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Fundamentos óntico-ontológicospara una Corpórica Lacaniana

Rodríguez Ribas, José Ángel

Abstract

Que el nacimiento del Psicoanálisis pudo darse gracias a la confluencia de la medicina, algunas aportaciones filosóficas, el espíritu de una época y la inquietud de un clínico avezado, es del todo un hecho. Y aunque S. Freud pudo beneficiarse de ciertas aportaciones de su época ante el descubrimiento de ese “ignoto territorio”, que fue el del inconsciente, prácticamente, el solo fue creando los fundamentos de un nuevo y original saber hasta verlo elevado a la categoría de nuevo paradigma. La incidencia del psicoanálisis en la historia del pensamiento iría mucho más allá de su intención original, reflejándose, a lo largo del pasado siglo en innumerables campos antropológicos, estéticos, pedagógicos, políticos etc. pero, sobre todo, el filosófico. Bien es cierto que la dirección de sus influencias terminaría siendo francamente desigual, a pesar que la obra del propio J. Lacan estaría trufada de escogidos filosofema y precisas referencias. Y todo ello porque el psicoanálisis, por su propia condición y objeto de estudio, nunca tuvo la pretensión -ni lo es ni puede serlo- de ser un sistema filosófico y menos aún, una ontología con vocación metafísica. Tanto más esto sucede con el cuerpo. Si tenemos en cuenta que Freud, despejando el estatuto del inconsciente, pudo traer para sí una nueva concepción de la corporeidad, muy diferente a la neurobiológica, entonces imperante. Con el discurrir del tiempo, el concurso de numerosos pensadores contemporáneos no solo llegó a conmover los fundamentos psicoanalíticos sobre el cuerpo, sino que le exigirá nuevos engarces, apuntalamientos, redistribuciones de sentido y significación, hasta componer un edificio que ya no fuera el exclusivo de una corporeidad psicoanalítica clausurada sobre sí misma. Ese es, por lo tanto, el motivo que anima este trabajo. Si partimos de la indagación acerca de las condiciones filosóficas (óntico-ontológicas) que fundan la corporeidad, para ponerlos en diálogo con una orientación freudolacaniana, nuestra hipótesis reza tal que: “Estaremos en condiciones de delimitar las consecuencias epistémicas, éticas, clínicas y políticas de una presunta “Corpórica Lacaniana”. El intento de la presente indagación sería, pues, el de poner a conversar, presencia a presencia, a los más variados pensadores y practicantes de la corporeidad del ser-hablante. Diálogo fecundo y productivo, sin pretensiones trascendentales pero, a su vez, variado, diverso, inacabado y sorpresivo. En este sentido, el grueso del presente trabajo consiste en una relectura filosófica y psicoanalítica de los ejes que comandan las diversas posiciones que sobre el cuerpo pudieron elaborar insignes autores en sus ámbitos. Un cuádruple movimiento textual y lectural ha sido requerido en esta indagación: -El primero, va desde la filosofía al psicoanálisis, en su creación. Aunque apenas reseñado, este último no hubiera sido posible sin la concurrencia de la primera. -Segundo. Interno al psicoanálisis: precipitando las líneas de fuerza, detenciones, puntos de sutura y evoluciones interrumpidas, impasses, que se dan en el pensamiento freudolacaniano en lo atinente al cuerpo (Capt. 8). Hablamos de los Paradigmas del cuerpo desde el Psicoanálisis (Rodríguez Ribas, 2011). -Tercero. Desde el psicoanálisis a la filosofía Para implementar un procedimiento filosófico similar respecto a algunos pensadores señalados (Capt. 9). Este es el trabajo más laborioso. Son los Paradigmas Filosóficos del cuerpo. Pues si en el segundo momento, a pesar de sus accidentes, el terreno ya estaba acotado por unos rasgos comunes -los llamados conceptos fundamentales del psicoanálisis- en este tercero, a lo máximo que podemos aspirar es a una cartografía de regiones, de islas o territorios en lo que no queda absolutamente claro que nos refiramos a la misma modelización del objeto, cuando este sea analizado. Acá, se trata de en indagar “en” la filosofía, dentro de ella, aquellos postulados que hayan tenido acción de “causa” de los principios de la corporeidad freudolacaniana. Sabiendo bien, que ni “toda” la filosofía encuentra sus “raíces” en los fundamentos corpóricos; ni toda la corporeidad encuentra sus fundamentos en “la” sola (ni en “una” sola) filosofía. De esta manera, el psicoanálisis se sumerge en la filosofía, dejándose impregnar, sin tener porqué disolverse en ella. -Cuarto movimiento. Desde la filosofía al psicoanálisis. Giro de “retorno”, de “vuelta” al psicoanálisis, de “aquel” psicoanálisis que resultó arañado, marcado, por la filosofía. En resumen. Se podría llegar a definir una Corpórica de orientación lacaniana, como el proyecto de: “un nudo conjetural -por paradojal, contingente e imposible-, resultado del engarce epistémico, clínico y político cuando el cuerpo del sujeto lacaniano resulta interpelado por determinadas filosofías, junto con el pensamiento psicosomático y (bio)político”. Para “airear” y vivificar, pero también, para interrogar algunos lugares ya vueltos “comunes” en la filosofía y el psicoanálisis freudolacaniano del cuerpo. Asimismo (y en última instancia, pues es eso de lo que se trata) para abrir nuevos horizontes al tratamiento y abordaje de la subjetividad corporizada. Este cuarto movimiento, lo encontramos en el Capt. 10.-Conclusiones. Fundamentos para una Corpórica Lacaniana. Cuyos ejes principales transcurren por derroteros como: -Epistemología de los Cuerpos Habientes. La Historicidad del Otro junto con el ser, haber, existir y tener Cuerpo ocuparán la primera parte. El unitarismo trimodal de la corporeidad. Una óntica de lo real: desde los cuerpos habientes a los diversos artefactos de lo real. -Una Clínica para los cuerpos: (psico)Somática lacaniana. La emergencia de otros goces trae aparejados nuevos problemas: una Clínica Otra. Malestares contemporáneos del Cuerpo: cuerpos debilizados, cuerpos obsesivos, posición corpórica y génesis del FPS (fenómeno psicosomático), modalidades contemporáneas de psicosis, psicosis ordinarias, cuerpos debilitados y cuerpos autísticos. Para terminar con la cuestión clínica de la continuidad o rigidez estructural de las corporeidades contemporáneas. -Una Política con los cuerpos hablantes: Ética y Biopolítica de la Defferencia. Donde dedicaremos la primera parte a versar sobre la ontología del capital y sus estragos corpóricos. La biopolítica de los cuerpos capitalistas y cuerpos Diferentes (Crip, queer), ocuparán la segunda parte; para concluir con un estudio sobre el Cuidado, como una ontología del ser-con, y la propuesta de una pragmática de la Defferencia.

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Fundamentos óntico-ontológicos para una Corpórica Lacaniana Tesis Doct oral Programa de Doctorado Facultad de Fil oso fí a Universidad de Sevi l la Director: Prof. Dr. José Ord óñez G a rcía Dpto. Estéti ca e Historia de la Filo sofí a Facultad de Fil oso fí a Universidad de Sevi l la Doctorando: José Ángel Rodríguez Ribas Fund a mentos ón tic o -ontológicos para un a Cor pórica lacaniana Índice. 1. Dedicator ias y reconocimi entos. ……………… ………………………………….. 7 2. Justificac ión del trabajo. Planteamie nto pre liminar . …………………………… 9 2.1. Motivac iones personales. ………………… …………………………………… 9 2.2. Interé s del presente e stud io. ……………… ………………………………….. 14 3. El c uerpo en cuestión: cuerpos apli cados. …… ……………………………… …. 19 3.1. Introducc ión. ……………………………… …………………………………. 19 3.2. El c uerpo en la Filosofía. ………………… ………………………………….. 19 3.2.1. Panorama general. …………………… …………………………………. 19 3.2.2. Pensami entos del cuerpo. …………… ………………………………….. 20 I. Orfirismo. …………………………………………………………………. 20 II. Plat ón. ………………………………… …………………………………. 21 III. Aristóte les. …………………………… …………………………………. 21 IV. Epic úreos. …………………………… ………………………………….. 23 V. Patrísti ca. ………………………………………………………………… 23 VI. G. L eibnitz. ……………………………………………………………… 24 VII. Maine de Biran. ……………………… ………………………………... 24 VIII. J. O rtega y G asset. ………………… …………………………………. 26 IX. G. Ba taille. …………………………… ………………………………… 27 X . J. Ga os. …...……………………………………………………………… 28 XI. G. Ryl e. ……………………………… …………………………………. 28 XII. Maurice Blanchot. …………………… ………………………………... 29 XIII. Paul Ric oeur. ……………………… ………………………………….. 30 XIV. Guy Debord. …………………………………………………………... 33 XV. A ntonio Ne gri. …………………………………………………………. 35 XVI . G ia nni Vattim o. …………………… ………………………………….. 38 XVII. A lai n Badi ou. ……………………… ………………………………… 39 XVIII . Pete r Sloterdi jk. …………………… ………………………………... 40 XIX . F ranco Be rardi. ……………………… ………………………………... 47 XX . Paolo Virno . ……………………………………………………………. 50 XXI . André Com te-Sponvill e . ………………………………………………. 52 XXII .-Santi ago Alba Ri co. ……………… ………………………………….. 52 3.3. El c uerpo en la Socioantropol og ía. ……… ………………………………… ... 54 3.3.1. Historia , aspectos antropológicos y sociológicos del cuerpo. …………... 54 3.3.2. As pec tos semi óticos y comunicacional es del c uerpo. ……………...…… 62 3.4. El c uerpo en el Arte y la Historia de l Art e. ………………………………….. 63 3.5. El Cue rpo en la Psiquiatría: la Medicina Psic osomática. …………………… 65 4. La cuestión del c uerpo: bor des som áti cos. ……………………………………… 71 4.1. Introducc ión. …………………………………………………………………. 71 4.2. La relación cuerpo-mente y su epistemología. ………………………………. 73 4.3. Lo normal y l o patológico. ………………… ………………...……………… 77 4.4. La causalidad. ……………………………… ……………………………….. 79 4.5. El cuerpo propio o lo propio d el cu erpo. ……………………………………. 83 4.6. El cuerpo, entre la pers ona y l a cosa . …… ………………………………….. 87 4.7. Estruct ura, Q uej a, T rastorno, Síntoma y Fantasma. ………………………... 91 4.7.1. Estruct ura. …………………………… …….…………...………………. 92 4.7.2. Queja y T rastorno. …………………… ………………………………… 94 4.7.3. Síntoma . ……………………………… ………………………………… 95 4.7.4. Fa ntasma. …………………………… ………………………………….. 96 5. Hi pótesis. Objetivos. Plan de Tr abajo. ……… ……………………………….... 99 6. Mater ial. ……………………………………… ………… ... ……………………. 103 6.1. Sobre las le tras y s ím bolos utilizados en este traba jo. ………...…………… 105 7. Me todología. …………………………………… ……………………………….. 106 7.1. Proceso de el aboración. …………………… ……………………………….. 106 7.2. Análisi s de los Contenidos. Fundament os con cept uales. …………………... 107 7.3. Resumen. Me todología seguida. ………… …………………………………. 110 8. Cuerpos d el inconscie nte: su s paradigmas y esc ri turas. ……………...……… 112 8.1. Plante amiento. A proxim ación semántica. … ……………………………….. 112 8.2. El Cue rpo desde el Psicoanálisis: inci d enci as y paradi gmas. ………………. 113 8.2.1. Funda mentos y vigencia del para d igma p sicoa nalítico. ……………..… 114 8.2.1.a. Defi nición y delimitación. ………… ………………………………. 114 8.2.1.b. Influenc ia s culturale s y retornos. Es tat uto c ientífico del psicoanáli sis. Crít ica a su transversalida d. Vigen ci a de sus postulados. ………………………….. 116 8.2.2. Los paradi gmas del Cuerpo en Ps ic oanálisis. …………………… . ……. 125 8.3. Los paradi gmas del Cuerpo en S. Freud: … ………………………… . ……... 125 8.3.A. Cuerpo Funci onal . …………………… ………… ... …………… . …….. 126 8.3.B. Cuerpo Re presión . …………………… ……………… .... ……… . …….. 129 8.3.C. Cuerpo Erógeno . ………………………………………………………. 131 8.3.D. Cuerpo Narcisístic o . ………………… …………...………………….... 136 8.3.E. Cuerpo P ulsional. …………………… … ... ……………………… . ….... 140 8.4. Los paradi gmas del Cuerpo en J. Laca n. … ……...……………………… . … 144 8.4.A. Cuerpo Imaginario ; ………………………....……………...…………. 145 8.4.B. Cuerpo Signi f ic ante ; ………………… … . ……… ... …...………… . …… 149 8.4.C. Cuerpo Imposible ; …………………… … . … ... …………………… . ….. 151 8.4.D. Cuerpo Fragmentado o Normal ; ……………………………………… 155 8.4.E. Cuerpo Discursivo ; …………………… …………………………… . …. 160 8.4.F. Cue rpo Uno . ………………………… ………………………………… 164 8.5. La Orient ación Lacaniana : el cuerpo en la en s eña nza de J-A . Miller. …….. 176 8.5.1. El Cue rpo en el psicoanálisis laca n ia no: el Hay de l a re laci ón corporal. ..178 8.5.2. Ser y Tene r cuerpo. ………………………...…………………………... 181 8.5.3. Del cue rpo en tanto Imagina r io. ……… …...…………………………... 182 8.5.4. El c uerpo en tanto Simbólico. ………… ……………………………….. 183 8.5.5. El c uerpo como Real. ………………… ………………………………... 184 8.5.6. Goc es del cuerpo: la Substancia Goz ante . ……...…………………….... 185 8.5.7. Objetos de goce. ……………………… ……………………………….. 189 8.5.8. Un-Cuerpo. …………………………………………………………….. 190 8.5.9. Lal engua del parlêt r e. ………………… ……………………………….. 190 8.5.10. Síntoma y sinthome. ………………… ……………………………….. 191 8.5.11. Los embrol los del cuerpo. …………… ………………………………. 193 8.5.12. Interpre tar desde el enigma y la po esía. ……………...………………. 194 9. Corporei dades filosóficas: inci denc ias y desarrollos. ………………………… 197 9.1. Rela ciones del ps ic oan ál isis con la filosofía. Esta tuto filosófic o del psicoanálisis. Ant ifilosofía. …………………………………………… ……………………….….. 197 9.2. El c uerpo en las filosofías del suj e to. ……… ………………………………. 202 9.3. Cuerpos Modernos (T. Hobbes, R. D escart es, B. Spinoz a, A. Schopenha uer, F . Niet zsche ). …………………..……………………………………………………… 204 9.3.1. Bosquejo sobre l a Modernidad. ……… ………………………………... 204 9.3.2. T. Hobbes. ……………………………………………………………… 205 9.3.3. R. Descart es. ………………………… ………………………………… 206 9.3.4. B. Spinoza . ……………….…………… ……………………………….. 206 9.3.5. A. S chope nhaue r. …………………… …………………………………. 207 9.3.6. F. Nie tzsche. ………………...………… ………………………………. 207 9.3.7. Modernidad y Psic oanálisis. ………… ………………………………… 208 9.4. Cuerpos Fenomenol ógicos (E. Husserl, M. M -Ponty, M. Henry,). ………… 209 9.4.1. Bosquejo sobre l a F enomenología. …… ……………………………….. 209 9.4.2. E. Husserl. ……………………………………………………………… 210 9.4.3. M. M -Ponty. …………………...……… ………………………………. 212 9.4.4. M. H enry. ………………………………………………………………. 214 9.4.5. Fe nomenología y Ps ic oanálisis. ……… ………...……………………… 216 9.5. Cuerpos Exi stenciales (M. Heidegge r, G. Marcel, J-P. S art re,). ……...……. 219 9.5.1. Bosquejo sobre e l Existencialismo. …… ………………………………. 219 9.5.2. M. H ei degge r. ………………………… ……………………………….. 220 9.5.3. G. Marc el ……………………………… ………………………………. 225 9.5.4. J-P . Sartre. ……………………………………………………………… 225 9.5.5. Existe ncialismo y Psicoanálisis. ……… ………...……………………... 226 9.6. Cuerpos Diferent es (E. Lé vin as, J.-F. Lyotard, G . Dele u ze,M. F ou cault). … 229 9.6.1. Bosquejo sobre e l Pensamiento de la Dif erenc i a. …………...……… . … 229 9.6.2. E. Lé vinas. ……………………………………………………………... 230 9.6.3. J.-F. Lyot ard. …………...…………… ………………………………… 231 9.6.4. G. Del euze. …………………………… ……………………………….. 232 9.6.5. M. Fouca ult. ………………………… …………………...………… . …. 233 9.6.6. Pensami ento de la Diferencia y Psicoa ná li sis. ……………………… . … 234 9.7. Cuerpos Herm ené utic os (G. Aga mben, F. Re l la , R. Esposito,). …………… 237 9.7.1. Bosquejo sobre l a Hermenéutica. …… ………………………………… 237 9.7.2. G. Agam ben. ………………………… ………………………………… 239 9.7.3. F. Re lla. ……………………………… ………………………………… 240 9.7.4. R. Esposito. …………………………………………………………….. 240 9.7.5. Hermené utica y Psicoanáli sis. ………… ………………………………. 240 9.8. Cuerpos Deconstruidos (J. D errida y J.-L. Nancy). ……………...………… 242 9.8.1. Bosquejo sobre l a Deconstrucción. …… ………...…………………….. 242 9.8.2. J. D erri da. ……………………………………………………………… 243 9.8.3. J.-L. Nancy. ……………………………………………………………. 246 9.8.4. Deconstrucc ión y Psicoanálisis. ………………...……………………... 248 9.9. Cuerpos Hipermodernos (J. Baudrill ard, S. Zizec k, J. Ale mán, J. Butler). ... 253 9.9.1. Bosquejo sobre l a Hipermodernidad. … ……………………………….. 253 9.9.2. J. Baudrill ard . ………………………… ……………………………….. 254 9.9.3. S. Zize ck. ……………………………… ………………………………. 256 9.9.4. J. A le má n. …………………………… ………………………………… 258 9.9.5. J. Butler . ………………………………………………………………... 260 9.9.6. Hipermode rnidad y Ps ic oanálisis. …… ……...………………………… 261 10. Con cl usiones. Fun damento s para un a Corpó rica Lac aniana . ……..……… . 263 10.1. Introducc ión. ……………………………………………………………… . 263 10.2. Los para digmas del cuerpo en la Filosofía . ………………...……………… 264 10.2.1. Introducc ión. ………………………… ……………...…………..…… . 264 10.2.2. Cuerpos Modernos . …………………………………...……………… . 266 10.2.3. Cuerpos Fenomenol ógicos . …………...……………………………… 267 10.2.4. Cuerpos Exi stenciales . …………………………………………… . …. . 269 10.2.5. Cuerpos Diferent es . ………………… ………………. ……………….. 270 10.2.6. Cuerpos Herm ené utic os. …………… …………………………… . …... 273 10.2.7. Cuerpos Deconstruidos . …………………………………………… . … 274 10.2.8. Cuerpos Hipermodernos . …………… …………………...……… . …... 277 10.2.9. Resonanc ias y d isonancias entre las cor porizacione s psicoa nalíticas y las corporalidade s fil osóficas. ………………………………………… .. …………… ... 280 10.2.9.a. Pla nteamiento …………………… …………… .. ……………….… 280 10.2.9.b. Compa rativa de los paradigmas del Cuerpo, entre S. Freud y J. Lac an. ………………………………………… …………………………...…… 281 10.2.9.c. Com parativa de los paradigmas del Cuerpo en Fi losofía y P sicoa nálisis. Inferenc ias. …………………...…………………………………………………….. 285 10.3. Una Ontologí a de l os cuerpos hablante s: Epi stemología de los Cuerpos Habient es. …………………………… ... ………… ………………………………… 287 10.3.1. Plante amiento. ……………………… ……………………………...… 287 10.3.2. Historic idad del Otro: Lalangue y e l Lenguaje . …………...…………. 290 10.3.2. a. De sus ele mentos. ………………………………………………… 290 10.3.2. b. Las Ima gos, en Lalangue . ……… ………...……………………… 294 10.3.2.c. El Otro que no ex iste (I) . Ex is tenc ia d e la A lte r idad, otr edad. Historic idad de la Ot r edad. ………………………. ………………………………… 297 10.3.3. El Hay y e l Ahí. Lo Uno. ………………………………...…………… 301 10.3.3.a. Del Haber. ……………………… ………...………………………. 301 10.3.3.b. De lo Uno. ……………………………………………………….... 303 10.3.3.c. E l Hay de la relaci ón corporal . … ……………………………….... 309 10.3.4. Haber, Ser y T ener Cue rpo. Su Unit arismo Trim od al. ……………….. 316 10.3.4.a. E l unitarismo trimodal del cue rpo. ……………………………...… 316 10.3.4.b. El Haber, Ser y Tener del Cu erpo. ……………………………..… 317 10.3.4.c. Una ónti ca de lo real: Cu erpos Habient es. ……………………….. 322 10.3.5.- Enca rna ci ón de la Corporación. …… ……………………………...… 326 10.3.5.a. Signi ficantización, inc orpora ci ón y separac ión. ………………….. 326 10.3.5.b. Estruc turas simbólicas subjeti v as y Pos ic iones corpóri cas. …...… 333 10.3.5.c. E mergencia de la C arne. ………… …………………………..…… 335 10.3.5.d. Sínte sis corpórica. Artefactos de l o Real . ……………………….... 341 10.3.6. De la E scritura. ……………………… ……………………………..… 345 10.3.7. Elogi o de la Presencia. ……………… ……………… ……………...… 353 10.3.8. La E xperiencia de la Vivencia c orpór ea. ……………………...………. 359 10.3.9. Acerca de los A fec tos. ……………………………………………...… 367 10.3.10. La T ransmisión y sus Resonanc ias. …………………………………. 377 10.3.11. De lo (psico)Motor . Con una c od a sobre e l Juego (infantil). ……..… 382 10.4. Una Clíni ca par a los cue rpos: (psico)Somát i ca l acani ana. …………… . … 399 10.4.1. El Otro que no e xiste (II) . Cl ínic a Corpórica: mutacione s de l Otro. .… 399 10.4.2. Otros goces, nuevos proble mas: una Clínica Otra . ………………...… 408 10.4.3. Malest ares contemporá n eos del Cue rpo : cue rpos Debilizados . …….... 418 10.4.4. Cuerpos Histéricos y conve rsivos. … ……………………………….... 424 10.4.4.a. Nota s preliminares. ……………………………………………….. 424 10.4.4.b. Clí nica de las Histeria s actuales. Int errogante s ep isté m ic os. …..… 425 10.4.5. Cuerpos Obs esiv os. ………………………………………………….... 427 10.4.5.a. Aproxima ción. …………………… ……………………….……… 427 10.4.5.b. Afectos del cuerpo obsesivo. …… ……………………………...… 428 10.4.5.c. Cómo se m uestra el Cuerpo obsesiv o conte mporáneo. …..………. 429 10.4.5.d. Algunos inte rrogantes epistémic os. …………………………….… 429 10.4.6. El F enómeno Psicosomático. ……… ……………………………….... 430 1 0 .4 . 6.a . P r ese n ta ci ó n . Fe nóm en os: el eme nt a l y de g oce . …… … ………… … . 430 10.4.6.b. Pos ic ión corpóri c a y génesis del FP S . ……………………………. 432 10.4.6.c. Diagnósti co d iferencial d el F PS res pect o del síntoma. …………... 434 10.4.7.d. ¿Qué c uración para el cue rpo le sion ado? ……………………….... 435 10.4.7. Cuerpos de l as Psicosis . …………… …………………………………. 436 10.4.7.a. Descri pción, patocronía y e stab il iza ción. ……………………….... 436 10.4.7.b. Los F enómenos Elementale s. …… ……………………………..… 438 10.4.7.c. Modal id ade s con tem porán eas de psicosis. La s Psicosis O rdinarias. Clí nica de la continuidad. ………………………… ………………………………... 440 10.4.7.d. Inte rrogantes epistémicos. L a Xeno patía y e l anudamiento. …...… 443 10.4.7.e. Modal idad es cont emporáneas de psi cosis. ……………………..… 446 10.4.8. Cuerpos Debili tados . ………………… ………………………………. 447 10.4.8.a. Ante cedentes y etiopa tog eni a d e l a D ebil idad Men tal . ………….... 447 10.4.8.b. Interroga ntes Epistémicos. Operar c on la Debilidad Mental. …….. 449 10.4.9. Cuerpos Autí sticos . ………………………………………………….... 450 10.4.9.a. Ante cedentes y etiopa tog eni a. …… …………………………….… 450 10.4.9.b. Clí nica de los autismos. ………… ……………………………...… 452 10.4.9.c. Int errogantes Epistémic os . Operar c on los autismos. …………..… 453 10.4.10. Una Tera péu tica qu e no es com o la s d emá s. Interrogantes. El “ escabe l”. ……………………………………… ……………………………..… 454 10.5. Una Polít ica con los cu erpos habl antes: Étic a y Bi opol ítica de la Deff erencia. ……………………………………… ………………………………… 460 10.5.1. Plante a miento. ……………………… ……………………………...… 460 10.5.2. Cuerpos en Com unidad: Comunidad de los cuerpos . ……………….... 461 10.5.2.a. Psicoa nálisis y Política. …………………………………………...… 462 10.5.3. El Otro que no existe (III) . Ide ología: síntoma s y fantasma cont emporáneos. …………………………………… …………………………….… 466 10.5.4. La ont olog ía del Capital y sus estra gos c orpóricos. ………………..… 478 10.5.4.a. E l Capitalista como un a-d iscurso. ……………………………….. 483 10.5.4.b. Biopol ítica de los Cuerpos Capitalistas. ………………………..… 489 10.5.5. Cuerpos Diferent es ( Crip ). ………… ………………………………… 503 10.5.6. El Cuidado. Ontología del Ser- Con . … ……………………………….. 507 10.5.7. Una pragmá t ica de la Defferencia . … ……………………………….... 513 11. Discusión. Objeciones. Apólogo pandémico . …………………………………. 523 11.1. Discusión. …………………………………………………………………. 523 11.2. Objec iones y aperturas posibl es. ………… ……………………………….. 523 11.3. Apólogo pandé mico. …………………… …………………………………. 524 12. Bibli ografía. ……………………………………………………………………. 527 7 1. Dedicat orias y reconocimientos. Ante todo, qui ero comenzar estos Agrade cimie n tos nom brando al Departame n to de Esté tica e H istori a de la Filosofía de la Fa cu lt ad de M edi cina de S evi l la y especi a lm ente al Prof. Dr. José O rdoñez Garc ía. Unidos por una y a larga am ist ad y colabora ción, s in cuya at ención, áni mo, i ndi ca c ione s, alguna que otra provoc aci ón y numerosos cue stionamientos, no hubiera ha b ido l a r eal posibili d ad de e l abora r este trabajo. Asimismo, agradez co s u la bor fac i li tadora com o co -direc tor de e sta tesis, al Prof. Dr. José Barrie ntos Rastroj o por su disponib ili d ad y aten ci ón. Al Prof. Dr. Juan Pedro Rodríguez Rib as, filósofo y doctor en Cien cia s de la A ct iv ida d F ísica, colega y hermano, c on e l que siempre terminamos "corporeando". En segundo l ugar, Dedi car el pre s ente trabajo: Al Prof. J ac ques-A la ín Mill er, insi gn e fundado r de l a Asociac ión Mundi al de Psicoaná lisis, D irector del Depart a mento de Ps icoa náli sis de París V III y escl arecido le ctor de Lacan, c uy as enseñanzas en e l m arc o del Seminario d e l a Or ie n ta c ión La caniana ha n s upuesto una pe r ma nente fuente de inspiraci ón intelectual para todos aque llos concernidos por la práctica clínic o -t erapé u tica y su rela c ión con los malestares y síntoma s con tem porán eos. Pero por enc im a d e lo a nte rior, por tra nsmi ti r la ne ce sari a te nsión ep istémic a e institucional en e l ámbito del p sicoa nálisis, como p ara qu e el estar a l a al tur a de l o que de él se pueda esperar e n nuestra época s e c onvi ert a e n un im perativo ético. Con mi sentido apre c io y a grad ec i mi ento. A M me . Judith Miller (Q EPD), president a de l a Fundación de l Campo Fr eudi ano, d e la Nueva Red CEREDA y de la Red Int ernacional de Bib li otecas d e l a O rie nt ac ió n La caniana, cuya ded ic ación, transmi sión é tic a y epis témica s iguen s iendo, para mí, una at inada brújula en la orientación de este trabajo. Al Prof. J orge Alem án: ps ic oan al ist a, filósofo, P rof. Honorario de vari as univ ersidade s , AME, docent e ELP/AMP y muy rec onoc ido pensador y escritor, por saber hacer ahí con mi propio in consci en te . Y, sobre todo, por el efecto d e tra nsmisión d e am or a un s aber ét ico, político y clínico, del que me siento un muy agradeci do d iscípul o. No quie ro dejar de expresar mi since ro y afectuos o rec onocimient o a l Prof. Bernard Aucouturi er, cre ador de la Prác ti c a Psicom otriz Auc outurie r y fund ador de la AS EF O P. Mi agradecim i ent o por l a for mación recibida de la que s oy f erviente deudor. Pero ta mbién, por tra nsmi ti rm e que el pr esente y futuro de la Práctica Ps ic omotriz depende de t odos y cada uno de nosotros. A m i fami l ia: Bl anca Pér ez Rodrígue z y Andrea, por s u amor s oporta ndo crisis de ausenc ia y despersonalización. A Pepe, Amelia y Luc ía, por los buenos rat os qu e ec hamos junt os. P ara Á ngel (QEPD ), Mª. Dolores, J uan P edro, Dácil, Sonia e Iván que, li gados a la Educ a ci ón F ísica y la Filosofía , s iem pr e estimul aron mi d edicac ión por la cl ínica mé di ca , psicoanalítica y ps ic omotri z (a m i padre, le hubie ra enca n ta do esta r present e en l a exposición del presente tra bajo. Va p or él). A mi s t íos y primos. A M ª. Ángele s, Fran, David y a Txell: el futuro. Al D r. Sergio Larri era, m édic o, psi coana l ista , A ME y docent e en NUCEP de la EL P/AM P por su ami stad, generosi dad su lucidez corpóric a y sus muy atim ados consej os. Asimismo, al Dr. J osé María Á lvare z, psicól ogo y p s ic oanalista ELP/AMP, por ser otra de m is referencia s c línicas y psicopatol ógi ca s. A la Prof. Iolanda Vives: ps icól oga, ps ic omotricist a y formadora (A EC/ASEF O P), por su constant e presencia y complicidad. A Maribel Ver dall er: mi gran co lega y com pañ era en las fat iga s forma tiva s . A l P rof. Dr. Juan Mi la, a la P rof. Aleja ndr a Papandre a , exi mios ps ic omo tri cistas, docent es y arquit e ctos de puentes. A M arce lo Garba rino o com o un edi tor (Ed. Corpora. BBAA), puede llegar a ser un exce lente amigo y cóm plice. A la Prof. Montse Rizo, Dr. Jesús V era M oreno & tea m. 14 de l os casos malos, a n imo libre de sospechas, devoci ón a la div inidad 19 . 5.-Dando un salto, y a unque sus inte r locu ci ones harán c onti nuo act o de apa ri ci ón, ta mpoco vamos a c en tra rnos en la s r elacione s d el P sicoaná lisis con la Fil os ofí a, bi en pat entes desde s us orígenes. Merecería un arduo trabajo, aunque h ay sobrados estudios para ell o 20 , pero sírvanos s abe r cómo, ya desde sus inici os , S. F reud s e proclam ó deudor del pensamiento de Brentano, G oe the o Schop en haue r. Por su part e l a nómin a de pensadore s presentes en la obra de J . L ac an, otro médico, es francame nte extensa. 6.-Por últim o: que s omos bien consciente s de nu estras lim itaciones filosóficas. La ausenc ia de unos estudios regl ados en Filosofía present a tod a una serie d e inc onvenientes de los que los forma les no son, quizás, los mayore s de ellos. A pesar de dedi carle mucho de nu estro tiempo y ent usi asmo a e ste com etido, no obsta pa r a que, por mom entos, nu estra for mación a do lezca de c ie rto errat ismo, carencia de l ri gor y, a me nudo, del en ca den am i ent o lógic o que merecen c ie rtas líneas de p ensam i ent o. B ien consci entes de todo ell o y sin pret ender, en mom ento alguno, pasar por lo que no somos ni pret end em os s er, pero t am po co sin tener que d isc ulparnos, tratam os de s uplir dich as bases requeri das asesorándonos de la mejor manera posibl e. La me jor y v ersada com pañía, l a cur iosidad insaciable y la p ersevera n ci a en l a l ect ur a, esos h an s ido, a me nudo, nuestros mejores magisteri os. Nuestra pos ici ón, que S . Fre ud situaba entre la M edicina y l a Filosofía , nos situ arí a má s bie n en eso que J. L acan no mbró co mo folisófica 21 : n os reconoce mos muy cómodos en ese a pelativo. Que en este que suscribe, ha ll egado a adquir ir ca tegoría de au té ntica formación sustitut iva del in consciente: haciendo de la filosofía ese nudo que abrocha y cose cie rtos te rritorios limítrofes y front eri zos -deudas y anhelos, bordes de ins cripciones y litorales, vac íos y nadas- que qu iz ás no hubieran podido ser te jidos de otra manera…a lo pe or. 2.2. Interés del presente e studio. Una vez expuestos los motivos iniciales que anima n el pre sen te tr abajo nos interesa ir ac otando las preguntas inic iales que el tema enunc iado concit a. Es decir: ¿qué es lo que nos intere sa del esta tut o de l Cuerpo, desde una or ientaci ón f il osófica y ps icoa na lítica en conc reto, par a lle g ar a emprender un estudio porm enoriz ado con c ierta pretensión d e rigor? Pues bien es cierto que acot ar, desple g ar y extra er las conse cuencias de l fenóme no, de la cu esti ón, de la corpor eidad es lo que anim a e l presente tr abaj o. De part ida, ya podemos nombrar algunos hec hos bien co nstata bl es. El pri mero, y a apun ta do en e l an teri or apar ta do es la inex iste ncia d e un estudi o sistem ático d e las d ifere n tes mod el izaci on es, teoriz aci ones y d esarrollos en lo que a l cue rpo a tañe , en los ámbitos tanto de la fil osofía como del psic oan ál isis. Por l o que, d e ma nera muy gen eral y cu al epifenómeno, l a conc epc ión del cu erpo tomada en cada oca sión ha dependido de una teoría conceptua l más am plia a la que hubo d e subordinarse. En este ca so, el esque ma conceptual, l a perspectiva epistémica previa , es la que cond ici onó la corporeida d expuesta. A este respec to, habr ía t ant os “ cuerpos” 19 Entr e ellos: de la E scuela de Mileto: T ales, Anaximandro, Anaxímenes. D e lo s Eleáticos: Colof ón y Parménides. De la Escuela de C nido: C etes ias, Polícrates y Nicómaco. D e la Es cuela A tomista: Demócrito y Lucipo de Abdere. Entre los Periodeutas, encontramos a Eurif ón, Diógenes de Apolonia, Pitágoras, Alcmeón de Crotona, Empédocres de Agrigento, Ana xágoras d e Cla zom e ne, H eráclito de Ef eso. Por no dejar de citar: Galeno, Avicena , Girolamo, R . Llull, G ómez Pereira, Oliva Sabuc o de Nantes , Juan Huarte de San Ju an… 20 Dos relevante s: Lacan y la filosofía de A lain De Juranville (1992). O, Cue stiones antifil osóficas en Jacques Lacan de J orge Alemán (1992). 21 Neologismo laca ni ano (Lacan, J. Sem . XXIII : 126.), folísofo ; sintagma homofonico entre filo y folie que alude tanto al a mor por el sabe r, cómo por la locur a (etm. l oquor: el que habla). 15 com o movimientos fil osóficos: un cuerpo para cada corpus. La cuest ión todavía s e com plica má s, habida cuenta que los autores tom ados como refer ent es vieron evol ucionar su con cepción del cuerpo a m edi da que s us esquema s gnoseológ icos lo iban hac iendo; podre mos dec ir que: a cada aut or, su propio cuerpo. Con lo que, si se prete ndí a dar un tratamiento epistémico a la corpo rieda d, o se recurre a una escue t a reseña de autores d iversos -que, en o casiones, s e contradicen ent r e sí de manera fla grante- o, como mucho y por el contrario, se toma un rasgo muy especí f ico de u n fragme nto teórico de al gún aut or que p ermita cotejar lo con ot ros. De esto m ismo, tampoc o se libra la doxa psicoanalítica. Por tant o, el le itmotiv de la inve st igación que pre s en tamos y que tomará la modalidad de una H ipóte s is form al , es que: el h echo de coteja r los difere nt es modelos y conc epc ion es sostenidos por la Filosofía , a lo l argo de su h ist oria, pue de enriqu ec er d e m anera sustanci al los fundam entos ep istémicos, clínic os y p olí ticos del cue rpo ampa r ado por el paradi gm a psicoanalític o. En consec u enci a, la i ntenc ión que an ima la presente inve stigación pa sa por am pli ar, solidificar y r eform ular los fundament os y bases tant o ónti co como ontol ógicas de la corporeidad “ propia”, desde una model iz ación psicoa nalítica para col egir sus rami fi caciones y alcanc es pos teri ores. Ta mpoco somos ingenuos con el lo, pues el hecho mismo de trat ar de aproximar amb as conc epciones parad igm á ti cas, qu e ponen en el c e ntro de sus nexos al suje to y s us producci ones, ya presupone un acota m ie nto previo que excl uye otras modali d ades de le cturas: metafísicas, et nológicas, estéticas, teológica s etc. De dicha s i nterrelaci on es epistémica s, con s us e ncuentros y desencuent ros, con sus simi litudes y tensiones, junt o con las b ifurcacione s éti c as, clínic as y polí ticas derivadas de s us renovados fund ame n tos, podrá confi gurarse un á mbito que h emos ven ido en denom inar como “Corpórica laca n ia na ”. Otra s erie d e ra zones pos ible s , qu e l aten en esta de cl aración de intenciones, atañen al propio objeto de estud io. Cuyo descubr imiento p a sa por hacérse nos , c ada ve z, más ac uciante: Una. Si, como ya s e ade lant ó, desde finale s del pasado siglo la producci ón ac adémica y edi torial alrededor d e la ca rne, el cuerpo y las s ubje tivi d ade s corporales se ha mul tiplicado de mane r a os te nsiblemente creciente 22 , es que s e está configura ndo un ám bito de estudio que prete nd e alc anzar una m adurez realmente inédita e n otros ti empos. En este sen tido, delimitar conceptualme nt e una somáti c a ps ic oanalítica deb iera im pregnar, enriqueciendo suple me nt ari a me nte, los fundament os t eó ricos de toda una serie de ram as de l saber, c omo: la fi losofía mis ma, l a an tropol ogía, la est é ti c a, l a polí tica, l a e ducación y didáctica , la sociología, la s cie n cia s d e la ac t ivi dad física, los estudi os culturales, postc o loniales y de gé nero etc. por citar algunas de e ll as. Una segunda razón. La cl arificación del r ecorri do de l concepto “ cuerpo” y el estudio de su cohe renci a i nterna , en rel a ci ón con otros c onc eptos considerados fundame n tales, perm itiría afinar y aumentar nuestro saber semi o lógico y psicopat ológi co, esto es, el que com pete a la psiquiatría , l a m ed ic ina psicosomática o la psic ología clínica. En tercer luga r. La apari c ión c ada ve z más progresiva de cl ín icas bi zarra s, inc lasificables, l im í trofe s, bordel ine , etc , nos hacen t ene r presen te , en mayo r oca sión, e l esta tuto d el Cuerpo. La pree mine n cia d e c onductas adic tivas, psicosomáticas, social es, sexual es, disruptivas, la mul ti pl ic idad de trastornos de los hábitos de l a vida diar ia, inge sta, sueño etc, cu estiona seriamente sus orígenes ps icoge né tico s y s u patogeni a "clási ca". E l abordaje s emiológico, etiológico y dia gnóstic o de los trast ornos graves d e la personali d ad, las conduc tas actuada s y de pendien tes, muy frec uent es en el campo de la infan cia y adolescencia, pero ta mbi én en el adulto, se presen tan hoy d ía como el ca ballo de batalla de la i nvest iga ción y la consulta. En cua r to lugar. D ic h a inv esti gación har ía no tar sus efectos en el campo de la prá ct i ca 22 En la Bibliogr afía podremos encontrar toda una s erie de textos comple mentarios al presente trabajo. 16 te rapéutica y clínica misma, en tant o en cua nto nos perm it iría enriquecer e l an álisis d e nuestra manera de intervenir, s ea con la pal abra s ea a tra vés de l a a cci ón, en el campo psicoe ducativo y/o psicote rap éut i co 23 . En qui nto luga r. Su actual incidencia política. Nume rosos autores, espec ialmente en est a segunda déc ada de l presen te siglo, dentro de est e pe riodo que ha venido a denominars e ta rdomodernidad postcapitalista, pos thu ma nista, h ip ermode rnid ad etc, pon en cada vez má s el acento en el c u erpo fre nte al declive de la razón y la pa labra. Como dice Be r ardi: Que una facultad cognitiva pasa a forma r pa r te d el discurso e conómico quie re de ci r que se h a convertido en un r ecurso escaso ...¿Es pos ibl e, es pla nteable, una estrategia de desac e leración, de re ducción de la com plejidad? N o lo cre o. Es posible un a estrat egia de upgrading del organism o huma no, de adecuación maquinal del cuerpo y del cerebro huma no a una i nfósfe ra hi perve loz . E s la estrat egia que s e suele llamar posthuma na. Por últim o, es posible una estrate gia de sus trac ci ón, de al ejamiento de l torbellino...En la vi r tualiza ción, la p resenc ia del cuerpo de l otro se vu elve superflua, c uando no i ncóm od a y mo lesta . No que da tiempo para ocuparse de la presencia de l otro. Desde el pu nto de vista ec onó mic o, el otro debe aparecer como información, como virtualida d y, por t ant o, debe ser el aborado con rapidez y evacuado e n s u m at er ia li dad 24 . La cr isis de la demo cracia d eli b erativa y representati v a pone en solfa las clásicas ce rtidumbres ace r ca de la ra zón como e je vert ebrador de la convivencia en l a Polis. Así, y sobre todo a partir de la cri sis económ ica del 20 07, la consta tación de la progresiva consoli dación de ac ciones de gob ierno cercanas a una auténtica biopolítica neoliberal, l a irrupci ón d e mov imient os de ema n cipación ci ud adana , el auge de populismos d e derec has e i zquierda s etc, todos el los, tie n en en común ser vert ebra dos por l a pr esenc i a de los cuerpos en acto, así com o la movilizació n fantasmática d el p athos, d e l as pasione s, y de los afectos puestos en j uego. En sext o lugar, y qu izá asoci ado a las a nt eri ores r a zo nes: que este es un t ema d e gra n ca lado y a ctuali dad en el seno de la comun ida d analítica misma. Siendo obj eto d e un ani mado deba te : deba te que habi tualmente no p ar ece trasce nder en la me did a de lo desea ble . Por últi mo y sumado a todo lo anterior queremo s insisti r, tanto en el ca r ácter de patc hwork y e ns amblaje contingente, co mo ya se ha hec ho, c omo la p eculiari d ad de un work in progress provisiona l, que a dquiere para nosotros este tra b ajo. En el senti do que si bien result a efecto de un reco rrido subje tivo -que no ha sido sin frecue nt es a vata r es, a vances, im p asses y ret rocesos - este estudio s e present a inde fectiblemente bajo la impronta de un re corri do bien trazable lo que ace n túa, preci s amente, su carácter de inacabado, provision al y pleno de in te rrogantes tan to ini ciales como surgidas a lo la rgo d e s u redacci ón 25 . De a hí que t ampoc o de jemos de señal ar el c ará cter evolutivo, al modo de ca p as de cebol la, que van a to mar nuestros desarrol los. Iremos de lo más genérico y li mít rof e a lo más específic o u ontológico. No ta nto en s u sentido esencialista com o estru ctura n te, por lo que atañe a s us concept os consti tuyentes y líneas argumenta les. 23 Si e l Ps ico a nálisis es un tratamiento de lo real del s uj e to p or la vía d e lo simbólico -a trav és d e la palabra- el a bordaje del goce pulsional s e c onvi erte e n estos momentos e n una c uestión ca nd e nte de enorme actualidad c línica y técnica. 24 Be rardi, F. Generación post-a lfa. Pat o l ogías e imaginari os en el semiocap i talism o . Ed. Tinta Lim ón . Buenos Aires. 2007: 177 , 180, 184. 25 Y, sin embargo, tenemos la impresión de que es justo ahora cuando estamos en posición de pode rlo abordar. Hicieron falta nume rosos es tudios y una dilata da práctica c línica previa, para poder a utorizarnos en los e nunciado s conc lusivo s del prese nt e trabajo. 17 Así, el t rabajo estará divi d ido en gra ndes bloqu es: 1.- En el primero, Apdos.