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Historia de la contabilidad señorial en España a través del Marquesado de Adeje, el Condado de la Gomera y el Señorío de El Hierro (1695-1790)

Granado Suárez, Isabel Sonia

Abstract

Programa de doctorado: Gestión de la Nueva Economía

Full text

Anexo II UNIVERSIDAD DE LAS PALM AS DE GRAN CANARIA Departamento ECONOMÍA Y DIRECCIÓN DE EMPRESAS Programa de doctorado GESTIÓN DE LA NUEVA ECONOMÍA Título de la Tesis HISTORIA DE LA CONTABILIDAD SE ÑORIAL EN ESPAÑA A TRAVÉS DEL MARQUESADO DE ADEJE, EL COND ADO DE LA GOMERA Y EL SEÑORÍO DE EL HIERRO (1695 – 1790) Tesis Doctoral presentada por Dª ISABEL SONIA GRANADO SUÁREZ Dirigida por el Dra. Dª. MERCEDES CALVO CRUZ Codirigida por el Dr. D. LÁZARO RODRÍGUEZ ARIZA Las Palmas de Gran Canaria, a 14 de septiembre de 2015   El presente trabajo de i nvestigación ha contado con la ayuda económica de UNELCO a través del Programa Innova Canarias 2020® en el año 2007. Asimism o, ha sido m eritorio del Margit F. Schoenfeld and Hanns Martin W. Schoenfeld Scholarship in Accounting History , otorgado por la Academy of Accounting Historians en su edición inaugural de 2008. Debido al largo camino recorrido en la elab oración de la presen te tes is doctoral, he ido acumulando muchas deudas personales e intelectuales a las que difícilmente hallaré modo de saldar. De forma especial, quiero que co nste mi gratitud a los directores de esta investigación. Sin su profesionalidad, su s valiosos conocim ientos y sus acertadas directrices, este trabajo difícilmente se hubiera podido concluir. A la profesora Dra. Mercedes Calvo Cruz, mi agradecim iento por darme a conocer el mundo de la Historia de la Contabilidad y por ofrecerm e la posibi lidad de investigar en el tem a que hemos desarrollado. Gracias por el apoyo y los buenos consejos recibidos durante este tiempo. Junto a ella, el profesor Dr. Lázaro Rodrígu ez Ariza ha dirigido esta investig ación desde la distancia que nos separa el Atlántic o, pero –sobre todo– desde la cercanía que siempre m e ha brindado su persona. Mi gratit ud por aceptar la codire cción de esta tes is doctoral, por su inestimable ayuda y su con tinuo apoyo en el desarro llo de este trabajo. Igualmente, quisiera recordar con cariño y gratitud a la prof esora Dra. Francisca Piedra Herrera, por haberme inculcado m uch os de los valores que hoy día trato de aplicar en el desarrollo de mi trabajo. Mi agradecimiento al Departam ento de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Granada, donde inicié mi s estudios de Doctor ado. En especial, al profesor Dr. José Manuel Aguayo Moral por la ayuda que siempre me ha ofrecido. A él debo, además, m i interés por la Contabilidad, pu es tuve la gran fort una de tenerle como profesor en mi primer curso de la Licen ciatura en Ad ministr ación y Dirección de Empresas. Asimism o, quisiera agradecer al Depa rtam ento de Economía y Dirección de Empresas de la Universidad de Las Palm as de Gran Canaria la oportunidad que me ha brindado para concluir mi Doctorado. De form a especial, al profesor Dr. Víctor Padrón Robaina, por ofrecerme su ayuda y su continuo apoyo m oral. A mis compañeros del Departam ento de Economía Financiera y Contabilidad, por haberse interesado en el curso de mi tr abajo. Mención especial merece la profes ora Dra. Margarita Mesa Mendoza, co mpañera de la que siempre he recibido estímulo y buenos consejos. Mi gratitud ha cia ella por su constan te ayuda y por las sugerencias aportadas en la revisión de este trabajo. Igualmente, quisie ra agradecer las aportaciones realizadas por la profesora Dra. Candelari a Castro Pérez, que tam bién ha colaborado desinteresadamente en la c itada revisión. Mi agradecim ien to al profesor Dr. Félix Blázquez Santana, por su apoyo desde que me incorporé al Departam ento de Economía Financiera y Contabilidad, y al profesor Dr. Pedro Balboa La Chica, que siempre me ha animado para que la conclusión de este trabajo fuera una realidad. También quisiera h acer constar mi gratitud al pe rsonal de los diversos Archivos que he consultado durante este tiempo. En especial, al personal d e la Sociedad Científica El Museo Can ario, por las facilidades q ue me ha brindado para la rea lización de esta tesis doctoral y por el cari ño con el que siempre m e ha acogido. A mis amigos, por confiar en m í. A Álva ro por su paciencia y su ayuda. A mis hermanas y m i madre, por las palabras de ánim o que me han hecho no desistir en los momentos de desaliento. A m i padre, que también deseaba ver cumplido este proyecto. A mis padres, por m uchos motivos TESIS DOCTORAL HISTORIA DE LA CONTABILIDAD SEÑORIAL EN ESPAÑA A TRAVÉS DEL MARQUESADO DE ADEJE, EL CONDADO DE LA GOMERA Y EL SEÑORÍO DE EL HIERRO (1695 – 1790) ISABEL SONIA GRANADO SUÁREZ Septiembre de 2015 UNIVERSIDAD DE LAS PALM AS DE GRAN CANARIA DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA Y DIRECCI ÓN DE EMPRESAS ÍNDICE DE ILUSTRACI ONES, ESQUEMAS, GRÁFICOS Y TABLAS Índice de i lustraciones, esquemas, gr áficos y tablas   IX Las ilustraciones, esquemas, gráficos y tablas han sido enum erados de forma correlativa dentro de cada capítulo para facilitar su localizac ión, por lo que la codificación adoptada muestra dos dígitos. El primero de ellos indica el número del capítulo donde se hallan insertos, mientras que el segundo refleja el orden consecutivo establecido dentro del mismo. ILUSTRACIONES Ilustración 1.1 Plano y alzado de la casa-fuerte de Adeje (s. X VIII) ................ . 50 Ilustración 1.2 Fragmento del cu aderno de órdenes para la Contaduría (1771) ........................................................................................ . 75 Ilustración 1.3 Fragmento del cuaderno de órdenes de la Contaduría (1783) .. . 77 Ilustración 1.4 Transcripción pa rcial de la ilustración 1.3 ................................ . 77 Ilustración 1.5 Niveles administrativos de la Casa desde los marqueses de Belgida ...................................................................................... . 86 Ilustración 2.1 Cabecera del informe Extinción de yngenio (1810) .................. . 94 Ilustración 2.2 Fragmento de la Mem oria de la gent e que sirve en la molienda (1762) ........................................................................ . 104 Ilustración 2.3 Fragmento Cuenta y razón de los pies de morales dados a renta (1786) ............................................................................... . 125 Ilustración 2.4 Transcripción parcial de una propuesta de cambio en los arrendamientos (1753) ............................................................... . 142 Ilustración 2.5 M emoria de lo ganan los trabaj adores de esta Casa de Adexe (1768) ............................................................................. . 186 Ilustración 2.6 Transcripción pa rcial de la ilustración 2.5 ................................ . 186 Ilustración 2.7 Ajuste para los que sirben en Casa (1697) ............................... . 190 Ilustración 2.8 Ilustración 2.9 Ilustración 2.10 Primer fo lio de la Nómina de las raciones de trigo (1791) ........ . Transcripción parcial de la ilustración 2.8 ................................ . Organización de los dependientes libres en la hacienda de Adeje ......................................................................................... . 194 194 200 Ilustración 2.11 Transcripción parcia l de la cuenta corrien te Agustín Casimiro (1767-1768) ............................................................... . 205 Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  X Ilustración 2.12 Ilustración 3.1 Ilustración 3.2 Copia del informe sobre la s rentas anuales de lo s mayorazgos de Adeje, La Go mera y El Hierro (1749) .............. Firma del conde-m arqués Domingo de José de Herrera Ayala en una quenta de la administración gomera (1755) ........ Portada del catálogo de la administración principal de Adexe (1796) .............................................................................. 210 251 255 Ilustración 3.3 Portada y letra A del abecedario de las cuentas particulares del libro cor riente nº 2 (1768-1769) .......................................... 259 Ilustración 3.4 Primer folio del Extracto de efectos correspondiente 1770 ....... 261 Ilustración 3.5 Ilustración 3.6 Transcripción parcial de la ilustración 3.4 ................................. Fragmento del ca tálogo correspondiente a 31 de enero de 1766 ........................................................................................... 262 264 Ilustración 3.7 Transcripción pa rcial de la ilustración 3.6 ................................. 264 Ilustración 3.8 Ilustración 3.9 Ilustración 3.10 Ilustración 3.11 Ilustración 3.12 Ilustración 3.13 Ilustración 3.14 Ilustración 3.15 Ilustración 3.16 Primer fo lio de la Demostración matemática de las cuentas corrientes y de efectos de la Contaduría de Adexe (1787) ....... Primer folio de la cuenta por Cargo y Data de Adeje (1781- 1787) .......................................................................................... Segundo folio de la cuenta po r Cargo y Data de Adeje (1781-1787) ............................................................................... Transcripción parcial de las Cuentas hechas entre el Adelantado de Canaria y Hernando de Castro, su administrador (mayo de 1570 a septiembre de 1571) ............... Primer folio del cuaderno de salidas de azúcar (1611) .............. Transcripción parcial del cuad erno de salidas de azúcar (1611) ......................................................................................... Memoria de desburga (1800) .................................................... Memoria semanal de las raciones de trigo para los desburgadores (1801) ................................................................ Cuenta de la desburga de caña de Francisco Martín Borrego (1787) ......................................................................................... 267 271 272 277 278 279 283 285 286 Índice de i lustraciones, esquemas, gr áficos y tablas   XI Ilustración 3.17 Ilustración 3.18 Ilustración 3.19 Ilustración 3.20 Ilustración 3.21 Ilustración 3.22 Ilustración 3.23 Ilustración 3.24 Ilustración 3.25 Ilustración 3.26 Ilustración 3.27 Ilustración 3.28 Ilustración 3.29 Ilustración 3.30 Ilustración 3.31 Ilustración 3.32 Ilustración 3.33 Ilustración 3.34 Ilustración 3.35 Ilustración 3.36 Ilustración 3.37 Ilustración 3.38 Ilustración 3.39 Cuenta corriente de Francisco Martín Borrego. Libro corriente de la Contaduría nº 7 (1787) ..................................... . Quenta Z afra de molienda (1721) ............................................. . Quenta del emborco de azúcar (1721) ...................................... . Cuenta Trigo en Fañabé (1770) ................................................ . Transcripción parcial de la ilustración 3.20 .............................. . Portadas del quaderno de sementera de 1770 ........................... . Memoria de sementera de trigo salido de Fañabé para sembrar en Chabor con medianeros (1770) .............................. . Me moria de cosecha elaborada por Francisco Casañas para la era de El Rincón (1770) ................................................ . Transcripción parcial de la ilustración 3.24 .............................. . Fragmento de la Cuenta y razón d e la cosecha de cereal (1770) ........................................................................................ . Resumen de la cosech a de cereales (1770) ............................... . Portada del libro de relaciones de tributos nº 7 ........................ . Tributo nº 81 . Libro de relaciones nº 7 (1698) ......................... . Transcripción parcial de la ilustración 3.29 .............................. . Cuenta del t ributo nº 81 . Libro de rentas y tributos nº 23 (1738-1766) ............................................................................... . Asiento del t ributo nº 81 en la memoria de cobranza de Texina (1760) ............................................................................ . Entregas del cobrador P edro Ruiz . Memoria de cobranza de Texina (1760) ............................................................................ . Cuenta del cobrador de Tejina (1760) ...................................... . Cuenta del cobrador de Tejina (1760) (Continuación) ............. . Inventario de esclavos (1795) ................................................... . Cuenta Esclavos (1768-1769) ................................................... . Transcripción de la ilustración 3.37 .......................................... . Transcripción parcial del asiento de la dotación de ropa a los esclavos (1768) .......................................................................... . 287 292 296 301 302 304 305 310 311 314 319 323 324 324 328 330 332 334 335 342 344 345 348 Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  XII Ilustración 3.40a Ilustración 3.40b Ilustración 3.41 Ilustración 3.42 Ilustración 3.43 Ilustración 3.44 Ilustración 3.45 Ilustración 3.46 Ilustración 3.47 Ilustración 3.48 Ilustración 3.49 Ilustración 3.50 Ilustración 3.51 Ilustración 3.52 Ilustración 3.53 Ilustración 3.54 Ilustración 3.55 Ilustración 3.56 Ilustración 3.57 Ilustración 3.58 Ilustración III.1 C uenta corriente de Domingo de Morales (1697-1698) ........... C uenta corriente de Domingo de Morales (1697-1698) (continuación) ........................................................................... Transcripción parcial de la s ilustraciones 3.40a y 3.40b ........... Transcripción de la cuenta Antonio Luis. Molinero (1758- 1759) .......................................................................................... Transcripción parcial de las c uentas corrientes habilitadas para Antonio Luis el molinero (1759-1760) .............................. Cuenta corriente Francisco Rodríguez Roque (1785) ............... Fragmento de la Memoria de los semaneros para la siega de Aponte (1798) ............................................................................ Primer fo lio de la quenta de la administra ción gomera (1776) ......................................................................................... Fragmento de la quenta de la administración d e L a G o m e r a (1750) ......................................................................................... Transcripción parcial de la ilustración 3.49 ............................... Pie de la quenta de la administración gomera (1785 y 1786) ... Dictamen favorable de la quenta de la administración de El Hierro (1757) ............................................................................. Transcripción parcial del Borrador del pliego de advertencias a la quenta de la administración de La Gomera (1767) ......................................................................................... Primer fo lio del Borrador del pliego de advertencias a la quenta de la administración de La Gomera (1767) ................... Primer fo lio de la quenta de la aduana de La Gomera (1767) .. Transcripción parcial de la ilustración 3.53 ............................... Razón de la orchilla de La Gomera (1767) ............................... Cuaderno de la orchilla de El Hierro (1788) ............................ Recibo por gastos de traslado de la orchilla (1791) ................... Transcripción parcial de la ilustración 3.57 ............................... Entrada de la cuenta Esclavos (1766) ....................................... 351 352 352 356 357 361 364 369 376 377 378 380 383 384 388 388 389 392 394 394 519 Índice de i lustraciones, esquemas, gr áficos y tablas   XIII Ilustración III.2 Salida de la cuenta Esclavos (1766) .......................................... . 520 ESQUEMAS Esquema 1.1 Genealogía de la línea de los Ponte ............................................... . 64 Esquema 2.1 Proceso de elaboración de l azúcar en el ingenio de Adeje ............ . 105 Esquema 3.1 Proceso de rendición de cuentas desde 1767 para los estados occidentales .................................................................................... . 253 Esquema 3.2 Organización contable del estado de Adeje ................................... . 263 Esquema 3.3 Documentos contables re lacionados con la producción de azúcar ............................................................................................. . 281 Esquema 3.4 Flujo de información y doc um entos contables implicados en la desburga de la caña ........................................................................ . 289 Esquema 3.5 Esquema 3.6 Esquema 3.7 Esquema 3.8 Esquema 3.9 Esquema 3.10 Flujo de información y docum entos contables implicados en la hala de la caña ................................................................................ . Relación existente entre las cuen tas Zafra de molienda y Emborco ......................................................................................... . Documentos contab les relaci onados con la siembra y la recolección de cereales en régimen de m edianería y cultivo directo ............................................................................................. . Proceso de registro del censo en su incorporación al patrimonio .. . Flujo de inform ación para contabilizar el cobr o de censos y rentas .............................................................................................. . Procedimiento para la rendición de las quentas de la administración d e E l H i e r r o y L a G o m e r a a n t e l a Contaduría de Adeje ......................................................................................... . 290 295 303 326 329 381 GRÁFICOS Gráfico 2.1 Destino de los cereales en la hacienda de Adeje (1767-1784) ........... . 135 Gráfico 2.2 Titularidad de lo s censos a cobrar por el estado de Adeje.................. . 156 Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  XIV Gráfico 2.3 Tipología de los censos a cobr ar impuestos por el I marqués de Adeje ................................................................................................... 158 Gráfico 2.4 Tipología de los censos a pagar por el estado de Adeje...................... 164 Gráfico 2.5 Titularidad de los cen sos a pagar por el estado de Adeje ................... 166 TABLAS Tabla 2.1 Rentas y pensiones anuales de los estados canarios (1761-1765) ....... 208 Tabla 3.1 Tabla 3.2 Tabla II.1 Tabla IV.1 Estructura de las quentas de la administración d e L a G o m e r a y E l Hierro .................................................................................................. Componentes del Cargo y la D ata en las quentas de la administración de La Gomera y El Hierro .......................................... Asignaciones de los servidor es de la Casa (1787-1795) ..................... Administradores de los tres estados insulares de la Casa (1695- 1790) ................................................................................................... 367 372 515 523 SIGLAS Y ABREVIATURAS Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… XXII 4. Las lagunas encontrad as en los text os primarios se han m ostrado entre paréntesis, señalándose su razón de ser. Ejemplo: (roto), (m acha de humedad), (tinta desvaída), etc. 5. Las palabras o expresiones que no hemo s podido reconocer se han sustituido por la anotación: (ilegible). 6. Las frases, expresiones, palabras o núme ros que hemos transcrito con reserva de dudas llevan tras de sí el signo tipográfico: (?) 7. Para una mayor claridad, hemos desarroll ado gran parte de las abreviaturas halladas, mostrando entre corchetes las letr as que no figuran en el tex to original. Sólo hemos decidido conservar aquellas abreviaturas q ue se repetían con asiduidad, incluyendo el significado de la s mismas en la tabla de siglas y abreviaturas que proporciona mos en este trabajo. 8. Las contracciones del, della, dello, desta, quel, questa, questo, entre otras similares, se han m antenido. 9. Hemos acentuado las palabras según las re glas dictadas por la Real Academ ia Española, aunque en el texto orig inario aparecieran sin tilde. 10. Hemos m odificado o añadido signos de puntuación sólo donde lo considerábamos necesario, a efectos de mejorar la com prensión del texto. 11. Hemos conservado la grafía originaria encontrada, incluso el uso de letras dobles (rr, ff, tt, ss) al comienzo de palabra. INTRODUCCIÓN Introducci ón  3 “En los libros de cuenta está la vida de las organizaciones y de las personas que forman parte de ellas. Para contemplar es a vida, no hay sino asom arse a los registros y leer los asientos qu e se plasmaron en ellos en su momento” (H ernández Esteve, 2013: 17). Hubo un tiempo en que ser duque, conde o marqués com portaba mucho más que la mera posesión de un título. En el Antig uo Régimen, estos privilegiados, que conformaban la élite del estam ento nobiliario, no sólo gozaban del honor, el privilegio y la consideración social –en definitiva el status – que todos ansiaban en aquella época, sino que, además, poseían poder social, pol ítico y económ ico, manteniendo bajo su control un medio de producción tan elemental com o era la tierra. Debido a la política matrimonial que adoptaban, la indivisibi lidad patrim onial que les brindaban sus mayorazgos y la prim ogenitura masculina como criterio prioritari o de sucesión, m uchos linajes acumularon bajo sus Casas nobiliarias extensos patrimonios, quedando buena parte del territorio español subordinado a las jurisdicciones señoriales que ellos ostentaban (Domínguez Ortiz, 1980: 1; Atienza Hernández, 1987c: 36; Ibáñez Rodríguez et. al , 1996: 26 y 27 y Usunáriz Garayoa, 1997b: 11, entre otros). A tenor de esta realidad, la importancia del estam ento nobi liario en el devenir histórico de nuestro país resulta hoy día un hecho incuestionable para los investigadores, como ponen de manifiesto Colás Lator re y Serrano Martín (1 996: 22 y 23), a través de las siguientes palabras: “Hoy la tesis dominante en los m ás variados ámbitos historiográficos afirma sin paliativos la hegem onía de la nobleza en el s istema tardof eudal en todos los sectores de la vida económica, social y po lítica. (…) La nobleza [era] im portante por el papel que [jugaba] en la sociedad. Su presencia [era] abrum adora en la econom ía, en la sociedad y también en la política”. De la importancia que este grupo soci al alcanzó, hallam os reflejo en la producción historiográfica que sobre el mi smo ha sido publicada. Evidentem ente, un tema de trascendencia com o la nobleza no só lo ha generado una extensa bibliografía, sino también variada, en cuanto al espect ro temático abordado, el espacio temporal considerado y el ámbito geográfico anal izado. Así pues, basta con observar las Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  4 revisiones y las compilaciones bibliográficas existentes (Quintanilla Raso, 1990; Sarasa Sánchez y Serrano Martín, 1993; Sanz Cuesta et al ., 2001; Soria Mesa, 2007: 23-35 y García Hernán, 2010: 27, por ejemplo) para deducir que del pasado de los nobles se ha examinado, entre otras posibles tem áticas: su genealogía, la relación que mantenían con la monarquía, su m ecenazgo artístico, la tipolog ía de sus rentas y gastos, su educación y mentalidad, el régim en señorial que imperaba sobre m uchas de sus aldeas y villas, sus problemas financieros, las estructuras y las estrategias fam iliares adoptadas, así como la conflictividad antiseñorial por parte de sus va sallos. Asimismo, el estudio de la nobleza se ha abordado de manera individua lizada, es decir, sobre Casas nobiliaria s particulares (Osuna por Atienza Hernández, 1987c; In fantado por Carrasco Martínez, 1991; Alcañices por Carmona Pidal, 2001, entre otras), pero también existen investigaciones más amplias, referidas a zonas geográficas concretas (Extremadura por A ragón Mateos, 1990; Valencia por Catalá Sanz, 1995; Navarra por Usunáriz Garayoa, 1997b y Andalucía por Andújar Castillo y Díaz López, 2007, por ejemplo). Del m ismo modo, hallamos divers idad en cuanto a la dimensión temporal considerada en las investigaciones realizadas has ta el moment o, toda vez que existe n trabajos centrados tanto en los nobles de la Edad Media (Moxó y Ortiz de Villajos, 2000 es una referencia ineludible), como de la Época Moderna (Dom ínguez Ortiz, 1973; García Hernán, 1992; Yun Casalilla, 2002; Morales Moya, 2004 y Soria Mesa, 2007, entre otros) y la Contemporánea 1 . Además de toda esta variedad te m ática y temporal, la revisión de la literatura q ue hemos llevado a cabo nos desvela que so n diversos los campos de conocimiento que se h an acercado a la cues tión nobiliaria y al rég imen señorial, pudiendo señalar a título ilustrativo: la Histo r ia Social, la Historia del Derecho, la Genealogía y la Historia Económica. Ahora bien, a pesar de la referida amplitud, y del especial interés mostrado por los historiadores sobre los aspectos económ icos de la nobleza –uno de los temas más estudiados–, llama la atención que los trabaj os realizados desde la Historia de la Contabilidad sean escas os en materia señorial. Los reite rados llam amientos que desde hace un tiempo vienen formulando diversos au to res sobre la necesidad de ahondar en la 1 Precisame nte a esta última época se han dedi cado la s jorna das de Historia más recientes de las que tenemos noticia en materia no biliaria, organizadas por el In stituto CEU de Estudios Histórico s en Madrid el pasado m es de ma yo del año corri ente (www .iehistorico s.ceu.es. Cons ultado el 0 6/09/2015 ). Introducci ón  5 Contabilidad privad a señorial, de ter ratenientes y Casas aristoc ráticas –campo de estudio delimitado así por Hernández Esteve ( 1990: 7) dentro de la Historia de la Contabilidad– ponen claram ente de manifiesto que las cuentas de las organizacio nes nobiliarias precisan de una mayor atención. En este sen tido, cabe señalar que el desconocimiento existente sobre sus sistem as contables ya ha sido advertido desde los inicios de la actual centuria por parte de historiadores com o Ezzamel (2002: 236), Boyns y Carmona (2002: 150) o Hernánd ez Esteve (2005a: 59), encontrándonos una década después que la situación apenas ha m ejorado (Hernández Esteve, 2012: 6 y 2013: 394; López Manjón, 2012a: 2). Respecto a la investigación realizada en nuestro país, concretam ente, Hernández Esteve (2012: 6) ha resa ltado “el altísimo inte rés que la con tabilidad seño rial tiene en el estudio de la Historia de la Contabilidad española, dada la impor tancia excepcional que las economías nobiliarias (…) jugaron dentro del sector privado durante los últimos siglos de la Edad Media y t odos los de la Moderna, hasta el final del llamado Antiguo Régimen”. Evidentem ente, para el mantenim iento y funcionamiento de sus señoríos, fragmentados y dispersos geográficam ente en muchas ocasiones, la nobleza tuvo que haber establecido “una organización contable com pleja, bien instrumentada, deta llada y minuciosa, al objeto de poderlos adm inistrar adecuadamente, de llevar las cuentas de sus explotaciones agrícolas, forestales y ganaderas, de tom ar nota de los importes recibidos o adeudados por la rent a de las fincas arrendadas, etc. Ello po ne de relieve el enorme potencial de investigación histórico-c ontable que encierra en España el tema de los dominios señoriales” (Hernández Esteve, 2013: 394). Pese a esta evidente importancia del cam po de estudio que nos ocupa, Hernández Esteve (2012: 6) lamenta que España se encuentre “en desventaja” en co mparación con la investigación desarrollada en lengua i nglesa, mucho más productiva en cuanto a la Historia de la Contabilidad señorial. En el mundo anglosajón, existen divers os investigadores que se han oc upado de las cuentas de los manors y de los nobles (Noke, 1981; Postles, 1981 y 1994; Napier, 1991; Funnell, 1996 y Ezzamel, 2002, por ejemplo), pero en nuestro país Hernández Esteve (2013: 395) señala que, realm ente, sólo la contabilidad de una Casa nobiliaria –la de los duques de Osuna– ha sido estudiada en profundidad, gracias a los tr abajos llevados a cabo por López Manjón Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  6 (2003, 2005, 2007, 2009, 2010, 2012a y 2012b). Consecuentemente, ante un escenario como este, el trabajo de investigación que presentam os tiene como principal objetivo aportar nuevos datos dentro del cam po de la Contabilidad privada seño rial, contribuyendo a incrementar nuestro conocim iento y comprensión sobre los sistemas contables derivados de las ac tividades económ icas desarrolladas por la s organizaciones aristocrátic as españolas. Para dar cumplimiento al anterior objeti vo, hemos optado por el método del caso como m etodología de investigación, sigui endo la práctica que habitualmente emplean muchos historiadores de la contabilidad para co nducir sus propios es tudios dentro de ámbitos como el público, el eclesiástico, el militar, el com ercial, el industrial o el bancario 2 . Desde la historia de la n obleza y el régimen señorial, concretamente, los investigadores tamb ién acuden a esta técnica de anális is para desarrollar s us trabajos 3 y entienden, además, lo apropiado de su ap licación, pues este método perm ite acercarse a la multiplicidad de variantes que adm itía la realidad. Sobre ello, Heras Santos (1 999: 117), por ejemplo, m anifiesta la dificultad de abordar un estudio de conjunto sobre el régimen señorial, pues explica que ya Dom íng uez Ortiz “negaba la existencia de un régimen señorial un ificado y prefería habla r de los señoríos en sus mú ltiples variedades”. Pues bien, la unidad de análisis que, c oncretamente, hem os escogido para nuestra investigación ha sido la Casa nobiliaria de los m arqueses de Adeje, condes de La Gomera y señores d e El Hierro; títulos tod os ellos cu yo ámbito geográfico de adscripción se em plazaba originariamente en tres de las Islas Canarias, a saber: la tinerfeña, la gomera y la herreña, resp ectivam ente. Entre las razones que nos han llevado a la elección de este caso, se encuentra eviden te mente nuestro interés por el devenir histórico del territorio canario –fruto, como es lógico, de nuestra procedencia–, aunque, por encima de esta m otivación pers onal, existen otros dos razonamientos de 2 Dada la extensa pr oducción bi bliográfi ca que actualm ente existe sobre estos cam pos de estudio de sde la perspectiva histórico-conta ble, omi tim os ofrecer refere ncias concretas de los trabajos existentes y remitim os a la amplí sima bibliog rafía que ha recopilado Hernández Este ve (2013: 769-862), donde pueden enc ontrarse num erosos ejem plos de la utilización del m étodo del caso en el seno de la Histori a de la Contabilid ad. 3 Sirvan com o ejemplo las referencias bibliográf icas apuntadas con anterioridad sobr e las Casas aristocráticas concretas. Introducci ón  7 importancia: la conservación de un f ondo docum ental con abundante información contable y el hecho de que este se encuentre prácticam ente inexplorado. Con relación a la conservación del arch ivo histórico que hemos consultado, es necesario puntualizar que –a nuestro juicio– su mera existencia constituye por sí m ismo suficiente justificac ión para abordar un anális is de esta naturaleza. Téngase en cuen ta que, como ocurre en n uestros días, la utilidad de la inform ación contable tiene una vigencia temporal para sus usuarios, de ahí que la preservación de estas cuentas durante siglos haya de considerarse un hecho de extr aordinario valor. Esta es nuestra opinión respecto al fondo histórico que hemos manejado y así lo entienden también otros historiadores, pues varios son los investigad ores (Hernández Esteve, 1990: 7; Rivero Suárez, 1990: 14 y Planas y Saguer, 2005: 171, por ejemplo) que proclaman la importancia de la documentación contable pa ra conocer nuestro pasado, y diversos los autores que se lamentan de la escasez de fondos de esta tipol ogía (Mertes, 1988: 11; Macías Hernández, 1984: 415-419; Carrasco Martínez, 1993: 265 y Soria Mesa, 2002b: 70, entre otros). En lo que respecta a nuestra investig ación, contamos –afortunadam ente– con información de carácter prim ario, esto es , f uentes archivísticas m anuscritas que conforman el denominado “Archivo de la Casa Fuerte de Adeje”, cuyo contenido sustenta básicamente nuestro trabajo. Este fondo docum ental contiene hoy día parte de los documentos que los condes-marqueses guardaban hace más de dos siglos en su fortaleza adejera –al suroeste de Tenerife–, en una dependencia específica que el mismo naturalista francés Berthelot (1834 [2004]: 258 y 259) describió en su Primera Es tancia en Tenerife (1820 – 1830) : “Aún no me he referido a la estancia más importante del palacio: es la que contiene los archivos, a los que Viera llam ó el Tesoro de las Canarias; este historiador documenta a llí una parte de sus Noticia s . Cuatro grandes armarios repletos de documentos fueron puestos a nuestra disposición. Estos preciosos legajos amontonados en desorden, nos ponían en una situación em barazosa a la hora de seleccionar. Pero c on ayuda de nuestro acompaña nte hicim os interesantes descubrimientos”. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  8 Con el transcurso del tiempo, en la c itada dependencia permanecieron olvidados los libros de cuentas y demás docum entos, hasta que en el siglo XX –en fecha desconocida– “una pequeña porción fue separada de la masa docum ental” (Santana Jubells, 2002: 317) y rem itida a la Bibliot eca Municipal Central de Santa Cruz de Tenerife. La restante d ocumentación fue donada en 1933 por la familia Curbelo – propietaria en ese momento de la fortaleza adejera– a la Sociedad Científ ica El Museo Canario en Las Palmas de Gran Canaria. Ambas instituciones 4 custodian hoy día el principal corpus documental objeto de nuestro estudio (BMSC/ACFA y AMC/ACFA, respectivamente). Siguiendo la descripción del técnico encar gado de su catalo gación en El Museo Canario (Santana Jubells, 2002: 318) –cor roborado, por nuestra parte, mediante la investigación realizada–, podría indicarse que el fondo documental objeto de estudio integra, entre otros conten idos, la documentación econó m ica, notarial y judicial generada en el devenir de la administración de los estados 5 de Adeje, La Gom era y El Hierro, cubriendo cronológicamente desde el siglo XVI hasta el XX. Del m ismo modo, el citado archivo contiene información sobre otros mayorazgos peninsulares que –por motivos hereditarios y por vía de litigios– rec ayeron sobre el linaje nobiliario que investigamos, com o son el de Ampudia en Pa lencia, el de Cea en León y el fundado por el Veinticuatro 6 Don Pedro Suárez d e Castilla en Sevilla. Estas tres últim as unidades económico-adm inistrativas son, precisamente, las que poseen un menor volum en de información contable dentro del archivo que nos ocupa, razón por la cual decidimos acotar nuestro análisis para el marco geogr áfico canario, imprim ie ndo con ello cierta homogeneidad en nuestra investigación. Por lo tanto, las página s que a continuación presentamos han sido elaboradas a partir del estudio rea lizado sobre la docum entación de los estados gomero, herreño y adejero, si bien este últim o ocupa una extensión superior dentro de nuestro trabajo, pues su hacienda marquesal presentaba una mayor heterogeneidad de actividades económicas y regím enes de explotación, recayendo sobre 4 Nuestro expreso agra decimiento a estas dos orga nizacione s por darnos acceso a la consulta de e ste tesoro do cumental. 