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La dinámica de las relaciones humanos-espárragos en el sur de Extremadura. La importancia sociosimbólica de la recolección

Acosta Naranjo, Rufino; Guzmán Troncoso, Antonio Jesús

Abstract

Históricamente, humanos y espárragos silvestres han compartido espacio en la Sierra Morena extremeña y se han beneficiado mutuamente de su interacción. Los espárragos han prosperado en los ecosistemas antrópicos y, a su vez, se han convertido últimamente en la planta silvestre de mayor relevancia cultural en la zona. Si históricamente eran las razones alimentarias las que fundamentaban el interés por los espárragos, hoy en dia son sobre todo un servicio cultural de los agroecosistemas, que atiende a cuestiones de ocio, vinculación al territorio e identidad local y de género. A partir fundamentalmente del trabajo de campo etnográfico y con la ayuda de parte de los resultados de una encuesta, exploramos las dimensiones sociosimbolicas de la persistencia y auge de la recolección de la planta.

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AIBR Revista de Antropología Iberoamericana www.aibr.org Volumen 17 Número 1 Enero - Abril 2022 Pp. 147 - 170 Madrid: Antropólogos Iberoamericanos en Red. ISSN: 1695-9752 E-ISSN: 1578-9705 La dinámica de las relaciones humanos-espárragos enelsur de Extremadura. La importancia sociosimbólica delarecolección Rufino Acosta Naranjo Universidad de Sevilla Antonio Jesús Guzmán Troncoso Universidad Nacional de Educación a Distancia Recibido: 01.05.2020 Aceptado: 13.05.2021 DOI: 10.11156/aibr.170107 148 LA DINÁMICA DE LAS RELACIONES HUMANOS-ESPÁRRAGOS EN EL SUR... RESUMEN Históricamente, humanos y espárragos silvestres han compartido espacio en la Sierra Morena extremeña y se han beneficiado mutuamente de su interacción. Los espárragos han prosperado en los ecosistemas antrópicos y, a su vez, se han convertido últimamente en la planta silvestre de mayor relevancia cultural en la zona. Si históricamente eran las razones alimentarias las que fundamentaban el interés por los espárragos, hoy en dia son sobre todo un servicio cultural de los agroecosistemas, que atiende a cuestiones de ocio, vinculación al territorio e identidad local y de género. A partir fundamentalmente del trabajo de campo etnográfico y con la ayuda de parte de los resultados de una encuesta, exploramos las dimensiones sociosimbolicas de la persistencia y auge de la recolección de la planta. PALABRAS CLAVE Etnobotánica, espárragos, servicios de los ecosistemas, masculinidades, España. THE DYNAMICS OF HUMAN-ASPARAGUS RELATIONS IN THE SOUTH OF EXTREMADURA. THESOCIO-SYMOBOLIC RELEVANCE OF GATHERING ABSTRACT Historically, humans and wild asparagus have shared the same space in the Extremadura’s Sierra Morena and have mutually benefited from their interaction. Asparagus has thrived in anthropized ecosystems and in turn has recently become the most culturally relevant wild edible plant in the area. If historically they were the nutritional reasons that justified the interest in asparagus, today asparagus gathering is above all a cultural service of the agroecosystems, which addresses issues of leisure, linkage to the territory and local and gender identity. Based mainly on ethnographic fieldwork and with the help of part of the results of a survey, we explore the socio-symbolic dimensions of the persistence and growth of the plant gathering. KEY WORDS Ethnobotany, asparagus, ecosystems services, masculinities, Spain. 149RUFINO ACOSTA NARANJO y ANTONIO JESÚS GUZMÁN TRONCOSO 1. Introduccción El objetivo central de este artículo es poner de manifiesto la importancia de los espárragos en la zona de estudio e identificar las razones que hacen que su recolección sea un fenómeno sociológico de gran magnitud en las comunidades rurales del sur de Extremadura. Es nuestra intención dar cuenta de las relaciones entre humanos y plantas alimentarias silvestres en un momento de importante cambio en la dinámica de su coevolución biótica y social en los agroecosistemas, ya que en la recolección y consumo de estas en España la dimensióin alimentaria se ve en parte superada por otras no tanto económicas y nutricionales, como sociosimbólicas. Nos parecen sugerentes las aportaciones que se están realizando en el campo de la antropología ecológica desde la distintas corrientes que postulan que, para entender un fenómeno social complejo en el que interrelacionan humanos y vegetales, debe atenderse a las diferentes realidades que existen en él. Sin posicionarnos dentro de la corriente del giro ontológico (González Abrisketa y Carro-Ripalda, 2016; Holbraad y Pedersen, 2017) ni pretender en este estudio hacer una etnografía multiespecies (Kohn, 2007; Münster, 2016; Ogden, Hall y Tanita, 2013), pero siendo sensibles al fondo de razonamientos antidualistas que las sustentan, creemos que es necesario dar pasos en la dirección de interpretar los procesos desde modelos centrados en las interacciones y la coevolución entre las comunidades humanas y las otras entidades del ecosistema (Anderson, Pearsall, Hunn y Turner, 2011; Ellen, 2006). Para una antropología ecológica que ponga en duda rígidos dualismos es imprescindible hacer partícipes las dimensiones física, biológica, social, filosófica y espiritual de los ecosistemas (Descola y Palsson, 1996; Ellen, 2006; Ellen y Fukui, 1996; Hornborg, 1996; Viveiros de Castro, 1998). En el campo de la etnobotáncia, es creciente el número estudios que abordan la relación entre las comunidades humanas y las plantas comesibles silvestres. En ellos se tratan cuestiones diversas como: prácticas de recolección y consumo; conocimiento asociado a ellas; interés económico; propiedades medicinales y alimentarias; relevancia desde el punto de vista del conocimiento ecológico tradicional; papel de este último para la conservación de los ecosistemas; o paso de servicio de abastecimiento a servicio cultural (Ahmed y Grainge, 1986; Gaoue, 2017; Leonti, Nebel, Rivera y Heinrich, 2006; Reyes-García, Menendez-Baceta, Aceituno-Mata, Acosta-Naranjo, Calvet-Mirbe, Domínguez, Garnatje, Gómez-Baggethun, Molina-Bustamante, Molina, Rodríguez-Franco, Serrasolses, Vallès y Pardo-de-Santayana, 2015; Sillitoe, 2006). En nuestro caso concreto pretendemos describir cómo las comunidades humanas de la Sierra Morena 150 LA DINÁMICA DE LAS RELACIONES HUMANOS-ESPÁRRAGOS EN EL SUR... Extremeña coexisten con el espárrago triguero (Asparagus acutifilus). Partimos de la base de que humanos y plantas son especies diferentes, con características singulares e irreductibles, pero que no por ello dejan de participar de una misma condición de seres vivos y de lógicas y dinámicas de reproducción, interaccion y conducta que se influyen mutuamente. Decidimos trabajar con el espárrago tanto por razones de interés personal, de gran afición por su recolección, como porque en una investigación multidisciplinar que llevamos a cabo mediante distintos estudios de caso en España resultó ser la planta comestible silvestre que mayor pervivencia tiene en cuanto a su conocimiento, recolección y uso (Reyes-García et al., 2015), habiéndose convertido su recolección en un fenómeno socioculural muy relevante. Ello nos invitaba a abordar las razones de esa persistencia, la lógica de su fuerte respuesta positiva a una estrecha interacción, tanto desde el punto de vista de las personas como de la planta. Este artículo es un peldaño más en el estudio de esa dinámica. En otra publicación (Acosta-Naranjo, Guzmán-Troncoso y Gómez Melara, 2020) dedicamos mayor espacio a los aspectos ecológicos del espárrago y vemos el interés que para esta especie han tenido los humanos, las ventajas que les ha reportado la antropización del medio, así como desarrollamos más extensamente los aspectos bioquímicos, nutricionales y nutracéuticos de la planta. Ahora, trataremos con mayor amplitud la dimensión sociosimbólica del espárrago, incidiendo sobre todo en la parte final en el componente de género. Pretendemos con ello equilibrar dentro de lo posible las referidas dimensiones biótica y social de la coevolución. 2. Metodología En nuestro estudio hemos llevado a cabo una triangulación de técnicas. La pesquisa se ha realizado casi totalmente a través de metodología etnográfica, que ha hecho posible el conocimiento de la zona en cuanto a la evolución de la población, los agroecosistemas, la economía y la sociedad, y especialmente el universo cultural de la recolección de espárragos. En diferentes momentos en las últimas décadas se ha realizado trabajo de campo en el marco de diferentes proyectos de investigación en la zona (1991-1993; 1997-98; 2005-2006), como puede verse en la Tabla 1, con observación participante y un número de entrevistas que superó el centenar. En 2012-13 y 2018 se llevaron a cabo entrevistas, observación y encuestas orientadas específicamente a las plantas comestibles silvestres dentro de un proyecto de ámbito nacional (Reyes-García et al., 2015; Menéndez-Baceta, Pardo-de-Santayana, Aceituno-Mata y Reyes-García, 2017). En una primera fase (2012-13) se realizaron 31 entrevistas abiertas 151RUFINO ACOSTA NARANJO y ANTONIO JESÚS GUZMÁN TRONCOSO semidirectivas con personas de la zona conocedoras de diferentes tipos de plantas y sus usos para elaborar un inventario. Se entrevistó a 18 hombres y 13 mujeres, cuyos años de edad eran 45, 47, 51,52, 58,59, 60, 62, 65, 67, 74, 75, 76, 78, 79, 81, 82, 86, 87 y 88. 