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La educación moral en las primeras edades a través del teatro español del siglo XVIII y primera mitad del XIX

Briante Benítez, Federico Juan

Abstract

In Spain in the eighteenth century and much of the nineteenth century there was an extraordinary interest in the education of the youngest, one of the groups in which the enlightened placed their hopes of the long-awaited renaissance of the homeland. In this sense, the theatre, due to its wide effect and didactic power, became a platform of unequalled value for the transmission and inculcation of new ideas and pedagogical currents in vogue at that time. Although this aspect has already been studed by literary criticism, it has generally been done in relation. It is necessary, therefore, to examine other perhaps less well-known theatrical texts but which also clearly show how the theatre contributed to promote a moral reform of the Spanish youth.

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EdicionEs UnivErsidad dE salamanca Hist. educ., 39, 2020, pp. 231-248 ISSN: 0212-0267 DOI: https://doi.org/10.14201/hedu202039231248 LA EDUCACIÓN MORAL EN LAS PRIMERAS EDADES A TRAVÉS DEL TEATRO ESPAÑOL DEL SIGLO xviii Y PRIMERA MITAD DEL xix Moral education in the first ages through the Spanish theatre of the eighteenth century and first half of the nineteenth Federico Briante Benítez Universidad de Sevilla Correo-e: [email protected] Recepción: 12 de agosto de 2020. Envío a informantes: 17 de agosto de 2020 Aceptación definitiva: 7 de septiembre de 2020 Resumen: En la España del siglo xviii y gran parte del xix se produjo un interés extraordinario por todo lo relacionado con la educación de los más jóvenes, uno de los colectivos en los que los ilustrados depositaron sus esperanzas del tan anhelado renacer de la patria. En este sentido, el teatro, por su amplio alcance y poder didáctico, se alzaba en una plataforma de valor inigualable para la transmisión e inculcación de las nuevas ideas y corrientes pedagógicas en boga en la época. Aunque este fenómeno ya ha sido reseñado por la crítica literaria, generalmente se ha hecho en relación a obras dramáticas estelares de aquel momento como El sí de las niñas, de Moratín. Resulta necesario, pues, detenerse en otros textos teatrales quizá menos conocidos, pero que también reflejan a todas luces cómo se instó desde las tablas a la promoción de una reforma moral de la juventud española. Palabras clave: teatro; literatura; educación moral; jóvenes; siglos xviii y xix. Abstract: In Spain in the eighteenth century and much of the nineteenth century there was an extraordinary interest in the education of the youngest, one of the groups in which the enlightened placed their hopes of the long-awaited renaissance of the homeland. In this sense, the theatre, due to its wide effect and didactic power, became a platform of unequalled value for the transmission and inculcation of new ideas and pedagogical currents in vogue at that time. Although this aspect has already been studed by literary criticism, it has generally been done in relation EdicionEs UnivErsidad dE salamanca Hist. educ., 39, 2020, pp. 231-248 la educación moral en las primeras edades a través del teatro español del siglo xviii y primera mitad del xix federico briante benítez  to brilliant theatrical works of that time, such as El sí de las niñas, by Moratín. It is necessary, therefore, to examine other perhaps less well-known theatrical texts but which also clearly show how the theatre contributed to promote a moral reform of the Spanish youth. Key words: theatre; literature; moral education; youth; 18th and 19th centuries. 1. Introducción Conocida es la importancia que el movimiento de las Luces confería a la educación. En el caso concreto de España, los políticos ilustrados abogaron por la educación como una de las medidas más efectivas para revertir la grave crisis económica y moral en que había quedado el país debido al mal gobierno de la saliente dinastía de los Habsburgo. El ambicioso proyecto educativo que aquellos acometieron estaba dirigido a toda la sociedad española en general, pero, muy especialmente, a la población más joven. Dada su conciencia del bien común y su preocupación por el bienestar y la prosperidad de la patria, los ilustrados habían de centrar sus esfuerzos en la formación de los más jóvenes, pues, al fin y al cabo, serían estos últimos los ciudadanos del mañana, los