5 Término i ncluido en el glosari o del apéndi ce I. 6 “En algunas ci udades de Andal ucía, según el ant iguo régim en municipal , regidor de ayuntami ento” (www.rae .es. Consul tado el 12/09/ 2015). Introducci ón  9 este señorío, además, el mayor grueso docum en tal que hoy día se conserva en el fondo. Luego, tanto la elección de las unidades señor iales objeto de estudio como la extensión que estas ocupan dentro de nuestra inve stigación han venido condicionadas por las fuentes de información primaria que m anejamos. A tenor del carácter señorial que revestían estos tres estados nobiliarios, el archivo de la Casa Fuerte conserva docum entación de variada índole, estando referida tanto al dominio territorial o solariego de aquellas unidades com o a la dimensión jurisdiccional que las caracterizaba. A pe sar de esta riqueza docum ental, nuestra investigación en el cam po de la Histor ia de la Contabilidad nos ha llevado, fundamentalmente, a analizar la sección económ ica de este fondo y a ahondar en la organización contable inherente a su expl otación patrim onial. Además de su carácter económico-contable, el considerable volum en de la documentación a consultar y la amplitud temporal que pretendíamos abar car con nuestra investigación tam bién aconsejaban delim itar así el con t enido de nuestra investigación. Con relación al intervalo de tiempo obj eto de estudio, hem os de indicar que si bien el fondo documental que nos ocupa comp rende una cronología más dilatada –desde el siglo XVI hasta el XX, como apuntam os con anterioridad–, por cuestiones operativas hemos acotado el period o a analizar. Abarcar toda la am plitud temporal de este arch ivo hubiese resultado técnicamente imposible. A hora bien, la delimitación de los lím ites de tiempo para el presente trabajo no son producto del mero azar, sino que, por el contrario, cuentan con una justificación. As í pues, el año de 1695 –como inicio de nuestra investigación– viene motivado por su importancia en la form ación de la Casa nobiliaria que estudiamos, pues rep resenta el prim er momento en que confluyeron bajo un mism o titular los estados gom ero, herreño y adejero. Tal y como expondremos en el capítulo primero, nuestro análisis com ien za con el descendiente primogénito del matrimonio celebrado entre el conde de La Go m era –Diego de Herrera– y la marquesa de Adeje –Mariana de Ponte–, lo q ue nos permite abo rdar la entidad nobilia ria objeto de estudio en un periodo de máxima extensi ón geográfica en cuan to al Archipiélago Canario se refiere. En opinión de Díaz Pa dilla y Rodríguez Yane s (1990: 19, 91 y 443), dicho concierto matrimonial no sólo supuso un reforzam iento del linaje desde un punto de vista jurisdiccional, te rritorial y financiero, sino que además conllevó una Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  16 significación y alcance”. Para ello, hem os de sarrollado tres apartados. El primero lo dedicamos a exponer brevem ente el escenario en que se encontraba inmersa la nobleza dieciochesca, haciendo especial referencia a la alta noblez a titulada, por ser esta la categoría jerárquica que alcanzó el lin aj e que nos ocupa. Además, recordam os las diversas for mas de obtención de un título y las principales carac terísticas de las instituciones del mayorazgo y el señorío, so bre las que asentaban su poder económ ico, político y social. Especial interés tiene aludi r a los habituales problemas de gestión que el absentism o de la alta nobleza entrañaba, pues en tal escenario la con tabilidad pod ía jugar un importante papel como vehículo de control y de tr ansm isión de la información económico-financiera. Con todo este contenid o inicial pretendem os sentar las bases necesarias para poder entender la form ación de la Casa objeto de estudio –expuesta en el segundo apartado– y para comprender la necesidad de contar con una estructura organizativa para la gestión económica de sus fragmentados estados canarios –descrita en el apartado tercero–. Conocida la Casa objeto de estudio, en el segundo capítulo pasamos a analizar los tres señoríos insulares bajo su consideración de uni dades económ icas de producción. El objetivo principal de este capítulo reside en conocer el funcionamiento interno de las haciendas que los condes-m arqueses poseían en sus estados señoriales, con relación a qué actividades económicas llevaban a cabo, có mo se organizaban para la consecución de las mismas y qué fórm ulas empleaban pa ra la explotación de sus propiedades. El conocimiento de todo ello se hace ne cesario pa ra poder entender en el capítulo posterior las anotaciones contables deriva das de este devenir económico. Ahora bien, adem ás de cubrir esta neces idad como paso previo al análisis estrictamente contable, con el desarrollo de este segundo capítulo tam bién hemos querido poner de manifiesto el grado y el detalle de inform ación que pueden llegar a contener los registros de contabilidad consultados, toda vez que las cuentas han constituido nuestra documentación base por ex celencia. En este s entido, cabe encuadrar nuestra pretensión dentro de la actual m anera de entender la Historia de la Contabilidad. Así pues, siguiendo a Hernández Esteve (2010: 25), la investigación en esta disciplina, ocupada inicialmente “en el estudio de la evolución de las doctrinas y técnicas contables, ha pasado a convertirse en una actividad de investigación histórica Introducci ón  17 multidisciplinar, con dedicación preferente a la historia económica –su disciplin a madre, de la que form a parte–, con la meta primordial de obtener todos los conocimientos que puedan extraerse del estudio y análisis de los libros de cuentas y de la demás docum entación contable del pasado ”. Luego, entendiendo que la Contabilidad va más allá de la teneduría de libros y planteando com o objeti vo superar el mero análisis de una técnica registral –Historia de la Contabilidad “en sentido estricto”, según Hernández Esteve ( ibídem )–, desarrollam os este segundo cap ítulo en el sentido “lato” ( ibídem ) que apunta el refe rido historiador. Pues bien, teniendo en cuenta es ta meta, y considerando que cada estado señorial contaba con su propia contab ilidad, entendimos oportuno estructurar el contenido de este capítulo respetando esta separación entre los señoríos, es decir, presentando, de una parte, la actividad económica vinculada al estad o adejero y, de otra, la correspondiente a las unidades gomera y herreña. N o obstant e, debemos aclarar que el mayor volumen de información existente sobre la hacienda m arquesal de Adeje y su sistem a contable más detallado, nos permitió cono cer con mayor profundidad su gestión y organización económica. Por esta razón, los cuatro prim eros apartados de este capítulo están dedicados a Adeje, mientras que el últim o se refiere a La Gom era y El Hierro. De todas las operaciones económicas lleva das a cabo en la hacienda adejera, resultaba ineludible destinar el prim er apartado al func ionamiento de su ingenio azucarero. Cuatro motivos, fundam entalment e, nos han impulsado a dedicarle un tratamiento diferenciado: en prim er lugar, el fu erte arraigo de la caña dulce a la h istoria del Archipiélago Canario; en segundo, el he cho de que Adeje constituyó el último ingenio en funcionamiento en la isla de Te nerif e; en tercer luga r, el periodo de tiempo que abordamos, prácticamente desconocido por la historiografía al encontrarse a caballo entre el « primer » y el « segundo » ciclo de l azúcar canario; y, por últim o, porque apoyamos nuestro estudio en la docum entaci ón propia del ingenio, a diferencia de los protocolos notariales que util izan algunos historiadores. Tras la actividad azucarera, dedicamos un segundo epígrafe a otras formas de explotación de las tierras poseídas por los c ondes-marqueses en plena propiedad bajo el régimen directo, o bien bajo el acuerdo de m edianería. Aunque el cultivo del cereal ocupa un lugar destacado dentro de este ap artado –debido a su im portancia para la Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  18 gestión de la hacienda–, también nos refe rimos a las actividades de apicultura, sericultura y cría de ganado mayor y m enor. Por otra parte, el condominio y otras fórmulas censales han sido objeto de estudi o en el apartado terc ero, distinguiéndose dentro del mismo los tributos o censos a favor del estado adejero y las cargas censales en su contra. En ambos casos, realizam os un análisis estratificado en varios niveles – gracias al detalle informativo contenido en las escrituras consultadas–, al objeto de conocer qué papel jugaba la figura censal y si esta coin cidía con la habitualmente observada para otras Casas nobiliarias. Dada la presencia del régimen de explot ación directa en diversas actividades económicas, la Casa nobiliaria objeto de estudio precisaba abundante m ano de obra. Con la gente que sirve en la hacien da marquesal cerra mos, pues, los cuatro apartados dedicados a la unidad señorial ad ejera, distinguiendo al respecto las diversas formas de trabajo presentes en la m isma. Téngase en cuenta que en la é poca estudiada todavía existía la esclavitud y q ue el régimen señoria l presente en A deje comportaba, asimismo, ciertas obligaciones para los vasallos de su jurisdicción. Del rég imen esclavista, el trabajo servil y otras relaciones mantenidas con los servidores de la Casa nos ocupamos en este cuarto apartado. Tras el mismo, finalizamos el capítulo segundo con la exposición de las operaciones ec onómicas realizadas en los estados occiden tales gomero y herreño que, por su coincidencia, son tratadas bajo un quint o epígrafe final. De la actividad económica desarrollada en Adeje, La Gomera y El Hierro, hemos tenido conocimiento hoy día gracias al lenguaje contable que utilizaba la Contaduría de los condes-marqueses para la correspondi ente captación y representación en sus cuadernos y libros de contabilidad. De estos soportes documentales, de sus interrelaciones, del método registral aplicado y de las prácticas contables seguidas nos ocupamos en el últim o capítulo de nuestro trabajo. A efectos de exponer la organización contable desarrollada por la Contaduría de los condes-m arqueses, y considerando que con ello se facilitaba su com prensión, decidimos mantener para este cap ítulo tercero un esquema en línea con el anterior, de ahí que la estructuración de ambos capítulos guarde una cercana coincidencia. Consecuentemente con ello, exponemos de forma diferenciada las cuentas generadas por el in genio azucarero, la contabilidad del cultivo de cereal, los registros contables relaciona dos con las rentas por arrendamiento y Introducci ón  19 tributos , así com o la captación cont able del factor trabajo; t odo ello referido al estado adejero. Además, tal y com o procedimos en el capítulo segundo, abordam os la rendición de cuentas de los estados gomero y herreño de m anera conjunta en el último apartado de nuestra investigación. Ahora bien, antes de desarrollar los cinco apartados donde exponemos esta organización contable de forma pormenor izada, resu ltaba preciso conocer las contabilidades de otras Casas nobilia rias, a efectos de poder establecer las comparaciones que, en su caso, fueran oportuna s. Por esta razón, decidimos iniciar el capítulo tercero con un repaso de los trabajos existentes en el campo de la Contabilidad señorial, tanto en nuestro país como en I nglaterra, pues, siguiendo a Hernández Esteve (2013: 376), estos dos son “los dos único países en los cuales se ha estudiado en alguna medida la contabilidad señorial en el An tiguo Régim en”. Con el desarrollo de este apartado, pretendíamos dos objetivos: de una parte, conocer el estado de la investigación en el ámbito de estudio en que se inserta nuestro trabajo y, de otra, extraer los rasgos generales que definían las contabilidades nobiliarias. Tras este primer apartado, entendimos oportuno ofrecer una visión genérica del sistema contable utilizado por la C asa nobi liaria objeto de est udio, toda vez que la instrumentación contable, la técnica regi stral y la inform ación demandada por los condes-marqueses sobre sus posesi ones canarias difería entre el estado adejero, de una parte, y los estados d e L a G o m e r a y E l H i e r r o , d e o t ra. De la caracterización general de ambos modelos contables se oc upa el segundo epígrafe del capítulo ter cero, el cual sirve de antesala a la exposición pormenorizad a que explicamos con anterioridad. Finalmente, las princip ales conclusiones obtenidas del cont enido desarrollado a través de los tres capítulos ante riores se presentan en un apartado habilitado específicamente para ello. Capítulo 1 LA CASA DE LOS MARQUESES DE ADEJE, CONDES DE LA GOMERA Y SEÑORES DE EL HIERRO Fuente: AMC/ACFA 096028 Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  23 1.1.- CONTEXTO HISTÓRICO: LA NOBLEZA Y EL SIGLO XVIII Desde la Edad Media, la sociedad es pañola se había organizado siguiendo una estructura estamental. En ella los individuo s aparecían adscritos a diversos estratos ordenados jerárquicamente, fruto del principi o de desigualdad jurídica imperante hasta la llegada de las corrientes li berales en el sig lo XIX. Bajo la cúspide de la p irám ide social, ocupada por el monarca, residía un esquem a tripartito, presidido –como es sabido– por dos estamentos privilegiados: uno por razones religiosas (el clero) y otro por motivos político-so ciales (la nobleza) (Domínguez Ortiz, 1973: 10). Debajo de estos dos estratos, conformando la base del sistem a social, se hallaba –por exclusión– el “tercer estado”, “estado general” o “es tado llano”, constituido por una “amalgama heterogénea donde las ocupaciones eran diversas y los niveles de riqueza variaban de cero al infinito” (Carra sco Martínez, 1991: 32). La diferenciación social que impregnaba la anterior jerarquizació n estaba fundamentada en la función que cada estrato debía cumplir dentro del cuerpo social, así como en los privilegios que la ley con fería a sus miembros. Con relación a las funciones atribuidas, Carrasco Martínez explica que al clero correspondía ve lar espiritualmente por la sociedad, los nobles debían defenderla y di rigirla, m ientras que el tercer estado se ocupaba de producir el sustento para todos. En cuanto a la s prerrogativas que gozaban – admitidas legalm ente–, Domínguez Ortiz (1973: 40 y 41 ) señala diversos privilegios para el estado nobiliario, vinculados fundament almente al terreno fiscal y al jurídico. Así pues, tener inmunidad tributaria, dis poner de jueces especi ales (alcaldes de hijosdalgo 9 ), contar con prisión separada de lo s plebeyos, no sufrir penas afrentosas (azotes y galeras), no poder ser encarcelados por deudas (salvo la s debidas a rentas reales) y estar liberados de torturas constituyen algunas de las preeminencias enumeradas por el citado autor. De igual m odo, Domínguez Ortiz ( ib ídem , p. 41) añade que la ley reconocía a los nobles su priori dad para acceder a ca rgos públicos ante igualdad de condiciones de los candidatos y que en muchos municipios se les reservaba 9  “Se llama en l os lugares donde h ai mitad de of icios el Alcalde o rdinario, nombrado por el estado de lo s hijosdalgo (…). Se elige todos los años y es acto distintivo de nobleza” (Di ccionario de la Lengua Castellana, 1726: 177) .  Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 24 la mitad de oficios , en d etrimento del acceso de los pl ebeyos a los cargos concejiles, lo que hacía aum entar el peso polític o de la nobleza en los municipios. Ahora bien, aunque todas estas ventajas de índole material eran deseadas por la sociedad de la época, el citado historia dor encuentra que la pr in cipal motivación de ascenso social se hallaba, sin embargo, en “el honor, es decir, [en] el deseo de consideración social” ( ibídem ) que confería la pertenen cia a un estamento superior. Luego, para Domínguez Ortiz, la sociedad de l Antiguo Régimen se estructuraba y se movía en torno al honor, el pr ivilegio y la consideración so cial; elem entos todos ellos que podían resumirse bajo el térm ino de status , según interpretación realizada por Colás Latorre y Serrano Martín (1996: 18) . El status en aquella sociedad era, en consecuencia, lo importante. Su búsqueda fue el afán de los plebeyos y su mantenimiento el objetivo que determinó la conducta seguida por los nobles que lo habían alcanzado. Dentro del propio estamento nobiliario existían, a su vez, diversos rangos ordenados jerárquicamente, cuya diferenciaci ón conviene tener presente por cuanto cada categoría alcanzó cotas políticas, económ icas y sociales distintas. La nobleza no era, pues, un grupo compacto. Al contrario, su he terogeneidad ha sido una característica resaltada por todos los estudiosos de este grupo privilegiado, habiendo aportado estos historiadore s clasificaciones m ás o menos amplias respecto a la jer arquía interna nobiliaria. Según Domínguez Ortiz (1973: 50), la legislación de la época no indicaba con claridad los diversos grados en que se subdividía el esta mento nobiliario, ni tampoco existía una opinión unánim e a este respecto, lo que ha dificultado el establecimiento de una única gradación. El citado autor ( ibídem , p. 52) distingue, por ejemplo, para la nobleza castellan a las siguien tes siete categorías –enunciadas de menor a mayor rango–: situaciones pr enobiliarias, hidalgos, caballe ros, caballeros de hábito, señores de vasallos, títulos y, finalmente, grandes de España. Soria Mesa (2007: 41 y 42), sin embargo, disiente en algunos aspect os de la anterior división y propone un esquema centrado en la existencia de tres grandes tipos de nobleza, que define como: baja, media y alta. Aragón Mateos (1990: 68), por su parte, revisa las clasificaciones utilizadas por diversos tratadistas dieciochescos (Campom anes, Cadalso y Jovellanos) y, apoyándose en ellos, establece una estrat ificación tripartita, diferenciando entre: hidalgos, caballeros y titulados. Estos tres úl timos grados también son considerados por Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  25 otros autores como Calvo Poyato (1986: 522) y Morales Moya (1984: 48), aunque este último ahonda un poco m ás dentro del grupo de los títulos, añadiendo una distinción entre: la alta nobleza cortesana (las grandes Casas residentes en la Corte) y la nobleza que se encontraba más vinculada al ámbito regional. Todas las subdivisiones que, a título ilustrativo, hemos mencionado en el párrafo anterior pretenden acomodar, de una u otra forma, a los mismos individuos, esto es, a aquellos que gozaban de la c ondición jurídica de nobles en los tiempos m odernos. De los diversos rangos que podían diferenciarse dentro del grup o nobiliario, el que resulta más claramente iden tificable y sobre el que existe coincidenc ia entre todos los historiadores es, sin lugar a dudas, el de lo s titulados: nobles a los que el Rey concedía la distinción de duque, marqués, conde o, en menor m edida, vizconde. Por encima de estos títulos, coronando la cúspide de l es tamento nobilia rio se encontraban los denominados grandes de España 10 : dignidad aneja a una mi noría de títulos que representaba la élite de las él ites en la estructura social, goz ando del privilegio de ser los más cercano s a la familia real. Tanto los titulad os como las grandezas conformaban lo que se ha venido a identificar como alta nobl eza y es en este grupo, precisamente, donde hallamos los titulares de la Casa nobi liaria objeto de nuestro estudio. Entre los nobles que no eran titulados ( hidalgos castellanos, infanzones aragoneses, parientes mayores en Euskadi y señores de vasallos, según Soria Mesa, 2007: 41-48) y la alta nobleza con títu lo (duques, marqueses y condes, fundamentalmente) existían diferencias de índole económ ica, política y social. Por ello, los primeros –a pesar de ser nobles– ansi ab an alcanzar un título, mientras que los segundos –ya titulados– buscaban, adem ás, ser grandes de España: todo un movimiento de ascenso en búsqueda de la cúspide social . Bien es verdad que, al tratarse de una sociedad estamental, el nacim iento de cada individuo era lo que predeterminaba inicialmente su adscripción social: el descendiente del esclavo era esclavo, el plebeyo 10 Según Domínguez Ortiz (1973 : 77), el título de vi zconde era d e carácter transitorio y se cancelaba con la concesión del título d efinitivo de marqués o co nde. Estos dos últimos se otorg aron en número casi igual y entre ellos no existían diferenc ias jerárquicas signi ficativas de los siglos XVI al XVIII, aunque para Soria Mesa (2 007: 49) la m erced marquesal se fue prefirie ndo poco a poc o con el paso del t iempo. Ahora bien, la verdadera distinción dentro del esta mento nobiliario se conse guía al alcanzar la grandeza de España. De ent rada, todos los duques lleva ban impl ícita esta condici ón, mi entras que algunos m arqueses y condes ll egaron a ostent arla por concesi ón real. Sobre el significado y las prerrogat ivas inhere ntes a los Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 32 consolidando la jurisdicción señorial, sie ndo el objetivo principal perseguido con su constitución: la defensa de las tierras y el impulso de la repoblación. En palabras de Atienza Hernández (1987c: 117), la creación d e estos seño ríos m edievales derivaba, realmente, de “la fragm entación política y [la] debilidad” regia, toda vez que los monarcas se vieron obligados a emplear este recurso señorial por la “inexistencia de unas instituciones eficaces de tipo centralizad o para la guardia de las fronteras, la práctica de la justicia, la administración, el gobierno, etc. ”. Luego, inicialm ente, los señoríos medievales –y los nobles titulados a los que se ot orgaron– tenían una función militar y rep obladora del territorio. Pues bien, desde la Reconquista, los suces ivos monarcas no dejaron de otorgar mercedes de señoríos co mo muestra de su gratitud por los servic ios recibidos, aunque no todos los reyes recurrieron a la citada figura con la misma intensidad. Es conocido, por ejemplo, el periodo de “relativo rem a nso” (Moxó y Ortiz de Villajos, 1964: 218) experimentado bajo los Reyes Católicos o el nuevo im pulso que el régimen señorial tomó en los siglos XVI y XVII con el reinad o de la Casa de Austria. De estas dos últimas cen turias, precisamente, los his tor iadores destac an el activo proceso de señorialización que los monarcas emprendier on sobre tierras de realengo, acudien do repetidamente a una segunda m odalidad de acce so a la cond ición señorial, a saber: la venta de jurisdicciones por pa rte de la Corona para tratar de solventar la precaria situación financiera de su Hacienda regia 19 . En este caso, los señoríos m odernos – creados de nuevo cuño o señorío s “tardíos” para Moxó y Ortiz de Villajos (1972: 63)– estaban prácticamente alejados de su inicial “virtud coloniz adora” ( ibídem , p. 225), pues muchas de las aldeas y villas que se vendi eron como señoríos en la Edad Moderna ya estaban poblados y formados, con sus campos puestos en cultivo por los vecinos “a los que no cabía despojar de sus tierras”. Luego, más que la tierra, lo que la Corona estaba realmente traspasando a los señores en la Época Moderna m ediante estos actos de enajenación era el elemento ju risdiccional, es decir, las funciones públicas de gobierno y justicia sobre el territo rio sujeto a señorío 20 . 19 Nótese, pues, cómo con la Casa de Austria no sólo se vend ieron títulos n obiliarios –a lo que anteriormente aludimos–, sino también señoríos (j urisdicci ones), amén de oficios, rentas, etc. 20 Del planteamiento expuesto en este párrafo puede inferirse que los señoríos m edievales castellanos fueron creados generalmente por m erced regia a los servicios recibi dos, mient ras que m uchos de los señoríos m odernos tuvi eron su ori gen en la com pra efectuada a la Corona p or nobles que buscaban un Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  33 En el espacio geográfico canario –y, por tanto, en las unidades señoriales objeto de nuestro estudio– también podemos diferenc iar dos formas de acceso a los señoríos. Como es conocido, los com ienzos del régime n señorial en el Ar chipiélago aparecen ligados a la conquista de las islas m enores (Lanzarote, Fuer teventura, La Gomera y El Hierro) a principios del sigl o XV, siendo el normando Jean de Bethencourt el primer señor de las Canarias que recibió del rey Enrique III de Castilla lo s der echos de señorío sobre las Islas, tras rendirle el oportuno pl eito-homenaje (Viera y Clavijo, 1773, t. II, p. 3). A partir de ese momento, la titularidad de estos dom inios señoriales insulares f ue objeto de una continua fragmentación y de un complejo proceso de transm isión 21 , a raíz del cual La Gomera y El Hierro quedaron des ligados de la línea sucesoria que siguió el señorío de Lanzarote y Fuerteventur a. Tras diversos litigios, h erencias, compraventas y otros ajustes, las posesiones gom eras y herreñas llegaron finalmente a recaer en uno d e los miembros de la nobleza titulad a que estudiamos 22 . Luego, de lo anterior, queda patente, pues, cómo los señoríos de La Gom e ra y El Hierro tuvieron su origen en la etapa de conquista señorial. Además de la referid a etapa de conqui sta señorial, dentro de las denom inadas islas de realengo (Gran Canaria, Tenerife y La Palma) también surgieron algunos núcleos de señorío, reafirmándose con ello la habitual dualidad entre lo señorial y lo realengo, presente tanto en el territorio peni nsular como en el continente europeo. En Gran Canaria, por ejemplo, sólo se constit uyó un lugar de señorío sobre la Villa de Agüimes en 1486, por merced de los Reyes Católicos a la Cámara Episcopal 23 . Para las islas de La Palma y Tenerife debem os es perar, sin embargo, al siglo XVII para ascenso social. Pu es bien, aunque esta constituye la g eneralidad ob servada por Moxó y Ortiz de Villajos, este autor (1964 : 187) entiend e oportuno aclarar –y así lo traslad amos nosotros– qu e, “lo expuesto no indica que fal tasen en la Eda d Media las ve ntas de señorí os, especialm ente en la C orona de Arag ón, ni que –aunque e scasas– no se encuentre algu na donación en la Edad M oderna”. 21 Diversos son los tra bajos que abo rdan la tra nsmisi ón del seño río de Canarias e n el siglo XV, por l o que omit iremos rela tar en estas pági nas los di versos tr a spasos que se sucedier on. Entre l os estudios m ás recientes que hemos manej ado podemos citar, a título ilustrativo: Díaz Pad illa y Rodríguez Y anes (1990: 26-47), Aznar Vallejo ( 2004) y Bernal R odríguez (2004). 22 Estudia r los inicios de los señorí os gom ero y herre ño result a comple jo, toda vez que los num erosos ataques pirát icos sufrid os por estas isl as llevaron a una p érdida im portante de document ación prim aria. No obstante , alguno s historia dores ha n tratado de a bordar esta etapa hist órica. Concret ament e, sobre el devenir d e los señoríos de La Gomera y El Hierro en lo s siglos XVI y XVII –antes de iniciar se el periodo de nuestra investigació n–, puede co nsultarse Díaz Padilla y Rodrígu ez Yanes (1990: 47-91). 23 Este señorío de nat uraleza eclesiástica ha sido ob jet o de estudio de sde una pe rspectiva histórico- contable por parte de Castro Pérez (2005). Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 34 encontrar diversas fam ilias que pretendieron comprar a la Corona luga res de señorío, aprovechando los apuros económicos que atravesaron los Austrias –aludidos con anterioridad–. Fue, concretamente, bajo el reinado de Felipe IV donde hallam os los tres ejemplos de enajenación de señoríos que la historiografía cita para Canarias. Uno de ellos es el de Nicolás Massie u, quien adquirió la jurisdicci ón sobre Argual y Tazacorte (La Palma) m ediante abono de 4.000 y 9.000 ducados, respectivamente, aunque fue posteriormente reincorporado al ámbito real engo dado la oposición de las autoridades isleñas. En lo que respecta a Tenerife, Felipe IV vendió dos enclaves realengo s: en primer lugar, el valle de Santiago –Real Cédula de 3 de julio de 1663– a Fernando del Hoyo-Solórzano por 3.200 ducados y, unos años después, la Villa de Adeje que nosotros estudiamos 24 . Por políticas matrimoniales y cuestiones hereditarias que m ás tarde explicarem os, la propiedad de este último señorío adejero –creado por compra onerosa– terminó recayendo sobre el m ismo individuo que poseía los señoríos de La Gomera y El Hierro –originados, com o se ha apuntado, en la etapa de la conquista señorial–. Los tres estados señoriales, que tuvieron orígenes distin tos, se mantuvieron vigentes hasta el siglo XIX, cuando el régimen señorial quedó abolido en nuestro país. La confluencia de vario s señoríos –que acabamos de m encionar– bajo un mismo titular resultó ser una no ta característica entre la alta nobleza de la Edad Moderna. B asta con acercarse a los trabajos realizados por algunos historiadores s obre las grandes Casas nobiliarias –como la de Osuna (Atienza He rnández, 1987c: 72), Me dinaceli (Sánchez Gómez-Conrado, 1992: 240), Alcañices (Carm o na Pidal, 2001: 44), Aranda (Becerrica Sanz, 2001: 4 y Navarro Espinach, 2009: 68) y Arcos (Gutiérrez Núñez, 2007: 770), entre otras– para advertir la can tidad de jurisdicciones –y títu los– que atesoraban y transmitían de unos sucesores a otros. Tal ni vel de acum ulación se hizo posible, como es conocido, gracias a tres el em entos presentes en la formac ión de casi todos los linajes nobiliarios, a saber: el m ayorazgo, la primogenitura mascul ina com o criterio hereditario y la política matrimonial endogám ica adoptada. 24 En Díaz Padilla y Rodr íguez Yanes (1990: 27) puede consultarse un instructivo mapa del archipiélago canario con indicaciones de la supe rficie señorializada. Según los cálculos de e stos autores, esta representaba el 46,2% de la superficie total canaria, quedan do incluido en este dato Agü imes, Valle de Santiago, Adeje y las cuatro islas de señorío (Lan za rote, Fuert eventura , La Gom era y El Hierr o). Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  35 En efecto, como explicamos páginas atrás, la instituc ión del m ayorazgo –a la que asiduamente acudió la nobleza– perm itió trasladar en el tiempo las unidades seño riales de forma indivisa. Como dichas vinculac iones se transm itían, con carácter gener al, siguiendo la primogenitura m asculina, el prim er descendiente varón no sólo concentraba los títulos y los mayorazgos acum ulados por su figura paterna, sino recibía también los que la figura materna había aportad o al m atrimonio. Cuando una determinada familia noble quedaba sin sucesión masculina –hecho que ocurrió en el caso que estudiam os–, la hija mayor se convertía en heredera y tran smisora de los vínculos de su linaje hacia la Casa de su marido, de forma tal que el primogénito de este enlace matrimonial terminaba acaparando tanto los mayorazgos com o los títulos nobiliarios de ambos progenitores. Como explica Soria Mesa (1992: 327) “esta operaci ón, repetida con cierta fortuna durante varias generaciones, es la que explica que en los siglos XVII y XVIII las grandes familias posean decenas d e pingües vínculos”. El proceso de acumulación de señoríos que hemos descrito, repetido generación tras generación, permite entender con facilidad porqué la dispersión geográf ica constituía uno de los rasgos diferenciadores del patrim onio poseído por la alta nobleza. Sin lugar a dudas, la tenencia de un patrimoni o extenso, fragm entado y disperso bajo un mismo titular es una de las carac terísticas unánimem ente aceptadas por los historiadores (Lemeunier, 1998: 253-254; Carm ona Pidal, 1995: 77-80; Aragón Mateos, 2000: 37-38; Yun Casalilla, 2002: 13-14; Garrabou et al. , 2002 y Molina Recio, 2012: 996, entre otros), constituyendo esta peculiaridad uno de los problemas que afectaba a la gestión de las Casas aristocrá ticas. Así pues, la fragmentación y disper sión geográfica de su patrimonio im posibilitaba al noble estar presente físicamente en tod os sus estados señoriales, máxime cuando este aspiraba, ad emás, a residir cerca de la Corte para beneficiarse económica y socialm ente de su proximidad al Rey. El absentismo de la nobleza titulada –especia lm ente la cortesana 25 – les im pedía gestionar y controlar personalmente todas sus posesiones, lo que lle vaba aparejado la neces idad de contar con un conjunto de oficiales o ad ministradores sobre los que delegar tanto el gobierno de sus señoríos como la explotación econó mica de sus bienes patrim oniales. 25 En Yun Casalilla (20 02: 287) puede leerse sobre la te situra q ue estos nobles podían plantearse entre las ventajas de una vida cortesana y l as dificult a des que entrañaba la leja nía de sus estados. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 36 La figura del “señor ausente” –expresión to m ada del título del libro de Aragón Mateos (2000)– lleva ap arejada cierta problem ática que quisiéram os recordar, si qu iera brevemente, pues algunos de los planteam ient os desarrollados en torno al absentismo han llegado a convertirse en mitos historiogr áficos a la hora de definir al estam ento nobiliario. Así pues, en la literatura sobre la nobleza encon tramos historiadores para los que la condición absentista del noble y la inhe rente presencia de sus administradores en los señoríos im plicaban deja dez, despreocupación y m ala gestión. Lemeunier (1998: 253), por ejemplo, m anifiesta que “la falta de contacto directo con las realidades locales inclina[ba] a los señores a descuidar la c onservación y [el] mejoram iento del aparato productivo”. De igual modo, bajo la voz “absentism o” recogida en el Diccionario de Historia Moderna de España se transmiten ideas sim ilares a la opinión anterior. Textualmente, el citado Diccionario (Martínez Ruiz, 2007: 9 y 10) señala que: “Los efectos económico-sociales del abse ntism o fueron import antes en el campo a lo largo de la Edad M oderna, ya que esta falta perjudicó no sólo a los propietarios sino también a sus colonos y enfiteutas. El dueño de las tierras, m ás interesado en la v ida fuera de ellas, sólo se preocupaba de obt ener rentas que le permitiesen m antener un estatus social y económico allá donde se encontrase. La administración de estas propiedades era casi siem pre encomendada a un administrador, que en m uchos casos no se interesaba por la población, limitándose a cobrar las rentas y pagar al señor lo estipulado”. Como bien puede inferirse de las dos referencias que hem os tomado a m odo de ejemplo, el absentism o nobiliario constituía la principal razón por la que estos titulares habían desarrollado una actitud económica rentista y desinteresada en acom eter inversiones dentro de sus posesiones –cuando es tas últimas resultaban ser necesarias en la tierra, por ser fuente básica de riqueza en el Antiguo Régimen–. El rentismo de este grupo social se debía, en parte, a que, al estar ausentes, los nobles solían optar por sistemas de explotación indirectos, que les proporcionasen una renta fija. C omo recuerda Carmona Pidal (1995: 72), una de las principales críticas lanzadas a la aristocracia terrateniente residía, precisam ente, en “haber desarrollado un sistem a de explotación indirecto, con c ontratos de arrendamiento a corto plazo, que habría Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  37 desincentivado cualquier tipo de inversión o mejoras, tanto por el lado del propietario como del arrendatario”. Tanto la ausencia de sus señoríos como el uso extendido de los sistem as de explotación indirectos, entre otros motivos, propiciaron la creación de cierto estereotipo sobre la figura de la alta nobleza titulada –poseedora de los patrim onios más extensos y dispersos–. Dicha im agen se caracterizaba por la despreocupación sobre sus haciendas, la mentalidad rentista, el desinterés por la introducción de innovaci ones y el absentism o pasivo del terratenien te aristócrata, v alora ciones estas –o m itos– que han sido recogidas en la historiografía (Yun Casalilla, 2002: 11 y Molina R ecio: 2011: 20 y 21, por ejemplo), junto a otros rasgos com o la ocio sidad y la ostentosidad de sus gastos. Con relación al absent ismo nobiliario que venim os señalando, quisiéramos precisar que si hemos traído a colación este te m a en el presente apartado, no ha sido únicamente para com entar en este punto los sistem as de explotaci ón patrimoniales y la mala prensa generada so bre la alta nobleza –aspectos que, p or otra parte, no dejan de ser relevantes en cualquier est udio sobre el estamento privile giado–, sino porque la lejanía de los nobles de sus estados también tuvo incidencia en otra dim ensión que para nuestra investigación reviste de una especial importancia. Nos referimos, claro está, a la dimensión contable. Lógicamente, la relac ión existente entre p ropiedad absentista y contabilidad resulta un hecho eviden te: si la ausencia d el titular exigía delegar la a dministración de su patrimonio en m anos de un administra dor, este no sólo tení a la obligación de informar al prim ero sobre la gestión reali zada, sino que también el primero tenía la necesidad de controlar desde la distancia al segundo, ante la posib le existencia de comportamientos oportu nistas. Luego, ante esta necesidad de inform ación entre el noble y sus agentes delegados, el sistema cont able –junto a la correspondencia periódica– constituyó un importante vehículo de transmis ión, tal y como han puesto de manifiesto investigadores como Funnel (1996: 32), Ca rmona Pidal (2001: 227), Arbelo García (2006: 36 y 37) o Molina Recio (2 012: 996). Pero, además de es ta utilidad, autores como Ezzamel (2002: 235) han dado un paso m ás en sus planteamientos sobre la contabilidad y el absentismo, pues, precisam ent e, vinculan el origen de muchas de las cuentas pertenecientes a los estados privados con la situación absentista de sus Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 38 propietarios. De hecho, esto es lo que par ece haber sucedido en los prim eros momentos en que la contabilidad empezó a ser utilizada por los señoríos ingleses – manors 26 –, pero este es un tema sobre el que volveremos c on m ás detalle en el capítulo tercero. Respecto a los mitos historiográficos que apuntam os párrafos atrás es preciso aclarar que, desde hace un tiempo, diversos au tores (Yun Casalilla, 2002: 12; Carrasco Martínez, 2002: 289, Saavedra, 2003: 20 y Mo lina Recio, 2011: 19, por ejemplo) han mostrado su rechazo a la asunción de tales es tereotipos, poniéndolos en tela de juicio por carecer, en su opinión, de una investigac ión histórica de base que realm ente los sustente. En consonancia con ello, y siguiendo esta distinta concep ción, existen trabajos que pretenden modificar aquella “visión si m plista del mundo económico de la alta nobleza” (Carrasco Martínez, 2002: 289), dando a conocer, por el contrario, el interés de muchos nobles por: re alizar inversiones e in troducir mejoras en sus estados , intervenir personal y directamente en la ge stión económ ica de sus patrimonios, así como por organizar el gobierno de sus señoríos. Así, por ejemplo, Díaz López (2007: 270) demuestra “el perfecto conocim iento” que tení a el marqués de los Vélez a m ediados del XVIII sobre “el funcionam iento del aparato hacendístico de su m arquesado”, dadas las Instrucciones que al efecto dictó. Molina Recio (2011: 24, 26 y 28), por su parte, revela el interés del conde de Luque en la administración de sus posesiones, tom ando como evidencias: la correspondencia, las órdenes dict adas y los libros de cuentas. En la misma línea, García Hernán (2010:87-95) explica las ordenanzas dictadas por el marqués de Astorga para la ordenación de sus estados , algunas de las cuales entraron en el campo de la contabilid ad ( ibíd em , p. 88-89) . Otro posible ejemplo lo hallam os en Carmona Pidal (2001: 220-226), cuando describe las inve rsiones y el interés personal puesto por los marqueses de Alcañ ices en su estado de Cadreita, mientras que López Manjón (2005: 80-92) alude a los cambios introduci dos por el XII duque de Osuna en el nombram iento de sus apoderados, lo que propici ó reformas a nivel contable para tratar de mejorar el nivel de endeudam iento por el que la Casa atravesaba . Luego, a través de todos los ejemplos que acabam os de mencionar 27 –referidos a la alta nob leza titulada–, podemos concluir que tanto en las inversi ones realizadas como en las ordenanzas 26 “A unit of land, originally a feudal lordship, consis ting of a lord’s deme sne and la nds re nted to te nants” (www. oxforddi ctionaries.c om. Cons ultado el 24/03/2 014). 