1991-1993 1997-19 2005-2006 2012-2013 2018 Tesis dehesa Proyecto Proyecto Proyecto Revisión agroecosistemas cultivadas silvestres silivestres Observación Observación Observación Observación Observación Entrevistas Entrevistas Entrevistas Entrevistas Entrevistas Pliegos Reprospección Encuesta Charla-taller Tabla 1. Periodos de trabajo de campo. Elaboración propia. Una vez completado el inventario, sistematizamos la información sobre todas las plantas y se elaboraron pliegos de herbario. A partir de estos trabajos se seleccionaron las siete plantas que se someterían a encuesta: espárrago triguero (Asparagus acutifulius L.), hinojo (Foeniculum vulgare Mill.), manzanilla real o grande (Helichysum stoechas (L.) Moench), zarzamora (Rubus ulmifolius Schott), romanza (Rumex pulcher L.), tagarnilla (Scolymus hispanicus L. ) y tomillo salsero (Thymus mastichina L.). Para ello se tuvo en cuenta el protocolo que establecía que las especies seleccionadas debían pertenecer a cuatro categorías (fruto, verdura, infusión y condimento). Las encuestas se realizaron siguiendo una secuencia de aleatoriedad y se desagregaron en: características del informante; tendencias en el conocimiento, recolección y uso de las plantas silvestres; y valoración personal de la planta. La muestra de la encuesta consta de una población de (N = 150) personas, de las cuales un 52% (78) eran hombres y un 48% (72) mujeres. Utilizamos tres variables cualitativas dicotómicas para evaluar la situación presente (reconocimiento, consumo y recolección); una variable cualitativa para evaluar el pasado (consumo pasado); y dos variables cualitativas para ponderar la importancia social de los espárragos en el imaginario colectivo (abundancia y apetitividad). Las variables presentan divisiones y subdivisiones en función de las cuestiones abordadas: a) Situación actual de: «reconocimiento», «consumo» y «recolección» (Afirmativo / Negativo). 152 LA DINÁMICA DE LAS RELACIONES HUMANOS-ESPÁRRAGOS EN EL SUR... b) Situación pasada de: «consumo» (Nunca / Cada Poco / Cada Mucho) y «recolección» (Ahora / Antes). Además esta última incluye una comparación con otras plantas del proyecto. c) Importancia social: «apetitividad» (Nada / Poco / Medio / Mucho / Muchísimo / Ns-nc) y «abundancia» (Poco / Regular / mucho). En 2018 llevamos a cabo trabajo de campo etnográfico (incluyendo observación participante y algunas entrevistas informales) en la época de recolección de espárragos (febrero-abril). Además, hubo devolución de la información del proyecto a través de una conferencia-taller, discutiendo los resultados y nuestra interpretación de la relación de los humanos con los espárragos y sobre la recolección. La mayoría de los datos del proyecto nacional han sido utilizados en otras publicaciones (Acosta-Naranjo, Guzmán-Troncoso y Gómez Melara, 2020; Menéndez-Baceta et al., 2017; Reyes-García et al., 2015). Aquí únicamente nos servimos de una parte de los datos que ofrece un contraste entre la información etnográfica sobre la recolección y el uso pasado y presente de los espárragos. Para la redacción de los artículos sobre espárragos, llevamos a cabo una revision bibliográfica acerca de la biología y ecología del espárrago que nos permitiera entender cuestiones fundamentales de su presencia y dinámica en el ecosistema, así como su interés para los humanos. El conocimiento del universo socioambiental adquirido durante varias décadas por la presencia en el campo es el que soporta fundamentalmente este texto y ayuda a interpretar los datos de tipo cuantitativo, a la vez que estos dan respaldo a las explicaciones sobre la interfaz humanos-espárragos que habíamos etnografiado. Una parte muy significativa del conocimiento sobre el mundo de los espárragos tiene que ver con biografía personal de uno de los autores, nativo de la zona, emigrado a la ciudad, retornante continuo al pueblo e investigador recurrente en este territorio, que desde niño hasta hoy ha vivido este universo de la recolección. Muchas de las cuestiones relativas a las explicaciones de la importancia de la planta, sobre todo lo referente a las identidades locales y de género, la vinculación con el pueblo y el campo por parte de los emigrados a la ciudad, la economía moral de los regalos, la afición a la recolección, así como a la vinculación y desvinculación de la gente respecto a los campos ahora cercados, parten en gran medida de su praxis, contradicciones, emociones y nostalgias. Desde sus inicios como investigador en los años ochenta ha tenido lugar por su parte un proceso de continua refacción entre el conocimiento antropológico y la visión del nativo amante del campo y los espárragos. Esta dimension autoetnográfica ha servido tanto para entender su vivencia y práctica en 153RUFINO ACOSTA NARANJO y ANTONIO JESÚS GUZMÁN TRONCOSO torno a esa planta, como para dar contexto, vida y cuerpo a las descripciones y explicaciones aquí contenidas. 