políticos del futuro; esa labor educativa para con los más jóvenes debía comenzar, claro está, desde las primeras edades, desde la niñez; es por ello que esta fase del ciclo vital, la niñez, empezará a cobrar, a partir del siglo xviii, un protagonismo insospechado hasta el momento. A este respecto hay que tener en cuenta, además, otro tipo de factores, como la reducción –si bien modesta– del número de muertes1 entre los niños experimentada en la Europa setecentista, gracias a la mejora de las condiciones médicas y de higiene, tanto pública como privada, así como una mayor preocupación sobre la necesidad de cuidar la salud física como vía de perfeccionamiento moral y social. Este descenso de la mortalidad infantil hizo que, poco a poco, se dejase de considerar a la niñez como una etapa frágil, insustancial y, por tanto, no merecedora de atención ni estima. Asimismo, es en el siglo xviii cuando se consolida definitivamente el sentimiento moderno de familia, lo que refuerza, más si cabe, el interés por la niñez2. Durante largos períodos históricos como el Medievo, el marcado carácter colectivo y social de la vida había impedido que los vínculos entre los miembros de la unidad familiar fuesen más allá de la pertenencia a un mismo linaje y de la posesión de unos bienes comunes y de unos intereses socioeconómicos, que los hijos tenían la obligación de defender y perpetuar en 1 Sobre este asunto concreto, véase, por ejemplo, Abarca, Vanesa et al.: «El descenso de la mortalidad en la España interior: Albacete y Ciudad Real, 1700-1895», América Latina en la Historia Económica, xxii, 3 (2015), pp. 108-144, https://docplayer.es/61107383-El-descenso-de-la-mortalidad- en-la-espana-interior-albacete-y-ciudad-real.html (consulta: 26-V-2020). 2 Como bien explica Ariès, el sentimiento de la infancia y de la niñez (que, según el historiador galo, no debe confundirse con el «afecto por los niños, sino que corresponde a la conciencia de la particularidad infantil») es indisociable del sentimiento sobre la familia [Ariés, Philippe: El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen, Madrid, Taurus, 1987, p. 178]. EdicionEs UnivErsidad dE salamanca Hist. educ., 39, 2020, pp. 231-248 la educación moral en las primeras edades a través del teatro español del siglo xviii y primera mitad del xix federico briante benítez  el tiempo. A lo largo de un proceso lento que discurre a través de los siglos xvi y xvii, pero que no se generaliza hasta el xviii, la «familia-linaje» propia del Medievo cede el paso a la «familia sentimental moderna»3; esta última, a diferencia de la primera, deja de mirar hacia el mundo exterior y comienza a replegarse sobre sí misma. Los padres, cada vez más celosos de su intimidad, fijan su mirada en la esfera doméstica y, por ende, en los hijos, con quienes tienden a estrechar lazos. En consecuencia, a los niños ya no se les valoraba por lo que pudieran contribuir al bienestar material futuro de la familia, sino que, en cuanto máxima expresión del amor conyugal, empiezan a ser concebidos por sus progenitores como seres dignos de toda estima, cariño y cuidados. Por todo lo dicho, podría afirmarse que la niñez (y, por extensión, la juventud)4 adquiere en el siglo xviii un estatus propio, específico. Muestra de ello es el gran número de obras pedagógicas que salieron a la luz en estos años. El propósito de nuestro trabajo consiste en analizar a través de algunas de estas obras –tratados, escritos de diversa índole y también la prensa– cuáles son las principales ideas existentes en la España del siglo xviii y primera mitad del xix sobre la educación de estas primeras edades. Asimismo, prestaremos especial atención al papel que ejerció el teatro de estos años –nacional o traducido– como catalizador de dichas ideas, habida cuenta del potencial didáctico de este género literario, como bien ha señalado, entre otros estudiosos, Guillermo Carnero5. 