27 En Yun Casalilla (2002: 294 ) pueden en contrarse otro s tantos ejemplos . Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  39 emitidas, la correspond encia mantenida o la c ontabilidad registrada, los historiado res han hallado evidencias de una actitud más activa de la nobl eza respecto a la administración de sus patrim onios y el gobierno de sus estados señoriales, quedando en entredicho aquella imagen negativa que se había generado en torno al estam ento nobiliario. Ahora bien, es preciso señala r –por cuanto atañe al inte rvalo tem poral elegido en nuestra investigación– que si la historiografía se hizo eco preferentemente de una m ala imagen de la nobleza, a pesar de la existenc ia de ejem plos como los anteriores, fue porque algunos ilustrados del XVIII y los libe rales del XIX vertieron en la historia una opinión negativa que ha sido difí cil de erradicar. Este razonamiento es, al menos, una posible explicac ión que hemos encontrado en la literatu ra nobiliaria, procedente de la mano de historiadores como Colás Latorre (1993: 55-56), Y un Casalilla (2002: 278) y Carrasco Martínez (2002: 289). Si rvan las siguientes palabras de este último autor para demostrarlo con clarid ad: “Sól idos son los m otivos que ha n contribuido y contribuyen todavía hoy a que se tenga una visión del fenómeno señorial estructuralmente negativa por epidérmica. Y quizá el m ás importante haya sido la perv ivencia entre los historiadores de las opiniones de algunos ilu strados y de los liberales decim onónicos, para quienes el sistema jurí dico y económ ico que había so stenido la riqueza de la aristocracia era la razón prof unda del atraso español”. En el siglo XVIII, bajo el reinado de la nuev a dinastía borbónica y los aires ilustrados procedentes de Europa, el estame nto nobiliario y el ré gim en señorial que lo sustentaba protagonizaron una serie de cambi os y ataques al lustre y a los privilegios que hasta entonces habían gozado; situación qu e –lejos de disiparse– se in tensificó aún más en la centuria sig uiente, consumándose m ediante la definitiva abolición de los mayorazgos y la disolución de los señoríos en el XIX. El momento en que se inicia nuestro pe riodo de investigación coincide con los últimos años del reinad o de Carlos II, un m onarca débil física y m entalmente bajo el que la alta nobleza seguía ocupando destacado s puestos, tanto en la esfera política del Estado como en la Corte 28 . Fue, precisamente, con el m andato de este último Austria 28 Sobre el pa pel de los no bles en la Cort e y la im portancia que para estos suponía la cerc anía al m onarca, como expresión de poder, pued e consultarse García Hernán (1992: 2 4-26). Asimismo, en Yun Casalilla Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 40 donde Kamen (1974: 146) 29 encuentra que “la influencia de los nobles y las sórdidas intrigas de la Corte habían eclipsado casi por completo la autoridad de la Corona. Carlos II no era en realidad sino un rey fantasm a (…) [y] bajo su reinado alcanzó la aristocracia su última y m ás alta cota de esplendor y poderío”. Al morir el monarca sin haber engendrado un descendiente que asegurase la cadena sucesoria, Felipe de Anjou, de la Casa de Borbón, fue designado por el propio Carlos II para acceder al trono, decisión esta que, como es sabido, no gustó ni al ot ro aspirante a la Corona –el archiduque Carlos de Austria– ni a la s potencias europeas que le apoyaban. Con la oposición de estos se desató la Guerra de Sucesión, conf licto que alcanzó carácter inte rnacional hasta la firma del Tratado de Utrecht en 1713. En los altos recursos financieros que demandó la citada contienda y en la necesidad de recom pensar los servicios prestado s durante la m isma, Felices de la Fuente (2011: 253 y 254) halla el m otivo por el cual Felipe V otorgó al menos 318 títulos nobiliarios nuevos a lo largo de la primera m itad del siglo XVIII 30 , localizándose la mayoría de estas concesiones dentro del pe riodo que duró la Guerra de Sucesión. Con esta cifra, Felipe V se convirtió, después de Carlos II, en el rey que m ás títulos nobiliarios creó (Soria Mesa, 2007: 51), obs ervándose bajo su reinado –según prueba Felices de la Fuente (2013b: 697)– una continuidad en cu anto a los motivos y los procedimientos de concesión –el m érito y la venalidad– que ya habían sido aplicados por los Austrias durante la segunda m itad de la centuria anterior. Luego, fue nuevamente la necesidad de dinero la que aún en los inicios del Setecientos m antuvo abierta la puerta a la ca tegoría de los titulados. No f ue hasta su hijo – el rey Fernando VI– cuando Andújar Castillo (2013: 160-161) detecta un cambio de tendencia en cuanto al volumen de m ercedes otorgadas, pues en comparación con su padre tan sólo entregó un total de 42 nuevos títulos. La ausencia de conflictos bélicos, la disminución en la demanda de títu los y una política asistida por Ensenada para s uprimir la venalidad en el (2002: 287) puede profundizar se sobre las ventaj as económicas que la vid a cortesana les podía r eportar. Añadim os, finalm ente, un úl timo trabajo q ue nos ha pareci do interesa nte, aunque e stá referi do a un periodo de tiem po (1665-1675 ) anterior al definid o en nuestra in vestigación. Se trata de la t esis doctoral de Crespí de Valld aura Cardenal (20 13), donde se es tudia la p articipación d el estamento nob iliario en las diversas esta ncias de l a Corte baj o la regenci a de Mariana de Austria. 29 Referencia tomada de Morales Moya (2004: 249) . 30 En el cómputo indicad o, la autora consider a los pertenecientes a Castilla, Aragón y Navarra. Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  41 ámbito de los honores ( ibídem , p. 160) son algunos de los motivos que el citado autor expone para justificar dicha reducción. Pues bien, si las cifras ante riores ponen de manifiesto que el estam ento de la alta nobleza titulada siguió creciendo en el XVIII –especialm ente en su primera mitad–, el panorama al que estos privilegiados se enfr entaban era, sin em bargo, diferente al que habían experim entado en el siglo precedente. En el Setecientos, la alta nobleza continuó siendo el grupo económicamente dom inante por que –siguiendo a Morales Moya (2004: 248)– controlaba un medio de producción tan elem ental co mo era la tierra, pero su relación con el Estado difirió, las institucione s básicas sobre las que sustentaba su poder –mayorazgo y señorío– fueron objeto de cier tos ataques y sus conductas y privilegios también recibieron críticas con dis tintos niveles de dureza. En lo que respecta al primero de los cam bi os mencionados en el párrafo anterior, este es, su relación con el Estado, la histori ografía da cuenta de que, al amparo de la política unificadora y centralizad ora de la nueva dinastía borbónica, la consecución de diversas ref ormas adm inistrativas comenz ó a desplazar a los grandes títu los de las estructuras políticas que en el pasado habían ocupado, mermando con ello su capacidad de poder. Para García Hernán (1992: 24) “sólo en el siglo XV III (y en lo q ue se refiere a la alta nobleza) empiezan a ser apartados sist emáticamente y de una m anera clara de la administración”. Este desplazam iento del gr upo privilegiado de los puestos de gobierno atendió a diversas razones, entre las que Mo rales Moya (2004: 258) apunta: el fracaso de los grandes como dirigentes y la “escasa valía” que –salvo algunas excepciones– habían demostrado. Además de su alejamiento de la vida política del siglo XVIII, los nobles también se vieron en la necesidad de lidiar con las ofensivas que empezaron a difundirse respecto a las instituciones económico-jurídi cas que fundamentaban su poder. Sin lugar a dudas, la figura del mayorazgo –a cuya importancia aludim os páginas atrás por garantizar la perpetuación de los linajes– se convirtió, a juzgar por la historiografía existente, en una pieza central del deba te ilustrado. La cr ítica, desarrollada fundamentalmente en la segunda m itad de l XVIII, trató de poner de relieve las repercusiones negativas que tení a la propiedad vinculada. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 48 Evidentemente, existen trabajos como los de Rodríguez Yanes (1984), Rivero Suárez (1991: 55-58) y Rumeu de Armas ( 2006) que están dedicados al estudio de miem bros concretos de la f amilia ref erida –fundam entalmente a las f iguras de Cristó bal de Ponte y Pedro de Ponte–, pero en lo que respecta a la presentación de conjunto d el linaje que nos ocupa, la revisión de la lite ratura nos demu estra que los trabajos existentes sobre ellos son más escasos, si los com paramos con la ram a de la línea condal gomera 36 . Para la presentación de la líne a ma rquesal, hem os tomado como base la descripción genealógica de Ramos (1972: 25-38) y el Nobiliario de Canaria s de Fernández de Bethencourt (1959: 28-39 y 158-176), com pletando ambos trabajos con algunas referencias halladas en la documentación prim aria consultada. Asimism o, al objeto de facilitar el seguimiento de lo e xpuesto en este epígrafe , entendimos necesario contar con un árbol o esquema genealógico, donde de forma si ntética se reflejaran los personajes que daban cabida a la citada línea sucesoria. Co mo el ár bol de costados de Salazar y Castro (1795: 134) y el esquema genealógico conten ido en la tesis doctoral de Nuez Santana (1997: 1072) solamente alcanz aban hasta el titular donde iniciamos nuestro estudio, hem os optado por conf eccionar uno nuevo, completándolo hasta el último poseedor incluid o en nuestro trabajo. E l esquema genealógico así elaborado aparece al final de este apartado –ba jo la numeración 1.1–, donde los nom bres sombreados representan a los dueños de los señoríos en el tiem po de nuestra investigación. Como puede observarse en el citado esquema , el primero de la Casa de los Ponte que se estableció en Canarias fue Cristóbal de Ponte; mercader y noble patricio de origen genovés que, por sus “eminentísim os servicios a los Señores Reyes Católicos durante la conquista de Canari as” (Fernández de Bethencour t, 1959: 28), fue agraciado en 1502 con tierras y aguas en el partido de Daute –al norte de de Tenerife–, bajo el comprom iso de construir en él un ingenio azucarero (Serra Ráfols, 1961: t. 27, p. 169). 36 Sobre el linaje de los condes de La G omera y sus o rígenes puede n consult arse, por ejem plo, los tra bajos de Fernánd ez de Bethencourt (1 959), Darias Padrón (2004), así como Díaz Padilla y Ro dríguez Yanes (1990) . Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  49 Con las datas recibidas y otras tierras que adquirió (Rivero Suárez, 1990: 55), llegó a convertirse en uno de los cuatro grandes hacendados de aquella comarca (Guimerá Ravina, 1980: 120). Según explica Rivero Suárez (1990: 56 y 128), dada su “buena visión económica”, Cristó bal de Po nte buscó otras posibilidades para su hacienda desde los años 20 del siglo XVI, aún cuando el azúcar canario ocupaba una buena posición en el m ercado europeo. Así pues, f ue de los prim eros en sustituir la caña por la vid para comercializar vino e introdujo mo rales para la cría de seda. Además de explotar su hacienda, también estuvo invol ucrado –como buen genovés– en actividades comerciales con las Indias (Rivero Suárez, 1990: 57), c ontando para ello con la participación de los dos hijos que tuvo c on su esposa Ana de Vergara –hermana del conquistador Pedro de Vergara y sobrina de Alonso Fernández de Lugo–: Bartolom é y Pedro de Ponte y Vergara. El segundogénito de los hijos en quien c ontinúa la línea sucesoria –Pedro de Ponte, primero de su nom bre o el viejo – siempre se mantuvo vinculado al negocio azucarero que había conocido de su padre, to mando en arrendamiento varios ingenios y comercializando sus azúcares y m ieles en el mercado flamenco durante la segunda mitad del siglo XVI (Rodríguez Yanes, 1984: 28 y Rivero Suárez, 1990: 58). Pero, como bien señala Riv ero Suárez ( ibídem ), su m ayor éxito provino de la construcción y puesta en funcionamiento de un ingenio en el heredam iento de Adeje –sur de Tenerife– a comienzos del citado periodo 37 . Es aquí cuando la Casa objeto de estudio inicia su andadura en la producción y comercialización del azúcar adejero; un dulce cam ino que aportó riqueza y poder al linaje de Los Ponte, conduciéndoles a un progresivo ascenso social que terminó con la obtención de un título nobiliario. Desde ese m omento, la relación de la Casa con el azúcar de Adeje siempre est uvo presente a lo largo del periodo analizado en nuestra investigación, aden trándose, incluso, en la prim era década del siglo XIX. Pues bien, paralelamente a la puesta en m arc ha de su ingenio, el citado Pedro de Ponte – el viejo – solicita a la Corona licencia p ara er igir en su hacienda de Adeje una 37 Respecto a la partición celebrada en 1554 sobre los bienes de Cristóba l de Ponte y la par te que correspond ió a su segundo hijo con r elación al he redamiento de Adeje y el ingenio azucarero –en construcci ón en ese mom ento–, puede c onsult arse Pérez Morera ( 2013: vol. I , p. 250) y R odríguez Yan es (1984 : 30). Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 50 casa-fuerte (ilustración 1.1), al egando como motivo el que por aver en el dho término muchas caletas y puerto de mar, no puede la gente rresistir a los corsarios franceses y otros enemigos que desembarquen en el mismo (BMSC/ACFA 3539). Ilustración 1.1: Plano y alzado de la casa-fuerte de Adeje (s. XVIII) Fuente: Fumero Álvarez (2003: 97) La autorización para la edifición de la ci tada fortaleza llegó en la Real Cédula de 2 de mayo de 1555, facultando a Pedro de Ponte no sólo su construcción con el tamaño, forma y grueso de paredes que se indicaba en la mism a ( ibídem , p. 2v), sino tam bién su aprovisionamiento de artillería y municiones y otros pe rttrechos y aparejos de guerra que fueren necesario s ( ibídem , p. 2v). Igualm ente, se le entregaba a él y a sus sucesores con carácter perpetuo la alcaidía de la fortaleza, debiendo realizar en principio de cada un año el juramento pleito y omenaje y fidelidad que en tal ca so se requiere [ y] acostumbra (…) ante nuestro Governador ( ibídem , p. 2v). C on el paso del tiempo esta Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  51 casa-fuerte llegó a convertirse en símbol o del poder señorial ostentado por la Casa, albergando en ella la Contaduría central de los te rritorios canarios 38 . Edificada la casa-fuerte en tierras adej eras y habiendo sido designado como su primer alcaide perpetuo, las as piraciones de Pedro de Ponte el viejo se elevaron a la creación de un señorío sobre sus tierras y as í lo solicitó del Rey Felipe II en 1558. Pero, según relata Rumeu de Armas (2006: 462-463) , sus ambiciones de enseñorearse fueron truncadas por la fuerte oposición que ejerci eron los vecinos y el Cabildo de la isla tinerfeña. No obstante, a pesar de ello, gozaba del cargo de Regidor perpetuo de Teneri fe y a la histor ia ha pasado como el promotor del desarro llo del núcleo adejero (Decreto 378/2007, p. 23906), “el potentado más rico de la isla (…) y quizás del archipiélago” en su tiempo (Rum eu de Armas, 2006: 459) y com o un “caballero tan principal, tan bueno, tan sabio, ri co y de tan pura conciencia que no hará agravio ni aun a sus enemigos, si los tuviera” (Vie ra y Clavijo, 1776: t. III, p. 142). Pero, la pureza de conciencia –de que le hacían valedero en su época– no parecía estar reñida, sin embargo, con el tipo de ac tividades com erciales que desarrollaba, pues además de ejercer como hacendad o en su explotación azucarera de Adeje, m antuvo relaciones comerciales y de am istad con el corsario inglés John Hawkins en torno a 1560, “para abrir las puertas de América al tráfico clandesti no de esclavos africanos” (Rumeu de Armas, 1991: 365). Como señalare mos en el capítulo siguiente, es en la realización de estos negocios donde puede enc ontrarse justificación a la presencia de esclavos negros como mano de obra en su hacienda adejera. Tal y como explicamos en el aparta do anterior, era cost umbre por aquellos tiempos que los nobles y los grandes terra tenientes acudieran a la creación de mayorazgos, com o estrategia para blindar sus patrim onios y asegurar con ello la continuación de sus linajes. Así lo hizo Pedr o de Ponte junto a su esposa Catalina de Las Cuevas. Para conservar y perpetuar su linaje, casa e renombre , fundaron bajo 38 Para m ás información sobre la casa fuerte de Adej e, puede consultarse la desc ripción realizada por Sabino Berth elot durante su primera estancia en Tener ife (1820-1830) (Berth elot, 1834 [2004]: 2 51-259), así como los trabajos de Pinto de la Rosa (1996: 64 4-653) y Pérez Morera (2 013: vol. I, p. 258- 261). En abril de 1902 l a fortaleza fue seri am ente dañada a causa de un ince ndio. Hoy día está catalogada como monum ento de interés de cultural, c onstituyendo un re clamo turístico, pese a s u pobre estado de conservación. Su torre de hom enaje almenada y alguna s otras po cas dependencias son la s que permanecen e n pie. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 52 licencia real lo que en la documentación prim aria se concibe como mayorazgo viejo o antiguo de Adeje. Su escritura de constituci ón de abril de 1567 (BMSC/ACFA 3538) relacionaba con detalle la riqueza que el m atr imonio llegó a acum ular en vida, así como los bienes que asignaron a su primogénito Ni coloso, sigu iente en la línea sucesoria. Entre la dotación de es te se encontraba ( ibídem ): la haciend a de Adeje con las casas de aposento e yngenio de moler azúcar, casa de prensa y casa de calderas y con todas las calderas y cobres y otros pertrechos del dho yngenio , la casa-fuerte y su alcaldía, el oficio de Regidor de la isla, as í como sus tierras, montes, viñas, tribu tos , esclavos, etc. Toda esta relación constituyó, por tanto, el núcleo patrimonial donde se asentaron las actividades económicas que expondrem os en el capítulo siguiente. Nicoloso de Ponte y Cuevas, sucedió a su padre desde el fallecim iento de este último en 1568 hasta el final d e sus propios días, lo que aconteció en 1575 en La Orotava (Fernández de Bethencourt, 1959: 33). Continuó, entonces, como poseedor de la hacienda adejera y como tercer Alcaide de la casa-fuerte, el hijo mayor de Nicoloso y su esposa –Ana de Vergara Ponte–, el cual se llam aba Pedro de Ponte, como su abuelo. Pues bien, de la vida de estos dos titular es –Nicoloso y su hijo Pedro– apenas hemos hallado noticias en la histor iografía consultada. Tampoc o hemos podido extraer muchos datos de la documentación contable analizad a, toda vez que los cuadernos y libros de cuentas conservados no se remontan a épocas tan tempranas. No obstante, sobre Pedro de Ponte, segundo del nombre, sí sabem os que se hizo un inventario en 1612, al año siguiente de su fallecimiento. En dicho inventario se describía el ingenio en un m al estado de conservación (AHPT leg. 2265), aunq ue parece que su actividad azucarera no cesó. Precisamente de dicho año data la cuenta (AMC/ACFA 041001) m ás antigua que disponemos del com plejo adejero, la cual será objeto de análisis en el capítulo tercero. El primogénito de Pedro de Ponte II fue Bartolom é de Ponte y Calderón, Regidor perpetuo de Tenerife, cuarto poseedor de Adeje y cuarto Alcaide de su fortaleza. Aunque Fernández de Bethencourt (1959: 36-37) ofrece algu nos datos adicionales sobre este último, lo que nos intere sa resaltar de él, a efectos de nuestra investigación, es que fue padre de una de las grandes figuras que contribuyero n al engrandecim iento y al lustre de la Casa obj eto de estudio. Nos referimos a su prim er hijo Juan Bautista de Ponte Fonte y Pagés, reconocido en la historia como “uno de los m agnates del Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  53 Archipiélago canario” ( ibídem , p. 38) y alabado por Viera y Cl avijo (1776: t. III, p. 50) por su “don de economía y de gobierno”. Posi blemente, a este don deba atribuírsele no solo la transformación d e Adeje en “una de las más bellas poses iones de Tenerife” – como apuntaba el anterior hi storiador–, sino también el di seño del sistem a contable que llevaba su Contaduría adejera y la redacción del Directorio de la Casa Fuerte . Este último, concretam ente, constituía un “libro de direcciones” (F umero Álvarez, 2003: 48 ) redactado de 1654 a 1656, que contenía un c onjunto de órdenes encaminadas a regular el funcionamiento de la hacienda. De su lectura hemos observado directrices relacionadas con: el trabajo en el ingenio azucarero, los cultivos de cañamieles y cereales, el aprovechamiento del ag ua, el tratamiento de los esclavos, el salario de los servidores de la haciend a, los registros contables a realizar y las comp etencias atribuidas a los diversos servidores de la Casa. Por la m inuciosidad con que aparecen detalladas estas instrucciones, el Directorio evidencia, en nuestra opinión, el exhaustivo conocimiento que Juan Bautista de Ponte Font e y Pagés tenía sobre los asuntos técnicos, económicos y organizativos de su hacienda adejera. S obre el contenido de este Directorio y la im plicación del citado titular en el d iseño del sistem a contable adejero, haremos referencia m ás detallada en epígrafes posteriores 39 . Bajo el mandato de Juan Bautista de Ponte Fonte y Pagés –que ocupó gran parte de la segunda mitad del siglo X VII 40 – encontram os una etapa trascendental en el devenir histórico del linaje, un tiempo en que, sin duda, se forjaron los cim ientos que permitieron a la familia avanzar en su ca rre ra h acia el encumbramiento social. Co mo expondremos en el capítulo siguiente, tales cimientos –en lo que respecta a la parte económica– procedieron de una activa incorporación de tributos al esta do adejero y de una política compradora de tierras muy intens a, “sin duda la m ás dinámica de las fases compradoras del m ayorazgo desde el punto de vista cuantitativo” (Nuez Santana, 1997: 308). Su intensidad fue tal que para Nuez Santana ( ibídem ) “a fines del siglo XVII ya podemos dar prácticamente por cerrada la et apa expansiva del m ayorazgo, iniciada a lo 39 El original del Directorio que redact ó Juan Ba utista de Po nte y Fagés no ha llegado a n uestros dí as. Sin embargo, se conserva copia de la rectificación que s u biznieto realizó sobre el m ismo, a la que nos referirem os más adelante. 40 Sabemos que su posesión sobre el here dami ento de Adeje terminó a su fall ecimiento en 1681, pero desconocem os la fecha exacta de su inicio. Su padr e –Bartolomé de Ponte y Ca lderón– hizo testam ento en 1634 (Fe rnández de Bethenco urt, 1959: 37), pe ro no dispo nemos de info rmación so bre el mom ento de su fallecimiento. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 54 largo de la segunda mitad del XVI, es decir, desde el m omento mismo de la fundación”. Luego, de las palabras anteriores se deduce que la actividad inve rsora desarrollada por Juan Bautista de Ponte Fonte y Pagés am plió significativamente el patrimonio f amiliar, vinculando todos sus bienes libres en un nuevo mayorazgo (Viera y Clavijo, 1776: 56 y Fernández de Bethencourt, 1959: 38), el cual quedó añadido al viejo de Pedro de Ponte y Catalina de Las Cuevas. Pero, el objetivo pretendido con sus much as inversiones no sólo perseguía un engrandecimiento económ ico y un incremento de sus rentas. Por el contrario, su intención también trascendía al plano social y jurisdiccion al, pues, amparándose en la posesión de sus tierras, compró el señorío de Adeje. De la siguiente transcripción, tomada de la Real Cédula dada en Madrid en 1655 por el rey Felipe IV , puede inferirse cómo en la concesión de la condición se ñorial se hacía mención a las extensas propiedades que Juan Bautista de Ponte Fonte y Pagés tenía en el térm ino de Adeje, si bien dentro del mismo existían algunas tie rras que no eran de su pertenencia (R.C. 1655, f. 1v): Por quanto por parte de vos Don Juan Bautista de Ponte Fonte y Paxés, mi Regidor de la Isla de Tenerife, una de las de Canaria, i Aycayde perpetuo del castillo y casa fuerte del lugar de Adexe en la dicha isla, me ha sido hecha relación que el sitio y suelo del dicho l ugar, y todas las casa s que ay fabricadas en él son propias vuestras y de vuestro Mayorazgo, de las qual es los vezinos que están y habitan en ellas os pagan renta en cada un año; y el dicho lugar tiene de término tres quartos de legua en contorno, poco más o menos, y dentro del dicho lugar habrá sesenta vecinos, unos que viven en él y otros en el dicho término; y casi todas están en tierras vuestras propias, y en el dho término se comprehenden y están dentro de [él] algunas tierras de pan sembrar que son de los herederos de Juan de Mena el mayor, Juan Delgado, Juan Ramos y Bartholomé de Cabrera (…) Pues bien, teniendo en cuenta lo anteri or y a cambio del pago de un precio de 63.216 reales de plata –que se calculó en atención al número de leguas del térm ino– (R.C. 1655, f. 45r), el monarca le vendió el señorío, haciéndole m erced de la jurisdicción, señorío y vasallaje del dicho lugar de Adexe . Le otorgó el privilegio de Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  55 inmunidad ante las actuaciones del corregidor y el Cabildo de Tenerife y le dotó, asimismo, de poder para adm inistrar justicia en prim era instancia, mediante los alcaldes y jueces que él mism o nombrara. Dicho de otra forma, al enajenarle la jurisdicción de Adeje, el rey traspasó a un pa rticular –Juan Bautista de Po nte Fonte y Pagés y a los que le sucedieren– las funciones de gobierno y justicia sobre los vecinos de esta villa. Las siguientes palabras tomadas de la anterior Real Cédula resulta n, a nuestro juicio, ilustrativas de las facultades que le fuer on concedidas (R.C 1655, f. 39v, 40r y 40v): Y desde luego eximo, saco y libro al dic ho lugar y su jurisdicción con su término y territorio (…) de la jurisdicción del mi Corregidor de la dicha isla de Tenerife y su Lugarteniente en el dicho officio, y la de su Cavildo i Ciudad de La Laguna, y de los demás juezes, justicias dellas, y de otra qualquiera a que esté sugeto el dicho lugar; y le hago Villa por sí y sobr e sí con jurisd icción civil y criminal, alta y baxa, mero misto imperio con Se ñorío i vasallaje, penas de Cámara, homicidios y derechos de sangre, calumnias y mostrencos i todo lo demás tocante a la dicha jurisdi cción en primera instancia (…) y podáis poner y tener, pongáis y tengáis horca, picota, cuchill o, cárcel, cepo y todas las demás insignias de jurisdicción que sean necesar ias y os doy licencia i facultad, poder y autoridad para que podáis poner y nombrar Alcaldes mayor y ordinarios, y de la Hermandad, regidores, jurados, escrivanos, alguaciles, guardas, y todos los demás oficiales del Concejo i Ministros de ju sticia que fueren necesa rios y convinieren para el uso y exercicio de la dicha jurisd icci ón y govierno de la dicha villa y su término y territorio, si n que para ello sea necessario mas que solo un nombramiento i el que hicieren vues tros herederos y sucess ores en la dicha villa (…) territorio; y todo ello lo tengáis por vuestro (…) con todos sus vasallos y vezinos y moradores que al pres ente ay i tiene la dha villa, y con los demás que huviere y se acrecentaren adelante (…) y los dichos Alcalde mayor y ordinarios puedan traer y traigan bara de mi justicia y conozcan en la dicha primera instancia de todos los pleitos y causas civiles y criminales de qualquier cantidad, calidad y gravedad que sean, que en la dicha Villa de A dexe y su jurisdicción, término y terr itorio acaecieren y se mo vieren; y castigar qualesquiera delitos y excesos que se hici eren dentro de ellos por q ualquier personas de qualquier partes que sean, assi de muertes, heridas, hurtos, (…). Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 56 Si consideram os las facultades ju risdiccion ales relatadas en el párrafo anterior y las unimos al hecho de que –com o habíamos señalado– Juan Bautista de Ponte Fonte y Pagés tenía la propiedad particular sobre muchas de las tierras de su jurisdicción, podríamos concluir que el de Adeje represen taba uno de esos pueblos calificados por Domínguez Ortiz (1980: 6) com o “mixtos” “en lo s que el propietario de toda o parte de la tierra era a la vez señor jurisdiccional ”. Esto quería decir, pues, en el plano económico que adem ás de multas y penas de cám ara derivadas del ejercicio de la justicia, el señor de Adeje percibía rent as procedentes de la explotación de sus propiedades agrarias. Asimism o, para el caso que nos ocupa, resultaría también aplicable el comentario señala do por el citado hi storiador, con rel ación a la condición originaria del seño r. Para Domínguez Ortiz ( ibíd em ), aunque la mayoría de los señores de vasallos pertenecían a la nobleza y eran titulados, no pocos señoríos del siglo XVI y XVII tenían com o titular a un “simple particular, un advenedizo en riquecido que precisamente invertía su fortuna en la com pra de un pueblo para ascender de categoría social”. Y esto último fue, sin duda alguna, lo que ocurrió con Juan Bautista de Ponte Fonte y Pagés. En efecto, el quinto poseedor de la hacienda adejera, quinto alcaide de su casa- fuerte y primer señor de Adeje no era un noble titulado cuando adquirió la jurisdicción sobre la villa. Al contrario, el señorío fue, como resultaba característico en el siglo X VII (Soria Mesa, 1992: 332), el “primer escalón de im portancia en el proceso de ascenso social” que pretendía. Así pues, Juan Bautis ta de Ponte Fonte y Pagés pasó de señor a alta dignida d castellana once años m ás tarde, mediante el títu lo de primer m arqués con denominación tom ada de la villa que le pert enecía: Adeje. Esto ocurrió en 1666, cuando el Rey Carlos II, siguiendo su activa política de concesión de títu los, le otorgó este reconocimiento por Real Merced de 26 de m a rzo, a perpetuidad y con carácter sucesorio “en atención a la calidad, m éritos y serv icios” prestados a la Corona (Fernández Bethencourt, 1959: 38). Se trataba, pues, de un noble “de nuevo cuño” (Viña Brito y Ronquillo Rubio, 2009: 47), que había escalado socialmente hasta alcanzar el estam ento privilegiado gracias a la trayectoria de su s antepasados, enriquecidos por el negocio del azúcar y una acertada política inversora en tierras y tributos 41 . 41 Téngase en cuenta que para llegar a ser titulado se requería fortun a, pues conllevaba el pago de ciertas contribuciones com o las lanz as y me dia annat a (térm inos incluidos en el glosa rio) La fal ta de recurs os Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  57 Como era co mún entre las clases privilegiad as de aquella épo ca, el casam iento no era entendido com o una consecuencia de los sentimientos amorosos de una pareja, sino como el resultado de las estra tegias seguidas por las fam ilias en el intento de am pliar sus patrimonios y acumular títulos, presti gio y poder. La crea ción de redes de parentesco mediante una acertad a política m atrimonial constituía, po r lo tanto, una d e las vías más utilizad as por los linajes para tratar d e progresar socialmente y a ella también acudió la Casa objeto de nuestro e studi o. El mat rim onio de Juan Bautista de Ponte Fonte y Pagés con María de Ponte Xi ménez y Castilla no logró descendencia masculina alguna, por lo que se centraron en la prom oción de su hija mayor, concertando al efecto su enlace m atrimonial con un título de Castilla. Así, en 1664, Mariana de Ponte Fonte y Pagés y Castilla casó en primeras nupcias con Diego de Herrera Ayala, al que se le c onocía como VII conde de La G omera y señor de la isla de El Hierro. Dado que la calidad de noble y los bienes am ayorazgados se transmitían hereditariamente, Mariana rec ibió de su padre la villa de Adeje y el título del marquesado desde 1681 hasta que f alleció en 1695. Ella fue, por tanto, la II marquesa de Adeje. De su contribución al engrandecim iento de la Casa, destaca el haber dejado un descendiente bajo su primer m atrimonio, pues fue en su único hijo donde quedaron acumulados dos de los títulos nobiliarios radicados en Cana rias: el de conde de La Gomera –considerado en la historiografía com o el más antiguo del archipiélago, pese a las vicisitudes por las que pasó 42 – y el de marqués de Adeje –de más recien te creación–. Luego, Juan Bautista de Herrera y de Ponte, primero de su nom bre, tomó el mando de ambos linajes entre 1695 y 1718, ejerciendo com o VIII conde de La Gomera, III marqués de Adeje, señor de El Hierro, regidor perpetuo de Tenerife y alcaide de la casa- para afrontar estos desem bolsos era motivo suficiente para la negación de esta gracia (Felices de La Fuente, 2011 : 213). 42 Ante las dificultad es de presentació n del documento orig inal que sufrieron algu nos titulares en diversos mome ntos de la hi storia, la digni dad co ndal de La Gom e ra fue puesta en tela de juicio, llegándose a dudar de si existió real mente una concesión real o fue un título autoconferido. Asimismo, resulta controvertida la fecha de expedición del mismo. El origen del títu lo de conde de La Gomera suele vincularse a la historia de la conq uista de las Islas Cana rias, pero no existe una nimi dad respecto al m omento exacto de su concesión. A pesar de ello, los historiadores sí han coincidido en señalar que su reconocimiento definitiv o como título de Castilla tuvo l ugar en 1670, coincidiendo, precisamente, con la figura del prim er poseedor de nuestra i nvesti gación –Jua n Bautist a de Herrera y de Ponte, el prim ero–. Sobre t oda esta pro blemáti ca relativa a los inicio s del título condal, pu ede consultarse, entre otros, Díaz Padilla y Ro dríguez Yanes (1990: 42-4 4 y 80-82) y Darias Pad rón (2004: 118, 119 y 121-122). Esquema 1.1. Genealogía de l a línea de los Ponte Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  65 1.3.- ESTRUCTURA ORGANIZATIVA PARA LA GES TIÓN ECONÓMICA DE LA CASA NOBILIARIA. Como acabamos de exponer en el apartado an terior, los señoríos occidentales de La Gomera y El Hierro, de una parte, y el de Adeje, de otra , tuvieron orígenes distintos. Los primeros nacieron vinculados a la c onquista de las Islas y provenían del linaje Herrera-Peraza, mientras que el segundo se fue gestando d e la mano de los Ponte, en torno a un ingenio azucarero al sur de Tene rife. Con el transcurso del tiempo, las posesiones y los títulos nobiliario s que lle vaban aparejados estos señoríos fueron sucediéndose de unos titulares a otros dentro de cada una de las familias anteriores, hasta que ambas líneas llegaron a entroncar a finales del siglo XVII por cuestiones de política matrim onial, como era habitual entr e los m iembros de la nobleza. Bajo el primer Juan Bautista de Herrera y de P onte –primogénito del m atrimonio entre el VII conde de La Gomera y la II m arquesa de Adeje– quedaron acumulados, por tanto, aquellos tres estados señoriales, iniciándose con ello una nueva etapa en la historia de la línea condal y la marquesal. Comienza, as í, el intervalo tem poral de nuestra investigación, encontrándonos con tres estados señoriales, radicados en tres islas distintas y en m anos de una misma fam ilia de nobles. Al referido conde-marqués –Juan B autista de Herrera y de Ponte– le sucedieron otros tres siguiendo el tronco varonil de la Casa, pero este quedó extinguido cuando tanto Antonio José de Herrera y de Ponte como su herm ano Domingo José de Herrera y de Ponte fallecieron sin posteridad. La herencia de los dos títulos canarios y los tr es estados insulares recayó, entonces, en una sobrina de ambos, la cu al residía en Madrid. Al tratarse de una mujer, Florencia Pizarro Picolom ini –la nueva titu lar– se convirtió en receptora, p ero también en transm isora de es tas posesiones hacia la Casa de su m arido. Por ello, desde 1767 los marqueses de Belgida pasaron a ostentar los títulos de condes de La Gomera y marqueses de Adeje. Este c onstituyó otro de los m o mentos claves en el devenir histórico que abordamos. Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de… 66 Tal y como puede inferirse del proceso re latado hasta ahora, la Casa que nos ocupa se formó siguiendo las pautas habitual es de otros linajes nobiliarios, pues sus miembros acudieron tanto a políticas m atrimoniales endogámicas com o a la constitución de mayorazgos y al criterio de prim ogenitura para la sucesión. La conjunción de estos tres m ecanism os propició la acumulaci ón de un patrim onio que no llegó a alcanzar las dimensiones de Casas co m o la de Medinaceli, Infantado o Medina Sidonia, pero que se caracterizó, pese a su menor extensión, por la misma fragmentación territorial que sufr ieron aquellos grandes nobles. Según indicamos en el primer apartado de este capítulo, la historiografía del Antiguo Régimen repite com o rasgo caracterís tico de los grandes linajes titulados la parcelación y la dispersión i nherente a los vastos patrimon ios am asados a través de generaciones, lo que provocaba inevitablemente la ausencia física de sus propietarios y la mayor complejidad de sus sistem as de administración. E n nuestro caso, y al menos antes de la entrada de los m arqueses de Belgida, el patrimonio acum ulado se limitaba a tres señoríos –La Gomera, El Hierro y Adeje, como sabemos–, pero no por esta menor dimensión sus poseedores quedaron exentos de los problem as de absentismo que hallamos en casi todas las filas de la alta nobleza. Al contrario, en la Casa objeto de estudio la fragmentación patrim onial pro cedía de la condición insular de los estados canarios, que dificultaba la gestión y el c ontrol personal de los señores sobre todas sus posesiones. No olvidemos, a es te res pecto, que desde el prim er Juan Bautista de Herrera y de Ponte hasta su nieto Domingo José de Herrera Ayala, los titulares no fueron residentes en la isla go mera ni en la herreña. A esta inevitable lim itación geográ fica se añad ió otro motivo de absen tismo a mediados del siglo XVIII. En es ta ocasión, la ausencia de lo s propietarios no sólo afectó al condado de La Gomera y al señorío de El Hierro sino también al estado de Adeje. Ello aconteció –como ya hemos apuntado– cuando estos tres señoríos insulares recayeron en manos de Florencia Pizarro Pico lo mini y su esposo Pascual Benito Belvís de Moncada, cuya Casa tenía sede prin cipal en Madrid. Luego, fuese por aquella fragmentación insular o por esta lejanía geog rá fica de los marqueses de Belgida, lo cierto es que el abse ntismo de los propietarios siempre estuvo presente, de una manera u otra, a lo largo del peri odo histórico que abarca nuestra investigación. Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  67 Ahora bien, esta condición absentista no debe ser tratada de manera homogénea para todo el intervalo temporal objeto de estudio. A nuestro entender, es preciso diferenciar el tiempo anterior y posterior a la entrada de la Casa Belvis de Moncada. Como sabemos del apartado preced ente, antes de este cambio en la línea sucesoria, los condes-marqueses residían en Te nerife. Esta residencia en la isla no debe interpretarse, sin embargo, com o que los señores vivían permanentemente en la casa fuerte de Adeje, pues, a través de Viera y Clavijo (17 76: t. III, p. 73 y 85) y otros documentos prim arios que hemos encontrado –libros de cuenta s y correspondencia, básicam ente–, sabemos que los titulares tuvieron hacienda en el norte de la is la (La Orotava, P u e r t o d e L a C r u z y Garachico), donde vivieron durante años junto a otras élites locales. Lamentablem ente, por el momento, carecemos de evidencias docum entales suficientes para definir qué temporadas exactas pasaron en sus residencias nor teñas y qué visitas o estancias temporales pudieron haber re alizado a la casa-fuerte de Adeje 46 . No obstante, a pesar de ello, entendem os acertado afirma r que la residencia de los prim eros propietarios en la isla de Tenerife confer ía a la condición absentista de la nobleza una dimensión diferente; dim ensión que Garrabou et al. (2002: 322) han obs ervado para los grandes terratenientes catala nes, calificándola como “grado de lejanía moderado”. Pues bien, para los referidos autores, una “l ejanía moderada” implicaba “un conocimiento más detallado y aproximado del m edio local” ( ibídem ) y una participación m ás cercana en las tareas de gestión de sus hacienda s. Y esto es, precisam ente, lo que hemos observado respecto a los primeros tit ulares de nuestra investigación. Ciertamente, el m andato de los condes-m arqueses residentes en Tenerife ha sido el periodo para el que hemos detectado m ás ejemplos de intervención directa sobre el funcionamiento de sus estados , fundam entalmente con relaci ón a la hacienda de Adeje. Una de las evidencias halladas, a este respecto, viene dada por el Directo rio que rectificó Juan Bautista de Herrera y de Ponte –segundo del nombre– para la buena marcha de su hacienda. Al final de este libro de instrucciones, el citado conde-marqués escribió las siguientes palabr as, de las que se deduce –a nuestro juic io– su activa y 46 Para Dom ingo José de Herrera y Ayala hem os podido c onstatar su presen cia física en la casa-fuerte de Adeje a través de las inscripc iones realizadas – de su propia m ano– en los denom inados quader nos de órdenes . A ellos ha remos referenci as en las páginas sig uientes. Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de… 68 directa participación en los asuntos con cernientes a su hacienda adejera (Fumero Álvarez, 2003: 95): “Estas advertencias, órdenes y mé todo para el buen régim en y buena administración de la Casa y hacienda de Adeje, se han hecho por un directorio antiguo, habiéndose reformado y añadido di stintas cosas por la s noticias que he adquirido de diferentes factores y adm inistradores y otros sujetos inteligentes de quienes me he inform ado, con la espe riencia y conocimiento que catorce años hasta el año de 1730 he tenido, los dos de asistencia antes de poseer y los doce de posesión de dicha Casa y hacienda de Adeje”. Además de la redacc ión del Dir ectorio por parte del anterior Juan Bautista de Herrera y de Ponte II, también sabemos que su sucesor Antonio José de Herrera Ayala no sólo tenía interés en el buen funcionamiento de sus estados canarios, sino que además poseía conocimientos sobre m ateri as tan diversas como (AMC/ACFA 096028): el aprovechamiento del agua, la explotación de los m ontes, los precios de mercancías como el trig o o la seda, el arrendam iento de sus tierras y el sistema de archivo de s us papeles, entre otros posibles ejemplos . Todo ello lo hem os deducido de una Instrucción hallada en el fondo documental consultado, escrita por el citado conde-m arqués con motivo de su partida a territorio peninsular 47 . Asim ismo, del último poseedor residen te en Tenerife –Domingo José de H errera Ayala– hemos hallado otros ejemplos que ilustran sobre su particip ación directa en la organización del trabajo de sus operarios y servidores, la definición de procedimientos contables y la em isión de diversas órdenes para la explotación del patrimonio adejero. De ellos y de otras evidencias docum entales daremos cuenta a lo largo de los capítulos siguientes. 47 El docu mento que nos o cupa (AMC/ACFA 096028) lleva p or título Instrucción que hizo el c onde de La Gomera para que la observasen sus admi nistradores. Aunque se e ncuentra catalogado como un legajo del sigl o XVIII, realment e, ha llegado a nuestros días sin fec har, razón por la c ual se desco noce –en principio– qué titular concreto p udo haberlo redactado . A pesar de ello, pensamos que podría tratarse d e Antoni o José de Herre ra Ayala. Nuestra suposición sobre su autoría está basada en la aparición del nombre de J uan Bonhom e en la cit ada Instrucción . De este últim o sabemos –a través de otr o documento (AMC/ACFA 013003)– qu e comercializó las orchillas de l referido conde-marqués a partir del año 17 41. Además, existe otra re ferencia en la Instrucci ón sobre la cosecha de ce real del año 1746, de la cual hemos deducido que este document o pudo habe rse elaborad o en el año a nterior (1745). Asi mismo, sa bemos que Antonio José de H errera Ayala se trasladó a Madrid, precisamente, en 1745 p ara casarse, por lo que cobra pleno sentid o el que re dactara la cit ada Instrucción . Por todas estas razones, a partir de ahora asum iremos, pues, que él fue su aut or. Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  69 Pues bien, con los ejemplos indicados en el párrafo anteri or, pretendemos resaltar la idea de que, basándonos en la document ación prim ara manejada hasta el mom ento, hemos podido percibir una mayor intervención de los nobles propietarios ante un grado de lejanía moderado, si lo co mp aramos con el tiempo en que la Casa estuvo bajo el mandato de los m arqueses de Belgida. Luego, el conocimient o m ostrado por los primeros titulares resi dentes respecto a sus estados canarios nos ha recordado m ás a la “nobleza provincial” ex tremeña del siglo XVIII que a los grandes linajes nobiliarios de Castilla, toda vez que Aragón Mateo (1990: 99) real iza la siguiente descripción sobre los hábitos de los nobles extremeños –ap licable, en nuestra opinión, al caso que nos ocupa–: “residen en villas de cierto fuste, sin d escuidar sus posesi ones rurales. Aunque no vivan en la villa de su señorío –general mente pequeños núcleos (…), poco atractivos para la vida social– su resi dencia habitual no dista mucho de aquella, y suelen tener palacios allí para su solaz o para controlar de manera más efectiva las recaudaciones del terrazgo o las faenas agrícola s más importantes del año”. Como apuntamos en el prim er apartado, la historiografía da cuenta de que los nobles –tuviesen un mayor o un m enor grado de lejanía de sus estados señoriales 48 –, no solían llevar directamente la gestión de su s patrimonios. Al contrario, la alta nobleza tendió a rodearse de oficiales o administra dores. Luego, sobre un conjunto de agentes – organizados jerárquicamente–, delegaron, por tanto, la tom a de decisiones cotidianas para la explotación de sus haciendas, dem andándoles al mismo tiempo información periódica sobre la marcha de sus rentas y posesiones. Lógicamente, para la co nsecución de este último cometido la contabilidad jugaba un importante papel com o sistema de in form ación, pues como bien ha afirm ado Vlaemminck (1961: 54) “cae por su propio peso ” que el m andatario o apoderado al que se le confiaba la administración de bienes ajenos tenía “forzosam e nte que rendir cuentas de su gestión”. De estas palabras, se deduce claram ente que ligada a la existencia de u na organización adm inistrativa ajena a la propiedad deviene necesariamente una organización contable. Y este es, precisame nte, el m otivo por el que conviene conocer ahora cómo se organizaba la Casa objeto de estudio y quiénes gestionaban sus 48 Aragón Mateo (1989: 292) ha observado que a ún en la nobleza media, “cuyas propiedades estaban concentradas en una sola villa o a la sumo en su hint erland”, resultaba habitual el delegar la dirección de sus negoci os en un administ rador. Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de… 70 haciendas, pues estos eran los que debían llevar las cuentas que posteriormente analizaremos en el capítulo tercero 49 . Ahora bien, a este último respecto debemos aclarar que en el presente apartado no pretendemos profundizar en las atribuciones y obligac iones de cada uno de los cargos que vamos a m encionar, sino ofrecer una imagen sintética de su composición y de las líneas generales de actu ación de sus principales part ícipes. Con ello perseguimos acotar nuestra explicación a los aspectos que estimam os necesarios para una mejor comprensión de los capítulos siguientes. Asimismo, conviene recordar que, dada la condición señorial de sus nobles titulares, la organización adm inistrativa de la Casa adoptaba una doble vertiente: de una parte, la administ ración relacionada con su dominio jurisdiccional –referid a, por tanto, a las funciones políticas y judiciales de alcaldes, alguaciles, etc.– y, de otra, la administración ocupada en las cuestiones de dominio territorial, vinculada, m ás concre tamente, con la gestión del patrimonio nobiliario que poseían. Pues bien, aunque he mos encontrado momentos en que algunos sujetos asum ían tanto obligaciones jur isd iccionales como cargos hacendísticos – mezclándose, por tanto, lo público y lo privado com o fue habitual en el mundo señorial–, en este apartado nos centraremos, fundam entalmente, en la última de las dimensiones m encionadas, toda vez que nuestra investigación –según aclaramos en la introducción– está orien tada hacia el anális is económico-contable de la Casa que nos ocupa. Luego, más que al gobierno de los señor íos, en las páginas sucesivas harem os referencia a los serv idores encargados de gestio nar su economía nobiliar ia. Como los tr es estados insulares se encontraban ge ográficamente separados, cada uno de ellos contaba con su propia unidad admi nistrativa, coincidiendo este rasgo con el carácter “multid ivisional” que Molina Recio (2012: 997) confiere a la organización económica nobiliaria. Al frente de cada uni dad se encontraba, según hemos observado, un administrador , denominación esta que hemos observado en la documentación primaria. Asistiendo a cada adm inistrador ex istía un equipo de pers onal subalterno, pero 49 Díaz Padilla y Rodríguez Yanes (1990: 443 - 4 45) ofrece n una “estructura de la maquinaria burocrática” de la Casa que nos ocupa , correspondiente al final del sigl o XVII, cuando el linaje condal y el marquesal quedaron entronca dos por enlace ma trim onial. En nuestro trabajo, gracias a la docum entación económica consultada, ampliamos ciertos aspectos de dicha estruct ura organizativa e incluim os algunos carg os que en la a nterior no se menci onan. Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  71 la composición y cuantía de estos últimos no eran iguales para los tres señoríos canarios. Como hacen notar Molina Recio ( ibídem ) y otros autores com o Garrabou et al . (2002: 304), la configuración de las ad ministraciones podía diferir de unos estados a otros según las peculiaridades de cada territori o y de los recursos gestionados. Y esto es lo que hemos observado para la Casa que nos ocupa. Según nuestras investigaciones, la gestión económica del estado adejero contaba con una estructura más amplia que las de El Hierro y La Gomera, toda vez que las actividades desarrolladas en el prim ero eran más numerosas y los regím enes de explotación a que estaba so metido su patrim onio eran má s diversos. Lógicam ente, una hacienda –como la de Adeje–, que explot aba sus propiedades directam ente, bajo arrendamiento y tam bién a par tido, añadía a la adm inistr ación tareas adicionales a las meramente recaudatorias y conllevaba –s egún expondrem os en el capítulo siguiente– una mayor m ovilización de recursos humanos y m ateriales. Para la dirección y organización de estos se requería obviamen te un m ayor número de oficiales como apoyo a la gestión. Luego, en consonancia con ello, para el caso adejero hemos detectado una mayor variedad de dele gados o agentes del señor, de ahí que continuaremos nuestra exposición con la administración económica de su hacienda, reservando para el final la correspon diente a La Gome ra y El Hierro. El administrador de Adeje 50 se encontraba en la cúspide de la estructu ra organizativa del estado de este nombre, por debajo, lógicamente del señor. La relevancia que dicho cargo ostentaba dentro del ap arato adm inistrativo puede observarse en el Directorio redactado por el IX conde-IV m arqués, pue s este se refería a aquel oficial utilizando los siguientes térm inos (Fumero Álvárez, 2003: 25): “es el dueño y señor de dicha hacienda, el que manda”. Esta frase concisa y directa encerraba, sin embargo, un significado de gran am plitud, por cuanto suponía que el administrad or era la mano derecha del titu lar y constituía, por ello, una m anifestación de su poder ante los vasallos. 50 Véase en el apénd ice IV una relación de los personajes qu e ocuparon este cargo duran te el periodo objeto de estudi o. Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de… 72 Con relación al administrador de este estado , la documentación prim aria consultada revela que estaba encargado de la dirección de la haci enda, interviniendo en temas tanto de carácter técnico, como ec onómico, organizativo y contable. Así, por ejemplo, a través d el Directorio (Fumero Álvárez, 2003: 25) se le ordenaba supervisar la molienda de la cañ a de azúca r –por la importancia que es ta actividad ostentaba–, así como asistir en los pleitos de la Casa, ju nto a las figuras del a bogado y el procurador. Igualmente, hem os observado que el ad ministrador imponía censos y otorgaba escrituras de arriendo sobre la s tierras del señor; disponía qu é parcelas debían reservarse para cultivo directo y cuáles ceder en explotación; cerraba acuerdos comerciales para la venta de los productos de la hacienda (véase, por ejemplo, AMC/ACFA 169003); ordenaba y supervisaba el trabajo de lo s oficiales subalternos; velaba por el cumplimiento de las órdenes dadas por el s eñor; llevaba y superv isaba los lib ros de contabilidad y, en general, representaba y defendía los intereses de este titular. Dada su proximidad a los nobles titulare s, el adm inistrador era un puesto de confianza. Por este m otivo, su ocupante no sólo debía poseer cual idades propias de un buen gestor (contabilidad y e xperiencia jurídica), sino, sobr e todo, mostrar fidelidad al señor (Carmona Pidal, 2001: 236). Para el caso de Adeje, el paso del tiempo supone, desde nuestro punto de vista, la mejor evidencia de estos lazos de fidelidad, pues como pauta habitual hemos encontrado que los ad ministradores solían mantener sus cargos durante amplios interv alos te mporales, al menos dentro del periodo analizado. El Capitán Francisco de Castillo San telices c onstituye un buen ejemplo de ello, por cuanto su administración ocupó unos 30 años de la segund a mitad del siglo XVIII, sobreviviendo incluso a tres su cesiones en la titularidad de la Casa. Al falle cimiento de Domingo José de Herrera y de Ponte –conde-m arqués que lo vinculó a su Casa entorno al año de 1753–, quedó constanc ia en su testamento de la plena confianza que tenía sobre el citado Castillo Santelices, quien ejercía por entonces de adm inistrador, contador y secretario. En nue stra opinión, resulta concluyent e a este respecto el que diera por aprobadas todas sus cuentas sin someterlas previam ente a un proceso de verificación. De esto hemos tenido conoc im iento gracias a la lectura del citado testamento, que textualm ente señala ba lo siguiente (AMC/ACFA 157061): Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  73 Digo pues q e , por cuanto D n F co de Castillo Santelices me ha servido con la maior fidelidad, quiero y es mi voluntad que se esté a las cuentas q e el diere de la Adm on que ha tenido de mi estado de Adege, p r que desde aora pª entences las apruebo p r fieles y legales así esta s como otras qualesquiera q e dho D n Fran co diere de los gastos de mis dependencias en q e ha estado (…) y asimismo quiero y es mi voluntad q e se paguen de mis vienes qualesquiera cantidades q e dho D n Fran co diga deberse a qualesquiera pe rsonas sin pedirle a dho Fran co justificaz on de esta (…) porque tan grande es la confianza q e tengo hecha de dho D n Fran co de Castillo q e quiero q e se dé y pase p r cuanto el digere (…) sin q e otra ninguna persona le pueda pedir cuenta alguna (…). Dependiendo del administrador, encontram os la Contaduría de Adeje. Como pauta general, este órgano estaba integr ado por un contador y un oficial de apoyo, aunque en algunos momentos del intervalo temporal estudiado sólo hemos apreciado la figura exclusiva del primero y en otros he m os detectado la presencia de un segundo oficial adicional. Para el pres ente tr abajo, no nos hemos planteado delimitar con precisión la adscripción temporal de uno y otro caso, pero, a priori, resulta lógico pensar que las variac iones cuantita tivas del personal de la Contaduría debieron estar fundamentadas por necesidades de volumen de trabajo. En los tiem pos iniciales de nuestra investigación, cu ando se rectificó el Directorio de la Casa (Fumero Álvarez, 2003: 33), sólo se incluyó la figura del contad or y, sobre esta figura, el citado libro de direcciones establecía, lógicamente, com o principal función el “ten er los libros y papeles con todo aseo y claridad”. Ahora bi en, este no era el único cometido asignado. Al margen de la teneduría de libros, al contador también correspondía la asistencia a pleitos ( ibídem , p. 34), la inspección del ingenio azucarero en tiempo de m olienda ( ibídem , p. 33) y la selección de al gunos trabajadores com o los hombres de eras ( ibídem , p. 34). Luego, com o puede deducirse de estos ejemplos, el contador no ejercía exclusivamente como responsable de contab ilidad, sino que debía tener “parte en la administración de su conocim iento” ( ibídem , p. 25), actuando, por lo tanto, com o una especie de asistente para el administrador. Y este es un hecho que nos recuerda, en cierta manera, al am plio papel que el auto r Gabriel Pérez del Barrio Angulo (Hernández Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de… 80 patrimonio. Se ocupaba, pues, de la gestión de los asuntos económicos, debiendo llevar cuentas periódicas de su actu ación. Un papel semejante lo encontramos entre las Casas nobiliarias, como la de: Osuna (Atienza Hernández, 1987c: 129), Infantado (Carrasco Martínez, 1995: 71), Medinaceli (Aragón Ma teos, 2000: 182-192) o las de los linajes conquenses (Ortega Cervigón, 2009: 712). Aquí, en el ámbito nobil iario, el cargo de mayordom o solía resultar asimilable al de un adm inistrador de bien es y rentas, a ni vel de un estado o a nivel de un señorío concreto. Pues bien, para el estado señorial que nos ocupa –el de Adeje–, hemos observado que esta figura difería de la comentada en el párrafo anterior, toda vez que los mayordom os no realizaban funciones contable s ni se ocupaban de la gestión económ ica de los bienes señoriales. Del estudio llev ado a cabo, hemos inferido, por el contrario, que su perfil encajaba m ás bien con el de capataces de hacienda , a los que se les atribuían funciones de organización y vigilancia sobre el trabajo de lo s esclavos y el resto de la servidumbre. En este sentido, no debemos ol vidar que, según adelantam os páginas atrás, la explotación del patr imonio nobiliario de Adeje se realizaba parcialmente en régim en directo y bajo el co ntrato de aparcería: fórm ulas agrarias que requerían la movilización y la organización de recursos hum anos para su consecución. De ahí, la necesidad de contar con figur as com o la de los mayordomos. Con carácter general, a lo largo del periodo analizado hemos det ectado la presencia de un mayordomo de la viña grande , un mayor del campo –a cuyo m ando podía encontrarse una cuadrilla de unas dos decenas de operarios libres (AMC/ACFA 044026)–, así como un mayordomo de negros , encargado este ú ltimo de coordinar y super visar las labores de los esclavos, llevarlos a misa, etc. (véan se las funciones asocia das a este cargo en Fumero Álvarez, 2003: 64). Detrás de la f igura de lo s m ayordomos, la documentaci ón primaria nos revela la existencia de los denominados mandadores . Sobre estos últimos, hemos de señalar que resultan escasas las disposiciones halladas s obre las funciones atri buidas a estos cargos, aunque la lectura de los quadernos de órdenes nos ha ayudado para deducir que su labor también estaba vinculada a la organización y la supervisión del trabajo, si bien a una escala inferior de los mayordom os. Dentro del grupo de mandadores hemos encontrado, por ejemplo, un boyero, un hom bre de graner os, un pastor de camellos, un guarda de Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  81 cañas y un rabadán, quienes, respecto a sus homónimos, podían mandar la realización de tareas concretas y controlar su s entradas y salidas al trabajo. Además de la organización del trabajo, otra de las actividad es que se realizaban en el estado adejero consistía en la recaudación de las rentas procedentes de tributos y arrendamientos de tierras. Pues bien, durante el Antiguo Régim en, uno de los procedimientos m ás utilizados por la nobleza pa ra llevar a cabo el cobro de este u otro tipo de ingresos residía en su arriendo a particulares. A juic io de Feliu Montfort (1985: 31) “la mayor parte de los tenedores de las diversas m odalidades de rentas señoriales no obtenían sus ingresos del cobro directo de sus derechos, sino que preferían arrendar estos y obtener una cantidad alzada”. Dicho de otra m anera, frente a la gestión directa del cobro de sus ingresos, los señores prefer ían trasladar a un tercero la organización y ejecución de esta actividad. El arrendatario, tras superar un proceso de subasta en caso de concurrir varios licitadores, adquiría la pot estad de recaudar todas aquellas rentas que le fueran adjudicadas. A cambio, debía satisfacer a su legítimo propietario una cantid ad determinada. Esta cantidad adelan tada solía fi jarse a la baja, pero, a p esar de ello, el arrendamiento podía favorecer al Señor, pues no sólo le proporcionaba liquidez anticipadamente, sino q ue además le evitaba tener que incurrir en costes derivados de la gestión y el control del cobro directo de su s rentas. El arrendatario, por su parte, se lucraba con la diferencia generada entre lo efectivamente recaudado y el importe satisfecho para ello. Dadas las ventajas comentadas en el párr afo anterior, el arrendamiento de rentas fue un sistema ampliamente socorrido, no sólo por la nobleza sino ta mbién por la propia Hacienda Regia y la Iglesia. A títu lo ilu strativo podem os señalar su utilización en: la diócesis canariense (Macías He rnández, 1986: 307, 347 y ss.) y el Cabildo Catedralicio de Sevilla (Hernández Borreguero , 2010: 77), para el cobro de sus diezmos; la diócesis de Pamplona, para sus rentas episcopales (Hernández Escayola, 2000: 341); la Casa del Infantado, para recoger sus alcabalas (Carrasco Martínez, 1991: 114-117), así com o los marqueses de Llom bai (Ardit, 2006: 12), la Casa de Medinaceli (Iglesias Rodríguez, 2003: 98) y el Marquesado de los Vélez (Dí az López, 2007: 273) para la percepción de sus diversas rentas señoriales. Ahora bien, fr ente a la popularidad de este sistema, para el caso de Adeje hemos encont rado, por el contrario, que la propia Casa se encargó de Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de… 82 recaudar sus propios ingresos, conta ndo para ello con la figura de los cobradores . Esta gestión directa conllevó, como explicaremos en el capítulo tercero, una s obligaciones contables concretas para estos recaudadores. En cuanto a la existencia de estos c obradores, las referencias m ás antiguas que hemos detectado –a través de las memorias contables que elaboraban– datan de finales del siglo XVII (AMC/ACFA 045002 y Fume ro Álvarez, 2003: 40-42) y las m ás recientes de 1872 (AMC/ACFA 006080). Esto quiere decir, pues, que a lo largo de todo el periodo objeto de estudio la Casa no recu rrió al sistem a de arre ndamiento de rentas, sino que, por el contrario, ge stionó su captación y cobr o directamente, apoyándose en estos cobradores adscritos a zonas geográficas concretas. En la figura de estos agentes debían concurrir “las circunstan cias de diligenc ia, celo y fidelidad” (Fumero Álvarez, 2003: 41) y, según observamos en la contabili dad, a veces solían compatibilizar sus funciones recaudadoras con otros cargos en la hacienda adejera, com o el de rabadán (Fumero Álvarez, 2003: 41) o el de factor (AMC/ACFA 005007) 59 . Por la recaudación de las rentas cobraban una comisión, indepe ndientem ente de la contraprestación que percibían por el desempeño de aquellos otros cargos. Pues bien, administrador, contador, factor, contrafactor, mayordom os, mandadores y cobradores constituían la organización económ ico-administrativa del estado de Adeje en cuanto a la explotación de su patrim onio se refiere. Al margen de ellos, las cuentas conten idas en los libros Mayores también nos han permitido saber que la Casa mantenía relación con un procur ador y un abogado en La Laguna (para los asuntos judiciales), un agente en la m isma ciudad (para los negocios realizados en dicha plaza), así como un escribano (para levant ar certificaciones y reda ctar escrituras). E n l o q u e s e r e f i e r e a L a G o m e r a y E l H i erro, la estructura o rganizativa descrita anteriormente quedaba sim plificada, toda v ez que, como apuntam os páginas atrás, el volumen de actividades desarrollado y la diversidad de regím enes de explotación aplicado resultaba inferior para estos dos estad os occidentales, c onllevando esto un menor volum en de trabajo. Al igual que ocurría en Adeje, las figuras de los 59 En el Directorio de la Casa (Fum ero Álva rez, 2003: 4 0-41) pueden co nsultarse, a m odo de ejem plo, las condiciones qu e rigieron el n ombramiento d e Juan de Alayón, vecino d e la villa de Adej e, cobrador y rabadán e n tiem pos del cond e-marqués J uan Baut ista de Her rera, segun do del nom bre. Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  83 administradores gom ero y herreño se em plazaban en lo alto del aparato adm inistrativo local, mostrando plena f idelidad hacia el Señor 60 . Como prueba de esto últim o sirva el caso del estado herreño, cuya gestión estuvo –según hemos deducido de la contabilidad– unos 35 años, al menos, en ma nos de la m isma familia: el Capitán y Alférez Mayor Mateo Fernández Salazar hasta el año de 1752 (AMC/ACFA 043001 a 043013) 61 , su hijo el Teniente de Capitán Dion isio Antonio Fernández Salazar desde el año citado hasta 1769 (AMC/ACFA 043014 a 043041) y, por últim o, su sobrino Manuel Padrón Barreda, desde esta última f echa hasta 1780 (AMC/ACFA 043042 a 043045). Luego, con este ejemplo que acabamos de señalar vuelve a cum plirse, nuevamente, el planteamiento de Carmona Pidal (2001: 236) que apuntamos anteriorm ente para el señorío adejero, según el cual la contabilid ad y la experiencia jurídica no eran las cualidades que m ás pesaban en la elección de los adm inistradores, “sino la honradez, la seguridad, y, sobre todo, los lazos de fidelidad que se podían haber tejido en el pasado y que vinculaban a determinadas familias con una Casa nobiliaria” 62 . Como com etido general de estos administra dores se encontraba el representar y defender los intereses de los condes-mar queses dentro del m arco insular de su actuación, lo que significaba, concretamente: arrendar tierras, ve lar por el cobro de rentas y tributos , satisfacer los gastos, pensiones y dem ás cargas del esta do , cuidar por la conservación de las propiedades nobiliarias y querellarse contra los que osaban usurpar lo montes señoriales ( perseguidores de ciervos , incendiarios , cortado res de madera sin la correspondiente licenc ia, etc.) (AMC/ACFA 096028). Además de gestionar todos estos asuntos de orden hace ndístico, los administra dores de La Gom era y El Hierro representab an la imagen del se ñor a n ivel local, lo que en buena lógica procedía si recordamos que los titulares d e la Casa no residieron en estas tierra s occidentales durante el periodo objeto de est udio. Probablemente, a esta circunstancia se deba el hecho de que en dos Instrucciones redactadas por los condes-m arqueses para sus 60 Recordam os que en el apéndice IV pue de encont rarse una relación de los persona jes que oc uparon estos cargos durante el periodo objeto de estudi o. 61 Desconocem os la fecha exacta de su com ienzo. La cuenta m ás antigua que de este se conserva data de 1745 ( AMC/ACFA 04300 1). 62 Que lo conocimientos contables no fueran prioritari os en la selección de los adm inistradores resulta, precisam ente, notori o en la famili a que acabam os de apu ntar, toda vez que Dionisio Ant onio Fernández Salazar confundía de form a reiterada el uso del Deve y el Ha de haver en sus cu entas (véas e, por eje mplo , AMC/ACFA 043021) . Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de… 84 administradores (AMC/ACFA 096028 y 101014) , aparecía repetido como especial reclamo –fuera del ámbito económ ico– la buena conduct a del administrador y el mantenim iento de las buenas relaciones con las institu ciones eclesiásticas y los vecinos de la jurisdicción 63 . Otra de las funciones atribui das a los administrado res de La Gomera y El Hierro –de importancia para lo s fines de nuestro tr abajo– estaba relacionada co n la necesid ad de mantener inf ormados a los titulares ausente s sobre la marcha de sus estados . En el plano económico, el vehículo transm isor de esta información lo constituía, lógicamente, la contabilidad y, más concretamente, la s cuentas que con carácter anual debían confeccionar. Para el es tudio de estas cuentas, h emos habilitado un apartado espe cífico en el capítulo tercero. Como apoyo a los adm inistradores de La Gomera y El Hierro, encontramos, de una parte, las figuras de los cobradores (para la re caud ación de las rentas por arrendamiento y tributos ) y, de otra, la del guarda de aduana. Esta últim a, concretamente, era de importanc ia para la Casa, por cuanto los condes-marqueses tenían el derecho –como veremos en el próximo capítulo– de cobrar im puesto a la entrada y salida de mercanc ías de las is las. Sobre el com etido del citado guarda, encontramos la siguiente explica ción en la Instrucción redactada bajo el mandato de la marquesa de S an Juan (AMC/ACFA 101014): Regularmente tiene la administraci ón para celar sus rentas un guarda q e cuide las calas y puertos, dando quenta a el administrador de quanto ocurra y tomando sus órdenes todas las noches. (…) Para ello, formará un quaderno de cuenta formal q e diga por días los barcos q e entran y salen y lo q e cada uno saca de la ysla o entra en ella. Pues bien, las unidades administrativas de Adeje, La Gomera y El Hierro –con la configuración que acabamos de explicar– se encontrab an, jerárquicamente hab lando, bajo la figura del titular princ ipal de la Ca sa. Esto fue así mientras los propietarios de 63 La Instrucción catalogada c omo AMC/ ACFA 09602 8 fue señalada pá ginas atrás y creemos que su autoría corr espondió a An tonio José de Herr era Ayala. La identificad a como AMC/ACFA 10114 perteneció al m andato de la m arquesa de San Jua n y llevaba com o cabecera Instrucci ón para el gobierno y manejo de la admi nistración de la ysla del Hierro y s us rentas . Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  85 estos tres estados resid ieron en la isla de Tenerife, pues al recaer los títu los y las posesiones canarias en los m arqueses de Belgida se interpuso un nuevo cuerpo administrativo, tal y como puede observarse en la ilustración 1.5. Ciertam ente, entre aquellas administraciones y estos nuevos titulares se emplazaron, lógicam ente, los órganos centrales de gestión que la Casa Belvis de Moncada tenía en su lugar de residencia, es decir, en Madrid. Lamentab lemente, sobre la estructura de esta administración central poca inform ación hemo s podido obtener a partir de los fondos documentales que en Canarias se custodian respecto a la Casa objeto de estudio. Únicamente sabem os, a través de la contabilid ad, que existía como órgano la Contaduría central , a la cual se remitían –según explic arem os más detalladam ente en el capítulo terc ero– las cuentas de los tres estados canarios. Además de esta superposición de los ór ganos peninsulares a la administración canaria, la llegada de los marqueses de Belg ida trajo consigo otro cam bio. Y es que el administrador local de Adeje –Fran cisco de Castillo Santel ices , en ese momento– fue nombrado en 1767 administrador general y apoderado de la Casa en todas sus posesiones Canarias para la administración general de todos sus ha de haveres en esta ysla [Tenerife] , la de L a Gomera y Hierro (AMC/ACFA 156042). Este nombramiento tuvo repercusiones a nivel cont able –objeto de estudio en el capítulo tercero– y tuvo lugar una reorganización administrativa, dond e los dos administradores de los señoríos occidentales se convirtieron en subalt ernos del que se encontraba en Adeje 64 . Esta nueva estructura –representada en la ilustraci ón 1.5– se mantuvo así desde el año 1767 hasta el final de nuestro peri odo de investigación. 64 Quisiéramos aclarar que este calificativo “subalte rno” n o se empl eaba en la docum entación prim aria correspon diente al m andato de los ma rqueses de Belgida . La primera refere ncia que, por el momento, hemos detect ado data, sin e mbargo, de 1841 y aparece inserta da en una de las cuentas elabora das por el admi nistrador de La Gome ra (AMC/ACF A 02763). Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de… 86 Ilustración 1.5. Niveles admi nistrativos de la Casa desde los marque ses de Belgida A través de las páginas preced entes hemos tratado de presentar las líneas generales que conformaban la maquinaria bu rocrática de la Casa que nos ocupa, centrándonos de forma individualizada tanto en el estado de Adeje, primeram ente, como en los de La Gomera y El Hierro, a continuación. Según expl icamos al comenzar este apartado, la necesidad de ad ministra dores y otros delegados para la gestión económica del patrim onio nobiliario quedaba justificada por el absentism o que observamos en sus titulares a lo largo del periodo analiza do, aunque hasta la década de los Sesenta del siglo X VIII proced e matizar e ste rasgo absentista, d ado el grado de “lejanía moderado” de los condes-marqueses c on residencia tam bién en el norte de la isla de Tenerife. Asimismo, quedó puesto de m anifiesto que en la evolución de la Casa estudiada, dos son los momentos a destacar e n l o q u e a s u organización administ rativa se refiere. El primero de e llos marca el inicio de l intervalo temporal que abarca nuestra investigación y viene dado por la fusión de los linajes condal y marquesal. A nivel administrativo, esto supuso un m ovimiento de los órganos de gobierno y gestión de la Casa hacia la fortaleza de Adeje. El segundo momento destacado tuvo lugar a consecuencia del agotam iento de la línea sucesoria princ ipal, cuando los títulos y posesiones canarias se trasvasaron a los mar queses de Belgida a partir de 1767. En este caso, las adm inistraciones canarias pasaron a depender de los órganos centrales de la Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro  87 Casa en Madrid y el que desempeñaba el cargo de adm inistrador de Adeje fue nombrado apoderado y adm inistrador general de los estados canarios. En cuanto a la composición d e la s unidades administrativas de cada estado insular, hemos explicado en este apartado que estaban encab ezadas por la figura de un administrador, al que le sucedían jerárqui cam ente diversos delegados como apoyo para la gestión. Para la hacienda de Adeje, c oncretam ente, hemos descrito un número y una variedad de delegados mucho m ás amplio que para el caso de El Hierro y La Gomera. La justificación a esto la hem os encont rado en el hecho de que en el primer estado señalado las actividades económicas realizad as eran m ás diversas, al igual que los regímenes de explotación aplicados. En el prese nte epígrafe, los señoríos cana rios han sido analizados como unidades adm inistrativas , mientras que en el sigu iente capítulo los abordaremos como unidades económ icas de producción. Analicemos, por tanto, a continuación cómo era el funcionam iento económico de los tres estados canarios. Capítulo 2 ACTIVIDADES ECONÓMICAS DE LOS ESTADOS SEÑORIALES DE ADEJE, LA GOMERA Y EL HIERRO Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 96 Cuevas en 1567 7 . Además de tenerlos en propied ad, la explotación del negocio azucarero corrió por cuenta y riesg o de los titulares del señorío, al menos durante el periodo objeto de nuestro estudio. Sabemos que hasta 1790 la producción del azúcar se mantuvo bajo la explotación directa de la Casa, pues en los docum entos primarios consultados no sólo se relacionan con detall e todas las labores realizadas durante el cultivo y la transformación de la cañ a, sino que además dan cuenta d e la mano de obra (libre y esclava) implicada. Com o pondremos de manifiesto a lo largo de este epígrafe, no hemos encontrado ev idencias contables que demuestren una posible cesión a terceros de sus cañaverales o de su ingenio, en régimen, por ejemplo, de arrendam iento o a partido. Ni siquiera las hemo s hallado durante el últim o tramo del periodo estudiado, cuando los marqueses de Belgida y, posteri ormente, la marquesa de San Juan alcanzaron su titularidad. Luego, a través de la contabilidad, hem os podido verificar que la residencia de estos últim os poseedores en territorio peninsula r y, por lo tanto, su condición absentista no modi ficó, según nuestras investigaci ones, el régimen directo de explotación; al menos no lo hizo durante los años analizados. Este vínculo directo, que mantuvieron los condes-m arqueses hasta casi finalizar la centuria Dieciochesca, no es un rasgo que estuviera pr esente en t odas las Casas nobiliarias del Antiguo Régimen. Com o ap untamos en el capítulo anterior, la historiografía ha tendido a resa ltar lo contrario, esto es, qu e la alta nobleza en la España Moderna prefería, con carácter general, ceder la explotación de su s tierras a terceros (García Hernán, 1992: 30) percibiendo a cambi o una renta fija anual. Y sólo en “contadas excepciones y en épocas determinad as” (Bernal Rodríguez, 2010: 12) decidía involucrarse de forma directa en su explot ación. De ahí, el carácter rentista que criticaron algunos ilustrados. De los títulos valencianos, por ejemplo, Catalá Sanz (1995: 186) señala que “recurrieron de m anera generalizada a la cesi ón en arriendo com o método predilecto de recaudación de sus derechos señoriales y de e xplotación de sus fincas rústicas. Tan sólo en ocasiones excepcionales (…) se aventura ron a gestionar direct amente la percepción de sus derechos dominicales y a correr co n los riesgos e inconvenientes de la 7 Obviam ente, queda rían fuera de esta restricción la s tierras que , habiénd ose adquirido c on posteri oridad a este año, n o hubiesen si do objet o de vinculac ión al m ayorazgo po r parte de algún suces or. Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro  97 explotación de sus tierras mediante el us o de m ano de obra asalariada”. Del mismo modo, sobre los Duques de Feria, Aragón Mate os (2000: 141) afirma que tendieron al arrendamiento sistem ático de sus propiedades , erigiéndose este sistema de explotación en “una de sus actividades m ás exclusivas, im portantes y delicadas”. Atienza Hernández (1987c: 293), por su parte, explica que la explotación directa –utilizando jornaleros– no se encontró en la Casa de Osuna durante el Antiguo Régimen, siendo lo habitual el uso del sistema de arriendo. Y esta m isma tendenc ia hacia la explotación indirecta de sus patrimonios tam bién la hemos hallado entr e la nobleza navarra (U sunáriz Garayoa, 1997b: 203), los condes de Aranda (Navarro Espinach 2009:76) y los condes de Luque (Molina Recio, 2011: 24), entr e otros posibles ejemplos. Ahora bien, frente a los cas os anteriores, encontramos algunas excepciones en la historiografía como: los m arqueses de Ve lada, involucrados directamente en sus dehesas para recoger y vender bellota (M artínez Hernández, 2002: 702); los duques de Medina Sidonia, explotando directamente sus alm adrabas (Navarro Sainz, 1990: 175) y la Casa de los marqueses de Alcañices. S obre esta últim a, Carmona Pidal (2001: 60) explica que el ar rendamiento constituía e l régimen de gestión m ás habitual, pero sus titulares ten dieron a reservarse el cu ltivo directo de sus oliv os debido a la alta inversión que exigían y al peligro que entrañaba deja rlos en manos de arrendatarios. Para los citados titulados, dejar sus olivos a la suer te de un contrato de arriendo resultaba inapropiado, debido, probablemente, al riesgo de que los arrendatarios eludieran ciertos cuidados requeridos por aque l cultivo –am parándose en la temporalidad de sus contratos–. Pues bien, esta atención especi al que requería la producción también pudiera tener aplicación al caso que analizamos y c onstituir, por tanto, uno de los motivos por los que la Casa objeto de nuestro estudio d ecidió m antener su intervención directa sobre sus cañaverales y su producción azucarera. Debido a esta fórmula directa de explot ación sobre la activ idad económica que nos ocupa, procede exponer, a continuación, cómo se fabricaba el azúcar y las m ieles de caña en el ingenio adejero del siglo XVIII. Su conocim iento facilitará posteriorm ente la comprensión del sistem a cont able diseñado al efecto. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 98 2.1.1.- EL ARTE DE FABRICAR AZÚCAR Y MIELES DE CAÑA Uno de los temas m ás estudiados por la hi storiografía con relación a la actividad azucarera gira en torno a las técnicas de cultivo em pleadas en los cañaverales y el funcionamiento interno de los ingenios . Cuestiones tales como: qué m edios de producción empleaban, cóm o organizaban el trabajo, qué fases o etapas permitían extraer el azúcar de la cañ a, qué variedad de outputs obtenían y qué tecnología disponían para ello, constituy en algunas temá ticas que han despertado interés po r parte de los historiadores. Los trabajos llevados a cabo por Fabrella s (1952), Cam acho y Pérez Galdós (1961), Cioranescu (1963), Rivero Suárez (1990), Viña Sosa (1994), Viña Brito (2005), Luxán Meléndez y Viña Br ito (2006), Lobo Cabrera (2006), Gambín García (2008) y Luxán Melénde z y Viña Brito (2009), entre otros, así lo atestiguan. Este interés mostrado por los historiadores respecto al arte de fabricar azúcar y mieles de caña en épocas preind ustriales también lo compartim os en la presente investigación. Para nosotros, conocer las particularidades técnicas de la producción azucarera en Adeje resulta imprescindible, po r cuanto condicionan y, a la vez, ayudan a entender sus pormenores contables. Dicho de otro modo, en el inge nio adejero no sólo acontecía la transformación física de la caña en azúcar m erced a la aplicación de una determinada tecnología, sino que adem ás, paralelamente a este proceso productivo, resultaba otro de carácter econó mico, c uya medición y registro com petía a la contabilidad. Es por este mo tivo que entendem os preciso desc ribir los principales rasgos técnicos que caracterizaban el proceso de elaboración del azúcar. Con esta forma de proceder, pretendemos, por lo tanto, alcanzar un doble objetivo: de una parte, facilitar la comprensión del sistem a contable que abordare mos en el capítulo posterior y, de otra, lograr que nuestro trabajo de investigación suponga una aportación a la historiografía azucarera de nuestro Archipiélago. Respecto a esta últim a pretensión, téngase en cuenta que analizamos una época escasamente estudi ada por los historiado res –al encontrarse entre el primer y el segundo ciclo azucarero – y que, además, utilizamos como documentación prim aria la contabilidad del propio ingenio, cuando los historiadores suelen recurrir a protocolos notariales como principal fuente de información. Adem ás de esto, recordemos que el ingenio objeto de nuestra inve stigación fue el último en Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro  99 funcionamiento en Tenerife. Luego, por todo es to, consideramos que el análisis técnico que pretendemos abordar en las páginas suces ivas queda suficientemente justificado. Por desgracia, en el fondo histórico de la Casa Fuerte de Adeje no hemos encontrado ningún docum ento manuscrito del si glo XVIII que describa íntegramente los pormenores de la extracción del azúcar. Por el lo, para reconstruir este proceso hemos empleado fundam entalmente las cuentas del ingenio, apoyándonos además en las instrucciones generales del Directorio de la Casa. Asim ismo hemos recurrido a algunas fuentes secundarias disponibles, cuando la documentación original del ingenio ofrecía ciertas caren cias informativas. Ahora bien, respecto al uso de estas fu entes secundarias, quisiéramos advertir que la mayor parte de los trabajos consulta dos están referidos a un espacio tem poral anterior al periodo fijado en nuest ra investigación, pues corresponden fundamentalmente al prim er ciclo del azúca r canario. A simple vista, este periodo pudiera parecer algo remoto o, quizás, desfasa do para el ámbito cronológico que nos hemos planteado, pero en nuestra opinión r ealm ente no ocurre así. A nuestro juicio, consultar las investigaciones circunscrita s a la prim era época del azúcar resulta apropiado para nuestros objetivos, debido básicamente a dos motivos. Prim ero, porque los citados trabajos hacen referencia al ám bito geográfico canario y, en consecuencia, recogen la idiosincrasia pr opia de sus ingenios. Y segundo, porque si bien las fuentes secundarias disponibles describen la actividad azucarera en una época más temp rana, la tecnología aplicada en el tratamiento de la caña –siguiendo a Viña Brito (2008: 124) y Duque Arimany (2008: 17)– no varió sign ificativamente a lo largo del Antiguo Régimen. Por lo tanto, basándonos en estas dos consideraciones, entendemos que tanto tecnológica como geográficam ente no resulta impropio sustentar la reconstrucción del proceso productivo adejero apoyándonos en la historiografía existe nte sobre el primer ciclo del azúcar canario. Justificada, pues, nuestra form a de proceder, exponemos a continuación las actividades que se llevaba n a cabo para la produc ción del azúcar y las mieles de caña. En la hacienda que los condes-marqueses pos eían en Adeje, la obtención de tales productos era posible merced a la consecución de dos grandes etap as: la primera tenía Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 100 lugar en la plantación de cañav erales, m ientras que la segunda se llevaba a cabo en el ingenio y otras casas anexas, precisas para completar la transform ación de la caña. Con relación a la primera etapa menci onada, esta es, la desarrollada en los cañaverales, hem os hallado en la documentaci ón contab le las cuenta s habilitadas para cañavereros 8 , regadores y guardas de cañas. De esto s tres oficios, Viñ a Brito (2006: 367) destaca el papel del primero, por la esp ecial cualificación que se requería en el “curado” de las cañas. Explica, además, respect o a esta figura, que el pago de su trabajo se realizaba con frecuencia m ediante la entreg a d e una parte de la cosecha, toda vez que su contratación solía celebrarse mediante con tra tos a partido. Pues bien, para el caso de Adeje este tipo de contratación no lo hemos observado, pues –com o adelantamos anteriormente– la Casa m antuvo siempre sus cañ averales bajo el régimen de explotación directa. Por tal motivo, la f unción del cañaverero estuvo desempeñada por un servidor de la hacienda, al que se le asignaba una mensualidad. De igual modo ocurría con los regadores y el guarda de cañas, aunque, al considerarse personal no especializado, su asignación mensual siempre era inf erior a la del prim ero 9 . Además del personal involucrado en los cañaverales, también disponemos de información técn ica sobre los procedim ientos seguidos en Adeje, recogidos en el Directorio de la Casa. En este cuaderno, el Se ñor redactó expresamente qué pautas debían observarse para el corre cto cuidado de la caña: la fo rma en que se debía plantar (Fumero Álvarez, 2003: 72), el modo de realizar las regaduras ( ibídem , p. 38), la frecuencia de riego para distintas épocas del año ( ibídem , pp. 34-35), la prohibición de entrar animales a los cañaverales ( ibídem , p. 35) y un cronogram a de actividades extensible a los doce meses del año ( ibídem , p. 15-18) constituyen algunos ejemplos de ello 10 . Asimism o, junto a estas especificaci ones, el conde-m arqués que redactó el 8 Término incluido e n el apéndice I. 9 En el epígrafe dedicado a la gente que sirve en la Casa , ahondarem os sobre los compone ntes de esta mensualida d y su form a de pago . En el apéndice II ofrecem os, a efect os ilustrativo s, una tabla indicativa de algunas c ontraprest aciones fijadas a los se rvidores de la Casa. 10 No considera mos oportuno entrar a describir las e specificaciones técni cas relativas a cada uno de los aspectos me ncionados, p ues excedería de los objet ivos plant eados en nue stra inve stigación. No obstante, si se desea pro fundizar en ello, puede consu ltarse el conte nido de las re ferencias ofrecidas y com pararse con los trabajos d e Camacho y Pérez Galdós (196 1: 23-27), Sánc hez Valerón y Martín Santiago (2003: 69-74) y Lo bo Cabrer a (2006: 56-59 ), entr e otros. Para aspectos técnicos de los cañaverales en el ámbito tinerfeño , conc retame nte, apuntam os los es tudios real izados po r Fabrel las (1952: 464-4 66) y Ri vero Suárez (1 990: 34- 35). Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro  101 Directorio incluyó ciertos procedimientos para un m e jor control interno de la hacienda. Así, por ejemplo, el cañaverero, a cuyo ma ndo se encontraban los regadores, estaba obligado a dar cuenta de lo regado cada dí a (ibídem, p. 38); al guarda de cañas le correspondía, por su parte, repo rtar diariam ente sobre el esta do de las cañas (ibídem, p. 52), mientras que el factor debía supervisar el qu ehacer de los dos anteriores, m ediante la inspección “a pie y n o a caballo” de los cañaverales al menos una vez a la semana ( ibídem , p. 35). Todas estas detalladas directrice s no sólo nos deben hacer pensar en la importancia que para la hacienda ostentó la caña de azúcar, s ino también en la activa y directa participación que Juan Bautista de Herrera y de Ponte –m iembro de la nobleza titulada y redacto r del citado Directorio – tuvo en los asuntos concernientes a sus haciendas señoriales. Tras el cultivo de la caña, y una vez que esta alcanzaba el estado de madurez apropiado, comenzaba la segunda etapa, en cam inada a su transformación. Sobre esta segunda fase, también hem os encontrado numerosas referencias en el Directorio de la Casa, siendo especialmente interesantes –a nue stro entender– las órdenes referidas a: la forma de blanquear el azúcar (Fumero Álva rez, 2003: 27), las fechas apropiadas para limpiar las dependencias del ingenio ( ibídem , p. 36 y 37), los tiem pos requeridos antes de desmoldar y em paquetar los panes de azúcar ( ibídem , p. 27 y 28) y el tipo de trabajadores requeridos ( ibídem , p. 56 y 57). Ahora bien, en com paración con la etapa de cultivo, los registros as ociados al proceso producti vo –propiamente dicho– son mucho más abundantes y detall ados, pudiendo inferirse de ellos cómo se organizaba la producción azucarera. Continuemos, pues, nuestra exposición con un documento de singular contenido, del que no hemos hallado sím il en la literatura consultada, pero que en Adeje se confeccionaba anualm ente antes del inicio de cad a zafra de molienda. Para la etapa preindustrial, la historiograf ía consultada pone de m anifiesto que la transformación de la caña era un pro ceso laborioso, dado los num erosos pasos encadenados que requería, así como la a bundante y diversa mano de obra especializada que exigía. Esta complejidad debió ser, qui zás, la causa por la que la producción azucarera en Adeje no se dejaba en manos de la im provisación. Según el Directorio de la Casa (Fumero Álvarez, 2003: 56), tres días an tes de comenzar la zafra de molienda, debía planificarse y organizarse d etalladam ente qué trabajadores intervenían en el Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 102 proceso. Para tal fi n, se redactaba una memoria , cuyo form ato y contenido no varió para todo el periodo analizado, ajustándose, además , al modelo especificado en el propio Directorio ( ibídem , pp. 56-57). La memoria de la gente para la molienda , nom bre con el que se conocía el citado documento, consistía en una relación de los diversos pu estos de trabajo que se adscribían al ingenio, con indicación del nombre de los operarios designados para cubrirlos en cada zafra. Según nue stro análisis, se trata de un documento que informa sobre la composición cuantita tiva y cualitativa de la p l antilla, toda vez que incluía cuántas personas se necesitaban, qué puestos se requerían y quiénes los cubrirían. A nuestro entender, esta memoria reviste especial importancia para la historiografía del azúcar canario, ya que autores como Viña Brito (2006: 362) han i ndicado: “no sabemos con exactitud el tota l de pers onas q ue trabajaban en las plantacion es y en el ingenio, salvo datos aproximados que podemos extraer de diversas fuentes, testam entos, repartos de bienes, pleitos, etc.”. Pues bien, como acabam os de indicar, este dato sí está disponible en la documentación del ingenio de Adeje, a través de las memorias que nos ocupan. Sobre la elaboración de este documento, hem os de señalar que no disponemos de referencias expresas al respecto, aunque su redacción pudiera haber correspondid o al factor o a algún mayordomo de la hacienda, toda vez que, com o apuntamos en el primer capítulo, estos delegados se ocupaban de la superv isión y la organización de los trabajadores . Una vez elaboradas, sabemos que se som etían a un posterior proceso de comprobación y validación. De este últim o tenemos certeza que correspondía al administrador de la hacienda o, incluso, en algunas ocasiones al propio Señor. Esta última afirmación la h acemos basándonos en las firmas encontradas en las memorias , aprobando o rechazando la propuesta d e dist ribución del trabajo que incluían. La memoria de 1765, por ejemplo, fue firm ada po r el conde-m arqués Domingo José de Herrera Ayala, quien escribió, jun to a su firma: Aprebo toda esta lista (AMC/ACFA 079007). He aquí, pues, un ejemplo de la intervención directa de este noble residente en Tenerife sobre las actividades econó micas de su Casa 11 . 11 Quisiéramos advertir que para el periodo en que los marque ses vivían en la Península, no hemos encontrado –con lógica– s us firmas en las memorias q ue nos ocupa n. Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro  103 Según hemos observado en las memorias disponibles, por térm ino medio se listaban alrededor de 32 puest os diferentes y una media de 90 trabajadores para cubrirlos 12 . Entre ellos encontram os: desburgadores , tareeros , guardas, camelleros, boyeros, maestro de azúcar, m aestro de espumas o escuma s, yerberos de bueyes y camellos, tr oceros , moledores, al por ro , gabaceros , llenadores y vaciadores de cestos, abridores del corral, caldereros, ta cheros , banqueros , apagadores de fornallas, lavadores de formas , lejieros y calcaños , entre otros 13 . Toda esta larga lista sirva para demostrar que en Adeje también se verificaban dos de los rasgos que los historiadores (Rivero Suárez, 1991: 115 y Viña Brito, 2006, entre otros) suelen destacar respecto a la elaboración del azúcar durante su primer cicl o, cuales son: la abundante mano de obra requerida y la gran división del trabajo que precisaba. Pa ra una mejor com prensión de ello, en la ilustración 2. 2 insertamos el pr imer folio de la memori a que se elaboró para la molienda de 1762. En la m isma pueden encontrars e listadas las personas asignadas a los puestos de: moledores , a la boca , gabaceros , troceros , llenadores de cestos y a la pala . Como puede apreciarse en la citada ilust ración, los diferentes oficios a ocupar se asignaban a personas concretas, con nombres y apellidos. Disponer de este detalle ha sido especialm ente útil, por cuanto n os ha permitido indag ar sobre el sistem a de trabajo empleado en el ingenio de Adeje. Así, cotejando tales datos con otros documentos contables hemos verificado que algunos nomb res pertenecían a esclavos, pero otros tenían cuenta person al en los libros Mayores de la Contaduría , donde se registraban las asignaciones que la Casa les entregaba. Esto s últimos servidores tenían la condición jurídica de ser personas lib res, pero dentro de es te colectivo tam bién existía heterogeneidad. Unos eran personal espe cializado (maestro de azúcar, m aestro de escumas y desburgadores , por ejemplo), mientras que otro s se ocupaban de trabajos no cualificados ( llenador de cestos , por ejemplo). Algunos (como el maestro de azúcar) eran contratados específicamente para la zafra a cambio de una contraprestación económica. Otros, sin embargo, eran serv idores de los condes-m arqueses y –como 12 Este valor m edio lo hemos calcul ado a partir de los dat os contenid os en las memo rias de la gente del yngenio y c asa de calderas que se conservan e n el fondo docum ental de la C asa Fuert e de Adeje para los años 1759 y 1761 a 1767 (A MC/ACFA 079002 a 079009). 13 Remitim os al glosario de t érminos para co nocer el signi ficado de estos pue stos, al menos de aquel los para los q ue hem os encontrado sus funcione s. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 104 explicaremos m ás detalladamente en un epígrafe posterior dedicado a la gente que sirve en la Casa – estaban obligados a prestar sus servic ios en la época de m olienda, dada su condición de vasallos en la jurisdicción señor ial adejera. Asimism o, se encontraban los que realizaban actividades auxiliares (m aestro herrero y ofic ial de c arpint ero) , orientadas a la construcción, reparación y ma ntenim iento de calderas e instalaciones. Ilustración 2.2: Fragmento de la Memoria de la g ente que sirve en la molienda (1762) Fuente: AMC/ACFA 079004 Pues bien, tras la planificación de todo este trabajo m ediante la memoria de la gente para la molienda , comenzaban las labores de transformación de la caña, propiamente dichas. Al igual que ha señalado la historiografía para el primer ciclo del Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro  105 azúcar canario, también en Adeje el pro ceso suponía una serie de operaciones en cadena. Para una más fácil com prensión de cómo se producían los azúcares y las m ieles en el siglo XVIII, hemos representado es ta secuencia en el esquem a 2.1. En su elaboración, hemos respetado las referencia s halladas en la documentación primaria respecto a las diversas dependencias y casas que participaban en el proceso productivo, señalando a lado de cada una ellas –mediante r ectángulos– las actividades adscritas a las mismas. Esquema 2.1: Proceso de elaboración del azú car en el ingenio de Adeje Fuente: Adaptado de Sánchez Valerón y M artín Santiago (2003: 76) En primer lugar se requería desburgar la caña, ocupándose de ello entre 13 y 15 personas 14 . Tal y como se explica en uno de los libros de la Contaduría de Adeje, esta actividad no es otra cosa que cortar caña p[ar] ª llebarla al yngenio y limpiarla como corresponde (AMC/ACFA 001066). La desburga solía iniciarse en el m es de marzo o 14 Estas cifras hacen referencia al núm ero mínimo y m áximo de desburgadores que participaron en las desburg as correspondien tes a las zafras de 1759 a 1766 (AMC/ACFA 079002 a 079008), datos ex traídos de las me morias a la s que ante riorme nte aludim os. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 112 El calderero de atrás si entrega buena la caldera al fin de la molienda se le darán dos pesos sobre su ganancia y si se ro mpe se le desquenta de ella seis r s de plata. Al calderero de medio si entrega buena su caldera al fin de la molienda se le darán dos pesos y medio y si se rompe se le desquenta uno. Al de melar, si la entrega buena se le dan quatro pesos y si se rompe se le desquenta uno y medio. Una vez el jugo de la caña alcanzaba el nivel óptim o de limpieza y cocción en las anteriores calderas, el melado resultante era trasegado a los peroles y tachos para finalizar con su cochura y l ograr una reducción más intensa, hasta llegar a su adecu ado punto de concentración y refinado. La propia documentación prim aria explica que el tachero es el que da punto al azúcar (AMC/ACFA 001092). Para el caso de Adeje, creemos que este trasvase pudiera haberse re alizado colando el co rrespondiente cocido a través de pa ños, de ahí que la melaza residual resultante de este pr oceso se regis trara contablemente bajo el nombre de miel de paños o miel de tachas 22 . Según apuntan algunos histor iadores (Rivero Suárez, 1991: 121 y Lobo Cabrera, 2006: 64, entre otros), la cocción final en los tachos se realizaba en una estancia conocida como “casa de refinar”. Sin em bargo, para el ingenio que nos ocupa, hemos de advertir que la docum entación contable no hace alusión expresa a esta última dependencia e incluye el proces o de refinado dentro de la cas a de calderas . Tampoco se nombra la citada “casa d e refinar” en el Director io , ni en el inventar io realizado en 161 2 con motivo del fallecim iento de Pedro de Ponte y Vergara (AHPT leg. 2265). Ahora bien, en el documento fundacional del m ayorazgo de Adeje sí que se relacionaba. Esta escritura de constitución, elevada a públic o –como sabem os– en 1567, enumeraba como dotación la casa de refinar, con sus tachos y paroles 23 . Ello nos lleva a pensar que, quizás, en un principio esta dependencia pudiera haber existido como habitáculo separado e inde pendiente de la casa de caler as , pero que con el paso del tiempo desapareció. 22 Esta idea nos la transmitió el histo riador Carlos Santan a Jubells, a quien agrade cemos su valiosa aportación. Si n lugar a duda s, suscribi m os su razonamiento, ya que en el Directorio de la Casa se ordenaba di sponer de paños para las tachas existentes en la casa de calderas (Fum ero Álvarez, 20 03: 3). La cantidad que de esta tela se req uería durante la zaf ra puede conocerse a través de los cor respondie ntes abonos registrados en la cuenta Ef ectos de ropa. Así , por ejem plo, el 14 de abri l de 1766 se anot ó el siguie nte asiento: Por veinte y tres varas de d [ic]ho salió para paños d e las tachas (AMC/ACFA 021027) . 23 Los voca blos tacho y parol se encuentran en el glosa rio del apéndice I. Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro  113 Con el melado resultante tras los p ro cesos de cocción, purificación y refinado descritos anteriorm ente, se rellenaban las formas u hormas 24 , que habían sido lavadas y preparadas con anterioridad. Según aparec e explicado en la contabilidad, el banquero – figura cuyas funciones resultaban desconocidas para Corrales Zumbado y Corbella Díaz (2008: 348)– era el encargado de recibir el azúcar en las formas y batirlo dentro de ellas hasta que quedara frío (AMC/ACFA 001070). Po steriormente, tales contenedores se colocaban en el tendal , a la espera de ser trasladados al día siguiente a la denominada casa de purgar . En la casa de purgar se destapaba el orificio inf erior de las fo rmas , mientras que su boca superior se untaba y cubría con una capa de barro húm edo, a modo de tapa. Esta técnica, conocida en la historiografía co mo embarrado, debía ser, sin duda alguna, de gran importancia en la elaboración del azúcar adejero, pues en el Directorio (Fumero Álvarez, 2003: 27) se orde naba expresamente que se tu viese “cuidado en que el purgador no se adelante con el barro y que le eche el que requiere”. Con este sistem a se pretendía desprender la miel que pudiera quedar pegada a lo s cristales ( Rivero Suárez, 1990: 123), obteniéndose así un azúcar má s blanco y puro. Obviam ente, a mayor blancura y pureza deseada, menor era la cantidad de azúcar que finalmente se conseguía, ya que una gran parte de los cris tales se disolvían con la humedad dim anante del sucesivo embarrado al que se som etía la forma . Todo el proceso descrito hasta el momento, se encontraba baja la supervisión del especialista m ás importante del com plejo: el maestro de azúcar, de cuyo arte y destreza dependía en buena medida la ca lidad del azú car resultante. Es , quizás, esta relevancia de sus funciones el principal argumento que jus tif ica la larga relación con tractual que la Casa mantuvo con sus m aestros de azúcar. As í, por ejemplo, hemos detectado a través de las cuentas de los libros Mayores que el palmero Dom ingo González ejerció esta función durante más de 23 años, desde m arzo de 1765 (AMC/ACFA 001065) hasta al menos la zafra de 1788 (AMC/ACFA 001099). El contrato concertado con el mismo aparece transcrito en la propia cuenta que la Contaduría le habilitó en el libro de 1765, cuando comenzó sus servicios. Un fragmento de su contrato puede leerse a continuación (AMC/ACFA 001066): 24 Véase este vocablo en el glosario del apéndice I. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 114 Digo yo, Domingo González, vecino del lugar de Los Sauces en la ysla de La Palma, q e estoy ajustado con el Ex[ celentísi] mo S or Conde de La Gomera y Marq[ué ] s de Adeje para limpiarle y purificarle el azúcar de su mayorazgo que tiene en la Villa de Adeg e, esto es, todo el oficio de casa de calderas y de purgar, hasta ponérselo a S. Ex a purificado y en su perfección en el quarto del emborco y hasta tanto, y hecha la miel de tinglado y limpias las canales de casa de purgar, no podré dejar dicho azúcar, pues a todo ello me obligo, estando para templar y purgar dicho azúcar todo el tiempo que sea necesario, há gase en mucho o en poco, y para esto he de benir de dicha isla con t[iem]pô bastante antes de la molienda, y si S. Ex a o su Adm or abisare que venga antes del tiempo regular por el adelantamiento de la caña o otros accidentes, desde luego me obligo a benir en el t[iem ]po que se me abise con tal que por todo es te trabajo se me haya de dar lo siguiente. En dinero mil y doscientos r s por los dos oficios de templador y purgador, (cinco ?) (tinta desvaíd a) f s de trigo, cinco barriles de vino y cinquenta r s de conducto, esté mucho o poco tiempo y valgan estos efectos caros o baratos. Y no tendrá d[ic]h o Ex[celentísi ] mo S or Conde ni su Adm or otra obligación que la de arriba dicha, pues todos costos y gastos de ida y buelta por (tinta d esvaída) son míos, de modo que absolutamente por ningún título, razón ni causa se me dará más de lo de arriba d[ic]ho, ni yo pretenderé más 25 . Como se deduce del contenido de este contrato, la s atri bu ciones principales asignadas al puesto de maestro incluían: de una parte, el templado de los caldos en la casa de calderas , dotándoles del grado óptim o de co cción y, de otra, su purgado, hasta lograr el nivel de b lancura y pureza apre ciado por la hacienda. Ambas funciones, adjudicadas tradicionalmente por la historiogr afía a los em pl eos de maestro de azúcar y 25 Además del contenid o de este co ntrato, resul ta interes ante la lect ura del pr oceso se guido pa ra la búsqueda y contratación de e ste maestro de azúcar. Dicho proceso se encuentra documentado en el fondo históric o de la Casa Fuerte. S egún hem os conocido, su bú squeda f ue encomendada a Fr ancisco Loren zo Capote, q uien viaj ó a la isla de La Palm a para este fi n. Una copia de la s instrucciones dadas a este agente, firmada por el administrador Francisco de Castillo Santelices, puede encon trarse en el cuaderno tipo Diario d e 1765 (AMC/ACFA 021026). A modo de ejemplo, tr anscribimos a contin uación la primera y la tercera instrucc ión: 1º. Primeram[en] te se le encarg a el secreto en todo, que es una de las cosas principales en los asumpt os. (…) 3º. Es su viage a La Pal ma a fin de traer un maestro de t emplar y purgar az úcar, u no de los mejores y princi pales q e haya en La Pa lma, de modo qu e ha de ser d e aquellos con que se sirv en actualment e los yngeni os de aquell a ysla, el que te nga más fama, y si no, no traerl o. El término temp lar aparece en el glosario. Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro  115 maestro de purgar , respectivam ente, coincidían sin embargo en es te caso bajo la diligencia de una m isma persona en el ingen io adejero. Tras la operación de purgado del azúcar, procedía su secado y el posterior emborco de las formas para libe rar los panes de azúcar. Este térm ino de emborco , según se explica en una de las cuentas de 1770 (AMC/ACFA 001071), es lo mismo que sacar el azúcar de la bodega donde se purga y pasarlo en las formas de barro al quarto donde se guarda el azúcar y allí se le da el golpe a la forma p[ar]ª que deje el pan. Dicha operación de desmolde se realizaba en los meses de verano en un habitáculo al que denominaban quarto del emborco . La citada habitación disponía de “tres llave s: la una [la] tiene el contador que hubiere, la otra el fact or y la otra el ayudant e factor o la persona que señalase el señor” (Fumero Álvarez, 2003: 78). En nuestra opi nión, esta disposición incluida en el Directorio de la Casa no era m ás que una medi da de seguridad establecida por sus dirigentes, ante la preocup ación por el riesgo de hurto de su producto más preciado. De hecho, en dicho cuaderno ( ibídem , p. 78) se hacía hincapié s obre la necesidad de tener “gran cuidado en lo que se desem borca”, así co mo sobre la im portancia de vigilar si las puertas y ventanas del citado quarto “están seguras o las han urgado”. Ante estas advertencias, obsérvese cómo vuelve a repetirse la preocupación ante el robo que ya apuntamos para la casa de calderas. Este desasosiego tendrá, como ya hemos adelantado, repercusión en el sistema contable adejero. Posteriorm ente, se procedía al em pape lado, etiquetado y pesaje de los panes (Fumero Álvarez, 2003: 78), para su co rrespondiente almacenam iento en el quarto del azúcar , quedando listos para su comercializaci ón o consumo por parte de la Casa. Desde un punto de vista cont able, el pesaje de los panes adquiría una especial significación, pues marcaba el m omento en qu e debía contabilizarse la producción de azúcar finalmente obtenido. A este respecto, el Directorio señalaba la necesidad de asentar en un libro tipo Diario –denom inado, como veremos, catálogo – el volum en de producción medido en este m omento, tal y como se infiere de la siguien te transcripción: “A su tiempo, que es por el mes de noviem br e, se pesa el azúcar y se entrega al factor con la asistencia de todos, ponie ndo en el catálogo por entrada. Y si antes Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 116 precisare sacar alguno será con la misma asistencia, poniendo tam bién en el catálogo” . De un mismo proceso productivo podían obtenerse diversos tipos de azúcar dependiendo, entre otros motivos, del núm ero de cocciones realizadas, el proceso de purgado seguido, el modo en que se rellenaban las formas o el grado de cristalización y blancura que se lograba. Aún más, de un mismo pan o pilón podían resultar variedades distintas en función del grado de purificación alcanzado. Así, el azúcar que se encontraba en la pa rte superior de la forma , más cerca del barro empleado en el purgado, era lógicamente m ás blanco que el azúcar localizado cer ca de su orificio inferior. A diferencia de lo que ocurre actualmente, en el pasado se verificaba que a mayor blancura, m ayor calidad del azúcar y, en consecuencia, mayor valor de venta en los mercados. Con respecto a los tipos de azú car que se producían en los ingenios canarios, autores como Camacho y Pérez Galdós ( 1961: 39-41), Díaz Hernández (1982: 23) y Viña Brito (2008: 126-129) hacen referencia, entre otras posibles varian tes, al azúcar:  Blanco: el más preciado y de m ayor calida d. Era el producto pr incipal al que se orientaba todo el proceso de transformación. Se elaboraba a partir de la cochura del primer jugo de la caña y estaba de stinado principalm ente a la exportación.  Mascabado: más oscuro, por contener residuos de m iel debido a un mal purgado en el fondo de las formas.  