3. Área de estudio La zona de estudio la conforman las localidades de Pallares, Santa María de Navas y Puebla del Maestre, en la provincia de Badajoz, limítrofe con la de Sevilla. Es un territorio de montaña media mediterránea con suelos de escaso desarrollo y clima continental, con unas precipitaciones anuales de unos 600 mm de media. Predominan las grandes explotaciones de dehesas de encinas y, en muy escasa medida, de alcornoques. En Puebla del Maestre las pequeñas fincas de olivar tienen también una presencia relevante (Acosta-Naranjo, 2008). En este contexto, los espárragos se encuentran con relativa abundancia por todo el territorio, en todas las dehesas y olivares, siendo prácticamente inexistentes en las pocas zonas de cultivo sin árboles. En Pallares y Santa María de Navas solo se da el espárrago triguero (Asparagus acutifolius) y, en algunas zonas de olivares de Puebla del Maestre y una pequeña parte de las dehesas al este de Pallares, el espárrago blanco (Asparagus albus). La población de la zona ha experimentado un enorme retroceso desde los años sesenta, con la modernización del campo y el éxodo rural. Se ha pasado de 5.023 habitantes en 1950 a 1.217 en 2019. En 2019 había censados 379 habitantes en Pallares, 153 en Santa María y 685 en Puebla del Maestre (INE, 1951 y 2019), tratándose de una población relativamente envejecida. Es una de las zonas más deprimidas de España y con una alta tasa de desempleo: entre el 34,27% y el 37,41% (Gobex, 2019). El colapso de la agricutura tradicional de los años sesenta del pasado siglosumió al territorio en una crisis social y económica. A partir de los años 80 se desarrolló notablemente la implantación del Estado de Bienestar en el medio rural. Los subsidios, de desempleo o de la Política Agraria Común (PAC), amortiguaron el efecto del paro y de la pérdida de rentabilidad de las explotaciones. Hace tiempo que la población no padece escasez de alimentos, ni mucho menos. Para entender el agroecosistema y el sistema social en el que tiene lugar la interfaz humanos-espárragos debemos tener en cuenta algunos procesos relevantes (Acosta-Naranjo, 2008; Acosta-Naranjo, Díaz-Aguilar y Amaya, 2002), especialmente el que tiene que ver con que, al ser un territorio de montaña, no se han podido desarrollar las tecnologías y los procesos productivos que han sido posibles en otras zonas con la modernización del campo. La explotaciones son poco rentables y bastantes de 154 LA DINÁMICA DE LAS RELACIONES HUMANOS-ESPÁRRAGOS EN EL SUR... las pequeñas están semiabandonadas o no tienen relevo generacional. Se han abandonado casi totalmente los cultivos en el olivar y la dehesa, que ha pasado a ser casi exclusivamente un sistema ganadero, y el retroceso de las roturaciones ha supuesto un avance del matorral. La gran mayoría de fincas han sido cercadas para manejar el ganado sin pastores y a muchas no se puede acceder, pues sus cancillas están cerradas con candados. Se ha sustituido la mano de obra por maquinaria e infraestructuras y hay un escaso número de personas empleadas continuamente en el campo, siendo significativo el colectivo de parados rurales y de jubilados. Una gran parte de la población ha emigrado a las ciudades y cabeceras comarcales, y ocasionalmente algunos regresan al pueblo en sus días libres. El sector secundario y terciario lo conforman algunos pequeños negocios agroalimentarios, tiendas, talleres y bares, además de ciertos empleos en la Administración, que han crecido en los últimos 30 años. Como consecuencia de todo esto, proporcionalmente ha aumentado el colectivo de personas que trabajan en el sector servicios, la construcción y la emigración estacional al turístico de la costa. Tenemos en suma una parte significativa de población, residente o flotante, que no tiene una relación laboral con el campo o lo hace muy puntualmente. Sin embargo, estas personas, recurriendo a la expresión de Miquel Novara (2000), tienen «el campo en la cabeza». 