2. La educación moral en el siglo xviii y primera mitad del xix Antes que nada, conviene aclarar el tipo de educación en el que aquí nos centraremos. Entre los autores de la época por nosotros consultados, suele haber cierto consenso en identificar tres tipos de educación destinados a los más jóvenes, a saber: la educación física, dirigida al cuidado del cuerpo; la intelectual, consistente en la adquisición de un conjunto de saberes científico-culturales (matemáticas, astronomía, lengua, literatura, geografía, historia, etc.); finalmente, la educación moral, que es en la que fijaremos nuestra atención por considerarse la más importante de todas, ya que su cometido residiría en formar el corazón y las costumbres a través de la práctica de las virtudes, lo que se presentaba, a juicio de los ilustrados, como el mejor camino para alcanzar la felicidad. Así lo cree Gaspar Melchor de Jovellanos, «el ilustrado más representativo en lo que a reformas 3 Para profundizar en las ideas y conceptos hasta aquí expuestos, remitimos a Ariès, Philippe: El niño y la vida familiar..., op. cit. 4 Cabe recordar que el término niñez era extensivo en aquella época a lo que hoy entendemos por juventud, a la luz de la definición que de dicho término ofrece el Diccionario de Autoridades: «La edad de los niños hasta los siete años: y por el común modo de hablar se extiende hasta la juventud». 5 Carnero, Guillermo: Estudios sobre teatro español del siglo xviii, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 1997, p. 10. EdicionEs UnivErsidad dE salamanca Hist. educ., 39, 2020, pp. 231-248 la educación moral en las primeras edades a través del teatro español del siglo xviii y primera mitad del xix federico briante benítez  pedagógicas se refiere»6, para quien «el estudio de la moral es el más importante y más necesario»7. En la misma línea se pronuncian otras destacadas figuras de la Ilustración, como la escritora Josefa Amar y Borbón8, el religioso menorquín Antonio Vila y Camps9 o el maestro balear Juan Mariano Picornell y Gomila10. Una vez esbozado someramente el concepto de educación moral, cabe preguntarse quién había de impartirla y de qué modo. Para responder a estas cuestiones, es preciso recordar la visión que se tenía, por aquel entonces, del proceso configurador de la personalidad y la psicología de los más pequeños, a quienes se les concebía como una especie de pasta, extremadamente flexible, que se iba moldeando a partir de las experiencias del ambiente circundante. De esta visión, en la que se percibe la influencia del filósofo inglés John Locke, se deduce que todos los hábitos (también los morales) adquiridos por los niños dependerán de los comportamientos y acciones que estos observen en su entorno más próximo y que tenderán a imitar; esto es lo que sostienen, entre otros, el anónimo autor del «Discurso a los padres de familia sobre la educación de los hijos», publicado en el año 1787 en el Gabinete de lectura española: «Los niños irán admitiendo como una cera la impresión de las buenas máximas morales, sin necesidad de método, sino por avisos ya positivos, ya negativos, de lo que han de hacer u omitir [...]»11; o el médico catalán Jaime Bonells, que dice lo siguiente: La educación moral de los niños debe empezar desde que comienza el uso de sus sentidos. Las primeras acciones que ven, las primeras palabras que oyen, son las primeras lecciones que reciben, cuya repetición las va esculpiendo tan profundamente en su blando cerebro, que suelen quedar indelebles para toda la vida; por lo cual, si estas primeras lecciones son malas, se les corrompe ya el corazón en la niñez12. 6 Varela, Julia: «La educación ilustrada o cómo fabricar sujetos dóciles y útiles», Revista de Educación, n.º extra 1 (1988), p. 257. 7 Jovellanos, Gaspar Melchor de: «Memoria sobre educación pública», en Obras publicadas e inéditas de D. Gaspar Melchor de Jovellanos, Madrid, Rivadeneyra, 1858, pp. 251-252. Advertimos que, a lo largo del artículo, se modernizará la ortografía de las citas textuales en aras de facilitar la comprensión de las mismas, siempre que sea oportuno. 8 Amar y Borbón, Josefa: Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres, Madrid, Imprenta de Benito Cano, 1790, p. 100. 9 Vila y Camps, Antonio: «El noble bien educado», en Mayordomo, Alejandro y Lázaro, Luis Miguel (eds.): Escritos pedagógicos de la Ilustración (vol. I), Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1988, p. 194. 10 Picornell y Gomila, Juan Mariano: «Discurso teórico-práctico sobre la educación de la infancia», en Mayordomo, Alejandro y Lázaro, Luis Miguel (eds.): Escritos pedagógicos de la Ilustración (vol. I), Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1988, p. 382. 11 Anónimo: «Discurso a los padres de familia sobre la educación de los hijos», en Mayordomo, Alejandro y Lázaro, Luis Miguel (eds.): Escritos pedagógicos de la Ilustración (vol. II), Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1988, p. 340. 