Cuando la mentira es… mentira
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ANÁLISIS 01 Editorial ■EFEMÉRIDES 03 Cien años de Simone Weil, por Carmen Herrando ■POLÍTICA Y ECONOMÍA 09 Gaza o el dolor, por José Luis González Ribera 11 Demonios en el Paraíso, por Fernando Gamboa ■PENSAMIENTO 13 La lógica de la gracia, por Inés Riego de Moine 15 Los científicos y el principio de responsabilidad, por Sergio Barbero Briones ■RELIGIÓN 20 Catolicismo y cultura, por José Luis González Ribera 22 En torno a los pecados capitales, por Antonio Puértolas de Castillazuelo ■OFICIO DE ESCRIBIR 23 Contra la anglomanía filológica, por Carlos Díaz ■NECROLÓGICA 25 José Luis Rubio, por Javier Espinosa 26 Rincón bibliográfico SECCIONES Los pecados capitales «El acontecimiento será nuestro maestro interior». Emmanuel Mounier (1905-1950) Revista de pensamiento personalista y comunitario Órgano de expresión del Instituto E. Mounier año xxv número 90 2009 ⁄1www.mounier.org El compendio de moral que los antiguos catecismos recogían proporcionaba una guía práctica sucinta, casi telegráfica, seguramente poco inteligible para los pequeños catecúmenos a los que pretendía formar, pero, confiando en la memoria, se esperaba que ese depósito de sabiduría se iría comprendiendo a medida que la inteligencia del niño fuera desarrollándose. El núcleo central era el decálogo. Las prohibiciones contenidas en él eran meridianamente claras, de modo que su observación evitaría daños a los demás y a uno mismo y la infelicidad que se derivaría de ellos. Los diez mandamientos se presentaban como fundamento de una ética de los actos humanos. Al niño se le enseñaba después otro listado, éste más incomprensible, hasta parecía un poco contradictorio, pues ¿no había diez pecados según las tablas de Moisés? ¿A qué EDITORIAL Continúa en la página siguiente CONSEJO DE REDACCIÓN Director: Luis Ferreiro Secretario: Fernando Soler ([email protected]) Luis Capilla Carlos Díaz José Antonio Fernández Teófilo González Vila Carmen Herrando José M. Linares Poveda Julia Pérez Ramírez PRÓXIMOS NÚMEROS: • N.º 91: Resistencia y sumisión • N.º 92: El valor de la vida • N.º 93: Crisis económica, crisis de civilización EDITA: Instituto Emmanuel Mounier c/ Melilla, 10 - 8º D ❚28005 Madrid Tel./Fax: 91 473 16 97 http://www.mounier.org Periodicidad: trimestral. ISSN: 1698-5486 Depósito legal: M-3.949-1986. DISEÑO Y PRODUCCIÓN:La Factoría de Ediciones, SERVICIOS EDITORIALES, tel.: 91 521 32 20 Impresión: Color 2002, S.L. (Getafe) Pecados capitales y crisis social 30 PRESENTACIÓN 33 Auschwitz o la banalidad del mal Carlos Díaz 36 ¿Qué es el pecado? Su naturaleza y sus consecuencias Juan Segura 41 La soberbia Teófilo González Vila 45 La avaricia Luis Capilla 47 Lujuria, ira, gula Ramón Horcajada 50 Cuando la mentira es… mentira Mar Llera 53 Pereza y responsabilidad José Manuel Linares Poveda 55 La soledad de los indiferentes José Antonio Fernández 58 La envidia Fernando Soler 60 Virtudes capitales Xosé Manuel Domínguez Prieto
50 ACONTECIMIENTO90✦2009 ANÁLISIS textual de las ciber-citas. Y mienten sus centros de abastecimiento, los supermercados de romances que garantizan la calidad de sus «productos personalizados»: rubio claro ceniza, ojos azul-verdosos, metro ochenta y tres, estudios de posgrado, constitución atlética (en ellos) o esbelta (en ellas), sin cargas (ni perros, ni plantas, ni hijos…, ni hipotecas), solidari@, viajer@, cult@, sensible, seductor/a… encantador/a. Nos conformamos con poca cosa, algo bien sencillito: simplemente, la Perfección (Ricardo Peter). Los portales del amor digital son capaces de prescribir recetas imposibles, «fórmulas magistrales» o precipitaciones (siempre precipitadas) de características incompatibles. Lo malo es que cuando se destiñen las máscaras de sus marionetas, se niegan a ofrecer servicio posventa. Hay que firmar un nuevo contrato; eso sí, con facilidades de pago, rebajas o promociones del 2x1. ¿Para qué pedir más garantías? Mienten los políticos, cuando sustituyen a los académicos de la RAE y se atribuyen