4. Resultados Como hemos señalado, una información más detallada sobre este asunto se encuentra en un trabajo previo (Acosta-Naranjo, Guzmán-Troncoso y Gómez Melara, 2020), por lo que en este epígrafe solo daremos cuenta de cuestiones básicas sobre el tema recogidas en la bibliografía especializada que nos hagan ver el interés por la planta desde el punto de vista nutricional. Hay que comenzar diciendo que el espárrago es un arbusto perenne que tiene preferencia por espacios abiertos con moderada competencia con especies de raíces someras o, por el contrario, con especies de raíces muy profundas; por eso está presente junto a árboles, matorrales, cambios de terreno o vallados (Conversa y Elia, 2009; Pedrol, 2013). Se presenta en matorrales mediterráneos y también encinares o pinares abiertos, en todo tipo de sustratos. Aunque hay constancia de su presencia en zonas roturadas, son más comunes en zonas linderas de caminos y dehesas, con suelos característicamente cortos o de afloramientos rocosos. Con frecuencia se observan cercados por otras plantas silvestres y junto a la base de árboles maduros o abandonados, como los olivos, encinas, alcornoques, 155RUFINO ACOSTA NARANJO y ANTONIO JESÚS GUZMÁN TRONCOSO acebuches o peruétanos, donde los rizomas encuentran cobijo frente a la fuerte insolación y protección para su multiplicación. Hay que tener en cuenta que los árboles y los vallados favorecen la presencia de espárragos tanto por ser un hábitat importante para animales (Costa, Ramos, da Silva, Timoteo, Araújo, Felgueiras y Heleno, 2014; Suárez Esteban, 2013) que propagan las semillas de la esparraguera (especie endozoócora), como por impedir la roturación del espacio a su alrededor, lo que favorece el enraizamiento de las esparragueras. Una característica relevante de los espárragos es la dispersión por el espacio, pues no se encuentran agrupados en cantidad en un área determinada. No aparecen concentrados en rodales (patched), como sucede con otras plantas de tallo y hoja (tagarninas, romanzas o collejas), sino que las esparragueras están dispersas (fine grained), lo que será importante para las lógicas de la búsqueda y recolección de plantas (Layton, 1997). La bibliografía analizada sugiere que la recolección de espárragos fomenta el crecimiento de las esparragueras en tamaño y la aparición de otras nuevas en zonas cercanas (Herrera, 2014; Molina, Pardo-de-Santayana, García, Aceituno-Mata, Morales y Tardío, 2012 ), es decir, responden positivamente a la recolección, la colecta les ayuda a propagarse. En este sentido, un vecino de Pallares nos decía que él cortaba los espárragos aunque estuvieran espigados y no se los llevara, porque así nacerían más. En algunos otros pueblos de Extremadura nos dicen gentes de campo que podría haber más espárragos si, como antaño, las esparragueras se cortaran. Por tanto, las dehesas y olivares de la zona son espacios sumamente aptos para la proliferación de la especie, que se ve favorecida por el proceso de extensificación, abandono del laboreo y matorralización en la dehesa, por el mismo proceso de reducción del laboreo y a veces semiabandono de muchos olivares y por la práctica extendida de la recolección. En cuanto al valor bioquímio del espárrago, es muy significativo, por las propiedades antioxidantes, antifúngicas y por sus nutrientes (Herrera, 2014). La presencia de ciertos amioácidos esenciales, macronutrientes y vitaminas minerales lo dotan de un especial interés para los humanos (Amaro-López, Zurera-Cosano, Moreno-Rojas y García-Gimeno, 1995; Di Maro, Pacifico, Fiorentino, Galasso, Gallicchio, Guida y Parente, 2013; Fuentes Alventosa, 2009; Simón, 2014). Por todo ello tiene una dilatada tradición como planta reconocida en España a lo largo de la historia (Villalobos, Pacheco y Ramos, 2009), actuando de forma nutracéutica, a través de un proceso psicobiológico de discriminación por necesidad. Desde su perspectiva alimentaria, el espárrago es un compensador bioquímico, no tan relevante a nivel estrictamente alimentario, como en cuanto suplemento preventivo para necesidades biológicas concretas. 162 LA DINÁMICA DE LAS RELACIONES HUMANOS-ESPÁRRAGOS EN EL SUR... tanto, en mayor o menor medida, una crisis de la masculinidad (Valcuende del Rio y Blanco, 2015), además de una pérdida de las bases estructurales, materiales, que dieron lugar a su modelo. Ante ello, nuevas o viejas prácticas vienen a servir de guía en este proceso de desconcierto, como una manera de reconstrucción, o afirmación en algunos casos, de ciertas masculinidades, entre ellas una masculinidad nostálgica, proceso que se da en otros lugares y circunstancias (Kibby, 1998; Rehling, 2011). Es en este contexto donde también podemos situar el auge de los espárragos en la zona como una manera de recreación de la masculinidad tradicional. En ello, los varones, en una actividad donde sobre la dimensión instrumental prima la expresiva, parecen desplegar todo un conjunto de prácticas y ponen en juego, de forma diríamos que dramatizada, en términos de Clifford Geertz, una serie de elementos del imaginario de su masculinidad, como pasamos a describir. En primer lugar, el esparraguero se revela como un hombre provisor de los recurso del hogar, en este caso del alimento, que se entrega