12 Bonells, Jaime: Perjuicios que acarrean al género humano y al estado las madres que rehúsan criar a sus hijos y medios para contener el abuso de ponerlos en ama, Madrid, Miguel Escribano, 1786, pp. 379-380. EdicionEs UnivErsidad dE salamanca Hist. educ., 39, 2020, pp. 231-248 la educación moral en las primeras edades a través del teatro español del siglo xviii y primera mitad del xix federico briante benítez  Es por esta razón que la mayoría de los autores del momento (Jacques Ballexerd13, Picornell y Gomila14, Jovellanos15, etc.) insisten, en sus escritos, en que no hay instrumento más idóneo para el perfeccionamiento de los críos que la conducta ejemplar de los padres; estos, los progenitores, eran, por tanto, los principales encargados de suministrar una buena educación moral a sus vástagos, algo que –como sabemos– no siempre se daba. Había padres que no estaban dispuestos a asumir tan difícil labor y preferían ingresar a sus hijos en seminarios –como reconoce Jovellanos en su Memoria sobre educación pública– o los ponían al cuidado de un ayo; hay que decir que esta última opción despierta no pocos recelos entre los ilustrados españoles, debido a la influencia –ya mencionada– de John Locke, como apreciamos en el Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres de Amar y Borbón16. José Clavijo y Fajardo participa de esta postura crítica hacia los ayos cuando publica, en su periódico El Pensador, la carta de un lector en la que este daba cuenta de la nefasta educación recibida durante su niñez por parte de un ayo, al que califica de «interesado, ignorante, caprichoso y adulador»17. Algunos de estos atributos son los que observamos en Roque, el ayo en torno al cual gira la acción dramática de El maestro de la niña, obra de Ramón de la Cruz inspirada en la pieza homónima de Alejandro Scarlatti18. Gracias a su zalamería, Roque se ha ganado completamente la voluntad de doña Luisa hasta el punto de que la señora ha decidido encomendarle la educación de su hija Cecilia, de dieciséis años. Sabiéndose depositario de la confianza plena de doña Luisa, Roque se ha hecho poco a poco con el gobierno de toda la casa y, lejos de concentrar sus esfuerzos en la educación de Cecilia, no aprovecha sus lecciones más que para conquistar el corazón de la joven. Veamos una muestra de la peculiar lección de geografía entre Roque19 y su pupila: Cecilia ¿Y la Grecia cae en Europa o en Asia? Roque Deja ahora eso. Cecilia No señor, que así los días se pasan, y luego se queja usted de que no soy aplicada. 13 Ballexerd, Jacques: Crianza física de los niños desde su nacimiento hasta la pubertad, Madrid, Antonio Espinosa, traducción de Eugenio de Llaguno y Amírola, 1787, p. 201. 14 Picornell y Gomila, Juan Mariano: «Discurso teórico-práctico...», op. cit., pp. 375 y 392- 393. 15 Jovellanos, Gaspar Melchor de: «Memoria sobre educación pública», op. cit., pp. 235-236. 16 Amar y Borbón, Josefa: Discurso sobre la educación física..., op. cit., p. 308. 17 Labrador, Carmen y Pablos, Juan Carlos de: La educación en los papeles periódicos de la Ilustración Española, Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1989, pp. 229-240. 18 Véase Herrera, Jerónimo: Catálogo de autores teatrales del siglo xviii, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1993, p. 141. 19 El nombre de don Roque nos lleva a recordar también al personaje homónimo presente en la comedia El viejo y la niña de Moratín, otro caso paradigmático de donjuán maduro empecinado en pretender a una moza (doña Beatriz). EdicionEs UnivErsidad dE salamanca Hist. educ., 39, 2020, pp. 231-248 la educación moral en las primeras edades a través del teatro español del siglo xviii y primera mitad del xix federico briante benítez  Roque Hablemos claro, Cecilia: de amor la flecha dorada el pecho me ha traspasado y yo fallezco a tus plantas. Cecilia ¿Qué tiene que ver amor con la Grecia y con el mapa? Roque ¡Fuera de mí estoy! Cecilia, ¿conoces a quien desairas? [...] ¿Sabiendo que no nos dejan estar sino en las escasas horas de la lección solos, quieres desaprovecharlas?20. Los mismos defectos de Roque los hallamos en Trapachino, uno de los integrantes de La familia a la moda, comedia neoclásica de María Rosa Gálvez. Aunque la supuesta función de este personaje consista en dar clases de canto a Faustino, el hijo de Canuto y Madame de Pimpleas, en realidad Trapachino hace las veces de tutor del joven, ante la escasa atención que este recibe de parte de sus padres. El perfil de Trapachino es