competencias lexicográficas: «¿Quién dijo «crisis»? Hablemos con mayor precisión: «desaceleración», «ralentización»…, tal vez «estancamiento»…. Cada personaje público, cada partido confecciona un nuevo diccionario. Ignorantes los ciudadanos que no les comprendan: les falta «cultura política». ¿Cómo pretenden reivindicar una democracia sobre tales cimientos? Vaya desfachatez. ¡Viva la «hiprogresía»…! Miente la diplomacia. Y organizamos cumbres para tapar abismos. Firmamos la paz para redimir como «preventiva» la guerra o rebautizarla «violencia de Estado», «conflicto de intereses», «pluralismo político» y «choque de civilizaciones». Brindamos con champán y caviar para celebrar nuestra resolución —firme esta vez, al fin— de acabar con el hambre en el mundo. También miente el dinero. Creíamos en un progreso neoilustrado y los sucedáneos de Adam Smith (de ben- ❏MAR LLERA Universidad de Sevilla CUANDO LA MENTIRA ES … MENTIRA Jura usted decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? Vivimos en la sociedad del perjurio. Mienten los padres que truecan el amor a sus hijos por las ofertas de Carrefour (sección juguetería o electrónica). Mienten cobardemente cuando no se enfrentan a sus problemas: ¿alcohol?, ¿drogas?, ¿relaciones precoces?, ¿embarazos? Eso, otros. Mis niños son «buenos» y cuando llegan a casa al amanecer tienen los ojos enrojecidos solamente por el cansancio. Que se diviertan, que son jóvenes. Mienten los amigos, que ríen con nosotros a carcajadas… las miserias de los demás «amigos», entre los cuales estaremos todos cuando digamos «hasta luego». Mienten los compañeros de trabajo: los que alaban nuestra profesionalidad mientras envidian nuestro prestigio y codician nuestro salario; los que colaboran en nuestros proyectos «informando» al jefe de su desarrollo y escarban en el bidón de la basura donde se pudren los deslices de nuestra vida privada, para corromper nuestra imagen pública. Mienten los profesores cuando en lugar de cuestionar con lucidez tópicos y prejuicios, reproducen las consignas de la «intelligentsia progre» o se dedican a «amortizar» sus duros años de oposición en el mullido letargo del funcionariado. No hay mejor almohada que una nómina bien hinchada de complementos salariales. Pues, señores, ¿qué otra actitud cabría esperar de quienes sufren tanta vejación, cada día, por parte de sus (supuestos) subordinados? ¿Acaso no viven la mentira los escolares que se creen intrépidos protagonistas de sus vídeo-juegos mientras los docentes les hablan de abstracciones ajenas a su realidad (virtual)? Mienten los amantes, cuando sus cuerpos dicen sí mientras sus corazones se pierden en el laberinto hiper-
51 ACONTECIMIENTO90✦2009 ANÁLISIS dita memoria, siempre tergiversada) metían su «mano invisible» en la Bolsa. Hasta que… simplemente, la dejaron vacía. ¡Parece mentira (nunca mejor dicho) que las cifras —con su admirable precisión— nos hayan engañado! ¿No quedamos en que estaban regidas por una ciencia exacta? ¿Dónde quedó el rigor? ¡Ay, si Pitágoras levantara la cabeza…! Mienten los medios cuando ideologizan la información. Y mienten los famosos, que abarrotan sus escenarios. No sólo porque se arriesgan a servir de carnaza en los programas de cotilleos; no sólo en lo que dicen y hacen: mienten en lo que son. ¿Qué personaje están representando en cada momento? Aunque nadie los considere así, ellos son los más poderosos tecnócratas, expertos en las «tecnologías del yo» que transforman sus imágenes a través de la cirugía, el montaje y… el Adobe Photoshop (siempre en una versión actualizada). Gracias, a vosotros, estrellas, por iluminar la noche de nuestras rutinas cotidianas. Pues en el fondo sé que no tiene sentido nada de lo que he venido diciendo. ¿Cómo podríamos hablar de «mentira» si nadie conoce la verdad? Quid est veritas? Dos mil años lleva formulada esa pregunta y todavía no hemos hallado la respuesta. Dado que la sociedad es un simulacro (Baudrillard); el periodismo, info-entretenimiento (Postman); la cultura, ficción (Geertz); la realidad, textualidad (Eco) o virtualidad (Negroponte)… ¿para qué preocuparnos por esa cuestión tan insidiosa como mal planteada? Álcense de sus tumbas los filósofos analíticos y recuérdennos que el discurso sobre la verdad es —valga la paradoja— el más engañoso, equívoco y contradictorio. Aporético, incluso. La apelación a la verdad es la mayor falacia. Así nos lo han demostrado también los filósofos posmodernos. Con su «humildad» nos abrieron los ojos. Comprendieron que buscar la verdad (sobre todo si se escribe con mayúscula) es blasfemia: el Gran Pecado de la Humanidad y más concretamente de la Iglesia Católica. ¡Qué escándalo innombrable, descubrir en el seno mismo del Sancta Sanctorum esa lacra infernal, la tentación diabólica de nuestros primeros padres —el «seréis como Dios»— disfrazada (eso sí) bajo la figura de un Ángel de Luz; o más todavía, del Logos primigenio, Luz del orbe rechazada por las mundanales tinieblas! ¡Sutilísima estrategia de manipulación, la mayor Mentira de todos los tiempos: pensar que somos capaces de la Verdad…! Sólo la inteligencia inmensurable de la mente diabólica podría haber urdido tal engaño. Las masas ignorantes la acatan: «Lumen Gentium… Deo Gratias» — reza la Liturgia Pascual. Baste lo dicho para hacernos cargo de la malignidad de la hybris gnoseológica-religiosa. Aunque si abandonamos ese terreno y descendemos a cuestiones menos trascendentes, al mundo de aquí abajo, también nos invade el desconcierto. Desde un punto de vista —hoy muy practicado por los académicos— cabría sostener que ni en la vida pública, ni en las finanzas, ni en la educación, ni en los medios hay mentira; es preciso actualizar el criterio de nuestro juicio: sólo hay virtualidad, sentido crítico y sano escepticismo. Nadie debería considerar que un intelectual miente cuando sesga la información (¿cómo describir algo desde «ninguna» perspectiva?). Tampoco es falsa la creatividad financiera: constituye nada menos que una rama de la «ingeniería». ¿Es hipócrita acaso hacer una buena campaña política, acomodando los datos a lo que «verdaderamente» Anacrus
52 ACONTECIMIENTO90✦2009 ANÁLISIS importa a los políticos: conquistar el poder? Afortunadamente, algunos pensadores (como Rorty) ya han dejado claro que la «naturaleza» de la verdad es sólo pragmática. En lo que se refiere a los medios, también sería ridículo considerar falsa la información noticiosa a partir de su función social, es decir, en tanto producción destinada a la re-producción del «Sistema» (ése que la Escuela de Frankfurt denostó en su crítica a las industrias culturales). ¿Cómo afirmar que mienten quienes continúan exaltando el ideal de la «objetividad»… aunque traten de subjetividades, aquellas que viven los acontecimientos y padecen sus consecuencias? No es mentira confundir «objetividad» con «objetivación». (Lo único que pasa es que el periodismo cosifica así —discursivamente— todo lo que toca). ¿Alguien podría decir dónde está la verdad sobre el cambio climático? ¿En la disolución de los glaciares… o en las cuentas bancarias que registran los ingresos de Mr. Al Gore gracias a sus campañas? ¿En las energías llamadas «renovables» porque renuevan cíclicamente las estadísticas del hambre al subir los precios de los cereales? ¿O en la alternativa nuclear, publicitada a veces como la menos contaminante? Corren ciertamente vientos (energías eólicas) de cambio. Y la conclusión más certera a la que podemos llegar es que todas las mentiras que denuncia este artículo son… mentira. O lo mismo, dicho de otra manera: nadie miente. No podemos mentir porque no tenemos capacidad de ello. Porque —repito— no conocemos la verdad (ni con mayúscula…, ni con minúscula). Apenas la pensamos, la vivimos, la somos. Nuestras cibersociedades complejas (Luhmann) son ajenas a ella. Concedo, por tanto, una absolución general a todos los que he condenado en este escrito y entono el mea culpa por mi ambición desmesurada, porque he caído en la tentación de querer ser como Dios cuando formo parte de una Humanidad que ni siquiera reconoce su condición de criatura. ❏