-3 y 4, a modo d e d el im itación in icial y prep aratoria, desarrol laremos una breve panorámic a general d e la c oncepción del c uerpo desde varias de s us pr oblemát icas , es dec ir, la pues ta en c uesti ón del cue rpo. En este ap art ado enunc iaremos algunas l ínea s gener ale s de l cuerpo en la S oci an tropol ogía, el Arte, la Medic ina y Psiquiatra, así como una vis ión gené ri ca del cue rpo desde la Fil osofí a 26 . En esta declaración d e in te nci on es y a la hor a de i r despeja ndo el terreno, h arán su apa rición toda una s erie de pr egunt as iniciales como pueden ser: la relaci ón de l cuerpo- me nte o l a propiedad d el cue rpo d e cara al ps icoanálisis como a la f ilosofí a, l a ca usalidad, la diferencia síntoma -trastorno, inc luso, la distinc ión entr e lo normal y lo pat ológico, tan c ara a C angui lhem (1971). Pues jus tam en te la t e en todo m omento y a modo de vis r ef le ja -a pesar de s us puntos de encuent ro o anudam i ent os pos ible s - la pregunta s obre a qué corporei d ad re mite cada discurso 27 . 2.- El s egundo b loque lo componen, los aspecto s formales de esta in vesti ga ción, Apdos.- 5,6 y 7, con la for mulación d e su Hipótes is, sus O bjet ivos, la M e todol ogía em pleada y el Material a l c ua l se va a recurrir. 3.- El te rc er gran bloque ve ndr á dado por un an áli s i s más pausado sobre el estatuto de l cue rpo en la orien tac ión freudol aca n ia na: Apd to.-8 , t anto desde s us paradigmas co mo e l escl arecimiento a por ta do por la Or ie n taci ón Lacan ia na bajo la b at uta de J.A. M Ill er. 4.- El cuarto bloque: Apt do.- 9, rem ite a los princ ipales pensadores cuya conce pc ión del cue rpo pueda asimilarse o a cerc arse a l m enos a l a so s teni da por el ps icoa nálisis. O los que, por el contra rio, e n sus desarroll os fueron influidos por los postulados psicoa nalíticos. Esto supone qu e, ya h abie ndo tomado la e lección de una d et erminada versión del cuerpo, la que remite a la subjetividad ba rrad a y fal tante de los s eres- habl antes, nuestra dil u cidación in cidi r á en aquellos p ensadores que pongan su acento en la consti tu ci ón del sujeto, es dec ir, a quello que a dviene a part ir de la “sospecha” de la Modernida d al decir de P . R icoe ur. 5.- El quinto bl oque lo componen las Conclusiones y Discusiones: Apds. - 10 y 11. En el Apdo.-10, Con clusivo se podrá constatar más nítidamente nuestra prop ia el aboración en el sen ti do d e formalizar los posibles p aradigmas fil osóficos qu e atañen al cue rpo. Con ellos, y p onié ndolos en serie con los paradi gmas psicoa nalíticos, buscare mos sus puntos de encu ent ro y desacuerdo si n escatima r reflexione s y conj et uras a la hora de mostra r en qué punto nos situamos en la ac tualidad. Con todo este ma t eri a l previo preparatorio, ya es ta remos en posició n de e nunciar nu estras propi as Concl usiones: exponi endo los resultados a l a hora de responder a la hipótesis ini ci al pla nteada de una Cor pórica Lacani ana. Para ello, pondr em os el ac ento en las fa cetas más sobresalie n tes de est e desbrozamiento conc eptual: tanto la vertie n te epistémica ( 10.3. Epistemología de los cue rpos habientes ), la vertiente política ( 10.5. Ét ic a y Biopolítica de la D effe ren cia ) y la esfera clínica ( 10.4. una ( psico)Somáti ca lac aniana). En l a Discusión, Apdo.-11, plantea r emos al gun as c r íti c as posible s a e st e e studio, tanto com o vías al ternativas de investi gac ión. Junto un Apólogo que alude a la premura y preca ri edad corpórica vi v ida en estos últimos tiempo s. Este proyect o expu esto reclam a, p ara fina lizar, una s e rie de precisiones previas que nos vem os obligados a detalla r. La in ic ial, com o y a s e ac ordó, es que s ería d escabellado qu erer presentar una te oría absolutament e unificada de este ente l lamado cuerpo, por mucho que ac otáramos s u signifi cantividad. N i siquier a lo pre te nde mos. Máxime cu ando el c uerpo m ismo, el 26 Referiremos acá aquellos a utores cuyos pos tulados sean aje nos a los de la subjetividad f reudol aca niana. Los más próximos, s erán abordado s en el Apdo 9. 27 Re sulta de l todo evidente que el cuerpo apuntado por una teoría que pivote sobre la hipótesis del inconsc iente no pued e se r la misma qu e aquella que ponga en su centr o el Ser de la Cos a corporal. 18 propio, es un “obje to” a construi r, no vie n e dado, oscila ndo ent r e el haber, el ser y el te ner en un anuda mi en to s im bó lic o que circunda s us vací os en l a produc ción de s us “na das” de go ce pul s ion al , ca us ando l a pre gnancia de una i m age n y sen ti do que no es sino la de la conciencia mism a. El cu erpo, como una Óntica de lo E x-, no se pued e arropar con el br ill o d e una t eoría a caba d a y prístina en su mostra ci ón e intelección. Lo cua l nos pone de aviso sobre cualquier tentación i ntegradora u holística. S i pode mos ll egar a enunciar que “Hay del cuerpo”, tenencia y habi enci a, sin esenc ia algun a, es porque no todo y no -todo goce puede ser reabsorbido por el unive rso s imból ico queda ndo como s aldo un resto, un a nada ind ecible e indialectiza b le . La lógica lacania n a de los cuerpos-dicentes: -un Con -de lo Ex- , ser ía entonces, más c osa de lo héta irôs, de un resto, de secho y ca usa de o tre dad qu e de trans -dis cipl inareidad, tratando d e enc on tra r esa rela ción mon ista que conc luye ra en una met afísic a trascendental haciendo del cue rpo una deidad causa s ui. E l precio a pagar p or este proced er de trazos y líneas gruesas, es el de sus trae rnos inte nc iona lmente a un aná lisis exeg ét ico de la obra d e det erminados autores, perdié ndose q uizás la finura conceptual que t r ae ría implica d a. Hasta el punto que l a corpore id ad, la corpori ficación y sus corporal iz a ci ones em ergentes, bajo est a concepción, se nos mu estran mejor ba jo un orden rizomático, ca osmótico, diná m ic o y ti sular - firma, forma y fl uj o- en el que el matema estru ctural, en su vocaci ón de encue ntro con su real material de berá cede r su l ugar a una topología de nudos, de c adena s y mad ej as, dond e el vací o y el exc eso go zantes apa r ece n ci rcundados, horada dos e i nscr itos por t oda una s er i e de el ementos simbólicos: lo cual devi ene en una ét i ca más de la diferencia que de lo Universa l, y que nombraremos como de l a Defferencia, en clara paráfrasis levinasia n a y d erride an a. Es por est o que, s umada s la s limitaciones de ext en s ión del t rabajo, de m uchas de las cue stiones p lant eadas solo podr emos enunci ar una breve reseña indi cativa ; otras tantas habrem os de descar ta rl as sim plemente 28 . Y alguna s otras, proce derán d e una el ec c ión previa m ente ya deci d ida 29 . Por últim o, al rec la mar este trabajo com o un proces o y progreso con tinuo no podremos, ni debe remos, evit ar hacer un frecuent e us o d e algunos desar rollos per s onales previ os 30 , a la hora de articularlos con la impronta de ci ertos au tores t ras el in te nto de despej ar nuevas topol og ía s y topogr afías somáticas. Lo que nos depar ará al gunas pocas ce rtezas y no menos sorpresas. 28 P.eje. A la hora de i r situando e l cuerpo en las diferentes dis ciplinas, he mos s ele ccionado el cuerpo del Arte, de la Socioantropología y la Me di cina Ps ico s omática. Hubieran podido s er muchas más ...p ero tuvimos que elegir bajo el riesgo de desviarnos os tensiblemente de nuestro propósito. 29 Se nos puede cues tionar, a su vez, la nómina de autores s ignifica tivos elegidos, fundamentalmente e n el terreno de la fil osofía y del psicoanálisis. Sin te ner ninguna intención de exhaustividad ni ne utralidad epistémica , nos he mos se rvido de aquellos que por la trascende ncia de s u obra o por sus propias concepc ione s al respecto pudieran facilitar el encuentro con los pres upues tos qu e subyacen al texto. 30 Queremos re c alcar en e ste punto el uso de numeros as ref eren cias pres entes en otros tr abajos -incluida la anterior T es is Doctoral (2011 y 2013) - de es te autor. Muy advertidos del riesgo del a utoplagio, sin embargo, es ta investigac ión pretende ser una reescritur a de muchos de dichos conce pto s , junto a una reelaboración más afinada a la luz de nuevas aportacione s indagadas. 19 3. El cuerpo en c uestión: cuerpos aplicados. 3.1. Introducci ón Todo l o que podemos vislumbrar de los famosos m isteri os está ligado a lo que, en al guna parte , alguien como Mauss había ll amado "técnica del cue rpo"...H ay qui zá una cie n ci a del goce, si cabe la expresión 31 . Antes de acercarnos, por la vía d el rodeo, a la cu estión del cuerpo, no d eja rá de s er int eresante dar cuenta de la mul tiplicidad de acepciones y ámbi tos desde el cual el cue rpo es r eclamado. En est e ap art ado preliminar, h aremos una breve recesión, a modo de vista panor ám i ca , de su est atut o : que va d esde lo filosófico, a lo s oci oan tropol ógico, el cu erpo semi ó tic o, en s us significaciones re lacionales y marc o h istórico, ha sta e l ic ónico, pr esentificado en l a estética y su H istori a de l A rte . Para concl u ir con un cuerpo afec t ado, cuyo e xponente m ás idóneo s e e ncuent r a e n la M edi cina Psicosomát ica y la s afec ciones psicopat o lógicas y clí n ic as de l cuerpo 32 . 3.2. El cuerpo en la Fi lo sofí a. 3.2.1. Panorama ge neral. La importa n cia fi losófica del cu erpo reside preci sa ment e en su capa ci d ad para estir ar el ord en binario de l a tra d ic ión ca rtesian a dirigiendo la atención a una entidad que no puede ser reducida a la s categorías de sujet o y ob jet o 33 En l a presentación del (ma gn ífic o) text o que s iguió al VIII Congr eso d e la So cie da d Española de Fenomenol ogía c ele br ado del 25 a l 28 de octubre de 2006 e n la Universida d de V alencia, a c argo de J. Conil l, C. M oreno y M .ª L. Pintos, procl a ma n que: " cuando se dic e que el cuerpo está por toda s parte s es porque, s in dud a, nunc a ant es en la historia oc cidental h abía sido objeto y tema t an polémic o y - diríamos- tan vene rado com o en la actualidad. Así que, cuando s e dice que el cue rpo está por toda s part es, lo que se quiere dec ir es que el pensamie nto sobre el cuerpo, la imagen del cue rpo, la ideo logía del cuerpo, el norte del cuerpo, su derecho y su revés, su pod er y su glori a, su cum bre y abismo, s u me rcado…, y tam b ién s u la beri nto, se han convertido absolut amente - con e xpresión orteguiana- en t em a d e nue stro tiempo" 34 . Por lo que respecta a la F ilosofía , no existe una “ Fi losofí a del Cuerpo” prop iamente dic ha: el cue rpo como tal, es trata do por numeros as corrient es de pensamiento tanto cl ásicas como conte mpor áneas. E l muy apreciado texto de F . Rella: En los confine s d el cuerpo 35 , confi rma algo que se sostiene en e l presente tra baj o : "n unca ha existido una fil osofía que haya estado en cond icione s de habl ar del cuerpo 36 . De ella s, s in duda, habrem os de destacar las corrie n tes sensualistas, mat er ialistas, fenom enol ógicas o ex istencialistas quienes, de un a manera u o tra, to ma ron en cuenta l a corpore idad o 31 Lacan, J. S. XX I. Inédito. 20.11.73. 32 Hemos debido dejar de lado, en esta escueta - e intencionalmente poco exhaustiva- mirada, todo lo que del Cuerpo atañe otras dis ciplina s más e spec íficas como puedan s er: la Etnología, la Educación, la Medic ina, la Arquitectura, el Ur banismo, las ciencias de la Infor mación o la misma Actividad Física y tantas otr a s, que actualmente en contramos en evid e nte progres ión numérica. As imismo, hemos r edu cido la nómina de autores a los que consid eramos más repre s entativ os para nues tro propósito. 33 Esposito, R. 2017: 94. 34 AA.V V. C uer po y Alteridad. Investigac iones Fenomenológicas , vol. monográfico 2. E d. Sociedad Española de Fenomenología -UNED. Madrid. 2010: 11. 35 Rella, F. En los confines del cu er po. Ed. Nueva Vi sión. B ueno s Aires. 2004. 36 Op.cit.: 19. 20 corporal id ad como causa de s í. Sin olvida r que el debate es rela nz ado cuando se porme noriza l a cu estión d el cuerpo r espec to a o tro s aspect os que le atañen, como la me nte, lo social, el alma, la sexualida d, la s educción, el géne ro, las tecnologí as etc. En la obra d e Filosofía 37 , escrita a v arias manos, com i enza enun cia ndo "S e en tiende por cue rpo, en sentido general, aquella re ali d ad dota da d e extensión y defi nid a por una serie d e propi edades (forma, pe so, movimient o, d ivi s ibilidad…) que la convierte n en obj e to de e xper ie ncia sensible; en est e sentido, la noción de c uerpo está emparentada con las de materia y sus tanc i a". Com o al habl ar de " cuerpo" se alud e, generalmente, a l cuerpo huma no, s u trata m iento ha esta do l igado a su disti nción de l alma: clá s ica mente, la sustanci alidad ma terial del cu erpo se opuso a la sustanci a lidad espir itual, de manera que el alma puede subsistir inde p endi enteme n te del cuerpo. En c ambio, en la fil osofí a cont emporánea, el prob lema del cuerpo h a pues to su ate n ción, más bien, en el conoc imiento y s u pape l en l a formación del yo o d e la conciencia. Por su parte, Fe rra ter Mora en s u Di cci onario de Filosofía 38 nos dic e, que el concepto d e Cu erpo, ha sido trat ado desde diversos puntos de vista, pero en l a ma yor parte d e los casos s e ha referido a l o que “aparece” c o mo un m odo de la extensión. Es mene st er, entonces, hace r una breve sinopsis de las grandes idea s que h an pivo ta do al rededor del c on cept o "cu erpo" sabiendo de las c o ntinui dad es y a porías a las que nos enfrent a mos. Come nzaremos por un pa nor ama genérico y algo p erifé ri co, que pret ende ceñirse a las ide as c lave s de aquellos au tores a p esar de su es casa notoriedad e n est e á mbit o 39 , dej ando para m ás adelante a l os qu e dada la rel evancia de s us conside raciones óntico - ontol ógicas respec to del cu erpo, aproximen sus ideas a la s ubje t ivi dad freudolaca n iana. En esta relación inicial incluiremos, asim ismo, a alg unos pensadores que más que por la corporei dad m isma, haya n sido baluartes de alg ún aspec to consti tuyente de e lla (pensam os en Ricoeur, Heidegge r, Derrida, Fouc au lt), pues a partir de tal , se pueden ent resacar c iert as ide as en torno a la epistemologí a, cl ínica y po lítica de los cuerpos habl antes. En esta r el ación, no omitiremos los come n tari os psicoanalíticos que surjan. 3.2.2. Pe ns amie ntos d el c u erpo. I. Orfi rismo. Mient ras que para l a cultura aque a (Homero) e l hombre era el cuerpo, par a el pensam iento órfic o se identificó con e l al m a. E l ori gen de dic ho dualismo lo pode mos ci frar, por t anto, en el orfismo gr ie go. E l Orf iri smo, fue un inte n to de reforma de l culto a Dioniso, un int ent o de arm oni zarlo con l as exigencias apolínea s de la indi vidu alidad. Este mov imient o, inició su andadura en el VI a. C. y perduró m ile n ios; influye ndo a los pit agóricos, a Plat ón y a la cu ltura cr istia n a (el a lm a es dionisia ca y e terna , por tanto, hay que purifi carla) 40 . Dentro de la s corrient es corporeí stas Ant iguas, de ben ser cit ados los atomistas anti guos, que d ivide n toda r ea l idad en cuerpo y va cío; los estoi cos, para quie nes toda realidad es corpóre a, inc luy endo los p ensamie n tos, l os sentim i ent os y el pneuma o princ ipio anim ador de la mat eria; y los epicúreos, para los que el universo ínt egro está compuesto únic ame n te d e á tom os y espacio v ac ío: e l a lm a es una real ida d físic a, unida necesaria m ent e a un c uerpo y, por ta nto, mortal 41 . 37 AA.VV. Dicc ionario Espasa Filosofía. G ermán Ca no Cuenc a & Ángel Ma nuel Faerna Gar cía -Bermejo & Pablo López Álvarez & Eugenio Moya Cantero & J acobo Muñoz & Ángeles J. Perona . ePub r1.0. Titivillus 03.06.16 38 Ferrater Mora, J . Diccionario de Filoso fía . Ed. Sud americana. Buenos Aires. 1971: 387-389. 39 Hue lga recordar la abs oluta es case z de literatura filosófica que trate la corporalidad de manera histórica. 40 Rivera, J. y López, M.C. El cuerpo. Perspectiva s filosóficas. E d. UNED. Madrid. 2002: 10 41 AA.VV. Dicc ionario Espasa Filosofía. G ermán Ca no Cuenc a & Ángel Ma nuel Faerna Gar cía -Bermejo 21 La s discusiones en torno a l a noción d e cue rpo en l a Antigüe dad, se h an referido a esa pene tración, o no, del cuerpo por una forma. M ient ras que A ristóte les, se incli na a pensar que en toda corpor eida d h ay una form ac ión, Plat ón y P itágoras, tienden a conside rar al cu erpo c o mo el sepulcro de l a l ma y, por consiguiente, algo que, e n princ ipio no tiene forma 42 . II. Platón (427 -347 a. C.). Platón nos d ic e en el Georgias (carta VII) y en c la ve órf ic o -pitagórica, qu e nu estro cue rpo es s epul cro en el al ma . En Fe dón, qu e la mu ert e de Sócr at es fue una l ibe ra ci ón defi nitiva, pues el cuerpo es el origen d el m al y de l engaño. A hí la for mula ción acabada ent res el mundo sensible ( cue rpo) y e l inteligible ( alma ). Las ideas, son invi sibles e n ta nto ca re ce n de materia, a l igual qu e el a lma , que s e pie nsa como sustanc i a en el modo de ser de la cosa, ahondando el duali smo: “p art es ext ra parte s”. H ay, por tanto, una desval orización onto lógica a l cuerpo, contr a la que se reacc ionaría a part ir del Rena cimiento. En la i dea de l a lm a incorpórea se vi o la or igi nar ie dad de l hombre, pues surge de la injustic i a, de la respons abi lidad individual o int uici ón de per tene c er a lo divi no. S u consecuenc ia fue la de un cuerpo-máqu ina extra ñado 43 . En la doctrina de Plat ón, sobre todo en los primeros D iál ogos, e l al m a se nos aparec e com o una realidad simpl e, indivisible, caída en la materia y encarnada e n un cuerpo del que h a de liberars e en el camino de re torno a l saber 44 . Para Pla tón, el alm a es inmortal y abandon a e l cue rpo: una vez este h a mu ert o, el a lma s e tr ansforma en un ser alado; d e ah í la int erpretación errada cri st iana de la paloma. Este se r alado nac e de unos pe queños aguj eros que surgen en nu es tros cuerpos una vez muertos y a l anhelar e l m undo de la s divi nidades s e diri g e hacia él , p ero an te s deber á beber del r ío Lete o el “río del o lvi do ” que l e permiti r á poderse transformar en un ser en esencia otra v ez y en o tro ser d ife rente má s tarde 45 . Respect o a P l at ón y s us refer enc i as al cu erpo, Lacan en su Se m . VIII. L a transferenc ia, nos dice qu e el hecho de que el deseo cristiano se ha ya reconocido en Platón, p ara qu ien el cuerpo debe disolverse en una belleza suprat errest re y reducida a una form a extra ordinaria descorporalizada, es el s igno de que estam os sumidos en el ma lentendido 46 . En Sem. XXIII. El sin thome 47 al ude al "m ore geomét r ico" : a causa de la forma , tan cara a P lat ón, el individuo s e presenta c omo puede , com o un cue rpo. Est e cue rpo t ie ne un pode r tan cautivante qu e, ha st a cierto punto, h abrí a que envidiar a los ci egos. Al ref eri rse a las p asiones l igadas a l cu er po, Lac an nos dic e que, la si mple resec ción de l as pasiones del alma , com o Santo T omá s nombra más pert inenteme nt e esos afect os, la resección desde Pl atón de esas pasi ones según el cue rpo : cabeza , coraz ón, vé ase como dice epi z umía o sobrecorazón: ¿no es testimonio ya de lo que es ine vitable p ara su aborda j e, pasar por ese cu erpo, q ue “yo digo no estar afe ctado más que por l a estructura” ? 48 . III. Ari stótele s (384 -322 a. C.). & Pablo López Álvarez & Eugenio Moya Cantero & J acobo Muñoz & Ángeles J. Perona. ePu b r1.0. Titivillus 03.06.16. 42 Ferrater Mora, J. Diccionario de Filoso fía . Ed. Sud americana. Buenos Aires. 1971: 387-389. 43 Rivera, J. y López, M . C. El cuerpo. Perspectiva s filosóficas . E d. UNED. Madrid. 2002: 11-12 44 AA.VV. Dicc ionario Espasa Filosofía. G ermán Ca no Cuenc a & Ángel Ma nuel Faerna Gar cía -Bermejo & Pablo López Álvarez & Eugenio Moya Cantero & J acobo Muñoz & Ángeles J. Perona. ePub r1.0. Titivillus 03.06.16. 2016. 45 Benito Climent, José Ignacio. “E l cuer po en la filosofía y el p sicoanálisis”. En: http://salonkrit ik.net/09-10/2010/07/el_cuerpo_en_la_filosofia_y_e l.php. R ecup.: Enero 2020. 46 Lacan, J. Sem. VIII. 2003: 02- 102. 47 Lacan, J. Sem. XXIII, 2006:18. 48 Lacan, J. R y T, 1977: 106. 22 Para A ristót el es, el cuerpo es una r eali dad limitada por una s uperfi cie , “tie n e”, por ta nto, un a e x te nsión en l a m edida en que “sea” a lgo, una subs tancia. El cuerpo, no s ería una pura materia o potencialidad, sino que tiene u n ser 49 . El cue rpo, así, es Morfé o forma y el alma su dinamismo por lo qu e tiene su propio espacio y es una sustan cia fini ta. Este cuerpo, no está sólo formado d e m ateri a (hylé) o po te nc ia, sino que tambié n es inform ado o penetrado por una forma. Los ar istotélic os , cons idera ban el cuerpo como el sepulcro del alma. El alma, para éstos, es prisione ra del cuerpo 50 . El cuerpo vivo está dispuesto de ma ner as dive rsas y dotado de dif ere nte s capa c ida des, que se realizan fina lmente a través del al ma: l as tres funciones básica s de la ps y khé - ve ge ta t iva, sensiti va e intelectiva- no tie nen lugar sino en la materi a, a la que vivifican y dan forma, conc ediéndole sensibili d ad, conduc t a y pe nsamiento 51 . Muy intere sante s result an la s referencias lacani an as a Aristóte le s, por lo que respecta al cue rpo. En su seminario De un O tro al otro, evoca el cuerpo me nos como apé ndice qu e com o instrumento: es para decir que al go se satisface allí que evidente mente s olo se pu ede designa r como lo qu e está d ebaj o, un sujeto, un hypoke imenon, s ea cual fuere la división que nec esar iamente debe resul tar para él de allí, debi do a que e n ese l ugar solo e s el s uje to de un instrument o e n funciona mi ento, de un organon. El térmi no se emplea aquí m enos en su ac ent o anatómico de prolonga miento de un cuerpo apéndice na tural más o menos anima do, qu e en su senti do or iginal de apa rato, de i ns trument o, c on el que Aristóteles lo uti liza respecto de la lógica 52 . En s u text o sobre "Joy ce el síntoma" y la dia tri ba entre el ser y tener un cuerpo, como el síntom a, L acan señala que solo par ti c ipa n en l a his tori a los deport ados: puesto que el hombre tiene un c uerpo, es por el cue rpo por lo qu e s e lo t iene . “Re verso d el habeas corpus” … Y añade: “que dejemo s el síntoma en lo que es: un acont e ci miento de cue rpo” , liga do a lo que se lo ti ene, s e l o tie n e del ai re, se l o a ira , del se lo ti ene . E n oca siones eso s e cant a, y Joyce no s e priva de ello…Así pues, indivi duos que Aristóte les toma por cue rpos pued en no ser nada má s que sínto ma s e llos mismos rela t ivamente a o tros cue rpos ” 53 J. A. Mille r, por su part e, rec urre a me nudo a Aris tóteles. Por ej empl o, al diferenciar ent re los dec ires y los dichos , comenta que estos están siem pre esa a co mpa ñados por una suert e de fantasma, que es el decir. El decir, e s una enunc i ación, p ero es la parte invi sible del di cho, que s iem pr e se plantea como un a verdad (Aristótele s). El d eci r ex - siste al di cho 54 . Respecto a l dec ir de lo U no y el c uerpo, Mille r alude qu e nosotr os sabem os que este Otro está dest inado a disiparse, a de svanec erse “ha sta qu e sólo quede el Uno s olo; escla recido como decim os , sobre el sentido de sus síntomas” 55 . Y lo ret om a 49 Ferrater Mora, J . Diccionario de Filoso fía . Ed. Sud americ ana. B uenos Aires. 1971: 387-389. 50 Benito C liment, J osé Ignacio. “El cuer po en la filosofía y el ps icoanálisis”. En: http://salonkrit ik.net/09-10/2010/07/el_cuerpo_en_la_filosofia_y_e l.php. R ecup.: Enero 2020. 51 AA.VV. Dicc ionario Espasa Filosofía. G ermán Ca no Cuenc a & Ángel Ma nuel Faerna Gar cía -Bermejo & Pablo López Álvarez & Eugenio M oya Cantero & Ja cobo M uñoz & Ánge le s J. Perona. ePub r1.0. Titivillus 03.06.16. 2016. 52 Lacan, J. Sem. XVI. 2008:190. 53 Laurent, E. “Hablar con el pr opio síntoma, hablar con el pr opio cuer po”. 2013. En: http://nelbogota.blogspot.com/2013/02/hablar-con- el -propio-sintoma-hablar-con.html. Rec up.: Julio 2020. 54 Miller, J. A. Un e sfuerzo de poesía, 2016: 62. 55 Miller, J. A. “Habla r c on el cuer po”. C ongreso PIPOL V 2011. En: http://www.wapol.org/f r/articulos/T emplate.as pintTipoPagina=4&in tPublicacion=40&intEdicion=5&intI diomaPublicacion=5&intArticulo=2587&intIdi omaArticulo=1 . Re cup.: Marzo 2020. 23 en su al usión especular: "Para Aristótel es, el alma es la uni d ad supuesta de l as funci ones del cuerpo y ésta es la que nosotros tr aduc i mos en la exper ie nc ia del espejo como un al ma especular. Se enc uentra si em pre tra nsi tada po r una t ensión esencial en la que s e int ercambian sin cesar los lugares de l amo y del esclavo" 56 . En otro momento, Lacan s e inspira en el esta girita para hablar del am or: el me j or desti no del am or conyuga l es la am istad, d ecía en esencia Aristóteles 57 . Por otra pa rte, hay un topos l aca n iano, una refere ncia frec uente de Lacan a un pasaje de A ristót ele s . En s u De Anima Aristóte les subraya – y Laca n lo aprueb a – que no es el alma q uien piensa, sino que es el hombr e quie n pi ensa con su alma. Del mismo m odo el hombre habla con su c u erpo. El cuerpo es su instrume nto para h ablar 58 . E. Laure n t, asimismo, recurre a Aristóteles para recorda r que el alma era e l punto donde el cuerpo es uno con el intel ecto: el cu erpo ca ptado por R, S, I 59 . O, cuando come n ta qu e el alm a, según Aristóteles, er a el punto donde se a nudaba el cuerpo y el int e lecto, los n oum ena que son la s idea s que la int eligencia ( noùs ), que es una s uert e d e órgano su pleme n ta rio, al modo chom skyano, que pe rm it e v er. Ve las ideas, capta, mie ntr as que la vista no puede a lc anzar más que las cosas visibl es 60 IV. Epicúre os (341 a.C.). Para los Epicúreos, según el m agn ífi co E . L ledó, la filosofía era una reflexión sobre la feli c idad hum ana. Y dado que el cono cimient o qu edaría s iempre s ometido a l dista n te domi nio de la teoría, a cá , e l sustento d e todos los empeños intelectuales , era un cu erpo humano, s omet ido a l dolor y a la muerte pero , al m ismo ti empo hen chido d e posibil idades, de miste rios de organización y de sensibili dad 61 . Por tanto, la perspectiva epi cúrea se vue lve hacia aquello que consti tuy e el c entro rea l de l a e xistencia hu mana: la corporeidad. Esta óptica, se nieg a a hipostasia r esos duali smos que dieron a las ant eriores filosofías. De mane ra t al que e l cuerpo es, pues, el mome nto central de la aquendi dad, del ser aqu í, y de é l ha d e partir es a nueva antropología y ps icología buscada s. Para Epicuro, no ha b rían criterios apri or í stic os que justi f ique n el proceso de conoc imiento. Por ello, los criterios de ve rd ad son: la s sensaci on es ( aisthesis ), las prenoci ones ( prol épseis ), y l as afecci on eas ( pat hé ). A l as que s e añaden, l as proyecc ion es imagi n ati v as de la m en te ( phantastikaí e pibolaí tes dianotas ). Esta vuelta al cu erpo, nos enseñ a, que é l es el sus tento de toda cultura, d e tod a h istoria y tod a socie dad. N o hay, en este caso, prim ac ía del cuerpo, porque todo es, s egún Ep icuro, cue rpo 62 . V. Patrístic a d el Cr istianismo (100 - s. VIII). 56 Miller, J. A. “Hablar con el cue rpo” . C onclusión de PIPO L V. 2011. En : http://www.wapol.org/f r/articulos/T emplate.as pintTipoPagina=4&in tPublicacion=40&intEdicion=5&intI diomaPublicacion=5&intArticulo=2587&intIdi omaArticulo=1 . Re cup.: Marzo 2020. 57 Miller, J . A. "Amamos a aquel que responde a nuestra pre gunta: ¿Quién soy yo?" . R ev. Cons ecuencias. Junio 2011. En: http://www.revconsecue ncia s.c om.ar/edicione s /006/te mplate.p hp?file=arts/alca nc es/Amamos -a-aquel- que-responde-a-nues tra-pregunta-Quien-soy-yo.htm l . Rec up.: Marzo 2020. 58 Miller, J. A. 2016. “ Habeas Corpus”. En: ht tp://ampblog2006.blogs pot.com/2016/07/habeas -corpus- por-jacques-alain-miller.html. Rec up.: Julio 2020. 59 Laurent, E . El rever so de la biopolítica , Ed. G rama. Buenos Aires. 2016: 128. 60 Laurent, E. " Hablar con s u cue rpo -escabe l". En: https://docplaye r.es/176513560-Habla r- con- su - cuerpo-esc abel.html . Nov, 2015. Recup.: Julio 2020. 61 Lledó, E. El Epicure ísmo. Una sabidur ía del cuerpo, de l gozo y de la amistad. Ed. Taurus. M adrid. 2003: 31. 62 Op.cit.: 88. 30 pero para nada tentativa que no tiene final m ent e otro objeto que esa nada que los anim a, sin saberlo ellos y que no nos expone a nada disti nto que haga tocarse vac í amente…en un “com ún o buscar ahí y común no enc ontrar ahí la comuni dad negativa: la comunidad de l os que no tienen comunidad” 86 . XII I. P. Ricoe ur (1913 -2005). De P. Ricoe ur, tampoc o se podr ía decir que ha ya si do un pensador "del cuerpo" como ta l, sino má s bien un pensador del "recono cimiento". Como dice J esús Conil l: 87 "La expe riencia que expresa la figura del recono cimient o ha sido reiv indi cada en los últimos tie mpos por filósofos def ensores de la perspe ct iva fe nomenol ógi co -hermenéutica en s us dive rsas acepciones y tendencias (p. ej., Ga d am er, Ricoe ur, Tayl or, A pel , Haber mas, Muguerza , G óm ez-Heras, Cortina)". Ric oeur, pro longa su "hermenéut ica del s í " 88 refle xion ando princi p almente sobre el r econocimie nto de s í, en l a lín ea de l reconoc i miento de respons abi lidad' a tribui do a los agent es de la ac ción gr ie gos, desde Homero y Sófocle s hasta A ristót e le s. P or eso el hilo de toda la inv estigaci ón de Ricoeur ti ende ha cia un a ét ic a de l rec onoc im i ent o, hast a sus últim as obras ace rc a de una ant ropología fenomenológica de la s c apac idades hu manas. Para Ri coeur , " la persona es, toda vía hoy, e l término más aprop iado para cristaliza r inv esti gaciones a las que no convi enen (...) ni e l té rmino conc ie nc ia , ni el d e s ujet o, ni el de individuo 89 . En esta s u nueva " fenom eno logí a h erme néu tica de la persona" expone cua tro aspectos, mostrando que c orresponden a los cua tro est r atos d e la constitu ción de la persona : hab lant e, agen te (y sufriente ), narrador a y responsable. Y el hilo conductor que sigue Ricoeur para expone rlos es el de los términos de la definici ón d el êthos qu e propone en su obra Sí mismo como otro : "deseo de un a vi d a r ea lizada -co n y para los otros - en inst ituciones justa s" . Tomá s Domingo Morat all a, e n su text o s obre Ri coeur 90 , se pla ntea si s e puede pensar el cue rpo m edia n te ca te gorí as que han surgi do de conte xtos má s bi en éticos y polí ticos. A lo que responde qu e s í, pues el cuerpo es, para R icoe ur, lo que las personas hac en o, más bien, lo que la s personas s on, y no puede distingui r se netament e pers ona y cue rpo . P or otra part e, no podemos pensar que la cuestión del cuerpo ha sido “olvidada” en la filosofía de R icoe ur, pues ya desde s us inic ios, el cu erpo tenía un luga r funda me nt al en e sa relación en tre lo vo lunta r io y lo involunt ar io. Ric o eur nos s ume rge en múl tipl es ca minos ( par cours ) que s on rodeos ( dét ours ) para a cota r la cuesti ó n fundame nt al: el sí -mismo . Esta fi losofía de l reco noci miento nos l l eva a p ensar l a ide ntidad en términos de rec onocimiento. Y así, la persona es ident ificada como algo difere nt e a una cosa (primer conce p to de recon ocimiento), es re conoci da en sus ca pacidades (segundo concepto de r econocimiento) y, en tercer lugar, es ple n ame n te reconoc id a en la r eciprocida d y el don. D e igual manera , e l cuerpo, a usente y sin em bargo presente e n esta filosofía, se deja in terpre t ar bajo el p ara digma del reconoc i miento. E l cuerpo es algo gr acias a lo que somos personas; identidad reconoc ida y cuerpo reconoci do , en este p lantea mie nto, v endrí an a coi nc idi r. A sí podría mos hablar de cuerpo identificado : el cu erpo c omo objeto en el m undo d iferente de los ob je tos, como s ie ndo algo difere n te a las c osas, com o d istinto, como propio, com o único. Tam b ién, el cuerpo capac it ado : el cu erpo es ocasión, luga r y medi o d e 86 Op.cit.: 85. 87 Conill, J . "L a alteridad r ecíproc a y la e xper ien c ia de l r e conocimiento". En: AA.VV. Cuerpo y Alt er idad. Investigaciones Fenomenológica s , vol. monogr áfico 2. 2010 : 66. 88 En: Ricoeur, P. Caminos de r econocimiento . Ed. Trotta. Madri d. 2005: 103. 89 En: P aul Ricoeur. " Aproximaciones a la pe r sona" , e n Amo r y j us ticia. Ed. Madrid. Madrid, 1993: 105 y ss. 90 Domingo Moratalla, T . "Cue rpo r e conocido. El cuerpo e n la Herme néutica del reconocimiento de Paul Ricoeur" . En. A A.V V . Cuerpo y Alteridad. Investigaciones Fe nome nológicas , vol. monogr áfico 2. 2010 : 220-230. 31 ej ecución se h ace mundo, en esa mezcla de pod er y no poder. Y, en t erce r lugar, cu erpo agradeci do : el cuerpo es en últ im a insta n ci a el qu e interviene en la mut u ali d ad, en el ent recruzamiento d e recono cimient os ; es el cu erpo que se vive con otros, e n relación a otros, y dife rente de otros, siendo nosotros mismos juntos a otros s in perdernos en los otros; cuerpo f estivo qu e s e da en el amor, en la a mi stad , en e l erotismo, en la frate rnid ad, es el cue rpo expr esión, cue rpo -gesto. El cuerpo que ide ntifica, que capacita y que agr adece es identifica do, capacitado y agradecido en l a solid arida d crítica de l reconoc i miento. Si la ide n tida d es fruto de l rec onoci miento, apun ta Moratalla ace r ca de Ric oeur, si e l c uerpo rec ono cido es fruto de l a ac c i ón de rec onocer, no nos queda má s reme dio qu e cambi ar nuestra lógica de prop iedades conoci das por un a lógica de propie dades reconoci d as. Necesit ar íamos una nueva cultura d e l re conocimi en to: a) En prim er lugar, transformar nuestra “l ógi ca de la cu alidad” por una “ lógica de l a relación” (lógi ca de l reconoc i mi en to); b) En segundo lugar, esta r ate n tos a la reali d ad del cuerpo ; siendo l o más de scriptivos posible pa ra poder ac epta r y rec onocer los lenguajes y forma s en los que el cue rpo se expresa; c) En terc er luga r, no nos quedará más reme d io que desarrollar una nuev a actitud y sensib ili d ad; d) Y por últim o, habremos de aprender a c uid ar del c uerpo para que sus posibi li dades s e d esarrolle n, sus poderes apa r ez can y para que el cu erpo reconocido sea un cue rpo dig no, un cuerpo nunca humillado n i dismi nuido. Del texto: S í mismo como o tro, de Ricoeur 91 , en c oncret o, extraigam os algunas s us princ ipales idea s. que nos va a s ervi r como un a visión panorám ica de pos teri or es desarrol los. Para com en za r, nos di ce que la mismida d del c u erpo ocult a su ipseidad 92 . A pesar de qu e la posesión del cuerpo de cada uno no s ea tr ansferible 93 . Sin embargo, Todo ava nce en la ipseidad del hablante tiene c om o contrapa rtida un av ance sem ej an te en la alteri dad del interlocutor 94 . De ahí, la no coinc idencia entre “yo ” y el “nombre propio” 95 . En este sentido, desta ca que l a red nocional de acción comp art e el mismo esta tuto trascendental que e l ámbito conceptual d e los particul ar es de base 96 . Así, la te oría la acción es m ás o menos igual a la teoría del a conteci m ie nto (impersonal) 97 . En Strawson, la at ribuci ón d e cie r tos predic ados a la pe rs ona no es apli ca ble a los cuerpos junt os 98 . La a cc ión e i nt enc ión son de algu ien a . El discurso de l pueblo, rem ite a una on tología de l p r opio cue rpo : un cue rpo que es mi cue rpo: “articulación de un poder ac tua r lo que es el nuestro y que compete al mundo” 99 . Lo que nos remi te al par: Identidad, com o mismi dad o ipseidad: Ident idad- ide m (m ismidad) : relac ión y re lación de rela ción, cri teri o de s im ilitud, continuida d , ini nterrumpido, permanencia en el t iem po. E Iden t idad-ipse (ipseidad) carácter de la mi smidad en cu anto m ía; con junt o d ispos ic ione s du rade ras en la qu e reconocemos un a persona: carácte r soy yo; “ ipse, r ec ubiert o por i dem” 100 . Por sem eja nte a sí mismo que perm anezca cuerpo…no es su m ismida d la que constituye su ipseidad, s ino su pert enencia a alguien ca p az de d esignarse, a si mismo, como el qu e tiene un c u erpo 101 . En la medida que e l cue rpo propio es una dime nsión de si, las vari aci ones i magi n at iv as en torno a l a condición corporal s on var ia ciones sobre e l sí y su ipsei dad. Para el lo, apunta Ricoeur, habrá qu e rec og erse e l tra baj o que va desde los tratados de las pasione s, pasando por Birán, Marcel , M -Ponty y M. Henry sobre la enca rnaci ón, l a 91 Ricoeur, P. Sí mismo com o otro. Ed. Siglo XXI. Madrid. 1996. 92 Op.cit.: 8. 93 Op.cit.: 14. 94 Op.cit.: 22. 95 Op.cit.: 32. 96 Op.cit.: 39. 97 Op.cit.: 58. 98 Op.cit.: 74. 99 Op.cit.: 103. 100 Op.cit.: 109. 101 Op.cit.: 125. 32 ca rne, la af ectivida d y l a au to afección. A partir de ahí, hace un rep aso de d ichos esta tutos en dichos autores 102 . Maine de Birán, es el prime r filósofo en h abe r in troducido el cuerpo propio en la región de l a c erteza no representativa (ocupa lugar de la impresión y l a sensac ión e n Hume y Condil lac). En el primer grado, el cuerpo d esigna l a r esiste nci a que cede al esfuerzo. Esta es la expe r iencia prínc eps: la de l “cu erpo ac tivo”. U n segundo grado, es el represent ado por las id as y v eni das de las sensacio nes caprichosas. U n t erce r grado de pasivi dad, es señala do por la resistenc i a de las cosas exte riores. A quí, exi s tir es resistir . Con la varieda d de esos grados de pa siv idad, el cuerpo propio aparece c omo med iador ent re la intimidad del yo y la exteri orid ad de l mundo. Por s u parte , la cont ribución de la fenomenología de Hus serl a una antol ogía d e la c arne es má s importante que la de Heid egge r. Veamos. En prim er lug ar, la d isti nc ión entr e le ib y korper, carne y cuerpo , ocupa en las Meditac ione s Cartesianas de Husserl , una posici ón estra t égi c a en virtud de la cual no debería existi r má s que una et ap a hacia la consti tución de una na tura l ez a común, es de c ir, i n ter -subjeti vamente fundada: la c arne sólo es elaborada para hac er pos ible el apareami en to…F in almente , esta problemática sigue s ie ndo la d e la consti tuc ión de toda r ea l idad, en y por la concienc i a. S e podr ía pensar que Ser y Ti empo, ofrece un ámbito más a propiado para un a ontolog ía d e la ca rne, sin embargo, es e n Huss erl, donde s e e ncuen tra el esbozo más pro mete dor de l a ontol ogía de l a carne. En las Med it ac ione s Car tesianas, estamos en una ego logí a dec idida y no una filosofía de l s í. J unto a las d ificultade s de se mejante egología confi eren su urgencia a la dist inc ión carne y cuerpo. El tema se impone no en cone x ión a algún “yo muevo” , sino en el p lano de la per ce pci ón 103 . La carne, s e present a, as í com o el polo de r efe ren ci a d e t odos los cu erpos que provie nen de esta naturaleza prop ia. Que la carne es lo m ás originalme n te mío, que su a c tit ud se m anifiesta por priv ile g io en el tac to o no, s on rasgos que hace n posible que la carne sea el órgano del q uerer, el soporte del li bre movimiento, pero no puede d eci rs e que sea e l ob je to d e una e lecci ón . Alte ridad pr im era d e la ca rne respe ct o a cual qu ier iniciati v a 104 . A lt eri dad significa, prim ordialidad r espec to a cu alquier intención. L a carne, ese lugar de to das las s ínte sis pasiva s sobre la que se edifican la s síntesis a cti v as, las que pueden l lamarse “ obras” : el la es l a m ateria, en resonan cia con todo lo que pu ede decirse “ hyle” . Es e l or igen d e toda “alte r aci ón de lo propio”. P or ello, ipse idad i mplica una “ al t eri dad” prop ia, cuy o soporte es la c arne. Tambi én en los Iné di tos de Huss erl, enuncia Rico eur, enc ontramos desarrol los sobre la diferencia entre e l carne y cuerpo. Lo que se dice es que l a distri bución entr e el “aqu í” y el “ahí” en cuanto irr eductibles , deriva por ex celencia de esta ontología fenomenol óg ica de l a carne (Hus serl) 105 . Deci r que la carne es het erogénea a cualquier siste ma de coordenadas geo mét ri ca s es d ec ir que no está como espac ialidad ob jetiva. Y el ah í en el qu e yo podrí a e star, s í me transportase a él, tiene e l mi smo estatuto de h ete rog ene ida d qu e e l aquí del que e s correlato 106 . Es necesari o - com o dic e Huss erl- mundan iz ar la carne para qu e aparezca c omo cu erpo entre los cue rpos. Es a quí donde l a alteri d ad, e l otro encuentr o extraño d ebe ser entrelaz ada con la alteri d ad de la carne qu e soy, considera da com o previa a l a reduc ción a lo propio. Pues mi ca rne, come n ta , sólo apa r ec e como un cuer po entre los otros “en la med ida en que s oy yo mismo o tro entr e los de más, en una a prehe nsión de la na turaleza común te jidas en la red de la int er - subj eti v idad (Husserl)”. Al lla mar Desein, ser-ah í, al en te que no perte n ece a l conjunto de los ent es simpl ement e dados, no ha libe r ado Heidegger la prob le m ática d el cuerpo prop io de la prueba de un a 102 Y que reseñamos c omo pres entación y c onfir mación de as pectos y elaboraciones que se irán presentarán pormenorizadamente e n es te trabajo. 