el de un hombre amante del dinero y del juego, afición que inculca a su joven alumno y con la que contrae deudas que procura saldar con el dinero de doña Guiomar, tía juiciosa de Faustino. Además, sobresale por su carácter adulador y mujeriego, pues de sus requiebros no escapa ninguna de las mujeres de la casa, desde Teresa (la criada de la familia), pasando por Madama de Pimpleas e Inés (hermana de Faustino), hasta doña Guiomar. El marqués de Altopunto nos da cuenta de este rasgo del ayo: Marqués ...que ama a la doncella, a Inés y a cuantas mujeres ve, pues en sus pareceres la postrera es la más bella (vv. 530-534)21. Otro tanto sucede con Octavio, el institutor que aparece en La madrastra o el padre de familias, de Valladares de Sotomayor22. Se trata de un hombre mentiroso, golfante, comilón y bebedor, tramposo, embaucador y amigo de lo ajeno, que, en vez de educar a los dos jóvenes que tiene a su cargo (los dos hijos varones de don Pancracio), los pervierte con todo tipo de distracciones, especialmente a Florindo, el hijo menor; este suele frecuentar, en compañía de Octavio, garitos donde ambos gastan alegremente a causa del juego, divertimento que el inicuo maestro procura sufragar con el dinero de doña Beatriz, la madre de Florindo – 20 Cruz, Ramón Francisco de la: El maestro de la niña, Valencia, Imprenta de José Gimeno, 1826, p. 9. 21 Gálvez, María Rosa: La familia a la moda, Cádiz/Salamanca, Publicaciones de la Universidad de Cádiz/Plaza Universitaria Ediciones, edición de René Andioc, 2001. 22 Véanse Herrera, Jerónimo: Catálogo de autores..., op. cit., p. 455 y Valladares de Sotomayor, Antonio: La madrastra o el padre de familias, en la Biblioteca Nacional de España (MSS/16413), s. a. EdicionEs UnivErsidad dE salamanca Hist. educ., 39, 2020, pp. 231-248 la educación moral en las primeras edades a través del teatro español del siglo xviii y primera mitad del xix federico briante benítez  algo análogo a lo que veíamos en Trapachino–. La irresponsabilidad de Octavio lleva a Florindo a cometer graves atropellos, por los cuales acabará pagando el muchacho, que será puesto en manos de la justicia. Hasta aquí hemos presentado brevemente el concepto de educación moral y aclarado quiénes han de afrontarla (y quiénes no deberían) y de qué manera. A partir de este momento intentaremos subrayar los contenidos concretos de los que se componía la educación moral en el período estudiado, apoyándonos, como hasta ahora, en los escritos pedagógicos y en las obras dramáticas conservadas. Como señalamos más arriba, el principal propósito de la educación moral consistía en inculcar a los niños la práctica de las virtudes. La primera de ellas podría ser el respeto y la obediencia a los padres. Especial importancia tiene la obediencia, entendida como la «virtud más necesaria en la sociedad doméstica y civil», en palabras del intelectual conquense Lorenzo Hervás y Panduro23. Por su parte, el ya citado maestro Picornell y Gomila se vale de las imágenes de la planta y del agricultor para plasmar este precepto de la obediencia filial en su Discurso teórico-práctico sobre la educación de la infancia: «Los hombres son en la infancia [...] como una tierna planta, pronta a recibir la dirección que se le quiera comunicar»24; más adelante, en esa misma obra, el autor mallorquín insiste en dicha idea: «El tierno arbolito, aunque nazca torcido, obedece y se dobla con facilidad a la dirección que el labrador quiere darle; pero si se le deja crecer y hacerse robusto, seguirá infaliblemente el sesgo que tomó al nacer»25. Prácticamente idénticas son las imágenes que emplea el anciano Rosmiro en la comedia La fiel pastorcita y tirano del castillo, de Fermín del Rey, cuando, en el acto III, le dice a su hija Irene que el tierno y verde renuevo se doblega fácilmente, donde el agricultor diestro gusta de guiar sus ramas; los hijos, a igual ejemplo, deben doblar sus cervices, adonde el padre discreto gusta [...]26. Claro está que el respeto y la obediencia, al igual que el resto de virtudes que aquí veremos, se aprenden a través del ejemplo de los padres –como ya se dijo–, de modo que si estos últimos se comportan de manera díscola y grosera, difícilmente esperarán de sus hijos un trato diferente. Esta idea es la que se intenta 23 Hervás y Panduro, Lorenzo: Historia de la vida del hombre, Madrid, Imprenta de Aznar, 1789, p. 285. 24 Picornell y Gomila, Juan Mariano: «Discurso teórico-práctico...», op. cit., p. 367. 