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Mª Carmen López Sáenz, Karina P. Trilles-Calvo, José Jiménez, César Moreno, Pedro Alves, Luis Álvarez Falcón, Carlos Morujão, José Manuel Sánchez, Irene Borges-Duarte, Bernhard Sylla: A las imágenes mismas. Fenomenología y nuevos medios, Madrid, Apeiron Ediciones, 2019 [Reseña]

Fernández Bascones, Elisa

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ÉNDOXA: Series Filosóficas, n.o 47, 2019, pp. 379 - 385. UNED, Madrid Mª Carmen López Sáenz, Karina P. Trilles-Calvo, José Jiménez, César Moreno, Pedro Alves, Luis Álvarez Falcón, Carlos Morujão, José Manuel Sánchez, Irene Borges-Duarte, Bernhard Sylla: A las imágenes mismas. Fenomenología y nuevos medios, Madrid, Apeiron Ediciones, 2019. Elisa Fernández Bascones* El extraordinario volumen A las imágenes mismas. Fenomenología y nuevos medios (2019), que recoge algunas contribuciones presentadas en el XII Congreso de la Sociedad española de Fenomenología: La expresión por la imagen. La fenomenología y los nuevos medios (Ciudad Real, 2018), emerge como camino a través del cual diez autores nos llevan de la mano y nos ayudan a pensar la Imagen hoy, en la era de lo virtual. La fenomenología irrumpe en las páginas del mismo como la mejor de las herramientas; si el lema fenomenológico por excelencia es aquel que aboga por “ir a las cosas mismas”, ir a la experiencia de las cosas, en este caso el objetivo primordial sería volver a las Imágenes mismas: volver a la experiencia de las imágenes, intuitivamente, con el objetivo de llegar a su verdad-como-imagen, a su sentido. Resulta fundamental la advertencia que Mª Carmen López Sáenz y Karina P. Trilles Calvo (editoras del volumen) nos hacen al comienzo del mismo al anunciar que el uso de la palabra sentido en este ámbito habría de ser considerado en todas sus acepciones: significado, dirección, orientación, incluso “lo sentido”. Es importante tener esto en cuenta de cara a evitar caer en reduccionismos o interpretaciones cortas de mira cuando hablemos de esa búsqueda de la verdad o el sentido de la Imagen. Así, la imagen desde el punto de vista fenomenológico no es irreal ni símbolo, es un fenómeno intuitivo, entendiendo por intuición como modo de conocer y de sentir. En medio de un mundo hipertecnológico en el que la versión de la Imagen más accesible es repetitiva, plana, superficial, José Jiménez rechaza, en Imágenes: *Contratada predoctoral FPU de la Universidad de Sevilla, Doctorado en Filosofía. elisa. [email protected] C/Austria 12, portal 8, 4ºB, CP: 41012, Sevilla España. 380 Reseñas ÉNDOXA: Series Filosóficas, n.o 47, 2019, pp. 379 - 385. UNED, Madrid espejos simbólicos de lo humano, la renuncia a toda Imagen y propone una marcha a favor de la Imagen perdida, que no es otra que la Imagen en toda su intensidad, como ámbito de experiencia. José Jiménez lleva a cabo una defensa de la Imagen como (olvidado) conocimiento intuitivo, un conocimiento generador de universalidad a partir de la experiencia individual. Así, ante la pregunta acerca de dónde buscar la “carne de las imágenes”, ese sentido, plenitud o profundidad de la Imagen, Jiménez responde que no en la eternidad o trascendencia platónica, sino precisamente en la fugacidad que la caracteriza. La Imagen se nos ofrece así como signo del anhelo y como posibilidad de perdurar. Con el sugerente título Envenenan en broma. Aproximaciones para una fenomenología de la verdad y de la inquietud de las imágenes, César Moreno Márquez reflexiona sobre el como si de la imagen y la riqueza o verdad de ésta al margen de su adecuación-con-la-realidad. El título del artículo es una clara alusión a la conocida escena de Hamlet, en la que el protagonista tranquiliza a su tío Claudio cuando este se inquieta ante la escena teatral del envenenamiento. La cuestión es que el envenenamiento ficticio, como bien explica Moreno, remite en cierta forma al envenenamiento real que Claudio llevó a cabo con el padre de Hamlet. Con este ejemplo, Moreno pone de manifiesto la inquietante duplicidad de la Imagen, que contiene un contenido real irreal pero también posee un contenido verdadero. La imagen ha de ser considerada por sí misma. Contra el cínico y popular consuelo “no te preocupes, si es una película (un teatro, una ficción, un sueño, etc.)”, Moreno lleva a cabo una disertación sobre la disolución entre realidad e irrealidad a favor de la experiencia. Como venganza de las rutinas de la “mera realidad”1, el teatro, la