Quebrado: resultante de los pilones d efect uosos que, al no alcanzar los estándares requeridos para su comercia lización en los m ercados exteriores, eran quebrados con un martillo. De ahí su denom inación. Era de inferior calidad y, por ello, se destinaba fundamentalmente al consumo local.  De “escumas”: de inferior calidad, ela borado a partir de la cocción de las espumas retiradas de las cal deras y los tachos durante la fase de purificación. Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro  117  De tercera: se conseguía, se gún la descripci ón aportada por Thomas Nichols 26 , de una segunda cocción llevada a cabo con las mieles que destilaban de la purga del azúcar blanco (Cioranescu, 1963: 110). Pues bien, si com paramos estos tipos de azú c ar que cita la literatura especializada con la información que nos aporta la contabil idad del ingenio de Adeje, encontraremos ciertas similitudes, pero también algunas di ferencias, qu e por el mom ento no hemos sido capaces de explicar. Según se despre nde del nombre dado a las cuentas de existencias, en Adeje se producían funda mentalmente cuatro clases de azúcar, designadas con la nomenclatura AA , R , T y TA , además de una quinta denominada molido . Respecto a la última de las varied ades señaladas, esto es, el azúcar molido , creemos que coincid ía con el que los historia dores llam an “quebrado”, toda vez que su propia denominación – molido– evoca los panes roto s o des echos durante la fase de desmolde. Ahora bien, de las re stantes categorías mencionadas no conocem os el significado de sus siglas ( AA , R , T y TA ), pues no hemos hallado ninguna referencia a ello en toda la documentación primaria consultada. Tampoco nos ha sido posible establecer su paralelismo con aquella tipología enunciada por la hist oriografía, si bien sabemos que obedecían a calidades y grados de refinam iento distintos gracias a los asientos contables con sultados. Precisament e, el exhaustivo es tudio llevado a cabo sobre las cuentas de existencias y s us motivos de cargo y abono, nos ha perm itido aproximarnos a este con ocimiento. Así, por ej emplo, entre los registros realizados el 21 de enero de 1792 se asentó un traspaso desde las cuentas Azúcar de T y Azúcar de AA hacia la cuenta Azúcar Molido con motivo de haverse humedecido y deshecho a causa de la humedad (AMC/ACFA 021045). Ello denota la in ferior calidad de la variedad molida frente a la T y a la AA . 26 Figura de referencia ob ligada en lo s trabajos rela tivos al primer ciclo del azúcar canari o. Mercader inglés que residió e n Canaria s durante siet e años: dos co mo factor de u nos comerci antes londinense s y cinco en las cárceles d e la Inquisición. A raíz de su es tancia en las Islas, escribió en 1583 la obra titulada Descripción de las Isla s Afortunadas, que se llaman ahora Isla s de Canarias , de la que se co nserva un ejemplar en el British Museum de Londres. De di cha obra result a conocido entre los historia dores canarios el relato que realiza so bre el proceso de elaboración de l azúcar. Sobre la figu ra de Thomas Nichols , así com o la traducción al español de su obra , pueden c onsultarse Ciorane scu (1963). Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 118 Otros asientos contables que nos ilustraron al respecto se encuentran en el Libro de 1787. Concretamente, en la cuenta Azúcar de R se realizó el siguiente cargo: Por 696 ½ libras doy entrada aquí y salida en la clase de molido fol. 147, porque estando en pedazos la maior parte de esta partida, nos pareció podría venderse deste precio q e es superior a aquél (AMC/ACFA 001097) 27 . De igual modo, en el Deve d e l a c u e n t a Azúcar AA se registró el siguiente apunte: Por 1149 ¾ libras doy entrada en esta clase y salida en la de R, porq e según su calidad nos pareció podr ía venderse al mismo precio que éste ( ibídem ). Pues bien, tomando el contenido de estos dos asientos y uniéndolo a la información conten ida otras anotaciones similares llegam os a la conclusión d e que los azúcares fabricados en el ingeni o era n, de mayor a menor calidad, los siguientes: T , TA , AA , R y, finalmente el molido . Por lo que respecta a las dos primeras clas es señaladas, hemos leído en el Directorio de la Casa (Fum ero Álvarez, 2003: 50) que T y TA se empleaban en el marcado del “azúcar fin o”. Asimismo, la cont abilidad del ingenio nos m uestra que su producción diezmaba al 5 por 100 (AMC/A CFA 001016). Si comparamos este tipo impositivo con el señalado por Bernal Rodrí guez y Macías Hernández (2007: 16) o por Rivero Suárez (1991: 183) para otros inge nios tinerfeños, podríamos concluir que las citadas m arcas T y TA eran en realidad azúcar blanco y purificado. Las variedades AA y R diezmaban, por su parte, al 4,5 por 100 y en un asiento contable correspondiente al 23 de agosto de 1756 (AMC/ACFA 021016) encontramos, además, la siguiente inscripción: Peso del azúcar: 2.686 ½ ll s , de las cuales 2.149 ll s de R, 155 ½ ll s de AA y 382 ll s de molido. Y todo fue de espumas y fa ramallas, y de la marca R son 206 panes y 12 panes de AA que entró en el quart o del emborco y está sin diezmar. De acuerdo con esta anotación, los panes que se pesaron el citado día procedían de formas rellenadas con el m elado resultante de la cocción de las espumas y las faramallas 28 , lo que nos lleva a inferir que tanto el AA com o el R eran de una calidad 27 La medi da de la libra se encuentra en el a péndice I. 28 Desconocem os el signifi cado del térm ino faramallas , pues su acepci ón no la hem os hallado ni en la documentación p rimaria ni en los trab ajos consultado s sobre léxico azu carero (Mar tínez Ruiz, 1964; Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro  119 inferior y podían corres ponderse con el azúcar de escumas o tercera mencionado en la literatura. Pues bien, además de las anteriores ti pologías de azúcar, los m otivos de abono de sus cuentas arrojan información sobre la uti lidad que la Casa daba a estos productos terminados. Los tres principales destinos que hem os observado a través de los libros consultados son: la comercialización, su uso como m oneda de pago y los regalos de yngenio . Según hemos observado en la contabilidad, la venta del azúcar suponía una fuente de entrada de numera rio para la hacienda. La co m ercialización se realizaba mediante la entreg a a crédito a diversas personas que se [lo ] llevan a vender , tras lo cual procedía el registro de su cobro en dinero. A lo largo de l periodo objeto de estudio nos hemos encontrado con diversos nombres invol ucrados en esta activ idad, pero por la dimensión del volum en de azúcar que colocab an destacamos los nom bres de Antonio Recarey, Cologan, Commys y los hermanos Blanco; apellidos todos ellos relacionados con familias de relevan tes comerciantes en Canarias. De la rela ción mantenida con los últimos m ercaderes citados, se conserva en el libro Mayor de 1765 (AMC/ACFA 001064) una copia de las cláusulas 11ª y 12ª pertenecientes a la contrata celebrada, donde se indican algunas de las obligac iones a que se acogí a el conde-marqués Domingo José de Herrera Ayala. Estas eran: Nº 11. Que dhos SS. Han de recivir y yo en tregar todo el azúc ar que se cogiere en mi mayorazgo de Adeje y me han de pagar por cada libra a razón de trece q tos y medio. Nº 12. Que el peso de dhô azúcar se d everá hazer por todo el mes de Diz[iembr ] e o antes si les con veniese a dhos SS. (…) y yo daré las ca xas para el traxín y condución de dhô azúcar y pondré en el ma r con mis bestias t odo el azúcar que dhôs SS. quieran embarcar y dho azúcar ex istirá todo el t[ie m]pô que dhôs SS. quieran en mi almacén de Adege, en donde se empapelará y beneficiará hasta entregarse, y se advierte que en este ajus te entra todo el azúcar de todas marcas y calidades y para mis gastos y pagam[ento] s tomaré el que quisier e y Academia de Ciencias de Cuba, 1972; Medina Guerra, 1989; Corrales Zum bado et al. , 1996; Corr ales Zumbado, 1997 y Corrales Zumbad o y Corbella Díaz, 2001, 2006 y 2009). Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 120 precisam[en] te necesitare y nada más. (…) Y esta contrata es assi mismo por cinco años y de la azúcar de cinco moliendas que son la próxima de este año y la de mil sept[ecien to ] s setenta. Como puede inferirse de la transcripci ón anterior, todo el azúcar producido entre 1765–1770 se vendía a los hermanos Nicolás y Cr istóbal Blanco, vecinos del puerto de La Orotava, a excepción, claro está, del que precisaba el Señor para sus gastos y pagamentos . Este último destino, incluido com o salvedad en la citada cláus ula decimosegunda, estaba relacionado, precisam ent e, con la segunda de las utilidades que mencionamos anteriormente, esta es: el uso del azúcar com o moneda de pago. Según hemos observado en los libros de cuentas, la Casa de Adeje tomaba este efecto para ajustar las contrapres taciones asignadas al trabaj o de sus servidores (como explicaremos en un apartado posterior), am én de pagar con él transacciones de diverso género, como: la com pra de esclavos (a ño de 1720 AMC/ACFA 001022), la adquisición de tierras (año de 1756 AMC/ACFA 021016), la compra de casas (año de 1766 AMC/ACFA 021027) y el pago de tributos (año de 1756 AMC/ACFA 021016). Luego, todas estas referencias contables ponen de ma nifiesto que la Casa nobiliaria objeto de estudio continuaba empleando azúcar en el siglo XVIII para satis facer parte de sus deudas, a pesar de que Rivero Suárez (1990: 1 48) haya evidenciado el desuso de este sistema desde los años 20 del siglo XVI. De bido a su continuidad com o moneda de pago y a la importancia que el azúcar aú n tenía en la centuria del Setecientos, Hernández Rodríguez (2004: 678) concibe esta práctica de la hacienda adejera como un síntoma de su estancam iento. Además de su empleo com o moneda de pago, la contabilidad nos revela que los productos del ingenio también se util izaban para rea lizar anualmente regalos con los que los condes-marqueses agasajaban a diversas personalidades, tales como (AMC/ACFA 062): el procurador de la Casa, el abogado de los Reales Consexos , el escribano de guerra , el veedor y contador de la Real Hacienda o el administrador del tabaco. Sin duda alguna, recurrir a regalos y gratificaciones para mantener una importante red clien telar –de la cual espe rar favores y dispensa s de variado tipo– constituía una baza habitual mente utilizada por la nobleza (Yun Casalilla, 2002: 285), para ganar fidelidades y afianzar poder a ni vel local. Para el lin aje que nos ocupa, las Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro  121 memorias contables (AMC/ACFA 062) nos demu estran que tales agasajos se conseguían a través de lo s derivados de la caña. Pues bien, junto a la obtención de azú car, del proceso productivo resultaba conjuntamente otro producto derivado, que a nuestro entender tendría la consideración de subproducto. Nos referimos, lógicam ente, a la miel de caña. Por lo que respecta a esta, la historiografía sólo hace una me nción genérica aludiendo a las “mieles” y “remieles” resultantes d e su transformaci ón. Sin embargo, en la contabilid ad de Adeje hemos observado la existencia de diversas variedades, registradas bajo los nom bres siguientes: común , de paños , blanca , de tinglado , philip ina y buganga. La primera de las clases m encionadas – común – procedía del tratamiento de las espumas tanto de la casa de calderas com o la de purgar (AMC/ACFA 001092). A tenor de los motivos de abono observados en sus cuentas, este tipo de m iel se empleaba generalmente para conducto de los trabajadores o bien pa ra el pago de sus asignaciones por el trabajo realizado. De hecho, en el propio Directorio (Fumero, 2003: 66) se ordenaba que con este tipo de miel se pr ocurara “hacer todos los pagam entos que se puedan”. Además de su papel com o alimento y moneda de pago, la miel común con taba con otros posibles usos secundarios, como, por ejemplo, su aplicación en el cuidado de esclavos enfermos para medicinas (véase por ejemplo AMC/ACFA 001101). La miel de paños , por su parte, p rocedía exclus ivamente de la casa de calderas . Como ya apuntam os anteriormente, creem os que esta miel resultaba de los restos que quedaban en los paños utilizados para colar e l caldo contenido en las calderas en su trasiego hac ia las tachas . Poseía una calidad superior a la miel común , según inferimos del siguiente abono realizado en una cuen ta del libro perteneciente a 1713 – 1714 (AMC/ACFA 001018): Por 3.694 q[uarti]llos se dan salida y entrada a f. 17 Miel Común, que por estar corrompida y no servir p[ar ] ª quaxar se ha dado salida (…) y está experimentado que en pasando más de un año se corrompe . Dada esta mayor calidad, la m iel de paños se destinaba fundam entalmente a la venta en el m ercado local y “para hacer los regalos” pertinentes (Fum ero Álvarez, 2003: 67), si bien también hemos encontrado apunt es contables que re flejan su consum o para Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 224 considerasen oportunas para embarcar y desembarcar los navíos por otros puntos costeros distintos del puerto seña lado com o principal. Igualmente, debían rendir cuentas regularmente ante los nobles pr opietarios sobre las rentas ge neradas por los derechos de quinto, almojarifazgo y anclaje; obligación cont able esta de la que nos ocuparemos con más detenimiento en el capítulo tercero. Con respecto a la intervención del admini strador local en la actividad ad uanera que nos ocupa, es preciso matizar que sus atribuciones quedaban reducidas cuando los condes-marqueses cedían su explotación a un te rcero bajo el régimen de arrendam iento. En efecto, según hemos podido observar a través de las cuentas consul tadas, a lo largo del periodo estudiado la recaudación directa de las aduanas m ediante administradores fue alternada con el sistema de arriendo, tant o en la isla de La Gomera como en El Hierro. Esta últim a modalidad de explotación, ta n utilizada por el estam ento nobiliario (Atienza Hernández, 1987c: 254; Franco Silva, 1998: 204 y González Arce, 2014: 252, entre otros) como por la propia Hacie nda Real (García-C uenca Ariati, 1983: 241), consistía en entregar temporalm ente a un partic ular la cobranza de los derechos anejos a la aduana, a cambio de cobrar su titular un canon fijo anual. Pues bien, en un libro de contab ilidad elaborado por Migue l de Echeverría en el año de 1743, bajo el mandato de Antonio José de Herrera Ayal a, el citado administrador escribió: la haduana de la Gomera [se] arrien da o administra según la horden que diere S.E. (AMC/ACFA 013003). De esta afirmación, deducim os que la forma de explotar la actividad aduanera debía ser una decisión importante, tom ada por el propio conde-marqués. Así ocurrió, al m enos, para el caso del anterior titular m encionado. Ahora bien, con relación a las razo nes que pudieran justificar su elección entre uno u otro sistema de recaudación, no hemos encontrad o una explicación de forma expresa en la documentación consultada. Para el caso de las aduanas reales, resulta conocida la transición que los m onarcas Borbones llevar on a cabo en el siglo XVIII, sustituyendo el sistema de arriendo por la adm i nistración directa para inte ntar aum entar sus ingresos fiscales (García-Cuenca Aria ti, 1983: 240 y Solbes Ferri, 200 9: 45-46, entre otros). Esta búsqueda de mayores rentas po r parte de la Hacienda Real también pudiera aplicarse en la Casa nobiliaria estudiada, toda vez que en un conjunto de Instrucciones de abril de 1785 (AMC/ACFA 096021) hemos observado alguna s referencias de orden económ ico, Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro  225 para justificar el mantenim iento de la adua na bajo gestión directa. De su tenor, que transcribimos a continuación, podemos inferir qu e, para el momento en que se redactó, resultaba más adecuado m antener la aduana bajo explotación directa en los años sucesivos, dada la escasa renta que había pr oducido hasta aquel momento el sistema de arriendo: Por ciertas causas de economía, ha estado la adm on de aduana de La Gomera a cuidado de Pedro Casañas con tit[ul ] º de arrendam[ien] to . Este govierno terminará desde que haya adm on en la ysla de La Gomera. Si alguna persona de respeto y conv[enienci ] a se asomara a arrendarla se podría ver su proposición, pero no sobre los productos de esto s próximos años, que sin culpa del adm or g[ene]râl de Canarias ha producido poco. Pues bien, fuese bajo contrato de ar rendam iento o mediante el sis tema de explotación directa, lo cier to es que la recaudación del derecho de quintos y aduanas suponía una actividad económica particular de los estados occidentales gomero y herreño, ausente, sin embargo, para el caso de l señorío tinerf eño. Ahora bien, lo que sí hemos detectado en común para las tres uni dades señoriales objeto de estudio era la cobranza de rentas y tributos sobre las propiedades agrarias de los nobles titulares. En efecto, tanto en los inventarios como en la s cuentas consultadas hem os observado para el Condado de La Gomera y el Señorío de El Hierro –al igual que lo hicimos para Adeje– la cesión de tierras en régimen de arrendam iento y bajo censos de naturaleza enfitéutica. Así, por ejemplo, en la primera isla m encionada los va lles de Benchijigua, Gran Rey y Alojera estuvieron arrendados durante el periodo analizado –con sus tierras de labranza, manantiales, viñas, palm as , árboles y animales (AMC/ACFA 064033) –, a cambio de un canon o renta fija anual en beneficio de los condes-marqueses. Pero, por encima de estos y otros arriendos agrari os similares, Núñ ez Pestano (1991: 53) encuentra para esta is la gomera que “lo comú n era que las tierras estuviesen cargadas con algún censo que percibía el señor”. De esto s últimos, también ten emos constancia en la contabilid ad, a través de los tributos contabilizados bajo áreas geográficas diversas, diseminadas por el territorio insu lar (San Sebastián, Alajeró, Valleherm oso, Agulo, Chipude y Arure, entre otros). Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de… 226 Al igual que lo observado para la hacienda marquesal de Adeje, las cuentas de las dos islas occidentales nos han permitido de tectar que los condes-m arqueses tendieron preferentemente a la gestión directa de sus rentas y tributos , contando para su recaudación con la figura de diversos cobradores . Estos agentes, adscritos a zonas geográficas concretas, no sólo se ocupaban de la percepción de tales rentas, sino que, además, tenían asignadas otras obligaciones, tales como: llevar cuenta y razón de sus cobros, supervisar que arrendatarios y enf iteutas respetaran los lindes asignado s, informar al adm inistrador de los impagos pr oducidos e iniciar las di ligencias judiciales a este respecto. Asimismo, debían controla r las compraventas celeb radas sobre tierras atributadas –informándose, in c luso, a través de los escribanos público s (AMC/ACFA 013003)–, al objeto de cal cular y cobrar la décima que le correspondía al señor. Por todo esto, los cobradores percibían una comisión, que ascendía al 15% sobre las décimas cobradas, el 10% sobre los tributo s y alquileres efectivamente recaudados. De todas las funciones que acabamos de describ ir, tenemos noticia gracias a las cartillas o memorias de la cobranza , es decir, los estadillos contables donde los administradores locales o la Contaduría de Adeje anotaban anualm ente a los cobradores los importes a recaud ar. Con caráct er general, al pie de tales memorias , los administradores solían añadir para observanc ia de los cobradores una nota recordatoria de sus funciones. A título ilustrativo, tran scribimos la redactada por Francisco de Castillo Santelices en el año de 1783 para el cobrador Bernardo Jiménez, cuyo tenor era como sigue (AMC/ACFA 016034): Se encarga a este cobrador ponga toda efic acia y diligencia en cobrar, de modo que nada quede a dever, tan así que lo que no cobrare o diere dilig[encia] s judiciales hechas para ello, será de su cargo. No recivirá ni entregará sin orden otros efectos ni especies que los que di cen los mismos encavezados o rótulos de los mismos tributos, arrendamientos o títulos, dando cuentas al adm or de dho estado en tiempo pª su percepción. Tr atará con el modo y honor que corresponde a todos los inquilinos. Procurará beneficiar y acomodar las propiedades sueltas según su estado. Procurará saver y form ará memoria de las compras y ventas que se hayan hecho y hagan en las propiedades de tribut os, por quiénes y en qué Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro  227 cantidades y, deduciendo las décimas que devan pagar, las cobrará [firmado por el administrador general de Canarias]. Pues bien, amén de las tierras cedidas a censo o bajo arriendo, en las cuentas consultadas no hemos observado, a diferencia de lo ocurrido en Adeje, la existencia de tierras de labor explotadas de form a directa, mediante la aplicación de los propios medios humanos y m ateriales de la Casa . Por este motivo, probablem ente, tampoco encontramos en la contabilidad gomera y h erreña cuentas de exis tencias de esclavos, ni referencias a una plantilla de operarios trabajadores para la realización de las faenas propias del campo, bajo los correspondientes ajustes retributivos. En este sentido, nuestro análisis contable sobre las cuentas de La Gomera y El Hierro nos revela un conjunto de actividades económ icas de carácter extractivo y de corte rentista, m ás acuciado que en el caso de la hacienda marquesal. A una conclusión sim ilar llega Hernández Rodríguez (2004: 673), cuando afir m a que los condes-marqueses no tienen en estas islas occidentales propiedades agrí colas que exploten directamente, por lo que “su papel se reduce exclusivamente a dren ar la economía”. Com o expondremos en el capítulo sigu iente, esta diferenciación de los estados gomero y herreño, respecto al tipo y la diversidad de operaciones eco nómicas realizad as, constituye un rasgo relev ante, pues repercute en su diferente forma de rendir cuentas en comparación con el estado señorial adejero. Capítulo 3 ORGANIZACIÓN CONTABLE DEL MARQUESADO DE ADEJE, EL CONDADO DE LA GOMERA Y EL SEÑORÍO DE EL HIERRO Fuente: BMSC/ACFA 001078 Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 231 3.1.- LA CONTABILIDAD SEÑORIAL: ESTADO DE SU INVESTIGACI ÓN HI STÓRICO-CONTABLE Aunque el fenómeno señorial estuvo presen te en diversos países europeos, Inglaterra y España han sido, sin embargo, los dos únicos cuyos historiadores de la contabilidad han estudiado con mayor prof und idad las cuentas perten ecientes a los señoríos (Hernández Esteve, 2013: 376). De esto s dos países, Inglaterra sobresale con diferencia, tanto por ser pione ra en el estudio de las contabilidades señoriales –en inglés, manorial accounti ng – como por registrar en su haber una mayor producción historiográfica. Según puntualiza Hernánd ez Esteve (2013: 378- 380), los primeros estudios que incluyeron entre sus páginas referencias a esta s contabilidades procedieron de la mano de paleógrafos e historiadores anglosajones, tales com o Denholm-Young (1963), Oschinsky (1947 y 1971) y Harvey (1972 y 1976). A partir de ellos, otros investigadores, incluyendo los historiadores de la contabilidad, fueron interesándose por los sistemas contables que nobl es y señores utilizaban en la gestión de sus Casas y señoríos, pudiendo citarse a Noke (1981), Postles ( 1981 y 1994), Edwards (1989), Napier (1991), Funnell (1996), Ezzamel (2002), Mcdonald (2005) y Dobie (2011a y 2011b), a título ilustrativo. Según hemos inferido de la lectura de los tr abajos citados en el párrafo anterior, los investigadores anglosajones han orient ado su investigación ha cia el estudio de contabilidades fundamentalmente encuadrada s en el periodo medieval (siglos XIII y XIV, preferentemente). A través de esta s cuentas, h an analizado las formas de administración aplicadas y los docum entos contables em pleados en el seno de los manors , tanto los de carácter laico com o los pe rtenecientes a la Iglesia, m onacales y seculares 1 . 1 La inclusión del m undo eclesiástico dentro de la investigación se ñorial anglosajona constituye para Hernández Esteve (2 012: 2 y 3) una caract erísti ca dife renc ial respecto a la forma de proceder en Es paña, toda vez qu e en nuestro país “siempre se ha considerado la contab ilidad señorial como la prop ia de domi nios poseídos por pr opietarios la icos”. C omo resul tado de est a costum bre españ ola, los tra bajos realizados so bre señoríos ecle siásticos suelen vi ncularse má s al campo de estudi o de la Iglesia q ue de la contabilid ad señorial. Esta sep aración entre lo eclesiás tico y lo señorial la hemos observad o, por ejemplo, en el traba jo de Cast ro Pérez (200 5) sobre el señorío epi scopal de la Vill a de Agüim es (Gran C anaria ), más conoci do entre los hist oriadores por su vinc ulación con la Igl esia que por su propia condi ción de señorío. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  232 De las cuentas anglosajonas conocidas hasta el momento, las evidencias más tempranas nos rem ontan a principios del si glo XIII. Concretamente, los histo riadores suelen admitir com o ejemplo más antiguo la co ntabilidad del ob ispado de Winchester para el periodo 1208-1209. Escritas bajo la forma de Cargo y Data –en inglés, Charge and Discharge method –, sus cuentas de periodicidad a nual eran elaboradas por oficiales para rendir cuentas ante el obispo, es decir, inf ormar al m ismo sobre las rentas, los pagos y el stock disponible en cada uno de los estados que este poseía (Hall, 1903: vii). Desde la fecha señalada para las anteriore s cuentas hasta finales del siglo XIII, la historiografía anglosajona pone de manifiesto el notable de sarrollo que la contabilidad experimentó entre los manors ingleses, extendiéndose y ge neralizándose entre ellos el uso de cuentas escritas como herramienta para la gestión indi vidualizada de cada señorío . Entre los investigadores del mundo angl osajón (Harvey: 1976: 16; Edwards, 1989: 34; Bryer, 1994: 211 y Bailey, 2002: 97, entre otros), existe la opinión generalizada de que dicha expansión de la co ntabilid ad señorial estuvo motivada por un cambio sustancial en la forma de adm inist rar los señoríos en Inglaterra. Tal y como explica Bailey (2002: 98), “the broad moveme nt towards direct exploitation corresponds closely with the development and spread of the manorial account”. Ciertamente, según relata este últim o autor ( ibídem , p. 97), en la segunda mitad del siglo XII, los señores solían ceder sus manors a lo cales, que arre ndaban la totalidad del estado señorial, como una unidad indivisible, a cambio del pago de una renta f ija anual. Bajo esta forma de explotación indire cta, el citado arrendatario só lo entregaba al propietario el monto de la renta co nvenida –a veces en especie–, reteniendo para sí cualquier beneficio o soportando cualquier pérdida que pudiera haberse generado a consecuencia de su gestión. Siempre y cua ndo el señor ingresara puntualm ente dicho alquiler y los activos de sus manors estuvieran convenientemente cuidados, aquel arrendatario podía explotar la s tierras, el ganado y demás elementos patrim oniales a su libre albedrío, corriendo de su cuenta los ri esgos inherentes a esta explotación. De este periodo, en que el arrendamiento de los manors prevaleció com o forma de explotación entre los señores ingleses, apenas ex isten ejemplares de cuentas señoriales . Sin embargo, con la llegada del siglo XIII, m uchos seño res se alejaron de esta política de arrendamiento y, en su lugar, una proporción cr eciente de propietarios se Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 233 hicieron cargo de la totalid ad o de una parte de sus manors 2 . Esto quiere decir que comenzaron a gestionar las actividades agríco las y ganaderas de sus señoríos, así como la recaudación de los impuest os con que gravaban a sus colonos. Cedieron en arriendo algunas de sus tierras y bienes inmuebles, pero no com o una unidad, sino de forma individualizada. Adem ás, esta implicación en la explotación de sus dominios generó a los señores la necesidad de supervisar gastos e ingresos –así como pagos y cobros– procedentes de alquileres, tributos, venta de productos agrarios, etc. Pues bien, ante todas estas nuevas labores, Bailey (2002: 98) aclara que sólo los señores más hum ildes participaron directa y personalmente en su consecución. Sin embargo, la m ayoría de los grandes propietarios –poseedores de dive rsos señoríos geográficam ente diseminados– delegaron tales funciones sobre agentes locales ( reeve y/o bailiff ). Estas figuras se convirtieron, pues, en los oficiales encargados de gestionar y organizar el día a día de los feudos. Además, debían entregar al señor –p rincipal, en esta rela ción bilateral– las rentas generadas por los manors , manteniendo para sí una re muneración si previam ente se había convenido. Ante una situación como la que acabamos de describir, resulta evidente pensar que el señor necesitaría algún tipo de m ecanismo o instrumento para m antenerse informado de la m archa de sus propiedades, además de poder controlar la actuación de su oficial, pues ahora los éxitos y fracasos de lo s negocios emprendidos en sus manors repercutían sobre su propio pa trimonio. De otra parte, el citado agente tam bién estaría interesado en probar su honestidad ante la ge stión realizada sobre la s propiedades de su principal, en otras palabras , rendir cuentas. Siguiendo a Harvey (1976: 14), para que este sistema funcionara, el oficial al frente de cada estado señorial debía ser capaz de comunicar a su propietario qué dinero había entrado en su poder y qué pagos había realizado con él. Según el signo de la operaci ón, la diferencia entre ambos conceptos representaba el excedente que el agente debía entregar al señor o bien la cantidad qu e este último adeudaba al prim ero. Además de dinero, el admini strador también debía responder de todo aquello que había quedado a su cuidado. Así, para cada variedad de cereal tenía que indicar cuán to había recolectado, qué ca ntidad había empleado en 2 A la porción de tierra que se reservaron para ex plotación directa se la conoce con el término demes ne : “ the piece of land attached t o a manor and retained by the owner for their own us e ” (www. oxforddi ctionaries.c om. Cons ultado el 03/04/2 014). Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  240 Sobre estos manuales, González F errando (2 013: 96) hace notar su evidente escasez, si lo comparamos con los num eroso s tratados medievales que surgieron en Inglaterra desde el siglo XIII –a los que nos referim os con anterioridad–. En opinión de este autor, hasta el m omento sólo se conocen en nuestro país cuat ro manuscritos que, con mayor o m enor detalle, incluyen entre sus páginas referencia s a esta m ateria, aunque de ellos, realmente sólo uno – Dirección de secretarios de señores – podría concebirse como un auténtico m anual de ges tión y contabilidad para Casas señoriales, equiparable, por tanto, a los manuscrito s ang losajones menc ionados. Comentemos, pues, brevem ente el contenido de los cuatro textos a los que se refiere el anterior investigador, redactados todos el los entre los siglos XVI y XVII:  Suma de arithmética práctica y de todas mercaderías, con la horden de contadores , escrito por Gaspar de Texeda y publicado en Valladolid en 1546 7 : Se trata de un manual de aritm ética mercantil com puesto por 61 capítulos, estando dedicado el número 57 a “la horde n que debe[n] tener los contadores de señores y los que tiene[n] cargo de h azienda (…) para que (…) haga[n] bien su officio y el señor sea servido y su casa governada y los criados pagados y los vasallos bien tratados sin que en lo uno y ni en lo otro aya fraude ni engaño” (Texeda, 1546: LIV vº). El referido capítulo constituía una breve guía para administrar y llevar cuentas en la Casa de un señor. En prim er lugar, contenía algunas recomendaciones sobr e divers os mecanismos para recaudar rentas, y, en segundo, proporcionaba una de scripción sobre el funcionamiento de los seis libros contable s que –a juicio de Gaspar de Texeda– precisaba toda Casa señorial. La variedad y el núme ro de libros utilizados obedecía a la necesidad de reg istrar de forma separada : el d inero (libro del tesorero), lo s sueldos de los empleados y los dependi entes (libro de acostamientos), las rentas recibidas y los pagos realizados por cada mayordom o (libro de mayordom ías), así como las operaciones de granos (libro de señoríos), entre otras magnitudes. Todos estos libros –s alvo el de m ayordomía– adquirían la 7 Su contenido ha sido obj eto de estudio por González Ferrando (1956 y 2013: 104 -106) y Hernán dez Esteve (2007: 190-193 y 2013: 126-12 9). El texto íntegro de este m anual está disponible en la dirección web: http:/ /hdl.handl e.net/10 366/833 53 (consul tado el 16/0 4/2014). Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 241 forma de “pliego horadado” y seguían el método de Cargo y Data con secciones superpuestas p ara la presentación d e sus cuentas 8 .  Libro de la Cámara Real del príncipe D on Juan e offiçios de su Casa e serviçio ordinario : Manuscrito de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, redactado entre 1547 y 1548 sobre la organización admi nistrativa y la contabilidad que a finales del siglo XV llevaba la Casa del Príncipe Don Juan, primogénito de los Reyes Católicos 9 . Este texto, adem ás de de scribir los numerosos oficios vinculados con la citada Cámara Real –mayordomo m ayor, contador, escribano, maestro, despensero, etc.–, explicaba el f uncionam iento de los cuatro libros que se utilizaban para lleva r las cuentas del P ríncipe, a sab er: Borrador , Mayor , Entero o de Joyas e Ynventario . De este sistema contable, lo que nos parece llamativo señalar es su m étodo de regi stro, pues difiere del Cargo y Data mencionado en el m anual de Gaspar de Texeda. Para el manuscrito que ahora nos ocupa, la técnica registral utilizada ha sido calificada por González Ferrando (2013: 104) como “una singular apli cación de la partida simple, muy evolucionada para su tiempo” porque “aunque las operaciones se [asentaban] por Cargo y Data o Descargo, esto se [hacía] en libros encuadernados y la utilización del Borrador –de hecho, un Diario – se engarza[ba] con el Mayor (…), al estilo de la partida doble, aunque con asientos unigráficos” ( ibídem , p. 126). 8 Según señala Hernández Est eve (2013: 91), en l os primeros sigl os de la Eda d Moderna exist ía en nuestro país la práctica habitual d e presentar las cuentas en pliegos su eltos, por lo que “la contab ilidad por Cargo y Data era cono cida en Castilla también por el n ombre de lib ro de pliego horadado”. Esta práctica consistía en aguj erear los folio s de las cuentas y at arlos con c ordel, de t al manera q ue pudiera n ser intercambiables. Esta form a de proceder contrastaba, cierta mente, con la alterna tiva de la enc uadernación, exigida en los libros por partida doble como m ecanismo para garantizar la autenticidad de las anotaciones contable s. 9 La impresi ón de este m anuscrit o no se llevó a cabo hasta 1870. Una copia digit alizada de est a edición puede encon trarse en la dirección web: https://archi ve .org/details/librod elacamarar00fernuoft (con sultado el 02/12/ 2015). Para prof undizar en s u conte nido, cons últese He rnández Este ve (201 3: 162-1 67) y González Ferra ndo (199 3 y 2013: 100-10 4). Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  242  Libro de caxa y manual de cuentas de mercaderes, y otras personas, con la declaración dellos , redactado por Bartolomé Salvador de Solórzano y editado en Madrid en 1590 10 : Constituye e l primer tratado de contabilidad por pa rtida doble escrito y publicado en España. Como se infiere de su títu lo, este texto estaba dedicado básicamente a las cuen tas de los mercaderes, aunque su capítulo sexto aparecía adaptado a “los señores que biven de sus rentas y hazienda o a sus contadores” (Salvador de Solórzano, 1590 [1990]: 7r). Para estos señores, concretamente, el autor recom endaba en su exposición “tener todas sus cuentas por buena orden y reguladas a libro de caxa y m anual” ( ibídem , p. 7r), ya que “desta m anera podrán ver los contadores el estado de la hazienda y renta de cada un año, y lo que se ha cobrado, y lo que deven, y lo que se ha gastado, para dar cuenta y razón con facilidad y brevedad a los señores de ella” ( ibídem , p. 7v). Al objeto de justif icar la idoneidad de la partida doble, Salvador de Solórzano aludía al hecho de que los señores “aunque no negocian ni trata[ n] [con] mercaderías, no por ello se excusan de tener por buen estilo la razón y cuenta de sus haciendas y re ntas”, ya que –aun sin mercaderías– precis an contabilizar correctam ente “en lo que se arrienda cada un año sus rentas, y a qué personas, y a qué plazos lo han de pagar, y lo que de ellas les deben, y lo que van ga stando, para saber en cualquier tiempo que quisieren en el estado en que es tán sus rentas, y lo que deben hacer” ( ibídem , p. 7r). Para que el señor estuviera informado de todo esto, Salvador de Solórzano proponía la llevanza de tr es libros encuad ernados: los dos tradicionales libro de caxa y manual , junto a un tercero denominado libro de rentas , donde se recogía a modo de inventar io todas las propiedades y fuentes de rentas en posesión del señor, tanto la s arrendadas com o las procedentes de su explotación directa ( ibídem , p. 7v). Asim ismo, ofrecía en su tratado una relación de cuentas adaptadas a las unida des señoriales, junto a una descripción de su funcionamiento 11 . 