25 Picornell y Gomila, Juan Mariano: «Discurso teórico-práctico...», op. cit., p. 391. 26 Rey, Fermín del: La fiel pastorcita y tirano del castillo, s. l., s. i., 1791, p. 26. EdicionEs UnivErsidad dE salamanca Hist. educ., 39, 2020, pp. 231-248 la educación moral en las primeras edades a través del teatro español del siglo xviii y primera mitad del xix federico briante benítez  trasladar en la comedia Cual el padre, así es el hijo, de Félix Enciso Castrillón, en la que asistimos a los extravíos de Carlos, un joven calavera, libertino y juerguista. La lectura de la obra nos permite concluir que la indocilidad con la que actúa Carlos no es más que el fiel reflejo de la inobediencia que caracteriza al señor Belton, padre del muchacho y hombre disoluto desde su juventud, como este último reconoce con toda vanidad en el siguiente fragmento: El bribón, según las señas, se va riendo de mí. No lo extraño: de la misma manera admitía yo de mi padre las pendencias. Cada día me reñía, se ponía como una fiera contra mí; pero, por eso, ¿qué adelantaba? Yo era siempre el mismo y, además, esto es una friolera27. De la obediencia y respeto se deriva otra virtud no menos importante para los autores de la época: la gratitud filial; esta cualidad había de manifestarse durante toda la vida pero, muy especialmente, durante la vejez de los padres, cuando estos requieren un mayor número de cuidados. Sobre este asunto se pronuncia el anónimo autor del «Discurso a los padres de familia sobre la educación de los hijos»: La naturaleza le ha ido dando el vigor con la misma graduación, que el tiempo os lo va quitando a vosotros [los padres] a persuasión de la envidiosa senectud. Mientras vosotros os disminuís, él [el hijo] aumenta; y siendo él y su padre una misma persona moral, tenéis de mano de la naturaleza reemplazadas las fuerzas que el tiempo os roba. El padre se sirve del hijo como de sus brazos y manos propias. Este es un auxilio u agregado de nueva fuerza a la decadencia del padre. Puesto por este medio en igualdad de duración de facultades, va caminando sin zozobra a la vejez. Llega el caso de debilitarse enteramente. El hijo suple entonces todo lo que falta, como había suplido el padre cuanto el niño no podía hacer en la infancia. Él mantiene al padre por ley de gratitud. El padre expira en los brazos del hijo. Este le cierra los ojos en paz y lo sepulta con honra28. O Josefa Amar y Borbón, que, tras preguntarse «¿Cuántos desórdenes y pesares no ocasiona en una familia un hijo vicioso y olvidado de lo que debe a sus padres?»29, afirma esto otro: 27 Enciso Castrillón, Félix: Cual el padre, así es el hijo, en la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid (Ms. Tea 1-74-12, A), s. a., f. 16r. 28 Anónimo: «Discurso a los padres de familia sobre la educación de los hijos», en Mayordomo, Alejandro y Lázaro, Luis Miguel (eds.): Escritos pedagógicos de la Ilustración (vol. II), Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1988, p. 330. 29 Amar y Borbón, Josefa: Discurso sobre la educación física..., op. cit., p. 104. EdicionEs UnivErsidad dE salamanca Hist. educ., 39, 2020, pp. 231-248 la educación moral en las primeras edades a través del teatro español del siglo xviii y primera mitad del xix federico briante benítez  Pocas veces dejan de portarse los hijos con sus mismos padres, según el cuidado que se ha tenido de su educación. Si ha sido completo, le son obedientes toda su vida; pero si fue imperfecto, se olvida o entibia mucho el amor filial; y cuando no les den pesares muy graves, por lo menos los tratan con indiferencia, con poco respeto, y los abandonan en su vejez. Harta vergüenza es del género humano [...] que son más comunes y conocidos los ejemplos de gratitud entre los animales, que entre los hombres30. En línea con estas ideas, el teatro de la época proporciona no pocos modelos de gratitud filial; entre los ejemplos más sobresalientes, se encuentran los de las comedias La virtud premiada o el verdadero buen hijo, traducción de Luis Moncín31, y El amor filial, obra atribuida al conocido compositor dieciochesco Pablo Esteve y Grimau. La primera obra nos presenta a Almanzi, un joven que vive casi en la miseria ya que debe destinar parte de su salario al sustento de su madre Isabela, que fue abandonada por el padre de Almanzi tras quedar embarazada. En el acto II de la comedia, hallamos un parlamento harto didáctico en el que Almanzi justifica el sacrificio que está haciendo por su madre