103 Op.cit.: 358. 104 Op.cit.: 359. 105 Op.cit.: 360. 106 Op.cit.: 361. 33 reducc ión a lo propio dentro de la r educ c ión gene r a l de todo “ser que es de suyos” 107 . De estos preliminares, se puede concluir qu e sí h ay una categoría existenciaria que haría apropi ada una inve stig ac ión del s í mi smo como c arne , est a es la del “estar - yecto”, arroja do, a h í. F ac ticidad a part ir de l a cual e l Dasein se encarga de sí mismo, ent o nc es signifi ca rem isión asimismo en t anto que apertura, cuyas tonalida des afe ctivas, d ice n a la vez l a intimidad respec to a si mismo d el s er -a hí y las maneras de aparecer de l mundo 108 . ¿Por qué Heidegger, comenta R icoeur, no ha aprovec h ado la o casión par a reint erpretar la no ción husserliana d e la carne e n los términos de la an alíti c a de l Dasein?. La espacialidad del ser e n el mundo, no es la de ser a la mano; es sobre el fondo de la espa ci alidad de las cosas disponibles donde se destac a en D asei n : dem asiado dependiente de las forma s no au téntica s d el c uidado 109 . La aprehensión el cuerpo-ahí , co mo ca rne, es la apr esenta c ión mi sma: l a apre sentación se presupone a s í mi sma. Habí a que asimila r a “ sínte sis pasivas” a l a aprehe nsión ana logizadora. La traslación por la qu e mi ca rne f orma pareja con otra carne, es una operac ión prereflexiva, ant epre di ca tiva… s e trata e ntonc es de una síntesis pasiva sin igua l 110 . La noción de apresentación , nos dic e, compagina así, de forma úni ca, s imilit u d y disim etría. S í la apresentación no pueden ha ce r la s vec es de un a const itución en y a part ir del ego, sirven al menos para delimita r un enigma que se puede loc alizar …: el senti do del ego es trasl ada do a o tro cue rpo que, e n cuanto carne, revis te también el senti do de ego 111 . La s em eja n za fundada en el apareamiento de “ca rn e con carne” , viene a reduc ir un a distancia , a corre gir un a sepa ra ci ón allí mismo donde c r ea una d isimetría . Este movimiento de mi al otro, s e cruza con el inver so del otro hacia m í . P ara Lévinas, la fenome no logía y su repre sen tación sólo puede s er ide al istas y s óli psistas. El ros tro del Otro, no es una apare ce r que puede inc luir en el recint o de unir representaciones, pero s u rostro es “una voz”. Esta voz m e dice : “no matarás ”. El Otro me hac e responsable, capaz de responder 112 . A la hipérbol e de la s epa raci ón (“ en la separación e l yo ignora al O tro”, d ice Lé vin as en Totalidad e in fini to ) r esponde la hip érbole d e la epi fanía del lado del Otro.Por lo tanto, tr es grandes experie nc ia s de pasivi dad: cu erpo propio, la d el o tro, la de la conciencia, indican tr es modalidade s de alterida d en el pla no de los “grandes géneros” 113 . XIV . Guy Debord (1931 -1994). G uy Debord. P oli f acétic o f ilósofo, escr itor, c inea s ta, m il i ta nte y sociólogo, funda l a Inte rnacional L e trista en 1952 como a lte rn ati v a al decre pi to surrealismo. U nos años má s tarde , funda l a Internacional Situacionista (57,s), no centra da tanto en l a expl otación del tr abajo sino que la exprop iación del t iem po total de la vida p ara al imentar el “pseudoocio del proletariado”. De Debord, hay apena s nada reseñable respec to a l cuerpo, p ero sí su c oncepto de "Espe ct áculo" , e lev ado a ca t egoría c asi ontol ogica con tem por áne a y que f ácilmente s e puede lig ar a los con ceptos d e simulacro de Boaudrilla rd, por un lado y por el otro, la nu da vida d e Agamb en. Sin ma yor difi cultad pu ede consid era rse a D ebord, c omo uno de l os predecesores de la Postmoderni dad, esto es co mo alguien que v islu mbra la decadencia de los cuerpos habl antes, reduc idos a si mple s ob jet os de pla ce r y ca mbi o, sin ley al guna que anude sus esferas. En su obra emblemática: La sociedad de l espectác u lo 114 , despli ega hasta 220 107 Op.cit.: 362. 108 Op.cit.: 363. 109 Op.cit.: 364. 110 Op.cit.: 371. 111 Op.cit.: 372. 112 Op.cit.: 373. 113 Op.cit.: 397. 114 Debord, G . La sociedad del es pectác ulo. Ed. Pr etextos . Valencia. 2003. 34 te sis al modo de un mani f iesto, que de h echo l o e s, de la Internacional Situcionista. Según él, el ar te pued e ser interpreta do porqu e se ha conve rti do en espectácul o, a unque por otra p arte la interpretaci ón d e un fr ac aso no p uede llevar sino a un frac aso de la int erpretación. Veam os algunos de los pun tos destacable s, expu estos al modo de cuas i aforism os.1.- La socieda d de producción moderna se anuncia como una inme nsa ac umulación de espectáculos 115 . Espect ácul o como instrume nto de un ificación. 4. - Espec táculo no es un conjunto de imá gen es sino una relación soc ial mediatizada por l as im ágenes. 6. - El espectá culo constituye el modelo a c tua l de vida socialme n te domin ant e 7.- El le nguaj e del e spectáculo est á hecho con los signos de la producci ón im perante 116 .12.-Lo bueno es lo que aparece, mon opoli o de a p arie n cia s . 13. - Sus me dios son s u fin.15.- P rinc ipal producción de la socie dad actual . 17. - S i s e pasó del ser al tener, hoy e n día, es del tene r al aparecer 117 . 20.- El espectá culo es l a rec onstru cci ó n ma terial de l a ilusión religiosa 21. - El espe ct á culo vel a el s ueño (de l a socie dad mode rna encadenada). 24.- El espectáculo es m onologo autoelogioso 118 . 25.- La separa ción es a lfa u om ega d el espec t ác ulo. M antiene la inconsciencia acerca de l a transform ación práct ica de las condiciones de exis tencia. 26. - Con la separac ión del traba jo y s u producto se pie rde todo punto de vista unit ario s obre la actividad realizada. El tr iunfo del sistema económico de la separación es la prol eta r iz a ción del mundo 119 . El proceso técni co a ísla. 29.- El espectácul o reúne lo s epa rado, pero lo reúne en cuanto separa do.30.- E l espectador no se en cuent r a en casa en ninguna parte porque el espec táculo e st á en todas par te s. 32. - El espec táculo constituye la producción c on creta de la alienación en l a socie dad. 31. - L as fuerza s que se nos escapan s e nos apare ce n con toda su pote nci a. 34.- El espectác u lo es el cap it al en un grado tal de acumulación que se ha conve r tido en ima g en 120 . 38.- La forma mer cancía es enteramente i gual a s i m isma , es deci r a l a categoría d e lo cua n ti tativo 121 . 40.-Incesant e despliegue de l poder ec onómico que ha transform ado e l tra bajo hum an o en trabajo -me rc anc í a, en tr aba jo asal ariado. 42. - El espectáculo es el mo ment o en el cual la mercancía al canz a la ocupa ción tot al d e l a vid a social. Se conv iert e gl ob alm ente en la m erc an cí a total, c uyo ci clo ha d e continuarse.46.- El valor de c ambi o sol o pudo forma rse por del egación. El espec táculo es una perm anente guerra de opio, cuyo obje tivo es conseguir la aceptación de l a ide n tifi cación entr e bienes y mercancía s 122 . 45.-La mecanización t éc ni ca qu e suprime obje t iva mente el trabajo debe a la ve z, c o nservar el tra bajo co mo merca n cía . 46.- El valor de ca mb io s olo pudo for marse por delegación d el val or de uso, pero al habe r derrotado a est e últ imo con sus propia s ar mas, ha crea do la s condiciones para una domi nación autónoma…al haber obt enido el monopolio de la satisfacción, ha terminado eri giéndose en “r ect or del uso”. E l “va lor de ca mbio” es un s ubalt erno al “valor de uso” 123 . 49.- El espectácul o es un dinero “solo p ara mi rar” 52. - A llí donde s e a loja el el lo económico, debe adveni r el yo. 59. - “ El mov i mie nto d e bana li z ac ión ” 124 . 60.- La condi ción de estrella del espectáculo es la especia li zación de l a “vive n cia apare n te” …enc arnan el resultado inaccesibl e del “ trabajo social”, mi metizando los subproductos : “e l poder” y l as “vacaciones”. 63. -Lo qu e las oposi c ione s del espectácul o ocultan es de la “unida d de l a mi seria”. 64. - La mercancía caracte rístic a de la burocracia es el trabajo socia l total. 66.- La conversión d e la mercancía en el mundo, es tam b ién l a conv ersión 115 Op.cit.: 37. 116 Op.cit.: 39. 117 Op.cit.: 40-42. 118 Op.cit.: 44. 119 Op.cit.: 46. 120 Op.cit.: 50. 121 Op.cit.: 52. 122 Op.cit.: 55. 123 Op.cit.: 57. 124 Op.cit.: 64. 35 del mundo en mercancía 67 125 . 68.- La potenc i a acumulativa del ar tificial ilimitado, com porta en todos los órdenes l a falsi f icación de la vida social 70. - Cada nu eva m ent ir a de l a pub li c ida d es, asimi s mo, un desenga ño, con res pet o a la mentira a n teri or 126 .72.- Lo que obli g a a los trabajadores a p articipar en la edificaci ón del m undo es lo m ismo qu e le s s epa ra de él. 80.- Cu ando l a hi stor ia se torna rea l, ya no tiene fin. 83. - Los socialistas utópi cos quedaron presos del modo de exposi ción de la verdad científica 127 . 87.-La burguesía es la únic a cl ase revol u ciona r ia que ha s al ido v ic tor iosa 128 .125.- El movi miento inconsciente del tiempo, se m ani fiesta y s e hace verd adero en l a conciencia históri ca 129 .El mito es aquel l a construcc ión uni taria de pensami en to que garantiza l a perm anencia el orden cósmi co en torno al orden que la s ocie dad ya ha realiza do 130 .132.- Los dueños de l a historia han dado al tiem po una direcc ión que e s t ambién una signifi cación.134.- El ra zona miento histórico, es indisolubl e me nt e un r az onamiento ac erca del pode r. 136. - Las r eligiones mono te ístas, constituye r on un co mpromi so entre el mit o y la histori a 131 . 142.- El princi pal producto que el desarroll o ec onóm ic o ha logrado extraer de la escasez suntuosa y lleva r a l consumo generaliza do, es, pues, la histori a 132 .149.-El tiempo pseudocíclic o, no es, de hech o, más q ue el disfraz consumible del tiempo-m erc an cí a d e la producc ión 133 . 153.- Lo que se representa co mo la vida r eal se reve la simplemente como la vida más r ea l mente espect a cular. 154. - La rea li dad el ti empo ha sido s ustit uida por la publ ic id ad el tiem po 134 . 166.- El espaci o libre de la me rcancía se reconstruy e a cada instante para hac ers e más idénti co a s í mismo, para al canzar má s perfectament e su monot on ía inmóv il. 167. - Esta s ocie dad que suprime la dista ncia geográ fica, concita una distancia int er ior a modo de separac ión espe ctacular. 174.- La organiz a ci ón t écnica del consumo no es má s que el primer niv el de l a disoluc ión ge ner al i za da que ha llevado a la ci ud ad a consumirse a sí mi sma. 183. - La cul tura…es el sentido de un mundo dema si ado insens ato 135 . La grandeza del art e no se hac e evi d ent e más que en e l ocaso la v ida. 199. - La verdad e st a socie d ad, no es otra cosa que “la negación” de est a socie dad" 136 . 202.-El E structuralismo, es el pensam i ento garant i zado por el Estado 137 . XV. - Anto nio Negri (1933-). De Antonio N egri, s e l e nom bra com o el pensador de la Mult itud y e l potencial de l os fluj os migracionales para com ba ti r los efectos del neol iberalismo. S u obra entronca con Agambe n, D el euze y Gramsci. En la s igui ente e ntrevi s ta, expone a lgunos de sus princi pales puntos d e vist a 138 . Negri, es un fi lósofo que at raviesa las transform aci on es y los deba te s del s iglo XX desde una parti cular re lación ent re consisten ci a concept ua l y mi litancia po lítica. Negri s ostiene qu e "la resist encia de los cuerpos produ ce la su bje tividad no en una cond ic ión ai slad a e ind ividualist a, sino en un com plejo din ám ico 125 Op.cit.: 67. 126 Op.cit.: 70. 127 Op.cit.: 75. 128 Op.cit.: 84. 129 Op.cit.: 117. 130 Op.cit.: 119. 131 Op.cit.: 120. 132 Op.cit.: 129. 133 Op.cit.: 134. 134 Op.cit.: 134. 135 Op.cit.: 188. 136 Op.cit.: 162. 137 Op.cit.: 164. 138 Negri, T. "E s nece sa rio volver a las palabras q ue signific an a lgo". 2013. En: https://es.pape rblog.com/toni-negr i- es -necesa rio-volver- a -las-palabras -que-significan-algo-1651556/. Rec up.: Septiembr e 2019. 36 en el cual se concate n an l as resiste ncias de los otr os cue rpos". D e este m odo, liga la resiste ncia frent e a las nuevas form as de e xplot a ci ó n a la productivi dad de los cue rpos col ectivos y singu lare s, como expe rien cia s pop ulare s, organ iza c ione s soci ale s y dive rsos modos de asociación entre las personas. E l tra ba jo no pued e parcializ arse n i divi dirse como en otros ti em pos, por e so N egri apel a a una noción ampliada d e cue rpo com o cap aci d ad de compone rse p ara in crementa r la potencia , y a una nuev a m ira da sobre la intelige nc ia como h erramienta fund amenta l. S i lo Común es la condici ón de toda producción de libertad y de innovac ión m aterial, lo esencial para transform ar lo propio en com ún es el a mor que no cesa d e abri rse a com unid ades más vastas que uno mi smo y s us a lle g ados. La multitud s e disgreg a e n singulari d ade s que s on ante tod o traba jo vivo : tra b ajo s ingul ar y capacidad de p roducc ión que se presenta como coope ración virtual. La pobreza ti en e l a enorme fue rza de ser trabajo v ivo. Se trata de un ser-ahí vi vo y efectivo que se presenta com o índi ce de asociaci ón, d e coope ración, d e construc ción. Es ne cesari o recupe r ar l a e mancipación en un terr itori o ma te ri al . Esto abre a un a s erie d e preguntas: ¿qué es la emancipa ción de la repr esentación pol ítica?, ¿qué qui ere d eci r participaci ón? , ¿qué quiere de cir lucha de cl ases? Éstos son los grandes proble mas de l a e ma nc ipa ción de nuestro tiempo. El mismo conc ep to de fuerz a de trab ajo d ebe ro mperse inte rna me nt e par a dev enir trab aj o v ivo ind epe ndi ent e. Este conc epto de trabajo vivo inde p endie n te es fundamental porque re movió toda la temátic a obrera c uando tuvo luga r en E urop a tre inta o cuarenta años at r ás. El problema se sinte tiza en a lgunas preguntas: ¿ cu áles son las co ndici ones de l a luc ha de cl ases?, ¿c uáles s on las condic iones por l as cuales nos l iberam os d e estos p atrones?:” Lo insoporta ble se da cuando toman el d ine ro de tu tr abaj o y s e lo meten en el bo lsillo, mi entras te vuelves un mi serable”. Fin de s iglo 139 , ha sido uno de sus te xtos má s difundidos. Comi enza por dec irnos que, al fina l, todos prol et arios. Todo ca pi ta lizado, am or al trabajo, la v erdade r a di ct adura de l a burguesía . Hegemonía de la ley el Valor, se” norm aliza” a la apropi arse de los sujetos y su historia ( la plusvalía suc ede al robo o la i legitimidad). D e l a v iolación a la nor ma y de l a norma a la c onstitución 140 . Todo subsumido al valor de uso, somet ido a las semi óticas ca p ital. Subsuncion re al d el despotismo de lo imagina rio sobre l os sujetos. Insegurida d de la v ida cotidiana, pr eca riedad laboral , fragilidad de las libertades c iviles, y sobre todo, imposibi l idad de dar un s entido a la v i da, prohibici ón d e toda cr eación. La priva cidad se esfuma 141 . La ca rac terí st ica primari a d el obrero s oci al es su ca pacidad de re apropi arse del mundo sobre el trabajo. E l control de la ci encia: universalidad espa cial y tem por al. En el ca pi ta l ismo m aduro, e l te rri tori o d eviene estructura, es decir, d eviene ontol ogía espa cial produ cti v a 142 . El merc ado mundial deviene el te jido esquizo ide d e l a consti tución completa de l obrero social. Reabsor ción de toda s las condiciones de producci ón y r eproduc c ión baj o el capital. El im periali smo s e consoli d a 143 . Producción y reproducci ón, trabajo y consumo. La con cie n c ia de su valor daba for ma a la conc iencia de c la se. La exprop iación capita l ista no pasa ya por el s ala rio s ino por la expropi ación de la com unid ad de productore s 144 . El mundo del traba jo es aquí del tod o socia l, fluido, tr ansita b le, pe r me able: la d ialéc t ic a, y a no e xist e. La mi gr aci ón ha sido un ac to d e resistencia . Crisis: mome n to en que el p asad o no s abe explicar el porven ir. Sólo el recono cimie nto d e la r ealidad central y he gem ónica de l obrero s ocial, con cl uye, perm itirá re construi r un horizon te pol ítico. E l partid o del obrero social es el suje to de la producci ón 145 . 139 Negri, T. Fin de siglo . Ed. Paidós. BC N. 1992. 140 Op.cit.: 24. 141 Op.cit.: 36. 142 Op.cit.: 89. 143 Op.cit.: 99. 144 Op.cit.: 120. 145 Op.cit.: 145. 37 T. Negri, en su t exto Multi tud 146 , escrit o junto a M. Hardt, s igue avanza ndo las te máticas biopolític as que le in teresa n, desde una exploración de las condi c iones de vida , nuevas s ubje tivi d ades, en la era del postcapita l ismo. Acá result a esencial l a disti nción entr e pueb lo y mult itud . Negri , comienza recorda ndo qu e si la s eparación de la guerra y la política e ra un obj etivo de l a er a Moderna 147 ...el Esta do de exce p ción s e ha converti do gene r alizado 148 . La reduc ción de la guerra a la ac ción policial, no resta , sino que r ea l mente conf irma su dimensión on toló gic a 149 , con lo que las distincione s ent re viol en cia l egítima y la il eg ítima tienden a confundirse. Cola pso d e la guerra fría (te rcera guerra mundi al, 1989) 150 . La guerra postmoderna posee m uchas caracte r ísticas de la producción postfordista: mov ili d ad, flexibilidad, inteligencia, información 151 . Son los domini os de “ple no espect ro” : biopoder, cont rol s oci al, econ ó mico, polí tic o , psicol ógico e ide ológico. Estrategia gris para zona gris ent re la gu erra y la paz 152 . El poder soberano s iem pre ti ene dos cara s depende de s u misi ón. Pero el lí mite ontol ógico del biopoder en su forma m ás trá g ica es el suicida. F orma del ene migo en r ed : no ha y ce ntro, es variable, irregular, no hay distinc ión e ntre el interior del ex teri or, pued e apa recer como un disfraz (esta do d e paranoia univer sal). Hoy toda s l as guerras tiende n a ser “re tic u la res” 153 . El tra ba jo “biopol í ti co” inma te rial crea nueva s formas de subjet ividad: es precario, flexible, inestable, no h a y dife rencia entre horario la bor al y li bre, toma la forma de redes y nuevas formas de co operac ión 154 . Las guerras de clase y de l iberación, vaticina, aca rre arán una ext raordin aria pr oducción de s ubj et iv ida d 155 . La "inteligencia de l enj ambre" s egún Negri , se ba sa fundam entalmente en la com unicación: ¿qué int el ig enc ia co lecti va pued e e merge r de la co municac ión y de la coope ración? 156 . El Pueblo es uno, la Multi tud es plural y múltiple , co n junto de singula ridades, sujeto soci al colectivo e n carne viva que se gobierna a sí mi s ma 157 . De ahí , que las c la ses que importan s on l as que s e defie nden por la lín ea de la luch a col ectiva: capital, trabajo versus plura l ida d libe r al 158 . La división s oci al ent r e empleados y desempl eados tie nd e cada vez m ás a borrarse. Los pobres e ncarnan la condici ó n ontol ógica no sólo de la resistencia sino tam bi én d e la vida productiva en si. En este senti do: “c ad a e migrante l leva consigo un mundo. L a expe r ie ncia de la hui da viene a se r un com ún entrenamiento del anhelo de l ibe rt ad” 159 . Por tanto, l a te or ía s ocial d ebe amoldarse a la realidad social contemporáne a: *1. -En las ide as de tendencia e s tá l a periodización de la h istoria. Cada periodo s e caracteriza por una serie de for mas comunes. *2. -Abs trac ción: el C apital crea un a forma de produ cci ó n col ectiva. E l tra b aj o ext r act o es clave par a entender la fuente de v alor. La producción ma terial es “biopo lí t ic a”, cr ea la vida s oci al m isma 160 , por ello, aduce , es preciso re pensar todas l as medi d as estánda r de produ cción, reproducción, c ircul ación y consumo. La riqueza rea l reside en lo “Común” . *3.-Antagonismo. Explotación: es otro nombre a la experi en ci a de an tagoni smo de los trabaja dor es. H oy en día habría que ent ender la explotación co mo un a exprop iación de lo Común. *4. -P roducción d e 146 Negri,T. & Hard, M. Multitud. E d. De bate. Ba rcelona. 2004. 147 Op.cit.: 26. 148 Op.cit.: 28. 149 Op.cit.: 41. 150 Op.cit.: 55. 151 Op.cit.: 64. 152 Op.cit.: 66. 153 Op.cit.: 80. 154 Op.cit.: 93. 155 Op.cit.: 101. 156 Op.cit.: 121. 157 Op.cit.: 127 158 Op.cit.: 132. 159 Op.cit.: 157. 160 Op.cit.: 172. 38 subjet ividad. El “pobre” es la f igura primaria d e producc ión 161 . La te orí a económica es má s disciplinaria que cualquier o tra disc ipli n a. El sentido común nos enseñ a que e l dine ro, le jos de s er un a pr iori , es el resul tado a posteri ori creado por instrumento regula dores 162 . XVI. - G ianni Vattimo (1936-). G. V at timo, profesor, comunista, hei d eggeriano de pro, eurodi putado, dir igente polí t ic o et c, y uno de los grande s exponent es de la ll amada P os tm odernida d no s e carac te r izó, preci s amente, por sus e s tudios sobre el cuerpo. Sin emba rgo, justo es decirlo, abre con al gunos otros, toda un a suerte d e nuevo par adigma filosófi co ca r acterizada por e l "pensamient o débi l". Denostada la Postmoderni dad bajo el acá p ite de l " todo val e" de un rela t ivismo ra mplón, Va tt i mo abrir ía con Lyo tard, con Baudrilla rd, etc nuevas perspec tivas e int uiciones sumam en te e sclarecedora s de lo que ya, en est as déc adas de siglo, podem os ir coligiendo. V ea mos, algunas de sus aportacione s, aunque, m ás ade lante, rea p arecerá su figura en relaci ón a la Hermenéutica . En Creer que se cree 163 , pla nt ea una alternativa teol óg i ca surgida del p ensamient o déb il , en cuanto ausencia d e fundamento del ser. Habl a d e cuando D ios es cone x ión con el enc uentro de un límite, con darse una derrota. L a opos ic ión razón/trascende nt al no se sostiene 164 . Por un racional ismo a teo: *razón, * em an cipaci ón. Si en Ni etz sch e tenemos el nihilismo y la volunt ad de poder como consumación moderna del final de la creencia del ser; en Heide gger, resu lta inaceptable i dentific ar el s er con el tra to. Las necesida d es nat urales no s e disti nguen d e l as inducidas. El “pensamiento d ébi l” nos d ic e d el debilitamiento en e l fin al de la metafísica. Heide gger c omo una onto logía d ébil 165 . “La on tol ogía débil” c omo una transcripción del mensa j e cristia no 166 . De la ontología déb il deriv a una étic a de la no-violencia. L a revel a ción no revela una ve rd ad objeto, sino que n os habla de una salv ac ión en curso, cont ra el autoritarismo metafísic o de la Iglesia . De hecho, la historia de l a salva c ión y la histori a i nt erpre t ac ión est án ligada s. La ke nos is, el abajamie n to de D ios, desmi ent e los sueños meta físicos de la religión natural. La se cula ri za ción, como tr ansforma c ión reduct iv a de lo sagrado me tafísico-n atural es la esencia de la h istoria la salva c ión, es la disponibi lidad a le er “los signos de l os tie mpos”. No nos debemos considerar siervos sino am igos 167 . El “amor” como s entido último de la revela ci ón c arece de verda dera ult imidad. L a f ilosofía , al fina l de l a época m etafísica, descubr e que ya no pue de c reer en el fundament o, dándose cue nt a de la violencia implícita en toda ult imi d ad. Secul arización indefi nida, limitada por la cari dad… es el signific ado de la historia de la salva ción 168 . Todo l o di cho e s una apo logí a de la fi gur a del m ed io creyente. La vocaci ón a reencont r ar el crist ia nismo: esto sig nifi ca, ante todo, la tarea de volv er a pensar los cont enidos de la revelaci ón en términos secula r iza do s, conformes al s igl o. Entonces, se trat a de traducir la le tr a, fre cuenteme n te v iol en ta , a términos confor me s a l a caridad. La histori cidad de mi exi st enci a es proc edencia y em ancipación o s a lva c ión: es tomar en conside ración este c ará cter ev ent ual de l ser 169 . Plant ea la conciencia re li giosa como lo “total mente Otro” . M ie ntras Santo To má s pi ensa probar la existencia de Dios a par tir del orden del mundo, el pensamie n to moderno lo b usca en la tra g edia de la condición 161 Op.cit.: 179. 162 Op.cit.: 184. 163 Vattimo, G . Cre er que s e cree. Ed. Paidós. Barcelona. 1996. 164 Op.cit.: 16. 165 Op.cit.: 22. 166 Op.cit.: 39. 167 Op.cit.: 45. 168 Op.cit.: 79. 169 Op.cit.: 84. 39 huma na del pensa mi en to exis tencial ist a 170 . El cris tia no d eberá ac tuar como un anarquista no viole n to , c omo un d econstructor i rónico de l as prete nsion es de los órdenes hi stóricos 171 . XVII. Alain Badiou (1937-). Badiou, discípul o de A lt huss er, es el pensador del acont eci mi ento y s us condic iones, poét icas y pol íti c as. En ese sentido la re flexión sobre lo Uno y lo M últi ple le lleva a la ma temática como ontología funda me nt al . En su Breve tratado de on tología trans it oria 172 , nos dic e que Dios ha muer to: que Dios habí a muerto, qu ie re d eci r qu e ha d ej ado d e s er es e ser vivo que uno podía encontrar cua ndo l a e xist enc ia se hund e y re corre su prop ia transparenci a. El Dios d e la m et afísica adqui ere sent ido al existir en función de una prueba, mie ntras que el Dios de la rel igión adqui ere sen tido a l vivir en función de un enc uent ro. La d econstruc ción de l a me tafísica, m antiene abierta l as pos ibil idades del D ios del Poema 173 . Lo que debía hac er, el poem a, es dedic arse al encantamiento de aquell o que del mundo tal cua l e s, result a ser c apaz . : d iscernir al límite m ismo de lo imposible , el infi n ito surgim i ento de la s posibilidade s i mposibles. “Lo uno en t ant o que unidad un ificadora se vuelve norma tivo para la ulteri or determinación del ser” (H eidegge r). Est e modo del Ser se ve reduci do a lo común, porque lo uno decide normati v ame nte sobre el ser 174 . La onto logía o p ensamiento d e lo mú lt ip le puro, c omenta Badiou, no pu ede tene r l a segurida d de ningún princi pio. S erá n sus condic ion es : *1. -La ontología es pensamiento de la multipl i ci dad incons istente . *2.-Lo múltiple e s radica lm ente un sin -uno. *3.-N o exi ste ningún principio or igi nal d e la finitud. No ha y ningún principi o que encadena lo infi nito a lo Uno. * 4.-Y no hay que reint roducir lo Uno. D ire mos má s bien que es un múl tiple de nada. *5.-L a pre sentación ontológica es axiom ática 175 . Sólo a part ir de s u origen gr ie go, el s er en qued ar inscrit o en las posici ones de la ma temática pura. El ob jet o m atemático no es ni tras cende nte ni inmanente, junto a l a obje tividad matemát i ca , es un pseudo -Ser. No es ni físic a ni metafí sica. E x iste en pote ncia en lo s ensible y al l í permanece en l a latencia definitiva de su acto. Tra ta r como exi stente un acto a lo qu e no existe sino en potencia . La norma de l a ma t emática no es lo verdade ro sino lo be llo. Mat em as y poe mas, a sí, dice, son indiscernibles: la ma temática es un cu asi-pensamiento d edi cado a un pseudo-s er: como cua si-obj etos no siendo t an de existe n cia . La m et a má t ic a es cr eac ión lingüística extirpada fic ti c ia m ente de l os estados latentes: es una e sté ti ca rigurosa, q u e no nos dice na d a sobre el ser re al 176 . Hay mom entos s ingul ar es en que la ma temática en que pare ce estar obligada a pensar sus pensam ientos: o, por una contradicción formal: e s el tropiezo con l a parado ja (co mo la P aradoja de Russ el l); o, una teor ía que e s t á atravesada por una ex cepción o un exc eso 177 . En el mome nto en que la matemática top a con la paradoja , la inconsis tenc i a y el exce s o da e n pensar a lgo que en su pensa mie n to pe rtenece al orden de una decisión ontol ógica. En su te xto: “El ser y el a contecimiento”, expone tres ori entaciones: *orie nt ac ió n construct ivista : regu la la existencia me di ant e construccione s exp lícita s. La existencia se sostiene gracias a un algoritmo; *or ientaci ón trascende nte : admisión de un a superexi stencia o un punto d e c lausura j erárquico; * orientaci ón genérica : l a asistencia 170 Op.cit.: 103. 171 Op.cit.: 116. 172 Badiou, A. Bre ve t ratado de ontología trans itoria . Ed. G edisa . B arcelona. 2002. 173 Op.cit.: 14. 174 Op.cit.: 20. 175 Op.cit.: 32. 176 Op.cit.: 33. 177 Op.cit.: 42 46 inm ersión son conc ep tos e quipolentes” 247 . El sistema universal de l Capitalismo s e esta bleció desde el pr ime r mo me nto ba jo los auspicios, mutuamente implic ados, de l globo y la especul ación 248 . La image n de la Tierra, que estaba constant e m ente preci s ándose, adqui er e, de inmediato, la c ali d ad de s abe r de aprehensión e int ervención 249 . La figura clave d e l a nueva era es el "productor-deudor" (empre s ario) 250 . Desde los tiempos de Colón g lobali zac ión qu iere d ec ir fu turi zación gene ral d el co mercio e statal, empresarial y ep istémico 251 . El globo, en tonc es, es e l moni tor en el que se pu ede apre c iar en c onjunto e l ca mpo d el nego cio generaliza do de inve rsión 252 . S i Ser-sujeto supone adopt ar una posi ci ón desde l a que un ac tor puede pasar de la t eoría a la praxis, la subjetividad bien ente nd ida implica ría siempre a la ca pacidad de obr ar. Sujeto, señala, tampoco es cualquiera que s e sujet e al ord en simból ico de un " gran Otro" cua lquiera , de Dios o de la patria , co mo pie nsan lacanianos y cri ptocatólicos, sino " quien par ticipa en los experime ntos de la Moderni d ad para la forma tización psíquica de en ergí as e mprende doras " 253 . Soberano, entonc es, es qui en dec ide por sí mismo dónde y cóm o quiere dejarse engañar 254 . Este efecto caracteriza el acon tecimiento capital de s u tie mpo: la tom a de l mundo por la s potencias merc an ti l es e imperiale s y la desinhibición de los act ores en la pura a cc ió n de ataque 255 . De ah í que pueda dedu cirse qu e l a estru ctura de l a desinhibición mod erna de la acción se en cuentra g eneralmente en la s ínt esis de ex cepcionalismo, innova cionismo y evolucionism o 256 . Con el in icio de la Edad M oderna p arece que la v erdad misma ha p asado a la era de s u descubri bilidad art ificial . Para todos estos gestos vale s in restric ción el di ctum hei deggeriano: “ téc n ica es un modo del desocultamient o” 257 . “El c ientificismo, seguro de triunfo, d e Freud entró en esc ena de modo i m presionant e cuando, gra cia s a sus ma pas topológ ic os, consig uió adquiri r el inconsciente como e l te rr itori o Sigmund F reud”. L o que resul ta inciert o es si a la larga podrán reivi ndicar al go más que inte rés turí stico 258 . Visto como cuerpo en e l espacio e x teri or, el otro no es un conve ci no de una esfera común de l mundo de la v ida , ni un comp art idor de un cuerpo sensible -é ti co d e resonanc ia, de un a “cultura” o de una v ida comp arti d a, sino un compon ente discrecional de c ircunstancias externa s m ás o me nos bienvenidas o ma lvenidas 259 . Son cinc o formas, en admirable síntesi s , aque ll as bajo las cua les s e pudo consumar esferol ógicamente la relaci ón de los agresores con el espacio blan co: la mitología del barco ; la religi ón cristiana; l a lealta d par a con los pr ínci pes patrios ; el registro ci entífico del e s pacio exterior ; la traducción lingüística 260 . Si el entrelazam i ent o d e luga res y s í-mi smos s e disti ende o diluy e puede n ap arec er dos posiciones e xtremasl: l a de un sí-mi smo sin lugar y la de un lugar sin sí- mismo 261 . Son lugares de nadie 262 . La prot esta con tra la g lobaliza c ión, en tonce s, es también la g lobal i za c ión m isma. En este conte x to, la tende n cia epocal es a formas de vida individualista s : son los individuos 247 Op.cit.: 50. 248 Op.cit.: 64. 249 Op.cit.: 65. 250 Op.cit.: 67. 251 Op.cit.: 71. 252 Op.cit.: 72. 253 Op.cit.: 78. 254 Op.cit.: 88. G enial. 255 Op.cit.: 90. 256 Op.cit.: 97. 257 Op.cit.: 122. 258 Op.cit.: 135. 259 Op.cit.: 137. 260 Op.cit.: 149. 261 Op.cit.: 181. 262 Op.cit.: 183. 47 quie nes, como port adore s de com p ete n cia s d e inm unidad, se d esligan de s us cuerpos grupales 263 . Habita r, entonces, es un pasivo estar comprometi do con la situación propi a, un experimentar y co-produ cir s u v aga e in confundible extensión; es to mar p arti do y un ver- se -incl u ido en un pleroma regional. El mismo fe nome nólogo Mer leau - Ponty, al ud e Slote rdijk, exp lica el anclaje de la e x istencia en s u propia volum inosid ad mundana con la frase: “E l c uerpo no está en el espac io, lo ha bita” . Heidegger, por s u parte , h a proporciona do la má s gener al de todas la s formulaciones para esto: “ En el ser -ah í existe una t endencia esenc ial a la ce r canía” 264 . La in capacida d d e futuro ti ene un nombre : monoglo sia , es dec ir, aferramiento al idioma nat al 265 . Los polític os d e c onc epc ion es totalita ri as del siglo X X, han dem ostr ado ha st a dónde pue de l l eva r en pocos años la toma del pode r de program as fant asmales a cost a de l as fuerzas de inmunidad basada s en la polis y de los espírit us locales civiles 266 . XIX. F ranco Ber ardi (1949-). Berardi , profesor de Filosofía en la U niversidad de Bolonia, es uno de los mayores expone ntes d el pensamiento actual. Sus conce p t os en torno a la “ s em iosfera” y “sem iocapitalism o ”, sumado a su militancia polític a, lo hacen m erec edor de l favor de los movi mientos de base y d e la calle. En la siguiente ent r evista re cie n te 267 del Diari o Clarí n, febrero 2018, expone sus puntos de vista. Berardi es aut or de, entre o tros volúmene s, de: La fábrica de la infelicidad, Generaci ón post -alf a y La s ublevación, en los qu e abordó l as transformacione s de l traba jo y de la subjet iv idad provoca d as por la globaliz ación y la fin anciariz a ci ón de la ec onomía: la dest errit or ia lización, l a pre carización del e mpleo, el d eclive d e l a burguesía y el proletari ado junto a su paula tino re em plazo por el “c ogni ta riado” y la cl ase ejecutiva financiera , el sometimi ento de los trabaj adore s por dispositi vos de aut omatización y control, cuyos efe ct os inc luy en la dif icultad p ara crea r formas de solida ridad y d e relación cuerpo a cu erpo. A propósit o de s u úl timo te x to, Fe nomenología del fi n. Sensibilidad y mutación cone ctiva (2017), com en ta qu e habla de “de la concepci ón moderna de humani d ad”, sint e ti z a Bera rdi, debi do a l a abstra cc ión y la a ce leración frené ti ca provocadas por l a transición tecnol óg ica h acia el en torno di gi ta l. La exposición inc esante a flujos d e i nfor ma ción, en conve rgen ci a con un nu evo mod o del capitalismo (el “ absoluti smo capitalista” , lo ll a ma), corroe la s cap aci d ade s humanas de em patía, del goce, de la crítica, de la de cisión política, de la sensibilidad (la facultad de “co mprende r lo tácito” ), del e rotismo (la hab il i dad “de percibir el cuerpo d el o tro com o una extensión viva de mi propio cu erpo”). La inf osfera conectiva hab ilita una ac eleraci ón del flu jo de estimulación n eural cuyos efect os en l a psico esfera s on proble máticos. B erardi advierte , en to nces, qu e en e l presente debemos ser conscie n tes de la pérdida de efectividad de la decisión polí tic a y de la legisla ción. “ Esto es una consec uencia de la in corporación de au tomatismos técnicos en la com uni ca c ión, en el le nguaje y en la economía”, sostiene . "Hoy s e ha bl a m ucho de f ake n ews, la s no ticias falsa s difundidas en las redes social es, pero siem pr e las hubo en el discurso públic o. Sólo que en el p asado la mente individual y colect iva podí a discern ir e l senti do de la verdad y la me nt ira . He intentado dibu jar l a historia social de la épo ca mod erna a través de algunas metáforas y f iguras". N o se tra ta d e el abor ar un programa po lítico o te rapéutico, sino de prestar a te nción a una mut ac ió n profunda e irreversible, imaginar práct i cas de readaptación y, a l mismo ti empo, de co ncie nc ia . Con respec to a lo nuevo : 263 Op.cit.: 184. 264 Op.cit.: 305. 265 Op.cit.: 309. 266 Op.cit.: 310. 267 Entrevista al filósofo Fran co “Bifo” Berar di. 2018 . En: https://www.clarin.com/revista - enie/ideas /mutacion-soc i al-ace cha -humanidad_0_ BkYFnFjLz.html. Recup.: Septiembre 2019. 