ficción, ofrecen la posibilidad de trascender dicha realidad hacia el mundo de las imágenes: la fantasía. Contra la banalización de las imágenes, el artículo de César Moreno supone un esfuerzo por recuperar su dignidad. La ficción se presenta de diferentes formas: relato, escrito, teatro, acto creativo, etc. Pedro M. S. Alves defiende, en su artículo Fenomenología de la fantasía y de la ficción. Apuntes para una explicación unificada la idea de que existen dos modos de imaginar: el reproductivo y el productivo. Anticipar y recordar forman 1 Mª Carmen López Sáenz, Karina P. Trilles-Calvo, José Jiménez, César Moreno, Pedro Alves, Luis Álvarez Falcón, Carlos Morujão, José Manuel Sánchez, Irene Borges-Duarte, Bernhard Sylla (2019). A las imágenes mismas. Fenomenología y nuevos medios. Madrid, Apeiron Ediciones, p. 32. Reseñas 381 ÉNDOXA: Series Filosóficas, n.o 47, 2019, pp. 379 - 385. UNED, Madrid parte de la fantasía. Pero también la construcción directa de imágenes, acto que puede ser solitario (ensoñación) o compartido (construcción de historias). Frente a la comprensión de la imaginación como reproducción, es decir, como un tipo de percepción, cabe la posibilidad de comprender la imaginación al margen de la percepción real. Las imágenes contemporáneas se caracterizan por su velocidad, su reproductibilidad y su inestabilidad. Luis Álvarez Falcón afirma en Ampliación fenomenológica de la imagen en los nuevos medios que, en este contexto, cuando aumenta la estabilidad de las imágenes desciende su trascendencia (y viceversa). El objetivo de este autor en su reflexión es el de encontrar una necesidad intencional (no esencial) que asegure tanto la estabilidad como la trascendencia de las imágenes. La necesidad antigua (metafísica) y la moderna (trascendentalismo) son esencialistas. La consecuencia de este tipo de necesidad intencional es un sujeto no dominante o trascendental, un sujeto que se encuentra inmerso en el proceso, debilitado (desde una perspectiva más negativa), involucrado (desde una perspectiva más optimista). Álvarez Falcón propone una serie de recursos útiles para la recuperación, la búsqueda o el acceso a esa profundidad de la imagen de la que venimos hablando, ese sentido que hoy día corremos el riesgo de perder, o al que cuesta más trabajo acceder. En este viaje por el mundo de las imágenes, Mª Carmen López Sáenz parte de la definición husserliana de ficción, que entiende esta como rendimiento de la imaginación del que se nutre toda ciencia de esencias2. En su artículo La imagen cinematográfica como expresión universal del movimiento, afirma que para “ir a las cosas mismas” es necesaria la imaginación, pues consiste en aprender a ver el mundo en su multiplicidad. Esta autora desarrolla una reflexión sobre el cine partiendo de la idea de movimiento merleau-pontiniana. Lo imaginario, según el filósofo, tiene carne y está ligado al movimiento: “ver es moverse”; la imaginación es carne y movimiento. La experta en fenomenología se ocupa de reflexionar sobre el modo en que experimentamos las imágenes en movimiento en el cine, acto por el cual no objetivamos sino que percibimos e imaginamos gracias a la intuición. El cine, frente a la pintura, implica movimiento: es el movimiento lo que presenta a las imágenes como carnales. En el cine, el movimiento, el ritmo, 2 Ibíd., p. 91. 382 Reseñas ÉNDOXA: Series Filosóficas, n.o 47, 2019, pp. 379 - 385. UNED, Madrid permite comprender la Imagen. Pero el movimiento de las imágenes no es el único ingrediente necesario para la expresión de un film: es necesaria una tensión entre escenas y secuencias para afectar al espectador. El movimiento en el film repercute en un movimiento interior en el sujeto que observa, que deja de ser mero espectador para convertirse en sujeto que vive y siente la imagen. Recordemos, según lo que venimos diciendo, que ese movimiento también se puede alcanzar con la palabra: las obras que participan del acto de mover-conmover comparten la presencia de Imágenes que poseen la profundidad necesaria para provocar experiencias intensas, que propicien la atención y la concentración. En el artículo de Mª Carmen López los huecos tienen un papel protagonista. Los huecos son los “entres” que permiten articulación de sentido, libertad y apertura. La saturación y la velocidad serían contrarias a esos huecos: suponen un bombardeo continuo que impide la articulación de sentido y la capacidad de acceder a su profundidad. El hueco es al cine lo