en los siguientes términos: Almanzi Sí, señor, yo os lo confieso: no tiene l[a] desdichada más amparo, ni remedio que este hijo: ¿pudiera yo desampararla? La debo primeramente la vida que me dio; luego a sus pechos mi nutrimento debí; gastó con prudente esmero El conde muestra terneza. el tiempo en mi educación; sus peticiones y ruegos sin duda que me han librado de morir en tanto encuentro. ¿Pues pudiera ser ingrato yo a una madre que modelo puede ser, señor, de toda buena madre? ¿Los preceptos divino y humano yo cumpliría procediendo de otra suerte? No, señor; os juro que solo siento no tener muchos tesoros con que asistirla. Os prometo que, aunque mil veces mi vida expusiera yo en su obsequio, 30 Amar y Borbón, Josefa: Discurso sobre la educación física..., op. cit., pp. 123-124. 31 Véase Herrera, Jerónimo: Catálogo de autores..., op. cit., p. 313. EdicionEs UnivErsidad dE salamanca Hist. educ., 39, 2020, pp. 231-248 la educación moral en las primeras edades a través del teatro español del siglo xviii y primera mitad del xix federico briante benítez  en sus modales la honestidad con la elegancia; porque ni gusta del desaliño, ni de la demasía y afectación en el adorno»53. En esta línea caminan las opiniones de Josefa Amar y Borbón54, Jovellanos (en su primera sátira «A Arnesto»)55 o el anónimo autor56 de la citada carta publicada por Clavijo y Fajardo en El Pensador; todos ellos critican con dureza la afición de los jóvenes por la frivolidad y los lujos excesivos. Esta llamada a educar en la moderación es lo que subyace al acto II de La bella pastora, de Bruno Solo de Zaldívar; en esta comedia, el dramaturgo aprovecha la conducta ejemplarizante de Rosaura para hacer un encomio de las madres que educan a sus hijas en la contención y en no ser «loca[s], presumida[s] y vana[s]»57. Merece la pena reproducir parte del fragmento: Partenio Benditas sean las madres, que a sus hijas no defraudan de un patrimonio tan grande, como la prudente, sabia educación, que en el mundo no hay tesoro que más valga. Marcela Es verdad. Rosaura barriendo. Partenio ¡Oh, qué ejemplar tan útil, si le tomaran muchas madres con sus hijas, en lugar de las erradas máximas de dirigirlas al uso, al fausto, a la gala y otros lucimientos, que 53 Morales, José Isidoro: «Comentario de D. José Isidoro y Morales al Excmo. Sr. D. Joseph Mazarredo sobre la enseñanza de su hija», Escritos pedagógicos de la Ilustración (vol. I), Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1988, p. 285. 54 «En efecto, es cosa ridícula que haya madres que contenten los deseos de sus hijas en cuantas diversiones apetecen, en la variedad de vestidos y de adornos y que no piensen en destinar una tercera parte de lo que en esto consumen en procurarles la adquisición de la verdadera sabiduría» [Amar y Borbón, Josefa: Discurso sobre la educación física..., op. cit., p. 310]. 55 «Y tú, mísera España, tú la esperas / sobre la playa, y con afán recoges / la pestilente carga y la repartes / alegre entre tus hijos. Viles plumas, / gasas y cintas, flores y penachos, / te trae en cambio de la sangre tuya, / de tu sangre ¡oh baldón!, y acaso, acaso / de tu virtud y honestidad. Repara / cuál la liviana juventud los busca. / Mira cuál va con ellos engreída / la imprudente doncella; su cabeza, / cual nave real en triunfo empavesada, / vana presenta del favonio al soplo / la mies de plumas y de agrones, y anda / loca, buscando en la lisonja el premio / de su indiscreto afán [...]» [Jovellanos, Gaspar Melchor de: Poesías de Gaspar Melchor de Jovellanos, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, edición de José Caso González, 1961, p. 239]. 56 «Es muy notable y digno de compasión que un padre que no perdona gasto alguno para procurar a sus hijos establecimientos brillantes, y que a costa de gastos excesivos les mantiene magníficos vestidos y equipajes y multitud de criados inútiles, sólo conozca la economía cuando se trata de buscar y atraer una o más personas que cultiven el espíritu de los mismos hijos [...] aquellos gastos se sacrifican al orgullo y la vanidad, sin tener parte en ellos el sincero deseo de hacer bien a sus hijos» [Labrador, Carmen y Pablos, Juan Carlos de: La educación en los papeles..., op. cit., p. 232]. 