48 "no podemos saberlo h asta que no lleguemos a una transformaci ón d el mode lo d e apropi ación de la té cnica y a un a re a ct iv ac ión de l a imaginación colectiva d el futuro". Eso presupone un pro ceso que ll am a d e “movimiento”, reactivaci ón conscient e de las ene rgías nerviosas del c uerpo soc ia l. Posiblem ente, Generación post-alfa. patologías e imaginarios en el semiocapi talismo 268 , s ea uno de s us más conoc idos, y lúci dos text os , de este ti empo ta rdomoderno. En los años 70, y partic u larmente en el año de l a revuelta de l 77, ve una espec ie de fra ctura entr e l a histor ia mode rna ( c éntri c a, subje ti vable, hum anística, dia lectizable) y el delinea rse d e una posmodernidad prolifera n te, irr educ ib le a la ide ología 269 . Los años 80 son el perí odo en el que la cont raofensiva liberal se ent re la z a con la ef erve scencia d e un mov imiento dese ante y a compl e ta mente d ifundi do en la v ida cot idiana 270 . En partic ul ar, en la h istoria soci al del s iglo X X, la “ilusión” obr era ha producido desarrollo c apit a li sta, ha produc ido una industrialización forzada pero , ta mbién, ha producido escol arización de masas, aum ento d el consumo d e bienes cul turales, aume nto de la esperanza de vida 271 . Se podrí a contar la historia del s iglo X X desde el punto de vist a de s us bifurca ci on es, es deci r, desde el punto de vista de la al ternativa entre máqui n as de liberación del d eseo y dispositivos de contro l sobre el im aginario 272 . La perspecti va qu e surge de su an álisi s, c ome nt a, es la de una ca tástrofe del Humanismo moderno. P ero toda situ ac ión de cat ástrofe abre una bifurc aci ón: puede preci pi tarse en una espiral infernal, s i se queda rehé n de los dogmas domi nan te s; o, por el contrario, puede verificarse una ruptura ep istemológic a, s i s e s abe ver la actividad má s allá de las cate gor ías de la ec ono mí a, d el crecim ient o y de la ganancia 273 . El tiempo no pertene ce a los seres humanos concretos (y formal ment e l ibre s), sino al ci clo int egra do del trab ajo 274 . Durante la últ ima década del siglo, dos mundos extra ños e inc omunicados en tre sí se h an desarro lla do sobre e l plan eta Tierra: guerra c ivil en el pla neta físico e h iper-tr abaj o cogn it ivo en el planeta virtual 275 . As í pues, 1977 puede ser descri to c o mo el punto de separación molar entre l a époc a industri a l y de las grandes for mac ion es política s, id eológica s y estatale s, por u n lado, y, por otro, la siguie n te, l a époc a pro life r ante de las tecnologías dig itales, la d if usión molecula r de los dispos itivos transve rsales de poder 276 . La noci ón de sujet o es s ustituida por la de s ubjeti vaci ón, p ara indi car que el sujeto no es algo dado, socialmente determ in ado e ideol óg ica ment e consiste nte E l pensamiento postestructuralista francé s puso en crisis esta visión me cánica 277 . Luc ha, retirada , alienaci ón, sabo ta j e, l íneas de fuga del siste m a de domi n io capitalista. Éste es el significado de la expre sión r echazo al trabajo. Solo quedan fr agme ntos te mporales sujetados a l pro ce s o de v alori z ac ión, á to mos de tiempo recombinados en e l proceso productivo glob al 278 . La otra c ara, apun ta Berardi , es la gl oba li zación pla netaria. Inma te rialida d y glob alización s on c omplement ar ia s 279 . Fract alización signifi ca frag mentación d el t iem po de ac t ivi dad. E l trabajador no ex iste más co mo persona 280 . Éste es e l núcle o central de la cr eación del s em iocapitalismo 281 . Con e l 268 Be rardi , F. Ge neración post-alfa. patologías e imagina rios en el semioc apitalis mo. Ed. Tinta Limón. Buenos Aires. 2007. 269 Op.cit.: 10. 270 Op.cit.: 11. 271 Op.cit.: 13. 272 Op.cit.: 23. 273 Op.cit.: 26. 274 Op.cit.: 27. 275 Op.cit.: 30. 276 Op.cit.: 44. 277 Op.cit.: 51. 278 Op.cit.: 62. 279 Op.cit.: 63. 280 Op.cit.: 66. 49 conc epto de gen eración , hace referencia a un "conjunto humano que comparte un am biente de form ac ión tecnológico y, en consec uencia, t ambi én un s istema cognitivo, así como un mundo imagina r io" . De hecho, la conjunción entre cuerpos físi cos áspe ros, polvori entos, estria dos e imprevisibles es rápi d amente s ustituida por un rég ime n d e cone xión entre segmentos compatibles, lisos, depila dos, abstractos. Rec ombinantes, modul ares, predecibles 282 . Lo que ca mb ia en el pasaje generacional post -a lfabético es el forma to de la me nt e colect iv a, e l pa radigma t écnico de ela borac ion es me nta l es 283 . Pero la existencia social de los trabajadores cogn it ivos no se agota en la inte ligencia: “ l os cogni tarios s on también cuerpo, esto es, n ervios que se t ensan en el esfu erzo de at ención constante, ojos que s e fat ig an en su estar fij os sobre una pantalla”. L a int eligencia colecti v a no re duce ni resuel v e la existenci a soci al de los cuerpos que producen e s ta intelige nc ia 284 . El semiocapital ha puesto el alma a traba jar 285 . Dentro del r égimen de al e atoriedad d e los valores fl uctua nt es, la pr ec ariedad se vue lv e la forma ge nera l de e xisten ci a de l a soci eda d. C on la e xpresión semiocapit al ismo: "define el modo de produc ción predomina n te en u na soci edad en la que todo acto de transforma c ión puede ser sustitui do por información y el proceso de traba jo s e realiza a travé s de re combi n ar s ignos" 286 . La lógi ca binaria pue de (podí a) ignora r la política, l a reli gión, la cultura, y sustitui r las progresivamente p or la simulpolítica, la simu lreligión, la simulcul tura ( tam bi én por la s im ul com ida y la si mulmúsi c a, etc.). El pro tomundo no puede func ionar según el pr incipio bin ario. Pero, a s u ve z y p ara su desgracia , e l simul mundo no puede funcion ar según el principio históric o 287 . En pocas pal abras: sólo Baudri llard intuía la novedad radical de l semi ocapital 288 . Entonce s, la infósfera es l a int erfaz en tre e l siste ma d e los medios y la me n te q ue recibe sus señales; es la ecósfera me ntal, esa esfera inmate r ia l en la que los flu jos se mióticos interac túan con la s an tenas rece ptor as de la s mentes diseminadas por e l pl aneta 289 . La salvación nos v endrá de l a escri tura y del lengu aje . Por el lo, su tarea es mantene r ac t ivas, en el curso de la mut ación, las com petencias cognitivas, é ticas y estét i ca s cuy a con t inui dad está am enazada 290 . La caí da tende n cial de la tasa d e goc e es, cre e, la ley fund am ental de la ec onomía del s emiocapital 291 . En este sen tido, af irma, apela ndo a la subjetividad, qu e l a gene ración que aprendi ó sus pala br as de la máquina en ausencia d el cuerpo de la madre pie rde progresivamente la capacidad de sintonizaci ón con el mundo, con la alterida d, con e l cuerpo del otro 292 . En el semioc apitalismo, insiste , l a sobreproducc ión es sobreproducci ón semi ótica 293 : un exc eso inf init o de s ignos que circulan en la inf osfera y qu e satur an la at ención indi vidual y co lec t iva. Lo que parece qu e se e xtie nde en la prim era gen eración vide oelectrónica son p atol og ías de la h iper -expr esión, no patología s d e l a repres ión 294 ...hasta alcanzar el ru mor blanco d e lo indistinguible , de lo irrelevante y de lo 281 Op.cit.: 67. 282 Op.cit.: 79. 283 Op.cit.: 80. 284 Op.cit.: 83. 285 Op.cit.: 85. 286 Op.cit.: 107. 287 Op.cit.: 138. 288 Op.cit.: 162. 289 Op.cit.: 175. 290 Op.c it. : 189 . 291 Op.ci t.: 198. No t erminamos de entender este pun to, c u ando l o que vemos es justamen te l o contra rio: el de sbocamien to y e l exceso de goce son los que sustent an su im p e rativo. Otr a cosa e s el gozo, placer, e l di sfrut e ... 292 Op.c it. : 203 . 293 Op.c it. : 208 294 Op.c it. : 217 . 50 inde scifrable 295 .Un aspecto pa rt ic ular y una co nsecuenc ia impor ta nt e de la hipe rmovilización n erviosa es la rarifi cac ión del contact o entre cuerpos, la s oledad físic a y ps íquica d e los indi viduos infoesferi z ados 296 . La par ál isis d e la volunt ad (l a im posibilidad d e l a pol ítica) es el contexto histór ico en el qu e se si túa l a ep idemia depresi va contemporánea 297 . El in tercambi o simbólic o entre s ere s hum anos t iene que el aborarse s in em p atía, porque ya no es posible pe r cibi r el cue rpo del otro. Para poder perci bir al otro co mo cuerpo sensib le se nec esit a t ie mpo, s e nec esita el t iem po d e la ca ricia y del o le rse. Y f al ta e l t ie mpo para la empatía porque la info -estim u lación se h a hec ho demasiado in te nsa 298 . Para finalizar, com en ta, que no se trata ta nto d e cont rapone r punto por pun to soluciones subversivas a los autom at ismos del semi o capital , si no de construir dispos iti vos viral es de te rapia anticompetitiva, capaces de autore produ cirs e en el c ere bro recombinante. En nuestra vid a cotidiana, debemos defend er l o que qu eda de l a ternura y de la gratuidad exi stencial. Y tambié n, lo qu e queda de la ci v ilización socia l, dond e s ea posible. N o sirve de n ada oponer la fuerz a de las reg las a la r egl a d e l a fuerza, no s irve de nada oponer l a raz ón al flujo: sólo sirve crear dispos itivos de at racci ón , dispositi vos para la desac tivación d el pr inc ipio e conóm i co 299 : onda s de rel a jamient o de la presión com petitiva y de rec onf igura ción de la percepción co lectiva d e la ri queza. XX. Paol o Virno (1952-). P. V irno, profesor en Roma III, filósofo y semi ólogo , en que l os conc ept os de " mundo", "poder", " po sibil idad" o "historia", han constitui d o la me jor part e de s u refle xión, conc ebidos en cl ave marxista. M uy intere san te resulta acá s u reflexi ón sobre la ca tegoría performativa de Aus tin y el origen del lenguaje, ecos del concepto de lalangu e en Lacan. En el tex to: Cuando el verbo s e ha ce carne. L enguaje y Natural eza humana 300 nos habla del n acimie n to del len guaje, que no es fisiológico, pero que h ace cue rpo. Y he aquí qu e nos d ice que, si l a l engua se asemeja a un a partitura musi cal , la expe riencia d el h abl an te es e quiparable corre c tamente a aque lla de un ar ti sta ej ecutante 301 . El le nguaje verbal humano no t i ene n inguna obra para rea lizar porqu e no es un instrum ento que pueda ser empleado en lugar d e otro 302 . La dist inci ón entre act u ar (prattein ) y produc ir ( poi ein ), que s e insta l a en e l l ibro VI d e la Ética a Ni comaco, es tomada c asi al p ie de la l etra en la G ramática fil osóf ica de Wi ttgenstein. Como no es d efi nido por uno u otro objetivo ocasional, el lenguaje esti pula por s í mi smo los crite r ios a los que s e a tie ne. “ Las regla s de la gramática puede n ser denomi nadas “arbitrarias”, di ce Witt genstei n, en 1953 303 . Wittgenstein asume que la v ida y el lenguaje son dos conceptos coextensivos. Así, la pr axis li ngüística es el modelo de toda ulterior actividad s in obra, la mat riz de toda performa nc e virtuosa pa r ti cu lar 304 . La índole política del habl a huma n a represent a, en e l mej or de los casos, el presupuesto unit ario s obre el qu e s e apoyan tanto diversas form as de vida co mo los múlti p les juegos li ngüísticos (entre los que sobresal en por su i mport ancia los juegos lingü ísti cos 295 Op.c it. : 222 . 296 Op.c it. : 229 . 297 Op.c it. : 237 . 298 Op.c it. : 246 . 299 Op.c it. : 257 . 300 Virno, P. Cuando el verbo s e hace ca r ne. Lenguaje y Naturale za humana . Ed. Traficantes de sueño s. Madrid. 2005. 301 Op.cit.: 3. 302 Op.cit.: 6. 303 Op.cit.: 7. 304 Op.cit.: 8. 51 cogni tivos y los productivos) 305 . John L. A ustin llama performa t ivos a enun ciados tales. Quien los profiere no descr ibe un a ac ci ón (un mat r i moni o, un bau tismo, un juramento, una a puest a) sino que la e je cu ta . No h abla de e sto que hace, sino que h ace al go habl ando. E l enunc iado “Yo hablo” es el perfor m ativ o absoluto . El p erformativo absolut o, es la au téntica form a lógi c a de todos los ju egos lingüíst i cos en los que el te x to del enunciado remi t e perent or iamente a l acto de enu ncia r; m arca a la l argo y lo anc ho al me nos dos ámbit os cruciales, sobre los q ue nos explaya re mos a conti nuación: el le nguaje egocé ntr ic o infantil, et apa ontogenética deci s iva del an imal humano, y la pal abra rel igi osa. La os cilac ión a l a que está sujeto el pronunciamient o de la palabra reli giosa ll ega h asta el límite extremo del bal bu c eo 306 . Pero co mo estos soliloquios perpet úan muchas caracte ríst ic as pec uliares del le ng uaje egoc én tri co i nf antil, se podrí a ta mbién decir que la or ac ión es un lenguaje egocéntr ico de s egundo grado 307 . Somos muec as fac iales al go com plicada s, que comprendemos inm ediatamente, sí, dic e Virno, " pero solamente porque e s tamos habituados a s igni f ica dos, modos de de c ir, me táforas y me tonimias". La culminac ión de l sensismo de segundo grado (o, aunque es lo mismo, d e una fisiognómica r ealmente filosófi ca) se da, qu iz á, cuando la m isma pal abra deviene objeto de sensación 308 . El sensismo de segundo grado rescata la insta ncia fisognómica: restitui r significado y dignidad a los cuerpos, a los rostros, a las diste nsiones y contr ac ciones muscul are s. A nte s qu e considera r a la p erc epción de un rostro como un signo que remite a al go distinto y oc ult o, el sensismo de s egundo gr ado la trata como una “evi d enci a imponde r abl e ”, fruto maduro de innumerables descri pciones lingüí st ica s (“ triste”, “ tímido”, “s imul ador ”, etc.) 309 . Un “espa ci o pote ncial” en tre men te y mundo: un espa cio subjetivo pero nunc a total m ent e in terior, públi co, pero aún no s ocial (en la medida en que lo “socia l ” designa la interacción entre personas de identi dad def ini da est ab le m ent e) 310 . El lenguaje es la “c osa sensi blemente supersensible ” por e x celencia. E l contenido con ceptual de la palabra es inseparable de sus cara cte r es acúst ic os o gráf icos 311 . D e hecho, el p ensamiento ve rbal no bus ca un cue rpo cualquiera (este o aquel sonido articulado) para volverse fenómeno y r es, sino que e s en sí mismo corpóreo, fenoménico, cosal 312 . El Yo puro, subyac ent e a las ca tegorías a priori que organi za n el p ensamient o, n o es por ci erto una sustancia, per o ta mpoco un presupuesto i nefable: consist e ant e todo en un act o lingüístico. Y est e acto li ngüístico no puede má s que ser e xtrínsec o, fenom énic o, perceptible 313 . La crí tica del feti ch ismo consiste en indicar con precisión cual e s la carne del V erbo, de modo que result e imposible vender idolát r ica m ent e un cuerpo cualquie r a por el Verbo 314 . En este s entido: a) Lo má s importa n te es la d if ere ncia no at enu able, e s dec ir la inc onmensur abil idad , qu e subs iste entre facultad d e lenguaje y las lengua s h istóricas det erminadas; b) La facultad del le ngua je coincide en todo y por todo con l a antigua noción filosófica de dynamis , pote nci a 315 ; c) Es enga ñoso int ercambiar la fac ulta d del le nguaje por una protolengua ha blada por toda la especi e 316 ; d) La facult ad de lenguaje com prueba la pobreza instintiva del animal humano, su carácter indefinido, la constant e desorient ación qu e l o distingue 317 . 305 Op.cit.: 15. 306 Op.cit.: 35. 307 Op.cit.: 36. 308 Op.cit.: 55. 309 Op.cit.: 58. 310 Op.cit.: 63. 311 Op.cit.: 65. 312 Op.cit.: 66. 313 Op.cit.: 71. 314 Op.cit.: 73. 315 Op.cit.: 85. 316 Op.cit.: 86. 317 Op.cit.: 87. 52 La socie d ad de l as comunicacione s generalizadas, lejos de te me rl e, obti ene beneficios del “exceso de sem ant ici d ad no resoluble e n s ignifi cados de terminados” , confiriéndole ent onces un máximo relieve a l a indeterminada facultad del le nguaje 318 . Ta nto para Vygotsky como pa ra Simondon, la “individua c ión psíqui ca” sobreviene sobre el terreno l ingüísti co, no sobre el per ceptiv o 319 . La noción de s ubjetivida d es anfi bia. E l “yo habl o ” convive c on el “se hab la”; lo irrepe t ible s e entr el a za con lo recurre nt e y s eri al. M ás preci s ame n te , en la t ext u ra del s uje to figura n, co mo part es int egrantes: l a tonalidad anónima de lo pe rcibido, el c arácter inmediatament e int erpsíquico o “público” de la lengua materna, la part icipac ión en el impers onal gene ral intellect 320 . XXI . André Comte-S pon vil le (1952 - ). En Sobre el cuerpo. Apunte s par a una fil osofía de la fragili dad 321 . El propio autor com enta, desde el principio, que es este un texto de aforismos y notas que escribi ó cua ndo era muy jov en. Y que bien hubiera podido titul arse perf ectame n te: Sobr e e l alma. Pues es a ella a quien busc a y ensalza en tanto constit uy e lo m ás el ev ado de s í mi smo, su grandeza y espiri tua l ida d. De este modo, al s eñalar s u ide nt ida d, cuerpo y al ma, no h ay lug ar a c onfusion es. Después de de sp acharse a gusto en su int rodu cci ón, por muc ho que sa lva ra d e l a qu em a a Althusser, con los aut ores llamados po st modernos, Dele uze, D errida , Fou cault, ap ela imp eri osam ent e a un re torno de la razón i lustrada , at eo p ero espiritualista, s alva ndo com o mucho a los pensadores de la sos pecha , esto es a Marx, F reud y Ni et zsch e. Para le lando l a Ética d e lo bueno a la Estétic a, de lo be llo, propone un retorno a sus crea dor es favoritos: Flaubert , L ucrecio, Ep icuro, los omni presentes S pinoza , Mozart y poco más, en un a especi e de, dig amos apología de una cierta arist ocr ac ia intelectual y vital, donde sa bidurí a, be lleza y f elicida d parecen fundirse en un conj unto de ci ta s, hay que deci rlo, moderadamente bien encadena d as. A pesar de su tonalidad hege li ana, en tanto consuma c ión final d e la razón, al f inal , nada que aport e una s istematización r efl exiva de una posi ble onto logía, al men os una ón ti c a, de la prop ia corporeida d. Próximo a los m anuales de auto ayuda o d e educación fil osófica ap licada, el autor t ermi n a caye ndo en l o que el mismo impugna: en una presci ndible banalización post mod erna , a l m odo new age. XXII . S antiago Alba Rico (1960- ). Un magnífi co tex to, de un joven filósofo y escrit or, que por su act ual idad y luc ide z me rece ser muy te n ido e n cuenta: Ser o no ser (un c uerpo) 322 . Comi enza comentando que durante m iles de años nue stros órganos vi ta les han estado loc alizados en nu estro cuerpo y todo ocurría , por tanto, en él o en sus alrede dores, de ma nera que ac ep tá bamos como nat ura l la convicci ón de que "todo pasa allí dond e yo estoy", lo que implica b a, a s u vez , la articulación int egral entre el tiempo, e l e spacio y el yo. P ero el cuerpo -el propio cue rpo - medía l as dista ncias, esca ndí a la durac ión y je rarquizaba los acontecimie n tos. Todo me pasaba a mí en el lugar donde estaba mi cue rpo o en relación con él 323 . Pero es que los cuerpos, dice, no son otra cosa que 318 Op.cit.: 91. 319 Op.cit.: 102. 320 Op.cit.: 103. 321 Comte-Sponville, André. S obre el cuer po. Apuntes pa ra una fi losofía de la fragilidad. Ed. Paidós. Barcelona. 2010. 322 Alba Rico, S. Se r o no se r (un cu er po). Ed. Se ix Barral. Barcelona . 2017. 323 Op.cit.: 6. 53 coá gulos de tiem po o, s i se prefi ere, " los depósitos frágile s y l im itados a tra vés de los cua les los humanos hemos tratado siempre de gestio nar el tiem po" 324 . El Evangeli o d e San J uan, evoc ando el mito judeocristia no d e la cre a ci ón del mundo, dec lara que "en el principi o era e l logos (la palabra)" 325 . Los humanos, sin emba rgo, dic e, “a unque no tie n en ni pinc hos ni capa razón ni g arras, tiene n el poder lingüístic o de nombrar y e nu mera r la s cri atura s y, v alga d ec ir, el poder divino d e darles existe n cia o, al m enos, d e c o loca r las en un lugar determinado o en una posición c on cret a ” 326 .Toda s la s cla sifi ca ciones, en este s ent ido, dej an fuer a obje tos, que s e clasifi can precisame n te com o "inclasificable s" : mu taciones biol óg ica s , criaturas ambigua s o exist en ci as queer. ¿Qué se h ace con los «in cla s if ic ables"? , s e pregunta. Respondiendo que el ser hum ano es el únic o ani mal que hace cl asif ic aciones y ta mbi én el único animal que huye de s u cue rpo . De hec ho, es el único anim a l que ti en e realmente cu erpo y lo tiene en la me did a en q ue está siempre huyendo de él...y r ecaye ndo 327 . Esta fuga organ izada del cuerpo uti liza t res conduct os o me dios. Los prim eros s on me dios intracorporales : se huye del cue rpo a través de él. Los segundos s on medios i ntercorporale s : s e huy e de l cu erpo ent re los cuerpos. Los terce ros son extracorpor ales (o “e xosomáticos”, c omo dirí a G eorgescu-Roegen): se huye d e los cue rpos prolong ándolos e n el exterior 328 . La s recaída s , obviamente, son t odas intra corporal es, pero insepara bles del medi o soci al que vie nen a romper y r evelar al mi s mo tiempo. L a primera, expone, es e l ham br e que regresa una y o tra vez. L a victoria prov isional s obre el ha mbre se llama "consumo". La segunda e s e l aburrimiento, la expe r iencia d el cue r po como estanque de l tiem po puro. La terce r a es la enfermeda d y, en genera l, e l dolor y la mue rte 329 . Por su parte , la ide ntidad es cl ausura del cue rpo. Estamos at rap ados en ella , y muy pronto perci bi mos cuá nto hay ahí de viol encia o, al menos, de int ervención exógena: nosotros s omos otros. El ser humano, en efecto es el ún ico animal que ha ce clasi f ica c ione s, pero es t ambién el únic o animal que se rebela cont r a l as c lasificaciones 330 . Con el lo, p ide enunciar un a pequeña tautología p ara antici p ar la concl usión : " llamo cue rpo pre cisamente a est a " fuga imposible" que opone e i mbrica dos element os ext raños entr e sí: l a carne y la p ala br a". El s er hu mano habla y porque hab la, toma conc iencia de su carne como una ne ce sidad y una m aldición. S i es el único animal que hac e clasificaci on es, decí a mos, es el únic o ani mal q u e ti ene cue rpo 331 . El ca dáv er es el cue rpo que, encerrado definiti v ame n te en s u carne , ya no puede huir de s í mi s mo y qu e te nemos que quem ar o ent err ar para que no siga tr ansformándose ante nuestros ojos. Este tem or a mbiguo a l a transformación es uno de los tem as cent r al es de todos los cue ntos y mitos 332 . Alude al controvert ido Estadio del Espejo del psicoa n al ist a Jacques La can (1901 -1981) y a la prueb a del espejo, desarro llada e n 1970 por Gordon Ga l lup y que han s uperado con éxito chimpa n cés, oranguta n es , de fines, el efant es, urrac as y seres huma nos, aunque estos úl tim os sólo a part ir del pr imer año de v ida. Lo qu e s í par ece evi dente es que hay un largo período en el que el niño se vive a sí mismo como un conj unto de miembros separados y ca si ind epe ndient es de su volunta d 333 . Esta a mena z a de un cu erpo c am biante, si empre a p unto de ser carne, es obj eto d e toda una serie de intervenciones sociales mediante la s que, en la pubertad, se inte n ta fi ja r e l sujet o a su propio cuerpo e inc orporar lo, co mo adu lto aloplástic o, a la vida social. Es lo 324 Op.cit.: 7. 325 Op.cit.: 17. 326 Op.cit.: 19. 327 Op.cit.: 29. 328 Op.cit.: 32. 329 Op.cit.: 33. 330 Op.cit.: 36. 331 Op.cit.: 42. 332 Op.cit.: 46. 333 Op.cit.: 48. 54 que la antropología llama "ritos de in ic i ac ión", de los que s e ocuparon V an Gennep, Vladí mir P ropp y Bruno Bettel h eim . A vec es da l a impresión, en efecto, de que la s esca rificaci on es, las "heridas s im ból ic as" (remedo de la menstr u aci ón fe me nin a), las cl avijas y pla tos labial es (de los abakas, los botocud os , los djurs, payaguas, maklak es ), los alarga mientos craneale s (de los loa ngos) pero tam bién nuestros tat u aje s, nuestros pendi entes y nuestros piercings, por no h ablar d e nuestras blefaroplastias y nuestros li ftings, son te nta tiva s de c lava r e l cuerpo, de atornillarlo al s uel o, de d etene r la ebul lición de sus permanent es met amorfosis 334 . 3.3. El cuerpo en la Soci oantropo logí a. Un ace rc am i ent o inicial al estud io socioantropológico del cuerpo a la hora d e formalizar unos posibles Estudios del Cuerpo 335 , pasa por tom ar constancia de un fenómeno que por su cerc anía parece pasar desape rcibido: que el cuerpo tiene s u Historia 336 . Si el cue rpo, entre o tros factores, no deja de ser una c onstrucc ión s ocial y simból i ca , es lógi co que las transformacionales en sus estruct uras ele m entales no dejen de afecta rl e. Y no nos refer im os sola mente a la histor ia de sus s istemas co municati vos, insti tucionales, re lacionales o soc iales. La h istórica de l cuerpo no pued e desga jarse de l cue rpo de l a historia: aquel cuerpo s ingu la r en sus el ecc iones de goce y par ti cular en la s inscri pciones s igni fica n tes que dará n pregnancia y continente a la forma qu e va a a loj ar a su subjet ivación, como se verá . Es en e se sentido que la propia v ive nc ia som ática no resulta indemne d el humus cultura l que ac oge al que adviene al mundo, al punto de inc idi r en aspectos tan antropológic os, pero también tan subjetivos, como la s exual ida d, la l ocura, el poder, el pl ace r, el dolor o la procreación: todos ell os presen ta n l a hi storia de su s transformac ion es 337 . 3.3.1. Hi storia, aspectos antropológic os y s oci o lógicos d el cuer po. Para s itua r mí nimame n te la cue st ión, nada mej or que el text o de Ri chard Sennett , Car ne y Pi edra 338 . Donde s e hac e un i nter esante e stud io sobre la evol u ci ón de la vi vencia d el cue rpo, su cuida do y conocim iento, li gado a la construcc ión de la ciudad y s u urbanism o. En la Atenas de Peric les, al red edor del 400 a.C., la exhibición de los cuerpos afi rmaba su condici ón com o ciuda d ano de t al man era que, así como se exponían las opiniones, se conside raba la exposición d e los cuerpos 339 . Y, al igu al que se en trena b an los múscu los ma sculinos se educa b a la voz enseñando a los jóvenes a competir verbalmente, habi lidad que necesitarían pa r a pa rt ic ipar en l a dem ocr acia d e la ci udad. El com portamiento corporal era funda me ntal en el ág ora. Sin emba rgo, en la Roma de Adriano, s obre 118 d.C. l a ex ci tación del deseo puramente corpo r al horror izaba de 334 Op.cit.: 54. 335 Grupo Internacional de Estudios C ulturale s sobre e l Cuer po . Fundado en 2009, C ORPUS reúne actualmente más de tresci entos inves tigadores quienes trabajan en más de s esenta países. CO RPUS quiere participar en la construcción de una antropología amplia y abierta del cuerpo, ofr eciendo es pacios para reflexiones cruzadas y di álogos di sc iplinares alrededor de este fascinante objeto d e estudio (http:/ /corpus.comlu.com/) . 336 La tr ilogía Historia del C u er po d e C orbin,A, Courtine, J. J. y Vigarello, G . (2005 y 2006) , viene a atender es te tipo de e studios, donde se combina la precis ión historiográfica c on el aná lisis de las diversa s producciones c ulturales y antropológica s que toman al cuerpo c omo leiv -motiv. 337 Por pone r algunos breves e jemplos: R. Huertas ( 2017); M. Hen r y ( 2007); R . Esposito (2006) ; M . Foucault (1990,2007,2010,2012) ; T. Aguilar (2008); J . Alem án (2012, 2016); J.M . Ál varez y F. Colina (2016). 338 Sennett, R. Carne y Piedra. El cue rpo y la ciudad e n la civilización occidental . Ed. Alianza. Madr id. 2007. 339 Op.cit.: 35. 55 ma nera si mi lar ta nto a los romanos como a los primeros crist i anos. El paso de l pant eísmo al monoteísmo hizo pon er de manifiesto un gran dram a s obre el cue rpo, el luga r y el tiempo. Cuerpo, casa, foro, im per io, todos, s e basab an en una i magi n ería li ne al . Con el adve nimiento d el Cri st ianismo un cambio en la v ivenc i a corpora l te ndr ía l ugar. E l sufrimi ento corporal adquirió un nuevo va lor espiritual. Un c ristiano t enía la esper anza de acerca rse más a Dios en la m edida en que hiciera indi fer ente al cue rpo 340 . El cue rp o del cristiano deb ía d e a tra vesar los prop ios l ímites del placer y de l dolor a fin d e no senti r nada, de trascender el de s eo. Ademá s, los cuerpos de l os hombres y de las muj eres s on igua les. Y , en segundo lugar, el cristi anismo, s e alió éticamente con la pobreza y la opresi ón 341 . Rec uerdan Le G off y Truong 342 que, e n dic ho peri odo, de un la do, el cuerpo es desprec i ado, conden ado, humi llado. El mode lo hu mano, e l de la socie dad de la alta Edad Medi a, el monje, mortifica el cuerpo. L o qu e sucede e s que, po r otro la do, el cuerpo s e glorifica en e l cristianismo medie v al. E l cue rpo cristiano me dieval est á atr avesado de un extr emo a otro po r esta t ensión, este b al an ceo, est a oscil ación entre el re cha zo y la exaltación, la hu millaci ón y l a v eneración. De est a ma nera, durant e la Al ta Edad Media, se renovó la expe rien cia cri sti ana d e co mpasión por el próji mo, bajo la denominación de l a Imitación de Cr isto, 343 debido a S. F ranc isco de A sís. Sin emba rgo, el cuerpo, el tiempo y el e s pac io económico s de la posterior burguesía par isina d el s ig lo X V se basaban en s u capacida d de agr esión. Esta conc epción del cuerpo se fue agudiz ando en el Renaci mi ento . Un ejemplo de esto sucedi ó en el gue to judí o de Venecia del XVI. Toca r al judío 344 conta mi n a, pero seduce, y su especio segregado repr esent aba un compromiso ent re la necesidad econó mi ca d e trat ar con los judíos y la ave rsión que despertaban. Con la aparición De m otu cordis de H arve y, en 1 628, se inauguró una revo lución - Moderna- en lo que s e refiere a la concepción del cu erpo 345 . La nueva me di ci na, def iní a la s alud, como el flu jo y el movimiento l ibres de las ene rgías de la sangre y de los nervi os. Simil ar e s la opin ión de D avid le Bret ón 346 cua ndo pla ntea que: l a epi stemología del siglo XVII e s tá indisolublement e liga da al cu erpo huma no como una me cánica diferenciable de las demás o, como mucho, un ca pí tul o de la mec ánica general del mundo. Fue este par adi gma de flu jo, salud e individuali d ad dentro d el cuerpo lo qu e fina lmente transformó la rel aci ó n ent r e el cu erpo y l a s ocie d ad 347 mie ntras que, por otr a part e, los de fensores del mercado l ibre del s. XVIII relacionaba n directamente el fluj o del tr abaj o y d el capital en la sociedad con el f lujo d e la sangre y la ene rgí a nerv iosa e n el cuerpo. La Revolución francesa declaró que no podía hab er una verd adera r evolución si el puebl o no la sentí a en s u cuerpo 348 . La Revoluci ón te n í a que invent ar como debía ser un ci udadano. Su icono fu e Mar ianne , modelada com o una diosa gr ie ga, con aspect o d e una joven madre qu e mostraba sus pe chos desnudos y nutri cios al pueblo. P ero el movi miento y la c irculación libres, seguían s ie nd o los principios de la v ida. Est a 340 Op.cit.: 134. 341 Op.cit.: 142. 342 Le G of f y Truong. His toria del cuer po en la Edad Media. Paid ós . Barce lona. 2005: 12-14. 343 Sennett, R. Car ne y P iedra. El cuerpo y la ciudad en la civiliza ción oc cidental . Ed. Ali anza . Madrid. 2007: 174. 344 Op.cit.: 232. 345 Op.cit.: 273. 346 David le Bretón. Antropología del cue rpo y Modernidad. Ed. Nueva Vis ión. Bueno s Aires . 2008: 71- 77. 347 Sennett, R. Car ne y P iedra. El cuerpo y la ciudad en la civiliz a ción occidenta l. E d. Alianza. Madrid. 2007: 280. 348 Op.cit.: 302. 62 refina dísi ma industri a del placer corpor al es que todas sus ofert as no sólo exc luyen la pene tración, s ino que est á orientada a s uprimir cual quie r mediaci ón propi amente huma na. Lo e x trava gante de e s t e e goísmo e s que q uie bra l a regla a n tropológica básic a de los últi mos 15.000 años, sentenc ia S antiago A lba , según la cual el propio placer sexual estaba asociado pr ec isa mente a l a existenci a d e otros cuerpos y a l reconoc i mien to, aunque fuese negativo, de nuestra depende ncia de ellos. El sexo e n Japón se ha emancipado d e l os cu erpos , esas cri at ur as tan inmanejables, ta n incómodas, ta n exigentes, ta n i mprevisibles. La pr ime r a cu estión: que las i máge n es y los instrum entos han absorbido por completo la inte nsi dad de los objet os a los que aludí an o sus ti tuía n. La s egunda cosa, que la nueva soci eda d de perezosos masturba dores sigue siendo machista y masculina . La ú lt i ma sorpresa, se refiere a la na turalidad con que los ja poneses reivi nd ic an su derecho a l a pereza antro pológic a. Y concluye: “¿qu é pasa cua ndo la p ere za ll ega al extremo de c or tar t odo v ínculo -inc luso el de l deseo- con un cue rpo de carne y hueso? ”. Japón, vangu ardia d el capitalismo, está a pun to de liberars e industri almente de la at adur a de los otros Result a obvio la trascendencia de este t ema , con i nnumera bl es rami f ic aciones, y qu e hem os tratado c asi de costa do a modo de del i mi tación de l ca mpo a tratar. Tema que se retom ar á, sobre todo en sus vertie ntes epis t ém icas , étic as y biopol íticas, al alud ir al cue rpo co mo respuesta e int en to de s oluc ión, incluida aquella que a tañe a sus disfunci onalidades. 3.3.2. Asp ectos semi óticos y comunic acionale s del cuerpo. Vamos a conc luir este l ige ro desbroc e de las ref eren cia s sociales y antropológicas de la corporei dad con otro aspe ct o no tratado hasta el mome nto. El que versa s obre l a infl uencia d e l a e tol ogí a, l a se miótica y la e tnol o gía, en e l c ampo d e los estudi os ant ropológicos y socia l es de l a corporeidad 383 . En concret o, los estudios s obre l a proxémic a -l a dist anc ia - personal y am b ie ntal y los l lam ados lenguajes no verbales, que hic ieron furor en las ú ltimas décadas del p asado s igl o, s igue n t enie ndo un a gran vige ncia en los progra mas de entrenamiento d e las den omina d as habilidades soci a le s, role pl aying , formación act or al, política, docente , empresaria l y marketing etc. Para ello, citarem os el trabajo de D omi nique Picard, donde sos tie ne que, s i la vida socia l se presenta bajo el aspect o d e una vari ed ad pr olí fic a, una observación má s at ent a perm itirá discernir regularidades, elementos repe titivos , regla s implícitas o exp lí c it as 384 . El au tor, designa a est a gramática c on el nombre d e “nomos”: el sistema d e reg las que estruc turan la interacción s oci al. E l “topos”, s in e mba rgo, designa el conjunto de las conduc tas virtuales gen era das por el mismo nom os . Estas conductas se ma n ifi estan en forma de “ m at ri ce s de sustit uc ión” , d e s ecuencia s int era cci ón al es, cuyas var ia bl es inde pendientes s erí an e l lugar, el tiempo, e l cont exto, l as cua lidades de los int eractuantes e tc. 385 . En cuanto a las señales corporale s que emiten los int eractuantes - una especie d e m etalengua je que identifica a los interactua n tes co mo e leme n tos de l sistem a d e los usos sociales - s e la s pued e c lasi fi ca r en cuatro ca tegorías, según s u signifi cación: s eñ ales de recono cimie n to , de di ferencia , de puntua ci ón y s eñales que puede n llamarse d e pe rtenencia 386 . Por otra par te, en l a espe cie hu mana , la apa r ici ón del l enguaje ha tenido co mo efe cto reduci r m uchas conductas ritualiz ad as que fueron rempla za d as por l a com unicación 383 Las referencias a E. T. Hall (1989), J. Fast (1971 ), D. Morr i s (1985, 1986), R. Birdwhistell (1979), Corraze (1980), Ve ra Birkenbihl (1983) Marco Pacori (1999) y otr os autores , en e ste s entido, son casi obligadas. 384 Picard, D. Del código al dese o. El cuerpo en la re lación s ocial . E d. Paidós. B uenos Aires . 1986: 25. 385 Op.cit.:26. 386 Op.cit.: 62. 63 verbal . Pero, es posible considera r que la dist anc i a a la que s e mantiene al prójimo es de la misma naturaleza que los comportamientos rituali zados de nuestros le janos ant epasados. La Prox émica - gracias a E. T. Hall (19 89) - se defi n iría entonces , “como el conj unto de obs ervacione s y teorías concernientes al emp le o que e l hombre hace de l espac io como producto cultural específi co ” 387 . Y, en tercer luga r, es con B irdwhistell (1979), qu e l a Kinétic a -el enfoque que tra t a d e la s expresion es corporales, gestos, a ctitudes, mímic a, posturas, mov imientos, etc. en lo que tie nen d e s igni fi ca t ivo para las rela ciones socia les - toma verd adera c arta d e ide ntidad inspirá ndose en e l método l ingüístico. Para Birdwihi stell, habrí a t r es cam pos de e studio: 1) la pr ek inética, que estudia l os dete rminantes fisiológi cos de los movi mientos; 2) la m icrokinética , que ana li z a en tér minos de kin emas los movimient os expresi vos y 3) la ki nét ica s ocial , que at iende al asp ec to cultural de los gestos, mím icas y posturas, a su signi ficado y a su función en una cul tura determinada. Este autor, bajo una conc epción n etament e estructuralista, insist e en que un kin ema no tiene significado en sí mismo s ino en el interior d e un códi go y de u n s iste ma dentro de un as rel ac ion es de c onjunción y de oposición que se ma n tie n en con otros elementos signi fi ca nt es 388 . Es evi dente que, s i bi en el méri to de este autor co nsiste en separar a la K inética del tópi co que asocia cada gesto a una s ignificación simbólica de senti do, cu al presunto dic cionario de co municac ión no verb al , la crí tica qu e se le puede hacer, y que de hecho se hace , es la de a s ocia r el signo corpora l al signo lingüísti co cua ndo no es verda d qu e en e l signo c orpora l ha ya una re la ción significan te-s ignificación a rbitraria, tal cual puede existir en la estruc tura lingü ísti c a: habl amos de s ignos, no de signific ant es. A ca mbio, s í que se puede dec ir que justo por esa ause ncia de signo no verbal , el Lenguaje no verbal , al igual que el in consci en te , está est ructu rado como un l enguaj e : un kinema solo tie ne sen tido, en relación a otro k ine m a 389 . Cam po apasiona n te y enigmático donde los haya, máxi me s i a lo ante r ior venimos a aña dir la s re laci on es ma n teni d as entre di chos sistemas de co municaci ón y los d iferentes códi gos expresivos e iconográfic os . De ahí, la pertinencia d el a p arta do a continuación. 3.4. El cuerpo en el Arte y la Hi stori a de l Arte. En este somero repaso por las manifestaciones de l a corporali dad no quer emos evitar el dedi car un as breves l ínea s a l lug ar ocupado por el cuerpo en e l Arte y en la Historia d el Arte . Desde la estética propia d e la forma de l c uerpo, hasta las diversas representaci on es de la subjetivida d, y b ajo los soportes y lenguajes expresivos má s diversos, el cuerpo h a sido, es y será, uno de los objetos omnipresen tes e n l o que a este cam po con ci ern e. Como dic en Maissonneuve y Bruchon -Schewitz er 390 : “En cuant o al modelo esté t ic o del cue rpo, este ab arc a, además de las obr as de arte , t odo un conjun to de sentimientos y jui cios de belleza, término casi im posib le de d efin ir de entrada”. Para Panofsky 391 la s represent a ciones de l cue rpo en Egipt o procedían de conformi d ad con un m étodo a priori de red cu adri culada e n func ión del cua l construían sus fi guras y sus estereotipos de postura s. Para los g riegos, la obra de art e exist e en un mundo de i deal idad estética, no de realidad mágica com o entre los egi pc ios: el ar te Clásic o, en tonce s , se propon e 387 Picard, D. De l código al des eo. El cu er po en la relación s oci al . E d. Paidós. Buenos Aires.1986: 105. Nota Bene. De julio 2020. H uelga d ecir la inu sitada a ctualidad recobrada por la Proxémica, e n función de las e speciales circunstanc ia s pandémicas que nos encontramos. 388 Op.cit.:116-117. 389 Este tema no s ha ocupado algún tiempo. Entr e ellas: “ ¿Por qué funciona el ju e go infantil ? (Huellas psicoanalíticas en la (psico)motricidad hu mana)” . Revis ta de Psicomotricidad. Nº 42. Ed. APP. Barcelona. 2018. 390 M aissonneuve, J . y B ruchon-Schewitze r, M. 1984. Modelo s del cu er po y Psicología es tética . Ed. Paidós. Bue nos Aire s.1984: 9. 391 Op.cit.:145-170. 