que el silencio a la palabra: espacios de concentración frente a la dispersión. Resulta necesaria la posibilidad de una narratividad: que la imagen no sea simplemente algo que mirar, sino sobre todo que leer, que invite a la reflexión, al movimiento interior. Igual que la Imagen, el texto, las palabras, los sonidos: incluyendo, como bien dice López, el silencio como uno de ellos, no como la ausencia o el vacío a rellenar. El cine narrativo es el cine en el que hay espacio para la conmoción, la reflexión, el silencio. Estas reflexiones en torno al silencio como posibilidad de acceder al sentido de las cosas me han recordado a lo que en su artículo Márgenes silentes. Palabra excedida y silencio inspirado (Hofmannsthal/Blanchot) César Moreno denomina silencio silente o silencio inspirado, la vida interior de las obras, no importa si Imágenes o palabras. Lo que se pierde en la inmediatez de la proliferación es la posibilidad de este silencio de lo que vemos, escuchamos o leemos. Frente a la trivialización de la Imagen, que aplana y facilita el contenido, los márgenes silentes implican el adentramiento en un ámbito de interioridad. De ahí que parezca que tengamos que cerrar los ojos ante la Imagen y guardar silencio frente a la Palabra, para apreciar lo incapturable y evitar así imágenes y palabras empobrecidas. Quizá porque el escenario por excelencia de la Imagen sea el Gran Cine, con Carlos Morujão nos adentramos de nuevo en el mundo cinematográfico, eligiendo a en este caso a Ingarden como autor-guía de sus reflexiones. A lo largo de su artículo Ensimismamiento. Su pertinencia para distinguir la obra literaria del espectáculo cinematográfico en la estética de Roman Ingarden, el profesor portugués propone y cuestiona las diferencias entre la percepción del cine, la percepción literaria, e incluso la percepción de la pintura y fotografía. Con Reseñas 383 ÉNDOXA: Series Filosóficas, n.o 47, 2019, pp. 379 - 385. UNED, Madrid Morujão recuperamos la defensa de una idea que emerge en varias ocasiones en este fantástico volumen colectivo, que no es otra que la de que la percepción de lo Imaginado (en cualquiera de sus versiones o aterrizajes) no depende de la experiencia de la realidad, a diferencia de la experiencia ordinaria, de la actitud natural. Las obras artísticas, en tanto imaginadas, son verdaderas en su irrealidad. De la misma forma que López Sáenz caminó de la mano de Merleau-Ponty y Morujão lo hizo de la de Ingarden para avanzar en este sendero por el mundo de las imágenes, José Manuel Sánchez Fernández (de quien tenemos ya editada su magnífica investigación La imagen de nuestro presente, Dykinson, Madrid, 2019) se apoya en E. Fink y su concepto de ventana. La imagen artística es ventana en tanto abre mundos e invita a habitarlos. Posee una “función portadora”3, y, en ese sentido, se configura como umbral: algo a traspasar. Se torna fundamental así el concepto de conciencia visual: tras la percepción de la imagen, la conciencia visual es un acto medial que remite a cosas irreales o virtuales, entre las cuales está la Imagen. La condición humana permite que la realidad se nos muestre en diferentes niveles, no solo en el de lo meramente natural. El ser humano habita también el mundo de lo artificial. Hay un tránsito de la conciencia natural a la conciencia visual: esta última es a través de la cual se generan las experiencias de las imágenes. Cabría esperar que, tal y como hemos descrito la Imagen en los nuevos medios, su sentido ha quedado totalmente oculto, olvidado o abandonado. La visión heideggeriana que nos comparte Irene Borges-Duarte define la imagen como acogedora de lo que se oculta en términos de sentido. En Imagen e imaginación en la fundación de lo nuevo. Heidegger y Vilem Flusser, Borges-Duarte da cuenta de cómo el mundo moderno atrofia esta posibilidad de dar sentido en imagen en la medida en que la hipertecnologización desemboca en reproducción (versus producción). Sin embargo, la autora pone de manifiesto la existencia de contadas excepciones (P. Klee, E. Chillida, A. Kurosawa…) que alumbran la esperanza de que arte, técnica e Imagen sean aún portadoras de verdad. Hay, por tanto, esperanza: existe la posibilidad de la Imagen de ser de otra manera que digitalizada, reproducida, simulada. Para ello, parecen necesarios la demora, el silencio, la comprensión. Borges-Duarte utiliza los tres casos mencionados anteriormente para arrojar un rayo de esperanza sobre el arte actual. Los 3 Ibíd., p. 146. 