daños. Las tendencias apologéticas en la historiografía alemana” en Habermas, J., Nolte E., y Mann, T.: Hermano Hitler, México: Herder, 2012. Halbwachs, M.: La memoria colectiva, Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza, 2008. Halbwachs, M.: Los marcos sociales de la memoria, Barcelona: Antrhopos, 2008. Knowlton, J. y Cates, T. (eds.): Forever in the Shadow of Hitler? New Jersey: Humanities Press, 1993. Kosselleck, R.: Futuro-pasado: Para una semántica de los tiempos históricos, Barcelona: Paidós, 1993. LaCapra, D:. Escribir la historia, escribir el trauma. Buenos Aires: Nueva Visión, 2005. LaCapra, D.: Representar el Holocausto, Buenos Aires: Prometeo libros, 2008. Laub, D.: “Bearing Witness or the Viccisitudes of Listening” en Felman, S. y Laub,D.: Testimony. Crisis of witnessing in literature, psychoanalysis, and history, New York and London: Routledge, pp, 57-74, 1992. Laub, D.: “An Event without a Witness: Truth, Testimony and Survival” en Felman, S. y Laub,D.: Testimony. Crisis of witnessing in literature, psychoanalysis, and history, New York and London: Routledge, pp, 75-92, 1992. Nora, P. (1984): Pierre Nora en Les liéux de mémoire, Paris: Trilce, 2008. Ricoeur, P.: La memoria, la historia, el olvido. Madrid: Trotta, 2003. Traverso, E.: El final de la modernidad judía. Historia de un giro conservador, Valencia: Universidad de Valencia, 2003.
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