a la mujer (madre, esposa, hermana), que suele prepararlo. Es así como se explican frases como esta, escuchadas en no pocas ocasiones: «A mí lo que me gusta es cogerlos. Llego a casa y le digo a mi mujer: ‘ahí los tienes’, pero yo no los como». Una de las razones que explican el diferencial de recolección de Doñana y la Sierra Morena Extremeña, en comparación con la Sierra de Madrid, que se constata en el estudio comparativo al que aludimos más arriba, tiene que ver con la generización en masculino de los campos del sur, especialmente la dehesa y las zonas agrestes de Doñana. Nos encontramos aquí con una estructura latifundista de la propiedad, una casi total ausencia de poblamiento disperso, una población concentrada en núcelos urbanos (en el caso de Andalucía en agrociudades incluso) e inexistencia de Unidades de Producción y Convivencia Familiar, con casas dentro de la explotación familiar próximas a los predios. En el suroeste ibérico estaríamos ante la presencia de Unidades Exclusivas de Producción, siendo una de las zonas de exclusión agraria de mujer que señalan Porto y Mazariegos (1991). Los grupos domésticos campesinos han sido históricamente escasos, y, en cualquier caso, no hay contigüidad entre el espacio doméstico (esfera predominante de la mujer) y los predios. A partir de ahí se da una gran generización en masculino del espacio agrario. En el trabajo agrario la mujer siempre ha estado bajo la supervisioin de familiares o manijeros (Talego, 1995). Ya desde niñas, las mujeres han tenido muy restringido su espacio vital a la casa y el pueblo, no han acostumbrado a ir solas al campo, no lo han explorado individualmente, y cuando lo han hecho en grupo ha sido en muchísima menor medida que los varones. 163RUFINO ACOSTA NARANJO y ANTONIO JESÚS GUZMÁN TRONCOSO Así nos los hace ver esta cita de una mujer de la zona : «Al campo sola, nunca. Íbamos las amigas, sobre todo a La Veleta, ahí detrás de los corrales y ahí al Llorón [todo en el ruedo del pueblo, a menos de 500 m]. Para los cerros y eso no íbamos nunca. […] Los espárragos me gustan, pero no voy a cogerlos. Es que no soy capaz de verlos». Recordemos que los espárragos presentan una ecología muy dispersa, fine grained, de amplio radio. Así, la tarea del hombre provisor tiene lugar en un ámbito ajeno al del hogar, en el de lo silvestre, opuesto al ámbito que fuera tradicional de la mujer, el de la casa. La dimensión de silvestralidad, de espacio agreste, ha aumentado en la dehesa con la extensificación, el abandono del cultivo y la matorralización, y en algunos olivares también ha habido abandono de labores. También hemos visto cómo la población ya no reside en las fincas, y las mujeres han sido casi borradas de la dehesa y el olivar, que se han masculinizado (Acosta-Naranjo, 2008). La recolección supone así un dominio masculino sobre el medio, un enfrentamiento a la naturaleza de la que extraen recursos silvestres que son sometidos y culturalizados, primero a través de su conformación en un manojo con un tamaño y forma canónica, y luego llevándolos al pueblo y el hogar, ámbito de la cultura. Entran en juego diversos elementos para conseguir su propósito: conocimiento del terreno; sentido de la orientación; conocimiento y ubicación de las esparragueras que pueden proveer de buenos espárragos y en cantidad; vista para localizarlos, ya que ello no es fácil y debe entrenarse una habilidad propia; y, cuando es el caso, rudeza y resistencia para aventurarse en terrenos difíciles o manchas espinosas o escabrosas de matorral donde estén los tallos. Hay una evidente dimensión de reputación y prestigio entre muchos de los que van a por espárragos; hay algo en juego, y ese algo creemos que tiene que ver con la masculinidad, con la competencia con los iguales, en este caso hombres. En ocasiones, cosa que solía suceder con los niños, como recuerda uno de los autores del artículo, cuando se iba por espárragos y no se cogían muchos, se escondían, se guardaban en el bolsillo o incluso se tiraban, para no entrar en el pueblo con un manojo que se consideraba ridículo. Si las circunstancias le permiten exhibirlo, el esparraguero blasona de su manojo, sobre todo si es muy grande (un haz o una maceta de espárragos, como se dice en la terminología local al del dimensiones notabilísimas), pasando por enmedio del pueblo o haciéndose ver donde haya gente. Aunque cuando se va con coche no se puede pasar con el manojo en la mano por las calles, sí se puede bajar en algún lugar donde haya gente y mostrarlo. Actualmente, Whatsapp permite enseñar los manojos, por lo menos a gentes de la red social propia (Imagen 1). Nunca se ve a mujeres 164 LA DINÁMICA DE LAS RELACIONES HUMANOS-ESPÁRRAGOS EN EL SUR... por