64 superar los aludidos obstác u los y se orient a h acia un modelo antropométrico qu e toda vía s e atiene a las proporciones objetiva s, pe ro s in prede ter mina r s u r eproducc ió n té cnica. El estilo del arte M edieval, un a especie d e esquem at i za ción planimétrica se li mita a organ iza r t écnicam en te l a operación de reducir la pin tura a la s uperf ic ie. El sistema Gótic o, tra ta de un mét odo experimental que permi te captar los cont ornos de las forma s y las direcciones de los mov imientos. Sin emba rgo, e l Rena ci mien to italiano real i zará s u sínte sis con la mística del número y una cosmología arm ón ica , vinculándola con la sime tr ía como pr inc ip io de p erfección artística : las proporc iones de l cuerpo huma no son c ele br adas como encarnación visible d e la armonía music al y astral. Durero (1471 -1528), renunci aría a l ideal único de belleza para e la borar hasta 26 tipos ca racterísticos que, según é l, pu ede n escapar a la feal dad pura. Pero la verdadera ruptur a con el id eal form al l legó con Rembrandt (1606 -1669), que quiso rechazar conv enci on es que a su juicio eran suscepti bles d e ha cer anqu ilosar al art ista. El d esnudo del cue rpo aparecerá en la te or í a y en la p edagogía a rt ísti c a en la Europa de l X V, cuando los pintores se li beraron de su cond ici ón de art esanos. El Ac ademicismo mani fiesta entonces una aguda preocupaci ón por l a ana to mí a, por la estruc tura y los gestos de l cuerpo. Pero este t ipo de p asión pe rc eptual bi en pro n to ray ará en afec tación téc n ica . En 1865, la O lympia de M anet (1832 -1883), es toma d a como punto de refere nci a de una verdade ra m od ernida d y el lo e s así porque su a utor com ete una ve rdadera transgresión de las condiciones de la de snudez. Cier to re a li smo del desnudo rasgaba los vel os d e idealidad. Ahora ya s e hacía posible toda representación del cuerpo. Ent re 1880 y 1930 pueden distinguirse varia s corrien tes esté t icas respe c to a l cue rpo: -Los pint ores del cuerpo Cuidado : habl a mos del cu erpo mi mado, d el cue rpo glor ioso: Renoi r, Gauguín, Bonnard, Modigliani. -Un s egundo grupo, pintore s del cuerpo A cosado o humi ll ado com o Deg ás, Lautrec, al ac echo del cue rpo móvi l, del gesto espontáneo. -Una tercera corriente com prend e a dos pintor es irreducti bl es ent r e sí, pero que t ie nen el rasgo com ún de considerar el cuerpo com o un obj e to de búsqueda Forma l : M at isse y Pica ss o. Para el prime ro de estos úl tim os , los cuerpos de mujer son poco deseabl es, obje tos de con tem p la ción forma l en una d ecoración tornasola da. F ue P . Pic asso (1881 - 1973), quien perpe tró el sacrilegio radical: el de la dislocación anat óm ica, ensañ ándose con la estruc tura del rostro y la aparie ncia huma na hasta considerársel e un liquidador del a rt e. Pero, no en absoluto liquidador de la i m agen del c uerpo. En la Historia de l Cuerpo 392 dedi cado a l si glo XX : “L a m irada y el e spect á culo” , podremos repa rar en las dive rs as repr esent aciones q ue del cue rpo se h an elaborado a lo la rgo de este pasado sig lo. D esde el cuerpo en la pan tal l a y el espectácul o, p int ura, en e l ci ne, en la danza, en e l teatro, performa n ces, fotografí a etc. El resul tado de esta evol ución es que el cu erpo de “f in de siglo” es, a la vez , suj eto y ob jet o d el acto artísti co . Y, s obre todo, se vue lve omn ipresent e, en la s im áge nes fotográficas y d e vide o. A pa r tir de los a ños nov enta, e l 80 -90%, del art e a dopta el cuerpo com o ob jet o. El ar te moderno s e ha a caba do. El cuerpo par ece ofr ece r, en es tas condici on es, el úl tim o punto de anclaje al que agarrarse. Juan Antonio Ram írez 393 (2003) ofrec e un anál isis de esta cuesti ón. En su ensayo, trata de construir un mapa de l cue rpo en el art e cont emporá neo. S egún é l, la apa cible tradi c ión del estudio de l a anatomía e n la formación artí sti ca se h a v isto convulsiona d a a lo largo del s iglo p asado por un a mu lti p lic id ad de pr opuestas a ca rgo de profesionales y soportes de lo más dive rso. Sin concret ar una teoría explí c it a, re corre las propuesta s crea t ivas que tom an a s u cargo pintores, escultores, fotógr afos, performe rs, instala dor es, 392 Corbin, A.; Courtine, J.J. y Viga rello, G . Historia del C ue rpo. Ed. S antillana. Ma drid. 2006: 417- 418. 393 Ramírez, J uan Antonio. Corpus Solu s. Ed. S iruela. Madrid. 2003. 65 vide oartistas, etc 394 . Por su parte, Juan Vic ent e Aliaga en una exposic ión 395 , com isar iad a por él , nos dice que e st e e s un proyect o “ve rt ebra d o medi ante la apa rición de di s t int as represent a ciones del deseo y de las dive rsas s u bjet iv ida des que se enfrent an a la norma y al poder patriarcal y heterosexi s t a” 396 . 3.5. El Cuerpo en la Psiquiat r í a: l a Medici na Psicosom á t ica. Sin duda a lguna, dond e el conce p to de l Cuerpo ha te nido mayor relevancia en lo referi do al ámbito c lí ni co de l a P siquiat r ía es en la deno mina d a Medi ci na Psic osom áti ca. Esa que se ocupa tanto del sus tra to corpora l de dichas afe c ci ones como de los efectos m entales en d iversas pato logía s org áni ca s. Tampoco se pr etende hacer un exhausti vo re corri do de esta ra ma, pero no qu eremos dejar de r eferirnos a ella por cua nto será acá donde s e d eposit arán algunas de las conclusiones del pr esent e estudio. El ya c lá sico text o d e Henri Ey 397 , dedica un apartad o a la Med ici na Psicosomátic a . Conspicuo representante de l a l lama d a psiquia tría psicodinámic a, a par ti r d e s u organodinamismo , fue m uy aprec iado en su t iem po por e l propio J . La can. A hí re fiere que: “se h abla de neurosis d e órgano, d e af ecciones o de medicinas ps ic osomáticas para designa r aspectos de la pa tología general qu e están rela c ionados con la v ida psíqu ic a consci ente e inconscie n te” . La Psic osomáti ca, prime ro, de signa l a t endencia a com prender todos los hechos de una s ituación en la unida d del organismo. Es lo que podría denominarse una actit ud psi cosomática: en este sent ido todas las e nfer me dad es son ps ic osomáti cas. En segundo lug ar, todo síntoma o síndrom e func ional , en el cual el mé dico encuentra t ant o una expresión fisio lógica como una expr esión psicol óg ica , ma nifiestamente coordinadas. Una terce r a c a te gorí a, designa ve rdaderas enf ermedades que expresan un estilo part ic ul ar de persona lida d : auténticas af ecciones psicosomáticas . La propia H istoria de la Medici na 398 mue stra el balanceo de las doc trina s y prác tica s ent re los dos polos del conocimiento: la enf ermeda d como una reacción del enfermo a la s condi cione s de su exist enc ia: es la doc trina hipoc ráti c a. O bien, por el cont r ario, un a espec ie de par ásito que habi ta el int erior de su orga nismo, una le sión de su dispos ic ión ce lular: es la do ct rina d e los pri meros anatomistas hasta los descubri mientos en caden a de los últimos ci en años. Dos corrientes en tonce s: u na más ob je t iva y otra más hum ana. A la mi r ada d e unos , el s uje to “ está” enf ermo; a la mi rada de los o tros el suj et o “ tie ne” una e nfermedad 399 . 394 Donde s on tratados, con la s herramienta s de l historiador y crítico, as pectos como puedan s er el cue rpo ideal, el movimiento, el des nudo, la pie l pintada, el s ufr imiento , la vejac ión, la huella de l cuerpo, la ropa, las lágrimas , el sexo etc . A lo largo de esta obra des filan, ent once s, las obras de un Pica s so, Duc hamp Miró, Dalí, Matis se, Man zoni, Pistoletto, etc. has t a a lgunas mu cho más actual es del último ter cio del siglo pasa do: Orlán, Mendi eta, Lygia Clark, Rebeca Horn, C. S herman, Elena de Rivero… 395 Aliaga, Jua n Vic ente. “E n todas par tes. Políticas da diversida de sex ual na art e”. Del 14 mayo al 20 septiembre de 2009. En CG A C. Santiago de Compos tela. 2009 . 396 “Esto ayuda rá a entende r la s dis tinta s percepciones exis tentes sob re la homosexualidad y la transexualidad, por ejemplo” (Aliaga, 2009). 397 Ey, Henry; Bernard, P. y. Brisset, Ch. Tratado de Psiquiatrí a, Ed. Toray-M ass on. Ba rcelona. 1980: 903 398 Op.cit.: 904. 399 “Des de esta inicial a proximación con ce ptual podemos di stinguir, al menos , cuatro ár ea s ligadas al terr eno d e la medicina psicosomática . Una. Enf ermedades o rgánicas que s e presentan con síntoma s psiquiátricos : e s propiamente el ca mpo acotado por la me dic ina ps ico somática. En segundo lugar: los efectos s omático s , or gáni co s, de las patologías me ntale s . Dentro de l campo de la psiquiatría clínica misma. Tercer luga r: las afecciones de la pr opia cor po r eidad , las que a fe cta n a la vivencia de l cu e rpo propio: los ll amados tras tornos somatomorfos . Un cua rto ámbito, con el que se confunden, vendría definido por la s llamada s terapé uticas ps icosomáticas o ps ico c orpor ale s , que, por pretender un abordaje integral o global del s uj eto indepe ndiente de patogeni a origin aria se ve n como parte integrante de e sta rama médica . Estas reflexion es enc ontraron s us orígenes en los e studios de G roddeck” (Nasio, Juan David. Los gr itos del cuerpo. Ed. Paidós. Buenos Aires. 1996: 140). 66 En el m ovi mi ento ps icosomático contempor áneo c o nvergi eron diversas corrientes 400 . A su vez, tres grandes Escuela s se han distinguido en las investiga ci on es psicosomát i cas mode rnas: la escuela Ame ricana (Alexande r, D unba r, We issy, Cobb , Deutsch, G rinker y Spiegel etc ) de inspiración ps ic oan al ítica. La esc uela Rusa (Bykov), de inspirac ión refle xológ ica. Y l a escuela A lemana (Schwartz, Von Krehl, Von Bergma n) d e inspira ción biológica y f ilosófica . A demás, hay qu e reseñar la s actuales corr ien tes d e inve stigación experimenta l es psicofi siológicas. Kapla n 401 , en su segundo text o, nos dice que la medicina ps ic osom ática “enfatiza l a unida d de m ente y c u erpo y s u interacci ón. Trata de la re lación entre los factores psicol ógicos y fisiológi cos que intervienen en la géne sis o el mant enimient o de los esta dos morbosos”. Dentro de los fa ct ores E tiológic os dest aca n : 1. - Factores estresante s y 2.- Factores psic o lógic os 402 . Respec to a l D iagnósti co D ife r encial, señ ala mul titud de enferm edades médicas y neuro lógic as q ue pueden presentarse con s ínt om as psiquiá tricos, y que deben difere n cia rs e de los verdaderos trastornos psiquiát ricos. A su vez , a lgunos trastornos psiqu iát ri cos man ifi estan s íntomas somáticos asociados. Pero e n gene ral, no h ay una l esión orgáni ca a lguna que ju stifi que los síntomas. En cuanto al Tratamiento, habit ua lm en te s e propone: 1.- Enfoqu e colaborador; 2.- P sicote r apia; 3.- Farmacote rapia. Por otra parte, y como anteriormente se ha nombr ado, no ya junto con la medicina psicosomá tica propia mente dic ha, pero s i muy c erca , dentro del campo de la psiqui at ría, se encue ntran los Tras tornos Somatomor fos (inc lui d os j unto a los tra stornos facti cios y de sim ulación). El término som atomorfo 403 procede del gri ego soma , qu e signi fi c a cue rpo; estos trastornos se caracterizan por s ignos y s ínt om as somáticos que h ac en pensar en una enferme d ad médica; sin e mba rgo, en la expl ora ci ón, no s e expl i ca tot almente por ningún trastorno médico conoc i do, produci endo un sufri mi en to im portante o alteración funcional d el pa ciente. En el DS M-V 404 , text o de referencia mundial a n i vel nosológico, s e d ice qu e los “trastornos de sínt omas so máticos”, constit uyen una nueva cat egor ía en el DS M - V. Su preval encia en la población a du lt a g eneral puede estar ent r e e l 5 y e l 7 %. . Ta les sín tom as apare c en en diversa medida, en part icular, en e l tras torno de conv ersión, pero los trastornos de s ínt om as som áti cos también pu eden ac ompañar a otros trastornos médi cos diagnosticad os. La fiabi lida d de la det erminación de que un síntoma s omátic o carece d e explicaci ón médica es li mitada, y e laborar un d iagnósti co en ausencia de tal exp licaci ón es proble mático y refuerza el du al ismo m ente- cu e rpo. No es apropiado dia gnosticar a una persona un tra s torno me n tal sólo por el hec ho de qu e no se pueda de mostrar un a causa mé d ica . A demás, la presenc ia d e un dia gnóstico médico no ex cluye la pos ibilidad d e un trastorno me ntal conc omitante, in cluye ndo el trastorno de síntomas s omát i cos y trastornos rela c ionados 405 . 400 Neurólogos como Ja ck s on y G oldstein, morfól ogos como Si ga ud y Pende, clínico s como Leriche o Tz anck, fisiólogo s como Seyle y muchos otros autores, pe rte nec en a la mi s ma tendencia de en c arar e l conjunto de datos ps ico soc iale s en la c on s titución de la enferme dad 401 Kaplan & Sadock. Psiquiatría Clínica. 2005 y Kaplan & Sa dock. Manual de bolsillo de psiquiatría clínica. 2007: 226-232. 402 “a. -Hans Selye desc ribió el Síndr ome de adaptac ión general. b. -G eo rge Engel: e n estado de es trés todos los mecanis mos neurorreguladores expe rim entan c ambios funcionales que reduce n los mec anismos homeostáticos corporales. c. -Walter Cannon demos tró que , bajo e l estré s , se a c tiva el sistema ne rvioso vegetativo para preparar al organismo a una res pu e sta de lucha o huida” . 403 Op.cit.:167-178. 404 Asoc iación American a de Psiquiatría (APA). 2014: 309-327. 405 Op.cit.: 309 67 Ent re ellos, encontramos e l Trastorno d e s íntom as som átic os 300.82 (F45.1), el Trast orno de ans ie dad por enfermedad 300.7 (F.45.1), el Trastorno d e convers ión (trast orno de síntomas neurol óg ic o s func ionales), Fa ctore s ps ic o lógic os qu e in fluyen en otras afec cione s médicas, el Trastorno fac t ic io 30 0.19 (F68. 10), otros trastornos de síntomas somáticos, tras tornos relac ionados e specificados 300.89 (F 45.8) y el Trast orno de síntom as s omá tic os y trast ornos relacionados no e specifi c ados 300.82 (F 45.9). A todos estos trastornos, a ntes m enta dos , h abría que a ñad ir: l os trastornos del neurodesarrollo, psicóticos, depresivos, bipol ar es, o bsesivo compulsiv o, de la conducta ali mentaria, de la excrec ión, disr uptivos, del sueño -vigi l ia, disfunciones sexuales y de géne ro, del control de los i mpulsos y de la conduc ta etc. Sin olvida r, com o se h a indi c ado, que no hay, prácticame n te, enfer meda d me nta l al gun a que esca pe a algún ti po de proyección corporal, sea como traduc ción s omát ica del confl icto, o sea, como efecto sec undar io de l prop io curso de la e nfer medad. Para G on zál ez de Rivera 406 , continuando en el ámb it o médic o cont e mporá neo, el punt o de vista de l Unitarismo Bimodal, par ece ser el más pragmático y funcional , con lo qu e la psicosomá t ic a, serí a l a discipli n a que trata de i nt egra r los fenóm enos biol ógicos, l os psicol ógicos y los s ociales. En ella s e insist e en co nsiderar al ho mbre en s u tot alidad, presta ndo atenci ón a sus ci r cunstancias s oci ales y a su estado ps ic ológico. Est a int egración pu ede efectuarse a niv eles de inve stigación, con lo que tendemos la C ie nc ia Psic osom áti ca o a ni vele s de praxis mé d ica: l a Medic ina Psicosomática 407 . A este respec to, h abría que diferenciar en tre s íntoma fu nciona l, conversión y enfermedad psicosomá tica. En un senti do ampli o s e denomi na s íntoma funci onal a la percepción subjet iva de malestar f ísic o en ausencia d e bases p at ológi cas d emostra b le s. S e h abl a de conv ersión, al referirse a un proceso automático e invol untari o mediante el cua l im pulsos ps íquic os inac eptables, el im inados de la conci en ci a por el mecanismo de la represión, encue n tra n su salida transformándose e n im pulsos que modi fi can al gun a función orgánic a. En tre los síndromes clíni cos que ilustran típicam en te el proceso de conve rsión en la prá ct i ca médica son los: trastornos de las func ione s motoras, ta les com o par áli sis, ti cs y convul sion es; tr astornos d e las fun ci ones sensori al es, como ane stesias, p are stesias, ce gueras y do lores; y tra st ornos respira torios, circ u lat or ios o dige stivos como expresión sim bó lica, del impul so pr ohibido, de la defe ns a o d e a mbos. Por lo que se refiere a la enf ermedad o trastorno psi cosomático encontramos, al menos, ci nco conce p ci ones: ps icoge n ic id ad, a lte r ac ión funcional, inf luenciabilida d ps ic ológica, espec ificidad, multicausalidad y fr aca so d e l as defensas 408 . Por último, no pu ede pasars e por alt o lo qu e se conoce com o l a l l am ada personali dad psicosomátic a 409 . 406 G onzález de R ivera, J. L. Medicina Psicosomáti ca. Ed. ICEPPS. Las Palmas de G ran Canaria. 1996: 14-25. 407 Para este autor, tomando una de finición de Lipowsky (196 9), los pos tulados bá sicos del e nfoque psicos omático en Medicina s erían: 1. -La salud y la e nfermed ad s on es tado s de terminados por múltiples factores biológicos, psicológico s y sociales y no h ay una línea clara de d emarcación e ntre la s do s. 2. -Los acontec imientos pued e n repercutir en todos los demás nivel es.3. -E l diagnóstico médico debe, ade má s , conside rar la s ituación total del paciente. 4. -Deben tenerse en c uenta los fa ctores p sicos o c iales. 5. -L a relación es tablecida e ntre e l paciente y aquellos que se ocupan de él influye e n el curso de la enfe rmedad y en la eficacia del tratamiento. 6. -La ps icoterapia puede s er eficaz cuando los factores psicológicos contribuyen de manera significativa en una enfermedad dada . 408 “Por apa ratos, podemos encontrar con el reuma psic ógeno, el calambre ocupacional y la artritis reumatoide como tr as tornos del sistema Músculo-Esquelético . Entr e los Res piratorios : el síndrome de hiperventilacíon aguda y c rónica, la dis nea y el a sma bronquial. Referidos a las a feccione s Car diovasculare s : los trastornos de l ritmo c ardíaco, las coron a riopatías, la hipotens ión y el s íncope y la hipertensión ese ncial. A los Der matológico s des tacan: el prur ito, la rosácea, urticarias, ne urodematitis, hiperhidr osis y la se nsibilizacíon autoeritrocitaria. Dentro de los trastornos Digestivos: ha brá que nombrar la anorexia, la emes i s , la disfagia, l a distensión abdominal y aerof a gia, la úlcera péptica , la colitis ulc erosa y el colon irr itable. No hay que de s deñar la influenci a de los proce so s ps icofisiológico s cuando es tén referid os al Cáncer y a la s neoplas ias” (Op.cit.: 127-186). 409 “Cuya s caracterí sticas, siguiendo a P. Ma rty, a grande s ras gos s erían: los de unas rela c iones obje tale s 68 Desde una perspe cti v a a lgo diferente Calla b ed, Co me llas y Mardom ingo 410 defi nen la me dicina ps ic osomá ti ca -toma d a de Kreisler- com o: “aquella concepción doc trinal y pat ogénica qu e a cept a e incluye los fac tores psíquicos y conflictuales en e l det erminismo o en el d esarrollo d e las enferme d ad es físic as”. Est ablecie ndo un a línea biol ógica que se ex tie nde sobre los sistem as i n mun ológi co y endo cri no y cen trados, e n este texto, sobre las desorganiza c ione s parc ia les o tot ale s infantiles 411 . Sin emba rgo, en la búsqueda de una “teoría inte grada” u hol ísti ca que explique la int errelación ent re la afectación orgánica y l a men tal vem os que no s olo s e ti enen en cue nta f ac tores neuroendocrinos, i n munopsicofi sio l ógic os o cognitivos. La emergencia de fac tores sociales, antropológicos, fa milia r es, ener gét icos o simplemente subjetivos e inc onscientes, como causa eti o lógica, cada vez toma mayor fuerza en de terminada s corrie nt es del cam po psicosomático. Lo cua l d ifi culta, aún más, su definición im poniendo una obligada revi sión ep istem o lógica de sus alc ance s. V eam os algunos ej emplos. A Luigi O nnis 412 , se le considera un exponente de la escue l a italiana de Terapia Famil iar y Sisté mica. La crisis de la medicina ps ic os omática, s egún él, tendría s u origen en la contra di cc ión en tre una exigencia de unid ad y tota lida d e in te rpre ta ciones dic otómicas que inexorablemente tra i ci onan di cha exigencia. S egún s u conc epc ión, el cue rpo, en t anto cuerpo v ivie n te y vivido, s e convierte en el terr eno privi le gi ado par a esta s múlt ip le s inte rse cci on es de ni vele s . Como c on cl usión, la intervención te rap éutica debe agrandarse hacia el s istema familiar y global. Desde otra perspe ctiva, partiendo de l a teorizaci ón de W. Rei ch y A. Lowen, s e podría habl ar, a su vez, de una M edicina Psi cosomática d e i ns piración B ioenergétic a. Gilbert Tordj man 413 (1978) alude a W. Reich e n ta nto la expresión o la representación de un a em oción se aco mpa ña s i em pre de una mod ificaci ó n d e nuestro cuerpo, tanto ex teri o r com o a nivel de func iones orgáni c as 414 . Porque el trau mati s mo qu e provoca e l síntoma psicosomá tico es, con frecue ncia , una in cide n te ba nal o no especí fico, ca da ind ividuo ti ene s u propia mane r a de reacci onar ante los acontec i mi en tos. Si el paciente expresa con su cuerpo lo que el inconsciente oculta, en lugar de torna r consciente s s us em ociones las ha somatiz ado 415 En e l enc uentro entr e e l inconsciente freudiano y ci ertas orientaci on es neurobi ológ icas y psicosoci ológicas que compon en el actual psicoa n álisis postfreudi ano y l a psiqui a trí a, marcadamente c arentes de a fecto, un pen sa miento operativ o c aracterizado por ser exage radamente pragmático y de scriptivo, ale xitimia o dificultad extrema de de scribir lo s es tados emoc ional es , normalidad ps íquica aparente c on buena adaptac ión s ocial, t endencia a gesticulación corporal o facial sumada s a manife s taciones sensoriom otrices ines pecífica s e i nercia de las asociaciones con respuestas cortas y terminales, escasa e laboración y omisión de detalles dr a máticos o dolorosos” (Op.cit.: 127 -186). 410 Callabed, J ; Com ellas, M . J. y Mardomingo, M. J. Las e nfe r medades psicosomáticas y su relación con la familia y la escuela . Ed. L aertes. B arcelona. 1997: 15, 53 y 1 52. 411 “¿Que signos de alar m a debieran de t enerse e n cuenta e n los as pectos psicosomáticos infantile s ? Por lo que se atañe a l niño, y ya desde el primer año de vida , de ber emos atender a s ignos como: problemas de alimentación, trastornos del s ueño, exc e siva irrit abilidad, llanto exc esivo, excesiva suc ción, much a actividad motora, hipertonía, letargia, marasmo, in diferencia a los estímulos, autismo infantil , detenc ión del desa rr ollo, negativismo, baja tolerancia a la f rustración, rabieta s, apatía, retraimiento, neg atividad, depresión, anorexia, s tress, falta de disc rimin ación s ocial, ausencia de vínculo con la madre, desinterés por los objetos o por el juego, problemas de e liminación, balan ceo, golpe s en l a c ab e za e tc. En la madre, signos c oncomitantes: rechazo o in diferencia hac ia el niño, ansie dad, depresión, intolerancia, despreoc upación, baja auto es tima, s entimiento de c ulpabil idad, falta de autocontrol, a gresividad, violencia, ne gligencia y descuidos , madre distante e impe rsonal, hos til, sobreprotectora, rígida o frustr ante adrede al niño, así como desinterés por el niño” (Op. cit.:15, 53 y 152). 412 Onnis, L. La palabra del Cuer po . Ed. Herder. Barcelona. 1997 :16, 22 y 31. 413 Tordjman, G . Como c ompre nde r las e nfe rmedades ps ico s omát ic as. Ed. G ranica. Barce lona.1978. 414 Op.cit.: 21. 415 Op.cit.: 33-36. 69 debe mos mentar alguna aportación. José G uimón 416 e s un ma gnífico referente de lo s estudi os del cuerpo, desde cierta s corrientes neuro- ps icoanal ít icas. En s u obra, inci de espec ialmente e n lo que se refiere a la ps icopa to logía d e l a corpor ali dad, térm in o enunc iado por L. Ibor en 1974. La corporalida d 417 , es entendida aqu í como l a expe riencia vivida del cu erpo en tanto re alidad fenomenol óg ica . E l método psicoa nalítico permitió la noción de cuerpo libidinal, objeto y mot or de la s pulsiones. El fraca s o de los me cani s mos de ajust e e n r elación con la s imágenes per iódi camente ac tualizadas del cue rpo propio, daría lugar p rincipalme n te a al te raciones del conoc imiento corporal 418 . Desde est e modelo c oncept ual, el autor va pa sando r evista a los grandes síndro mes psicomotores p ara t erminar con un in tere san te a partado ref eri do al cuerpo y l a psico terapia, donde describe diversos aborda jes y de manda ndo un a forma ción específica re s pe ct o a las intervenciones de m edi ación c or poral 419 . Sin em bargo, para concluir este apa rtado quedaría al umbrar l os princ ipi os que sostengan una m edicina psicosomática des de una neta orientaci ón psicoana lítica 420 . Juan David N asio 421 , parte del supuesto de que cada su jet o tiene dos anatomías. Si de la prim era da cue n ta la me d ici n a, la segunda es la que s e forma gracia s a nuestra perce pc ión in te rna. Eso lleva a Nasio a disti n gu ir ent re el s uje to en la lesión de órg ano y el sujeto de la l esión de órgano. En el prim ero, no es el sujet o dividido del inconsciente, por la c lara razón d e que él r esulta d e la forc lusión del Nombre d el Padre; con lo qu e a la pregun ta s obre su estadío lo si túa en el autoerotis mo o narcisismo pri ma rio, es decir, en el más puro est ilo freudiano bajo el retorno d e la libido al yo. En l a histeria, en ca mbio, e l yo es tomado com o ob je to sexual median te la i ma gen virtual del otro más la sobra en e sa imagen. Por su parte, M. Recal ca ti 422 señal a que : “la identidad im agina r ia del cuerpo desca nsa sobre un principio de aje n idad. Afir mar que el cu erpo es el lugar d el Otro, s ignifica disti nguir el cuerpo y el sujeto, en e l sen ti do de una i ntim id ad que excluyera al Ot ro”. Concl uyamos e ste te rc er ap arta do, gené r ico y aplicado. Con l o presenta do hast a ahor a, hem os podido dot arnos de una m íni m a visión p an orámi ca de aqu ellas regione s de la cul tura, donde e l cue rpo ha t enido cabida. Dejando aparte aquellos ámbitos que no hemos tomado en consideraci ón, v aria s con clusiones emerge n ca si de inm ed ia to, en esta s reseñas introductori as. -Una de ella s, es e l poder que e l cue rpo irra di a ha cia sus más diversa s producciones: prácti camente en todos los ámbitos humanos , el cuerpo hace s entir s u presen cia . A los cua l se añ ade, además, su m ás rabiosa ac tua lidad. Cote jando la bib liografía manejada, com probamos un progresivo aumento de todo tipo de estudios refe r idos a él . -Con lo que, una pr egunta es pl ant eada ca si de in m edia to : la de s i e l c u erpo, tal y com o hoy en día lo recono ce mos no fue una inv enci ón, un efect o prop io de l dec live d e l a Modernida d y del adve ni mi ento de l a era P ostmode r na, postindustria l. Lo c iert o, es que este cuerpo -si inferimos la enc arnación d e los de terminantes si mból i cos en l as letras de toda una época- ni siqu ie ra es el que la Modernidad quiso inspirar y hac er uso . Es más. -¿No sería má s bi en, que el c uerpo - al igual que la propia psico logí a infantil, o el lug ar cont emporáneo de la M ujer - fu e una de las c onsecue n cias determinantes del 416 G uimón, J. Los lugare s del cuerpo. Ed. F undación Vidal i Ba rr aquer. Ba rcelona. 1999. 417 Op. cit.: 16. 418 Op.cit.:245. 419 No podemos es tar más de acuerdo con es ta última a notació n. Máxime cua ndo, si como mucho se admiten dich os abordajes en la clínic a menta l, lo son s iempre de modo parcial, recreativos o rehabilitadores y referidos a algunas téc nicas concretas (masaje, pac king, e xpresión corporal etc.) y no a una verdadera ps icoterapia cor poral qu e integre diversa s prá cticas . 420 Cue stión que s e despliega e n el Capítulo 10.4.- dedica do a las contribuciones sobre el Cuerpo desde Freud y L acan, a unque no podamos por menos qu e citar alguna s hipótes is previa s. 421 Nas io, J. D. Los g r itos del cuerpo. Ed. Paidós. Buenos Aires. 1 996: 158-184. 422 Rec alcati, M . C línica del vacío. Ed. Síntesis. Madrid. 2003: 25 4-258. 70 descubrimie nto freud iano ? , ¿No resulta rá - continuamos- que, desde Freud, no pued en separa rse nít id am ente la s esferas s omat ops íquicas de la subjeti vida d, t al y como sostiene n J. S tarobi ns ki 423 o J. L. Nancy 424 ?. ¿Y que esta urdimbre, e sta art ic ul ac ión, ya no puede ser ignorada en aquellos ca minos en que la actividad hum ana es proyect ad a? 425 . Esta es, cl ar am ente, una de las hipó te sis de l prese nte tr abaj o, si nos re mitimos a los estudi os que algunos de los autore s, an te riormente ci ta dos, han realizado: En ve rdad, e l cue rpo como vive n cia ex istenc i al , como sujeto primordial, el cue rpo que de sea y sie n te -con excepci ón d el cue rp o sufriente , mort ifi c ado que así procura merecer s u salvación - no se manifi esta co mo objet o d e reconoc i miento y, a fortiori , de apología ante s d e fines del siglo XIX , mom ento en que innovadore s insignes (Freud, Nietz she) y cie r tos movi mientos de l ar te (o de antiarte ) … pondr án en escena un c uerpo sexuado c on sus fant asías, sus ardores y sus furor es 426 . 423 Starobinski, J. Razones del cuerpo. Ed. Cuatro. Valladolid.199 9: 66. 424 Nancy, J .L. 58 indicios sobre el cu er po. Ed. La Cebra. Buenos Aires .2010: 53. 425 Heller, A. y Fehér, F. Biopol ít ica. La modernidad y la liber aci ón de l cuer po . Ed. P enínsula . Barc elona. 1995: 20. 426 M aissonneuve, J . y B ruchon-Schewitze r, M. 1984 . Modelo s del cu erpo y Psicología esté tica . Ed. Paidós. Bue nos Aire s. 1984: 14. 71 4. La cuestión del cuer po: bordes somáticos. 4.1. Introducci ón. La cuestión de l Cuerpo, sus vertient es epistémica s, clíni ca, t erapé ut ic a y formativa, com o se ha ido mostrado inicialmente , s iempre h a si do motivo de un gran deb ate en sus respec tivos á mb it os de refl exión, de deb ate o apl icación. D ic e D. Denís : “ se com prenderá entonces qu e hab lar del cue rpo puede ser una manera el eg ant e de decir cua lquier cosa y -ev entualme n te- d e hablar d e o tra cosa. Hay que resolve rse pues a habl ar del cuerpo” 427 . Si nuestro c uerpo es el órgano de lo pos ible conlle va t ambi én e l sel lo de lo i nevi t abl e . Por eso el “discurso s obre el cuerpo nunca puede ser neutro” , anota M. Bernard 428 . Efec t ivamente, como s e ha ido adelanta ndo, no hay persp ect iva filosófica, ant ropológica, histórica, teológica, cie n tífi co -pos iti vista, soci al o estética que no hay a reservado un ci erto lug ar a la cuestión de la corpora lidad o la corporeidad. Y vice versa, habl ar -por el hecho de hab lar- d el cuerpo y a (pr e)supon e una conce pc ión ón tica y ontol ógica previa s, de lo que es el ser y lo ente de lo humano, desde una pos ición epi stémica determinada 429 . De manera consciente, o n o, todo suj et o en tanto s uje to, y por el he cho d e serlo, ya pre s en ta una versión figurada del c u erpo propio o ajeno. Dicho de otra man era. Tra tar de def inir al Cuer po, en cuanto tal, ya implica un ac otamiento, una modelizac ión, una perspectiva to ma da inicialmente. Prete nder hablar del cuerpo entonces, invita a dar a conoce r, r espe cto a qué, a quienes , cuando y d esde donde, s e habl a de l cuerpo. Efe ctivamente , no existe el cuerpo neutro . Este debate se ha desarrol lado y ya desde s us ini ci os, por la s opo s ici ones y r efere nc ia s que lo h an ca racterizado. Cuerpo en referencia a l alma, al s uj et o, a la Mente, al individuo de lo socia l o de lo antropológico, a lo orgánico de l ce rebr o o la cognición… En consecuencia, a lo largo del presente ca p it ulo re visarem os , una s eri e de cuestiones preli m inares qu e van a ser const ante s, en lo que a los estudios del cu erpo c o m pet en. Como no es ob je to de la pr esente investi g ac ión estable cer exhaust iva mente los modelos que estas oposic ione s han gener ado, nos centra rem os en est abl e ce r un as breves pinc eladas que permita n ce rc ar nuestro verdadero ob je to de estudio 430 . Veam os, entonc es, a lgunas aproxi m ac iones, a p arti r d e sus dif erentes posiciones conc eptuales. A favor de la un idad de la vida ps íquica y c or poral s e d efi ne Jacque s D ropsy 431 , cua ndo despliega di cho conce pto, af irm ando que: “cue rpo y psique, vida interi or y expresi ón corporal resulta n insepara b le s en el hombr e vivo y a l erta”. En una línea similar, otro de los ensayistas más r econoci dos en est e ámbito es J ea n Starobi nski 432 . La atención que mostró ha ci a l a s relac iones an tropológicas y huma nísticas de la medicin a, pone al descubiert o su influe nc ia del existencialismo (Sartre ), la fenomenología (M - P onty) y la epistemologí a de G . Ba chelard. “ ¿Hemos 427 Denis, D. El cuerpo enseñado . Ed. Paidós. Barcelona.1980: 14 . 428 Bernard, M. El Cuerpo. Ed. Paidós. Buenos Aires . 1980: 12. 429 Por la simple cues tión de que, aunque del c uerpo pueda habla rse mucho, de masiado inc lu s o, no puede decirse todo de é l. De h echo, esto suce d e a sí porque a nadie le r es ulta ajena la c uestión del cuerpo. 430 A medida que vayamos tratando la c uestión del Cuerpo a part ir de su variada polisemia, los diversos modelos y campos de estudio que la s ustentan, dicho re corrido se ir á de c a ntando a lo pr opio de l Cuer po , al en-sí del c uerpo mismo, efecto de sus pivote s epis témico s . 431 “es ta manera de conce bir a l hombre como una unidad indisoluble mantuvo s u vigencia en la cultu ra occidental hasta el Renacimiento. La medicina hipoc rática d e los humor es y los temperamentos s e basa enteramente en este principio. El ps icoaná lisis, h abía da do la paula tina impr esión de ce ntrarse en una acción psicológica unilateral. Pero s urgen numerosos terapeutas que retornan a un a pe rc e pción del hombre en su totalidad”. Dropsy, J . Vivir e n su cuerpo . Ed. Pai dós . Buenos A ires.1 982: 20. 432 Starobinski, J. Ra zones del Cuerpo . Ed. Cuatro. Valladolid. 1999. 78 corrie nt e que tomó en serio el carácter espe cí f ic o del s er vivo re chazando las int erpretaciones anim is tas y mec anicista s de los fen ómenos orgánic os, y c onvirtiéndola en una filosofí a de v ida que confirma la s t eoría s de A ristót ele s y de H ege l, má s que l as de K ant o Bergson. Para él, lo normal es norm ativo: instituye normas y cambia las norma s. Este acotamiento, se apoya básicamente en tre s autores. De A . Comte , come n ta que v a de l o pat ológ ic o a l o normal, con e l fin de determi n ar sus normas. Acá la ide ntid ad es conc eptual. Denom in a el “pr inci pio de Broussais” 458 , por el que se esta blece que lo s fenóme nos de la enferme d ad coinciden esencialme nte con los de la salud, s iendo la enferm ed ad una suer te d e exp erimentación espon t ánea . La norm ali d ad serí a def ini da com o una armonía d e influencias distin ta s, t anto exte r iore s co mo in te riores. M er a disti nción cuan titati v a tan to para lo fisiológico co mo pa ra lo m ental. Hasta el punto de prete nder fundar científicam en te una doc tri na po lí t ica. Por el contra r io, Claude B arna rd va de lo normal a lo patológi co, e n la medida que l o patol óg ico es homogéneo con lo norma l. Ac á, la inte rpr et ación es num éric a. Admi te una diferencia cualitativa en los me canismos producidos en los estados patológicos. Ta mbién en él hay un c hoque entr e los fenóm enos cual i ta tivos y cuantitati vos en la definición de los fe nómenos pat ológicos. S i no hay límites netos entonces, lo qu e hay, son enfermos. En su c aso, la te oría es vá lida: cuando se restr inge e l fenóme no p atológico a a lgún síntoma. Y, cuando se remonta desde los efe ctos sintom áticos a los me canismos funcionales p arciale s. A un así, el carácter progresivo de un acont ecimiento no excl uye s u original id ad 459 . Esta r enferm os s ignifica , para Bernard, vivir una vid a difere n te, incl us o en el senti do biol ógico de l a pa l abra . Al costado d e los anteriores, s e sit úa Leric h e cuya máxima llegó a hac erse ca nón ica: “La salud es la vid a en el silencio de los órganos”. De esta ma nera, la noción vivi da de lo norm al depe nde de l a posibilidad de infra cci ón de l a norma. Para Le riche, que de fin e l a enf erm ed ad de l lado del enfe rmo no ha y nada en la ciencia que no haya apa re cido ant es en la conc iencia. Y que el punto de vista del enfermo es, en el fondo, el verdadero. Cuando t i ene que d efi nir l a e nferm edad, no s e l e oc urre otr a ma nera qu e hacerlo por sus efec tos. Leriche coment a que el conoc imiento fisiológico se obti ene de la experiencia clínica y tera péutica. La enfermeda d, en tonce s, nos revel a l as funcione s norm al es en el prec iso momento en que n os impi de ejerce r las. Por tanto, si la salud e s la vida en e l sil encio de l os órganos no ex ist e, e n rigor, una ciencia de la salud. Lo que impugna C aguilhem, de todo lo anterior, es el hecho de que los térmi nos, cua ndo entra n en l a definición de la pa tología, te ngan una s ignifi cación cuantitativa pura. Por lo que respec ta a la ps iquiat r ía, se nos d ice qu e l a psicopatología es un a fuente de luz que debe s er proyecta da sobre la conc ie nc ia normal . Para Ribot, la enfer medad al canza l o inacce sib le pero respeta la natur al eza de los ele ment os normales. La ga che, por s u part e, no adm it e que la enferme d ad sea asimi lab le a la experimentación. Contrari a mente a Ribot, piensa que la desorgan ización mórbida no es la simetría inversa de l a organización normal. Minkowski, a su v ez, pie nsa que la anomalía psíquica present a caracteres prop ios que, para él, no contienen el c once p to de e nfermedad. Par a H. Ey 460 , uno d e los pró ceres d el or ganodinamismo, lo norm a l es un ju ici o de v al or . Ademá s, s on los enferm os quienes la mayorí a de l as vece s juzgan s i ya no s on normal es o si han vue lto a serl o. Para Cagui lhem , recapitula ndo las anteriore s notas, lo normal , entonces, es aquell o que es com o debe ser, justo medio, el prome d io. La vida es, de hecho, una actividad norma tiva. No hay indifere nc ia bio lógica: en est e s ent ido se puede habl ar de un a 458 Op.cit.:25. 459 Op.cit.: 60. 460 Op.cit.: 87. 79 norma tividad biol óg ica . Incluso de una normativi d ad vital : vivir es preferir y ex clu ir 461 ; hay una polari dad din ám i ca de la vida. Un ser vivo es normal en un medi o ambient e dado en la me dida, d ice el au tor, en que la s oluc ión morfol ógica y funcional halla da po r la vid a p ara r esponder es toda la existencia d el me di o ambiente. De ahí que las normas funciona l es del ser vivo ex aminado en laboratorio, s olo adquieren sentido d entro de un a norma opera ti va del hombre d e ciencia: “la fisiologí a expe rimental no es o tra c osa que la patología art ificial ” 462 . Por eso, a menudo, el estado pat ológico normal es dif erente a l esta do patol óg ic o expe r ime n tal . Pero también, den tro de las normas fisiol ógi ca s son im portantes las condiciones geográ ficas. La relatividad de la norm a anatomofisiológica en su rel ac ión c on los géneros d e vida, no solo ap arece por comp aración de l os ju egos ét nicos y culturales sino de esos grupos con otros a nteri ores. Por eso se puede habl ar, inc luso, de una fi siología prehistórica. Y habla ndo de enfer medad, curación y salud, el autor cita a Goldstein. Este, comenta que un promedi o obten ido estadí st icamente no permi t e deci d ir, ante nosotros, si det erminado i ndividuo es o no es, normal. E l ser v i vo enfermo 463 , está norma lizado en condi ciones de existencia d efini dos y ha perdido l a capacidad normativa, es decir, l a ca pacidad d e i ns tituir dif ere nt es norma s en condicio nes difere n tes. Para def inir el esta do norma l d e un organismo, Cangu il hem ha ce us o de los con cept os d e comportamiento privi legiado y reacci ón catastrófica : si en el pri mer o, el s er vi vo responde m ejor a las exi gencias del medi o ambiente , el segundo l le ga c uando el organ ismo es modif ica do dent ro del medio ambiente que le espera. En sínte sis, la enfermedad es un a experiencia d e in novac ión posi tiva d el s er vivo, un a nueva dimensión de la vida. L a enferme d ad es al mismo tiem po, privación y remode l ación. No hay desorden, s ino s ustit ución de un orden esperado o deseado por otro orden del que solo cabe h ace r o solo cab e s ufrir. Por lo tanto, la s alud es u n conj unto de s eguridade s y aseguramien tos 464 . Esta r en buen esta do de s alud, sign ifica poder enferma rse y reestablecerse: eso es un luj o biológi co. Cada enf erm edad, redu ce e l poder de enfren ta r o tras enfermedade s. La vitalidad orgánic a, s e d espliega en el hombre com o una plasticidad técni c a y su avi dez por domar el me d io am b iente. 