384 Reseñas ÉNDOXA: Series Filosóficas, n.o 47, 2019, pp. 379 - 385. UNED, Madrid tres artistas que comenta llamaron la atención de Heidegger, quien reconoció en ellos un arte capaz de poner en obra la verdad poética. El silencio de la imagen (ya comentado por autores como César Moreno o Mª Carmen López) como hueco necesario para alcanzar su sentido también es reivindicado por Bernhard J. Sylla en Imageticidade versus nao imageticidade. Perspectivas sobre funçao e ser da imagen e da medialidade. Los autores de este magnífico volumen obra coinciden en manifestar la dificultad a la hora de definir y reflexionar sobre el concepto de Imagen debido a su polisemia y a sus posibilidades, y sin embargo entretejen una unidad de significado que logra configurar un concepto de Imagen caracterizado por su apertura, como estructura interna, y por su devaluación en el marco externo, un marco dominado por las TICs que no es propicio a la comprensión y vivencia de la estructura interna de la Imagen. Para Sylla, la verdadera Imagen es la Imagen transparente, la Imagen que remite a ese fundamento fuera de sí, más allá de lo que configure la imagen en sí (la imagen opaca). Lo opaco está definido, cerrado: solo lo diáfano puede ser umbral, permeabilidad, apertura, frontera. En lo que a la estructura externa en la que se inserta la Imagen se refiere, resulta decisiva la aportación de Karina P. Trilles-Calvo con su artículo La imagen (re)doblada o de lo que puede ser un selfie. Una aproximación fenomenológica. El mundo actual, al que Bauman denomina modernidad líquida, se caracteriza por un estar-on-line ligero, fluido, no comprometido. En este contexto emerge la necesidad del ser valorado (en términos, como indica la autora, de me gusta-no me gusta) como Imagen ante los demás. Nuestra autora lleva a cabo una profunda reflexión en torno al selfie como emblema de la cultura webvisual4, una cultura de imagen, acelerada e interconectada. Karina P. Trilles-Calvo pone de manifiesto las carencias de lo visual frente a lo táctil o corpóreo, puestas de manifiesto en “la lisura de la pantalla”5. Somos cuerpo, y al cuerpo, de alguna manera, se le “queda corto” lo virtual. A las imágenes mismas. Fenomenología y nuevos medios es una obra colectiva que logra hacernos comprender la Imagen en toda su complejidad: sus posibilidades y sus riesgos y perversiones. La fenomenología aparece así como camino 4 Ibíd., p. 251. 5 Ibíd., p. 258. Reseñas 385 ÉNDOXA: Series Filosóficas, n.o 47, 2019, pp. 379 - 385. UNED, Madrid idóneo que permite a estos autores llevar a cabo una aproximación a la Imagen en todas sus dimensiones. El peligro que corre la Imagen, que planteamos al comienzo de este comentario, no reside, por supuesto, en la Imagen como tal, sino en lo que se ha hecho o se podría hacer de ella. Podríamos apostar por una defensa común, tras la lectura de esta obra, de una narratividad de la Imagen: que la imagen posea (porque posee) la profundidad de lo que se da a leer frente a su objetivización o superficialización. Esta superficialización tiene su origen, como hemos comentado, en la proliferación, que puede darse ya sobre cualquier ámbito, también el de las letras (hoy abundan modalidades de palabra que son empobrecedoras: se produce también la visibilización de la palabra). La Imagen se ha hipertrofiado en pos de la accesibilidad, de la simplicidad, del desprecio del contenido frente a la supremacía de la forma. Pero, insisto, no tendría por qué ser así. El poder de la Imagen no ya entendida como instrumento de consumo se manifiesta por ejemplo en la época del Gran Cine, o en los (escasos) casos de buen cine actual, en el que las imágenes casi pueden leerse, poseen la profundidad de lo que se da a leer. La profundidad, la narratividad puede darse por tanto en el cine o en un cuadro, siempre que la Imagen, en vez de entregarse a la comodidad de una forma vacía de contenido, permita la demora y cultive el silencio. Sospechemos, por tanto, de la facilidad de la cultura virtual para que otro tipo de cultura técnica sea posible. La compleja estructura de la Imagen, que ha sido exitosamente dilucidada por los autores de A las imágenes mismas, nos anima a pensar que ésta no sea meramente superficial, plana, sino que es capaz de erigirse como puerta, de trasladarnos más allá de ella misma. Hagamos el esfuerzo, como individuos y como sociedad, por volver a sentir las imágenes. 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