la calle con grandes manojos de espárragos presumiendo de ellos. Aunque últimamente empiezan a proliferar, han sido muy pocas la fotografías de mujeres con espárragos en las redes sociales que hemos visto. Imagen 1. Foto en Whatsapp mostrando manojo de espárragos. Parte de la dramatización del trofeo, que así puede llamarse en la misma línea que los de la caza, tiene mucho que ver con la estética del mismo. El manojo no es un conjunto caótico de tallos, sino un producto cultural, tiene una forma canónica: los tallos han de tener una longitud y grosor mínimos (el tamaño aquí también importa), no puede mostrarse parte blanca, no deben estar espigados ni rotos y los más cortos o delgados se colocan estratégicamente en el centro para que los otros los oculten. La gente del pueblo contribuye a este juego de prestigio y reconocimiento con sus elogios, sobre todo las mujeres, haciendo que los que no lo han visto sepan del tamaño del manojo o del poco tiempo en que se ha recogido, de la habilidad para verlos del esparraguero. Algo parecido podemos ver en el trabajo de Lowassa, Tadie y Fischer (2012), en el que las mujeres, con sus comenarios y actitudes, alientan a los hombres a practicar la caza furtiva. En sentido inverso, también suele haber chanzas de los hombres por lo contrario, medio en broma las más de las veces, cuando el resulta- 165RUFINO ACOSTA NARANJO y ANTONIO JESÚS GUZMÁN TRONCOSO do es relativamente escaso, son muy delgados o cortos los tallos o están espigados. Algunos esparragueros se disculpan cuando no han cogido mucho, aduciendo por ejemplo que no iban expresamente a por un manojo, que los cogieron en los alrededores, por no alejarse mucho o, como mal menor, diciendo bueno, para una tortillilla. Huyen así del escenario de la puesta en juego de sus cualidades, detrás de lo cual está el jugar en serio, el apostar sobre su masculinidad. Especialmente en tiempos pasados, ir a coger espárragos ha sido una manera que han tenido los hombres de mostrar su condición afanosa, de evitación de la ociosidad, especialmente en un contexto de bastantes días de paro para la población jornalera. Si la casa era el ámbito de la mujer, el hombre no se sentía cómodo en ella. El varón que no estaba trabajando tenía en calles y bares el lugar de ocio (Cassar, 2004:), pero corría el riesgo de que su conducta se considerara ociosidad, falta de espíritu trabajador: «Ese estaba todo el dia por los casinos, no decía ‘pues voy a ir a por leña o a por espárragos’». Si fallaba temporalmente su papel como provisor, en este caso de jornal, recoger espárragos era una manera de proveer al hogar y a la vez de poner de manifiesto el espíritu de hombre laborioso. Es muy reveladora de este universo de la masculinidad rural la frase con la que una mujer intentó zaherir a uno de los autores de este texto. Ambos residían ya en la ciudad, pero eran nacidos en un pueblo. Cuando estaba en casa cuidando a su hijo mientras su mujer trabajaba fuera, y ante la supuesta molestia por un rudio que hacía el niño, la vecina le gritó: «Vete a coger espárragos, maricón». Más allá de la connotación fálica del espárrago, mostrada por cierto en la película de animación Asparagus, de la directora Suzann Pitt, el espárrago es en cierta manera también un trasunto del propio cuerpo del hombre, como denota la expresión que puede escucharse referida a un varón muy alto, de figura esbelta y viril, bien proporcionada: «!!Está chico tallo!!» Hay que tener en cuenta que esta expresión jamás se aplica a las mujeres y que en la terminología local a los espárragos se les denomina tallos, pero suele hacerse preferentemente cuando estos cumplen los requerimientos de grosor, altura y estética adecuados. Para finalizar, también nos da pistas sobre las dimensiones sexuales de los espárragos, las masculinidades hegemónicas y los buenos tallos la información que nos facilitaron una antropóloga y un guarda de una finca de sendas provincias limítrofes. La primera cuenta que, una vez en la que siendo niña estaba en el campo con su padre y ella intentaba coger un espárrago que estaba ya espigado, su padre le dijo: «Ese no lo cojas, que es marica». El guarda nos refirió esta adivinanza: «En el campo me crié derecho como una vela y, si a cogerme no vienes, de macho me vuelvo hembra». 