4.4. La causalidad. Por otra parte , t oda la discusión mí t ic a sobre las fun cione s de la causalidad se refiere sie mpre a una experiencia corporal -de sde las posicione s má s cl ásicas hasta a que ll as más o menos modernizadas 465 … Apuntar al gun as notas sobre la causali d ad, c ausal ida d ps íquic a, causalidad som ática, s e nos antoj a casi de obligación. Pues esa es la pr egu nta que subyace a lo largo d e este traba jo. ¿Qué ti po de causalidad es e sa, la que h abita e n el cuerpo de l sujeto parlante, sexuado y mort al? Queda cla ro que no es el or den fisiol ógico el que rige dichas rela c iones. Pero sí, que es una c ausalidad de ord en relaciona l. O, mejor dic ho, en esas rela c iones, esta b lece el suj et o su c ausal idad. La r el ac ión de los sujetos, l as diferentes posici ones respec to del O tro. Cu ando más adela nte co tej emos los par adi gm as del cue rpo en los di versos autores, no será di f ícil co mproba r cómo, fin almente , dichas tópi cas no son más que los dif erente s modelos o po sici ones ep isté m ic as p ara r esponder a l a re l ac ión e n tre l a conciencia y el inconsciente, lo real y lo simbólico, e l deseo y la pulsión, el goce y la pa la bra. Y, a lo largo de ellos vere mos cóm o se pasó desde un a 461 Op.cit.: 100. 462 Op.cit.:109. 463 Op.cit.: 139. 464 Op.cit.: 151. 465 Lacan, J. Sem X: 232- 233-234. 80 rela c ión -causal- ima g inaria, ca si d ire c ta y proporci onal, a otr a, med iada por las le y es del Lenguaje, que implicaba el vacío de lo real o el goce loc al i za do del obje to, para conc luir -e n el úl t imo pa rad igm a lacanianano- en un no hay rela ci ón…que im p ide cua lquier atisbo de causalidad, que no sea la posible s obre un fondo i mposib le . O, mejor dic ho, la ca usalidad de lo rea l, vendrí a dada por una óntic a que a lo máxim o que espera es a un poder -saber-h ac er algo con ella, la pulsión. Convirt iendo al psicoanálisis en la pragmá t ica de una ontol og ía barr ada, in- transcendente. Según el Diccionario Espasa de Fil osof ía coordi n ado por Jacobo M uñoz 466 , Aristótel es fue el pr im ero en ref le xionar de un modo s istemático s obre el con cepto de c ausa. La voz grie ga para "causa" proce de de l le ngu aje for ense, pues " aitia" designaba en ori g en la cul pa o re spons abi l ida d por una falta; al descri b ir la nat ur al eza como un á mbi t o ordenado de cosas en el que se " paga n la c ulpa unas a otras y la reparac ión de la inj usticia, de a cuerdo con el ordenamiento del t iempo". Anaxima ndro inauguraba un ti po de cosmología gob ernada por un rég ime n cau sal int erno equ ipara b le a l jur ídi co, esto es, dota do de l eyes que r egul an y coordinan c o n nec esida d s us procesos. Causa es, pues, todo aquello que, s ie ndo in ma nen te a la n aturaleza v a a produ cir un cambio en las cosas, y en cuyos térm inos podem os expli ca r el pr oducto de dic ho cambio, esto es, el efec to. Pero Aristó te l es ent end ió que sus pred ece s ores no habían di fer enc i ado ade cuadamente e ntr e l as variedades que admite la explicación de un ca mb io -ent re los disti ntos tipos de causa que inte rv ie nen en él -, de modo que s us explicaciones result aban s iempre incom p letas o unil ate r al es. Por ell o prop uso la siguiente cl asificación: C ausa efi ci ente (h e arkhé te s m etabolés , o poietikon a ition) , por m edio d e la cual se desenc ade na el c am bio ; Causa f inal ( telikon aition) , en procura d e la cual éste ti ene lug ar; Causa material (hulik on ai ti on) , que e s aquello en lo que el cambio se produce; y Causa formal (eidikon ait ion) o aque l lo en lo que el cambio r esult a. Estas cua tro causas no debe n ente nd erse al modo de cuat ro fuerza s que operaran simul táneamente en cada caso sino más bien como l os diferente s respecto s que pueden ser invocados p ara r esponder a la pre gunt a por el porqué d e algo. " Ser c ausa de" signifi ca, por t an to, “ ser un porqu é de” en alguno de los respectos que pue d en aportar expl icación al obj eto de nuestra pregunta. De ahí que, c omo seña la Arist óte les, la secue ncia causa -efecto pue d a invertirse según sea l a pregunta que formulemos. A est e respec to, A ristótele s señ ala qu e es ta rea del cientí fico inves ti gar los cua tro tipos d e ca usa 467 , y que las causas ef ic iente, f ormal y final se r educen muchas veces a una sola. Esto es, las sustanci as ca mbi an en v irtud de una fo rma o e sencia propia que pone en ma rcha e l proceso y le s eñala un fin pred ete r minado, todo lo cual confie r e a las expl icaciones científicas un c arácter e mine n temente tel eológico. Es aquí donde l a teoría ari stotélica ha perdido s u vig encia, pues la cie nc ia moderna a ca bar á imponiendo un mode lo de explicaci ón que, al prescindir de sustan ci as y esenc i as, de ja sin efecto la s ca usas formales y fina l es para atender úni camente a las materiale s y eficie n tes, reunida s al cabo en una única ca us a me cánica. En las nuevas coordenadas del pensa mi ento Moderno, la noción t opará pronto con im portantes dif iculta des. Para Thomas Rei d y J oh n S tua rt M i ll , no habrí a m ás causa efi ciente que nuestra volunt ad, sie ndo las "causas físic as" una m etá fora con la que nos represent a mos la produc ción de unos he chos a part ir de otros en l a nat ur aleza. P or su part e, según los autores, H ume impugna r á ese pre t endido poder causal a tribuido a los fenóme nos . Incluso Kan t, que d isintió d e Hum e e n cua nto al carácter accidental del nexo e ntr e la ca usa y e l e f ect o, admitió que di cho nexo no solo podí a ser adjudicado a l a real id ad misma s ino al entendimiento vinculado a sus propios principi os a priori. 466 AA.V V , Dicc iona r io Espas a Filosofía . G ermán Ca no C u enca & Ángel Ma nuel Faerna G arcía - Bermejo & Pablo López Álvarez & Eugenio Moy a Cantero & Jac ob o Muñoz & Ánge le s J . Perona. ePub r1.0. Titivillus 03.06.16. 2016: 386,4 / 4236. 467 Aristóteles. Física , 198a 15. 81 Bert rand Russ el l propugn an e l abandono d e la n oción de c ausa como principio d e expl icación en la ciencia . Otro aspect o, que analizan los aut ores, es el de s u ap li cabilidad a las ac ciones hu manas. Su acapa r amiento d esde l as cie n cia s d e l a natur aleza ha llevado a contr apone r el té rmino " razón" al t érmi no "causa" para designar aquel lo que exp lica una conducta inte nc ional. Es dec ir, s i s on conce ptos que discurren paral elmente o, simple mente, l a ca usalidad sería del tipo de una reducción de l a ra zón. El debate ti ene implicaciones epi stemológicas y ontológicas de gra n c al ado. Por una parte, man te ner la s eparación en tre c ausas y razone s abo ca a la distinción epi stémica ent r e ciencias de la naturaleza ( Naturwiss enschaf ten) , cuyo objeto es ex plicar (erklären) el mundo físico me d iante causas y ci enci as del espíritu (Geisteswi ss enschaf te n) , cuya misión es compr end er (verstehen) l as m anife s taciones humanas a través de sus r azones propuesta por Dil the y, o a la que postuló Windel band ent re c ie nc ias naturales o nom otéticas, que abstraen los fenómenos en leyes generales, y cie nc ias históric as o idiográficas- que conoc en los hechos en su indi vidualidad últ ima. A tenor de lo expuesto est e es un t em a qu e recor re prácticamente toda la l it er at ur a psicoa nalítica, to cando aspectos co mo la cie n tificidad, la va lidez, la lógica de la cur a, l a razón subj e ti va etc, estando en el funda mento mismo de su instauración y que merecería un traba jo más pormenoriza do. Como se irá viendo a lo la rgo de este trabajo, la causal idad psíquic a, y por ende la corporal no r esponde, en absolut o, a ca usas "nat urale s ". Radica ahí la génesis del descubri miento fr eudiano en t anto, y a desde sus pri me ros trab ajos con la histeria, F reud pudo cole gir que los efectos producidos no correspondían a causas orgáni c as. Y, a pesar de intenta r arduamente en contra r un funda mento ne urológic o a t al es afeccione s -si endo el Proy e cto d e una psic olgía para neurólogos (1895) e l úl ti mo d e sus intentos de esta blecer una psicon eurol ogí a cl íni c a- tuvo que ad miti r qu e más bi en correspondí a a una al teración de c iertas “funci on es” (mot r ice s, expr esivas, cognoscitivas, sexuales etc) sin trastornos neurobiológicos con comitantes 468 . Es ta evi d encia, l le varía a l propio F reud a establecer una r ealidad psíquic a causada p or el poder de las represent acione s , de palabra o de cosa, sobre el som a. Reali d ad que no obedec e no solo a los dicta dos orgánic o somáticos sino al propio pode r de la con ci en ci a y del yo. Esta t erc er a gran dece p ción hu mana -después de que la Tierra no sea el cent ro d el Universo y que los Humanos no son más que unos hom ínidos evol ucionados -, que el yo no es dueño y s eñor e n su propia casa, al dec ir del prop io Freud, supondría una aut éntica rev ersión de l cogit o moderno fundado en la conciencia sensorial y el yo, el perce ptum , como evalua dor es de toda experiencia, y causa, de certe za. Si Freud, entonces, con l a inconsciente funda un a nue va i nstancia no es tant o por ent regar la mente al imperio del sueño o la sinrazón. Por el contra r io: qu e l a ra zón psíquic a no siga una lógica proposi ci ona l de ord en causa -efecto no s upone en absoluto que no haya razón alguna en s us consecuencias. En eso co nsiste el descubrimiento freudia no, en encont r ar la razón del proce der de la s inraz ón. A l modo lei bnitziano, en cua nto el cor azón t iene razones que la razón desc onoce , dado que la verd ad de cad a 468 Lo que no obsta para que se siguiera bus cando denoda m ente, hasta la actua lidad, los orígenes neurofisiológicos de los trastornos mentales en las más diversa s causalidades : neuronale s , neuroendocrinas, inmunitarias, in fe c ciosas, genéticas etc. Este tema, tan ín timamente ligado a l apartado de las relac iones cuerpo -mente, nos depa ra de continuo nuev as obse rvacione s y des cubrimientos pues, además , de l e stablec imiento de su razón científica dependen p os tulados de discipli nas como, nada más y nada menos , la psicología o la ne uropsiquiatría. Ins istimo s que no es es t e el lugar para explaya rnos, p ero cada nue vo y vociferado descubrimiento va i rremedia blemente ac ompañado, con el tiempo, por su rebatimiento. La cosa se c omplejiza aún más cuando parec e qu e determinadas substancia s inf luyen s obre ciertos es tados anímicos y a fectivos: véase como e jemplo los ISRS, determinados antidepres ivos, cua ndo a pe sar de la mejora del ánimo ab atido no s e pued e dedu cir, de manera p a lmaria, que e n su déficit dopaminérgico radique la caus a d e los nefandos efectos subjeti vos . 82 sujet o no radica tanto en su c apac idad volitiva como s er sobr ede terminada por aqu ella insta ncia que desconoce, la o tra escena, que no d eja d e eje rcer sus ef ect os. Por eso La can distinguiría nítidament e el saber de la verdad. En la búsqueda de los difer ent es model os r acionale s , que no ci ent íficos, para dar cuen ta de una lóg ica p ara la causalidad subjetiva, y pod er o perar con e lla, es como procuram os esta blecer las diferentes “ tópic as ” freudolac an ianas. El propio J. Lacan, má s do tado de herramientas li n güístic as, si mból icas y lóg ic as qu e F reud, en su texto Ace rca de la c ausali dad psíquica (1946) 469 cri tica a su ami go Henri Ey por conside rar que en el niv el de la “causalidad psíquica ” se en cuent r a “ la realidad del yo” consumá ndose la dua lida d estruc tural de la v ida psí quica en tre e l m undo y el yo. Anima do por el espíritu que t r ata d e c onciliar l as div ersas exige n cia s , le responde qu e aunque no hay anti no mia ninguna en tre l os obje tos que per cibo y mi cu erpo, “ mi inc onsciente me lleva con l a ma yor tra nquilidad del mundo a di s gustos que no pienso en ningún grado atr ibui rl e, al menos hasta que me h aga carg o d e él por los ref inados me dios del psicoanálisis”. El psicoanálisis subvierte, entonces el cogi to car tesiano y mode rno en el sentido de “ al l á donde pie nso...soy”, constata ndo el cor te , el agujero y la hiánci a ent r e el pensamiento y la palabra arribando a l “soy...justamente dond e no pi enso” o, por e l cont rario, all á “donde pienso...no soy”. En su texto de 1960 470 recue rd a que : “ la re la ción de l objet o con el cuerpo no se def ine en absoluto com o una ident if icación parc ial que tu viese que tot alizarse en ella, puest o que, por el contrario, ese ob je to es e l prototipo de l a signi ficancia d el cue rpo como lo que está en juego de l ser” en ta nto “el deseo se reg ula sobre la fanta s í a así estab lecida , homól ogo a lo que sucede con e l yo con respecto a la ima gen d el cue r po, con la salve dad de qu e señal a además la inversión de los desconocimient os en qu e se fundan respec tivamente uno y otro” Q ue un detalle, apen as sin i mport an ci a, pu eda desenc adena r consecu enc i as im previsibles, que la conse cue nc ia pu eda ser causa d e l a cau s a, que ci ert as certidumbre s se funden en asertos ind emostra b le s, que una c a usa puedas devenir en di fer ent es consec uencias y viceve rs a, que una m isma consecuencia pued a ser efec to de var ias ca usas, que el no -saber es l o que gu ía numerosas ele cc ion es, que e l propi o conoc imiento, a menudo, ti ene fun ción de t aponam ient o y descono cimient o, que en lo que se mue stra no nece sariamente radica la e ti olog ía de la afe cción etc . Es decir, que la subjet ividad huma na está m ás ordenada por ca usas conti ngente s, imposible o paradoj a les que por una cade na formula b le en términos de cálcul o es lo que nos dem uestra la exp eri en ci a analítica en todo momento. Triple causalidad que orienta, a su vez , la posición epistémica desde situar la razón de l a esc ucha. J-A . Mille r en uno de sus últ im os s emi narios, no edita do 471 , retom a la cuesti ón desde el trí pode anuda do de lo re al, si mbólico e imaginario de Lacan p ara inf erir el t ipo d e aná lisis que orientaría c ada una d e e llas: en la c ausal idad im agi nar ia , se plantea el con ce pto d e imago y su nombr e es la identificación. La ima go, capt ur a al ps iqu ismo c omo yo (moi), apela al Esta dío del Espe jo, y el aná li sis s e pla ntea como ca t arsis del narcisi smo. En la causalidad s imbólica tenemos un invent ar io de aconte cim ient os de pal abra qu e tuv ieron v al or de verdad. Hay una e xtre ma cont inge ncia de ac ontecimientos, que es lo qu e produce significantes. Y conti ng enc i a de senti do, que d epende d el anterior. Ti en e como r e sulta do el fant asm a; se 469 Lacan, J. EC1, 1990: 149-150. 470 Lacan, J . EC 2.” Subversión del s ujeto y dialéc tica del deseo en el inc onsciente freudiano", 1991: 781- 784 y 795-796. 471 Miller, J.A. El Ser y lo Uno. Inédito. 2011. 83 pasa, de la imago a l fanta sm a. La c ausalidad R eal , es una causali dad despej ada de l a image n y de l sentido, cuya causalidad no es i magi nar ia, n i el fanta s ma sino el sinthome . Trat ar de di luci d ar la Causa que en-causa la s e lecciones de un suj eto pa r a hacerse ca rgo de ellas, pues e l no-saber tampoco exime a un s ujet o d e su responsabilidad, es fina lmente consent ir, a aque llo sobre lo que pi votó nuestra id entidad de go ce e ide ntificaciones si mból icas: un sonido, un fonema, un trozo d e cue rpo, una conm oción, un pequeño acontecimiento, fin almente, ni mio o banal, que dio vida...o la qui tó. Esa es la c ausa analítica que ani m a a s us pra cticantes: l a causa de un d eseo in édit o y singul ar por la dife rencia a bsoluta . R azón de más, por l o qu e respect a a l psicoanálisis, para que sabie ndo de su menor evide n ci a ci entífica, mayor es fuerzo se haga por dar cue nta de su razón l ógi ca y estructural . 4.5. El cuerpo propi o o lo propio del cuerpo. A lo la rgo de e ste t exto, e s peci a lmente el que r emi t e a la s referencias fi losófica s , enc ontraremos una mul ti tud de ace pc iones del si ntagm a “ cu erpo” , como ya he mos podido avistar. ¿ a qué cuerpo, nos referimos cuando habl amos del cuerpo, de “un ” cue rpo? Sin duda, no es lo mism o el cuerpo al que r emi t e A ristót eles, que el de Hobbes, Spinoza o S chope nhauer, que al cuerpo de N ietzsche, Hus serl, Sartre , Merlea u -Ponty o los más cercanos B ataille, Blanchot, Badiou, J -L Na ncy etc. Y, a s u vez, est e cu erpo al que habremos de rem i ti rnos, ta mpoc o es el mismo al que remit e e l psicoa n áli sis, a pesar de s us diversas modalidade s. P or supues to, nad a qu e ver cua ndo "e l cu erpo", es toma do desde ot ra adjetivaci ón : c uerpo místico, del ejército, de pape l es, de l a ley... Un inic ial ac otamiento a est a a tribución, pue s es i nma nente a la s ubj et iv ida d mi sm a, puede partir de al gunas not as previ as sobre "lo prop i o": Lo propi o de l c uerpo com o lo a - propia do que lo constituye. Según el Diccionario d e l a Lengua Española (De pr oprio ): adj . Perteneciente a uno, que ti ene la f acultad d e dispone r de e llo. //5. R eferente a la misma p ersona que habl a o a l a persona o cosa de la que se habla. A nte puesto a l sus ta ntivo, y sirve para destacar o reforza r lo que se e xpresa. / /9. Dícese por opos i ción a figurado, del s igni ficado o uso origi nal de las p alabras. //11. Díc ese de l acci d ente que se sigue necesariamente o es insepa rable de l a esencia y natur al e za de las cosas 472 . María M oline r 473 en su Dicc ionario de uso del Español presenta varias acep ciones, de la s cu ale s en tresacamos: 1.-De cie rta cosa o persona. S e empl ea con frec uenci a redund ante mente. 2. - Carac t erístico, pec uliar, particular. Se di c e de aquel lo que la cosa de que se t ra ta tiene por nat uraleza y l a hac e es y distinta de otr as. S e dice de lo qu e es conform e a l a nat uraleza de la cosa d e que s e trata. Como corr esponde a cierta cosa o co mo si fuese d e ci erta cosa. Se dice de lo que exi s t e nat ura lmente en la cosa de la cosa de que s e tra ta y no es añadido o superpue sto a ella . V.: ad ecua do, a propiado, ca r acteríst ico, connatural, correspondi ente, espec íf ic o, indicado, inherente, mi smo, nat ural, p articular, p eculiar, a propósito de uno mi smo. 4.-M ismo. Se emple a re du ndante m ent e pa ra poner énf asis en la id ent id ad de la persona o cosa de que se trata. 5.- D e l a p ersona de que se tr ata y no d e otra o d el prójimo. 6. - Se aplica por opos ici ón a “fi g urado” , a l s ignifica do o us o or iginal de l as palabras. En la rec ién edita d a Nueva Gr amátic a d e la leng ua española de la Rea l A ca de mia Español a, se d ice qu e e l ad jet ivo "propio", posee s ignifi ca dos p le na mente adjetivos com o “ca ra ct er ísti co ” y “a decuado”, pero también o tros muy próximos a los que se han 472 Diccionario de la Lengua E spañola. RAE. 1992: 1190. 473 Moliner, M. Diccionario de uso del e spañol . Ed. G redos. M adrid.1988. 84 expl icitado en el c aso de mismo: el anafóri co, el enfátic o y el r ef l ex i vo 474 . La int erpretación anafórica, s e obti ene de l grupo verb al “hacer lo propio”, p ero t ambién com o suced er u ocurrir. E l sentido enf áti co de prop io es si milar a l “de mismo” , con e l que al terna muy a me nudo. En s u int erpr et ación r eflexiva , propio a lterna con “su” en cont extos muy re s tringi do s, en los que e l posesivo t ambi én tiene ese va lor. Como refle xivo, pued e al t erna r igu almente con “d e uno”, c uyo antec edente pued e identificarse o no con e l que habla. Rea lizada una consul ta a l a RAE , 475 se nos contestó: “La voz “propio” no registra exc lusivamente ace p cione s ad jetivas y, de he cho, se encuent r a en el DRAE una acepción aná loga a l a que us te d menciona , con la not a añadida de que también s e usa como sustanti vo”: P ropio, pia. [...] 8. Fil . Se di ce del accidente que s e sigue necesariamente o es inseparable de la esenci a y naturale za de las cosa s . U . t. c . s. Si i ndaga mos en el concepto d e “l o Propio” d esde una perspectiva filosófica , F errater Mora 476 dic e al respect o, que “l o propio ” es uno de los modos de relac ión ent r e el sujeto y el predicado: aque l en el cual la re laci ón es con verti ble y no esencial . A ristóteles, dil ucida dicha noción de m anera qu e lo “propi o” es "lo que sin expresar la esencia d e l a cosa pertene c e a est a c osa sola y puede r eci proc arse con ella". E l carácter no esen cial d e la re la ción no expresa la esenc ia de la cosa consid erada . Así, la propied ad puede ser puede ser "o por sí y siempre, o re lativamente a otra cosa y por un tiempo". Porfirio, recogi ó la doc tri na ar istot é li c a y la ela boró den tro de su te oría de las cinc o voc es o predic ab les. Según Porfirio, h ay cuatro sentidos d e l o propio. En p ri mer lugar, es lo qu e pert enece acc id ent almen te a una sola especie aún sin pertene cer a toda la espec i e. En segundo té rmino, es lo que pertenece a c ci dentalmente a la especie entera , s in pe rt ene cer a el la sola. En tercer lugar, es lo que perte nec e a una s ola especi e, a toda ella y s olo en un m omento determinado . En cuart o término, es la concurrenci a de todas estas condi ciones : per te necer a una sol a especie , a toda ella y siempre. Según P orfirio, h ay ca racteres comunes y diferentes en tre e l gén ero y lo propi o. Hay c aractere s comune s y difere nt es entre lo propio y lo d ife rente. Y hay caractere s co munes y dif erentes entre l a espec ie y l o propio. Tam b ién hay caractere s comun es y diferenc ias entre lo propio y lo ac cidental. Para los Escolá stic os, lo pr opio (pr opr ium) es defini do tant o lógic a co mo ontol ógicamente, como "lo que tiene la c apacidad de estar en var ios s uje tos y puede predic arse d e ell os de un modo necesario". A este respecto, en su ensayo, “ La Mitologí a blanca” (la metáfora en el texto fi losófico) de su célebre texto, Márgenes de la Fil osofía, Derr ida nos habla de l o propio 477 . La metáfora s ería lo propio del hombre. Tarea i nme nsa que supone la el aboración de toda una estrategia de l a deconstruc ción y de todo un protoc olo d e l ec tura. N o obs tante, siendo el ide al de todo lenguaje y en part icular de la metáfora, dar a conoc er la c os a mi s ma, el giro ser á m ej or si nos aproxi ma más a su verdad esencial o prop ia. P untos de referencia, a tí tulo preliminar: 1. - Un nombre e s propio cuand o no tie ne má s de un senti do. Mejor, solo en este ca s o es propi ame n te un nombre. 2. -Aunque sea insepa rable de ell o, lo propio no se confunde con la esenci a. Esta separac ión perm ite, sin duda, el j u ego de la metá fora. La condición ne cesaria de e st as ext racciones y de estos cam bios, es que la esenc ia d e un sujeto conc ret o sea ca paz d e vari as propieda d es, lueg o qu e entr e la e senci a y lo propio sea posible una inversión part icular. Es lo qu e Aristótel es l lama la 474 Nuev a Gramática de la lengua española . RAE. 2010: 251-252. 475 Departamento de «e spañol a l día», Rea l Academia Espa ñola. En: http://cronos.rae.es /cgi - bin/RAEconsulta_form.pl. 7- IX -2010. 476 Ferr ater Mora, J . Dicc ionario de Filosofía. Ed. Sudamericana. B uenos Aires . 1971: 490-491. 477 Derrida, J . Márgene s de la F ilos ofía. Ed. Cátedra. Ma drid.1998: 284-290. 85 anti kategoriesthai : el predicado de la esen ci a y el predica do d e lo prop io puede n intercambiarse sin que el enunci ado se convi erta e n falso. Una vez prefij ado este sentido de “lo propio” co mo un juego de inte rcambios entre esenc ia y pr edi c ados, s in confundirse entre ellos, podemos extra po la rlo al sin tagma “cuerpo pr opio” como lo prop io de l cuerpo. En cont rapartida, y l ejos de a cla rarlo, vislum bramos como este esconde, a su ve z, postur as epi stémica s muy encont radas. Dentro del breve panor ama descr ito por G. J . Gonzá le z Tocci 478 , el “c uerpo propio” , e n Merle au Ponty, es el s uj et o de la práctica, el inst ituidor y el luga r dond e se rea liza e l senti do. Es el traductor unive rsal, es decir el equ ivalente universa l del mundo. P or esto, el cuerpo f enoménico que pl antea Merleau Ponty -diferente al cuerpo objetivo de la ci encia (separa c ión entre cuerpo y al ma) - es presencia , trasc endencia , habit a en el espaci o y en t iem po, no los hab ita . Para M.-P onty, no exi ste alteridad en el cue rpo. Porque es un cue rpo act ivo, a difere n cia d el de B ourdie u, que tiene in tencionali d ad propia : ob jetivida d y subje ti vid ad, s ingularida d y ge neralidad. Par a P. Bourdi eu, su cue rpo propio, en cambio, es una superfic i e de inscripción de los conte n idos s ocia l es de la s condiciones soc iales de existencia . Por esto , el cuerpo es pasivo no tien e int encionalidad propia, es decir no fija l a inte n cionalida d en el a cto. El suje to no se prolonga en las cosas, com ent a el autor, sino que es agent e de la práctica . Por l o t anto, está sujeto a un háb itus que son l as condiciones soc ia les de existencia. Desde la óptica de Bourdie u h ay de te rm ina c ione s s oci a le s en el n ivel social, pero en Merleau Ponty l as det erminaciones sociales no s on desde afuera, sino que es el s uj et o es qu ien va h ac i a la det erminación, ya que son instituciones de sent ido. El Cuerpo propio es una di mensión de s í 479 , recuerda P . Ricoe ur. M ai ne de Birán, afi rma Ri coeur, se le declara co mo el inicia dor del e studio del C uerpo Propio. H a dado real m ente una d imensión onto lógica apropiada a s u descubrimi en to fenomenológic o , dista nciando la no ción de existe n ci a d e la d e sus tancia . Decir “soy” es de cir “qu iero, mue vo, hago” 480 . En func ión de la función med ia dora del cuerpo propio en la estru ctura del ser en el mundo, el rasgo de ipsei dad d e la corporalida d se ext ie nde a la del mundo habi litado corporalmente. La ac ci ón está sometid a a la restricción corpora l 481 . La al teridad no s e añade d esde e l ext erior a la ipseidad: ¿có mo explicar l a labor d e l a al teridad en el ce n tro de la ipseidad? 482 . La alteridad un ida a la ipseidad se atestigua sólo en exper ie nc ia s in conexas 483 . No hemos de jado d e o bs ervar que "s i las personas son ta mbién cuerpos es en la medi d a en que cada uno es para si su propio cu erpo. El cuerpo propio e se lug ar mismo, de esta p ert enencia, gra cia s al c u al el en -sí puede poner su s ello sobre estos a contecimientos que son las acciones". La feno menol og ía de la pasividad sólo supera el estado im plícito cuando en este fenóm eno global de anc l aj e s e subraya un rasgo nota ble: el pad ec imie n to 484 . R. Bart hes 485 , de lo prop io, refe r ido al Nombre, r ecuerda su poder de esencialización, ci tación y exp loración. De esta manera el no mbre propi o es l a forma lingüística de l a remi nisc encia. Al " cuerpo propio" se han referi do au tores de sobrada solvenci a y pro ce den ci as dive rsas 486 . Por lo que ya com pe te a l ps icoa n áli s is, co mo no podía ser menos, lo que s e 478 G onzález Tocci, Gustavo J o s é. “ El Cuerpo p ropio y las po sibilidades de la in v ención en e l te r re no de l lenguaje visual y Verbal ". 2009. En: http:/ /webiigg.sociale s.ub a.ar/. R ecup: Novbre 2017. 479 Ricoeur, P. Sí mismo com o otro. Ed. Siglo XXI. Madrid.1996. 480 Op.cit.: 356. 481 Op.cit.: 150. 482 Op.cit.: 352. 483 Op.cit.: 353. 484 Op.cit.: 354. 485 Barthes, R . El Grado cero de la esc r itura (1953). E d. S.XXI. Mé xico. 1989. 486 Como: G. M arcel (Ferr ater Mora, 1971), E. Lévinas (1987), M. M erleau -Ponty (2000), Henry ( 2007), Starobinski (1999) , J -P. Sartr e (Ferr ater Mora, 1971), Guimón (1999), Samí -Alí (1974), Ortega y G as set 86 enc uentra es qu e a l sin ta gm a cuerpo pueden referirse una multiplicida d de cuestiones, a me nudo, muy heteróclitas entre sí. Es en el t exto d e F reud La Nega ci ón, de 1925 487 , donde a propósi to de la “función del jui cio” denota una fina d isti nc ión entre la propieda d de “atribución” y de “existencia”. La func ión del juici o tiene, en lo esen cial, dos d ecisiones que adop ta r. Debe atribui r o d esat ribui r una propied ad a una cosa, y d ebe ad mitir o im pugnar la existencia de un a representaci ón en la realida d. La propieda d s obre la cu al se debe decidi r pudo habe r sido origina r iamente bue na o ma la, útil o dañina . El yo-place r ori g inari o quiere, como lo he expuesto en otro lugar, int royectarse todo lo bueno, arrojar de sí t odo lo mal o. Cuando J . La can, al igual que S. Freud, se refi er e al cue rpo lo ha ce acud iendo a un a poli semia de significaciones, ti po : cuerpos s ignificantes, cuerpo del ana lista, i ma gen de l cue rpo, cuerpo Imagi n ario, superficie del cue rpo, c uerpo Míti co, cuerpo de la esce n a, cue rpo social, cuerpo re al , cuerpo m ístic o, c uerpo d oble (referido a Leon ardo), c uerpo desec ho, cuerpo de la m adre, cuerpo de Cr isto, de la M uje r, del tex to, de los deseos sexual es, de los comport am ient os reli g iosos, cuerpo mate mátic o, cu erpo del toro, cue rpo orif ic io, cuerpo ext r año.. . En g eneral, hemos podido c o tejar que di chas ac epciones -de este cu erpo- en -s i y para -sí, al que pretendem os aprox ima rnos - oscila ent re lo imaginario y confor mador de l cuerpo espe cular y social; lo exi s t ent e pu lsiona l, insti ntivo, tensional o ene rg ét i co del cuerpo r eal , ju nto a lo orgán ic o y fisiológico d el soma; así como a lo simbólico de la s relaciones material es encarnada s. Sin embargo, de esa prop ie dad del cuerpo en tanto objeto tomado inma nen te por e l sujet o -posic ión t an ca r a a la Fenomenologí a- el psicoa ná li sis proclama desde sus fundame ntos, que lo má s propio d el cu erpo es su des -propia ción, d es-apropiado, un a im propiedad desfundam entada y expropia d a. E n esta cond ición barr ada, nunca ta ponada, mort if ic ad a, veremos, s e enc uentra e l fundame nto d e su consti tu ci ón y construc ción, por cuan to el “ cue rpo” en cu anto ta l, “ Ese eso” (im)propio, singular y part icular, fina l me nt e no dej a de s er má s que la respuesta mat erial, s ubstancial y formal dada con tinge n tem en te al v acío origi n ario, co mo e fec to d e la irrupción de l L engua j e sobre el organismo instintivo. El cuerpo es un cue rpo "extraño", a l de c ir fre udiano 488 . Rec uerda Laca n qu e 489 : El cuerpo, e n t anto s u deseo h a pasado por el cue rp o O tro, es por lo que e l sujet o se re conoce como cue rpo y, por tanto, como conciencia de sí. Pero es conc iencia que pued e s epa rarse de s u propio cuerpo, haci endo de l a corporei dad un hecho fa ct icio, d el c u al la concienci a no pued e desligarse y de la que, sin em bargo, se reconoc e como distinta, e n tanto el s ujet o localiza su deseo por int ermedio de su semeja nte. En esa mism a lí ne a J. Alem án y S . La rriera 490 , rec uerdan que para el psicoa ná li sis lo que llegará a s er un cu erpo -m edi ante un "complejo pro ce so de apropiac ión que conl leva una expropi ac ión ena je nan te " -, e star á configurado en l as dimensiones simból ica e imaginaria por l a imagen del cuerpo, mi en tra s que l a di me nsión r ea l (G uimón, 1999), P. Virilio (1997), A. Lowen (1988), P. Laín (1995), D . Anzieu (1998 ), D. Winnicott (1999), J -A. Miller (2003) J . Baudrillard (1998), F. Doltó (198 6), J. D . Nas io (1996) o J -L Nancy (2003, 2010) etc etc. Autores que irán desfil ando de mane ra pormenor izada, más adelante. 487 Freud. S. OC. 19. 1992: 249-257. 488 Freud, S. O. C. 3: 36. 489 Lacan, J. Sem. I. 1985: 223. 490 Alemán, J . y Larrie ra, S. El inconscie nte: existenc ia y difer e ncia s exual. E d. Sín tesis . Ma drid. 2001: 24-26. 87 mue stra su existencia com o sus trato pulsional. Es a cue nta de esta ca usa, que podremos enunc iar que Hay cuerpos , Uno por Uno, tal y com o evocara Laca n en s u Seminario XX 491 , o en In te r venciones y Te xtos 492 , donde señal a que: “m ás allá, en sus rela c ione s con el go c e y con el s aber, el cu e rpo, por la operac ión del significante form a e l lecho del Otro . Pero ¿qué queda de este efe ct o? Insensible pedaz o a l deri var de él como voz y mi rada, carne de vorab le o bie n s u exc remento, esto es lo que de él l l ega a ca usar el des eo, que es nuestro ser sin esencia ”. ¿Qué significa eso, c omo pode r le er lo?: que, e n su consistencia y exi s tencia, ese r esto, fragme nto y parte, en carna do en “ese Eso”, que es el cuerpo, no goza de esenci a algun a. No hay esenci a al guna del cuerpo al que poder responder, pues su au s enc ia de fundame nt ación onto lógica viene dad a por la operac ión de muert e y vaciamie n to que le confi ere el significante corporizado. Es esta “muerte de la cosa” que int rodu ce la Pala bra la que permitirá que adve nga la “vida” en lo real del cuerpo: extensió n origi naria, "partes extra p artes" de una tipología s ubjeti v ante cual juego de trazos y rebordes esc riturales, puntua dos en su sentido y goce. F ijémonos, al paso, que este acotamiento trae de suyo toda una serie de requisi tos, de los cua le s no es el m enor admiti r la existencia de u n Otro, un Otro de Lalangua o del Lenguaje que ant ec ed a al suj eto; pero, en segundo l ugar, y tam poco menos im por tante : suponer un poder tanatol ógico , quirúrgico, tatuador, inscriptor, hora r ador (y hoyador), a la s palabras. Por la m isma raz ón que no se puede separa r de m anera radical lo que es del orden de l cue rpo s ufriente, gozante, d eseante, el c uerpo d e l inconsciente , el s ingular d e las pulsione s del suj eto de los O tros cuerpos. Si e l cuer po es el topos, el lug ar del O tro, al dec ir laca ni ano, el cue rpo no es ent onces s in un O tro previ o que lo antecede . Siendo este mismo cue rpo el que s e present a com o l a distribución de sus respect ivas versiones li bidinales y sim bó licas. Pero distri buc ión cont ing ente y provisi ona l, e n la me did a que la propi edad d e lo propio, en tanto sin esenc i a, no es indemne a los avata r es de sus enc uentros y elaboraciones. Por lo tant o , cuerpo a constr uir . Lo propi o no vie n e dado per se , s ino que, en s u fund ame n to m ismo, en s u finit ud in -tr ascende n te, r adica l a posibil idad d e ir -deve n iendo-cuerpo en la medida misma que la subj eti v idad misma, lo es. Cuerpo, dire mos ent on ces: como aquell o que d a no mbre a l soporte , al terreno, de ese ent e parlante , sexuado y mor tal que habita al sujeto. Así, corporiz ación y subjetivación no dej an de ser sino vertiente s de una mi sma y única transici ón asintótica . Con esta s brev es nota s -qu e no s on má s que pun tadas inicia l es sobre l a natur al e za d e nuestra indagación- y qu e han discurrido d esde el te r reno epistémico d e la corpora li d ad, pasando por s u presunta causalidad a una indaga ción de lo “propio ”, estamos ya e n condi ciones de seguir perfilando l os ejes sobre los q ue va a discurr ir esta investigación. 4.6. El cuerpo, ent re la persona y la cosa . Pe rs onas, cosas, c uerpos 493 : se llam a un t exto de R. Esposito, donde va a consignar su hipót esis herme n éutica del cue rpo como " aquello qu e s e encuent ra en medio y re laciona la s personas y las cosas", dic e en sus páginas in i cia les, y que tomamos a modo de cont inuación del ant er ior capítulo co mo recreación de las relaciones cuerpo - espíri tu, que rec oge nu merosos postulados ya vi stos o que se seguirán c ot ejando. Parte de un postu lado que parece haber organizad o la experiencia hu mana d esde sus mi smos orígen es, el de la d ivi sión entre las perso nas y las cosas, que encue ntr a su orige n en el jurista romano G ayo y que en sus Ins tituci ones (I, 8) , identific ó como las 491 Lacan, J. Sem. XX, Aún, 1981: 17-18. 492 Lacan, J. I y T. 2: 52. 493 Esposito, R. Per sonas, cosas, cue rpos . Ed. Trotta. Madrid . 2017. 94 La pregunt a, a tenor de lo dicho, queda plantea d a: ¿por qu é result a tan importante esta blecer un diagnostic o estructural ? P orque dependie ndo de la posici ón estructural y recursos simból i cos que d isponga un s uje to -podíamos decir, de r ecursos corporales- , así e l terapeuta podrá c o loc arse a la hora de establecer la dir ección del tr at a mi en to 540 . Ent endido de e sta manera, l a s obredeterminaci ón simból i ca d e l os fenómenos im aginarios respecto de la estructura y s us dese ncade namientos, no se ría tanto el nombre de cie r tos agrupamie n tos -que podrían den ominarse sindrómicos o espect ros - com o justo s u contra r io: son las a lteraci on es es tructurales en su r el ac ión con la ca stración, el deseo y el goce las que se manifi estan en sus fall as , en sus descone xiones, en s us roturas o s us itera cione s de mane r a feno menol ógi ca , bajo s us modalidades sintom áticas. En segundo l ugar, p ero no me nos import an te : que numeros as manifestac ione s clí n icas puede n ser similare s en dist intas posici on es . Con el consigui ent e rie sgo iatrogé n ico en su abordaj e clínico. Ta mpoco debemos o lvi dar como lo anterior apunta a la condición sintomática misma de la subje tivi d ad hum ana. El s íntom a es lo más propio y ajeno, esto es, lo más éxt im o d e un ser huma nizado. 4.7.2. Queja y Tr astorno. Vivim os mom entos que b ien podemos denominar de la So cie dad d e la Queja 541 . No solo cual qu ier asunto pued e devenir una queja, s ino que par ec i era que por m edio d e la vic timización gen eraliza d a que nos domina , quie n má s se queja, el que se que ja “más al to”, es quien g ana y l l eva r azón. In cluso, es más, nuestra vi d a cotidiana está rodeada de s ujet os que viven en una queja perm an ente sin emi tir dema nd a a lguna: en la queja por la quej a misma, un suje to puede encont r ar una p erso nal satisfacción. D e ahí que no haya otr a definición de l a que ja qu e no sea la d e un ma lest ar -orgánico, afectivo, s ocial, educ ativo, económico, espir it ua l, po lítico… - pro voca do por cua lquie r cuestión: y resal tamos lo de "cual qu ie ra" El problema consiste en s i esa queja transm uta, y trans mite , en algún tipo de Demanda , si se pide algo o no; y de qué orden e s ese pe dido. Exi s ten s ujet os que e n su queja no puede n, o no quieren, demanda r algo. O, se sat isface su dema nd a… para seguir quej ándose. En psicoanálisis nuestro trabajo consiste en indaga r en lo que se quiere, en la verdad d el deseo, situa d a “de b ajo” d e lo que s e pide, es deci r, se int ent a for ma lizar la dem anda baj o la form a de un s íntoma. Eso re c ibe e l no mbre d e: "anál isis de la demanda". Pero dicho acceso tampoco está asegur ado s i no hay algún ca mbio en su discurso que com por te una imp li c ac ión p ersonal , una destituci ón subj etiva, a lguna responsabil idad, un senti rse conc ern ido o m ás prec isamente, una "rect ificación subjet iva" en su sufrimiento 542 . El con cept o de Tr astorno (ps íqui co, s e ent ie nde) proviene más bi en d e l as ciencias mé dico-psicológicas. Según el DRAE un tras torno (psíqui co o mental) se refiere a una pert urbación de la s funcione s ps íquicas o del comporta m ie nto. L as enfermedades me ntales abarcan una amplia variedad de trastornos cada uno de ellos con caracte ríst ic as depresiones neurótica s, perversas, psic ótic as ; fobias: neurótica s, perver sa s…etc 540 Dicho de otra mane ra: ni la direcc ión d e la cura, ni la tran s fere nc ia, ni la po s ición del terapeuta s on la s mismas según qué es tructur a esté alojado e l sujeto. Y e s cierto que a lgunas tácticas o estrategias clínicas pueden s er ab s olutamente iatrogénicas según donde s e apliquen. 