10 Existe una edición facsímil pu blicada en 1990 po r el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas. Asimismo, pueden con sultarse los trab ajos de He rnánde z Esteve (1994 y 2013 : 311-327) y González Ferrando (19 91 y 2013: 106 -108). 11 En González Ferrando (199 1: 714-719) puede encontrarse una exp licación detallada de los asientos que proponía Salvad or de Solórzano p ara el libro Diar io o manual llevado en una contab ilidad señorial. Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 243  Dirección de secretarios de señores , escrito por Gabriel Pé rez del Barrio Angulo y publicado en Madrid en 1613: Manua l de adm inistración y contabilidad orientado a instruir en e l oficio de s ecretario de grandes señores, cargo que el propio autor desempeñó durante buena parte de su vida. La obr a estaba dividida en 6 partes o libros independientes, siendo el título del que nos interesa destacar: Compendio en razón de acrecentar el estado y hacienda, y o ficio de contador 12 . Según hemos inferido de su lectura, este se iniciaba con una aclaración sobre la posible coincidencia de los oficios de secretario y contador en Casa de algunos señores, tras la cual se desarrollaban trece capít ulos conteniendo información útil para el desarrollo d e esta última pr ofesión. La fertilización de tierras, e l tratamiento a los vasallos, la concesión de arrendam ientos y la cobranza de rentas eran, por ejemplo, algunos de los temas tratados. Lógicamente, al contador se le atribuía también la funci ón de llevar cuenta y razón. Por ello, en el último capítulo del Compendio se describían los ocho libros que debía llevar la Contaduría de todo gran señor. En estos libros, utilizando el sistem a de Cargo y Data y empleando el pliego horadado, se registraban de forma individualizada los movim ientos de tesorería (lib ro de car go del tesorero y libro de la data del tesorero), las retribucion es de los criados ( libro del asiento de gajes y salarios ), el cobro de las rentas ( libro de la hacienda ) y la rendición anual de cuentas a que estaban sometidos algunos oficiales ( libro de la hacienda y libro de cuentas fenecidas ). Luego, tal y como ha hecho notar Hernández Esteve (2013: 133), en este Compendio “no se habla en absoluto de partida doble, a pesar de que el libro de Bartolomé Salvador de Solórza no había explicado (… ) veintitrés años antes cómo podía utilizarse la m isma” en una Casa señorial. Pues bien, como puede inferirse de la sí ntesis expuesta para los cuatro textos anteriores, cada uno de sus autores sugería la llevanza de determinados libros de cuentas para el acopio de la actividad señorial, los cuales variaban en número, denom inación y contenido 13 . Es ta realidad difiere, evidentem ente, de nuestra situación actual, a tenor de la homogeneización contable que se pretende con el proceso de norm alización seguido 12 Su texto íntegro aparece tran scrito en González Fe rra ndo (2013: 135-152) y un comentario al m ismo puede halla rse en Hernández Est eve (2013: 12 9-133). 13 Una de tallada comparativa entre ello s puede co nsultarse en González Fer rando (2013 : 125-128) . Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  244 en nuestro país. Lógicamente, la comparabilidad de la inform ación no era una cualidad requerida en aquella época de nuestro es tudio, pues, como recuerda López Manjón (2009: 34), las Casas nobiliarias no estaban obligadas a seguir normas y su regulación contable obedecía exclusivamente a reque rimientos de carácter interno. Añade el referido autor que, salvo en el caso de embarg ados por parte de la Corona, los usuarios de la información contable eran bás icamente in ternos, a saber: los se ñores y los oficiales que administraban sus propiedades y rentas 14 . Por este m otivo, Chatfield (1977: 25) afirma que: “the absence of reports to outsiders meant th at little of what we c all financial accounting was needed”. Además de la diversidad de libros, otra diferencia que hemos percibido entre los cuatro manuscritos com entados viene relaciona da con la técnica registral empleada. Tal y como hace notar González Ferrando (2013: 126), tanto Gaspar de Texeda como Gabriel Pérez del Barrio Angulo apostaban po r el sistema de Cargo y Data para las Casas de los señores, mientras que Bartol omé Salvador de Solórzano recom endaba, naturalmente, la aplicación de un libro de caxa y manual . Entre los dos prim eros y este último se encontraba Gonzalo Fe rnández de Oviedo y Valdés, p ues –como ya indicamos– este au tor describía para la Cáma ra Real del Príncipe Don Juan un modelo contable híbrido, es decir, “una aproximaci ón del m étodo de Cargo y Data al de partida doble” (González Ferrando, 2013: 126) . Hernández Esteve (2013: 155) se refiere a este último con los calificativos de “i ndefinido, m ixto o incompleto”. Luego, de acuerdo con el análisis realiz ado, podemos concluir que los anteriores textos españoles del siglo XVI y XVII recogí an entre sus páginas una m ayor variedad de métodos contables que los m anuscritos medievales de los manors ingleses. Recordemos que es tos últimos, al e star redactados m ayoritariam ente en el siglo XI II, sólo incluían referencias al modelo de Ca rgo y Data, pues esta er a la form a dominante de llevar cuentas en la Europa m edieval. 14 Sobre otros usua rios interesados en la con tabilidad, cuando los patrimonios nobiliarios estaban intervenido s por el Consej o de Castilla a consecuencia de sus pro blemas financiero s, puede con sultarse López Manjón (2012b: 118 y 121 ), quien alude a los acreedores del duque de Osuna para final es del siglo XVI. Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 245 Ahora bien, la diversidad de métodos contables que ofrecían los cuatro manuscritos españoles difiere d e la realidad observada en las Casas aristocráticas de nuestro país. Según hemos deducido de la historiografía consultada, cada C asa nobiliaria propugnaba la llevanza de sus propios libros para instrum entar sus cuentas, pero, en cuanto a la técnica de registro se refiere, exis tía cierta uniform idad. Así, frente a los tres modelos contables recogidos en lo s tratados españoles anteriores (Cargo y Data, partida doble y un sistema híbrido), en la práctica contab le señorial sobresale sólo uno: el de Cargo y Data. Como prueba de e llo, sirvan los trabajos de López Manjón para la Casa de Osuna –citados páginas at rás–, y los estudios realizados por otros historiadores sobre: el conde de Villafuertes (Gárate Oj anguren, 1997), el ducado de Alba en el siglo XV (Calderón Ortega, 1996: 188), el condado de Casares en el XVI (Benítez Sánchez-Blanco, 1994: 378), el marquesado de los Vélez para el periodo X VI- XVIII (Díaz López, 2007: 272), el ducado de Feria en la segunda m itad del Setecientos (Sánchez Gómez-Conrado, 1992: 242), el m ar quesado de Astorga para las centurias XVII y XVIII (Rubio Pérez, 2002: 110 y 111), el marquesado de Alcañices en el XIX (Carmona Pidal, 2001: 251 y 252) y el m arque sado de Sentmenat para los siglos XIX y XX (Garrabou et al. , 1993). Todos estos ejemplos, entre otros posibles, ponen de manifiesto que desde el siglo XV hasta, in cluso, el XX las Casa s nobiliarias españolas tendieron preferentemente al uso del m ismo mé todo registral. Y ello viene a corroborar las palabras de Hernández Esteve (2013: 126) , cuando afirma que “el sistema contable preferido en las administraciones se ñoriales era el de Cargo y Data” 15 . Esta realidad que acabamos de describir no sólo es apreciable en nuestro país, sino que también parece repetirse fuera de nuestras f ronteras. En este sentido, Lemarchand (1994: 120) ha constatado para la Francia del siglo XVIII que, aunque la partida doble terminó triunfando, “the m ercha nt´s m odel [was] double entry and that of the nobles (…) charge and discharge”. Del mismo m odo, Napier (1991: 164) ha confirmado para el ám bito anglosajón que “the basic form of estate accounts as late as the nineteenth century had changed little from that developed in the Middle Ages for controlling and reporting on the ac tivities of m anorial bailiffs and reeves: the charge and 15 Quisiéramos advertir que en el últi mo trabajo m encionado , sus autore s (Garrab ou, et al. 1993: 103 ) señalan la partida dob le como técnica utilizada por los administradores del marqués de Sentmenat. Sin embarg o, de la lectura de su trabajo ( ibídem , p. 104- 113), hem os inferido que se trataba, realment e, del método C argo y Data. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  246 discharge method”. Las cuenta s que este últim o autor pres enta –perten ecientes al Marquesado de Butes (Cardi ff) para el periodo 1814 a 1840– constituyen un ejem plo de la pervivencia del método de Cargo y Data durante ciento s de años para las Casas nobiliarias. Pues bien, de la revisión bibliográfica llevada a cabo podemos concluir que, tanto en España como en otros países, la cont abilidad señorial y nob iliaria estuvo m arcada por el método de Cargo y Data. Su aplicación pervivió desde la Edad Media hasta la Contemporánea, conviviendo en paralelo, por ta nto, con el sistem a de la partida doble. Como ha quedado puesto de m anifiesto a lo largo del presente apartado, Cargo y Data era un modelo contable diseñado en su orig en para “organizaciones en las cuales las actividades económicas estaban confiada s a un adm inistrador o a una serie de administradores y agentes” (Hernández Esteve, 2013: 90). Estaba orientado, básicamente, a la rend ición de cuentas, a ef ectos de controlar la gestión realizar por estos últimos y determ inar su posición contable frente al titu lar de la organización. Ahora bien, com o aclara Hernández Esteve ( ibídem ), “ello no quiere decir, por supuesto, que, colateralmente, y aprovechan do las anotaciones efectuadas, no se pretendiera también estar al corrien te y seguir la marcha de las operaciones”. Evidentemente, adem ás de controlar a sus administrado res, también estaría el interés por conocer la marcha de los negocios, pero –como explica el citado autor ( ibídem )– la consecución de este objetivo sólo podía alcanzarse de una manera lim itada. Esta limitación procedía del hecho de que, en las contab ilidades por Cargo y Data, las anotaciones contables se efect uaban en cuentas personales, registrándose únicam ente las operaciones realizadas por el administrador. En otras pala bras, el método de Cargo y Data recogía exclusivamente la relación entr e este últim o y su principal. No estaba diseñado para informar sobre la situación patrim onial íntegra del propietario de los libros, ni tampoco para captar su situación en relación c on terceras personas, tales como deudores y acreedores 16 . 16 No consideramos o portuno pro fundizar más en el fun cionamiento de la contab ilidad por Cargo y Data, toda v ez que Hernán dez Esteve (200 7: 180-230 y 2 013: 90 -97) cu enta con do s trabaj os específico s sobre esta materia. Asim ismo, existen estudios que analizan s u aplicación a entidades c oncretas, tales com o: las salinas de Ro quetas (Carm ona Moreno et al ., 1997), el obispa do de Canarias (Calvo Cruz, 2000), la parroquia de Agüim es (Castro Pérez, 2005), el alm acén de Agüera (C a pelo Bernal, 2007), el monast erio de Silos (Maté Sadornil, et al. 2008) y la cated ral de Toledo (Villaluenga , 2012: 21-25, 2013 a y 2013b). Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 247 Luego, ante la situación que acabamos de describir en los párrafos p recedentes, resulta preciso indagar si la Casa objeto de nuestro estudi o empleó el método registral característico de las entidad es nobiliarias –Cargo y Data– o si, por el contrario, la casuística p articular de los se ñoríos de Adeje, La Gom era o El Hierro aconsejaron la aplicación de una técn ica contab le d istinta. A la aten ción de este asunto, dedic amos el siguiente epígrafe. 3.2.- CARACTERIZACIÓN GENERAL DE LOS SISTEMAS CONTABLES DESARROL LADO S PARA LOS ESTADOS INSULARES: MÉTODO E INSTRUMENTACIÓN CONTABLE Como acabam os de explicar, el uso de las cu entas escritas entre los manors ingleses se convirtió en una práctica habitual cuando su s propietarios delegaron en administradores externos la gestión de sus pa trimonios. La utilidad de la contabilidad adquirió entonces especial rele vancia entre los grandes seño res: poseedores de diversos señoríos cuya dispersión geográf ica les impedía, muchas veces, su presencia física p ara el desempeño de una gestión y un control di recto sobre sus propiedades. Al igual que ocurrió en el ámbito anglosajón, la alta nobleza española fu e absentista –según expusimos en el capítulo previo–, por lo que la contabilidad se erig ió en una importante herramienta de inform ación y supervisión en opinión de Carmona Pidal (2001: 227), Arbelo García (2006: 36 y 37), Molina R ecio (2012: 996) y Ezzamel (2002: 235), entre otros. Pues bien, la Casa nobiliaria que nos oc upa no fue una excepción a la realidad anterior. Como sabem os del prim er capítulo, la ausencia de sus dominios territor iales resultaba casi obligatoria para los titulares, toda vez que la condición insular de los estados canarios así lo imponía. A esta ineludible lim itaci ón geográfica sobrevino – como también explicamos– otro mo tivo de ab sentismo por lejanía, cuando los señoríos de Adeje, La Gom era y El Hierro recayer on a mediados del sig lo XVIII en la Casa Belvis de Moncada, con sede principal en Ma drid. Tanto en la primera etapa, cuando los condes-marqueses residían en Tenerife, com o en la segunda, bajo la posesión de los Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  248 marqueses de Belgida, los nobles titulares contaron con un administ rador al frente de cada estado señorial canario, tal y como quedó explicado. Según nuestras investigaciones, cada uno de estos administradores debía cumplir unas obligaciones contables concretas, encaminadas a inform ar y rendir cuentas de su gestión ante los señores. En el Dir ect ori o de la Casa hemos encontrado órdenes específicas a este respecto, concretamente dos disposiciones: una referida al Condado de La Gomera y la otra al Marquesado de Adeje. Desconocem os el m otivo por el cual el administrador herreño quedó excluido de este Directorio , ya que tam bién estaba obligado a la rendición de sus cuentas, se gún hemos deducido de nuestro estudio. Esta omisión nos resulta, adem ás, in explicable, por cuanto la última vez que se m odificó y amplió el citado Directorio fue –como sabemos– en algú n momento entre 1716 y 1730 (Fumero Álvarez, 2003: 9). Para estas f echas, el conde-marqués ya era titular del Señorío de El Hierro. De la disposición referida a la rendici ón de cuentas por parte del administrador gomero, resulta destacable la parquedad de su contenido. N o ofrecía referencias sobre el tipo de documentación a exhibir por el m i smo y únicamente ind icaba que era en la “Contaduría de Adeje donde se ha[bía] de registrar y ver sus cu entas, y estando buenas firmárselas, par y conform idad” (Fumero Álvarez, 2003: 25) 17 . Frente a esta, el m andato dirigido al administrador adejero, sí precisaba un m ayor detalle, indicando la frecuencia y la tipología de docu mentos a presentar an te el señor. Textualmente señalaba lo siguiente: “se han d e mandar a su Excelencia en cada un mes los catá logos firmados del factor y contador y, por fa lta de este, el escribiente. Y al cab o del año el libro corriente (…), el cual (…) se h a de mandar firma do del administrador, factor y contador y estando el dueño en España se ha de mandar dicho libro en un cajoncito” ( ibídem , p. 70). Además de las dos órdenes contenidas en el anterior Directorio , también ha llegado a nuestros días la Instrucción que hizo el conde de la Gomera para que la 17 Recuérdese que, según explicam os en el capítulo prim ero, la centralización de la Contaduría en Adeje se produjo tras la unión entre la Casa de los Her rera –condes de La Go mera– y la casa de l os Ponte – marqueses de Adeje–. De ahí que las cuent as de los estados occidentales se presentara n en la casa-fuerte adejera. Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 249 observasen sus administradores (AMC/ACFA 096028), de donde deducimos nuevamente obligaciones contab les para estos oficia les 18 . En com paración con el conten ido del Directorio , esta Inst rucción que nos ocupa resultaba ser un tanto más precisa e incluía, adem ás, al estado herreño. Así, en cuanto a los administradores de La Gomera y El Hierro, dic ho documento señalaba la oblig ación de remitir al señor sin falta en cada un año las quentas de la administración . Para el administrador de Adeje, sin embargo, dem andaba otra información. A es te último, concretam ente, le requería el siguiente detalle informativo, contenido en el libro corrie nte de la Contaduría : las quentas se me han de remitir todos los años y en ellas la salida po r mes, con los resúmenes de los efectos de dinero, trigo y azúcar y sus balances, y asimismo de mieles y lo demás de ganados por minutilla 19 . Como bien puede inferirse de los párrafos an teriores, al igual que ocurría en los manors ingleses medievales, la inform ación solicitada por los titulares estaba individualizada para cada estado canario, dado que cada uno de ellos constituía –com o sabemos– una célula adm inist rativa. Ahora bien, la documen tación contable requerida para los tres señoríos no era uniforme. De una parte, resultaba co incidente el tipo de documentación a preparar por el adm inistra dor de El Hierro y el de La Gomera, mientras que, de otra, se encontraba el adm inistrador adejero, al que se le exigía un detalle informativo diferente. Luego, dada es ta divergencia, se hace preciso abordar de manera diferenciada la contabilidad de lo s señoríos occidentales, de una parte, y las cuentas del marquesado de Adeje, de otra . A lo largo de las páginas sucesivas, trataremos de configurar las líneas ge nerales que caracterizaban ambos modelos, centrándonos especialmente en sus procesos de rendición de cuen tas ante el señor. Comenzando con el Condado de La Gom era y el Señorío de El Hierro, podemos señalar que la documentación contable an alizada (AMC/ACFA 027 y 043) nos permite confirmar que los adm inistradores de a mbos estados occidentales rendían cuentas al señor a través de las denominadas quentas de la administración –m encionadas en la Instrucción anterior–, ajustándose el formato de la s m ismas –según hemos detectado– al 18 Recordemos que esta Instrucción fu e nombrada en el capítulo primero. Allí explica mos que se hallaba sin fechar, pe ro que, pese a ello, pensá bamos en el co nde-marqués A ntonio José de Herrera Ay ala como su posible autor. 19 Entendem os que por minutilla significa “con detalle”. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  256 Otro aspecto a destacar con relación a los catálogos que nos ocupan reside en la importancia que este ostentaba dentro del sistema contable adejero, pues no olvidemos que para Hernández Esteve (2013: 105) “el lib ro Diario es, precisam ente, el hallazgo fundamental de la partida doble”. Con re lación, pues, a su importancia para los dirigentes de la Casa, hemos encontrado diversas evid encias documentales. Según apuntamos en el prim er capítulo, el conde-marqués que redactó el Directorio ordenaba al contador “tener los libros y papeles c on todo aseo y claridad” (Fumero Álvarez, 2003: 33 y 34). Ahora bien, de estos libr os, el citado titu lar hacía una m ención especial al catál ogo, indicando que “no haya descuido en la entrada y salida de efectos en tiempo en el catálogo y, de haberlo, dará cuenta si n dilación a mí o m i ad ministrador (…), para que todo vaya en el mayor aum ento de la hacienda”. De igual modo se expresaba el último propietario residente en Tenerife –D omingo José de Herrera Ayala–, pues es te plasmó en los quadernos de órdenes diversas disposiciones resaltando la importancia de no olvidar realizar la s anotaciones en el diario . Sobre este repetía: todo se pondrá en el Catálogo (AMC/ACFA 023003). Además de estos dos ejemplos que acabam os de mencionar, donde m ejor hemos apreciado qué papel jugaba el catálogo dentro del sistem a contable adejero ha sido en las palabras manuscritas por Ma teo de Albo y Gándara en el año de 1787, dirigidas a la Contaduría de Madrid . Aquel, que había ejercido de cont ador en Adeje durante más de 20 años escribió (AMC/ACFA 025005): El régimen y orden de esta Contaduría no dexa lugar (a menos de un notable abandono, que no es presumible ni esper ado) a extracción ni fraude en los haveres de S.Ex a . porque en ella se sigue un Diar io con el nombre de catálogo, en donde los que manejan s on responsables a los efectos de la Adm[inistraci ] ón , apuntan por oras y instantes lo que sale y entra para sus respectivas cuentas a donde se pasa de él a el Libro, corregi do por la Contaduría y superintendencia del Administrador . Como se desprende del párrafo transcri to, para Mateo de Albo y Gándara la fiabilidad d el sistema contable implantado en Adeje residía, precisa mente, en la existencia de un diario con el nombre de catálogo , pues este era el instrumento donde se asentaban las transacciones realizadas – lo que sale y entra – tan pronto com o Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 257 sucedían – por oras e instantes –. E n opinión del citado co ntador, la posibilidad que confería el catálogo de inscribir en el acto las oper aciones –como paso previo para un posterior traslado al libro corr iente – constituía una cualidad necesaria para dism inuir la comisión de errores en la llevanza de la contabilidad. De ahí la defensa que hacía sobre la importancia de este cuadern illo y, por extensión, sobre la idoneidad del sistem a contable adejero. Pues bien, una vez asentados los hechos económicos en el catálogo , procedí a – según apuntaba el contador anterior– tr asvasar su información a otro libro, que en la documentación prim aria se conocía bajo denominaciones tales como : quaderno de quentas , libro de la administración y más habitualm ente libro corriente o si mpl e men t e Libro. Se trataba este último de un lib ro contable tipo Mayor en cuadernado en pergamino o piel donde se representaba el m o vimiento de las cuentas que habían sido previamente iden tificadas en el cuadernillo diario . Sus hojas aparecían num eras “al encuentro”, es decir, con planas enfrentadas: un a a la izquierda y otra a la derecha bajo un mismo núm ero de foliación. La numeración de estas páginas resultaba ineludible, toda vez que en el catálogo debían referenciarse los folios del Mayor a donde se trasladaba la información. Asimismo, la paginación del libro corriente era precisa porque al asentar una partida de ntro de este libro se anotab a el número de folio donde se encontraba su cuenta de contrapartida, tal y como lo proponía Pacioli. Además de las referencias cruzadas anteriores, dicha foliaci ón también era necesaria p ara la confección del abecedario , formalism o este al que nos referiremos m ás detalladamente con posterioridad. Aunque la serie documental bajo la que se encuentran cat alogados (AMC/ACFA 001) está algo fragmentada, con los ejem pl ares que han llegado a nuestros días hemos podido confirm ar el uso de los libros corrientes para todo el periodo objeto de estudio, esto es, desde 1695 (AMC/ACFA 001002) ha sta 1790 (AMC/ACFA 001101). Para este intervalo temporal hemos detectado en ellos algunos cam bios de carácter formal, pero la esencia y el contenido de los mismos se mantuvo prácticam ente inalterable ante los diversos contadores, adm inistradores y titulares que se sucedieron en el estado señorial. Entre las modificacion es formales que hemo s observado podemo s señalar, por ejemplo, la adopción del año natural como ejercicio económ ico. Así es, con anterioridad a 1770 Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  258 hemos observado en los libros corrientes lo que Calvo Cruz y Castro Pérez (2006a: 1419-1420) detectaron, esto es, que los libros de cuentas se iniciaban el 1 de mayo y finalizaban el 30 de abril d el año siguiente, momento en que se procedía a su cierre contable. Sin embargo, por motivos que descono cem os y que no vienen explicados en la documentación prim aria consultada, desd e el año referido a ño 1770 aquellos libros continuaron abarcando un intervalo temporal de doce meses, pero coincidiendo ahora con los del año natural. El libro corriente catalogado como AMC/ACFA 001071, correspondiente al ejercicio económico de 1770, es el prim ero donde hemos apreciado esto 24 . Otro de los cambios form ales que hemo s detectado estaba relacionado con la mejor ordenación de las cuentas dentro de los libros , a efectos de facilitar su pronta y correcta loc alización. Así, para los p rimeros año s analizados no hemos apreciado que se siguiera un orden alfabético en la disposición de las cuenta s, ni tampoco respondía su colocación a la posible vi nculación con uno u otro ramo de actividad . Sin embargo, es a partir de la primera década del sig lo XVIII (véase, por ejemplo, AMC/ACFA 001019) cuando observamos el m ecanismo descrito por Calvo Cruz y Castro Pérez (2006a: 1418), consistente en distinguir dentro del libro corriente dos secciones diferenciadas: a un lado del libro se c olocaban las quentas particulares o corrientes y al otro, las quentas de efectos . Dentro de cada una de estas part es, las cuentas se disponían, a su vez, siguiendo un orden alfabético. Asimism o, para facili tar la búsqueda de las cuentas dentro del libro corriente , cada sección contaba con su propio índice o abecedario (Calvo Cruz y Castro Pérez, 2006a: 1418). Respecto a estos, recordemos que constituían una form alidad señalada por Salvador de Solórzano (1590 [1990]: 11v) pa ra la partida doble y que desde el siglo XVI existen mu estras de su utilización en la práctica (véase, por ejemplo, Rodríguez González, 1995: 102-104). A efectos ilustra tivos, en la imagen 3.3 m ostramos la portada correspondiente a la sección de cuentas corrientes , así como el prim er folio de su abecedario para el libro corriente de 1768-1769. 24 Hemos detectado que la transición se realizó acortando el ejercicio del libro corrien te inmediatamente anterior. Así, se rellenó un libro para el peri odo 1 de m ayo de 1768 a 3 0 de abril de 1 769 (AMC/ ACFA 001068) y o tro (AMC/A CFA 001070) para el interv alo comprendido entr e el 1 de mayo y el 3 1 d e diciem bre de 176 9. A parti r de aquí , los libros respondiero n al año nat ural. Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 259 Ilustración 3.3: Portada y letra A del abecedario de las cuentas particular es del libro corriente nº 2 (1768-1769) Fuente: AMC/ACFA 001068 Por cuentas corrientes o particulares se entendía las cuentas personales que la Contaduría habilitaba para registrar dé bitos y créditos mantenidos con dependientes de la hacienda, personal cualificado del i ngenio, artesanos, mercaderes, abogados, escribanos, instituciones eclesiásticas –el convento de Adeje, por ejemplo– y recaudadores del diezmo, entre otros posible s deudores y acreedores de la Casa. Se expresaban, con carácter gene ral, en unidades monetarias 25 y contaban de dos partes diferenciadas, las dos que conocemos en nuestros días: el Deve, colocado en la plana izquierda del libro , y el Ha de haver , enfrentada en la derecha. Aparte de las anteriores cuentas personales, en el libro corriente también se recogían las referidas a los efectos . E stos representaban bienes producidos o comprados por la hacienda, destinados al consumo y/o a la venta, como por ejem plo: cereales, vino, 25 Es preciso ad vertir que hasta el año de 177 5, inclusive, los libros de cuentas emplearon la an tigua moneda imagina ria desta s Yslas (AMC/ACFA 001082) . Sin em bargo, des de el ejercicio eco nómico de 1776, sigui endo la reform a monetari a llevada a cabo por la Corona , pasaron a e xpresarse en moneda de Castilla . A efectos contabl es, el cam bio de moneda no su puso ning ún ajuste parti cular. Sim plem ente, se cerraron unas cuentas e n moneda de las Isl as y se abrier on otras en un nuevo lib ro, donde el saldo in icial ya aparecía convertido a la nueva m oneda. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  260 animales (b ueyes, camellos, cabras, etc.), aceit e, azúcar, miel, sal, aguardiente, suelas de zapatos, coleta, brea, acero, pólvora y hie rro. La tesore ría y los esclavos también ostentaban esta consideración. Para cada clase de efecto , la Contaduría utilizaba una cuenta específica en su libro corriente , poniendo en su cabecera a m odo de título el nombre del bien en cuestión y no el de l factor o contrafactor a cuyo cargo se encontraban. Todas estas cuentas, al igual que ocurría en las corrientes o particulares , se plasmaban en secciones contrapuestas –con la Entrada a la izquierda y la Salida a la derecha–, pero se diferenciaban de las anteriores en que no se reducían a valor monetario. Al contrario, sus anotaciones se registraban en unida des físicas (fanegas, libras, cuartillos, quinta les, etc.). Al objeto de ofrecer una visión glob al sobre los movimientos acaecidos durante el ejercicio económico, la Contaduría confeccionaba a su térm ino un resumen o extracto de las cuentas de efectos , el cual colocaba al final del libro corriente . Dicho extracto sintetizaba los movimientos de entrada y salida que habían tenido lugar durante el ejercicio. Con relación a los ejemplares que he mos encontrado, quisiéram os aclarar que todos los extractos hallados pertenecen al m andato de los marqueses de Belgida, pero, dada la fragmentación docum ental que pr esenta el fondo histórico consultado, no podemos precisar si la Contaduría de Adeje introdujo esta práctica en algún momento anterior. Recordemos, por ejem plo, que Ant onio José de Herrera Ayala ordenaba al administrador de Adeje (AMC/ACFA 096028): las quentas se me han de remitir todos los años (…) con lo s resúmenes de los efectos de dinero, trigo y azúcar y sus balances, y asimismo de mieles y lo demás de ganados por minutilla . Pues bien, un extrac to como el que nos ocupa pudo haber constituido el resumen que solicitaba el anterior con de- marqués. En la ilustración 3.4 m ostramo s el prim er folio perteneciente al extracto del libro corriente número 4 de 1770. Una transcripción parc ial de su contenido puede hallarse en la ilustración 3.5. Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 261 Ilustración 3.4: Prim er folio del Extracto de efectos correspondiente 1770 Fuente: AMC/ACFA 001071 Como puede observarse en la ilustración 3.4, el extra cto of recía la información en unidades físicas, en consonancia con la unidad de medida empleada en las cuentas que habían servido de base para su elaboración. Además, los datos aparecían individualizados para cada tipo de efecto existente en la hacienda y el esq uema seguido con cada uno de ellos era similar: de una part e, se totalizaban las entradas –por com pra o producción– y, de otra, se i ndicaban las salidas, diferencia ndo para estas últimas: lo que se había vendido, lo dado a cuentas –a los servidores y dependientes de la hacienda, por ejemplo–, lo consum ido por la propia Casa o el número de anim ales muertos, entre otros motivos. La diferencia entre aquella s entradas y estas salidas explicaba, lógicamente, el nivel de existencias al acabar el ejercicio econ ómico. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  262 117 Lau s Deo Adege Año de 1770 Estracto del Lib[ro ] num. 4 de 1770 de la Adm on grâl del Cap[itá] n Fran[cis ] co de Castillo Santelices de los Estados que posee en estas Yslas el Exmô. S r Marqués de Belgida como Conde de La Gomera, a saber: Aguardiente Entrada como su cuenta d esde el fol. 1 hasta el 7……………………… Dado a cuentas y gastado en oblig az[ione] s de casa…. 144,,3 Vendido y su valor dado entrada al Dine ro…………….. 449,, Quedan existentes para 1771 sugetos a mermas………………………. Acero Entrada como su cuenta fo l. 8…………………………………………….. Dado a cuentas…………………………………………………. 090,,2 Vendido y su valor dado entrada al Dine ro……………… 032,,2 Quedan existentes para 1771……………………………………………… (…) Quartilllos 4.154,, 593,,3 3.560,,1 Libras 223,, 123,, 100,, (…) Ilustración 3.5: Transcripción parcial de la ilustración 3.4 Pues bien, el catálogo y el libro corriente que hemos descrito en las páginas precedentes constituían piezas claves en el sistema contable adejero, de ahí que el Directorio d e l a C a s a y l a Instrucción de Antonio José de Herrera Ayala exigieran su elaboración y rendición periódica. Ahora bie n, según hemos com probado a través de la investigación llevada a cabo, es tos no eran los dos únicos instrumentos en los que se asentaba su contabilidad. Al contrario, junto a este Diario y libro Mayor han llegado a nuestros días diversas memorias , cuadernillos y libros que actu aban com o soporte documental de los anteriores, es decir, da b an entrada a la información en el sistema contable de manera analítica y detallada, pa ra su posterior proces amiento y trasvase a otros instrumentos contables. Constituían, por tanto, documentación de carácter auxiliar, cuyo detalle iremos exponiendo a lo largo del presente capítulo. Luego, de acuerdo con lo que acabamos de indicar, podríamos concluir que, a grandes rasgos, el sistema contable adejero estaba instrumentado en m emorias y otros documentos auxiliares, donde se recopilaba la información para su pos terior registro en catálogos y libros corrientes . Los catálogos reco gían y explicaban las operaciones po r Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 263 orden cronológico, señalando las cuentas e importes que intervenían en las m ismas, mientras que los libros corrientes contenían esta informaci ón dispuesta en forma de cuentas –particulares y de efectos –. Esta concatenación de instrumentos contables la hemos representado en el esquem a 3.2. Esquema 3.2: Organización contable del estado de Adeje Como puede inferirse de la descripci ón anterior, este esq uema contable del estado adejero difería del habitualmente encont rado en las contabi lidades llevadas po r Cargo y Data. Como es sabido, la teneduría de libros Diarios y Mayores –con su Debe y Haber dispuestos en secciones con trapuestas– no constituía una práctica asociada a aquella técnica registral, sino a la partida doble. Pu es bien, para el caso que nos ocupa, la existencia de catálo gos y libros corrientes no nos debe llevar a pensar que la Contaduría de Adeje empleaba la partida doble co m o método de registro contable. Al contrario, hemos observado que la contabil idad adejera adolecía de algunos de los requisitos mencionados por Hernández Este ve (2013: 108-109) para su calificación como tal. Entre ello s cabe resaltar: la util ización de unidades de medida distintas para las cuentas corrientes y las de efectos , así como la falta de cuentas de neto y diferenciales, que impedían registrar cierta s operaciones bajo el principio de dualidad. Esto último puede apreciarse en las anot acio nes recogidas en la ilustración 3.6, correspondientes al catálogo de 31 de enero de 1766. Su transcripción parcial aparece en la ilustración 3.7, para facilitar su lectura. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  264 Ilustración 3.6: Fragmento del catálogo correspondiente a 31 d e enero de 1766 Fuente: AMC/ACFA 021027 Azúcar m[olid ] º Dinero Orchilla Trigo Trigo Vino 9 171 41 109 106 119 Enero 31 de 1766 Por tres q tos se vendieron Por un real y dos q tos valor de dho en el Caudal Por sesenta y ocho ll s se compraron P r una fanª y diez almud[ e] s de los quemados p r dha [compra] Por tres fanegas de S n Juan a la Ama Por veite quartillos al combento f. 166 (…) Ilustración 3.7: Transcripción parcial de la ilustración 3.6 Del referido catálogo, obsérvese primeramen te la inscripción m anuscrita en la quinta posición, cuyo te nor era com o sigue: Trigo 106. Por tres fanegas de S[a] n Juan a la Ama. Esta anotación aparecía precedida por el nom bre de la cuenta ( Trigo ) y el número de folio ( 106 ) del libro corriente donde se hallaba plasm ada la misma. A Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 265 continuación, incluía una expl icación de la operación real izada, consistiendo en este caso en un autoconsumo de cereal, tom ado del granero de San Juan para la producción de pan como alimento de dependientes y moradores de la hacienda. Com o puede apreciarse claramente, este as iento carecía de co ntrapartida, pues el cuadro de cuentas empleado por la Contaduría no contem plaba la captación de gastos ni resultados. En contraposición al anterior asiento, nót ese a continuación la contabilización de una venta de vino a crédito, esto es, una tr ansacción económica cuya propia naturaleza llevaba implícita una dualidad en el registro: uno, por el efecto que salía y otro, por el derecho de cobro sobre la persona que lo recibía. Dada esta doble anotación, la inscripción realizada en el ca tálogo dictaba así: Vino 119. Por veinte quartillos al combento f. 166. Como puede observarse, este asiento identificab a las dos cuentas implicadas en la operación ( Vino y Combento de Adeje ), así com o la numeración de las dos páginas del libro corriente en donde se localizaban ( 119 y 116 ). Ahora bien, pese a la repres entación coordinada de am bas cuentas –fruto de la dualidad intrínseca de la transacción–, obsérve se que el anterior as iento no mencionaba el signo que debía asumir cada una de ellas, es decir, no indicaba cuál debía ocupar la posición deudora y cuál la acreedora. A cons ecuencia de ello, el asiento carecía de términos como “Por” y “A” –propuestos por Pacioli– o expresiones como “Debe por” – de Salvador de Solórzano–; términos estos que ayudaban a separar la cuenta objeto de cargo, de una parte, y la cuenta objeto de abono, de otras. Luego, aunque las dos cuentas asentadas en el ejemplo que nos ocupa aparecían relacion adas bajo la explicación del mismo hecho económico, desde una perspectiva contable la coordina ción captada entre ellas resultab a incompleta, toda ve z que en sus asientos no s e identificaban las cuentas deudora y acreedora. Por lo tanto, siguie ndo a Jócano y Madaria (1793: 25), un libro Diario com o el catálogo adejero tendría la c onsideración de libro “ r elator ” y no de libro “ maestro ”, pues, a efectos de trasvasa r las p artidas al Mayor, el catálog o constituía una “guía” limitada para el contador, toda vez que no hacía referencia a qué cuenta debía cargarse y cuál abonarse. Pues bien, cuanto hemos explicado hasta el momento nos perm ite evidenciar que para contabilizar el día a día de las operac iones adejeras no se acudía al método registral de la partida doble. En su lugar, se ut ilizaba un sistem a contab le desarrollado por Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  272 Ilustración 3.10: Segundo folio d e la cuenta por Cargo y Data de Adeje (1781-1787) Fuente: AMC/ACFA 025010 Según hemos detectado en los document os contables analizados, todos los administradores que sucedieron a Franci sco de Castillo Santelices en el estado de Adeje continuaron empleando el método de Cargo y Data para la rendición de sus cuentas ante los condes-marqueses 27 , si bien conservaron el sistem a de partida simple –con sus Diarios o catálogos y su libros Mayores o corrientes – para el registro de las operaciones 27 Aunque inc om pleta, en la unida d docum ental AMC/ ACFA 02501 2 puede cons ultars e, por ejem plo, la cuenta por Cargo y D ata de la admi nistración de Ade je para el periodo 178 7-1792, a cargo de Matí as Fernández y Francisco Espejo. Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 273 diarias de la hacienda. Sobre esta nueva forma de proceder, donde se utilizaban conjuntamente dos técnicas contables para la misma unidad económica, quisiéramos resaltar que no resulta una característica excl usiva del señorío adej ero. Bien es verdad que en la esfera de la c ontabilidad señorial no hemos ha llado otros casos similares al nuestro, pues –como pusim os de manifiesto en el apartado anterior– las cuentas de los nobles se elaboraban siguiendo un único mét odo: el de Cargo y Data. Sin em bargo, es en el ámbito eclesiástico donde encontram o s, por lo menos, un ejem plo asimilable al nuestro. Nos referimos a la Catedral de Toledo, donde la partida doble era utilizada como “m étodo contable a diario” y el regis t ro por Cargo y Descargo para la rendición de cuentas (Villaluenga de Gracia, 2013: 126 y 128). Según explica esta autora ( ibíde m , p. 127), “a pesar de la coincidencia de ambos m étodos, no eran iguales en sus formas y se conservaron conjuntamente porque atendían a objetivos distintos”. Pues bien, un razonamiento sim ilar lo entendemos para el sistem a contable adejero, aunque en lugar de la partida doble se aplicaba –como hem os señalado– la partida simple. Como ha quedado puest o de manifiesto de cuanto anteced e, la instrumentación básica de la partida sim ple que hemos identifi cado en nuestro trabajo, es decir, el uso de catálogos y lib ros tipo Mayor para ref lejar las cuentas corrientes y las cuentas de efectos , supone una diferenciación en la contab ilidad del marquesado de Adeje. Ahora bien, si la Contaduría –o el I marqués de Adeje– dise ñó para su hacienda tinerfeña un sistema contable m ás detalla do que el observado para los estados occidentales era porque su realidad económica resultaba m á s amplia y compleja, según explicación ofrecida en la anterior Demostración matemática . En este sentido, recuérdese del capítulo precedente, que en los estados gom ero y herreño la diversidad de actividades económicas era considerablem ente inferior a la adejera y que predominaban tanto las de naturaleza extractiva –recolección de orchi lla– como las recaudato rias –cobranza de arrendamientos, derechos de aduana y tributos –, reduciéndose con e llo el volum en de tareas a realizar y el número de serv idores involucrados en las mism as. La Gomera y El Hierro c onstituían, en definitiva, unidades señoriales donde las operaciones a realizar eran menos variadas que en Adeje y seguían, además, un patrón más repetitivo y constante de un ejercicio econ ómico a otro. Luego, para realidades económicas com o estas –donde “[the] activitie s were repetitive (…) and the number of Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  274 transactions was small” (Edwards, 1989: 34 y 36)– el m étodo de Cargo y Data resultaba fácilmente aplicable. F rente a estos dos estados occidentales, encontram os, sin embargo, el de Adeje, cuya dim ensión y di versificación parecían requerir un mayor detalle en la información contable. Con este último se cumple, a nuestro entender, las palabras señaladas por Boyns et al. (2000: 8) cuando afirm an que : “the larger the entity and the greater number of transactions to be processed, the more sophisticated will be the system of record keeping and rep orting it requires”. Pues bien, una vez conocidas las técn icas registrales aplicadas en los estados insulares, y expuestas las líneas generales de la instrumentación contable em pleada, procede centrarnos a continuación en los procedimientos y las prácticas contab les seguidas para llevar cuenta y razón de sus principales transacciones económicas. Como cada estado señorial producía su propia info rm ación contable, hemos creído conveniente respetar esta indi vidualidad en nuestro trabajo. Así, los siguientes apartados están referidos a la con tabilidad de Adeje, m i entras que el ú ltimo se ha reservado p ara presentar la rendición de cuentas de lo s administradores gomero y herreño. Finalmente, antes de dar paso al siguie nte epígrafe, quisiéramos advertir que, a efectos de simplificar nuestra exp licación, hemos decidido om itir en los siguientes apartados las referencias al uso del catálogo , toda vez que, com o ha quedado puesto de manifiesto, este cuade rnillo tipo Diario se empleaba en e l registro contable de las operaciones, com o paso previo a su captación en el libro corriente o libro tipo Mayor. Luego, en los esquemas contables que vamos a ofrecer en las páginas sucesivas, entiéndase que a una anotación del libro corriente le precedía un registro en el correspondiente catálog o . 3.3.- CUENTAS DEL INGENIO AZUCARERO DE ADEJE A pesar de que los historiadores ha n analizado profundamente el mundo del azúcar, abordándolo desde diversos ángulos (cultivo, producción, comercialización, esclavitud, etc.), la s im plicaciones contables inhere ntes a su gestión económica han Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 275 pasado desapercibidas, incluso entre los i nvestigadores de la Historia de la Contabilidad. En el ámbito intern acional, los estu dios más recientes referidos a la con tabilidad de explotaciones azucareras han sido real izados por Fleischman y Tyson (2000), así como por Fleischm an, Olroyd y Tyson (2004 y 2011). Estos trabajos se centran en las plantaciones localizadas en el Nuevo Mundo y están referi dos a diversos intervalos temporales dentro del siglo XIX. Tanto las explotacio nes americanas com o las antillanas se diferencian del caso adejero en su sis tema de trabajo, pues en las del Nuevo Mundo la mano de obra utilizada en los cañaverales e ingenios era, fundamentalmente, esclava. Quizás, sea por este sistema es clavista que los investigadores citados sólo se han ocupado de los documentos contables inherentes a la mano de obra servil, dejando de lado el estudi o de otros aspectos c ontables relativos al proceso de elaboración del azúcar. En lo que respecta al ámbito canario, c oncretamente, ya hem os señalado que la producción historiográfica es abundante, pero rara v ez suele contener referencias contables sobre la actividad azucarera. De todos los ingeni os que llegaron a construirse en Canarias durante el primer ciclo azucar ero, pocos son los documentos contables que han visto la luz en la actualidad 28 . A juicio de Gambín García (2008: 70), el m otivo de esta escasez docum ental puede encontrarse en el hecho de que “las contabilidades de los ingenios tenían carácter privado y, como la m ayoría de la documentación empresarial de aquel tiempo, tenía utilidad práctica inm edi ata, que desaparecía al poco tiempo”. Luego, para el referido autor, la fa lta de utilidad que iba impregnando las cuentas a medida que transcurría el tiempo era el p rincipal mo tivo que desincentivaba su conservación por parte de los señores de ingenio. Pues bien, sea la falta de utilidad por el paso del tiempo o simplemente los caprichos del destino, lo ci erto es que m uchas contabilidades de los antiguos ingenios azucareros canarios se han perdido, otras quizás permanecen dormidas entre los legajos de algún archivo y sólo algunas pocas han visto la luz por el momento. De las escasas cuentas que conocemos hoy día, gran parte han sido halladas por los historiadores como parte de expedientes notariales, por lo que consideramos un privilegio tener acceso directo a una contabilidad com o la de Adeje. Para el desarrollo 28 En Gambín García (2008c: 25 4) puede enc ontrarse una enumeración. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  276 de nuestra investigación, hemos podido anal izar las dos siguientes: las cuentas del ingenio de Agaete, de una parte, y las cuentas hechas en tre el Adelantado 29 de Canaria y Hernando de Castro , de otra. Las primeras cuentas reseñadas correspondí an al ingenio azu carero de Agaete, localizado al noroeste de Gran Canaria. Dich as cuentas fuero n de scubiertas por Gambín García (2008c: 10- 27) dentro de una carta de fe expedida en febr ero de 1505. Se trata de un documento público, insertado en un expedi ente que sustentaba un proceso judicial contra la figura de su propietario Franci sco Palom ar. Según explica el citado autor (2008c: 254-255), dichas cuentas comprendían dos tipos de regi stros: de una parte, la relación de los pagos realizados entre juni o de 1503 y febrero del año siguiente y, de otra, una especie de estadillo de produ cción, que informaba sobre el núm ero de formas de azúcar que diariamente fueron elaborad as entre noviembre de 1503 y febrero de 1504. El segundo de los ejemplos consultados ( AHPT, leg. 1222) incluye, por su parte, cuentas pertenecientes a la hacienda e inge nio azucarero que Alons o Fernández de Lugo poseía en Los Realejos, al norte de la isla de Tenerife, correspondientes al periodo mayo de 1570 a septiembre de 1571. Concretam ente, se trata de la rendición de cuentas que su administrador Hernando de Castro realizab a ante escribano público. Sob re su contenido podemos com entar que, si bien su encabezado indicaba Gastos hechos en la hacienda del Realejo del Adelantado de Canarias por mí Hernando de Castro , de la lectura de su contenido realm ente se infiere que se tr ataba de una relación manuscrita de los desembolsos realizados por aquel adm inist rador, expresados en maravedíes. Dichos pagos aparecen asentados cronológicamente y no se observa ni nguna agrupación en atención a su naturaleza o a la fase del pro ceso productivo en la que se originaban. Entre ellos cabe citar, a títu lo ilustrativo, los abo nos de jornales y los importes del equipamiento adquirido para la expl otación azucarera. En la ilustración 3.11 transcribimos un fragmento de dicho listado. 29 “Antiguamente, jefe militar y político de una pr ovincia fronteriza” (www.r ae.es. Co nsultado el 10/09/ 2015) Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 277 + (…) Este día deven d[ic ] hos gastos /144/ mrs por /31 R s se dieron a los tacheros por /31 días que 277icieron la remiel del yngenio___________ _____________ Este día deven d[ic ] hos ga stos /48/ mrs por tantos costó una manga de (ilegoble) para el t anque de la casa de calderas_______________ ___________ __ Gastos deven en 25 de junio /192/ mrs por tantos se pagaron a a Pedro Gil clérigo por u na misa dixo el día que hecho a moler el yngenio _____ __________ Este día deven d[ic ] hos gastos /240/ mrs por un capote se compró para el moledor fuera de su salario ____________ ___________ ______ (…) @144 @ 048 @ 192 @ 240 Ilustración 3.11: Transcripción parcial de las Cuentas hechas entre el Adelantado de Canaria y Hernando de Castro, su administrador (mayo de 1570 a sep tiembre de 1571) Fuente: AHPT, leg. 1222 Pues bien, las cuentas que acabamos de comentar, correspondien tes a los ingenios de Agaete y Los Realejos, const ituyen ejemplos de registros contables inherentes a la actividad azucarera en época preindustrial, concretamente datan del siglo XVI. Estos documentos, que form an parte de la m anifestación contable más temprana de las explotaciones azucareras canarias, consis tían básicam ente en relaciones o listados cronológicos, que informaban sobre los pa gos efectuados durante cierto periodo de tiempo, así com o sobre los volúmenes de producción obtenidos. De la época en que se redactaron estos docum entos de Agaete y Los Realejos, no hemos hallado libros de cuentas para el comp lejo azucarero de Adeje. Bien es verdad que –como señalam os en el capítulo anteri or– la const rucción del ingenio adejero se inició en 1553 y que su primera zafra tuvo l ugar dos años más tarde. Sin embargo, pese a estar en funcionamiento, la antigüeda d de los documentos económ icos que se conservan en el Archivo de la Casa Fuerte no se remontan al siglo XVI. De hecho, ya indicamos en el capítulo anterior qu e la ev idencia contable m ás antigua –hallada por el momento– data del año 1611 (véase ilustraci ón 3.12), cuando el mayorazgo de Adeje aún no había adquirido la condición de señorío ni de marquesado. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  278 Ilustración 3.12: Primer folio del cu aderno de salidas de azú car (1611) Fuente: AMC/ACFA 041001 La unidad documental a que nos referim os consiste en un cuadernillo donde se registraban cronológicamente volúm enes de az úcar y miel, desde el 28 de septiembre del año mencionado hasta el año de 1612, incl usive. Según nuestras investigaciones, la fecha de comienzo coincide con el m o mento en que Pedro de Ponte –segundo del nombre– marchó hacia Garachico, dejando al frente del inge nio a su hijo primogénito Bartolomé de Ponte y Calderón. E l document o, escrito de la m ano de este último y redactado en primera persona, contiene tres listas independientes. En ellas no aparecen anotados los volúmenes de producción alcan zados durante el citado periodo, sino las salidas o consum os realizados respecto al azúca r, la miel y, por último, las panelas y remieles. En la ilustración 3.13 mostram os la tr anscripción parcial de un fragm ento del citado cuadernillo. Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 279 Panes @006 @002 @001 @049 + ___ 16 11 a[ño] s ___ E sacado de spués que mi p[adr ]e se fue a Gar[achic] º el asúca r siguiente____ En 28 de se ptiembre s aqué seys p[ ane]s de asúcar que brado p[ar ]ª cassa, que pes aron sinq[uen]ta y seis l[ibra] s y ½ ………………... Yten saqué p[ ar]ª el maestre Baptista por su q[uen ] ta do s panes de azúc ar blanco que pesaro[n] veinte l[ibra ] s y ½ ……………… …. Yten un pan de quebrado que di p[ar]ª cassa a mi hermana doña An a de Ponte en 16 de octubre que pessó nueve l[ibra]s ½ …………. .. (…) Todo este d[ ic]ho asúc ar que hasta aquí e sacado a sido por orde n y m[an da]do de mi Señor P[edr ]º de Ponte y de Bergara mi p[adr ] e y lo que sac o de aquí adelante l o saqué yo después que Dios fue servido de llevarle a su santa gloria, ques lo siguiente____ ___ 16 12 a[ño] s ___ Primeramente saqué cuarenta y nueve p[ane ]s de asúcar Blanco que pesar on Veint e y quatr o arovas y l o saqué e n 14 de he n[er ] º de 1 612 a[ño ] s , que son libras …………………………. (…) L[ibra] s @ 056 ½ @ 020 ½ @ 009 ½ @ 600 Ilustración 3.13: Transcripción parcial de l cuadern o de salidas de azúcar (1611) Fuente: AMC/ACFA 041001 Con relación a la contabilidad del ingenio azucarero para el bienio 1611 –1612, al que pertenece el documento expuesto, poc o m ás podemos indicar, pues el cuadernillo que nos ocupa constituye un registro aislado que ha llegado a nuestros días. Desconocemos, por tanto, si el citado documen to form aba parte o no de un sistema de información m ás amplio, pero, a juzgar por las anotaciones conten idas en el mismo, podemos afirmar, al m enos, que los propietar ios del ingenio guardaban cuenta y razón – en unidades físicas– de los volúmen es de azúcar y sus derivados. Por la escasez documental existente en el fondo objeto de estudio para las primeras décadas de nuestra investigación, saltam os a la segunda mitad del XVIII, donde hallamos el mayor grueso de la documentación contab le, coincidiendo grosso Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  280 modo con las administraciones ejercidas por Fran cisco de Castillo Santelice s, así como por Matías Fernández y Francisco Espejo. Este es, pues, el motivo por el que centraremos nuestra exposición en los procedim ientos empleados por la Contaduría de Adeje durante la segunda mitad del Setecien tos. Como demostraremos en las páginas siguientes, durante esta última época encontr amos una contabilidad más detalla da y minuciosa que la conocida actualm ente para las explotaciones de Agaete y Los Realejos. Así, frente a lo s antiguos listados cronológico s de pagos y volúmenes de producción, descubriremos en el ingeni o adejero un completo engranaje d e quentas , memorias , quadernos y libros, a través de los cuales se con tabilizaban las diversas fases del proceso productivo. Ahora bien, antes de profundizar en las cuentas del ingenio, nos gustaría aclarar dos aspectos sobre nuestra exposición. En prim er lugar, quisiéramos señalar que en el fondo histórico consultado las series documen tales no aparecen catalogadas de forma interrelacionada, es decir, no m uestran la secuencia contab le que seguía la Contaduría para la contabilización de las actividades económicas 30 . Por tal m otivo, la exhaustiva comparación de datos que hem os realizado en tre unos docum entos y otros es lo que nos ha permitid o averiguar qué orden seguían e stos documentos en e l sucesivo trasvas e de información que el contador llevaba a cabo. En segundo lugar, quisiéramos explicar que nuestra intención inicial consis tía en to m ar co mo referencia un único ejercicio económico, cuyos registros contables sirviera n de ejemplo para ilustrar todo este proceso. Sin embargo, esta pretensión no ha sido posible porque la docum entación económica que se conserva en el Archivo de la Casa Fuerte pres enta algunas lagunas. Luego, para explicar cómo se traspasaban los datos contables de unas determinadas memorias a ciertos quadernos y cómo desde estos se pasaba la inform ación a los correspondientes catálogos y cuentas del libro corriente de la Contaduría, hemos tenido que utilizar ejemplos perten ecientes a ejercicios económ ic os no concatenados. Debido a esta manera de proceder, la com prensión de l proceso contable podía verse dificultada. Por tal motivo, entend imos oportuno diseña r el esquema 3.3, donde ofrecem os una visión conjunta de todos los documentos implicados. Dicho esquem a, lo hemos plasmado sobre nuestro dibujo del proces o productivo del azúcar –expuesto en el 30 En el apartado “fuentes doc ument ales”, que ofrecem os al final del pr esente trabajo, puede apreciarse cómo está catalogada la documentación. Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 281 capítulo anterior–, a efectos de representa r la relación existen te entre el proceso productivo técnico, de una part e, y el proceso contable inherente a la actividad azucarera, de otra. Esquema 3.3: Documentos contables re lacionados con la producción de azúcar Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  288 segunda (55 reales y 29 maravedíes) al líquido de l a desburga –como hemos explicado– y en la última (29 reales y 14 maravedíes) n o se especificaba el trabajo concreto realizado, tan sólo se indicaba ganó en 34 días que sirbió en el trabajo de Casa . Todas estas asignaciones fueron compensadas m ediante los conceptos cargados en el Deve de su cuenta. Sobre el funcionam iento de las cuentas mantenidas con los trabajadores de la hacienda, profundizaremos más adelante, en un apartado dedicado exclusivam ente a ello. Pues bien, el proceso contable descrito hasta el mom ento –sintetizado en el esquema 3.4– constituía el modus operandi general para la captación, m edición, valoración y posterior represen tación de la actividad de desburga. No obstante, hemos de advertir que para algunos de los casos analizados no hemos observado este proceso general, ya que el líquido de la desburga –calculado como hem os explicado– no se trasladaba a la cuenta corriente del trabajado r. Por el contrario, al desburgador se le hacía entrega de cierta cantidad de miel al concluir el trabajo, cuyo valor se registraba en la propia cuenta del quaderno de desburga , quedando esta saldad a y cerrada (véase, por ejemplo, AMC/ACFA 032005). Respecto a esta distinta m anera de proceder, carecemos de explicació n, pero –a tenor de nuestro análisis – su aplicación resultaba ser menos frecuente. A través del procedimiento y los instrum entos contab les representado s en el citado esquema, la Contaduría de Adeje podía conocer la labor desarrollada por cada desburgador de forma individualizada, gr acias a la m edición de las tareas de caña que habían cortado. A partir de es te dato, y teniendo en cuenta los adelantos en form a de trigo, el contador gestionaba el pago de las asignacione s económicas pendientes. Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 289 Esquema 3.4: Flujo de in formación y documentos cont ables implicados en la desburga de la caña Esta mism a organización contable q ue acabamos de exp licar para la desburga de la caña resultaba aplicabl e en la actividad de hala , si b ien a través de memorias y quadernos específicos al efecto. Recordemos que la activid ad de hala permitía aprovisionar de madera al ingeni o. La tea se apartaba para la fabricación de utensilios y piezas, mientras que la leña se destinaba a combustible para el funcionam iento de las calderas. Su traslado desde el monte hasta las dependencias de la hacienda se realizaba a través de una parada intermedia, que en la documentación primaria figura com o lance . La asignación económica establecida para los haladores era variable y se determ inaba en función del número cargas haladas desde el m onte hasta el lance , así com o del número de viajes realizados desde esta últim a posici ón hasta el patio del ingenio. Cada carga de leña se abonaba a dos real es de vellón, mientras que cada viaje suponía una retribución de real y medio, t odo ello en moneda antigua de las Islas. La tea recogida contaba, sin embargo, con una valoración dife rente atendiendo a sus características. La contraprestación to tal de cada trabajador era sa tisfecha por la Contaduría al final del Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  290 periodo de la hala , si bien a cuenta de esta se entregaba sem analmente cierta cantidad de cereal. Dado que esta fórmula retributiva result aba sim ilar a la comentada para los desburgadores , la Contaduría de Adeje articuló un pr oceso contable análogo al anteriormente descrito. E ste procedimiento s uponía computar, de una parte, las raciones de grano entregadas semanalmente y de otra, las cargas y los viajes de m adera efectuados por cada halador , diferenciándose la tea de la le ña por su distinta valoración. Tras la introducción de estos datos en el sistema a través de las correspondientes memorias , procedía su traslado al denominado quaderno de hala para su conversión monetaria. De la confrontación entre la as ignación total devengada por la madera y el valor de los cereales entregados, s e determinaba la deuda de la Casa respecto cada halador . Finalmente, este im porte se transfer ía a su cuenta corriente , tal y como puede observarse en el esquema 3.5. Esquema 3.5: Flujo de in formación y documentos cont ables implicados en la ha la de la caña Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 291 El proceso contable que hemos descrito hasta este m omento se corresponde con las primeras dos activ idades que propiciaban el abastecim iento de caña y madera para el funcionamiento del ingenio. Sobre su capta ción contable, hemos pue sto de m anifiesto que la Contaduría elaboraba divers as memorias y quadernos con un objetivo específico: contabilizar las asignaciones econó micas y el pago correspondiente a haladores y desburgadores en función de la cantidad de trabajo que realizaban. Toda la caña cortada debía procesarse tan pronto se recogía en los cañaverales, por lo que no resultaba precisa su inventarización. La madera, por su parte, sí era susceptible de almacenam iento, pero para este inpu t tampoco hem os hallado cuentas de efectos en los libros corrientes de la Contaduría. Pues bien, tras el aprovisionam iento de caña y madera, procedía la extracción del jugo de la materia prim a en la casa del yngenio , cuyo traslado a la casa de calderas permitía realizar las op eraciones de cocci ón, purificación y refinado. Con ellas se lograba separar las escumas del caldo limpio, así como ob tener los correspondientes melados para el relleno de los m oldes de barro. El trasvase del zum o de la caña entre ambas dependencias y su posterior introducción en las formas de barro se contabilizaba en la denominada quenta y razón de la molienda , quenta y razón de las calderas o si mpl e men t e Zafra de molienda . En la ilustración 3.18 m ostramos un ejemplo de ella, perteneciente a la m olienda de 1721. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  292 Ilustración 3.18: Quenta Z a fra de molienda (1721) Fuente: AMC/ACFA 001023 Sobre el contenido registrado en este tipo de quentas , hallam os la siguiente explicación en la propia documen tación primaria (AMC/ACFA 001066): Esto es lo mismo que una recolección de los panes o formas que se llenan de azúcar en la casa de calderas (o casa donde se coce el caldo de la caña para el azúcar) y se pasan diarios a la casa en donde se purga y las calderas que los dieron . Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 293 Como se desprende de esta transc ripción –perteneciente a 1767–, dicha quenta constituía un estadillo contable do nde se registraba el v olumen de producción en proceso de elaboración. De una parte, rec ogía la cantidad de j ugo que provenía de la molturación de la caña, expresada m ediante el núm ero de calderas que se lograban llenar. De otra, asen taba el núm ero de formas que se rellenab an con el melado resultante de su cocción, antes de salir hacia la casa de purgar . Estos datos, representativos del output obtenido en la casa del yngenio , de una parte, y en la casa de calderas , de otra, se especificaban para cada dí a de trabajo, detalle que puede apreciarse para el mes de mayo en la ilustración 3.18. En su m argen izquierdo, obsérvese cómo el contador anotaba las fechas en que realizaba el regist ro contable, coincidente generalmente con el día siguiente al del trabaj o. A continuación, insertaba un texto donde describía el contenido de las tres columnas siguientes. Es tas representaban: el núm ero de calderas de jugo salidas del yngenio (colum na Caldo ) y la cantidad de formas rellenadas con melado (colum nas Blanco y Espumas ). A título ilustrativo, tran scribimos el registro perteneciente al 2 de mayo: Por 48 panes de azúcar se hizieron del día 30 de abril de 4 caleras de caldo, los 37 de B[lan] co en formas de a 2 ½ de Avero 35 y los 11 de espumas y faramallas, que salieron de la casa de calderas y entraron en la de purgar Caldo 004,, Blanco 037,, Espumas 011,, Con relación al número de formas o m oldes objeto de co ntabilización, nótese en la transcripción anterior el rec onocimiento de diversas tipologías: blanco (asentado en la columna que lleva este nom bre), espumas y faramallas (bajo la colum na Espumas 36 ) . De estas tres categorías, debem os aclarar que en la documentación prim aria consultada no hemos hallado explicaciones so bre sus rasgos distintivos. Si tenem os en cuenta sus propias denominaciones, pudiera pens arse que la prim era variedad ( blanco ) 35 Aveiro es la región d e Portugal de dond e solían importarse lo s moldes utilizado s en Canarias para la elaboración del azúcar (Santa na Pé rez y Lobo Cabrera, 2000 : 1904; Luxán Melénd ez y Viña Brito, 2009 : 34, entre otros). 36 Debemos advertir, no obstante, que en alg unas cuen tas (véase, por eje mplo, AMC/ACFA 001066) hemos detect ado la separación en col umnas inde pendientes de l as formas rellenadas con espumas , de una parte, y los moldes de faramalla s , de otra. Ca recemos de una e xplicación a este respecto. Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  294 correspondía a las formas rellenadas con el melado resultante del primer jugo de caña limpio, m ientras que la segunda ( espumas ) hacía referencia a los moldes com pletados con la cocción de las escumas procedentes de la limpieza del caldo. De ser así, las formas contabilizadas bajo la columna Blanco producirían un azúcar de m ayor calidad. En cuanto a las faramallas , ya advertimos en el capítulo anterior que desconocíamos su significado . Además de la estru ctura y conteni do que hem os descrito, otro aspecto a considerar con relación a la quenta Zafra de molienda reside en su posible utilidad para la Contaduría de Adeje, toda vez qu e nos encontra m os ante un estadillo contable cuya elaboración, según el estudio que hemos r ealizado, se m antuvo casi inalterable a lo largo de los casi 100 años analizados. A este respecto, no hemos hallado explicación alguna en la documentación prim aria consul tada. No hemos encontrado, por ejem plo, que con sus datos la Contaduría de Adeje determinase la eficiencia técnic a en la casa de calderas , ni tampoco hem os observado que sus cifr as se tomaran como base para el cálculo de retribuciones a los trabajadores . Recordem os, sobre esto último, que las anteriores memorias y quadernos de hala y desburga sí tenían esta finalidad. Ahora bien, frente a las anteriores opci ones, el exhaustivo estudio llevado a cabo sobre el ingenio azucarero, y algunas evidencias documentales halladas, nos hacen pensar en una utilidad diferente para la quenta Zafra de molienda . Tal y como hemos representado en el esquema 3.6, creemos que su finalidad residía en propiciar el control interno de la producción en proceso de el aboración, merced a su com paración con otro documento contable denom inado Emborco. Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 295 Esquema 3.6: Relación existente entre las cuen tas Zafra de molienda y Emborco La denominada quenta del emborco de azúcar , quenta y razón del emborco o si mpl e men t e Emborco era un estadillo contable similar al que venimos explicando para la casa de calderas . Se incluía en el libro corriente de la Contaduría , en una página enfrentada a la anterior quenta Zafra de molienda , y presentaba una estructura sim ilar a esta última para facilita r su oportuna comparación. Así, hemos com probado que la información contenid a en la quenta Emborco también aparecía dispuesta en varias columnas y detallada por días, si bien en es te último caso estaba referida al núm ero de panes desmoldados en el denominado quarto del emborco . Estos panes de azúcar eran registrados atendiendo a las categorías de blanco , espumas y faramallas , tal y com o lo habíamos observado para la quenta Zafra de molienda . En la ilustración 3.19 insertam os la cuenta Emborco de 1721, correspondiente a la Zafra de molienda que anteriorm ente mostramos. A efectos ilustrativos, transcribim o s la anotación perteneci ente a 9 de julio: Por 99 panes de azúcar se emborcaron de blanco, que salieron de la sala de purgar y entraron en el q[uar] to del Emborco …………………………………………... Blanco @099,, Espumas @---- Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  296 Ilustración 3.19: Quenta del Emborco de azúcar (1721) Fuente: AMC/ACFA 001023 Según nuestras investigaciones , el recuento final de panes de azúcar (contabilizado en la quenta del emborco ) debía coincid ir con el número total de formas sacadas de la casa de calderas (registradas, por tanto, en la quenta Zafra de molienda ) . Obsérvese esta concurrencia en la parte inferior de las imágenes 3.18 y 3.19. En ambos estadillos co ntables, el cómputo tota l de panes blancos (999) y panes de espumas (443) resultaba coincidente. Pues bien, a tenor de lo expuesto, podemos concluir que la finalidad pretendida con la práctica contab le descrita era cont rolar el proceso de generación de la producción, dada su importanc ia para la Casa. A nuestro juicio, esta afirmación cobra pleno sentido si tenem os en cuenta, adem ás, los siguientes dos hechos: Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío… 297 primero, que entre el relleno de las formas (en la casa de calderas ) y su correspondiente desmolde (en el quarto del emborque ) m ediaba un periodo de unos dos meses 37 y, segundo, que existía una preocupación explícit a sobre el riesgo de hurto durante el proceso de fabricación. Sobre esto últim o, r ecordemos del capítulo anterior que la casa de calderas y el quarto del emborco eran, precisamente, las dos dependencias del complejo azucarero sob re las que el Directorio de la Casa establecía advertencias expresas a este respecto. Tomando en consid eración, pues, estas a dvertencias, tendría sentido admitir que el mecanism o contable arbitrado por la Contaduría a través del binomio Zafra de molienda-Emborco atendía a motivaciones disciplinarias internas, más que a necesidades inform ativas de índol e económica, pues lo que se pretendía con ello era evitar o minimizar sust racciones indebidas de producto. Este razonamiento que acabam os de pl antear podemos fundam entarlo en las prácticas contables descritas por otros inve stigadores españo les, referidas tam bién a contextos productivos preindustriales. Nos referi mos, concretamente, al caso de la Real Fábrica de Tabaco de Sevilla en la segunda m itad del siglo XVIII, donde se arbitró un procedimiento para la m edición del flujo de tabaco en dist intas etapas de la línea de fabricación. Para Carmona Moreno et al. (1997: 443), este mecanismo contable se convirtió en una herramienta de apoyo para los adm inistradore s de la citada fábrica, ya que su implantación “contributed to the prom otion of a strict work discipline which culminated in the reduction of opportunites for theft”. Según explican estos autores, el interés por medir, registrar y controla r el volum en de producción en curso de fabricación era consecuencia d irecta de la creciente im portancia que el tabaco había adquirido para la Corona española, pues este producto representaba una de sus principales fuentes de ingresos. Esta relevanc ia del tabaco y el consigu iente intento de controlar su proceso de ela boración mediante la docum ent ación contable nos recuerda, ciertamente, al caso que venim os exponiendo para el azúcar adejero, si bien los mecanism os implantados en aquella Real Fábr ica de Tabaco eran más sofisticados y completos, dada la m ayor complejidad de esa organización 38 . 37 Media calculada com parando las fechas del último día de activid ad en la casa de calderas con las del primer dí a de desmol de de los panes de azúcar. Datos provenientes de las cuentas Zafra de molie nda y Emborco (AMC/ACFA 001) . 38 Para profundizar en las prácticas con tables impuestas por la Real Fábrica de Tabaco d e Sevilla, consúlte se Carm ona Moreno et al. (1997, 2002) Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…  304 extraídas de los graneros se entregaban al mayordomo de negros (F umero Álvarez, 2003: 82) y en el segundo a los medianeros. Para guardar mem oria de la cantidad entregada a uno y a otros, se utilizaba el denominado quaderno de sementera o libro de la sementera (AMC/ACFA 022) . Este cuadernillo, resu ltante de la ag regación de un conjunto de folios cosidos sin encuadernar, se elaboró a lo larg o de todo el espacio temporal objeto de estudio, siendo la unidad docum ental más antigua que se conserva la correspondiente al año 1661 (AMC/ACFA 022001). Aunque a lo largo de este periodo descubrimos algunas m odificaciones en cuanto a su formato de presentación, realmente, el contenido del quaderno siempre fue el mismo. Se confeccionaba uno para cada ejer cicio económ ico, registrándose de manera diferenciada la sembradura realizada con m edi aneros y la correspond iente al cultivo con yuntas de casa . La ilustración 3.22 muestra las por tadas que encabezaban estas dos secciones en que quedó dividido el quaderno de sementera de 1770. La imagen de la izquierda alude a la sementera que hacen los medianeros de trigo , mientras que la d e la derecha hace referencia a la sementera con yuntas de casa. Ilustración 3.22: Porta das del quaderno de sementera de 1770 Fuente: AMC/A CFA 022022 [Document text truncated for crawler view.]