166 LA DINÁMICA DE LAS RELACIONES HUMANOS-ESPÁRRAGOS EN EL SUR... 5. Conclusión. Acerca de la interfaz humanos-espárragos Una vez considerados los elementos más relevantes de la persistencia de la recolección, podemos plantearnos la relación entre humanos y espárragos como un proceso simbiótico en el que la planta ha persistido y se ha desarrollado mediante mecanismos que la han hecho interesante para las poblaciones humanas. Que los humanos a nivel consciente sepan o no de esas virtudes alimentarias que los nutricionistas describen es algo que no resulta determinante para el proceso. Por qué razones los humanos buscan los componentes químicos de las plantas sin saber de química es una pregunta equivalente a la de por qué los animales buscan ciertas plantas silvestres solo cuando están enfermos. La química ecológica es aplicable de manera simétrica tanto a animales como a humanos y plantas sin necesidad de hablar de una teleología inconsciente de la cultura. La teoría del forrajeo óptimo estableció una equivalencia funcional entre el comportamiento de animales y humanos, en cuanto a la caza y recolección, pero limitándose a una sola dimensión, la del coste energético (Layton, 1997). Cualificar la energía, las proteínas, supuso un paso más allá, aunque todavía insuficiente. Añadir otros componentes, como los aminoácidos o minerales, en definitiva, entender en su compleción todo lo que las plantas aportan a los humanos, supone avanzar en la dirección de una comprensión más cabal de los socioecosistemas. Por otra parte, no comemos solo alimentos, sino que la alimentación y la provisión de lo que ingerimos tienen una dimensión social y simbólica de primera magnitud (Douglas 1966; Sahlins, 2006). Entendemos que ambas vertientes, instrumental y expresiva, ideática y material, no tienen por qué ser excluyentes, y es necesario explorar de manera situada cómo y por qué los humanos se relacionan con las plantas. Como planteaba Rappaport (1971), existen dinámicas funcionales que conectan el comportamiento cultural de los humanos y el comportamiento de otros organismos vivos no humanos, con equivalencias funcionales entre ambos tipos de conducta. La pandemia de la COVID-19 ha puesto de manifiesto la debilidad de los planteamientos de la excepcionalidad humana y su supuesto dominio y trascendencia de la naturaleza. En nuestro caso, creemos haber arrojado algo de luz sobre los mecanismos que las personas han utilizado para seguir queriendo recolectar y consumir una planta silvestre, aunque ya no existan las mismas razones de épocas pasadas para hacerlo. Espárragos y humanos han convivido y coevolucionado desde tiempo inmemorial. Han llegado a ser imprescindibles mutuamente por distintos motivos y a partir de diferentes maneras de interactuar y de pensar esa interacción. Los humanos han modificado el hábitat (creando la dehesa 167RUFINO ACOSTA NARANJO y ANTONIO JESÚS GUZMÁN TRONCOSO como bosque mediterráneo antropizado, de perturbación intermedia, y el olivar) e influido en las dinámicas biofísicas de los espárragos de maneras diversas, como por ejemplo condicionando su presencia y expansión a través fundamentalmente de la recolección. La respuesta de los espárragos a la recolección ha sido positiva y flexible, han encontrado en los humanos unos aliados para su pervivencia. En giros de reciprocidad simbiótica, los espárragos han sido una especie interesante para la gente, a partir también de necesidades cambiantes a lo largo del tiempo. Siempre se han manteniendo las dimensiones biológica y social del interés humano, aunque en diferente intensidad en cuanto a la importancia de una y otra en el transcurso del tiempo. Si en el pasado el aspecto de subsistencia, alimentario y nutracéutico era aparentemente más decisivo, hoy parece serlo el sociosimbólico, una vez satisfechas con seguridad las necesidades alimentarias básicas. No obstante, no puede explicarse una cosa sin la otra, ya que participan de una misma realidad que solo heurísticamente imputamos como distinta. Agradecimientos: El proyecto de investigación «Factores socioculturales en la recolección y consumo de plantas silvestres alimentarias y cultivos menores. Estudios de caso en la Península Ibérica y las Islas Baleares» fue financiado por el Ministerio Economía y Competitividad, y el trabajo de campo de la encuesta, por la Diputación de Badajoz y el Ayuntamiento de Puebla del Maestre. Agradecemos a Manuel Pardo de Santayana y Francisco María Vázquez Pardo la revisión inicial de texto. Referencias Acosta-Naranjo, R. (2008). Dehesas de la sobremodernidad. Badajoz: Diputación de Badajoz. Acosta-Naranjo, R. (2002). Los entramados de la diversidad. Antropología social de la dehesa. Badajoz: Diputación de Badajoz. Acosta-Naranjo, R. y Díaz Diego, J. (2008). Y en sus manos la vida. Los cultivadores de las variedades locales de Tentudía. Tentudía (Extremadura): CEDECO Acosta-Naranjo, R.; Díaz-Aguilar, A. y Amaya, S. (2002). Memoria de la tierra, campos de la memoria. Tentudía (Extremadura): CEDECO. Acosta-Naranjo, R.; Domínguez Ruiz, V. y Domínguez Jara, J.A. (2019). 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