541 A partir de : Rodríguez Ribas , J. A. Psicoanálisis para psicomotricistas (2ª Edición) . Ed. Corpor a. Buenos Aires. 2018: 204. 542 Es decir, que “ eso” que le suc ede y l e incomoda tiene qu e ver con s í mismx. Obviame nte, no es difícil acudir a la culpa: “yo s é que e so es por culpa mía”. No. Eso no es una rectificación s ubjetiva, al contrario, la tapona, si no despierta una pregunta re s pecto a qu é es lo que tuvo que ver el suje to con eso qu e le acontec ió. A menudo se nece sita, también con los niñ@s, un cier to tiempo. 95 disti ntas 543 . En línea s gene ra le s, se mani fi estan como al teracione s en los procesos del pensamient o, del lenguaje, la memoria, l os afe c t os, el humor, la comunicaci ón o relac iones con los demás , consideradas como anor mal es r especto al grupo s ocial de refere ncia del cual provie n e el individuo. N o ti en e n una única causa, s ino que son el result ado d e una comp lej a int eracción entre factores biol ógicos, s oc ia les y psicológicos . Ademá s, como l a acepción enf erme d ad m ent a l pu ede asoc iarse a la e stigmatización socia l, algunos au tores consideran más adec u ado utilizar el término d e tras torno mental 544 sobre todo en aquell os c asos e n que la e tiolo gía biol óg ica no est á claramente dem ostrada. Sin emba rgo, cua ndo se habla de trastorno no se sue le c ae r en el hecho d e que tra storno es cual quie r element o disfuncional o desadaptado frente a una pr esunta normali dad 545 . De ahí qu e su definición, y excepto el caso que exi s ta una alteración orgán ica ev idente, se refi ere a un corte estadístico re specto a una me di a pobla cional. No es di fíci l c olegir que, por una parte, resul ta muy re lativo el tipo de m edia se refiere dicho trastorno 546 . La segunda cue stión al ude dond e s e pone el cor te de la media: es evidente qu e, s i el lí mi t e de banda resulta muy estrecho, por muy signific ativ a que sea la mue stra habrá una gran pobla ción trastornada 547 . Pero, ademá s , al referirse a u n rasgo psíquico muy concre to y puntua l cualquier aspec to de la v ida co tidiana pue d e ll eg ar a ser c onsid erado como u n trast orno 548 ; inc luso a la cr eación de enfermedades nuevas que nunca has sido tomadas com o tales: es lo que ha llevado a acuñar e l té rm ino "desease-mongering" 549 . Aunque quiz ás, l a m ayor cr ítica que pu eda h ac erse a esta no ción es qu e, f inalmente , no nos d ice nada s obre alguien en concreto, sola me nte, c iertos rasgos medi bl es, eva luables y com parables: na da que ref ie ra l a singula rid ad de una historia o su goce en el deve n ir vit al. D e hecho, sucede más bien, al contrario: l a noción de trastorno s olo puede sostenerse a condici ón de for clui r l a subjet iv ida d, d esde una clí ni ca de la “mi r ada” , sin sujet o, ni “escucha”. Es por eso que debiendo conoc er, por supuesto, l a clí n ica d el trastorno, apost amos dec ididamente por el sín toma , como aqu el lo qu e mani f iesta a lgo de l a elección inc onsciente de cada c u erpo-hablante . 4.7.3. El síntoma. F reud, com o buen se miól ogo y practicante c línico que era , parti ó de los síntoma s que se le presentaban. P ero pronto pudo da rse cuent a que el sufrimi ento ps íqu ic o no guardaba rela c ión con trast orno neuro lógic o al guno, con tra dici endo la lógica neurof isiol ógica que hubie ra sido esperable. A pa r ti r d e l as afecciones hi steriform es, el sín toma adqui r ió un senti do novedoso cuando fu e en te ndido como : la expresi ón de un conflicto inc onsciente, como expr esión de deseos reprimidos. Por ello, el síntom a que se present a, lo hac e com o lo que no anda, aqu ell o que no funciona en la econo mía 543 DRAE. En. https://es.wikipedia.org/wiki/E nfermedad_m ental. R ecup.: Oc t, 2016. 544 Que es el que utilizan los dos sis tem a s c la s ificatorios de la psic opatología más importantes en la actualidad: la CIE-10 de la Organiza c ión M undial de la Salud y e l D SM- V de la Asoc ia c ión Estadounidense de Psiquiatría. 545 Kaplan&Sadock. Psiquiatría Clínica. Ed. Waverly Hispáni ca S .A. Buenos Aires. 2005. 546 No es lo mismo ana lizar un trastorno de conduc ta alime nta ria p.ej. en una poblac ión bla nca, anglosa jona, de c la s e media y protestante… que en otro tipo de condiciones antropológicas y sociales. Los es tudios c oloniales, la psiquiatría cultural y la etnops iquiatría tienen mucho que decir aún. Re cordar la referencia a lo normal-patológico de 4.3. 547 Es la crítica que se ha ce actualmente a numerosas cla s ificaciones . B asta cot e jar el exponencial aumente de tras tornos mentales en la s s ucesiva s clas ifica c iones psicopatológicas. 548 Hasta el punto de sobrediagnostica r y s obremedicalizar la vida cotidiana convirtiendo cualquiera de sus a spec tos, en una e nfermedad. 549 " desease-mongering" . En: http s://es .wikipedia.org/wik i/Pr omoci%C3%B3n_de_enfermedades . Rec up.: Oct.2016. 96 li bidinal. Y lo hac e tomando el va lor de una formación s ustitut iva de l inconsciente (eso, “qui ere decir algo ”), e s d ecir, como el cumplimiento y realización de un deseo mostrado de m anera cifra d a. Pero ta mb ié n, como una s atisf ac ci ón sustitutiva , como formación de compromiso (eso “sirve para a lgo”, ocupa un a función en la economía l ibi din al del s ujeto) como real i zación de un fan tasma inconsciente. D e a hí que, a l mi smo tiempo, que un sín toma puede provocar ciertas inhi bi ci ones o a ngustia pueda alimenta r un goce cuya sati sfacción sea un obstác u lo en la aplicación de la c ura analítica. Por su parte, para La can, y ya desde 1958, al enun cia r que el síntoma no es signo d e disfunci onamiento orgánico destaca com o el sín toma está liga do a un deseo d e reconoc i miento: d e ah í qu e e l s ínto ma sea el efecto de lo simbó li co en lo r ea l. Para La can, el s ínt om a 550 es defi nido como un s ignifica n t e metafórico, un j erogl íf ic o, un bla són, un laberinto qu e requiere libera r el sen tido apri sionado y qu e, como tal, hace em erger la verd ad allí dond e el sab er fal la. Es la vertie n te de sen tido la que d estaca com pletamente, reabsorbiendo todo s u alcance en e l proce s o de desciframie n to. Pero el síntom a t a mbi én es s igno no artic ulable a la verd ad . Y que pertene ce al registro de lo real . Por eso, podemos deci r que el s ínt oma es l o qu e hac e h abla r al s uje to, pero, sobre todo, e s lo que lo hace gozar. En la medi da que el síntoma no s olo guarda rel aci ón con una verdad que depende de s u signifi cación, com o se enunció con anteriorida d, e l síntom a es lo má s genuino que cada sujet o posee, su goce : somos nuestro síntoma se pu ede ll eg ar a de cir. D e a hí que, m ás ade lante, e n su t eoriz a ción, el go ce se convierta en el corre l at o d el sín toma: como un modo de gozar del inc onscie n te. A partir del 1975, en s u Se m. XXIII (Lacan, 2006), con el estudio de la obr a de J oyce, por me dio de su c onstrucci ón topológica ( el “nudo borr omeo” ) Laca n no dejó de disoci ar lo r eal , si mbólico e imaginario en e l s íntoma atr ibuyé ndol e una función d e prótesis . El sínthome, se convierte en el cua r to redo ndel que procura una estab il i za c ión a un a nudam i ent o precario, e v ita ndo una rotura que conll eva r ía un de s encadenamiento pat ológico. El sínthome se convie r te así, de la mano de La ca n, en lo má s propio d e cada quie n, en eso que no cae en la cura p ero que al modifica rse h ac e posible consentir al propio goc e en la línea de un d eseo m ás de cidido. Por eso, finalm ente, “el miste r io del cuerpo hablante” no es cosa tant o de la disyunció n ent re significante y signific ado como entr e el s ignifica nt e y el go ce de l cuerpo 551 , es dec ir, d e la pa labra qu e se h ace goce del cuerpo y lo que goz a de su sus ta ncia. Es a est a fusión ent re palabra y cuerpo, conti ng ente -pru eba de la no coi nc ide ncia entre el ser y sujet o- y que conlle va que el cuerpo se tenga, y no s e s ea , lo que La c an en su última enseña nza vino a nombra r com o s ínthoma. El síntoma , por último, no viene dado : es a pr oduci r en la cura, la "envolt ur a forma l del síntoma", que decía Lacan, en la m edida qu e el sujeto puede h ac erse cargo de l as moda lidades que s u inconscie n te goza . Y eso, no puede darse s in la presencia de l a suposición de saber, encarnada en l a figura del analis ta. 4.7.4. El fantasma. Algunas pala bras sobre el fantasma. Concept o funda ment al desde los inic ios freudianos y, por ende, de un a presunt a corpórica lacaniana en cuant o no hay f antasma posibl e que no s ea de un goce de cuerpo. Para Roudin esco 552 , el fanta sma, en Freud, designa el modo e n qu e e l sujet o se representa a sí mi s mo en su historia o l a de sus or íge n es: s e 550 AA.VV. Sc ilicet de los Nombr e s de l P adre . C ongreso de Rom a . Inédito. AM P. 2006. 551 AA.VV. 2015c. 552 Roudines co, E. y Plon, M. Diccionario de conceptos, término s y pers onalidade s en psicoanálisis . Ed. Paidós. Ba rcelona. 1998: 306-310 97 habl a entonces del fant asm a originario . Ro land C hemama 553 , por su parte , considera que el fantasma es a la v ez efecto del d eseo arc aico inconsci en te y matriz de los deseos ac tuales. De modo más gen era l, l a concepción freud iana de la fantasía supo ne que ésta es, por sí misma, un m odo de ela bor aci ón por el suj eto, una construcción que s e apoya parci a lmente en l o r ea l, como indica la e x istencia de las "teorí as" sexuale s inf antiles. Siguie ndo a di versos autores, el t ér mi no fantasma aparec e en la obra de Freud a p artir de 1897. Y lo hace al mismo tiem po que el de realidad ps íqui ca para indicar la vida im aginaria de l sujeto y la m anera en có mo esta e s r epresenta d a en su historia personal. Para F reud, el f ant asma en tanto repr esentación, al poner en juego el d eseo de l suj eto, li ga un deseo p asado a l a ctual. De ahí qu e, en s us inic ios, Freud destacara el papel juga do por los traumas d el s u jet o com o origen d e sus actual es ma le stares. En este senti do, la re ali d ad psíquica, a partir de 1900, ven dría a articula r tanto lo que es del orden int erno como externo, que queda ali en ada al p rincipi o de l place r ind ependi en te de la realidad. P ara Freud, el dese o era la te n tativa de reproduci r de m ane r a al ucinada las prim eras experiencias de p la c er vividas: de ah í s urge la repetición, aco tada no solo a la s expe riencias pl a ce nt era s sino, tam bi én, a las displac en te ras. Si los fant asmas inc onscientes buscan una realización del deseo e n la actualidad , estos est arán en nume rosas formaci ones del inc ons c ie nt e com o l apsu s, s ueños, a ct os falli dos. P rueba de la i mporta n cia d el d eseo en la consti tu ci ón d el fanta sma es que no ha y re lación inm ediata entre el fantasma y l os acontecimientos concretos vivi dos por e l niño. A parti r de 1905 en l os Ensayos para una teoría sexual, freudi anos, el fa n tasma apa rece en las tres instanci as (Prec, Cc e Inc.) independiente de su estructura subjetiva o pat ológica. Sin embargo, y esto se ha ido manteni endo, al lí Freud dist ingue en tre los fant asm as conscie ntes , diurnos, las fan tasías, de l os fantasmas inconscientes . Como reseña n Roudin esco y Chem ama , F r eud en 1915 d a una d efinición del fant asma qu e confi rma s us conce pciones precede n tes: el fant as ma es allí ca ra cterizado por s u movil idad; est á presente com o lug ar y momento de pasaje desde un registro de la ac tividad psíqu ica a ot ro, y apa r ece irr eductibl e a uno solo de e sos registros, el consci ente o el inconsciente. Puede obs ervarse, e ntonce s, el c ará c te r c ircular de las rela c iones entre fantasma y deseo, deduciendo que existen fantasma s consci entes, preconsci entes e inconscie n tes y que sólo estos últi mos int ervi enen en una d efinición estri cta del concepto psic oanalítico. E s e mi s mo a ño , va a describir c i ertas form a ci ones fanta s máticas como: l as de la observa ción, la s educción, la castración o el encuentro se xua l par ent a l co mo a lgunos fantasmas originar ios: con ell o, F r eud designó los fanta s mas que conciernen al origen del sujet o, a s aber: s u conc epci ón, el orige n de su sexual idad y el origen de l a dif erenc i a de los s exos. En su artíc u lo “P egan a un niño” (191 9), F reud apunta, ad emás, que si el fantasma r epre senta el deseo inc onsciente de l sujet o é l mismo queda representado por m edio de diversos personaj es. Algunos de estos fanta s mas inconscientes sólo se vuelve n acc esib les para el s uje to en la cura. O tros, perma necen para siempre bajo el imperio d e l a repr esión origi nar ia: y sólo pueden ser reconst ruidos por medio de la inte rpr et a ción. M. K le in, en ca mb io, al prop ic i ar en e l tratamiento l a realidad psíquica llaga a h acer d e la intervención s obre e l fantasma su único campo , provocando, paradó jicam en te un ma yor efecto de fijación y pet r ifi cación. Desde bien temprano J. Lacan, va a mostr ar la función de defensa qu e ani ma a l fanta s ma. Desde 1956 el fantasma s e compr ende co mo una imagen dete n ida que impide que surja un episodio traumá tico pero que se convi erte simultánea m ente en una de f ensa cont ra la castración, por tanto, contra e l deseo. P or eso, de entrada, el f ant asm a es esa vent ana con la qu e uno obs erva el mundo. Lacan, bi en adve r ti do de ell o y en un g iro espec tacular, no c ae en las trampas imaginariza n tes y ma n ifi est as del fant asma – como se toma a menudo- y lo inscribe d ent r o del univ er so signif icant e . Lo que le ll ev a a 553 Chemama, R oland. Diccionario de Psicoanáli s is . Ed. Amorr or tu. Bue nos Aires. 2002: 191 -194 98 tom ar en conside r ac ión no tanto a los personaje s m i smos como a los divinos detalles, a sus elem entos aislados (fone mas, rasgos de su per sonalida d, s egmentos del cuerpo). Convirt iendo el fant asma en el lugar donde se juega y se hac e l óg ica la rel ac ión prim ordial del sujeto con el objeto pe rdido. De ahí , se pla ntea la inscri pc ión im ag ina ria y simbóli ca del fanta s m a y, s obre todo, s u func ión d e cierre de lo rea l. S iguiendo esta misma ló gica La c a n e la boró un esquema, un ma tema, del fantasma ( S/< > a ) que inte nta dar cuenta de la re lación del sujeto al Otro, en la pregunta del: ¿qué (m e) quiere s? (¿“ che vuoi ?”); donde el fanta sm a articula el sujet o del in consci en te , castrado, d ivi dido, faltante con el objeto a , causa de deseo. El obje to, en tant o p erdido, es aqu el recorte de go ce q ue el sujeto trata de ll enar con los dive rsos obje tos ima g inari os d e la demanda qu e, a lo largo de su histor ia, le ha l leva do a darl es va lor. Dentro de es ta re lación de obj etos, c iert as p arte s d el cue rpo propio s e presta n particularmente a la op era c ión lógi ca de sep araci ón qu e traspone su objeto en lo im aginario: la m ira da, la voz, e l s eno y las hec es 554 . Si el número de los objet os a , real es, es li mitado el d e los ob jetos a, ob tura dores i magi nar ios, como los de l a t écnica y la cultura, como se verá, e s inf ini to. De esta ma ner a, el f ant asma, c ifra las modalidades de go ce d ándoles un a ori entación para s u it ine rario vital y s us el eccione s de objeto, a c ausa d e ese v acío or igi n ar io ac ontecido por la extracción de go ce. En esta fó rmula e ncontramos pues, como e l síntom a, pero d e otra mane r a, el anuda miento ent re lo s imból ico, lo imagina r io y lo r eal que se ope ra en el fantasma. De a hí, L aca n va a inferi r l a e xiste n cia de un fantasma fundamental cuyo at ravesamiento va a d ar cuenta de l a efi ca c ia de l a cura sobre un pa ci en te y que se dem uestra por una modif icación del sujeto con su goce . Podemos deducir de ahí que, si el síntoma sos tie n e al fan ta sma, este, lo hace a la pulsión a tra vés de sus objet os. Como apunt a Derez ensky 555 , a part ir de la últ i ma enseñanza de Laca n, es en el fantasma donde la libido aparece uni d a a l afecto del significante. Para J-A. Mil ler 556 , el fantasma es una he rr amienta co nce ptual que permite pensar esas dim ensiones ta n h ete rog énea s como son la p al abra y el cue rpo. El f ant asm a es tant o un a ve ntana s obre lo re al (que abr e, encua dr a, cone ct a), como un a pantal la -que s e int erpone, impi d e, pro tege- fren te a lo re al. S igu iendo a Miller, si el sinthome es la inc idencia de goce que tiene el s ignificante sobre el cuerpo; el fant asma est á esenc ialmente ligado a l cu erpo mor tif i cado y a ese r esto de go ce qu e es el obje to a. S in em bargo, el s int ho me no c arece d e relaci ón con el f antasma , en la m edida que con ec t a fanta s ma y síntoma . En la era de l s int home, e l fant asma puede s er entendido como una elucubración de l saber sobre e l goc e, aqu ell o que da un a signi fic a ción a lo traum ático de l en cue ntro prim ero entre significante y cuerpo. La c lí ni ca , nos m uestra a un paciente que habla de su síntom a d el qu e s e qu eja y de manda algo. S in emba rgo, del fantasma se obti ene pla cer a partir del goce displace nt ero. Por eso, en g eneral , l as demandas c línicas son de or den sintomático y a su v ez , el go ce fanta s mático es lo má s ín tim o, se cret o y s ingular de ca da sujeto. 554 Lacan, J. Sem. XIV , La Lógi ca del Fantasma . Inédito. 1966- 67. 555 AA.VV. Sc ilicet. Semblante s y s inthome . V II . Congre so de la AM P. Ed. G rama. Buenos Aires. 2009: 126. 556 AA.VV. Scilicet. El Cuer po hablante. Sobr e e l inc ons cient e e n el s iglo XXI. Ed. Grama y AMP. Buenos Aires. 2015. 99 5 .- Hipótesis. Objetivos. Plan de Trab ajo. Una vez d efini d as l a justi f ic ación, el int erés, así como un panor am a gener al d e lo que hem os denominado la "cuestión" del cuerpo - aspec t os avanza dos con ant elaci ón con l a int ención de ac ot ar y preparar el t erreno al que q ueremos remitirnos - ya estam os en condi ciones de poder enunciar la hipótesis que susten ta el terre no a i nvesti g ar. Dicha Hipótesis de tra ba jo re za tal que así: Parti endo de la indaga ción acerca de las condicio nes fi losóficas (óntico -ontológ icas) que f undan la corporeidad, desde una perspectiva f r eudolacani ana.... : “ Estaremos en condic ione s de delimitar las consec uencias epistémi cas, é tic as , cl ínicas y políticas de una presunta “Corpór ica Lacaniana”. Una vez enunci ada la hipótesis de tra bajo exponemos, a cont inuación, los grandes Objet ivos que se pretende n conseguir: 1.-En ca pítulos anteriores - Capt. 3 y 4- se han presenta do los eje s fi losófi cos, antropológi cos y estét i cos, que delimit an una posible c oncepc ión de l cuerpo, al ti empo de pe rfilar diversas líneas de t rabajo . 2.- En segundo lugar, enuncia r l a Hipótesis de tra b ajo - Capt. 5-, el tipo de Metodol og ía em pleada -Capt. 7- y los Mate rial es -Capt. 6- a l os q ue hemos ac ud ido. 3.- Expone r la conc epci ón d el cue rpo s osteni da por el Psicoanáli sis desde s us paradigmas -Capt 8- tomando como interlocutores privilegia dos, l a obra d e Sigmun d F reud y Jacque s Lacan. Sin dejar de lado la Or ientaci ón L acani ana, de J -A. Mille r, (Capt 8.5.-) com o excepcional e sc larecedor de la obra lacani an a. 3.-Dar cuent a de cua le s han s ido los fundamentos de l cuerpo para la Filosofí a, a través de ciertos autores preemin ente s - Capt. 9-, próximos a los postulados psicoa n alític os de l sujet o del inconsciente . 5.-Se procurará, a cont inuación, engarz ar dicha teorizaci ón freudola cani ana a l os rudimentos fil os óficos del cuerpo. 6.- En el apartado de Con clusione s -Capt.10- par ti re mos de l os Paradigmas del c uerpo en la Filosofía (10.2): poniendo especial ac e nto en las corr ie ntes: moderna, fe nomenológica, existe n cial , de la di ferenci a y pos test ructuralist a, herm enéut ica , dec onstructiva e hipermoderna, para indag ar s us entre curzamientos, posibles e im posibles, con las tópic as psicoanalíticas enuncia da s . L os efe ctos de dicha artic ulaci ó n en s us verti entes Epist émica s ( ontología d el cuerpo ), Clínica (( psico)somátic a lac aniana ) y Polít icas ( ética y biopolítica lacani a na ) dará n como resulta do lo qu e hem os venido a nombrar como una "Corpór ic a Laca niana". El Plan d e Trabajo, irá c ons onan ci a al curso lógico de los Objetivos enunciados. Como se anun ci ó d esde un inicio, parte de l trabajo, en cu anto t al ya v enía d ado , en l a me dida qu e esta Te sis, supone una reformulación de alguna s de nuestr as indaga ciones y desarrol los anteriores. Más en conc r et o, el a p art ado que c orresponde a l a concepc ión del cue rpo desde el psicoanálisi s freudol ac an ia no (Capt. 8). Sin emba rgo, la aportación de nume rosos pensadores no s olo van a remove r los fundame ntos al lí expuestos sino que se exi girán nuevos engarc es, apunt a la m ie ntos, redist ribuciones de sentido y signi fi ca c ión, hasta c o mponer un edi f ici o qu e ya no sea el exc lusivo de una c orpor eidad psicoa na lí tica cl ausurada sobre sí misma - con el lógico pel igro de ha cer de el la una t aut olog ía autorrefe renci a l - sino removi da, r evisi t ada , 100 renovada y, pudiér am os, deci r “ve ntilada” en s us huecos y opacida d es por los aut ores que c onsideramos pertinentes. Rápi damente se nos puede hacer un a obj ec ión. Qu e es la de ut ilizar a dic hos au tores preem in entes en el á mbit o d e la corpora lidad para apoya r lo que los psicoa nalistas y a enunc iaron en su mom ento. N o es esa nuestra intenc ión en absoluto. S obre todo, por que dado el peso de sus formulacione s no lo nec esitarí an pues, a fin de cuenta s , en s us mi smos desarroll os ya pueden encont r arse las fuentes origina rias que le s inspiraron. Y el trabajo re sul tante, fina l mente, esta r ía de d ic ado a confirm ar algo que y a de po r sí ya conoc emos y del que existe abundant e literatura. Es deci r, en absoluto es nuestra int ención apuntalar algo que ya nos ha v eni do dado. Más bien, el int ent o d e la presente ind agación es el de poner a dialogar, cara a cara, presenc ia a pr esencia, a lo s más variados p ensador es y practicantes de la corporeidad del ser-hablant e. En un pl ano de igual d ad, si pud iera s er, con todo lo que d e críptico ti ene este s intagma . Diálogo fecundo y produ cti vo , sin pre te nsiones trasce nd entales, pero a su vez, va riado, diverso, in ac abado y s orpres ivo. Donde e l di vino detal l e pue da adqui rir categoría de par adigma y donde sus l íne as delim itantes no hagan tant o de muros com o de fron te ras y m em bran as, permeables e imp erm e abl es, en su prop ia sincroni cidad. Sabem os bien, cual es e l precio a paga r. Por un la do, e l sesgo impreso a dicha le ct ura . No hay lect ur a neutra. T oda lectura, ya provi ene de un e squema con cept ua l previo qu e supone una preconclusi ón decidi d a, s e sepa o n o. Hace r al arde de una supuesta neut ralidad aderezada con un a presunta y ca lcul ad a frial dad metodológica, no solo no servirí a de nada, sino que realzarí a má s, si cabe, dicha impostura . Y, en segundo lugar, y justo por ello, la impos ibil id ad de elaborar una teoría acabada , conc luyente y deci siva de lo que a la corpor ificación s e refi ere. N o por nada y quita ndo a ci ert os au tores que dedicaron gr an par te d e su o bra al tema la cue stión misma de l cue rpo, lo empezamos a co legi r, es m ás bien cosa d e pinceladas, trazos, alguna s h u ellas signifi cativas ba jo la forma d e quine mas o som atogramas y, sin duda, innume rables versos. A lo má ximo qu e podem os aspirar, pues, es a l ogar ciert os encuentros , engarce s , cruce s , anud amientos y al gunas que o tras costuras, sabiendo desde el in ici o mi s mo, de la absoluta conti ng enc ia y provisionalidad de dic h o ropaj e textual y t isula r, hecho d e firm as, formas y flujos. Por lo ta n to, el grueso de l t r abaj o consiste en una relectura filosófica y psi coanal ítica de los ej es que comandan las diversas posici one s que sobre el cue rpo pud ie ron elaborar nuestros insigne s autores. Un cuádrupl e movimiento textual y le c tura l h a sido requerido e n esta indagaci ón : - El primero , va desde la filosofía al psicoanálisis. A unque apenas reseñado, este últ imo no hubie ra sido posible sin la concurrencia del prime ro. - Segundo, int erno al psicoanálisis, dilucidando sus model os y tópi ca s corpóricas. - Te rcero : desde el ps icoanálisis a la filosofía, inv itando a esta a abstra er las difer ent es mode lizaciones somática s como resultado de sus inve stigaciones e pist ém icas. -Cuarto : de retorno. De la f ilosofí a al ps icoanális is. Y como dicha s modeliza c iones fil osóficas impregnan, abren y cue s t iona n las propia ment e psicoanalíticas. Veam os cómo se ha plasma do es te proye c to, de sde s u s egundo m ovimiento: -Segundo. Interno al psicoanáli sis : precipitando las líne as de fuer za, detenci on es, puntos de sutura y evolu ci ones interrumpi d as , impass es , que se da n en e l pe nsa m ie nto freudola c aniano en lo a ti nen te al cue rpo, hasta llegar a la d emarcación de una geografía somát ica que no es nunca s ino una orografía, a menudo, re cóndita, dispersa y subterrá nea (Capt. 8) . -Terc ero. Desde el psicoanálisis a la filosofí a Pa ra impl e mentar un procedi miento fil osófico sim i la r respecto a a lgunos pensadores señ ala dos (Capt. 9) . Este es el tra b aj o má s laborioso. Pues s i en el s egundo, a pesar de sus acc ide nt es, el terre no ya es taba 101 ac otado por unos rasgos p aradigmáticos que le son comune s - los l la mados conce p tos fundament ales del psi coanáli sis - en est e te rc ero, a l o máxim o que podemos aspira r es a una ca rtografía de r egi ones, de islas o te rrit or ios en lo que no queda nad a cla ro qu e nos refira mos a la misma modelización de ob jeto cuando este sea analizado. En concreto: e l mi smo sint agm a “cu erpo” (propio, como ya se vi o en 4.5. ) y s egún qué corrie n tes, aut ores o movimient os , adqu iri rá un as connotacio nes u otras que no nece s ariame n te puede n ceñirse a un te rr it orio nítidamente acotado. A lo sumo, y a costa de pri or iza r, anul ar, resaltar o ningunea r a ciertos desarroll os - es dec ir, de correr e l rie sgo d e desal o ja rlo d e su prop io sistem a cognosci t ivo - podremos enc ontrar algunos r asgo s que podemos considerar “comunes” y que, s in gran difi cultad, pueden dev enir enga r ce s o artic u la cione s 557 mí nimamente bien em p astada s. Somos bien conscientes del peligro de su parc ialida d, forzamiento o de aj us te “bl ando” que pue de sufrir este inte n to. Se trata de en indagar “en” la fi losofía, dentro d e ell a, aque ll os postulados que han te nido acción de “ causa” de los principi os de la corporeidad freudolac aniana . Sabie ndo bien, que ni “ toda ” l a fil osofía enc uentra sus “raíce s ” en los fundame n tos corpóric os ; ni t oda la corpore id ad enc u ent ra sus fundament os en “l a” sol a (ni en “ una” sola) filosofía pues el ps icoanálisis -aunque e minenteme n te- ta mbi én bebe de a lgunas que ot ras fuentes epistémica s . De esta manera, el psic oaná lisis ve sum ergirse en la f ilosof ía , de já ndose i mpregna r sin te ner porqué disolv erse en ella 558 ; pues, entre otra s co sas, no podría ni querrí a. Por lo ta nto, movimi en to no es conce bido ni p ara forta le c er los concept os freudi anos ni par a le gitimarse - desde un a presunt a pá tina “aristocrática” como l a fi losófic a - ta n to en su te oría como en la prag mática que l a s ustenta 559 . Por el contra r io, establecer un fr anco y honesto “diálogo” pued e conv erti rse en un proce d i mie nto sum ame n te fe cundo, en la me dida que el m ismo Freud, y nume ros os de s us s eguidore s, resultan vent urosos int erlocutores para exte ns as áreas de la filosofía. -Cuarto m ov imiento postulado. Desde la f ilosofía al psicoanáli sis . Gi ro de “re torno ”, de “vue lta” a l psicoanálisis, de “ aquel” ps ic oanál isis que pudo de jarse impregnar por la fi losofía. P ara “ airea r ” y viv ificar, pero también, para resigni f i cantizar algunos lugares vuel tos “ comune s ” de l ps ic o análisis freudolacania no. As im ismo, como tributo a los pensadore s que instig aron a lgunas formu lacione s psic oanalíticas o aque l los que se dej aron p erm e ar por ellas. Y , por ú ltimo, para abrir n uevos horizo nt es e interrogantes en el pensamiento de la subjeti v idad c orporizada. Este último movimiento lo encontramos en el Capt. 10.-Conclusiones. Fundament os para una Corpór ic a Lacaniana. Resumi endo: c uádruple engarce e st eorotáxico, en u na dinámica que lo es de r eversión y “apre s cup”. Dado que, entre otras cuestiones, no podría habe r sido de otra man era sin ca er en el tra n ce de una fagocitación e incorpor aci ó n mut uas. A ún a cost a, insistimos, que en dicha l abor costural y quirúrg ica se pueda incurrir en ci ert a fa lt a de r igor y la situd e n función de l acento puesto en cada una de las diversas versione s somáti c as. Por cie rto, tal y como el propio cuerpo reclama . 557 Al decir de Lacan: “puntos de c apitonado”. 558 Entr e otras cosas no podría, en la medid a que, s i bien el psicoanálisis bebe continuament e de l sabe r filosófico, el ps icoanális i s , e n su propia gené tica no tiene la voca ción -ni pue de- c onvertir se en una apropiación ontológica o una epistemología de l ser. Al pone r al sujeto del inc onsciente en su c ondición parlante, finita y se xuada por delante, e s decir , bajo su inmane nte c astración, eso impide c ualquier tentación de trasc end encia y universa lid ad. 559 Y bien qu e podría ha c erlo. Para empezar, la fil osofía, exceptuando honrosos cas o s , a cogió, mucho mejor e n su se no al psicoaná lisis que las disciplinas de corte presunta mente científico o mé dico. Pero también es verdad que, a s u vez, los propios p sicoana list a s, empeza ndo por Fr eud mismo -que no tení a una gran cultura filosófica - recurr ieron a filósofos diversos para refutar sus postulados . La literatura, en este sentido, es s um a mente abundante . 102 Lo cual, por ú ltimo, rec lama difer ent es mod al idades escrit ur ale s den tro de l as com petencias de quie n subs crib e. A lguna s serán pu ras ci tas l ite r ale s, otros desarro ll os serán m ás explicativos, otras a ún, m ás el ucubrativas... El Capt 11 .- D iscusión. Objec iones. esta rá dedi cado a anali z ar las refuta c iones y rebati r la s conclusiones. Aportando posible s nuev as vía s de investi gación El Capt.12.- Bibliografía: contiene abundant es r eferencia s s obre el tema. T anto s i los te xtos han sido citados com o material empleado o como complemento a los temas trat ados. 103 6. Material. Respec to del Material e mpleado y sus fuente s, prácti cam ente tod as procede n del ámbito de la F ilosofí a y del Ps ic o análisis. Lo que no obsta que s e hayan incluido otras procede nt es de campos afin es: como las cie ncia s de la a cti v idad físi ca, la psicom otricidad, la neurología , la soci ología, el arte etc. Respect o a la Filosofía, se han s ele c cionado los textos más rel evan tes de los aut ores reseña dos. Obviame n te, ni están todos los autores ni todos s us text os (pues no es un a int ención exegética n i abar ca dora, la qu e guí a el presente tr aba jo). Pero sí los te stimonios más repre sen tativos tant o por l as cor rient es, pensador es, como por sus obras, en l o atinente a un pensamie nto d el cu erpo. Para re m it irnos al Psicoanálisis. P or lo que respect a a la obr a de S. Freud y pud iendo el egir entre otr as tantas ediciones: las d e Alianza , la de Bib li ot ec a Nueva etc . hemos dec idido escoger la más r ec onoc ida y cotejada intern aci onalmente: la de Sigmund Freud (1992), Obras comple tas. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. Hagam os entonc es, la re lac ión de l as obras del corpus freudiano consult adas para la oca sión de este trabajo que pre s en ta mos: -Vol.1 (1886-99). Public aciones pr epsic oanalíticas y m anuscritos iné ditos en la vida de Freud. -Vol. 2 (1893-95). Estudios sobre la Histeria. -Vol. 3 (1893-99). Primeras publicac ion es ps ic oanalític as. -Vol. 4 (1900). La Interpretaci ón de los s ueños (primera parte). -Vol. 5 (1900). La Interpretaci ón de los s ueños (continuaci ón). -Vol. 6 (1901). Psicopat ología de la vida co tidi ana. -Vol. 7 (1905/1901). Fragmento de análisis de un caso de Histeria (D ora) y otra s obras. -Vol. 8 (1905). El c histe y su relación con lo i n consc ie nte. -Vol. 9 (1901-1908). El d eli rio y los s ueños en la “G radiva” de W. Jensen y o tras obras. -Vol.10 (1909). Análi sis de la fobia de un niño de ci nco años y otras obras. -Vol.11 (1910). Cinco c onf erenc ias sobre psicoanáli sis y otras obras . -Vol. 12 (1911 -1913). Sobre un caso de par anoia d escrit o autobiográficamente y otras obras. -Vol. 13 (1913). Tótem y tabú y ot r as obras . -Vol.14 (1914-1916). Contribución a la Historia d el Movimiento psicoana lític o y otras obras. -Vol.15 (1915-1916). Conferenc ias de Introducción al Psicoanálisis. (Parte s I y II) -Vol.16 (1916-1917). Conferenc ias de Introducción al Psicoanál isis. (Parte III). -Vol.17 (1917-1919). De la historia de una neurosis infant i l y otras obras . -Vol.18 (1920-1922). Más allá del principio del placer y otras obr as. -Vol. 19 (1923-1925). El Yo y e l el lo y otras obr as. -Vol. 20 (1925-1926). Presentación autobiográf ic a . Inhibi ción, síntoma y angus tia y otras obras . -Vol. 21 (1927-1931). El porvenir d e una ilusión. El m alest ar de la cul tura y otra s obras. -Vol. 22 (1932 -1936). Nuevas conf erenci as de introducc ión al psicoanáli sis y otras obras. -Vol. 23 (1937-1939). Mo isés y la r eligión monot eísta. Esquema del ps icoanálisis y otras obras . Respec to a la obra Laca n ia na. 110 modo e n qu e los datos se rel aci on an c on el con text o, saber que s e verá for taleci do por el éxi to de cada inferencia. - Anál isis: se o cupa d e los procesos más co nvenci onales de ide n tif i cación y represent a ción de la s pautas má s notab les, esta dístic am ente más significati v a o que por al gún otro mot ivo dan cu enta de los result ados del anál isis del con teni do o los descri ben. Digamos entonces, que la condición pri mordi al para la r eproductibi l idad d e un proyect o de investigación es que c ada uno de s us componentes sea descri to d e forma expl ícita. 7.3. Resumen. Metodol ogía segui da. Por lo tanto, si resum imos e l m arco Metodo lógico de In vesti ga ci ón qu e hemos em pleado en el presente estudi o: -Respect o a la s Intenciones Metodol óg ica s: este es u n traba jo d e orden Hermenéut i co o Inte rpr et ativo. Y a que profundiza sobre e l tema e n un reducido número d e c asos o personas. -En lo qu e atañe al Diseño: es un est ud io D escripti vo, que e studia una v ariable o pone en rel a ción dos o más va r iabl es. -En función del Tiempo: es un e studio diac r óni co o Longitudinal , en tanto toma informa c ión sobre lo que se e s tudia en v arias ocasio nes. -Respect o a la Vinculación del inv estiga dor : N o parti cipante , ya que el investi g ador es ext erno y no pertenece al conj unto de personas estud ia das. -Según el t ipo d e Datos: resulta una investi gación Cu alit at iva. -Según el M étodo utilizado: el Análisis de Doc umentos reseñado en e l M ateria l propuesto -Respect o a la Técnica utilizada: el Análisis de los Contenidos. -Respect o al Instrument o utilizado: es Semi estruct ur ado, porque y a ha y una hipótesis de traba jo previ a cu ando se ana liz an los text os, aunq ue no es un instrumento categorial ce rrado. -Informac ión que se puede obtener: no Categoriza da en tant o l as respuestas no son ce rradas. Por lo que respecta al present e trabajo , el s int agma, objeto, a investigar y n exo d e tod o el trabajo es el del “Cuerpo” . Por supuesto qu e hubiéramos podido ele g i r otros té rminos que d e al gun a manera s e aproximara n a l campo semá n tic o qu e hemos quer ido ac otar: hablamos, sobre todo, del s oma, del yo, d e la corpor alidad, del hábitus, de l rostro , del psiquesoma e tc. D e h echo, cie rtos autores, distingue n n ít id am en te ent re la somat ización, corporeizaci ón o corpori ficación etc. Y, en segundo l ugar, para ello, t uvimos que desca r tar el vocabl o cu erpo toma do como com plemento: cuerpo de l a L ey, e l c uerpo de l ej ér c ito, e l cu erpo de la l etra o aqu ellas refere ncias que al ud ían al cuerpo como una metáfora : be lla com o un cuerpo…. Esto no excluiría, en absolu to, e l uso de o tros significant es en el s enti do que qu ere mos darl e, pero hem os op tado por aquella te rm inología q ue gozaba , al me nos en este punto, de m ayor consenso. De e sta m anera, lo que se nos impuso de m anera evid ente y pudim os comprobar feh acientemente a lo l argo de este estudio fue el he cho de que la ac epción que m ás se aproximaba a esta versión de l cue rpo qu e nos inte r esa es l a del cue rpo “ propio”. Y, no s olo, por sus aspectos deno tati vos y c onnotativos presente s e n la tradición y obra de numerosos aut ores sino porque, en puridad, fue la que con mayor frec uencia aparecía en el tratami ento ep istémico del cuerpo en la obra de los pensadore s y practicantes concita dos 579 . Ta l y com o se plant eó en el pun to 4.5.- 579 Somos bien c onscientes del forzamiento realizado. Pues ni siquiera e s s eguro que el s ignificado al que remite lo propio del c uerpo, sea congruente en estos dos ámbit os epistémicos, aparentemente tan di s pares como pueden s er el psicoan á lisis y la fil osofía. En nue stra ayuda, viene el mismo a rgumento en el sentido 111 Por tant o, hemos hecho uso del materi a l re señado y procedido al proce s o d e sel ección baj o los crite r ios enunci ados, es decir, tomar e l "c uerpo pr opio", s abie ndo que dicha cri ba no dej a de ser tributaria y aproximat iv a a o tras ac epci on es. Y a que, por muy uniform e qu e s e pre tenda d icha propiedad de l cu erpo, no de jarán de ser versiones semá nticas o sémicas que pre tenda n a proximarse lo más posible , a jui c io de los autore s ci tados, " a lo que de esencia pueda intercambiars e con el pr edi c ado, sin que el enunc iado se convierta en falso" 580 . El P roye ct o de In vestigación e n cuanto a la e l a boración y selección de los D atos pasará , pues, por implementar c r it erios denotativos y connot ativos : - en c uanto el sintagma diga textualme n te : " cue rpo p r opio" . - o en cuanto el "sent ido o la significación ", hagan evident e al usión a lo prop io del cue rpo tal y como se ha señala do. Y, en s egundo luga r, respecto al traba jo prop iamente dicho -la Redu cci ón, Inferencia y posterior Anál isis - vendr án da dos por la labor herm enéut i ca, e n cuant o a comprensión de su senti do latente en el que, sin duda, y a me nu do, concur rirán enunciados lite rales cua ndo estos se aproximen a l a enun ciación lat en te. Y a que no se trata t anto d e un traba jo taxonómico, que tam b ién pudi era hab erse dado, en el s enti do d e ordenar, cl asificar, a cotar d iferentes modelos o posicione s d esde los que a n al i za r las diferentes orie ntaciones que p erm iten vislu mbra r e l materiali s mo, deconstrucción, existencialismo o la f enomenología de corpor eida d, como má s b ien, cuál es d e estos h ilos gnos eol óg icos conduc en y ani man esa corporificación que fu e ent revista y p erfilada por los próc eres del psicoanálisis. que ni s iquiera tienen por qué se rlo, y de hecho no los son, e n el interior de c ada uno de ello s . R esumidas cuentas , bien pue de pasar que el c uerpo al que se remite J. L aca n en de terminado periodo, se a proxime mucho más a l de un, p.ej. J -L, Nanc y, que al de un prime ro freudiano. Es a hí, en es a disimetría y dispersión -como y a coment amos en el pasado Apdo 5, de Hipótesis y Objetivos - dond e s e pu eden encontrar sus puntos de engarce y a rticulación 580 Ferr ater Mora, J . Diccionar io de F ilosofía . E d. Sudamerica na. Bue nos Aires. 