57 Solo de Zaldívar, Bruno: La bella pastora y ciudadana en el monte y discreto labrador, en la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid (Ms. Tea 1-12-10, B), s. a., f. 18v. EdicionEs UnivErsidad dE salamanca Hist. educ., 39, 2020, pp. 231-248 la educación moral en las primeras edades a través del teatro español del siglo xviii y primera mitad del xix federico briante benítez  cuestan mucho y valen nada! Rosaura Dice usted bien y yo digo Barriendo. que esas madres son madrastras58. En el polo opuesto a Rosaura tenemos a Ceferina, La niña desdeñosa de Luciano Francisco Comella59. Ceferina representa el prototipo de la adolescente difícil, soberbia, caprichosa y amante de las modas; como suele ocurrir en otros casos vistos en estas páginas, la mala educación de la chica se debe, en gran parte, a la permisividad y escasa atención que le presta su padre Facundo. Pero quizá el ejemplo más notable de hasta qué punto de ruina moral y económica puede llegar una familia a causa del apego excesivo de sus miembros a la moda nos lo ofrece la comedia de María Rosa Gálvez anteriormente mencionada; en este caso, la oportuna intervención de doña Guiomar, personaje que representa «las luces de la razón entre tanta locura»60, evita que la pésima situación familiar vaya a mayores. 3. Conclusiones Los adelantos científico-médicos, la concienciación de las autoridades y de la ciudadanía en general acerca de la importancia del cuidado de la higiene y la consolidación del sentimiento moderno de familia, entre otros factores, despertaron en el siglo xviii un interés inusitado por las primeras edades de la persona y por todo lo relacionado con ellas, especialmente el tema educativo. A esto se suma que nos encontramos en el siglo de la Ilustración, un movimiento ideológico que confía en el poder edificante y regenerador de la educación para con toda la sociedad; más aún cuando de lo que hablamos es de la educación de los más jóvenes, a los que se les considera como «la esperanza y el nervio de la patria, [...] el plantel de los que algún día han de llegar a ser hombres y mantener el estado», en palabras de Jaime Bonells61. En consecuencia, de la educación que aquellos reciban en sus respectivos hogares dependerá el bien de todo el estado; como dice el también ilustrado Hervás y Panduro, «los hijos bien criados hacen felices las familias y la felicidad de estas es la del estado»62. La educación física e intelectual forma a los jóvenes como «ciudadanos útiles», pero únicamente la educación moral, de la que nos hemos ocupado en este estudio, los hará «ciudadanos útiles y buenos»63, como apostilla Jovellanos en su citada Memoria sobre educación pública; y esto gracias a la práctica de las virtudes, que, según el ideario del Siglo de las Luces, constituía la principal vía para 58 Solo de Zaldívar, Bruno: La bella pastora y ciudadana..., op. cit., ff. 18v.-19r. 59 Comella, Luciano Francisco: La niña desdeñosa, en la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid (Ms. Tea 1-133-6, A), s. a. 60 Trueba, Virginia: El claroscuro de las Luces. Escritoras de la Ilustración española, Barcelona, Ediciones de Intervención Cultural, 2005, p.103. 61 Bonells, Jaime: Perjuicios que acarrean..., op. cit., p. 318. 62 Hervás y Panduro, Lorenzo: Historia de la vida..., op. cit., pp. 337-338. 63 Jovellanos, Gaspar Melchor de: «Memoria sobre educación pública», op. cit., p. 251. EdicionEs UnivErsidad dE salamanca Hist. educ., 39, 2020, pp. 231-248 la educación moral en las primeras edades a través del teatro español del siglo xviii y primera mitad del xix federico briante benítez  alcanzar la felicidad y la fuente esencial de la nobleza humana. A este último asunto hacen referencia muchas de las obras dramáticas aquí estudiadas; así, Duling, en la comedia Cual el padre, así es el hijo, hace saber a Carlos que «la mayor nobleza / es la virtud»64; en La señorita malcriada, doña Clara apunta que «no se trata / de linajes. La conducta / es la que humilla o exalta»65; y en la comedia Cual más obligación es la de padre o la de juez, Pablo afirma que «[...] el villano se hace noble / en lo noble de sus tratos»66. A través de estos ejemplos, que vendrían a sumarse a los que se han ido desgranando a lo largo de estas líneas, es posible comprobar cómo el teatro no se mantuvo ajeno a las corrientes pedagógicas del siglo, antes bien, participó en ellas desempeñando un papel muy activo en la siempre difícil tarea de educar a los más jóvenes. 64 Enciso Castrillón, Félix: Cual el padre..., op. cit., f. 12v. 65 Iriarte, Tomás de: «La señorita malcriada», op. cit., p. 139. 66 Valladares de Sotomayor, Antonio: Cual más obligación..., op. cit., f. 9r.