1971: 490 -491. Y J. Derrida, J. Márge ne s de la Filosofía . Ed. C átedra. Madrid. 19 98: 284-290. Este cuerpo- en -sí, que pretendemos aludir, toma múlti ples a cepciones a lo largo de l a obra fil osófica junto con la freudiana y lacaniana . 112 8. Cuer pos d el inconsciente : sus paradi gmas y escrit uras. 8.1. Planteam iento. A proxim ac i ón semánti ca. ¿Porqué del “cue rpo y su corporei dad”? Llame mos corporeidad a aquel lo at ine nt e al cue rpo en su ace p ción d e “más propio” . P ara co me nzar, repasemos al gunas d e s us ac epciones léxicas, j unto con a lgun as otra s 581 . - Cuerpo. DRA E. (Del lat . corpus ).1. m. Aquello que tie n e ext ensión l imitada, perce pt ible por los sentidos. 2. m. Con junto de los sistema s orgánicos que constituyen un s er vivo. 4. m. Tall e y disposic ión personal. 10. m. Grandor o ta ma ño. 14. m . Conjunt o de personas que form an un pueb lo, una rep úbli ca, un a comunidad o una asoci ación. 15. m. Conjunto de p ersonas que desempeñan una mism a profesión. 17. m . Cada una de las partes, que pu ede n ser independient es, cuando s e la s consider a unidas a otra pri nc ipal. - Corporal. D RAE. (Del lat . corpor ālis ).1. adj. P ert eneciente o rela tivo al cuerpo, espec ialmente al hu ma no. P resencia corporal. Pena c orporal. -Corpor alment e . DRAE. 1. adv. m. Con e l cuerpo. - Corporalidad. DRA E. (Del lat. corporalĭtas, - ātis ).1. f. Cualida d de corporal . 2. f. Cosa corpora l. Corpora li zar. - Corpóreo. DRA E. ( Del la t. corporĕus ).1. adj. Q ue ti ene cu erpo o consiste nci a. 2. a dj . Perte neciente o relativo al c uerpo o a su condi ción d e tal - Corporeidad. DRA E. 1. f. Cua lida d de corpóreo. Corporidad. - Corporeizar. DRAE. 1. tr. Dar cue rpo a una ide a u otra cosa no mate r ia l. U. t. c. prn l. - Corporizar . DRAE. 1. t r. corporei z ar. 581 A partir de : Rodríguez Ribas , J . A. “ Algunas aportaciones t erminológicas para teje r un cue rpo ” . Rev. En trelíneas . Nº 34. Ed. APP. Barce lona.2014 . R ecordemos, a s u vez, otros sintagmas íntimamente relacionados: - Cenes tesia. DRAE. (Del gr. κοινός, común, y αἴσ θησις, s ens a ción).1. f. Ps icol. Sensa ción general de la existenc ia y del estado del propio cue rpo. Su hi storia fue desar rollada por Jean Starobinski (1999). Muy próximo al de imagen cor poral. - Carne. DRAE. 5. f. Parte material o c orporal del hombre, c on s iderada en opo s ición al espírit u. Carne e s la modalidad que toma el c uerpo e n la fenomenología. Em pez ando por Husserl, con algunos pocos capítulos de s u s Ideas (2013) y c ontinuando c on Merleau Ponty (2000) en Fenomenología de la Percepc ión . De ahí emergería toda una corriente francesa alrededor de la filosofía de la carne. Encarnación es el título de un texto d e M. Henry (2007) . Ca rne es ta mbién la terminología usada muy contemporáneamente por el la c aniano J . -A. Miller para referir se a lo real del cue rpo en tanto s ustancia, por fuer a de lo s imbólico e imaginário. - Imagen corpor al. La imagen del cuerpo cons ist e en la vivenc ia pe rsonal, bás icament e cons ci e nte, aunque también incons ciente, del c uerpo. Es di s tinta a la apa riencia c orpor al , in cluso el hábitus de los sociólogos (Bordieu). Francois e Doltó (1986 ), siguiendo a Fre ud y Schilder (1983) ha bla de una imagen inconsc iente del cuerpo. Que, a unque no exactamente, podría asimilarse a la fantasmática cor po ral de B. Aucouturier (2004) . - Imagos (del cuerpo). La palabra imago no está regi s trada. Es te conc epto procede de C.G. Jung (1911) quien lo describe ligado a otro, el de complejo: las relaciones del niño c on su ambiente. Ya el propio Freud había des tacado la pres encia de re s tos y huellas mném icas referidas al c uerpo, que se ha cían espe cialmente pre s entes en algun as fantasías obs esivas o sueños reiterativos. Posteriormente, dicho término sería retomado por Melanie Klein para referir se a los contenidos de ciertas fantas ía s pare ntale s muy arcaicas e inten s amente ans iógenas, efecto del odio por la falta de l pecho c omo objeto de satis facción. - Presenc ia. T odo un tem a en el ámbito de la fil osofía y en cie rtas corrientes ps icológicas. La presencia - presente - es tá ligada a la exis t enc ia en tanto e star -ahí (Dasein) e n s u cualidad extensa ( r e s extensa, Des carte s ). Concepto muy aprecia do por los deconstructivistas y su crítica a la pres encia omnímoda de la palabra. Es lo real de la prese nci a , la que permite poner en jueg o la ause ncia y s us re-presentaciones. - Rostro. As í se refier e el filósofo E. Lévinas (1987) al cuer po de los otros, en c uanto es e ente que por su sola pres encia indecible funda un manda to de re speto y recono c imiento: “ la inefable pres encia del rostro del otro…” 113 - Corpus. DRAE. (Del lat . corpus ; propia m ent e 'cuerpo').1. m. Con junt o lo más ext enso y ordena do posible de datos o text os científicos, literari os, e tc ., qu e pue d e n servir d e base a una investigación. - Incorporación. DRAE. (D el lat. incorporatĭo, - ōnis ).1. f. Acción y efe cto d e inc orporar o incorporarse. Un somero aná lisis inicial , nos depara como e l cue rpo , objeti vo y s ubjetivo, s in ten er una defi n ici ón última en su globalidad re la c iona l, re mi te a la p erce pc ión, a l organismo, a la disposición, a la extensión (R. Desc arte s, H obbes , Spinoza…), a l d esempe ño o a su unifi cación. A lo más propio y aj eno del suje to. D e a hí puede deriv arse la corporalidad, en la que cue rpo es del orden de una a tribución, no garant i za da, lo que s ignifica que no te rmina de s erlo en su construcc ión hasta adquiri r dicha cualidad ( corpor ali zación, no está reg istra da). Pero ta mb ié n lo corpóreo: te n er un cuerpo e s de las muy poc as certezas humana s , pero no va de suyo. Antón imo de incor póreo, lo corpór eo, se r efiere a la consiste ncia formal de cu al qui er ob jeto. S in e mbargo, al no ha b er esencia alguna del cue rpo no hay cuerpo sin su consistenc i a ( ten er corpóreo ). Otro vocabl o deriva do sería e l de corporifi car que no está registra do. En tant o sus sinónim os son dar cuerpo, corporeizar, materiali zar et c., esto puede sugerirnos la operac ión de asent arl o, de consolidarlo sea en su unidad, sea en su fragil idad o desestruc tura. O incorporación: tom ando a quí e l se nti do de atraer o d e indu cir algo e n el cu erpo: ta mb ié n podría entenderse com o el acto de constru ir un cue rpo, corporei z arse. En psicoanálisis y la psi comot r ici d ad aucout uri ana (2004), es usado p ara defi nir c iertas fanta sí as y fantasmas (de in c orpo rac ión) ray ando el límite de las angusti as de devor aci ón, de ro tura … Cor pus, por últ imo, es el vocab lo al qu e re curre el fil ósofo J. L. Nancy (2003), para habl ar del cuerpo, en senti do dec onstructi vo, con la ex -critura de la s ub jet ividad. Sin em bargo, quizás los apelativos qu e mejor se ajus tan a nuestra aproxi ma c ión sea n los de corporeidad, en t ant o cua l ida d d e lo corpóreo ( t am bién corpor idad o corporeizar ) . Corporeizar el cuerpo, tendrí a que v er con el pro ceso consti tutivo de dar cuerpo al cue rpo, unificando s u ima gen y viv encia a p artir de los fragmentos i ma ginarios de l cue rpo y su soporte orgáni co. La corporización, no está registrada . Sin embargo, J. -A. Mill er, siguiendo a J. Lacan, hace uso de ese t érm ino . Vista esta inicial aproximación se mántica d el s inta gma cue rpo, p arece ser hora y a de ent rar en enjundia. Así, en los próxi mos capítulos, expondremos con mayor profundi zac ión lo qu e es el cue rpo par a e l Ps ic oan ál is is. Co menzaremos, con al gunas p inceladas al red edor de psicoa nálisis y s us incide n cia s; p ara más adelante, ir exponiendo como ha ido evol ucionando la concepción del cue rpo -y s u corpor ei dad- en los principales aut or es. 8.2. El Cuerpo desde el Psicoanálisis : i nc i d enci as y paradigm a s . Este apartado pretende aport ar una breve sinopsis de las aporta c iones del ps ic o análisis a la corporeidad. P rim ero, d elimitando sus aspectos cognoscit ivos, sus áre as de infl uencia. Para, en s egundo lugar, descr ibir som erame n te l as dive rsas a cepciones, ta mbién l lamadas pos iciones, par adigmas o tóp icas que fu e c ernie ndo el saber psicoa nalítico ac erc a d el c uerpo. Resul ta de l todo evidente lo fr agme n tari o d e est e int ento, p ara el cu al d isponem os de s obrados textos 582 y que no t iene o tra m isión qu e ac ercarnos a la c u esti ón del cuerpo desde los postulados ps icodi námicos. 582 Muy r ecome ndable, para una introducción rigur osa , exce ptuando los ma nuales y dic cionarios al us o, es el texto de P aul Bercherie, 1988: Géne sis de los c onceptos freudianos. P ara ampliar la s es feras culturales, cie ntíficas, fil osóficas , política s y c línica s del psic oa ná lisis pode mo s sugerir: Fr ancois Balmés, 2002; José María Álvarez, Ra món E steba n y Fr ançois Sauvagnat, 2004; Miquel Bas sols , 1997; Agnes Aflalo, 2011; J orge Alemán y Sergio L arr iera, 1998; M i guel Kolteniuk Krauze, 1976; G raziella Maghe rini,1998; Rosalind M in s ky, 2000 y Blanca Moreno et al .1999. 114 Para comenzar, no está d e má s r ec ordar qu e el Psicoaná l isis fue hi jo de su é poca ; posible mente, surgió, c u ando pudo y de b ió de h acerlo, com o d igno descendiente de la Mod ernidad, y s u “sospecha” 583 . Por s upuesto que dich a ca ída de las c ert e za s de l suj eto aut ónomo y voli ti vo, r aci on al e il ustr ado, del “ sapere aude” kan tia no, no vendrí a d e suyo. En gran medida, fu e el producto d e una caí da de l cuerpo y las c ert e za s positi vistas que aducía n los inge nt es ava nc es en la me dicina y fisiología de la époc a. ¿E n qué senti do? : en el de la discordancia de los fenóm enos neurol óg ica mente espera bles r espect o a sus efectos. A lgo en el cu erpo resulta b a anómal o s i se analizaban la s primeras afe cciones a las que se dedi có, la s histe ria s, desde una escuet a perspec tiva neurol ógica. Es ahí, en ese en cuent ro, e n ese d esajuste , donde podem os situa r el or ige n de una conc epción que h abría de tener en cu enta la irrup ción de l univers o simbólico en las marcas funcional es del cuerpo . Lo que no obst a para que, a lo largo de la histor ia psicoa nalítica hasta el mi smo Fre ud, sobre todo en s us prime ro s mome n tos, prete nd iera hac erse con un funda mento n eurológico a los trastornos me n tales, como bien dem uestran algunos de sus artículos. Pero no. El psicoa nálisis no s e ocupa de lo psicofi siológico del cuerpo sino de los efec tos subjet ivos en ta nto ser d e lengu aje. 8.2.1. Fundamentos y vige ncia del par adigma ps ic oanalíti co. 8.2.1.a. Definic ión y deli m itaci ón. Con lo que deb erem os desbrozar el campo concedido al denominado Psicoanálisis, par a poder despleg ar sus i ncidencias teór ic o -c línicas. Para E. Roudin esco e l Psicoaná lisis 584 es: Té rmino creado por Sig mund F r eud en 1896 par a denomina r un mét odo part icular de ps icoterapia (o cura por la pal abra ) der ivado del procedimiento ca tártico (catarsis) de Josef Breue r, y basado en la exploración del inc onsciente con la ayuda d e l a asoc iación li br e por parte de l paciente, y d e la interpretación por p arte de l psicoa n ali s t a. Por extensión, s e da el no mbre de Psicoa nálisis a: 1. El tratamiento realizado con este mét odo. 2. La discip li na fundada por Freud (y s ólo ella) en cuant o co mpre nde un mé todo terapéutico, una organ ización clínica, una técnic a psicoanalítica, un sistem a de pensamient o y una m oda lidad de tr ansmisión del s aber (análisis didá ctico, control) que se b asa en l a transfere ncia y per mite formar profesiona les del inconscient e. 3. El movimiento psicoanalítico, es deci r, una escu ela de pensam ie nto que engl oba a todas las corrient es de l fre udismo. Ent re las difer ente s escuelas psi cológicas y psicop at ológicas, es el único m ét odo que reivi ndi ca el in consci ente y la sexual id ad como los dos grande s universale s de la subjet ividad hum ana. En e l p lano cl ín ic o, es también el único que s itúa la transferen cia com o formando parte de esa misma uni v ersal id ad , En este s ent ido, el ps icoa nál isis 583 “ Fil osofía de la sospecha es una etiqueta ba st ante s implif icador a , pero que desde que la propuso Paul Ricoeur (1913-2005) en su libro «De l’ interpr étation. Ess ai sur Freud» ( 1965), ha sido usada para desc ribir e l carácter común del pens amiento de Marx, Nietzsche y Freud. L os eje s de la s o s pecha s on básic amente cuatro: la religión, la política, la soc iedad y la é tica”. Alcobe rr o, Ramón. “Los eje s de la filosofía de la sospecha” . 2003. En: http://www.alc oberro.inf o/pdf/ SOSPI T A03.pdf. R ecup.: Novbre.2018. 584 Roudines co, E. y Plon, M. Diccionario de conceptos, término s y personalidades en psicoanálisis . Ed. Paidós. Ba rcelona.1998: 843-846. 115 remi t e a la tradición socrática y platóni c a de la filos ofía 585 . Fre ud, dice Roudinesco, fue el iniciador de un cambio tot al d e la mir ada m édica en el sen tido de tomar en cuenta la s te orías elaborada s por los propios enfe rmos sobre sus síntom as y sus mal estare s . Lo que trae rí a aparejado un absoluto revulsivo para el espíritu científic o de la épo ca : s ubversión el cogi to cartesiano, que a día d e hoy mantiene to da s u vigencia. Freud emp leó por prim era ve z la pa labra ps icoanálisis en un artícul o de 1896, redact ado en fr ancé s y ti tulado " L a herenci a y la eti o logí a de las neuros is". Prosigamos la definici ón d el Psicoa n áli s is 586 Ya en 1910, en "Las per specti vas fut uras de la terapia psicoanal ítica ", F reud d elimit ó un marco té cnic o para l a cura, afir m ando que ésta tenía por obje tivo v enc er la s resisten ci as. En 1922, en Dos artíc ulos de enciclope d ia: «Psic oanálisis» y «Teoría de la libido», Freud pr oporcionó la definición má s prec isa del m arco psi coa na lí tico, al subra y ar q ue s us " pila res" t eóric os eran e l in conscie n te, e l complej o de Edipo, l a resist enci a, la represión y la sexual idad: " Quien no los ace pt e no debería contarse entre los psicoa nalistas". Conce ptos que, a pesar de ir c onformando el ar ma zón teóric o del ca mpo fundado, en función de l va lor o la pri macía qu e fueron al canz an do cada uno de el los c on e l tiempo, irí an m odif ic ando la argum ent aci ón de todo s u edi fic io c on las consiguient es consec uencias en la conducci ón de l a cura. Lo que no obsta para que Freud, i n tenta r a desde sus inici os, ub ic ar el psi coanálisis entre l as ciencia s de la na turaleza o al m enos, asigna rle un esta tuto de ciencia " natura l" . In tent o falli do, al qu e prefirió ceder, par a el aborar un discurso que diera cuenta de una verdad simbóli ca y subje tiva. A causa de esta doble pertenencia de l psicoanálisi s (a l dominio de las cie n ci as de la naturaleza y a l de l as artes de la inte rpr eta c ión), sus refuta ciones cie ntífi c as se despl egaron en el terreno de la tera pia, lo que no ha sido sin combat es entre los parti darios de las sucesivas orie ntaciones que fue ron s urgi endo. El m ismo J. La c an, e n su Seminario XI: L os cu atro conc eptos fundamenta le s de l psicoanál isis (1963 -1964), planteó u n renovado estat uto de es tos conce ptos - inc onsciente, r epetici ón, transferenc ia y pulsión - b ajo lo que deno minó “un re torno a F reud” que com enza r ía má s de diez años antes 587 .Y esto fue así porque los propios conc eptos que fundaron dicho pa r adi gma entraron e n revisión c asi desde sus ini cios. No podemos, he mos dic ho, ent rar en detalles respe cto a la s variacione s que sufrie ron estos conce ptos fundamentale s a lo l argo de s u poco más de un siglo de exi st encia. Pero bie n es cierto, que si qu ere mos h acer un inventa r i o de l as dif ere ntes ace p cione s d el cue rpo -que no goz a, recordamos, de l estatuto de co ncept o fund ame n tal - no deber ía mos rehusar una re visión d e la propia evol u ci ón t eórico- c líni c a que se fue expe rimenta ndo. Por el contra rio, ta l y como han s eña lado numer oso s autore s , el psicoa nálisis asegurará su pervivenc ia m ie ntras no deje de cuestionars e en que consiste lo propio del psicoa nálisis, como opera y qué es un psicoa nal ist a, s o pena de devenir en una filosofí a 585 "E n la historiografía of ic ial s e ha dado un a ver sión legendaria del na cimient o del p s icoaná li sis , atribuyendo su origen a dos mujeres : Bertha Pappenheim y Fan ny Mos er. A la primera, atendida por Josef Breuer, se le ha atribuido la inven ción de la c ura por la palabr a, y de la s egunda, tratada por Freud, se ha dicho que hizo posible una clínica d e la escucha al obligar al médico a renunciar a la observación directa y a mante nerse retirado, detrás del paciente. Esta leyenda, en la que s e mez clan los nombr e s de los dos autores de lo s E studios sobre la Hi s ter ia, vehiculiza un a genea logía de l psicoanálisis que no es extraña a los enunc iados freudiano s " (Op.cit.: 843-846). 586 Roudines co, E. y Plon, M . Dicciona rio de c oncepto s, tér mino s y per sonalidades en psi coanálisis . Ed. Paidós. Ba rcelona.1998: 843-846. 587 Op.cit.: 613-620. También en: Montalb án, Manuel. Comunid ad e incon sciente . El p s icoanálisis ante el hec ho social. Ed. MGE . Má laga. 2009: 55; Vida rte, P. y R ampérez, J .F. Filosofías del siglo XX . Ed. Síntesis. M adrid. 2005: 41-48. 116 herm enéutica o una tele o logí a de l a subjetividad . Y lo que la historia misma de l psicoa nálisis muestra, es que dich a perm eabili dad epistémica -de la cu al e l cuerpo no es aj eno- se ha mantenido gr acia s a los aport es que e l ps ic oanálisis ha tomado d e otras disci plinas, y, viceversa, a las influencias anal ít ic as digeridas por o tros campos del saber. 8.2.1.b. In fluenci as culturale s y retornos. Estatuto científico del psicoanáli s is. Críti ca a su transversalidad. Vigenci a d e sus p ostulados. Media nte un par che ado así d e pi ezas diversas de é pocas disti n tas, t o mada s de Freud y de La c an, es como s e t eje nuestr a refl e xión, y no te nem os que renunci ar a hacer est e parc h eado p ara ajustar nos cada ve z má s al psicoa nálisis del sigl o XXI 588 . No existe hoy en día , práct icame n te, aut or con te mp oráne o alguno, digno de mención - con exce pción quizás, de algunos neopositi v ista s a nglosajone s y americanos - que no tom en muy en cuenta las refere n cia s freud ianas y laca nianas en el cam po de la subjet ividad y los malestares de la c u lt ura. Pues, como dice P -H. Castel en “Psic oaná lisis y Filosofía” 589 del te x to de K auffman : “ a pesar de s u poc a afición por las fi losofías de las que h abía ej em plos en su époc a, y por la tradi ción filosófi ca en gene ra l (con las excepciones puntual es de Em pédo cl es, Plat ón, Nie tz she o S chope nh auer, todos ellos “forjad ores de m itos” ), Fr eud pus o en tela de juici o la s premi sas psicológicas, por ci erto, pero sobre todo lógico -epistemológicas sobre las que iba n a erigirse en el siglo u n buen nú mero de conc epci on es fil osófi cas d e enve rgadura, obl igándolas anti c ipadamente a reserv arle al psi coanálisis un tratamiento part icular, lo que h asta entonces (por lo menos a juicio del filósofo) era priv il eg io exc lusivo de la ciencia” . De ahí que F r eud haya representado un aut éntico revulsivo a cultura contemporá ne a, t al y como s ostie ne J . M. Quintana 590 : “ Freud ha ela borado tam bién una filosofí a y más espec íficamente, una ant ropo logía . D esde los círculos especi ali z ados hasta los escrit os de divulga c ión e incl uso el lenguaje de la calle, l os concept os psicoana lí tic os s on el com odín en el que se canaliz an y expre san los modos de pensar de much as personas”. ¿Cuá l sería esa dimensión trágica, freud iana , qu e s upone tanto una conti nu idad co mo una ruptura en la ante r ior herm en éut i ca de l s ujet o ? 591 . Signos de dicha continuidad epi stémica s erían los de: e l binomio r az ón -l ibert a d individual : la libertad indi v idual apa rece como irrenunciabl e. L a cie n cia en rel ac ión a la histori a: la evol u ción es invoc ada en todo el proce s o de la cul tur a y puesta en paral elo con el de la evolu ci ón indi vidual para la inst auración de la moral, los ideales éticos, la culpa y el superyo. Otros elem en tos propios sería n: la cr eencia en el progreso, el goce por la be lleza, l a vic toria de l Derecho y la J usticia. Y s ignos d e r uptura, (en evidente alus ión a G. Bac helard) ente ndid a com o ese cambio de perspect iva que desde l os siglos XVII-XVIII va a configurar la subjeti v idad moderna , s ería n lo s de: desdeñ e de las conc epciones 588 Miller, 2014. “E l inconsc iente y el cuerpo hablante”. Abril 2014. Presentación de l tema: El Inconsciente y el cuer po hablante . Hac ia el X Congreso de la AMP R ío de J aneiro, 2016. Versión esta blecida por Anne -Charlotte Gauthi er, Ève Miller -Rose e t G uy Briole. T exto oral, no revisado por el autor. Traducc ión de Enr ic Be renguer. En: https://www.wapol.org/es/articulos/Template.as p ?intT ipoPagin a= 4&intPublicacion=13&intEdi cion=9&i ntIdiom aPublicacion= 1&intArti culo=2742&intIdiomaArti culo =1. R ecup. Octbre 2020. 589 Kaufman, P. Elementos para una enciclope dia del psicoa nálisis : E l aporte fre udiano . Ed. Paidós. Buenos Aires.1996: 653. 590 De Llobet i Llavari, Lluís . Aproximación a F re ud. Psic oanálisis y antropología . Ed. PPU. Barcelona.1989: 5. 591 Op.cit.: 135-141. 117 adm itidas dentro del ca mpo cr istiano- católico y conce pción cartesiana del hombre desem bocando, fin almente , en un gran debate sobre el raci on al ismo : des de el pansexua lismo, al orgul lo heri do de la vani dad antr opocént ri ca , mae stro de la s ospecha al costado de la primacía é ti c a y m ora l de l superyo. F rancisco J . V ida rt e (QEPD) y José F ernando Ra mpé rez, en Fi losofí as del siglo XX (2005) 592 reca pitulan y sintetizan, de m anera muy a jus tada , la apor tación freudia n a que supuso: el destronam i ent o de la razón de s u pede st al ilustra do, el diseño de un modo privi legiado de acceso a los proc esos no ra ciona l es, la pos tula ción d el imperio de l pla cer, la confi gur aci ón de una estruct ur a psíqu ica en tér mi nos topo lógic os y, por últ imo el descubrimient o de la pulsión de mu erte: pos tul ado que ec haba por t ie rra todo sueño em an ci pa tori o d e la Ilustr ac ión. D e sus aporta ciones a la filosofí a contem por ánea , estos autores destac an qu e Freud compuso un voc abulario que obligó a abordar los problemas filosóficos desde o tra perspectiva. Deba jo de l c ogito modernos s e e sconden mi l for mas de op acidad, dicen: la alienaci ón al poder, una voluntad déb il, coba rdía y un inc onsciente gobernado por un más allá del placer. Rem itiéndonos a la obra l aca n ia na, Roudin esco 593 des taca que: “del l ado del discurs o fil osófico y de l saber univ ersita r io, la obr a de L a ca n se ha conv erti do en obje to de pensam iento, desligado de toda im pl icación clínica y de toda a puesta instituci on al . En esta perspecti v a, se ha lai cizado al mismo t iem po que se ha inscrito en la historia int electual francesa: j un to a l a de Barthes, de Foucoult y de Leví - Strauss”. Para Vida rte y Rampérez 594 , a su vez , la obra de Lacan se si túa d entro d e la corri en te Estruct uralista, junto con Lévi-Strauss, S eaussure, Althusser o R. B arthes. Si n em bargo, una le ct ura má s de teni da nos permite cotej ar que la te or ía y la obra lacaniana - dada su conte mporan eida d con otros autore s y escuelas - no dej a de tener con exi ones muy profundas y constantes con las llamadas fi lo sofías de la Diferencia (Foucault, Dele uze, D errida) y fi rmes puntos de contacto co n el Neopragmatistmo (Rorty), la ll amada Postmodernidad (Lyotard, Vat ti mo, Bau drill ard, Jameson o Zizeck) o el Femini s mo, las teorías de Géne ro o las t eorías Queer . Ahora bie n 595 , la visión del p ensam ie n to fil osófi co del Lac an : En el caso de Lacan no se contempla más que una figura monol í ti c a, ant ipática, abstrusa, e i ninteligi b le , enma r cada dentro del para dig ma estruc tural y “superada ” por l as críticas de cuan tos postestruc tur al istas vini eron luego de él. En la literat ur a la c ani ana viene a re conoce rse, si n lugar a dudas, recuerdan, a un segundo Lacan, el de los años se tenta, “con la impartición d el S eminario XX , Aún ( Enc ore ), que sorprende su similit ud con dos pensa dores con qu iene s, o tal v ez por eso preci samente, en apar iencia man te ní a una dura pugna, como fueron Dele uze y Derri da. Su descubri miento, serí a e l traer a c olación una nueva a lteridad anunc i ada b ajo e l nombre de "lo Real" irreductible al orden s im ból ico”. De est a ma n era, v a renun cia r a traduc ir lo real a lo sim ból ic o, re conoc i éndose su infalibilida d y s obre todo, la necesidad de un tratamiento espec íf ic o d e lo re al d el go ce 596 . Operación, singular p ero homol ogable, dicen V ida rte y Ramperez , a la que l levan a cabo estos tr es autores “para dej ar que nuestra m irada se pasee de l objeto a l aca n i ano, al r esto derri diano o al esquizo del euziano”. D e esta mane r a: ”ya no se nec esit an más vacunas contra la her mené u tica y 592 Vidarte, P. y Rampérez, J . F. Filosofías del siglo XX . E d. Sínte sis. Madrid. 2005: 41-48. 593 Roudines co, E. Jacques Lacan: E sboz o de una vida . Ed. Anagr ama. Ba rcelona. 1995: 628. 594 Vidarte, P. y Rampérez, J . F. Filosofías del siglo XX . E d. Sínte sis. Madrid. 2005: 229-237. 595 Op.cit.: 234. 596 Op.cit.: 234. 118 su espuria apropiac ión y ne u tral i za ción de lo más d esestabi lizador del psicoa ná lisis: l o que sie mpre viene del la do d e l a pulsión de muerte, del goce , d e l o real" 597 . Desde otra perspectiva , r esulta b ien pa tente la i nflue nc ia del ps icoanálisis en los div ersos campos del saber. Para bien y para ma l. Es por lo que, ca da ve z c on ma yor frecue nc ia, e l psico aná l isis ha ido dev iniendo e n impresci nd ible int erl ocu tor de l os sabere s que tratan los malest ar es ac tuales y los impa sses de la c ivilizaci ón. Ta l es en con cre to l a te sis que sostiene: Ros alind Minsky (2000) en su publica ción sobre el psicoanáli s is y c u ltura . Desde el comienzo 598 nos dice que h a habido do s ám bitos de creciente in teré s por l as ideas psi coanalítica s: el núm ero c ada ve z más el evado de mu jere s que ingresan en las institu ciones psicoa nalíticas; y otro, el cont inuado interés por las ideas psicoanalíticas en las universida des 599 . Simi lar propósito sosti ene Ja cques Derri d a, en E stados de ánimo del psicoaná li sis (2001) cua ndo baj o el epígrafe “Estados Generale s del P s icoanál isis” , en refe rencia a los le vantamientos fr anc eses del 1789, se pre gunt a qué es lo que d ice el ps ic oanálisis ac erca de dete rminadas cuestiones éticas, jurí di ca s y pol ít icas. A parti r del conc epto de pulsión de muerte , s ac a a co lación los sus ta ntivos cruelda d y s oberanía a dere zados por la correspondencia qu e s ostuvie ron E ins tei n y F reud. Lo cua l tra e im pl íc i ta l a noción d e “resi stencia”. Te ma qu e, a s u vez, ya fue tr ata do en otro de sus text os Resistencias d el psicoanál isis (1997): resistencias del ps ic o análisi s, a sí mismo y resiste ncia s al psicoa nálisis convertido en una suerte de medicamento. Por su pa rte, Le o Bersani en su tra bajo 600 , pret ende an alizar e l est atuto epi stemológico del psico análisis como s i fuera una obra de art e. Evocando una re fl exi vida d en qu e l as noci ones de área y frontera s on profundam ent e extranj eras el tex to freudiano es este tizado, probl e ma t iz ando sus aspirac iones de formalización y est ructura ción. Habría en e l arte una suerte de aca ba mi en to que sería la cont rapart id a estétic a de l as ambiciones ant ropológicas del Ma lestar , del Más allá o de los Tres ensayos . El trabaj o d e F r eud, sostiene el autor, es un t ipo espec ial de texto estét i co que busc a estab il i za r las pert urbaciones de la sexualida d, en una t eorí a a cer ca de los efec tos subversivos de la sexual idad humana sobre el im pu lso de produc ir for mas. Vemos hasta acá, c omo el Psicoa ná lisis en su voc aci ón de estar a la altura que la cosa cont emporánea re clama, es horadado por los e mer gent es s im ból ic os que marcan una époc a, en una cont inua dialéctica mutua 601 . Baj o el pr opósito inherente del p aradi g ma psicoana l ítico de dotarse d e una teoría d igna p ara la s ubjetivi d ad del momento, hubo nota bles intentos de inte rpr eta c ión de lo cultural, lo político y lo c o munitario. Respec to a esto úl timo, resul tan muy pertinentes algunos enunci ados de Jorge Alemá n. En un t exto d e 2003, para dar cuent a de una po litic a freudo -lacaniana, di ce 602 que: “s e ll ama ma l esta r de l a civiliza ción a los di spos it ivos históri cos que intentan, a trav és del Discurso del Amo, establecer la s repr esentacione s sobre el sexo, la mue r te, l a le ngu a, codi ficando sus trayectos en la s d istintas époc as y e stable cer s us sentidos”. La c uestión pla nteada es que este , llamado por Lacan Discurso del Capit al en su Se minario XV II - com o se verá más adelante-, ha s ubvert ido todos los demás Discursos de manera q ue lo 597 Op.cit.: 236-237. 598 Minsky, R . Psicoanáli s is y Cultura. Estados d e ánimo conte mporáneos . Ed. Cátedra. Madrid. 2000: 11,12. 599 “G ran parte de la as imilación de la teoría psicoana lític a en los depa rtamentos de arte y de humanidades de las univers idade s s e h a centrado en la obra po stmodernist a de Lac an, obra qu e no es más que una pequeña pa rte de la riqueza y d e los planteamientos psicoanalíti cos ” (Minsky, R. 2000: 24 -28). 600 Bersa ni, L. E l C uerpo Fre udiano: psicoanálisi s y ar t e . Ed. Literales . Córdoba. Argentina. 2011. 601 En contrapartida, el psicoa nálisis, afectado por el universo del le nguaje s imbólico de su momento, no deja de s eguir influ yendo en las l e cturas que dicha condición pr ovoc a. 602 Alemán, J . D erivas del Dis cu rs o capitalista: Notas sobr e psic oanálisis y política. Ed. M G E. M álaga. 2003: 25 y 29. 119 Uno se ve elev ado a la cat egoría de un Todo : Todo puede ser medido, i ntercambiado, ca lculado, hacerlo circular y Equi v al en te en función de cie r tos parám e tros. Esta cuestión qued a tratada en el texto del ps icoanali s ta fr ancés J -A . Miller y J -C. Milner 603 part ir de lo qu e denominan: “la lógica del casill ero”, es deci r : al lá donde s olo ca be ha ce r un a cruz, no ha y lugar p ara el matiz o la exc ep ci ón, transform ando la ca usalidad misma en una pura op eración de fre cue nc ia estadística. J. Alemá n, aborda este m alestar d e l a c ivilización, desde otra versión en su texto: El porveni r del inconsciente , recordando que el mun do, tal y como planteó H ei degger, todo él, se vo lvió ima g en. El s ujeto, a par ti r de la llamada post moderni d ad estaría consti tuido de t al manera q ue logr a que todo lo qu e es del orden d el ente com parezca a presenc ia. Es lo que años má s t arde un fil ósofo como Derrida, llamará la m etafísica de la Presenc ia , es de cir, volver t odo presente: desde lo más pequeño h asta lo má s grande, todo empi e za a est ar a disposición, todo cae bajo el do minio de la representaci ón, todo puede s er r epre sent ado 604 . Habría un correla to en tre el mundo que s e volvió ima gen, e l hecho de que todo esté inscri pto en el campo de l a i nfor mación y que t odos los saberes pasen por dich a estruc tura d e la información. E l s aber que no pu e de ser informa do no cue nt a como saber. S egún esto, no tendría mos una image n de l mundo porque el mundo mismo s e habrí a vu el to imagen. ¿Cuáles serían aqu ell os m ovimi en tos que pueden nombra rse com o ab anderados d e di cha fund ame n tación?, y Alem án 605 nombra : a la línea lac aniana, la de construc ción y la l ín ea f oucoultiana -del euziana. Esta s tres grande s operac ion es tiene n en común que defienden una pos ici ón ta l que: frente al carácter esta ble y trascendental de las exi sten ci as, el c ará c ter conti ng ent e; frente al mundo d el senti do, defender l a presencia d el sinsentido; fr ent e al mundo d el progr eso y del sentido transc endental de la historia, d efende r l a finitud de cada uno ; frente a la universalidad del para todos, defender el carácter radical de ca da singularida d 606 . El psicoanálisis defi ende , ent onces, un a m anera de entende r el mundo d esde un s aber het erocentrado, fra gmentado y nunca a ca bado, que es el que corresponde al d el suje to. Un sujeto "sospechoso" de la Modernid ad, pe ro que, simultáne amente, no de ja d e denunc iar sus propias condic iones de imposibilida d, en la medida que el yo, al de cir freudia no, ya no es dueño y señor en su propia c asa. Este dobl e movimiento, d escrit o muy suc int a me nte, de permanente di ál ogo, influencias mut uas, movimientos de ida y rev ersiones et c. no ha sido, como no podía ser otra ma nera, sin tropi ezos, difi cultades, impasses y recom ienz os. La fant asía de aniquil ar lo subversivo de l psic oanálisi s, el fi lo cort an te de su verdad freudi ana, rec luy endo e l psicoa nálisis en los a naqu el es de la hi stori a de l pen samie nto, de la ps i col ogía o, como muc ho, to lera ndo su e xisten cia en el á mbit o de l as p sicote rap ia s, fina lme n te , no es más que el inte n to de anular lo radical y genui no que def ine e l ser de cada uno: aquello qu e no siem pre es contable, eval u abl e n i incluible en la cadena e qu ivalenci al. 603 Miller J.A. y M ilner, J.C. ¿ De sea usted ser e valuado?. Ed. M GE . Mala ga. 2004. 604 Alemán, J. El porveni r del incons ci e nte . Ed. Gr a ma. Bue nos Air e s. 2006: 24. 605 Op.cit.: 32. 606 Atendamos e st e parágrafo: “ Alguien podría de cir que la Pos tmodernidad, sin embargo, introdujo e l fragmento, el objeto fractal, el sujeto dise minado etc, pero n o son más que variacion es teórica s de los problemas que han inaugurado Fr eud y Heidegger, porque al mundo lo s igue dominando la ide a, no s olo de que el sujeto captura a través del conocimient o el objeto, s ino, como el propio Freud y Heidegger habían vaticinado, de que e l propio s ujeto se le puede volver un obje to , y de ahí, e studiarlo, categorizarlo y tratarlo como un objeto” ( Op.cit.: 64). 126 ant eriores, a ntes bien, l as complementan y aportan novedosas herrami en tas teórico - cl ínicas. Sin duda serán los con cept os de represión y de la libido, com o se r ec onocerá, con s us s ucesivas divisiones tópi cas, dinámicas y ec onómicas los que permanezcan com o pilares, sentando la s bases del inconsci en te, represión, transferenc ia o pulsión com o conceptos fundamentales sobre los que gra vi tarán la s sucesivas variaci on es. Es a partir de d ichas etapas, también llamada s s us grandes tópicas, de donde s e han podido e stablecer los diferentes paradi g ma s freudian os referidos al cuerpo. 8.3.A. Pri mer Paradigma: Cuerpo Fun cional (1886 -1893). S. Freud, partie ndo de sus primi genios trabajos neurofisi ológic os de investi g ac ión logra su deseo de real izar una estancia de estudios con Charcot, en la Salp etriere, entre los años 1885 y 1886. D el rigor en la observ aci ón semiológica d e los fenó menos histér icos, y por ende del cuerpo de sus pacie nte s, perduraría s u fina obje tividad en la descri pción dia gnóstica y nosográfica de la s patologías atendidas . Lo que se le fue reve lando progresiva m ent e, y de mane ra sorprendente, fue la no coi ncidencia ent re el saber neuro lógic o y la observ ac ión real de una af ección me n tal, que se pre sent aba co mo si no existiese la anatomía. La re pe ti c ión de esta discordancia, y quiz ás su mayor acie r to, fue el hec ho de pl antearse la existencia de una lesión en l as ide as o representaci on es de las func iones orgánicas 630 . Padec imientos como dolor es, te mblores, hemiplejias, alterac ion es funcionales , hipoeste s ias o pará lisi s, no conc ordaban con lo que s ería esperable anatom ofisiol ógicamen te respec to a l a ine rvación afectada . En s u text o “La histeri a”, de 1888 631 , habla porm e noriz adamente de la localiz ación prefere nte de las llama d as “zona s histeróg ena s”. E l f ino clínico que pre tendía ser Fre ud, muy al uso de la época, trató de establecer diagnósticos diferenc ia les te niendo en cuenta aspec tos como int ensidad, s imet r ía , frec uencia, l o cali za ción o funcione s afe ct ad as. La s paráli sis histéricas son más raras que la s anestesia s , y casi s iem pre están ac ompañadas de anestesia de la parte de l cuerpo p aralizada; en afeccione s orgánic as, en ca mbio, predo mina n l as perturba c ion es de la motilida d, que apa recen independientemente de una an estesia . L a s parál isis histéricas no tom an para nad a en considera ción el edif ici o anatómico del s istema nervi oso, que, co mo es s abido, se tradu ce de la m ane ra m ás nít ida en la distri bución de las paráli s is orgán ic as 632 . Si los trastornos neuróticos, lo que ha cen es de forma r y exa g erar la s re acciones fisiol ógicas del cuerpo orgánico, co mo se pregunt ar ía cua lqu ie r médico que se precie: ¿dónde radica r ía su eti opatogenia? Y ahí com ie nz a a hablar ta nto de al t eraciones de sus represent a ciones, en l a me did a que pueda n s er antitéticas 633 , como de un aspec to cua ntitativo 634 que toma en cua nta, eso si, los mont an te s de exc itaci ón nerviosa 635 . La al teración d el cue rpo vendría d ada cuando se sobre pasa en in te nsidad o frecu enc i a e l umbral de homeostasis: es lo que ll am ó: princi p io de constancia . El lo se infiere a part i r de c olegir que la funcionalidad hi st érica tiene un marcado carácter ex cesivo , aislado y móvi l . En “Sobr e el mecani smo ps íquic o d e f enómenos histé ricos” (1893), e scribe: 630 Op.cit.: 278. 631 Freud, S. O.C. 1 : 47. 632 Op.cit.: 50. 633 Freud, S . “ Algunas consider aciones con mi r as a un es tudio comparativo de las parálisis motoras e histér icas”. 1893. 634 Freud, S. “ Manuscr ito E . ¿Cómo s e gener a la angu s tia?”. 1892-99. 635 Freud, S. O.C .1: 231. [Document text truncated for crawler view.]